Pedro de Mendoza

Primeras Exploraciones Geograficas en Argentina y Mapas

Primeras Exploraciones Geográficas en Argentina – Cartografía – Primeros Mapas

Durante el curso de tres siglos de dominio español, es decir, desde el siglo XVI hasta comienzos del XIX, se lleva a cabo la exploración, la conquista y más tarde, con la llegada de don Pedro de Mendoza, la colonización del actual territorio que hoy forma la República Argentina, durante la cual se realizan innovaciones de orden político, social, económico y cultural.

En este amplio período se acrecienta el acervo cultural, ya sea mediante exploraciones científicas, ya sea como fruto de investigaciones personales.

Las expediciones gográficas dan a conocer nuevas tierras; las crónicas acrecientan el saber histórico; el conocimiento del hombre americano, con su religión, lenguas y costumbres, enriquece la etnografía y la lingüística; pero es en el campo de las ciencias naturales, con el estudio de la gea, la flora y la fauna, donde la cosecha es más abundante, como lo veremos en este capítulo de apretada síntesis.

LA EXPLORACIÓN GEOGRÁFICA
LAS PRIMERAS EXPLORACIONES EN EL TERRITORIO ARGENTINO.

El descubrimiento de América significó un gran incremento de los conocimientos geográficos: inmensas regiones terrestres desconocidas hasta entonces entran en la órbita de la civilización occidental. Nuevos e ilimitados horizontes se abren a los científicos europeos en todos los órdenes del saber humano.

La geografía, la cartografía, la antropología y las ciencias naturales reciben un nuevo impulso Sabemos que al constituirse la Casa de Contratación, en 1503, para atender al comercio ultramarino, se constituye también en centro científico: se crean cátedras de matemáticas, cosmografía y navegación, y se recopilan memorias, relaciones, planos geográficos, de acuerdo a los datos suministrados por exploradores y navegantes, y de este modo se mantiene al día el mapa oficial.

El descubrimiento de las costas del Brasil, en 1500, por Pedro Alvarez Cabral, determinó a España hacia la exploración de las regiones situadas al sur que le correspondían según el Tratado de Tordesillas.

Se encomendó esta misión al piloto mayor Juan Díaz de Solis, que encontró la muerte después de descubrir, en 1516, el gran estuario que más tarde se bautizó como Río de la Plata, pues según versiones indígenas conducía a una fantástica Sierra de la Plata donde abundaban los metales preciosos.

Tres años más tarde salió otra expedición de España bajo la dirección de Magallanes, con la finalidad de continuar la obra de Solís.

En 1520 las naves llegaron a las regiones del Plata, y siguiendo al sur, por primera vez, reconocen y exploran las costas patagónicas, donde tiene lugar el encuentro con los habitantes de la región: los patagones

Pasado el invierno en la bahía de San Julián, sigue hacia el sur, descubriendo a fines de 1520 la comunicación entre los dos océanos.

Dos de los integrantes de los escasos sobrevivientes de la expedición documentaron por escrito las peripecias de este célebre viaje: el piloto Francisco Albo, en su Diario, y Antonio Pigafetta, en las Noticias del Nuevo Mundo.

Una nueva expedición salida de España en 1526, encabezada por Sebastián Caboto, remonta el río Paraná, y después de reconocer sus costas, funda, en 1527, el fuerte de Sancti Spiritu, primera fundación española en el territorio argentino.

Sigue después río arriba hasta llegar a la confluencia del Paraguay con el Pilcomayo, pero la destrucción del fuerte hacia fines de 1529 le obliga a volver a España. Años más tarde publicó un mapa donde señala detalladamente los afluentes del Paraná recorridos personalmente por él.

Con el viaje de don Pedro de Mendoza se inicia la colonización de las nuevas tierras descubiertas. En 1536 funda, en la orilla derecha del vasto estuario del Río de la Plata, la ciudad «Puerto de Buenos Aires», que es abandonada cinco años más tarde, después de toda suerte de privaciones; sus pobladores fueron trasladados a la Asunción.

Los detalles de esta expedición fueron consignados por el cronista Ulrico Schmidel en el interesante libro aparecido en 1567 con el título Derrotero y viaje a España y las Indias (1534-1554).

La segunda mitad del siglo XVI fue de descubrimientos y fundación de ciudades en el interior, siguiendo un derrotero inverso al de los navegantes españoles entrados por el este.

Estos fundan Santa Fe (1573), Buenos Aires por segunda vez (1580) y Corrientes (1588). La expedición colonizadora del norte da origen a Santiago del Estero (1553), Tucumán (1565), Córdoba (1573) y Jujuy (1593). Por su parte, la corriente del oeste, originaria de Chile, asienta las ciudades de Mendoza (1561), San Juan (1562), La Rioja (1591) y San Luis (1593).

El emplazamiento de estas y otras muchas ciudades fue tan acertadamente ubicado, que aún conservan su situación geográfica después de más de cuatro siglos de fundadas.

LA CARTOGRAFIA JESUITA. La llegada de los jesuías al país, en 1585, marcó entre nosotros un aporte valiosísimo en las ciencias geográficas.

Viajeros infatigables, estos celosos misioneros, con el fin de establecer la civilización cristiana, recorrieron el país casi durante dos siglos en todo sentido quedando la vida de no pocos de estos preclaros varones tronchada en medio de selvas y bosques.

Fruto de estas correrías apostólicas son los innumerables trabajos científicos que en todo orden nos dejaron en obras de divulgación y en valiosa cartografía, que permitió un mejor conocimiento geográfico de las actuales repúblicas rioplatenses.

De aquí que Estrada haya podido decir, con toda razón, de los jesuítas, estas justicieras palabras: «viajeros infatigables abrían sin cesar a las ciencias campos para sus explotaciones: la geografía, la lingüística, la botánica y la historia les deben en América sus primeros rudimentos, incontrovertible blasón que hace glorioso su nombre en los anales de nuestra historia».

Siendo muy complicado seguir el itinerario de todas estas arriesgadas expediciones que desde 1585 hasta 1767 realizaron los jesuítas en nuestro territorio, nos limitaremos a señalar las más importantes, por respectivas zonas.

En la región norteña abren la serie de estas exploraciones recorriendo el río Bermejo los PP. Alonso Barzana, Francisco Ángulo y Tomás Fields. Por su parte, en 1721, los PP. Gabriel Patino y Lucas-Rodríguez exploran el desconocido río Pilcomayo y dejan dilucidado que su curso es diverso del río Bermejo.

El célebre P. Antonio Ruiz de Montoya, después de recorres.- varias veces toda Ta región chaqueña, nos lega una interesant« carta geográfica de estas regiones. El P. Pedro Lozano publica su obra fundamental Descripción Chorographica del Gran Chaco Gualamba en la que incluye un hermoso mapa del P. Antonio Machoni y el P. José Jolís, a su vez, es el autor de Saggio sulla historia naturale della provincia del Gran Chaco, de la que sólo se publicó el primer tomo, en el que se inserta un mapa chaqueño del P. Joaquín Camaño, el más científico, que nos legó la época colonial.

El jesuíta austríaco P. Martín Dobrizhoffer, después de estudiar minuciosamente las costumbres de los indios chaqueños, estampa sus observaciones en Historia de Abipónibus y nos traza un mapa, admirable por su justeza, de las regiones rioplaténses.

primeros mapas de argentina
Mapa de Argentina, Paraguay y Uruguay, año 1734, confeccionado por
P. Martín Dobrizhoffer

Finalmente, el polígrafo P. Sánchez Labrador nos dejó en veinte gruesos volúmenes variados y meticulosos conocimientos geográficos relativos a vastas regiones; tres de estos volúmenes han sido dados a luz por el Museo de La Plata.

En la zona andinopatagónica abrió la serie de exploradores, hacia 1670, el intrépido P. Nicolás Mascardi, recorriendo la región surcordillerana en demanda del estrecho de Magallanes; murió heroicamente a orillas de los grandes lagos del Sur.

Alcanza la confluencia de los océanos el P. José García, que después de salir desde la isla Chiloé bajó hasta Tierra del Fuego. En sus atrevidos viajes, el P. José Cardiel recorre varias veces desde Guaira hasta cerca de Bahía Blanca, dejándonos sus impresiones en diez interesantes cartas geográficas de gran valor.

Al lado de este incansable viajero debemos mencionar al jesuíta P. Tomás Falkner, que después de cruzar el sur varias veces y en distintas direcciones , nos dejó consignado el fruto de sus correrías en una excelente obra titulada Descripción de la Patagonia y partes adyacentes.

Le cupo, además, la gloria de ser el primer descubridor de restos fósiles de grandes vertebrados, y en particular de un caparazón de gliptodonte a orillas del río Carcarañá, en 1760.

Cerramos esta interesante reseña geográfica haciendo alusión a las Cartas Anuas , que bajo un título tan poco expresivo, son, sin embargo, una mina de vadosísimas informaciones geográficas y un caudal de primer orden sobre fauna, flora, productos indígenas y comercio de nuestras primitivas poblaciones.

Otras expediciones hubo por esta época, que citaremos por orden cronológico: la del P. Quiroga, la Comisión de Límites, la expedición de Villarino y la organizada por Malaspina.

Por orden de S. M., en 1745, el P. José Quiroga emprendió una expedición para explorar las costas patagónicas. Acompañaban al jefe de esta empresa marítima los PP. José Cardiel y Matías Strobel, llevando todos una colección de instrumentos medidores.

Llegados a su destino en la fragata «San Antonio», los tres eximios geógrafos jesuítas reconocieron las tierras patagónicas a costa de ingentes sacrificios.

Años más tarde, Quiroga y Cardiel escribieron sendas relaciones de suma importancia, y el primero, además, compuso un magnífico mapa que ha sido reeditado últimamente por la Universidad de Buenos Aires.

Consecuencia del tratado de San Ildefonso, firmado en 1777 entre España y Portugal, fue la creación de cuatro comisiones demarcadoras de límites, formadas por un grupo selecto de matemáticos y hombres de ciencia, los cuales llegaron a estas tierras años después munidos de abundante y moderno instrumental astronómico.

La índole misma de sus trabajos produjo un manifiesto progreso en los conocimientos geográficos y cartográficos. Entre los miembros de estas Comisiones cabe destacar al perito español Félix de Azara, naturalista y geógrafo, que después de cumplida su misión permaneció veinte años en el país recorriendo el Plata.

Fruto de sus estudios, en el orden geográfico, fueron sus memorias: Voy age dans l’Amerique meridionale y Descripción e historia del Paraguay y Río de ta Plata.

Las constantes amenazas inglesas a las costas de la Patagonia determinó al virrey Vértiz, en 1782, a mandar una expedición a esas tierras para establecer algunos fuertes.

Responsables de estas exploraciones fueron el piloto Basilio Vilariño y los hermanos Francisco, Antonio y Andrés Viedma, que fueron los primeros en navegar el río Negro realizando estudios sobre los indios patagones y araucanos.

Pero la expedición mejor científicamente organizada fue la de Alejandro Malaspina (1789-1794), que salió de Montevideo con las corbetas «Descubierta» y «Atrevida»}con objeto de hacer estudios de oceanografía, climatología, geología, flora y fauna, Después de costear la parte sur de Patagonia pasó a las Malvinas, para volver a Tierra del Fuego y doblar el cabo de Hornos.

En Valparaíso se le incorporó el naturalista húngaro Tadeo Haenke, en 1790, que cruzó el continente por haber perdido la expedición en Montevideo.

Costeando Perú y México, los viajeros tomaron rumbo al oeste, visitando las islas Marianas, Filipinas y Nueva Zelandia, para volver a Callao y de aquí nuevamente a España, vía Pacífico, mientras que Haenke lo hacía a Buenos Aires atravesando nuevamente el Virreinato.

Sus conocimientos geográficos los condensó en la publicación Descripción del Perú, Buenos Aires, etc., de los que en 1943 se publicó el fragmento relativo a la Argentina. Regresado a América, Haenke se radicó en Cochabamba, donde fue designado «profesor de Ciencias Naturales», según veremos más adelante.

RELATOS DE VIAJEROS. De algunos de los viajeros que recorrieron las regiones argentinas durante los siglos XVII y XVIII, ya en espíritu de aventura, ya en busca de fortuna, son interesantes los datos de carácter geográfico, etnográfico o histórico que registran sus relatos.

En 1599 divisó Buenos Aires, cuando aún no tenía veinte años de fundada, el piloto Enrique Ottsen, y dejó estampadas sus impresiones en el libro Un buque holandés en América del Sur .

A mediados del siglo XVII desembarcó en Buenos Aires el navegante Acárette du Biscay, y dejó de la ciudad una interesante descripción: Voyage up the River de la Plata, conocida entre nosotros con el título de Relación de los viajes de Monsier Ascárate du Biscay al Río de la Plata, y desde aquí por tierra hasta el Perú con observaciones sobre estos países.

Uno de los relatos más curiosos escritos durante la época colonial es el titulado Lazarillo de ciegos caminantes, editado en Lima en 1773.

Contiene datos interesantes sobre los lugares recorridos por su autor, que parecen ser no del indio Concolorcorvo (con color corvo), sino del propio don Alonso Carrió, comisionado a Lima «para el arreglo de correos y estafetas, situación y ajuste de postas desde Montevideo».

Como consecuencia de sus observaciones, algunas veces cáusticas, del régimen colonial, el comisionado prefirió atribuir el libro a su acompañante.

Son dignas de ser mencionadas también: las memorias de don Félix de Azaran perito en la Comisión de Límites, que en su Voyage dans Amérique Méridionale («Viaje en la América Meridional») trae en su último capítulo una reseña histórica de la conquista.

Con motivo de las invasiones inglesas aparecieron en Gran Bretaña varios libros sobre el régimen del Plata, entre otros el del comerciante Samuel Hull Wilcocke, editado en 1807 con el título de Historia del Virreinato de Buenos Aires, en donde, además de la descripción geográfica del país, trae datos sobre su flora y su fauna; el del mayor Alejandro Gillespie, aparecido en 1818, se titula Buenos Aires y el interior: observaciones reunidas durante una larga residencia (1806-1807).

Este autor, que tomó parte en las invasiones inglesas y, hecho prisionero, fuera después confinado en varios puntos del interior del país, describe en su obra, interesantes observaciones de carácter histórico, social y económico. Se tradujo al castellano en 1921.

Fuente Consultada: HISTORIA DE LA CULTURA ARGENTINA de Francisco Arriola Editorial Stella

BIOGRAFIAS PARA INFORMARSE:
Biografia de Francisco I Sforza
Biografia de Cosme de Medicis
Biografia de Federico de Montefeltro
Biografia de Fra Angelico
Biografia de Ludovico Sforza
Biografia Andrea del Verrocchio
Biografia della Pico de la Mirandola
Biografia de Filipino Lippi

Primeros Pueblos Que Habitaron México

Primeros Pueblos Que Habitaron México

EL HOMBRE LLEGA A AMÉRICA:

Los primeros habitantes de Mesoamérica (la región situada entre los Estados Unidos y Honduras), cuyos precursores habían llegado al continente por el estrecho de Bering avanzaron hacia el sur hace unos 20000 años. Unos 3000 antes de nuestra era empezaron a cultivar maíz y 500 años después habían establecido asentamientos.

ProntO se dividieron en diversas culturaS locales, con algunas características comunes que mantendrían en el futuro: pirámides escalonadas, juegos de pelota, y un panteón de divinidades semejantes a las que sacrificaban seres humanos.

antiguo mapa de los pueblos de mexico

Época preclásica (1700 a. C. hasta el año 0). En este período, distintos yacimientos del altiplano de México (El Arbolillo, Tlatilco, Cuicuilco, Ticomán, etc.) presentan ya graciosas estatuillas femeninas y también la primera pirámide redonda, como de 20 m. de alto (Cuicuilco), cuya construcción presupone una sociedad organizada.

Los olmecas fueron los creadores de la primera gran cultura. Brotó en la costa del golfo de México (Veracruz y Tabasco), tenía ya ciertas representaciones de dioses y rudimentos de calendario y escritura, y se la considera como un estadio primitivo de las ulteriores culturas zapotecaymaya. En Tres Zapotes y La Venta tenemos los ejemplos más destacados de su arte: los niños jaguar de barro y las incomparables cabezas olmecas de basalto de casi 3 metros de altura.

Época clásica (0 al 900 d. C). Tres culturas maduran en la época clásica:

a) la de Teotihuacán, gran ciudad fundada 100 añosa. C. a unos 40km al norte del México de hoy. Su población dominó en el altiplano hasta el año 650 y se relacionó con otros muchos centros de Mesoamérica. Fue saqueada y destruida hacia el 750 d. C.

b) la de los zapotecos, que vivieron más al sur, en el valle de Oaxaca. Su centro ceremonial más importante es Monte Albán. La famosa tumba n° 7 acusa ya el predominio de los mixtecas, procedentes del norte. El segundo centro ceremonial de los zapotecas mixtecas es Mida. Todavía se habla allí en zapoteca;

c) la de los mayas.

Tiene importancia también Tajín, testimonio de una cultura clásica desconocida todavía. Es única en México su pirámide de nichos e impresionan sus caras sonrientes (cabezas deformadas, con dientes limados).

Época posclásica (900-1521). En los siglos X al XII, los toltecas del norte, dominan casi todo el centro de México. Fundaron la importante ciudad de Tula. Agresivos y grandes arquitectos, influyeron en el arte y la cultura hasta el Yucatán, la región de los mayas. Tula fue destruida en 1168 por los chichimecas (otros bárbaros del norte). Los toltecas son el primer pueblo mencionado en las crónicas prehispánicas.

Los chichimecas, un grupo de tribus bárbaras, fundaron primero Tenayuca y después Texcoco. Al principio predominaron los tepanecas, que fundaron Azcapotzalco. Los aztecas eran sus tributarios. Al ocupar el poder azteca Itzacoatl (1427-1440) se fundaron las bases del imperio azteca y se constituyó una alianza de Tenochtitlán, Texcoco, Cuantitlán y Huexotzinco contra los tepanecas.

Los desplazaron en 1428 y en 50 años se adueñaron de una zona que llegaba hasta Guatemala. Su capital, Tenochtitlán, era una ciudad flotante construida en medio del lago Texcoco. El último de sus soberanos, Cuauhtemoc (1520-1525) pereció en el choque histórico de su imperio frente a Hernán Cortés.

vida de los aztecas

Esta página del Códice Mendocino nos pinta detalles de la educación azteca: se inicia a un niño en la vida doméstica y sus diversas actividades. Se exponen también los castigos correspondientes, aunque están representados con más crueldad de la correspondiente a la realidad cotidiana.

