Plebeyos y Patricios

Historia del Imperio Romano Trabajo Minero y Agricola Mineria Tecnicas

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO MINERO Y AGRÍCOLA

Los romanos asimilaron rápidamente los avances técnicos realizados por griegos y egipcios en la minería. Las minas eran explotadas a cielo abierto y en pozos o galerías como se puede comprobar en España, con los distritos mineros de Las Omañas, Las Médulas, Cástulo o La Valduerna.Una de las técnicas más empleadas era el derrumbe de montañas, procediendo después al lavado de mineral con agua, en ocasiones procedente de 40 kilómetros. De los diferentes distritos mineros salía el metal puro fundido, por lo que se realizaban in-situ todas las operaciones, lo que conllevaba la participación de un amplio número de trabajadores.

la vida cotidiana en roma antigua

 

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No en balde, sabemos que en las minas de Cartagena llegaron a trabajar unas 40.000 personas. Como es lógico pensar, el trabajo en la mina era tremendamente duro. La mayoría de los mineros eran esclavos o trabajadores dependientes e incluso libres que trabajaban por el beneficio obtenido o como una forma de liberación de impuestos. Las tropas acantonadas en las cercanías de las minas, además de proporcionar seguridad a la explotación, servían para realizar tareas de asesoramiento técnico y construcción de infraestructuras. Este tipo de tareas eran dirigidas por los procuradores imperiales que también tenían a su cargo la administración y la vigilancia de la explotación.

La gestión de las minas dependió del momento. En un principio, el Estado tenía bajo su control la explotación pero desde los primeros años del siglo II a.C. se utilizó un sistema mixto: arrendamiento para todos los metales excepto las minas de oro que dependían directamente del Estado (las de plata en algunas ocasiones también eran de propiedad estatal). Los servicios que rodean a las minas -baños, zapatería, ferretería, etc.- eran ofrecidos por el Estado en régimen de alquiler.

Tribunos de la Plebe Conflictos Sociales en Roma Antigua Decenviros

Tribunos de la Plebe – Conflictos Sociales en Roma Antigua

El Tribunado: Los tribunos de la plebe debían proteger a los ciudadanos y procurar que ninguno fuese avasallado en sus derechos. Carecían de poder para obrar, pero lo tenían para impedir. Para ello tenían el derecho de veto (prohíbo), que ejercían ya sea cuando se proponía una ley contraria a los intereses del pueblo; cuando un ciudadano era detenido, con lo que quedaba libre hasta el día de la sentencia; o cuando los cónsules convocaban al ejército para emprender una expedición.

Para complementar la tarea de los tribunos, se creó un cuerpo de ediles, elegidos también entre los plebeyos, los que se ocupaban de la administración de la ciudad, mediante la vigilancia de la limpieza, el control de los precios, el buen uso de las pesas y medidas; y además ejercían una función de policía para velar por la seguridad de los habitantes.

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Los Primeros Tribunos de la Plebe: Los Hermanos Gracos

Plebiscitos
En el año 471 a.C. el Senado reconoció a las Asambleas por Tribus (barrios), —en las que se votaba por cabeza, lo que le daba ventaja a los plebeyos— el derecho de votar leyes que se llamaron plebiscitos.

Los decenviros
Como los patricios aprovechaban la circunstancia de que no había leyes escritas para administrar justicia de acuerdo con sus intereses, los tribunos lograron que en el año 451 a.C. fueran nombrados diez magistrados, llamados decenviros, a quienes se les encomendó la misión de redactar las leyes, confiriéndoles para ello el poder supremo.

En estas condiciones, los decenviros redactaron diez tablas de leyes y gobernaron con prudencia. Al cabo de un año, como no habían finalizado su tarea, se nombraron diez sucesores que no se comportaron de la misma manera y abusaron de su poder. Esto provocó como consecuencia un amotinamiento de la plebe. El ejército se sublevó y los decenviros fueron derrotados y se vieron obligados a abdicar. En consecuencia, fueron restablecidos el consulado y las antiguas magistraturas.

Las Leyes de las Doce Tablas
Además, se dictaron nuevas leyes que se grabaron en doce tablas de bronce, que fueron expuestas en el Foro, para que todos pudieran consultarlas. De acuerdo con las Leyes de las Doce Tablas, desaparecieron las diferencias entre patricios y plebeyos y todos fueron iguales ante la ley. Sólo quedó vigente la imposibilidad del matrimonio entre patricios y plebeyos, disposición que fue derogada en el año 445 a.C., con lo que también quedó establecida la igualdad social.

Al año siguiente los tribunos obtuvieron nuevas ventajas, por lo cual los patricios crearon los censores, magistrados que cada cinco años debían hacer el censo o recuento de la población.’Además ejercían sobre todos los ciudadanos la más estricta vigilancia y podían eliminar de la nómina de senadores a quienes juzgaban indignos, lo que les daba la posibilidad de manejar las candidaturas.

No obstante, en el año 366 a.C. los patricios aceptaron que los plebeyos pudieran ejercer el consulado, con lo que quedó también consagrada la igualdad política- pero los patricios desprendieron del consulado la función de justicia que quedó a cargo de magistrados especiales llamados pretores.

Con el curso del tiempo, los plebeyos pudieron ejercer también la censura y la pretura, y en el año 302 a.C. se les autorizó a entrar en los santuarios y ejercer el sacerdocio. De esta forma la igualdad fue completa y todos se consagraron al servicio de la nación, lanzándose a la conquista de los pueblos vecinos.

PARA SABER MAS…
HISTORIA DE LA LUCHA POR LOS DERECHOS

La primer arma de los plebeyos fue la huelga militar, y a ésta recurrieron varias veces para obligar a los patricios LA a arreglar la cuestión de las deudas. Cansados de promesas que jamás se cumplían, los plebeyos se retiraron en amias al Monte Sacro para fundar allí una ciudad nueva.

Asustado el senado, les envió a Menenio Agripa, quien, para convencerlos, se valió de un famoso apólogo, « los Miembros y el Estómago » demostrando con él que plebeyos y patricios formaban un solo organismo en la sociedad romana; además les hizo concesiones de parte de los patricios, cuales fueron : la libertad a los esclavos por deudas, y dar a la plebe, para protegerla, dos magistrados especiales, llamados tribunos, porque eran elegidos por las tribus (493).

Los tribunos no eran, a decir verdad, magistrados, puesto que eran plebeyos y no tenían ningún carácter religioso. Este carácter, puramente civil, los hacía inviolables, sacrosantos, porque tocarles se consideraba una mancha; su autoridad era, por consiguiente, completamente moral. No celebraban ningún sacrificio ni llevaban ninguna insignia; su misión consistía en defender las personas y los intereses de los plebeyos.

Defendían las personas gracias al derecho de socorro, pero no incumbía a los tribunos lo qué ocurría « fuera del alcance de su mano, de su mirada o de su palabra ». Defendían los intereses de la plebe por medio del veto, es decir el derecho de negar su sanción a las disposiciones de los cónsules o del senado, que no juzgaban buenas. La primer táctica que emplearon fue reclamar una ley agraria, es decir el reparto entre los pobres de las tierras tomadas el enemigo cayo exclusivo aprovechamiento se atribuían los patricios.

Después pidieron leyes escritas para que el conocimiento y aplicación de las leyes no fuera privilegio de los patricios, que sólo sabían las antiguas fórmulas del antiguo derecho religioso. Al cabo de diez años de luchas, obtuvieron que se nombraran diez magistrados, los decenviros, con plenos poderes para redactar las leyes, y cuya primera obra fue el código llamado Ley de las Doce Tablas (449).

Obtenido esto, reclamaron la libertad de los matrimonios entre patricios y plebeyos, así como la repartición del consulado. El senado acordó la libertad de los matrimonios; pero suprimió el consulado fraccionándolo en tres cargos distintos : el tribunal militar, la censura y la cuestura.

Todos los emperadores de Roma Antigua Cronologia Emperadores Romanos

Todos los emperadores de Roma Antigua

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LISTA CRONOLÓGICA DE TODOS LOS EMPERADORES DE ROMA ANTIGUA

Cuando Augusto, el primer emperador de Roma, murió en 14 d. C, el Senado romano lo declaró dios. De ahí en más, el pueblo adoró a los emperadores y en todo el Imperio se construyeron templos en su honor. Estos edificios impresionantes ponían de manifiesto el poder absoluto de las autoridades supremas.

Los monumentos erigidos para celebrar las victorias bélicas también contribuían a proclamar la fuerza de los soberanos. Los emperadores emitían monedas con sus retratos y encargaban pinturas, mosaicos y esculturas que los representaban a ellos mismos y a sus familias.

Más que mostrarnos una verdadera semejanza, el estilo y el simbolismo de los retratos imperiales nos hablan muchas veces sobre la forma en que un emperador quería que sus súbditos lo vieran. La siguiente es una lista de algunos de los emperadores más importantes.

Augusto 27a. C. – 14d. C.

Tiberio 14-37

Calígula  37-41

Claudio I  41 – 54

Nerón 54-68

Galba 68-69

Oto 69

Vitelio 69

Vespasiano 69-79

Tito  79-81

Domiciano 81 -96

Nerva 96-98

Trajano 98- 117

Adriano 117- 138

Antonio Pío 138- 161

Marco Aurelio 161-180

Cómodo 180- 192

Pertinax 193

Didio Juliano 193

Septimio Severo 193 -211

Caracalla 211 – 217

Macrino 217-218

Elagábalo 218-222

Severo Alejandro 222 – 235

Maximino 235-238

Gordiano I 238

Gordiano II 238

Gordiano III 238 – 244

Felipe 244 – 249

Dedo 249 – 251

TrebonianoGalo 251 -253

Emiliano 253

Valeriano I 253 – 259

Galieno 259-268

Claudio II 268-270

Quintilo 270

Aureliano 270 – 275

Tácito 275 – 276

Floriano 276

Probo 276 – 282

Caro 282 – 283

Carino 283 – 285

Diocleciano 284-305

Maximiano 286-305

Constantino y Licino 307

Constantino I 324-337

Constantino II 337-340

Constancio 340 – 350

Constantius 340 – 361

Julián 361-363

Joviano 363 – 364

Valentiniano I 364-375

Valens 364-378

Graciano 378 – 383

Valentiniano II 375-392

Teodosio I 379 – 395

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DIVISIÓN DEL IMPERIO ROMANO 395 d. C. IMPERIO DE OCCIDENTE
Honorio 394 – 423

Valentiniano III 423-455

Máximo 455

Avito 455 – 456

Majorian 457 – 461

Severo 461 – 465

Antemio 467 – 472

Olibrio 472

Glicerio 473 – 474

Nepo 474 – 475

Rómulo Augústulo 475-476

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IMPERIO DE ORIENTE
Arcadio 395 – 408

Teodosio II 408 – 450

Marciano 450 – 457

Leo I 457 – 474

Zeno 474 – 491

Anastasio I 491 – 518

Justino I 518-527

Justiniano I 527 – 565

Emperador Tiberio

Emperador Claudio

Emperador Vespaciano

Emperador Trajano

Emperador Severo

Emperador Constantino II

Emperador Valentino I

Emperador Galieno

Emperador Gordiano III

Emperador Diocleciano

Caída Imperio Romano de Oriente La Toma de Constantinopla

Caída Imperio Romano de Oriente-La Toma de Constantinopla 

La amenaza turca se cernía cada día mas sobre Constantínopla, la «reina de las ciudades». El emperador busca, en vano, ayuda. El cerco se estrecha. En el año 1453 la capital bizantina es conquistada por Mohamet II. Un destacado historiador italiano describe al emperador de Bizancio como un personaje vestido de púrpura y oro, rodeado de un millar de cortesanos y con un león a sus pies construido con resortes y engranajes que rugía y se azotaba los costados con la cola.

Constantinopla la reina de las ciudades: Tal magnificencia no tenía igual entre los soberanos cristianos. Sin embargo, cuatro siglos más tarde, en 1400, el emperador bizantino Manuel II tuvo que ir a Inglaterra a suplicar ayuda al rey Enrique IV. El año anterior había comenzado a visitar las capitales de la Europa cristiana en una desesperada demanda de auxilio para salvar a Constantinopla de ser conquistada por los turcos otomanos musulmanes.

Ya entonces estaban estrechando el cerco rápidamente sobre «la reina de las ciudades», como los bizantinos llamaban a su capital.

Desde el siglo VII en adelante el imperio bizantino había establecido centros militares en sus provincias gobernados por oficiales y soldados-agricultores. El sistema estaba concebido para la defensa contra los árabes, eslavos y las tribus turcas del Asia central. Terminó convirtiéndose en una red de grandes familias de militares hacendados que hasta los emperadores más poderosos eran incapaces de controlar.

A partir del siglo XI la corona llegó a verse obligada a ceder muchos de sus propios derechos, como el de recaudar impuestos, a los terratenientes, a cambio de servicios militares. De este modo, el dominio de la autoridad central sobre las provincias fue perdiendo eficacia continuamente.

Otra dificultad del gobierno bizantino se produjo con el creciente poder de los capitalistas extranjeros dentro del imperio. Empezó cuando la república marítima de Venecia obtuvo privilegios comerciales especiales a cambio de su ayuda naval contra los normandos que invadieron Grecia en el siglo XI.

La gran ciudad comercial de Venecia se aferró tenazmente a estos privilegios, que le otorgaban la exención de derechos de aduanas en el imperio .bizantino a través del cual pasaba un próspero y lucrativo comercio. A medida que Venecia crecía en poderío, fueron floreciendo sus rivales italianas Genova y Pisa y también ellas trataron de obtener ventajosos acuerdos comerciales con Constantinopla.

mapa de constantinopla

La amenaza turca: Mientras las potencias latinas vecinas iban mostrándose cada vez más agresivas a partir del siglo xi, las dificultades del gobierno bizantino se vieron incrementadas por nuevos ataques exteriores dirigidos contra todas las partes del imperio. Desde mediados del siglo xi las tribus turcas del Asia central venían presionando sobre la frontera oriental.

Al final del siglo los seljúcidas y otros turcos habían conquistado gran parte del rico territorio del Asia Menor, donde establecieron sus propios principados musulmanes. Las tribus nómadas turcas realizaron incursiones a través del Danubio, penetrando un gran trecho en el interior de los Balcanes. Los aventureros normandos llegaron hasta Italia y tomaron posesión de las últimas provincias bizantinas en el sur.

Por si esto fuera poco, los cruzados llegaron del occidente latino, alterando la diplomacia y la política exterior bizantinas. Establecieron pequeños estados cristianos, turbulentos e inadecuadamente defendidos, en las antiguas provincias bizantinas de Siria y Palestina.

Mientras que en Europa Occidental el feudalismo decaía con la afirmación de los monarcas nacionales, en Europa oriental se sentía la amenaza de nuevas invasiones procedentes de Asia, que reiteradamente pretendían conquistar también el Imperio Bizantino.

HISTORIA: En el siglo XII, los mongoles, pastores guerreros y nómades del Norte de China, organizaron un importante imperio que se extendió por Rusia, Siria y el Norte de India. Su fundador fue Gengis Kan (1154-1227), guerrero y conquistador de temible fama por las devastaciones que sembraba a su paso.

En el siglo XIII, el emperador Tamerlán logró la conquista del resto de India, Persia. Mesopotamia y Asia Menor. Gran importancia para la historia del Medioevo occidental tuvo la irrupción de otro pueblo asiático: los turcos. Procedentes del Turquestán, el pueblo turco había descendido en el siglo IX al califato de Bagdad., donde se asenté. Con el tiempo, los turcos lograron derrocar a la dinastía de los Abásidas y fundar la propia con Otmán I, el Victorioso.  Por él se conoció a los turcos con el nombre de otomanos.

Los turcos otomanos habían surgido como un pequeño estado en el Noroeste de Anatolia, tras el hundimiento del sultanato Rum. Reciben su nombre de su organizador, Otmán I, y consiguieron unidad y fuerza a las órdenes de Orján, el hijo de Otman. Su empuje se debió en parte al apoyo de los “gazi”, guerreros musulmanes que practicaban la jihad (la guerra santa se denomina en turco “gaza”), dispuestos a luchar contra el imperio bizantino.

A partir de allí comenzaron una expansión que los llevó en el siglo XV a poseer vastos territorios en Europa. Asia y África. En 1453, su objetivo fue lograr una nueva capital. Para ello, se dirigieron a Constantinopla y la conquistaron luego de dos meses de resistencia.

La Toma de Constantinopla Caida de Bizancio

Mohamed II

Al comenzar el siglo XV el imperio Bizantino estaba reducido a la ciudad de Constantinopla y a una pequeña área al norte de ella. Los turcos rodearon Constantinopla y pidieron su rendición, pero los turcos no pudieron mantener el asedio por haber sido atacados por el conquistador mongol de Asia Central Tamerlán Timur (1402). Finalmente en 1453 el sultán Mohamed II conquistó Constantinopla.

Mohamed II convirtió a la ciudad en nueva sede de su residencia y la llamó Estambul. De esta manera, luego de diez siglos de supervivencia., desapareció el Imperio Romano de Oriente. Su caída fue elegida por los historiadores como hito para determinar el fin de la Edad Media y los comienzos de la Edad Moderna.

Los bizantinos sobrevivientes, al emigrar a Occidente, llevaron consigo la tradición cultural grecorromana que se había conservado en Constantinopla y contribuyeron a despertar uno de los sucesos más importantes de a modernidad: el Renacimiento cultural y artístico de los siglos XV y XVI.

CONSECUENCIAS DEL IMPERIO ROMANO DE ORIENTE: Con la toma de Constantinopla por los turcos, en 1453, las relaciones comerciales de Europa con Asia se tornaron muy difíciles. Hasta entonces, las caravanas traían las mercaderías desde Oriente hasta el Mediterráneo oriental y el mar Negro, donde navíos genoveses y venecianos iban a buscarlas.

El virtual monopolio de Venecia y Genova sobre ese comercio hizo que el interés de otros pueblos se volcase hacia el descubrimiento de un nuevo camino para llegar a Oriente. En Portugal comenzó a desarrollarse el arte de la navegación: se construyeron carabelas, se estudiaron los portulanos. El objetivo era contornear el África para llegar a la India.

El primer paso final es dado por Bartolomé Días, quien en 1487 dobla el cabo de Buena Esperanza. Colón, por el contrario, piensa en llegar al Asia navegando siempre hacia el oeste. Consigue ayuda en Castilla y, en 1492, hace el viaje que lo trae a América.

Dos años después, se establece el Tratado de Tordesillas entre los Reyes Católicos y el rey de Portugal, fijando una línea a 370 leguas al oeste de Cabo Verde: España quedaría con las tierras al oeste de esa línea, Portugal con las del este.

En 1498, el navegante Hernando de Magallanes costea la América del Sur, llega al Pacífico y la expedición, al mando de Juan Sebastián Elcano, completa el primer viaje de circunnavegación. En ese ciclo de grandes viajes, ingleses, holandeses y franceses también se hacen presentes, aunque con hechos menos notables.

Origen, Monarquia, Republica e Imperio de Roma Antigua Historia

Origen, Monarquía, República e Imperio de Roma Antigua

El Lacio es una llanura más o menos fértil —abundante pasto, poco trigo—, que sufrió durante siglos la amenaza del paludismo. El pueblo latino ocupaba un territorio limitado al norte por el Tíber, al este por laderas de los Apeninos (sabinos), al sur por la extremidad meridional de los montes Albanos, pequeños volcanes que culminan en el monte Cayo (1.000 m). Las cenizas, y los productos volcánicos acumulados, han constituido la base originaria de esta singular llanura.

Al norte, a 20 Km. de la costa, surgió Roma. Sobre la ribera encierran una pequeña llanura pantanosa, el Foro, desecada después para la construcción de la cloaca máxima, donde pastores y marineros intercambian sus productos.

El nacimiento de la ciudad romana nos es conocido de dos maneras: por la orgullosa leyenda que se transmitían los romanos, y por las excavaciones efectuadas en el Lacio. Escuchemos primero la leyenda sin olvidar que quienes la han recogido, escribían 600 años después de los acontecimientos.

La leyenda dice que el vuelo de las aves decidió el lugar y el momento exactos del nacimiento de Roma. Rómulo, quien junto con su hermano Remo había sido rescatado del Tíber y alimentado por la mítica loba, supo interpretar lo que era un guiño de los dioses. Con la estela de una bandada de pájaros, Júpiter trazó en el cielo el escenario reservado para una nueva ciudad, cuyo destino no podía ser otro que imperial. No fue para menos.

