Funcion Social de la Escuela Relación Con La Familia y Sociedad


Función Social de la Escuela – Su Relación Con La Familia y Sociedad

UN POCO DE HISTORIA…. La escuela es el “segundo hogar” donde vivimos una etapa trascendente de nuestra vida y formación. Quedan grabadas para siempre las impresiones de los primeros días de cada grado y de la promoción final, que nos ha permitido “ingresar” ahora en un nuevo tipo de escuela. Y está en nuestra mira tener acceso, al egresar del ciclo secundario, a otra institución escolar de nivel terciario.

Vale decir que el estudiante de primer año sabe, sobre las escuelas, por propia experiencia. Ahora se trata de procesar esos conocimientos y elaborarlos, incorporándoles otros nuevos, para comprender mejor el porqué de la educación y las características de la institución que integra. En primer lugar, con la ayuda de la Historia, recordaremos cómo y por qué surgieron las escuelas.

La sociedad y la educación también mantienen estrechas relaciones y el sistema educativo responde a la manera como son entendidas estas relaciones. Hasta no hace muchos años, el sistema educativo se proponía la construcción de un modelo de sociedad o un “proyecto nacional” por el que la escuela tenía como función consolidar el Estado nacional y la vigencia de un orden político democrático que debía garantizar que todos los habitantes accedieran a los mismos conocimientos.

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“La educación es el proceso por medio del cual una comunidad trasmite a sus integrantes su cultura y sus aspiraciones, con el objeto de asegurar y renovar su propia existencia y desarrollo.”

La necesidad de la educación surge de la diferencia de nivel entre los miembros maduros y los nuevos integrantes de un grupo social. Los primeros procuran dar a sus continuadores crianza y preparación para que conserven y mejoren las funciones y valores que a su turno recibieron.

En los animales el crecimiento asegura la conservación de los instintos y conductas convenientes a la especie. Pero los hombres crean costumbres, ideales e instituciones que no resultan físicamente hereditarias. En las sociedades más primitivas la diferencia entre maduros e inmaduros no es tan notable como en las más civilizadas. El ensanchamiento de esa diferencia implica un aumento de la necesidad de la educación para la supervivencia de la sociedad y la continuidad de su progreso.

Por ello es que surgió, por lo menos desde la invención de la escritura, la idea de la educación sistemática por medio de la escuela. La humanidad comenzó a escribir grabando o pintando imágenes y símbolos de objetos y acciones. En la antigua Mesopotamia, los jóvenes de familias importantes podían aprender en escuelas anexas a los templos, donde había maestros para formarlos. Dominar el uso de los centenares de signos “cuneiformes” básicos los convertía en “escribanos” de aquel tiempo.

En Egipto, que inmortalizó al “escriba” en una famosa escultura, la corte del faraón instaló escuelas para preparar a los nuevos integrantes del grupo, que se consideraba a sí mismo representante de la divinidad. En Caldea la enseñanza fue también de carácter, religioso, mientras que en Persia abarcó otros propósitos: según Jenofonte, la educación persa incluía “la equitación, las armas y el amor a la verdad”.

Pero los antecedentes que cobran más importancia son los de Grecia y Roma, y además se tienen de ellos mayores datos. En Grecia el ideal fue buscar la perfección física y moral del individuo, para bien propio (principalmente en Atenas) y para bien del Estado (en Esparta).



La educación física era importante en Esparta, para la formación de guerreros, y en Atenas, para el logro de la belleza y la armonía. La instrucción y la formación moral, más la gimnasia y la música constituyeron la “paideia”, es decir, la incorporación a los ideales de la cultura griega. Roma, con la evolución del poderío del Estado, llegó a organizar un sistema de instrucción oficial, aunque siempre limitado a una parte privilegiada de la sociedad.

