El Arte en America Colonial Estilo Barroco Pintura y Arquitectura



Arte en América Colonial Estilo Barroco – Pintura y Arquitectura

Arte colonial – arquitecturaEl artista indio o mestizo comenzó a imitar los estilos europeos, pero al darles una interpretación personaf surgió el arte criollo o mestizo, que fue brillante a partir del siglo XVIII. En la arquitectura del Río de la Plata debemos hacer dos distinciones: la religiosa y la civil. La arquitectura religiosa representada por la construcción de iglesias, tuvo gran importancia en las Misiones.

La Catedral de Córdoba, que representa la superposición de dos estilos, el del Renacimiento Italiano con la parte inferior y el barroco en la zona superior, y la Catedral de Buenos Aires de estilo romano> son los exponentes arquitectónicos más importantes, además de las numerosas iglesias construidas por los jesuitas en Buenos Aires a principios del siglo XVIII.

En cuanto a la arquitectura civil en la época colonial estuvo sujeta a las disposiciones de las Leyes de Indias, que consideraban como punto de partida del trazado de una ciudad, a la forma cuadrangular de la plaza mayor, desde donde debían salir las cuatro calles principales.

Este tipo de arquitectura tuvo dos centros importantes. Buenos Aires, centro de la arquitectura pública y Salta, de la arquitectura privada. En Buenos Aires la máxima expresión de La arquitectura pública fueron los edificios del Cabildo, el Fuerte y la Recova. En Salta la edificación privada fue de estilo español, contando generalmente con dos plantas.

Escultura y pintura — También en las Misiones hubo talleres de escultura y pintura dirigidos por los jesuitas. En el tallado de madera hubo imitación de los estilos europeos, pero pronto se destacó la tendencia autóctona, siendo empero inferior a la del Perú.

Los trabajos de orfebrería en el Río de la Plata tuvieron algo de autóctono. Las provincias del Norte, más próximas al Alto Perú y en consecuencia con mayor abundancia de metales, tuvieron un estilo distinto.

arte colonial

Capilla de la Virgen del Rosario en la iglesia de Santo Domingo.
Bogotá, Colombia. Construída en 1595, es una excelente muestra del barroco español.

DESCRIPCIÓN DEL ARTE COLONIAL:
Un diálogo estraño:

El arte colonial, en realidad, comienza a la manera de un diálogo extraño, a veces forzado por la presión de picas y arcabuces. Otras, como formas de llegar a Dios.Hay una cultura de matices diversos que es aplastada, o mal interpretada, por el conquistador. Luego el aventurero se hace colonizador y trata por las buenas o por las malas de enseñar sus maneras a la población indígena.



Finalmente, se produce un complejo proceso de recreación: el indio asimila las técnicas europeas y les agrega su ser. Pintura, escultura y arquitectura se refunden para lograr algo nuevo. Las raíces precolombinas vuelven a brotar por todas partes: ocultas entre los pliegues de ornamentos de vírgenes y santos; vomitando flores, duendes y fauna sobre las paredes de las catedrales cristianas.

Este esquema no se da de una manera tan simple pero parece ser la base de todo. Hay excepciones, por supuesto: la obra de Manuel Chilli, un indígena y el escultor más grande de la escuela quiteña del siglo XVIII, no muestra rastros de espíritu nativo; su estilo es netamente europeo.

Ocurren, además, casos como el del barroco, estilo preponderante en este período, que en América Latina se presenta como prolongación de una vegetación y sol exuberantes, mientras que en Europa parece una forma de compensar la falta de calor y los inviernos largos. Además de formas, el nativo agrega materiales nuevos: piedras de color como el «tezontle» y la «chiluca»; telas de trama rústica; resinas y anilinas para reemplazar al óleo tradicional.

