Biografia de Catalina de Rusia

Biografia de Isabel I de Rusia Emperatriz

Biografia de la Emperatriz Isabel I de Rusia

ISABEL I DE RUSIA (1709-1762): En Rusia, el siglo XVIII es la época del gobierno de las emperatrices. Sin alcanzar la fama histórica de Catalina la Grande, Isabel ejerció una obra quizá más positiva.

Heredera del carácter y de los gustos de su padre, el zar Pedro I, gobernó, sin embargo, de modo morigerado, poniendo fin a una era de deportaciones y asesinatos de Estado.

Isabel I de rusia biografia

Nacida un 18 de diciembre de 1709, hija segunda de Pedro el Grande (1672-1725) y Catalina I (1684-1727). Fue una mujer muy coqueta, la joven Isabel desarrolló una acusada querencia por el cuidado de su físico y por la elección de sus vestidos.

Durante su reinado la nobleza rusa fué adquiriendo las ventajas sociales por las que luchaba desde la muerte de Pedro I.

Isabel reforzó los privilegios señoriales de la aristocracia respecto a los siervos de la gleba; la orientó hacia el gobierno local y la emancipó del servicio en la administración y en el ejército.

De este modo se constituyó el molde político que había de imperar en Rusia hasta la revolución de 1917: una monarquía autocrática apoyada en una nobleza cortesana totalmente afecta a los intereses del trono.

Nacida el 18 de diciembre de 1709 en Kolomenskoye, cerca de Moscú, de Pedro el Grande y Marta Skavronskaya, Isabel creció libremente, con una educación muy rudimentaria.

Era bella y atractiva, bastante ingeniosa y dotada de una profunda intuición para conocer a los hombres. Su padre murió en 1725 y su madre en 1727.

De modo que, habiendo marchado su hermana Ana al ducado de Holstein, quedó prácticamente dueña de sí misma a los dieciocho años.

Durante el breve gobierno de Catalina I fué tratada con cierto respeto. Pero al perder Menchíkov la influencia palatina en tiempos de Pedro II (1727-1730) y adquirirla la familia de los Dolgorukis, adversaria del gran zar y de sus reformas, Isabel tuvo que sufrir muchas humillaciones.

Halló cierta compensación en los amores de su vida privada, no ceñida precisamente a una moral en exceso rígida.

En esta época fueron sus amantes Alejo Chubin, sargento de la Guardia Semenovsky, y el joven cosaco Alejo Razumovsky. Durante el reinado de su prima Ana, antigua duquesa de Curlandia, y de su favorito Biron (1730-1740), Isabel procuró pasar inadvertida, al objeto de evitar verse envuelta en una de las sangrientas represiones del régimen de la bironovchina.

Pero más tarde, al asumir Ana Leopoldovna la regencia de Iván VI (1740-1741) se halló amenazada directamente. Instigada por el embajador francés La Chétardie y apoyada por la nobleza, que deseaba eliminar a los extranjeros del gobierno, dio un golpe de Estado en la noche del 6 al 7 de diciembre de 1741, auxiliada por los regimientos de la Guardia.

El golpe tuvo éxito, de modo que a los treinta y dos años de edad Isabel empuñaba el cetro de su padre.

Rigió los destinos de Rusia durante veintidós años. Ya hemos indicado sus orientaciones en política interior; en cuanto a las relaciones internacionales, fue ardiente partidaria de Austria y enemiga de Prusia, a pesar de que su elevación al trono era debida al grupo de amigos de Francia y Prusia.

Dio plena confianza el canciller Bestuzev-Ryumin, sagaz diplomático y hombre de Estado fértil en recursos de toda clase, al que mantuvo en el poder a pesar de las intrigas de sus adversarios, muchos de los cuales eran amigos íntimos de la zarina.

Eestuzev logró establecer la influencia de Rusia en Suecia, Polonia y Turquía y aislar diplomáticamente a Federico II de Prusia.

En 1755, completando el edificio de su política, estipuló con Inglaterra el convenio de San Petersburgo, el cual motivó, directamente, la firma del convenio de Westminster entre el gobierno inglés y Federico II en enero de 1756.

Rusia compensó la pérdida de la alianza británica estrechando sus lazos con Austria y anudándolos con Francia.

Estas combinaciones diplomáticas fueron el precedente obligado de la guerra de los Siete Años, en la que Rusia lanzó el peso de sus ejércitos contra Federico II.

En 1759 el éxito de la batalla de Kunersdorf estuvo a punto de precipitar el derrumbamiento del ejército prusiano.

La emperatriz Isabel, enemiga acérrima de Federico II, mantuvo la guerra a pesar de las vacilaciones del gobierno de Luis XV de Francia, y quizás hubiera logrado su objetivo supremo si la muerte no la hubiese sorprendido en su corte de San Petersburgo el 5 de enero de 1762.

fuente

Nueva Política Económica en Rusia La Formación de URSS (NEP)

FORMACIÓN DE UNIÓN DE PAÍSES SOCIALISTAS (URSS)
LA NUEVA POLÍTICA ECONÓMICA DE LENÍN

ANTECEDENTES: Luego de la Revolución Rusa, una de las primeras decisiones de los soviets fue retirarse de la Primera Guerra Mundial, en 1918. Rusia firmó con las potencias centrales de Europa el tratado de Paz de Brest-Litovsky para dedicar todos sus esfuerzos a la transformación revolucionaria del país, como fue la transformación del Partido Bolchevique en Partido Comunista.

La industria pasó a ser controlada por los soviets, los bancos se nacionalizaron y se suprimieron los latifundios. El nuevo gobierno se enfrentó a los partidarios del antiguo régimen durante una guerra civil de tres años. Por otro lado, la nacionalización de todos los medios de producción provocaron una crisis económica que llevó a Lenin a tomar conciencia de que la revolución llevaba un ritmo rápido y decidió detener su proceso con la Nueva Política Económica (NEP). En la que se respeten ciertas formas de propiedad.

En Guerra Civil, de varios años de duración, los bolcheviques habían vencido, pero la nueva Rusia comenzaba mal: desde 1918 a 1920, siete millones de hombres habían sido víctimas del hambre, de las epidemias y de la guerra civil. Además, las esperanzas de Lenin de que la revolución se extendería en el exterior resultaron vanas. Lenin era un internacionalista y creía firmemente que, después de la gigantesca matanza de la guerra mundial, los obreros de Occidente se lanzarían también a la revolución comunista.

Por otra parte, muchos bolcheviques creían  que Rusia estaba demasiado débil, demasiado atrasada, insuficientemente industrializada y cultivada para realizar el socialismo de una manera decisiva y que éste no triunfaría, si no se imponía en Occidente. Según las teorías marxistas, eran, en efecto, los países occidentales, con su proletariado numeroso, concentrado, bien organizado y rico en tradiciones, los que darían la señal de la revolución contra un capitalismo llegado a su «última fase».

Lenin en Rusia, crea la nueva politica economica

Lenin había exhortado a los socialistas de izquierda del mundo entero a que rompiesen con la vieja social-democracia reformista, denunciada a causa de su «traición» nacionalista y belicista de 1914, y en muchos países europeos —Francia, Alemania, Italia— había partidos comunistas en vías de formación o constituidos ya.

En marzo de 1919, se había creado la III Internacional Comunista (o Komintern), centro director revolucionario que debía educar, orientar y ayudar a los nuevos partidos comunistas (incluso financieramente), decidir la estrategia y la táctica de la revolución mundial. (Con eso justificaban los gobiernos su intervención en la guerra civil contra los bolcheviques, que proclamaban su intención de destruir el mundo burgués).

En 1918, se creyó en Moscú que el contagio revolucionario se extendía. Trotsky declaraba: «O la revolución rusa origina un movimiento revolucionario en Europa, o las potencias europeas aplastarán a la revolución rusa». El movimiento espartaquista en Alemania, la revolución húngara de Bela Kun, las formidables huelgas en Inglaterra, en Francia y en Italia septentrional parecían, en efecto, confirmar las esperanzas de Lenin, pero no tardó en producirse el reflujo.

El «Capitalismo en descomposición» estaba mucho más fuerte de lo que se pensaba: el espartaquismo fue aplastado en Berlín, la dictadura de Bela Kun no duró más de cinco meses, y las huelgas en Occidente no prosperaron. Por el contrario, fue Rusia la que sufrió la más terrible crisis: oposición de los campesinos, pérdida de las cosechas, hambre y tifus en 1921, «el año negro», y disminución del 70% de la producción industrial.

La población moría por millones o se veía reducida a un estado esquelético, y bandas de muchachos abandonados saqueaban y mataban para no morir. América envió socorros, y el explorador Nansen hizo colectas en toda Europa, con la bendición del Papa. Y estalló la crisis política: los marinos de Kronstadt, la base naval de Petrogrado, que habían sido la punta de lanza de la revolución y de la guerra civil, decepcionados por la inactividad y «olvidados» por el gobierno, que se había trasladado a Moscú, y en contacto con el sufrido campesino, se sublevaron, en febrero de 1921: «¡Vivan los soviets, mueran los bolcheviques!».

Anarquistas y antiguos guardias blancos se unieron a ellos. Sobrevino el desastre: las tropas rojas leales, dirigidas por Tujachevsky, y los delegados del X Congreso del partido comunista aplastaron a los héroes de la revolución, después de atravesar el Golfo de Finlandia helado: los jefes de la revuelta fueron pasados por las armas. Lenin se dio cuenta de que el paso inmediato al socialismo era un error, y decidió’ dar marcha atrás, proclamando una nueva política económica (NEP).

LA NEP Y LA REORGANIZACIÓN
Se suprimieron las requisas agrícolas, sustituidas por un impuesto en especie, se restableció la libertad de comercio, y los campesinos pudieron vender sus artículos en los mercados. El derecho de herencia fue restablecido también. Las pequeñas empresas industriales fueron desnacionalizadas y reaparecieron los artesanos.

El Estado conservó, ciertamente, la industria pesada, el monopolio del comercio exterior y la dirección general de la economía, pero se recurrió al capitalismo extranjero, por medio de sociedades mixtas en las que el Estado Soviético se reservaba el 50 96 del capital. Se admitieron también especialistas extranjeros, los spets, ingenieros u obreros altamente cualificados.

Los resultados fueron favorables: los campesinos se dedicaron de nuevo a sus trabajos, en los mercados reaparecieron los productos, se estabilizó el nuevo rublo y la industria volvió a ponerse en marcha, aunque sus productos seguían siendo caros. Los nepmans y los kulaks ganaban dinero y lo gastaban con ostentación, y el desorden y la miseria subsistían, pero el país salía lentamente del infierno y volvía a vivir. Al mismo tiempo, el Estado se había reorganizado.

En 1922, Rusia, que, con la pérdida de Finlandia, de los Estados Bálticos y de la Besarabia, se había quedado reducida a 130 millones de habitantes, se rigió por una nueva organización territorial: la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), basada en cuatro grandes Repúblicas, que eran la República Federativa de Rusia (las nueve décimas partes del país, incluyendo Siberia), Rusia Blanca en el Oeste, Ucrania al Sur, y Transcaucasia (Azerbayán, Armenia y Georgia, incorporada a la Unión, después de haber constituido, durante poco tiempo, una república independiente).

La unión quedaba abierta y podía ampliarse: a ella se unieron después las repúblicas del Turkestán musulmán, formadas por las poblaciones kazakas, turkmenas, uzbecas, tagikas y kirghises, todas parientes de los turcos. Por último, hubo también numerosos territorios autónomos, correspondientes a diferentes grupos étnicos (carelios, moldavos, alemanes del Volga, etc. Y hubo, incluso, un estado judío, el Birobiyán).

Al año siguiente se elaboró la Constitución de la URSS: un Soviet de la Unión elegido delegaba sus poderes en un Comité ejecutivo central, Tsik, dividido en dos cámaras: Soviet Federal y Soviet de las Nacionalidades. En los intervalos de unas sesiones a otras, un praesidium ejercía el poder y designaba el órgano ejecutivo permanente, el Consejo de los Comisarios del Pueblo. En realidad, no había más que un jefe: el partido comunista. Tenía en su poder todos los resortes, no había oposición, designaba los candidatos oficiales y las votaciones se hacían por el sistema de levantar la mano.

EL PARTIDO COMUNISTA-STALIN, SECRETARIO GENERAL
El Estado era el partido: todos los organismos administrativos y judiciales estaban controlados por sus células, y todas las decisiones importantes eran adoptadas por los dirigentes del partido. La poderosa personalidad de Lenin dominaba a hombres de tendencias y temperamentos muy diferentes, como Trotsky, Stalin, Rykov, Zinoviev, Kamenev, etc.

Si la NEP devolvió una cierta libertad a la economía, la sublevación de Kronstadt tuvo una influencia decisiva en los trabajos del X Congreso: no sólo fueron oficialmente suprimidos los partidos de la oposición (mencheviques y socialistas revolucionarios), sino que se prohibió la oposición organizada en el seno del partido, cuando antes había estado’ admitida, del misrtro modo que se admiten diversas tendencias en los partidos democráticos.

En el Congreso se había manifestado la Oposición Obrera de Alejandra Kolontai, que quería dar el poder a los sindicatos y condenaba ya la dictadura del partido, el centralismo burocrático. Por el contrario, Trotsky defendía la integración de los sindicatos en el Estado que representaba el interés general, comprendido  el  de  los  obreros,  y  Lenin, que recelaba del anarcosindicalismo, se unió a los centralizadores autoritarios. Al votar contra el derecho a la oposición, Trotsky preparaba su propia derrota.

En vida de Lenin, se mantenía un cierto equilibrio, así como una cierta libertad de crítica y de opinión, pero, ante las dificultades, el partido tendía a endurecerse, a imponer una lisciplina de hierro, en nombre de la sagrada causa. En abril de 1922, Stalin fue nombrado secretario general del Comité Central.

José Vissarionovich Dyugachvili (ver Biografía) era un georgiano, nacido en Gori, en 1879. Hijo de un zapatero remendón, que se había convertido en obrero de una fábrica, y de una campesina cuyos padres habían sido siervos, se quedó huérfano muy pronto. Gracias a los sacrificios de su madre y a una beca, el niño, voluntarioso, tenaz, inteligente, fue enviado al seminario ortodoxo de Tiflis.

Adolescente aún, simpatizó con las ideas revolucionarias marxistas y se unió a los círculos socialistas clandestinos. Expulsado reí seminario, se convirtió, a partir de 1901, en un «permanente», en un «ilegal», en un propagandista del movimiento, tomando el seudónimo de Stalin, «el hombre ce acero», así como Lenin era «el hombre de Lena». Organizó huelgas, células, im-rreuras clandestinas.

Detenido en 1902, fue deportado a Siberia, se evadió y reunió su actividad militante; conoció a Lenin en 1905, y participó en el Congreso del partido socialdemócrata en Estocolmo. Desde 1907 a 1910, trabajó en Bakú.

Detenido y deportado de nuevo, llegó a ser, después de su liberación, miembro del Comité Central y editó el primer número de «Pravda». Desde 1913 a 1917, estuvo desterrado en Siberia, hasta que la revolución de febrero abrió las prisiones y los penales. – Durante la revolución de octubre, su actividad fue menos importante que la de Lenin y la de Trotsky.

Era metódico, paciente, prudente, más hombre de acción y organización que teórico; escribía con un estilo denso, estudiado, lleno de repeticiones, con palabras y giros de la lengua litúrgica aprendida en el seminario. Un ensayo sobre el problema nacional visto a. través del marxismo le valió el nombramiento de Comisario de las Nacionalidades. Lenin apreciaba su calma, su serenidad, su ardor en el trabajo.

Se distinguió en Tsaritsin, durante la guerra civil, donde ya, con su amigo Vorochilov, un incidente le enfrentó con Trotsky. En 1919, fue nombrado Comisario de inspección obrera y campesina, encargado del control del aparato administrativo. Su nombramiento de secretario general, tres años después, le situaba en una posición de privilegio y le daba vara alta en la «máquina» del partido, al nivel de los dirigentes del «buró» político: Lenin, Trotsky, Kamenev Bujarin, el teórico, Zinoviev y Tomsky, jefe de los sindicatos.

Ver: La Muerte de Lenín

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo 12 La Gran Aventura del Hombre Editorial CODEX

Historia de los Alemanes del Volga Causas de la Emigración a Rusia

Historia: Causas de la Emigración a Rusia de los Alemanes

Rusia contaba con enormes franjas de tierra fértil, despoblada y sin utilizar. Además, las guerras con Turquía a fines de siglo XVIII, extendieron enormemente el territorio ruso en el sur de Ucrania que apenas estaba habitado. Para conseguir nuevos ingresos a la corona Catalina II promulgó un manifiesto el 22 de julio de 1763, en el cual se invitaba a todos los extranjeros dispuestos a ello a radicarse en Rusia.

En realidad ya el zar Pedro El Grande había comenzado con el proceso de poblar zonas de Rusia con europeos.En las grandes ciudades como Moscú, San Petersburgo y Odessa existían comunidades alemanas con sus propias iglesias y colegios ejemplares, pero en el caso en particulares de los alemanes que poblaron las costas del Volga, la situación fue diferente porque se hizo a través de una planificación contratada de estas comunicades colonizadoras.

catalina II de rusia

Catalina II de RusiaPedro el Grande de Rusia

PORQUE EMIGRARON A RUSIA?

Para contestar a esta pregunta, y las próximas preguntas,  recurrimos a la explicación del historiador Orlando Britos, en su libro «Del Volga a Argentina«, en donde nos cuenta: El comienzo de esta historia se remonta a la segunda mitad del siglo XVIII, en una Europa conflictuada por las ambiciones de las «casas reinantes», las rivalidades entre príncipes y poderosos señores y profundas desavenencias religiosas y económicas.

Guerras permanentes que duraban años como la de los treinta años ( 1618-1648) y luego la de los siete años (1756-1763) había diezmado la voluntad de los pueblos germanos y la halagüeña invitación por parte de Catalina «La Grande» (de Rusia) hizo decidir a muchos europeos occidentales a abandonar sus tierras y emigrar al bajoVolga.

Si a esto le agregamos las guerras de sucesión polaca, austríaca y bávara, las invasiones a Polonia y al imperio otomano, podemos ir comprendiendo la decisión de la emigración alemana. La ocupación de Renania por medio siglo por parte de las tropas francesas de Luis XIV, dejó reducido de 25 millones de habitantes a sólo cuatro millones a los territorios alemanes. Los ejércitos de distintos orígenes vivían en territorios de centro Europa. Sus códigos de persuasión eran violentos para minar cualquier intento de subversión.

No dejaban viviendas sin requisar, y las iglesias no se salvaban de esta búsqueda de cosas de valor. Los ejércitos de ocupación sometían a los habitantes bajo su arbitraria jurisdicción a tratos inhumanos, a vej amenes y hasta eran sometidos impulsivamente a impuestos que debían pagar obligatoriamente, porque si se negaban a ello, en represalia, sus casas eran convertidas en escombros.

Algunas veces este dictatorial proceder trajo como consecuencia la unión de los pobladores que reclamaban por las extracciones de dinero con tanto sacrificio ganado para la subsistencia familiar a través del año. Pero todo era inútil. Por esos tiempos la fuerza se imponía a la razón y entonces se procedía a quemar ciudades enteras en represalia, sembrando el terror como escarmiento.

alemanes del volga

En su marcha, o en sus asentamientos provisorio los ejércitos tenían a su alrededor, una verdadera población parásita», que vivía a expensas de los soldados. Allí podían verse prostitutas y revendedores tratando de interesar a las tropas por sus «ofertas». Este marco era propicio para el pillaje, los robos, los secuestros de mujeres y violaciones. El cuadro contenía además asesinatos de niños y mujeres y de todo miembro familiar que se opusiera al desvastamiento o al incendio de la casa.

Frente a esta triste y penosa realidad, los prometidos privilegios de los zares rusos, para que emigren a poblar Rusia fueron sumamente tentadores, teniendo en cuenta las carencias, sobre todo en la ciudad de Essen y en el sudoeste de Alemania: la guerra de los 7 años, guerras napoleónicas, ocupación y poderes extranjeros con opresión política y también bajo la tiranía de los propios príncipes, servicios militares y servidumbre para los príncipes y fuerzas extranjeras, (por ejemplo: venta de soldados a América).Penurias económicas, malas cosechas, años de hambruna, rigurosa y muchas veces injusta administración, obstáculos para la libertad de culto.

EL VIAJE DE ALEMANIA A RUSIA:

El contingente [primer] que se aprestaba a emprender la primera emigración alemana a Rusia, era relativamente pequeño, en proporción a los que le sucederían, tanto al Volga como a la zona del Mar Negro. 400 personas solamente, componían la corriente migratoria primera. Quizás el factor más importante que impidió que el número sea mayor fue el desconocimiento sobre ese país tan lejano. Además las autoridades influyeron en desalentar y prohibir la salida.

El Manifiesto de Catalina había prohibido expresamente la entrada por el Oeste de Rusia, a saber a través de Austria, Hungría o Checoslovaquia. Debían entrar por el norte de Rusia, desde el Báltico. Las posteriores corrientes usaron aveces la ruta prohibida por Catalina; son los que se dirigieron a Rumania, Besarabia, Ucrania, Cáucaso y la zona del Mar Negro.

Los viajes al Volga fueron delegados por el gobierno de Catalina II a empresas francesas, como la Ropp y Pictet, la de Precot y Boffe y la de Ober Monjou. Salían de Alemania y eran guiados hasta su destino por estas compañías. En San Petersburgo los contingentes eran entregados al gobierno ruso a través de un organismo creado a tal efecto, la Tutel-Kanseel, que era la encargada de llevarlos hasta el lugar asignado para el asentamiento , en el Volga.

El viaje de este primer (1762) contingente de 400 personas fue una verdadera odisea. Tuvieron que recorrer unos 3.000 km. Que les demandó un año entero. Las peripecias soportadas fueron transcriptas por algunos historiadores. En realidad, los alemanes no estaban preparados para soportar un frío tan intenso. Hay que tener en cuenta que en invierno (enero) la  zona de San Petersburgo y todo el recorrido posterior hasta el Volga mismo tiene una temperatura media entre -10°y-15° y no varía a pesar de la diferencia de latitud entre la primera ciudad y la zona del Volga, como consecuencia de efectos climáticos exteriores.

Treinta mil personas iniciaron en las distintas marchas emigratorias el itinerario al Volga. De ellos sólo llegaron veintisiete mil, y en los primeros diez años el número de colonos alemanes en el Volga fue bajando como consecuencia de producirse muchas muertes por la precariedad física y mental con que llegaron.

No sólo las contrariedades serias del largo peregrinar, sino que la insuficiente comida y la falta de atención médica adecuada desencadenaron muchas muertes, el cansancio mental, la depresión y la nostalgia, principalmente en la gente anciana contribuyó al desenlace que hago referencia.

Se establecieron 104 aldeas o colonias madres, fundadas entre 1764 y 1767. Todas en la margen derecha del río Volga (Bergseite), yí que la margen izquierda (Wiesenseite) estuvo ocupada por varios años por las tribus nómades de Quirguizios, Calmucos, Tártaros y Bashkirios.
En realidad, estas tierras fueron ocupadas por estas tribus desde épocas remotas. Según Thomas de Quincey, en su libro «La rebelión de los Tártaros» en la margen derecha (Bergseite) vivían aproximadamente 100.000 calmucos y en la Margen Izquierda (Wiesenseite) unos 750.000.

El espíritu conservador de los alemanes del Volga, consolidó de tal manera a loos grupos, que siempre encontraron las motivaciones comunes a cada familia para unirse. Así, por ejemplo, los primeros asentamientos que constituyeron las aldeas o colonias en el Volga, estaban agrupadas según la vecindad en que habían vivido en Alemania y del credo que profesaban católicos o protestantes). Luego también ostentaron con orgullo haber sido de la Bergseite o de la Wiesenseite. Esta diferencia de origen utilizaron los descendientes cuando llegaron a la Argentina. Los de la zona occidental del Volga se sentían descendientes de los fundadores, mientras que los de la otra orilla, contaban con orgullo que sus abuelos habían sido los pioneros en habitar la zona más peligrosa, y que lo habían realizado con
vaentía y coraje.

