La Filosofía Taoista

Biografia de Heraclito de Efeso Filosofo

Biografia de Heraclito Filósofo Griego

El más profundo de los filósofos griegos presocráticos y el iniciador en cierto sentido de la metafísica nació en Efeso, de familia muy ilustre.

Pocos detalles se conocen sobre su vida, excepto que renunció a la posición nominal de basileus (rey) en las magistraturas de la ciudad. Sus aficiones le llamaban por caminos muv distintos a los de la vida política.

heraclito

Heráclito de Éfeso, ​​​ conocido también como El Oscuro de Éfeso, ​ fue un filósofo griego. Era natural de Éfeso, ciudad de Jonia, en la costa occidental del Asia Menor.

Prefería embeberse en la contemplación de la naturaleza para descifrar el enigma del ser de todas las cosas, es decir, el elemento fundamental que las constituía.

Este era el problema básico en el despertar filosófico de la Jonia, desde que Tales de Mileto había maravillado a todos con sus predicciones astronómicas y la afirmación de que en el agua cabía ver el elemento original y constitutivo del mundo.

Sin embargo, aun había otro problema que preocupaba más a Heráclito: el de la posibilidad del cambio, la relación entre el ser y el devenir.

Los filósofos eleáticos, Jenófanes y Parménides, se habían inclinado por la noción del ser eterno e invariable de las cosas. No fué éste el criterio del filósofo de Efeso.

En sus profundas disquisiciones, difíciles de comprender incluso para un hombre como Sócrates, lo que parece ser debido a la concepción aforística de los pensamientos, Heráclito aceptó la teoría de la unidad de la naturaleza, propia de la escuela jónica, pero negó la manera de ser que aquélla le atribuía.

Si todas las cosas eran una, esta unidad estaba integrada por la «tensión opuesta» de los miembros singulares de ella. Calor y frío, noche y día, bueno y malo, etc., eran las mismas cosas en el sentido de ser las mitades inseparables y opuestas de un todo.

Esta materia inicial, el primer elemento, no es el agua de Tales ni el apeiron (lo ilimitado) de Anaxímenes, sino el fuego; fuego eterno, inquieto y dotado de razón, que por eso se llama también logos y diké (la razón y la justicia).

El fuego es uno; pero se halla en continua transfor-mación, en el aire, en el agua y en el cielo. A su vez, estos otros elementos se transforman en fuego, y el ritmo general de los acontecimientos y el orden en el cambio es, precisamente, el logos.

Así, pues, en Heráclito la unidad, la regularidad y el cambio eterno son las cualidades fundamentales de lo existente, reducidas a una invisible armonía.

La comprensión consiste en conocer esa armonía, y la virtud, en subordinar el individuo a las leyes de la misma. Su doctrina práctica de la vida la resume de la siguiente manera: «La ley de las cosas es la ley de la razón universal.»

La filosofía de Heráclito, de carácter aristocrático y dirigida a los núcleos selectos de la intelectualidad jonia, ha sido calificada de «obscura».

Realmente, él no se proponía divulgar sus concepciones entre el vulgo, al que despreciaba. «Diez mil juntos — decía—-no llegan a pesar lo que uno excelente.»

En lucha contra la oleada democrática, de carácter ya degenerado, que invadía las ciudades de la Jonia después del triunfo de Atenas sobre Persia, Heráclito expresa su pesimismo para el futuro de la cultura y se yergue como defensor del valor directivo de las altas personalidades.

fuente

Las Escuela de Filosofía en Grecia Antigua:Epicurea,Estoica

Las Escuela de Filosofía en Grecia Antigua
Epicurea,Estoica,Peripatética

Las cuatro escuelas de Filosofía. — En el último período de la historia de Grecia encontramos definidos cuatro sistemas o escuelas principales de filosofía. Eran éstas: la académica, la epicúrea, la estoica y la peripatética.

Sócrates  ,   Platón ,       Aristóteles

Sócrates                                   Platón                                Aristóteles

Escuela académica. — Esta escuela fue fundada por Platón, que la estableció en unos jardines próximos a Atenas, radicados en terrenos consagrados al héroe ático Academo, de donde derivó el nombre de Academia que llevaban aquellos lugares y el gimnasio instalado en ellos.

Bajo las arboledas de plátanos silvestres y olivos, exornadas con estatuas por Cimón, platicaba Platón con sus discípulos. Como su maestro Sócrates, creía en la inmortalidad del alma.

Enseñaba que hay un Dios eterno, perfecto y omnisciente y que el alma humana ha existido en un estado anterior, en que conocía la ideal forma de las cosas y cuyo confuso recuerdo de figuras y sombras constituye todo lo que, en esta vida, podemos conocer de bondad y sabiduría.

El alma, que, durante su estancia en el mundo tiende a elevarse y a mantener la pureza, después de la muerte vuelve a estar en contacto con aquellas «esencias eternas» de las cosas.

Platón entendía que «la perfección de la naturaleza del hombre es su propio acercamiento, en cuanto le sea posible a la armonía con Dios y que todos los seres humanos deben ser educados con miras a este fin.

El estilo de sus Diálogos está en consonancia con la elevación del ideario que propugnan.

Escuela epicúrea. — La escuela epicúrea fue fundada en 306 antes de Jesucristo, en Atenas, por el filósofo Epicuro. Enseñó en ella que la felicidad humana (el placer) era el verdadero fin de toda filosofía, pero el placer duradero que, emanado de los puros y nobles goces mentales, conduce a la paz espiritual y por consiguiente, a la felicidad.

La paz del espíritu era, para Epicuro, el summum bonum, o sea el bien supremo. No es propio de esta obra el extenderse en el concepto que de la física profesaba Epicuro, pero hay que señalar su convicción en la existencia del átomo, de la que se trata en la obra del poeta latino Lucrecio, De natura rerum.

Este filósofo ha sido muy combatido y hasta calumniado al suponerle amante de los placeres de la mesa y aficionado a los deleites sensuales. Todo ello nace de la confusión entre los términos placer, tomado en sentido de goce material, y felicidad.

A este último concepto aludía Epicuro en sus prédicas. Por lo demás, Epicuro fue hombre de vida austera, que de la pobreza supo elevarse por su propio esfuerzo y que soportó mucho tiempo una vida adversa y una larga enfermedad.

Había nacido en Samos en 341 ó 342 antes de Jesucristo y no se ha comprobado que su muerte fuera producida por suicidio, como algunos le han achacado.

zenon filosofoEscuela estoica.Zenón, un griego de Chipre, fundó en Atenas por el año 320 antes de Jesucristo una escuela filosófica, que fue llamada estoica por el lugar donde estaba instalada, la stoá poikile («pórtico o columnata pintada»), un recinto adornado con frescos que representaban la batalla de Maratón, pintados por el gran artista Polignoto.

Allí enseñó Zenón durante unos sesenta años, siendo tenido en gran estimación por los atenienses a causa de su integridad y honradez.

En vida le honraron con una guirnalda de oro y, a su muerte, con magníficos funerales públicos.

La escuela estoica postulaba el desprecio al dolor y al placer; según sus doctrinas, el grado más elevado de la virtud consistía en menospreciar todas las condiciones externas de la vida humana. Era preciso evitar toda pasión, aún en el sentido de energía vital del espíritu. La felicidad estaba en el supremo dominio de sí mismo.

Escuela peripatética. — La escuela peripatética fue fundada en Atenas por Aristóteles (335 antes de Jesucristo), en un gimnasio suburbano llamado el Liceo.

Su nombre se deriva de unos pórticos (peripatói) que poseía el edificio donde enseñaba el filósofo, o bien, como otros opinan, de que al disertar paseaba alrededor (peripateikós, significa «amigo de pasearse»), en lugar de explicar sentado, como los otros filósofos.

Aristóteles daba dos lecciones diarias, una por la mañana, a un pequeño círculo de íntimos y, por la tarde, a un grupo más numeroso de extraños; de ahí vienen los conceptos esotérico (interno) y exotérico (externo), que se suelen aplicar a las conclusiones y máximas de doble sentido.

La inteligencia de este filósofo abarcó todos los conocimientos de su época, y su actividad y vocación didáctica, le obligaron a tratar de cuantos asuntos pudieran atraer el pensamiento humano.

Los filósofos cínicos. — Un discípulo de Sócrates, llamado Antístenes, fundó en Atenas por el año 390 antes de Jesucristo una escuela filosófica llamada de los cínicos. Su nombre proviene, según unos, del gimnasio llamado Cínosarges donde el filósofo explicaba sus doctrinas, y, según otros, de la vida grosera, perruna (en griego, cynicós), que adoptaron sus discípulos.

Sea de ello lo que fuere, el término se aplicó muy pronto a estos filósofos por el desprecio que hacían de los refinamientos de la civilización; mientras que en la sociedad moderna la palabra cínico califica a quien se muestra descarado, procaz, desdeñoso, y hasta al huraño y misántropo.

Los antiguos cínicos tenían en su comportamiento público muchos puntos de analogía con los actuales «existencialistas», que tanto se les asemejan en su presentación desastrada.

Antístenes fue un gran adversario de la filosofía especulativa de Platón y enseñaba que la virtud es la única cosa necesaria y que deben despreciarse todas las comodidades y halagos de la vida. Los cínicos vivían en una rigurosa austeridad, rayana en la miseria.

diogenes

Diógenes

Diógenes. — El más célebre representante de la escuela cínica fue Diógenes de Sinope (una colonia griega de la costa septentrional del Asia Menor), nacido en 412 y muerto en 323 antes de Jesucristo. Se estableció en su juventud en Atenas, donde fue discípulo de Antístenes. Adoptó un modo de vivir estrafalario y llegó a alcanzar gran popularidad por las sarcásticas censuras que le merecía toda producción intelectual que no condujera inmediatamente a un fin práctico. Se dice que se albergaba en un tonel y que, al dársele a conocer un día Alejandro Magno y ofrecerle lo que quisiera, le rogó que se apartara para no quitarle el sol. Seguramente es fabulosa tal referencia, pero reveladora del carácter de este filósofo.

Fuente Consultada:
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena – Tomo I  – Edades Antigua y Media

El Aislamiento Comercial de China Antigua con el Mundo Occidental

POLÍTICA DE CHINA PARA NO COMERCIAR CON EUROPA

China es el único gran país del mundo que nunca ha estado de una manera efectiva bajo el dominio de un país europeo. Además, como es sabido, durante un período de dos milenios el imperio chino consiguió evitar contactos con civilizaciones que pudieran compararse en esplendor y poderío. Fue la primera Guerra del Opio, en 1840-1842, la que obligó a China a iniciar sus contactos con Occidente. Las guerras con los países europeos la forzaron a abrir sus puertos al comercio extranjero, convirtiéndose los mismos en enclaves semicoloniales. Durante un siglo, la economía, los puertos y las industrias más importantes estuvieron a merced de las potencias extranjeras.

Bajo la dinastía Tang, que se impuso en 618 d.C, China desarrolló cosas bellas, como la porcelana, e ingeniosas, como una imprenta de tipos móviles que Europa no conocería sino centenares de años después. Además, los chinos inventaron la pólvora, y la usaban en la guerra hacia el año 1000 (en el capítulo 16 hay más información sobre los adelantos militares como la ballesta, el estribo y la pólvora).

La economía y la agricultura chinas eran sobresalientes. A comienzos del siglo doce, los campesinos habían estado al borde de la hambruna después de una larga decadencia. En tiempos de los Han, la habilidad china para alimentar su gran población era un modelo de autosuficiencia. El clima, en especial en el sur, permitía dos cosechas de arroz al año, con las cuales se alimentaban muchas bocas y era posible que el crecimiento chino superara el de casi cualquier región del planeta.

chica fabrica vidrio

Obreros chinos preparando el cristal

chinos depurando hulla

Obreros chinos depurando hulla

Como China tenía todo lo que otras regiones del globo codiciaban, sus líderes no solían preocuparse demasiado por el mundo exterior. A partir de la dinastía Han, los chinos se creyeron el centro del mundo, por lo menos de aquél en que estaban interesados. En verdad eran el centro cultural de Asia oriental, y ejercían profunda influencia en el idioma, la escritura, el gobierno y el arte, desde Burma hasta Corea y Japón.

En el siglo XV, un decreto del emperador Ming había prohibido a los barcos chinos navegar fuera de las aguas costeras, y tampoco se permitía a los subditos chinos viajar al extranjero. En 1525, se ordenó destruir todos los juncos con dos o más mástiles. No volverían a zarpar expediciones a África en grandes juncos transoceánicos, y la marina imperial inició un proceso de reducción que acabaría por costarle caro al imperio. Sin embargo, aunque se los controlaba cuidadosamente, no se había impedido la entrada de los europeos, que llegaban en número cada vez mayor, atraídos por los relatos de viajeros   medievales   como   Marco   Polo.

Los primeros «diablos del mar» (apelativo con que los Ming designaban a los europeos) que se instalaron de manera permanente en China fueron los portugueses; tras un principio desafortunado, que condujo a varios enfrentamientos, se les permitió establecerse en Macao, cerca de Cantón, en 1557, y allí han permanecido desde entonces. No obstante, con el paso del tiempo, la mayor comunidad europea en China se estableció en Cantón, que en el siglo XVIII tenía la exclusiva del comercio exterior.

China fue siempre un país remoto, inalcanzable y autosuficiente para gran parte de Europa.De cualquier forma, en el curso de los primeros cincuenta años de contacto con los europeos, China se mantuvo por completo impermeable a las ideas que éstos intentaban introducir en el país.

En el siglo XIX la superficie de tierra cultivada en China se incrementó notablemente y la población del país alcanzó los 300 millones de habitantes en 1800. Pese a ello, los cambios en la estructura tradicional y en la mentalidad de la sociedad china fueron nulos. El gran país oriental seguía absolutamente impermeable a los contactos con los países europeos, y ello aun cuando era importante el número de misioneros -especialmente jesuítas- que se asentaba en aquella región de Asia.

Por lo que a Europa respecta, las relaciones mercantiles con China eran muy beneficiosas, pero estaban sujetas a estrictas limitaciones. Los portugueses se habían asentado en Macao, y los británicos y otros europeos lo habían hecho en Cantón, donde tenían factorías marginadas del control político de Pekín. Sólo comerciaban con los mercaderes gremiales chinos, los Hong, que fijaban los precios arbitrariamente; la China oficial, entre tanto, ignoraba su existencia.

Esta actitud estaba agravada por la autosuficiencia china. Los europeos querían el té, las porcelanas y la seda chinas, pero los habitantes de este país apenas deseaban nada de Europa. También había en esta situación un aspecto económico muy importante: a China se le debía pagar en lingotes de oro. El desequilibrio comercial entre Oriente y el viejo continente llevó a los europeos a traficar con una mercancía muy codiciada en China: el opio.

