Que es el Pueblo?

La Sociedad Política Características y Concepto

La Sociedad Política Características y Concepto

La sociedad política: Nuestra naturaleza humana nos impone vivir en sociedad. Sin la sociedad no podemos sobrevivir; mucho menos desarrollar nuestra persona. La vida y la actividad de los hombres se desarrollan en múltiples grupos. Pertenecemos a una familia, a una ciudad, a una provincia; concurrimos a una escuela, colegio o centro educacional; formamos parte de un grupo artístico, cultural o deportivo; trabajamos en un taller, en una empresa o en una oficina; integramos un sindicato o un grupo profesional.

Cada uno de estos grupos satisface determinadas necesidades o desarrolla aspectos de nuestra persona. El grupo de trabajo, nuestras necesidades económicas; el grupo educacional, nuestras necesidades de formación, etc.

En cada grupo se da una jerarquía: hay quien manda y quien obedece. En la familia manda el padre; en el colegio, el rector; en él club, el presidente. Quien está al frente de ellos es el responsable de su buen funcionamiento. Si el grupo no es bien mandado no cumple sus finalidades. Ningún grupo humano puede funcionar bien si no es conducido con capacidad.

Existe otro grupo humano, mayor y más universal: la sociedad como tal. Una sociedad global en la cual todos los otros grupos se ordenan, integran y jerarquizan. En él tienden a compaginarse los intereses y las necesidades de todos. Esta sociedad, para nosotros la República Argentina, es lo que se llama sociedad política.

Las otras sociedades menores y todas las actividades (económicas, asistenciales, educacionales, administrativas, recreativas, etc.) se coordinan en ella y le están sujetas. De su conjunto debe resultar para todos los hombres la seguridad y la justicia, la satisfacción de sus necesidades y el desarrollo de sus personas. Por esto los filósofos clásicos la llamaban «sociedad perfecta».

La sociedad política tiene leyes que regulan la convivencia y gobernantes que administran y conducen. Si los gobernantes no son aptos y honrados se multiplican las injusticias, las necesidades de muchos quedan sin cubrir, se multiplican las tensiones sociales.

El concepto de sociedad política perfecta es relativo y resulta condicionado a través de la historia y en distintos lugares del mundo, por el nivel cultural de los grupos humanos. En las comunidades primitivas la familia y luego el «clan» (conjunto de familias con un antepasado común) constituyen la sociedad política perfecta. Para los antiguos griegos, la «polis» (ciudad-estado) era su sociedad perfecta.

A medida que mejora el nivel cultural medio las necesidades de la comunidad aumentan (los caníbales no tenían necesidad de servicios sanitarios), y consecuentemente se amplía el ámbito de esa sociedad.

En la Edad Media el señor feudal atiende a todas las necesidades de sus vasallos y el feudo es la sociedad perfecta. Por distintas circunstancias, inclusive algunas de naturaleza política y militar, los señores feudales se vuelven incapaces de satisfacer hasta sus propias necesidades, empiezan a unirse y se forman los reinos, origen de la mayor parte de los estados modernos que constituyen nuevas sociedades perfectas.

La tendencia hacia la ampliación del ámbito de las sociedades perfectas parece continuar y a la vez que surgen organizaciones políticas internacionales (Naciones Unidas, Estados Americanos) se van formando comunidades de naciones con el objeto de satisfacer nuevas necesidades (Comunidad Económica Europea, Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, etc.).

El Poder Supremo

Entre la sociedad política y las otras sociedades existe una diferencia fundamental: el poder de la sociedad política es supremo y las demás sociedades, de una u otra forma, le quedan sometidas.

El estado dicta leyes sobre economía, educación, sobre sindicatos, sobre empresas, sobre asistencia médica y social, sobre actividades deportivas, etc., etc. Tales leyes regulan el funcionamiento de las otras sociedades. Incluso dicta leyes sobre problemas familiares.

Si un padre no cumple con sus obligaciones esenciales puede intervenir la justicia; si una empresa no cumple sus compromisos o contratos, se puede acudir a la autoridad competente. Cosa semejante sucede si el presidente de un club, o si el director de un colegio faltan a sus obligaciones. El poder que ejercen sus autoridades siempre está, en alguna forma, subordinado.

No sucede lo mismo con la autoridad estatal. Si una ley ha sido aprobada debo obligatoriamente cumplirla; si la estimo injusta, sólo me queda acudir al mismo Congreso que la dictó pidiendo que la derogue o modifique. Si el Presidente dicta un decreto, no me queda sino acatarlo; si un juez dicta una sentencia, su cumplimiento es obligatorio.

Este poder supremo es lo que se ha llamado soberanía. El término proviene de soberano, «el que está sobre todos», apelativo que se daba a los monarcas. Podemos definir soberanía como «el poder de autodeterminación que tiene un pueblo, en virtud del cual se organiza, dicta sus propias leyes y regula su vida y actividad sin dependencia de otros estados o potestades humanas».

En la época de las monarquías absolutas fue Juan Bodino quien usó el término para significar el poder absoluto de los monarcas. Según sus teorías el rey podía disponer a su arbitrio del poder. A nadie debía dar cuenta de sus actos, sino a Dios y a su conciencia. Es lo que expresaba Luis XIV al decir: «el estado soy yo». Entendía soberanía como poder absoluto.

El poder absoluto de los reyes así concebido, la revolución francesa lo atribuyó a la nación. Para algunos soberanía es el poder absoluto e ilimitado de la nación, que es la que crea los derechos y en último término estatuye lo que está bien y lo que está mal. Fue Rousseau quien fundamentó esta teoría.
Para nosotros, soberanía tiene otro sentido. Soberano es el poder supremo, que no está sujeto a otra potestad terrestre. Lo cual no significa que sea absoluto, ni ilimitado.

Cuando decimos que la Argentina es un país soberano queremos decir que tiene derecho a autodeterminar sus leyes y sus instituciones, a conducir su propia vida sin sujetarse a otro poder superior y extraño.

No queremos decir que tal poder sea ilimitado. No existe poder terrestre que lo sea. Incluso el poder supremo, para que sus resoluciones sean legítimas y válidas, debe respetar la ley natural, los derechos humanos y los derechos de los otros pueblos.

En la actualidad casi todas las naciones tienen su poder supremo limitado por sus compromisos con otros pueblos y con los organismos internacionales.

Cuando hablamos de «soberanía popular», lo que queremos decir es que en la democracia el poder supremo, en última instancia, reside en la comunidad. De ella deriva el poder de los gobernantes.

Teorías de la Soberanía

El problema de la justificación del poder ha preocupado siempre a los hombres.

Se han elaborado diversas teorías.

Las dividiremos en teocráticas y democráticas.

Las teocráticas concebían al poder como concedido directamente por Dios a los gobernantes. Las principales son:
1) la de la naturaleza divina de los gobernantes. Estos son dioses, o participan de la divinidad. Por ejemplo, los faraones en Egipto, los Incas, en Perú.
2) de la investidura divina, que afirma que los gobernantes son designados por el mismo Dios.
3) de la investidura providencial. Los hombres designan a los gobernantes, pero el poder les viene de Dios. Los católicos creemos que el poder del Papa proviene directamente de Dios, aunque su designación sea obra de hombres. Cosa semejante sostiene esta teoría respecto al poder político.

Las democráticas sostienen que el poder supremo proviene del pueblo.

Las principales son:

1) de la soberanía fraccionada, cuyo autor es Rousseau. Como los hombres somos iguales nos reunimos mediante un «pacto» para formar la sociedad. Cada uno tiene una parte de la soberanía, con la suma de las cuales se forma el poder supremo.

2) de la soberanía nacional, que atribuye a la nación un ser real, distinto de los miembros que la constituyen, la cual es considerada como única poseedora de la soberanía. Ninguna fracción o grupo tiene derecho a gobernar. Gobiernan los designados por la nación.

Fue la teoría de la Revolución Francesa, producto de una circunstancia histórica: los revolucionarios habían destituido y guillotinado al rey, que hasta entonces detentaba el poder soberano. No podían invocar la soberanía del pueblo, porque si hubiesen convocado a elecciones, el pueblo, que en su mayor parte era monárquico, hubiese votado por la restauración de la monarquía. Entonces inventaron el concepto de nación como ser con realidad propia y a él atribuyeron la soberanía ilimitada.

3) de la soberanía proletaria, originada en la concepción mar-xista de la lucha de clases. Afirma que la soberanía reside en la clase proletaria, la más numerosa y positiva. Es ella la que tiene derecho a gobernar, por medio de sus elementos más conscientes que son los miembros del partido comunista.

Esta teoría ha conducido al poder absoluto y dictatorial del partido y del gobierno en los países comunistas, como etapa de transición a una sociedad ideal donde no haya oprimidos por el Estado que para el marxismo es una creación capitalista. Cada una de estas teorías ha servido para justificar el poder supremo en distintas sociedades y pueblos.

El concepto de soberanía es un concepto abstracto, usado en diversos sentidos, y por lo tanto equívoco. Por eso más que hablar de poder soberano, hablaremos de poder supremo.

esquema soberanias

La justificación del poder

esquema sociedad politica

El problema real en toda sociedad es la justificación del poder supremo y la determinación de sus fines y sus límites.

Vamos a exponer los fundamentos de la concepción cristiana del poder. Según ella el poder viene de Dios y viene del pueblo a la vez.

El poder viene de Dios:

— la naturaleza obliga al hombre a vivir en sociedad.
— la sociedad, para cumplir sus fines necesita un poder que la coordine y dirija. Sin autoridad la sociedad se convierte en caos y la convivencia es imposible.
— es Dios, autor de la naturaleza, quien ha puesto estas exigencias y hecho necesaria la autoridad. El poder no existe por capricho humano, sino por designio de Dios.
— no es Dios quien designa los gobernantes, ni establece las formas del poder. Esto es obra de los hombres. Pero los fines esenciales del poder, sus límites y modos fundamentales están dados por la naturaleza, es decir, por Dios.

El poder viene del pueblo:

— nadie entre los hombres tiene por naturaleza propia poder sobre otros hombres. Todos somos esencialmente iguales.
— el poder pertenece al pueblo, a la comunidad. Es ella quien establece las formas de gobierno y designa las autoridades. Si el presidente tiene derecho al poder es porque la comunidad lo ha designado. Si el rey tiene derecho al trono es porque el pueblo ha aceptado este sistema.
— cada pueblo crea a través de la historia y de sus instituciones, sus formas propias de organizar el poder y de designar a los gobernantes. Pero los fines esenciales del poder, que es la búsqueda del bien común, no varían.
— ningún pueblo está por naturaleza sometido al dominio de otro. Tiene derecho a crear sus formas políticas y conducir sus destinos con independencia de todo otro poder terrestre. Por esto decimos que es soberano, o que el poder supremo pertenece al pueblo.
— del pueblo, por lo tanto, reciben su poder los gobernantes. Ante él son responsables, no sólo ante Dios y su conciencia.
— ningún poder terrestre es absoluto o ilimitado. Todo poder, incluso el poder del pueblo, está sujeto al orden moral.

Tal concepción nos da los principios para interpretar con exactitud la naturaleza y los alcances de la soberanía. La democracia tiene la ventaja sobre otras formas de gobierno de que hace explícitos y conscientes estos principios.

 

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Biografía de Napoleon III Luis Presidente de Francia

Biografía de Napoleón III

Napoleón III (1808-1873), presidente de la República (1849-1852) y emperador de los franceses desde 1852 hasta su derrota frente a la pujante Prusia, en 1870. Fue el creador del II Imperio Francés, llamado Luis Napoleón Bonaparte, y de nombre imperial fue el de Napoleón III, era el sobrino del Napoleón por excelencia, Napoleón I Bonaparte. Contrajo matrimonio, en 1853, con la aristócrata española Eugenia de Montijo. Refugiado en Inglaterra, en Chislehurst, murió el 9 de enero de 1873

El 9 de junio de 1815 terminaban las sesiones del Congreso de Viena. Todas las potencias que exaltaban el principio llamado de legitimidad habían participado, y restablecían los gobiernos monárquicos reconocidos antes de la Revolución y de la epopeya napoleónica.

Se había creído que con la proclamación de un principio se apagaría en la conciencia de los pueblos el entusiasmo y el deseo de libertad que el gran Corso había suscitado. Las decisiones del Congreso no habían hecho más que retrasar un proceso histórico normal que iba a proseguir a través de toda una serie de revoluciones y de guerras.

En Francia, gracias a las hábiles maniobras del príncipe de Talleyrand, quien después de haber sido ministro de Napoleón puso su astucia al servicio de los legitimistas, Luis XVIII había ascendido al trono en 1824; su hermano Carlos X le sucedió.

Estos dos reyes, sobre todo el segundo, que ambicionaba restaurar el absolutismo de la monarquía, trataron de borrar el recuerdo de Napoleón del corazón de los franceses. En realidad, éste, después de su muerte en la isla de Santa Elena, en 1821, había llegado a ser para los bonapartistas un ídolo inolvidable.

Es necesario recordar la exaltación del alma popular y el deseo lleno de nostalgia que tenían los franceses de volver a ver como jefe a un hombre digno de suceder a su venerado emperador, para comprender las razones del éxito inesperado de Carlos Luis Napoleón, sobrino de Napoleón I.

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Casado en  1853 con la bella aristócrata española Eugenia de Montijo, quien pasó gran parte de su juventud viajando y visitando las principales ciudades de Europa, y tuvo un lugar importante en la vida pública del país.  En las comidas, donde se reunían nobles y diplomáticos de diferentes naciones, a menudo se tomaban importantes decisiones políticas.

Carlos Luis Napoleón nació en 1808, en París. Eran sus padres Hortensia de Beauharnais y Luis Bonaparte, rey de Holanda de 1806 a 1810. Cuatro años antes que él había nacido Luis Napoleón, el hermano a quien siempre quiso y que compartió sus aventuras de juventud. Pasaron su infancia bajo la protección del ilustre tío, de quien heredaron las ambiciones.

Pero la derrota napoleónica y la restauración de la monarquía alcanzaron directamente a los miembros de la familia Bonaparte. Luís Bonaparte tuvo que refugiarse en Italia, adonde llevó a su hijo mayor, mientras que su esposa, de quien estaba separado, se retiró a Suiza con su hijo menor. Se instalaron en el castillo de Arenenberg, situado a orillas del lago Constanza, en un lugar magnífico pero solitario.

Transformados en vasallos suizos, madre e hijo pasaron allí una vida cuya monotonía solamente fue interrumpida por tres viajes que Luis Napoleón hizo a Italia para ver a su padre (1823, 1824 y 1826).

El niño tenía un carácter tan reservado que su madre tomó la costumbre de llamarlo «el dulce sombrío»; pero quizás porque había sido ganado para la causa de las ideas liberales por su preceptor, se interesó desde muy niño por los pueblos oprimidos, víctimas de potencias extranjeras o de los gobiernos absolutistas del propio suelo.

Su hermano se parecía mucho a él en el ardor juvenil, y durante la guerra ruso-turca (1827-1829) pidieron, aunque en vano, a su padre que les permitiera enrolarse en los ejércitos que luchaban contra los turcos.

En 1830, según la expresión de Octavio Aubry, Luis Felipe «escamotea» la corona. Pero en Italia el viento de la insurrección continúa soplando. Los «carbonarios», en cuya secta ingresaron los dos hermanos, fueron vencidos, pero no abatidos. Y de pronto en Romana se produce un nuevo levantamiento. Los dos jóvenes se enrolan.

En febrero de 1831 la temeraria empresa parece estar a punto de triunfar. Pero los austríacos envían tropas adiestradas en la verdadera guerra. Los dos príncipes huyen a Forli, En la huida, el mayor es mortalmente herido. Por consideración hacia su madre, se dirá que murió de sarampión. El mismo Luis ha sido herido. Hortensia acude y lo lleva consigo a París.

Sin embargo, sus aspiraciones y el deseo innato de actuar le impiden resignarse a una vida apacible. En 1832 acontecía algo decisivo para el futuro: la muerte en Viena del único hijo de Napoleón I, el joven Napoleón II, en quien habían cifrado hasta entonces todas sus esperanzas los bonapartistas franceses.

En virtud de los senadoconsultos, que habían establecido la sucesión imperial, el príncipe Luis Napoleón era el representante directo de la dinastía napoleónica; la monarquía se mostraba inquieta por ella. En consecuencia, hizo renovar la ley de destierro para la familia Bonaparte.

El joven príncipe se retira a Arenenberg durante cuatro años, pero es con el fin de prepararse a desempeñar su papel en el gran escenario europeo. Escribe obras políticas y militares; se mantiene al corriente de los movimientos de simpatía popular y de las manifestaciones a favor del imperio, y hasta llega a provocarlos. Tiene frecuentes contactos con los bonapartistas, y sabe que en todas partes se está conspirando.

En 1836 pasó decididamente a la acción, tratando de sublevar a una guarnición en Estrasburgo y de derribar al rey. Esta empresa aventurada, digna de un audaz héroe del romanticismo, terminó en un fracaso completo. Fue arrestado, y luego de una corta detención, llevado a Estados Unidos. Volvió poco después a Europa y permaneció un tiempo en Inglaterra.

En 1836 fracasó la tentativa de Luis Napoleón para derribar la monarquía de Luis Felipe. En Estrasburgo, el príncipe, que llevaba uniforme de coronel, fue rodeado junto con sus cómplices, y debió rendirse. Fue llevado a Taris como prisionero. Luego de una corta detención, fue deportado a América del Norte, pero en corto tiempo regresó a Europa y se estableció
en Londres.

El 6 de agosto de 1840 hizo una nueva tentativa, en Boloña, para adueñarse del poder. Esta vez fue condenado a prisión perpetua y encerrado en el castillo de Ham. Pasó allí casi seis años, que dedicó a leer. Su causa no perdió nada con su encarcelamiento, pues si cuando era libre había ganado la simpatía del pueblo, ahora que estaba prisionero suscitaba la piedad y el entusiasmo; había entre los bonapartistas quienes comparaban su existencia en la cárcel y la de su tío, llena de prodigiosas epopeyas.

En 1846, cuando Luis Napoleón logró evadirse de la fortaleza con la complicidad de un amigo, la mayor parte del pueblo francés mostró sólo admiración por esta nueva proeza.

El apoyo popular le sería más claramente demostrado en 1848, inmediatamente después de las jornadas sangrientas del mes de febrero, que obligaron a Luis Felipe de Orleáns a huir y establecieron el gobierno provisional; a su frente estuvo, para proclamar la República, el poeta Alfonso de Lamartine.

Luis Napoleón, quien a raíz de estos acontecimientos favorables había vuelto a Francia, fue elegido diputado de la Asamblea Constituyente. A partir de aquel momento su actitud habría de cambiar. Pues sabiendo que había entre los diputados muchos opositores, se esforzó para hacerles olvidar sus actos revolucionarios, adoptando una línea de conducta pacífica y moderada; pero los bonapartistas actuaron en su lugar, y su elección de Presidente de la Segunda República, que se realizó  en  diciembre del mismo año, casi fue una sorpresa para Francia.

No faltaron comentarios desagradables de los partidos republicanos y socialistas, y sin embargo Luis Napoleón Bonaparte había obtenido cinco millones y medio de votos.

A pesar de la oposición, el 2 de diciembre de 1851 Luis Napoleón llevó a cabo con éxito un golpe de estado, y logró que los poderes constituyentes le otorgaran la presidencia por diez años, pretextando que las luchas de los partidos mantenían en el país una agitación permanente. En 1852, después de un viaje a través de Francia, el senadoconsulto del 7 de noviembre y el plebiscito del 21 y 22 del mismo mes lo consagraron emperador bajo el nombre de Napoleón III.

Durante el período de su arriesgado ascenso al trono, a Napoleón, en una fiesta dada en el año 1851 en el palacio del Elíseo, le llamó grandemente la atención la joven condesa española Eugenia María de Montijo de  Guzmán,  que  era una  de  las mujeres más bellas y más cultas de su época, y que entonces vivía en París con su madre. Decidió su noviazgo durante estada de Eugenia en Compiégne. En el transcurso de una  reunión colocó sobre la cabeza de su  prometida  una   corona de hiedra, diciéndole: «Mientras esperas la otra.»

La Segunda República había pasado a la posteridad. Aunque Napoleón III no llegó a realizar todas sus ambiciones, dio a Francia un lugar privilegiado entre las potencias europeas. Su acción política siempre estuvo animada por la ambición de devolver a Francia el prestigio que había adquirido bajo Napoleón I. Recordaremos su intervención en la guerra de Crimea (1853-1856) y la participación que tuvo en la guerra de la Independencia italiana. En 1858, Cavour sedujo a Napoleón III con la idea de la unidad italiana.

Tres años más tarde Francia había llegado a ser la aliada de Piamonte, y el ejército francés intervenía junto a las tropas italianas en la guerra contra Austria, que fue señalada por las victorias de Montebello, Palestro, Turbigo, Magenta, Solferino, y que finalizó con la paz de Zurich (10 de septiembre). Esta guerra preparó la unidad de Italia, consolidada entre los años 1860 y 1861, después de una serie de insurrecciones   en   ios   estados   napolitanos   y   romanos.

Durante el reinado de Napoleón III, Francia conoció un período de prosperidad económica y de progreso en las reformas sociales. Las grandes industrias se desarrollan, y mientras que el comercio y la agricultura crecen, París anexa nuevos barrios, y llega a ser el centro más floreciente de la cultura europea. En el exterior, el Imperio pacificó Kabilia y creó el Ministerio de Argelia y de las colonias, para dar una organización administrativa a las dependencias de Francia en África.

El período en que reinó Napoleón III es universalmente designado con el nombre de Segundo Imperio. Fue una época de eran brillo para las artes y la economía en Francia. Al emperador le agradaba rodearse de una corte llena de lujo, donde, bajo la esclarecida protección de la emperatriz Eugenia, brillaron algunas de las más claras inteligencias de la época. El gran músico Gounod compuso para las suntuosas fiestas del castillo de Compiegne algunas de sus más notables melodías.

El gobierno de Napoleón III ha sido objeto de numerosas críticas, a menudo injustas. Se lo ha acusado sobre todo de no haber sabido tomar, en el momento oportuno, las decisiones que se imponían tanto en política interior como en política exterior; aun cuando Francia se encontró en el apogeo de sus conquistas, tanto legitimistas como republicanos le reprocharon no haber realizado las esperanzas que habían fundado en él.

Napoleón fue la víctima de la astucia de Bismarck; se dejó llevar peligrosamente a la guerra contra Rusia por el muy astuto ministro de Guillermo I. Esta desdichada empresa terminó lamentablemente en Sedán (1-2 de septiembre de 1870). Napoleón III, después de haber buscado vanamente la muerte en el campo de batalla, fue hecho prisionero. Dos días después se proclamaba la Tercera República.

Habiéndose refugiado en Inglaterra, en Chislehurst, murió el 9 de enero de 1873. Luego de su muerte, su mujer, la espléndida condesa española Eugenia de Montijo, volvió a su país de origen. Murió en Madrid en 1920, pero el hijo que le había dado, el joven príncipe Eugenio Luis Juan José Napoleón, sólo sobrevivió a su padre seis años. Alistado en las tropas inglesas, murió en Sudáfrica. combatiendo contra los zulúes, en el transcurso de una exploración.

LA PERSONALIDAD DE NAPOLEÓN III

Sus gestos eran quietos, su tono de voz suave. No ten Ta nunca esos estallidos de temperamento que a Napoleón I le condujeron a veces a grandes éxitos, a veces a tremendos fracasos. En los momentos críticos tenía un absoluto dominio de sí y hasta una flema […]. Sin embargo, de su persona desprendíase una notable influencia fascinadora.

Cuando la reina Victoria se encontró con él en 1855, primero en Londres y luego en París, pudo comprobar en aquel hombre «enigmático» un poder de fascinación, y no ocultó hasta qué punto había sucumbido ella misma a ese poder: «Hay que conocerle para ver lo que hay en su carácter de verdaderamente amable, bondadoso y honorable. Es tan sencillo y tan natural que nunca hace circunloquios ni cumplidos; tiene un tacto exquisito, gusto excelente y mucho estilo de vida. Es enteramente imperial, y no necesjti, fingir su cargo.»

También Bismarck manifestó siempre simpatías por él. Pero pensaba desde muy pronto, todavía en tiempos de Federico Guillermo IV, que el emperador francés no era tan listo como el mundo creía: «Creo que se alegra cuando puede gozar en paz de alguna cosa buena; su entendimiento se exagera a costa de su corazón; en el fondo es bueno y siente en extraordinaria medida la gratitud por los servicios recibidos.» En otra ocasión observa críticamente que Napoleón obra by fits and starts [por impulsos].

En todas estas observaciones hay algo exacto. El emperador cambiaba fácilmente de planes, de medios y de hombres. Contrariamente al primer Napoleón, de quien Talleyrand dijera que era imposible de divertir, propendía resueltamente al deleite. La bondad y la gratitud le impulsaron a exclusiva indulgencia hacia los que le rodeaban y que en parte eran gente indigna de ella. Además, desde sus días de conspirador tenía adquirida una propensión fatal a seguir caminos torcidos y ocultos.

Su gobierno tenía siempre algo de intriga y de conspiración. Finalmente, habiendo llegado demasiado tardíamente a su altísima posición, y teniendo otra multitud de intereses, faltábale el pleno conocimiento de los negocios. En cierto modo fué siempre un diletante que acudía presuroso a todo lo nuevo y brillante, para abandonarlo tan pronto como lo había comenzado, o a medio terminar. El ministro inglés Palmerston decía, con su característica rudeza, que la cabeza del emperador estaba llena de planes, como la conejera de conejos.

Friedrich Luckwaldt. El sistema de los Estados europeos, en W.Goetz. Tomo VIII.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo III Biografía de Napoelon III – Editorial CODEX

 

 

El Utilitarismo y La Felicidad General Mayor Placer y Bienestar Social

El Utilitarismo y La Felicidad General
El Mayor Placer y Bienestar Social

¿Cómo puede obtenerse la mayor felicidad para la comunidad? ¿Puede ser feliz una sociedad  en la que cada uno persigue sus propios intereses? He aquí unos puntos de vista objeto de polémicas.

La motivación que hay tras las acciones del hombre es su deseo de experimentar placer y evitar el dolor. En esta tesis se apoya una importante teoría del siglo XIX que se denomina principio de la utilidad: el mayor bien del mayor número de personas.

Según ella, todas las acciones humanas tienen su explicación en la forma en que asocian los hombres el placer y el dolor con las diversas formas de conducta; su objetivo consiste siempre en obtener la mayor cantidad posible del primero y evitar la mayor cantidad posible del segundo. Debe juzgarse la rectitud de conducta según la cantidad de felicidad obtenida en términos de placer, entendiendo el concepto de placer en su sentido más amplio.

A partir del siglo XVII se había ido desarrollando gradualmente una nueva aproximación empírica a las cuestiones humanas, por la que empezaba a reconocerse la importancia de principios psicológicos tales como la asociación de ideas. Sin ella, nunca habría sido posible formular el principio de la utilidad. En ética, política y derecho se manifestaba una actitud acorde con la aproximación empírica general. Ya no se podían atribuir los conceptos del bien y del mal a una especie de adecuación intrínseca a la naturaleza de las cosas: era preciso abandonar la vieja teoría de la ley natural.

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Jeremy Bentham

El utilitarismo es la concepción para la cual las acciones deben juzgarse como buenas o malas en atención a su capacidad para incrementar o reducir el bienestar humano o la «utilidad». Desde Bentham se han propuesto múltiples interpretaciones de la utilidad, pero para él consistía en la felicidad y el placer humanos, y su teoría de las acciones correctas se resume en ocasiones como el fomento de «la mayor felicidad del mayor número posible».

Francis Hurcheson (1694-1747) fue uno de los primeros en formular la nueva teoría. Claude Helvetius, en su obra De l’esprit (1758), la propugnó en Francia como instrumento para la reforma social. Partiendo del hecho de que el hombre actuará básicamente según su propia conveniencia, infiere que el único criterio general para juzgar los actos
es el principio del mayor bien para el mayor número de personas.

Sobre esta base se hace posible reformar la sociedad mediante una legislación, haciendo que el obedecerla sea ventajoso y conveniente para todos. Para ello se disponen diversas penas como castigo a los actos que vayan en contra del bien común.

Al evaluar las posibilidades de sufrimiento los hombres se sienten incitados a la obediencia. Debemos notar en este punto que la nueva perspectiva utilitarista se basa en ciertos supuestos propios no examinados.

En primer lugar se da por sentado que el mayor bienestar posible de la comunidad es consecuencia de la persecución por parte de cada cual, adecuadamente motivada, de los propios intereses. Se presupone que la igualdad de los intereses individuales y la armonía entre ellos reside en cierto modo en la naturaleza de las cosas.

La negación de la libertad
Los escritos de Paul Holbach (1723-89) subrayan la misma fuerza utilitarista, especialmente en lo que concierne a la naturaleza del gobierno. El bien de la humanidad se ve frustrado precisamente cuando los gobiernos se apartan del principio de la utilidad. La clase dirigente explota entonces al resto de la sociedad, negándole esa libertad a la que tienen derecho todos los hombres como único medio para realizar su propia felicidad y el bien común.

Lo único que se necesita para remediar los defectos del mal gobierno es la educación: una vez que los hombres hayan descubierto dónde reside su verdadera conveniencia, no tardarán en adoptar el principio adecuado.

El movimiento fisiocrático, nacido en la Francia del siglo XVIII, adoptó también el principio de la utilidad, pero combinándolo con la opinión de que el gobierno no debe intervenir en la esfera de la economía: se sirve mejor al bien común dejando que ésta siga su curso natural sin impedimentos.

La doctrina del laissez-faire del liberalismo económico habría de influir a su vez sobre los economistas británicos: queda bien evidente en esa especie de fatalismo económico de David Ricardo (1772-1823) o Thomas Malthus (1766-1834).

Jeremy Bentham se halla todavía entre nosotros: en su testamento legaba su cuerpo 2 la ciencia, pero dispuso que el esqueleto, vestido con sus ropas, se exhibiese en una urna para servir de inspiración a sus discípulos y a la  posteridad.

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David Hume señaló que los hombres actúan con frecuencia siguiendo sus impulsos y sin considerar previamente los resultados de sus  actos.

En el movimiento de reforma
liberal surgido durante el siglo XIX causaría cierta tensión, puesto que’se vio claramente que no era tan sencillo conciliar los ideales de la Revolución Francesa: libertad e igualdad parecían en cierto sentido antagónicas. Es en esta dificultad donde hallaría una de sus fuentes de inspiración el movimiento revolucionario de Marx y Engels.

En la obra de David Hume (1711-76) hallamos una aplicación directa del principio de la utilidad. Hume sostuvo que, de hecho, los hombres decidían el distinto curso de sus actos evaluando el equilibrio entre el bien y el mal que podría resultar. Al mismo tiempo estableció un punto muy importante al observar que, por lo general, no se calcula la acción en sentido estricto, sino que los hombres actúan según sus impulsos a la luz de lo que en ese momento consideran como más adecuado a sus mejores intereses.

Cesare Beccaria (1738-94), seguidor italiano de Helvetius, propuso la reforma del derecho penal sobre la base del principio de la utilidad. Con un espíritu muy propio de la Ilustración, pretendió abolir la tortura judicial y la pena de muerte, insistiendo en que ercastigo no debería ser más de lo necesario para hacer al crimen poco atractivo en comparación. Además debería suprimirse todo aplazamiento y, sobre todo, toda duda respecto a cual sería tal castigo.

Aumento de la felicidad
En tanto que el fermento de la Ilustración conducía en Francia a la revolución de 1798, en Inglaterra tomó un sesgo mucho menos violento. La reforma se fue operando gradualmente, gracias a los esfuerzos de los radicales filosóficos, en línea directa con los grandes filósofos empiristas. Uno de los más influyentes fue Jeremy Bentham (1748-1832). Pese a no ser un pensador verdaderamente original, dio notable impulso a la causa de la reforma con sus detallados estudios, especialmente en el campo de las leyes. Siguió a Helvetius y Beccaria y, al igual que ellos, adoptó el principio de la utilidad como dogma básico.

El criterio para juzgar si una acción es buena o mala es el aumento de la felicidad o la disminución de la infelicidad. Lo que produce la felicidad es el placer o la ausencia de dolor; se supone que lo único que persigue el hombre por su propia causa es el placer y la evitación del dolor. Naturalmente, hay que tomar el concepto de placer en un sentido adecuadamente general. Pero nunca se explica con claridad cómo debe entenderse. Bentham va más allá y afirma que se puede atribuir a cada placer y a cada dolor una especie de valor numérico en una escala general, no sólo para una persona, sino para diferentes personas.

Evidentemente, este método de los equilibrios de placer no es un principio ético muy útil para servir de guía y norma de conducta. De hecho, el cálculo de Bentham es la parte más endeble de todo su método: incluso sus propios seguidores pudieron verlo. Por otra parte, no está nada claro cómo debe efectuarse la reducción de todas las cosas a una sola escala, ni tan siquiera si ello es posible.

Sin embargo, y como guía para la reforma legal, el principio de la utilidad tiene indudablemente cierto mérito. Con arreglo a él, Bentham examina todo el campo de la ley y de los procedimientos legales. En vez de las viejas justificaciones teóricas que acompañaban a la teoría de la ley natural, Bentham valoraba todas las disposiciones legales por medio del principió de la utilidad.

En tanto que los teóricos de la ley natural condenarían el robo, por ejemplo, por ir contra el derecho de propiedad, los utilitaristas lo condenan porque la inseguridad que crea menoscaba la felicidad humana. En derecho penal especialmente establecieron un sistema de sanciones cuya finalidad consistía en hacer que al hombre le resultase desagradable cometer un delito.

