Julio Argentino Roca

La Confederacion Argentina Origen Desarrollo y Consecuencias Pactos

La Confederación Argentina
Origen, Desarrollo y Consecuencias – Pactos de Convivencia

Desde 1835 el general Rosas gobernó de manera dictatorial; su represión fue tan férrea que terminó por provocar la unión de todos sus opositores y su derrocamiento en 1852, por un grupo revolucionario dirigido por el general Justo José de Urquiza, antiguo gobernador de Entre Ríos, quien recibió ayuda de Uruguay y Brasil. A raíz de esta batalla se empezó a elaborar una nueva Constitución aprobada en 1853 -año en que Urquiza se transformó en el primer presidente de la República Argentina- y que ha estado en vigor hasta 1994.

La provincia de Buenos Aires rechazó adherirse a la nueva Carta Magna y proclamó su independencia en 1854, separándose del resto de las demas provincias, las cuales formaron una confederación nacional o argentina bajo la conducción de su primer presidente Urquiza. La mutua hostilidad entre los dos Estados se reavivó en la guerra de 1859.

La República Argentina obtuvo rápidamente la victoria y en octubre de 1859 Buenos Aires consintió en unirse a la Federación. A estos conflictos siguieron varios años de enfrentamiento con un único motivo: Buenos Aires. Su poder y su riqueza la enfrentaron al resto de la nación en diferentes ocasiones.

justo jose de urquiza presidente de la confederacion argentina

La Constitución Nacional de 1853: El Congreso General Constituyente se reunió el 20 de noviembre de 1852. Eligió presidente a Facundo Zuviría, representante salteño. Urquiza delegó en su ministro Luis José de la Peña la lectura de su discurso inaugural.

Refiriéndose a la ausencia porteña decía uno de sus párrafos: «Porque amo al pueblo de Buenos Aires me duelo de la ausencia de sus representantes en este recinto. La geografía, la historia, los pactos, vinculan Buenos Aires al resto de la Nación». Ni ella puede vivir sin sus hermanas, ni sus hermanas sin ella. En la bandera argentina hay espacio para más de catorce estrellas, pero no puede eclipsarse una sola.».

El 18 de abril de 1853 fue presentado el Proyecto de Constitución por la comisión encargada de hacerlo. Pero el 20, Zuviría pidió el aplazamiento de las tareas pues «el país seguía convulsionado y estaba lejos de ofrecer el ambiente de tranquilidad y orden necesario».

Su moción fue rechazada , y de inmediato se abrió el debate; el 1º de mayo la Constitución fue sancionada. El día 25 se promulgó y el 9 de julio fue jurada. Se eligieron esas dos fechas para dar jerarquía histórica y confirmación de argentinidad al acto.

Además de la Constitución de los Estados Unidos y de las nuestras de 1819 y 1826, que no alcanzaron a aplicarse, influyeron en la redacción un libro titulado»El federalista» y sobre todo la obra de Juan Bautista Alberdi «Bases y puntos de partidapara la Organización Política de la Confederación Argentina».

juan bautista alberdi

Contenía sensatos consejos entre los cuales figuraba la calurosa recomendación de atraer inmigrantes europeos, brindándoles amplias garantías.

Coincidía en esto con la idea expuesta por Sarmiento en un párrafo de su obra «Facundo» : «El mal que aqueja a la Argentina es la extensión».

La Constitución comprendía un preámbulo y 110 artículos. Constaba de dos partes: la primera con las declaraciones, derechos y garantías; la segunda con el enunciado de las autoridades de la nación, subdividida en dos títulos: Gobierno Federal y gobiernos de provincias.

El Gobierno Federal estaba integrado por tres poderes:

El Poder Legislativo, compuesto de dos cámaras, la de diputados,elegida en proporción al número de habitantes, por el término de 4 años, y la de senadores, a razón de 2 por provincia, que duraban 9 años.

El Poder Ejecutivo era ejercido por un presidente y un vicepresidente, designados por un grupo de electores; ocupaban el cargo durante 6 años y no podían ser reelectos de inmediato. El presidente nombraba los ministros.

El Poder Judicial estaba a cargo de una Corte Suprema de Justicia y de los tribunales y jueces federales.

Las provincias conservaban toda la soberanía no expresamente delegada; pero la Constitución era la ley Suprema de la Nación, y ninguna constitución o ley provincial podía contener disposiciones que le fueran contrarias.

La Constitución de 1853 rigió en el país, con pequeñas enmiendas, hasta la sustancial reforma en el gobirtno de Juan Perón de 1949.Reformas que fueron restablecidas el 1º de mayo de 1956.

EL ESTADO DE BUENOS AIRES:
La provincia se organiza en Estado disidente:

Mientras la Confederación Argentina había jurado la Constitución Nacional, la provincia de Buenos Aires se organizaba en un Estado disidente. La Legislatura se atribuyó funciones constituyentes y designó una comisión de siete miembros para redactar un proyecto de Constitución. Esta fue sancionada en abril de 1854 y en su conjunto trataba de satisfacer el localismo político.

Reunidas ambas cámaras de Buenos Aires en asamblea, designaron primer gobernador constitucional al Dr. Pastor Obligado, a quien secundaron Mitre, Alsina, Vélez Sársfield y otros.

La provincia inició un período de franco progreso. A diferencia del resto del país, las finanzas continuaron mejorando y fueron reorganizados el Banco de la Provincia y la Casa de Moneda.

Se fundaron varios pueblos, entre ellos Chivilcoy y Bragado, que hasta esa época eran simples fortines contra los indios. Fueron creados varios establecimientos educacionales en la ciudad de Buenos Aires, y Sarmiento —de regreso de Chile— ocupó el cargo de Director del Departamento de Escuelas.

FERROCARRIL

Un paso importante en el futuro desarrollo del transporte se produjo en agosto de 1857, cuando se inauguró oficialmente la primera linea ferroviaria en un tramo de diez kilómetros, desde la estación del Parque (hoy Plaza Lavalle) hasta Floresta. Los vagones fueron arrastrados por la locomotora «La Porteña».Se instaló en Retiro la «Compañía Primitiva de Gas», que suministró el fluido necesario para alumbrar calles y casas ubicadas en el radio céntrico, manteniéndose en el resto los débiles candiles con aceite.

 

MAPA DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA

mapa de la confederacion argentina

Las Presidencias: Urquiza y Derqui

PRESIDENCIA DE URQUIZA: La Asamblea Constituyente eligió presidente de la Nación a Urquiza y vicepresidente a Salvador María del Carril. El 5 de marzo de 1854, prestaron juramento e instalaron su gobierno en la ciudad de Paraná. Las provincias revisaron sus constituciones para ponerlas de acuerdo con la nacional.

En octubre se instaló también el primer Congreso Legislativo con sus dos cámaras de diputados y senadores. Entre sus leyes figuraron la de organización y reglamentación de la Justicia Federal. Fue reconocida la independencia del Paraguay y acordado un tratado de límites, comercio y amistad con esa nación. Otros tratados del mismo carácter se firmaron con los Estados Unidos, Brasil, Bolivia y Chile y algunas naciones europeas. En 1856 fue enviado Alberdi a España con el mismo objeto, pero no se llegó a aprobarlo.

La educación fue uno de los objetos de mayor interés. La Universidad de Córdoba y el Colegio de Montserrat se transfirieron a la Nación. Se votaron subsidios para la creación y mantenimiento de escuelas primarias. El Colegio de Concepción del Uruguay concedió becas a estudiantes del interior del país. Fue fomentada la navegación del Uruguay y el Paraná, la ciudad de Rosario quedó habilitada como puerto de ultramar.

Otras realizaciones facilitaron el ingreso de inmigrantes procedentes de Suiza, norte de Italia y Alemania, fundándose las primeras colonias agrícolas: las de Esperanza en Santa Fe, Santa Ana y Yapeyú en Corrientes, Calera de Espiro (Colón) y San José en Entre Ríos. Se trazaron planos para el tendido de líneas férreas sin alcanzarse a comenzarlas.

La obra constructiva. Fueron fundados, entre otros, los pueblos de Chivilcoy, Bragado y Las Flores; se inauguró el primer ferrocarril, de diez kilómetros de largo, que unió las estaciones de Plaza del Parque (hoy Lavalle) con la de San José de Flores.

Fue encendido el alumbrado a gas, se habilitó el muelle de acceso de pasajeros que se internaba en el río para facilitar el transbordo; otras construcciones notables fueron la Aduana, de forma semicircular, y el teatro Colón (en la Plaza de Mayo). En 1854 se reorganizó el Banco de la Provincia y la Bolsa de Comercio. La exposición agrícola e industrial del año 1859 demostró las grandes realizaciones alcanzadas en ese orden. Sarmiento, nombrado Director General de Escuelas, impulsó en vasta escala la fundación de colegios y la mejora de los existentes.

La Confederación y el estado de Buenos Aires: La provincia de Bs.As. dictó una Constitución propia en abril de 1854, declarando su soberanía; pero Mitre, diputado, consiguió que se agregara la cláusula «mientras no la delegase en un gobierno general»; esto dejaba abierta la posibilidad de reincorporarse a la Nación. Eligió gobernador al doctor Pastor Obligado.

Rozamiento con la Confederación. En 1854, el general Jerónimo Costa invadió por propia iniciativa la provincia con un fuerte contingente, para conseguir la Unión Nacional. Fue derrotado en noviembre en el combate de El Tala.

Obligado protestó enérgicamente ante Urquiza por la tolerancia con que permitió organizar ese ataque. Urquiza contestó en términos conciliatorios e internó los dispersos de Costa y otros elementos empeñados en intentar nuevas invasiones. De ese cambio de notas surgió un «Tratado de Buena Vecindad». Aprobaba el uso común de la bandera argentina, y la ayuda recíproca en caso de conflictos con el extranjero o para defenderse de los «malones» indígenas.

La Unidad Nacional: Un hondo sentido de «Patria Grande» seguía latiendo en muchos ciudadanos fieles a la tradición de Mayo. En Buenos Aires, abogaba por ello el periódico «La Reforma Pacífica», dirigido por Nicolás Calvo. Pero el posible arreglo,en opinión de Mitre, Alsina, Mármol, Sarmiento y otros, sólo podría alcanzarse sin humillación ni desmedro para el prestigio de la gran ciudad: nada que pudiese considerarse rendición o entrega.

Refutaban a «La Reforma Pacífica» en las columnas de «La Tribuna». Los ánimos se encendieron y hubo choques y disturbios en manifestaciones públicas de ambos bandos. Para evitarlos, los dirigentes de la Unión adoptaron la estrategia de reunirse en lugares cerrados celebrando banquetes, esto les valió ser motejados de «chupandi-nos», a lo cual replicaron designando a sus contrarios como «pandilleros» (pandilla: grupo de individuos alborotadores).

Al margen de estos factores que llamaríamos «sentimentales», gravitó fundamentalmente la cuestión económica . La ciudad porteña seguía atrayendo la casi totalidad de los barcos extranjeros con el consiguiente pago de los derechos de aduana y otras inversiones privadas. El interior, privado de esos recursos, no alcanzaba a recaudar lo suficiente para cubrir los gastos oficiales.

Mediante la Ley de Derechos Diferenciales trató de reparar el déficit, favoreciendo los barcos que recalaban directamente en puertos de la Confederación. Los llegados después de estar en Buenos Aires debían abonar un recargo. No consiguió la importancia calculada ni causó gr.andes perjuicios a los porteños.

La elección de nuevo gobernador por la Legislatura provocó choques violentos entre los favorables a la Unión y los que insistían en el cisma. Al decir del historiador Pelliza «en cada mesa de votantes se libró un combate». Triunfaron los separatistas y elegieron gobernador al doctor Valentín Alsina, enemigo personal de Urquiza. Se preocupó en fortificar su posición. Importó gran cantidad de armas y equipos, persiguió a los opositores, cuyas comunicaciones con las provincias fueron estrictamente vigiladas.

En Buenos Aires surgió un partido opositor, de tendencia federal, que bregaba por la unión de la provincia con el resto del país. El órgano representativo de este partido fue el periódico «La Reforma Pacífica», dirigido por Nicolás Calvo. De acuerdo con su título propiciaba una política conciliatoria, sobre la base de revisar la Constitución sancionada. Los defensores de la política porteña, de carácter separatista y enemiga de Urquiza, contaban con el periódico «La Tribuna» dirigido por Carlos Gómez y en cuyas columnas también colaboraban Mitre, Sarmiento, Héctor Várela, el poeta Mármol y otros. La «Reforma Pacífica» atacó a los oficialistas calificándolos de «pandilla» porque recorrían las calles en forma tumultuosa; de allí derivó el mote de oandilleros, con que fueron reconocidos los partidarios del gobierno de Buenos Aires. Por su parte, los últimos denominaron a los unionistas federales de chupindinos porque efectuaban frecuentes reuniones partidarias donde no escaseaba el vino.

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES: En San Juan, una tendencia adicta a Buenos Aires, resultante de un sostenido comercio de vinos y otros productos de consumo.se alzó en armas y asesinó en 1858 al exgobernador y gran caudillo federal Nazario Benavídez. Urquiza envió una intervención; pero el Congreso Federal votó, además, en abril de 1859, una ley disponiendo la reincorporación de Buenos Aires a la Nación.

Fracasaron las gestiones de varios diplomáticos extranjeros para evitar la guerra. Urquiza, al frente de un fuerte ejército, invadió la provincia, y el 23 de octubre derrotó a Mitre, su adversario, en la batalla de Cepeda.

Pero Mitre, mediante una hábil maniobra, logró replegarse a San Nicolás, embarcó sus fuerzas reorganizadas y llegó a Buenos Aires, dispuesto a seguir luchando. Francisco Solano López, hijo del dictador del Paraguay, ofreció oficialmente la mediación de su padre para acordar la paz. Alsina pretendió rehusarla,pero la opinión se opuso y lo obligó a renunciar.

Reunidos representantes de ambos bandos en San José de Flores, bajo la presidencia de López, firmaron la paz. Buenos Aires se incorporaba a la Federación. La Constitución de 1853 sería revisada por una Convención Provincial; debía además respetar la integridad territorial de la Provincia.

Su Aduana pasaba a la Federación; eso significaba que los valiosos derechos de importación pasaban al Tesoro Federal. La Convención porteña reunida en enero de 1860 propuso lo siguiente; El artículo que declaraba a Buenos Aires capital de la República se cambió por otro, aplazando esa designación a una futura ley del Congreso Nacional, con la condición de que debía contar con el consentimiento de las autoridades de la provincia para el traspaso del correspondiente territorio.

Agregó otras disposiciones más democráticas en el texto de la Constitución y propuso el nombre de Nación Argentina (en vez de Confederación Argentina) como designación en el orden internacional.

En el mes de septiembre la Convención Nacional reunida en la ciudad de Santa Fe aprobó con leves modificaciones lo resuelto en el pacto de San José de Flores.

PRESIDENCIA DE SANTIAGO DERQUI-PAVÓN: En las elecciones presidenciales triunfó el doctor Santiago Derqui; integraba la fórmula como vicepresi dente Esteban Pedernera. Al mismo tiempo la Legislatura de Buenos Aires elegía gobernador a Mitre.

La aparente concordia se quebró a raíz de los «Sucesos de San Juan». Su gobernador, José Virasoro, miembros de su familia y amigos fueron asaltados en su domicilio y asesinados por un Derqui Santiagogrupo de opositores. Estos eligieron gobernador al doctor Antonino Aberastain, decidido «porteñista».

Derqui no lo reconoció y en enero de 1861 un ejército federal comandado por el coronel Juan Saá lo derrotó en el combate del Pocito. Aberastain y muchos otros adictos fueron fusilados. La matanza provocó un gran movimiento de protesta en Buenos Aires.

El descontento aumentó cuando el Congreso Nacional rechazó a sus representantes por no haberse elegido conforme a las disposiciones de la ley nacional. Mitre protestó enérgicamente e insistió en mantener los senadores y diputados ya elegidos; éstos se apresuraron a renunciar a sus cargos.

El Congreso Nacional decidió entonces intervenir la Provincia; misión que se confió a Urquiza, quien se había distanciado de Derqui. Éste trasladó el gobierno a la ciudad de Córdoba para reunir fuerzas y posiblemente con esa dilación negociar las posibilidades de un arreglo. Pero Urquiza marchó con su ejército, compuesto en gran parte por entrerrianos y correntinos.

Sumaban en total 17 000 hombres. Mitre lo enfrentó con 22 000 mejor armados y disciplinados. Una última tentativa de arreglo juntó a bordo de un buque de guerra inglesa a Derqui,Urquiza y Mitre sin llegar a ningún resultado. La batalla se libró en Pavón, en la frontera entre Buenos Aires y Santa Fe, el 17 de septiembre y terminó con la retirada de Urquiza.

Los vencedores ocuparon Rosario, Derqui renunció el 5 de noviembre y pasó a Montevideo. El vice, Pedernera, lo hizo a su vez, con lo que quedó acéfalo el gobierno nacional.

Mitre, inspirado por un elevado sentimiento de argentinidad y por el aprecio que le inspiraba el jefe entrerriano, entabló negociaciones. Acordaron que la Constitución Nacional vigente no sería alterada; que la situación política de Entre Ríos seguiría en manos de Urquiza.

mitre organiza el pais

LA UNION DEFINITIVA DEL PAÍS
El general Mitre elegido presidente de la Nación

El general Mitre, sin abandonar el cargo de gobernador de Buenos Aires, desempeñaba provisoriamente el mando del país como Encangado del Poder Ejecutivo Nacional En esas circunstancias, convocó al pueblo de las provincias para elecciones de representantes, y el 25 de mayo de 1862 inició sus sesiones el Congreso Nacional en la ciudad de Buenos Aires.

Mitre leyó en la reunión inaugural un importante mensaje. Dijo entre otros conceptos: «En el instante en que los poderes públicos se disolvían y que la manifestación material de la unidad argentina se borraba, era necesario pensar y decidir que ese eclipse era transitorio, y que esa disolución aparente era una verdadera labor de regeneración, de la que la República resurgirá en breve fuerte, compacta y libre».

En el mes de junio, la Asamblea aprobó la actuación cumplida pqr Mitre al frente del gobierno provisional y de inmediato dispuso realizar la elección de Presidente y Vicepresidente de la República. Los comicios se efectuaron en todo el país, con excepción, de Catamarca que no participó.

Practicado el escrutinio, f^itre resultó elegido Presidente constitucional de la Nación por,unanimidad de sufragios, y Vicepresidente el Dr. Marcos Paz, quien logró 91 votos de los electores. Los nuevos mandatarios tomaron posesión de sus cargos el 12 de octubre de 1862, en la ciudad de Buenos Aires, donde quedó instalada la sede del gobierno nacional.

Fuente Consultada:
HISTORIA 3 – La Argentina y el Mundo – José Astolfi – Editorial Kapelusz
HISTORIA 5 – Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 – José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

Poema Sobre La Tragedia Submarino ARA San Juan 44 Desaparecidos

POESÍA:  SUBMARINO  ARA  «SAN JUAN»
Para Los 44 Héroes Desaparecidos

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Mares de la Argentina préstanos tus sirenas
envueltas el aladas túnicas de color
para que sutilmente conduzcan al camino
donde «cuarenta y cuatro»  esperan con fervor. 

Que se calmen los vientos y se aplaquen las olas
y  que el Sol de noviembre alumbre con ardor,
hay que encontrar la ruta de nuestro submarino
y  aliviar tanta pena que produce dolor. 

El mundo nos ayuda a buscar este hijo
de hierro y baterías que se arrastra en el mar
cobijando las vidas de los submarinistas
que eligieron la dura tarea de zarpar. 

Zarpar  para cuidar los huecos de la Patria
en  las profundidades epi continental
con la esperanza plena de regresar a casa
corazón en el pecho viril, vocacional. 

Los países del mundo que apuntalan la hazaña
 inusitada  extraña  insólita  inusual…
acordaron rescate con un gran compromiso
que a la niñez, la escuela, seguro enseñará. 

 De todas las riquezas ¿ la vida ?  una fortuna.
Recemos por las vidas una oración de Paz
 y  pidamos milagro al Dios de cada uno.
¡ ARA  SAN JUAN, bendito, te queremos acá ! 

 Martha Dora Arias. DNI 2889515
Psicóloga social.
Técnico en Planeamiento educativo.

 

 

 

 

 

 

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

Esta obra cumbre de Esteban Echeverría ha sido desde su origen expuesta al estudio e interpretación de pensadores y filósofos, que ven la calidad de su contenido, propia de un genio que logró ver la realidad de un mundo que se ocultaba a la vista de quienes, ajenos a las circunstancias que vivían, alimentaron con su ignorancia, las fortalezas de un sistema que los devoraba.

Echeverría siempre se refirió al dogma social argentino, distinto al europeo, trata del dogma nacional argentino, que nació con la revolución de mayo de 1810, donde los ideles de libertad y emancipación habían fracasado por los intereses de otras generaciones posteriores que con sus procederes políticos perjudicaron la construcción de una nación sólida y consolidada para la organizacion y  progreso  nacional.

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Esteban Echeverría nació en Buenos Aires en 1805. Su padre era vasco y su madre criolla. Falleció en Montevideo en 1851. Vivió muchos años en Europa. Frecuentó los ambientes estudiantiles e intelectuales. Se interesó por los problemas ideológicos y políticos que se agitaban en Europa, sobre todo en Francia.

Es el principal representante del movimiento romántico en nuestro país. Es autor de La Cautiva y de otras composiciones literarias.

Los problemas filosóficos, literarios, políticos, sociales, económicos, educacionales fueron tratados por él. En ellos siempre se nota la influencia ejercida por el romanticismo y el liberalismo doctrinario francés.

Fue miembro del Salón Literario y el principal promotor de La Joven Generación Argentina.

Es el autor del Dogma Socialista, obra que tuvo gran influjo en muchos grupos argentinos.

— En la reunión inaugural de La Joven Generación Argentina Echeverría leyó como programa de la sociedad las llamadas «Palabras Simbólicas».

El Dogma Socialista es el comentario a dichas palabras.

Las palabras simbólicas eran estas.
1. Asociación,
2. Progreso,
3. Fraternidad,
4. Igualdad,
5. Libertad,
6. Dios, centro y periferia de nuestra creencia religiosa; el cristianismo su ley.
7. El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social.
8. Adopción de todas las glorias legítimas de la revolución; menosprecio de toda reputación usurpada o ilegítima.
9. Continuación de las tradiciones progresivas de la Revolución de Mayo.
….
12. Organización de la Patria sobre bases democráticas.
….
….
15. Abnegación de las simpatías que puedan ligarnos a las dos grandes fracciones que se han disputado el poderío durante la Revolución. — Echeverría escribió un comentario a estas palabras-programa.

Lo intituló «Declaración de Principios que constituyen la creencia social de la República Argentina». Alberdi llevó el manuscrito a Montevideo y lo publicó con el nombre de Dogma Socialista.

El Dogma Socialista contiene muy pocas ideas originales. Se nutre de ideas europeas. Saint-Simon, Lamennais, Guizot, Tocqueville y Mazzini son los autores que han tenido mayor influencia en la obra.

El valor filosófico y político de la obra ha sido discutido. Pero está fuera de duda:

1. que a pesar de la influencia europea existe permanentemente una reflexión sobre la situación y realidad argentina;
2. que muchas de las nuevas ideas filosófico-políticas que motivaban los movimientos europeos se conocieron entre nosotros gracias a ella;
3. que hay una búsqueda del espíritu de Mayo y un llamado a la superación de las pasiones partidarias que dividían a los argentinos.

La generación de los proscriptos. Sentido y fuerza moral de la emigración:

Muchos fueron los argentinos que durante la tiranía rosista debieron emigrar al exterior para ponerse a salvo de los atropellos y de la persecución.

