Derechos Fundamentales

Concepto de Derecho Juridico Clasificacion Principios Fuentes

Concepto de Derecho Jurídico
Clasificación, Principios, Fuentes del Derecho

El  DERECHO JURÍDICO es, en esencia, un orden para promover la paz. Tiene como objetivo, que un grupo de individuos pueda convivir en tal forma, que los conflictos que se suscitan entre ellos puedan solucionarse de manera pacífica, esto es, sin recurrir a la fuerza y de conformidad con un orden de validez general.

Este es el orden del derecho.

1. Introducción

2. Quien Crea el derecho?.

3. Fines del Derecho

4 Derecho Positivo y Derecho Natural.

5. Fuentes del Derecho: Ley, Costumbres, Jurisprudencia y Doctrina

6. Principios Generales del Derecho

7. Clasificación del Derecho

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concepto de derecho juridico

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INTRODUCCIÓN: Para entender de qué manera interviene lo que llamamos derecho en nuestra vida cotidiana, es importante recurrir a ejemplos sencillos y cotidianos de fácil comprensión, extraídos de diferentes situaciones que, aunque tienen trascendencia jurídica, casi nunca reparamos en ellas: subir a un autobús, tomar localidades para una sesión de cine, comprar el periódico.

Ante tales actos, podemos exigir que el autobús nos transporte a un lugar determinado, o que se nos deje entrar en la sala de proyecciones para ver el espectáculo. Adquirimos la propiedad del periódico y perdemos la del dinero que hemos pagado por él.

En otros casos, el alcance jurídico de los hechos es aún más claro: nos quitan la cartera y acudimos a la comisaría de policía para que se inicie una actividad dirigida a descubrir al culpable y se le imponga la pena correspondiente; compramos un apartamento a plazos sabiendo que contraemos una deuda, y que si no cumplimos con ella seremos demandados ante los tribunales; nos ponen una multa por no habernos detenido ante un semáforo en rojo…

Si de estos ejemplos o de otros muchos queremos deducir cuál es su significado jurídico, no será difícil llegar a la siguiente consecuencia: en todos los casos expuestos podemos exigir de otros una conducta determinada, u otros nos la pueden exigir a nosotros.

Pero para que esto sea posible, es preciso que exista un conjunto de normas o reglas establecidas en virtud de las cuales surja la posibilidad de reclamar o de quedar sujetos a una reclamación. Si un individuo puede exigir que se le entregue el periódico a cambio de su precio, es porque hay una regla o conjunto de reglas que así lo disponen, como también preceptúan que el vendedor pueda exigir el pago de la mercancía.

La existencia de una regla o norma preestablecida es lo que da soporte jurídico, a todos los hechos y, de este modo nos pone en contacto con el derecho.

Derecho objetivo y derecho subjetivo: Conviene hacer una distinción entre lo que se entiende por derecho desde un punto de vista objetivo y subjetivo, pues nos aproximará a definir esta palabra en toda su dimensión, es decir, englobando ambas particularidades.

El derecho objetivo es el conjunto de normas que ordenan o prohiben hacer algo o llevar a cabo determinada conducta.

Pero el derecho no es sólo eso; también tiene un aspecto instrumental (de servicio a los ciudadanos).

En tal caso, el derecho nos ayuda a lograr nuestros deseos, a desarrollar nuestra personalidad. Las leyes determinan cómo puede adquirirse una propiedad, cómo puede usarse una cosa, de qué manera hay que proceder para conseguir el fin que nos proponemos (crear una empresa, elaborar un testamento).

Es lo que técnicamente se conoce como derecho subjetivo. En este caso la palabra derecho la reconocemos en expresiones populares como «tener derecho a hacer tal cosa».

Definición del derecho: Con la combinación de los dos conceptos más arriba mencionados, podemos encontrar una definición que nos acerque más al verdadero sentido de la palabra derecho.

Se entiende por derecho, el conjunto de leyes, preceptos y reglas a que están sometidos los hombres en su vida social.

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¿QUIÉN CREA EL DERECHO?

Al ser un mecanismo que sirve para imponer y, al mismo tiempo, garantizar un orden social, es necesario que sea un poder humano el que haga cumplir unas determinadas normas de conducta.

Este poder lo representa el Estado. El Estado no sólo crea el derecho, sino que lo aplica y lo impone por la fuerza si ello fuere necesario, ya que está investido de un poder sancionador.

No obstante, lo que hoy entendemos como derecho positivo, surgió mucho antes de que apareciera la noción moderna de Estado, ya que la coacción, sin la cual no existiría regla de derecho, puede ser obra de una colectividad (familia, tribu) o de un individuo más fuerte que otros (el padre respecto a los hijos; en la antigüedad, el amo respecto a los esclavos).

También las prescripciones religiosas convertidas en imperativas por el temor de un castigo divino, tendrían defacto un carácter jurídico.

Cabe decir también que el derecho está en perpetua evolución, ya que es la expresión de una relación de fuerzas en un momento dado. Entre las fuerzas creadoras del derecho se encuentran los intereses materiales o económicos, los principios religiosos y morales, las distintas ideologías, la tradición, los hábitos, las influencias exteriores e, incluso, los sentimientos (odio, miedo, venganza, fraternidad).

Los usos sociales pueden definirse como las prácticas admitidas, y no explicitadas legalmente, por una comunidad o por alguno de sus sectores, y, aunque varían según las épocas y los países, son numerosísimos y muy variados.

Los usos sociales pueden llegar a transformarse en normas jurídicas, cuando al elemento material de repetición se une la opinio juris (convencimiento de que ellos obligan jurídicamente).

El referido mecanismo, no es otra cosa que la transformación de usos sociales en costumbres jurídicas.

A tenor de lo anteriormente expuesto, la infracción de un uso social produce una sanción suigeneris, como puede ser, por ejemplo, la repulsa de la opinión pública por un hecho considerado socialmente como reprobable, o un enfriamiento más o menos grave del clima moral de la convivencia.

El duelo fue en su origen el medio reconocido por el derecho para ventilar ciertos litigios en forma de «juicio de Dios».

La propina, exponente de un extendido uso social, se ha resistido, por diversas razones, al intento de acabar con ella. Así, el tanto por ciento que sobre el precio del servicio nos cobran en muchos establecimientos, deriva de la propina como uso social.

A menudo, los usos sociales vienen impuestos por una presión de la comunidad, y su inobservancia va acompañada de sanciones que a veces son más temidas y eficaces que la propia sanción jurídica.

Se puede castigar con la expulsión o marginación del grupo social en el que se vive o con la reprobación pública por un acto determinado.

Entre usos sociales y derecho hay un permanente trasvase, más intenso en unas épocas que en otras, pero siempre considerable, de tal modo que el significado de un derecho no puede captarse en su plenitud si no se analizan esos usos sociales, ya que muchas veces sirven para matizar y explicar el propio contenido de las normas jurídicas.

FINES DEL DERECHO

Para una completa caracterización de lo que es el derecho, no basta con diferenciar las normas jurídicas de las normas morales, sino que habrá que plantearse cuáles son las funciones que el derecho desempeña en la existencia humana.

El fin último del derecho consiste en satisfacer unas necesidades sociales acordes con las exigencias de la justicia y de los demás valores jurídicos en ella implicados: reconocimiento y garantía de la dignidad personal del individuo, de su anatomía y libertades básicas, etcétera.

Pero también se habrá de averiguar cuáles son los tipos generales de necesidades humanas y sociales que todo derecho intenta satisfacer. A este aspecto determinado del derecho se le denomina funciones del derecho.

A lo largo de la historia y a través de las diversas doctrinas filosóficas y políticas se particularizaron los fines del derecho positivo. Así mismo, se establecieron las funciones del derecho como expresión jurídica de unos tipos de necesidades humanas y sociales consideradas como constantes: finalidad de seguridad y bienestar social, de resolución de los conflictos de intereses.

Todo ello quedó plasmado en una normativa de carácter impositivo.

En resumen, diremos que las necesidades que originaron la creación del derecho fueron: necesidad de orden y de organización social; necesidad de que ese orden diera satisfacción al sentido de justicia y a los demás valores implicados en ella.

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DERECHO POSITIVO Y DERECHO NATURAL

El hombre vive en sociedad conjuntamente con otros hombres. Esta vivencia en común, establecida en un lugar determinado, ha impuesto la selección de un conjunto de personas que tienen a su cargo garantizar a todos el orden y la seguridad a través de un gobierno.

Todo gobierno necesita contar con las atribuciones necesarias, y con la existencia de normas a las cuales deben sujetarse los individuos que componen esa comunidad. Dichas normas tienen el carácter de obligatorias, y constituyen las denominadas normas jurídicas.

El conjunto de estas normas jurídicas obligatorias, que reglamentan la actividad de los individuos en sociedad, constituyen el derecho propiamente dicho, y sirven también para aquellos que tienen a su cargo el gobierno del Estado.

Las reglas morales son obligatorias a la conciencia humana, no poseen la potestad de ser aplicadas coercitivamente, y constituyen lo que ha sido llamado DERECHO NATURAL, para diferenciarlo del anterior, denominado DERECHO POSITIVO.

Denominamos derecho positivo al conjunto de leyes vigentes en un país.

Se divide en dos grandes ramas:

a) El derecho positivo público es un derecho de subordinación, caracterizado por la desigualdad de los dos términos de la relación jurídica: el estado por un lado y los individuos, por otro.

b) El derecho positivo privado es un derecho de coordinación, en el cual los sujetos están ubicados en un plano de igualdad.

Se entiende por derecho natural aquel que surge de la naturaleza y que es revelado al hombre por la razón. El derecho natural fija los grandes principios, las líneas rectoras de la organización social, pero dentro de ellas caben soluciones distintas, aplicables a diferentes pueblos y épocas puesto que las circunstancias difieren.

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LAS FUENTES DEL DERECHO

La palabra fuente, en acepción metafórica, la encontramos definida como «principio u origen de una cosa». De este modo las fuentes del derecho, serán los principios y fundamentos del mismo, es decir, la forma que tiene de manifestarse, exteriorizarse y, en suma, dictarse el derecho en la sociedad humana.

Cada sistema jurídico tiene su propio sistema de fuentes, aunque muchos sistemas sean muy parecidos.

La ley es la principal fuente del derecho europeo y de aquellos países que en él se han inspirado, como los iberoamericanos y también de algunos países asiáticos y africanos.

En cambio, en el derecho inglés y sus derivados (derecho norteamericano y el de muchas de las antiguas posesiones y dominios británicos), aunque la ley es también fuente principal de su ordenamiento jurídico, junto a ella y como elemento más significativo está la doctrina establecida en las sentencias de los tribunales, que constituye la base del llamado Common Law y de la Equity.

La fuente principal del derecho internacional son los tratados o acuerdos entre estados, y no la ley.

Las fuentes del derecho romano se basaban en los acuerdos de las asambleas populares, en las decisiones del senado, en las órdenes emanadas de los emperadores, en los edictos de los magistrados (que eran ciudadanos revestidos de poder público) y en la doctrina de los juristas (ciudadanos especializados en el estudio del derecho). De esta última fuente procedía la mayoría de las normas aplicables.

El sistema de fuentes que rige en cada ordenamiento jurídico no es fruto del azar, sino consecuencia de múltiples factores: políticos, sociológicos e ideológicos. Tampoco es gratuito que la ley sea la fuente principal del derecho. Ello denota el creciente poder del Estado en toda la normativa jurídica.

EN SINTESIS:

Las fuentes clásicas son la ley, la costumbre, la jurisprudencia y la doctrina; actualmente se reconoce también el valor ele tal a los convenios colectivos de trabajo, los principios generales del derecho, la equidad y el derecho natural.

Geny en su obra «Método de interpretación y fuentes en derecho privado positivo», clasifica las fuentes del derecho en:

1) Fuentes formales: son la ley, la costumbre y lo que él llama tradición o autoridad, que son la jurisprudencia y la doctrina.

2) Fuentes no formales: cuando las fuentes formales no le dan al juez la solución del caso, debe acudir a las no formales. A manera de ejemplo, y sin limitar la actividad del juez, señala que debe tenerse en cuenta lo dispuesto por las leyes análogas, los principios de la moral cristiana, los principios en que se basa el derecho público y la organización social del pueblo.

Pero no es ésta una enumeración completa de las fuentes no formales, que según Geny no podrían formularse sin introducir limitaciones inaceptables a la labor del juez, éste debe sacar la norma aplicable al caso de un estudio profundo de la realidad social y de la naturaleza positiva de las cosas, mediante el método de la libre investigación científica.

La Ley:

la ley concepto del derecho

La palabra ley tiene, en lenguaje jurídico, diversos significados. En su acepción más amplia, el término ley se usa como equivalente a derecho, a norma jurídica en general. En una acepción más restringida, ley significa norma jurídica impuesta autoritariamente por el Estado. En un sentido todavía más limitado, esta palabra hace referencia sólo a un grupo de normas dictadas por el Estado.

Una nota común a todas estas acepciones es la consideración de la ley como la principal fuente del derecho.

La ejecución de las leyes corresponde al gobierno, para lo cual éste tiene la facultad de dictar normas que las desarrollen, aclaren o completen. A ello le llamamos «poder reglamentario», que se ejerce mediante las distintas formas que fija cada ordenamiento jurídico.

Características de la ley

Los autores coinciden en que son varias las características que configuran la ley.

La ley es imperativa, pudiendo presentarse el mandato jurídico tanto en forma positiva como negativa. No es necesario que todas las leyes estén redactadas de forma imperativa; es incuestionable que toda ley debe ser cumplida y esta sola consideración muestra el carácter imperativo de la misma.

Obligatoriedad en su cumplimiento, en cuanto no haya sido derogada por otra ley posterior. Es otra de las características que afecta a todos los implicados, incluso al mismo Estado creador de la ley. No obstante, para que esto sea posible, es necesario el previo conocimiento de la ley para poder cumplir su mandato.

De otro modo, ¿cómo podrían los ciudadanos ajustar su conducta a una ordenación que no conocen ni han podido conocer?.- La forma material de publicación de una ley la establece cada ordenamiento jurídico, procediéndose.

por lo general, a su inserción en el diario oficial, que indica también la fecha de entrada en vigor. A partir de este momento, el texto legal adquiere fuerza de obligatoriedad y nadie podrá eludirlo alegando desconocimiento, pues es de todos sabido que la ignorancia de las leyes no excusa de su cumplimiento.
Acompaña a la ley un elemento sancionador de las normas de derecho que establece. Ello se ha venido expresando tradicionalmente con la frase siguiente: «son nulos los actos ejecutados contra lo dispuesto en la ley, salvo los casos en que la misma ley ordene su validez».

Otra de las características de la ley es que sólo puede fijar normas para el futuro, a partir de su entrada en vigor, respetando de este modo los derechos que el ciudadano hubiere adquirido legítima y legalmente.

Los caracteres de la ley son los siguientes:

a) Generalidad: se trata de una norma dictada con carácter general, y no con relación a ciertas personas en particular.

b) Obligatoriedad: es la esencia de la ley; para asegurar su cumplimiento y real vigencia contiene siempre una sanción para el que la viole. Esta sanción en el orden civil puede ser la nulidad del acto contrario a la ley, la indemnización de los daños y perjuicios ocasionados a terceros, etc.

c) Competencia: debe emanar de autoridad competente. Así, por ejemplo, no es obligatorio ni tiene por ende el carácter de normas jurídicas, el decreto del Poder Ejecutivo relativo a materias que son privativas del Congreso, o las ordenanzas municipales que se refieren a cuestiones reservadas al Poder Ejecutivo nacional o provincial.

Clasificación de las leyes:

a) Las leyes rígidas son aquellas cuya disposición es precisa y concreta. Al aplicarlas, el juez no hace sino comprobar la existencia de ios presupuestos o condiciones legales, impone la única consecuencia posible, claramente fijada en la ley. Si, por ejemplo, falta la firma de los testigos, la escritura pública es nula.

b) Las leyes flexibles, son elásticas, se limitan a enunciar un concepto general, fluido. El juez al aplicar la ley, tiene un cierto campo de acción, dentro de cual se puede mover libremente. Así, por ejemplo, el art. 953 establece que los actos jurídicos no pueden tener un objeto contrario a las buenas costumbres.

Estas fórmulas elásticas, flexibles, tienden a difundirse cada vez más en la técnica legislativa moderna, que prefiere no aprisionar al juez con normas jurídicas rígidas, a las que un cambio de circunstancias puede convertir en injustas o inaplicables.

Las leyes pueden ser dejadas sin efecto o derogadas si son reemplazadas por otra u otras, total o parcialmente. Nuestro Código Civil establece que las leyes no pueden ser derogadas en todo o en parte sino por otras leyes.

La Costumbre

Es la fuente del derecho más importante después de la ley.

La costumbre (y usos) es la práctica efectiva y repetida de una determinada conducta. Por tanto también es una forma de crear normas jurídicas que reciben el nombre de consuetudinarias.

Los estudiosos del derecho coinciden de forma unánime en la gran importancia de esta fuente. Para importantes juristas, la costumbre es un acto creador del derecho que podría definirse de la manera siguiente: «por la costumbre, lo que es se convierte en lo que debe ser»; con lo que viene a demostrar que es un paso del terreno de los hechos al terreno del derecho.

La costumbre se diferencia del uso social en que la comunidad la estima obligatoria para todos (opinio necessitatis), de forma que de su cumplimiento deriva una responsabilidad de tipo jurídico, y no meramente una reprobación social.

En los derechos primitivos, tanto históricos como actuales, ha tenido y tiene una enorme importancia ya que en ellos es la única o la principal fuente del derecho.

También en derecho internacional la costumbre es una fuente básica, lo que denota su «primitivismo». Así, vemos como en la mayoría de los casos, los tratados de ámbito general reflejan y reglamentan costumbres ya establecidas.

No obstante, en los últimos tiempos, la costumbre internacional ha ido perdiendo importancia en favor del derecho de los tratados, pues la práctica internacional está siguiendo un proceso codificador a través de los convenios multilaterales.

En los modernos derechos estatales, sobre todo en los de tipo continental, la primacía de la ley ha reducido mucho la trascendencia jurídica de la costumbre, relegándola a fuente supletoria, sólo aplicable en defecto de ley.

Los usos y costumbres adquieren fuerza de ley, o se imponen como normas jurídicas, en dos casos admitidos especialmente:

1. Cuando las leyes supediten en forma expresa la aplicación de algunas de sus normas a los usos y costumbres imperantes.

2. Cuando se presenten situaciones que no se encuentren comprendidas en disposición legal alguna.

Elementos que caracterizan la costumbre

Los estudiosos de las ciencias humanas y sociales han analizado las causas por las cuales unos hechos sociales terminan siendo considerados como expresiones de normas obligatorias.

Dos son los elementos que caracterizan a esta importante fuente del derecho, los cuales están profundamente entrelazados.

Un elemento material, que consiste en la repetición de unos actos o prácticas por parte de los ciudadanos. Con ello se entiende que no cabe hablar de hechos aislados.

Al otro elemento caracterizador de la costumbre se le denomina subjetivo (opinio inris sive necessitatis), y no es otra cosa que ta convicción de los ciudadanos de que se encuentran ante una norma obligatoria jurídicamente.

Esta opinio iuris es un elemento imprescindible para establecer una teoría jurídica de la costumbre. La profesora de derecho internacional de la universidad de París, Brigitte Stern dice al respecto: «ya que a veces es suficiente creer en el amor para que exista, del mismo modo ocurre con la costumbre, es suficiente creer en el derecho para que exista».

Fundamento de la costumbre

El fundamento intrínseco de que la costumbre cree derecho se halla en la voluntad de la comunidad que la observa, en el sentido de que quiera aquella regulación.

La razón extrínseca de que la costumbre sea fuente en un determinado ordenamiento jurídico se basa en el hecho de que es acogida por el poder directivo de aquella comunidad, el cual dispone con qué derecho se ha de regular la vida de la comunidad admitiendo ciertas normas consuetudinarias.

La costumbre puede ser de diversas clases.

Por su difusión territorial, podrá ser general, regional o local, según se practique en todo el territorio al que se extiende el ordenamiento jurídico (por ejemplo, el español, el francés, el argentino, etc.) o, por el contrario, sólo tenga incidencia en una determinada región o lugar.

En muchos ordenamientos jurídicos se admite la costumbre local cuando no hay ley exactamente aplicable al punto controvertido.

En otros casos, el uso de la costumbre puede tener un carácter meramente interpretativo de la ley, pero entonces no se considera como norma jurídica o fuente supletoria del derecho, sino como interpretativa de una ley preexistente.

Prueba de costumbre

A diferencia de la ley. que basta alegarla para que sea aplicada por los tribunales, la costumbre ha de ser probada. Así, aunque es una norma jurídica, no ha sido dictada por el Estado, por tanto, a los jueces y tribunales puede no constarles su vigencia.

Para demostrar la existencia reai de una norma jurídica consuetudinaria, hay que probar el hecho de que esta costumbre se practica efectivamente.

Para ello, se admite cualquier medio de prueba: testifical, certificaciones de cámaras, colegios, sindicatos y hermandades, sentencias que la hayan reconocido y colecciones oficiales de costumbres. Todo ello tiene un carácter meramente probatorio, lo que dará lugar a la presunción de que existe la costumbre, salvo prueba en sentido contrario.

Jurisprudencia

Todo conflicto humano debe ser sometido a los jueces para su dilucidación. De lo contrario, el orden jurídico se vería reemplazado por la fuerza, lo que significaría el imperio del caos.

La sentencia es la decisión del magistrado, que pone fin al pleito y declara cuáles son los derechos de las partes. Tiene carácter obligatorio para éstas, y el vencedor puede pedir el auxilio de la fuerza pública para hacerla cumplir.

La jurisprudencia se encuentra constituida por el conjunto de sentencias del más alto tribunal de un país, y caracteriza el hábito de juzgar con ¡guales criterios una determinada cuestión.

Dichas sentencias tratan de corregir la deficiencia, incomprensión o confusión que pueden presentarse en la interpretación de las leyes, y constituyen otra de las fuentes de que se sirve el derecho.

Doctrina

Se entiende por doctrina a las opiniones que vierten autores de reconocidos antecedentes en el campo de la investigación del derecho, los que formulan determinadas tesis sobre casos concretos, perfectamente analizadas y sin la premura que tienen los jueces al juzgarlos.

Las características propias de las relaciones jurídicas entre los individuos hacen que el derecho evolucione a impulso de la acción judicial. En efecto, la insuficiencia legal origina la necesidad de que los jueces y tribunales suplan aquéllas sentando jurisprudencia, pero que sin perjuicio de ello se creen doctrinas de innegable valor que sirvan como fuentes del derecho.

OTRAS FUENTES:

1. EL DERECHO NATURAL: no solamente la ley debe ser conforme al derecho natural, sino que ante un vacío del derecho positivo, el juez puede encontrar la solución del caso en los grandes principios de aquél. Este problema se vincula con el de los principios generales del derecho.

2. PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO: el art.1 6 del Código Civil dice que «si una cuestión civil que no puede resolverse, ni por las palabras ni por el espíritu de la ley, se atenderá a los principios de leyes análogas, y si aún la cuestión fuera dudosa, se resolverá por los principios generales del derecho, teniendo en consideración las circunstancias del caso». Por principios generales del derecho debe entenderse a los principios superiores de justicia radicados fuera del derecho positivo, por donde este concepto se vincula con la idea del derecho natural.

3. EQUIDAD: hay quienes ven a la equidad como una fuente del derecho. Los jueces suelen invocarla para atenuar el rigor de una disposición legal, o para hacer imperar el equilibrio en una relación jurídica.