Por otra parte, buscará una interpretación personal para las artes que le enseñan los españoles: las cargará de un sentido propio. Asociará, por ejemplo, las columnas salomónicas torneadas, un elemento de la arquitectura barroca, al suplicio del emperador Cuauthemoc.

arte colonial catedral de santo domingo

La catedral de Santo Domingo en la República Dominicana. Fue construída en el estilo imperante de la península (1521): gótico tardío o Isabelino. En 1540 se terminó de labrar la fachada; el templo consta de tres naves con capillas laterales. Las bóvedas estrelladas se alzan imponentes mostrando la belleza de una de las construcciones coloniales más antiguas.

sala del convento de san agustin arte colonial español

sala Capitular del convento de San Agustín, Ecuador. Fue construida alrededor de 1581 por Francisco Becerra. Es una muestra significativa de la arquitectura quiteña de este período. Impresiona el equilibrio entre sobriedad y riqueza, propio del Renacimiento en América.

El Arte Como Castigo

Los centros artísticos más importantes del virreinato de Nueva España fueron México y Puebla donde una extraordinaria riqueza atrajo a artistas aventureros e incluso importó obras de maestros famosos.

El primer pintor de renombre que llegó a México fue el flamenco Simón de Pereyns. Arribó en 1566 con el séquito del virrey Gastón de Peralta, marqués de Falces, y al poco tiempo entró en disputa con otro pintor, Francisco de Morales. Acusado de hereje, el tribunal decidió aprovechar su talento y fue condenado a pintar el retablo de la virgen de la Merced que se venera en la catedral de México.



A comienzos del siglo XVII el panorama pictórico ha cambiado: hay numerosos talleres, excelentes maestros locales y técnicamente poco puede envidiarse a los europeos. Pero la necesidad de seguir los dictados del Viejo Mundo ahoga la originalidad. Se logran los efectos de Rubens, pero no se va más allá de Rubens.

Esta crisis se nota especialmente en las grandes ciudades porque en las alejadas poblaciones indígenas aparece un arte rico y fabuloso: el ingenuismo colonial. Los aborígenes han aprendido los rudimentos del arte y luego han vuelto hacia sí mismos recuperando su imaginación y fantasía. Dios y mitos suben a un tinglado cromático, vestidos con algunos elementos cristianos, modas de la colonia y humor telúrico.

A veces, sin embargo, esa creatividad afloraba también en las ciudades. Tal el caso de Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, considerado como uno de los pintores más notables de América en el período colonial. Vivió en Santa Fe de Bogotá, capital del Virreinato de Nueva Granada, uno de los centros artísticos de vida más intensa.

La originalidad de Vázquez reside en su apasionado interés por la realidad cotidiana. Prefería pintar naturalezas muertas. retratos o aspectos de Bogotá, su ciudad natal. Pera la necesidad económica lo obligó a interpretar temas religiosos, a veces composiciones complicadas y de grandes dimensiones, inspirándose en obras de maestros españoles e italianos del siglo XVII.

Para crear Vázquez utilizó lienzos indígenas, de trama áspera y desigual, que cubría con una preparación rojiza como base. Luego aplicaba los colores: resinas y anilinas elaboradas por él mismo con elementos naturales y fórmulas reveladas por los indígenas de la región. De ellos aprendió el uso del elemí, resina amarillenta y sólida que forma ricas gamas de tonos cálidos.

Otro centro artístico importante fue Quito, en Ecuador. Su florecimiento se debió principalmente a quienes trajeron de España para algunas órdenes religiosas, grandes obras atribuidas a Zurbarán, Murillo e incluso Velázquez.

La figura más sobresaliente de la pintura quiteña es Miguel de Santiago, un personaje extraño e irascible, famoso por una anécdota macabra. Según ella Santiago pintaba un Cristo crucificado y no conseguía traducir la agonía. Varias veces preguntó a su modelo, un joven discípulo, si sufría. «No maestro», sonreía invariablemente el muchacho. Fastidiado, lo atravesó con una lanza y mientras el joven agonizaba, Santiago pintaba febrilmente diciéndose: «¡Bien, maestro Miguel!» «¡Bien, maestro Miguel!». La leyenda, referida por Ricardo Palma en Tradiciones Peruanas, concluye afirmando que esa fue la última obra del maestro quiteño.

