Poder Legislativo: Senadores

Finalidad de un Gobierno en un Estado o Pais Concepto Origen y Funciones

Finalidad de un Gobierno en un Estado
Concepto, Origen y Funciones

El Gobierno y El Pueblo

1-Objetivos de los Gobiernos

2-El Contrato Social

3-Filósofos de Ciencia Política

4-Modalidades y Formas de los Gobiernos

5-Participación Política

La palabra «gobierno» proviene de la palabra latina gubernator, que significa timonel. Antes de los romanos, los pueblos de sociedades tempranas desarrollaron instituciones especiales con el fin de proteger el bien común. Era necesario instituir un gobierno para tomar decisiones sobre los asuntos que afectaban al pueblo en su conjunto. Cuando el gobierno es ejercido efectivamente, dispone de una capacidad para establecer un equilibrio de las presiones en conflicto y para conducir al Estado hacia los objetivos compartidos del conjunto de la comunidad.

Los objetivos originales del gobierno consistían en proteger al pueblo de una agresión externa y proporcionarle un cuerpo legal que garantizara un orden en la vida cotidiana. Desde el s. XIX, la tarea de los gobiernos se ha desarrollado hasta cubrir el ámbito de la educación, la salud y las pensiones (el Estado del Bienestar). Hay sin embargo quienes piensan que los gobiernos contemporáneos asumen una gama demasiado amplia de tareas y, por ende, de poder.

La antigua ciudad-estado de Atenas suele ser vista como el modelo básico de la democracia. Desde luego, se trataba de un modelo mucho más democrático que todos los precedentes, pero según las concepciones modernas la democracia ateniense era bastante limitada (condición inferior de las mujeres, sistema de esclavitud, distribución desigual del poder entre los ciudadanos hombres). El sistema republicano romano aportó a ella un desarrollo del control popular del gobierno, especialmente en el reconocimiento de la idea de que la soberanía reside en el conjunto del pueblo y no en un solo grupo.

Durante la Edad Media, las tareas del gobierno estaban divididas en la práctica entre Estado e Iglesia, y ambos estamentos reclamaban su propio conjunto de derechos. La perspectiva medieval era que la autoridad de una persona para gobernar a otras provenía de Dios (el así llamado «derecho divino de los reyes»). El teórico político italiano Nicolás Maquiavelo (1469-1527) se distanció de las ideas vigentes y adoptó una perspectiva más secular del Estado. Maquiavelo propugnó una forma popular de gobierno que, según él, existía en la república de Roma.

leviatan hobbes

La portada del Leviatán (1651)de Thomas Hobbes. El gigante coronado —que representa el poder absoluto del soberano-empuña una espada y el báculo de un obispo, símbolos de la supremacía militar y eclesiástica. Las pequeñas figuras humanas que constituyen el cuerpo del gigante representan el Estado, compuesto por el conjunto de los individuos. Hobbes creía que los individuos se unían para crear el Estado, entregando el poder a un monarca absoluto cuyo deber era preservar la paz y la seguridad.

El Contrato Social

El surgimiento de la idea del contrato social, en el s. XVI, reintrodujo el concepto de que la autoridad del gobierno reside en la que le es delegada por el pueblo. El filósofo político inglés Thomas Hobbes (1588-1679) describió el caos en el que, según él, se sumía el pueblo cuando no disponía de un gobierno adecuado. En su tratado más importante, Leviatán (1651), sostuvo que la vida del hombre, en su estado natural y sin gobierno, es «solitaria, pobre, cruel, brutal y breve».

La doctrina de Hobbes afirma que los hombres pueden convivir en paz si acuerdan entre ellos obedecer a un soberano absoluto, acuerdo que el filósofo llamó precisamente el «contrato social». La inquietud de Hobbes acerca de lo que sucedía cuando el gobierno se desintegraba, como había ocurrido durante la guerra civil de Inglaterra , lo condujo a postular que debería otorgarse un poder considerable al soberano.

En sus dos Tratados sobre el gobierno (1690), el filósofo inglés John Locke (1632-1704) también recurre a la idea del contrato social. Sin embargo, Locke se oponía al absolutismo, y vio el consentimiento libre de los gobernados como la base del gobierno legítimo. La obediencia depende de que los gobiernos trabajen para el bien de los gobernados, quienes tienen derecho a rebelarse si son oprimidos. Esta idea parecería bastante aceptable hoy día, pero en su tiempo fue vista como una concepción radical que fue adoptada, por ejemplo, por los patriotas de los nacientes Estados Unidos, en 1776.

El filósofo ginebrino Jean Jacques Rousseau (1712-1778) se enfrentó sin rodeos a la cuestión que habían más o menos esquivado lodos los teóricos del contrato social; o sea: la decadencia de la idea de idea de una autoridad otorgada por Dios. Pero si las leyes no tiene aval divino y son elaboradas por los ciudadanos, ¿por qué deberían verse obligados a obedecerlas otros ciudadanos? .

Rousseau estableció claramente que los ciudadanos deben vivir en un marco legal, pero que sólo estarán obligados a cumplir las leyes si han participado en su elaboración. En su obra El contrato social (1762), el filósofo ginebrino postula una idea de la democracia ideal basada en la soberanía popular. El ejercicio del poder, dice Rousseau, debería estar en consonancia con la voluntad general y contar con el consentimiento de todo el pueblo.

PENSADORES DE LA CIENCIA POLÍTICA

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Modalidades y tareas de los gobiernos

Al desarrollar la idea de separación de poderes, el filósofo de la Ilustración, Montesquieu (1689-1755), señaló el camino hacia el enfoque moderno de las tres ramas del gobierno. Al poder legislativo compete la elaboración y enmienda de las leyes; el poder ejecutivo debe velar por la ejecución de las leyes, y el poder judicial es responsable de la administración de la justicia.

Esta división de los poderes proporciona una base para el control popular. Por ejemplo, un tribunal supremo (el tribunal más alto en la jerarquía del poder judicial) puede dictaminar si el gobierno (el ejecutivo) ha infringido la ley. En Estados Unidos, la constitución está basada en un sistema de «verificación y equilibrio» («checks and balances«) en tre los diferentes poderes del gobierno.

Las democracias liberales occidentales adoptan diferentes formas, pero tienen en común la convocatoria pe riódica de elecciones —mediante libre sufragio universal— a las que asisten diferentes partidos. Países como Francia y Estados Unidos tienen un sistema presidencialista, en el cual el poder ejecu tivo es ejercido por un presidente electo. El poder del presidente suele estar limitado en cierta metli da por la asamblea legislativa, responsable de las funciones rutinarias del gobierno.

En un sistema parlamentario, un primer ministro es normalmente el líder del partido mayoritario cu la asamblea legislativa— está al frente del podei ejecutivo. En una monarquía constitucional, como es el caso de España o Grán Bretaña, el presídeme del gobierno o el primer ministro ejercen sus fun ciones bajo la autoridad de un soberano, que  alidad sólo tiene poderes protocolares y representativos del estado.

Los estados comunistas, como la Unión Soviética hasta 1990-1991, están organizados bajo el gobierno ininterrumpido del partido único. En 1989-1991, el poder del partido comunista se vio erosionado en diversos países de Europa del Este, donde se optó por sistemas políticos democráticos.

Por otra parte muchos países, sobre todo en el Tercer Mundo, están gobernados por dictaduras militares. Sin embargo, desde los años setenta, ha habido una creciente tendencia a que los regímenes militares fueran siendo reemplazados por democracias, primero en el sur de Europa, más tarde en América Latina y, más recientemente, en África.

En un sistema federal, como es el de Alemania, el poder está ejercido por un gobierno central y por los gobiernos regionales. Un sistema unitario, por contra, concentra la autoridad del ejecutivo en manos del gobierno central.

La participación política

La democracia moderna ha desarrollado un método por el cual el pueblo puede participar en la toma de decisiones del gobierno. La forma básica de participación política es votar para elegir a los funcionarios del gobierno. Esta votación puede ser directa o indirecta.

En el sistema de elecciones indirectas, como ocurre en Estados Unidos, el pueblo elige un cuerpo de electores —un colegio electoral— que, a su vez, elige al presidente. Algunos países tienen un sistema electoral por el que el candidato con el mayor número de votos en una determinada área electoral es elegido.

Francia utiliza un sistema de doble vuelta, mientras que muchos otros países europeos emplean una variedad del sistema de representación proporcional, con el fin de asegurar que los partidos estén representados en el parlamento en relación al número de votos que reciben del conjunto del electorado. En Australia, Bélgica o Argentina, por ejemplo, votar en unas elecciones generales es obligatorio.

Algunos países, como Suiza, recurren asiduamente al sistema de referendums, para que el electorado decida directamente sobre los problemas más importantes.

Los ciudadanos pueden estar implicados más o menos directamente en política. Pueden afiliarse a un partido político o a un grupo de presión que lleve a cabo una campaña para un determinado tema. También pueden decidir presentarse como candidatos. Hasta en las sociedades más libres, la participación política depende en cierta medida de los factores sociales y económicos, que otorgan a ciertos individuos y grupos más poder e influencia que a otros.

La Administración

El sociólogo alemán Max Weber veía en la burocracia una forma de administración más eficiente que. por ejemplo, el sistema vigente con anterioridad, basado en los miembros de la corte de un monarca. Sin embargo, la problemática eficiencia de la burocracia y el carácter permanente del funcionariado han planteado muchos interrogantes sobre la responsabilidad de los burócratas para con el pueblo. El servicio civil, sobre todo sus miembros más antiguos, es importante tanto en términos de consejos como de ejecución de las decisiones políticas.

La posición central de la burocracia en los gobiernos modernos ha creado la necesidad de nuevas fórmulas para abordar las quejas de los ciudadanos. En varios países europeos, el ombudsman o defensor del pueblo es un funcionario que investiga las quejas formuladas por ios ciudadanos contra el gobierno nacional y local, y procura solventar los perjuicios derivados de su deficiente gestión.

Las reformas de este tipo pueden ayudar —y de hecho ayudan— a mejorar la indefensión de los ciudadanos en tanto individuos, pero no solucionan el problema más general de la rendición de cuentas de los burócratas. El poder de los burócratas es algo que Montesquieu no previo en su teoría sobre la separación de poderes, y hoy por hoy plantea el problema acaso más profundo en relación al control que puedan ejercer ios ciudadanos sobre la administración.

El gobierno y el pueblo en América Latina:

Vivir en un sistema de libertades al amparo de un régimen democrático en múltiples ocasiones ha sido, en América Latina, más un deseo que una realidad. Existe un gran desjuste entre la realidad social y el ordenamiento constitucional que la respalda, a menudo roto con excesiva facilidad.

Un rasgo conocido de las constituciones latinoamericanas (que son, sin duda, el espejo de la vida de sus países) ha sido, a partir de la constitución mexicana de 1917, la cada vez mayor incorporación a estos textos de preceptos de organización social, tales como la protección y organización del trabajo, protección a la familia y al niño, derecho a la vivienda, a la cultura, etc; excediendo, de este modo, los límites clásicos del ámbito constitucional.

El principio de separación de poderes se incorporó con celeridad al constitucionalismo latinoamericano, aunque la realidad histórica impone que, en la práctica, el poder ejecutivo predomina claramente sobre los otros dos, debido a la tendencia de los estados a los «regímenes presidenciales» (un hombre fuerte con grandes prerrogativas); esta orientación varía según los países.

En México, por ejemplo, está reforzada por la existencia de un partido dominante, el P.R.I., aunque la constitución del país asegura la necesidad de apoyo ministerial para dar validez a las decisiones del presidente; éste es, también, el caso de otros países, como Argentina, Chile, Ecuador y Venezuela. El caso es particularmente grave en lo referente a la dependencia del poder judicial con respecto al ejecutivo, de clara finalidad política .

La acumulación de facultades por este ultimo poder define la debilidad del poder legislativo en Latinoamérica, siendo otro de sus motivos la escasa duración de los períodos de sesiones de las cámaras en las que dicho poder se organiza.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Guinnes – La Nación – Entrada: El Gobierno y El Pueblo

La Sociedad Política Características y Concepto

La Sociedad Política Características y Concepto

La sociedad política: Nuestra naturaleza humana nos impone vivir en sociedad. Sin la sociedad no podemos sobrevivir; mucho menos desarrollar nuestra persona. La vida y la actividad de los hombres se desarrollan en múltiples grupos. Pertenecemos a una familia, a una ciudad, a una provincia; concurrimos a una escuela, colegio o centro educacional; formamos parte de un grupo artístico, cultural o deportivo; trabajamos en un taller, en una empresa o en una oficina; integramos un sindicato o un grupo profesional.

Cada uno de estos grupos satisface determinadas necesidades o desarrolla aspectos de nuestra persona. El grupo de trabajo, nuestras necesidades económicas; el grupo educacional, nuestras necesidades de formación, etc.

En cada grupo se da una jerarquía: hay quien manda y quien obedece. En la familia manda el padre; en el colegio, el rector; en él club, el presidente. Quien está al frente de ellos es el responsable de su buen funcionamiento. Si el grupo no es bien mandado no cumple sus finalidades. Ningún grupo humano puede funcionar bien si no es conducido con capacidad.

Existe otro grupo humano, mayor y más universal: la sociedad como tal. Una sociedad global en la cual todos los otros grupos se ordenan, integran y jerarquizan. En él tienden a compaginarse los intereses y las necesidades de todos. Esta sociedad, para nosotros la República Argentina, es lo que se llama sociedad política.

Las otras sociedades menores y todas las actividades (económicas, asistenciales, educacionales, administrativas, recreativas, etc.) se coordinan en ella y le están sujetas. De su conjunto debe resultar para todos los hombres la seguridad y la justicia, la satisfacción de sus necesidades y el desarrollo de sus personas. Por esto los filósofos clásicos la llamaban «sociedad perfecta».

La sociedad política tiene leyes que regulan la convivencia y gobernantes que administran y conducen. Si los gobernantes no son aptos y honrados se multiplican las injusticias, las necesidades de muchos quedan sin cubrir, se multiplican las tensiones sociales.

El concepto de sociedad política perfecta es relativo y resulta condicionado a través de la historia y en distintos lugares del mundo, por el nivel cultural de los grupos humanos. En las comunidades primitivas la familia y luego el «clan» (conjunto de familias con un antepasado común) constituyen la sociedad política perfecta. Para los antiguos griegos, la «polis» (ciudad-estado) era su sociedad perfecta.

A medida que mejora el nivel cultural medio las necesidades de la comunidad aumentan (los caníbales no tenían necesidad de servicios sanitarios), y consecuentemente se amplía el ámbito de esa sociedad.

En la Edad Media el señor feudal atiende a todas las necesidades de sus vasallos y el feudo es la sociedad perfecta. Por distintas circunstancias, inclusive algunas de naturaleza política y militar, los señores feudales se vuelven incapaces de satisfacer hasta sus propias necesidades, empiezan a unirse y se forman los reinos, origen de la mayor parte de los estados modernos que constituyen nuevas sociedades perfectas.

La tendencia hacia la ampliación del ámbito de las sociedades perfectas parece continuar y a la vez que surgen organizaciones políticas internacionales (Naciones Unidas, Estados Americanos) se van formando comunidades de naciones con el objeto de satisfacer nuevas necesidades (Comunidad Económica Europea, Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, etc.).

El Poder Supremo

Entre la sociedad política y las otras sociedades existe una diferencia fundamental: el poder de la sociedad política es supremo y las demás sociedades, de una u otra forma, le quedan sometidas.

El estado dicta leyes sobre economía, educación, sobre sindicatos, sobre empresas, sobre asistencia médica y social, sobre actividades deportivas, etc., etc. Tales leyes regulan el funcionamiento de las otras sociedades. Incluso dicta leyes sobre problemas familiares.

Si un padre no cumple con sus obligaciones esenciales puede intervenir la justicia; si una empresa no cumple sus compromisos o contratos, se puede acudir a la autoridad competente. Cosa semejante sucede si el presidente de un club, o si el director de un colegio faltan a sus obligaciones. El poder que ejercen sus autoridades siempre está, en alguna forma, subordinado.

No sucede lo mismo con la autoridad estatal. Si una ley ha sido aprobada debo obligatoriamente cumplirla; si la estimo injusta, sólo me queda acudir al mismo Congreso que la dictó pidiendo que la derogue o modifique. Si el Presidente dicta un decreto, no me queda sino acatarlo; si un juez dicta una sentencia, su cumplimiento es obligatorio.

Este poder supremo es lo que se ha llamado soberanía. El término proviene de soberano, «el que está sobre todos», apelativo que se daba a los monarcas. Podemos definir soberanía como «el poder de autodeterminación que tiene un pueblo, en virtud del cual se organiza, dicta sus propias leyes y regula su vida y actividad sin dependencia de otros estados o potestades humanas».

En la época de las monarquías absolutas fue Juan Bodino quien usó el término para significar el poder absoluto de los monarcas. Según sus teorías el rey podía disponer a su arbitrio del poder. A nadie debía dar cuenta de sus actos, sino a Dios y a su conciencia. Es lo que expresaba Luis XIV al decir: «el estado soy yo». Entendía soberanía como poder absoluto.

El poder absoluto de los reyes así concebido, la revolución francesa lo atribuyó a la nación. Para algunos soberanía es el poder absoluto e ilimitado de la nación, que es la que crea los derechos y en último término estatuye lo que está bien y lo que está mal. Fue Rousseau quien fundamentó esta teoría.
Para nosotros, soberanía tiene otro sentido. Soberano es el poder supremo, que no está sujeto a otra potestad terrestre. Lo cual no significa que sea absoluto, ni ilimitado.

Cuando decimos que la Argentina es un país soberano queremos decir que tiene derecho a autodeterminar sus leyes y sus instituciones, a conducir su propia vida sin sujetarse a otro poder superior y extraño.

No queremos decir que tal poder sea ilimitado. No existe poder terrestre que lo sea. Incluso el poder supremo, para que sus resoluciones sean legítimas y válidas, debe respetar la ley natural, los derechos humanos y los derechos de los otros pueblos.

En la actualidad casi todas las naciones tienen su poder supremo limitado por sus compromisos con otros pueblos y con los organismos internacionales.

Cuando hablamos de «soberanía popular», lo que queremos decir es que en la democracia el poder supremo, en última instancia, reside en la comunidad. De ella deriva el poder de los gobernantes.

Teorías de la Soberanía

El problema de la justificación del poder ha preocupado siempre a los hombres.

Se han elaborado diversas teorías.

Las dividiremos en teocráticas y democráticas.

Las teocráticas concebían al poder como concedido directamente por Dios a los gobernantes. Las principales son:
1) la de la naturaleza divina de los gobernantes. Estos son dioses, o participan de la divinidad. Por ejemplo, los faraones en Egipto, los Incas, en Perú.
2) de la investidura divina, que afirma que los gobernantes son designados por el mismo Dios.
3) de la investidura providencial. Los hombres designan a los gobernantes, pero el poder les viene de Dios. Los católicos creemos que el poder del Papa proviene directamente de Dios, aunque su designación sea obra de hombres. Cosa semejante sostiene esta teoría respecto al poder político.

Las democráticas sostienen que el poder supremo proviene del pueblo.

Las principales son:

1) de la soberanía fraccionada, cuyo autor es Rousseau. Como los hombres somos iguales nos reunimos mediante un «pacto» para formar la sociedad. Cada uno tiene una parte de la soberanía, con la suma de las cuales se forma el poder supremo.

2) de la soberanía nacional, que atribuye a la nación un ser real, distinto de los miembros que la constituyen, la cual es considerada como única poseedora de la soberanía. Ninguna fracción o grupo tiene derecho a gobernar. Gobiernan los designados por la nación.

Fue la teoría de la Revolución Francesa, producto de una circunstancia histórica: los revolucionarios habían destituido y guillotinado al rey, que hasta entonces detentaba el poder soberano. No podían invocar la soberanía del pueblo, porque si hubiesen convocado a elecciones, el pueblo, que en su mayor parte era monárquico, hubiese votado por la restauración de la monarquía. Entonces inventaron el concepto de nación como ser con realidad propia y a él atribuyeron la soberanía ilimitada.

3) de la soberanía proletaria, originada en la concepción mar-xista de la lucha de clases. Afirma que la soberanía reside en la clase proletaria, la más numerosa y positiva. Es ella la que tiene derecho a gobernar, por medio de sus elementos más conscientes que son los miembros del partido comunista.

Esta teoría ha conducido al poder absoluto y dictatorial del partido y del gobierno en los países comunistas, como etapa de transición a una sociedad ideal donde no haya oprimidos por el Estado que para el marxismo es una creación capitalista. Cada una de estas teorías ha servido para justificar el poder supremo en distintas sociedades y pueblos.

El concepto de soberanía es un concepto abstracto, usado en diversos sentidos, y por lo tanto equívoco. Por eso más que hablar de poder soberano, hablaremos de poder supremo.

esquema soberanias

La justificación del poder

esquema sociedad politica

El problema real en toda sociedad es la justificación del poder supremo y la determinación de sus fines y sus límites.

Vamos a exponer los fundamentos de la concepción cristiana del poder. Según ella el poder viene de Dios y viene del pueblo a la vez.

El poder viene de Dios:

— la naturaleza obliga al hombre a vivir en sociedad.
— la sociedad, para cumplir sus fines necesita un poder que la coordine y dirija. Sin autoridad la sociedad se convierte en caos y la convivencia es imposible.
— es Dios, autor de la naturaleza, quien ha puesto estas exigencias y hecho necesaria la autoridad. El poder no existe por capricho humano, sino por designio de Dios.
— no es Dios quien designa los gobernantes, ni establece las formas del poder. Esto es obra de los hombres. Pero los fines esenciales del poder, sus límites y modos fundamentales están dados por la naturaleza, es decir, por Dios.

El poder viene del pueblo:

— nadie entre los hombres tiene por naturaleza propia poder sobre otros hombres. Todos somos esencialmente iguales.
— el poder pertenece al pueblo, a la comunidad. Es ella quien establece las formas de gobierno y designa las autoridades. Si el presidente tiene derecho al poder es porque la comunidad lo ha designado. Si el rey tiene derecho al trono es porque el pueblo ha aceptado este sistema.
— cada pueblo crea a través de la historia y de sus instituciones, sus formas propias de organizar el poder y de designar a los gobernantes. Pero los fines esenciales del poder, que es la búsqueda del bien común, no varían.
— ningún pueblo está por naturaleza sometido al dominio de otro. Tiene derecho a crear sus formas políticas y conducir sus destinos con independencia de todo otro poder terrestre. Por esto decimos que es soberano, o que el poder supremo pertenece al pueblo.
— del pueblo, por lo tanto, reciben su poder los gobernantes. Ante él son responsables, no sólo ante Dios y su conciencia.
— ningún poder terrestre es absoluto o ilimitado. Todo poder, incluso el poder del pueblo, está sujeto al orden moral.

Tal concepción nos da los principios para interpretar con exactitud la naturaleza y los alcances de la soberanía. La democracia tiene la ventaja sobre otras formas de gobierno de que hace explícitos y conscientes estos principios.

 

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

El Hombre y su Jerarquia en la Naturaleza Su Relación Con Otros Seres

El Hombre y su Jerarquía en la Naturaleza
Su Relación Con Demás Seres

El término «hombre» significa «ser humano», comprende, por consiguiente, tanto al varón como a la mujer. Es de suma importancia comenzar el estudio por el hombre: «ese desconocido«, como lo llamó Alexis Carrell. Según cual sea el concepto que se tenga del hombre: qué es el hombre, qué valor representa en la vida, cuál es su misión y su destino, así será diverso el enfoque del mundo: diversa la forma de vivir y diversa la organización social en los pueblos y en las naciones.

Los que consideran al hombre una porción de materia sin finalidad espiritual ni destino ultraterreno, lo reducen a uno de los tantos elementos del universo, a una rueda o engranaje del gran mecanismo social. Lo esclavizan al Estado y pretenden que viva sin libertad.Los que así piensan forman uno de los dos «bandos» en que se hallaba (o halla)  dividida la sociedad, el «bando» de los totalitarios: comunistas, fascistas, nazis.

En cambio, los que reconocen que el hombre está por encima de las cosas y de las aplicaciones del progreso técnico; que es sujeto de derechos inalienables y de valores supremos, defienden la dignidad de la persona humana y luchan para que viva con libertad.

Los que alientan estos ideales, constituyen el «bando» de los que quieren la organización democrática de la sociedad: una manera de vivir digna del hombre, con una organización social al servicio del hombre y una forma de gobierno democrático.

Corresponde, entonces, conocer cuál es el valor del hombre, investigar cuál es su jerarquía en la naturaleza.

jerarquia del hombre en la naturaleza

Su jerarquía en la naturaleza:

Llámase naturaleza al conjunto de seres que componen el universo.

Jerarquía significa orden o gradación: «Existe una jerarquía de valores».

Los seres de la naturaleza según los diversos grados de perfección que poseen forman una escala de seres, o sea una jerarquía.

El grado ínfimo está representado por los seres inanimados: desprovistos de órganos, sin vida, sin movimiento. Los minerales no viven, tan solo existen. Crecen por yuxtaposición de partes nuevas; reciben su organización de los cuerpos químicos que los componen y de las múltiples acciones físicas circundantes.

Un grado más elevado de la escala corresponde a los seres dotados de vida vegetativa. Los vegetales en general, son seres que nacen, crecen, se reproducen y mueren. Pero carecen de sensibilidad y movimiento.

Ascendiendo en la escala biológica, el grado superior corresponde a vivientes más ‘perfectos, con aparatos locomotores y capaces de sensaciones o conocimiento sensitivo: los animales. Un perro, un pez, un pájaro, ven, oyen, advierten un contacto, gustan un alimento.

Estos seres crecen por asimilación activa de elementos tomados del exterior y transformados en substancia viva. Son pequeños laboratorios de síntesis vitales.

En la cumbre de la escala, se halla el hombre: no solo posee vida vegetativa y sensitiva sino también intelectiva que lo coloca sobre todos los demás seres.

Además de expresar orden o gradación, jerarquía significa también puesto elevado, lugar jerárquico: «Los que ocupan cargos jerárquicos no se plegaron a la huelga». El hombre ocupa, entonces, la jerarquía suprema en la naturaleza, pues es el ser más perfecto, la obra maestra en el universo visible.

Posee un cuerpo maravilloso por su belleza, por su organización interna y por su admirable funcionamiento. El cuerpo está animado por un alma, inteligente, libre e inmortal.

De todos los seres del universo solo el hombre puede realizar actividades y operaciones espirituales como pensar, razonar y querer. Solo él tiene el don de la palabra articulada; posee el sentido estético: es capaz de apreciar la belleza, el sentido moral: es capaz de distinguir entre el bien y el mal y de comprender y realizar el bien moral; solo el hombre está dotado de libertad interna.

Posee además valores y destino trascendentes que le confieren una dignidad que debe ser reconocida, respetada y llevada a su plena realización.
El hombre ha sido definido «animal racional». Aunque tiene algo común con los animales, su alma espiritual lo diferencia esencialmente de los animales y lo eleva sobre todos los seres. No se debe olvidar que la actividad instintiva es característica del animal y la intelectiva del hombre y que tanto más se perfecciona el hombre cuando su comportamiento es menos instintivo y más gobernado por la razón.

El hombre no solo es individuo, es también persona. Individuo es el ser que reúne en sí todos los caracteres de su especie: un caballo, un durazno, un adoquín son individuos, cada uno de su respectiva especie.

Por reunir todos los caracteres de la suya, el hombre es un individuo de la especie humana; por estar dotado de inteligencia y voluntad es persona.

Persona es todo ser dotado de inteligencia y voluntad.

Si al hombre se lo considera en cuanto es un ser: la unidad de su especie, es un individuo; si se lo considera dotado de racionabilidad y, por consiguiente, de inteligencia, voluntad, libertad, finalidad, responsabilidad, etc., es una persona. «El hombre, solo será verdaderamente una persona, en la medida que la vida de la razón y la libertad domine en él a la de los sentidos y de las pasiones; sin esto, permanecerá como el animal, un simple individuo esclavo de los acontecimientos y de las circunstancias, siempre a remolque de alguna otra cosa, incapaz de dirigirse a sí mismo; solo será una parte, sin aspirar a ser un todo».

Cuando se dice que el hombre es una persona, se quiere en tonces, significar que no es solamente una porción de materia,un elemento individual en la naturaleza como una piedra, una flor o un tigre, sino un ser inteligente y libre, capaz de actos morales.

Jerarquía de los seres:

Seres con vida vegetativa, sensitiva e intelectiva: hombres.

Seres con vida vegetativa y sensitiva: animales

Seres con vida vegetativa: vegetales.

Seres sin vida: minerales.

Todos los seres de la naturaleza se rigen por leyes; no puede el hombre constituir una excepción.

Como ser compuesto de materia está sujeto a las leyes físicas, pero como hombre, es decir, como ser dotado de inteligencia y libertad se rige por la ley moral.

La ley moral es una norma de la actividad humana que se impone obligatoriamente a la conciencia. Guiado por su conciencia moral nada debe hacer el hombre que desdiga de su dignidad o que lo rebaje al nivel de los irracionales. Debe, por el contrario, sentirse sanamente orgulloso de su excelsa dignidad y respetarla en sí mismo y en los demás.

Su relación con los demás seres: Relación es la conexión que unos seres tienen con otros. El hombre está relacionado con los seres y cosas (1) de la naturaleza, pues vive en contacto con ellos. Su relación es de superioridad y predominio.

Desde un primer momento comprendió el hombre que el mundo, este amplio escenario donde habita y actúa, existe para su beneficio.

Observándolo descubrió las piedras, las plantas, las flores, los frutos, los animales más variados y diversos; las fuentes, los arroyos, los ríos…

Comenzó por hacer servir a las cosas y a los animales en su propio provecho: para su alimento, vestido, defensa, etc. Utilizó la piedra para fabricarse utensilios y armas; trabajó los metales: el cobre, el bronce y el hierro. Domesticó las bestias y descubrió el fuego.

Comprendió que la tierra le había sido entregada como la materia prima al artista. Roturó, entonces, la tierra para rendirla fecunda, para embellecerla, para hacerla servir más a su propio bienestar.

Armonizó los sonidos y creó la música; combinó los colores, las formas y las proporciones y aparecieron la pintura, la escultura …

Con su inteligencia fue descubriendo las leyes que rigen el cosmos. Gradualmente fue ensanchando el campo de sus descubrimientos y conquistas y adueñándose de la naturaleza para ponerla a su servicio.

Logró arrancar a la tierra sus tesoros: carbón, petróleo, energías eléctricas…; encauzó el rayo, desintegró el átomo e intenta explorar los astros.

Con su inteligencia penetrante descubrió las esencias de los seres y sus relaciones; asoció, separó y combinó y se multiplicaron los inventos.

Son también fruto del ingenio humano las obras de la literatura, las realizaciones de la arquitectura e ingeniería; las organizaciones jurídicas, económicas, políticas… El conjunto de las investigaciones, experiencias, deducciones e inducciones realizadas por el hombre constituye la ciencia, diversificada en varias disciplinas: filosofía, astronomía, matemáticas, historia, física, química, etc.

Tiene el hombre el predominio0 sobre los demás seres, pero al contacto con la naturaleza comprendió su limitación: si bien su poder es inmenso, no es absoluto.

El hombre no es creador, es modificador o transformador. No puede dominar absolutamente a la naturaleza ni hacerla servir a su capricho. Hay una ordenación universal superior que forzosamente debe respetar y a la cual debe someterse. Su relación de superioridad y predominio sobre los demás seres le permite servirse de ellos pero no lo autoriza a abusar o a causar daños que perjudiquen a los demás hombres.

Fuente Consultada
Educación Democrática Ciclo 1º – Mario Alexander – Ediciones «Civismo»

Froebel y El Origen de los Jardines de Infantes Pedagogia Infantil

FROEBEL Y LOS JARDINES DE INFANTES

A principios del siglo XIX se fue organizando en vasta escala la educación de los niños más pequeños. En épocas anteriores se habían hecho numerosas tentativas debidas a la caridad cristiana, pero ninguna de ellas fue sistemática. El hallazgo de un método apropiado y el impulso de esta enseñanza lo debemos a Federico Froebel (1781-1852).

Biografía. — Nació en Turingia (Alemania). Hijo de un pastor protestante, perdió a su madre en su tierna edad; la aspereza con que fue criado por la madrastra influyó en su carácter. Después de vivir en plena naturaleza, como ayudante de un guardabosque, estudió en la Universidad de Jena.

Froebel pedagogiaLa fama alcanzada por Pestalozzi le llevó a prestarle colaboración en Iverdón, pero después de dos años, presintiendo el fracaso del establecimiento, se separó y regresó a su patria.

Desorientado, pero con el deseo de hallar una base científica para establecer sobre ella los principios de la educación, volvió a la universidad, donde escuchó las lecciones de filosofía de Fichte y siguió cursos de mineralogía y cristalografía.

En 1811 publicó el Tratado de lo esférico, donde hace de la esfera la base de la educación. Quien la lee, no sabe si esta obra es, o no es, el producto de un espíritu bien equilibrado. La esfera, que es la «forma ideal», tiene al mismo tiempo relaciones misteriosas con la vida espiritual. «Trabajar concienzudamente en el desarrollo de la naturaleza esférica —dice— es formar la educación en un ser.»

Terminada la guerra contra Napoleón, fundó en 1816 en Keilhau un instituto de educación donde aplicó los principios de Pestalozzi. En ese año publicó su principal obra, La educación del hombre, cuando todavía la idea de los jardines de niños no había tomado cuerpo en su experiencia.

Libro poco leído, es comprensible sólo en parte. Lleno de desvarios místicos y románticos, de desarrollo nebuloso y enfático, presenta teorías extrañas que desconciertan a cualquier espíritu amante de la claridad y precisión. Su lectura es penosísima (Compayré).

El instituto de Keilhau no prosperaba. Designado director de un orfelinato, después de una escuela infantil, en 1840 inventó la palabra Kindergarten, jardín de infantes, entendiendo simbólicamente que el niño es una planta, la escuela es un jardín y sus preceptores son los «jardineros».