4. CONVENIOS COLECTIVOS DE TRABAJO: son un medio de resolver los complejos problemas laborales. Se han convertido en una verdadera fuente de derecho. Hasta 1953 estos convenios obligaban solamente a los patrones y obreros afiliados a los organismos gremiales que los habían suscrito. Pero la ley 14.250 introdujo una reforma realmente revolucionaria al establecer su obligatoriedad, una vez homologados por el Ministerio de Trabajo, para todos los epleadores y trabajadores de esa actividad, sean o no afiliados a la asociación o sindicato que los suscribió.

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LOS PRINCIPIOS GENERALES DEL DERECHO

A pesar de que en los derechos actuales la importancia de las otras fuentes es muy inferior a la ley y la costumbre, algunas legislaciones reconocen como tercera fuente los principios generales del derecho, pero subordinados a la inexistencia de aquéllas (ley y costumbre).

Podemos definir a esta fuente del derecho como el conjunto de las ideas fundamentales que informan un derecho positivo contenido en leyes y costumbres. De esta manera se llenan las lagunas y vacíos que existían en el derecho legislado y consuetudinario, ya que la ley y la costumbre no prevén todos los casos que pueden presentarse en la práctica, sino los más corrientes e importantes.

El derecho internacional también constituye una fuente normativa que se sitúa en el mismo rango jerárquico que las otras dos fuentes de este ordenamiento: el tratado y la costumbre.

Para que estos principios generales tengan el valor de una prueba ante los tribunales, se aportarán los datos que prueben la vigencia del principio general en cuestión y la aplicabilidad del mismo al caso concreto.

Los principios generales como máximas jurídicas

Con frecuencia, los principios generales del derecho se formulan como máximas jurídicas. De tal forma que, entendidos dentro de sus justos límites, son utilizados por el tribunal al dictar las sentencias, con lo que queda patente su vigencia y validez.

Así ocurre cuando se dice: pacta sunt servando (los pactos deben ser respetados), in dubio pro reo (en caso de duda, se aplicará la norma más favorable al acusado).

En la doctrina romana se enunciaban como principios generales básicos: alterum non laedere, honeste vivere y sum cuique tribuere (no hacer daño a nadie, vivir honestamente y dar a cada uno lo suyo).

La jurisprudencia

Fue definida por el emperador bizantino Justiniano como «el conocimiento de las cosas divinas y humanas y ciencia de lo justo y de lo injusto».

Hoy se entiende por jurisprudencia, la doctrina emanada de los tribunales al aplicar las leyes a un caso concreto.

En los sistemas de derecho continentales o inspirados en ellos, la jurisprudencia no se considera fuente autónoma del derecho. En cambio para los sistemas anglosajones, las decisiones de los tribunales constituyen la fuente más significativa del derecho.

Históricamente, el derecho creado por los jueces tuvo una gran importancia. Pero un conjunto de factores hizo que a raíz de la Revolución Francesa se produjese una fuerte reacción contra la admisión de la jurisprudencia como fuente del derecho.

La supremacía total de la ley que proclamaba la revolución y el dogma de la separación de poderes hicieron que se asignara a los jueces únicamente la aplicación de la ley, y al poder legislativo su creación.

Así pues, desde la Revolución Francesa quedó consagrado en el continente el principio de que los jueces no pueden dictar normas generales y que sus sentencias sólo sientan derecho respecto a los casos concretos que deciden.

De todos modos, esto no se corresponde exactamente con la realidad, ya que la labor de los tribunales no se ha limitado —ni podía limitarse— a la aplicación mecánica de. las leyes, sino que ha tenido que adaptarlas con gran flexibilidad a las cambiantes necesidades sociales y a la infinita variedad de los problemas prácticos que la realidad plantea a diario.

Para el jurista, la jurisprudencia tiene tanta importancia como la ley, ya que sin ella no puede conocerse la auténtica fisonomía de un derecho.

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CLASIFICACION DEL DERECHO

El derecho positivo o conjunto de normas jurídicas vigentes en un estado puede ser clasificado desde distintos puntos de vista.

Así, según se refiera principalmente al interés de la sociedad o del Estado, o al de los particulares, puede ser clasificado en derecho público o derecho privado, respectivamente.

Ramas del derecho:

A) DERECHO CONSTITUCIONAL: es aquel que comprende las normas referentes a la organización del Estado y sus habitantes, estableciendo sus derechos y garantías a través de la interpretación de los principios y declaraciones contenidas en la Constitución Nacional.

B) DERECHO ADMINISTRATIVO: se refiere a la regulación de la Administración del Estado fijando las relaciones entre el Poder Administrador y los distintos individuos a efectos del establecimiento de un régimen que permita al Estado el cumplimiento de sus funciones como tal.

C) DERECHO PENAL: tiende al establecimiento de medidas preventivas, que aseguren el orden social contra todo hecho individual que configure un delito, fijando a su vez penas, para quienes transgreden dichas normas.

D) DERECHO INTERNACIONAL PÚBLICO: permite regular las relaciones de los Estados entre sí como formando parte de una comunidad de naciones; la organización y funcionamiento del servicio diplomático, la celebración de tratados entre naciones son, entre otras, algunas manifestaciones de las normas jurídicas comprendidas en esta rama del derecho.

E) DERECHO CIVIL: es una de las ramas más importantes del derecho privado por cuanto es el que regla las relaciones de las personas entre sí y de éstas con el Estado, y contiene normas erentes a las personas, a ¡a familia, a la propiedad, etc.

F) DERECHO COMERCIAL: contiene normas específicas referentes a las relaciones jurídicas que nacen del ejercicio del comercio y son aplicables a los comerciantes y a los actos de comercio.

G) DERECHO PROCESAL: cuyo fin primordial es todo lo referente a la organización de la justicia y al modo de administrarla, fija a través de los Códigos de Procedimientos la forma en que deben sustanciarse los distintos juicios ante la respectiva jurisdicción.

H) DERECHO LABORAL: surgido a través del constante desarrollo industrial, contiene normas que tienden a proteger al trabajador en relación de dependencia, fijando claramente los derechos y obligaciones tanto de éste como de los empleadores.

I) DERECHO INTERNACIONAL PRIVADO: esta rama del derecho incursiona en aquellas relaciones jurídicas que se originan o desenvuelven en jurisdicciones de distintos Estados y, en consecuencia, no pueden ser resueltas por las leyes de un solo país.

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MODOS DE CONTAR LOS INTERVALOS DEL DERECHO

En el derecho los plazos tienen una importancia sustancial para el ejercicio de determinadas cuestiones, sobre todo aquellas vinculadas a la adquisición de ciertos derechos o al tiempo en que deben ser cumplidas ciertas obligaciones.

Por este motivo, nuestro Código Civil ha puesto especial énfasis al determinar el modo en que deben ser contados los intervalos en derecho: Se realizará para todos los efectos legales según el calendario gregoriano. Los intervalos del derecho se contarán en días, meses y años de ese calendario. Su nombre se debe a que entró en vigencia bajo el Papa Gregorio XIII en 1582.

Hasta esa fecha regía el calendario juliano, implantado por Julio César, conforme al cual el año se dividía en doce meses, y contaba con 365 días, debiendo intercalarse un día más cada cuatro años.El art 24 dice «el día es el intervalo entero que corre de medianoche a medianoche, y los plazos de días no se contarán de momento a momento, ni por horas, sino desde la medianoche en que termina el día de su fecha.»

Sin embargo, la ley o las mismas partes (art. 29 Cód. Civ.) pueden resolver que el plazo se compute por horas, en cuyo caso se contará de hora a hora.
El Código Civil no prevé el caso de los plazos por semana, a diferencia del alemán y el código suizo de las obligaciones.

Los art. 25 y 28 disponen la manera de contar los períodos de meses y años. El primero establece que «los plazos de mes o meses, de año o años, terminarán el día que los respectivos meses tengan el mismo número de días de su fecha.»

Todos los plazos serán continuos y completos, debiendo siempre terminar en la medianoche del último día, y así, los actos que deben ejecutarse en o dentro de cierto plazo, valen si se ejecutan antes de la medianoche en que termina el último día del plazo. Los plazos que señalen las leyes o los tribunales, y los decretos del gobierno comprenderán los días feriados, a menos que el plazo señalado sea de «días útiles».

Las partes, pueden convenir en sus contratos que el plazo se computará de una manera distinta. Del mismo modo, las leyes provinciales, los decretos nacionales y provinciales, y las ordenanzas municipales, pueden apartarse de estas normas, que sólo se aplican en caso de silencio de las leyes especiales o locales y de las partes en los contratos.

Fuente Consultadas:
Derecho Nivel Polimodal – Lonra y Borroni – Editorial Editex
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – Editorial Océano – Entrada: Hitoria del Derecho
Enciclopedia COSMOS Volumen IV El Derecho Jurídico

La Division Social Estratificacion de la Sociedad en Clases Sociales

Resumen Sobre La Division Social
Estratificación de la Sociedad en Clases Sociales

Temas Tratados:

1-El sistema de castas de estratificación social

2-El sistema de estados

3-El Sistema de Clases

4-El modelo marxisía de las clases sociales

5-La teoría de las clases de Weber

6-Sistema de Estatus Ocupacional

7-Otras Divisiones Sociales

La clasificación jerárquica de las diferencias sociales, en términos de una o más dimensiones de desigualdad social —como el dinero, el poder o el prestigio—, se denomina estratificación social. El modelo particular que predomina en cualquier sociedad tiende a variar a lo largo del tiempo. Existe una polémica a propósito de si la estratificación social es o no es un rasgo universal de las sociedades humanas.

En las sociedades analfabetas o en las llamadas «primitivas», la pertenencia a un clan (un grupo cuya ascendencia se remonta a un antepasado masculino común) o tribu (un grupo étnico y cultural distintivo) es el principal determinante de las desigualdades sociales.

Además de la clasificación jerárquica de las diferencias sociales que dividen a las sociedades en capas horizontales, también es posible dividir a la sociedad verticalmente, en bloques o pilares. Las divisiones físicas y culturales basadas en factores como el sexo, la raza, la identidad étnica, el idioma y la religión, tienden a afectar a todos los grupos sociales jerárquicamente establecidos y, por ende, a fragmentar aún más la sociedad.

El sistema de castas de estratificación social

Las castas se encuentran en su forma más desarrollada en el sistema de estratificación social del hinduismo, en la India. Sus orígenes exactos son oscuros, aunque sabemos que existen desde hace al menos dos mil años. Los grupos sociales conocidos como castas están separados unos de otros por reglas religiosas de pureza ritual y se encuentran en diferentes rangos jerárquicos en una escala que va de lo puro a lo impuro. Así, cada casta es más «pura» que la que se encuentra por debajo.

Los contactos entre las castas están prohibidos, basándose en el principio de que las castas más bajas podrían «contaminar» a las más altas si se acercaran demasiado a ellas.

La pertenencia a una casta se hereda y los hindúes la consideran designio divino. Los miembros de una casta determinada deben casarse dentro de los límites de ella. Tradicionalmente, las castas están asociadas con empleos específicos, y esto refuerza la segregación social. Dado que la pertenencia a una casta es permanente e inmodificable, la movilidad social —la posibilidad de ascender (o descender) en la escala social a través del matrimonio o del esfuerzo individual— es imposible dentro de un sistema de esta rigidez.

Las principales castas y los empleos con que se relacionan son:

1. Brahmanes (sacerdotes; entre esta y la siguiente se reparten en la actualidad los políticos, los magistrados y las profesiones liberales)
2. Chatriyas (guerreros y terratenientes)
3. Vaishyas (agricultores y comerciantes; en la actualidad, burgueses en general)
4. Sudras (trabajadores urbanos y rurales; artesanos)

Más tarde, se agregó otra casta al estrato inferior de la clasificación, los harijans o «intocables» (más conocidos como parias), que llevan a cabo las tareas menos cualificadas, como la limpieza de calles y lavabos. Además de las castas principales, existen otros varios miles de subcastas, conocidas como ja-fe, cuyo ámbito es la aldea local. Como sucede en el sistema de castas más amplio, la pertenencia a la casta jati se hereda y, por lo tanto, es permanente e inmodificable.

casta los intocables en la India

Un grupo de intocables: en la India. La legislación para emancipar a los intocables de las restricciones religiosas, laborales y sociales a las que están tradicional-mente sometidos ha comenzado a eliminar, lentamente, las divisiones entre las castas en aquel país.

La discriminación legal basada en las castas ha sido abolida en la India moderna, y la industrialización ha creado una buena cantidad de nuevos grupos laborales. Esto ha llevado a un aumento de la movilidad individual y colectiva, lo que a su vez ha flexibilizado en parte la rigidez del sistema de castas.

El sistema de estados

Los grupos sociales conocidos como estados existieron en Europa desde los tiempos del imperio Romano hasta la época de la revolución Francesa, en 1789. El sistema de estados alcanzó su máxima preponderancia durante la época feudal en Europa y en Japón hubo también un sistema similar .

Los estados fueron creados mediante leyes que proporcionaban una estructura clara de derechos y deberes, de privilegios y obligaciones.

Los estados también estaban relacionados con la división económica del trabajo existente: «la nobleza fue instituida para defender a todos, el clero para orar por todos y los comunes para alimentar a todos».

Un sistema de estados no era un sistema completamente cerrado de estratificación social. La movilidad social era posible pero no estaba extendida.

Los estados principales eran:

1. La nobleza
2. El clero
3. Los comunes (también conocidos como siervos y campesinos)

La decadencia del sistema de estados en Europa coincidió con el auge del poder económico y político de la burguesía (comerciantes, artesanos, financieros, etc.), un grupo social distintivo que se desarrolló en el interior del sistema de estados. Según algunas teorías, este grupo desempeñó un papel importante en la transformación y destrucción del sistema de estratificación social basado en los estados.

colegios con distintas clases sociales

Dos escuelas distintas, una estatal rural y otra de ciudad privada. La existencia de su sistema educativo en paralelo (privado y estatal) es considerado por algunos teóricos como un elemento que perpetúa y favorece la discriminación y las divisiones de clase.

El sistema de clases

Los sistemas de clase de estratificación social son característicos de las sociedades industriales capitalistas. Las clases son definidas en términos económicos más que religiosos (como el sistema de castas) o en términos político-legales (como en el sistema de estados). No existen barreras formales a los logros económicos en las sociedades democráticas modernas, por lo cual los sistemas de clase tienden a estar menos caracterizados por factores de herencia y, por tanto, son más abiertos que otros tipos de estratificación social.

En un sistema de clases, la movilidad social es la norma más que la excepción. Según las teorías sociológicas pioneras de los alemanes Karl Marx y Max Weber (1864-1920), hay fundamentalmente dos modelos de clase.

El modelo marxisía de las clases sociales

En la teoría marxista, una clase es un grupo de personas que tienen la misma relación con el capital (la propiedad, es decir la tierra, las fábricas o el dinero) utilizado para producir beneficios. Así, la clasificación de Marx es estrictamente económica. En esta teoría, hay dos clases principales y dos clases secundarias:

1. La burguesía (poseedores del capital a gran escala/patrones)

2. Los trabajadores (no poseedores del capital/empleados)

1a. La pequeña burguesía (poseedores a pequeña escala del capital/patrones)

2b. La nueva clase media (administradores y empleados profesionales)

 marx y engels ideas del marxsimo

La relación entre trabajadores y patrones, y el conflicto al que inevitablemente ésta conduce, es el punto clave en la teoría de las clases de Marx. Con la industrialización, Marx esperaba que la pequeña burguesía decayera y que la nueva clase media creciera, que es lo que en realidad ha sucedido.

También esperaba que el conflicto entre las dos clases principales aumentara, lo cual conduciría al derrocamiento revolucionario de la clase dominante, es decir, de los propietarios, por la clase más amplia y subordinada de los trabajadores.

En la mayoría de las sociedades occidentales económicamente desarrolladas esto no ha ocurrido, pero sí ha sucedido en otros países, como en la antigua Unión Soviética, China y Cuba.

estratificacion social etapa colonial española en america

Estratificacion social etapa colonial española en América

La teoría de las clases de Weber

Además de las diferencias basadas en las relaciones del individuo con el capital, Weber postuló que la clase también está determinada por la relación del individuo con el mercado. La gente posee cualificaciones o capacidades para las cuales existe una demanda grande o pequeña, según en qué situación. Por ejemplo, durante una guerra hay mayor demanda de pilotos de aviones que de diseñadores de rótulos luminosos.

La teoría de las clases sociales de Weber tiende a definir más categorías de clase que la teoría marxista, porque incluye la propiedad/no propiedad tan importante como la del conocimiento y del capital.

El sistema de estatus ocupacional

Weber también puso de relieve el concepto de estatus, que definió como el «prestigio social». El estatus no es exclusivo de las sociedades modernas y puede estar influido por numerosos factores, entre los cuales hay que tener en cuenta el nacimiento, la educación, el empleo y el estilo de vida.

A causa del significado económico y social creciente del trabajo en las sociedades modernas, el estatus ocupacional (también llamado a veces clase laboral) suele ser usado como alternativa a los modelos de clase de la estratificación social. El orden en la jerarquía de empleos puede variar según las sociedades y a lo largo del tiempo.

Por ejemplo, desde el siglo XIX, la profesión de enfermera ha acumulado capacidades técnicas y, por tanto, ha subido de categoría, mientras que los clérigos han perdido en prerrogativas (trascendencia social de su misión), razón por la cual su estatus ha disminuido.

Las principales categorías laborales son:

1. Altos directivos y profesionales liberales (médicos, abogados)

2. Cargos medios y profesionales (maestros, enfermeras)

3. Trabajadores técnicos no manuales (agentes de seguros, secretarias)

4. Trabajadores técnicos manuales (carpinteros, peluqueros)

5. Trabajadores manuales técnico medio (conductores de autobús, cajeros)

6. Trabajadores manuales no especializados (trabajadores de la limpieza, obreros)

Las empresas de estudios de mercado en la mayoría de los países capitalistas usan una clasificación laboral social:

A. Clase media alta (altos directivos y profesionales)

B. Clase media (cargos medios y profesionales)

C1. Clase media baja (trabajadores administrativos)

C2. Clase trabajadora especializada (manual)

D. Clase trabajadora semiespecializada y no especializada (manual)

E. Clase residual (que incluye a quienes dependen del Estado)

Los términos clase media y clase trabajadora son usados normalmente por los sociólogos y los investigadores de mercado para describir grupos laborales no manuales y manuales, respectivamente, en las clasificaciones citadas más arriba.

clases sociales en la edad media

Otras divisiones sociales

Las distinciones sociales basadas en el género, raza, identidad étnica, idioma o religión, han sido ampliamente usadas en muchas sociedades como base para la discriminación, tanto institucional como no institucional. En el s. XIX, por ejemplo, en muchos países a las mujeres no se les permitía tener propiedades o pertenecer a ciertas categorías profesionales.

Bajo el sistema del apartheid, vigente en Sudáfrica en el s. XX, la discriminación política, económica y social fue practicada oficialmente por la raza blanca dominante en relación a las razas no blancas. Cuando la discriminación es abolida legalmente, suele persistir informalmente. Como consecuencia, se producen desventajas en la competitividad por el dinero, los ingresos, la educación, el trabajo, el poder y el prestigio en algunos grupos, especialmente entre las mujeres y las minorías étnicas.

El término sociedad plural se aplica a una sociedad dividida en diferentes grupos raciales, étnicos, lingüísticos o religiosos. El grado de segmentación vana según las sociedades, y depende de varios factores, tales como el grado de desarrollo de sus propias instituciones sociales. La sociedad moderna en Holanda es un ejemplo particularmente bueno de pluralismo avanzado.

En los Países Bajos hay partidos políticos, sindicatos, organizaciones para la educación y organismos de prensa católicos, calvinistas y laicos. Muchas sociedades están divididas de la misma manera, a veces hasta tal punto que se produce en ellos un conflicto entre los principales grupos sociales.

Estas tensiones existen entre católicos y protestantes en el norte de Irlanda, y entre hindúes y sijs en India; griegos y turcos en Chipre y musulmanes y cristianos en Líbano. Estados Unidos es un país muy pluralista, así como lo era la ex Unión Soviética, en el sentido de su múltiple composición de grupos étnicos importantes, algunos de los cuales coexisten armónicamente, aun cuando otros no.

Las extremas tensiones entre grupos con diferentes tradiciones culturales pueden conducir a movimientos políticos que aboguen por el separatismo.

Es el caso de grupos como los formados por los extremistas vascos en España o los nacionalistas francófonos en Quebec (Canadá), que han fomentado campañas —en ocasiones sangrientas y terroristas, como en el primer ejemplo— en aras de la creación de un estado independiente.

En lo que hoy constituye Irlanda del Norte, los protestantes prefirieron permanecer al margen del nuevo estado irlandés independiente creado en 1922, y promovieron a los seis condados donde sus comunidades están concentradas, a su pertenencia en el Reino Unido. En India, la extrema violencia reinante entre hindúes y musulmanes condujo a la partición del país después de la independencia, en 1947, en dos estados separados: la India, predominantemente hindú, y Pakistán, país con mayoría musulmana.

Ampliar: Teoría Política de Derecha

Ampliar: El Caso de Rosa Parks

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Guinnes – La Nación – Entrada: Estratificación y División Social

Caracteristicas de la Politica Conservadora o de Derecha Resumen

Características Política Conservadora o de Derecha

Temas Tratados

1-Autoridad

2-La Jerarquía

3-La Propiedad

4-La Comunidad

5-El Antirracionalismo

La derecha suele definirse como la fuerza política opuesta a la izquierda. Al igual que la izquierda, la derecha abarca una amplia gama de ideas. Sin embargo, hay cuatro valores fundamentales que definen la esencia de su pensamiento: autoridad, jerarquía, propiedad y comunidad. A pesar de que hay muchos desacuerdos entre los teóricos políticos de derechas, a propósito de la interpretación y justificación de los cuatro valores enunciados, éstos están regidos por una filosofía política del «sentido común», que rechaza la idea de que los seres humanos puedan llegar a la perfección.

Diferentes grados de compromiso entre los hombres de derecha con cada uno de estos valores fundamentales se reflejan en la existencia de diversos partidos de derecha y en la coexistencia de interpretaciones opuestas en el interior de dichos partidos. El partido conservador británico y el partido demócrata-cristiano alemán, por ejemplo, incluyen a conservadores tradicionales cuyas nociones del deber cristiano paternalista les llevaron a aceptar conceptos esenciales del socialismo, como el estado del bienestar y cierto intervencionismo estatalista en la economía.

La derecha incluye también a muchos economistas liberales, que opinan que los mercados deberían funcionar al margen de las intervenciones del Estado. De aquí su desacuerdo, por ejemplo, con el control sobre el mercado laboral y su rechazo de la propiedad estatal de las industrias o servicios como el transporte, la energía o la educación .

No se debería confundir (como a menudo se hace) a estos «economistas liberales» con los «liberales políticos», partidarios no socialistas de la tolerancia, de la libertad de expresión y de las libertades individuales, que ocupan el centro de la arena política, entre izquierda y derecha, y están presentes en numerosos pajados europeos.

ideas politica conservadora o de derecha

La autoridad

El pensamiento político de derechas, en Europa, comenzó como una defensa de la autoridad. Como contrapartida de su credo, la Revolución Francesa  hizo surgir la derecha «reaccionaria» en defensa del viejo orden continental. Sus exponentes franceses, fundamentalmente Joseph de Maistre (1754-1821), defendieron la autoridad religiosa tradicional contra el escepticismo radical y el secularismo liberal.

También apoyaron las monarquías establecidas y legítimas contra los que propugnaban el republicanismo liberal, y rechazaron todo tipo de impugnación de la autoridad patriarcal en la familia.