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Imagen de San Cristóbal. La imaginería americana produjo notables piezas escultóricas .destinadas a los templos. Los artistas indígenas y mestizos incorporaron elementos propios de sus tradiciones a la concepción estética aprendida de los maestros europeos. El resultado fue un arte vigoroso enraizado profundamente en el Nuevo Mundo

Los Escultores Ingenuos

Como en el caso de la pintura, también al considerar la escultura de América Central pueden distinguirse dos corrientes que se influyen mutuamente: la ingenua y la tradicional o académica.



Desde un comienzo arriban a las ciudades coloniales retableros y artífices que van formando a grupos de criollos e indígenas. Las formas son españolas pero se produce la conjunción entre el arte europeo y el sentimiento telúrico.

Los exponentes más originales de la imaginería ingenua o popular son unas estatuillas hechas con médula de maíz molido, amalgamadas con engrudo; como eran sumamente livianas se las usaba en las procesiones. Su centro productor estaba en Michoacán, México.

En Guatemala floreció una artesanía similar pero de proceso más cuidado y complejo. Empleaban madera de raíz de níspero de cedro y la mantenían sumergida en el agua durante cuatro años; luego durante otros dos años .a secaban al sol. Una vez tallada, se cubría la figura con una capa de yeso encolado, otra de plata, otra de oro y finalmente se la esmaltaba. Por último se dibujaban minuciosamente con un pequeño punzón los pliegues de los ropajes y detalles. El tono encarnado de rostros y manos se conseguía mediante una técnica secreta que se ha nerdido.

El arte ingenuo realizó también obras de mayor envergadura en los relieves de yesería y madera policromada que decoran algunas iglesias mexicanas como las de San Francisco de Aoatepec y la de Santa María de Tonantzintla.

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Pero no era todo lo que el Nuevo Mundo podía mostrar en esta materia. La riqueza del Virreinato de Nueva España permitía que se importaran desde un comienzo obras de grandes maestros sevillanos, sobre todo de Martínez Montañés y su taller, en el siglo xvn. A fines de esta centuria trabajaban en la capital dos escultores notables: Juan de Rojas, español, autor de la sillería del coro de la catedral y Salvador Ocampo, mexicano, técnicamente inferior al español pero de composición más rica y variada.

El estilo preponderante y que afectaba a todas las artes era el barroco: opuesto al clásico, rígido y estatico. El barroco es dinámico, dramático y rice en fantasía creadora. No le interesal las formas aisladas sino las visiones de conjunto donde todo fluye entrelazado y sin límites. Se dio entre los siglo xvi y xvín y podría llamárselo «arte vital», con primacía del sentimiento, en contraposición con el arte racional o clásico.

Otros centros escultóricos importantes fueron Guatemala, Santa Fe de Bogotá, Colombia y Ecuador. La escultura monumental brilló en Guatemala pero infortunadamente muchas obras han desaparecido por la acción de terremotos y saqueos. En el convento de San Francisco de Guatemala se conserva una patética cabeza de Cristo, atribuida a Martínez Montañés, que según el cronista Fuentes de Guzmán pertenecía a una imagen destinada a la ciudad de Trujillo y que «había sido bárbaramente mutilada por los pérfidos herejes de Holanda en el año 1642».

Uno de los escultores colombianos más famosos fue Juan Cabrera al que se le atribuye la Virgen del Campo, patraña de los labradores guardada en la iglesia de la Recoleta en Bogotá. Es de piedra policromada y estaba destinada a la catedral. Pero se dice que el artista la dejó inconclusa y que’ durante un tiempo sirvió de puente en un arroyo, hasta que la recogió un monje y la llevó al convento. Un día aparecieron dos ángeles vestidos de peregrinos y tras varios días de trabajo la terminaron.

