Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica



Situacion de Argentina a Fines del Siglo XIX Economia y Politica

La Argentina a fines del siglo XIX y comienzo del XX atravesaba por grandes transformaciones en lo social, lo culturaly lo económico. La inmigración masiva, el tendido de los ferrocarriles y las primeras grandes industrias, como la de los frigoríficos, marcaban el ritmo de esos cambios, en que la unificación del territorio, el crecimiento urbano, la expansión agroganadera y de las exportaciones daban la imagen de un país pujante, orientado hacia «elprogreso», «el futuro», la modernidad. Sin embargo, el poder de decisión en las grandes cuestiones seguía en manos de una reducida élite social, económica y política.

agentina siglo xix
Vista de la Plaza de Mayo

Quien mejor representaba el carácter contradictorio y de transición de esa Argentina a caballo de dos siglos era el presidente de la Nación, Julio Argentino Roca, que por entonces promediaba su segundo mandato.

Por esta etapa de la historia la Argentina estaba cambiando profundamente. La agricultura, poco importante hasta 1880, ganaba espacios tanto en el territorio como en las exportaciones, y los cereales convertían a la nación en «el granero del mundo».

Los frigoríficos revalorizaban la ganadería, orientándola a la producción de carnes para los mercados europeos. Los ferrocarriles terminaban con el aislamiento del interior, y modificaban las economías regionales impulsando la vitivinicultura cuyana y las actividades azucarera, algodonera y del tanino en el Norte.

Todas esas transformaciones multiplicaban manufacturas, talleres e industrias procesadoras y una amplia gama de servicios, que reforzaban la demanda de mano de obra y el proceso inmigratorio. También daban origen a los primeros movimientos sindicales, donde anarquistas y socialistas promovían las primeras demandas, manifestaciones y huelgas, en lo que empezó a denominarse «la cuestión social» u «obrera».

La urbanización, poco a poco, convertía a los «simples paisanos» de antaño en ciudadanos. Junto con ellos, los hijos de la primera ola inmigratoria adquirían conciencia de argentinidad gracias a la enseñanza pública, e inspirados en el espíritu liberal de la Constitución buscaban hacer valer sus derechos.

La inmigración:La inmigración fue un factor preponderante en el aumento de nuestra población. La Argentina ofreció libertad, paz y trabajo.

Excelentes posibilidades de progreso. En 1876 una ley creó el Departamento de Inmigración y organizó sus funciones.

Se establecieron en el exterior agentes, que divulgaron las condiciones de vida y oportunidades de trabajo de nuestro país.

Comisiones que seleccionaban a los postulantes, contrataban los pasajes, recibían a los inmigrantes, a quienes alojaban por un tiempo. Luego facilitaban el traslado a su destino y la búsqueda de vivienda. Otra agencia les conseguía colocación.



los inmigrantes en argentina

En 1852, la población se estimaba en 800.000 personas, y los extranjeros en 7000. Desde entonces y hasta 1900 se radicaron definitivamente 1.200.000 inmigrantes. El número de ingresados en el período fue de 1.930.000.

El mayor aporte provino de italianos, seguidos por españoles y franceses.

Desarrollo industrial y agropecuario:  La creación del Ministerio de Agricultura, en 1898, favoreció notablemente el crecimiento del poder económico del país, con la explotación de sus grandes riquezas naturales, la expansión de su comercio, y en menor escala, de su industria.

El Dr. Emilio Frers inauguró por breve tiempo la cartera. Atendió a la organización inteligente de sus tareas y la confección de un adecuado plan de trabajo.

Sus primeras providencias versaron sobre la investigación agrícola y la estadística, exploración y relevamientos topográficos de los territorios nacionales, la instalación de estaciones meteorológicas, la creación de puertos terminales y de elevadores de granos, la legislación laboral, etc.

Desde sus comienzos le correspondió combatir un flagelo difundido en el ganado vacuno: la fiebre aftosa, así como la langosta, que con frecuencia asolaba los sembrados.

la agricultura en argentina en el siglo xix

El nuevo organismo inauguró, con gran suceso, la Exposición de Agricultura, Industria y Comercio, el Io de octubre de 1898.

