Virreinato de Liniers

Historia Virreinato del Peru Organizacion, Cultura y Comercio

Historia Virreinato del Peru Organizacion Política, Cultura y Comercio

EL VIRREINATO DEL PERÚ
Organización y área jurisdiccional.

Desmembramiento del Virreinato.— El Virreinato del Perú fue la segunda organización de esta índole creada en América.

Data del año 1543 y se implantó para facilitar el cumplimiento de las Nuevas Leyes u ordenanzas de 1542 dictadas para mejorar la situación de los indios.

El primer virrey fue Blasco Núñez de Vela, cuya intemperancia provocó graves acontecimientos: la tercera guerra civil del Perú acaudillada por Gonzalo Pizarro (1544), la muerte del Virrey después de la batalla de Añaquito (1546) y la pacificación del territorio por el licenciado La Gasea (1546-48).

Tras un breve interinato de la Real Audiencia, asumió el mando el Virrey don Antonio de Mendoza, el mismo que había iniciado el período virreinal en México.

La jurisdicción del Virreinato se extendía, en su origen, a todas las colonias españolas de la América del Sur, excepción hecha de Venezuela; abarcaba, por consiguiente, las actuales repúblicas de Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay y parte del Brasil.

mapa del virreinato del peru inicial con 7 audiencias
Entidad político-administrativa establecida por España en 1542, durante su periodo colonial de dominio americano, que, en su máxima extensión, incluyó los actuales territorios de Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú, así como los de Chile y Argentina, pero que, a lo largo del siglo XVIII, y hasta la independencia de esas zonas respecto del poder español, apenas comprendía poco más de lo que hoy en día es Perú..

En el siglo XVIII se inició su desmembramiento: Nueva Granada (1717 y 1739) y el Río de la Plata (1776) fueron erigidos en Virreinatos; Chile (1778) en Capitanía General.

Su área jurisdiccional quedó limitada, por consiguiente, durante los últimos años de la dominación española, al territorio del Perú actual.

No obstante ello, tenía dos Audiencias: una en Lima (1542) ; la otra en el Cuzco (1787).

La capital del Virreinato era la ciudad de Lima, fundada por Francisco Pizarro, con el nombre de Ciudad de Los Reyes el 8 de enero de 1535, a orillas del río Rimac, cuyo nombre, transformado en Lima, sirvió para designarla.

En 1778 el Virreinato quedó dividido en ocho intendencias y dos provincias.

Gobierno de los Virreyes. Opulencia de Lima. — Cuarenta y dos virreyes actuaron en el Perú desde la creación del Virreinato hasta su extinción definitiva en 1824, como consecuencia de la batalla de Ayacucho que consolidó la independencia’ sudamericana.

Entre ellos hubo algunos gobernantes dignos de ser destacados.

En el siglo XVI, don Francisco de Toledo (1569-81) ejerció el gobierno durante doce años, mejoró la condición de los indios, organizó la administración, sancionó las Ordenanzas a las cuales debía ajustarse el funcionamiento de los Cabildos, aprisionó al primer Tupac Amarú, destruyó su corte de Vilcabamba y lo hizo morir en el patíbulo so pretexto de que intentaba un levantamiento. Toledo fue el verdadero organizador del Perú colonial.

En el siglo XVII el marqués de Montesclaros, D. Juan de Mendoza y Luna (1607 – 15) fue uno de los virreyes que se consagraron con mayor ahinco al progreso de la colonia y dejó en ella un recuerdo perdurable de su actuación: impulsó el comercio, protegió a los artesanos, realizó obras públicas y dedicó su atención a los indios, especialmente a los yanaconas a quienes liberó de la servidumbre.

Su sucesor el príncipe de Esquiladle (1615 -21) reveló análoga preocupación.

En el siglo XVIII, don José Antonio Manso de Velasco (1745-61) se mantuvo durante 16 años al frente del gobierno y tuvo oportunidad de revelar la entereza de su carácter con motivo del terremoto de 1746 que destruyó la ciudad de Lima: de 12.204 casas que tenía, solamente 25 quedaron en pie.

El Virrey hizo reconstruir la ciudad; fue, pues, su segundo fundador. Don Agustín de Jáuregui (1780 – 84) debió sofocar la sublevación del segundo Tupac Amarú.

Bajo el gobierno de su sucesor don Teodoro de Croix (1784 – 90) se dividió el territorio en Intendencias, se creó la Audiencia del Cuzco, se mejoró el puerto del Callao, progresaron las condiciones higiénicas de Lima, etc.

Veintiséis de los virreyes peruanos ostentaban títulos de nobleza o los recibieron posteriormente.

Trece marqueses, diez condes, dos príncipes y un duque, que figuran entre ellos, revelan la importancia del Virreinato y contribuyeron a dar un marcado carácter aristocrático a la sociedad peruana, que apreció la importancia social de los títulos nobiliarios y convirtió a la ciudad de Lima en el «centro político social de la América del Sur».

Allí residían las altas autoridades coloniales: el Virrey, la Real Audiencia, el Arzobispado, de quien dependían cinco Obispos, la Inquisición, el Consulado, etc.

Una aparatosa corte virreinal, formada por funcionarios, comerciantes y familias pudientes, remedaba con su boato y fastuosidad la vida palaciega de Madrid.

Lima contaba con buenas viviendas, palacios lujosos y magníficos templos.

La edificación era monumental. Lo mismo ocurría en el Cuzco, la capital tradicional del Tahuantinsuyu, que allí ofrece la particularidad de que muchos templos y viviendas, fueron levantados sobre murallas de construcción indígena, de tal manera que puede diferenciarse el Cuzco colonial, de adobe y tejas, del Cuzco incásico de piedra.

Dos civilizaciones y dos épocas, aparecen superpuestas en esta ciudad, que el 25º Congreso de Americanistas reunido hace algunos años en Montevideo, declaró la capital arqueológica de América del Sur.

La cultura. — Las Universidades de Lima (1551) y Cuzco (1692) eran los centros más importantes de la cultura peruana.

Pero en cierto momento de su existencia, el Perú llegó a tener también dentro de sus límites las de Bogotá, Córdoba, Charcas y Santiago de Chile.

La imprenta comenzó a’ funcionar en el siglo XVI (1584) y durante la primera mitad del siglo XVIII apareció el primer periódico (La Gaceta de Lima, en 1744) ; en las postrimerías del mismo se publicaron el Diario erudito, económico y comercial de Lima (1790) y meses después el Mercurio peruano de historia, literatura y noticias públicas (1791).

En materia artística el Perú acusa notables progresos en arquitectura, pero los estilos europeos de la época sintieron los efectos de las influencias locales con más intensidad que en México, donde conservaron una mayor pureza.

Dentro del territorio peruano, la influencia indígena se manifestó con más intensidad en la región serrana y en el altiplano, que en el resto del país.

La escultura fue el arte que menos importancia tuvo en el Perú: no contó, en efecto, con el apoyo de la tradición indígena, pues el pueblo incásico no alcanzó los progresos de la escultura y de la cerámica preincaica.

En cambio, la pintura tuvo manifestaciones importantes, sobre todo en el Cuzco, donde hubo uno de los centros artísticos más importantes de América, que llegó a proveer de esculturas, pinturas y orfebrería a todas las iglesias del Virreinato.

Allí funcionó en efecto, desde el siglo XVII una Escuela de Bellas Artes.

La pintura cuzqueña rivalizó con la quiteña de la época en el género religioso y en el retrato. La orfebrería floreció también en el Perú, principalmente en el Cuzco, lo mismo que la talla en madera que realizó notables progresos.

El comercio. — Antes de que comenzara el desmembramiento del Virreinato, el Perú contaba Con uno de los puertos de destino de las flotas.

Portobelo quedaba, en efecto, dentro de su jurisdicción y apenas llegaban a Cartagena las naves que la componían, se pasaba la correspondiente comunicación a las autoridades de Panamá que, a su vez, despachaban un navio de aviso al Virrey del Perú.

En esta forma, los comerciantes peruanos se informaban de la llegada de la Flota de Tierra Firme y enviaban a Panamá la Armada del Mar del Sur, que conducía la plata y mercaderías coloniales y a la cual se agregaba en el puerto de Payta, el navio del oro que conducían metal procedente de la presidencia de Quito.

De Panamá las mercaderías pasaban por tierra a Portobelo.

El Perú era, pues, el principal centro comercial de América del Sur y sus comerciantes proveían al Alto Perú, Chile, El Tucumán, Paraguay y Río de la Plata.

De aquí el interés que tenían de evitar la competencia del Puerto de Buenos Aires y las medidas adoptadas desde el siglo XVII y a su requerimiento para evitar el contrabando o reducir sus efectos: la fundación de la Aduana Seca de Córdoba (1622) y de la primera Audiencia porteña (1661-71).

Por igual motivo combatieron en el siglo siguiente, aunque sin resultado, la creación definitiva del Virreinato del Río de la Plata.

El comercio peruano creó también vinculaciones con otras colonias: el puerto del Callao mantenía, al igual de los de Panamá y Guayaquil, relaciones comerciales con el de Acapulco, convertido en centro del comercio americano con Asia que se realizaba por intermedio de la Urca de Manila o Nao de la China.

El Reglamento del Comercio Libre habilitó los puertos peruanos de Arica y Callao, y posteriormente lo fue el de Trujillo.

Las producciones. — Desde los principios de la conquista, la principal riqueza peruana fueron los metales preciosos.

Las minas de plata de Potosí, descubiertas en 1544 eran de una riqueza extraordinaria pero la forma deficiente como fueron explotadas redujo su producción en el siglo XVIII.

Para su obtención se empleaba el azogue, procedente de las minas de Huancavélica, y que fue declarado monopolio de la Corona, en tanto que la explotación de la plata’ era una empresa particular.

El laboreo de las minas de Potosí se realizaba por medio de la mita en la cual participaban, como ya hemos visto, ciento treinta y nueve pueblos indígenas.

La Villa Imperial de Potosí, fundada en 1545, era una de las ciudades más suntuosas del Perú, hasta la creación del Virreinato,del Río de la Plata: contaba con 30 templos, 10 conventos, numerosas casas particulares, algunas de ellas verdaderos palacios, y edificios públicos de importancia, tales como el Cabildo y la famosa Casa de Moneda.

Pero el Perú producía también otras riquezas: la quina, cuyas virtudes medicinales la hacían indispensable para combatir las fiebres; el algodón, cáñamo, lino, lanas, cacao, etc.

La industria era un tanto rudimentaria, pero se fabricaban paños
y telas de algodón y arreos de cuero en el Cuzco; vidrio en lea; cueros estampados y dorados en Huamanga. Se fabricaba también azúcar, aguardientes, etc.

En suma, el Perú fue la colonia más rica de la América del Sur y, como consecuencia, la más culta. Era también el centro del poderío español.

Por eso el General San Martín entendió que mientras el Perú no fuese dominado, peligraba la independencia argentina y se decidió a tentar la empresa que el éxito coronó ampliamente.

Fuente Consultada:
Curso de Historia Colonial Americana Editorial Estrada – J.M. Saenz Valiente

La Ciencia en el Virreinato Rioplatense Primeros Cientificos

La Ciencia en el Virreinato del Rio de la Plata: Naturalistas, Botánicos, Astrónomos, Matemáticos y Médicos

El descubrimiento de América, con su inmenso caudal de innúmeras especies y géneros desconocidos en el viejo mundo, trajo aparejado un florecimiento inusitado en el campo de la botánica y en el de la zoología.

Ya Colón, de regreso de su primer viaje, llevó a España plantas y animales americanos que despertaron el interés de los monarcas y la curiosidad de los estudiosos europeos.

En 1530 se dictó una Real ordenanza con instrucciones sobre el estudio de la flora y de la fauna, y en 1772 se creó un museo dentro de la Biblioteca de Madrid para coleccionar el material remitido a la metrópoli, organizándose con este fin numerosas expediciones científica.

Es natural que ni los conquistadores ni los misioneros fueran verdaderos técnicos en esta especialidad, y si bien se refieren a la flora y la fauna, más bien lo hacen de paso y en el sentido de descripciones, mezclando muchas veces lo fabuloso con lo verídico, pero que, rectificaciones posteriores, permitieron ir precisando los conceptos científicos y ofrecernos al finalizar el siglo XVIII un panorama completo de Historia Natural Rioplatense.

PRIMEROS NATURALISTAS RIOPLATENSES. Los exploradores del Río de la Plata son los primeros en referirse a nuestra fauna y flora, si bien de pasada y sólo ligeramente.

Así, Diego García, en la Memoria de su navegación de 1526 dice de los indígenas que le ofrecieron «muchas provisiones que se llaman maíz, y harina de mandioca, y muchas calabazas»; que los indios mespenes «tenían arroz», y que en la isla de Flores vio «muchos lobos marinos».

También el gobernador don Diego Rodríguez Valdés hace mención de la caza de venados, cuando escribe que tuvo ocasión de ver «quen espacio de dos horas enredaron con las boleadoras once benados y se le fueron otros tantos casi de las manos».

Uno de los viajeros de la expedición de Sebastián Caboto, llamado Luis Ramírez, en una interesante carta escrita desde San Salvador y fechada en 1528 hace a menudo alusión a la fauna y flora regionales.

Habla de «los cardos del campo», de los ratones que se vieron constreñidos a comer, de que el «pescado desta tierra es mucho y muy bueno» y que «ay en ella muchas maneras de cazas, como benados, y lobos y raposos, y abetruzes y tigres», «muchas obejas salbajes de grandor de una muleta de un año y llevaban de peso dos quintales, tienen los pescuezos muy largos, a manera de gamellos».

En lo de «obejas salbajes» alude, sin duda, a las llamas. Remontando el río Paraná fueron de isla en isla «asta llegar a una ysla do abia tantas garzas que pudiéramos enchir los navios»; «y aconteció algunas personas andar a buscar biboras que las ay muchas y muy grandes y muy en ponzoñosas y matarlas y comerlas».

Y ya en las regiones chaqueñas, «recibíamos mucha fatiga en buscar la comida, por ellos, [los compañeros] aunque no se nos ponía delante temor de ninguna onza, ni tigre, ni de otra fiera ninguna de las cuales animalías toda esta tierra está muy poblada»; hablando de los indios correntinos añade: «nos truxeron mucho bastimento, ansi de abatí, calabazas, como rayzes de mandioca e patacas e panes hechos de arina de las rayzes de mandioca muy buenos».

De este modo, en esta documentada carta hace alusión de tanto en tanto a las diversas especies de animales y vegetales que poblaban estas ricas e ignotas regiones de Suramérica.

Cabe al bávaro Ulrico Schmidel, soldado de la expedición del Adelantado «Thon Pietro de Monthossa«, y que después residiera en las regiones rioplatenses veinte años, ser el primer europeo que se ocupara con detenimiento, en su relato Viaje al Río de la Plata, de nuestra fauna y floral.

Nos habla de peces raros vistos durante la travesía, como el remora-remora (Echeneis naucrates), que tiene en la cabeza una especie de chupón ovalado con que se adhiere a otros cuerpos.

Hallamos también en dicha obra las primeras referencias al ñandú, al que denomina en la edición alemana «abestraussen», y pondera las características y la utilidad de las llamas, que nombra como «ovejas de la tierra.

Igualmente describe a la boa acuática lampalagua (Eunetes murinus) como una «gran serpiente disforme, de 25 pies de largo, del grueso de un hombre, salpicada de negro y amarillo».

En lo que respecta a la flora, le debemos las primeras noticias sobre el maíz, la mandioca, la batata y el maní, al que se refiere diciendo que eran «raíces que se parecen a las avellanas».

Lo valioso de la publicación de Schmidel son las numerosas láminas que acompañan al texto, siendo de lamentar el fantaseo que se advierte en el anónimo artista que ilustró la celebrada obra.

BOTÁNICOS Y ZOÓLOGOS JESUÍTAS. — Desde su llegada a estas ignotas regiones, los jesuítas, tan insignes geógrafos como intrépidos exploradores, sintieron también gran inclinación por el estudio de la naturaleza.

Hombres de una cultura más que ordinaria, muchos de ellos dotados de conocimientos especiales afines a las ciencias naturales, debieron quedar deslumbrados en medio de esas selvas vírgenes tan llenas de misterios y de interrogantes, y acometieron la ímproba tarea de ir desentrañando su riquísima flora como su variadísima fauna.

Meros aficionados, en un principio no pudieron intentar la sistematización en sus estudios, limitándose a lo que ahora entendemos por descripciones científicas, vale decir, dando a conocer los ejemplares por sus propiedades naturales y exterioridades más sobresalientes.

Pero no olvidemos que estos «pioneros» amantes de la creación, no teniendo predecesores en este campo, no pudieron valerse de otros libros que del gran libro de la virgen naturaleza americana, que nadie antes que ellos había abierto, estudiado y escudriñado.

