Catalina de Rusia Obra de Gobierno El Despotismo Ilustrado



Catalina de Rusia – Su Gobierno – El Despotismo Ilustrado

Catalina II, llamada la Grande, fue uno de los estadistas más grandes que tuvo Rusia. Consiguió el poder absoluto apoyándose en la nobleza, a la que unió a la administración del país. Atribuyó a los nobles numerosos privilegios, pero los siervos perdieron toda esperanza de que mejorara su suerte. Su política exterior le proporcionó varios éxitos, y a Rusia, nuevos territorios. Dotó al país de un poderío que iba a permitirle representar un buen papel en  Europa

En el período comprendido entre la muerte de Pedro el Grande y la subida al trono de Catalina II, llamada también la Grande, varios zares y zarinas gobernaron a Rusia. La esposa de Pedro el Grande, Catalina I, fue la primera en subir al trono (1725-1727); luego su nieto Pedro II (1727-1730), su sobrina Ana Ivanovna (1730-1740) e Iván VI (1740), a quien destronó, al año siguiente, la hija de Pedro el Grande, Isabel. Ésta, que sólo pensaba en placeres y recepciones, no estaba preparada para asumir la responsabilidad del trono.

La vida de la corte, en San Petersburgo, era inconcebiblemente fastuosa, en tanto la del pueblo era un rosario continuo de miseria y privaciones. La zarina Isabel hubo de reprimir por la fuerza varias sublevaciones de campesinos. A la muerte de ésta, ocurrida en 1762, la corona imperial ciñó las sienes de su sobrino Pedro, nieto de Pedro el Grande.

En 1745 Pedro III desposó a Sofía Augusta Federica de Anhalt-Zerbst, princesa alemana cuya educación e inteligencia eran muy superiores a las de su marido, cosa ésta no demasiado difícil porque Pedro III era un ser brutal que no dudaba en afrentar a su esposa en público. Pedro III gozaba de escasa popularidad, pues los medios conservadores le reprochaban sus simpatías por los prusianos y también el clero estaba en contra de él.

Murió asesinado el 17 de julio de 1762, poco después de subir al trono, probablemente a manos de Alexis Orlov. No hay pruebas de que su esposa estuviera complicada en el asesinato; en todo caso, sucedió a su marido en el trono y acabó convirtiéndose en Catalina II, la Grande.

Con Catalina II Rusia tuvo un gran período de expansión y progreso. Catalina, princesa alemana, había contraído matrimonio con el heredero ruso, el ulterior Pedro III. No sentía interés alguno por su esposo débil e inútil, al que sustituyó por numerosos amantes cortesanos, muchos de los cuales gozaron de influencia política. Seis meses después de ser proclamado zar, el impopular Pedro III fue depuesto y asesinado por una facción liderada por el amante de Catalina en la época, Grigori Orlov.

Catalina se convirtió en emperatriz de Rusia en junio de 1762 y su reinado se prolongó 34 años. Instituyó reformas en la sociedad rusa que favorecieron a los nobles. Les devolvió los derechos hereditarios de los que los había desposeído Pedro el Grande y les garantizó tierras y siervos. También intentó emprender reformas en la agricultura, impulsando una economía libre y alentando la inversión extranjera en las zonas subdesarrolladas. Sin embargo, para el pueblo ruso la vida apenas experimentó cambios y su regencia estuvo plagada

Para fortalecer su precaria posición, además de su gran inteligencia empleó sus armas de mujer. Ciertamente, sus predecesoras también habían rendido homenaje al principio del amor libre, pero Catalina convirtió esta práctica en una nueva forma de gobierno: se aseguró la lealtad de sus sucesivos ministros sacrificando su castidad en el altar de la política.

En otras palabras: sus ministros fueron también sus amantes, y viceversa: monogamia en serie de base política. Si en Inglaterra el primer ministro era elegido por la fracción del grupo mayoritario, en Rusia Catalina adoptó el papel de la fracción. Entre sus favoritos estaba el príncipe Potemkin, quien se hizo un nombre con su invento: los prósperos pueblos irreales, compuestos únicamente de fachadas, con los que lograba embaucar a la zarina.