UNA ANÉCDOTA CURIOSA: Los chinos juzgaban a los europeos tontos e ignorantes; así que, a veces, hacían secar su té, después de haberlo utilizado, para vendérselo, pensando que los ingleses, y sobre todo aquella otra segunda especie de ingleses —los americanos—, no alcanzarían a notar la diferencia.

Este desprecio de los chinos por los «bárbaros blancos» se patentizó, por ejemplo, con motivo del envío por el rey de Inglaterra, Jorge III, de una embajada al emperador Kia K’ing. Los mandarines exigieron que el embajador se plegara al ceremonial de costumbre, es decir, que había de prosternarse nueve veces ante el emperador. Pero un europeo, sobre todo un inglés, y más todavía un embajador, tiene su dignidad, que en Europa, en cuanto al saludo, se  manifiesta  en  mantenerse  en  posición erecta, acompañada de una ligera inclinación del cuerpo. Por lo cual, no podía pensarse siquiera en que el representante de Su Majestad británica se tendiese en tierra.

Tras este incidente, el emperador escribió al rey de Inglaterra, diciéndole que, a su parecer, los regalos y los objetos que le habían mandado de su país no valían nada, que en lo sucesivo no merecía la pena que le enviara más embajadores, y le aconsejaba que se civilizara y que obedeciera las órdenes imperiales.

Piénsese en la sorpresa de Jorge III ante esto, en la época en que el poderío inglés había abatido a Napoleón y hacía temblar al mundo. China desdeñaba a Occidente. Pero Occidente se hallaba interesado vivamente por China, por sus sedas, sus lacas, sus porcelanas. Todos estos productos, comprados a bajo precio en Cantón, eran revendidos a alto precio en Europa. Se comprende, pues, que los comerciantes ingleses quisieran forzar las puertas del mercado chino, venciendo el «desinterés» de los dirigentes de Pekín.

En efecto, Cantón era la única ciudad donde se toleraba el comercio. Desde luego, la Compañía de las Indias, después de la abolición del monopolio ejercido por la misma, y varios comerciantes aislados, habían conseguido el derecho a tener almacenes en Cantón. Pero la presencia y el comercio de los europeos estaban sometidos a reglamentaciones muy estrictas y, a menudo, humillantes. Las mujeres europeas no podían salir de la zona concedida. Los europeos no podían tener servidores chinos (lo que significaba que un chino, ser superior, no podía, naturalmente, servir a un blanco, juzgado despreciable). Cualquiera que fuese su rango, los europeos no podían desplazarse en silla de manos.

Ni estaban autorizados para aprender chino. Por último, no podían entrar en relación y comerciar más que con ciertos comerciantes convenidos, agrupados en el Co-Hong. Esta limitación comercial parecía a los ingleses tanto más retrógrada y bárbara, cuanto que, poco a poco, estaba surgiendo la idea del librecambio como factor de civilización y progreso. La moral civilizadora iba, pues, a acudir en socorro de los intereses ingleses para justificar la intervención. Pero, por el momento, en 1835, los chinos persistían en no desear los productos europeos. De forma que el comercio con China resultaba grandemente deficitario.

Y no fue Europa, sino el vecino Japón, el responsable de que esta situación de independencia ideológica se alterase. Los japoneses, que eran considerados como «piratas enanos» y seres inferiores, consiguieron infligir a los chinos una grave derrota militar en 1895 y ocuparon Formosa; la causa de este repentino poderío japonés no era otra que la capacidad para aprender de Occidente, y esto produjo el despertar de ciertos círculos intelectuales chinos que predicaron la necesidad de romper con el multisecular aislamiento.

el opio en china antigua

Los ingleses habían encontrado, al fin, algo que vender allí: el opio, cultivado a bajo precio en las Indias y que había encontrado numerosos adeptos en China. En efecto, la importación de opio a Cantón estaba limitada, pero, fuera de la ciudad, existía un grande y fructífero tráfico de contrabando, a menudo con la complicidad de los mandarines, que obtenían un cuantioso beneficio. El mal producía tanto daño que el emperador Tao Kuang se decidió a intervenir. Un comisario imperial extraordinario, Lin Tse Hu, llegó a Cantón con plenos poderes para poner término al tráfico de opio que amenazaba hundir a China en una decadencia física. (Ver: Guerra del Opio)

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Primeros Pueblos Que Habitaron en Japón Cultura Jomon

LOS ORÍGENES DEL JAPÓN – CULTURA JOMON

¿De dónde provienen los japoneses? Numerosas controversias no han resuelto todavía el problema; los primeros ocupantes parecen ser los ainu, de raza blanca, progresivamente rechazados hacia el norte de Hondo y a la isla de Hokkaido donde actualmente no viven más que en algunas reservas. Después vendrían los pueblos altaicos por Manchuria y Corea, y los malayo-polinesios por el sur.

Los filólogos, a quienes la lengua japonesa plantea arduos problemas, han distinguido, efectivamente, en esta lengua elementos altaicos y austronesios. En cuanto a los arqueólogos, no han hecho más que volver a colocar el mundo de los sabios ante nuevos problemas, sin que ninguno de los elementos descubiertos por ellos pueda iluminar a sus colegas antropólogos. Pero la hipótesis que supone al Japón colonizado primeramente por elementos de los que descenderían los ainu y que fueron después rechazados hacia el norte por pueblos procedentes del sur de China, continúa teniendo numerosos defensores.

El Japón tuvo una industria neolítica llamada Jomon, fruto de una civilización de cazadores seminómadas que no conocían la agricultura y que está caracterizada por una alfarería decorada con improntas de fibra o de valvas, con una orla en forma de corazón y motivos con aletas de peces.

Esta alfarería evolucionó, en el Jomon medio, bajo nuevas influencias que llegaban por la cadena de islas de la Indochina septentrional. En su época reciente, el Jomon señaló grandes progresos técnicos: el barro de la cerámica es más fino y está mejor cocido, la industria lítica es testimonio de innovaciones y los parajes de asentamiento humano se multiplicaron, atestiguando una vida colectiva intensa. Esta cultura neolítica se esparció sobre toda la superficie del Japón. En una fase final de esta cultura aparece el empleo de una panoplia completa de armas de madera (lanzas, arcos, flechas).

cultuta jomon japon antiguo

La primera civilización importante fue la de los Jomon (en japonés, “huella de cuerdas”, c. 10000-300 a.C.). Se caracteriza por la fabricación de figuritas de arcilla llamadas dogu y vasijas decoradas con motivos que recuerdan a una cuerda, lo que dio origen a su nombre. Era una cultura de cazadores y agricultores que vivían en pequeñas comunidades en casas de madera o de paja, construidas en hoyos poco profundos para aprovechar el calor del suelo.

Hacia esta época, se introdujo el caballo en el Japón, acompañando, sin duda, a nuevos grupos étnicos invasores. La cultura Yayoi, que, según unos, no fue más que la prolongación del Jomon pero de civilización agrícola sedentaria, y, según otros, una cultura diferente aportada por conquistadores, sucedió a la era Jomon. Esta larga evolución neolítica terminó con el empleo del bronce en ciertas comarcas, mientras que en el norte del Japón la civilización de la piedra se prolongó hasta los alrededores del siglo X de nuestra- era. La historia política del Japón es la de la mayor parte de los países de Oriente y se resume en la metamorfosis de un pueblo fraccionado en múltiples comunidades, cada una de ellas ferozmente celosa de su independencia, en una nación fuerte y poderosa.

Para esto, el Japón siguió, en el plano interior, las mismas etapas que llevaron a la formación del Imperio chino o el de los Maurya en la India. En el plano exterior, el Japón practicó, hasta el siglo xix de nuestra era, una política particular de repliegue sobre sí mismo, pero no de un aislamiento negativo como se ha escrito demasiado frecuentemente: el Japón acogió en todos los tiempos las influencias extranjeras. Las asimiló y mezcló con su propio espíritu y sacó una síntesis que fue siempre específicamente nipona. Pero cuando una influencia nefasta trataba de subyugar al Japón, los japoneses la rechazaban sin escrúpulos.

LOS PRIMEROS EMPERADORES:
El clan del Yamato

Los jefes de clan ostentaban los poderes políticos y religiosos, y dominaban, además de sus familias muy extendidas a causa de la poligamia, las corporaciones de artesanos, pescadores, agricultores, tejedores, obreros especializados en trabajos en laca. El culto shinto unía los hombres a todos los elementos de la naturaleza: sol, tempestades, ríos, árboles, etc., poblados de espíritus vagos e influyentes, los Kami. Muy cerca ya de la era cristiana, treinta clanes de cada cien mantenían relaciones con los emperadores chinos de la dinastía Han que les concedieron el título de príncipes.

Los emigrados chinos y coreanos ayudaron al desarrollo económico y cultural. En la pequeña planicie de Yamato, al sur del actual Kioto, iba a prosperar la clase de la cual saldría la familia imperial. Su origen divino está rodeado de leyendas, cuidadosamente conservadas para mantener el prestigio de la dinastía. En los cielos del Sol Naciente, en el seno de un Panteón muy bien equipado, Izanagi, «el Hombre que Invita», e Izanami, «la Mujer que Invita», se unieron, y de sus amores nacieron las islas del Japón y el mar por el cual se diseminaron estas islas. He aquí que Izanami da a luz nuevamente: en un centelleo de llamas, aparece el Dios del Fuego; este parto aterrador arrebata la vida a la madre. Su esposo, abrumado de tristeza, vaga en busca del cadáver de su bienamada. Por encantamiento, lo descubre bajo la forma de un montón inmundo de materias putrefactas.

Horrorizado, Izanagi se precipita en un torrente y se purifica bajo una cascada de agua clara. Su cuerpo entero se transforma súbitamente; de sus miembros nacen multitud de dioses, de su ojo izquierdo surge el Sol, del derecho la Luna, y de su nariz, la tempestad, el tifón. Amaterasu, diosa del sol, hija de la pareja divina Izanagi e Izanami, envió a su nieto Jimmu Tenno a la isla de Kiushu; después de haber cruzado el mar interior, desembarcó en la llanura del Yamato y fundó, hacia el año 660 a. de J. C, el Imperio japonés.

En realidad, los historiadores desmienten la tradición y sitúan los comienzos de la expansión del clan de Yamato a principio de la era cristiana; los cuatro primeros siglos permanecen, además, en la oscuridad. Los sucesores de Jimmu, Suinin, Seimu y Chue, ayudados por otras familias más o menos ligadas a su dinastía, acometieron la empresa de rechazar a los ainus hacia el norte, y a los Kumaso, tribu de filiación indochina, hacia el sureste. De esta forma, el dominio de los Tenno pudo extenderse hasta convertirse en el más importante y más poderoso del Japón. Sus relaciones con Corea y China le aseguraron el apoyo de estos dos países, al tiempo que favorecían el comercio que enriqueció a los emperadores nipones.

La familia imperial, cuyos miembros estaban considerados como «seres superiores», de origen divino, consiguió imponer a los otros clanes su autoridad espiritual. Hacia el siglo ni, las buenas relaciones con el reino Shiragi de Corea (Costa Este) se envenenaron, y los Tenno de Yamato, aliados a los Kudara, hermanos y rivales de los Shiragi, se empeñaron en una guerra de tres siglos, que terminó con la derrota de los coreanos orientales. Poco antes de terminar las hostilidades, Keite Tenno, preconizando la unidad nacional frente a los peligros coreanos consiguió extender su poder político sobre todas las islas niponas.

Inmediatamente después de la victoria, los coreanos vencidos enviaron al archipiélago monjes budistas encargados de hacer negociaciones; en esta ocasión, propagaron las enseñanzas de Buda, que iban a transformar profundamente la cultura y la historia japonesas.

El Periodo Heian
Con la llegada de la dinastía Heian en 794 y un periodo de una paz y una prosperidad relativas, la cultura japonesa pudo al ñn florecer al margen de las influencias chinas. La corte imperial se trasladó a una nueva capital llamada Heiankyo, la «Ciudad de la Paz», que sería conocida posteriormente como Kioto.

En ella, los japoneses desarrollaron su caligrafía y sus propios e intricados rituales, por lo general centrados en las damas cortesanas. Hasta el año 1192, el Imperio Japonés mantuvo la estabilidad, sobre todo gracias a la influencia de la familia Fujiwara, una dinastía de asesores imperiales que lograron conservar su influencia en el trono entablando lazos matrimoniales con la línea imperial. Asegurándose de ser los padres de las consortes imperiales y los abuelos de los futuros emperadores, pudieron manipular la política de la corte.

El gobierno por debajo del emperador estaba organizado según el patrón chino, con un Consejo de Estado regido por los clanes más poderosos de Japón, el cual se ocupaba de los asuntos cotidianos. Estos clanes solían enzarzarse en disputas entre sí y, poco a poco, dos de ellos se perfilaron como dominantes: los Taira y los Minamoto. En el ocaso del Periodo Heian, ambos rivalizaban por el control del imperio. El estallido de la guerra civil marcó el fin del Primer Imperio Japonés.

Los sogunes
Cuando Minamoto no Yoritomo derrotó al clan de los Taira en 1185, se hizo con el trono con ayuda de su imponente fuerza militar integrada por guerreros samurai, soldados profesionales que en un principio fueron campesinos pero que finalmente acabaron formando una casta propia.

Al establecer una dictadura militar, Yoritomo se autoproclamó sogún. Un sogún era en esencia un cacique militar que gobernaba en nombre del emperador, si bien en realidad los emperadores eran poco más que figuras decorativas y durante este periodo fueron los sogunes quienes realmente dirigieron Japón. El emperador vivía de las rentas que generaban sus propias propiedades y recibía el respaldo de los, sogunes siempre que a cambio este les ofreciera el suyo. En caso contrario, era depuesto. Bajo el gobierno de los sogunes, las provincias de Japón recuperaron parte de su independencia y sus gobernantes, los daimios, ejercieron derechos feudales sobre sus súbditos y rindieron honores a los propios sogunes.

Los distintos sogunados establecieron alianzas de poder con clanes diferentes y vincularon su suerte a la de estos. Así, el primer sogunado, los Kamakura, perdió el poder en 1335 cuando cayó el clan Hojo. El gobierno de los sogunes se mantuvo como principal estructura política de Japón hasta mediados del siglo XIX, si bien con el tiempo los sogunes dejaron
de ser caciques feudales para devenir príncipes herederos y ejercer de virreyes.