La larga lista de estos estudiosos en las regiones del Río de la Plata constituye, sin duda, una honrosa página en las anales de la cultura científica argentina.

Materialmente imposibilitados de sintetizar siquiera la obra de estos eximios naturalistas, nos contentaremos con enumerar a los más sobresalientes, y empezamos recordando al P. José de Acosta, autor de la Historia Natural y Moral de las Indias a quien cabe la gloria de haber divulgado cuanto se conocía en la flora y la fauna desde Méjico hasta Tucumán.

Hacia 1639 aparece la Conquista espiritual del P. AntonioRuiz Montota, en la que dedica todo el capítulo III a la zoología rio-platense y el IV al estudio de la yerba mate.

También el P. Pedro Lozano, en su tan mentado libro Chorographia del Gran Chaco Gualamba, dedica todo el capítulo IV a los árboles y plantas chaqueños y el V a los animales y serpientes, que tanto abundaban en esas enmarañadas selvas.

Por su parte, el Hermano Pedro Montenegro fue el autor del precioso códice de Botánica Médica, ilustrada con múltiples y valiosas láminas de plantas, yerbas, flores y frutos; es considerado como el primer tratado de materia médica rioplatense.

botanica dibujos
Dibujos de la Flora del Rio de la Plata del Padre Feuillée

Últimamente se ha publicado esta obra, pero sólo en cuanto a su texto, lo que, no cabe duda, es una lástima. Haciendo un paréntesis a la labor de los jesuítas, debemos recordar aquí al P. Luis Feuillée, religioso mínimo (Orden de San Francisco de Paula), astrónomo y botánico de prestigio, miembro de la Academia de Ciencias de París.

Llegado a Buenos Aires en 1708, y aunque las observaciones astronómicas le absorbieron la mayoría del tiempo, no dejó de recorrer nuestros campos estudiando su fauna, y muy especial mente su flora.

En su Histoire des Plantes e Histoire des Plantes Medicinales describe Feuillée más de un centenar de plantas de la flora argentino-chileno-peruana observadas personalmente por él.

araña
Dibujo de una araña de Termeyer

Volviendo a los jesuítas, mencionaremos al P. Martín Dobriz-Hoffer, autor de la magistral monografía De Abiponibus, cuyo capítulo XXX consagra al estudio detenido de las serpientes y el capítulo XXXI a los insectos, sin contar otros muchos datos dé interés científico con que están sembradas las páginas de este amenísimo libro.

La introducción del gusano de seda en el Río de la Plata lo debemos al P. Ramón M. de Termeyer, pudiendo considerarlo por tal motivo como fundador de nuestra industria sericícola.

Gran observador y coleccionados de arañas americanas, estudió el aprovechamiento de la seda arácnea en la fabricación de telas, con las que llegó a confeccionar medias y guantes, obsequiados a príncipes de Europa.

fauna rio de la plata
Búho, dibujo del Padre Feuillé Tero-Tero Dibujo del Padre Sánchez Labrador

En los diversos tratados que escribió nos habla de las excelencias del té paraguayo, de las propiedades de la lana de guanaco, de las anguilas eléctricas del río Salado y de varias monografías sobre insectos.

flora rio de la plata
Dibujos dela Padre Sánchez Labrador Sobre Plantas del Río de la Plata

El jesuíta inglés P. Tomás Falkner, «prediletto discepolo del gran Newton», además de ser el primer descubridor de restos fósiles en nuestro país escribió la celebrada Description of Patagonia, donde se ocupa de la zoología y la botánica de esta región, y otra rotulada Botanical, mineral and like observations on the producis of America («Observaciones botánicas, mineralógicas y otras sobre productos de América»).

No es, pues, exagerado el elogio de «eximio botánico» con que lo ponderan sus contemporáneos. Gran observador de la naturaleza fué el P. Florián Baucke, que pasó más de quince años entre los indios mocobíes de Santa Fe.

Vuelto a su país natal, Silesia, como consecuencia del extrañamiento de 1767, se dedicó a escribir una obra dedicada al suelo, flora y fauna de Santa Fe, titulada Hacia allá y para acá o Una estada entre los indios mocobíes (1749-1767). Completan el relato más de cien láminas y dibujos interesantes que representan las costumbres de los pobladores del litoral, así como peces, reptiles, aves y mamíferos de la región .

Por encima de todos estos naturalistas se yergue la figura del santiagueño P. Gaspar Juárez, autor de nuestra primera Historia Natural y fundador de un Jardín Botánico americano.

Enriqueció la botánica con una interesante obra en tres tomos: Observaciones fitológicas sobre las plantas rioplatenses, donde describe, clasifica con nomenclatura popular y científica y diseña cada una de las plantas y flores a que da cabida en su preciosa colección.

El único competidor del citado estudioso fué el proficuo investigador P. José Sánchez Labrador, cuyos veinte gruesos volúmenes de sus escritos constituyen toda una enciclopedia científica americana.

Dedica un volumen de 558 páginas al estudio de las tierras, aguas y aire de estas regiones; un segundo volumen de 500 páginas a la botánica, y un tercero de 794 páginas a la zoología (127 páginas sobre ornitología, 166 sobre animales cuadrúpedos y 373 sobre reptiles, anfibios e insectos).

Con la sobria enumeración de estos esclarecidos Hijos de San Ignacio, que no satisfechos con evangelizar a indios salvajes dedicaron sus ocios y sus forzados viajes a enriquecer nuestro acervo científico en el campo de la Historia Natural, queda fuera de razón el rótulo de «empírico» con que ha pretendido aminorarlos cierto escritor contemporáneo.

NATURALISTAS DEL ULTIMO PERIODO HISPÁNICO.
También entre el elemento civil se cuenta con apasionados estudiosos de las ciencias naturales, si bien no tan numerosos ni de tan raudo vuelo como en las órdenes religiosas.

En la segunda mitad del siglo XVIII descuella el aragonés Félix de Azara, venido como jefe de la Tercera Comisión Demarcadora de Límites, y desde su arribo en 1781 hasta 1801, luchando con no pocas dificultades, logra recorrer estos territorios en cumplimiento de varias comisiones del virrey.

Azara Félix
Félix de Azara
Autor de obras fundamentales
sobre la Historia Natural de las regiones rioplatenses.

Si bien la especialidad de Azara era la geodesia y la cartografía, su contacto continuo con la naturaleza y su agudo espíritu de observador hicieron de él un eminente zoólogo.

Valiéndose, sin duda, de las numerosas obras de los jesuítas recientemente extrañados del país y completando a estos investigadores con su labor personal, llegó a describir unas 450 especies de animales, de las cuales alrededor de 200 completamente desconocidas.

Vuelto a Europa, se relacionó con naturalistas franceses y dio a luz sus Obras zoológicas Apuntamientos para la Historial Natural de los cuadrúpedos del Paraguay y Rio de la Plata (1801) y Apuntamientos para lo Historia Natural de los páxaros del Paraguay y Río de la Plata (1802).

En la primera de estas dos obras describe unas cien especies de vertebrados y en la segunda unas cuatrocientas especies de pájaros.

En sus observaciones biológicas mezcla a veces transcripciones de Buffón con observaciones personales. Da a los animales sus nombres vulgares en español o guaraní, no empleando la nomenclatura binaria o linneana debido a su carácter de autodidacto.

También trata cuestiones relacionadas con la ciencia natural en su publicación postuma Descripción e historia del Paraguay y del Río de la Plata.

Junto a este ilustre zoólogo debemos mencionar a su compañero de labor en la Comisión de Límites don Diego de Alvear , que durante su actuación escribió, en colaboración con Juan F. Aguirre, cinco volúmenes del Diario de la segunda partida de demarcación de límites entre los dominios de España y Portugal en América Meridional, el cuarto volumen de los cuales trata sobre fauna, flora y gea, según clasificación de Linneo.

Ya hemos hablado de Tadeo Haenke en su carácter de geógrafo; agreguemos ahora que al radicarse en Cochabamba se dedicó a cuestiones científicas, colaborando asiduamente en el «Telégrafo Mercantil de Buenos Aires» y más tarde en el «Correo de Comercio».

Murió en 1817. Otro miembro de la expedición de Malaspina fué el naturalista Luis Née, francés, naturalizado español, que a su regreso a España enriqueció el Jardín Botánico de Madrid con un herbario de 10.000 ejemplares recogido a lo largo de su viaje: Montevideo, Buenos Aires, Puerto Deseado y las Malvinas.

Un tercer y último naturalista de la mencionada expedición científica fue Antonio de Pineda y Ramírez, colaborador de Félix Azara. Desplegó gran actividad en el Perú y sobre todo en las islas Filipinas, donde falleció en 1792.

Ya sobre los sucesos de Mayo debemos mencionar a don Martín José de Altolaguirre, notable en su época como cultivador de plantas exóticas en su quinta inmediata a la Recoleta, y cuyas experiencias agronómicas entregaba a Belgrano, secretario del Consulado.

Terminamos el estudio de este epígrafe haciendo una corta referencia al importante hallazgo del dominico argentino fray Manuel Torres, en las barrancas del río Lujan, de restos fósiles del megaterio argentino (Megatherium luxanense).

Previa reconstrucción del monstruo para ser dibujado por el ingeniero militar José Custodio de Sa y Faría, fue convenientemente embalado y remitido en siete cajones al Real Gabinete de España, hacia fines de 1787, exhibiéndose desde entonces en el museo dé Madrid.

El hallazgo de estos restos, tan ingentes como insólitos, despertó la curiosidad de los sabios europeos frente a animales fósiles de tan gran talla, y hasta el rey hispano, entusiasmado con esta maravilla zoológica y creyendo fuera un animal de la fauna actual, hizo pedir, por su ministro Porlier, al virrey Marqués de Loreto le mandase uno vivo, aunque fuese pequeño, aclarando que, en su defecto, «desecado y relleno de paja, organizándoio y reduciéndolo al natural, con todas las demás precauciones que sean oportunas, a fin de que llegue bien acondicionado».

LOS ESTUDIOS MATEMÁTICOS: Es un error creer que las ciencias exactas, tanto puras como aplicadas, no tuvieran sus cultores durante la época hispánica.

Naturalmente, no debemos enfocar ese pasado heroico con la visión del presente, sino que debemos situarnos en el terreno
real de los hechos y según los antecedentes acumulados hasta entonces por la ciencia y el saber humano.

Las matemáticas, como todas las ciencias, tuvieron su ritmo de progreso, que se acentuó, sobre todo, después de las luminosas directivas de Descartes, Pascal, Gassendi, Newton, Leibnitz y otros, que echaron por tierra las teorías astronómicas aristotélicas seguidas hasta entonces, y mal podría exigirse a los estudiosos americanos, en los siglos XVI y XVII, una cultura científica que ni siquiera en Europa existía.

No cabe duda que las matemáticas aplicadas tuvieron un halagüeño desarrollo en el antiguo Virreinato del Río de la Plata, como lo atestigua la presencia en estas tierras de hábiles arquitectos e ingenieros, geógrafos y cartógrafos, agrimensores, pilotos navales y hasta astrónomos de fama, oficios todos que presuponían un conocimiento profundo de las matemáticas.

Una prueba de este aserto es el gran número de obras de matemáticas en poder de particulares o en la biblioteca de la Universidad cordobesa, lo que pone de manifiesto, una vez más, que los hombres de la época colonial no estaban tan ayunos en las ciencias exactas como ordinariamente se supone.

Primeros matemáticos argentinos. — Con las primeras expediciones que llegaron a estas playas participaron expertos navegantes a quienes con alguna incorrección se les dio el nombre de «pilotos», cuando su misión no era la de dirigir la nave, sino la navegación.

Estos técnicos, formados en la Escuela de Pilotos de la Casa de Contratación de Sevilla, encargada de organizar las expediciones descubridoras y las empresas comerciales en los primeros lustros de la conquista, debían ser versados en la cosmografía y la astronomía, ya que de estas regiones no había cartas marinas y además contaban con un instrumental de observación rudimentario.

Matematico Cerviño
Pedro A. Cervino. Gran matemático español, vinculó su nombre con los comienzos de la cultura científica de Buenos Aires. Fué el primer director de la Academia Náutica fundada en 1799.

Desde los comienzos de la colonización se contó con geodestas, agrimensores y alarifes en quienes debemos suponer conocimientos más que suficientes en el campo de las ciencias exactas.

l arribo de los jesuítas al Río de la Plata señaló un repunte asombroso a las matemáticas, pues aportaron entre ellos no pocos eminentes estudiosos en este ramo del saber: el primer astrónomo de que tenemos noticias, P. Pedro Comental, conocido por «el matemático»; el célebre P. Nicolás Mascardi, discípulo predilecto del gran maestro Atanasio Kircher; el perito o matemático P. Felipe Lemer, techador de la iglesia de la Compañía en Córdoba, de quien hablamos en su oportunidad; el P. Buena ventura Suárez, a quien dedicaremos párrafo aparte, y, entre los civiles, los maestros de obras públicas: arquitectos José Bermúdez y Domingo Petrarca, y el coronel ingeniero Diego Cardoso.

A todos estos matemáticos nombrados debemos agregar aquellos que se dedicaron a la ciencia cartográfica, que si bien hoy, por lo general, se reduce a simples transcripciones, para aquellos hombres de fines de siglo XVI, siglo XVII y gran parte del XVIII les suponía no poder realizar su cometido sin un conocimiento nada vulgar de las matemáticas y de sus aplicaciones astronómicas.

En la primera mitad del siglo XVIII descolló con perfiles propios el P. José Quiroga, «maestro de matemáticas» al par que insigne astrónomo y atrevido explorador, que antes de ingresar en la vida religiosa había hecho la carrera en la Escuela Naval de España.

Fue comisionado por la Corte para fortificar las costas patagónicas contra posibles ataques de naciones extranjeras, trayendo consigo a América, en 1745, un sorprendente bagaje de instrumentos científicos, algunos destinados al astrónomo santafesino P. Suárez. Además se debe al P. Quiroga la erección de la cátedra de matemáticas en la Universidad de Córdoba, de la cual fué titular durante varios años.

Otros muchos meritísimos jesuítas contó la colonia, peritos en matemáticas y astronomía, cuyos nombres han pasado a la posteridad cultural argentina, pero que la índole de este texto nos impide desarrollar aquí.

Los estudios astronómicos del Padre Suárez. — El P. Buenaventura Suárez nació en la ciudad de Santa Fe en 1679. A los dieciséis años ingresó en la Compañía de Jesús, realizando sus estudios en el colegio de los jesuítas de su ciudad natal y en la Universidad de Córdoba.

No se trata, pues, de un sabio europeo, sino de un criollo y formado en ambiente científico criollo, lo cual no fué óbice para que sus estudios y observaciones llegaran a interesar a centros culturales de Europa y hasta a la exigente Universidad de Upsala (Suecia).

En la labor astronómica de este santafesino perdido en los pueblos de las Misiones debemos distinguir dos etapas: la que corre de 1706 a 1739 y la transcurrida desde 1739 a 1750. aue marca el fin de su vida después de alternar su labor de misionero con las ocupaciones científicas.

En la primera época sólo cuenta para sus observaciones con los instrumentos astronómicos construidos con ayuda de los indios; establece la longitud de la Reducción guaranítica de San Cosme y San Damián, de la que era misionero, siguiendo a los satélites de Júpiter, y compendia sus observaciones astronómicas de cinco años en su Lunario de un siglo, que llegó a contar varias ediciones; por «Lunario» se entendía en la época de Suárez lo que hoy día llamamos calendario o almanaque astronómico.

Este Lunario contenía tres clases de fenómenos: a) el áureo número, epacta, letra dominical, etc.; b) los eclipses de la Luna y del Sol; c) las fases de la Luna. Todo este trabajo supone en su autor conocimientos muy vastos y profundos de astronomía.

La fama adquirida por el astrónomo americano y la aceptación que tuvo su Lunario indujo a los superiores a procurarle medios más modernos de labor. Estos instrumentos para la instalación del nuevo Observatorio debieron adquirirse en Inglaterra, pues los comisionados no pudieron hallarlos en España, ya que allí no se preocupaban las gentes de esta clase de estudios y en Portugal no se encontraban «estas chucherías inglesas».

En julio de 1745 llegaron al puerto de Buenos Aires varios cajones conteniendo los pedidos instrumentos astronómicos. Ignoramos qué uso hizo Suárez de estos aparatos; sólo sabemos que levantó con ellos un moderno Observatorio y estuvo al frente del mismo hasta su deceso, ocurrido en 1750.

