La Generación del 80

La Confederacion Argentina Origen Desarrollo y Consecuencias Pactos

La Confederación Argentina
Origen, Desarrollo y Consecuencias – Pactos de Convivencia

Desde 1835 el general Rosas gobernó de manera dictatorial; su represión fue tan férrea que terminó por provocar la unión de todos sus opositores y su derrocamiento en 1852, por un grupo revolucionario dirigido por el general Justo José de Urquiza, antiguo gobernador de Entre Ríos, quien recibió ayuda de Uruguay y Brasil. A raíz de esta batalla se empezó a elaborar una nueva Constitución aprobada en 1853 -año en que Urquiza se transformó en el primer presidente de la República Argentina- y que ha estado en vigor hasta 1994.

La provincia de Buenos Aires rechazó adherirse a la nueva Carta Magna y proclamó su independencia en 1854, separándose del resto de las demas provincias, las cuales formaron una confederación nacional o argentina bajo la conducción de su primer presidente Urquiza. La mutua hostilidad entre los dos Estados se reavivó en la guerra de 1859.

La República Argentina obtuvo rápidamente la victoria y en octubre de 1859 Buenos Aires consintió en unirse a la Federación. A estos conflictos siguieron varios años de enfrentamiento con un único motivo: Buenos Aires. Su poder y su riqueza la enfrentaron al resto de la nación en diferentes ocasiones.

justo jose de urquiza presidente de la confederacion argentina

La Constitución Nacional de 1853: El Congreso General Constituyente se reunió el 20 de noviembre de 1852. Eligió presidente a Facundo Zuviría, representante salteño. Urquiza delegó en su ministro Luis José de la Peña la lectura de su discurso inaugural.

Refiriéndose a la ausencia porteña decía uno de sus párrafos: “Porque amo al pueblo de Buenos Aires me duelo de la ausencia de sus representantes en este recinto. La geografía, la historia, los pactos, vinculan Buenos Aires al resto de la Nación”. Ni ella puede vivir sin sus hermanas, ni sus hermanas sin ella. En la bandera argentina hay espacio para más de catorce estrellas, pero no puede eclipsarse una sola.”.

El 18 de abril de 1853 fue presentado el Proyecto de Constitución por la comisión encargada de hacerlo. Pero el 20, Zuviría pidió el aplazamiento de las tareas pues “el país seguía convulsionado y estaba lejos de ofrecer el ambiente de tranquilidad y orden necesario”.

Su moción fue rechazada , y de inmediato se abrió el debate; el 1º de mayo la Constitución fue sancionada. El día 25 se promulgó y el 9 de julio fue jurada. Se eligieron esas dos fechas para dar jerarquía histórica y confirmación de argentinidad al acto.

Además de la Constitución de los Estados Unidos y de las nuestras de 1819 y 1826, que no alcanzaron a aplicarse, influyeron en la redacción un libro titulado”El federalista” y sobre todo la obra de Juan Bautista AlberdiBases y puntos de partidapara la Organización Política de la Confederación Argentina”.

juan bautista alberdi

Contenía sensatos consejos entre los cuales figuraba la calurosa recomendación de atraer inmigrantes europeos, brindándoles amplias garantías.

Coincidía en esto con la idea expuesta por Sarmiento en un párrafo de su obra “Facundo” : “El mal que aqueja a la Argentina es la extensión”.

La Constitución comprendía un preámbulo y 110 artículos. Constaba de dos partes: la primera con las declaraciones, derechos y garantías; la segunda con el enunciado de las autoridades de la nación, subdividida en dos títulos: Gobierno Federal y gobiernos de provincias.

El Gobierno Federal estaba integrado por tres poderes:

El Poder Legislativo, compuesto de dos cámaras, la de diputados,elegida en proporción al número de habitantes, por el término de 4 años, y la de senadores, a razón de 2 por provincia, que duraban 9 años.

El Poder Ejecutivo era ejercido por un presidente y un vicepresidente, designados por un grupo de electores; ocupaban el cargo durante 6 años y no podían ser reelectos de inmediato. El presidente nombraba los ministros.

El Poder Judicial estaba a cargo de una Corte Suprema de Justicia y de los tribunales y jueces federales.

Las provincias conservaban toda la soberanía no expresamente delegada; pero la Constitución era la ley Suprema de la Nación, y ninguna constitución o ley provincial podía contener disposiciones que le fueran contrarias.

La Constitución de 1853 rigió en el país, con pequeñas enmiendas, hasta la sustancial reforma en el gobirtno de Juan Perón de 1949.Reformas que fueron restablecidas el 1º de mayo de 1956.

EL ESTADO DE BUENOS AIRES:
La provincia se organiza en Estado disidente:

Mientras la Confederación Argentina había jurado la Constitución Nacional, la provincia de Buenos Aires se organizaba en un Estado disidente. La Legislatura se atribuyó funciones constituyentes y designó una comisión de siete miembros para redactar un proyecto de Constitución. Esta fue sancionada en abril de 1854 y en su conjunto trataba de satisfacer el localismo político.

Reunidas ambas cámaras de Buenos Aires en asamblea, designaron primer gobernador constitucional al Dr. Pastor Obligado, a quien secundaron Mitre, Alsina, Vélez Sársfield y otros.

La provincia inició un período de franco progreso. A diferencia del resto del país, las finanzas continuaron mejorando y fueron reorganizados el Banco de la Provincia y la Casa de Moneda.

Se fundaron varios pueblos, entre ellos Chivilcoy y Bragado, que hasta esa época eran simples fortines contra los indios. Fueron creados varios establecimientos educacionales en la ciudad de Buenos Aires, y Sarmiento —de regreso de Chile— ocupó el cargo de Director del Departamento de Escuelas.

FERROCARRIL

Un paso importante en el futuro desarrollo del transporte se produjo en agosto de 1857, cuando se inauguró oficialmente la primera linea ferroviaria en un tramo de diez kilómetros, desde la estación del Parque (hoy Plaza Lavalle) hasta Floresta. Los vagones fueron arrastrados por la locomotora “La Porteña”.Se instaló en Retiro la “Compañía Primitiva de Gas”, que suministró el fluido necesario para alumbrar calles y casas ubicadas en el radio céntrico, manteniéndose en el resto los débiles candiles con aceite.

 

MAPA DE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA

mapa de la confederacion argentina

Las Presidencias: Urquiza y Derqui

PRESIDENCIA DE URQUIZA: La Asamblea Constituyente eligió presidente de la Nación a Urquiza y vicepresidente a Salvador María del Carril. El 5 de marzo de 1854, prestaron juramento e instalaron su gobierno en la ciudad de Paraná. Las provincias revisaron sus constituciones para ponerlas de acuerdo con la nacional.

En octubre se instaló también el primer Congreso Legislativo con sus dos cámaras de diputados y senadores. Entre sus leyes figuraron la de organización y reglamentación de la Justicia Federal. Fue reconocida la independencia del Paraguay y acordado un tratado de límites, comercio y amistad con esa nación. Otros tratados del mismo carácter se firmaron con los Estados Unidos, Brasil, Bolivia y Chile y algunas naciones europeas. En 1856 fue enviado Alberdi a España con el mismo objeto, pero no se llegó a aprobarlo.

La educación fue uno de los objetos de mayor interés. La Universidad de Córdoba y el Colegio de Montserrat se transfirieron a la Nación. Se votaron subsidios para la creación y mantenimiento de escuelas primarias. El Colegio de Concepción del Uruguay concedió becas a estudiantes del interior del país. Fue fomentada la navegación del Uruguay y el Paraná, la ciudad de Rosario quedó habilitada como puerto de ultramar.

Otras realizaciones facilitaron el ingreso de inmigrantes procedentes de Suiza, norte de Italia y Alemania, fundándose las primeras colonias agrícolas: las de Esperanza en Santa Fe, Santa Ana y Yapeyú en Corrientes, Calera de Espiro (Colón) y San José en Entre Ríos. Se trazaron planos para el tendido de líneas férreas sin alcanzarse a comenzarlas.

La obra constructiva. Fueron fundados, entre otros, los pueblos de Chivilcoy, Bragado y Las Flores; se inauguró el primer ferrocarril, de diez kilómetros de largo, que unió las estaciones de Plaza del Parque (hoy Lavalle) con la de San José de Flores.

Fue encendido el alumbrado a gas, se habilitó el muelle de acceso de pasajeros que se internaba en el río para facilitar el transbordo; otras construcciones notables fueron la Aduana, de forma semicircular, y el teatro Colón (en la Plaza de Mayo). En 1854 se reorganizó el Banco de la Provincia y la Bolsa de Comercio. La exposición agrícola e industrial del año 1859 demostró las grandes realizaciones alcanzadas en ese orden. Sarmiento, nombrado Director General de Escuelas, impulsó en vasta escala la fundación de colegios y la mejora de los existentes.

La Confederación y el estado de Buenos Aires: La provincia de Bs.As. dictó una Constitución propia en abril de 1854, declarando su soberanía; pero Mitre, diputado, consiguió que se agregara la cláusula “mientras no la delegase en un gobierno general”; esto dejaba abierta la posibilidad de reincorporarse a la Nación. Eligió gobernador al doctor Pastor Obligado.

Rozamiento con la Confederación. En 1854, el general Jerónimo Costa invadió por propia iniciativa la provincia con un fuerte contingente, para conseguir la Unión Nacional. Fue derrotado en noviembre en el combate de El Tala.

Obligado protestó enérgicamente ante Urquiza por la tolerancia con que permitió organizar ese ataque. Urquiza contestó en términos conciliatorios e internó los dispersos de Costa y otros elementos empeñados en intentar nuevas invasiones. De ese cambio de notas surgió un “Tratado de Buena Vecindad”. Aprobaba el uso común de la bandera argentina, y la ayuda recíproca en caso de conflictos con el extranjero o para defenderse de los “malones” indígenas.

La Unidad Nacional: Un hondo sentido de “Patria Grande” seguía latiendo en muchos ciudadanos fieles a la tradición de Mayo. En Buenos Aires, abogaba por ello el periódico “La Reforma Pacífica”, dirigido por Nicolás Calvo. Pero el posible arreglo,en opinión de Mitre, Alsina, Mármol, Sarmiento y otros, sólo podría alcanzarse sin humillación ni desmedro para el prestigio de la gran ciudad: nada que pudiese considerarse rendición o entrega.

Refutaban a “La Reforma Pacífica” en las columnas de “La Tribuna”. Los ánimos se encendieron y hubo choques y disturbios en manifestaciones públicas de ambos bandos. Para evitarlos, los dirigentes de la Unión adoptaron la estrategia de reunirse en lugares cerrados celebrando banquetes, esto les valió ser motejados de “chupandi-nos”, a lo cual replicaron designando a sus contrarios como “pandilleros” (pandilla: grupo de individuos alborotadores).

Al margen de estos factores que llamaríamos “sentimentales”, gravitó fundamentalmente la cuestión económica . La ciudad porteña seguía atrayendo la casi totalidad de los barcos extranjeros con el consiguiente pago de los derechos de aduana y otras inversiones privadas. El interior, privado de esos recursos, no alcanzaba a recaudar lo suficiente para cubrir los gastos oficiales.

Mediante la Ley de Derechos Diferenciales trató de reparar el déficit, favoreciendo los barcos que recalaban directamente en puertos de la Confederación. Los llegados después de estar en Buenos Aires debían abonar un recargo. No consiguió la importancia calculada ni causó gr.andes perjuicios a los porteños.

La elección de nuevo gobernador por la Legislatura provocó choques violentos entre los favorables a la Unión y los que insistían en el cisma. Al decir del historiador Pelliza “en cada mesa de votantes se libró un combate”. Triunfaron los separatistas y elegieron gobernador al doctor Valentín Alsina, enemigo personal de Urquiza. Se preocupó en fortificar su posición. Importó gran cantidad de armas y equipos, persiguió a los opositores, cuyas comunicaciones con las provincias fueron estrictamente vigiladas.

En Buenos Aires surgió un partido opositor, de tendencia federal, que bregaba por la unión de la provincia con el resto del país. El órgano representativo de este partido fue el periódico “La Reforma Pacífica”, dirigido por Nicolás Calvo. De acuerdo con su título propiciaba una política conciliatoria, sobre la base de revisar la Constitución sancionada. Los defensores de la política porteña, de carácter separatista y enemiga de Urquiza, contaban con el periódico “La Tribuna” dirigido por Carlos Gómez y en cuyas columnas también colaboraban Mitre, Sarmiento, Héctor Várela, el poeta Mármol y otros. La “Reforma Pacífica” atacó a los oficialistas calificándolos de “pandilla” porque recorrían las calles en forma tumultuosa; de allí derivó el mote de oandilleros, con que fueron reconocidos los partidarios del gobierno de Buenos Aires. Por su parte, los últimos denominaron a los unionistas federales de chupindinos porque efectuaban frecuentes reuniones partidarias donde no escaseaba el vino.

PACTO DE SAN JOSÉ DE FLORES: En San Juan, una tendencia adicta a Buenos Aires, resultante de un sostenido comercio de vinos y otros productos de consumo.se alzó en armas y asesinó en 1858 al exgobernador y gran caudillo federal Nazario Benavídez. Urquiza envió una intervención; pero el Congreso Federal votó, además, en abril de 1859, una ley disponiendo la reincorporación de Buenos Aires a la Nación.

Fracasaron las gestiones de varios diplomáticos extranjeros para evitar la guerra. Urquiza, al frente de un fuerte ejército, invadió la provincia, y el 23 de octubre derrotó a Mitre, su adversario, en la batalla de Cepeda.

Pero Mitre, mediante una hábil maniobra, logró replegarse a San Nicolás, embarcó sus fuerzas reorganizadas y llegó a Buenos Aires, dispuesto a seguir luchando. Francisco Solano López, hijo del dictador del Paraguay, ofreció oficialmente la mediación de su padre para acordar la paz. Alsina pretendió rehusarla,pero la opinión se opuso y lo obligó a renunciar.

Reunidos representantes de ambos bandos en San José de Flores, bajo la presidencia de López, firmaron la paz. Buenos Aires se incorporaba a la Federación. La Constitución de 1853 sería revisada por una Convención Provincial; debía además respetar la integridad territorial de la Provincia.

Su Aduana pasaba a la Federación; eso significaba que los valiosos derechos de importación pasaban al Tesoro Federal. La Convención porteña reunida en enero de 1860 propuso lo siguiente; El artículo que declaraba a Buenos Aires capital de la República se cambió por otro, aplazando esa designación a una futura ley del Congreso Nacional, con la condición de que debía contar con el consentimiento de las autoridades de la provincia para el traspaso del correspondiente territorio.

Agregó otras disposiciones más democráticas en el texto de la Constitución y propuso el nombre de Nación Argentina (en vez de Confederación Argentina) como designación en el orden internacional.

En el mes de septiembre la Convención Nacional reunida en la ciudad de Santa Fe aprobó con leves modificaciones lo resuelto en el pacto de San José de Flores.

PRESIDENCIA DE SANTIAGO DERQUI-PAVÓN: En las elecciones presidenciales triunfó el doctor Santiago Derqui; integraba la fórmula como vicepresi dente Esteban Pedernera. Al mismo tiempo la Legislatura de Buenos Aires elegía gobernador a Mitre.

La aparente concordia se quebró a raíz de los “Sucesos de San Juan”. Su gobernador, José Virasoro, miembros de su familia y amigos fueron asaltados en su domicilio y asesinados por un Derqui Santiagogrupo de opositores. Estos eligieron gobernador al doctor Antonino Aberastain, decidido “porteñista”.

Derqui no lo reconoció y en enero de 1861 un ejército federal comandado por el coronel Juan Saá lo derrotó en el combate del Pocito. Aberastain y muchos otros adictos fueron fusilados. La matanza provocó un gran movimiento de protesta en Buenos Aires.

El descontento aumentó cuando el Congreso Nacional rechazó a sus representantes por no haberse elegido conforme a las disposiciones de la ley nacional. Mitre protestó enérgicamente e insistió en mantener los senadores y diputados ya elegidos; éstos se apresuraron a renunciar a sus cargos.

El Congreso Nacional decidió entonces intervenir la Provincia; misión que se confió a Urquiza, quien se había distanciado de Derqui. Éste trasladó el gobierno a la ciudad de Córdoba para reunir fuerzas y posiblemente con esa dilación negociar las posibilidades de un arreglo. Pero Urquiza marchó con su ejército, compuesto en gran parte por entrerrianos y correntinos.

Sumaban en total 17 000 hombres. Mitre lo enfrentó con 22 000 mejor armados y disciplinados. Una última tentativa de arreglo juntó a bordo de un buque de guerra inglesa a Derqui,Urquiza y Mitre sin llegar a ningún resultado. La batalla se libró en Pavón, en la frontera entre Buenos Aires y Santa Fe, el 17 de septiembre y terminó con la retirada de Urquiza.

Los vencedores ocuparon Rosario, Derqui renunció el 5 de noviembre y pasó a Montevideo. El vice, Pedernera, lo hizo a su vez, con lo que quedó acéfalo el gobierno nacional.

Mitre, inspirado por un elevado sentimiento de argentinidad y por el aprecio que le inspiraba el jefe entrerriano, entabló negociaciones. Acordaron que la Constitución Nacional vigente no sería alterada; que la situación política de Entre Ríos seguiría en manos de Urquiza.

mitre organiza el pais

LA UNION DEFINITIVA DEL PAÍS
El general Mitre elegido presidente de la Nación

El general Mitre, sin abandonar el cargo de gobernador de Buenos Aires, desempeñaba provisoriamente el mando del país como Encangado del Poder Ejecutivo Nacional En esas circunstancias, convocó al pueblo de las provincias para elecciones de representantes, y el 25 de mayo de 1862 inició sus sesiones el Congreso Nacional en la ciudad de Buenos Aires.

Mitre leyó en la reunión inaugural un importante mensaje. Dijo entre otros conceptos: “En el instante en que los poderes públicos se disolvían y que la manifestación material de la unidad argentina se borraba, era necesario pensar y decidir que ese eclipse era transitorio, y que esa disolución aparente era una verdadera labor de regeneración, de la que la República resurgirá en breve fuerte, compacta y libre”.

En el mes de junio, la Asamblea aprobó la actuación cumplida pqr Mitre al frente del gobierno provisional y de inmediato dispuso realizar la elección de Presidente y Vicepresidente de la República. Los comicios se efectuaron en todo el país, con excepción, de Catamarca que no participó.

Practicado el escrutinio, f^itre resultó elegido Presidente constitucional de la Nación por,unanimidad de sufragios, y Vicepresidente el Dr. Marcos Paz, quien logró 91 votos de los electores. Los nuevos mandatarios tomaron posesión de sus cargos el 12 de octubre de 1862, en la ciudad de Buenos Aires, donde quedó instalada la sede del gobierno nacional.

Fuente Consultada:
HISTORIA 3 – La Argentina y el Mundo – José Astolfi – Editorial Kapelusz
HISTORIA 5 – Instituciones Políticas y Sociales desde 1810 – José Cosmelli Ibañez – Editorial Troquel

Funcion Social de la Escuela Relación Con La Familia y Sociedad

Función Social de la Escuela – Su Relación Con La Familia y Sociedad

UN POCO DE HISTORIA…. La escuela es el “segundo hogar” donde vivimos una etapa trascendente de nuestra vida y formación. Quedan grabadas para siempre las impresiones de los primeros días de cada grado y de la promoción final, que nos ha permitido “ingresar” ahora en un nuevo tipo de escuela. Y está en nuestra mira tener acceso, al egresar del ciclo secundario, a otra institución escolar de nivel terciario.

Vale decir que el estudiante de primer año sabe, sobre las escuelas, por propia experiencia. Ahora se trata de procesar esos conocimientos y elaborarlos, incorporándoles otros nuevos, para comprender mejor el porqué de la educación y las características de la institución que integra. En primer lugar, con la ayuda de la Historia, recordaremos cómo y por qué surgieron las escuelas.

La sociedad y la educación también mantienen estrechas relaciones y el sistema educativo responde a la manera como son entendidas estas relaciones. Hasta no hace muchos años, el sistema educativo se proponía la construcción de un modelo de sociedad o un “proyecto nacional” por el que la escuela tenía como función consolidar el Estado nacional y la vigencia de un orden político democrático que debía garantizar que todos los habitantes accedieran a los mismos conocimientos.

funcion social escuela

“La educación es el proceso por medio del cual una comunidad trasmite a sus integrantes su cultura y sus aspiraciones, con el objeto de asegurar y renovar su propia existencia y desarrollo.”

La necesidad de la educación surge de la diferencia de nivel entre los miembros maduros y los nuevos integrantes de un grupo social. Los primeros procuran dar a sus continuadores crianza y preparación para que conserven y mejoren las funciones y valores que a su turno recibieron.

En los animales el crecimiento asegura la conservación de los instintos y conductas convenientes a la especie. Pero los hombres crean costumbres, ideales e instituciones que no resultan físicamente hereditarias. En las sociedades más primitivas la diferencia entre maduros e inmaduros no es tan notable como en las más civilizadas. El ensanchamiento de esa diferencia implica un aumento de la necesidad de la educación para la supervivencia de la sociedad y la continuidad de su progreso.

Por ello es que surgió, por lo menos desde la invención de la escritura, la idea de la educación sistemática por medio de la escuela. La humanidad comenzó a escribir grabando o pintando imágenes y símbolos de objetos y acciones. En la antigua Mesopotamia, los jóvenes de familias importantes podían aprender en escuelas anexas a los templos, donde había maestros para formarlos. Dominar el uso de los centenares de signos “cuneiformes” básicos los convertía en “escribanos” de aquel tiempo.

En Egipto, que inmortalizó al “escriba” en una famosa escultura, la corte del faraón instaló escuelas para preparar a los nuevos integrantes del grupo, que se consideraba a sí mismo representante de la divinidad. En Caldea la enseñanza fue también de carácter, religioso, mientras que en Persia abarcó otros propósitos: según Jenofonte, la educación persa incluía “la equitación, las armas y el amor a la verdad”.

Pero los antecedentes que cobran más importancia son los de Grecia y Roma, y además se tienen de ellos mayores datos. En Grecia el ideal fue buscar la perfección física y moral del individuo, para bien propio (principalmente en Atenas) y para bien del Estado (en Esparta).

La educación física era importante en Esparta, para la formación de guerreros, y en Atenas, para el logro de la belleza y la armonía. La instrucción y la formación moral, más la gimnasia y la música constituyeron la “paideia”, es decir, la incorporación a los ideales de la cultura griega. Roma, con la evolución del poderío del Estado, llegó a organizar un sistema de instrucción oficial, aunque siempre limitado a una parte privilegiada de la sociedad.

El advenimiento del Cristianismo hizo surgir nuevos trascendentes fines educativos: además de cultura y destrezas se quiso dar al espíritu una disposición general hacia la comprensión de las cosas de este mundo en su relación con el Dios creador. La predicación igualitaria de la frugalidad que conduce a una vida más espiritual halló eco entre los pobres y oprimidos y en las comunidades jóvenes y rústicas.

Para formar las almas desde la niñez, las escuelas fueron surgiendo cada vez más numerosas junto a iglesias y monasterios. El emperador Carlomagno alentó la multiplicación de las escuelas y llamó a colaborar a famosos filósofos y maestros. Aunque se quería enseñar toda la ciencia (lo que hoy se llama “enciclopedismo”) no faltaba la intención de, además de informar, formar.

En la Edad Moderna se intensificaron los esfuerzos para ampliar y mejorar la enseñanza, buscando seleccionar conocimientos que la imprenta permitía divulgar. Lutero reconvenía a los señores, instándolos a fundar escuelas. Ignacio de Loyola y otros predicadores fundaron congregaciones, incluyendo en sus fines el de consagrarse a la educación. Religiosos, escritores y políticos fueron contribuyendo a la generalización educativa y propusieron nuevas formas más eficientes (métodos) para enseñar.

La Edad Contemporánea es la de la “escuela común”. Ella está formada por establecimientos primarios gratuitos, a los que todos los niños tienen acceso. El Estado, en representación de una sociedad y sin diferencias de clases, instala la escuela o apoya las creadas por lo¡ particulares. El ideal actual es no sólo que haya escuelas para todo; sin excepción, sino que la enseñanza favorezca el desarrollo pleno d« la personalidad de cada uno.

Si la escuela primaria está destinada a la niñez, la escuela secundaria tiene como finalidad primordial la formación integral de los adolescentes, mientras la universidad y otras instituciones terciarias posiblitan a los jóvenes y mayores su preparación como educadores, investigadores y profesionales. Existe también un nivel cuaternario, que corresponde a la especialización de los graduados en el nivel terciario (universitario y no universitario).

La universidad surgió de las corporaciones o gremios medievales de maestros y estudiantes. La palabra “universitas” en un principio se aplicó a cualquier gremio reconocido, pero luego se restringió al grupo de sabios y discípulos organizado para la formación de maestros, licenciados y doctores.

Para los jóvenes universitarios meritorios pero pobres hubo benefactores que instalaron “colegios”, es decir, hosterías gratuitas donde además de alojarse podían estudiar con la ayuda de preceptores. El colegio más famoso fue el que instaló en París el doctor Roberto de Sorbón; desde entonces decir “La Sorbona” es nombrar la Universidad de París, El éxito de esa idea originó que la mayoría de las universidades creasen su respectivo colegio, que con el tiempo pasaba a ser escuela preuniversitaria.

Ello explica que nuestra Constitución Nacional diga “instrucción general y universitaria”, entendiéndose como general, la primaria; y universitaria, lo que hoy abarcan la educación media y la superior. Pero desde hace un siglo la enseñanza media fue apartándose de la idea de una exclusiva preparación para la universidad y, adecuándose a las exigencias de los tiempos modernos, procura además ofrecer formación técnica o profesional.

Ver: Deberes de las Padres e Hijos

Inserción de la escuela en su comunidad

La sociedad es el conjunto de los seres humanos relacionados por sus circunstancias comunes. La principal característica de la sociedad es la “interacción”, es decir, la mutua influencia de los actos de sus integrantes.

Una comunidad es una sociedad donde la interacción es más intensa y más evidentes los lazos que unen a sus miembros. Los hombres que tienen muchas cosas en común viven en comunidad.

Para que resguarde e irradie los valores de la comunidad ha surgido la escuela moderna. La sociedad actual es sumamente compleja, y la familia, aunque sigue siendo la primera institución educadora y sociali-zadora, no puede capacitar suficientemente en oficios y profesiones. Por ello, las familias delegan en la escuela la acción educativa sistemática y confían a sus representantes en el gobierno del Estado la realización de la política educacional.

En una sociedad democrática la legislación tiene que organizar la enseñanza sin perder de vista que es por mandato y delegación de la comunidad y a su servicio, que hay que crear y mantener un eficiente sistema educativo.

En su gran libro “Educación popular”, Sarmiento proponía allá por el año 1849, un sistema de contribuciones (“impuestos”), destinadas directamente al sostén de las escuelas. “Si el objeto a que se destina es inmediato y popular, el pueblo, lejos de negarse a proveer lo satisface con holgura”… “Este sistema deja expedita la acción de los contribuyentes para extender la educación de sus propios hijos y la de sus allegados a más del ‘mínimum’ prescripto”.

Muchos estadistas nuestros compartieron ese enfoque comunitario de la educación. Leyes provinciales y la nacional 1420 crearon consejos escolares para asegurar la participación de los vecinos en la tarea de respaldar a la enseñanza pública.

Pero esas legislaciones y hasta esas ideas sufrieron las vicisitudes del advenimiento de tendencias menos democráticas.

Actualmente se procura recomponer la participación comunitaria. Para la escuela primaria, con el resurgimiento de los consejos escolares. En la secundaria, se trata de intensificar la relación del colegio y sus profesores con los padres de los alumnos, y se alienta a los discípulos a colaborar con los centros estudiantiles. En las universidades, estudiantes y egresados volverán a ser parte del. gobierno de las facultades, uno de los principios de la Reforma Universitaria puesta en vigencia en 1918.

Su organización institucional
Impulsados por su instinto social los hombres se organizan en torno de “ideas”. Cuando los que comparten una idea se deciden a darle vigencia y permanencia, lo que hacen es institucionalizarla, hacerla “Institución”. La escuela es una idea. Veamos cómo se ha institucionalizado entre nosotros.
La acción educadora sistemática está organizada en ciclos que corresponden a las edades del educando. Para la infancia es el “jardín de infantes”; para la niñez, la escuela primaria; para la adolescencia, la educación media; para la juventud, la enseñanza superior.

Con el fin de adecuar la tarea educativa a esos niveles, se dictan los “planes de enseñanza”. Un plan de enseñanza está destinado a orientarla, fijando sus objetivos generales y organizando el régimen gradual de asignaturas cuya aprobación permite la promoción de los alumnos y el otorgamiento del certificado correspondiente.

Es función del Estado, y la Constitución Nacional responsabiliza al Parlamento cuando entre los deberes del Congreso incluye el de “proveer lo conducente á la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias y al progreso de la” ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria” (Art. 67, inc. 16).

La Constitución Nacional establece también que cada provincia debe asegurar la organización de la enseñanza primaria en la respectiva constitución provincial. Vale decir que en nuestro sistema federal la educación común está entre los “poderes concurrentes” de Nación y provincias, por lo que se ha procurado siempre mantener coordinación entre la acción del gobierno central y los gobiernos locales en ese aspecto.

En la enseñanza media prevalece históricamente la imagen del “colegio nacional”. Así se acostumbra llamar al bachillerato, que se organizó en la Capital y algunas provincias tomando como base el “Colegio Nacional de Buenos Aires”, inmortalizado por Miguel Cané en “Juvenilia”.

Pero modernamente las instituciones de nivel medio han adquirí do una importante aunque no suficiente diversidad. El bachillerato se desglosa en “común”, “con orientación agraria”, “con orientación docente”, etc.

Por otra parte ya son también clásicas y están en expansión las escuelas comerciales y técnicas.

Las provincias y municipios tienden a participar en la acción educativa en este nivel, procurando llegar a convenios entre sí y con el gobierno central para el reconocimiento de los estudios y las respectivas “equivalencias”. Esto es necesario para que los estudiantes puedan con tinuar sus carreras en caso de traslado familiar y para que sus títulos mantengan su carácter preuniversitario.

La universidad mantiene casi exclusivamente su carácter “nacional”, ya que la sostiene y reconoce el gobierno central. Lo histórico en este nivel es el principio de la “autonomía universitaria”, principio que significa que esos establecimientos se dan su propia organización institucional.

Además de las escuelas y universidades creadas por el gobierno, existen las “privadas”, las que pueden ser establecidas por personas e instituciones particulares. Para ellas también existe un régimen de reconocimiento de cursos y aportes económicos.

En este punto conviene recordar que cuando decimos “Estado”, nos referimos a la institución máxima de la sociedad, en el sentido de que abarca y protege a todas las demás de una Nación.