A la difusión de esta institución consagró el resto de su vida y propagó su pensamiento mediante publicaciones tales como la revista Vivamos para los niños y La familia educadora. En 1844 abrió un curso destinado a formar jóvenes dedicadas a la educación de la primera infancia. Gracias a ellas olvidó muchas rarezas ideológicas y dio mayor amplitud a la práctica.

Inesperadamente, en 1851, sospechoso de herejía por el protestantismo estatal, fue decretado el cierre de los jardines. Este acontecimiento minó su salud y murió al año siguiente. Sus discípulos y numerosos protectores fueron sus mejores propagandistas, habiendo prosperado su sistema después de su deceso.

El punto de partida. — La idea de unidad y evolución del universo lleva a Froebel a sostener que la auto-actividad del espíritu debe ser el fundamento de toda educación. A través de la actividad libre y espontánea, el espíritu expresa su naturaleza, «se vuelve consciente de sí mismo, construye su mundo y realiza su propio destino». La educación es un desarrollo que se alcanza mediante la auto-actividad del educando.

La auto-actividad es la vida y como la vida es una unidad, la mejor manera de unificar el desarrollo del educando es hacerlo participar de esa vida de la auto-actividad, a través de la propia vida. Esto se obtiene mediante el trabajo interesado y la cooperación de otros educandos empeñados en el mismo esfuerzo. De este modo, la educación debe ser un resumen de la vida y la escuela una miniatura de la sociedad.

Los medios naturales para realizar estos objetivos, según Froebel, son:

a) El juego, que es la actividad espontánea más característica de los primeros años;

b) el trabajo manual, que es la actividad constructiva a través de la cual el niño desarrolla el poder de expresar exteriormente su propio yo;

c) el estudio de la naturaleza, que no debe tender al simple conocimiento de los fenómenos naturales, sino a su penetración espiritual, al perfeccionamiento moral y a la elevación religiosa del niño puesto en contacto con la naturaleza.

Los dones. — Según el pensamiento de Froebel, la expresión Jardín de infantes es una denominación simbólica: significa el lugar donde los niños son cultivados como plantas, ayudándoles a expresarse, es decir, a desarrollarse. Por eso la tarea de la escuela debe basarse en la auto-actividad interesada y culminar en la expresión de los conocimientos adquiridos a través de la auto-actividad.

Los medios de la expresión son principalmente los gestos, el canto y el lenguaje, unificados en cuanto sea posible. Para obtener estas expresiones, Froebel presenta al niño cierto número de objetos construidos de acuerdo a principios matemáticos a los cuales concede un- valor fundamental en la educación, y los denomina con el nombre preciso de dones o de ocupaciones.

Los dones están representados por sólidos geométricos: esferas, cubos, cilindros, etc. Las ocupaciones resultan de la descomposición de los sólidos en superficies, líneas y puntos, y comprende el dibujo, los trabajos manuales y el modelado.

Por medio de los dones y de las ocupaciones, empleados en forma de juegos, los niños desarrollan sus facultades intelectuales, sus sentimientos morales y su capacidad de expresión y de construcción. Obsérvese que la elección del material y el orden en que debe ser empleado no deriva de razones de orden psicológico sino de naturaleza filosófica. Para Froebel, las formas de los cuerpos tienen una relación interna con las leyes generales del universo.

El juego o método lúdico. — Con Froebel, el juego o actividad lúdica se ha convertido en un instrumento esencial de la educación. «Los juegos de la infancia son algo así como el germen de la vida toda que va a surgir, pues el hombre entero se desarrolla y manifiesta en ellos; revela sus más hermosas aptitudes y lo más profundo de su ser.»

También en todas las formas del trabajo productivo encuentra Froebel una utilidad análoga a la del juego. En el trabajo manual ve el medio por el cual el niño puede desarrollar sus facultades, puede expresar sus ideas, afirmar el propio yo. Para extender en la escuela la alegría que anima y embellece el trabajo, Froebel recomienda el empleo frecuente de canciones. Éstas no sólo contribuyen a la educación estética, sino que por su letra apropiada influyen en la inteligencia y despiertan el sentimiento moral y religioso en los niños.

El relato de cuentos e historias interesantes debe completar la instrucción. Con Froebel entra también en la educación el estudio de las ciencias naturales por medio de la observación de la naturaleza en cuanto es vida, tal como la planta que se desarrolla, los animales en actividad, los órganos en su funcionamiento, etc.

Conclusión. — Es a Froebel a quien debemos el haber acentuado la importancia de la educación de los niños pequeños y de haber considerado a su actividad espontánea como fundamento de toda instrucción. A él debemos también un método apropiado que, partiendo de los intereses naturales, mediante ejercicios apropiados desarrolla el conocimiento y satisface su necesidad de movimiento y de actividad.

A él debemos esas salas espaciosas, de aspecto sonriente, rodeadas de jardines, donde los niños sentados en grupos tienen con los dones una ocupación propia, adiestran sus manos y despiertan su espíritu. Al mismo tiempo los mayorcitos juegan realizando trabajos manuales con aguja, cartón e hilo o combinan papeles recortados de distintos colores, imitan gestos, hacen rondas, modulan canciones.

Una educación libre y gozosa que se ajusta exactamente a los instintos del niño desarrolla favorablemente todas las exigencias de su personalidad.

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

Ver: Concepto de Democratización de la Educación

Historia de las Leyes en el Mundo El Estado y la Justicia

Historia de las Leyes en el Mundo
El Estado y la Justicia

Es  justo; es injusto. Todos, a fin de cuentas, sabemos lo que es la justicia, sin necesidad de palabras para explicarlo. Todos sentimos que se debe dar a cada uno lo suyo (y por lo tanto actuar con justicia) y no hacer el mal (por consiguiente, evitar la injusticia). Es una ley que, a través de nuestra conciencia, hace llegar su impulso a todos, aun cuando alguno crea no sentirlo.

Por lo mismo, el hombre percibe la necesidad de la justicia, y por eso ha establecido una serie de normas que regulan su vida civil. Dichas normas establecen los derechos y los deberes de cada uno de nosotros, precisamente para que cada uno de nosotros viva según la justicia. Pues quien obedece las leyes vive como un hombre justo.

justicia

Podemos aproximar un concepto de justicia como la constante y perpetua voluntad de dar a cada uno lo que le corresponde. Esta idea tan genérica cobra expresión en dos tipos de justicia reconocidos: la conmutativa, trasunto del principio de reciprocidad, que exige dar en contraprestación otro tanto de aquello que se ha recibido como prestación de forma proporcional, y la distributiva, concepto más amplio, que hace referencia a la solidaridad con los más débiles de la sociedad, a cuyo fin se procurará una cierta redistribución de cargas y ventajas de acuerdo a sus necesidades con el objeto de paliar y suprimir las desigualdades que son independientes de los méritos y el esfuerzo personal o su contribución social.

LAS LEYES ESCRITAS NO BASTAN
Para ser un hombre de bien, justo y sociable, no basta con cumplir las leyes escritas. Esos cuerpos orgánicos de leyes, llamados códigos, no prevén, ni es posible pretenderlo, todo lo que el hombre debe o no debe hacer. Las leyes escritas son importantísimas para regular el quehacer del individuo y los núcleos sociales que integra.

En la sociedad, no obstante, existen otras normas de vida cuya inobservancia no se reprime con castigos judiciales. Son las leyes no escritas, pero, no por ello, menos rigurosas: son las que imponen la amable convivencia, -la tolerancia, la cooperación, la sensibilidad. Su cumplimiento gana el buen concepto y la estima de nuestros semejantes.

El consenso público de un lugar es también algo así como un tribunal, pero sin magistrados ni salas de audiencia. De ordinario, por lo menos a la larga, sabe dar a cada uno su merecido: en la estima o el desprecio, en la valoración y hasta el afecto o en la repulsa colectiva. En uno y otro caso suele prevalecer la justicia.

Ahora bien, aunque siempre hayan existido leyes escritas o convencionales, siempre también existieron hombres —de ambos sexos y de toda edad— sin escrúpulos de conciencia; hombres egoístas que han mirado sólo a su exclusiva conveniencia, sin importarles el perjuicio de los demás ni el sentido de la propia responsabilidad.

¿Qué sucede entonces? Es necesario corregirlos o aislarlos, porque turban la tranquilidad de la vida civil. ¿Cómo se hace? ¿Quién se encarga de ello?

«JUSTICIA» PERSONAL»
Como una muestra» de la manera de «administrar» justicia, discurramos algo sobre un caso entre miles similares, de los que sucedían por ejemplo entre los germanos, en tiempos de los bárbaros.

Cierto día, Olaf encuentra a Vindobaldo, contra quien conserva vivos resentimientos, y le propina —digamos— un porrazo en la cabeza. Según las leyes y costumbres primitivas, el restablecer la justicia lesionada era asunto que concernía al mismo ofendido, o sea a Vindobaldo.

Por eso éste, apenas estaba en condiciones, esperaba a Olaf en algún recodo del camino y le devolvía el porrazo, generalmente con intereses. Si además suponemos que el golpe de Olaf tenía el efecto de ocasionar la muerte de Vindobaldo, entonces se encargaba de la venganza un hijo, un hermano o un pariente cualquiera de la víctima. Y todo esto, —recalquemos— en un perfecto acuerdo con las leyes vigentes de aquellas remotísimas épocas.

justicia por mano propia

En   tiempos  de  los  bárbaros:  un hombre espera al que  lo  ha ofendido para hacerse justicia por sí mismo.

No hace falta pensar mucho para comprender que tal sistema no era precisamente un modelo de justicia, pues daba pie a los mayores excesos y desbordes de las pasiones exacerbadas. En efecto, ¿qué ocurría por lo común? Que la serie de actos de venganza se sucedían cada vez con mayores agravantes.

Y si intervenían los respectivos parientes de ambos contrincantes, se formaba una cadena de venganzas y de odios que, a menudo,, persistían durante muchas generaciones, a un punto tal que no era raro encontrar el origen primigenio de ciertos crímenes en las rencillas y discordias de remotos ascendientes, a veces hasta de más de cien años atrás. Nacían, de este modo, las «faidas» o guerras particulares, tremendas venganzas en cadena que diezmaban a familias y tribus enteras.

En conclusión: la reparación del daño, de la injusticia, no puede quedar librada a la venganza de la víctima. El haber superado esas normas primitivas, es una de las conquistas de la civilización.

«La Venganza No Es Justicia»

LA LEY DEL TALIÓN Y LA INDEMNIZACIÓN  DEL DAÑO
Hacer que el culpable suíra el mismo daño que él ha ocasionado, es un principio muy antiguo llamado la «Ley del Talión». Apareció en Babilonia más de cinco centurias antes que en la legislación mosaica, y ésta la aplicó rigurosamente, de acuerdo con los preceptos bíblicos,  que establecen la obligación de pagar «vida por vida, ojo por ojo, diente por diente…».

Con el correr del tiempo se admitió la sustitución del castigo lesivo por una compensación económica: es decir, una indemnización equivalente al daño causado.

En las sociedades modernas el talión ha desaparecido por completo de la legislación. Por otra parte la vindicta pública (vindicta: venganza), es decir, la satisfacción que se le debe a la comunidad por el agravio que se le ha inferido con el delito, exige una serie de garantías para el individuo, y a ese fin interviene el Estado.

EL ESTADO Y LA JUSTICIA
Cuando un pueblo organizado convive en su territorio cohesionado por sus caracteres propios, que le dan cierta individualidad en el mundo,  decimos  que constituye una nación.

El Estado es la nación desde el punto de vista de su organización política. Se rige mediante un gobierno que ejerce el poder público por mandato del soberano. El Estado tiene, entre otras, la misión de crear el derecho y velar por su cumplimiento. Representa políticamente los intereses generales de la comunidad y por consiguiente le compite la administración  de justicia.

La constitución nacional argentina organiza el gobierno federal dividido en tres poderes. Uno de ellos es el Poder Judicial: el encargado de hacer justicia aplicando las leyes pertinentes en los asuntos de su jurisdicción, sometidos a su competencia. ¿Cómo y de qué manera administra justicia el Estado? Por medio de una gran organización judicial que abarca desde los juzgados de Paz hasta la Corte Suprema de Justicia de la Nación, comprendiendo magistraturas de distinta categoría que la Constitución llama «tribunales inferiores»   (jueces y cámaras de apelación).

En los tribunales judiciales, además de los jueces encargados de administrar justicia, hay ciertos funcionarios que velan por los intereses públicos de la sociedad exigiendo el cumplimiento de la ley: son los fiscales y los defensores de pobres y ausentes.

LA MAGISTRATURA
Todos conocemos lo que significa «magistrado». Alguna vez, hemos leído o  escuchado decir: «el ladrón ha comparecido  ante el magistrado»; «los magistrados han condenado al culpable». Habremos comprendido, más o menos, que «magistrado» significa, en sustancia, «juez»: y no nos habremos equivocado.

Los magistrados son los jueces y la magistratura es el conjunto de jueces. ¿Qué hacen los jueces? Hemos dicho que administran la justicia: resuelven las controversias, los litigios, las disputas, estableciendo de qué parte está la razón y de qué parte la culpa, y juzgan a los ciudadanos que han cometido delitos, o sea actos que van contra la ley penal. Todo ello se entiende, con absoluta libertad e imparcialidad.

Los jueces deben juzgar según su conciencia y según las normas del Código sobre cualquiera, débil o poderoso: la ley es igual para todos. Esto, como se ve clarísimamente, es un gran progreso de la civilización; en los tiempos   antiguos,,  los  jueces  se  veían  obligados  muy  a  menudo   a juzgar bajo la supervisión y el control de los más fuertes, de los poderosos, de los príncipes o de los reyes, quienes, lógicamente, tenían siempre razón.

Para un pobre, resultaba muy difícil obtener justicia, y para los humildes, acudir a los jueces estaba considerado como un acto de audacia, que le exponía a la cólera y a la venganza del señor. Se había llegado así al punto que las clases más humildes no recurrían jamás a los jueces por no tener confianza en la justicia.

Hoy, toda la actuación del magistrado se basa en el principio: «La justicia es igual para todos». Y los artículos del Código penal, en el que están señaladas las penas, comienzan diciendo: «Se impondrá prisión de… al que causare…»; «Será reprimido con… quien cometiere…» Esta democrática igualdad ante la ley, que surge de ella misma, hace honor a los tiempos modernos.

Antonio y Agustín no llegan a ponerse de acuerdo sobre la pertenencia de un campo; por eso acuden al juez para que les resuelva la disputa. El juez lee la demanda, la contestación o contrademanda; analiza las pruebas, toma la absolución de posiciones (o declaración bajo juramento) ; estudia los alegatos a través de la legislación, la jurisprudencia y los comentarios de autores versados. Después da su fallo o. sentencia.

En esta forma se ha resuelto una cuestión de índole económica. Esta función que el juez ha realizado es una función civil, no pe-nal, y de hecho para este tipo de juicios no existe una pena corporal, como podría ser la cárcel. Las normas que regulan este tipo de juicios son las que forman las disposiciones del Código Civil.

FUNCIÓN PENAL
Un individuo no pide ni reclama; roba. Los agentes lo detienen. El individuo comparecerá en el tribunal, ante el juez, quien lo juzgará y, si el  Código Penal lo sanciona, le impondrá una pena. Ésta es la función penal de la magistratura. Por medio de ella el magistrado juzga a los acusados de haber cometido delitos.

El castigo vendrá después de un delicado estudio en que se considere la culpabilidad del acusado; es decir, su grado de responsabilidad. No se castiga un delito abstracto, sino a una determinada persona acusada de haberlo cometido de un modo y en circunstancias determinadas. El acusado tiene el sagrado derecho de la defensa.

Los delitos pueden ser contra las personas (homicidio, lesión, duelo, abandono); contra el honor (calumnia, injuria) ;contra la honestidad; contra el estado civil; contra la libertad; contra la propiedad; contra la seguridad pública; contra la salud pública; contra el orden público; contra la seguridad de la Nación; contra los poderes públicos; contra la administración pública; contra la fe pública.

El art. 18 de la Constitución Argentina establece garantías que tienen por objeto proteger a los individuos de ciertos abusos injustos que han solido cometerse so pretexto de administrar justicia.

Su texto dice así:

«Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo, ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable como también la correspondencia epistolar y los papeles privados, y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormentos y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice».

QUIEN  NO CONSIDERA JUSTA UNA  SENTENCIA PUEDE APELAR
Ante el número elevado de jueces cabe la pregunta: ¿Por qué tantos? ¿No bastaría uno solo para juzgar todos los litigios y todos loa delitos? No, por cierto, y el porqué es fácil de comprender: existen muy diversos tipos de delitos, y cada uno de ellos debe ser juzgado por un órgano apto.

El segundo motivo es todavía más importante y sobre todo más justo y humano. Pongamos por caso que una persona haya sido juzgada por un delito cualquiera a un año de cárcel. ¿Es definitiva esta sentencia? ¿Nadie la puede cambiar? Los jueces,1 aun cuando sean escrupulosos e imparciales, pueden equivocarse y condenar a un inocente; o pueden aplicar una pena mayor o menor de la que corresponde.

De allí que, normalmente, al acusado se le permita apelar, o sea pedir que el proceso sea estudiado de nuevo. ¿Y a quién recurre? Al juez de grado superior al que le ha aplicado la condena.

LA FÁBULA DE LA FLAUTA: Tres niños están riñendo sobre cuál de ellos debe quedarse una flauta. Anne reclama el instrumento argumentando que es la única de los tres que sabe tocarlo. El segundo niño, Bob, dice que debería quedársela él porque es tan pobre que no tiene nada más con que jugar. Carla, por último, afirma que la flauta debería ser suya porque fue ella quien la hizo. ¿Quién debería quedársela?

Vista la situación, cada niño tiene una razón para reclamarla, así que arbitrar con justicia entre ellos requerirá una cuidadosa negociación y un examen exhaustivo de todas las circunstancias pertinentes. Al final, la decisión dependerá del peso relativo que se conceda a las necesidades de los tres niños y a cuestiones como la expresión artística y el auxilio de la pobreza.

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El cuento de la flauta lo relata el economista y filósofo indio ganador del premio Nobel Amartya Sen (imagen) en su elogiado libro La idea de la justicia (2009). La idea crucial de la fábula, para Sen, es que no hay una respuesta que sea absoluta y objetivamente «correcta»: no puede alcanzarse una decisión que sea equitativa y aceptable para todos basándose únicamente en los principios, sin debate y argumentación públicos.

Aunque la justicia en abstracto es difícil de definir y más todavía de aplicar, las injusticias en el mundo real son palpables, apremiantes y, a menudo, remediables; éstas pueden eliminarse, y la justicia por tanto reforzarse gradualmente, si entablamos un debate público y hacemos «comparaciones de vidas reales».

Desde el punto de vista de Sen, la justicia no es un conjunto de principios abstractos ni monolíticos, sino una multitud de principios en conflicto que sostienen una variedad de versiones de la justicia rivales. «Lo que nos mueve no es la conciencia de que el mundo diste de ser completamente justo, algo que pocos esperamos, sino el que haya claramente injusticias remediables a nuestro alrededor que queremos eliminar.»

Agresiones Sexuales y Violaciones en Adultos y Niños Consecuencias

Agresiones Sexuales y Violaciones en Adultos y Niños-Sus Concecuencias – Como Actuar

Las víctimas de los crímenes sexuales: Una agresión sexual produce consecuencias traumáticas. Es necesario elaborarlas y superarlas. No entendemos por «crímenes sexuales» solamente aquellos que terminan con la muerte del agredido, sino también otros comportamientos que violan los límites de la conducta sexual aceptada en determinada sociedad.

victimas de agresiones sexuales

Estos crímenes suelen provocar reacciones universales de horror. Hemos hablado parcialmente de ellos en nuestra nota «Agresiones sexuales a los niños», que recomendamos releer. Hoy queremos insistir en algunos aspectos que atañen no sólo al sujeto infantil, sino también a sujetos de otra edad. Porque el crimen sexual puede llevarse a cabo contra hombres y mujeres, niños y ancianos sin discriminación.

El sentimiento popular que rodea a este tipo de delitos es de rechazo y repugnancia, aunque para tranquilidad de todos es bueno decir que se trata de atentados bastante raros y que su número crece en proporción menor que otros crímenes.

De todos modos, el crimen sexual es severamente sancionado por la ley, que refleja la opinión pública y que, a menudo, no tiene en cuenta la naturaleza del crimen en sí.

El psiquiatra inglés L. Burton, al describir los efectos de atentados sexuales contra niños, afirmó que en muchos de los casos la ofensa no implica violencia física y el niño no alcanza a comprenderla.

Por eso no tiene mayores consecuencias ni ocasiona disturbios psicológicos, salvo que los padres de la criatura adopten una actitud que mueva al chico a sentirse realmente mal. Es lo que explicábamos ya en la nota mencionada más arriba. Muchas veces la reacción de horror del adulto frente al problema, es lo que traumatiza a la pequeña víctima.

¿POR QUÉ RECHAZAMOS EL INCESTO?
¿Por qué cuando hay una relación sexual entre un padre de cuarenta años y una hija de veinte reaccionamos con horror? Pensándolo bien, se trata de dos personas con uso de razón y posible madurez como para saber lo que hacen. Pero sucede que en el incesto se combina la idea del atentado sexual con la amenaza a la estructura familiar tradicional, lo que nos lleva naturalmente a rechazarlo.

Pero el rechazo legal y social no lo evita. En los países subdesarrollados y aún en los sectores pobres de los países desarrollados, donde reina la promiscuidad, el incesto es bastante común. Una psicóloga de Irlanda del Norte concluyó en un estudio que el 4% de sus pacientes tenían algún caso de relación incestuosa para contar.

¡La duración promedio de esos casos… era de ocho años, nada menos! Las víctimas pertenecían a familias de trabajadores, que vivían en piezas pequeñas. Casi siempre el padre mantenía relacio nes con la madre y la hija o las hijas, con las lógicas consecuencias traumáticas para las pequeñas.

El número total de víctimas del incesto es desconocido y los casos puestos en claro son, probablemente, una minoría. Por eso es difícil llegar a conclusiones generalizadoras acerca del mismo.

LA VIOLACIÓN: Se entiende por violación la relación sexual realizada contra la voluntad de la compañera (o del compañero), haciendo uso de la fuerza. En su «Diccionario de Información Sexual«, Bertrand, Lapie y Pelle distinguen las violaciones en grupo y las individuales.

Las violaciones en grupo son de dos clases:

—En tiempo de guerra: los invasores o los vencedores, así como las tropas del país en retirada (hubo muchos ejemplos en el conflicto 1939-1945) las cometen generalmente contra mujeres de cualquier edad, incluso niñas. Hay factores psicológicos importantes que favorecen la liberación de instintos primitivos: derechos del conquistador de pronto liberado de reglas morales y de leyes de la vida habitual; impunidad real o esperada, sea a raíz de la imposibilidad de emprender procesos judiciales contra el culpable, sea por la complicidad oficial o tácita de la autoridad superior.

— En tiempo de paz: esta forma de delincuencia (a menudo juvenil) es bien conocida. Un grupo de muchachos obliga a una chica a soportar relaciones con todos. (…) En realidad, pocos asuntos de este tipo llegan a conocimiento de las autoridades judiciales: la interesada rara vez formula la denuncia y, si se resuelve, las retractaciones son frecuentes por miedo al escándalo o a la venganza.

Las violaciones individuales. Generalmente, si son cometidas por adultos contra niños, se trata de desequilibrados o enfermos mentales; a veces son seguidas de asesinato, sea para silenciar a la víctima, sea por accidente durante la lucha entre agresor y agredido.

Cuando se trata de niñas púberes o jovencitas, suele suceder que consciente o inconscientemente ellas mismas han excitado el deseo de alguien que por lo general es de su ambiente: un amigo de la familia, empleador, pariente.

Entonces pueden ser objetos de requerimientos que no saben rechazar por simple ignorancia, como también por miedo al escándalo o a raíz de la autoridad que ejerce sobre ellas su iniciador, cuando éste no trata de comprarlas con promesas, regalos o dinero.

También en este caso la violación puede ser discutible, pero es imposible hablar de consentimiento y libertad a raíz de la sujeción en que se encuentra la víctima: por eso,  cuando el culpable ostenta un poder ilegal sobre ella la ley de numerosos países prevé una agravación de las penas.

En estas situaciones hay que actuar con prudencia, puesto que a menudo aparecen las mujeres fabuladoras de cualquier edad, que no vacilan en acusar falsamente, sea para atraer la atención sobre ellas, sea por perversidad o sea para vengarse. Un ejemplo es el caso de la mujer de Putifar, en la Biblia, que acusó a José pues éste se había negado a tener relaciones con ella.

Bertrand, Lapie y Pelle coinciden con lo que afirmábamos en «Agresiones sexuales a los niños». Pero agregan que, ante la acusación que un chico hace, hay que actuar con delicadeza y circunspección.

En particular —dicen— evitarán dramatizar el incidente ante la criatura, incluso y sobre todo si se revela real y grave; si procedieran de otro modo no harían más que contribuir a causar un daño adicional, pues las consecuencias psíquicas pueden ser más perjudiciales que la lesión física o el intento de consumarla.

LAS CONSECUENCIAS EN LA VÍCTIMA: La víctima de un crimen sexual sufre, naturalmente, consecuencias conflictivas y traumatizantes. El psiquiatra norteamericano J.M. MacDonald dice que, ante todo, dichas consecuencias dependen de la personalidad de la víctima. Si esa personalidad es equilibrada, será más fácil superar el shock. Pero si no, la confianza que tenía en los demás se verá afectada y aparecerán serias dificultades para entablar futuras relaciones.

Es posible que tienda a un período de promiscuidad o de total rechazo al sexo. Las consecuencias pueden ser la frigidez, la depresión y otras anomalías psicosexuales.

Por eso es importante, repetimos, si esa víctima es una criatura, que los padres no magnifiquen el suceso, que busquen el asesoramiento médico y psicológico indispensable, que no incrementen con su actitud el posible trauma que ha quedado en la niña o el niño.

Las consecuencias de las violaciones dependen de varios factores: la gravedad del hecho en sí mismo; la edad, características y experiencias previas de la víctima, las respuestas del entorno, la posibilidad de encontrar ayudas adecuadas, los factores de autoafirmación y resistencia que haya ejercido. Por tanto no existe un único patrón para evaluar las posibles consecuencias mediatas o inmediatas de las violaciones, aunque, más allá de las diferencias individuales, la violación es siempre una experiencia de fuerte impacto en la vida de una persona.

FABULACIÓN SEXUAL: Hablábamos más arriba de las falsas víctimas de supuestas agresiones sexuales. Son los casos de fabulación sexual sobre los cuales es conveniente añadir algo más.

Siempre según Bertrand, Lapie y Pelle, existen personas de ambos sexos que, a partir de un detalle sin ninguna importancia y aún sin ningún punto de apoyo, son capaces de imaginar completamente agresiones sexuales de las que se suponen víctimas y que pretenden hacer pasar como reales y verdaderas.

Hablan de ellas a compañeros y conocidos, repiten la historia a su modo. Si se trata de niños se les suele creer, puesto que hay quienes se apoyan en el proverbio que dice «la verdad sale de la boca de los niños». Esto hace que la opinión pública se conmocione y que, muchas veces, resulte castigado un inocente. Por que lo cierto, lo real, es que los niños también suelen mentir.

En algunos casos los fabuladores —de cualquier sexo o edad—, son mitómanos, es decir mentirosos de buena fe. Creen en su propio invento. Pero es más común que se trate de personas que disfrazan los hechos para atraer la atención.

No está de más, pues, recomendar prudencia en estas situaciones. Libros, progrmas de TV y películas han mostrado lo peligrosas que pueden ser y lo injustas que suelen resultar sus consecuencias.

Para terminar: cualquier persona puede ser víctima de un atentado sexual, desde la violación hasta el hecho de enfrentarse con un exhibicionista. Pero las víctimas, claro, tienen personalidades distintas, por lo cual reaccionan de maneras diferentes.

Ahora bien: cualquiera sea esa reacción, el deber de familiares y amigos es intentar devolverles la confianza perdida —si se trata de un adolescente o un adulto—, y no crear traumas innecesarios —si se trata de un niño—. Lo importante es que el afectado pueda capacitarse para resolver sin conflictos su vida sexual, sin sentirse inferiorizado y superando un incidente que, aunque detestable, debe relegarse para dar lugar a una actitud sana y constructiva.

LA DENUNCIA: En la Argentina, la violación es un delito de instancia privada. Esto significa que a partir de los 18 años la decisión de instar la acción penal tiene que partir de la víctima. Los funcionarios y profesionales que toman contacto con un caso de violación de una persona mayor de edad, sólo están obligados a efectuar la denuncia en los casos señalados en el punto anterior. En los demás casos, no están obligados a realizar la denuncia. Es más, no  corresponde que lo hagan.

AGRESIONES SEXUALES A LOS NIÑOS: Cuando un niño es víctima de la agresión sexual de un adulto, la actitud de los padres debe tener algún sentido de la perspectiva en relación al impacto que el niño ha recibido. Si algún hecho de la crónica policial conmueve particularmente a la opinión pública, es el que relata —a veces con detalles innecesarios— las agresiones sexuales de adultos a niños, muchas veces con el sangriento corolario de un crimen con una víctima inocente.

Pero de poco valen la indignación y el escándalo.

Lo importante es analizar por qué se producen estos hechos realmente sórdidos y lamentables, y tratar de preverlos de la mejor manera posible para que no sucedan.

TRES VÍCTIMAS: Claro que el niño es la primera víctima inocente de una agresión sexual. Pero también podemos considerar víctimas al agresor y a la sociedad.

La indignación social radica en que se violan los tabúes más arraigados: es decir el de la preservación de la inocencia sexual infantil, la convicción de que los contactos sexuales lícitos en nuestra cultura son muy limitados, y el sentimiento de impotencia e ineptitud que se produce en los padres, tutores o maestros del niño.

Suele suceder que el adulto, inclusive, proyecte sus propios sentimientos, viéndose en el lugar de la víctima y dejando que su propio sentimiento suplante al de la criatura. Como vemos, también los adultos son víctimas y, con ellos, la sociedad entera.

Lo importante, según el consejo de Sex Information and Education Council of the United States, es tener en cuenta lo siguiente: «Un enfoque irracional del sexo desencadenó el delito originario, y es importante que los padres y otros adultos eviten que sus propias irracionalidades sexuales causen aún más daño a la criatura».

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¿DE QUÉ SE TRATA?: Sin llegar al caso límite del crimen sexual cometido contra un niño, se observa que la gama de contactos sexuales entre adultos y criaturas es bastante extensa.

Entendemos por niños los individuos que aún no han entrado en la pubertad, y por adultos los que están al fin de la adolescencia o son ya mayores. Pero estos puntos de vista son elásticos: un niño de.cuatro años puede ver a uno de once como «un grande», en tanto que el contacto entre una persona de trece años y otra de quince puede considerarse como una experiencia natural en la adolescencia.

También es importante distinguir entre contactos heterosexuales y contactos homosexuales, ya que la naturaleza de los mismos es muy diferente. Y es necesario tener en cuenta que la mayoría de los autores de estas agresiones son hombres. Veamos entonces cuáles serían esas agresiones de un individuo adulto del sexo masculino contra niños de ambos sexos:

1     — Exhibicionismo: como su nombre lo indica, se trata de la exhibición genital ante personas (en este caso niños o niñas), sin que esas personas hayan provocado la situación.

2   — Contactos genitales: tentativas aparentemente casuales, y a veces sin disimulo, para tocar a la criatura, llegando en algunos casos a estimular el orgasmo de la misma y a pretender una retribución.

3  —Experiencias masturbatorias, bucogenitales y coito: son las menos, así como también los contactos en los que interviene la coacción o la violencia.

CONSECUENCIAS: Dejemos aquí de lado el problema del trasgresor, pues su descripción fenomenológica y psicológica sería demasiado extensa. Creemos que es mejor preocuparnos de las consecuencias que estas agresiones pueden tener en el niño.

Siempre según el informe del SIECUS, estas consecuencias pueden dividirse en:

1 — De corto plazo: son reacciones negativas, de miedo y hasta de terror, ante la actitud insólita de un desconocido o de un conocido. Casi nunca el niño afectado recuerda sensaciones de excitación sexual, y el fenómeno del orgasmo sólo se descubre en contactos prolongados.

La actitud de los padres debe ser muy prudente.  Porque la indignación, la furia y la rabia (comprensibles) que demuestran suelen impresionar y asustar más a la criatura que el hecho en sí. Y peor aún si el progenitor se desahoga en el niño, canalizando así su aparente incapacidad de protegerlo. Una agresión violenta e irracional de los padres puede ser vivida por el niño como un ataque contra él mismo, exacerbando así su reacción de corto plazo, que podía haber sido de mera curiosidad.

2 — De largo plazo: estas consecuencias parecen ser menos terribles de los que muchos creen. Si la experiencia fue única o esporádica y se registró con un extraño, en general casi no hay efectos de largo alcance. Pero si  se tratase de un vejamen
acompañado de violencia, pueden darse a posteriori efectos profundos, reflejados en conflictos que aparecen en la madurez.

¿CÓMO ACTUAR?: Claro que la indignación de los padres se comprende. Pero, como dijimos, la misma puede llegar a exacerbar el problema en el niño. Por tanto debe tenerse en cuenta que si el hecho ya se ha producido, es irreversible.

Lo importante, entonces, es que los padres consideren cuidadosamente su conducta posterior:

a)  Cómo tratar a la criatura agredida.
b)  Cómo impedir que el hecho se repita.

Cómo tratar a la criatura agredida: con prudencia, con suavidad, sin que en ella repercutan nuestras propias irracionalidades sexuales. Quizá para el niño haya sido un episodio trivial y olvidable, y la angustia de los padres puede incrementar la del chico. Este, en un diálogo lleno de ansiedad, suele incluso deformar la historia para mitigar o incrementar aquella angustia paterna.