Entre otros Alberdi, Mitre, Echeverría, Posadas, Cañé buscaron refugio en Montevideo; Sarmiento, Lamadrid, Félix Frías, Vicente F. López en Chile. También a Paraguay y Bolivia llegaron proscriptos argentinos.

Como en todo grupo hubo en los proscriptos diversas actitudes. Hubo incluso quienes renegaron de su condición de argentinos y en su odio al tirano llegaron a unirse a los enemigos de la patria.

Pero la enorme mayoría buscaron con entusiasmo y abnegación recuperar la libertad de su patria y ejercieron honradas y provechosas actividades en los países hermanos que les brindaron asilo.

Muchos de los proscriptos se dedicaron al periodismo y se valieron de él para difundir sus ideas y para atacar a la tiranía.

Leer el Dogma Socialista

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Historia del Liberalismo Político en los Gobiernos de Argentina

Historia de Liberalismo en la Política Argentina

Historia de su influencia en Latinoamérica: Al influjo de las teorías del liberalismo político, florecieron en Europa las posiciones antiabsolutistas. La prédica de Voltaire y de Montesquieu, la obra de la Ilustración y de los Enciclopedistas, fue profundizando, las convicciones que recomendaban mayor libertad y mayor participación de las clases hasta entonces pospuestas.

La reivindicación de las prerrogativas naturales, el freno al absolutismo, la teoría que justificaba el derecho de rebelión de los pueblos ante los malos gobiernos, se transmitieron por medio de las lecturas y las noticias desde el Viejo Continente hasta estas tierras americanas cuyas clases cultas —que además de ideales poseían la certeza de estar postergadas económicamente— se constituyeron en abanderadas de dichas doctrinas. Necesidad de educación, libertad de expresión, representatividad, independencia, eran los conceptos en boga.

La revuelta de los estados de Norteamérica contra la opresión de una Inglaterra nada liberal con sus colonias y la Revolución Francesa, fueron las fuentes de las que emanaban los ejemplos a seguir por las colonias españolas en cuya metrópoli los liberales desarrollaban también una dura lucha contra el absolutismo.

Cuando la independencia fue obtenida, las ideas del liberalismo se plasmaron en las constituciones de las jóvenes naciones que surgieron. Sin embargo, las nuevas clases dirigentes, de alto vuelo intelectural pero de mirada fija en lo europeo, intentaron muchas veces un mero transplante de los principios liberales a sociedades netamente diferentes a aquellas elegidas como modelo y ello significó la oposición de los sectores más tradicionales y el estallido de continuas guerras civiles que se extendieron hasta pasada la primera mitad del siglo pasado.

Por entonces se afianzaron las tesis liberales y los gobiernos que las propiciaban, culturalmente progresistas, pero políticamente autoritarios y a veces paternalistas, ligados casi siempre con los intereses económicos externos.

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El filósofo inglés John Locke fue el padre de la teoría liberal de los siglos XVII y XVIII. Decía que el progreso social se identifica con la protección de la propiedad privada.

El liberalismo moderno: En las últimas décadas el liberalismo, sobreviviente a las embestidas del nacionalismo y el populismo de la segunda posguerra, tuvo que reacomodarse a los sentimientos democráticos, nacionalistas y socialistas, que cada vez con mayor fuerza se fueron proyectando en el seno de las diferentes sociedades.

La dinámica del crecimiento económico —y particularmente la intensa concentración y monopolización— obligaron a revisar sus planteos. Sus premisas individualistas fueron cada vez menos capaces de solucionar los profundos problemas que planteaban las nuevas realidades.

Las grandes desigualdades pusieron en evidencia un hecho incontrastable: la libertad de unos, y su prosperidad, implicaba la opresión de los otros. A partir de esa toma de conciencia, se gestó una. división, sobre todo evidenciada en el plano económico, pero con amplias implicaciones políticas. Mientras muchos teóricos propendieron hacia una verdadera intervención estatal, de fines regulares, otros se aferraron a la no intervención y la libertad económica, típicas banderas del antiguo liberalismo.

Los primeros, se inclinaron por la participación, en reemplazo del anteriormente preconizado aislamiento individual, a la que ven como un verdadero producto social, surgido de los incentivos, la educación, las oportunidades y que se relaciona, íntimamente, con la democracia representativa y con lo popular. Ese liberalismo así transformado, llega a proponer soluciones colectivistas, apelando al Estado como respaldo a los sectores sociales económicamente más débiles.

Ante esos evidentes cambios doctrinarios operados, surge una pregunta: ¿sigue siendo liberal una teoría de esas características? Sus defensores opinan que sí, porque —dicen— en primer lugar, persigue el mismo fin; lograr un individuo autónomo; en segundo lugar, porque los cambios conceptuales operados, al reducir las arbitrariedades, enriquecieron las libertades individuales; finalmente, porque de esa manera el concepto de ley y de derechos constitucionales —tan caro al primitivo liberalismo— se ve afirmado por el pluralismo, la descentralización y la amplia gama de relaciones entre el Estado y la sociedad.

Para muchos otros, después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo ha perdido todo contenido progresista, se ha reducido a una defensa de la libertad de los que poseen. Los que no —se afirma— se orientan hacia otras corrientes: las diversas variantes del socialismo, el social cristianismo y otras.

Liberalismo y la Política Argentina: Las tesis sustentadas por el liberalismo europeo tuvieron mucho que _ ver con los esfuerzos revolucionarios que culminaron en la Independencia de las Provincias Unidas. Una vez obtenida ésta, a su influjo se trató también de organizar la recién nacida Nación.

La labor rivadaviana: Una de las manifestaciones más salientes del liberalismo rioplatense fue Bernardino Rivadavia. Este intenta transmitir al país  rivadavialas pautas administrativas y culturales de una Europa demasiado lejana y demasiado diferente como para ser entendida y aceptada por los sectores tradicionales. El lenguaje usado, las formas políticas recomendadas, las modas de esos doctores que usan levita en lugar de poncho, el apego por teorías y recetas impregnadas de filosofía liberal, no podían encontrar eco favorable.

Las reformas que como ministro y como presidente impulsa Rivadavia tendían a afianzar el gobierno central, a entronizar un incipiente laicismo, a remodelar los criterios administrativos: se trataba de los postulados progresistas del liberalismo.

La creación de la «Sociedad Literaria», por su parte, hablaba de las preocupaciones culturales, pero no tenía demasiado que ver con la realidad del país.

Por eso, la Reforma Eclesiástica originó el llamado «Motín de los Apostólicos», las provincias rechazaron el proyecto de constitución unitaria, los terratenientes condenaron la deuda contraída con la banca británica; el «padre de las luces», en definitiva, fue visto, más bien, como el benefactor de la clase mercantil del puerto.

Rosas y el liberalismo: «Ahora bien, general, prescindamos del corazón en este caso… En tal caso, la ley es: que una revolución es un juego de azar en el que sé gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella…». El texto pertenece a una carta, «de esas que se rompen una vez leídas», firmada por Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril —unitarios— que la envían a Lavalle.

juan manuel  rosas

Empujado por esas apreciaciones, éste decretará el fusilamiento de Dorrego, cabeza del partido federal. Montoneros — Artigas, Ramírez, López, Quiroga y después «El Chacho» y Felipe Várela— y liberales, eran agua y aceite. Rosas sintetizó los orígenes de ese divorcio, en palabras que le dirigió al oriental Santiago Vázquez: «Yo, Sr. Vázquez… conozco y respeto los talentos de muchos de los señores que han gobernado el país y especialmente del Sr. Rivadavia… pero a mi parecer todos cometían un grande error: los gobiernos se conducían muy bien para la gente ilustrada, pero despreciaban los hombres de las clases bajas, los de la campaña…».

Rosas, idolatrado por artesanos, orilleros o negros, pero también apoyado por amplios sectores del clero, de los comerciantes y por la oligarquía terrateniente, si bien mantuvo la política económica librecambista, descartó las instituciones políticas liberales. Sus opositores liberales —Esteban Echeverría, Marcos Sastre, Juan M. Gutiérrez, Juan B. Alberdi, Miguel Cané— lo enfrentaron desde el Salón Literario, la Sociedad de Mayo y, ya en el exilio, desde la Comisión Argentina, que proclamaba los principios de Mayo, el progreso y la democracia desde una sitiada Montevideo, bautizada como la «Nueva Troya» por el romántico Alejandro Dumas y defendida por la Legión Italiana del liberal Giuseppe Garibaldi.

Esos intentos de quebrar el rosismo, que se sumaron a diversos levantamientos internos, no prosperaron sin embargo. Recién Caseros puso punto final a ese ciclo y significó el punto de partida para el afianzamiento del liberalismo en la Argentina.

La Constitución del 53: El Congreso Constituyente de Santa Fe sancionó una constitución netamente liberal, para confeccionar la cual se combinaron los ejemplos del liberalismo estadounidense, el «Dogma Socialista de la Revolución de Mayo» (Esteban Echeverría)  y las «Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina» (Juan B. Alberdi).

Después, empezaron a tomar forma definitiva los futuros partidos políticos. En Buenos Aires, se constituye el Partido Liberal, acaudillado por Mitre, que pronto se divide en dos sectores: el nacionalista «chupandino», que quiere la reunificación de la independizada Buenos Aires y la Confederación Argentina que lidera Urquiza, y el autonomista o «pandillero» porteñista a ultranza. La filosofía liberal, no obstante, era el común denominador de ambas vertientes.

Después de la batalla de Pavón, Mitre será el dueño de la situación: bajo la hegemonía bonaerense, el país comienza a reunificarse. El nacionalismo revisionista le endilga muchas culpas a esa administración liberal: representad la política avasalladora de la oligarquía portuaria, encarnar una especie de despotismo ilustrado, someter ias autonomías provinciales, negociar con el capitalismo colonizador y propiciar el predominio de una filosofía laica y materialista.

El liberalismo, por su parte, responde que bajo ese gobierno se dieron los primeros pasos que permitirían luego la concreción y la realización de un verdadero Estado nacional.

Con Sarmiento, el progresismo liberal viste hermosas galas: impulso de la instrucción pública en todos los niveles, apoyo al desarrollo de las ciencias, trazado de líneas férreas, afianzamiento del telégrafo y de la inmigración.

Nicolás Avellaneda, hombre del Partido Autonomista Nacional (PAN), que encarnaba con renovado vigor los antiguos ímpetus del liberalismo, continúa con esa línea de unificación nacional y federaliza a Buenos Aires, renuente a compartir con el resto del país las pingües rentas de su puerto. Persistirá la entrada de mano de obra barata a través de la inmigración —y la salida de lanas y cereales, tipo de exportación que correspondía a una Nación a la cual la división internacional del trabajo le había asignado el papel de «granero del mundo»

Roca y la Generación del 80: Con el acceso al gobierno de Julio A. Roca, la llamada Generación del 80 logra su máximo esplendor. La presidencia absorbe y centraliza todos los poderes y la domesticada Liga de Gobernadores es su complemento. (Más tarde, las fuerzas provinciales que dicha Liga manejaba serán la base de los distintos nucleamientos conservadores y liberales locales que persisten aún en nuestros días).

La lucha comicial no depende ya de los partidos políticos sino de la voluntad del Poder Ejecutivo. Los postulados más caros al positivismo y al liberalismo se intronizan en el poder,.a través de una política esencialmente pragmática. El lema «Paz y Administración», fórmula esgrimida por el general, se parece mucho al «Orden y Progreso» que predicaba Comte.

El comercio exterior, siguiendo siempre los dictados del colonialismo británico, se intensifica y lo mismo ocurre con el trazado de las vías ferroviarias la remodelación de la Capital y la llegada de nuevas oleadas de inmigrantes. Se impone, en toda la línea, el sistema de ideas liberales, que coinciden con el auge del liberalismo económico mundial y con la mayoría de edad de un capitalismo .imperialista que se dispone a depredar el universo.

Los aspectos de laicidad adquieren especial relieve bajo la administración Roca, y su ministro Wilde propicia la implantación de la enseñanza laica, gratuita y obligatoria (Ley 1420, de julio de 1884), la expulsión del nuncio apostólico (acusado de intervenir en los asuntos internos del país) y la interrupción de las relaciones diplomáticas con el Vaticano, así como también la estatización de los cementerios y la Ley de Matrimonio Civil. Félix Frías, José M. Estrada, Santiago Estrada, Pedro Goyena, Miguel Navarro Viola, Tristán Achával Rodríguez y Emilio Lamarca constituirán el cerrado grupo antiliberal y confesional que; a través más que nada del periódico «La Unión», se opondrán a esas reformas.

Juárez Celman y la decadencia: La crisis financiera, económica y moral marcó el gobierno de Miguel Juárez Celman, sucesor de Roca, al que él mismo ungió como tal. El juego de la Bolsa, la íntima relación del oficialismo con el capitalismo colonialista británico, las prebendas descaradas, las concesiones ferrocarrileras enajenadas en el exterior pero garantidas por el Estado, eran el corazón de un régimen, que preanunciaba la crisis del liberalismo.

El despilfarro oficial, el aumento incesante de la deuda pública y la agitación social —impulsada por recién nacidos sindicatos que los inmigrantes habían transplantado— completaban el panorama. El refinamiento cultural de ciertas élites y el lujo de las clases acomodadas no bastaron para detener la caída del presidente, desalojado del poder por la, de todos modos, fracasada Revolución del 90, a través de la cual irrumpía violentamente un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, que prefirió la abstención electoral y la insurrección revolucionaria antes que ser víctima de los fraudes orquestados por el oficialismo.

De todas maneras, estos continuaron multiplicándose, a través de las componendas de los nucleamientos políticos de signo exacerbadamente liberal o conservador, que pugnaban por mantener a mano las riendas del poder a toda costa. Así, el «contubernio» del Partido Nacional (roquista) y de la Unión Cívica Nacional (mitrista), permitió la imposición de la fórmula Luis Sáenz Peña, José E. Uriburu.

Se trataba, ya, de una oligarquía fraccionada en partidos sin programa, pero que de todas formas continuaba siendo gobierno. Julio A. Roca y Norberto Quirno Costa continuaron la seguidilla y bajo su gobierno se instauró la represiva Ley de Residencia, ya que el liberalismo, paternalista por momentos, sabía avasallar cuando la defensa de sus intereses así lo imponía. En el año 1906, la muerte de Manuel Quintana, Carlos Pellegrini y Bartolomé Mitre, ralea sus filas dirigentes. La ley Sáenz Peña instaurando la limpieza electoral, será el golpe de gracia.

Yrigoyen y después: El gobierno de Hipólito Yrigoyen marca el ascenso de nuevas clases sociales que hasta ahora habían sido dejadas de lado. El liberalismo, en sus formas más extremas, es desacreditado por un sistema que contempla una reguladora intervención estatal y una suerte de populismo incipiente. Pero dichas pautas moderadoras de la influencia liberal se aflojarán durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear y serán totalmente barridas del escenario político por el golpe militar de 1930, que restaurará el conservadurismo y el liberalismo económico más marcados, no obstante haberse iniciado como un movimiento de corte nacionalista y fascistoide.

El año 1943 volverá a insistir con el nacionalismo y las remoras fascistas que, al final, desembocarán en un brumoso populismo peronista en el cual el movimiento sindical es incluido en la maquinaria estatal. De ahí en más, a partir de 1955 sobre todo, la historia política argentina se ve constantemente salpicada por los desbordes de poder originados en filas militares.

El enfremamiento de los sectores nacionalistas y liberales dentro de las fuerzas armadas —generalmente los primeros iide-ran los cuartelazos y los segundos los copan a continuación— merece un capítulo aparte, pero su análisis escapa a esta nota.

En momentos en que el país se apresta a enfrentar otra instancia electoral, parece evidente que la absoluta mayoría de los partidos políticos, aun reconociendo orígenes liberales, no comulgan con las clásicas tesis extremas de la plataforma liberal. Sólo un sector de los mismos, el agrupado bajo la difusa ubicación del centro, postula un marcado comportamiento neoliberal en economía y en política.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – La Política y La Mujer –

Biografía de Joaquín V. Gonzalez Obra Política

Biografía de Joaquín V. González – Obra Política

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino. Nacido en Chilecito, se licenció como abogado en la Universidad Nacional de Córdoba en 1886. Diputado para el Congreso Nacional, se interesó por las reformas y era partidario de afrontar las cambiantes circunstancias del país con nuevas leyes.

El 6 de marzo de 1863, en la provincia de La Rioja, nacía Joaquín V. González. Sus padres, Joaquín González y Zoraida Dávila, períenecían a esas antiguas familias de provincia, de larga estirpe, especie de aristocracia rural, de vida simple y patriarcal.

Según consigna él mismo, en las tantas páginas que ha escrito refiriéndose a su niñez, su padre desarrolló una activa militancia política, «siempre lejos, reclutando soldados bisónos para hacer la guerra al caudillaje«. Ese ejemplo paterno se continuará luego en el hijo: vinculado a los sectores conservadores, será en las filas en las cuales realizará toda su carrera de hombre público.

Joaquin V. Gonzalez

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino.

Los avatares de la política transplantan a iodo el grupo familiar hasta el antiguo pueblo minero de Chilecito. Allí empieza su formación intelectual y siente, por otra parte, los primeros requerimientos de la inspiración poética. Porque algo será constante y deberá tenerse en cuenta en toda la trayectoria de Joaquín V. González: su doble carácter de político y, al mismo tiempo, de creador literario y de exquisito de las letras.

Luego de la escuela primaria, su meta fue Córdoba, especie de Salamanca criolla por esa época y sitio obligado de estudios al cual concurrían los hijos de las clases acomodadas de provincia. Su destino fue el viejo Colegio Monserrat, con un prestigio y una tradición que se arrastraba desde épocas anteriores a la Independencia. De allí a ingresar a la Universidad de Córdoba mediaba un solo paso y lo dio sin dificultades.

Era la plena «alborada» del 80, época en la cual la generación que luego será calificada con ese nombre empezaba a hacer las primeras armas en política, a completar su formación intelectual.

La política: Los años de Joaquín V. González en su época de la Universidad de Córdoba transcurren entre el estudio, las tertulias literarias y una especie de antesala del periodismo. En el año 1884, es designado profesor de la Escuela Normal de Maestras de Córdoba y se le asignan las cátedras de Historia, Geografía y Francés. A los 18 años,.empieza a colaborar en Varios periódicos cordobeses: Córdoba, El Interior, El Progreso, La Revista de Córdoba.

El 26 de mayo de 1886, obtiene el título de Doctor en Jurisprudencia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Con ese diploma en su escritorio y el pasado familiar que lo influía y además lo respaldaba, no suena raro que el día 26 de julio de ese mismo año sea elegido diputado nacional por La Rioja. Sin tener aún la edad suficiente, viaja para incorporarse al Congreso.»—¿Tendrá ese muchacho los veinticinco años que exige como mínimo la Constitución?»— cuenta Ramón Columba —se preguntaban algunos de los legisladores en la vieja casa.—

Ya no es un muchacho. Mírelo: tiene toda la barba. Efectivamente, ya usa barba Joaquín, nadie hace cuestión por la edad y se incorpora a la Cámara sin ningún inconveniente». Paralelamente a esta incorporación, Joaquín V. González elabora un proyecto de Constitución para su provincia, desarrolla actividades periodísticas en el diario La Prensa y en 1888 publica uno de sus libros más importantes: La tradición nacional.

Actuando siempre dentro delas filas del conservadurismo, obtiene en el año 1889 la gobernación de La Rioja. Tres años más tarde es reelegido diputado nacional y en 1893 es publicado otro de sus libros más importantes, Mi montañas. Su profundo conocimiento del suelo natal y su preocupación constante por la minería le permiten, además, que se transforme en catedrático de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, dictando una materia de reciente creación: Legislación de Minas.

El país comenzaba a recorrer el camino del desarrollo, la llamada Generación del 80 le imprime su ritmo y un rubro tan importante —y tan vinculado a los intereses y a los capitales ingleses— como el de la riqueza subterránea empieza a ser tenido muy en cuenta.

Las realizaciones
Sus conocimientos, sus excelentes vinculaciones políticas y el hecho de ser un militante sin concesiones del conservadorismo, influyen para que Joaquín V. González lleve a cabo una rápida y ascendente carrera política. En ese sentido, el año 1896 fue para él un año clave. En el mes de enero, el Poder Ejecutivo lo designa para realizar el Proyecto de Reforma al Código de Minería.

En julio, es nombrado vocal del Consejo Nacional de Educación y, por último, el 31 de diciembre, Académico Titular de la Facultad de Filosofía y Letras, recién creada. Lo acompañarán al frente de esa institución Bartolomé Mitre, Rafael Obligado, Bernardo de Irigoyen, Carlos Pellegrini, Paul Groussac, Ricardo Gutiérrez y Lorenzo Anadón.

Durante el segundo gobierno del general Roca, González cubre las carteras de Interior, Justicia e Instrucción Pública, Relaciones Exteriores y Culto. Vinculado a este último ministerio, justamente, interviene en el diferendo austral que estuvo a punto de provocar una cuestión armada entre nuestro país y Chile. Fruto de esa dilatada gestión ministerial, nuevos libros aparecen, con su firma: Debates Constitucionales y Los tratados de paz de 1902,
entre otros.

Desde el punto de vista legislativo, le cupo la elaboración de una Ley Nacional de Trabajo y una Ley de Reforma Electoral. Esta última, si bien de duración efímera, establecía el sistema electoral denominado «De circunscripciones«: fue bajo ese sistema que, en las elecciones de 1904, el socialismo logró triunfar en la circunscripción de la Boca y Alfredo Palacios alcanzó la diputación.

Cuando el 12 de octubre de 1904, Manuel Quintana asume la presidencia de la República, Joaquín V. González es nombrado titular de Justicia e Instrucción Pública. Desde ese cargo, el 19 de setiembre de 1905 funda la Universidad de La Plata, cuyo rectorado ejercerá desde 1906 a 1918. Dictará cátedras de Derecho Internacional Público y de Historia Diplomática.

Ampliará los laboratorios, modernizará el instrumental y contratará profesores extranjeros a veces, promo-cionando los autóctonos en otras oportunidades. Convencido de la necesidad de la coordinación programática de los tres ciclos y del régimen de internado creará ULPI (Universidad de La Plata Internado), donde se verificará la constante convivencia de profesores y alumnado, indispensable para lograr una correcta e integral formación del educando.

El nacimiento de otra época En 1916, el radicalismo accede al gobierno. Sectores sociales hasta ahora marginados políticos y socialmente, empiezan a hace oir su voz. Nuevos enfoques en piezan a propiciarse desde el g« bierno de «la chusma radical’ como gustaban calificar a quienes hasta ese momento ha bían monopolizado el poder.

En ese panorama de cambios qu aparece, la Universidad deja d ser una isla de refinamiento apoliticismo cultural. Explota! las luchas por la Reforma d 1918. La Universidad de La Plata es clausurada. González dedia su tiempo, entonces, a recorre librerías, su paseo predilecto po otra parte. Transita cas diariamente por La Facultad, de la calle Florida, por la Dante Alighieri, algunas francesas y sobre todo la Mitchell’s Book, en la cual hasta posee una gaveta personal, a la cual le llegan, a tra vés del correo inglés, las noveda des literarias de la isla.

Construye, al mismo tiempo, una especie de retiro en La Rioja, su casa. La llamará Samay Huasi, que en quechua significa «casa de reposo». El cultivo de las flores, las complicadas construcciones líticas —tareas que desarrollará con sus propias manos, la lectura de Shakespeare, Ornar Khayyam y Tagore, en medio de un marcado misticismo, serán sus ocupaciones predilectas desde el 19 de setiembre de 1922, en que pronunció su último discurso en el Senado.