Al comenzar aclaramos que una institución es una idea a cuya realización concurren los que la comparten. El Estado puede definirse como el conjunto de fa milias que vive en territorio propio y se da un gobierno común. Así es como el Estado tiene tres elementos: pueblo, territorio y gobierno. Por lo tanto, no hay que confundir “Estado” y “Gobierno”, ya que éste es sólo una parte de aquél.

A su vez el gobierno se reparte en tres ramas o poderes. El Legislativo hace la ley, el Judicial la interpreta y aplica a los casos particulares y el Ejecutivo (que en realidad debiera llamarse “ejecutivo de la ley”y la pone en ejercicio en general.

El Poder Ejecutivo argentino es “unipersonal”. Esto significa que lo ejerce el Presidente en el gobierno central y el Gobernador en cada provincia. Pero éstos designan “ministros” para que lo ayuden como “secretarios de estado”. Por eso en la Nación y provincias existen los respectivos “Ministerios de Educación” (aunque las denominaciones cambien un poco).

Las escuelas, desde el punto de vista administrativo, son entidades dependientes de alguna repartición: el Consejo (Nacional o Provincial) de Educación, por ejemplo, a su vez relacionado con el Ministerio respectivo. Pueden depender también de otro sector, como la Municipalidad. Esos organismos se mantienen vinculados con el Ministerio de Educación de la Nación a través de un Consejo Federal, integrado con los representantes de los gobiernos provinciales.

Esas reparticiones designan a los supervisores y a los directivos, docentes y demás colaboradores de cada establecimiento escolar, de acuerdo con las disposiciones de los respectivos estatutos (por ejemplo, el Estatuto del Docente Nacional, Ley 14.473).

El Director de la escuela es el “ejecutivo” de la misma. Interpreta y pene en aplicación las normas dictadas por los organismos superiores, las aplica para orientar la tarea docente y, por encima de todo, lograr el desarroDo eficiente de la vida escolar.

El maestro y el profesor se guían por las directivas y los programas para desarrollar su labor profesional. Para ello cuentan con la preparación en cuanto a conocimientos y práctica metodológica. Los docentes son los que realizan la tarea educativa en su aspecto principal y más delicado: el proceso enseñanza-aprendizaje.

En la relación educador-educando el docente procura orientar la actividad participante del alumno, para que éste logre el conocimiento, en lo posible, por descubrimiento y experiencia personal. Y la enseñanza se gradúa, precisamente, para adecuarla a la evolución creciente de los escolares y estudiantes.

Disciplina y autodisciplina
La disciplina es el orden que requieren la vida comunitaria, el trabajo y el estudio. La palabra “discípulo” es afín a “disciplina”, lo que evidencia lo importante que es ésta en la escuela y en cada aula.

Antiguamente predominaba la disciplina impuesta casi como un fin en sí misma, y basada en el temor a los castigos, incluso corporales. Resultaba así algo “externo” a cada uno. La evolución de las ciencias de la educación ha hecho cambiar radicalmente ese enfoque.

Hoy se procura que el alumno desarrolle su propia capacidad de conducción al mismo tiempo que las demás condiciones personales. Por ello se va produciendo un ajuste cada vez más preciso de los objetivos o “conductas deseables” que orientan a la labor escolar según las etapas de crecimiento y maduración de los alumnos.

Entre esas conductas no figuran la sumisión, el temor, ni el conformismo. Por el contrario, se procura que mediante el interés, la participación y la experiencia, cada uno descubra y se incorpore espontáneamente al tipo de actuación que lo hace más eficiente y valioso individual y socialmente.
Esto prepara al educando en el autocontrol físico, psíquico y moral que es indispensable en la vida en sociedad (autodisciplina). Y es precisamente la sociedad democrática aquella en que sus componentes asumen voluntariamente sus responsabilidades y eligen libremente su tipo de participación en la vida del grupo.

Autoridad y autoritarismo

Autoridad es el atributo de quien ejerce un poder legítimo. Al maestro y a quienes cumplen la función directiva en la escuela, la sociedad les ha confiado un rol investido de autoridad. Esa autoridad les es reconocida por sus alumnos en una relación que tiene mucho más de “respeto” que de acatamiento sumiso.

La escuela moderna tiende a una disciplina participativa, donde el educando tome conciencia de que la autoridad del educador es inherente a su condición de guía. La tarea escolar se encauza así en un marco de espontánea y cordial cooperación. Aun en el caso de los “indisciplinados” se procura su incorporación a ese marco de conducta, no separándolos del grupo, sino en los casos gravísimos.

El autoritarismo es el sistema en el que el poder se ejerce con exceso y requiere ser acatado por el miedo y la humillación. No es el que corresponde al ámbito educativo donde se preparan los “ciudadanos de una república”.

Relaciones de la escuela con la comunidad y la familia

El interés de las familias por la educación de sus hijos es paralelo al de la comunidad, que desea la capacitación de todos sus integrantes. Ese interés converge en la escuela, que es el centro vital de los esfuerzos educativos de la sociedad.

Por eso la escuela no es una institución cerrada. Por el contrario, mantiene constante relación con las familias y las instituciones comunitarias.

La relación entre la familia y la escuela se realiza principalmente por los contactos entre los padres y los maestros. De ese modo, los edu cadores se sienten apoyados en su labor, conocen más a sus alumnos y pueden evaluar mejor los resultados que van obteniendo. Por su par te, los padres están así más orientados y encuentran alivio en su preocupación por la evolución de sus hijos, porque pueden comprenderlos más ampliamente en su desarrollo psicofísico, y hallan modos concretos de ayudarlos en sus esfuerzos e inquietudes.

También la escuela mantiene un contacto permanente con la comunidad. Ésta es la que crea y sostiene a los establecimientos educativos. Por eso los organismos oficiales que dirigen la enseñanza son por lo general cuerpos colegiados, en los que está representada. La participación del vecindario se manifiesta también en la cada vez más importante acción municipal. Y son muchas las instituciones privadas que fundan escuelas, colegios y cursos superiores.

Las transformaciones socioeconómicas y tecnológicas de la vida actual hacen indispensable la permeabilidad de la educación pública hacia los cambios. Y estos contactos permanentes con la comunidad son un cauce adecuado para que la enseñanza resulte acorde con esos progresos.

La colaboración familia-escuela-comunidad es en beneficio de todos. La sociedad progresará así en su conjunto. Pero no hay que perder de vista que es a través del desarrollo personal de cada alumno, que se hacen realidad los fines ideales de la educación.

Problemas de la escuela

En los últimos tiempos las aspiraciones de la comunidad y de los educadores acerca del progreso de la escuela han tenido un escollo: la escasez de recursos económicos destinados al rubro “Educación” en el presupuesto nacional. Dicho presupuesto en los últimos años no alcanzó al 10 % , cuando los estudios técnicos aconsejan el 25 % .

Por algo Sarmiento dedicó el primer capítulo de su obra “Educación popular” a elaborar un plan de financiación autónoma y permanente de la educación pública.

El adelanto de los métodos, procedimientos y recursos educativos es muy grande entre nosotros, pero en teoría. Falta la posibilidad “material” de su cumplimiento. Esto, lamentablemente, incide para que existan muchos problemas.

Pueden enumerarse como principales:

• Falta de presupuesto suficiente.

• Casi 10 % de analfabetismo y 42 % de semialfabetismo o analfabetismo por desuso. No debemos perder de vista la gravedad de estos índices y la necesidad de reducirlos sustancialmente.

• Deserción escolar de alrededor del 50 % , dato que resulta de comparar el número de los que ingresan en un año determinado y los que egresan del nivel primario, siete años más tarde. No sólo se quiebra el principio de la obligatoriedad escolar, sino que se prepara un triste porvenir para mucha gente.

• Deserción y “repitiencia” excesivas en la enseñanza media, en la que falta una mayor orientación vocacional y diversificación de opciones.

• Desaprovechamiento del progreso científico y tecnológico de la época.

• Insuficiencia de las universidades para dar cabida a numerosos aspirantes.

• Éxodo de técnicos y científicos.

• Deterioro de la estructura edilicia escolar en diversas zonas del
país.

A pesar de esos problemas, la escuela argentina sigue bregando por cumplir dignamente su cometido. En este sentido es de destacar el esfuerzo de docentes, padres y alumnos.

La Asociación Cooperadora

La “Cooperadora” es una asociación que integran y dirigen los padres, tutores o encargados de los alumnos, para colaborar con la escuela. Forma parte de las más antiguas y nobles tradiciones de nuestra comunidad. Cada vez más se evidencia la necesidad e importancia de su cooperación, que en la actualidad ofrece múltiples aspectos y actividades.

El Director de cada establecimiento es, reglamentariamente, el asesor natural de su Asociación Cooperadora.

Los socios, que son los padres de los alumnos, el personal de la escuela y quien quiera contribuir, aportan sumas mensuales para formar el fondo con el que se llevan a cabo las iniciativas. En asamblea eligen de entre ellos la comisión directiva y aprueban los proyectos y las cuentas.

Además de contribuir con elementos de trabajo, ropas, alimentos, etcétera, las Cooperadoras participan en la vida escolar, especialmente en la coordinación con la comunidad, en los actos patrióticos y de extensión cultural.

Es por intermedio de estas modestas y silenciosas entidades que la gente viene “completando lo que falta” en los presupuestos educativos del Estado.

Fuente Consultada:
Educación Cívica 1ºAño Delfino-Gonzalez-Tejerina – Editorial Plus Ultra – Tema Tratado: La Escuela

LECTURA COMPLEMENTARIA:

La sociedad y la educación también mantienen estrechas relaciones y el sistema educativo responde a la manera como son entendidas estas relaciones. Hasta no hace muchos años, el sistema educativo se proponía la construcción de un modelo de sociedad o un “proyecto nacional” por el que la escuela tenía como función consolidar el Estado nacional y la vigencia de un orden político democrático que debía garantizar que todos los habitantes accedieran a los mismos conocimientos. Para ello, la escuela se dirigía a un “alumno medio” e incitaba la memorización de datos y la aplicación mecánica de conceptos.

El objetivo de la escuela ha sido homogeneizar a la población alrededor de ciertos valores básicos y ciertos códigos comunes con el propósito de formar a los ciudadanos. Para lograrlo, el sistema organizó una escuela primaria obligatoria e igual para todos. Una escuela media, que ofrecía alternativas diferentes, pero que tenía como meta fundamental la preparación para la universidad, aspiración de todos los estudiantes.

En este modelo se rechazaban los intentos de impartir conocimientos diferentes dentro del sistema, porque se entendía que de esta manera podría marginarse a ciertos sectores sociales del acceso a los conocimientos socialmente significativos.

El sistema se expandió de los sectores medios de la población a los sectores populares, se logró, en cierta medida, la meta de que la escuela fuera para todos. Sin embargo, no se pudieron obtener niveles altos ; homogéneos de calidad en la educación de todos los ciudadanos. Aparecieron dentro del sistema educativo mecanismos por medio de los cuales no todos accedían a la misma cantidad y calidad de conocimientos, y no se lograba la pretendida “homogeneidad”. Los resultados obtenidos no eran iguales en todas las escuelas y en los sectores populares, sobre todo, se producían aprendizajes de baja calidad. Se empezaba a confirmar que una oferta educativa igualitaria en una sociedad en la cual existían profundas diferencias no producía resultados homogéneos.

El debate en educación planteó el conflicto entre homogeneidad, que lleva implícita la idea de igualdad, y diferenciación o diversidad.

Un estudioso de la educación, Germán Rama, decía que, presionados por esta búsqueda de homogeneidad, no se ha podido “apreciar adecuadamente ni las diferencias individuales, que deparan mayor o menor capacidad para aprender o interesarse por ciertos conocimientos, ni las urgencias de ciertos sectores de la sociedad de adquirir conocimientos prácticos para ingresar al mercado de trabajo.”

Hay que admitir que la homogeneidad buscada trajo consigo la heterogeneidad en los resultados. Tal vez, para obtener resultados más homogéneos habría que actuar de manera contraria, es decir, proponiendo procesos de formación diversos y adecuados a los distintos contextos sociales. La escuela homogénea no colaboró, como se esperaba, para alcanzar la igualdad social. Altos porcentajes de población siguen viviendo, en toda América latina, en condiciones de extrema pobreza.

La respuesta del sistema educativo ha sido plantear la necesidad de establecer un acuerdo global, es decir, un consenso educativo nacional, que parta de una estrategia de desarrollo que permita la transformación productiva y la equidad social.

Distintos caminos se pueden seguir para lograr este consenso educativo, que es regional, es decir, para toda América latina.

En la Argentina se optó por el debate y la sanción de la Ley Federal de Educación, (ley 24.195) que pretende no sólo avanzar en educación sino que apunta a elaborar un proyecto de transformación viable de la sociedad. Calidad de educación e igualdad de oportunidades son los pilares en los que se sustenta este proyecto.

Aumentar la descentralización y dar una mayor autonomía a los establecimientos educativos son puntos claves en la propuesta de la ley sobre organización y gestión, coincidente con las líneas implementadas en los demás países de América latina. Descentralizar no significa que la administración central haya perdido sus funciones sino que debe ocuparse de la medición de los resultados, de la eventual ejecución de programas de compensación educativa y extraeducativa, de la formación y capacitación de los docentes de la red nacional, dejando que las unidades locales sean autónomas, es decir, tengan capacidad para hacerse cargo de grados crecientes de responsabilidad por los resultados de sus acciones.

En las escuelas existe una serie de características institucionales, como la historia de la escuela, las características de personalidad del director, las mayores o menores responsabilidades de docentes y padres, la adecuación de los métodos a las necesidades, que explican, en parte, la diferencia en los logros educativos obtenidos en cada una de ellas. En este sentido, se espera obtener mejores resultados cuando cada unidad escolar tenga mayor autonomía para establecer su propio proyecto pedagógico, cuando pueda estimular la identidad de la institución, cuando el equipo escolar en pleno sea más responsable de los resultados.

Si todas las decisiones están en manos de “la cúpula” y sólo queda en manos de la escuela la ejecución de lo decidido en una instancia superior, estando, además, reguladas la mayoría de las acciones, el trabajo de los docentes pierde valor y no se favorece la tarea en equipo ni la satisfacción en el trabajo.

Fuente: Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

Poema Sobre La Tragedia Submarino ARA San Juan 44 Desaparecidos

POESÍA:  SUBMARINO  ARA  “SAN JUAN”
Para Los 44 Héroes Desaparecidos

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/ara-san-juan.jpg

 

Mares de la Argentina préstanos tus sirenas
envueltas el aladas túnicas de color
para que sutilmente conduzcan al camino
donde “cuarenta y cuatro”  esperan con fervor. 

Que se calmen los vientos y se aplaquen las olas
y  que el Sol de noviembre alumbre con ardor,
hay que encontrar la ruta de nuestro submarino
y  aliviar tanta pena que produce dolor. 

El mundo nos ayuda a buscar este hijo
de hierro y baterías que se arrastra en el mar
cobijando las vidas de los submarinistas
que eligieron la dura tarea de zarpar. 

Zarpar  para cuidar los huecos de la Patria
en  las profundidades epi continental
con la esperanza plena de regresar a casa
corazón en el pecho viril, vocacional. 

Los países del mundo que apuntalan la hazaña
 inusitada  extraña  insólita  inusual…
acordaron rescate con un gran compromiso
que a la niñez, la escuela, seguro enseñará. 

 De todas las riquezas ¿ la vida ?  una fortuna.
Recemos por las vidas una oración de Paz
 y  pidamos milagro al Dios de cada uno.
¡ ARA  SAN JUAN, bendito, te queremos acá ! 

 Martha Dora Arias. DNI 2889515
Psicóloga social.
Técnico en Planeamiento educativo.

 

 

 

 

 

 

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

El Dogma Socialista de Esteban Echeverría

Esta obra cumbre de Esteban Echeverría ha sido desde su origen expuesta al estudio e interpretación de pensadores y filósofos, que ven la calidad de su contenido, propia de un genio que logró ver la realidad de un mundo que se ocultaba a la vista de quienes, ajenos a las circunstancias que vivían, alimentaron con su ignorancia, las fortalezas de un sistema que los devoraba.

Echeverría siempre se refirió al dogma social argentino, distinto al europeo, trata del dogma nacional argentino, que nació con la revolución de mayo de 1810, donde los ideles de libertad y emancipación habían fracasado por los intereses de otras generaciones posteriores que con sus procederes políticos perjudicaron la construcción de una nación sólida y consolidada para la organizacion y  progreso  nacional.

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Esteban Echeverría nació en Buenos Aires en 1805. Su padre era vasco y su madre criolla. Falleció en Montevideo en 1851. Vivió muchos años en Europa. Frecuentó los ambientes estudiantiles e intelectuales. Se interesó por los problemas ideológicos y políticos que se agitaban en Europa, sobre todo en Francia.

Es el principal representante del movimiento romántico en nuestro país. Es autor de La Cautiva y de otras composiciones literarias.

Los problemas filosóficos, literarios, políticos, sociales, económicos, educacionales fueron tratados por él. En ellos siempre se nota la influencia ejercida por el romanticismo y el liberalismo doctrinario francés.

Fue miembro del Salón Literario y el principal promotor de La Joven Generación Argentina.

Es el autor del Dogma Socialista, obra que tuvo gran influjo en muchos grupos argentinos.

— En la reunión inaugural de La Joven Generación Argentina Echeverría leyó como programa de la sociedad las llamadas “Palabras Simbólicas”.

El Dogma Socialista es el comentario a dichas palabras.

Las palabras simbólicas eran estas.
1. Asociación,
2. Progreso,
3. Fraternidad,
4. Igualdad,
5. Libertad,
6. Dios, centro y periferia de nuestra creencia religiosa; el cristianismo su ley.
7. El honor y el sacrificio, móvil y norma de nuestra conducta social.
8. Adopción de todas las glorias legítimas de la revolución; menosprecio de toda reputación usurpada o ilegítima.
9. Continuación de las tradiciones progresivas de la Revolución de Mayo.
….
12. Organización de la Patria sobre bases democráticas.
….
….
15. Abnegación de las simpatías que puedan ligarnos a las dos grandes fracciones que se han disputado el poderío durante la Revolución. — Echeverría escribió un comentario a estas palabras-programa.

Lo intituló “Declaración de Principios que constituyen la creencia social de la República Argentina”. Alberdi llevó el manuscrito a Montevideo y lo publicó con el nombre de Dogma Socialista.

El Dogma Socialista contiene muy pocas ideas originales. Se nutre de ideas europeas. Saint-Simon, Lamennais, Guizot, Tocqueville y Mazzini son los autores que han tenido mayor influencia en la obra.

El valor filosófico y político de la obra ha sido discutido. Pero está fuera de duda:

1. que a pesar de la influencia europea existe permanentemente una reflexión sobre la situación y realidad argentina;
2. que muchas de las nuevas ideas filosófico-políticas que motivaban los movimientos europeos se conocieron entre nosotros gracias a ella;
3. que hay una búsqueda del espíritu de Mayo y un llamado a la superación de las pasiones partidarias que dividían a los argentinos.

La generación de los proscriptos. Sentido y fuerza moral de la emigración:

Muchos fueron los argentinos que durante la tiranía rosista debieron emigrar al exterior para ponerse a salvo de los atropellos y de la persecución.

Entre otros Alberdi, Mitre, Echeverría, Posadas, Cañé buscaron refugio en Montevideo; Sarmiento, Lamadrid, Félix Frías, Vicente F. López en Chile. También a Paraguay y Bolivia llegaron proscriptos argentinos.

Como en todo grupo hubo en los proscriptos diversas actitudes. Hubo incluso quienes renegaron de su condición de argentinos y en su odio al tirano llegaron a unirse a los enemigos de la patria.

Pero la enorme mayoría buscaron con entusiasmo y abnegación recuperar la libertad de su patria y ejercieron honradas y provechosas actividades en los países hermanos que les brindaron asilo.

Muchos de los proscriptos se dedicaron al periodismo y se valieron de él para difundir sus ideas y para atacar a la tiranía.

Leer el Dogma Socialista

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Historia del Peronismo Nacimiento, Desarrollo Político y Caída

Historia del Peronismo

TEMAS TRATADOS:

1-Origen del Peronismo

2-La Batalla Política

3-La Gran Movilización del 17 de Octubre

4- Perón es elegido presidente de la Nación Argentina

5- Plan Quinquenal

6- Políticas de Gobierno

7- El Voto Femenino

8- Segunda Presidencia

9- La Revolución Libertadora

10-Operativo Retorno

11- Muerte de Juan Perón

12- Gobierno de “Isabelita”

En  junio de 1943, un régimen autoritario —ensayado ya en 1930 por el general José F. Uriburu—volvía a instalarse en el gobierno nacional, a través de un nuevo golpe de estado. Mientras tanto, en Europa, se expandían los regímenes fascistas: habían, triunfado primero en España; luego con Hitler y Mussolini a la cabeza se habían lanzado a la conquista del mundo. Y aparentemente iban lográndola.

Los nacionalistas argentinos estaban influidos, sin duda, por estas victorias alcanzadas sobre el viejo liberalismo europeo; muchos militares, de espíritu antiliberal y antibritánico, seguían muy de cerca esos acontecimientos.

El proceso les interesaba en un doble sentido: militarmente, porque el despliegue bélico de las potencias del Eje parecía imparable; políticamente, porque de ganar Alemania la guerra —como todo hacía pensar— estaba reservado para la Argentina un papel protagónico en América latina. Por eso era necesario establecer un gobierno fuerte y decidido, un Estado militar rigurosamente organizado.

ETAPA I DEL PERONISMO:

El Nacimiento:

El GOU (Grupo Obra de Unificación del Ejército), una logia de oficiales nacionalistas, había sido el artífice del pronunciamiento militar del 4 de junio de 1943. La materia gris de ese cerebro conspirativo, -quien más había trabajado para otorgarle un contenido ideológico, era el coronel Juan D. Perón.

Pero de todo su plan original, lo único que el GOU cumplió con eficacia fue el derrocamiento del presidente Ramón S. Castillo. El general Arturo Rawson, cabeza visible del movimiento, no llegó a asumir- la presidencia. Juró en su lugar el general Pedro P. Ramírez, quien nombró ministro de Guerra al general Edelmiro J. Farrell. Fue a través de este último que Perón lograría entonces acceder al cargo de jefe eñ la Secretaría del Ministerio de Guerra, el 5 de junio de 1943. La actividad desplegada por Perón en ese cargo fue inusitada, eficazmente secundado por su amigo personal, el teniente coronel Domingo A. Mercante.

En agosto del 43 estalló un conflicto en el gremio de la carne, cuyo líder máximo y militante del Partido Comunista, José Peter, fue encarcelado. El coronel Perón intervino directamente en el diferendo y logró negociar, tratando en forma personal con los dirigentes gremiales el levantamiento del paro.

De esta manera, Perón comenzó sus contactos con los gremios, un terreno hasta entonces inexplorado por los militares. A fines de octubre, pocos días después de que el general Farrell asumiera la vicepresidencia de la Nación, Perón reclamó y obtuvo para sí la presidencia del llamado Departamento Nacional del Trabajo, íntimamente vinculado con los problemas sindicales. Fue esa institución revitalizada la que se transformaría tiempo después en la Secretaría de Trabajo y Previsión y lo convertiría a él en eje de los. acontecimientos políticos futuros.

El 25 de febrero de 1944, Farrell accedía a la presidencia. Al mismo tiempo desde la flamante secretaría,, la popularidad de Perón iba en aumento. Su táctica —de acuerdo con sus propias afirmaciones— apuntaba al corazón de los obreros. Pero también deseaba alcanzar un equilibrio de fuerzas que le permitiera retener el poder político en sus manos. Hábilmente, especulaba con el peligro comunista para convencer a los industriales de la necesidad de apoyarlo, al tiempo que favorecía el ascenso de los dirigentes sindicales que estaban dispuestos a respaldar su labor en la secretaría y a favorecer su eventual candidatura política.

Por su parte, los partidos tradicionales, que se habían unido contra el régimen militar —de marcados rasgos corporativistas en sus comienzos— temían que Perón encarnara un brote fascista en momentos en que esta ideología acababa de ser derrotada en la guerra por los aliados. Pero esta actitud los enfrentó a los sindicalistas, quienes veían en Perón al hombre que los comprendía, y puso a los partidos en la misma trinchera en la que estaban las fuerzas empresarias: el antiperonismo.

Fue así que se produjo la reacción sindical en favor de la Secretaría de Trabajo, dividiéndose los gremios y alcanzando Perón el apoyo de la gran mayoría de las bases obreras. El coronel recibía a los líderes sindicales y les hablaba en un lenguaje claro, con un tono muy dif érente al de los funcionarios públicos. Los decretos y convenios de trabajo —que él mismo redactaba ante sus ojos— se convertían en una realidad palpable, que asombraba a sus interlocutores. Desde los partidos tradicionalmente obreros comenzó el éxodo hacia el peronismo.

Los dirigentes sindicales Ángel G. Borlenghi y Luis F. Gay fueron los más notorios adherentes a la nueva corriente política que se fue conformando alrededor del hábil coronel. El 7 de julio de 1944, éste fue nombrado vicepresidente de la Nación, sin resignar por ello sus cargos de secretario de Trabajo y de ministro de Guerra, que había obtenido de manos de Farrell. El poder que concentraba en ese momento, no era para nada despreciable. Había llegado el momento de lanzar la gran batalla.

Juan Domingo Perón

La batalla política

El primer movimiento lo realizaron los más poderosos comerciantes e industriales del país, quienes el 16 de junio de 1945 en un manifiesto exigieron al gobierno que rectificara su política social. En 1944 se habían firmado 127 convenios con intervención de las asociaciones patronales y 421 con intervención de los sindicatos. Los millares de obreros que se reunieron el 12 de julio frente a la Secretaría de Trabajo fueron la respuesta más categórica al manifiesto de los empresarios. Estaban convocados por una causa popular, tenían un líder cuya candidatura proclamaban indirectamente y la clase patronal los empujaba a la lucha. Estaban dadas las condiciones para una gesta.

Los partidos políticos, que seguían viendo en Perón un peligro nazifascista azuzaban contra él a los estudiantes de la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Ello aparejaba protestas estudiantiles y represión, policial. Estimulados por el embajador norteamericano Spruille Braden, —tras la victoria aliada—, las fuerzas antifascistas organizaron lo que se llamó Marcha de la Constitución y la Libertad.

Antiperonistas de todos los colores y de todas las clases sociales engrosaron sus multitudinarias columnas. El gobierno contestó reimplantando el Estado de sitio y modificando el Estatuto de los Partidos Políticos, a cuyas autoridades se prohibía reelegir. Fue entonces que los estudiantes ocuparon las facultades. Y la represión policial los desalojó.

A esa altura, Perón ya era el eje de la situación política. El país, a su influjo, se había dividido en dos partes bien definidas y no quedaba espacio para los indiferentes. De un lado, con Perón: la clase obrera, tanto industrial como agraria, representada por los nuevos sindicatos segregacionistas; también el Ejército y la Iglesia, apoyados por la cadena de Radio del estado y por todos los resortes del gobierno.

Del otro lado: casi toda la clase media y alta, representadas por las entidades estudiantiles y empresarias y por los partidos tradicionales; también la Marina y los intelectuales; apoyados por la mayor parte del periodismo escrito. Todo esto sucedía a fines de setiembre y en los primeros días del mes de octubre de 1945.

La aparente derrota

La unidad del gobierno, ante todas estas situaciones, por las que se atravesaba, se iba deteriorando. A raíz de la designación de Oscar Nicolini como director de Correos y Telecomunicaciones (se decía que la actriz Evita Duarte, amiga de Perón, había influido en ella), se desató la crisis. El jefe de la guarnición de Campo de Mayo, general Eduardo J. Avalos, retiró entonces su apoyo a Perón y le pidió la renuncia. Los sectores castrenses más poderosos le dieron la espalda. Perón aceptó: “No quiero sangre“, dijo por medio de un discurso que se retransmitiría a todo el país y que pronunció desde la Secretaría de Trabajo y se despidió de sus seguidores, concentrados allí multitudinariamente.

El diario La Época reprodujo sus palabras y el texto de un decreto que dejaba preparado, por medio del cual se implantaba un sistema de aumentos de salarios “móvil, vital y básico“. Pero nadie lo firmaría si él se alejaba de la secretaría. Su clásica frase “de casa al trabajo y del trabajo a casa“, con la que siempre cerraba sus discursos, sonó muy amarga ese día a los oídos de los trabajadores. Sus ánimos estaban exacerbados y algunas palabras duras del líder, los incitaban a la resistencia.

El 11 de octubre, Perón se alejó de la Capital. Su “despedida” de los obreros, sin embargo, había molestado profundamente a ciertos sectores del Ejército. Grupos de oficiales propiciaban la destitución de Farrell. Los políticos consultados propusieron la entrega delgobierno a la Suprema Corte. Finalmente, los sectores castrenses impusieron al presidente un cambio total de gabinete.

Pero a esa altura de los acontecimientos tal medida ya no era solución. Porque, en el momento en que —el 12 de octubre— la multitud antiperonista se reunía en plaza San Martín exigiendo la entrega del gobierno a la Suprema Corte, muchos oficiales del Ejército advertían que el antiguo antimilitarismo liberal estaba resucitando y que se había cerrado el paso a un enemigo pero se lo había abierto a otro, que ni siquiera pertenecía a sus filas. Mientras se encontraban sumergidos en tales reflexiones, la policía, incómoda por el estribillo de “Gestapo” con que la muchedumbre reunida frente al Círculo Militar la zahería, reprimió a los antiperonistas; fue allí que el médico Eugenio Ottolenghi se desplomó, sin vida, junto a una gran cantidad de heridos.

La crisis era total. El doctor Juan Alvarez, Procurador General de la Nación, estaba encargado de la formación de un nuevo gabinete. Pero el 13 de octubre, los únicos ministros del Ejecutivo eran el general Avalos, el almirante Héctor Vernengo Lima y el civil Juan Fentanes, cuyas palabras como flamante secretario de Trabajo y Previsión fueron muy poco prometedoras para la expectante clase obrera.

Ese mismo día, el presidente Farrell, sometido a múltiples presiones jardenó cue se detuviera al coronel Perón, quien habia vuelto a Buenos Aires. Allí fue sustraído de la jurisdicción del Ejército y trasladado a la de la Marina, la que lo interna en el buque Independencia y desde allí lo transfiere a la isla Martín García. En el trayecto al puerto, Perón sólo abrió la boca para pedirle al coronel Mercante, quien lo acompañaba, que cuidara de Evita.

La movilización

La detención del coronel, conmocionó a los gremios. Encabezó su movilización el Sindicato Autónomo de Obreros de la Carne, dirigido por Cipriano Reyes (enemigo de José Peter). El día 15, los obreros copaban prácticamente Berisso y Ensenada. Sus esfuerzos recrudecerían al enterarse de que Perón había sido trasladado a Buenos Aires nuevamente y que se hallaba en el Hospital Militar.