Con el paso del tiempo, Roma llegó a abarcar -en una geografía cuyo centro lo constituía el siempre trajinado y disputado mar Mediterráneo- desde Gran Bretaña al desierto del Sallara y desde la Península Ibérica al Eúfrates.

En un principio, tras su fundación -según la tradición, en 753 a.C.-, Roma fue una monarquía etrusca. Más tarde -en 509 a.C.- se convirtió en una república del Latió y, finalmente -en 27 a.C.-, en un imperio donde los poderes reales dictatoriales, senatoriales, del ejército y las regiones no siempre lograron estar en equilibrio.

La arqueología fue la encargada de rebajar la fantasía del mito de origen a datos más fiables. En realidad, fueron los etruscos quienes pusieron la piedra liminar de la ciudad fundada por Rómulo y, además, la urbanizaron y moldearon sus primeras instituciones políticas.

En toda esta tarea, el modelo seguido fue el mismo: el de las ciudades-estado griegas. Igualmente, el sistema monárquico adoptado, en cuyo trono fue Rómulo el primero en sentarse, imitó al de los tiranos de la Hélade, que en su ejercicio del poder conjugaban el autoritarismo con cierto halago populista.

Sin embargo, mientras las ciudades-estado griegas nunca lograron consolidar una unidad política que fuese más allá de alianzas puntuales, Roma supo dominar a sus vecinos tejiendo vínculos de dependencia, ya sea por la vía de la diplomacia o, más expeditivamente, de las legiones, cuyos arte militar y tecnología bélica tuvieron importantes innovaciones. Roma había adquirido numerosos territorios en forma de provincias ya sea bajo administración senatorial o gestión consular, y también debido a pactos de adhesión que convertían a estados aliados en protectorados. Su principal competidora en aquella época -y por ello, s primera gran derrotada- fue la ciudad púnica de Cartago, también como Roma en expansión a través del Mediterráneo.

El dominio de amplios territorios se tradujo en constantes rebeliones, que se alternaron con los conflictos internos. Todo ello llevó a su partición primero y a su desmembramiento después, lo cual inició la Edad Media. El romano fue un imperio fundamentalmente urbano, y sus ciudades, bien diseñadas, tenían amplias calzadas, templos, monumentos y edificios públicos, entre ellos, teatros, anfiteatros y circos. Un sistema hídrico de eficaz ingeniería proveía agua y garantizaba una mejor higiene y salubridad. Una realidad que aún nos maravilla.

Fuente Consultada:
Grandes Civilizaciones de la Historia Roma Historia y Sociedad Libro N°1
Historia Dinámica Manual Para 1° Año Escuelas de Comercio

La Familia en Roma Antigua El Matrimonio y los hijos en Roma

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: LA FAMILIA – EL MATRIMONIO

la vida cotidiana en roma antigua

EL HOMBRE Y LA MUJER LIBRE: El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano. No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos. Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros. Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal. Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras. Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. Sólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año. Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia. Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido. Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso. Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona. En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones. Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande. Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una ley, con el lujo de las mujeres. Los ciudadanos no se atrevieron a votar el proyecto a vista que sus esposas estaban en la Asamblea.

LA FAMILIA EN LA REPUBLICA : El fundamento del estado romano era la familia, y el de la familia, el matrimonio. Cuando los patricios eran los únicos ciudadanos, sólo existía un matrimonio el matrimonio religioso, la confarreación, que consistía en ofrecer un sacrificio esparciendo farro sobre la víctima y en comer después los esposos una torta de farro Esta ceremonia la presidía el flamen de Júpiter. En seguida, la esposa vestida de blanco y cubierta la cara con un velo rojo, era conducida a son de flautas y cánticos a casa del esposo, que la hacia transponer el umbral levantándola en vilo, para simular un rapto. De esa manera la separaba de los dioses de su propia familia y la unía a los de su nueva casa.

Cuando los plebeyos conquistaron la igualdad, se instituyó para ellos un matrimonio civil, la coemptio, que fué substituyéndose poco a poco por el matrimonio religioso. Consistía en una venta simulada hecha delante de un magistrado: el esposo tocaba una balanza con una moneda de cobre que seguidamente ofrecía a los padres de la prometida, como precio de su mujer.

Las mujeres tenían una dote que el marido habla de devolver en caso de divorcio; y los divorcios, raros en su origen, fueron aumentando a medida que las antiguas costumbres iban alterándose. Primitivamente, el marido podía, en virtud de su derecho de jefe de familia, repudiar a su mujer. La mujer, a su vez, pudo más tarde pedir la separación. El filósofo Séneca, en tiempo del Imperio, decía indignado: e Las damas nobles se divorcian para volver a casarse, y contraen nuevo matrimonio para divorciarse otra vez.

EL HIJO: El hijo recibía el apellido del padre, es decir era reconocido por éste una semana después de su nacimiento, el día llamado de la purificación. Era generalmente criado y educado por la madre, hasta el momento en que iba a la escuela. Se le suspendía al cuello una bolsita o bula, que contenía amuletos contra el aojo, y que conservaba hasta el día en que abandonaba la toga pretexta para ponerse la viril. Esta ceremonia de la mayor edad se verificaba ante el altar de los lares, cuando tenía diez y siete años; pero aun declarado mayor de edad, continuaba bajo la potestad de su padre.

En la escuela, aprendía a leer, a escribir y a contar bajo la dirección de profesores severos que lo castigaban con azotes por la menor falta. Los niños ricos tenían preceptores en casa de sus padres. La música y la gimnasia eran artes de entretenimiento y lujo. Después de la enseñanza primaria, los jóvenes romanos recibían la literaria que comprendía el estudio de la Ley de las Doce Tablas , el de los poetas griegos y el de los escritores latinos, porque se trataba de formar administradores y oradores. Así el que un joven romano explicara poco más o menos los mismos textos latinos y griegos que un joven de la época actual, que hace sus estudios clásicos.

familia romana

LA FAMILIA ROMANA EN EL BAJO IMPERIO: Alrededor del siglo II d. de C., ocurrieron cambios significativos en el seno de la familia romana. Los fundamentos de la autoridad del paterfamilias sobre su familia —que ya habían comenzado a debilitarse en los últimos días de la República— se socavaron todavía más. El paterfamiliasya no tenía autoridad absoluta sobre sus hijos; ya no podía venderlos como esclavos o matarlos. Es más, la autoridad absoluta del esposo sobre su cónyuge se había desvanecido, práctica que también comenzó en las postrimerías de la República. En el Antiguo Imperio, la idea de un cónyuge guardián se debilitó de manera importante, y para finales del siglo u d. de C. se había vuelto una mera formalidad.

Las mujeres romanas de las clases altas disfrutaban de considerable libertad e independencia. Habían adquirido el derecho a poseer, heredar y disponer de propiedades. Las mujeres de las clases altas eran libres para asistir a las carreras, al teatro y a espectáculos del anfiteatro, aunque en los dos últimos lugares se les obligaba a sentarse en secciones para mujeres.

Es más, las damas de alcurnia se hacían acompañar de doncellas y de matronas cuando salían. Algunas mujeres manejaban negocios, como compañías de embarques. Las mujeres todavía no podían participar en la política, pero el Antiguo Imperio fue testigo de un número importante de mujeres que influyeron en la política a través de sus esposos, por ejemplo: Livia, la esposa de Augusto; Agripina, la madre de Nerón, y Plotina, la esposa de Trajano.

A finales del primer siglo y comienzos del segundo hubo una disminución apreciable en el número de niños, tendencia que se había iniciado al final de la República. Fue particularmente evidente el incremento de matrimonios sin hijos. A pesar de las leyes imperiales dirigidas al incremento de niños, la baja tasa de nacimiento persistía.

La clase alta romana no sólo continuó utilizando el infanticidio; utilizaba también los anticonceptivos y el aborto para limitar la familia. Existían muchas técnicas anticonceptivas. Aunque muy solicitados, los amuletos, las fórmulas mágicas y las pociones para inducir la esterilidad temporal demostraron ser ineficaces, al igual que el método del ritmo, ya que los médicos romanos creían que una mujer era más fértil justo cuando la menstruación estaba concluyendo.

Una práctica más confiable consistía en el uso de aceites, ungüentos y lana suave para obstruir la abertura del útero. También se utilizaban técnicas anticonceptivas para varones. Una primitiva versión de condón sefabricaba con la vejiga de una cabra , pero su precio loo hacia prohibitivo. Aunque las fuentes medicas no lo mencionan , los romanos también practicaban el ubicuo coitus interrumptus. También se practicaba el aborto ya sea por la ingestión de drogas o mediante instrumentos quirúrgicos. Ovidio fustiga a Corina: “Oh, mujer porque apuñaláis y agujereáis con instrumentos  y ofreces venenos espantosos a vuestros hijos aun no nacidos”

La fama atribuye a los romanos cometer grandes excesos en la comida y la bebida. Pero sólo el patriciado gozaba de tanta abundancia. El romano medio tenía dificultades para conseguir comida barata y fresca. En el mercado, la oferta era de mala calidad. Por eso se apelaba a distintos recursos para olvidar que se ingería comida en descomposición: las hierbas aromáticas ayudaban a disimular el olor desagradable y el “garum“, salsa de pescado muy fuerte, compensaba el mal gusto.

Por lo general, el desayuno consistía en pan y agua, y el almuerzo, en carne y fruta con vino. La comida principal era la cena, que, para los patricios, constituía un pequeño acontecimiento social. El panorama era radicalmente distinto entre los necesitados. Los pobres carecían de cocina en sus viviendas, lo que los obligaba a adquirir en el mercado productos idóneos para ser consumidos en el momento. El descontento por la escasez de comida era tan grande, que los emperadores instituyeron días de reparto de alimentos gratuitos.

 

El Derecho Romano Filosofia y Religion Historia de Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: EL DERECHO ROMANO

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La consolidación del extendido imperio romano se acompaño en su proceso del nacimiento de un nuevo tipo de Derecho, el fundado por los prácticos romanos, quienes supieron amalgamar bajo su dominio a pueblos y culturas disímiles por medio de una armazón de normas jurídicas de tal consistencia que posibilitó la organización social, económica y administrativa de inmensos territorios.

Asimismo, el aspecto político e institucional tampoco fue descuidado por este sistema normativo y esta dimensión significó, junto con las ya mencionadas, una de las fundamentales en el logro de la unificación de dicho Imperio. La enorme trascendencia de este Derecho radica, precisamente, en su fuerza como leyes para el funcionamiento del cuerpo social y del sistema político. A través de los siglos, su ejemplo perdura y proporciona la base sobre la que se asienta, en virtud de! legado histórico recibido, el andamiaje jurídico y legal en todos los órdenes de la vida de las naciones modernas.

Senado Romano

EL DERECHO ROMANO: Si de Grecia hemos heredado la idea de armonía, el sentido de la belleza expresada en su arte, en sus leyendas, en su literatura, y al mismo tiempo una concepción de la vida y el mundo reflejadas en los conceptos de democracia, libertad y en su pensamiento filosófico, Roma es la organización, el sentido político, la administración casi perfecta, el derecho, el idioma y la estructura total del Estado que, fundido con la idea del Cristianismo, tenía que perdurar hasta nuestros días.

Roma fue un pueblo ordenador. Prueba de ello es que supo mantener durante siglos bajo un mando único a pueblos muy dispares y distanciados. Una gran parte de esta prodigiosa organización se debe al Derecho Romano.

Ya hemos citado la compilación llamada Ley de las Doce Tablas, refundición del derecho consuetudinario. Más tarde apareció en la sociedad la clase llamada «juris prudentes» o letrados, hombres entendidos en leyes.

Los distintos gobernantes promulgaron leyes adecuadas a cada circunstancia. Así, por la Ley Valeria, por ejemplo, Sila consiguió legalmente hacerse con el poder. César fue un gran legislador, pues reorganizó la vida municipal y financiera, dictó leyes contra el lujo excesivo y reformó los presupuestos. En una de sus leyes daba premios al matrimonio que tuviera mayor número de hijos.

El jurisconsulto Juliano publicó el Edicto Perpetuo, que fue una codificación del Derecho Civil. En los últimos siglos del Imperio se promulgaron numerosas leyes y el Derecho adquirió una importancia extraordinaria. Los principales jurisconsultos establecieron que todo el poder radicaba en el Emperador. En parte fueron dulcificadas las leyes republicanas que daban una autoridad demasiado grande a los «pater familiae», y el trato con los esclavos resulté también mejorado. Grandes hombres de leyes fueron Papiniano y sus discípulos Ulpiano, autor de Disputationes y de Instituciones, y Julio Paulo. En la época de Diocleciano se publicó el Código Gregoriano y el Hermogeniano.

Se comprende que esta intensa tradición legal fuese continuada por Justiniano, soberano del Imperio Romano de Oriente.

La influencia del Derecho de Roma en todos los códigos del mundo y en las ordenaciones legales es tan intensa que incluso en nuestros días todas as legislaciones de países civilizados se basan, en sus líneas fundamentales, en las leyes romanas.

Aunque las leyes tendían a asegurar el poder militar y la autoridad absoluta del Estado, se tenía t la familia en muy alta estima; en ella no existía más autoridad que la del padre, «pater». A él debían sujetarse los demás miembros: esposa, hijos, clientes, etc. Poco a poco, la autoridad de la madre fue igualando a la que poseía el padre, y exponente de ello son las palabras simbólicas que dirigía la recién casada al marido, en el instante de penetrar con él en el atrio: «donde tú eres el amo, yo soy el ama». En el hogar, la mujer se dedicaba a labores propias de su sexo, a manejar la rueca y el huso, pero no tenía que entregarse a trabajos rudos; cuidaba además del fuego sagrado mantenido ante los dioses lares y, en ciertos cultos, era sacerdotisa exclusiva (Bona Dea, Vesta).

La unión entre los esposos era indisoluble y la poligamia no estaba permitida; la castidad era muy estimada, y la filiación, el ideal de su vida, hasta tal punto que el que no tenía hijos podía adoptar los ajenos. El culto de los dioses protectores y de los dioses lares se hallaba tan grabado en las costumbres, que los esposos acostumbraban a dirimir sus contiendas ante la diosa protectora de los cónyuges.

El derecho romano: El derecho romano comprende las normas establecidas para regular la vida social: las relaciones familiares, comerciales, laborales, privadas o públicas.

El sujeto del derecho romano era el ciudadano. En Roma había dos tipos de ciudadanía, la completo (la gozaban los ciudadanos romanos que tenían plenos derechos políticos y civiles> y la incompleta (correspondía a los ciudadanos habitantes de las provincias, que tenían solamente derechos civiles, como casarse, tener propiedades y celebrar contratos comerciales>.

te sólo existía el derecho consuetudinario’ o no escrito, regido por las costumbres y controlado por pontífices. La importancia de la Ley de las 12 Tablas radico en el hecho de consagrar las normas escritas, que se hicieron de este modo públicas y conocidas por todos. A partir de aquí se sumaron con el correr del tiempo otras leyes, decretos del Senado, de las Asambleas, etcétera.

Durante la época republicana tuvo mucha importancia la actividad realizada por los pretores, magistrados anuales encargados de la administración de justicia. Al asumir su cargo, dictaban un conjunto de leyes o “edictos” por los cuales se iban a regir, o confirmaban los de sus antecesores.

Las normas dictadas por el pretor urbano dieron origen al “derecho civil”. Es decir, al que se ocupaba de regular las relaciones entre los ciudadanos romanos. Las normas dictadas por el pretor peregrino dieron origen al llamado “derecho de gentes”, que regulaba las relaciones de los habitantes de las provincias del imperio (ciudadanos incompletos).

En la época imperial, el “derecho” continuó con su desarrollo. Las resoluciones del emperador se transformaban en fuente de derecho. En el año 121 Adriano ordenó la recopilación de todas las leyes vigentes en un Edicto Perpetuo. A partir de aquí no era necesario renovar todos los años las normas legales.

Con este documento también se eliminaron las contradicciones existentes entre los edictos de los pretores, que se habían acumulado. En el siglo III se suprimió la distinción entre el derecho civil y el derecho de gentes, cuando el emperador Caracalla otorgó la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio. Mediante nuevas recopilaciones posteriores se complementó la tarea realizada.

PARA SABER UN POCO MAS…
LEYES EL DERECHO ROMANO
La balanza de la diosa romana lustitia se mantenía recta (de rectum, de donde deriva nuestra expresión “”derecho”), como símbolo del equilibrio de la justicia. Ahora bien, en el Derecho Romano, se partía del concepto de la desigualdad humana, de forma que no amparaba de la misma manera a los ciudadanos y a los que – no lo eran, a los libres y a los esclavos, a los .hombres y a las mujeres.

En Roma, la mujer era considerada mental y físicamente débil, así que no podía participar en las actividades . civiles y públicas. De hecho, estaban privadas de casi todos los derechos reconocidos a los varones. Uno de los romanos más conservadores. Catón, afirmaba refiriéndose a las mujeres: “En cuanto tengan la igualdad, se nos impondrán . No obstante, el derecho es uno de los mayores legados de Roma. Desde el primer código escrito, las Doce Tablas promulgadas en 451 a. C, hasta los últimos (Digesto, Código e Instituciones), redactados por orden de Justiniano en el siglo VI, transcurrieron once siglos.

El respeto a la tradición impuso que las antiguas leyes no fueran derogadas por otras posteriores, es más, continuaron aplicándose a situaciones nuevas, conservando la letra y ampliando el espíritu. Esta era la tarea de los juristas, expertos en la interpretación del derecho y en su adecuación a la realidad.

Así, en las Doce Tablas se establecía que un padre podía vender a su hijo como esclavo hasta tres veces, norma que terminó sirviendo para un fin muy distinto: la emancipación del hijo de la tutela paterna. Así se conformó el Derecho Romano, compendio de leyes que regulaba todos los aspectos de la vida privada y pública de los habitantes del Imperio. En suma, en Roma nació el derecho en sentido moderno, puesto que sigue siendo la base de los actuales códigos legales vigentes en la mayoría de los países occidentales.

Fuente Consultada: La Consultora Tomo 7

La filosofia en Roma Antigua Imperio Romano de Occidente

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Una política tan agitada como fue la romana, forzosamente tuvo que dar origen a grandes oradores públicos que pudieron hacer sus primeras armas en el Senado y en el foro. Catón, Escipión el Africano, y los Gracos alcanzaron fama en la época anterior al nacimiento de Cristo, pero ninguno de ellos tuvo el renombre de Marco Tulio Cicerón (107-43), escritor, soldado, político y orador, una de las figuras más preclaras de la Roma anterior al Imperio.

Había nacido el año 107 a. J. C., y mientras ejerció el cargo de cónsul atacó duramente a Catilina, que pretendía rebelarse, en sus famosas Catilinarias. Del mismo modo fustigó a Marco Antonio en sus Filípicas, ya que Cicerón era enemigo del triunviro Marco Antonio.

Marco tulio Cicerón

Entre sus escritos didácticos destacan De la vejez, La República y numerosas epístolas. En el Siglo de Oro de la literatura latina aparecieron notables historiadores, como Julio César, que relató la Guerra de las Galias de la que fue protagonista y que no siempre transcribió con imparcialidad. En el siglo anterior a nuestra Era, Tito Livio (58-17 a.C.) escribió una Historia de Roma que consta de 142 libros, de estilo muy depurado y más imparcial que las obras de César.

A partir del siglo I de nuestra Era se inicia la decadencia romana, pero aún surgen figuras extraordinarias, entre las cuales no es posible olvidar a un español, el cordobés Séneca (4-65) que había sido maestro de Nerón y a quien éste obligó a cortarse las venas el año 65. Fue un filósofo estoico y un hombre recto y noble. Escribió De la ira y Epístolas a Lucilio.

Fruto de la época fue la aparición de numerosos escritores satíricos, entre los cuales los más conocidos quizá sean el español Marcial (40-102), autor de Epigramas, y el romano Juvenal (54-138).

Otro español notable fue Quintiliano (35-95), considerado como uno de los primeros escritores de Pedagogía y autor de uno de los primeros libros de Educación: Instituciones Oratorias.

Tácito y Suetonio fueron importantes historiadores, mientras los dos Plinios, Columela y Pomponio Mela, se dedicaron a la literatura didáctica.

En todos los pueblos la novela es el último género que suele aparecer, mientras que el primero es casi siempre la poesía épica.

