Historia de la Sexualidad En Civilizaciones Antiguas



Historia de la Sexualidad En Civilizaciones Antiguas

Las noticias que se tienen de los primeros grupos humanos organizados y que constituyeron sociedades, nos hablan ya de la división de sus miembros en diversas clases.

Las primeras manifestaciones de la religión son de orden eminentemente practicista. Los dioses no desempeñaban papel alguno en la vida futura; únicamente recompensaban o castigaban a los hombres en ésta.

Para congraciarse con ellos era preciso ofrecerles múltiples sacrificios: al principio, y durante dilatado tiempo, sacrificios humanos.

El código moral de esas religiones tenía casi siempre de común la prohibición de sembrar discordias, de alterar la propiedad privada, de cometer adulterio.

Los sacerdotes eran ayudados generalmente por sacerdotisas: danzarinas, cantantes, adivinadoras y esposas del dios, que, en algunos casos, como en el culto asirio-babilónico de Ishtar (diosa de la voluptuosidad) se entregaban a la prostitución sagrada.

Es importante destacar el factor de la separación en clases, pues el comportamiento sexual difería según la pertenencia a una u otra de ellas.

En efecto, la actividad y las normas sexuales de la clase dirigente del país no eran las mismas que informaban la conducta de las capas bajas. Por ejemplo, en la antigua China existían dos clases de matrimonio completamente distintas, uno normalizado jurídicamente y otro que era en realidad una simple unión.

En el Próximo Oriente también encontramos el matrimonio refrendado por un contrato, pero solamente entre las clases altas.

En Egipto, a consecuencia de una revolución social que tuvo lugar dos mil años antes de Cristo, la plebe conquistó el derecho a que su matrimonio fuera refrendado legalmente.

En Babilonia, las disposiciones legales en torno al matrimonio regulaban solamente las uniones de la gente rica, proveyendo de una enmarañada selva de legislación sobre la herencia, sobre los derechos de las concubinas, etc., mientras que el pueblo llano no merecía la atención de los legisladores.



Las únicas disposiciones que tenían un carácter general se refieren al nacimiento de los hijos. Es obvio decir que el Estado estaba interesado en procurar que el pueblo llano tuviera la mayor cantidad posible de hijos, por lo cual las disposiciones punitivas contra el aborto eran numerosas.

Las costumbres en aquellas épocas lejanas recibían una marcada influencia de lo sexual. Por ejemplo, en el apogeo del reino sumerio, bajo el rey Gudea (en el siglo XXI a. de C.), las manifestaciones del culto eran muy populares, lo que se explica por el carácter colosal de las construcciones.

Esto se demuestra, según Pirenne, en los documentos que describen las ceremonias sagradas con ocasión de la inauguración del templo.

El pueblo se entregaba a bacanales, cuyo origen se remonta al antiguo culto agrario. Durante siete días, una licencia general reinaba sobre la ciudad ;  las ley es civiles, y también las morales, quedaban en suspenso y la autoridad desaparecía.

El rey era remplazado por un esclavo que usaba a su antojo del harén y era servido u la mesa real por otros esclavos. Pero, una vez transcurrida la fiesta, ese esclavo era sacrificado a los dioses para impetrar de ellos el perdón por los pecados cometidos por la comunidad.

En los atrios de los templos se representaban misterios sagrados en los que también participaba el rey.

Destacan especialmente las fiestas sagradas de las nupcias de Tammuz, el dios de la vegetación, con Ishtar, diosa de la fecundidad y del amor, que eran representadas, ante el jolgorio del pueblo, por el matrimonio del rey con la diosa que, sin duda, era reemplazada por una sacerdotisa sagrada.

El rey Shulgi, que reinó en Ur en el segundo milenio antes de Cristo, fue el primero en publicar un código aplicable a todo su imperio y que luego serviría de modelo a la célebre legislación de Hammurabi.

Sólo disponemos de algunos fragmentos que nos dan a conocer nueve leyes relativas al aborto de una mujer a cosecuencia de golpes, al matrimonio por rapto, al adulterio y a los derechos de las prostitutas.

El matrimonio podía ser disuelto por decisión judicial.



El adulterio de la mujer, aunque era considerado delito, no entrañaba castigo alguno, ni siquiera el divorcio, siempre que el marido perdonase a la esposa infiel. Pero si ésta no recibía el perdón, era arrojada al agua. La mujer respondía con su persona, si el marido no podía satisfacer deudas propias.

La máxima expresión del matrimonio como «razón de Estado» la encontramos ya en la más antigua tradición de Egipto. Los aqueos también practicaron la endogamia, probablemente, en las familias de los jefes para perpetuar la pureza de la sangre que garantizaba la autoridad del jerarca.

En la Odisea se refiere que Alcinoo se casa con su hermana —descendiente como él de Poseidón y Eolo— y tiene seis hijos y seis hijas a los que casa entre sí.

Para preservar la herencia —que en el caso de los faraones se refería a la posesión de todo el país— se recurrió, pues, innumerables veces, al matrimonio entre hermanos. Las ideas sobre el incesto varían mucho, de acuerdo con la práctica de los diversos pueblos.

En los tiempos premosaicos, los judíos recurrían también al matrimonio entre hermanos del mismo padre (pero no de igual madre). Recordemos a este respecto que Abraham se casó con su hermanastra Sara.

Moisés vino a romper esta tradición prohibiendo no sólo los matrimonios entre hermanos, sino la relación sexual entre parientes más cercanos.

Por su parte, Buda prohibió en la India los matrimonios entre parientes incluso hasta el sexto grado. En Babilonia tenemos la primera gran legislación completa.