Fuente Consultada
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III Los Orígenes de Japón
Atlas de la Historia Universal Desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días

Vida de los Campesinos en China Antigua El Trabajo Agrícola

VIDA EN LAS ALDEAS CHINAS: TRABAJO, COMIDA Y MATRIMONIO

Las masas campesinas chinas, que en di versas ocasiones se rebelaron contra el poder imperial y que de esta, forma elevaron, a veces, a uno de los suyos a ocupar las más altas funciones, no conocieron casi nunca la prosperidad. La miseria era, por contrario, su habitual modo de vivir.

Al comienzo de la historia china, el mundo  agrícola estaba organizado de una forma comunitaria, es decir, que ninguna tierra pertenecía a los que la trabajaban, ni a ningún terrateniente, sino al mismo Estado, y el emperador no era más que un administrador de esta riqueza. Pero muy pronto los emperadores comenzaron a donar propiedades a ciertos generales y funcionarios, en pago a los servicios prestados al trono. Estos recibían, al mismo tiempo que la tierra, a todos los campesinos que la trabajaban.

vida de los campesinos en china antigua

Las varias revoluciones campesinas consiguieron que el emperador distribuyera las tierras de los feudales a los mismos campesinos, pero otras tantas veces los terratenientes conseguían, al cabo de algunos años, recuperar sus bienes. Y si bien en la época de los Tang, cada campesino que alcanzaba la edad adulta debía, según la ley, recibir una parcela de tierra, la oposición de los señores feudales y la carencia de terrenos, impedían que este sistema funcionara. Los grandes propietarios aumentaban aún más sus dominios y, bajo los Tang, el conjunto de las tierras cultivables estaba en posesión de algunas familias que no representaban más de un cuatro o cinco por ciento de la población.

Los campesinos no eran más que siervos. Muy frecuentemente, los propietarios introducían en sus dominios, como mano de obra, a los emigrados que huían del hambre de tal o cual provincia. Estos, dichosos de encontrar una escudilla de arroz, costaban menos que los obreros agrícolas locales, que estaban intervenidos por el Estado y se hallaban sometidos a prestaciones imperiales, así como al reclutamiento militar.

Los campesinos carecían de ganado mayor, y casi todos los trabajos agrícolas se hacían por medio de los brazos del hombre. Las aldeas estaban situadas en las alturas, dominando los campos de labor y a resguardo de las inundaciones. Cerca de las casas, se extendían los huertos y los vergeles cargados de moreras (para la producción de la seda), así como una era apisonada: éste era el dominio de las mujeres. Los hombres trabajaban en los campos, en los arrozales y, por la noche, no volvían a las aldeas; pequeñas cabanas les albergaban durante toda la temporada del laboreo, del picado y repicado del arroz. Los niños iban, de vez en cuando, a llevarles los víveres.

Todas las mujeres del pueblo trabajaban en los huertos, o en los vergeles, o en el tejido de las piezas de seda, principal moneda de intercambio. Una o dos matronas se ocupaban, día y noche, de los niños. Así, las mujeres y los hombres formaban dos comunidades, separadas la mayor parte del tiempo, y este hecho llegó a ser el principio de la separación de sexos en las aldeas. El hombre tenía que escoger esposa en otro pueblo, porque el matrimonio servía, más que para fundar un hogar, para acercar a familias diferentes.

Las jóvenes casaderas dejaban a sus padres y a sus pueblos, e iban a la localidad de su esposo, aportando su dote. Toda una serie de prohibiciones, de «tabús», se les imponían a las jóvenes parejas, y sus relaciones conyugales requerían precauciones infinitas.
La mujer estaba protegida por la divinidad estelar de la Tejedora, y el hombre, por la del Boyero. Entre ellas, la Vía Láctea extendía una barrera sagrada que no podía ser franqueada más que dos veces al año.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III

El Imperialismo Japonés Causas y Desarrollo Guerra con Rusia

RESUMEN: EL EXPANSIONISMO JAPONES
GUERRA CON RUSIA

Despúes de la famosa Era Meiji, donde Japón logra una importante reforma tecnológica y militar, podemos decir a niveles muy profundos, que este país no cambió con la rapidez con que se modernizó. En los años setenta del siglo XIX introdujeron maquinaria mecánica en la industria de la seda (a pesar de lo cual en los años noventa del mismo siglo más de la mitad de la seda hilada en Japón todavía se procesaba a mano) y a comienzos de los noventa Japón creó una nueva industria algodonera (que sólo contó con la centésima parte de la cantidad de husos empleados en Gran Bretaña a las mismas fechas).

Hacia 1900 comenzó el crecimiento industrial realmente acelerado. Fue acompañado por el desarrollo de la minería: los 5 millones de toneladas de carbón producidos en 1895 se elevaron a 21 millones en 1913. En aquellos años se triplicó la producción de seda cruda y se multiplicó más de seis veces la producción de hilo de algodón. En 1914 Japón estaba más industrializado que cualquier otro país asiático y había comenzado a elevarse constantemente el porcentaje de población que vivía en ciudades de más de cien mil habitantes.

De todas maneras guiado con mano segura por un emperador todopoderoso, favorecido por un notable desarrollo industrial de cuya fuerza daban un ejemplo al mundo los trusts Mitsui y Mitsubishi, seguro de su ejército modernizado, el Japón puede emprender su expansión.

Aquel pueblo que había vivido, durante largo tiempo, replegado sobre sí mismo, hasta el punto de haber prohibido, en otras épocas, la construcción de navios de alta mar, se sentía ahora impulsado por una vocación de grandeza. La expansión además, se había hecho imprescindible poi el desarrollo de su industria, que necesitaba materias primas y mercados. (Fuente Consultada:Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts)

La guerra chino-japonesa de 1894-95 había sido la primera manifestación de aquel nuevo imperialismo. El ejército japonés había aplastadc al chino, con lo que el Japón había puesto pie en Corea. Pero ¿quién habría podido pensar que, ante un poderoso ejército europeo, los japoneses hubieran podido resistir? La guerra ruso-japonesa iba a dar una respuesta escalofriante a tal pregunta.

Las ambiciones rusas y las japonesas miraban a una provincia china: Manchuria. Fracasados en sus intentos balcánicos, los rusos, al emprender la construcción del Transiberiano, habían iniciado el camino de la ocupación de Siberia, en dirección al Pacífico.

Comenzaban, pues, una marcha hacia el Este, comparable a la que los americanos habían realizado con su conquista del Oeste. Cuando China se desmembró, los rusos habían conquistado ya posiciones ventajosas: Manchuria estaba en su zona de influencia y la explotación de aquella provincia avanzaba paralelamente a la construcción del Transmanchuriano. Aprovechando la rebelión de los boxers, los rusos habían ocupado también militarmente Manchuria, a pesar de la protesta de las grandes potencias, entre ellas el Japón.

LA GUERRA RUSO-JAPONESA
En 1902, el Japón se alió con Inglaterra: era una brecha en el bloque de las potencias occidentales, fenómeno del que China no había acertado a aprovecharse nunca. Seguro de la benévola neutralidad inglesa, Japón se sentía capaz de actuar. Francia no se atrevería a intervenir enemistándose con Inglaterra.

El Japón propuso a los rusos que abandonasen Manchuria, a cambio de la garantía de que los japoneses tampoco intentarían penetrar en aquel territorio. Los rusos no podían, naturalmente, aceptar, sin contrapartida, el abandono de un territorio que, de hecho, ocupaban ya. Poco a poco, iba perfilándose una guerra que el pueblo japonés, por otra parte, deseaba.

Acorazados Rusos Hundidos

El 6 de febrero de 1904, quedaron rotas todas las relaciones diplomáticas, y, tres días después, sin declaración de guerra, el almirante Togo atacaba a la flota rusa en Port Arthur.

Muchos barcos rusos fueron hundidos y la fio ta quedó bloqueada, permitiendo así a los transportes de tropas japoneses actuar con toda tranquilidad. El máximo esfuerzo de guerra se centró entonces en el continente. En mayo, los japoneses atravesaron el río Yalu, que separa a Corea y Manchuria.

Al mismo tiempo, desembarcaron en la isla de Liao-Tung, cerca de Port Arthur. Los ejércitos avanzaron tan rápidamente, que amenazaron con capturar a la flota rusa; ésta intentó una salida para llegar a Vladivostok, pero inútilmente.

El 2 de enero di 1905, Port Arthur cayó, y la flota rusa tuvo que hundirse. En marzo de 1905, las tropas rusas, cercadas, hubieron de evacúa) Mukden. Aquella serie de reveses adquirio un aspecto más sorprendente aún, con mo tivo de la batalla naval de Tchushima. En octubre de 1904, el almirantazgo ruso había enviado como refuerzo una escuadra del Báltico. Después de ocho meses de un viaje realizado en las peores condiciones, aquella flota llegó ante las islas Tchushima. El almirante Togo la esperaba. En dos horas, la flota rusa fue destruida: un éxito fulminante del pequeño nipón ante el gigante ruso.

El Tratado de Portsmouth, en los Estados Unidos, concedía al Japón el sur de la isla Sajalin, Corea y el derecho de vigilancia sobre el Transmanchuriano.

EL PELIGRO AMARILLO: La victoria japonesa había asombrado al mundo occidental, que, según parecía, había jugado al aprendiz de brujo: había educado al Japón, desencadenando fuerzas que ahora no podía controlar. ¿Qué pasaría cuando, como el Japón, se occidentalizasen todas las masas asiáticas? Para Occidente, 1905 era el comienzo de lo que se llamaría el «peligro amarillo».

El Japón había demostrado que era posible liberarse del dominio de los blancos, y Occidente empezó a temer al Japón. Inglaterra temía verse amenazada en China; los Estados Unidos, en las Filipinas. Este temor se manifestó especialmente en los Estados Unidos, donde se prohibió la inmigración japonesa y donde la venta de productos japoneses encontró muchos obstáculos. Pero el Japón necesitaba, a toda costa, salidas para una población excesivamente numerosa, por lo que colonizó Corea y aceleró la infiltración de elementos nipones en Manchuria.

Aquellos importantes progresos no fueron fáciles, sino que encontraron las dificultades inherentes a toda sociedad en rápido desarrollo y cuyos cuadros sociales, morales o intelectuales habían entrado en crisis: debilidad de los campesinos, cuyos ingresos no llegan a alcanzar» el aumento de precios de la ciudad, e incremento de la inmoralidad y de la corrupción. Incluso el cuadro familiar sufrió los trastornos propios de la emancipación lenta, pero continua, de la mujer.

ALGO MAS SOBRE EL IMPERIALISMO JAPONÉS…

Los países orientales tuvieron que aceptar que Japón había logrado una verdadera transformación y que era una potencia militar…A partir de la década de 1870 los japonenes obligaron a los coreanos a abrie tres puertos e intercambiar representaciones diplomáticas. Como Corea era una dependencia china, fue todo un reto al gran imperio amarillo. En 1894 los japonenes atacaron China y la derrotaron tan profundamente (para sorpresa de los observadores extranjeros) que ésta tuvo que aceptar una paz humillante, reconocer la independencia de Corea y entregar Formosa y varias islas más a Japón.

Pocos años más tarde, en 1902, hubo una clara señal de la flamante relevancia diplomática del país: por primera vez, en más de un siglo, Gran Bretaña firmó una alianza en tiempos de paz… con Japón. En 1904 Japón llegó a la culminación de su primera etapa de expansión cuando entró en guerra con Rusia. Los nipones estaban convencidos de que los rusos pretendían Corea, la isla largo tiempo codiciada.

Una de las señales de peligro consistió en que los rusos arrendaron a China una base naval en Port Arthur, lo que los situó al alcance tanto de Corea como de Pekín; si China se derrumbaba totalmente (como parecía probable), estarían bien situados para intervenir.

Los japoneses decidieron asestar el primer golpe y, por primera vez desde la Edad Media, los no europeos derrotaron a los europeos en una guerra de gran envergadura. Por el tratado de paz firmado en 1905, los japoneses no sólo obtuvieron la dominación de Corea, sino de Manchuria del Sur, región importante por sus recursos económicos. Y en 1910 se anexionaron formalmente Corea. (Fuente: Historia Universal Ilustrada Tomo II de John ;. Roberts)

Por tanto, en un período muy breve los japoneses invirtieron completamente su situación de los años sesenta del siglo XIX. Al tomar hábilmente prestados conocimientos del extranjero, se equiparon en tanto potencia mundial de primera magnitud y llegaron a dominar el Lejano Oriente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Historia de Japón en el Siglo XIX Transformación Industrial Militar

SIGLO XIX: JAPÓN SE OCCIDENTALIZA Y DESARROLLA SU INDUSTRIA

Luego de la victoriosa guerra contra China,  Japón acordó dar prioridad a las transformaciones, a la occidentalización del país. El  emperador trató, ante todo, de congraciarse con las potencias occidentales. Para ello, se esforzó en poner fin a los atentados contra los extranjeros y se preocupó de que los culpables fuesen ejecutados. Después comenzaron las reformas.

La tarea primordial era la de hacer desaparecer el feudalismo, principal obstáculo para la indispensable transformación económica. Los grandes señores feudales, los daimios, se dejaron convencer de la necesidad de abandonar sus privilegios feudales y de fundirse con la nobleza cortesana.

En 1868 sube al trono imperial Mutsuhito (1868-1912), que llamó a su reinado Meiji. Desde el poder se impone la occidentalización del todo el país, aboliendo el régimen feudal de los samurais y shogunes anterior

En compensación, pasaban a ser gobernadores de sus provincias y funcionarios imperiales. De igual modo, los caballeros, los samurais, y los templos fueron despojados, a cambio de pensiones. El abandono del feudalismo implicaba, desde luego, pesadas cargas para el Estado.

Por eso, gracias al empréstito conseguido en Londres, el gobierno propuso a los samurais la recuperación de sus pensiones, mediante la inversión inmediata de un capital. Los intereses pagados a Londres ofrecían el peligro de ser elevados también, pero se esperaba, con razón, que la masa de capitales puesta en manos de los daimios sería invertida en la economía, y que, de ese modo, en forma de impuestos, el Estado aumentaría sus recursos.

Envite audaz, pero operación grandiosa. No se puede menos de admirar aquella revolución pacífica, única, sin duda, en la historia del mundo. La economía agraria fue la primera en beneficiarse de la nueva organización. Los campesinos se convirtieron en propietarios de la tierra.

Al trabajar por su cuenta, aumentaron su rendimiento. Es verdad que los más débiles no pudieron resistir: muchos tuvieron que vender, y los últimos hijos de las familias ya no encontraron tierras. Estos desheredados tuvieron que refugiarse en las ciudades, ofreciendo así la mano de obra necesaria al desarrollo industrial: de este modo, se realizó, no sin miserias ni dificultades, el traslado de mano de obra, condición indispensable para toda revolución industrial.