La proporción de la pena es tal, que sólo las consideraciones utilitaristas pueden disuadir al criminal. Bentham sostuvo que la bárbara severidad de los castigos entonces al uso era un error, no tanto a causa de su crueldad como porque no se ajustaba al principio de la utilidad. Con todo, trabajó seriamente en favor de la reforma penitenciaria, propugnando mejores condiciones para los presos y un trato más humano; por desgracia, sus esfuerzos para que el gobierno adoptase el nuevo tipo de prisión que él mismo había diseñado resultaron infructuosos.

Aún estaba muy lejana la reforma penal: a finales del siglo XVIII, el niño que fuese descubierto robando un pan porque tenía hambre, corría el riesgo de morir ahorcado.

Uno de los aspectos legales que hoy día vuelven a atraer una vez más la atención de los reformadores es el campo de los procedimientos. En él formuló Bentham importantes sugerencias que se hallan entre sus proposiciones más originales y, al mismo tiempo, menos afortunadas en la práctica. También aquí se hallaba demasiado adelantado a su tiempo, pues argüyó que los tediosos procedimientos y la oscuridad del lenguaje legal eran un obstáculo para la auténtica jurisprudencia.

Las actuaciones legales resultaban así indebidamente largas, costosas e inciertas. Lo que él proponía a cambio era un sistema en el que los litigantes pudiesen reunirse en una especie de ambiente de comité, con el juez como presidente y arbitro de la causa.

Lo mejor para la comunidad
En la esfera de la economía, el principio utilitarista negó toda intervención del gobierno. Ello se debió en parte a la creencia de que el libre intercambio de los intereses propios de cada individuo conduciría al mejor resultado posible para la comunidad en conjunto.

Otro concepto que respaldaba dicha actitud era la convicción de que las leyes económicas actuaban, en términos generales, como las leyes físicas de Newton, por lo que resultaba sencillamente inútil intervenir. Esto pone de relieve uno de los aspectos más débiles de la teoría utilitarista, no sólo en la esfera de la economía, sino también en los campos legal y político: los utilitaristas omitieron por completo toda consideración de la fuerza de las tradiciones e instituciones que se han desarrollado a lo largo de la historia.

La tarea de los primeros utilitaristas en el campo político era, en cierto modo, limitada. La función del gobierno quedaba para ellos muy restringida, ya que no incluía los asuntos económicos. Tanto Bentham como James Mill (1773-1836) eran partidarios de la ampliación del derecho político sobre la base del principio de la utilidad: al conceder el voto a mayor número de personas, y al reducir el período de mandato de los representantes elegidos, el gobierno podría hallarse más directamente relacionado con la mayor felicidad del mayor número  de seres.

Thomas Malthus fue, junto con Ricardo, una importante figura en el desarrollo de la teoría económica en la Gran Bretaña, si bien es mucho más conocido por su teoría sobre la expansión de la población, teoría que no ha  perdido vigencia.

Según el filósofo inglés de finales del siglo XYIII Jeremy Bentham: «La mayor felicidad del mayor número es la medida de lo que es correcto o equivocado». Este principio creaba una ciencia de la toma de decisiones ética, un medio de resolver controversias por métodos prácticos y contrastables que, llevados al extremo, podían llegar a ser cuantitativos y estadísticos. Con este objetivo, Bentham inventó un método para «calcular la felicidad») que abarcaba siete dimensiones del placer y del dolor: la intensidad (¿cómo de intenso es el placer o el dolor?), la duración (¿cuánto tiempo dura?), la certeza (¿qué probabilidades hay de que el resultado final sea ese tipo de sensación?), la propincuidad (¿con qué prontitud se producirán los resultados?), la fecundidad (si el resultado es placentero, ¿puede ser seguido por sensaciones del mismo tipo?), la pureza (¿es probable que el resultado sea seguido por sensaciones del tipo contrario?) y la extensión (¿a cuántas personas afectará?). Alguien que contemple la posibilidad de empezar a fumar puede hacer un cálculo de este tipo al plantearse: «¿Merece la pena?». En la esfera pública, esta es la estrategia de los economistas para realizar el análisis coste-beneficio, en el que se sopesan, por ejemplo, los costes de los sistemas de seguridad ferroviarios frente al número de vidas que salvarán.

El abandono de un principio
Sin embargo, pronto se hicieron evidentes los fallos del primer programa utilitarista en el campo económico. Lejos de mejorar la suerte de la humanidad en conjunto, el crecimiento no regulado del industrialismo sumió a vastos contingentes de población en las condiciones más abyectas de sordidez y miseria. Tenía que haber algún error básico en los viejos supuestos.

Así supo reconocerlo John Stuart Mill (1806-1873), que fue descubriendo gradualmente la necesidad de modificar la filosofía utilitarista. Sufrió en parte la influencia de la filosofía idealista germánica, y en parte de la de Auguste Comte (1798-1857).

Como resultado, el utilitarismo de John Stuart Mill representa en ciertos aspectos un abandono total del antiguo principio de la utilidad. Si bien lo establece explícitamente, en la práctica está muy lejos de aplicarlo, cosa que por otra parte resulta imposible dado sus nuevos puntos de vista, puesto que introduce distinciones entre los placeres, y ello impide el tipo de comparaciones que requerían los cálculos de Bentham.

Además, al definir el placer simplemente como lo que el hombre desea, y al admitir que algunos de esos placeres son buenos como fines en sí mismos, independientemente de las consecuencias, lo que realmente hace es abandonar el utilitarismo. Sigue prodigando alabanzas a la vieja doctrina, pero ya no se adhiere a ella. Al mismo tiempo, es incapaz de desarrollar una doctrina nueva coherente: Mill tiene conciencia de los problemas, pero no sabe hacerles frente. Su actitud es más contemplativa que de acción.

En su famoso ensayo Sobre la libertad describe la libertad de pensamiento y de discusión como acordes con el principio de la utilidad, puesto que permite difundir las nuevas ideas y estimula la inventiva; pero también dice que la negativa de esta libertad perjudica a la naturaleza moral del hombre. Evidentemente, considera la libertad como una cosa buena en sí misma.

En la época de Mill, las amenazas a la libertad no estaban ya en las restricciones impuestas por una mayoría invasora que trataba de suprimir las opiniones de la minoría. No creía que la tarea del gobierno consistiese en intervenir para ayudar al pueblo; era mejor dejarle defenderse por sí mismo, a fin de fortalecer su propio sentido de autoconfianza.

Sin embargo. Mill empezaba a comprender al mismo tiempo la necesidad de que el Estado introdujese una legislación protectora en el orden económico —legislación que, de hecho, llevaba ya algún tiempo en vigor. Ella contribuía a evitar la explotación de las mujeres y los niños, y garantizaba unos niveles adecuados en las condiciones de trabajo, aspecto en el que habían resultado totalmente inoperantes los motivos utilitaristas privados.

Ciertamente, y a pesar de las tradicionales sospechas liberales contra la interferencia, Mill era partidario de varias actuaciones gubernativas; pero fue incapaz de establecer un criterio general respecto a qué legislación era deseable y cuál no.

La doctrina del utilitarismo sigue siendo importante en la única esfera donde puede resultar hasta cierto punto plausible, esto es, como una especie de guía aproximada para la legislación. Cuando se establecen, por ejemplo, unas disposiciones para el tráfico, el objetivo es promover el bien general.

Que la evaluación del problema sea correcta y la finalidad conseguida es ya, naturalmente, otra cosa. Además, hay ciertas ocasiones en las que el legislador confunde el bien general con sus propias conveniencias administrativas. Gran parte de la legislación social se basa en el supuesto de que habrá de proporcionar el mayor bien a la mayoría de personas. Sin embargo, el principio utilitarista puede degenerar en tiranía.

Una de las mayores dificultades de Mill fue reconciliar la utilidad con la libertad. Pero para este problema no existe una solución general.

Reformas Urbana en París del Barón Haussmann con Napoleón III

LA VIDA EN PARIS DURANTE EL GOBIERNO DE NAPOLEÓN III

LA VIDA PARISIENSE: Durante los primeros años del gobierno de Napoleóm III, Francia estaba feliz, o bien, pareccía serlo. En todo caso el emperador reinaba sin competir el poder. La vida política casi no existía. La oposición oposición  republicana estaba dominada o en el exilio; por más que Víctor Hugo fustigaba a «Napoleón el Pequeño», sus ideas apenas conseguían abrirse camino. La prensa estaba amordazada y bajo la continua amenaza de una amonestación que podía llevar consigo la desaparición del periódico.

Las mismas elecciones no alcanzaban a despertar a los franceses de su apatía política. Eran los prefectos, que disponían de plenos poderes, quienes las manejaban: escogían los candidatos adictos al régimen y favorecían su propaganda; al mismo tiempo, los candidatos de la oposición se encontraban con muchas dificultades: no conseguían hallar salas de reuniones; los impresores, ante las presiones oficiales, se mostraban vacilantes, etc. Los mismos patronos de las fábricas incitaban a los obreros a que votasen «bien», ya que, en caso contrario, correrían el riesgo de ser despedidos. A todo esto se denominaba candidatura oficial.

Una misa en Paris

Una misa en una capilla de Paris

Algunas gentes, en los salones parisienses, se burlaban de ello, o hacían chistes; pero era una oposición estéril La pasión po-lícita estaba extinguida No era tiempo de grandes esperanzas revolucionarias. Los franceses habían abandonado un idealismo que se juzgaba pasado de moda, por un realismo vulgar: ganar dinero y divertirse. Los bancos se desarrollaban rápidamente, en una época en que la estabilidad política estimulaba las inversiones.

El Gobierno daba el ejemplo, emprendiendo grandes obras. Era el momento de los ferrocarriles; y las carreteras se desarrollaban igualmente. A petición de Napoleón III, el prefecto del Sena, barón Haussmann, emprendió la reconstrucción de París. Era conveniente que el emperador del pueblo tuviera la más hermosa capital del mundo, que el dinamismo del soberano por elección rompiera con el mediocre tradicionalismo de los príncipes hereditarios de la vieja Europa.

París debía ser la capital del mundo. Por tanto, tenían que desaparecer los tugurios y los barrios inmundos: era necesario también dar muestras de un humanitario desvelo.

Haussmann comenzó a hacer derribos, y a trazar, a través de todo París, grandes avenidas modernas. Estas serían bellas y famosas; por otra parte, tendrían la ventaja, al no estar empedradas, sino cubiertas con macadán, de impedir el levantamiento de barricadas sirviéndose del pavimento; por último, el ejército podría en ellas disparar fácilmente en los disturbios.

Barón Houssmann

Georges Eugène Haussmann (1809-1891), político y urbanista francés, responsable de la drástica remodelación del trazado de París durante el reinado de Napoleón III (1852-1870). Fue el encargado de llevar a cabo las reformas que necesitaba el área de París en un escaso periodo de tiempo.Haussmann propuso una nueva ciudad, heredera de los esquemas barrocos de perspectivas y simetrías. Urbanizó la periferia, abrió nuevas calles anchas y rectilíneas, trasladó las estaciones de tren fuera del núcleo urbano, conectadas por una trama racional, organizó nuevos parques (como el Bois de Boulogne), construyó numerosos edificios públicos y planteó un nuevo sistema de alcantarillado y abastecimiento de agua.

Todo  esto  significaba  gastos,   especulación, realización de negocios. Todo el mundo se benefició un poco de ello. Se hicieron algunas fortunas colosales. Morny continuó siendo uno de los mejor situados.

Época de actividad febril, pero también de diversiones, en la que reinaba sobre la vida parisiense, Jacques Offenbach, al son de cuyas ligeras melodías bailaba todo París, así como los innumerables viajeros que acudían allí a distraerse. «Los cuentos de Hoffmann» y «La Bella Elena», obras amables, músicas sencillas y alegres, caracterizaron a esta época, que no buscaba más que la diversión, dejando a otros el cuidado de dirigir el país.

La moral era poco rígida. Si, en la Corte, la nobleza se dedicaba a juegos inocentes como el de la gallina ciega, en otros sitios reinaban las mujeres fáciles, que se paseaban por el Bosque de Bolonia en magníficos carruajes, a la espera de conquistar a los caballeros ricos, deseosos de mostrar al todo París su buena fortuna, y capaces de arruinarse por estas mujeres. El mismo emperador, a su vez, multiplicaba sus aventuras amorosas.

Las clases inferiores participaban, asimismo, de la euforia general. La riqueza del país iba en aumento: el ahorro se desarrolló hasta doblar sus efectivos, el consumo fue en pos de los progresos de la industria, los grandes almacenes se desarrollaron. El «Bon Marché», por ejemplo, redujo el margen de sus beneficios, esperando así vender más productos. Los clientes podían encontrar en el mismo comercio todo lo que necesitaban; podían entrar en él, sin verse obligados a comprar nada, pero, ¿quién era capaz de resistir a la tentación? El nuevo sistema de venta causó furor; el «Bon Marché» obtuvo un éxito extraordinario, y Zola

describió todo este en su obra «Au bon-heur des Dames». Pero no fue sólo París quien se benefició con la situación.

En provincias, se multiplicaron las vías de comunicación. En lo sucesivo, el campo quedaba menos aislado, y podía participar de las grandes transformaciones comrecia-les. Las arenas de las Landas fueron saneadas: se plantaron bosques de abetos, que servirían para proveer de viguetas a las minas. En los Alpes, se inició la apertura de un túnel a través del Mont Cenis. Por último, sobre todo, y contra el parecer de los expertos, y a pesar del escepticismo de los ingleses, se emprendió, a partir de 1859, una obra digna de los faraones: la construcción del canal de Suez.

El Mediterráneo no sería ya, en adelante, un callejón sin salida. Sus ciudades y sus puertos se aprestaron a renacer. En previsión de este capital acontecimiento, la política exterior francesa se reanimó, con el propósito de convertir el Mediterráneo en una especie de «mare nos-trum» galo.  La pacificación de Argelia, la intervención en Italia, la defensa de los Santos Lugares. Pero este cuadro podría parecer demasiado hermoso. Zola describiría su otra cara: la miserable situación de los obreros,  el  alcoholismo,  la  represión  policíaca.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

El Socialismo Científico Fundamentos e Ideas de Marx y Engels

CARACTERÍSTICAS DEL SOCIALISMO CIENTÍFICO Y SU DIFERENCIA CON EL UTÓPICO

A lo largo de los dos siglos anteriores se han sucedido ideas y programas socialistas muy divergentes: desde los planes idealistas de los primeros socialistas utópicos, pasando por los proyectos revolucionarios de Marx y Engels, quienes dieron un soporte teórico y práctico a partir de una concepción materialista de la historia. El marxismo sostenía que el capitalismo era el resultado de un proceso histórico caracterizado por un conflicto continuo entre clases sociales opuestas. El socialismo ha tenido muchas encarnaciones, pero sus valores centrales y sus objetivos básicos han mantenido una notable constancia. Los socialistas de todos los tipos coinciden en su oposición a las muchas y palpables injusticias provocadas por el capitalismo. Fundamentalmente todos los «socialistas» buscan crear una sociedad más justa haciendo frente a la tendencia del capitalismo a concentrar la riqueza y el poder en manos de la minoría.

Los Primeros Socialistas Aunque numerosos principios del socialismo pueden retrotraerse a mucho antes, los primeros pensadores que recibieron el nombre de socialistas surgieron, sobre todo en Francia y Gran Bretaña, en las décadas de 1820 y 1830. La mayoría de los primeros radicales sociales, llamados utópico, (ver: socialismo utópico) actuaban espoleados por las salvajes desigualdades causadas por la industrialización, en la que empresarios y propietarios de fábricas acumulaban fortunas gracias a los trabajadores,quienes, en su inmensa mayoría, trabajaban jornadas interminables por salarios míseros en condiciones peligrosas e insalubres.

Mrax y Engels

Karl Marx  fue, junto a Friedrich Engels, el fundador del socialismo científico. Autor del Manifiesto Comunista y de El capital, ambas obras se convirtieron en el sustrato ideológico de dicho movimiento, que pronto pasaría a ser conocido por el nombre de comunismo.

Socialismo científico: El pensamiento socialista fue producto de los grandes alcances científicos del siglo XIX y del desarrollo de las ciencias sociales, que los pensadores alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrich Engels (1820-1895) utilizaron para fundamentar su teoría.

carl marx socialismo cientificoAsí, desarrollaron su propia ideología conocida como socialismo científico, que desplazó a los socialistas utópicos, porque partía de la realidad económica y social concreta que se vivía bajo el sistema de producción capitalista, con la finalidad de establecer leyes y reglas de conducta y acción correspondientes.

Autor de varias obras, Marx publicó en 1848, junto con Engels, El Manifiesto Comunista. En él se hacía un llamado a los obreros de todo el mundo para que se unieran, y rompieran con la organización social de la sociedad burguesa capitalista y pasaran de «ser esclavos a dueños de su propio destino».

Según Marx, históricamente los conflictos existentes en toda sociedad tenían su origen en la lucha de clases. En el caso de la sociedad capitalista, las dos clases con intereses  contrapuestos eran la obrera y la burguesía. Esta última explotaba a la primera y se había enriquecido  al  obtener beneficios extras con su trabajo.

Para terminar con esta injusta situación era necesario construir una sociedad comunista, es decir, una sociedad igualitaria donde ya no habría ni explotadores ni explotados,   por lo que los obreros teman que organizarse para tomar el poder, utilizando la vía revolucionaria si era necesario, con lo que se establecería un nuevo orden social.

Marx explicó que el trabajo del hombre basado sólo en los beneficios era una brutalidad física y una bancarrota moral:
[La burguesía] en el lugar de todas las innumerables libertades, bien adquiridas y escrituradas, ha establecido como única libertad la del libre     comercio sin escrúpulo. En una palabra, la burguesía ha sustituido la explotación envuelta en     ilusiones religiosas y políticas por la explotación franca, descarada, directa y adusta.

El capitalismo había provocado el derrumbamiento de los valores de la familia:
La burguesía arrancó el velo patético-sentimental que encubría las relaciones familiares reduciéndolas a una mera relación de dinero.
Su necesidad de crecimiento económico constante había creado un apetito insaciable de conquistas globales. La necesidad de colocar sus productos en mercados cada vez más amplios empuja a la burguesía a los más apartados rincones del planeta. En todas partes tiene que afincarse, echar raíces y establecer relaciones.

Evolución del socialismo utópico al socialismo científico: En el curso de la revolución industrial, la sociedad capitalista fue revelando cada vez más sus contradicciones. Se manifestaba con nitidez cada vez mayor la pringipal contradicción del capitalismo, la contradicción entre el carácter social dé la producción y la forma capitalista privada de apropiación de sus frutos. La realidad capitalista refutaba sin dejar lugar a dudas las viciosas concepciones de los ideólogos burgueses, que proclamaban la identidad de los intereses del trabajo y del capital y afirmaban que el pueblo alcanzaría el bienestar general gracias al desarrollo de la sociedad burguesa.

En el proceso de la revolución industrial no sólo se formó la ideología burguesa; cristalizo también la ideología proletaria. Las obras de los socialistas utópicos Claudio E. Saint-Simón, Carlos Fourier y Roberto Owen expresaban ya teóricamente, aunque de modo imperfecto, los intereses del proletariado.(El socialismo utópico debe su nombre a la obra Utopía, del pensador inglés Tomás Moro, quien describe en ella la isla fantástica de ese nombre, en la que existía un régimen social ideal).

En 1802 Saint-Simón publicó su libro Cartas de un vecino de Ginebra, en la que argumentaba su idea de que «todos los hombres deben trabajar». En 1825 apareció su trabajo El nuevo cristianismo, en el que este noble representante del socialismo utópico-crítico declaró abiertamente que el fin de la sociedad debía ser el de mejorar la suerte de la   «clase   más  numerosa y más  pobre».

Los   discípulos de Saint-Simón expresaron su ideal socialista con las palabras: «A cada uno, según su capacidad; a cada capacidad, según sus obras» (esta consigna fue modificada por Marx y Engels, que la expresaron así: «Dé cada uno, según su capacidad; a cada uno, según su trabajo»).

En la primera mitad del siglo XIX aparecieron también los trabajos de Carlos Fourier, otro gran representante del socialismo utópico-crítico. Fourier demostraba en sus obras que el régimen capitalista, con todos sus vicios, debería ceder lugar a un régimen social superior. Sin embargo, Fourier era enemigo de la lucha revolucionaria; confiaba en que, mediante la propaganda, se lograría persuadir a los capitalistas de las ventajas del nuevo régimen. Por ello las obras de Fourier (la principal es El nuevo mundo industrial y societario) deben principalmente su importancia a que contiene una ingeniosa y mordaz crítica de las lacras del régimen capitalista.

El representante más notable del socialismo utópico en Inglaterra fue Roberto Owen. En su libro Sistema social, Owen expone la necesidad de una transformación radical dé toda la sociedad para convertirla en una unión de comunidades comunistas. Owen trató de plasmar en hechos su doctrina fundando tales comunidades. La primera colonia comunista, llamada «Nueva Armonía», surgió en Norteamérica, en el Estado de Indiana. Sin embargo, no tardó en fracasar, ya que era un pequeño y solitario islote en medio del proceloso océano de la anarquía capitalista de la producción. Durante toda su actuación, Owen mantuvo una actitud negativa hacia la lucha política de la clase obrera y se pronunció contra las huelgas.

En Alemania, el representante del socialismo utópico fue Guillermo Weitling. En sus obras, Weitling criticó con brillantez y audacia la sociedad burguesa de su tiempo. Era contrario a la propiedad privada, viendo en ella la «fuente de todos los males» de la humanidad. A diferencia de la mayoría de los socialistas utópicos, Weitling exhortaba al   proletariado   a   que   luchase   él   mismo   para derrocar el régimen odiado y construir una nueva sociedad.

Sin embargo, Weitling estimaba que los mejores luchadores por el régimen comunista no eran los proletarios industriales, sino el proletario e incluso los bandidos, por considerarlos la capa más enemiga de la sociedad capitalista. Marx y Engels consideraron el comunismo de Weitling el primer movimiento teórico independiente del proletariado alemán. Sin embargo el movimiento encabezado por él fue degenerando en una , secta y penetrándose de ideas religiosas por lo que acabó en la más completa degradación.

Todos los socialistas utópicos señalaban en una u otra medida las agudas contradicciones de la sociedad capitalista: el rápido incremento de la producción y la pauperización del proletariado las crisis de superproducción y el contraste entre la ciudad y el campo. Caracterizando los trabajos de íos «Socialistas utópicos Marx y Engels dijeron: «Estas obras socialistas y comunistas encerraban también elementos de crítica. Atacaban todos los cimientos de la sociedad existente. Por eso proporcionaron un material sumamente valioso para ilustrar a los obreros».

Pero las ideas de los socialistas utópicos nacieron en un período en que la lucha de clases entre el proletariado y la burguesía apenas si se había desarrollado. Los socialistas utópicos veían en el proletariado la clase que más sufría pero no la creían capaz de hacer cambiar de modo radical con sus propias fuerzas, la sociedad.

Por eso ninguno de ellos actuó como representante del proletariado exclusivamente: querían liberar de golpe a toda la humanidad, y no, en primer lugar, a una determinada clase social. Los socialistas utópicos no vinculaban la transformación socialista de la sociedad con la lucha revolucionaria de las clases oprimidas y mantenían una actitud negativa hacia esa lucha. Vinculaban el surgimiento del régimen socialista con la actividad filantrópica de las capas superiores de la sociedad, suponiendo que sus mejores representantes, penetrados de las nobles ideas socialistas, crearían un nuevo orden social.

Las concepciones de los socialistas utópicos no fueron ni podían ser la bandera del proletariado combatiente, pues no expresaban de modo científico los intereses cardinales de la clase obrera y eran tan sólo utopías, sueños irrealizables. Ni siquiera los mejores representantes del socialismo utópico supieron descubrir las leyes objetivas del capitalismo ni hallar la fuerza social capaz de construir la nueva sociedad.

Los discípulos de los grandes socialistas utópicos cerraban obstinadamente los ojos para no ver en la clase obrera a una fuerza histórica independiente, predicaban la necesidad de transformaciones pacíficas y seguían apelando, preferentemente, a las clases poseedoras y negando la lucha de clases. Por ello, a medida que fue creciendo el papel político revolucionario del proletariado, esas doctrinas se volvieron cada vez más reaccionarias. El desarrollo de la revolución industrial y la activación e intensificación de la lucha revolucionaria del proletariado planteaban imperiosamente la tarea de crear una teoría amplia, omnímoda y verdaderamente científica, una concepción proletaria nueva, revolucionaria. Esa tarea la cumplieron Carlos Marx y Federico Engels.

Carlos Marx y Federico Engels dieron respuesta a las cuestiones vitales planteadas ante el movimiento obrero. Expusieron científicamente en sus trabajos la inevitabilidad del hundimiento del régimen capitalista y del triunfo de un nuevo régimen, el socialista. Mostraron que el socialismo no es una invención de soñadores, sino el resultado inevitable del desarrollo de la sociedad burguesa.

Carlos Marx y Federico Engels demostraron que el artífice de la nueva Sociedad sería el proletariado y que la lucha de éste contra los capitalistas llevaría necesariamente al establecimiento de la dictadura del proletariado. A su vez, la dictadura del proletariado sería tan sólo un medio de transición, por la supresión de todas las clases, a la sociedad sin clases. Marx y Engels enseñaron que la clase obrera, vinculada con la gran industria, la forma más avanzada de economía, era edificación socialista y comunista en la Unión Soviética y por la experiencia de la clase obrera y las masas trabajadoras de las democracias populares, que construyen el socialismo.

El marxismo es la mayor realización del pensamiento humano, una poderosa arma espiritual de transformación revolucionaria de la sociedad y guía para la acción de los proletarios, los demócratas, los patriotas y todos los hombres honestos de la tierra.

El marxismo surgió durante la revolución industrial. En aquellos tiempos el capitalismo se desarrollaba todavía en línea ascendente, la incompatibilidad de los intereses de burgueses y proletarios no había alcanzado el actual grado de antagonismo, y las contradicciones del régimen burgués apenas si empezaban a perfilarse. Desde entonces las cosas han cambiado mucho: hace tiempo que el capitalismo perdió definitivamente todo carácter progresista paraconvertirse en un freno del desarrollo social.

Las fuerzas de la paz, la democracia y el socialismo, que en aquella época apenas si habían surgido, son hoy el factor decisivo del desarrollo de la historia. La nueva época ha permitido enriquecer con espíritu creador el marxismo, aportándole nuevas tesis y deducciones. No obstante, lo principal y decisivo en la teoría del comunismo científico, la tesis de la inevitabilidad del hundimiento del capitalismo y de su sustitución por el comunismo, queda en pie. La vitalidad de dicha tesis la confirma todo el  curso   del   desenvolvimiento   histórico.

Con el correr del tiempo, el socialismo evidencia cada vez más su superioridad no sólo en la esfera política, sino también en la económica. En las ramas principales de la ciencia y de la técnica se aprecian con mayor nitidez cada día las ventajas del socialismo.

PRINCIPALES OBRA DE CARL MARX
1841Diferencia entre las filosofías de la naturaleza de Demócrito y Epicuro (tesis doctoral)
1844Manuscritos económico-filosóficos
1845La sagrada familia (contra Bruno Bauer y la izquierda hegeliana; en colaboración con Friedrich Engels)
1845-1846La ideología alemana (primera exposición de la concepción materialista de la historia; en colaboración con Engels)
1847Miseria de la filosofía (contra las tesis de Pierre Joseph Proudhon)
1848Manifiesto Comunista (en colaboración con Engels)
1852El 18 brumario de Luis Bonaparte (ensayo histórico-político sobre el golpe de Estado acaecido en Francia el 2 de diciembre de 1851)
1859Crítica de la economía política
1867El capital (vol. I; los vols. II y III fueron editados y publicados por Engels, con carácter póstumo, en 1885 y 1894, respectivamente)
1871La guerra civil en Francia (análisis de la experiencia de la Comuna de París)
1875Crítica del programa de Gotha (publicada por Engels, con carácter póstumo, en 1891)

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov
Enciclopedia Digital Encarta Entrada: Socialismo
50 Cosas Que Hay Que Saber Sobre Política Ben Dupré

El Socialismo Utopico Origen, Fundamentos e Ideas Saint Simon

RESUMEN DEL SOCIALISMO UTÓPICO – PENSADORES E IDEAS FUNDAMENTALES :SAINT SIMON

Desde el incio del siglo XIX se designa socialismo a las teorías y acciones políticas que persiguen una economía basada en la democratización de los sistemas de producción (máquinas, materias primas, etc.) bajo el control estatal, que puede ser total o parcial. Nació como respuesta a las injusticias vividas por los obreros en los inicios de la era capitalista cuando los patrones eran los dueños absolutos de los elementos de producción y explotaban laboralmente a familias enteras en pos de sustanciosas ganancias. El objetivo final de los socialistas era establecer una sociedad comunista o sin clases, pero con el tiempo se han centrado cada vez más en reformas sociales realizadas en el seno del capitalismo.

Sistema de organización social y económico basado en la propiedad y administración colectiva o estatal de los medios de producción y en la regulación por el Estado de las actividades económicas y sociales, y la distribución de los bienes.

Mrax y Engels

Karl Marx  fue, junto a Friedrich Engels, el fundador del socialismo científico. Autor del Manifiesto Comunista y de El capital, ambas obras se convirtieron en el sustrato ideológico de dicho movimiento, que pronto pasaría a ser conocido por el nombre de comunismo.

DESTINO TRÁGICO DE LOS CAMPESINOS MODESTOS Y DE LOS OBREROS

Ya fuera en calidad de siervos, de asalariados, de aparceros o de jornaleros, la condición de los pequeños campesinos era miserable en toda Europa. En los países más ricos, como Francia, Inglaterra y los Países Bajos, debían trabajar en el campo, mientras que sus mujeres hilaban o tejían, el día entero, por algunos centavos, para asegurarse sus pobres comidas, compuestas de pan, queso y legumbres. En Inglaterra, el movimiento de los «acotados» redujo a muchos de ellos al estado de indigentes.

En Irlanda, el hambre fue tan terrible, que los campesinos se sublevaron, en varias ocasiones, incendiando y saqueando las tierras de los «landlords». En Rusia, donde, además de su miseria, los siervos, sufrían el yugo de su señor, estallaron centenares de sublevaciones populares; en 1848, los campesinos del sur de Alemania, oprimidos por los usureros, se sublevaron.

La lenta emigración hacia las ciudades comenzaba para todos aquellos que la tierra no podía alimentar. Pero allí les esperaba una suerte igualmente difícil. La clase obrera, que nacía en esta primera mitad del siglo XIX, sufrió, efectivamente, las peores condiciones de su existencia: en todas partes, los salarios nominales registraban una baja, mientras que el coste de vida, en particular los el trabajo de los niños se votó igualmente en Francia, pero no fue jamás aplicada.

Las condiciones de trabajo continuaban siendo, en 1850, igualmente desastrosas: el frío o el calor intensos, la falta de luz, la estrechez de los locales, la vida colectiva en los dormitorios y la presencia continua de los tiránicos vigilantes, que no lograban acabar con la indisciplina, explicaban las enfermedades (raquitismo, tuberculosis), el alcoholismo, la prostitución, las alta natalidad que oprimía a la clase obrera europea.

Numerosos obreros se rebelaban contra su situación: en Inglaterra, en Francia, en Bélgica, los obreros rompían las máquinas, como terribles competidores. Las huelgas esporádicas estallaban en las minas y en los talleres, siendo frecuentemente sofocadas por la fuerza; la de los empleados de las fábricas de seda de Lyon («canuts»), que lucharon «por el pan y el trabajo», con sus seis mil muertos, ha pasado a la historia como la más sangrienta. Pero la falta de asociaciones obreras llevaba estas sublevaciones al fracaso.

Las corporaciones y las mutualidades no agrupaban entonces más que a la aristocracia obrera (artesanos especializados, trabajadores cualificados) cuyas cotizaciones permitían ayudar a los acciden tadados, enfermos v los parados deprofesión.

PRIMEROS REFORMADORES Y UTOPISTAS
En 1830, fueron muchos los que, ante la situación miserable de las clases populares y el enriquecimiento escandaloso de una minoría privilegiada, pusieron en tela de juicio los fundamentos de la sociedad y, en nombre de la caridad cristiana o de la justicia social, propusieron reformas o construyeron nuevos sistemas políticos.

En Francia apareció, en 1829, el movimiento católico liberal en torno a los sacerdotes Lammenais y Lacordaire, y del joven par de Francia, el conde de Montalembert.

Hostiles a las ideas del Antiguo Régimen y a la enfeudación de la Iglesia al estado monárquico, se pronunciaron en su periódico «L’Avenir» por la separación de la Iglesia y el Estado, por la libertad de conciencia, de prensa, de asociación, de enseñanza, por la soberanía del pueblo y por el sufragio universal.

Condenados por el Papa en la Encíclica «Mirari vos» (1832), sospechosos al gobierno francés, el movimiento fue frenado y «L’Avenir» dejó de publicarse. Pero la doctrina se mantuvo y fue el origen de la iniciativa tomada en 1833 por un joven estudiante, Federico Ozanam, que creó la sociedad de San Vicente de Paul, de ayuda mutua y de caridad.

saint simonLas primeras obras socialistas que intentaban reorganizar la sociedad sobre nuevas bases, en provecho de las clases explotadas, eran, en gran parte, utópicas; tenían, sin embargo, el mérito de dar a conocer una serie de nociones de las que se derivaría el socialismo posterior.

Uno de los primeros socialistas fue el conde de Saint-Simón; este noble arruinado fue el autor de doctrinas económicas y sociales poco seguidas mientras él vivió.

Llevaban consigo una violenta crítica del régimen social fundado en la competencia y en la explotación de la clase más numerosa por una minoría de poseedor res casi siempre inactivos, y llegaban a la conclusión de la necesidad de suprimir a esta clase privilegiada.