Si bien, por la época en que vivió, Suárez sólo pudo conocer en sus postrimerías las modernas ciencias matemáticas: el método de las coordenadas, debido a Descartes, y la creación del cálculo infinitesimal, obra de Newton y Leibnitz, es indudable que supo explorar con genio los viejos filones tan sabiamente aprovechados por Nepper, Briggs, Kepler y Galileo, y la fama que sus estudios astronómicos le granjearon en América, Europa y aún en el Asia, bastaría para considerar a este sabio santafesino como una alta gloria nacional.

Los reales matemáticos demarcadores de límites. — Entre los reales demarcadores llegados á mediados del siglo XVIII hallamos al comisionado lusitano José Custodio de Sa y Faría, egregio matemático, y a los jesuítas Bartolomé de Paniaguay y Martín Schmid, insignes astrónomos.

Pero lo que afectó mayormente la evolución de las matemáticas, puras y aplicadas, fué el selecto grupo de científicos que llegaron a Buenos Aires en 1783 en cumplimiento de lo dispuesto por el segundo tratado de Límites, firmado entre España y Portugal en San Ildefonso, el año 1777.

De esta embajada científica debemos destacar en el campo de las ciencias exactas: a Juan F. Aguirre, que se dedicó con apasionamiento a sus labores de geógrafo y astrónomo; a Diego de Alvear, conspicuo en las matemáticas; a José M. Cabrer, ingeniero militar, que prestó notables servicios en las Invasiones inglesas; a Bernardo Lecocq, que se granjeó una justa nombradla en ambas orillas del Plata por su ciencia y su experiencia de ingeniero geógrafo, y al ingeniero Pedro Cervino, colaborador de Azara en varias de sus empresas geográficas y cuyo nombre está vinculado a la fundación de nuestra primera Escuela Náutica.

También fué adjuntado a la segunda partida de demarcación de límites el piloto Andrés de Oyarvide, que se hallaba ya en Buenos Aires; sus numerosas y bien documentadas cartas geográficas y el relevamiento de la desembocadura del Río de la Plata ponec de manifiesto la pericia matemática de este egregio varón.

Mientras los regios comisionados fincaban mojones en las regiones en litigio, arribó al Río de la Plata la Expedición de Alejandro Malaspina, realizando una proficua labor de orden geográfico, marino y astronómico.

Además del capitán de navio Alejandro Malaspina, insigne matemático, debemos mencionar a don José Bustamante y Guerra, a cuyas órdenes estaba una de las corbetas; don Juan Gutiérrez de la Concha, designado para el relevamiento del golfo de San Jorge, y don José de la Peña y Zazueta, formador de marinos porteños.

Fuera de la enorme influencia que ejerció en el desarrollo de la cultura científica rioplatense esta legión de matemáticos que llegaron en los últimos lustros del siglo XVIII, cabe consignar la que dejaron muchos de ellos en la sociedad de aquellos tiempos al cimentar en estas tierras nuevas familias argentinas: Diego de Alvear, Francisco de Aguirre, José y Jacobo Várela y Ulloa, Martín Boneo, Juan Alsina y otros, en las cuales entroncaron tantos ilustres patricios argentinos.

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Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato

Historia de la Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato del Río de la Plata

Universidad de  Córdoba:
Córdoba no tuvo propiamente unaUniversidad,   sino un Colegio Máximo de la Compañía de Jesús,  con autorización real y pontificia para otorgar grados universitarios; es decir,   que aunque careció del titulo de Universidad,   actuó como tal en los hechos,  y como Universidad fue conocida hasta en documentos oficiales.  Por real cédula de 1o de diciembre de 1800 se acordó darle el carácter efectivo de verdadera Universidad Real,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat.

La erección se realizó el 11 de enero de 1808,  en cuya oportunidad se reunió el claustro,  ya secularizado,  en la antigua iglesia de la  Compañía -declarada hoy monumento nacional-,   presidida por el gobernador-intendente Juan Gutiérrez de la Concha,   quien nombró rector al deán,   doctor Gregorio Funes. La secularización de la Universidad cordobesa inició entonces su formal decadencia.

Es posible que en 1767,   al tener que hacerse cargo de los   institutos jesuíticos de  Córdoba,   su elenco de profesores no fuera excepcional,  pero en las postrimerías del siglo pudo presentar un grupo nada despreciable de hombres de valer, en buena parte hijos del país.

La filosofía que se estudió en el Río de la Plata durante el período hispano no fue ni exclusivamente peripatética, ni, en el buen sentido de la palabra, puramente escolástica. Y no lo podía ser -como muy bien dice Juan C. Zuretti-, porque en la segunda mitad del siglo XVII, si bien la escolástica se enseñaba de viva voz en los colegios y universidades hispánicas, había decaído tan notablemente que casi se había eclipsado por completo.

En el curso del siglo siguiente fueron muchos los filósofos que, reteniendo el fondo de la escolástica, trataron de concordarlo con las nuevas teorías científicas y filosóficas, labor en la que descollaron los jesuítas, pero que no rehuyeron los franciscanos. Las ideas renovadoras también penetraron en sus claustros.

Con la creación de la Facultad de Jurisprudencia,  en 1791,  la  Universidad había entrado en una nueva época,  pero de ahí a la secularización definitiva me diaron todavía algunos años,  y fue el resultado de una más vigorosa arremetida del clero alentado por la visible  inclinación de la  Corona.

La causa del clero fue tomada por el doctor Ambrosio Funes,   que como alcalde de primer voto,  logró interesar al Cabildo en la campaña.

Funes escribió en 1779 un Memorial en el que reclamaba la  intervención de la  Corona para contener la decadencia de la Universidad y desterrar los desórdenes  introducidos por los franciscanos al amparo del favoritismo y de la intriga.  Los cargos abarcaban todos los  órdenes de actividad,  desde la administración de las rentas,  de cuya malversación los franciscanos eran acusados, hasta la incapacidad docen tes de estos y el favoritismo que empleaban.  Todo ese desorden sólo podía ser contenido si la Universidad se entregaba al clero.

La campaña abierta por el doctor Funes y su hermano el deán,   obtuvo un éxito completo. Por real cédula del  I de diciembre de 1800,  el monarca resolvió «fundar de nuevo»,  en el edificio del  Colegio Máximo,   una Universidad Mayor que gozaría de los mismos privilegios y prerrogativas que las de su clase en España y América,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Montserrat,   con los recursos para su dotación que en la misma real cédula se mencionan, quedando los franciscanos separados de su dirección.

La real cédula de 1800 fue guardada sin cumplimiento por el virrey Sobremonte,  partidario de los franciscanos,  pero el cambio producido en 1807 por sude posición,  significó para los franciscanos la pérdida de la influencia que habían mantenido. Fue entonces que el cabildo de Córdoba elevó a Liniers una petición para que ejecutase la real  orden,  lo que el nuevo virrey realizó el 29 de noviembre.

La instalación de la nueva Universidad se realizó el   2 de enero de 1808. La real cédula de 1800 ordenaba la erección de las cátedras de latinidad,  filosofía, leyes,  cánones,  escolástica y moral,  facultándose a la Universidad para conferir los grados correspondientes.

La nueva Universidad debía formar sus constituciones ya que las anteriores habían sido abolidas,  pero pasaron muchos años sin que las comisiones nombra das cumpliesen su cometido.

Una reforma importante en sus estudios fue la  introducida por el deán Funes con la creación de una cátedra de matemáticas,  que se abrió en 1809.   Con esa enseñanza quiso el deán sacar los estudios de lo puramente  ideal para llevarlos a lo práctico y más conforme con las aspiraciones y tendencias de la época.

La Real Cédula de 1800 significó la extinción definitiva del viejo centro de estudios jesuítico,  fundado con el propósito de formar el clero. Existe pues  una ra zón fundada para llamar a la universidad establecida en 1808 Nueva Universidad,  ya que define un nuevo tipo de establecimiento y una nueva orientación en los estudios.

Equiparada a las universidades reales de España y América,  esta es la universidad que funcionaba cuando estalló la Revolución de 1810. No mantenía ningún ligamento con el extinguido centro jesuítico,  y por su reciente data,  no pudo tener influencia en la formación de la generación revolucionaria.

La Universidad de  Chuquisaca:
En 1624 fue fundada esta alta casa de estudios,   que tuvo,   antes que la de Córdoba,   una cátedra de  Instituía,  según dotación hecha en 1681 por   el arzobispo Castilla y Zamora.  La expulsión de los jesuítas significó graves tropiezos para el desenvolvimiento de los estudios que se realizaban en ella.  Con los bienes de los jesuítas se dio forma a los estudios y se creó la Real Academia  Carolina destinada a la práctica jurídica de la juventud dedicada al foro.

Los nombres de algunos de los que estudiaron en este centro  intelectual hacen suponer a ciertos autores que en Chuquisaca dominaba una marcada tendencia liberal,  y que en sus cátedras se hablaba de Rousseau y de Montesquieu con plena libertad.  Pero esto es inexacto.

En la Universidad de  Córdoba    las obras de los maestros del ilumínísmo y del filosofismo francés no eran desconocidas y hasta se les estimaban sus aciertos,  Pero no pasaba lo mismo en Chuquisaca donde este tipo de obras no tenían cabida. Si algo es evidente es que fue la región en que el espíritu de lealtad a las viejas normas se mantuvo más tiempo,  con odio a Buenos Aires,  lo que le permitió a sus dirigentes mantenerse hasta  1825 en contra del movimiento independizados.

Después de Córdoba, Buenos Aires y Asunción, tal vez fue Salta la ciudad de más alto nivel cultural en los lindes del virreinato. Equidistante de Chuquisaca y de Córdoba, los hijos de Salta cursaron estudios en una u otra de ambas universidades.

El hecho de que los  vecinos de Mendoza se  interesaran por que el Colegio jesuítico fuese elevado a Universidad demuestra,   no sólo que se estimaba la calidad de sus estudios,  sino que la población tenía amor por la cultura.  Y lo confirma el hecho de que la cátedra de filosofía no desapareció con la expulsión de la Compañía de Jesús,  pues en octubre de 1769 el  Cabildo resolvió restablecerla.

 Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Historia de Lima Capital del Virreinato del Perú

HISTORIA CIUDAD DE LIMA: CAPITAL DEL VIRREINATO

La zona en que se fundó Lima se hallaba habitada por indios dedicados a las tareas agrícolas y a la alfarería.

Así lo han evidenciado los incontables es descubrimientos arqueológicos realizados en la región, incluso en la actualidad, y hasta en la zona urbana de la magnífica y moderna capital peruana.

Fernando Pizarro, hermano del conquistador, al describir la región señaló que los árbolesque bordeaban los caminos «vivían del riego», provisto, sin duda, por las obras de irrigación existentes en tiempos del imperio incaico.

Ver: Historia del Virreinato de Perú

Los habitantes primitivos de la región parecen haber recibido la influencia de las culturas andina, proto-chimú y proto-Nazca, e, incluso, hasta de la de Tiahuanaco.

El sello de la raza aimará ha quedado en el nombre del puerto limeño: Callao.

Lima es la castellanización de Rímac, nombre del río que baña la región, y también participio pasivo del verbo quechua «rimay», hablar.

También significa «hablador», y, aplicado a un río. equivale poéticamente a «parlero» o «murmuzior», aludiendo al ruido de su corriente, rumorosa y cantarína.

LA CIUDAD DE LOS REYES

Francisco PizarroEn el año 1533 hicieron irrupción en la zona del Rímac las tropas españolas al mando de Pizarro.

Los hombres de cutis blanco y largas barbas, y el destello de sus armaduras y de sus espadas aterrorizaron a los indios, casi tanto como los extraños animales, arrogantes e inquietos, en que montaban.

Cuando se fueron, con ellos se iba el tesoro de Pachacámac, presunto rescate de Atahualpa.

Muerto el último jefe del Tahuantinsuyu, Francisco Pizarro hizo áel Cuzco, la ciudad sagrada de los incas, la cabeza de los «Reinos y Provincias del Perú».

Pero buscó un lugar de fácil defensa, cercano al mar, equidistante del Cuzco y del lago sagrado de Titicaca, y de Cajamarca y San Miguel de Piura, para capital nueva del reino, a la que alejaba así de los centros tradicionales incaicos.

Y allá se fueron tres caballeros a explorar la comarca.

Se decidieron a favor del «asiento del cacique de Lima», pródigo en buena agua y tierra fértil.

El 18 de enero de 1535 quedó fundada la Ciudad de los Reyes. Y ese nombre llevaría hasta la Independencia.

EL ESCUDO DE LIMA
El 7 de diciembre de 1537, el emperador Carlos V dió armas a la ciudad: «escudo en campo azul con tres coronas de oro de Reyes puestas en triángulo, y encima de ellas una estrella de oro… por orla unas letras de oro que digan Hoc Signum Veré Regum Est (este signo es realmente de reyes)… y por timbre y divisa do águilas negras con coronado oro de Reyes, que se miren la ana a la otra, y abracen una I y una K, que son las primeras letras de Nuestros nombres, y encima de esas letras una estrella».

EL NOMBRE
Algunos historiadores dicen que el nombre de Ciudad de los Beyes es un homenaje a los de España, cuyas iniciales luce el escudo.

Otros afirman que, por haberse elegido en fecha 6 de enero el sitio de la ciudad, el nombre recuerda a los tres Reyes Magos.

Suyas podrían ser las tres coronas reales, y la estrella, la de Belén. Esta versión es la que más crédito ha merecido a los numerosos historiadores peruanos que han examinado el asunto.

LA CIUDAD COLONIAL
Tenia nueve calles longitudinales y trece transversales, que encerraban ciento diecisiete manzanas. Los edificios españoles eran de adobe «y con poca majestad y primor en las portadas, aunque mi grandes y capaces«, según diría el padre Cobo.

El 26 de junio 1541 moría, asesinado en Lima, Francisco Pizarro, y las luch civiles que continuaron no permitieron mayor adelanto a la ciudad.

No obstante eso, un testigo de vista del siglo XVI habla elogiosamente de Lima, con su gran plaza, sus calles anchas, sus buen casas y las huertas y jardines que se regaban con el agua de diversas y antiguas acequias.

Plano de la Ciudad de Lima en 1748

Pero en realidad todos los primores arquitectónicos se concentraron en las iglesias y conventos, de tan primordial importancia para los fines evangelizadores que, entre otros, guiaron a España en su conquista.

Mercedarios, franciscanos, dominicos, agustinos y jesuitas levantaron templos y claustros, y distribuyeron las horas de su vida entre la enseñanza de la verdad de Cristo y la de oficios, artes y trabajos, para atraer al indio a la cultura de Occidente.

Conventos había como el de San Francisco que abarcaban varias manzanas.

El obispado de los Reyes fue declarado metropolitar en 1545; una Real Cédula creó, el 12 de mayo de 1551, la Universidad, después conocida como la de San Marcos.

En 1543 el Perú se transformó en Virreinato, y en el mismo año hubo una Real Audiencia en Lima.

Los primeros poetas del Perú son nombrados por Cervantes «La Galatea» (1585).

La actividad intelectual se manifestó tambien en algunas obras de teatro y en publicaciones de la primera imprenta (1584), que dió un notable impulso a la cultura.

LOS SANTOS
En el siglo XVI Lima asistió, enternecida y asombrada, al milagro presente en sus calles. En 1586 nació Isabel Flores y Oliva a quien un día las manos de santo Toribio de Mogrovejo administraron el sacramento de la Confirmación.

Y al pronunciar la fórmula ritual mudó el nombre de Isabel por el de Rosa.

Rosa mística de Lima y de América fue la primera flor de santida en nuestro continente.

Rosa Mística

Por allí pasó también la sandalia andariega de Francisco Solano que sembró la fe de Cristo al conjuro de las notas de su violín. Y el mulato fray Martín de Porres, servidor de su convento, enfer mero de los pobres, humilde hermanito del «Poverello» de Asís.

LA RIQUEZA DE LIMA
El sistema comercial de monopolio, que España implantó en «Nuevo Mundo», favoreció especialmente a los españoles de Lima la que vino a ser depósito y mercado de toda la América del Sur.

Las flotas que venían desde España desembarcaban sus productos, primero en Nombre de Dios, y, desde 1597, en Portobelo.

Realizada allí una feria, las mercaderías se embarcaban hacia El Callao, y desde allí se las distribuía por toda la América meridional española.

Lima se adornaba con joyas de Europa, sedas de la China y frutos de la tierra cálida de Nueva España.

La ciudad era rica, no sólo por lo que venía de allende el mar, sino porque las minas de Potosí parecían inagotables.

La plata brillaba, en ocasiones solemnes, hasta en el pavimento de las calles por las que debía pasar algún virrey.

El siglo XVII encuentra a la Ciudad de los Reyes transformada: puentes de piedra sustituyendo a los de madera, iglesias más ricas y casas suntuosas con balcones labrados y amplios, tanto que alguien los llamó «calles sobre los aires».