Levantaron la bandera de la autoridad por encima de todo, porque ésta era capaz de preservar el orden. De Maistre sostenía que al cuestionar la autoridad, se crea un peligro de caos social, de modo que el respeto a las reglas tradicionales y religiosas consagradas era un imperativo. La ley hace respetar la moral cristiana, porque en un pensamiento autoritario de este tipo no se hace una distinción entre ley y moral.

De Maistre aseguró que en Europa se imponía la restauración del poder «del Papa y del verdugo». Los fundamentalistas religiosos reactivados en el último tramo del siglo XX, tanto del cristianismo como del islam, son testimonio de un autoritarismo similar a éste.

Si bien la derecha europea reaccionaria creía en la autoridad del catolicismo y en la monarquía absoluta, estas posiciones eran imposibles de sostener para la derecha conservadora en Gran Bretaña o en los Estados Unidos. Lo que ellos defendían era la fe protestante y una monarquía constitucional  o, en el caso de Estados Unidos, una república .

El irlandés Edmund Burke (1729-1797) proporcionó la expresión más coherente de esta filosofía en su obra Reflexiones sobre la revolución francesa (1790). Burke predijo que la revolución francesa degeneraría en una dictadura y que la destrucción revolucionaria de las costumbres consagradas, en lugar de mejorar el mundo lo fragmentaría y estimularía un abuso de la libertad sin ningún tipo de restricciones.

Dado que la autoridad preserva las tradiciones que contienen la sabiduría acumulada y las experiencias de las generaciones pasadas —venía a decir—, deberíamos ser cautelosos y no jugar con ellas. La autoridad, según Burke, permite que los seres humanos evolucionen, a la vez que conserva la herencia del pasado.

La autoridad legítima, basada en siglos de evolución, es preferible a un sistema de poder ilegítimo producido por los revolucionarios racionalistas; la preservación autoritaria de la moral establecida es superior a los excesos y peligros del libertarismo permisivo.

La tensión entre el conservadurismo reaccionario de de Maistre y el evolucionismo de Burke ilustran una división característica de la derecha. Los reaccionarios pretenden restaurar un pasado desaparecido —y a veces puramente imaginado— y postulan retornar a la política y a la religión de un ayer que fue mejor; los evolucionistas están en contra del cambio radical, pero no en contra de todos los cambios.

Esta tensión explica la separación de partidos políticos tradicionales de la derecha, pero también se la encuentra en todos los movimientos políticos conservadores.

Los liberales norteamericanos y europeos que rechazan el supuesto de la derecha reaccionaria acerca de los méritos incuestionables de la antigua autoridad y de la tradición religiosa, han hecho, no obstante, causa común con los conservadores en la defensa de la autoridad. Los economistas liberales suelen creer que el orden, la estabilidad y los valores tradicionales de la familia son esenciales para el imperio de la ley y el desarrollo de una economía de mercado, libre pero disciplinada. Así, con frecuencia llegan a acuerdos pragmáticos con los conservadores.

Sin embargo, existe una división política fundamental y perdurable entre los conservadores reaccionarios y los liberales políticos. Los primeros no tienen escrúpulos acerca de las prerrogativas del gobierno para ejercer un poder ilimitado; los liberales, en cambio, defienden una filosofía política que pretende limitar y fragmentar la autoridad del gobierno, a través de mecanismos como la separación de poderes  y de declaraciones de derechos.

Por otra, hay quienes, en la derecha, han puesto el énfasis en las virtudes de los mercados libres como una protección contra un Estado todopoderoso.

La jerarquía

Los reaccionarios y los conservadores, como de Maistre y Burke, se unen para defender las virtudes de las jerarquías tradicionales. El principio hereditario —ya sea entendido como título de propiedad o como estatus social— es considerado sacrosanto. Por lo tanto, los reaccionarios y los conservadores apoyan la monarquía y la aristocracia, así como los derechos de la propiedad privada.

Por contraste, los liberales —tanto los economistas como los políticos— se oponen a la aplicación universal del principio de herencia. Creen en los derechos de propiedad heredados pero no en la herencia de títulos o derechos políticos. En gran parte del pensamiento de la derecha, la jerarquía está considerada como la forma natural de la existencia humana.

Por el contrario, la igualdad es considerada una condición artificial. Se defiende la jerarquía porque proporciona continuidad y estimula la diversidad. Los pensadores de la derecha política tienden a estar de acuerdo con las ideas del darwinismo social del siglo XIX (desarrollado por analogía con la teoría de la evolución de Darwin, según las cuales la existencia es vista como una lucha por la supervivencia de los más aptos, y la jerarquía como el resultado natural de esta lucha. Hoy, están dispuestos a apoyar a algunos sociobiólogos que sostienen que hay unas diferencias intelectuales y emocionales fundamentales e inmutables entre las razas y los sexos.

Estas ideas pueden conducir fácilmente al racismo o al sexismo e inclinaciones de este tipo llevaron a la extrema derecha a defender las políticas de dominación y segregación racial (como en el sistema del apartheid en Sudáfrica, a partir de 1948; o de 1933 a 1945 la ejecutoria nazi en Alemania; y la reivindicación que exige que las mujeres vuelvan a desempeñar sus roles tradicionales, como el cuidado de los hijos y la realización de tareas domésticas.

La jerarquía también explica por qué, en el pasado, la derecha ha sido recelosa de la democracia, debido a sus tendencias igualitarias y a su rechazo de los principios privilegiadores en favor de la idea de la igualdad política de todos los ciudadanos adultos. La derecha, actualmente, suele ver el igualitarismo como un fenómeno que conduce a todos hacia el más bajo común denominador («nivelar hacia abajo» en lugar de «nivelar hacia arriba»); sin embargo, suele estar de acuerdo con la necesidad social de ofrecer una igualdad de oportunidades.

Los conservadores tradicionales han aceptado progresivamente las instituciones democráticas, tales como el sufragio universal, cuando llegaron a la conclusión de que éstas no acabarían con los privilegios. Sin embargo, la mayoría de los pensadores contemporáneos de derecha apoyan la democracia representativa porque la ven como el mejor sistema de gobierno para una sociedad de libre mercado.

Defienden la democracia representativa como un medio más que como un fin. No obstante, en la extrema derecha hay quienes están dispuestos a sacrificar los principios democráticos en aras de otros valores, especialmente cuando creen que las instituciones democráticas favorecen las prácticas socialistas o la contaminación y consiguiente pérdida de la pureza racial.

La propiedad

Los conservadores comparten con los liberales un firme compromiso con los derechos del individuo a la propiedad privada, causa común que en ambos supone la principal oposición a socialistas y comunistas. Citan dos argumentos para justificar el derecho a la propiedad privada. El primero deriva del filósofo inglés John Locke, quien afirmó que los individuos tienen un derecho natural a la propiedad por la que han trabajado y que este derecho es transferible.

El segundo, más desarrollado en el pensamiento de Hegel, sugiere que los derechos de propiedad privada son esenciales si los individuos han de ser libres y capaces de ejercer su libertad. El filósofo austríaco Friedrich Hayek (1899-1992) sostiene por su parte que sin unos sólidos derechos de propiedad privada no puede haber verdaderos individuos, sino sólo miembros de una tribu o «siervos» de un Estado colectivista, como fue el caso de la Unión Soviética bajo Stalin.

Los conservadores tradicionales se desmarcan de los economistas liberales, entre otras cosas, al afirmar que las reivindicaciones de autoridad o comunidad deben tener precedencia por encima de los derechos de los individuos. Esta diferencia explica por qué los conservadores de derecha, especialmente en la tradición europea cristiano demócrata, a veces aceptan los principios del Estado de bienestar, incluyendo los impuestos progresivos y los servicios de educación y salud que brinda el Estado, que los economistas liberales consideran como intrusiones restrictivas en los derechos de propiedad.

El liberalismo económico —basado en las doctrinas del economista escocés del siglo XVIII, Adam Smith— ha aumentado su predicamento en las concepciones de la derecha durante las últimas dos décadas. Los exponentes políticos de esta filosofía, conocidos como la «Nueva derecha», han sido especialmente activos en las democracias anglosajonas.

Los partidarios de Margaret Thatcher, en Gran Bretaña, y del presidente Reagan, en Estados Unidos, han favorecido enérgicamente la privatización (la venta de empresas públicas a propietarios privados, la reducción de impuestos y la no intervención de restricciones gubernamentales en los negocios, argumentando que dejar a las personas explotar libremente su propiedad es la mejor manera de alcanzar la prosperidad general.

La comunidad

Los conservadores y los liberales también difieren, en la derecha, en relación al compromiso con la «comunidad». Los reaccionarios y tradicionalistas, así como los fascistas del siglo XX  propugnan la creación de sólidas comunidades nacionales unidas por vínculos de afecto, sangre, identidad étnica, lengua y cultura. Sostienen que los liberales sólo se preocupan de establecer relaciones sociales sobre la base de su utilidad práctica y se comportan como individuos que conducen todas sus relaciones sociales sobre una base contractual.

Los conservadores «románticos», al igual que los socialistas, sostienen que las economías industrializadas, regidas por los principios del libre mercado, producen individuos sin raíces que no pertenecen a ninguna comunidad y, por tanto, carecen de un sentido de relaciones culturales compartidas. En el pasado, estos sentimientos se expresaban como lealtad al rey, al señor o a las comunidades vecinales en la época feudal. Más tarde, la derecha tradicional reemplazó esta lealtad por la que se debía a la nación.

Para parafrasear a Burke, la idea de nación no establece distinciones de clase, y une a todos en una comunidad con los muertos, los vivos y los que aún no han nacido. Los gobiernos de la «nueva derecha», que adhieren a los principios liberales de la economía, sólo creen en la comunidad de la nación Estado, y ven a la sociedad como un todo compuesto por individuos que luchan para obtener beneficios económicos para ellos y sus familias.

A diferencia de los liberales, que creen que los gobiernos nacionales no deberían intervenir en el mercado, la derecha tradicional es rara vez internacionalista. Los pensadores tradicionales de la derecha apoyan el capitalismo, porque lo ven como un medio para mantener el orden, la jerarquía y el derecho a la propiedad, pero insisten en que debe ser regulado en aras del interés nacional.

Ahí donde el capitalismo amenaza los valores centrales de la derecha tradicional, ésta considera justificada una intervención del gobierno. Tal reflexión explica por qué la derecha tradicional, a diferencia de los liberales, a veces justifica el proteccionismo y se opone al libre mercado.

También aclara por qué los pensadores políticos conservadores no ven ninguna incongruencia en rechazar la libre elección en materia de preferencia sexual, literatura o cinematografía: la censura y las normas morales son consideradas como un requisito esencial para preservar una comunidad nacional estable. Sin embargo, la nueva derecha incluye muchos pensadores y políticos a quienes les gustaría ampliar las libertades individuales, por ejemplo, legalizara: las drogas prohibidas.

El antirracionalismo

La defensa que la derecha tradicional hace de la aristocracia, la religión y el sistema patriarcal, rara vez se basó en una filosofía explícita. Los tradicionalistas, desde el siglo XVIII al siglo XX, sostienen que los liberales y los socialistas producen doctrinas abstractas, insensibles, ideológicas y racionalistas, que serían rechazadas por ciudadanos de derecha.

Se acusa a los racionalistas de juzgar toda la actividad social sólo con el rasero de la razón, y de corroer sin remordimientos la compleja red de hábitos y costumbres que preservan el orden y el bienestar social. Los tradicionalistas de derecha ven a los teóricos socialistas como ideólogos que creen posible planificar y cambiar la sociedad como si fuera una máquina, y los acusan de entregarse a conceptos benévolos y simplistas acerca del bien y la racionalidad de la naturaleza humana, ignorando los instintos espontáneos y las emociones que pueden ser templadas sólo por la disciplina de la civilización tradicional.

Esta falta de confianza en las capacidades humanas y la falta de fe en las perspectivas del progreso de la especie son características del temperamento conservador tradicional.

Sin embargo, los liberales —siguiendo las ideas de Adam Smith—, a pesar de que están de acuerdo en que la humanidad en sí misma es inmejorable, creen que la fuerza motriz del progreso económico es el «interés egoísta ilustrado», por el cual los esfuerzos de los creadores de riqueza eventualmente conducirán a una mayor prosperidad para todos.

El pensamiento político de la derecha ha demostrado una notable capacidad para absorber ideas del bando contrario, ya que muchos pensadores de derecha contemporáneos se han visto influidos por los argumentos de liberales y socialistas. Su defensa del capitalismo y de la propiedad privada proviene de los liberales, y en su apoyo a la comunidad a menudo toman argumentos en préstamo de los socialistas.

La fusión del tradicionalismo con otras ideas puede producir no obstante un peligroso irracionalismo en la derecha. Por ejemplo, una curiosa mezcla de doctrinas de la derecha y ciertas ideas socialistas subyace en el fascismo, que exalta la unidad orgánica de la nación, rechaza la democracia «burguesa» y propugna un partido único, utiliza una retórica anticapitalista e identifica a las minorías raciales, entre otras, como principal causa de la tensión social.

Ampliar: Concepto e Ideas Política de la Izquierda

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Guinnes – La Nación – Entrada: Teoría Política de la Derecha

Teoria Politica de la Izquierda Caracteristicas e Ideas Comunistas

Teoría Política de la Izquierda
Características e Ideas Socialistas-Comunistas

Conceptos Tratados

1-La Libertad

2-La Igualdad

3-La Fraternidad

4-El Racionalismo

5-El Marxismo

En política, la izquierda es el valor opuesto a la derecha. La metáfora de izquierda, derecha y centro tiene sus orígenes en la Revolución Francesa de 1789 . En los estados generales franceses, la aristocracia se sentaba a la derecha del rey y, por consiguiente, los comunes (o «tercer estado») se sentaban a la izquierda. Así, en la asamblea francesa y en otros parlamentos europeos, los demócratas radicales, liberales y socialistas se sentaban a la izquierda del presidente.

El compromiso de los revolucionarios franceses con los principios de «libertad, igualdad y fraternidad» sigue siendo el modo más sencillo de identificar las numerosas teorías políticas de la izquierda, dado que estos valores solidarios son centrales y definitorios en sus planteamientos más característicos.

Las tensiones entre libertad, igualdad y fraternidad permiten explicar una buena parte del debate interno y de la fragmentación de la izquierda. Sin embargo, todos estos valores y tensiones se encuentran inscritos en un gran compromiso filosófico con el «racionalismo político».

La libertad

La izquierda, especialmente sus componentes liberales y democráticos, como los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas de Europa occidental, se distingue por su compromiso esencial con la democracia, entendida como gobierno basado en el consenso y la participación de los ciudadanos, en la formación y en el ejercicio de la autoridad política.

La izquierda sostiene que la libertad del hombre exige una libertad política —libertad para elegir un gobierno y para disentir eventualmente de él desde la oposición— y los consiguientes derechos civiles de reunión, expresión y participación , que hacen que esta libertad sea posible.

La izquierda siempre ha estado dividida a propósito de cómo y hasta qué punto potenciar la democracia. La izquierda liberal y socialdemócrata reconoce las instituciones del gobierno representativo (elección periódica de parlamentos y/o presidente por sufragio universal) y el imperio de la ley (regulación de toda actividad social mediante la legislación constitucional).

Ha sido menos frecuente que intentase ampliar la democracia a organizaciones no gubernamentales. Como contrapartida, los socialistas y comunistas han puesto el énfasis en las virtudes del «control de los trabajadores», de la «democracia industrial» (el control de una organización por aquellos que trabajan en ella), de la «democracia económica» o, más generalmente, de la llamada (para distinguirla de la tradicional o burguesa) «democracia participativa».

La izquierda ha creído en las virtudes de politizar las instituciones formalmente neutrales, como la burocracia estatal, la policía y el poder judicial.La extrema izquierda, que agrupó tradicionalmente a los anarquistas (partidarios de la abolición del gobierno oficial) en su credo político, tiende a otorgar la autoridad básica a las agrupaciones de los ciudadanos activos (por ejemplo, sindicatos) más que a las leyes o constituciones que inevitablemente entregan el poder a grupos más pequeños.

En parte, estas diferencias reflejan un conflicto básico de la izquierda, a propósito de la importancia relativa de la libertad y la igualdad. Parte de la extrema izquierda cree que una mayor igualdad requiere la extensión de la democracia a todas las instituciones, mientras otros sectores afirman que demasiada «democratización» amenaza otros valores esenciales de la izquierda, como la libertad, con el riesgo de la aparición de institucuines no necesariamente democráticas.

el cartismo en gran bretaña

Los disturbios de los cartistasen 1839. El cartismo constituyó la primera protesta masiva significativa del movimiento de protesta de la clase obrera, en el s. XIX, contra las injusticias del capitalismo industrial en Gran Bretaña. Los cañistas llevaron a cabo una campaña para obtener el sufragio universal para los hombres, por un Parlamento elegido anualmente, por la igualdad entre los distritos electorales, por establecer una remuneración para los miembros del Parlamento, y para que la renuncia a toda propiedad fuera condición indispensable para pertenecer al Parlamento.

La izquierda también ha estado dividida por lo que respecta a cómo concretar su compromiso con la libertad. Los reformistas, es decir, liberales, so-cialdemócratas y socialistas democráticos en general, creen que la izquierda debería actuar dentro de las instituciones de la democracia liberal para ampliar el apoyo del pueblo a sus valores. Suelen organizarse en partidos socialistas, socialdemó-cratas o laboristas para alcanzar estos objetivos.

Por contraste, la izquierda revolucionaria, sobre todo aquella comprometida con las teorías políticas del comunismo o marxismo-leninismo  sostiene que la democracia liberal es un engaño, una fachada de la democracia «burguesa» o «capitalista». Los «revolucionarios» afirman que la «verdadera democracia», es decir, la democracia de los proletarios o clase trabajadora, sólo se conseguirá a través de vías insurreccionales. Esta izquierda suele organizarse en partidos de élite para lograr estos fines, siguiendo el modelo de los bolcheviques rusos.

Sin embargo, el compromiso marxista leninista o comunista con la democracia se ha visto comprometido desde la Revolución rusa de 1917. Se ha asociado históricamente este proceso con la «dictadura del proletariado», que en la práctica ha significado la dictadura del partido comunista. Estos partidos han monopolizado el poder del Estado en la Unión Soviética y en Europa del Este (hasta 1989), en China, Indochina y Cuba.

Todos los partidarios de la izquierda también creen en la libertad «positiva», por oposición a la libertad «negativa», es decir, en la importancia de la libertad del pueblo para lograr sus objetivos y desarrollar sus aptitudes. La mera libertad que otorga el gobierno, o «libertad negativa» es considerada insuficiente para la construcción de una sociedad justa. La izquierda cree que la libertad positiva sólo se puede construir en una sociedad comprometida a fondo con los valores de la igualdad y la fraternidad.

La igualdad

El más conocido de los principios de la izquierda es tal vez su compromiso con la igualdad social. En primer lugar, se opone a los privilegios hereditarios —especialmente a la dominación aristocrática, pero también a cualquier tipo de nepotismo— sobre la base de que estos privilegios no tienen nada que ver con los méritos.

Este principio es considerado indispensable para la creación de una «sociedad sin clases». En segundo lugar, la izquierda cree que la «igualdad de oportunidades» requiere una reglamentación gubernamental de la propiedad privada y de los derechos de la familia para asegurar la igualdad en términos significativos y prácticos.

Así, un «Estado de bienestar» redistributivo, basado en unos impuestos progresivos sobre los ingresos y la riqueza, aseguraría la igualdad de acceso a bienes sociales básicos, como la educación, la salud y la previsión, lo cual es considerado vital para que el pueblo pueda tener una posibilidad justa de beneficiarse de una auténtica igualdad de oportunidades.

En tercer lugar, la izquierda cree que las desigualdades entre las personas en materia de ingresos, riquezas o recursos deberían estar justificadas por los beneficios que esas desigualdades generan para el resto de la sociedad. Este requisito establece límites a las diferencias entre los ingresos y aquellas riquezas que pueden ser aceptadas dentro de los principios de justicia social.

En este punto, la izquierda difiere de quienes piensan que la igualdad de oportunidades significa sólo un punto de partida igualitario, porque esto desemboca casi siempre en recompensas o destinos desiguales.

En cuarto lugar, la izquierda, con criterio progresista, ha defendido el principio de que todas las personas deben ser tratadas con igual respeto y con iguales derechos ante la ley, partiendo del principio igualitario de su condición de seres humanos.

Así, se han mostrado hostiles al imperialismo: la conquista y dominación coercitivas de unos grupos humanos por otros; al racismo: la creencia de que algunas razas son superiores a otras; y al sexismo: el presupuesto de que los hombres son superiores a las mujeres.

Además, los izquierdistas están preparados para combatir la discriminación de la que sean objeto todos los grupos maltratados, ya sea a causa de su color, de su identidad étnica, religión, sexo, preferencia sexual o rasgos físicos, propugnando una «acción afirmativa» para que los miembros de estos grupos se vean plenamente integrados en la sociedad moderna, como ciudadanos de igual rango que todos los demás.

Finalmente, y este es uno de los puntos más polémicos que se mantienen en la actualidad, se ha asociado a la izquierda con una filosofía igualitaria que se opone al libre mercado y a la propiedad privada.

Esta afirmación parte del hecho de que muchos de los primeros socialistas y marxistas postularon la sustitución del libre mercado por una economía planificada, y la propiedad estatal, o social, por oposición a la propiedad privada de los medios de producción, distribución e intercambio. Argumentaban que estas políticas eran necesarias para poner fin a la anarquía y las desigualdades de los mercados capitalistas, para abolir los privilegios de clase y para crear una auténtica solidaridad que, según ellos, debería caracterizar a la sociedad socialista.

Esta tradición «socialista de Estado» ha predominado en la izquierda, fundamentalmente en la izquierda marxista, y fue aplicada en la Unión Soviética desde finales de los años 20 y —a partir de 1945— en diversos países de Europa del Este, China, Indochina y Cuba.

Sin embargo, la tradición «del Estado socialista» nunca ha sido compartida universalmente por la izquierda. Los socialistas democráticos de Occidente han sostenido que los mercados pueden ser regulados para alcanzar los objetivos socialistas, es decir, las metas de libertad, igualdad y fraternidad, sin tener que instituir la planificación estatal. Están de acuerdo con la derecha en que la propiedad y la planificación monopolística del Estado ponen en peligro las libertades y disminuyen la eficiencia sin producir necesariamente mayor igualdad o solidaridad.

En los años 80, la tradición del «Estado socialista» cayó en descrédito cuando el programa de la perestroika (reestructuración) del presidente Gorbachov, en la Unión Soviética, reveló los defectos fundamentales de las economías planificadas del bloque comunista.

Este descrédito ha permitido a la izquierda socialista en Europa occidental, como los socialdemócratas suecos y alemanes, los laboristas ingleses y los socialistas españoles o franceses, aclarar su compromiso con el pluralismo económico, es decir, con una economía mixta  en la que los mercados están regulados por los gobiernos, para mayor libertad, igualdad y beneficio común.

lenin ideas comunistas

Lenin, Líder de la Revolución Rusa

La fraternidad

Históricamente, se ha asociado a la izquierda con el valor de fraternidad o, en un lenguaje sexista más explícito, con el apoyo a la «hermandad de los hombres». La fraternidad es el menos preciso de los valores fundamentales de la izquierda, y ha sido interpretado de diversas maneras.

Ha sido entendido, en primer lugar, como un compromiso con el «internacionalismo»: el rechazo de la idea de que la actividad política debería limitarse a los confines de un solo país o territorio, y que debería dar su apoyo a una organización y a unos principios políticos a nivel mundial.