Sus bienes y sus capitales pasarían al Estado, único propietario legítimo; la sociedad sería reorganizada y jerarquizada, según la capacidad de cada uno; el poder del rey y de la Iglesia sería sustituido por el de los trabajadores, sabios, banqueros, industriales, obreros…, animados por una misma fe en la ciencia y en el progreso.

Fueron los discípulos de Saint-Simón (Enfantin y Bazard) los que dieron a conocer su doctrina; intentaron organizar una vida comunitaria, de acuerdo con los principios del maestro: «a cada uno según sus capacidades, a cada capacidad según sus obras»; pero desavenencias internas y un proceso intentado por el Estado dieron fin a este proyecto. El «saint-simonismo», por el lugar que otorgaba a la economía, tuvo una cierta influencia sobre los industriales y los hombres de negocios del Segundo Imperio.

El inglés Robert Owen, contemporáneo de Saint-Simón, preconizaba un socialismo anti-estatal, donde el poder de decisión pertenecería a los trabajadores reagrupados en cooperativas propietarias del capital y de la maquinaria. La reunión de estas cooperativas en una federación central permitiría canjes armoniosos. Owen quiso poner en práctica sus ideas y fundó una colonia modelo en los Estados Unidos, con el nombre de «New Harmony».

El socialismo utópico: Una corriente ideológica precursora de los movimientos socialistas fue el socialismo utópico, que tuvo especial importancia en las primeras décadas del siglo XIX. De forma global, se caracterizaba por su crítica a la situación social creada por el capitalismo, europeo, y por el carácter predominantemente moral de sus teorías, en el que se aunaban influencias románticas y cristianas, hasta desembocar en una concepción casi mística de la vida y de las relaciones labo-rales. Así.Saint-Simon (1760-1825) abogaba en sus escritos por un tipo de sociedad basado en un fuerte desarrollo industrial y gobernada por un conjunto de sabios, banqueros y empresarios que debería   respetar  determinadas   normas morales y favorecer a las clases más humildes.

Esta fracasó, pero Owen había puesto las bases de un sindicalismo que alcanzaría gran difusión en Inglaterra, poco después. Se encuentran preocupaciones similares en el francés Fourier: el Estado debía desaparecer, en provecho de los falansterios, asociaciones libres y autónomas de trabajo, donde cada uno podría dedicarse a las ocupaciones que eligiera; la vida comunitaria, que permitía a cada cual desarrollarse, era obligatoria.

Fourier pensaba que estas unidades, que agruparían alrededor de 2.000 individuos de ocupaciones complementarias, permitirían llegar al enriquecimiento general.

Si bien los falansterios constituidos por sus discípulos no pudieron desarrollarse, sus conceptos sobre las asociaciones de trabajadores fueron aceptados igualmente por el movimiento socialista.

En los años que precedieron a 1848, la multiplicación de los sistemas socialistas demostró la atención cada vez mayor que se prestaba a aquellos problemas. Algunos reformadores, como Louis Blanc, se propusieron hacer del Estado su único patrono; todas las industrias privadas se incorporarían a los talleres sociales, donde los trabajadores elegirían sus jefes y repartirían sus beneficios.

Otros, como Cabet (autor del «Viaje a Icaria»), iban más lejos aún, haciendo del Estado el único propietario, que distribuiría a cada uno el trabajo y los productos que necesitara. Proudhon combatió la idea misma de la propiedad: «la propiedad es un robo»; el autor de «Filosofía de la miseria» (1846) predicaba la supresión del Estado y de las leyes, y los sustituía por contratos individuales, única garantía de una libertad total.

Excluyendo toda soberanía, incluso la del pueblo («el sufragio universal es una lotería»), y todo sistema de gobierno, Proudhon anunciaba el anarquismo.

La diversidad de los sistemas indicaba claramente que el socialismo no era un partido político provisto de un programa bien definido. Sin embargo, al final de este período, algunos reformadores intentaron organizar las masas obreras, a fin de que influyeran más eficazmente en la escena política.

En París se fundó, en 1836, la Federación de los Justos por los emigrados revolucionarios alemanes, de los que el sastre Weitling era la figura más notable; en 1847, en el Congreso de Londres tomó el nombre de «Liga de los comunistas».

En esta ocasión, Carlos Marx y Federico Engels redactaron el «Manifiesto del partido comunista». Esta llamada a una agrupación internacional de las fuerzas socialistas, lanzada en 1848, no sería escuchada hasta años después.

fabrica de medias

Fábrica de medias perteneciente a Manufacturas Owen y Unglow, en Inglaterra.

SINTESIS: Los socialistas utópicos partían del principio de que el ser humano era bueno por naturaleza y que si se le ofrecía una auténtica igualdad de oportunidades, sin injusticias ni egoísmos, dejarían de haber pobres y ricos, y todos ios hombres serían realmente iguales.

El socialismo utópico propugnaba por una sociedad donde no hubiera explotadores ni explotados, y reinara la felicidad y la armonía entre los hombres.

Para conseguirlo debían aprovecharse las ventajas de la industrialización y el trabajo colectivo, organizados ambos de modo igualitario, es decir, suprimir la propiedad privada de los medios de producción, como los campos de cultivo, fábricas, máquinas, etcétera, para que pasaran a ser rropiedades colectivas.

Entre los teóricos del socialismo utópico destacaron los franceses Sainat Simón y Fourier, así como el inglés Robert Owen, quien desde una tura filantrópica introdujo mejoras sociales en sus fábricas, se preocupó por la educación de los obreros y apoyó las asociaciones cooperativistas.

cuadro socialismo utopico

Dimensión de futuro: El «socialismo utópico» —representado por estos autores y muchos otros en toda Europa y América— preparó el camino al nacimiento y desarrollo del «socialismo científico» o «marxismo». Algunas de las tesis de esta doctrina fueron iniciadas por los ilustrados pensadores de principios del siglo XIX. El pensamiento de Marx y Engels se perfiló en parte al definirse en contraste con la ideología utópica.

Hemos visto en otros post cómo Owen y los demás autores defienden la propiedad colectiva de los bienes, cómo Fourier reniega de la civilización elaborada sólo en la defensa de los intereses de la clase empresarial, y cómo Saint-Simón anuncia —aunque tímidamente— la confusión creciente entre el mundo político y los intereses económicos.

Dar un paso más e interpretar toda la Historia como dependiente en parte del desarrollo de la lucha de clases, fue obra de Marx y Engels.

La aportación genuina de estos autores es precisamente enraizar la solución a la injusticia capitalista en la lucha del propio proletariado en defensa de sus intereses, y hacer ver que esta lucha surge de la situación relativa de las clases.

Los socialistas utópicos no desempeñan un papel relevante en el desarrollo de la historia de la organización social precisamente porque sus actuaciones no se fundamentaron en las fuerzas sociales existentes, sino que confiaron en la actuación de un Estado —que en principio defendía los valores contrarios— o bien en la actuación paternalista de gentes de buena voluntad.

Sin embargo, sí ocupan un lugar relevante en la historia del pensamiento al realizar los primeros análisis de las contradicciones que el sistema capitalista industrial llevaba consigo.

BIOGRAFIA DE SAINT SIMON:

Filósofo y sociólogo francés, inspirador de la Fisiopolítica, nace y muere en París. Hombre de negocios, participa en la guerra de independencia de los Estados Unidos; su verdadero nombre es Claude-Henri, conde de Rouvroy.

Propone la conformación de una confederación europea semejante a la unión de Estados proyectada en Estados Unidos, con un gobierno y un parlamento comunes, anticipándose a lo que hoy se conoce como la Comunidad Europea de Naciones. Hace esta propuesta en una de sus primeras obras, La reorganización de la sociedad europea, publicada en 1814.

Estudioso de los Enciclopedistas, aplica por primera vez la ciencia a los problemas sociales, inaugurando una nueva ciencia que tiene como modelo la fisiología s y que denomina Fisiopolítica, a la que Comte dará más tarde el nombre de Sociología.

El ideal político de Saint-Simon dista de la democracia y centra el ejercicio del poder en las élites, las que considera necesarias. Al frente de la nueva sociedad política que proyecta en sus obras coloca a los científicos y a los productores, reunidos estos últimos en un consejo industrial que reemplaza los parlamentos integrados por militares y funcionarios. Dicha sociedad se funda en el trabajo como camino hacia el progreso y el papel del Estado se reduce al de asegurar el orden público.

Los planteamientos de Saint-Simon cambian, sin embargo, durante su vida. Consciente de las insuficiencias de una organización racional, en su obra El nuevo cristianismo, publicada en 1825 plantea la necesidad de una identidad religiosa orientada a la práctica de una fraternidad humana, cuyo deseo sea el de preocuparse por las clases menos favorecidas.

Saint-Simon formula la teoría de la propiedad social de los medios de trabajo, que inspira varias revoluciones; la teoría del progreso como factor de la armonía universal; la función clave de la banca, y la restricción de la burocracia política en la administración de las fuerzas productivas.

Entre sus principales obras están Del sistema industrial (1821) y Opciones literarias, filosóficas e industriales, publicada en 1825, año de su muerte.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

 

 

 

Libertades Individuales en un Estado de Derecho o Democratico

LA LIBERTADES EN LA VIDA EN DEMOCRACIA

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

Introducción: «Los pueblos piden más y mejor democracia» decía Pío XII. Para el hombre moderno, más que una forma de organización política,, la democracia significa una aspiración, un ideal, una esperanza de llegar a constituir sociedades humanas donde se respete la libertad y dignidad humanas. Donde la justicia y solidaridad social sean un hecho. Los hombres modernos toman cada día mayor conciencia de su propia dignidad y de los derechos que nacen de su condición de hombres.

Postulan que estos derechos y sus repercusiones en el orden político, social, económico y cultural sean respetados en el ordenamiento comunitario.
La democracia se convierte en una filosofía sociopolítica y en un estilo de vida.

Estudiar algunas de las características de la vida ciudadana en la democracia es el objeto de este capítulo. Y también lo es estudiar algunas características de la vida donde se niegan los principios fundamentales de la concepción democrática.

CONDICIONES PARA LA VIDA EN LA DEMOCRACIA

La vida en la democracia requiere como condiciones necesarias en los hombres que integran la comunidad:

— tener conciencia de su dignidad y libertad, de sus derechos y deberes;

— estar dispuestos a ejercer responsablemente su libertad, a cumplir sus deberes y exigir el respeto de sus derechos;

— reconocer igual dignidad a los otros miembros de la comunidad; que les respeten sus derechos y les exijan el cumplimiento de sus deberes;

— sentirse todos responsables de la marcha de la comunidad y su gobierno;

— reconocer a los grupos y asociaciones intermedias (familias, empresas, sindicatos, entidades docentes, etc.) sus derechos, fomentar su actividad y también exigirles el cumplimiento de sus obligaciones;

— obedecer lealmente a los gobernantes y colaborar con ellos en todo lo que es justo y provechoso para la comunidad.

Requiere, asimismo, la vida en la democracia que los gobernantes:

— Tengan alta estima y respeto de las libertades y derechos de individuos y grupos;

— que su gestión esté inspirada en el deseo de servir a la comunidad;

— que tengan el poder y la capacidad necesarios para conducir eficientemente la comunidad, ordenar la actividad de los grupos, urgir de todos el cumplimiento de los deberes y sancionar a los que no cumplen con ellos.

Son exigencias básicas y fundamentales. Donde estos principios no se dan, o por lo menos no se aspira seriamente a que se conviertan en realidad, no se da la democracia.

No debe confundirse la democracia con una mera forma política. Es ante todo una concepción vital que anima a gobernantes y a gobernados.

También los países totalitarios tienen constituciones que proclaman la soberanía popular, reconocen teóricamente los derechos y libertades de los ciudadanos, delimitan los poderes de los gobernantes. Así sucede en los países comunistas. Pero en la práctica no se vive la democracia, sino la sumisión del hombre al estado o al partido.

GOCE DE LAS LIBERTADES INDIVIDUALES EN LA DEMOCRACIA

El hombre está dotado de inteligencia y voluntad libre y es dueño de un destino que debe realizar bajo su propia responsabilidad.

La persona humana es fundamento, protagonista y fin del orden y de la actividad social, política y económica.

De la naturaleza humana nacen derechos y deberes inviolables e irrenunciables.

Estos postulados son básicos en todo orden político justo y humano. Mucho más en una democracia.

De la naturaleza humana brotan los derechos. No es la sociedad ni el estado quien los crea o los concede. El estado simplemente los ordena, los reglamenta y garantiza su ejercicio.

El derecho a tomar parte activa en la vida política nace de la naturaleza humana. No es el Estado quien lo crea. El Estado reconoce este derecho y mediante las leyes de ciudadanía, electorales, etc., lo garantiza y reglamenta.

El derecho y el deber de trabajar, el derecho a participar suficientemente de los bienes económicos nacen también de nuestra naturaleza. El estado, mediante leyes, reconoce estos derechos y ordena y estructura la actividad económica.

En los regímenes democráticos el ordenamiento social, económico, cultural, etc., tiene por objeto garantizar a todos estos derechos y crear las condiciones para su efectivo ejercicio.

El ordenamiento jurídico y la acción gubernamental y administrativa tienen el mismo objeto. La sociedad está para servir al hombre.

No basta que la sociedad y el estado reconozcan los derechos y libertades humanas, sino crean las condiciones y medios para que todos puedan efectivamente gozar de ellos.

De poco sirve el reconocimiento del derecho y la libertad de aprender, cuando no se crean las escuelas e instituciones suficientes o cuando muchos niños no pueden asistir a la escuela porque a los diez o doce años deben ganar su sustento.

Cosa semejante podemos decir:

— del derecho al trabajo cuando en una comunidad el proceso económico está conducido de tal forma que produce desocupación masiva;

— del derecho a formar una familia cuando el nivel de salarios es tal que no basta a subvenir a las necesidades fundamentales;

— del derecho a expresar libremente las ideas cuando la prensa y los órganos de difusión están dominados por grupos económicos o sectas ideológicas;

— del derecho a una conveniente asistencia médica cuando existen regiones enteras carentes de los mínimos recursos sanitarios;

— del derecho a controlar la acción de los gobernantes cuando la información es negada o falseada, etc.

Vamos a considerar una serie de libertades fundamentales en las sociedades democráticas. Pero queremos señalar que no es suficiente el reconocimiento teórico y formal de ellas. Es menester crear las condiciones sociales, económicas y culturales, que permitan a todos los miembros de la sociedad gozar de ellas.

voto popular

RESPETO A LA PERSONA HUMANA:
La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es «alguien» en la antidemocracia, es «algo».

Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Goce de las Libertades Individuales en la Democracia

En la democracia, el hombre y los diversos grupos sociales gozan de todas las libertades individuales.

Esas libertades son, entre otras, la libertad de palabra, de culto, de reunión, de trabajo, etc.

Libertad de palabra.
Mejor que libertad de palabra debería decirse libertad de expresión.

La libertad de expresión, que comprende la libertad de opinión, de palabra, de prensa, puede definirse: libertad de manifestar el propio pensamiento.

El hombre se halla dotado de palabra para poder exteriorizar con mayor perfección sus estados anímicos: lo que piensa, lo que siente, lo que quiere.

Al manifestar sus estados anímicos exterioriza su pensamiento y sus opiniones. Esa exteriorización puede hacerla por medio de la palabra oral y difundirla también oralmente por radiotelefonía, teléfono, televisión, etc.
Puede exteriorizarlos por medio de la palabra escrita y difundirla por métodos gráficos: prensa (folletos, libros, diarios, revistas), correspondencia epistolar, etc.

Por la libertad de palabra el hombre tiene derecho a manifestar su propio pensamiento en conversaciones privadas y públicas; en reuniones pronunciando discursos, conferencias, etc. Tiene derecho de propagar ideas religiosas y civiles por medio de pláticas, reuniones, conferencias, mesas redondas, etc., utilizando la radio, la televisión y los demás medios de difusión.

No existe esa libertad cuando se espían las conversaciones y se controlan los teléfonos para conocer las opiniones adversas al régimen y así tomar represalias.

Cuando con la misma finalidad se controlan los sermones en las iglesias, las conferencias pronunciadas en salones o en la calle y, menos todavía, cuando se impide pronunciarlas o se niegan los permisos solicitados para realizarlas, o se impido su difusión radiotelefónica.

Esta situación tan penosa existe actualmente en todos los países sometidos por el comunismo. Hasta la predicación evangélica se halla amordazada; de ahí que se haya dado en llamar a la Iglesia subsistente en esos países la «Iglesia del silencio».

No debe confundirse libertad de palabra con el libertinaje que lleva a la propalación de rumores infundados, a la calumnia, a la destrucción de reputaciones ajenas; a la tergiversación intencionada de los hechos, a la información deformada.

La defensa de la justicia y de la verdad, el respeto por las opiniones y por fama de los demás son condiciones para el legítimo uso de esta libertad.

Los gobiernos deben respetar y fomentar esta libertad y garantizar el libre cumplimiento de su misión a los órganos de información, incluso cuando critican a los mismos gobernantes, o son sus adversarios. Pero debe cuidar también que se respeten los derechos de todos y no se dañe impunemente la fama ajena.

Debe, asimismo, el gobierno velar para que la prensa, radio, televisión, etc., estén al servició de la comunidad y no para provecho exclusivo de grupos económicos o ideológicos.

Libertad de prensa.
La libertad de prensa implica el derecho de publicar en diarios, libros, revistas, folletos, hojas volantes, etc., el propio pensamiento.

Este derecho puede ser violado directa o indirectamente.

Se lo viola directamente cuando se impide la publicación, o se cercenan los artículos o se clausuran los diarios. Se viola indirectamente cuándo se obstaculiza su ejercicio: restringiendo o negando la cuota de papel, recargando a la imprenta con impuestos arbitrarios, dificultando la circulación de los impresos, sea negando las franquicias postales o su distribución por el correo.

A veces, las autoridades se incautan de toda la edición o la compran para impedir que llegue al pueblo.

Libertad de información.
Un complemento de la libertad de expresión es la libertad de información.

Para que el hombre pueda juzgar rectamente debe estar bien informado acerca de los asuntos, conocer los hechos como son, en su realidad objetiva. De ahí el derecho o libertad de información.

La libertad de información es el derecho que tiene el hombre de conocer los sucesos tal como han ocurrido y de conocer las noticias y publicaciones difundidas.

Se lesiona este derecho cuando, sin motivo, se ocultan las noticias o se impide el acceso a las fuentes de información. Cuando se desfiguran o tergiversan los sucesos o se propalan noticias tendenciosas o falsas.

Se dice «sin motivo» porque puede haber motivos serios, como se verá más adelante, que legitimen la no propalación de ciertas noticias.

Libertad de no-expresión.
La libertad de no-expresión es consecuencia lógica de la libertad de expresión.

La libertad de no-expresión es el derecho que tiene toda persona a no exteriorizar el propio pensamiento.
Ninguna persona puede ser obligada o coaccionada a manifestar lo que piensa.

Ni el Estado ni autoridad alguna tiene derecho de obligar a una persona a manifestar, por ejemplo, sus creencias religiosas o su ideología política.

Atentan contra este derecho el uso del «narcoanálisis» y el detector de mentiras denominado «lie-detector» o «polígrafo»‘.

El narcoanálisis consiste en una especial forma ele interrogatorio, bajo la acción de una sustancia hipnótica, la cual inyectada por vía intravenosa, en dosis determinadas, favorece la revelación de actitudes o de contenidos mentales que el sujeto, cuando se halla en estado de conciencia clara tiene ocultos intencionada o conscientemente.

El detector de mentiras es un dispositivo que permite el registro simultáneo de manifestaciones somáticas diversas, incontrolables para el sujeto, que acompañan a sus reacciones emotivas.

Esas manifestaciones somáticas vienen a ser como indicaciones indirectas de las mentiras conscientes.

Limitaciones a la libertad de expresión y de información.

Hay quienes opinan que cualquier norma que se establezca o cualquier reglamentación de la libertad que se dicte, es un procedimiento antidemocrático. Temen que desaparezca la libertad. Este temor nace de que, con el pretexto de reglamentar la libertad de expresión, los gobiernos la suprimen para sus fines políticos.

La libertad de expresión puede ejercitarse en diversos planos: en el plano político, informativo, social, cultural, recreativo, etc.

La libertad de expresión, como cualquiera otra libertad, está circunscripta por la verdad, el bien y el derecho de los demás.

libertad de expresión

Con lodo, pura evitar el peligro do la supresión de la libertad, debe admitirse una amplia libertad de expresión en el plano político; pero semejante amplitud no puede admitirse en todos los otros planos.

Si no le es lícito al ciudadano libre, por el hecho de proclamarse libre, inferir ofensa violenta y daño a la libertad, a los bienes o a la vida de su prójimo, así tampoco puede ser lícito a la prensa atentar diaria y sistemáticamente contra la salud religiosa y moral de la humanidad.

La libertad de información debe ser mesurada. Si nunca es lícito desfigurar y tergiversar los hechos, tampoco es lícito lanzar a la fiebre de la curiosidad detalles y descripciones de miserias humanas que solo sirven para excitar la morbosidad y halagar las pasiones humanas menos nobles.

¿Qué ganan la democracia y la salud moral de la ciudadanía, cuando de todo suceso criminal se toma pie para descripciones y reconstrucciones que no son otra cosa que escuela de delitos e incentivo para el vicio?.

Tales detalles deberían estar reservados a la policía científica y a los magistrados judiciales.

Es terriblemente ingenua, por no decir criminalmente infame, la teoría de que es conveniente y necesario conocer y hasta experimentar las más abyectas miserias y depravaciones morales, para hacer sentir por ello tal repugnancia que no se llegará a cometerlas.

Dicha teoría no solo es inmoral, sino anticientífica. Supone desconocer las leyes de la sicología humana y las elocuentes enseñanzas de la experiencia que condensó esas conclusiones en gráficas sentencias: «Ojos que no ven, corazón que no siente»; «Las palabras mueven, el ejemplo arrastra»; «Quien con lobos anda, a aullar aprende».

Libertad de culto:
Libertad de culto es el derecho que todo hombre tiene de rendir homenaje externo a Dios. La libertad de culto está estrechamente relacionada con la libertad de las conciencias.

Esta libertad de las conciencias, que protege la dignidad de la persona humana, está por encima de toda violencia y de toda opresión.

libertad de culto

La libertad de conciencia consiste en que el hombre pueda honrar a Dios según el dictamen de su propia conciencia; la libertad de culto en que pueda profesar sin obstáculos su culto, tanto pública, como privadamente. Parte fundamental de este derecho es el respeto a la facultad que tienen todos los grupos religiosos a enseñar, profesar y propagar, de palabra y por escrito, sus creencias y doctrinas.

Ninguna ley del Estado puede entremeterse en el fuero privado de la conciencia religiosa de nadie, pues el hombre tiene derecho de seguir su conciencia, la voluntad de Dios, y de cumplir sus mandamientos sin impedimento alguno.
El culto es uno de los deberes de la conciencia.

«El creyente tiene un derecho inalienable a profesar su fe y a practicarla en la forma más conveniente a aquella.»

«Las leyes que suprimen o dificultan la profesión y la práctica de esta fe, están en oposición con el derecho natural.»

Son harto conocidas las intromisiones del Estado en el fuero de la conciencia religiosa ocurridas en el nazifascismo y las dificultades y hasta la negación del ejercicio del culto en los países sometidos al fascismo rojo comunista.

Libertad de Enseñanza:

La libertad de enseñanza

La libertad de enseñanza consiste:
1. en el derecho que tienen los hombres a reunirse para formar escuelas, colegios, universidades y otras entidades culturales;
2. el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que prefieren para sus hijos;
3. el derecho de los miembros de la sociedad para concurrir a los centros de formación de su preferencia.

El monopolio estatal de la enseñanza es contrario a la democracia. Es característica de los regímenes totalitarios el pretender imponer, a través del monopolio de la enseñanza, una ideología y «uniformizar» las mentalidades. La democracia respeta la diversidad de las personalidades y de la cultura.
Importa que en una sociedad existan diversos tipos de escuelas y centros de formación.

A los padres pertenece por naturaleza el derecho a educar sus hijos. La Declaración Universal de Derechos Humanos lo reconoce: «Los padres tienen por prioridad el derecho a escoger el tipo de educación que debe darse a sus hijos».

Corresponde al Estado:

1. Fijar mediante leyes las condiciones para el ejercicio responsable de esta libertad;
2. Controlar la idoneidad de los profesores, la seriedad y eficiencia de la formación que se imparte;
3. Conducir la política educacional total de la comunidad; planificar la enseñanza previendo las necesidades futuras de la comunidad;
4. Velar por que todos los habitantes de la nación tengan efectivas posibilidades a acceder a una adecuada formación intelectual y técnico-profesional.
5. Armonizar los esfuerzos de los distintos entes, y centros educacionales;
6. Ayudar y fomentar todas las iniciativas serias y convenientes a la comunidad en el orden educacional y profesional.

Es derecho del Estado tener sus propias escuelas, colegios y Universidades. Este derecho pertenece antes a las provincias y municipios. Lamentablemente en nuestro país existe demasiado centralismo en el orden educacional.

Libertad de reunión y asociación.
Libertad de reunión es el derecho de organizar asambleas públicas y privadas, y de participar en ellas activa o pasivamente.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en el artículo 20, 1: «Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas», y la Constitución Nacional en el artículo 14 reconoce a todos los habitantes el derecho de «asociarse con fines útiles» y el de «peticionar a las autoridades.»

El hombre tiende por naturaleza a unirse a sus semejantes para obtener algún beneficio común.

Si la unión es transitoria se organiza simplemente una conferencia, mitin, mesa redonda, etc.; si la unión es estable, se concreta en una sociedad.

La libertad de reunión se actualiza en todas las actividades humanas, pero de un modo muy especial, en el ámbito religioso, gremial y político.

La libertad de reunión es violada cuando se obstaculiza o se impide la realización de conferencias, asambleas, manifestaciones, procesiones, mítines, peregrinaciones, etc.

En la Argentina, a fines de 1954 y buena parte de 1955 se prohibieron no solo los actos políticos públicos, sino hasta las procesiones religiosas.

Por supuesto que las autoridades pueden intervenir moderadamente en las reuniones para conservar el orden y garantizar a los organizadores el ejercicio pacífico de Sus derechos. Pueden también reglamentar las reuniones, aunque deben estar atentos a que dichas reglamentaciones no se transformen en trabas que obstaculicen o aniquilen dicha libertad.

Respecto a las asociaciones, el hombre tiene el derecho, no solo de ingresar en ellas, sino también el de fundarlas y organizarías.

Un aspecto importante de la libertad de asociación es el que se refiere a los gremios o sindicatos.

Sindicato es la sociedad formada por personas de una misma profesión, o profesiones semejantes, para la defensa de los intereses profesionales.

Los sindicatos pueden ser de solo obreros, de solo patronos o de obreros y patronos.

La asociación de patronos y obreros de la misma profesión se llama «Corporación».

Las asociaciones gremiales fueron florecientes en la Edad Media.

Los monarcas absolutos y la Revolución Francesa fueron enemigos de las asociaciones profesionales. La ley francesa de 1791 prohibió las asociaciones, tanto de obreros como de patronos.

A pesar de que las coaliciones de los obreros eran reprimidas, estos acudieron a la huelga. El resultado fue que todas las leyes y amenazas fueron inútiles ante la imperiosa necesidad de la defensa de los propios intereses.
Por fin la ley francesa del 25 de mayo de 1864 proclamó la libertad de huelga.

Es antidemocrático y totalitario el sindicato único.

El sindicato único consiste en que los trabajadores deban estar afiliados a una única organización profesional, la cual generalmente, depende del partido que está en el gobierno. En los países verdaderamente democráticos debe existir pluralidad de sindicatos.

La pluralidad de sindicatos está más de acuerdo con las libertades humanas y con el espíritu de democracia. El artículo 23, 4, de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce esta libertad. «Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses».

Al par que el hombre tiene derecho de ingresar a las asociaciones, tiene también el derecho de no asociarse. Así lo reconoce la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» en el artículo 20, 2: «Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación».

Los regímenes totalitarios atrepellan esta libertad cuando obligan a inscribirse en el sindicato único, que responde a la ideología del gobierno; cuando prohiben pacíficas reuniones obreras que se realizan piara la defensa de sus derechos y cuando no permiten la constitución de sindicatos.

La libertad de trabajo.
Trabajo es una actividad humana aplicada generalmente a la producción económica.

También puede definirse como: «el esfuerzo intelectual y manual que el hombre realiza para disponer, según las necesidades de su naturaleza y el desenvolvimiento de su vida, los recursos que Dios le ofrece» (1).

(1) El trabajo puede ser intelectual, material y mixto.
Trabajo intelectual es la aplicación de las facultades intelectivas del espíritu. Hay siempre, por lo menos un mínimo de contribución de la actividad material, pero tienen prevalencia las facultades intelectuales. Es el trabajo del inventor, del científico, del médico, del periodista, etc.

Trabajo material o muscular es aquel en que tienen predominio las fuerzas físicas.

Se dice que «tienen predominio las fuerzas físicas», porque no se descarta absolutamente la contribución intelectual, de lo contrario no sería ya actividad humana.
Es el trabajo del albañil, pintor, herrero, etc.

Tabajo mixto es aquel en que intervienen en forma proporcionada las energías musculares e intelectuales. Es el más frecuente en nuestros días por el progresivo perfeccionamiento de la técnica. Es el trabajo realizado al torno mecánico, el de] impresor, etc.

libertad de trabajo

Libertad de trabajo es el derecho que tiene todo hombre de elegir y ejercer la profesión, empleo o actividad que desee.

La libertad de trabajo comprende el derecho a:

• Elegir el tipo de trabajo que desee. » Ejercerlo sin violencia.
• Cambiar de trabajo.
• Establecer las condiciones del contrato de trabajo.
• Ser defendido por la autoridad pública contra quienes pretendan obstaculizar el ejercicio de una actividad lícita.

La «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce este derecho en su artículo 23: «Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo».

La Constitución Argentina en el artículo 14 bis, establece: «El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes…»

Contra la teoría del liberalismo que sostenía que el trabajo debía ser considerado una mercadería, que se ofrece y se paga como cualquier otro producto, ha prevalecido la doctrina social cristiana acerca de la dignidad del trabajo.

«El trabajo debe ser tratado como algo humano, necesario al hombre para su subsistencia, y no como un artículo de comercio».

«A través del trabajo el hombre toma dominio de sí y de su destino, irradia su personalidad en el mundo externo, se eleva a la categoría de colaborador de Dios».

El trabajo cumple, también, una «función social».

Mediante el trabajo el hombre cumple una actividad que interesa no solo a él individualmente, sino que interesa a toda la sociedad: coopera a satisfacer las necesidades de sus semejantes y contribuye al mejoramiento de la vida humana.

Además, el trabajo se realiza en colaboración que puede ser directa si la ayuda viene dada en forma inmediata, o indirecta si la ayuda viene a través de los productos obtenidos por otro: trabajadores.

El obrero tiene derecho a establecer las condiciones del con trato de trabajo.

Contrato colectivo de trabajo es un convenio suscripto por lo¡ sindicatos y los empleadores en el que se fijan la remune ración y todas las condiciones acerca de la realización del trabajo.

Se ha abandonado por anacrónica e injusta la tesis de que: «Es justo todo contrato de trabajo pactado libremente entre el obrero y el patrón, pues el obrero es libre de aceptarlo’ o no, y si lo acepta, quiere decir que está conforme con él».

Ese criterio llevó a la explotación de la clase obrera.

La única libertad que tenía el obrero era la miseria.

Ante esa alternativa se vio obligado a aceptar salarios irrisorios
y sueldos de hambre y condiciones de trabajo indignas de la
condición humana.

No están en el mismo pie de igualdad, el obrero y el empresario.

El obrero no tiene más capital que sus brazos, y con el fruto de su trabajo debe sostener a su familia, mientras que el empresario, principalmente las grandes empresas capitalistas, con bienes de fortuna, propiedades, pueden imponer condiciones injustas.

El gran empresario que no consigue obreros para su industria puede, en el peor de los casos, cerrar la fábrica y vivir de rentas; mientras que a los obreros que no consiguen trabajo, por no aceptar condiciones injustas, la única perspectiva que les queda es el hambre y la miseria.

Para salvar esos inconvenientes, los contratos de trabajo son colectivos y no individuales, concertados entre los sindicatos y los empresarios. El Estado debe intervenir para fijar condiciones justas tanto en lo que respecta a la manera de realizar el trabajo como en lo que se refiere a su remuneración. El conjunto de normas por las que el Estado interviene en las relaciones entre el capital y el trabajo se denomina legislación social.

El artículo 14 bis de la Constitución Nacional contempla lo referente a la legislación social.

La democracia rechaza la teoría totalitaria de que el Estado debe intervenir de tal forma que se transforme en patrono.

Cuando toda la economía está dirigida por el Estado, se debilita y muere la iniciativa privada, y todo pasa a manos del Estado: medios de locomoción, teléfonos, radios, energía eléctrica, gas, compañías navieras, etc.

La democracia va abandonando también la tesis que propugnaba la total abstención del Estado en las relaciones entre el capital y el trabajo, y va adoptando la doctrina social cristiana llevada a la práctica con su legislación social.
En los regímenes totalitarios no existe libertad de trabaja.

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LECTURA COMPLEMENTARIA:
Derechos y garantías de la seguridad individual

La seguridad individual es el estado de una persona que tiene garantizada su libertad frente al Estado y frente a los demás, de manera que no se la pueda afectar en forma arbitraria. Por este motivo, la seguridad personal comprende el conjunto de garantías que protegen los derechos individuales fundamentales, como la vida y la libertad. En nuestra Constitución estas protecciones se encuentran previstas, en su mayor parte, en el artículo 18. Constituyen una serie de prohibiciones, instrumentos o mecanismos legales.