Un discurso que fue, por otra parte, una verdadera definición política de toda su vida: «No tengo ni tendría porqué ruborizarme de haber pertenecido al régimen, un régimen que comenzó con Ri-vadavia, que siguió con Urquiza, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Quintana, cuyos nombres tan sólo son una historia de crédito, de justicia y aun de gloria para la historia de los partidos políticos que hoy se confunden con la denominación común de conservadores».

Murió el 29 dé diciembre de 1923.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II

Historia del Partido Autonomista Nacional Origen y Fundador

El Partido Autonomista – Origen e Historia

Líder indíscutido del Partido Autonomista, acérrimo porteñista, la figura de Adolfo Alsina dominó por mucho tiempo el escenario político, en las décadas que siguieron a la batalla de Caseros, fin del rosismo. Su figura, sin embargo, fue desdibujándose históricamente, con el tiempo. Tal vez, porque no pudo nunca trascender su localismo, tal vez porque las personalidades de oíros políticos como —Roca, Pellegrini— lo superaron.

Hay quien atribuye este olvido a la falta de una doctrina que respaldara al accionar del caudillo, carencia que él reemplazaba con un verdadero «olfato de comité» y con un audaz oportunismo, no exento de demagogia. Sin embargo, más allá de estas explicaciones, conviene recordar su trayectoria y sus realizaciones, en la medida en que Adolfo Alsina es un típico ejemplo del caudillismo urbano.

adolfo alsina

Los orígenes
Nacido en Buenos Aires, el 14 de enero de 1829, su padre era Valentín Alsina, unitario, porteñista a ultranza, político y gran orador. A pesar de que su esposa era hija de Manuel Vicente Maza, presidente de la legislatura rosista. Valentín Alsina emigró pronto a Montevideo. Recién después de Caseros pudo volver la familia a Buenos Aires. Valentín Alsina es nombrado ministro de gobierno por el gobernador de la provincia, Vicente López y Planes.

Su unitarismo pronto lo enfrenta a Urquiza. Adolfo comparte esos enfrentamientos, pero en forma más vehemente: poco intelectual, tendía sobre todo a la acción. Veía en ciernes la federalización de Buenos Aires y para evitarla conspira constantemente, hasta que logra desencadenar la Revolución del 11 de setiembre.

Adolfo Alsina defiende la ciudad durante El sitio a que la somete la Confederación y tiene tiempo, mientras tanto, de recibirse de abogado. Su prestigio entre los grupos más porteñistas, que respondían a Bartolomé Mitre y era llamados «pandilleros» (en atención a los medios violentos de los que se valían), crece constantemente. Dirige ataques contra las concentraciones de «chupandinos» (partidarios de un acercamiento con la Confederación) y la fama de su valor personal crece todos los días. A esta altura de los acontecimientos, Buenos Aires tenía su propia Constitución y era casi un Estado independiente.

En las elecciones de marzo de 1857, los pandilleros hicieron honor a su nombre: «Nuestra base de operaciones eran la audacia y el terror, que empleados tan hábilmente han dado este resultado admirable e inesperado», escribe por entonces Sarmiento, refiriéndose a la victoria electoral obtenida. El sistema de voto cantado permitía todo tipo de desmán, en efecto: los más decididos, copaban el atrio en donde se votaba y quien triunfaba en ese copamiento triunfaba en la elección. De esta forma, Valentín, su padre, llegó al gobierno de Buenos Aires.

El Partido Autonomista
Luego de la batalla de Pavón, donde Adolfo Alsina combate bravamente, todos se dan cuenta de que Mitre quiere reconstruir la Confederación, con Buenos Aires a la cabeza. Encargado del Ejecutivo nacional, para retener el poder nacional y el provincial debía federalizar a Buenos Aires.

La Ley de Federalización fue muy resistida y el 6 de agosto de 1962, en la Cámara de Diputados de la Nación, Adolfo Alsina pronunció el discurso tal vez más encendido y brillante de su vida, atacando ese proyecto de ley «como porteño, porque yo, en ningún acto de mi vida puedo olvidarme que lo soy, porque no puedo, ni debo, ni quiero…». Mientras las barras deliraban, un nuevo caudillo había nacido.

La Ley de Federalización no fue aprobada y en su lugar vio la luz una tibia Ley de Compromiso: Buenos Aires sería sede del gobierno central por tres años, pero sin federalizarse. A pesar de ese acuerdo, el viejo Partido Liberal, liderado por Mitre, estaba fracturado. Quienes siguieron a aquél, constituyeron el Partido Nacionalista.

Alsina y sus seguidores, se nuclearon en el Partido Autonomista. Los mitristas, por su búsqueda de acercamiento con Urquiza —una posición blanda para los opositores— fueron motejados de «cocidos». De rebote, de «crudos» se bautizó a los alsinistas. Tras las banderas de intransigencia de Alsina se aglutinaron la oligarquía terrateniente y su extremo en la escala social, los sectores más desposeídos.

Con Mitre, hizo causa común la burguesía mercantil, los pequeños y medianos productores y la clase media. Un grupo de juventud brillante militaba en el alsinismo: Dardo Rocha, Leandro AIem, Carlos Pellegrini, Aristóbulo del Valle entre otros.

Las elecciones, pasaron a ser guerras. El diario La Tribuna respondía a Alsina e inflamaba a sus seguidores. La Nación Argentina —que se convertiría luego en La Nación— apoyaba a Bartolomé Mitre. El voto, seguía manifestándose en los atrios de las iglesias, en un esfuerzo porque lo sagrado del lugar aplacara las pasiones. Sin embargo, orilleros y «niños bien» mezclados, esperaban expectantes eí desarrollo de los acontecimientos y si la elección se iba volcando contra sus intereses apelaban a todo tipo de violencias verbales y físicas para torcer el curso de los hechos.

Gobernación y vicepresidencia
En los comicios de marzo de 1866, tan poco «sanctos» como todos los de la época, Adolfo Alsina fue elegido gobernador de la provincia. Esta gobernación de Alsina coincidió con la Guerra del Paraguay y en el transcurso de la misma el porteñista aprobó todo lo actuado por parte del gobierno nacional. Sin embargo, cuando se acercan las elecciones presidenciales de 1868, Mitre lo descalifica como candidato.

Luego de extensas polémicas y de inacabables tejes y manejes arbitrados por el líder del Partido Nacional, su nombre surge pero para acompañar a Sarmiento en la fórmula que, a la postre sería la victoriosa. Su padre, Valentín Alsina, presidente del Senado, era quien debía proclamar oficialmente a los triunfadores: cuando debió pronunciar el hombre de su hijo, la emoción se lo impidió y tuvo que ser reemplazado.

La vida privada de un vicepresidente
Sarmiento consideraba a Adolfo Alsina despectivamente, como un compadrito porteño y tal vez no estuviera tan errado en sus apreciaciones. Alto y robusto, poseía una verdadera «estampa de varón»; pelo y barba abundantes y plateados, nariz grande y ojos melancólicos. Extrovertido, ruidoso y populachero, frecuentaba boliches y caminaba con un contoneo compadrón y agresivo.

No era atildado en el vestuario, usaba generalmente un pantalón y un chaleco blancos y siempre una alta galera, tipo chimenea, y un levitón negro. Consumía habanos. No usaba cuchillo y pocas veces revólver, pero su paraguas de macizo mango de plata se podía convertir en una verdadera maza. Soltero empedernido, vivía en un viejo caserón de la calle Potosí, centro de nocheras tenidas con amigos y de sobremesas extensas, regadas con buen vino y en las cuales se rendía un verdadero culto a la amistad. Simpático y entrador era, sin embargo, un verdadero orador de barricada y para ello lo
ayudaba, no poco, su fuerte vozarrón.

La conciliación y la muerte
En 1874, Adolfo Alsina impone a su amigo Mariano Acosta en la fórmula que presidió Nicolás Avellaneda y se reserva para él el Ministerio de Guerra y Marina. Su primera tarea, como ministro, consistió en aplastar la revolución mitrista que se produjo ese año.

Después, se dedicó a la campaña contra el indio, a través de la cual deseaba adquirir popularidad nacional, paso previo a una futura presidencia. La guerra del desierto tuvo un carácter defensivo y su estrategia consistió en ir avanzando gradualmente poblando al mismo tiempo los terrenos recuperados.

El joven general Julio A. Roca discrepó con ese proyecto y propuso, en s lugar, una guerra móvil. Desde ese momento, los rozamiento entre los dos hombres fueron constantes. Alsina llevó adelante su plan, de todas formas: recuperó 2.000 leguas cuadradas, adelantó la frontera y para protegerla hizo cavar una prolongada zanja —la famosa «zanja de Alsina»— a lo largo de diversos trechos de su extensíón, que fue calificada por Roca de «disparate».

En agosto de 1876 al volver Alsina de la frontera, el panorama político era muy turbio y el caos económico producido por la mala administración era total y por otra parte, se hallaba al borde de una nueva insurrección.

El Partido Autonomista, para colmo, había visto resquebrajar por completo su unidad interna, por esos motivos, Alsina buscó  un acercamiento con el mitrismo y el líder de esta corriente aceptó  públicamente la conciliación de los dos partidos. Mientras Aristóbulo del Valle y otros dirigentes hacían abandono del auíonomismo para fundar el Partido Republicano, el 7 de octubre, en la Plaza de Mayo, Mitre y Alsina se confunden en un abrazo, debajo de la estatua de Belgrano.

Los mitrístas recibían, en virtud de esta conciliación, altos cargos gubernamentales y hasta ministerios. Mitre —personalmente— y los jefes que lo habían secundado en 1874 la devolución de sus perdidos grados militares. Y Alsina, la luz verde para su postulación presidencial en el 80.

En espera de esa fecha y mientras se preparaba para otra campaña contra los indígenas, el 29 de diciembre de 1877, después de una corta pero extraña enfermedad, moría sorpresivamente Adolfo Alsina. Las malas consecuencias de esa muerte no se hicieron esperar. La conciliación se hundió, irremediablemente.

Al poco tiempo estallaba la guerra civil.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II Nota de Julio Nosiglia

Biografía de Pueyrredón Juan Martín Vida Política y Logros

Biografía de Pueyrredón Juan Martín

Nació en Buenos Aires el 18 de diciembre de 1777. Como Rivadavia, como Vieytes, como Laprida, como Dorrego, como Saavedra, como Moreno y como Castelli, estudió en el Colegio San Carlos y después lo mandaron a Europa. Cádiz (España) y París serán las ciudades que recordará siempre. De la mano de su tío Diego conoció la filosofía de la ilustración, la pintura y la música de la modernidad y la historia de los clásicos.

biografia de martin de pueyrredon

Juan Martín de Pueyrredón (1777-1850). Fue un  político y militar argentino, considerado el primer jefe de Estado de la Argentina independiente, por cuanto fue elegido director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1816-1819). «Nadie le podrá desconocer, ni siquiera sus enemigos más convencidos, es el apoyo que le dio a San Martín para que organizara el Ejército de los Andes y marchara hacia Chile». (Historiador Rogelio Alaniz)

En Cádiz se casa con su prima Dolores Pueyrredón, fallecida en 1805, y recién volverá a casarse diez años más tarde con Margarita Tellechea, una niña de catorce años, veinticinco años más joven que él.

Pueyrredon Martin Director Supremo

Durante la Primera Invasión Inglesa organiza las fuerzas que combatieron en Perdriel.

Participa en la Reconquista de Buenos Aires y en la formación del Batallón de Húsares Voluntarios. Designado representante ante la Corte española, viaja a la Península. Ante la ocupación de Napoleón, huye de Madrid en 1808 y lo retienen en Montevideo por orden del Cabildo.

Durante la asonada de Álzaga de enero de 1809 es hecho prisionero y embarcado hacia España, pero escapa en Brasil, aunque es nuevamente encarcelado en Buenos Aires.

Huye al Brasil y retorna a Buenos Aires después de la Revolución de Mayo  y apoyará en toda la línea el proceso revolucionario y su primer cargo será el de gobernador de Córdoba, un territorio que entonces se extendía hasta Tucumán y las provincias de Cuyo.

Córdoba terminaba de salir de la crisis provocada por el levantamiento de Liniers que, como se sabe, concluyó con el fusilamiento de éste y de sus colaboradores inmediatos.

Después reside en Charcas cumpliendo con su tarea de intendente. La batalla de Suipacha le ha dado a los ejércitos patrios el control del Alto Perú, pero la derrota de Huaqui obliga al repliegue de las tropas. Pueyrredón entonces se preocupa por recuperar el tesoro de Potosí  y luego se hará cargo del Ejército del Norte.

En 1812 le entrega el mando de las tropas a Manuel Belgrano y regresa a Buenos Aires, en donde reemplazará a Juan José Paso en el triunvirato. El movimiento militar de la Logia Lautaro, triunfante en octubre, dispone su destierro; es confinado en una estancia de San Luis como reo de lesa patria. En 1815 el director supremo Carlos de Alvear pone fin a su proscripción y Pueyrredón regresa a Buenos Aires.

Junto con Justo Santa María de Oro, Francisco Narciso Laprida, Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza integrará la delegación de diputados que participarán en el Congreso de Tucumá representando a Cuyo. En la sesión del 3 de mayo de 1816 es designado Director Supremo de las Provincias Unidas.

Se entrevista con San Martín, compromete su respaldo al plan libertador y en los próximos dos años apoya con firmeza al Ejército de los Andes. (Ver Carta a San Martin)

En su directorio Pueyrredón debe sortear muchas dificultades: oposición en Buenos Aires, rebeliones de caudillos, escasez de recursos y aislamiento internacional. La invasión portuguesa a la Banda Oriental en 1816 y las presiones por establecer una monarquía constitucional en las Provincias Unidas culminan con su renuncia en 1819, una vez sancionada una Constitución que es rechazada en las provincias.

En 1820, el gobernador Sarratea le ordena salir del territorio y se asila en la Banda Oriental. Regresa a Buenos Aires en 1821. Dos años después nace su hijo Prilidiano, quien será un eximio pintor.

Frente el alzamiento unitario de Lavalle (1828), Pueyrredón integra el Consejo Provisorio de Gobierno e intenta mediar ante Rosas. En 1835 la familia Pueyrredón viaja a Francia, en 1841 a Río de Janeiro y en 1844 regresa a París.

Pueyrredón retorna a Buenos Aires en 1849 y muere en su quinta de San Isidro el 13 de marzo de 1850.

A la patria le dejó sus obras pero también el talento artístico de su único hijo, Prilidiano, destacado pintor y arquitecto, y la inspiración poética de su sobrino, José Hernández, el autor del Martín Fierro y el hijo preferido de su hermana Isabel.

Fuente Consultada:
Los Hechos Que Cambiaron la Historia Argentina del Siglo XIX Ricardo J. de Titto – Editorial El Ateneo
Hombres y Mujeres en Tiempos de Revolución – Rogelio Alaniz Editorial UNL (Santa Fe)

El Sistema Educativo Argentino La Educación Primaria Siglo XX

El Sistema Educativo Argentino
La Educación Primaria – Siglo XX

La evolución de nuestro sistema educativo a lo largo del siglo XX, muestra características que evidencian la falta de una política educacional coherente y sistemática. Así, se han ido incorporando nuevas modalidades, carreras y especialidades por yuxtaposición, respondiendo, generalmente en forma tardía, a necesidades y exigencias de cada momento histórico; este proceso se concretó en la Universidad con la creación gradual de Facultades, carreras y especialidades y en la enseñanza media con la puesta en mar cha de nuevas modalidades y especializaciones.

El crecimiento cuantitativo del sistema educativo fue influenciado por similares factores y respondió, en general, a supuestas demandas de la sociedad, no siempre las más funcionales con los verdaderos requerimientos.

escuela primaria argentina

La mayor carencia de la política educacional de este siglo ha sido la de un proyecto nacional para la educación que respondiese a las exigencias inmediatas y mediatas de la época y se integrase en un proyecto global para el país. Evidentemente, es tos proyectos existieron en el siglo XIX, y su validez y eficacia están demostradas por el hecho de que para algunos sectores del sistema educativo aun poseen vigencia.

Ha sido un tremendo error de varias generaciones de nuestro siglo el asumir como modelo válido el proyecto nacional para la educación de nuestro antepasados del siglo XIX, cuando se habían modificado sustancialmente las circunstancias políticas, sociales y económicas que los habían generado.

Pareciera que en la Argentina la educación se está convirtiendo en un instrumento que, en lugar de ayudar a acabar con la heterogeneidad estructural de la sociedad, está contribuyendo a consolidarla, al crear una suerte de dualismo entre sectores con un alto nivel de educación, y sectores que escasamente tienen acceso a ella.

Por un lado, a pesar de que globalmente podemos gloriarnos de nuestras bajas tasas de analfabetismo, al menos en relación a otros países latinoamericanos, es poco menos que evidente que el gran objetivo de la alfabetización universal propuesto en el siglo pasado, dista mucho de ser alcanzado.

Un análisis por regiones muestra la gran disparidad entre los coeficientes correspondientes a Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, y los que ostentan otras provincias del interior donde la situación puede resultar alarmante para cualquiera. Es cierto, que la tasa de analfabetismo puede llegar a distorsionar la realidad, ya que en su cálculo tiene una gran influencia la situación educacional de las generaciones viejas.

Pero cuando se observan los niveles de deserción en la escuela primaria,  se comprueba que la situación adquiere dimensiones que deben llamar seriamente a la reflexión. Según un informe reciente del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, el rendimiento definitivo del grupo que ingresa a primer grado es, en promedio, de apenas un 55%. En catorce provincias la deserción es superior al 50%, y en dieciocho está por encima del 40%.

En la mayoría de los casos el grueso de la deserción se produce en los primeros grados, en especial en el primer grado. La situación de la Argentina en el escenario latinoamericano ha dejado de ser un privilegio. Hay varios países que nos aventajan en este sentido, y aun pareciera que en las últimas décadas nuestro país hubiera entrado en un punto de estancamiento con respecto a los logros que venía obteniendo en el pasado.

Sectores muy numerosos alcanzan un nivel mínimo de instrucción, si es que lo alcanzan, y salen a enfrentar la vida con los muy escasos instrumentos que esa formación puede haberles proporcionado. Sus posibilidades de participación en los sistemas de decisión y de integración al mundo de la cultura son más que escasos;   sus posibilidades de trabajo y de participación en el consumo, en una sociedad que inevitablemente se hace más compleja, serán cada vez más de carácter marginal.

Frente a este problema del mínimo de instrucción, se plantea otro en el grupo de quienes acceden a un nivel terciario. Un sistema de enseñanza media muy rígido y sin diversificación, está conduciendo a una verdadera explosión universitaria. La carencia de otras alternativas en el nivel terciario ha contribuido por su parte al problema ocupacional que diariamente deben enfrentar una buena parte de los graduados universitarios jóvenes.

En términos generales, parece claro que el país necesita de una expansión de la escolaridad, aunque esta expansión no puede seguir realizándose como lo ha venido haciendo hasta el presente. Se requieren transformaciones sustanciales en lo que hace al modo de distribución  de las oportunidades educacionales entre la población.

Se trataría de ofrecer mayores oportunidades educativas a aquellos sectores y regiones que hasta el presente han estado relegados y de desalentar y reorientar la demanda de educación universitaria larga, de modo de tender a equilibrar cuantitativa y cualitativamente la oferta del subsistema educativo y los requerimientos de la estructura ocupacional.

Organización de la Educación :
La Educación pre-escolar :
Se llama educación pre-escolar a la que se imparte antes de la educación primaria. Está destinada a la segunda infancia, es decir, a los »iños de tres a seis aña aproximadamente.. Tiene como objeto favorecen el desarrollo físico y espiritual del niño. Mediante el empleo de técnicas apropiadas se orienta el juego infantil para educar los sentidos, fomentar la capacidad expresiva y orear hábitos sociales y de convivencia.

Junto a esta finalidad de carácter eminentemente formativo, la educación pre escolar cumple también una importante función social, sobre todo en los ambientes obreros al brindarle al niño el cuidado y la educación que sus padres no pueden brindarle durante sus horas de trabajo.

El jardín de infantes cumple una finalidad estrictamente pedagógica, y secundariamente una función social. Es un lugar de juego, por medio de él el niño no sólo se recrea sino que se desarrolla vitalmente El juego se dirige a objetivos educativos definidos.

La educación del jardín de infantes se dirige inmediatamente a las manifestaciones básicas de la vida infantil : las actividades motrices y sensoriales por una parte y las afectivas y emotivas por otra. Respecto de las primeras la educación está dirigida, a la coordinación y justeza de los movimientos,  a la correlación de éstos y la vida in telectual, mediante diversos procedimientos educativos. Respecto a la vida afectiva, los cantos y las rondas, la narración, de cuentos, el cuidado de plantas y animales, el uso de libros de estampas, las representaciones de títeres. etc. , son los coecursos más empleados.

El jardín de infantes es el lugar donde el niño adquiere las primeras experiencias de la vida social. La convivencia, y el trato con los demás niños hace que éste salga del círculo cerrado del ambiente familiar y entre en el amplio campo de la vida social.

En nuestro país los jardines de infantes funcionan, por lo general, anexos a escuelas primarias y normales.

La formación del personal docente especializado en la enseñanza pre-escolar, se inició en la Escuela Normal de Paraná, Actualmente, en el orden nacional, la preparación de maestras jardineras está confiada a dos establecimientos dependientes del Ministerio de Educación: el profesorado  San de Eccleston en la Capital Federal, y la Escuela Nacional Normal de Maestras N° 1 de La Plata.

Los gobiernos provinciales y municipales sostienen, a su vez, establecimientos pre-escolares en sus respectivas jurisdicciones.

La Educación Primaria :
La educación primaria propiamente dicha constituye el primer ciclo de formación sistemática. Busca favorecer y dirigir armónicamente el desarrollo moral, intelectual y físico de los niños durante la tercera infancia, es decir, desde los 6 ó 7 años hasta los 12. Procura el desenvolvimiento de la personalidad del educando de acuerdo con sus aptitudes, trata de favorecer su adaptación social, lo prepara para de sempeñarse adecuadamente en su realidad presente e ingresar en la comunidad a que pertenece como un miembro útil y responsable.

El artículo 2 de la Ley 1420 de Educación Común ( 1884 ) indica algunas características de la educación primaria : «La instrucción primaria debe ser obligatoria, gratuita, gradual y dada conforme a los preceptos de la higiene».

El artículo 8° de esta ley establece la neutralidad en materia religiosa; el 10° se pronuncia por las clases mixtas en los primeros grados y a cargo de personal femenino exclusivamente; el 27° especifica que ha de ser también simultánea.

Al establecer la enseñanza gradual, la ley 1420 impone de manera uniforme la enseñanza progresiva y metódica, acorde con el desarrollo intelectual medio de los alumnos. El principal inconveniente de la enseñanza gradual es que no tiene en cuenta el desarrollo intelectual propio de cada alumno, ya que no todos poseen igual capacidad, idénticas preferencias, análogas formas mentales.

La neutralidad en materia religiosa está establecida por el artículo 8°  de la Ley que establece : «La enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su res pectiva comunión, y antes o después de horas de clase». En la práctica, se estableció una verdadera laicidad en la enseñanza primaria.

La enseñanza simultánea surge del artículo 27 que determina entre las obligaciones de los maestros la de «dirigir personalmente la enseñanza de los niños que estén a su cargo». Con esta disposición se buscaba terminar definitivamente con el sistema lancasteriano e imponer la enseñanza simultánea preconizada por Pestalozzi.

La obligatoriedad de los estudios primarios se basa en el deber que tienen los padres de educar a sus hijos. La obligación escolar alcanza en la Argentina hasta los catorce años de edad.

La obligación escolar supone la existencia de la escuela pública gratuita. Si el Estado impone a todos los padres o encargados de los niños la obligación de instruirlos y educarlos dentro de la edad calificada como escolar y de acuerdo a un mínimo de enseñanza, es necesario que el propio estado ponga la escuela al alcance de todos los niños.