Al principio, fue el Estado el que se encargó de la creación de la infraestructura. Por otra parte, sólo el Estado podía disponer de las enormes sumas de dinero necesarias para la realización de unas empresas cuya rentabilidad inmediata era más que dudosa.

Minas para la explortación de metales, grandes industrias, ferrocarriles, formación de obreros calificados, creación de una marina mercante: el Estado se ocupó de todo. Al mismo tiempo, la justicia, la administración, la enseñanza e incluso las costumbres se iban occidentalizando.

En 1871, se reorganizó el ejército nacional, llamado a sustituir a las tropas de clanes. A pesar de la oposición de los samurais, ofendidos al ver que el pueblo, al que ellos habían despreciado, podría combatir también, se estableció el servicio militar obligatorio para todos, si bien inculcando a los reclutas los principios morales que habían constituido el valor de los guerreros feudales y que ahora iban a mostrar su extraordinaria eficacia, pues los soldados japoneses pronto se convirtieron en el símbolo de la obediencia total y de la entrega hasta la muerte.

Estas características fueron puestas de manifiesto en la segunda guerra mundial, por los kamikazes, los voluntarios de la muerte. Un gran esfuerzo, indispensable para aquel pueblo insular, fue el dedicado a la marina, bajo la dirección de oficiales ingleses y de ingenieros franceses. Mientras tanto, para unificar al pueblo, desgarrado, sin duda, por la disolución de los lazos feudales tradicionales, se dio nuevo vigor a la religión nacional, el shintoísmo, con lo que el culto al emperador divinizado y el culto a los antepasados se convertían en el profundo elemento uni-ficador de la nación.

En 1889, en fin, seguro de la solidez de su obra, el emperador promulgó una Constitución, evidentemente inspirada en la Constitución prusiana, que otorgaba al emperador amplios poderes.

Continua: El Imperialismo Japonés

PARA SABER MAS…

En enero de 1860 zarpó de Yedo el Kanrin-Maru, un velero con motor a vapor, de cien caballos de potencia, que sólo había sido utilizado para maniobrar en puerto. Su tripulación fue la primera en cruzar a vela el Pacífico (ya que al cabo de cinco semanas atracó en San Francisco), y en pilotar un barco a través de semejante distancia. Ese logro extraordinario tuvo lugar apenas siete años después de que los japoneses vieran por primera vez un barco de vapor.

Posteriormente, un joven miembro de la tripulación escribió: «Creo que, sin excesivo orgullo, podemos jactarnos ante el mundo de tanto valor y pericia… A pesar de sus conquistas, Pedro el Grande de Rusia, que estudió náutica en Holanda, no pudo igualar la hazaña de los japoneses.»

El orgullo patriótico de aquel joven era fiel reflejo del de la mayoría de sus compatriotas. Entre los japoneses cultos existía el apasionado deseo de que su país no sufriera el mismo destino que chinos e indios, cuya inferioridad ante los «demonios extranjeros del mar» los obligó a soportar las injerencias de europeos y norteamericanos en sus asuntos internos. La travesía de la que tanto se enorgullecía aquel joven no sólo demostraba la disposición de los japoneses a tomar prestados conocimientos y tecnología, sino la rapidez con que sus compatriotas supieron aprovecharlos.

Japón cambió deprisa a lo largo de las décadas siguientes. Sus líderes comprendieron que no podían tomar prestada tecnología occidental y adaptarla a la sociedad japonesa sin introducir cambios en sus propias costumbres. El primer paso hacia la creación del estado nacional fue la abolición del viejo sistema semifeudal por el cual los clanes gobernaban grandes zonas del país en nombre del emperador. Luego adoptaron muchas instituciones de gobierno europeas. (Fuente Consultada:Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts)

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Imperialismo Europeo en China Rebeliones Sociales y Bélicas

DESMEMBRAMIENTO DE CHINA Y LA REBELIÓN DE LOS BOXERS

En Asia había nacido una nueva potencia, y China tuvo que ceder, una vez más. El Tratado de Shimonoseki entregó Corea al Japón, así como la isla de Formosa, las islas Pescadores, la península de Liao-Tung y las mismas ventajas comerciales o jurídicas, en su territorio, que las ya concedidas a los europeos.

La importancia de las concesiones chinas acaso no fuese más que un ardid de Li-Hong-Tchang, el cual sabía que los occidentales no aceptarían de buen grado que los japoneses, recién llegados, obtuviesen, sin gran esfuerzo1 y tras una breve campaña, mucho más de lo que ellos habían conseguido en medio siglo.

Los occidentales no dejaron de reaccionar, pero no en el sentido que los chinos esperaban. Las cajas del Estado se hallaban vacías, la corte no había sabido moderar sus gastos y la vida de corrupción continuaba en la ciudad prohibida, como si no hubiera pasado nada. Los japoneses exigían enormes indemnizaciones de guerra.

Al mismo tiempo, incapaces, desalentados o impotentes, los funcionarios no lograban allegar suficientes recursos. Los europeos se ofrecieron entonces como banqueros, exigiendo, desde luego, garantías, concesiones para ferrocarriles, territorios.

Hasta entonces, no habían sido más que dentelladas, pero la guerra chino-japonesa había descubierto la debilidad china, y ahora se producía ya el derrumbamiento, la desmembración. Francia se adueñó de la isla de Hainán; Inglaterra, del valle del Yang-Tse-Kiang y de Wei-hai-Wei; los rusos ocuparon Port Arthur y lograron importantes ventajas en Manchuria; Alemania, por su parte, se estableció en el Shantung, y el Japón en el Fu-Kien, frente a Formosa.

Emperatriz Manchú Tseu Hi y sus fieles

En estas zonas de influencia, existía el derecho de extraterritorialidad, para protegerlas contra las potencias ocupantes. China parecía a punto de perder su unidad. Sólo los Estados Unidos intervinieron para afirmar el principio de «puerta abierta»: la nueva potencia americana no quería renunciar a los beneficios que sus competidores europeos esperaban sacar de China.

LA REBELIÓN DE LOS «BOXERS»
Mientras tanto, en Pekín, el joven emperador Kuang-Siu, ayudado por otros jóvenes, muchos de ellos formados en las universidades occidentales, intentó un giro reformista. Con los «cien días» del emperador Kuang, se multiplicaron las innovaciones: reformas en los exámenes, creación de Cámaras de Comercio, servicios de traducción. Pero la emperatriz Tseu-Hi reaccionó. Un ejército antirreformista avanzó sobre Pekín, y los ministros reformadores fueron asesinados o huyeron. Tseu-Hi gobernó, de nuevo, sin impedimentos, pues el emperador Kuang tuvo que resignarse a ser un simple elemento decorativo en su propio palacio.

Tseu-Hi había acertado a poner fin a la tempestad. Pero el pueblo contenía su cólera, el orgullo de los chinos estaba humillado por las derrotas, budistas y taoístas se quejaban de la implantación del cristianismo: las misiones eran muy activas, y, evidentemente, gozaban, a los ojos de muchos chinos, del prestigio y de la fuerza de las potencias occidentales.

Los artesanos, por su parte, se hallaban en una situación económica difícil: los productos industriales, importados masivamente, les imponían una competencia difícilmente soportable. En aquel clima, una secta, como siempre sucede en China, acertó a encontrar un ambiente favorable para una gran expansión. «Los puños de la concordia y de la justicia», a quienes los occidentales llamaron boxers (boxeadores).

En Pekín, había millares de ellos: aparecieron carteles reclamando la salida o la matanza de los extranjeros. La corte los apoyaba, y, gracias a eso, podían actuar casi a la luz del sol. Circulaban libremente, y se les reconocía por sus «foulards» rojos anudados sobre la cabeza, por las cintas rojas que rodeaban sus pulsos y sus tobillos. En sus banderas, el reconocimiento oficial: «Combatimos a las órdenes del emperador».

Su propaganda hace a los «diablos de Occidente», responsables de todas las desgracias que China sufría. ¿Cómo explicar —a no ser por el desorden del mundo, debido a los occidentales— la sequía y las calamidades agrícolas? . Era necesario, pues, que el pueblo restableciese el tao, es decir, el orden de las cosas. Toda aquella propaganda encontraba cierta apariencia de fundamento en hechos muy simples que cualquier chino podía observar. La técnica moderna ofendía a los espíritus. ¿Una prueba? La serpiente de hierro (los hilos telegráficos) ¡goteaba sangre de los espíritus! (El líquido rojo era el orín que se disolvía con la lluvia.)

A la xenofobia y al sentimiento de frustración religiosa, se unía el fanatismo de los iniciados de la secta. Puesto en trance de gran exaltación, en medio de un ruido ensordecedor y presa de movimientos desordenados, el iniciado se cree insensible al dolor e invulnerable. La más vulgar prestidigitación venía a reforzar esta idea.

Las balas occidentales no podían matar a los boxers, más que provisionalmente. ¿Una prueba? Un hombre dispara contra un boxer: éste se tambalea, cae, se hace el muerto, pero en seguida se levanta con la bala en la mano. Un truco elemental y simple, preparado por dos compinches, pero que impresionaba a una población ignorante. En mayo de 1899, comenzaron los ataques importantes.

Hubo matanzas de chinos cristianos, y un diplomático alemán fue muerto en plena calle. El 17 de junio, los chinos bombardearon el barrio de las legaciones. Con pocas tropas, los occidentales se parapetaron y se defendieron como pudieron. Tropas regulares chinas no tardaron en reforzar a los boxers.

La inquietud en Europa llegó al máximo, y se creó un ejército internacional que avanzó sobre Pekín, pero no antes de primeros de agosto. El día 12, las tropas internacionales consiguen tomar Pekín, en el momento justo: los víveres se habían acabado ya en el barrio de las Legaciones. En represalia, la ciudad fue saqueada. Enloquecida, Tseu-Hi huyó, disfrazada de campesina.

Los europeos victoriosos decidieron hacer pagar a China el miedo que les había causado. Para vengarse de las atrocidades de los boxers, especialmente contra los misioneros, los soldados robaron, violaron, asesinaron.

En 1901, se firmó una paz humillante para China. Se exigió el castigo de los culpables, y la entrada masiva, como funcionarios, de los jóvenes educados en las escuelas de los misioneros. En adelante, el barrio de las Legaciones sería custodiado por tropas europeas, y se exigió a los chinos una fuerte indemnización de guerra.

ALGO MAS SOBRE EL IMPERIALISMO EUROPEO….

La invasión aglo-francesa de 1857 a 1860 terminó con la ocupación de Pekín, el saqueo e incendio del Palacio de Verano y la firma de nuevos tratados humillantes. En 1858 China cedió a Rusia el territorio situado al norte del río Amur y dos años después entregó la península de Ussuri (en la que los rusos erigirían Vladivostok), al tiempo que también procedía a grandes entregas de territorio en Asia Central, más allá de la frontera de Sinkiang.

La voracidad rusa resulta comprensible: siempre fue la potencia que compartió la más larga frontera terrestre con China y hacía muchas décadas que presionaba en Asia Central. Aunque no los gobernaron directamente, otros estados europeos se apoderaron de territorios sobre los que los chinos reclamaban su dominio: los británicos se apoderaron de Bir-mania, los franceses de buena parte de Indochina y, en 1895, los japoneses obligaron a los chinos a renunciar a su reclamación de soberanía sobre Corea, que se independizó.

Simultáneamente Japón arrebató al imperio la isla de Formosa (Taiwán). A lo largo de los años siguientes, alentados quizá por el ejemplo japonés y preocupados porque sus rivales se les adelantaran en la carrera si China se derrumbaba, los europeos volvieron a despojar a China de algunos territorios. Los rusos se instalaron en Port Arthur; Gran Bretaña, Francia y Alemania firmaron arriendos a largo plazo de muchos puertos marítimos y hasta los portugueses (que llevaban en China más tiempo que cualquier otro estado europeo) convirtieron su viejo arriendo de Macao en posesión.

No es sorprendente que en 1900 muchos europeos supusieran que China se quebraría o desmoronaría como había ocurrido con el imperio turco….

mapa de imperialismo europeo en china

Mapa de imperialismo europeo en China

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Causas Primera Guerra China y Japón Siglo XIX Pierde Corea

1894: PRIMERA GUERRA JAPÓN Y CHINA POR COREA

Los países europeos veían en el gran país oriental un mundo maravilloso como mercado y también como proveedor de ciertas materias primas, e inició una política de en tales condiciones, China era incapaz de resistir a los asaltos de los europeos.

Francia, dueña ya de Cochinchina y de Camboya, trataba de extender sus posesiones por Anam y Tonkín. Percibiendo el peligro, el emperador de Anam renovó sus protestas de fidelidad a Pekín, y, para defender a su estado vasallo, China intentó oponerse a los ejércitos franceses, pero inútilmente: una nueva derrota la obligó a ceder, en 1885-1886.

Sin embargo, la resistencia china, en aquella ocasión, había sido más fuerte, pues el ejército chino parecía adaptarse a los nuevos métodos de la guerra. ¿Trabajaría el tiempo a favor de China? ¿Podría China, a fin de cuentas, poco a poco y gracias al tiempo ganado por la diplomacia, ir cediendo el menor terreno posible, mientras se preparaba? Fue entonces cuando intervino una nueva potencia: el Japón.

Poco después de la «apertura» impuesta por el comandante Perry en 1854, el Japón había comprendido que no se podía batir a los occidentales con las armas de la tradición. Mutsu-Hito estaba convencido de que no se recobraría la independencia, más que pagándola al precio de las viejas estructuras y de las viejas ideologías. Revolución fundamental y desgarradora, pero ineluctable. La industria japonesa se desarrolló y el ejército se modernizó. Aquel nuevo poder estimuló las ambiciones japonesas.

Emperador Mutsu Hito

No podía discutir aún la supremacía occidental, y enfrentarse directamente con los ejércitos extranjeros sería simple locura. Pero los japoneses, isleños, querían poner pie en el continente, y su primera presa debía ser Corea, país tradicionalmente sujeto a la soberanía china. Esta soberanía, por otra parte, era muy débil, pero, en los momentos de crisis, Corea recurría siempre a China, que le parecía ser su protector natural.

Japón tenía que esperar un momento favorable, o crearlo. En 1894, el rey de Corea consiguió a duras penas contener un movimiento insurreccional. Cuando estaba a punto de ser derrocado, recurrió a su protectora, pero China sólo envió un débil contingente de tropas. Los japoneses, en cambio, sin haber sido solicitados, enviaron poderosas fuerzas, con el fin declarado de mantener el orden. Conseguida una posición de predominio, trataron de consolidar sus ventajas, proclamando que era preciso reformar Corea, y que se encargarían de ello, muy gustosamente.