Lo mismo ocurrió en Roma. En tiempo de Nerón, Petronio escribió una narración cuyo título es El satiricón, de la que sólo se conservan algunos fragmentos. Más divulgada es la novela El asno de oro, de Apuleyo. En ella se relata la aventura de Lucio, convertido en asno al querer imitar a una bruja que por arte de encantamiento se transformó en pájaro. Es una obra satírica.

Los financista romanos Historia y vida de los romanos Imperio Romano

Los Financista Romanos Historia y Vida de los Romanos Imperio Romano

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El elevado coste de las empresas militares llevó a la República a solicitar ayuda a la iniciativa privada. Serán los publicanos quienes presten la ayuda necesaria al Estado en estos momentos de necesidad. Estos publicanos eran una institución de origen helenístico que tenían arrendado un servicio comunitario (publicum) que podía tratarse desde la adjudicación de contratas de obras públicas al cobro de algún impuesto.

En unos momentos de expansión como vive Roma durante los siglos III y II a.C. las regiones y provincias que eran conquistadas debían pagar un impuesto que una vez delimitada su cuantía, se sacaba a pública subasta.

El Estado cobraba de manera anticipada la cantidad estipulada y los adjudicatarios tenían que recaudar directamente los tributos.

En numerosas ocasiones existían asociaciones de publicanos para pujar por el arrendamiento fiscal de un lugar determinado. Esas sociedades tenían sus estatutos y estaban dirigidas por un magister que tenía su residencia en Roma, donde trataba directamente con los funcionarios públicos. De esta manera el Estado contaba por adelantado con el dinero durante un período de cinco años y se ahorraba un buen pellizco en sueldos.

El riesgo que corrían los publicanos era muy alto por lo que el Estado protegía con mimo a estos suministradores de dinero. Sin embargo, cuando el negocio resultaba fructífero, los beneficios eran tremendamente elevados. Este sistema de recaudación fiscal plantea numerosos defectos siendo las corrupción el más corriente.

No olvidemos que los publicanos tenían la protección de los magistrados, quienes debían proteger incluso militarmente a los recaudadores si fuera necesario. El Senado no podía permitir que sus sostenes materiales dejaran de percibir beneficios.

En la provincia de Asia los publicanos se embolsaban unos diez millones de denarios al año por los peajes de mercancías, la misma cantidad que recibía el Estado. En numerosas ocasiones los propios publicanos prestaban el dinero necesario a los contribuyentes insolventes, recibiendo un elevado interés por el crédito. En otras ocasiones cobraban varias veces el tributo o exigían diez veces la cantidad prevista. La usura alcanzaba límites insospechados -a veces hasta del 4 % mensual- por lo que Sila tuvo que establecer un tope del 12 % de interés anual.

Estas corruptelas contaban en buen medida con el apoyo de algún magistrado. Sin embargo, conocemos más de un proceso por corrupción como el de Verres, Sereno o Bebio Massa, siendo las penas muy leves en relación con los hechos imputados. Será en época imperial cuando las quejas de las provincias surjan efecto, estableciéndose un cierto control estatal. Se recuperará la figura del publicano como figura aislada, huyendo de grandes sociedades, con el fin de evitar la consolidación de potentes fortunas que se conviertan en ámbitos de poder.

Los procuradores controlaban la gestión de estos recaudadores lo que benefició a los contribuyentes. En la crisis del siglo III será el Estado quien recaude directamente los impuestos. Nadie quiere arrendar el cobro de tributos, ya que no hay de donde recaudar, ni participar del transporte de tropas o víveres al asegurar con su propio dinero lo transportado. Paradójicamente, la actividad que mayores fortunas creó en época republicana en los últimos momentos del Imperio no era desempeñada por nadie.

Los comerciantes en Roma Antigua Financistas y el costo de vida

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En las calles y plazas de Roma  se apiñaba una colorida y bulliciosa multitud de tiendas: panaderías, carnicerías, pollerías, pescaderías, tabernas, barberías, librerías, perfumerías, mueblerías, herrerías, zapaterías y muchas más. Algunas eran prósperas, pero la mayoría eran chozas abarrotadas y mal iluminadas, tan desvencijadas que se ladeaban hacia las viviendas o que se desparramaban hacia callejones y mercados.

Se colocaban pintorescos cartelones para atraer la atención del público, y frecuentemente se exhibían las mercancías en las aceras, que se hacían casi intransitables por los vendedores que caminaban pregonando sus productos.

La congestión llegó a ser tan grave que el emperador Domiciano prohibió los puestos callejeros, forzando a los vendedores y tenderos a regresar a sus locales.

Buena parte de la actividad comercial era realizada por los mismos productores. Los excedentes agrarios eran llevados a la ciudad por el campesino que adquiría -o cambiaba- en los talleres los productos necesarios.

El propio Estado era el encargado de llevar a los campamentos militares todo lo necesario para su manutención. Pero a pesar de estas limitaciones ya existía la figura del intermediario, dedicándose a las actividades comerciales un buen puñado de romanos e itálicos.

El comercio se realizaba preferentemente por vía marítima -más rápido y más barato- siendo hombres libres los propietarios de los barcos, habitualmente organizados en sociedades mercantiles. Para evitar desplazamientos continuos, el armador solía delegar cierta responsabilidad en un esclavo de su confianza que representaba jurídicamente al comerciante.

Los grandes emporios comerciales del Imperio eran las principales ciudades – Roma, Alejandría, Marsella, Antioquía- y en ellas podíamos encontrar expertos de diferentes orígenes -judíos, hispanos, sirios-. La manera de conseguir una fortuna con mayor facilidad era dedicarse al comercio.

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En Roma, el gran Foro era el principal centro comercial, con un enorme conjunto de locales, mercados y lugares de reunión. Los cambistas tenían sus negocios en este sitio, y hacían destellar, sonar y bailar sus pilas de monedas para atraer a la clientela. Se podían obtener pingües ganancias con los préstamos, aunque los romanos de la alta sociedad lo consideraban un negocio despreciable, al igual que toda otra forma de comercio: “Ningún caballero puede ser prestamista”, escribió el estadista conservador Catón.

Sin embargo, incluso los aristócratas sucumbían al encanto de las ganancias fáciles. El objetivo era pedir prestado con intereses bajos y prestar con intereses altos. Para combatir la especulación, en tiempos imperiales se decretó una tasa legal de interés de 12% anual. Gozaba de más respetabilidad el ser propietario de tierras, y esto convirtió en multimillonarios a muchos ciudadanos. Se cuenta que el acaudalado político Marco Craso dijo que un hombre no podía considerarse rico a menos que pudiera pagar, de su propio ingreso, la manutención de una legión (unos 6,000 hombres).

Los bancos prosperaban en la capital, en tanto que los pobres guardaban sus magros ahorros en alcancías de barro. La unidad monetaria básica era una moneda de cobre llamada os; un sestercio valía dos ases y medio, y un denario de plata, 4 sestercios o 10 ases. Un soldado común recibía como sueldo 225 denarios anuales; un saco de trigo pequeño costaba medio denario.

Uno de los comercios más prósperos era el del aceite de oliva. No sólo se usaba para cocinar, sino también para lámparas y como sustituto de jabón para el baño. Diario se compraban y vendían colosales cantidades de aceite: en el año 300 a.C., había 2,300 vendedores tan sólo en Roma.

Las alfarerías producían millones de vasijas de vino y aceite, y también se produjeron en masa recipientes de vidrio, una vez que se introdujo la técnica de soplado, posiblemente por vidrieros sirios inmigrantes durante el siglo I d.C.

LA TIENDA DE “TONSURA”
“Todas estas cicatrices que podéis contar sobre mi mentón, tantas como las de un viejo luchador, me las hizo el barbero con su hierro y su infame mano. Sólo el chivo, entre todos los seres vivientes, es inteligente: porque se deja la barba y escapa al carnicero”. Así exclamaba Marcial, un chispeante escritor hispano-romano, a propósito de los “tonsores” (peluqueros) de su tiempo.

Sus palabras no son precisamente un cumplido, pero es de creer que se ajustan un poco a la realidad: basta pensar en cuan rudimentarias eran las herramientas que los pobres peluqueros empleaban.

Las tijeras, de hierro, no tenían ni el perno que une las dos hojas ni los aros en los que se introducen los dedos: cabe imaginar que cortarían más a la buena suerte que a la voluntad del peluquero. Los rasuradores eran también de hierro y, aunque se afilaban cuidadosamente sobre una piedra especial, que se importaba de España, con seguridad no tenían el “filo” de las modernas navajas de acero. Se han encontrado muy pocos rasuradores romanos; como eran de hierro, la herrumbre los destruyó. En cambio, se encontraron muchos rasuradores etruscos y de otras poblaciones más antiguas, que estaban confeccionados con bronce.

Parece ser que los primeros peluqueros llegados a Roma fueron sicilianos. Sus peluquerías comenzaron a difundirse hacia el siglo ni a. C. Hasta entonces, los romanos se dejaban crecer libremente los cabellos, la barba y los bigotes. Poco a poco la moda de afeitarse y de tener cortos los cabellos se fue afirmando y, hacia el siglo II de nuestra era, la práctica era habitual en toda la población.

Las tiendas de peluqueros proliferaron; las más famosas estaban emplazadas al aire libre, en el cruce de las arterias. Así, pues, las condiciones en que el artesano ejecutaba su delicado trabajo, en medio del tumulto de la vía pública, no eran, precisamente, los más adecuados. Alrededor de la tienda estaban los escaños para los clientes que esperaban su turno. El “paciente” estaba en medio de la tienda. Sin la menor jabonadura, ni ungüento que ablandara el pelo, comenzaba la afeitada. Lo más que se hacía era humedecer la cara con un poco de agua fría.

Al margen de estos inconvenientes, concurrir a la tienda del tonsor no resultaba muy desagradable: allí, reunidos en círculo, estaban los hombres dispuestos para las más animadas tertulias: se hablaba de las últimas elecciones consulares, o de las victorias de un “auriga” (conductor de bigas) en el circo, o algún legionario narraba sus aventuras.

Y, como muchas veces el peluquero intervenía en las discusiones, los cortes de cabello y el rasurado de barba se prolongaban largo tiempo: “Mientras el peluquero corta el cabello a su cliente, a éste le vuelve a crecer de nuevo la barba…”, dice al respecto el agudo Marcial.

Fuente Consultada:
Wikipedia –
Enciclopedia Estudiantil Tomo IV CODEX

La Educacion en Antigua Roma Características y Períodos Educativos

La Educación en Antigua Roma
Características y Períodos Educativos

La educación romana varió notablemente durante el transcurso de su historia. Su evolución acompaña a los momentos históricos que anteceden a este capítulo. Desde el punto de vista de los ideales educativos y de la forma de la enseñanza distinguiremos tres grandes períodos:

1) período arcaico o tradicional;

2) de adopción de la cultura helenística; y

3) de expansión de los ideales romanos, en los pueblos bárbaros conquistados y más adelante en el continente europeo cristianizado. (*)

(*): Mas abajo se explican con detalle  las características de cada período educativo

A MODO DE SÍNTESIS: La educación va a experimentar una profunda evolución a lo largo de la historia de Roma, determinada en primer lugar por la influencia griega que se produce desde el siglo III a.C. y en segunda lugar por la estrecha relación del sistema educativo con la sociedad del momento y con la configuración estatal.

Bien es cierto que encontramos una serie de elementos que se manifiestan a lo largo de todos los momentos históricos: el carácter aristocrático del sistema educativo y su relación con la ciudad, configurando una educación netamente urbana, por lo que debemos advertir que la educación se circunscribe a la población ciudadana y libre del Imperio al tiempo que la mayoría de las escuelas se instalan en los municipios.

Bien es cierto que en las aldeas o pequeños pueblos existían rudimentarias escuelas pero con escaso éxito. Podemos distinguir tres periodos educativos en la historia de Roma: el primero correspondería a siglos VIII-III a.C. -la Monarquía y los primeros momentos de la República-; el segundo al periodo comprendido entre los siglos III a.C. y II d.C.; y el tercero al Bajo Imperio.

En el primer periodo la educación se circunscribe al ámbito familiar, involucrando especialmente al patriciado y a la nobilitas. M. Porcio Catón enseñó a su hijo “las letras, le daba a conocer las leyes y lo ejercitaba en la gimnasia, (…) a manejar las armas y a gobernar un caballo”.

La educación en el hogar se extiende hasta los 17 años, cuando pasa la adolescencia. La madre será la encargada de los primeros momentos, hasta los siete años. Desde esa edad queda a cargo del pater familias con quien acude a diversas actividades. A los 17 años adopta la toca viril e inicia una nueva fase educativa, fuera de la familia pero controlada por ésta. El ejército y la política serán las dos direcciones que tome nuestro joven noble y su enseñanza correrá a cargo de algún conocido o amigo del pater.

El primer año está destinado a conocer la vida pública y después pasa al servicio militar donde aprenderá a luchar por la patria, subordinando el individuo a la comunidad. A partir del siglo III a.C. el mundo romano vivirá un contundente proceso de helenización que en un primer momento afectará a los círculos nobiliarios para irse diluyendo entre toda la sociedad paulatinamente.

El proceso se acentuará tras la Tercera Guerra Macedónica al difundirse la utilización del griego entre los miembros de la nobilitas, al tiempo que un amplio número de retóricos y filósofos griegos desembarcan en la península Itálica, muchos de ellos como esclavos. Este acercamiento al mundo helenístico no estuvo exento de polémica como el decreto de expulsión de todos los filósofos y retóricos griegos que dictó el Senado en el año 161 a.C., expulsiones que se sucederán en el tiempo. Pero a la helenización de la sociedad no se le podía poner freno y el propio Catón, uno de los más encendidos defensores de la tradición romana, estudiará a los maestros griegos.

Como es lógico pensar, este proceso de helenización tendrá su reflejo en la educación. Desde los últimos años de la República lo educativo abandona el entorno familiar para convertirse en algo público. Algunos emperadores regularán el proceso educativo o reducirán los impuestos a los gramáticos y retóricos. Vespasiano creará en Roma sendas cátedras de retórica latina y griega. Este mecenazgo pedagógico se extiende desde los emperadores a las aristocracias locales que también participan de la educación en sus ciudades, financiándola si es necesario.

El sistema educativo se establecería en tres niveles: elemental, secundario a cargo del grammaticus y superior, dirigida e impartida por los retóricos. Al nivel elemental se acedía con siete años y se abandonaba con doce, situándose la escuela en el foro. Allí los alumnos reciben las clases del magister, quien percibe por cada alumno un sueldo de 50 denarios. La mayoría de los alumnos van acompañados a la escuela por un esclavo llamadopaedagogus y disfrutan de vacaciones entre los meses de agosto y septiembre. Lectura, escritura, cálculo y recitación serán las enseñanzas impartidas. Las enseñanzas secundaria y superior presentan unos caracteres más clasistas. La secundaria abarca entre los doce años y los diecisiete, momento que el joven toma la toga viril.

El grammaticus es el encargado de impartir las enseñanzas que versan sobre la lengua y el conocimiento y estudio de los clásicos, recibiendo por cada alumno 200 denarios al mes. El lugar donde se imparte es en los pórticos abiertos del foro. La enseñanza superior estaría dirigida por el rethor quien llegaba a cobrar hasta 2.000 sestercios anuales por alumno. Las reglas del arte de la oratoria y su práctica serán las enseñanzas impartidas, a pesar de que desde Augusto este arte no era vital para participar en política. Sin embargo, las escuelas superiores surtirán a la administración de altos funcionarios y prestigiosos juristas.

Durante el Bajo Imperio observamos una serie de modificaciones en el sistema educativo, especialmente por el intervencionismo estatal y la influencia cada vez más manifiesta del cristianismo. Las mayores necesidades burocráticas del Estado supondrán un aumento de los estudiantes de enseñanza superior al tiempo que los emperadores restauran las escuelas.

En el año 425 Teodosio II creará una universidad en Constantinopla donde los profesores sólo podrán ejercer la docencia en esta institución. En referencia al cristianismo, las escuelas cristianas irán sustituyendo paulatinamente a la educación helenística, anticipando el orden medieval incluso en su estructura ya que se establecían diversos niveles: monásticas, episcopales y presbiteriales.

la educacion romana

Momentos de la educación en Roma antigua: la crianza, los juegos y la enseñanza

LOS PERÍODOS DE LA EDUCACIÓN ROMANA:

1) Periodo arcaico
La educación doméstica. — Desde los tiempos más remotos el hogar era la principal institución donde se educaba el niño. La familia romana era la célula económico-política en la que se apoyaba la vida misma de la comunidad.

El padre, el pater-familias, era a un tiempo amo y sacerdote, juez y custodio de las tradiciones morales y religiosas. Por esto era el mayor educador de sus hijos. La formación del romano consistía en una iniciación progresiva en las formas de vida tradicionales. La sociedad primitiva romana era una aristocracia de terratenientes (patricios) que ocupaban su vida cultivando los campos y extendiendo su dominio gracias a las campañas militares.

El niño se ensaya reproduciendo sus labores. A medida que crece va entrando lentamente en el círculo de los adultos. El padre se hace acompañar por sus hijos en todos sus trabajos, en sus paseos o visitas, a fin de que se preparen para la vida a través de su propio ejemplo. Por eso la educación tenía una orientación utilitaria y profesional, porque el muchacho, que vivía en constante relación con el padre, aprendía y se ejercitaba en todas las tareas que más tarde desempeñaría en la vida.

“Nuestros abuelos, dice Plinio, se instruían no solamente por los oídos, sino también y especialmente por los ojos. Los jóvenes observando a los de mayor edad aprendían lo que tenían que hacer ellos mismos y lo que más tarde debían enseñar a sus descendientes.”

En la actividad educativa el padre era ayudado por la madre, ya que la mujer romana disfrutaba de un concepto social muy superior a la mujer griega.

La matrona romana de este período fue modelo de virtudes.

El ideal educativo estaba esencialmente formado por la fidelidad a las costumbres de los antepasados. Para excitar en los hijos el culto de las virtudes tradicionales, la familia usó el medio eficacísimo de la narración de los acontecimientos más significativos del pasado.

Esta etapa de la educación terminaba cuando el adolescente llegaba a la mayoría de edad, o sea cuando el muchacho cambiaba la túnica que estaba adornada por una franja de color (toga pretexta) por la túnica de adulto completamente blanca (toga virilis) para entrar a formar parte oficialmente de la república, en condición de ciudadano.

Para señalar todo este proceso los romanos acuñaron la palabra educatio, que significa todo lo que era necesario hacer en el orden moral y profesional
para que el adolescente llegara a ser un hombre maduro.

Los hijos debían crecer con todas las cualidades morales y civiles que habían recibido de sus antepasados. No había que traicionar el exemplum de los padres, había que cultivar la píetas (piedad) o sea el respeto filial y la devoción a las divinidades, la constantia o firmeza de ánimo, la gravitas, la gravedad, la seriedad, la severidad de vida y la fides, o sea la lealtad, la confianza. El hijo debía tratar de imitar el ejemplo vivo de virtud que era su padre.

2) Período de adopción de la literatura griega:

La educación romana arcaica se transformó alrededor del siglo II a. C. cuando Roma conquistó a Grecia e incorporo a su Imperio gran cantidad de provincias donde se hablaba el griego.

No bien los romanos descubrieron en la literatura griega nuevos valores humanos la adoptaron, la transformaron y acomodaron a su propio genio.
Las grandes familias romanas, ansiosas por asegurar para sus hijos la educación más completa, los enviaban a estudiar a Atenas o les procuraban un pedagogo griego. De aquí data la instalación en Roma de las primeras instituciones educativas griegas.

Los antiguos, con Catón a la cabeza, se levantaron contra estas costumbres, especialmente contra la enseñanza de la danza y del canto, “artes que podían convenir a los esclavos pero que eran indignas de un hombre libre”. A pesar de esta oposición, la literatura griega se fue imponiendo. La figura más notable de este período es Cicerón. (imagen abajo)

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3) Período de expansión del genio latino:

Roma civilizadora. — El tercer momento de la educación romana estaría señalado por la imposición en todos los países bárbaros de Europa, de los ideales de la cultura latina (la justicia, el orden, la paz) organizándolos de un modo tal que permitió que se expandiera el espíritu romano. Roma supo implantar sólidamente la civilización helenística que ella misma había conquistado.

Políticamente, el afán de Roma por hacer del mundo entero una patria única, se redujo a reunir a vencedores y vencidos en una misma comunidad para asentar los valores de la civilización, del bienestar y del orden.