EL RETORNO: AHORA DESDE EL VOLGA A AMÉRICA
Durante un largo siglo, los alemanes poblaron las tierras vírgenes de ambas orillas del río Volga, en Rusia. Desaparecida Catalina II y con el transcurrir del tiempo, el gobierno imperial ruso quiso «enrusar» a los colonos alemanes, porque prácticamente era una colonia alemana dentro de un gran imperio, que tenían privilegios como el de mantener sus costumbres, idioma natal, credo, y eximido del servicio militar. Los alemanes se habían mantenido ajenos al sistema y cultura rusa; muy pocos conocían el idioma y los vínculos con los nativos era casi nulo.

La poca autonomía de la cual gozaban, les fue cortada, entonces se dieron cuenta que estaban en un país que ya no los quería como colonos. No les renovaban nás los contratos por los campos y les ofrecían en cambio tierras en Siberia. No cabía otra alternativa que buscar nuevos horizontes. El hecho que posiblemente causó uno de los mayores impactos fue la desaparición de la promesa formal de Catalina II que los eximía del servicio militar para los inmigrantes y las generaciones venideras. El servicio militar en Rusia era muy riguroso, duraba entre cinco y siete años, más nueve en la reserva.

En una entrevista oral que realizó Olga Weyne a Juan Detzel, Este dice que «les resultaba intolerable e injusto «salir jóvenes de las colonias y volver con canas». Por eso muchos se convertían en desertores quedando como única alternativa la emigración. La incorporación oligatoria en las escuelas de las colonias alemanas del idioma ruso y el temor de ser obligados a profesar la religión ortodoxa desencadenaron finalmente la decisión.

Se hicieron reuniones y enviaron emisarios, primero a los Estados Unidos de Norteamérica, luego también al Brasil, para estudiar las posibilidades de inmigración en estos países, Los emisarios regresaron al Volga con buenas noticias, a lo que siguieron numerosos grupos de emigrantes, dirigiéndose hada los mencionados países. Entre tanto, los que ya se habían establecido en el Brasil, pronto se dieron cuenta que este país no reunía las buenas condiciones para el cultivo del trigo. De allí llegó un grupo a Argentina para analizar sus condiciones de dima, de suelo y de inmigración. El Gobierno de este país ya había sido advertido del importante contingente de alemanes del Volga, que se dirigía hacia el Brasil, así como de sus características de buenos agricultores, e hizo todo lo posible para que éste sea llevado a la Argentina, valiéndose para ello de artimañas. No sólo lo logró, sino que muchos de los que se habían establecido ya en el Brasil, llegaron voluntariamente a Argentina, en busca de mejores tierras trigueras.

Los primeros colonos alemanes del Volga llegaron a fines de diciembre de 1877 a Buenos Aires. Pero fue a partir de enero de 1878 en que vinieron grandes y pequeños contingentes, estableciéndose en el centro y sur de la provincia de Buenos Aires y en Entre Ríos.

Fuente Consultada:
«Del Volga a la Argentina» de Orlando Britos (comprar el libro)
Sitio WEB: Los Alemanes del Volga http://www.aadav.org.ar

Biografía del Zar Nicolas II de Rusia Gobierno y Obra Política

Biografía del Zar Nicolás II de Rusia
Gobierno y Obra Política

Nicolás II de Rusia (Dinastía Romanov): Nicolás II, fue último zar de Rusia, no destacó como gobernante, pero creía firmemente que su deber era preservar la monarquía absoluta. Finalmente, se vio obligado a abdicar ante la gran demanda popular de reformas democráticas. Nicolás y su familia fueron ejecutados por los bolcheviques en 1918.

Nicolás II, que subió al trono en 1894, se parecía a su padre: tuvo su limitada inteligencia, y, además, su falta de voluntad. Estaba decidido a seguir los principios de gobierno del reinado anterior, pero no contaba con los medios necesarios: un régimen semejante era un anacronismo.

zar Nicolas II de Rusia

Zar Nicolas II de Rusia: Ultimo zar de Rusia. Hijo y sucesor de Alejandro III. Su mujer, Alexandra de Hesse, le empujó a vivir lejos de la Corte en Tsarkofe Selo. Fue acogido con entusiasmo con motivo de un viaje a París que reafirmó las buenas relaciones, franco-rusas. Fue el promotor de la primera Conferencia Mundial para la Paz (La Haya 1899). En 1895 intervino para salvar a China del Japón; después condujo a su país a la desastrosa guerra ruso-japonesa de 1904-05.

La poca energía del zar, su indiferencia por los asuntos de Estado permitirían que la crisis latente estallase. Rusia estaba ya en plena transformación social y económica, iniciada ya en el reinado de Alejandro III. En principio, su política agraria trató de restablecer el poder político de una nobleza arruinada: más de las dos quintas partes de sus tierras estaban hipotecadas, y el proceso de emancipación de los campesinos, seguido de la venta obligatoria de tierras a éstos, acabó de empobrecerles.

El zar volvió a dar a los nobles unos poderes políticos que mermaban la autonomía de las comunidades rurales, establecida por la reforma de Alejandro II. Para compensar esta medida, ordenó la concesión a los campesinos de facilidades de crédito para comprar tierras o colonizar las tierras vírgenes de la Siberia meridional y del Asia central.

De este modo, surgió una clase campesina rica, la de los kulaks, que supo manejar el dinero y la usura en provecho propio, comprando a bajo precio los bienes de los nobles arruinados y la parte de los campesinos endeudados. Paralelamente, una masa de campesinos sin tierras abandonó el campo y fue a buscar trabajo a la ciudad, como una verdadera «población seminómada». Convertidos en obreros de las fábricas, engrosaron los efectivos de un proletariado urbano, que se encontraba ya, por su parte, en pleno crecimiento.

En política interior  afirmó el régimen autocrático y prosiguió la obra de rusificación de sus conquistas —partículamente de Finlandia—. La industrialización comenzada por el ministro de Finanzas Witte desarrolló al proletariado urbano en tanto que el problema agrario se agravaba. Las huelgas y los acto terroristas se multiplicaban apoyados por el partido social-demócrata de tendencia marxista, creado en 1898.

Los conflictos agrarios, crónicos en Rusia a causa de la superpoblación rural y del hambre, no tardaron en sujetarse a los conflictos en la ciudad, con su secuela de huelgas y sangrientas represiones. En efecto, la industrialización rusa avanzaba a pasos de gigante. En 1870, Rusia no tenía capitales, ni máquinas, ni técnicos. Alejandro II interesó a poderosos bancos europeos en la creación de ferrocarriles rusos, necesaria para el desarrollo de la industria.

Los años 1880-1890 son esenciales. Alejandro III, por su parte, continuó aquella afortunada política financiera. Confió el ministerio de Hacienda a Witte, hombre dinámico y moderno, que permanecería en este puesto desde 1892 a 1903. Como Rusia tenía necesidad de capitales, el zar, insistentemente aconsejado por Witte, se dirigió a Francia, «el banquero de Europa», a pesar de su repugnancia por el «innoble liberalismo» de la Tercera República.

Desde 1888 a 1891 se sucedieron varios empréstitos, audazmente cubiertos por el ahorro francés: cuatro mil millones de francos-oro impulsaron la industria rusa y los ferrocarriles. Nicolás II prosiguió aquella política: en octubre de 1896 fue a París a negociar un empréstito de ocho mil millones de francos-oro, siendo recibido con gran entusiasmo por la población, por los ministros y por el presidente de la República Francesa, Félix Faure.

Se desarrollaron tres grandes centros industriales: la industria textil en Moscú, la mecánica en San Petersburgo y la siderurgia en el Donetz. Sin embargo, la condición obrera no mejoró. Los trabajadores tenían una jornada de once horas y media, y un salario que era la tercera parte o la mitad del salario obrero europeo.

Ningún seguro, ninguna protección aliviaba su suerte. Los inspectores de trabajo, creados en 1883, fueron más bien policías a sueldo del Estado, que vigilaban la acción de los propagandistas en las fábricas. Los niños obreros eran todavía más explotados en las minas en que trabajaban. En 1890, Rusia contaba con 1.433.000 obreros (en 1870, tenía 410.000), pobres desgraciados qué se hacinaban en las ciudades, en horribles condiciones de alojamiento. El reinado de Alejandro III está caracterizado por las huelgas.

En 1885, en el centro textil de Orikovozuievo, en los alrededores de Moscú, la primera huelga victoriosa enfrentó a 8.000 obreros con los cosacos, auxiliares de la policía. Aquellos movimientos originaron la formación de sindicatos y de agrupaciones cooperativas. Nicolás II se enfrentó duramente con aquellas realidades rusas, cuya fuerza explosiva supo aprovechar la propaganda revolucionaria, bien organizada ya.

Las huelgas y los actos terroristas se multiplicaban apoyados por el partido social-demócrata de tendencia marxista, creado en 1898. El asesinato del ministro del Interior, Pleve, y los desastres en Extremo Oriente incitaron a los liberales a pedir un régimen cónstitucional.

manifestacion obrera en rusia el domingo rojo

La represión del gobierno a los obreros rusos, «Domingo Rojo»

El zar permitió reprimir bárbaramente la pacífica manifestación de los obreros de San Petersburgo que estaban en huelga en la jornada que fue llamada «domingo rojo» (22 de enero de 1905). Por el manifiesto del 30 de octubre del mismo año, Nicolás prometía un regímen constitucional, con la elección de una Duma. Los octubristas y los cadeles se le confiaron entonces mientras que los extremistas avanzados intentaban una sublevación armada que fue ahogada en sangre.

Las leyes fundamentales promulgadas el 10 de mayo de 1906 arrebataban todo el poder real a la Duma y la primera asamblea fue disuelta por haber reclamado el régimen parlamentario. Nicolás II se abandonó entonces en manos de un reaccionario, Stolypine. La segunda Duma también fue disuelta (1907). Una tercera fue elegida por un colegio restringido de electores. Por el ucase del 9 de noviembre de 1906 el zar favorecía a los kulaks, campesinos acomodados, contra los campesinos desheredados. Tras el asesinato de Stolypine, la agitación revolucionaria recomenzó.

En lo tocante a la política exterior el zar firmó un acuerdo con Inglaterra. Enredado en la crisis de Bosnia, no tuvo otro remedio que inclinarse ante las potencias balcánicas. En 1912 promocionó la creación de la Liga Balcánica. En julio de 1914 se dejó arrastrar por los generales, a espaldas de Francia, para ordenar la movilización general contra Alemania, que le declaró la guerra el primero de agosto.

Luego de la Revolución Rusa, el nuevo gobierno de Rusia había planeado un juicio público grandioso para procesar al zar, pero en realidad la tarde del 16 de julio, Nicolás, su mujer Alexandra y sus cinco hijos (cuatro hijas y Alexis, el heredero, de catorce años), fueron enviados al sótano de la casa donde estaban detenidos. Allí los esperaba un un pelotón de fusilamiento, que disparó una lluvia de balas contra la familia Romanov. Los disparos continuaron hasta que la habitación se llenó de humo.

El zar y la zarina murieron al instante. (ampliar este tema)

Representación del fusilamiento de la familia real rusa.

Los primeros reveses, la escandalosa y creciente influencia de Rasputin sobre la pareja imperial desde 1905, que imponía al zar ministros sospechosos ante la opinión pública y los aliados; todo ello aumentaba el descontento. En 1916 Rasputin fue asesinado. Huelgas insurgentes estallaron en San Petersburgo, los ministros dimitieron y la Duma formó un gobierno y el zar abdicó. Al principio estuvo prisionero en su misma residencia; después, la familia imperial fue conducida a Ekaterinburg y fusilada por los bolcheviques en la noche del 16 al 17 de julio de 1918.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre
Civilizaciones de Occidente Tomo B Jackson Spielvogel
 

 

Biografía de Plejanov Teórico Marxista

PLEJANOV: MAESTRO INTELECTUAL DE LENÍN

Plejánov Gueorgui Valentínovich  (1856-1918), pensador y político ruso, principal teórico del marxismo en su país antes de la Revolución Rusa y uno de los primeros ideólogos del Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR) que, dirigido por Lenin, conduciría aquélla.

Nació el 11 de diciembre de 1856 en la actual Griazi en el seno de una familia de la nobleza. En 1875, mientras estudiaba en San Petersburgo, se unió al movimiento revolucionario de los narodniks , a quienes posteriormente criticó, especialmente por sus actividades terroristas.

Plejanov intelectual marxista

Una nueva ideología revolucionaria penetra en Rusia. Es el momento en que Jorge Plejanov, otro de los jóvenes aristócratas llegados al populismo, se aparta del movimiento terrorista de la «Voluntad del Pueblo». Emigra a Suiza, en 1880, llevando consigo a otros populistas, como Vera Zasulich, Pablo Axelrod, León Deutsch, para estudiar allí el marxismo occidental y encontrar nuevas bases para una acción revolucionaria en Rusia.

En 1872, se había publicado una traducción rusa de «El Capital», de Marx, obra en que la censura imperial no veía peligro alguno, pues «pocos leerán este libro en Rusia, y muchos menos aún lo comprenderán». Pero la influencia de la filosofía alemana se enfrentará con el socialismo utópico francés, y no tardará en sustituirlo.

En Ginebra, Jorge Plejanov funda el primer movimiento marxista ruso, el grupo de la «Liberación del Trabajo», que él mismo dirigirá durante veinte años, sin que nadie discuta jamás su superioridad intelectual, ni su calidad de jefe. «Delgado, esbelto, ceñido en un impecable redingote, llamaba la atención por la extraordinaria viveza de su mirada, bajo unas espesas cejas… Todo en él —actitud, pronunciación, voz, modales— revelaba una suprema distinción», según la descripción de Lunacharski. Su influencia fue muy grande.

Los marxistas rusos «del interior» se trasladaron a Ginebra. «Plejanov educó, él solo, a toda una generación de marxistas rusos», dirá después Lenin, que le consideró, durante mucho tiempo, su maestro, y que desarrolló su pensamiento hasta 1900. Trotski escribió: «Toda la actividad de Plejanov tendía a preparar la revolución por medio de las ideas. Fue el propagandista y el polemista del marxismo, pero no el político revolucionario del proletariado». Este será el papel desempeñado por Lenin, que deshancará así a Plejanov.

Lenín, ideologo de la Revolución Rusa

Su constante alejamiento de Rusia presagiaba ya esta superación. Plejanov inicia y extiende la primera gran división del movimiento revolucionario ruso. En reacción contra los populistas que, por el simple hecho de que no había clase obrera de tipo occidental en Rusia, sino obreros campesinos, estaban persuadidos de que Rusia evitaría la fase capitalista e industrial prerrevolucionaria, y daban especial importancia al papel del campesinado en una perspectiva de socialismo agrario—, Plejanov no veía otra posibilidad de revolución que la de la clase obrera, hacia un socialismo industrial: «En Rusia, la libertad política será conquistada por la clase obrera, o no será conquistada en absoluto».

Estas dos actitudes desembocan en el «Partido Social Demócrata», de inspiración marxista, y en el «Partido Social Revolucionario», forma más elaborada del populismo. Los grupos revolucionarios disidentes se unirían a uno o a otro de estos dos partidos. Carlos Marx murió en 1883, sin haber llegado a conocer la sorprendente evolución de las teorías de Plejanov.

Plejanov, falleció en el exilio, en Finlandia, el 30 de mayo de 1918.

 

Biografía de María Callas Cantante Lírica Opera Resumen

Biografía de María Callas Cantante Lírica

Consagrada por la mayor parte de la crítica como la mejor voz femenina del siglo XX, esta excelsa y temperamental artista griega despertó también el interés del gran público por su agitada y publicitada vida personal.

Pero es su asombrosa voz de «soprano absoluto» y su excepcional talento lírico, lo que ha inscrito definitivamente su nombre en la historia de la música contemporánea.

Nacida circunstancialmente en Nueva York, estudió canto en el conservatorio de Atenas, ciudad en la que debutó a los quince años, y en cuyo Teatro de Opera se desarrolla el inicio de su carrera.

En 1947 se traslada a Italia, donde contrae matrimonio con Giovanni Battista Meneghini, y obtiene sus primeros triunfos resonantes en Verona, Roma y Nápoles.

Veamos ahora su vida y obra musical…

En la biografía de las grandes divas de la ópera, la realidad y la leyenda suelen mezclarse de manera inextricable.

Esto resulta especialmente cierto en el caso de una de las mayores sopranos del siglo XX, la genial María Callas, en cuya apasionada peripecia vital se suceden los grandes éxitos artísticos y las catástrofes privadas.

El verdadero nombre de la célebre soprano es María Ana Cecilia Sofía Kalogerópoulos. Durante su infancia solía cantar en la iglesia (Ortodoxa), e hizo sus primeros estudios de canto con una profesora de origen italiano.

Alrededor de 1937 viajó con su madre a Atenas, y se convirtió en alumna de la soprano española Elvira de Hidalgo, directora de la Escuela de Canto del Conservatorio de Atenas. Sus progresos fueron rapidísimos y a los 15 años hizo su primera presentación en Cavalleria Rusticana.

Al finalizar la guerra se vio obligada a regresar a los Estados Unidos para no perder su ciudadanía. En esa época fue escuchada por el tenor Giovanni Zenatello, director de la Arena de Verona, quien la invitó a trabajar en su empresa de espectáculos durante la temporada de verano.

María Callas

MARÍA CALLAS
(Nueva York, EE.UU. – 1923-1977)
Cantante   lírica  y   actriz dramática. Creadora de una escuela moderna de interpretación lírica.

BIOGRAFIA: Ni siquiera se conoce con exactitud su fecha de nacimiento. Se sabe que vino al mundo en diciembre de 1923, en el Flower Hospital, situado en plena Quinta avenida de Nueva York.

Pero en cuanto al día, se puede elegir entre el 3, que figura en el registro de la clínica, el 4, que figuraba en su pasaporte y el 5, según el testimonio de su madre.

Su padre, Georges Kalojeropulo, un griego del Peloponeso, era un farmacéutico graduado en la universidad de Atenas.

Su madre, Evangelia Dimitriadis, provenía de una familia turca establecida a comienzos del siglo en la capital griega, y se casó a los diecisiete años.

Como otros miles de europeos del primer cuarto de siglo, los Kalojeropulo emigraron a Estados Unidos.

Además de las razones económicas que empujaban a todos los emigrantes, la familia sintió la necesidad de alejarse de la ciudad griega de Meligala, donde vivía cuando murió su segundo hijo, de sólo tres años de edad, durante una epidemia de tifus.

Se dice que la madre quería un hijo varón que sustituyera al que había perdido en Grecia, y que al enterarse del nacimiento de una niña se negó a tenerla entre brazos durante cuatro días.

Maria Callas nunca habló demasiado de su infancia, pero en cambio ha dejado referencias del autoritarismo materno: «Fue mi madre la que decidió que yo fuera cantante. En mi familia ella lo decidió siempre todo».

Estudió piano a partir de los ocho años, pero desde mucho antes acostumbraba repetir, cantando, las músicas que oía por radio.

Cantó por primera vez en público durante una fiesta escolar y luego en un programa de radio; en ese programa ganó un reloj por recitar unas poesías y cantar La paloma.

Cuando terminó los estudios primarios y hubo que decidir el futuro, las relaciones entre sus padres llegaban a su peor momento; en el proceso de separación que siguió, el motivo aducido por su padre para pedir el divorcio fue precisamente el elevado coste de la educación musical de María.

Su madre, ahora a cargo de las hijas, consiguió  presentarla a la célebre cantante italiana María Trivella, que quedó maravillada por el talento de la niña y la admitió en sus clases.

Para pagarlas, la madre se las compuso para obtener una beca. Al mismo tiempo, María estudiaba griego y francés.

María ponía el máximo empeño en aprovechar sus clases: cuando acababa su tiempo, permanecía en el aula para escuchar lo que la Hidalgo enseñaba a los otros cantantes.

Sus progresos fueron rápidos; en 1940 participó en un concierto estudiantil en el Parnassus Hall de Atenas, organizado por el conservatorio, y más tarde actuó en el teatro Olympia, haciendo el papel de Sor Angélica, de la ópera homónima de Puccini; las representaciones fueron organizadas por la Hidalgo.

Maria Callas cantó por primera vez como profesional en el teatro Real de Atenas, con el pequeño papel de Beatrice en la opereta Boccaccio, de von Suppé, el 27 de noviembre de 1940.

Hasta 1944, Maria cantó óperas, dió recitales de lied, y protagonizó emisiones radiofónicas, en un desaforado esfuerzo por sobresalir.

Cuando la situación política y social griega se estabilizó, la Callas intentó que la ópera de Atenas cumpliera el contrato que tenía firmado con ella, pero el director le comunicó que no podía porque todos los demás cantantes se oponían; todos protestaban contra su desmedido orgullo y el teatro entero estaba contra ella.

Viajó a   Nueva York, y  tras un emocionante encuentro con el padre, Maria comenzó inmediatamente a moverse entre los círculos musicales para buscarse un lugar como cantante. Intentó presentarse en otras ciudades, lejos de Nueva York, pero tampoco logró ningún resultado. De manera que los dos años que pasó en Estados Unidos tuvo que dedicarlos necesariamente al estudio.

Por fin, en 1947, aparece un viejo tenor italiano, Giovanni Zenatello, llegado en busca de nuevas voces para el festival de la Arena, de Verona. Cuando Zenatello oyó cantar a la Callas, quedó tan fascinado que, a pesar de sus setenta y pico de años, se empeñó en interpretar con ella un dúo. Maria fue inmediatamente contratada para cantar La Gioconda, de Ponchielli, en el festival de Verona.

En agosto de 1947, «la Callas» debutaba con La Gioconda. Fue éste su primer éxito en Italia, país en el que se radicó.

En los años siguientes, estando casada con el industrial Giovanni Battista Meneghini, que además era su  empresario, cantó en todos los grandes teatros italianos. Pero fue en la Scala de Milán donde nació el «mito Callas», con su interpretación de Norma (1952). Otro hito importante en su carrera artística fue el estreno de Medea, allí, al año siguiente.

La década de 1950 fue «la edad de oro» de la carrera de la Callas, quien se presentó sucesivamente en todos los grandes escenarios. Fue también en esa época cuando debió enfrentar la competencia de Renata Tebaldi.

En 1959 abandonó a Meneghini por Onassis. Se inició entonces su declinación y su progresivo alejamiento de los escenarios. En compensación, se convirtió en una de las figuras más prominentes del «gran mundo». En 1968 Onassis se separó de ella para casarse  con Jacqueline   Kennedy.

Poco después de producirse esa separación, María Callas, que se había mantenido alejada de los escenarios desde 1966, debutó como actriz cinematográfica en Medea (Id., 69), de Pier Paolo Pasolini, obteniendo un gran éxito y calurosos elogios de la crítica. En 1973 tuvo lugar su poco expresivo debut como directora de ópera (Le Vespere Siciliane) y su reaparición en recitales.

María Callas, una de las grandes divas de la Opera del siglo XX, es responsable en buena medida de la renovación lograda  por  ese  género.

El principal motivo de su éxito fue su formidable registro vocal, que le permitió dominar varias voces, desde la de medio soprano hasta la de soprano ligera, circunstancia que puso a su alcance un gran repertorio.

Su voz vigorosa «y maleable era comparable con la de las cantantes del siglo XVIII, lo que permitió a María Callas revivir viejas óperas como II Pirata, de Bellini, y algunas otras de Donizetti y de Rossini. Entre las sopranos contemporáneas es única por su dominio del estilo clásico. Es también una cantante que no sólo canta, sino que actúa, debido a su fuerte personalidad escénica.

SUS ULTIMOS AÑOS: Establecida en New York, a partir de enero de 1971, empezó a dictar sus lecciones en el Curtís Institute of Music de Filadelfia, pero las abandonó poco después por el bajo nivel de los alumnos matriculados.

La Julliard Scholl de Manhattan, uno de los mejores centros de enseñanza del mundo, le propuso un curso con el título de La tradición lírica para que la Callas pudiera enseñar lo que quisiera. De los trescientos alumnos que se presentaron, sólo admitió a veinticinco y el 11 de octubre de 1971 dio su primera lección.

A sus clases, destinadas en principio a esos pocos privilegiados, asistía sin embargo mucho público, mucha gente que nunca pudo ir a una representación de la Callas. Y entre ese público, confundidos entre el gentío, anónimos, se cuentan algunos de los más famosos cantantes de la época, que quieren aprender algo de «la divina», descubrir su secreto.