Para ello debe proporcionar en forma gratuita a los niños pobres, no so lo la enseñanza misma, sino también material y útiles escolares, alimentación y vestidos. Junto al esfuerzo del Estado aparece también la acción privada a través de las cooperadoras escolares que tienen, entre otras funciones, la de proporcionar ropa, calzado y alimentos a los alumnos necesitados.

Según las regiones, los cursos se extienden de marzo a noviembre, o de septiembre a mayo. No son días lectivos el sábado, el domingo y algunas fechas importantes de carácter patriótico o religioso. Anualmente se edita un «calendario escolar» en el que figuran las distintas conmemoraciones que deben realizarse.

Normalmente en cada escuela funcionan dos turnos. Cada sección de grado está atendida por un maestro, que imparte la enseñanza, conserva el orden y la disciplina de los alumnos.Suelen existir también   profesores de estética (música y dibujo), labores y trabajo manual.

La marcha de la escuela primaria está confiada a un director que es el jefe inmediato del personal docente, administrativo y de servicio. El director tiene entre sus funciones, la critica pedagógica de los maestros; observa sus métodos, la preparación especial de cada lección, el lenguaje del maestro y de los alumnos, la disciplina y el gobierno escolar.  Periódicamente, reúne en conferencia al personal docente para hacer la crítica del trabajo y cambiar ideas sobre la orientación de la enseñanza que se imparte.

Para ejercer la dirección y administración general de las escuelas, la ley 1420 creó un Consejo Nacional de Educación, que funciona en la Capital Federal bajo la dependencia del Ministerio de Educación. Corresponden al Consejo Nacional las siguientes atribuciones de carácter técnico : dirigir y vigilar la instrucción impartida en todas las escuelas primarias, dictar los programas de enseñanza, expedir títulos habilitantes para el ejercicio del magisterio, revalidar los diplomas «ie maestros extranjeros, seleccionar los libros de texto más adecuados para las escuelas públicas, promover y auxiliar la formación de escuelas públicas y de maestros, lo mismo que la de aso ciacíones y publicaciones cooperativas de la educación común.

Entre las atribuciones de carácter administrativo figuran el manejo de todos los fondos consagrados al sostén y fomento de la educación común, como así la confección del presupuesto correspondiente.

Bajo la dependencia inmediata del Consejo Nacional actúan los inspectores de escuelas primarias y los Consejos Escolares de distrito. Los primeros cumplen una función esencialmente técnica : vigilan la enseñanza de las escuelas y corrigen los errores introducidos en ellas. Los segundos, tienen a su cargo tareas de carácter ad ministrativo : cuidan de la higiene, disciplina y moralidad de las escuelas, estimulan la concurrencia de los niños a las escuelas, etc.

Cambios en el sistema educativo
La nueva Ley Universitaria
Las reformas fueron profundas, pero luego se aplicaron de manera despareja y, en muchos casos, Ineficiente.
el Congreso sancionó una nueva Ley de Educación Superior. Dos años antes, en abril de 1993, se había sancionado la Ley Federal de Educación y, en 1991, se había aprobado la ley de transferencia de los establecimientos educativos que todavía dependían de la Nación a las respectivas administraciones provinciales. Estas tres normas introdujeron profundos cambios en el sistema educativo nacional.

La Ley Federal modificó la estructura académica del sistema educativo. Se eliminaron los tradicionales niveles primario y secundario y, en su reemplazo, se crearon la Enseñanza General Básica o EGB, compuesta de 3 ciclos de 3 años cada uno, y el Polimodal, de tres años, con diferentes orientaciones. También se extendió la obligatoriedad a 10 años, incluyendo la EGB y un año de pre-escolar. Muchas jurisdicciones sólo avanzaron en reformas menores;
otras, aplicaron los cambios con más celeridad que planificación. Todo esto, sumado a las diferentes situaciones presupuestarias, contribuyó a profundizar la fragmentación y diferenciación del sistema educativo.

La Ley de Educación Superior estableció una nueva forma de relación entre las universidades y el Estado, que, además de financiarlas, exigía que se cumplieran ciertos requisitos y luego evaluaba los resultados. Ese sentido tuvo la creación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), que también controló a las universidades privadas. Algunos criticaron la reducción de la tradicional autonomía universitaria y la constitución de un sistema centralizado de evaluación y control, dependiente del Poder Ejecutivo. Otros, en cambio, encontraron en esos instrumentos una manera de elevar el nivel académico y, sobre todo, equiparar a las distintas casas de estudio.

La Ley Federal de Educación vigente fue remplazada en 2006 a través de la sanción de la Ley Nacional de Educación, que modificó nuevamente la estructura académica establecida, reintroduciendo los niveles primario y secundario. (Fuente: Cuadernillo de Historia Argentina, Menem y la reforma neoliberal 1990-1999)

Fuente Consultada:
Historia Argentina e Historia de la Civilización Manual de Ingreso N°2 Dieguez-Pierini-Laplaza
Ediciones Investigación y Docencia

Historia de la Música en Argentina Primeros Compositores

Primeros Compositores de Argentina
Historia de la Música

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ETAPAS DE LA EVOLUCIÓN DE LA MÚSICA ARGENTINA: — El canto es tan connatural al hombre como el lenguaje y se puede creer que los primeros balbuceos de uno y otro se produjeron paralelamente.

La música vocal fué, sin embargo, anterior a toda expresión instrumental. La historia de los más remotos pueblos de la antigüedad nos señala su papel preponderante. La música, el canto y la danza informan toda su vida y plasman sus ritos, combates y ceremonias funerarias.

Cuando Cristóbal Colón implantó su espada en las tierras de Santo Domingo, las civilizaciones autóctonas más avanzadas del continente ya practicaban la música.

Es muy posible que el arte sonoro haya penetrado en América con la civilización asiática, pues la escala pentatónica (de cinco sonidos) se conocía en el Perú lo mismo que en China y Egipto.

Junto con el soldado conquistador, España envió sus misioneros para civilizar estos pueblos, y sabemos que los sacerdotes encontraron en la música sacra una poderosa palanca para atraer a los indígenas al culto cristiano.

Así vemos a San Francisco Solano servirse del rabel como auxiliar en su obra de catequización de los aborígenes en las selvas de Tucumán y Santiago del Estero.

En lo que respecta a la República Argentina, expondremos en prietas etapas la reseña histórica de su música, dejando para un título siguiente los estudios folklóricos y lo relativo a las diversas clases de canciones, danzas e instrumentos musicales autóctonos.

Período hispánico. — Con el nombre de música criolla denominamos tanto la de origen americano como europeo que, con el correr del tiempo, fue adoptando modalidades propias, «aclimatándose», por decirlo así, al ambiente de nuestra cultura nacional y dándole con ello el carácter vernacular.

Nuestros indígenas, antes de llegar los primeros españoles a estas playas, ya tenían sus músicas, sus Cantos y sus bailes religiosos y guerreros.

Naturalmente, los indios del que es hoy territorio argentino no alcanzaron el esplendor de las civilizaciones aztecas, maya e incásica; de aquí lo rudimentario de sus bailes y de sus cantos; pero estas cantinelas rústicas y monótonas, gritos estridentes o repeticiones fastidiosas, que nuestros oídos considerarían ofensivos y disonantes, tenían la virtud de expresar para ellos, de una manera tosca tal vez, los sentimientos de placer, de alegría, de ira o de dolor, según la finalidad que se proponían al entonarlos.

Como los, indios tenían dones naturales asombrosos para la música y sobre todo estaban poseídos del sentido del ritmo, asimilaron pronto la música cristiana, y de un modo especial la melodía gregoriana; de aquí la facilidad con que lo.s misioneros inculcaron los cantos religiosos.

En una relación sobre los indios guaraníes, el P. Charlevoix afirmaba a mediados del siglo XVIII: «Tienen naturalmente oído fino [para la música] y una singular afición a la armonía… Aprenden a cantar leyendo las piezas más difíciles, y casi se podría decir que son cantores por instinto, como los pájaros»

Entre los artífices de la música de esta época se destacaron los jesuítas, que en sus pueblos y reducciones llegaron a tener, no sólo coros notables, escuelas de música para formar maestros y bandas, sino que los mismos indios se hicieron diestros en la fabricación de diversos instrumentos musicales, sobresaliendo por sobre todos estos pueblos la reducción de Yapeyú.

Entre los celosos misioneros jesuítas que emplearon la música como medio do apostolado debemos citar: el P. Alonso Barzana que pacificó a los indios catamarqueños valiéndose sagazmente de la música vocal e instrumental; fue también un famoso filólogo y lingüista, que llegó a dominar varios idiomas indígenas, predicando en ellos.

Destacáronse igualmente otros dos grandes maestros de música de estas regiones: el P. Juan Vaisseau que fundó varias escuelas, donde los neófitos aprendieron a tañer instrumentos durante el culto divino y el Luis Berger, «pintor, médico, platero, músico, danzante . . . amigo dé enseñar a los indios a tocar bigüelas de arco, con que ha reducido por su parte a muchos infieles».

Con posterioridad a estos dos notables maestros, actuó en el Río de la Plata otro jesuíta, el P. Antonio Sepp, que, durante más de cuarenta años, alternó su trabajo de catequización con su labor musical.

Pero a todos los precitados talentos musicales obscureció el eximio organista Domenico Zipole que fuera miembro de la Iglesia de Gesú en Roma. Después de ingresar en la Compañía llegó a Buenos Aires en 1777, completando su formación religiosa en Córdoba, donde enseñó a algunos indios a tocar instrumentos sonoros. Fue autor de la obra: Principios o nociones para tocar con acierto el Órgano y el Clave; también compuso Sonatas, colección de obras para órgano y címbalo. Próximo a ser ordenado murió en la estancia «Santa Catalina» (Córdoba) a fines de 1725.

Debemos también destacar por su labor filarmónica al P. Florian Baucke, entre los indios Mocobíes de Santa Fe y los PP. Martín Schmid y Juan Mesner, entre los indios Chiquitos.

Con la expulsión de los misioneros jesuítas por Carlos III, en 1767, la obra que éstos habían cumplido se fué diluyendo, pero quedaron en pie muchos documentos y todo un sistema que formó la base de nuestro folklore.

También los negros, introducidos en la colonia como esclavos, tuvieron sus danzas, cantos e instrumentos y sus bailes africanos.

Limitados en un principio a sus ceremonias, llegaron a ser tan populares que tanto las autoridades eclesiásticas como civiles tuvieron que tomar carta en el asunto a fin de coartar los excesos y proteger la moralidad pública.

Además de los candombes o bailes de los negros y mulatos, frecuentados por gente de todos los estados sociales, había otros bailes más finos incorporados de Europa, como el minué, pasapié, amable y contradanzas, que se estilaban en los salones de familias aristocráticas.

A fines del siglo XVIII eran numerosos los músicos en Buenos Aires, y entre los maestros de mayor relieve en esta época actúan el santanderino don Antonio Aranaz, que a partir de 1787 dirigió la orquesta del teatro de la Ranchería; don Víctor de la Prada, «famoso tocador de flauta y clarinete» y fundador, después de los sucesos de 1810, de una Academia de Música; el artista francés Luis Joben, constructor de órganos y posiblemente buen organista; el húngaro Carlol Neuhau, profesor de violín; el músico norteamericano David Forest, etc.

teatro de la rancheria

En 1797 arribó a Buenos Aires el insigne músico catalán Blas Parera, que desde 1803 actuó de director de la orquesta del teatro Porteño (llamado más adelante teatro Argentino) y en 1813 puso en música la letra de nuestro Himno Nacional.

Si bien los hijos del país no habían llegado a destacarse como músicos, sentían afición por la buena música y favorecían generosamente a los talentosos consagrados a ella.

Época independiente. —Rotos los lazos políticos que los unían con España, los pueblos de América, además de organizarse política, social y económicamente, procuraron elaborar sus respectivas culturas nacionales.

Por lo que respecta a nuestro país, los primeros gobiernos patrios, enfrascados en continuas reyertas domésticas, bien poco es lo que pudieron hacer por la cultura artística.

Tres años después de los sucesos de Mayo, la Asamblea del año XIII encarga al benemérito artista Blas Parera componer la música del Himno Nacional de Vicente López.

A poco de producida la Revolución del 25 de Mayo, en los entreactos de la función dramática inaugural del 11 de noviembre del teatro «Provisional de Comedias», apareció por primera vez un cantante de número de ópera, el italiano Pietro Ange-lelli. Después fué muy solicitado como cantante por la sociedad porteña. en cuyos salones hizo lucir su bien timbrada voz de barítono en romanzas, arias y cavatinas, dedicándose, además, a dar lecciones de canto, solfeo y piano. En ios primeros días de junio de 1811 regresó a Italia.
El gran activista de nuestra música en los primeros años de nuestra independencia fué el presbítero José A. Picasarri.

Durante el gobierno de Rosas se remueve la música nativa y en los entreactos se cantan motivos vernáculos. Hace furor el Cielito y la Media caña y se bailan el minué montonero, las boleras del Federal y la polca popular.

Más adelante, ya avanzada la segunda mitad del siglo XIX, entran en los escenarios las habaneras y los tangos; se bailan el gato, la hueya, la cueca y el pericón, y se incluye la célebre canción llamada Vidalita y numerosos estilos a cargo de intérpretes nativos.

Todas estas canciones y bailes criollos se repiten en nuestro siglo, donde un sinnúmero de cultores le imprimen modalidades propias y aun incursionan con éxito en la música superior del ballet y la ópera.

Período de la Organización Nacional : El período comprendido entre los años 1852 a 1910, representa la incorporación de la música argentina a los grandes centros europeos.

Desde 1848, Buenos Aires disfruta de temporadas lírico-dramáticas que hasta el día de hoy se desenvuelven año tras año con escasas interrupciones.

En 1825 se representa la primera ópera completa en Buenos Aires, era el Barbero de Sevilla. Durante largos años, el cultivo de otros géneros no había alcanzado a equilibrar en intensidad la fervorosa atención dispensada a las manifestaciones operísticas.

Coexistían el teatro lírico y la música de salón, y con menor frecuencia se efectuaban sesiones de conciertos vocales e instrumentales. En general, las actividades musicales distaban mucho de la homogeneidad requerida, si bien gozaban de reconocido aprecio.

A partir del último cuarto del siglo XIX, han de arraigar fructíferamente en Buenos Aires la música de cámara, con el repertorio clasico-romántico de tríos, cuar tetos y quintetos, el pianismo de los grandes maestros y los conciertos sinfónicos, con frecuente inclusión de obras de autores ya consagrados y de otros contemporáneos.

La actividad musical se desenvolvió durante varios años en torno de dos focos principales: la ópera, en el Teatro de la Victoria, y la música vocal e instrumental de cámara, en los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Buenos Aires, Ambas demostraciones concentraron el interés de los aficionados, aun cuando la periodicidad de los espectáculos operísticos era mucho mayor que la de las sesiones filarmónicas.

Frente a la absorción ejercida por la música lírica, no desmayan las gestiones encaminadas hacia otro sentido de la actividad musical. El compositor y cantante español José Amat será quien promueve desde la Sociedad Filarmónica estas nuevas ac tividades.

En el aspecto polifónico-vocal, fue inestimable la contribución a la cultura del país de la «Sociedad Alemana de Canto», fundada en 1862 para «estudiar y hacer conocer música alemana», especialmente composiciones corales. Incluyó así obras   de Haydn, Mendelssohn, Mozart, Schumann, Wagner y otros maestros.

Fueron numerosos los conjuntos dedicados a un repertorio sorprendentemente variado y amplio, sobre base clasico-romántica incorporando autores contemporáneos. Algunos de los primeros conciertos sinfónicos que se efectuaron en Buenos Aires fueron auspiciados por la «Sociedad del Cuarteto», conjunto creado en 1910.

A pesar de los esfuerzos realizados al respecto, la crítica señalaba la falta de ambiente adecuado y de gusto por lo sinfónico y hacía constar la necesidad de abrir una vía a los jóvenes, y arraigar los conciertos populares. En esta labor de arraigo de los conciertos sinfónicos ocupa un destacado lugar la labor llevada a cabo por Alberto Williams.

La enseñanza de la música :
En este aspecto, la tradición del país se remonta hasta el período de la dominación hispánica. Nacionales y extranjeros imparten enseñanza y se forman varias generaciones de artistas y aficionados que cuentan con el estímulo de un medio en don de la música es altamente apreciada. Hacia el final del siglo, varios destacados músicos argentinos emprenden en Europa las más exigentes disciplinas bajo la guía de autorizados pedagogos.

Alrededor de 1860 crece la llegada e incorporación de músicos extranjeros, algunos de probada valía, cuya formación es en muchos casos italiana.  Tres lustros más tarde se ha formado en Buenos Aires un verdadero ambiente musical en donde descuellan algunos compositores, concertistas y profesores de renombre.  La pieza de salón y las artificiosas fantasías sobre temas operísticos, comienzan a dar lugar paulatinamente a las obras magistrales de clásicos y románticos que comienzan a ser divulgados.

La Gaceta Musical de Buenos Aires realiza una tesonera labor en pro de la creación de un Conservatorio Argentino, a pesar de la hostilidad e incomprensión por parte de algunos sectores, esta labor dará sus frutos con la creación en 1874 de la Escuela de Música y Declamación de la Provincia de Buenos Aires. Las funciones del director fueron desempeñadas por Nicolás de Bassi.

Las clases comprendían : composición e historia musical, solfeo y lectura musical, canto, declamación, piano, órgano, violín y viola, violoncelo, contrabajo, instrumentos de viento de madera, instrumentos de viento de cobre, arpa.

Se creaba asimismo una Comisión cuyos miembros tenían la función de inspeccionar el funcionamiento de las clases y el estricto cumplimiento de los reglamentos de la escuela.

La institución prosiguió su labor pese a los obstáculos y dificultades materiales, afrontando la oposición de quienes no apreciaban el alcance y significado de la educación musical debidamente sistematizada.

La Escuela de Música proporcionaba tos trumentistas de orquesta, cantantes y profesores de música, y su influjo era perceptible en el nivel cultural de Buenos Aires.

En 1882, por falta de una subvención nacional que pudiera suplir la provincial que había sido retirada hacía tiempo, no pudieron pagar se las deudas de alquiler. Los instrumentos fueron vendidos en pública subasta, extinguiéndose de este modo esta institución.

Pero la simiente ya se había propagado. En 1880 el compositor Juan Gutiérrez había fundado el Conservatorio de Música de Buenos Aires, de índole privada. Una «escuela de música de la capital» funcionó también en 1880 bajo la dirección de Ricardo Pérez Camino.

Clemente Greppi, director de los coros de niños del Teatro de la Opera y del Nuevo Teatro Colón, hacia 1910, fue uno de los primeros en estimular el interés por la música en el medio escolar, mediante la acción   mimada conjunta con la práctica musical, la composición de zarzuelas adecuadas para ser representadas en escuelas, y la adopción de técnicas muy cercanas a las más modernas.

La última década del siglo pasado presencia la sucesiva y rápida erección de conservatorios y la creciente demanda de profesores de música.  En 1893 inaugura Alberto Williams el Conservatorio de Música de Buenos Aires, con planes de estudio com pletos y eficiente dotación de profesores. Muy pronto se núcleo en este instituto una significativa promoción de músicos.

En el Conservatorio Santa Cecilia se reunieron renombrados compositores, concertistas y profesores de origen italiano.  Poseía   un amplio cuerpo de profesores cuyas enseñanzas se extendían a las distintas disciplinas vocales e instrumentales, y el ámbito de la composición.

La necesidad de un instituto de índole oficial para sistematizar la enseñanza de la música se reiteró en varias oportunidades. De 1924 data el funcionamiento de una casa de estudios que respondiera a tales aspiraciones, con planes de estudio completos, enseñanza intensiva y una verdadera adecuación a las necesidades y el desarrollo del país. Este instituto es el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, y conserva el nombre de quien fuera su primer director.

Pimeros compositores argentinos :

En el transcurso del período 1852-1910 paulatinamente, y a pesar de circunstancias no siempre favorables, fueron surgiendo personalidades artísticas en el ámbito de la composición musical, muy diversas entre sí, en cuanto a las condiciones de su formación y de la efectividad de su rendimiento, pero que testimonian, en conjunto,   la, consecución de una fecunda etapa en el crecimiento del país.

A la labor realizada durante el citado período se debe el arraigo de una tradición musical argentina, cuyo desarrollo y plena expansión es periódicamente afectado por ñuctuaciones de diverso origen.

Entre los numerosos compositores argentinos podemos seleccionar a quienes nos proporcionaron un ordenamiento vertebrador y nos hacen asequibles las orien taciones esenciales de la música argentina en ese período : Juan Pedro Esnaola, Francisco Hargreaves, Alberto Williams, Arturo Beruti, Héctor Panizza y Constantino Gaito.

Las condiciones de sus respectivas formaciones musicales fueron muy diversas así como el alcance de su labor creadora.  Podemos considerar a Buenos Aires como el foco casi único de dichas actividades, si bien Tucumán, Córdoba, Mendoza y posteriormente La Plata alentaron cierta acción local.

Desde 1880 se desenvuelve una conciencia de la situación artística y social de los compositores. Se señala una concentración de los esfuerzos de los compositores en el género lírico-dramático, pero al mismo tiempo, hará eclosión en la música argentina la sinfonía, y luego el poema sinfónico de inspiración étnica que establece una línea de avance del nacionalismo musical.

Juan Pedro Esnaola ( 1808-1878 ) es la personalidad más destacada del período rosista y de los primeros años posteriores.  Fue el único de su época que supo mantener una continuidad efectiva en su labor de compositor, a pesar de las diversas funciones públicas que le fueron encomendadas.  Tempranamente había podido adquirir un nivel de formación europea gracias a su viaje a Europa.

musico argentino esnaola

Desde 1822, año en que se inicia su actuación artística, recorre varias etapas. Esnaola efectuó el arreglo,publicado en 1860, de la música del Himno Nacional Argentino, original de Blas Parera, versión de setenta y siete compases en Mi bemol mayor. En 1944 un decreto oficializó la versión de Esnaola.

Salustiano Zavalía ( 1808-1873 ), hombre de intensa actividad pública que se destacó como compositor para guitarra y flauta. Parece haber sido un precursor del nacionalismo musical.

Amancio Alcorta ( 1805-1862 ) es considerado como el decano de los compo sitores argentinos, a pesar de que la casi totalidad de sus obras se ha perdido, y lo poco que se conserva está disperso. Con posterioridad a su fallecimiento, no se extin gue su prestigio musical sino que alcanza a formar parte de la música argentina.

musico argentino alcorta amancio

Todos estos compositores reflejan, en mayor o menor medida, su admirado por los operistas más difundidos en ese entonces : Mozart, Bellini y Rossini. Su pianismo no es ajeno a la evolución de la estilística del instrumento que se produce en Francia, y también está influido por los inicios del romanticismo musical.

Minués, valses y cuadrillas fueron las obras que ofrecieron a la sociedad de la época. Se los considera como integrantes del ciclo de la música argentina de salón. No por esto dejaron de incursionar en obras de contenido religioso. Esnaola y Alcorta dedicaron atención a la música litúrgica, que en algunos casos adoptó la polifonía vocal con acompañamiento de instrumentos.

Nicanor Albarellos ( 1810-1891 ), a pesar de ser predominantemente un intérprete, puede ser considerado como el nexo con las líneas subsiguientes de avance de la música argentina y precursor del nacionalismo musical. Se dedica a la tarea de recolectar melodías criollas, que más tarde serían incluidas por Hargreaves en sus composiciones.

Una promoción de músicos nacidos alrededor de 1830 establece un nexo de continuidad artística hasta la aparición de una pléyade de compositores, hacia 1880, en cabezados por Hargreaves.

albarellos musico argentino

En esta segunda generación   tiene lugar la incursión inicial por el sinfonismo, el nacimiento de la ópera argentina, la eclosión del nacionalismo musical, todo ello coexistiendo con la música de salón.

