Biografia de Isabel I de Rusia Emperatriz



Biografia de la Emperatriz Isabel I de Rusia

ISABEL I DE RUSIA (1709-1762): En Rusia, el siglo XVIII es la época del gobierno de las emperatrices. Sin alcanzar la fama histórica de Catalina la Grande, Isabel ejerció una obra quizá más positiva.

Heredera del carácter y de los gustos de su padre, el zar Pedro I, gobernó, sin embargo, de modo morigerado, poniendo fin a una era de deportaciones y asesinatos de Estado.

Isabel I de rusia biografia

Nacida un 18 de diciembre de 1709, hija segunda de Pedro el Grande (1672-1725) y Catalina I (1684-1727). Fue una mujer muy coqueta, la joven Isabel desarrolló una acusada querencia por el cuidado de su físico y por la elección de sus vestidos.

Durante su reinado la nobleza rusa fué adquiriendo las ventajas sociales por las que luchaba desde la muerte de Pedro I.

Isabel reforzó los privilegios señoriales de la aristocracia respecto a los siervos de la gleba; la orientó hacia el gobierno local y la emancipó del servicio en la administración y en el ejército.

De este modo se constituyó el molde político que había de imperar en Rusia hasta la revolución de 1917: una monarquía autocrática apoyada en una nobleza cortesana totalmente afecta a los intereses del trono.

Nacida el 18 de diciembre de 1709 en Kolomenskoye, cerca de Moscú, de Pedro el Grande y Marta Skavronskaya, Isabel creció libremente, con una educación muy rudimentaria.

Era bella y atractiva, bastante ingeniosa y dotada de una profunda intuición para conocer a los hombres. Su padre murió en 1725 y su madre en 1727.

De modo que, habiendo marchado su hermana Ana al ducado de Holstein, quedó prácticamente dueña de sí misma a los dieciocho años.

Durante el breve gobierno de Catalina I fué tratada con cierto respeto. Pero al perder Menchíkov la influencia palatina en tiempos de Pedro II (1727-1730) y adquirirla la familia de los Dolgorukis, adversaria del gran zar y de sus reformas, Isabel tuvo que sufrir muchas humillaciones.

Halló cierta compensación en los amores de su vida privada, no ceñida precisamente a una moral en exceso rígida.



En esta época fueron sus amantes Alejo Chubin, sargento de la Guardia Semenovsky, y el joven cosaco Alejo Razumovsky. Durante el reinado de su prima Ana, antigua duquesa de Curlandia, y de su favorito Biron (1730-1740), Isabel procuró pasar inadvertida, al objeto de evitar verse envuelta en una de las sangrientas represiones del régimen de la bironovchina.

Pero más tarde, al asumir Ana Leopoldovna la regencia de Iván VI (1740-1741) se halló amenazada directamente. Instigada por el embajador francés La Chétardie y apoyada por la nobleza, que deseaba eliminar a los extranjeros del gobierno, dio un golpe de Estado en la noche del 6 al 7 de diciembre de 1741, auxiliada por los regimientos de la Guardia.

El golpe tuvo éxito, de modo que a los treinta y dos años de edad Isabel empuñaba el cetro de su padre.

Rigió los destinos de Rusia durante veintidós años. Ya hemos indicado sus orientaciones en política interior; en cuanto a las relaciones internacionales, fue ardiente partidaria de Austria y enemiga de Prusia, a pesar de que su elevación al trono era debida al grupo de amigos de Francia y Prusia.

Dio plena confianza el canciller Bestuzev-Ryumin, sagaz diplomático y hombre de Estado fértil en recursos de toda clase, al que mantuvo en el poder a pesar de las intrigas de sus adversarios, muchos de los cuales eran amigos íntimos de la zarina.

Eestuzev logró establecer la influencia de Rusia en Suecia, Polonia y Turquía y aislar diplomáticamente a Federico II de Prusia.

En 1755, completando el edificio de su política, estipuló con Inglaterra el convenio de San Petersburgo, el cual motivó, directamente, la firma del convenio de Westminster entre el gobierno inglés y Federico II en enero de 1756.

Rusia compensó la pérdida de la alianza británica estrechando sus lazos con Austria y anudándolos con Francia.

Estas combinaciones diplomáticas fueron el precedente obligado de la guerra de los Siete Años, en la que Rusia lanzó el peso de sus ejércitos contra Federico II.

En 1759 el éxito de la batalla de Kunersdorf estuvo a punto de precipitar el derrumbamiento del ejército prusiano.



La emperatriz Isabel, enemiga acérrima de Federico II, mantuvo la guerra a pesar de las vacilaciones del gobierno de Luis XV de Francia, y quizás hubiera logrado su objetivo supremo si la muerte no la hubiese sorprendido en su corte de San Petersburgo el 5 de enero de 1762.

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