Catalina era una filósofa ilustrada de la misma especie que Voltaire. Mantuvo correspondencia con él, al igual que con casi todos los philosuhes de la Ilustración. Desde el punto de vista político, continuó las reformas de Pedro el Grande: puso la jurisdicción sobre la servidumbre en manos de los jueces. arrebatándosela a los señores; suprimió la tortura y afianzó la tolerancia religiosa, que había vuelto a resentirse tras la muerte de Pedro el Grande; sometió la Iglesia ortodoxa al Estado y fomentó la educación con la creación de escuelas yacademias, aunque la Iglesia volvió a frenar su desarrollo; no se olvidó de la educación de la mujer y fundó escuelas para niñas; levantó hospitales, mejoró la sanidad y demostró la inocuidad de las vacunas, siendo la segunda rusa que se vacunó contra la viruela.



Como Pedro el Grande, Catalina procuró occidentalizar Rusia y amplió los territorios hacia el oeste y el sur. En 1768 provocó la primera de las guerras con el Imperio Otomano al entrar una tropa de cosacos en territorio otomano y masacrar a los habitantes de Balta. A la conclusión de la guerra, Catalina se había anexionado el anterior estado otomano de Crimea, en el mar Negro, que dio a los rusos acceso a numerosos puertos vitales en el sur y los reforzó aún más. La expansión hacia el oeste se saldó con el control de Polonia y Lituania, que habían quedado debilitadas por una serie de guerras contra los rusos, suecos y prusianos durante el siglo XVII. El declive del Gobierno polaco permitió a los rusos hacerse con el control y, en 1764, Catalina sentó en el trono polaco a otro de sus amantes.

Las particiones de Polonia ocurridas en la segunda mitad del siglo XVII derivaron en el reparto del territorio lituano en manos polacas entre Rusia, Prusia y Austria; Rusia se anexionó la mayor parte. Pero a Catalina no solo le interesaban las ganancias territoriales, sino que también intentó inyectar algunos elementos de la Ilustración europea en la cultura rusa y se convirtió en una gran mecenas de las artes. Catalina falleció en 1796 y fue sucedida por su hijo Pablo I.

Si bien su favoritismo fortaleció los privilegios de la nobleza, la zarina continuó impulsando la política industrial de Pedro el Grande. Y entre tanta actividad, todavía encontró tiempo para componer óperas, poemas, dramas, cuentos, tratados y libros de memorias. Editó una revista satírica anónima, en la que colaboró regularmente, yescribió una historia de los emperadores romanos. Junto a Isabel de Inglaterra y Cristina de Suecia, ha sido una de las soberanas más excepcionales que jamás hayan subido al trono.

OBRA DE GOBIERNO: Las reformas políticas que Catalina II dejó establecidas de común acuerdo con la nobleza sobre la división administrativa de Rusia permanecieron inalterables hasta la revolución de 1917. El imperio quedó dividido en 50 provincias, y cada una de éstas en determinado número de distritos. Estos distritos gozaban de cierta autonomía, así como de separación entre el poder y la justicia.

A diferencia de los boyardos, los campesinos, aún esclavizados, carecían de influencia y ya no podían esperar que en lo sucesivo mejorara su suerte. La aristocracia gozaba de ventajas en todos sentidos. Un decreto de 1785 les eximió del pago de impuestos y de cualquier servicio obligatorio. Los nobles podían disponer a su antojo de sus dominios; ediñcar fábricas o dedicarse al comercio. Eran los únicos que podían poseer tierras; tenían derecho de vida y muerte sobre los siervos, y estaban facultados para deportarlos a Siberia a la menor desobediencia.

Este sistema político-económico hizo prosperar las fábricas patrimoniales. Su número, que era de 984 en 1776, había llegado a 3.161 a la muerte de Catalina II en 1796. Entre las reformas establecidas por esta reina cabe mencionar la vacunación, así como la instauración de escuelas oficiales copiadas de las austríacas. Sin embargo, esta tentativa constituyó un rotundo fracaso.

Catalina II se rodeaba de favoritos que la obedecían ciegamente, pero no por ello dejaban de influir a su vez sobre la zarina. Entre ellos conviene citar a los generales Potemkin y Suvorov. Aunque este último fuera uno de los más brillantes estrategos que jamás haya tenido Rusia, Catalina II nunca le otorgó la misma confianza que depositara en Potemkin, quien fue durante muchos años su principal consejero.