Durante esas lecciones en Nueva York aparece Giuseppe di Stefano, que la convence para que aparezcan otra vez juntos ante el público, como en los viejos tiempos. La Callas aceptó el reto. Primero grabaron un disco, que no llegó a aparecer en el mercado.

En abril de 1973, Maria Callas hace por primera vez de director escénico, en una ópera cantada por di Stefano, en Turín: Las vísperas sicilianas. El montaje de la Callas no gustó a nadie, ni siquiera a su admirador Luchino Visconti.

Sólo di Stefano la defiende; las críticas arrecian, sobre todo porque en Italia a «la griega» no le perdonan muchas cosas: el divorcio de Meneghini, su relación con Onassis, su triunfo en La Scala, sus fabulosos ingresos, sus joyas, sus caprichos, sus agudos, su arrogancia.

Pero di Stefano no se rinde y hacen una gira de conciertos por Europa. La Callas, en cualquier caso, no se engaña: dice que el público le aplaude por lo que fue, no por lo que es. Pero siguen dando conciertos, en Europa y en Estados Unidos. Cuando di Stefano pierde una hija y abandona, la Callas sigue. Un público joven, que no la había conocido en sus mejores tiempos, le tributa ahora unos triunfos espectaculares.

Y finalmente París, su casa de París, donde frecuentemente recibía las visitas de quienes iban a buscar su consejo. El objetivo de su último viaje fue la isla de Skorpios, para rezar ante la tumba de Aristotelis Onassis, cuya muerte le había afectado mucho. Maria Callas murió el 16 de setiembre de 1977; los últimos análisis médicos habían diagnosticado una crisis cardíaca. Las sospechas de un suicidio tardarían en ser descartadas. En 1979, las cenizas de Maria Callas fueron esparcidas en el mar Egeo.

Ver: Biografia de Giovanni Battista

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Fundacion de San Petersburgo por Pedro el Grande de Rusia Despota

Fundación de San Petersburgo por Pedro el Grande

En la primavera de 1701 Pedro se hallaba en condiciones de emprender de nuevo la guerra y entonces se lanzó contra las provincias suecas del Báltico, donde Carlos XII no habla dejado más que escasas guarniciones.

De esta manera Pedro pudo lograr algunas victorias y consolarse un tanto de la derrota sufrida en Narva; en 1702, los rusos se apoderaron de la fortaleza de Noteborg, cerca de la desembocadura del Neva en el lago Ladoga y, al año siguiente, de otra plaza fuerte, Nyenskans, en la misma desembocadura del río.

Fundación de San Petersburgo

Apenas Pedro llegó al litoral del golfo de Finlandia fundó, en una pequeña isla del Neva, la ciudad de San Petersburgo, el primer puerto ruso sobre el Báltico, y casi inmediatamente comenzó la tarea de construir una flota en aquel lugar.

San Petersburgo debía ser su nueva capital, aunque la comarca fuera sin duda la menos hospitalaria de su inmenso imperio; de hecho, una región pantanosa de clima insalubre. La construcción de San Petersburgo exigió enormes sacrificios, tanto en dinero como en hombres; se reclutaron a la fuerza campesinos y obreros procedentes de todas partes del gran imperio, para el establecimiento humano de la nueva capital, que el zar pretendía erigir tomando por modelo la ciudad de Amsterdam.

Numerosos prisioneros suecos trabajaron en ella hasta sucumbir extenuados, y cuando terminó de construirse la capital nadie quiso ir a establecerse allí; entonces el autócrata obligó a numerosos boyardos y burgueses a abandonar sus domicilios moscovitas para construirse nuevas residencias en San Petersburgo.

A pesar de tanto esfuerzo y sacrificio, para el pueblo ruso la nueva capital no representaba más que una «ciudad puramente artificial» comparada con Moscú, corazón de la Santa Rusia, consideración de que Moscú gozó siempre; incluso después que San Petersburgo fue designada oficialmente como cabeza del imperio ruso.

Las obras fueron iniciadas en 1703, y para vigilarlas el zar se hizo construir una edificación de madera, compuesta de dos habitaciones: dormitorio y comedor. Los primeros barcos holandeses que llegaron fueron pilotados por el propio Pedro, que perseguía a las naves suecas que se atrevían a merodear por allí.

RUSIA EN TIEMPO DE PEDRO EL GRANDE

Modernización a cualquier precio: tal la línea rectora de la política interior y exterior de Pedro I, zar de Rusia. Y, con los ojos vueltos hacia la Europa del Oeste, su cultura y sus costumbres, prepara la primera incursión bélica contra los turcos, en 1695. Tomando Azov,

Pedro tendría una puerta abierta al mar Negro, por la cual se simplificarían los contactos marítimos de su país. Sólo en 1696, empero, logra dominar la ciudad. Hace un largo viaje al Occidente de Europa (1697), ansioso de estrechar relaciones con los gobernantes, absorber en la misma fuente la energía progresista que pudiese trasladar a Rusia y estimular la modernización que deseaba.

En la ejecución de sus proyectos reformistas, toma a menudo medidas de seriedad discutible, como la prohibición del uso de la barba y la imposición de la manera europea de vestir, y otras de discutible civilidad, como sus represiones y obras forzadas. No deja, con todo, de aplicar ideas de mayor alcance, como la de abrir un camino hacia el Báltico (una especie de lago sueco desde la firma del tratado de Westfalia). Con tal objetivo inicia la Guerra del Norte contra Suecia (1700), auxiliado por Polonia y Dinamarca. Pero los suecos vencen en Narva e invaden a Rusia, amenazando Moscú.

En la batalla de Poltava (1709), no obstante, Pedro logra batir a las tropas de Carlos XII. Los rusos ocupan las provincias suecas del Báltico -Livonia, Ingria, Carelia y Estonia-, cuya posesión definitiva 1e*s es reconocida en 1721 (paz de Nystad). Inmediatamente, el zar Pedro hace la guerra a Persia, toma Derbent y Bakú, y se apodera de las costas caucásicas del mar Caspio.

PARA SABER MAS SOBRE LA FUNDACIÓN
Una nueva capital en los pantanos

Pero los materiales tradicionales no significaron nada para Pedro el Grande, el zar de Rusia a partir de 1689. Odiaba a Moscú, con sus edificios de madera y su aspecto asiático. Pedro el Grande quiso una nueva capital que mirara hacia Occidente, y se propuso aplicar la influencia europea en la Rusia que consideró un país atrasado.

El sitio elegido por el zar para su nueva capital, a la que llamó San Petersburgo, no era prometedor: tierras inundadas del pantanoso delta por el que desemboca el río Neva en el Golfo de Finlandia. El río se helaba seis meses al año, estaba cubierto con bruma, y se desbordaba con los deshielos. Durante su construcción, la ciudad casi siempre estuvo bajo varios metros de agua. Para las cimentaciones, se arrojaron a los pantanos miles de troncos. En invierno, los lobos deambulaban por las calles, y en 1715 devoraron viva a una mujer.

EDIFICIO ruso

Ciudad de piedra En el siglo XIX, la Catedral de San Isaac, en San Pefersburgo, reemplazó al edificio original de Pedro el Grande: al construirla, se usaron similares andamias de madera.

Pese a las condiciones difíciles y a lo titánico del proyecto, se erigió una espléndida ciudad de edificios de piedra. Las obras se iniciaron en 1703, y para 1710 se terminó la primera etapa de construcción y se comenzaron las obras del Palacio de Verano del zar. La ciudad ya tenía 34,000 habitantes cuando el zar la declaró capital de Rusia. Las obras aún no concluían cuando Pedro el Grande murió en 1725, pero ya eran suficientes para impresionar a Europa.

La madera más utilizada era el abeto, aunque también se usaban otras confieras, y castaños, hayas y robles. Los troncos de las isbas eran de 9 m de largo y 30 cm de diámetro: se colocaban horizontalmente, reforzando las esquinas con alguno de los varios tipos de uniones. Los techos eran inclinados para que resbalara la nieve. A veces, el piso quedaba elevado del suelo mediante tarimas de madera, ladrillo o piedra: se entraba por unas escaleras techadas.

Además de la habilidad para construir en madera, los rusos eran afectos a redecorar sus casas. No lo pensaban dos veces para quitar puertas, ventanas o incluso paredes, si con ello mejoraba la decoración, y a veces simplemente para dar cabida a los invitados de fiestas y banquetes.

Toda cabaña estaba decorada con tallas de madera. Los extremos de los travesaños, alfardas de los techos e hileras se tallaban hábilmente, uno por uno. Las decoraciones de porches, aleros y marcos de ventanas generalmente reflejaban el estilo de construcción de las ciudades, e imitaban los ornatos de piedra de los edificios principales: se colocaban balaustradas y frontones, y paneles tallados en las paredes. Las casas más grandes tenían pisos de parqué, hechos a base de una gran variedad de maderas.

La crueldad de Pedro I el Grande de Rusia Zares de Rusia Antigua

La Crueldad de Pedro I el Grande de Rusia

LA FAMILIA DE PEDRO I
Catalina, la zarina improvisada

En 1712, Pedro se casó de nuevo oficialmente con Catalina, su amante desde hacía varios años, y más tarde su esposa en secreto.

Circulan por lo menos ocho hipótesis acerca del nacimiento de la nueva zarina, y la mayoría de historiadores la suponen hija de un u otro oficial del ejército sueco, aunque, en realidad, Catalina en hija de un comerciante lituano establecido en Dorpart.

La zarina nació hacia el año 1683 y tenía, en consecuencia, once años meno, que su esposo.

En 1702 contrajo matrimonio con un caballero sueco llamado Kruse; poco después, Marienburg, la ciudad de Livonia donde residía, fue conquistada por los rusos, y Catalina conducida al cautiverio; algún tiempo más tarde, el general Meo Chicov la hizo su amante y la instaló en su casa, y en este lugar fue donde tuvo su primer encuentro con el zar Pedro en 1704, que s enamoró de ella en el acto.

Antes de efectuar su matrimonio Pedro y Catalina tuvieron dos hijas, Ana e Isabel. Desde todos los puntos de vista, Catalina era la mujer que con venia aun hombre de carácter como Pedro el Grande; se interesa ha por todas las empresas de su esposo, compartía la alegría de sus victorias y la tristeza de sus fracasos, y a menudo Catalina acompañaba al zar en sus viajes.

Durante las inevitables separaciones entre ambos, el soberano no cesaba de recordar a su mujer, como lo manifiestan sus numerosas cartas, remitidas desde los más diversos lugares y que demuestran la agotadora existencia que llevaba con todo, Pedro encontraba siempre tiempo para escribir a Katinka, da amada de su corazón, y de soñar en el día feliz en volverían a estar de nuevo juntos. «Sin ti -le decía en ellas- no gozo de alegría verdadera en la vida; todo es soledad y tristeza». A pesar de sus aventuras extraconyugales, el zar volvía siempre a su Katerinuchka.

El zarevich Alejo

Pedro tenía un hijo de su primer matrimonio, Alejo, que contaba sólo ocho años cuando fue separado por la fuerza de su madre Eudoxia, que en tan temprana edad le había inspirado ya odio hacia su padre.

Cuando Alejo supo la manera como se trataba a su madre en el convento juró vengarla cuando fuera mayor. El delicado príncipe Alejo era en todo la antítesis de su activo e infatigable padre.

Cuando creyó llegado el momento oportuno, Pedro se esforzó en formarle y educarle para que desempeñara su papel de colaborador y de futuro soberano, pero estos contactos más estrechos entres ambos sólo sirvieron para aumentar el temor y el odio del zarevich hacia su padre.

Como Pedro golpeara con frecuencia a su hijo, para estimularle a la obediencia, las relaciones entre ellos empeoraron de tal forma que Alejo decidió huir al extranjero, y entonces, su padre le hizo espiar por uno de sus más astutos colaboradores, Pedro Tolstoi.

Tolstoi encontró al fin huellas de su presa -como él decía- en los alrededores de Nápoles, en una de las posesiones del emperador, que era cuñado de Alejo. Logró persuadir al príncipe convenciéndole para que regresara a casa, esgrimiendo ante él amenazas y promesas.

Tolstoi decía que el zar había jurado concederle «un perdón completo y su amor paterno» tal juramento, que según él fue hecho en nombre de Dios, no impidió al zar, una vez que regresó Alejo al redil, negarle sus derechos de sucesión al trono. Hizo luego comparecer al zarevich ante un tribunal, le sometió varias veces a tortura y el infeliz Alejo fue por último condenado a muerte.

El príncipe falleció antes del cumplimiento (le la sentencia, de resultas de tan terrible martirio, ala vez moral y físico. Se dice que Alejo expiró a golpes de látigo, el 26 de junio de 1718, dos días antes de celebrarse las ceremonias conmemorativas de la victoria de Poltava. Los funerales del desgraciado zarevich tuvieron efecto durante la noche y en la mayor sencillez: el zar y toda la corte seguían al cortejo, llevando sendos cirios en la mano, y Pedro tenía su rostro anegado en lágrimas.

Dramas familiares El proceso de Alejo le facilitó a Pedro el pretexto para entablar su último combate contra los partidarios de la Rusia tradicionalista, y como en 1699, con ocasión de su ajuste de cuentas con los strelzi, también esta vez aterrorizó a sus adversarios con torturas y ejecuciones atroces.

Los partidarios de Alejo, desde los más destacados a los más insignificantes, murieron entre espantosos suplicios y el propio confesor del zarevich se contó en el número de estas víctimas. Eudoxia-sufrió también las consecuencias del odio y de la venganza de su antiguo esposo. Pedro la acusó de mantener contactos secretos con Alejo, con la finalidad de fomentar una sublevación contra el zar, y éste la interrogó personalmente, golpeándola, arrastrándola por los cabellos y amenazándola de muerte.

La dejó al fin con vida, pero la hizo trasladar a otro convento, en una región completamente aislada, cerca del lago Ladoga, sometiendo a la infeliz a la más rigurosa vigilancia. Se procedió también a interrogar a algunas monjas del convento, y con objeto de arrancarles las confesiones requeridas se las torturó de tal manera que murieron en el transcurso del interrogatorio.

La muerte de Pedro el Grande no significó la libertad para Eudoxia, ya que la desdichada ex zarina fue encerrada en la fortaleza de Schlüsselburg, en un calabozo infestado de ratas. Catalina se vengaba de este modo de la primera mujer de su esposo. Cuando Catalina murió a su vez y un nieto de Eudoxia fue proclamado zar con el nombre de Pedro II, la infeliz pudo por fin ver que se abrían para ella las puertas de su prisión; ya anciana, ocupó de nuevo un puesto de honor en la corte. Este consuelo llegaba demasiado tarde; la vida no ofrecía ningún atractivo a la anciana emperatriz, que emprendió Otra vez el camino del convento.

La crueldad de Pedro hacia su primogénito Alejo se explica en érto modo por el hecho de que Catalina le había dado un hijo varón, en 1715. El zar depositó todo el afecto que negó a Alejo en el nuevo sucesor, el ‘pequeño marinero Pedro’, como gustaba llamar al hijo de Catalina. En 1718, éste fue proclamado heredero del trono, suplantando así al hijo de Alejo, que sólo contaba unas pocas semanas más de edad y que también se llamaba Pedro. El pequeño zarevich era enfermizo de naturaleza y no vivía sino gracias a los medicamentos que le administraban, pero Pedro depositaba en él todas sus esperanzas para el futuro.

El golpe que recibió fue, por lo tanto, durísimo cuando al año siguiente, 1719, Petenka falleció después de breve enfermedad. En el colmo de la desesperación, Pedro el Grande se encerró, al parecer, en su gabinete de trabajo durante los tres días siguientes a la muerte de su hijo, sin acordarse de comer ni beber, y ni siquiera Catalina fue admitida a su presencia.

Muere Pedro el Grande

El vigor físico y mental de Pedro el Grande parecía inagotable. Era capaz de estar bebiendo toda una noche y ponerse inmediatamente a trabajar al día siguiente sin la menor señal aparente de fatiga. Pedro era uno de los hombres que queman su vida llevando una existencia agotadora.

Además, había contraído una enfermedad venérea que descuidó al principio y que le acarreo graves consecuencias. A pesar de sus terribles dolores, y confiando excesivamente en su vigor natural, no quiso consultar a tiempo al médico y continuó su régimen de vida, de esfuerzo incesante. Un día de noviembre, durante una tempestad y con el agua helada, el zar quiso participar a toda costa en el salvamento de unos náufragos, y contrajo una enfermedad, quizá congestión, que los médicos se vieron impotentes de curar.

Pedro falleció en enero de 1725, entre atroces sufrimientos. Sólo contaba cincuenta y tres años cuando murió, pero sus grandes reformas nacionales pesaron decisivamente en la historia del mundo, puesto que las dos grandes mitades de Europa, la occidental y la oriental, lograron al fin su aproximación política, después de separación tan prolongada. El pueblo ruso consiguió que aquel lejano mundo eslavo participase cada vez más en la vida común europea.

Rusia entraba de lleno en la historia universal. Pedro aportó a su tarea reformadora tanto empeño, vigor optimismo y energía que, aun teniendo en cuenta sus numerosos defectos, suscitan la admiración del observador y confieren a su gigantesca silueta histórica una aureola de eterna juventud. El zar supo ahuyentar de su alma toda clase de prejuicios; poco secundado por un pueblo aislado de los demás, satisfecho de su rutinaria situación y terriblemente patriotero, Pedro supo convertir al ruso en ciudadano del mundo.

Con todo, era preferible no haber llamado «Grande» a un hombre de instintos tan primarios e irrefrenables: el epíteto de «Pedro el Gigante» acaso le conviniera más. Violentó a los seres humanos, a la naturaleza, a las cosas, al tiempo y realizó el progreso a fuerza de despotismo. Las leyendas y los cantos populares rusos le convirtieron en el último gran héroe que se asentó en el trono imperial.

La Condesa Dubarry Grandes Amantes de la Historia Luis XV de Francia

La Condesa Dubarry
Grandes Amantes de la Historia

La marquesa de Pompadour como confidente y proveedora de mujeres en la corte de Luis XV de Francia, se convirtió en árbitro del buen gusto en la corte y patrocinó a escritores como Voltaire y escultores como Pigalle. También controlaba la política y llevaba al rey en la dirección en la que quería. Cuando murió, el rey contempló en silencio cómo se alejaba el cortejo fúnebre. Dos gruesas lágrimas cayeron de sus ojos: «Es el único homenaje que puedo rendirle», le dijo a Chamfort, en cuyo brazo se apoyaba.

La sucesora: En 1768 Luis adquirió su última querida importante, la sensual Juana, futura condesa Du Barry, de quien se decía que era hija de una prostituta y un monje. El amante de Juana, Du Barry, la había preparado para convertirse en amante lujosa, y el rey quedó impresionado al conocerla. Sin embargo, dijo que para presentarla en la corte había que casarla primero. El matrimonio se celebró con un hermano de Du Barry.

Juana no tenía las maneras finas de la marquesa de Pompadour, gastaba a manos llenas y fue notoriamente infiel al rey, quien no se daba por enterado pues entre sus brazos olvidaba que ya era un viejo. Caída en desgracia a la muerte del rey, madame Du Barry fue una de las víctimas de la Revolución francesa y murió guillotinada.

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Luis XVMadame PompadourCondesa Du Barry

María Juana Gomar de Vaubernier, según fue inscripta  en el convento, luego conocida corno Madame  Du Barrv luego de casarse con Guillermo Du Barry y convertirse en condesa, reemplazó entre las favoritas del rey Luis XV a Madame Pompadour cuando ésta murió.

Ana Bequs madre de María Juana toma trabajo como en la casa de una señora de buen pasar económico e interna en un convento a su hija, para encauzarla por el buen camino; que en realidad es más correccional que escuela. Cabe suponer que Ana no tiene otra opción y e para evitarle escarnios la inscribe en el convento comoMaria Juana Gomar de Vaubernier, apellidos prestados por la empleadora de Ana, que sí ha pasado por la vicaría.

No durará mucho en el lugar. El lúgubre y silencioso ambiente del convento la vuelve toda rebeldía, y molesta tanto y tan seguido que las monjas no ven otra alternativa que expulsarla. Tampoco permanece su madre mucho tiempo más en el empleo: finalmente ha encontrado marido, un tal señor Lançon.

Ese será ahora el apellido de ambas, aunque María Juana se las ingeniará más adelante para encontrar otras formas de ser llamada, y hasta conseguir un título de condesa. Entra a trabajar primero como ayudante de un modisto, y luego en una casa de juegos ubicada en la rue de Bourbon, lugar más mundano que le permite exhibir su belleza.

A ella también le vendría de perillas un marido. Pero el conde Du Barry, al que conoce en el elegante salón, necesita más bien una amiga bella como pasaporte para el palacio; es ambicioso, ya ha conseguido del gobierno un contrato de explotación de rutas marítimas y va a por más beneficios y prebendas.

Entabla amistad con María Juan mientras mira su figura y su carita, recuerda  que casualmente acaba de morir la famosa Madame de Pompadour, quien fuera favorita del rey Luis XV.La cosa no resulta fácil. Ya otro lo han pensado, y hay varias, candidatas rondando al rey, corno  la hermosa y bien apadrinada Madame D’Esparbes. Pero Du Barry mueve magistralmente los hilos, y consigue que la joven sea presentada a su Majestad.

Poco tiempo después ya está instalada en el regio apartamento del palacio de Versalles que ocupaba su antecesora. Impensable que lo haga sin casada y ostentar algún título: Guillermo  Du Barry, hermano del auspiciante, es convocado de urgencia para casarse con la joven y volver inmediatamente a sus tierras en Toulouse. Así, María Juana se convierte en condesa Du Barry.

En los años que pasa junto a Luis XV realiza algunas intervenciones en la política real, si no en las medidas directas de gobierno, sí en la elección de los hombres que deben decidirlas y ejecutarlas. El poderoso ministro de Guerra, Choiseul, es uno de los que terminan perdiendo la pulseada con la bella y sus partidarios, y debe dimitir.

Pero Madame Du Barry no está excesivamente interesada en las luchas cortesanas: su mayor placer es transformar el palacio de Lucientes, regalo del rey, en un auténtico muestrario de obras de arte. Que, todo hay que decirlo, acumula sin demasiado criterio estético; lo mismo puede a las obras teatrales que allí se representan.

En 1774, con la muerte de Luis XV, Madame Du Barry fue expulsada de la corte, y ella se trasladó recluida a su propiedad favorita de Château de Louveciennes. Tras una larga temporada de reclusión, fue finalmente liberada con el beneplácito de Luis XVI y autorizada a regresar a su castillo de Louveciennes, sin por ello permitirle volver a Versalles.

Mas tarde, soltera y sumamente rica,  se enamora  ahora, del entonces de su principal suspirante, duque deBrissac, gran cortesano y gobernador de París, y se refugia en Londres, pero regresa a Francia en 1792 para ofrecer su ayuda económica a la Familia Real, que atraviesa sus peores días de adversidad.

En 1793 los revolucionarios la acusan de conspirar contra la revolución y es condenada a muerte. Sus últimas palabras fueron: «¿Quién eres tú, verdugo, esperad sólo un minuto más!», era un 8 de diciembre.

El despotismo ilustrado: Carlos III, Federico el Grande, Pedro I

El Despotismo Ilustrado y Sus Representantes
Carlos III, Federico el Grande y Pedro I de Rusia

Despotismo ilustrado, concepto político que hace referencia a una forma de gobierno, vinculada a ciertas monarquías europeas del siglo XVIII, en la que los reyes, sin renunciar a su condición de soberanos absolutos, trataron de aplicar determinadas medidas “ilustradas”, de corte reformista e incluso progresista, surgidas precisamente en esa centuria, denominada genéricamente Siglo de las Luces ó la Ilustración.

El surgimiento de las ideas de la Ilustración en el siglo XVIII ejerció un fuerte impacto en las monarquías europeas. En algunos casos, las nuevas ideas provocaron una actitud represiva frente a ellas y una afirmación de los valores tradicionales. En otros, la colaboración entre la Ilustración y el estado dio lugar al surgimiento de un nuevo tipo de monarquía que buscaba compatibilizar el fortalecimiento del poder del rey y el desarrollo ordenado y equilibrado de la sociedad. A estos reyes se los conoció como «déspotas ilustrados».

