Imperialismo Europeo en China Rebeliones Sociales y Bélicas



DESMEMBRAMIENTO DE CHINA Y LA REBELIÓN DE LOS BOXERS

En Asia había nacido una nueva potencia, y China tuvo que ceder, una vez más. El Tratado de Shimonoseki entregó Corea al Japón, así como la isla de Formosa, las islas Pescadores, la península de Liao-Tung y las mismas ventajas comerciales o jurídicas, en su territorio, que las ya concedidas a los europeos.

La importancia de las concesiones chinas acaso no fuese más que un ardid de Li-Hong-Tchang, el cual sabía que los occidentales no aceptarían de buen grado que los japoneses, recién llegados, obtuviesen, sin gran esfuerzo1 y tras una breve campaña, mucho más de lo que ellos habían conseguido en medio siglo.

Los occidentales no dejaron de reaccionar, pero no en el sentido que los chinos esperaban. Las cajas del Estado se hallaban vacías, la corte no había sabido moderar sus gastos y la vida de corrupción continuaba en la ciudad prohibida, como si no hubiera pasado nada. Los japoneses exigían enormes indemnizaciones de guerra.

Al mismo tiempo, incapaces, desalentados o impotentes, los funcionarios no lograban allegar suficientes recursos. Los europeos se ofrecieron entonces como banqueros, exigiendo, desde luego, garantías, concesiones para ferrocarriles, territorios.

Hasta entonces, no habían sido más que dentelladas, pero la guerra chino-japonesa había descubierto la debilidad china, y ahora se producía ya el derrumbamiento, la desmembración. Francia se adueñó de la isla de Hainán; Inglaterra, del valle del Yang-Tse-Kiang y de Wei-hai-Wei; los rusos ocuparon Port Arthur y lograron importantes ventajas en Manchuria; Alemania, por su parte, se estableció en el Shantung, y el Japón en el Fu-Kien, frente a Formosa.

Emperatriz Manchú Tseu Hi y sus fieles

En estas zonas de influencia, existía el derecho de extraterritorialidad, para protegerlas contra las potencias ocupantes. China parecía a punto de perder su unidad. Sólo los Estados Unidos intervinieron para afirmar el principio de «puerta abierta»: la nueva potencia americana no quería renunciar a los beneficios que sus competidores europeos esperaban sacar de China.

LA REBELIÓN DE LOS «BOXERS»
Mientras tanto, en Pekín, el joven emperador Kuang-Siu, ayudado por otros jóvenes, muchos de ellos formados en las universidades occidentales, intentó un giro reformista. Con los «cien días» del emperador Kuang, se multiplicaron las innovaciones: reformas en los exámenes, creación de Cámaras de Comercio, servicios de traducción. Pero la emperatriz Tseu-Hi reaccionó. Un ejército antirreformista avanzó sobre Pekín, y los ministros reformadores fueron asesinados o huyeron. Tseu-Hi gobernó, de nuevo, sin impedimentos, pues el emperador Kuang tuvo que resignarse a ser un simple elemento decorativo en su propio palacio.

Tseu-Hi había acertado a poner fin a la tempestad. Pero el pueblo contenía su cólera, el orgullo de los chinos estaba humillado por las derrotas, budistas y taoístas se quejaban de la implantación del cristianismo: las misiones eran muy activas, y, evidentemente, gozaban, a los ojos de muchos chinos, del prestigio y de la fuerza de las potencias occidentales.

Los artesanos, por su parte, se hallaban en una situación económica difícil: los productos industriales, importados masivamente, les imponían una competencia difícilmente soportable. En aquel clima, una secta, como siempre sucede en China, acertó a encontrar un ambiente favorable para una gran expansión. «Los puños de la concordia y de la justicia», a quienes los occidentales llamaron boxers (boxeadores).

En Pekín, había millares de ellos: aparecieron carteles reclamando la salida o la matanza de los extranjeros. La corte los apoyaba, y, gracias a eso, podían actuar casi a la luz del sol. Circulaban libremente, y se les reconocía por sus «foulards» rojos anudados sobre la cabeza, por las cintas rojas que rodeaban sus pulsos y sus tobillos. En sus banderas, el reconocimiento oficial: «Combatimos a las órdenes del emperador».