  Por primera vez tiene lugar en el país la sistematización de la enseñanza musical en sus diversas disciplinas, y se consolida el ejercicio de la crítica musical y el interés en torno de la actividad artística europea.

Contemporáneamente, arraiga en Buenos Aires la música de cámara gracias a la actividad desarrollada por la Sociedad del Cuarteto, a través de la frecuentación de un amplio repertorio de los grandes maestros europeos.  Los conciertos sinfónicos fueron abriéndose paso como institución de la vida cultural porteña.

Surgía la conciencia de las posibilidades que el país podía desarrollar a través de las dotes de sus músicos, ya fueran intérpretes o compositores.  Los compositores argentinos comenzaron a obtener algún apoyo oficial que les permite capacitarse con mayor efectividad en los centros europeos.

Coetáneamente se incorporan numerosos compositores e intérpretes extranjeros, en su mayoría españoles e italianos, algunos verdaderamente destacados, que dan a conocer el más avanzado repertorio musical de la época.

Francisco Hargreaves ( 1849-1900 ) encabeza la segunda generación importante de músicos argentinos, (la tercera cronológicamente ) . Es el primer músico argentino que se decide a encaminar una significativa parte de su obra en el nacionalismo musical.

Es uno de los nexos de continuidad de la tradición nacionalista musical, comenzada por Albarellos y que desembocará en Alberto Williams y Julián Aguirre. Hay en Hargreaves una cierta tendencia hacia lo fantástico, visionario, exótico. Sus primeras composiciones trasuntan rasgos de sorprendente virtuosismo instrumental y una elaborada escritura pianística, casi lisztiana. Para este instrumento compuso numerosas piezas.

Las milongas y los tristes compuestos por Hargreaves poseen un intrínseco valor musical que se manifiesta aun en la actualidad, en el acierto, la sugestión y el equilibrio de los elementos formales, aun cuando no desmienten su procedencia de la música de salón.

Cultivó también un género que tuvo gran difusión en Europa y América: el melólogo, creado al parecer por Juan Jacobo Rousseau en 1770.

Este es una acción escénica a cargo, por lo general, de un solo personaje, simultánea con un acompañamiento instrumental que puede ser sinfónico. En el género vocal, la producción de Hargreaves se concreta en varias obras que incluyen las manifestaciones religiosas.

En Hargreaves coexisten la búsqueda de la conformación de un léxico musical cultivado y artístico, con los requerimientos de ciertos núcleos sociales y las condiciones del gusto propias de la época.

El esfuerzo más notorio, y que puede considerarse como el inaugural, lo realiza Hargreaves en el dominio del teatro lírico, con la composición de sus óperas «La gata blanca», «II vampiro», «Los estudiantes de Bolonia»,»Psyche» y «Una noche en Loreto», las dos últimas sin estrenar. El estreno en 1877 de «La gata blanca» significó el estreno de la primera ópera argentina.

Poco después de 1880 es registrada en los medios artísticos de Buenos Aires, la aparición de dos jóvenes músicos, cuyas personalidades se caracterizan en ciertos rasgos, de manera bien diferenciada respecto de la de sus predecesores inmediatos.

Ellos son Arturo Beruti y Alberto Williams cada uno de los cuales se orien tó hacia géneros diferentes, el primero hacia el lírico-dramático, el segundo hacia el instrumental.

Arturo Beruti ( 1862-1938 ) Una beca oficial le permite perfeccionarse en Europa, especialmente en Francia y Alemania. En el viejo mundo comienza su producción operística que alcanzará una gran difusión en la Argentina. Entre sus obras más sobresalientes podemos mencionar a «Vendetta», «Evangelina», «Taras Bulba».

musico berutti arturo

En Buenos Aires escribe «Pampa», «Yupanki», «Khrysé» y «Hórrida Nox». En 1919, estrena en el Teatro Colón «Los Héroes», originariamente destinada al Centenario de Mayo estaba basada en un relato de Vicente Fidel López y ambientada en la Campaña de los Andes. Fue cantada en italiano.

La heterogeneidad de los materiales conocidos, y la ausencia de un índice su ficientemente clarificado para la confrontación de los mismos, son uno de los factores que tornan dificultosa la apreciación amplia y cabal de la obra de Arturo Beruti.

Mientras que se realzan aspectos ignorados por sus contemporáneos, son dejados aquellos que le valieron la apreciación del momento y que muestran una excesiva sujección a los gustos de la época.

Alberto Williams   ( 1862-1952 ) desarrolló una intensa labor en el campo de la dirección orquestal, la composición, la investigación del pasado musical y la forma ción de los futuros músicos. Desde los comienzos de su carrera fue plenamente reconocido en sus valores y alentado en su perfeccionamiento.

El gobierno le otorga una subvención para el perfeccionamiento durante cuatro años en Europa. Allí estuvo en contacto con altas personalidades de la música europea que lo tuvieron como alumno.

De regreso en Buenos Aires, dirige Williams su Primera Obertura de Concierto, que se ha incorporado al repertorio sinfónico argentino y perdura incólume en su brío y su lirismo comunicativo.

En sus posteriores sinfonías, que alcanzarán el número de nueve, el léxico del compositor se muestra bien conformado en su estructura, de sutil y penetrante armonización, animado por momentos de fuerza dramática.

La melodía de Williams posee una amplitud y flexibilidad muy características A lo largo de su dilatada carrera asistió a notables mutaciones en los gustos y los procedimientos desarrollados por sucesivas promociones de músicos.

Así desde Richard Wagner y César Franck, maestros que admiró y supo difundir en Buenos Aires a través de sus ciclos de conciertos sinfónicos; Claude Debussy que asimiló entrañablemente en aspectos en los cuales brillaron sus características personales; los sistemas de la politonalidad y polimodalidad, junto con las manifestaciones de la contemporánea creación musical centroeuropea.

En 1890, con su obra para piano «El rancho abandonado» inicia su derrotero nacionalista. Su nacionalismo trata de incorporar la sugestión paisajista conjuntamente con las características melódicas y rítmicas criollas, incluyendo alguna incursión en el pentatonismo incaico.

La amplia labor docente de Alberto Williams se nuclea alrededor del Conservatorio fundado por él en 1893 y a través del cual intentó transmitir a las nuevas generaciones musicales los logros alcanzados por la música europea y la nacional.

Julián Aguirre ( 1868-1924 ) Su nombre aparece ligado íntimamente al desarrollo del gusto y la cultura musical en la Argentina. Desarrolló las etapas de su formación artística en España. Se incorporó al núcleo de profesores del conservatorio fundado por Alberto Williams.

musico aguirre

Su labor se distingue por ser una de las primeras que influyó efectivamente en la elevación del nivel del gusto musical, en el conocimiento de los grandes autores, en particular los del romanticismo germano, en predisponer las posibilidades del público en la apreciación de las nuevas obras.

Dotado del don de la improvisación, se muestra comunicativo, bien proporcionado, aparentemente espontáneo en una música que se caracteriza por su lucidez y cuidada elaboración. Sus piezas de inspiración nacionalista no desmienten cierto parentesco con la música de salón y nos brindan clarificados ejemplos de nuestras especies líricas criollas.

En este aspecto pueden citarse sus «Aires Criollos», «Aires nacionales», «Huella», «Gato», «Canciones», «Tristes». Se muestra particularmente afortunado al abordar los elementos captados del contorno urbano porteño : el Estilo y la Milonga.

También en la canción de índole escolar, alcanzó Aguirre algunas de sus mejores páginas, colocando a nuestro pafs en un lugar descollante en ese terreno.

Héctor Panizza ( 1875-1967 ) tuvo una descollante actuación en los más importantes teatros líricos del mundo, en la ardua tarea de concertar y dirigir temporadas completas y ciclos sinfónicos.

Ajeno al nacionalismo musical, dio cuenta de la paulatina afirmación de su saber   y su capacidad de compositor en el género lírico-dramático, sinfónico y de cámara, al compenetrar su formación italiana con el sutil gusto armónico e instrumental francés. Es uno de los primeros operistas argentinos, tanto en su ubicación cronológica como en el nivel alcanzado tras una paulatina y firme evolución.

Pascual De Rogatis ( 1881-1980) ocupa un lugar señero como compositor de elevada calidad lírica. Representa un principio consciente y activo hacia una más vigorosa caracterización étnica y americanista en nuestra música, frente al absorbente predominio de los modelos italianos y franceses.

Se da en él la presencia de un clima sonoro distinto al de la sobretensión romántica, que hace de su música algo nítido y líricamente distendido, que posee sensibilidad moderna.

Carlos López Buchardo ( 1881-1948 ), aparece con rasgos destacados en los comienzos de nuestro siglo. Alcanzará, un plano de realización magistral en nuestra música. Su primera etapa manifiesta sus dotes musicales superiores, la calidez de su armonía y una captación de las proporciones, donde se reflejan sus influencias   de Massenet y Puccini.

La única expresión estrictamente operística de Carlos López Buchardo fue «II sogno di Alma «, cuyo estreno en 1914 constituyó un verdadero acontecimiento artfstico y social.

La ópera argentina : Las manifestaciones más destacadas y elocuentes propias del desenvolvimiento de la música argentina señalan el predominio casi exclusivo, hasta 1910, del género lírico dramática.

Las condiciones culturales de nuestra nacionalidad en el aspecto musical, la índole y la diversificada amplitud en el repertorio operístico aquí frecuentado con continuidad y desde tiempo atrás, pueden ser apreciadas como uno de los estímulos eficientes en tal sentido.

Resultaba atrayente la oportunidad que podía ofrecer al compositor local la representación de sus óperas efectuada por los mismos prestigiosos intérpretes que tenían a su cargo el repertorio lírico de mayor difusión y prestigio.

De este modo, la actividad de los músicos argentinos se orientaba hacia el género que podía exteriorizar de manera cabal su consagración y reconocimiento por parte de autorizados críticos, empresarios de compañías líricas, editores de música y calificada concurrencia.

Durante este período, las óperas argentinas fueron cantadas, con alguna excepción en idioma italiano.  La ópera italiana ha de alcanzar en algunas de sus más significativas presentaciones un brillo suntuoso en rutilantes salas de Buenos Aires, ante una expectativa reflejada y mantenida por los comentarios periodísticos y notas críticas.

Se considera unánimemente a «La gata blanca», música de Francisco Hargreaves, como la primera ópera de autor argentino.

Fue estrenada por una compañía lírica italiana en 1877. Esta obra lírica breve, en cuanto a su extensión material, alcanzó una cálida recepción por parte del público. Esta obra puede ser considerada como un precedente histórico valioso para el estudioso, pero desvinculado de los intereses espontáneos de las generaciones subsiguientes.

En 1895 se estrena, en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, «Taras Bulba», drama lírico cuya música pertenece a Arturo Beruti.

La presentación en Buenos Aires venía precedida por el éxito de su estreno mundial en Turín. La presentación material de esta ópera, los trajes y los decorados, fueron apreciados como manifestaciones de una riqueza deslumbradora.

El gusto de entonces reconoció la ciencia polifónica, la habilidad contrapuntística, la frecuente mutación de ritmos, reprochando en parte cierto exceso en la instrumentación y preocupación por la originalidad.

Actualmente, se puede afirmar que Taras Bulba indica no sólo el comienzo de un desenvolvimiento histórico de la ópera argentina, sino también el punto de partida de una fecunda reconsideración actual de la personalidad artística de Arturo Beruti, y de su significado en el desarrollo de nuestra música.

El estreno de «Pampa» del mismo compositor, marca el ascenso a la escena lírica, por primera vez, del léxico musical de inflexiones criollas, a través de lo que más tarde viene a representar la primera promoción nacionalista en la música ar gentina. La critica señaló que «lo único realmente característico son los bailes y aires criollos, hábilmente traídos, instrumentados y condimentados para la circunstancia».

En 1897 se estrena la ópera de Panizza, «II fidanzato del mare». De este modo hace su aparición en la escena lírica porteña el músico argentino de carrera ar tística más dilatada de nuestra historia, La índole poética y decididamente romántica del argumento estimulaba las dotes sinfonistas del compositor. Dio oportunidad a Panizza para exhibir un léxico armónico sólido y coherente, en donde despuntaba un pro misorio estilo evolutivo, plenamente reconocido entonces.

Ver: Siglo XX: Bandas de Rock Nacional

Ver:Breve Historia de los Instrumentos Musicales

Fuente Consultada:
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Estatuto Provicional de 1815 Causas y Disposiciones

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO DEL ESTATUTO PROVICIONAL DE 1815

La situación política en 1815. La revolución que derrocó a Alvear había triunfado con la participación de diferentes regiones del país. Ahora se hacía necesario impedir que la acefalía produjera mayores males. El cabildo de Buenos Aires procedió a elegir los electores que nombraron Director Supremo al general del ejército del Norte, José Rondeau, y mientras durara la ausencia de éste designaron con carácter de Director Interino al coronel Ignacio Álvarez Thomas.

El Director Alvear fue destituído (entre otras cosas) por la oposición, cuando trascendió que ordenó al comisionado Manuel García, al exterior para solicitar el protectotado británico sobre las Provincias Unidas.

La designación de la autoridad nacional, aunque fuera en forma provisoria, era realizada por las instituciones porteñas, es decir que la ciudad de Buenos Aires mantenía su predominio. Además, el Cabildo deseoso de impedir el restablecimiento de una dictadura, nombró una Junta de Observación para controlar al poder Ejecutivo.

alvarez thomas y general rondoau

José Rondeau                                        Alvarez Thomas

Estatuto de 1815. Quince días después, uno de sus integrantes, Esteban A. Gascón, entregó al Cabildo el Estatuto que éste había exigido. En tan poco tiempo no se habían podido meditar los fines de la revolución de abril, asi que forzosamente, el texto no podía ser completamente original. Se lo considera una mala copia del proyecto constitucional presentado por la Sociedad Patriótica a la Asamblea del año XIII.

Pero en 1813 se quería un Ejecutivo fuerte, y en 1815 se deseaba que fuera disimuladamente colegiado, de ahí la aparición de la Junta de Observación. El nuevo Estatuto resultó ineficaz, pues creaba un sistema donde el Ejecutivo quedaba subordinado a otros organismos, lo cual le impedía cumplir adecuadamente con las funciones de gobierno en una época revolucionaria, en la que era necesaria una gran libertad de acción del poder  central.

DISPOSICIONES DEL ESTATUTO PROVISIONAL DE 1815

Tal como había quedado establecido, la Junta de Observación redactó el Estatuto Provisional para la administración y dirección del Estado. El 6 de mayo, el documento fue aceptado y jurado por el Director Suplente; de tal manera, Alvarez Thomas recibió el mando superior de las Provincias Unidas.

El Estatuto Provisional de 1815 es muy semejante —»mala copia», dice el historiador Ravignani— al proyecto de Constitución que la Sociedad Patriótica presentó ante la Asamblea del Año XIII. Sin embargo, las circunstancias no eran las mismas, por cuanto en la época en que se redactó el proyecto era necesario un Poder Ejecutivo fuerte; en cambio, en 1815 los errores cometidos por Alvear reclamaban un gobierno sujeto a limitaciones en el mando.

El Estatuto surgió a consecuencia de una revolución federal, pero su contenido, como el modelo que le sirvió de inspiración, es de carácter unitario.

Establece tres poderes: el Ejecutivo, a cargo del Director Supremo; el Legislativo, representado por la Junta de Observación, y el Judicial, por un Tribunal superior y las cámaras de apelaciones. Subordinaba el Poder Ejecutivo al Legislativo, por cuanto el Director podía cesar en su mandato a requerimiento de la Junta de Observación y del Cabildo.

Respondía así a los anhelos del momento, que exigían un Poder Ejecutivo controlado, pero en esta forma subsistía el antiguo conflicto que mantenían los Poderes Ejecutivo y Legislativo. Recuérdese los rozamientos entre el Primer Triunvirato y la Junta Conservadora en 1811 (Reglamento Orgánico y Estatuto Provisional).

La disposición más importante del Estatuto Provisional es la que concedía al Director Supremo la facultad de convocar a las provincias «para el pronto nombramiento de diputados que hayan de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en la dudad de Tucumán».

El Estatuto Provisional es un complicado código que consta de un largo preámbulo, seguido de siete secciones divididas en capítulos, un reglamento para la Junta de  Observación  y,  finalmente,  varias  disposiciones  generales.

Primera Sección. — Se ocupa «del hombre en la sociedad» y reconoce a los habitantes el goce de seis derechos: la vida, la honra, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad.

Establece que la religión del Estado será la católica, apostólica, romana.

Acuerda el ejercicio del derecho- de ciudadanía a todo hombre nacido en el territorio con un mínimo de edad de 25 años; los extranjeros podrían obtenerlo con cuatro años de residencia.

Segunda Sección. — Dispone que el Poder Legislativo residirá en la Junta de Observación hasta tanto se expida un Congreso General  de las Provincias. Se ocupa del Director Supremo, establece sus atribuciones y le reconoce la facultad de nombrar a tres Secretarios de Estado:  Gobierno,  Guerra y  Hacienda.

Tercera Sección. — Las provincias deberán ser convocadas a un Congreso General a reunirse en la ciudad de Tucumán «para que allí acuerden el lugar en que hayan de continuar sus sesiones». La atribución de invitar a los pueblos del  interior  correspondería  al   Director Supremo.

Cuarta Sección. — Dedicada al Poder Judicial, deja expresa constancia de su  independencia con  respecto al  Ejecutivo.
Según el historiador Levene, esta sección es la más destacada del Estatuto por cuanto «muchas de sus prescripciones pasaron casi textualmente a las Constituciones subsiguientes».

Quinta Sección. — Se refiere a los procedimientos a seguir para las elecciones de Director Supremo, diputados ante el Congreso General, gobernadores de las Provincias, miembros del Cabildo e integrantes de la Junta de Observación.

Sexta Sección. — Considera al ejército dividido en tres categorías: las milicias provinciales y las fuerzas de las fronteras, bajo las órdenes del Director Supremo y las milicias cívicas (guardias nacionales)  dependientes del Cabildo.

Séptima Sección. — Se ocupa de las declaraciones de.derechos y garantían referentes a la seguridad individual y a la libertad de imprenta. Como sucedió con varios tópicos de la Cuarta Sección, muchas de sus disposiciones pasaron casi  íntegramente a las Constituciones posteriores.

El Estatuto Provisional fue comunicado a las provincias, pero éstas lo rechazaron, aunque todas —con excepción de las dominadas por Artigas— estuvieron de acuerdo en la cláusula referente a la convocatoria de todos los pueblos a un Congreso General. De tal manera, el Estatuto de 1815 sólo fue aplicado en Buenos Aires y empleado en la designación de los diputados porteños.

Fuente Consulatada:
HISTORIA 3 Historia Argentina Miretzky-Mur-Ribas-Royo -Kapelusz –
HISTORIA 5 Historia Argentina Instituciones Políticas y Sociales José Cosmelli Ibañez – Troquel –

Ver También: Documentos Históricos

Proyectos Constitucionales Presentados en la Asamblea 1813

PROYECTOS CONSTITUCIONALES EN LA ASAMBLEA DEL AÑO 13

El 31 de enero de 1813 empieza a sesionar una Asamblea General Constituyente que trataría de sancionar, sin lograrlo, una Constitución. Sí, en cambio, tomaría algunas decisiones de peso, como suprimir títulos de nobleza o liberar a los hijos de los esclavos. Es allí donde se declara nuestra primera canción patriótica, que entonamos en todos los actos a nuestros días.(Ver: Historia de los Símbolos Patrios)

Dos importantes proyectos constitucionales fueron presentados ante la Asamblea del Año XIII. Uno redactado por una Comisión oficial —designada por el Triunvirato el 18 de noviembre de 1812—y otro remitido por miembros del la Sociedad Patriótica.

La Comisión oficial estaba compuesto por Valentín Gómez, Luis Chorroarín, Pedro José Agrelo, Nicolás Herrera, Pedro Somellera, Manuel José García e Hipólito Vieytes. Por renuncia de Chorroarín fue designado  Gervasio  Posadas.

El proyecto de la Sociedad Patriótica fue preparado por Bernardo Monteagudo, Juan Larrea, Francisco José Planes, Tomás Antonio Valle y Antonio Sáenz, el último en  reemplazo del  Dr.  Cosme M. Argerich  que  renunció.

Ambos proyectos admiten que el poder de! Estado emana de la voluntad popular y, como bien ha dicho el historiador Ravignani, «esto es romper el molde del origen divino de los gobiernos para reconocerlo en la democracia».

El proyecto de la Comisión Oficial
Dividido en 22 capítulos y 277 artículos adopta la forma republicana unitaria de gobierno y declara que «las Provincias’ Unidas del Río de la Plata forman una República libre e independiente». Concede el derecho de ciudadanía a todos los hombres libres mayores de dieciocho años y consagra a la católica como la religión del Estado, pero tolera los demás cultos.

Establece la división del gobierno en tres poderes:

a)   El Poder Ejecutivo que «residirá en un Directorio compuesto por fres miembros» que se renovarán por tercios cada dos años; en ese período la presidencia debe turnarse por orden de antigüedad. Los miembros de este Directorio ejecutivo son elegidos por el Senado y la Cámara de Representantes.

b)   El Poder Legislativo compuesto por tres organismos colegiados: la Cámara de Representantes (o Diputados), el Senado y el Consejo de Estado.

c)   El Poder Judicial representado por una Corte Suprema de Justicia con jurisdicción sobre todo el territorio, un Tribunal Superior en cada provincia, jueces letrados en cada partido y alcaldes en todos los pueblos.

Este proyecto establecía un complicado sistema electoral de votación indirecta —semejante a la Constitución española de 1812— y con respecto a la capital aclara que «ha de ser precisamente fuera de Buenos Aires».

El proyecto de la Sociedad Patriótica
Consta de 211 artículos y es más acertado que el anterior por cuanto dispone un  Poder  Ejecutivo unipersonal,  desempeñado  por   un   ciudadano con el título de Presidente. Denomina el territorio «Provincias Unidas de la América del Sur» (concepto panamericanista) y en cuanto al sistema de elección, establece asambleas electorales para los poderes ejecutivo y legislativo.

Con respecto al Poder Judicial lo organiza en base a nueve magistrados que integran el Supremo Poder Judiciario, con una Sala de Apelaciones en cada provincia y dos jueces en cada pueblo con más de cinco mil habitantes.

Los proyectos de la Comisión oficial y de la Sociedad Patriótica fueron presentados ante la Asamblea, pero la mayoría alvearista se opuso a tratarlos argumentando que las circunstancias porque atravesaba el país impedían declarar expresamente la independencia y «no era oportuno pensar en constitución escrita».

texto de la asamblea de 1813

DECRETO DE LA ASAMBLEA GENERAL CONSTITUYENTE
El   12  de  marzo ele   1813,  la  Asamblea  declara   extinguido  el   tributo,   la nota, la encomienda, el yanaconazgo y el servicio personal de  los  indios. Estos   últimos,   serían   considerados   «hombres    perfectamente   libres   y   en igualdad   de   derechos   con  todos   los   demás ciudadanos».

Las dos tendencias en el seno de la asamblea
La Logia Lautaro, unificada con la Sociedad Patriótica, sostenía dos principios fundamentales: declarar la Independencia y dictar una constitución republicana. Después del movimiento del 8 de octubre, dentro de la Logia se vislumbraron dos tendencias que luego se hicieron presentes en el seno de la Asamblea del Año XIII. San Martín deseaba cumplir las directivas trazadas por dicha sociedad secreta y bregaba,por solucionar cuanto antes el problema interno en base a la independencia y a una constitución.

Por su parte, Alvear consideraba necesario adecuar la situación interna del país a los problemas exteriores: política europea, amenaza portuguesa y probable invasión realista. Defendía un Poder Ejecutivo representado en una sota persona y, a su juicio, podían postergarse los dos principios fundamentales defendidos por la Logia.