Hay que tratar de obtener del niño una información objetiva y serena, que permita establecer realmente la naturaleza de lo ocurrido. Para ello es imprescindible contar con la tranquilidad del niño, que si está muy asustado mal podrá referir los hechos.

Si los padres no se sienten capacitados para consolar y controlar las emociones de sus hijos, deberán recurrir a un profesional dentro de la psicoterapia más adecuada.

También conviene evitar, en lo posible, que el niño sea sucesivamente interrogado sobre el mismo tema, que podría volverse para él obsesivo e ir adquiriendo sólo entonces un carácter traumático.

Cómo impedir que el hecho se repita: lógicamente, hay que tratar de proteger al niño de otros vejámenes. Y no es tan fácil. Si el niño debe salir a la calle para ir a la escuela o para relacionarse con sus amigos, en el necesario aprendizaje de su papel futuro, ¿cómo impedir que vea a un exhibicionista?

Es saludable aconsejar a los niños que no se relacionen con extraños.. Pero también es saludable pensar —aunque no nos guste demasiado— que muchas veces la agresión sexual no proviene de un extraño.

Por un lado, exagerar el peligro de lo desconocido y los riesgos del mundo en que vive, puede ser negativo para el niño. Hasta el punto de crear también problemas de adaptación sexual en el futuro.

También es irracional tratar de explicar a un niño de seis o siete años la patología de los adultos.

Lo que puede resultar efectivo es rodear al niño, en todo momento, de un clima de confianza y de ternura que le permita comprender el mundo que lo rodea. De esta manera, un hecho sexual anómalo como la agresión de un adulto, no definirá a todos los adultos como monstruos peligrosos, ni hará sentir al niño culpable y deshonrado cuando fue víctima de una de esas agresiones.

Para terminar, conviene transcribir   los   conceptos   del   SIECUS:

«El contacto sexual entre adultos y niños es un motivo de preocupación. Todos los protagonistas del drama pueden quedar marcados, pero excepto los pocos casos en que interviene la violencia, lo’ más probable es que las marcas sean más bien el producto de las diversas reacciones de los adultos antes que el hecho mismo.

Generalmente dichas reacciones son a su vez el producto de conflictos sexuales latentes y explican la actitud de los padres y de la sociedad, así como explican, de distinto modo, la actitud inicial del vejador. Sin embargo, a quien hay que prestar mayor atención es al niño, y si todos los adultos implicados son capaces de mantener algún sentido de la perspectiva en relación con el impacto que recibe la víctima, se reducirá al mínimo la probabilidad de que sufra un trauma perdurable».

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Para Ampliar: Atención A Las Víctimas de Agresiones Sexuales

victimas de agresiones sexuales

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Características de los Agresores Sexuales
Ver También: Folleto Gráfico Explicativo Sobre Este Tema

Ver: Los Derechos Sexuales y Reproductivos en Argentina

Ver: El Aborto, Consecuencias

Fuente Consultada:
HOMBRE Y MUJER Para Vivir en Pareja – Tomo III – Capítulo: Las Agresiones Sexuales
Editorial SALMO S.R.L.

Historia del Derecho Penal Resumen Prisiones, Penas y Delitos

RESUMEN HISTORIA DEL DERECHO PENAL
Delitos y Función de las Penas

La existencia del derecho penal plantea varias preguntas: ¿son eficaces las penas para reprimir al delincuente? ¿Qué es, en realidad, la pena? El paso de la venganza privada a las normas punitivas.

La serie de problemas que plantean las penas legalmente establecidas a los infractores de las normas jurídicas de una comunidad determinada, la cuestionabilidad de las reformas de los sistemas penitenciarios, el deseo de reivindicación del delincuente y de retorno del mismo a la sociedad, totalmente rehabilitado, se conectan con interrogantes históricas, políticas, psicosocio-lógicas y jurídicas. Acaso esencialmente jurídicas: el Derecho penal.

¿Ha habido siempre Derecho penal?

El Derecho penal no alude a la idea de «conjunto de normas» referidas a una materia considerada como un compartimiento estanco, pero sí implica una especialidad perspectival. El Derecho Penal hace referencia, en primer lugar, a un concepto tan ambiguo como es el Estado. Efectivamente: es al Estado al que pertenece la función penal.

Y ya el primer problema es que esa realidad llamada Estado se escapa de las manos del observador más tenaz y paciente: acaso porque la primera discusión que se plantee al estudiar la realidad estatal sea la de considerar si ha existido siempre o bien surge en un momento histórico determinado.

Los partidarios de esta última posición parecen remitirse al siglo XV como fecha fundamental. Es entonces cuando, desde luego, se consagran los conceptos esenciales: el pragmatismo   político   elevado   a idearium doctrinal con Maquiavelo; la concentración del poder en el monarca; el humanismo, alumbrado por las concepciones de Erasmo.

Y con todo ello el concepto de Estado. Mas los que creen en la existencia del Estado desde el momento en que en una comunidad existe la dicotomía gobernantes-gobernados no aceptan, lógicamente, las tesis históricas del Estado y se afilian a una concepción tradicional: el Estado, con una u otra denominación, ha existido siempre.

Luego tiene más importancia de lo que parece a simple vista el sostener una u otra tesis, ya que ello está implicado, en fin de cuentas, el afirmar o no que el Derecho penal ha existido en cualquier comunidad. Una postura intermedia parece ser más aceptable: son realidades que se han configurado paulatinamente.

Venganza privada e intervención pública

Pero es que, además, el concepto de Derecho Penal plantea otra cuestión. Y es la de la distinción entre Derecho público y Derecho privado, que ya originó polémicas desde su exposición en la antigua Roma (Hollinger llegó a contar, a principios de este siglo, más de 104 teorías acerca de dicha distinción).

Con todo, es preciso tener en cuenta que la doctrina romana no hacía, en este sentido, más que reflejar su cultura propia, esencialmente pragmática y muy atenta a conseguir una construcción jurídica bien armada.

Con Roma se consigue algo importante: la institucionalización del Derecho. A partir de ese momento, el Derecho se intenta despegar de resabios religiosos. En los pueblos antiguos el delito y el pecado eran conceptos la mayor parte de las veces confundidos: la moral, la religión y el derecho pertenecían a la misma esfera.

De ahí la importancia de la creación romana, ya que al potenciar al Derecho originó una normativa penal y el triunfo de la pena pública como tarea exclusiva de lo político.

La caída de Roma provoca la diferenciación entre lo público y lo privado. Se produce así un retorno a la venganza —aunque, por otra parte, la fusión del Derecho romano con el germano inspirará el Derecho penal posterior—.

Sigue luego cierto retorno a la publificación del Derecho penal.

La Revolución Francesa consagra el Derecho público, y el Derecho penal se integra en él porque afecta, fundamentalmente, a la comunidad y, por otra parte, en él interviene el Estado decisivamente.

El primer Código Penal, francés, de 1810 sentó definitivamente estos postulados. En resumen: se puede hablar de un Derecho penal como Derecho público, fundamentalmente realizado por el Estado y por el que se verifica, realmente, una de las misiones más importantes que tiene el Derecho, aparte de su aproximación a la justicia: la pacificación social.

Quizá por eso se ha puesto a veces el acento en una configuración del Derecho penal como instrumento de represión creyendo que ahí se agotan sus presupuestos.

De los delitos y de las penas

¿Cabe hablar de una ciencia penal hasta el siglo XIX?. Realmente, no. Aunque, eso sí, hay pensadores que, individualmente, se plantean tales cuestiones: Platón, Aristóteles. por ejemplo. Pero es en el siglo XVIII, con Cesare Beccaria (De los Delitos y de las Penas) cuando verdaderamente podemos hablar de una ciencia penal. Beccaria es autor importante porque intenta humanizar el Derecho penal.

Su obra tuvo eco: inspiró a los revolucionarios franceses, que a su vez trataron de infundir al Derecho penal los principios que les informaban: libertad, igualdad y fraternidad.

Todo ello desde la perspectiva de un Estado de Derecho, que como ha puesto de relieve Villar Palasí se caracteriza por un principio de legalidad que implica una subordinación del Estado a lo dispuesto en la Ley, como voluntad general. emanada del parlamento.

Las consecuencias en orden al Derecho penal fueron relevantes. al consagrarse principios tan fundamentales como el de que «no hay delito ni pena sin una ley penal previa».

A partir de este momento la Ley será la garantía del ciudadano porque constituirá un límite al Poder. Y en el ámbito del Derecho penal supondrá una indudable humanización y una huida de la arbitrariedad: habrá un proceso, una audiencia del presunto delincuente y un tribunal independiente que intentará aplicar y administrar justicia.

penas y castigos en la historia

Ejecución pública de los asesinos del zar Alejandro li. Su muerte fortaleció la determinación de su hijo de mantenerse en el poder con plena fe en el derecho y en la autoridad que emanaba de su  cargo.

Hay, además, un hecho indudable: ese Derecho penal perteneciente o relativo a los delitos y faltas y a las penas que se les asignan se va ensanchando progresivamente y admite ciencias auxiliares y autónomas que colaboren en la aplicación de la ley al caso concreto a través de la sentencia.

Y, así, la Criminología se configura como ciencia preocupada por las causas del delito como hecho, mientras que la ciencia del Derecho penal —como estudio de conjunto de normas— es axiológica, valorativa. Otras ciencias auxiliares que hay que destacar son la Medicina legal, la Estadística criminal y la Psiquiatría forense.

El Derecho penal se relacionó asimismo con las ciencias biológicas, pergeñándose una Biología criminal a partir de los estudios de Cesare Lombroso, con su teoría del «delincuente nato», al que llegará a identificar como «loco moral». Continuador de estas teorías ha sido M. Carrara; en otra línea importante, se hallan los endocrinólogos, con sus investigaciones acerca de las secreciones internas.

Se ha elaborado asimismo una Psicología criminal, que se concreta en el estudio del proceso anímico del delincuente, ilustrándonos decisivamente sobre las motivaciones interiores que originan la acción delictiva y, aun más, en las concepciones psicoanalíticas a partir de los postulados freudianos.

El Derecho penal se refiere a los delitos y a las penas. El delito implica —de acuerdo con Carrara— «una infracción de la ley del Estado, promulgada para proteger la seguridad de los ciudadanos, resultante de un acto externo del hombre, positivo o negativo, moralmente imputable, y socialmente dañoso».

Garofalo, por su parte, estima que se puede hablar de un concepto histórico del delito dependiente de cierto relativismo cultural; tesis que está muy lejos de la que sustentan quienes ven en el delito una acción, o sea, una manifestación de nuestra voluntad que produce un cambio en el mundo exterior, típica, antijurídica y culpable.

Las penas constituyen el otro aspecto en el que se detiene el estudio del Derecho penal. Implican un sufrimiento que se impone al culpable que ha atentado contra el orden social y ha infringido el ordenamiento jurídico como consecuencia de una sentencia.

El problema de las penas refleja el principio de la separación de poderes a que se refería Montesquieu.

Porque si bien las penas han de venir previstas en la Ley y ser aplicadas al caso concreto por el juez, es evidente que es la administración la que está encargada del establecimiento y funcionamiento de los penales. La problemática de las penas es la que ha estado más unida a una evolución del Derecho penal, ya que, en líneas generales, ha aportado una progresiva humanización.

penas y castigos medievales

1-Escoltado por dos guardianes, este preso danés ha sido «expuesto públicamente». El barril no sólo ayuda a impedir su fuga, sino que, por su inscripción, anuncia a todos el delito cometido.
2-El cepo cumple un objetivo similar al del barril: exponer al convicto a las burlas, y aun al ataque físico, de los espectadores. Y con ello satisface un fin de escarmiento para quien ha delinquido.
3-La primera ejecución en la silla eléctrica se realizó en Nueva York en 1890. La pena capital cuenta con defensores, aunque no son menos dignas de consideración las razones que  abogan  por su  supresión.

La función de la pena

Realmente, todo gira en torno a un problema de perspectiva. No hay que olvidar la importancia que han tenido, en este sentido. ciencias como la biología, la psicología y el estudio sociológico de la delincuencia. Y asi. se ha pasado de la concepción de la pena como retributiva a la estimación de la misma como una medida de tratamiento, en la que se hace especial mención de aspectos psicológicos del delincuente y de su reforma.

Esta cuestión, la de la reforma de los delincuentes, se ha planteado, cada vez más. y parece construir la razón de ser, actualmente, del Derecho Penal.

Para ello se arbitran medidas, dentro del establecimiento penitenciario, para recuperar a los penados, a los que se somete a pruebas psicotécnicas y se les permite redimir, en la proporción que se estime, las penas por el trabajo.

Por ello, no tienen razón de ser, hoy en día, las penas corporales que afectan a la integridad corporal del delincuente.

En cuanto a las que privan de la vida, las polémicas son encontradas (aunque, en la antigüedad, salvo san Agustín, los autores no parecieron ponerles excesivas objeciones). Que las penas a aplicar y aun el método de aplicarlas es un fenómeno cultural, es un hecho incuestionable.

penas en japon a las mujeres adulteras

 El ridículo público es la pena máxima para estas dos mujeres japonesas culpables de adulterio.

prisiones modernas

Prisiones Modernas Para Una Vida Interna Mas Digna

El problema penitenciario

Mas con referencia a la pena capital, se agudizan las dificultades de un juicio crítico. En general, se observa cierta corriente en favor de su abolición: Gran Bretaña, por ejemplo, ha optado temporalmente por ésta.

Acaso entre las múltiples objeciones que se han puesto a la pena capital la más importante es la de que no permite una rehabilitación del condenado (máxima —la de la reforma— que parece presidir todas las legislaciones).

Claro está que aún quedan otros problemas como son, en el caso de que se opte por la prisión perpetua, el logro de un ambiente y de una estancia en el establecimiento penitenciario que se halle en equilibrio entre la exigencia y la reeducación.

De ahí que la consecución de la adecuada política penitenciaria constituya algo de vital importancia: así, si en un principio se optó por la separación absoluta de los reclusos, y luego por cierta comunicación entre ios mismos, ello fue debido a las neurosis que se provocaban en ellos.

Ya en el siglo XIX, tan inestable política y socialmente, Concepción Arenal clamaba por una reforma de los sistemas penitenciarios. Voces análogas se oyen hoy día, cuando sucesos como el de la rebelión de los presos de la cárcel de Attica, en Nueva York, en el otoño de 1971, han llenado las páginas de los periódicos de todo el mundo.

la guillotina como pena capital

Los presos camino del cadalso en París. Era el 25 de junio de 1804. «Madame Guillotina», como popularmente se le denominaba, había sido empleada por primera vez en 1792.

Ver: Métodos de Tortura en la Antiguedad

Ver: Derecho Penal – Agravantes y Atenuantes

Ver: Historia de las Prisiones

Ver: Resumen Dercho Civil y Las Fuentes del Derecho

Fuente Consultada: La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

La Historia de la Libertad Política Concepto e Ideologías

La Historia de la Libertad Política
Concepto e Ideologías

En las democracias liberales de Occidente, la libertad suele considerarse el más básico de los derechos humanos: un ideal por el que merece la pena luchar y, de ser necesario, hasta morir.

El gran valor atribuido a la libertad es un indicativo de las numerosas y enconadas batallas que se han librado para conseguirla: contra las Iglesias que estaban dispuestas a matar para defender sus ortodoxias; contra el poder absoluto de los monarcas; contra la opresión de las mujeres y de los disidentes políticos; contra la esclavitud, el prejuicio, la ignorancia y un millar de cosas más.

Desde las grandes revoluciones francesa y americana, en la segunda mitad del siglo XVIII, la libertad ha ocupado un lugar preeminente como principio definidor del liberalismo.

Según John Locke, un teórico político cuya obra inspiró a los Padres Fundadores de Estados Unidos, garantizar la libertad es la justificación última de la constitución legal de un Estado: «El fin de la ley no es abolir o constreñir sino preservar y aumentar la libertad».

La libertad de tener las opiniones políticas y religiosas que uno quiera, de expresar tales opiniones sin temor ni trabas, de decidir por uno mismo dónde y de qué manera vivir la propia vida: tales son los premios de la libertad.

Según la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, la libertad, además de la vida y la búsqueda de la felicidad, es uno de los derechos naturales e inalienables de los que están dotados todos los seres humanos por igual.

Es un derecho que no debe ser limitado, salvo por las más poderosas razones, pero que tampoco puede ser ilimitado o absoluto. (Fuente: 50 Cosas Que Hay Que Saber de Política – Ben Dupré – Edit. Ariel)

la libertad en la historia

La Declaración Americana de Independencia afirma que todos los hombres son iguales. Sin embargo, los negros de los Estados Unidos se vieron sometidos a un cruel y denigrante trato sin respeto alguno a su condición de seres humanos.

Libertad y poder:  he aquí dos términos contrapuestos.  ¿Qué frenos se oponen a la plena libertad del  hombre?  ¿Cuál  ha  sido   el  proceso  seguido  desde  la  Antigüedad  a  las   actuales  democracias?

En la cadena que relaciona al hombre actual con sus antepasados antediluvianos, el eslabón que marca el paso cualitativo más importante es la aparición del llamado Homo Sapiens.

Asi lo cree toda la tradición filosófica occidental: Aristóteles, Santo Tomás, Descartes, Kant, Hume… La capacidad que define al Hombre con mayor exactitud es su posibilidad de reconocer, relacionar, ampliar y dividir conceptos intelectuales.

El Hombre es el único Ser Racional, el único capaz de pensar. La libertad es una consecuencia de esa posibilidad de saber que existen diversas soluciones. Por eso el Hombre es el único ser libre. La libertad es algo más que la razón.

Dadas varias alternativas se tiene la capacidad de elegir lo que más convenga, sean cuales fueren sus motivaciones. Sin libertad, la razón sería la mayor de las frustaciones. La libertad, apoyada en la razón, es la máxima grandeza del Homhre: le hace dueño y responsable de su existencia.

Sin libertad, la exterminación entera de la humanidad y la sublimada lucha del pionero por hacerla más justa son actos iguales, intranscendentes. No existiría la responsabilidad.

Desde las leyes económicas hasta el derecho civil se reglamenta con toda minucia la vida cotidiana de cualquier mortal. Sus actos más insignificantes vienen también regulados por las normas de «convivencia».

La vida del trabajo, la circulación por calles y carreteras están reguladas como la vida matrimonial, la propiedad privada, la sanidad pública o los transportes de viajeros.

La Ley, en sus múltiples facetas, viene a oponerse a la libertad primera que hemos considerado propiedad inalienable del Hombre. Además, viene respaldada por la fuerza coercitiva del castigo.

Es evidente que existe una fuerza exterior al Hombre que reduce sus posibilidades de elección, un poder superior a la libertad del individuo.

En la historia de la humanidad, todo suceso, toda realidad tienen su justificación, sus causas y motivos. ¿Qué justificación tiene la castración de la libertad del Hombre? ¿Quién, y por qué, tiene derecho a recortar esa posibilidad y responsabilidad intrínsecas? ¿Qué fundamento tiene ese poder que limita y coarta a la persona en su misma esencia?.

Los filósofos de todos los tiempos y latitudes se han planteado este problema y han aventurado hipótesis. Podemos asegurar que toda doctrina ha tomado partido frente a este problema crucial, hoy tan olvidado.

La sociedad jerárquica: Toda doctrina se apoya en último término en postulados, especies de confirmaciones indemostrables. Existe siempre una opción primera. Toda cadena tiene un principio.

La elección de este axioma se justifica en muchos casos apelando a su evidencia. En realidad es fruto de múltiples condicionantes. Para los habitantes de la Tierra anteriores a Galileo era completamente evidente que el Sol giraba en torno de ellos, para los muchachos de nuestras escuelas elementales la evidencia consiste en lo contrario.

Toda doctrina que se ocupa de nuestro problema tiene también su postulado básico. Éste consiste en la respuesta a la siguiente pregunta: la fuente de derecho, la fuente de poder, ¿es exterior al Hombre?, ¿existe un algo que tenga potestad para dictar al Hombre su conducta?, ¿es el hombre mismo su único dueño ?

Las Creencias o Religiones: En general, las doctrinas vigentes en el mundo occidental hasta el siglo XVIII aceptaron la existencia de una fuente de derecho exterior al Hombre.

El Cristianismo influyó en todos los ámbitos, y más aún en el intelectual. Con la conversión de Constantino, el Derecho Romano inicia su decantamiento ante las ideas cristianas.

A la caída del Imperio la mutación se acelera y consolida. La única potestad posible reside en Dios Creador. El Hombre, como parte de esa creación, le está sujeto en razón de pertenencia.

Sólo es libre para aceptarle o condenarse. Entre ellos, todos los hombres son en principio iguales. Sin embargo, existe una estructuración de la sociedad. El hecho es que existe un órgano rector de la comunidad, que cada una de ellas tiene su propio gobierno.

La doctrina escolástica acepta la estructuración, y la justifica. Existen personas privilegiadas que disponen de una autoridad delegada por la fuente de toda potestad.

El rey es la persona que ostenta esa representación, es la «mano visible de Dios». El ceremonial de «consagración de los reyes» abunda en esta y similares ideas. Los actos y leyes de los monarcas son la plasmación de la voluntad divina (el poder del Rey por derecho divino).

El castigo que acompaña su transgresión, en verdad, es el fuego eterno. Los azotes, cárceles y demás minucias que en este mundo se pagan sólo sirven para dar acicate a la debilidad humana.

Todos son responsables ante el rey, y éste ante Dios. La Moral y el Derecho se confunden.

Paralelamente se desarrolló la estabilización de la propiedad de la tierra. Los colonos individuales pasaron a formar parte de la servidumbre del castillo, sus tierras de la propiedad del señor feudal.

El pacto de homenaje ligaba al siervo de la gleba con su señor, al que reconocía en lugar de Dios. Las mismas justificaciones para ambos poderes: nación y feudo.

La sociedad feudal se caracteriza por la inexistencia de movimientos. Cada cual en su lugar.

El Derecho Divino es inapelable: la resignación parece ser la virtud típica del pueblo. Su libertad y responsabilidad se desconocen por la influencia de la idea base de acatamiento religioso.

La soberanía del pueblo
filosofo rousseauSuárez defiende que la fuente de todo poder es Dios. Para Maquiavelo es la ley del más fuerte. Ambos creen en la sumisión del Hombre. El Renacimiento es una corriente de pensamiento que se basa en la lectura renovada de los clásicos griegos y romanos. En su seno se desarrolla el Humanismo.

Erasmo de Rotterdam, apartado al mismo tiempo de Lutero y Carlos V, es su máximo exponente. El Hombre —todavía como criatura— empieza a tomar importancia en las concepciones mentales de los pensadores. A través de Aristóteles y Platón se revive y defiende la grandeza del Hombre.

Frente al pecado original se le define como el único ser capaz de pensar, capaz de ser responsable de su conciencia directamente ante Dios. La afirmación de la supremacía del Hombre tiene, en aquel momento, una repercusión directa en su relación con la jerarquía eclesiástica. La Reforma fue esencialmente un movimiento basado en la exaltación del Hombre. Por eso Erasmo, humanista y católico a la vez, tuvo sus dificultades y no pudo tomar partido de un modo definitivo.

La estructuración de una nueva ideología que reemplazara a la medieval fue larga y costosa. Su plasmación en la realidad tuvo que esperar a la Revolución Francesa. El recopilador más importante fue J. J. Rousseau: aquella fue posibilitada en parte por la divulgación de éste. La aceptación general de su ideología se debe a la situación imperante. Socialmente y en el campo de las ideas se ha desarrollado un lento proceso que ahora cristaliza.

El Contrato Social aparece en el momento oportuno para ser aceptado por la mayoría. La esclerosis de las relaciones feudales llega a su colmo. El aumento del poderío de los monarcas ha desbaratado el dominio directo del señor sobre el vasallo. El auge de la artesanía y la primera industria hacen crecer las ciudades. Apoyada en el comercio surge una nueva clase. Su dinero comienza a ser poderoso.

La tierra, y con ella sus poseedores, la aristocracia, declina como factor básico de producción y de riqueza. En la escala social los terratenientes pierden puestos en favor de los comerciantes. La burguesía resquebrajó la cohesión social del antiguo régimen, el humanismo sus fundamentos ideológicos. El pueblo está preparado ya: capta su injustificada posición subalterna. La Revolución es  posible.

Desde los ideólogos que elaboraron los Derechos del Hombre y la Constitución hasta los últimos jacobinos de la campiña, todos se sienten identificados con J. J. Rousseau. Los enciclopedistas prepararon el desarrollo intelectual del «ateísmo» del Nuevo Régimen, pero no llegan a impresionar la conciencia popular debido a su identificación práctica con el antiguo. Rousseau fue en su totalidad un crítico reformista.

Frente a la alternativa básica de que hemos hablado más arriba, escoge con decisión por la absoluta supremacía del Hombre. Nada ni nadie por encima de él. Si puede existir un poder, un derecho, tiene que justificarse forzosamente en el mismo Hombre: nace así el Derecho Natural. Las leyes serán sólo un reflejo de este profundo cuadro intangible que se llama «naturaleza humana».

La contradicción entre la libertad «natural del hombre y su situación histórica se justifica, según Rousseau, por el pacto sellado entre cada individuo y un cuerpo abstracto formado por todos ellos: es decir entre el ciudadano y la sociedad. Junto a la libertad individual se coloca la necesidad de un orden social. Son los pilares incontestables del sistema. Ese orden está supeditado a la voluntad de cada hombre.

La voluntad de la sociedad es únicamente el reflejo de la voluntad de cada partícipe: la libertad no se coarta desde fuera, él mismo se pone límites. No deja de ser libre en ningún momento. Todos los elementos componentes de la sociedad son iguales y el orden se establece a través de la voluntad general expresada unánimente en una asamblea. La participación en la elaboración de esa voluntad general es el resguardo que libera al hombre en su acatamiento de la ley. El lector de Rousseau y el estudioso de la Revolución Francesa siente la grandeza que rezuman estos ideales, siente la aspiración de sublimidad del Hombre, la fuerza ingente que le da sentirse el centro del mundo.

Ver: Soberanía Popular

El constitucionalismo
El siglo XIX cristaliza las reformas instauradas en Francia por la Revolución. En todo el mundo occidental se establecen estructuras de gobiernos basadas, más o menos, en las ideas rusonianas. Los defectos que, aún antes de pulsar la realidad, podemos constatar en esta ideología se ciernen alrededor de su idealismo.

El Hombre se toma en su pureza espiritual y en el mundo se espera que todos los ciudadanos tengan los mismos deseos y con la misma intensidad. Lo material desaparece tras la sublimación. El Hombre es bueno radicalmente.

El siglo XIX muestra la lucha de los ciudadanos por ajustar a la realidad los deseos de igualdad, fraternidad y libertad. Su acierto o fracaso marcarán el acierto o fracaso de la tesis de Rousseau. La República, como forma de gobierno, se acepta como la más adecuada plasmación de la soberanía del pueblo.

Las Monarquías Constitucionales no dejan de ser un mero remedo, ya que tiene más fuerza el adjetivo constitucional que el sustantivo monarquía. El poder se reparte en tres estamentos independientes que se regulan recíprocamente. El Poder Legislativo representa la voluntad general, dicta las normas. Tiene preeminencia porque es el órgano representativo por excelencia.

El Poder Ejecutivo es su brazo actuante: sus miembros no son elegidos directamente por la base, sino por  sus   representantes  parlamentarios.

El Poder Judicial, con su independencia tradicional, vigila y castiga las infracciones individuales a la voluntad general. El fundamento pues del gobierno reside en la Cámara: al menos en teoría. Sus miembros pueden dictar leyes, y éstas son el marco que regula la vida toda del país. Aquí constatamos la primera constricción que la realidad impone a la idea de Rousseau: entre el pueblo soberano y la voluntad general se tienen que interponer unos intermediarios ¿Pueden ser realmente sólo mensajeros sin añadir o quitar algo?.

Si la asamblea total fue imposible, no en menor grado sucedió lo mismo con la unanimidad de pareceres. Está comprobado que toda la defensa de ideas lleva aparejada la salvaguarda o fomento de unos intereses particulares. Los diversos puntos de vista esgrimidos en los parlamentos pronto se relacionaron con las miras de determinados grupos o clases.

En un primer momento la lucha parlamentaria enfrenta a los «constitucionalistas» con los aliados del poder establecido.  La aristocracia todavía tiene en ese momento poder suficiente para retardar la imposición de una Constitución. Por otra parte, en ella ponen sus defensores todas las esperanzas de un sistema mejor: la negación del Antiguo Régimen con su sociedad jerarquizada y su comercio cortapisado. El pueblo no participa en esta lucha: ni su voz ni sus intereses entran en el juego.

Después de la primera Constitución, cuando ésta se ha hecho ya conservadora, cuando han sido ya conquistados los puestos de gobierno por la burguesía, cuando sólo se tiene en cuenta sus propios intereses, entonces se forja la segunda gran lucha. En la primera se han opuesto dos estamentos: aristocracia y burguesía.

En la segunda la burguesía y el proletariado son los protagonistas. Hay que notar que hablamos del desarrollo político de los países occidentales. El rasgo común a ambos enfrentamientos es la unión de los interesados en partidos o sindicatos: los representantes en la Cámara no hablan ya en nombre de individuos sino en nombre de intereses de grupo.

Los partícipes de estos grupos —y mucho más quienes no pueden organizarse— ven cómo cada vez se supedita más su libertad a las finalidades de organismos que se llaman sus representantes. La soberanía del individuo queda relegada. La supremacía de los intereses más fuertes es un hecho. Sin embargo, la aportación sindical a la vida política significaba la incorporación de todos los estamentos en la lucha por el poder: El enfrentamiento económico entre obreros y patronos se traslada al plano político.

Llegamos a la mitad del siglo XX. A la idea de Rousseau de un pacto, sustituye en ese momento .la idea de una contraposición para estructurar la elaboración de las Leyes. Se acepta como dato la discrepancia de intereses: la mayoría sustituye a la voluntad general.

No obstante, el léxico empleado en los discursos propagandísticos y en las cenas de gala intenta hacer creer que se respeta la existencia de una verdadera representación de los intereses de los individuos, que las leyes son fruto de la voluntad general, que el gobierno es neutral y no recibe influjos extraños al bien del país. Quienes en la práctica desmienten la idea rusoniana, en teoría se declaran sus adeptos incondicionales. No pueden frustrar la ideología aceptada generalmente, aquella que forma el sentir aceptado por todos.

El Nuevo Precio de la Libertad: Se dice que el precio de la libertad es la vigilancia eterna. La intención original era que las libertades civiles estuvieran sometidas a un escrutinio constante, ante el peligro de que la acción subrepticia del gobierno las deteriorara y se acabaran perdiendo. Hoy en día, en una inversión extraordinaria, son los propios ciudadanos los que se han convertido en objetos de vigilancia continua, y los organismos de seguridad utilizan tecnologías cada vez más complejas para vigilarnos. Nuestros movimientos son monitorizados por aviones espía, satélites y millones de cámaras de seguridad; nuestras características físicas y biométricas son analizadas; nuestros datos informáticos son vaciados y catalogados; nuestras llamadas telefónicas son pinchadas rutinariamente; nuestros correos electrónicos escaneados. Ciertamente, el Gran Hermano nos acecha.

Ver: Democracia como forma de Gobierno

Fuente Consultada: La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social – Editorial Cisplatina

Influencia de España en el Estilo de Vida Argentino Resumen de Aportes

Aporte e Influencia de España en el Estilo de Vida Argentino

Primeros Europeos en el Territorio: Los conquistadores que llegaron al Río de la Plata o Asunción eran del sur de España (muchos de ellos descendientes de árabes y andaluces) y de origen humilde, distintos por cierto de los orgullosos vascos o castellanos que se consideraban españoles puros y, en muchos casos, pertenecían a familia de alto nivel social.

Pero los conquistadores no establecieron lo que consideramos familias en la actualidad, puesto que no solamente sus uniones duraban poco tiempo, sino que inclusive practicaban la poligamia porque los caciques tenían la costumbre de entregar sus hijas como prueba de amistad.

fundacion de buenos aires

Fundación de Buenos Aires

Recién en el siglo XVII se constituyen familias o grupos permanentes, como consecuencia de la creación de la propiedad privada y de ciertos privilegios económicos. Ya para entonces, sobre todo en Asunción, estos privilegios se otorgaron en gran parte a mestizos.

Esta situación cambió cuando las autoridades españolas resolvieron trasladar familias enteras desde la metrópoli. Se produjo así una separación de castas y pronto el mestizo ocupó una jerarquía social inferior al del español y del criollo que era hijo de padres españoles, pero nacido en América.

Por otra parte, a partir de esa época, los cargos públicos fueron ocupados por los españoles y en algunos casos por los criollos, pero fueron dejado de lado los mestizos.

El aporte hispánico al estilo de vida argentina:

Con la independencia de las colonias, esta situación no cambió ya que si bien al principio se estableció una neta separación entre el criollo y el español puro, cuando este último se adhirió a los principios de la Revolución, la tensión disminuyó y se estableció un equilibrio social. Es de notar que de cualquier manera la estructura de la familia criolla, sus costumbres y creencias eran prácticamente las mismas que la de la familia española.

Sin embargo, el ideario político de la revolución de Mayo sé encontraba inspirado en los de la Revolución Francesa partiendo del principió de la individualidad e igualdad de derechos, por lo cual no podía encontrarse de acuerdo con el régimen familiar trasplantado de las costumbres españolas.

A) EN LA LEGISLACIÓN
Su primer demostración de esa rebeldía estuvo presentada en la Asamblea del año 1813 al suprimirla esclavitud y la servidumbre indígena acordando a los naturales los mismos derechos políticos y aboliendo el mayorazgo y las vinculaciones.

No obstante, sólo fueron éstas las únicas normas dictadas qué se relacionaron con los derechos de familia y patrimoniales.

Por primera vez, el 13 de octubre de 1814, se menciona oficialmente un Ministerio de Menores, creándose los defensores de incapaces para lograr el amparo de éstos.

