Biografia de Heraclito de Efeso-Filosofo Griego



Biografia de Heraclito, Filósofo Griego

En el siglo V a.C, en la antigua Grecia, un hombre se detiene a la orilla
de un río.

Al cabo de unos días, se da cuenta de que unas veces su cauce es más abundante y otras menos.

Estas observaciones le llevan a la conclusión de que el mundo está cambiando todo el tiempo.

El descubrimiento de que todo está cambiando siempre fue obra de Heráclito, uno de los pensadores más misteriosos de la Antigüedad, que vivió en Éfeso entre ios siglos VI y V a.C.

Escribió solamente un libro, titulado Sobre la naturaleza, del que se han conservado sólo algunos fragmentos.

Algunos de estos fragmentos parecen adivinanzas, y a menudo poseen multiplicidad de significados, según cómo se lean.

Por esta razón Heráclito es conocido también como el Oscuro.

BIOGRAFIA Y FILOSOFIA DE HERACLITO

El más profundo de los filósofos griegos presocráticos y el iniciador en cierto sentido de la metafísica nació en Efeso, de familia muy ilustre.

Pocos detalles se conocen sobre su vida, excepto que renunció a la posición nominal de basileus (rey) en las magistraturas de la ciudad. Sus aficiones le llamaban por caminos muv distintos a los de la vida política.

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Heráclito de Éfeso, ​​​ conocido también como El Oscuro de Éfeso, ​ fue un filósofo griego. Era natural de Éfeso, ciudad de Jonia, en la costa occidental del Asia Menor.

Prefería embeberse en la contemplación de la naturaleza para descifrar el enigma del ser de todas las cosas, es decir, el elemento fundamental que las constituía.

Este era el problema básico en el despertar filosófico de la Jonia, desde que Tales de Mileto había maravillado a todos con sus predicciones astronómicas y la afirmación de que en el agua cabía ver el elemento original y constitutivo del mundo.

Sin embargo, aun había otro problema que preocupaba más a Heráclito: el de la posibilidad del cambio, la relación entre el ser y el devenir.

Los filósofos eleáticos, Jenófanes y Parménides, se habían inclinado por la noción del ser eterno e invariable de las cosas.

No fue éste el criterio del filósofo de Efeso.

En sus profundas disquisiciones, difíciles de comprender incluso para un hombre como Sócrates, lo que parece ser debido a la concepción aforística de los pensamientos, Heráclito aceptó la teoría de la unidad de la naturaleza, propia de la escuela jónica, pero negó la manera de ser que aquélla le atribuía.

Si todas las cosas eran una, esta unidad estaba integrada por la «tensión opuesta» de los miembros singulares de ella.

Calor y frío, noche y día, bueno y malo, etc., eran las mismas cosas en el sentido de ser las mitades inseparables y opuestas de un todo.

Esta materia inicial, el primer elemento, no es el agua de Tales ni el apeiron (lo ilimitado) de Anaxímenes, sino el fuego; fuego eterno, inquieto y dotado de razón, que por eso se llama también logos y diké (la razón y la justicia).

El fuego es uno; pero se halla en continua transfor-mación, en el aire, en el agua y en el cielo.

A su vez, estos otros elementos se transforman en fuego, y el ritmo general de los acontecimientos y el orden en el cambio es, precisamente, el logos.

Así, pues, en Heráclito la unidad, la regularidad y el cambio eterno son las cualidades fundamentales de lo existente, reducidas a una invisible armonía.

La comprensión consiste en conocer esa armonía, y la virtud, en subordinar el individuo a las leyes de la misma.

Su doctrina práctica de la vida la resume de la siguiente manera: «La ley de las cosas es la ley de la razón universal.»

La filosofía de Heráclito, de carácter aristocrático y dirigida a los núcleos selectos de la intelectualidad jonia, ha sido calificada de «obscura».

Realmente, él no se proponía divulgar sus concepciones entre el vulgo, al que despreciaba. «Diez mil juntos — decía—no llegan a pesar lo que uno excelente.»

En lucha contra la oleada democrática, de carácter ya degenerado, que invadía las ciudades de la Jonia después del triunfo de Atenas sobre Persia, Heráclito expresa su pesimismo para el futuro de la cultura y se yergue como defensor del valor directivo de las altas personalidades.

Para Heráclito, todo lo que existe, incluidos los hombres, los animales, las plantas y las estrellas, es el resultado de una lucha de contrarios, donde todo cambia sin cesar.

De esa manera, el día se conuierte en noche, el calor enfrío, lo joven en viejo, lo pequeño en grande, y lo vivo en muerto.

NADIE SE BAÑA DOS VECES EN EL MISMO RIO:

«Nadie se baña dos veces en el mismo río» afirmó Heráclito, porque el agua corre sin cesar, y cada vez que nos bañamos el agua es diferente.

Tampoco su cauce es nunca el mismo, pues el nivel del agua no es igual, y las orillas se erosionan y se transforman.

Finalmente, también nosotros somos distintos cada vez, pues nuestros pensamientos y sentimientos no son los mismos de la vez anterior.

Aunque sólo haya pasado un día desde esa vez anterior, ya somos un día más viejos, porque todo fluye y nada es permanente.

fuente

Enlace Externo: ¿Quien Fue Heráclito?

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