Fuente Consultada:
Tras Las Huellas de Nuestro Pasado Kurt Benesch
La Aventura de la Arqueología Editorial Círculo de Lectores

Musica Nativa «Yaraví» Música de los Aborígenes Argentinos

Aborígenes Argentinos: Música Nativa El «Yaraví»

El «yaraví» parece ser la forma viviente de la expresión musical, originaria, genuina, hija de la sangre y del alma indígena, que cantaron por sus dulces y penetrantes acentos, los íntimos, los incurables dolores de una raza que al nacer a los esplendores de la vida y de la civilización, fue herida de muerte por la ruda e irreparable conquista, sujeción y servidumbre.

Lo cantaba el indio «yanacona», el «mitimae» y el «chasqui», en las soledades de sus labores, correrías y viajes a través de las montañas, cuando semejantes a Mercurios de una mitología primitiva, calzaban su «ushuta» invulnerable para volar sobre los agudos cerros, lo mismo que por los grandes caminos, conduciendo los reales mensajes a los extremos del inmenso imperio.

musica nativa argentina

Imaginaos un mundo en la juventud, de bosques ilimitados y de montañas inmensurables, poblado por los rumores de una naturaleza virgen y desbordante de vida, y en medio de ellos los hondos lamentos de esas almas sencillas y dolorosos, que arrullaban las noches y las siestas con los desgarradores cantos de sus voces, o las íntimas vibraciones de la «quena» misteriosa y sacra, que, como ningún instrumento conocido, arrancó y gimió con sus propios acentos aquellas indecibles dolencias.

El «yaraví» es la canción inmortal del alma indígena, que vivirá mientras una gota de sangre americana corra por las venas de estos pueblos; que sobrevivirá a la propia raza de que fuera eco íntimo e innato, porque es como su espíritu mismo, superviviente a la gran catástrofe, y seguirá resonando entre los follajes de nuestras selvas aunque sus cantores desaparezcan, porque la canción, como el alma que la exhala, no perece jamás.

Es la canción de América, y desde los primeros días de la conquista cautivó el corazón de los dominadores,   que  la  estudiaron  con  amor,   la  escribieron, la tradujeron y la imitaron. Como la voz humana tiene su órgano inconfundible, el «yaraví» nació con su instrumento, la quena. Cuando la intensidad del dolor hacía imposible la palabra, la quena lo decía todo. No en vano ha nacido la leyenda de que las primeras quenas fueron construidas de la tibia humana, que ninguna madera ni caña de tierra pudieron igualar en dulzura y en melancolía, cual si todas las «lágrimas de las cosas» se trasmitieran al mundo espiritual por ese frágil trozo de hueso del esqueleto humano.

Las trasformaciones operadas en la música indígena por la de los conquistadores y dominadores de tres siglos, hasta implantar en América la suya propia, con variantes a veces sensibles, no han logrado borrar del espíritu popular la huella profunda del «yaraví», que sigue imperando en las regiones paternas y originarias, aun bajo otros nombres y que a nuestro país ha llegado revestido con las formas y los tonos de la «vidalita» montañesa, hermana del «triste» llanero, pampeano o rioplatense, realizando así la simpatía sentimental del pasado con el presente y entre las más apartadas regiones de la tierra patria.

JOAQUÍN V. GONZÁLEZ

Las Colonias Francesas en Norteamérica Colonizacion

LA COLONIZACIÓN DE FRANCIA EN AMÉRICA DEL NORTE

Despúes de las terribles Guerras de Religión, el reinado reparador de Enrique IV volvió a ranudar las tentativas ed colonización en esta Nueva Francia, que Rovelvano había conseguido establizar por largo tiempo. Primero Richeliue y despúes Colbert continuaron la obra iniciada por Samuel Champlain, verdadero fundador del Canadá.

Enviado por una compañía mercantil instala en 1604 el primer grupo de colonos, funda Quebec en 1608 (en el mismo momento en que la colonia de John Smith comenzaba a organizarse en Virginia) y, durante ocho años, lo mismo en París que en la Nueva Francia, vela por el desarrollo de su obra.

Practica una política de alianza con los hurones y los algonquinos, contra sus enemigos los iraqueses, sostenidos por los ingleses, lo que arrastra a los colonos, poco numerosos (no llegaban a 2.000 en el año 1660), a interminables guerras indias. En el transcurso del conflicto contra Inglaterra, a la que apoyaban los protestantes de la Rochela, Quebec fue tomada por los ingleses y restituida en el año 1632. Richelieu y Colbert querían hacer del Canadá una provincia próspera que les abasteciera de ganado, de madera de construcción, de navios. Agricultores y ganaderos se instalaron a lo largo del San Lorenzo.

El rey de Francia estimaba, contrariamente a los británicos, que los protestantes no debían establecerse en la colonia (temiendo que, siendo demasiado numerosos, hiciesen secesión para unirse a sus correligionarios anglosajones). Después de la revocación del Edicto de Nantes, millares de hugonotes emigraron a Holanda y a Inglaterra, en lugar de aportar su trabajo y sus capitales al Canadá.

Desde el principio, la Iglesia Católica fue allí muy influyente; sobre todo, después de la muerte de Champlain, el obispo y el superior de los jesuítas se sentaban a ambos lados del gobernador en el consejo de la colonia. Los misioneros recibieron inmensas concesiones. El cierre del país a los protestantes y la primacía concedida a la pequeña nobleza de Bretaña y Normandía, que trasplantaron un sistema señorial y feudal arcaico, desalentaron a muchos emigrantes.

Al lado de los agricultores, otros colonos aventureros se hicieron «corredores de los bosques», penetrando hacia el interior para comprar pieles (de castor, de zorro) a los indios; y sus canoas cargadas de pieles se reunían todos los años en Montreal. En el año 1663, la Carta de la Compañía de la Nueva Francia fue revocada y la colonia devuelta al dominio real.

Ocupación francesa de Carolina—Miniaturas ejecutadas en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia»—Reproducidas con la autorización del Servicio Hidrográfico de la Marina, París.

EL PADRE MARQUETTE. CAVELÍER DE LA SALLE EL MISSISSIPI
El conde de Frontenac fue el primer gran gobernador enviado por Francia (1672-1682). Dio un vivo impulso a los viajes de descubrimiento a lo largo de las corrientes fluviales, tan importante desde el punto de vista estratégico y económico.

El jesuíta padre Marquette y Luis Joliet exploraron en una canoa el Wisconsin y fueron arrastrados hasta el Mississipí, comprobando entonces que el gran río no iba hacia el Oeste, sino hacia el Sur; después de haber alcanzado la confluencia del Arkansas, volvieron por el Illinois y la región de Chicago (1673). Un alumno de los jesuítas, Cavelier de la Salle, preparó cuidadosamente una expedición con la finalidad de bajar por el Mississipí hasta el mar. Con el caballero de Touty y el padre Hennepin, sale de Quebec en 1676 y, cruzando los Grandes Lagos y el Illinois, alcanza el río y levanta los dos fuertes de Crévecoeur y de San Luis.

En 1682, construye otro fuerte en la confluencia del Ohío, toma posesión del Arkansas y desemboca por fin en el inmenso Golfo de México, bautizando el nuevo descubrimiento con el nombre de Luisiana en honor de Luis XIV, y haciendo alianza con los indios natchez. Tardó año y medio en llegar de vuelta al Canadá.

De regreso en Francia, volvió a partir para llegar por mar a la desembocadura del Mississipí, pero erró en vano a lo largo del Golfo sin llegar a conseguirlo. Fue miserablemente asesinado a consecuencia de un motín de sus hombres (1627). Hasta comienzos del siglo XVIII no comenzó Luisiana a organizarse con la fundación de Nueva Orleáns (1718). Así, entre las colonias inglesas del Este y el interior del país, se interponían vastos territorios franceses jalonados por los fuertes de los Grandes Lagos, del Ohío y del Míssissipi.

Por otra parte, los franceses se habían instalado, a partir de 1635, en las islas de las Antillas, que los españoles habían descuidado: Martinica, Guadalupe, Santo Domingo, Santa Cruz, etc. Plantaciones de azúcar, de tabaco, de café, etc., se establecieron en ellas a fines del siglo, gracias a la mano de obra negra. Había en las «Islas» más de 50.000 esclavos, tratados con brutalidad y despreciados a pesar del «código negro» que había promulgado Colbert en 1685. Entre tanto, las colonias inglesas no habían cesado de crecer, mucho más rápidamente que el Canadá francés.

El Canadá tardó en poblarse por la falta de inmigrantes. En 1663 no contaba nada más que con 2.500 franceses, de los cuales 800 se hallaban instalados en Quebec. Campesinos y burgueses rehusaron expatriarse a un país que les parecía un desierto. Los primeros en llegar son los «comprometidos». «Entre la gente honesta viene terrible gentuza», apunta en 1642 María Guyard, primera superiora de las Ursulinas de Quebec.

EL DESENVOLVIMIENTO DEL SUR: MARYLAND Y CAROLINAS
Sir Georges Calvert era un gentilhombre católico amigo del rey Carlos I que no podía confiarle altas responsabilidades en Inglaterra a causa de su religión. En el año 1629, el rey le concedió el título de Lord Baltimore y le otorgó en propiedad las tierras que se extendían desde el norte del Potomac hasta los límites de la Nueva Inglaterra (aproximadamente, en la latitud de la futura Filadelfia).

El hijo de Lord Baltimore bautizó la región con el nombre de Maryland en honor de la reina Enriqueta María, esposa del rey de Inglaterra Carlos I, y emprendió la tarea de mejorar el dominio legado por su padre, que murió prematuramente.

Los primeros colonos llegaron en 1634. Cecil Calvert, soberano feudal, jefe tanto de la administración como de las fuerzas armadas, dio tierras a todos los gentileshombres que llevaran con ellos por lo menos cinco hombres; trató de mantener un buen entendimiento entre católicos y protestantes, lo que no siempre fue fácil después de la guerra civil en Inglaterra, donde los puritanos eran cada vez más influyentes; en 1649, fue votada un Acta de Tolerancia por la asamblea de colonos, la cual garantizaba la libertad de conciencia para todos aquellos que creían en Jesucristo.

Calvert tuvo, igualmente, muchas dificultades con los virginianos, que miraban a las gentes de Maryland como intrusos dentro de sus territorios. En el trascurso de la dictadura de Cromwell, Lord Baltimore fue privado de su gobierno y dominaron los puritanos; pero volvió a recuperar todos sus derechos después de la restauración de los Estuardos, en el año 1660.

La revolución de 1688 y el advenimiento de Guillermo III de Orange tuvieron importantes consecuencias: Lord Baltimore tuvo que convertirse al protestantismo para conservar la propiedad de sus tierras, y a la Iglesia Católica le fue prohibido celebrar públicamente sus ceremonias. La capitalidad pasó de Saint Mary’s City a la ciudad protestante de Annapolis y, en lo sucesivo, la corona de Inglaterra controlaría el gobierno. Inspirándose en el ejemplo de su padre, Carlos II quiso recompensar a los fieles que le habían ayudado a reconquistar su trono después de la muerte de Cromwell, tales como Monk, Clarendon, Carteret, etc., y les dio territorios al sur de Virginia, los cuales fueron bautizados con el nombre de Carolina en homenaje al rey y muy pronto divididos en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Estos aristócratas pidieron al célebre John Locke (1669) que redactara una Constitución para sus Estados en la que se establecía una verdadera servidumbre ¡mientras tantas tierras estaban libres! Las Carolinas pasaron a ser colonias de la corona en 1729. Lord Berkeley y Sir Georges Carteret obtuvieron una región entre el Hudson y el Delaware, a la que llamaron Nueva Jersey, donde fueron fundadas Newark y Elisabethtown. Nueva Jersey pasó a la corona en el año 1702.

Los franceses de Canadá están agrupados en tres poblaciones principales: Quebec, Trois Riviéres y Montreal. En Quebec tenían su sede las casas comerciales que mantenían relaciones con los puertos franceses. Los negociantes de Quebec habitaban de forma permanente en la ciudad.

En cambio, en Montreal tenían su base de operaciones los comerciantes nómadas que recorrían el país en busca de mercancías -pieles, especialmente- para enviar a la metrópoli. Una red de fuertes, a la vez puestos militares y factorías comerciales, fue construida por los franceses a partir de 1675. Junto a la orilla oriental del lago Ontario se levantaba el fuerte Frontenac, avanzadilla francesa en los territorios de los iroqueses, los indígenas que habitaban aquellas tierras.

Entre los lagos Erie y Ontario estaba el fuerte Niágara; entre el lago Erie y el Michigan, el fuerte de San José de los Miamis, y en la confluencia de los lagos Superior, Michigan y Hurón se alzaba el fuerte Michillimackinac. De esta manera, la región de los Lagos quedó sometida a la dominación de los franceses.

En 1682 la población dé Canadá abarcaba 12.000 colonos, entre los que vivían más de un millar de indios. Uno de estos colonos, René-Robert Cavelier, señor de La Salle, conseguiría aumentar las posesiones de Luis XIV con una nueva colonia: Luisiana.

Ver: Fundación de New York

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

La Colonización en Norteamérica Virginia La Primera Colonia

También comenzó por un fracaso la primera tentativa de colonización inglesa en América del Norte. Este fracaso estaba relacionado con el conflicto que enfrentaba la España de Felipe II a la Inglaterra de Isabel I. Antes que la guerra abierta desembocara en el famoso desastre de la Armada Invencible (1588), corsarios como Hawkins y Drake atacaban a los galeones que transportaban el oro de las colonias españolas.

Sir Richard Hakluyt, gran cronista de las exploraciones, preconizaba el establecimiento de fuertes en la costa este de América, para servir de base contra las rutas marítimas de España. Sir Humphrey Gilbert obtuvo una autorización de la Reina para ocupar aquellos «países paganos que no fuesen aún posesiones de otros príncipes cristianos». Junto a las preocupaciones guerreras, la religión desempeñaba su papel: conversión de los paganos, nostalgia de un Edén, de una tierra virgen en la que nadie había vivido todavía.

El hermanastro de Sir Gilbert, Walter Raleigh, uno de los favoritos de Isabel, envió varios navios que descubrieron en 1584 la isla de Roanoke (en la costa de la actual Carolina del Norte). Después de la primera tentativa, más de cien colonos se instalaron en la isla bautizada con el nombre de Virginia en honor de la «reina virgen» (1587).

Walter Raleigh

Walter Raleigh

Cuatro años más tarde, no se encontró ni la huella de estos desgraciados, víctimas sin duda de las epidemias, del hambre y de las matanzas. Pero el sueño de Virginia perduraba tenaz: esta América del Norte subtropical podía ser un nuevo Eldorado.

En 1606, la Compañía de Londres, administrada por un Consejo de Virginia, empresa privada bajo intervención real, envió tres navios y ciento cuarenta y tres colonos. La flota entró en la bahía de Chesapeake, remontó un rió que fue bautizado con el nombre de James, en honor del Rey, así como el establecimiento de Jamestown.

La expedición tenía como finalidad construir una flota mercante, propagar la Biblia, comerciar y buscar oro. Se trataba, igualmente, de establecer una colonia protestante inglesa para oponerse a una expansión española hacia el Norte, a partir de Florida. Los primeros años fueros terribles y el jefe, John Smith, evitó un desastre gracias a su energía. En el año 1610, no quedaban más que sesenta supervivientes dispuestos a abandonar su empresa, cuando llegó una flota de refuerzo con un nuevo gobernador, Lord de la Warr.

John Smith

En 1612, John Rolfe, célebre por su matrimonio con Pocahontas, la hija de un jefe indio, plantó tabaco importado de las Antillas, pero los progresos fueron lentos, por falta de mano de obra, hasta que en 1629 se introdujeron los primeros esclavos negros.

Pocahontas

Pocahontas y su hijo

Al lado del gobernador, los colonos constituyeron una asamblea para que les representara. Pero fueron diezmados por una terrible matanza en 1622; dos años más tarde, la carta de la Compañía fue revocada y Virginia pasó a ser colonia real. Sin embargo, Virginia no era ya el único establecimiento inglés, pues el «Mayflower» había atracado, en septiembre de 1620, más al norte, en la bahía del Cabo Cod.

EL «MAYFLOWER» Y   LA COLONIA DE MASSACHUSSETS
Otra América va a nacer y a desenvolverse en esta «Nueva Inglaterra», diferente de Virginia no solamente por el clima, sino por su origen y sus tradiciones.

Los virginianos eran comerciantes y colonos instalados bajo patrocinio real. Los «Padres Peregrinos» del «Mayflover» son disidentes religiosos. La iglesia anglicana oficial chocaba contra muchos fieles por su mantenimiento de la jerarquía y su ceremonial todavía demasiado semejante al católico.

De ahí nacieron las corrientes «puritanas» (querían purificar la iglesia de todo compromiso con el Catolicismo), llamadas también independientes o separatistas, las cuales, a diferencia de los anglicanos o presbiterianos de Escocia, buscaban una relación inmediata entre Dios y el creyente, rechazaban todo intermediario entre Dios y los fieles (el padre de familia, con la lectura de la Biblia, podía bastar) y reivindicaban una libertad total en la interpretación de las Escrituras y de los dogmas; además, en sus prácticas religiosas estaban influidos por un riguroso calvinismo.

Estos eran perseguidos por la Iglesia oficial de los primeros Estuardos. Algunos habían huido ya a Holanda cuando decidieron ir a buscar en el Nuevo Mundo la libertad de «orar en paz». Negociaron con la Compañía de Virginia, encontraron quien les financiara y embarcaron ciento dos pasajeros en el «Mayflower». A causa de la tempestad, el capitán perdió la ruta y en lugar de arribar a Virginia, arrojó el ancla el 21 de diciembre de 1620 cerca del Cabo Cod. Anteriormente, los pasajeros habían firmado el famoso Covenant, pacto por el cual se comprometían a permanecer juntos y a obedecer las reglas establecidas en común.

Barco

Barco «Mayflowers» en su Viaje a America del Norte

No había funcionarios reales, como en Virginia, y los Peregrinos formaron una especie de pequeña democracia independiente, cuyo primer gobernador fue John Carver. Los comienzos de la ciudad de Plymouth fueron dramáticos a causa del invierno, y más de la mitad de la colonia murió. A partir de 1625, se fundaron otros establecimientos particulares cerca del futuro emplazamiento de Boston, y en el Cabo Ann, debidos a las pesquerías.

La colonia de Plymouth iba a ser absorbida en el año 1691 por un conjunto mucho más importante creado en 1629: la Compañía de Massachusetts Bay.

El rey Carlos I y el arzobispo Land habían acentuado las persecuciones contra los Disidentes, y un grupo de gentileshombres y de comerciantes acomodados dirigidos por el abogado John Winthrop, emigraron a Nueva Inglaterra, después de haber obtenido una carta; allí constituyeron un Estado prácticamente independiente. Eran casi un millón en 1630. Boston, que había sido fundada por Winthrop, tenía cuatro mil habitantes en 1634.

abogado John Winthrop

Abogado John Winthrop

UNA TEOCRACIA INTOLERANTE:
Rodeado de doce consejeros, Winthrop gobernaba de una manera autoritaria. Tuvo, sin embargo, que admitir la formación de una asamblea que, a semejanza de Inglaterra, se dividió en una Cámara Alta y una Cámara de los Comunes. Tiránicos, inflexibles, inspirados por el ejemplo de Calvino en Ginebra, estos puritanos constituían una oligarquía austera, autoritaria e intolerante.