Quedan así sentadas las bases de un cambio total en la organización económica y jurídica de la familia, la cual deja de adoptar las características feudales que se basaban en el dominio inalienable de la tierra con el fin de adaptarse a las nuevas condiciones sociales y políticas.Pero sucede a ese deseo de independencia un período de anarquía que trae como consecuencia un desmembramiento de las distintas provincias, las cuales se dictan a sí mismo sus propias leyes y quedan bajo la dirección y mando de sus respectivos caudillos.

De esa época datan algunos documentos (uno de los cuales era una ley aprobada el 2 de enero de 1824 en Buenos Aires), en los cuales se habla de juicios de divorcio y nulidad de matrimonio, los que deberían ser juzgados por las autoridades civiles, con exclusión de las religiosas. En otros (una ley posterior al 20 de marzo de 1833) se otorgaban dispensas que autorizaban los matrimonios entre personas católicas y otras de credo diferente.

Luego de la Batalla de Caseros y en el período en que Buenos Aires se mantuvo separada de la Confederación, el centro más importante de la actividad legislativa se encontraba en dicha provincia.

Vélez Sarsfield, que intervino en muchas iniciativas legislativas en Buenos Aires fue el redactor del Código Civil e incorporó al mismo algunas de ellas con ligeras modificaciones y que son las que, actualmente, nos rigen.

La familia, en nuestro país continuó el esquema del hogar español, pero modificado por la convivencia obligada con la raza aborigen, lo que trajo como consecuencia una serie de matrimonios en los cuales se fusionaron o asimilaron las dos razas.

Por ello, es necesario recordar cuales eran los rasgos más salientes de la familia española para comprender el espíritu que animó a la formación de la familia en esa época, y que sirvió de base a la constitución de la sociedad colonial.

B)EN LA RELIGIÓN
En efecto, la familia española tenía un carácter esencialmente cristiano, con un gran respeto de la autoridad del jefe de la familia, que era, a su vez, padre y marido, y complementariamente también existía un fuerte arraigo patrimonial.

El matrimonio, unión de los cónyuges, era considerado un sacramento religioso que. se encontraba regido por leyes canónicas.

Los jefes y oficiales del movimiento que colonizó estas tierras tenían ascendiente feudal, lo cual determinó la institución del mayorazgo, con los efectos consiguientes sobre la intransmisibilidad de ciertos bienes.

La ley y la costumbre le otorgaban al padre un cúmulo de derechos tanto sobre sus hijos como sobre su mujer.

La incapacidad de los menores se extendía hasta los 25 años de edad y el padre podía oponerse, de manera absoluta, al matrimonio de sus hijos.

Pero, no obstante ese carácter patriarcal del matrimonio, la mujer era respetada dentro de su hogar, de conformidad con las normas de la moral cristiana, aun cuando desde el punto de vista legal se encontraba subordinada a su marido, al punto tal, que éste tenía el derecho de quitarle la vida si la sorprendía en un acto de adulterio. Esa amplitud de atribuciones que poseía el Jefe de la familia limitaba totalmente la intervención del Estado, cuyas leyes amparaban al hombre.

tabla de poblacion del virreinato

Prácticamente, los poderes públicos solamente influían en casos muy especiales con el ánimo de proteger a los elementos débiles, por e-emplo, la restitución de bienes a los menores en caso de malversación por parte de sus tutores o, para la inenajenabilidad de la dote de la mujer, como garantía real de las obligaciones impuestas al padre o marido.

C)  EN LA CULTURA
Indudablemente, si uno de los ideales básicos de nuestra nacionaldad consiste en aceptar un pasado común, no podemos ignorar que estructuralmente nuestro país es anterior a los albores de su existencia.

El 25 de mayo de 1810, si bien todavía no se constituyó como nación independiente, es el instante en que podemos considerar como el nacimiento de nuestra nacionalidad ya que a partir de allí, los hombres de esta tierra inician su pensamiento de país nuevo.

Pero esa nacionalidad, ese sentimiento particular de estar creando una nación, se va formando lentamente aún bajo el gobierno español. El criollo de 1810, si bien pensó independientemente de ese gobierno, no pudo dejar de lado la herencia cultural española, como tampoco los años de gobierno español pudieron eliminar la cultura americana.

Somos, pues, herederos de una cultura española, americana y de una cultura hispanóamericar (que está relacionada con las dos citadas), pero que tiene caracteres propios.

Es indudable que a su llegada los conquistadores españoles encontraron una cultura propia de los aborígenes.
Ellos, por su parte, también traían su aporte cultural, más desarrollado indudablemente, pero totalmente distinto de las formas indígenas.

D)    EN EL ARTE
En la población aborigen en esta parte de América, sólo se habían desarrollado, y en forma limitada, las artesanías relacionadas con la madera, el cuero, la cerámica, la cestería y en general lo que podemos llamar artesanías primarias.

La arquitectura por ejemplo, que había alcanzado gran desarrollo en Perú, México y América Central, prácticamente no existía en nuestro territorio porque la mayor parte de las tribus eran nómadas y sólo aquellas tribus que se afincaron construyeron viviendas permanentes, pero sin que pueda hablarse de un cierto estilo arquitectónico.

Por otra parte, no podemos hablar de una cultura aborigen general, porque las tribus vivían aisladas una de otra y se limitaban a producir la misma cantidad de productos que consumía, por lo que no había comercio entre los distintos grupos y, por supuesto, tampoco existían intercambios culturales apreciables.

E) EN LA LENGUA
Los españoles aportaron su idioma (que homogenizó las distintas lenguas indígenas y permitió que se entendieran con un lenguaje común), su cultura (que correspondía por la época a lo que se llama el renacimiento español), sus costumbres, etc.

Pero a todos esos elementos se sumó el aporte de las culturas indígenas que las corrientes pobladoras españolas trajeron desde Perú u otros centros desarrollados.

Hubo pues en el Río de la Plata varias influencias culturales: la aborigen (existente), la española (que llegaba desde Europa), y la española del norte, del este y del oeste (traída de América).

INFLUENCIA DEL NORTE: Los españoles que se habían establecido en el Alto Perú establecieron una ruta Hacia Córdoba a través de la Quebrada  de Humahuaca y transportaron   hacia  nuestro   territorio tres escuelas artísticas autóctonas: la de Lima, la de Quito y la de Cuzco.

Estas tres escuelas son influenciadas por la corriente renacentista de España, y sus obras se refinan, sin perder sus raíces autóctonas y adquieren sentido estético. Es decir, si antes el artista preparaba una cerámica que representaba a un caballo tal como él lo veía, ahora, con un nuevo sentido de la balleza, representa al mismo con líneas más delicadas, con una forma más refinada o simplemente deja de representar al caballo, pero mantiene la armonía que hacen hermosa la figura de un caballo.

Lo que sí hay algunos denominadores comunes, por ejemplo, las técnicas cerámicas que utilizaban e-ran muy semejantes y, como es característico del arte precolombino, tenían un sentido religioso o relacionado de alguna manera con la vida, la muerte y sus creencias.

La escuela cuzqueña es la que más absorbe la influencia española y desarrolla un arte mestizo (llamado también colonial) que combina los mejores elementos de las dos culturas. Es de notar que esta corriente cultural es. la que impone el tipo de construcciones formadas por piedras superpuestas sin argamasa.

CORRIENTE DEL ESTE.– Es la corriente inmigratoria cultural europea, es la cultura que viene desde Europa y, sobre todo, influencia a Buenos Aires, el puerto de destino y desde Buenos Aires, pero en medida limitada, al interior del Virreinato. Es por allí donde penetra la cultura del renacimiento español y es por allí donde penetra el pensamiento liberal que culminará én mayo de 1810.

Penetra a través de los Andes y se extiende por la zona oeste del país, fundamentalmente, en las provincias cuyanas. Dadas las dificultades geográficas provocadas, no solamente por el cruce de los Andes, sino también por las limitadas comunicaciones entre Cuyo y el resto del país, esta corriente influye poco sobre la cultura nacional.

CORRIENTE DEL NOROESTE.-
Las misiones guaraníticas se convirtieron en un gran centro cultural guaraní con la recibida de los pueblos del sur brasileño y la que aportaron los jesuítas. Esta corriente influyó sobre todo al litoral y dejó sus rastros en Córdoba y Buenos Aires.

INFLUENCIA DEL OESTE.– Es la corriente que salió de Chile y trajo algunos elementos de la cultura transandina. Esta influencia es muy pequeña porque los aborígenes de Chile estaban en condiciones muy semejantes a las de nuestro sur.

Fuente Consultadas:
Formación Moral y Cívica 2 Ciclo Básico César Reinaldo García y Apolinar Edgardo García

Libertades Individuales en un Estado de Derecho o Democratico

LA LIBERTADES EN LA VIDA EN DEMOCRACIA

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

Introducción: «Los pueblos piden más y mejor democracia» decía Pío XII. Para el hombre moderno, más que una forma de organización política,, la democracia significa una aspiración, un ideal, una esperanza de llegar a constituir sociedades humanas donde se respete la libertad y dignidad humanas. Donde la justicia y solidaridad social sean un hecho. Los hombres modernos toman cada día mayor conciencia de su propia dignidad y de los derechos que nacen de su condición de hombres.

Postulan que estos derechos y sus repercusiones en el orden político, social, económico y cultural sean respetados en el ordenamiento comunitario.
La democracia se convierte en una filosofía sociopolítica y en un estilo de vida.

Estudiar algunas de las características de la vida ciudadana en la democracia es el objeto de este capítulo. Y también lo es estudiar algunas características de la vida donde se niegan los principios fundamentales de la concepción democrática.

CONDICIONES PARA LA VIDA EN LA DEMOCRACIA

La vida en la democracia requiere como condiciones necesarias en los hombres que integran la comunidad:

— tener conciencia de su dignidad y libertad, de sus derechos y deberes;

— estar dispuestos a ejercer responsablemente su libertad, a cumplir sus deberes y exigir el respeto de sus derechos;

— reconocer igual dignidad a los otros miembros de la comunidad; que les respeten sus derechos y les exijan el cumplimiento de sus deberes;

— sentirse todos responsables de la marcha de la comunidad y su gobierno;

— reconocer a los grupos y asociaciones intermedias (familias, empresas, sindicatos, entidades docentes, etc.) sus derechos, fomentar su actividad y también exigirles el cumplimiento de sus obligaciones;

— obedecer lealmente a los gobernantes y colaborar con ellos en todo lo que es justo y provechoso para la comunidad.

Requiere, asimismo, la vida en la democracia que los gobernantes:

— Tengan alta estima y respeto de las libertades y derechos de individuos y grupos;

— que su gestión esté inspirada en el deseo de servir a la comunidad;

— que tengan el poder y la capacidad necesarios para conducir eficientemente la comunidad, ordenar la actividad de los grupos, urgir de todos el cumplimiento de los deberes y sancionar a los que no cumplen con ellos.

Son exigencias básicas y fundamentales. Donde estos principios no se dan, o por lo menos no se aspira seriamente a que se conviertan en realidad, no se da la democracia.

No debe confundirse la democracia con una mera forma política. Es ante todo una concepción vital que anima a gobernantes y a gobernados.

También los países totalitarios tienen constituciones que proclaman la soberanía popular, reconocen teóricamente los derechos y libertades de los ciudadanos, delimitan los poderes de los gobernantes. Así sucede en los países comunistas. Pero en la práctica no se vive la democracia, sino la sumisión del hombre al estado o al partido.

GOCE DE LAS LIBERTADES INDIVIDUALES EN LA DEMOCRACIA

El hombre está dotado de inteligencia y voluntad libre y es dueño de un destino que debe realizar bajo su propia responsabilidad.

La persona humana es fundamento, protagonista y fin del orden y de la actividad social, política y económica.

De la naturaleza humana nacen derechos y deberes inviolables e irrenunciables.

Estos postulados son básicos en todo orden político justo y humano. Mucho más en una democracia.

De la naturaleza humana brotan los derechos. No es la sociedad ni el estado quien los crea o los concede. El estado simplemente los ordena, los reglamenta y garantiza su ejercicio.

El derecho a tomar parte activa en la vida política nace de la naturaleza humana. No es el Estado quien lo crea. El Estado reconoce este derecho y mediante las leyes de ciudadanía, electorales, etc., lo garantiza y reglamenta.

El derecho y el deber de trabajar, el derecho a participar suficientemente de los bienes económicos nacen también de nuestra naturaleza. El estado, mediante leyes, reconoce estos derechos y ordena y estructura la actividad económica.

En los regímenes democráticos el ordenamiento social, económico, cultural, etc., tiene por objeto garantizar a todos estos derechos y crear las condiciones para su efectivo ejercicio.

El ordenamiento jurídico y la acción gubernamental y administrativa tienen el mismo objeto. La sociedad está para servir al hombre.

No basta que la sociedad y el estado reconozcan los derechos y libertades humanas, sino crean las condiciones y medios para que todos puedan efectivamente gozar de ellos.

De poco sirve el reconocimiento del derecho y la libertad de aprender, cuando no se crean las escuelas e instituciones suficientes o cuando muchos niños no pueden asistir a la escuela porque a los diez o doce años deben ganar su sustento.

Cosa semejante podemos decir:

— del derecho al trabajo cuando en una comunidad el proceso económico está conducido de tal forma que produce desocupación masiva;

— del derecho a formar una familia cuando el nivel de salarios es tal que no basta a subvenir a las necesidades fundamentales;

— del derecho a expresar libremente las ideas cuando la prensa y los órganos de difusión están dominados por grupos económicos o sectas ideológicas;

— del derecho a una conveniente asistencia médica cuando existen regiones enteras carentes de los mínimos recursos sanitarios;

— del derecho a controlar la acción de los gobernantes cuando la información es negada o falseada, etc.

Vamos a considerar una serie de libertades fundamentales en las sociedades democráticas. Pero queremos señalar que no es suficiente el reconocimiento teórico y formal de ellas. Es menester crear las condiciones sociales, económicas y culturales, que permitan a todos los miembros de la sociedad gozar de ellas.

voto popular

RESPETO A LA PERSONA HUMANA:
La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es «alguien» en la antidemocracia, es «algo».

Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Goce de las Libertades Individuales en la Democracia

En la democracia, el hombre y los diversos grupos sociales gozan de todas las libertades individuales.

Esas libertades son, entre otras, la libertad de palabra, de culto, de reunión, de trabajo, etc.

Libertad de palabra.
Mejor que libertad de palabra debería decirse libertad de expresión.

La libertad de expresión, que comprende la libertad de opinión, de palabra, de prensa, puede definirse: libertad de manifestar el propio pensamiento.

El hombre se halla dotado de palabra para poder exteriorizar con mayor perfección sus estados anímicos: lo que piensa, lo que siente, lo que quiere.

Al manifestar sus estados anímicos exterioriza su pensamiento y sus opiniones. Esa exteriorización puede hacerla por medio de la palabra oral y difundirla también oralmente por radiotelefonía, teléfono, televisión, etc.
Puede exteriorizarlos por medio de la palabra escrita y difundirla por métodos gráficos: prensa (folletos, libros, diarios, revistas), correspondencia epistolar, etc.

Por la libertad de palabra el hombre tiene derecho a manifestar su propio pensamiento en conversaciones privadas y públicas; en reuniones pronunciando discursos, conferencias, etc. Tiene derecho de propagar ideas religiosas y civiles por medio de pláticas, reuniones, conferencias, mesas redondas, etc., utilizando la radio, la televisión y los demás medios de difusión.

No existe esa libertad cuando se espían las conversaciones y se controlan los teléfonos para conocer las opiniones adversas al régimen y así tomar represalias.

Cuando con la misma finalidad se controlan los sermones en las iglesias, las conferencias pronunciadas en salones o en la calle y, menos todavía, cuando se impide pronunciarlas o se niegan los permisos solicitados para realizarlas, o se impido su difusión radiotelefónica.

Esta situación tan penosa existe actualmente en todos los países sometidos por el comunismo. Hasta la predicación evangélica se halla amordazada; de ahí que se haya dado en llamar a la Iglesia subsistente en esos países la «Iglesia del silencio».

No debe confundirse libertad de palabra con el libertinaje que lleva a la propalación de rumores infundados, a la calumnia, a la destrucción de reputaciones ajenas; a la tergiversación intencionada de los hechos, a la información deformada.

La defensa de la justicia y de la verdad, el respeto por las opiniones y por fama de los demás son condiciones para el legítimo uso de esta libertad.

Los gobiernos deben respetar y fomentar esta libertad y garantizar el libre cumplimiento de su misión a los órganos de información, incluso cuando critican a los mismos gobernantes, o son sus adversarios. Pero debe cuidar también que se respeten los derechos de todos y no se dañe impunemente la fama ajena.

Debe, asimismo, el gobierno velar para que la prensa, radio, televisión, etc., estén al servició de la comunidad y no para provecho exclusivo de grupos económicos o ideológicos.

Libertad de prensa.
La libertad de prensa implica el derecho de publicar en diarios, libros, revistas, folletos, hojas volantes, etc., el propio pensamiento.

Este derecho puede ser violado directa o indirectamente.

Se lo viola directamente cuando se impide la publicación, o se cercenan los artículos o se clausuran los diarios. Se viola indirectamente cuándo se obstaculiza su ejercicio: restringiendo o negando la cuota de papel, recargando a la imprenta con impuestos arbitrarios, dificultando la circulación de los impresos, sea negando las franquicias postales o su distribución por el correo.

A veces, las autoridades se incautan de toda la edición o la compran para impedir que llegue al pueblo.

Libertad de información.
Un complemento de la libertad de expresión es la libertad de información.

Para que el hombre pueda juzgar rectamente debe estar bien informado acerca de los asuntos, conocer los hechos como son, en su realidad objetiva. De ahí el derecho o libertad de información.

La libertad de información es el derecho que tiene el hombre de conocer los sucesos tal como han ocurrido y de conocer las noticias y publicaciones difundidas.

Se lesiona este derecho cuando, sin motivo, se ocultan las noticias o se impide el acceso a las fuentes de información. Cuando se desfiguran o tergiversan los sucesos o se propalan noticias tendenciosas o falsas.

Se dice «sin motivo» porque puede haber motivos serios, como se verá más adelante, que legitimen la no propalación de ciertas noticias.

Libertad de no-expresión.
La libertad de no-expresión es consecuencia lógica de la libertad de expresión.

La libertad de no-expresión es el derecho que tiene toda persona a no exteriorizar el propio pensamiento.
Ninguna persona puede ser obligada o coaccionada a manifestar lo que piensa.

Ni el Estado ni autoridad alguna tiene derecho de obligar a una persona a manifestar, por ejemplo, sus creencias religiosas o su ideología política.

Atentan contra este derecho el uso del «narcoanálisis» y el detector de mentiras denominado «lie-detector» o «polígrafo»‘.

El narcoanálisis consiste en una especial forma ele interrogatorio, bajo la acción de una sustancia hipnótica, la cual inyectada por vía intravenosa, en dosis determinadas, favorece la revelación de actitudes o de contenidos mentales que el sujeto, cuando se halla en estado de conciencia clara tiene ocultos intencionada o conscientemente.

El detector de mentiras es un dispositivo que permite el registro simultáneo de manifestaciones somáticas diversas, incontrolables para el sujeto, que acompañan a sus reacciones emotivas.

Esas manifestaciones somáticas vienen a ser como indicaciones indirectas de las mentiras conscientes.

Limitaciones a la libertad de expresión y de información.

Hay quienes opinan que cualquier norma que se establezca o cualquier reglamentación de la libertad que se dicte, es un procedimiento antidemocrático. Temen que desaparezca la libertad. Este temor nace de que, con el pretexto de reglamentar la libertad de expresión, los gobiernos la suprimen para sus fines políticos.

La libertad de expresión puede ejercitarse en diversos planos: en el plano político, informativo, social, cultural, recreativo, etc.

La libertad de expresión, como cualquiera otra libertad, está circunscripta por la verdad, el bien y el derecho de los demás.

libertad de expresión

Con lodo, pura evitar el peligro do la supresión de la libertad, debe admitirse una amplia libertad de expresión en el plano político; pero semejante amplitud no puede admitirse en todos los otros planos.

Si no le es lícito al ciudadano libre, por el hecho de proclamarse libre, inferir ofensa violenta y daño a la libertad, a los bienes o a la vida de su prójimo, así tampoco puede ser lícito a la prensa atentar diaria y sistemáticamente contra la salud religiosa y moral de la humanidad.

La libertad de información debe ser mesurada. Si nunca es lícito desfigurar y tergiversar los hechos, tampoco es lícito lanzar a la fiebre de la curiosidad detalles y descripciones de miserias humanas que solo sirven para excitar la morbosidad y halagar las pasiones humanas menos nobles.

¿Qué ganan la democracia y la salud moral de la ciudadanía, cuando de todo suceso criminal se toma pie para descripciones y reconstrucciones que no son otra cosa que escuela de delitos e incentivo para el vicio?.

Tales detalles deberían estar reservados a la policía científica y a los magistrados judiciales.

Es terriblemente ingenua, por no decir criminalmente infame, la teoría de que es conveniente y necesario conocer y hasta experimentar las más abyectas miserias y depravaciones morales, para hacer sentir por ello tal repugnancia que no se llegará a cometerlas.

Dicha teoría no solo es inmoral, sino anticientífica. Supone desconocer las leyes de la sicología humana y las elocuentes enseñanzas de la experiencia que condensó esas conclusiones en gráficas sentencias: «Ojos que no ven, corazón que no siente»; «Las palabras mueven, el ejemplo arrastra»; «Quien con lobos anda, a aullar aprende».

Libertad de culto:
Libertad de culto es el derecho que todo hombre tiene de rendir homenaje externo a Dios. La libertad de culto está estrechamente relacionada con la libertad de las conciencias.

Esta libertad de las conciencias, que protege la dignidad de la persona humana, está por encima de toda violencia y de toda opresión.

libertad de culto

La libertad de conciencia consiste en que el hombre pueda honrar a Dios según el dictamen de su propia conciencia; la libertad de culto en que pueda profesar sin obstáculos su culto, tanto pública, como privadamente. Parte fundamental de este derecho es el respeto a la facultad que tienen todos los grupos religiosos a enseñar, profesar y propagar, de palabra y por escrito, sus creencias y doctrinas.

Ninguna ley del Estado puede entremeterse en el fuero privado de la conciencia religiosa de nadie, pues el hombre tiene derecho de seguir su conciencia, la voluntad de Dios, y de cumplir sus mandamientos sin impedimento alguno.
El culto es uno de los deberes de la conciencia.

«El creyente tiene un derecho inalienable a profesar su fe y a practicarla en la forma más conveniente a aquella.»

«Las leyes que suprimen o dificultan la profesión y la práctica de esta fe, están en oposición con el derecho natural.»

Son harto conocidas las intromisiones del Estado en el fuero de la conciencia religiosa ocurridas en el nazifascismo y las dificultades y hasta la negación del ejercicio del culto en los países sometidos al fascismo rojo comunista.

Libertad de Enseñanza:

La libertad de enseñanza

La libertad de enseñanza consiste:
1. en el derecho que tienen los hombres a reunirse para formar escuelas, colegios, universidades y otras entidades culturales;
2. el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que prefieren para sus hijos;
3. el derecho de los miembros de la sociedad para concurrir a los centros de formación de su preferencia.

El monopolio estatal de la enseñanza es contrario a la democracia. Es característica de los regímenes totalitarios el pretender imponer, a través del monopolio de la enseñanza, una ideología y «uniformizar» las mentalidades. La democracia respeta la diversidad de las personalidades y de la cultura.
Importa que en una sociedad existan diversos tipos de escuelas y centros de formación.

A los padres pertenece por naturaleza el derecho a educar sus hijos. La Declaración Universal de Derechos Humanos lo reconoce: «Los padres tienen por prioridad el derecho a escoger el tipo de educación que debe darse a sus hijos».

Corresponde al Estado:

1. Fijar mediante leyes las condiciones para el ejercicio responsable de esta libertad;
2. Controlar la idoneidad de los profesores, la seriedad y eficiencia de la formación que se imparte;
3. Conducir la política educacional total de la comunidad; planificar la enseñanza previendo las necesidades futuras de la comunidad;
4. Velar por que todos los habitantes de la nación tengan efectivas posibilidades a acceder a una adecuada formación intelectual y técnico-profesional.
5. Armonizar los esfuerzos de los distintos entes, y centros educacionales;
6. Ayudar y fomentar todas las iniciativas serias y convenientes a la comunidad en el orden educacional y profesional.

Es derecho del Estado tener sus propias escuelas, colegios y Universidades. Este derecho pertenece antes a las provincias y municipios. Lamentablemente en nuestro país existe demasiado centralismo en el orden educacional.

Libertad de reunión y asociación.
Libertad de reunión es el derecho de organizar asambleas públicas y privadas, y de participar en ellas activa o pasivamente.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en el artículo 20, 1: «Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas», y la Constitución Nacional en el artículo 14 reconoce a todos los habitantes el derecho de «asociarse con fines útiles» y el de «peticionar a las autoridades.»

El hombre tiende por naturaleza a unirse a sus semejantes para obtener algún beneficio común.

Si la unión es transitoria se organiza simplemente una conferencia, mitin, mesa redonda, etc.; si la unión es estable, se concreta en una sociedad.

La libertad de reunión se actualiza en todas las actividades humanas, pero de un modo muy especial, en el ámbito religioso, gremial y político.

La libertad de reunión es violada cuando se obstaculiza o se impide la realización de conferencias, asambleas, manifestaciones, procesiones, mítines, peregrinaciones, etc.

En la Argentina, a fines de 1954 y buena parte de 1955 se prohibieron no solo los actos políticos públicos, sino hasta las procesiones religiosas.

Por supuesto que las autoridades pueden intervenir moderadamente en las reuniones para conservar el orden y garantizar a los organizadores el ejercicio pacífico de Sus derechos. Pueden también reglamentar las reuniones, aunque deben estar atentos a que dichas reglamentaciones no se transformen en trabas que obstaculicen o aniquilen dicha libertad.

Respecto a las asociaciones, el hombre tiene el derecho, no solo de ingresar en ellas, sino también el de fundarlas y organizarías.

Un aspecto importante de la libertad de asociación es el que se refiere a los gremios o sindicatos.

Sindicato es la sociedad formada por personas de una misma profesión, o profesiones semejantes, para la defensa de los intereses profesionales.

Los sindicatos pueden ser de solo obreros, de solo patronos o de obreros y patronos.

La asociación de patronos y obreros de la misma profesión se llama «Corporación».

Las asociaciones gremiales fueron florecientes en la Edad Media.

Los monarcas absolutos y la Revolución Francesa fueron enemigos de las asociaciones profesionales. La ley francesa de 1791 prohibió las asociaciones, tanto de obreros como de patronos.

A pesar de que las coaliciones de los obreros eran reprimidas, estos acudieron a la huelga. El resultado fue que todas las leyes y amenazas fueron inútiles ante la imperiosa necesidad de la defensa de los propios intereses.
Por fin la ley francesa del 25 de mayo de 1864 proclamó la libertad de huelga.

Es antidemocrático y totalitario el sindicato único.

El sindicato único consiste en que los trabajadores deban estar afiliados a una única organización profesional, la cual generalmente, depende del partido que está en el gobierno. En los países verdaderamente democráticos debe existir pluralidad de sindicatos.

La pluralidad de sindicatos está más de acuerdo con las libertades humanas y con el espíritu de democracia. El artículo 23, 4, de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce esta libertad. «Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses».

Al par que el hombre tiene derecho de ingresar a las asociaciones, tiene también el derecho de no asociarse. Así lo reconoce la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» en el artículo 20, 2: «Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación».

Los regímenes totalitarios atrepellan esta libertad cuando obligan a inscribirse en el sindicato único, que responde a la ideología del gobierno; cuando prohiben pacíficas reuniones obreras que se realizan piara la defensa de sus derechos y cuando no permiten la constitución de sindicatos.

La libertad de trabajo.
Trabajo es una actividad humana aplicada generalmente a la producción económica.

También puede definirse como: «el esfuerzo intelectual y manual que el hombre realiza para disponer, según las necesidades de su naturaleza y el desenvolvimiento de su vida, los recursos que Dios le ofrece» (1).

(1) El trabajo puede ser intelectual, material y mixto.
Trabajo intelectual es la aplicación de las facultades intelectivas del espíritu. Hay siempre, por lo menos un mínimo de contribución de la actividad material, pero tienen prevalencia las facultades intelectuales. Es el trabajo del inventor, del científico, del médico, del periodista, etc.

Trabajo material o muscular es aquel en que tienen predominio las fuerzas físicas.

Se dice que «tienen predominio las fuerzas físicas», porque no se descarta absolutamente la contribución intelectual, de lo contrario no sería ya actividad humana.
Es el trabajo del albañil, pintor, herrero, etc.

Tabajo mixto es aquel en que intervienen en forma proporcionada las energías musculares e intelectuales. Es el más frecuente en nuestros días por el progresivo perfeccionamiento de la técnica. Es el trabajo realizado al torno mecánico, el de] impresor, etc.

libertad de trabajo

Libertad de trabajo es el derecho que tiene todo hombre de elegir y ejercer la profesión, empleo o actividad que desee.

La libertad de trabajo comprende el derecho a:

• Elegir el tipo de trabajo que desee. » Ejercerlo sin violencia.
• Cambiar de trabajo.
• Establecer las condiciones del contrato de trabajo.
• Ser defendido por la autoridad pública contra quienes pretendan obstaculizar el ejercicio de una actividad lícita.

La «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce este derecho en su artículo 23: «Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo».

La Constitución Argentina en el artículo 14 bis, establece: «El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes…»

Contra la teoría del liberalismo que sostenía que el trabajo debía ser considerado una mercadería, que se ofrece y se paga como cualquier otro producto, ha prevalecido la doctrina social cristiana acerca de la dignidad del trabajo.

«El trabajo debe ser tratado como algo humano, necesario al hombre para su subsistencia, y no como un artículo de comercio».

«A través del trabajo el hombre toma dominio de sí y de su destino, irradia su personalidad en el mundo externo, se eleva a la categoría de colaborador de Dios».

El trabajo cumple, también, una «función social».

Mediante el trabajo el hombre cumple una actividad que interesa no solo a él individualmente, sino que interesa a toda la sociedad: coopera a satisfacer las necesidades de sus semejantes y contribuye al mejoramiento de la vida humana.

Además, el trabajo se realiza en colaboración que puede ser directa si la ayuda viene dada en forma inmediata, o indirecta si la ayuda viene a través de los productos obtenidos por otro: trabajadores.

El obrero tiene derecho a establecer las condiciones del con trato de trabajo.

Contrato colectivo de trabajo es un convenio suscripto por lo¡ sindicatos y los empleadores en el que se fijan la remune ración y todas las condiciones acerca de la realización del trabajo.

Se ha abandonado por anacrónica e injusta la tesis de que: «Es justo todo contrato de trabajo pactado libremente entre el obrero y el patrón, pues el obrero es libre de aceptarlo’ o no, y si lo acepta, quiere decir que está conforme con él».

Ese criterio llevó a la explotación de la clase obrera.

La única libertad que tenía el obrero era la miseria.

Ante esa alternativa se vio obligado a aceptar salarios irrisorios
y sueldos de hambre y condiciones de trabajo indignas de la
condición humana.

No están en el mismo pie de igualdad, el obrero y el empresario.

El obrero no tiene más capital que sus brazos, y con el fruto de su trabajo debe sostener a su familia, mientras que el empresario, principalmente las grandes empresas capitalistas, con bienes de fortuna, propiedades, pueden imponer condiciones injustas.

El gran empresario que no consigue obreros para su industria puede, en el peor de los casos, cerrar la fábrica y vivir de rentas; mientras que a los obreros que no consiguen trabajo, por no aceptar condiciones injustas, la única perspectiva que les queda es el hambre y la miseria.

Para salvar esos inconvenientes, los contratos de trabajo son colectivos y no individuales, concertados entre los sindicatos y los empresarios. El Estado debe intervenir para fijar condiciones justas tanto en lo que respecta a la manera de realizar el trabajo como en lo que se refiere a su remuneración. El conjunto de normas por las que el Estado interviene en las relaciones entre el capital y el trabajo se denomina legislación social.

El artículo 14 bis de la Constitución Nacional contempla lo referente a la legislación social.

La democracia rechaza la teoría totalitaria de que el Estado debe intervenir de tal forma que se transforme en patrono.

Cuando toda la economía está dirigida por el Estado, se debilita y muere la iniciativa privada, y todo pasa a manos del Estado: medios de locomoción, teléfonos, radios, energía eléctrica, gas, compañías navieras, etc.

La democracia va abandonando también la tesis que propugnaba la total abstención del Estado en las relaciones entre el capital y el trabajo, y va adoptando la doctrina social cristiana llevada a la práctica con su legislación social.
En los regímenes totalitarios no existe libertad de trabaja.

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LECTURA COMPLEMENTARIA:
Derechos y garantías de la seguridad individual

La seguridad individual es el estado de una persona que tiene garantizada su libertad frente al Estado y frente a los demás, de manera que no se la pueda afectar en forma arbitraria. Por este motivo, la seguridad personal comprende el conjunto de garantías que protegen los derechos individuales fundamentales, como la vida y la libertad. En nuestra Constitución estas protecciones se encuentran previstas, en su mayor parte, en el artículo 18. Constituyen una serie de prohibiciones, instrumentos o mecanismos legales.

■ Irretroactividad de la ley penal. El artículo 18 dispone que «ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso«, vedando de esta manera que una conducta que no era prohibida en el momento de su realización se transforme en delito por el dictado de una ley posterior.

Esta garantía impone, entonces, como requisito para que una conducta sea pasible de reproche penal, que la condena se funde en una ley. Esa ley deberá ser dictada por el Congreso, pues a él le corresponde el dictado del Código Penal conforme lo dispuesto en el artículo 75, inciso 12 de la propia Constitución. También implica que la conducta juzgada como delito se encuentre expresamente prevista en la ley. Si una conducta no está descripta en forma precisa en la ley penal, el juez no puede condenar tomando como referencia otra conducta similar. Esta garantía se denomina «prohibición de interpretación analógica».