Desde el desierto de Sahara a los valles de Escocia, desde el Eúfrates al Atlántico se impuso la civilización latina, más adelante cristiana, enraizada tan profundamente que pudo resistir a las invasiones bárbaras (eslavas) y orientales (las de los árabes y turcos). Roma preparó a Europa para que en ella pudiera arraigar, florecer y perdurar el cristianismo.

LAS INSTITUCIONES ESCOLARES ROMANAS

La escuela de primeras letras. — Cuando comenzó a notarse la influencia de la cultura griega, la figura del padre educador fue perdiendo importancia e intervino en cambio el pedagogo y el litterator que enseñaba a leer, a escribir y a contar.

A las escuelas se las llamaba ludi (de ludus, que significa juego, diversión), designación que indica su actividad como complementaria a la educación doméstica, lo mismo que la designación del maestro elemental como ludi magister (maestro de juegos), que correspondía al grammatistes griego.

Las escuelas elementales fueron numerosas. Salvo raras excepciones, la mayoría de los niños concurrían a ellas. Tanto para unos como para otros se había adoptado la costumbre griega del esclavo acompañante o pedagogo.

El aprendizaje de la lectura comenzaba con el reconocimiento de las letras, seguía el de las sílabas y todas sus combinaciones y terminaba con el reconocimiento de palabras aisladas.

Antes de entrar en la lectura directa de los textos literarios, los niños se ejercitaban leyendo los preceptos contenidos en la Ley de las Doce Tablas, instrucción jurídica y religiosa considerada imprescindible para la formación del ciudadano. En tiempos de Cicerón fueron reemplazados por máximas morales de uno o dos versos, encaminadas a infundir el amor a la virtud. Esta costumbre se mantuvo hasta la aparición de las lenguas romances en la Edad Media.

El aprendizaje de los números se hacía con la ayuda de piedritas, cálculi, o con la mímica simbólica de los dedos.

Métodos. — Los métodos eran pasivos, como eran pasivos en la pedagogía griega: la memoria y la imitación constituían las cualidades más apreciadas en el alumno. Se recurría a la emulación, cuyos beneficios compensan, según Quintiliano, los daños de la educación colectiva. Pero mucho más se empleaban los reproches y los castigos.

En todos los autores latinos el recuerdo de la escuela está asociado a los castigos. El maestro apoya su autoridad en la férula (especie de bastón). En casos más graves, el culpable era castigado por sus manos, recostado en las espaldas de un compañero. Aunque muchos pensadores recomendaban a los maestros ser plácidos y hacerse amar, la odiosa práctica sobrevivió. San Agustín, ya anciano, recordaba todavía los sufrimientos de sus años escolares, prefiriendo la muerte antes que volver a ser niño.

A fines del siglo I de nuestra era se pone en duda la eficacia de estos métodos brutales; se acude a las recompensas, a los regalos de dulces en forma de letras, pero la gravedad latina consideró siempre necesaria la severidad.

Las familias aristocráticas buscaban jóvenes esclavos para que colaboraran con el maestro en la enseñanza de sus hijos. Hasta se llegó a reunir a los esclavos para darles una educación adecuada en un lugar especial (psedagogium). La formación que recibían estaba orientada, antes que nada, a los servicios que debían prestar: aprendían buenas maneras para que sirvieran de pajes de los niños y adolescentes; los mejores dotados eran iniciados en las cosas del espíritu.

Toda gran casa poseía un buen número de esclavos “letrados” o “eruditos” que cumplían las funciones de lectores o secretarios.

Local.—Las escuelas fueron siempre de carácter privado. El maestro suministraba el local en algún rincón o pórtico poco concurrido de un templo, en un edificio público o en el cruce de las calles. Un cortinado lo aislaba de los curiosos. No era fácil mantener el orden, pues el ruido de la calle distraía a los alumnos. Los padres y los amigos se presentaban en la escuela de improviso y asistían a las lecciones. Se pensaba que la presencia de extraños estimulaba a los niños.

El maestro ocupaba un sillón (cáthedra), los niños se sentaban en el suelo o sobre alguna piedra, rara vez en bancos. Los alumnos tenían rollos de pergamino donde estaban escritos los trozos de lectura, que guardaban en cajas cilíndricas. En tablillas enceradas escribían con el estilo, provisto de aguda punta por un extremo y aplastado por el otro para poder borrar lo mal trazado.

La escuela estaba abierta todo el día, desde el amanecer, salvo una interrupción para comer. Algunas veces el maestro contaba con un ayudante. El material de enseñanza se reducía a algunas monedas o piedras (cálculi) para contar, y algunos cuerpos geométricos.

La escuela del gramático. — El gramático se proponía instruir a los alumnos en el conocimiento del lenguaje, gramática y literatura, para que adquirieran facilidad de expresión.

De condición superior al maestro elemental, el gramático, gravemente envuelto en su toga, dirigía su clase, que funcionaba en algún local del foro.

Decoraban sus paredes los bustos de grandes escritores: Virgilio y Horacio y, en algunos casos, mapas geográficos. Usaban métodos iguales a los de sus colegas griegos: el estudio teórico del bien hablar y la explicación de los poetas clásicos.

El programa era exclusivamente literario, con la particularidad de que frecuentemente el griego se enseñaba antes que el latín en antologías de autores como Homero y Esopo.

Entre todas las escuelas merece mención particular la de Livio Andrónico, un esclavo griego que tradujo la Odisea al latín. En el año 26 a. C, Cecilio Espirota tomó la iniciativa de explicar a Virgilio y a otros poetas latinos.

La enseñanza media: El ciclo medio de la enseñanza, de doce a diecisiete años, corría a cargo del grammaticus, que era el que enseñaba al niño la lengua y la literatura. Este proceso de aprendizaje también se solía impartir en escuelas a cambio de una cierta cantidad de dinero o, en las familias más acomodadas, se encargaba a un esclavo que era muy cotizado.

En sus clases se enseñaba la lengua y la literatura griega y latina a través del estudio de los poetas, junto con nociones generales de historia, geografía, física o astronomía, generalmente relacionadas con los textos que se estudiaban. El maestro dictaba los textos y los alumnos los leían y debían aprender de memoria partes de ellos. Una vez explicados, el alumno debía ser capaz de comentarlos tanto de forma oral como escrita. Entre los poetas griegos se estudiaba sobre todo a Homero y a los autores de teatro; entre los latinos los más comentados eran Virgilio, Horacio y Terencio.

Lo normal era que de la escuela del grammaticus el alumno saliera sabiendo bien el latín y el griego, las dos lenguas de cultura entonces. Se consideraba tan importante saber griego que las familias acomodadas iniciaban a sus hijos en esta lengua desde la niñez. A este ciclo de la enseñanza sólo accedía una minoría.

La enseñanza superior :
La escuela del retórico. — Un tipo de educación superior era la retórica o aprendizaje de la elocuencia. La enseñanza del rethor latinus tenía por objeto comunicar el arte oratorio, formar al orador. El rethor comunicaba el arte oratorio de acuerdo a una técnica y a unas reglas tales como las que se habían enseñado en Grecia a partir de los sofistas.

El rethor enseñaba a la sombra de los pórticos del Foro; contaba con hermosos salones (exedras), dispuestos como un teatrillo, que llenaban una función análoga a la de los gimnasios griegos.

En teoría, los romanos, como los griegos, permanecían fieles al ideal tradicional que fundamenta la alta cultura sobre la base de la encieles paideia, o como se la denomina en latín, las artes liberales, que luego, en la Edad Media, se designan por trívium y cuatrívium. La escuela del gramático contó con un método elaborado, con un programa de estudio fijo y con un subsidio oficial.

El joven no sólo se convertía en un buen ciudadano, sino que se preparaba para la actividad política, por lo que era una enseñanza reservada a los hijos de las familias acomodadas, los únicos que en Roma podían aspirar a los cargos públicos. Los rétores impartían sus clases en mejores locales que el magister o el grammaticus, e incluso, avpartir del Imperio, el propio Estado les proporcionaba buenas instalaciones para que desarrollaran su labor.

Terminada la formación con el rétor, los jóvenes romanos aún podían ampliar sus estudios. Para ello podían marcharse a Grecia o a las grandes ciudades del mundo helenístico, donde ampliaban sus conocimientos de retórica o se iniciaban en la filosofía de las diversas escuelas griegas helenísticas

 roma antigua formacion de alumnos

Como no se usaba la puntuación ni la separación de las palabras, el maestro debía preparar y explicar primero la lectura (praelectio) para que los alumnos pudieran entender lo que leían. Seguía la explicación o comentario del fondo y de la forma de lo leído, y los ejercicios de estilo, de imitación, ampliación, reproducción, etc. La instrucción gramatical terminaba con los ejercicios denominados de erudición o comentarios, que consistían en conocer la mitología, la historia, la geografía, etc., que tuviera referencias al texto estudiado. La erudición era como el segundo carácter de la cultura liberal; el hombre verdaderamente cultivado no era solamente un “letrado”, sino también un erudito, un sabio. Téngase en cuenta que bajo el nombre de ciencia se debe entender aquí la erudición adquirida al margen de los clásicos.

Educación física. — En cuanto a la educación física, existieron diferencias notables entre los griegos y los romanos. En Grecia, desde los tiempos homéricos, hubo una tendencia a alejarse de la primitiva finalidad militar y a orientarse hacia el atletismo. Los antiguos romanos, pueblo de soldados campesinos, no despreciaron las actividades deportivas, pero la educación impartida a los jóvenes fue en este terreno, como en los demás, estrictamente utilitaria.

Las competiciones atléticas penetraron en las costumbres romanas a partir del año 186 a. C. y se multiplicaron bajo el Imperio, pero eran espectáculos cuyas realizaciones estaban reservadas a los profesionales. SI el deporte formó parte de la vida romana, fue en categoría de higiene, como complemento de las termas. El gimnasio griego fue repudiado, considerándolo coma una mancha y no como una gloria de la civilización griega. El romano con su salud moral, con su sentido profundo de la vida, se opuso al deporte como actividad gratuita e inútil.

Cuando comenzó la decadencia del Imperio, los ideales de la formación romana se desvanecieron. Los gramáticos y retóricos, tenidos en alta estima, servían para acompañar a los gobernantes de las nuevas provincias imperiales, pero ya no enseñaban sino que empleaban la oratoria para exponer argumentos triviales o absurdos.

La gente acudía a oírlos recitar como hoy se acude a escuchar un actor, considerándose estas exhibiciones como la más alta prueba de talento y cultura. Señalado este ideal, no es de extrañarse que la obra de la escuela resultara artificial e infructuosa. Hubo en este tiempo escritores valiosos, pero de segundo orden. Dos hábiles gramáticos del siglo VI, Donato en Occidente, autor de un Ars minor o pequeña gramática, y Prisciano en Oriente, autor del Ars gramaticalis o tratado de gramática, perfeccionaron los textos que sirvieron de base a todos los estudios lingüísticos latinos.

Había que aprender las reglas y habituarse a utilizarlas. Después de una serie de ejercicios preparatorios, el alumno componía discursos ficticios sobre un tema dado por el maestro, desarrollándolo de acuerdo a sus consejos. Esos discursos debían ser aprendidos de memoria y recitados ante el maestro, los condiscípulos, algunas veces parientes y amigos. Este ejercicio se denominaba declamación (declamatio). Por lo general, los temas eran: histórico deliberativos (por ejemplo: Aníbal se pregunta si marchará sobre Roma) y controversias judiciales (por ejemplo: cómo, se defiende o ataca un caso determinado y definido de acuerdo a un texto de la ley).

ALGO MAS…

La retórica preparaba normalmente a los alumnos para el ejercicio de la abogacía, muy importante, dado que la gran originalidad de la enseñanza latina consistió precisamente en ofrecer a los jóvenes la carrera de las leyes. Dejando a los griegos la filosofía y durante bastante tiempo la medicina, los romanos crearon con sus escuelas de derecho un tipo original de enseñanza superior. Estas escuelas se extendieron por todo el Imperio y su prestigio se mantuvo hasta el siglo V de nuestra era.

El jurista conocía el derecho, las leyes, las costumbres, las reglas de procedimientos, las tradiciones, y utilizaba todos estos vastos conocimientos para vencer la oscuridad de la causa y la ambigüedad de la ley. Para responder a esta formación aparecieron los maestros de derecho, magister juris, las bibliotecas especializadas y las colecciones metódicas, como los Digestos de Ulpiano, Papiniano, etc..

La ingeniería y la arquitectura romana denotan conocimientos especiales muy extensos; no tenemos mayores referencias sobre estos estudios.

El amor a los libros fue grande. Diversos emperadores fundaron bibliotecas públicas y muchas particulares eran riquísimas. En el siglo IV, Eoma contaba nada menos que con 28 bibliotecas.

Política educacional. — Los romanos gozaron de la más completa libertad de enseñanza. La intervención del Estado se reducía a secundar los esfuerzos de los particulares. Cicerón asegura que la educación de los niños en Roma no estaba regida por ninguna ley, ni sometida a dirección estatal alguna.

En el período imperial el número de escuelas se multiplicó eñ tal forma, que era rara la ciudad desprovista de escuela elemental. Vespasiano introdujo la costumbre de pagar a los maestros con los fondos del Tesoro imperial. El primero que gozó de este beneficio fue Quintiliano.

Antonino Pío sistematizó este fomento de la educación; concedió a los docentes numerosos privilegios y los eximió de muchas obligaciones, como el pago de los impuestos municipales, el servicio militar, etcétera. Muchos hubo que se dedicaron a la enseñanza para gozar de estos privilegios y pronto se tuvo que limitar su número en las ciudades. Constantino reafirmó todos estos beneficios y los aumentó con la inmunidad personal.

Los maestros y su familia eran sagrados en su persona, y los ultrajes y ofensas que se les inferían eran castigados severamente. El emperador Juliano, llamado el Apóstata, con el fin de destruir la influencia de los maestros cristianos que ya se percibía, para hacer caer sobre ellos “el descrédito de la ignorancia y el peso de la pública desconsideración” dispuso que el nombramiento de los maestros retribuidos por el Estado fuese sometido a su ratificación. En 362 prohibió a los maestros cristianos la enseñanza de la gramática y de la retórica a no ser que se convirtiesen al culto de los dioses.

El emperador Valentiniano pocos años después derogó estas leyes, mas prohibió con penas la existencia de las escuelas privadas.

Ver: Pedagogo Romano Quintiliano

la vida cotidiana en roma antigua

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

Diversion y Juegos en Roma Antigua Fiestas Romanas y Ceremonias

Diversión y Juegos Roma Antigua
Fiestas Romanas y Ceremonias

En roma Antigua, las fiestas romanas tenían un fuerte componente religioso como en Grecia, aquí se convirtieron pronto en simple espectáculo, lo que en latín se llaman ludí, los juegos. Dos son los tipos de ludí, los ludí circenses, que eran los celebrados en el circo y en el anfiteatro, y los ludi scaenici, o representaciones teatrales. En Roma los ludi circenses son los más antiguos y se celebraban en el Circo Máximo o en el Circo Flaminio, luego también en el Anfiteatro Flavio o Coliseo. Los ludi scaenici, antes de la construcción del primer teatro de piedra por Pompeyo el año 55 a. de C, se solían celebrar en teatros de madera que se montaban y desmontaban para cada representación (sobre la estructura de los teatros en el mundo clásico.

Agricultura
Minería
Artesanos
Comerciantes
Financistas
Viviendas
Las Ciencias
Prostitución
Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
El Derecho
Arte
Religión
Familia
Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

En Roma los ludi se celebran normalmente con ocasión de las festividades religiosas que llenan el calendario romano. Entre los más importantes están los ludi Apollinares, del 6 al 12 de julio, en honor de Apolo; los ludi plebeii, del 4 al 17 de noviembre; los Cerecilla, del 12 al 19 de abril, en honor de la diosa Ceres; los ludi Romani, los más antiguos, celebrados en honor a la tríada capitolina, los dioses Júpiter, Juno y Minerva que compartían un templo en la colina del Capitolio, en septiembre; y los Megalenses, en honor de la diosa Cibeles, en abril.

Junto a estos juegos anuales que se celebran en fecha fija, hay otros juegos que podemos llamar extraordinarios. Entre éstos los más importantes son los ludi saeculares, organizados una sola vez cada siglo, norma que casi nunca se ha cumplido. A estos juegos públicos, organizados por el Estado, hay que añadir los organizados por particulares con motivo de una celebración, un funeral importante, etc.

La diversión con mayúsculas del mundo romano es el circo o los juegos circenses. En el circo encontramos deporte, pasión e incluso ideas religiosas o políticas por lo que algunos especialistas lo consideran como algo más que espectáculo. La tradición hace referencia a los reyes etruscos como los creadores de los juegos en Roma, ya en el lugar donde posteriormente se instalaría el Circo Máximo. Estas ceremonias posiblemente tuvieran un origen funerario, con el fin de conjurar los poderes de ultratumba.

Los emperadores recreaban al pueblo con grandes y repetidas fiestas. En Roma había ciento sesenta y cinco días de fiesta al año, algunas, la inauguración del Coliseo verbigracia, duraron cien días seguidos. Dichas fiestas eran espectáculos que se celebraban en el el teatro, en el circo y en el anfiteatro. Empezaban por la mañana y se terminaban a la puesta del sol. Cuando asistía el emperador se repartían sorpresa, golosinas y vino.

TEATROS: En los teatros, el mayor de los cuales era el de Pompeyo, se representaban comedias, tragedias, farsas y pantomimas. Las comedias eran las obras dramáticas que Plauto y Terencio traducían o imitaban del griego, y que tanto gustaron a los romanos hasta el siglo IV. Las tragedias eran menos apreciadas por aquel pueblo, poco refinado;a la postre eran funciones en que el asunto importaba menos que el aparato escénico  lo propio sucede con las óperas modernas y las comedias de magia. Pero los espectadores preferían las farsas y las pantomimas.

Las farsas o atelanas, asi llamadas porque, según Diomedes, ese género dramático se creó en Atela, ciudad de Campania, eranpiezas en un acto, muy jocosas, parecidas al entremés o al sainete. La pantomima era una pieza dramática en que el actor, mimo o pantomimo, en vez de hablar, explicaba lo que sentía por medio de gestos. La perfección a que llegaron, en este género, los actores griegos, parece que no la han alcanzado nuestros contemporáneos. El teatro romano era, pues, un espectáculo que recreaba la vista, mas que el espíritu.

La representaciones teatrales a veces también se realizan fuera de las fiestas oficiales, con ocasión de la consagración de algún templo o en los funerales de un personaje importante.

Las representaciones teatrales las organizaban los ediles, que encargan a un dominus gregis, un director de compañía teatral, el montaje y representación de las obras.

Este compra la obra a un autor y la representa con actores que son normalmente esclavos y libertos, pues la profesión de actor no está bien vista. En su trabajo los actores —tanto aquí como en Grecia— utilizan máscaras (en latín persona) para caracterizarse, y en éstas en la parte de la boca se deja una abertura muy grande para que la voz del actor se escuche mejor.

Además de distintos tipos de trajes, se utilizan pelucas de diversos colores según el personaje que representen y, algunas veces, un tipo de calzado alto, el coturno, del que ya hemos hablado, para que se les vea mejor. Además, los papeles femeninos son desempeñados por hombres. La mayoría de las obras que se representan pertenecen a géneros de origen griego.

Aquí es más popular la comedia que la tragedia y entre los autores destacan Plauto y Terencio. Últimamente uno de los géneros con más aceptación son los mimos, que también los conocemos en Grecia, en los que no se llevan máscaras y los papeles femeninos son desempeñados por mujeres, que tienen fama de indecentes por llevar poca ropa.

CIRCO ROMANO: En el circo se daban carreras de carros y de caballos. circo Máximo, así llamado por su magnitud y porque e él se celebraban los juegos consagrados a lo dios magnos, tenía cabida para 300,000 espectadores.La planta tenía la forma de un paralelogramo alargado, cerrado por un lado  en semicírculo, ahí se abría la puerta triunfal, y en el lado opuesto, por una línea convexa, ahí estaban las cocheras.

Las gradas ocupaban tres lados, y la arena o pista estaba dividida longitudinalmente, aunque no por completo, por un muro de poca altura, llamado espina (espina dorsal de la pista) en cuyos extremos se alzaban sendos hitos cónicos, bastante altos y dorados, que eran las metas. La pista tenía casi un kilómetro de extensión y era preciso darle la vuelta siete veces en cada carrera.