En Quito, Ecuador, floreció la escuela más famosa de la época colonial, cuyas obras, de escultura y pintura, se vendían también en otras ciudades del Virreinato. En la segunda mitad del siglo xvm, la personalidad más trascendente de esa escuela fue el escultor Manuel Chilli, conocido como Capistara, quien curiosamente, no obstante ser indígena, no presenta en su obra ningún rasgo nativo.

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Ejemplo de un Boceto del pintor colombiano Gregorio Vázquez de Arce y Ceballos, (1638/1711j, uno de os exponentes más brillantes de la pintura colonial de principios del siglo XVIII. Caracterizó a su estilo la línea sobria y perfecta del neoclasicismo americano y sus obras adornaron las principales iglesias de Nueva Granada.

La primera catedral de América

Pese al enorme interés demostrado por las disposiciones reales en lo relativo al material que flebía emplearse para la construcción de iglesias y ayuntamientos, la primera catedral de América fue al principio un modesto edificio con techo de paja. Solamente cuando llegó a Santo Domingo el obispo fray Alejandro Geraldini se iniciaron realmente los trabajos para levantar el nuevo templo.

Geraldini era un humanista florentino que había sido preceptor de los hijos de Isabel la Católica. A los 65 años de edad partió para América y llegó a Santo Domingo. Entusiasta, describía a la ciudad imaginando que «sus edificios eran tan altos y hermosos como los de Italia». Comparación exagerada puesto que la villa contaba con pocos años de vida y no disponía de buenos constructores ni mano de obra capacitada.

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La piedra fundamental de la catedral fue colocada en 1521 y se ignora quién fue el autor del proyecto. Consta de tres naves, capillas laterales y ábside poligonal. Su aspecto interior es severo y la iluminación escasa.

Geraldini falleció en 1526 sin haber podido ver terminada su obra, concluida en 1540.

Utro monumento destacado de la arquitectura americana es la llamada «Casa del Almirante», residencia de Diego Colón,.hijo del descubridor. A la muerte de su padre reclamó los derechos de heredero y en 1509 embarcó para Santo Domingo acompañado por su esposa María de Toledo, parienta del Duque de Alba, y un grupo de damas y caballeros. Considerando que la jerarquía de su persona y de quienes lo acompañaban requería un marco adecuado, mandó construir un palacio de planta rectangular de dos pisos. El edificio es de piedra, de aspecto macizo y estilo ojival.

El lujo de la pequeña corte de Diego Colón le valió la enemistad de Miguel de Pasamonte y sus- partidarios quienes acusaron al heredero de haber construido una fortaleza para rebelarse contra el rey.

Cuenta fray Bartolomé de las Casas que para combatir esas calumnias aprovecharon la llegada a la isla de «cierto personaje muy diestro en las cosas de la guerra y que había gastado muchos años en Italia, y le rogaron que fuese a ver las casas e cuarto que había hecho el Almirante, para ver si era casa fuerte que pudiera tener sospecha de algo. Fuese a ella y vido que estaba toda aventanada, e llena por todas partes de ventanas, porque así lo requería la tierra por el calor y otras particularidades de casa muy llana; y burló de ello y más de quienes aquello pensaban».

Palacio Municipal de Guadalajara en México. Construido en el siglo XVIII es una muestra arquitectónica típica del barroco americano. Resaltan las líneas severas y macizas de su estructura, equilibradas por la ornamentación de su fachada realizada en piedra jabón, que le da una apariencia aterciopelada.

Palacio de la Inquisición, en Cartagena, Colombia. Los balcones amplios y los muros lisos son las características más notables de esta obra arquitectónica terminada de construir hacia 1706. La casa del Santo Tribunal conserva los gruesos barrotes del calabozo que guarda la mesa de los suplicios. En el resto del edificio se pueden advertir elementos indígenas de la decoración.

El templo-fortaleza

En los primeros años de la conquista de México, las órdenes religiosas más audaces se aventuraron en zonas amenazadas por tribus belicosas. Así levantaron la iglesia y el convento dentro de un esquema adecuado a las circunstancias. Crearon un conjunto orgánico de carácter «monástico militar» que se denominó «templo-fortaleza». Comprendía una iglesia precedida por un gran atrio donde se guarecían los indígenas fieles en caso de ataque; una capilla abierta, llamada «capilla de indios» y un claustro en torno al cual se disponían salas y celdas.