Por último, esta garantía –la irretroactividad de la ley penal- requiere que la ley que describe la conducta y establece la pena debe ser previa a la realización del hecho. Esto significa no sólo que la conducta realizada debía constituir delito antes de su ejecución, sino también, que la pena prevista no puede incrementarse con posterioridad al momento del delito.

■ Juez natural. El artículo 18 prohibe los llamados «tribunales de excepción» o las comisiones especiales que se han creado a lo largo de la historia con el objeto de juzgar determinados hechos con posterioridad a su realización, generalmente con un fin de venganza o por determinados objetivos políticos. Para la Constitución, juez natural es aquel que se encontraba legalmente designado con anterioridad a que ocurrieran los hechos a juzgar.

■ Confesión. En nuestro sistema de garantías, nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo. Una persona acusada de la comisión de un delito no puede ser forzada a aportar pruebas en su contra, aunque ello implique que el delito pueda quedar impune. Este es así porque, en el estado de derecho, el respeto por las garantías individuales y la dignidad humana es un valor superior a cualquier otro.

■ Orden escrita. Nadie puede ser detenido sin orden escrita emanada de una autoridad competente. De esa manera se limita el poder de los órganos del Estado para ordenar la detención de personas, que sólo se podrá realizar con una orden de un juez competente. Una situación de excepción a este principio es la facultad que le otorga la legislación penal a cualquier persona para detener a otra cuando la sorprende in fraganti delicio, esto es, en el mismo momento de la comisión del hecho.

■ Debido proceso. Se llama de esta forma a la garantía que tienen las personas de acceder a la justicia y obtener en ella una decisión justa y oportuna. Las condiciones necesarias para la validez de esa decisión son: que sea dictada por un tribunal habilitado para el tema que se debata y que esté garantizada en el proceso la defensa en juicio.

■ Inviolabilidad del domicilio. El domicilio de una persona es inviolable y sólo se podrá acceder a él con una orden de allanamiento que debe ser dictada por escrjto por el juez competente. Cuando la Constitución protege el domicilió no lo hace sólo respecto al hogar o vivienda de una persona, sino también donde tiene su negocio u oficina, e incluso protege una vivienda ocasional, como un lugar de veraneo o la habitación de un hotel.

■ Inviolabilidad de la correspondencia y los papeles privados. La correspondecia de una persona es secreta y no puede ser abierta sin una orden de un juez competente. Esta cláusula incluye también las comunicaciones telefónicas, los diskettes de computación, los discos láser y cualquier otro soporte de información cuyo acceso no sea público.

■ Prohibición de la pena de muerte por causas políticas. Como ya fue visto al analizar el derecho a la vida, nuestra Constitución Nacional prohibe la aplicación de la pena de muerte por causas políticas. Esta prohibición hoy se extiende a la pena de muerte por cualquier causa, ya que el Código Penal no la contempla y no es posible su implantación en virtud de que nuestro país ha firmado e incoporado con jerarquía constitucional el Pacto de San José de Costa Rica.

■ Abolición de los tormentos y los azotes. La Constitución abolió para siempre las penas de tormentos y azotes y aunque parezca que esta disposición tiene sólo un valor histórico, esto no es así, porque lo que debe interpretarse es que la Constitución Nacional prohibe no sólo la tortura sino todo tipo de penas consideradas irracionales.

■ El régimen carcelario. La última de las garantías contenidas en el artículo 18 se refiere a las cárceles. Estas no son para castigo de los delincuentes sino para seguridad de los detenidos, por eso, la Constitución Nacional dispone que las cárceles deben ser sanas y limpias y que no se deben tomar medidas que mortifiquen innecesariamente a los allí detenidos.

Fuente: Educación Cívica 2 – Santillana – Secundaria – Casullo-Bordone-Hirschmann-Masquelet y Otros

Fuente Consultada:
Educación Democrática Escuela Secundaria Técnica Mario Alexandre
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Garantías Constitucionales Recurso de Amparo y Habeas Corpus

HABEAS CORPUS Y RECURSO DE AMPARO
RESUMEN SOBRE LAS GARANTÍAS CONSTITUCIONALES INDIVIDUALES

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es «alguien» en la antidemocracia, es «algo». Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Garantías Constitucionales

Garantías para el ejercicio de las libertades individuales
De poco valdría la enumeración de las libertades y derechos individuales si no se asegurase su cumplimiento. Las garantías para su ejercicio están consignadas en la Constitución Nacional y en otras leyes. Los artículos 14, 17, 18 y 19 de la Constitución especifican los derechos individuales e indican las garantías constitucionales para evitar su violación.

El artículo 28 previene cualquier maniobra para desconocer esos derechos con el pretexto de reglamentarlos. Dice así: «Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio».

También puede suceder que algunos de esos derechos sean violados por la autoridad que se excede en sus atribuciones, o por personas particulares.

Todo aquel que sufre atropello en sus derechos particulares, tiene dos procedimientos rápidos y breves (procedimiento sumario) para defenderse y ser restituido en el ejercicio de sus derechos. Esos derechos son: el «hábeas corpus» y el «recurso de amparo».

El «hábeas corpus»
Cuando una persona considera que ha sido detenida ilegalmente, dispone de un medio rápido para recobrar su libertad: el «hábeas corpus».

Son dos palabras latinas cuyo significado literal es «Tened vuestro cuerpo», o «Sed dueños de vuestra persona».
El hábeas corpus es un recurso sumario para recobrar la libertad.

Recurso sumario significa procedimiento rápido y simple. La persona detenida, o un pariente de la misma, o amigo, o apoderado, puede presentar ante un juez recurso de «hábeas corpus»; en otras palabras: pide se la ponga en libertad porque está detenida ilegalmente.

El juez que recibe el recurso de «hábeas corpus» no averigua si el detenido es o no es culpable; si merece o no estar preso; lo que examina es si está légalmente o ilegalmente arrestado. Para averiguar la legalidad o ilegalidad de la privación de libertad, el juez procede de la siguiente manera:

Emplaza a quien llevó a cabo la detención que le presente a la persona privada de libertad y que manifieste la causa por la cual se la ha detenido.

Luego el juez examina:
1° – Si existe orden «escrita» de arresto.
2° – De quién procede esa orden. Es decir, si la orden de arresto ha sido dada por una autoridad.
3° – Si la autoridad que ordenó la detención es competente, lo que significa, si tiene atribuciones legales para ordenar la detención.

Si se han cumplido todos estos requisitos, quiere decir que la detención es legal, por consiguiente, el juez no hace lugar al recurso de «hábeas corpus» y el detenido continúa preso. Pero sí el juez comprueba que no se han cumplido todos esos requisitos, quiere decir que la detención no se ha efectuado en conformidad con las leyes, sino abusivamente, y por lo tanto el arresto es ilegal. En este caso, el juez hace lugar al recurso de «hábeas corpus» y ordena que el detenido sea puesto inmediatamente en libertad.

Adviértase que para detener a un individuo sorprendido «in fraganti delicto«, es decir, en el mismo acto de cometer un delito, no se necesita orden escrita: la policía lo detiene sin más.

Pero, inmediatamente debe poner el detenido a disposición del juez competente que esté de tumo, en el plazo que determinan los distintos códigos. Si no se cumple esta formalidad, el individuo pasa a estar «ilegalmente detenido».

El «hábeas corpus» no figura expresamente en la Constitución Nacional. Se considera que está implícitamente en el artículo 18.

El «Recurso de amparo»
Semejante al «hábeas corpus» es el «recurso de amparo». La diferencia está en que el «hábeas corpus» protege la libertad física de las personas; en cambio, el «recurso de amparo» protege las otras libertades o derechos. Hasta el año 1957 muchos derechos individuales no tenían una protección apropiada. Ese año se estableció el «recurso de amparo», que es también un procedimiento breve y rápido para la defensa de derechos que se consideran vulnerados.

El «recurso de amparo» es un recurso sumario que se interpone ante la justicia pidiendo a la autoridad pública que defienda y proteja un derecho (o varios) conculcado o amenazado.

El «recurso de amparo» puede presentarlo cualquier persona que se considera privada ilegalmente de algún derecho; p. ej.: de publicar sus ideas por la prensa, de usar y disponer de su propiedad, de trabajar.

Como su mismo nombre lo indica, por el «recurso de amparo» se pide a la justicia amparo, ayuda, protección para el ejercicio de un derecho.

Tampoco el «recurso de amparo» figura expresamente en la Constitución Nacional. Se deduce del artículo 36 que dice así:

«Las declaraciones, derechos y garantías que enumera la Constitución, no serán entendidos como negación de otros derechos y garantías no enumerados, pero que nacen del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno».

La Constitución no desampara a los ciudadanos ante los peligros de verse ilegalmente restringidos en el uso de sus derechos, ‘ni les impone necesariamente el tener que recurrir a la defensa por medio de los procedimientos judiciales largos y costosos.

El «recurso de amparo» es un procedimiento breve y rápido.

El juez que recibe el «recurso de amparo» examina el asunto. Si aparece de modo claro y manifiesto que alguna autoridad pública, o personas particulares, han impedido o restringido ilegalmente cualquiera de los derechos esenciales de las personas y el perjudicado sufriría daño grave e irreparable si tuviera que recurrir a los procedimientos ordinarios, el juez ordena que se restablezca inmediatamente el derecho restringido.

Cuando una persona es detenida arbitrariamente, privándosela de su libertad física, puede exigir su libertad por medio del «hábeas corpus»; cuando se la priva de alguna otra libertad puede pedir el ejercicio de su derecho por medio del «recurso de amparo.»

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Las garantías en la reforma constitucional de 1994

La reforma incorporó al texto de la Constitución Nacional diversos mecanismos judiciales para la protección de los derechos individuales: el hábeas corpus, el hábeas data, el amparo y el amparo colectivo.

■ El hábeas corpus. Es una acción que tuvo su origen en el derecho inglés y que tiene por objeto la protección de la libertad. física de las personas.

Cuando una persona tiene su libertad restringida (ha sido detenida) o simplemente amenazada (sospecha que se la pretende detener), puede, él mismo o cualquier otra persona en su nombre, iniciar ante un juez un recurso de hábeas corpus, para que resuelva en forma inmediata su situación.

Una vez inciada la acción, el juez debe requerir a la autoridad responsable de la detención de la persona,,que presente al detenido y que informe los motivos de  detención. Si la detención no se hubiere practicado por orden escrita de una autoridad competente o no hubiere una causa legítima para la detención, el juez deberá ordenar la inmediata libertad de la persona.

Esta acción también puede ser interpuesta para proteger a un detenido  al cual se le haya agravado las condiciones de su detención, como, por ejemplo, la remisión de un menor detenido a una cárcel de mayores.

Otro caso previsto por la Constitución es el de la desaparición forzada de personas, en el cual también le corresponde al juez agotar los medios a su alcance para encontrar al desaparecido.

■ El hábeas data. Es una nueva institución que protege la intimidad y buena imagen de las personas. Permite que un individuo pueda tomar conocimiento de los datos a él referidos, que consten en registros públicos o privados destinados a brindar cualquier tipo de informes. Si los datos fueran falsos o tuvieran un fin discriminatorio, la persona puede exigir, según el caso, que se los suprima, modifique, actualice o se los declare confidenciales.

■ El amparo. Es una acción judicial que puede iniciarse en virtud de cualquier acto u omisión de una autoridad pública o de un particular que lesione o amenace derechos o garantías que estén reconocidos por la Constitución, un tratado o una ley. Por medio de esta acción, todas las personas pueden hacer valer sus derechos cuando no dispongan de otro medio judicial apto para ello.

■ El amparo colectivo. Es un medio para tutelar los derechos .que protegen el ambiente, a la competencia, al usuario, al consumidor, ya los derechos colectivos en general. Por el tipo de derechos que tiende a proteger, puede ser iniciado por el afectado, pero también por el defensor del pueblo y por las asociaciones que tienen corno fines la preservación de esos derechos.

Fuente: Educación Civica 2 – Santillana – DEmocracia – Casullo-Bordone-Hirschmann-Podetti y Otros

Garantías Cunado Somos Detenidos

Fuente Consultada:
Educación Democrática Mario Alexander Secundario – Escuelas Técnicas –

Pensamientos Sobre La Democracia Libertad, Justicia e Igualdad

Democracia:  Conceptos de Libertad, Justicia e Igualdad

LA  DEMOCRACIA: Podemos admitir que la democracia en no pocas naciones se ha desprestigiado. Pero pregunto: ¿Basta eso para justificar la abolición del régimen democrático? Cuando alguien enferma, lo que corresponde hacer no es matarlo, sino curarlo. ¿La decadencia de la democracia ha sido ocasionada por alguna deficiencia que le sea consustancial? ¡No! Esa deficiencia le ha sobrevenido, porque no se ha precavido contra una enfermedad parasitaria que en algunas regiones se ha adherido al régimen democrático, como puede adherirse, y de hecho se ha adherido, a cualquiera de los otros regímenes políticos. (puede leer mas abajo un resumen sobre todos estos conceptos)

Tal enfermedad es la falsa filosofía de la vida. Es, en términos teológicos, la concupiscencia de la vida. De donde resulta que la democracia, a fin de rehabilitarse, debe volverse más austera, lo que equivale a decir: debe hacerse cristiana. La democracia necesita un perfeccionamiento: nadie lo duda.

Pero perfeccionamiento no es sustitución! Abundan, por desgracia, en esta hora crítica del mundo, quienes se dejan seducir por el espejismo de un gobierno de fuerza, otorgando a la, fuerza una virtud que ni la lógica ni la experiencia permiten aceptar. Es necesario hacer una distinción: hay gobierno de fuerza y hay gobierno con fuerza. Gobierno de fuerza es aquel en que la fuerza se sirve del gobierno para el avasallamiento de los derechos y de las libertades.

democracia y soberania de un pueblo

Gobierno con fuerza es, en cambio, aquel en que el gobierno se sirve de la fuerza para la efectividad y la defensa de los mismos. Somos adversarios de todo régimen de gobierno de fuerza, y partidarios del sistema de gobierno con fuerza. No basta, en realidad, que un individuo o uña nación posea derechos y tenga libertades. Es necesario que una fuerza los haga respetar. Hoy, más que nunca, debe grabarse en la conciencia de los hombres y en el alma de las naciones, la célebre fórmula de Pascal: «La justicia sin fuerza es impotencia; la fuerza sin justicia es tiranía». [Es necesario, por lo tanto, hermanar la justicia con la fuerza, haciendo que lo justo sea fuerte, y lo fuerte sea justo]

¿Por qué sostengo el principio del régimen democrático? Porque León XIII, en su encíclica Diuturnum, anunció al mundo, en circunstancias históricas, que todos los regímenes políticos, ya de esencia monárquica, ya de republicana, son igualmente admisibles siempre que dejen en salvo los derechos divinos y humanos. Y porque la Constitución de mi Patria, a que debo formal sometimiento, como la Constitución norteamericana a que se lo deben, sus subditos, y las Constituciones de los países hermanos de América son esencialmente democráticas.

Y el dar a Dios lo que es de Dios nunca ha servido ni debe servir de obstáculo, sino de estímulo, para dar al César lo que es del César! Sostengo, en fin, el principio de la democracia, porque es un sistema de gobierno que obliga moralmente a todos los hombres de corazón a trabajar por la elevación del nivel moral y material del pueblo, ya que ningún régimen político abre tanto las puertas a los hijos del pueblo, para que lleguen a participar de las responsabilidades del poder, como el régimen  democrático.

– Miguel de Andrea: Del Discurso pronunciado el 2-IX-1942, en la Asamblea celebrada en Chicago, Estados Unidos de América (en Hacia un mundo mejor, Buenos Aires, 1942, ed. Difusión).

LA SINCERIDAD v LEALTAD DEL SUFRAGIO

No hay más que un medio seguro para salvar el honor del pueblo argentino, para que sus autoridades electivas no tengan origen en la mentira o él delito: la educación moral. Pero esta educación moral no pueden hacerla los profesores, los maestros, las pocas personas de buena intención que aisladamente se empeñan en promoverla.

La harán los jóvenes, hasta los niños que de buena voluntad adopten una conducta recta; que lleguen a comprender que es tan indigno, tan miserable ser ladrón de cosas o de dinero, como ser ladrón de votos o falsificador de registros electorales; la hará un joven, uno solo, de energía, de carácter, de firmeza, que sea capaz de concebir y de realizar la asociación de todos los jóvenes decididos a salvar la patria de esta ignominia, como los guerreros esforzados podrían salvarla de un ejército enemigo que la invadiera.

La República Argentina no tiene enemigos exteriores: está ligada con mil lazos de ideales humanos con todas las naciones de América y de Europa. Pero tiene adentro y entre sus propios hijos sus enemigos, sus únicos enemigos: los que mienten virtudes, los que las predican y no las observan; los que se burlan del ideal, que llaman lirismo; los que llegaron alguna vez a enriquecerse con los bienes públicos, defraudando dinero después de haber defraudado sufragios.

Rodolfo Rivahola:   «Una lección sobre el voto secreto», en Educación moral y cívica — Fernando en el colegio.    Buenos Aires, 1946, ed. Kapelusz y Cía.

AMENAZAS PARA LA DEMOCRACIA
Formas de ataque
Si el ataque a la democracia se anunciara con tronar de cañones o un llamado de clarín en el campo de batalla, los pueblos no tardarían en comprender que están en peligro. Pero ese ataque comienza generalmente en forma distinta y mucho más mortífera; a veces, con la untuosa sonrisa de un tirano.

La especulación con los sentimientos
¿Cómo llegan a verse envueltos los pueblos libres en las redes de la tiranía? A veces sus sentimientos los engañan. Como los técnicos en un laboratorio experimental, los jefes de la opresión estudian la suma de odio que una mentira repetida mil veces puede engendrar en el pueblo, y la de histeria que puede despertar un slogan entonado en una concentración.

Pero el hombre no es una rata soltada en un laberinto, donde se ha colocado un cebo para producir el efecto deseado. Cuando comprende que se intenta jugar con sus sentimientos, resiste…, siempre que conozca la verdadera base de estos. El tratar de especular- con ellos, implica desprecio del honor y la dignidad humanos; y si el hombre comprende la naturaleza del ataque, luchará.

Las emociones son variables. Si se las provoca con intención aviesa, pueden causar los peores y más peligrosos resultados. Si se las despierta, en cambio, con la razón y la lógica, pueden provocar las acciones más sublimes.

LA VIOLENCIA, sea cual fuere su objeto, es fomentada y dirigida por los jefes totalitarios…Cuando los gobernantes de un país son impulsados por móviles pacíficos, encuentran medios también pacíficos para llegar a los mismos fines…

EL ODIO hacia los judíos, y la práctica de ponerlos en ridículo, fueron las armas usadas por Hitler para llegar al poder, no solo en Alemania, sino también en Polonia… La histeria colectiva fomentada por el nazismo causó algunos de los actos más brutales que registra la historia. En contraste con esto, los grupos minoritarios, en países como los Estados Unidos, se convierten en parte integrante de la comunidad, porque el Gobierno se opone a todo acto que puede despertar en los hombres el odio al prójimo.

EL NACIONALISMO PERVERTIDO era la fuerza amenazante que hervía en las concentraciones de las tropas de asalto alemanas, durante el régimen de Hitler. Lqs jefes de movimientos como el nazismo y el comunismo emplean las grandes reuniones de pueblo y los festivales, la entonación de slogans y canciones, para despertar emoción en favor del dictador. El verdadero nacionalismo mueve a los hombres a hacer cuanto pueden por trasformar en realidad los más elevados ideales de su país.

LA FALSA INFORMACIÓN es causa de odio y desconfianza entre una nación y otra, y contribuye a que los dictadores puedan llevar sus pueblos a la guerra. Cuando la prensa, la radio, el cine se unen para repetir una mentira —como ocurrió cuando se usaron los comunicados comunistas para difundir la mentira de la guerra bacteriológica en Corea—, el público privado de libertad, carece de oportunidades para enterarse de la verdad.
No obstante, cuando los hombres se atreven a ir en su busca, pueden encontrarla. Las Naciones Unidas proporcionan equipos de investigación, para ponerla al descubierto en los problemas internacionales, y ofrecerla a los pueblos del mundo.

LA ADORACIÓN DEL HÉROE es otro medio que usan los dictadores, como Mussolini, para provocar en su pueblo la reacción deseada. Su retrato aparece en todas partes, y se enseña a las gentes a venerarlo y a seguir ciegamente sus deseos. Pero hay otra clase de jefe: el servidor del Estado. Trabaja con el pueblo, y la admiración y el respeto que despierta en sus compatriotas, provienen de su generoso interés por ellos y de los servicios que presta.

EL MIEDO es empleado para robar a un pueblo su dignidad y su confianza en sí. Guatemala fue otro ejemplo de la forma en que los gobiernos comunistas extirpan toda oposición y suprimen los derechos de la minoría mediante el terror y la violencia. Mientras el régimen comunista dominó ese país, el individuo careció en él de derechos, y su destino no tenía la más mínima importancia.

En cambio, en Filipinas, por ejemplo, un gobierno preocupado por el bienestar del pueblo siguió lá política opuesta. Los Hukbalahaps, a quienes dirigentes comunistas extranjeros indujeran a rebelarse contra su propia patria, fueron persuadidos, mediante programas nacionales de reforma agraria y rehabilitación, a unirse al resto de la comunidad y vivir pacíficamente con sus semejantes. Muchas familias Huk fueron reasentadas, y contemplan el futuro con dignidad y sin temor.

Richard M. Ketchum, ¿Qué es la democracia?

LAS LIBERTADES EN LAS DEMOCRACIAS
«Los acontecimientos de la Argentina han puesto de actualidad un problema que es fundamental para la subsistencia del régimen democrático: ¿Hasta qué punto puede permitirse que participen en el proceso de formación de los poderes públicos, agrupaciones políticas que tienen por meta final declarada la liquidación del régimen?… Entendemos por democracia, un régimen en que los poderes públicos se generen mediante elecciones libres, en que participen candidatos de distintas corrientes políticas, y se renueven periódicamente de la misma manera.

No es democracia pedir el asentimiento del electorado para una sola lista de candidatos, ni llamar al pueblo a una plaza pública, para hacerlo ratificar, con sus gritos, decisiones adoptadas de antemano. Nó es democracia, sobre todo, ningún régimen que permita aJ gobierno perpetuarse en el poder…

Las libertades que el régimen democrático involucra, los derechos que otorga, no pueden ponerse a disposición de quienes buscan como objetivo supremo su destrucción, del mismo modo que las garantías individuales no protegen al elemento antisocial.

Lo contrario coloca a los países democráticos en una evidente inferioridad en la lucha que actualmente sostienen para defenderse de la agresión material e ideológica de los totalitarios. Mientras en los países donde imperan dictaduras comunistas o fascistas, los partidos de oposición carecen de toda libertad, y sus partidarios son víctimas de implacables persecuciones, los totalitarios actúan con entera libertad en aquellos donde gobierna la democracia.
No se trata aquí de liberalismo o marxismo o cualquiera otra doctrina política, sino de una actitud intolerante y absolutista, que niega al adversario toda clase de derechos.

En Inglaterra, por ejemplo, el Partido Laborista fue gobierno. Cumplido su mandato, convocó a elecciones. Perdidas estas, entregó el poder. Pero donde, ya sea a través de comicios o por la fuerza, los comunistas o fascistas han llegado al gobierno, el proceso democrático ha sido suspendido indefinidamente, y no han vuelto más a efectuarse elecciones dignas de tal nombre. Es lógico, por lo tanto, que los regímenes democráticos nieguen a sus adversarios mortales el derecho a participar en los procesos electorales, generadores de los poderes públicos. Ello constituye, por una parte, una indispensable medida defensiva, y por otra, la reciprocidad frente al trato que sus partidarios reciben en los países totalitarios.

(De El Mercurio, de Chile, ed. del 2-IV-1962; en  La Prensa, ed.  del 3-IV-1962).

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RESUMEN SOBRE JUSTICIA, IGUALDAD Y LIBERTAD

Concepto de justicia
— La justicia es la virtud de dar a cada uno lo suyo.
— Sin justicia la convivencia no puede ser armónica y fecunda, ni servir a su objeto fundamental que es la ayuda mutua entre los hombres.
— El objeto de la sociedad y de la autoridad política es lograr el bien común. Sin un orden jurídico que garantice la justicia el bien común no se logra.
— Las leyes tienen por objeto realizar la justicia en las relaciones humanas.
— La justicia no es estática, sino dinámica. Al cambiar las circunstancias cambia «lo que a cada uno le corresponde». Es siempre un «ajustamiento» en las relaciones humanas.

— Es clásica la división de la justicia en:
1. conmutativa: regula las relaciones entre los particulares;
2. distributiva: regula las relaciones de la sociedad con sus miembros;
3. legal: regula las obligaciones de los miembros para con la sociedad.

— Se usa la denominación de justicia social para designar el conjunto de obligaciones de la sociedad y del estado para con sus miembros más débiles y desprotegidos y las obligaciones de los grupos social o económicamente más fuertes para con ellos.

— Tal concepto surgió en oposición al concepto liberal individualista de justicia.

La justicia como función del poder público
— Recibe el nombre de justicia el cúmulo de funciones que el estado cumple en la regulación y administración de la función judicial, o en concreto la organización judicial o de alguna de sus ramas. Así hablamos de la justicia argentina o francesa, de la justicia nacional o provincial; de la justicia civil o del trabajo, etc.

— Al establecimiento de la justicia en la sociedad concurren las tres funciones del poder. A la judicial le corresponde específicamente la administración de justicia, ser arbitro en los conflictos de derechos, juzgar y sancionar a los que han delinquido.

— En la Argentina la administración ordinaria de justicia está a cargo de las provincias. También existe una justicia federal para causas expresamente reservadas en la constitución.

— La legislación de fondo está establecida por los códigos nacionales. Los procedimientos son establecidos por las provincias.

Importancia de la justicia en la defensa de la libertad y de la democracia

— No puede existir democracia donde no existe justicia en su doble sentido:

1. como virtud que rige las relaciones sociales;
2. como organización del poder para garantizar el orden jurídico.

— Donde no hay justicia no hay paz: estallan los conflictos y las tensiones sociales.
— Los hombres dan su apoyo y colaboración a un orden de justicia; no lo dan a un orden que hace favoritismos y no garantiza la justicia.
— Los estados modernos se preocupan de montar un orden jurídico que garantice los derechos de todos y obligue a gobernantes y gobernados al cumplimiento de las leyes.
— La justicia y el ordenamiento jurídico de una comunidad debe ser expresión de solidaridad humana.

Habeas corpus
— Es un recurso judicial sumario para proteger la libertad física de las personas y tornar imposible la arbitrariedad.
— Pueden interponerlo los familiares, amigos, o el apoderado del detenido.
— El juez ante quien se interpone no examina si la persona es culpable o no, sino si ha silfo legal o ilegalmente detenida. Si su detención es ilegal ordena su liberación inmediata.
— El recurso de habeas corpus tiene antecedentes históricos muy antiguos.
— El recurso de amparo complementa el de habeas corpus.

Igualdad ante la ley
— La dignidad de la persona y de los derechos fundamentales es igual por naturaleza en todos los hombres.
— La sociedad democrática, entre sus rasgos característicos, cuenta:
1. reconocimiento de la igualdad esencial de los hombres;
2. ausencia de privilegios fundados en sangre o posición social;
3. igualdad ante la ley;
4. afán de ofrecer a todos igualdad de oportunidades.
— La igualdad ante la ley supone que las leyes se aplican, en igualdad de circunstancias y condiciones, igualmente a todos. No, por ejemplo, que todos pagan los mismos impuestos, sino que todos los que están en idénticas condiciones pagan lo mismo.
— La constitución nacional en su art. 16 establece que todos los argentinos son iguales ante la ley.
— La conquista de este principio es resultado de una larga lucha por la libertad:
— en la antigüedad era común la distinción de los hombres en libres y esclavos;
— en la edad media en señores y siervos.
— La vigencia universal del principio de igualdad ante la ley es conquista moderna.
—Al principio de igualdad jurídica en época contemporánea se han agregado nuevas conquistas:

1. el fin del colonialismo y el reconocimiento de la igualdad jurídica de los pueblos;
2. el derecho de todos los hombres en la democracia a igualdad de oportunidades económicas y culturales.

Independencia de la justicia en las democracias
— Los regímenes políticamente sanos se preocupan de asegurar la independencia judicial, como garantía de imparcialidad.
— Su objeto es asegurar que los gobernantes no influirán en las decisiones de los jueces.
— Para que la justicia sea imparcial no debe hacer acepción de personas y estar libre de presiones políticas, económicas y sociales.
— La constitución nacional establece:
1. que el Presidente de la Nación no puede ejercer funciones judi-
ciales;
2. que los jueces no pueden ser removidos de sus cargos;
3. que sus sueldos no pueden ser disminuidos mientras duran en sus funciones.

— Los jueces nacionales, en caso de que su conducta no responda a las exigencias de su cargo, pueden ser removidos mediante juicio político.
— Los jueces, lo establecen las leyes, no pueden ocupar otros cargos, excepto la docencia. Cualquiera de las partes en juicio puede recusar un juez si está ligado a la otra parte por parentezco, amistad o intereses.

Sometimiento de la justicia en los regímenes totalitarios
— Los regímenes totalitarios concentran todos los poderes en manos del dictador. Los órganos legislativos y judiciales son instrumentos de su voluntad.
—No se da en ellos efectiva separación de poderes, aunque se mantiene con frecuencia la ficción jurídica.
— Los jueces que se oponen a los designios de la dictadura son rápidamente substituidos.
— La administración de justicia deja de ser imparcial. Se favorece a los amigos del régimen y se perjudica a sus adversarios.

Sin libertad no hay justicia
— porque el que no exista libertad ya es una gran injusticia. Se niegan derechos fundamentales del hombre;
— porque donde el poder judicial se ve privado de su independencia y sometido a presiones no puede administrar imparcialmente la justicia. Surge el favoritismo y la inseguridad.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-Editorial Guadalupe

Corrupcion y Demagogia en las Democracias Ejemplos

CARACTERÍSTICAS DE LA CORRUPCIÓN , DEMAGOGIA E INJUSTICIAS

Procedimientos demagógicos
Como ya se ha visto, la demagogia es la degeneración de la democracia.

Por estar apoyada la democracia en la voluntad popular, corre peligro de transformarse en demagogia. Esa transformación la realizan los demagogos. El demagogo busca el poder. Para alcanzarlo —o, si ya está en él, para conservarlo—, aplica el nefasto principio maquiavélico: «El fin justifica los medios», y separa así la política de la moral. Los procedimientos demagógicos de que se vale, son innumerables. Podrían citarse:, la mentira, el fraude, la prodigalidad, el halago, el soborno, las promesas, etc.

Son procedimientos demagógicos todos aquellos que intentan captarse la adhesión de las masas, con prescindencia de la licitud o ilicitud de los medios que emplea, y del verdadero bien de la nación y de los individuos.

Son procedimientos demagógicos, por ejemplo, el multiplicar, sin necesidad, los empleos públicos, para contar con mayor número de votos favorables; reducir las horas de trabajo, añadir otros nuevos a los días no laborables pagos y decretar el aumento masivo de sueldos y jornales, para halagar a los trabajadores; prolongar las vacaciones, multiplicar los feriados y conceder la exención de exámenes con promedio de cuatro o cinco puntos, para atraerse la simpatía y la adhesión de los estudiantes; despilfarrar el dinero de la nación para financiar campañas políticas, o en subsidios innecesarios; tolerar la inmoralidad en revistas, libros, cine, teatro, televisión, etc., para tener favorables a los individuos que trafican con esas miserias.

Al demagogo no le interesa que se hunda la nación por el déficit financiero, por la corrupción de la juventud y por la inmoralidad general; que disminuya el poder productivo y se detenga el desarrollo económico; que se rebaje el nivel cultural; que se pierdan los hábitos de trabajo y de ahorro, el sentido de la honestidad y responsabilidad, etc. Lo único que le interesa es satisfacer sus ambiciones, y para ello apela a todos los recursos.

Cuando habla al pueblo, siempre le recuerda sus derechos, reivindicaciones y virtudes; pero nunca sus defectos y deberes. Halaga las pasiones y compra las conciencias. La acción del demagogo puede resultar funesta para las democracias, pues la demagogia desprestigia a la democracia, con la cual se la confunde.

Ese peligro solo puede ser conjurado con una seria educación del pueblo, a fin de que no se deje engañar por los procedimientos demagógicos y sepa reaccionar y guiarse en sus decisiones por el dictamen de su conciencia y el verdadero bien de la patria.

soberania popular

Las Injusticias
Otro peligro que acecha a las democracias, son las injusticias. La justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde. Se conocen tres clases de justicia:

Justicia conmutativa: Cada persona da a sus semejantes lo que les corresponde; por ejemplo, el comprador paga al almacenero los comestibles que lleva.

Justicia legal: Cada persona da al Estado lo que le corresponde; por ejemplo, paga los impuestos.

Justicia distributiva: El Estado da a cada uno lo que le corresponde; por ejemplo, vigilancia para defender la persona y los bienes, cargos públicos a quienes los hayan conquistado. Hay que agregar la justicia social.

Justicia social: Consiste en que cada uno dé a la sociedad su contributo y reciba de ella una parte proporciona] de ventajas. Cuando se falta a la justicia, se comete injusticia. Existe injusticia cuando el principio democrático de la igualdad ante la ley queda reducido a una fórmula escrita, sin vigencia efectiva.

Sucede cuando desde el poder se fomenta el favoritismo, el acomodo, la protección oficial, etcétera. Los afiliados al partido gobernante obtienen todas las facilidades, franquicias y ventajas, mientras que para los opositores todo son trabas, dificultades y negativas.

Los cargos y los ascensos no se otorgan según los méritos, sino por amistad, recomendación o afinidad política, aun con grave detrimento del nivel cívico, económico y cultural.