Gladiador, juegos en el circo romano

Cada día habla veinticuatro carreras, comprendiendo cada una cuatro carros tirados por dos  caballos (biga) o por cuatro (cuadriga). Los cocheros circenses o aurigas lucían túnicas muy cortas ceñidas al cuerpo con correas para evitar que flotaran con la velocidad de la carrera. Los aurigas se distinguían por el color de la túnica, según: la cuadra, orden o bando a que pertenecían verde alusivo a la primavera; rojo al verano; azul, al otoño y blanco, al invierno. Esos cocheros a más de ganaban mucho dinero, eran muy populares.

Sus partidarios no sólo apostaban contra el competidor en la carrera, sino que también, ello era frecuente, reñían y armaban verdaderos motines en el circo. El oficio de auriga tenía sus peligros; los carros al dar la vuelta de la espina, uno muy estrecho, en que estaban las metas, volcaban con suma facilidad.

Los emperadores dieron gran solemnidad a las carreras. Ellos hicieron que los juegos comenzaran con una procesión que dirigía el magistrado que presidía los juegos, y que a partir de Calígula, dirigió el emperador; procesión en la que figuraban los magistrados, los clientes, la flor y nata de la juventud romana, los aurigas, los luchadores, cerrando la comitiva, los sacerdotes y las corporaciones religiosas, las cuales acompañaban las imágenes de los dioses, con sus símbolos y atributos.

Los anfiteatros (el más notable fue el Coliseo o anfiteatro Flavio) eran circos cuya pista, más oval, no tenía espina. En ellos se celebraban varios espectáculos, especialmente los combates de gladiadores. Se atribuye el origen de estos combates a los sacrificios humanos que hacían los etruscos en los funerales de los grandes personajes para aplacar los manes de éstos. La moda influyó para que se reemplazaran con luchas entre dos esclavos.

Bajo el imperio, esos juegos se reglamentaron y se llegaron a dar combates en que quinientas parejas de gladiadores venían a las manos. Los gladiadores eran condenados a muerte, esclavos, cautivos de guerra y a veces también hombres libres ansiosos de celebridad. Se les ejercitaba en ludus gladiatorius. El que fundaba una escuela de este género obtenía magníficas ganancias.

Los gladiadores combatían a pie, a caballo y en carros se les hacia luchar en parejas o en grupos. Generalmente habían de enfrentarse hombres que tuvieran armas diferentes. Entre los gladiadores se distinguían los samnitas, que se presentaban casi desnudos, y llevaban un gran escudo cuadrado y un sable corvo; los mirmillones, armados como los legionarios; los hoplitas, cubiertos de hierro como los caballeros de la Edad Media; los tracios, cubierta la cabeza con casco de anchas alas; los reciarios, armados solamente con una red de pescar y un tridente. Toda esa gente iba, antes de comenzar los juegos, a colocarse en fila delante de la tribuna del emperador para gritar «Ave, César Imperator, morituri te salutant» (Salve, César emperador; los que van a morir te saludan).

Los esclavos sacaban los cadáveres de la pista prendiéndolos con ganchos y tirando de ellos; un hombre vestido de Mercurio comprobaba la muerte de aquellos infelices, tocándolos con un hierro candente; a los heridos que no podían curar se les daba la muerte. Esos juegos sangrientos, que con sólo imaginarlos nos horripilamos, eran deliciosos para el pueblo romano.

Había días en que la pista se convertía en lago, y entonces se daban batallas navales; había otros en que, los gladiadores llamados bestiarios, luchaban con animales feroces. Por último, a aquellos anfiteatros se llevaba a los condenados a muerte, para que fueran devorados por tigres y leones, suplicio que cupo frecuentemente a los mártires cristianos.

LOS BAÑOS PÚBLICOS: (VER Termas de Caracalla)

El mediodía era la hora del almuerzo, especialmente frugal en tiempos de canícula. Cuando el calor apretaba, se imponía la siesta, en horas en que, como cuenta Cicerón, el “venturoso silencio” reinaba en la bulliciosa ciudad.  Recuperadas las fuerzas, cuando el sol comenzaba a bajar llegaba la hora de ir a los baños, para los cuales los arquitectos trazaban cómodas instalaciones, siempre bien abastecidas por los excelentes acueductos que se levantaban en extramuros. Las piscinas para disfrutar del baño también eran un escenario apropiado para el encuentro con los amigos y el abordaje de nuevos negocios, tanto económicos como políticos. Si las horas destinadas al baño no eran suficientes, las negociaciones y las transacciones continuaban alrededor de la mesa, ya que invitarse a cenar era un hábito propio de patricios. Los romanos no tenían fines de semana inactivos.

Los  combates navales son otro tipo de espectáculo ofrecido en los anfiteatros. Para esta ocasión se inunda la arena del anfiteatro. A veces se hace en lagunas naturales. En las embarcaciones las personas que luchan son gladiadores o criminales condenados. Es famosa la naumaquia que organizó el emperador Claudio (10-54 d. C.) en la que participaron diecinueve mil hombres.

Lengua y Literatura en Roma Antigua Etapas y Representantes

Lengua y Literatura en Roma Antigua – Etapas y Protagonistas

la vida cotidiana en roma antigua

INTRODUCCIÓN AL TEMA: La historia de la Literatura romana puede dividirse en tres etapas: orígenes, plenitud y decadencia. La primera etapa no fue muy rica en manifestaciones trascendentes. Después de algunos cantos religiosos y campestres anónimos, de tipo popular, aparecieron los primeros poetas: entre ellos el itálico Nevio y los griegos romanizados Livio Andrónico y Ennio.

La edad de oro de la literatura latina se extendió desde comienzos del siglo I antes de nuestra era hasta el año 14 después de Cristo, fecha de muerte del emperador Augusto, gran protector de los escritores. Cinco grandes poetas –elegíacos, líricos y satíricos- caracterizaron esta época ilustre.

Fueron ellos: Catulo, que dedicó encendidos versos de amor a la mujer de sus sueños; Virgilio, autor de dos poemas fundamentales sobre la vida rural (“Las bucólicas” y “Las geórgicas”) y una magna epopeya que escribió -durante doce años- a pedido del emperador Augusto: “La Eneida”; luego, Horacio, que estudió en Roma y en Atenas y cuyas Odas, Sátiras y Epístolas pasaron a la posteridad; después, Tíbulo y Propercio, que murieron jóvenes y, finalmente, Ovidio, el último de los grandes elegiacos latinos. Ovidio se consagró con el largo poema titulado “Las metamorfosis” y con los versos que integran la serie de “Tristes” y de “Elegías políticas”, escritas en el destierro, mientras se hallaba en el Ponto Euxino, cerca del Danubio.

Los prosistas latinos cultivaron diversas especialidades. Algunos, como Tito Livio, se dedicaron a la Historia; otros, como Cicerón, a la Retórica y a la Oratoria; Lucrecio siguió la filosofía de Epicuro y escribió un tratado: “De rerum natura” (Sobre la naturaleza de las cosas); el emperador Julio César también se ocupó de Gramática y de Estilística; Salustio, el autor de “La guerra de Yugurta” fue, según se afirma, una mezcla de alta inteligencia y de bajos instintos; Vitruvio, con su tratado “De arquitectura”, realizó un aporte en el campo de la Estética.

La época de la decadencia, después de la muerte de Augusto, presenta una mezcla de raros escritores.

Entre ellos Fedro, esclavo liberto de Augusto, que imitó las fábulas de Esopo.

Hubo varios escritores nacidos en España: Marco Anneo Séneca y Lucio Anneo Séneca, el retórico y el filósofo. Y Lucano, nieto del primero de los nombrados, autor del poema épico “La Farsalia”.

Persio, Juvenal y Marcial (este último nacido también en España) fueron poetas en tiempos del emperador Nerón. Cultivaron, en especial, el género satírico. En cambio, la poesía lírica y la poesía épica no tuvieron, durante esta tercera etapa, representantes mayores.

La prosa latina contó, por esta época, con historiadores destacados, como Tácito (“Vida de Agrícola”, “Germania” y “Anales”) y Suetonio. Quintiliano (otro español) presentó, en su “De institutione oratoria”, un tratado de Retórica. Marco Aurelio, el sexto de los emperadores romanos, pasó a figurar en la Historia de la Literatura por sus célebres “Pensamientos”, serie de máximas morales.

Y Aulo Gelio, en “Las noches áticas”, se distinguió como agudo observador de costumbres. También pertenecen a este período dos novelas muy conocidas, aunque moralmente poco recomendables: “El satiricón”, de Petronio, y “El asno de oro”, de Apuleyo.

CUADRO RESUMEN: LA LITERATURA LATINA
1-Desde los orígenes al  14 d.C.

Principales Representantes

Etapa I: Orígenes al -88

Primeras manifestaciones de la poesía.
La épica: Nevio y Ennio (introduce el hexámetro)
Teatro. Fábula togata (140 a. de C.): Plauto, Terencio
Prosa. Catón el Censor

Etapa II:  -88 al 14 d.C.

Poesía. Los «nuevos» poetas: Cátulo.
Poesía didáctica: Lucrecio (epicureismo)
Época de Augusto: Virgilio (Eneida), Horacio (Odas) y Ovidio. Poetas elegiacos: Tibulo, Propercio
Historia. Julio César, Salustio, Tito Livio
Retórica. M. T. Cicerón
Erudición. Varrón, Vitrubio

2-De 14 d.C. a al 476 (fin  de Roma)

Principales Representantes

Etapa I:
De 14 al 117

Poesía. La épica: Lucano, Estado.
Sátira: Juvenal. Epigrama: Marcial.
Fábula: Fedro
Teatro. L. A. Séneca (estoicismo)
Historia. Tácito
Erudición.
Plinio el Viejo,
Novela.  Satiricón (¿Petronio?)

Etapa II:
117 al 476

Paganismo

Poesía: Nemesiano, Comodiano, Ausonio, Avieno
Historia: Suetonio
Novela: Apuleyo
Erudición: Aulio Gelio
CristianismoApologética: Tertuliano, Lactancio
Poesía: Prudencio, Sidonio Apolinar
Historia: Amiano, Marcelino
Gramática: Elío Donato

PRIMEROS TIEMPOS DE ROMA ANTIGUA: Los romanos produjeron poca literatura antes del siglo III a. de C. La literatura latina que surgió en esa época estaba muy marcada por los modelos griegos. La demanda de obras para los festivales públicos, a la larga, condujo a la aparición de un creciente número de escritores nativos. Los más conocidos fueron Plauto y Terencio.

Plauto (c. 254-184 a. de C.) utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griegapara sus propias obras  Los actores vestían atuendos y máscaras griegos, y representaban los mismos personajes base: los viejos verdes, los astutos esclavos, las prostitutas y el joven enamorado.

Si bien estaba en deuda con los griegos, Plauto se las arregló para infundir a sus obras su propia cualidad terrena latina, al incorporar elementos que complacían a los romanos: embriaguez, glotonería y afeminación. Plauto escribió para las masas y llegó a ser un autor muy popular en Roma.

Un segundo autor de obras de teatro que obtuvo distinción fue Terencio (185-159 a. de C.), nacido en Cartago y conducido a Roma como esclavo por un senador romano, quien lo liberó. Terencio murió a temprana edad, después de haber escrito seis obras. También utilizó argumentos de la Nueva Comedia Griega, pero sus obras contenían menos bufonerías que las de Plauto. Terencio estaba más preocupado por lograr el retrato sutil del carácter y por la maestría de su lenguaje. El refinado estilo de su lengua latina atraía más a una audiencia cultivada que a las masas.

La comedia en Terencio
Más moralista que autor dramático fue Publio Terencio Afer (n. hacia 185 a. de C.). Nació en Cartago y fue llevado a Roma como esclavo del senador Terencio Lucano. Disfrutó de una esmerada educación y fue pronto emancipado. Perteneció al círculo elitista de Escipión Emiliano y por ello su obra de comediógrafo no alcanzó tanta resonancia popular como la de Plauto.

Su primera comedia, Andria, imitada de Menandro, se representó con ocasión de los Ludi Megalenses del año 166, y al igual que Hecyra o La suegra no atrajo particularmente a los espectadores, que abandonaron su representación para asistir a un espectáculo de funámbulos. Más éxito lograron las siguientes: Eunuco, Heautoníimorúmenos o El verdugo de sí mismo, Phormio(el nombre del parásito que desempeña un importante papel en la obra) y su mejor pieza cómica Adelphoe o Los hermanos, resultado de la «contaminación» o fusión de dos piezas griegas: una de Menandro y la otra de un autor también griego llamado Dífilo.

Cicerón, César, Horacio y Quintiliano nos han dejado su opinión acerca del teatro de Terencio, valorando virtudes y defectos. Terencio representa la comedia mesurada, sin el vigor que le confirió Plauto, con un lenguaje que se consideró modelo de «elegancia» e inspirado en el de la conversación entre gentes de la «buena sociedad». Destacó en la pintura de caracteres y sentimientos y llegó a la cima de la fama en la época del Renacimiento. Montaigne lo situó muy por encima de Plauto y Fénelon lo consideró mejor que Moliere, aunque .más recientemente estas estimaciones hayan disminuido en beneficio de la obra dramática de Plauto.

La sátira y la prosa
También a esta época, llamada arcaica, pertenece la figura de Cayo Lucilio (180-103 a. de C.), quien dio forma definitiva al género satírico. En Lucilio la sátira se encaminó a la crítica de la sociedad y adoptó como molde métrico el tantas veces aludido hexámetro. De sus treinta libros de Sátiras sólo restan fragmentos en que se abordan cuestiones poéticas, morales y literarias. Horacio tildó su estilo de mediocre, pero en tiempos de Tácito mereció un mayor aprecio. Satirizó la institución familiar, la avaricia, la ostentación de la gente adinerada, las supersticiones y las costumbres femeninas.

Cicerón y Lactancio nos han transmitido textos definitorios de su estilo: el uno relativo a la exagerada pasión por todo lo griego y el otro a la definición de la virtud (en la que parece anteponer el bien de la patria al familiar y al propio).

En el campo de la prosa el escritor más relevante fue Catón el Mayor, ya anteriormente citado. Entre los historiadores cabe citar los nombres de Q. Fabio Pictor (nacido en 259 a. de C.), L. Cincio Alimento, Cornelio Escipión, Cayo Acilio y Postumio Albino, entre otros. Más que historiadores fueron todos ellos analistas y lo que escribieron lo escribieron generalmente en griego.

De los oradores, género en el que el más brillante fue también Catón el Mayor, merecen señalarse algunos de los que menciona Cicerón: sobre todo, los nombres de Marco Antonio y de Marco Licinio Craso, a los que él dio el papel de interlocutores en De oratore.

En otras actividades como la gramática y la crítica literaria incipientes descuellan Espurio Cervilio y L. Elio Preconiano Estilón, que se ocupó, según parece, del lenguaje de las comedias de Plauto.

LA REPÚBLICA: LA EDAD DE ORO DE LA LITERATURA LATINA: El máximo esplendor de la literatura latina se produce en la época de Augusto, es decir, en los primeros pasos de la república romana, y fue de tal importancia que se la reconoce como la “Edad de oro

VIRGILIO, OVIDIO Y HORACIO: Los elementos principales de la literatura latina fueron Roma y “el hombre. El pasado, el futuro y la gloria de su patria ilustraban las obras literarias de los romanos. El hombre, su actividad política, su conducta, Fueron otras de las preocupaciones dominantes. La influencia griega fue de suma importancia, los grandes literatos griegos fueron los modelos por seguir.

Roma fue también el tema dominante en la historia latina. Esta tuvo un fin literario de carácter ‘patriótico-moralista’. Los historiadores romanos le rindieron homenaje a su ciudad, considerada por ellos como el corazón del mundo. Trataron entonces de mantener vivo el orgullo nacional y de exaltar los deberes cívicos de sus ciudadanos.

Setenta años antes de Cristo nació en Mantua Publio Virgilio Marón (-70 a -19), el más grande de los poetas latinos. Fue autor de las Bucólicas, colección de cantos en los que ensalza la vida del campo, completados después por las Geórgicas, que describen las labores agrícolas, la vida de las abejas, del ganado y de los árboles.

Pero su obra cumbre fue la Eneida, que consta de doce libros en los que, imitando a Homero, describe las aventuras de Eneas, fugitivo de Troya, una vez destruida la ciudad por los griegos. El libro es un relato mitológico, épico, poético y dramático, en el que al mismo tiempo se va siguiendo paso a paso el periplo del príncipe troyano a través del Mediterráneo. La intervención de los dioses en los combates que se describen recuerda las páginas de la Iliada y la Odisea.

El poeta mas brillante fue Virgilio, hijo de un pequeño campesino de norte de Italia, escribió su obra maestra en honor al emperador Augusto Octavio, poema épico conocido como La Eneida, y que rivalizó con la obra de Homero, en donde se establece una conexión explícita entre Troya y Roma. Troya y Roma. Eneas, el hijo de Anquises de Troya, sobrevive a la destrucción de su ciudad y, a la larga, se establece en el Lacio; por consiguiente, la civilización romana se anuda con la historia griega.

El carácter de Eneas es descrito en términos que recuerdan el ideal romano: sus virtudes son el deber, la piedad y la lealtad. El propósito general de Virgilio fue mostrar que Eneas había cumplido su misión de establecer a los romanos en Italia y, por consiguiente, que Roma comenzara su divina misión de gobernar el mundo

Ovidio (43 a. de C.-18 d. de C.) fue el último de los grandes poetas de la Edad de oro. Perteneció a un grupo privilegiado de jóvenes romanos a los que les gustaba ridiculizar los viejos valores romanos. Para conservar el espíritu de este grupo, Ovidio escribió una serie de frívolos poemas amorosos, conocidos como Amores. Pensados para entretener e impresionar, lograron su cometido.

La obra más popular de Ovidio, Las metamorfosis, es una serie de quince narraciones mitológicas complejas que incluyen la transformación de formas, como el cambio del caos en orden. Fuente inagotable de información mitológica, Las metamorfosis inspiraron a muchos pintores, escultores y escritores occidentales, sin olvidar a Shakespeare.

Otra de las obras de Ovidio fue El arte de amar. Ésta era esencialmente una imitación de los poemas didácticos. En tanto que los autores de anteriores poemas didácticos escribieron guías para sembrar, cazar o actividades semejantes, la obra de Ovidio era un manual para seducir a la mujer (véase el recuadro de la página 139). El arte de amar parecía aplaudir la relajación moral de las altas clases romanas, justo cuando Augusto trataba de purificar la vida sexual de dichas clases. Al princeps no le agradó esto. Ovidio eligió ignorar los deseos de Augusto y pagó el precio.

En el año 8 d. de C., se e implicó en un escándalo sexual, que tal vez también involucraba a la hija del emperador, Julia. Ovidio fue desterrado a una pequeña aldea en las costas del mar Negro.

Contemporáneo de Virgilio fue Publio Ovidio Nasón  romano a quien Augusto desterró a Ponto Euxino a orillas del Mar Negro. Sus obras más conocidas son El arte de amar, de tema netamente erótico, y Las metamorfosis, de carácter mitológico.

Otro prominente poeta de la época de Augusto fue Horacio (65-8 a. de C.), amigo de Virgilio. Horacio fue un escritor muy complejo cuya absorbente preocupación pareció ser señalar a sus contemporáneos las “insensateces y vicios de su época”. En las Sátiras, mezcla de poemas sobre una variedad de temas, Horacio se rebela como un desapasionado observador de la debilidad humana.

Dirigió sus ataques contra actitudes, no contra personas vivas, y abordó temas como la inmoralidad sexual, la avaricia y la insatisfacción en el trabajo (“¿Cómo es posible, Mecenas, que ni un solo hombre esté contento con su suerte?”).

UN TRÁGICO ERROR: Mas el ritmo tranquilo y placentero de su vida se ve perturbado por un auténtico rayo en cielo sereno. Una tarde, un centurión le lleva una orden inesperada. Augusto le ordena que abandone inmediatamente “Roma, y se traslade a Tomi, en el .mar Negro, Era enviado al exilio. ¿Por qué? Aún hoy permanece todo en el misterio. Ovidio, en sus escritos, alude sólo a un fatal “error” cometido. ¿Cuál?: no sabemos.

Es invierno cuando se embarca en Brindisi; el mar está tempestuoso. Llega extenuado a Tomi, un pueblecillo perdido, donde nadie habla ni sabe latín, donde no hay médicos. Además, la zona está amenazada por las poblaciones bárbaras vecinas: los escitas, que intentan invadir la colonia romana.