■ Irretroactividad de la ley penal. El artículo 18 dispone que «ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso«, vedando de esta manera que una conducta que no era prohibida en el momento de su realización se transforme en delito por el dictado de una ley posterior.

Esta garantía impone, entonces, como requisito para que una conducta sea pasible de reproche penal, que la condena se funde en una ley. Esa ley deberá ser dictada por el Congreso, pues a él le corresponde el dictado del Código Penal conforme lo dispuesto en el artículo 75, inciso 12 de la propia Constitución. También implica que la conducta juzgada como delito se encuentre expresamente prevista en la ley. Si una conducta no está descripta en forma precisa en la ley penal, el juez no puede condenar tomando como referencia otra conducta similar. Esta garantía se denomina «prohibición de interpretación analógica».

Por último, esta garantía –la irretroactividad de la ley penal- requiere que la ley que describe la conducta y establece la pena debe ser previa a la realización del hecho. Esto significa no sólo que la conducta realizada debía constituir delito antes de su ejecución, sino también, que la pena prevista no puede incrementarse con posterioridad al momento del delito.

■ Juez natural. El artículo 18 prohibe los llamados «tribunales de excepción» o las comisiones especiales que se han creado a lo largo de la historia con el objeto de juzgar determinados hechos con posterioridad a su realización, generalmente con un fin de venganza o por determinados objetivos políticos. Para la Constitución, juez natural es aquel que se encontraba legalmente designado con anterioridad a que ocurrieran los hechos a juzgar.

■ Confesión. En nuestro sistema de garantías, nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo. Una persona acusada de la comisión de un delito no puede ser forzada a aportar pruebas en su contra, aunque ello implique que el delito pueda quedar impune. Este es así porque, en el estado de derecho, el respeto por las garantías individuales y la dignidad humana es un valor superior a cualquier otro.

■ Orden escrita. Nadie puede ser detenido sin orden escrita emanada de una autoridad competente. De esa manera se limita el poder de los órganos del Estado para ordenar la detención de personas, que sólo se podrá realizar con una orden de un juez competente. Una situación de excepción a este principio es la facultad que le otorga la legislación penal a cualquier persona para detener a otra cuando la sorprende in fraganti delicio, esto es, en el mismo momento de la comisión del hecho.

■ Debido proceso. Se llama de esta forma a la garantía que tienen las personas de acceder a la justicia y obtener en ella una decisión justa y oportuna. Las condiciones necesarias para la validez de esa decisión son: que sea dictada por un tribunal habilitado para el tema que se debata y que esté garantizada en el proceso la defensa en juicio.

■ Inviolabilidad del domicilio. El domicilio de una persona es inviolable y sólo se podrá acceder a él con una orden de allanamiento que debe ser dictada por escrjto por el juez competente. Cuando la Constitución protege el domicilió no lo hace sólo respecto al hogar o vivienda de una persona, sino también donde tiene su negocio u oficina, e incluso protege una vivienda ocasional, como un lugar de veraneo o la habitación de un hotel.

■ Inviolabilidad de la correspondencia y los papeles privados. La correspondecia de una persona es secreta y no puede ser abierta sin una orden de un juez competente. Esta cláusula incluye también las comunicaciones telefónicas, los diskettes de computación, los discos láser y cualquier otro soporte de información cuyo acceso no sea público.

■ Prohibición de la pena de muerte por causas políticas. Como ya fue visto al analizar el derecho a la vida, nuestra Constitución Nacional prohibe la aplicación de la pena de muerte por causas políticas. Esta prohibición hoy se extiende a la pena de muerte por cualquier causa, ya que el Código Penal no la contempla y no es posible su implantación en virtud de que nuestro país ha firmado e incoporado con jerarquía constitucional el Pacto de San José de Costa Rica.

■ Abolición de los tormentos y los azotes. La Constitución abolió para siempre las penas de tormentos y azotes y aunque parezca que esta disposición tiene sólo un valor histórico, esto no es así, porque lo que debe interpretarse es que la Constitución Nacional prohibe no sólo la tortura sino todo tipo de penas consideradas irracionales.

■ El régimen carcelario. La última de las garantías contenidas en el artículo 18 se refiere a las cárceles. Estas no son para castigo de los delincuentes sino para seguridad de los detenidos, por eso, la Constitución Nacional dispone que las cárceles deben ser sanas y limpias y que no se deben tomar medidas que mortifiquen innecesariamente a los allí detenidos.

Fuente: Educación Cívica 2 – Santillana – Secundaria – Casullo-Bordone-Hirschmann-Masquelet y Otros

Fuente Consultada:
Educación Democrática Escuela Secundaria Técnica Mario Alexandre
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

La Iglesia Contra el Liberalismo del Siglo XIX Pensamiento Social

RESUMEN: LA IGLESIA CATÓLICA FRENTE AL LIBERALISMO
Pensamiento Social

Desde el surgimiento del liberalismo y la Revolución Francesa de 1789. la Iglesia católica se había opuesto a los cambios y a las sociedades masónicas. Durante el siglo XIX, distintos Papas habían condenado derechos consagrados por los gobiernos liberales, como la libertad de imprenta, de conciencia, de culto, de palabra y de enseñanza.

Con la propagación de los ideales socialistas y comunistas entre los obreros, la Iglesia también lanzó su condena en duros términos: «Esta execrable doctrina es totalmente contraria al derecho natural, y no podría establecerse, sin que los derechos, los intereses, las propiedades de todos, y la sociedad misma fuesen completamente trastornados» (en la Encíclica del Papa Pío IX. del 29 de noviembre de 1846).

Cambiando la postura sobre las problemáticas obreras, en el marco de democratización del Estado a fines del siglo XIX, el papa León XIII elaboró el documento Rerum novarum («Sobre las cosas nuevas») en la cual reflexiona sobre la mala situación de los trabajadores y la injusticia que sufren por parte de las instituciones, por lo que propone tratar sus problemas con una mirada comprensiva y una actitud caritativa.

Dice que el socialismo surgió debido a la «voraz usura» de los patrones, pero no implica una solución pacífica para la sociedad, porque esta ideología excita en los pobres el odio a los ricos y quiere que se sustituya la propiedad privada por la colectiva, cuando esto traería injusticia a los que «legítimamente poseen». Por último, recomienda la práctica de la religión, de la que se deriva el amor al prójimo y el respeto a los derechos de los demás.

Papa Pio IX y sus cardenales

Pío IX, rodeado por sus cardenales. Durante su papado, iniciado en 1846, se consolidó un ordenamiento interno de la Iglesia, basado en la centralización jerárquica. Al mismo tiempo, su política fuertemente conservadora aisló a la Iglesia de las principales corrientes de pensamiento de la época.

Los profundos cambios políticos e ideológicos que se produjeron en Europa en el siglo XIX provocaron una fuerte conmoción dentro de la Iglesia Católica. Ésta debió hacer frente a las medidas de los gobiernos liberales que la privaban de bienes y posesiones y que limitaban su influencia en_ el plano político.

En la primera mitad del siglo XIX, nauchos Estados europeos firmaron acuerdos con la Iglesia —llamados concordatos— en los que se establecían los derechos de ésta y las obligaciones que los Estados tenían en materia eclesiástica. Pero estos acuerdos se dificultaron ante el avance de las ideas liberales, que propugnaban una completa separación entre la Iglesia y el Estado. En el seno de la propia Iglesia se dividieron las opiniones sobre cuál debía ser la actitud de la institución ante estas políticas.

PAPA PIO IX Y EL TRIUNFO DEL ULTRAMONTANÍSIMO
Con Pío IX, en 1846, se abre el pontificado más largo de la Iglesia. El nuevo Papa era un hombre de gran bondad, de una profunda fe, pero muy intransigente y muy poseído de sus prerrogativas. Expulsado de Roma por la revolución de 1848, regresó decidido a imponer su autoridad y a combatir el liberalismo en todas sus formas.

Contra los partidarios del «galicanis-mo» episcopal, que no reconocían la infalibilidad más que a los concilios y reivindicaban una cierta autonomía para los obispos en sus diócesis, Pío IX afirmó que el Papa era el único infalible en materia de dogma y que no podía señalarse restricción alguna a su poder en el gobierno de la Iglesia; con su sola autoridad, promulgó, en 1854, el nuevo dogma de la Inmaculada Concepción de la Virgen, según el cual sólo María, entre todos los seres humanos, había nacido sin pecado original.

Apoyado por la aplastante mayoría de la Iglesia, el soberano pontífice quiso que la infalibilidad papal fuese proclamada oficialmente por un concilio, y, a este fin, convocó en 1870 el Concilio Vaticano. Las pasiones se desataron inmediatamente en los distintos periódicos católicos: en Francia, los ultramontamos, con Veuillot y su periódico «L’Univers» a la cabeza, apoyaban al papado.

Pero la oposición (dividida entre los «antiinfalibilistas», agrupados alrededor del teólogo alemán Ignaz Doellinger, que rechazaban el dogma de la infalibilidad como contrario a la tradición y a las sagradas escrituras, y los «inoportunistas», que, como Dupanloup, aceptaban tal dogma en la práctica, pero juzgaban inoportuno el momento para proclamarlo) resistió obstinadamente. Sin embargo, tuvo que inclinarse cuando, después de violentos debates, el concilio votó, el 18 de julio de 1870, la infalibilidad pontificia, reconociendo al Papa un poder supremo de jurisdicción, tanto en el campo doctrinal como en el de la disciplina.

Los sesenta minoritarios habían abandonado la sala antes de la votación. Muchos se sometieron, a continuación, y Doellinger no tuvo a su lado más que a unos pocos disidentes. El galicanismo, es decir, la independencia de las iglesias nacionales respecto a Roma, había muerto. En su combate por la unidad de la cristiandad, el Papado salió engrandecido y aureolado de un gran prestigio.

LA LUCHA CONTRA EL CATOLICISMO LIBERAL
Muchos eran los católicos liberales que, como Montalembert, Lacordaire y Dupan-loup, pensaban que la Iglesia debía aceptar las libertades modernas, surgidas de los principios de 1789. Montalembert defendió este criterio en dos discursos pronunciados en Malinas, que tuvieron gran resonancia.

Para cortar tales iniciativas, Pío IX promulgó, el 8 de diciembre de 1864, la encíclica «Quanta Cura», en la que reafirmaba el papel preponderante de la Iglesia en la sociedad, condenaba los principios de soberanía del pueblo, de supremacía del poder civil, de libertad de conciencia, de prensa, y estigmatizaba el comunismo, el socialismo y el liberalismo moderno. Acompañaba a esta encíclica un «Syllabus», en que se relacionaban los «80 principales errores de nuestro tiempo».

Las relaciones de la Iglesia con los distintos Estados, muy estrechas hasta entonces (Austria, por un concordato firmado en 1855, incluso había hecho de la religión católica la religión del Estado), entraron en un período de abiertos conflictos: Austria y España rompieron con el Vaticano; en 1872, Bismarck instituyó en Alemania el «Kulturkampf» —«combate por la civilización»—, esencialmente dirigido contra los católicos; el Gobierno italiano trataba de que el Papado declarase su renuncia al poder temporal, y, en Francia, los anticlericales constituían una fuerza política cada vez más influyente. Pío IX murió el 7 de febrero de 1878, después de treinta y dos años de reinado.

EL PONTIFICADO DE LEÓN XIII: 1878-1903
Hombre habu e inteligente, tan intransigente como su predecesor en cuestiones doctrinales, León XIII dió pruebas de mucha más flexibilidad y moderación en la práctica. En todos los países había católicos que se preocupaban de los problemas sociales e intentaban remediar la miseria obrera. Con la ayuda de Ketteler en Alemania, de Manning en Inglaterra, de Gib-bons en los EE. UU., de Albert de Mun y de La Tour Du Pin en Francia, se formaron círculos católicos de obreros que atrajeron a muchos adeptos.

Al publicar, el 15 de mayo de 1891, la encíclica «Rerum Novarum», León XIII dio una nueva dimensión a aquel movimiento social. Aunque reconociendo la legitimidad de la propiedad privada, la encíclica condenaba los abusos de la explotación capitalista, que condenaba a la miseria a los indefensos trabajadores. Para remediar estas desigualdades, preconizaba la creación de asociaciones obreras, la participación de los trabajadores en el capital de la empresa, y la adopción, por parte de los Estados, de legislaciones sociales equitativas.

Con el deseo de llevar a la práctica estos principios, Marc Sangnier creó en Francia el movimiento de «Sillón», pero la muerte de León XIII, en 1903, fue un duro golpe para el catolicismo social. En sus relaciones con los diversos gobiernos, León XIII había invertido la política de Pío IX.

Exhortó a los católicos franceses a adherirse a la República, y a los católicos alemanes a que se acercasen a Bismarck, a fin de que fuera abandonado el «Kulturkampf»; apoyó al Gobierno inglés contra la agitación irlandesa, y al de San Petersburgo contra las veleidades de independencia del clero polaco. Con esta táctica, confiaba en salvar todos los obstáculos que se oponían al desarrollo de la Iglesia católica en aquellos países.

Sólo fue inflexible con el Gobierno italiano, al que se negó a reconocer, y prohibió, incluso, a los católicos de su país tomar parte en las elecciones. Por último, León XIII se dedicó a elevar el nivel cultural del clero, reorganizando los estudios teológicos, fundando un Instituto Bíblico en Jerusalén y multiplicando los congresos internacionales de católicos. Pero este nuevo programa, tanto en el plano social como en el político y en el cultural, no le sobreviviría.

LA REACCIÓN DEL PAPA PIO X
Teólogo, preocupado, ante todo, de mantener los dogmas y de imponer su autoridad, Pío X no era un político ni un diplomático. No hizo nada por evitar la separación de la Iglesia y del Estado en Francia, y trató de imponer sus directrices a los partidos católicos de cada país. Empezó chocando con los modernistas: numerosos en Alemania, en Italia y en Francia, estos teólogos querían que la Iglesia se adaptase al mundo moderno, que se plegase a los métodos científicos para estudiar los texto? antiguos, descubriendo sus contradicciones, y se aviniese a la renuncia a ciertos dogmas ya caducos.

El abate Loisy, profesor de la facultad de Teología de París, había resumido estas tendencias en 65 proposiciones. Fue condenado en 1907, por el decreto «Lamentabili», y, después, excomulgado. El 17 de septiembre de 1907, Pío X promulgó la encíclica «Pascendi», que condenaba el modernismo como «síntesis de todas las herejías», imponiendo a los profesores de Teología la enseñanza de la filosofía escolástica medieval, y les obligaba a prestar un juramento antimodernista. En Francia aún existía el movimiento del «Sillón», que agrupaba alrededor de su periódico «El despertar democrático» a católicos liberales y sociales, en su mayor parte republicanos.

Condenando sus ideas y su colaboración con los no católicos, Pío X, en 1910, les ordenó que se disolvieran. Al conceder su apoyo al catolicismo social, León XIII había querido limitar el desarrollo de los partidos socialistas. Por su sectarismo, Pío X les entregó el control de la clase obrera y favoreció los avances de la irreligión y del anticlericalismo en muchos países europeos.

Sin embargo, en aquel mismo período, la Iglesia consiguió éxitos importantes. El catolicismo se propagó rápidamente en Inglaterra, donde la jerarquía se restableció y pudo contar, a finales de siglo, con más de cinco millones de fieles, y en los Estados Unidos, donde la Iglesia, gracias a la llegada de emigrantes irlandeses e italianos y a la conversión de muchos millares de protestantes, se convirtió en una verdadera fuerza política.

Una febril actividad misionera animó a las congregaciones que propagaron la fe en Extremo Oriente, en Levante, en Oceanía y en África. En este último continente, la evangelización, paralela a la colonización, logró los resultados más espectaculares. El siglo XIX señala el fin de la lucha secular entre los Estados y la Iglesia. Si es cierto que ha perdido todo poder temporal, la Santa Sede se erige en el único arbitro en materia espiritual, controla la vida interna de la Iglesia, y, por medio de los partidos católicos, conserva una innegable influencia política.

EL PENSAMIENTO SOCIAL DE LA IGLESIA

El Estado debe promover el bienestar material del obrero.

61. Por lo que toca a la defensa de los bienes corporales y externos, lo primero que hay que hacer es librar a los pobres obreros de la crueldad de hombres codiciosos que, a fin de aumentar sus propias ganancias, abusan sin moderación alguna de las personas, como si no fueran personas sino cosas. Exigir tan grande tarea, que con el excesivo trabajo se embote el alma y sucumba al mismo tiempo el cuerpo a la fatiga, ni la justicia, ni la humanidad lo consiente. En el hombre toda su naturaleza, y consiguientemente la fuerza que tiene para trabajar, está circunscrita con límites fijos, de los cuales no puede pasar. Auméntase, es verdad, aquella fuerza con el uso y ejercicio, pero a condición de que de cuando en cuando deje de trabajar y descanse.

Débese, pues, procurar que el trabajo de cada día no se extienda a más horas de las que permiten las fuerzas. Cuánto tiempo haya de durar este descanso se deberá determinar, teniendo en cuenta las distintas especies de trabajo, las circunstancias del tiempo y de lugar, y la salud de los obreros mismos. Los que se ocupan en cortar piedra en las canteras o en sacar hierro, cobre y semejantes materias de las entrañas de la tierra, como su trabajo es mayor y nocivo a la salud, así a proporción debe ser más corto el tiempo que trabajen. Débese también atender a la estación del año, porque no pocas veces sucede que una clase de trabajo se puede fácilmente soportar en una estación, y en otra o absolutamente no se puede, o no sin mucha dificultad.

62. Finalmente, lo que puede hacer y a lo que puede entregarse un hombre de edad adulta y bien robusto, es inicuo exigirlo a un niño o a una mujer. Más aún; respecto de los niños hay que tener grandísimo cuidado que no los recoja la fábrica o el taller, antes que la edad haya suficientemente fortalecido su cuerpo, sus facultades intelectuales, y toda su alma. Pues las energías que a semejanza de tiernas plantas brotan en la niñez las destruye una prematura sacudida; y cuando esto sucede, ya no es posible dar al niño la educación que le es debida.

Del mismo modo hay ciertos trabajos que no están bien a la mujer, nacida para las atenciones domésticas; las cuales atenciones son una grande salvaguardia del decoro propio de la mujer, y se ordenan naturalmente a la educación de la niñez y prosperidad de la familia. En general debe quedar establecido que a los obreros se ha de dar tanto descanso, cuanto compense las fuerzas gastadas en el trabajo; porque debe el descanso ser tal que restituya las fuerzas que por el uso se consumieron.

En todo contrato que se haga entre amos y obreros, haya siempre expresa o tácita la condición de que se atienda convenientemente a este doble descanso; pues contrato que no tuviera esta condición sería inicuo, porque a nadie es permitido ni exigir ni prometer que descuidará los deberes que con Dios y consigo mismo le ligan.

León XIII. Encíclica Rerum Novarum (fragmento).

PARA SABER MAS…: Como ampliación del tema publicamos una nota en El Bicentenario Fasc. N° 3 período 1850-1869 a cargo de Roberto Di Stefano, historiador.

CRÓNICA DE LA ÉPOCA
SE CELEBRA EL CONCILIO VATICANO I

La noticia de que Pío IX ha decidido convocar a un nuevo Concilio Ecuménico ha sido recibida con entusiasmo por los católicos de todo el orbe y con desconfianza por los críticos de la Iglesia. Hace dos años el Papa comunicó a los cardenales su deseo de que el nuevo Concilio encuentre «los remedios necesarios para los males que afligen a la Iglesia».

Los motivos de preocupación del pontífice romano son de público dominio: el desarrollo de las sociedades masónicas, el avance de las ideas liberales, las expropiaciones de bienes eclesiásticos y la promulgación de leyes que restringen el accionar de la Iglesia en diferentes países. El Papa teme, además, que los conflictos que sacuden a Europa pongan fin a los Estados pontificios.

En la prensa de todo el orbe católico se han levantado voces entusiastas y críticas en relación con el Concilio. Los liberales han puesto de manifiesto en ambas márgenes del Atlántico su temor de que los decretos conciliares confirmen las orientaciones que el sumo pontífice ha dirigido a los prelados católicos en la encíclica Quanta Cura y en el Syllabus errorum en 1864. Diarios italianos, franceses e hispanoamericanos, y algunos de la ciudad de Buenos Aires, han expresado su inquietud por la posibilidad de que el Concilio renueve la condena de las ideas liberales.

No todos los obispos argentinos piensan concurrir al Concilio, cuyas sesiones se abrirán oficialmente el 8 de diciembre. De los cinco prelados de la república, tienen intención de viajar monseñor Mariano José Escalada (arzobispo de Buenos Aires), monseñor Buenaventura Risso Patrón (obispo de Salta) y monseñor Wenceslao Achával (obispo de Cuyo). No se sabe si concurrirán el obispo de Paraná, monseñor José María Gelabert, y el de Córdoba, monseñor José María de Arellana.

Un periódico católico de la ciudad de Buenos Aires ha explicado que la ausencia del obispo cordobés se debería a la fragilidad de su salud y a su avanzada edad. En su última visita pastoral a La Riqja, monseñor sufrió horrorosamente: perdió la dentadura y se vio atormentado por fuertes dolores en el pecho. Con respecto al obispo de Paraná, sus dudas se relacionan con los altos costos del viaje a la Ciudad Eterna, por lo que un grupo de notables católicos santafesinos ha decidido organizar una colecta.

Es de esperarse que los obispos argentinos se dirijan al gobierno nacional pidiendo alguna contribución pecuniaria para afrontar los cuantiosos gastos del viaje. Hasta ahora sólo lo ha hecho el obispo de Salta, con resultado negativo. Las causas de la respuesta no se deberían sólo a las estrecheces del erario: el gobierno no oculta su disgusto por no haber sido oficialmente informado de la convocatoria ni invitado a enviar a sus propios representantes junto a la delegación eclesiástica.

El Bicentenario Fasc. N° 3 período 1850-1869 a cargo de Roberto Di Stefano, historiador.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ver:Principios de la Doctrina Social de la Iglesia

Nacimiento de la Sociedad Capitalista Consecuencias

Nacimiento de la Sociedad Capitalista y sus Consecuencias

El siglo XVIII significó el final del proceso de transición del feudalismo al capitalismo en Europa occidental. Se produjeron cambios sociales, económicos, políticos e ideológicos que transformaron profundamente la organización social europea e iniciaron los tiempos del capitalismo.

Ya desde los siglos XV y XVI la expansión europea hacia otros continentes —África, América, Asia— había llevado a la formación de una economía-mundo. Por primera vez se incorporaban estos continentes a las rutas comerciales de Europa.

En lo político, desde los siglos XV y XVI se consolidaron Estados centralizados modernos en Gran Bretaña, Francia y España. Pero este proceso no ocurrió al mismo tiempo en todas las regiones de Europa. En Alemania e Italia y otras regiones de Europa oriental, por ejemplo, los Estados centralizados se constituyeron más tardíamente, durante la segunda mitad del siglo XIX.

El desarrollo de nuevas actividades económicas y los cambios que se estaban produciendo en las formas de organizar el trabajo rural y urbano, pusieron en crisis el modo tradicional de dominación feudal en Europa occidental y sentaron las bases del poder económico, social y político de la burguesía.

El protagonismo de la burguesía creció incesantemente desde la segunda mitad del siglo XVIII, época en la que tuvo lugar una doble revolución: una revolución económica —la Revolución Industrial— que se Inició en Inglaterra y que fue tal vez el proceso transformador más Importante que vivió la humanidad hasta ese momento, y una revolución social y política —la Revolución Francesa— que marcó el principio del fin del antiguo régimen. Ambas revoluciones permitieron, en el futuro, la consolidación de la nueva sociedad capitalista. La Revolución Industrial dio origen a una nueva forma de organizar el trabajo: el trabajo fabril; a un nuevo tipo de trabajador: el obrero industrial; y a una nueva forma de organización económico-social: el capitalismo.

El capitalismo surgió luego de una sucesión de grandes y profundos cambios sociales y económicos que se produjeron en el campo y en las ciudades. El trabajo asalariado se difundió en las ciudades en las que se desarrollaba la industria y también en las zonas rurales en las que la producción agropecuaria se destinaba al mercado. Sin duda el capitalismo significó para el hombre un camino de progreso, pero al mismo tiempo llevó a la formación de una sociedad dividida en clases sociales con intereses contrapuestos.

El conflicto más profundo fue el que se planteó entre la burguesía, propietaria de los medios necesarios para la producción, como las Industrias, la tierra, las herramientas, y los obreros, que no disponían de bienes ni de tierras ni de herramientas, y que lo único que podían hacer para subsistir era vender su fuerza de trabajo.

Hacia la primera mitad del siglo XIX, el capitalismo se consolidó en Europa occidental y los cambios que había introducido la Revolución Industrial se extendieron por otros países del continente europeo y los Estados Unidos.

La burguesía se consolidó como clase y fue protagonista de importantes revoluciones —1830, 1848— e impuso al mundo sus ideas, valores e instituciones de corte liberal. Pero este mundo burgués fue también un mundo de fuertes conflictos sociales. Junto a la próspera burguesía, en las ciudades industriales el número de obreros organizados crecía cada vez más: reclamaban por mejores condiciones de vida y mejores salarlos.

El progreso y la miseria fueron las principales características de esta época.

Vista de la Fundiciones Creusot

SOCIEDAD: LAS GRANDES FAMILIAS: El rapidísimo desarrollo de las fuerzas productivas en la segunda mitad del siglo XIX tuvo profundas repercusiones sociales. Mientras la Europa oriental, esencialmente agrícola, era dominada por la aristocracia terrateniente, la clase capitalista se imponía como clase dominante en la Europa Occidental y en los Estados Unidos.

A pesar de las crisis económicas, empresarios, capitalistas, banqueros y grandes comerciantes se enriquecieron considerablemente, multiplicando sus inversiones, acometiendo nuevas industrias, fabricando material de guerra, prestando dinero a los Estados, especulando en la Bolsa… A los Rothschild vinieron a sumarse nuevas dinastías de banqueros: los Rockefeller, los Morgan, los Cernuschi, los Lazard, los Pereire. Kuhlmann y Pechiney hicieron fortuna en la química. Krupp en Alemania, Schneider y Wendel en Francia, Dupont de Nemours en los Estados Unidos y Nobel en Suecia se convirtieron en los omnipotentes magnates de la metalurgia, mientras Cunard era el rey de los barcos.

Faábrica de Cañornes Krupp

Estos nuevos ricos se mezclaban con la vieja aristocracia decadente, adquiriendo, por matrimonio, los títulos prestigiosos que el nacimiento les había negado, organizando fastuosas recepciones, abonándose a los palcos de los grandes teatros, en los que sus mujeres podían rivalizar en elegancia, lanzando la moda de las ciudades termales y de las estaciones balnearias, frecuentando los clubs mundanos. Influyentes en los partidos conservadores, dirigían la política, hacían y deshacían gobiernos.

Aprovechándose del enriquecimiento general, una nueva clase media, compuesta de pequeños burgueses, industriales o comerciantes, de propietarios, de funcionarios y de intelectuales, hizo su aparición y ocupó un puesto destacado en todas las sociedades capitalistas avanzadas.

Encontró su expresión política en los partidos progresistas y liberales, como el partido radical en Francia, dispuesto a luchar contra los conservadores por la obtención de las libertades esenciales, pero rechazando las subversiones económicas propuestas por los  socialistas. Demostrando  que era posible alcanzar el bienestar sin cambiar las estructuras de la sociedad, el desarrollo de estas clases medias favoreció la ideología reformista en el propio seno de los partidos obreros.

LA RESPUESTA OBRERA
Pero si el desarrollo del capitalismo permitió a una minoría enriquecerse, mantuvo en condiciones miserables a un proletariado cada vez más numeroso, reforzado por la llegada incesante de campesinos pobres a quienes la mecanización del campo obligaba a emigrar hacia las ciudades.

No teniendo nada que ofrecer más que su fuerza de trabajo, sufrían el despotismo económico de los patronos que les imponían los salarios más bajos, horarios inhumanos (hasta 17 horas diarias), sin garantía alguna contra las enfermedades, la vejez y los accidentes, y el despotismo político de los gobiernos que les negaban el derecho de asociarse y de plantear luchas por el mejoramiento de su condición.

Los teóricos socialistas fueron los primeros en condenar aquella explotación, descubrieron sus causas y exhortaron a los obreros a reagruparse para defender sus intereses. Y es en la segunda mitad del siglo XIX cuando surgen, a través de toda Europa, sindicatos de masas y de partidos obreros que luchan por la obtención de reformas inmediatas y por la transformación, a largo plazo, de la sociedad.

Ante su presión y sus combates, los gobiernos burgueses concedieron al proletariado las primeras grandes leyes sociales, limitando el tiempo de trabajo, prohibiendo el empleo de los niños, autorizando cajas de retiro y de paro, estableciendo la responsabilidad de los patronos en caso de accidentes.

La Iglesia misma no permanece indiferente a la miseria obrera, y, para apartar a los trabajadores de la ideología socialista, dotó a los partidos católicos de un programa social. Pero, excepto en Bélgica, donde se constituyó un poderoso sindicato católico, en ninguna parte pudo quitar a los partidos obreros el monopolio de las luchas contra los patronos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

El Capitalismo Financiero Siglo XIX 2° Revolucion Industrial

RESUMEN: CAPITALISMO FINANCIERO Y LA CONCENTRACIÓN INDUSTRIAL

La unión entre industrias y bancos: Entre 1850 y 1914, el desarrollo tecnológico posibilitó un aumento extraordinario de la producción industrial. La expansión del ferrocarril originó el crecimiento de industrias complementarias como las del hierro, el carbón y el acero. Desde fines del siglo crecieron también las industrias químicas y eléctricas.

Ante este crecimiento económico, los bancos ampliaron sus actividades. Otorgaron gran cantidad de préstamos o créditos a largo plazo y, en muchos casos, los mismos bancos invirtieron capitales en las industrias. Esta etapa se caracterizó por la frecuente unión entre industrias y bancos.

En Francia, por ejemplo, este proceso fue encabezado por los bancos Credit Mobilier —fundado en 1852— y el Credit Lyonnais, creado en 1863. En Alemania, el Darmastadter Bank y el Deustche Bank adquirieron grandes industrias en ese país y extendieron su influencia a Rusia, Austria e Italia.

Fábrica en la Segunda Revolución Industrial

EL CAPITALISMO FINANCIERO
El desarrollo de la industria y las grandes inversiones que ello acarreaba, entrañaron la búsqueda de capitales. Por este motivo, se desarrolló el crédito también. Para ello, fue necesario desplegar una poderosa organización bancaria.

Junto a los bancos de negocios, que tomaron gran incremento, surgieron nuevos bancos, los llamados de depósito, que recibían el dinero producto del ahorro de muchísima gente, como, por ejemplo, el «Crédit Lyonnais», fundado en 1863, y la «Saciete General», fundada al año siguiente.

Por otra parte, la moneda era, entonces, excepcionalmente estable y en cantidad creciente, a causa de haberse descubierto nuevas minas de oro en África del Sur y en Australia. Aunque, sin embargo, la moneda de metal circuló cada vez menos, por sufrir la concurrencia de la moneda fiduciaria (el billete de banco), que estaba garantizada por las reservas de oro. En los negocios, se extendió el uso del cheque, que facilitaba las transacciones.

Los ricos sintieron la necesidad de que su dinero les rindiera un fruto. Por lo cual, se dedicaron a comprar acciones, es decir, a convertirse en propietarios de una parte de la empresa a la que pertenecían aquéllas, o a comprar obligaciones, por las que recibían, entonces, un interés fijo, o títulos de la deuda emitidos por el Estado. De esta forma, la constitución de sociedades anónimas se convirtió en regla habitual, a partir de fines del siglo.

En torno a las Bolsas de Valores, nació un mundo, nuevo, cuyos actores eran los agentes y los corredores de bolsa. El sistema del empréstito público se desarrolló a nivel mundial; el emitido para la construcción del canal de Suez, fue suscrito por quince naciones. Dicha situación dio como resultado la interdependencia del capitalismo mundial, que trajo como consecuencia la aparición de crisis económicas generales.

Así, se originó una economía mundial, que entrañó una especialización de la producción no sólo en cada país (en Francia, la región del Languedoc, por ejemplo, se especializó en el cultivo de la vid), sino también en el plano mundial: los países nuevos vendían el excedente de sus materias primas.

El comercio se convirtió en verdaderamente internacional, siendo su punto de apoyo Inglaterra, que gozaba de un extraordinario sistema bancario. Los bancos ingleses se encontraban agrupados en un barrio de Londres: la City.

A mediados de siglo, algo más de la mitad de todo el oro que producían las minas del mundo pasaba por Londres. Los capitales mundiales afluían a Inglaterra, atraídos por la prosperidad económica de este país. Y, recíprocamente, el capitalismo inglés hacía inversiones de su dinero en el extranjero. La libra esterlina era el punto de mira y de referencia de todas las demás monedas del mundo.

«Desde la segunda mitad del siglo XIX, la producción industrial mundial creció en todas las ramas. La producción de hierro se triplicó, pasó de 12 millones de toneladas a 37 millones. La de carbón se multiplicó por tres veces y media, de 220 millones a 800 millones. Esta fase de crecimiento se apoyó, además, en la abundancia de metales preciosos, de oro y de plata. El activo comercio mundial del período necesitó de instrumentos de cambio y las monedas tomaron como patrón el oro. El aumento de sus reservas —en 1848 se descubrió oro en California, en 1849 en Australia y más tarde en Alas-ka— permitió la fluidez del intercambio internacional. Pero en esta fase no sólo aumentó la circulación de monedas sino también la de los nuevos instrumentos financieros de la revolución industrial: los créditos bancarios, las acciones de sociedades anónimas y los seguros.» (Antonio Fernández en Historia Universal)

LA CONCENTRACIÓN INDUSTRIAL: LOS «TRUSTS» Y LOS «CARTELS»
Para poder afrontar todo este prodigioso desarrollo industrial, se hizo necesario organizar, para lo sucesivo, la producción; hablándose, entonces, de producción masiva, de «estandardización», de «taylorismo», de «trusts», etc. Este nuevo vocabulario fue el signo de que la industria había cambiado sus propios conceptos.