Los monarcas ilustrados más importantes fueron Federico II de Prusia, María Teresa y José II de Austria, Catalina II de Rusia y Carlos III de España. Muchos filósofos se instalaron en las cortes de estos reyes, que manifestaban el deseo de efectuar reformas basadas en las ideas de las Luces.

Aunque el término “despotismo ilustrado” fue acuñado en el siglo XIX, nació para intentar definir comportamientos políticos del siglo XVIII. Durante éste, numerosos soberanos de Europa defendieron una práctica ilustrada del poder, intentando proyectar en sus actuaciones el rey-filósofo del que hablaban Voltaire y otros pensadores de la Ilustración. Entre los déspotas ilustrados más significativos del periodo deben ser citados los ejemplos de Carlos III en España, José I el Reformador en Portugal, Federico II el Grande en Prusia, Catalina II la Grande en Rusia y el emperador José II.

Los déspotas ilustrados compartían una misma concepción del estado. Éste era concebido como un «hecho artificial», creado por el hombre y entregado, mediante un contrato (revocable), al soberano. El rey, que detentaba todo el poder, era el primer servidor del estado. Su función principal era la de proporcionar la felicidad a sus subditos pero sin su participación. Una frase sintetizaba esta idea: «Todo para el pueblo, por el pueblo, pero sin el pueblo».

Todos ellos intentaron impulsar, en alguna medida, reformas en distintas áreas (educación, justicia, agricultura, libertad de prensa o tolerancia religiosa).

Los gobiernos de los déspotas ilustrados presentaron una serie de características comunes:

Tendencia a la centralización y burocratización administrativa. Los monarcas ilustrados efectuaron reformas administrativas tendientes a lograr una burocracia más eficiente mediante la creación de órganos administrativos centralizados. En Prusia, por ejemplo, Federico II creó ministerios especializados (de Justicia, de Minas, de Construcciones, etc.) y mejoró los métodos de selección de los funcionarios.
Reorganización de todo el sistema fiscal. Se intentó llevar a cabo una distribución más equitativa de las obligaciones fiscales mediante la abolición de algunas exenciones impositivas que beneficiaban a la Iglesia y la nobleza.

Reforma del sistema judicial a través de la redacción de códigos. En 1787, por ejemplo, José H de Austria promulgó un nuevo código penal que abolía la tortura y limitaba la pena de muerte.

Énfasis en la difusión de la educación y la cultura a través de la creación de instituciones educativas.

Tolerancia religiosa. La política de tolerancia religiosa, cuyo representante más importante fue José II, tenía como fin lograr la afirmación de la soberanía del estado sobre la Iglesia.

Entre los representantes destacados del despotismo ilustrado encontramos a Carlos III de España, Federico II de Prusia, María Teresa, y José II de Austria y Catalina II de Rusia. A España le dedicaremos posteriormente una atención especial porque las’ medidas tomadas por los monarcas del siglo XVIII afectaron sus posesiones coloniales en América.

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Carlos III EspañaFederico II de Prusia
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Catalina II de RusiaJosé II de Austria
Pese a todo, y aunque tales regímenes supusieron cierto avance respecto a las tiranías despóticas, constituyeron sistemas de gobierno que todavía deben ser enmarcados en la concepción absolutista (en ningún caso democrática) del poder, en tanto que no supusieron ninguna delegación del mismo en órganos representativos. Por otro lado, la efectividad real de las reformas emprendidas por los déspotas ilustrados fue escasa y pocas superaron el estadio de simples medidas económicas.

En realidad, el déspota ilustrado sólo pretendía responder con sus actos al modelo de “hombre honesto” del siglo XVIII: intelectual, racionalista cultivado, amante de las artes y mecenas de los artistas, e innovador en materia política.

Por ello se rodeaba de auténticos filósofos (Voltaire en la corte de Federico II o Denis Diderot en la de Catalina II) o dejaba la aplicación de las reformas en manos de auténticos políticos ilustrados.

En este sentido fueron significativos los reinados de Carlos III (rodeado de administradores como José Moñino, conde de Floridablanca, Pedro Rodríguez Campomanes, Pedro Pablo Abarca, conde de Aranda, o Gaspar Melchor de Jovellanos, todos ellos figuras claves de la Ilustración española) y de José I (cuya política ilustrada estuvo en manos del que fuera verdadero dirigente de Portugal en aquellos años: Sebastião José de Carvalho e Melo, marqués de Pombal).

Por último, citar el componente paternalista que caracterizó a estos reyes. Claro testimonio de ello son las palabras que el propio Federico II escribió en una de sus obras de filosofía política: “Los hombres han elegido a aquel de ellos que consideran más justo para gobernarles y mejor para servirles de padre”.

LAS REFORMAS SOCIALES
Más igualdad: Aun a riesgo de irritar al clero y a la nobleza, reyes como José II les suprimieron los antiguos privilegios. Los nobles perdieron sus latifundios, y la servidumbre de los campesinos quedó abolida. El ceremonial fastuoso de las cortes y el lujo desmedido redujéronse a un estilo sencillo y a veces a extremos de austeridad, como Federico de Prusia.

Más libertad: La tolerancia religiosa, la libertad de prensa y la libertad de trabajo fueron concesiones que los reyes otorgaron a sus pueblos a condición de que éstos se dejasen gobernar.
Ninguno toleró tanto la libertad de prensa como Federico II. «Yo dejo decir a mi pueblo lo que quiere —solía manifestar— y él me deja hacer lo que a mí más me agrada.» Y agregó cierta vez, con motivo de algunos libelos mordaces que lo vapuleaban: «Razonad cuanto queráis y sobre lo que queráis; pero obedeced».

Más justicia: Europa soportaba los defectos y abusos de una justicia envilecida por las arbitrariedades, torturas, confiscaciones de bienes, persecuciones por motivos religiosos y cárceles inhumanas. Fue necesario, pues, una profunda reforma legislativa y judicial. Reyes como José II promovieron también trabajos de codificación. Por otra parte, las tendencias filantrópicas de la época suscitaron medidas que hoy llamaríamos de «justicia social», en favor de los pobres, de los enfermos, de los niños y de los incapaces. Por ejemplo: la difusión de la vacuna antivariolosa, la educación de sordomudos, y los asilos.

Más cultura: Difundir la instrucción pública fue como una consigna. Por otra parte se favorecieron la investigación y el estudio con la fundación de academias y sociedades científicas, bibliotecas, museos, etcétera.

Más urbanismo: Dando por descontado que un aumento de población había de ser beneficioso para el progreso y el bienestar, Federico II y Catalina de Rusia fomentaron la inmigración y con ella colonizaron extensas regiones del país mientras fundaban muchos pueblos. Carlos III lo intentó también en España. Por otra parte, las viejas ciudades fueron provistas de obras y servicios públicos, y estimuladas con excelentes resultados.

Más riqueza: Mediante amplias franquicias de comercio y navegación se estimularon estas actividades, que tuvieron especial desarrollo en los puertos libres fundados por Austria y Gran Bretaña. Además, para que la exportación superara- a la importación, se fomentó intensamente la industria mediante la concurrencia de expertos técnicos y abultados capitales. En Gran Bretaña las máquinas empezaron a transformar el taller en fábrica; es decir, en «gran industria», con lo que decayeron las artesanías y adquirió fabuloso auge el comercio internacional Las potencias coloniales lograron grandes ganancias económicas que les permitieron financiar compañías de navegación y otras empresas.

PARA SABER MAS…

El despotismo ilustrado: «Todo para el pueblo pero sin el pueblo». El despotismo ilustrado fue una conducta o una práctica de gobierno más que una doctrina política. Se trataba de propugnar reformas en diferentes planos: avances en la administración, la creación de riqueza, el impulso a la enseñanza.

La aplicación concreta del despotismo ilustrado determinó la toma de distintas medidas:

POLÍTICASECONÓMICASEDUCATIVASRELIGIOSAS
Los monarcas impulsaron las reformas administrativas. Se acentuó la centralización de los Estados: pretendieron eliminar las instituciones locales y otorgarle a la burocracia una organización simple y ordenada, más «racional», de acuerdo con los principios de la Ilustración.Para fomentar el progreso, valor tan apreciado por los ilustrados, se apoyaron las empresas económicas.
Se estimularon las actividades agrícolas, manufactureras y comerciales.
Se dio impulso a la educación con la creación de institutos de enseñanza, academias y sociedades científicas. Se puso énfasis en las ciencias físicas y naturalesLos monarcas del despotismo ilustrado eran partidarios de la tolerancia religiosa, pero pretendieron imponer el regalismo, de acuerdo con su política de centralización estatal.

Federico I de Prusia Biografia Vida y Obra Rey Despota Ilustracion

Federico I de Prusia, Biografia Vida y Obra

PRUSIA, EL «REY SARGENTO» Y FEDERICO II EL GRANDE:

Por esa misma esa época, cuando la poderosa Rusia se perfilaba en el horizonte de Europa, comenzó a formarse una topera en el estercolero del Imperio alemán: Brandemburgo-Prusia. Federico Guillermo, el gran príncipe elector, había preparado el terreno (1640-1688), pues siguiendo el modelo francés, había modernizado la administración, creado un ejército permanente y dado una orientación mercantilista a la política económica.

Su hijo, Federico III, obtiene del emperador la dignidad real y en 1701 es coronado rey de Prusia con el nombre de Federico I.

Por lo demás, al igual que Rusia, Prusia era un país atrasado en el que los campesinos eran propiedad de los grandes señores y recibían continuas vejaciones por parte de una casta de arrogantes terratenientes.

Esta es la razón por la que, de forma similar a lo que ocurrió en Rusia, la modernización se introdujo por la vía de la militarización. Con la única diferencia de que en la Prusia protestante la obediencia ciega era idealizada como cumplimiento del deber y se la consideraba un mérito.

En correspondencia, el padre de la patria era un modernizador tan brutal como Pedro el Grande: me refiero a Federico Guillermo I, llamado el «Rey Sargento». Este era una combinación de maestro y soldado. Su eterno compañero era su bastón, con el que golpeaba a todo aquel que le disgustaba; un bastón que era, a la vez, símbolo de las dos instituciones sobre las que construyó la grandeza de Prusia: la escuela el ejército.

En 1722, antes que ningún otro país, Prusia implantó la enseñanza obligatoria, que obligaba a cada comunidad a tener y mantener su propia escuela. Una generación después, Prusia había superado al resto de países europeos en materia de enseñanza general.

Pero la auténtica preocupación del rey era la formación del ejército, por lo que dos tercios del presupuesto estatal se dedicaron a tal fin. Los nobles fueron obligados a seguir una carrera militar y a someterse a una despiadada instrucción.

Gracias a ella, la caballería, la artillería y la infantería adquirieron una capacidad de acción que ningún otro país podía igualar. Por otra parte, el rey sentía debilidad por los tipos altos, que coleccionaba como Pedro el Grande coleccionaba enanos; el resto de sus necesidades las satisfacía divirtiéndose en la sala de fumadores, donde gastaba grandes bromas, como cuando ató un filósofo a la espalda de un oso. En una palabra: era un perfecto bromista al que su hijo no se parecerá en nada.

Tras una larga época de esterilidad, volvernos a encontrarnos con un príncipe alemán que ha pasado a la memoria colectiva de la civilización. Me refiero a Federico II, llamado «el Grande». El simple hecho de haberse opuesto al militarismo de su padre lo convierte ya en una figura importante. Para aquél, el ideal educativo era un tipo de soberano que combinará  las virtudes de un comisario pedante y parco en palabras con la sensibilidad de unas botas militares; pero le salió un hijo que amaba las artes y la literatura, se rizaba los cabellos, hablaba francés en vez del basto alemán propio de un soldado, bromeaba sobre la religión, mantenía extrañas relaciones de amistad con el capitán Katte y el subteniente Keith y tocaba la flauta. En una palabra: aunque el machista de su padre no consideraba a Federico como un afeminado, creía que era demasiado blando para gobernar Prusia.

Cuando en una ocasión su padre lo pillé leyendo poesías en secreto, le dio con la muleta, y en otra ocasión intentó estrangularlo con el cordón de la cortina. Federico se disponía a fugarse a Inglaterra con su amigo Katte, pero los pescaron. El rey ordenó hacerles un juicio sumarísimo y condenarlos a muerte —en esto también se parecía a Pedro el Grande—.

Si el rey perdoné la vida a su hijo, fue por consideración a los otros príncipes europeos a cambio, Federico tuvo que presenciar la ejecución de su amigo Katte y después fue encarcelado. Cuando el padre consideró que su hijo va se había curtido lo suficiente, le hizo estuchar economía y administración de Prusia y le asesté un nuevo golpe casándolo con Isabel Cristina de Brunswick. El príncipe heredero se atrincheré en Rheinsberg y comenzó su correspondencia con Voltaire, que se prolongó durante más de cuarenta años. Se hizo francmasón, alabé las excelencias de la Constitución inglesa y escribió el Antimaquiavelo. En 1740, cuando relevé a su padre, el mundo pudo saludar a un filósofo en el trono real: la Ilustración había arraigado en el corazón del príncipe.

El primer día de su reinado suprimió la tortura; a continuación declaró la libertad de culto la libertad de prensa, y colocó a un libre pensador al frente de la «Academia de las Ciencias» de Berlín, a la que convirtió en una de las mejores academias de Europa. Pero después decepcionó al mundo iniciando una guerra por una nadería y arrebatando Silesia a la amable María Teresa de Austria.

La emperatriz se negó firmemente a reconocer esta conquista, por lo que dispuso una alianza con Rusia y Francia. Adelantándose a ella, Federico da inicio en 1756 a la guerra de los Siete Años. Por vez primera, el mundo comprobó asombrado que detrás de los bosques de la Marca de Brandemburgo había ido creciendo algo nuevo: Prusia, un ejército con un Estado como simple apéndice. A las órdenes del joven general Federico y mantenido únicamente por el dinero que llegaba de Inglaterra este ejército se dirigió contra los ejércitos de las tres grandes potencias aliadas, a los que logró poner en jaque tras gloriosas victorias y aplastantes derrotas.

Ciertamente, Federico hablaba francés, pero hizo que todo su pueblo, que ya se había acostumbrado a la impotencia del Imperio, sintiera que por fin había alguien capaz de mostrar a los demás quiénes eran los alemanes. Federico acabó quedándose con Silesia, y la provincia, que era medio protestante, se hizo prusiana. Gracias a los nuevos recursos y a la superioridad de su ejército, Prusia se convirtió en una gran potencia. La más pequeña de todas ellas, ciertamente, pero una gran potencia en el seno de lo que entonces se llamaba el concierto de los poderes europeos: Francia, Inglaterra. Austria, Rusia y Prusia. Y aguantando como lo hizo en la guerra de los Siete Años, Federico ayudó a Inglaterra, su aliada, a vencer a Francia en la guerra que ambos países mantuvieron por el dominio de las colonias de ultramar.

PRUSIA
En la Edad Moderna, la dinastía Hohenzollern, que gobierna el margraviato desde el siglo XVI, impulsa la organización y la centralización estatal. En los siglos siguientes, Prusia se convierte en una gran potencia europea. En 1701 el príncipe elector Federico III obtiene el título de rey de Prusia. Su sucesor, Federico Guillermo I (1713 – 1740), tuvo como objetivo primordial contar con un poderoso ejército. Organiza entonces el Estado de un modo militar: cada departamento territorial posee un ejército. Federico Guillermo I recibió el nombre de «rey sargento», porque le dio al Estado un carácter militarista que mantuvo hasta el siglo XIX.

Pero fue Federico II (1740 – 1786), el «rey filósofo», quien aplicó los principios del despotismo ilustrado. Impulsó la educación (estableció, por ejemplo, la educación primaria en forma obligatoria por primera vez en el reino), estimuló el desarrollo de la economía, apoyando las tareas agrícolas, artesanales y comerciales; desarrolló algunas industrias como la de la seda, azúcar, papel y la minería. Desde el punto de vista social, todas las clases debían servir al Estado. La burguesía asumía el peso de los impuestos. Fomentó la inmigración de colonos.

Fuente Consultada: La Cultura de Dietrich Schwanitz

Carlos III de España Biografia Vida y Obra Reyes Despotas Ilustracion

Carlos III de España: Biografía, Vida y Obra

Carlos III (1716-1788), rey de las Dos Sicilias (1734-1759) y rey de España (1759-1788), el representante más genuino del despotismo ilustrado español.

Hijo del rey español Felipe V y de Isabel de Farnesio, nació el 20 de enero de 1716 en Madrid. Heredó de su madre en 1731 el ducado italiano de Parma, el cual ejerció hasta 1735, junto al de Plasencia (Piacenza), bajo la tutela de su abuela materna (Dorotea Sofía de Neoburgo).

Después de que su padre invadiera en 1734 Nápoles y Sicilia, al año siguiente, y por medio de la firma del Tratado de Viena —que ponía fin a la guerra de Sucesión polaca—, fue reconocido como rey de las Dos Sicilias (título que recogía los dos reinos italianos de Nápoles y de Sicilia, que ya ejercía desde un año antes) con el nombre de Carlos VII.

Como tal, adoptó reformas administrativas considerables y llevó a cabo una política de obras públicas que embellecieron la capital napolitana. En 1738, contrajo matrimonio con María Amalia de Sajonia.

En 1759, accedió al trono español, tras producirse el fallecimiento de su hermanastro, Fernando VI. Hombre de carácter sencillo y austero, estuvo bien informado de los asuntos públicos. Fue consciente de su papel político y ejerció como un auténtico jefe de Estado. Su reinado español puede dividirse en dos etapas; el motín contra Leopoldo de Gregorio, marqués de Esquilache (1766), es la línea divisoria entre ambas.

PRIMERA FASE DE SU REINADO ESPAÑOL 

En el primer periodo, los políticos más destacados fueron Ricardo Wall y Devreux, Jerónimo Grimaldi, el marqués del Campo del Villar y el marqués de Esquilache. El equipo de gobierno llevó a cabo una serie de reformas que provocaron un amplio descontento social. La aristocracia se vio afectada por la renovada Junta del Catastro, dirigida a estudiar la implantación de una contribución universal, o por la ruptura de su prepotencia en el Consejo de Castilla.

Por su parte, el clero recibió continuos ataques a su inmunidad. Se limitó la autoridad de los jueces diocesanos, se logró el restablecimiento del pase regio (facultad regia de autorizar las normas eclesiásticas) y se redujeron las amortizaciones de bienes. A todo ello vino a unirse el descontento popular provocado por la política urbanística en Madrid (tasas de alumbrado o prohibición de arrojar basuras a la calle, por ejemplo), los intentos de modificación de las costumbres (bando de capas y sombreros) y algunas reformas administrativas y hacendísticas.

SEGUNDO PERIODO 

El Domingo de Ramos (23 de marzo) de 1766 estalló el motín en Madrid y en varias provincias, de forma muchas veces simultánea. Los amotinados proferían vivas al Rey y pedían la destitución del marqués de Esquilache y su camarilla de extranjeros. En las provincias se gritaba además contra los especuladores, representantes del poder local. Esquilache fue destituido y se tomaron una serie de medidas sobre el abastecimiento y el precio del grano. Con el restablecimiento del orden social se inició la segunda etapa del reinado.

La política pasó a estar en manos de una serie de administradores e intelectuales nuevos, como José Moñino, conde de Floridablanca, Pedro Rodríguez Campomanes, Pedro Pablo Abarca, conde de Aranda, o Gaspar Melchor de Jovellanos, que aseguraron una continuidad en las reformas. La primera medida del nuevo equipo fue la expulsión de los jesuitas (febrero de 1767), a quienes el Dictamen Fiscal, elaborado por Campomanes, acusaba de instigadores del motín y enemigos del Rey y del sistema político, a la vez que denunciaba su afán de poder y de acumulación de riquezas y cuestionaba su postura doctrinal.

Al margen de este hecho, el segundo periodo del reinado español de Carlos III se caracteriza por una profunda renovación en la vida cultural y política. De la primera cabe destacar el intento de extensión de la educación a todos los grupos de la sociedad, mediante el establecimiento de centros dependientes de los municipios o de las Sociedades Económicas de Amigos del País, la creación de escuelas de agricultura o el equivalente a las de comercio en diversas ciudades, las propuestas de reforma de los estudios universitarios (1771 y 1786) y, en fin, el estímulo de la actividad de la Real Academia Española, cuya Gramática castellana (1771) se impuso como texto en las escuelas.

De las innovaciones políticas sobresalen: la reforma del poder municipal y las propuestas económicas, cuyas líneas más significativas fueron la remodelación monetaria y fiscal, los intentos de modernización de la agricultura y la liberalización de los sectores industrial y comercial.

El 26 de junio de 1766, un Real Decreto establecía que en todos los pueblos de más de dos mil vecinos se nombraran cuatro diputados del común, que intervinieran con la justicia y los regidores en los abastos del lugar. Tendrían además voto y asiento en el ayuntamiento. La reforma, que fue perfilada con sucesivas órdenes, suponía sobre el papel una grave amenaza para el monopolio de las oligarquías urbanas. Las gentes del común se inhibieron, en general, y esto fue suficiente para que los grupos tradicionales mantuvieran el monopolio del poder municipal.

Las medidas más significativas en política monetaria fueron: las remodelaciones de marzo de 1772; la emisión de vales reales, el primer papel moneda de España, iniciada en septiembre de 1780; y la creación del Banco de San Carlos, en julio de 1782. En el terreno fiscal sobresalió, sin duda, el intento de establecimiento de la contribución única. En el sector agrario se favoreció la estabilidad del campesinado, se congelaron los arriendos y se abordó la confección de una ley agraria, que no vería la luz hasta 1794.

En cuanto a los ámbitos industrial y comercial, la lucha contra la rigidez del sistema gremial, o el establecimiento del libre comercio de España con las Indias (1778), son una muestra del acercamiento al liberalismo económico.

En 1787, Carlos III aprobó la creación de un nuevo órgano de gobierno, la Junta de Estado, a instancias del marqués de Floridablanca. El monarca falleció el 14 de diciembre de 1788 en Madrid, y fue sucedido por su hijo Carlos, que pasó a reinar como Carlos IV. De entre los otros doce hijos que tuvo de su matrimonio con María Amalia de Sajonia, destaca Fernando I de Borbón, rey de las Dos Sicilias, el cual, desde 1759, le había sustituido como rey de Nápoles.

Expulsión de los Jesuitas de América Por Carlos III

Fuente Consultada:
La Cultura de Dietrich Schwanitz y Atlas de Historia del Mundo
Congregación San Isidro de Naturales de Madrid

Catalina de Rusia Obra de Gobierno El Despotismo Ilustrado

Catalina de Rusia – Su Gobierno – El Despotismo Ilustrado

Catalina II, llamada la Grande, fue uno de los estadistas más grandes que tuvo Rusia. Consiguió el poder absoluto apoyándose en la nobleza, a la que unió a la administración del país. Atribuyó a los nobles numerosos privilegios, pero los siervos perdieron toda esperanza de que mejorara su suerte. Su política exterior le proporcionó varios éxitos, y a Rusia, nuevos territorios. Dotó al país de un poderío que iba a permitirle representar un buen papel en  Europa

En el período comprendido entre la muerte de Pedro el Grande y la subida al trono de Catalina II, llamada también la Grande, varios zares y zarinas gobernaron a Rusia. La esposa de Pedro el Grande, Catalina I, fue la primera en subir al trono (1725-1727); luego su nieto Pedro II (1727-1730), su sobrina Ana Ivanovna (1730-1740) e Iván VI (1740), a quien destronó, al año siguiente, la hija de Pedro el Grande, Isabel. Ésta, que sólo pensaba en placeres y recepciones, no estaba preparada para asumir la responsabilidad del trono.

La vida de la corte, en San Petersburgo, era inconcebiblemente fastuosa, en tanto la del pueblo era un rosario continuo de miseria y privaciones. La zarina Isabel hubo de reprimir por la fuerza varias sublevaciones de campesinos. A la muerte de ésta, ocurrida en 1762, la corona imperial ciñó las sienes de su sobrino Pedro, nieto de Pedro el Grande.

En 1745 Pedro III desposó a Sofía Augusta Federica de Anhalt-Zerbst, princesa alemana cuya educación e inteligencia eran muy superiores a las de su marido, cosa ésta no demasiado difícil porque Pedro III era un ser brutal que no dudaba en afrentar a su esposa en público. Pedro III gozaba de escasa popularidad, pues los medios conservadores le reprochaban sus simpatías por los prusianos y también el clero estaba en contra de él.