El Código de Hammurabi comprende doscientos ochenta y dos artículos, de los que unos treinta no han llegado hasta nosotros. Del 127 al 195 tratan de la familia, y del 178 al 195, de los hijos. La mujer goza de personalidad jurídica independiente, pero la autoridad paterna y marital pesa todavía sobre ella.

El matrimonio es preparado por los padres de ella y, cuando se ha llegado a un acuerdo, el novio envía un regalo al padre de la doncella. Se procede entonces a la redacción de un contrato en el que se establecen los deberes y los derechos de la esposa, así como la suma que habrá de pagar el marido si la repudia, y la pena en que incurriría ella en caso de infidelidad.

La novia puede permanecer en casa de sus padres o ir a vivir a la de los padres del novio.



En el primer caso, la violación de la doncella está castigada con la muerte. Si va a vivir con los padres del novio, la ley prevé que sea seducida por su futuro suegro; en este caso se disuelven los esponsales. Pero si han existido relaciones culpables, cuando ella ya conocía a su novio, es lanzada al agua y el padre indigno sufre su castigo.

La ordalía o juicio del agua, impuesto a la mujer sospechosa de adulterio, también aparece en la civilización cretense.

Desde el punto de vista del régimen de bienes, la igualdad de los esposos es casi total. Pirenne saca de ello la acertada conclusión de que la mujer estaba más amparada en sus bienes que en su persona.

La base de la familia es el matrimonio monogámico. Pero el marido puede tomar una o varias concubinas y, si con ninguna de ellas consigue tener descendencia, puede tomar otra esposa; sin embargo el puesto de ésta es totalmente secundario hasta el punto de que su entrada en la casa está precedida por el lavatorio de pies a la primera esposa.

elogios importantes para la mujer

Se ha hablado mucho de la prostitución en estas sociedades, y en verdad existen innumerables pruebas de su existencia, como ya hemos señalado. Ya en el tercer milenio antes de Cristo la prostitución era una ocupación muy rentable.

La modalidad de la prostitución sagrada, ligada a los más antiguos cultos y presente en las civilizaciones antiguas, disponía de una legislación completa.

Herodoto relata que, en Mesopotamia, las mujeres debían entregarse en el templo a un desconocido antes de casarse. El célebre cronista cuenta igualmente que en la famosa torre de Babel existía un santuario y en su interior una lujosa y amplísima cama nupcial en la que cada noche había una mujer diferente.

Las costumbres de los hebreos antiguos se corresponden a las refrendadas por el Código de Hammurabi.

La institución matrimonial recibe las máximas prerrogativas, hasta el punto de que la soltería es considerada como una situación «antinatural». Incluso existe un cierto tipo de matrimonio obligatorio, el levirato, por el que un hermano es obligado a casarse con su cuñada viuda cuando ésta no ha obtenido descendencia.

El sexto y el noveno mandamiento del Decálogo regulan el comportamiento sexual de los hebreos. El adulterio era condenado gravemente, pero también recibía castigo el calumniador.

Pese a que muchos historiadores han visto en la práctica de la circuncisión un hábito preferentemente hebreo hay que tener en cuenta que también era seguida por otros pueblos, especialmente por Egipto. Moisés no estaba muy convencido de su conveniencia, y él mismo, a pesar de estar introducido en los círculos del poder en Egipto, no llegó a practicársela nunca. Fue el caudillo Josué el que la estableció como obligación general.

Las lecciones de amor de la India
La más antigua lección de amor es probablemente el Kama Sutra. En este libro, escrito por el sabio Vatsyayana en el siglo V, se compendian las tácticas preparatorias de la unión sexual y se describen las numerosas formas de llevarla a cabo.

Uno de los aspectos más importantes que de este libro famoso cabe destacar, consiste en que no se limita a ser un manual para el hombre, destinado a orientarle en las tácticas del placer sexual.

Uno de sus objetivos consiste precisamente en hacer ver al varón que la participación de la mujer en el placer es uno de los ingredientes fundamentales de éste.

El enlace de las lianas, la ascensión del árbol, el abrazo de la leche con el agua y el abrazo del sésamo y el arroz, son símbolos usados para referir la unión de los sexos. Según Kama Sutra, existen sesenta y cuatro variantes de las formas preliminares de hacer el amor.

La subordinación de la mujer al hombre en la India se ha hecho proverbial.

En la misma época en que se describe de forma tan sutil y elaborada la técnica del acercamiento sexual tenía lugar en la India una tradición que se remonta hasta el segundo milenio antes de Cristo: la cremación de las viudas en la pila funeraria del marido, lo que respondía a la concepción de una dependencia de la mujer respecto del hombre.

Esta tradición perduró hasta que en 1829 fue prohibida por el gobernador británico lord William Bentick. Entre los siglos XXV y XXIII antes de Cristo también se practicaba el sacrificio de los allegados al jefe de la familia del muerto.

El dios egipcio Bes, que aparece representado en este bajorrelieve, era una deidad puramente doméstica, enano, patizambo, de cara ancha, boca grande, lengua sobresaliente, barba semejante a la crin de un león y orejas y cola de animal. Danzaba y tocaba el laúd para divertir a los dioses, pero se suponía que contribuía a la felicidad y armonía entre los miembros de una familia, sobre todo entre los esposos.

En las civilizaciones de la antigüedad existía una concepción sacral de la sexualidad, Ishtar e Isis. divinidades femeninas femeninas y maternas, significaban a la vez lo generativo y lo protector, pero eran asi mismo símbolos del deseo y del placer sexual. Prueba patente del culto que recibían es esta estela votiva egipcia de la Ny-Carlsberg Glyptotheke de Copenhague.

Vida Amorosa de los Trovadores en la Edad Media

Fuente Consultada: El Libro de la Vida Sexual – López Ibor

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