En efecto, para amortizar los gastos y luchar contra la competencia, era preciso que se produjera rápidamente y bien. El americano Taylor estudió la organización científica del trabajo, y preconizó el trabajo en serie: de aquí, el nombre de «taylorismo». Por los mismos motivos, las empresas se agruparon: la concentración se llamó «horizontal», cuando se agrupaban varias que fabricaban productos que se encontraban en el mismo estadio de producción; y «vertical» (también llamada «integración»), cuando se reunían estadios de producción complementarios (por ejemplo, una mina y una fábrica).

Así se formaron vastas zonas industriales: en los alrededores de París, en Lille, Roubaix, Tourcoing, en el Rhur. A veces, la concentración fue más fuerte aún: «pools», «cartels» (como el del carbón, formado por Kirdof, el Bismarck de la industria), «trusts» (en los Estados Unidos).

El trabajo en cadena implicó la especialización de la mano de obra: en adelante, el trabajador se dedicaría a realizar una labor muy determinada: por ejemplo, apretar tornillos. Esta servidumbre del hombre a la máquina provocaría violentas reacciones, como, por ejemplo, la de «Charlot» en «Tiempos modernos».

Ciertamente, fue el final de toda una concepción de la industria. Pero he aquí el reverso de la situación: la producción masiva necesitaba salidas. Si éstas escaseaban o desaparecían, la misma superproducción sería la causante de graves crisis.

La concentración industrial
El desarrollo de las nuevas industrias —la siderúrgica, la química y la eléctrica— estuvo ligado cada vez más a la incorporación de las nuevas tecnologías. Pero únicamente las grandes empresas —vinculadas a los «bancos— pudieron hacer frente a los altos costos que significaba incorporar los adelantos tecnológicos (las fundidoras de hierro y los convertidores de acero, por ejemplo).

Por otro lado, los bancos otorgaban mayores facilidades de crédito y capital a las empresas dedicadas a esas nuevas actividades industriales que eran las que permitían obtener mayores ganancias. En estas condiciones, las pequeñas empresas no pudieron competir con las mayores y, por ello, tendieron a desaparecer, quebrando o vendiendo sus bienes a las más grandes.

Este proceso de concentración industrial se intensificó durante las últimas décadas del siglo XIX. En Francia, por ejemplo, de 1866 a 1896, el número de establecimientos industriales se redujo a la mitad, pasando de 1.450.223 a 784.240. En Alemania la concentración fue más intensa.

fabrica de la segunda revolucion industrial

Fábrica de cañones Krapp en Essen (Alemania). Esta empresa, creada en 1812 como una modesta fundición de acero, se convirtió hacia fines del siglo XIX en una de las empresas siderúrgicas más importantes del mundo. En 1904 llegó a emplear a 43.000 obreros. Esta empresa alemana fue uno de los ejemplos más importantes de concentración industrial en Europa.

La tendencia a la formación de monopolios y oligopolios (proceso por el cual las graneles er presas absorbieron a otras y eliminaron a las más débiles de la competencia) se dio en forma más completa en la economía norteamericana.
El origen de la concentración y de los monopolios reside en las leyes del sistema capitalista. En Estados Unidos se desarrollaron los «big business», los grandes negocios o la empresa en gran escala como unidad económica típica del capitalismo norteamericano. Sus protagonistas fueron Rockefeller, los Morgan, los Mellon y los Du Pont.

El proceso de concentración se inició en los ferrocarriles -múltiples compañías sumergidas en una ruinosa competencia donde las guerras de tarifas llevaron a los propietarios a convenir acuerdos o pools para limitar la competencia y compartir ganancias, conformándose luego grandes monopolios ferroviarios.

Las adquisiciones y fusiones fueron obra de los llamados «magnates ladrones» mo Jay Gould y Cornelius Vanderbilt), aventureros que quebraban empresas, utilizaban soborno y todo tipo de estrategias deshonestas para adquirir los ramales.

Vocabulario
Monopolio: control del mercado por una sola empresa. No hay competidores. El único vendedor estipula los precios.

Oligopolio: control del mercado por un grupo reducido de grandes empresas. Un ejemplo de carácter oligopólico es el mercado automotriz norteamericano, está dominado por tres fuertes empresas; Ford Motors, General Motors y Chrysler.

Pools: acuerdos de precios, organización de varias compañías comerciales que convienen regular los precios. Es una forma de asociación que no implica fusión de capitales, y donde las empresas participantes conservan su autonomía.

Cártel: acuerdo de reparto de mercados y zonas de influencia, fijando los porcentajes de acrecentamiento para el futuro y volúmenes de producción. Junto con los pools fueron las primeras formas de cooperación entre capitalistas para reducir la competencia.

Trust: fusión para monopolizar la producción. Se crea una empresa tenedora de los paquetes mayoritarios de acciones de las empresas participantes. «Holdings: grupos financieros que tienen el control do las acciones de empre sas rivales.

El capital financiero surge porque, así como el florecimiento de la industria pesada con sus gigantescas necesidades requirió nuevas formas de financiación […], también la creación de consorcios y trusts, de cárteles y de corporaciones, está ligada a una cierta transformación de los métodos de financiación.

El proceso de monopolización requiere una aportación constante de capitales. Cuando se tiene que formar un consorcio, cuando se tienen que comprar continuamente nuevas empresas para limitar la competencia, cuando la fijación de precios bajos para competir con los elementos ajenos al cártel requiere sumas gigantescas, se tiene que disponer de un banco o de un grupo de bancos que puedan aportar en cada momento capitales a la organización monopolista. Es evidente que en esta situación los bancos quieren vigilar los negocios de la industria a la que dan apoyo económico. Esto es más práctico cuando los bancos participan directamente en la dirección de la industria.

Por su parte, como es lógico, también los capitalistas industriales quieren estar representados en los bancos, para observar y controlar cómo éstos invierten el dinero […]. Los industriales pueden lograr su intención de participar en los consejos de administración de los bancos, en particular porque el gran deudor tiene bajo el capitalismo, aunque también en otras formas económicas, un poder peculiar: es la gallina que tiene que poner los huevos de oro de los intereses; y, en segundo lugar, porque los bancos tienen que estar directamente interesados en la industria si quieren encontrar una inversión rentable.

Kuczinski, J.: Breve historia de la economía.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Historia Mundial Contemporánea 1° Año Polimodal T. Brass – M.Gallego
Historia Argentina y El Mundo Contemporáneo Alonso-Elisalde-Vázquez

Crisis del Capitalismo en el Siglo XIX Revolucion Industrial

RESUMEN DE LA PRIMERA CRISIS CAPITALISTA

Entre 1873 y 1896 aproximadamente, la economía capitalista mundial sufrió los efectos de una gran depresión. La crisis se originó por la superproducción que tuvo lugar a partir del desarrollo tecnológico y el aumento de la producción. Los precios de los productos industriales y agrícolas bajaron y disminuyeron las ganancias de los capitalistas.

Las acciones que se emprendieron para salir de la depresión económica significaron el fin del capitalismo liberal, organizado sobre los principios de la libre competencia entre empresas privadas en el interior de un país, la no intervención del Estado en la economía, y la libre competencia entre los Estados por los mercados del comercio mundial.

Con el objetivo de evitar futuras superproducciones que originaran la caída de los precios de los productos y de las ganancias, los capitalistas y, desde entonces, también los Estados, decidieron intervenir en la economía y regular el libre juego del mercado —es decir, de la oferta y la demanda— mediante acciones de diferente tipo.

Fabrica de la 2° Revolución Industrial

Fabrica de la 2° Revolución Industrial

LA CRISIS ECONÓMICA: Puede resultar extraño que, al referirse a este período, haya que hablar de crisis, pues podría parecer que esta palabra introduce una nota discordante en esta gran sinfonía del progreso mundial. En efecto, las crisis no se debieron al retroceso de la producción, sino que fueron provocadas por el cambio de relaciones entre la oferta y la demanda, y también a la relación entre la cantidad de las transacciones comerciales efectuadas y la masa monetaria que regulaba tales transacciones.

En este período de prosperidad general, hay que distinguir tres fases, pero sin creer que cada una de ellas fuese homogénea, ni que sus fechas tuvieran un valor absoluto. Aun en plena prosperidad, se producen indudables fracturas en la curva de su desarrollo.

La primera fase de expansión hay que situarla entre 1850 y 1873, y se debió, principalmente, al descubrimiento y explotación de las minas de oro de California (1859) y de Australia (1861). Esta masa de metal precioso determinó la cantidad de moneda puesta en   circulación,   ya  directamente en forma, de piezas metálicas, ya de moneda fiduciaria. Fue la época de la «quimera del oro».

El optimismo se hizo general. Pero se produjo una gran crisis a partir de 1873, cuyo principal agente fue el agotamiento de los «stocks» de oro. Los negocios empeoraban y la crisis agrícola era general. La industria sufrió la situación, al encontrarse falta de salidas. Era la crisis.

Una banca de Viena, la «Kreditanstalt», fue la primera afectada. En seguida, Inglaterra sufrió el contragolpe (pues, en efecto, había situado muchos de sus capitales en Austria y Alemania); después, le llegó el turno a los Estados Unidos. Entonces, comenzó a desarrollarse el ciclo infernal de la caída de los precios, del paro, de la baja del poder de compra. Esta depresión provocó, en seguida, el abandono del libre cambio, pues la reacción general de cada país fue protegerse contra las producciones rivales. Se adoptó el proteccionismo, salvo en los países que vivían del comercio: Bélgica, Inglaterra y los Países Bajos. En los últimos años del siglo, volvió la prosperidad:

La producción de oro creció, debido a la explotación de nuevas minas. Inmediatamente, se produjo el aumento de las operaciones bancarias y de los negocios. La producción masiva bajó los precios de venta. El aumento de población hizo creer la demanda. Los países subdesarrollados tenían necesidad, cada vez más, de los productos procedentes de Europa. Y, por si fuera poco, el peligro de guerra fue seguido por una carrera de armamentos, que «relanzó» la economía (por ejemplo, en Inglaterra y Alemania).

Pero este segundo período de prosperidad fue más vacilante que el primero, pues se sucedieron crisis pasajeras, aunque menos graves que la anterior (1901 y 1908). La guerra estalló en el momento en que la economía mundial se encontraba desequilibrada. El mundo se hallaba amenazado de saturación, ya que el poder de compra de cada país no se correspondía con la expansión de la producción.

Las nuevas condiciones económicas llevaron consigo un desarrollo demográfico considerable. La población mundial aumentó, entre 1850 y 1914, de un modo asombroso, pasando de 1.100.000.000 de habitantes a más de 1.650.000.000. Europa casi duplicó su población en esos años. El hambre como azote desapareció, debido al aumento de la producción agrícola y al perfeccionamiento del transporte.

Por otra parte, gracias al progreso de la medicina, se alargó la duración del término medio de la vida del hombre. Por ejemplo, en Francia, donde a principios del siglo xix era de 30 años, pasó a ser de 39 en 1860, y de 50 en 1914. En cambio, disminuyó la natalidad, fenómeno que pueden explicar estas tres razones: práctica de la limitación de nacimientos, deseo de no dividir las herencias entre muchos vastagos, y una menor influencia de la religión. El resultado de esta situación fue un sensible envejecimiento de la población, que frenó el dinamismo de los países.

El progreso del transporte, la necesidad de mano de obra de los centros industriales y la baja del nivel de vida de los campesinos fueron otros tantos factores del éxodo rural. El campesino pobre, el jornalero agrícola, el arrendatario, abandonaron el campo, atraídos por un salario mejor y un trabajo, a menudo, menos penoso. Pero el éxodo no se podujo igualmente en todo momento, sino  que procedió  por  etapas, siendo especialmente fuerte el que tuvo lugar entre 1875 y 1895, es decir, durante la gran depresión económica.

Se constituyeron grandes aglomeraciones urbanas: por ejemplo, alrededor de París, que pasó de tener 1 millón de habitantes, en 1848, a tener 5 millones en 1914. Así como Roubaix pasó de 20.000 habitantes en 1836, a 125.000 en 1896. En Francia, la población de las ciudades, que, en 1850, representó el 25 por 100 del total de la población del país, pasó a ser casi el doble en 75 años. Mientras que, en 1861, sólo cinco ciudades francesas superaban los 100.000 habitantes, en 1911 eran ya dieciséis las que sobrepasaban dicha cifra. En cuanto a la ciudad de Berlín, sufrió un aumento de población del 850 por 100, entre 1815 y 1914. En 1970, diez ciudades alemanas tenían 100.000 habitantes; en 1910, serían cinco veces más numerosas.

Esta enorme población urbana estaba formada, en su mayor parte, por los trabajadores, quienes fueron, poco a poco, tomando conciencia de su necesidad de unión, y llegaron a constituir una nueva clase: la clase obrera, la cual pronto representaría una fuerza política organizada, que habrían de tener en cuenta los Gobiernos, y que se opondría a la burguesía, detentadora del capital, en una serie de conflictos inevitables.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Pensamientos Sobre La Democracia Libertad, Justicia e Igualdad

Democracia:  Conceptos de Libertad, Justicia e Igualdad

LA  DEMOCRACIA: Podemos admitir que la democracia en no pocas naciones se ha desprestigiado. Pero pregunto: ¿Basta eso para justificar la abolición del régimen democrático? Cuando alguien enferma, lo que corresponde hacer no es matarlo, sino curarlo. ¿La decadencia de la democracia ha sido ocasionada por alguna deficiencia que le sea consustancial? ¡No! Esa deficiencia le ha sobrevenido, porque no se ha precavido contra una enfermedad parasitaria que en algunas regiones se ha adherido al régimen democrático, como puede adherirse, y de hecho se ha adherido, a cualquiera de los otros regímenes políticos. (puede leer mas abajo un resumen sobre todos estos conceptos)

Tal enfermedad es la falsa filosofía de la vida. Es, en términos teológicos, la concupiscencia de la vida. De donde resulta que la democracia, a fin de rehabilitarse, debe volverse más austera, lo que equivale a decir: debe hacerse cristiana. La democracia necesita un perfeccionamiento: nadie lo duda.

Pero perfeccionamiento no es sustitución! Abundan, por desgracia, en esta hora crítica del mundo, quienes se dejan seducir por el espejismo de un gobierno de fuerza, otorgando a la, fuerza una virtud que ni la lógica ni la experiencia permiten aceptar. Es necesario hacer una distinción: hay gobierno de fuerza y hay gobierno con fuerza. Gobierno de fuerza es aquel en que la fuerza se sirve del gobierno para el avasallamiento de los derechos y de las libertades.

democracia y soberania de un pueblo

Gobierno con fuerza es, en cambio, aquel en que el gobierno se sirve de la fuerza para la efectividad y la defensa de los mismos. Somos adversarios de todo régimen de gobierno de fuerza, y partidarios del sistema de gobierno con fuerza. No basta, en realidad, que un individuo o uña nación posea derechos y tenga libertades. Es necesario que una fuerza los haga respetar. Hoy, más que nunca, debe grabarse en la conciencia de los hombres y en el alma de las naciones, la célebre fórmula de Pascal: «La justicia sin fuerza es impotencia; la fuerza sin justicia es tiranía». [Es necesario, por lo tanto, hermanar la justicia con la fuerza, haciendo que lo justo sea fuerte, y lo fuerte sea justo]

¿Por qué sostengo el principio del régimen democrático? Porque León XIII, en su encíclica Diuturnum, anunció al mundo, en circunstancias históricas, que todos los regímenes políticos, ya de esencia monárquica, ya de republicana, son igualmente admisibles siempre que dejen en salvo los derechos divinos y humanos. Y porque la Constitución de mi Patria, a que debo formal sometimiento, como la Constitución norteamericana a que se lo deben, sus subditos, y las Constituciones de los países hermanos de América son esencialmente democráticas.

Y el dar a Dios lo que es de Dios nunca ha servido ni debe servir de obstáculo, sino de estímulo, para dar al César lo que es del César! Sostengo, en fin, el principio de la democracia, porque es un sistema de gobierno que obliga moralmente a todos los hombres de corazón a trabajar por la elevación del nivel moral y material del pueblo, ya que ningún régimen político abre tanto las puertas a los hijos del pueblo, para que lleguen a participar de las responsabilidades del poder, como el régimen  democrático.

– Miguel de Andrea: Del Discurso pronunciado el 2-IX-1942, en la Asamblea celebrada en Chicago, Estados Unidos de América (en Hacia un mundo mejor, Buenos Aires, 1942, ed. Difusión).

LA SINCERIDAD v LEALTAD DEL SUFRAGIO

No hay más que un medio seguro para salvar el honor del pueblo argentino, para que sus autoridades electivas no tengan origen en la mentira o él delito: la educación moral. Pero esta educación moral no pueden hacerla los profesores, los maestros, las pocas personas de buena intención que aisladamente se empeñan en promoverla.

La harán los jóvenes, hasta los niños que de buena voluntad adopten una conducta recta; que lleguen a comprender que es tan indigno, tan miserable ser ladrón de cosas o de dinero, como ser ladrón de votos o falsificador de registros electorales; la hará un joven, uno solo, de energía, de carácter, de firmeza, que sea capaz de concebir y de realizar la asociación de todos los jóvenes decididos a salvar la patria de esta ignominia, como los guerreros esforzados podrían salvarla de un ejército enemigo que la invadiera.

La República Argentina no tiene enemigos exteriores: está ligada con mil lazos de ideales humanos con todas las naciones de América y de Europa. Pero tiene adentro y entre sus propios hijos sus enemigos, sus únicos enemigos: los que mienten virtudes, los que las predican y no las observan; los que se burlan del ideal, que llaman lirismo; los que llegaron alguna vez a enriquecerse con los bienes públicos, defraudando dinero después de haber defraudado sufragios.

Rodolfo Rivahola:   «Una lección sobre el voto secreto», en Educación moral y cívica — Fernando en el colegio.    Buenos Aires, 1946, ed. Kapelusz y Cía.

AMENAZAS PARA LA DEMOCRACIA
Formas de ataque
Si el ataque a la democracia se anunciara con tronar de cañones o un llamado de clarín en el campo de batalla, los pueblos no tardarían en comprender que están en peligro. Pero ese ataque comienza generalmente en forma distinta y mucho más mortífera; a veces, con la untuosa sonrisa de un tirano.

La especulación con los sentimientos
¿Cómo llegan a verse envueltos los pueblos libres en las redes de la tiranía? A veces sus sentimientos los engañan. Como los técnicos en un laboratorio experimental, los jefes de la opresión estudian la suma de odio que una mentira repetida mil veces puede engendrar en el pueblo, y la de histeria que puede despertar un slogan entonado en una concentración.

Pero el hombre no es una rata soltada en un laberinto, donde se ha colocado un cebo para producir el efecto deseado. Cuando comprende que se intenta jugar con sus sentimientos, resiste…, siempre que conozca la verdadera base de estos. El tratar de especular- con ellos, implica desprecio del honor y la dignidad humanos; y si el hombre comprende la naturaleza del ataque, luchará.

Las emociones son variables. Si se las provoca con intención aviesa, pueden causar los peores y más peligrosos resultados. Si se las despierta, en cambio, con la razón y la lógica, pueden provocar las acciones más sublimes.

LA VIOLENCIA, sea cual fuere su objeto, es fomentada y dirigida por los jefes totalitarios…Cuando los gobernantes de un país son impulsados por móviles pacíficos, encuentran medios también pacíficos para llegar a los mismos fines…

EL ODIO hacia los judíos, y la práctica de ponerlos en ridículo, fueron las armas usadas por Hitler para llegar al poder, no solo en Alemania, sino también en Polonia… La histeria colectiva fomentada por el nazismo causó algunos de los actos más brutales que registra la historia. En contraste con esto, los grupos minoritarios, en países como los Estados Unidos, se convierten en parte integrante de la comunidad, porque el Gobierno se opone a todo acto que puede despertar en los hombres el odio al prójimo.

EL NACIONALISMO PERVERTIDO era la fuerza amenazante que hervía en las concentraciones de las tropas de asalto alemanas, durante el régimen de Hitler. Lqs jefes de movimientos como el nazismo y el comunismo emplean las grandes reuniones de pueblo y los festivales, la entonación de slogans y canciones, para despertar emoción en favor del dictador. El verdadero nacionalismo mueve a los hombres a hacer cuanto pueden por trasformar en realidad los más elevados ideales de su país.

LA FALSA INFORMACIÓN es causa de odio y desconfianza entre una nación y otra, y contribuye a que los dictadores puedan llevar sus pueblos a la guerra. Cuando la prensa, la radio, el cine se unen para repetir una mentira —como ocurrió cuando se usaron los comunicados comunistas para difundir la mentira de la guerra bacteriológica en Corea—, el público privado de libertad, carece de oportunidades para enterarse de la verdad.
No obstante, cuando los hombres se atreven a ir en su busca, pueden encontrarla. Las Naciones Unidas proporcionan equipos de investigación, para ponerla al descubierto en los problemas internacionales, y ofrecerla a los pueblos del mundo.

LA ADORACIÓN DEL HÉROE es otro medio que usan los dictadores, como Mussolini, para provocar en su pueblo la reacción deseada. Su retrato aparece en todas partes, y se enseña a las gentes a venerarlo y a seguir ciegamente sus deseos. Pero hay otra clase de jefe: el servidor del Estado. Trabaja con el pueblo, y la admiración y el respeto que despierta en sus compatriotas, provienen de su generoso interés por ellos y de los servicios que presta.

EL MIEDO es empleado para robar a un pueblo su dignidad y su confianza en sí. Guatemala fue otro ejemplo de la forma en que los gobiernos comunistas extirpan toda oposición y suprimen los derechos de la minoría mediante el terror y la violencia. Mientras el régimen comunista dominó ese país, el individuo careció en él de derechos, y su destino no tenía la más mínima importancia.

En cambio, en Filipinas, por ejemplo, un gobierno preocupado por el bienestar del pueblo siguió lá política opuesta. Los Hukbalahaps, a quienes dirigentes comunistas extranjeros indujeran a rebelarse contra su propia patria, fueron persuadidos, mediante programas nacionales de reforma agraria y rehabilitación, a unirse al resto de la comunidad y vivir pacíficamente con sus semejantes. Muchas familias Huk fueron reasentadas, y contemplan el futuro con dignidad y sin temor.

Richard M. Ketchum, ¿Qué es la democracia?

LAS LIBERTADES EN LAS DEMOCRACIAS
«Los acontecimientos de la Argentina han puesto de actualidad un problema que es fundamental para la subsistencia del régimen democrático: ¿Hasta qué punto puede permitirse que participen en el proceso de formación de los poderes públicos, agrupaciones políticas que tienen por meta final declarada la liquidación del régimen?… Entendemos por democracia, un régimen en que los poderes públicos se generen mediante elecciones libres, en que participen candidatos de distintas corrientes políticas, y se renueven periódicamente de la misma manera.

No es democracia pedir el asentimiento del electorado para una sola lista de candidatos, ni llamar al pueblo a una plaza pública, para hacerlo ratificar, con sus gritos, decisiones adoptadas de antemano. Nó es democracia, sobre todo, ningún régimen que permita aJ gobierno perpetuarse en el poder…

Las libertades que el régimen democrático involucra, los derechos que otorga, no pueden ponerse a disposición de quienes buscan como objetivo supremo su destrucción, del mismo modo que las garantías individuales no protegen al elemento antisocial.

Lo contrario coloca a los países democráticos en una evidente inferioridad en la lucha que actualmente sostienen para defenderse de la agresión material e ideológica de los totalitarios. Mientras en los países donde imperan dictaduras comunistas o fascistas, los partidos de oposición carecen de toda libertad, y sus partidarios son víctimas de implacables persecuciones, los totalitarios actúan con entera libertad en aquellos donde gobierna la democracia.
No se trata aquí de liberalismo o marxismo o cualquiera otra doctrina política, sino de una actitud intolerante y absolutista, que niega al adversario toda clase de derechos.

En Inglaterra, por ejemplo, el Partido Laborista fue gobierno. Cumplido su mandato, convocó a elecciones. Perdidas estas, entregó el poder. Pero donde, ya sea a través de comicios o por la fuerza, los comunistas o fascistas han llegado al gobierno, el proceso democrático ha sido suspendido indefinidamente, y no han vuelto más a efectuarse elecciones dignas de tal nombre. Es lógico, por lo tanto, que los regímenes democráticos nieguen a sus adversarios mortales el derecho a participar en los procesos electorales, generadores de los poderes públicos. Ello constituye, por una parte, una indispensable medida defensiva, y por otra, la reciprocidad frente al trato que sus partidarios reciben en los países totalitarios.

(De El Mercurio, de Chile, ed. del 2-IV-1962; en  La Prensa, ed.  del 3-IV-1962).

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RESUMEN SOBRE JUSTICIA, IGUALDAD Y LIBERTAD

Concepto de justicia
— La justicia es la virtud de dar a cada uno lo suyo.
— Sin justicia la convivencia no puede ser armónica y fecunda, ni servir a su objeto fundamental que es la ayuda mutua entre los hombres.
— El objeto de la sociedad y de la autoridad política es lograr el bien común. Sin un orden jurídico que garantice la justicia el bien común no se logra.
— Las leyes tienen por objeto realizar la justicia en las relaciones humanas.
— La justicia no es estática, sino dinámica. Al cambiar las circunstancias cambia «lo que a cada uno le corresponde». Es siempre un «ajustamiento» en las relaciones humanas.

— Es clásica la división de la justicia en:
1. conmutativa: regula las relaciones entre los particulares;
2. distributiva: regula las relaciones de la sociedad con sus miembros;
3. legal: regula las obligaciones de los miembros para con la sociedad.

— Se usa la denominación de justicia social para designar el conjunto de obligaciones de la sociedad y del estado para con sus miembros más débiles y desprotegidos y las obligaciones de los grupos social o económicamente más fuertes para con ellos.

— Tal concepto surgió en oposición al concepto liberal individualista de justicia.

La justicia como función del poder público
— Recibe el nombre de justicia el cúmulo de funciones que el estado cumple en la regulación y administración de la función judicial, o en concreto la organización judicial o de alguna de sus ramas. Así hablamos de la justicia argentina o francesa, de la justicia nacional o provincial; de la justicia civil o del trabajo, etc.

— Al establecimiento de la justicia en la sociedad concurren las tres funciones del poder. A la judicial le corresponde específicamente la administración de justicia, ser arbitro en los conflictos de derechos, juzgar y sancionar a los que han delinquido.

— En la Argentina la administración ordinaria de justicia está a cargo de las provincias. También existe una justicia federal para causas expresamente reservadas en la constitución.

— La legislación de fondo está establecida por los códigos nacionales. Los procedimientos son establecidos por las provincias.

Importancia de la justicia en la defensa de la libertad y de la democracia

— No puede existir democracia donde no existe justicia en su doble sentido:

1. como virtud que rige las relaciones sociales;
2. como organización del poder para garantizar el orden jurídico.

— Donde no hay justicia no hay paz: estallan los conflictos y las tensiones sociales.
— Los hombres dan su apoyo y colaboración a un orden de justicia; no lo dan a un orden que hace favoritismos y no garantiza la justicia.
— Los estados modernos se preocupan de montar un orden jurídico que garantice los derechos de todos y obligue a gobernantes y gobernados al cumplimiento de las leyes.
— La justicia y el ordenamiento jurídico de una comunidad debe ser expresión de solidaridad humana.

Habeas corpus
— Es un recurso judicial sumario para proteger la libertad física de las personas y tornar imposible la arbitrariedad.
— Pueden interponerlo los familiares, amigos, o el apoderado del detenido.
— El juez ante quien se interpone no examina si la persona es culpable o no, sino si ha silfo legal o ilegalmente detenida. Si su detención es ilegal ordena su liberación inmediata.
— El recurso de habeas corpus tiene antecedentes históricos muy antiguos.
— El recurso de amparo complementa el de habeas corpus.

Igualdad ante la ley
— La dignidad de la persona y de los derechos fundamentales es igual por naturaleza en todos los hombres.
— La sociedad democrática, entre sus rasgos característicos, cuenta:
1. reconocimiento de la igualdad esencial de los hombres;
2. ausencia de privilegios fundados en sangre o posición social;
3. igualdad ante la ley;
4. afán de ofrecer a todos igualdad de oportunidades.
— La igualdad ante la ley supone que las leyes se aplican, en igualdad de circunstancias y condiciones, igualmente a todos. No, por ejemplo, que todos pagan los mismos impuestos, sino que todos los que están en idénticas condiciones pagan lo mismo.
— La constitución nacional en su art. 16 establece que todos los argentinos son iguales ante la ley.
— La conquista de este principio es resultado de una larga lucha por la libertad:
— en la antigüedad era común la distinción de los hombres en libres y esclavos;
— en la edad media en señores y siervos.
— La vigencia universal del principio de igualdad ante la ley es conquista moderna.
—Al principio de igualdad jurídica en época contemporánea se han agregado nuevas conquistas:

1. el fin del colonialismo y el reconocimiento de la igualdad jurídica de los pueblos;
2. el derecho de todos los hombres en la democracia a igualdad de oportunidades económicas y culturales.

Independencia de la justicia en las democracias
— Los regímenes políticamente sanos se preocupan de asegurar la independencia judicial, como garantía de imparcialidad.
— Su objeto es asegurar que los gobernantes no influirán en las decisiones de los jueces.
— Para que la justicia sea imparcial no debe hacer acepción de personas y estar libre de presiones políticas, económicas y sociales.
— La constitución nacional establece:
1. que el Presidente de la Nación no puede ejercer funciones judi-
ciales;
2. que los jueces no pueden ser removidos de sus cargos;
3. que sus sueldos no pueden ser disminuidos mientras duran en sus funciones.

— Los jueces nacionales, en caso de que su conducta no responda a las exigencias de su cargo, pueden ser removidos mediante juicio político.
— Los jueces, lo establecen las leyes, no pueden ocupar otros cargos, excepto la docencia. Cualquiera de las partes en juicio puede recusar un juez si está ligado a la otra parte por parentezco, amistad o intereses.

Sometimiento de la justicia en los regímenes totalitarios
— Los regímenes totalitarios concentran todos los poderes en manos del dictador. Los órganos legislativos y judiciales son instrumentos de su voluntad.
—No se da en ellos efectiva separación de poderes, aunque se mantiene con frecuencia la ficción jurídica.
— Los jueces que se oponen a los designios de la dictadura son rápidamente substituidos.
— La administración de justicia deja de ser imparcial. Se favorece a los amigos del régimen y se perjudica a sus adversarios.

Sin libertad no hay justicia
— porque el que no exista libertad ya es una gran injusticia. Se niegan derechos fundamentales del hombre;
— porque donde el poder judicial se ve privado de su independencia y sometido a presiones no puede administrar imparcialmente la justicia. Surge el favoritismo y la inseguridad.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-Editorial Guadalupe

Corrupcion y Demagogia en las Democracias Ejemplos

CARACTERÍSTICAS DE LA CORRUPCIÓN , DEMAGOGIA E INJUSTICIAS

Procedimientos demagógicos
Como ya se ha visto, la demagogia es la degeneración de la democracia.

Por estar apoyada la democracia en la voluntad popular, corre peligro de transformarse en demagogia. Esa transformación la realizan los demagogos. El demagogo busca el poder. Para alcanzarlo —o, si ya está en él, para conservarlo—, aplica el nefasto principio maquiavélico: «El fin justifica los medios», y separa así la política de la moral. Los procedimientos demagógicos de que se vale, son innumerables. Podrían citarse:, la mentira, el fraude, la prodigalidad, el halago, el soborno, las promesas, etc.

Son procedimientos demagógicos todos aquellos que intentan captarse la adhesión de las masas, con prescindencia de la licitud o ilicitud de los medios que emplea, y del verdadero bien de la nación y de los individuos.

Son procedimientos demagógicos, por ejemplo, el multiplicar, sin necesidad, los empleos públicos, para contar con mayor número de votos favorables; reducir las horas de trabajo, añadir otros nuevos a los días no laborables pagos y decretar el aumento masivo de sueldos y jornales, para halagar a los trabajadores; prolongar las vacaciones, multiplicar los feriados y conceder la exención de exámenes con promedio de cuatro o cinco puntos, para atraerse la simpatía y la adhesión de los estudiantes; despilfarrar el dinero de la nación para financiar campañas políticas, o en subsidios innecesarios; tolerar la inmoralidad en revistas, libros, cine, teatro, televisión, etc., para tener favorables a los individuos que trafican con esas miserias.

Al demagogo no le interesa que se hunda la nación por el déficit financiero, por la corrupción de la juventud y por la inmoralidad general; que disminuya el poder productivo y se detenga el desarrollo económico; que se rebaje el nivel cultural; que se pierdan los hábitos de trabajo y de ahorro, el sentido de la honestidad y responsabilidad, etc. Lo único que le interesa es satisfacer sus ambiciones, y para ello apela a todos los recursos.

Cuando habla al pueblo, siempre le recuerda sus derechos, reivindicaciones y virtudes; pero nunca sus defectos y deberes. Halaga las pasiones y compra las conciencias. La acción del demagogo puede resultar funesta para las democracias, pues la demagogia desprestigia a la democracia, con la cual se la confunde.

Ese peligro solo puede ser conjurado con una seria educación del pueblo, a fin de que no se deje engañar por los procedimientos demagógicos y sepa reaccionar y guiarse en sus decisiones por el dictamen de su conciencia y el verdadero bien de la patria.

soberania popular

Las Injusticias
Otro peligro que acecha a las democracias, son las injusticias. La justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde. Se conocen tres clases de justicia:

Justicia conmutativa: Cada persona da a sus semejantes lo que les corresponde; por ejemplo, el comprador paga al almacenero los comestibles que lleva.