Murió asesinado el 17 de julio de 1762, poco después de subir al trono, probablemente a manos de Alexis Orlov. No hay pruebas de que su esposa estuviera complicada en el asesinato; en todo caso, sucedió a su marido en el trono y acabó convirtiéndose en Catalina II, la Grande.

Con Catalina II Rusia tuvo un gran período de expansión y progreso. Catalina, princesa alemana, había contraído matrimonio con el heredero ruso, el ulterior Pedro III. No sentía interés alguno por su esposo débil e inútil, al que sustituyó por numerosos amantes cortesanos, muchos de los cuales gozaron de influencia política. Seis meses después de ser proclamado zar, el impopular Pedro III fue depuesto y asesinado por una facción liderada por el amante de Catalina en la época, Grigori Orlov.

Catalina se convirtió en emperatriz de Rusia en junio de 1762 y su reinado se prolongó 34 años. Instituyó reformas en la sociedad rusa que favorecieron a los nobles. Les devolvió los derechos hereditarios de los que los había desposeído Pedro el Grande y les garantizó tierras y siervos. También intentó emprender reformas en la agricultura, impulsando una economía libre y alentando la inversión extranjera en las zonas subdesarrolladas. Sin embargo, para el pueblo ruso la vida apenas experimentó cambios y su regencia estuvo plagada

Para fortalecer su precaria posición, además de su gran inteligencia empleó sus armas de mujer. Ciertamente, sus predecesoras también habían rendido homenaje al principio del amor libre, pero Catalina convirtió esta práctica en una nueva forma de gobierno: se aseguró la lealtad de sus sucesivos ministros sacrificando su castidad en el altar de la política.

En otras palabras: sus ministros fueron también sus amantes, y viceversa: monogamia en serie de base política. Si en Inglaterra el primer ministro era elegido por la fracción del grupo mayoritario, en Rusia Catalina adoptó el papel de la fracción. Entre sus favoritos estaba el príncipe Potemkin, quien se hizo un nombre con su invento: los prósperos pueblos irreales, compuestos únicamente de fachadas, con los que lograba embaucar a la zarina.

Catalina era una filósofa ilustrada de la misma especie que Voltaire. Mantuvo correspondencia con él, al igual que con casi todos los philosuhes de la Ilustración. Desde el punto de vista político, continuó las reformas de Pedro el Grande: puso la jurisdicción sobre la servidumbre en manos de los jueces. arrebatándosela a los señores; suprimió la tortura y afianzó la tolerancia religiosa, que había vuelto a resentirse tras la muerte de Pedro el Grande; sometió la Iglesia ortodoxa al Estado y fomentó la educación con la creación de escuelas yacademias, aunque la Iglesia volvió a frenar su desarrollo; no se olvidó de la educación de la mujer y fundó escuelas para niñas; levantó hospitales, mejoró la sanidad y demostró la inocuidad de las vacunas, siendo la segunda rusa que se vacunó contra la viruela.

Como Pedro el Grande, Catalina procuró occidentalizar Rusia y amplió los territorios hacia el oeste y el sur. En 1768 provocó la primera de las guerras con el Imperio Otomano al entrar una tropa de cosacos en territorio otomano y masacrar a los habitantes de Balta. A la conclusión de la guerra, Catalina se había anexionado el anterior estado otomano de Crimea, en el mar Negro, que dio a los rusos acceso a numerosos puertos vitales en el sur y los reforzó aún más. La expansión hacia el oeste se saldó con el control de Polonia y Lituania, que habían quedado debilitadas por una serie de guerras contra los rusos, suecos y prusianos durante el siglo XVII. El declive del Gobierno polaco permitió a los rusos hacerse con el control y, en 1764, Catalina sentó en el trono polaco a otro de sus amantes.

Las particiones de Polonia ocurridas en la segunda mitad del siglo XVII derivaron en el reparto del territorio lituano en manos polacas entre Rusia, Prusia y Austria; Rusia se anexionó la mayor parte. Pero a Catalina no solo le interesaban las ganancias territoriales, sino que también intentó inyectar algunos elementos de la Ilustración europea en la cultura rusa y se convirtió en una gran mecenas de las artes. Catalina falleció en 1796 y fue sucedida por su hijo Pablo I.

Si bien su favoritismo fortaleció los privilegios de la nobleza, la zarina continuó impulsando la política industrial de Pedro el Grande. Y entre tanta actividad, todavía encontró tiempo para componer óperas, poemas, dramas, cuentos, tratados y libros de memorias. Editó una revista satírica anónima, en la que colaboró regularmente, yescribió una historia de los emperadores romanos. Junto a Isabel de Inglaterra y Cristina de Suecia, ha sido una de las soberanas más excepcionales que jamás hayan subido al trono.

OBRA DE GOBIERNO: Las reformas políticas que Catalina II dejó establecidas de común acuerdo con la nobleza sobre la división administrativa de Rusia permanecieron inalterables hasta la revolución de 1917. El imperio quedó dividido en 50 provincias, y cada una de éstas en determinado número de distritos. Estos distritos gozaban de cierta autonomía, así como de separación entre el poder y la justicia.

A diferencia de los boyardos, los campesinos, aún esclavizados, carecían de influencia y ya no podían esperar que en lo sucesivo mejorara su suerte. La aristocracia gozaba de ventajas en todos sentidos. Un decreto de 1785 les eximió del pago de impuestos y de cualquier servicio obligatorio. Los nobles podían disponer a su antojo de sus dominios; ediñcar fábricas o dedicarse al comercio. Eran los únicos que podían poseer tierras; tenían derecho de vida y muerte sobre los siervos, y estaban facultados para deportarlos a Siberia a la menor desobediencia.

Este sistema político-económico hizo prosperar las fábricas patrimoniales. Su número, que era de 984 en 1776, había llegado a 3.161 a la muerte de Catalina II en 1796. Entre las reformas establecidas por esta reina cabe mencionar la vacunación, así como la instauración de escuelas oficiales copiadas de las austríacas. Sin embargo, esta tentativa constituyó un rotundo fracaso.

Catalina II se rodeaba de favoritos que la obedecían ciegamente, pero no por ello dejaban de influir a su vez sobre la zarina. Entre ellos conviene citar a los generales Potemkin y Suvorov. Aunque este último fuera uno de los más brillantes estrategos que jamás haya tenido Rusia, Catalina II nunca le otorgó la misma confianza que depositara en Potemkin, quien fue durante muchos años su principal consejero.

La política exterior de Catalina II siguió los mismos derroteros que la de Pedro el Grande, y sus intentos de expansión hacia el mar Negro y Occidente se vieron coronados por el éxito. En 1772 se efectuó el primer reparto de Polonia, y gracias a él Rusia se benefició de una importante zona fronteriza. Con el segundo y tercer repartos efectuados en 1793 y 1795, Rusia se anexionó no solamente unos territorios que étnicamente eran rusos, sino también una parte importante de la propia Polonia. Como botín de las dos guerras que sostuvo con los turcos, de 1768 a 1774 y de 1787 a 1793, consiguió la península de Crimea y tener acceso al mar Negro.

A propuesta de Potemkin, Catalina II realizó en 1787 un viaje por el sur de Rusia para conocer los nuevos territorios de la corona imperial. Cuentan que Potemkin, queriendo dar a la zarina la impresión de que las regiones que acababa de conquistar se hallaban en plena actividad, mandó llevar hasta allí a miles de esclavos, a los que encargó la edificación de una falsa aglomeración de edificios. Las fachadas, construidas apresuradamente, escondían detrás casas inacabadas y hasta verdaderos montones de ruinas. No ha podido demostrarse la exactitud histórica de esta anécdota, si bien es verdad que aquellas regiones estaban prácticamente deshabitadas.

A diferencia de lo que había sucedido hasta entonces, Catalina tuvo buen cuidado de no mezclar su vida privada con sus actividades de emperatriz. Catalina, que amaba los edificios hermosos y admiraba la arquitectura de la Roma de los cesares, tomó a su servicio a tres arquitectos: el escocés Cameron, el italiano Qua-renghi y el ruso Starov.

La obra más conocida de este último es el palacio de Táurida, que Catalina regaló a Potemkin. Cameron era, con todo, su preferido, y permaneció con la emperatriz hasta su muerte. Quarenghi era, de los tres, el que poseía más talento. Catalina dedicó enormes sumas a la construcción de edificios públicos, iglesias y palacios. También coleccionó importantes obras de arte, entre las que había cuadros de Rafael, Murillo, Van Dyck, Rembrandt y otros famosos pintores. A la muerte de Catalina II, acaecida en 1796, San Petersburgo era una de las ciudades más ricas de Europa.

PARA SABER MAS…
RUSIA

En la Edad Media, los vikingos de Suecia levantan fortalezas y pequeños reinos o señoríos en la actual Rusia. A mediados del siglo IX se forma el reino de «rus», nombre genérico con el que se denominaba a los varegos.
En el siglo XII hubo una invasión de mongoles que conquistaron todo el territorio.

Iván III el Grande (1462 – 1505), casado con la princesa bizantina, Sofía Paleólogo, se proclamó «zar de todas las Rusias» y ordenó la construcción del Kremlin (fortaleza), para residencia del rey.

En esta época se transforma el principado en un Estado unitario. Miguel (1613 – 1645) inauguró la dinastía Romanov, que gobernó el Estado ruso hasta 1917. La nueva dinastía puso fin a una época de conflictos. Comenzó entonces la Edad Moderna para Rusia. Los nuevos zares fortalecen la autoridad de la monarquía y comienza a sentirse la influencia cultural de Occidente, al aumentar los contactos comerciales con los países europeos del Oeste.

Pedro I el Grande (1689 -1725) emprende una intensa reorganización del Estado. Reforma el sistema administrativo y el ejército, funda la ciudad de San Petersburgo, que se convierte en la capital del Imperio.
En 1762 subió al trono Catalina II la Grande, representante más destacada del despotismo ilustrado en Rusia. La zarina prestó especial atención a las consideraciones de los filósofos del siglo.

Encaró una reforma en la administración territorial (dividió el territorio en gobiernos y distritos), fomentó las actividades económicas y la inmigración de familias de campesinos y artesanos.

Apoyó la enseñanza y las actividades culturales. No obstante, la educación estaba dirigida a las clases aristocráticas.

La mayoría de la población rusa se componía de campesinos, no existía en el país una fuerte burguesía mercantil y urbana, como en algunos países de Europa Occidental.

Fuente Consultada: La Cultura de Dietrich Schwanitz y Atlas de Historia del Mundo

Pedro I El Grande de Rusia Biografia Vida y Obra Carlos XII de Suecia

Pedro I El Grande de Rusia – Biografía Vida y Obra

POLONIA: JUAN III SOBIESKI Y AUGUSTO EL GRANDE: Polonia padecía la misma enfermedad que el Sacro Imperio Romano Germánico: tras su unión con Lituania (1569) su territorio abarcaba las extensísimas llanuras situadas entre el Báltico y el mar Negro: pero, al igual que había sucedido en Alemania, la nobleza impidió la formación de una fuerte monarquía hereditaria. Todos los reyes polacos eran elegidos, y en la Dieta bastaba un solo voto en contra para impedir una resolución (liberum veto).

En 1674, cuando los polacos eligieron rey al valeroso general Juan Sobieski, estaban eligiendo a un héroe romántico: Sobieski tenía un aspecto regio, era un general brillante y genial y avivaba la fantasía de los polacos por su romance con la bella María Casimira su amor de juventud.

Cuando Juan tuvo que marchar a la guerra ella se casó con un infeliz; a su regreso, seguía perdidamente enamorado de ella y se convirtió en su amante: el pobre infeliz murió de cortesía, y los amantes se unieron.

Su gran objetivo era transformar Polonia y derrotar a los turcos. Cuando éstos ocuparon Viena en 1683, Juan Sobieski y su ejército polaco la liberaron de los turcos.

Su corte se convirtió en un centro de la Ilustración, y se puede decir que protestantes y judíos gozaban de libertad religiosa. Desde el punto de vista cultural, abrió Polonia a la influencia francesa desde el punto de vista político, sin embargo, no pudo reformarla. Cuando murió, los miembros de la Dieta fueron sobornados y eligieron rey al príncipe de Sajonia, Augusto II el Fuerte, lo suficientemente ilustrado, y lo suficientemente falto de prejuicios, como para cambiar su fe protestante por la católica y convertirse así en rey de Polonia.

RUSIA Y PEDRO I EL GRANDE

Pese a haber avanzado va tanto en nuestro relato, ésta es la primera vez que mencionamos a los pueblos eslavos orientales, que, desde su unión bajo el reinado de Rurik (862), rey de los vikingos, eran llamados «Rus». Bajo Vladimiro I el Santo (980-1015), los rusos se convirtieron al cristianismo en su versión ortodoxa griega y adoptaron los ritos de la Iglesia bizantina.

El centro de la cultura rusa era Kiev. A partir de 1223, Gengis Kan, el mongol expansionista, ataca a los rusos, y en 1242 Rusia se convierte en una parte del Imperio mongol de la Horda de Oro. Aunque controlados por los mongoles, los grandes príncipes siguieron gobernando de forma relativamente independiente. Iván 1 (1323-1340) convierte a Moscú en la capital de los rusos. En 1472, Iván III libera a Rusia del dominio mongol, se proclama gran príncipe de todos los rusos y los símbolos de su ejército dicen claramente que se considera a sí mismo el sucesor del imperio bizantino, caído en 1453.

Por eso su hijo Basilio III se nombró zar (emperador) e hizo que arquitectos italianos levantaran la ciudadela de Moscú, el Kremlin. Su hijo Iván IV (1533-1584) se ganó el mote de «el Terrible», porque aplastó brutalmente a todos cuantos se resistieron a su poder autocrático; pero al mismo tiempo modernizó el Imperio y creó la guardia imperial (los «streitsv) En 1613 se extingue la dinastía de los Ruríkidas, y su lugar lo ocupará hasta 1917 una rama de esta familia, los Romanov.

A partir de 1682 y con la ayuda de los «streitsv», Sofía ejercerá la regencia durante la minoría de edad de su incapacitado hermano y de su hermanastro Pedro 1. Mientras tanto, éste tuvo tiempo de frecuentar la llamada «colonia alemana» de Moscú y comprobar que los extranjeros que allí residían eran muy superiores a los rusos en lo que se refería a la educación, la cultura y, especialmente, la técnica.

En efecto, Rusia vivía aletargada en la Edad Media. No había pasado por el derecho romano, el Renacimiento y la Reforma: lo único que había vivido era el despotismo mongol. Los campesinos sólo conocían la dureza de la tierra, el látigo de su señor el murmullo de los pastores ortodoxos, que en la penumbra de las iglesias movían los incensarios ante los iconos dorados en un eterno vaivén.

En 1689 —un año después de la Revolución gloriosa de Inglaterra—, año en el que Pedro I se hizo con el poder, comienza para Rusia una nueva época, pues pocas veces un príncipe ha transformado tanto su país como el zar Pedro 1 transformó Rusia. Sólo Lenin, al que tanto se asemeja, podrá superarlo.

A Pedro l le obsesionaba la idea de poner fin al distanciamiento con respecto a Europa en el que vivía Rusia y su propósito era abrir un acceso al mar, ya al Mar Negro —lo que significaba la guerra con los turcos—, ya al Báltico —lo que significaba la guerra con los suecos, que en aquel tiempo dominaban el Báltico y eran una gran potencia europea—.

Primero lo intentó con los turcos. Cuando sufrió una derrota, comprendió que era hora de modernizar el país. Y así comenzó uno de los más sorprendentes episodios de la vida de un soberano. Formó un grupo de aproximadamente doscientos cincuenta hombres, a los que envió a Europa occidental para que aprendieran construcción naval y otras habilidades, e incluso se hizo pasar por uno de ellos. Corno es lógico, muy a menudo se daba a conocer. A la princesa viuda de Brandemburgo le llamó la atención la antipatía de Pedro 1 por el cuchillo y el tenedor, tanto como la asombré que a los rusos les molestaran los duros huesos de las damas alemanas cuando bailaban con ellas: habían confundido las varillas de sus corpiños con sus huesos.

En Zaandarn, la meca holandesa de la construcción naval, Pedro 1 vivió una temporada haciéndose pasar por carpintero de ribera, concretamente en la casita de un trabajador, Gerit Kist. Más tarde se colocaría en la casita esta inscripción: «Para un gran hombre nada es demasiado pequeño», y Lortzing homenajearía a Pedro I el Grande en su ópera Zar y el carpintero. Durante diez meses, trabajó diariamente como cualquier otro en la construcción de un barco, por la noche estudiaba la teoría. También visitó a los eruditos y científicos: Leeuvenhoek le permitió mirar por el microscopio; en la sala de disección de Boerhaave pudo acercarse al interior del cuerpo humano; asistió a conferencias sobre ingeniería y mecánica y hasta aprendió a extraer las muelas, arte que practicó con sus subordinados.

Envió a Rusia cargamentos enteros con los últimos instrumentos y herramientas, y después a cientos de capitanes, oficiales del ejército, cocineros y médicos para formar a su gente. Viajó a Londres y a Viena y, de vuelta, hizo un alto en el camino y pasó por Polonia para visitar a Augusto II el Fuerte. Trabaron inmediatamente una profunda amistad, pues por fin ambos habían encontrado a alguien con quien competir en sus dos disciplinas favoritas: beber doblar vajillas de plata. Mientras se dedicaban a estos menesteres, decidieron unirse y arrebatar a Suecia sus posesiones continentales. Con la incorporación de Dinamarca a la coalición, comenzó la guerra del Norte, que se inició en 1700 y concluyó en 1721.

CARLOS XII Y SUECIA

BIOGRAFÍA: CARLOS XII (Estocolmo, 1682 – Fredrikshald, 1718). Hijo de Carlos XI, a los 16 años entró en campaña contra los dinamarqueses y a los 18 infligió una sangrienta derrota a los rusos y después a los polacos y sajones, aliados de aquéllos. En 1708-09 llevó a cabo en Rusia una campaña memorable, en la que obtuvo grandes triunfos, pero fue derrotado en Poltava (1709). Huyó a Turquía, donde permaneció tres años. En una atrevida fuga volvió a Suecia e inició una campaña contra Noruega, pero murió destrozado por una granada.

Nacido para la guerra: Cuando el rey Carlos XI murió a los 42 años de cáncer estomacal, su hijo de 14 años ya podía gobernar. Desde los seis años dejó de ser cuidado por mujeres y aprendió a disfrutar de deportes rudos, juegos militares y pruebas de resistencia autoimpuestas. Tenía 11 años al morir su madre: ese año cazó su primer oso. Decidió que no era muy deportivo usar armas de fuego contra los osos y optó por un tridente.

A excepción de un fugaz coqueteo, no buscó la compañía de mujeres y no se casó. Carlos XII se encontró desde muy pequeño obsesionado con la victoria en batalla. Dotado de una inteligencia poco común, el muchacho aspiraba a ser como Alejandro Magno, cuya biografía llevó consigo toda la vida. Plenamente convencido de que la justicia y la verdad estaban sobre todas las cosas, estudió la Biblia e hizo que su ejército luterano rezara dos veces al día. Sin embargo, a pesar de sus ideales y múltiples aptitudes, su conducta en la adolescencia fue el escándalo de Estocolmo.

Fue la guerra de un estratega genial, el rey sueco Carlos XII, contra el invierno ruso. Carlos ganó todas las batallas, venciendo a Dinamarca, a Polonia y a Pedro I el Grande, cuyo ejército todavía no había alcanzado el suficiente grado de formación. Carlos venció y de puso a Augusto II el Fuerte, y desde Polonia comenzó su marcha hacia la ancha Rusia. En este sentido fue un precursor de Napoleón y Hitler.

El zar Pedro 1 emprendió la retirada, incendiando todas las ciudades y depósitos de provisiones que encontraba a su paso. Así logró conducir a Carlos XII hasta el desértico interior del país. Luego vino el invierno, que en esta ocasión fue especialmente crudo: a los suecos se les helaban las manos y los pies.

Finalmente, el 1| de mayo de 1709, tuvo lugar la batalla de Poltava (suroeste de Charkow, Ucrania), que fue el Stalingrado del siglo XVIII Después de la batalla, vencido Carlos XII, el mundo cambió: Rusia se encuentra a las puertas de Europa y toma el Báltico y Ucrania. Augusto II el Fuerte sube de nuevo al trono polaco gracias a Pedro I; Carlos XII logra huir a Turquía y vuelve a poner en peligro a Pedro I con un ejército turco; pero cuando el sultán se cansa de él, cabalga durante catorce días a marchas forzadas desde Estambul a Stralsunci, defiende la ciudad contra los ocupantes, regresa a Suecia, forma nuevas tropas y cae, con tan sólo treinta seis anos de edad, cuando ataca Noruega.

Carlos XII fue el Aníbal sueco. Fue un estratega genial, estuvo a punto de restablecer el dominio vikingo sobre Rusia, pero logró lo contrario de lo que se proponía: enterró a la gran potencia sueca y ayudé a nacer a Rusia.

LAS REFORMAS DE PEDRO I EL GRANDE

La modernización de Rusia llevada a cabo por Pedro es tan despótica como la posterior sovietización del país por parte de Lenin y Stalin. Lo primero que tenían que hacer los rusos era cortarse la barba. Quien no lo hacía debía pagar un impuesto. En segundo lugar, la vestimenta tradicional debía desaparecer. El zar vacié las casas de acogida de mujeres, recorté el poder de la Iglesia ortodoxa, prohibió ordenar sacerdotes a los místicos y a los fanáticos e introdujo la tolerancia religiosa. Sustituyó la nobleza de sangre por una especie de nobleza basada en el mérito y dividida en rangos que dependían de la relevancia de los servicios prestados al Estado.

El gobierno estaba compuesto por un senado y distintos ministerios. Los gobernadores provinciales debían responder ante el senado. En las ciudades había tres clases sociales: ricos comerciantes y gente con carrera, maestros y artesanos, trabajadores y empleados.

La comunidad rural (mir) continuó siendo una corporación colectiva y la servidumbre permaneció intacta. Al mismo tiempo, el zar desarrollé una activa política industrial y fomenté la minería, la artesanía y el sector textil. Corno sucedería después en la colectivización soviética, los campesinos fueron forzados a trabajar en la industria, lo que dio lugar a una especie de esclavitud industrial.

Finalizada la guerra contra Suecia, el zar introdujo en el país el libre comercio. Implanté el calendario juliano (protestante), impuso la escritura cirílica (la Iglesia seguía usando la escritura eslava), hizo imprimir periódicos, fundó bibliotecas y copió el «gimnasio» alemán (los centros de educación secundaria). Importó actores de Alemania, arquitectos de Italia y científicos de todos los países europeos. Pero, sobre todo, desplazó Rusia hacia el Báltico, donde levantó la nueva capital imperial: San Petersburgo.

Así como las grandes obras soviéticas posteriores se realizaron con los trabajos forzados de los presos de losgulags o campos de concentración rusos y de los prisioneros de guerra, San Petersburgo fue levantada con el trabajo de los esclavos rusos y de los prisioneros de guerra suecos. En el delta del Neva se asentaron más de ciento veinte mil personas.

Pese a estar construida sobre terrenos cenagosos, San Petersburgo se expandió rápidamente; Pedro mandó construir un sistema de canales que drenaban las aguas de la tierra e hicieron que la ciudad pasara a ser conocida como la «Venecia del Norte».

También reclutó a gran número de campesinos para que trabajaran en los suntuosos proyectos de construcción diseñados por equipos de arquitectos e ingenieros europeos. Para asegurarse de que la obra en San Petersburgo se concluyera sin demora, Pedro prohibió construir edificios de piedra fuera de la ciudad y todos los mamposteros fueron llamados a trabajar en la capital. En 1 714, Pedro ordenó edificar un palacio de verano y posteriormente uno de invierno junto al río Neva.

Dada la ubicación estratégica de la ciudad junto al puerto, gran parte de ella quedó ocupada por edificios dedicados a la construcción naval y la Armada, el principal de ellos el complejo del Almirantazgo. En el año 1725, fecha de la muerte de Pedro, un 90 por ciento del comercio de Rusia pasaba ya por San Petersburgo. A la muerte del emperador, la construcción en la ciudad pro­siguió y se levantaron diversas iglesias y palacios barrocos.