«Dichas disidencias —escribe Juan Canter— gravitan en el desarrollo de la corporación soberana, incuban resentimientos, obstruyen iniciativas y se obstinan en producir tensión o en enervar sus posibilidades. El alvearismo trata de buscar arreglos y transacciones, y al propio tiempo difiere la declaración de la independencia. Esta maniobra acentúa el divorcio de las facciones e inicia una lucha sorda e inconciliable.»

La Asamblea del año XIII se reunió para proclamar la Independencia y dictar una Constitución, y es evidente que no pudo llevar a feliz término estos objetivos.

Según constancias documentales que pertenecieron a Zapiola (uno de los integrantes de la Logia que mantuvo amistad con San Martín), los diputados de la Asamblea —de acuerdo con sus tendencias— podían agruparse en «alvearistas», «sanmartinistas», «acomodaticios», «teocráticos» e «independientes». Los primeros no tardaron en constituir mayoría.

Los teocráticos o de marcada tendencia conservadora, no gustaban de las innovaciones y formaban un grupo semejante a los independientes en cuanto a su falta de una posición definida, al margen de cualquier apoyo a otras facciones.

Los alvearistas se hallaban representados en principio por seis diputados, pero de inmediato contaron con la adhesión de los acomodaticios —trece diputados— y en consecuencia formaron un grupo de diecinueve representantes; por su parte los sanmartinistas —cinco en total— no fueron apoyados en sus principios y, a su vez, su jefe debió alejarse  para luchar en San  Lorenzo.

Conviene recapitular la acción de los grupos políticos hasta esa época. En la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande.

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos.

En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Recordemos que en la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande. 

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos. En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Fuente Consultada
HISTORIA 5 Historia Argentina de José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

Primeros Partidos Políticos en Argentina Desde 1810 Hasta Ley Electoral

PRIMEROS  PARTIDOS POLÍTICOS EN ARGENTINA

Los Partidos Políticos desde 1810 en Argentina

En todo tiempo y lugar los nombres han disentido en cuando a los fines de su acción política y en torno de los medios para llevarlos a efecto. Como tendencias de opinión o de acción, ya que no como grupos organizados mediante reglamentos internos estables, los partidos existieron ya en la antigüedad, en las repúblicas griegas y en Roma; también los hubo en nuestro país, desde el comienzo mismo de su existencia independiente.

Los hombres que aspiraban a conducir o a orientar la acción del Estado —los políticos— se agruparon para lograr sus objetivos y constituyeron asi esas agrupaciones de ciudadanos que actuaron desde el poder o en la oposición.

Muchas veces, por razones complejas y variadas, los objetivos no eran claros para todos y fue frecuente que se confundieran los partidos como fines en sí mismos, en lugar de ser medios para orientar la marcha de la Nación detrás de miras elevadas, acertadas o no. En todo tiempo y lugar hubo políticos y politicastros, como suele ocurrir, por otra parte, en todas las actividades humanas sin excepción.

 primera junta

Primera Junta de Gobierno de 1810

El surgimiento de partidos estructurados orgánicamente data en la República Argentina del período iniciado en 1890; como tendencias y agrupaciones no organizadas de esa manera, son muy anteriores.

José Luis Romero señaló dos importantes corrientes políticas preexistentes a 1810: el espíritu autorizado en la época colonial por la acción de la dinastía de los Habsburgo o Austrias (que rigieron en España en los siglos XVI y XVII), y la conformación del espíritu liberal de la Ilustración y del siglo XVIII, concretado en muchos aspectos en la actuación de los Borbones (dinastía reinante desde 1700)»

Según este importante pensador argentino, esas corrientes se prolongan luego en diversos aspectos de nuestra vida política.

Desde fines del siglo XVIII, además, las ideas que agitaban al resto de Occidente tuvieron eco entre las fuerzas políticas nacionales; la lucha sostenida en Europa entre liberales y absolutistas o el surgimiento del Romanticismo, influyeron en el pensamiento de nuestros hombres políticos.

A partir de 1810, en la acción de la Junta de Gobierno se advierten dos tendencias o partidos: «saa-vedristas» y «morenistas»son denominaciones clásicas que los vinculan con los nombres de sus líderes más destacados.

Esa confrontación se extiende en 1810 1812 y vemos entonces aparecer —orientada por los seguidores de Mariano Moreno — el Club o Sociedad Patriótica, que se opondrá a la Junta Grande.

La existencia de logias secretas, algunas ligadas a la masonería, proporciona otro tipo de «partidos», éstos, secretos, reducidos pero influyentes y con un intento de rígida organización.

Desde 1812 la Logia Lautaro ejerció gran influencia en la política nacional; dentro de ella se definieron dos tendencias contrapuestas : la encabezada por José de San Martín y la que lideraba Carlos de Alvear.

En los años de la lucha por la Independencia, aparecen, resultado de la situación interna y la exterior, «monárquicos» (decididos a establecer en el país una monarquía constitucional) y «republicanos», opuestos a aquellos. La rebelión de las provincias, iniciada por José G. Artigas, contra el centralismo porteño abrió paso al federalismo, tendencia de variados matices que predominó en el interior.

Directoriales y federales protagonizaron la crisis de 1820.

Las luchas y rivalidades personales entre los caudillos también jugaron un rol importante en estas luchas civiles y fue común ver a hombres de la misma tendencia (López, Ramírez, Artigas) enfrentados entre sí.

En los primeros tiempos de Juan M. de Rosas (1829-1832), el partido federal porteño, que liderara Manuel Dorrego hasta su muerte en 1828, se fraccionó en «doctrinarios» y «apostólicos» (o rosistas) y ya había surgido para entonces el partido unitario, ligado en sus comienzos a la figura de Bernardino Rivadavia.

Hacia 1837 surgió una tendencia nueva, que procuró la síntesis de los bandos en pugna y ejerció fuerte influencia en las décadas siguientes: los románticos (Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, José M. Gutiérrez), inspiradores de la corriente liberal.

Después de Caseros y de Pavón(1852-1861), el panorama político aparece dividido entre el partido federal, liderado en el interior por Justo J. de Urquiza y el liberalismo porteño separado en dos partidos: los autonomistas de Adolfo Alsina y los nacionalistas de Bartolomé Mitre.

La muerte de Urquiza (1870) y la derrota de las últimas montoneras, puso prácticamente fin al partido federal como tal.

Fueron los autonomistas, unidos a grupos del interior, quienes apoyaron la candidatura de Domingo F. Sarmiento (que no pertenecía a ninguno de los dos partidos), contra los nacionalistas, en 1868.

Pocos años después, una coalición de sectores del autonomismo y de fuerzas provinciales dio nacimiento al Partido Autonomista Nacional, predominante, a partir de la década de 1880 y sostenedor de las candidaturas de Nicolás Avellaneda, Domingo F. Sarmiento y Miguel Juárez Celman. «Más que un partido —comenta Carlos R. Meló— era la yuxtaposición de los grupos dominantes en cada provincia».

En los comicios de la época, por otra parte, se generaron multitud de fracciones de los partidos existentes (nacionalistas o liberales de Mitre, autonomistas nacionales, etc.) que adoptaron diversas denominaciones.

En 1884, en oposición a las medidas laicistas de Roca, nació la Unión Católica, en la que se destacó José M. Estrada.

En 1889, durante la etapa final del gobierno de Juárez Celman hizo su aparición una corriente nueva, inspirada por Francisco Barroetaveña, Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y otros: la Unión Cívica de la Juventud, convertida luego en Unión Cívica y protagonista de la Revolución del 90.

Los partidos competían en las elecciones nacionales y provinciales, donde el fraude y la violencia eran frecuentes; precisamente fue la lucha por el sufragio libre uno de los postulados de la UCJ.

Además de las tribunas públicas, los partidos contaban como voceros principales a los diarios y periódicos; el fenómeno del diarismo hizo eclosión en la vida argentina en la segunda mitad del siglo XIX, intimamente ligado a las luchas políticas de la época.

En los primeros ochenta años de nuestra vida independiente, los partidos lucharon en torno de los grandes problemas nacionales: la declaración de la independencia, monarquía o república, centralismo o federalismo, la cuestión de la capital.

Fueron los protagonistas inevitables de la vida política del país.

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Los partidos políticos hasta 1912: Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina— defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió a la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista. En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió ei partido Nacionalista, encabezado por el primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y lo llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Leandro Alen

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890, en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió, debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento, formaron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos políticos al promulgarse la ley Sáenz Peña

Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía política y amparada en la libertad de sufragio concurrió en gran cantidad a los comicios. Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales —principios fundamentales de su futura acción de gobierno— y abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes. Los principales partidos de esa época eran los siguientes:

1)   Partido Conservador. Tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista Nacional (.P.A.N.), cuyos candidatos —como vimos— gobernaron durante muchos años a nuestro país. De tendencia derechista, significó la expresión de una minoría culta, de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional existente.

2)   Unión Cívica Radical. Como vimos, surgió de la fracción disidente que no aceptó el acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista. La Unión Cívica Radical actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con gran apoyo electoral, particularmente de la clase media. El partido censuró la violencia electoral, bregó por la libre expresión de la voluntad ciudadana y sostuvo nuevos planteos económicos. Sus dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido, un movimiento de opinión nacional.

3)  El Partido Socialista. Las ideas sociales que agitaban las masas proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros. De tal manera, en 1894 se constituyó el Partido Socialista, cuyo órgano de expresión fue el periódico «La Vanguardia«, dirigido por el médico Juan B. Justo, hombre de talento y de vasta cultura. En forma paralela, también se organizaban los anarquistas, de ideas más avanzadas.

Las precarias condiciones de vida a que estaban sometidos los obreros y la indiferencia de los gobiernos ante el problema favorecieron la difusión de los nuevos principios sociales. En esa época, el movimiento no excedió los límites de la populosa ciudad de Buenos Aires.

Alfredo Palacios

Alfredo Palacios

En 1904, el partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al barrio de la Boca y llevó al Congreso su primer diputado, el joven abogado Alfredo L Palacios.

Lisandro de la Torre

Lisandro de la Torre

4)  Partido Demócrata Progresista. Fundado en el año 1914 por el doctor Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal, de carácter izquierdista.

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Todos Los Partidos Políticos de Argentina en el Inicio Democrático de 1983

Son 362 los partidos políticos que pidieron reconocimiento en todo el país. El Ministerio del Interior informó que al 5 de abril de 1983, 362 partidos políticos de distrito han pedido su reconocimiento. De esta cifra, 221 ya habían intervenido en anteriores confrontaciones electorales y hay 141 agrupaciones nuevas que debutarán en el acto eleccionario del 30 de octubre próximo. El informe del Ministerio del interior consigna también que en el distrito de la Capital Federal hay 34 agrupaciones y en la provincia de Buenos Aires 27 y son las que tienen el mayor número de presentaciones ante la justicia electoral.

alfonsin ricardo

La Argentina lleva mas de 30  años de democracia: el 30 de octubre de 1983 ganaba Alfonsín Aquella noche, el primer presidente electo tras casi ocho años de dictadura se asomó a uno de los balcones del Comité Nacional y ante una multitud jubilosa afirmó: «Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos»

• Capital Federal: Las agrupaciones preexistentes son los partidos Demócrata, Demócrata Progresista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Justicialista, Renovador Federal, Socialista Democrático, Unión Cívica Radical y Unión Popular, y las nuevas son: Para la Democracia Social, Activo Previsional, de la Reconquista, del Trabajo y del Pueblo, Socialista Unificado, Unión del Centro Democrático (U.C.D.), Unión Cívica Católica (U.C.C.), Confederación Socialista Argentina, Confederación Intermedia, Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista Social y Conservador Popular.

• Provincia de Buenos Aires: Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Movimiento Línea Popular, Partido de la Independencia, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista, Social y Conservador Popular.

Partidos preexistentes: Demócrata Progresista, Federal, Demócrata Cristiano, Frente de Izquierda Popular, Intransigente, Justicialista, MID, Renovador de la Provincia de Buenos Aires, Socialista Democrático, Unión Conservadora, U.C.R., Unión Popular.
15 nuevos: Socialista Popular, Comunista, Conservador, Mov. Línea Popular, Del Trabajo y del Pueblo, Unión del Pueblo Adelante, U.C.D., Confederación Socialista, Conservador Principista, Mov. al Socialismo, Para la Democracia Social, Obrero, Socialista Auténtico, Socialista Unificado, Unión Cristiano Democrática.

• Catamarca: 12 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Demócrata de Catamarca, FIP, MID, Popular Catamarqueño, Mov. Nacionalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, Socialista Democrático, U.C.R.Tres nuevos: Socialista Popular, La Voz del Pueblo y Federal.

• Córdoba: 10 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, MID, Pacto Federalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, U.C.R. y Unión Popular.Nueve partidos nuevos: Socialista Popular, Comunista, Demócrata Progresista, Federal, Partido del Centro, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Mov. Línea Popular, Para la Democracia Social.

• Corrientes: 12 partidos preexistentes: Autonomista, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, Liberal, MID, Mov. Línea Popular, Unión del Pueblo Adelante, U.C.R.Tres partidos nuevos: Comunista, Para la Democracia Social y Socialista Popular.

• Chaco: ocho partidos preexistentes: Conservador del Chaco, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Socialista, U.C.R.• Tres partidos nuevos: Comunista, Movimiento dé Unidad Chaqueña, Movimiento Línea Popular.

• Chubut: 9 partidos preexistentes: Acción Chubutense, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, FIP, Justicialista, MID, Socialista Popular.. Cinco partidos nuevos: Comunista, Socialista Democrático, Socialista Auténtico, Federalista Chubutense, Movimiento al Socialismo.

• Entre Ríos: seis partidos preexistentes: FIP, Justicialista, MID, Mov. Línea Popular, Demócrata Cristiano, U.C.R. Cinco partidos nuevos: Intransigente, Socialista Popular, Comunista, Demócrata y Federal.

• Formosa: siete partidos preexistentes: Intransigente, Demócrata Cristiano, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, Socialista Popular y U.C.R. Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Jujuy: diez partidos preexistentes: Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, Laborista, MID, Movimiento Popular Jujeño, Socialista Democrático, Tercera Época y U.C.R.Cinco nuevos partidos: Demócrata Cristiano, Acción Democrática, Del Trabajo y del Pueblo, Comunista y Movimiento al Socialismo.

• La Pampa: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Intransigente, Justicialista, Movimiento Federalista Pampeano, MID, Socialista Popular, U.C,R. y Unión Popular.Un partido nuevo: Comunista.

• la Rioja siete partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Unión Republicana. Cinco partidos nuevos: Para la Democracia Social, Nacionalista, Comunista, Demócrata Cristiano e Intransigente.

• Mendoza: seis partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, Justicialista, MID y U.C.R.Once partidos nuevos: Comunista, Demócrata Cristiano, Federal, Demócrata Progresista, Para la Democracia Social, Movimiento al Socialismo, Tres Banderas, Socialista Auténtico, Socialista Popular, Obrero y Socialista Unificado.

• Misiones: nueve partidos preexistentes: Comunista, Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Federal.Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Neuquén: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular Neuquino y U.C.R.Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Obrero y FIP.

• Río Negro: cinco partidos preexistentes: Justicialista, Demócrata Cristiano, MID, Provincial Rionegrino y U.C.R.Cuatro partidos nuevos: Intransigente, Comunista, FIP y Movimiento al Socialismo.

• Salta: ocho partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Justicialista, MID, U.C.R., Unión Popular, Unión Provincial.
11 partidos nuevos: Comunista, Mov.Popular Nacionalista Para la Democracia Social, Intransigente, Socialista Auténtico, Renovador, Mov. Línea Popular, Partido Obrero Federal, Socialista, Demócrata Progresista.

• San Juan: 11 partidos preexistentes: Bloquista, Conservador Popular, Cruzada Renovadora, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Frente de Liberación 12 de Mayo, Justicialista, MID, Socialista Popular, y U.C.R.Ocho partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Movimiento al Socialismo. Socialista Auténtico, Acción Solidaria, Intransigente, Del Trabajo y del Pueblo, Partido del Centro.

• San Luis: Ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Liberal, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular, U.C.R., Unión Popular.Tres partidos nuevos: FIP, Socialista Popular, Comunista.

Santa Cruz: 9 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, FIP, Fuerza Federalista Santacruceña, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. Socialista Unificado.Dos partidos nuevos: Comunista y Movimiento al Socialismo.

• Santa Fe: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, Dem. Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Federalista, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, U.C.R., Unión Popular.Ocho partidos nuevos: Comunista, Socialista Popular, Intransigente, Para la Democracia Social, Socialista Unificado, Partido del Centro, Movimiento al Socialismo y U.C.D.

• Santiago del Estero: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Popular Unido, Provincial, Socialista Popular, U.C.R.Un partido nuevo: Comunista.

• Tucumán: 15 partidos preexistentes: Conservador Popular. Defensa Provincial, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Justicialista, Laborista, MID, Mov. Recuperación Tucumán, Mov. Nacionalista, Socialista Democrático Socialista Popular, U.C.R., Unión Popular, Vanguardia Federal.
Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, P. del Centro, Intransigente, Comunista, Dem. Progresista y Mov. al Socialismo.

• Tierra del Fuego: 8 partidos preexistentes: Agrupación Vecinal, Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, MID, Unión Cívica Radical, Mov. Popular Fueguino.Dos partidos nuevos: Para la Democracia Social y Socialista Popular.

Fuente Consultadas:
Carlos R. Meló. Los partidos políticos argentinos entre 1862 y 1930. En: Academia N. de la Historia. Historia Argentina Contemporánea. Bs. As. Ateneo, 1964. Vol. II. Primera sección.
Formación Pólítica Para Vivir en Democracia Tomo III – Los Partidos Políticos – Editorial Redacción
José l. Romero. Las ideas políticas en Argentina. Bs. As., FCE, 1969.
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

 

Partidos Políticos en América Conservadores y Liberales

LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES EN AMERICA

Los conservadores y los liberales: Los partidos políticos son factores indispensables en toda damocracia, pues representan las distintas corrientes de la opinión pública. Se ha dicho con acierto que «un partido político es siempre una fracción de un todo. No representa más que el sentimiento de una parte de la Nación, puede combatir a los otros partidos, pero no debe ignorarlos ni esforzarse en hacerlo» desaparecer. Un partido no puede subsistir solo, pues la existencia de un partido opositor es lo que le da el ser y la vida».

Los llamados partidos políticos tradicionales surgieron en los países americanos luego de producidos los movimientos emancipadores, aunque las doctrinas por ellos defendidas, particularmente las liberales, ya se hallaban presentes en los últimos años del período hispánico.

partidos políticos

La opinión pública fue encauzada a través de dos grandes tendencias antagónicas: la conservadora y la liberal.

Como su nombre lo indica, los conservadores sostenían el espíritu heredado de la vida colonial y eran enemigos de toda innovación extrema; en consecuencia, se resistían a modificar fundamentalmente las instituciones, tanto en el orden político como social. Defensores de los gobiernos centralizados y del catolicismo, sus adherentes propiciaban la monarquía, con el fin de poner término a las guerras civiles.

Los liberales pertenecían en su mayor parte a la clase media y eran partidarios de las nuevas ideas que circularon en Europa después de la Revolución Francesa. En lo político sostenían el sistema representativo, es decir, la participación del pueblo en el gobierno a través del sufragio; y, en lo social, la abolición de toda clase de privilegios para extender a todos los beneficios de la libertad y de la igualdad. Desde el punto de vista económico defendían el libre cambio.

Dentro de la tendencia liberal surgió, en algunos países americanos, el partido radical, cuyos integrantes bregaron por un rápido cambio en el orden político, contrario al tradicional continuismo, y una mayor participación del pueblo en los comicios.

A fines del siglo pasado iniciaron su lucha en América los socialistas —o partidarios del socialismo—, así llamados porque rechazaron el individualismo y propusieron que la riqueza fuera distribuida por la sociedad en beneficio de sus integrantes.

Los partidos políticos en la Argentina hasta 1912
Hasta la batalla de Caseros dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor, Urquiza, continuó bajo la ideología federal y provocó de esa manera la hostilidad de los porteños, quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina—- defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista.

En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió el partido Nacionalista, encabezado por aquél, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y se llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.), posteriormente denominado Conservador.

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último, y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890 en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento formaron, la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas), y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos tradicionales en otros países de América: En los Estados Unidos, a poco de organizado definitivamente el país con la Constitución de 1787, el Secretario de Hacienda, Alejandro Hamilton, fundó ei partido Federalista, defensor de intereses mercantiles financieros y, en el aspecto político, de un gobierno centralizado.

Tomás Jefferson encabezó el partido de la oposición —primer partido Republicano—, cuyos integrantes bregaron por la división de la autoridad entre los distintos estados que componían la Nación.

Con el transcurso del tiempo, los Federalistas perdieron gradualmente popularidad y, en 1801, el partido jeffersonlano logró el control absoluto del gobierno; sin embargo, el choque de ideologías entre sus miembros —particularmente por el problema de la esclavitud— provocó la división en Demócratas y Republicanos, que subsiste en los Estados Unidos en la actualidad.

Los demócratas son librecambistas en materia económica y defensores de los grandes propietarios agrícolas, los republicanos que llegaron por vez primera al poder con el antiesclavista Abraham Lincoln, representan a los grandes industriales y financieros proteccionistas.

En el Uruguay son tradicionales los partidos Blanco y Colorado, que surgieron luego de promulgada la Constitución de 1830. Manuel Oribe organizó el partido Blanco —apoyado desde Buenos Aires por Rosas— en contraposición al creado por Fructuoso Rivera, llamado Colorado, que contó con la adhesión de los emigrados argentinos. De carácter liberal, el último partido gobernó el Uruguay durante muchos años, pero últimamente triunfaron los Blancos, de plataforma nacionalista.

En Colombia podemos mencionar como partidarios tradicionales a los liberales y a los conservadores; estos últimos, más tarde, derivaron hacia el nacionalismo (conservadores independientes).

Conservadores y federalistas fueron los partidos más destacados en Venezuela, Ecuador, Perú y Chile. Con respecto a México y el Brasil, las divergencias políticas estuvieron representadas por los monárquicos y los republicanos.

Fuente Consultadas:
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL
El Progreso en los Estados Unidos

Historia Primeras Escuelas en Santa Fe Colegios y Profesores

LA EDUCACIÓN EN SANTA FE: PRIMEROS COLEGIOS Y PROFESORES

La Educación (1862 – 1890)
La cuestión educativa tuvo un sitio de importada en el programa político de los gobiernos provinciales entre 1862 y 1890; pero para ser justos en el análisis, debe decirse que las reformas educativas se iniciaron en 1853, y para 1857, ya existían en la provincia, 21 escuelas gratuitas.

En materia legislativa, debe considerarse en primer lugar la ley de 1866, que estableció la obligatoriedad de la instrucción primaria; quedó en ella esbozado el gran objetivo de este programa: «que uno de los principales deberes del gobierno es el de fomentar, por todos los medios posibles, la enseñanza primaria de la juventud y propagarla en todo el territorio de la provincia, encaminándola convenientemente a entrar en la carrera literaria b de las artes e industrias».

primeras escuelas en santa fe

Ante la necesidad de satisfacer los requerimientos en materia de enseñanza secundaria, la provincia contó con el aporte de la gestión privada. En Rosario se abrió, en 1855, el primero de estos institutos a cargo de los profesores Laurino Puentes y Julio Bosch; luego el de Manuel Tristany y José Niklison y en 1856 el de Domingo Podestá y Francisco Saloni, con un plan de estudios humanístico y confesional. En 1860, surge la Escuela del Progreso, del Profesor M. Durand Sabayat, y en 1863 se inauguró el Liceo y Escuela de Artes y Oficios. Un relevamiento realizado en 1866, dio cuenta de la existencia de 12 colegios particulares.