El advenimiento del Cristianismo hizo surgir nuevos trascendentes fines educativos: además de cultura y destrezas se quiso dar al espíritu una disposición general hacia la comprensión de las cosas de este mundo en su relación con el Dios creador. La predicación igualitaria de la frugalidad que conduce a una vida más espiritual halló eco entre los pobres y oprimidos y en las comunidades jóvenes y rústicas.

Para formar las almas desde la niñez, las escuelas fueron surgiendo cada vez más numerosas junto a iglesias y monasterios. El emperador Carlomagno alentó la multiplicación de las escuelas y llamó a colaborar a famosos filósofos y maestros. Aunque se quería enseñar toda la ciencia (lo que hoy se llama “enciclopedismo”) no faltaba la intención de, además de informar, formar.

En la Edad Moderna se intensificaron los esfuerzos para ampliar y mejorar la enseñanza, buscando seleccionar conocimientos que la imprenta permitía divulgar. Lutero reconvenía a los señores, instándolos a fundar escuelas. Ignacio de Loyola y otros predicadores fundaron congregaciones, incluyendo en sus fines el de consagrarse a la educación. Religiosos, escritores y políticos fueron contribuyendo a la generalización educativa y propusieron nuevas formas más eficientes (métodos) para enseñar.

La Edad Contemporánea es la de la “escuela común”. Ella está formada por establecimientos primarios gratuitos, a los que todos los niños tienen acceso. El Estado, en representación de una sociedad y sin diferencias de clases, instala la escuela o apoya las creadas por lo¡ particulares. El ideal actual es no sólo que haya escuelas para todo; sin excepción, sino que la enseñanza favorezca el desarrollo pleno d« la personalidad de cada uno.

Si la escuela primaria está destinada a la niñez, la escuela secundaria tiene como finalidad primordial la formación integral de los adolescentes, mientras la universidad y otras instituciones terciarias posiblitan a los jóvenes y mayores su preparación como educadores, investigadores y profesionales. Existe también un nivel cuaternario, que corresponde a la especialización de los graduados en el nivel terciario (universitario y no universitario).

La universidad surgió de las corporaciones o gremios medievales de maestros y estudiantes. La palabra “universitas” en un principio se aplicó a cualquier gremio reconocido, pero luego se restringió al grupo de sabios y discípulos organizado para la formación de maestros, licenciados y doctores.

Para los jóvenes universitarios meritorios pero pobres hubo benefactores que instalaron “colegios”, es decir, hosterías gratuitas donde además de alojarse podían estudiar con la ayuda de preceptores. El colegio más famoso fue el que instaló en París el doctor Roberto de Sorbón; desde entonces decir “La Sorbona” es nombrar la Universidad de París, El éxito de esa idea originó que la mayoría de las universidades creasen su respectivo colegio, que con el tiempo pasaba a ser escuela preuniversitaria.

Ello explica que nuestra Constitución Nacional diga “instrucción general y universitaria”, entendiéndose como general, la primaria; y universitaria, lo que hoy abarcan la educación media y la superior. Pero desde hace un siglo la enseñanza media fue apartándose de la idea de una exclusiva preparación para la universidad y, adecuándose a las exigencias de los tiempos modernos, procura además ofrecer formación técnica o profesional.

Ver: Deberes de las Padres e Hijos



Inserción de la escuela en su comunidad

La sociedad es el conjunto de los seres humanos relacionados por sus circunstancias comunes. La principal característica de la sociedad es la “interacción”, es decir, la mutua influencia de los actos de sus integrantes.

Una comunidad es una sociedad donde la interacción es más intensa y más evidentes los lazos que unen a sus miembros. Los hombres que tienen muchas cosas en común viven en comunidad.

Para que resguarde e irradie los valores de la comunidad ha surgido la escuela moderna. La sociedad actual es sumamente compleja, y la familia, aunque sigue siendo la primera institución educadora y sociali-zadora, no puede capacitar suficientemente en oficios y profesiones. Por ello, las familias delegan en la escuela la acción educativa sistemática y confían a sus representantes en el gobierno del Estado la realización de la política educacional.