También ha sido entendido —contrariamente a lo anterior— como un compromiso con el nacionalismo y la solidaridad de todos los ciudadanos de un país.

Finalmente, ha sido también interpretado como un compromiso generalizado con el colectivismo o «comunitarismo», opuesto al individualismo egoísta que propugna parte de la derecha. La idea de la fraternidad como colectivismo, muy predominante en la izquierda, está vinculada al igualitarismo.

Históricamente, el compromiso de la izquierda con la solidaridad fraternal estuvo asociado con un compromiso exclusivo con los intereses y aspiraciones de la clase trabajadora (trabajadores manuales hombres), especialmente aquellos organizados en los sindicatos. Sin embargo, actualmente la izquierda democrática amplía su concepto de comunidad al conjunto del pueblo.

Más recientemente, ha surgido una izquierda «Verde», que sostiene que el compromiso con la solidaridad y la igualdad con otros seres humanos debe extenderse a la naturaleza, si hemos de preservar la existencia humana sobre unos mínimos de dignidad y de respeto por el entorno que ha recibido.

El racionalismo

Los mencionados valores de la izquierda (libertad, igualdad y fraternidad) suelen expresarse con argumentos políticos racionalistas. La izquierda cree que el mundo puede ser entendido sólo a través de los poderes de la razón humana (aunque esta idea es impugnada por algunas feministas socialistas).

La izquierda también cree que todas las instituciones políticas deberían justificarse por la razón, más que apelando a la tradición, a las emociones, a las religiones o instintos. A diferencia de los conservadores, la izquierda no considera a los seres humanos como incapaces de superarse o como intrínsecamente perversos.

Cree que la mayoría, si no todos los conflictos y problemas políticos, pueden ser resueltos mediante la razón. Este racionalismo, que implica una concepción optimista de la naturaleza y la condición humanas, distingue a los teóricos políticos y partidarios de la izquierda, cualesquiera sean sus diferencias internas, en la unánime defensa de la importancia de la igualdad, libertad y fraternidad, y en relación a los métodos a través de los cuales se pueden instituir estos valores.

EL MARXISMO:

La doctrina económica y política denominada marxismo fue esbozada por los teóricos alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrlch Engels (1820-1895). Su obra conjunta más conocida fue el Manifiesto del Partido Comunista (1848) y Engels ayudó a Marx a acabar su obra principal, El capital ( 1867-1894).

  marx y engels ideas del marxsimo

Según la teoría de Marx y Engels, la llamada teoría del materialismo histórico, la historia del hombre —un proceso de adelantos tecnológicos progresivos— ha sido testigo de la existencia de diferentes modos de producción. Todo; ellos, exceptó él modo dé producción comunista, sé caracterizan fundamentalmente por una división de clases y por la explotación. La clase dominante es propietaria de los medios de producción (la tierra, el capital y el proletariado) y obtiene una «plusvalía laboral» a costa dé las clases dominadas.

Marx creía que las clases dueñas de los medios de producción serían desafiadas y luego reemplazadas por una nueva clase dominante, cuando su estrategia no permitiera progresar más al proceso productivo. Así había ocurrido con la nobleza feudal —dominante porque era la propietaria de la tierra— que fue reemplazada, con el aumento del comercio y de la industrialización, por la clase media capitalista («la burguesía»), que ascendió por su control del capital.

La burguesía, a su vez, estaba destinada a ser reemplazada por la clase trabajadora industrial (el Los cambios en los modos de producción ocurren a través de la lucha de clases, por polarización, y siempre fueron acompañados por movimientos revolucionarios. Marx y Engels creían que la revolución socialista se caracterizaría por una «dictadura del proletariado» provisional, durante la cual los medios de producción serían propiedad del Estado, que construiría las condiciones para una sociedad comunista sin clases, y donde los medios de producción serían de propiedad colectiva, del conjunto de los miembros de la sociedad, y los bienes y servicios se distribuirían equitativamente según las necesidades de las personas.

A través de su profunda influencia en los comunistas revolucionarios, como Lenin (1870-1924) y Mao Tse Tung (1893-1976), y también a causa de su influencia —menor— en los socialistas democráticos y socialdemócratas, el marxismo ha tenido un enorme impacto en la historia del s. XX.

Lenin se distanció de Marx, no al proclamar la necesidad de una revolución proletaria violenta sino al propugnar la creación de un partido de élite de revolucionarios profesionales que acelerara este final, y al sentar las bases de la dictadura del partido, más que dé la clase trabajadora, como un todo.

La filosofía revolucionaria de Lenin —el marxismo-leninismo— se convirtió en la doctrina oficial de la Unión Soviética y se extendió por todo el mundo.

La interpretación que Máo Tse Tung hizo del marxismo-leninismo se basó en el potencial revolucionario de los campesinos y en la guerra de guerrillas, y adaptó las ideas de Marx y Lenin a las condiciones de China.

Ampliar: Teoría Politica de Derecha

Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Guinnes – La Nación – Entrada: Teoría Política de la Izquierda

Concepto de Ley y Constitución Política de Una Nación Resumen Fácil

Concepto de Ley y Constitución Política de Una Nación – Resumen Fácil

¿Qué es la ley?
Ley es una   norma de conducta   impuesta   obligatoriamente por el legislador  para  hacer posible la vida de los hombres en sociedad. (1) Norma es la regla, o parte, a que debe ajustarse la conducta.

(1) «El teólogo Tomás de Aquino formuló una interesante noción de la ley, como regla humana, cuando expresó: Ley es la ordenación de la razón dirigida al bien común y promulgada por el que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad». — Arturo Orgaz, «Diccionario de Derecho y Ciencias Sociales», Editorial Assandri.

leyes y constitucionLas normas jurídicas rigen la conducta para asegurar la delimitación y la coordinación de los intereses. La ley es una norma jurídica.

Es de mucha importancia distinguir entre legalidad y justicia. Legalidad o legal es aquello que está conforme con la ley. Justo es todo lo que es conforme a la justicia.

Teóricamente lo legal siempre debería ser también justo, pero en la práctica no es así. Hay a veces, leyes que no son justas; en esos casos, legal no es lo mismo que justo.

Una cosa conforme con una ley injusta es legal, pero no justa.

Condiciones de la Ley:     Para que una ley tenga fuerza de ley debe reunir las siguientes condiciones: ser justa, tender al bien común, haber sido promulgada.

•  La ley debe ser justa. Para que sea justa debe ser razonable: lo que manda debe estar conforme con la recta razón, es decir, conforme con la ley natural. Si la ley llegase a prohibir o a mandar algo en contradicción con el derecho natural y divino, no sería razonable; no sería justa, y en consecuencia, no tendría fuerza de ley.

•  Elaborada para el bien general. Toda ley debe buscar el bien general o, lo que es lo mismo, el bien común. La ley no se sanciona para los casos particulares o excepciones.

•  Promulgada. La promulgación significa la publicación oficial de la ley para que sea de todos conocida. Una vez que se ha publicado la ley y después de haber pasado cierto tiempo de esa publicación se supone que ya es conocida por todos. Nadie que viole una ley puede alegar ignorancia para excusarse de la pena.

Características de la ley:
Las características de la ley son:  obligatoriedad, estabilidad,  no retroactividad.

• Obligatoriedad. La ley establece obligaciones a todos los habitantes de la Nación, ya sea que tengan, en ella domicilio, o ya sea que estén sólo temporáneamente, a no ser que la misma ley exceptúe expresamente a alguna categoría de personas.

Habitante es todo aquel que se encuentra en territorio argentino. Comprende, por consiguiente, tanto a los argentinos como a los extranjeros.

La ley es además fuente de obligaciones. Dice, el artículo 19 de la Constitución Argentina:   «…Ningún habitante de la Nación será obligado a hacer lo que no manda la ley, ni privado de lo que ella no prohibe».

El artículo 1° del Código Civil establece: «Las leyes son obligatorias para todos los que habiten el territorio de la República, sean ciudadanos o extranjeros domiciliados o transeúntes».

El artículo 2° «Las leyes no son obligatorias sino después de su publicación, y desde el día que ellas determinen. Si no designan tiempo, la ley publicada en la Capital de la República o en la Capital de la Provincia es obligatoria desde el día siguiente de su publicación; en los departamentos de campaña, ocho días después de publicada en la ciudad capital del Estado o capital de la Provincia».

•  Estabilidad. La ley conserva toda su fuerza de obligación, hasta tanto no sea derogada por otra ley. Por consiguiente, no pierde vigencia por el uso, tiempo costumbre contraria, cambio de legislador o de los subditos.

•  No retroactividad. La ley mira al futuro, no al pasado, a no ser que en ella se diga expresamente lo contrario.

Quiénes  pueden dictar leyes:   Solo pueden   dictar   leyes aquellos que poseen la autoridad    para hacerlo y en los límites de esas atribuciones.

Lo que exceda de esos límites es un abuso de autoridad.
En la Argentina la función legislativa le corresponde al Congreso. (2).

2) «La ley en sentido propio no puede darse a los animales, que obran por necesidad, pues realizan todos sus actos por instinto natural y no pueden adoptar por sí mismos otra manera de acción. En cambio, los seres que gozan de libertad tienen la facultad de obrar o no obrar, de actuar de esta manera o de aquella».

RESPETO A LA LEY:

Ninguna sociedad subsiste sin normas que organicen y regulen la convivencia. Las leyes señalan y establecen estas normas.No hay orden social donde las leyes no se cumplen.

El objeto de las leyes es proteger la libertad, garantizar el orden y la justicia, promover el bien de la comunidad.

A la observancia y respeto a las leyes están obligados gobernantes y gobernados.

La democracia supone que todos los ciudadanos se sienten responsables de la vida y marcha de la comunidad, que cumplen sus obligaciones por convicción y convencimiento personal. Pero también requiere que el gobierno tenga el poder y los medios necesarios, y la entereza de ánimo, para exigir de todos su cumplimiento, aplicarlas con justicia y castigar a los que la violan.

Para que la democracia sea estable y fuerte no basta que los ciudadanos cumplan sus deberes. Es también necesario que estén dispuestos a hacer respetar sus derechos y a exigir de todos los conciudadanos, gobernantes y gobernados, que cumplan las obligaciones que señalan las leyes.
Ya hemos señalado que dos son los resortes de que dispone el poder para lograr la colaboración de todos en orden al bien de la comunidad: la adhesión voluntaria y espontánea, y la coacción que obliga.

Mientras mayor sea la adhesión y responsabilidad con que los ciudadanos cumplen las obligaciones señaladas por las leyes, tanto menor será en una sociedad la necesidad de recurrir a la coacción o a la fuerza.

LEYES ARBITRARIAS:

El objeto de las leyes es proteger las libertades, realizar la justicia, crear el orden y promover el bien común.Se entienden por leyes arbitrarias las que no consultan al bien común, atenían contra las libertades y derechos humanos, o han sido sancionadas ilegítimamente, es decir, atribuyéndose facultades de que se carece.

Puede también suceder que una ley justa y conforme al bien común en un momento determinado, cambiadas las circunstancias, se haya convertido en innecesaria o arbitraria.

Frente a una ley que se juzga arbitraria pueden los ciudadanos o las entidades acudir a los tribunales competentes pidiendo que se la declare inconstitucional y carente de valor.

Pueden asimismo acudir a los órganos legislativos pidiendo su modificación, derogación, o substitución por otra más apropiada.

Es lícito asimismo procurar movilizar la opinión pública y las entidades contra up^ ley que se estima arbitraria.

Si todos los medios legales resultan ineficaces y la ley es claramente arbitraria es lícito recurrir a la resistencia activa. Hay derechos humanos que son anteriores y superiores a todas las leyes positivas.

¿Qué es una Constitución?

Constitución es la ley fundamental que determina la forma de organizarse el Estado.

La componen un conjunto de reglas que forman como el armazón jurídico del Estado.

Se la suele denominar también Carta Magna porque en ella se consignan los principios que regularán las relaciones de los individuos con los poderes públicos.

La Constitución puede ser escrita y no escrita. La Constitución escrita es aquella en la que el conjunto de sus disposiciones se halla redactado y consignado gráficamente. La Constitución no escrita es aquella en la que solo una parte, o nada, se ha fijado por escrito. En este caso la componen un conjunto de costumbres y usos que se conservan por tradición.

Constitución escrita y Constitución no escrita:
Generalmente todas las Constituciones modernas son escritas y constan de dos partes: una doctrinaria y otra organizativa o política.

En la parte doctrinaria se determina la orientación general acerca de las principales relaciones sociales: derechos y deberes del habitante y del ciudadano, libertades fundamentales, etc.

En la parte organizativa o política se establecen determinaciones acerca de los órganos de la autoridad.

Se encuentra en ella la forma de gobierno, los poderes del Estado.

El Poder Ejecutivo, sus atribuciones, modo de elección, duración en el cargo, etc.

El Poder Legislativo, número de cámaras, composición y forma de elección de sus miembros, procedimientos para la sanción de las leyes, relaciones con los otros poderes, etcétera. La estructura del Poder Judicial.

Constituciones Flexibles y Rígidas:

Las Constituciones escritas suelen clasificarse en flexibles y rígidas.

Son flexibles aquellas Constituciones cuya reforma puede realizarla el Poder Legislativo con el procedimiento ordinario en uso para la reforma de otras leyes.

Son rígidas aquellas Constituciones para cuya reforma se requiere un procedimiento especial. Generalmente solo puede efectuar las reformas una Asamblea Constituyente.

La Constitución Argentina es rígida.
Se deduce por lo establecido en el art. 30: «La necesidad de reforma debe ser declarada por el Congreso con él voto de dos terceras partes, al menos, de sus miembros; pero no se efectuará sino por una Convención convocada al efecto».

La Constitución de la Nación Argentina consta de dos partes, precedidas por un Preámbulo.

En la primera parte se enumeran las declaraciones, derechos y garantías.

La segunda parte trata de las autoridades de la. Nación; el título primero se refiere al gobierno federal; el título segundo a los gobiernos de provincia.

La sección primera corresponde al poder legislativo; la segunda, al ejecutivo, y la tercera, al poder judicial.

La Constitución y las leyes

La Constitución es la ley fundamental y suorema de un país. Es la base sobre lá cual se apoya todo el andamiaje jurídico del Estado. Toda legislación que no se apoye en la Constitución no tendrá fundamento para sostenerse.

«La Legislatura tiene limitada y determinada su competencia por la Constitución».

Por ser la ley primera, fundamental y, por lo ianto, principal, y la norma jurídica más alta, no es la Constitución la que debe amoldarse a las leyes, sino que son las leyes las que deben conformarse a la Constitución.

Las leyes que sancione el Poder Legislativo deben tener el espíritu de la Constitución y no contradecirla. Una ley que negase a los ciudadanos lo que la Constitución Nacional les concede, carecería de validez. Semejante ley no debe ser sancionada, pero en el caso que lo fuera, la Suprema Corte de Justicia puede declararla anticonstitucional y por lo tanto, carente de obligatoriedad.

La Constitución Argentina, en el artículo 31° establece: «Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son la ley suprema de la Nación…».

Este artículo enuncia en primer término a la Constitución, reconociéndole así el carácter de supremacía que tiene sobre las demás leyes. Establece además que las leyes de la Nación que se dicten lo serán en consecuencia de la misma Constitución, es decir, en conformidad con ella para el mejor cumplimiento de su finalidad.

En el artículo 28 se dice: «Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio».

El respeto a la ley

Las palabras que hace muchísimos años pronunciara Cicerón: «El bienestar de la sociedad se halla en las leyes», no ha perdido actualidad.

Para que la sociedad se desenvuelva bien deben observarse las leyes. Es obligación de todos y de cada uno el respeto a la ley.

La ley no es una disposición arbitraria o caprichosa, sino una norma razonable’ de conducta que debe ser observada para bien de todos.

Si las leyes fuesen respetadas y observadas por todos los ciudadanos,  desaparecerían  automáticamente un sinnúmero   de conflictos y malestares, y reinarían el orden y el bienestar. Para el cumplimiento de las leyes, el Estado dispone de medios adecuados, como la coacción y la sanción.

Coacción es el uso de la fuerza  social  organizada (p. ej. la policía) para hacer cumplir la ley.

Sanción es la pena que se aplica al que delinque.

Pero el temor a la sanción no debe ser el motivo que impulse al cumplimiento de la ley.

La educación al respeto de la ley debe iniciarse desde niño habituándose al cumplimiento de las órdenes domésticas, de las disposiciones de la superioridad y de las normas disciplinarias.

Hay quienes desde jóvenes parecieran satisfechos de vivir fuera de la ley o preocupados en transgredir cuanta norma de convivencia conozcan.

Es error muy generalizado creer que la ley coarta la libertad. En cierto modo es exacto: restringe el radio de acción. Pero si se considera que la ley, si es justa, tiende al bien común y al bien del propio individuo porque reprime egoísmos, violencias, excesos, intemperancias, etc., puede decirse con verdad que la ley es generadora de libertad porque quita trabas que impiden el perfeccionamiento de la persona y de la sociedad.

Así se explica la profunda verdad que encierran las palabras de Cicerón: «Me he hecho esclavo de la ley para ser libre». «Quien no es esclavo de la ley, lo será de sus pasiones y de los demás.»

Antecedentes de la Constitución Argentina

Fuente Consultada:
Educación Democrática I Para Esceulas Secundarias – Mario Alexander – Ediciones Civismo

Gobierno de Getúlio Vargas El Estado Novo en Brasil

Gobierno de Getulio Vargas
El Estado Novo en Brasil

Tras el golpe, la junta militar lo eligió para ocupar la primera magistratura. Logró así lo que no había podido conseguir en las urnas; convertirse en presidente de Brasil.Durante 25 años, desde 1930 hasta 1954, la política brasileña estuvo dominada por Getulio Vargas, quien creó un nuevo sistema político para el Brasil.

El 3 de noviembre último, la junta militar instaurada en Brasil el 24 de octubre tras el golpe de Estado contra Washington Luis Pereira de Souza, le entregó el poder a Getúlio Vargas, quien así se convirtió en jefe del Gobierno Provisorio. Vargas anuló la constitución de 1891 y gobierna el país por medio de decretos.

Getulio Vargas

Getúlio Vargas es un dirigente experimentado, nacido en el seno de una familia acomodada y con larga tradición en la política brasileña. En su juventud se sintió atraído por la carrera de las armas y a los 16 años de edad se alistó en el ejército. Sin embargo, pronto cambió de opinión, y tras abandonar la milicia se matriculó en la Escuela de Derecho de Porto Alegre, donde se licenció en 1908.

En 1922 fue elegido diputado del Congreso y en 1926, el presidente Pereira de Souza lo nombró ministro de Finanzas, cargo que desempeñó hasta su elección, en 1928, como gobernador de Rio Grande do Sul, su Estado natal.

Aprovechó el cargo, sin éxito, para presentarse como candidato a la presidencia de Brasil en las elecciones de 1930 que dieron la victoria a Julio Prestes.

La Alianza Liberal se rehusó a aceptar la validez de los resultados, alegando fraude electoral. Los diputados electos por la Alianza Liberal no tuvieron el reconocimiento de sus mandatos. A partir de ahí, se inició una conspiración, con base en Rio Grande do Sul y en Minas Gerais.

 Un nuevo sistema político
En 1930 Getulio Vargas era gobernador de Rio Grande do Sul. uno de los principales estados del Brasil. Había sido miembro del gobierne del presidente Washington Luis (1926-1930). Por lo tanto, no era ajeno al régimen oligárquico de la República.

Vieja  brasileña Ese sistema descansaba en un conjunto de pactos interregionales, cuyo eje era una alianza entre los estados de San y Minas Gerais. Los vínculos entre las regiones eran débiles ) el estado nacional tenía un poder limitado frente al peso económico y las atribuciones de los principales estados.

La revolución de 1930, que llevó a Vargas al gobierno, en un principio pareció un reajuste interno del régimen oligárquico. El desencadenante del conflicto que culminó con la revolución fue el intento del presidente saliente de imponer un nuevo presidente originario de San Pablo sin contar con el acuerdo de los gobernantes de Minas Gerais y de Rio Grande do Sul. Sin embargo, una vez en el poder, Vargas maniobró hábilmente para crear un nuevo sistema político.

No se limitó a restablecer los pactos interoligárquicos sino que modificó las relaciones entre el estado nacional y los estados provinciales. Cuando en 1945 fue desplazado del gobierno, Vargas legó a sus sucesores un estado nacional más fuerte y más centralizado que el que había tomado en 1930.

Vargas amplió las esferas de intervención administrativa y económica del estado nacional. Esta ampliación de la intervención estatal tenía su fundamento en una concepción del estado diferente de la sostenida por el liberalismo oligárquico. Para los liberales, la intervención del estado debía ser la excepción y no la norma. Para Vargas, en cambio:

«El estado, cualquiera sea su concepto de acuerdo con las teorías, es, en realidad, nada más que el coordinador y disciplinador de los intereses colectivos, la sociedad organizada como poder, para dirigir y acelerar su progreso.»

De acuerdo con esta concepción, Vargas siguió una política de incremento de la intervención estatal en diferentes áreas. Por una parte, fue desarrollando progresivamente un sistema de seguridad social y de relaciones del trabajo que favoreció a los trabajadores urbanos.

En la segunda mitad de la década del ’30 —y con mayor énfasis desde el estallido de la Segunda Guerra Mundial—. Vargas encaró una activa política de industrialización.

La Defensa de la Industria: Los militares fueron uno de los sectores que impulsaron con más vigor la industrialización en Brasil y, en general, en toda América latina. Una de las razones de los militares era la preocupación por la producción nacional del material bélico. En un discurso pronunciado en 1944, Getulio Vargas hace propio el argumento militar. Señalaba Vargas que: «Nuestra primera lección de la presente guerra [es que los países militarmente poderosos son los que están] suficientemente industrializados, con capacidad de producir dentro de sus fronteras los materiales bélicos que precisan.»

El Estado Novo
Entre 1930 y 1937, Vargas respetó ciertas formalidades constitucionales. Pero en 1937, con el apoyo de las Fuerzas Armadas, su gobierno tomó una orientación claramente autoritaria. En ese año, Vargas instauró el Estado Novo, una experiencia de corte fuertemente autoritario que duró hasta 1945.

Vargas continuó con su política de centralización estatal y profundizó la intervención del estado en el terreno industrial y en la regulación de las relaciones del trabajo. A semejanza de las experiencias fascistas de la época, Vargas contó con un importante aparato de propaganda y ejerció la censura, que fue haciéndose menos opresiva desde que Brasil entró en la Segunda Guerra Mundial como abado de los Estados Unidos. Brasil contó desde entonces con el apoyo económico norteamericano, que se hizo evidente con el préstamo del Export-Import Bank para la construcción de Volta Redonda, la gran planta siderúrgica.

Hacia fines de la Segunda Guerra Mundial. Vargas comenzó a liberalizar su régimen. En 1945 concedió el llamado a eleccione y promovió la creación de dos partidos políticos adictos: el Partido Social Democrático (PSD) -que nucleaba a los principales apoyos del varguismo en los estados- y el Partido Trabalhista Brasileiro (PTB) -integrado por los sindicatos adictos a Vargas-.

La oposición se núcleo en la Uniao Democrática Nacional (UDN). Los principales jefes militares desconfiaban de Vargas: suponían que intentaría perpetuarse en el poder. Para evitarlo -y facilitar el triunfo del mariscal Enrico Dutra, que había sido ministro de guerra de Vargas- desplazaron a Vargas de la presidencia.