El conjunto estaba almenado y en algunos casos tenía garitas para centinelas.

Las iglesias eran de una sola nave y las fachadas, sumamente decoradas, contrastaban con la severidad de la construcción. De las tres órdenes que emprendieron la evangelización de México, franciscanos, dominicos y agustinos, las construcciones más imponentes, tanto por dimensión como por decoración, fueron las de estos últimos.

Las órdenes mendicantes edificaban sus templos con un espíritu creador independiente y en estrecha colaboración con los indígenas. Los aborígenes mexicanos eran distintos a ios de las islas del Caribe: tenían una cultura rica, organizada en torno a una autoridad. En México y Guatemala se levantaban imponentes conjuntos sagrados dominados por una gran pirámide realizados con sorprendente maestría, tanto desde el punto de vista de la construcción adintelada de la piedra, como de la ornamentación escultórica. La sensibilidad plástica del indígena se manifestará poco a poco en las nuevas obras erigidas por el conquistador en el continente americano.

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Fachada de la Catedral de México. Levantada en el mismo lugar que antes ocupara un modesto templo, su construcción se inició en 1563 finalizando en 1813. Esa circunstancia impidió que toda la construcción tuviera un estilo claramente definido. Sin embargo, la sobriedad de sus líneas contribuye a darle unidad.

Recordando «El Escorial»

Mientras las órdenes mendicantes creaban arquitectura, los cánones de construcción en las capitales eran sumamente ortodoxos y fieles a los modelos españoles. Durante la segunda mitad del siglo xvi prevalece la severidad estructural impuesta por el arquitecto Herrera en el palacio del Escorial; el Escorial tiene forma de parrilla en conmemoración del martirio de San Lorenzo que fue quemado. Este estilo llegó a América gracias a un excelente arquitecto, Francisco Becerra, que trabajó primero en Nueva España y posteriormente en el Perú.

La catedral de México era un templo sumamente modesto que por diversas circunstancias debió ser reconstruido varias veces. Existía cierto recelo para intentar una obra de mayor envergadura: el subsuelo era el desecado lago Texcoco, donde estaba emplazada la ciudad de Tenochtitlán, capital del imperio azteca. Con grandes dudas comenzaron los trabajos en 1563 y la primera medida fue tratar de lograr cimientos suficientemente sólidos como para que la futura catedral no se desmoronase.

La obra duró lo que la dominación española. En pleno 1813, cuando se libraba la guerra de Ja independencia, se colocó en el frente la última estatua: una escultura de la Fe.

En los casi tres siglos que demandó la construcción de la catedral, los estilos fueron cambiando. El templo comenzó siendo renacentista, continuó barroco y finalizó neoclásico. No significa que la catedral fuese reconstruida totalmente para adaptarla a cada nueva tendencia que aparecía, sino que cada parte que se le agregaba tenía la forma de moda. Sin embargo guarda unidad, fundamentalmente porque el barroco es muy atemperado y permite cierta integración con los otros estilos más sobrios. Otras catedrales notables del Virreinato de Nueva España fueron las de Puebla, Mérida, Michoacán, Chiapas, Oaxaca y Guadalajara.

Obra de Francisco Becerra es el convento y templo de San Francisco, en la ciudad de Quito. Considerado el edificio más significativo del estilo Escorial, fue construido sobre las ruinas del palacio del inca Huaina Cápac, entre los años 1535 y 1605. Impresiona por el exacto equilibrio entre el lujo y la sobriedad: la fachada de la iglesia consta de dos cuerpos superpuestos, divididos por columnas toscanas, que crean un juego de luz y sombra. Complementan la ornamentación, pirámides rematadas por bolas, típicas de la moda escurialense.