Corrupción

Corromper significa echar a perder una cosa.

Otro gran peligro para la democracia es la corrupción, y esta puede existir en las costumbres, en la administración pública y en la vida política.

La corrupción de las costumbres se origina cuando se quita a la educación toda base moral firme, de manera que la juventud no recibe de sus maestros principios fundamentales orientadores de la vida, y cuando se permite el abuso de la libertad.

Con el pretexto de que la democracia debe respetar la libertad de expresión, individuos inescrupulosos imprimen, exhiben y difunden láminas, revistas y libros obscenos, cuya finalidad es corromper a la juventud. Hasta justifican y hacen la apología de las mayores desvergüenzas, verdaderos estigmas de la sociedad.

La producción cinematográfica no marcha por otro camino. Parecería como si gran parte de los cineastas —actores y productores— estuvieran obsesionados por lo anormal, lo pasional. Es suficiente leer la propaganda, para advertir cómo se ataca y denigra a instituciones sagradas como el matrimonio y la familia; y al paso que es burlada la virtud, son glorificadas toda clase de perversiones. Cine y televisión parecerían ser, por momentos, escuelas del delito.

De esa manera se corrompen las costumbres y se pervierte la sociedad toda.

Huelga decir que el comunismo sopla en este fuego corruptor, para desintegrar la sociedad, y poder más fácilmente asestar su golpe.

La corrupción toma la forma de cualquier clase de delito: asaltos, robos, crímenes y estafas; desórdenes provocados por drogas, estupefacientes, bebidas alcohólicas, etc. Por otra parte, las leyes son de una lenidad incomprensible. Así se explica que la ciudadanía contemple alarmada la multiplicación pavorosa de robos, asaltos, atropellos, crímenes, depredaciones, etc., cometidos, muchas veces, hasta por menores de edad y aun por niñas.

Y se pregunta: «¿Cómo es posible que anden sueltos, o recobren enseguida la libertad, terroristas y delincuentes que han cometido a veces diez, veinte, treinta y hasta sesenta actos delictivos: robos, colocación de bombas, asaltos, crímenes, etc.?…»

La falta de principios éticos, hace que ciertos funcionarios malversen los caudales  públicos y lleven el  país a la ruina.

La corrupción administrativa se manifiesta en la coima, el soborno, el prevaricato, los negociados, la falsificación de documentos, los desfalcos, el enriquecimiento ilícito, etc., delitos que no encuentran la condigna sanción, por cuanto la generalización de los mismos o la extensión de la complicidad parafrasean tétricamente aquello de que «todos pusisteis en El vuestras manos».

El avance de la corrupción desalienta a muchos espíritus nobles y a la gran masa del pueblo, que desconfían de la democracia, por parecerles que se demuestra impotente para remediar tantos males.
Los extremistas de derecha y de izquierda explotan tantos escándalos y miserias, presentándolos como fruto del régimen democrático.

El comunismo marxista fomenta solapadamente, por una parte, tales corrupciones, provoca conflictos y divisiones, y siembra odios, y por otra, se presenta con ínfulas de redentor, capaz de remediar tantos males y transformar la tierra en un paraíso.

La corrupción política existe cuando se usan los procedimientos demagógicos ya enumerados, que halagan las pasiones populares y eclipsan la consideración y práctica de los deberes civiles y sociales.

El Sectarismo
Sectarismo equivale a partidismo exagerado.

Sectarismo es adhesión fanática a una idea o partido.
Al afirmar que la adhesión es fanática, queda dicho que es irracional, ciega, y que rechaza cuanto pueda pertenecer o provenir de otro grupo o partido.

Resulta natural que la persona entusiasmada por una idea o por la agrupación a que pertenece, la defienda con calor y le preste su adhesión decidida. Esto no significa que no pueda aceptar la existencia de algo bueno en ideas opuestas a las suyas, o que la actuación de otros grupos no pueda ser recta y beneficiosa.

En cambio, el sectarismo se caracteriza por su estrechez de miras, reducida perspectiva, restringido horizonte y combatividad virulenta.

El espíritu sectario puede resultar perjudicial a la democracia, porque antepone el interés del grupo y el punto de vista del partido, a los intereses más amplios y generales del pueblo y de la nación.

Por sectarismo, se considera al propio partido como poseedor del monopolio de la verdad política, de la honestidad administrativa y de las fórmulas mágicas para resolver todos los problemas.

Cuando el partido está en la oposición, el sectarismo se manifiesta por una resistencia cerrada, negativa y obstruccionista a todo lo que provenga de los poderes públicos. Cuando el sectarismo existe en el partido gobernante, se manifiesta por la infalibilidad que atribuye a todas sus ideas y actos; por el rechazo de cualquier insinuación o sugestión que pueda provenir del pueblo o de otros partidos, y por la persecución de los adversarios políticos.

PARA SABER MAS…

Falsas democracias
La democracia se deforma y degenera, cuando el concepto de pueblo es confundido y sustituido por el de masa.

No pocas veces la suerte de la sociedad ha dependido no del pueblo, sino de una multitud irresponsable e incontrolable que ha impuesto tumultuosamente sus caprichos o exigencias. También queda deformada, o mejor dicho, suplantada la de mocracia, cuando bajo el nombre de democracia usado como pantalla, se implanta el más despiadado despotismo. Es lo que ocurre con las denominadas Repúblicas Populares Democráticas, y que constituyen la burla más descarada y sangrienta de la democracia.

Las deformaciones más notables de la democracia son dos: la demagogia y la oligarquía.

Demagogia deriva del griego, demagogo: orador que covduce al pueblo, pero actualmente se ha perdido ese recto signifi cado, y por demagogia se entiende: dominación tiránica de la masa.

Hay quienes prefieren el término oclocracia, del griego, ochlos, turba, multitud, y kratein, dominar, que significa lo mismo que demagogia, pero parece ser un vocablo más apropiado. La democracia degenera en oclocracia cuando se adula a la masa y se estimula sus bajos apetitos, prescindiendo de la honestidad y rectitud y del verdadero bien del pueblo y de la Patria.

Táctica de los caudillos es conceder o prometer a la multitud todo aquello que la halague y todo aquello que solicite; fa natizarla para así conducirla a su antojo. Si bien la forma bicamarista, el sufragio universal, los derechos de las mayorías, etc., son elementos de la democracia, con todo pueden ser llevados a graves desviaciones que engendran la tiranía del número, el espíritu de partido, el atropello de las minorías, etc.

La oclocracia se aparta de las normas jurídicas y aplica, con aparato de prescripción legal, el propio capricho, las ambí ciones desbordantes y ahoga las iniciativas individuales del imperio de la fuerza y del terror.

Un ejemplo de los horrores de la demagogia túvose en Francia en la época de la Convención en que imperó el terror.

Proviene del griego, oligri, algunos y arche, mando, y significa: gobierno de unos pocos en su propio provecho. Es el abuso del poder que consiste en usarlo en daño del pueblo y en beneficio de una camarilla, generalmente de magnates y plutócratas.

Con apariencias de sistema constitucional parlamentario, exis te en la oligarquía un régimen personal y absoluto, aunque aliado con los caciques de una comandita.

Fuente Consultada:
Educación Democratica Mario Alexander Nivel Secundario Escuelas Técnicas

 

Factores Que Ponen en Peligro la Democracia Las Amenazas

FACTORES QUE PONE EN RIEGOS LOS SISTEMAS DEMOCRÁTICOS

1°) El concepto de libertad.
2°) La dignidad de la persona humana
3º) La Indiferencia Cívica
4º)Sectarismo
5º)Corrupción
6º)Injusticias

Más que un sistema político, la democracia es una forma de vida. Alcanzar esta forma y mantenerla requiere el esfuerzo constante de todos los hombres que integran una comunidad, gobernantes y gobernados. Múltiples y variadas formas de corrupción ponen en peligro la existencia de una sociedad democrática.

Unas afectan la participación activa y responsable de los ciudadanos en la vida y quehaceres comunitarios. Otras tornan a la democracia ineficaz para resolver los problemas sociales, lo que impulsa a los hombres a rechazarla y a buscar soluciones extremas.

La vida en la democracia se desenvuelve por el imperio  del  derecho. Elimina el despotismo, la arbitrariedad y la tiranía y hace brillar la ley a la cual deberán ajustarse todos, tanto gobernados como gobernantes. El hombre no es «algo», sino que es «alguien». La democracia establece el respeto de los derechos y de las libertades. Los abusos no son consecuencia de la democracia, sino resultado del incumplimiento de sus principios.  En la democracia las personas gozan de las libertades individuales, como la de expresión , de prensa, de información , de educación y de trabajar.

LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA: Muchos pueblos aleccionados por una amarga experiencia política, se oponen con mayor energía al monopolio de un poder dictatorial incontrolable e intangible, y exigen un sistema de gobierno que sea más compatible con la dignidad y libertad de los ciudadanos».

La idea democrática se apodera de los pueblos, y obtiene por todas partes la aprobación y el consentimiento. Pero los ciudadanos quieren «más democracia y mejor democracia«. No ocultan su desengaño por la forma como se falsifica a la democracia, y cómo se la ha realizado hasta el presente en muchas partes.

El supremo ideal de «más democracia y mejor democracia» requiere lucha para defender la verdadera democracia, y para realizarla cada vez mejor.

La primera lucha es individual, de cada uno consigo mismo, en su doble aspecto negativo y positivo.

Negativo; reprimiendo y neutralizando las tendencias al egoísmo, a la apatía, al sectarismo, a la inmoralidad, a la injusticia, a la pereza, a la codicia…

Positivo: adquiriendo las virtudes propias del hombre honesto, fundamento de las virtudes sociales y del buen ciudadano. Sin moral privada no puede haber moral pública.

La segunda lucha es en el plano educativo. La democracia se salvará por el pueblo, y el pueblo sostendrá y mejorará la democracia cuando esté educado para ejercerla. Grave es en este punto la responsabilidad de la escuela, donde no siempre el educador, por desgracia, cumple con la obligación de «educar al soberano».

La tercera lucha es en la sociedad, afirmando la democracia sobre claros principios morales, y haciendo prevalecer los valores y fuerzas espirituales oponiendo al egoísmo, generosidad; a la apatía, preocupación; al materialismo, espiritualidad; a la avaricia, desprendimiento; a la debilidad, fortaleza; al espíritu de comodidad, el de sacrificio y abnegación; etc.

La lucha debe tender a consolidar las instituciones democráticas; a realizar una verdadera democracia, y no una simulación de democracia a gusto y paladar del demagogo de turno. Cuando la democracia peligra, se debe luchar para sostenerla, purificándola de los errores que la hacen tambalear; y cuando ha desaparecido, es necesario luchar también para reconquistarla, aun con riesgo del bienestar, la tranquilidad y la propia vida.

La subsistencia democrática de una sociedad democrática requiere:

1. que todos los ciudadanos se sientan responsables de la vida y progreso de la comunidad y estén dispuestos a tomar en ella activa y responsable participación;

2. que las libertades humanas, civiles, económicas y políticas, sean respetadas y promovidas;

3. que los gobernantes tengan el poder, la capacidad y la honestidad necesarios para conducir eficiente y justamente a la sociedad en provecho de todos.

En otras palabras, en una sociedad democrática, el gobierno, además de ser expresión de la voluntad popular y de respetar los derechos y la libertad de todos, debe administrar justicia y ser eficaz en el logro del bien común.

Se habla mucho de democracia y poco de gobiernos democráticos.

Una sociedad democrática requiere gobiernos eficientes y con autoridad, capaces no sólo de lograr el orden en la libertad, sino también de impulsar el desarrollo social y de dar rápida y efectiva solución a los problemas concretos que plantea cada momento hi,tórico: desocupación, vivienda, salud, educación, etc.

Cuando un sistema de gobierno no consigue dar respuesta a las necesidades surge el descontento, el orden se quiebra y el gobierno pierde el respeto y la adhesión de los gobernados.

La incapacidad reiterada de ciertos gobiernos democráticos para dar solución a problemas concretos (p. ej., el desarrollo económico e industrial, la equitativa distribución de la riqueza, la eficiencia del sistema educacional, el afianzamiento de las sociedades intermedias) ha llevado a muchos a dudar de la misma democracia como sistema político.

Hacer de la democracia un sistema que compagina libertad con autoridad, que respetando la libertad de hombres y grupos tiene la misma o mayor eficiencia que los regímenes no democráticos, es tarea de todos los miembros de la sociedad, de los que gobiernan y de los que son gobernados.

De los gobernados se requiere que participen activa y responsablemente en todas las actividades sociales y políticas; de los gobernantes, que sean capaces de conducir la sociedad con justicia y eficiencia.

La ausencia de cualquiera de estos elementos desprestigian al sistema democrático o lo tornan imposible.

La participación responsable de los ciudadanos se vicia o se altera por diversos factores.

Entre los principales: señalamos:

1. olvido de los deberes ciudadanos;
2. indiferencia egoísta por la cosa pública;
3. procedimientos demagógicos.

La eficacia, además de otras causas, desaparece cuando el sistema presenta:

4. injusticia;
5. corrupción;
6. sectarismo.

Algunos peligros que acechan a las democracias:
Los peligros que acechan a las democracias son externos e internos.

Los externos provienen de los extremismos, de derecha y de izquierda, que quisieran anular las formas democráticas y suplantarlas por el totalitarismo.

Los peligros internos tienen su origen en la mala interpretación de ciertos principios democráticos. Y esa interpretación equivocada puede llevar a consecuencias fatales para la democracia. Así, por ejemplo, se interpreta mal:

a) El Concepto de Libertad. Son muchos los que creen que la libertad consiste en hacer lo que uno quiere, y no lo que uno debe. El ejercicio de la libertad mal entendida desemboca en el abuso y en el libertinaje, y provoca anarquía, confusión y caos.

Se concede la misma libertad al bien y al mal, a la verdad y al error.
De esa falsa interpretación de la libertad derivan actitudes peligrosísimas para la democracia. Así, por ejemplo, se permite la difusión de doctrinas antidemocráticas y totalitarias, que envenenan las inteligencias y engañan a los incautos con falsas promesas y con la explotación interesada de las deficiencias que se advierten en las democracias.

El marxismo (casi desterrado como doctrina social, política y económica) aprovecha esa libertad que se concede al error y a los que conspiran contra la misma libertad; y, valiéndose de la propaganda mentirosa, presenta a la sociedad comunista como un paraíso terrenal, al mismo tiempo que describe con vividos colores los abusos capitalistas, la corrupción de costumbres, la carestía de la vida o la malversación de los caudales públicos, estimulando la lucha de clases, e incitando a renegar de la democracia, para entregarse al comunismo.

b) La dignidad de la persona humana. El profundo respeto que la democracia tiene para el hombre, lleva a muchos al error de considerar la naturaleza humana perfecta y naturalmente inclinada al bien, cuando una experiencia multisecular demuestra lo contrario.

Además de los peligros enunciados, existen otros; y algunos, como consecuencia de lo que se acaba de exponer, cuyo origen está en el seno mismo de las democracias. Los principales de estos peligros son: el olvido de los deberes ciudadanos, la indiferencia por la cosa pública, los procedimientos demagógicos, las injusticias, la corrupción y el sectarismo.

1-Olvido de los deberes ciudadanos y sus consecuencias

El primer peligro es el olvido de los deberes ciudadanos.

La democracia emancipa al hombre de los regímenes que menoscaban la dignidad humana; pero por emancipación, de ninguna manera debe entenderse liberación de obligaciones y ausencia de responsabilidad.

Además de los deberes propios de la clase o condición de cada uno, existen los deberes hacia los demás y hacia el Estado. El cumplimiento  de los deberes hacia el prójimo establece la armonía en la vida de relación.

Cada uno debe respetar los derechos ajenos, y de esa manera se verá respetado en los suyos.

Cuando sin motivo se vulneran esos derechos, se comete injusticia y se desequilibra la armonía social.
El primer deber hacia el Estado es el de respetar y cumplir las leyes.

Las leyes son disposiciones razonables establecidas para el bienestar general y la buena marcha del Estado. Entre esas leyes están las que obligan al pago de los impuestos y contribuciones.

Si todos descuidaran esas obligaciones, ¿de dónde sacaría el Estado los fondos para la realización de obras de bien público?

El incumplimiento de las leyes repercute en la comunidad.

El cumplimiento de la ley del sufragio es otro importantísimo deber ciudadano.

Esa ley se cumple no solo sufragando, sino sufragando bien, guiándose en la elección por el interés nacional y el bien de la república, y no por sola simpatía o por seguir una costum bre o  tradición familiar, o movido por mezquinos  intereses personales.

Otro deber ciudadano es el de armarse en defensa de la patria. En Argentina hasta el año 1994, el período de instrucción militar obligatoria es la conscripción. Sin motivos graves y reales —motivos que las leyes contemplan, estableciendo las distintas excepciones— no se deben buscar subterfugios para eludir su cumplimiento. De lo contrario, la patria no tendrá organizadas sus fuem armadas para la defensa de su soberanía, de la integridad d su territorio, y de la paz y libertad de sus ciudadanos.

No es posible enumerar todos y cada uno de los deberes. Sol recordar el de la solidaridad y el de servir lealmente a la na ción, sea desde el llano como desde los cargos públicos. No se puede dejar de mencionar tampoco la obligación  de respetar y obedecer a las autoridades legítimamente constituídas; deber, este, que fácilmente se olvida en las democracias.

Por la libertad que reina en ellas, muchos se creen con derechi a insultar y lanzar diatribas, cuando no calumnias, contra lo ciudadanos constituidos en autoridad, y se creen autorizado; a no obedecer sus disposiciones.

La insistencia en hablar de los derechos, parece que hicieron olvidar la existencia de los deberes. Son muchos los que recuerdan diariamente sus derechos, y los reclaman a tiempo y también a  destiempo; pero, lamentablemente, olvidan el cumplimiento de sus deberes.

Con mucho tino, los revolucionarios de Mayo establecieron que se enseñaran a la juventud argentina los deberes del hombre, para que supieran y recordaran que en todo derecho existe correlativamente un deber.

Es en la democracia donde el incumplimiento de los deberes produce mayores males.

En la democracia todos tienen, directa o indirectamente, participación en el gobierno e influencia en la marcha del Estado, de modo que el olvido de los deberes ciudadanos repercute desastrosamente en la nación.

Sucede, además, que la democracia establece un ambiente de amplia libertad. Cuando los ciudadanos olvidan sus deberes, esa libertad puede degenerar en libertinaje.

El olvido de los deberes trae como consecuencia, entre otras, las injusticias, la corrupción y la anarquía social.

Acongojan y entristecen el ánimo las noticias de corrupción administrativa, con la serie de funcionarios que traicionaron la confianza que la nación, había depositado en ellos, con sus desfalcos, fraudes y enriquecimiento ilícito. ¡Cómo se comprueba día a día la imperiosa necesidad de una sólida formación moral, basada en principios inmutables  y eternos, que solo puede proporcionar una educación integral que abarque al educando en todos sus aspectos!.

La mejor manera de dignificar a la democracia es cumpliendo los propios deberes impuestos por la ley moral.

2-La indiferencia egoísta por la cosa pública

Se denomina «cosa pública» el conjunto de asuntos y problemas que interesan al Estado, y a los miembros que lo componen.

Así, por ejemplo, pertenecen a la «cosa pública» la administración del Estado, el prestigio nacional, las relaciones internacionales, la moralidad pública, las relaciones entre obreros y empresarios, el problema de los transportes, el aseo de la ciudad, etc.

Indiferencia por la cosa pública significa apatía, falta de interés, despreocupación por los asuntos de provecho general. Tal indiferencia es egoísta, pues las personas se desentienden de todo aquello que es de interés general, para preocuparse por sus intereses particulares.

Le interesa lo que le afecta a él directamente; pero lo que trasciende el círculo de sus intereses inmediatos, es como si no existiera.

Sin embargo, todos deben colaborar para la solución de los problemas que se plantean, aunque esa preocupación les demande un poco de tiempo o les cause algunas molestias. La indiferencia hace que los problemas se agudicen y que los males se extiendan.

En muchas personas, esa indiferencia no es fruto de mala voluntad o de egoísmo consciente, sino simplemente de no advertir que forman parte integrante y vital de la nación, y que ningún problema que afecte al país puede ser ajeno al interés de los ciudadanos.

Piensan que tales asuntos incumben al Gobierno y a los demás, pero no a ellos.

Es cierto que algunos asuntos son de competencia exclusiva de las autoridades; pero en muchos otros se puede colaborar, aunque solo sea indirectamente.

Se debe tener bien presente esta verdad: todos y cada uno de los ciudadanos forman parte de la comunidad y la integran, no como espectadores de los sucesos, sino como actores y, a veces, protagonistas del bienestar general.

Nótese que las consecuencias de la indiferencia por la cosa pública, repercuten también sobre aquellos que la provocaron, pues los males generales, al fin y a la postre, afectan a las diversas clases sociales y a todos los ciudadanos. Una forma de indiferencia es la abstención electoral y la despreocupación por el sufragio.

El voto es un arma que la democracia pone en manos del ciudadano, para que con ella haga sentir su presencia: su aprobación o desaprobación.

Salvo el caso de fuerza mayor, nadie debe abstenerse de votar. A todos interesa que la nación esté bien gobernada; y es precisamente por el derecho del sufragio lealmente ejercido cómo se pueden elegir buenos mandatarios.

La juventud estudiosa argentina debe encender en su mente la llama del ideal y cultivar anhelos de superación. Proponerse desde ahora ser útil a la comunidad: no ser zángano, sino industriosa abeja, en la gran colmena humana.

Deben reflexionar los jóvenes, y recordar que los héroes y los grandes ciudadanos de la Patria no eran de una substancia diversa de la de ellos, y, no obstante, guiados por un gran ideal, marcaron rumbos luminosos en los derroteros de la Argentina. La terrible crisis moral, política y económica que afecta a la Argentina, debería constituir un poderoso estímulo para las nuevas generaciones.

Cada muchacho y cada niña deberían proponerse, sin vanidad ni jactancia, pero sí con decisión y entusiasmo, trabajar para lograr el resurgimiento nacional y la grandeza de la Patria.

3-Procedimientos Demagógicos:

Reciben el nombre de procedimientos demagógicos las prácticas destinadas a lograr la adhesión de las masas exaltando sus deseos e instintos, sin considerar el valor moral de los medios utilizados y el verdadero bien de la comunidad.

El demagogo, conocedor de las necesidades e instintos de aquellos a quienes se dirige, los usa hábilmente para encumbrar su propia persona o las -ideas que defiende. Actúa como si sólo él fuese capaz de solventar los males que afectan a la sociedad. Exalta las pasiones, fomenta los resentimientos y no repara en provocar odios. Habla siempre de derechos, nunca de obligaciones.

No sólo los dictadores usan prácticas demagógicas. También gobernantes que se dicen democráticos las usan para exaltar a un hombre, para mantener o aumentar su caudal electoral. Para ello aumentan sin necesidad los empleos públicos, distribuyen favores y subsidios; emprenden obras innecesarias y descuidan las necesarias, toleran la inmoralidad, crean impuestos injustos y no se atreven a cobrar los justos; manejan la política de salaries con fines electoralistas, etc.

Tales gobernantes, por temor a perder votos, jamás se atreven a tomar medidas de fondo que exigirían el sacrificio de todos. Y así los problemas se agravan día a día.

Es frecuente que en las campañas electorales distintas fuerzas políticas recurran a procedimientos de este tipo, ofreciendo soluciones que difícilmente se puedan llevar a la práctica, o que de hacerlo padecería toda la comunidad.

Las promesas de los demagogos, el continuo falseamiento de la verdad y la ausencia de responsabilidad conducen a la masificación del pueblo. Así se destruye la responsable participación ciudadana y con ella la democracia.

La demagogia es una degeneración de la democracia. En la democracia el gobernanate respeta la voluntad del pueblo; en la demagogia, se somete a los dictados de la plebe.

4-Injusticias

La justicia consiste en dar a cada unú lo que le corresponde. La justicia requiere que a cada uno se le concedan sus derechos y se le exijan sus obligaciones. Hay injusticia cuando un derecho no es respetado, una obligación no es cumplida, una falta queda sin sanción o un crimen sin castigo.

Estamos en presencia de injusticia cuando a individuos o grupos no se les concede lo que legítimamente les corresponde, o se les concede más de lo que le corresponde. También estamos en presencia de injusticia cuando a individuos y grupos no se les exige que cumplan sus obligaciones y deberes.
Es esencial para todo recto orden social crear un régimen de justicia para todos y garantizarlo, en el cual las obligaciones y beneficios sociales sean equitativamente distribuidos.

Donde no se logra la justicia no existe el bien común, ni la paz social. «La paz es resultado de la justicia».

Es responsabilidad del gobierno lograr y realizar la justicia para todos los individuos y sectores: tutelar los derechos de todos y de todos exigir sus obligaciones. Pero para que exista justicia para todos, debe prestar especial protección a los grupos social, económica o culturalmente más débiles.

La razón de esto es simple: están menos capacitados que otros grupos para defender por sí mismos sus propios derechos.

5-Corrupción:

Corrupción es la acción y efecto de corromper, echar a perder, podrir. Se puede corromper un gobierno, un sistema político, o una sociedad.
La corrupción política se manifiesta a través de prácticas y hechos concretos. Entre ellos podemos mencionar:

— inmoralidad administrativa,
— soborno de los funcionarios públicos,
— malversación de los fondos públicos,
— cargos otorgados por favoritismo y no por capacidad,
— parcialidad en la administración de justicia,
— tolerancia consciente de delitos,

— favoritismo en la adjudicación de licitaciones, conce-. siones y permisos, etc.

La corrupción indica siempre decadencia moral, relajamiento de las costumbres, pérdida de un sistema de valores.

En toda sociedad y en todo sistema de gobierno se dan hombres que no cumplen sus obligaciones, que por debilidad o maldad sucumben al mal; se dan también hombres delincuentes y corrompidos. La sociedad supone que los hombres pueden usar mal su libertad. Es función de la autoridad prevenir, corregir y castigar su mal uso, para que no dañe a todos.

Pero cuando el mal en una sociedad o un gobierno es consciente y sistemáticamente tolerado o fomentado, tal sociedad está al borde del caos.

Existen grupos de ideologías extremistas que no temen fomentar la corrupción y la inmoralidad privada y pública, social y política.

Saben perfectamente que así socavan los fundamentos de una sociedad democrática.

6-Sectarismo:

Llámase sectario al seguidor fanático e intransigente de una opinión o partido. Sectarismo es la actitud propia del sectario.
Cuando un partido, un grupo social, económico o ideológico, rechaza cuanto pueda provenir de otro grupo o partido, y se considera a sí mismo como el poseedor exclusivo de la verdad, o el único dotado de capacidad, estamos en presencia del sectarismo.

El hombre sectario ve como única verdad la suya, como única solución la propia, parcializa los problemas, no tiene en cuenta las ideas e intereses de los demás.

El sectario suele además tomar una actitud agresiva y virulenta.

Cuando un grupo sectario está en el gobierno se cierra sobre sí mismo, escoge los colaboradores dentro de su propio sector, considera que sus ideas son infalibles y no admite ideas, ni sugerencias de los otros grupos.

La democracia es convivencia armónica entre hombres que respetan mutuamente las ideas y opiniones de los demás. El sectarismo destruye la posibilidad de una tal convivencia.

LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA

La democracia, lo repetimos, más que una forma política es una forma de vida y un sistema de valores. Es una búsqueda de un orden social acorde con la dignidad, la libertad y la solidaridad humana.

Una sociedad democrática no se establece, ni mantiene, sin el esfuerzo constante y creciente de sus miembros.

«Más y mejor democracia», decía Pío XII, es el clamor de los pueblos modernos. Los hombres de hoy ansian un orden social y un sistema político que cada día sea más justo, más eficiente, más solidario, más humano.

La democracia cree en la capacidad del hombre para perfeccionar constantemente su persona. Los hombres no podemos ser distintos, pero podemos ser mejores cada día. Nuestra naturaleza humana no cambia; nuestras personas pueden y deben perfeccionarse.

La democracia cree también en la capacidad de los hombres para perfeccionar la sociedad. Nunca llegaremos a una sociedad utópica o paradisíaca. Pero sí podemos aspirar a una sociedad en que haya más solidaridad, más respeto a la persona humana, mejor satisfacción de las necesidades económicas y sociales de todos.

La democracia no se afianza ni perfecciona sin el afán constante de los hombres para superarse a sí mismos.

La gran lucha que en una democracia deben sostener todos los ciudadanos, los gobernantes y los gobernados, es la lucha contra su propio egoísmo.
De aquí la importancia de una educación para el uso responsable de la libertad.

Fuente Consultada:
Educación Democratica Mario Alexander Nivel Secundario Escuelas Técnicas
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-

El Estado Democrático y el Bien Común Resumen Función

El Estado Democrático y El Bienestar General de la Población

No basta que la sociedad respete la libertad de los hombres. Además de libertad, el hombre necesita pan, vivienda, asistencia médica y sanitaria, seguridad, descanso y recreación. Necesita también educación, formación técnica y profesional, desarrollo espiritual y cultural.

A los derechos se los respeta; a las necesidades se las satisface.

La sociedad debe respetar las libertades; debe también satisfacer las necesidades. El marxismo ofrece la satisfacción de las necesidades; pero anula las libertades. La democracia respeta las libertades y procura satisfacer las necesidades con mayor eficacia. Es esta la verdadera prueba que debe superar la democracia: crear un orden de prosperidad económica y de justicia social.

Superioridad de la democracia para resolver los problemas económico-sociales:

Función del Estado Democrático es procurar el bien común o bienestar general: la prosperidad, tanto de la sociedad como del individuo. El bien común debe abarcar al hombre completo: espíritu y materia, y satisfacerlo en todos sus aspectos. Una de las facetas de la vida del hombre —y, por lo tanto, una parte del bien común— es la que se refiere al aspecto económico.

La faz económica de la vida del hombre abarca: alimento, trabajo, vivienda, sueldo, mantenimiento de la familia y honesta distracción; medios de vida para el tiempo de enfermedad, desocupación, invalidez, vejez o infortunio; participación en la dirección de la empresa, en las ganancias, etc. De las exigencias propias de estos distintos rubros surge un problema: el problema económico.

Como ese problema afecta a los trabajadores y patronos, a los pobres y ricos, a las familias y al Estado —que es como decir que tiene influencia en la misma sociedad—, se denomina problema económico – social.

Problemas económico – sociales son los problemas que afectan, desde el punto de vista económico, a los individuos, a las familias y a la sociedad, y a las relaciones que existen entre las diversas clases sociales.

Todo problema reclama una solución. Como los problemas económico-sociales son difíciles, y todavía no resueltos satisfactoriamente, vienen siendo denominados la cuestión social. La cuestión social es compleja. Aunque corresponde al factor económico una parte preponderante, influyen en ella diversos factores: morales, religiosos, económicos y políticos. Si bien puede decirse que la cuestión social es casi tan antigua como la humanidad, solo en los últimos tiempos ha adquirido enorme importancia, hasta llegar a agudizarse en la actualidad.

FUNCIÓN DE LA DEMOCRACIA FRENTE A LAS DESIGUALDADES ECONÓMICAS

La superioridad de la democracia para resolver los problemas económico – sociales se funda en las siguientes razones:

1°) La democracia reconoce como principio básico la igualdad jurídica: todos son iguales ante la ley. Por consiguiente, no admite prerrogativas de sangre ni de nacimiento, títulos de nobleza, ni grupos o clases privilegiadas. En este pie de igualdad jurídica, resulta más fácil resolver con justicia los problemas que plantea la denominada cuestión social.

2°) El ambiente de libertad en que se desenvuelve la vida, permite conocer más fácilmente las dificultades que afectan a las clases sociales, y facilita a estas exponer y solicitar la solución de sus problemas.

Permite, asimismo, la organización libre, para defender los propios derechos y para resistir las medidas abusivas, aun con prudentes medidas de fuerza. Todos los regímenes democráticos —cosa que no sucede en los Estados totalitarios— reconocen el derecho de huelga como recurso lícito y extremo que tienen los trabajadores para la defensa de sus derechos, cuando las conversaciones y el arbitraje no surtieron efecto.

3°) La democracia otorga a todos, iguales posibilidades para llegar al poder. Personas de cualquier clase social pueden ocupar cargos públicos, y arbitrar los medios para solucionar los problemas que han sentido en carne propia. En la democracia, todos los hombres conocen mejor los problemas económico – sociales, por estar más en contacto con ellos, y por la mayor uniformidad que reina en la vida social.

4°) Los hombres de gobierno se hallan más interesados y comprometidos a atender esta clase de problemas, por haber sido elegidos en razón de una plataforma electoral que prometía la solución de los mismos, o a fin de contar con el apoyo de sus conciudadanos para mantenerse en el poder, pues la democracia se apoya en la voluntad popular.

Por lo tanto, existe interés en atender los reclamos del pueblo; también la opinión pública puede presionar por medio del sufragio. Estas consideraciones son suficientes para mostrar la superioridad de la democracia en la solución de los problemas económico – sociales.

El bien común: El objeto de la sociedad política es lograr el bien común. El bien común ha sido definido como «el conjunto de condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de sus personas».

Función del Estado frente a la desigualdad económica:

La función del Estado no es hacer de la nación una poderosa potencia económica, política o militar: su función es lograr el bien común.

El bien común no está logrado cuando existen minorías excesivamente ricas, con superabundancia de bienes y comodidades, y grandes masas de indigentes, sin bienes de fortuna, y carentes hasta de lo más necesario.

De poco o nada vale la libertad política, cuando no está acompañada por la libertad económica.

El ciudadano económicamente pobre, no siempre estará en condiciones de actuar libremente: deberá aceptar, muchas veces, imposiciones de quien esté en situación más holgada, y, por lo tanto, en estado de mayor independencia. «Cuando se necesita comer, nadie es libre de trabajar o no trabajar».

El Estado no puede permanecer impasible, ante esa irritante desigualdad económica. El Estado debe intervenir para establecer la justicia social.