Dos problemas trabaron sensiblemente estos progresos: el de los límites con Chile y el desmedro por el que pasaba la economía; zanjado el primero volvieron a producir sus efectos las providencias tomadas por los ministerios técnicos; en la primera década del siglo XX el país incrementó
en un tercio la superficie de suelo curvada y el número de sus habitantes.

Hubo también un importante aumento del intercambio comercial, con el consecuente de las rentas fiscales.

Medidas colonizadoras inteligentes y eficaces: creación de colonias agrícolas, donación de tierras a los integrantes de expediciones a la Patagonia, concesión o venta por remate público de tierras de pastoreo, favorecieron la marcha hacia la extensa planicie interior.



Los recién instalados aumentaron la producción agropecuaria; la multiplicación del ganado vacuno y lanar y el desarrollo de la agricultura señalaron notables progresos.

La exportación de cereales, junto con la lana, cueros vacunos y lanares salados, grasa y sebo, creó fuentes de riqueza.

En 1883 se inicia la industria frigorífica, que permitiría la exportación de carnes por salazón y después por el congelado.

La flota mercante sumó 180 000 toneladas.

La perforación del túnel transandino favoreció la comunicación con Chile.
El 12 de diciembre de 1907 se descubrió petróleo en Comodoro Rivada-via, al perforar en busca de agua.

Una Dirección General se encargó, poco después, de la explotación estatal de esos hidrocarburos. Su titular, el coronel Enrique Mosconi, le dio extraordinario impulso.

Fue construido un oleoducto entre los yacimientos y el puerto de Comodoro Rivadavia, modernizado y adecuado a su nueva función. Fueron adquiridos buques-tanque, erigidas refinerías sucesivamente en Comodoro Rivadavia, Buenos Aires y La Plata y se instalaron depósitos de almacenaje en varias ciudades.

En 1916 fue encontrado petróleo en Plaza Huincul (Neuquén). También fue iniciada la industrialización del gas natural de los pozos.

Los ferrocarriles: Los ferrocarriles han sido factor preponderante de progreso en la Argentina.

Por las vías férreas penetraba la civilización sobre la gran extensión pampeana, alejada del mar y sin ríos de gran caudal.



La precaria red caminera no alcanzaba a relacionar eficazmente los importantes centros urbanos del interior entre sí y con Buenos Aires.

La red ferroviaria acercó el producto agropecuario a los centros de consumo y a los puertos de salida al exterior.

Corresponde al general Roca el mérito de haber sido durante su presidencia un entusiasta propulsor de la red ferroviaria. Aceptó, para el tendido de líneas, capitales privados de empresas inglesas, y en menor escala, francesas.

el ferrocarril andino en argentina
Imagen del ferrocarril andino

Los ferrocarriles del Estado, por su parte, duplicaron sus líneas; unieron Buenos Aires con Jujuy, La Quiaca y Bolivia, por el norte, y con La Rioja y Catamarca, por el oeste. Una extensión a Tinogasta llevó una rama hasta cerca del límite con Chile, a la altura del puerto de Copiapó, en el Pacífico.

elogios importantes para la mujer

La educación y la vida cultural: Prosiguió con intensidad la tarea de «educar al soberano». Se abrieron cuarenta y dos escuelas normales para formar maestros.

En 1916 recibían instrucción 700.000 alumnos en 5000 escuelas primarias; asistían el 50% de los niños de edad escolar.

Seis mil alumnos concurrían a colegios secundarios, 4000 a las universidades, 800 a la Academia de Bellas Artes.

La acción educativa redujo el porcentaje de analfabetos: de 68 % en 1880 a 33 % en 1916.

educacion en argentina siglo xix

Hombres de ciencia y pensadores dieron jerarquía a la cultura argentina.
Francisco P. Moreno y Florentino Ameghino, arqueólogos, descubrieron y estudiaron restos fósiles, componiendo un cuadro de nuestra fauna prehistórica.

Luis Agote, médico, formuló la posibilidad de evitar la coagulación de la sangre.

Con sus obras, Bartolomé Mitre y Vicente Fidel López iniciaron el estudio sistemático de la historia argentina.

Los juristas Dalmacio Vélez Sársfield y Carlos Tejedor redactaron el Código Civil y el Código Penal, respectivamente.