Justicia legal: Cada persona da al Estado lo que le corresponde; por ejemplo, paga los impuestos.

Justicia distributiva: El Estado da a cada uno lo que le corresponde; por ejemplo, vigilancia para defender la persona y los bienes, cargos públicos a quienes los hayan conquistado. Hay que agregar la justicia social.

Justicia social: Consiste en que cada uno dé a la sociedad su contributo y reciba de ella una parte proporciona] de ventajas. Cuando se falta a la justicia, se comete injusticia. Existe injusticia cuando el principio democrático de la igualdad ante la ley queda reducido a una fórmula escrita, sin vigencia efectiva.

Sucede cuando desde el poder se fomenta el favoritismo, el acomodo, la protección oficial, etcétera. Los afiliados al partido gobernante obtienen todas las facilidades, franquicias y ventajas, mientras que para los opositores todo son trabas, dificultades y negativas.

Los cargos y los ascensos no se otorgan según los méritos, sino por amistad, recomendación o afinidad política, aun con grave detrimento del nivel cívico, económico y cultural.

Corrupción

Corromper significa echar a perder una cosa.

Otro gran peligro para la democracia es la corrupción, y esta puede existir en las costumbres, en la administración pública y en la vida política.

La corrupción de las costumbres se origina cuando se quita a la educación toda base moral firme, de manera que la juventud no recibe de sus maestros principios fundamentales orientadores de la vida, y cuando se permite el abuso de la libertad.

Con el pretexto de que la democracia debe respetar la libertad de expresión, individuos inescrupulosos imprimen, exhiben y difunden láminas, revistas y libros obscenos, cuya finalidad es corromper a la juventud. Hasta justifican y hacen la apología de las mayores desvergüenzas, verdaderos estigmas de la sociedad.

La producción cinematográfica no marcha por otro camino. Parecería como si gran parte de los cineastas —actores y productores— estuvieran obsesionados por lo anormal, lo pasional. Es suficiente leer la propaganda, para advertir cómo se ataca y denigra a instituciones sagradas como el matrimonio y la familia; y al paso que es burlada la virtud, son glorificadas toda clase de perversiones. Cine y televisión parecerían ser, por momentos, escuelas del delito.

De esa manera se corrompen las costumbres y se pervierte la sociedad toda.

Huelga decir que el comunismo sopla en este fuego corruptor, para desintegrar la sociedad, y poder más fácilmente asestar su golpe.

La corrupción toma la forma de cualquier clase de delito: asaltos, robos, crímenes y estafas; desórdenes provocados por drogas, estupefacientes, bebidas alcohólicas, etc. Por otra parte, las leyes son de una lenidad incomprensible. Así se explica que la ciudadanía contemple alarmada la multiplicación pavorosa de robos, asaltos, atropellos, crímenes, depredaciones, etc., cometidos, muchas veces, hasta por menores de edad y aun por niñas.

Y se pregunta: «¿Cómo es posible que anden sueltos, o recobren enseguida la libertad, terroristas y delincuentes que han cometido a veces diez, veinte, treinta y hasta sesenta actos delictivos: robos, colocación de bombas, asaltos, crímenes, etc.?…»

La falta de principios éticos, hace que ciertos funcionarios malversen los caudales  públicos y lleven el  país a la ruina.

La corrupción administrativa se manifiesta en la coima, el soborno, el prevaricato, los negociados, la falsificación de documentos, los desfalcos, el enriquecimiento ilícito, etc., delitos que no encuentran la condigna sanción, por cuanto la generalización de los mismos o la extensión de la complicidad parafrasean tétricamente aquello de que «todos pusisteis en El vuestras manos».

El avance de la corrupción desalienta a muchos espíritus nobles y a la gran masa del pueblo, que desconfían de la democracia, por parecerles que se demuestra impotente para remediar tantos males.
Los extremistas de derecha y de izquierda explotan tantos escándalos y miserias, presentándolos como fruto del régimen democrático.

El comunismo marxista fomenta solapadamente, por una parte, tales corrupciones, provoca conflictos y divisiones, y siembra odios, y por otra, se presenta con ínfulas de redentor, capaz de remediar tantos males y transformar la tierra en un paraíso.

La corrupción política existe cuando se usan los procedimientos demagógicos ya enumerados, que halagan las pasiones populares y eclipsan la consideración y práctica de los deberes civiles y sociales.

El Sectarismo
Sectarismo equivale a partidismo exagerado.

Sectarismo es adhesión fanática a una idea o partido.
Al afirmar que la adhesión es fanática, queda dicho que es irracional, ciega, y que rechaza cuanto pueda pertenecer o provenir de otro grupo o partido.

Resulta natural que la persona entusiasmada por una idea o por la agrupación a que pertenece, la defienda con calor y le preste su adhesión decidida. Esto no significa que no pueda aceptar la existencia de algo bueno en ideas opuestas a las suyas, o que la actuación de otros grupos no pueda ser recta y beneficiosa.

En cambio, el sectarismo se caracteriza por su estrechez de miras, reducida perspectiva, restringido horizonte y combatividad virulenta.

El espíritu sectario puede resultar perjudicial a la democracia, porque antepone el interés del grupo y el punto de vista del partido, a los intereses más amplios y generales del pueblo y de la nación.

Por sectarismo, se considera al propio partido como poseedor del monopolio de la verdad política, de la honestidad administrativa y de las fórmulas mágicas para resolver todos los problemas.

Cuando el partido está en la oposición, el sectarismo se manifiesta por una resistencia cerrada, negativa y obstruccionista a todo lo que provenga de los poderes públicos. Cuando el sectarismo existe en el partido gobernante, se manifiesta por la infalibilidad que atribuye a todas sus ideas y actos; por el rechazo de cualquier insinuación o sugestión que pueda provenir del pueblo o de otros partidos, y por la persecución de los adversarios políticos.

PARA SABER MAS…

Falsas democracias
La democracia se deforma y degenera, cuando el concepto de pueblo es confundido y sustituido por el de masa.

No pocas veces la suerte de la sociedad ha dependido no del pueblo, sino de una multitud irresponsable e incontrolable que ha impuesto tumultuosamente sus caprichos o exigencias. También queda deformada, o mejor dicho, suplantada la de mocracia, cuando bajo el nombre de democracia usado como pantalla, se implanta el más despiadado despotismo. Es lo que ocurre con las denominadas Repúblicas Populares Democráticas, y que constituyen la burla más descarada y sangrienta de la democracia.

Las deformaciones más notables de la democracia son dos: la demagogia y la oligarquía.

Demagogia deriva del griego, demagogo: orador que covduce al pueblo, pero actualmente se ha perdido ese recto signifi cado, y por demagogia se entiende: dominación tiránica de la masa.

Hay quienes prefieren el término oclocracia, del griego, ochlos, turba, multitud, y kratein, dominar, que significa lo mismo que demagogia, pero parece ser un vocablo más apropiado. La democracia degenera en oclocracia cuando se adula a la masa y se estimula sus bajos apetitos, prescindiendo de la honestidad y rectitud y del verdadero bien del pueblo y de la Patria.

Táctica de los caudillos es conceder o prometer a la multitud todo aquello que la halague y todo aquello que solicite; fa natizarla para así conducirla a su antojo. Si bien la forma bicamarista, el sufragio universal, los derechos de las mayorías, etc., son elementos de la democracia, con todo pueden ser llevados a graves desviaciones que engendran la tiranía del número, el espíritu de partido, el atropello de las minorías, etc.

La oclocracia se aparta de las normas jurídicas y aplica, con aparato de prescripción legal, el propio capricho, las ambí ciones desbordantes y ahoga las iniciativas individuales del imperio de la fuerza y del terror.

Un ejemplo de los horrores de la demagogia túvose en Francia en la época de la Convención en que imperó el terror.

Proviene del griego, oligri, algunos y arche, mando, y significa: gobierno de unos pocos en su propio provecho. Es el abuso del poder que consiste en usarlo en daño del pueblo y en beneficio de una camarilla, generalmente de magnates y plutócratas.

Con apariencias de sistema constitucional parlamentario, exis te en la oligarquía un régimen personal y absoluto, aunque aliado con los caciques de una comandita.

Fuente Consultada:
Educación Democratica Mario Alexander Nivel Secundario Escuelas Técnicas

 

Factores Que Ponen en Peligro la Democracia Las Amenazas

FACTORES QUE PONE EN RIEGOS LOS SISTEMAS DEMOCRÁTICOS

1°) El concepto de libertad.
2°) La dignidad de la persona humana
3º) La Indiferencia Cívica
4º)Sectarismo
5º)Corrupción
6º)Injusticias

Más que un sistema político, la democracia es una forma de vida. Alcanzar esta forma y mantenerla requiere el esfuerzo constante de todos los hombres que integran una comunidad, gobernantes y gobernados. Múltiples y variadas formas de corrupción ponen en peligro la existencia de una sociedad democrática.

Unas afectan la participación activa y responsable de los ciudadanos en la vida y quehaceres comunitarios. Otras tornan a la democracia ineficaz para resolver los problemas sociales, lo que impulsa a los hombres a rechazarla y a buscar soluciones extremas.

La vida en la democracia se desenvuelve por el imperio  del  derecho. Elimina el despotismo, la arbitrariedad y la tiranía y hace brillar la ley a la cual deberán ajustarse todos, tanto gobernados como gobernantes. El hombre no es «algo», sino que es «alguien». La democracia establece el respeto de los derechos y de las libertades. Los abusos no son consecuencia de la democracia, sino resultado del incumplimiento de sus principios.  En la democracia las personas gozan de las libertades individuales, como la de expresión , de prensa, de información , de educación y de trabajar.

LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA: Muchos pueblos aleccionados por una amarga experiencia política, se oponen con mayor energía al monopolio de un poder dictatorial incontrolable e intangible, y exigen un sistema de gobierno que sea más compatible con la dignidad y libertad de los ciudadanos».

La idea democrática se apodera de los pueblos, y obtiene por todas partes la aprobación y el consentimiento. Pero los ciudadanos quieren «más democracia y mejor democracia«. No ocultan su desengaño por la forma como se falsifica a la democracia, y cómo se la ha realizado hasta el presente en muchas partes.

El supremo ideal de «más democracia y mejor democracia» requiere lucha para defender la verdadera democracia, y para realizarla cada vez mejor.

La primera lucha es individual, de cada uno consigo mismo, en su doble aspecto negativo y positivo.

Negativo; reprimiendo y neutralizando las tendencias al egoísmo, a la apatía, al sectarismo, a la inmoralidad, a la injusticia, a la pereza, a la codicia…

Positivo: adquiriendo las virtudes propias del hombre honesto, fundamento de las virtudes sociales y del buen ciudadano. Sin moral privada no puede haber moral pública.

La segunda lucha es en el plano educativo. La democracia se salvará por el pueblo, y el pueblo sostendrá y mejorará la democracia cuando esté educado para ejercerla. Grave es en este punto la responsabilidad de la escuela, donde no siempre el educador, por desgracia, cumple con la obligación de «educar al soberano».

La tercera lucha es en la sociedad, afirmando la democracia sobre claros principios morales, y haciendo prevalecer los valores y fuerzas espirituales oponiendo al egoísmo, generosidad; a la apatía, preocupación; al materialismo, espiritualidad; a la avaricia, desprendimiento; a la debilidad, fortaleza; al espíritu de comodidad, el de sacrificio y abnegación; etc.

La lucha debe tender a consolidar las instituciones democráticas; a realizar una verdadera democracia, y no una simulación de democracia a gusto y paladar del demagogo de turno. Cuando la democracia peligra, se debe luchar para sostenerla, purificándola de los errores que la hacen tambalear; y cuando ha desaparecido, es necesario luchar también para reconquistarla, aun con riesgo del bienestar, la tranquilidad y la propia vida.

La subsistencia democrática de una sociedad democrática requiere:

1. que todos los ciudadanos se sientan responsables de la vida y progreso de la comunidad y estén dispuestos a tomar en ella activa y responsable participación;

2. que las libertades humanas, civiles, económicas y políticas, sean respetadas y promovidas;

3. que los gobernantes tengan el poder, la capacidad y la honestidad necesarios para conducir eficiente y justamente a la sociedad en provecho de todos.

En otras palabras, en una sociedad democrática, el gobierno, además de ser expresión de la voluntad popular y de respetar los derechos y la libertad de todos, debe administrar justicia y ser eficaz en el logro del bien común.

Se habla mucho de democracia y poco de gobiernos democráticos.

Una sociedad democrática requiere gobiernos eficientes y con autoridad, capaces no sólo de lograr el orden en la libertad, sino también de impulsar el desarrollo social y de dar rápida y efectiva solución a los problemas concretos que plantea cada momento hi,tórico: desocupación, vivienda, salud, educación, etc.

Cuando un sistema de gobierno no consigue dar respuesta a las necesidades surge el descontento, el orden se quiebra y el gobierno pierde el respeto y la adhesión de los gobernados.

La incapacidad reiterada de ciertos gobiernos democráticos para dar solución a problemas concretos (p. ej., el desarrollo económico e industrial, la equitativa distribución de la riqueza, la eficiencia del sistema educacional, el afianzamiento de las sociedades intermedias) ha llevado a muchos a dudar de la misma democracia como sistema político.

Hacer de la democracia un sistema que compagina libertad con autoridad, que respetando la libertad de hombres y grupos tiene la misma o mayor eficiencia que los regímenes no democráticos, es tarea de todos los miembros de la sociedad, de los que gobiernan y de los que son gobernados.

De los gobernados se requiere que participen activa y responsablemente en todas las actividades sociales y políticas; de los gobernantes, que sean capaces de conducir la sociedad con justicia y eficiencia.

La ausencia de cualquiera de estos elementos desprestigian al sistema democrático o lo tornan imposible.

La participación responsable de los ciudadanos se vicia o se altera por diversos factores.

Entre los principales: señalamos:

1. olvido de los deberes ciudadanos;
2. indiferencia egoísta por la cosa pública;
3. procedimientos demagógicos.

La eficacia, además de otras causas, desaparece cuando el sistema presenta:

4. injusticia;
5. corrupción;
6. sectarismo.

Algunos peligros que acechan a las democracias:
Los peligros que acechan a las democracias son externos e internos.

Los externos provienen de los extremismos, de derecha y de izquierda, que quisieran anular las formas democráticas y suplantarlas por el totalitarismo.

Los peligros internos tienen su origen en la mala interpretación de ciertos principios democráticos. Y esa interpretación equivocada puede llevar a consecuencias fatales para la democracia. Así, por ejemplo, se interpreta mal:

a) El Concepto de Libertad. Son muchos los que creen que la libertad consiste en hacer lo que uno quiere, y no lo que uno debe. El ejercicio de la libertad mal entendida desemboca en el abuso y en el libertinaje, y provoca anarquía, confusión y caos.

Se concede la misma libertad al bien y al mal, a la verdad y al error.
De esa falsa interpretación de la libertad derivan actitudes peligrosísimas para la democracia. Así, por ejemplo, se permite la difusión de doctrinas antidemocráticas y totalitarias, que envenenan las inteligencias y engañan a los incautos con falsas promesas y con la explotación interesada de las deficiencias que se advierten en las democracias.

El marxismo (casi desterrado como doctrina social, política y económica) aprovecha esa libertad que se concede al error y a los que conspiran contra la misma libertad; y, valiéndose de la propaganda mentirosa, presenta a la sociedad comunista como un paraíso terrenal, al mismo tiempo que describe con vividos colores los abusos capitalistas, la corrupción de costumbres, la carestía de la vida o la malversación de los caudales públicos, estimulando la lucha de clases, e incitando a renegar de la democracia, para entregarse al comunismo.

b) La dignidad de la persona humana. El profundo respeto que la democracia tiene para el hombre, lleva a muchos al error de considerar la naturaleza humana perfecta y naturalmente inclinada al bien, cuando una experiencia multisecular demuestra lo contrario.

Además de los peligros enunciados, existen otros; y algunos, como consecuencia de lo que se acaba de exponer, cuyo origen está en el seno mismo de las democracias. Los principales de estos peligros son: el olvido de los deberes ciudadanos, la indiferencia por la cosa pública, los procedimientos demagógicos, las injusticias, la corrupción y el sectarismo.

1-Olvido de los deberes ciudadanos y sus consecuencias

El primer peligro es el olvido de los deberes ciudadanos.

La democracia emancipa al hombre de los regímenes que menoscaban la dignidad humana; pero por emancipación, de ninguna manera debe entenderse liberación de obligaciones y ausencia de responsabilidad.

Además de los deberes propios de la clase o condición de cada uno, existen los deberes hacia los demás y hacia el Estado. El cumplimiento  de los deberes hacia el prójimo establece la armonía en la vida de relación.

Cada uno debe respetar los derechos ajenos, y de esa manera se verá respetado en los suyos.

Cuando sin motivo se vulneran esos derechos, se comete injusticia y se desequilibra la armonía social.
El primer deber hacia el Estado es el de respetar y cumplir las leyes.

Las leyes son disposiciones razonables establecidas para el bienestar general y la buena marcha del Estado. Entre esas leyes están las que obligan al pago de los impuestos y contribuciones.

Si todos descuidaran esas obligaciones, ¿de dónde sacaría el Estado los fondos para la realización de obras de bien público?

El incumplimiento de las leyes repercute en la comunidad.

El cumplimiento de la ley del sufragio es otro importantísimo deber ciudadano.

Esa ley se cumple no solo sufragando, sino sufragando bien, guiándose en la elección por el interés nacional y el bien de la república, y no por sola simpatía o por seguir una costum bre o  tradición familiar, o movido por mezquinos  intereses personales.

Otro deber ciudadano es el de armarse en defensa de la patria. En Argentina hasta el año 1994, el período de instrucción militar obligatoria es la conscripción. Sin motivos graves y reales —motivos que las leyes contemplan, estableciendo las distintas excepciones— no se deben buscar subterfugios para eludir su cumplimiento. De lo contrario, la patria no tendrá organizadas sus fuem armadas para la defensa de su soberanía, de la integridad d su territorio, y de la paz y libertad de sus ciudadanos.

No es posible enumerar todos y cada uno de los deberes. Sol recordar el de la solidaridad y el de servir lealmente a la na ción, sea desde el llano como desde los cargos públicos. No se puede dejar de mencionar tampoco la obligación  de respetar y obedecer a las autoridades legítimamente constituídas; deber, este, que fácilmente se olvida en las democracias.

Por la libertad que reina en ellas, muchos se creen con derechi a insultar y lanzar diatribas, cuando no calumnias, contra lo ciudadanos constituidos en autoridad, y se creen autorizado; a no obedecer sus disposiciones.

La insistencia en hablar de los derechos, parece que hicieron olvidar la existencia de los deberes. Son muchos los que recuerdan diariamente sus derechos, y los reclaman a tiempo y también a  destiempo; pero, lamentablemente, olvidan el cumplimiento de sus deberes.

Con mucho tino, los revolucionarios de Mayo establecieron que se enseñaran a la juventud argentina los deberes del hombre, para que supieran y recordaran que en todo derecho existe correlativamente un deber.

Es en la democracia donde el incumplimiento de los deberes produce mayores males.

En la democracia todos tienen, directa o indirectamente, participación en el gobierno e influencia en la marcha del Estado, de modo que el olvido de los deberes ciudadanos repercute desastrosamente en la nación.

Sucede, además, que la democracia establece un ambiente de amplia libertad. Cuando los ciudadanos olvidan sus deberes, esa libertad puede degenerar en libertinaje.

El olvido de los deberes trae como consecuencia, entre otras, las injusticias, la corrupción y la anarquía social.

Acongojan y entristecen el ánimo las noticias de corrupción administrativa, con la serie de funcionarios que traicionaron la confianza que la nación, había depositado en ellos, con sus desfalcos, fraudes y enriquecimiento ilícito. ¡Cómo se comprueba día a día la imperiosa necesidad de una sólida formación moral, basada en principios inmutables  y eternos, que solo puede proporcionar una educación integral que abarque al educando en todos sus aspectos!.

La mejor manera de dignificar a la democracia es cumpliendo los propios deberes impuestos por la ley moral.

2-La indiferencia egoísta por la cosa pública

Se denomina «cosa pública» el conjunto de asuntos y problemas que interesan al Estado, y a los miembros que lo componen.

Así, por ejemplo, pertenecen a la «cosa pública» la administración del Estado, el prestigio nacional, las relaciones internacionales, la moralidad pública, las relaciones entre obreros y empresarios, el problema de los transportes, el aseo de la ciudad, etc.

Indiferencia por la cosa pública significa apatía, falta de interés, despreocupación por los asuntos de provecho general. Tal indiferencia es egoísta, pues las personas se desentienden de todo aquello que es de interés general, para preocuparse por sus intereses particulares.

Le interesa lo que le afecta a él directamente; pero lo que trasciende el círculo de sus intereses inmediatos, es como si no existiera.

Sin embargo, todos deben colaborar para la solución de los problemas que se plantean, aunque esa preocupación les demande un poco de tiempo o les cause algunas molestias. La indiferencia hace que los problemas se agudicen y que los males se extiendan.

En muchas personas, esa indiferencia no es fruto de mala voluntad o de egoísmo consciente, sino simplemente de no advertir que forman parte integrante y vital de la nación, y que ningún problema que afecte al país puede ser ajeno al interés de los ciudadanos.

Piensan que tales asuntos incumben al Gobierno y a los demás, pero no a ellos.

Es cierto que algunos asuntos son de competencia exclusiva de las autoridades; pero en muchos otros se puede colaborar, aunque solo sea indirectamente.

Se debe tener bien presente esta verdad: todos y cada uno de los ciudadanos forman parte de la comunidad y la integran, no como espectadores de los sucesos, sino como actores y, a veces, protagonistas del bienestar general.

Nótese que las consecuencias de la indiferencia por la cosa pública, repercuten también sobre aquellos que la provocaron, pues los males generales, al fin y a la postre, afectan a las diversas clases sociales y a todos los ciudadanos. Una forma de indiferencia es la abstención electoral y la despreocupación por el sufragio.

El voto es un arma que la democracia pone en manos del ciudadano, para que con ella haga sentir su presencia: su aprobación o desaprobación.

Salvo el caso de fuerza mayor, nadie debe abstenerse de votar. A todos interesa que la nación esté bien gobernada; y es precisamente por el derecho del sufragio lealmente ejercido cómo se pueden elegir buenos mandatarios.

La juventud estudiosa argentina debe encender en su mente la llama del ideal y cultivar anhelos de superación. Proponerse desde ahora ser útil a la comunidad: no ser zángano, sino industriosa abeja, en la gran colmena humana.

Deben reflexionar los jóvenes, y recordar que los héroes y los grandes ciudadanos de la Patria no eran de una substancia diversa de la de ellos, y, no obstante, guiados por un gran ideal, marcaron rumbos luminosos en los derroteros de la Argentina. La terrible crisis moral, política y económica que afecta a la Argentina, debería constituir un poderoso estímulo para las nuevas generaciones.

Cada muchacho y cada niña deberían proponerse, sin vanidad ni jactancia, pero sí con decisión y entusiasmo, trabajar para lograr el resurgimiento nacional y la grandeza de la Patria.

3-Procedimientos Demagógicos:

Reciben el nombre de procedimientos demagógicos las prácticas destinadas a lograr la adhesión de las masas exaltando sus deseos e instintos, sin considerar el valor moral de los medios utilizados y el verdadero bien de la comunidad.

El demagogo, conocedor de las necesidades e instintos de aquellos a quienes se dirige, los usa hábilmente para encumbrar su propia persona o las -ideas que defiende. Actúa como si sólo él fuese capaz de solventar los males que afectan a la sociedad. Exalta las pasiones, fomenta los resentimientos y no repara en provocar odios. Habla siempre de derechos, nunca de obligaciones.

No sólo los dictadores usan prácticas demagógicas. También gobernantes que se dicen democráticos las usan para exaltar a un hombre, para mantener o aumentar su caudal electoral. Para ello aumentan sin necesidad los empleos públicos, distribuyen favores y subsidios; emprenden obras innecesarias y descuidan las necesarias, toleran la inmoralidad, crean impuestos injustos y no se atreven a cobrar los justos; manejan la política de salaries con fines electoralistas, etc.

Tales gobernantes, por temor a perder votos, jamás se atreven a tomar medidas de fondo que exigirían el sacrificio de todos. Y así los problemas se agravan día a día.

Es frecuente que en las campañas electorales distintas fuerzas políticas recurran a procedimientos de este tipo, ofreciendo soluciones que difícilmente se puedan llevar a la práctica, o que de hacerlo padecería toda la comunidad.

Las promesas de los demagogos, el continuo falseamiento de la verdad y la ausencia de responsabilidad conducen a la masificación del pueblo. Así se destruye la responsable participación ciudadana y con ella la democracia.

La demagogia es una degeneración de la democracia. En la democracia el gobernanate respeta la voluntad del pueblo; en la demagogia, se somete a los dictados de la plebe.

4-Injusticias

La justicia consiste en dar a cada unú lo que le corresponde. La justicia requiere que a cada uno se le concedan sus derechos y se le exijan sus obligaciones. Hay injusticia cuando un derecho no es respetado, una obligación no es cumplida, una falta queda sin sanción o un crimen sin castigo.

Estamos en presencia de injusticia cuando a individuos o grupos no se les concede lo que legítimamente les corresponde, o se les concede más de lo que le corresponde. También estamos en presencia de injusticia cuando a individuos y grupos no se les exige que cumplan sus obligaciones y deberes.
Es esencial para todo recto orden social crear un régimen de justicia para todos y garantizarlo, en el cual las obligaciones y beneficios sociales sean equitativamente distribuidos.

Donde no se logra la justicia no existe el bien común, ni la paz social. «La paz es resultado de la justicia».

Es responsabilidad del gobierno lograr y realizar la justicia para todos los individuos y sectores: tutelar los derechos de todos y de todos exigir sus obligaciones. Pero para que exista justicia para todos, debe prestar especial protección a los grupos social, económica o culturalmente más débiles.

La razón de esto es simple: están menos capacitados que otros grupos para defender por sí mismos sus propios derechos.

5-Corrupción:

Corrupción es la acción y efecto de corromper, echar a perder, podrir. Se puede corromper un gobierno, un sistema político, o una sociedad.
La corrupción política se manifiesta a través de prácticas y hechos concretos. Entre ellos podemos mencionar:

— inmoralidad administrativa,
— soborno de los funcionarios públicos,
— malversación de los fondos públicos,
— cargos otorgados por favoritismo y no por capacidad,
— parcialidad en la administración de justicia,
— tolerancia consciente de delitos,

— favoritismo en la adjudicación de licitaciones, conce-. siones y permisos, etc.

La corrupción indica siempre decadencia moral, relajamiento de las costumbres, pérdida de un sistema de valores.

En toda sociedad y en todo sistema de gobierno se dan hombres que no cumplen sus obligaciones, que por debilidad o maldad sucumben al mal; se dan también hombres delincuentes y corrompidos. La sociedad supone que los hombres pueden usar mal su libertad. Es función de la autoridad prevenir, corregir y castigar su mal uso, para que no dañe a todos.

Pero cuando el mal en una sociedad o un gobierno es consciente y sistemáticamente tolerado o fomentado, tal sociedad está al borde del caos.

Existen grupos de ideologías extremistas que no temen fomentar la corrupción y la inmoralidad privada y pública, social y política.

Saben perfectamente que así socavan los fundamentos de una sociedad democrática.

6-Sectarismo:

Llámase sectario al seguidor fanático e intransigente de una opinión o partido. Sectarismo es la actitud propia del sectario.
Cuando un partido, un grupo social, económico o ideológico, rechaza cuanto pueda provenir de otro grupo o partido, y se considera a sí mismo como el poseedor exclusivo de la verdad, o el único dotado de capacidad, estamos en presencia del sectarismo.

El hombre sectario ve como única verdad la suya, como única solución la propia, parcializa los problemas, no tiene en cuenta las ideas e intereses de los demás.

El sectario suele además tomar una actitud agresiva y virulenta.

Cuando un grupo sectario está en el gobierno se cierra sobre sí mismo, escoge los colaboradores dentro de su propio sector, considera que sus ideas son infalibles y no admite ideas, ni sugerencias de los otros grupos.

La democracia es convivencia armónica entre hombres que respetan mutuamente las ideas y opiniones de los demás. El sectarismo destruye la posibilidad de una tal convivencia.

LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA

La democracia, lo repetimos, más que una forma política es una forma de vida y un sistema de valores. Es una búsqueda de un orden social acorde con la dignidad, la libertad y la solidaridad humana.

Una sociedad democrática no se establece, ni mantiene, sin el esfuerzo constante y creciente de sus miembros.

«Más y mejor democracia», decía Pío XII, es el clamor de los pueblos modernos. Los hombres de hoy ansian un orden social y un sistema político que cada día sea más justo, más eficiente, más solidario, más humano.

La democracia cree en la capacidad del hombre para perfeccionar constantemente su persona. Los hombres no podemos ser distintos, pero podemos ser mejores cada día. Nuestra naturaleza humana no cambia; nuestras personas pueden y deben perfeccionarse.

La democracia cree también en la capacidad de los hombres para perfeccionar la sociedad. Nunca llegaremos a una sociedad utópica o paradisíaca. Pero sí podemos aspirar a una sociedad en que haya más solidaridad, más respeto a la persona humana, mejor satisfacción de las necesidades económicas y sociales de todos.

La democracia no se afianza ni perfecciona sin el afán constante de los hombres para superarse a sí mismos.

La gran lucha que en una democracia deben sostener todos los ciudadanos, los gobernantes y los gobernados, es la lucha contra su propio egoísmo.
De aquí la importancia de una educación para el uso responsable de la libertad.

Fuente Consultada:
Educación Democratica Mario Alexander Nivel Secundario Escuelas Técnicas
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-

El Estado Democrático y el Bien Común Resumen Función

El Estado Democrático y El Bienestar General de la Población

No basta que la sociedad respete la libertad de los hombres. Además de libertad, el hombre necesita pan, vivienda, asistencia médica y sanitaria, seguridad, descanso y recreación. Necesita también educación, formación técnica y profesional, desarrollo espiritual y cultural.

A los derechos se los respeta; a las necesidades se las satisface.

La sociedad debe respetar las libertades; debe también satisfacer las necesidades. El marxismo ofrece la satisfacción de las necesidades; pero anula las libertades. La democracia respeta las libertades y procura satisfacer las necesidades con mayor eficacia. Es esta la verdadera prueba que debe superar la democracia: crear un orden de prosperidad económica y de justicia social.

Superioridad de la democracia para resolver los problemas económico-sociales:

Función del Estado Democrático es procurar el bien común o bienestar general: la prosperidad, tanto de la sociedad como del individuo. El bien común debe abarcar al hombre completo: espíritu y materia, y satisfacerlo en todos sus aspectos. Una de las facetas de la vida del hombre —y, por lo tanto, una parte del bien común— es la que se refiere al aspecto económico.

La faz económica de la vida del hombre abarca: alimento, trabajo, vivienda, sueldo, mantenimiento de la familia y honesta distracción; medios de vida para el tiempo de enfermedad, desocupación, invalidez, vejez o infortunio; participación en la dirección de la empresa, en las ganancias, etc. De las exigencias propias de estos distintos rubros surge un problema: el problema económico.

Como ese problema afecta a los trabajadores y patronos, a los pobres y ricos, a las familias y al Estado —que es como decir que tiene influencia en la misma sociedad—, se denomina problema económico – social.

Problemas económico – sociales son los problemas que afectan, desde el punto de vista económico, a los individuos, a las familias y a la sociedad, y a las relaciones que existen entre las diversas clases sociales.

Todo problema reclama una solución. Como los problemas económico-sociales son difíciles, y todavía no resueltos satisfactoriamente, vienen siendo denominados la cuestión social. La cuestión social es compleja. Aunque corresponde al factor económico una parte preponderante, influyen en ella diversos factores: morales, religiosos, económicos y políticos. Si bien puede decirse que la cuestión social es casi tan antigua como la humanidad, solo en los últimos tiempos ha adquirido enorme importancia, hasta llegar a agudizarse en la actualidad.

FUNCIÓN DE LA DEMOCRACIA FRENTE A LAS DESIGUALDADES ECONÓMICAS

La superioridad de la democracia para resolver los problemas económico – sociales se funda en las siguientes razones:

1°) La democracia reconoce como principio básico la igualdad jurídica: todos son iguales ante la ley. Por consiguiente, no admite prerrogativas de sangre ni de nacimiento, títulos de nobleza, ni grupos o clases privilegiadas. En este pie de igualdad jurídica, resulta más fácil resolver con justicia los problemas que plantea la denominada cuestión social.

2°) El ambiente de libertad en que se desenvuelve la vida, permite conocer más fácilmente las dificultades que afectan a las clases sociales, y facilita a estas exponer y solicitar la solución de sus problemas.

Permite, asimismo, la organización libre, para defender los propios derechos y para resistir las medidas abusivas, aun con prudentes medidas de fuerza. Todos los regímenes democráticos —cosa que no sucede en los Estados totalitarios— reconocen el derecho de huelga como recurso lícito y extremo que tienen los trabajadores para la defensa de sus derechos, cuando las conversaciones y el arbitraje no surtieron efecto.

3°) La democracia otorga a todos, iguales posibilidades para llegar al poder. Personas de cualquier clase social pueden ocupar cargos públicos, y arbitrar los medios para solucionar los problemas que han sentido en carne propia. En la democracia, todos los hombres conocen mejor los problemas económico – sociales, por estar más en contacto con ellos, y por la mayor uniformidad que reina en la vida social.

4°) Los hombres de gobierno se hallan más interesados y comprometidos a atender esta clase de problemas, por haber sido elegidos en razón de una plataforma electoral que prometía la solución de los mismos, o a fin de contar con el apoyo de sus conciudadanos para mantenerse en el poder, pues la democracia se apoya en la voluntad popular.