Los edificios se adornaban con azulejos. Las carrozas estaban guarnecidas de seda y oro y los trajes no desentonaban en medio de ese despliegue de lujo de los señores de las minas y de los funcionarios.

Los templos y los monasterios se multiplicaban, y sus altas torres eran como una plegaria que elevaban al cielo los limeños, algo caídos en el pecado de orgullo, por el fervor de sus santos.

La población llegó en el siglo XVII a unos 60.000 habitantes, con cinco o seis mil vecinos españoles, aumentados a unos 25.000 por los viajeros.

Había alrededor de 30.000 negros esclavos y 5.000 indios, no obstante la intensa mestización existente.

LAS FIESTAS LIMEÑAS
Las fiestas de la ciudad sobre el Rímac fueron famosas en Indias. Todo era ocasión para desfiles, procesiones, comedias, corridas de toros, disparos de cohetes, repique de campanas, fuegos artificiales.

Cuentan viejas crónicas que los limeños sabían preparar «llantos» solemnes por la muerte de un monarca, y festejaban ruidosamente el nacimiento de los príncipes.

No huoo fiesta más rumbosa que la que celebró el nacimiento del príncipe Baltasar Carlos, hijo de Felipe IV.

El festejo duró cinco meses.

DOS MOTIVOS DE TEMOR
La fiesta se vio interrumpida por un temblor el mismo día, 27 de noviembre de 1630, en que los plateros realizaban su homenaje.

Los terremotos se sucedieron muchas veces. Destruyeron casas y crearon una tradición: la del Señor de los Milagros.

Era una efigie de Cristo en la cruz, pintada por la mano humilde de un negro angola.

En el terremoto del 18 de octubre de 1655 todo a su alrededor se derrumbó y la pintura quedó incólume. En otros terremotos se repitió el milagro.

Los limeños rezan fervorosamente al Señor de los Milagros y lo acompañan en procesión todos los años.

El Señor de Los Milagros

Otro motivo de temor para los habitantes de la Ciudad de los Reyes eran los piratas. Si se ha dicho que Buenos Aires colonial tenía su mejor defensa contra ellos en su pobreza, ¿qué podía defender a la fastuosa Lima y a otras ciudades del Virreinato del Perú, cuyas riquezas tentaban a los bandidos del mar.

Se fortificaron los puertos, se cercaron de gruesos muros las ciudades se adiestró a los hombres en el manejo de los cañones, pero aun así los piratas —no tan románticos ni generosos come ha tratado de pintarlos la literatura de sus países de origen, enemigos de España—, asolaron muchas veces las costas del Perú en memorables ataques de verdaderas flotas.

LA CIUDAD DE LOS REYES EN EL SIGLO XVIII
En el año 1700 se estimaba en Lima una población de 37.00 habitantes, sin contar las clases populares. Sus palacios eran cada vez más suntuosos.

El de Torre-Tagle es uno de ellos.(imagen abajo)

Los Borbones, con su política de mayor liberalidad económica favorecieron al resto de las tierras de América y quitaron al Parí uno de los factores de su enriquecimiento.

El Virreinato del Rio de la Plata se separó y se llevó consigo la riqueza de las minas más valiosas, situadas en tierras del Alto Perú.

El 28 de octubre de 1746 un terrible terremoto destruyó a Lima El virrey don José Manso de Velasco la reedificó. Ha sido llamado el «segundo fundador».

LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA
Los libros de los filósofos franceses del siglo XVIII llegaron mucha dificultad a las manos limeñas.

El «Mercurio Peruano» hizo la siembra de las nuevas ideas. Pero aun así, en 1810, Lima fue el último reducto de los españoles en América.

A principio de julio de 1821 entró en la ciudad el general don José de San Martín, quien el 28 del mismo mes proclamó la independencia de Perú y enarboló por primera vez la bandera peruana.

LA CIUDAD MODERNA
Poco a poco la ciudad fue perdiendo su aspecto colonial Las calles se pavimentaron, las aceras se hicieron de losas, el alumbrado de gas se encendió por primera vez en 1855. Tuvo telégrafo y ferrocarril, nuevos paseos y edificios públicos de gran belleza.

El siglo XX la ve, con una población de más de un millar de habitantes, culta y pujante.

Moderna y tradicional a la vez, bordean sus calles asfaltadas edificios de varios pisos, magníficos cines y departamentos comerciales, pero la tradición habla en los templos churriguerescos, en la vieja Plaza Mayor, en los palacios y los monasterios, en la fiesta brava de los toros, en la grarra ligera de las limeñas.

Lima es vieja y es nueva, y mira feliz hacia el futuro, porque ama y respeta su ayer, encarnado en las piedras que, un día. manos indias y españolas levantaron sobre la margen izquierda del Rimac como avanzada hispana en el Nuevo Mundo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – La Ciudad de Lima: Ciudad de Reyes –

Somalia el pais mas violento del mundo

Somalia el país mas violento del mundo

DATOS DE SOMALIA:

Ciudad principal (hab.): Mogadiscio, T579.041 (2010)e.

Composición étnica (%): somalíes, 85; bantúes y otros, 15 (incluidos árabes). Alfabetismo'(%): 37,8 (Fte. CÍA, 2001). Religión (%): n.d. Musulmanes suní.

Crecimiento demográfico (tasa media) (%): 1,60 (2011).

Densidad (hab./km2): 15,56 (2011).

Fecundidad (número de hijos por mujer): 6,35 (2011).

Esperanza de vida (años): hombres, 48,49; mujeres, 52,37 (2011).

Tasa de natalidad: 42,71 nacimientos por 1.000 hab. (2011).

Mortalidad infantil: 105,56 por 1.000 nacimientos (2011).

índice de Desarrollo Humano (entre O y 1): n.d.

Acceso a fuentes de agua potable (%): 29 (2010).

Moneda (tipo de cambio, chelines somalíes por USD): 1 chelín somalí = 0.00060 USD may. de 2011).

Tasa de inflación (%): n.d.

Deuda pública externa (USD): 3.000 millones (2001)e. PIB (USD): 5.896 millones (2010). PIB per cepita (USD):600(2010)e.

Crecimiento del PIB (%): 2,6 (2010).

Desempleo (%): n.d. Industria: refinado de azúcar, textiles.

Agricultura: azúcar, maíz, plátano, fríjol y coco. Ganadería: ovinos, caprinos y bovinos.

Exportaciones (USD): 300 millones f.o.b. Importaciones (USD): 798 millones f.o.b. (2006).

Productos de exportación: ganado, banano, carbón, pescado

Productos de importación: manufacturas, productos del petróleo, materiales de construcción.

Somalia se independizó en 1960, cuando se retiraron los ingleses y los italianos.
quienes la habían invadido en 1941. El país adoptó un régimen parlamentario hasta 1969, año en que ocurrió el golpe de Estado de Siad Barre, quien proclamó la República Democrática en 1970. La guerra contra Etiopía, en 1976, y el aumento de los precios del petróleo llevaron al país al colapso económico. En 1980 se decretó un estado de emergencia y se instauró el Consejo Revolucionario Supremo.

SOMALIA: EL PAÍS MÁS VIOLENTO DEL MUNDO
Mujeres y niños son las principales víctimas de un conflicto en el que los hechos violentos superan la capacidad de comprensión humana. En junio de 2011, el Ministro del Interior murió en un atentado suicida cometido por su propia sobrina.

La ferocidad del conflicto que se vive en Somalia desde hace más de dos décadas ha llegado a niveles tan extremos que, en 2011, el país africano superó a Afganistán como el más violento, entre los 152 analizados en el índice Global de Paz 2011. La violencia encarnizada toma forma inaudita y se ensaña contra los más frágiles, en un territorio cercenado, donde cada región es dominada por un señor de la guerra, que comanda ejércitos privados fuertemente armados ejerciendo el control social y aliándose para enfrentar al débil gobierno de transición, instaurado desde 1991.

En junio de 2011, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia -UNICEF- denunció que en Somalia las víctimas más frecuentes de la guerra son los niños. Solo en mayo de ese año, más de 700 ingresaron a hospitales de la capital, Mogadiscio, con heridas de guerra. De acuerdo con un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de niños menores de cinco años que sufrieron heridas en Mogadiscio llegó al 46 por ciento en ese mes. Las principales causas de mortalidad entre la población infantil de esa ciudad son quemaduras, heridas en el pecho y hemorragias internas, producidas por explosiones, balas p metralla.

Pero la violencia de la guerra genera peligro no solo en la población masculina somalí: las condiciones de miseria ocasionadas por el conflicto ponen en peligro también la vida de las mujeres. Según un estudio publicado por la fundación Thomas Reuters en 2011, Somalia es el quinto país más peligroso para las mujeres, debido a las violaciones que se efectúan durante los ataques de grupos rebeldes y agentes del Estado contra las poblaciones, a la cuestionada tradición de la ablación genital y, sobre todo, a la muerte durante el parto.

El río revuelto del conflicto Somalí ha servido para que el terrorismo internacional se camufle entre los rebeldes islámicos de la población. Por eso el país es uno de los bastiones de la red terrorista Al Qaeda, que colabora con la milicia radical islámica de Al Shabaab, cuyo objetivo es derrocar al Gobierno transitorio y establecer un estado musulmán de corte wahabí.

Uno de los hechos más graves de la guerra ocurrió el 10 de junio de 2011, cuando el ministro del Interior, Abdishakur Sheikh Hassan, murió en un atentado suicida que se produjo en su casa en Mogadiscio. Según los medios de información del país, su propia sobrina hizo explotar la bomba que llevaba sujeta al cuerpo en la habitación del ministro, tras entrar en la residencia sin ser registrada por los guardias de seguridad, que la identificaron como un miembro de la familia, por lo que le dieron acceso franco».

Dos días después, la Policía Somalí mató a Fazul Abdullah Mohamed, líder de Al Qaeda,. acusado de ser el organizador de los atentados de 1998 contra las embajadas de EE.UU. en Kenia y Tanzania. Con esta acción, el gobierno confió en disminuir la capacidad violenta de este grupo y de sus aliados nacionales de Al Shabaab.

Este país africano, en ebullición, tampoco se salvó de la llegada de la primavera árabe. Desde mediados de mayo de 2011 comenzaron las protestas de jóvenes que pedían la permanencia del Primer Ministro, Mohamed Abdullahi Mohamed. En un acuerdo avalado por la ONU y el Gobierno de Uganda, el presidente del Gobierno Transitorio, Sharif Sheikh Ahmed, y el jefe de la Cámara, Sharif Hassan Sheikh Adán, decidieron que el funcionario debía abandonar el cargo. Mohamed dijo que no dimitiría y pidió no sólo respetar la voz del pueblo, sino revisar el acuerdo.

Fuente Consultada: Almanaque Mundial 2012 Edición 58

Primer Gobierno Patrio Hombres Influencia Ideas de la Ilustracion

Perfil de los Integrantes de la Primera Junta de Gobierno de 1810

Antecedentes Semana MayoSemana de Mayo – Asamblea de 1813 – Focos Revolucionarios

LOS HOMBRES DE MAYO DE 1810
INTEGRANTES DEL PRIMER GOBIERNO PATRIO

Dos fueron las principales líneas de pensamiento que se enfrentaron en el Cabildo abierto del 22 de mayo. Una fue liderada por el obispo Lúe, representante de los grupos que defendían la necesidad de continuar reconociendo a las autoridades españolas en América y de mantener la fidelidad al rey Fernando, aún prisionero.

Otra fue la postura encabezada por Juan José Castelli, quien afirmaba: «No habiendo Rey, las autoridades españolas no representan a nadie y el pueblo tiene el derecho de decidir qué hará».

Al no lograrse un acuerdo que contara con el apoyo de todos los participantes, se pasó a votar ambas propuestas y el resultado fue ampliamente favorable a la posición de Castelli.

La cuestión siguiente fue resolver quién reemplazaría al virrey. Las negociaciones entre diferentes grupos llevaron a la decisión de conformar una Junta de Gobierno, tal como había ocurrido en España y en otras ciudades del continente americano, hasta tanto se resolviera la situación por la que atravesaba el rey Fernando VII.

Una fuerte discusión se generó cuando los miembros del Cabildo debieron decidir quiénes la integrarían.

En un principio, los españoles consiguieron que se formara con Cisneros como presidente, otros dos españoles peninsulares, Castelli y Saavedra, jefe de las milicias.

Los revolucionarios, disconformes con lo decidido, presionaron para que renunciaran y se convocara a un nuevo Cabildo abierto para el 25 de mayo.

Ese día se formó una nueva Junta que envió a todas las provincias que integraban el virreinato del Río de la Plata una invitación para que, una vez elegidos sus propios representantes, se incorporaran a ella, formándose de este modo la denominada Junta Grande.

INFLUENCIA DE LA ILUSTRACIÓN EN LOS REVOLUCIONARIOS:

Los líderes de la revolución en el Río de la Plata, entre ellos, Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Nicolás Rodríguez Peña y Juan José Castelli, se hallaban fuertemente influenciados por las ideas políticas de la Ilustración.

Una de las principales obras escritas por los pensadores ilustrados, «El contrato social«, del filósofo francés Juan Jacobo Rousseau, fue traducida por Mariano Moreno.

En la introducción al texto sostuvo, oponiéndose a los tiranos que habían atribuido un origen divino a la autoridad, que la obediencia se debía al acuerdo o pacto entre los miembros de la sociedad, los que delegaban conscientemente las funciones de gobierno.

Sólo el pueblo, que es el soberano, tiene poder y, por lo tanto, puede delegarlo.

No obstante, continuaba Moreno, si los pueblos no se ilustran, si no se generalizan sus derechos, «[…] si cada hombre no reconoce lo que vale, lo que puede y lo que se le debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas, y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía».

LA SOBERANÍA POPULAR REEMPLAZA A LA SOBERANÍA DE LA CORONA:

España fue siempre un país con vocación de libertad, de profundo espíritu democrático. Aprecio de la libertad individual, defensa de los privilegios y derechos locales, respeto a las leyes, son principios constantes en la historia española.

Sus teólogos, sus filósofos políticos, sus juristas, son los creadores del derecho de gente, del derecho internacional, de la limitación del poder real, del principio de soberanía popular, propio de las ideas de la ilustración francesa, y que en ellos se han nutrido y se nutren los modernos movimientos en pro de la democracia y de la libertad política.

La lealtad con que los españoles obedecieron a sus reyes nunca fue servilismo, ni permitió el atropello de sus derechos personales.

El absolutismo o centralismo que quisieron imponer algunos monarcas se estrelló contra la inquebrantable voluntad de libertad del pueblo español.En España la base de la soberanía estuvo siempre en el pueblo, quien mediante un «pacto» o «contrato» había confiado su ejercicio a la Corona.

El movimiento libertador de Mayo de 1810 se da en perfecta continuidad y acuerdo con la doctrina y la concepción españolas del poder.

Vamos a resumir la concepción del poder en Francisco Suárez, teólogo, filósofo y jurista español, en que se nutrían los políticos españoles, y que fue, asimismo, fundamento de la posición adoptada por los patriotas. Las obras de Suárez fueron escritas para refutar a Jacobo I de Inglaterra y demás defensores del poder absoluto o del «derecho divino de los reyes».

1. Para que exista sociedad es necesario el poder político que la ordene y dirija. No hay sociedad sin autoridad. De la naturaleza humana surge la necesidad del poder. Por eso decimos que «el poder viene de Dios, autor de la naturaleza».

2. Nadie tiene por naturaleza derecho al ejercicio del poder. Los hombres somos esencialmente iguales. El poder pertenece a la comunidad. Dios ha transferido a ella su propio poder.

3. El poder viene de Dios. Pero no es Dios quien designa los gobernantes, ni quien les confiere el poder. Los gobernantes son designados por la comunidad y de ella reciben su poder.

4. Todo poder es por naturaleza limitado. Está sujeto al derecho natural, al orden jurídico y al bien común. Los mandatos injustos de los gobernantes son carentes de valor; el uso arbitrario del poder puede ser resistido. En último término, en defensa de la libertad y del bien común, Suárez justifica el tiranicidio.

5. El pueblo confiere el poder al monarca mediante un «pacto» o «contrato». Este pacto o contrato no es retractable unilateralmente. Mientras el monarca cumpla su función no le es lícito al pueblo cambiar de voluntad y designar otros gobernantes. El poder ha sido enajenado.

6. Sólo cuando el monarca se ha convertido en déspota o tirano, y no cumple con el compromiso contraído en el «pacto», el pueblo tiene derecho a deponerlo y, reasumiendo su poder soberano, designar otros gobernantes.

Sobre estos principios de la ilustración se apoya la posición y argumentación de los patriotas.