En las elecciones de 1945 votaron 5.200.000 ciudadanos. La población del país era, en ese momento, de 46.000.000 de habitantes. A pesar de la limitada participación popular, las elecciones de 1945, en las que triunfó Dutra, candidato de la alianza entre el PSD y el PTB, significaron un retorno al régimen democrático después de la dictadura de Vargas.

Vargas volvió al poder en 1950, esta vez por medio de elecciones, en las que obtuvo casi el 50% de los sufragios. Continuó con su política nacionalista de industrialización y de defensa de los trabajadores. Agobiado por la oposición militar y de la UDN, se suicidó en 1954.

El Estado Novo:»Finalmente, el golpe de 1937 [que estableció el Estado Novo] marcó la dirección de la historia del Brasil en una crítica coyuntura. Los objetivos de bienestar social y nacionalismo económico, discutidos desde comienzos de la década, iban a ser ahora perseguidos bajo la tutela autoritaria. El resultado fue la profundización de la dicotomía entre un constitucionalismo estrecho que había negado las cuestiones sociales y económicas y un nacionalismo social benefactor que devino inequívocamente antidemocrático.»

Fuente Consultada:
Diario El Bicentenario – Construyendo la Patria desde 1810 – Fasc. N°7-Período 1930-1949
HISTORIA 3 El MUndo Contemporáneo Hasta Nuestros Días – Edit. Santillana

La Soberanía Territorial y La Defensa de las Fronteras Importancia

La Soberanía Territorial
El Control y Defensa de Fronteras

La soberanía territorial confiere a un Estado el derecho de disponer con toda independencia de su territorio. Este derecho implica que el Estado se halla investido de las facultades para evitar la ingerencia de otro Estado. Quiere decir, además, que sólo el Estado, dentro de sus propias fronteras, tiene poder para proveer al mantenimiento del orden y a la búsqueda del bien común de la sociedad política que lo integra, sin que ningún otro Estado pueda alegar derechos para hacer igual tarea.

Naturalmente, el poder de que se halla investido el Estado para cumplir el ejercicio de la soberanía territorial no es un poder absoluto, ya que forma parte de una comunidad internacional y debe respetar los derechos de los demás Estados y cooperar con ellos al bien común internacional.

Tres dominios de la soberanía territorial
La soberanía territorial abarca tres dominios, a saber:

—  Dominio terrestre
Es decir, el dominio de todo el territorio físico, del suelo que integra la jurisdicción propia del Estado. Este dominio implica cuanto se relaciona con el suelo: ríos, radas, puertos, cumbres. Este principio no siempre es fácil de aplicar, ya que en la realidad de la geografía mundial los límites de los Estados se vinculan con aguas y ríos, lo que debe regularse de común acuerdo, para beneficio de todos, sin prepotencias ni usurpaciones. Así, cuando un río riega en su extensión el territorio de varios Estados, deberá servir para uso de todos ellos.

—  Dominio marítimo
En ios países con fronteras marítimas hay una extensión del mai considerado por la práctica del derecho internacional, como mar territo rial. Se denomina mar territorial al espacio marítimo adyacente a la cost.i de un Estado y sometido a su soberanía, que incluye el espacio aéreo, el lecho, el subsuelo y los recursos naturales que contiene.

El mar territorial fue considerado en un principio con una amplitud de 3 millas desde la línea de la bajamar. Después se extendió hasta doce millas La República Argentina por ley 1 7.094 de diciembre de 1966 ha extendido su soberanía sobre una jurisdicción marítima de 200 millas.

De modo que la soberanía argentina se extiende sobre la frontera marítima a lo largo y a lo ancho del llamado Mar Argentino.

Sin embargo, el mar territorial no implica, en tiempo de paz, la imposibilidad de la navegación pacífica de buques de las otras naciones. Están, en cambio, sometidos a reglamentaciones, convenios, tratados o acuerdos, los derechos de pesca y la utilización de recursos naturales.

—  Dominio aéreo
Es el espacio que se extiende desde el límite horizontal del territorio hacia el cielo. El dominio sobre ese espacio autoriza un derecho de policía y de vigilancia. Esto no impide la circulación aérea de otros países, pero la utilización es objeto de convenios internacionales, ya que tiene fines pacíficos.

La soberanía implica inviolabilidad territorial

A los caracteres antes mencionados hay que agregar que la soberanía de un Estado implica la inviolabilidad y la integridad de sus fronteras y de su suelo.

Sin embargo, la historia nos prueba que el territorio de varias naciones ha sufrido modificaciones diversas a través de los años o de los siglos. Ello ha ocurrido por la ocupación, la cesión o la conquista.

—  La ocupación hace pasar al dominio de un Estado afguhos territorios sobre los cuales no ejercía ninguna soberanía; ya sea porque lo ocupaban comunidades sin formas políticas, o porque no pertenecían a ningún otro Estado. Estaformaya no puede darse, pues no existen tierras disponibles. Este título no puede ser invocado.

—  La cesión constituye el modo esencialmente pacífico de la adquisición de territorio: donación, permuta, venta, legado. Este modo correspondió a una época de la humanidad, pero es difícil de darse en la actualidad.

—   La anexión o conquista. Es, desde todo punto de vista, un título ¡legítimo y generalmente logrado por la violencia. Es fruto de la fuerza, o de la ocupación pacífica con amenazas o, simplemente, con la usurpación. Tal es el caso de la ocupación efectuada por Gran Bretaña de nuestras Islas Malvinas, y de las Islas del Atlántico Sur. La Argentina, desde que comenzó a ser una Nación independiente, incorporó a su política internacional el principio de que en América no existían tierras res nullíus,  de modo que no podían ser objeto de ocupación  o conquista,  y se opuso en  los fueros internarcionales al engrandecimiento de las naciones por esa vía.

CONTROL Y DEFENSA DE LAS FRONTERAS DE UN ESTADO:

Comencemos por señalar que se entiende por frontera a la franja de territorio que se halla paralelo al límite internacional.

Las extensiones, ancho y configuración de una frontera dependen de las características geográficas que configuran el límite internacional. En un mismo país no hay dos fronteras iguales.

La relación entre frontera y población es también un elemento variable, ya que depende de las condiciones geográficas y económicas y de la existencia de poblaciones. Las poblaciones que viven en zonas que forman la frontera son las que sufren, de hecho, el contacto cultural y la influencia exterior en mayor medida que el resto del país. Esto es más cierto para aquellas zonas en donde el límite internacional se halla trazado sobre terrenos que no ofrecen accidentes geográficos insalvables. Hay, en cambio, zonas fronterizas que al tener por delante graves accidentes geográficos, soportan un contacto menos fuerte e intenso.

La mayor o menor influencia que ejercen los estados sobre sus vecinos depende del grado de su cultura: que sea desarrollada y compacta, que posea o no capacidad de irradiación. Existe al respecto toda una teoría geopolítica que no mencionaremos aquí.

Todos los Estados disponen medidas especiales de protección y vigilancia sobre las fronteras o, más estrictamente, sobre el límite internacional. Esa protección tiene su razón de ser y consiste en:

—  Vigilar la entrada ilegal de personas indeseables.

—  Vigilar el ingreso de mercaderías y productos, a fin de que éstos lo hagan por los puestos aduaneros respectivos y no eludan las disposiciones arancelarias ni los controles. Estos se ejercen para evitar también el mal que afecta a los países de extensas fronteras como el nuestro: el contrabando. Este, precisamente, se practica a través de lugares poco frecuentados, lejos de la vigilancia y eludiendo el cumplimiento de las disposiciones legales.

La vigilancia de las fronteras se halla al cuidado de un cuerpo especial de policía denominada Gendarmería Nacional. Ella actúa en las fronteras terrestres, mientras la Prefectura Naval lo hace en las fronteras fluviales y puertos.

La frontera, especialmente en el continente americano, y por ello también en la Argentina, constituye una zona que puede considerarse, desde el punto de vista de la población y de su cultura, débil. Es una zona débil pues es poca la población radicada en ella y los rasgos de su educación y cultura no son suficientes para resistir la presión externa. La radicación de escasa población se comprende pues la Argentina es un país poco poblado y las zonas de frontera no son las más propicias para la actividad económica. Faltan allí servicios, infraestructura, caminos, instituciones gubernamentales. Esas carencias influyen en el tipo de actividad que realizan los que allí viven.

gendarmeria argentina en defensa de la patria

Gendarmería Nacional Argentina (GNA) es la principal Fuerza de Seguridad propiamente dicha de la República Argentina. Se diferencia de las restantes Fuerzas de Seguridad y Policiales (PFA, PNA, PSA y Policías Provinciales), por ser de naturaleza militar, con características de Fuerza Intermedia, también denominadas de doble empleo (policial y militar).Cumple su misión y funciones en el marco de la Seguridad Interior y apoyo a la Política Exterior. Creada el 28 de julio de 1938 con la misión de consolidar los límites internacionales y garantizar la seguridad de los colonos y habitantes de la regiones alejada

Desde el punto de vista cultural no siempre los servicios educativos y culturales existen, o si existen son insuficientes y hasta deficientes. Faltan radios, o si las hay tienen escasa potencia; no llega la televisión y los medios impresos llegan poco y son escasos.

Otros problemas afectan a las fronteras como, por ejemplo, la radicación dominante de extranjeros, la escasa actividad económica y ésta reducida a labores agrícola-ganaderas. El conjunto de estos factores crea un tipo especial de población, ya que no se caracteriza por la acentuación de los rasgos nacionales ni por la identidad nacional.

Para combatir los problemas que crea una frontera abierta, desguarnecida, sin suficiente protección, de enorme extensión, se han venido realizando acciones que se denominan, en términos generales, política de frontera. Por tal se entiende el conjunto de acciones llevadas a cabo, en colaboración con las provincias y con los particulares, para fortalecer la frontera y resolver sus problemas.

La más moderna de esas decisiones fue el dictado del decreto-ley del año 1970, conocido con el nombre de Zonas y Áreas de frontera Esa ley establece que la zona de frontera es una franja territorial de profundidad variable, que delimita toda la periferia del país. Se establece que la zona de frontera es la que merece una acción especial del gobierno. Pero dentro de la amplia concepción de zonas de frontera se han delimitado áreas de frontera, que son las zonas particularmente críticas que merecen por ello una prioridad de atención de las autoridades. Se establecieron así nueve zonas de fronteras.

Esa ley determina las acciones que deben llevarse a cabo, pero todas tienen por objeto producir el desarrollo de la zona, fortalecer la presencia del país y dotar a la población de aquellos elementos que la identifiquen y aseguren su pertenencia al país. Los gobiernos de provincia donde están las zonas de frontera contribuyen en forma activa a la ejecución de esa política de fronteras.

Esta ley actúaf además, en complementación con otra que establece prioridades para las Escuelas de fronteras y con la denominada Comisión Nacional de Zonas de Seguridad, que lleva el registro de Tierras Fiscales en zonas de fronteras.

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

Fuente: Espacios y Sociedades del Mundo – Política, Economía y Ambiente
La Argentina en el Mundo-Edit. Kapelusz 
Bertone de Daguerre – María Sassone

Espacios oceánicos
Cuando se deben resolver las cuestiones de soberanía en las aguas costeras y oceánicas se tratan dos temas claves: la delimitación y el potencial de recursos. El status territorial de las áreas cubiertas por el agua incluye las aguas internas, las aguas territoriales costeras, una zona contigua exterior y la zona de alta mar. El principio de línea media se utiliza comúnmente para resolver reclamos de solapamiento entre dos o más Estados.

Resulta muy difícil cuantificar el dominio oceánico. Diferentes autores han realizado cálculos sobre la base de las cifras brindadas por los organismos y equipos de investigación. Algunos autores señalan que la extensión del espacio o dominio marítimo de la Argentina es de 5.054.000 km2 aproximadamente, superficie que superaría la del total de las tierras emergidas —sector americano y sector antártico— (3.761.274 km-). En tal sentido diferencian:

– las aguas del océano Atlántico que bañan las costas argentinas, a saber: las correspondientes al mar Argentino, o sea la porción del océano localizada sobre la plataforma argentina, a la que también se denomina mar epicontinental, y el banco Burdwood;

las del océano Antartico, integradas por: el sector argentino del mar de Weddell y del mar de Bellingshausen, el mar de la Flota y las barreras de hielo, que comprenden las de Larsen, Filchner y otras menores.

Por su parte, los fondos marinos son la prolongación natural de las tierras emergidas e integran los denominados márgenes continentales, hoy cubiertos por el mar. La Convención del Mar de 1982 ha establecido un complejo procedimiento para que los países con costas reivindiquen esos fondos marinos.

Espacio aéreo y espacio cósmico
En una concepción amplia de la noción de territorio, hoy se acepta en la comunidad científica y política que los Estados ejercen soberanía en el espacio aéreo que se encuentra sobre sus respectivos territorios; así lo ha entendido nuestro país, que mediante la ley 13.891 ha aceptado y convalidado un convenio concretado en Chicago en 1944.

Este convenio, empero, previo la posibilidad del paso inofensivo de aeronaves civiles extranjeras en los espacios aéreos nacionales, en todos los casos sujeto a las normas impuestas por el respectivo país. La cuestión se ha complicado a partir del momento en que el hombre comenzó a utilizar el espacio ultraterrestre o cósmico.

Al respecto se crearon en las Naciones Unidas comisiones que abordan este asunto y la tesitura internacional que se ha impuesto es que dicho espacio es patrimonio común de la humanidad y no podrá ser utilizado con fines militares. Una complicación accesoria surgió ante la posibilidad de cierta utilización —con fines comerciales o de otra naturaleza— de los satélites geosincrónicos; la preocupación internacional se relaciona con que pueden ser usados con fines estratégicos, además de los pacíficos.

Límites y fronteras
El Estado es una porción del espacio geográfico mundial delimitado por límites y fronteras que lo separan más o menos completamente de Estados vecinos. Los límites internacionales son líneas convencionales que dividen dos Estados contiguos. Su trazado es el resultado de distintas decisiones humanas: unos se deciden por acuerdos y otros se resuelven por arbitrajes, pero también pueden determinarse mediante guerras. Estas líneas convencionales no son estables, pues con frecuencia surgen tensiones y conflictos que llevan a su modificación, con los consecuentes cambios en los mapas políticos. La determinación de un límite internacional supone cuatro etapas sucesivas e inexcusables:

– alocación: es la etapa primera, por la cual se asignan o atribuyen territorio;

– delimitación: es el acto de establecer límites precisos entre jurisdicciones contiguas. Pueden considerarse sinónimos los términos deslindar y delinear, en tanto esas acepciones se refieren a una misma cosa: establecer las pautas para fijar con precisión el límite internacional;

– demarcación: operación que consiste en el establecimiento de señales precisas (hitos, mojones, balizas, etc.) que indican el límite; son términos sinónimos amojonamiento y alindamiento. Es decir, consiste en colocar marcas en la superficie terrestre;

– mantenimiento: es la etapa final, de carácter permanente, que tiene como fin lograr el límite acordado.

En cuanto a las formas de trazado, hay que reconocer dos tipos: las geométricas que son, en su mayoría, líneas de latitud o de longitud, cuando se apoyan en paralelos y meridianos. La facilidad con que pueden trazarse tales líneas por métodos planimétricos estándares las hace muy valiosas cuando se dividen áreas de escaso asentamiento o totalmente despobladas. Los límites no geométricos siguen generalmente el curso irregular de accidentes naturales.

Los ríos son los accidentes naturales más comúnmente utilizados en el establecimiento de fronteras, puesto que son autoevidentes líneas divisorias.

A ambos lados de los límites internacionales existe una franja de territorio, de ancho variable, llamada frontera internacional. Debe señalarse que todo límite internacional genera dos fronteras, cada una correspondiente a uno de los países enfrentados.

Hay varios tipos de fronteras y se pueden dividir en tres categorías, teniendo en cuenta cuándo se determinaron en relación con la fecha en que se originaron los asentamientos:

– fronteras subsecuentes: son las que se trazan después de que una población se estableció en un área y se formó el mapa básico de las diferencias económicas y sociales;

– fronteras antecedentes: preceden al próximo asentamiento y desarrollo de la región que abarcan. Los grupos que ocupan el área con posterioridad deben reconocer la frontera existente;

– fronteras superpuestas: es la conversión de fronteras antecedentes, en cuanto se han establecido después de que un área se pobló fuertemente. Este tipo de frontera refleja normalmente modelos sociales y económicos ya existentes, como por ejemplo los límites entre la India y Pakistán, etc.

Las capitales políticas, núcleos de poder, desempeñan un papel hegemónico merced a sus roles políticos y a la atracción que ejercen sobre las actividades económicas y culturales en un importante número de casos. Las capitales políticas, sedes de los gobiernos centrales donde funcionan los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, suelen convertirse en focos de intenso dinamismo económico. En virtud de sus múltiples funciones mantienen y sostienen un evidente control y una coordinación sobre el conjunto del Estado.

 

Historia del Derecho Penal Resumen Prisiones, Penas y Delitos

RESUMEN HISTORIA DEL DERECHO PENAL
Delitos y Función de las Penas

La existencia del derecho penal plantea varias preguntas: ¿son eficaces las penas para reprimir al delincuente? ¿Qué es, en realidad, la pena? El paso de la venganza privada a las normas punitivas.

La serie de problemas que plantean las penas legalmente establecidas a los infractores de las normas jurídicas de una comunidad determinada, la cuestionabilidad de las reformas de los sistemas penitenciarios, el deseo de reivindicación del delincuente y de retorno del mismo a la sociedad, totalmente rehabilitado, se conectan con interrogantes históricas, políticas, psicosocio-lógicas y jurídicas. Acaso esencialmente jurídicas: el Derecho penal.

¿Ha habido siempre Derecho penal?

El Derecho penal no alude a la idea de «conjunto de normas» referidas a una materia considerada como un compartimiento estanco, pero sí implica una especialidad perspectival. El Derecho Penal hace referencia, en primer lugar, a un concepto tan ambiguo como es el Estado. Efectivamente: es al Estado al que pertenece la función penal.

Y ya el primer problema es que esa realidad llamada Estado se escapa de las manos del observador más tenaz y paciente: acaso porque la primera discusión que se plantee al estudiar la realidad estatal sea la de considerar si ha existido siempre o bien surge en un momento histórico determinado.

Los partidarios de esta última posición parecen remitirse al siglo XV como fecha fundamental. Es entonces cuando, desde luego, se consagran los conceptos esenciales: el pragmatismo   político   elevado   a idearium doctrinal con Maquiavelo; la concentración del poder en el monarca; el humanismo, alumbrado por las concepciones de Erasmo.

Y con todo ello el concepto de Estado. Mas los que creen en la existencia del Estado desde el momento en que en una comunidad existe la dicotomía gobernantes-gobernados no aceptan, lógicamente, las tesis históricas del Estado y se afilian a una concepción tradicional: el Estado, con una u otra denominación, ha existido siempre.

Luego tiene más importancia de lo que parece a simple vista el sostener una u otra tesis, ya que ello está implicado, en fin de cuentas, el afirmar o no que el Derecho penal ha existido en cualquier comunidad. Una postura intermedia parece ser más aceptable: son realidades que se han configurado paulatinamente.

Venganza privada e intervención pública

Pero es que, además, el concepto de Derecho Penal plantea otra cuestión. Y es la de la distinción entre Derecho público y Derecho privado, que ya originó polémicas desde su exposición en la antigua Roma (Hollinger llegó a contar, a principios de este siglo, más de 104 teorías acerca de dicha distinción).

Con todo, es preciso tener en cuenta que la doctrina romana no hacía, en este sentido, más que reflejar su cultura propia, esencialmente pragmática y muy atenta a conseguir una construcción jurídica bien armada.

Con Roma se consigue algo importante: la institucionalización del Derecho. A partir de ese momento, el Derecho se intenta despegar de resabios religiosos. En los pueblos antiguos el delito y el pecado eran conceptos la mayor parte de las veces confundidos: la moral, la religión y el derecho pertenecían a la misma esfera.

De ahí la importancia de la creación romana, ya que al potenciar al Derecho originó una normativa penal y el triunfo de la pena pública como tarea exclusiva de lo político.

La caída de Roma provoca la diferenciación entre lo público y lo privado. Se produce así un retorno a la venganza —aunque, por otra parte, la fusión del Derecho romano con el germano inspirará el Derecho penal posterior—.

Sigue luego cierto retorno a la publificación del Derecho penal.

La Revolución Francesa consagra el Derecho público, y el Derecho penal se integra en él porque afecta, fundamentalmente, a la comunidad y, por otra parte, en él interviene el Estado decisivamente.

El primer Código Penal, francés, de 1810 sentó definitivamente estos postulados. En resumen: se puede hablar de un Derecho penal como Derecho público, fundamentalmente realizado por el Estado y por el que se verifica, realmente, una de las misiones más importantes que tiene el Derecho, aparte de su aproximación a la justicia: la pacificación social.

Quizá por eso se ha puesto a veces el acento en una configuración del Derecho penal como instrumento de represión creyendo que ahí se agotan sus presupuestos.

De los delitos y de las penas

¿Cabe hablar de una ciencia penal hasta el siglo XIX?. Realmente, no. Aunque, eso sí, hay pensadores que, individualmente, se plantean tales cuestiones: Platón, Aristóteles. por ejemplo. Pero es en el siglo XVIII, con Cesare Beccaria (De los Delitos y de las Penas) cuando verdaderamente podemos hablar de una ciencia penal. Beccaria es autor importante porque intenta humanizar el Derecho penal.

Su obra tuvo eco: inspiró a los revolucionarios franceses, que a su vez trataron de infundir al Derecho penal los principios que les informaban: libertad, igualdad y fraternidad.

Todo ello desde la perspectiva de un Estado de Derecho, que como ha puesto de relieve Villar Palasí se caracteriza por un principio de legalidad que implica una subordinación del Estado a lo dispuesto en la Ley, como voluntad general. emanada del parlamento.

Las consecuencias en orden al Derecho penal fueron relevantes. al consagrarse principios tan fundamentales como el de que «no hay delito ni pena sin una ley penal previa».

A partir de este momento la Ley será la garantía del ciudadano porque constituirá un límite al Poder. Y en el ámbito del Derecho penal supondrá una indudable humanización y una huida de la arbitrariedad: habrá un proceso, una audiencia del presunto delincuente y un tribunal independiente que intentará aplicar y administrar justicia.

penas y castigos en la historia

Ejecución pública de los asesinos del zar Alejandro li. Su muerte fortaleció la determinación de su hijo de mantenerse en el poder con plena fe en el derecho y en la autoridad que emanaba de su  cargo.

Hay, además, un hecho indudable: ese Derecho penal perteneciente o relativo a los delitos y faltas y a las penas que se les asignan se va ensanchando progresivamente y admite ciencias auxiliares y autónomas que colaboren en la aplicación de la ley al caso concreto a través de la sentencia.

Y, así, la Criminología se configura como ciencia preocupada por las causas del delito como hecho, mientras que la ciencia del Derecho penal —como estudio de conjunto de normas— es axiológica, valorativa. Otras ciencias auxiliares que hay que destacar son la Medicina legal, la Estadística criminal y la Psiquiatría forense.

El Derecho penal se relacionó asimismo con las ciencias biológicas, pergeñándose una Biología criminal a partir de los estudios de Cesare Lombroso, con su teoría del «delincuente nato», al que llegará a identificar como «loco moral». Continuador de estas teorías ha sido M. Carrara; en otra línea importante, se hallan los endocrinólogos, con sus investigaciones acerca de las secreciones internas.

Se ha elaborado asimismo una Psicología criminal, que se concreta en el estudio del proceso anímico del delincuente, ilustrándonos decisivamente sobre las motivaciones interiores que originan la acción delictiva y, aun más, en las concepciones psicoanalíticas a partir de los postulados freudianos.