Considerándose como elegidos de Dios, Winthrop y sus amigos no admitían oposición religiosa o política. El joven Roger Williams, que criticaba los métodos dictatoriales de la General Court, defendía los derechos de los indios y era partidario de la separación de la Iglesia y del Estado así como del liberalismo en materia de creencias, fue exiliado en 1635.

Fundó una colonia en Providencia, en Rhode Island, que se convirtió en un refugio de libertad. Una mujer, Ana Hutchinson, exiliada también de Boston por las mismas ideas, creó en la isla otro centro, Portsmouth, y muy pronto Rhode Island contempló la federación de grupos análogos; en esta colonia se practicó en seguida un régimen de democracia liberal.

Las mismas circunstancias condujeron a la creación de Connecticut, donde Tomás Hooker, instalado en Hartford, estableció leyes muy democráticas. Se ha dicho que estas pequeñas colonias fueron «la cuna de la democracia americana». Con quince mil colonos, Massachusetts seguía siendo, sin embargo, la más importante de las «colonias unidas de la Nueva Inglaterra» en el año 1643 (Massachusetts, Plymouth, New Haven, Connecticut).

A partir de 1640, la guerra civil en Inglaterra retrasó considerablemente la emigración puritana. La vida de los colonos seguía siendo difícil y las relaciones con los indios planteaban graves problemas. ¿Cuáles eran las comunidades indígenas que comenzaban a multiplicar los conflictos con los pioneros?

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre Ingleses y Franceses en América del Norte

Cultivos en América Colonial Trabajos Forzados a Aborígenes

LOS CULTIVOS COLONIALES Y EL COMERCIO
Desde el principio, Cortés había dado ejemplo en sus inmensos dominios mexicanos de Cuernavaca, plantando alrededor de su espléndido palacio, caña de azúcar, cáñamo, moreras. La llegada de los europeos revolucionó el orden animal y vegetal, introduciendo el cerdo, el carnero, el caballo, el asno y el mulo. Los rebaños aumentaban rápidamente, devastando las tierras de cultivo de los indios, que se retiraban a las montanas; América comienza a exportar su cuero y tejer su lana.

Cultivo de los aborígenes

Cultivo de los aborígenes en América Colonial

El trigo, la viña, el olivar vinieron a suministrar su alimentación habitual a los europeos; no obstante, los cultivos coloniales se desarrollaban en las zonas tropicales: cacao, caña de azúcar, índigo, cultivados en las haciendas, grandes propiedades de tipo capitalista, que empleaban cientos de hombres y un material de transformación considerable. Pero hasta el siglo XVIII la economía de la plantación no desempeñará un papel determinante. La prueba es que la América española equilibra sus importaciones con el envío del oro y de la plata. Doscientos navios salidos de Sevilla aseguran cada año los cambios.

Al ir, trigo, vino, aceite, hasta 1570; después, en el siglo XVII, todos los productos manufacturados cuya fabricación estaba reservada a la metrópoli. Al retorno, el cuero, índigo, azúcar y, sobre todo, los metales preciosos. Sólo estaban abiertos a los convoyes españoles tres puertos coloniales: Veracruz, Cartagena, Portobelo, que redistribuían las mercancías importadas hasta La Plata, a pesar de su magnífico estuario.

LA SITUACIÓN DE LOS INDIOS
Desde el punto de vista demográfico, la llegada de los europeos fue una catástrofe. Después de las matanzas de la conquista, el exterminio de las tribus irreductibles a toda asimilación, como las de los chichimecas en México o los araucanos de Chile, las muertes debidas al trabajo forzado en las minas y las enfermedades microbianas, ocasionaron terribles epidemias. En las Islas de las Antillas, desaparecieron los indios casi en su totalidad.

Con la supresión progresiva de la encomienda, el trabajo forzado temporal evolucionó poco a poco hacia el trabajo libre asalariado. Los indios llegaron a no tener más obligación que la de ir a alquilar sus brazos a los empleadores que eligieran ellos mismos, con los que podían discutir su salario sin que éste descendiera nunca de un mínimo marcado por la ley. Entonces se abrió en algunos puntos de las Indias de Castilla una era de prosperidad para los supervivientes, bastante reducidos después de las grandes epidemias.

La ley de la oferta y la demanda estaba a su favor. En el siglo XVIII llegó a ser habitual el espectáculo de los indios reuniéndose con sus empleadores en la plaza pública. Al mismo tiempo, habían sido tomadas medidas para proteger a los indígenas contra trabajos demasiado duros: el de los molinos de azúcar y talleres de tejidos. En fin, en 1632, fue totalmente suprimido el trabajo obligatorio en toda la América Latina.

Esta decisión demostrativa de una real inquietud humanitaria fue fácilmente soslayada: los propietarios necesitados de mano de obra intentaron atraer a sus dominios a los trabajadores libres, sacándolos de las comunidades de vecinos; para reternerlos, les adelantaban dinero, que los indígenas gastaban muy rápidamente; entonces se les obligó a trabajar para reintegrarlo. Este fue el trabajo por deudas.

Los poderes reales españoles se preocuparon de esta nueva situación y prohibieron todo adelanto de dinero a los indios, bajo pena de perder las sumas prestadas. Pero la aplicación de esta ley era muy difícil; esta nueva forma de servidumbre por deudas que se manifiesta en América Latina a mediados del siglo xvn, es ya el «peonaje», que tomará su forma definitiva en el siglo siguiente, y del cual intentaron las masas liberarse, de una u otra forma, en más de un país de la América Central y del Sur.

Las leyes liberales, promulgadas por Madrid para la salvaguardia de los indios, iban a llevarlos involuntariamente a la peor de las condiciones: la de parias, la de indeseables, la de parados. Pero entretanto surgió la gran desgracia de los indios. Esta fue la trata de negros que estudiaremos de manera más detallada en la historia del Brasil. Los principales países que suministraron esta mano de obra fueron desde el principio los de África Occidental y Central y, a partir de 1630, de Mozambique.

Se puede cifrar, aproximadamente, en más de un millón el número de esclavos negros importados en la América Latina antes del siglo xvm, de los cuales 500.000 corresponden al Brasil. Los esclavos negros fueron empleados en trabajos agrícolas, principalmente en las regiones de clima tropical-ecuatorial: costas del Brasil, Venezuela y países de América Central, así como en las Antillas. Santo Do mingo llegó a ser una verdadera tierra africana en el continente americano.

EL PAPEL DE LA IGLESIA LAS REDUCCIONES
La obra de evangelización acompañó a la colonización; en 1528 había ya 28 obispados y, a mediados del siglo, tenían arzobispados México y Lima. La obra misionera fue acometida, sobre todo, por las órdenes franciscana, dominicana, agustina y, más tarde, por los jesuítas.

Los frailes realizaron un trabajo lingüístico y etnológico extremadamente precioso. El franciscano Ber-nardino Ribera de Sahagún es el padre de la etnología india en Nueva España, de la que ha sido el gran explorador. En todas partes fueron edificados numerosos conventos rodeados de murallas fortificadas. Buscando aislar a los indios de los europeos, los monjes les enseñaron a cultivar los nuevos productos de Europa, a leer, escribir y a vestirse. Como los conventos limitaban el reclutamiento del trabajo forzado, se vio a los propietarios luchar contra sus actividades.

Esclavos brasil

Esclavos africanos en el traslado por barcos

Ellos preferían indios paganos para hacerlos trabajar el domingo. Hubo después rivalidades entre conventos, a veces verdaderas batallas donde los indios servían de soldados. Las tribus hostiles atacaban los monasterios, los saqueaban, mataban a los frailes. Otros monjes se adentraban en los bosques y en las montañas para terminar la evangelización. En el siglo XVIII, los jesuítas desempeñaron un papel capital en la región del Plata.

Controlaban inmensos distritos donde ejercían la autoridad espiritual y temporal, defendiendo a los indios de sus «reducciones» contra los cazadores de esclavos. A finales del siglo xvn, Paraguay había llegado a ser un estado jesuíta, una verdadera teocracia. Los tupis-guaraníes estaban agrupados en ciudades fortificadas, donde los cultivos eran de propiedad común. Bien alimentados y disciplinados, escaparon a la destrucción, pero su asimilación fue muy superficial.

La Iglesia tuvo entonces una influencia decisiva en el desarrollo del arte y la civilización. En la «Plaza», corazón de cada ciudad, se levantaban, frente a frente, la catedral y el palacio de la administración colonial. El arte de la América española combina las formas del Renacimiento con reminiscencias góticas, románicas y «mudejares», y el barroco empujó a un grado extremo de audacia y complicación los modelos españoles.

Inmediatamente después de la conquista, se construyeron los conventos de las órdenes religiosas: iglesias monumentales, capillas de tránsito para las procesiones, jardines, acueductos. La iglesia dominaba siempre por su tamaño al convento. Cada Orden religiosa impuso un estilo, pero la tradición india no llegó  a manifestarse  apenas.

LA IMPORTACIÓN DE ESCLAVOS NEGROS
Como en la América española, las leyes de protección de los indios, siempre mal aplicadas debido a la oposición de los colonos, condujeron rápidamente al desarrollo de la trata de negros. La extensión del cultivo de la caña de azúcar provocó en la primera mitad del siglo XVI una necesidad urgente de esclavos, tanto más cuanto que los holandeses se habían hecho dueños de Angola, principal proveedor, relevado muy pronto por la Guinea.

Los portugueses habían practicado la trata en las costas de África, desde el final del siglo XV. Un contratador la arrendaba al gobierno a cambio del monopolio en una región, determinada. Los tratantes debían dar por otra parte, dos negros al rey cada año y entregar dinero para las «obras pías» y las Ordenes religiosas.

Ellos se procuraban los esclavos o se los adquirían a los jefes indígenas, a los que las guerras tribales suministraban numerosos prisioneros. En los períodos de hambre, los negros se vendían ellos mismos. En fin, los aventureros, los «pourbeiros», negros y mulatos, efectuaban cacerías en el interior.

Los esclavos eran concentrados en la costa, bien alimentados, después de marchas agobiantes en la maleza, engrasados de aceite de palma para darles aire de llenos de salud y vigor. Es cierto que algunos eclesiásticos protestaron y, en 1639, el papa Urbano VIII prohibió la esclavitud de negros como la de indios, pero la bula no fue aplicada.

Los traficantes eran pagados en pólvora y en armas, en tejidos, tabaco y quincallería. A veces, son víctima de la astucia de los jefes indígenas que les atraen, anunciándoles un lote importante de esclavos, para robarles sus artículos de intercambio.

Dejando África, y pasando por Lisboa, o entrando en el Brasil, los mercaderes debían pagar tasas por cada cabeza transportada. Estaba prohibido embarcar un negro no bautizado. Por lo tanto, un convoy era bautizado sumariamente, «en bloque»; los barcos negreros eran denominados «tumbeiros», enterradores. Un franciscano italiano que hizo la travesía en uno de estos barcos escribió: «Los hombres estaban apilados al fondo de la cala, encadenados para que no se sublevasen y matasen a todos los blancos de a bordo.

Se reservaba a las mujeres un segundo entrepuente. Las mujeres encintas eran reunidas en la cabina de popa. A los niños se les amontonaba en el primer entrepuente como sardinas en barril. Si querían dormir caían unos sobre otros. Para satisfacer sus necesidades había sentinas, pero como temían perder su sitio se aliviaban donde se encontraban, sobre todo los hombres «cruelmente amontonados», de tal manera que el hedor y el calor llegaban a ser intolerables.» La travesía del Atlántico duraba de 35 a 50 días. La mortandad era muy elevada; debido a la asfixia y las epidemias, el índice de mortalidad venía a ser sobre el 50%.

Para «luchar» contra las epidemias sé mataba, muchas veces, a los enfermos. A la llegada, los supervivientes eran de nuevo bien cuidados para obtener un precio satisfactorio en las subastas. Vendido en Angola en 22.000 reales, un esclavo podía ser comprado en 80.000 reales en el Brasil. Los precios varían, naturalmente, según la talla, edad, fuerza, sexo, etc.

En 1570, no había más que 2 ó 3.000 negros en el Brasil, en 1600 se les puede estimar en 50.000 y, hacia 1650, en 100.000. Remunerador a despecho de los riesgos y de las pérdidas, el tráfico suscitaba el contrabando de los ingleses, franceses, italianos, holandeses. Navios ingleses atacaban a los negreros para apode-
rarse de sus cargamentos, como lo harán posteriormente los holandeses en el curso de su ensayo de conquista del Brasil.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Organización de las Colonias Europeas en África Imperialismo Europeo

Organización de las Colonias Europeas en África

Organización de las colonias europeas en África: Una vez instalados, los europeos se dedicaron a organizar sus nuevas posesiones. Hubo dos tipos de relación reconocidas oficialmente: el protectorado y la colonia propiamente dicha.

colonialismo europeo

En el primer caso —que se aplicó en la región mediterránea y después en las ex colonias alemanas— las naciones «protectoras» ejercían teóricamente un mero control sobre autoridades tradicionales; en el segundo, la presencia imperial se hacía sentir directamente. Sin embargo, en lo que respecta al aspecto político, hubo algunas diferencias entre los sistemas aplicados por cada nación dominante.

Inglaterra puso en práctica el indirect rule (gobierno indirecto) que consistía en dejar en manos de los jefes autóctonos ciertas atribuciones inferiores reservando para el gobernante nombrado por Londres y unos pocos funcionarios blancos el control de estas actividades y la puesta en marcha de la colonia. Francia, más centralizadora, entregó a una administración europea la conducción total de los territorios; Bélgica aplicó un estricto paternalismo sostenido por tres pilares: la administración colonial, la iglesia católica y las empresas capitalistas mientras Portugal, por su parte, recurría también al paternalismo, pero esta vez basado sobre la imposición «educativa» del trabajo obligatorio.

Cualquiera que fuere el sistema político imperante, todas las metrópolis compartían el mismo criterio respecto de la función económica de las colonias: la colonización no se había hecho para desarrollar económica y socialmente a las regiones dominadas sino para explotar las riquezas latentes en ellas en beneficio del capitalismo imperial. Puesto que «la colonización y el desarrollo de la economía capitalista están en una relación dialéctica estructural» (Isnard), las superganancias originadas localmente eran enviadas a Europa para aumentar allí las posibilidades de inversión, crear nuevas oportunidades de empleo, acrecentar los salarios y permitir una mayor especialización.

Por e! contrario, en África se asistía al proceso opuesto: «desinversión» en hombres y capitales, salarios fisiológicos, limitación de la capacitación profesional. El empobrecimiento del Continente era la contrapartida lógica del enriquecimiento metropolitano.

Para lograr ese objetivo final, todos los sectores de la producción —agricultura, comercio, industria— fueron organizados sobre una base monopolista y con vistas a la exportación. En el sector agrícola, los cultivos de subsistencia fueron reemplazados o rechazados hacia regiones menos fértiles, por la nueva agricultura de plantación, practicada por grandes empresas (o empresarios) en enormes latifundios que concentraban la labor de millares de campesinos desarraigados de sus tierras.

Las plantaciones se dedicaron al monocultivo de algunas especies —cacao, café, maní, hevea (caucho), vid, etcétera— que no estaban destinadas a satisfacer el consumo local sino a venderse en el exterior. Las consecuencias de esta reorientación de la agricultura fueron de muy diversa índole y afectaron a la sociedad africana en todos sus niveles. Por un lado, las organizaciones tradicionales —la tribu, la aldea, la familia-— que se basaban sobre la agricultura de subsistencia o la ganadería itinerante, practicadas por la comunidad sobre tierras también comunes, y que exigían abundante mano de obra, predios extensos y propiedad colectiva, perdieron toda base de sustentación.

Aldeas y tribus fueron trasladadas o dispersadas y sus tierras atribuidas a los colonos blancos o a las empresascapitalistas, mientras los indígenas eran concentrados en reservas, instalados en zonas estériles u obligados a trabajar como peones para sus nuevos amos.

Por consiguiente, los hombres aptos para la producción huyeron de un medio que no les ofrecía ya grandes perspectivas de supervivencia, se emplearon en los latifundios o fueron a engrosar las filas de desocupados que esperaban un salario de las nuevas empresas.

La pérdida de este potencial humano transformó a muchas aldeas en «cáscaras vacías», habitadas casi exclusivamente por mujeres, niños o ancianos; desorganizó a la tribu, que ya no pudo desempeñar su papel de estructurador social y trastornó la familia por la dispersión de sus miembros. En su lugar, las plantaciones se convirtieron en el factor determinante de toda la vida de una región, acaparando las inversiones, reordenando la sociedad y dominando la política local.

Este fue el caso de Liberia, coto cerrado de la Firestone Rubber Co., empresa de capitales norteamericanos, que poseía diez millones de heveas y requería 30.000 hombres para» su explotación. En 1951 ella sola proveía al país del 90 % de sus exportaciones, y de hecho lo había convertido en su propiedad privada.

El ejemplo de la Firestone destaca otros órdenes de efectos que conviene Citar: las distintas regiones africanas se especializaron en algunos de estos productos, de ahí una dependencia estricta con respecto al mercado internacional y el condicionamiento de toda la economía local por las bruscas fluctuaciones de los precios externos.

Tanto más por cuanto la transformación de las cosechas y la comercialización de los productos no se realizaban en el lugar ni estaban en manos africanas, sino que se reservaban para los metropolitanos o sus intermediarios extranjeros. Sólo en casos excepcionales los africanos podían dedicarse a ese tipo de agricultura, y cuando así ocurría —como en la Costa de Marfil— se creaba en el territorio una pequeña burguesía rural, estrechamente dependiente del capitalismo metropolitano.

El comercio respondió a cánones similares: grandes sociedades de importación-exportación monopolizaron la actividad de uno o varios territorios, a través de cientos de sucursales y millares de intermediarios. En África occidental francesa, desde el Senegal al Congo, actuaban solo dos compañías, la Sociedad Comercial del Oeste Africano, y la Compañía Francesa del África occidental, que seguían aplicando el conocido mecanismo del comercio de trata: en el mismo mercado el campesino autóctono vendía sus cosechas y compraba artículos de importación, y la compañía acumulaba ganancias que superaban el 100 % del valor de los productos.

Más importante aún fue el papel de la industria. Hasta la Segunda Guerra Mundial las colonias se limitaron a proveer a las industrias europeas las materias primas indispensables para su desarrollo. Sus inmensos yacimientos de cobre, zinc y uranio (copperbelt o cinturón de cobre centroafricano), de manganeso (Marruecos, Gabón), bauxita (Guinea, Ghana), y fosfatos (África del Norte) atrajeron la inversión externa y movilizaron miles de trabajadores. Se constituyeron enormes empresas dedicadas a la explotación del subsuelo, que llegaron a dominar toda la vida de una región. Este fue el caso de la Unión Minera del Alto Katanga, propietaria exclusiva de los filones de esa provincia congolesa y la vecina Rhodesia.