Ovidio, que siempre ha alardeado de no haber prestado nunca servicio militar, se ve obligado, ya casi viejo, a proveerse de yelmo y coraza y a embrazar el escudo. Es una vida imposible para el poeta. Una gran tristeza le agobia, y, muchas veces, durante el exilio, invoca la clemencia de Augusto. Pero es inútil: el emperador no perdona.

Ovidio necesita un médico, un poco de sol.. . pero no puede tener lo uno ni lo otro. No tiene ni el consuelo de recibir cartas de los seres queridos, pues las comunicaciones con Roma son lentísimas. Y así será hasta el fin: ruegos, peticiones, nostalgia, soledad.

A los sesenta años, el más brillante poeta de la corte de Augusto desapareció para siempre.

SUS OBRAS: La poesía de Ovidio no es particularmente rica en significados profundos ni en valores universales. Pero este poeta es el más grande narrador de aventuras amorosas, de historias fabulosas y de maravilla y de sentimientos nostálgicos de que pueda alardear la literatura latina. Sus mayores méritos radican en la limpia exactitud y en la ágil musicalidad de su verso. Sus obras más importantes son:

Amores” – En esta obra, Ovidio canta la belleza y la dulzura de sus sentimientos por Corinna, la mujer amada.

Ars amatoria” – Es una obra curiosa: en ella enseña el poeta, muchas veces con ironía sutil, cómo comportarse cuando se está enamorado.

Remedia Amoris” – “Medicamina faciei” – Éstas son las obras más “frívolas” de Ovidio. En la primera da consejos para curarse del “mal de amores”. En la segunda enseña a las mujeres… recetas de belleza.

Las Metamorfosis” – Su obra más célebre. En ella se cantan quince historias de transformaciones acaecidas por obra de los dioses, como hombres transformados en animales o plantas, y concluye con la apoteosis del César, que se transforma en una estrella brillante.

Fastos” – Es la obra más “seria” del poeta, en la que celebra la gloria de Roma narrando sus fiestas más importantes.

Tristia” – Como las demás pequeñas obras, escritas durante su exilio en Tomi, expresa la soledad y la tristeza de sus últimos años de vida.

Quinto Horacio Flaco  (65-8) escribió odas, sátiras y epístolas. De estas últimas, la titulada A los Pisones ha sido considerada como un tratado de preceptiva literaria. Fue protegido de Mecenas.

Horacio se ríe en gran medida de la debilidad del ser humano y hace un llamado al dominio sobre sí mismo: “Suponiendo que mi amigo se haya embriagado y haya mojado mi lecho… ¿será por ese desliz que deba tenerle menos aprecio como amigo, o porque me arrebató un pollo que estaba al lado de mi plato cuando tenía hambre?

En su última obra, las Epístolas, Horacio se valió de otra forma griega —la carta imaginaria compuesta en verso— para ofrecer un retrato de sus amigos, de la sociedad y de aquellas cosas por las que tenía más aprecio: una vida sencilla, los buenos amigos y su amado país.

Siguiendo La línea del griego Esopo, en Roma encontramos a Fedro, contemporáneo de los poetas antes mencionados, a quien se debe una colección de fábulas.

Salustio (86-34 a.C.) Escribió con estilo conciso y metódico sobre los tiempos de las crisis de la república y sus problemas. Sus obras: La guerra de Yugurta y La conspiración de Catílina.

Tito Livio (59 a. C- 17 d.C.) Escribió Historia de Roma, importante obra en la que recogió el testimonio de antiguos cronistas. No obstante la falta de crítica en sus relatos, en donde mezcló la leyenda con la realidad, su obra fue importante para conocer los primeros tiempos de Roma.

La obra latina en prosa más famosa de la Edad de oro la escribió un historiador, Livio (59 a. de C.-17 d. de C.). La obra maestra de este escritor fue la Historia de Roma, que abarcaba desde su fundación hasta el año 9 a. de C., y que comprendía ciento cuarenta y do; libros. Sólo treinta y cinco de éstos han llegado hasta nosotros, aunque tenemos breves resúmenes de toda la obra, escritos por otro; autores. Livio concibió la historia como lecciones morales.

Para Livio, el carácter humano era un factor determinante en la historia. La historia de Livio celebró la grandeza de Roma. Construyo escena tras escena, que no sólo revelaba el carácter de las principales figuras, sino que demostraba las virtudes que habían hecho grande a Roma. Por supuesto, acusaba serias fallas como historiador. No siempre se atenía a la exactitud de los hechos de las miríadas de su; historias, y no era muy crítico respecto de sus fuentes. Pero narró, en verdad, una buena historia, y su obra fue considerada por mucho tiempo como la historia ejemplar de Roma.

La época de Augusto se prolongó mucho tiempo. Él murió en el año 14 d. de C., después de dominar el mundo romano por cuarenta y cinco años. Creó un nuevo orden, al mismo tiempo que pacificaba el anterior, restaurando y conservando los valores tradicionales, lo cual constituyó una combinación adecuada para el hombre cuy¿ máxima fue “apresúrate despacio”. En el momento de su muerte, su nuevo orden estaba tan bien establecido, que pocos romanos fuero-los que se rebelaron para buscar una alternativa de gobierno.

LA EDAD DE PLATA:  se llama así, porque pesar que los esfuerzos literarios de esta etapa fueron buenos, no alcanzaron a superar la calidad de la primera etapa de la cual hablamos anteriormente, que llamamos Edad de Oro

Educado en Roma, Séneca (c. 4 a. de C.-65 d. de C.) estuvo fuertemente vinculado con la filosofía del estoicismo. Después de cumplir sus funciones de tutor de Nerón, él mismo se encargó de que el gobierno funcionara en los primeros cinco años del reinado de Nerón. Séneca comenzó a desligarse de la política cuando Nerón inició un papel más activo en el gobierno. En el año 65 fue acusado de estar involucrado en una conspiración en contra ce Nerón y, obedeciendo las órdenes de Nerón, se suicidó.

En sus cartas, dirigidas a un joven amigo, expresó los principios básicos del estoicismo: vivir de acuerdo con la naturaleza, aceptar los acontecimientos desapasionadamente, como parte de un plan divino, para profesar un amor universal por toda la humanidad. Así, “la primera cosa que la filosofía nos promete es el sentimiento de compañerismo, de pertenecer a la humanidad y de ser miembros de una comunidad”

 La filosofía llama a una vida sencilla, pero no penitente, y la forma sencilla de vivir no necesita ser una vida grosera. Analizado en retrospectiva, Séneca incurre en algunas inconsistencias notorias. Si por un lado predicó las virtudes de la simplicidad, por el otro amasó una fortuna, y aun llegó a comportarse con rudeza para protegerla. Sus cartas reflejan humanismo, benevolencia y entereza, pero sus sentimientos a menudo se ven deteriorados por su intención de ser astuto con las palabras.

Tácito (55-120 d.C.) Se lo consideró uno de los historiadores más importantes de Roma; fue autor de numerosas obras, entre ellas Anales y Germania. Figura relevante de este largo período es la de un historiador: Cayo Cornelio Tácito.

Tácito, roma antiguaAunque carecemos de las fechas exactas de nacimiento y de muerte, cabe fijar la primera en torno al año 55 de nuestra era y la segunda alrededor del año 120. Era probablemente hijo de un caballero romano, Cornelio Tácito, que ocupó el cargo deprocurator en Bélgica hacia el año 55, y se conjetura que nació en una provincia del norte de Italia.

Frecuentó las escuelas de retórica, ejercitándose en la práctica de las célebres declamaciones, y recibió la influencia de la filosofía de los estoicos, que gozaba entonces en Roma de gran predicamento. Con fervorosa admiración de discípulo, escuchó a los grandes oradores de su tiempo, Marco Apery Julius Secundus, impregnándose de sus consejos y enseñanzas. Adquirió temprana reputación de jurisconsulto elocuente y prudente, de lo que nos ha transmitido su personal testimonio Plinio el Joven.

En su producción se incluyen: Diálogo de los oradores, escrito hacia el año 81; Vida de Agrícola, panegírico de su suegro que compuso ante la imposibilidad de pronunciar el elogio fúnebre del fallecido por encontrarse Tácito ausente de Roma; la Germania (De moríbus Germanorum), monografía en dos partes sobre las costumbres germanas, que compuso fundándose en informes orales directos y en la lectura de Plinio el Viejo; las Historias de las que se han conservado cuatro libros y una parte del libro V y que incluían los hechos acaecidos desde el año 69 (ya muerto Nerón) hasta el año 96 (asesinato de Domiciano y advenimiento de Trajano) narrados en catorce libros, y los Anales (Librí ab excessu divi Augusti), que según se deduce abarcarían desde la desaparición de Octavio Augusto el año 14 de nuestra era hasta el año 69, enlazando así con las Historias.

Alrededor del segundo siglo de nuestra era, los autores latinos —aunque todavía bajo la influencia de los modelos griegos familiares— imitaban cada vez más a los grandes escritores latinos de las primeras épocas. Juvenal (c. 55-c. 128) escribió cinco libros de sátiras, en los que ponía en la picota las costumbres y los vicios de su generación.

En ellas fustiga los vicios y corrupción de la Roma de su tiempo: censuran vicios, describen costumbres, ensalzan virtudes, etc. El tono vehemente de que hace gala el autor le valió un prestigio que traspasó los límites cronológicos de la Antigüedad, para perdurar en los siglos posteriores

Atacó los amaneramientos de las mujeres romanas, el abuso de los esclavos, los excesos de los emperadores, los inmigrantes griegos y orientales, su propia pobreza y las injusticias de la sociedad romana.

Por ejemplo: “Exigen que el maestro moldee esas mentes tiernas… Se le dice a uno: ‘Encargúese’, y cuando finaliza el año escolar, uno obtiene tanto como lo que obtiene el jinete de una sola carrera”.

Sin embargo, Juvenal no fue un reformador. A pesar de que atacó muchos vicios, no brindó una crítica sustancial de su sociedad.

Las Cortesanas en Roma Antigua Historias del Imperio Romano

Las Cortesanas en Roma Antigua

Agricultura
Minería
Artesanos
Comerciantes
Financistas
Viviendas
Las Ciencias
Prostitución
Las Mujeres
Literatura
Filosofía
Diversión
Educación
El Derecho
Arte
Religión
Familia
Costos
Portal de Roma
Portal de Grecia

Después de la conquista de Grecia, la decoración interior llegó a ser rica y variada, aun en las casas modestas. Las paredes estaban cubiertas. de pinturas familiares o mitológicas; había numerosas columnas de mármol, enlosados de piedras raras y mosaicos. Las colgaduras y tapices completaban la ornamentación; pero las habitaciones eran pequeñas y contenían pocos muebles.

hetairas en roma antigua

La casa romana era una vivienda de país cálido.

El vestido de los romanos no difería mucho del de los griegos. El hombre llevaba calzoncillos, subligdculo y una larga camisa con o sin mangas, llamada tunica. La túnica de los senadores estaba orlada con una ancha franja de púrpura, conocida con el nombre de laticlavia. Por encima de la túnica llevaba el romano la toga que era como una capa de mucho vuelo corbada en forma de semicírculo y que tenía por un lado un diámetro de 4 m. 85 próximamente y por el Otro era un segmento de circulo cuya cuerda tenía t m. 20.

Era la toga el distintivo del ciudadano y no podían usarla ni  los extranjeros ni los esclavos. Esta prenda, colocada artísticamente hacía muchos y graciosos pliegues. Los mancebos libres también vestían la toga, adornada con una franja de púrpura y llamada pretexta. Poco a poco fue introduciéndose el uso de llevar debajo de la túnica una a modo de la camisa actual, llamada subúcula, y en tiempo de lluvia o en viaje un capote, penula, provisto de capucha, cuculla. Todos estos trajes fueron primitivamente de lana; pero la moda introdujo pronto en Roma telas ligeras de Grecia y de oriente.

Las mujeres llevaban también una camisa, y por encima un vestido largo, con mangas, estola, ceñido en el talle con un cinturón. Cuando sallan, se abrigaban con la pallo, gran man o o chal parecido al himatión griego. El tocado era cosa muy importante entre las romanas que se mostraban libremente en público. Se ajustaban el busto con una especie de corsé de cuero; se teñían la cabellera de rubio o se ponían pelucas; abusaban de los afeites y ungüentos y les gustaba salir cargadas de aderezos. Las joyas encontradas en las excavaciones están delicadamente labradas.

Ni los hombres ni las mujeres usaban calcetines o medias, y se calzaban, para salir, con el borceguí, cdlceo, que ajustaban por medio de correas, pero que dejaba descubiertos los dedos de los pies. El cálceo que usaban ciertos magistrados era rojo, y se llamaba múleo. En la casa se ponían sandalias. En el ejército, los soldados llevaban el borceguí con suela guarnecida de clavos o cdliga.

El romano en su casa era dueño absoluto de su familia y de sus esclavos. La autoridad paternal era muy grande, y durante mucho tiempo tuvo el padre derecho de vida y muerte sobre los suyos.

En la ciudad era ante todo un ciudadano. No se dedicaba, como el griego, al comercio, sino a los negocios públicos. Si era acaudalado, recibía por la mañana a sus clientes, escuchaba sus peticiones y les distribuía consejos o socorros. Después iba al Foro, donde tomaba asiento en el senado o en el tribunal. Si era pobre, se inscribía como cliente de un rico, lo escoltaba en público y lo sostenía con su voto en las elecciones.

Las distracciones eran raras. Por la tarde jugaba a la pelota o iba a los baños que eran, como el café moderno, la cita de los ociosos. Sólo algunas procesiones religiosas y algunos juegos del circo alteraban a veces la monotonía del año. Esa vida convenía a un pueblo de propietarios rurales; pero las costumbres fueron modificándose muy de prisa en Roma como se verá más adelante, hasta que en la época del Imperio se convirtió en verdadera ciudad de placeres.

El papel de la mujer era más importante en Roma que en Grecia. Gobernaba también la casa, pero tenía más autoridad que la mujer griega, porque estaba más asociada a la vida de su marido. Se la felicitaba porque cuidaba del gobierno de la casa e hilaba la lana, pero en realidad hacía más que eso. Compartía los honores que se tributaban a su esposo, aparecía con él en público, en las ceremonias y los juegos, y estaba rodeada de consideraciones; era en fin la señora, la matrona.

En la casa, no estaba confinada en sus habitaciones, sino que tomaba parte en las comidas y recepciones. Su influencia, aunque no reconocida por la ley, de hecho era muy grande. Catán tuvo la prueba cuando quiso acabar, por medio de una

LA PROSTITUCION: La presencia de esclavos y esclavas en los hogares sería uno de los motivos de la libertad sexual con los que se relaciona el mundo romano. Esta presunta libertad sexual estaría íntimamente relacionada con el amplio desarrollo de la prostitución.

Como en buena parte de las épocas históricas, en Roma las prostitutas tenían que llevar vestimentas diferentes, teñirse el cabello o llevar peluca amarilla e inscribirse en un registro municipal. No en balde, Catón el Viejo dice que “es bueno que los jóvenes poseídos por la lujuria vayan a los burdeles en vez de tener que molestar a las esposas de otros hombres”. En el año 1 existe un registro con 32.000 prostitutas que estaban recogidas, habitualmente, en burdeles llamados lupanares, lugares con licencia municipal cercanos a los circos y anfiteatros o aquellos lugares donde el sexo era un complemento de la actividad principal: tabernas, baños o posadas.

Los distritos del Esquilino y el Circo Máximo tenían una mayor densidad de burdeles humildes mientras que los más elegantes se ubicaban en la cuarta región, habitualmente decorados con murales alusivos al sexo e identificados en la calle con un gran falo que era iluminado por la noche. Las prostitutas solían exhibir sus encantos en las afueras del prostíbulo y era habitual que en las puertas de las habitaciones existiera una lista de precios y de servicios.

Las prostitutas se dividían en diversas clases: las llamadas meretrices estaban registradas en las listas públicas mientras que las prostibulae ejercían su profesión donde podían, librándose del impuesto. Las delicataeeran las prostitutas de alta categoría, teniendo entre sus clientes a senadores, negociantes o generales.

Las famosas tenían la misma categoría pero pertenecían a la clase patricia, dedicándose a este oficio o por necesidades económicas o por placer. Entre ellas destaca la famosa Mesalina, Agripina la joven o Julia, la hija de Augusto. Las conocidas como ambulatarae recibían ese nombre por trabajar en la calle o en el circo mientras que las lupae trabajaban en los bosques cercanos a la ciudad y las bustuariae en los cementerios.

El lugar favorito para las relaciones sexuales eran los baños, ofreciendo sus servicios tanto hombres como mujeres; incluso conocemos la existencia de algunos prostíbulos frecuentados por mujeres de la clase elevada donde podían utilizar los servicios de apuestos jóvenes.

Las ciencias en Roma Cientificos Romanos Historia de la Ciencia

Las ciencias en Roma Antigua – Científicos Romanos

LA CIENCIA EN ROMA: Entre los griegos el pensamiento científico se complacía en la especulación y la construcción de sistemas filosóficos de carácter abstracto, demasiado ambiciosos y complejos. Los helénicos deseaban encontrar una explicación al mundo y a sus fenómenos, pero el estado de la Ciencia no permitía la elaboración de cosmogonías y metafísicas, pues faltaba conocer mucho acerca de los fenómenos concretos para poder llegar a una fase de síntesis.

Los romanos, al contrario, eran hombres sumamente prácticos y por esto buscaron sólo la aplicación concreta de las verdades que encontraban. Así, no se entregaron con pasión al estudio de la Astronomía, sino como una necesidad para conseguir un calendario más perfecto. En el primer tomo de esta obra hemos hablado de las sucesivas reformas del mismo. La primera realmente importante fue la de Julio César, decretada el año 47 a. J. C., pero incluso en esta tarea le ayudó un astrónomo griego llamado Sosígenes. A él se debe la invención del día bisiesto o «bis-sexto-calendas».

Marco Antonio cambió el nombre del mes Quintili por el de Julius para honrar la memoria de Julio César, y en tiempo de Augusto el mes Sextilis fue transformado enAugustus por idéntica razón. Los nombres y la ordenación de meses quedaron así, tal como estén en la actualidad: un calendario que tuvo vigencia durante más de dieciséis siglos, hasta que fue reformado en 1582 por el papa Gregorio XIII.

Desde el año 44 al 19 a. J. C. los geodesas romanos acometieron la ingente tarea de medir y levantar mapas de todas las tierras del Imperio.

El documento geográfico más importante de la época romana es, seguramente, la Geografía de Es-trabón dividida en 6 libros, para cuya redacción se basó en los textos de Hiparco y de Eratóstenes. El mundo entonces conocido terminaba en las fronteras de la India, en las llanuras de Alemania y Polonia, en las orillas del Mar Negro, en el litoral del Norte de Africa y en el Océano Atlántico.

Hacia el año 44 de nuestra Era, Pomponio Mela escribió el primer tratado completo de Geografía en tres grandes libros, cuyo título original es De situs orbis.

En Roma, la Medicina fue tenida por un arte propio de esclavos y extranjeros. Este concepto explica que sus mejores médicos no fueran romanos. Asclepíades era de Bitinia y el gran Claudio Galeno (128-200) había nacido en Pérgamo (Asia Menor). Éste fue un gran anatomista que estudió los sistemas muscular, óseo. y nervioso, y al mismo tiempo realizó profundas investigaciones sobre Medicina. Su fama fue tan grande que aún en la actualidad el nombre de «galeno» es sinónimo de médico.

Ya hemos citado algunos literatos que adquirieron fama no sólo por la galanura de su estilo, sino por su labor didáctica. El estudio de las ciencias naturales aplicadas a la agricultura, a la ganadería o a diversas industrias del campo, tuvieron tanta importancia que aún resulta de utilidad la lectura de libros como Historia Natural, de Plinio el Viejo, y Agricultura, del español Columela, que estudió las formas de cultivo de secano para mejorar el campo, el modo de trabajar los huertos, la forma de preparar un calendario agrícola, la atención que han de merecer los árboles frutales, etc.

Sin embargo, el gigantesco esfuerzo de Roma iba a perderse al impulso de la incontenible revolución que representó la invasión de los bárbaros.

ARTE DE LA MEDICINA: Pese a que los antiguos romanos no disponían de médicos profesionales, practicaban el arte de la medicina. La medicina romana antigua estaba, sobre todo, basada en el uso de hierbas. Elpaterfamilias preparaba diversos remedios para sanar las heridas y curar las enfermedades. El conocimiento de las propiedades curativas de las plantas se transmitía de generación en generación.