Respecto a la función del Estado frente a la desigualdad económica, existen varias posiciones. Dos son posiciones extremas, y una tercera, una posición intermedia.

1°)Ninguna intervención del Estado
Es la posición de aquellos que sostienen la absoluta libertad económica: libertad de comercio y de cambio; libertad do trabajo para hombres, mujeres y niños, y para toda tarea, tiempo y lugar; libertad de condiciones al estipular el contrato para el patrono, con la única condición de que el obrero consienta; libertad de propiedad ilimitada.

Esta teoría llevó al capitalismo y a la explotación de la clase obrera. La función del Estado se reducía a asegurar la libertad de contratar.

Fue la posición sostenida en el siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, por la democracia liberal, y que ya nadie sigue, en razón de su injusticia social.

2°) Intervención absoluta del Estado
Es la posición de aquellos que sostienen que el Estado debe intervenir, no en virtud de su misión de velar por el bienestar y la paz de la comunidad que preside y gobierna, sino por ser el Estado la fuente de todo derecho y el origen de toda legalidad; y, por lo mismo, goza de poderes ilimitados para regular las relaciones entre cualquiera de sus súbditos, sometiéndolos a su omnímoda e inapelable decisión. Esta es la teoría comunista, en que el Estado es todo… y los individuos, inconscientes y anónimos engranajes del organismo estatal.

3°) Teoría de la intervención sistemática del Estado, ,   pero limitada, y de la intervención supletoria
Entre las dos posiciones extremas —ninguna intervención del Estado, y su absoluta intervención— se encuentra la posición intermedia de aquellos que postulan la intervención moderada del Estado: unos, en forma sistemática, y otros, en forma supletoria.

La diferencia entre la intervención sistemática y la supletoria reside en lo siguiente: los de la intervención sistemática sostienen que el Estado debe intervenir siempre, aunque en forma limitada, por la influencia que el contrato de trabajo ejerce sobre el bienestar general; y los de la otra teoría sostienen que el Estado debe intervenir con acción supletoria, únicamente cuando sea necesario para proteger los derechos del débil.

Esta última posición pertenece a una sana y recta concepción democrática. Parte del principio de que el Estado no debe hacer él, sino dejar hacer y ayudar a hacer: no se puede quitar a los individuos y atribuir a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria.

Se basa en una serie de postulados democráticos:
a) La intervención del Estado no es deseable, es tolerable y no ha de ser sistemática, pues fácilmente degenera en abuso.

b)  Hay casos de excepción y pasajeros, en que el Estado puede y debe intervenir para resolver situaciones inconciliables.

c)  La intervención pública debe ser siempre limitada y restringida a lo necesario.

Las Funciones del Estado

Existen dos posiciones erróneas acerca del papel que corresponde al estado en la actividad económica: la liberal y la totalitaria.

El liberalismo sostiene que el estado no debe intervenir en economía porque su intervención es incompatible con la libertad. Según el liberalismo la ley de la oferta y la demanda y el principio de libre contratación deben regir la actividad económica. Consecuentemente defiende la absoluta libertad de la empresa y considera al trabajo como una mercancía. El estado sólo debe intervenir para guardar el orden y garantizar el cumplimiento de los contratos.

La concepción política y económica liberal está superada. Existen actualmente tendencias neo-liberales caracterizadas por su tendencia a disminuir indebidamente la intervención estatal.

La totalitaria defiende la intervención desmedida del estado en la actividad económica, por lo que es llamada también intervencionista. Esta concepción tiende a anular la iniciativa privada y a disminuir el derecho de propiedad privada. Convierte al estado en el gran industrial y el gran comerciante.

Su expresión extrema es el colectivismo comunista donde se niega la libertad económica, todas las empresas son estatales y no se permite la propiedad privada de los bienes de producción.

La experiencia histórica demuestra que donde se niega la libertad económica y el derecho a la propiedad privada surgen las tiranías políticas y que los gobiernos totalitarios siempre anulan la libertad económica. Se da así, en manos del grupo gobernante un poder absoluto e incontrolable.

La concepción personalista cristiana sostiene el equilibrio entre la iniciativa privada y la intervención estatal.

Por naturaleza propia la actividad económica pertenece a la libre iniciativa de los individuos y de los grupos. Pero el estado debe cuidar que el proceso económico nacional se desarrolle armónica y eficientemente, que se produzcan los bienes necesarios para la comunidad y que sean distribuidos eficientemente.

La intervención estatal, que cada día es más amplia y profunda por la complejidad de las sociedades modernas, no tiene por objeto disminuir la actividad privada, sino fomentarla, ayudarla, ordenarla, complementarla y hacerla servir al bien comunitario.

Corresponde a las autoridades políticas, entre otras funciones:

1. planificar la economía total del país;

2. procurar que existan fuentes de trabajo para todos los ciudadanos;

3. prevenir las crisis económicas;

4. cuidar de que los distintos sectores de la economía se desarrollen armónicamente: la producción agrícola-ganadera-minera, la industria y los servicios.

5. impulsar el desarrollo de las zonas más atrasadas del país.

Es también fundamental función del estado cuidar que los bienes producidos lleguen equitativamente a todos los miembros de la comunidad, para lo cual debe tener una justa política laboral y salarial y un eficiente sistema de impuestos.

La justicia pide que entre los miembros de una misma comunidad política no existan grandes diferencias económicas. Las diferencias económicas llevan aparejadas diferencias sociales y culturales.

A este propósito se expresó el Concilio Vaticano II: «a fin de satisfacer las exigencias de la justicia y de la equidad se debe procurar enérgicamente que sean suprimidas lo más rápidamente posible las enormes y crecientes desigualdades económicas actuales, que van acompañadas de discriminación individual y social».

En casi todos los países democráticos las estructuras económicas no responden aún a las exigencias de la justicia y solidaridad humana. Reformarlas implica vencer graves inconvenientes y solventar problemas sumamente difíciles. No se hace sin el esfuerzo y sacrificio de todos los sectores y sin una adecuada conducción política.

También en casi todos ellos se intentan profundas reformas para lograr un ordenamiento económico más eficiente y más justo. El mismo Concilio Vaticano afirma que se equivocan «los que se oponen a las reformas necesarias bajo el pretexto de falsa libertad», como también los partidarios de una economía colectiva que niega los derechos fundamentales del hombre.

Fuente Consultada:
Instrucción Cívica
Norberto Fraga – Gabriel Ribas Editorial A-Z
Instrucción Cívica 2 D.A. Sabsay – S.G. Jáuregui
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-

Función de las Fuerzas Armadas en Democracia Resumen

RESUMEN: LAS FUERZAS ARMADAS EN UN ESTADO DEMOCRÁTICO

Democracia como expresión de paz
La paz ha sido definida como la tranquilidad en el orden. La democracia es expresión de paz, porque busca el orden
reconociendo y respetando todos los derechos y libertades.

No puede existir orden y, por consiguiente, no puede existir paz, cuando se atrepellan los derechos y se cometen injusticias. Por ello surgen conflictos y luchas: huelgas, sabotajes, agresiones armadas.

Unas clases sociales se enfrentan con otras; grupos antagónicos chocan, y la defensa de los propios derechos o la lucha por la libertad o por justas reivindicaciones, pueden adquirir formas violentas y llegar hasta la guerra civil. Cuándo la democracia respeta y hace respetar los derechos, y cuando triunfa la justicia, se consolida la paz.

La democracia es expresión de paz, porque representa el sentir del pueblo; y el pueblo no quiere la guerra, pues ama la paz.

Las guerras se desencadenan, muchas veces, por intereses ocultos y decisión de los dirigentes, sin intervención del pueblo y por ambiciones imperialistas. Por regla general, todos los totalitarios alientan inquietudes imperialistas.

La verdadera democracia no tiene ni fomenta aspiraciones imperialistas. Esa actitud es por sí sola una garantía de paz. La democracia favorece la paz internacional, pues la guerra, que a los ojos de unos pocos se presentaría como un bien, aparece a los ojos del pueblo como un flagelo horroroso, con su secuela de destrucción, hambre y miseria.

Si la decisión dependiera del pueblo, no se llegaría a la guerra sino en casos absolutamente extremos; y quizá nunca, si todos los pueblos fueran democráticos.

El sentido civil de la democracia
La democracia encierra en su seno un sentido civil, porque es una manera de vivir y una forma de gobernar que pone como centro al hombre.

Lo considera el eje alrededor del cual gira toda la vida política; lo respeta en sus derechos y libertades, y en su finalidad trascendente. Ese es el sentido civil de la democracia. No lo considera, como hacen los regímenes colectivistas, un elemento de producción; ni, como el fascismo y el nazismo, un soldado, elemento de expansión y conquista. Para la democracia, el hombre es esencialmente lo que es: un ser humano. Las demás cualidades: ciudadano, obrero, militar, economista, político, etc., son accesorios que no destruyen ni disminuyen su carácter esencial de persona humana, cuya dignidad debe ser respetada y defendida.

La democracia tiene un sentido civil, porque es un estilo de vida impregnado de civilidad.

Mientras los regímenes totalitarios imprimen un carácter esencialmente militar a la vida ordinaria de la nación, la democracia desecha cuanto pueda tener visos de militarismo, e imprime a la vida un ritmo netamente civil. Ayuda a ello el ambiente de libertad en que se desarrolla la vida.

En los regímenes totalitarios, todo está controlado, fiscalizado y organizado militarmente.. Basta recordar a Rusia y a sus satélites, y a las milicias populares de Cuba: todo el pueblo está puesto en armas. La democracia rechaza semejante concepción de la vida.

Desfiles de Fuerzas Armadas

Las fuerzas armadas
El sentido civil de la democracia no significa negación u oposición a las fuerzas armadas.

Las fuerzas armadas son el conjunto de ciudadanos enrolados en los cuadros del ejército, la marina y la aeronáutica. La existencia de las fuerzas armadas es una exigencia de las democracias.

Ya se ha dicho que la democracia actúa, no por la presión de la fuerza, sino por el imperio del derecho. Pero el derecho debe tener a sus órdenes la fuerza, para hacerse respetar e imperar en la nación.

También se ha dicho que un poder sin autoridad es arbitrario; pero una autoridad sin poder es ineficaz. La democracia reclama la existencia de las fuerzas armadas, para tutelar y defender el derecho.

Su función en las democracias
Las fuerzas armadas son en las democracias las celosas defensoras del derecho y de los más altos intereses de la nación. Es decir, deben estar siempre prontas para defender su honor, la integridad de su territorio, la libertad de sus hijos, la Constitución y las leyes de la nación.

Las fuerzas armadas garantizan la paz interior, y el normal desenvolvimiento de las instituciones democráticas. Cumplen, además, una valiosa misión educadora. Año tras año llegan a sus filas, para recibir instrucción militar, millares de jóvenes, muchos de los cuales no han frecuentado la escuela primaria, y otros no han completado su formación cultural.

Las fuerzas armadas proporcionan a todos instrucción y educación, brindándoles mayores posibilidades para desempeñarse con éxito en la vida.

El poder de reserva: Cuando en la democracia se habla de los tres poderes de gobierno: legislativo, ejecutivo y judicial, se sobrentiende siempre uno previo y esencial: el poder del electorado que constituye el Gobierno.
El pensamiento político imaginó, junto a estos poderes clásicos, otro poder: el poder de reserva.

El poder de reserva, en definitiva, respaldaba a los otros, y es el que, en las grandes crisis, surgía para salvar el sistema. El poder de reserva es, en una monarquía constitucional, el poder del Rey.

Ante una invasión, ante una revolución, ante la disolución nacional, el poder del Rey puede todavía surgir, en Gran Bretaña, en Bélgica o en Holanda, como el elemento unificador y ordenador de la comunidad. En la América latina republicana no puede ser el Rey, sino la fuerza que es el apoyo de todo poder.

Las fuerzas armadas tienen en las democracias la función de poder de reserva.

Fuente Consultada:
Instrucción Cívica
Norberto Fraga – Gabriel Ribas Editorial A-Z
Instrucción Cívica 2 D.A. Sabsay – S.G. Jáuregui

Historia de La Violencia en el Mundo y Tipos de Violencias

Historia de La Violencia en el Mundo y Tipos de Violencia

LA VIOLENCIA: A partir del siglo XX, podemos decir, que pocas épocas en la historia moderna se han sido tan violentas como la que estamos viviendo. Dos guerras mundiales en menos de 50 años, la segunda de las cuales costó más de 55 millones de vidas humanas perdidas en los campos de batalla; y más de 8 millones en los hornos crematorios; varias guerras nacionales o regionales en el mismo período (la de España fue la más cruenta); un alto número de revoluciones sociales y políticas (la rusa y la china fueron las más significativas); un número no determinado de contra-revoluciones organizadas a escala mundial, con enormes costos en vidas humanas y en bienes; campos de concentración; cámaras de torturas; práctica de las mismas en vasta escala y con planificación tecnológica; movimientos de liberación armados y movimientos de represión; organización técnico-bélica de complejos industriales-militares; invento y aplicación de armas terroríficas entre las cuales las bombas de «napalm» ya parecen juegos de niños; multiplicación de cuerpos policiales y militares y de cuerpos para-policiales y para-militares actuando en todos los países del mundo; huelgas sangrientas; genocidios; asonadas; motines; etnocidios; secuestros, ataques indiscriminados con bombas o con metralletas; guerrillas rurales y urbanas; etc.

informe violencia en el mundo

A esta lista interminable tendríamos que agregar la práctica de muy modernas formas de la delincuencia común; tráfico de drogas y traía de blancas a escalas como jamás se habían conocido; organización del delito superando alas viejas formas de la escuela de Chicago; renacimiento de las actividades de la «maffia»; asaltos a trenes, buques, aviones, bancos, cajas de segundad con una perfección real que supera las imaginadas por James Bond; asesinatos de líderes sindicales, religiosos y políticos, por mandantes desconocidos.

A este catálogo que sería inacabable, falta agregar la lista de las formas de la violencia económica más brutales de la moderna civilización: mineros sudamericanos que no viven más de 28 años; condiciones de trabajo en América, Asia y África y aún en ciertas partes de Europa, muy semejantes a las condiciones del trabajo servil en la Edad Media o, simplemente, del trabajo del esclavo en la antigüedad.

Contratos de trabajo —valga la expresión—, que significan el arrendamiento de la mano de obra de por vida; prácticas del «pongaje»; y, por sobre todas las cosas, hambre. Dos terceras partes de la humanidad sufren hambre, o bien epidémica o bien endémica.

Todo ello en la época en que enviamos navíos espaciales a Marte y Venus. La Luna ya no forma parte de los cuentos de niños. El cálculo del empleo de la plusvalía social aplicada a ese tipo de experiencias tecnológicas en la misma edad en que ocurren todas aquellas formas de la violencia, dejaría asombrados a los mismos economistas. Son muchos los que ya hablan de la violencia «visible» y de la violencia «invisible».

Lo cierto es que la violencia es una realidad de nuestro mundo; vivimos violentamente: hay un uso abierto y evidente de la fuerza para reprimir y para oprimir. Millones de seres humanos han sido y son víctimas de la explotación y de sistemas sociales injustos.

No es extraño, pues, que hoy en día la gente que tiene tiempo de pensar en estas cosas se pregunte si la violencia que derrama sangre en las revoluciones no puede ser menos mala que la violencia que, aunque no derrama sangre, condena a pueblos enteros a una ciega desesperación o a una amarga resignación.

Es muy difícil intentar reflejar en estas pocas líneas introductorias el tema central de nuestra preocupación: ¿por qué esta violencia?, ¿qué se debe?, ¿tiene algún sentido?.

La excusa dada por algunas almas ingenuas o distraídas de que siempre hubo violencia en la historia y de que, tal vez, en nuestro tiempo la impresión que de ella tenemos se ve acentuada por el empleo de los grandes medios de comunicación de masas que transmiten diariamente las escenas más brutales e increíbles de la violencia moderna, de tal manera que nuestros niños desde edad muy temprana se acostumbran a ella, no nos exime de tratar de penetrar el significado de este fenómeno que se está dando a escala planetaria.

En cierto sentido, la vida de nuestra propia civilización y —lo que es más importante—, la posibilidad de abrir los cauces para crear nuevas formas de civilización superiores a las actuales, de las cuales esté erradicada la violencia como constante social, depende de la comprensión que tengamos de todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y de las maneras en que estemos dispuestos a movilizarnos para luchar positivamente por la misma.

Empecemos pues, por reconocer este hecho lo señalaba muy bien el Obispo Dom Helder Cámara: «La violencia está por todas partes, omnipresente y multiforme: brutal, abierta, sutil, insidiosa, disimulada, racionalizada, científica, condensada, solidificada, consolidada, anónima, abstracta, irresponsable.»

Y agregaba en otro fragmento de sus reflexiones al respecto: «No es el momento de preguntarse si la revolución estructural que el mundo precisa, supone, necesariamente, la violencia. Es preciso observar que la violencia ya existe y es ejercida, de modo inconsciente algunas veces, por aquellos mismos que la denuncian como un flagelo para la sociedad».

Las preguntas, pues, son muchas. Si en la época que vivimos la violencia es inevitable, ¿cómo entenderla? ¿Qué hacer frente a ella? ¿Cómo reaccionar? ¿Cuales son los límites entre la violencia legítima y la ilegítima? ¿Qué relación hay entre la violencia y el derecho a la resistencia? ¿Cuales son las implicancias éticas del problema? ¿Cual debe ser nuestra conducta, frente al hecho concreto de la violencia?

¿Qué es violencia?

Es muy difícil definir la violencia en una época como la nuestra, que está bautizada con los nombres de Auschwitz y de Hiroshima, y más difícil aún en esta década del 70, en la cual sabemos que todos los años mueren de hambre entre 30 y 40 millones de personas.

Decir que la violencia consiste en «utilizar la fuerza para obligar a alguien a proceder contra su voluntad» —como dicen los códigos comunes—, es reducir el problema a términos primarios, característicos de sociedades de relaciones directas. Sin menospreciar ni los aspectos éticos ni los penales, propios de las conductas delictivas que actúan con. violencia, el verdadero problema hay que enfocarlo desde el ángulo de las condiciones de vida que crean quienes dominan en la sociedad industrial y tecnológica.

En tal sentido, la ola de violencia que se ha desatado sobre el mundo contemporáneo, y que afecta a casi todos los rincones de la Tierra, no podría ser bien comprendido si sólo nos quedásemos en las consideraciones de los aspectos éticos de la misma. Hay una consideración más amplia que incluye a ésta y es la de analizar la violencia moderna como un problema sociológico y político.

En tal sentido, la violencia actual se presenta como uno de los síntomas más claros de la descomposición de la civilización industrial, comprendiendo por tanto, el mundo de valores creado por ésta. O, para ser más exactos, el mundo de falsos valores creados por ésta. Son ni más ni menos que los que responden a una sociedad donde predominan el afán de tuero y el ansia de consumo de bienes.

En medio de nuestro desvarío colectivo los hombres sabemos que la historia no es producto ni de la fatalidad ni de la voluntad caprichosa de los dioses. La historia es producto de nuestra acción, como sociedades humanas y como individuos.

Si es verdad que la violencia bajo sus diversas formas, no puede ser totalmente eliminada de la existencia social, la única actitud racional consiste en que, después de haber comprendido las circunstancias que la producen, hagamos todo lo que esté al alcance de nuestra voluntad colectiva e individual y de nuestro poder científico y tecnológico para dominarla.

Por otro lado, si consideramos la violencia como un caso límite de la existencia social, también podemos considerarla como un elemento revelador, que nos permita encarar a fondo las transformaciones estructurales que sean necesarias a nuestras sociedades, a fin de quitarle a aquéllas su aspecto destructor y mortífero, propio de todo caso límite de nuestra existencia.

Y por este camino, encontraríamos uno de los elementos básicos que nos permitiría definir la violencia. Nos referimos a la diferencia que existe entre una situación de violencia y un hecho violento.

Situaciones de violencia y hechos violentos

Los hechos violentos pueden existir sin que existan las situaciones de violencia. Cuando hablamos de la violencia lo primero que hiere nuestra imaginación es el hecho producto de la fuerza bruta; de la compulsión; de la imposición de un ser humano sobre otro, sea por los gestos, por la voz, por la mirada o por el hecho mismo, que puede ser el golpe o el uso de instrumentos materiales para herir o para destruir al otro. Cuando hablamos del hecho violento nosotros sabemos que la realidad corporal del ser humano es lo primero en ser atacado.

Las situaciones de violencia, en cambio, no podemos concebirlas sin los hechos violentos. Generalmente, aquellas preceden a éstos. Y éstos a su vez, pueden ser ejercidos para perpetuar y extender los efectos de la situación o pueden ser ejercidos como respuesta a la situación. En este último caso, tenemos la contra-violencia, de cuya legitimidad hablaremos después.

El hecho ejercido para perpetuar la situación de violencia o para defenderla, es el hecho que la dignidad humana resiste más. A su vez, en las condiciones actuales de nuestras sociedades, donde imperan las situaciones de violencia, aquellos hechos se han ampliado en cuanto a -sus posibilidades y modalidades.

No se trata únicamente del hecho represivo ejercido por la policía para castigar al ciudadano que actúa protestando contra la situación (huelgas, manifestaciones, paros, huelgas de hambre, declaraciones, protestas juveniles, etc.) sino que también se trata de hechos económicos, como los manejos con divisas, las devaluaciones que no persiguen fines realmente sociales, la especulación, las estafas, la actuación de los monopolios o de los «holdings«, las alzas de artículos de primera necesidad; etc. etc.

También se lesiona la integridad corporal del hombre, condenándolo tanto a él como a los suyos, a escasos salarios o a dietas insuficientes. En la sociedad moderna, la violación del «no matarás», puede asumir formas muy sutiles y colectivas sin que sea necesario aplicar el hecho violento.

Cuando una colectividad cualquiera le rehusa a la mayor parte de sus miembros la satisfacción de sus necesidades fundamentales, mientras las minorías se enriquecen cada vez más con el trabajo ajeno, hay una situación de violencia que se manifiesta cotidianamente a través de hechos violentos, que afectan a personas individuales, como el desempleo, la vagancia, la mendicidad callejera, el analfabetismo, la desnutrición, el abandono de los niños, el aumento de la prostitución, la delincuencia juvenil.

Si los bienes existen, pero están detentados por unos pocos (que cada vez son menos) nos encontramos en un situación de injusticia social en la cual se rompe la normal convivencia humana y se instaura la violencia.

Las estructuras políticas de tal sociedad, tarde o temprano serán abusivas o ilegítimas, en cuanto no ejercerán el poder defendiendo al pueblo o en cuanto lo temarán por la fuerza para mantener la situación violenta. Su misión será proteger los privilegios de una clase o de de unas minorías, contra las demandas crecientes de los desamparados.

La inevitable socialización de la vida humana, a medida que fue desenvolviéndose la revolución industrial, trajo como consecuencia la socialización de la violencia.

Hasta ahora no hemos podido conocer una forma de solidaridad humana ideal, por las interdependencias de todo orden, que fue provocando la revolución industrial (especialmente con la polarización creada entre los países desarrollados y los sub-desarrollados y el control de todo tipo de éstos por aquéllos) se fue creando bajo el signo de evidentes y flagrantes injusticias.

Volvemos asi, a lo que decíamos al principio: la civilización entera padece violencia. El hombre común es su víctima, en cada rincón de la tierra. Es un lujo, a esta altura de los acontecimientos —o es una ignorancia— pensar que podemos escoger o no la violencia.

De hecho, estamos todos comprometidos en situaciones violentas y somos solidarios con ellas. Muy a menudo, somos sus autores, sea que cometamos los hechos violentos por solidaridad con el sistema o sea que hayamos escogido luchar contra situaciones que difícilmente podrán ser cambiadas, sí no es por medio de recursos violentos. En pocas palabras: en el día de hoy no podemos ser árbitros por encima de la violencia.

La violencia económica

La violencia más flagrante que existe actualmente en América Latina, es la del sistema en que estamos viviendo. Hay acuerdo generalizado en considerarla como violencia estructural.

Los hombres de nuestro tiempo estamos sometidos a la violencia económica como nunca lo estuvieron los seres humanos en todo el transcurso de la historia. Es cierto que la humanidad ha conocido épocas muy sombrías de opresión y de barbarie, pero en ellas las formas de la violencia se correspondían con la rareza de los bienes y con la pobreza de la técnica. La violencia económica no había alcanzado categoría propia.

En cambio, en nuestra época se puede hablar de la violencia como una categoría específica de la violencia posible de ser ejercida por unos pocos seres humanos sobre otros. Hay violencia económica en la medida en que el poderío tecnológico que la humanidad ha alcanzado sólo es usufructuado por minorías en las cuales, de ser aplicado en beneficio de todos los seres humanos, la pobreza y el hambre podrían ser erradicados de la tierra en menos de un decenio de años.

Una sociedad, cuya minoría se permite el lujo, año tras año, de derrochar y de quemar cantidades infinitas de bienes, mientras la gran mayoría padece toda clase de necesidades, sólo puede explicarse como resultado del ejercicio sistemático de la violencia económica.

La evidencia de la violencia económica está dada por la separación, cada vez más profunda,-que existe entre el mundo desarrollado y el mundo subdesarrollado. Mundo rico y mundo pobre son las dos caras de una misma moneda. Así como una moneda no puede tener curso legal a menos de que ambas caras se correspondan, así es imposible comprender la realidad económica del mundo actual, sí no es a partir del subdesarrollo como consecuencia del desarrollo que ha tenido la humanidad —en sus zonas más privilegiadas— desde la Revolución Industrial hasta nuestros días.

El desarrollo del capitalismo hasta alcanzar su fase más aguda, prevista por Lenin —la del imperialismo—, ha terminado por crear la sociedad de la abundancia pero para el exclusivo beneficio de pequeñas minorías que detentan, a escala internacional, el contralor de los medios de producción y de la distribución de la riqueza. La gran mayoría de la población mundial ha ingresado a una categoría de la proletarización que no había sido prevista ni por el propio Marx.

No es de extrañar que entre las grandes contradicciones creadas por el sistema capitalista, emerjan en el propio seno de sus sociedades más desarrolladas, los movimientos de protesta —movimientos de contra-violencia—, ante el absurdo del sistema y ante su espantoso vacío de valores de vida. En tal sentido, la violencia económica tiene mucho de obscena.

La categoría de lo obsceno ha sido agudamente revisada por Herbert Marcuse, cuando analiza las violentas condiciones de vida de la sociedad opulenta. «Esta sociedad —dice Marcuse— es obscena en cuanto produce y expone indecentemente una sofocante abundancia de bienes, mientras priva a sus victimas en el extranjero de las necesidades de la vida; obscena al hartarse a sí misma y a sus basureros mientras envenena y quema las escasas materias alimenticias en los escenarios de su agresión; obscena en las palabras y sonrisas de sus políticos y bufones en sus oraciones, en su ignorancia, y en la sabiduría de sus intelectuales a sueldo».

Y agrega más adelante, luego de aclarar que el manejo del término obscenidad entraña un concepto moral: «No es obscena en realidad la fotografía de una mujer desnuda que muestra el vello de su pubis; sí lo es la de un genera! uniformado que ostenta las medallas ganadas en una guerra de agresión^ obsceno no es el ritual de los hippies, sino la declaración de un alto dignatario de la Iglesia en el sentido de que la guerra es necesaria para la paz».

La explotación económica de que son objeto las dos terceras partes de la humanidad, por una tercera parte cada vez más privilegiada es, sin duda, la raíz de todas las otras formas de violencia que estamos sufriendo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo Tomo N° 6
Capítulo «La Violencia» Julio Barreiro

Consecuencias Sociales De Una Mujer Golpeada Niveles de Violencia

CAUSAS Y CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER

Los Niveles de Violencia:

Nivel Violencia 1.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 2.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 3.Inundación-parálisis.

Nivel Violencia 4.Socialización cotidiana.

Nivel Violencia 5.Lavado de cerebro.

Nivel Violencia 6.Embotamiento-sumisión.

Mas abajo  se explican cada caso.

violencia mujer

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CONSECUENCIAS SOCIALES:

ÁmbitoConsecuencias de la violencia en el ámbito social
TrabajoAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
EducaciónAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
Salud

Consecuencias para la salud física (lesiones, embarazos no deseados, cefaleas, problemas ginecológicos,- discapacidad, abortos, fracturas, adicciones, etcétera).

Consecuencias para la salud mental (depresión, ansiedad, disfunciones sexuales, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos pseudopsicóticos, etcétera).

Trastornos del desarrollo físico y psicológico. Consecuencias letales (suicidio, homicidio).

SocialFugas del hogar.
Embarazo adolescente.
Niños en situación de riesgo social (niños en la
calle).
Conductas de riesgo para terceros.
Prostitución.
SeguridadViolencia social.
Violencia juvenil.
Conductas antisociales.
Homicidios y lesiones dentro de la familia.
Delitos sexuales
EconomíaIncremento del gasto en los sectores Salud, Educación, Seguridad, Justicia.
Disminución de la producción.

c

La legitimación cultural de la violencia

Para comprender el fenómeno de la violencia doméstica, resulta imprescindible comenzar por el análisis de los factores que la legitiman culturalmente.

Desde siempre, las creencias y los valores acerca de las mujeres y de los hombres han caracterizado una sociedad patriarcal que define a los varones como superiores por naturaleza y les confiere el derecho y la responsabilidad de dirigir la conducta de su mujer.

Estas actitudes y valores, que echaron raíces a través de los siglos, se traducen en estructuras sociales particulares: por ejemplo, la división del trabajo, las políticas institucionales y la discriminación de la mujer.

Los estereotipos de género, transmitidos y perpetuados por la familia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera, sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en la constitución de sociedades privadas, tales como las que están representadas por el noviazgo, el matrimonio o la convivencia.

Investigaciones llevadas a cabo en los últimos años demuestran que, a pesar de los esfuerzos realizados por numerosas organizaciones tendientes a difundir y promover ideas progresistas acerca de la igualdad entre los géneros, cierto núcleo de premisas, constitutivas de un sistema de creencias más amplio, siguen siendo sostenidas por amplios sectores de la población. Entre ellas, las más persistentes son:

• que las mujeres son inferiores a los hombres,
• que el hombre es el jefe del hogar,
• que el hombre tiene derechos de propiedad sobre la mujer y los hijos,
• que la privacidad del hogar debe ser defendida de las regulaciones externas.

Un sistema de creencias sostenido en tales premisas tiene como consecuencia inmediata la noción de que un hombre tiene el derecho y la obligación de imponer medidas disciplinarias para controlar el comportamiento de quienes están a su cargo.

Aun cuando se modifiquen las leyes, los comportamientos tienden a seguir siendo regulados por esta normativa cultural que legitima el uso de la fuerza como «método correctivo» y como instrumento de poder dentro de las relaciones privadas.

Distintos autores han señalado el valor de los mitos culturales acerca de la violencia contra la mujer como elementos que contribuyen a la perpetuación del problema.

Precisamente, una de las características definitorias del mito es su resistencia al cambio: la fuerza del mito reside en que es invulnerable a las pruebas racionales que lo desmienten.

En el caso de la violencia doméstica, los mitos cumplen tres funciones principales:

• culpabilizan a la víctima (mitos acerca de la provocación, el masoquismo, etcétera);
• naturalizan la violencia («el matrimonio es así», «los celos son el condimento del amor»);
• impiden a la víctima salir de la situación (mitos acerca de la familia, el amor, la abnegación, la maternidad, etcétera).

Tanto los mitos como los estereotipos culturales necesitan de un vehículo para encarnarse en pensamientos, actitudes o conductas. Dicho vehículo está representado por las instituciones que, dentro de la comunidad, son verdaderas transmisoras de los mensajes culturales antes apuntados.

Es por eso que más adelante nos detendremos en el análisis del problema desde la perspectiva cíe las instituciones que intervienen directa o indirectamente en su perpetuación.

Las consecuencias de la violencia en el nivel individual

El desarrollo creciente de los estudios de victimización ha encontrado su razón en la cantidad de delitos sobre los cuales no suele haber demasiada información, tales como el maltrato a la mujer en el contexto conyugal.

En el documento de trabajo sobre víctimas de delitos, el 7° Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del » Delito y Tratamiento del Delincuente señala que este tipo de víctimas constituye una gran proporción de la «cifra oscura» de la delincuencia, lo cual ha tenido por efecto minimizar la conciencia de ciertas formas de victimización como problema social (Naciones Unidas, 1985).

En ese mismo documento se señala que la_ victimización en el seno del hogar, aparte de las consecuencias físicas, tiene efectos psicológicos profundos tanto a corto como a largo plazo. La reacción inmediata suele ser de conmoción, paralización temporal y negación de lo sucedido, seguidas de aturdimiento, desorientación y sentimientos de soledad, depresión, vulnerabilidad e impotencia.

Tras esa primera etapa de desorganización, las reacciones frente a la victimización suelen cambiar: los sentimientos de la víctima pueden pasar de un momento a otro del miedo a la rabia, de la tristeza a la euforia y de la compasión de sí misma al sentimiento de culpa.

A mediano plazo, pueden presentar ideas obsesivas, incapacidad para concentrarse, insomnio, pesadillas, llanto incontrolado, mayor consumo de fármacos, deterioro de las relaciones personales, etcétera. También se puede presentar una reacción tardía, que ha sido descrita en los manuales de diagnóstico psiquiátrico como «desorden de tensión postraumática» o «síndrome de estrés postraumático» (PTD: Post-Traumatic Disorder).

El PTD consiste en una serie de trastornos emocionales que no necesariamente aparecen temporalmente asociados con la situación que los originó, pero que constituyen una secuela de situaciones traumáticas vividas, tales como haber estado sometido a situaciones de maltrato físico o psicológico. Algunos de sus síntomas son los siguientes:

• frecuentes pesadillas,
• dificultad para concentrarse social y laboralmente,
• trastornos del sueño (el más frecuente es el insomnio),
• trastornos mnésicos,
• trastornos en la capacidad de atención y concentración,
« depresión,
• sentimientos de culpa,
• miedos diversos,
• dificultades en el aprendizaje.