Ella sola empleaba al 42 % de la población adulta masculina del lugar y manejaba todos los resortes económicos y políticos del Congo. De hecho, la administración belga estaba a su servicio y las misiones católicas acudían presurosas cuando había que sofocar alguna veleidad reivindicatoría de los asalariados locales.

Su omnipotencia era tal, que todo el mundo sabía que en Katanga «se nace en una cuna de la Unión Minera y se es enterrado en un ataúd de la Unión Minera», lo que, de paso, aumentaba las ganancias de por sí fabulosas de la tentacular empresa. Sea como fuere, la actividad industrial dio origen a una nueva clase social: el proletariado obrero, hasta entonces inexistente en África. Poco numeroso y sin posibilidades de acción hasta fines de la Segunda Guerra Mundial, fue sin embargo un factor decisivo en la lucha por la independencia.

Una estructura de explotación tan sin resquicios, solo pudo organizarse en África gracias a la expresa colaboración de los gobiernos metropolitanos y las administraciones territoriales. A ellos les correspondió realizar las obras de infraestructura necesarias para facilitar la inversión de capitales y proveer de mano de obra barata a las diferentes empresas.

Sabemos, en efecto, que las potencias coloniales realizaron en África obras de infraestructura nada desdeñables: mejoraron los puertos, trazaron caminos, instalaron ferrocarriles, construyeron diques y edificaron ciudades.

Pero el mapa y la historia del continente nos enseñan que los puertos tenían como único fin asegurar los contactos con Europa y dar salida a los productos locales, que los caminos y los ferrocarriles no estaban destinados a favorecer el comercio interno ni a facilitar las comunicaciones sino a acelerar el traslado de mercancías hacia los puertos de embarque; que la única finalidad de los diques era producir energía eléctrica barata para los complejos industriales o irrigar las tierras de las plantaciones —como fue el caso del dique de Edea en Camerún, construido para servir a las industrias Pechiney, o del de Gezira, en Sudán, para regar las tierras algodoneras— y que las ciudades albergaban sólo a los europeos.

Dicho de otro modo: el erario público asumió los gastos ocasionados por todas estas creaciones para que los capitales privados pudieran actual tranquilamente en el comercio, la plantación, y la extracción minera.

Colonias Europeas en Africa en 1914

Tratado de Permuta Guerras Guaraníticas España Colonia Sacramento

En 1750 los monarcas de España firmaron el Convenio o Tratado de Permuta por el que España renunciaba al territorio ocupado por siete pueblos guaraníes y recibía a cambio la Colonia del Sacramento, eterna manzana de la discordia en la orilla del Plata. El Convenio entregaba a Portugal parte de la región colonizada por los jesuitas en el Paraná y el Uruguay con sus estancias y vaquerías. La Compañía aceptó la decisión real y dispuso que los guaraníes abandonaran la región.

los jesuitas en america

La cruel orden no pudo cumplirse porque los caciques indígenas se negaron a aceptar el traslado forzoso al sur. Indignados porque los misioneros se sometían al Convenio, se rebelaron contra los paí quizás por primera vez, tomaron a varios de ellos como rehenes y los arrastraron a la lucha armada. Al menos esto fue lo que explicaron los padres.

Antecedentes: En 1716 se firmó un tratado adicional entre España y Portugal enUtrecht, por el cual Portugal recobraba la Colonia del Sacramento  sin especificar la extensión de la zona concedida. En este período se va a fundar Montevideo.

Fundación de Montevideo: Para dominar la entrada del estuario Portugal decidió fundar un establecimiento en la bahía de Montevideo (1723).
Cuando el gobernador del Río de la Plata Bruno Mauricio de Zabala tuvo conocimiento de este hecho, desalojó a los lusitanos y fundó por orden de la corona una ciudad, para afianzar allí el dominio español. La fecha de fundación no se conoce exactamente, aunque se sitúa entre 1725 y 1730; el primer Cabildo se reunió el 1º de enero de 1730.

El tratado de Permuta: La Colonia del Sacramento fue objeto de nuevos conflictos hasta que se firmó el tratado de 1750 durante el gobierno de Femando VI (de España) que estaba casado con Doña Bárbara de Braganza, hija del rey de Portugal. Ambos países decidieron resolver amigablemente sus conflictos coloniales, firmando entonces el tratado del 13 de enero de 1750 para fijar el limite de sus posesiones.

España recuperaba la Colonia y cedía tierras sobre la margen oriental del río Uruguay, en las que había siete pueblos de las misiones jesuíticas. Esto desencadenó la Guerra Guaranítica, pues los indígenas se negaban tanto a depender de Portugal como a trasladarse a la margen occidental del río, de acuerdo a lo que estipulaba el tratado.

Aunque la insurrección fue sofocada, las cláusulas del tratado no fueron cumplidas por ninguno de los dos países. Carlos III, sucesor de Femando VI anuló el tratado de Permuta que tantos territorios otorgaba a Portugal.

Tercera ocupación española — España y Portugal se vieron envueltas en la guerra de los Siete Años. Inmediatamente la primera ordenó al gobernador del Río de la Plata don Pedro de Cevallos que ocupara la Colonia. El 2 de nov3embre de 1762 entró en ella después de una breve campaña.

Devolución de la Colonia — Al terminar la guerra de Siete Años se firmó el tratado de París (1763). Inglaterra aijada de Portugal, ensanchó sus dominios coloniales a expensas de Francia, que quedó anulada como potencia colonial en América; España devolvía la Colonia a Portugal, pero conservaba la provincia brasileña de Río Grande, que había ocupado  durante la guerra.

Esla provincia fue reclamada por los lusitanos y más tarde atacada; fue entonces cuando se mandó la poderosa expedición de Don Pedro de Cevallos que tomó la plaza en junio de 1777.

Cuando Cevallos se disponía a dirigirse contra Río Grande tuvo noticia de que se había firmado el tratado deSan Ildelfonso del 1º de octubre de 1777 por el cual se disponía la demarcación definitiva de la línea divisoria entre los dominios españoles y portugueses. La comisión demarcadora no consiguió plenamente su objeto, pero realizó un importante trabajo topográfico.

España recibió la Colonia, la isla de San Gabriel y algunos territorio3 en la Banda Oriental; Portugal la Guayra, Matto Grosso, Río Grande y Santa Catalina, excepto las misiones orientales. El límite de ambas posesiones estaba marcado por el arroyo Chui.

.Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

La Vida en la Misiones Jesuitas de Paraguay Organizacion Social

La Vida en la Misiones Jesuítas de Paraguay

En 1609, dos monjes jesuitas se embarcaron en una misión con los indios guaraníes del este del Paraguay. Con el tiempo, los jesuitas establecieron más de treinta misiones en esa región.

Por estar muy bien organizados y ser entusiastas, los jesuitas transformaron sus misiones en empresas rentables. Esta descripción de una misión jesuita en Paraguay la escribió Félix de Azara, soldado español y científico.

Félix de Azara, descripción e historia de Paraguay y Río de la Plata

«Luego de hablar de las aldeas fundadas por los jesuitas y de la manera en que se fundaron, analizaré el gobierno que establecieron en ellas… En cada pueblo vivían dos monjes, un curato y un subcurato, quienes tenían asignadas ciertas funciones. El subcurato se encargaba de todas las tareas espirituales, y el curato de toda clase de responsabilidad temporal… El curato no permitía a nadie trabajar por una ganancia personal; exigía a todos, sin distinción de género o edad, que trabajaran para la comunidad, y él mismo veía que todos se alimentaran y vistieran igual.

Con este propósito, los curatos colocaban en bodegas todas las frutas agrícolas y los productos industriales, y en los pueblos de españoles vendían sus excedentes de algodón, ropa, tabaco, verduras, pieles y madera, lo que transportaban en sus propios barcos por los ríos más cercanos, y regresaban con los instrumentos y las cosas que les hicieran falta. Por lo dicho, se podía inferir que el curato disponía en exceso de los fondos de los pueblos indios, y que ningún indio podía aspirar a tener alguna propiedad privada.

Esta situación los privaba de cualquier incentivo para usar la razón o el talento, ya que desde el más creativo, capaz y valioso tenía la misma comida, vestimenta y placeres que los más débiles, torpes o indolentes. También se infiere que aunque esta forma de gobierno estaba bien diseñada para enriquecer a las comunidades, ocasionaba a los indígenas trabajaran en una paz lánguida, ya que la prosperidad de su comunidad no les interesaba.

Es necesario decir que si bien los monjes jesuitas eran superiores en todos los aspectos, aplicaban su autoridad con una indulgencia y una moderación que imponía admiración. Proporcionaban a todos abundante alimento y vestido. A los hombres se les exigía trabajar sólo la mitad del día, y no se les impulsaba a producir más. Incluso al trabajo se le daba un aire de fiesta ya que iban en procesión al campo acompañados de música… y la música no cesaba hasta que regresaban de la misma forma en al habían partido.

Tenían muchos días de fiesta, danzas y concursos les daban vestidos a los actores y a los miembros de los concejos municipales con tejidos de oro y plata y los más costosos adora! europeos, pero las mujeres sólo participaban como espectadoras.

De igual manera, prohibieron coser a las mujeres, y este oficio se destinó a músicos, sacristanes y acólitos. Pero ellos torcían algodón, y la tela que los indígenas tejían, después de satisfacer necesidades, se vendía junto con el exceso de algodón en los pueblos de los españoles, como lo hacían con el tabaco, verduras: madera y pieles.

El curato y su acompañante, o subcurato, tenían sus propias habitaciones, y nunca las abandonaban excepto para tomar el aire en el gran patio cerrado de su colegio. Nunca caminaban por las calles del pueblo o entraban a la casa de indio alguno o dejaban que los viera mujer alguna, o de hecho, ningún hombre, excepto los pocos indispensables por medio de quienes transmitían sus órdenes.»

Expedicion de Juan Diaz de Solis Leyenda del Rey Blanco Ciudad Perdida(301)

Expedición de Juan Díaz de Solís
La Leyenda del Rey Blanco

Introducción: Desde que Balboa descubrió el Mar del SurSud – Océano Pacífico), se inició la búsqueda de un paso que comunicase los dos océanos. Los portugueses se apresuraron a enviar una expedición al mano de Cristóbal Haro y Nuño Manuel en 1513-1514. Creyeron que el paso era el río Paraná, que no exploraron y regresaron con la noticia su hallazgo.

Los españoles, tuvieron noticias de este viaje y mandaron una expedición para posesionarse de dicho paso, que calculaban se hallaría dentro de la jurisdicción castellana.

La armada vino al mando del piloto mayor .del reino, Juan Díaz de Solís. Los preparativos se hicieron en gran secreto, para evitar que Portugal tratase de impedirla, ya que la expedición seguiría la ruta de la de Haro. Salieron de San Lúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515.  Acompañaba a Solís el piloto Juan de Lisboa que había tomado parte en la empresa clandestina portuguesa.

Avistaron el continente frente al cabo San Roque y recorrieron la costa del Brasil. Llegaron a una isla que llamaron de la Plata (Santa Catalina) frente a la que perdieron una nave, once de cuyos tripulantes quedaron en tierra.. Siguieron navegando hasta llegar al actual puerto de Maldonado, que llamaron Nuestra Señora de la Candelaria, donde desembarcaron y tomaron posesión en nombre de la corona de Castilla.

Penetraron después en un río que llamaron Mar Dulce; era el Paraná Guazú que los españoles llamaron posteriormente Río de Solís el último documento que lo designó así fue la Capitulación de Mendoza. Después se lo llamó Río de la Plata; designación impuesta por los portugueses de la costa del Brasil, quienes decían que era el río que conducía a la Sierra de la Plata.

Solís y algunos compañeros desembarcaron en la costa uruguaya, y fueron sorprendidos en una emboscada por los indios guaraníes, qué mataron a todos, salvándose únicamente el grumete Francisco del Puerto, quien quedó cautivo. Los restantes españoles, que habían quedado en las naves, regresaron a España.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia

Pedro de Mendoza enfermo de sifilis en la historia

Pedro de Mendoza enfermo de sifilis en la historia

Un Poco de Historia: Sífilis en la primera fundación de Buenos Aires: Pedro de Mendoza:  Mendoza era un hidalgo nacido en Guadix, Granada, que contaba a la sazón unos treinta y cinco años. Realizados los preparativos del viaje, partió el adelantado en agosto de 1535, con once barcos y unos mil trescientos hombres. Llegado al Río de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha una fortaleza a la que llamó Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aires (3 de febrero de 1536).

Al poco tiempo, los habitantes de aquella modestísima población empezaron a padecer el azote del hambre y los ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto hostiles y se negaban a  proporcionarles ayuda y alimentos.

Mendoza envió entonces a su hermano Diego hacia la región del Delta al frente de un grupo de trescientos hombres en busca de víveres, pero los aborígenes los atacaron. En el combate que se denomina de Corpus Christí -por la celebración religiosa de ese día, 15 de junio- los españoles lograron imponerse, pero a costa de la vida de varios de sus mejores capitanes, entre ellos el propio Diego Mendoza.

Con anterioridad, y cumpliendo órdenes del adelantado, su segundo, el capitán Juan de Ayo las había partido con trescientos expedicionarios remontando el río Paraná, y había levantado su real (campamento o pequeño poblado) que llamó Corpus Christi, cerca del río Coronda. A su regreso a Buenos Aires, Ayolas invit6 a Mendoza a conocer las tierras que él había recorrido. El adelantado partió hacia ellas y tras una corta residencia en Corpus Christi, se trasladó más al Sur, donde levantó, a fines de setiembre de 1536, el fuerte Nuestra Señora de la Buena Esperanza.

Poco después, y mientras Ayolas remontaba el Paraná y el Paraguay, Mendoza, que se sentía muy enfermo, regresó a Buenos Aires y, en vista de que sus dolencias empeoraban, resolvió volver a España. Luego de designar a Ayolas su sucesor en la conquista, el 22 de abril de 1537, se alejó para siempre, río arriba -por el Paraná primero y luego por el Paraguay-, Ayolas había llegado entre tanto a un lugar que llamó La Candelaria. Dejó allí parte de sus hombres al mando de Domingo Martínez de lrala, y partió hacia la ambicionada Sierra de la Plata, en busca de riquezas, pero cuando ya regresaba con un espléndido botín, cayó en una emboscada de los indios y fue muerto con todos sus compañeros.

Irala emprendió entonces el retorno aguas abajo y se detuvo al llegar al fuerte de la Asunción que Juan de Salazar -otro de los acompañantes de Mendoza- había levantado el 15 de agosto de 1537 en la margen izquierda del río Paraguay. Instalado en Asunción, Irala tomó el mando en reemplazo del infortunado Ayolas. Transcurridos algunos años, decidió concentrar en dicha población a todos los españoles y, para ello, ordenó el traslado de los pocos habitantes que aún quedaban en Buenos Aires y mandó quemar la población. Corría el año 1541. El primer intento de conquista y colonización en la región del Río de la Plata había fracasado.

“El adelantado Don Pedro de Mendoza no aparece por ninguna parte. Las naves están listas para iniciar la gran travesía y aunque está en Sevilla, no se presenta en público. La impaciencia de nobles, soldados y marineros se incrementa. El mayordomo y el apoderado de Don Pedro, Juan de Ayolas y Martín Orduña, tratan de disimular pero la noticia ya corre por la ciudad como reguero de pólvora y es la comidilla de las tabernas. Mendoza guarda cama porque la sífilis contraída en Italia lo tiene a mal traer. El viaje hacia las riquezas del Plata aún no es seguro.

“No es que no se conozca algún tratamiento que alivie los dolores. Desde la gran epidemia de 1494, la mortal enfermedad venérea es tratada con mercurio o argento vivo bastante exitosamente. Además, Don Pedro apenas supera los treinta años y, aunque parece mayor, ha demostrado ser un hombre bastante fornido, de comer saludable y de carácter emprendedor.

“Cojea de una pierna, igual que Diego de Almagro, pero la mayoría de los comprometidos en la expedición prefieren creer que pasa por un mal pasajero y optan por esperar que su salud se restablezca?’

El primer Adelantado del Río de la Plata, que en el verano de 1536 fundó el apostadero “Nuestra Señora Santa María del Buen Ayre”, viajó, en efecto, con un avanzado cuadro de sífilis que lo retuvo más tiempo en cama que comandando efectivamente la expedición.

Muy desmejorado de salud, nombró teniente gobernador a Juan de Ayolas y el 22 de abril del año siguiente emprendió el regreso a España. No llegó a informar de sus modestos logros. “Los estragos producidos por la sífilis [eran] ya evidentes: tejidos heridos sin cicatrizar, debilidad de su corazón y una progresiva parálisis general lo postraban, ya de manera definitiva?’ El 23 de junio murió en alta mar. (Ampliar: La Conquista del Mar Dulce de Solís)

Las citas fueron extraídas de Pedro de Mendoza,
de la colección Grandes protagonistas de la historia argentina, dirigida por Félix Luna

La Sifilis de Enrique VIII Rey de Inglaterra Enfermedad Tudor

La Sifilis de Enrique VIII Rey de Inglaterra

Las seis esposas y las muchas enfermedades de Enrique VIII: Así como hay constancia de que Iván era sifilítico, no hay ninguna seguridad de que su contemporáneo, Enrique VIII de Inglaterra, también lo fuera. Muchos escritores de la época lo negaron, aunque todo el mundo coincidía en que, además de las importantes heridas sufridas en los torneos, padecía varias enfermedades: gota, várices, osteomielitis del fémur y escorbuto, sin hacer especial mención a su obesidad; todas ellas han sido sugeridas como probables causantes del cambio de carácter que evidenció alrededor de los cuarenta años.

En razón de la diferencia de opiniones, es razonable reexaminar evidencia porque, cualquiera haya sido la causa, ha ejercido una notable influencia en el destino del naciente Imperio británico.

Digamos que no había una razón específica por la cual Enrique tuviera que padecer esas discapacidades. Alguien del siglo XVI que viviera hasta los cincuenta y seis años tendría que haberse considerado afortunado si sólo sufría una enfermedad crónica, ya que la mayoría no tenía tratamiento. Enrique intervino en los deportes más violentos de su época, y comía y bebía en exceso; en los últimos años fue monstruosamente obeso, por lo que nada pueden sorprender sus várices. La gota y el escorbuto, desórdenes asociados a la dieta, eran comunes para el estilo de vida que llevaba. Ninguno de estos síntomas puede ser tomado como prueba para aseverar que la sífilis era la causante “oculta” de esos males.

Enrique nació en 1491, al menos dos años antes de que la sífilis apareciera en Europa. Por lo tanto, no es necesario indagar entre sus antepasados, aunque sí entre sus descendientes. La primera de sus esposas, Catalina de Aragón, madre de la reina María, tuvo un hijo varón que murió a los pocos días de nacer, y le siguieron al menos tres abortos en el séptimo u octavo mes de embarazo.