Se intentó organizar una marcha obrera que llegara allí, pero esos intentos fueron muy desorganizados y fue fácil disolver las pequeñas manifestaciones que se iniciaban. Los pocos peronistas que lograron recorrer el centro de la ciudad, le hicieron juntos con los militantes de la Alianza Libertadora Nacionalista. Mientras algunos de ellos eran conducidos a las comisarías, los sindicatos antiperonistas condenaban la movilización y lo mismo hacían los partidos políticos: : “son bandas armadas dirigidas por Cipriano Reyes”, dijo por ejemplo el Partido Comunista. Algo parecido opinaron los socialistas y los radicales.

El 17 de octubre de 1945

El día 17 se reeditaría la marcha intentada en la víspera. Pero ahora, mucho mejor organizada. El objetivo de los dirigentes era concentrar el mayor número posible de personas frente al Hospital Militar y la Casa de Gobierno, como una forma de presión que respaldara la reposición del líder en todos sus cargos. Desde Lanús, Berisso, Ensenada, La Plata, partieron los contingentes más nutridos.

La coordinación entre unos y otros era excelente. Avanzaron sobre la capital realizando mítines en las esquinas, atacando los locales de los partidos políticos y portando cartelones, retratos del coronel y banderas argentinas. A las puertas de Avellaneda, el personal de la Dirección General de Navegación y Puertos les permitió atravesar los puentes en lugar de cumplir enseguida la orden de levantarlos que había dado el gobierno.

Camiones, autos, bicicletas y caminantes logran pasar del otro lado y los que llegaban tarde al ver los puentes levantados cruzaron en lanchones y hasta nadando. Toda la zona sur del Gran Buenos Aires quedó aislada: se levantaron los rieles tranviarios y los obreros ferroviarios decretaron el paro general. No había ni un comercio abierto.

A las 5 de la tarde de aquel 17 de octubre todo el mundo sabía que los peronistas estaban reunidos frente a la Casa de Gobierno, y que la policía no los reprimía. Desde todos los barrios de la capital empezó a acercarse gente, incluso los más dubitativos seguidores. Mientras esperaban en la plaza, se enteraron de que un grupo de sindicalistas había hablado con Perón en el Hospital Militar y que éste opinaba que era frente a la Casa de Gobierno donde debía presionarse

Los últimos momentos del gobierno

Mientras la multitud se refrescaba del intenso calor sumergiéndose a medias en la vieja fuente de la Plaza de Mayo, una CGT muy dividida, que la noche anterior apenas si había logrado decidir el paro general para el día 18 (con el voto conseguido a último momento de Libertario Ferrari) entrevistaba al presidente Farrell. En la plataforma que le exponían se habla de elecciones democráticas, de la consulta a la clase trabajadora, de la firma del último decreto de aumentos de salarios que Perón había dejado preparado.

Pero para nada se mendonaba la libertad del coronel, Farrell no obstante todas las presiones a las que estaba sometido, se mantenía impasible. Esa sería su constante actitud. El ministro Avalos no parecía tampoco demasiado definido y optaba por permanecer fiel al texto de un comunicado que llevaba su firma: “El Ejército no intervendrá contra el pueblo en ninguna circunstancia“, decía en su parte medular. “Hay que dejarlos que se dasaho-guen, total no pueden hacer nada”, repetía el confiado procurador Alvarez.

Sólo el almirante Vernengo Lima era partidario de la represión. Cuando Farrell y Avalos se entrevistaron con el general Juan Pistarini y el coronel Mercante —ambos peronistas— para negociar una salida pacífica, el almirante decidió sublevar la Marir na^ Esperaba que la guarnición militar de Campo de Mayo secundara su acción, pero como esto no sucedió, quedó aislado políticamente y el día 18 se presentó detenido en el Ministerio de Marina.

Dos modalidades diferentes

En todo el proceso de cabildeos y maniobras políticas que se desarrolló a partir de la entrevista de Pistarini y Mercante con Avalos y Farrell, la que culminó a las once de la noche del 17, cuando Perón dirigió la palabra a sus adictos concentrados en la Plaza, dos estilos opuestos se mostraron en pugna. El peronismo, audaz y agresivo, con objetivos políticos concretos, empleaba recursos y estrategias ganadoras, a pesar de ser un movimiento de reciente formación. Sus opositores, en cambio eran excesivamente indecisos y se movían en base a esquemas políticos que empezaban a sonar arcaicos.

Las imposiciones de Perón fueron todas aceptadas: renuncias de Avalos y de Vernengo Lima, y formación de un gabinete peronista. Farrell aceptó, incluso, hablar esa noche al pueblo desde el balcón, como mero segundo, dejando el discurso final a Perón. Posteriormente, fueron liquidados los sectores adversos dentro del Ejército y la militancia peronista ganó la calle.

Los mismos que la noche del 17 agitaron —a pedido del coronel— sus pañuelos blancos durante 15 minutos debajo del balcón de la Casa Rosada, coparon el terreno libre que el antiperonismo, desmoralizado, les dejaba. “Hay que aprovechar el entusiasmo obrero para organizarse bien” afirmó entonces Cipriano Reyes (el “héroe de la marcha del 17 de octubre”, como lo calificaba el líder).

Esto quería decir, en otras palabras, que había que organizar un partido político. Y fue el propio Reyes quien dio el puntapié inicial para la formación del Partido Laborista, con la idea de crear una agrupación semejante al Labour Party, de Gran Bretaña, cuya base de sustentación habían sido los sindicatos. Sólo que en esta caso se trataría de los flamantes sindicatos peronistas exclusivamente. La candidatura de Perón a la presidencia de la República era ya un hecho irreversible.

ETAPA II DEL PERONISMO:

Afines de octubre de 1945, Cipriano Reyes, encargado de la organización de un partido político que capitalizara la efervescencia popular adicta a Perón, cumplió eficazmente su cometido. En pocos días, secundado por otros dirigentes gremiales, fundó el Partido Laborista, a semejanza —según él— del Labour Party, que en Gran Bretaña acababa de desalojar del gobierno a los conservadores.

De ahí surgiría la candidatura de Perón a las elecciones nacionales programadas para el 24 de febrero de 1946. Las conocidas injerencias del embajador norteamericano Spruille Braden en favor de los sectores antiperonistas surtieron el efecto contrario y abonaron el terreno al flamante candidato. “Braden o Perón” fue el slogan del laborismo con lo que se establecía una disyuntiva aparentemente patriótica.

Luego de los gigantescos mítines y de los grandes discursos, en medio de una movilización preelectoral caracterizada por algunos desbordes de violencia, llegó la hora de las urnas. Se trató de una correctísima elección, según afirmaciones de un bando y otro. Cuando terminó el recuento de los votos, la fórmula Perón-Quijano había obtenido 1.527.231 sufragios contra 1.207.155 del binomio Tamborini-Mosca, candidatos de una coalición denominada Unión Democrática y que nucleaba a radicales, demócratas progresistas, socialistas y comunistas.

El Plan Quinquenal

Perón comenzó su tarea de gobierno tras su flamante ascenso a general de brigada. Una vez establecido su equipo de ministros y secretarios (en donde figuraban entre otros Ramón Cereijo, Juan Pistarini, Juan Atilio Bramuglia, Ángel Borlenghi y Ramón Carrillo), puso manos a la obra.

El llamado Plan Quinquenal de Gobierno 1947-1951 aparecía como la base programática de su accionar, aunque, en verdad, se trataba de una importante recopilación de datos de todas las áreas ministeriales sobre el estado del país, en donde también se hacían algunas sugerencias importantes, como: establecer la necesidad de materias primas y combustibles, verificar la eficiencia de los sistemas de producción y explotación de los mismos y completar las obras e inversiones necesarias para el desarrollo industrial y agrícola, que ya estaban proyectadas por las administraciones anteriores.

En materia educacional se planificó la construcción de escuelas rurales, pero se mantuvieron los viejos planes de estudio, a los que se añadió —por compromisos electorales previos— la enseñanza religiosa en los colegios estatales. Hubo en cambio mayor preocupación por los programas de salubridad y por la construcción de modernos hospitales (a los que se denominó policlínicos) y por la edificación de barrios obreros en distintos puntos del país. Resultaría muy importante la organización del Censo Nacional, que estaba sumamente atrasado, en donde trabajó el mismo recopilador que preparó el Plan Quinquenal, Francisco José Figuerola un antiguo y eficaz funcionario del Departamento de Trabajo a quien Perón llevó a la Casa de Gobierno como secretario Técnico de la Presidencia.

Las nacionalizaciones

La compra de los ferrocarriles ingleses fue el paso más espectacular del gobierno peronista en materia de servicios públicos. Se concretó así una antigua aspiración de las compañías ferroviarias, deseosas de venderle los viejos talleres, ramales y convoyes para quedarse solamente con el servicio de manutención, que era la parte más interesante del negocio.

Los ferrocarriles fueron entregados, además, como parte de pago de la gran deuda en libras esterlinas que el gobierno inglés tenía con la Argentina (por la compra de alimentos durante la Segunda Guerra Mundial) y que se negaba a saldar en efectivo. El gobierno peronista, sin embargo, exhibió la operación como un gran triunfo nacional sobre el imperialismo británico.

A partir de allí, paulatinamente la explotación de los servicios públicos fue pasando a manos del Estado, hasta eliminar totalmente la injerencia de las empresas extranjeras. Pero con una excepción: la Compañía Argentina de Electricidad (CADE), que había apoyado económicamente la candidatura de Perón.

La Compañía Primitiva de Gas (de capitales ingleses) fue reemplazada por un ente estatal y la construcción de un gasoducto, que en su momento fue el más largo del mundo, permitió aprovechar el gas que hasta ese momento se desperdiciaba en Comodoro Rivada-via. En otra operación similar, la empresa telefónica norteamericana United River Plate Telephone Company Limited, de la ITT, pasó a poder del Estado.

La política energética

La flamante empresa autárquica Agua y Energía Eléctrica fue la-encargada de continuar la política energética que ya se había iniciado en el país. Fueron así terminados los diques Escaba y Nihuil, con sus centrales hidroeléctricas, y otras obras semejantes se concluyeron en todo el país, el que alcanzó una producción de potencia de 350.000 kilovatios.

Paralelamente a esté aprovechamiento de los recursos hídricos, se intensificó ei aprovechamiento del yacimiento carbonífero de Río Turbio. Los proyectos de explotación petrolera, por su parte, obligaron a una renovación de la flota de buques tanques: 18 barcos, con un porte bruto de 234 mil toneladas, fueron incorporados al servicio durante este primer período de gobierno. En agosto de 1950 se creó un nuevo ente estatal que agrupó a todas las empresas —cinco en total— que administraban todas las fuentes energéticas. Se lo denominó ENDE y fue el encargado de digitar los futur«^pasos a dar en ese sentido.

La política económica

La economía del país, al menos durante los tres primeros años de administración peronista, danzaría al compás que le marcaba Miguel Miranda, a quien llamaban “el mago de las finanzas”. Sus armas fundamentales fueron la nacionalización del Banco Central (de cuyo directorio era el presidente) y la creación del IAPI (Instituto Argentino de Promoción del Intercambio). Desde allí controlaba el comercio exterior y centralizaba la comercialización de las cosechas. La política de Miranda, además, despertó un afán industrializador en el país, lo que permitió que se eliminaran de la importación muchos productos. Pero esa política fue tan caótica en su aplicación y produjo tantos errores que la estrella de Miranda comenzó a languidecer y fue reemplazado por el Consejo Económico Social.

En abril de 1951, tras un conflicto con Gran Bretaña, en cuyo transcurso se suspendieron las exportaciones de carne a ese país, el gobierno obtuvo el precio récord de 150 libras por tonelada. Esto tranquilizó a los grandes terratenientes, quienes atravesaron incólumes el período peronista, y al que habían recibido con la guardia en alto, temerosos de los revolucionarios planes de reforma agraria a los que se hacía mención en los discursos preelectorales. En ese sentido, más allá de las leyes de arrendamientos congelados y de los precios fijados por el IAPI, sus intereses y sus hectáreas permanecieron intactos.

El plan de obras públicas, en cambio, sí fue voluntariosamente impulsado. Las prioridades se centralizaron en un rubro de impostergable necesidad: la vivienda. El remozado Banco Hipotecario Nacional fue un elemento básico alrededor del cual giró la política edilicia. Surgieron así gran cantidad de monobloques en diversos barrios; proliferaron las “casitas obreras”; la Ciudad Evita —un gigantesco complejo de 10.000 viviendas— llegó a edificarse en un 45 por ciento y se completó el llamado Barrio Presidente Perón, en Saavedra.

En cinco años una gran cantidad de viviendas fue entregada a sus flamantes dueños, aunque como trasfondo de esas realizaciones menudearan las denuncias de todo tipo de irregularidades administrativas y de adjudicaciones acomodaticias. El aeropuerto de Ezeiza, vastos complejos edili-dos del interior del país, escuelas, colegios secundarios, edificios universitarios, fomento de la infraestructura hotelera, fueron otros tantos aportes del gobierno en lo que al rubro de las obras públicas se refiere.

El incremento de la producción industrial, la construcción de oleoductos y gasoductos, el descubrimiento de algunos yacimientos minerales, el aprovechamiento del carbón, la positiva modificación de las importaciones y el aumento del promedio de consumo, quedarían registrados como los más importantes logros de la primera presidencia del peronismo.

Como contrapartida, la exagerada prisa por la industrialización en detrimento directo de la agricultura (en momentos en que eran altos los precios de los cereales, por influjo de la posguerra) y una fría actitud con respecto a la tan mentada reforma agraria, aparecen como sus puntos mas débiles. Pero el formidable aparato propagandístico que se monto en ese lapso —cadenas de diarios y radios estatales— influyó notoriamente para que muy pocos advirtieran los defectos principales del régimen peronista. Así se fortificó el slogan “Perón cumple, Evita dignifica”, con el que se llegó a 1951.

La segunda presidencia

El resultado de las elecciones del 11 de noviembre de 1951 tuvo las características de un verdadero plebiscito popular. El binomio Perón-Quijano sumó 4.744.803 votos contra 2.416.712 de la fórmula radical Balbín-Frondizi. El resto de los partidos1; incluyendo los votos en blanco, apenas sobrepasó los 400.000 sufragios.

El voto femenino y la reelección presidencial —incorporada a la Constitución por la reforma de 1949— jugaron un importante papel en esos resultados. El 4 de junio de 1952, cuando Perón reasumió el gobierno, era Evita quien debía acompañarlo como vicepresidenta de la Nación, pero su postulación aparentemente jaqueada por el Ejército (con la complicidad del presidente), no tuvo “él respaldo de su marido y ella se vio precisada a renunciar dramáticamente a la candidatura el 22 de agosto, tras el famoso Cabildo Abierto del Justicialismo.

De todas formas, poco le quedaba ya de vida, pues minada por una dura enfermedad dejaría de existir el 26 de julio de 1952. Perón autorizó entonces el embalsamamiento de su cuerpo y un velatorio de 15 días, con funerales de Jefe de Estado. Largas e imponentes filas de mujeres y hombres desfilarían por su capilla ardiente.

Como si la muerte de Evita hubiera sido un preaviso de las crisis que se avecinaba, en 1952 se alcanzó el récord de inflación y se produjeron tremendas sequías. Se manifestaron notorios fracasos en los planes de desarrollo y comenzaron a producirse graves desequilibrios entre los precios y los salarios.

El Segundo Plan Quinquenal hablaba pomposamente de la “soberanía política”, pero fue entonces que comenzaron las tratativas con empresas norteamericanas para la explotación del petróleo nacional. Ciertos escándalos, además, iban empañando la imagen del líder, como por ejemplo sus relaciones con la rama femenina de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios) y ei controvertido suicidio de Juan Duarte, hermano de Evita (vinculado con turbios negociados). También se cuestionaban las maniobras financieras de Jorge Antonio dueño de un poder económico privado —pero con todas las ventajas de la protección oficial a su favor— que adquirió Radio Belgrano, Canal 7, la agencia noticiosa Télam; importó 50.000 televisores y gran cantidad de automóviles y colectivos.

El incesante aumento del costo de vida era la contrapartida de ese proceso aparentemente tan exitoso, y un incipiente malestar popular era ya innegable.ÍLos sectores más duros de la oposición tuvieron entonces mayor basamento para lanzarse a la acción. El 15 de abril de 1953, mientras Perón hablaba en una gran concentración en la Plaza de Mayo, estallaron varias bombas (que ocasionaron cinco muertos) y come respuesta, se atacó al edificio del Jockey Club, a la Casa del Pueblo, a la Casa Radica, y a otras sedes partidarias, los que fueron saqueados e incendiados.

Los éxitos deportivos de la Argentina, que en ese momento se sucedían en fútbol, en automovilismo y en boxeo, no lograban disimular el desgaste político que el gobierno sufría a diario. Las cárceles albergaban ya a centenares de presos políticos y había también numerosos exiliados en el Uruguay.

El conflicto con la Iglesia

En julio de 1954, al mismo tiempo que debió enfrentar la huelga metalúrgica, el gobierno comenzó a experimentar sus primeros rozamientos con la Iglesia. Mientras un grupo de católicos fundaba el opositor Partido Demócrata Cristiano, desde el pulpito algunos sacerdotes iniciaron una campaña que apuntó, en un principio, a ciertos aspectos de la moral gubernamental. Perón los calificó de “curas perturbadores”. Pero cuando un cierto número de ellos fue detenido, se produjo un claro distanciamiento entre el presidente y el cardenal Copello, su aliado de 1945.

El bloque peronista de la Cámara de Diputados comenzó entonces a barajar proyectos tales como la separación de la Iglesia y el Estado, la implantación del divorcio y la ley de profilaxis, mientras que el Ejecutivo decidía suprimir la enseñanza religiosa en los colegios estatales, establecida en 1946. Arreciaron manifestaciones de católicos armados y de pronto el vicario general, Manuel Tato, fue deportado a Roma el 15 de junio de 1955. Veinticuatro horas más tarde, un movimiento cívico-militar intentaba derrocar al presidente. Miguel Ángel Zavala Ortiz, Raúl Lamuraglia, Pedro E. Aramburu y Samuel Toranzo Calderón eran las cabezas más visibles del complot. Ya el 28 de diciembre de 1951 se había producido una intentona semejante, acaudillada por el general”Benjamín Menéndez, pero había fracasado.

Ahora, aprovechando un supuesto homenaje que se le tributaría al presidente, los aviones navales volaron al mediodía a escasa altura y bombardearon la Casa Rosada, ametrallando también las inmediaciones. El movimiento fracasó, fundamentalmente por que las fuerzas de tierra retacearon a último momento su participación. Al caer la tarde, media docena de camiones transportaban centenares de cadáveres de transeúntes que habían sido alcanzados por la metralla y de pasajeros de un trolebús deshecho por una bomba.

Mientras el almirante Benjamín Gargiulo se disparaba un tiro en la sien dentro del Ministerio de Marina, prefiriendo la muerte al fracaso, bandas armadas del oficialismo se tomaban revancha saqueando y quemando la mayoría de las iglesias de la zona céntrica. La Curia, San Ignacio, el Convento de San Francisco, Santo Domingo, La Merced, La Piedad, Nuestra Señora del Socorro, San Juan y San Nicolás fueron lamidas por las llamas.

Se trataba del último eslabón del enfrentamiento entre el peronismo y la Iglesia, como corolario de los anteriores rozamientos y de los incidentes producidos en la poco pacífica procesión de Corpus Christi de ese año, tras la campaña anticlerical exacerbada por el diario oficialista Democracia.

A partir de ese momento, la crisis interna se agudizó rápidamente. En medio de una ola de rumores y con un gabinete ministerial totalmente recompuesto, el 5 de julio Perón pidió —en un discurso radial— una tregua política. Era un tardío llamado a la pacificación, mientras las conspiraciones golpistas arreciaban por todos lados.

El gobierno se veía obligado a negociar y ofreció por primera vez en diez años las radios. Usaron de ellas Arturo Frondizi (UCR), Luciano Molinas (PDP) y Vicente Solano Lima (PD), pero le fue negado el micrófono a Alfredo L. Palacios (PS), quien exigía la renuncia del presidente. Todos criticaron y aportaron sus soluciones; pero era demasiado tarde para pacificar.

En la última semana de agosto los acontecimientos de precipitaron y Perón ofreció su renuncia. Como rápida respuesta, la CGT organizó para el día 31 una multitudinaria concentración en apoyo a su líder. Frente a ella, Perón recobró sus energías políticas e hizo un discurso de tono violento. Un par de semanas después, el 16 de setiembre, otro levantamiento militar, más importante, lograba derribarlo.

En la lluviosa mañana del lunes 19, el presidente escribió su renuncia de puño y letra y la entregó al general Franklin Lucero, su ministro de Ejército. Se trataba del último acto de gobierno. Faltaban escasas horas para que venciera el plazo impuesto por la Marina de Guerra, dispuesta a cañonear las costas.

ETAPA III DEL PERONISMO:

Cuando a las ocho de la mañana del 20 de setiembre de 1955 Perón entró en la Cancillería de la Embajada del Paraguay, su exilio comenzaba. Desde el exterior, sin embargo, seguiría digitando las futuras jugadas políticas de su movimiento. Mientras tanto, en Buenos Aires, los hechos políticos se precipitaban. Con el general Pedro E. Aramburu en el poder fue disuelto el Partido Peronista y se intervino la CGT.

A las restricciones partidarias se sumaría la angustia económica y las bases gremiales se agitaron. Prolifera-ron los grupos pequeños, sin experiencia, pero liberados de la mediocridad de sus antiguos dirigentes prefabricados. Sin demasiada coordinación entre ellos, la mayoría se inclinaba por la salida insurreccional.

Basándose en esas células, en parte de las estructuras gremiales que subsistían, en amplios sectores de la suboficialidad del Ejército y encabezada por un grupo de oficiales peronistas, se lanzó la contrarrevolución militar del 9 de junio de 1956. Sus líderes eran los generales Juan José Valle y Raúl Tanco, secundados principalmente por el teniente coronel Osear Cogorno. Sus propósitos políticos consistían en “terminar con el régimen y llamar a elecciones”, según sus propias afirmaciones de aquellos días.

Pero la falta de coordinación, las infidencias y también la falta de fogueo y de disciplina de los grupos civiles que los apoyaban, se combinaron y el movimiento fracasó. Avellaneda, La Plata, Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército, fueron los principales escenarios de ese dramático episodio que culminaría con el fusilamiento de 27 personas, algunas de las cuales poco y nada tenían que ver con el movimiento. Ante el fracaso del levantamiento y buscando con su actitud el cese de las ejecuciones, el general Valle optó por entregarse y la Ley Marcial cobró en él su última víctima. El jefe del llamado Movimiento de Recuperació n Nacional enfrento así al pelotón de fusilamiento en la antigua cárcel de la avenida Las Heras.

El pacto con Frondizi

Una verdadera ola de antiperonismo era la tónica de aquellos días, en los que lo^ partidos políticos aumentaban sus presiones sobre el gobierno para que éste implementara la salida electoral. El 23 de febrero de 1958 fue la fecha fijada para las elecciones generales, pero antes —y sorpresivamente — el gobierno militar convocó auna Convención Constituyente.

La Constitución de 1949 ya había sido derogada y quería reformarse la de 1853. Ai mismo tiempo, las dificultades crecientes en el orden sindical motivaron que la intervención convocara a un congreso confederal. Fue allí donde los gremios antiperonistas, que eran 32 se retiraron del plenario. Los que se quedaron, que sumaban 62, constituyeron las “62 Organizaciones Peronistas”. Los campos iban definiéndose. En las elecciones de constituyentes, la consigna del voto en blanco —impartida por Perón desde Caracas y retransmitida desde Chile por John W. Cooke— concluyó con el triunfo “blanco”, aunque por muy escaso margen, sobre la UCRP.’De todas formas, desgarrada por enfrentamientos internos y defecciones, la Constituyente murió al perder su quorum cuando se retiró la representación de la UCRI. Pero el peronismo; a través de esas elecciones, había hecho una reafirmación de su poderío.

El apoyo de esos votos peronistas era la gran obsesión de Arturo Frondizi. Pero la mayoría de los dirigentes del movimiento estaba a favor del voto en blanco y apoyaba al llamado Comando Táctico, que agrupaba a más de 120 representantes de todas las agrupaciones del peronismo y que seguía aferrándose a la resistencia. Mientras se reunía a menudo en Caracas con Rogelio Frigerio —representante directo de Frondizi—, Perón aseguraba a Jorge Antonio que la orden final sería votar en blanco, pero más tarde, avanzado ya el proceso electoral, se formalizó un pacto y en conferencia de prensa el líder recomendó votar por el candidato presidencial de la UCRI.

Frondizi obtuvo así 3.761.248 sufragios para la UCRI contra 2.229.291 de la UCRP encabezada por Ricardo Balbín, su más cercano seguidor. Mientras Frondizi encabezaba los festejos en Buenos Aires, en su nueva residencia de Ciudad Trujillo (hoy Santo Domingo) comentaba Perón a Andrés Framini: “Ningún pacto se hace de buena fe, todos se hacen con trampa”.

El “Operativo Retorno”

El famoso pacto comenzó a hacer agua antes de lo esperado. El inicial apoyo peronista al gobierno de Frondizi se fue convir-ttendo en una fuerte oposición, traducida en huelgas y actos terroristas, desestabilización de ministros y batallas callejeras con la policía. En ese marco se desarrollaron —esta vez sin proscripciones de ninguna índole— las elecciones de 1962 para la renovación parcial de las cámaras y de la gobernación de algunas provincias, la de Buenos Aires entre ellas. Los comentarios más sen-sacionalistas confirmaban a Perón como candidato a gobernador de esta última.

esde su nuevo, y definitivo, refugio de Madrid, hacia donde iban y venían sin cesar dirigentes políticos y gremiales de su movimiento (cuyas fuerzas e influencias manipulaba con gran habilidad), Perón ungió a Andrés Framini, del gremio textil, como real candidato a la gobernación de Buenos Aires y en los comicios del 18 de marzo de 1962 su partido demostró que seguía siendo una mayoría abrumadora en el país.

Al otro día un gobierno examine—y duramente presionado por las Fuerzas Armadas— decretó la intervención de las cinco provincias más importantes en las cuales se había impuesto el justicialismo. El decreto establecía la caducidad de poderes y la invalidez de los comicios, con lo que la gran victoria moría apenas alcanzada. A los pocos días caería también el gobierno de Frondizi.

Tras poco más de un año, agitado por peligrosos enfrentamientos militares, la gestión de José María de Guido —reemplazante de Frondizi— culminó con un nuevo llamado a elecciones. El peronismo, proscripto oficialmente, se unió nuevamente a la UCRI y a algunos otros grupos minoritarios y surgió así el Frente Nacional y Popular. Desde Madrid se señaló como candidato a Vicente Solano Lima, dirigente conservador popular de la provincia de Buenos Aires. Pero esta designación rompió la unidad frentista y sus simpatizantes terminaron votando en blanco con un escaso caudal en una elección ganada por la UCRP.

Arturo Illia accedió a la presidencia y al poco tiempo la CGT, dirigida por el peronista José Alonso, lanzó su “plan de lucha”, menudeando las ocupaciones de fábricas y los tiroteos. Comenzaron también las divisiones del campo sindical peronista, donde no todo era rosas, y Augusto Vandor, metalúrgico, se impuso a Andrés Framini en las elecciones internas de la “62 Organizaciones”. Aunque los grupos siguieron actuando en conjunto, sus posiciones se alejaban cada vez más. Ni siquiera la noticia de la vuelta de Perón pudo cohesionarlas. El llamado “Operativo Retorno “, no obstante, fue una programación de suspenso político que duró casi un año y que presionó tremendamente a los factores de poder. Finalmente, el avión de línea que traía al líder —detenido en Río— debió volver a España con toda su comitiva a bordo.

Isabelita y Vandor.

La campaña electoral de marzo de 1965 se llevó a efecto —en el campo peronista— en medio de una atmósfera de desaliente por la fallida “Operación Retorno”. Ante la falta de reconocimiento del Partido Justicialista, éste optó por la sigla Unión Popular.

Cuando se formó en Córdoba la Confederación de los Partidos y Movimientos Populares y Provinciales, en base a los legisladores neoperonistas, “Las 62” se apresuraron a acusarla de traición al movimiento. Esas divisiones, en el fondo, los ponían en manos de sus adversarios y entonces Perón inició gestiones conciliatorias que terminaron en una orden: unificación con los “neos” y unificación de los bloque: parlamentarios. En medio de esa lucha interna, como la figura de Vandor se agrandaba visiblemente, Perón envió a su mujer. María Estela Martínez (Isabelita) a Buenos Aires, para desautorizarlo. Llegó con el pelo rubio y sospechosamente recogido “a lo Evita”.

Luego de tumultuosas giras por el interior, mientras algunos grupos reaccionaban contra su presencia, Isabelita se dirigió a Mendoza, en vísperas de las elecciones para renovar la gobernación, donde la candidatura de Alberto Serú García, líder del Movimiento Popular Mendocino. apoyado por Vandor, parecía asegurarse los votos del peronismo. Justamente para quitarle el apoyo y otorgarle su aval a Ernesto Corvalán Nanclares, señalado por Perón, fue hasta allí Isabel. El resultado de las elecciones fue favorable al Partido Demócrata (conservador), pero en el pleito interno del peronismo ganó Corvalár. Nanclares. Esta derrota política de Vandor no influiría demasiado en su liderazgo sindical, pero demostró que no existía posibilidad de enfrentar a Perón sin riesgo.

El regreso de Perón

Toda la actividad opositora del peronismo hacia el gobierno radical de Illia fue cuidadosamente alimentada por los militares que conspiraban para derrocarlo desde el mismo momento en que le habían entregado el poder. El propio “plan de lucha” de la CGT contaba con el guiño militar en el sentido de que tuvieran la seguridad de que no habría represión de ningún tipo por parte de ellos.

La alianza sindical-militar. alentada por los vandoristas y bendecida luego por Perón, fue públicamente confesada por uno de los principales dirigente: de aquel entonces: Paulino Niembro admitió poco antes de morir (en un reportaje publicado en el libro Sindicalismo, el poder y la crisis) que los sindicalistas habían apoyado a los militares para “desestabilizar la cosa”. Esto se comprobó poco después, cuando todos los dirigentes sindicales acudieron a saludar al general Onganía el día de su asunción como nuevo presidente, en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, en junio de 1966, tras el derrocamiento del gobierno constitucional de Illia.

La CGT emitió dos días después una declaración respaldando el golpe militar de Onganía, y el propio Perón dijo desde Madrid que había que “desensillar hasta que aclare”. Era la época en que los sindicalistas peronistas habían empezado a convencer a los militares que ellos eran “la única barrera contra el comunismo en la Argentina”, debido a la extracción nacionalista y antimarxista de sus principales dirigentes. En esa alianza, los sindicatos peronistas obtuvieron como premio la mayor cantidad de beneficios que pudieron conseguir de un gobierno que no era peronista, como por ejemplo la institu-cionalización de las obras sociales de sus gremios, lo que les permitiría acrecentar sus ingresos y procrear una nueva clase aristocrática en la dirigencia sindical.

