Amor y Sexualidad en Grecia Antigua Costumbres e Historia Resumen



Amor y  Sexualidad en Grecia Antigua

LA SEXUALIDAD EN GRECIA ANTIGUA: En la mitología griega se concede un papel preponderante a la mujer. Los primeros cretenses —nacía el sexto o quinto milenio antes de nuestra era— profesaban el culto a la gran diosa-madre.

La civilización cretense alcanzó un alto grado de desarrollo. La mujer disfrutaba de gran libertad, frecuentando los banquetes y las representaciones teatrales. Jurídicamente era igual al hombre; podía casarse libremente y los pretendientes que solicitaran casarse con ella no esperaban más que la que saliera de sus labios.

Desde los tiempos homéricos hasta el siglo V a. de C. se seguía inmolando en Temesa, Italia del Sur, cada año, una doncella al alma de un miserable lapidado por haber violado a una mujer.

El matrimonio, lazo de unión de toda la vida social, se hallaba situado bajo la invocación directa de Zeus y de la Madre-Tierra. Lo sexual era una necesidad natural satisfecha libremente. Los jóvenes se unían en los campos, sobre la hierba y el trigo recién cortado.

La forma de unión más primitiva de los aqueos parece ser la que se practicaba en tiempo de los patriarcas hebreos: la esposa aporta consigo una esclava, para convertirla en concubina de su futuro marido en el caso de que ella resulte estéril.

La mujer depende en todo del marido y ha sido cedida mediante una dote. A la muerte del marido, su hijo puede disponer de ella, venderla a un nuevo marido o devolverla a su antigua casa.

El hombre que es demasiado pobre para poder comprar esposa, puede casarse, pero debe abandonar su casa e instalarse en la de su suegro, pasando a depender de éste.

La institución de la dote aportará, andando el tiempo, una considerable mejora a la situación de las mujeres. La esposa dotada no podrá ser repudiada ni devuelta por su tutor si queda viuda. El matrimonio se transforma en un contrato.

La captura en la guerra de hermosas esclavas era un símbolo de nobleza.

El mantenimiento de la concubina en el domicilio conyugal empieza a parecer injurioso para la esposa. No obstante, al enviudar la esposa, el hijo podrá volver a casarla de nuevo, aunque la dotará y la consultará previamente.



Las hijas no heredan los bienes de su padre, que se reparten únicamente entre los hermanos varones; incluso el hijo ilegítimo es preferido a las hijas.

La esclava está sometida al poder absoluto del amo, y éste puede castigar la infidelidad con los más crueles suplicios. La obra homérica está llena de referencias a la violencia y a la sexualidad. Al regresar a Itaca, Ulises mata a todos los pretendientes de su mujer y hace ahorcar a las esclavas que han compartido sus lechos. Hornero narra también el nuevo refinamiento, la pasión por la conversación, por la música y por el amor.

La evolución de la cultura griega en su última etapa de desarrollo modificó y amplió los modos del comportamiento sexual. La mujer no tomaba parte activa en la administración del Estado, ni siquiera era considerada en el interior de su domicilio conyugal.

Los griegos crearon un ideal de belleza femenina que habría de influir fuertemente en las futuras culturas. La figura femenina ideal se hace más esbelta, se viriliza. La producción literaria y filosófica griega está plagada de referencias a este ideal y a la inclinación de los griegos por los efebos y por las prostitutas.

sexualidad

La heterosexualidad y la homosexualidad vienen a ser las formas más corrientes de la actividad sexual. La institución familiar no gozaba de un lugar preferente.

Durante la época democrática abundaron las relaciones entre los jóvenes de diferente posición social.

Ello amenazaba con una cierta alteración del equilibrio de las clases y, en consecuencia, en el siglo v antes de nuestra era, se promulgó una ley por la que no se reconocía la validez de los matrimonios efectuados entre miembros de diferente clase social.

Al propio tiempo, la ley consideraba favorablemente la celebración de matrimonios consanguíneos, que garantizaban la estabilidad de la propiedad privada.