Ana Bolena, la madre de Isabel I, sufrió un aborto a los seis meses y otro a los tres meses y medio. Jane Seymour tuvo a Eduardo Vl, nacido en 1537, y es muy poco probable que haya concebido nuevamente en los diecisiete meses que duró su vida marital. El cuarto casamiento con Ana de Cléves no fue consumado. Tampoco hay antecedente de embarazos de Catalina Howard, casada con Enrique entre 1542 y 1544, o de Catalina Parr, su viuda en 1547, después de cuatro años de matrimonio.

Enrique tuvo, al menos, cuatro hijos. El único varón ilegítimo conocido fue Henry Fitz Roy, conde de Richmond, quien murió a los diecisiete años por una infección pulmonar, quizá tuberculosis. Isabel I falleció a los sesenta y nueve años; se dice que era corta de vista y pudo haber tenido razón en creer que no podía dar a luz. María Tudor murió a los cuarenta y dos años, era corta de vista, hablaba en voz alta —un rasgo típico de los sordos— y su nariz era ancha y chata, de la que manaba un pus maloliente que provocaba permanentes quejas de su esposo Felipe II.

El único hijo legítimo, Eduardo VI, murió en 1553, a los quince años. Nunca fue un niño sano y la causa de su muerte permanece en el misterio. Justo un año antes, en abril de 1552, se enfermó de sarampión y viruela y se pensó que era “una manifestación, para purificar su cuerno de insalubres humores, que ocasionan largas enfermedades y la muerte”. Hay casi certeza de que, desde comienzos de 1553, su salud se agravó por una tuberculosis pulmonar. Una erupción en la piel apareció en las últimas dos semanas de su vida, las uñas se le cayeron y los extremos de los dedos y pies se necrosaron. Se cree, según diferentes opiniones, que fue envenenado.

Cualquier incidente aislado en esta historia bien podría ser debido a otra enfermedad, no obstante, la incidencia es acumulativa. Los tres hijos de Catalina de Aragón murieron antes de nacer y todos después del cuarto mes de embarazo, y Ana Bolena tuvo un aborto a los seis meses. Eduardo murió en 1552, luego de una erupción en la piel que parecía tuberculosis sifilítica congénita. En resumen, tenemos la miopía de Isabel y María, más la presumible sordera de esta última y la base de su nariz achatada con una continua y maloliente secreción nasal; cualquiera de estos síntomas podría ser resultado de una sífilis congénita. Por último, tenemos la evidencia de los dos últimos casamientos de Enrique: si, como aseguran los historiadores, su política en este sentido era dictada por un profundo deseo de crear una rama fuerte de los Tudor, entonces se infiere que Enrique se volvió estéril o impotente cerca de los cuarenta años, lo que constituye un fuerte argumento a favor de la sífilis.

En su juventud Enrique fue descrito por el veneciano Pasquiligo como “el más elegante potentado que yo haya visto, con una altura mayor que la común y piernas y pantorrillas extremadamente finas, de tez blanca y brillante, cabello castaño rojizo, peinado corto y lacio y una cara redonda tan bella que le sentaría a una hermosa mujer’. El muchacho, de diecinueve años, lo tenía todo: belleza física, una magnífica presencia, encanto e inteligencia. Disfrutaba de todos los deportes, el baile y la música, y su consejero, el cardenal Thomas Wolsey, aclara que era sólido en sus ideas, de opiniones firmes, difícil de disuadir.

En febrero de 15 14, cuando tenía veintitrés años, se enfermó de viruela, aunque sin pústulas, y se recuperó por completo. Quizás estemos justificados al cuestionar ese diagnóstico, así como cuestionamos la naturaleza de la erupción de su hijo en 1552.

En 1521 Enrique sufrió el primer ataque de paludismo, una enfermedad muy común en el siglo XVI en Inglaterra, que, con intermitencias, aparecerá durante el resto de su vida. Tres años después, en 1524, tuvo un accidente mientras sostenía una justa con el duque de Suffolk, aunque no fue herido de gravedad. Enrique comenzó a padecer dolores de cabeza en 1527 y a lo largo de ese año y el siguiente desarrolló una úlcera notable en uno de sus muslos (tal vez, en los dos), que lo molestó hasta su muerte.

En el crucial año de 1527 tenía treinta y seis años; hasta entonces había reinado con buen juicio y moderación. Más de un peligroso motín había sido reprimido firmemente aunque sin crueldad para las prácticas habituales de la época. Durante esos años Enrique instauró la administración naval, construyó barcos, fundó la Casa Trinidad, mejoró puertos, levantó astilleros y almacenes. En 1521, secundado por “todos los eruditos de Inglaterra”, escribió una respuesta agresiva a Martin Lutero, que le valió el título de Defensor de la Fe, otorgado por el papa León X y empleado por sus sucesores hasta la actualidad. También fomentó el empeño de Tomás Moro para proveer una reserva de agua limpia y cloacas. Desde la muerte negra la medicina había dejado de ser una prerrogativa de la Iglesia, con el consiguiente florecimiento de charlatanes e iletrados.

Parte del cambio del carácter de Enrique, sin duda, se debió a las preocupaciones que le causaba su divorcio de Catalina, ya que las discusiones se prolongaron seis años. La primera señal de desequilibrio apareció en 1531, cuando Enrique permitió que se promulgara una ley que castigaba al reo hirviéndolo hasta la muerte. Al menos tres personas fueron ejecutadas de esa manera, y el acta en cuestión fue abolida a los pocos meses de la muerte del soberano, por recomendación de los consejeros de Eduardo VI. En 1533 dictó la primera “acta de traición”, por la cual cualquier persona que difamara su casamiento con Ana Bolena, o que tratara de perjudicar la sucesión, sería considerada culpable de traición, condenada a la horca o a ser descuartizada en vida.

El reinado del terror comenzó en 1534, con una indiscriminada matanza de luteranos, anabaptistas católicos y lollars. Esto fue seguido por una cruel ejecución del prior de Chaterhouse y todos sus monjes, y la decapitación de Tomás Moro y el obispo John Fisher.

El 17 de enero de 1536 Enrique sufrió una profunda herida durante una justa y estuvo inconsciente por más de dos horas, logrando una recuperación definitiva el 4 de febrero. Por entonces, su conducta hacia Ana Bolena era salvaje. Como cabeza de la Iglesia de Inglaterra habría podido divorciar-se de ella, pero prefirió condenarla a muerte y declarar bastarda a su hija. La represión en las abadías en 1538-1540 se caracterizó por la condena a la horca de cualquier abad o monje que se resistiera a mostrar sumisión. El vandalismo desatado, que provocó la destrucción de la mayor parte de las obras de arte, no habría sido tolerado por el brillante y culto joven estudiante que subió al trono en 1509.

Durante los años de represión Enrique sufrió continuamente de dolores de cabeza y garganta, insomnio y úlcera en la pierna. En mayo de 1538, a los cuarenta y siete años, se dice que estuvo un tiempo sin hablar con muy mal semblante, y su vida en gran peligro”. El embajador francés Castillon asoció ese ataque con la cicatrización de la fístula en su pierna. Por esta razón se ha sugerido que Enrique sufrió una embolia pulmonar por un coágulo de una vena varicosa. La pérdida del habla, sin embargo, está más asociada con un posible ataque de apoplejía.

En 1539 apareció el Estatuto de los Seis Artículos, una notable pieza de legislación dirigida contra cualquiera que atentara contra la posición de Enrique como cabeza de la Iglesia en Inglaterra; los protestantes eran quemados como herejes y los católicos romanos, colgados como traidores.

La vacilante política del rey respecto de la extensión de la reforma religiosa probablemente reflejaba la influencia de sus esposas. No hay duda de que Enrique se avergonzaba de la fealdad de Ana de Cléves, presentada a él por el partido reformista que condujo a la caída de Thomas Cromwell, poniendo en peligro al mejor amigo de Enrique, el arzobispo de Cranmer, para terminar en una renovada persecución de los protestantes. La impresión que queda es que Enrique comenzó con la intención de reformar lo que era su propia iglesia y luego retrocedió, frente a las posibles consecuencias que podía acarrearle esa medida en el día del Juicio Final. En este punto se sugiere la evidencia de una mente dividida: una tratando de mostrarse a sí mismo como hijo leal a la Santa Madre iglesia; la otra, intentando manejar a la Iglesia según su propio deseo.

Enrique nunca perdió el control de los asuntos de Estado. De hecho, después de la caída y muerte de Wolsey en 1529, se inclinó por una monarquía absoluta más que constitucional. Tres años antes de su muerte dirigió en persona al ejército durante la guerra contra Francia y supervisó las medidas de combate. Aunque prematuramente avejentado, con el pelo blanco y muy obeso, conservó la capacidad mental y física hasta el final. Tampoco murió como Iván, aterrorizado y sin sentido. Los relatos sobre su muerte varían y la verdadera causa permanece oscura, aunque murió pacíficamente, dándole la mano al arzobispo Cranmer, el único amigo que lo acompañó hasta el fin de sus días.

No existe un diagnóstico indiscutible en el caso histórico de la sífilis de Enrique VIII, pero ciertos indicios despiertan sospechas. Un estudiante de medicina moderno está entrenado en buscar las cosas simples antes que lo complicado. Si examinamos un niño de quince años que sufre temperatura alta, dolor abdominal y sensibilidad en el flanco derecho con cierta rigidez muscular, pensaremos en no excluir una apendicitis o peritonitis antes de considerar un tipo raro de enfermedad. A continuación, el estudiante debería hacer coincidir signos y síntomas en una entidad clínica, antes de decidir si el paciente sufre de dos o más afecciones. De igual manera debe ser considerada la historia de Enrique VIII.

El rey, sin duda, sufrió de varias dolencias menores, pero la historia médica, la historia obstétrica de sus reinas, la sospechosa muerte de su hijo Eduardo, las incapacidades de su hija María, aun la leve miopía de Isabel, deben ser tenidas en cuenta en el diagnóstico. Todas pueden ser separadas describiendo distintas formas de dolencias que, al agruparse, proporcionan una evidencia más que sugerente. La sífilis fue una infección muy común a principios del siglo XV1 y no existe una buena razón para descartar que Enrique se haya librado de ella. Sea cual fuere la naturaleza de sus dolencias, o la combinación de ellas, ejercieron un profundo efecto sobre el futuro de Inglaterra. La incapacidad para producir una línea sana de varones fue el comienzo del fin de la dinastía Tudor, teniendo en cuenta que no hubo nietos legítimos o ilegítimos. La firme y eficiente autoridad de los Tudor dio paso al débil intento de los Estuardo, sumiendo al país en una guerra civil.

Después de la muerte de Enrique, Eduardo, de nueve años, accedió al trono bajo la tutela de la familia de su madre, los Seyrnour. Con su patrocinio, Eduardo lideró mejor que nadie a los protestantes. La expoliación de las propiedades monásticas continuó y la mayor parte de las tierras, tesoros y rentas fueron arrebatados por los ansiosos nobles. Había todavía un considerable afecto por la vieja fe. Los fanáticos iconoclastas del reinado de Enrique no eran queridos por el sucesor y su media hermana María procedió, con moderación, a restaurar a la Iglesia católica romana, quizá no con su antiguo poder pero sí como la religión oficial.

No hay duda de que María persistió en su política a pesar de las advertencias de su esposo, el católico Felipe II de España, y de que podría haber sido una honorable defensora de la fe pura contra la herejía. Pero, mentalmente insana, no escuchaba razones. Causó la muerte en la estaca de trescientos hombres y mujeres del pueblo en un período de tres años, con lo cual aseguró que la mayoría de sus súbditos considerara más diabólico al catolicismo romano que el paganismo. El ascenso al poder de Isabel I se produjo muy tarde y la llegada de la tolerancia religiosa fue impensable durante muchos años.

El efecto de la persecución de María es evidente aun en la actualidad. Todavía es difícil desentrañar muchos sucesos del siglo XVI porque la explicación dada por los escritores protestantes a menudo difiere de la versión de los católicos. Todavía hoy tenemos esos distantes fuegos, como brasas encendidas, en Irlanda del Norte.

La sifilis de Iván El Terrible sus efectos Historia del Imperio Ruso

La Sífilis de Iván El Terrible

Introducción Histórica: Los pueblos eslavos desde su unión bajo el reinado de Rurik (862), rey de los vikingos, eran llamados «Rus». Bajo Vladimiro I el Santo (980-1015), los rusos se convirtieron al cristianismo en su versión ortodoxa griega y adoptaron los ritos de la Iglesia bizantina. El centro de la cultura rusa era Kiev.

A partir de 1223, Gengis Kan, el mongol expansionista, ataca a los rusos, y en 1242 Rusia se convierte en una parte del Imperio mongol de la Horda de Oro. Aunque controlados por los mongoles, los grandes príncipes siguieron gobernando de forma relativamente independiente. Iván 1 (1323-1340) convierte a Moscú en la capital de los rusos.

En 1472, Iván III libera a Rusia del dominio mongol, se proclama gran príncipe de todos los rusos y los símbolos de su ejército dicen claramente que se considera a sí mismo el sucesor del imperio bizantino, caído en 1453.

Por eso su hijo Basilio III se nombró zar (emperador) e hizo que arquitectos italianos levantaran la ciudadela de Moscú, el Kremlin.

Su hijo Iván IV (1533-1584) se ganó el mote de «el Terrible», porque aplastó brutalmente a todos cuantos se resistieron a su poder autocrático; pero al mismo tiempo modernizó el Imperio y creó la guardia imperial.

zar de rusiaLos efectos históricos de la sífilis han sido devastadores. Magníficos seres como los isleños de las islas del Pacífico Sur fueron destruidos en masa.

Brillantes hombres de Estado en posiciones de poder se transformaron en idiotas jocosos; artistas, pintores y poetas se convirtieron en verdaderos estropajos.

Francisco I de Francia, el papa Alejandro Borgia, Benvenuto Cellini, Toulouse-Lautrec, Randolph Churchill —padre de Winston Churchill— son algunos de los muchos nombres que han salido a la luz.

Millones más sufrieron las consecuencias de esas transformaciones, como Iván el Terrible, de quien no hay duda de que fue sifilítico, ya que, durante el régimen soviético, sus restos, exhumados en el Kremlin, mostraban las típicas lesiones óseas producidas por la enfermedad.

Iván, gran duque de Moscú y primer zar de todas las Rusias, nació el 25 de agosto de 1 530 y ascendió al trono como gran duque cuando tenía tres años de edad, tras la muerte de su padre Vassili III.

En apariencia, el muchacho era el típico príncipe ruso de la época, pasó su juventud cazando, entre mujeres, bebiendo, robando a mercaderes y aterrorizando a infortunados aldeanos.

Pero había algo más en él; bajo la superficie prevalecía el noble estudioso, que prefería la compañía de los humildes y educados clérigos. Así, eligió a uno de ellos, Alexei Ardatchev, como su íntimo amigo y más estrecho colaborador.

El 16 de enero de 1547 Iván fue coronado zar, basando su derecho al trono como descendiente de Vladimiro y del césar bizantino Constantino Monomakh. Dos semanas después se casó con una mujer piadosa y bondadosa, Anastasia Zakharina Koshkina.

Ese año el fuego destruyó parte de Moscú y el arzobispo Makary aprovechó la catástrofe para endilgar a las mentiras pecaminosas de la juventud del zar la razón de tanta desgracia, con la esperanza de que Iván se reformara y edificara un reino que prometía ser uno de los más ilustres de la historia de Rusia.

El zar sancionó un Código por el cual desterró a los nobles más opresores, reformó parcialmente todo el poder de la Iglesia y fundó escuelas en Moscú y en las grandes ciudades. Inspiró a sus tropas con una cruzada espiritual, rescatando a Kazán de la horda tártara, y extendió su imperio más allá del Volga, hasta Astracán. En 1558 fue hacia el oeste contra los caballeros teutones y, para el verano de 1560, había llegado a Riga, en la frontera de Prusia.

Según los parámetros actuales, Iván fue un déspota cruel, aun durante sus años juveniles, pero para la Rusia de entonces, e incluso para las costumbres europeas, las reglas que estableció fueron sabias y humanitarias.

Desde 1551 hasta 1560 jugó un papel muy importante en las deliberaciones de su consejo, permitiendo la libertad de palabra y de opinión, recibiendo peticiones de todos sus súbditos. La leyenda dice que fue la primera y única vez en la historia de Rusia en que los hombres pobres del país pudieron acceder a su soberano.

En octubre de 1552 Anastasia dio a luz un hijo, Dimitri, que murió a los seis meses. Nueve meses más tarde nació Iván, y Fedor en 1558.

Probablemente el zar se había infectado de sífilis en sus andanzas antes de casarse, por lo que suponemos que el primogénito Dimitri falleció a causa de la sífilis congénita. Giles Fletcher, en The Russe Commonwealth, describe a Fedor, quien sobrevivió a Iván el Terrible, como de mediana estatura, algo bajo y grueso, de una complexión lívida e inclinado a la hidropesía, nariz aguileña, inseguro en su andar, como consecuencia de alguna enfermedad en las piernas, pesado e inactivo, con una sonrisa tonta. Era una persona simple y muy poco ingeniosa.

Aunque a la distancia y con escasas referencias no es posible hacer diagnósticos certeros, es probable que Fedor padeciera sífilis congénita.

Anastasia murió en julio de 1560. El zar, con el ánimo destrozado, volcó todo su pesar en una borrachera prolongada, que comenzó después del funeral. Su mente concibió la fantasía de que su amigo Alexei Ardatchev y su sabio consejero, el monje Silvestre, habían contribuido a la muerte de su esposa mediante embrujos.

Si bien perdonó sus vidas, los destituyó y encarceló, dio muerte al hermano de Alexei y a su hijo de doce años, e hizo lo mismo con su amiga María Magdalena y sus cinco hijos.

El 21 de agosto de 1561 Iván se casó con una acaudalada princesa, aunque esto no impidió que concibiera —tan sólo dos años después— el propósito de casarse con la reina Isabel I de Inglaterra.

En 1563 el zar comandó un gran ejército e invadió Lituania, tomó la importante ciudad comercial de Polotsk y parecía tener el reino a merced de su voluntad. Cuando volvió a Moscú su vida retornó al libertinaje; en ese momento su nueva zarina dio a luz un hijo, Vassili, que sobrevivió cinco semanas.

Hacia fines de 1564 ocurrió el primer incidente que mostró a las claras que Iván sufría de sífilis en la etapa terminal (PCI).

Temprano en la mañana del 3 de diciembre, un grupo de trineos se ubicó en la plaza del Kremlin, cargados por los sirvientes con oro, plata y joyas del palacio. El zar, la zarina y dos de sus hijos partieron en ellos sin rumbo establecido.