Como el rey de Corea y sus ministros iniciaron un gesto de resistencia, los ocupantes se apoderaron del palacio y llevaron a la familia real a la legación japonesa. Era un golpe de fuerza. La poderosa China no toleraría la acción de aquel país que todo el mundo consideraba muy vulnerable, y estalló la guerra chino-japonesa, que resultó sorprendentemente breve.

China había podido hacerse algunas ilusiones ante el pequeño cuerpo expedicionario francés en Tonkín, pero, en 1894-1895, era un ejército de hierro japonés el que se opuso a un débil ejército chino, en el que muchos oficiales salían todavía para el combate con sus sables, mientras un criado llevaba una sombrilla para protegerlos del sol. Manchuria fue invadida rápidamente, y el embrión de la flota de guerra china, inmediatamente destruido.

El Japón fue una revelación para el mundo entero, nacía de este modo una nueva potencia militar.

En Asia había nacido una nueva potencia, y China tuvo que ceder, una vez más. El tratado de Shimonoseki entregó Corea al Japón, así como la isla de Formosa, las islas Pescadores, la península de Liao-Tung y las mismas ventajas comerciales o jurídicas, en su territorio, que las ya concedidas a los europeos.

La importancia de las concesiones chinas acaso no fuese más que un ardid de Li-Hong-Tchang, el cual sabía que los occidentales no aceptarían de buen grado que los japoneses, recién llegados, obtuviesen, sin gran esfuerzo y tras una breve campaña, mucho más de lo que ellos habían conseguido en medio siglo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ultima Emperatriz de China Gobierno Manchú

Última Emperatriz de China – Gobierno Manchú

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En el siglo XIX la civilización china estaba estructurada en un orden que se decía natural, querido por el cielo: un orden que no había que modificar, so pena de trastornar la marcha del mundo y provocar las peores calamidades, empezando por las malas cosechas. El mandatario del cielo, el emperador manchú, había cedido frente a diversas presiones de los occidentales.

Europa en esa misma época disponía de  un gran poder industrial, entonces  enarbolan la antorcha de la felicidad humana. En realidad, los progresos de su industria era argumento válido y decisivo a los ojos de quienes, falseando la realidad, empezaban por declarar que la potencia industrial era la suprema prueba del valor y riqueza de las naciones.

En vanguardia, se enviaba a los misioneros que, frecuentemente, abrían el camino, al precio de sus vidas. Su bondad maravillaba, arrastraba y seducía a los pueblos «bárbaros», pero, detrás de ellos, llegaban los comerciantes y, en caso de necesidad, los barcos de guerra. Frente a esta «invación occidental», surgieron varios conflictos.

La guerra del opio y el saqueo de Pekín habían removido a las masas chinas. La rebelión de los Taiping había pretendido ser la respuesta de la verdadera China a las debilidades del emperador, pero los cañones habían dado buena cuenta de los dragones. La derrota de la revolución  Taiping (querían reformar a China) dió algún respiro al poder dinástico. Incapaz de modificar la estructura tradicional de China, la dinastía podría resistir, por medio del terror —al menos, durante algún tiempo—,a las fuerzas que la cercaban: era el último recurso de un mundo que se hundía.

LA ÚLTIMA EMPERATRIZ: La emperatriz Tseu-Hi quedará para siempre como el símbolo de aquella anacrónica resistencia. Sin embargo, nada, excepto su belleza, parecía predisponer a la joven Ye-Ho-Na-La a un gran destino. Descendiente de la nobleza manchú, fue elegida, en efecto, con otras veintisiete bellas muchachas, para ser una de las concubinas del joven emperador Sien Fong. Esto ocurría en 1851.

Tseu Hi ultima emperatriz manchu

Tseu Hi ultima emperatriz manchu

La futura Tseu-Hi tenía entonces el encanto y la deslumbrante dulzura de sus diecisiete años. Tuvo, además, la fortuna de dar a luz al primer hijo del emperador, que fue designado heredero. Cuando, en 1861, Sien Fong murió, el hijo de Tseu-Hi, heredero del trono, sólo tiene cinco años, y Tseu-Hi se convierte en regente.

A los 27 años, se adueña del poder, y no lo dejará hasta su muerte, en 1908. ¿Qué importaban los jóvenes emperadores que se sucedían? No podían nada contra la autoridad de la reina madre, a la que muy pronto se le llamó «el viejo Buda». Durante cerca de cincuenta años, pues, Tseu-Hi reinó en China.

Despreciaba a Occidente, pero lo que le interesaba, sobre todo, era conservar su poder sobre el «Celeste Imperio», y, para ello, aquella mujer implacable no retrocedió ante nada. Sus crueldades no tardaron en hacerse célebres: sus enemigos las divulgaban, y los occidentales encontraban en ellas una razón más para justificar sus acciones, porque, contra tal personaje, la fuerza recibía la bendición de la moral. China, al igual que Turquía, aparecía como la nación «enferma» que tenía necesidad de médicos occidentales.

Como el sultán, Tseu-Hi se rodeaba frecuentemente de eunucos, a los que luego iba condenando a muerte. Así, uno de ellos, después de sufrir sus reproches por ciertas faltas, sólo pidió morir «entero», y para Tseu-Hi fue una gran diversión sustituir el hacha del verdugo por veneno.

Sin embargo, junto a aquel terror y a aquella disolución, Tseu-Hi supo elegir como ministros a algunos hombres inteligentes y eficaces: Tseng-Kua-Fan, Tso-Tsung-Tang y Li-Hong-Tchang. Aquellos hombres se esforzaron por mantener, durante el mayor tiempo posible, la integridad del territorio, tanto contra la presión de los occidentales como contra las revueltas que amenazaban las provincias periféricas del imperio, especialmente la de Yakub Beg, que desembocó en la secesión, hasta 1878, de la provincia extrema occidental del Sin Kiang.

LA MODERNIZACIÓN Y LOS ENCLAVES OCCIDENTALES
Paralelamente a aquellas campañas militares, los ministros se esforzaron por modernizar a China. En Shangai se creó una industria de tipo occidental, y se construyeron   algunos   barcos   modernos.   Li-Hong-Tchang, que estuvo en el poder desde 1870 hasta 1901, trató de limitar, gracias a una excelente diplomacia, el avance y las ambiciones de las potencias extranjeras, oponiendo las unas a las otras.

Al mismo tiempo, con la ayuda de Ward, un aventurero americano, se dedicó a transformar el ejército chino, iniciándolo en los métodos europeos. Todos los esfuerzos de los ministros, por otra parte,  se veían favorecidos por una notable prosperidad económica, debida al restablecimiento de la paz. Pero los propósitos de Li-Hong-Tchang, llamado el «Maquiavelo de China», que administraba aquel inmenso país,  ayudado por algunos valiosos mandarines, chocaban con las ambiciones   occidentales.

Anteriores   tratados habían concedido a los ciudadanos extranjeros el derecho de trabajar en ciertos puertos y en ciertas ciudades del valle del Yang-Tse-Kiang.  Solían ser muchos, e interpretaban los tratados a su manera.

Se consideraban no sometidos a las leyes chinas, y, en consecuencia, por encima de las leyes. Incluso no tardaron en arrogarse el derecho de cobrar impuestos  en las  ciudades  que ocupaban, y, en la mayoría de las ciudades, poseían   enclaves   donde   los   funcionarios chinos y la policía no tenían derecho a intervenir.

Ciudad   mercantil   y   financiera, Shangai atrajo a las fuerzas vivas del país, a los hombres de la «élite» y del dinero. Frente a la aristocrática Pekín, Shangai, regida por los occidentales,  se alzaba como una segunda capital de China, la capital comercial.

El comercio, por lo demás, había quedado, parcialmente, en manos de los chinos, gracias a su mejor conocimiento del país.  Pero aquella nueva clase de  comerciantes se escudaba con los extranjeros: por ejemplo, desafiaba a los funcionarios, afirmando que el contrabando sólo dependía de los cónsules occidentales. Por su parte, los misioneros penetraban cada vez más profundamente en China y, protegiendo a los conversos, los sustraían, en realidad, a la jurisdicción china.

Puestos en ridículo tan frecuentemente, los funcionarios reformadores —poco   apoyados,   cuando   no   combatidos por Tseu-Hi  y  por los  partidarios  de  la vieja China— no podían abrigar la esperanza de que el país diese un gran salto adelante. China perdía su carácter, y la corrupción de Shangai,  nueva Babilonia,  quebrantaba en algunas clases los resortes morales que pudieran quedarles aún.

Ante degradación tan manifiesta, el sentimiento prevaleció sobre la acción, y se impuso la xenofobia, decididamente  apoyada  por  Tseu-Hi:   China se disponía a la violencia, que, muchas veces, no es más que una impotencia velada. Los chinos, en su odio a Occidente, no podían admitir una modernización que ellos no controlaban.

Uno de los primeros ferrocarriles, cerca de Shangai, fue destruido, en 1877, por la población, que arrancó los raíles, porque aquello podía herir a los espíritus y porque los raíles molestaban a los espíritus de la tierra. La estación fue transformada en templo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Importancia de la Ruta de la Seda y Especias El Comercio con China

Importancia de  la Ruta de la Seda y Especias
El Comercio de China con Europa

IMPORTANCIA COMERCIAL DE LA RUTA: Respecto a la  Ruta de la Seda, una red de senderos de caravanas, pasos de montaña, atalayas, oasis y fuertes en el límite de las zonas más inhóspitas del planeta, fue la vía de comunicación más larga del mundo en los siglos XIII y XIV. El comercio floreció a lo largo de este itinerario bajo la protección del Imperio Mongol o dinastía Yuan.

A fines de la edad media el comercio de Europa con Oriente fortaleció económicamente a Italia y demás países de occidente: los chinos estaban desde hacia años relacionados por el comercio con la parte más occidental de Asia y la más oriental de Europa, o sea el Imperio Bizantino.

A partir del siglo II d.C. los chinos llevaron mercancías, en especial los codiciados tejidos de seda, desde el centro de China hacia el occidente por un corredor natural entre las escarpadas montañas (camino que se llamó la ruta de la seda), extendiendo así su influencia económica hasta el mar Mediterráneo. Hacia el siglo VI d.C. la ruta de la seda llegó a Constantinopla.

PRIMEROS LAZOS COMERCIALES: El comercio a través de Europa y Asia se vio estimulado por la demanda de bienes de lujo -metales preciosos, especias, seda- por clientes de los grandes imperios. Tanto en Europa como en Asia central, los imperios de Persia , Grecia  y Roma  entraron en contacto con los reinos orientales, hasta la India.

En el este, las dinastías Qin y Han unificaron China. En 138 a.C, el emperador Han Wudi envió a Zhang Qian a conseguir aliados para luchar contra sus enemigos del noroeste. Las noticias que trajo de los reinos del oeste llevaron a la apertura de nuevas rutas comerciales. Pronto se formó una red comercial entre Oriente y Occidente: así llegó a Roma, a través de intermediarios como los partos, la seda de la China Han.

ANTECEDENTES DE LA RUTA DE SEDA Y ESPECIAS: En el año 206 antes de Cristo, llegó al poder una nueva dinastía, la dinastía Han, y el imperio empezó a moverse en una nueva dirección, más abierta.

Los Han restauraron gran parte de la literatura clásica de China, especialmente los trabajos de Confucio. También establecieron un gobierno central fuerte pero más humano, crearon el primer sistema de escuelas públicas y, en una lucha que duró casi 70 años, eliminaron total y definitivamente la amenaza Xiongnu.

Con Asia Central bajo control Han, se crearon rutas seguras para las caravanas – las legendarias Rutas de la Seda – , abriendo China al comercio y la cultura del mundo occidental.

Comerciantes de Roma, Antioquía, Baghdad y Alejandría viajaban hacia el este para comerciar con jade, oro, especies, caballos, gemas preciosas y, desde luego, seda. No importaba la ruta por la cual viajaran, no podían llegar a sus destinos sin pasar a través de la Gran Muralla.

Los Han habían continuado luchando con las tribus xiongni del norte y los prisioneros revelaron que era posible llegar hasta unos pueblos conocidos como los kushan en la zona situada justo al norte de la India.

Los kushan eran una tribu de ascendencia china afincada en el centro de Asia que había adoptado el budismo como religión y había recibido la influencia de la cultura helénica que existía en la región desde el reinado de Alejandro.

Wudi, dispuesto a unirse a este pueblo en su campaña contra los xiongnu, envió expediciones exploratorias lideradas por Zhang Qian en el año 138 a. C.

A su regreso, Zhang Qian trajo consigo artículos obtenidos a través de los lazos comerciales que había establecido durante su viaje y, de este modo, los Han abrieron el extremo chino a las rutas comerciales entre Asia Central y Europa. Los artículos que Zhang Qian importó eran altamente deseables, en especial la fuerte raza de caballos «celestiales» y un nuevo invento: el cristal.

El tránsito de caravanas a través de Asia Central era relativamente seguro y el intercambio de bienes entre China, Asia y con el tiempo Europa fue cobrando una importancia creciente. El comercio de productos chinos se amplió a Roma y poco a poco se introdujo en la cultura de Occidente, y viceversa.

Esta vía comercial se apodó la Ruta de la Seda porque el artículo que más se exportó desde China fue la seda, un tejido desconocido en Occidente antes de la apertura de las rutas comerciales. Otros productos chinos, como las cerámicas esmaltadas, el marfil, el jade, las pieles y el té no tardaron en ganar popularidad y exportarse.

La calidad de los productos chinos era alta debido a los eficaces procesos de elaboración usados en el país. Los chinos habían inventado un método más eficaz de trabajar el hierro, con hornos capaces de arder a temperaturas más elevadas, gracias a lo cual se obtenía un hierro de mayor calidad.

Dividían la mano de obra de modo que los artesanos se especializaban solo en un aspecto del proceso de producción, y con ello aumentaban la calidad y la cantidad. También fueron los inventores de la producción del papel. Sin embargo, por la Ruta de la Seda no solo transitaban artículos comercia les, sino que también se propiciaban los intercambios culturales y así el budismo se abrió camino hasta China.

Un mapa catalán representa a Marco Polo viajando en una caravana junto a sus hermanos por la ardua Ruta de la Seda, travesía que podía durar hasta cuatro años.

El Imperio Mongol:  Hacia 1250, Gengis Khan  y sus sucesores habían conquistado un área que iba desde el río Amarillo hasta el mar Negro. Bajo la protección mongol, la Ruta de la Seda floreció, convirtiéndose en una vía comercial de 6.400 km a lo largo de la cual los viajeros y mercaderes podían desplazarse con bastante seguridad.