Pero a los cinco meses de asumir Onganía ya Perón se decidió a quebrar la alianza. Lo hizo a través de una carta abierta en la que analizaba los perjuicios de la política económica en marcha —acababa de asumir como ministro Adalbert Krieger Vasena— y alentaba a sus partidarios a enfrentar decididamente al régimen militar. De este modo, Perón no solo desbarataba las ambiciones políticas de Vandor sino que también ponía en marcha un plan de estallidos sociales en todo el interior del país, en momentos en que el gobierno alcanzaba rápidamente su impopularidad por las torpezas de sus funcionarios y el fracaso de sus arrogantes enunciados corporativistas.

En ese contexto se fue engendrando la incipiente guerrilla urbana, cuya primera víctima fue el mismo Vandor, asesinado en junio de 1969. Luego le ocurrió lo mismo al sindicalista José Alonso y más tarde al ex presidente Pedro E. Aramburu, secuenstrado y ejecutado por un comando peronista que irrumpió en el escenario político con el nombre de Montoneros.

Este comando, nacido en las huestes nacionalistas de derecha, reciutaría luego a la gran mayoría de la juventud peronista de izquierda y se convertiría en el sector más duro del movimiento. En sus inicios fue alentado por Perón, quien lo calificaba de “juventud maravillosa”, y estimulado en sus acciones terroristas por el aval que el líder diera a las llamadas “formaciones especiales”. Al producirse el famoso “Cordobazo”, que provocó el pánico social en la capital cordobesa, y el asesinato de Aramburu, Onganía fue desalojado del poder y reemplazado en la presidencia por el general Roberto Marcelo Levingston, quien apenas gobernó algunos meses hasta que fue desplazado por el general Alejandro Agustín Lanusse.

Recrudece así el período de violencia, durante el cual Lanusse fue convencido por sus consejeros de que era preciso negociar un pacto con Perón. Esta política fue impulsada también por el delegado del propio Perón, Jorge Daniel Paladino. Nació así el GAN (Gran Acuerdo Nacional). El viaje a Madrid del coronel Francisco Cornicelli, enviado por Lanusse, permitía pensar que la tentativa sería realizable. Fue en ese marco que se verificó la devolución del cadáver de Evita, se le pagaron los sueldos atrasados de general a Perón y se cerraron los numerosos procesos judiciales abiertos contra él.

Sin embargo, el líder advirtió que un pacto de tales características, una especie de bendición a la presunta candidatura de Lanusse, podía ser un colapso para su autoridad dentro del movimiento. Lanusse lo desafió entonces a volver, diciendo que ya no pesaban interdicciones contra él y que si no lo hacía era porque “no le da el cuero para volver”. Le puso un plazo para ser candidato; Perón volvió, aunque no como candidato.

Esa vuelta en 1972 y posteriormente el avasallante triunfo en 1973 del FREJULI (un frente popular que amalgamaba al peronismo con otros partidos minoritarios), que impuso a Héctor Cámpora como presidente y a Vicente Solano Lima como vice, fueron los hechos más significativos que marcaron el final de la proscripción del peronismo. Aparentemente, la Argentina se reencontraba así definitivamente con el retorno a la democracia auténtica.

El gobierno y la caída

Tres semanas después de asumido el gobierno por el peronismo, una muchedumbre esperaba en Ezeiza el regreso definitivo de su líder, que estaba otra vez en España. Pero los enfrentamientos internos del peronismo, que podían sintetizarse en dos consignas opuestas (“Patria peronista” versus “Patria socialista”) estallaron violentamente ese 20 de junio de 1973. Ese claro antagonismo se siguió prolongando. El 13 de julio, Cámpora y su gobierno presentaron la renuncia para permitir la candidatura de Perón. El 23 de setiembre, en los nuevos comicios, la fórmula Perón-Isabeli-ta obtuvo el 62 por ciento del electorado, con casi 7.300.000 sufragios a su favor.

El asesinato de José I. Rucci, secretario general de la CGT, sirvió de inauguración de este tercer gobierno de Perón. Esa sería una de las primeras víctimas de una época marcada a fuego por la violencia. El movimiento peronista se encontraba profundamente dividido. Diversas camarillas rodeaban al anciano presidente y luchaban entre sí. Algunos sectores esperaban una vuelta al desenfrenado nacionalismo del 45, otros eran más cuidadosos con los intereses de los sectores oligárquicos y no faltaban quienes propiciaban un indefinido socialismo. En medio de esa puja interna, Perón —impotente— enfrentaba nuevas situaciones que nada tenían que ver con las de sus presidencias anteriores. Nada era lo mismo.

En 1973 la deuda externa era ya de varios miles de millones de dólares. Entre 1974 y 1975, el Mercado Común Europeo cerró sus puertas a la importación de carnes argentinas y comenzó a regularse interna-cionalmente el precio del petróleo por parte de los países productores. Había desabastecimiento industrial. La producción agropecuaria estaba estancada. El intento de establecer un moderado programa de nacionalismo económico se tradujo en una incipiente inflación, con salarios que, aun aumentando, nunca alcanzaban.

La recaudación impositiva decayó y el contrabando comenzó a hacer estragos. En el campo estrictamente político, la lucha de facciones llegó a su punto álgido con el enfrentamiento entre el gobierno y los sectores de la juventud que en su momento habían impulsado la lucha armada y ahora se sentían desautorizados por las estructuras partidarias. Varios gobernadores fueron destituidos, la Juventud Peronista fue acusada de desviacionismo marxista y el Io de mayo de 1974, Perón la expulsó de la Plaza de Mayo durante un violento discurso, que culminó en un duro enfrentamiento. Dos meses después, exactamente, Perón dejaba de existir sin haber podido frenar la violencia de los grupos parapoliciales y de los extremistas que se habían adueñado del país durante su gobierno.

La influencia del secretario privado de Perón y ministro de Bienestar Social, José López Rega, cobró entonces mayores dimensiones al asumir Isabelita la presidencia. Acusado de organizar y armar un poderoso grupo terrorista de derecha, las “Tres A”, su gravitación sobre la presidenta era decisiva. Mientras tanto, la delincuencia económica y administrativa fomentaba la escasez de productos y generaba el mercado negro. El descontrol inflacionario, producía la constante presión de los trabajadores, en pos de nuevos aumentos salariales.

El antagonismo entre los bloques parlamentarios del peronismo auguraba muy pocas posibilidades de solución de la crisis. En un país cada vez más armado, la confusión y la inseguridad se daban la mano. El “Rodrigazo”, plan de estabilización del ministro Celestino Rodrigo, acentuó aún más esa crisis y produjo una continua sucesión de ministros de Economía, mientras se multiplicaban los paros obreros, los paros ganaderos y el lock-out de los productores. López Rega elogiaba al nazismo desde la revista Las Bases.

Circulaban acusaciones de todo tipo vinculadas a la corrupción administrativa y un cheque de la Cruzada de la Solidaridad Justicialista, con el cual la presidenta intentó pagar una deuda personal, marcaron el inevitable desmoronamiento del gobierno. Este se produjo en momentos en que ciertos sectores del sindicalismo se apartaban cada vez más de su línea, pues los llamados “antiverticalis-tas” rechazaban las directivas del “verticalismo”. No faltaban quienes querían someter a juicio político a la presidenta, mientras el país se colocaba al borde de la cesación de pagos.

En 1982, de acuerdo con los datos más conocidos, algunas de las divisiones que minaron el último gobierno justicialista parecen subsistir. Esa misma división se manifiesta dentro del sector obrero, donde coexisten dos CGT, institución que ha sido siempre uno de los puntales de la organización peronista, y que de esta manera se debilita. En el ámbito de “Las 62” siguió firme la figura de Lorenzo Miguel.

Se siente la carencia de un líder de las características de Perón —imposible de igualar— que amalgame discrepancias e imponga unidad. El peronismo, a ocho años de la muerte de su fundador y conductor, no ha logrado aún convertirse en un partido orgánico y dejar de ser un movimiento multitudinario. Pero esa es su única alternativa de supervivencia y esto lo han comprendido sus dirigentes más lúcidos, quienes están notablemente empeñados en lograr la democratización interna para re emplazar la arbitrariedad de los verticalismos.

BIBLIOGRAFÍA
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Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Tomo III – La Historia del Peronismo – Editorial Sanchez Teruelo S.A.

Historia del Liberalismo Político en los Gobiernos de Argentina

Historia de Liberalismo en la Política Argentina

Historia de su influencia en Latinoamérica: Al influjo de las teorías del liberalismo político, florecieron en Europa las posiciones antiabsolutistas. La prédica de Voltaire y de Montesquieu, la obra de la Ilustración y de los Enciclopedistas, fue profundizando, las convicciones que recomendaban mayor libertad y mayor participación de las clases hasta entonces pospuestas.

La reivindicación de las prerrogativas naturales, el freno al absolutismo, la teoría que justificaba el derecho de rebelión de los pueblos ante los malos gobiernos, se transmitieron por medio de las lecturas y las noticias desde el Viejo Continente hasta estas tierras americanas cuyas clases cultas —que además de ideales poseían la certeza de estar postergadas económicamente— se constituyeron en abanderadas de dichas doctrinas. Necesidad de educación, libertad de expresión, representatividad, independencia, eran los conceptos en boga.

La revuelta de los estados de Norteamérica contra la opresión de una Inglaterra nada liberal con sus colonias y la Revolución Francesa, fueron las fuentes de las que emanaban los ejemplos a seguir por las colonias españolas en cuya metrópoli los liberales desarrollaban también una dura lucha contra el absolutismo.

Cuando la independencia fue obtenida, las ideas del liberalismo se plasmaron en las constituciones de las jóvenes naciones que surgieron. Sin embargo, las nuevas clases dirigentes, de alto vuelo intelectural pero de mirada fija en lo europeo, intentaron muchas veces un mero transplante de los principios liberales a sociedades netamente diferentes a aquellas elegidas como modelo y ello significó la oposición de los sectores más tradicionales y el estallido de continuas guerras civiles que se extendieron hasta pasada la primera mitad del siglo pasado.

Por entonces se afianzaron las tesis liberales y los gobiernos que las propiciaban, culturalmente progresistas, pero políticamente autoritarios y a veces paternalistas, ligados casi siempre con los intereses económicos externos.

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El filósofo inglés John Locke fue el padre de la teoría liberal de los siglos XVII y XVIII. Decía que el progreso social se identifica con la protección de la propiedad privada.

El liberalismo moderno: En las últimas décadas el liberalismo, sobreviviente a las embestidas del nacionalismo y el populismo de la segunda posguerra, tuvo que reacomodarse a los sentimientos democráticos, nacionalistas y socialistas, que cada vez con mayor fuerza se fueron proyectando en el seno de las diferentes sociedades.

La dinámica del crecimiento económico —y particularmente la intensa concentración y monopolización— obligaron a revisar sus planteos. Sus premisas individualistas fueron cada vez menos capaces de solucionar los profundos problemas que planteaban las nuevas realidades.

Las grandes desigualdades pusieron en evidencia un hecho incontrastable: la libertad de unos, y su prosperidad, implicaba la opresión de los otros. A partir de esa toma de conciencia, se gestó una. división, sobre todo evidenciada en el plano económico, pero con amplias implicaciones políticas. Mientras muchos teóricos propendieron hacia una verdadera intervención estatal, de fines regulares, otros se aferraron a la no intervención y la libertad económica, típicas banderas del antiguo liberalismo.

Los primeros, se inclinaron por la participación, en reemplazo del anteriormente preconizado aislamiento individual, a la que ven como un verdadero producto social, surgido de los incentivos, la educación, las oportunidades y que se relaciona, íntimamente, con la democracia representativa y con lo popular. Ese liberalismo así transformado, llega a proponer soluciones colectivistas, apelando al Estado como respaldo a los sectores sociales económicamente más débiles.

Ante esos evidentes cambios doctrinarios operados, surge una pregunta: ¿sigue siendo liberal una teoría de esas características? Sus defensores opinan que sí, porque —dicen— en primer lugar, persigue el mismo fin; lograr un individuo autónomo; en segundo lugar, porque los cambios conceptuales operados, al reducir las arbitrariedades, enriquecieron las libertades individuales; finalmente, porque de esa manera el concepto de ley y de derechos constitucionales —tan caro al primitivo liberalismo— se ve afirmado por el pluralismo, la descentralización y la amplia gama de relaciones entre el Estado y la sociedad.

Para muchos otros, después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo ha perdido todo contenido progresista, se ha reducido a una defensa de la libertad de los que poseen. Los que no —se afirma— se orientan hacia otras corrientes: las diversas variantes del socialismo, el social cristianismo y otras.

Liberalismo y la Política Argentina: Las tesis sustentadas por el liberalismo europeo tuvieron mucho que _ ver con los esfuerzos revolucionarios que culminaron en la Independencia de las Provincias Unidas. Una vez obtenida ésta, a su influjo se trató también de organizar la recién nacida Nación.

La labor rivadaviana: Una de las manifestaciones más salientes del liberalismo rioplatense fue Bernardino Rivadavia. Este intenta transmitir al país  rivadavialas pautas administrativas y culturales de una Europa demasiado lejana y demasiado diferente como para ser entendida y aceptada por los sectores tradicionales. El lenguaje usado, las formas políticas recomendadas, las modas de esos doctores que usan levita en lugar de poncho, el apego por teorías y recetas impregnadas de filosofía liberal, no podían encontrar eco favorable.

Las reformas que como ministro y como presidente impulsa Rivadavia tendían a afianzar el gobierno central, a entronizar un incipiente laicismo, a remodelar los criterios administrativos: se trataba de los postulados progresistas del liberalismo.

La creación de la “Sociedad Literaria”, por su parte, hablaba de las preocupaciones culturales, pero no tenía demasiado que ver con la realidad del país.

Por eso, la Reforma Eclesiástica originó el llamado “Motín de los Apostólicos”, las provincias rechazaron el proyecto de constitución unitaria, los terratenientes condenaron la deuda contraída con la banca británica; el “padre de las luces”, en definitiva, fue visto, más bien, como el benefactor de la clase mercantil del puerto.

Rosas y el liberalismo: “Ahora bien, general, prescindamos del corazón en este caso… En tal caso, la ley es: que una revolución es un juego de azar en el que sé gana hasta la vida de los vencidos cuando se cree necesario disponer de ella…”. El texto pertenece a una carta, “de esas que se rompen una vez leídas”, firmada por Juan Cruz Varela y Salvador María del Carril —unitarios— que la envían a Lavalle.

juan manuel  rosas

Empujado por esas apreciaciones, éste decretará el fusilamiento de Dorrego, cabeza del partido federal. Montoneros — Artigas, Ramírez, López, Quiroga y después “El Chacho” y Felipe Várela— y liberales, eran agua y aceite. Rosas sintetizó los orígenes de ese divorcio, en palabras que le dirigió al oriental Santiago Vázquez: “Yo, Sr. Vázquez… conozco y respeto los talentos de muchos de los señores que han gobernado el país y especialmente del Sr. Rivadavia… pero a mi parecer todos cometían un grande error: los gobiernos se conducían muy bien para la gente ilustrada, pero despreciaban los hombres de las clases bajas, los de la campaña…”.

Rosas, idolatrado por artesanos, orilleros o negros, pero también apoyado por amplios sectores del clero, de los comerciantes y por la oligarquía terrateniente, si bien mantuvo la política económica librecambista, descartó las instituciones políticas liberales. Sus opositores liberales —Esteban Echeverría, Marcos Sastre, Juan M. Gutiérrez, Juan B. Alberdi, Miguel Cané— lo enfrentaron desde el Salón Literario, la Sociedad de Mayo y, ya en el exilio, desde la Comisión Argentina, que proclamaba los principios de Mayo, el progreso y la democracia desde una sitiada Montevideo, bautizada como la “Nueva Troya” por el romántico Alejandro Dumas y defendida por la Legión Italiana del liberal Giuseppe Garibaldi.

Esos intentos de quebrar el rosismo, que se sumaron a diversos levantamientos internos, no prosperaron sin embargo. Recién Caseros puso punto final a ese ciclo y significó el punto de partida para el afianzamiento del liberalismo en la Argentina.

La Constitución del 53: El Congreso Constituyente de Santa Fe sancionó una constitución netamente liberal, para confeccionar la cual se combinaron los ejemplos del liberalismo estadounidense, el “Dogma Socialista de la Revolución de Mayo” (Esteban Echeverría)  y las “Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la República Argentina” (Juan B. Alberdi).

Después, empezaron a tomar forma definitiva los futuros partidos políticos. En Buenos Aires, se constituye el Partido Liberal, acaudillado por Mitre, que pronto se divide en dos sectores: el nacionalista “chupandino”, que quiere la reunificación de la independizada Buenos Aires y la Confederación Argentina que lidera Urquiza, y el autonomista o “pandillero” porteñista a ultranza. La filosofía liberal, no obstante, era el común denominador de ambas vertientes.

Después de la batalla de Pavón, Mitre será el dueño de la situación: bajo la hegemonía bonaerense, el país comienza a reunificarse. El nacionalismo revisionista le endilga muchas culpas a esa administración liberal: representad la política avasalladora de la oligarquía portuaria, encarnar una especie de despotismo ilustrado, someter ias autonomías provinciales, negociar con el capitalismo colonizador y propiciar el predominio de una filosofía laica y materialista.

El liberalismo, por su parte, responde que bajo ese gobierno se dieron los primeros pasos que permitirían luego la concreción y la realización de un verdadero Estado nacional.

Con Sarmiento, el progresismo liberal viste hermosas galas: impulso de la instrucción pública en todos los niveles, apoyo al desarrollo de las ciencias, trazado de líneas férreas, afianzamiento del telégrafo y de la inmigración.

Nicolás Avellaneda, hombre del Partido Autonomista Nacional (PAN), que encarnaba con renovado vigor los antiguos ímpetus del liberalismo, continúa con esa línea de unificación nacional y federaliza a Buenos Aires, renuente a compartir con el resto del país las pingües rentas de su puerto. Persistirá la entrada de mano de obra barata a través de la inmigración —y la salida de lanas y cereales, tipo de exportación que correspondía a una Nación a la cual la división internacional del trabajo le había asignado el papel de “granero del mundo”

Roca y la Generación del 80: Con el acceso al gobierno de Julio A. Roca, la llamada Generación del 80 logra su máximo esplendor. La presidencia absorbe y centraliza todos los poderes y la domesticada Liga de Gobernadores es su complemento. (Más tarde, las fuerzas provinciales que dicha Liga manejaba serán la base de los distintos nucleamientos conservadores y liberales locales que persisten aún en nuestros días).

La lucha comicial no depende ya de los partidos políticos sino de la voluntad del Poder Ejecutivo. Los postulados más caros al positivismo y al liberalismo se intronizan en el poder,.a través de una política esencialmente pragmática. El lema “Paz y Administración”, fórmula esgrimida por el general, se parece mucho al “Orden y Progreso” que predicaba Comte.

El comercio exterior, siguiendo siempre los dictados del colonialismo británico, se intensifica y lo mismo ocurre con el trazado de las vías ferroviarias la remodelación de la Capital y la llegada de nuevas oleadas de inmigrantes. Se impone, en toda la línea, el sistema de ideas liberales, que coinciden con el auge del liberalismo económico mundial y con la mayoría de edad de un capitalismo .imperialista que se dispone a depredar el universo.

Los aspectos de laicidad adquieren especial relieve bajo la administración Roca, y su ministro Wilde propicia la implantación de la enseñanza laica, gratuita y obligatoria (Ley 1420, de julio de 1884), la expulsión del nuncio apostólico (acusado de intervenir en los asuntos internos del país) y la interrupción de las relaciones diplomáticas con el Vaticano, así como también la estatización de los cementerios y la Ley de Matrimonio Civil. Félix Frías, José M. Estrada, Santiago Estrada, Pedro Goyena, Miguel Navarro Viola, Tristán Achával Rodríguez y Emilio Lamarca constituirán el cerrado grupo antiliberal y confesional que; a través más que nada del periódico “La Unión”, se opondrán a esas reformas.

Juárez Celman y la decadencia: La crisis financiera, económica y moral marcó el gobierno de Miguel Juárez Celman, sucesor de Roca, al que él mismo ungió como tal. El juego de la Bolsa, la íntima relación del oficialismo con el capitalismo colonialista británico, las prebendas descaradas, las concesiones ferrocarrileras enajenadas en el exterior pero garantidas por el Estado, eran el corazón de un régimen, que preanunciaba la crisis del liberalismo.

El despilfarro oficial, el aumento incesante de la deuda pública y la agitación social —impulsada por recién nacidos sindicatos que los inmigrantes habían transplantado— completaban el panorama. El refinamiento cultural de ciertas élites y el lujo de las clases acomodadas no bastaron para detener la caída del presidente, desalojado del poder por la, de todos modos, fracasada Revolución del 90, a través de la cual irrumpía violentamente un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, que prefirió la abstención electoral y la insurrección revolucionaria antes que ser víctima de los fraudes orquestados por el oficialismo.

De todas maneras, estos continuaron multiplicándose, a través de las componendas de los nucleamientos políticos de signo exacerbadamente liberal o conservador, que pugnaban por mantener a mano las riendas del poder a toda costa. Así, el “contubernio” del Partido Nacional (roquista) y de la Unión Cívica Nacional (mitrista), permitió la imposición de la fórmula Luis Sáenz Peña, José E. Uriburu.

Se trataba, ya, de una oligarquía fraccionada en partidos sin programa, pero que de todas formas continuaba siendo gobierno. Julio A. Roca y Norberto Quirno Costa continuaron la seguidilla y bajo su gobierno se instauró la represiva Ley de Residencia, ya que el liberalismo, paternalista por momentos, sabía avasallar cuando la defensa de sus intereses así lo imponía. En el año 1906, la muerte de Manuel Quintana, Carlos Pellegrini y Bartolomé Mitre, ralea sus filas dirigentes. La ley Sáenz Peña instaurando la limpieza electoral, será el golpe de gracia.

Yrigoyen y después: El gobierno de Hipólito Yrigoyen marca el ascenso de nuevas clases sociales que hasta ahora habían sido dejadas de lado. El liberalismo, en sus formas más extremas, es desacreditado por un sistema que contempla una reguladora intervención estatal y una suerte de populismo incipiente. Pero dichas pautas moderadoras de la influencia liberal se aflojarán durante la presidencia de Marcelo T. de Alvear y serán totalmente barridas del escenario político por el golpe militar de 1930, que restaurará el conservadurismo y el liberalismo económico más marcados, no obstante haberse iniciado como un movimiento de corte nacionalista y fascistoide.

El año 1943 volverá a insistir con el nacionalismo y las remoras fascistas que, al final, desembocarán en un brumoso populismo peronista en el cual el movimiento sindical es incluido en la maquinaria estatal. De ahí en más, a partir de 1955 sobre todo, la historia política argentina se ve constantemente salpicada por los desbordes de poder originados en filas militares.

El enfremamiento de los sectores nacionalistas y liberales dentro de las fuerzas armadas —generalmente los primeros iide-ran los cuartelazos y los segundos los copan a continuación— merece un capítulo aparte, pero su análisis escapa a esta nota.

En momentos en que el país se apresta a enfrentar otra instancia electoral, parece evidente que la absoluta mayoría de los partidos políticos, aun reconociendo orígenes liberales, no comulgan con las clásicas tesis extremas de la plataforma liberal. Sólo un sector de los mismos, el agrupado bajo la difusa ubicación del centro, postula un marcado comportamiento neoliberal en economía y en política.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – La Política y La Mujer –

Biografía de Joaquín V. Gonzalez Obra Política

Biografía de Joaquín V. González – Obra Política

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino. Nacido en Chilecito, se licenció como abogado en la Universidad Nacional de Córdoba en 1886. Diputado para el Congreso Nacional, se interesó por las reformas y era partidario de afrontar las cambiantes circunstancias del país con nuevas leyes.

El 6 de marzo de 1863, en la provincia de La Rioja, nacía Joaquín V. González. Sus padres, Joaquín González y Zoraida Dávila, períenecían a esas antiguas familias de provincia, de larga estirpe, especie de aristocracia rural, de vida simple y patriarcal.

Según consigna él mismo, en las tantas páginas que ha escrito refiriéndose a su niñez, su padre desarrolló una activa militancia política, “siempre lejos, reclutando soldados bisónos para hacer la guerra al caudillaje“. Ese ejemplo paterno se continuará luego en el hijo: vinculado a los sectores conservadores, será en las filas en las cuales realizará toda su carrera de hombre público.

Joaquin V. Gonzalez

Joaquín Víctor González (1863-1923), jurista, político y escritor argentino.

Los avatares de la política transplantan a iodo el grupo familiar hasta el antiguo pueblo minero de Chilecito. Allí empieza su formación intelectual y siente, por otra parte, los primeros requerimientos de la inspiración poética. Porque algo será constante y deberá tenerse en cuenta en toda la trayectoria de Joaquín V. González: su doble carácter de político y, al mismo tiempo, de creador literario y de exquisito de las letras.

Luego de la escuela primaria, su meta fue Córdoba, especie de Salamanca criolla por esa época y sitio obligado de estudios al cual concurrían los hijos de las clases acomodadas de provincia. Su destino fue el viejo Colegio Monserrat, con un prestigio y una tradición que se arrastraba desde épocas anteriores a la Independencia. De allí a ingresar a la Universidad de Córdoba mediaba un solo paso y lo dio sin dificultades.

Era la plena “alborada” del 80, época en la cual la generación que luego será calificada con ese nombre empezaba a hacer las primeras armas en política, a completar su formación intelectual.

La política: Los años de Joaquín V. González en su época de la Universidad de Córdoba transcurren entre el estudio, las tertulias literarias y una especie de antesala del periodismo. En el año 1884, es designado profesor de la Escuela Normal de Maestras de Córdoba y se le asignan las cátedras de Historia, Geografía y Francés. A los 18 años,.empieza a colaborar en Varios periódicos cordobeses: Córdoba, El Interior, El Progreso, La Revista de Córdoba.

El 26 de mayo de 1886, obtiene el título de Doctor en Jurisprudencia de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de Córdoba. Con ese diploma en su escritorio y el pasado familiar que lo influía y además lo respaldaba, no suena raro que el día 26 de julio de ese mismo año sea elegido diputado nacional por La Rioja. Sin tener aún la edad suficiente, viaja para incorporarse al Congreso.”—¿Tendrá ese muchacho los veinticinco años que exige como mínimo la Constitución?”— cuenta Ramón Columba —se preguntaban algunos de los legisladores en la vieja casa.—

Ya no es un muchacho. Mírelo: tiene toda la barba. Efectivamente, ya usa barba Joaquín, nadie hace cuestión por la edad y se incorpora a la Cámara sin ningún inconveniente”. Paralelamente a esta incorporación, Joaquín V. González elabora un proyecto de Constitución para su provincia, desarrolla actividades periodísticas en el diario La Prensa y en 1888 publica uno de sus libros más importantes: La tradición nacional.

Actuando siempre dentro delas filas del conservadurismo, obtiene en el año 1889 la gobernación de La Rioja. Tres años más tarde es reelegido diputado nacional y en 1893 es publicado otro de sus libros más importantes, Mi montañas. Su profundo conocimiento del suelo natal y su preocupación constante por la minería le permiten, además, que se transforme en catedrático de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, dictando una materia de reciente creación: Legislación de Minas.

El país comenzaba a recorrer el camino del desarrollo, la llamada Generación del 80 le imprime su ritmo y un rubro tan importante —y tan vinculado a los intereses y a los capitales ingleses— como el de la riqueza subterránea empieza a ser tenido muy en cuenta.

Las realizaciones
Sus conocimientos, sus excelentes vinculaciones políticas y el hecho de ser un militante sin concesiones del conservadorismo, influyen para que Joaquín V. González lleve a cabo una rápida y ascendente carrera política. En ese sentido, el año 1896 fue para él un año clave. En el mes de enero, el Poder Ejecutivo lo designa para realizar el Proyecto de Reforma al Código de Minería.

En julio, es nombrado vocal del Consejo Nacional de Educación y, por último, el 31 de diciembre, Académico Titular de la Facultad de Filosofía y Letras, recién creada. Lo acompañarán al frente de esa institución Bartolomé Mitre, Rafael Obligado, Bernardo de Irigoyen, Carlos Pellegrini, Paul Groussac, Ricardo Gutiérrez y Lorenzo Anadón.

Durante el segundo gobierno del general Roca, González cubre las carteras de Interior, Justicia e Instrucción Pública, Relaciones Exteriores y Culto. Vinculado a este último ministerio, justamente, interviene en el diferendo austral que estuvo a punto de provocar una cuestión armada entre nuestro país y Chile. Fruto de esa dilatada gestión ministerial, nuevos libros aparecen, con su firma: Debates Constitucionales y Los tratados de paz de 1902,
entre otros.

Desde el punto de vista legislativo, le cupo la elaboración de una Ley Nacional de Trabajo y una Ley de Reforma Electoral. Esta última, si bien de duración efímera, establecía el sistema electoral denominado “De circunscripciones“: fue bajo ese sistema que, en las elecciones de 1904, el socialismo logró triunfar en la circunscripción de la Boca y Alfredo Palacios alcanzó la diputación.

Cuando el 12 de octubre de 1904, Manuel Quintana asume la presidencia de la República, Joaquín V. González es nombrado titular de Justicia e Instrucción Pública. Desde ese cargo, el 19 de setiembre de 1905 funda la Universidad de La Plata, cuyo rectorado ejercerá desde 1906 a 1918. Dictará cátedras de Derecho Internacional Público y de Historia Diplomática.

Ampliará los laboratorios, modernizará el instrumental y contratará profesores extranjeros a veces, promo-cionando los autóctonos en otras oportunidades. Convencido de la necesidad de la coordinación programática de los tres ciclos y del régimen de internado creará ULPI (Universidad de La Plata Internado), donde se verificará la constante convivencia de profesores y alumnado, indispensable para lograr una correcta e integral formación del educando.

El nacimiento de otra época En 1916, el radicalismo accede al gobierno. Sectores sociales hasta ahora marginados políticos y socialmente, empiezan a hace oir su voz. Nuevos enfoques en piezan a propiciarse desde el g« bierno de “la chusma radical’ como gustaban calificar a quienes hasta ese momento ha bían monopolizado el poder.

En ese panorama de cambios qu aparece, la Universidad deja d ser una isla de refinamiento apoliticismo cultural. Explota! las luchas por la Reforma d 1918. La Universidad de La Plata es clausurada. González dedia su tiempo, entonces, a recorre librerías, su paseo predilecto po otra parte. Transita cas diariamente por La Facultad, de la calle Florida, por la Dante Alighieri, algunas francesas y sobre todo la Mitchell’s Book, en la cual hasta posee una gaveta personal, a la cual le llegan, a tra vés del correo inglés, las noveda des literarias de la isla.