En una sociedad democrática la legislación tiene que organizar la enseñanza sin perder de vista que es por mandato y delegación de la comunidad y a su servicio, que hay que crear y mantener un eficiente sistema educativo.

En su gran libro “Educación popular”, Sarmiento proponía allá por el año 1849, un sistema de contribuciones (“impuestos”), destinadas directamente al sostén de las escuelas. “Si el objeto a que se destina es inmediato y popular, el pueblo, lejos de negarse a proveer lo satisface con holgura”… “Este sistema deja expedita la acción de los contribuyentes para extender la educación de sus propios hijos y la de sus allegados a más del ‘mínimum’ prescripto”.

Muchos estadistas nuestros compartieron ese enfoque comunitario de la educación. Leyes provinciales y la nacional 1420 crearon consejos escolares para asegurar la participación de los vecinos en la tarea de respaldar a la enseñanza pública.

Pero esas legislaciones y hasta esas ideas sufrieron las vicisitudes del advenimiento de tendencias menos democráticas.

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Actualmente se procura recomponer la participación comunitaria. Para la escuela primaria, con el resurgimiento de los consejos escolares. En la secundaria, se trata de intensificar la relación del colegio y sus profesores con los padres de los alumnos, y se alienta a los discípulos a colaborar con los centros estudiantiles. En las universidades, estudiantes y egresados volverán a ser parte del. gobierno de las facultades, uno de los principios de la Reforma Universitaria puesta en vigencia en 1918.

Su organización institucional
Impulsados por su instinto social los hombres se organizan en torno de “ideas”. Cuando los que comparten una idea se deciden a darle vigencia y permanencia, lo que hacen es institucionalizarla, hacerla “Institución”. La escuela es una idea. Veamos cómo se ha institucionalizado entre nosotros.
La acción educadora sistemática está organizada en ciclos que corresponden a las edades del educando. Para la infancia es el “jardín de infantes”; para la niñez, la escuela primaria; para la adolescencia, la educación media; para la juventud, la enseñanza superior.

Con el fin de adecuar la tarea educativa a esos niveles, se dictan los “planes de enseñanza”. Un plan de enseñanza está destinado a orientarla, fijando sus objetivos generales y organizando el régimen gradual de asignaturas cuya aprobación permite la promoción de los alumnos y el otorgamiento del certificado correspondiente.

Es función del Estado, y la Constitución Nacional responsabiliza al Parlamento cuando entre los deberes del Congreso incluye el de “proveer lo conducente á la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias y al progreso de la” ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria” (Art. 67, inc. 16).

La Constitución Nacional establece también que cada provincia debe asegurar la organización de la enseñanza primaria en la respectiva constitución provincial. Vale decir que en nuestro sistema federal la educación común está entre los “poderes concurrentes” de Nación y provincias, por lo que se ha procurado siempre mantener coordinación entre la acción del gobierno central y los gobiernos locales en ese aspecto.

En la enseñanza media prevalece históricamente la imagen del “colegio nacional”. Así se acostumbra llamar al bachillerato, que se organizó en la Capital y algunas provincias tomando como base el “Colegio Nacional de Buenos Aires”, inmortalizado por Miguel Cané en “Juvenilia”.

Pero modernamente las instituciones de nivel medio han adquirí do una importante aunque no suficiente diversidad. El bachillerato se desglosa en “común”, “con orientación agraria”, “con orientación docente”, etc.

Por otra parte ya son también clásicas y están en expansión las escuelas comerciales y técnicas.

Las provincias y municipios tienden a participar en la acción educativa en este nivel, procurando llegar a convenios entre sí y con el gobierno central para el reconocimiento de los estudios y las respectivas “equivalencias”. Esto es necesario para que los estudiantes puedan con tinuar sus carreras en caso de traslado familiar y para que sus títulos mantengan su carácter preuniversitario.