Por lo tanto, existe interés en atender los reclamos del pueblo; también la opinión pública puede presionar por medio del sufragio. Estas consideraciones son suficientes para mostrar la superioridad de la democracia en la solución de los problemas económico – sociales.

El bien común: El objeto de la sociedad política es lograr el bien común. El bien común ha sido definido como «el conjunto de condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de sus personas».

Función del Estado frente a la desigualdad económica:

La función del Estado no es hacer de la nación una poderosa potencia económica, política o militar: su función es lograr el bien común.

El bien común no está logrado cuando existen minorías excesivamente ricas, con superabundancia de bienes y comodidades, y grandes masas de indigentes, sin bienes de fortuna, y carentes hasta de lo más necesario.

De poco o nada vale la libertad política, cuando no está acompañada por la libertad económica.

El ciudadano económicamente pobre, no siempre estará en condiciones de actuar libremente: deberá aceptar, muchas veces, imposiciones de quien esté en situación más holgada, y, por lo tanto, en estado de mayor independencia. «Cuando se necesita comer, nadie es libre de trabajar o no trabajar».

El Estado no puede permanecer impasible, ante esa irritante desigualdad económica. El Estado debe intervenir para establecer la justicia social.

Respecto a la función del Estado frente a la desigualdad económica, existen varias posiciones. Dos son posiciones extremas, y una tercera, una posición intermedia.

1°)Ninguna intervención del Estado
Es la posición de aquellos que sostienen la absoluta libertad económica: libertad de comercio y de cambio; libertad do trabajo para hombres, mujeres y niños, y para toda tarea, tiempo y lugar; libertad de condiciones al estipular el contrato para el patrono, con la única condición de que el obrero consienta; libertad de propiedad ilimitada.

Esta teoría llevó al capitalismo y a la explotación de la clase obrera. La función del Estado se reducía a asegurar la libertad de contratar.

Fue la posición sostenida en el siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, por la democracia liberal, y que ya nadie sigue, en razón de su injusticia social.

2°) Intervención absoluta del Estado
Es la posición de aquellos que sostienen que el Estado debe intervenir, no en virtud de su misión de velar por el bienestar y la paz de la comunidad que preside y gobierna, sino por ser el Estado la fuente de todo derecho y el origen de toda legalidad; y, por lo mismo, goza de poderes ilimitados para regular las relaciones entre cualquiera de sus súbditos, sometiéndolos a su omnímoda e inapelable decisión. Esta es la teoría comunista, en que el Estado es todo… y los individuos, inconscientes y anónimos engranajes del organismo estatal.

3°) Teoría de la intervención sistemática del Estado, ,   pero limitada, y de la intervención supletoria
Entre las dos posiciones extremas —ninguna intervención del Estado, y su absoluta intervención— se encuentra la posición intermedia de aquellos que postulan la intervención moderada del Estado: unos, en forma sistemática, y otros, en forma supletoria.

La diferencia entre la intervención sistemática y la supletoria reside en lo siguiente: los de la intervención sistemática sostienen que el Estado debe intervenir siempre, aunque en forma limitada, por la influencia que el contrato de trabajo ejerce sobre el bienestar general; y los de la otra teoría sostienen que el Estado debe intervenir con acción supletoria, únicamente cuando sea necesario para proteger los derechos del débil.

Esta última posición pertenece a una sana y recta concepción democrática. Parte del principio de que el Estado no debe hacer él, sino dejar hacer y ayudar a hacer: no se puede quitar a los individuos y atribuir a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria.

Se basa en una serie de postulados democráticos:
a) La intervención del Estado no es deseable, es tolerable y no ha de ser sistemática, pues fácilmente degenera en abuso.

b)  Hay casos de excepción y pasajeros, en que el Estado puede y debe intervenir para resolver situaciones inconciliables.

c)  La intervención pública debe ser siempre limitada y restringida a lo necesario.

Las Funciones del Estado

Existen dos posiciones erróneas acerca del papel que corresponde al estado en la actividad económica: la liberal y la totalitaria.

El liberalismo sostiene que el estado no debe intervenir en economía porque su intervención es incompatible con la libertad. Según el liberalismo la ley de la oferta y la demanda y el principio de libre contratación deben regir la actividad económica. Consecuentemente defiende la absoluta libertad de la empresa y considera al trabajo como una mercancía. El estado sólo debe intervenir para guardar el orden y garantizar el cumplimiento de los contratos.

La concepción política y económica liberal está superada. Existen actualmente tendencias neo-liberales caracterizadas por su tendencia a disminuir indebidamente la intervención estatal.

La totalitaria defiende la intervención desmedida del estado en la actividad económica, por lo que es llamada también intervencionista. Esta concepción tiende a anular la iniciativa privada y a disminuir el derecho de propiedad privada. Convierte al estado en el gran industrial y el gran comerciante.

Su expresión extrema es el colectivismo comunista donde se niega la libertad económica, todas las empresas son estatales y no se permite la propiedad privada de los bienes de producción.

La experiencia histórica demuestra que donde se niega la libertad económica y el derecho a la propiedad privada surgen las tiranías políticas y que los gobiernos totalitarios siempre anulan la libertad económica. Se da así, en manos del grupo gobernante un poder absoluto e incontrolable.

La concepción personalista cristiana sostiene el equilibrio entre la iniciativa privada y la intervención estatal.

Por naturaleza propia la actividad económica pertenece a la libre iniciativa de los individuos y de los grupos. Pero el estado debe cuidar que el proceso económico nacional se desarrolle armónica y eficientemente, que se produzcan los bienes necesarios para la comunidad y que sean distribuidos eficientemente.

La intervención estatal, que cada día es más amplia y profunda por la complejidad de las sociedades modernas, no tiene por objeto disminuir la actividad privada, sino fomentarla, ayudarla, ordenarla, complementarla y hacerla servir al bien comunitario.

Corresponde a las autoridades políticas, entre otras funciones:

1. planificar la economía total del país;

2. procurar que existan fuentes de trabajo para todos los ciudadanos;

3. prevenir las crisis económicas;

4. cuidar de que los distintos sectores de la economía se desarrollen armónicamente: la producción agrícola-ganadera-minera, la industria y los servicios.

5. impulsar el desarrollo de las zonas más atrasadas del país.

Es también fundamental función del estado cuidar que los bienes producidos lleguen equitativamente a todos los miembros de la comunidad, para lo cual debe tener una justa política laboral y salarial y un eficiente sistema de impuestos.

La justicia pide que entre los miembros de una misma comunidad política no existan grandes diferencias económicas. Las diferencias económicas llevan aparejadas diferencias sociales y culturales.

A este propósito se expresó el Concilio Vaticano II: «a fin de satisfacer las exigencias de la justicia y de la equidad se debe procurar enérgicamente que sean suprimidas lo más rápidamente posible las enormes y crecientes desigualdades económicas actuales, que van acompañadas de discriminación individual y social».

En casi todos los países democráticos las estructuras económicas no responden aún a las exigencias de la justicia y solidaridad humana. Reformarlas implica vencer graves inconvenientes y solventar problemas sumamente difíciles. No se hace sin el esfuerzo y sacrificio de todos los sectores y sin una adecuada conducción política.

También en casi todos ellos se intentan profundas reformas para lograr un ordenamiento económico más eficiente y más justo. El mismo Concilio Vaticano afirma que se equivocan «los que se oponen a las reformas necesarias bajo el pretexto de falsa libertad», como también los partidarios de una economía colectiva que niega los derechos fundamentales del hombre.

Fuente Consultada:
Instrucción Cívica
Norberto Fraga – Gabriel Ribas Editorial A-Z
Instrucción Cívica 2 D.A. Sabsay – S.G. Jáuregui
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-

Función de las Fuerzas Armadas en Democracia Resumen

RESUMEN: LAS FUERZAS ARMADAS EN UN ESTADO DEMOCRÁTICO

Democracia como expresión de paz
La paz ha sido definida como la tranquilidad en el orden. La democracia es expresión de paz, porque busca el orden
reconociendo y respetando todos los derechos y libertades.

No puede existir orden y, por consiguiente, no puede existir paz, cuando se atrepellan los derechos y se cometen injusticias. Por ello surgen conflictos y luchas: huelgas, sabotajes, agresiones armadas.

Unas clases sociales se enfrentan con otras; grupos antagónicos chocan, y la defensa de los propios derechos o la lucha por la libertad o por justas reivindicaciones, pueden adquirir formas violentas y llegar hasta la guerra civil. Cuándo la democracia respeta y hace respetar los derechos, y cuando triunfa la justicia, se consolida la paz.

La democracia es expresión de paz, porque representa el sentir del pueblo; y el pueblo no quiere la guerra, pues ama la paz.

Las guerras se desencadenan, muchas veces, por intereses ocultos y decisión de los dirigentes, sin intervención del pueblo y por ambiciones imperialistas. Por regla general, todos los totalitarios alientan inquietudes imperialistas.

La verdadera democracia no tiene ni fomenta aspiraciones imperialistas. Esa actitud es por sí sola una garantía de paz. La democracia favorece la paz internacional, pues la guerra, que a los ojos de unos pocos se presentaría como un bien, aparece a los ojos del pueblo como un flagelo horroroso, con su secuela de destrucción, hambre y miseria.

Si la decisión dependiera del pueblo, no se llegaría a la guerra sino en casos absolutamente extremos; y quizá nunca, si todos los pueblos fueran democráticos.

El sentido civil de la democracia
La democracia encierra en su seno un sentido civil, porque es una manera de vivir y una forma de gobernar que pone como centro al hombre.

Lo considera el eje alrededor del cual gira toda la vida política; lo respeta en sus derechos y libertades, y en su finalidad trascendente. Ese es el sentido civil de la democracia. No lo considera, como hacen los regímenes colectivistas, un elemento de producción; ni, como el fascismo y el nazismo, un soldado, elemento de expansión y conquista. Para la democracia, el hombre es esencialmente lo que es: un ser humano. Las demás cualidades: ciudadano, obrero, militar, economista, político, etc., son accesorios que no destruyen ni disminuyen su carácter esencial de persona humana, cuya dignidad debe ser respetada y defendida.

La democracia tiene un sentido civil, porque es un estilo de vida impregnado de civilidad.

Mientras los regímenes totalitarios imprimen un carácter esencialmente militar a la vida ordinaria de la nación, la democracia desecha cuanto pueda tener visos de militarismo, e imprime a la vida un ritmo netamente civil. Ayuda a ello el ambiente de libertad en que se desarrolla la vida.

En los regímenes totalitarios, todo está controlado, fiscalizado y organizado militarmente.. Basta recordar a Rusia y a sus satélites, y a las milicias populares de Cuba: todo el pueblo está puesto en armas. La democracia rechaza semejante concepción de la vida.

Desfiles de Fuerzas Armadas

Las fuerzas armadas
El sentido civil de la democracia no significa negación u oposición a las fuerzas armadas.

Las fuerzas armadas son el conjunto de ciudadanos enrolados en los cuadros del ejército, la marina y la aeronáutica. La existencia de las fuerzas armadas es una exigencia de las democracias.

Ya se ha dicho que la democracia actúa, no por la presión de la fuerza, sino por el imperio del derecho. Pero el derecho debe tener a sus órdenes la fuerza, para hacerse respetar e imperar en la nación.

También se ha dicho que un poder sin autoridad es arbitrario; pero una autoridad sin poder es ineficaz. La democracia reclama la existencia de las fuerzas armadas, para tutelar y defender el derecho.

Su función en las democracias
Las fuerzas armadas son en las democracias las celosas defensoras del derecho y de los más altos intereses de la nación. Es decir, deben estar siempre prontas para defender su honor, la integridad de su territorio, la libertad de sus hijos, la Constitución y las leyes de la nación.

Las fuerzas armadas garantizan la paz interior, y el normal desenvolvimiento de las instituciones democráticas. Cumplen, además, una valiosa misión educadora. Año tras año llegan a sus filas, para recibir instrucción militar, millares de jóvenes, muchos de los cuales no han frecuentado la escuela primaria, y otros no han completado su formación cultural.

Las fuerzas armadas proporcionan a todos instrucción y educación, brindándoles mayores posibilidades para desempeñarse con éxito en la vida.

El poder de reserva: Cuando en la democracia se habla de los tres poderes de gobierno: legislativo, ejecutivo y judicial, se sobrentiende siempre uno previo y esencial: el poder del electorado que constituye el Gobierno.
El pensamiento político imaginó, junto a estos poderes clásicos, otro poder: el poder de reserva.

El poder de reserva, en definitiva, respaldaba a los otros, y es el que, en las grandes crisis, surgía para salvar el sistema. El poder de reserva es, en una monarquía constitucional, el poder del Rey.

Ante una invasión, ante una revolución, ante la disolución nacional, el poder del Rey puede todavía surgir, en Gran Bretaña, en Bélgica o en Holanda, como el elemento unificador y ordenador de la comunidad. En la América latina republicana no puede ser el Rey, sino la fuerza que es el apoyo de todo poder.

Las fuerzas armadas tienen en las democracias la función de poder de reserva.

Fuente Consultada:
Instrucción Cívica
Norberto Fraga – Gabriel Ribas Editorial A-Z
Instrucción Cívica 2 D.A. Sabsay – S.G. Jáuregui

El Tercer Estado en el Antiguo Régimen Feudal y Estamentos Sociales

El Tercer Estado en el Antiguo Régimen y Estamentos Sociales

La sociedad medieval estaba dividida en tres órdenes, también llamados estados o estamentos.

• El estamento compuesto por los nobles, «los que guerrean».
• El estamento integrado por los clérigos, «los que oran».
• El estamento formado por los campesinos, «los que trabajan».

Cuando en los últimos siglos medievales surgió la burguesía, sus miembros integraron junto con los campesinos el tercer estado.

Los representantes de los tres órdenes, con la inclusión de la burguesía, tenían el privilegio de brindar «consejo y ayuda» al rey cuando participaban en las asambleas de los estados.

Según el país, las asambleas de estado recibían diferentes nombres y tenían un mayor o menor poder. Fueron las Cortes en España, los Parlamentos en Inglaterra, los Estados Generales en Francia y las Dietas en Alemania.

En algunos países, las asambleas estaban muy supeditadas al príncipe, quien las consultaba sólo en casos extraordinarios; por ejemplo, el emperador de Alemania rara vez convocaba a la Dieta. En otros casos, en cambio, los estamentos tenían una participación activa e influían en las decisiones de los monarcas, como sucedía en Inglaterra y en España.

EL TERCER ESTADO:

¿Quién se atreverá a negar que el Tercer Estado tiene todo lo necesario para formar una nación completa? Es como un hombre fuerte y robusto con un brazo aún encadenado. Si se suprimiese el orden privilegiado, la nación no sería por ello algo menos, sino más bien algo más.

En resumen, pues: ¿qué es el Tercer Estado? Todo, pero un todo atado y oprimido. ¿Qué sería sin el orden privilegiado? Todo, pero un todo libre y floreciente. Nada puede funcionar sin él, pero todo funcionaría infinitamente mejor sin los demás.

No basta con demostrar que los privilegiados, lejos de ser útiles a la nación no pueden hacer otra cosa que debilitarla y perjudicarla; hay que demostrar además que el orden nobiliario no tiene lugar alguno en la organización social: puede ser una carga para la nación pero no puede en modo alguno formar parte de ella.

Efectivamente, no hay manera de encontrar un lugar donde situar la casta de los nobles entre todas las partes elementales de una nación.

Ya sé que hay individuos, en número demasiado crecido, a los que las enfermedades, la incapacidad, una pereza incurable o el torrente desatado de las malas costumbres hacen extraños a los trabajos de la sociedad. En todas partes, y sobre todo en los grandes Estados, la excepción y el abuso crecen junto a la regla. Pero se convendrá en que cuantos menos abusos haya, mejor ordenado estará el Estado.

El más desorganizado de todos sería aquel en el que no sólo los particulares aislados sino una clase entera de ciudadanos cifrase su gloria en permanecer inmóvil en medio del movimiento general y en cambio supiese consumir la mejor parte del producto sin haber concurrido en nada a hacerlo nacer. Una clase así queda por sí misma al margen de la nación, a causa de su holgazanería.

Pues el orden nobiliario no queda menos al margen, aun estando en medio de nosotros, por sus prerrogativas civiles y públicas.

Porque, ¿qué es una nación? Un cuerpo de asociados que viven bajo una ley común y que son representados por la misma legislatura.

Y, ¿acaso no es demasiado cierto que el orden nobiliario tiene privilegios, dispensas e incluso derechos separados del cuerpo de los ciudadanos? Por ahí se sale del orden común de la ley común. Incluso sus derechos civiles hacen de él un pueblo aparte dentro de la gran nación. Es, verdaderamente, imperíum in imperio.

E. J. SlEYÉS: ¿Qué es el Tercer Estado?

INTERESANTES COMENTARIOS ANTES DE LA REVOLUCIÓN FRANCESA:

FUENTE 1: «Suplicamos humildemente a Su Majestad que ordene la supresión de todos los privilegios que tienen las propiedades señoriales […]; y que las imposiciones de toda naturaleza, reales, provinciales, diocesanas y municipales sean soportadas por todas las propiedades indistintamente. Que el tercer estado tenga el mismo número de representantes que los otros dos órganos reunidos del clero y la nobleza; y que se delibere no por orden sino por cabeza de deliberantes.

Que la libertad personal es inviolable y que ningún ciudadano puede ser privado de su libertad excepto mediante un juicio justo y según las leyes en los tribunales ordinarios.

Que la reunión periódica de los Estados Generales es derecho de la Nación y deberá ser en el futuro el sistema permanente de administración del reino. Se arbitrará una fórmula para establecer y recordar continuamente que la ley ha sido proclamada y cada tributo ha sido impuesto por voluntad o con el consentimiento de la Nación.»

(Cuadernos de quejas y súplicas de varías ciudades francesas, 1789).


FUENTE 2. «Lo deuda del Estado, ya inmensa a mi advenimiento al trono, se ha acrecentado todavía más bajo mi reinado: una guerra dispendiosa, pero honorable, ha sido la causa; la elevación de los impuestos ha sido la consecuencia necesaria y ha hecho más notoria su desigual repartición.

Una inquietud general, un deseo exagerado de innovaciones, se han adueñado de los espíritus (por eso debemos) apresurarnos a contenerlas en una reunión de entendimientos sabios y moderados, Y con esta esperanza, señores, los he reunido, y veo con agrado que mi confianza se ha visto justificada por la disposición que los dos primeros órdenes han mostrado en renunciar a sus privilegios económicos. La esperanza que he concebido de ver a todos los órdenes concurrir conmigo al bien general del Estado, no se verá defraudada, […]»

(Discurso pronunciado por el rey Luis XVI en la apertura de los Estados Generales, 1789).

Fuente 3. «El rey quiere que la antigua distinción en tres órdenes del Estado se conserve íntegramente, como algo especialmente ligado a la constitución de su reino.» (artículo 1).

«Todas las propiedades, sin excepción, serán permanentemente respetadas y Su Majestad comprende expresamente bajo el nombre de propiedades, diezmos, censos, rentas, derechos y deberes feudales y señoriales, y en general todos los derechos y prerrogativas útiles u honoríficas ligadas a las tierras o a los feudos o bien pertenecientes a las personas.» (artículo 12).

(Declaración de intenciones del rey, sesión de Estados Generales, 23-6-1789).

Fuente 4. «Esto asamblea, que parece más una horda de salvajes que una reunión de hombres educados, efectúa una subversión general. ¿Y precisamente en este momento de delirio nos identificaremos por primera vez con los franceses? ¿No deberíamos más bien, aprovechando la impotencia moral y física de esta nación ingrata, cuyos esfuerzos se han dirigido a suprimir nuestros privilegios, deshacer todos nuestros vínculos con ella?»

(Panfleto anónimo que circuló en Bretaña, 30-10-1790).

Que es la Tradicion Nacional Costumbres y Tradiciones de un País

Que es la Tradición Nacional
Costumbres y Tradiciones de un País

INTRODUCCIÓN:

¿Qué es la tradición?: Podemos definirla como: La acción de trasmitir algo y, además, todo aquello que se trasmite.

Tradición histórica: Se conoce como tradición a la totalidad de las comunicaciones o transmisiones de noticias, doctrinas, ritos, costumbres transmitida a lo largo del tiempo de padres a hijos. En un sentido general, es la evolución de las ideas e instituciones de generación a lo largo de la vida de un pueblo. Aquellas noticias, composiciones literarias, ritos, costumbres que son transmitidos de generación a generación reciben el nombre de tradición.

Todos los aspectos que hacen a la tradición en un determinado país forman un elemento que es común a todos aquellos que se encuentran ligados entre sí por él y contribuyen a la formación de la nacionalidad. Por ejemplo cuando nos referimos a la tradición argentina, pretendemos expresar todo aquello que nos ha sido transmitido por nuestros ascendientes y a éstos por sus respectivos padres o abuelos y nos consideramos propietarios de ello como un atributo más de nuestra personalidad. Nuestra nacionalidad, el sentirnos como argentinos, no es otra cosa que participar de todos esos aspectos que han hecho la vida y sentir de nuestros antepasados.

Por ello cuando hablamos de tradición solemos utilizar la expresión tradición histórica. Es que los héroes de la Patria son nuestros héroes, los símbolos de la Patria son nuestros símbolos, las costumbres y modos de vida de nuestros padres son nuestras costumbres y modos de vida.

La tradición es quizás una de nuestras más arraigadas instituciones pues es la herencia que hemos recibido de todos aquellos que han construido esta nuestra Patria.

Desde el punto de vista de las ciencias históricas es muy importante el estudio de la tradición, de sus formas, de sus leyes, etc. Los ciudadanos argentinos de la actualidad son, en buena parte, el resultado de la tradición. Pero, como se trata de seres libres, pueden tener ciertas formas de pensar o ciertas actitudes en relación con el pasado, en relación con la tradición. Algunos quieren conservar todo lo tradicional (“conservadores”) y otros, por el contrario, buscan un presente que no tenga en cuenta para nada el pasado (“revolucionarios”).

A cada hombre en particular, le interesa la tradición porque no bastan la reflexión y la experiencia personales; cuando “sale de sí mismo» se encuentra con lo que han dicho, enseñando, experimentado etc., los demás y que se ha transmitido, muchas veces, desde siglos remotos.

Al estudiar lo que es una nación dijimos que los vínculos o lazos espirituales que unen a los individuos de una misma nacionalidad son, entre otros, el idioma, la raza, las tradiciones, el folklore, etc., y que lo mas importante que los une es la conciencia de pertenecer a una misma comunidad y el sentirse identificados por un pasado que se proyecta en presente y en el porvenir. Dichos vínculos o lazos han llegado hasta nosotros gracias a la tradición.

De acuerdo a lo expresado, la tradición nacional es: Todo lo que nos han transmitido las generaciones de argentinos que nos han precedido. El extenso territorio con sus riquezas naturales, el producto del trabajo creador del hombre, las glorias y monumentos históricos, la historia argentina y las hazañas de sus hijos, los versos de sus poetas, las creaciones de sus artistas, etc., todo ello nos ha llegado como herencia viva, como antorcha que se pasa de mano en mano, de generación en generación.

Esta es la forma cómo el país, a través de los siglos, conserva su fisonomía peculiar, sus caracteres propios. La fidelidad a su destino histórico le permitirá realizar su vocación presente. Nuestra patria tiene un tesoro tradicional realmente envidiable. A nosotros corresponde recogerlo con amor, guardarlo fielmente, estudiarlo, acrecentarlo.

La palabra tradición deriva del latín y quiere decir donación o legado. La tradición es un conjunto de costumbres, ritos y usanzas que se transmiten de padres a hijos. La tradición de un pueblo es aquello que lo identifica y diferencia de los demás, algo propio y profundo. Cada comunidad tiene sus propias tradiciones, las que se manifiestan en el modo de vivir, en el arte y se conservan a través del tiempo.  En Argentina el Día de la Tradición es el 10 de Noviembre, en Memoria de nuestro poeta más tradicional, creador del Martín Fierro: José Hernández.

VIVENCIA Y CONTINUIDAD DE LA TRADICIÓN
La Costumbre
Además de las leyes que en forma coercitiva gobiernan la convivencia humana, existen normas morales y usos sociales que también son factores de convivencia, pero no tienen carácter coercitivo (en el sentido del uso de la fuerza pública para hacerlas cumplir).

La conducta privada de los hombres, por supuesto dentro de los límites que exige el orden social, no está regido por norma alguna, pero existe una presión de la sociedad sobre el individuo que, de alguna manera, le obliga a cumplir determinadas normas establecidas por la costumbre o la tradición.

Estas son simples normas de convivencia, por ejemplo, saludar, respetar a los ancianos, decir la verdad, etc. Estas son normas sociales y morales que no son coercitivas, pero que son sancionadas por la sociedad en defensa de su propia estructura.

La palabra costumbre proviene de costumme y ésta de consuetudinario.

Es un uso social aceptado por la mayoría de una comunidad.
Generalmente, las costumbres son fijadas por un grupo dominante que regla las normas de relación en la comunidad.  

Las costumbres no son normas impuestas, sino aceptadas por los hombres que integran un grupo social, quienes encuentran esas ñor mas cuando nacen y las aceptan sin discutirlas mayormente.

Las costumbres son distintas de las leyes, aunque tanto unas como las otras, tienden a mantener la estructura social. Pero, mientras la costumbre es un hábito, un medio habitual de proceder o conducirse, la ley es una imposición fijada por la autoridad.

La costumbre, como norma jurídica no escrita e impuesta por el uso, es considerada como una de las fuentes del Derecho; consiste en la repetición de manera espontánea y natural de ciertos actos de índole jurídica que en ocasiones, por la práctica, van adquiriendo fuerza de ley.

En cambio, el uso resulta de un hecho particular e individual y nace de las cosas que el hombre hace o dice: en otras palabras, es la forma exterior de una manifestación individual, que cuando se generaliza y constituye la forma de proceder de una comunidad, adquiere la calificación de costumbre.

Elementos de la costumbre
La costumbre se encuentra conformada por dos elementos:
a.   El elemento interno o psicológico.
b.    El elemento extemo o material.

El elemento interno o psicológico se encuentra en el consentimiento tácito de un pueblo a reconocer una costumbre como norma a ajustar su comportamiento.
En cambio el elemento externo o material está dado por la norma establecida en base a la repetición de ilcterminados usos que han configurado una costumbre.

Algunos autores han establecido comno condiciones esenciales los siguientes elementos:

a. Uno material que es el uso largo y constante de la costumbre y que requiere los siguientes caracteres:
— Formación espontánea.
— Práctica regular y constante
—  Duración más o menos largo
b. Otro psicológico consistente en la convicción del carácter jurídicamente obligatorio del uso.
c. Que la costumbre no sea contraria a los principios fundamentales de la organizador política o económica elegida.

NUESTROS SÍMBOLOS NACIONALES

— La Bandera Nacional

La bandera oficial de la Nación es la que ostenta el sol y que fue aprobada por el Congreso de Tucumán, reunido en Buenos Aires, en febrero de 1818. Está formada con los colores celeste y blanco con los que el General Belgrano creó la primera enseña patria, el 27 de febrero de 1812.

 Los colores se distribuyen en tres franjas horizontales, de igual tamaño, dos de ellas celestes y una blanca en el medio. En el centro de la banda blanca se reproduce el sol, tal como figura grabado en la primitiva moneda de oro de ocho escudos y en la de plata de ocho reales; el sol deberá ser de color amarillo y tener treinta y dos rayos flamígeros y rectos, colocados alternativamente, tal como se observa en dichas monedas.

Tienen derecho al uso de la bandera oficial, el Gobierno Federal, los Gobiernos Provinciales, los territorios sometidos a las autoridades nacionales. Los particulares podrán usar los colores nacionales en forma de bandera, pero sin sol; también los podrán usar como escarapela y estandarte, debiéndose dar a los mismos un trato respetuoso.

Dijo el General Belgrano, en su proclama del 2 de Mayo de 1812, al ser bendecida por primera vez la bandera argentina al frente del ejército, en la ciudad de Jujuy:

                    “Manuel Belgrano, General en Jefe, al ejército de su mando: Soldados, hijos dignos de la Patria, camaradas míos; dos años ha que por primera vez resonó en estas regiones el eco de la libertad, y él continuó propagándose hasta por las cavernas más recónditas de los Andes; pues que no es obra de los hombres, sino del Dios Omnipotente, que permitió a los americanos que se nos presentase la ocasión de entrar al goce de nuestros derechos: el 2 de Mayo, será para siempre memorable en los anales de nuestra historia, y vosotros tendréis un motivo más de recordarlo, cuando en él, por primera vez, veis la Bandera Nacional en mis manos, que ya os distingue de las demás naciones del globo, sin embargo, de los esfuerzos que han hecho los enemigos de la sagrada causa que defendemos para echarnos cadenas aún más pesadas que las que cargabais. Pero esta gloria debemos sostenerla de un modo digno, con la unión, la constancia y el exacto cumplimiento de nuestras obligaciones hacia Dios, hacia nuestros hermanos, hacia nosotros mismos; a fin de que la patria se goce de abrigar en su seno hijos tan beneméritos, y pueda presentarla a la posteridad como modelo que haya de tener a la vista para conservarla libre de enemigos y en el lleno de su felicidad. . . «.

— El Escudo Argentino:

El escudo argentino es la reproducción fiel del sello que usó la Asamblea General Constituyente de las Provincias Unidas del Río de la Plata y que ésta ordenó se emplease por el Poder Ejecutivo, en 1813. Las características oficiales del escudo son: forma de elipse, la relación de los ejes de la misma, será de 14/11. El sol casi tocará a la elipse y tendrá once rayos rectos y diez flamígeros.

La rama de laurel de la derecha llevará veintiuna hojas en el lado interior y veinte en el exterior; la rama de la izquierda, veintitrés hojas en el lado interior y veinticinco, en el exterior. Las ramas no se entrecruzarán en la parte superior ni podrán llevar fruto.

— El Himno Nacional

La letra oficial del himno es la canción compuesta por Vicente López aprobada por la Asamblea General Constituyente, en mayo de 1813. La música auténtica es la versión editada por Juan P. Esnaola en 1860 con el título «Himno Nacional Argentino — Música del maestro Blas Parera».


HIMNO NACIONAL ARGENTINO
Oíd mortales el grito sagrado
Libertad, Libertad, Libertad,
Oíd el ruido de rotas cadenas,
Ved el trono a la noble igualdad

Ya su trono dignísimo abrieron
Las provincias unidas del sur
Y los libres del mundo responden
Al gran pueblo argentino salud

Y los libres del mundo responden
Al gran pueblo argentino salud
Y los libres del mundo responden
Al gran pueblo argentino salud

Sean eternos los laureles Que supimos conseguir Que supimos conseguir 
Coronados de gloria vivamos 
¡O juremos con gloria morir!¡O juremos con gloria morir! ¡O juremos con gloria morir!

— La Escarapela Nacional
Feliciano A. Chiclana, Manuel de Sarratea y Juan J. Paso, integrantes del Primer Triunvirato, el 18 de febrero de 1812, dirigieron una nota al Jefe del Estado Mayor, en estos términos: “En acuerdo de hoy se ha resuelto que desde esta fecha en adelante, se haya, reconozca y use la Escarapela Nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declarándose por tal la de dos colores blanco y azul celeste; y quedando abolida la roja con que antiguamente se distinguían. Se comunica a V.S. para los efectos consiguientes a esta resolución. Dios guarde a V.S. muchos años”.

Bandera de corazón: Si bien la bandera es nuestro símbolo patrio que más nos representa, la escarapela es aquel que más nos une como pueblo, puesto que al usarla nos sentimos representados unos en otros, tomando conciencia de que más allá de las diferencias nos une el sentimiento y el sueño de una Argentina grande.

Fuente Consultada: Formación Cívica II Para Escuelas Secundarias de Segundo Año de Comercio-1977

Enseñar Valores Patrióticos a Nuestros Hijos

Consecuencias Sociales De Una Mujer Golpeada Niveles de Violencia

CAUSAS Y CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER

Los Niveles de Violencia:

Nivel Violencia 1.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 2.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 3.Inundación-parálisis.

Nivel Violencia 4.Socialización cotidiana.

Nivel Violencia 5.Lavado de cerebro.

Nivel Violencia 6.Embotamiento-sumisión.

Mas abajo  se explican cada caso.

violencia mujer

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CONSECUENCIAS SOCIALES:

ÁmbitoConsecuencias de la violencia en el ámbito social
TrabajoAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
EducaciónAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
Salud

Consecuencias para la salud física (lesiones, embarazos no deseados, cefaleas, problemas ginecológicos,- discapacidad, abortos, fracturas, adicciones, etcétera).

Consecuencias para la salud mental (depresión, ansiedad, disfunciones sexuales, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos pseudopsicóticos, etcétera).

Trastornos del desarrollo físico y psicológico. Consecuencias letales (suicidio, homicidio).

SocialFugas del hogar.
Embarazo adolescente.
Niños en situación de riesgo social (niños en la
calle).
Conductas de riesgo para terceros.
Prostitución.
SeguridadViolencia social.
Violencia juvenil.
Conductas antisociales.
Homicidios y lesiones dentro de la familia.
Delitos sexuales
EconomíaIncremento del gasto en los sectores Salud, Educación, Seguridad, Justicia.
Disminución de la producción.

c

La legitimación cultural de la violencia

Para comprender el fenómeno de la violencia doméstica, resulta imprescindible comenzar por el análisis de los factores que la legitiman culturalmente.

Desde siempre, las creencias y los valores acerca de las mujeres y de los hombres han caracterizado una sociedad patriarcal que define a los varones como superiores por naturaleza y les confiere el derecho y la responsabilidad de dirigir la conducta de su mujer.