El Derecho penal se refiere a los delitos y a las penas. El delito implica —de acuerdo con Carrara— «una infracción de la ley del Estado, promulgada para proteger la seguridad de los ciudadanos, resultante de un acto externo del hombre, positivo o negativo, moralmente imputable, y socialmente dañoso».

Garofalo, por su parte, estima que se puede hablar de un concepto histórico del delito dependiente de cierto relativismo cultural; tesis que está muy lejos de la que sustentan quienes ven en el delito una acción, o sea, una manifestación de nuestra voluntad que produce un cambio en el mundo exterior, típica, antijurídica y culpable.

Las penas constituyen el otro aspecto en el que se detiene el estudio del Derecho penal. Implican un sufrimiento que se impone al culpable que ha atentado contra el orden social y ha infringido el ordenamiento jurídico como consecuencia de una sentencia.

El problema de las penas refleja el principio de la separación de poderes a que se refería Montesquieu.

Porque si bien las penas han de venir previstas en la Ley y ser aplicadas al caso concreto por el juez, es evidente que es la administración la que está encargada del establecimiento y funcionamiento de los penales. La problemática de las penas es la que ha estado más unida a una evolución del Derecho penal, ya que, en líneas generales, ha aportado una progresiva humanización.

penas y castigos medievales

1-Escoltado por dos guardianes, este preso danés ha sido «expuesto públicamente». El barril no sólo ayuda a impedir su fuga, sino que, por su inscripción, anuncia a todos el delito cometido.
2-El cepo cumple un objetivo similar al del barril: exponer al convicto a las burlas, y aun al ataque físico, de los espectadores. Y con ello satisface un fin de escarmiento para quien ha delinquido.
3-La primera ejecución en la silla eléctrica se realizó en Nueva York en 1890. La pena capital cuenta con defensores, aunque no son menos dignas de consideración las razones que  abogan  por su  supresión.

La función de la pena

Realmente, todo gira en torno a un problema de perspectiva. No hay que olvidar la importancia que han tenido, en este sentido. ciencias como la biología, la psicología y el estudio sociológico de la delincuencia. Y asi. se ha pasado de la concepción de la pena como retributiva a la estimación de la misma como una medida de tratamiento, en la que se hace especial mención de aspectos psicológicos del delincuente y de su reforma.

Esta cuestión, la de la reforma de los delincuentes, se ha planteado, cada vez más. y parece construir la razón de ser, actualmente, del Derecho Penal.

Para ello se arbitran medidas, dentro del establecimiento penitenciario, para recuperar a los penados, a los que se somete a pruebas psicotécnicas y se les permite redimir, en la proporción que se estime, las penas por el trabajo.

Por ello, no tienen razón de ser, hoy en día, las penas corporales que afectan a la integridad corporal del delincuente.

En cuanto a las que privan de la vida, las polémicas son encontradas (aunque, en la antigüedad, salvo san Agustín, los autores no parecieron ponerles excesivas objeciones). Que las penas a aplicar y aun el método de aplicarlas es un fenómeno cultural, es un hecho incuestionable.

penas en japon a las mujeres adulteras

 El ridículo público es la pena máxima para estas dos mujeres japonesas culpables de adulterio.

prisiones modernas

Prisiones Modernas Para Una Vida Interna Mas Digna

El problema penitenciario

Mas con referencia a la pena capital, se agudizan las dificultades de un juicio crítico. En general, se observa cierta corriente en favor de su abolición: Gran Bretaña, por ejemplo, ha optado temporalmente por ésta.

Acaso entre las múltiples objeciones que se han puesto a la pena capital la más importante es la de que no permite una rehabilitación del condenado (máxima —la de la reforma— que parece presidir todas las legislaciones).

Claro está que aún quedan otros problemas como son, en el caso de que se opte por la prisión perpetua, el logro de un ambiente y de una estancia en el establecimiento penitenciario que se halle en equilibrio entre la exigencia y la reeducación.

De ahí que la consecución de la adecuada política penitenciaria constituya algo de vital importancia: así, si en un principio se optó por la separación absoluta de los reclusos, y luego por cierta comunicación entre ios mismos, ello fue debido a las neurosis que se provocaban en ellos.

Ya en el siglo XIX, tan inestable política y socialmente, Concepción Arenal clamaba por una reforma de los sistemas penitenciarios. Voces análogas se oyen hoy día, cuando sucesos como el de la rebelión de los presos de la cárcel de Attica, en Nueva York, en el otoño de 1971, han llenado las páginas de los periódicos de todo el mundo.

la guillotina como pena capital

Los presos camino del cadalso en París. Era el 25 de junio de 1804. «Madame Guillotina», como popularmente se le denominaba, había sido empleada por primera vez en 1792.

Ver: Métodos de Tortura en la Antiguedad

Ver: Derecho Penal – Agravantes y Atenuantes

Ver: Historia de las Prisiones

Ver: Resumen Dercho Civil y Las Fuentes del Derecho

Fuente Consultada: La LLave del Saber Tomo II La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Significado del Mito de la Caverna de Platón Explicación Resumida

Significado del Mito de la Caverna de Platón
Resumen Explicativo

El filósofo griego Platón, explica en su reconocida obra La República, que existen dos niveles de saber: la opinión y el conocimiento.

Las declaraciones o afirmaciones sobre el mundo físico o visible, incluyendo las observaciones y proposiciones de la ciencia, son sólo opinión.

Muchas veces las opiniones tiene muy buenos argumentos que la fundamentan , pero otras no, y nunca ninguna de ellas debe ser considerada como un conocimiento verdadero.

El verdadero conocimiento o saber nace desde la razón pura, en vez de la experiencia observable.

La razón, utilizada de la forma debida, conduce a ideas que son ciertas y los objetos de esas ideas racionales son los universales verdaderos, las formas eternas o sustancias que constituyen el mundo real.

Antes de entrar al analisis del significado del Mito de la Caverna, haremos un breve paseo por esa época del mundo griego.

ANTECEDENTES: Entre los años 500 y 300 a. C, Grecia, y en concreto Atenas, vivió una época de prosperidad económica, política y cultural.

Con la defenestración de la dinastía de Pisístrato en el 510 a. C., los atenienses se adentraron en un periodo de democracia que duró 200 años. Para los atenienses, la democracia se regía por los ideales de la libertad y la igualdad; en sí, la palabra significa «gobierno del pueblo» y «demos» aludía a la ciudadanía. Esa ciudadanía no solo incluía a los residentes en Atenas, sino también a los habitantes de la inmensa llanura litoral que rodea la ciudad, Ática, si bien no se extendía a las mujeres ni a los esclavos.

Existían tres órganos principales de gobierno: el Areópago; el Consejo de los Quinientos, un grupo electo, y la Asamblea, que actuaba como foro de debate y daba al pueblo voz política.

Tal vez todo ello propiciara el florecimiento de la teoría política; no en vano, algunos de los mayores filósofos de la historia, entre ellos Sócrates, Platón y Aristóteles, vivieron en esta época.

Hasta el siglo VII (a. C.) los griegds habían explicados los fenómenos de la naturaleza como consecuencia de la acción de dioses poderosos; basándose en ideas religioso-mitológicas creían que seres sobrehumanos producían las tempestades, los huracanes, las fases y los eclipses de la luna, etcétera.

Pero desde el siglo VI (a. C.) diversos pensadores—apartándose de las concepciones religiosas—comenzaron a indagar el por qué y el cómo de las cosas que rodean al hombre y, por propia reflexión, trataron de solucionar los más grandes problemas que. sobre el mundo y la vida surgen en la mente humana.

Guiados por un poderoso anhelo de verdad aparecieron los filósofos, es decir, los «amantes de la sabiduría«.

No eran investigadores o profesores sostenidos por ej. Estado, sino hombres que vivían para la filosofía y no de la filosofía.»

Los grandes filósofos: En la Atenas de Pericles vivió Sócrates, considerado por el oráculo deifico como el hombre más sabio de Grecia. Junto con Platón y Aristóteles, este hombre notable influyó de un modo decisivo en la trayectoria del pensamiento humano.

Sócrates no escribió nada, pero podemos conocer sus enseñanzas a través de las bellas palabras de Platón, que escribió La República, uno de los mejores esquemas para una sociedad ideal elaborados por el hombre.

Sócrates (470-399 a. C). nacido en Atenas, es una de las figuras más destacadas de la filosofía griega. Aunque no escribió nada, la posteridad, conoce su persona, su carácter y «sus doctrinas por el cariño y la estima que le profesaron su ilustre discípulo Platón y su gran admirador Jenofonte.

Su máxima preferida fue: «Conócete a ti mismo«. La filosofía de Sócrates era aplicable a todas las personas, pues para él la verdad se hallaba en el fondo de los espíritus y cualquiera podía llegar a descubrirla.

Empleaba el «método socrático» que consistía en dirigirle a un individuo continuas preguntas hasta que éste se convencía de que ignoraba lo que pretendía saber; luego, por medio de ejemplos prácticos tomados de la vida corriente, lo guiaba para que por sí solo llegase al conocimiento de la verdad.

En el año 399 (a. C.) fue acusado ante los tribunales de Atenas de corromper a la juventud e introducir nuevos dioses. Encerrado en la cárcel, sus amigos le ofrecieron liberarlo, pero se negó. Fue condenado a muerte y no quiso apelar la sentencia. Con gran entereza bebió el veneno oficial —la cicuta— y murió lentamente, rodeado de sus desconsolados discípulos, mientras afirmaba que, a pesar de la destrucción del cuerpo, el alma del hombre vivirá eternamente.

Platon filosofo griego

Platón

Platón, discípulo de Sócrates, es uno de los personajes claves de la historia de las ideas. Las estructuras y concepciones mentales de Occidente quedaron marcadas por las obras, escritas en forma de diálogos, de este filósofo griego. Sus tesis filosóficas estaban vertebradas en torno a su teoría de las ideas, que expuso, por medio del famoso mito de la caverna, en La República.

En sus bellos «Diálogos» dejó escrita la doctrina de su maestro y expuso los fundamentos de su propia filosofía. Fue el creador del idealismo al afirmar que el hombre alcanza la realidad por rpedio de las Ideas, pues son ellas, y no los elementos materiales, las que dominan el universo.

Aristóteles (384-322 a. C.) nació en Macedonia y vivió en Atenas, donde fue durante dos decenios discípulo del anciano Platón. Fue un verdadero sabio y utilizó la ciencia para llegar al conocimiento de la verdad. Estudió la Anatomía y ia Fisiología, y llegó a descubrir el proceso de la respiración; en Zoología estableció una clasificación de los seres vivientes y también fue el creador de la Lógica o ciengia que se ocupa del razonamiento. Este ilustre pensador ejerció poderosa influencia en la cultura occidental y sus obras fueron base de numerosísimos trabajos filosóficos posteriores.

EXPLICACIÓN PRÁCTICA DEL MITO DE LA CAVERNA:

Para el pensador griego, VIVIR significa ir en busca de aquello en lo que uno cree y enfrentarse a preguntas fundamentales. Para él, no es vida la que se vive en «piloto automático», una vida sin opinión propia, repitiendo las ideas y opiniones sostenidas por los padres, los maestros y los amigos.

Ciertamente, puede tratarse de una forma de existencia, pero no es una vida.

Platón aborda este tema en su largo diálogo La República, en el cual, además de muchas de las ideas platónicas esenciales, explora cómo debería ser una sociedad ideal.

A semejanza de Sócrates, Platón creía que la mayoría de las personas viven en la ignorancia la mayor parte del tiempo; lo peor de tal situación es que no saben siquiera que son ignorantes.

De entre las muchas imágenes y analogías que utilizó el filósofo griego Platón, posiblemente el mito de la caverna sea la más célebre: aparece en el libro VIl de La República, una obra monumental en la que investiga la forma del Estado ideal y su gobernante ideal, el filósofo rey.

La justificación de Platón para dar las riendas del gobierno a los filósofos se encuentra en un pormenorizado estudio en torno de la verdad y el conocimiento, y en este contexto es donde interviene la alegoría de la caverna.

Mito de la Caverna de Platon

Imagina que toda tu vida has sido prisionero en una caverna.

Tienes las manos y los pies encadenados, y la cabeza sujeta de modo que sólo puedes ver la pared que queda enfrente.

Detrás de ti hay una llama, y entre tú y el fuego una pasarela por la que tus captores desplazan estatuas y todo tipo de objetos.

Las sombras que proyectan en la pared estos objetos son lo único que tú y tus compañeros de cautiverio habéis visto siempre, lo único de lo que habéis hablado y en lo que habéis pensado. Esas sombras son la única realidad que han conocido.

Sus habitantes no saben que han tomado las sombras por objetos reales; creen conocer la realidad, aunque de hecho están viviendo en la oscuridad, tanto en sentido figurado como en el literal.

A medida que desarrolla la alegoría, Platón nos pide que imaginemos que alguien entra en la caverna, quita los grilletes a un prisionero y lo conduce al exterior, a la luz del Sol. ¿Cuál crees que será la reacción del prisionero liberado.

Enceguecido por el brillo del Sol, probablemente lo primero que hará será correr hacia la seguridad de la caverna.

Necesitará tiempo y paciencia antes de que sus ojos se acostumbren a la luz y a ver las cosas tal como realmente son. Sin embargo, una vez que lo haya conseguido, el prisionero comprenderá con claridad que lo que había tomado por conocimiento no era más que puras sombras.

De regreso a la caverna, el prisionero explica a los demás la «realidad», pero seguramente encontrará oposición.

Sus antiguos compañeros continúan creyendo que las sombras son la realidad.

Ahora que escuchan una versión nueva y extraña estarán convencidos de que quien la expone se ha vuelto loco. «¿No dirán», se pregunta Platón, «que el otrora prisionero, después de haber ascendido al exterior, regresó con los ojos tan arruinados que ni siquiera valdría la pena intentar subir y salir de la caverna?.

Y si pudieran, ¿no apresarían y matarían a cualquiera que tratara de liberarlos y sacarlos de las profundidades de la caverna?».

La vida ordinaria, sostiene Platón, es como la vida dentro de la caverna.

De ella había escapado Sócrates y a ella nunca quiso volver.

Los humanos somos prisioneros que vivimos en un mundo de supuestos no comprobados, que confiamos en los sentidos como fuentes de información acerca de la realidad y que creemos que sólo es real lo que podemos ver, oír, tocar, gustar y oler.

Quizá Platón también deseaba hacer notar cuan fuerte es el poder del grupo sobre el pensamiento del individuo.

Si a todos nuestros amigos les gusta o disgusta algo, si nuestros compatriotas suponen las mismas cosas o si nuestras pautas familiares nos han convencido de que sólo hay una forma de hacer las cosas, entonces tal vez vivamos muy a gusto con esas preferencias, supuestos pautas.

Lo anterior puede parecer inofensivo cuando se trata de comer un pollo la noche de Navidad o de no poner los codos sobre la mesa, pero resulta verdaderamente peligroso cuando se trata de confiar en los sentidos y no en la razón, si se acepta como real y verdadero lo que nosotros vemos y lo que »todos saben» en vez de buscar la verdad por uno mismo.

Por eso Platón advierte: si las sombras se toman por realidad, las certezas obtenidas se habrán basado en información incorrecta e inadecuada.

EL MITO APLICADO AL SABER: Si quieren una alegoría de la condición humana, que se refiera especialmente al saber y a la ignorancia, entonces imaginen a algunas personas viviendo en una caverna.

Ellos han vivido ahí desde que nacieron, han sido encadenados, obligados a sentarse en una sola posición y a ver un punto fijo. Al

final de la cueva hay una salida al mundo exterior que, por supuesto, los prisioneros desconocen.

Arriba y detrás de ellos, arde un fuego, y entre el fuego y los prisioneros, detrás de un muro que lo oculta de su vista, hay un camino que cruza la caverna.

La gente pasa por detrás del muro cargando estatuas humanas y figuras de animales y plantas esculpidas en piedra o madera, y a veces conversan entre sí.

El fuego proyecta sombras de esas imágenes sobre la pared que ven los prisioneros y estas sombras, acompañadas por el sonido intermitente de las voces, son la única realidad que los prisioneros conocen.

Ninguno de ellos puede recordar otra, ésa ha sido siempre toda la verdad sobre el mundo…

Esta alegoría describe la condición humana. La caverna es el mundo que se nos revela por medio de los sentidos, apenas iluminado por la luz del fuego y lleno de sombras que confundimos con la realidad. La salida de la cueva, a la luz solar, representa el ascenso del alma a la vida intelectual: la vida de la mente y el camino de la razón.

Utilizando las herramientas del intelecto, llegaremos finalmente a la idea del Bien, que es la fuente de todo lo bello y lo correcto y que, en verdad, también es el único terreno confiable para la conducta moral.

Será fácil comprender por qué aquellos que han visto las cosas como realmente son, usando plenamente los poderes intelectuales, no estarán dispuestos a volver al mundo profano de los intercambios humanos. Alguien así podría parecer tonto entre las sombras de las cortes legales y la hipocresía de la vida cotidiana.

Pero haríamos bien en recordar que aquellos que creemos desorientados podrían en realidad estar moviéndose de las tinieblas a la luz y no de la luz a las tinieblas .

Y deberíamos tener mucho cuidado de quien nos reímos, no sea que nos convirtamos en los felices prisioneros que se afierran fieramente a su ignorancia y se burlan de lo que no comprenden.

Fuentes Consultadas:
Raíces de la Sabiduría Edit. Cengage Learnning  Helen Buss Mitchell
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Editorial Cadyc
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
HISTORIA José Cosmelli Ibañez Edit. Troquel

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Historia de La Violencia en el Mundo y Tipos de Violencias

Historia de La Violencia en el Mundo y Tipos de Violencia

LA VIOLENCIA: A partir del siglo XX, podemos decir, que pocas épocas en la historia moderna se han sido tan violentas como la que estamos viviendo. Dos guerras mundiales en menos de 50 años, la segunda de las cuales costó más de 55 millones de vidas humanas perdidas en los campos de batalla; y más de 8 millones en los hornos crematorios; varias guerras nacionales o regionales en el mismo período (la de España fue la más cruenta); un alto número de revoluciones sociales y políticas (la rusa y la china fueron las más significativas); un número no determinado de contra-revoluciones organizadas a escala mundial, con enormes costos en vidas humanas y en bienes; campos de concentración; cámaras de torturas; práctica de las mismas en vasta escala y con planificación tecnológica; movimientos de liberación armados y movimientos de represión; organización técnico-bélica de complejos industriales-militares; invento y aplicación de armas terroríficas entre las cuales las bombas de «napalm» ya parecen juegos de niños; multiplicación de cuerpos policiales y militares y de cuerpos para-policiales y para-militares actuando en todos los países del mundo; huelgas sangrientas; genocidios; asonadas; motines; etnocidios; secuestros, ataques indiscriminados con bombas o con metralletas; guerrillas rurales y urbanas; etc.

informe violencia en el mundo

A esta lista interminable tendríamos que agregar la práctica de muy modernas formas de la delincuencia común; tráfico de drogas y traía de blancas a escalas como jamás se habían conocido; organización del delito superando alas viejas formas de la escuela de Chicago; renacimiento de las actividades de la «maffia»; asaltos a trenes, buques, aviones, bancos, cajas de segundad con una perfección real que supera las imaginadas por James Bond; asesinatos de líderes sindicales, religiosos y políticos, por mandantes desconocidos.

A este catálogo que sería inacabable, falta agregar la lista de las formas de la violencia económica más brutales de la moderna civilización: mineros sudamericanos que no viven más de 28 años; condiciones de trabajo en América, Asia y África y aún en ciertas partes de Europa, muy semejantes a las condiciones del trabajo servil en la Edad Media o, simplemente, del trabajo del esclavo en la antigüedad.

Contratos de trabajo —valga la expresión—, que significan el arrendamiento de la mano de obra de por vida; prácticas del «pongaje»; y, por sobre todas las cosas, hambre. Dos terceras partes de la humanidad sufren hambre, o bien epidémica o bien endémica.

Todo ello en la época en que enviamos navíos espaciales a Marte y Venus. La Luna ya no forma parte de los cuentos de niños. El cálculo del empleo de la plusvalía social aplicada a ese tipo de experiencias tecnológicas en la misma edad en que ocurren todas aquellas formas de la violencia, dejaría asombrados a los mismos economistas. Son muchos los que ya hablan de la violencia «visible» y de la violencia «invisible».

Lo cierto es que la violencia es una realidad de nuestro mundo; vivimos violentamente: hay un uso abierto y evidente de la fuerza para reprimir y para oprimir. Millones de seres humanos han sido y son víctimas de la explotación y de sistemas sociales injustos.

No es extraño, pues, que hoy en día la gente que tiene tiempo de pensar en estas cosas se pregunte si la violencia que derrama sangre en las revoluciones no puede ser menos mala que la violencia que, aunque no derrama sangre, condena a pueblos enteros a una ciega desesperación o a una amarga resignación.

Es muy difícil intentar reflejar en estas pocas líneas introductorias el tema central de nuestra preocupación: ¿por qué esta violencia?, ¿qué se debe?, ¿tiene algún sentido?.

La excusa dada por algunas almas ingenuas o distraídas de que siempre hubo violencia en la historia y de que, tal vez, en nuestro tiempo la impresión que de ella tenemos se ve acentuada por el empleo de los grandes medios de comunicación de masas que transmiten diariamente las escenas más brutales e increíbles de la violencia moderna, de tal manera que nuestros niños desde edad muy temprana se acostumbran a ella, no nos exime de tratar de penetrar el significado de este fenómeno que se está dando a escala planetaria.

En cierto sentido, la vida de nuestra propia civilización y —lo que es más importante—, la posibilidad de abrir los cauces para crear nuevas formas de civilización superiores a las actuales, de las cuales esté erradicada la violencia como constante social, depende de la comprensión que tengamos de todo lo que está ocurriendo a nuestro alrededor y de las maneras en que estemos dispuestos a movilizarnos para luchar positivamente por la misma.

Empecemos pues, por reconocer este hecho lo señalaba muy bien el Obispo Dom Helder Cámara: «La violencia está por todas partes, omnipresente y multiforme: brutal, abierta, sutil, insidiosa, disimulada, racionalizada, científica, condensada, solidificada, consolidada, anónima, abstracta, irresponsable.»

Y agregaba en otro fragmento de sus reflexiones al respecto: «No es el momento de preguntarse si la revolución estructural que el mundo precisa, supone, necesariamente, la violencia. Es preciso observar que la violencia ya existe y es ejercida, de modo inconsciente algunas veces, por aquellos mismos que la denuncian como un flagelo para la sociedad».

Las preguntas, pues, son muchas. Si en la época que vivimos la violencia es inevitable, ¿cómo entenderla? ¿Qué hacer frente a ella? ¿Cómo reaccionar? ¿Cuales son los límites entre la violencia legítima y la ilegítima? ¿Qué relación hay entre la violencia y el derecho a la resistencia? ¿Cuales son las implicancias éticas del problema? ¿Cual debe ser nuestra conducta, frente al hecho concreto de la violencia?

¿Qué es violencia?

Es muy difícil definir la violencia en una época como la nuestra, que está bautizada con los nombres de Auschwitz y de Hiroshima, y más difícil aún en esta década del 70, en la cual sabemos que todos los años mueren de hambre entre 30 y 40 millones de personas.

Decir que la violencia consiste en «utilizar la fuerza para obligar a alguien a proceder contra su voluntad» —como dicen los códigos comunes—, es reducir el problema a términos primarios, característicos de sociedades de relaciones directas. Sin menospreciar ni los aspectos éticos ni los penales, propios de las conductas delictivas que actúan con. violencia, el verdadero problema hay que enfocarlo desde el ángulo de las condiciones de vida que crean quienes dominan en la sociedad industrial y tecnológica.