Kubilay Khan, convertido en Gran Khan de los mongoles en 1260, se declaró emperador de China: fundó la dinastía Yuan, que gobernó el país hasta 1368, y estableció su corte en Dadu (actual Pekín).

Antes del s. XIII la idea de realizar un viaje de Europa a China era inaudita, pero aprovechando la Ruta de la Seda, algunos mercaderes y misioneros llegaron hasta la capital de Qubilay Khan. Éste fue el caso de Niccoló y Malleo Polo, que alcanzaron Dadu en 1266.

Al parecer fueron bien recibidos por el Gran Khan, que se interesó por el cristianismo y la ciencia occidental. Cinco años después, Niccoló, Matteo y Marco Polo -hijo del primero y sobrino del segundo-, llegaron a la corte de Kubilay. En el mismo siglo, Rabban Sauma, un chino cristiano, hizo un viaje en dirección contraria, de Dadu hasta Jerusalén, y siguió hacia Europa. Los relatos de ambos viajes constituyen documentos fascinantes de la vida del Asia medieval a lo largo de la Ruta de la Seda.

Comercio de tesoros: La seda no era el único producto valioso que se comercializaba por medio de este itinerario. También se llevaban especias, medicinas, marfil, plantas raras, animales exóticos, como los leopardos, y piedras semipreciosas, como el ámbar y el lapislázuli. Entre los productos de Occidente había tejidos, oro y plata. Las caravanas chinas llevaban seda, papel, armas, laca y ruibarbo. Estos bienes se vendían o se intercambiaban por otros en los bazares de las escalas de la ruta.

En función de la zona, las mercancías se cargaban en camellos, caballos, yaks y bueyes. El camello bactriano era la bestia de carga más resistente de Asia central: podía soportar el calor y el frío intensos, y le bastaba con el agua de los oasis. Las caravanas que recorrían la Ruta de la Seda solían ser bastante grandes y no era raro que llevaran hasta 400 camellos.

LA RUTA DE LA SEDA EN LOS VIAJES DE MARCO POLO: La descripción de Marco Polo de la vida en la corte del emperador chino dejó maravillados a los europeos de la Edad Media. Hasta entonces, casi nadie sabía que en el otro extremo del mundo había una civilización tan magnífica.Marco Polo afirmaba que sus palacios eran «tan grandes y tan fabulosos que resultaba imposible imaginarse arquitecturas de mayor belleza». En su interior había enormes y espléndidos salones, «todos pintados y adornados con oro batido».

En cuanto a las posibilidades de ganar dinero con el comercio de especias, Marco Polo describía un paraíso rebosante de jengibre, canela, clavo y «otras especias desconocidas en nuestras tierras».

En la Europa medieval los precios de especias como la pimienta eran muy altos. En el año 1511, un kilo de pimienta, por el que en Extremo Oriente se pedía un gramo de plata, podía costar hasta treinta gramos al llegar a Europa.

marco polo y la ruta de la seda

Fue precisamente la posibilidad de conseguir pimienta más barata lo que en un primer momento impulsó a los portugueses a buscar una nueva ruta marítima hacia Extremo Oriente. Aún se conserva la copia del libro de Marco Polo que tenía Colón.

En ella subrayó los puntos que más le interesaban: «perlas, piedras preciosas, brocados, marfil, pimienta, frutos secos, nuez moscada, clavo y otras especias en abundancia…».

Colón quería navegar hacia el oeste hasta alcanzar el otro extremo del mundo, porque sabía que al final encontraría la costa oriental de China.

Lo único que no sabía con seguridad era cuánto tiempo necesitaría para encontrar la tierra mágica, ni qué había, si es que había algo, entre la costa meridional de España y el nuevo mundo que iba a encubrir.

Resulta increíble pensar que las riquezas de la civilización que había conocido Marco Polo y que tanto anhelaba conocer Colón en realidad no se basaban en mucho más que el papel. El que ahora consideramos el más común de todos los productos naturales fue el mayor éxito de la China medieval.

Durante más de seiscientos años, a pesar de los asiduos intercambios comerciales, los chinos ocultaron celosamente el secreto de la fabricación del papel a los pueblos de Asia central, Oriente Próximo y Europa.

El secreto no fue revelado hasta que en la batalla de Talas del año 751 unos chinos fueron capturados por unos jinetes árabes, y, de hecho, aún tuvieron que pasar varios siglos para que los molinos de papel fueran habituales en Europa.

Gracias a la fabricación del papel, el pueblo chino se convirtió en la civilización tecnológicamente más avanzada del mundo.

Tal vez la veneración que sentían los chinos por el papel fuera una reacción a la gran quema de libros que ordenó el paranoico y obsesivo emperador Qin Shi Huang en el año -213, famoso también por haber hecho construir un enorme ejército de terracota para que lo acompañen y defendieran en el mas allá.

mapa rura de la seda y especias

Siendo adolescente, Marco Polo llegó a la corte de Qubilay Khan junto a su padre y a su tío en su segunda expedición a China. Allí aprendió la lengua mongo!, y el Gran Khan lo contrató como embajador y gobernador ambulante en China oriental durante tres años. En 1295 regresó a Venecia. Al año siguiente fue capturado en una batalla naval contra los genoveses y dictó a un compañero de prisión el relato de sus viajes, el mejor informe sobre Asia oriental del que dispusieron los europeos durante mucho tiempo, conocido como Libro de las maravillas del mundo o El millón e impreso en 1483.

Factores que contribuyeron al declive de la Ruta de la Seda, que se abandonó en el s. XV.

LA PESTE NEGRA: En la década de 1330, en China, hubo varios brotes de peste bubónica, y la Ruta de la Seda fue probablemente el principal medio de transmisión de la llamada peste negra a Europa a través de Asia central.

CAÍDA DE LA CHINA MONGOL: Los mongoles, que habían protegido la Ruta de la Seda desde mediados del s. xm, perdieron el control de China ante la dinastía Ming  en 1368.

EL COMERCIO BAJO LOS MING: A principios del s. XV, los chinos se unieron a los mercaderes árabes, persas e indios que comerciaban en el índico. Las flotas comandadas por Zheng He transportaban mercancías como la porcelana azul y blanca a Oriente Medio e incluso a África.

POR MAR: El comercio entre Europa y Asia oriental fue posible gracias a la ruta marítima a la India  abierta por Vasco da Gama en 1498.

ARQUEOLOGÍA: En el s. XIX, exploradores europeos redescubrieron la Ruta de la Seda. Fue Ferdinand von Rlchthofen, geógrafo alemán, quien le dio este nombre. En el desierto de Taklamakan se excavaron varias ciudades antiguas, entre ellas Dunhuang y Gaochang.

UNA NUEVA RUTA: En 1998, representantes de más de 30 países se reunieron para considerar la posibilidad de desarrollar una ruta Europa-Cáucaso-Asia equivalente a la antigua Ruta de la Seda.

EL DESIERTO DE GOBI: Esta ruta cruzaba uno de los desiertos mas grandes y peligrosos del planeta, extendiéndose a lo largo de unos 3.500 km desde el sudoeste hacia el nordeste, el Desierto de Gobi está formado por estepas y zonas áridas.

Al norte se halla a 800 metros sobre el nivel del mar, y al sur, a 1000 metros. En estas infinitas estepas el calor es insoportable en verano, mientras que en invierno el frío es extremadamente agudo.

La flora se reduce a hierba raquítica, algunos pequeños árboles y unas cuantas plantas bulbosas. La hierba es más alta en los valles, los cuales, no obstante, carecen totalmente de bosques. La fauna no está mejor representada, pues, en realidad, sólo se pueden mencionar los caballos y camellos salvajes.

Las poblaciones se hallan situadas en los límites de la estepa, en el lado de la frontera china, aunque en otros lugares se encuentran nómadas mongoles que vagan por las llanuras y mesetas con sus tiendas y rebaños.

Las pistas de las caravanas serpentean por todo el norte de Asia hacia China, pero son raros los vestigios de antaño, sea porque hayan sido borrados sin consideración, o se perdieran en un pasado misterioso. Algunos sabios consideran al desierto de Gobi la cuna de la humanidad.

Las poblaciones que vivían en estas regiones figuran entre las más sanguinarias que recuerdan nuestros cuentos infantiles: los hunos, los kirguises, los tátaros (que nosotros llamamos tártaros) y los mongoles.

Antiguamente, los hunos fueron los amos del desierto de Gobi. Eran nómadas de Asia, con nombre turco. Unos tres siglos antes de Jesucristo habrían ocupado las regiones próximas al curso superior del Huang-ho o río Amarillo.

En aquel tiempo debieron de empezar a extender su territorio y adoptar costumbres nómadas. Montados en sus pequeños y nerviosos caballos, surcaban las estepas saqueando y exigiendo  el rescate a las demás poblaciones.

La lucha contra los hunos se convirtió pronto en una de las principales preocupaciones del Imperio chino. A fin de preservar su cultura del peligro siempre creciente representado por los nómadas del desierto de Gobi, los emperadores de la dinastía Ts’in. hacia el año 215 antes de nuestra era, empezaron a construir la Gran Muralla.

Cómo llegaron a Occidente los secretos chinos de la seda
Los dos monjes fueron muy insistentes: tenían que ver al emperador. Dijeron poseer un valioso secreto y que habían viajado de China a Constantinopla (hoy Estambul) para revelarlo a la corte.

Eso fue hacia el año 550 d.C., cuando Justiniano I encabezaba el Imperio Romano de Oriente (bizantino). El secreto de los monjes mereció su atención: ofrecieron revelarle la técnica china para obtener seda.

En la pequeña isla griega de Kos se produjo un poco de la lujosa tela, con gusanos de seda encontrados en la localidad, que ingerían hojas de roble. Pero no era comparable a la seda china, hecha por gusanos alimentados con hojas de morera. Los romanos orientales compraban seda china a comerciantes que la transportaban más de 4 800 Km. a través de Asia Central, por la peligrosa Ruta de la Seda, desde Luoyang hasta el Mediterráneo oriental. La travesía tomaba ocho meses.

Cuando la seda llegó a Europa su peso se valoró, literalmente, en oro. Y cada vez era más costosa y difícil de conseguir, pues la Ruta de la Seda atravesaba territorios en guerra. Justiniano intentó importarla por conducto de comerciantes etíopes, que recibían embarques de China.

Aquellos monjes eran persas que habían divulgado el cristianismo en China durante muchos años, y aprendido los secretos de la seda. Entonces hicieron una propuesta a Justiniano: dado que era imposible mantener vivos a los gusanos durante una travesía tan larga, ofrecieron transportar sus diminutos huevecillos. Bastan 28 g de éstos para obtener 36 000 gusanos.

Justiniano colmó a los monjes de regalos y les prometió jugosas recompensas. Los dos hombres volvieron a China y se abastecieron de huevecillos. Luego emprendieron el arduo viaje a Occidente, con su preciosa carga escondida en bastones de bambú.

A su regreso, los monjes enseñaron a los romanos cómo criar a los gusanos, que se usaron para hacer la primera tela de seda europea. A algunos gusanos se les dejó convertirse en mariposa para conservar la especie y así nació la primera industria de seda en Europa. Pero a pesar de ello, los gusanos siguen prefiriendo la morera china.

Fuente Consultada: Gran Enciclopedia de la Historia y Todo Sobre Nuestro Mundo de Christopher LLoyd

Revolución China de Mao Tse Tung Resumen y Antecedentes

RESUMEN  DE  LA  REVOLUCIÓN  CHINA

Introducción: China fue siempre un país intervenido por potencias colonialistas. La existencia de territorios ocupados fue argumento suficiente para que los revolucionarios lograran levantar las masas en pro de un cambio que pusiera fin a las usurpaciones.  Entre los territorios ocupados estaba Manchuria (la tomó el imperio del Japón en 1931).

En 1945 los comunistas fueron factor importante en la liberación de Manchuria, razón por la cual se les aceptará en la población. Un régimen feudal, caracterizado por el gobierno autócrata de terratenientes.

Como consecuencia del régimen feudal persistente la masa campesina se mantiene en la miseria, en la ignorancia, y con escasos recursos para sobrevivir. La influencia de la Revolución Soviética el envío de emisarios rusos en forma directa e indirecta a China con el fin de concientizar a la población para que se rebelara como lo hizo en Rusia.

En vísperas de la Segunda Guerra Mundial, China era un país muy pobre, dedicado básicamente a las actividades agrícolas y con un desarrollo industrial prácticamente inexistente (sólo el 3% de la población trabajaba en la industria).

La agricultura seguía utilizando los métodos tradicionales y se basaba en el cultivo extensivo del arroz, el maíz y la patata. En los últimos decenios, la población había aumentado enormemente, pero seguía sujeta a las tradicionales dificultades naturales (inundaciones, sequías…) que daban lugar a hambrunas periódicas y a la muerte de millones de campesinos. Una minoría de grandes propietarios detentaba la propiedad de la tierra que era trabajada por los campesinos bajo un régimen de tipo feudal. Vivían sumidos en la pobreza y asfixiados por las rentas que debían pagar a los señores (más de mitad de la cosecha).

La entrada en China de las potencias europeas en el siglo XIX había comportado un cierto desarrollo industrial en una estrecha franja costera y una apertura comercial hacia Occidente. También había surgido una burguesía comercial, aunque numéricamente era poco importante. De este modo, China mantenía una rígida estructura social, sostenida por el confucionismo, que inculcaba al pueblo la sumisión a las jerarquías políticas, sociales y familiares.

Políticamente, después de la destitución del último emperador en 1911, se había proclamado la República, que estaba en manos de las fuerzas nacionalistas del Kuomintang, partido fundado en 1905, que dirigió el movimiento insurreccional que puso fin al tradicional Imperio Chino, instaurando una democracia parlamentaria y proponiéndose liberar al país del imperialismo extranjero. Estuvo dirigido primero por Sun Yat-sen y después por Chiang Kai-chek, quien orientó al país hacía una vía muy conservadora, que dio lugar a una fuerte oposición comunista. El Partido Comunista, dirigido por Mao Zedong, tenía su fuerza entre los campesinos y defendía la necesidad de un reparto de la propiedad entre los campesinos pobres.

El Partido Comunista Chino fue fundado en 1921 por algunos intelectuales como Mao Zedong y Zhou Enlai. En 1927 se enfrentó a la política del Kuomintang y proclamó la necesidad de la revolución armada de los campesinos.