Poco después, Iván envió el siguiente mensaje a su casa: «Incapaz de tolerar la traición que me rodeaba, he decidido seguir el camino que Dios me dicte”.

Confundidos, los nobles y obispos salieron en su búsqueda. Lo encontraron en una pequeña aldea de Alexandrov, a ciento cincuenta kilómetros al noroeste de Moscú, y le rogaron que regresara.

Iván accedió, pero impuso ciertas condiciones: tener la libertad de ejecutar a cualquiera que él considerara un traidor, vivir en una residencia en las afueras del Kremlin y contar con una guardia personal —los oprichniki— de cerca de mil hombres.

Volvió a Moscú el 2 de febrero de 1565 y dos días después comenzaron las ejecuciones. Los bandidos oprichnikifueron aumentados hasta agrupar más de 6.000 hombres, y la nueva casa fuera del Kremlin se convirtió en un extraño monasterio, donde Iván era el abate. Trescientos oprichniki servían de monjes, vestidos con casacas negras y ropajes y sables jalonados de oro.

El día comenzaba con los maitines a las cuatro de la mañana y terminaba a las ocho de la noche, con las vísperas. Iván rezaba con tal fervor que su frente siempre estaba magullada por las postraciones. Esos ataques de devoción eran interrumpidos para visitar la cámara de tortura, convenientemente situada en los sótanos de la residencia.

De ahí en más el reinado de Iván constituye un relato tormentoso, plagado de torturas, azotes, gente quemada y hervida en enormes ollas, y toda clase de muertes espeluznantes. Fue atroz la venganza que ejecutó en laciudad de Novgorod en respuesta a una conspiración.

Durante cinco semanas, miles de personas fueron azotadas hasta morir, asadas sobre fuego lento, o abandonadas a la intemperie glacial. Iván el Terrible y su hijo Iván intervinieron en forma directa en las ejecuciones de Moscú del 25 de julio de 1570.

Mientras el príncipe Viskavati era colgado y cortajeado con cuchillos, el zar violaba a su esposa en su presencia y su hijo, a la hija mayor del matrimonio. Episodios de horror semejantes se repitieron durante casi veinte años, entre 1565 y 1584.

La locura del zar culminó en la matanza de su propio hijo y heredero, el zarevich Iván, al que apuñaló en un ataque de furia, el l9de noviembre de 1581.

Desencantado con su idea de casarse con Isabel de Inglaterra, Iván se declaró a su prima Mary Hastings, y cuando ella rechazó su oferta, anunció que estaba dispuesto a casarse con cualquier pariente de la reina. Ignorando el hecho de que ya estaba casado, el zar parecía obsesionado con la fantasía de una unión real con Inglaterra.

Isabel, que especulaba con la riqueza del imperio ruso, le aseguró al mensajero enviado que cualquiera de entre una docena de parientes estaría encantada de casarse con él. Por fortuna para ellas, Iván murió el 15 de marzo de 1584, antes de que ese proyecto se materializara.

Sus últimos días fueron tormentosos: no podía dormir, sentía terror, padecía alucinaciones y permanecía rodeado de adivinos. Su único momento de relajación consistía en mirar y acariciar sus joyas, hablando de sus poderes curativos. Murió a causa de un ataque de apoplejía.

Millones de sus súbditos perecieron porque Iván sufría de sífilis. Su reinado podría haberse desarrollado en forma ejemplar en tanto modelo político si no hubiera sido por su locura y despotismo cruel.

El asesinato de su hijo salvó a Rusia de un reinado sangriento, ya que había sido educado en la codicia y la crueldad. Su muerte dejó el trono en manos de Fedor, un idiota congénito, incapaz de reinar, quien estuvo, al inicio de su reinado, bajo el tutelaje de Boris Godunov.

La muerte de este último, en abril de 1605, sumió a Rusia en el caos, y no hubo atisbo de unidad hasta la elección, en 1613, del primer Romanov, la dinastía que reinaría hasta principios del Siglo XX.

Ver También: Iván El Terrible Un Ser Cruel y Siniestro

Efectos de la sifilis, la evolucion de esta enfermedad

Efectos de la sífilis – La evolución de la enfermedad

Uno de los problemas más controvertidos en la historia de la medicina es cómo y por qué la infección bacteriana conocida como sífilis brotó súbitamente en Europa a fines del siglo XV.

La sífilis es una enfermedad venérea que puede transmitirse de una persona a otra por contacto sexual, a través de la placenta, de una persona que tenga alguna lesión abierta en la boca al compartir un vaso con un sifilítico, por el uso de agujas hipodérmicas en común, al asistir a infectados sin guantes protectores y ante algún descuido de un patólogo cuando efectúa una autopsia.

Producido el contagio, sigue un período de incubación que puede variar entre diez y noventa días, aunque es frecuente que la enfermedad se desencadene entre la segunda y la cuarta semana antes de la aparición del primer signo o «chancro”, una reacción tisular localizada en la zona de contacto.

El chancro se desarrolla en los órganos genitales o cerca de esa zona, así como en labios y dedos. Se cree, por ejemplo, que la protuberancia a un costado de la nariz de Enrique VIII, del cuadro pintado por Hans Holbein, es un chancro. Luego, sintomática y espontáneamente desaparece, entre la tercera y la octava semana, dejando una leve e imperceptible cicatriz. Su tamaño puede ser grande o tan pequeño como un grano; por eso la primera etapa de la sífilis es tan peligrosa, ya que el enfermo es capaz de infectar a otras personas sin darse cuenta, pues la pequeña úlcera inicial muchas veces pasa inadvertida. Cerca de un cuarto de los pacientes atendidos en las clínicas aseguran no haberse percatado de la lesión.

Entre seis y ocho semanas después de la aparición del chancro el paciente entra en la etapa secundaria, aunque los síntomas pueden tardar un año o más en aparecer. En esta etapa se produce una reacción tisular relacionada con la infección, más que una invasión bacteriana. Aparecen sensaciones de malestar, dolor de cabeza y también de garganta, febrícula y, en el 75 por ciento de los casos, un “sarpullido” en la piel que es importante porque puede tomar diversas formas.

La sífilis ha sido llamada “la gran imitadora” porque suele ser confundida con otras enfermedades, ya que muchas veces se asemeja al sarpullido del sarampión, la viruela o cualquier otra erupción de la piel. Como regla general, la etapa secundaria no dura mucho; el paciente entra en una fase latente, en la que parece estar completamente libre de signos y síntomas aunque la erupción reaparecerá por una semana o más, para volver a desaparecer. Durante las etapas secundaria y latente temprana el paciente es altamente contagioso. El momento más peligroso transcurre en la etapa latente temprana, durante la cual el paciente puede infectar a otros estando, en apariencia, libre de la enfermedad.

Alrededor de dos años más tarde se desarrolla la etapa latente tardía, cuando no hay signos, ni síntomas, ni contagio posible. No se puede decir que el infectado esté curado, ya que los análisis de sangre revelarán la presencia de la sífilis, pero la enfermedad está latente y puede permanecer así durante un período de tiempo, en que quizá la muerte del enfermo sobrevenga por alguna otra causa.

El estado latente se puede extender durante años sin que ocurra ningún incidente. Mientras, el sifilítico vive bajo el engaño de estar fuera de peligro; en realidad, la enfermedad ha entrado en la prolongada fase crónica.

Entre los tres y los veinte años aparecen los signos de la sífilis terciaria. Hay muchas manifestaciones de ello, ya que la enfermedad afecta casi todos los sistemas del cuerpo. La típica lesión de la sífilis terciaria puede aparecer en cualquier lugar del cuerpo: huesos, corazón, garganta o piel. En esos casos, se pueden apreciar los cambios producidos en los vasos sanguíneos, que presentan debilitamiento e hinchazón de las paredes, llevando al paciente a la muerte por ruptura de la aorta o de alguno de los vasos del cerebro.

El sistema nervioso también puede verse afectado, causando la enfermedad llamada tabes dorsal, que gradualmente produce parálisis e incontinencia. Al afectarse el cerebro, la sífilis producía significativos cambios en la personalidad, y hasta parálisis terminal general e insania (PGI).

En el estadio terminal el enfermo genera ideas o esquemas poco racionales, pero grandiosos o bizarros. Arthur Conan Doyle —el creador del formidable detective Sherlock Holmes— cuenta la historia de un joven granjero que sorprendió a sus vecinos por su optimismo cuando su granja se deterioraba debido a la depresión de la agricultura: propuso reemplazar las cosechas comunes y plantar el área con rododendros’ para saturar el mercado. Su idea habría sido posible… de existir un mercado saturable.

La mayoría de los pacientes no tratados morían dentro de los primeros cinco años luego de la aparición de los signos de PGI, aunque cierto mimero nunca se volvió francamente insano o inútil. El proceso de la enfermedad cerebral cambiaba las conductas pero los enfermos podían llevar una vida más o menos normal, hasta que morían por otras causas, quizás arruinando su propia vida con especulaciones locas o aterrorizando a sus familiares con arrebatos de violencia.

Debido al desarrollo de la terapia antibiótica, la sífilis terciaria se ha diferenciado de las etapas primaria y secundaria y se ha convertido en una rareza en el mundo occidental desde fines del siglo XIX.

ENFERMOS DE SÍFILIS: «La intelectualidad también contrajo sífilis, entre los más conocidos está el cuentista francés Guy de Maupassant, Stendhal, Lord Byron el poeta inglés, el novelista irlandés James Joyce, el poeta francés Arturo Rimbaud, el bardo francés Paul verlaine, el gran poeta galo Charles Baudelaire, el filósofo germano Federico Nietszche, el bardo alemán Enrique Heine, el genial poeta gay irlandés Oscar Wilde, los pintores Vicente Van Gogh y Paul Gauguin, además del gran pintor español Francisco de Goya y el gran fabricante de armas Samuel Colt, padre del revólver.

Benito Mussolini, dictador italiano cuyas locuras espeluznaban a muchos, también padeció de sífilis, pero no se ha podido confirmar si efectivamente Cristóbal Colón la padecía. Pedro I de Rusia contrajo su sífilis de Catalina, quien antes de ser su consorte y luego emperatriz, fue una prostituta llamada Martha Skavronskaya. La nobleza menor también se vio azotada por sífilis.

El Marqués de Sade contrajo sífilis tras un romance tempestuoso con Laura de Lauris. Lord Randolph Churchill padre del gran Sir Winston Churchill la adquirió en sus correrías de burdeles antes de casarse con Jennie Jerome. La bailarina y cortesana Lola Montez se dio el lujo de infectar al pianista y compositor húngaro Franz Liszt, pero ella misma murió loca, pobre y en desgracia en Nueva York.

No sería Franz Liszt el único músico en verse afligido por la sífilis, ya que Franz Schubert (que además tenía fama de no lavarse nunca) la contrajo con la meretriz cuyas caricias le inspiraron la Sinfonía Inconclusa. El hermano de Francisco José I-Maximiliano- contrajo la sífilis en un crucero sexual que hizo en un yate por el Brasil, y luego llevó esta enfermedad a su adoradora esposa Carlota de Bélgica. Ambos estaban destinados a ser los emperadores artificiales de México. Tras la ejecución del emperador Maximiliano, Carlota enloqueció y fue recluida.»

La sifilis en la historia Zar Ivan Enrique VIII y Pedro de Mendoza

La Sífilis en la Historia:

sifilis en la historia

La Enfermedad                  Iván El Terrible                 Enrique VIII                Pedro de Mendoza

El contagio microbiano

En el siglo XVI, hace su la aparición una enfermedad nueva, tan temible como temida: la «gran viruela», a la que el médico poeta italiano Fracastor dará en el año 1530 el nombre que lleva desde entonces, la «sífilis».

¿Esta enfermedad llegó en la tripulación, cuando Cristóbal Colón llegó de regreso de la Española por primera vez a Palos, el 15 de marzo de 1493, o la segunda vez a Cádiz, el 11 de junio de 1496? Esto parece hoy poco probable, tan rápida fue la difusión de la sífilis en el último decenio del siglo XV y el primero del XVI. Veamos como autores de finales del siglo XV y de principios del xvi describen las primeras manifestaciones.

El primer texto que hace alusión a la sífilis es un corto poema de 124 versos, De scorra pestilentiali, compuesto antes de 1496 por un profesor de derecho de Estrasburgo, Maria Sebastian Brandt, y publicado en 1498 en sus Carmina.

El segundo es igualmente un poema, de Joseph Grümbeck (o Grümpeck), nacido en Burhausen (Baviera), secretario del emperador Maximiliano de Austria: De la Mentulagre, enfermedad pestilente desconocida durante los siglos precedentes, escrito entre 1496 y 1506 (Mentulagre es una palabra formada por el autor partiendo de méntula = miembro viril y del griego agreó =yo tomo).

Grümbeck escribió también en la misma época un Tratado de la scorre prestilentiae o mal francés, conteniendo su origen y tratamiento (aquí adopta el término scorre, partiendo del griego Skb = impureza, basura). Hallándose en Augsburgo le llama poderosamente la atención el poema de Brandt y decide reunir a su vez todo lo que se sabe sobre esta extraña enfermedad y los remedios que conviene utilizar.

 En realidad la astrología tiene un papel importante en las concepciones nosológicas de Grümbeck (como en las de Brandt, por otra parte). Y, como es de esperar, el mejor auxilio llega todavía Je Dios.

Sin embargo, la primera afirmación del posible origen americano de la sífilis se encuentra en una obra de un médico sevillano, Rodrigo Díaz de la Isla, escrito entre 1504 y 1506: Tratado llamado Fruto de todos los santos, contra la enfermedad serpentina, venida de la isla Española. Asegura que a lo largo del viaje de regreso de la Española, uno de los hermanos Pinzón, piloto de Cristóbal Colón, habría sufrido una extraña enfermedad de la piel; él mismo habría curado en Barcelona a marineros afectados por esta enfermedad.

En 1497, Nicola Neoniceno publica en Venecia un libelo titulado Libellus de epidemia quam vulgo morbum gallicum vocant (Libro sobre la epidemia llamada comúnmente mal francés).

En fin, en 1498, el español Francisco López de Villalobos (nacido en 1474 en Villalobos, en la diócesis de León) publica en Salamanca un poema titulado Sumario de la Medicina, en romance trovado, con un tratado sobre las pestíferas bubas. Todavía, en este caso, se trata de un poema. En 76 estrofas de 10 versos, el autor expone todo el saber de su época concerniente a la sífilis, muy reciente puesto que había aparecido cinco años antes en el Viejo Continente.

López Villalobos observó la sífilis con un espíritu muy médico, y la describió perfectamente. Se trata sin duda de una enfermedad cutánea nueva. Es contagiosa y comienza siempre en el órgano con el cual se comete el pecado de lujuria: es una pequeña llaga dura, indolora, negruzca, a la que acompañan ganglios inguinales. Algún tiempo después aparecen síntomas generales: fatiga, abatimiento, dolores de cabeza, trastornos del sueño; después erupciones cutáneas: manchas, pápulas, vesículas, tubérculos, escamas; dolores articulares; en fin, lesiones óseas, sobre todo en la cresta de las tibias; y úlceras gomosas. Se trata, pues, de una enfermedad general, rebelde a todas las medicaciones.

Hay que citar todavía un autor, el caballero Ulrich von Hutten, que publica en 1519 un opúsculo titulado De guaiaci medicina et morbo gálico, que alcanza en su momento un gran éxito. El autor no es médico, ya que se trata de un truculento hombre de guerra, por suerte humanista. Pero conoce bien la sífilis, pues ha sido cruelmente atacado por ella. Escribe su obra para divulgar mejor el tratamiento por medio de madera de Guayaco, que al parecer a él le dio buen resultado.

Señalemos también los pasajes dedicados a esta enfermedad en la Practica in arte chirurgica, de Juan de Vigo (1460-después de 1517), médico del papa Julio II, aparecida en 1514. Las páginas que consagra a la sífilis figuran entre las más interesantes de su tratado (constituyen el libro V):

«En el mes de diciembre del año 1494 (año en que el rey Carlos Vil pasó los Alpes con el ejército francés para reconquistar el reino de Nápoles), se extendió por casi toda Italia una enfermedad de naturaleza hasta entonces desconocida. Los franceses le llamaron entonces mal de Ñapóles, pues pretendían haberla contraído en Ñapóles y llevado a su país. Los napolitanos, por su parte, le dieron el nombre de mal francés, porque se había manifestado y extendido por primera vez en Italia en la época de la expedición francesa.

Los genoveses la llamaron por su parte lo male de le tavelle, los toscanos lo male de le bulle, los lombardos lo male de le brosule y los españoles las búas. Cada pueblo, en una palabra, le asignaba una denominación según su conveniencia. Poco importa, por lo demás, tal o cual denominación, lo esencial, para nosotros, es saber tratar y curar esta enfermedad.

«El contagio del que ella deriva se realiza sobre todo por el coito,es decir, por el comercio sexual de un hombre sano con una mujer

enferma o inversamente de un hombre enfermo con una mujer sana.» Los primeros síntomas de esta enfermedad se daban casi invariablemente en los órganos genitales, es decir, en la verga o en la bulva. Consistían en pequeños granos ulcerosos, de una coloración marronácea y lívida, a veces incluso negra, otras ligeramente blanquinosa. Estos granos estaban delimitados por un anillo de una dureza callosa.

»Por más que se combatieran estos primeros granos con toda suerte de remedios interiores, raramente se lograba impedir que su veneno se extendiera por todo el organismo. Se producían entonces sobre las partes genitales nuevas ulceraciones, tan difíciles de curar como prontas a reproducirse después de su curación. Después la piel se cubría de granos encostrados y de pápulas salientes parecidas a pequeñas verrugas. Estas erupciones llenaban sobre todo la frente, el cráneo, el cuello, el rostro, los brazos, las piernas y a veces incluso se extendían por toda la superficie del cuerpo…»

El primer autor francés que escribió sobre la sífilis fue el médico de Rouen Jacques de Béthencourt, autor de una Nueva cuaresma de penitencia y purgatorio de expiación para uso de los enfermos afectados del mal francés, o mal venéreo…, aparecida en 1527. Él es el primero en haber sustituido por el nombre de «mal venéreo» (morbus venereus) las expresiones utilizadas hasta el momento para designar la enfermedad:

«Se hace la injuria a algunos santos de atribuirles esta enfermedad. De ahí que se le llame «mal de San Sementé», o «mal del santo varón Job», etc. Es una indignidad, es una profanación imputar a tales santos un mal vergonzoso que deriva de las pasiones culpables, y que tiene su origen primero en un coito impuro… Rechacemos, pues, estas denominaciones sacrilegas y, considerándolo todo bien, demos a este mal el nombre que mejor le conviene, el de «mal venéreo».

Pero será sobre todo el gran poema de Girolamo Fracastoro (nacido en Verona en 1478 y muerto en 1553) Syphilis, sive morbus gallicus, el que alcanzará un gran éxito incluso cuando no aporta gran cosa nueva respecto al conocimiento semiológico de la enfermedad.