Durante la época de Pericles —aunque él no fue precisamente un ejemplo de moralidad matrimonial— triunfó la idea del matrimonio sin complicaciones. En el periodo de la guerra con Esparta, la marcha de los hombres al campo de batalla creó una situación peculiar que fue reflejada por los grandes poetas de la época.



Eurípides y Aristófanes defienden a la mujer y el médico Hipócrates la disculpa de sus «desvíos» aludiendo, por primera vez en la historia, a la peculiar constitución fisiológica femenina. Según él, las mujeres no andaban un tanto extraviadas a causa de la guerra, sino a causa de la insatisfacción sexual.

A partir de esta observación, Hipócrates elabora su teoría del histerismo, según la cual el útero itinerante provoca una excesiva presión en las partes superiores del cuerpo, estado que lleva a la mujer al nerviosismo y a la ansiedad. La derrota de Atenas produjo el abatimiento en los atenienses y la institución matrimonial se resintió. Sócrates y Platón predicaron la igualdad de derechos de la mujer y del hombre dentro del matrimonio, pero sin ningún resultado.

Aristóteles lanzó todo el potencial de su dialéctica para demostrar la inferioridad de la mujer respecto del hombre. Con ello, todas las posibilidades de superar la crisis, mediante una nivelación de derechos entre los dos miembros de la pareja humana, se perdieron definitivamente.

En cambio, se acrecentó notablemente el papel de dos formas anormales de sexualidad. La prostitución en Grecia tuvo, en aquel periodo, su edad de oro. Los burdeles y las casas de cita simuladas proliferaban en todas las ciudades y estaban siempre abarrotados de visitantes. La pederastía también adquirió más auge. La homosexualidad llegó a estar tan extendida que incluso fue regulada por diversas disposiciones legales. 

LA MUJER EN EL MATRIMONIO: La función de la mujer ateniense como esposa estaba bien definida. Su principal obligación era mantener a sus hijos, sobre todo varones, que preservarían el linaje familiar. La fórmula del matrimonio que los atenienses utilizaban, para expresarlo de manera sucinta, era: «Te entrego esta mujer para la procreación de hijos legítimos».

En segundo lugar, una mujer debería cuidar a su familia y su casa, ya sea que hiciera ella el trabajo doméstico, o que supervisara a los esclavos, que realmente hacían el trabajo. A las mujeres se las tenía bajo un estricto control. Debido a que se casaban a los catorce o quince años, se les enseñaban sus responsabilidades desde temprana edad. Aunque muchas de ellas se las arreglaban para aprender a leer y a tocar instrumentos musicales, a menudo se las excluía de la educación formal. Se esperaba que una mujer permaneciera en su casa, lejos de la vista, con excepción de su presencia en los funerales o en los festivales, como el festival de las mujeres deTesmoforia. Si se quedaban en casa, debían estar acompañadas. Una mujer que trabajara sola en público o era indigente, o no era ciudadana.

En Atenas, las mujeres servían a los hombres de otras formas. La prostitución (tanto masculina como femenina) floreció en la Atenas clásica. La mayor parte de las prostitutas eran esclavas en los burdeles, administrados como un negocio o un comercio por ciudadanos atenienses. Otra clase de prostitutas ocupaba una posición más favorable en la sociedad ateniense; estas cortesanas más refinadas eran conocidas con el nombre de hetairai, que literalmente quiere decir «acompañantes femeninas».

Estas mujeres, que solían ser ex-esclavas o residentes extranjeras, eran más refinadas que las prostitutas habituales y eran famosas por sus logros musicales e intelectuales, así como por sus atributos físicos. Los atenienses varones conservaban la aristocrática costumbre de los simposios —las fiestas refinadas donde se bebía— en las cuales solían estar presentes las hetairas. Los simposios se llevaban a cabo en comedores exclusivos para hombres, en los que no estaban presentes las esposas.

Las hetairas bailaban, tocaban instrumentos musicales y brindaban entretenimiento, incluidas las relaciones sexuales. Algunas hetairas llegaron a amasar fortunas considerables y a tener un considerable renombre. Aspasia fue ciertamente la más famosa. Amiga de Sócrates y afamada por sus conocimientos, fue cortesana de Pericles y a la larga se convirtió en su esposa legítima.