No acusan al rey de tiranía o despotismo, sino sostienen que estando cautivo en Francia el trono está vacante y por lo tanto, la soberanía ha vuelto al pueblo.

Los gobiernos y Juntas constituidos en España carecen de delegación real, no representan el poder del monarca. Han surgido por voluntad de las provincias peninsulares.

América no ha concurrido a su erección y en consecuencia, carecen de poder legítimo sobre estas regiones.

En tal situación el pueblo del Virreinato ha reasumido su poder soberano. No está sujeto a autoridad peninsular de ninguna naturaleza y es al mismo pueblo a quien le corresponde determinar su destino y designar a los gobernantes.

Es este el contenido del discurso de Castelli en la reunión del 22 de mayo: «El gobierno soberano de España ha caducado… se ha producido la reversión de los derechos de la soberanía al pueblo de Buenos Aires».

La fundamentaeión del voto de Saavedra, al cual adhirieron la mayor parte de los patriotas, contiene la misma posición.

En él sostiene que dadas las circunstancias debe substituirse la autoridad del virrey; que hasta que se forme la Junta integrada por los pueblos del virreinato que debe ejercer el poder, éste sea reasumido por el Cabildo, el cual nombrará un gobierno provisorio en la forma y modo que estime conveniente.

Y agrega textualmente: «y no quede duda de que el pueblo es el que confiere autoridad o mando».

No son distintos los principios substentados por los españoles, a excepción de los del obispo Lué que provocaron indignación entre los mismos españoles.

Los españoles sostienen que habiendo cesado la autoridad del Rey correspondía enviar diputados a las Cortes convocadas en Cádiz que decidirían la actitud a tomar por todo el Reino de España e Indias.

El fiscal Villota argumentó que en el Cabildo sólo estaba representado el pueblo de Buenos Aires, el cual no tenía derecho para resolver un asunto que concernía a toda la monarquía hispánica; que la cuestión debía ser resuelta «por toda la representación nacional».

A su vez, los miembros del Cabildo, aceptando que la autoridad del virrey había caducado y el pueblo reasumido su soberanía insistieron en mantener a Cisneros al frente de! gobierno como presidente de la Junta.

Los alentaba el evitar confusiones y anarquía. Pero según el Cabildo la autoridad que ejercería Cisneros no provenía de delegación real, sino de delegación popular conferida a través de su nombramiento por el mismo Cabildo.

Los Miembros de la Primera Junta de Gobierno

Los nueve integrantes de la Junta Provisional de Gobierno que asumió el 25 de mayo de 1810 pertenecían al llamado grupo patriota. ¿Quiénes eran y a qué se dedicaban?.

Cornelio Saavedra, el presidente, era un próspero comerciante nacido en el Alto Perú, quien, debido a los sucesos de las invasiones inglesas de 1806 y 1807, había asumido la comandancia del cuerpo de milicias más importante de la ciudad de Buenos Aires, el de Patricios.

Los secretarios, Juan José Paso y Mariano Moreno, eran prestigiosos abogados porteños.

Entre los vocales encontramos a Manuel Belgrano, abogado recibido en España, quien durante años llevó adelante una pacífica batalla por un nuevo ordenamiento económico desde el Consulado (del cual fue secretario), y por medio de publicaciones periodísticas.

Entre los vocales figuraban; también los comerciantes catalanes Juan Larrea y Domingo Matheu, quienes apoyaban abiertamente al grupo patriota, quizá porque no participaban activamente del monopolio comercial español.

El clero tampoco faltó entre los integrantes de la Junta: el sacerdote Manuel Alberti, quien apoyaba desde los orígenes el movimiento revolucionario, había asumido como vocal el 25 de mayo.

¿Quiénes eran los otros dos vocales? Miguel de Azcuénaga, jefe de uno de los cuerpos de milicias de la ciudad, y en cuya casa se habían reunido varias veces los conspiradores patriotas; y Juan José Castelli, abogado y vocero del grupo durante la jornada del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810, en el que se votó la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros.

Como hecho curioso, cabe mencionar que muchos de los más activos revolucionarios de 1810 eran italianos y descendientes de italianos radicados en Buenos Aires.

La carta enviada el 23 de junio de 1810 por José María Salazar (comandante del Apostadero Naval de Montevideo), al depuesto virrey Cisneros, expresa.¿»(…) los perturbadores son casi todos del cuerpo de Patricios, que es el que ha hecho la Revolución, pues los demás solo han suscripto a ella (…) siendo de notar que la mayor parte de los revoltosos son hijos de italianos (…)». Entre estos»»revoltosos» figuraban Belgrano, Castelli, Alberti, Antonio Luis Beruti, Carlos José Guezzi, Francisco Agustini (jefe del cuerpo de artillería de la Unión), Martín Grandoli (alcalde y síndico procurador del Cabildo), Esteban de Lúca, Miguel de Lúca, Domingo Espora, José Boqui, Fernando Abramo, Santiago Antonini, Eustaquio Gianini, Pedro Pablo Sanguinetti (gobernador de las Malvinas), César Balbiani.

PERFIL DE LOS INTEGRANTES DE LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO

integrante primera junta de gobierno de 1810

Cornelio Saavedra: Nació en Potosí en 1759. Su padre era porteño y su madre oriunda de Potosí. Estudió en el colegio de San Carlos. Terminados sus estudios secundarios se dedicó a tareas ganaderas.

Ocupó desde 1797 diversos cargos en el Cabildo de Buenos Aires. Abrazó luego la carrera de las armas y se distinguió en las Invasiones Inglesas. Cuando se creó el Regimiento de Patricios sus compañeros de armas lo eligieron como jefe. De hecho quedó constituido como jefe de las milicias criollas.

En la Revolución de Mayo tuvo actuación preponderante y a él encomendaron los patriotas la conducción del movimiento. Como Jefe del Regimiento de Patricios su autoridad era indiscutida.

Elegido Presidente de la Primera Junta, permaneció al frente de la misma hasta agosto de 1811 en que partió para el norte a reorganizar el ejército.
Al establecerse el Primer Triunvirato fue excluido del gobierno y confinado a San Juan.

Volvió a sus actividades rurales y no quiso intervenir posteriormente en política. Sólo cuando la guerra con el Brasil ofreció al gobierno sus servicios, a pesar de su edad.

Murió en Buenos Aires en 1829.

Mariano Moreno: Jurisconsulto, periodista y escritor, su participación en los sucesos de Mayo le granjeó títulos como “el hombre de Mayo” o “el alma de la revolución”. Nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. En 1799 ingresa en la Universidad de Chuquisaca.

Imbuido de las ideas de la Ilustración, se gradúa como licenciado en leyes en 1802 con una tesis sobre la sublevación de Túpac Amaru, en la que condena las prácticas españolas de exigir servicios personales los indios. A principios de 1810 el partido patriota se decide a tomar el poder en Buenos Airee

El 22 de mayo Moreno apoya la deposición del virrey y el establecimiento de una junta elegida por el Cabildo Abierto en representación del pueblo. En el nuevo gobierno Moreno es secretario de Gobierno y Guerra.

En julio de 1810 redacta el Plan de operaciones, destinado a definir la estrategia política de la revolución y crea La Gazeta de Buenos Ayres, periódico que difunde la acción de gobierno.

En la disputa con Saavedra, Moreno se radicaliza: en diciembre decreta que únicamente los criollos podrán desempeñar funciones públicas y propone que sean abolidas las honras ceremoniales acordadas al presidente de la Junta.

A fines de 1810 para incorporarse a la Junta, renuncia a su cargo y acepta una misión diplomática a Río de Janeiro y Londres, a donde parte a principios de 1811. Acompañado de su hermano Manuel y Tomás Guido en calidad de secretarios, durante el viaje a Londres Moreno muere en alta mar, el 4 de marzo.

Juan José Castelli: Nació en Buenos Aires en 1764. Su padre era médico, de nacionalidad veneciana. Su madre, porteña. Realizó en Córdoba estudios eclesiásticos sin recibir órdenes sagradas.

Luego estudió derecho en Chuquisaca y se estableció como abogado en Buenos Aires.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo defendió con ardor y lucimiento las posiciones de los patriotas, dándoles su fundamentación jurídica.

Como vocal de la Junta fue abierto partidario de Moreno. Fue uno de los responsables de la deportación de Cisneros y de los miembros de la Audiencia.Se hizo cargo del ejército del norte y dio cumplimiento a la orden de fusilar a Liniers.

Era violento. En el Alto Perú fusiló a los gobernadores españoles. Sus actitudes antirreligiosas y su incapacidad para mantener la disciplina de las tropas que cometían desmanes le mereció la enemistad de las poblaciones. A su vuelta a Buenos Aires fue sometido a proceso en 1811. Falleció al año siguiente.

Manuel Belgrano: Nació en Buenos Aires en 1770. Su padre era comerciante, oriundo de Italia; su madre, porteña.

Estudió en el Colegio de San Carlos y luego en Salamanca y Valladolid donde recibió el título de abogado.

En 1739 fue Secretario del Consulado, cargo que desempeñaba cuando las invasiones inglesas. Como tal, se negó a prestar juramento a las autoridades inglesas. Durante la segunda invasión luchó personalmente como sargento.

Formó parte de la Primera Junta. Fue enviado como jefe de la expedición al Paraguay y del ejército del Norte.

Es el creador de nuestra bandera. Vencedor en Tucumán y Salta supo conservar íntegro su ánimo en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.Fue enviado a Europa en misión diplomática y volvió en 1816. Falleció en 1820.

Es sin duda una de las figuras más puras de nuestra historia. Sus méritos y sus valores personales son unánimemente admitidos por todos los sectores.

Miguel de Azcuénaga: Nació en Buenos Aires en 1754. Sus padres eran españoles.
De niño fue enviado a España donde permaneció diez años. Estudió en Málaga y Sevilla. De regreso en Buenos Aires entró en el cuerpo de artilleros.

Ocupó cargos en el Cabildo. Fue regidor, alférez real y síndico procurador. En 1796 fue nombrado comandante de las milicias provinciales.Elegido vocal de la Primera Junta, debió renunciar cuando Rivadavia disolvió la asamblea el 6 de abril de 1811 y fue desterrado a Mendoza.
Vuelto a Buenos Aires en enero de 1812 fue designado gobernador intendente.

En 1818 fue jefe del estado mayor y diputado al Congreso General Constituyente.

En 1829, cuando se confió el gobierno a Viamonte, ejerció la vicepresidencia del Senado. Falleció en Olivos en 1833. Era entonces diputado provincial.

Manuel Alberti: Nació en Buenos Aires en 1763. Sus padres eran porteños.Estudió en el Colegio de San Carlos y en la Universidad de Córdoba. Fue ordenado sacerdote. En 1808 fue nombrado cura de San Benito de Palermo.

Tuvo gran influencia sobre el clero criollo, a quien de hecho representó en el nuevo gobierno.Se negó a subscribir la condena de Liniers y demás compañeros.Falleció en 1811. Dejó fama de hombre bueno y caritativo.

Este sacerdote y patriota vinculado al movimiento revolucionario nació en la Ciudad de Buenos Aires un 28 de mayo de 1763. Se recibió de Doctor en Teología en la Universidad de Córdoba.

Participó activamente de las jornadas de mayo de 1810: junto a 400 vecinos, firmó el pedido de sustitución del Virrey Cisneros durante el Cabildo Abierto del día 22

Juan José Paso: Nació en Buenos Aires en 1758. Estudió en Córdoba y Chuquisaca. Fue profesor en el Colegio de San Carlos.

Fue fiscal de la Hacienda Real y abogado de la Audiencia. En 1802 dejó Lima para regresar a Buenos Aires y fue nombrado fiscal de la Audiencia en 1803 y diputado del Consulado en 1806.

Tuvo activa participación en el Cabildo abierto del 22 de mayo de 1810, siendo elegido, una vez constituida la Primera Junta, secretario de dicho cuerpo junto a Mariano Moreno.

En el Cabildo Abierto del 22 de mayo refutó la argumentación de Villota.Fue miembro del primer y segundo triunviratos. También fue diputado al Congreso de Tucumán.Fue el principal redactor de las constituciones de 1819 y 1826. Aunque de ideas monárquicas y centralistas fue uno de los primeros entre nosotros en defender el sufragio universal.

Falleció en Buenos Aires en 1833.

Juan Larrea: De nacionalidad española, llegó a Buenos Aires desde Cataluña a principios del 1800 para establecerse como comerciante. Durante las invasiones inglesas de 1806 fue designado capitán de un cuerpo de voluntarios catalanes y luego se unió al Partido Republicano – dirigido por Martín de Alzaga – para derrocar al Virrey Sobremonte en 1807.

Sin descuidar su trabajo mercantil, Larrea siguió participando en actividades políticas y fue elegido vocal de la Primera Junta del Gobierno Patrio de 1810.

Durante la sublevación del 5 y 6 de abril de 1811 fue separado de su cargo y se exilió en San Juan. Regresó a Buenos Aires dos años después, cuando se instituyó el Segundo Triunvirato, para convertirse en uno de los miembros más participativos de la Asamblea Constituyente de 1813.

Fue el responsable de la creación de la Escuadra Naval en 1814, que bajo el mando de Guillermo Brown obligó a los realistas a salir de las aguas del Río de la Plata. Su último cargo público fue el de Cónsul Argentino en Francia. De vuelta en Buenos Aires, y abocado al comercio, se suicidó en 1847 por no haber podido levantar un pagaré.

DOCTRINA DE LA REVOLUCIÓN
Los fundamentos revolucionarios

La doctrina de la Revolución de Mayo se deduce de los reglamentos, circulares, decretos y disposiciones emanados de la Junta Provisional Gubernativa.

En ella se destacó por sus iniciativas y reformas el Dr. Mariano Moreno, tanto en su cargo de secretario como también al frente de los asuntos de gobierno y guerra.

En la Universidad de Charcas leyó Moreno trabajos de los filósofos políticos y economistas europeos del siglo XVIII, particularmente de Rousseau, cuyo Contrato Social prologó e hizo publicar en Buenos Aires en una edición castellana.

Inspirado en los ideales de la Revolución Francesa, Moreno sostuvo los principios de libertad e igualdad ante la ley, como también aplicar en política la doctrina de la voluntad general, es decir, de la soberanía del pueblo.

Los patriotas americanos —partidarios aparentes de Fernando VIl— bregaban por aplicar la doctrina jurídica de la Legislación de Indias, que vinculaba el Nuevo Mundo a la Corona y no a la Nación española. De acuerdo con este principio, sostenían que, prisionero el rey, la soberanía recaía en los pueblos «que tenían derecho a darse su propio gobierno».

Moreno escribió al respecto: «La disolución de la Junta Central de Sevilla restituyó a los pueblos la plenitud de los poderes, que nadie sino ellos mismos podían ejercer desde que el cautiverio del Rey dejó acéfalo el reino y sueltos los vínculos que lo constituían centro y cabeza de! cuerpo social: La autoridad del Monarca retrovertió a los pueblos por el cautiverio del Rey». (La Gazeta del 13 de noviembre de 1810.)

Sobre fundamentos de gobierno republicano se inspiró la fórmula política revolucionaria adoptada por los hombres de Mayo, la cual prolongaría su influencia hasta la generación constituyente.

Principios proclamados por la revolución

a) La soberanía popular. En el Cabildo abierto del 22 de. mayo, Castelli y Saavedra sostuvieron los derechos del pueblo para ejercer su soberanía e instalar un gobierno propio.

El elemento popular se hizo presente el día 25 en la sala de acuerdos del Cabildo, y dio a conocer la nómina de los ciudadanos que integrarían la Primera Junta.
El reglamento del 28 de mayo facultaba al pueblo —art. 10?— para comunicarse de palabra o por escrito con cualquiera de los vocales de la Junta.

b) El principio representativo y federalista. El ejercicio del poder por los representantes del pueblo, no sólo de Buenos Aires sino también de las provincias, es un anticipo del sistema representativo y federalista vigente en la Constitución actual.

El artículo 10? del Reglamento del 25 de Mayo convocaba a los cabildos del interior a fin de que eligieran representantes ante un congreso a reunirse posteriormente en Buenos Aires.

c) La división de poderes y periodicidad de los mandatos. De acuerdo con los artículos 6° y 7° del Reglamento del 25 de Mayo, la Junta tendría atribuciones ejecutivas pero no judiciales, pues las últimas estarían a cargo de la Audiencia.

En el citado Reglamento figuran claras disposiciones referentes a la responsabilidad de los miembros de la Junta en el ejercicio de su cargo; así, el artículo 5? deja constancia de que los integrantes del gobierno podrían ser depuestos en caso de que faltasen a sus deberes.