La política exterior de Catalina II siguió los mismos derroteros que la de Pedro el Grande, y sus intentos de expansión hacia el mar Negro y Occidente se vieron coronados por el éxito. En 1772 se efectuó el primer reparto de Polonia, y gracias a él Rusia se benefició de una importante zona fronteriza. Con el segundo y tercer repartos efectuados en 1793 y 1795, Rusia se anexionó no solamente unos territorios que étnicamente eran rusos, sino también una parte importante de la propia Polonia. Como botín de las dos guerras que sostuvo con los turcos, de 1768 a 1774 y de 1787 a 1793, consiguió la península de Crimea y tener acceso al mar Negro.

A propuesta de Potemkin, Catalina II realizó en 1787 un viaje por el sur de Rusia para conocer los nuevos territorios de la corona imperial. Cuentan que Potemkin, queriendo dar a la zarina la impresión de que las regiones que acababa de conquistar se hallaban en plena actividad, mandó llevar hasta allí a miles de esclavos, a los que encargó la edificación de una falsa aglomeración de edificios. Las fachadas, construidas apresuradamente, escondían detrás casas inacabadas y hasta verdaderos montones de ruinas. No ha podido demostrarse la exactitud histórica de esta anécdota, si bien es verdad que aquellas regiones estaban prácticamente deshabitadas.

A diferencia de lo que había sucedido hasta entonces, Catalina tuvo buen cuidado de no mezclar su vida privada con sus actividades de emperatriz. Catalina, que amaba los edificios hermosos y admiraba la arquitectura de la Roma de los cesares, tomó a su servicio a tres arquitectos: el escocés Cameron, el italiano Qua-renghi y el ruso Starov.



La obra más conocida de este último es el palacio de Táurida, que Catalina regaló a Potemkin. Cameron era, con todo, su preferido, y permaneció con la emperatriz hasta su muerte. Quarenghi era, de los tres, el que poseía más talento. Catalina dedicó enormes sumas a la construcción de edificios públicos, iglesias y palacios. También coleccionó importantes obras de arte, entre las que había cuadros de Rafael, Murillo, Van Dyck, Rembrandt y otros famosos pintores. A la muerte de Catalina II, acaecida en 1796, San Petersburgo era una de las ciudades más ricas de Europa.

PARA SABER MAS…
RUSIA

En la Edad Media, los vikingos de Suecia levantan fortalezas y pequeños reinos o señoríos en la actual Rusia. A mediados del siglo IX se forma el reino de «rus», nombre genérico con el que se denominaba a los varegos.
En el siglo XII hubo una invasión de mongoles que conquistaron todo el territorio.

Iván III el Grande (1462 – 1505), casado con la princesa bizantina, Sofía Paleólogo, se proclamó «zar de todas las Rusias» y ordenó la construcción del Kremlin (fortaleza), para residencia del rey.

En esta época se transforma el principado en un Estado unitario. Miguel (1613 – 1645) inauguró la dinastía Romanov, que gobernó el Estado ruso hasta 1917. La nueva dinastía puso fin a una época de conflictos. Comenzó entonces la Edad Moderna para Rusia. Los nuevos zares fortalecen la autoridad de la monarquía y comienza a sentirse la influencia cultural de Occidente, al aumentar los contactos comerciales con los países europeos del Oeste.

Pedro I el Grande (1689 -1725) emprende una intensa reorganización del Estado. Reforma el sistema administrativo y el ejército, funda la ciudad de San Petersburgo, que se convierte en la capital del Imperio.
En 1762 subió al trono Catalina II la Grande, representante más destacada del despotismo ilustrado en Rusia. La zarina prestó especial atención a las consideraciones de los filósofos del siglo.

Encaró una reforma en la administración territorial (dividió el territorio en gobiernos y distritos), fomentó las actividades económicas y la inmigración de familias de campesinos y artesanos.

Apoyó la enseñanza y las actividades culturales. No obstante, la educación estaba dirigida a las clases aristocráticas.

La mayoría de la población rusa se componía de campesinos, no existía en el país una fuerte burguesía mercantil y urbana, como en algunos países de Europa Occidental.

Fuente Consultada: La Cultura de Dietrich Schwanitz y Atlas de Historia del Mundo



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