La universidad mantiene casi exclusivamente su carácter “nacional”, ya que la sostiene y reconoce el gobierno central. Lo histórico en este nivel es el principio de la “autonomía universitaria”, principio que significa que esos establecimientos se dan su propia organización institucional.

Además de las escuelas y universidades creadas por el gobierno, existen las “privadas”, las que pueden ser establecidas por personas e instituciones particulares. Para ellas también existe un régimen de reconocimiento de cursos y aportes económicos.

En este punto conviene recordar que cuando decimos “Estado”, nos referimos a la institución máxima de la sociedad, en el sentido de que abarca y protege a todas las demás de una Nación.

Al comenzar aclaramos que una institución es una idea a cuya realización concurren los que la comparten. El Estado puede definirse como el conjunto de fa milias que vive en territorio propio y se da un gobierno común. Así es como el Estado tiene tres elementos: pueblo, territorio y gobierno. Por lo tanto, no hay que confundir “Estado” y “Gobierno”, ya que éste es sólo una parte de aquél.

A su vez el gobierno se reparte en tres ramas o poderes. El Legislativo hace la ley, el Judicial la interpreta y aplica a los casos particulares y el Ejecutivo (que en realidad debiera llamarse “ejecutivo de la ley”y la pone en ejercicio en general.

El Poder Ejecutivo argentino es “unipersonal”. Esto significa que lo ejerce el Presidente en el gobierno central y el Gobernador en cada provincia. Pero éstos designan “ministros” para que lo ayuden como “secretarios de estado”. Por eso en la Nación y provincias existen los respectivos “Ministerios de Educación” (aunque las denominaciones cambien un poco).

Las escuelas, desde el punto de vista administrativo, son entidades dependientes de alguna repartición: el Consejo (Nacional o Provincial) de Educación, por ejemplo, a su vez relacionado con el Ministerio respectivo. Pueden depender también de otro sector, como la Municipalidad. Esos organismos se mantienen vinculados con el Ministerio de Educación de la Nación a través de un Consejo Federal, integrado con los representantes de los gobiernos provinciales.

Esas reparticiones designan a los supervisores y a los directivos, docentes y demás colaboradores de cada establecimiento escolar, de acuerdo con las disposiciones de los respectivos estatutos (por ejemplo, el Estatuto del Docente Nacional, Ley 14.473).

El Director de la escuela es el “ejecutivo” de la misma. Interpreta y pene en aplicación las normas dictadas por los organismos superiores, las aplica para orientar la tarea docente y, por encima de todo, lograr el desarroDo eficiente de la vida escolar.

El maestro y el profesor se guían por las directivas y los programas para desarrollar su labor profesional. Para ello cuentan con la preparación en cuanto a conocimientos y práctica metodológica. Los docentes son los que realizan la tarea educativa en su aspecto principal y más delicado: el proceso enseñanza-aprendizaje.

En la relación educador-educando el docente procura orientar la actividad participante del alumno, para que éste logre el conocimiento, en lo posible, por descubrimiento y experiencia personal. Y la enseñanza se gradúa, precisamente, para adecuarla a la evolución creciente de los escolares y estudiantes.

Disciplina y autodisciplina
La disciplina es el orden que requieren la vida comunitaria, el trabajo y el estudio. La palabra “discípulo” es afín a “disciplina”, lo que evidencia lo importante que es ésta en la escuela y en cada aula.

Antiguamente predominaba la disciplina impuesta casi como un fin en sí misma, y basada en el temor a los castigos, incluso corporales. Resultaba así algo “externo” a cada uno. La evolución de las ciencias de la educación ha hecho cambiar radicalmente ese enfoque.