La Junta hizo público su carácter de «provisoria», es decir, que sus integrantes gobernarían por un lapso limitado, hasta que un congreso reunido en Buenos Aires estableciera las autoridades más convenientes (art. 10°).

d) La publicidad de los actos de gobierno. Fue otro de los principios republicanos llevados a la práctica por la Junta; según disposiciones del artículo 8° del Reglamento, todos los meses debía publicarse el estado de le Real Hacienda.

Ante la necesidad de difundir entre el pueblo los principios e ideales de la Revolución, el nuevo gobierno —por obra de Moreno— fundó un periódico semanal titulado Gazeta de Buenos Aires.

En el tercer número, de! 21 de junio, fue publicado un artículo de Moreno sobre la libertad de expresión, el que dice en uno de sus pasajes: «si se oponen restricciones al discurso, vegetará el espíritu como la materia, y el error, la mentira, la preocupación, el fanatismo y el embrutecimiento harán la divisa dé los pueblos».

Fuente Consulatada: HISTORIA 5 Historia Argentina José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel

(recorrer icografía en Flash, versión PC)

Segunda Invasion Inglesa al Rio de la Plata Desarrollo, La Defensa

Segunda Invasión Inglesa al Río de la Plata

Se sospechaba que los ingleses no tardarían en volver a intentar apoderarse de Buenos Aires. Para prevenir una segunda invasión se organizaron batallones de acuerdo con las afinidades regionales: Patricios (integrado por nativos porteños), Arribeños (criollos del interior), catalanes, gallegos, vizcaínos, Pardos y Morenos (compuesto por la comunidad negra), y otros como los Húsares de Pueyrredón. Este proceso determinó una militarización de la sociedad que influiría en el rumbo revolucionario que posteriormente adoptaría la colonia.

La temida invasión  por los porteños se produjo al año siguiente, el 28 de julio de 1807, cuando desembarcó un ejército inglés, en Ensenada, bajo la dirección del general John Whitelocke. Pero esta vez la ciudad estaba preparada para la defensa.

Doce mil ingleses comandados por el general John Whitelocke tomaron Montevideo. Otra vez el virrey decidió retirarse y abandonó a los defensores a su suerte. Cuando la noticia llegó a Buenos Aires, hubo un estallido de indignación. En esta ocasión la actitud de Sobremonte no podía excusarse de ningún modo. El 10 de ese mes, Liniers convocó a una Junta de Guerra que resolvió deponer al virrey, mantenerlo bajo custodia y entregar el gobierno civil a la Audiencia. Liniers fue confirmado como jefe militar.

Segunda Invasion Inglesa al Rio de la PlataEl 28 de junio, Whitelocke, al frente de más de ocho mil hombres, desembarcó en Ensenada. Después de algunas acciones menores, el 5 de julio se lanzó el ataque formal a la ciudad. Pero Buenos Aires estaba bien preparada.

El alcalde Martín de Álzaga había dirigido su fortificación, y Santiago de Liniers (foto izq.9 comandaba regimientos bien adiestrados.

Segunda Invasion Inglesa al Rio de la PlataSe levantaron barricadas en las calles y se abrieron fosos. Los milicianos se ubicaron en las azoteas de las casas. La reacción en Buenos Aires fue decidida.

Los vecinos defendieron su ciudad enérgicamente y las tropas inglesas debieron retirarse. En la defensa se destacaron el alcalde Martín de Álzaga (foto der.) y los soldados de Santiago de Liniers. En Buenos Aires se celebró el triunfo.

La Plaza Mayor cambió su nombre por el de Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo). Tras una cruenta batalla, el 6 de julio los británicos se rindieron.

CAÍDA DE MONTEVIDEO: Las primeras unidades que el gabinete inglés despachó al Plata comenzaron a arribar a las aguas del mismo a mediados de octubre de 1806. Era un millar de hombres enviado por Baird desde El Cabo, al mando de Backhouse.El 24 de ese mes el invasor ocupaba Maldonado.
En enero se hizo cargo del mando el brigadier general Samuel Auchmuty; el almirante Stirling había reemplazado a Popham. Entre el 19 de enero y el 4 de febrero Auchmuty actúa contra Montevideo, plaza que cae tras dura lucha, pese a los refuerzos que se le envían desde Buenos Aires.

El marqués de Sobremonte,(imagen) que operaba con milicias en la campaña oriental se desempeñó en forma poco lucida: sus fuerzas fueron dispersadas y, al desembarcar Liniers con 2000 soldados en Colonia en procura de acudir en auxilio de Montevideo Sobremonte no le brindó el apoyo que se le pidió (caballadas para movilizar las fuerzas), y las tropas porteñas no pudieron cumplir a tiempo su objetivo y regresaron a Buenos Aires.

Las consecuencias políticas de estos acontecimientos fueron decisivas: una Junta de Guerra formada por el Cabildo y la Audiencia porteños y los jefes de las recién organizadas milicias bonaerenses, destituyó al desprestigiado marqués, entregó el poder político a la Audiencia y confirmó a Liniers como comandante militar de Buenos Aires y ‘la campaña oriental. Sobremonte fue arrestado y enviado a España.

EL ATAQUE FINAL. A medida que se acercaba el invierno otra tormenta amenazaba descargarse en el horizonte de la hasta hacía un año atrás, tranquila capital del virreinato rioplatense.

Los ingleses habían extendido su poder hasta Colonia (ocupada por el coronel Pack, fugado de Luján con Beresford con la complicidad de Saturnino Rodríguez Peña) y sus efectivos pasaban de diez mil hombres apoyados por una poderosa flota.

El 10 de mayo había llegado al Plata el teniente general John Whítelocke (imagen) enviado por Londres para hacerse cargo de la operación que debía conducir al dominio de la banda occidental del estuario por la Corona británica.

Las instrucciones del nuevo jefe, designado por el gabinete de Castlereagh, llegaban hasta permitir la instalación de un gobierno títere de criollos, pero no tenían por fin la independencia sino la incorporación de estas tierras al imperio británico.

El 28 de junio de 1807, al frente de casi 8 000 hombres, con 16 cañones, Whitelocke desembarcó en la ensenada de Barragán e inició, bajo un clima hostil, la marcha hacía Buenos Aires. Despachó al frente un cuerpo de vanguardia de poco más de dos mil soldados, comandados por Levíuson Gower y siguió tras él con el grueso (3800 efectivos). Una fuerza de más de 1 800 hombres formaba la retaguardia comandada por el coronel Mahon.

ACCIÓN DE LINIERS. EL COMBATE DE MISERERE.

Santiago de Liniers, (imagen) en tanto, salió de la ciudad con el grueso de las milicias. Quizá la idea de evitar la lucha en la misma población lo indujo a buscar batalla en campo abierto. Fue un serio error.

Pese al entusiasmo de sus tropas, el grado de instrucción alcanzado era deficiente. Su mayor ventaja residía, precisamente, en la posibilidad de luchar en la misma ciudad, casa por casa, en un tipo de guerra donde el ejército inglés no pudiera aplicar su técnica superior.

Liniers cruzó el Riachuelo y, dejándolo, a su espalda, se desplegó al sur del puente de Gálvez (Barracas).

El 2 de julio Gower, tras eludir hábilmente a sus contrarios, cruzó el curso de agua por el paso de Burgos y avanzó sobre los corrales de Miserere. Liniers, con parte de su fuerza, retrocedió y marchó sobre el invasor. Como era previsible, fue derrotado. El jefe francés se retiró a la Chacarita y luego regresó a Buenos Aires.

Gower cometió el error de no avanzar de inmediato sobre la ciudad, donde el desconcierto se había apoderado de los ánimos.

Los días 3 y 4 de julio contemplaron los febriles preparativos de los habitantes levantando cantones y barricadas en las calles que conducían a la plaza, al comienzo bajo la dirección del Cabildo, cuyo alcalde de primer voto era Martín de Álzaga. El perímetro principal de la defensa fue trazado a una cuadra de la plaza.

Piezas de artillería enfilaban las calles desde [os cruces de las mismas y desde el Fuerte, en tanto las azoteas se convirtieron en reductos de fusileros. Granadas de mano y proyectiles de diversa índole reforzaron estos bastiones.

Whitelocke intimó la rendición de la ciudad sin resultado y se dispuso al asalto.

LA DEFENSA. LA DERROTA BRITÁNICA.

El 5 de julio a las seis de la mañana se rompió el fuego.El plan adoptado por el jefe inglés había sido esbozado por Gower y presentaba serias fallas. Para avanzar sobre la ciudad, Whitelocke dividió su ejército en trece columnas que avanzaron por otras tantas calles. El plan comprendía el avance hasta la costa y luego la convergencia hacia el centro de la ciudad.

La lucha fue dura. Al terminar la jornada las columnas del ala izquierda, al mando de Auchmuty habían ocupado su objetivo, el Retiro, pero las columnas del centro habían sido rechazadas con fuertes bajas y las de la derecha tampoco tuvieron éxito: parte de estas fuerzas ocuparon el templo de Santo Domingo, siendo luego capturadas.

Entre muertos, heridos y prisioneros, las pérdidas sumaban 2 500 hombres para el ejército atacante. A su vez, había tomado 800 prisioneros y causado más de 900 bajas a las tropas españolas. Sin embargo, no habían logrado penetrar en el perímetro defensivo, y sus fuerzas estaban aisladas y desmoralizadas.

Mucho se discutió el motivo que llevó a Whitelocke a elegir el método que favorecía precisamente a los defensores: el combate en la ciudad misma. Sus tropas, encajonadas en las calles de una ciudad que desconocían, fueron fusiladas a mansalva por la metralla de los bien parapetados defensores sin lograr dañar el dispositivo de éstos.

El invierno y la ausencia de caballería debieron influir para que el jefe inglés no adoptara la idea de un largo sitio. El bombardeo de la ciudad con artillería fue tal vez considerado un medio inconveniente, dado los grandes daños y pérdidas humanas, contra una población a la que se esperaba atraer amistosamente a las ventajas comerciales del gobierno inglés.

El 6 de julio trascurrió en negociaciones por ambos bandos. El 7, tras desestimar Liniers un pedido de 24 horas para recoger heridos, Whitelocke aceptó capitular; ese día se rendía, conviniéndose abandonar el Plata dentro de los 60 días, comprendiendo esta cláusula a Montevideo y Colonia.

Los prisioneros, incluso los de 1806 serian recíprocamente devueltos.

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina (kapelusz) – Wikipedia

Primera Invasion Inglesa al Virreinato del Rio de la Plata

Primera Invasión Inglesa al
Virreinato del Río de la Plata

PRIMERA INVASIÓN INGLESA AL RÍO DE LA PLATA Y LA RECONQUISTA DE BS.AS. – El 25 de julio de 1806 soldados ingleses desembarcaron en las costas de la actual localidad de Quilmes. Días después el ejército inglés, al mando del general Guillermo Carr Beresford, entraba victorioso en Buenos Aires. Había detenido las tropas enviadas por el virrey Rafael de Sobremonte para enfrentarlo. Sobremonte, ante el peligro, se alejó rápidamente hacia la ciudad de Córdoba. De este modo dejó a los habitantes de Buenos Aires sin protección.

Los pobladores no perdieron tiempo y se organizaron para reconquistar la ciudad. El criollo Juan Martín de Pueyrredón reunió un grupo de paisanos, pero los ingleses lo derrotaron. Santiago de Liniers, un oficial, logró organizar un ejército en Montevideo, cruzó el Río de la Plata y reconquistó la ciudad el 12 de agosto de 1806. Los habitantes de Buenos Aires temían un nuevo ataque. Por ello crearon varios regimientos, debido a que no existían tropas regulares en la dudad.

Primera invasión (1806)
El 14 de abril de 1806 la expedición partió de El Cabo, embarcada en cinco navíos de guerra y otros tantos transportes. La empresa no era fácil, pero diversos factores hacían factible la empresa. España carecía en el Plata de tropas veteranas en número suficiente y los invasores esperaban, además, contar con la hostilidad de los criollos para con las autoridades hispanas.

La elección del objetivo fue motivo de debate. Beresford se inclinaba por ocupar Montevideo. Sin embargo, noticias recogidas durante la navegación, por boca de un irlandés que viajaba en una nave española capturada, les hicieron conocer la existencia de caudales reales en Buenos Aires. Las defensas de esta ciudad, pese a contar con cerca de 50.000 habitantes, eran casi nulas, comparadas con las fortificaciones de Montevideo. (ver la Historia del Mister Russell)

Popham notó también que Buenos Aires, capital del Virreinato, era la pieza decisiva para el dominio de las rutas comerciales del interior. En diversas oportunidades naves inglesas habían rondado el estuario, en operaciones de sondeo o, simplemente, de contrabando.

LA PRIMERA INVASIÓN INGLESA: Ya en las costas argentinas, y después de cruzar algunos tiros con el fuerte de Ensenada, comandado por Santiago de Liniers, los ingleses desembarcaron en Quilmes, sólo debieron enfrentar a algunos centenares de milicianos pésimamente instruidos.

El 25 de junio de 1806, Beresford dirigió su columna sobre la capital y en poco tiempo los ingleses entraron a la ciudad en un orden militar, pero tratando de intimidar para disimular las escasas fuerzas con que contaban, para tamaña empresa dominadora.

Sobremonte, estimando inútil toda defensa y, al parecer, según órdenes superiores para un caso similar, tras disponer la marcha de los caudales al interior, se retiró en dirección a Córdoba. Su intención era organizar fuerzas en el país, para enfrentar al invasor.Para los porteños la actitud del virrey Sobremonte implicaba una cobarde fuga.

Mariquita Sánchez, que fue testigo presencial del hecho, anotó en sus recuerdos de juventud: «Entró por la Plaza el Regimiento 71 de Escoceses, mandado por el general Pack; las más lindas tropas que se podían ver, el uniforme más poético, botines de cintas punzó cruzadas, una parte de las piernas desnudas, una pollerita corta, unas gorras de una tercia de alto, toda formada de plumas negras y una cinta escocesa que formaba el cintillo; un chal escocés como banda, sobre una casaquita corta punzó».

El famoso Batallón 71 (Highland Light Infantry), a las órdenes del teniente coronel Denis Pack, contaba con 32 oficiales, 857 hombres de tropa y más de 60 mujeres con 40 niños, pues cada compañía permitía que seis soldados se casaran, y sus mujeres seguían el cuerpo a campaña. Este batallón contaba con una banda de música cuyo maestro, al caer prisionero de los defensores de Buenos Aires, se dedicó a la enseñanza. Como era un excelente músico tuvo muchos discípulos entre los hijos de las familias porteñas acomodadas. Su bastón de tambor mayor se conserva en el Museo Histórico Nacional.

El tesoro que Sobremonte había intentado salvar, fueron capturados en Lujan, dichos tesoros fueron embarcados hacia Londres.

El general Beresford gobernó Buenos Aires del 27 de junio al 12 de agosto de 1806. Tenía conciencia de su escaso poder y decidido a atraerse la benevolencia de los habitantes, el jefe inglés, luego de tomar a las autoridades civiles y militares de la plaza el juramento de fidelidad a Su Majestad Británica, dictó una serie de medidas para ganarse los ánimos, pero no alcanzó a convencer a la ciudadanía y menos aun a los criollos mas radicales que desde un primer momento intentaron rebelarse para expulsarlos del territorio tomado, empresa conocida como La Reconquista,  a cargo de Liniers y Pueyrredón

De la pluma del historiador Daniel Balmaceda, en su libro «Espada y Corazones«, nos cuenta algunos pasajes de la entrada de las fuerzas inglesas a la ciudad:

[…] Mientras tanto, en Buenos Aires, las porteñas se maravillaban con el «jabón con olor» que trajeron los ingleses para comerciar; y los hombres observaban estupefactos el extraño juego con palos y piedras que practicaban los pelirrojos de la tropa: estaban siendo testigos del primer partido de criquet que se jugó en nuestras tierras. Y eso no era todo para los porteños. Además, aprendían modales en la mesa y, sobre todo, a brindar. Sí: el brindis también fue importado por los invasores de 1806.

Pero no todo era cordialidad, jabones perfumados y chin chin. Martín de Álzaga, negrero millonario, se transformó en el líder de la oposición. Y cuando advirtió que Sobremonte no tenía apuro en volver, ideó el segundo plan: cavar un túnel desde alguna casa cercana hasta el fuerte donde flameaba la bandera inglesa y meter doscientos peones, indios y criados diestros con el cuchillo para que se ocuparan de las gargantas británicas.

REACCIÓN DE MONTEVIDEO Y LA RECONQUISTA DE BUENOS AIRES: En los primeros días de julio se conocieron en Montevideo las noticias sobre la toma de Buenos Aires, las que provocaron gran alarma.