Construye, al mismo tiempo, una especie de retiro en La Rioja, su casa. La llamará Samay Huasi, que en quechua significa “casa de reposo”. El cultivo de las flores, las complicadas construcciones líticas —tareas que desarrollará con sus propias manos, la lectura de Shakespeare, Ornar Khayyam y Tagore, en medio de un marcado misticismo, serán sus ocupaciones predilectas desde el 19 de setiembre de 1922, en que pronunció su último discurso en el Senado.

Un discurso que fue, por otra parte, una verdadera definición política de toda su vida: “No tengo ni tendría porqué ruborizarme de haber pertenecido al régimen, un régimen que comenzó con Ri-vadavia, que siguió con Urquiza, Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Quintana, cuyos nombres tan sólo son una historia de crédito, de justicia y aun de gloria para la historia de los partidos políticos que hoy se confunden con la denominación común de conservadores”.

Murió el 29 dé diciembre de 1923.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II

Historia del Partido Autonomista Nacional Origen y Fundador

El Partido Autonomista – Origen e Historia

Líder indíscutido del Partido Autonomista, acérrimo porteñista, la figura de Adolfo Alsina dominó por mucho tiempo el escenario político, en las décadas que siguieron a la batalla de Caseros, fin del rosismo. Su figura, sin embargo, fue desdibujándose históricamente, con el tiempo. Tal vez, porque no pudo nunca trascender su localismo, tal vez porque las personalidades de oíros políticos como —Roca, Pellegrini— lo superaron.

Hay quien atribuye este olvido a la falta de una doctrina que respaldara al accionar del caudillo, carencia que él reemplazaba con un verdadero “olfato de comité” y con un audaz oportunismo, no exento de demagogia. Sin embargo, más allá de estas explicaciones, conviene recordar su trayectoria y sus realizaciones, en la medida en que Adolfo Alsina es un típico ejemplo del caudillismo urbano.

adolfo alsina

Los orígenes
Nacido en Buenos Aires, el 14 de enero de 1829, su padre era Valentín Alsina, unitario, porteñista a ultranza, político y gran orador. A pesar de que su esposa era hija de Manuel Vicente Maza, presidente de la legislatura rosista. Valentín Alsina emigró pronto a Montevideo. Recién después de Caseros pudo volver la familia a Buenos Aires. Valentín Alsina es nombrado ministro de gobierno por el gobernador de la provincia, Vicente López y Planes.

Su unitarismo pronto lo enfrenta a Urquiza. Adolfo comparte esos enfrentamientos, pero en forma más vehemente: poco intelectual, tendía sobre todo a la acción. Veía en ciernes la federalización de Buenos Aires y para evitarla conspira constantemente, hasta que logra desencadenar la Revolución del 11 de setiembre.

Adolfo Alsina defiende la ciudad durante El sitio a que la somete la Confederación y tiene tiempo, mientras tanto, de recibirse de abogado. Su prestigio entre los grupos más porteñistas, que respondían a Bartolomé Mitre y era llamados “pandilleros” (en atención a los medios violentos de los que se valían), crece constantemente. Dirige ataques contra las concentraciones de “chupandinos” (partidarios de un acercamiento con la Confederación) y la fama de su valor personal crece todos los días. A esta altura de los acontecimientos, Buenos Aires tenía su propia Constitución y era casi un Estado independiente.

En las elecciones de marzo de 1857, los pandilleros hicieron honor a su nombre: “Nuestra base de operaciones eran la audacia y el terror, que empleados tan hábilmente han dado este resultado admirable e inesperado”, escribe por entonces Sarmiento, refiriéndose a la victoria electoral obtenida. El sistema de voto cantado permitía todo tipo de desmán, en efecto: los más decididos, copaban el atrio en donde se votaba y quien triunfaba en ese copamiento triunfaba en la elección. De esta forma, Valentín, su padre, llegó al gobierno de Buenos Aires.

El Partido Autonomista
Luego de la batalla de Pavón, donde Adolfo Alsina combate bravamente, todos se dan cuenta de que Mitre quiere reconstruir la Confederación, con Buenos Aires a la cabeza. Encargado del Ejecutivo nacional, para retener el poder nacional y el provincial debía federalizar a Buenos Aires.

La Ley de Federalización fue muy resistida y el 6 de agosto de 1962, en la Cámara de Diputados de la Nación, Adolfo Alsina pronunció el discurso tal vez más encendido y brillante de su vida, atacando ese proyecto de ley “como porteño, porque yo, en ningún acto de mi vida puedo olvidarme que lo soy, porque no puedo, ni debo, ni quiero…”. Mientras las barras deliraban, un nuevo caudillo había nacido.

La Ley de Federalización no fue aprobada y en su lugar vio la luz una tibia Ley de Compromiso: Buenos Aires sería sede del gobierno central por tres años, pero sin federalizarse. A pesar de ese acuerdo, el viejo Partido Liberal, liderado por Mitre, estaba fracturado. Quienes siguieron a aquél, constituyeron el Partido Nacionalista.

Alsina y sus seguidores, se nuclearon en el Partido Autonomista. Los mitristas, por su búsqueda de acercamiento con Urquiza —una posición blanda para los opositores— fueron motejados de “cocidos”. De rebote, de “crudos” se bautizó a los alsinistas. Tras las banderas de intransigencia de Alsina se aglutinaron la oligarquía terrateniente y su extremo en la escala social, los sectores más desposeídos.

Con Mitre, hizo causa común la burguesía mercantil, los pequeños y medianos productores y la clase media. Un grupo de juventud brillante militaba en el alsinismo: Dardo Rocha, Leandro AIem, Carlos Pellegrini, Aristóbulo del Valle entre otros.

Las elecciones, pasaron a ser guerras. El diario La Tribuna respondía a Alsina e inflamaba a sus seguidores. La Nación Argentina —que se convertiría luego en La Nación— apoyaba a Bartolomé Mitre. El voto, seguía manifestándose en los atrios de las iglesias, en un esfuerzo porque lo sagrado del lugar aplacara las pasiones. Sin embargo, orilleros y “niños bien” mezclados, esperaban expectantes eí desarrollo de los acontecimientos y si la elección se iba volcando contra sus intereses apelaban a todo tipo de violencias verbales y físicas para torcer el curso de los hechos.

Gobernación y vicepresidencia
En los comicios de marzo de 1866, tan poco “sanctos” como todos los de la época, Adolfo Alsina fue elegido gobernador de la provincia. Esta gobernación de Alsina coincidió con la Guerra del Paraguay y en el transcurso de la misma el porteñista aprobó todo lo actuado por parte del gobierno nacional. Sin embargo, cuando se acercan las elecciones presidenciales de 1868, Mitre lo descalifica como candidato.

Luego de extensas polémicas y de inacabables tejes y manejes arbitrados por el líder del Partido Nacional, su nombre surge pero para acompañar a Sarmiento en la fórmula que, a la postre sería la victoriosa. Su padre, Valentín Alsina, presidente del Senado, era quien debía proclamar oficialmente a los triunfadores: cuando debió pronunciar el hombre de su hijo, la emoción se lo impidió y tuvo que ser reemplazado.

La vida privada de un vicepresidente
Sarmiento consideraba a Adolfo Alsina despectivamente, como un compadrito porteño y tal vez no estuviera tan errado en sus apreciaciones. Alto y robusto, poseía una verdadera “estampa de varón”; pelo y barba abundantes y plateados, nariz grande y ojos melancólicos. Extrovertido, ruidoso y populachero, frecuentaba boliches y caminaba con un contoneo compadrón y agresivo.

No era atildado en el vestuario, usaba generalmente un pantalón y un chaleco blancos y siempre una alta galera, tipo chimenea, y un levitón negro. Consumía habanos. No usaba cuchillo y pocas veces revólver, pero su paraguas de macizo mango de plata se podía convertir en una verdadera maza. Soltero empedernido, vivía en un viejo caserón de la calle Potosí, centro de nocheras tenidas con amigos y de sobremesas extensas, regadas con buen vino y en las cuales se rendía un verdadero culto a la amistad. Simpático y entrador era, sin embargo, un verdadero orador de barricada y para ello lo
ayudaba, no poco, su fuerte vozarrón.

La conciliación y la muerte
En 1874, Adolfo Alsina impone a su amigo Mariano Acosta en la fórmula que presidió Nicolás Avellaneda y se reserva para él el Ministerio de Guerra y Marina. Su primera tarea, como ministro, consistió en aplastar la revolución mitrista que se produjo ese año.

Después, se dedicó a la campaña contra el indio, a través de la cual deseaba adquirir popularidad nacional, paso previo a una futura presidencia. La guerra del desierto tuvo un carácter defensivo y su estrategia consistió en ir avanzando gradualmente poblando al mismo tiempo los terrenos recuperados.

El joven general Julio A. Roca discrepó con ese proyecto y propuso, en s lugar, una guerra móvil. Desde ese momento, los rozamiento entre los dos hombres fueron constantes. Alsina llevó adelante su plan, de todas formas: recuperó 2.000 leguas cuadradas, adelantó la frontera y para protegerla hizo cavar una prolongada zanja —la famosa “zanja de Alsina”— a lo largo de diversos trechos de su extensíón, que fue calificada por Roca de “disparate”.

En agosto de 1876 al volver Alsina de la frontera, el panorama político era muy turbio y el caos económico producido por la mala administración era total y por otra parte, se hallaba al borde de una nueva insurrección.

El Partido Autonomista, para colmo, había visto resquebrajar por completo su unidad interna, por esos motivos, Alsina buscó  un acercamiento con el mitrismo y el líder de esta corriente aceptó  públicamente la conciliación de los dos partidos. Mientras Aristóbulo del Valle y otros dirigentes hacían abandono del auíonomismo para fundar el Partido Republicano, el 7 de octubre, en la Plaza de Mayo, Mitre y Alsina se confunden en un abrazo, debajo de la estatua de Belgrano.

Los mitrístas recibían, en virtud de esta conciliación, altos cargos gubernamentales y hasta ministerios. Mitre —personalmente— y los jefes que lo habían secundado en 1874 la devolución de sus perdidos grados militares. Y Alsina, la luz verde para su postulación presidencial en el 80.

En espera de esa fecha y mientras se preparaba para otra campaña contra los indígenas, el 29 de diciembre de 1877, después de una corta pero extraña enfermedad, moría sorpresivamente Adolfo Alsina. Las malas consecuencias de esa muerte no se hicieron esperar. La conciliación se hundió, irremediablemente.

Al poco tiempo estallaba la guerra civil.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II Nota de Julio Nosiglia

Biografía de Pueyrredón Juan Martín Vida Política y Logros

Biografía de Pueyrredón Juan Martín

Nació en Buenos Aires el 18 de diciembre de 1777. Como Rivadavia, como Vieytes, como Laprida, como Dorrego, como Saavedra, como Moreno y como Castelli, estudió en el Colegio San Carlos y después lo mandaron a Europa. Cádiz (España) y París serán las ciudades que recordará siempre. De la mano de su tío Diego conoció la filosofía de la ilustración, la pintura y la música de la modernidad y la historia de los clásicos.

biografia de martin de pueyrredon

Juan Martín de Pueyrredón (1777-1850). Fue un  político y militar argentino, considerado el primer jefe de Estado de la Argentina independiente, por cuanto fue elegido director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1816-1819). “Nadie le podrá desconocer, ni siquiera sus enemigos más convencidos, es el apoyo que le dio a San Martín para que organizara el Ejército de los Andes y marchara hacia Chile”. (Historiador Rogelio Alaniz)

En Cádiz se casa con su prima Dolores Pueyrredón, fallecida en 1805, y recién volverá a casarse diez años más tarde con Margarita Tellechea, una niña de catorce años, veinticinco años más joven que él.

Pueyrredon Martin Director Supremo

Durante la Primera Invasión Inglesa organiza las fuerzas que combatieron en Perdriel.

Participa en la Reconquista de Buenos Aires y en la formación del Batallón de Húsares Voluntarios. Designado representante ante la Corte española, viaja a la Península. Ante la ocupación de Napoleón, huye de Madrid en 1808 y lo retienen en Montevideo por orden del Cabildo.

Durante la asonada de Álzaga de enero de 1809 es hecho prisionero y embarcado hacia España, pero escapa en Brasil, aunque es nuevamente encarcelado en Buenos Aires.

Huye al Brasil y retorna a Buenos Aires después de la Revolución de Mayo  y apoyará en toda la línea el proceso revolucionario y su primer cargo será el de gobernador de Córdoba, un territorio que entonces se extendía hasta Tucumán y las provincias de Cuyo.

Córdoba terminaba de salir de la crisis provocada por el levantamiento de Liniers que, como se sabe, concluyó con el fusilamiento de éste y de sus colaboradores inmediatos.

Después reside en Charcas cumpliendo con su tarea de intendente. La batalla de Suipacha le ha dado a los ejércitos patrios el control del Alto Perú, pero la derrota de Huaqui obliga al repliegue de las tropas. Pueyrredón entonces se preocupa por recuperar el tesoro de Potosí  y luego se hará cargo del Ejército del Norte.

En 1812 le entrega el mando de las tropas a Manuel Belgrano y regresa a Buenos Aires, en donde reemplazará a Juan José Paso en el triunvirato. El movimiento militar de la Logia Lautaro, triunfante en octubre, dispone su destierro; es confinado en una estancia de San Luis como reo de lesa patria. En 1815 el director supremo Carlos de Alvear pone fin a su proscripción y Pueyrredón regresa a Buenos Aires.

Junto con Justo Santa María de Oro, Francisco Narciso Laprida, Tomás Godoy Cruz y Juan Agustín Maza integrará la delegación de diputados que participarán en el Congreso de Tucumá representando a Cuyo. En la sesión del 3 de mayo de 1816 es designado Director Supremo de las Provincias Unidas.

Se entrevista con San Martín, compromete su respaldo al plan libertador y en los próximos dos años apoya con firmeza al Ejército de los Andes. (Ver Carta a San Martin)

En su directorio Pueyrredón debe sortear muchas dificultades: oposición en Buenos Aires, rebeliones de caudillos, escasez de recursos y aislamiento internacional. La invasión portuguesa a la Banda Oriental en 1816 y las presiones por establecer una monarquía constitucional en las Provincias Unidas culminan con su renuncia en 1819, una vez sancionada una Constitución que es rechazada en las provincias.

En 1820, el gobernador Sarratea le ordena salir del territorio y se asila en la Banda Oriental. Regresa a Buenos Aires en 1821. Dos años después nace su hijo Prilidiano, quien será un eximio pintor.

Frente el alzamiento unitario de Lavalle (1828), Pueyrredón integra el Consejo Provisorio de Gobierno e intenta mediar ante Rosas. En 1835 la familia Pueyrredón viaja a Francia, en 1841 a Río de Janeiro y en 1844 regresa a París.

Pueyrredón retorna a Buenos Aires en 1849 y muere en su quinta de San Isidro el 13 de marzo de 1850.

A la patria le dejó sus obras pero también el talento artístico de su único hijo, Prilidiano, destacado pintor y arquitecto, y la inspiración poética de su sobrino, José Hernández, el autor del Martín Fierro y el hijo preferido de su hermana Isabel.

Fuente Consultada:
Los Hechos Que Cambiaron la Historia Argentina del Siglo XIX Ricardo J. de Titto – Editorial El Ateneo
Hombres y Mujeres en Tiempos de Revolución – Rogelio Alaniz Editorial UNL (Santa Fe)

Pensamiento de Sábato Sobre la Dictadura Argentina y la Democracia

Pensamiento de Sábato Sobre la Dictadura Argentina y El Regreso de la Democracia

“La esperanza —dice Sábato— nace precisamente de la desventura: en una realidad infinitivamente perfecta la esperanza no se necesita. Por eso el hombre renace invariablemente de entre las ruinas y no se suicida sino en raras ocasiones.

Recuerdo siempre una fotografía tomada en Chile después del pavoroso terremoto de Concepción: una humildísima mujer de una villa miseria arreglaba las cositas entre los escombros, para empezar de nuevo: Así es la humanidad fortuna. Y nosotros vamos a levantar un día la nación de entre sus escombros sangrientos.”

Sabato votando en una escuela año 1983

Ver: Biografía de Sábato Ernesto

Le preguntamos sobre lo que podemos esperar ahora y así responde.

La resistencia a la dictadura
Nuestro país ha vivido muchos años bajo el terror y la muerte. En este período tenebroso hemos resistido a la dictadura con el coraje y con las ideas de nuestros mejores hombres, los que fueron capaces de luchar contra el yugo español y luego construir nuestra nación.

La mentira y el sofisma
La catástrofe vivida por la Argentina es la peor de su entera historia, catástrofe físicamente visible en lo material, pero profundamente moral en su esencia, ya que no se vende un país y se acumulan gigantescas fortunas de aventureros mientras niños mueren de hambre si no se han quebrado los fundamentos espirituales de la comunidad.

La mentira y el sofisma presidieron desde el comienzo este proceso que se llamó de Reconstrucción Nacional y que únicamente trajo la destrucción, que iba a restaurar el patrimonio material y lo dilapidó, que iba a terminar con el terrorismo y lo sustituyó por otro infinitamente más horrendo.

A sus crímenes osaron llamarlos actos de servicio invocando el espíritu sanmartiniano, revolcando en sangriento estiércol las nobles tradiciones de los ejércitos que liberaron medio continente. En este contraste entre las grandes palabras y los hechos podridos hay que buscar la grave desilusión que aquejó al país todo, sobre todo a los adolescentes y jóvenes, que son siempre los que más sienten y sufren esa delincuencia de las palabras.

En todas partes se olía a podredumbre, eran secretos a voces los escándalos financieros, los robos y la corrupción en todos los estratos del gobierno; nadie ya creía en nada que viniese de arriba, lo que a su vez agravaba el desastre económico, porque la confianza es la condición previa de toda economía; ¿no viene fiduciario de fe y crédito de creer?.

Todo era mentira: ni honor era honor, ni patria era patria, ni espíritu cristiano espíritu cristiano. Y los auténticos patriotas sentían ante esta mistificación lo que un auténtico espíritu religioso ante los sermones de ciertos miembros de la Iglesia.

Pero la esperanza, oscura, irracional, loca late siempre en medio del cataclismo y ahora resurge tumultuosamente.

Ojalá seamos capaces de estar a su altura. Tenemos que restaurar las palabras falsificadas. Y necesitamos verdad y justicia: verdad para que el delito quede en descubierto, justicia para discriminar a los culpables de los inocentes, a los funcionarios honrados de los ladrones, a los hombres de armas que destrozaron la nación de los que fueron ajenos a esa delincuencia.

Tribunales sí, venganzas no
Esa discriminación sólo podrá ser hecha mediante los instrumentos que nuestra sabia Carta Magna establece: las comisiones investigadoras del Parlamento y los jueces ordinarios que hayan sido confirmados por el Senado.

Cuidado con esos llamados tribunales del pueblo que en realidad son atroces instrumentos de la venganza, que entre gritos e insultos manda al patíbulo o al paredón a gente que no ha tenido el derecho de una auténtica defensa.

No somos todos culpables
Con frecuencia se suele decir que todo país tiene el gobierno que se merece y que todos somos culpables, de Jas atrocidades cometidas por la dictadura. No es cierto, es una sucia falacia. ¿Si en medio de la noche soy asaltado por un hombre armado soy también culpable del delito? Y aquí hemos sido asaltados durante 37 años en medio siglo por las fuerzas armadas, que son los principales culpables de nuestras desdichas.

Es cierto, sin embargo, que hubo muchas veces civiles que golpearon las puertas de los cuarteles, como se dice. Pero eso nunca más debe suceder. Jamás debemos oermitir que las fuerzas armadas vuelvan a asaltar el poder, y habrá aue defender la democracia con todos los recursos últimos que tiene, incluyendo el fusilamiento por insubordinación de los generales que deben estar a las órdenes del presidente de la República.

La difícil democracia
Nadie, nunca, está perfectamente preparado para eso, como lo prueban las fallas que se advierten en las democracias de los países más avanzados. La democracia es siempre un esfuerzo grandísimo que debemos hacer, tan tremendo como el que tiene que hacer una madre para no matar a cuchilladas al hombre que acaba de violar a su criatura. La democracia es tan difícil como la justicia, ya se sabe.

En todo caso no será viviendo en dictadura como aprenderemos a hacer un día una democracia. De otra manera, habría que suponer que lo mejor para aprender á caminar es permanecer atado a una silla, o lo mejor para aprender a hablar es ejercitando la mudez.

Como decía Hegel, se aprende a nadar nadando. Esto de que no estamos preparados para la democracia es tino de los tantos sofismas que la dictadura erigió en verdades. Ha habido en el país períodos de democracia ejemplar y, a la inversa, ni los países más civilizados han sido capaces de mantenerla inmaeutadamente.

Bastaría recordar los negociados del príncipe Bernardo de Holanda, los escándalos de Giscard con los diamantes regalados por Bokassa, la logia P-2 en Italia y la Banca Ambrosiana. Para no hablar de la democracia norteamericana, cuyas suciedades son denunciadas hasta en sus series de televisión: jueces vendidos a la mafia, alcaldes y gobernadores y hasta presidentes coimeros.

Los enamorados de las tiranías se apresuran a exclamar con alboroso que esa dase de hechos prueba la falla esencial de la democracia. Olvidando, o haciendo que olviden, que todos los regímenes son corrompibles, como consecuencia de la débil condición humana. Lo que pasa es que en los regímenes dictatoriales esos males no pueden denunciarse. Y como en la democracia se pueden denunciar y castigar, y por eso parecen ser propensos a la corrupción. ¿Quién podría denunciarlos en una dictadura?.

Aquí mismo, sin ir más lejos, no sé si treinta o cuarenta miembros de las fuerzas armadas, implicados en un sucio negociado de nafta no sólo no fueron castigados sino que ni siquiera pudimos conocer sus nombres.

En los Estados Unidos, bastó la denuncia de una periodista y el juicio de un modesto juez para que el presidente de la república más poderosa de la tierra tuviese que renunciar deshonrosamente. Un juez, para colmo, que apenas tenía apellido italiano, lo que, como se sabe, en ese país racista, es motivo de desprecio, en virtud de una doctrina según la cual Nixon es superior a Dante y Reagan superior a Leonardo Da Vinci. ¿Se puede imaginar un juicio semejante en la Alemania de Hitler o en la Rusia de Stalin?

Ya lo dijo lord Acton: el poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente, como se prueba cuando las tiranías se derrumban y aparece toda la podredumbre. Cuando el infame Somoza, que apuntalado por los Estados Unidos y las grandes empresas imperialistas, fue echado abajo, se reveló que había amasado una fortuna de 20 mil millones de dólares, sobre la explotación más horrible del pueblo nicaragüense.

No sé lo que nuestros tribunales podrán revelarnos en los próximos tiempos si tenemos ia firme decisión de limpiar para restaurar la fe de la nación, fe indispensable para levantarla y reconstruirla. Exijamos justicia independiente y prensa libre, los dos pilares de la democracia.

Aceptémosla como es
Es decir, mediocre, falible, pero criticable y superable. No tiene jamás la pompa de las tiranías, pero preserva o puede preservar la dignidad del nombre, suprema aspiración de la comuniad. No  esperemos hechos perfectos, porque entonces incurriremos una vez en la ilusión del poder absoluto. Cuando digo que debemos tener, esperanzas no estoy suponiendo esperanzas locas en un régimen purísimo y perfectísimo.

Nada de eso: soy esperanzado pero no estúpido. Mi esperanza, simplemente, consiste en mantener el régimen democrático. Y para mantenerla debemos hacerla fuerte, capaz de reprimir con fuerza a los siempre posibles-asaltantes. También nos será útil reconsiderar esa tendencia que tenemos, de tan nacionalista que somos, a creer que hasta nuestros defectos son únicos en el mundo.

En situaciones tan parecidas todos los pueblos cometen calamidades semejantes. Tuve que parar hace poco a un periodista alemán que nos echaba en carala dictadura recordándole que ellos habían detentado algo llamado hitlerismo, con millones y millones de asesinados en cámaras de gas. Tuve que recordarle a otro periodista, francés, que no teníamos más antisemitismo que en su país y que, en todo caso, aquí no había habido un proceso Dreyfus.

Tenemos virtudes y defectos, como en todas partes. Y no tenemos que hacer hincapié en nuestros defectos como únicos y en algún pecado original argentino que nos hace propensos a las dictaduras.

Fe para levantar a la Nación
Lo que hace poderosa a una nación es 1a voluntad de nierro para construirla. Esa voluntad se engendra y se fomenta mediante una adecuada educación. Si la generación del ’80 logró que la Argentina llegara un día a ser la sexta potencia del mundo fue gracias a su formidable plan de educación.

Imaginemos lo que es posible hacer hoy, cuando no sólo se dispone además de un instrumento casi mágico, que desde sus pantallas cuasi-radiactivas que actúan hasta en niños que todavía no saben escribir, puede hacerse un pueblo de imbéciles o un pueblo capaz de grandes hazañas.

No le repetiré aquí lo que he dicho largamente en un trabajo que salió hace varios meses en nuestra prensa. Repetiré, sí, para que nuestros legisladores lo mediten, que con la televisión se puede hacer o deshacer un país. Y aquí estamos ahora en el momento de tener que levantar sus pedazos desde el suelo.

Fuente Consultada: Revista La Semana Año VI N°360  – Número Especial Sobre La Vuelta de la Democracia en Argentina-

El Sistema Educativo Argentino La Educación Primaria Siglo XX

El Sistema Educativo Argentino
La Educación Primaria – Siglo XX

La evolución de nuestro sistema educativo a lo largo del siglo XX, muestra características que evidencian la falta de una política educacional coherente y sistemática. Así, se han ido incorporando nuevas modalidades, carreras y especialidades por yuxtaposición, respondiendo, generalmente en forma tardía, a necesidades y exigencias de cada momento histórico; este proceso se concretó en la Universidad con la creación gradual de Facultades, carreras y especialidades y en la enseñanza media con la puesta en mar cha de nuevas modalidades y especializaciones.

El crecimiento cuantitativo del sistema educativo fue influenciado por similares factores y respondió, en general, a supuestas demandas de la sociedad, no siempre las más funcionales con los verdaderos requerimientos.

escuela primaria argentina

La mayor carencia de la política educacional de este siglo ha sido la de un proyecto nacional para la educación que respondiese a las exigencias inmediatas y mediatas de la época y se integrase en un proyecto global para el país. Evidentemente, es tos proyectos existieron en el siglo XIX, y su validez y eficacia están demostradas por el hecho de que para algunos sectores del sistema educativo aun poseen vigencia.

Ha sido un tremendo error de varias generaciones de nuestro siglo el asumir como modelo válido el proyecto nacional para la educación de nuestro antepasados del siglo XIX, cuando se habían modificado sustancialmente las circunstancias políticas, sociales y económicas que los habían generado.

Pareciera que en la Argentina la educación se está convirtiendo en un instrumento que, en lugar de ayudar a acabar con la heterogeneidad estructural de la sociedad, está contribuyendo a consolidarla, al crear una suerte de dualismo entre sectores con un alto nivel de educación, y sectores que escasamente tienen acceso a ella.

Por un lado, a pesar de que globalmente podemos gloriarnos de nuestras bajas tasas de analfabetismo, al menos en relación a otros países latinoamericanos, es poco menos que evidente que el gran objetivo de la alfabetización universal propuesto en el siglo pasado, dista mucho de ser alcanzado.

Un análisis por regiones muestra la gran disparidad entre los coeficientes correspondientes a Buenos Aires, Santa Fe o Córdoba, y los que ostentan otras provincias del interior donde la situación puede resultar alarmante para cualquiera. Es cierto, que la tasa de analfabetismo puede llegar a distorsionar la realidad, ya que en su cálculo tiene una gran influencia la situación educacional de las generaciones viejas.

Pero cuando se observan los niveles de deserción en la escuela primaria,  se comprueba que la situación adquiere dimensiones que deben llamar seriamente a la reflexión. Según un informe reciente del Ministerio de Cultura y Educación de la Nación, el rendimiento definitivo del grupo que ingresa a primer grado es, en promedio, de apenas un 55%. En catorce provincias la deserción es superior al 50%, y en dieciocho está por encima del 40%.

En la mayoría de los casos el grueso de la deserción se produce en los primeros grados, en especial en el primer grado. La situación de la Argentina en el escenario latinoamericano ha dejado de ser un privilegio. Hay varios países que nos aventajan en este sentido, y aun pareciera que en las últimas décadas nuestro país hubiera entrado en un punto de estancamiento con respecto a los logros que venía obteniendo en el pasado.

Sectores muy numerosos alcanzan un nivel mínimo de instrucción, si es que lo alcanzan, y salen a enfrentar la vida con los muy escasos instrumentos que esa formación puede haberles proporcionado. Sus posibilidades de participación en los sistemas de decisión y de integración al mundo de la cultura son más que escasos;   sus posibilidades de trabajo y de participación en el consumo, en una sociedad que inevitablemente se hace más compleja, serán cada vez más de carácter marginal.

Frente a este problema del mínimo de instrucción, se plantea otro en el grupo de quienes acceden a un nivel terciario. Un sistema de enseñanza media muy rígido y sin diversificación, está conduciendo a una verdadera explosión universitaria. La carencia de otras alternativas en el nivel terciario ha contribuido por su parte al problema ocupacional que diariamente deben enfrentar una buena parte de los graduados universitarios jóvenes.

En términos generales, parece claro que el país necesita de una expansión de la escolaridad, aunque esta expansión no puede seguir realizándose como lo ha venido haciendo hasta el presente. Se requieren transformaciones sustanciales en lo que hace al modo de distribución  de las oportunidades educacionales entre la población.

Se trataría de ofrecer mayores oportunidades educativas a aquellos sectores y regiones que hasta el presente han estado relegados y de desalentar y reorientar la demanda de educación universitaria larga, de modo de tender a equilibrar cuantitativa y cualitativamente la oferta del subsistema educativo y los requerimientos de la estructura ocupacional.

Organización de la Educación :
La Educación pre-escolar :
Se llama educación pre-escolar a la que se imparte antes de la educación primaria. Está destinada a la segunda infancia, es decir, a los »iños de tres a seis aña aproximadamente.. Tiene como objeto favorecen el desarrollo físico y espiritual del niño. Mediante el empleo de técnicas apropiadas se orienta el juego infantil para educar los sentidos, fomentar la capacidad expresiva y orear hábitos sociales y de convivencia.

Junto a esta finalidad de carácter eminentemente formativo, la educación pre escolar cumple también una importante función social, sobre todo en los ambientes obreros al brindarle al niño el cuidado y la educación que sus padres no pueden brindarle durante sus horas de trabajo.

El jardín de infantes cumple una finalidad estrictamente pedagógica, y secundariamente una función social. Es un lugar de juego, por medio de él el niño no sólo se recrea sino que se desarrolla vitalmente El juego se dirige a objetivos educativos definidos.