Hoy se procura que el alumno desarrolle su propia capacidad de conducción al mismo tiempo que las demás condiciones personales. Por ello se va produciendo un ajuste cada vez más preciso de los objetivos o “conductas deseables” que orientan a la labor escolar según las etapas de crecimiento y maduración de los alumnos.

Entre esas conductas no figuran la sumisión, el temor, ni el conformismo. Por el contrario, se procura que mediante el interés, la participación y la experiencia, cada uno descubra y se incorpore espontáneamente al tipo de actuación que lo hace más eficiente y valioso individual y socialmente.
Esto prepara al educando en el autocontrol físico, psíquico y moral que es indispensable en la vida en sociedad (autodisciplina). Y es precisamente la sociedad democrática aquella en que sus componentes asumen voluntariamente sus responsabilidades y eligen libremente su tipo de participación en la vida del grupo.

Autoridad y autoritarismo

Autoridad es el atributo de quien ejerce un poder legítimo. Al maestro y a quienes cumplen la función directiva en la escuela, la sociedad les ha confiado un rol investido de autoridad. Esa autoridad les es reconocida por sus alumnos en una relación que tiene mucho más de “respeto” que de acatamiento sumiso.

La escuela moderna tiende a una disciplina participativa, donde el educando tome conciencia de que la autoridad del educador es inherente a su condición de guía. La tarea escolar se encauza así en un marco de espontánea y cordial cooperación. Aun en el caso de los “indisciplinados” se procura su incorporación a ese marco de conducta, no separándolos del grupo, sino en los casos gravísimos.

El autoritarismo es el sistema en el que el poder se ejerce con exceso y requiere ser acatado por el miedo y la humillación. No es el que corresponde al ámbito educativo donde se preparan los “ciudadanos de una república”.

Relaciones de la escuela con la comunidad y la familia

El interés de las familias por la educación de sus hijos es paralelo al de la comunidad, que desea la capacitación de todos sus integrantes. Ese interés converge en la escuela, que es el centro vital de los esfuerzos educativos de la sociedad.

Por eso la escuela no es una institución cerrada. Por el contrario, mantiene constante relación con las familias y las instituciones comunitarias.

La relación entre la familia y la escuela se realiza principalmente por los contactos entre los padres y los maestros. De ese modo, los edu cadores se sienten apoyados en su labor, conocen más a sus alumnos y pueden evaluar mejor los resultados que van obteniendo. Por su par te, los padres están así más orientados y encuentran alivio en su preocupación por la evolución de sus hijos, porque pueden comprenderlos más ampliamente en su desarrollo psicofísico, y hallan modos concretos de ayudarlos en sus esfuerzos e inquietudes.

También la escuela mantiene un contacto permanente con la comunidad. Ésta es la que crea y sostiene a los establecimientos educativos. Por eso los organismos oficiales que dirigen la enseñanza son por lo general cuerpos colegiados, en los que está representada. La participación del vecindario se manifiesta también en la cada vez más importante acción municipal. Y son muchas las instituciones privadas que fundan escuelas, colegios y cursos superiores.

Las transformaciones socioeconómicas y tecnológicas de la vida actual hacen indispensable la permeabilidad de la educación pública hacia los cambios. Y estos contactos permanentes con la comunidad son un cauce adecuado para que la enseñanza resulte acorde con esos progresos.

La colaboración familia-escuela-comunidad es en beneficio de todos. La sociedad progresará así en su conjunto. Pero no hay que perder de vista que es a través del desarrollo personal de cada alumno, que se hacen realidad los fines ideales de la educación.

Problemas de la escuela

En los últimos tiempos las aspiraciones de la comunidad y de los educadores acerca del progreso de la escuela han tenido un escollo: la escasez de recursos económicos destinados al rubro “Educación” en el presupuesto nacional. Dicho presupuesto en los últimos años no alcanzó al 10 % , cuando los estudios técnicos aconsejan el 25 % .

Por algo Sarmiento dedicó el primer capítulo de su obra “Educación popular” a elaborar un plan de financiación autónoma y permanente de la educación pública.