Pedro el Grande murió a la edad de cincuenta y dos años odiado por todos. Fue una figura similar a Enrique VIII de Inglaterra o Lenin: extremadamente cruel, resuelto, poseído por un ideal, inusitadamente vital, obstinado, capacitado y desconsiderado. Modernizó a su país por la fuerza. De este modo sirvió de ejemplo a sus sucesores Lenin y Stalin, pero también a Gorbachov. Desde entonces Rusia oscila entre el eslavismo y la occidentalización.

Para 1703, en las tierras el norte del mar Báltico Pedro había comenzado la construcción de una nueva capital: San Petersburgo, su ventana hacia occidente y el símbolo de que Rusia miraba hacia Europa. Construida sobre marismas edificación costó las vidas de miles de campesinos y se terminó durante la vida de Pedro; sin embargo, fue la capital de Rusia 1917. Modernizó y occidentalizó Rusia a tal grado que se convirtió en una potencia militar y, al momento de su muerte en 1725,  era miembro importante del sistema de estados europeos. Pero sus políticas resultaron perjudiciales para Rusia. La occidentalización  fue una especie de impostura, puesto que la cultura europea sólo fue accesible para las clases altas, en tanto que el verdadero objetivo de las reformas —la creación de un ejército fuerte— sólo significó mayores cargas para las masas del pueblo ruso. La manera forzada mediante la cual Pedro el Grande impuso la occidentalización provocó desconfianza hacia Europa y la civilización occidental. Pedro el Grande forzó tanto a Rusia que, después de su muerte, una reacción aristocrática deshizo gran parte de su obra.

ANÁLISIS DE LAS REFORMAS DE PEDRO I: Pese a lo superficiales que fueron las reformas de Pedro Grande, consiguieron librar a Rusia de su aislamiento. Las clases dirigentes se volvieron en lo sucesivo hacia Europa en lugar de orientarse hacia la mentalidad asiática y adoptaron las formas de vida y la cultura europeas, decidiendo de este modo su futuro.

Se ha dicho que Pedro I falseó la evolución de su pueblo al imponen) la cultura occidental como una especie de camisa de fuerza; otros, en cambio, consideran a Pedro el Grande como fruto de un necesidad histórica, proporcionando a su pueblo las reforma adecuadas a sus más hondas exigencias. La antigua Rusia había agotado sus energías, su misión estaba cumplida, había desempeñado su papel histórico y podía ya desaparecer, para dejar paso a la nueva Rusia que debía surgir.

Como dice el filósofo soviético Soloviev, “el pueblo ruso estaba dispuesto a ponerse en marcha sólo esperaba un jefe. La contribución personal de Pedro a esta evolución pudo llevarse a cabo gracias a su extraordinaria fuerza de voluntad. Pero esta misma energía no permitió en ningún momento al desgraciado pueblo ruso recuperar alientos, y sentar las bases de aquella prosperidad material sobre la cual debe asentarse necesariamente la cultura.

Los primeros Romanov habían oprimido también al pueblo ruso con elevados impuestos, pero a los mujiksjamás se les ocurrió el hacer responsable de ello a aquel zar que les resultaba tan lejano, inaccesible, rodeado de un halo de misterio y que dominaba a su pueblo como el cielo domina a la tierra, un soberano que nunca aparecía en público.

Todos los males que gravitaban sobre el pueblo eran atribuidos a los boyardos y a los funcionarios; desde Pedro el Grande, el zar de todas las Rusias se había despojado de su aureola, y parecía haber descendido del trono poco menos que celeste en que sus predecesores se asentaban con intocable majestad; el zar Pedro vivía y trabajaba en medio de su pueblo, como un simple mortal; no se mostraba vestido de púrpura y con la corona ciñendo sus si enes, sino manejando cualquier, herramienta y con la pipa en los labios. Destruyendo de ésta manera su mito personal, Pedro se exponía al descontento del pueblo. “Nunca hasta ahora —se lamentaban los rusos— la vida ha sido tan dura. ¡Ojalá muera el zar!”

Fuente Consultada: La Cultura de Dietrich Swanittz

Representantes del Despotismo Ilustrado:Carlos III,Catalina de Rusia

Representantes del Despotismo Ilustrado:Carlos III,Catalina de Rusia

Carlos III de España

Federico El Grande

Pedro I de Rusia

Catalina de Rusia

Carlos III de España Federico El Grande Pedro I de Rusia Catalina de Rusia

REPRESENTANTES DEL DESPOTISMO ILUSTRADO:

Al alborear el s.XVIII, casi toda Europa está gobernada por reyes o príncipes. Sin embargo, la institución monárquica, como todo régimen político, está constantemente buscando su legitimidad. Esta institución tiene muchos aspectos: absoluta en España y Francia, la monarquía está atemperada en Inglaterra por el Parlamento y en Alemania por los privilegios de las ciudades o de las Iglesias. La civilización de las Luces, donde el pensamiento político es muy vivo, va a intentar definir el tipo de poder que corresponde a los nuevos tiempos. A esto es a lo que responde lo que empieza a llamarse el despotismo ilustrado.

La experiencia republicana de la época de Cromwell, el ejemplo de los cantones suizos o de las repúblicas italianas, el desarrollo de la libertad en las Provincias Unidas, son elementos que alimentan profundamente la reflexión de los pensadores y de los políticos en busca de la mejor forma posible de gobierno.

El triunfo del Estado

En el s. XVIII, como había ocurrido en el XVI, se publica un gran número de proyectos utópicos más o menos inspirados en la Antigüedad. Estas utopías confirman casi siempre que el fundamento de la vida colectiva está en el Estado. ¿Cómo organizar este Estado para que se encuentre al abrigo de las pasiones personales y de las reacciones irracionales de los pueblos? Confiando el poder a un soberano que conserve una parte de su carácter divino, a causa de su nacimiento privilegiado, y que sea lo suficientemente «ilustrado» para gobernar no en función de sus intereses personales, sino en bien de sus súbditos.

El ejemplo inglés

Inglaterra sigue siendo, con mucho, el gran modelo de organización política. La autoridad del soberano es real, aunque limitada por tradiciones no escritas, y es en el respeto a las instituciones monárquicas dónde nación encuentra su unidad. El gobierno de Inglaterra favorece al máximo la libertad y la tolerancia. La libertad de prensa se considera, entre todas, como el camino más seguro para el progreso humano. Y el tipo de democracia que representa el sistema inglés aparece como el más adecuado al desarrollo económico y al progreso técnico.

La experiencia rusa

Este progreso que aceptan los pueblos de Occidente, produce temor a muchos pueblos que no tienen el mismo grado de cultura y que están encerrados en sus tradiciones. En esos pueblos, el papel del déspota ilustrado experimenta un cambio. En lugar de ser un soberano que se deja guiar por el consejo de gentes capacitadas que ha agrupado alrededor suyo (es el caso de la Prusia de Federico II y, en menor grado, de José II de Austria), es un monarca el que va a servir de guía a su pueblo para obligarle a caminar por las vías del progreso. Lejos de encontrarse limitado por las instituciones nacionales, el poder se ejercita, por el contrario, de manera absoluta, puesto que es necesario, al menos durante un cierto tiempo, obtener la felicidad del pueblo aun a pesar suyo. Esta es la experiencia que perseguirá, con ayuda de intelectuales franceses y alemanes, Catalina de Rusia.

«Industria del espíritu», así calificó Federico II la filosofía y las letras. En su juventud se aumentó de literatura francesa e inglesa y se dedicó también a tocar la flauta. En 1736, se hizo iniciar en la francmasonería y entabló correspondencia con Voltaire.

Este último, que pretendía ser el «educador de los monarcas», entendía que la guerra iría siempre por delante de la filosofía. Es al ejército a lo que Federico II dedica sus mayores atenciones: con un efectivo de 180.000 hombres, es el más poderoso de Europa. Pero el rey recibe las nuevas influencias: niega, por ejemplo, que la monarquía lo sea por derecho divino.

Los reyes son hombres como los demás, son los servidores del Estado. Para él es un contrato lo que le liga al pueblo, de! cual exige una perfecta obediencia. Federico II abandona la devoción a as antepasados, para a copiar un deísmo riguroso. Su escepticismo religioso, así como la abolición de la tortura, le valdrán el reconocimiento de los intelectuales. Pero es la razón de Estado lo que prevalece sobre todo lo demás. El vasallaje se mantiene en beneficio de la agricultura, y Federico II se apoya en la nobleza, lo que limita el alcance de sus reformas sociales.

Muy cultivada y educada a la francesa, Catalina II pretende pasar por alumna de los filósofos. Pero al igual que Federico II, permanece fiel a la tradición nacional y no actúa de acuerdo al espíritu de las Luces mas que cuando éste sirve a los intereses rusos.

Manda realizar encuestas, cuadernos de quejas, pero conserva el ejercicio del poder para ella sola. La comisión encargada de elaborar el proyecto de un nuevo código de leyes no consigue su propósito, y la Sociedad libre de estudios económicos, fundada en 1765, no trata los problemas más que en teoría.

La sociedad conserva una estructura feudal, y el nivel de vida de los campesinos sometidos a vasallaje es el más bajo de Europa. En 1767, Catalina suprime la tortura y limita los castigos corporales. Hasta la Revolución francesa, subsiste una relativa libertad de prensa y de pensamiento. Para la emperatriz sólo el absolutismo es adecuado para gobernar un gran país.

Biografia de Cristina de Suecia Resumen de Su Vida Historia Gobierno

Resumen Biografía de Cristina de Suecia
Fue expresamente educada y preparada para reinar y llegó a poseer una refinada cultura, pero en su vida se sucedieron altibajos, contradicciones y excentricidades que le valieron la antipatía de muchos sectores influyentes europeos y, a veces, de su propio pueblo que tanto la amó en un principio. Se la recuerda como entusiasta patrona de las artes, que dejó testimonios inolvidables de su exquisita sensibilidad.

Totalmente distinta a las mujeres de su mismo origen social, en pleno siglo XVII, Cristina de Suecia se opuso al papel tradicionalmente adjudicado al sexo femenino y buscó la forma de sortear las obligaciones impuestas por un título nobiliario y una apariencia física que no la favorecía en absoluto. Lo busco y lo consiguió.

Porque no fueron los caprichos ni las contradicciones los que definieron a la hija y sucesora de Gustavo II Adolfo y María Leonor de Brandeburgo, sino su voluntad de romper con las convenciones que asfixiaban a las mujeres.

Los astrólogos le habían prometido a Gustavo Adolfo un hijo varón, pero el advenimiento de esta niña hirsuta y de piel oscura, echaron por tierra los vaticinios. El 8 de diciembre de 1626 nació Cristina en Estocolmo; según se decía, su padre era inteligente y su madre una mujer medianamente capaz de asumir el papel de reina.

Cuando Gustavo Adolfo muere en la batalla de Lützen, Cristina tiene seis años pero su vida futura ya está resuelta: su madre poco tendría que ver con la educación de la niña, ya que el fallecido rey había dispuesto que el Estado y un Consejo de Regencia velaran por la formación de la pequeña.

El canciller Oxenstiern llevó con mano segura los estudios de Cristina, que recibió una educación donde no faltaron el latín, las matemáticas ni la cosmografía. Desde muy niña dominó ocho idiomas, mostró una personalidad firme y una gran capacidad para establecer diálogos vivaces, en los que mezclaba pasajes enteros de la Biblia con el catecismo luterano. En la adolescencia su figura era tan poco femenina que incluso Cristina prefirió la ropa masculina. Esto, unido a sus ojos profundamente azules, su rostro picado de viruela, su andar desenfadado y la vehemencia que mostraba durante sus cóleras, le daba una personalidad excepcional.

A partir de 1644 se dedicó al gobierno con la misma pasión con que antes profundizaba el latín o el sánscrito. Una de sus máximas —que horrorizaba a los nobles- sostenía que «el talento lo es todo; el nacimiento nada. Hay labriegos que nacen príncipes y príncipes que nacen labriegos. Si en el pueblo hay canallas, también los hay entre los príncipes».

En 1645 declaró que su país buscaba la paz externa y terminó la guerra con Dinamarca, ganando varias provincias para Suecia, de acuerdo al tratado de Bromsebroe. Por entonces ya era conocida como la más diestra soberana del Norte: protegía el comercio y la educación, en una época en que el analfabetismo cundía aún entre los ministros del reino.

Cristina se negó a casarse pues consideraba que la sujeción al hombre que entrañaba el matrimonio, aunque fuera en interés del estado, era degradante para una mujer.

Así, en 1649, a los 23 años, comunicó a la Dieta su deseo de permanecer soltera y logró el reconocimiento de su primo Carlos Gustavo como presunto heredero. En 1650, luego de hacerse coronar reina con gran pompa, despreció a sus antiguos ministros y se rodeó de favoritos de la talla de Tote, Lagardie, el coronel Schilippebanck, el médico francés Bourdelot, el ministro de España en Estocolmo, Pimentel, Steinberg y otros.

El palacio real era un mar de intrigas frecuentado por una corte integrada por los hombres más notables de Suecia, Alemania, Holanda y otros países. Pese a ello, Cristina se dedicó menos a la política que al amor y los estudios. Dormía tres horas diarias, comía apenas y se peinaba una vez por semana. Tanto los sabios como los amantes costaban muchísimo dinero y no sabía a quiénes preferir. Poseía magníficas colecciones y una biblioteca sin igual en Europa, comprada en base a la hacienda sueca, que padecía extremas penurias. El pueblo, que en un comienzo la apoyó, pasó del cariño a la estupefacción, luego al disgusto y finalmente al descontento.

Las tensiones derivadas de esa situación acabaron por enfermarla pero la receta del francés Bourdelot -descanso-resultó peor que la enfermedad. En efecto, abandona los estudios y la política para organizar costosas orgías que todos critican pero nadie detiene. Suecia entera está convencida de la locura de la reina. Los sabios no perciben sus sueldos y Cristina, para impedir el desastre, empeña su vajilla de plata.

Cuando el escándalo ensombrece Suecia, Cristina empaqueta sus libros, sus colecciones y sus objetos de arte y el 11 de febrero de 1654 reúne a la Dieta; en medio de la sorpresa de todos abdica en favor de Carlos Gustavo. Tenía 28 años. Pese a las críticas de que había sido objeto, cuando parte de Suecia la congoja popular es enorme. Junto con ella viajaba un equipaje compuesto por libros, muebles, colecciones, las joyas de la corona, vajilla de oro y plata y cuanto había en el palacio.

Al llegar a la frontera de Noruega la cruza de un salto y en lugar de embarcarse en la flota preparada al efecto, lo hace en un buque mercante. Desembarca en Dinamarca, monta a caballo varonilmente y se dispone a recorrer Europa dilapidando la renta que su pueblo le había asignado. Independiente de toda autoridad, con derecho a ejercer justicia sobre su comitiva, se siente más poderosa que nunca, ya que incluso se le asigna la propiedad de varias provincias e islas suecas.

En Bruselas nadie olvida su altivez y desenfado: hasta es capaz de hacerle muecas a quienes la miran. Se cambia de traje en el coche con la rapidez de una modelo y al anochecer, sola y vestida de hombre, recorre tabernas y sitios nocturnos de vida alegre. Ya ha abjurado del protestantismo y en Roma se organiza una ceremonia magnífica para festejar su conversión.

En 1656 Cristina se considera a sí misma el primer personaje de la cristiandad y se establece en Roma con sus bibliotecas y colecciones, protegida por los Papas.

Pero sus bienes están sensiblemente menguados por los gastos sin sentido. Suecia le ha disminuido sus rentas y los acreedores la asedian. El Papa le asegura una buena pensión, pero Cristina la halla exigua. Entonces empeña sus alhajas y viaja a Francia, donde el cardenal Mazarino la recibe con grandes honores. Fastidiada por la curiosidad que despierta, una noche se sienta en un teatro con la pierna sobre el brazo de la butaca.

La situación hace crisis cuando ordena ejecutar a un ex favorito suyo que le había formulado reproches en una carta. El trágico episodio indigna a sus anfitriones y Mazarino, harto de sus extravagancias, le da dinero para que parta a Italia.

Poco después Cristina se pone en contra de Suecia y con 20 000 hombres que le facilita el emperador de Alemania, intenta apoderarse de la Pomerania sueca. El Papa interviene entonces y le asigna una renta importante y un administrador, que pronto se convierte en su amante. En 1660, a la muerte de Carlos Gustavo, Cristina se presenta sorpresivamente en Suecia y reclama que se la nombre soberana. El gobierno, por toda respuesta, la obliga a salir del reino. Tampoco prospera su candidatura como reina de Polonia, pese a la recomendación del Papa. Desdeñada también por los gobiernos de Viena y Francia, se radica definitivamente en Roma. Funda una academia y continúa enriqueciendo sus colecciones, relacionándose con personajes de las letras y las artes y ayudándolos.

En 1688 sufre un ataque de erisipela y, convencida de que su muerte es inminente, se preocupa por organizar fastuosas ceremonias fúnebres. Fallece el 19 de abril de 1689, no sin antes nombrar a Azzolini, el administrador que el Papa le había enviado años atrás, su heredero universal. Sus colecciones y bibliotecas valían millones.

Orgullo, franqueza, contradicciones, caracterizaron el carácter de Cristina, junto con la esplendidez. Conoció admirablemente el mundo y el corazón humano y los despreció a ambos por igual. Su vida fue novelesca pero con grandes toques de positivo realismo: fundó en 1650 el primer diario sueco y su apoyo a las artes influyó en toda la cultura europea de la época.

El primer teatro de ópera en Roma se abrió gracias a su interés. Su enorme colección de libros y manuscritos se conserva en la biblioteca del Vaticano y su tumba, en la Basílica de San Pedro, Roma, habla de la importancia que tuvo en su siglo la figura de Cristina.

El filósofo Descartes, el gran arquitecto y escultor Bernini, los músicos Alessandro Scarlatti (su maestro de coro) y Arcángelo Corelli (que dirigía su orquesta) la consideraron amiga y protectora. Ambicionó mucho y logró bastante: no es poco mérito.

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

Biografía de Coco Chanel Historia de su Vida Trabajo y Amantes

Biografía de Coco Chanel

Una joven y desconocida francessta llamada Gabrielle Chanel ha hecho irrupción en la gran moda francesa. Su diseño de un nuevo tipo de blusa, que imita la de los marineros, ha sido aceptado con entusiasmo por las elegantes aristócratas de la Costa Vasca Francesa.

Se dice que la joven diseñadora se propone acabar con las ropas que acentúan las formas femeninas y en cambio ofrecerá vestidos sueltos que, según ella, resultarán finalmente más sensuales y alegres que los trajes acinturados y los polizones. ¿Tendrá éxito en su loca aventura? En todo caso, a la nueva diseñadora sus amigos la llaman «Coco», aludiendo precisamente a la locura, la picardía y cierto descaro que parece estar fascinando al gran mundo europeo.

Gabrielle «Coco» Chanel vivió una larga y muy fructífera vida, pero nadie jamás adivinó en  ella, desde que comenzó, muy jovencita, a ser Coco Chanel, su triste infancia de orfelinato, la pobreza de su origen, la desgracia que la acompañó durante tantos años. Los primeros años, los años más sensibles, aquellos que dejan huellas imborrables. Los mitos nacen en torno del Olimpo, no en el monte mismo.

Biografia de Coco ChannellEl apuesto y esquivo Albert Chanel se enreda, allá en la provincia, con Jeanne Devolle. Albert apareció por la campiña como los fantasmas. Las pisadas de su caballo anunciaban su llegada; jamás se las oía cuando partía.

Jeanne se estremeció con sólo verlo. También él vio a la joven auvernés de grandes ojos negros. Surgió el idilio, sigilosamente, como eran las llegadas de Albert. Luego nació Julia. Cuando Gabrielle comenzó a anunciarse en el vientre de la madre, los amantes formalizaron el matrimonio. La pequeña Gabrielle fue llamada «Coco» desde el primer día y así se la llamó hasta la hora de su muerte.

De los amoríos de Albert y Jeanne nacieron otros hijos: Alphone, el primer barón. En seguida, y sin perder el tiempo, Antoinette, Lucien y Agustín, para el nacimiento deCoco el padre no» estuvo presente, esto hizo de sus relaciones posteriores una cuestión pose siva. Coco adivinaba la llegada del padre aún antes que su madre, y se lo acaparaba tanto como podía. Era una relación estacionaria, ya que su padre aparecía por el lugar sólo en invierno, cuando no había vinos ni caballos que vender.

La infancia de Coco fue típicamente provinciana. Suelta como una cabra, la vida era un juego rutinario en el que cada uno tenía deberes que cumplir, inclusive los menores. Y esta infancia estuvo marcada por el sino de la sangre: su madre tosía. Todos sabían lo que eso significaba. Luego Coco veía las manchas de sangre en los pañuelos de su madre, que se fue poniendo más delgada y transparente, como se ponen las tísicas.

Coco tenía nueve años cuando su madre murió en un espasmo. A partir de ese año su padre no regresó regularmente por la campiña. Coco jamás se lo perdonó, y a la niña le resultaba difícil discernir a cuál de los dos echaba más de menos, a su madre o a su padre.

Y aunque todo el mundo en la provincia sabía que ella tenía padre, comenzaron a llamarla huérfana. Un día, inesperadamente, su padre apareció. Las flores del funeral estaban marchitas hacía ya tiempo. No dijo nada. No se le vio llorar, pero Coco lo conocía bien y le vio sufrir. Y ese sufrimiento los unió más, porque era un sufrimiento silencioso, verdadero.

Albert Chanel tomó a tres de sus hijas, las mayores, Coco, Julia y Antoinette y las llevo a casa de sus padres. El abuelo puso el grito en el cielo. ¿Qué iba a hacer con tres niños más? Sus magros ahorros se le iban a ir de entre los dedos. Y concibió una idea:

Su hermana, casada con un Notario, era íntima amiga de la Superiora de la Congregación del Sagrado Corazón de María, que dirigía un orfelinato en el antiguo monasterio de Obazine. Pese a las lágrimas de la abuela, las niñas ingresaron en el Hospicio y luego, el propio Albert las traslado al orfelinato. Coco sintió que al cerrarse las puertas del orfelinato, en el viejo monasterio romano, la luz había quedado afuera. Nunca más volvió a ver a la persona que más amaba en el mundo, su padre.

Ella siempre iba a recordar su vestido blanco de la primera comunión. Se lo había mandado su padre quién sabe desde donde; ella decía que él se había marchado a América. Albert hablaba inglés, en la provincia eso era diabólico.

Claude Delay, autora de Coco Chanel: Solitaria, nos entrega una versión destilada de ese recuerdo, del vestido blanco de las comulgantes:

«Coco no se cansó nunca de resucitar su organdí, sus tules, sus encajes, su velo que llegaba hasta el suelo, el rosario de perlas en el bolso, las medias de seda y, suprema elegía, la corona de rosas: todo lo que la separaba de las pequeñas campesinas, sus compañeras, tocadas con un gorrito.

Ya empezaba a verse distinta, sola en su especia, irresistible. En el atardecer de su vida me hablaba todavía de aquel vestido demasiado llamativo, ‘elegido evidentemente por una puta’. La puta que le robaba a su padre, la mujer que le había arrebatado la mitad vida de su ser».

Biografia de Coco ChannellCoco decía: «¡Mi más tierna infancia!… Esta frase hecha me hace estremecer. Ninguna infancia fue menos tierna».

Aparte del interior del convento, Coco no conocerá otras vacaciones que la estancia en Varennes, en casa de su tía Louise Costier, hermana de su padre. Louise se llevaba a su hija Marthe e invitaba a las huérfanas.

En la casa de veraneo Coco encontró un desván con libros, y se lanza a la aventura de leerlos todos. Más tarde recordará: «No sabes los estragos que pueden causar en la imaginación los desvanes de provincias…»

Más tarde hará su primera escapada y viaja a Vichy. Esa fue una escapada «hacia el exterior», donde conoció extranjeros. Y donde les vio cómo se vestían, en el centro mismo de la extravagancia.

Además, por todas partes se oía hablar «extranjero» y las lenguas extranjeras la fascinaban; le parecía que eran el santo y seña de una gran sociedad secreta.