Girolamo Fracastoro nació en Verona en 1478 en el seno de una familia donde se hallan médicos ilustres. Su infancia ya fue objeto de leyendas. Se dice que había nacido con la boca cerrada y que fue necesaria una operación para abrírsela. Algunos meses más tarde su madre es herida por el rayo con el niño en brazos y el bebé resulta indemne. Dotado de una memoria prodigiosa se aplica al estudio de la filosofía, luego de las ciencias, lo que le merece una distinción por parte del cardenal Bembo, uno de los más célebres humanistas del siglo XVI.

Fuente Consultada: Historia Cultural de la Enfermedad Marcel Sendrail El Siglo de la Enfermedad Contagiosa

Descubrimiento del Rio Amazonas Pizarro y Orellana Navegan Por Primera

Descubrimiento del Río Amazonas
Pizarro y Orellana

El gran río de las Amazonas: Entre los muchos mitos que circulaban acerca de América, uno de ellos afirmaba que allí se encontraba el «País de la Canela». En 1541, Gonzalo Pizarro, hermano del conquistador del Perú, a quien éste había nombrado gobernador de Quito, dispuso una expedición. Los bosques de canela no aparecían por ninguna parte.

rio amazonas

Aun así decidieron proseguir hacia levante; fue entonces cuando los indígenas les revelaron la existencia de un gran río que seguía la misma dirección que ellos, a unas quince jornadas de distancia. Pizarro ordenó a Orellana, uno de sus capitanes, que explorara aquella vía fluvial. En diciembre de 1541 partió Orellana con el bergantín y halló una corriente tan rápida que en sólo tres días llegó a la confluencia del Coca con el Napo, donde comprendió que era imposible regresar.

Mientras tanto, Gonzalo Pizarro tuvo por muertos a Orellana y a sus compañeros y regresó a Quito, sin esperarles más. La expedición de Orellana siguió el curso del Napo a lo largo de centenares de kilómetros, y al cabo de mes y medio, en febrero de 1542, llegaban a la confluencia con el Amazonas, que les pareció impresionante.

Construyeron otro bergantín y se adentraron por este río inmenso. Los sufrimientos de los expedicionarios fueron inenarrables. Todo se confabulaba contra ellos, el calor sofocante aunado a la humedad, los insectos, las fiebres, el hambre, las fieras y los indígenas de las orillas, que les impedían desembarcar para aprovisionarse y descansar; en particular, los terribles machiparos y los caribes, que les arrojaban flechas emponzoñadas y diezmaban los es pañoles. Incluso les atacaron mujeres en la aldea de Coniapayara, con tanta ferocidad y ardor combativo que Orellana dio al gran río el nombre ‘de las amazonas”, que aún conserva.

Regresado a España, el emperador Carlos V le otorgó el gobierno de los territorios por él descubiertos. Orellana emprendió otra expedición en 1544, pero al llegar a la barra arenosa del gran río sucumbió a las fiebres malignas y la empresa fracasó.

Fuente Consultada: Historia Universal de Carl Grimberg

LA LITERATURA EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA AMERICA COLONIAL

LA LITERATURA  COLONIAL  EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

La literatura — En el Río de la Plata, la literatura se inició con el Romance que escribió el clérigo Luis de Miranda, que llegó a estas regiones en la expedición de Mendoza y describió en forma rimada la fundación y destrucción de Buenos Aires. Ulrico Schmidel, soldado bávaro integrante de la expedición de Mendoza, publicó en alemán sus memorias de los veinte años que pasó en estas regiones, relato que denominó “Viaje al Río de la Plata”.

Martín del Barco Centenera, que se trasladó a estas comarcas en 1572, escribió el poema “La Argentina” y Ruy Díaz de Guzmán, nacido tal vez en Asunción, escribió en 1612 una historia del descubrimiento, conquista y colonización del Río de la Plata llamado “La Argentina”.

La literatura porteña propiamente dicha, surgió al promediar el siglo XVIII, apareciendo primero la poesía y después la prosa, que fue de más valor que la primera.

Entre los escritores de esta época se destacaron Manuel de Lavardén, que escribió “Los Araucanos”, basada en el libro “La Araucana”, y la tragedia “Siripo”, obras que no llegaron a nuestros días.

Las invasiones inglesas promovieron, al despertar el sentimiento patriótico, la aparición de una copiosa producción literaria, siendo las obras más importantes “El triunfo argentino”, de Vicente López y Planes, y “Heroica Defensa y “Romance Heroico”, de Pantaleón Rivarola, escritos en versos corridos.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

La Música en America Colonial en el Virreinato del Rio de la Plata

LA MÚSICA  COLONIAL  EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

La Música en America Colonial en el Virreinato del Rio de la Plata

La música — La mayoría de los indígenas que habitaron el actual suelo argentino carecieron de toda música, bailaban en sus ritos y fiestas acompañados por saltos y gritos. Los misioneros no tardaron en comprender la influencia que ejercía sobre ellos la música, por lo que se valieron de este medio para atraerlos. Un caso típico fue San Francisco Solano que cautivaba a los indios con las melodías de su violín.

En lo que se refiere a Buenos Aires, ya Pedro de Mendoza trajo en su expedición dos músicos A partir de entonces fueron varios los músicos extranjeros que arribaron a estas regiones, incorporando música, canciones y baile.

Estos últimos, al ser adaptados por el pueblo dieron lugar al  cielito y a la media caña, canciones europeas acriolladas. Otros como la zamba y la vidalita procedieron del Perú, mientras que el bailecito y el sombrerito se originaron en Bolivia, sufriendo todos transformaciones al penetrar en nuestro territorio. Con todos estos elementos surgió nuestro folklore, desarrollándose paralelamente la música europea pura.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

El Teatro en America Colonial en el Virreinato del Rio de la Plata

EL TEATRO  COLONIAL  EN EL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

Teatro En América las primeras representaciones teatrales hicieron a instancias de los religiosos, que veían en ellas un modo de difundir la doctrina católica y de hacer más comprensivos los misterios de religión, efectuándose en el interior de conventos e iglesias hasta que Felipe IV las prohibió. En las Misiones constituían una forma de hacer aprender a los indígenas palabras castellanas y latinas. Además de estas representaciones religiosas existieron las profana que se organizaron en el Río de la Plata a partir del siglo XVII.

En Buenos Aires se intentó en la segunda mitad del siglo XVIII establecer por primera vez un  teatro estable. Sin embargo la tentativa si tuvo éxito y no se sabe si se llegó a representar.

Vértiz fue quien llevó cabo esta iniciativa fundando la Casa de Comedias, que funcionó desde 1783 en la Ranchería, galpón de madera con techo de paja (Perú y Alsina). Las obras que se representaban en ella eran censuradas, pan que no corrompiesen la moral. Posteriormente se incendió el local.

En 1804 se abrió el denominado Coliseo Provisional que funcionó hasta 1806, año en que cerró sus puertas para no abrirlas hasta después le la Revolución de Mayo.

Además de estas representaciones organizadas existieron otras dadas por vecinos y estudiantes en los patios de algunas casas o en los atrios de as iglesias y que se hacían en celebración de algunos acontecimientos importantes.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

El Arte en America Colonial Estilo Barroco Pintura y Arquitectura

Arte en América Colonial Estilo Barroco – Pintura y Arquitectura

Arte colonial – arquitecturaEl artista indio o mestizo comenzó a imitar los estilos europeos, pero al darles una interpretación personaf surgió el arte criollo o mestizo, que fue brillante a partir del siglo XVIII. En la arquitectura del Río de la Plata debemos hacer dos distinciones: la religiosa y la civil. La arquitectura religiosa representada por la construcción de iglesias, tuvo gran importancia en las Misiones.

La Catedral de Córdoba, que representa la superposición de dos estilos, el del Renacimiento Italiano con la parte inferior y el barroco en la zona superior, y la Catedral de Buenos Aires de estilo romano> son los exponentes arquitectónicos más importantes, además de las numerosas iglesias construidas por los jesuitas en Buenos Aires a principios del siglo XVIII.

En cuanto a la arquitectura civil en la época colonial estuvo sujeta a las disposiciones de las Leyes de Indias, que consideraban como punto de partida del trazado de una ciudad, a la forma cuadrangular de la plaza mayor, desde donde debían salir las cuatro calles principales.

Este tipo de arquitectura tuvo dos centros importantes. Buenos Aires, centro de la arquitectura pública y Salta, de la arquitectura privada. En Buenos Aires la máxima expresión de La arquitectura pública fueron los edificios del Cabildo, el Fuerte y la Recova. En Salta la edificación privada fue de estilo español, contando generalmente con dos plantas.

Escultura y pintura — También en las Misiones hubo talleres de escultura y pintura dirigidos por los jesuitas. En el tallado de madera hubo imitación de los estilos europeos, pero pronto se destacó la tendencia autóctona, siendo empero inferior a la del Perú.

Los trabajos de orfebrería en el Río de la Plata tuvieron algo de autóctono. Las provincias del Norte, más próximas al Alto Perú y en consecuencia con mayor abundancia de metales, tuvieron un estilo distinto.

arte colonial

Capilla de la Virgen del Rosario en la iglesia de Santo Domingo.
Bogotá, Colombia. Construída en 1595, es una excelente muestra del barroco español.

DESCRIPCIÓN DEL ARTE COLONIAL:
Un diálogo estraño:

El arte colonial, en realidad, comienza a la manera de un diálogo extraño, a veces forzado por la presión de picas y arcabuces. Otras, como formas de llegar a Dios.Hay una cultura de matices diversos que es aplastada, o mal interpretada, por el conquistador. Luego el aventurero se hace colonizador y trata por las buenas o por las malas de enseñar sus maneras a la población indígena.

Finalmente, se produce un complejo proceso de recreación: el indio asimila las técnicas europeas y les agrega su ser. Pintura, escultura y arquitectura se refunden para lograr algo nuevo. Las raíces precolombinas vuelven a brotar por todas partes: ocultas entre los pliegues de ornamentos de vírgenes y santos; vomitando flores, duendes y fauna sobre las paredes de las catedrales cristianas.

Este esquema no se da de una manera tan simple pero parece ser la base de todo. Hay excepciones, por supuesto: la obra de Manuel Chilli, un indígena y el escultor más grande de la escuela quiteña del siglo XVIII, no muestra rastros de espíritu nativo; su estilo es netamente europeo.

Ocurren, además, casos como el del barroco, estilo preponderante en este período, que en América Latina se presenta como prolongación de una vegetación y sol exuberantes, mientras que en Europa parece una forma de compensar la falta de calor y los inviernos largos. Además de formas, el nativo agrega materiales nuevos: piedras de color como el «tezontle» y la «chiluca»; telas de trama rústica; resinas y anilinas para reemplazar al óleo tradicional.

Por otra parte, buscará una interpretación personal para las artes que le enseñan los españoles: las cargará de un sentido propio. Asociará, por ejemplo, las columnas salomónicas torneadas, un elemento de la arquitectura barroca, al suplicio del emperador Cuauthemoc.

arte colonial catedral de santo domingo

La catedral de Santo Domingo en la República Dominicana. Fue construída en el estilo imperante de la península (1521): gótico tardío o Isabelino. En 1540 se terminó de labrar la fachada; el templo consta de tres naves con capillas laterales. Las bóvedas estrelladas se alzan imponentes mostrando la belleza de una de las construcciones coloniales más antiguas.

sala del convento de san agustin arte colonial español

sala Capitular del convento de San Agustín, Ecuador. Fue construida alrededor de 1581 por Francisco Becerra. Es una muestra significativa de la arquitectura quiteña de este período. Impresiona el equilibrio entre sobriedad y riqueza, propio del Renacimiento en América.

El Arte Como Castigo

Los centros artísticos más importantes del virreinato de Nueva España fueron México y Puebla donde una extraordinaria riqueza atrajo a artistas aventureros e incluso importó obras de maestros famosos.

El primer pintor de renombre que llegó a México fue el flamenco Simón de Pereyns. Arribó en 1566 con el séquito del virrey Gastón de Peralta, marqués de Falces, y al poco tiempo entró en disputa con otro pintor, Francisco de Morales. Acusado de hereje, el tribunal decidió aprovechar su talento y fue condenado a pintar el retablo de la virgen de la Merced que se venera en la catedral de México.

A comienzos del siglo XVII el panorama pictórico ha cambiado: hay numerosos talleres, excelentes maestros locales y técnicamente poco puede envidiarse a los europeos. Pero la necesidad de seguir los dictados del Viejo Mundo ahoga la originalidad. Se logran los efectos de Rubens, pero no se va más allá de Rubens.

Esta crisis se nota especialmente en las grandes ciudades porque en las alejadas poblaciones indígenas aparece un arte rico y fabuloso: el ingenuismo colonial. Los aborígenes han aprendido los rudimentos del arte y luego han vuelto hacia sí mismos recuperando su imaginación y fantasía. Dios y mitos suben a un tinglado cromático, vestidos con algunos elementos cristianos, modas de la colonia y humor telúrico.

A veces, sin embargo, esa creatividad afloraba también en las ciudades. Tal el caso de Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, considerado como uno de los pintores más notables de América en el período colonial. Vivió en Santa Fe de Bogotá, capital del Virreinato de Nueva Granada, uno de los centros artísticos de vida más intensa.

La originalidad de Vázquez reside en su apasionado interés por la realidad cotidiana. Prefería pintar naturalezas muertas. retratos o aspectos de Bogotá, su ciudad natal. Pera la necesidad económica lo obligó a interpretar temas religiosos, a veces composiciones complicadas y de grandes dimensiones, inspirándose en obras de maestros españoles e italianos del siglo XVII.

Para crear Vázquez utilizó lienzos indígenas, de trama áspera y desigual, que cubría con una preparación rojiza como base. Luego aplicaba los colores: resinas y anilinas elaboradas por él mismo con elementos naturales y fórmulas reveladas por los indígenas de la región. De ellos aprendió el uso del elemí, resina amarillenta y sólida que forma ricas gamas de tonos cálidos.

Otro centro artístico importante fue Quito, en Ecuador. Su florecimiento se debió principalmente a quienes trajeron de España para algunas órdenes religiosas, grandes obras atribuidas a Zurbarán, Murillo e incluso Velázquez.

La figura más sobresaliente de la pintura quiteña es Miguel de Santiago, un personaje extraño e irascible, famoso por una anécdota macabra. Según ella Santiago pintaba un Cristo crucificado y no conseguía traducir la agonía. Varias veces preguntó a su modelo, un joven discípulo, si sufría. «No maestro», sonreía invariablemente el muchacho. Fastidiado, lo atravesó con una lanza y mientras el joven agonizaba, Santiago pintaba febrilmente diciéndose: «¡Bien, maestro Miguel!» «¡Bien, maestro Miguel!». La leyenda, referida por Ricardo Palma en Tradiciones Peruanas, concluye afirmando que esa fue la última obra del maestro quiteño.

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Imagen de San Cristóbal. La imaginería americana produjo notables piezas escultóricas .destinadas a los templos. Los artistas indígenas y mestizos incorporaron elementos propios de sus tradiciones a la concepción estética aprendida de los maestros europeos. El resultado fue un arte vigoroso enraizado profundamente en el Nuevo Mundo

Los Escultores Ingenuos

Como en el caso de la pintura, también al considerar la escultura de América Central pueden distinguirse dos corrientes que se influyen mutuamente: la ingenua y la tradicional o académica.

Desde un comienzo arriban a las ciudades coloniales retableros y artífices que van formando a grupos de criollos e indígenas. Las formas son españolas pero se produce la conjunción entre el arte europeo y el sentimiento telúrico.

Los exponentes más originales de la imaginería ingenua o popular son unas estatuillas hechas con médula de maíz molido, amalgamadas con engrudo; como eran sumamente livianas se las usaba en las procesiones. Su centro productor estaba en Michoacán, México.

En Guatemala floreció una artesanía similar pero de proceso más cuidado y complejo. Empleaban madera de raíz de níspero de cedro y la mantenían sumergida en el agua durante cuatro años; luego durante otros dos años .a secaban al sol. Una vez tallada, se cubría la figura con una capa de yeso encolado, otra de plata, otra de oro y finalmente se la esmaltaba. Por último se dibujaban minuciosamente con un pequeño punzón los pliegues de los ropajes y detalles. El tono encarnado de rostros y manos se conseguía mediante una técnica secreta que se ha nerdido.

El arte ingenuo realizó también obras de mayor envergadura en los relieves de yesería y madera policromada que decoran algunas iglesias mexicanas como las de San Francisco de Aoatepec y la de Santa María de Tonantzintla.

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Pero no era todo lo que el Nuevo Mundo podía mostrar en esta materia. La riqueza del Virreinato de Nueva España permitía que se importaran desde un comienzo obras de grandes maestros sevillanos, sobre todo de Martínez Montañés y su taller, en el siglo xvn. A fines de esta centuria trabajaban en la capital dos escultores notables: Juan de Rojas, español, autor de la sillería del coro de la catedral y Salvador Ocampo, mexicano, técnicamente inferior al español pero de composición más rica y variada.

El estilo preponderante y que afectaba a todas las artes era el barroco: opuesto al clásico, rígido y estatico. El barroco es dinámico, dramático y rice en fantasía creadora. No le interesal las formas aisladas sino las visiones de conjunto donde todo fluye entrelazado y sin límites. Se dio entre los siglo xvi y xvín y podría llamárselo «arte vital», con primacía del sentimiento, en contraposición con el arte racional o clásico.

Otros centros escultóricos importantes fueron Guatemala, Santa Fe de Bogotá, Colombia y Ecuador. La escultura monumental brilló en Guatemala pero infortunadamente muchas obras han desaparecido por la acción de terremotos y saqueos. En el convento de San Francisco de Guatemala se conserva una patética cabeza de Cristo, atribuida a Martínez Montañés, que según el cronista Fuentes de Guzmán pertenecía a una imagen destinada a la ciudad de Trujillo y que «había sido bárbaramente mutilada por los pérfidos herejes de Holanda en el año 1642».

Uno de los escultores colombianos más famosos fue Juan Cabrera al que se le atribuye la Virgen del Campo, patraña de los labradores guardada en la iglesia de la Recoleta en Bogotá. Es de piedra policromada y estaba destinada a la catedral. Pero se dice que el artista la dejó inconclusa y que’ durante un tiempo sirvió de puente en un arroyo, hasta que la recogió un monje y la llevó al convento. Un día aparecieron dos ángeles vestidos de peregrinos y tras varios días de trabajo la terminaron.

En Quito, Ecuador, floreció la escuela más famosa de la época colonial, cuyas obras, de escultura y pintura, se vendían también en otras ciudades del Virreinato. En la segunda mitad del siglo xvm, la personalidad más trascendente de esa escuela fue el escultor Manuel Chilli, conocido como Capistara, quien curiosamente, no obstante ser indígena, no presenta en su obra ningún rasgo nativo.