Esta medicina tradicional herbolaria siguió utilizándose en el Antiguo Imperio. Por supuesto, también se transmitieron recetas para condición esto exactamente enfermizas, como la calvicie. Una de esas recetas consistía en vino, azafrán, pimienta, vinagre, laserpicium (la reina de las plantas medicinales romanas) y excremento de rata.

Como en otros aspectos de la vida romana, también se dejó sentir la influencia griega en la medicina. Al final del siglo III a. de C., la medicina científica hizo su aparición en el rriundo romano por medio de médicos profesionales provenientes del mundo helenístico. Los médicos se pusieron de moda en Roma; sin embargo, el prejuicio en contra de ellos nunca desapareció del todo. Muchos eran esclavos griegos que pertenecían al servicio de grandes familias aristocráticas. Los primeros médicos públicos de Roma se reclutaron para el ejército romano.

Estas prácticas militares se extendieron después a los funcionarios imperiales de las provincias y a sus familias, e incluyeron el establecimiento de hospitales públicos. Asimismo, las escuelas de gladiadores contaban con sus propios médicos residentes. De hecho, uno de los más famosos médicos, el griego Galeno (129-199), surgió de las filas de los médicos de los gladiadores y se convirtió en médico de la corte del emperador Marco Aurelio. La medicina científica romana también fue testigo del desarrollo de numerosos especialistas. Por ejemplo Alcon , famoso cirujano de esa época de los Flavios, se especializo en enfermedades de los huesos y operaciones de hernia.

medicina roma antigua

 

Las viviendas y casas en el imperio romano de occidente Roma Antigua

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: VIVIENDAS Y CASAS

la vida cotidiana en roma antigua

Desde la originaria colina del Palatino, Roma se amplía en la época de los reyes y Servio Tulio rodeó con una muralla las siete colinas que constituían la ciudad, quedando en el centro el Foro Romano. La invasión de los galos del año 391 a.C. provocó el incendio de la ciudad por lo que se procedió a la reconstrucción, conservando su irregular trazado y su perímetro amurallado. Ahora ocupa 426 hectáreas pero presenta por primera vez problemas de vivienda por lo que se distribuyó entre los indigentes la colina del Aventino. En el año 174 a.C. se considera que Roma “es una ciudad fea, con edificios públicos y privados de mezquino aspecto” según los cortesanos de Filipo de Macedonia.

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Las casas estaban construidas al azar mientras que las irregularidades del terreno habían motivado que las calles fueran serpenteantes y empinadas, con vías estrechas y tortuosas. La mayoría de ellas carecían de aceras y su anchura no pasaba de los cinco metros. También se encontraban pasadizos de dos o tres metros de anchura casi intransitables que formaban la red viaria de los barrios populosos como el Argilentum -morada de libreros o zapateros-. Las casas estaban construidas en madera y adobe, siendo de diversas alturas, existiendo en el siglo II a.C. casas de más de tres pisos. No había agua corriente en los domicilios, excepto algunos privilegiados.

Los acueductos llevaban el agua a las fuentes públicas y los baños. Ningún ciudadano o extranjero podía moverse a caballo o en carro en la ciudad, excepto para el transporte de materiales o mercancías. Las ventanas de las casas no tenían cristales, cerrándose con postigos de madera o rejas de piedra o terracota. Las estufas escaseaban pero había braseros o chimeneas encendidas para calentarse puntualmente. Los muebles no eran muchos en las casas: lechos para dormir o comer, mesas, armarios o aparadores forman el escaso mobiliario. Las letrinas privadas no existían utilizando las colectivas siendo las de los hombres más grandes que las de las mujeres.

Lo habitual era hacer las necesidades en recipientes portátiles y arrojar su contenido por las ventanas En tiempos de César vivían en Roma unos 800.000 habitantes, produciéndose una afluencia masiva de extranjeros, especialmente esclavos, a la ciudad. Los barrios centrales presentan síntomas de especulación ya que los terrenos en la esta almendra central son escasos y muy caros. Las viviendas -llamadas insulas- se elevan hasta los seis u ocho pisos, produciéndose continuos derrumbamientos e incendios debido a la mala calidad de la construcción y de los materiales. La llegada de Augusto al poder supuso un embellecimiento de Roma y una nueva administración al distribuir el territorio en 14 regiones con sus respectivos puestos de guardia que debían apagar los incendios. Pero los edificios serán construidos aún en materiales pobres lo que favoreció el increíble incendio que se vivió en el año 64, en tiempos de Nerón.

Tres barrios fueron destruidos y siete resultaron dañados durante los ocho días que duró. Para evitar nuevos incendios, Nerón dispuso una serie de ordenanzas que aludían a la construcción de casas alineadas, formando calles anchas, limitando la altura de las casas que no podrían ser construidas en madera y debían utilizar piedra ignífuga. Depósitos antiincendios fueron colocados estratégicamente. Plinio comenta la existencia de unos 90 kilómetros de calles anchas y alineadas que no dejaron de ser criticadas por algunos, caso de Tácito que comenta: “las calles estrechas y los edificios altos no dejaban penetrar los rayos del sol, mientras que ahora, y a causa de los grandes espacios y la falta de sombra, se arde de calor”. A pesar de las normas de seguridad impuestas, los incendios continuaron . A mediados del siglo II la población de Roma se acercaba al millón y medio de habitantes, concentrándose la mayoría en los barrios centrales.

Existían unas 46.000 insulas -una densidad media de 102 insulas por hectárea- algunas de ellas bastante altas debido al incremento de los precios que estaba alcanzando el suelo. Augusto tuvo que limitar las construcciones a 70 pies, unos 21 metros, mientras que Tácito menciona casas de 30 metros. A pesar de las limitaciones, los edificios seguían creciendo. Roma tomaba el aspecto de una Nueva York antigua. La introducción del ladrillo cocido que daba mayor solidez al edificio y era menos combustible fue lo que permitió la edificación de estos colosos. La Subura, el Argilentum y el Velabrum eran los barrios más populosos y los más poblados. Allí vivían zapateros, libreros, vendedores ambulantes, magos, maleantes, aventureros, charlatanes, etc. Como es lógico, las casas estaban levantadas de manera anárquica y sus calles eran estrechas, distribuyéndose las tiendas y los talleres artesanales por oficios. La mayoría de las casas estaban arrendadas y subarrendadas a su vez, elevando las precios de manera desorbitada. La vida pública y oficial se desarrollaba en los Foros, el Capitolio, el Campo de Marte y el Palatino.

Los barrios aristocráticos estaban constituidos por domus, residencias de gran amplitud con uno o dos pisos estructurados alrededor del atrio y del peristilo, patio de influencia griega. El Collis Hortorum era el barrio residencial y aristocrático por excelencia. La domus contaba con una elegante entrada, comedor, habitaciones para esclavos y miembros de la familia. No había ventanas que daban a la calle ya que toda la luz necesaria procedía de los patios interiores. En Roma no existía servicio de limpieza ni iluminación nocturna. Salir por la noche era toda una aventura y quien lo hacía se exponía a jugarse la vida. Pero durante el día las calles eran bulliciosas y estaban llenas de gente.

Según un edicto de César las calles debían ser limpiadas por los propietarios, prohibiéndose la circulación de carros desde el alba al amanecer. De las montañas próximas llegaban trece acueductos que inundaban la ciudad de agua, aflorando en las numerosas fuentes públicas que manaban continuamente. Quizá para evitar esta anarquía urbanística característica de Roma, las ciudades de nueva planta se construían siguiendo los planos de los campamentos romanos. El cardo y el decumanus se cruzaban en el centro, estableciendo un sistema en cuadrícula que dejaba la zona central para foros.

PARA SABER MAS…
Los romanos adinerados vivían en la mayor de las elegancias. Los pórticos y terrazas de sus espaciosas mansiones lucían arbustos de flores y el verde follaje de las enredaderas. En el interior, los esclavos hacían el quehacer de la casa, recorriendo el panorama de frescas columnas de mármol y pisos de brillantes mosaicos. Los muebles eran de bronce, marfil y maderas finas; de las ventanas pendían cortinas de costosas telas; los vividos colores de los frescos alegraban los muros.

Los más pudientes tenían dos mansiones, una en la ciudad y otra en el campo, ambas con los mismos lujos. Los invitados entraban por un vestíbulo cuyas puertas dobles daban al atrio, o sala. Ésta era la estancia principal de la familia: la luz, que entraba por una abertura en el techo, se reflejaba en el agua de un estanque central. En el atrio también se erguía el altar a los dioses de la casa. Éstos eran los penates, considerados por los romanos como los que protegían a la casa de los espíritus malignos. Toda la familia les rendía culto diariamente.

Junto al atrio estaban la cocina, el comedor, el estudio, los dormitorios y otras estancias. En la parte trasera de la casa había un peristilo, o jardín con columnatas, bordeado por setos y arbustos florales. Los romanos eran hábiles jardineros, y gustaban especialmente de las rosas. Los romanos pudientes bebían vino de rosas y se polveaban el cuerpo con pétalos secos de esta flor. Los sibaritas (de Sibaris, en el sur de Italia) eran tan afectos a los lujos que dormían en colchones rellenos de pétalos de rosa; de ahí la expresión “como en lecho de rosas”. Los ciudadanos pobres cuidaban de pequeños maceteros, mientras que las grandes mansiones suburbanas tenían terrazas con vista a prados, setos recortados y paseos bordeados por laureles, cipreses y plátanos. Había bancas a la sombra de pérgolas, que daban frescor en el sofocante verano italiano.

Las casas privadas contaban con fuentes y agua corriente; algunas también tenían calefacción. El sistema, conocido como hipocausto, consistía en calderas, que los esclavos alimentaban con madera o carbón, de las que salían ductos de aire que calentaban los pisos, generalmente los del baño. Casi todas las casas se calentaban con braseros de carbón portátiles. Las chimeneas eran casi desconocidas.

Los muebles romanos eran de hermosa manufactura, pero no abundaban, ni siquiera en las casas pudientes. El mueble principal era la cama, donde los ciudadanos dormían de noche y se reclinaban durante el día para una siesta o para recibir a las visitas. Las mejores camas eran de madera, finamente incrustadas con marfil, concha de tortuga y oro.

Fuente Consultada:
Hábitos y Costumbres del Pasado Reader´s Digest
Colección: Como Vivían  – Los Romanos Susaeta
Historia Para Primer Año José María Ramallo

Trabajo Agricola Mineria y Artesanos Las Mujeres Diversiones

HISTORIA DE ROMA ANTIGUA: TRABAJO AGRÍCOLA

la vida cotidiana en roma antigua

EL TRABAJO Y LA SOCIEDAD

Como ocurre en los sistemas basados en las desigualdades sociales, no existió un desarrollo económico similar en todas las provincias que formaban el Imperio Romano.

En la capital encontramos más de 300.000 personas que vivían de la beneficencia estatal en los últimos años de la República y aunque diferentes políticos intentaron reducir el número por diversos métodos -fundación de colonias o distribución de tierras- el número de plebs frumentaria nunca descendió de 200.000.

De todas los territorios que constituían el Imperio será Italia quien tenga una situación de absoluto privilegio. La agricultura se especializó gracias a la llegada masiva de grano procedente de Africa, Hispania o Egipto.

De las tierras conquistadas también llegarán un amplio número de esclavos que paulatinamente irán ocupando los puestos de trabajo de los campesinos libres, creando un sistema esclavista. Las economías de las diferentes provincias dependerán de la situación momentánea con respecto a la metrópoli.

La valoración social del trabajo ha ido cambiando con el paso del tiempo. Inicialmente los textos ensalza al ciudadano campesino debido a que la fuente de riqueza más importante es la tierra, que está repartida entre los pequeños propietarios.

Pero la situación varía a partir del siglo III a.C. cuando la mano de obra esclava empiece a sustituir a los campesinos libres. El trabajo rural ya no gozará de tantas simpatías aunque siempre sea de mayor prestigio que el comercio o la artesanía. No en balde, los senadores tendrán prohibido dedicarse a actividades comerciales. Paulatinamente, el trabajo sería considerado como algo negativo, al tratarse de una actividad realizada por esclavos.

EL TRABAJO AGRICOLA

la agricultura en roma antigua

El sector agrario será el más importante en la economía romana. Aunque no se realizó ningún avance técnico de consideración con respecto a épocas precedentes, nos encontramos con un importante desarrollo del regadío, de los injertos o de la cría de animales para la ganadería. Los instrumentos básicos de trabajo serían las azadas, las palas, un rudimentario arado, los rastrillos, etc., distinguiéndose entre pequeñas y grandes explotaciones. Las explotaciones pequeñas adquieren un mayor auge en el momento de la conquista de Italia, cuando la mayoría de la ciudadanía se dedica a la agricultura.

Los territorios arrebatados a los pueblos vencidos son repartidos entre los ciudadanos romanos, estableciéndose nuevas colonias. Este sistema también se pondrá en práctica en las provincias.

Los pueblos que no se rebelaban y se asimilaban pacíficamente conservaban sus tierras. De estos pequeños espacios agrícolas, los campesinos obtenían los alimentos necesarios para la subsistencia familiar y para pagar los impuestos.

La competencia ante las grandes explotaciones motivó una ingente oleada migratoria de campesinos hacia Roma, aumentándose el número de gentes que vivían de la beneficencia estatal. Los que resistieron sólo pudieron contar con la mano de obra personal y la de su familia, que cuando era escasa no dejaba otra solución que la emigración o el alistamiento en el ejército.

Las grandes explotaciones agrarias no deben ser confundidas con latifundios. El propietario nunca trabajaba en la explotación sino que eran los jornaleros, esclavos o incluso colonos los que realizaban las labores agrícolas. Muchas de ellas se dedicaban en exclusiva a la ganadería.

La concentración de espacios agrícolas en pocas manos no dejó de ser, en ocasiones, motivo de preocupación para algunos emperadores.

El trabajo estaba supervisado por un capataz, contando para cada actividad con personal cualificado. La mayoría de la mano de obra es de procedencia esclava, desempeñado labores de cierta especialización en algunas ocasiones.

La producción se guardaba en silos y se transformaba en “industrias” de la propia explotación como molinos o prensas de vino y aceite. El olivo y la vid serán los productos más cultivados en Italia, aunque no se dejó de lado el cereal que procedía en su mayoría de las provincias de Hispania, Egipto y Africa.

El desarrollo agrícola permitirá el aumento del sector servicios y de la ingente masa de desarrapados que habitaba en las ciudades a la que había que alimentar y divertir; de ahí la famosa frase de “panen et circus”.

 

La Vida En Roma Antigua Historia de Roma Imperio Romano de Occidente

La Vida En Roma Antigua

Sería muy interesante e instructivo hacer un viaje hacia la antigüedad, a los tiempos del mundo antiguo de Roma, un mundo que existió en realidad y pudiéramos ver con nuestros propios ojos la forma de vivir basada en la cual se ha levantado en época tan reciente nuestra civilización moderna.

Probablemente, al emprender tal viaje nuestra mente estaría llena de ideas preconcebidas acerca de la gente que esperaríamos encontrar; luego, al regresar de nuevo al ambiente de nuestro agradable mundo actual, nos encontraríamos con que las primeras preguntas que nos harían los amigos serían acerca de las personas que representaron grandes papeles en los períodos de la historia sobre los cuales el mundo tanto ha discurrido, y acerca de las costumbres, aspecto, opiniones y forma de conducirse de tales personajes.

Deberemos  explicar primero un mundo en el cual no existían relojes ni almacenes de comestibles; un mundo cuyas casas no tenían chimeneas y cuyas habitaciones eran calentadas en tiempo de frío mediante un fuego encendido en medio de la habitación sobre un fogón o un brasero y que al encenderse lo llenaba todo de humo; en consecuencia las paredes, el techo y los muebles estaban ennegrecidos y más o menos cubiertos de hollín en todo momento.

La luz se obtenía con lámparas de aceite que no tenían tampoco, por supuesto, chimeneas y cuyo humo se añadía al del fuego del hogar y ocasionaba constantemente molestias oculares. Era un mundo que tenía pocos conocimientos respecto de la forma de curar las enfermedades, pero que tenía gran fe en los remedios empíricos. “Mediáis nihil est, nisi conso-latio animi“, decía Petronio — el médico no es más que el consuelo de la mente—; el herbolario, que todavía encontramos en algunas esquinas de nuestras ciudades, en las ferias de las aldeas.

Las casas romanas, aun faltándoles aquellas comodidades que consideramos hoy más indispensables y simples, eran por lo menos de construcción sólida; pero las viviendas griegas eran pequeñas y hechas de adobes. No tenían calefacción en invierno, ni cuarto de baño u otro dispositivo sanitario, ni lavatorios; las camas se tendían sin sábanas y estaban constituidas en algunos casos por tiras de cuero que hacían el papel de muelles o somier, aunque esta comodidad era tenida por afeminada por Plutarco, quien al describir el lujo de la vida de Alcibíades, dice que hizo cortar los tablones de su galera para poder descansar muellemente tendiendo la cama, no sobre las tablas, sino suspendida sobre correas.

En su “Vida de Pelópidas”, Plutarco dice de Timágoras, el enviado ateniense a Persia, que no sólo aceptó del rey los regalos de plata y oro, sino también “una rica cama y esclavos para tenderla, como si ese hubiese sido un arte desconocido para los griegos”. La indignación de Plutarco sugiere, con todo, que el arte de hacer la cama era verdaderamente conocido en Grecia (la otra importante civilización antigua) en esta época; el conocimiento era sin embargo de adquisición reciente, porque sino, no sería necesaria esta defensa relativa a que tal regalo indica la ignorancia persa acerca de las costumbres domésticas romanas y griegas.

Las comidas consistían en un simple plato de cereales hervidos que los griegos llamaban “sitos”, no muy diferente del plato que los romanos llamaban “puls” y de lo que nosotros denominaríamos potaje — o, posiblemente, algunas veces parecido al pan que usan actualmente los campesinos de Siria, masa sin levadura arrollada o conformada en forma de galleta delgada y cocida en el horno. La carne no se obtenía comunmente, excepto en las festividades, cuando los animales sacrificados ante los dioses eran distribuidos hasta donde alcanzaba; había sin embargo otras cosas que podían comerse con los cereales: higos o aceitunas, dátiles secos, una cebolla o un nabo.

En un mundo como ése, ¿cuál es la posibilidad de obtener alimentos que se nos presenta?

En verano se podía obtener un poco de pescado, pero en invierno el mar estaba demasiado agitado para aquellos antiguos marineros, de manera que el pescado existente era principalmente aquel que había sido pescado y salado; verano e invierno la cantidad disponible era muy pequeña. Más aún, los pescados mediterráneos no se consideraban un lujo y nunca eran ofrecidos como sacrificio.

Las hortalizas se cultivaban, pero había pocas substancias para abonarlas  y gran parte del de Italia no era muy fértil; las lluvias eran escasas en verano, y la mayor parte de las verduras debían comerse en estado fresco; los frijoles y los guisantes podían guardarse secos e incluso los nabos y cebollas podían hacerse durar bastante tiempo si se almacenaban en forma adecuada.

También podían conservarse los alimentos en salmuera, y Columella, en su libro 12°, da muchas recetas a este respecto. Donde había muchos bosques que producían bellotas, los cerdos crecían a sus anchas y su carne si no se comía fresca podía salarse para comerla más tarde; pero estos alimentos eran como los dos fardos de alimentos que el coro de contrabandistas saca a escena en la ópera “Carmen”, es decir, eran un decorado, no un medio de vivir.

El alimento más durable era el cereal y la labor más importante del agricultor era la producción de granos, 180 a 200 kilos era la producción media de una hectárea de trigo, en la cual se habían sembrado 40 kilos como semilla, afirmación que se obtiene de las cifras que da M. Francois de Neufcháteau en sus notas a “Le théátre d’agriculture“.

Además de esto, no obstante, como en el verdadero sentido de las palabras, el hombre no puede vivir sólo de pan o de potaje, los antiguos campesinos producían asimismo vino y aceite. El potaje era el alimento principal que mantenía vivo el mundo antiguo, pero empleaban el aceite de oliva en la misma forma que los pueblos del norte usan hoy día la manteca, y, como lenitivo, bebían un vino poco fuerte que diluían con agua; además tenían algunos extras, como los llamaríamos hoy, constituidos por pescado o panceta de cerdo, generalmente salada, o verduras, generalmente secas o encurtidas, según proveía la buena suerte.