La educación del jardín de infantes se dirige inmediatamente a las manifestaciones básicas de la vida infantil : las actividades motrices y sensoriales por una parte y las afectivas y emotivas por otra. Respecto de las primeras la educación está dirigida, a la coordinación y justeza de los movimientos,  a la correlación de éstos y la vida in telectual, mediante diversos procedimientos educativos. Respecto a la vida afectiva, los cantos y las rondas, la narración, de cuentos, el cuidado de plantas y animales, el uso de libros de estampas, las representaciones de títeres. etc. , son los coecursos más empleados.

El jardín de infantes es el lugar donde el niño adquiere las primeras experiencias de la vida social. La convivencia, y el trato con los demás niños hace que éste salga del círculo cerrado del ambiente familiar y entre en el amplio campo de la vida social.

En nuestro país los jardines de infantes funcionan, por lo general, anexos a escuelas primarias y normales.

La formación del personal docente especializado en la enseñanza pre-escolar, se inició en la Escuela Normal de Paraná, Actualmente, en el orden nacional, la preparación de maestras jardineras está confiada a dos establecimientos dependientes del Ministerio de Educación: el profesorado  San de Eccleston en la Capital Federal, y la Escuela Nacional Normal de Maestras N° 1 de La Plata.

Los gobiernos provinciales y municipales sostienen, a su vez, establecimientos pre-escolares en sus respectivas jurisdicciones.

La Educación Primaria :
La educación primaria propiamente dicha constituye el primer ciclo de formación sistemática. Busca favorecer y dirigir armónicamente el desarrollo moral, intelectual y físico de los niños durante la tercera infancia, es decir, desde los 6 ó 7 años hasta los 12. Procura el desenvolvimiento de la personalidad del educando de acuerdo con sus aptitudes, trata de favorecer su adaptación social, lo prepara para de sempeñarse adecuadamente en su realidad presente e ingresar en la comunidad a que pertenece como un miembro útil y responsable.

El artículo 2 de la Ley 1420 de Educación Común ( 1884 ) indica algunas características de la educación primaria : “La instrucción primaria debe ser obligatoria, gratuita, gradual y dada conforme a los preceptos de la higiene”.

El artículo 8° de esta ley establece la neutralidad en materia religiosa; el 10° se pronuncia por las clases mixtas en los primeros grados y a cargo de personal femenino exclusivamente; el 27° especifica que ha de ser también simultánea.

Al establecer la enseñanza gradual, la ley 1420 impone de manera uniforme la enseñanza progresiva y metódica, acorde con el desarrollo intelectual medio de los alumnos. El principal inconveniente de la enseñanza gradual es que no tiene en cuenta el desarrollo intelectual propio de cada alumno, ya que no todos poseen igual capacidad, idénticas preferencias, análogas formas mentales.

La neutralidad en materia religiosa está establecida por el artículo 8°  de la Ley que establece : “La enseñanza religiosa sólo podrá ser dada en las escuelas públicas por los ministros autorizados de los diferentes cultos, a los niños de su res pectiva comunión, y antes o después de horas de clase”. En la práctica, se estableció una verdadera laicidad en la enseñanza primaria.

La enseñanza simultánea surge del artículo 27 que determina entre las obligaciones de los maestros la de “dirigir personalmente la enseñanza de los niños que estén a su cargo”. Con esta disposición se buscaba terminar definitivamente con el sistema lancasteriano e imponer la enseñanza simultánea preconizada por Pestalozzi.

La obligatoriedad de los estudios primarios se basa en el deber que tienen los padres de educar a sus hijos. La obligación escolar alcanza en la Argentina hasta los catorce años de edad.

La obligación escolar supone la existencia de la escuela pública gratuita. Si el Estado impone a todos los padres o encargados de los niños la obligación de instruirlos y educarlos dentro de la edad calificada como escolar y de acuerdo a un mínimo de enseñanza, es necesario que el propio estado ponga la escuela al alcance de todos los niños.

Para ello debe proporcionar en forma gratuita a los niños pobres, no so lo la enseñanza misma, sino también material y útiles escolares, alimentación y vestidos. Junto al esfuerzo del Estado aparece también la acción privada a través de las cooperadoras escolares que tienen, entre otras funciones, la de proporcionar ropa, calzado y alimentos a los alumnos necesitados.

Según las regiones, los cursos se extienden de marzo a noviembre, o de septiembre a mayo. No son días lectivos el sábado, el domingo y algunas fechas importantes de carácter patriótico o religioso. Anualmente se edita un “calendario escolar” en el que figuran las distintas conmemoraciones que deben realizarse.

Normalmente en cada escuela funcionan dos turnos. Cada sección de grado está atendida por un maestro, que imparte la enseñanza, conserva el orden y la disciplina de los alumnos.Suelen existir también   profesores de estética (música y dibujo), labores y trabajo manual.

La marcha de la escuela primaria está confiada a un director que es el jefe inmediato del personal docente, administrativo y de servicio. El director tiene entre sus funciones, la critica pedagógica de los maestros; observa sus métodos, la preparación especial de cada lección, el lenguaje del maestro y de los alumnos, la disciplina y el gobierno escolar.  Periódicamente, reúne en conferencia al personal docente para hacer la crítica del trabajo y cambiar ideas sobre la orientación de la enseñanza que se imparte.

Para ejercer la dirección y administración general de las escuelas, la ley 1420 creó un Consejo Nacional de Educación, que funciona en la Capital Federal bajo la dependencia del Ministerio de Educación. Corresponden al Consejo Nacional las siguientes atribuciones de carácter técnico : dirigir y vigilar la instrucción impartida en todas las escuelas primarias, dictar los programas de enseñanza, expedir títulos habilitantes para el ejercicio del magisterio, revalidar los diplomas «ie maestros extranjeros, seleccionar los libros de texto más adecuados para las escuelas públicas, promover y auxiliar la formación de escuelas públicas y de maestros, lo mismo que la de aso ciacíones y publicaciones cooperativas de la educación común.

Entre las atribuciones de carácter administrativo figuran el manejo de todos los fondos consagrados al sostén y fomento de la educación común, como así la confección del presupuesto correspondiente.

Bajo la dependencia inmediata del Consejo Nacional actúan los inspectores de escuelas primarias y los Consejos Escolares de distrito. Los primeros cumplen una función esencialmente técnica : vigilan la enseñanza de las escuelas y corrigen los errores introducidos en ellas. Los segundos, tienen a su cargo tareas de carácter ad ministrativo : cuidan de la higiene, disciplina y moralidad de las escuelas, estimulan la concurrencia de los niños a las escuelas, etc.

Cambios en el sistema educativo
La nueva Ley Universitaria
Las reformas fueron profundas, pero luego se aplicaron de manera despareja y, en muchos casos, Ineficiente.
el Congreso sancionó una nueva Ley de Educación Superior. Dos años antes, en abril de 1993, se había sancionado la Ley Federal de Educación y, en 1991, se había aprobado la ley de transferencia de los establecimientos educativos que todavía dependían de la Nación a las respectivas administraciones provinciales. Estas tres normas introdujeron profundos cambios en el sistema educativo nacional.

La Ley Federal modificó la estructura académica del sistema educativo. Se eliminaron los tradicionales niveles primario y secundario y, en su reemplazo, se crearon la Enseñanza General Básica o EGB, compuesta de 3 ciclos de 3 años cada uno, y el Polimodal, de tres años, con diferentes orientaciones. También se extendió la obligatoriedad a 10 años, incluyendo la EGB y un año de pre-escolar. Muchas jurisdicciones sólo avanzaron en reformas menores;
otras, aplicaron los cambios con más celeridad que planificación. Todo esto, sumado a las diferentes situaciones presupuestarias, contribuyó a profundizar la fragmentación y diferenciación del sistema educativo.

La Ley de Educación Superior estableció una nueva forma de relación entre las universidades y el Estado, que, además de financiarlas, exigía que se cumplieran ciertos requisitos y luego evaluaba los resultados. Ese sentido tuvo la creación de la Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria (CONEAU), que también controló a las universidades privadas. Algunos criticaron la reducción de la tradicional autonomía universitaria y la constitución de un sistema centralizado de evaluación y control, dependiente del Poder Ejecutivo. Otros, en cambio, encontraron en esos instrumentos una manera de elevar el nivel académico y, sobre todo, equiparar a las distintas casas de estudio.

La Ley Federal de Educación vigente fue remplazada en 2006 a través de la sanción de la Ley Nacional de Educación, que modificó nuevamente la estructura académica establecida, reintroduciendo los niveles primario y secundario. (Fuente: Cuadernillo de Historia Argentina, Menem y la reforma neoliberal 1990-1999)

Fuente Consultada:
Historia Argentina e Historia de la Civilización Manual de Ingreso N°2 Dieguez-Pierini-Laplaza
Ediciones Investigación y Docencia

Historia de la Música en Argentina Primeros Compositores

Primeros Compositores de Argentina
Historia de la Música

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Período de la Organización Nacional : El período comprendido entre los años 1852 a 1910, representa la incorporación de la música argentina a los grandes centros europeos.

Desde 1848, Buenos Aires disfruta de temporadas lírico-dramáticas que hasta el día de hoy se desenvuelven año tras año con escasas interrupciones. En 1825 se representa la primera ópera completa en Buenos Aires, era el Barbero de Sevilla. Durante largos años, el cultivo de otros géneros no había alcanzado a equilibrar en intensidad la fervorosa atención dispensada a las manifestaciones operísticas.

Coexistían el teatro lírico y la música de salón, y con menor frecuencia se efectuaban sesiones de conciertos vocales e instrumentales. En general, las actividades musicales distaban mucho de la homogeneidad requerida, si bien gozaban de reconocido aprecio.

A partir del último cuarto del siglo XIX, han de arraigar fructíferamente en Buenos Aires la música de cámara, con el repertorio clasico-romántico de tríos, cuar tetos y quintetos, el pianismo de los grandes maestros y los conciertos sinfónicos, con frecuente inclusión de obras de autores ya consagrados y de otros contemporáneos.

La actividad musical se desenvolvió durante varios años en torno de dos focos principales: la ópera, en el Teatro de la Victoria, y la música vocal e instrumental de cámara, en los conciertos de la Sociedad Filarmónica de Buenos Aires, Ambas demostraciones concentraron el interés de los aficionados, aun cuando la periodicidad de los espectáculos operísticos era mucho mayor que la de las sesiones filarmónicas.

Frente a la absorción ejercida por la música lírica, no desmayan las gestiones encaminadas hacia otro sentido de la actividad musical. El compositor y cantante español José Amat será quien promueve desde la Sociedad Filarmónica estas nuevas ac tividades.

En el aspecto polifónico-vocal, fue inestimable la contribución a la cultura del país de la “Sociedad Alemana de Canto”, fundada en 1862 para “estudiar y hacer conocer música alemana”, especialmente composiciones corales. Incluyó así obras   de Haydn, Mendelssohn, Mozart, Schumann, Wagner y otros maestros.

Fueron numerosos los conjuntos dedicados a un repertorio sorprendentemente variado y amplio, sobre base clasico-romántica incorporando autores contemporáneos. Algunos de los primeros conciertos sinfónicos que se efectuaron en Buenos Aires fueron auspiciados por la “Sociedad del Cuarteto”, conjunto creado en 1910.

A pesar de los esfuerzos realizados al respecto, la crítica señalaba la falta de ambiente adecuado y de gusto por lo sinfónico y hacía constar la necesidad de abrir una vía a los jóvenes, y arraigar los conciertos populares. En esta labor de arraigo de los conciertos sinfónicos ocupa un destacado lugar la labor llevada a cabo por Alberto Williams.

La enseñanza de la música :
En este aspecto, la tradición del país se remonta hasta el período de la dominación hispánica. Nacionales y extranjeros imparten enseñanza y se forman varias generaciones de artistas y aficionados que cuentan con el estímulo de un medio en don de la música es altamente apreciada. Hacia el final del siglo, varios destacados músicos argentinos emprenden en Europa las más exigentes disciplinas bajo la guía de autorizados pedagogos.

Alrededor de 1860 crece la llegada e incorporación de músicos extranjeros, algunos de probada valía, cuya formación es en muchos casos italiana.  Tres lustros más tarde se ha formado en Buenos Aires un verdadero ambiente musical en donde descuellan algunos compositores, concertistas y profesores de renombre.  La pieza de salón y las artificiosas fantasías sobre temas operísticos, comienzan a dar lugar paulatinamente a las obras magistrales de clásicos y románticos que comienzan a ser divulgados.

La Gaceta Musical de Buenos Aires realiza una tesonera labor en pro de la creación de un Conservatorio Argentino, a pesar de la hostilidad e incomprensión por parte de algunos sectores, esta labor dará sus frutos con la creación en 1874 de la Escuela de Música y Declamación de la Provincia de Buenos Aires. Las funciones del director fueron desempeñadas por Nicolás de Bassi.

Las clases comprendían : composición e historia musical, solfeo y lectura musical, canto, declamación, piano, órgano, violín y viola, violoncelo, contrabajo, instrumentos de viento de madera, instrumentos de viento de cobre, arpa. Se creaba asimismo una Comisión cuyos miembros tenían la función de inspeccionar el funcionamiento de las clases y el estricto cumplimiento de los reglamentos de la escuela.

La institución prosiguió su labor pese a los obstáculos y dificultades materiales, afrontando la oposición de quienes no apreciaban el alcance y significado de la educación musical debidamente sistematizada. La Escuela de Música proporcionaba tos trumentistas de orquesta, cantantes y profesores de música, y su influjo era perceptible en el nivel cultural de Buenos Aires. En 1882, por falta de una subvención nacional que pudiera suplir la provincial que había sido retirada hacía tiempo, no pudieron pagar se las deudas de alquiler. Los instrumentos fueron vendidos en pública subasta, extinguiéndose de este modo esta institución.

Pero la simiente ya se había propagado. En 1880 el compositor Juan Gutiérrez había fundado el Conservatorio de Música de Buenos Aires, de índole privada. Una “escuela de música de la capital” funcionó también en 1880 bajo la dirección de Ricardo Pérez Camino.

Clemente Greppi, director de los coros de niños del Teatro de la Opera y del Nuevo Teatro Colón, hacia 1910, fue uno de los primeros en estimular el interés por la música en el medio escolar, mediante la acción   mimada conjunta con la práctica musical, la composición de zarzuelas adecuadas para ser representadas en escuelas, y la adopción de técnicas muy cercanas a las más modernas.

La última década del siglo pasado presencia la sucesiva y rápida erección de conservatorios y la creciente demanda de profesores de música.  En 1893 inaugura Alberto Williams el Conservatorio de Música de Buenos Aires, con planes de estudio com pletos y eficiente dotación de profesores. Muy pronto se núcleo en este instituto una significativa promoción de músicos.

En el Conservatorio Santa Cecilia se reunieron renombrados compositores, concertistas y profesores de origen italiano.  Poseía   un amplio cuerpo de profesores cuyas enseñanzas se extendían a las distintas disciplinas vocales e instrumentales, y el ámbito de la composición.

La necesidad de un instituto de índole oficial para sistematizar la enseñanza de la música se reiteró en varias oportunidades. De 1924 data el funcionamiento de una casa de estudios que respondiera a tales aspiraciones, con planes de estudio completos, enseñanza intensiva y una verdadera adecuación a las necesidades y el desarrollo del país. Este instituto es el Conservatorio Nacional de Música Carlos López Buchardo, y conserva el nombre de quien fuera su primer director.

Pimeros compositores argentinos :

En el transcurso del período 1852-1910 paulatinamente, y a pesar de circunstancias no siempre favorables, fueron surgiendo personalidades artísticas en el ámbito de la composición musical, muy diversas entre sí, en cuanto a las condiciones de su formación y de la efectividad de su rendimiento, pero que testimonian, en conjunto,   la, consecución de una fecunda etapa en el crecimiento del país.

A la labor realizada durante el citado período se debe el arraigo de una tradición musical argentina, cuyo desarrollo y plena expansión es periódicamente afectado por ñuctuaciones de diverso origen.

Entre los numerosos compositores argentinos podemos seleccionar a quienes nos proporcionaron un ordenamiento vertebrador y nos hacen asequibles las orien taciones esenciales de la música argentina en ese período : Juan Pedro Esnaola, Francisco Hargreaves, Alberto Williams, Arturo Beruti, Héctor Panizza y Constantino Gaito.

Las condiciones de sus respectivas formaciones musicales fueron muy diversas así como el alcance de su labor creadora.  Podemos considerar a Buenos Aires como el foco casi único de dichas actividades, si bien Tucumán, Córdoba, Mendoza y posteriormente La Plata alentaron cierta acción local.

Desde 1880 se desenvuelve una conciencia de la situación artística y social de los compositores. Se señala una concentración de los esfuerzos de los compositores en el género lírico-dramático, pero al mismo tiempo, hará eclosión en la música argentina la sinfonía, y luego el poema sinfónico de inspiración étnica que establece una línea de avance del nacionalismo musical.

Juan Pedro Esnaola ( 1808-1878 ) es la personalidad más destacada del período rosista y de los primeros años posteriores.  Fue el único de su época que supo mantener una continuidad efectiva en su labor de compositor, a pesar de las diversas funciones públicas que le fueron encomendadas.  Tempranamente había podido adquirir un nivel de formación europea gracias a su viaje a Europa. Desde 1822, año en que se inicia su actuación artística, recorre varias etapas. Esnaola efectuó el arreglo,publicado en 1860, de la música del Himno Nacional Argentino, original de Blas Parera, versión de setenta y siete compases en Mi bemol mayor. En 1944 un decreto oficializó la versión de Esnaola.

Salustiano Zavalía ( 1808-1873 ), hombre de intensa actividad pública que se destacó como compositor para guitarra y flauta. Parece haber sido un precursor del nacionalismo musical.

Amaneio Alcorta ( 1805-1862 ) es considerado como el decano de los compo sitores argentinos, a pesar de que la casi totalidad de sus obras se ha perdido, y lo poco que se conserva está disperso. Con posterioridad a su fallecimiento, no se extin gue su prestigio musical sino que alcanza a formar parte de la música argentina.

Todos estos compositores reflejan, en mayor o menor medida, su admirado por los operistas más difundidos en ese entonces : Mozart, Bellini y Rossini. Su pianismo no es ajeno a la evolución de la estilística del instrumento que se produce en Francia, y también está influido por los inicios del romanticismo musical.

Minués, valses y cuadrillas fueron las obras que ofrecieron a la sociedad de la época. Se los considera como integrantes del ciclo de la música argentina de salón. No por esto dejaron de incursionar en obras de contenido religioso. Esnaola y Alcorta dedicaron atención a la música litúrgica, que en algunos casos adoptó la polifonía vocal con acompañamiento de instrumentos.

Nicanor Albarellos ( 1810-1891 ), a pesar de ser predominantemente un intérprete, puede ser considerado como el nexo con las líneas subsiguientes de avance de la música argentina y precursor del nacionalismo musical. Se dedica a la tarea de recolectar melodías criollas, que más tarde serían incluidas por Hargreaves en sus composiciones.

Una promoción de músicos nacidos alrededor de 1830 establece un nexo de continuidad artística hasta la aparición de una pléyade de compositores, hacia 1880, en cabezados por Hargreaves.

En esta segunda generación   tiene lugar la incursión inicial por el sinfonismo, el nacimiento de la ópera argentina, la eclosión del nacionalismo musical, todo ello coexistiendo con la música de salón.  Por primera vez tiene lugar en el país la sistematización de la enseñanza musical en sus diversas disciplinas, y se consolida el ejercicio de la crítica musical y el interés en torno de la actividad artística europea.

Contemporáneamente, arraiga en Buenos Aires la música de cámara gracias a la actividad desarrollada por la Sociedad del Cuarteto, a través de la frecuentación de un amplio repertorio de los grandes maestros europeos.  Los conciertos sinfónicos fueron abriéndose paso como institución de la vida cultural porteña.  Surgía la conciencia de las posibilidades que el país podía desarrollar a través de las dotes de sus músicos, ya fueran intérpretes o compositores.  Los compositores argentinos comenzaron a obtener algún apoyo oficial que les permite capacitarse con mayor efectividad en los centros europeos.

Coetáneamente se incorporan numerosos compositores e intérpretes extranjeros, en su mayoría españoles e italianos, algunos verdaderamente destacados, que dan a conocer el más avanzado repertorio musical de la época.

Francisco Hargreaves ( 1849-1900 ) encabeza la segunda generación importante de músicos argentinos, (la tercera cronológicamente ) . Es el primer músico argentino que se decide a encaminar una significativa parte de su obra en el nacionalismo musical. Es uno de los nexos de continuidad de la tradición nacionalista musical, comenzada por Albarellos y que desembocará en Alberto Williams y Julián Aguirre. Hay en Hargreaves una cierta tendencia hacia lo fantástico, visionario, exótico. Sus primeras composiciones trasuntan rasgos de sorprendente virtuosismo instrumental y una elaborada escritura pianística, casi lisztiana. Para este instrumento compuso numerosas piezas.

Las milongas y los tristes compuestos por Hargreaves poseen un intrínseco valor musical que se manifiesta aun en la actualidad, en el acierto, la sugestión y el equilibrio de los elementos formales, aun cuando no desmienten su procedencia de la música de salón. Cultivó también un género que tuvo gran difusión en Europa y América: el melólogo, creado al parecer por Juan Jacobo Rousseau en 1770. Este es una acción escénica a cargo, por lo general, de un solo personaje, simultánea con un acompañamiento instrumental que puede ser sinfónico. En el género vocal, la producción de Hargreaves se concreta en varias obras que incluyen las manifestaciones religiosas.

En Hargreaves coexisten la búsqueda de la conformación de un léxico musical cultivado y artístico, con los requerimientos de ciertos núcleos sociales y las condiciones del gusto propias de la época. El esfuerzo más notorio, y que puede considerarse como el inaugural, lo realiza Hargreaves en el dominio del teatro lírico, con la composición de sus óperas “La gata blanca”, “II vampiro”, “Los estudiantes de Bolonia”,”Psyche” y “Una noche en Loreto”, las dos últimas sin estrenar. El estreno en 1877 de “La gata blanca” significó el estreno de la primera ópera argentina.

Poco después de 1880 es registrada en los medios artísticos de Buenos Aires, la aparición de dos jóvenes músicos, cuyas personalidades se caracterizan en ciertos rasgos, de manera bien diferenciada respecto de la de sus predecesores inmediatos. Ellos son Arturo Beruti y Alberto Williams cada uno de los cuales se orien tó hacia géneros diferentes, el primero hacia el lírico-dramático, el segundo hacia el instrumental.

Arturo Beruti ( 1862-1938 ) Una beca oficial le permite perfeccionarse en Europa, especialmente en Francia y Alemania. En el viejo mundo comienza su producción operística que alcanzará una gran difusión en la Argentina. Entre sus obras más sobresalientes podemos mencionar a “Vendetta”, “Evangelina”, “Taras Bulba”. En Buenos Aires escribe “Pampa”, “Yupanki”, “Khrysé” y “Hórrida Nox”. En 1919, estrena en el Teatro Colón “Los Héroes”, originariamente destinada al Centenario de Mayo estaba basada en un relato de Vicente Fidel López y ambientada en la Campaña de los Andes. Fue cantada en italiano.

La heterogeneidad de los materiales conocidos, y la ausencia de un índice su ficientemente clarificado para la confrontación de los mismos, son uno de los factores que tornan dificultosa la apreciación amplia y cabal de la obra de Arturo Beruti. Mientras que se realzan aspectos ignorados por sus contemporáneos, son dejados aquellos que le valieron la apreciación del momento y que muestran una excesiva sujección a los gustos de la época.

Alberto Williams   ( 1862-1952 ) desarrolló una intensa labor en el campo de la dirección orquestal, la composición, la investigación del pasado musical y la forma ción de los futuros músicos. Desde los comienzos de su carrera fue plenamente reconocido en sus valores y alentado en su perfeccionamiento. El gobierno le otorga una subvención para el perfeccionamiento durante cuatro años en Europa. Allí estuvo en contacto con altas personalidades de la música europea que lo tuvieron como alumno.

De regreso en Buenos Aires, dirige Williams su Primera Obertura de Concierto, que se ha incorporado al repertorio sinfónico argentino y perdura incólume en su brío y su lirismo comunicativo. En sus posteriores sinfonías, que alcanzarán el número de nueve, el léxico del compositor se muestra bien conformado en su estructura, de sutil y penetrante armonización, animado por momentos de fuerza dramática.

La melodía de Williams posee una amplitud y flexibilidad muy características A lo largo de su dilatada carrera asistió a notables mutaciones en los gustos y los procedimientos desarrollados por sucesivas promociones de músicos. Así desde Richard Wagner y César Franck, maestros que admiró y supo difundir en Buenos Aires a través de sus ciclos de conciertos sinfónicos; Claude Debussy que asimiló entrañablemente en aspectos en los cuales brillaron sus características personales; los sistemas de la politonalidad y polimodalidad, junto con las manifestaciones de la contemporánea creación musical centroeuropea.

En 1890, con su obra para piano “El rancho abandonado” inicia su derrotero nacionalista. Su nacionalismo trata de incorporar la sugestión paisajista conjuntamente con las características melódicas y rítmicas criollas, incluyendo alguna incursión en el pentatonismo incaico.

La amplia labor docente de Alberto Williams se nuclea alrededor del Conservatorio fundado por él en 1893 y a través del cual intentó transmitir a las nuevas generaciones musicales los logros alcanzados por la música europea y la nacional.

Julián Aguirre ( 1868-1924 ) Su nombre aparece ligado íntimamente al desarrollo del gusto y la cultura musical en la Argentina. Desarrolló las etapas de su formación artística en España. Se incorporó al núcleo de profesores del conservatorio fundado por Alberto Williams. Su labor se distingue por ser una de las primeras que influyó efectivamente en la elevación del nivel del gusto musical, en el conocimiento de los grandes autores, en particular los del romanticismo germano, en predisponer las posibilidades del público en la apreciación de las nuevas obras.

Dotado del don de la improvisación, se muestra comunicativo, bien proporcionado, aparentemente espontáneo en una música que se caracteriza por su lucidez y cuidada elaboración. Sus piezas de inspiración nacionalista no desmienten cierto parentesco con la música de salón y nos brindan clarificados ejemplos de nuestras espe cies líricas criollas. En este aspecto pueden citarse sus “Aires Criollos”, “Aires nacionales”, “Huella”, “Gato”, “Canciones”, “Tristes”. Se muestra particularmente afortunado al abordar los elementos captados del contorno urbano porteño : el Estilo y la Milonga.

También en la canción de índole escolar, alcanzó Aguirre algunas de sus mejores páginas, colocando a nuestro pafs en un lugar descollante en ese terreno.

Héctor Panizza ( 1875-1967 ) tuvo una descollante actuación en los más importantes teatros líricos del mundo, en la ardua tarea de concertar y dirigir temporadas completas y ciclos sinfónicos. Ajeno al nacionalismo musical, dio cuenta de la paulatina afirmación de su saber   y su capacidad de compositor en el género lírico-dramático, sinfónico y de cámara, al compenetrar su formación italiana con el sutil gusto armónico e instrumental francés. Es uno de los primeros operistas argentinos, tanto en su ubicación cronológica como en el nivel alcanzado tras una paulatina y firme evolución.

Pascual De Rogatis ( 1881-1980) ocupa un lugar señero como compositor de elevada calidad lírica. Representa un principio consciente y activo hacia una más vigorosa caracterización étnica y americanista en nuestra música, frente al absorbente predominio de los modelos italianos y franceses. Se da en él la presencia de un clima sonoro distinto al de la sobretensión romántica, que hace de su música algo nítido y líricamente distendido, que posee sensibilidad moderna.

Carlos López Buchardo ( 1881-1948 ), aparece con rasgos destacados en los comienzos de nuestro siglo. Alcanzará, un plano de realización magistral en nuestra música. Su primera etapa manifiesta sus dotes musicales superiores, la calidez de su armonía y una captación de las proporciones, donde se reflejan sus influencias   de Massenet y Puccini. La única expresión estrictamente operística de Carlos López Buchardo fue “II sogno di Alma “, cuyo estreno en 1914 constituyó un verdadero acontecimiento artfstico y social.

La ópera argentina : Las manifestaciones más destacadas y elocuentes propias del desenvolvimiento de la música argentina señalan el predominio casi exclusivo, hasta 1910, del género lírico dramática.

Las condiciones culturales de nuestra nacionalidad en el aspecto musical, la índole y la diversificada amplitud en el repertorio operístico aquí frecuentado con continuidad y desde tiempo atrás, pueden ser apreciadas como uno de los estímulos eficientes en tal sentido. Resultaba atrayente la oportunidad que podía ofrecer al compositor local la representación de sus óperas efectuada por los mismos prestigiosos intérpretes que tenían a su cargo el repertorio lírico de mayor difusión y prestigio.

De este modo, la actividad de los músicos argentinos se orientaba hacia el género que podía exteriorizar de manera cabal su consagración y reconocimiento por parte de autorizados críticos, empresarios de compañías líricas, editores de música y calificada concurrencia.

Durante este período, las óperas argentinas fueron cantadas, con alguna excepción en idioma italiano.  La ópera italiana ha de alcanzar en algunas de sus más significativas presentaciones un brillo suntuoso en rutilantes salas de Buenos Aires, ante una expectativa reflejada y mantenida por los comentarios periodísticos y notas críticas.

Se considera unánimemente a “La gata blanca”, música de Francisco Hargreaves, como la primera ópera de autor argentino. Fue estrenada por una compañía lírica italiana en 1877. Esta obra lírica breve, en cuanto a su extensión material, alcanzó una cálida recepción por parte del público. Esta obra puede ser considerada como un precedente histórico valioso para el estudioso, pero desvinculado de los intereses espontáneos de las generaciones subsiguientes.

En 1895 se estrena, en el Teatro de la Opera de Buenos Aires, “Taras Bulba”, drama lírico cuya música pertenece a Arturo Beruti.  La presentación en Buenos Aires venía precedida por el éxito de su estreno mundial en Turín. La presentación material de esta ópera, los trajes y los decorados, fueron apreciados como manifestaciones de una riqueza deslumbradora.

El gusto de entonces reconoció la ciencia polifónica, la habilidad contrapuntística, la frecuente mutación de ritmos, reprochando en parte cierto exceso en la instrumentación y preocupación por la originalidad. Actualmente, se puede afirmar que Taras Bulba indica no sólo el comienzo de un desenvolvimiento histórico de la ópera argentina, sino también el punto de partida de una fecunda reconsideración actual de la personalidad artística de Arturo Beruti, y de su significado en el desarrollo de nuestra música.

El estreno de “Pampa” del mismo compositor, marca el ascenso a la escena lírica, por primera vez, del léxico musical de inflexiones criollas, a través de lo que más tarde viene a representar la primera promoción nacionalista en la música ar gentina. La critica señaló que “lo único realmente característico son los bailes y aires criollos, hábilmente traídos, instrumentados y condimentados para la circunstancia”.