En tal sentido, la ola de violencia que se ha desatado sobre el mundo contemporáneo, y que afecta a casi todos los rincones de la Tierra, no podría ser bien comprendido si sólo nos quedásemos en las consideraciones de los aspectos éticos de la misma. Hay una consideración más amplia que incluye a ésta y es la de analizar la violencia moderna como un problema sociológico y político.

En tal sentido, la violencia actual se presenta como uno de los síntomas más claros de la descomposición de la civilización industrial, comprendiendo por tanto, el mundo de valores creado por ésta. O, para ser más exactos, el mundo de falsos valores creados por ésta. Son ni más ni menos que los que responden a una sociedad donde predominan el afán de tuero y el ansia de consumo de bienes.

En medio de nuestro desvarío colectivo los hombres sabemos que la historia no es producto ni de la fatalidad ni de la voluntad caprichosa de los dioses. La historia es producto de nuestra acción, como sociedades humanas y como individuos.

Si es verdad que la violencia bajo sus diversas formas, no puede ser totalmente eliminada de la existencia social, la única actitud racional consiste en que, después de haber comprendido las circunstancias que la producen, hagamos todo lo que esté al alcance de nuestra voluntad colectiva e individual y de nuestro poder científico y tecnológico para dominarla.

Por otro lado, si consideramos la violencia como un caso límite de la existencia social, también podemos considerarla como un elemento revelador, que nos permita encarar a fondo las transformaciones estructurales que sean necesarias a nuestras sociedades, a fin de quitarle a aquéllas su aspecto destructor y mortífero, propio de todo caso límite de nuestra existencia.

Y por este camino, encontraríamos uno de los elementos básicos que nos permitiría definir la violencia. Nos referimos a la diferencia que existe entre una situación de violencia y un hecho violento.

Situaciones de violencia y hechos violentos

Los hechos violentos pueden existir sin que existan las situaciones de violencia. Cuando hablamos de la violencia lo primero que hiere nuestra imaginación es el hecho producto de la fuerza bruta; de la compulsión; de la imposición de un ser humano sobre otro, sea por los gestos, por la voz, por la mirada o por el hecho mismo, que puede ser el golpe o el uso de instrumentos materiales para herir o para destruir al otro. Cuando hablamos del hecho violento nosotros sabemos que la realidad corporal del ser humano es lo primero en ser atacado.

Las situaciones de violencia, en cambio, no podemos concebirlas sin los hechos violentos. Generalmente, aquellas preceden a éstos. Y éstos a su vez, pueden ser ejercidos para perpetuar y extender los efectos de la situación o pueden ser ejercidos como respuesta a la situación. En este último caso, tenemos la contra-violencia, de cuya legitimidad hablaremos después.

El hecho ejercido para perpetuar la situación de violencia o para defenderla, es el hecho que la dignidad humana resiste más. A su vez, en las condiciones actuales de nuestras sociedades, donde imperan las situaciones de violencia, aquellos hechos se han ampliado en cuanto a -sus posibilidades y modalidades.

No se trata únicamente del hecho represivo ejercido por la policía para castigar al ciudadano que actúa protestando contra la situación (huelgas, manifestaciones, paros, huelgas de hambre, declaraciones, protestas juveniles, etc.) sino que también se trata de hechos económicos, como los manejos con divisas, las devaluaciones que no persiguen fines realmente sociales, la especulación, las estafas, la actuación de los monopolios o de los «holdings«, las alzas de artículos de primera necesidad; etc. etc.

También se lesiona la integridad corporal del hombre, condenándolo tanto a él como a los suyos, a escasos salarios o a dietas insuficientes. En la sociedad moderna, la violación del «no matarás», puede asumir formas muy sutiles y colectivas sin que sea necesario aplicar el hecho violento.

Cuando una colectividad cualquiera le rehusa a la mayor parte de sus miembros la satisfacción de sus necesidades fundamentales, mientras las minorías se enriquecen cada vez más con el trabajo ajeno, hay una situación de violencia que se manifiesta cotidianamente a través de hechos violentos, que afectan a personas individuales, como el desempleo, la vagancia, la mendicidad callejera, el analfabetismo, la desnutrición, el abandono de los niños, el aumento de la prostitución, la delincuencia juvenil.

Si los bienes existen, pero están detentados por unos pocos (que cada vez son menos) nos encontramos en un situación de injusticia social en la cual se rompe la normal convivencia humana y se instaura la violencia.

Las estructuras políticas de tal sociedad, tarde o temprano serán abusivas o ilegítimas, en cuanto no ejercerán el poder defendiendo al pueblo o en cuanto lo temarán por la fuerza para mantener la situación violenta. Su misión será proteger los privilegios de una clase o de de unas minorías, contra las demandas crecientes de los desamparados.

La inevitable socialización de la vida humana, a medida que fue desenvolviéndose la revolución industrial, trajo como consecuencia la socialización de la violencia.

Hasta ahora no hemos podido conocer una forma de solidaridad humana ideal, por las interdependencias de todo orden, que fue provocando la revolución industrial (especialmente con la polarización creada entre los países desarrollados y los sub-desarrollados y el control de todo tipo de éstos por aquéllos) se fue creando bajo el signo de evidentes y flagrantes injusticias.

Volvemos asi, a lo que decíamos al principio: la civilización entera padece violencia. El hombre común es su víctima, en cada rincón de la tierra. Es un lujo, a esta altura de los acontecimientos —o es una ignorancia— pensar que podemos escoger o no la violencia.

De hecho, estamos todos comprometidos en situaciones violentas y somos solidarios con ellas. Muy a menudo, somos sus autores, sea que cometamos los hechos violentos por solidaridad con el sistema o sea que hayamos escogido luchar contra situaciones que difícilmente podrán ser cambiadas, sí no es por medio de recursos violentos. En pocas palabras: en el día de hoy no podemos ser árbitros por encima de la violencia.

La violencia económica

La violencia más flagrante que existe actualmente en América Latina, es la del sistema en que estamos viviendo. Hay acuerdo generalizado en considerarla como violencia estructural.

Los hombres de nuestro tiempo estamos sometidos a la violencia económica como nunca lo estuvieron los seres humanos en todo el transcurso de la historia. Es cierto que la humanidad ha conocido épocas muy sombrías de opresión y de barbarie, pero en ellas las formas de la violencia se correspondían con la rareza de los bienes y con la pobreza de la técnica. La violencia económica no había alcanzado categoría propia.

En cambio, en nuestra época se puede hablar de la violencia como una categoría específica de la violencia posible de ser ejercida por unos pocos seres humanos sobre otros. Hay violencia económica en la medida en que el poderío tecnológico que la humanidad ha alcanzado sólo es usufructuado por minorías en las cuales, de ser aplicado en beneficio de todos los seres humanos, la pobreza y el hambre podrían ser erradicados de la tierra en menos de un decenio de años.

Una sociedad, cuya minoría se permite el lujo, año tras año, de derrochar y de quemar cantidades infinitas de bienes, mientras la gran mayoría padece toda clase de necesidades, sólo puede explicarse como resultado del ejercicio sistemático de la violencia económica.

La evidencia de la violencia económica está dada por la separación, cada vez más profunda,-que existe entre el mundo desarrollado y el mundo subdesarrollado. Mundo rico y mundo pobre son las dos caras de una misma moneda. Así como una moneda no puede tener curso legal a menos de que ambas caras se correspondan, así es imposible comprender la realidad económica del mundo actual, sí no es a partir del subdesarrollo como consecuencia del desarrollo que ha tenido la humanidad —en sus zonas más privilegiadas— desde la Revolución Industrial hasta nuestros días.

El desarrollo del capitalismo hasta alcanzar su fase más aguda, prevista por Lenin —la del imperialismo—, ha terminado por crear la sociedad de la abundancia pero para el exclusivo beneficio de pequeñas minorías que detentan, a escala internacional, el contralor de los medios de producción y de la distribución de la riqueza. La gran mayoría de la población mundial ha ingresado a una categoría de la proletarización que no había sido prevista ni por el propio Marx.

No es de extrañar que entre las grandes contradicciones creadas por el sistema capitalista, emerjan en el propio seno de sus sociedades más desarrolladas, los movimientos de protesta —movimientos de contra-violencia—, ante el absurdo del sistema y ante su espantoso vacío de valores de vida. En tal sentido, la violencia económica tiene mucho de obscena.

La categoría de lo obsceno ha sido agudamente revisada por Herbert Marcuse, cuando analiza las violentas condiciones de vida de la sociedad opulenta. «Esta sociedad —dice Marcuse— es obscena en cuanto produce y expone indecentemente una sofocante abundancia de bienes, mientras priva a sus victimas en el extranjero de las necesidades de la vida; obscena al hartarse a sí misma y a sus basureros mientras envenena y quema las escasas materias alimenticias en los escenarios de su agresión; obscena en las palabras y sonrisas de sus políticos y bufones en sus oraciones, en su ignorancia, y en la sabiduría de sus intelectuales a sueldo».

Y agrega más adelante, luego de aclarar que el manejo del término obscenidad entraña un concepto moral: «No es obscena en realidad la fotografía de una mujer desnuda que muestra el vello de su pubis; sí lo es la de un genera! uniformado que ostenta las medallas ganadas en una guerra de agresión^ obsceno no es el ritual de los hippies, sino la declaración de un alto dignatario de la Iglesia en el sentido de que la guerra es necesaria para la paz».

La explotación económica de que son objeto las dos terceras partes de la humanidad, por una tercera parte cada vez más privilegiada es, sin duda, la raíz de todas las otras formas de violencia que estamos sufriendo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Grandes Fenómenos de Nuestro Tiempo Tomo N° 6
Capítulo «La Violencia» Julio Barreiro

Los Prejuicios Sociales Consecuencias sociales Marginacion Xenofobia

Los Prejuicios Sociales y sus Consecuencias
Marginación Xenofobia

Los estudios psicosociales sobre identidad social se iniciaron en la década de los años setenta, con el objetivo de investigar y analizar los estereotipos sobre distintos grupos que existen en la sociedad, que provocan una disminución del rendimiento individual de los que conocen esos estereotipos y que pertenecen a esos grupos. Esta investigación también se dedica a buscar la forma en que podría solucionarse este problema.  Es una forma de discriminación hacia sectores de la población que se tienden a segregar para algunas tareas o encasillar para determinadas ocupaciones, que entorpece la oportunidad de movilidad social y desaprovecha el posible potencial de las capacidades individuales humanas.

cita de einstein sobre el prejuicio

LA VIDA EN SOCIEDAD: No se conoce ninguna sociedad que no tenga algún código moral, es decir, un conjunto de normas de conducta que regulen la convivencia. Las normas forman parte de la cultura, y no existe sociedad sin cultura. Se conocen muchos códigos morales, religiosos o legales, a menudo muy distintos. Pero cualquier sociedad tiene alguna moral aceptada por todos, un sistema de normas que establecen qué está bien y qué está mal, o qué hay que hacer en determinadas circunstancias.

Las sociedades de hoy son pluralistas. Esto significa que en una misma sociedad conviven grupos de distinto origen y cultura. No existe una cultura uniforme que se imponga a todos, y se admite que en la misma sociedad haya distintas creencias, costumbres y estilos de vida.

Las leyes determinan qué se puede hacer y qué no está permitido, pero igualmente se necesita encontrar un consenso sobre cuáles son los valores a respetar para mejorar la convivencia.

Hay sociedades que admiten la mentira, la venganza o la traición como conductas válidas en determinadas circunstancias como, por ejemplo, cuando se trata con enemigos o con extranjeros. Pero ninguna sociedad propone, por ejemplo, la mentira como norma moral obligatoria, porque si todos mintieran se destruiría la confianza mínima para que las personas puedan ponerse de acuerdo o trabajar juntas.

En todas las sociedades hay conductas que están permitidas y otras que resultan indiferentes. También hay algunas conductas que son obligatorias y numerosas que están prohibidas. Nos referimos a las llamadas normas sociales. Las normas sociales son los usos, las costumbres y las leyes.

El uso es la manera de comportarse que una determinada sociedad considera apropiada. Se espera que todos la sigan. Por ejemplo, saludar es un uso. Quien no saluda recibe una «sanción» social de carácter leve: dirán que es un engreído y sufrirá algún rechazo.

Las costumbres son aquellas normas cuyo cumplimiento está considerado como algo muy importante y valioso para la vida en sociedad: por ejemplo, la veracidad (no mentir), la lealtad (no traicionar) y la responsabilidad tanto hacia la familia como a la comunidad.

EL VACÍO SOCIAL: La sociedad puede castigar con el vacío social a una persona o considerarla como «no grata» cuando comprueba que ésta ha cometido actos de corrupción o de enriquecimiento ilícito, o actuó en su propio beneficio y en contra de los intereses de la comunidad. Existen ejemplos concretos en nuestro país, en los cuales los ciudadanos se unieron espontáneamente para sancionar a funcionarios que tuvieron una conducta inmoral. En algunos casos les impidieron disfrutar de su tiempo libre con sus amigos o familiares en una confitería o en un restorán, por no considerarlos aptos para compartir la vida con la sociedad en su conjunto. (Fuente: Filosofía Formación Ética y Ciudadaba I – Polimodal – Puerto de Palos)

SOBRE LOS PREJUICIOS SOCIALES:

Según la definción del diccionario, prejucio es: Juicio u opinión preconcebida que muestra rechazo hacia un individuo, un grupo o una actitud social. Este juicio está formado por una creencia, normalmente antes de haber sido producido como una acción judicataria.

Existen muchas definiciones de cultura. El antropólogo Edward B. Taylor fue uno de los primeros en definir este término desde la antropología como “[…] el complejo de conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y cualesquiera otras aptitudes y hábitos que el hombre adquiere como miembro de una sociedad”. (Citado en: Adela Cortina. Filosofía, Santillana, Madrid, 1996.)

Así, cada sociedad y cada grupo tiene sus propias pautas culturales, que en la convivencia intergrupal pueden ser contrastadas con las de otros grupos. Esta situación genera numerosos conflictos, cuando un grupo rechaza la cultura del otro. Muchos de estos conflictos se originan en prejuicios.

Se denomina prejuicios a ciertas concepciones que se forman las personas respecto de otros seres humanos o de sus acciones, en forma anticipada y arbitrarias; es decir, se trata de ideas fundamentadas en opiniones que no se examinan ni se busca verificarlas, sino que se aceptan irreflexivamente.

De esta manera, los prejuicios nos impiden conocer a nuestros semejantes tal como son. El racismo, el sexismo y la xenofobia son actitudes prejuiciosas porque inducen a los miembros de un grupo a considerar inferior a otra persona por el solo hecho de pertenecer a un grupo determinado, sin tener en cuenta ningún dato objetivo.

Los prejuicios están estructurados como oposiciones y tienen un alto grado de generalización. Se contraponen todas las personas pertenecientes a determinado grupo, asignándoles características negativas (por ejemplo, que son “malas”, “haraganas”, “irresponsables”, “sucias”, “ignorantes”, etcétera), a todas las de otro grupo, a las que se asignan características positivas (“buenas”, “trabajadoras”, “responsables”, “limpias”, “cuitas”, etc.).

Los prejuicios suelen ser tan fuertes y tan arraigados, que muchas veces se mantienen aunque las experiencias concretas los desmientan. En general resulta más difícil identificar los prejuicios favorables. Por ejemplo, cuesta reconocer que un aviso clasificado que solicita “vendedores” se base en el prejuicio de que las personas de sexo masculino desempeñarán mejor ese trabajo que las de sexo femenino.

Por ejemplo, si una mujer sabe que la sociedad en que vive cree que las mujeres no tienen habilidad para conducir vehículos, esa creencia puede bajar su rendimiento en su examen de manejo e impedirle aprobar varias veces, aunque disponga de la habilidad y la capacidad para hacerlo

La existencia de prejuicios se puede detectar en las acciones llevadas a cabo por personas, grupos e instituciones y también a través de lo que se dice, o sea, a través de las ideas y los sentimientos que, en forma explicita o implícita, se manifiestan en el lenguaje.

Algunas veces, los prejuicios de una sociedad se expresan de manera aparentemente inocente y no explícitamente agresiva: por ejemplo, los sobrenombres que se atribuyen a algunas personas —“petiso”, “gorda”— y los chistes que aluden a distintas comunidades o etnias—de “gallegos”, de judíos, de negros—. Lejos de ser sólo bromas, constituyen elementos irracionales que pueden atentar contra los valores democráticos y la igualdad de derechos de todas las personas.

Los sentimientos de desprecio o de aversión hacia determinadas personas o grupos incentivados por los prejuicios pueden llevar a que se hable mal de ellos, a que se evite el contacto, a atacarlos físicamente o —llegado a un extremo— a proponer su exterminio. Tomar conciencia de esto equivale a empezar a trabajar para eliminar los prejuicios, evitando las ideas y las acciones discriminatorias que se sustentan en ellos.

Estudios realizados en la Universidad de Chicago indican que el rendimiento de las mujeres que conocen el estereotipo del que forman parte, sobre su supuesta inhabilidad para las matemáticas en relación con los hombres, disminuía considerablemente si se las comparaba con las que no lo conocían.Frente a este dilema las personas pueden actuar de dos maneras, respondiendo a las expectativas sociales y apostando al fracaso o bien expresando de la mejor manera lo que saben, e intentar desmitificar estas ideas y atreverse como cualquier otro ser humano a tener éxito. Este fenómeno es denominado por los psicólogos la “amenaza del estereotipo”.

EJEMPLO DE DISCRIMINACIÓN POR PREJUICIOS

Un ejemplo típico de prejuicios fue cuando Susan Boyle se presentó en el concurso de Talentos Británicos y antes de escucharla cantar fue duramente criticada por la prensa, la producción del programa, los jueces y el público en general.

Pero luego de que cantara y emocionara al mundo, nos dió a todos una lección de vida y nuevamente confirmamos que no debemos prejuzgar a la gente por su aspecto físico, su condición social, su sexo, religión o lo que sea, porque nos perdemos de encontrarnos con los verdaderos talentos, cualidad y aptitudes que hacen verdaderamente a una persona.

LA SITUACIÓN DE LOS BOLIVIANOS EN LA ARGENTINA
Durante los años noventa, cerca de un millón de bolivianos emigraron a la Argentina en búsqueda de una mejor situación laboral. Las nuevas posibilidades de trabajo han estado opacadas por una serie de denuncias de xenofobia y racismo hacia miembros de la comunidad boliviana. Actualmente la situación de los bolivianos en la Argentina es bastante irregular. Han sufrido atropellos, atentados, asaltos, xenofobia y discriminación.

La revista La Primera publicó en su portada un artículo que decía: «Invasión silenciosa» y explicaba que los bolivianos venían a la Argentina a ocupar los lugares de los argentinos. «Si tenemos la piel morena, es porque somos originarios de esta tierra. Nosotros estamos colaborando con la economía argentina. Hemos introducido nuevos cultivos en la zona austral».

Vocero Boliviano, 29 de agosto de 2001

Fuente Consultada:
Sitio WEB: www.laguia2000.com y Filosofía de Editorial Santillana Ética Ciudadana II

Concepto de Populismo Politico Características

Concepto de Populismo Político
Sus Características

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Concepto de Populismo

Movimiento político heterogéneo caracterizado por su aversión a las élites económicas e intelectuales, por la denuncia de la corrupción política que supuestamente afecta al resto de actores políticos y por su constante apelación al pueblo entendido como un amplio sector interclasista al que castiga el Estado.

Bajo esta denominación pueden aparecer englobadas diversas ideologías políticas de carácter normalmente autoritario pues, al reclamar para sí la encarnación de los deseos mayoritarios, rechazan la necesidad de más intermediarios y deslegitimar por obstaculizador el pluralismo que representa el resto de la oposición.

Su aparición se liga a rápidos procesos de modernización que generan distinto grado de desarrollo entre diferentes núcleos, normalmente zonas urbanas frente a las rurales más atrasadas. Aunque una de sus más famosas manifestaciones, el peronismo argentino, tuvo un carácter industrial y urbano, es más usual que arraigue en el medio agrario, tal y como sucedió en el sur de Estados Unidos durante la génesis del Partido Demócrata El populismo puede generar tanto reacciones conservadoras como, lo que es propio de numerosos movimientos nacionalistas del Tercer Mundo, desarrollismos transformadores.

Existe incluso una derivación marxista del populismo, según la cual se sustituye la contradicción clasista por la dialéctica entre bloques de dominadores y dominados. También se usa el concepto peyorativamente para denominar un determinado estilo o un tipo de acción que apela directamente a los miedos y aspiraciones instintivas de las masas, en general, y de los agricultores o pequeños burgueses, en particular.

Los políticos populista que suelen apoyarse en el nacionalismo y un personalismo carismático, utilizan un discurso ambiguo o demagógico, y si las circunstancias institucionales lo permiten, tratan de legitimarse a través de métodos de consulta plebiscitaria.

Los Populismos Latinoamericanos

Desde la crisis de 1930 y luego de la Segunda Guerra Mundial, América Latina sufrió profundas transformaciones en los planos económico, social y político. Hacia mediados de los años ’30, en la mayoría de los países latinoamericanos se produjo un incremento generalizado de las exportaciones. En algunos el ritmo fue intenso y creciente, como en Brasil, México, Chile y Venezuela, y en otros hubo períodos de rápido crecimiento seguidos de agudas crisis, como en Argentina, Uruguay y Bolivia.

Hacia los años ’40, en un grupo de estos países —como resultado de la retracción mundial de las importaciones de bienes de consumo— se desarrolló un intenso proceso de sustitución de importaciones. El crecimiento industrial más importante tuvo lugar en la Argentina, México y Brasil. En los casos de Bolivia y Perú, por ejemplo, sus alcances fueron más limitados. El desarrollo industrial de este período se caracterizó por una destacada presencia del Estado, que actuó como impulsor de las actividades económicas.

Las políticas estatales encararon planes de nacionalizaciones —en particular de los recursos naturales considerados claves para el desarrollo de cada país—. Estos cambios fueron acompañados por transformaciones en la estructura social. Se consolidaron los sectores de la burguesía industrial y se amplió la masa de trabajadores urbanos. En México, Brasil y Argentina se desarrollaron procesos políticos de carácter populista, aunque en cada uno de estos países este proceso adquirió modalidades diferentes.

populismo en brasil

El presidente del Brasil Getulio Vargas—inició su primer mandato en 1930— fue el líder de un movimiento de tipo populista. Encabezó una revolución que puso fin al predominio de la oligarquía —los grandes plantadores y comerciantes— e intentó ampliar la base de participación política. En 1937 proclamó la constitución del Estado Novo. Impulsó un proceso de transformación económica de tipo industrialista y nacionalista —creó la empresa petrolera estatal PETROBRAS— y organizó desde el Estado estructuras sindicales oficialistas.
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Lázaro Cárdenas, líder populista mexicano. Asumió la presidencia de México en 1934. Llevó a cabo un programa nacionalista que buscaba establecer un fuerte control sobre la economía del país. Las claves de su política fueron la nacionalización del petróleo —se creó el monopolio estatal PEMEX—y la reforma agraria, consistente en repartir tierras entre la gran masa de campesinos pobres —de origen mayoritariamente indígena—. El movimiento cardenista contó con el apoyo del campesinado y de amplios sectores de la clase obrera, ya que durante el gobierno de Cárdenas aumentó de manera notable el número de trabajadores sindicalizados.

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Características:

Estos movimientos populistas se caracterizaron por crear una fuerte organización obrera, con el fin de que en alianza con la Burguesía Nacional industrialista, instalaran las bases de un desarrollo a través de la sustitución de importaciones.