Carlos Sluzki (1994) ha señalado seis niveles en los que pueden ubicarse los efectos de la violencia, según la combinación de dos variables que hace interactuar: el nivel percibido de amenaza para la persona y el grado de habitualidad de la conducta violenta.

1.Disonancia cognitiva. Cuando se produce una situación de violencia de baja intensidad en un contexto o en un momento inesperado. La reacción es de sorpresa, de imposibilidad de integrar el nuevo dato a la experiencia propia. Un ejemplo de esto es cuando las mujeres maltratadas relatan el primer episodio durante la luna de miel.

2.Ataque o fuga. Cuando se produce una situación de violencia de alta intensidad de un modo abrupto e inesperado. En esos casos, se desencadena una reacción psicofisiológica de alerta, y la reacción puede ser con una posición defensiva u ofensiva, escapándose del lugar o enfrentando la amenaza.

Es el caso de las mujeres que atraviesan los ciclos iniciales de la violencia y se ven sorprendidas por una conducta violenta desproporcionada para la situación. En esos ciclos iniciales, todavía la sorpresa obra a modo de disparador de conductas de ataque o fuga.

3.Inundación-parálisis. Cuando se produce una situación de violencia extrema, que implica un alto riesgo percibido para la integridad o la vida. La reacción puede incluir alteraciones del estado de conciencia, desorientación, etcétera, y ser el antecedente para la posterior aparición del síndrome de estrés postraumático, ya descrito. Muchas mujeres relatan esa experiencia de paralización frente a situaciones tales como amenazas con armas, intentos de estrangulamiento o violación marital.

4.Socialización cotidiana. Cuando las situaciones de maltrato de baja intensidad se transforman en habituales, se produce el fenómeno de la naturalización. Las mujeres se acostumbran a que no se tengan en cuenta sus opiniones, que las decisiones importantes las tome el hombre, a ser humillada mediante bromas descalificadoras, etcétera, pasando todas estas experiencias a formar parte de una especie de telón de fondo cotidiano que tiene el efecto anestesiante ante la violencia.

5.Lavado de cerebro. Cuando las amenazas, las coerciones y los mensajes humillantes son intensos y persistentes, a menudo la víctima incorpora esos mismos argumentos y sistemas de creencias como un modo defensivo frente a la amena/.a potencial que implicaría diferenciarse (ella cree que la obediencia automática la salvará del sufrimiento). La mujer, llegada a este punto, puede repetir ante quien intenta ayudarla que ella tiene toda la culpa, que se merece el trato que recibe, etcétera.

6.Embotamiento-sumisión. Cuando las experiencias aterrorizantes son extremas y reiteradas, el efecto es el «entumecimiento psíquico», en el que las víctimas se desconectan de sus propios sentimientos y se vuelven sumisas al extremo. En esos casos, la » justificación de la conducta del agresor y la autoinmolación alcanzan niveles máximos.

En todos los casos, estos efectos de la violencia sobre la mujer están acompañados por una sintomatología física, que suele ser ubicada por los profesionales en el difuso campo de lo psicosomático. Cefaleas, dolores de espalda, trastornos gastrointestinales, disfunciones respiratorias, palpitaciones, hiperventilación son algunos de los síntomas más frecuentes, acompañando cuadros psíquicos tales como estados de ansiedad, fobias, agotamiento, adinamia, abulia, depresión, etcétera.

El modelo profesional predominante trata de buscar la causa de los síntomas dentro de sus propios esquemas explicativos y se muestra renuente a considerar la experiencia de victimización como posible motivo.

Esta conducta de los profesionales tiende a potenciar la actitud ocultadora de la mujer (apoyada en los sentimientos de vergüenza y culpa ya apuntados) , y el fenómeno de la violencia contra la mujer queda sin diagnosticar.

Por lo tanto, se le suelen indicar tratamientos sintomáticos que no consideran las verdaderas raíces del problema. Esta actitud profesional ha sido definida como segunda victimización, ya que contribuye a legitimar la violencia ejercida contra la mujer y busca en la propia víctima los motivos o las causas de las secuelas de la victimización.

Cada disciplina ha demostrado tener sus propios obstáculos epistemológicos y metodológicos que le dificultan la comprensión de alguna de las múltiples facetas que presenta el problema. Podemos señalar algunos de los más relevantes en el caso de la psicología clínica y la psiquiatría.

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Un Caso Real: Una Mujer Golpeada

Mujtar Mai es un mujer analfabeta, perteneciente a una familia muy humilde de Pakistán. Había sido casada por arreglo cuando tenía 18 años, pero no resultó.

Decidió alejarse de su marido, al que nunca amó, y con el apoyo de su familia logró el talaq, ósea el divorcio, y a pesar que una mujer en esa situación es mal vista en esa cultura, ella enfrentó los prejuicios y salió adelante.

Fue recibida nuevamente en la casa de su familia, donde trabajó sin cesar en las plantaciones de caña y trigales, ganando míseros ingresos, que sumó a los conseguidos haciendo bordados y enseñando el Corán a los niños.

Allí vivían en condiciones lamentables, sin agua, sin electricidad, y menos aun comunicación.

En 2002 su hermano Abdul Shakoor de 12 años fue visto en publico en compañía de una joven del clan mastoi, y fue acusado de violarla, deshonrando a la familia quien pedía justicia. Mujtar tenía por aquella época 28 años y fue encargada de apaciguar los ánimos de la poderosa familia. Ella fue acompañada de su padre y su tía hasta los caseríos de los vecinos agraviados.

De rodillas frente al grupo de hombres mastoi , recitó un verso del Corán, pidió compasión por su hermano, y perdón por los hechos, pero fue desoída, sus acompañantes maniatados y ella bajo presión de las armas, fue arrastrada de los cabellos hasta un establo, donde fue maltratada y violada por los iracundos hombres.

Mujtar se sentía ultrajada y deshonrada, no encontraba consuelo, y vivía en el dolor sufriendo en cada minuto del día. No comía, ni bebía, solo quería morir… un día tomó la decisión y bebió insecticida, pero su madre logró salvarla y de rodilla le suplicó que no trate mas de suicidarse.

Mutjar comenzó a reflexionar sobre lo ocurrido, y con el apoyo del mulá Razzaq decidió contárselo a la policía, y enfrentar hasta las últimas consecuencias a esta familia de una casta poderosa, y pensó: «Que se maten ellos, no les daré la satisfacción de hacerlo yo misma».

Luego de la denuncia comenzó un revuelo loca, mas tarde regional y tomó nivel nacional. Las fotos publicas con sus ojos negros, dejaban translucir todo el dolor que había invadido su mente y corazón. Aparecieron los diarios y revistas de todo el mundo, los pakistaníes defensores de los derechos humanos se hicieron eco de la situación y marcharon pidiendo justicia por la muchacha agredida.

De pronto Mutjar se convirtió en el ícono de la lucha de la mujer por sus derechos, se transformó en una heroína y el gobierno decidió apoyarla vigilando su humilde vivienda las 24 hs. y tratando de indemnizarla con un cheque, que no podía leer, por un valor aproximado de 8.000 U$s, suma que su familia no podría lograr trabajando durante toda la vida.

Ella lo rechazó, y solo pidió poder ir a la escuela para instruirse y que se haga justicia con esos feroces mastoi. Mas tarde solo aceptó el cheque con la condición de construir una escuela para la niñas de la zona, pues era conciente que solo la educación podría sacarlas de ese infierno.

Poco tiempo después los abusadores fueron conducidos al tribunal, y ella frente a los 14 mastoi esposado contó con detalles como había sido violada. El veredicto final, se declaró culpable a 6 y condenados a muerte, el resto fue liberado.

Mutjar logró su objetivo y también su escuela.

HOY MEERWALA ES HOGAR DE UNAS 5.000 PERSONAS y tiene una extensión de 130 kilómetros cuadrados. Las encaladas casas de adobe resplandecen bajo el sol de mediodía. Los trigales tienen un color entre dorado y cobrizo, y las palmeras de dátiles se yerguen altivas en el calor del verano.

Detrás de verjas negras de hierro se levanta un recinto con muros de 1,80 metro de altura. Es la casa, escuela y centro de ayuda para mujeres violadas de Mujtar Mai. En una de las seis pequeñas aulas de la planta baja, las niñas recitan el alfabeto inglés, mientras que en otra una maestra enseña ciencias usando un libro de texto en lengua urdu.

Un cartel en la pared muestra a dos niñas paquistaníes con la siguiente leyenda: «¿Por qué no nos mandan a la escuela? Piénsenlo. También será bueno para ustedes». Una cuadrilla de albañiles construye nuevas aulas que pronto formarán una escuela secundaria.

En una oficina en la planta alta, Mujtar, vestida con chal y pantalones amarillos y sandalias blancas con ñores, escucha con atención a Nasreen Bibi, una mujer del Punjab, quien le explica entre sollozos cómo unos vecinos violaron y mataron a su hija, Quasar, de siete años.

—Salió a comprar golosinas —dice con los ojos llenos de lágrimas, y Mujtar le toma con suavidad la delgada mano—. No volví a verla con vida.

En tono suplicante le pide ayuda a Mujtar para asegurarse de que los asesinos sean llevados a juicio. Hace una pausa, sin soltar la mano de Mujtar, y entonces su hermano, Jam, prosigue con el relato:

—Antes de que enterraran el cuerpo de la niña le echaron ácido en la cara, para desfigurarla y hacerla difícil de reconocer.

Varios días después la familia encontró el cadáver de Quasar, enterrado en una fosa poco profunda.
—Tenía el rostro quemado por el ácido, así que ni siquiera muerta me dejaron ver la cara de mi hija —añade Nasreen, cubriendo las manos de Mujtar con las suyas, como si rezara—. Por favor, ayúdeme.

Mujtar le pide a un asistente que proporcione a la mujer y a su hermano los datos de un abogado a quien recurren para que asesore a las personas en estos casos. Ella misma llamará a la policía para ver si están dando seguimiento al asesinato. La desconsolada madre le da las gracias.

—No tenemos a nadie más —le dice.

En promedio, cada día cinco víctimas acuden al centro de ayuda en busca de apoyo. Mujtar no rechaza a nadie.
Hoy recibe también a otra mujer cuyo esposo la golpeó y echó de su casa a patadas. No tenía a dónde ir, más que al centro de Mujtar. Tres víctimas de violación, todas con verdadero pavor de que sus esposos las maten si vuelven a casa, viven hace tres meses en el centro con sus hijos.

Todo esto afecta mucho a Mujtar. Al conocer la historia de Nasima Labano, joven de 16 años que fue violada por ocho hombres en la vecina provincia de Sindh, casi sufrió un colapso. El caso tenía un escalofriante parecido con el suyo. Ofreció refugio a la muchacha y ayuda con los gastos legales y médicos.

Mujtar nunca alza la voz y rara vez mira a los ojos a un desconocido. Aunque ha viajado mucho y obtenido reconocimiento internacional, es extremadamente tímida y prefiere que otros hablen por ella. Pero hay elegancia, incluso gracia, en su sencillez. Su afabilidad inspira respeto. (Fuente Consultada: Revista Selecciones Mayo de 2008)

Trabajo Enviado por Alumnos de 4° Año Escuela Estrada N° 345 Santa Fe
Fuente Consultada: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico Jorge Corsi (compilador)

Ampliar sobre el libro: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico

Historia de la Violacion de los Derechos Humanos Represión y Tortura

HISTORIA DE LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS

a-Terrorismo
b-Subversión
c-Represión
d-Tortura

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

«Se entiende por derecho, el conjunto de leyes, preceptos y reglas a que están
sometidos los hombres en su vida social.»

Para entender de que manera interviene lo que llamamos derecho en nuestra vida cotidiana, es importante recurrir a ejemplos sencillos y cotidianos de fácil comprensión, extraídos de diferentes situaciones que, aunque tienen trascendencia jurídica, casi nunca reparamos en ellas: subir a un autobús, tomar localidades para una sesión de cine, comprar el periódico. Ante tales actos, podemos exigir que el autobús nos transporte a un lugar determinado, o que se nos deje entrar en la sala de proyecciones para ver el espectáculo. Adquirimos la propiedad del periódico y perdemos la del dinero que hemos pagado por el.

En otros casos, el alcance jurídico de los hechos es aun mas claro: nos quitan la cartera y acudimos a la comisaría de policía para que se inicie una actividad dirigida a descubrir al culpable y se le imponga la pena correspondiente; compramos un apartamento a plazos sabiendo que contraemos una deuda, y que si no cumplimos con ella seremos demandados ante los tribunales; nos ponen una multa por no habernos detenido ante un semáforo en rojo…

Si de estos ejemplos o de otros muchos queremos deducir cual es su significado jurídico, no será difícil llegar a la siguiente consecuencia: en todos los casos expuestos podemos exigir de otros una conducta determinada, u otros nos la pueden exigir a nosotros.

Pero para que esto sea posible, es preciso que exista un conjunto de normas o reglas establecidas en virtud de las cuales surja la posibilidad de reclamar o de quedar sujetos a una reclamación. Si un individuo puede exigir que se le entregue el periódico a cambio de su precio, es porque hay una regla o conjunto de reglas que así lo disponen, como también preceptúan que el vendedor pueda exigir el pago de la mercancía.

La existencia de una regla o norma preestablecida es lo que da soporte jurídico, a todos los hechos y, de este modo nos pone en contacto con el derecho.

Al ser un mecanismo que sirve para imponer y, al mismo tiempo, garantizar un orden social, es necesario que sea un poder humano el que haga cumplir unas determinadas normas de conducta.

Este poder lo representa el Estado. El Estado no sólo crea el derecho, sino que lo aplica y lo impone por la fuerza si ello fuere necesario, ya que está investido de un poder sancionador.

No obstante, lo que hoy entendemos como derecho positivo, surgió mucho antes de que apareciera la noción moderna de Estado, ya que la coacción, sin la cual no existiría regla de derecho, puede ser obra de una colectividad (familia, tribu) o de un individuo más fuerte que otros (el padre respecto a los hijos; en la antigüedad, el amo respecto a los esclavos). También las prescripciones religiosas convertidas en imperativas por el temor de un castigo divino, tendrían de facto un carácter jurídico.

Cabe decir también que el derecho está en perpetua evolución, ya que es la expresión de una relación de fuerzas en un momento dado. Entre las fuerzas creadoras del derecho se encuentran los intereses materiales o económicos, los principios religiosos y morales, las distintas ideologías, la tradición, los hábitos, las influencias exteriores e, incluso, los sentimientos (odio, miedo, venganza, fraternidad).

La actual evolución de las ideas de libertad y su práctica nos permite afirmar que un estado participa de la tradición occidental y cristiana cuando en él hay sumo respeto por las libertades y derechos humanos, tal como, por ejemplo, surgen de ese maravilloso catálogo aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 1948 («Declaración Universal de los Derechos Humanos»).

Cuando el gobierno nacido de la voluntad de un pueblo sano y responsable, es celoso guardián del bien común por encima de las ambiciones y apetitos particulares.

Cuando los bienes que crea el trabajo común se reparten en forma tal que no haya graves injusticias, como sería la situación de los que no pueden satisfacerlas necesidades básicas, exigidas por la dignidad humana.
La negación de esta tradición occidental y cristiana, e! sometimiento de la. persona humana al capricho de un sistema político que hace del hombre «una cosa», un mecanismo de la gran máquina estatal, es característica de los países totalitarios. Ampliaremos ideas sobre ellos, en el punto siguiente.

Cuando el estado no vela por los derechos humanos: el estado totalitario

La palabra totalitario aplicada a un gobierno se ha usado modernamente como opuesta a democrático. Después de la Primera Guerra Mundial se empleó para designar a los sistemas de gobierno de Rusia Soviética (comunismo), de Italia (fascismo) y de Alemania (nazismo). Actualmente se aplica a aquellos países donde las libertades fundamentales del hombre son, ya sea teórica o prácticamente, negadas por el gobierno del estado.

Etimológicamente, totalitarismo proviene de total; ello se explica porque en los países donde impera, el gobierno y sus organismos lo son todo y frente a ellos la persona queda como absorbida, como reducida a un diminuto engranaje.

A veces, se ha distinguido entre totalitarismos de derecha (fascismo, nazismo) y totalitarismos de izquierda (comunismo). En los primeros se han respetado algunos derechos, tales como el de propiedad privada, y se han exaltado los valores patrióticos y nacionales.

Todo totalitarismo es condenable porque su error de raíz consiste en el menosprecio de la persona y el endiosamiento del estado. Por otro lado, los medios que emplean para mantenerse en el poder, el aparato policíaco de que se valen, no difieren fundamentalmente.

Características de los estados totalitarios

• La dictadura, es decir, concentración de todo el poder en manos de una sola persona.

• El desprecio por el sistema democrático y sus instituciones.

• La organización política teniendo como base un solo partido, el oficial; este es e! único partido reconocido legalmente; todos los demás son ilegales.

• El partido gobernante está dirigido por una minoría.

• Existe una policía secreta que controla a los opositores políticos y vigila la ejecución de la política del gobierno.

• Hay un severo control de la vida nacional en todos los aspectos: industria, comercio, vida sindical, enseñanza, iglesia, etc.

•  La propaganda estatal se efectúa por medio de la radio, el cine, la prensa y demás medios de expresión.

• La enseñanza, en todos sus niveles, está controlada por el estado y la misma sirve de medio de adoctrinamiento y propaganda política.

Violación de los Derechos Humanos: Terrorismo, Subversión, Represión y Tortura

Los actos de TERRORISMO cometidos por particulares o por bandas organizadas persiguen un determinado fin político: subvertir el orden legal con el propósito de adueñarse del poder e imponer al país su ideología. A este accionar delictivo, se lo conoce corfíel nombre de SUBVERSIÓN TERRORISTA puesto que utiliza el terror como camino para cambiar el orden institucional. Producida esta situación tan grave, y atendiendo a la búsqueda del Bien Común, corresponde la intervención del Estado que, en uso del Poder Público del que está investido, debe defender a la sociedad de tamaños delitos, y complementariamente, sancionar a los responsables.

Al ejercicio de este deber se lo denomina REPRESIÓN, la que generalmente está a cargo de las fuerzas policiales, y en circunstancias especiales, de las Fuerzas Armadas. La principal característica que debe ofrecer la acción represiva del Estado contra la delincuencia es que debe ceñirse estrictamente a las normas legales y ejecutarse en el marco de las leyes.

En caso de que esta represión se extralimite y cometa excesos de magnitud, el Estado estaría incurriendo en deiitos similares a los que pretende reprimir, cayendo así en la REPRESIÓN TERRORISTA para combatir la subversión.

Cabe colegir que el terrorismo puede ser utilizado por los sectores antagónicos: la Subversión, dispuesta a imponer su ideología, y las Fuerzas Públicas, decididas a impedirlo. En ambos casos, la víctima es la misma: los Derechos Humanos.

LA SUBVERSIÓN: El fenómeno subversivo, aunque de muy antigua data, ha proliferado en las últimas décadas, y puede decirse que son contados los países que no lo han padecido. Aún en nuestros días, vastas regiones de nuestro continente sufren este flagelo.

Numerosas son las causas que lo producen y de ellas se destacan las dos siguientes:

• Ante todo, es innegable que la subversión está inspirada —sino abiertamente dirigida— por el marxismo internacional que pretende la expansión de su ideología sobre todos los países a cualquier costo.

• Otra causa, de índole interna, puede ser ia disconformidad y un cierto grado de frustración, experimentados por vastos sectores de la población a causa de sus carencias socioeconómicas. La imposibilidad del gobierno de satisfacer estas expectativas en forma inmediata, es aprovechada por la subversión para justificar sus acciones.

LA REPRESIÓN: Ya se ha adelantado-que la represión de los delitos es tarea propia del Estado, a la que está obligado por ser uno de sus deberes más importantes. Según el diccionario, reprimir es sinónimo de contener, refrenar, moderar… vocablos que las leyes y códigos utilizan indistintamente en la formulación de las normas penales: «será reprimido con tal pena… aquel que cometiere tal delito…» La represión de los delitos, es así un DEBER de las instituciones que ejercen el Poder Público.

La represión a cargo del Estado, posee, entre otras, dos características fundamentales:

• Debe ser LEGAL: ejercida por quien tiene derecho a hacerlo, fundada en la ley y de acuerdo con órdenes emanadas del superior legítimo.
• Debe ser JUSTA: ejercida conforme a derecho. Todos los códigos del mundo establecen las condiciones en que puede procederse a la detención de personas, su sometimiento a proceso y la aplicación de las penas que corresponde.

La represión que no respete estos carriles se convierte en Abuso de Autoridad, delito que a su vez, está también reprimido por las leyes. En particular, la represión que con pretexto de eficacia se propasara tanto que utilizara el terror en forma sistemática, sería absolutamente censurable. Cometer delitos para castigar a los delincuentes es una de las más aberrantes formas en que se pueden vulnerar los Derechos Humanos.

No se trata de proteger a los subversivos, sino de aplicarles todo el peso de la ley, respetando sus derechos, aunque ellos no lo hayan hecho con sus víctimas. En caso contrario, la legalidad y la delincuencia estarían en un mismo nivel, lo cual constituiría una monstruosidad jurídica.

Lamentablemente, ello ocurrió en nuestro país, cuando se pretendió combatir a la subversión utilizando sus mismos métodos, superados en muchos casos. Taíes hechos integran, sin duda alguna, uno de los más nefastos capítulos de nuestra historia. Actualmente, con la recuperación de la Democracia, se ha reimplantado en el país el «estado de derecho» uno de cuyos logros más positivos, ha sido poner en manos de la justicia las denuncias sobre tales excesos: a ella corresponderá el veredicto definitivo, diferenciando la justa represión de la represión terrorista.

LA TORTURA: El empleo de la tortura para castigar delitos, para forzar declaraciones o para imponer creencias, ha sido siempre un motivo de vergüenza para la humanidad. En épocas no muy lejanas, los tribunales de justicia admitían la aplicación de tormentos como recurso habitual para indagar la verdad, sometiendo a los presuntos culpables a las más aberrantes formas de tortura.

Modernamente, tales procedimientos han desaparecido de todas las legislaciones del mundo. Sin embargo, en no pocos países, sobre todo en aquéllos con regímenes dictatoriales, aún se recurre a la tortura como sistema de castigo o como método de investigación por supuestos delitos, sobre todo, con connotaciones políticas. El hecho de que tales procedimientos sean realizados o permitidos por los gobiernos, a los que se supone defensores de la legalidad y la justicia, torna más paradógico tal proceder.

Desde su creación, las Naciones Unidas han realizado constantes esfuerzos para combatir este flagelo inadmisible en nuestra civilización moderna. Luego de siete años de estudios, en diciembre de 1984, la Asamblea General sancionó por unanimidad la Convención contra la tortura con el fin de que todos los Estados del mundo adopten las medidas necesarias y reformen sus legislaciones y sistemas penales, para «erradicar la tortura y los malos tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes».

Nuestro país se enorgullece de que nuestra primera Asamblea haya proscripto ya en 1813, los castigos corporales y ordenado la quema en público de los instrumentos de tortura. Además, en nuestra Constitución de 1853 figuran normas expresas en igual sentido. Sin embargo, estos principios tan elevados no se corresponden con hechos ocurridos posteriormente, y en modo particular, en las dos últimas décadas.

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La aceptación por nuestro país de la Convención de las Naciones Unidas y sobre todo, de aquí en más, su estricto cumplimiento, demostrará que tales episodios realmente han sido «hechos del pasado». Dada su singular importancia, extractamos los párrafos más significativos:

EXTRACTO DE LA CONVENCIÓN CONTRA LA TORTURA:

Se considera «tortura» a todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigar/a por un acto que baya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento.

Todo Estado tomará medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole para impedir los actos de tortura en todo el territorio que esté bajo su jurisdicción.

En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura. No podrá invocarse una orden de un funcionario superior o de una autoridad pública como justificación de la tortura.

Ningún Estado parte procederé a la expulsión, devolución o extracción de una persona a otro Estado cuando haya razones fundadas para creer que estaría en peligro de ser sometida a tortura.

Todo Estado parte velará porque todos los actos de tortura constituyan delitos conforme con su legislación penal. Lo mismo se aplicará toda tentativa de cometer tortura y a todo acto de cualquier persona que constituya complicidad, participación o encubrimiento de la tortura.

Los delitos a que se hace referencia, se considerarán incluidos entre los delitos que dan lugar a extradición en todo tratado de extradición celebrado entre los Estados partes.

Todo Estado parte velaré porque toda persona que alegue haber sido sometida a tortura en cualquier territorio bajo su jurisdicción tenga derecho a presentar una queja y a que su caso sea pronta e imparcialmente examinado por sus autoridades competentes, se tomarán medidas para asegurar que quien presente la queja y los testigos estén protegidos contra malos tratos o intimidación como consecuencia de la queja o del testimonio prestado.

Todo Estado parte velará por que su legislación garantice a la víctima de un acto de tortura la reparación y el derecho a una indemnización justa y adecuada, incluidos los medios para su rehabilitación lo más completa posible. En caso de muerte de la víctima como resultado de un acto de tortura, las personas a su cargo tendrán derecho a indemnización.

Todo Estado parte se asegurará de que ninguna declaración que demuestra que ha sido hecha como resultado de tortura pueda ser invocada como prueba en ningún procedimiento, salvo en contra de una persona acusada de tortura como prueba de que se ha formulado la declaración.

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La violación de los derechos humanos en América Latina:

La violación de los derechos humanos no es un fenómeno reciente en América Latina, pero los niveles alcanzados a partir de la década de los setenta, de mano de las dictaduras militares, no tienen equivalentes en su historia, si se exceptúa el proceso de conquista y colonización, durante los siglos XV y XVI.

Si bien la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la desnutrición, los bajos niveles de salud, la mortalidad infantil y el hambre, han estado presentes durante todo el siglo XX, estos problemas sociales alcanzaron niveles sin precedentes bajo los gobiernos dictatoriales de las últimas décadas.

Las dictaduras militares, y los grupos de poder económico que las impulsaron y las sostuvieron, llevaron adelante la transformación de las economías latinoamericanas apelando a la represión y a la violencia sobre la población. Esta represión consistió, fundamentalmente, en la detención, la desaparición el asesinato de los opositores a! gobierno, incluso de Por otra parte, se eliminó todo derecho a la la tortura se transformó en el método corriente para la obtención de información sobre la actividad de los opositores.

Por medio del terrorismo estatal se buscó generalizar el miedo entre la población. La amenaza y el uso permanente de la fuerza alcanzó a toda la sociedad: obreros, estudiantes, empresarios; jóvenes, adolescentes, ancianos, bebés y niños; deportistas, intelectuales y discapacitados. Todos se transformaron en posibles víctimas.

A pesar de las diferencias que presentaban, las dictaduras militares poseían una forma política común, caracterizada por la supresión de la mayor parte de los derechos civiles, políticos y sociales. Las Fuerzas Armadas se consideraron como la institución  que representaba los valores de la nacionalidad y que tenía la misión de «curar» a la sociedad de los males que la, afectaban. Se disolvieron los partidos políticos, o se suspendió su actividad, y las Fuerzas Armadas controlaron todos los recursos de poder.

EL DISCURSO DE LOS DICTADORES: Uno de los aspectos más sorprendentes de las dictaduras militares que se desarrollaron en América Latina, lo constituye el hecho de que todas ellas se ejercieron elaborando un discurso en el cual se decía preparar las condiciones para el ejercicio de la «verdadera democracia», aun cuando para ello se debieran anular algunas o todas las premisas de la misma. Los dictadores accedían al poder diciendo proteger la democracia, amenazada por la crisis económica y las protestas sociales. En nombre de la democracia, los gobiernos dictatoriales violaban todos sus principios, despreciaban la voluntad de las mayorías y anulaban o reemplazaban las Constituciones. En la mayoría de los casos, cuando la Constitución lo permitía, los dictadores se hacían reelegir regularmente, mediante el fraude o la represión de los opositores; en caso contrario, anulaban la Constitución o designaban a algún testaferro.

Los desaparecidos constituyen una de las más pesadas herencias dejadas por la dictadura militar, tanto en Argentina como en otros países de América Latina. A diferencia de lo ocurrido con los detenidos y encarcelados, la mayoría de los secuestrados eran encerrados en centros clandestinos de detención, de los cuales se los trasladaba para ser asesinados. A partir de su secuestro, los familiares que comenzaban a solicitar informes a las autoridades, creyéndolos prisioneros en alguna cárcel del país, encontraban que los miembros de las Fuerzas Armadas siempre negaban tener conocimiento de estas personas y de lo que les había ocurrido. El drama de los desaparecidos es aún hoy una herida abierta en las sociedades que lo padecieron y que sólo puede cerrar la justicia.

Terrorismo estatal
Se denomina de este modo a las acciones represivas llevadas a cabo por grupos de militares y civiles que conformaban las dictaduras militares de América latina, consistentes en el secuestro, la desaparición, la tortura y el asesinato de hombres, mujeres y niños, con el propósito de atemorizar y evitar cualquier tipo de disconformidad o descontento frente a las políticas económicas llevadas adelante desde el gobierno.

Fuente Consultada:
Formación Cívica  2° Año Escuelas de Comercio
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – Océano

Garantías Constitucionales Cuando Somos Detenidos

El Preambulo de la Constitucion Nacional Explicado Objetivos

El Preámbulo de la Constitución Nacional Explicado

El preámbulo es una declaración realizada por los constituyentes, en la cual se fijan y precisan los grandes objetivos que se persiguen con la sanción de la Constitución.

La Ley Fundamental, además de establecer las principales pautas de organización dentro del Estado, constituye un amplio programa de gobierno. Se trata del programa destinado a perdurar el mayor lapso de tiempo posible, no del detallado plan que confeccionan los distintos gobiernos en ocasión de su paso por el poder.

Nuestro preámbulo comienza reivindicando el origen democrático de la carta magna. Son los representantes del pueblo quienes, reunidos en un Congreso, elaboran la Constitución. Toman como antecedentes los pactos que las provincias habían celebrado luego de la Independencia, con la finalidad de elaborar una Ley Fundamental para el país.

Los constituyentes se proponen organizar un país unido, que cuente con una justicia afianzada, donde reinen, por siempre, la paz y la libertad y se persiga el bienestar general de la población. Se expresa una política inmigratoria abierta y se invoca la protección divina como «fuente de toda razón y justicia». Estos enunciados, a pesar de que no componen el texto propio de la Constitución, conforman criterios básicos para su interpretación.

preambulo argentino

El Preámbulo
«El preámbulo de las constituciones políticas es el resumen, digámoslo así, de todas sus disposiciones, el objeto que éstas se proponen asegurar, y como una tesis que todos los parágrafos siguientes vienen a comprobar.

Todas las constituciones escritas y emanadas de a voluntad del pueblo, por medio de la ciencia de sus legisladores, llevan esta introducción; y cuando en la Asamblea Constituyente de 1848 en Francia se propuso la moción de suprimir todo preámbulo, M. Lamartine, en un elaborado discurso, hizo sentir la conveniencia y la necesidad de esta declaración previa de los objetos y fines de una constitución, para asegurar y fijar la inteligencia e interpretación de sus disposiciones, por aquella declaración de principios constitutivos y constituyentes, que dejan consignados el espíritu de los legisladores que la dictaron y los fines que se propusieron alcanzar.

El preámbulo de las Constituciones es, pues, no sólo parte de la ley fundamental, sino también la pauta y la piedra de toque para la resolución de todos los casos dudosos, conformando su interpretación y práctica con los fines para que fueron adoptadas las subsiguientes disposiciones y el espíritu que prevaleció en su adopción.»

«En cumplimiento de pactos preexistentes»
«Los dos parágrafos añadidos al preámbulo de la Constitución Argentina son de una alta importancia, y fijan con precisión el espíritu de muchas de las subsiguientes disposición es.

El primero establece como base que los Representantes del pueblo de la Confederación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias, obran en cumplimiento de pactos preexistentes.

Los Representantes se refirieron a ciertos pactos preexistentes entre las provincias, que no creyeron oportuno especificar; la frase abraza todos los pactos preexistentes que ponen límites a la voluntad nacional, a su territorio o sus relaciones en general con el resto del mundo.

Pertenecen a los convenios entre las provincias, relativos a la Constitución, el pacto celebrado en Santa Fe en 1831 entre las cuatro provincias litorales de los Ríos Paraná y de la Plata, como asimismo el Convenio de San Nicolás, que arregló las bases de la representación. El pacto litoral no contiene, propiamente hablan do,’si no disposiciones transitorias y el reconocimiento de la supremacía del Congreso Argentino para estatuir sobre las cuestión es de interés general, según se establece en las atribuciones del Congreso.

El convenio de San Nicolás, que declara vigente el primero, no estatuye tampoco otro principio subsistente que el que ya había dejado consignado el pacto federal, a, saber, que la Constitución Nacional sería bajo el sistema republicano, representativo, federal, añadiendo la prohibición a los gobiernos de las provincias de dar instrucciones especiales a sus Representantes en el Congreso; quedando así autorizados con toda clase de poderes para el desempeño de su misión. La forma de gobierno adoptada en la Constitución parte de esta base, es dada en cumplimiento de pactos preexistentes».

‘Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino»
«Tal declaración importa una invitación hecha a todos los hombres del mundo a venir a participar de las libertades que se les aseguran, una promesa de hacer efectivas esas libertades, y una indicación de que hay tierra disponible para los que quieran enrolarse en la futura familia argentina. En una palabra: la República Argentinas declara en estado de colonización, e incorpora en sus instituciones la expresión de este sentimiento, el deseo de verlo satisfecho y los medios seguros de verificarlo.

El elemento del orden de un país no es la coerción; son los intereses comprometidos. La despoblación y la falta de industria prohijan las revueltas: poblad y cread intereses. Haced que el comercio penetre por todas partes, que mil empresas se inicien, que millones de capitales estén esperando sus productos, y crearéis un millón de sostenedores del orden.»

Domingo Faustino Sarmiento Comentarios de la Constitución