En 1897 se estrena la ópera de Panizza, “II fidanzato del mare”. De este modo hace su aparición en la escena lírica porteña el músico argentino de carrera ar tística más dilatada de nuestra historia, La índole poética y decididamente romántica del argumento estimulaba las dotes sinfonistas del compositor. Dio oportunidad a Panizza para exhibir un léxico armónico sólido y coherente, en donde despuntaba un pro misorio estilo evolutivo, plenamente reconocido entonces.

Ver: Siglo XX: Bandas de Rock Nacional

Ver:Breve Historia de los Instrumentos Musicales

Fuente Consultada:
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Historia de los Caciques Tehuelches Casimiro Biguá

Casimiro Biguá:
Historia de Caciques Tehuelches

A mediados del siglo pasado la desolada Patagonia austral era un vasto páramo que sólo el tehuelche conocía a la perfección. Sin embargo, los escasos poblados blancos, encaramados a duras penas sobre la costa, no vivían pendientes de los ataques indígenas, como en otros puntos del país.

Por el contrario, las relaciones con los aborígenes solían ser extremadamente cordiales, a tal punto que algunos de sus jefes se convirtieron en verdaderos aliados de los cristianos. Es el caso de Casimiro Biguá, descripto con prolijidad por el viajero y explorador británico George Musters en su conocida obra Vida con los Patagones, publicada en Londres en 1871 y escrita luego de haber recorrido durante un año el país tehuelche.

casimiro bigua

Musters anotó que el cacique medía más de un metro ochenta de estatura y poseía la agilidad propia de un jovencito, aunque ya frisaba por entonces los sesenta años. Aún no había canas en su abundante melena, y en sus ojos brillaba la luz de una inteligencia inquieta que se manifestaba, por ejemplo, en su hablar colorido y pintoresco.

Era un hombre aseado que vestía a la usanza gaucha y lucía a veces chaqueta militar, quizá para destacar su condición de jefe. A pesar de que el gusto desmedido por la bebida ya era común entre sus hombres, Biguá no lo compartía; por lo contrario, durante las celebraciones procura ba mantenerse sobrio.

Hay, desde luego, muchas lagunas que impiden conocer los pormenores de su vida y las circunstancias que lo llevaron a con vertirse en jefe. Se sabe que cuando Casimiro era apenas un niño su padre pereció en el valle del río Senguerr, en el transcurso do una batalla muy cruenta contra los indios araucanos.

Su madre huyó luego hacia Carmen de Patagones, donde por ese tiempo residía, coa vertido en estanciero, el marino francés Francisco Fourmatin, que durante la guerra contra el Brasil había obtenido patente de corso otorgada por el gobierno argentino.

Refiere la tradición —más que la historia— que Casimiro pasó a ser propiedad de Fourmatin a cambio de un barril de ron; el ex corsario, cuyo segundo apellido era Bigois (Biguá, según la pronunciación francesa), bautizó al indiecito llamándolo Casimiro Biguá.

La esclavitud, sin embargo, no era el destino inevitable del joven tehuelche, que al cabo de algún tiempo huyó al desierto iniciando una trayectoria que lo convirtió en líder de una numerosa tribu. En la ciudad chilena de Punta Arenas obtuvo grado, sueldo y raciones de capitán, pero pronto abandonó el territorio transandino para no verse comprometido en un motín de presidiarios.

Tiempo después el comandante Luis Piedrabuena —que hacía viajes entre Punta Arenas y las islas Malvinas— proveyó a la tribu de Casimiro de víveres y otros elementos, lo que impulsó al cacique a levantar sus toldos cerca del actual puerto de Santa Cruz. La actitud de Piedrabuena no era antojadiza: en momentos en que la soberanía nacional en la Patagonia era seriamente cuestionada por Chile, el valiente marino consideró necesario ganar a Biguá para la causa argentina.

Por eso lo condujo en su nave hasta Buenos Aires, donde el jefe aborigen fue recibido por el presidente Mitre, que le extendió el despacho de teniente coronel con asiento en la bahía Gregorio. Desde entonces la bandera nacional flameó sobre los toldos de Casimiro, y la tribu comenzó a vigilar la frontera.

Uno de los caciques que respondía a la autoridad de Biguá era el célebre Orkeke, que también se singularizó por su lealtad al gobierno de Buenos Aires. Piedrabuena, Francisco Moreno, Carlos María Moyano, Ramón Lista y otros exploradores de la región dejaron abundantes testimonios de la solidaridad del jefe indígena, que los ayudó en varias  oportunidades.

Juan Andrés Cuello Freyre anota que Orkeke acaudillaba una tribu cuya área de dispersión se extendía desde el estrecho de Magallanes hasta el río Deseado, la que cambiaba periódicamente de residencia siguiendo a los animales que cazaban. Además, el cacique viajaba con frecuencia a Punta Arenas para vender pieles de guanaco, plumas de ñandú, mantas y btros productos; allá rechazó repetidamente las ofertas de los gobernadores de la provincia chilena de Magallanes, que intentaron ganarlo como aliado.

Su posición en ese sentido era tan firme que cuando Papón —sucesor de Casimiro Biguá— aceptó recibir raciones del gobierno chileno, se negó a reconocer su autoridad y continuó enar-bolando el pabellón argentino sobre sus toldos. A pesar de esas y otras actitudes, al promediar el año 1883 Orkeke fue hecho prisionero junto con su tribu, ya menguada, por orden del coronel Lorenzo Vintter, encargado de dirigir las últimas operaciones contra las tribus que aún vagaban libremente por el desierto.

Era una afrenta que Orkeke no merecía y que no tardó en ser reparada por orden del presidente Roca: cuando el cacique llegó a Buenos Aires fue puesto inmediatamente en libertad y homenajeado con banquetes, funciones de teatro y otros agasajos.

Por desgracia, no faltaba mucho para que lo sorprendiera el final: una terrible pulmonía lo atacó durante su estadía en la capital y ocasionó su muerte el 13 de septiembre de 1883 en una sala del Hospital Militar. Según relata La Nación del 14 de septiembre de 1883, el cacique, abatido, se preguntaba: “Si me muero, ¿qué dirá el gobierno?”. Las autoridades, en realidad, lamentaron su deceso. Orkeke era un buen argentino.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

John P. Robertson en la Batalla de San Lorenzo con San Martín

Mister Robertson en Argentina
Su Experiencia Junto a San Martín

Como muchos subditos ingleses arribados después de la Revolución de Mayo, el joven John Parish Robertson recorría el país estableciendo vínculos comerciales, vendiendo mercaderías y satisfaciendo pedidos de su clientela dispersa por el país. Entonces—enero de 1813— viajaba con destino al Paraguay con varios encargos para las autoridades.

Al quiínto día de su partida de Buenos Aires, el inglés llegó a la posta de San Lorenzo, donde se enteró de que no podía proseguir viaje porque todos los caballos habían sido requisados y el enemigo español merodeaba por el río.

“Todo lo que pude convenir con el maestro de postas —anotó en su libro Letters on Paraguay— fue que si los marinos desembarcaban en la costa, yo tendría caballos para mí y mi sirviente estaría en libertad de emigrar al interior con su familia.”

combate de san lorenzo

Este convenio dio cierta tranquilidad al joven comerciante, que decidió dormir un poco procurando despreocuparse de los temores que lo embargaban.

Es que Robertson era uno de los ingleses que habían burlado el bloqueo decretado por la corona es pañola contra sus dominios insur gentes y sabía que si los español les le echaban mano no las pasa ría muy bien. Por eso dio un respingo cuando fue despertado por un  “tropel   de caballos,  ruido de sables y rudas voces de mando a inmediaciones de la posta”.

Su ca rruaje fue flanqueado por un par de soldados y uno de ellos desce rrajó  un  imperativo  “¿Quién está ahí?”, a lo que el inglés, dándose por  prisionero  de   los  españoles respondió:  “Un viajero”,  tratando de   disimular   su   acento   inglés “Apúrese y salga”, lo conminaron En eso estaba cuando se acercó una persona que dijo a los soldados:   “No   sean   groseros;   no   es enemigo”. Robertson sintió entonces que la tranquilidad le volvía al cuerpo.

Era   la  voz   del   teniente coronel José de San Martín.

Una vez presentados, Robertson supo por boca del jefe militar que “el Gobierno tenía noticias soguras de que los marinos españoles intentarían desembarcar esa mis ma mañana, para saquear el país circunvecino”. Por eso estaba San Martín allí, al frente de 150 granaderos a caballo que había traído desde  Buenos  Aires en  marchas nocturnas para no ser observado desde el río.

Después de las primeras palabras el inglés metió manos en los baúles y convidó a los presentes  con   un  vaso  de  vino; luego  solicitó   a  San  Martín   que le permitiera acompañarlo hasta el convento  cercano.  El jefe de Hos granaderos accedió, no sin antes darle varios  consejos:  “‘Recuerde solamente que no es su deber ni oficio pelear. Le daré un buen caballo y si ve que el día se pronuncia contra nosotros, aléjese lo más ligero posible. Usted sabe que los marineros no son de a caballo”.

Cuando llegaron, el 3 de febrero comenzaba a amanecer, y las brumas del Paraná se iban disipando lentamente. La calma que reinaba en los tres lados del convento visibles desde el río indicaba a los infantes de la marina española que el edificio había sido abandonado, pero en la parte posterior Has cosas eran muy distintas.

Por el portón que daba entrada, al amplio patio trasero   desfilaron   con   sigilo   los granaderos, divididos en dos escuadrones. Su  comandante subió luego a la torre del convento acompañado de dos o tres oficiales y del inglés y “con ayuda de un anteojo de noche y a través de una ventana   trasera  trató   de   darse cuenta de la fuerza y movimientos del   enemigo”.    Los   siete   barcos españoles estaban a la vista.

Al pie de  la barranca, aprestándose a subir, pudieron contarse unos trescientos veinte infantes que debían escalar un angosto sendero. Era evidente que no tenían la menor idea de que los acechaban, y se movían con la mayor despreocupación.  En las filas patriotas la tensión crecía con cada minuto que pasaba. Mientras los españoles trepaban la barranca, San Martín  y  sus  oficiales bajaron  a ponerse al frente de los escuadrones, ocultos tras las aüas del edificio.

Cuando todo estuvo listo, San Martín subió una vez más a la torre, regresó corriendo y alcanzó a decir: “Ahora, en dos minutos más estaremos   sobre   ellos,   sable   en mano”.   Sobrevino   entonces   una espera  impaciente,  pues  la tropa tenía orden de no disparar un solo tiro y el  enemigo se aproximaba con  banderas  desplegadas  mientras “sus tambores y pitos tocaban marcha    redoblada”.

Cuando    la tensión amenazaba hacer estallar el  pecho   de   los  granaderos,   se oyó bien clara !la orden esperada: “¡A  la  carga!”. Los escuadrones salieron como rayos de su escondite, flanquearon  al  enemigo  por ambas alas y comenzaron a aniquilarlo, en medio de un remolino de sables.

Completamente sorprendidos, los españoles atinaron a hacer una descarga de fusilería que Robertson   calificó  de   “desatinada” por lo poco exitosa. Todo lo demás fue derrota, estrago y espanto   entre   aquel   desdichado cuerpo”, escribió el inglés, y agregaba que “en un cuarto de hora el terreno estaba cubierto de muertos y heridos; según su testimonio de todos los que desembarcaron volvieron a sus barcos apenas cincuenta”.

Las bajas de los patriotas fueron  ocho,  y   míster   Robertson suplicó al vencedor que en obsequio de los heridos aceptara “mi vino y mis provisiones”.

Se dieron luego   un   abrazo  y  el   inglés   se alejó, impresionado aún por la excitante experiencia.

Historia de la Familia Posse en Tucumán

Historia de la Familia Posse en Tucumán

En la segunda mitad del siglo dieciocho llegó a Tucumán un nativo de La Coruña que había “cruzado el charco” hasta el Plata, junto con dos hermanos, y se había afincado en el noroeste. Seguramente Manuel Posse no se imaginaba por entonces que con el andar del tiempo se convertiría en patriarca de una familia que brilló durante varios decenios sobre el horizonte provincial.

Jose Posse en TUcumán

José Posse

Don Manuel se desempeñó como funcionario del Cabildo colonial, y su habilidad para el comercio le permitió amasar una de las mayores fortunas de Tucumán, a tal punto que —según la información volcada por Carlos Páez de la Torre en un artículo de divulgación histórica— sus negocios llegaron a abarcar los principales ramos de la economía local.

Al morir, quedó al frente del emporio su hijo Felipe, nacido en 1806, quien a su vez acrecentó considerablemente la fortuna familiar. Al igual que su padre, Felipe Posse también intervino en los asuntos públicos: participó en una conspiración contra el caudillo federal Alejandro Heredia, que al ser descubierta le habría costado la vida de no ser por la oportuna mediación de Juan Bautista Alberdi, Gracias  a  esto  pudo  seguir  actuando tanto en negocios como en política: contribuyó al erario en varias oportunidades en que el respaldo de los Posse fue decisivo, y en 1870 fundó el ingenio San Felipe.

Entre las personalidades des tacadas que frecuentaron su lujóse mansión —la primera pintada “al óleo” en la capital provincial— figuró Paul Groussac, que conoció muy de cerca a la familia y dejó escritas interesantes observado nes sobre algunos de sus miembros.   Con respecto a José Posse (nieto de don Manuel y sobrino de Felipe), Groussac no dudó en afirmar que era “una inteligencia de primer orden”, a la que atribuía escasa erudición pero sobrado talento literario.

Es que José Posse fue uno de los periodistas más polémicos de su época e intervino asiduamente en la política provincial. Amigo de Sarmiento y antirrosista acendrado, fue legislador de su provincia en tiempos de la Liga del Norte y tuvo que emigrar a Chile en 1841, de donde volvió tres años después, amparado por la tolerancia del gobernador federal Celedonio Gutiérrez.

Más adelante, cuando eran otros los aires que soplaban en la República, ejerció varios ministerios e interinatos como gobernador: inclusive llegó a ser titular del Poder Ejecutivo provincial entre 1864 y 1866. Dueño de una pluma en extremo cáustica, publicó decenas de artículos casi siempre polémicos en periódicos de Tucumán y de Buenos Aires y sostuvo infinidad de encontronazos verbales con sus adversarios.

Su espíritu inquieto y combativo no se ablandó con los años. Su forma de ser lo llevó a intervenir en episodios que ¡lustran sobradamente el carácter que gastaba. Anciano ya, con la vista casi anulada por una ceguera progresiva, quiso la mala suerte que sufriera una caída en plena calle.

Lo ayudó a reincorporarse alguien que luego lo guió hasta su domicilio; cuando don Pepe preguntó a quién debía agradecer la atención y se enteró de que se trataba de un viejo adversario político suyo, exclamó ante la sorpresa del comedido: “¡Qué desgracia, Señor! ¡Ser viejo, ciego y enfermo, caerse en la calle y que venga cualquier sinvergüenza a socorrerlo!”.

Otro de los miembros de la familia que se hizo famoso fue Wenceslao Posse. Decidido opositor de Rosas, participó en la revolución de los “Libres del Sur” y en la Liga del Norte, y —como su primo José— regresó a su provincia bajo el gobierno de Celedonio Gutiérrez. En 1845 instaló el ingenio Esperanza, que con el correr delt tiempo se convirtió en un riquísimo emporio y le sirvió para sustentar un enorme poderío político y social.

En 1866 sucedió en la gobernación a José Posse, y, aunque fue derrocado por una revolución, su influencia no disminuyó, puesto que su fabuloso patrimonio personal le permitió prestar auxilio financiero incluso al gobierno nacional. Su hermano Juan siguió el destino familiar —el azúcar— y en 1870 fundó el ingenio San Juan, a pocos kilómetros de la capital provincial.

Dieciséis años después llegó a ser gobernador de la provincia y hubo de afrontar la devastadora epidemia de cólera que azotó a Tucumán entre 1886 y 1887, ocasionando más de cinco mil víctimas. Fue derrocado por un alzamiento alentado por el gobierno nacional de Juárez Celman (el unicato), que por otra parte era apoyado por otro miembro de la familia: Benjamín, quien ejercía el periodismo en Buenos Aires y se trabó en tormentosas polémicas con varios personajes de la época. También entreverado en política anduvo Emigdio Posse, hermano de Juan y Wenceslao y fundador del ingenio La Reducción.

Distinta fue la trayectoria de otro Posse célebre: David, que si bien no soslayó las aguas de la política y de la actividad cañera, se destacó principalmente como médico, desarrollando una actividad rayana en el heroísmo cuando el cólera se abatió con toda su furia sobre Tucumán. En realidad, desde que aquel inmigrante español fundó la familia hasta la primera década del siglo actual no hubo en todo Tucumán quien igualara el predicamento y poderío económico de los Posse, durante decenios amos virtuales de la provincia.

Ese formidable poder, sin embargo, no les sirvió para recuperarse del tremendo golpe que en su momento significó la muerte de Wenceslao, Juan y Pepe. Con ellos se cerró una etapa de la vida tucumana.

La Independencia de la Banda Oriental Historia y Desarrollo

Resumen: Historia De La Independencia De La Banda Oriental

Ocupado desde 1816 por un ejército brasileño que había acudido para luchar contra José Gervasio de Artigas, lo que hoy es Uruguay quedó convertido en dependencia portuguesa en julio de 1821, cuando un grupo de diputados reunidos bajo la tutela de las armas imperiales decidió incomporar el territorio al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarves.

En reacción a esa situación, en septiembre de 1823 varios orientales iniciaron un alzamiento que fue aplastado por las fuerzas de ocupación, y poco después se organizó la llamada Provincia Cisplatina. Sin embargo, la paz no sería duradera. En abril de 1852 un grupo de 33 orientales desembarcó en La Agraciada.

juramento de los 33 orientales

Luego de la batalla de Ayacucho, Lavalleja reunir una fuerza expedicionaria que se dirigiría a la Banda Oriental para liberarla del dominio brasileño. La empresa fue exitosa ya que el 19 de abril de 1825 los treinta y tres orientales estaban poniendo sus pies en la Playa de la Agraciada.

Bien pertrechados y con abundantes recursos suministrados por algunos estancieros bonaerenses, entre ellos Juan Manuel de Rosas, los insurrectos no tardaron en conseguir eí apoyo masivo de la población. Con excepción de Montevideo, Colonia y Mercedes —defendidas por la escuadra brasileña—, en pocas semanas los célebres Treinta y Tres recuperaron el control de la Banda Oriental y despertaron una oleada de entu siasmo en las  Provincias Unidas.

Como desde Santa Fe y Entre Ríos cruzaban constantemente partidas gauchas que se incorporaban a las fuerzas  de Lavalíeja,  el  gobierno brasileño, que ya antes había pro testado por la expedición de los Treinta y Tres,  elevó   una  nueva queja a las autoridades argentinas. Estas dispusieron entonces armar un Ejército de Observación, destinado sobre la ribera del río Uruguay.

Mientras se organizaba esa fuer za, el 25 de agosto de 1825 los patriotas   orientales   celebraron    un congreso en la localidad de La Florida y declararon nula su depen dencia del Brasil y proclamaron su decisión de permanecer unidos a las restantes provincias argentinas. Después de diversos trámites y vacilaciones,  el Congreso Constituyente   reunido   por   entonces   en Buenos Aires aceptó la incorpora ción de los diputados orientales y reconoció a la Banda Oriental co mo parte de las Provincias Unidad, acto que precipitó la declaración de guerra por parte del Brasil.

Bajo el mando supremo del ge-neral Carlos de Alvear y capitaneado por oficiales fogueados en las luchas de la Independencia —Paz, Lavalle, Pacheco, Brandsen, Olavarría y otros—, el Ejército de Observación cruzó el río Uruguay y penetró en territorio oriental, donde obtuvo una serie de triunfos que culminaron con las resonan-tes victorias de Bacacay, Ituzaingó, Camacuá y Yerbal, libradas entre febrero y abril de 1827.

Entre tanto, al mando del almirante Guillermo Brown, las fuerzas navales argentinas —netamente inferiores en número y potencia de fuego— también infligieron graves reveses a los brasileños derrotándolos en repetidas oportunidades.

Pero mientras los sucesos bélicos se desarrollaban favorablemente, la trama de la lucha diplomática se complicaba. Inglaterra, interesada en asegurar la libre navegación del río de la Plata para extender su comercio, no veía con buenos ojos la posibilidad de que el estuario quedara bajo el dominio de una sola nación y comenzó a vigilar atentamente el desarrollo del conflicto. Movilizando sus influencias en el Brasil y la Argentina, la diplomacia británica planteó la conveniencia de hacer de la Banda Oriental un Estado independiente.

En septiembre de 1826 llegó a Buenos Aires el alto diplomático inglés lord Ponsonby, que en un arranque de sinceridad confesó al argentino  José María Roxas y Patrón: “La Europa no consentirá jamás que sólo dos Estados, el Brasil y la Argentina, sean dueños exclusivos de las costas orientales de la América del Sur desde más allá del Ecuador hasta el Cabo de Hornos”.

Resultado de las sugerencias y presiones británicas fue la misión del cónsul argentino Manuel José García, quien el 24 de mayo de 1827 firmó con represenr tantes brasileños un tratado preliminar por el cual la República Argentina renunciaba a todo derecho sobre la “Provincia Cisplatina”, se disponía a indemnizar al Brasil por los daños ocasionados por la guerra de corso y pedía a Inglaterra “la garantía de la libre navegación del Plata” por quince años: todo lo ganado en los campos de batalla se perdía en la mesa de negociaciones.

La indignación que el acuerdo suscitó en Buenos Aires precipitó la caída del primer presidente argentino, Bernardino Rivadavia, y su definitivo ocaso político. Tras un breve interinato a cargo de Vicente López, asumió el poder Manuel Dorrego, en carácter de gobernador de Buenos Aires. El Congreso Constituyente le confió la dirección de las relaciones exteriores.

La pesada herencia jaqueó permanentemente a Dorrego, sometido a presiones de todo tipo por parte de los ingleses y los intereses ligados a éstos. Su renuencia a aceptar un arreglo que separase la Banda Oriental del resto del país disgustó sobremanera a Ponsonby.

El 20 de agosto de 1828 Dorrego comunicó al encargado de negocios argentino en Londres que había decidido “resistir la idea de la independencia de la Banda Oriental”. Su intención era proponer una autonomía temporaria, un período de ensayo sujeto a una decisión posterior que adoptarían los orientales, pero no pudo llevarla a cabo. Cercado políticamente, hubo de ceder, y el 27 de agosto se firmó una convención preliminar de paz que establecía en su punto primero la renuncia del Brasil y de las Provincias Unidas a la Banda Oriental.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

Estatuto Provicional de 1815 Causas y Disposiciones

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO DEL ESTATUTO PROVICIONAL DE 1815

La situación política en 1815. La revolución que derrocó a Alvear había triunfado con la participación de diferentes regiones del país. Ahora se hacía necesario impedir que la acefalía produjera mayores males. El cabildo de Buenos Aires procedió a elegir los electores que nombraron Director Supremo al general del ejército del Norte, José Rondeau, y mientras durara la ausencia de éste designaron con carácter de Director Interino al coronel Ignacio Álvarez Thomas.

El Director Alvear fue destituído (entre otras cosas) por la oposición, cuando trascendió que ordenó al comisionado Manuel García, al exterior para solicitar el protectotado británico sobre las Provincias Unidas.

La designación de la autoridad nacional, aunque fuera en forma provisoria, era realizada por las instituciones porteñas, es decir que la ciudad de Buenos Aires mantenía su predominio. Además, el Cabildo deseoso de impedir el restablecimiento de una dictadura, nombró una Junta de Observación para controlar al poder Ejecutivo.

alvarez thomas y general rondoau

José Rondeau                                        Alvarez Thomas

Estatuto de 1815. Quince días después, uno de sus integrantes, Esteban A. Gascón, entregó al Cabildo el Estatuto que éste había exigido. En tan poco tiempo no se habían podido meditar los fines de la revolución de abril, asi que forzosamente, el texto no podía ser completamente original. Se lo considera una mala copia del proyecto constitucional presentado por la Sociedad Patriótica a la Asamblea del año XIII.

Pero en 1813 se quería un Ejecutivo fuerte, y en 1815 se deseaba que fuera disimuladamente colegiado, de ahí la aparición de la Junta de Observación. El nuevo Estatuto resultó ineficaz, pues creaba un sistema donde el Ejecutivo quedaba subordinado a otros organismos, lo cual le impedía cumplir adecuadamente con las funciones de gobierno en una época revolucionaria, en la que era necesaria una gran libertad de acción del poder  central.

DISPOSICIONES DEL ESTATUTO PROVISIONAL DE 1815

Tal como había quedado establecido, la Junta de Observación redactó el Estatuto Provisional para la administración y dirección del Estado. El 6 de mayo, el documento fue aceptado y jurado por el Director Suplente; de tal manera, Alvarez Thomas recibió el mando superior de las Provincias Unidas.

El Estatuto Provisional de 1815 es muy semejante —”mala copia”, dice el historiador Ravignani— al proyecto de Constitución que la Sociedad Patriótica presentó ante la Asamblea del Año XIII. Sin embargo, las circunstancias no eran las mismas, por cuanto en la época en que se redactó el proyecto era necesario un Poder Ejecutivo fuerte; en cambio, en 1815 los errores cometidos por Alvear reclamaban un gobierno sujeto a limitaciones en el mando.

El Estatuto surgió a consecuencia de una revolución federal, pero su contenido, como el modelo que le sirvió de inspiración, es de carácter unitario.

Establece tres poderes: el Ejecutivo, a cargo del Director Supremo; el Legislativo, representado por la Junta de Observación, y el Judicial, por un Tribunal superior y las cámaras de apelaciones. Subordinaba el Poder Ejecutivo al Legislativo, por cuanto el Director podía cesar en su mandato a requerimiento de la Junta de Observación y del Cabildo.

Respondía así a los anhelos del momento, que exigían un Poder Ejecutivo controlado, pero en esta forma subsistía el antiguo conflicto que mantenían los Poderes Ejecutivo y Legislativo. Recuérdese los rozamientos entre el Primer Triunvirato y la Junta Conservadora en 1811 (Reglamento Orgánico y Estatuto Provisional).

La disposición más importante del Estatuto Provisional es la que concedía al Director Supremo la facultad de convocar a las provincias “para el pronto nombramiento de diputados que hayan de formar la Constitución, los cuales deberán reunirse en la dudad de Tucumán”.

El Estatuto Provisional es un complicado código que consta de un largo preámbulo, seguido de siete secciones divididas en capítulos, un reglamento para la Junta de  Observación  y,  finalmente,  varias  disposiciones  generales.

Primera Sección. — Se ocupa “del hombre en la sociedad” y reconoce a los habitantes el goce de seis derechos: la vida, la honra, la libertad, la igualdad, la propiedad y la seguridad.

Establece que la religión del Estado será la católica, apostólica, romana.

Acuerda el ejercicio del derecho- de ciudadanía a todo hombre nacido en el territorio con un mínimo de edad de 25 años; los extranjeros podrían obtenerlo con cuatro años de residencia.

Segunda Sección. — Dispone que el Poder Legislativo residirá en la Junta de Observación hasta tanto se expida un Congreso General  de las Provincias. Se ocupa del Director Supremo, establece sus atribuciones y le reconoce la facultad de nombrar a tres Secretarios de Estado:  Gobierno,  Guerra y  Hacienda.

Tercera Sección. — Las provincias deberán ser convocadas a un Congreso General a reunirse en la ciudad de Tucumán “para que allí acuerden el lugar en que hayan de continuar sus sesiones”. La atribución de invitar a los pueblos del  interior  correspondería  al   Director Supremo.

Cuarta Sección. — Dedicada al Poder Judicial, deja expresa constancia de su  independencia con  respecto al  Ejecutivo.
Según el historiador Levene, esta sección es la más destacada del Estatuto por cuanto “muchas de sus prescripciones pasaron casi textualmente a las Constituciones subsiguientes”.

Quinta Sección. — Se refiere a los procedimientos a seguir para las elecciones de Director Supremo, diputados ante el Congreso General, gobernadores de las Provincias, miembros del Cabildo e integrantes de la Junta de Observación.

Sexta Sección. — Considera al ejército dividido en tres categorías: las milicias provinciales y las fuerzas de las fronteras, bajo las órdenes del Director Supremo y las milicias cívicas (guardias nacionales)  dependientes del Cabildo.

Séptima Sección. — Se ocupa de las declaraciones de.derechos y garantían referentes a la seguridad individual y a la libertad de imprenta. Como sucedió con varios tópicos de la Cuarta Sección, muchas de sus disposiciones pasaron casi  íntegramente a las Constituciones posteriores.

El Estatuto Provisional fue comunicado a las provincias, pero éstas lo rechazaron, aunque todas —con excepción de las dominadas por Artigas— estuvieron de acuerdo en la cláusula referente a la convocatoria de todos los pueblos a un Congreso General. De tal manera, el Estatuto de 1815 sólo fue aplicado en Buenos Aires y empleado en la designación de los diputados porteños.

Fuente Consulatada:
HISTORIA 3 Historia Argentina Miretzky-Mur-Ribas-Royo -Kapelusz –
HISTORIA 5 Historia Argentina Instituciones Políticas y Sociales José Cosmelli Ibañez – Troquel –

Ver También: Documentos Históricos

Proyectos Constitucionales Presentados en la Asamblea 1813

PROYECTOS CONSTITUCIONALES EN LA ASAMBLEA DEL AÑO 13

El 31 de enero de 1813 empieza a sesionar una Asamblea General Constituyente que trataría de sancionar, sin lograrlo, una Constitución. Sí, en cambio, tomaría algunas decisiones de peso, como suprimir títulos de nobleza o liberar a los hijos de los esclavos. Es allí donde se declara nuestra primera canción patriótica, que entonamos en todos los actos a nuestros días.(Ver: Historia de los Símbolos Patrios)

Dos importantes proyectos constitucionales fueron presentados ante la Asamblea del Año XIII. Uno redactado por una Comisión oficial —designada por el Triunvirato el 18 de noviembre de 1812—y otro remitido por miembros del la Sociedad Patriótica.

La Comisión oficial estaba compuesto por Valentín Gómez, Luis Chorroarín, Pedro José Agrelo, Nicolás Herrera, Pedro Somellera, Manuel José García e Hipólito Vieytes. Por renuncia de Chorroarín fue designado  Gervasio  Posadas.

El proyecto de la Sociedad Patriótica fue preparado por Bernardo Monteagudo, Juan Larrea, Francisco José Planes, Tomás Antonio Valle y Antonio Sáenz, el último en  reemplazo del  Dr.  Cosme M. Argerich  que  renunció.

Ambos proyectos admiten que el poder de! Estado emana de la voluntad popular y, como bien ha dicho el historiador Ravignani, “esto es romper el molde del origen divino de los gobiernos para reconocerlo en la democracia”.