Cabe citar a José Ingenieros, filósofo y precursor del estudio de la sociología de nuestro pueblo, y a Carlos Calvo, abogado, autor de importantes trabajos de derecho internacional.

El Instituto Geográfico Militar, fundado en 1884, realiza desde entonces trabajos muy detallados y completos de cartografía y topografía. En 1904 se instaló una estación meteorológica en las islas Oreadas, las más australes del mundo en ese momento.

Charles Darwin, sabio de fama mundial, visitó nuestro país, donde efectuó estudios geológicos de mucha importancia.

Cabe mencionar la creación del Hospital de Clínicas, destinado más tarde a Hospital Escuela.

En 1844 se creó el Archivo General de la Nación.

Pintura. Estuvo encuadrada en la escuela realista, reproductora de la imagen con fidelidad fotográfica. Sobresalieron Ángel Della Valle y Juan M. Blanes, de grandes telas; es ampliamente conocida «La Conquista del Desierto».

Periodismo. Se enriqueció con la aparición de dos grandes diarios: La Prensa, fundado por José C. Paz en 1869 y La Nación, del general Bartolomé Mitre, en 1870.

Escultura. Se distinguieron Francisco Cafferata y Lucio Correa Morales, creadores de monumentos en mármol y en bronce en honor de nuestros proceres.

En 1915 se estrenó «Nobleza gaucha», primera película cinematográfica argentina de largometraje.

Anarquismo, socialismo y comunismo: Los primeros, seguidores de Miguel Bakunin, buscaban la destrucción del Estado mediante el terrorismo. Fueron responsables del asesinato del coronel Ramón Falcón, jefe de policía. De un conato de insurrección en la Patagonia.

Del asesinato del jefe militar que reprimió ese intento, teniente coronel Héctor Várela. Los obreros se volcaron hacia el sindicalismo nacional, que respondía a los partidos radical y socialista. El anarquismo se extinguió por falta de adherentes.

Los «revisionistas», disidentes en el Congreso marxista, conocido como Segunda Internacional, integraron el socialismo. La otra rama, los ortodoxos, recibieron más tarde el nombre de comunistas.

Miembros de ambas tendencias, italianos, españoles y franceses integrantes de la Asociación Internacional de Trabajadores, al llegar, como inmigrantes, abrieron centros filiales según el país de origen. Continuaron aquí su acción gremial. La actividad proselitista, muy activa, se canalizó a través de diarios y folletos, fundación de bibliotecas populares donde realizaban reuniones, y actos callejeros.

El sufragio universal: Antes de ocupar la presidencia, y por mediación del doctor Manuel Paz, diputado por Tucumán, Sáenz Peña se entrevistó en casa de éste con el doctor Hipólito Yrigoyen, jefe del partido Radical, principal fuerza opositora. Segán Ramón J. Cárcano, presente en las dos reuniones celebradas, Sáenz Peña declaró que su primer deber sería «asegurar el ejercicio libre y honesto de todos los derechos prometidos por la Constitución».

Yrigoyen contestó: «Si el gobierno da garantías, iremos a las urnas». Como prenda de buena fue, Sáenz Peña ofreció a Yrigoyen dos ministerios de su futuro gabinete, pero el jefe radical los declinó, manifestando que a su partido le bastaba el voto libre.

sufragio electoral

En el mensaje inaugural ante el Congreso, Sáenz Peña expresó claramente su firme decisión de respetar y hacer respetar la libertad de sufragio.

Consecuente con esta declaración, envió un proyecto de ley, preparado con la colaboración eficaz del ministro del Interior, doctor Indalecio Gómez, que fue aprobado en 1912 por ambas cámaras, tras largos y eruditos debates

Los principales puntos de la nueva ley electoral disponían la confección de los padrones por las autoridades militares; la identificación del ciudadano por la libreta de enrolamiento; el voto secreto, depositado en la urna dentro de un sobre firmado por el presidente del comicio y los fiscales de los partidos; la obligación de votar, «porque era a la vez un derecho y un deber».

Con el objeto de asegurar representación a la minoría.adoptaba el sistema de la lista incompleta, limitando el número de candidatos a los dos tercios de los cargos a llenarse; el sufragio adjudicaba esa cuota al partido vencedor y el otro tercio al que le seguía en cantidad de votos, según el orden de nombres de la lista respectiva.