En 1934, las tropas comunistas emprendieron lo que se llamó la «Larga Marcha»: recorrieron cerca de 12.000 km huyendo del cerco que les habían tendido los ejércitos nacionalistas. Después de un enfrentamiento con las tropas de Chiang Kaí-chek, los comunistas, dirigidos por Mao, se refugiaron en Yenan, donde a partir de 1935 promovieron la creación de una República Popular, en la que se llevaron a cabo una serie de reformas sociales que habían de ser el preludio de la nueva sociedad: elecciones con sufragio secreto para la Administración local, lucha contra el feudalismo, reparto de tierras, disminución de los impuestos, etc.

China antes de la Segunda Guerra Mundial:

1911 Revolución China. Los nacionalistas, dirigidos por Sun Yat-sen, derrocan el Imperio manchú.

1916 Se constituye en Cantón un nuevo gobierno basado en los «tres principios» de Sun: nacionalismo, democracia y aumento del nivel de vida popular.

1918 Segundo gobierno en Pekín dirigido por Yuan ShiKaiwho, que se convirtió en presidente con el apoyo del ejército.  Sun declara la guerra a Alemania, Yuan le sigue en 1917.  El Tratado de Versalles autoriza a Japón a quedarse con el territorio alemán de Shantung. China no obtiene nada. Deja de comprar mercancías británicas y japonesas y busca la ayuda de Rusia. Rusia devuelve a China territorios arrebatados durante el siglo anterior. El Partido Comunista Chino empieza a crecer.

1922 Los nacionalistas del Koumintang no consiguen someter a los poderosos señores de la guerra. Sun invita al Partido Comunista a unirse a su ejército.

1925 Muere Sun Yat-sen. Chiang Kai-chek se convierte en el líder del Koumintang.

1926 Las expediciones contra los señores de la guerra en el norte del país obtienen un gran éxito.

1927 Chiang inicia unos ataques contra el Partido Comunista. Las «patrullas de la muerte» del Koumintang se lanzan sobre los comunistas en Cantón, asesinando a 6.000 personas.

Ataques similares en Shanghai y otras grandes ciudades. Mao Zedong (Mao-Tse-tung) se convierte en líder del Partido Comunista. Conduce a lo que queda del Partido Comunista a las montañas de Kiangsi e instituye un Soviet para reconstruir el Partido e iniciar la guerra civil contra el Koumíntang.

1928 Chiang entra en Pekín y se convierte en el nuevo gobernante de China. Cree que el país necesita un líder militar fuerte y decide deshacerse de su único rival, el Partido Comunista.

1931 Chiang pone en marcha una serie de campañas de exterminio para derrotar a los comunistas en Kiangsi. El ejército del Partido Comunista —Ejército Rojo de Liberación del Pueblo— utiliza la táctica de guerrillas. Los japoneses invaden Manchuria. Chiang decide enfrentarse al Ejército Rojo antes que a los japoneses.

La guerra civil y la revolución de 1949:

La Segunda Guerra Mundial puso un paréntesis en la guerra civil: comunistas y nacionalistas pelearon juntos contra los japoneses. Durante esta guerra, entre 1937 y 1946, China fue invadida por las tropas niponas. Los comunistas chinos desempeñaron un papel muy importante en la lucha contra los japoneses y consiguieron ganarse el apoyo de los campesinos gracias a las medidas revolucionarias que se ponían en práctica en los territorios bajo control comunista: reparto de las tierras, aplazamiento de deudas, limitación de impuestos, etc.

La capitulación japonesa de 1945 llevó a China hacia una guerra civil que enfrentó a los comunistas y a los nacionalistas del Kuomintang, que se habían reconciliado temporalmente para constituir un Frente Nacionalista antijaponés en 1937. Las fuerzas comunistas controlaban una buena parte del territorio chino que reunía a más de 100 millones de habitantes, la mayoría campesinos. El resto del territorio, es decir, las zonas costeras y la mayoría de las grandes ciudades, estaba en manos del Kuomintang, que se oponía a la reforma agraria fomentada por los comunistas y que contaba con el apoyo de Estados Unidos.

En 1947 las fuerzas comunistas protagonizaron una gran ofensiva que culminó con la reconquista de Manchuria y la conquista de las ciudades más importantes. Sumido en el desorden y la corrupción, el ejército nacionalista cesó la lucha y los dirigentes del Kuomintang abandonaron el continente y se refugiaron en la isla de Formosa bajo la protección de la flota americana. Tras el triunfo del ejército comunista, el 1 de octubre de 1949, Mao proclamó en Pekín el nacimiento oficial de la República Popular China. El campo comunista se había ensanchado enormemente con la incorporación de un país de 9 millones de Km² y una población de 500 millones de habitantes.  Los nacionalistas, por su parte, se refugiaron en la isla de Formosa (Taiwan).

Los primeros años de la República Popular

Nacida en plena Guerra Fría, la República Popular China fue reconocida diplomáticamente tan sólo por los países comunistas, algunos Estados vecinos de Asia y por el Reino Unido y Portugal, que contaban con algunos enclaves comerciales en su territorio y no querían ganarse la enemistad de la nueva China. El resto del mundo occidental y la ONU no quisieron reconocer al nuevo Estado, manteniendo que el único depositario de la legitimitidad china era el gobierno de la China nacionalista.

Aislada frente al resto del mundo, la China Popular se volcó hacia la Unión Soviética, el único aliado del que podría obtener la ayuda financiera, económica y técnica que necesitaba para la reconstrucción del país. De este modo, en febrero de 1950, los dirigentes chinos firmaron en Moscú un tratado de «amistad, alianza y asistencia mutua» con el gobierno soviético. A partir de este momento, la construcción del socialismo en China se orientó hacia el modelo soviético y la estrategia estalinista: rápida colectivización de la tierra y una planificación económica que daba prioridad absoluta a la industria pesada.

El nuevo régimen presentó algunas peculiaridades propias respecto al comunismo internacional, lo que dio origen a lo que se conoce como maoísmo: unión de las cuatro clases revolucionarias (campesinos, obreros, pequeña burguesía y burguesía nacional), importancia del campesinado, revolución permanente, acción directa del Partido en todas la áreas.

En el terreno económico, el gobierno chino lanzó el primer plan quinquenal (1953-1957), que se centró en el desarrollo de la industria pesada. En forma complementaria, se llevó a cabo una progresiva colectivización de la agricultura. Las grandes propiedades en poder de latifundistas y de la burguesía campesina fueron expropiadas y repartidas entre los agricultores.

Los campesinos, que se habían convertido en propietarios como consecuencia de la reforma agraria de 1950, fueron incitados a reagruparse en cooperativas socialistas de producción al estilo de los koljoses soviéticos. En 1957, la mayoría de los campesinos chinos formaban parte de este tipo de cooperativas. Las empresas privadas, tanto industriales como comerciales pasaron a ser de propiedad estatal y los artesanos fueron reagrupados en cooperativas controladas también por el Estado.

También se inauguró una política de planes quinquenales de estilo soviético. El primer plan (1953-57) fijó la prioridad del crecimiento industrial, y en particular de la industria pesada, por encima del desarrollo agrícola, lo que trajo consigo un déficit alimentario y la necesidad de mantener el racionamiento. Finalmente, se redactó una Constitución en 1954, que se inspiraba en la soviética, con un total paralelismo entre las estrucutras del estado y las del Partido Comunista.

La campaña de las Cien Flores y el Gran Salto Adelante: En 1956, el régimen comunista impulsó un proceso de liberalización intelectual: la campaña de las Cien Flores (1956-1957). Con él, el Partido Comunista Chino buscaba captar la adhesión de los intelectuales, muchos de los cuales le eran hostiles. En un principio, los intelectuales no comunistas se mostraron reacios a manifestar sus críticas. Finalmente, el movimiento desembocó en una verdadera denuncia de las propias bases políticas del régimen. La reacción del Partido no se hizo esperar: los críticos fueron acusados de contrarrevolucionarios y elitistas y muchos de ellos fueron castigados.

Documento: Revolución cultural en la Universidad

La lucha era muy encarnizada entonces. Obligábamos a los profesores a llevar un gorro y un cartel colgado del cuello en los que aparecían frases escritas como: «Soy un monstruo.» Comparecían por turnos ante todas las clases, donde les insultábamos, y les asediábamos con consignas, acusaciones y órdenes de reformarse. Les obligábamos a limpiar los lavabos, les embadurnábamos con pintura negra y organizábamos «equipos de control de monstruos» (kuan niu-kui tu,), que se encargaban de que recibieran el trato que se merecían.  Les acusábamos de faltas concretas y no parábamos hasta que confesaban que las habían cometido. Hizo falta casi una semana de lucha sin tregua para que un hombre admitiera que había dicho «Mao está equivocado» en una conversación con un colega suyo.» Fuente Consultada: Memorias del Guardia Rojo (1976) A. Michel

En 1958, el gobierno chino lanzó un amplio movimiento conocido como el Gran Salto Adelante: con él se buscaba lograr un equilibrio entre el desarrollo industrial y la agricultura. Pero, a pesar del éxito obtenido en los dos primeros años, el Gran Salto fue un fracaso.

La crisis se agravó debido a la ruptura con la Unión Soviética a principios de los ’60. Las aspiraciones chinas a convertirse en un foco de irradiación de una nueva ola revolucionaria mundial, en la que la lucha contra el capitalismo era central, contrastaba con la ambigüedad de las relaciones que en esos años Moscú mantenía con Occidente.

La Revolución Cultural

Una de las consecuencias del fracaso del Gran Salto Adelante fue el deseaste y la relegación de la figura de Mao del centro del poder. Un grupo de dirigentes del Partido y algunos militares comenzaron a someter las ideas de Mao a una profunda revisión. En 1962, comenzó la contraofensiva del maoísmo a partir del Ejército, donde el líder conservaba un enorme prestigio. A fines de 1965, Mao dirigió sus ataques contra los intelectuales, invitando a los estudiantes a denunciar las desviaciones ideológicas.

Dicha estrategia triunfó en agosto de 1966, fecha en que se hicieron públicos los dieciséis puntos de la “gran revolución proletaria” que habían sido impuestos de hecho gracias a la lealtad de los guardias rojos y al apoyo de las masas trabajadoras descontentas. Los objetivos principales que pretendía cubrir con este proceso eran, en primer lugar, la persecución y derrota de todos aquellos que, detentando el poder, seguían la vía capitalista; en segundo lugar, la destitución de las autoridades académicas burgueses y la abolición de su ideología; por último, la transformación de aspectos de la superestructura – lugar donde se sitúa la ideología en la teoría marxista – que habían quedado desfasados después de la implantación de la economía socialista. (Ver: Ultima Campaña de Mao)

Aquel mismo año de 1966 se hizo público el célebre Libro Rojo, recopilación de citas de Mao que sintetizan lo fundamental de su pensamiento y que se extendió entre las masas chinas con el propósito de que sirviera de instrumento para que asumieran el protagonismo de su propia revolución. El libro, traducido a numerosos idiomas, corrió de mano en mano por todo el mundo y se convirtió en un auténtico best-seller político de la década siguiente. Después del noveno congreso del Partido Comunista, celebrado en abril de 1969, el pensamiento maoísta se consolidó como eje de la Revolución China, pero veinte años después, las disidencias internas, sacadas a la luz por la descomposición generalizada de los regímenes imperantes en los países del llamado “socialismo real”, y especialmente representadas por los jóvenes estudiantes y la población descontenta de las grandes concentraciones urbanas, fueron violentamente reprimidas en la Plaza de Tiananmen.

Para entonces, el último de los supervivientes que fundaron el Partido Comunista, Mao Tse-tung, había fallecido en 1976. Pese al imprevisible desmoronamiento de su gran obra, aún hoy el mundo recuerda con fascinación la asombrosa energía de que hizo gala el maestro chino durante su larguísima existencia. Siendo joven, cuando caía la helada lluvia traída por el viento de Mongolia, Mao se desnudaba para recibirla con objeto de, según sus propias palabras, “domar el esqueleto”. Con el mismo rigor espartano y abnegado mantuvo un pulso con la Historia.

El llamado de Mao tuvo una gran respuesta en las escuelas y en las universidades, de ahí que este movimiento haya recibido el nombre de Revolución Cultural. El movimiento pronto se extendió a toda China. Los estudiantes, convertidos en Guardias Rojos, dirigían sus ataques contra los dirigentes que se habían opuesto a Mao, a los que calificaban de revisionistas y contrarrevolucionarios. A comienzos de 1969, Mao había recuperado su poder.

China después de Mao: Tras la muerte de Mao en 1976, los dirigentes chinos mantuvieron el modelo socialista. Sin embargo, se ha desarrollado una política económica más pragmática que, lentamente, camina hacia una economía de mercado, aunque siempre controlada. El conductor de este cambio es Deng Xlao Ping, uno de los dirigentes marginados del Partido durante la Revolución Cultura] y rehabilitado posteriormente. En 1978-1979, Deng impulsó una cierta liberalización política conocida como «Primavera de Pekín» y permitió una crítica moderada al maoísmo. Sin embargo, el régimen chino todavía se caracteriza por la falta de libertad política. Los movimientos de oposición son duramente reprimidos tal fue el caso de la revuelta estudiantil en la plaza de Tiananmen, en Pekín, en 1989.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:
La revolución china

A COMIENZOS del decenio de 1920 se observó en China un resurgimiento de la actividad revolucionaria. Tanto los revolucionarios como el naciente Partido Comunista se vieron favorecidos por la reacción popular generalizada contra la intervención extranjera, las injustas condiciones de la Conferencia de Paz de París, que fortaleció la situación de Japón en Shantung, y la explotación económica. En 1919, el nacionalismo estalló en el Movimiento del 4 de Mayo, del cual surgió una nueva fuerza política formada por una generación de estudiantes e intelectuales con educación occidental junto con los trabajadores urbanos, la que obligó al gobierno a abstenerse de firmar el Tratado de Versalles.

El partido revolucionario de Sun Yat-sen había establecido un régimen regional en Cantón. A partir de 1923, con la ayuda y asesoría del Comintern, Sun reorganizó el Partido Nacionalista (Kuomintang) y su ejército, aliándose con el aún minúsculo Partido Comunista. Sun murió repentinamente en 1925 y ese año la xenofobia alcanzó una intensidad desconocida hasta entonces, con huelgas y boicots en todos los sectores, a los cuales adhirieron trabajadores y comerciantes. La influencia comunista se extendió rápidamente a las ciudades industriales. En 1926, Chiang Kai-chek, el general más importante del ejército del Kuomintang, organizó la ‘Expedición al Norte* con el propósito de eliminar a los caudillos y reunificar el país.