El adelanto de los métodos, procedimientos y recursos educativos es muy grande entre nosotros, pero en teoría. Falta la posibilidad “material” de su cumplimiento. Esto, lamentablemente, incide para que existan muchos problemas.

Pueden enumerarse como principales:

• Falta de presupuesto suficiente.

• Casi 10 % de analfabetismo y 42 % de semialfabetismo o analfabetismo por desuso. No debemos perder de vista la gravedad de estos índices y la necesidad de reducirlos sustancialmente.

• Deserción escolar de alrededor del 50 % , dato que resulta de comparar el número de los que ingresan en un año determinado y los que egresan del nivel primario, siete años más tarde. No sólo se quiebra el principio de la obligatoriedad escolar, sino que se prepara un triste porvenir para mucha gente.

• Deserción y “repitiencia” excesivas en la enseñanza media, en la que falta una mayor orientación vocacional y diversificación de opciones.

• Desaprovechamiento del progreso científico y tecnológico de la época.

• Insuficiencia de las universidades para dar cabida a numerosos aspirantes.

• Éxodo de técnicos y científicos.

• Deterioro de la estructura edilicia escolar en diversas zonas del
país.

A pesar de esos problemas, la escuela argentina sigue bregando por cumplir dignamente su cometido. En este sentido es de destacar el esfuerzo de docentes, padres y alumnos.

La Asociación Cooperadora

La “Cooperadora” es una asociación que integran y dirigen los padres, tutores o encargados de los alumnos, para colaborar con la escuela. Forma parte de las más antiguas y nobles tradiciones de nuestra comunidad. Cada vez más se evidencia la necesidad e importancia de su cooperación, que en la actualidad ofrece múltiples aspectos y actividades.

El Director de cada establecimiento es, reglamentariamente, el asesor natural de su Asociación Cooperadora.

Los socios, que son los padres de los alumnos, el personal de la escuela y quien quiera contribuir, aportan sumas mensuales para formar el fondo con el que se llevan a cabo las iniciativas. En asamblea eligen de entre ellos la comisión directiva y aprueban los proyectos y las cuentas.

Además de contribuir con elementos de trabajo, ropas, alimentos, etcétera, las Cooperadoras participan en la vida escolar, especialmente en la coordinación con la comunidad, en los actos patrióticos y de extensión cultural.

Es por intermedio de estas modestas y silenciosas entidades que la gente viene “completando lo que falta” en los presupuestos educativos del Estado.

Fuente Consultada:
Educación Cívica 1ºAño Delfino-Gonzalez-Tejerina – Editorial Plus Ultra – Tema Tratado: La Escuela

LECTURA COMPLEMENTARIA:

La sociedad y la educación también mantienen estrechas relaciones y el sistema educativo responde a la manera como son entendidas estas relaciones. Hasta no hace muchos años, el sistema educativo se proponía la construcción de un modelo de sociedad o un “proyecto nacional” por el que la escuela tenía como función consolidar el Estado nacional y la vigencia de un orden político democrático que debía garantizar que todos los habitantes accedieran a los mismos conocimientos. Para ello, la escuela se dirigía a un “alumno medio” e incitaba la memorización de datos y la aplicación mecánica de conceptos.

El objetivo de la escuela ha sido homogeneizar a la población alrededor de ciertos valores básicos y ciertos códigos comunes con el propósito de formar a los ciudadanos. Para lograrlo, el sistema organizó una escuela primaria obligatoria e igual para todos. Una escuela media, que ofrecía alternativas diferentes, pero que tenía como meta fundamental la preparación para la universidad, aspiración de todos los estudiantes.

En este modelo se rechazaban los intentos de impartir conocimientos diferentes dentro del sistema, porque se entendía que de esta manera podría marginarse a ciertos sectores sociales del acceso a los conocimientos socialmente significativos.