Tenían derecho al voto todos los ciudadanos argentinos, nativos y naturalizados, mayores de 18 años, salvo algunas excepciones, expresamente enumeradas.

En vísperas de aplicarse por primera vez la ley electoral, Sáenz Peña publica un manifiesto en el que exhortaba al pueblo a participar de las contiendas cívicas. Terminaba con el siguiente párrafo: «He dicho a mi país todo mi pensamiento, mis convicciones y mis esperanzas. Quiera mi país escuchar la palabra y el consejo de su primer mandatario. Quiera votar».

Formación de los partidos políticos modernos:  Como hemos dicho en el capítulo anterior, el país pasaba por una honda crisis de indiferencia política; los ciudadanos abrigaban la convicción de que les estaba cerrado el camino de los comicios.

En las elecciones de diputados por la capital federal, efectuadas en marzo de 1904, el candidato más votado reunió 1 104 votos. Raras veces aparecía en algún punto una lista disidente. La fórmula Sáenz Peña — de la Plaza fue la única proclamada.

La ley electoral de 1912, llamada desde el primer momento «ley Sáenz Peña», tuvo la virtud de sacudir la apatía y desconfianza colectivas. La nación respondió a la invitación de su Presidente.

Los partidos reorganizaron o fundaron comités seccionales, cuyos delegados constituyeron el comité nacional y reunieron convenciones para sancionar o reformar sus cartae orgánicas (declaración de principios y reglamento interno).

También adoptaron la costumbre europea, introducida por el partido socialista, de redactar plataformas electorales, es decir, programas formados por puntos concretos de alcance inmediato.

Los principales partidos políticos fueron:
El Partido Conservador. Compuesto por la coalición de los partidos oficiales que gobernaban el país; como lo indicaba su nombre, defendía la situación existente, aunque admitía la necesidad de reformarla.

La Unión Cívica Radical. Surgida a la voz de Alem y Aristóbulo del Valle, había promovido la revolución de 1890, constituyéndose como partido al año siguiente. Luego provocó las agitaciones de 1893 y 1904, ya estudiadas.

Se ha dicho que más que una doctrina le inspiraba un sentimiento: el anhelo de la pureza cívica y de la verdad institucional. Levantó desde un comienzo la bandera de la intransigencia, opuesta a todo acuerdo o pacto con otro partido, según la frase de Alem: «que se rompa pero que no se doble».

Alem se suicidó en 1896; el partido reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen. Durante la presidencia de Alvear se dividió en dos tendencias: la personalista, fiel a Irigoyen, y la antipersonalista, contraria a su tutela.

El Partido Socialista. Los primeros núcleos socialistas aparecieron en 1894, y al año siguiente constituyeron un comité ejecutivo, gestor de una activa propaganda oral y escrita en pro de las reivindicaciones obreras.

En 1904 obtuvo su primer triunfo electoral, con la elección del doctor Alfredo L. Palacios como diputado por la circunscripción de la Boca. De este partido se segregaron núcleos de afiliados que formaron dentro de este pe-
ríodo los partidos comunista, socialista argentino y socialista independiente, en orden decreciente de extremismo.

El Partido Demócrata Progresista. Originario de la provincia de Santa Fe, tenía su baluarte en Rosario, y era su líder el doctor Lisandro de la Torre. Sostenía una doctrina liberal-socialista.

La propaganda de estos partidos cubrió de carteles los muros de las poblaciones y movilizó masas enormes de ciudadanos en manifestaciones y concentraciones, de las que no había ejemplo desde veinticinco años atrás. Los escrutinios de las primeras elecciones efectuadas en la provincia de Santa Fe y en la capital federal fueron seguidas con extraordinario interés y dieron el triunfo a los radicales.

En 1916, el cuadro de las fuerzas políticas era el siguiente, en cifras redondas: radicales, 370 000; conservadores, 140 000; demócratas, 130 000; socialistas, 66 000.

Fuentes Consultadas: HISTORIA 3 La Argentina y el mundo hasta nuestros días – José C. Astolfi – Editorial Kapelusz

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