En la ciudad de Santa Fe, 1861, se firmó un contrato entre el gobierno provincial y La Compañía de Jesús por el cual se acordó la reinstalación del Colegio de la Inmaculada Concepción. Esta decisión fue apoyada por todos los grupos políticos y el pueblo en general contribuyó económicamente para que fuera una realidad. Esta institución creció rápidamente en cantidad de alumnos y docentes y en fama, la que superó los límites del país, atrayendo a jóvenes uruguayos. La excelencia de la formación filosófica y científica con que egresaban los alumnos del Colegio, produjo cambios en todos ios órdenes de la cultura, la política y la justicia de Santa Fe.

La ley que se dictó en materia educativa en agosto de 1874, tuvo dos finalidades fundamentales; la primera, crear un verdadero sistema de normas y organismos destinados a la programación, la administración y control del servicio; y la segunda, a prever los recursos que lo sostendrían.

En el primer caso, aparecen los inspectores, las comisiones escolares con participación de los vecinos para mejorar la educación, y reiteró la condición de obligatoriedad y gratuidad de la enseñanza, estableciendo el contralor y las penas para los padres o patrones que no cumplieren con ella. En 1876 se dio una reglamentación para el funcionamiento de las escuelas. Una nueva ley de 1884, reformuló las obligaciones de los estamentos que integraban el sistema educativo y creó el Consejo de Instrucción Primaria, para que ejerciera la conducción del mismo.

En noviembre de 1886, una nueva ley de educación común replanteó los temas inherentes a ella, con interesantes consideraciones sobre la enseñanza moral y religiosa, así como respecto de los establecimientos privados que funcionarían en el ámbito provincial.

La presencia de la escuela pública en las colonias había sido especialmente prevista en las normas sobre colonización, disponiendo que se prevea la escuela a partir de la traza misma de ia colonia, con la donación del terreno para edificaría, y, tras dos o tres años de existencia de la colonia, se creaba un cargo de maestro o preceptor que iniciaba la institución. La escuela cumplió así un papel fundamental en la integración de los colonos extranjeros, fue un aglutinante cultural entre los diversos grupos étnicos que poblaban por aquellos tiempos el territorio santafesino. Permitió generar un marco básico de formación e información, uniformando la lengua y brindando un ámbito de vinculación entre las nuevas generaciones de esa sociedad embrionaria.

Al respecto merece señalarse la medida dispuesta por el Gobernador José Gálvez ante la necesidad de contar en la provincia con un número importante de maestros con formación pedagógica; consistió, en primer lugar, en organizar anualmente, entre enero y marzo, una Asamblea de todos los maestros dei estado en ía capital provincial, con el objeto de estudiar y resolver los problemas referidos ai magisterio. Este sistema de conferencias pedagógicas se hacía accesible a todos los docentes interesados ya que se les daba un sobresueldo para gastos de viaje.

Otra medida de interés en materia de docentes fue la de traer maestros españoles para que se desempeñaran en la provincia, teniendo en cuenta, además de la formación pedagógica, la lengua y los principios religiosos comunes.

En cuanto a los estudios terciarios, la primera experiencia se debió al interés del Gobernador Simón de Iriondo que promovió la creación, siendo ministro de gobierno Cabal, en 1868, de las cátedras de derecho, en las aulas del Colegio de la Inmaculada, ley que hacía realidad una aspiración de la comunidad santafesina.

En 1869 inició su marcha este ciclo para el cual se buscaron profesores de valía de otras provincias y se adquirió un valioso caudal bibliográfico para los estudiantes. En 1875 se obtuvo el reconocimiento de las llamadas Facultades Mayores en el orden nacional, con el cual se posibilitaba a los egresados de éstas el aspirar al título de doctor en las universidades del país.

En 1877 ya estaba la idea entre los gobernantes santafesinos de crear sobre la base de esta carrera de jurisprudencia, una universidad provincial, pero, en los años siguientes todo siguió igual, con los estudios de derecho en franco progreso. En 1884, el Ministerio de Instrucción Pública de la Nación, ejercido por el Dr. Eduardo Wilde, le retiró al Colegio de la Inmaculada la autonomía educativa de que gozaba y por un informe especial, retiró también el reconocimiento de los títulos obtenidos en el colegio Jesuíta, ofreciendo la alternativa de que los alumnos se sometan a un tribunal, igual que los de otros institutos privados. Ante ello el rector del colegio decidió cerrarlo, quedando las facultades mayores sin sustento.

Esta experiencia de educación superior en la Provincia de Santa Fe, junto con otros antecedentes en materia de educación secundaria confesional, muestran a la dirigencia política santafesina (como católicos profesos progresistas) que los cambios socioeconómicos y políticos de los tiempos que se vivían, no estaban reñidos con la tradición religiosa y la fe católica.

En 1889 el Gobernador José Gálvez volvió sobre la cuestión de los estudios superiores y creó la Universidad de Santa Fe, que inauguró sus actividades en 1890.

Fuente Consultada:
Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe
Tomo I – SANTA FE – Ediciones Susamerica Santa Fe

La Revolución de Mitre Contra Avellaneda Fraude Electoral

ALZAMIENTO DE MITRE POR FRAUDE ELECTORAL CONTRA AVELLANEDA

Las elecciones para diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires celebradas en febrero dieron un primer revés al Partido Nacional de Bartolomé Mitre, que desconoció los resultados denunciando    la comisión de fraude por parte de los vencedores.

Pero el conflicto se agudizó luego de las elecciones de electores presidenciales, en las que el tucumano Nicolás Avellaneda triunfó sobre Mitre en todas las provincias (con la excepción de Buenos Aires, San Juan y Santiago del Estero), obteniendo de tal forma 146 electores contra los 79 favorables al segundo.

Para Mitre, la derrota tenía una sola explicación y no era otra que el fraude electoral desplegado por quienes apoyaban a su rival. Más allá de la veracidad de tales acusaciones -en rigor, ninguno de los partidos en disputa se privaba de recurrir a diferentes mecanismos de manipulación del sufragio-, lo cierto es que para Mitre resultaba difícil aceptar la derrota electoral puesto que su partido aspiraba a representar al conjunto del pueblo, entendido como una entidad indivisible y que, por lo tanto, no admitía pluralidad de representaciones.

Porque el Partido Nacional representaba a la nación toda, se volvía necesario entonces expresar la voluntad de esta última a través de instancias alternativas a la electoral.

Bartolome Mitre Presidente de Argentina

Los partidarios de Mitre, antes de ser proclamado el triunfo de Avellaneda, habían advertido que ese gobierno sería un gobierno de hecho, no de derecho. Si bien Mitre era hostil al recurso revolucionario, se creó un clima de protesta contra el fraude electoral y se consideró ineludible el recurso de la fuerza para impedir el entronamiento del nuevo presidente.

Los generales Arredondo y Rivas conspiraban, uno en Cuyo y el otro en la provincia de Buenos Aires. Mitre renunció a su jerarquía en el ejército y se dirigió a Colonia. La conspiración tomó carácter público, se hablaba de ella en todas partes, pero Sarmiento dudaba de ella.

El 24 de setiembre se desvanecieron todas las dudas. Ese día ordenó a Ivanowsky que vigilase a Arredondo; Ezequiel Paz, director del diario La Prensa, proclamó el movimiento y clausuró sus talleres para ponerse al «servicio del pueblo, en el terreno de los hechos». Paz, Zeballos y otros se dirigieron a Belgrano para organizar allí un levantamiento popular.

La revolución logró reunir aproximadamente 14.000 hombres, contando entre ellos con los indios de la tribu de Catriel, milicias del departamento de Goya y 3.600 hombres del ejército de línea al mando de Arredondo. Quedaron fieles al gobierno Luis María Campos, Julio Campos, los coroneles Nelson, Ayala y Azcona, Napoleón Uriburu y Julio A, Roca, que reunieron 35.000 hombres.

Mitre desembarcó en el Tuyú aumentando sus filas con voluntarios de la campaña y la incorporación del coronel Rivas. El 24 de setiembre el coronel de marina Erasmo Obligado se apoderó de un buque de la escuadra; le siguió Rivas con la división del sur de Buenos Aires y en seguida Arredondo sublevó los regimientos de infantería y caballería de Villa Mercedes, San Luis. Ignacio Rivas quería unirse con Arredondo, pero no pudo lograrlo porque fue vencido en La Verde, el 27 de noviembre de 1874, por el coronel Inocencio Arias.

La rebelión quedó completamente sofocada al ser derrotado Arredondo por Julio A. Roca en los campos de Santa Rosa el 7 de diciembre de 1874. Mitre fue vencido y detenido y poco faltó para que se le aplicara la pena de muerte, pero el candidato triunfante, Nicolás Avellaneda, decretó su indulto.

El 12 de octubre de 1874 asumió la primera magistratura el Dr. Nicolás Avellaneda, acompañado por el Dr. Mariano Acosta, porteño, como vicepresidente.Durante este período se organizaron fuertes partidas contra los indios, encabezadas por el ministro de Guerra, general Julio A. Roca, gracias a cuya enérgica acción se obligó a los aborígenes a desalojar el territorio com prendido entre los ríos Colorado y Negro, donde a breve plazo se establecieron nuevas colonias.

La obra cultural fue también vastn e intensa, y culminó con la creación de numerosas escuelas primarias y de varias so cundarias, entre ellas diez escuelas normales; se fomentó la inmigración; se apoyó la industria y el comercio; se continuó la cons trucción de vías férreas; se mejoraron los servicios postales y se fundaron numerosos pueblos y colonias.

Fuente Consultada:
El Bicentenario Fasc. N° 4 Período 1870-1889 Levantamiento de Mitre

Las Maestras Que Trajo Sarmiento a Argentina Obra y Legado

LAS MAESTRAS NORTEAMERICANAS QUE EDUCARON EN ARGENTINA

En 1869 llegaron sesenta y cuatro profesionales norteamericanos de la educación a nuestros país, de los cuales solo cuatros eran hombres. De aquellas heróicas mujeres Clara Armstrong trabajó en Paraná, Catamarca, San Juan, San Nicolás, La Plata y Buenos Aires; Sarah Chamberlain de Eccleston lo hizo en Mendoza, Paraná, Buenos Aires y Concepción del Uruguay, mientras que Mary Olstine Graham transitó aulas de Paraná, San Juan y La Plata.

Entre los pocos hombres que vinieron estaba Stearns, quien estableció una escuela normal en Paraná, con su esposa Julia y otras maestras norteamericanas. Stearns trajo consigo las ideas de civismo, disciplina e investigación que impulsaba el educador norteamericano Horace Mann. Entre 1871 y 1888 aquellos norteamericanos fundaron treinta escuelas normales, sentando bases para la formación de docentes y para una educación pública universal.

Domingo Faustino Sarmiento

Domingo Faustino Sarmiento

Para Domingo Faustino Sarmiento, presidente de Argentina entre 1968-1874, la educación era la base de la democracia, y había que conseguir la cultura del pueblo a cualquier precio. Una vez escribió: «Para tener paz en la República Argentina es necesario educar al pueblo en la verdadera democracia, enseñarles a todos lo mismo, para que todos sean iguales; para eso necesitamos hacer de toda la república una escuela».

Esto significaba que los efectos de la educación no debían terminar en la formación de las personas individualmente, sino que la relación entre ciudadanía y educación debía ser estrecha. «La escuela es elemento central en la creación de un campo de lectores alfabetizados dispuestos a compartir los códigos de la cultura de la época.»

La contribución más notable de su presidencia al desarrollo del progreso fue su obra educativa. No sólo creó escuelas primarias, sino que auspició nuevos métodos de enseñanza y contrató educadores europeos para instruir a nuestros maestros; proporcionó subvenciones escolares a las provincias; creó nuevos colegios nacionales; inauguró la Escuela Normal de Paraná e hizo llegar de Estados Unidos maestras normales que desarrollaron en el país una tarea proficua a cuyo amparo surgieron varias generaciones de maestros argentinos.

En una carta a familiares, Stearns había asegurado: «Si me vienen a visitar, no podrán distinguir la escuela de una de los Estados Unidos, salvo por el idioma». Fue casi un transplante de Boston a Entre Ríos, pero el país de entonces no ofrecía un contexto de paz: la escuela enfrentó adversidades económicas y convivió con la revuelta de Ricardo López Jordán tras el asesinato de Urquiza.

LAS OBRAS EDUCATIVAS EN ARGENTINA

La huella honda y perdurable de las educadoras norteamericanas, traídas al país por ese genio de la educación pública argentina que se llamó Domingo Faustino Sarmiento, ha quedado de tal manera impresa en el pasado de nuestras escuelas que compromete la gratitud nacional. Sarmiento, con clara visión del presente y del futuro, en que la educación debe ser la principal preocupación de un gobierno, dedicó a ella todos sus afanes, y hasta el tesoro de la nación estuvo más de una vez al servicio de un ideal: «educar, educar, educar».

Fue así como las escuelas colocadas bajo la dirección de las educadoras norteamericanas venidas a la República Argentina, y que Sarmiento las destinó para llenar su apostolado en diversas ciudades del territorio nacional, fueron modelos en su género, fueron toda «una maestra», toda una educadora cada una de ellas.

Hicieron hombres para llenar ampliamente su misión en la sociedad; supieron desarrollar en cada alumno o en el aula mil veces bendecida por los mismos, el carácter, las aptitudes morales y físicas. Educaron la voluntad para que fuera firme; el espíritu moral para que fuera sólido; nutrieron la inteligencia y adiestraron los miembros.

Esas educadoras de la gran república del norte, no sólo estaban admirablemente preparadas para realizar la obra de encauzar la educación en nuestro país, sino que poseían un espíritu superior, espíritu que cultivaban de continuo; un fino humanismo; una vastedad de conocimientos tal, que lo mismo forjaban el carácter, dura y enérgicamente si era necesario, que formaban el físico del alumno; que al explicarles cómo debían cuidar su salud, les inculcaban de paso ideas de economía y de elegancia.

Exigían más, siempre más. Su disciplina era férrea, al decir de una de sus discípulos. Parecía imponerse de adentro afuera por cada alumno, juez de sí mismo en los casos comunes; sometido al tribunal de sus condiscípulos cuando la falta era grave. Las crónicas relatan que miss Mary O. Graham, directora fundadora de la Escuela Normal de La Plata, visitaba personalmente y a diario toda la escuela, cada una de las clases del curso normal y de aplicación.

Nacía así, instintivo y seguro, el convencimiento de cada alumna de que «la maestra» lo sabía todo; de que si algo preguntaba era para probar la veracidad de las educandos, pero que era inútil ocultar un hecho o ensayar un engaño. Tampoco soñaba nadie en desobedecer, y trabajaban con tanto mayor placer cuanto que no tenían celadoras.

La enseñanza de miss Mary era tan profunda, tan individual, tan personal, que hacía de cada escolar un eterno alumno de la vida, en marcha ascendente hacia la verdad, hacia la bondad. «No es superior el que se adapta al medio, el que se deja ceñir por él -les decía-. Superior es el que obliga al medio a adaptarse a él, siempre que adaptándolo eleve la línea de la vida.»

Y miss Mary O. Graham, como doña Emma Nicolay de Caprile, miss Armstrong, miss Stevens y otras cuyos nombres no recordamos, geniales maestras,  modeladoras de almas,  forjadoras de caracteres, buriladoras de individualidades, formaron generaciones de maestros que, al desparramarse por todos los ámbitos del país, han llevado nuestra naciente cultura.

Han santificado el lugar donde la dulce voz de una mujer oficiaría en cada día la misa del alfabeto, y donde los niños, vibrantes de emoción, entonarían la canción nacional que ella enseñaría a cantar, después de haber recibido el óleo del alfabeto y el conocimiento de las horas en el reloj de cartón. Repetimos: esas geniales maestras pueden figurar en la historia de la educación de nuestro país, como genios pedagógicos: la vida emanaba de sus enseñanzas.

ADELIA DI CARLO

ADELIA DI CARLO (1886-1965).   Escritora y periodista argentina. Sus difundidas colaboraciones en diarios y revistas evidencian su afecto hacia la niñez, a la que dedicó sus mejores páginas.   Recomendamos a las niñas su libro La canción de la aguja, en el que se pone de manifiesto la exquisita sensibilidad de la autora.

SOBRE LA VIDA DE DOMINGO F. SARMIENTO:

DOMINGO F. SARMIENTO ES PRESIDENTE
Domingo Faustino Sarmiento ha llegado a la presidencia de la República y asumió este honorífico cargo el último 12 de octubre. Cuatro años atrás había viajado a los Estados Unidos, a pedido del entonces presidente Bartolomé Mitre. Fue como ministro plenipotenciario de la Argentina.

En su paso por Perú, donde se hallaba reunido el Congreso Americano, condenó el ataque español contra esta nación, lo que constituyó un acto de desobediencia a las claras órdenes de Mitre. Finalmente arribó a Nueva York en mayo de 1865, justo tras la asunción del presidente Andrew Jackson, quien reemplazó a Abraham Lincoln, que fue asesinado por un fanático racista.

Este hecho le causó impactoy llevó a Sarmiento aescribir Vida de Lincoln. En los Estados Unidos participó de los círculos académicos norteamericanosy fue distinguido con los doctorados honoriscausade las universidades de Michigan y Brown, El coronel Lucio V. Mansilla, junto a un grupo de políticos, decidió postular aSarmiento para la presidencia, mientras él continuaba con su viaje.

Así fue, yen abril se celebraron los comicios que le darían la victoria y el Congreso lo consagró presidente de los argentinos el 16 de agosto. Uno de los principales problemas que enfrenta este nuevo gobierno es la guerra de la Triple Alianza, A Sarmiento lo convocaahoracomo primer mandatario, pero también como padre, porquesu hijo Dominguito se encuentra en el frente.

Fuente Consultada:
Enigmas de la Historia Argentina Diego Valenzuela La Educación Argentina

Ley de Vagos y Malentretenidos Las Pulperias en el Virreinato

OBJETIVO DE LA LEY DE VAGOS Y MALENTRETENIDOS – PAPELETA DE CONCHABO

Ya en la épocas del Virreinato del Río de la Plata, la gente sin trabajo, que deambulaba por la ciudad mendigando o bien muchos de ellos pasando largas horas en pulperías jugando los típicos juegos criollos de la época, tomando alcohol y muchas veces terminando estos placeres lúdicos en riñas a muerte, era un verdadero problema social que también preocupó a los gobiernos post revolución de mayo. Siempre fue perseguido el vagabundeo y la llamada mendicidad ilícita, es decir, aquel «sano y vigoroso que pida limosna», castigando sobretodo a aquien portase algún tipo arma.

PULPERIA: Además de lugar de intercambio comercial, la pulpería fue un sitio privilegiado de interrelación social. En el interior de la pulpería se tocaba la guitarra, se jugaba a las cartas, se intercambiaban noticias. También era para muchos trabajadores un modo de subsistencia alternativo, ya que el pulpero, además de vendedor, muchas veces compraba los productos de trabajo rural que le ofrecían sus propios clientes.

La pulpería urbana, al menos en Buenos Aires, tiene su momento de auge entre las dos últimas décadas del siglo XVIII y las primeras tres del XIX. Posteriormente, la actividad es reemplazada por los almacenes, bares y cafés, que implican una especialización mayor de este tipo de actividad.

De esa manera, la pulpería pierde su carácter original de lugar exclusivo de encuentro e intercambio. Las fuentes indican cómo rápidamente se produce su desaparición en Buenos Aires.

En 1825 había más de 400 pulperías; en 1835 habían disminuido a menos de 100. Entre las razones de esta desaparición se halla la falta de respaldo de las autoridades.

En efecto, en 1788 el procurador general de la ciudad de Buenos Aires intentó prohibir la reunión de gentes y las audiciones de guitarra en las pulperías, para retrotraerlas a su función exclusivamente comercial.

Después de la Independencia fue la necesidad de controlar el alcoholismo y la delincuencia, como factores negativos que ayudaban a acrecentar la crónica falta de mano de obra, la justificación para limitar y desalentar esta actividad. (Fuente Consultada: Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Estilos, Obras, Biografías, Instituciones, Ciudades)

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La ley de vagos y mal entretenido, era una ley que permitía al Juez de Paz controlar los salones de bailes, de juegos y diversión, como las pulperías, para arrestar a todos los presentes que no tenían trabajo ni residencia fija. Generalmente se consideraban vagos a los gauchos que vivían de la doma y yerra y que se desplazaban de estancia en estancia, cuando algún patrón los requería para ese tipo de servicio.

El juez iba acompañado de la fuerza pública, la policía de la zona,  y pedía inicialmente la «libreta de conchabo», (para demostrar que trabajaba en una estancia) libreta que nació durante la presidencia de Rivadavia  con fines de reprimir la vagancia y sumar mano de obra para el trabajo de las tierras, que el gobierno había entregado en alquiler a particulares.  La mala fama que tenía el gaucho se debía a su extrema libertad, ya que no concebía la vida sedentaria ni trabajar años y años bajo un patrón.

El testimonio de un juez de paz constituía prueba única y suficiente para calificar de “vago”, quien era castigado con la reclusión de dos a seis años en un alejado fuerte froterizo militar para luchar contra el avance del indio. Esos controles, estaba ubicados en lugares inóspitos, sin comodidades y muchas veces casi sin comida, pues los envíos de provisiones eran esporádicos y no aseguraban la alimentación de los soldados.

PAPELETA DE CONCHABO: Durante el gobierno de Rivadavia se solicitó un empréstito en Londres, por 1.000.000 de libras, con la firma Baring Brothers. Este empréstito, considerado la primera deuda externa argentina, se solicitó para financiar obras públicas (que no se realizaron).

La operación se concretó en 1824, pero el monto recibido (en su mayor parte, en letras) quedó reducido a 560.000 libras, luego de haberse descontado los intereses por dos años, las comisiones y otros gastos. Como garantía, se hipotecaron las tierras públicas. Luego de sucesivas suspensiones del pago de los intereses y de renegociaciones, el préstamo se saldó recién en 1904.

Con respecto a las tierras -inmovilizadas en manos del Estado como garantía de la deuda pública-fueron entregadas en enfiteusis (en alquiler) a particulares, por una renta o canon anual que, además de bajo, fue difícil de recaudar. Este sistema puso a disposición de comerciantes, ganaderos y funcionarios enormes extensiones de tierras, en forma casi gratuita. Ante la falta de mano de obra para trabajar esas tierras, el gobierno insistió en la legislación que exigía, con el fin de reprimir la vagancia, portar la famosa «papeleta de conchabo». [a los fines de demostrar que trabajaba formalmente bajo un patrón]

Antes de seguir sobre la «Ley de Vagos y Malentretenidos», es bueno leer lo que explica el historiador Gustavo Gabriel Levene en su libro Breve Historia de la Argentina, sobre la función e importancia de la pulpería en el virreinato del rio de la Plata.

Pese a su pobreza, las poblaciones, perdidas en la inmensidad del territorio, vivían; y esa vida, que muchas veces pudo parecer monótona desde el punto de vista de cada vecino, resulta animada cuando se abarca el conjunto de la sociedad y se colorea todo con la perspectiva del tiempo. Acaso nada mejor para evocar estas ciudades nuestras del siglo diecisiete, que hacerlo desde el observatorio más completo entonces existente: la pulpería, cotidiana encrucijada de hombres y de cosas…

Pulpería

La pulpería vendía vino, aguardiente, tabaco, yerba, azúcar, miel, jabón y muchos otros productos que hacen más amable la jornada. Sabiendo que el comercio de entonces era casi siempre contrabando, no puede extrañar el hecho de que, además de vender las mercaderías mencionadas, la pulpería negociara también con las que los criados esclavos sustraían a sus dueños… En la pulpería venían así a encontrarse el contrabando de los amos y el robo de los criados.

