Alejandro Heredia:Gobernador de Tucumán,Vida del Político y Militar



BIOGRAFÍA DE ALEJANDRO HEREDIA

Nació en 1783 y a los 25 años recibió las palmas de doctor en teología y derecho en la Universidad de Córdoba.

Sin embargo, no tuvo mucho tiempo para ejercer la jurisprudencia, porque poco después de la Revolución de Mayo se incorporó a las filas de la expedición que marchó al Alto Perú según lo dispuesto por la Primera Junta.

BIOGRAFÍA DE ALEJANDRO HEREDIA

Alejandro Heredia, alias «el indio»

Huaqui, las Piedras, Tucumán y Salta le sirvieron para templarse como militar y no hurtarle el cuerpo a los riesgos del combate, por lo que fue ascendido a sargento mayor e incluso comisionado para parlamentar con el general realista Goyeneche.

Posteriormente, cuando San Martín encargó a Güemes defender la frontera norte y hostigar a los realistas, Heredia se desempeñó al frente de una de las partidas de avanzada y fue protagonista de innumerables acciones.

Su meritorio comportamiento en esos y otros encuentros posteriores —Puesto del Marqués, Venta y Media, Sipe-Sipe— le otorgó gran prestigio, a tal punto que en 1816 el Congreso de Tucumán lo envió como interventor a La Rioja, agitada por un grave pleito  intornacional.

Cuatro  años  después,  cuando el Ejército del Norte marchaba aBuenos Aires para reprimir a los caudillos federales del Litoral por orden del director supremo Rondeau, el «Indio» compartió con José María Paz y Juan Bautista Bustos la responsabilidad de sublevar y dispersar el ejército en Arequito, privando así  de apoyo  al  gobierno.

En 1821  intervino al frenta una columna salteña en el conflicto que inflamó Salta, Tucumán, Catamarca y Santiago del Estero , pero luego se mantuvo alejado de los  acontecimientos.

Su figura resurgió en 1824, cuando Tucumán lo eligió  diputado ante el  Congreso General Constituyente reunido Buenos Aires,  aunque  no se cumbró   definitivamente   sobre el panorama   norteño   hasta  varios años después, en el marco de enfrentamientos entre la Liga Unitaria —acaudillada por Paz,   y fuerte en el interior— y la Liga Federal,   cuyos  principales  jefes eran el  santafesino   Estanislao  López y Juan Manuel de Rosas y Facundo Quiroga.

En   noviembre   de   1831 Lamadrid, comandante de las fuerzas unitarias luego del apresamiento de Paz, fue derrotado por Quiroga en La Ciudadela, y el poderío unitario se desmoronó en toda la región. 

  Consecuencia directa del predominio federal   resultante fue la consagración de Heredia como gobernador,   el   11   de   enero   de 1832.

«El  Gobierno  no conocerá más enemigos que los vagabundos y ociosos,  los demás ciudadanos cualesquiera que  hayan sido sus opiniones políticas descansarán al abrigo de las leyes», aseguró en su proclama inaugural.

La tolerancia preconizada en ese mensaje se reflejó después en varios hechos concretos, como el de permitir el regreso a la provincia de exiliados unitarios.

Javier  y   Ángel   López —tío y sobrino, respectivamente— fueron   quienes   más   pusieron   a prueba la paciencia de Heredia, ya que intentaron deponerlo en varias oportunidades,   hasta  que el   «Indio», que en una ocasión anterior los había indultado, los tomó prisioneros y los fusiló «porque no he encontrado un punto seguro en la tierra que en lo sucesivo (no) continúen haciendo males», según expresó en una carta que escribió a Marcos Paz.

Con todo, y a pesar del encono propio de los enfrentamientos de la época, Heredia no incurrió en los excesos habituales entonces.

A ello cabe agregar una labor de gobierno basada en el fomento de la ganadería, el establecimiento de curtiembres, el cultivo de la caña de azúcar, la destilación de aguardiente y —entre otras cosas— un decidido impulso a la educación pública.

Durante su gestión se fundaron 14 escuelas y se prohibió terminantemente la pena de azotes/ en los establecimientos educativos,   método  frecuente   por  esos años.

Varios talentosos jóvenes tucumanos recibieron también la protección y el apoyo de Heredia, entre ellos Marco Avellaneda, Marcos Paz y Juan Bautista Alberdi.

Como el «Indio» era el más firme puntal del federalismo en el Norte, intervino repetidamente en las provincias  vecinas  para  asegurar el predominio de la divisa punzó; estos antecedentes militares sirvieron para que Rosas le encomendara la dirección de la guerra que estalló en  1837  contra la Confederación Peruano-Boliviana acaudillada por el mariscal Santa Cruz, quien apoyaba abiertamente a los unitarios y abrigaba intenciones anexionistas con respecto a Jujuy y Salta.

Aunque la integridad territorial argentina no sufrió mengua, el prestigio de Heredia quedó disminuido. Aun  así,   nada  hacía  suponer  su trágico fin; el 12 de noviembre de 1838, cuando se dirigía a su estancia de Monteros, fue sorprendido por una partida y muerto a tiros por el comandante Gabino Robles.

Los  móviles del  asesinato  nunca se establecieron con precisión, pero entre las evidencias históricas documentales figura la significativa actitud que adoptó el 30 de mayo de 1840 la Sala de Representantes de Tucumán, bajo la presidencia  de   Marco  Avellaneda,   al sobreseer a los autores del hecho calificándolo como «homicidio que restituyó a las provincias del Norte sus libertades ya cada uno de los ciudadanos las garantías que les había arrebatado un gobierno despótico y que debía su origen a la fuerza».

La copla popular, por su parte, difundía por la provincia un mensaje de distinto signo: «No era malo el Indio Heredia, / que sabía perdonar, / que lo diga si no Alberdi, / que lo diga Marcos Paz, / y hasta el propio Avellaneda / lo podría atestiguar».

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

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