El proyecto de la Comisión Oficial
Dividido en 22 capítulos y 277 artículos adopta la forma republicana unitaria de gobierno y declara que “las Provincias’ Unidas del Río de la Plata forman una República libre e independiente”. Concede el derecho de ciudadanía a todos los hombres libres mayores de dieciocho años y consagra a la católica como la religión del Estado, pero tolera los demás cultos.

Establece la división del gobierno en tres poderes:

a)   El Poder Ejecutivo que “residirá en un Directorio compuesto por fres miembros” que se renovarán por tercios cada dos años; en ese período la presidencia debe turnarse por orden de antigüedad. Los miembros de este Directorio ejecutivo son elegidos por el Senado y la Cámara de Representantes.

b)   El Poder Legislativo compuesto por tres organismos colegiados: la Cámara de Representantes (o Diputados), el Senado y el Consejo de Estado.

c)   El Poder Judicial representado por una Corte Suprema de Justicia con jurisdicción sobre todo el territorio, un Tribunal Superior en cada provincia, jueces letrados en cada partido y alcaldes en todos los pueblos.

Este proyecto establecía un complicado sistema electoral de votación indirecta —semejante a la Constitución española de 1812— y con respecto a la capital aclara que “ha de ser precisamente fuera de Buenos Aires”.

El proyecto de la Sociedad Patriótica
Consta de 211 artículos y es más acertado que el anterior por cuanto dispone un  Poder  Ejecutivo unipersonal,  desempeñado  por   un   ciudadano con el título de Presidente. Denomina el territorio “Provincias Unidas de la América del Sur” (concepto panamericanista) y en cuanto al sistema de elección, establece asambleas electorales para los poderes ejecutivo y legislativo.

Con respecto al Poder Judicial lo organiza en base a nueve magistrados que integran el Supremo Poder Judiciario, con una Sala de Apelaciones en cada provincia y dos jueces en cada pueblo con más de cinco mil habitantes.

Los proyectos de la Comisión oficial y de la Sociedad Patriótica fueron presentados ante la Asamblea, pero la mayoría alvearista se opuso a tratarlos argumentando que las circunstancias porque atravesaba el país impedían declarar expresamente la independencia y “no era oportuno pensar en constitución escrita”.

texto de la asamblea de 1813

DECRETO DE LA ASAMBLEA GENERAL CONSTITUYENTE
El   12  de  marzo ele   1813,  la  Asamblea  declara   extinguido  el   tributo,   la nota, la encomienda, el yanaconazgo y el servicio personal de  los  indios. Estos   últimos,   serían   considerados   “hombres    perfectamente   libres   y   en igualdad   de   derechos   con  todos   los   demás ciudadanos”.

Las dos tendencias en el seno de la asamblea
La Logia Lautaro, unificada con la Sociedad Patriótica, sostenía dos principios fundamentales: declarar la Independencia y dictar una constitución republicana. Después del movimiento del 8 de octubre, dentro de la Logia se vislumbraron dos tendencias que luego se hicieron presentes en el seno de la Asamblea del Año XIII. San Martín deseaba cumplir las directivas trazadas por dicha sociedad secreta y bregaba,por solucionar cuanto antes el problema interno en base a la independencia y a una constitución.

Por su parte, Alvear consideraba necesario adecuar la situación interna del país a los problemas exteriores: política europea, amenaza portuguesa y probable invasión realista. Defendía un Poder Ejecutivo representado en una sota persona y, a su juicio, podían postergarse los dos principios fundamentales defendidos por la Logia.

“Dichas disidencias —escribe Juan Canter— gravitan en el desarrollo de la corporación soberana, incuban resentimientos, obstruyen iniciativas y se obstinan en producir tensión o en enervar sus posibilidades. El alvearismo trata de buscar arreglos y transacciones, y al propio tiempo difiere la declaración de la independencia. Esta maniobra acentúa el divorcio de las facciones e inicia una lucha sorda e inconciliable.”

La Asamblea del año XIII se reunió para proclamar la Independencia y dictar una Constitución, y es evidente que no pudo llevar a feliz término estos objetivos.

Según constancias documentales que pertenecieron a Zapiola (uno de los integrantes de la Logia que mantuvo amistad con San Martín), los diputados de la Asamblea —de acuerdo con sus tendencias— podían agruparse en “alvearistas”, “sanmartinistas”, “acomodaticios”, “teocráticos” e “independientes”. Los primeros no tardaron en constituir mayoría.

Los teocráticos o de marcada tendencia conservadora, no gustaban de las innovaciones y formaban un grupo semejante a los independientes en cuanto a su falta de una posición definida, al margen de cualquier apoyo a otras facciones.

Los alvearistas se hallaban representados en principio por seis diputados, pero de inmediato contaron con la adhesión de los acomodaticios —trece diputados— y en consecuencia formaron un grupo de diecinueve representantes; por su parte los sanmartinistas —cinco en total— no fueron apoyados en sus principios y, a su vez, su jefe debió alejarse  para luchar en San  Lorenzo.

Conviene recapitular la acción de los grupos políticos hasta esa época. En la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande.

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos.

En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Recordemos que en la Primera Junta se distinguen dos facciones: morenistas y saavedristas; triunfan momentánemaente los últimos y  se  produce  la  incorporación   de   los   diputados  del  interior  y   la   formación   de   la   Junta   Grande. 

La Sociedad Patriótica atiza el descontento popular contra los saavedristas y se produce el movimiento del 5 y 6 de abril; la tendencia morenista no tarda en imponerse y surge el Primer Triunvirato, de marcada posición porteña, el que envía de regreso al interior a los diputados provincianos. En esas circunstancias surge la segunda Sociedad Patriótica y la Logia Lautaro, con sus principios de Independencia y Constitución. Los grupos logistas provocan la caída del gobierno y upoynn el segundo Triunvirato, cuyos miembros al subir al poder— reúnen la Asamblea del Año  XIII,   para  cumplir  con   los   designios   de   la   logia:   Independencia  y   Constitución.

Fuente Consultada
HISTORIA 5 Historia Argentina de José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

Primeros Partidos Políticos en Argentina De 1810 Hasta Ley Electoral

PRIMEROS  PARTIDOS POLÍTICOS EN ARGENTINA

Los Partidos Políticos desde 1810 en Argentina

En todo tiempo y lugar los nombres han disentido en cuando a los fines de su acción política y en torno de los medios para llevarlos a efecto. Como tendencias de opinión o de acción, ya que no como grupos organizados mediante reglamentos internos estables, los partidos existieron ya en la antigüedad, en las repúblicas griegas y en Roma; también los hubo en nuestro país, desde el comienzo mismo de su existencia independiente.

Los hombres que aspiraban a conducir o a orientar la acción del Estado —los políticos— se agruparon para lograr sus objetivos y constituyeron asi esas agrupaciones de ciudadanos que actuaron desde el poder o en la oposición.

Muchas veces, por razones complejas y variadas, los objetivos no eran claros para todos y fue frecuente que se confundieran los partidos como fines en sí mismos, en lugar de ser medios para orientar la marcha de la Nación detrás de miras elevadas, acertadas o no. En todo tiempo y lugar hubo políticos y politicastros, como suele ocurrir, por otra parte, en todas las actividades humanas sin excepción.

 primera junta

Primera Junta de Gobierno de 1810

El surgimiento de partidos estructurados orgánicamente data en la República Argentina del período iniciado en 1890; como tendencias y agrupaciones no organizadas de esa manera, son muy anteriores.

José Luis Romero señaló dos importantes corrientes políticas preexistentes a 1810: el espíritu autorizado en la época colonial por la acción de la dinastía de los Habsburgo o Austrias (que rigieron en España en los siglos XVI y XVII), y la conformación del espíritu liberal de la Ilustración y del siglo XVIII, concretado en muchos aspectos en la actuación de los Borbones (dinastía reinante desde 1700)»

Según este importante pensador argentino, esas corrientes se prolongan luego en diversos aspectos de nuestra vida política.

Desde fines del siglo XVIII, además, las ideas que agitaban al resto de Occidente tuvieron eco entre las fuerzas políticas nacionales; la lucha sostenida en Europa entre liberales y absolutistas o el surgimiento del Romanticismo, influyeron en el pensamiento de nuestros hombres políticos.

A partir de 1810, en la acción de la Junta de Gobierno se advierten dos tendencias o partidos: “saa-vedristas” y “morenistas”son denominaciones clásicas que los vinculan con los nombres de sus líderes más destacados.

Esa confrontación se extiende en 1810 1812 y vemos entonces aparecer —orientada por los seguidores de Mariano Moreno — el Club o Sociedad Patriótica, que se opondrá a la Junta Grande.

La existencia de logias secretas, algunas ligadas a la masonería, proporciona otro tipo de “partidos”, éstos, secretos, reducidos pero influyentes y con un intento de rígida organización.

Desde 1812 la Logia Lautaro ejerció gran influencia en la política nacional; dentro de ella se definieron dos tendencias contrapuestas : la encabezada por José de San Martín y la que lideraba Carlos de Alvear.

En los años de la lucha por la Independencia, aparecen, resultado de la situación interna y la exterior, “monárquicos” (decididos a establecer en el país una monarquía constitucional) y “republicanos”, opuestos a aquellos. La rebelión de las provincias, iniciada por José G. Artigas, contra el centralismo porteño abrió paso al federalismo, tendencia de variados matices que predominó en el interior.

Directoriales y federales protagonizaron la crisis de 1820.

Las luchas y rivalidades personales entre los caudillos también jugaron un rol importante en estas luchas civiles y fue común ver a hombres de la misma tendencia (López, Ramírez, Artigas) enfrentados entre sí.

En los primeros tiempos de Juan M. de Rosas (1829-1832), el partido federal porteño, que liderara Manuel Dorrego hasta su muerte en 1828, se fraccionó en “doctrinarios” y “apostólicos” (o rosistas) y ya había surgido para entonces el partido unitario, ligado en sus comienzos a la figura de Bernardino Rivadavia.

Hacia 1837 surgió una tendencia nueva, que procuró la síntesis de los bandos en pugna y ejerció fuerte influencia en las décadas siguientes: los románticos (Esteban Echeverría, Juan B. Alberdi, José M. Gutiérrez), inspiradores de la corriente liberal.

Después de Caseros y de Pavón(1852-1861), el panorama político aparece dividido entre el partido federal, liderado en el interior por Justo J. de Urquiza y el liberalismo porteño separado en dos partidos: los autonomistas de Adolfo Alsina y los nacionalistas de Bartolomé Mitre.

La muerte de Urquiza (1870) y la derrota de las últimas montoneras, puso prácticamente fin al partido federal como tal.

Fueron los autonomistas, unidos a grupos del interior, quienes apoyaron la candidatura de Domingo F. Sarmiento (que no pertenecía a ninguno de los dos partidos), contra los nacionalistas, en 1868.

Pocos años después, una coalición de sectores del autonomismo y de fuerzas provinciales dio nacimiento al Partido Autonomista Nacional, predominante, a partir de la década de 1880 y sostenedor de las candidaturas de Nicolás Avellaneda, Domingo F. Sarmiento y Miguel Juárez Celman. “Más que un partido —comenta Carlos R. Meló— era la yuxtaposición de los grupos dominantes en cada provincia”.

En los comicios de la época, por otra parte, se generaron multitud de fracciones de los partidos existentes (nacionalistas o liberales de Mitre, autonomistas nacionales, etc.) que adoptaron diversas denominaciones.

En 1884, en oposición a las medidas laicistas de Roca, nació la Unión Católica, en la que se destacó José M. Estrada.

En 1889, durante la etapa final del gobierno de Juárez Celman hizo su aparición una corriente nueva, inspirada por Francisco Barroetaveña, Aristóbulo del Valle, Leandro Alem y otros: la Unión Cívica de la Juventud, convertida luego en Unión Cívica y protagonista de la Revolución del 90.

Los partidos competían en las elecciones nacionales y provinciales, donde el fraude y la violencia eran frecuentes; precisamente fue la lucha por el sufragio libre uno de los postulados de la UCJ.

Además de las tribunas públicas, los partidos contaban como voceros principales a los diarios y periódicos; el fenómeno del diarismo hizo eclosión en la vida argentina en la segunda mitad del siglo XIX, intimamente ligado a las luchas políticas de la época.

En los primeros ochenta años de nuestra vida independiente, los partidos lucharon en torno de los grandes problemas nacionales: la declaración de la independencia, monarquía o república, centralismo o federalismo, la cuestión de la capital.

Fueron los protagonistas inevitables de la vida política del país.

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Los partidos políticos hasta 1912: Hasta la batalla de Caseros, dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor Urquiza continuó bajo la ideología federal, lo que provocó la hostilidad de los porteños quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina— defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió a la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista. En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió ei partido Nacionalista, encabezado por el primero, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y lo llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir al Partido Autonomista Nacional (P.A.N.).

Leandro Alen

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890, en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió, debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento, formaron la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas) y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos políticos al promulgarse la ley Sáenz Peña

Cuando la Ley Sáenz Peña entró en vigor, la masa ciudadana abandonó la apatía política y amparada en la libertad de sufragio concurrió en gran cantidad a los comicios. Los partidos políticos hicieron públicas sus plataformas electorales —principios fundamentales de su futura acción de gobierno— y abrieron comités para afiliar a sus simpatizantes. Los principales partidos de esa época eran los siguientes:

1)   Partido Conservador. Tuvo sus orígenes en el Partido Autonomista Nacional (.P.A.N.), cuyos candidatos —como vimos— gobernaron durante muchos años a nuestro país. De tendencia derechista, significó la expresión de una minoría culta, de indudable prestigio, que deseaba mantener el sistema institucional existente.

2)   Unión Cívica Radical. Como vimos, surgió de la fracción disidente que no aceptó el acuerdo de la Unión Cívica con el entonces partido oficialista. La Unión Cívica Radical actuó en principio bajo las directivas de Alem y del Valle y más tarde reconoció como jefe a Hipólito Yrigoyen, bajo cuyo período contó con gran apoyo electoral, particularmente de la clase media. El partido censuró la violencia electoral, bregó por la libre expresión de la voluntad ciudadana y sostuvo nuevos planteos económicos. Sus dirigentes manifestaban que el radicalismo constituía, más que un partido, un movimiento de opinión nacional.

3)  El Partido Socialista. Las ideas sociales que agitaban las masas proletarias de Europa a fines del siglo pasado, comenzaron a llegar a nuestro país alrededor de 1880 y a difundirse en los círculos obreros. De tal manera, en 1894 se constituyó el Partido Socialista, cuyo órgano de expresión fue el periódico “La Vanguardia“, dirigido por el médico Juan B. Justo, hombre de talento y de vasta cultura. En forma paralela, también se organizaban los anarquistas, de ideas más avanzadas.

Las precarias condiciones de vida a que estaban sometidos los obreros y la indiferencia de los gobiernos ante el problema favorecieron la difusión de los nuevos principios sociales. En esa época, el movimiento no excedió los límites de la populosa ciudad de Buenos Aires.

Alfredo Palacios

Alfredo Palacios

En 1904, el partido Socialista ganó la circunscripción correspondiente al barrio de la Boca y llevó al Congreso su primer diputado, el joven abogado Alfredo L Palacios.

Lisandro de la Torre

Lisandro de la Torre

4)  Partido Demócrata Progresista. Fundado en el año 1914 por el doctor Lisandro de la Torre, contó en principio con el aporte electoral de la ciudad de Rosario. El partido sostuvo más tarde una plataforma liberal, de carácter izquierdista.

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Todos Los Partidos Políticos de Argentina en el Inicio Democrático de 1983

Son 362 los partidos políticos que pidieron reconocimiento en todo el país. El Ministerio del Interior informó que al 5 de abril de 1983, 362 partidos políticos de distrito han pedido su reconocimiento. De esta cifra, 221 ya habían intervenido en anteriores confrontaciones electorales y hay 141 agrupaciones nuevas que debutarán en el acto eleccionario del 30 de octubre próximo. El informe del Ministerio del interior consigna también que en el distrito de la Capital Federal hay 34 agrupaciones y en la provincia de Buenos Aires 27 y son las que tienen el mayor número de presentaciones ante la justicia electoral.

alfonsin ricardo

La Argentina lleva mas de 30  años de democracia: el 30 de octubre de 1983 ganaba Alfonsín Aquella noche, el primer presidente electo tras casi ocho años de dictadura se asomó a uno de los balcones del Comité Nacional y ante una multitud jubilosa afirmó: “Hemos ganado, pero no hemos derrotado a nadie, porque todos hemos recuperado nuestros derechos”

• Capital Federal: Las agrupaciones preexistentes son los partidos Demócrata, Demócrata Progresista, Movimiento de Integración y Desarrollo, Justicialista, Renovador Federal, Socialista Democrático, Unión Cívica Radical y Unión Popular, y las nuevas son: Para la Democracia Social, Activo Previsional, de la Reconquista, del Trabajo y del Pueblo, Socialista Unificado, Unión del Centro Democrático (U.C.D.), Unión Cívica Católica (U.C.C.), Confederación Socialista Argentina, Confederación Intermedia, Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista Social y Conservador Popular.

• Provincia de Buenos Aires: Federalista de Centro, Movimiento al Socialismo, Movimiento Vecinal Republicano, Movimiento Línea Popular, Partido de la Independencia, Nacionalista Constitucional, Comunista, Socialista Popular, Demócrata Cristiano, Partido Obrero, Confederación Socialista, Socialista Auténtico, Autonomista, Social y Conservador Popular.

Partidos preexistentes: Demócrata Progresista, Federal, Demócrata Cristiano, Frente de Izquierda Popular, Intransigente, Justicialista, MID, Renovador de la Provincia de Buenos Aires, Socialista Democrático, Unión Conservadora, U.C.R., Unión Popular.
15 nuevos: Socialista Popular, Comunista, Conservador, Mov. Línea Popular, Del Trabajo y del Pueblo, Unión del Pueblo Adelante, U.C.D., Confederación Socialista, Conservador Principista, Mov. al Socialismo, Para la Democracia Social, Obrero, Socialista Auténtico, Socialista Unificado, Unión Cristiano Democrática.

• Catamarca: 12 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Demócrata de Catamarca, FIP, MID, Popular Catamarqueño, Mov. Nacionalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, Socialista Democrático, U.C.R.Tres nuevos: Socialista Popular, La Voz del Pueblo y Federal.

• Córdoba: 10 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, MID, Pacto Federalista, Intransigente, Justicialista, Laborista, U.C.R. y Unión Popular.Nueve partidos nuevos: Socialista Popular, Comunista, Demócrata Progresista, Federal, Partido del Centro, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Mov. Línea Popular, Para la Democracia Social.

• Corrientes: 12 partidos preexistentes: Autonomista, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, Liberal, MID, Mov. Línea Popular, Unión del Pueblo Adelante, U.C.R.Tres partidos nuevos: Comunista, Para la Democracia Social y Socialista Popular.

• Chaco: ocho partidos preexistentes: Conservador del Chaco, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Socialista, U.C.R.• Tres partidos nuevos: Comunista, Movimiento dé Unidad Chaqueña, Movimiento Línea Popular.

• Chubut: 9 partidos preexistentes: Acción Chubutense, Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, FIP, Justicialista, MID, Socialista Popular.. Cinco partidos nuevos: Comunista, Socialista Democrático, Socialista Auténtico, Federalista Chubutense, Movimiento al Socialismo.

• Entre Ríos: seis partidos preexistentes: FIP, Justicialista, MID, Mov. Línea Popular, Demócrata Cristiano, U.C.R. Cinco partidos nuevos: Intransigente, Socialista Popular, Comunista, Demócrata y Federal.

• Formosa: siete partidos preexistentes: Intransigente, Demócrata Cristiano, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, Socialista Popular y U.C.R. Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Jujuy: diez partidos preexistentes: Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, Laborista, MID, Movimiento Popular Jujeño, Socialista Democrático, Tercera Época y U.C.R.Cinco nuevos partidos: Demócrata Cristiano, Acción Democrática, Del Trabajo y del Pueblo, Comunista y Movimiento al Socialismo.

• La Pampa: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Intransigente, Justicialista, Movimiento Federalista Pampeano, MID, Socialista Popular, U.C,R. y Unión Popular.Un partido nuevo: Comunista.

• la Rioja siete partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Unión Republicana. Cinco partidos nuevos: Para la Democracia Social, Nacionalista, Comunista, Demócrata Cristiano e Intransigente.

• Mendoza: seis partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata, FIP, Justicialista, MID y U.C.R.Once partidos nuevos: Comunista, Demócrata Cristiano, Federal, Demócrata Progresista, Para la Democracia Social, Movimiento al Socialismo, Tres Banderas, Socialista Auténtico, Socialista Popular, Obrero y Socialista Unificado.

• Misiones: nueve partidos preexistentes: Comunista, Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. y Federal.Un partido nuevo: Para la Democracia Social.

• Neuquén: ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Progresista, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular Neuquino y U.C.R.Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Socialista Democrático, Mov. al Socialismo, Obrero y FIP.

• Río Negro: cinco partidos preexistentes: Justicialista, Demócrata Cristiano, MID, Provincial Rionegrino y U.C.R.Cuatro partidos nuevos: Intransigente, Comunista, FIP y Movimiento al Socialismo.

• Salta: ocho partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, FIP, Justicialista, MID, U.C.R., Unión Popular, Unión Provincial.
11 partidos nuevos: Comunista, Mov.Popular Nacionalista Para la Democracia Social, Intransigente, Socialista Auténtico, Renovador, Mov. Línea Popular, Partido Obrero Federal, Socialista, Demócrata Progresista.

• San Juan: 11 partidos preexistentes: Bloquista, Conservador Popular, Cruzada Renovadora, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Frente de Liberación 12 de Mayo, Justicialista, MID, Socialista Popular, y U.C.R.Ocho partidos nuevos: Para la Democracia Social, Comunista, Movimiento al Socialismo. Socialista Auténtico, Acción Solidaria, Intransigente, Del Trabajo y del Pueblo, Partido del Centro.

• San Luis: Ocho partidos preexistentes: Demócrata Cristiano, Demócrata Liberal, Intransigente, Justicialista, MID, Mov. Popular, U.C.R., Unión Popular.Tres partidos nuevos: FIP, Socialista Popular, Comunista.

Santa Cruz: 9 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, FIP, Fuerza Federalista Santacruceña, Intransigente, Justicialista, MID, U.C.R. Socialista Unificado.Dos partidos nuevos: Comunista y Movimiento al Socialismo.

• Santa Fe: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Dem. Cristiano, Dem. Progresista, Federal, FIP, Intransigente, Federalista, Justicialista, MID, Movimiento Línea Popular, U.C.R., Unión Popular.Ocho partidos nuevos: Comunista, Socialista Popular, Intransigente, Para la Democracia Social, Socialista Unificado, Partido del Centro, Movimiento al Socialismo y U.C.D.

• Santiago del Estero: 11 partidos preexistentes: Conservador Popular, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Intransigente, Justicialista, MID, Popular Unido, Provincial, Socialista Popular, U.C.R.Un partido nuevo: Comunista.

• Tucumán: 15 partidos preexistentes: Conservador Popular. Defensa Provincial, Demócrata Cristiano, Federal, FIP, Justicialista, Laborista, MID, Mov. Recuperación Tucumán, Mov. Nacionalista, Socialista Democrático Socialista Popular, U.C.R., Unión Popular, Vanguardia Federal.
Seis partidos nuevos: Para la Democracia Social, P. del Centro, Intransigente, Comunista, Dem. Progresista y Mov. al Socialismo.

• Tierra del Fuego: 8 partidos preexistentes: Agrupación Vecinal, Conservador Popular, Federal, Intransigente, Justicialista, MID, Unión Cívica Radical, Mov. Popular Fueguino.Dos partidos nuevos: Para la Democracia Social y Socialista Popular.

Fuente Consultadas:
Carlos R. Meló. Los partidos políticos argentinos entre 1862 y 1930. En: Academia N. de la Historia. Historia Argentina Contemporánea. Bs. As. Ateneo, 1964. Vol. II. Primera sección.
Formación Pólítica Para Vivir en Democracia Tomo III – Los Partidos Políticos – Editorial Redacción
José l. Romero. Las ideas políticas en Argentina. Bs. As., FCE, 1969.
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL

 

Partidos Políticos en América Conservadores y Liberales

LOS PARTIDOS POLÍTICOS TRADICIONALES EN AMERICA

Los conservadores y los liberales: Los partidos políticos son factores indispensables en toda damocracia, pues representan las distintas corrientes de la opinión pública. Se ha dicho con acierto que “un partido político es siempre una fracción de un todo. No representa más que el sentimiento de una parte de la Nación, puede combatir a los otros partidos, pero no debe ignorarlos ni esforzarse en hacerlo» desaparecer. Un partido no puede subsistir solo, pues la existencia de un partido opositor es lo que le da el ser y la vida”.

Los llamados partidos políticos tradicionales surgieron en los países americanos luego de producidos los movimientos emancipadores, aunque las doctrinas por ellos defendidas, particularmente las liberales, ya se hallaban presentes en los últimos años del período hispánico.

partidos políticos

La opinión pública fue encauzada a través de dos grandes tendencias antagónicas: la conservadora y la liberal.

Como su nombre lo indica, los conservadores sostenían el espíritu heredado de la vida colonial y eran enemigos de toda innovación extrema; en consecuencia, se resistían a modificar fundamentalmente las instituciones, tanto en el orden político como social. Defensores de los gobiernos centralizados y del catolicismo, sus adherentes propiciaban la monarquía, con el fin de poner término a las guerras civiles.

Los liberales pertenecían en su mayor parte a la clase media y eran partidarios de las nuevas ideas que circularon en Europa después de la Revolución Francesa. En lo político sostenían el sistema representativo, es decir, la participación del pueblo en el gobierno a través del sufragio; y, en lo social, la abolición de toda clase de privilegios para extender a todos los beneficios de la libertad y de la igualdad. Desde el punto de vista económico defendían el libre cambio.

Dentro de la tendencia liberal surgió, en algunos países americanos, el partido radical, cuyos integrantes bregaron por un rápido cambio en el orden político, contrario al tradicional continuismo, y una mayor participación del pueblo en los comicios.

A fines del siglo pasado iniciaron su lucha en América los socialistas —o partidarios del socialismo—, así llamados porque rechazaron el individualismo y propusieron que la riqueza fuera distribuida por la sociedad en beneficio de sus integrantes.

Los partidos políticos en la Argentina hasta 1912
Hasta la batalla de Caseros dos grandes partidos lucharon por el predominio político del país: los federales y los unitarios, designados también como rosistas y antirrosistas, respectivamente.

Derrocado el régimen de Rosas, su vencedor, Urquiza, continuó bajo la ideología federal y provocó de esa manera la hostilidad de los porteños, quienes —bajo las directivas de Valentín Alsina—- defendieron la primacía de Buenos Aires sobre el resto del país.

El acuerdo de San Nicolás y su rechazo por la provincia de Buenos Aires dividió la opinión pública en federalistas y liberales, estos últimos de tendencia porteña y separatista.

En el transcurso de la presidencia de Mitre surgió el partido Nacionalista, encabezado por aquél, quien sostenía la necesidad de federalizar a Buenos Aires. Sus opositores, acaudillados por Adolfo Alsina, defendían el autonomismo porteño y bregaban para que Buenos Aires continuara como capital de la provincia homónima, pero no del país. Los últimos constituyeron el partido Autonomista.

Cuando en 1874 se propició en toda la Nación la candidatura presidencial de Nicolás Avellaneda, surgió un nuevo partido político, el Nacional, que triunfó en las provincias y se llevó al poder. De acuerdo con la política conciliadora anunciada por Avellaneda, el partido Nacional se unió con el Autonomista de Adolfo Alsina, coalición que hizo surgir el Partido Autonomista Nacional (P.A.N.), posteriormente denominado Conservador.

Una fracción del autonomismo, encabezada por Leandro N. Alem y Aristóbulo del Valle, no aceptó la política unionista y se pronunció en contra.

El P.A.N. llevó al poder a Roca y a Juárez Celman. Durante el mandato del último, y debido a los problemas políticos y económicos, surgió un nuevo partido opositor, la Unión Cívica de la Juventud, llamada más tarde —luego del mitin realizado en 1890 en el Frontón Buenos Aires— Unión Cívica.

Durante la presidencia de Pellegrini, la Unión Cívica se dividió debido al acuerdo que culminó con la candidatura de Mitre; los que aprobaron ese entendimiento formaron, la Unión Cívica Nacional (roquistas, pellegrinistas y mitristas), y los disidentes, que no aceptaron, dieron origen a un nuevo partido, la Unión Cívica Radical, bajo la dirección de Leandro N. Alem. La nueva agrupación política adoptó —hasta la sanción de la Ley Electoral— una actitud revolucionaria, contraria al fraude y al continuismo político.

Los partidos tradicionales en otros países de América: En los Estados Unidos, a poco de organizado definitivamente el país con la Constitución de 1787, el Secretario de Hacienda, Alejandro Hamilton, fundó ei partido Federalista, defensor de intereses mercantiles financieros y, en el aspecto político, de un gobierno centralizado.

Tomás Jefferson encabezó el partido de la oposición —primer partido Republicano—, cuyos integrantes bregaron por la división de la autoridad entre los distintos estados que componían la Nación.

Con el transcurso del tiempo, los Federalistas perdieron gradualmente popularidad y, en 1801, el partido jeffersonlano logró el control absoluto del gobierno; sin embargo, el choque de ideologías entre sus miembros —particularmente por el problema de la esclavitud— provocó la división en Demócratas y Republicanos, que subsiste en los Estados Unidos en la actualidad.

Los demócratas son librecambistas en materia económica y defensores de los grandes propietarios agrícolas, los republicanos que llegaron por vez primera al poder con el antiesclavista Abraham Lincoln, representan a los grandes industriales y financieros proteccionistas.

En el Uruguay son tradicionales los partidos Blanco y Colorado, que surgieron luego de promulgada la Constitución de 1830. Manuel Oribe organizó el partido Blanco —apoyado desde Buenos Aires por Rosas— en contraposición al creado por Fructuoso Rivera, llamado Colorado, que contó con la adhesión de los emigrados argentinos. De carácter liberal, el último partido gobernó el Uruguay durante muchos años, pero últimamente triunfaron los Blancos, de plataforma nacionalista.

En Colombia podemos mencionar como partidarios tradicionales a los liberales y a los conservadores; estos últimos, más tarde, derivaron hacia el nacionalismo (conservadores independientes).

Conservadores y federalistas fueron los partidos más destacados en Venezuela, Ecuador, Perú y Chile. Con respecto a México y el Brasil, las divergencias políticas estuvieron representadas por los monárquicos y los republicanos.

Fuente Consultadas:
Información Obtenida de: HISTORIA 5 Historia Argentina
José Cosmelli Ibañez Edit. TROQUEL
El Progreso en los Estados Unidos