El 17 de julio llegó a la ciudad don Santiago de Liniers, que fue oído por una junta de guerra presidida por el gobernador, la que determinó la salida de una expedición de 1.300 hombres bajo la jefatura de Liniers. Estas fuerzas salieron de Montevideo hacia Colonia, donde las aguardaba una flotilla al mando de Juan Gutiérrez de la Concha.

Las tropas efectuaron la travesía sin inconvenientes, desembarcando en Las Conchas, desde donde se dirigieron a San Isidro en medio de un fuerte temporal (día 5). El 8, serenado el tiempo, se pusieron en marcha y al día siguiente llegaron a la Chacarita de los Colegiales. El 10 avanzaron hasta los Corrales de Miserere, enviando desde allí una intimación al jefe inglés, que fue rechazada.

LA RECONQUISTA: La política de Beresford no logró los resultados esperados. Pronto Buenos Aires fue un semillero de conspiraciones y varios planes simultáneos se tejieron para dar fin al dominio inglés. Los actos hostiles hacia los invasores fueron frecuentes, aunque tampoco faltaron contactos amistosos entre los jefes británicos y las clases altas de la burguesía colonial.

Se tramaron varios planes para expulsar a los ingleses. Así dos ingenieros catalanes aconsejaron minar el Fuerte y la Ranchería. Mientras se realizaban los trabajos para cumplir tal proyecto, que no llegó a concretarse, Juan Martín de Pueyrredón, previo acuerdo con Liniers, reunió en la chacra de Perdriel grupos de vecinos (entre ellos Martín Rodríguez) a los que se unieron algunas milicias.

Liniers La Reconquista de Buenos Aires Liniers Pueyrredon BeresfordEl encuentro  con las fuerzas enemigas se produjo el 19 de agosto; las tropas de Pueyrredón fueron dispersadas, incorporándose los fugitivos a Liniers (imagen) , que marchaba hacia los Corrales de Miserere. Como hemos visto, desde allí intimó la rendición a los ingleses, pero como éstos no la aceptaron, ordenó que se prosiguiese la marcha llegando al Retiro el día 10 y se apoderaron fácilmente de ese punto.

En el día 11 no se verificaron acciones decisivas. Como los ingleses habían decidido defenderse en la Plaza Mayor, hacia allí se dirigieron las tropas de Liniers, que avanzaron en columnas por las calles adyacentes para converger todas y efectuar un ataque general protegido por la caballería, que obligó a los ingleses a refugiarse en el Fuerte. Poco después apareció en éste la bandera de parlamento y posteriormente se rindieron a discreción. Los oficiales quedaron libres bajo palabra, a Beresford le fue devuelta su espada, tomándose las banderas del regimiento 71.

Liniers concedió al enemigo una generosa capitulación en la que se establecía que los prisioneros ingleses debían ser embarcados con sus armas y remitidos a Europa, para ser canjeados por prisioneros españoles. Esto provocó la indignación popular, por lo que debió anularse el tratado y se internó a los prisioneros, que gozaron de relativa libertad.

El día 11 las tropas realistas ocuparon el Retiro, donde Beresford había colocado una pequeña fuerza. El mal tiempo favoreció a Liniers: su ejército contó con la ayuda de la población para arrastrar la artillería por los caminos cubiertos de barro, mientras Beresford no pudo movilizar su corta tropa y salir a campaña en busca de una decisión en campo abierto. La lucha en las estrechas calles, con las azoteas cubiertas de francotiradores hostiles, le resultó fatal

Beresford debió rendirse tras corta pero dura lucha.  Parece ser que Liniers prometió la repatriación del ejército vencido Ante la presión de los jefes españoles debió desdecirse y los ingleses fueron internados en el territorio del Virreinato. Beresford, Pack y otros oficiales quedaron en Luján.

El Cabildo envió a España a Juan Martín de Pueyrredón para explicar al Rey el relato de lo ocurrido, pedirle el envío de tres regimientos y solicitarle que el Cabildo pudiera reclamar a los virreyes si en sus virreinatos faltaban medidas de seguridad. El pedido de auxilio fue rechazado. Al regresar Pueyrredón tres años más tarde, fue apresado en Montevideo por orden de Elio, que ejercía las funciones de virrey provisional, pero logró huir.

DESPLAZAMIENTO DE SOBREMONTE. El. 14 de agosto de 1806 un Cabildo Abierto, alque concurrieron 96 personas, quitó al virrey el mando militar de la dudad de Buenos Aires, entre el regocijo del vecindario y aun de algunas de las autoridades españolas, entre las que Sobremonte carecía de prestigio.

Grupos populares, en los que descollaba Pueyrredón, tuvieron parte importante en aquellas decisiones. Sobremonte, que se acercaba con tropas desde Córdoba, fue convencido por una comisión enviada al efecto y delegó en Liniers el mando de las fuerzas de la capital, conservando el gobierno en el resto del Virreinato. La Audiencia asumió la dirección política de Buenos Aires.

Sobremonte pasó a Montevideo. Teóricamente, Liniers estaba bajo su mando, pero en el sistema colonial se había abierto una sería fisura: el representante del rey en América ya no era el magistrado indiscutido de los siglos pasados.

La retirada de Sobremonte, aunque formaba parte de la estrategia prevista por la Junta de Guerra, fue interpretada como una muestra de cobardía. La población de Buenos Aires no le perdonó su ausencia. El 14 de agosto, en un Cabildo abierto, reclamó que el mando militar se delegara en Liniers. Así se hizo, lo cual significó un hecho histórico sin precedentes: por primera vez en la historia de la colonia, la voluntad popular se imponía a la rígida autoridad virreinal.

LAS MILICIAS, FUTURO BRAZO ARMADO DE LA REV0LUCIÓN. La permanencia de las naves británicas en el Plata hacía temer un nuevo ataque. Bajo la dirección de Liniers los habitantes de Buenos Aires comenzaron a agruparse en cuerpos armados de acuerdo con lo dispuesto en el Cabildo Abierto del 14 de agosto, cuyo fin era evitar otro desastre similar al de junio. Se adoptó el criterio de dividir las fuerzas según el ungen de sus integrantes. La población porteña se vio así encuadrada en unidades militares cuyos jefes eran elegidos por los hombres a quienes mandarían en la lucha. i» esta manera serían, al tiempo que comandantes, voceros de la inquietud general. No era, desde luego, el sistema de un ejército profesional, sino de milicias populares. Se dejaba el fusil y los ejercicios para volver a las tareas diarias.

Así surgieron la Legión Patricia (más de 1.300 efectivo) , comandada por Cornelio Saavedra e integrada  por nativos de Buenos Aires; el cuerpo de indio., Pardos y Morenos; el de Arríbeños; los Húsares, dirigidos por Pueyrredón, cuerpo formado también por porteños; Cazadores; Gallegos; Andaluces; Catalanes; etc. los que sumados a las escasas fuerzas veteranas reunían más de 8.000 hombres.

Se había armado al pueblo. Era lo que Sobremonte temía. En 1810 se verían las consecuencias. Fue difícil reunir armas y equipo. Para lograrlo se trajeron recursos de otros puntos de las colonias (pólvora de Chile, por ejemplo), se aprovechó el material tomado a los ingleses y se recibieron municionas desde el Perú.

 Para confeccionar los uniformes, cuyos colores principales eran el azul y el blanco. se utilizó el paño capturado en dos naves mercantes inglesas, y aun se adquirieron productos de contrabando a mercaderes británicos.

Al iniciarse el año 1807 Buenos Aires contaba con un ejército entusiasta y numeroso aunque muy deficiente en materia de instrucción. La misma oficialidad, surgida de la burguesía porteña, desconocía aspectos elementales de la actividad militar.

ACTITUD DEL GOBIERNO INGLES. El gabinete whig que había reemplazado al gobierno de Pitt, ante el éxito inicial de Beresford y la repercusión del mismo entre los intereses comerciales de la burguesía británica, decidió propagar esa acción a otros puntos del continente. Pero ya no era la política de Pitt. proclive a fomentar la independencia americana (según lo tratara con Miranda): el móvil era conquistar esas regiones para Inglaterra. Con esa intención se despacharon naves hacia Chile. La noticia de la Reconquista obligó a concentrar todas las fuerzas para una nueva empresa en el Plata

EL «DATO» DE MISTER RUSSEL QUE CAMBIÓ LA HISTORIA DE LAS INVASIONES

La flota invasora inglesa se dirigía a Montevideo como objetivo preciso, porque se suponía que la baja profundidad en la costa porteña podría ser difícil maniobrar las naves frente a cualquier ataque. Resulta que dicha flota cuando se acerca al Río de la Plata, captura una goleta quien iba a bordo un tal Mister Russel, que hacía mas de una década que vivía en Buenos Aires, dedicándose al comercio naval.  Enseguida notaron que el brandy inglés era su debilidad y en pocas horas el escocés Russel bajo el efecto del elixir inglés le asegura que están por cometer un gran error si atacan Montevideo

 Un testigo, el oficial inglés Alexander Gillespie, narra la escena en su libro Buenos Aires y el interior. «La noticia, dada, por Mr. Russel, fue  que una gran suma de dinero había llegado a, Buenos Aires desde el interior del país para ser embarcada con rumbo a España [en efecto, habían arribado caudales desde Lima en esos días]; que la ciudad estaba protegida solamente por una poca tropa de línea, cinco compañías de indisciplinados blandengues y canalla popular [es cierto; además, no estaba resguardada con un muro, como el puerto oriental]; y que la festividad de Corpus Christi, que se aproximaba [comenzaba el ,15 de junio y duraba varios días] y atraía la atención de todos,’terminando en una escena de borrachera general y tumulto, sería la crisis más favorable para un ataque contra la ciudad». Quince años de convivencia con los porteños respaldaban los consejos de Russel.

«El 13 de junio ya reunida toda la expedición, se convocó a un consejo de guerra y se resolvió que la tentativa proyectada sobre Montevideo sé dirigirá sobre la misma capital [del Virreinato], Buenos Aires», ….. el resto es historia conocida.

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina (kapelusz) – Wikipedia

La Reconquista de Buenos Aires Liniers Pueyrredon Beresford

La Reconquista de Buenos Aires: Liniers Pueyrredón y Beresford

PRIMERA INVASIÓN INGLESA Y CAPTURA DE BUENOS AIRES: El antecedente inmediato del ataque al virreinato del Río de la Plata fue la expedición que envió el gobierno inglés a la Colonia del Cabo (sur de África) perteneciente a Holanda, enemiga de Inglaterra desde que Napoleón había colocado como rey a su hermano Luis. La posesión del Cabo le era necesaria para mantener sus comunicaciones con las Indias Orientales.

La expedición se puso a las órdenes de sir Home Popham (imagen) corno jefe de las fuerzas navales y de David Baird con el mando de las tropas de desembarco, mientras que Guillermo Carr Beresford era segundo jefe.

LA PRIMERA INVASIÓN INGLESA: Desembarcaron en la Colonia del Cabo en enero de 1806 y tras un rápido ataque obligaron a capitular a la guarnición holandesa.

Con ello el Cabo pasó a poder de los ingleses. Popham, entusiasmado con los informes que sobre el Río de la Plata le dieron dos marineros, que habían vivido en esa región, y como recordase el antiguo proyecto de Miranda, convenció a Baird para atacar el Virreinato, que se encontraba poco provisto de fuerzas.

Por otra parte, (Popham creía que bastaba la sola presencia de los ingleses, para que toda la población apoyase el desembarco, por odio al gobierno español.

El 14 de abril de 1806 la expedición partió de El Cabo, embarcada en cinco navíos de guerra y otros tantos transportes.  El efectivo, cuyo núcleo era el Regimiento 71 de cazadores escoceses se completó con infantes y artilleros agregados en la isla de Santa Elena. Sumada la marinería de desembarco, el total de combatientes alcanzaba a 1644 hombres con algunas piezas de artillería.

Era realmente necesaria una gran audacia para intentar el ataque con tales fuerzas. Sin embargo diversos factores hacían factible la empresa: España carecía en el Plata de tropas veteranas en número suficiente y los invasores esperaban además contar con la hostilidad de los criollos para con las autoridades hispanas.

 La elección del objetivo fue motivo de debate. Beresford (imagen) se inclinaba por ocupar Montevideo. SinBERESFORD embargo noticias recogidas durante la navegación, por boca de un irlandés que viajaba en una nave española capturada, les hicieron conocer la existencia de caudales reales en Buenos Aires. Las defensas de esta ciudad pese a contar con cerca de 50.O00 habitantes eran casi nulas, comparadas con las fortificaciones de Montevideo.

Popham notó también que Buenos Aires capital del Virreinato, era la pieza decisiva para el dominio de las rutas comerciales del interior.

Buenos Aires y el marqués de Sobremonte. En diversas oportunidades naves inglesas habían rondado el estuario, en operaciones de sondeo o, simplemente, de contrabando.

En noviembre de 1805. al tenerse conocimiento de la llegada a Río de Janeiro de la expedición de Baird, el virrey marqués de Sobremonte. realizó algunos aprestos sobre la base de que el lugar atacado seria Montevideo. Cuando a principios de junio de 1806, el vigía de Maldonado avistó la presencia de naves enemigas, las pocas fuerzas regulares que había en la capital fueron despachadas a la Banda Oriental.

Cuando, después de cruzar algunos tiros con el fuerte de Ensenada, comandado por Santiago de Liniers, los ingleses desembarcaron en Quilmes, sólo debieron enfrentar (26 de junio) a algunos centenares de milicianos pésimamente instruidos, dirigidos por Pedro de Arce, subinspector general de armas de la plaza de Buenos Aires. Dispersadas estas fuerzas por algunas descargas, Beresford dirigió su columna sobre la capital.

EL VIRREY SOBREMONTE FRENTE A LOS TRÁGICOS HECHOS:

En la noche del día 24 cuando Sobremonte (imagen) junto con su familia presenciaba en la Casa de Comedias «El sí de las niñas» de Moratin, le fue entregado un parte de la Ensenada comunicándole la presencia de los invasores.

En efecto, la escuadra inglesa se había dirigido hacia la Ensenada de Barragán, quedando para explorar la región oriental del estuario la fragata “Leda”, que avistada, provocó la alarma general.

El fuerte de la Ensenada, adonde llegaron los ingleses el 24 de junio, estaba al mando de Santiago de Liniers. Se produjo un ligero tiroteo tras el cual siguieron la marcha hacia Quilmes, donde desembarcaron el día 25 ante la sola presencia de algunos gauchos sorprendidos.

Ese día transcurrió sin que se enviasen tropas para detener el avance enemigo. Recién en la mañana del día 26 se dirigió hacia allí Arce con fuerzas muy mal armadas, que se desbandaron ante una carga de los ingleses, que avanzaron a lo largo de la línea del Riachuelo.

El Virrey despachó hacia Luján los fondos de las cajas reales y el 26 por la tarde se trasladó a Barracas después de delegar el mando militar en el coronel José Pérez Brito y el mando político en la Audiencia.

El día 27 las tropas de Arce intentaron cerrar el paso de Barracas, pero debieron emprender la retirada, mientras que Sobremonte en conocimiento de esta infructuosa acción, iniciaba la huída a Córdoba con parte de las fuerzas. A las tres de la tarde los ingleses entraron a Buenos Aires, asumiendo el cargo de gobernador el brigadierBeresford.

Sobremonte aceptó las condiciones impuestas por el vencedor, en Monte Castro (Floresta). Desde allí se trasladó a la villa de Luján escoltado por las trapas españolas que fueron las únicas que no lo abandonaron. Desde la Cañada de la Cruz, el 1 de julio declaró a Córdoba como capital interina del Virreinato, y ordenó el reclutamiento de tropas para reconquistar Buenos Aires.

El 27, después de cruzar las calles de la anonadada ciudad, los invasores ocuparon el Fuerte, firmándose la capitulación el 2 de julio. Para los porteños la actitud de su virrey implicaba una cobarde fuga.

Beresford rápidamente presionó a los vecinos con la amenaza de confiscar las embarcaciones de cabotaje surtas en la rada, y logró así que éstos mediaran ante el virrey para que se entregaran los caudales que aquél había intentado salvar. Capturados en Luján dichos tesoros fueron embarcados hacia Londres.

BERESFORD AL FRENTE DE BUENOS AIRES (JUNIO-AGOSTO DE 1806). Consciente de su escaso poder y decidido a atraerse la benevolencia de los habitantes, el jefe inglés luego de tomar a las autoridades civiles y militares de la plaza el juramento de fidelidad a Su Majestad Británica. dictó una serie de medidas para ganarse los ánimos.

Existen indicios que diversos sectores luego protagonistas de la Revolución (Castelli, Pueyrredón. etc.), tuvieron tratativas con los británicos en torno a la posible emancipación de esta colonia. Beresford desechó en un principio esos intentos, pues carecía de instrucciones superiores al respecto.