La homosexualidad masculina también fue una característica sobresaliente de la Atenas clásica. Se practicaba de manera generalizada y, ciertamente, era tolerada. La ley ateniense privaba de sus derechos ciudadanos a un ateniense que hubiese prostituido su cuerpo con otro hombre; pero no se molestaba en absoluto a los hombres que sostenían una relación homosexual con proxenetas o con otros hombres adultos, fuera ésta amorosa o por placer. La ley no eliminaba la prostitución masculina, pero, al actuar así, aseguraba que los proxenetas fueran extranjeros, y no ciudadanos atenienses.



El ideal de la homosexualidad griega consistía en una relación entre un hombre maduro y un joven. Es muy probable que éste fuese un ideal aristócrata. Si bien la relación solía ser física, los griegos también la consideraban educativa. El hombre mayor (el «amante») se ganaba el amor de su «amado» gracias a su valía como maestro y por la devoción que demostraba en la educación de su pupilo.

En cierto sentido, esta relación amorosa se concebía como una forma de iniciación de los jóvenes al mundo masculino de la dominación política y militar. Los griegos no juzgaban que la coexistencia de las preferencias heterosexuales y homosexuales creara problemas especiales a los individuos o a la sociedad.

Manejo de la casa y papel de la Mujer
En la Atenas clásica, el lugar de una mujer era su casa.
Tenía dos responsabilidades principales: la crianza y la  educación de los hijos, y la administración de la casa. En este diálogo sobre la administración de la propiedad, Jenofonte relata la educación que un noble ático le da a su nueva esposa.

Jenofonte, Oeconomicus
[Iscomaco se dirige a su nueva esposa,] Lo que a mi me parece, querida, es que los dioses, con su gran discernimiento, han unido al hombre y a la mujer, tal y como se les llama, con objeto de que conformen una sociedad perfecta para su mutuo servicio. Ya que, en primer lugar, para que, las distintas especies de criaturas vivientes no se extingan, se unen en matrimonio para engendrar hijos. En segundo lugar, a los seres humanos esta unión les provee—en cualquier circunstancia—los vástagos que los cuiden en la vejez.

elogios importantes para la mujer

En tercer lugar, dado que los seres humanos no viven al aire libre, como bestias, obviamente necesitan un refugio. Sin embargo, los llamados a obtener los pertrechos para llenar el lugar cubierto necesitan que alguien trabaje en ocupaciones al aire libre; pues la labranza, la cosecha, la siembra y el pastoreo constituyen dichas ocupaciones al aire libre que suministran el alimento necesario… Dado que hicieron el cuerpo y la mente del hombre más aptos pata soportar frío y calor, viajes y faenas, se le imponen las tareas exteriores. Y a la mujer, dado que su cuerpo es menos resistente, doy por hecho que Dios les asignó las tareas en el interior de la casa. Y sabiendo que él creó a la mujer y le impuso la tarea de alimentar a los niños le obsequió con una porción mayor de afecto hacia los recién nacidos, que al hombre…

Tu deber será permanecer dentro de la casa y enviar al exterior a los sirvientes cuyo trabajo es afuera, y supervisar a quienes deben trabajar adentro, así como recibir los ingresos, distribuirlos en la medida en que se necesiten, cuidar la cantidad que deba guardarse, y fijarse en que, lo que se destina a un año,-no se gaste en un mes. Y cuando te traigan la lana, debes cuidar también que se tejan mantos, para quienes los quieran. También debes procurar que el grano seco esté en buenas condiciones para hacer comida. Sin embargo, una de las obligaciones que recaen sobre ti, tal vez te parezca más bien ingrata: vigilar que cualquier sirviente que enferme, reciba cuidados.

Fuente Consultada:
El Libro de la Vida Sexual – López Ibor
Civilizaciones de Occidente Volumen A Jackson Spielvogel

Vida Amorosa de los Trovadores en la Edad Media

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