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Ejemplo de un Boceto del pintor colombiano Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, (1638/1711j, uno de os exponentes más brillantes de la pintura colonial de principios del siglo XVIII. Caracterizó a su estilo la línea sobria y perfecta del neoclasicismo americano y sus obras adornaron las principales iglesias de Nueva Granada.

La primera catedral de América

Pese al enorme interés demostrado por las disposiciones reales en lo relativo al material que flebía emplearse para la construcción de iglesias y ayuntamientos, la primera catedral de América fue al principio un modesto edificio con techo de paja. Solamente cuando llegó a Santo Domingo el obispo fray Alejandro Geraldini se iniciaron realmente los trabajos para levantar el nuevo templo.

Geraldini era un humanista florentino que había sido preceptor de los hijos de Isabel la Católica. A los 65 años de edad partió para América y llegó a Santo Domingo. Entusiasta, describía a la ciudad imaginando que «sus edificios eran tan altos y hermosos como los de Italia». Comparación exagerada puesto que la villa contaba con pocos años de vida y no disponía de buenos constructores ni mano de obra capacitada.

La piedra fundamental de la catedral fue colocada en 1521 y se ignora quién fue el autor del proyecto. Consta de tres naves, capillas laterales y ábside poligonal. Su aspecto interior es severo y la iluminación escasa.

Geraldini falleció en 1526 sin haber podido ver terminada su obra, concluida en 1540.

Utro monumento destacado de la arquitectura americana es la llamada «Casa del Almirante», residencia de Diego Colón,.hijo del descubridor. A la muerte de su padre reclamó los derechos de heredero y en 1509 embarcó para Santo Domingo acompañado por su esposa María de Toledo, parienta del Duque de Alba, y un grupo de damas y caballeros. Considerando que la jerarquía de su persona y de quienes lo acompañaban requería un marco adecuado, mandó construir un palacio de planta rectangular de dos pisos. El edificio es de piedra, de aspecto macizo y estilo ojival.

El lujo de la pequeña corte de Diego Colón le valió la enemistad de Miguel de Pasamonte y sus- partidarios quienes acusaron al heredero de haber construido una fortaleza para rebelarse contra el rey.

Cuenta fray Bartolomé de las Casas que para combatir esas calumnias aprovecharon la llegada a la isla de «cierto personaje muy diestro en las cosas de la guerra y que había gastado muchos años en Italia, y le rogaron que fuese a ver las casas e cuarto que había hecho el Almirante, para ver si era casa fuerte que pudiera tener sospecha de algo. Fuese a ella y vido que estaba toda aventanada, e llena por todas partes de ventanas, porque así lo requería la tierra por el calor y otras particularidades de casa muy llana; y burló de ello y más de quienes aquello pensaban».

Palacio Municipal de Guadalajara en México. Construido en el siglo XVIII es una muestra arquitectónica típica del barroco americano. Resaltan las líneas severas y macizas de su estructura, equilibradas por la ornamentación de su fachada realizada en piedra jabón, que le da una apariencia aterciopelada.

Palacio de la Inquisición, en Cartagena, Colombia. Los balcones amplios y los muros lisos son las características más notables de esta obra arquitectónica terminada de construir hacia 1706. La casa del Santo Tribunal conserva los gruesos barrotes del calabozo que guarda la mesa de los suplicios. En el resto del edificio se pueden advertir elementos indígenas de la decoración.

El templo-fortaleza

En los primeros años de la conquista de México, las órdenes religiosas más audaces se aventuraron en zonas amenazadas por tribus belicosas. Así levantaron la iglesia y el convento dentro de un esquema adecuado a las circunstancias. Crearon un conjunto orgánico de carácter «monástico militar» que se denominó «templo-fortaleza». Comprendía una iglesia precedida por un gran atrio donde se guarecían los indígenas fieles en caso de ataque; una capilla abierta, llamada «capilla de indios» y un claustro en torno al cual se disponían salas y celdas.

El conjunto estaba almenado y en algunos casos tenía garitas para centinelas.

Las iglesias eran de una sola nave y las fachadas, sumamente decoradas, contrastaban con la severidad de la construcción. De las tres órdenes que emprendieron la evangelización de México, franciscanos, dominicos y agustinos, las construcciones más imponentes, tanto por dimensión como por decoración, fueron las de estos últimos.

Las órdenes mendicantes edificaban sus templos con un espíritu creador independiente y en estrecha colaboración con los indígenas. Los aborígenes mexicanos eran distintos a ios de las islas del Caribe: tenían una cultura rica, organizada en torno a una autoridad. En México y Guatemala se levantaban imponentes conjuntos sagrados dominados por una gran pirámide realizados con sorprendente maestría, tanto desde el punto de vista de la construcción adintelada de la piedra, como de la ornamentación escultórica. La sensibilidad plástica del indígena se manifestará poco a poco en las nuevas obras erigidas por el conquistador en el continente americano.

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Fachada de la Catedral de México. Levantada en el mismo lugar que antes ocupara un modesto templo, su construcción se inició en 1563 finalizando en 1813. Esa circunstancia impidió que toda la construcción tuviera un estilo claramente definido. Sin embargo, la sobriedad de sus líneas contribuye a darle unidad.

Recordando «El Escorial»

Mientras las órdenes mendicantes creaban arquitectura, los cánones de construcción en las capitales eran sumamente ortodoxos y fieles a los modelos españoles. Durante la segunda mitad del siglo xvi prevalece la severidad estructural impuesta por el arquitecto Herrera en el palacio del Escorial; el Escorial tiene forma de parrilla en conmemoración del martirio de San Lorenzo que fue quemado. Este estilo llegó a América gracias a un excelente arquitecto, Francisco Becerra, que trabajó primero en Nueva España y posteriormente en el Perú.

La catedral de México era un templo sumamente modesto que por diversas circunstancias debió ser reconstruido varias veces. Existía cierto recelo para intentar una obra de mayor envergadura: el subsuelo era el desecado lago Texcoco, donde estaba emplazada la ciudad de Tenochtitlán, capital del imperio azteca. Con grandes dudas comenzaron los trabajos en 1563 y la primera medida fue tratar de lograr cimientos suficientemente sólidos como para que la futura catedral no se desmoronase.

La obra duró lo que la dominación española. En pleno 1813, cuando se libraba la guerra de Ja independencia, se colocó en el frente la última estatua: una escultura de la Fe.

En los casi tres siglos que demandó la construcción de la catedral, los estilos fueron cambiando. El templo comenzó siendo renacentista, continuó barroco y finalizó neoclásico. No significa que la catedral fuese reconstruida totalmente para adaptarla a cada nueva tendencia que aparecía, sino que cada parte que se le agregaba tenía la forma de moda. Sin embargo guarda unidad, fundamentalmente porque el barroco es muy atemperado y permite cierta integración con los otros estilos más sobrios. Otras catedrales notables del Virreinato de Nueva España fueron las de Puebla, Mérida, Michoacán, Chiapas, Oaxaca y Guadalajara.

Obra de Francisco Becerra es el convento y templo de San Francisco, en la ciudad de Quito. Considerado el edificio más significativo del estilo Escorial, fue construido sobre las ruinas del palacio del inca Huaina Cápac, entre los años 1535 y 1605. Impresiona por el exacto equilibrio entre el lujo y la sobriedad: la fachada de la iglesia consta de dos cuerpos superpuestos, divididos por columnas toscanas, que crean un juego de luz y sombra. Complementan la ornamentación, pirámides rematadas por bolas, típicas de la moda escurialense.

Pero no todo era alabar a Dios o reunirse para gobernar las tierras del rey en América. Una piratería creciente, prolijamente apuntalada por naciones enemigas y aun amigas de España, saqueaba las poblaciones de la costa e incursiones rápidas con pérdidas mínimas y botines fabulosos.

La Habana, que se había convertido luego de la conquista de México en el centro más activo del comercio del Caribe, sufrió en 1538 el primer ataque de los corsarios franceses.

Preocupado, Felipe II decidió extender fortificaciones a lo largo de toda la costa atlántica desde las Antillas hasta el estrecho de Magallanes. Dirigieron estos trabajos los Antonelli, una familia de técnicos en fortificaciones. A ellos se deben las fortalezas del Morro en La Habana, Cartagena de Indias, San Juan de Ullúa en Veracruz y el Morro de San Juan de Puerto Rico; de todas, sólo las de Cartagena, Puerto Rico y La Habana quedan en pie.

Se trataba de construcciones netamente militares con muros muy sólidos y sin lugar para fantasías decorativas. Por un tiempo frenaron la codicia de los piratas pero también consumieron gran parte de los presupuestos, paralizando otras obras. Por esta razón en La Habana la arquitectura artística apareció con retardo: hasta la segunda mitad del siglo xvu no se levantaron monumentos valiosos.

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Imagen de la Dolorosa. Fue esculpida en el siglo XVIII como imagen de vestir por Manuel Chilli, quien asimilando las técnicas italianas y españolas pudo expresarse en formas amplias . menos realistas evitando los rasgos indígenas. °osee mascarilla de plomo y manos de madera.

El Barroco Colonial

Es indudable que la arquitectura hispanoamericana deriva directamente de la peninsular cuyas formas y estilos adopta casi siempre con retraso sin un orden cronológico, pero también es cierto que sufre un proceso de adaptación al medio, el cual le confiere una fisonomía peculiar, manifiesta sobre todo a partir de la introducción del barroco, a mediados del siglo XVII.

Como en España, el barroco en América no se expresa en la concepción espacial, sino en la exuberancia decorativa que invade tanto el exterior como el interior de los edificios llegando, en algunos casos, hasta a modificar la estructura de ellos.

En México, el período barroco está marcado por una fiebre constructiva, resultado de la extraordinaria prosperidad económica del virreinato. En esta época se levantaron, no sólo en la capital y en las ciudades importantes, sino en pequeñas poblaciones, muchos templos, conventos, ayuntamientos y pala-
cíos de gran interés artístico.

El barroco mexicano presenta rasgos comunes con los de otras escuelas de América, pero también muchos que le son propios. Es esencialmente decorativo. En el relieve escultórico que tapiza los muros no busca el modelado de las formas, ni las posiciones de entrantes y salientes, que crean juegos variados de luces y sombras como es habitual en el barroco europeo.

Tampoco le interesan los efectos espaciales obtenidos por la ondulación de los muros. La sensación de dinamismo se logra mediante los trazados curvilíneos de la ornamentación, en relieve generalmente chato, en el cual la piedra es ahuecada para determinar el dibujo de la forma. Esta técnica, empleada ya en algunos monumentos americanos del siglo XVI, es característica del arte precolombino y prueba la participación cada vez más activa del aborigen y del mestizo en la creación artística.

La intervención indígena, no sólo en cuanto a procedimientos sino también en cuanto a interpretación de una iconografía europea, es más evidente en bras barrocas de sabor popular. En cambio, no se manifiesta en los monumentos que fueron concebidos y ejecutados por artistas europeos o por americanos respetuosos de las concepciones del arte occidental. Existen, entonces, dos tendencias en el barroco mexicano. Una más tradicionalista, ligada al barroco importado, y otra ,popular, más libre y espontánea.

Elementos típicos del barroco mexicano son las columnas tornadas o salomónicas y las cúpulas. Las columnas, a diferencia de las europeas, están adheridas a las paredes, se integran casi como molduras. En el barroco europeo, en cambio, están distanciadas y así consiguen efectos de avance y retroceso para dar una mayor fluidez a las superficies.

Las cúpulas aparecen brillantes al sol, totalmente decoradas con azulejos de Puebla, con dibujos geométricos.
La temática ornamental en general es variada: a los motivos del barroco importado, interpretados con la mayor fantasía y arbitrariedad, se agregan elementos locales.
En el exterior del edificio la decoración en relieve se concentra al principio en la portada, pero luego tiende a extenderse, a invadirlo todo, hasta cubrir toda la fachada como si fuera un tapiz de vegetación; un ejemplo típico es la catedral de Zacateca, en México, y algunos otros edificios de Guatemala, Perú y Bolivia.
Otro rasgo peculiar es la preferencia por las formad poligonales y con distintos tipos de líneas, que se aplicaban a puertas y claraboyas.

El nuevo color

Algo que distingue a la arquitectura mexicana de este período es el uso de piedras de color, con las que se consiguen sorprendentes efectos de textura y contraste.

Principalmente se utilizaron dos tipos de piedras: el tezontle y la chiluca. El tezontle produce un efecto aterciopelado cuando se la mira desde lejos. Es una piedra volcánica y porosa que no se presta al labrado; su color varía desde el carmín al rojo oscuro. Era empleada para cubrir grandes superficies de muro. La chiluca, por su parte, tiene cualidades opuestas: es muy adecuada para la talla escultórica, tiene un color entre grisáceo y marfileño y es de grano fino. Se la utilizó tanto para la ornamentación como para las molduras, destacando, por contraste con el tezontle, las partes más significativas del edificio.

También se usaron los azulejos y las yeserías policromadas como material de revestimiento. El principal centro productor era Puebla, ciudad que abastecía a toda la región del Valle Central. La ornamentación de azulejos se aplicó a menudo a todo el exterior de la construcción. Por ejemplo en las iglesias de San Francisco de Acate-pec y Santa María de Tonantzintla y en la casa de los condes de Valle de Orizaba conocida generalmente como «La Casa de los Azulejos».
En San Francisco las piezas del revestimiento han sido modeladas de acuerdo con las formas de los elementos que integran la ornamentación. La gama de colores predominante es azul, amarillo y rojo.

Santa María Tonantzintle tiene la fachada revestida de cerámica pero lo más admirable es su interior que representa la máxima expresión del barroco popular mestizo. Desde el suelo hasta las bóvedas está cubierta con yesería de brillante color rojo y amarillo sobre fondo verde.

Pero las paredes de Santa María deparan al observador una experiencia más fascinante todavía: el yeso forma una visión abigarrada de magia y cristianismo. Algo que requiere una participación progresiva, irse acostumbrando poco a poco a ser testigo de una extraña asamblea celestial. Enredados en el revestimiento aparecen ángeles revoloteando, tocando toda clase de instrumentos o llevando flores; cabezas de tez morena con expresiones irreales; demonios vomitando floraciones tropicales.

Algo similar puede observarse en la fachada de la iglesia de Santa María Jolapan donde conviven figuraciones dispares, casi de carácter surrealista: columnas ceñidas por serpientes entrelazadas, cortinados de piedra que levantan aves exóticas, simbolizaciones del sol y de la luna, duendes cósmicos como para hacer reflexionar a los escritores de ciencia ficción.

Las Columnas de Cuauhtémoc

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/arte-colonial12.jpgEn todo el barroco colonial y en especial en el mexicano, la columna salomónica adquiere una preponderancia especial. Son en espiral, profusamente decoradas, y aparecen adheridas en retablos y frentes de edificios. Una tradición respaldada por el cronista López de Gomara explica que tallas y espirales representan el suplicio del rey azteca Cuauhtémoc y su decisión de no revelar dónde estaban escondidos los ídolos venerados por su pueblo.

Cuauhtémoc, «el águila que cae», había sido capturado por Hernán Cortés y sometido a suplicio con otros nobles guerreros.. El conquistador quena saber dónde se ocultaban los tesoros imperiales y las divinidades aztecas. Como el emperador se negó a decirlo, fue atado, como sus compañeros, con fuego bajo los pies.
Al oír los quejidos de sus hombres. Cuauhtémoc que había resistido en silencio, hizo cimbrar de ira los postes que lo sostenían sobre las llamas y íes preguntó si acaso él tenía «entre sus pies flores de primavera».

Las columnas en espiral representaban el suplicio del jefe azteca y según los indígenas para que el rey azteca se pudiese librar de la tortura, mayor tenía que ser el vértigo de espirales y ornamentos.

En realidad el sentido de las columnas salomónicas, según el criterio europeo, era dinamizar la quietud de una superficie, consiguiendo efectos de avance y retroceso; quebraban el estatismo y producían sensación de fluidez.

Centroamérica y Venezuela

En Guatemala y otras regiones de Centroamérica el barroco no ofrece ni la imaginación ni la riqueza del mexicano. Los testimonios más originales se encuentran en la Antigua Guatemala. Llamada simplemente Antigua, fue la capital desde 1541 hasta 1773, fecha en que la destruyó un terremoto. Debido a esa y a otras catástrofes, Antigua ha perdido mucho de sus monumentos más importantes. Sin embargo aún
quedan en pie algunos edificios como la iglesia de la Merced, notable por la decoración de su fachada ejecutada en relieve chato de acuerdo con la técnica indígena. Otros edificios dignos de señalarse, y que se encuentran en buen estado de conservación, son el palacio del Ayuntamiento y el de los Capitanes Generales.

La iglesia de Comayagua, en Honduras, tiene una ornamentación rica al extremo, integrada por elementos de la flora tropical, estrechamente entrelazados.

El arte colonial venezolano no ofrece obras de gran significación, posiblemente por la pobreza de recursos económicos del Virreinato hasta la llegada de la compañía Guipuzcoana en 1730. Con todo, en Caracas se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos como el palacio de ios Capitanes Generales, la Audiencia, la Universidad y la Catedral.

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Tríptico de la Virgen. El barroco americano está expresado en este tríptico policromado con la mayor gama de recursos, que le otorgan el vigor y la fantasía propias de su estilo. La Inmaculada Concepción, al centro, equilibra perfectamente los laterales platerescos

El barroco en el  Virreinato de Nueva Granada

Panamá la Vieja se encontraba en el territorio del Virreinato de Nueva Granada. Llegó a ser una de las ciudades más activas y prósperas del Nuevo Mundo, centro del comercio entre España y las poblaciones de las costas del Pacífico. Pero tuvo como Antigua un destino triste. Sus construcciones de madera sufrieron numerosos incendios hasta que por último, en 1671,la ciudad fue saqueada e incendiada por el pirata Morgan. Poco queda en píe de ella pero aun en su estado ruinoso puede evocarse el antiguo esplendor de la catedral, construida en piedra, y el de la iglesia de San José.

En Tunja, Colombia, la ornamentación barroca tiene características marcadamente indígenas y en la iglesia de Santo Domingo aparecen unas curiosas figuras que sostienen en alto una «petaca», cesto típico del lugar, conteniendo frutos de la región.

La ciudad dé Quito cuenta con numerosos edificios de este período, notables por su riqueza, pero estrechamente ligados a la tradición europea. La iglesia de la Compañía, uno de los templos quiteños más espléndidos, presenta la puerta central flanqueada por ocho columnas salomónicas de cinco metros de altura, inspiradas en las del célebre baldaquino de Bernini que se alza en la Basílica de San Pedro, en Roma. En el interior predomina la decoración con yesería policromada de notorias características árabes. Los artesanos mudejares abundaron en la ciudad del Virreinato de Nueva Granada y fueron famosos por la perfección de su técnica y la originalidad de los motivos empleados.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.
Gran Historia Latinoamerica Fasc. 24 El Arte Colonial Editorial Abril