El sistema se expandió de los sectores medios de la población a los sectores populares, se logró, en cierta medida, la meta de que la escuela fuera para todos. Sin embargo, no se pudieron obtener niveles altos ; homogéneos de calidad en la educación de todos los ciudadanos. Aparecieron dentro del sistema educativo mecanismos por medio de los cuales no todos accedían a la misma cantidad y calidad de conocimientos, y no se lograba la pretendida “homogeneidad”. Los resultados obtenidos no eran iguales en todas las escuelas y en los sectores populares, sobre todo, se producían aprendizajes de baja calidad. Se empezaba a confirmar que una oferta educativa igualitaria en una sociedad en la cual existían profundas diferencias no producía resultados homogéneos.

El debate en educación planteó el conflicto entre homogeneidad, que lleva implícita la idea de igualdad, y diferenciación o diversidad.

Un estudioso de la educación, Germán Rama, decía que, presionados por esta búsqueda de homogeneidad, no se ha podido “apreciar adecuadamente ni las diferencias individuales, que deparan mayor o menor capacidad para aprender o interesarse por ciertos conocimientos, ni las urgencias de ciertos sectores de la sociedad de adquirir conocimientos prácticos para ingresar al mercado de trabajo.”

Hay que admitir que la homogeneidad buscada trajo consigo la heterogeneidad en los resultados. Tal vez, para obtener resultados más homogéneos habría que actuar de manera contraria, es decir, proponiendo procesos de formación diversos y adecuados a los distintos contextos sociales. La escuela homogénea no colaboró, como se esperaba, para alcanzar la igualdad social. Altos porcentajes de población siguen viviendo, en toda América latina, en condiciones de extrema pobreza.

La respuesta del sistema educativo ha sido plantear la necesidad de establecer un acuerdo global, es decir, un consenso educativo nacional, que parta de una estrategia de desarrollo que permita la transformación productiva y la equidad social.

Distintos caminos se pueden seguir para lograr este consenso educativo, que es regional, es decir, para toda América latina.

En la Argentina se optó por el debate y la sanción de la Ley Federal de Educación, (ley 24.195) que pretende no sólo avanzar en educación sino que apunta a elaborar un proyecto de transformación viable de la sociedad. Calidad de educación e igualdad de oportunidades son los pilares en los que se sustenta este proyecto.

Aumentar la descentralización y dar una mayor autonomía a los establecimientos educativos son puntos claves en la propuesta de la ley sobre organización y gestión, coincidente con las líneas implementadas en los demás países de América latina. Descentralizar no significa que la administración central haya perdido sus funciones sino que debe ocuparse de la medición de los resultados, de la eventual ejecución de programas de compensación educativa y extraeducativa, de la formación y capacitación de los docentes de la red nacional, dejando que las unidades locales sean autónomas, es decir, tengan capacidad para hacerse cargo de grados crecientes de responsabilidad por los resultados de sus acciones.

En las escuelas existe una serie de características institucionales, como la historia de la escuela, las características de personalidad del director, las mayores o menores responsabilidades de docentes y padres, la adecuación de los métodos a las necesidades, que explican, en parte, la diferencia en los logros educativos obtenidos en cada una de ellas. En este sentido, se espera obtener mejores resultados cuando cada unidad escolar tenga mayor autonomía para establecer su propio proyecto pedagógico, cuando pueda estimular la identidad de la institución, cuando el equipo escolar en pleno sea más responsable de los resultados.

Si todas las decisiones están en manos de “la cúpula” y sólo queda en manos de la escuela la ejecución de lo decidido en una instancia superior, estando, además, reguladas la mayoría de las acciones, el trabajo de los docentes pierde valor y no se favorece la tarea en equipo ni la satisfacción en el trabajo.

Fuente: Educación Cívica 2 – Editorial Santillana – Secundaria – Casullo, Bordone, Hirschmann y Otros –

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