El de pulpero era oficio importante y provechoso… La prueba de ello es que les estaba prohibido establecerse como pulperos a los indios, los negros y los mulatos. En el siglo XVII aparecen, como pulperos de Buenos Aires, personajes importantes y gente distinguida de la ciudad… Pero no atendían ellos mismos el negocio, que por otra parte se obtenía por público remate de la concesión, debiéndose entregar como fianza la suma, para entonces elevada, de quinientos pesos.

[…] Se jugaba en todas partes toda clase de juegos. Desde comienzos del siglo XVI se había prohibido, en España y sus colonias, la fabricación y venta de dados. Pero los dados seguían rodando y haciendo con sus seis caras la fortuna o la mina de los jugadores. Se jugaba a los naipes, a la perinola, al sacanete… Se jugaba en las carreras de caballos, las cuales tenían una curiosa particularidad: para ganar la competencia no bastaba, como ocurre hoy, la pequeña diferencia de unos centímetros; el caballo triunfador tenía que llegar a la meta con tanta ventaja que debía verse luz entre su cuerpo y el de los demás caballos. Ya había entonces fulleros con barajas cortadas y dados cargados. Y también mujeres cómplices participaban de maniobras engañosas para atraer incautos…

[…] La pasión por el juego era tan grande en la sociedad colonial, que se llegaba a menudo al extremo de perderlo todo. En un testamento de 1623, una vecina declara «que su segundo marido jugó y consumió la plata de su dote: jugó una estancia y doscientas ovejas»…

[…] La pulpería fue lugar propicio para el intercambio de supersticiones. El paisaje de selvas, de montañas o de llanuras, según las regiones, con sus elementos vivos, plantas y animales, contribuía a crearlas. El lugareño no se sentía superior a la realidad circundante, pues no la dominaba. De ahí que las supersticiones expresaran, en cierto modo, el sometimiento del hombre a la naturaleza… La humanidad no había aprendido aún a enfocar el mundo visible de acuerdo con el punto de vista racional, que vino después. Sólo imperaba la superstición.

Respecto a la Ley de Vagos y Malentretenidos, en la  Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, en una nota de la Historiadora María Victoria Camarasa explica los siguiente:

Se considera vagos y malentretenidos a aquellas personas de uno y otro sexo que:

a) no tienen renta, profesión, oficio u otro medio lícito con que vivir;
b) teniendo oficio, profesión o industria no trabajan habitualmente en ella y no se les conocen otros medios lícitos de adquirir su subsistencia, y
c) con renta, pero insuficiente para subsistir, no se dedican a alguna ocupación lícita y concurren ordinariamente de juego, pulperías o parajes sospechosos.

Aparecen así dos tipos básicos de vagancia: los desposeídos de bienes que no tienen una ocupación lícita, y los que teniéndola llevan una vida de malas costumbres.

Además de esta clasificación inicial, también se tienen en cuenta algunos agravantes de esta condición. Por ejemplo, quienes entren en alguna oficina pública o casa particular sin el permiso respectivo; o quienes se disfracen o tengan armas, ganzúas u otros instrumentos propios para ejecutar algún hurto o penetrar en las casas.

Es importante distinguir que la persecución de los gobiernos es contra lo que se considera como mendicidad «ilícita», es decir, aquellos que piden limosna siendo sanos y vigorosos. Esto se debe a que existen también licencias de mendicidad y de pedido de limosnas para aquellos de los que se haya comprobado que no tienen la capacidad de ejercer ningún trabajo.

Ya desde la Baja Edad Media, las figuras del vago y del malentretenido tienen una antigua y arraigada presencia en la tradición jurídica española. Al igual que el resto de la normativa peninsular, esta concepción pasó a América durante la época de la conquista y la colonización. De hecho, vista como «tierra prometida», se esperaba que no llegaran al Nuevo Continente personas que pudieran poner en riesgo la salud moral de los habitantes americanos, y para ello se ejercían muy fuertes controles en los pocos puertos autorizados para enviar barcos hacia América.

Haciendo hincapié en el caso argentino, uno de los primeros gobiernos en reglamentar esta situación fue el de Martín Rodríguez y su notable ministro Bernardino Rivadavia en la Buenos Aires de principios de 1820. Este gobierno, el 18 de abril de 1822, promulgó un decreto sobre vagos y malentretenidos que, en la práctica, se constituyó en un eficaz instrumento para aumentar las filas del ejército. Esto se debió a que los aprehendidos eran destinados inmediatamente al servicio militar, incluso por un término doble al prefijado en los enrolamientos voluntarios.

Actualmente, la idea de los gobiernos provinciales es darles un apercibimiento e inducirlos a que en un plazo determinado de tiempo encuentren una ocupación útil a la que dedicarse.

El trasfondo de estos controles es que el vago, el ocioso y el malentretenido son vistos como figuras que atenían contra el orden moral de la sociedad y ponen en peligro la paz y la unión del país.

En nuestra campiña bonaerense, los vagos y malentretenidos están asociados con la figura del gaucho. Al irse extendiendo la frontera, corriendo al «salvaje», se fueron ganando importantes cantidades de tierras. Junto a la extensión territorial, un caudal de leyes novedosas hizo de los gauchos una nueva fuerza capaz de servir en la milicia, al mismo tiempo que sus tierras, generalmente de poca extensión y ubicadas entre grandes latifundios, iban pasando a otros dueños.

En estos últimos años, entre los sectores más pudientes de las sociedades citadinas argentinas se ha ido extendiendo un prejuicio. Ellos se refieren a que en los campos recorren infinidad de vagos y criminales famosos, que se asilan huyendo quizá por sus crímenes en otras provincias. Para estos sectores, esos individuos desconocidos hallan seguro albergue, techo y alimento, abusando de la hospitalidad en las campañas de nuestro país. Allí encuentran carne abundante y tienen un cuero para dormir, además de un lazo y un cuchillo para procurarse medios con que satisfacer sus vicios. La pregunta que se repiten constantemente es «¿para qué han de trabajar? Nadie los persigue, nadie inquiere de dónde son, de dónde vienen, de qué se ocupan ni adonde van…».

La intención de legislar este tema se ha extendido en las diversas provincias. En algunas ya comienzan a aparecer leyes que condenan al servicio de fronteras a todos los vagos y malentretenidos, los que en día de labor se encuentren habitualmente en de juego o tabernas, los que usen cuchillos o armas blancas, los que cometan hurtos simples y los que infieran heridas leves.

Pero al no existir un marco normativo bien establecido y definitivo, es común el surgimiento de divergencias acerca de cómo tratar a los vagos y malentretenidos. Por ejemplo, en la provincia de Santa Fe el encargado de la Jefatura Política, Nicasio Oroño, pide frecuentemente a sus superiores que le expli-citen qué hombres debía considerarse como vagos, ya que en el territorio que él controla sólo existían familias que si bien no tienen propiedades y medios de vida, se debía exclusivamente a su pobreza.

Fuente Consultada:
Colección El Bicentenario Fasc. N° 3 Período 1850-1869, Nota de la Historiadora María Victoria Camarasa

Presidencia de Quintana Manuel Partido Autonomista Nacional Gobierno

GOBIERNO DE MANUEL QUINTANA (1904-1906)

El Dr. Quintana asumió la presidencia a los ochenta años de edad, al término de una intensa y larga actuación pública; hombre de recta conducta no representaba realmente una agrupación política determinada. De inmediato debió enfrentar las perturbaciones de la clase obrera, debidas a los problemas sociales.

El partido Radical, organizado y dirigido por el señor Hipólito Yrigoyen, incubaba una revolución desde tiempo atrás a fin de terminar con el sistema político imperante. Finalmente, el 4 de febrero de 1905 estalló un movimiento armado en la Capital Federal y simultáneamente en Mendoza, Córdoba y Santa Fe. El alzamiento fue reprimido con rapidez en Buenos Aires y con mayor resistencia en las provincias.

Dirigido «contra un régimen y no contra personas» el intento de Yrigoyen fracasó, pero el caudillo aconsejó a sus correligionarios la necesidad de perseverar en la lucha. Bajo el mandato de Quintana y a pesar de la agitación política, el país mejoró su economía, aumentó el intercambio comercial con el extranjero y se extendió el área de los cultivos. Los ferrocarriles prolongaron sus rieles y la llegada de inmigrantes superó las cifras anteriores.

El Dr. Quintana enfermó gravemente y falleció el 12 de marzo de 1906; fue reemplazado en la primera magistratura por el vicepresidente José Figueroa Alcorta.

Este período se caracterizó por un gran auge económico, al convertirse la Argentina en el granero del mundo y en un fuerte exportador de carnes, por medio de los frigoríficos ingleses. También los ferrocarriles fueron monopolizados por empresas inglesas y el trazado de sus vías se convirtió en un inmenso abanico que confluía sobre el puerto de Buenos Aires.

Todos los productos de uso y consumo eran de origen inglés, comprados con las divisas de nuestras carnes y cereales. Pero la aparente prosperidad favorecía tan solo a un sector de la población. La pobreza se había extendido considerablemente, lo que motivó grandes movimientos de protesta, que fueron enérgicamente reprimidos.

Millones de inmigrantes europeos, sobre todo italianos y españoles, se afincaron en nuestra tierra y dieron una nueva fisonomía a la población, cuya tercera parte estaba constituida por inmigrantes. La mayoría de éstos se emplearon en las nacientes manufacturas y muy pocos en las colonias agrícolas, porque las tierras ya estaban repartidas.

PRESIDENCIA DE QUINTANA (1904-1905)
Cuando la segunda presidencia de Roca llegaba a su fin, la influencia política del último —ya envejecido en las luchas— había declinado y su partido Autonomista Nacional se encontraba dividido y disperso.

A falta de figuras e ideales, el electorado no demostraba interés por los problemas de la política interna. Por su parte, y debido a la falta de libertad en el sufragio, la Unión Cívica Radical permanecía en abstención revolucionaria.

La situación imperante motivó que un grupo de autonomistas reuniera una «convención de notables» a fin de elegir candidato a la presidencia.

El indiferentismo cívico alcanzó su máxima expresión al final de la segunda presidencia de Roca.
El partido Autonomista Nacional, apoyado por el gobierno, extendía su poder sobre todo el país.

Por su iniciativa, una “convención de notables”, compuesta por ciudadanos de actuación descollante, designó candidatos a la presidencia y vicepresidencia, respectivamente, a los doctores Manuel Quintana y José Figueroa Alcorta. Estos triunfaron sin esfuerzo en las elecciones, asumiendo sus cargos, el 12 de octubre de 1904.

El doctor Quintana poseía cualidades sobresalientes de estadista, abonadas por una larga vida pública. Pero llegaba a la primera magistratura a los ochenta años de edad; el día de su proclamación como candidato sufrió un desvanecimiento.

En su mensaje inaugural manifestó ser “conservador por temperamento y por principios”, aunque esto no le impedía admitir la necesidad de una amplia reforma social.

El 4 de febrero de 1905 estalló una revolución, preparada por el partido Radical, con la colaboración de algunos militares. El movimiento fue rápidamente sofocado en la capital, con mayor trabajo en Mendoza, Córdoba, Santa Fe y otros puntos.

El malestar político, reflejado por este acontecimiento, contrastaba con la prosperidad material del país. La cosecha de cereales de 1905 excedió en un millón de toneladas a la del año anterior; las cifras del comercio exterior registraron la cifra más alta hasta entonces obtenida: cerca 528 000 000 de pesos oro, con un saldo favorable de 117 000 000.

El 12 de marzo de 1906 falleció Quintana, tras una breve enfermedad después de quince meses de gobierno.

Un poco antes, el 19 de enero, murió Mitre. Durante muchos años ejerció una verdadera tutela moral sobre sus conciudadanos. Cuéntase que el general Roca señalando a un visitante extranjero la casa de Mitre, le dijo: “Ahí vive un hombre que sin congreso, ni ejército, ni escuadra, ir otra cosa que su nombre, es el poder mas fuerte existente en la República”.

GABINETE PRESIDENCIAL:
Manuel Quintana
Vicepresidente: José Figueroa Alcorta
MINISTROS
Agricultura: Damián Torino.
Guerra: Enrique Godoy.
Hacienda: José A. Terry.
Interior: Rafael Castillo.
Justicia e Instrucción Pública: Joaquín V. González.
Marina: Juan Alejandro Martín.
Obras Públicas: Adolfo V. Orma.
Relaciones Exteriores y Culto: Carlos Rodríguez Larreta.

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina e Historia Argentina y El Mundo Hasta Nuestros Días

Los Salones Literarios en Buenos Aires Historia Sociedad Porteña

Los Salones Literarios en Buenos Aires

EVOLUCIÓN DE LA CULTURA
Salones, cafés y el bodegón

Durante el siglo pasado y a principios de éste, florecieron en Buenos Aires los salones literarios donde se reunieron los espíritus más cultivados de cada época y generación, partiendo la tradición del de Mariquita Thompson y Flora 
Sanchez de ThompsonAzcuénaga, en la calle Florida, hasta el Ateneo, ubicado en el que fue el Bon Marché (hoy Galerías Pacífico).

En cada uno de ellos se cumplió una acción renovadora que fue dando sus frutos en la literatura, las artes, las ciencias, la política, las modas, y si aquellos tiempos son de imitación de lo europeo, con afán de «snobismo», de ellos surgen los hombres, los artistas, pensadores, escritores en quienes cuaja el espíritu nacional que le confiere carácter inconfundible.

Si los salones reunieron a laélite, los cafés de la bohemia porteña reunieron a los intelectuales que cimentaron las letras y las artes. Algunos de ellos se recuerdan con veneración, como el café Brasil, que estuvo en Corrientes 922 hasta 1916 y que años antes fuera bautizado con el nombre de Café de los Inmortales.

Allí estuvieron Juan Pedro Calou, Gregorio de Laferrére, Novión, De Rogatis, Alberto Gerchunoff, Alfredo Palacios, Alberto Ghiraldo, González Pacheco, Diego Ortiz Grognet, Florencio Sánchez, Leopoldo Lugones, Ricardo Rojas, Martínez Cuitiño (que le ha consagrado un libro de evocaciones), Rubén Darío, Charles de Soussens, Emilio Beeher, Enrique Banchs, Montea-varo, Roberto F. Giusti, Carlos Pacheco, Ezequiel Soria, Pedro E. Pico y tantos otros de significación.

Florencio SánchezAlfredo Palacios
Leopoldo LugonesRubén Darío

En El Nacional, que estuvo en Corrientes y Cerrito hasta 1916 (allí se construyó entonces el Banco Italiano), se reunían dramaturgos y compositores de tangos; el tango, folklore de Buenos Aires, que en música y danza se hizo universal. El Nacional era el café del tango, el primero que tuvo una orquesta de señoritas, donde se estrenó «La Morocha», de Saborido, donde se lucieron Pacho, Anselmo Aieta, Mercedes Simone, cuando el café se había trasladado a Corrientes y Carlos Pellegrini y fue dominio de Carlos Gardel y de Julio de Caro.

Hasta 1947 alcanzó a existir el bodegón de Celestino, en Maipú 89, que se llamó sucesivamente de «Los Escalones», «La Puñalada» y «Las siete pulgas». A él concurrieron Sarmiento, Mitre, Rubén Darío, Charles de Soussens. Al demolerlo, tenía una historia de 77 años.

Mencionamos estos cafés y este bodegón, de paso, por su relación con la cultura y el folklore porteños. El crecimiento de la ciudad tornó todo anónimo. Nacieron las sociedades de intelectuales, de escritores, de artistas plásticos, de músicos, de comediógrafos, de actores, acorde con los nuevos tiempos, tiempos de las grandes masas, del cine, de las salas de conferencias, de exposiciones de arte, de las aulas universitarias con miles de estudiantes y cientos de egresados en todas las profesiones.

Fuente Consultada:
75° Aniversario de LA RAZÓN Historia Viva
El Diario Intimo de un País – La Nación

Presidencia de Saenz Peña Luis Gobierno-Revolución Radical

Presidencia de Saenz Peña Luis Obra de Gobierno

BREVE BIOGRAFÍA: SAENZ PEÑA LUIS (1822-1907): Político argentino. Nació en Buenos Aires y falleció en la misma ciudad. Ejerció la presidencia de la República desde 1892 hasta 1895. Estudió abogacía y se graduó cuando apenas tenía 23 años.

Al poco tiempo, contrajo matrimonio con Cipriana Lahite, y de esa unión nació su hijo Roque, el que más tarde fue también presidente de la República.

Su primera actuación como hombre público fue como miembro de la Convención Provincial, en donde se decidió acerca de las reformas propuestas por Buenos Aires a la Constitución de 1853. Veinte años después fue elegido diputado nacional y, en 1874, presidente de esa Cámara.

Al año siguiente fue vicegobernador de la provincia de Buenos Aires. Cuando era presidente del Senado (1876-1877), se dio la casualidad de que su hijo Roque, elegido en 1876 diputado provincial, fuera electo presidente de la Cámara baja.

Así, padre e hijo presidieron, simultáneamente, las dos ramas del poder Legislativo de Buenos Aires. De 1880 a 1882, aceptó ser miembro de la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires. Estuvo afiliado a la Unión Cívica, junto con otras personalidades como Aristóbulo del Valle y Leandro N. Alem. Después de la Revolución de 1890, el nuevo presidente Carlos Péllegrini lo designó para integrar la Corte de Justicia de la Nación. Al aproximarse las nuevas elecciones presidenciales, diversos sectores propusieron a Roque Sáenz.

Sin embargo, éste no aceptó dicha designación, para no competir con su padre.

La política vacilante que desarrolló Luis Sáenz Peña durante su gobierno lo obligó a renunciar al cargo antes de terminar su mandato.

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LA PRESIDENCIA DE LUIS SÁENZ PEÑA (1892-1895) –
LA REVOLUCIÓN RADICAL DE 1893 –

Luis Sáenz Peña asumió su mandato el 12 de octubre de 1892. Su elección fue un producto del Acuerdo. Quiso ser neutral, gobernar sin partido, y resultó vacilante y estéril en su labor administrativa.

Por consejo de Pellegrini ofreció la cartera de Interior a Aristóbulo del Valle, caudillo radical y adversario del anterior presidente. Éste consultó la actitud a seguir con las principales figuras del partido.

Yrigoyen manifestó que el radicalismo no debía colaborar a ningún precio con la oligarquía. Pese a ello. Aristóbulo del Valle aceptó el cargo, pues pensó desarrollar un plan por el cual el radicalismo podría lograr el control político del país.

El «ACUERDO». La llegada de Mitre, al regresar de su viaje por Europa, conmovió a Buenos Aires con una importante manifestación popular (18 de marzo de 1891. El triunfo de la Unión Cívica parecía seguro, pero el grupo gobernante recurrió a su viejo sistema: el acuerdo entre los hombres que dirigían las tendencias en pugna, aun al margen de la voluntad popular. En un gesto muy discutido posteriormente. Mitre se entrevistó con Roca y Pellegrini. y surgió la política del Acuerdo patriótico, que causó una profunda conmoción política. Se pretendía que los partidos oficiales y la oposición concurrieran a las elecciones con una lista única de candidatos, que satisficiera las aspiraciones del mayor número y que evitara la competencia respetando las situaciones provinciales.

REVOLUCIÓN DE 1893. Para este año ya estaba la Unión Cívica Radical separada. El partido reconocía como jefe a Leandro N. Alem, pero una parte, la que correspondía a la provincia de Buenos Aires, tenía como presidente del comité local a Hipólito Yrigoyen. y éste obraba por su cuenta.

Actuando independientemente del comité nacional del partido, Yrigoyen creyó que con una revolución armada se podría dar salida a la situación política del país. Con ese objeto organizó a sus correligionarios para levantarse en armas y tomar el gobierno. La rebelión estalló en más de ochenta partidos de la provincia de Buenos Aires en julio de 1893. y logró triunfar inicialmente en esa provincia.

Del Valle fue obligado a renunciar, después de treinta y seis días de actuación, por la situación creada por sus antiguos correligionarios en la provincia de Buenos Aires y por la actitud del presidente, que no le ratificó su apoyo, pues el gobierno nacional sospechaba de su conducta en estos acontecimientos.

En realidad, sus amigos y correligionarios esperaban de él un golpe de estado, pero del Valle no pensó traicionar al presidente. Lo reemplazó Manuel Quintana; con la colaboración de Pellegrini se intervinieron las provincias y se sofocaron las revueltas. Las fuerzas de Yrigoyen debieron entregarse al ejército nacional, que marchaba hacia La Plata.

En el interior del país varios levantamientos crearon una confusa situación. En Tucumán se sublevaron los opositores y durante cuatro días se luchó en la ciudad. Pellegrini, al frente de los batallones nacionales, sometió a los facciosos.

Alem sublevó Santa Fe y de la Torre se amotinó en Rosario, donde, según se decía, «hasta las piedras de la calle eran opositoras al gobierno».

Finalmente, la revolución fue vencida y sus cabecillas apresados. Pese a la prisión de Alem y a que Hipólito Yrigoyen estaba deportado en Montevideo, en las elecciones realizadas en 1894 en la capital de la República y en la provincia de Buenos Aires, los radicales obtuvieron la victoria.

Bernardo de Irigoyen, elegido senador, se enroló en las filas de la oposición y desde la Legislatura logró que el ministro Quintana renunciara. El presidente, falto de su principal apoyo, sin partidarios en el Congreso y sin autoridad para continuar con el gobierno, presentó su renuncia (22 de enero 1895)

En realidad los hombre que realmente estaban gobernando la republica eran Mitre, Roca y Pellegrini, quienes controlaban el Congreso debido a su predominio político en el interior del país.

Sáenz Peña carecía de partido propio y para apaciguar los ánimos trató de seguir una actitud neutral, en medio de la oposición de los «acuerdistas» del P.A.N. —sigla del  Partido Autonomista Nacional— y de los  radicales. Como la situación política empeorara, el Presidente —por consejo del Dr. Pellegrini— confió la reorganización de su gabiente al doctor Aristóbulo del Valle, miembro conspicuo de la Unión Cívica Radical. Antes de aceptar el ofrecimiento, el Dr. del Valle consultó con las figuras más representativas de su partido y entonces el Comité Nacional —de acuerdo con el pensamiento de Hipólito Yrigoyen— se opuso a colaborar con el gobierno, en una revolución «desde arriba». Era el criterio dominante de efectuar una revolución, pero «desde abajo». Con todo, el dirigente radical aceptó la misión confiada y de inmediato puso en práctica un plan tendiente a que su partido dispusiera el control político en todo el país. En esos momentos, la revolución radical «desde abajo» ya se encontraba en marcha y poco después estallaban focos sediciosos en varios puntos del país.

Irigoyen

El 30 de julio se produjo en la provincia de Buenos Aires un movimiento revolucionario de carácter popular, encabezado por el jefe civil Hipólito Yrigoyen —a la sazón presidente de un comité— y el militar, representado por su hermano el coronel Martín Yrigoyen. Ante la difícil situación creada, Sáenz Peña dispuso entregar a los dirigentes radicales el mando de la provincia de Buenos Aires. Las tropas revolucionarias entraron en la ciudad de La Plata en medio del entusiasmo popular y de inmediato se instaló un gobierno provisional.Sin embargo bajo la influencia del Dr. Pellegrini y del general Roca —que representaba la política oficialista— el Presidente aprobó la intervención federal a la provincia, medida que fue sancionada por el Congreso Nacional. Por su parte, Aristóbulo del Valle fue invitado por los dirigentes radicales a plegarse al movimiento, pero no aceptó participar en una revolución contra el gobierno del que formaba parte y presentó su renuncia, actitud que imitaron los demás miembros del gabinete.Sáenz Peña confió la cartera del Interior al Dr. Manuel Quintana, quien asumió el cargo en agosto de 1894, y procedió con energía inflexible para restablecer la normalidad.