Aun cuando los nacionalistas dominaban ahora toda la China y fueron reconocidos como gobierno nacional, los caudillos no estaban totalmente eliminados. Incluso después de que los más poderosos, Yen Hsi-shan y Feng Yühsiang, fueron derrotados en una importante guerra entre 1929 y 1930, muchas provincias conservaron un grado de autonomía bastante grande y se producían permanentemente enfrentamientos armados con los ejércitos provinciales. El gobierno de Chiang mantuvo un control central muy firme sobre las ricas provincias del bajo Yangtsé, donde modernizó la administración y el Ejército, construyó una eficiente red de caminos y ferrocarriles y creó nuevas industrias, pese a la depresión mundial y a la constante presión japonesa. Sin embargo, gran parte del desarrollo se concentró en las ciudades, especialmente en Shanghai y Nankín.

Una importante amenaza para Chiang la constituían los comunistas. Tras las purgas de 1927 y una serie de insurrecciones frustradas, el poder del Partido Comunista en las ciudades fue sistemáticamente destruido y sus dirigentes se refugiaron en las zonas montañosas más lejanas. El más importante fue el soviet de Kiangsi que mantuvo su poder desde 1929 a 1934, y dominó  a varios millones de campesino, llevando a cabo importantes reformas políticas siguiendo el  modelo ruso. Los ejércitos de Chiang atacaron Kiangsi reiteradamente y, en 1934, los dirigentes comunistas decidieron abandonar la región. La ‘Larga Marcha’ que emprendieron a continuación los llevó al noroeste, donde se había formado en 1930 otro pequeño enclave comunista en Paoan. Finalmente, en la Conferencia de Tsunyi, durante la ‘Larga Marcha’, el sector campesino del partido, dirigido por Mao Tse-tung, asumió el liderazgo. Mao puso en práctica sus políticas en una nueva región comunista en torno a Yenan.

Fuente Consultada:
El Mundo Contemporáneo (Lucas Luchilo, Pedro Saccagio y otros)
Atlas de la Historia Universal TIMES.                

 

Origenes del Imperio Chino China en la antiguedad

Orígenes del Imperio Chino

Datos geográficos de la China:

Extensión: 9.572.900 km2

Población: 1.288.892.000 h.

Densidad: 134,6 h/Km²

Capital: Pekín (Beijing).

División administrativa: 22 provincias.

Sus costas están bañadas por varios mares formados por el Océano Pacífico, que reciben los nombres de mar del Japón, mar Amarillo, mar de Corea y mar de la China.

Varias cadenas de altas montañas separan el territorio chino, casi por todas partes, de las comarcas que lo limitan, a saber: la Siberia, el Turkestán independiente, el Indostán y la Indochina, que, juntamente con el mar, trazan límites naturales que le aíslan en cierto modo del resto del mundo.

Los ríos considerables que atraviesan este inmenso país son el Amarillo y el Azul, que difunden la riqueza por infinitos canales, debiendo notarse el Canal imperial, de 1.200 kilómetros de largo, que es el mayor del mundo entero. Entre los importantes lagos de China es digno de mención el Tungtin que tiene 320 kilómetros de contorno.

Origen de los Chinos:  Los chinos pertenecen a la raza amarilla o mongólica. Parece cierto que son menos antiguos que los indios, y hasta se cree que no son sino indios de la casta militar, que renunciaron sus privilegios.

Sus tradiciones nos enseñan que bajaron de la meseta del Asia Central, al lado de la India, y se extendieron hacia el oriente.

Historia: Los chinos han tratado siempre de exagerar su antigüedad, pero han visto desmentidas sus relaciones por la ciencia moderna.

Se admite generalmente que esta nación existe como tal desde -hace unos 4.500 años, pues los más ardientes defensores de la cronología china no colocan el principio de los tiempos históricos en sus anales más allá de 2.637 años antes de Jesucristo.

El primer emperador de la China fue Yao, que se le representa bajo la imagen de un príncipe modelo, que se ocupa en determinar el curso del sol, de la luna y de las estrellas; administraba justicia en persona; se cuidaba de ver si el pueblo sufría; labró tierras incultas y abrió canales para hacer correr las aguas después de una gran inundación, y hasta hizo desecar el suelo de su imperio, que las primeras colonias encontraron tal vez cubierto aún por las aguas del diluvio.

Cuando las fuerzas le faltaron por hallarse en la ancianidad, se asoció a Chun, quien le sucedió en el trono. Chun fué después reemplazado por Yu. Los reinados de estos tres emperadores son alabados por los chinos, que ponderan su genio, sus costumbres y sus virtudes.

Yu había designado a uno de sus ministros para sucederle; pero los grandes del imperio dieron el trono a su hijo Kí, dando así principio al derecho de herencia.

Con este soberano empieza la primera dinastía, llamada de los Hia (año 2205 a. de J.C.), los que tomaron el título de rey, porque el de emperador era difícil de llevar después de Yao, Chun y Yu.

La historia de los reyes de esta dinastía es una serie de crímenes vergonzosos, de vicios y excesos que provocaron revoluciones sin fin, hasta que el último rey, Ki, fué destronado.

La segunda dinastía fue la de los Chang, durante cuyo reinado las hordas del mediodía invadieron el imperio, llevando por todas partes la desolación y la muerte. A esto se agregó la guerra civil, que por espacio de veinte años sembró la confusión más horrorosa en todo el imperio.

Arrojado de su trono el último de los Chang, empezó la tercera dinastía, la de los Tcheú.

Aunque empezó bien, el orden se alteró luego, y esta dinastía se sostuvo por muchos siglos en medio de un caos indescriptible, hasta que perdió el poder y empezó a reinar la dinastía cuarta, la de los Thsin, que restauró la unidad del país.

El primer emperador (Qin Shi Huang) de esta dinastía mereció ser llamado el Alejandro de la China, por sus conquistas. Hizo construir notables obras públicas, entre otras, la Gran muralla. A su muerte, el imperio se dividió, y la familia de Thsín pereció víctima de una rebelión.

La quinta dinastía es la de los Han que subsistió hasta el año 220 de nuestra Era.

En su tiempo, la China principia a entrar en relación con la India y el imperio romano. Las diez y seis dinastías que se han sucedido desde aquella época hasta nuestros días no ofrecen nada interesante.

A pesar de su antigüedad, ni los griegos ni los romanos tuvieron ideas exactas de este país; lo conocieron vagamente bajo el nombre de Sérica, derivado de la voz ser, que en lengua tártara significa seda.

Gobierno: En la China no hubo castas; puede considerarse este pueblo como una familia que, desarrollándose, llegó a formar un gran imperio. El rey ejercía un poder absoluto sobre las personas y las cosas; pero semejante despotismo se hallaba atemperado por los Letrados, que constituían una secta, para entrar en la cual no se necesitaba más que estudiar y quedar bien en los exámenes.

El rey o emperador no podía conferir poder ni dignidad a persona, alguna que no fuese designada por los Letrados, y debía respetar a éstos cuando le decían la verdad.

Por lo demás, el soberano era déspota, cuando dirigía la palabra a sus cortesanos, éstos debían prosternarse; cuando salía, se cerraban todas las puertas; los que lo encontraban en su camino, debían volver las espaldas; le precedían muchos acompañantes prontos a (lar la muerte o a castigar al que faltaba a lo ordenado.

Civilización: Los chinos han sido siempre atentos y minuciosos, y hubieran podido progresar más de lo que han progresado sino hubiesen sido detenidos por una multitud de preocupaciones.

Desde muy antiguo conocen la numeración por decenas, la música, la pintura, el arte de escribir, el papel y la impresión. La seda, el barniz, la pólvora, la brújula, los pozos artesianos y el alumbrado de gas se descubrieron en China antes que en Europa. Ver: Inventos Chinos

Merecen alabanza los caminos que atraviesan montes y valles, con puentes suspendidos sobre hondos precipicios o sobre ríos anchísimos; así como las tumbas y las torres incrustadas de porcelana.

Sus progresos en medicina y astronomía fueron menos sensibles; en la primera de estas ciencias estudiaron casos especiales, pero sin deducir ninguna teoría; tenían gran práctica en el pulso y observaban con mucho cuidado los síntomas de las enfermedades, pero eran extravagantes en las aplicaciones.

En cuanto a su astronomía, nunca consistió en otra cosa que en observaciones sencillas y groseras, puesto que no conocían los instrumentos necesarios para estudiarla con provecho.

Religión: En los principios, los chinos profesaban un sistema más bien moral que religioso. Seiscientos años antes de la Era cristiana, el budismo se extendió por toda la China, donde todavía es profesado por la mayor parte de sus habitantes. Esta religión reconoce un ser supremo, todopoderoso, representado por Budha, personaje que subsiste eternamente en la persona del gran lama. Supone además un gran número de dioses subalternos y de espíritus subordinados unos a otros y diferentes en rango y poder.

Unos quinientos años antes de J. C., el filósofo chino Confucio enseñó una nueva religión, el confucismo, la que reconoce un solo Dios, pero no admite altares ni sacerdotes.

Costumbres: Según algunos tratadistas, el pueblo chino se ha hecho notable por su avanzada civilización, pero se le reprocha su carácter disimulado, su inclinación al engaño y a la mentira. Los chinos son apasionadísimos al juego. Es general el Uso de talismanes y amuletos. Viven sobriamente de arroz, gatos, serpientes y ratones; son poco aficionados a los licores, pero beben mucho té. En las fiestas públicas y domésticas gastan sus ahorros. La mujer es comprada por la familia, y el que la quiere gratis, va a buscarla a la casa de expósitos.

El infanticidio es común entre los chinos, echando los pequeñuelos a los perros o al río. El tipo de belleza consiste para ellos en tener la frente ancha, la nariz, pequeña, los ojos oblicuos, grandes orejas y cabellos muy negros. Una de las costumbres extrañas de este pueblo es la que privaba casi a las señoras de la facultad de andar, pues desde niñas les ponían un calzado especial que les doblaba los dedos sobre la planta, deformando el pie de manera que quedaba hecho una especie de muñón. Y en eso hacían consistir la principal belleza de la mujer.

¿Qué no Inventaron los Chinos? : Allá en la infancia, supe que China era un país que estaba al otro lado del Uruguay y se podía llegar allí si uno tenía la paciencia de cavar un pozo bien hondo. Después, algo aprendí de historia universal, pero la historia universal era, y sigue siendo, la historia de Europa.

El resto del mundo yacía, yace, en tinieblas. China también. Poco o nada sabemos del Pasado de una nación que inventó casi todo. La seda nació allí, hace cinco mil años. Antes que nadie, los chinos descubrieron, nombraron y cultivaron el té. Fueron los primeros en extraer sal de pozos profundos y fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas.

Crearon arados de hierro de porte liviano y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura. Inventaron la brújula mil cien años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla. Mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero.

Hace mil novecientos años, inventaron el papel. Imprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg, y dos siglos antes que él usaron tipos móviles de metal en sus imprentas. Hace mil doscientos años inventaron la pólvora, y un siglo después el cañón.

Hace novecientos años, crearon máquinas de hilar seda con bobinas movidas a pedal, que los italianos copiaron con dos siglos de atraso. También inventaron el timón, la rueca, la acupuntura, la porcelana, el fútbol, los naipes, la linterna mágica, la pirotecnia, la cometa, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias. (Fuente Consultada: «Espejos» Eduardo Galeano)

PARA SABER MAS…

LA ORGANIZACIÓN de la corte de los emperadores han fue el modelo de gobierno ideal para todos los emperadores chinos que hubo después.

GOBIERNO CRUEL
Chin ShihHuang Ti (h 259 a.C.-210 a.C.), el primer emperador de China, fue un gobernante tiránico. Sin embargo, durante su corto y opresivo mandato de 11 años unió todos los reinos rivales para formar un solo imperio y unificó la moneda y los sistemas de medida de todo el territorio. Chin Shih Huang Ti también construyó nuevas carreteras y canales, y acabó la Gran muralla para mantener a las tribus bárbaras fuera del territorio chino.

FUNDAMENTOS DE UN IMPERIO
Lui Pang (256 a.C.-195 a.C.) fundó la dinastía han en el 202 a.C., y continuó con algunas de las normas que había establecido Chin Shih Huang Ti, quien había fijado las bases para que el imperio han gobernara China durante los 400 años siguientes.

LA VIDA DEL EMPERADOR El poder del imperio han se basaba en el emperador y en su corte. Aquél vivía en un magnífico palacio amurallado y estaba protegido por soldados y un gran séquito de sirvientes y oficiales. Vivía separado de sus subditos y cualquier circunstancia de su vida, como la ropa que llevaba o los alimentos que comía, estaba rodeada de una solemne ceremonia.

JARDINES PARA EL DESCANSO
Los emperadores tenían jardines que ocupaban grandes extensiones de terreno alrededor del palacio. Estas zonas de descanso y recreo estaban reservadas exclusivamente para el emperador y su corte, y en ellas solían crecer plantas exóticas.

LOS MANDARINES El emperador han delegaba el poder en los mandarines para que administraran el imperio. Estas personas eran siervos civiles aristócratas que debían someterse a unas pruebas muy competitivas para ocupar el puesto. Los jóvenes que querían llegar a obtener uno de estos cargos debían estudiar durante años para preparar el examen.

CONFUCIO
Los oficiales de la corte estaban entrenados en la doctrina de Confucio (h. 551 a.C.-479 a.C.), cuyas enseñanzas hacían hincapié en la importancia de la obediencia y el orden en la vida diaria, lo que incluía el respeto por los antepasados. Durante su vida, Confucio había viajado por toda China enseñando a los hijos de los nobles cómo se debía gobernar un país.

TIEMPOS DE ESPLENDOR China tuvo una época de esplendor durante el mandato de la dinastía han. Las tumbas que se han encontrado demuestran el lujoso ritmo de vida que llevaban las personas adineradas del período han. A los muertos, por ser antecesores de los vivos, se les tenía que proporcionar todo tipo de comodidades. Además de alimentos, medicinas y cosméticos, las tumbas estaban llenas de objetos preciosos hechos de oro, bronce, jade y seda.

DESCUBRIMIENTOS E INVENTOS
En esta época hubo un florecimiento de la literatura y la erudición. En el s. I d.C. un oficial de la corte descubrió la manera de hacer papel, lo que contribuyó al desarrollo de la educación y a la organización del imperio. Los astrónomos también realizaron importantes descubrimientos. Dedujeron, por ejemplo, los movimientos de la luna y de las estrellas y por qué ocurrían los eclipses. Los inventores del período han perfeccionaron los relojes de sol y de agua.

Fuente Consultada:
Las Setentas Maravillas del Mundo Antiguo Chris Scarre
La Historia del Mundo DK Grupo Z