Su propaganda hace a los «diablos de Occidente», responsables de todas las desgracias que China sufría. ¿Cómo explicar —a no ser por el desorden del mundo, debido a los occidentales— la sequía y las calamidades agrícolas? . Era necesario, pues, que el pueblo restableciese el tao, es decir, el orden de las cosas. Toda aquella propaganda encontraba cierta apariencia de fundamento en hechos muy simples que cualquier chino podía observar. La técnica moderna ofendía a los espíritus. ¿Una prueba? La serpiente de hierro (los hilos telegráficos) ¡goteaba sangre de los espíritus! (El líquido rojo era el orín que se disolvía con la lluvia.)

A la xenofobia y al sentimiento de frustración religiosa, se unía el fanatismo de los iniciados de la secta. Puesto en trance de gran exaltación, en medio de un ruido ensordecedor y presa de movimientos desordenados, el iniciado se cree insensible al dolor e invulnerable. La más vulgar prestidigitación venía a reforzar esta idea.

Las balas occidentales no podían matar a los boxers, más que provisionalmente. ¿Una prueba? Un hombre dispara contra un boxer: éste se tambalea, cae, se hace el muerto, pero en seguida se levanta con la bala en la mano. Un truco elemental y simple, preparado por dos compinches, pero que impresionaba a una población ignorante. En mayo de 1899, comenzaron los ataques importantes.

Hubo matanzas de chinos cristianos, y un diplomático alemán fue muerto en plena calle. El 17 de junio, los chinos bombardearon el barrio de las legaciones. Con pocas tropas, los occidentales se parapetaron y se defendieron como pudieron. Tropas regulares chinas no tardaron en reforzar a los boxers.

La inquietud en Europa llegó al máximo, y se creó un ejército internacional que avanzó sobre Pekín, pero no antes de primeros de agosto. El día 12, las tropas internacionales consiguen tomar Pekín, en el momento justo: los víveres se habían acabado ya en el barrio de las Legaciones. En represalia, la ciudad fue saqueada. Enloquecida, Tseu-Hi huyó, disfrazada de campesina.

Los europeos victoriosos decidieron hacer pagar a China el miedo que les había causado. Para vengarse de las atrocidades de los boxers, especialmente contra los misioneros, los soldados robaron, violaron, asesinaron.

En 1901, se firmó una paz humillante para China. Se exigió el castigo de los culpables, y la entrada masiva, como funcionarios, de los jóvenes educados en las escuelas de los misioneros. En adelante, el barrio de las Legaciones sería custodiado por tropas europeas, y se exigió a los chinos una fuerte indemnización de guerra.

ALGO MAS SOBRE EL IMPERIALISMO EUROPEO….

La invasión aglo-francesa de 1857 a 1860 terminó con la ocupación de Pekín, el saqueo e incendio del Palacio de Verano y la firma de nuevos tratados humillantes. En 1858 China cedió a Rusia el territorio situado al norte del río Amur y dos años después entregó la península de Ussuri (en la que los rusos erigirían Vladivostok), al tiempo que también procedía a grandes entregas de territorio en Asia Central, más allá de la frontera de Sinkiang.

La voracidad rusa resulta comprensible: siempre fue la potencia que compartió la más larga frontera terrestre con China y hacía muchas décadas que presionaba en Asia Central. Aunque no los gobernaron directamente, otros estados europeos se apoderaron de territorios sobre los que los chinos reclamaban su dominio: los británicos se apoderaron de Bir-mania, los franceses de buena parte de Indochina y, en 1895, los japoneses obligaron a los chinos a renunciar a su reclamación de soberanía sobre Corea, que se independizó.



Simultáneamente Japón arrebató al imperio la isla de Formosa (Taiwán). A lo largo de los años siguientes, alentados quizá por el ejemplo japonés y preocupados porque sus rivales se les adelantaran en la carrera si China se derrumbaba, los europeos volvieron a despojar a China de algunos territorios. Los rusos se instalaron en Port Arthur; Gran Bretaña, Francia y Alemania firmaron arriendos a largo plazo de muchos puertos marítimos y hasta los portugueses (que llevaban en China más tiempo que cualquier otro estado europeo) convirtieron su viejo arriendo de Macao en posesión.

No es sorprendente que en 1900 muchos europeos supusieran que China se quebraría o desmoronaría como había ocurrido con el imperio turco….

mapa de imperialismo europeo en china

Mapa de imperialismo europeo en China

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

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