Cada comunidad se veía obligada a asegurarse la debida existencia de todos estos alimentos, y si esta cantidad no alcanzaba, entonces empezaban las penurias. El mundo antiguo, por consiguiente, tanto en Grecia como en Roma, fue un mundo donde imperó el trabajo manual y la miseria. Excepto las velas de los barcos y la fuerza del agua que se había usado poco, el hombre no disponía de ninguna fuente de poder mecánico que pudiese ayudarlo en su propio esfuerzo.

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LA SOCIEDAD ROMANA: EN ROMA era muy importante ser un cives (ciudadano). En un principio la ciudadanía romana estaba reservada a los que vivían en la ciudad de Roma, pero en el 89 a.C. se extendió a todos los que vivían en la península Itálica. En el 212 d.C. se incluyó a todos los hombres libres que vivían dentro de los límites del imperio. Sin embargo, ni las mujeres ni los esclavos estaban incluidos.

EL ORDEN SOCIAL ROMANO La sociedad romana estaba organizada siguiendo una estricta jerarquía. Esta división social empezó muy pronto en la historia de Roma, alrededor del s. VI a.C. Los ciudadanos más poderosos y privilegiados eran los patricios. Muchos de ellos descendían de terratenientes romanos y familias de políticos. De estas familias provenían casi todos los senadores que gobernaban Roma. En el segundo peldaño del escalafón estaban los equites (caballeros), que solían ser banqueros o ricos mercaderes que habían servido en el ejército o en la administración del estado.

PLEBEYOS
El gran grupo, formado por los ciudadanos más pobres, era el de los plebeyos, que en cierto momento ganaron la igualdad política con los patricios y los equites, y pudieron ser elegidos para formar parte del ejército u ocupar puestos en la administración.

ESCLAVOS
Los esclavos ocupaban el escalón más bajo de la sociedad romana y hacían los trabajos más duros. Muchos de ellos eran prisioneros capturados durante las conquistas romanas. No tenían ningún derecho, pero incluso entre los esclavos había distintas clases. La dura vida de un esclavo que trabajaba en las minas no se parecía en nada a la de un esclavo griego que trabajaba como tutor de los niños romanos. A partir del s. I d.C. las condiciones de los esclavos empezaron a mejorar y algunos consiguieron la libertad.

via publica en roma

He aquí una de las vías públicas del centro de Roma. Como se ve, presenta un aspecto animadísimo. Estamos a media mañana, la “hora clave” de los romanos. Esclavos y ciudadanos se apresuran a efectuar sus tareas, el vendedor ambulante de agua pregona su mercancía en busca de compradores, los comerciantes y artesanos trabajan en sus locales abiertos.

A la izquierda, vemos el establecimiento de un “tonsor“, o peluquero. Un cliente, sentado en un escabel, espera ser… “desollado” por la tosca navaja del barbero. Al lado hay un “termopolio“, un bar, como decimos hoy. El mostrador, una losa de mármol, da a la calle: un transeúnte se ha detenido para tomar una taza de vino caliente (la bebida preferida por los romanos), aromatizado con hierbas y resina de pino.

En todo el lado izquierdo de la calle aparecen altos edificios de amplios portales, siempre colmado degente que entra y que sale. Estos grandes edificios son las “insulae“, esto es, casas de varios pisos en que habitaban Ias familias  plebeyas. Pero no todas las casas romanas eran míseras como las “insulae”. A la derecha tenemos la “domus” de un rico patricio. Por fuera no parece muy hermosa: consta sólo de planta baja y se abre a la vía pública mediante un estrecho portal  además, no tiene ventanas. Pero veámosla por dentro. Pasada la entrada , nos hallamos en el “atrio” , una gran pieza con una extraña particularidad: en su techo hay una abertura cerca de seis metros cuadrados, y bajo ella, excavado en el  pavimento, un receptáculo llamado “impluvio”.

A los romanos no les gustaba que su casa se abriera al exterior por medio de ventanas; para dar aire y luz a la misma, dejan el atrio parcialmente descubierto; cuando llovía, el agua, corriendo por los tejados inclinados, caía en el “impluvio” .

El atrio era, al principio, la habitación más importante de la “dormís”: en él estaba el hogar, símbolo de la unidad de la familia; en la época que nos ocupa, guardaba el altar de los Lares, las divinidades que “protegían” la casa, y también los bustos de los antepasados. Los lados del atrio se abren a distintas habitaciones: la del vigilante o portero, la biblioteca , el escritorio, el guardarropa.

El “tablino”  separa el atrio del jardín. Muchos romanos hacían de esta otra habitación el centro de la vivienda, el lugar de reunión de la familia, donde permanecía el amo de la casa y la señora se retiraba para hilar. Hacia la derecha se encuentra el “triclinio” , el comedor de la “domus” romana. Aquí, dispuestos a lo largo de las paredes, en forma de herradura, se hallaban los característicos lechos llamados “triclinia”, en los que se tendían los romanos para comer.

Más allá del comedor un pasillo conduce al “peristilo” , bello jardín rodeado de galerías cubiertas. A estas galerías  dan otras habitaciones: la alcoba de dormir los señores y las de sus hijos, y los alojamientos de los esclavos.
Nuestra visita ha terminado.

Biografia de Plutarco El Pensamiento Filosofo de Roma Antigua

Biografía de Plutarco
El Pensamiento Filósofo de Roma Antigua

Plutarco y sus Vidas Paralelas

Su vida y su obra estuvieron destinadas al universo del pensamiento y la creación. Conocido habitualmente como Plutarco de Queronea, ciudad en la que nació, es considerado como uno de los más grandes autores de la literatura helénica, aunque su idiosincrasia plasmada en sus obras siempre lo han acercado más a lo moralista que al ámbito filosófico e histórico.

Su vida transcurrió entre los años 46 y el 120 DC y la mayor parte de su existencia transcurrió en su ciudad natal, la hoy desaparecida Queronea, que se encontraba ubicada en la entonces región griega de Beocia.

Durante su juventud tuvo la posibilidad de conocer diversos lugares y culturas, alimentando de esa forma su conocimiento, ya que gracias al buen pasar económico que poseía su familia, Plutarco tuvo la fortuna de conocer territorios a los que pocos podían acceder en aquella época, tales como Egipto y Roma. Asimismo, ese nivel socioeconómico le permitió recibir educación de primer orden, pudiendo nutrirse en campos como la filosofía, la retórica y las matemáticas, precisamente en la entonces prestigiosa Academia de Atenas.

Aquellos espacios le dieron la oportunidad de conocer e intimar con personas realmente influyentes, por lo que se contaban entre sus amigos a los senadores Soscio Senecio y a Fundano.

En Queronea fue designado como sacerdote de Apolo en el Oráculo de Delfos, y en poco tiempo se convirtió en el principal responsable de la interpretación de los augurios que emitían las pitonisas del Oráculo. Al mismo tiempo, Plutarco se desenvolvía en el cargo de magistrado en su ciudad natal, lo que le posibilitó convertirse en representante de su pueblo en diversas oportunidades, sobre todo durante algunas de las misiones que se realizaban a países extranjeros.

Por supuesto, que a pesar de tan importantes obligaciones Plutarco encontraba el tiempo necesario para dedicarse a su máxima pasión y vocación, la literatura, ya que en definitiva consideraba que las letras eran su misión en esta vida finita.

Grande fue su producción, en la que pone de manifiesto su vertiente más ligada a lo moral que a lo filosófico, pero sin lugar a dudas una de sus máximas obras literarias ha sido la llamada “Vidas Paralelas”, dentro de la cual Plutarco realiza un recorrido por las vidas de algunos de los personajes más influyentes de la época, dando como resultado una obra que se convierte en un vivo retrato de la antigüedad griega y romana.

Allí podemos encontrarnos frente al mundo clásico, con una exquisita exposición de dos mundos diferentes, el griego y el romano, que a través de los personajes elegidos nos permite acercarnos y conocer algunas características de aquella época. El propio Plutarco ha descrito su libro de la siguiente manera: “A veces una broma, una anécdota, un momento insignificante, nos pintan mejor a un hombre ilustre, que las mayores proezas o las batallas más sangrientas”. Esa es precisamente la clave de “Vidas Paralelas”.

Más allá de aquella obra, Plutarco mantuvo durante su vida una producción intensa, que ha sido agrupada en el libro “Obras Morales”, el cual contiene 78 tratados, recopilaciones y biografías temáticas y diversos escritos realizados en distintas épocas, tales como algunas discusiones filosóficas de origen platónico.

Algunas de sus frases póstumas

Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos.
Vicio

La amistad es animal de compañía, no de rebaño.
Amistad

Un pueblo que quiere ser feliz no ha de precisar las conquistas.
Pueblo

Hay amores tan bellos que justifican todas las locuras que hacen cometer.
Amores

Lo que hagas sin esfuerzo y con presteza, durar no puede ni tener belleza.
Esfuerzo

PLUTARCO HABLA DE ALEJANDRO MAGNO, EN “VIDAS PARALELAS”

Siendo todavía muy joven, su ambición mosteó desde luego una osadía y una magnanimidad superiores a sus años. Porque no toda gloria le agradaba, ni iodos los principios de ella, como a Filipo, que, cual si fuera un sofista, hacía galas de saber hablar elegantemente, y que grababa en sus monedas las victorias que en Olimpia había alcanzado en carro, sino que a los de su familia que le hicieron proposición de si quería aspirar al premio en el estadio —porque era sumamente ligero para la carrera—, les respondió que sólo en el caso de haber de tener reyes por competidores. . . Parece que Alejandro no sólo aprendió la ética y la política, sino que tomó también conocimientos de aquellas enseñanzas graves, reservadas. . . a los filósofos. . . En general, era naturalmente inclinado a las letras, a aprender y a leer y tuvo a la Ilíada por guía de la doctrina militar .. . Admiraba a Aristóteles y le tenía, según decía él mismo, no menos amor que a sus padres, pues si del uno había recibido el vivir, del otro, el vivir bien … No codiciando placeres ni riquezas, sino sólo mérito y gloria, le parecía que cuanto más le dejara ganado el padre menos le quedaría a él que vencer; y creyendo por lo mismo que en cuanto se aumentaba el Estado, en otro tanto decrecían sus futuras hazañas, lo que deseaba era, no riquezas ni regalos, ni placeres, sino un imperio que le ofreciera combates, guerras y acrecentamientos de gloria.

PLUTARCO, Vidas paralelas, Alejandro. IV, págs. 140 y sig.

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Martires Cristianos en Roma Antigua Todas las Persecuciones Cristianas

Mártires Cristianos en Roma Antigua

El cristianismo resultó atractivo para todas las clases. La promesa de la vida eterna se ofrecía a todos: ricos, pobres, aristócratas, esclavos, hombres y mujeres. Como Pablo enunció en su Epístola a los colosenses: “Deben revestirse del hombre nuevo, que se va renovando hasta alcanzar un conocimiento perfecto a imagen de su Creador, donde no existen el griego o el judío, el circunciso o el incircunciso, el bárbaro, el escita, el esclavo o el hombre libre, sino que “Cristo es todo y está en todo”.  Aunque no hizo un llamado a la revolución o a la revuelta social, el cristianismo puso énfasis en un sentido de igualdad espiritual para todos los pueblos.

Muchas mujeres se dieron cuenta de que el cristianismo ofrecía nuevas actividades y otras formas de compañía con otras mujeres. Las mujeres cristianas practicaban la nueva religión en su propia casa y predicaban sus convicciones ante otras personas en sus aldeas. Muchas otras murieron por su fe.

Perpetua fue una mujer aristócrata que se convirtió al cristianismo. Su familia pagana le suplicó que renunciara a su nueva fe, a lo que ella se rehusó. Las autoridades la apresaron, pero ella eligió morir por su fe y fue una de las que formaban el grupo de cristianos masacrados por las bestias salvajes en la arena de Cartago el 7 de marzo de 203.

cristianos en el coliseo romano

Cristianos en el coliseo romano

Las persecuciones y los Mártires de la Fe: Durante el s. I las comunidades cristianas se extienden por todo el Imperio romano, y muy especialmente en la capital, Roma, sin que las autoridades se preocupen por ello. Sin embargo Nerón en el año 64, con el fin de apartar de sí la cólera de su pueblo, acusa a los cristianos de haber sido los responsables del incendio de Roma.

La multitud se lanza contra ellos, si bien esta persecución pasará pronto. En el s. II, la nueva  religión, en principio prohibida, goza, de hecho de una tolerancia que era mayor o menor según las distintas provincias del Imperio.

Esta situación cambiaría al final del siglo, a medida que el poderío del Imperio comienza a disminuir y que el pueblo, exasperado por las guerras, el hambre y las epidemias, busca un responsable de este deterioro.

A los cristianos —culpables de haber irritado a los dioses—, se les acusa tanto más cuanto más numerosos son y mejor organizados están, y en la medida en que cada vez practicaban su culto más abiertamente. Así, en época de Marco Aurelio, conocido, sin embargo, como el emperador-filósofo, se producen numerosos mártires, fruto de estas persecuciones, que continúan esporádicamente hasta la subida al poder de Decio, que reprime rigurosamente las prácticas cristianas.

El temor y el recelo, indujo a los romanos a perseguir a los cristianos, comenzando por la acusación formulada por Nerón en el año 64, por la que los hizo responsables del incendio de gran parte de la ciudad de Roma. Entre los que murieron martirizados, se cuentan San Pedro, que fue crucificado y San Pablo, decapitado. Este último, en un principio había perseguido a los cristianos, pero luego se convirtió en uno de los más fervorosos apóstoles.

Desde entonces se sucedieron las persecuciones hasta contabilizar una decena, todas ellas caracterizadas por una gran crueldad.
La primera (54-68), ya mencionada, se inició durante el reinado de Nerón y continuó con sus sucesores, Galba, Vitelio, Vespasiano y Tito.
La segunda (89-96), llevada a cabo por Domiciano, que se destacó por la forma de exterminio de todos los cristianos.
La tercera (98-117), que tuvo lugar durante el reinado del español Trajano, que consideraba criminal a la profesión del cristianismo.
La cuarta (164-180) efectuada en tiempo de Marco Aurelio.
La quinta (193-211), ordenada por Septimio Severo.
La sexta (235-238), realizada por Maximiano.
La séptima (249-251), ejecutada por Decio.
La octava (253-260), propiciada por Valeriano.
La novena (275), originada en un nuevo edicto de Aureliano.
Y finalmente, la décima (303-313), en tiempos de la tetrarquía, originada en un decreto de Diocleciano.

Los primeros cristianos dieron pruebas de lealtad al emperador, pero rechazaron ofrecer sacrificios a los dioses para obtener su salvación. Del rechazo de estos sacrificios, que los cristianos consideraban como actos de idolatría, surgieron las persecuciones. No obstante, fueron muchos los que aceptaron realizar dichos sacrificios o bien obtuvieron certificados de que los habían hecho (libelos), y, por lo tanto, renegaron de su fe. Estos últimos recibieron el nombre de libellatici. Posteriormente, pasado el período de las persecuciones, la integración de estos perjuros en la iglesia cristiana originará numerosos cismas.

Los mártires
Tal vez algunos hermanos, que desconocen la lengua griega, ignoran cómo se dice en griego testigos, siendo como es nombre usado y venerado por todos. Porque lo que en latín decimos testes se dice en griego martyres. ¿O en qué boca de cristiano no suena todos los días el nombre de los mártires? y plega a Dios que no sea sólo nuestra boca la que lo pronuncie, sino que more igualmente ese nombre en nuestro corazón. De modo que imitemos los sufrimientos de los mártires y no los pisemos con nuestros pies. Decir, pues, Juan: Vimos y somos testigos, tanto fue como decir: Vimos y somos mártires. Los mártires, en efecto, sufrieron todo !o que sufrieron por dar testimonio o de lo que ellos por sí mismos vieron o de lo que ellos oyeron, toda vez que su testimonio no era grato a los hombres contra quienes lo daban. Como testigos de Dios sufrieron. Quiso Dios tener por testigos los hombres, a fin de que los hombres tengan también por testigo a Dios.

Epístola de San Martín en Acta de los Mártires


El martirio de Policarpo
La Iglesia de Dios establecida en Esmirna a la Iglesia de Dios establecida en Filomeleón y a todas cuantas establecidas donde quiera, forman parte de la Iglesia santa y católica: que la misericordia, la paz y la caridad de Dios, Padre de Nuestro Seño Jesucristo, nos sean dadas en abundancia.

Os escribimos, hermanos, a propósito de los que han dado testimonio y sobre todo del bienaventurado Policarpo. que con su martirio ha sellado la persecución deteniéndola. Todos los acontecimientos que han precedido su martirio no han sobrevenido sino para permitir al Señor de los Cielos mostrarnos una imagen del martirio según el Evangelio. Policarpo ha aguardado a ser traicionado, como el Señor, para enseñarnos a imitarle, también nosotros, a no considerar cada uno nuestro propio interés, sino ante todo el de los demás. Porque la caridad verdadera y eficaz consiste para cada cual en querer no sólo su salud personal, sino la de todos sus hermanos.

Felices y valientes han sido todos los ejemplos que contamos; han sido según la voluntad de Dios, porque nos hacen atribuir a El, cuyo poder es soberano y universal, nuestro progresos en la piedad. ¿Quién no admirará la intrepidez de esos confesores, su resistencia y su amor a Dios? Estaban destrozados por los látigos hasta el punto de verse la estructura de su carne hasta las venas y las arterias del interior. Sin embargo; se mantenían firmes, aunque los espectadores tenían piedad de ellos y les lloraban. Mas ellos habían llegado a tal grandeza de alma que no se les escapaba un grito ni un gemido. Al verlos, todos comprendieron que en aquella hora de su tortura los mártires de Cristo eran arrebatados de su cuerpo o, mejor, que el mismo Señor les asistía con su presencia.

Por la gracia de Cristo, despreciaban los tormentos del mundo; en una hora conquistaban la vida eterna. El mismo fuego les refrescaba; el fuego de los verdugos inhumanos; porque tenían ante sí otro fuego que evitar, el fuego eterno que jamás se apagará. Contemplaban con los ojos de su alma los bienes reservados a los que hayan sufrido, bienes tales que el oído no ha escuchado, el ojo no ha visto y el corazón del hombre no ha soñado jamás. El Señor les mostraba estos bienes a ellos, que no eran ya hombres, sino ángeles. Por fin, condenados a las fieras, los confesores tuvieron que sufrir tormentos espantosos. Tendidos sobre los potros, se les infligían toda clase de torturas, a fin de hacerles renegar de su fe por la prolongación de sus suplicios.

Acta de los Mártires

El mayor castigo que los paganos infligían a los mártires era dejar sus cuerpos sin enterrar. Pero antes de esto, les hacían sufrir las torturas más humillantes. En Lyon, abandonaban sus cuerpos a merced de las aves rapaces. En Roma se les arrojaba a las fieras, o se les entregaba a crueles gladiadores. Una joven esclava, Blandina, que fue sacrificada en Lyon, dejó tras de sí una aureola de celebridad por el coraje y la resistencia que demostró ante sus verdugos: tras haber sido flagelada y tener despedazada la espalda, fue expuesta a las fieras, que se la desgarraron todavía más, sin causarle la muerte. Tras haber pasado por una hoguera, fue arrojada como presa a un toro furioso; sin embargo, todavía vivía. Finalmente, para acabar con ella, sus verdugos decidieron degollarla.

La paz religiosa de Constantino
Esta situación va a cambiar en el año 311. El emperador Galeno, gravemente enfermo, se da cuenta de que las persecuciones no han bastado para quebrantar la fe de los cristianos. Prohibirles su culto significaba impedirles dar gracias a su Dios, o sea, convertirlos en ateos, lo que era aún más perjudicial para el Imperio. A partir de ahí, el cristianismo iba a convertirse en una religión autorizada. Poco a poco se extiende la tolerancia hacia los cristianos en el conjunto de los dominios imperiales.

En el año 313, Constantino promulga el edicto de Milán, que supone para la iglesia de los mártires salir definitivamente de sus catacumbas. El mismo emperador fiel a sus propias creencias, adoptó la vez la religión romana y la cristiana y, si accede a bautizarse —hecho que no está totalmente confirmado — no lo hará mas que en el lecho de muerte. Pero, en esas fechas, los cristianos son ya muy numerosos en la corte y, en el 324, el emperador promulga unas leyes que tienen una clara inspiración cristiana.