Estas actitudes y valores, que echaron raíces a través de los siglos, se traducen en estructuras sociales particulares: por ejemplo, la división del trabajo, las políticas institucionales y la discriminación de la mujer.

Los estereotipos de género, transmitidos y perpetuados por la familia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera, sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en la constitución de sociedades privadas, tales como las que están representadas por el noviazgo, el matrimonio o la convivencia.

Investigaciones llevadas a cabo en los últimos años demuestran que, a pesar de los esfuerzos realizados por numerosas organizaciones tendientes a difundir y promover ideas progresistas acerca de la igualdad entre los géneros, cierto núcleo de premisas, constitutivas de un sistema de creencias más amplio, siguen siendo sostenidas por amplios sectores de la población. Entre ellas, las más persistentes son:

• que las mujeres son inferiores a los hombres,
• que el hombre es el jefe del hogar,
• que el hombre tiene derechos de propiedad sobre la mujer y los hijos,
• que la privacidad del hogar debe ser defendida de las regulaciones externas.

Un sistema de creencias sostenido en tales premisas tiene como consecuencia inmediata la noción de que un hombre tiene el derecho y la obligación de imponer medidas disciplinarias para controlar el comportamiento de quienes están a su cargo.

Aun cuando se modifiquen las leyes, los comportamientos tienden a seguir siendo regulados por esta normativa cultural que legitima el uso de la fuerza como «método correctivo» y como instrumento de poder dentro de las relaciones privadas.

Distintos autores han señalado el valor de los mitos culturales acerca de la violencia contra la mujer como elementos que contribuyen a la perpetuación del problema.

Precisamente, una de las características definitorias del mito es su resistencia al cambio: la fuerza del mito reside en que es invulnerable a las pruebas racionales que lo desmienten.

En el caso de la violencia doméstica, los mitos cumplen tres funciones principales:

• culpabilizan a la víctima (mitos acerca de la provocación, el masoquismo, etcétera);
• naturalizan la violencia («el matrimonio es así», «los celos son el condimento del amor»);
• impiden a la víctima salir de la situación (mitos acerca de la familia, el amor, la abnegación, la maternidad, etcétera).

Tanto los mitos como los estereotipos culturales necesitan de un vehículo para encarnarse en pensamientos, actitudes o conductas. Dicho vehículo está representado por las instituciones que, dentro de la comunidad, son verdaderas transmisoras de los mensajes culturales antes apuntados.

Es por eso que más adelante nos detendremos en el análisis del problema desde la perspectiva cíe las instituciones que intervienen directa o indirectamente en su perpetuación.

Las consecuencias de la violencia en el nivel individual

El desarrollo creciente de los estudios de victimización ha encontrado su razón en la cantidad de delitos sobre los cuales no suele haber demasiada información, tales como el maltrato a la mujer en el contexto conyugal.

En el documento de trabajo sobre víctimas de delitos, el 7° Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del » Delito y Tratamiento del Delincuente señala que este tipo de víctimas constituye una gran proporción de la «cifra oscura» de la delincuencia, lo cual ha tenido por efecto minimizar la conciencia de ciertas formas de victimización como problema social (Naciones Unidas, 1985).

En ese mismo documento se señala que la_ victimización en el seno del hogar, aparte de las consecuencias físicas, tiene efectos psicológicos profundos tanto a corto como a largo plazo. La reacción inmediata suele ser de conmoción, paralización temporal y negación de lo sucedido, seguidas de aturdimiento, desorientación y sentimientos de soledad, depresión, vulnerabilidad e impotencia.

Tras esa primera etapa de desorganización, las reacciones frente a la victimización suelen cambiar: los sentimientos de la víctima pueden pasar de un momento a otro del miedo a la rabia, de la tristeza a la euforia y de la compasión de sí misma al sentimiento de culpa.

A mediano plazo, pueden presentar ideas obsesivas, incapacidad para concentrarse, insomnio, pesadillas, llanto incontrolado, mayor consumo de fármacos, deterioro de las relaciones personales, etcétera. También se puede presentar una reacción tardía, que ha sido descrita en los manuales de diagnóstico psiquiátrico como «desorden de tensión postraumática» o «síndrome de estrés postraumático» (PTD: Post-Traumatic Disorder).

El PTD consiste en una serie de trastornos emocionales que no necesariamente aparecen temporalmente asociados con la situación que los originó, pero que constituyen una secuela de situaciones traumáticas vividas, tales como haber estado sometido a situaciones de maltrato físico o psicológico. Algunos de sus síntomas son los siguientes:

• frecuentes pesadillas,
• dificultad para concentrarse social y laboralmente,
• trastornos del sueño (el más frecuente es el insomnio),
• trastornos mnésicos,
• trastornos en la capacidad de atención y concentración,
« depresión,
• sentimientos de culpa,
• miedos diversos,
• dificultades en el aprendizaje.

Carlos Sluzki (1994) ha señalado seis niveles en los que pueden ubicarse los efectos de la violencia, según la combinación de dos variables que hace interactuar: el nivel percibido de amenaza para la persona y el grado de habitualidad de la conducta violenta.

1.Disonancia cognitiva. Cuando se produce una situación de violencia de baja intensidad en un contexto o en un momento inesperado. La reacción es de sorpresa, de imposibilidad de integrar el nuevo dato a la experiencia propia. Un ejemplo de esto es cuando las mujeres maltratadas relatan el primer episodio durante la luna de miel.

2.Ataque o fuga. Cuando se produce una situación de violencia de alta intensidad de un modo abrupto e inesperado. En esos casos, se desencadena una reacción psicofisiológica de alerta, y la reacción puede ser con una posición defensiva u ofensiva, escapándose del lugar o enfrentando la amenaza.

Es el caso de las mujeres que atraviesan los ciclos iniciales de la violencia y se ven sorprendidas por una conducta violenta desproporcionada para la situación. En esos ciclos iniciales, todavía la sorpresa obra a modo de disparador de conductas de ataque o fuga.

3.Inundación-parálisis. Cuando se produce una situación de violencia extrema, que implica un alto riesgo percibido para la integridad o la vida. La reacción puede incluir alteraciones del estado de conciencia, desorientación, etcétera, y ser el antecedente para la posterior aparición del síndrome de estrés postraumático, ya descrito. Muchas mujeres relatan esa experiencia de paralización frente a situaciones tales como amenazas con armas, intentos de estrangulamiento o violación marital.

4.Socialización cotidiana. Cuando las situaciones de maltrato de baja intensidad se transforman en habituales, se produce el fenómeno de la naturalización. Las mujeres se acostumbran a que no se tengan en cuenta sus opiniones, que las decisiones importantes las tome el hombre, a ser humillada mediante bromas descalificadoras, etcétera, pasando todas estas experiencias a formar parte de una especie de telón de fondo cotidiano que tiene el efecto anestesiante ante la violencia.

5.Lavado de cerebro. Cuando las amenazas, las coerciones y los mensajes humillantes son intensos y persistentes, a menudo la víctima incorpora esos mismos argumentos y sistemas de creencias como un modo defensivo frente a la amena/.a potencial que implicaría diferenciarse (ella cree que la obediencia automática la salvará del sufrimiento). La mujer, llegada a este punto, puede repetir ante quien intenta ayudarla que ella tiene toda la culpa, que se merece el trato que recibe, etcétera.

6.Embotamiento-sumisión. Cuando las experiencias aterrorizantes son extremas y reiteradas, el efecto es el «entumecimiento psíquico», en el que las víctimas se desconectan de sus propios sentimientos y se vuelven sumisas al extremo. En esos casos, la » justificación de la conducta del agresor y la autoinmolación alcanzan niveles máximos.

En todos los casos, estos efectos de la violencia sobre la mujer están acompañados por una sintomatología física, que suele ser ubicada por los profesionales en el difuso campo de lo psicosomático. Cefaleas, dolores de espalda, trastornos gastrointestinales, disfunciones respiratorias, palpitaciones, hiperventilación son algunos de los síntomas más frecuentes, acompañando cuadros psíquicos tales como estados de ansiedad, fobias, agotamiento, adinamia, abulia, depresión, etcétera.

El modelo profesional predominante trata de buscar la causa de los síntomas dentro de sus propios esquemas explicativos y se muestra renuente a considerar la experiencia de victimización como posible motivo.

Esta conducta de los profesionales tiende a potenciar la actitud ocultadora de la mujer (apoyada en los sentimientos de vergüenza y culpa ya apuntados) , y el fenómeno de la violencia contra la mujer queda sin diagnosticar.

Por lo tanto, se le suelen indicar tratamientos sintomáticos que no consideran las verdaderas raíces del problema. Esta actitud profesional ha sido definida como segunda victimización, ya que contribuye a legitimar la violencia ejercida contra la mujer y busca en la propia víctima los motivos o las causas de las secuelas de la victimización.

Cada disciplina ha demostrado tener sus propios obstáculos epistemológicos y metodológicos que le dificultan la comprensión de alguna de las múltiples facetas que presenta el problema. Podemos señalar algunos de los más relevantes en el caso de la psicología clínica y la psiquiatría.

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Un Caso Real: Una Mujer Golpeada

Mujtar Mai es un mujer analfabeta, perteneciente a una familia muy humilde de Pakistán. Había sido casada por arreglo cuando tenía 18 años, pero no resultó.

Decidió alejarse de su marido, al que nunca amó, y con el apoyo de su familia logró el talaq, ósea el divorcio, y a pesar que una mujer en esa situación es mal vista en esa cultura, ella enfrentó los prejuicios y salió adelante.

Fue recibida nuevamente en la casa de su familia, donde trabajó sin cesar en las plantaciones de caña y trigales, ganando míseros ingresos, que sumó a los conseguidos haciendo bordados y enseñando el Corán a los niños.

Allí vivían en condiciones lamentables, sin agua, sin electricidad, y menos aun comunicación.

En 2002 su hermano Abdul Shakoor de 12 años fue visto en publico en compañía de una joven del clan mastoi, y fue acusado de violarla, deshonrando a la familia quien pedía justicia. Mujtar tenía por aquella época 28 años y fue encargada de apaciguar los ánimos de la poderosa familia. Ella fue acompañada de su padre y su tía hasta los caseríos de los vecinos agraviados.

De rodillas frente al grupo de hombres mastoi , recitó un verso del Corán, pidió compasión por su hermano, y perdón por los hechos, pero fue desoída, sus acompañantes maniatados y ella bajo presión de las armas, fue arrastrada de los cabellos hasta un establo, donde fue maltratada y violada por los iracundos hombres.

Mujtar se sentía ultrajada y deshonrada, no encontraba consuelo, y vivía en el dolor sufriendo en cada minuto del día. No comía, ni bebía, solo quería morir… un día tomó la decisión y bebió insecticida, pero su madre logró salvarla y de rodilla le suplicó que no trate mas de suicidarse.

Mutjar comenzó a reflexionar sobre lo ocurrido, y con el apoyo del mulá Razzaq decidió contárselo a la policía, y enfrentar hasta las últimas consecuencias a esta familia de una casta poderosa, y pensó: «Que se maten ellos, no les daré la satisfacción de hacerlo yo misma».

Luego de la denuncia comenzó un revuelo loca, mas tarde regional y tomó nivel nacional. Las fotos publicas con sus ojos negros, dejaban translucir todo el dolor que había invadido su mente y corazón. Aparecieron los diarios y revistas de todo el mundo, los pakistaníes defensores de los derechos humanos se hicieron eco de la situación y marcharon pidiendo justicia por la muchacha agredida.

De pronto Mutjar se convirtió en el ícono de la lucha de la mujer por sus derechos, se transformó en una heroína y el gobierno decidió apoyarla vigilando su humilde vivienda las 24 hs. y tratando de indemnizarla con un cheque, que no podía leer, por un valor aproximado de 8.000 U$s, suma que su familia no podría lograr trabajando durante toda la vida.

Ella lo rechazó, y solo pidió poder ir a la escuela para instruirse y que se haga justicia con esos feroces mastoi. Mas tarde solo aceptó el cheque con la condición de construir una escuela para la niñas de la zona, pues era conciente que solo la educación podría sacarlas de ese infierno.

Poco tiempo después los abusadores fueron conducidos al tribunal, y ella frente a los 14 mastoi esposado contó con detalles como había sido violada. El veredicto final, se declaró culpable a 6 y condenados a muerte, el resto fue liberado.

Mutjar logró su objetivo y también su escuela.

HOY MEERWALA ES HOGAR DE UNAS 5.000 PERSONAS y tiene una extensión de 130 kilómetros cuadrados. Las encaladas casas de adobe resplandecen bajo el sol de mediodía. Los trigales tienen un color entre dorado y cobrizo, y las palmeras de dátiles se yerguen altivas en el calor del verano.

Detrás de verjas negras de hierro se levanta un recinto con muros de 1,80 metro de altura. Es la casa, escuela y centro de ayuda para mujeres violadas de Mujtar Mai. En una de las seis pequeñas aulas de la planta baja, las niñas recitan el alfabeto inglés, mientras que en otra una maestra enseña ciencias usando un libro de texto en lengua urdu.

Un cartel en la pared muestra a dos niñas paquistaníes con la siguiente leyenda: «¿Por qué no nos mandan a la escuela? Piénsenlo. También será bueno para ustedes». Una cuadrilla de albañiles construye nuevas aulas que pronto formarán una escuela secundaria.

En una oficina en la planta alta, Mujtar, vestida con chal y pantalones amarillos y sandalias blancas con ñores, escucha con atención a Nasreen Bibi, una mujer del Punjab, quien le explica entre sollozos cómo unos vecinos violaron y mataron a su hija, Quasar, de siete años.

—Salió a comprar golosinas —dice con los ojos llenos de lágrimas, y Mujtar le toma con suavidad la delgada mano—. No volví a verla con vida.

En tono suplicante le pide ayuda a Mujtar para asegurarse de que los asesinos sean llevados a juicio. Hace una pausa, sin soltar la mano de Mujtar, y entonces su hermano, Jam, prosigue con el relato:

—Antes de que enterraran el cuerpo de la niña le echaron ácido en la cara, para desfigurarla y hacerla difícil de reconocer.

Varios días después la familia encontró el cadáver de Quasar, enterrado en una fosa poco profunda.
—Tenía el rostro quemado por el ácido, así que ni siquiera muerta me dejaron ver la cara de mi hija —añade Nasreen, cubriendo las manos de Mujtar con las suyas, como si rezara—. Por favor, ayúdeme.

Mujtar le pide a un asistente que proporcione a la mujer y a su hermano los datos de un abogado a quien recurren para que asesore a las personas en estos casos. Ella misma llamará a la policía para ver si están dando seguimiento al asesinato. La desconsolada madre le da las gracias.

—No tenemos a nadie más —le dice.

En promedio, cada día cinco víctimas acuden al centro de ayuda en busca de apoyo. Mujtar no rechaza a nadie.
Hoy recibe también a otra mujer cuyo esposo la golpeó y echó de su casa a patadas. No tenía a dónde ir, más que al centro de Mujtar. Tres víctimas de violación, todas con verdadero pavor de que sus esposos las maten si vuelven a casa, viven hace tres meses en el centro con sus hijos.

Todo esto afecta mucho a Mujtar. Al conocer la historia de Nasima Labano, joven de 16 años que fue violada por ocho hombres en la vecina provincia de Sindh, casi sufrió un colapso. El caso tenía un escalofriante parecido con el suyo. Ofreció refugio a la muchacha y ayuda con los gastos legales y médicos.

Mujtar nunca alza la voz y rara vez mira a los ojos a un desconocido. Aunque ha viajado mucho y obtenido reconocimiento internacional, es extremadamente tímida y prefiere que otros hablen por ella. Pero hay elegancia, incluso gracia, en su sencillez. Su afabilidad inspira respeto. (Fuente Consultada: Revista Selecciones Mayo de 2008)

Trabajo Enviado por Alumnos de 4° Año Escuela Estrada N° 345 Santa Fe
Fuente Consultada: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico Jorge Corsi (compilador)

Ampliar sobre el libro: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico

Historia de la Violacion de los Derechos Humanos Represión y Tortura

HISTORIA DE LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS

a-Terrorismo
b-Subversión
c-Represión
d-Tortura

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

«Se entiende por derecho, el conjunto de leyes, preceptos y reglas a que están
sometidos los hombres en su vida social.»

Para entender de que manera interviene lo que llamamos derecho en nuestra vida cotidiana, es importante recurrir a ejemplos sencillos y cotidianos de fácil comprensión, extraídos de diferentes situaciones que, aunque tienen trascendencia jurídica, casi nunca reparamos en ellas: subir a un autobús, tomar localidades para una sesión de cine, comprar el periódico. Ante tales actos, podemos exigir que el autobús nos transporte a un lugar determinado, o que se nos deje entrar en la sala de proyecciones para ver el espectáculo. Adquirimos la propiedad del periódico y perdemos la del dinero que hemos pagado por el.

En otros casos, el alcance jurídico de los hechos es aun mas claro: nos quitan la cartera y acudimos a la comisaría de policía para que se inicie una actividad dirigida a descubrir al culpable y se le imponga la pena correspondiente; compramos un apartamento a plazos sabiendo que contraemos una deuda, y que si no cumplimos con ella seremos demandados ante los tribunales; nos ponen una multa por no habernos detenido ante un semáforo en rojo…

Si de estos ejemplos o de otros muchos queremos deducir cual es su significado jurídico, no será difícil llegar a la siguiente consecuencia: en todos los casos expuestos podemos exigir de otros una conducta determinada, u otros nos la pueden exigir a nosotros.

Pero para que esto sea posible, es preciso que exista un conjunto de normas o reglas establecidas en virtud de las cuales surja la posibilidad de reclamar o de quedar sujetos a una reclamación. Si un individuo puede exigir que se le entregue el periódico a cambio de su precio, es porque hay una regla o conjunto de reglas que así lo disponen, como también preceptúan que el vendedor pueda exigir el pago de la mercancía.

La existencia de una regla o norma preestablecida es lo que da soporte jurídico, a todos los hechos y, de este modo nos pone en contacto con el derecho.

Al ser un mecanismo que sirve para imponer y, al mismo tiempo, garantizar un orden social, es necesario que sea un poder humano el que haga cumplir unas determinadas normas de conducta.

Este poder lo representa el Estado. El Estado no sólo crea el derecho, sino que lo aplica y lo impone por la fuerza si ello fuere necesario, ya que está investido de un poder sancionador.

No obstante, lo que hoy entendemos como derecho positivo, surgió mucho antes de que apareciera la noción moderna de Estado, ya que la coacción, sin la cual no existiría regla de derecho, puede ser obra de una colectividad (familia, tribu) o de un individuo más fuerte que otros (el padre respecto a los hijos; en la antigüedad, el amo respecto a los esclavos). También las prescripciones religiosas convertidas en imperativas por el temor de un castigo divino, tendrían de facto un carácter jurídico.

Cabe decir también que el derecho está en perpetua evolución, ya que es la expresión de una relación de fuerzas en un momento dado. Entre las fuerzas creadoras del derecho se encuentran los intereses materiales o económicos, los principios religiosos y morales, las distintas ideologías, la tradición, los hábitos, las influencias exteriores e, incluso, los sentimientos (odio, miedo, venganza, fraternidad).

La actual evolución de las ideas de libertad y su práctica nos permite afirmar que un estado participa de la tradición occidental y cristiana cuando en él hay sumo respeto por las libertades y derechos humanos, tal como, por ejemplo, surgen de ese maravilloso catálogo aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 1948 («Declaración Universal de los Derechos Humanos»).

Cuando el gobierno nacido de la voluntad de un pueblo sano y responsable, es celoso guardián del bien común por encima de las ambiciones y apetitos particulares.

Cuando los bienes que crea el trabajo común se reparten en forma tal que no haya graves injusticias, como sería la situación de los que no pueden satisfacerlas necesidades básicas, exigidas por la dignidad humana.
La negación de esta tradición occidental y cristiana, e! sometimiento de la. persona humana al capricho de un sistema político que hace del hombre «una cosa», un mecanismo de la gran máquina estatal, es característica de los países totalitarios. Ampliaremos ideas sobre ellos, en el punto siguiente.

Cuando el estado no vela por los derechos humanos: el estado totalitario

La palabra totalitario aplicada a un gobierno se ha usado modernamente como opuesta a democrático. Después de la Primera Guerra Mundial se empleó para designar a los sistemas de gobierno de Rusia Soviética (comunismo), de Italia (fascismo) y de Alemania (nazismo). Actualmente se aplica a aquellos países donde las libertades fundamentales del hombre son, ya sea teórica o prácticamente, negadas por el gobierno del estado.

Etimológicamente, totalitarismo proviene de total; ello se explica porque en los países donde impera, el gobierno y sus organismos lo son todo y frente a ellos la persona queda como absorbida, como reducida a un diminuto engranaje.

A veces, se ha distinguido entre totalitarismos de derecha (fascismo, nazismo) y totalitarismos de izquierda (comunismo). En los primeros se han respetado algunos derechos, tales como el de propiedad privada, y se han exaltado los valores patrióticos y nacionales.

Todo totalitarismo es condenable porque su error de raíz consiste en el menosprecio de la persona y el endiosamiento del estado. Por otro lado, los medios que emplean para mantenerse en el poder, el aparato policíaco de que se valen, no difieren fundamentalmente.

Características de los estados totalitarios

• La dictadura, es decir, concentración de todo el poder en manos de una sola persona.

• El desprecio por el sistema democrático y sus instituciones.

• La organización política teniendo como base un solo partido, el oficial; este es e! único partido reconocido legalmente; todos los demás son ilegales.

• El partido gobernante está dirigido por una minoría.

• Existe una policía secreta que controla a los opositores políticos y vigila la ejecución de la política del gobierno.

• Hay un severo control de la vida nacional en todos los aspectos: industria, comercio, vida sindical, enseñanza, iglesia, etc.

•  La propaganda estatal se efectúa por medio de la radio, el cine, la prensa y demás medios de expresión.

• La enseñanza, en todos sus niveles, está controlada por el estado y la misma sirve de medio de adoctrinamiento y propaganda política.

Violación de los Derechos Humanos: Terrorismo, Subversión, Represión y Tortura

Los actos de TERRORISMO cometidos por particulares o por bandas organizadas persiguen un determinado fin político: subvertir el orden legal con el propósito de adueñarse del poder e imponer al país su ideología. A este accionar delictivo, se lo conoce corfíel nombre de SUBVERSIÓN TERRORISTA puesto que utiliza el terror como camino para cambiar el orden institucional. Producida esta situación tan grave, y atendiendo a la búsqueda del Bien Común, corresponde la intervención del Estado que, en uso del Poder Público del que está investido, debe defender a la sociedad de tamaños delitos, y complementariamente, sancionar a los responsables.

Al ejercicio de este deber se lo denomina REPRESIÓN, la que generalmente está a cargo de las fuerzas policiales, y en circunstancias especiales, de las Fuerzas Armadas. La principal característica que debe ofrecer la acción represiva del Estado contra la delincuencia es que debe ceñirse estrictamente a las normas legales y ejecutarse en el marco de las leyes.

En caso de que esta represión se extralimite y cometa excesos de magnitud, el Estado estaría incurriendo en deiitos similares a los que pretende reprimir, cayendo así en la REPRESIÓN TERRORISTA para combatir la subversión.

Cabe colegir que el terrorismo puede ser utilizado por los sectores antagónicos: la Subversión, dispuesta a imponer su ideología, y las Fuerzas Públicas, decididas a impedirlo. En ambos casos, la víctima es la misma: los Derechos Humanos.

LA SUBVERSIÓN: El fenómeno subversivo, aunque de muy antigua data, ha proliferado en las últimas décadas, y puede decirse que son contados los países que no lo han padecido. Aún en nuestros días, vastas regiones de nuestro continente sufren este flagelo.

Numerosas son las causas que lo producen y de ellas se destacan las dos siguientes:

• Ante todo, es innegable que la subversión está inspirada —sino abiertamente dirigida— por el marxismo internacional que pretende la expansión de su ideología sobre todos los países a cualquier costo.

• Otra causa, de índole interna, puede ser ia disconformidad y un cierto grado de frustración, experimentados por vastos sectores de la población a causa de sus carencias socioeconómicas. La imposibilidad del gobierno de satisfacer estas expectativas en forma inmediata, es aprovechada por la subversión para justificar sus acciones.

LA REPRESIÓN: Ya se ha adelantado-que la represión de los delitos es tarea propia del Estado, a la que está obligado por ser uno de sus deberes más importantes. Según el diccionario, reprimir es sinónimo de contener, refrenar, moderar… vocablos que las leyes y códigos utilizan indistintamente en la formulación de las normas penales: «será reprimido con tal pena… aquel que cometiere tal delito…» La represión de los delitos, es así un DEBER de las instituciones que ejercen el Poder Público.

La represión a cargo del Estado, posee, entre otras, dos características fundamentales:

• Debe ser LEGAL: ejercida por quien tiene derecho a hacerlo, fundada en la ley y de acuerdo con órdenes emanadas del superior legítimo.
• Debe ser JUSTA: ejercida conforme a derecho. Todos los códigos del mundo establecen las condiciones en que puede procederse a la detención de personas, su sometimiento a proceso y la aplicación de las penas que corresponde.

La represión que no respete estos carriles se convierte en Abuso de Autoridad, delito que a su vez, está también reprimido por las leyes. En particular, la represión que con pretexto de eficacia se propasara tanto que utilizara el terror en forma sistemática, sería absolutamente censurable. Cometer delitos para castigar a los delincuentes es una de las más aberrantes formas en que se pueden vulnerar los Derechos Humanos.

No se trata de proteger a los subversivos, sino de aplicarles todo el peso de la ley, respetando sus derechos, aunque ellos no lo hayan hecho con sus víctimas. En caso contrario, la legalidad y la delincuencia estarían en un mismo nivel, lo cual constituiría una monstruosidad jurídica.

Lamentablemente, ello ocurrió en nuestro país, cuando se pretendió combatir a la subversión utilizando sus mismos métodos, superados en muchos casos. Taíes hechos integran, sin duda alguna, uno de los más nefastos capítulos de nuestra historia. Actualmente, con la recuperación de la Democracia, se ha reimplantado en el país el «estado de derecho» uno de cuyos logros más positivos, ha sido poner en manos de la justicia las denuncias sobre tales excesos: a ella corresponderá el veredicto definitivo, diferenciando la justa represión de la represión terrorista.

LA TORTURA: El empleo de la tortura para castigar delitos, para forzar declaraciones o para imponer creencias, ha sido siempre un motivo de vergüenza para la humanidad. En épocas no muy lejanas, los tribunales de justicia admitían la aplicación de tormentos como recurso habitual para indagar la verdad, sometiendo a los presuntos culpables a las más aberrantes formas de tortura.

Modernamente, tales procedimientos han desaparecido de todas las legislaciones del mundo. Sin embargo, en no pocos países, sobre todo en aquéllos con regímenes dictatoriales, aún se recurre a la tortura como sistema de castigo o como método de investigación por supuestos delitos, sobre todo, con connotaciones políticas. El hecho de que tales procedimientos sean realizados o permitidos por los gobiernos, a los que se supone defensores de la legalidad y la justicia, torna más paradógico tal proceder.

Desde su creación, las Naciones Unidas han realizado constantes esfuerzos para combatir este flagelo inadmisible en nuestra civilización moderna. Luego de siete años de estudios, en diciembre de 1984, la Asamblea General sancionó por unanimidad la Convención contra la tortura con el fin de que todos los Estados del mundo adopten las medidas necesarias y reformen sus legislaciones y sistemas penales, para «erradicar la tortura y los malos tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes».

Nuestro país se enorgullece de que nuestra primera Asamblea haya proscripto ya en 1813, los castigos corporales y ordenado la quema en público de los instrumentos de tortura. Además, en nuestra Constitución de 1853 figuran normas expresas en igual sentido. Sin embargo, estos principios tan elevados no se corresponden con hechos ocurridos posteriormente, y en modo particular, en las dos últimas décadas.

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La aceptación por nuestro país de la Convención de las Naciones Unidas y sobre todo, de aquí en más, su estricto cumplimiento, demostrará que tales episodios realmente han sido «hechos del pasado». Dada su singular importancia, extractamos los párrafos más significativos:

EXTRACTO DE LA CONVENCIÓN CONTRA LA TORTURA:

Se considera «tortura» a todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigar/a por un acto que baya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento.

Todo Estado tomará medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole para impedir los actos de tortura en todo el territorio que esté bajo su jurisdicción.

En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura. No podrá invocarse una orden de un funcionario superior o de una autoridad pública como justificación de la tortura.

Ningún Estado parte procederé a la expulsión, devolución o extracción de una persona a otro Estado cuando haya razones fundadas para creer que estaría en peligro de ser sometida a tortura.

Todo Estado parte velará porque todos los actos de tortura constituyan delitos conforme con su legislación penal. Lo mismo se aplicará toda tentativa de cometer tortura y a todo acto de cualquier persona que constituya complicidad, participación o encubrimiento de la tortura.

Los delitos a que se hace referencia, se considerarán incluidos entre los delitos que dan lugar a extradición en todo tratado de extradición celebrado entre los Estados partes.

Todo Estado parte velaré porque toda persona que alegue haber sido sometida a tortura en cualquier territorio bajo su jurisdicción tenga derecho a presentar una queja y a que su caso sea pronta e imparcialmente examinado por sus autoridades competentes, se tomarán medidas para asegurar que quien presente la queja y los testigos estén protegidos contra malos tratos o intimidación como consecuencia de la queja o del testimonio prestado.

Todo Estado parte velará por que su legislación garantice a la víctima de un acto de tortura la reparación y el derecho a una indemnización justa y adecuada, incluidos los medios para su rehabilitación lo más completa posible. En caso de muerte de la víctima como resultado de un acto de tortura, las personas a su cargo tendrán derecho a indemnización.

Todo Estado parte se asegurará de que ninguna declaración que demuestra que ha sido hecha como resultado de tortura pueda ser invocada como prueba en ningún procedimiento, salvo en contra de una persona acusada de tortura como prueba de que se ha formulado la declaración.

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La violación de los derechos humanos en América Latina:

La violación de los derechos humanos no es un fenómeno reciente en América Latina, pero los niveles alcanzados a partir de la década de los setenta, de mano de las dictaduras militares, no tienen equivalentes en su historia, si se exceptúa el proceso de conquista y colonización, durante los siglos XV y XVI.

Si bien la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la desnutrición, los bajos niveles de salud, la mortalidad infantil y el hambre, han estado presentes durante todo el siglo XX, estos problemas sociales alcanzaron niveles sin precedentes bajo los gobiernos dictatoriales de las últimas décadas.

Las dictaduras militares, y los grupos de poder económico que las impulsaron y las sostuvieron, llevaron adelante la transformación de las economías latinoamericanas apelando a la represión y a la violencia sobre la población. Esta represión consistió, fundamentalmente, en la detención, la desaparición el asesinato de los opositores a! gobierno, incluso de Por otra parte, se eliminó todo derecho a la la tortura se transformó en el método corriente para la obtención de información sobre la actividad de los opositores.

Por medio del terrorismo estatal se buscó generalizar el miedo entre la población. La amenaza y el uso permanente de la fuerza alcanzó a toda la sociedad: obreros, estudiantes, empresarios; jóvenes, adolescentes, ancianos, bebés y niños; deportistas, intelectuales y discapacitados. Todos se transformaron en posibles víctimas.

A pesar de las diferencias que presentaban, las dictaduras militares poseían una forma política común, caracterizada por la supresión de la mayor parte de los derechos civiles, políticos y sociales. Las Fuerzas Armadas se consideraron como la institución  que representaba los valores de la nacionalidad y que tenía la misión de «curar» a la sociedad de los males que la, afectaban. Se disolvieron los partidos políticos, o se suspendió su actividad, y las Fuerzas Armadas controlaron todos los recursos de poder.

EL DISCURSO DE LOS DICTADORES: Uno de los aspectos más sorprendentes de las dictaduras militares que se desarrollaron en América Latina, lo constituye el hecho de que todas ellas se ejercieron elaborando un discurso en el cual se decía preparar las condiciones para el ejercicio de la «verdadera democracia», aun cuando para ello se debieran anular algunas o todas las premisas de la misma. Los dictadores accedían al poder diciendo proteger la democracia, amenazada por la crisis económica y las protestas sociales. En nombre de la democracia, los gobiernos dictatoriales violaban todos sus principios, despreciaban la voluntad de las mayorías y anulaban o reemplazaban las Constituciones. En la mayoría de los casos, cuando la Constitución lo permitía, los dictadores se hacían reelegir regularmente, mediante el fraude o la represión de los opositores; en caso contrario, anulaban la Constitución o designaban a algún testaferro.

Los desaparecidos constituyen una de las más pesadas herencias dejadas por la dictadura militar, tanto en Argentina como en otros países de América Latina. A diferencia de lo ocurrido con los detenidos y encarcelados, la mayoría de los secuestrados eran encerrados en centros clandestinos de detención, de los cuales se los trasladaba para ser asesinados. A partir de su secuestro, los familiares que comenzaban a solicitar informes a las autoridades, creyéndolos prisioneros en alguna cárcel del país, encontraban que los miembros de las Fuerzas Armadas siempre negaban tener conocimiento de estas personas y de lo que les había ocurrido. El drama de los desaparecidos es aún hoy una herida abierta en las sociedades que lo padecieron y que sólo puede cerrar la justicia.

Terrorismo estatal
Se denomina de este modo a las acciones represivas llevadas a cabo por grupos de militares y civiles que conformaban las dictaduras militares de América latina, consistentes en el secuestro, la desaparición, la tortura y el asesinato de hombres, mujeres y niños, con el propósito de atemorizar y evitar cualquier tipo de disconformidad o descontento frente a las políticas económicas llevadas adelante desde el gobierno.

Fuente Consultada:
Formación Cívica  2° Año Escuelas de Comercio
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – Océano

Garantías Constitucionales Cuando Somos Detenidos