Pero no todo era alabar a Dios o reunirse para gobernar las tierras del rey en América. Una piratería creciente, prolijamente apuntalada por naciones enemigas y aun amigas de España, saqueaba las poblaciones de la costa e incursiones rápidas con pérdidas mínimas y botines fabulosos.

La Habana, que se había convertido luego de la conquista de México en el centro más activo del comercio del Caribe, sufrió en 1538 el primer ataque de los corsarios franceses.

Preocupado, Felipe II decidió extender fortificaciones a lo largo de toda la costa atlántica desde las Antillas hasta el estrecho de Magallanes. Dirigieron estos trabajos los Antonelli, una familia de técnicos en fortificaciones. A ellos se deben las fortalezas del Morro en La Habana, Cartagena de Indias, San Juan de Ullúa en Veracruz y el Morro de San Juan de Puerto Rico; de todas, sólo las de Cartagena, Puerto Rico y La Habana quedan en pie.

Se trataba de construcciones netamente militares con muros muy sólidos y sin lugar para fantasías decorativas. Por un tiempo frenaron la codicia de los piratas pero también consumieron gran parte de los presupuestos, paralizando otras obras. Por esta razón en La Habana la arquitectura artística apareció con retardo: hasta la segunda mitad del siglo xvu no se levantaron monumentos valiosos.

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Imagen de la Dolorosa. Fue esculpida en el siglo XVIII como imagen de vestir por Manuel Chilli, quien asimilando las técnicas italianas y españolas pudo expresarse en formas amplias . menos realistas evitando los rasgos indígenas. °osee mascarilla de plomo y manos de madera.

El Barroco Colonial

Es indudable que la arquitectura hispanoamericana deriva directamente de la peninsular cuyas formas y estilos adopta casi siempre con retraso sin un orden cronológico, pero también es cierto que sufre un proceso de adaptación al medio, el cual le confiere una fisonomía peculiar, manifiesta sobre todo a partir de la introducción del barroco, a mediados del siglo XVII.

Como en España, el barroco en América no se expresa en la concepción espacial, sino en la exuberancia decorativa que invade tanto el exterior como el interior de los edificios llegando, en algunos casos, hasta a modificar la estructura de ellos.

En México, el período barroco está marcado por una fiebre constructiva, resultado de la extraordinaria prosperidad económica del virreinato. En esta época se levantaron, no sólo en la capital y en las ciudades importantes, sino en pequeñas poblaciones, muchos templos, conventos, ayuntamientos y pala-
cíos de gran interés artístico.

El barroco mexicano presenta rasgos comunes con los de otras escuelas de América, pero también muchos que le son propios. Es esencialmente decorativo. En el relieve escultórico que tapiza los muros no busca el modelado de las formas, ni las posiciones de entrantes y salientes, que crean juegos variados de luces y sombras como es habitual en el barroco europeo.

Tampoco le interesan los efectos espaciales obtenidos por la ondulación de los muros. La sensación de dinamismo se logra mediante los trazados curvilíneos de la ornamentación, en relieve generalmente chato, en el cual la piedra es ahuecada para determinar el dibujo de la forma. Esta técnica, empleada ya en algunos monumentos americanos del siglo XVI, es característica del arte precolombino y prueba la participación cada vez más activa del aborigen y del mestizo en la creación artística.

La intervención indígena, no sólo en cuanto a procedimientos sino también en cuanto a interpretación de una iconografía europea, es más evidente en bras barrocas de sabor popular. En cambio, no se manifiesta en los monumentos que fueron concebidos y ejecutados por artistas europeos o por americanos respetuosos de las concepciones del arte occidental. Existen, entonces, dos tendencias en el barroco mexicano. Una más tradicionalista, ligada al barroco importado, y otra ,popular, más libre y espontánea.

Elementos típicos del barroco mexicano son las columnas tornadas o salomónicas y las cúpulas. Las columnas, a diferencia de las europeas, están adheridas a las paredes, se integran casi como molduras. En el barroco europeo, en cambio, están distanciadas y así consiguen efectos de avance y retroceso para dar una mayor fluidez a las superficies.