Coco regresa de Vichy con sus dieciocho años más rebeldes que nunca. Allí la han fotografiado ya tenía el perfil que la haría famosa y puede verse con los de los demás. Julia, que la acompaña en la foto, se ve torpe a su lado. Allí va a conocer a Étienne Balsan, es su destino.

Balsan es caballero de caballos. Es heredero de una gran fortuna y se extasía ante el hecho de que Coco sabe montar en pelo y bajarse deslizándose por la grupa, por atrás, agarrada de la cola. Y Étienne Balsan será el primer hombre que le dé a Coco el bien que más va a apreciar en el resto de su vida: la libertad.

Étiene tiene un hermano, Jacques, que en lugar de caballos adora los aparatos voladores: globos aerostáticos, aviones. Cualquier aparato que lo transporte por el aire, se convertirá en su pasión. Pero este hombre, igual que su hermano Étienne, no tiene preocupaciones de dinero, salvo que sea encontrar una nueva forma de gastarlo.

Durante una temporada en Londres, donde los Balsan también tienen negocios, conoció al gran amor de su vida, la norteamericana Consuelo Vanderbilt, ex duquesa de Marloborough. Su ex cuñado, Winston Churchill, será íntimo de la joven pareja y por ese lado, Coco traba amistad con el gran político inglés, una amistad que se prolongará por el resto de sus vidas.

La entretela del destino se teje de muchas maneras. Coco no sólo es huérfana ella teje una novela en torno a la desaparición de su padre, sino muy pobre. Padece de esa enfermedad vergonzante que puede hacerle a algunas personas la vida muy difícil. Y si se ha cruzado el umbral social, si se ha dado un paso en los grandes salones alfombrados, la pobreza puede ser destructiva.

Étienne Balsan reconoce en Coco a una igual: ambos aman por igual la libertad. El dirá más tarde que «ayudó a Gabrielle a poner un pie en el estribo», y dirá toda la verdad.

En su casa de Royallieu, ella no presume de nada; viste con pantalones. No va a caer en la torpeza de dárselas de gran dama, pero tampoco es una fregona. No es una chica sacada del arroyo que algunas veces se viste para estar a tono con sus invitados, y ambos, casi simultáneamente, descubren la razón de ser de cada prenda.

Le tiene un temor animal a los gendarmes, entonces decide escribirle a su joven tía Adrienne para pedirle dinero para un boleto de tren. Cuál no sería su asombro cuando su tía le responde: «Debes esconderte muy bien, si no te encerrarán en una correccional». Todavía es menor de edad y de hecho se ha fugado del orfelinato.

Entonces Coco tiene un mejor pretexto para quedarse en Royallieu. Allí vive y viste a su manera, y visita a un modesto sastre de la localidad para hacerse copiar unos pantalones de montar prestados por un palafrenero inglés. Ella entiende que no está hecho para lucir sino para servir. Entretanto, Etienne la deja sola. Acude a todos los concursos, a los saltos de obstáculo; a ganar la última partida al cronómetro es su deporte favorito y a él se entrega con cuerpo y alma.

En este ambiente Gabrielle Chanel encontrará su primer e inolvidable refugio, y hará el aprendizaje de la libertad. Las necesidades materiales han desaparecido como por encanto. La nobleza de Royaillieu la rodea. Y la generosidad de Etienne, que es su propio dueño, la sitúa de pronto en la categoría de invitada permanente. El viene de los brazos de una mujer que le hacía temblar las cuentas bancadas; la espontaneidad de Coco, su modestia bien mesurada, le entusiasma.

Pero Coco tiene mucho que aprender de la ex amante de Etienne, Emilienne d’Alenc.on. Ella llega en calesa, haciendo crujir la grava de Royallieu, y los potros sacaban la cabeza de los boxes para saludarla. Pero, por sobre todo, Coco se da cuenta que Emilienne huele maravillosamente. El olfato de Coco se impregna para siempre de la gran lección de la mujer galante. Su olfato cambia por completo su código de la seducción. Un jabón con olor a aguas de rosas regalado por un primo hacía años, la había embriagado.

Coco descubre que Etienne tiene una casa en París, en el bulevar Malesherbes. Vence la resitencia de Etienne cuando éste se entera que ella piensa instalarse allí para convertirse entre sus bellas amigas se le ha subido a la cabeza. Ella sólo cuenta con su coquetería, y si se piensa que es todo lo que tiene, resulta trágico. Ella, en cambio, confía en que con su coquetería hará fortuna, porque descubrirá bastante más que una manera de vestir: descubrirá un estilo.

En París descubre verdaderamente al mundo. En Royallieu no era más que una muestra que lo llegaba hasta allí, y disminuida en su ímpetu porque «se iba a la campiña». En los paseos de los caballos en París, descubre ese horror que haría exclamar a Sem. el célebre caricaturista: «¡Ah, las locas! ¡Ah, qué sombreros! Todo se admite, transformado apenas: cubretiestos, pantallas, cacerolas, tapaderas a grabel. Lo han intentado todo y se han atrevido a todo». El verdadero atrevimiento es la sencillez y Coco la adopta.

Pero con la partida de Coco a París, Etienne descubre que la ama y trata de disuadirla. Ella tiene los argumentos del demonio; podrán continuar viéndose, ¿Acaso no podría venir de visita? Etienne sospecha que otro hombre se ha cruzado por su camino, un amigo, pero eso vendrá más tarde. Coco defiende, antes que nada, su libertad.

Finalmente se instala en el bulevar Malesherbes con sus exiguos medios. Pide la ayuda de su hermana más pequeña, Antoinette, que tiene la belleza y la prestancia Chanel. Julia, la mayor de las pensionistas de Obazine, está casada y tiene un niño. Coco aún no conoce los trucos del oficio, pero no se deja abatir. Conquista, sobornándola, , a una modista muy bien dotada, Lucienne Rabaté. Ella viene de la casa Lewis, lo que también es importante.

Por curiosidad o por instinto, las bellas amigas de los caballeros desfilan por el taller. El éxito está a la vuelta de la esquina.
Modas Chanel inaugura la célebre calle de la que Coco hará su feudo. Es el número 21 de la rué Cambon. No lo abandonará hasta la noche de su muerte.

Para armar el taller no tiene reparos ni vergüenza en recurrir a dos amigos, dos amantes, uno que se retira de la escena y otro que recién entra a escena: Étienne Balsan y Boy Capel, que será el gran amor de su vida.

Coco Chanel se hace dibujar un monograma en que las dos C se encuentran entrelazadas. Será su marca de fábrica. Ningún otro símbolo competirá jamás con ella en este siglo XX. Cuando apareció Christian Dior, hubo gente que se alarmó. Amigos de Coco estaban más asustados que ella. Coco permaneció impasible: «Cuando veamos la colección, sabré qué hay que hacer».

Cuando apareció la colección de Dior, Gabrielle Chanel ni se inmutó y apenas hizo un comentario: «Recorta la falda, alarga la falda. ¡Esas son tonterías! El cuerpo humano no tiene un punto más feo que el reverso de la rodilla. Ninguna mujer inteligente querrá mostrarlo. Además, la gente se viste para trabajar, no para estar parada en una vitrina».

Dior no fue el único que le salió al camino. La tecnología que producía el prétaporter en cadena, no podía competir con la alta costura, como no pudieron competir los jeans.

El mundo que Coco Chanel crea para la mujer elegante es sencillo, en cierta forma. Debe ser una mujer elegante e inteligente, que el vestido no es más que una pieza de ropa que cubre el cuerpo, pero que debe «verse» en él el cuerpo de quien la lleva. La prenda que lleva su nombre hasta hoy es un simple traje de dos piezas, con una blusa como complemento. La falda es sencilla, la chaqueta no tiene vueltas en el cuello y es lo que en el lenguaje de la moda se llama «una chaqueta de tope».

No tienen botones ni ojales y no los debe tener. La mujer que use esa chaqueta se sentirá libre en sus movimientos; como la prenda está bien ajustada a su cuerpo, podrá exhibir lo que su cuerpo tenga para exhibir. Después de tantos años de desaparecida Coco Chanel, cualquier buen modisto o modista puede «hacer un Chanel», que se lleva hasta nuestros días con mucha elegancia.

Coco Chanel pensó en la mujer elegante, de mundo, no en una princesita china, sentada en su trono. Esa mujer no trabaja para ganarse la vida aunque también puede hacerlo, pero está en continuo movimiento, se desplaza de una fiesta a otra, concurre a las exposiciones, al hipódromo, a los conciertos, y no puede desplazarse con gracia si lleva en los pies unos tacones enormes de alto, terminados en punta, casi como una aguja. Y contra todo lo que decían los zapateros, Coco Chanel logró imponer un zapato de taco medio, elegante, pero que no exige esfuerzos para equilibrarse en ellos, ni cansa.

Con el transcurso de muy pocos años, y gracias a las amistades personales que iba haciendo en el gran mundo, ya le bastaba llevar un pañuelo anudado a la garganta, para que ello fuese «chic», de buen gusto, y ella sé lo había puesto porque le dolía la garganta. Muchas de las famosas prendas Chanel surgieron de la espontaneidad, de la necesidad de agregar un «toque de distinción», jamás de la extravagancia. Como modista Chanel fue más bien conservadora. Quería que la mujer de mundo se distinguiera perfectamente de la amante envuelta en ropas caras.

Se la llamó «la solitaria» pese a que se le conocieron amores, la mayoría de los cuales le duraban años. Pero no tuvo hijos. Tal vez el único hombre con quiense hubiera casado, Boy Capel, no pensó nunca en el matrimonio. Después vinieron importantes personalidades, el Príncipe Dimitri, de la Rusia zarista; el duque de Westminster; el magnate del cine Cecil B. de Mille, el vasco Paul Iribe, que era pelotari.

En fin, no tiene sentido enumerar los hombres que pasaron por su vida, tan rica en vivencias y emociones. Ella es un mito en vida, un mito en el cual el amor tiene un lugar secundario. El primer lugar lo representa la propia Coco, que nunca se dio cuenta que era un fenómeno pocas veces visto, aunque si tenía consciencia de que era observada por sus semejantes, así no fuera más que para imitarla. ¡Que va! Imitarla era imposible; hay un problema de personalidad entre medio, además de mucha, muchísima sensibilidad.

Porque Coco Chanel no sabía coser. Trabajaba con modelos, con maniquíes vivas y con una tijera, iba cortando aquí y allí, dándole forma a sus creaciones. Su tijera fue un instrumento infaltable; siempre la tenía a su lado, en todas partes. No sólo en el taller, también en su casa. Y la utilizó hasta para su muerte.

Gabrielle Coco Chanel tuvo un reinado sin competencia y tan largo como lo hubiese deseado cualquiera. Esta niña provinciana, pobrísima, llegó a amasar una enorme fortuna. Sólo los derechos para la fabricación del perfume Chanel N° 5 en los Estados Unidos le producía dos millones de dólares al año. El éxito del perfume estuvo garantizado desde que apareció bajo la marca Chanel. Marilyn Monroe lo puso en órbita universal cuando declaró que para dormir sólo «usaba Chanel N° 5», lo que constituyó una ayuda, no cabe duda.

Coco Chanel murió sola, rodeada de misterio. Ella lo quiso así; pero su muerte no ha dado lugar a especulaciones políticas ni de ninguna otra especie. Se marchó de este mundo dejando una herencia de gran personalidad y un mensaje a sus amigas mujeres:

«El cuerpo hay que vestirlo, jamás envolverlo. Y cuando una prenda te limite en tus movimientos, cambiarla por otra. Los movimientos de la mujer son una de las cosas bellas de la vida».

Fuente Consultada: HECHO N°37 Sucesos que Estremecen Al Siglo

Resumen De la Vida de Cleopatra Reina de Egipto (301)

Cleopatra Reina de Egipto

Resumen Biografía de Cleopatra
Atractiva y talentosa, Cleopatra fue también una hábil política que -como se estilaba en aquellas épocas-vinculó estrechamente sus amores con las razones de Estado. No fue un desengaño sentimental lo que la llevó al suicidio, sino la derrota de Marco Antonio a manos del futuro emperador Augusto, que frustraba su aspiración de preservar a Egipto independiente.cleopatra

Entre las mujeres famosas de la historia, Cleopatra ocupa un lugar destacado.

Ello es tanto más notable si se piensa que los vencidos rara vez tienen oportunidad de contar su versión de cómo sucedieron las cosas, y por eso la imagen conocida hasta hace poco de la reina de Egipto se hallaba fuertemente influida por los prejuicios y las pasiones de sus enemigos victoriosos.

Cleopatra VII, hija de Ptolomeo XIII, nació en 69 a. C. y era descendiente de un antiguo linaje de monarcas de origen helénico, lo cual no obstaba para que su pueblo la saludase con los mismos epítetos con que había honrado a los faraones de la época de las pirámides «hija del Sol» y «encarnación de Isis», entre otros.

En los muros de los templos se grababa su imagen ataviada con insignias iguales a las que habían llevado los antiguos faraones: la doble corona del Alto y del Bajo Egipto, los cuernos y las plumas de Amón y la serpiente real sobre la frente.

Y sin embargo la historia tiende a recordarla como una empedernida seductora, una Circe alejandrina, que enredó en. sus dulces lazos a hombres como Julio César y Marco Antonio y los perdió.

RAZÓN DE AMOR Y RAZÓN DE ESTADO
La realidad no es, desde luego, tan simple como esta fábula erudita pretende hacerlo creer.

En primer lugar, ni César ni Antonio eran precisamente inexpertos en lides amorosas: por el contrario, ambos eran, cada uno a su manera, consumados amadores tan conocidos en Roma por sus conquistas femeninas como por sus hazañas militares.

César, especialmente, adúltero recalcitrante, era apodado «el marido de todas las mujeres».

Era realmente difícil sustraerse al encanto de la personalidad de César, a la gracia displicente y aristocrática de sus maneras, a su seguridad y aplomo imperturbables de hombre de mundo.

Por su parte, Antonio atraía poderosamente por su carácter jovial, franco, generoso, su trato familiar y abierto, y por su estatuaria belleza varonil.

Entre cada uno de ellos y Cleopatra se desarrolló el clásico juego del intento de seducción recíproca, pero en ningún caso las razones subyacentes fueron puramente eróticas.

Los tres protagonistas eran por sobre todo personalidades políticas, en los tres poderosas razones de Estado se agregaban a la atracción física, y cada uno perseguía en la relación sus propios objetivos.

Los móviles de Cleopatra no podían ser más claros, y a ellos respondió a lo largo de su vida con una tenacidad que asombra y una habilidad que suscita admiración.

Presintiendo que el apogeo de Roma marcaba la hora final del reinado de los Ptolomeos sobre Egipto -el último Estado independiente en las costas del Mediterráneo-, apoyó a quienes propiciaban el fin de la República romana y aspiraban a establecer el Imperio.

En efecto, bajo la República, Egipto hubiera sido conquistado y reducido a provincia, con un pretor al frente, más temprano que tarde.

En cambio, si obtenían la supremacía quienes, como César, consideraban que «la República no es ya más que una palabra» y proyectaban hacer de Roma una monarquía, Cleopatra podía especular esperanzadamente con el juego de las alianzas matrimoniales y las dinastías, cuyos hilos manejaba con maestría.

En realidad, sus planes no se limitaban a mantener la autonomía egipcia. Aspiraba a instalar en Roma una dinastía de estirpe tolemaica y solo la derrota sufrida en Actio frustró definitivamente sus ambiciones.

UNA GRIEGA EN EGIPTO
Podría creerse que, por tratarse de una reina de Egipto, Cleopatra fuese de ascendencia semítica o camita. Empero, por sus venas corría la más pura sangre griega, que se remontaba hasta Ptolomeo I Soter, ex lugarteniente de Alejandro Magno y fundador de la dinastía, a través de una larga cadena de matrimonios reales entre hermanos, según la costumbre egipcia.

Por otra parte, su residencia estaba en Alejandría, una de las ciudades más hermosas y brillantes de la Antigüedad.

La mayor parte de su vida transcurrió en el lujosísimo palacio que desde el promontorio de Loquias se reflejaba en las aguas del Mediterráneo, frente al colosal faro de 180 metros de alto, todo de mármol blanco -una de las siete maravillas del mundo antiguo- y junto a la famosa biblioteca que fue durante siglos el centro del saber más importante de Occidente. De allí salió en el año 45 a. C. el astrónomo Sosígenes, contratado por César -a sugerencia de la reina- para establecer el calendario juliano, base del que se utiliza todavía hoy en día.

En un marco deslumbrante como el de Alejandría, de clima tan agradable, Cleopatra nunca experimentó muchos deseos de conocer sus posesiones más tórridas, que se extendían hacia el sur.

De hecho, fue a instancias de César cómo en lujosas embarcaciones remontaron ambos el Nilo hasta la Primera Catarata, en el año 47 a. C.

Poco había de común entre ella, nacida y criada en la refinada atmósfera helenística de Alejandría, y esos humildes subditos de piel oscura y raza diferente que trabajaban con paciencia y resignación la franja fértil entre el río y el desierto, bajo un calor abrasador, como habían hecho y seguirían haciéndolo durante milenios.

Cleopatra tenía piel blanca, como sus antepasados macedónicos, y una cabeza corta de nariz aguileña y prominente subrayaba su estirpe balcánica. La boca, de exquisito dibujo, y sus grandes ojos bajo cejas bien delineadas completaban una fisonomía cuyo interés y encanto eran acaso mayores, en rigor, que su belleza.

EL PODER Y LA GRACIA
El magnetismo de la reina de Egipto no residía tanto en su hermosura como en la gracia espontánea y seductora de su trato, y sobre todo en su voz, dulce, cautivante y persuasiva.

Mujer inteligente y talentosa, era rápida para la respuesta aguda y para el diálogo jocoso.

A diferencia de sus antecesores en el trono, que no hablaban más que el griego, ella podía entenderse, sin necesidad de intérpretes, no solo con sus subditos egipcios, sino con los visitantes y mensajeros etíopes, hebreos, árabes, sirios, medos y partos.

La seriedad y la pasión, con que se entregaba a los asuntos de gobierno no le impedían mostrarse en otros momentos alegre, amiga de las bromas y juguetona como una muchacha. Con Antonio –de parecido temperamento– gustaba de pasear de noche por la ciudad, disfrazados ambos, golpeando las puertas de las casas y escondiéndose cuando los dueños o los criados salían a ver qué ocurría.

No obstante, la historia la hizo a su vez víctima de una terrible jugarreta. Su objetivo de mantener a Egipto como reino independiente, aunque fuese como satélite de una monarquía imperial romana, se cumplió, pero ninguno de sus descendientes ocupó el trono.

Fue Octavio Augusto, su rival implacable, desprovisto tanto del genio militar de César como de los instintos generosos de Antonio, quien ciñó finalmente la corona del milenario reino del Nilo y la transmitió a sus sucesores. Todos los emperadores romanos fueron aclamados, en efecto, «reyes de Egipto».

Cleopatra no quiso presenciar esa humillación: el 29 de agosto del año 30 a. C. se hizo morder por un áspid para morir «con la majestad que convenía -como se dijo ante su cadáver aún tibio- a la descendiente de tantos reyes», y también por el significado que esa muerte podía tener frente a los ojos de sus subditos, puesto que una antigua creencia sostenía que la serpiente era el ministro de Amón-Ra, es decir, el dios – sol de la religión egipcia.

Su imagen característica, que la historia recogiera es la que ofreció aquel día del año 48 ante los ojos atónitos de César, cuando la vio salir riendo de un rollo de mantas dentro del cual había atravesado las líneas del ejército de su hermano Ptolomeo, que competía con ella por la corona, para presentarse al futuro dueño del mundo.

Culminó ese acto de osadía y alta política, como tantos otros de su vida, con el gesto pícaro y la expresión risueña de una colegiala. En esa mezcla de tenaz ambición y juvenil frescura residió la verdadera seducción de Cleopatra.

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Amores Trágicos Marco Antonio y Cleopatra

Amores Trágicos: Cleopatra y Antonio

Cleopatra gobernó con su padre durante un corto período de tiempo, hasta que éste murió en el año 51 a.C. Para conservar el poder, y siguiendo la tradición familiar, se casó con su hermano Ptolomeo XIV (de 12 años).

Los ptolomeos no podían casarse con alguien de rango inferior, y es por ello por lo que se unían entre hermanos.

amor tragico de cleopatra y antonioCon tan sólo 18 años, Cleopatra quería reinar sola, pues consideraba que su hermano era demasiado joven para gobernar Egipto.

Aunque se encontraba con el problema de que muchos funcionarios y nobles apoyaban a su hermano. Además, el general Pompeyo, poderoso aliado de su padre, planeaba anexionar Egipto al Imperio Romano.

Tendría que superar muchos obstáculos.

Desde niña estudió muchísimo (literatura, aritmética y geometría, astronomía, medicina) y aprendió varios idiomas, como el egipcio (su familia sólo hablaba griego), lo que le sirvió de mucho a la hora de gobernar Egipto. Para ello, intentó ganarse el favor de los cortesanos poderosos.

Rindió culto a los dioses egipcios proclamándose “hija del dios sol”, y entregó generosos regalos a los templos más importantes, ganándose el apoyo de los sacerdotes.

Asimismo se interesó por la política internacional, sobre todo para evitar conflictos con Roma, y por la economía, facilitando las exportaciones necesarias para el bienestar de su país.

En el año 40 a. de C., con la ayuda de Julio César, destituyó a su hermano-esposo, con quien compartía el trono.

Los matrimonios entre hermanos en el Antiguo Egipto eran costumbre en las castas reales pues procuraban mantener el poder encerrado en los clanes familiares.  Cleopatra, luego de quedar como exclusiva soberana, se convirtió en la amante de Julio César.

Lo siguió a Roma y tuvo un hijo con él: Cesáreo.  Después de que julio César fuera asesinado en el 44 a. de C., Cleopatra huyó de Roma.

Ganó entonces los afectos de Marco Antonio y con él regresó triunfante a Egipto en el 42 a. de C. En el 36 se casaron.

Esto enfureció a Octavio,(pues Antonio había rechazado a su hermana) que entonces regía los destinos de Roma y decidió destruirlos.

En el año 31 una flota conjunta de Antonio y Cleopatra fue totalmente aplastada por las fuerzas de Octavio.

La pareja huyó a Alejandría, donde Antonio se mató y Cleopatra se hizo morder por un áspid, una serpiente venenosa de Egipto de cuello extensible.  Una vez más el destino trágico de los amantes famosos.

Se cuentan cientos de historias sobre Cleopatra como aquella en la que durante una fastuosa cena que ofrecía a Marco Antonio, éste se expresó asombrado de la maravillosa presentación.

Cleopatra, decidida a impresionarlo aún más, tomó una perla y la disolvió en una copa de vino, lo que incremento el desconcierto del conquistador ahora conquistado.

El país quedó bajo el gobierno de Roma, lo que supuso el fin de la civilización egipcia. Octavio se proclamó nuevo faraón y ordenó la destrucción de muchos monumentos egipcios y documentos oficiales.

Alejandría continuó siendo un gran centro cultural y comercial, pero la prosperidad de Egipto fue decayendo.

Blaise Pascal (1623-1662), el científico y filósofo francés, escribió en su obra Pensées, que si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado, con alusión a que su belleza y encanto no hubiesen sido los mismos frente a julio César y Marco Antonio.

PARA SABER MAS…

Marco Antonio (Roma, 82 a. C. – Alejandría, 30 a. C.)

Nació en el seno de una de las familias más ilustres –la gens Antonia- su madre estaba emparentada con Julio César, quien siempre sintió especial cariño por él.

Su carrera militar comienza en la campaña de Palestina y Egipto – 58 a 56 a.C. – como oficial de caballería.

Acompaña a César en la conquista de la Galia, donde es uno los generales de confianza.

Al iniciarse la guerra civil entre César y Pompeyo Magno, aquél le nombra su comandante en Italia. Tras la victoria, ocupa diversos cargos políticos. El fatídico año 44 a.C. él y su protector son nombrados cónsules.

Era fuerte, jovial, apuesto, mujeriego y bebedor.

En la batalla, arrojado en extremo; amaba a la tropa y los legionarios lo adoraban.

Cuentan que César no tenía en gran estima sus dotes de estratega, mas contaba entre sus generales más distinguidos por su valentía, don de mando y fidelidad, que resistió todas las pruebas

Estaba presente en el Senado en el momento que César accede por última vez.