LOS EFECTOS DE LA RECONQUISTA: «Uno de los efectos inmediatos de la reconquista, fue el espíritu guerrero que despertó en todas las clases; pero en un sentido diametralmente opuesto a las reglas disciplinarias de la milicia regular, ese espíritu refluía sobre el orden político. Era el producto de las fuerzas sociales llamadas a la acción, que se condensaban, armaban y regimentaban, animadas de un espíritu cívico, que improvisaba por instinto y bajo los auspicios de la victoria una milicia popular, que llevaba en germen la institución democrática de la Guardia Nacional en los pueblos libres. Contribuía a exaltar este sentimiento, la nulidad manifiesta de las antiguas reputaciones militares de la Colonia, y la insignificancia de los elementos regularizados que habían concurrido a la acción. Los antiguos generales españoles que componían el Estado Mayor del Río de la Plata […] habían mostrado unos su incapacidad y otros su cobardía en los días de la conquista, y rendidos en su mayor parte al enemigo, no figuraron en la reconquista. […] El pueblo armado lo había hecho todo, y sin él nada se habría hecho.»

Bartolomé Mitre.
Historia de Belgrano y de la Independencia Argentina.
Buenos Aires, Librería La Facultad, 1927.

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina (kapelusz) – Wikipedia

Politica Colonial de Europa Antecedentes de las Invasiones

Política Colonial de Europa
Antecedentes de las Invasiones

Al promediar la primera década del siglo XIX los conflictos europeos tuvieron un episodio militar en tierras sudamericanas. Fruto de la lucha sostenida desde años atrás por Francia e Inglaterra a la que se vio arrastrada España fueron los ataques británicos contra la capital del virreinato rioplatense, en 1806 y 1807. Pero para los pobladores de este sector de América estos sucesos tuvieron una importancia mayor: constituyeron uno de los factores desencadenantes de los trascendentales acontecimientos del año 1810.

invasiones inglesas

ANTECEDENTES: LA POLÍTICA COLONIAL EUROPEA:

Los conflictos de España con Inglaterra y su repercusión en el Río de la Plata:
Como España ayudó a las colonias inglesas a lograr su independencia, Inglaterra inició una política hostil a la metrópoli.

No pocos americanos partidarios de la independencia, vieron en el posible apoyo anglosajón, obtenido a cambio de la promesa de futuras ventajas comerciales un medio para separarse de España. Estas concesiones económicas, concretamente la apertura de los puertos al comercio inglés, por otra parte, lejos de perjudicar favorecían a la reciente burguesía criolla.

La corona inglesa apoyó así a las posesiones españolas en sus proyectos emancipadores y secundó los planes del general venezolano Francisco Miranda, con lo que trataba de lograr nuevos mercados.

Desde Londres  organizó una sociedad que trabajaba por la independencia de Sudamérica llamada Gran Reunión Americana o Logia Lautaro, a la que ingresaronSimón Bolívar, Bernando O’Higgins, José de San Martín, Carlos María de Alvear, etc.

Así es como en 1790, 1798, 1801 y 1804 el patriota venezolano Francisco de Miranda presentó sucesivos proyectos al gabinete londinense pLA PRIMERA INVASIÓN INGLESA: ara concretar esas ideas.

Tras varios años de espera y de planear proyectos que no se concretaron, logró que el ministro inglés Pitt lo comisionase junto con sir Home Popham (imagen) para trazar un plan de ataque a América (1804). Aunque éste fracasó, Popham lo llevó a cabo en 1806, cuando se efectuó la primera invasión inglesa. Más tarde, obtuvo el apoyo inglés y norteamericano (1806) y pudo realizar una tentativa de desembarco en la costa norte de América del Sur, que resultó infructuosa.

También las naves inglesas apresaron algunas embarcaciones españolas; los españoles siguieron la misma táctica, sembrándose así la alarma en todo el Virreinato. Esta situación perjudicó enormemente a los habitantes de estas comarcas, pues además de hallarse incomunicadas con la metrópoli no podían comerciar.

Desde el siglo XVI los europeos, amparados por su técnica superior, e impulsados por sus necesidades comerciales y territoriales, se lanzaron a la conquista de mares y continentes, y  las rivalidades entre las potencias del Viejo Mundo en el terreno colonial fueron uno de los factores fundamentales de la política exterior europea.

Así, los conflictos anglo-franceses en América del Norte y la India, y las luchas de los españoles y lusitanos en torno al Río de la Plata tuvieron influencia primordial en las guerras europeas de 1701-1714, 1740-1748, 1756-1763. Tras el último de los choques citados, la llamada Guerra de los Siete Años, Inglaterra logró arrebatar a Francia el Canadá y la mayor parte de los territorios de la India.

En 1776 la revolución que daría origen a los Estados Unidos de América asestó, con el apoyo y complacencia de Francia y España un fuerte golpe al imperio colonial inglés.

Las colonias proporcionaban materias primas y constituían importantes mercados para las producciones de sus respectivas metrópolis. Éstas se cuidaban muy bien de conservar la exclusividad de tales beneficios aun en perjuicio de los pobladores de dichas colonias (tal el caso de la política económica española).

En Inglaterra fruto del capitalismo y del uso de máquinas movidas por medio de vapor, la industria británica se colocó muy por delante de la del resto de Europa, y comenzó una agresiva política imperialista que se convirtió en el rasgo característico de su desarrollo económico.

Su Majestad Británica tenía sobrados motivos para suponer que su acción en Hispanoamérica no seria mal recibida por los criollos. La posterior relación entre Inglaterra y las repúblicas americanas después de la emancipación de éstas, prueba que efectivamente, los intereses de aquella nación y de los grupos mercantiles americanos eran comunes.

NAPOLEÓN, ESPAÑA Y EL BLOQUEO CONTINENTAL. Francia, donde Bonaparte gobernaba como emperador desde 1804, era la principal enemiga de la Corona británica. España, conducida débilmente por Carlos IV y, principalmente por su favorito, Manuel Godoy, entró en la órbita de influencia de Napoleón y esta situación la condujo a la guerra con Gran Bretaña.

El 21 de octubre de 1805 el combate naval de Trafalgar marcó un hito decisivo en el conflicto. La escuadra franco-española, mal conducida por el almirante Villeneuve, fue despedazada por la armada enemiga. Fuerte, casi imbatible en el continente, donde obtendría poco después el resonante triunfo de Austerlitz, el estadista corso vio así desplomarse toda posibilidad de invadir las islas británicas.

Como había ocurrido en siglos pasados y como volvería a suceder una centuria más tarde. la flota inglesa. comandada en esta oportunidad por el almirante Nelson, ganó. con el dominio del mar la seguridad para el imperio mundial inglés. Fue ese uno de los hechos desencadenantes de los sucesos que ocurrirían meses después en el Plata.

Napoleón se lanzó a la guerra económica y reforzó sus medidas para cerrar os puertos franceses y aliados —prácticamente toda Europa— al comercio inglés. Y pese a las frecuentes violaciones del contrabando, la economía británica se vio seriamente perjudicada.

LOS VIEJOS PROYECTOS DE INGLATERRA:  Durante el siglo XVIII sucesivos gobiernos ingleses estudiaron varios proyectos, de diverso origen, destinados a lograr la irrupción comercial en Hispanoamérica.  Estos proyectos contemplaron múltiples posibilidades: desde la simple conquista militar hasta “la idea de fomentar insurrecciones locales que dieran origen a estados independientes, vinculados, claro está, con la política inglesa”.

En la segunda mitad del siglo XVIII los británicos se instalaron en las islas Malvinas que luego debieron abandonar. En 1762 naves de ese origen actuaron junto a los portugueses en las luchas por la Colonia del Sacramento.

El próximo paso seria el desembarco de sus flotas en las costa argentinas, así comenzaron las Invasiones Inglesas

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina (kapelusz) – Wikipedia – Historia Argentina de Etchart – Douzon

El virrey Cisnero en el Rio de la Plata

El Virrey Cisnero en el Río de la Plata – Invasiones Inglesas

Último virrey que ejerció el poder en el virreinato del Río de la Plata. Nació en Cartagena, España, y murió en la misma ciudad. En 1770 se inició en la marina de guerra y durante veinticinco años participó en diversas acciones al mando de renombrados jefes. Se distinguió en la batalla de virrey cisneroTrafalgar, en la que el almirante inglés Nelson derrotó a las naves francesas.

Al producirse la invasión napoleónica en España se opuso a la misma. La Junta Central de Sevilla, que gobernaba en nombre de Fernando VII, le confió diversas misiones y, en 1809, lo nombró virrey del Río de la Plata. Sucedió a Santiago de Liniers, héroe de la Reconquista.

El 19 de julio de ese año recibió el mando en la Banda Oriental, adonde los oidores de la Audiencia, miembros d Cabildo y otras autoridades habían ido en su busca, Diez días después entró en Buenos Aires.

Durante su gobierno, Mariano Moreno presentó la famosa «Representación de los Hacendados», en la que se pedía el libre comercio. La noticia de la caída dela Junta Central de Sevilla precipitó los acontecimientos.

Cisneros dio una proclama el 18 de mayo de 1810, en la que trataba de calmar los ánimos, Fero rué en vano, pues ios patriotas vieron la oportunidad de elegir un gobierno propio. Cisneros debió autorizar la realización del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. En él se efectuó una votación y por mayoría se pidió su renuncia Sin embargo, el Cabildo lo eligió presidente de la Junta nombrada el 24 de mayo.

Al día siguiente, y ante el clamor popular, Cisneros debió renunciar y se eligió la Primera Junta de Gobierno Patrio, presidida por Cornelio Saavedra. Un mes más tarde fue embarcado rumbo a las islas Canarias. De allí pasó a la Península, donde ocupó diversos cargos hasta su muerte.

VIRREINATO DE CISNEROS

El 13 de julio Cisneros recibió en Colonia las diputaciones del Cabildo, Real Audiencia, Tribunales de Cuentas y otros cuerpos antes quienes prestó juramento tomando posesión del mando.

Vicente Nieto pasó a Buenos Aires asumiendo interinamente el mando político y militar del Virreinato, relevando así a Liniers.

¿Por qué no llegó directamente el nuevo virrey a la capital? La confusa situación antes descripta hacia temer que su arribo fuese resistido.

Como hemos visto, el plan de la emancipación estaba en marcha. ya fuera bajo la forma de protectorado inglés o con la candidatura de Carlota.

En julio de 1809 se realizaron reuniones secretas en Buenos Aires que preparaban el golpe destinado a evitar la entrada de Cisneros .

MOVIMIENTO DE CHUQUISACA. En Chuquisaca (Charcas, hoy Sucre) se cumplía el mismo fenómeno de descomposición política e institucional que cundía por todo el Virreinato.

Desde 1808 se anunciaba un choque entre las distintas autoridades de la región, y la llegada de José Manuel de Goyeneche comisionado de la Junta de Sevilla. precipitó los acontecimientos. Era portador de pliegos del Brasil en los que se ofrecía el protectorado del príncipe regente y de Carlota.

Los patriotas explotaron estas noticias en contra de la autoridad real. El presidente de la Audiencia ordenó el 25 de mayo de 1809 la prisión de los doctores Manuel y Jaime Zudáñez que iniciaron la agitación. pero el pueblo no quiso tolerar este golpe de autoridad. Los revolucionarios, entre ellos Bernardo Monteagudo, estaban en contacto con los patriotas de Buenos Aires.

Los rebeldes confiaron el gobierno civil al oidor decano de la Real Audiencia y el militar al coronel Juan Antonio Álvarez de Arenales.

LA PAZ. En la Intendencia de La Paz el movimiento estaba preparado para el 30 de marzo. Habían llegado noticias del golpe bonaerense del 1ro. de enero de 1809 y de que se constituirían juntas independientes, pero su fracaso aplazó el intento altoperuano.

El 16 de julio Pedro Domingo Murillo se hacía cargo de la comandancia de la plaza y Juan Pedro Indaburu de la Intendencia.

Habiendo renunciado el gobernador y el obispo, el Cabildo asumió el mando constituyéndose después la Junta con carácter consultivo.

El 22 de julio quedó aprobado el “plan de gobierno” donde en 10 artículos se reglamenta el funcionamiento de la “Junta representativa y tuitiva de los derechos del pueblo”.

El 27 ésta lanzó una proclama donde se anunciaba que “ya es tiempo, en fin, de levantar el estandarte de libertad de estas desgraciadas colonias”.

José Manuel Goyeneche, que se encontraba en el Cuzco, fue encargado por el virrey del Perú, Abascal, de terminar con la revolución de La Paz.

Los jefes insurrectos fueron ahorcados y sus cuerpos exhibidos para escarmiento. Cisneros, inmediatamente, equipó una columna de 1000 hombres que marchó sobre Chuquisaca a las órdenes de Nieto. El 21 de diciembre de 1809 ocupaba la ciudad; los revolucionarios se rindieron sin combatir. Los vencedores se manifestaron más indulgentes que las fuerzas provenientes del Perú.

ACCIÓN DE GOBIERNO DE CISNEROS. El 2 de agosto suprimió el impuesto de contribución al comercio: el trato debía hacerse a través de Comerciantes mayoristas hispanos, se prohibía la introducción de ciertos productos (vinos. por ejemplo) que pudieran competir con los peninsulares. etc. Pese a todo significó una brecha en el sistema monopolista y un anticipo de los cambios que Buenos Aires necesitaba y que mas adelante se impusieron por la fuerza.

Hizo levantar un censo de extranjeros de la capital que no prestaran servicio militar para su expulsión. Se estableció que había más de 400 sin contar los franceses.

La presencia de Liniers molestaba su gestión de gobierno; de acuerdo con la Audiencia, Cisneros lo obligó a que saliera para Mendoza.

La Junta Central había concedido a Liniers, por su acción en las Invasiones, el titulo de conde y pensión anual sobre la hacienda del Virreinato. El ex virrey tomó la denominación de conde de Buenos Aires.

Elio había sido nombrado inspector general de armas, lo que ocasionó la protesta de los cuerpos armados. Ante ese hecho el virrey reasumió en su persona este cargo. Amnistió a los complotados del 1 de enero de 1809. pero se estipulo que fueron los sostenedores de Liniers los que habían estado dentro de la ley.

DECRETO DEL 6 DE NOVIEMBRE DE 1809. A esta política de contemporización respondió el decreto del 6 de noviembre abriendo el puerto de Buenos Aires, mediante permisos a buques extranjeros neutrales o amigos. Este decreto surgió tras un largo proceso a raíz del pedido de comerciantes ingleses para desembarcar sus mercaderías en la capital.

Las distintas autoridades locales dieron su parecer y en el expediente abierto con tal motivo se incluyó una Representación de hacendados y labradores presentada por Mariano Moreno, cuyas ideas respondían a las corrientes liberales que influyeron posteriormente en los gobiernos revolucionarios.

Para algunos investigadores modernos los principios de Belgrano gravitaron poderosamente en la redacción de este escrito, en el que se señalaban los beneficios del comercio con el exterior. La situación internacional, los apuros económicos y el descontento local provocaron, finalmente, el decreto citado este no cubría todas las aspiraciones de los partidarios del libre comercio el trato debía hacerse a través de Comerciantes mayoristas hispanos, se prohibía la introducción de ciertos productos (vinos, por ejemplo) que pudieran competir con los peninsulares. etc.

Pese a todo significó una brecha en el sistema monopolista y un anticipo de los cambios que Buenos Aires necesitaba y que. mas adelante se impusieron por la fuerza.

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Proclama del Virrey Cisnero – Caída del Gobierno de España Fernando VII

Virrey Cisnero

PROCLAMA DEL VIRREY BALTASAR HIDALGO DE CISNERO
«A LOS LEALES Y GENEROSOS PUEBLOS DEL VIRREINATO DE BS.AS.»

Estas son las noticias últimamente conducidas por una fragata mercante inglesa, que habiendo salido de Gibraltar, arribó a Montevideo e! 13 del corriente. Ellas son demasiado desagradables al filia amor que profesáis a la Madre Patria, por quien habéis hecho tan generosos sacrificos […] Es mi obligación manifestaros el peligroso estado de la Metrópoli, de toda la Monarquía, para que instruidos de los sucesos redobléis los estímulos más vivos de vuestra lealtad […]

Encargado por la Autoridad Suprema de conservar intactos y tranquilos estos dominios, en el desgraciado caso de una total pérdida de la Península y falta del Supremo Gobierno, no tomará esta superioridad determinación alguna que no sea previamente acordada entre las representaciones de esta Capital y las de sus Provincias dependientes, hasta tanto que de acuerdo con los demás virreinatos se establece una representación de la soberanía del Señor Don Fernando VII […]”

(Proclama de Baltasar Hidalgo de Cisneros del 18de mayo de 1810)