Las cúpulas aparecen brillantes al sol, totalmente decoradas con azulejos de Puebla, con dibujos geométricos.
La temática ornamental en general es variada: a los motivos del barroco importado, interpretados con la mayor fantasía y arbitrariedad, se agregan elementos locales.
En el exterior del edificio la decoración en relieve se concentra al principio en la portada, pero luego tiende a extenderse, a invadirlo todo, hasta cubrir toda la fachada como si fuera un tapiz de vegetación; un ejemplo típico es la catedral de Zacateca, en México, y algunos otros edificios de Guatemala, Perú y Bolivia.
Otro rasgo peculiar es la preferencia por las formad poligonales y con distintos tipos de líneas, que se aplicaban a puertas y claraboyas.

El nuevo color

Algo que distingue a la arquitectura mexicana de este período es el uso de piedras de color, con las que se consiguen sorprendentes efectos de textura y contraste.

Principalmente se utilizaron dos tipos de piedras: el tezontle y la chiluca. El tezontle produce un efecto aterciopelado cuando se la mira desde lejos. Es una piedra volcánica y porosa que no se presta al labrado; su color varía desde el carmín al rojo oscuro. Era empleada para cubrir grandes superficies de muro. La chiluca, por su parte, tiene cualidades opuestas: es muy adecuada para la talla escultórica, tiene un color entre grisáceo y marfileño y es de grano fino. Se la utilizó tanto para la ornamentación como para las molduras, destacando, por contraste con el tezontle, las partes más significativas del edificio.

También se usaron los azulejos y las yeserías policromadas como material de revestimiento. El principal centro productor era Puebla, ciudad que abastecía a toda la región del Valle Central. La ornamentación de azulejos se aplicó a menudo a todo el exterior de la construcción. Por ejemplo en las iglesias de San Francisco de Acate-pec y Santa María de Tonantzintla y en la casa de los condes de Valle de Orizaba conocida generalmente como «La Casa de los Azulejos».
En San Francisco las piezas del revestimiento han sido modeladas de acuerdo con las formas de los elementos que integran la ornamentación. La gama de colores predominante es azul, amarillo y rojo.

Santa María Tonantzintle tiene la fachada revestida de cerámica pero lo más admirable es su interior que representa la máxima expresión del barroco popular mestizo. Desde el suelo hasta las bóvedas está cubierta con yesería de brillante color rojo y amarillo sobre fondo verde.

Pero las paredes de Santa María deparan al observador una experiencia más fascinante todavía: el yeso forma una visión abigarrada de magia y cristianismo. Algo que requiere una participación progresiva, irse acostumbrando poco a poco a ser testigo de una extraña asamblea celestial. Enredados en el revestimiento aparecen ángeles revoloteando, tocando toda clase de instrumentos o llevando flores; cabezas de tez morena con expresiones irreales; demonios vomitando floraciones tropicales.

Algo similar puede observarse en la fachada de la iglesia de Santa María Jolapan donde conviven figuraciones dispares, casi de carácter surrealista: columnas ceñidas por serpientes entrelazadas, cortinados de piedra que levantan aves exóticas, simbolizaciones del sol y de la luna, duendes cósmicos como para hacer reflexionar a los escritores de ciencia ficción.

Las Columnas de Cuauhtémoc

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/arte-colonial12.jpgEn todo el barroco colonial y en especial en el mexicano, la columna salomónica adquiere una preponderancia especial. Son en espiral, profusamente decoradas, y aparecen adheridas en retablos y frentes de edificios. Una tradición respaldada por el cronista López de Gomara explica que tallas y espirales representan el suplicio del rey azteca Cuauhtémoc y su decisión de no revelar dónde estaban escondidos los ídolos venerados por su pueblo.