La primera maniobra de los conjurados consiste en distraerlo, apartándolo de la víctima, seguros de que acudiría en su defensa.

¿Influyo en su posterior trayectoria no haber podido ayudar a su protector? No hemos encontrado testimonio histórico en cualquier sentido.

El romance con mas detalles!

Las relaciones transcurrieron durante trece años, desde el año 42 hasta el 30 a.C. en que se suicida Antonio.

Aceptan, sin exageración, el calificativo de tempestuosas, alternando largos periodos de total entrega con otros de separación física.

Ambos enamorados nunca abandonaron del todo sus respectivas responsabilidades políticas.

En este sentido, la situación era muy desigual; el romano contaba con un poderoso ejército, pero, además de mantener la hegemonía en Oriente, tenia que atender al flanco interior; por el contrario, la egipcia, sin huestes que poder enfrentar a las legiones de uno u otro triunviro, para mantener su corona solo tenia las armas de la astucia y seducción personal.

Estando Marco Antonio en Tarso, importante ciudad de Cilicia, en Asia Menor, convocó a Cleopatra para un encuentro personal.

Ella, que ya no contaba con validos en Roma, para deslumbrar al nuevo poder, preparó le reunión con todo lujo de detalles: arribó a la cita en un majestuoso barco escoltado por una solemne flotilla ataviada con todo lujo.

El extraordinario atractivo de la reina impresionó a Antonio quien, ganado por su personalidad y encanto, le concedió algunas de sus peticiones: parece que entre ellas eliminar a su propia hermana Arsinoe.

Ambos eran conscientes de que su alianza podía ser de mutuo beneficio: Cleopatra deseaba hacer de Alejandría una nueva Roma y Marco Antonio necesitaba contar con Egipto para controlar el Imperio Romano.

Se despidieron concertando una nueva entrevista

La cita tuvo lugar en el invierno del año 41 a.C. El romano pasó toda la estación olvidando sus responsabilidades, malgastando el tiempo en todo tipo de derroches y ociosidades.

Mientras, en Roma, Octavio sentaba las bases para la inminente pugna contra Marco Antonio, desacreditándolo ante el Senado y acusándolo de dedicarse a pasar los días de bacanal en bacanal con su «furcia «egipcia.

monedas romanasEn la primavera del año 40 a.C. y muy a su pesar, Antonio hubo de abandonar Alejandría y embarcarse hacia Tiro, desde donde sofocó una nueva revuelta parta.

Luego marchó a Éfeso y desde allí a Atenas, donde se encontró con su esposa Fulvia, dispuesta a no perdonar su abandono y entrega a Cleopatra. Reunidas naves y tropas, Marco Antonio fue a Italia para enfrentarse contra Octavio.

Mas, en lugar de combatir, los rivales optan por negociar, consolidando las zonas de influencia del triunvirato en vigor legal.

Aprovechando que Antonio había enviudado de Fulvia, el acuerdo es sellado mediante el matrimonio con Octavia, la hermana de su rival. Por aquel entonces -otoño del 40 a.C.- Cleopatra daba a luz los gemelos Alejandro Helios y Cleopatra Selene, hijos de su compañero romano.

Los tres años siguientes, suministran escasa información sobre Cleopatra, con supuesto enfado por la boda de Marco Antonio.

Éste, atiende en Roma sus obligaciones: prepara una campaña para rechazar a los partos y reorganiza algunos territorios como Judea. En el año 36 a.C. parte a la guerra de Oriente, que en los primeros combates se muestra desfavorable a las legiones.

No es de extrañar que, desalentado, decide reposar en compañía de Cleopatra, con la que se reúne en Antioquia, pasan luego a Alejandría donde se casan.

La derrota, seguida del aparente abandono del teatro de operaciones; la boda pública, en realidad bigamia pues ya estaba casado con una romana; el cambio de aspecto y costumbres, cada vez más orientales, son pretextos que aprovecha con éxito Octavio para ahondar el descrédito de su rival.

Nace un tercer hijo y Cleopatra es acusada de embrujar a Antonio, quien termina siendo declarado “enemigo de la República”

Mientras, la situación en la frontera parta sigue deteriorándose.

En el 34 a.C., se hace imprescindible una nueva intervención militar; esta vez la fortuna sonríe a Marco Antonio, quien, en lugar de ir a explotarla a Roma, retorna a los brazos de Cleopatra, quien organiza en su honor un ostentoso simulacro del “triunfo” (desfile de entrada en Roma del general vencedor, que era aclamado por el pueblo) romano.

La pareja continúa su fastuosa vida oriental, ajenos al entorno, cada vez más hostil.

Un dicho popular afirma “el diablo, cuando quiere perder a alguien, primero lo envanece”.

Esta es la única explicación a que, con su demostrada sabiduría y experiencia, cometiesen el error que Roma jamás ¡jamás! podía tolerar: reparten el territorio bajo su control entre Cleopatra, Cesarión – el hijo de César- y los hijos que había tenido con Cleopatra, entre ellos, Ptolomeo Filadelfo, de tan sólo 2 años.

La guerra es inevitable, una guerra “a la romana”, esto es: total sometimiento del enemigo, cuando no, su exterminio.

mapa de roma antiguaTras algunas escaramuzas, el ejército combinado de Cleopatra y Antonio es bloqueado en Actium (Grecia). Para romper el cerco, deciden plantear una batalla naval, que se adivina decisiva.

El 2 de Septiembre del 31 a.C. tiene lugar el enfrentamiento de la flota combinada, mandada por el propio Antonio y con la presencia de Cleopatra, contra la romana comandada por el prestigioso almirante Agripa.

En pleno fragor del combate, por razones aún no aclaradas, Cleopatra ordena a los 60 barcos de la flota egipcia que sigan a su bajel abandonando la lucha.

Al ver esta maniobra, Antonio, desentendiéndose de la batalla, ordena a su trirreme dar alcance a la reina fugitiva.

La derrota fue total, perdiendo más de la mitad de las naves y la defección de gran parte de las legiones acuarteladas en tierra. Cuentan las crónicas que el general pasó “tres días, sentado en la proa, sin moverse y con la cabeza entre los brazos”.

Cleopatra puso rumbo a Alejandría. Ante el temor de que sus súbditos reaccionasen a la derrota de manera negativa, la reina no dudó en engalanar las naves al arribar al puerto, convirtiendo así el estrepitoso fracaso en una fingida victoria.

Por su parte, Marco Antonio, marcho a Cirenaica, donde había dejado tropas acantonadas, con las que pretendía hacer frente a la previsible ofensiva final de su rival, pero le retiraron su fidelidad, pasando de bando en masa. Abandonado, regresa a Alejandría, donde se sume en una profunda depresión.

Octavio, tras superar una resistencia testimonial, entraron en la ciudad en agosto del año 30 a.C. Marco Antonio, aislado, recibe la falsa noticia de la muerte de Cleopatra; desesperado, se clavó su propia espada. No murió de inmediato, sus sirvientes le trasladaron al mausoleo donde ella se había encerrado. Allí expira, en los brazos de su amada.

Aunque algunos de sus ex-generales solicitaron de Octavio el honor de enterrarlo, Cleopatra recibió del vencedor esta última distinción.

Epílogo

Tras sepultar a Antonio, Cleopatra decide morir. Las heridas que se hizo en el pecho, llorando ante el cuerpo del amante moribundo, se habían infectado.

La fiebre y la privación voluntara de alimentos la estaban consumiendo. Octavio – quien no podía consentir que la reina muriera, tenía que desfilar en su “triunfo”- la amenazó con la muerte de sus hijos si persistía en su actitud, Cleopatra cedió y volvió a alimentarse.

Octavio quiso asegurarse del cambio de actitud y la visitó en persona.

La entrevista ha inspirado la leyenda más conocida sobre la reina del Nilo; intenta repetir la maniobra que tanto éxito había tenido en el pasado: seducir a Octavio. Pero el victorioso general no se dejó impresionar por la reina, al parecer concentra su rechazo en la nariz, demasiado grande a su gusto:

Si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado”

Vuelta al mausoleo, los espías le informan que marcharía, junto a sus hijos, hacia Roma dentro de tres días.

Era el fin, negándose a la humillación de caminar prisionera en el “triunfo” de Octavio, elige la única salida posible: Se hizo bañar, maquillar y vestir como reina por sus dos fieles servidoras, Iras y Carmión.

A continuación envió una carta a Octavio en la que pedía que su cuerpo fuese sepultado junto al de Antonio.

Cuando Octavio abrió la carta, sospechó que la reina iba a quitarse la vida. Con urgencia, envió emisarios para evitarlo, pero ya era demasiado tarde. Los esbirros abrieron las puertas y…

Vieron ya a Cleopatra muerta en un lecho de oro, regiamente adornada. De las dos siervas, la que se llamaba Iras, estaba muerta a sus pies, y Carmión, ya vacilante y torpe, le estaba poniendo bien la diadema que tenía en la cabeza. Díjole uno con enfado: «Bellamente, Carmión», y ella respondió: «Bellísimamente, y como convenía a quien era de tantos reyes descendientes», y sin hablar más palabras, cayó también muerta junto al lecho. (Plutarco)

Encontraron dos tenues punzadas en un brazo de la fallecida reina, lo que hizo pensar que se había dejado morder por un áspid.

Alguien dijo que un campesino había traído una cesta llena de higos en la que se ocultaba el reptil.

Era el 12 de agosto del año 30 a. de C. La reina había vivido 39 intensos años.

Octavio continúa la cruel eliminación de los hijos “romanos” de sus antecesores, que podrían ser obstáculos en su camino: El primogénito de Marco Antonio y Fulvia ya había sido asesinado en Alejandría, le sigue Cesarión, quien podría pretenderse heredero de Julio César.

Otros hijos de Cleopatra, Alejandro Helios y Ptolomeo Filadelfo por el momento corrieron mejor suerte: fueron enviados a Roma bajo el cuidado de Octavia, aunque mas adelante desaparecieron en circunstancias misteriosas. Se dijo que fueron asesinados por Herodes.

La única sobreviviente fue Cleopatra Selene a quien casaron con Juba II de Mauritania.

José Andrés Martínez

Collado Villalba, verano 2005

Biografía de Cleopatra Reina de Egipto Sus Amores Historia Muerte

Biografía de Cleopatra Reina de Egipto

Entre las mujeres famosas de la historia, Cleopatra ocupa un lugar destacado. Aunque parezca mentira, por las venas de Cleopatra no corría ni una gota de sangre egipcia.

La última reina de Egipto era descendiente de Ptolomeo Lagos, el general de Alejandro Magno que fundó la dinastía Lágida -o Ptolomea- de Egipto, la más duradera de su milenaria historia. En el 69 a.C, cuando nació Cleopatra VII, hacía más de dos siglos que su familia reinaba en Alejandría.

Atractiva y talentosa, Cleopatra fue también una hábil política que -como se estilaba en aquellas épocas-vinculó estrechamente sus amores con las razones de Estado.

No fue un desengaño sentimental lo que la llevó al suicidio, sino la derrota de Marco Antonio a manos del futuro emperador Augusto, que frustraba su aspiración de preservar a Egipto independiente.

Biografia de Cleopatra Reina de Egipto Sus Amores Historia MuerteLA HEREDERA DE LOS PTOLOMEOS Debido a sus orígenes familiares, Cleopatra VII, comúnmente llamada Cleopatra, no era realmente egipcia, ya que pertenecía a una dinastía de origen griego, los Lágidas, fundada por Tolomeo, hijo de Lagos, y por uno de los generales de Alejandro, que se dividieron el imperio del conquistador tras su muerte en 323 a.C.

Por su bisabuela, la primera Cleopatra, también tenía sangre persa y bactriana.

Cuando nació, Egipto ya se encontraba bajo la influencia de Roma.

Su padre, Tolomeo XII, apodado Auletes fue expulsado por un levantamiento de los alejandrinos en 58 a.C., pero tres años más tarde fue restablecido en el trono gracias al procónsul de Siria, Aulo Gabinio, y contrajo deudas colosales con varios romanos adinerados.

A su muerte en 51 a.C., Cleopatra accedió al trono a la edad de 18 años y desposó a su hermano Tolomeo XIII, ocho años menor, con el que debió compartir el poder, como lo estipulaba el testamento de su padre.

Sin embargo, los conflictos entre la joven reina y el círculo de su hermano no se hicieron esperar.

Cleopatra trató entonces de asegurarse el apoyo de Roma y tomó partido por Pompeyo durante la guerra que enfrentó por entonces a éste contra César.

Esta elección se explica por sí sola, ya que, otrora, Pompeyo había ayudado a Tolomeo Auletes. El papel preponderante que desempeñó Cleopatra en la conducción de la política exterior no contribuyó a mejorar las relaciones con los partidarios de su hermano, que la acusaban de conspirar contra él.

La reina debió emprender la huida a fin de reunir un ejército. Pompeyo, que había sido derrotado en Farsalia (48 a.C.), apareció de improviso en medio de estas delicadas circunstancias, para reunirse con su aliado y recuperar sus fuerzas.

Sin embargo, Tolomeo XIII siguió la opinión de sus consejeros y decidió eliminarlo para congraciarse con César: Pompeyo fue asesinado ante los ojos de su esposa.

EL PODER DE SEDUCCIÓN DE LA REINA: Como se dijo antes,la lucha por el trono de Egipto volvió a repetirse tras la muerte del padre de Cleopatra (51 a.C.), Ptolomeo XII. De un lado, estaban los partidarios de Ptolomeo XIII, su hermano de 10 años. Del otro, ella que, con 17 años, era regente.

Sin embargo, los acontecimientos de la guerra civil romana, provocada por el enfrentamiento entre César y Pompeyo, se mezclaron en la pugna dinástica. En ese momento de la historia, Cleopatra mostró su talla de reina. Supo combinar la impericia de sus enemigos con su audacia para salir victoriosa en la lucha por el trono de Alejandría. Derrotado en Farsalia (48 a.C.), Pompeyo acudió a Egipto a buscar el auxilio de sus aliados. Pero Potino, ministro de Ptolomeo XIII, lo mandó asesinar para atraer de este modo las simpatías de César para su causa. El cálculo resultó erróneo porque César era magnánimo con sus enemigos y porque Pompeyo había sido marido de su hija Julia.

Los primeros años del reinado de Cleopatra, que llegó al trono a los 18 años, fueron difíciles. Las cosechas fueron perjudicadas por las inundaciones del Nilo y hubo conflictos con Siria. Luego Julio César llegó a Egipto y Cleopatra se fue a Roma.

A su regreso, volvió a encontrarse con serios problemas: el trono había sido usurpado por un falso Ptolomeo XIII, había crisis económica y epidemias. La reina tomó medidas drásticas.

Distribuyó los granos que guardaba el Estado entre el pueblo, reconstruyó la armada, impulsó la libertad de comercio y reintegró a Egipto a la economía internacional. El reino se recuperó.

Entonces, Cleopatra entró en la leyenda. Envuelta en una alfombra, según la tradición, se infiltró clandestinamente en los aposentos de César para poder exponerle sus demandas.

Durante el encuentro, la reina consiguió seducir al general romano: el escritor griego Plutarco asegura que esa misma noche durmieron juntos. Pese a ello, César intentó aproximar las dos facciones. Pero, poco después, los partidarios de Ptolomeo XIII iniciaron una guerra en la que César y Cleopatra resultarían victoriosos.

LA HOSTILIDAD ROMANA: Para sellar su alianza política y sentimental, César y Cleopatra emprendieron un fastuoso crucero por el Nilo que utilizaron para demostrar su poder por todo Egipto. Poco después, Cleopatra daba a luz a Ptolomeo César, hijo de Julio y más conocido como Cesarión.

Después de vencer a Farnaces, el rey del Ponto, en una campaña que por su facilidad provocó la frase «vini, vidi, vid» («vine, vi y vencí»), César regresó a Roma, desde donde reclamó la presencia de Cleopatra a su lado.

La triunfadora de Egipto, acompañada de Cesarión y su nuevo hermano-marido, Ptolomeo XIV, de 3 años, ofreció a los romanos la imagen de una joven soberana rebosante de poder, riquezas y orgullo.

Pero en Roma se inició la «leyenda negra» de Cleopatra. Como se creía que César y Cleopatra serían reyes de Roma, los patricios –la clase alta– encendieron el odio contra ella. Cicerón, el gran orador, fue especialmente rencoroso.

En su correspondencia, se refería a Cleopatra como la «Serpiente del Nilo» y como un peligro para la República romana. Todo el mal procede de Alejandría», aseguraba.

Cuando César erigió una estatua irücada a Cleopatra-Venus, Roma relacionó las ansias monárquicas de César con su influencia.

Los romanos no estaban dispuestos a rendir pleitesía a la reina de un Estado al consideraban vasallo. El asesinato de César en el Senado (44 a.C.) marcó el final de esta campaña de desprestigio hacia Cleopatra.

MARCO ANTONIO PRENDADO POR CLEOPATRA: La reacción de Cleopatra ante el asesinato no se hizo esperar. Había perdido a su aliado en Roma y decidió volver a Alejandría. Una vez allí, para evitar nuevos conflictos dinásticos, mandó ejecutar a Ptolomeo XIV. Esta vez, su hijo Cesarión, de sólo tres años, accedió al trono al lado de Cleopatra como Ptolomeo XV. Sería el último Ptolomeo Lágida.

A la muerte de César se entabló una nueva guerra civil. De un lado, se encontraban los republicanos, asesinos de César -encabezados por Casio y Bruto-, y en el otro los partidarios del general -Marco Antonio, Lépido y Octavio.

Además, en este campo se estaba labrando una carrera por el poder entre el veterano Marco Antonio, designado como cónsul, y el hijo adoptivo y sobrino nieto del fallecido y heredero legal de César, Octavio.

Derrotados los partidarios de Casio y Bruto, Marco Antonio inició un viaje por Oriente que lo llevaría a conocer a Cleopatra.

El encuentro fue en la dudad Siria de Tarso. Marco Antonio, que aspiraba a vencer a los partos, dueños de un imperio, establecido en el 250 a.C., y rivales de Roma en la lucha por Armenia y la Mesopotamia mandó llamar a Cleopatra para saber si podía contar con su apoyo.

La entrada de Cleopatra en una suntuosa y lujosa nave y los agasajos que le ofreció -entre ellos un banquete que habría durado cuatro días- conquistaron la voluntad del romano. Ella tenía 28 años y él, 42.

El romance floreció inevitablemente.

De aquel primer contacto, Cleopatra consiguió la condena a muerte para su hermana Arsinoe quien, incluso presa en Roma por su alianza con Ptolomeo XIII, le había creado situaciones comprometidas en el reino.

Marco Antonio abandonó a su esposa Fulvia y ganó, a cambio, una aliada que le permitiría ser el hombre más poderoso entre sus contemporáneos durante una década.

El segundo encuentro se produjo en Alejandría, donde Marco Antonio pasó un año disfrutando de los placeres y privilegios que le gustaban y que le ofrecía la ciudad helenística: gimnasios, conferencias, banquetes, fiestas, juergas, santuarios… Plutarco asegura que fue finalmente la propia Cleopatra quien lo arrancó de la indolencia de esta «vida inimitable» o «amimétobien» -como ellos mismos llamaban a su grupo, que llevaba una vida desenfrenada-.

Pero, mientras Cleopatra daba a luz a los gemelos Cleopatra Selene (luna) y Alejandro Helios (sol), hijos de Marco Antonio, éste se iba a Grecia a negociar con Octavio, su rival. El motivo: Fulvia, la abandonada esposa, había promovido una rebelión contra Octavio.

Los dos gobernantes pactarían en la ciudad de Brindisi una nueva paz junto a Lépido a fines del 40 a.C. y se repartirían las zonas de influencia.

El Oriente correspondió a Marco Antonio, Occidente a Octavio y África a Lépido. Viudo de Fulvia, Marco Antonio se casó con Octavia, hermana de su oponente, con la que también tendría descendencia.

MARCO ANTONIO CLEOPATRA EL IMPERIO LÁGIDA: Después que la intervención de Octavia calmó las tensiones entre su marido y su hermano, en el verano de 37 a.C, Marco Antonio partió inesperadamente hacia Antioquía, en Siria, donde se volvió a reunir con Cleopatra.

¿Fue amor o la necesidad, más perentoria para su prestigio, de iniciar una campaña contra los amenazantes partos que ocupaban parte del Asia romana lo que llevó al reencuentro?.

Sea lo que fuere, lo primero que hizo la pareja fue casarse, según el ritual egipcio que, al contrario del romano, permitía la poligamia.

Esposa del dueño de Oriente, Cleopatra empezó a mostrar sus ambiciones.

Marco Antonio le dio el reino de Calcis, la costa siria, Chipre y territorios de Cilicia, Creta y Judea La guerra con los partos ocupó las vidas de los nuevos esposos durante los dos años siguientes.

Asistido por su esposa durante la campaña, Marco Antonio cedió públicamente las nuevas conquistas a sus hijos -mientras estuvo en el frente nació el tercer hijo de la pareja, Ptolomeo Filadelfo- a los que dió los títulos de reyes. Egipto recuperaba así el esplendor de los primeros lágidas.

En Roma, un Octavio temeroso del poder de Marco Antonio, empezó a desprestigiarlos, máxime cuando éste cambió a su hermana por Cleopatra. Enardeció al Senado con la lectura del testamento de Marco Antonio en el que legaba territorios romanos a los reyes de Egipto.

La guerra, que se hizo inevitable, terminó con los sueños imperiales de Cleopatra y consolidó los ¿e Octavio en la batalla naval de Accio (31 a.C.), frente a las costas griegas y ganada por Roma. Tiempo después, todo terminaría: Marco Antonio y se suicidaron.

Una batalla que cambió el mundo: En la época romana hay dos batallas que estuvieron a punto de cambiar la historia.

Una fue Cannas (216 a.C), donde los romanos enfrentaron al general cartaginés Aníbal; la otra, ocurrió frente a las costas de Accio (31 a.C.), y fue contra Cleopatra y Marco Antonio.

A pesar de que la primera se libró a las puertas de Roma, el enfrentamiento naval fue descripto por los historiadores romanos como la batalla donde se decidía la «suerte del mundo». El triunfo de Octavio dio origen del imperio más duradero de la Antigüedad -cuatro siglos- y a la consolidación del Mediterráneo como el «Mare Nostrum» romano.

EL PODER DE SEDUCCIÓN:
HAN PASADO MÁS DE 20 SIGLOS desde que la reina del Nilo decidió terminar con su vida, pero su poder de fascinación permanece intacto entre los que la consideran el paradigma por excelencia de «la mujer fatal».

¿Tanta era la belleza de Cleopatra? ¿Era tan arrebatador su atractivo como para que los hombres más poderosos de su tiempo quedaran subyugados? Los avatares de su vida, el exotismo que rodea a su figura, los amores contrariados que pautaron su biografía fueron los ingredientes que utilizaron los guionistas de Hollywood para agrandar su figura.

Actrices de gran belleza, como Liz Taylor, Sophia Loren o Vivien Leigh, redondearon la leyenda. El mito de Cleopatra se constituía como verdad casi irrebatible.

Sin embargo, hasta el propio Plutarco, escritor romano, riguroso biógrafo de vidas paralelas que se pierden en el tiempo, puso las cosas en su lugar al señalar la verdadera esencia del encanto de la reina egipcia: «Su belleza no era tal que deslumbrase o que dejase parados a los que la veían; pero su trato tenía un atractivo inevitable, y su figura, ayudada de su labia y de una gracia inherente a su conversación, parecía que dejaba clavado un aguijón en el ánimo».

Según la descripción del autor clásico, la proverbial belleza de Cleopatra no habría residido tanto en su físico como en su carácter. Más aún, en 2001 hubo una polémica entre expertos británicos y egipcios luego que los primeros aseguraron que Cleopatra fue petisa, fea y gorda…

Pero para entonces, otras mujeres habían esgrimido sus encantos para alcanzar sus fines. Por ejemplo, Mata Hari, la seductora bailarina y espía, que durante la Primera Guerra Mundial se ganó la confianza de los poderosos y que fue fusilada por ello. Pero el mito de una Cleopatra bella y seductora permanece más allá de las últimas suposiciones realizadas en Londres.

Fuente Consultada: Hombres y Mujeres Que Cambiaron al Mundo Cuadernillo N°. 12 – Biografías Imprescindibles

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