Cuauhtémoc, «el águila que cae», había sido capturado por Hernán Cortés y sometido a suplicio con otros nobles guerreros.. El conquistador quena saber dónde se ocultaban los tesoros imperiales y las divinidades aztecas. Como el emperador se negó a decirlo, fue atado, como sus compañeros, con fuego bajo los pies.
Al oír los quejidos de sus hombres. Cuauhtémoc que había resistido en silencio, hizo cimbrar de ira los postes que lo sostenían sobre las llamas y íes preguntó si acaso él tenía «entre sus pies flores de primavera».

Las columnas en espiral representaban el suplicio del jefe azteca y según los indígenas para que el rey azteca se pudiese librar de la tortura, mayor tenía que ser el vértigo de espirales y ornamentos.

En realidad el sentido de las columnas salomónicas, según el criterio europeo, era dinamizar la quietud de una superficie, consiguiendo efectos de avance y retroceso; quebraban el estatismo y producían sensación de fluidez.

Centroamérica y Venezuela

En Guatemala y otras regiones de Centroamérica el barroco no ofrece ni la imaginación ni la riqueza del mexicano. Los testimonios más originales se encuentran en la Antigua Guatemala. Llamada simplemente Antigua, fue la capital desde 1541 hasta 1773, fecha en que la destruyó un terremoto. Debido a esa y a otras catástrofes, Antigua ha perdido mucho de sus monumentos más importantes. Sin embargo aún
quedan en pie algunos edificios como la iglesia de la Merced, notable por la decoración de su fachada ejecutada en relieve chato de acuerdo con la técnica indígena. Otros edificios dignos de señalarse, y que se encuentran en buen estado de conservación, son el palacio del Ayuntamiento y el de los Capitanes Generales.

La iglesia de Comayagua, en Honduras, tiene una ornamentación rica al extremo, integrada por elementos de la flora tropical, estrechamente entrelazados.

El arte colonial venezolano no ofrece obras de gran significación, posiblemente por la pobreza de recursos económicos del Virreinato hasta la llegada de la compañía Guipuzcoana en 1730. Con todo, en Caracas se levantaron numerosos edificios civiles y religiosos como el palacio de ios Capitanes Generales, la Audiencia, la Universidad y la Catedral.

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Tríptico de la Virgen. El barroco americano está expresado en este tríptico policromado con la mayor gama de recursos, que le otorgan el vigor y la fantasía propias de su estilo. La Inmaculada Concepción, al centro, equilibra perfectamente los laterales platerescos

El barroco en el  Virreinato de Nueva Granada

Panamá la Vieja se encontraba en el territorio del Virreinato de Nueva Granada. Llegó a ser una de las ciudades más activas y prósperas del Nuevo Mundo, centro del comercio entre España y las poblaciones de las costas del Pacífico. Pero tuvo como Antigua un destino triste. Sus construcciones de madera sufrieron numerosos incendios hasta que por último, en 1671,la ciudad fue saqueada e incendiada por el pirata Morgan. Poco queda en píe de ella pero aun en su estado ruinoso puede evocarse el antiguo esplendor de la catedral, construida en piedra, y el de la iglesia de San José.

En Tunja, Colombia, la ornamentación barroca tiene características marcadamente indígenas y en la iglesia de Santo Domingo aparecen unas curiosas figuras que sostienen en alto una «petaca», cesto típico del lugar, conteniendo frutos de la región.

La ciudad dé Quito cuenta con numerosos edificios de este período, notables por su riqueza, pero estrechamente ligados a la tradición europea. La iglesia de la Compañía, uno de los templos quiteños más espléndidos, presenta la puerta central flanqueada por ocho columnas salomónicas de cinco metros de altura, inspiradas en las del célebre baldaquino de Bernini que se alza en la Basílica de San Pedro, en Roma. En el interior predomina la decoración con yesería policromada de notorias características árabes. Los artesanos mudejares abundaron en la ciudad del Virreinato de Nueva Granada y fueron famosos por la perfección de su técnica y la originalidad de los motivos empleados.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.
Gran Historia Latinoamerica Fasc. 24 El Arte Colonial Editorial Abril

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