Los ingredientes fundamentales de los populistas son la transferencia del ingreso en desmedro de los sectores rurales y en favor de los sectores urbanos, políticas nacionalizantes, una fuerte dosis de estatismo como apoyo a la Burguesía Industrial y al aglutinamiento en torno a un líder carismático.

Es innegable que estos movimientos lograron una transformación de la sociedad en los países donde se desarrollaron, pero en última instancia por factores diversos no lograron llegar a sus fines últimos. La consecuencia más marcada de la actuación populista es la desaparición de los sectores políticos dominantes, que configuraban la expresión de la burguesía terrateniente.

Para sintentizar lo anteriormente expuesto, diremos que Populismo, es un movimiento político basado en los sectores obreros urbanos e industriales nacionales, que por medio de la redistribución del ingreso, se propone lograr la transformación de las estructuras sociales y económicas de un país.

Las soluciones son a corto plazo, porque esta política no es eterna, sus límites son los de la distribución de ingresos que le da origen. Mientras haya un sector próspero del que pueda sacarse, con destino a un sector industrial urbano —generalmente ineficiente— esto es posible. Cuando las vacas flacas suceden a las vacas gordas, el populismo suele morir, aunque su recuerdo indisolublemente unido a épocas de prosperidad, perdura largamente y alimenta a quienes pretenden ser sus herederos.

EL POPULISMO EN ARGENTINA:

En la Argentina —y en toda Latinoamérica— desde mediados de la década de 1940 las masas emergen de un modo inequívoco, en la sociedad y en la política. Esto se relaciona en parte con procesos de industrialización pero, sobre todo, con el acelerado crecimiento de algunas grandes ciudades, a las que se vuelcan sectores expulsados por la crisis rural y atraídos por la posibilidad, más o menos real, de obtener en las ciudades mejores empleos, mejores condiciones de vida.

Excluídas y marginadas del consumo, del prestigio y del poder, en un momento esas masas irrumpieron en forma brusca reclamando un lugar en la sociedad. En ese sentido, el 17 de octubre de 1945 fue un episodio de un simbolismo extremo.

¿Qué hacer con esas masas?. Hay una política posible para ellas —en la Argentina y en todo el mundo— que es la de lo que genéricamente podría denominarse el socialismo: colaborar con ellas, para que ellas mismas encuentren su propio destino, realicen su propia reivindicación. Se plantean aquí varios problemas tácticos y estratégicos: cuáles van a ser los medios, con velocidad se van a producir esos cambios, que sacrificios debe imponerse una generación en aras de las siguientes.

En cualquier caso, es un camino difícil. Naturalmente es posible la política inversa: excluir y marginar a las masas, explotarlas, reprimir los riesgos también son evidentes y consiten en una explosión incontenible.

El siglo XX elaboró una tercera opción desarrollada por el fascismo italiano y adecuada —modificándola sensiblemente— Latinoamérica: una política de masas descarte su autonomía y las utilice para tentar poderes ajenos. Esto es lo que s denominarse populismo.

Se apoya en primer lugar en el const de masas. Estos vastos contingentes, cientemente urbanizados, desean consumir, y ese consumo puede ser adecuado para el desarrollo de ciertos sectores imdustriales locales. Fomentarlo, mediante una política redistributiva de ingresos que sólo beneficia a las masas —las tranquiliza quizá— sino también a quienes producen para ellas.

¿Quién paga esto?. Generalmente los sectores productores tradicionalmente volcados a la exportación —nuestra oligarquía terrateniente, por ejemplo— cuyos ingresos son trasladados al sector industrial por intermedio del Estado, a través de retenciones a las exportaciones, cambio diferencial, etc.

Sobre todo, se apoya en una política de masas. Estas son movilizadas y politizadas intensamente, pero cuidando de tronchar todo amago de acción autónoma. La politización es encuadrada por el Estado, junto con un partido —o un movimiento— que se desarrolla adosado a él y que está indisolublemente unido a la figura de un líder ca-rismático, su surgimiento no es un mero azar: esa figura es cuidadosamente construida por los medios de comunicación de masas —la radio, la televisión— cuyo desarrollo es esencial para esta política populista. Ni Mussolini ni Perón habrían existido sin la radio.

También es construida mediante la práctica de una beneficencia directa. El Estado providente y benefactor —el clásico Welfare State de los capitalismos avanzados— se concentra en una persona, de cuya bondad y caridad parece depender esa beneficencia que, según es bien sabido, es hoy una función casi ineludible del Estado moderno.

Falta, finalmente, un buen enemigo, para aglutinar fuerzas. Tratándose de movimientos policlasistas, que procuran armonizar los intereses de sectores de propietarios y de trabajadores, este enemigo no puede ser, sin más, el patrón. Se recurre a figuras más ambiguas en cuanto a contenido real, pero de gran fuerza emocional: la oligarquía, la maléfica, proteica y omnipresente oligarquía, cien veces derrotada y cien veces renacida.

¿Es eterna esta política? Sus límites son los de la distribución de ingresos que le da origen. Mientras haya un sector próspero del que pueda sacarse, con destino a un sector industrial urbano —generalmente ineficiente— esto es posible. Cuando las vacas flacas suceden a las vacas gordas, el populismo suele morir, aunque su recuerdo indisolublemente unido a épocas de prosperidad, perdura largamente y alimenta a quienes pretenden ser sus herederos.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Editorial Biblioteca de Redacción Tomo II – El Populismo –

Gobiernos Populistas

Soberania Politica de un Estado Concepto de Ciencia Politica

Soberanía Política de un Estado

La soberanía es la capacidad de un Estado para ejercer el poder dentro de sus fronteras y proteger esas fronteras frente a amenazas de un enemigo externo. Los profundos cambios ocurridos durante este siglo plantean nuevos problemas con respecto a la conservación de la soberanía de los países. Un poder es soberano cuando no tiene ningún otro poder por encima de él.

En los Estados modernos, el concepto de soberanía está referido a la capacidad de una sociedad política de ejercer el poder dentro de sus fronteras y de proteger esas fronteras frente a amenazas de un enemigo externo. El concepto de soberanía no puede separarse de la noción de poder político, ya que el poder político se expresa jurídicamente en la soberanía.

La soberanía tiene dos facetas íntimamente relacionadas.

■  En su faceta interna, cuando se dice que un Estado es soberano, significa que tiene la capacidad y el derecho de ejercer la fuerza para lograr la paz dentro de los límites de su territorio.

■ En su faceta externa significa que un Estado tiene la capacidad de convocar a los ciudadanos para defender su territorio frente a posibles invasiones extemas.

Concepto de Soberanía:

Categoría central en la teoría clásica del Estado que supone la existencia de un poder final e ilimitado que rige, en consecuencia, la comunidad política. El principio de soberanía ha sido adaptado a las democracias actuales para que exprese el momento político fundante en el que los ciudadanos, sin ninguna autoridad previa ni superior a ellos, permiten a los poderes públicos que ejerzan como tales.

Sus primeros teorizadores, Bodin y Hobbes, la definieron como la suprema potestas, «el poder absoluto y perpetuo de una república» que se manifiesta en la función de promulgar leyes, de anular costumbres, de declarar la guerra y de negociar la paz.

Para Hobbes, la soberanía nace a partir de un pacto ficticio por el que el poder de la sociedad, inicialmente en manos de los individuos, se enajena en favor del Leviathan (Estado) que queda personificado en un soberano que legisla, juzga, nombra funcionarios, recompensa y castiga. Para Rousseau, también dentro de las teorías pactistas aunque sin intención justificadora del absolutismo, la soberanía se equipara a la suma de las voluntades individuales.

Es esta nueva concepción la que permite un artificio filosófico político por el que el principio legitimador del Antiguo Régimen desaparece y se reconoce la soberanía en manos de Los integrantes de la nación. No obstante, ésta se entiende de forma abstracta y expresa su voluntad por medio de un cuerpo electoral restringido a las clases burguesas.

El desarrollo del liberalismo hizo plantear pronto la [imitación de la soberanía nacional a los propietarios. Estos se opusieron a la extensión del número de sus depositarios alegando que así se pervertiría la idea de representación conjunta de los sentimientos e intereses colectivos de un país, incluyendo las generaciones pasadas y futuras, que no exigía la participación efectiva de todos los habitantes en cualquier momento determinado.

Las corrientes democratizadoras del siglo XIX reclamaron sin embargo el sufragio universal y la nueva definición de soberanía resultante pasó a considerar como fuente y origen de todo poder estatal a la generalidad del pueblo y no a una selección específica de éste.

Así, en Las democracias contemporáneas, el hecho de que la soberanía sea popular otorga al Estado la legitimidad sobre la que basa su actuacion. Pero el principio no sirve sólo para regir internamente la comunidad, sino que tiene una proyección frente al exterior que en el pasado se expresaba a través de la guerra o la paz y hoy se plasma, sobre todo, en la prohibición de injerencias extranjeras en los asuntos propios.

La soberanía es entonces un concepto jurídico político propio de las relaciones internacionales y supone la independencia del Estado como único sujeto con poder de decisión autónoma en el ámbito de sus competencias. El conjunto de estados soberanos guardan así relaciones recíprocas de igualdad formal en un contexto anárquico, al no existir autoridades supranacionales.

De hecho, la única regulación globalmente aceptada de la política internacional es precisamente la soberanía, lo que hace que ninguna obligación se pueda imputar a un Estado sin su previo consentimiento. No obstante, la soberanía como principio integrador determinante y elemento nuclear del ordenamiento internacional queda matizada por la existencia de organizaciones internacionales que adquieren el ejercicio de ciertas competencias.

Aunque también en esos casos el Estado suele controlar el proceso de toma de decisiones (gracias a la unanimidad, el consenso o el derecho de veto) y previamente ha permitido que la gestión se atribuya a este actor, lo cierto es que su existencia limita la libertad absoluta estatal. Más aún, la existencia de un núcleo de ius cogens imperativo e inderogable contrasta con el principio general de que las normas internacionales deben estar voluntariamente consentidas.

Foros como la ONU podrían convertirse en autoridades externas que produzcan normas de aceptación obligatoria, aun sin el consentimiento estatal, pero este desarrollo del llamado derecho de injerencia está aún muy condicionado. Sólo las organizaciones que pretenden la integración supranacional en ciertos ámbitos, como la Unión Europea, representan un ejemplo relativamente ambicioso de desafío a la idea de soberanía en su acepción clásica.

Claro que, con independencia de las proclamaciones jurídicas, las relaciones políticas internacionales sí que demuestran con toda su crudeza las verdaderas Limitaciones de la soberanía. Las diferencias de capacidad económica y militar, la interdependencia comercial o el acceso privilegiado de ciertas potencias a los recursos naturales son fenómenos que muestran la ficción ideológica de la idea.

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Por ejemplo, el área de explotación de pozos petroleros en el mar de un país.
La explotación de los recursos naturales dentro del territorio nacional es parte fundamental del ejercicio de la soberanía de un país.

ALGO MAS PARA COMPLETAR…

En quién reside la soberanía: Al ocuparnos de la soberanía conviene recordar en quién reside la soberanía. El problema lo hallamos desde el comienzo de nuestra historia política, cuando los hispanoamericanos iniciaron el proceso de la revolución por la independencia. Mientras que por esos años en algunas monarquías europeas se sostenía que el poder le había sido dado por Dios a la persona del monarca, en España, durante el siglo XVI, la escuela jurídico-política inspirada en el jesuíta Francisco Suárez (1548-1617) sostuvo que Dios no le concede al monarca la autoridad en forma directa sino por intermedio del pueblo: la soberanía es dada por Dios al pueblo y es éste quien la delega en sus representantes.

Estas ideas fueron enseñadas en las universidades hispanoamericanas y ofrecieron ocasión a los patriotas para afirmar, ante la caducidad del gobierno Español debido a la invasión de la península por Napoleón, que el pueblo debía reasumir la soberanía para designar un nuevo gobierno.

Surge entonces la teoría de la representación, según la cual el que gobierna lo hace en nombre del pueblo, que aunque sigue siendo soberano, ha dejado de ser gobernante.

Esta transferencia o delegación no hace al Estado absoluto. Este, por el contrario, es limitado, es decir, se halla condicionado por la naturaleza del hombre y por las facultades propias de que dispone.

La soberanía política: La soberanía política es la que hemos caracterizado inicialmente como soberanía interna, o sea, la facultad que posee el que gobierna de movilizar eficazmente la actividad de los miembros de la sociedad y de rechazar en el ejercicio de su misión propia toda ingerencia de los demás Estados.

En las formas dictatoriales, absolutistas o marxistas, la soberanía es absorbida por el Estado o por la persona que ejerce el poder; y esa absorción es tal, que no queda a los ciudadanos la posibilidad de restarle facultades, ni de enjuiciar o criticar.

En las concepciones democráticas representantivas los ciudadanos transfieren a sus representantes el poder.suficiente para gobernar el cuerpo político o sociedad política, pero no delegan todos sus derechos y se reservan el ejercicio de controlar a sus representantes.

Por ello en las democracias representativas no existe una soberanía absoluta. El poder de que goza es limitado, pero suficiente para cumplir su misión.

Soberanía e independencia
El concepto de soberanía externa no es absoluto, pues si un Estado fuera absoluto se impondría a otros, lo que no ocurre en el orden internacional, ya que se trata de relaciones de igualdad entre los Estados. Es decir, los Estados son iguales entre sí.

Lo que se designa por soberanía externa es el poder de determinarse libremente en la conducción de la política exterior. Esta determinación posee el nombre de independencia. Cualquier estado tiene el derecho, en nombre de la independencia, de rechazar cualquier intervención extranjera en su política interior y exterior.

Sin embargo, como los Estados son miembros de una sociedad mucho mayor de naturaleza mundial, se comprende que ningún ejercicio de los derechos de soberanía e independencia Duede ser absoluto. Los derechos están limitados por los derechos iguales de los demás Estados.

Pararegularel bien general mundial se hace natural laexistenciadeuna sociedad política mundial que logre la armonía, la colaboración y la paz, que son bienes supremos y base de los demás bienes.

El primer intento realizado en ese orden fue el Pacto de la Sociedad de las Naciones (1919), que subsistió hasta 1939, siendo seguido por la Carta de la Organización de las Naciones Unidas (UN), nacida en 1945. La presencia de esa sociedad y de otros organismos mundiales pone en evidencia que la autolimitación de las soberanías nacionales tiene por objeto la búsqueda del bien común mundial.

Sin embargo, esa sociedad política mundial no puede ni tiene facultades para atentar, destruir o disminuir el derecho a la independencia.

Soberanía Territorial y el Control de las Fronteras

LECTURA COMPLEMENTARIA:
Concepto de Sobernía

«El concepto moderno de soberanía tiene su lógica interna y, conjuntamente, su fuerza aplastante: en efecto, ha logrado unificar procesos históricos, como la formación del Estado moderno, y ha permitido la elaboración conceptual de toda una teoría del Estado. Sin embargo, en la historia también se han dado procesos históricos y realizaciones institucionales diversas de difícil comprensión si se parte del rigor de este concepto político jurídico, que corre el riesgo de hacerse científica y políticamente embarazoso. Puntualizaremos ahora solamente dos: uno en plano jurídico y otro en el plano político; por un lado, el constitucionalismo […] y por el otro, el pluralismo, los cuales están en contra, de nuevos y diversos modos, de exigencias satisfechas por la sociedad política medieval.

Si concebimos la historia moderna no como una victoria del Estado absoluto sino como victoria del constitucionalismo, entonces notaremos que el elemento de continuidad de esta lucha está justamente en su adversario: la soberanía. Las distintas técnicas del constitucionalismo están, en realidad, todas dirigidas a combatir con el Estado mixto y la separación de los poderes, toda concentración y unificación del poder, a dividirlo en un equilibrio balanceado de órganos. […] Benjamín Constant […] quiere suprimir de sus sistema el concepto de soberanía, o redimensionarlo, porque en él ve la expresión de un poder absoluto y, en cuanto tal, arbitrario: nadie, ni el rey ni la asamblea, puede arrogarse la soberanía, y ni siquiera la universalidad de los ciudadanos puede disponer soberanamente de la existencia de los ciudadanos. Soberanía y constitucionalismo siempre han sido entendidos como términos antitéticos, y la victoria del segundo se logró con las constituciones escritas, cuyas normas son jerárquicamente superiores a las leyes ordinarias y hechas eficaces por cortes judiciales adecuadas. De tal manera fue posible garantizar ¡os derechos de los ciudadanos por los viejos y por los nuevos soberanos. […]

Pero el verdadero adversario de la soberanía es la teoría pluralista […] [en tanto demuestra que] no existe la unidad del Estado, con el monopolio de decisiones autónomas, porque de hecho, el individuo vive en asociaciones y grupos distintos, capaces de imponer sus propias opciones. En realidad en la sociedad existe una pluralidad de grupos en competencia o en conflicto para condicionar el poder político, y precisamente esta pluralidad impide que haya una sola autoridad, omnicompetente y omni-comprensiva, y el proceso de desición política es el resultado de toda una serie de mediaciones. En esta división de poder, en esta poliarquía, no hay un verdadero soberano […].»

NICOLA Matteucci. Diccionario de política. Siglo xxi, México, 1994.

Fuente Consultada:
Educación Cívica Juan Carlos Zuretti-Nestor Tomas Auza Editorial Itinerarium S.A.

CONCEPTOS DE ciencias politicas

El Gobierno de una Nacion Resumen, Concepto y Formas de Gobernar

Concepto: Gobierno de una Nación
Formas de Gobierno

¿QUE ES UN GOBIERNO?: Gobierno es el conjunto de autoridades y funcionarios que dirigen una sociedad o un grupo humano. Así hablamos del gobierno de la Nación, del gobierno provincial, del gobierno municipal, del gobierno de una empresa, del gobierno de una escuela, etc.

Toda sociedad humana, para cumplir sus fines requiere una organización, una conducción, una administración. La coincidencia de las voluntades, la composición de los intereses, la armonía de los esfuerzos, no surgen espontáneamente.

Incluso una familia necesita para su buen funcionamiento «un jefe de familia» que es su conductor y principal responsable. Un club de fútbol necesita una comisión y un presidente. No hay sociedad estable sin gobierno y autoridad.

La existencia de la autoridad es imprescindible para el buen funcionamiento de toda sociedad. Es un hecho comprobado por la experiencia de que si falla la autoridad la sociedad se desquicia, surge el desorden y la anarquía.

También la sociedad política necesita un gobierno, que sea el responsable de la armonía de las voluntades, de la consecución de los fines comunes, de la paz y justicia, de la protección de los derechos y libertades, de la composición de los conflictos.

Existen muy diversos tipos de sociedades políticas y múltiples formas de concebir y organizar el poder. Pero no existen, ni han existido, sociedades sin gobierno.

El objeto y la función del gobierno es lograr el bien común de la sociedad.

Aristóteles clasificaba a los gobiernos en tres formas legítimas y en tres formas corrompidas.

Las tres formas legítimas se caracterizan por buscar el bien común; las tres deformaciones, o formas corruptas, por buscar el bien particular o privado.

Formas legítimas:
monarquía: gobierna uno para provecho de todos;
aristocracia: gobierna un grupo para provecho de todos;
democracia: gobierna la muchedumbre para provecho de todos.

Formas corruptas:
tiranía: gobierna uno para provecho de sí mismo;
oligarquía: gobierna un grupo para provecho propio.
demagogia: gobierna la muchedumbre para provecho propio, con olvido del bien de la comunidad y de los otros grupos.

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LAS FUNCIONES DEL PODER – SU ARMONÍA Y COORDINACIÓN

Tres son por naturaleza las funciones fundamentales que requiere la organización y gobierno de una comunidad:

1. establecer las normas estables que regulan el ejercicio de los derechos y deberes, establecen la competencia de magistrados y funcionarios, regulan los distintos géneros de actividad social, etc., es decir, dictar leyes o legislar. Esta es la función legislativa;

2. poner en ejecución lo que mandan las leyes, velar por el orden social, administrar el estado, conducir el conjunto de la vida y la actividad social. Esta es la función ejecutiva;

3. ser arbitro en los conflictos que se suscitan, juzgar y sancionar a los que han transgredido las leyes, velar porque la justicia y el orden jurídico tengan vigencia real en la vida de la sociedad. Esta es la función judicial.

Estas funciones pueden estar reunidas o separadas en uno o distintos órganos o personas. El padre de familia las reúne en sí mismo en la sociedad familiar. El mismo da las normas, las ejecuta, administra su familia y sanciona a sus hijos cuando es menester.

En la mayor parte de las sociedades políticas, incluso en las primitivas, estas funciones no suelen estar concentradas en una misma persona. En muchas organizaciones tribales el jefe de tribu ejerce la función ejecutiva y administra justicia. Pero un consejo de ancianos es el que dicta las normas, toma las decisiones de más importancia, y se reserva los casos criminales de mayor trascendencia.

Fue característica de las monarquías absolutas el concentrar en manos del monarca las tres funciones en instancia suprema. El rey dictaba leyes, administraba el estado y actuaba como supremo juez. La concentración del poder en una mano es lo que constituye el poder dictatorial.

El poder dictatorial puede ser bien o mal empleado, pero por naturaleza es incontrolable y se presta a abusos, a convertirse en poder absoluto o arbitrario.

En los siglos XVII y XVIII, época del «derecho divino» de los reyes, era común la concentración de las tres funciones en manos del monarca. Es la época de las monarquías absolutas.

Las modernas teorías y movimientos democráticos surgen en oposición a este poder absoluto. Uno de sus postulados será el rechazo del poder incontrolable. De aquí su insistencia en que las tres funciones estén en manos y órganos distintos.

El objeto fundamental de la separación de funciones es prevenir los abusos, procurando el equilibrio y mutuo control entre los órganos.

Fue Montesquieu, pensador político francés del siglo XVIII, teórico del moderno constitucionalismo, quien en su obra El espíritu de las leyes, llamó la atención sobre la importancia que tiene la separación de funciones (él las llamaba «poderes», término que por mucho tiempo mantuvo la teoría política), para la limitación del poder y la salvaguarda de la libertad.

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CONCEPTO Ó DEFINICIÓN: Concepto de uso frecuente y poco preciso que designa, en la terminología política, tanto los mecanismos a través de los que se lleva a cabo la dirección pública de la colectividad social, como el aparato que hace aquélla posible.

El gobierno, por tanto, adquiere significados concretos diversos que pueden aludir a la forma de organización global en un Estado (o régimen político); a la acción misma de elaboración de las políticas públicas (o gobernación); o a la organización institucional donde reside la autoridad formal del Estado.

En esta última acepción estática y concreta, el término no sólo se aplica para nombrar al conjunto de los poderes públicos tradicionales —legislativo, judicial y ejecutivo— sino que también sirve como sinónimo del último. De hecho, y especialmente fuera del mundo anglosajón, con gobierno se designa específicamente a la cima política que, junto a la subordinada administración, conforma el poder ejecutivo.

Circunscribiendo así la noción a la de más restringido alcance, el gobierno es una institución política de existencia universal, a diferencia de los parlamentos o los tribunales, por lo que se identifica asiduamente con el poder estatal en sentido estricto.

En las democracias actuales, su protagonismo en la orientación de las políticas puede depender de la forma de nombramiento, que varía entre los presidencialismos, donde un poderoso jefe de gobierno directa y popularmente elegido se rodea de colaboradores, y los sistemas parlamentarios.

En estos últimos son las asambleas las que nombran y controlan al gobierno, de forma que éste depende de la capacidad de liderazgo de quien lo dirige (el primer ministro), de la cohesión del equipo designado y de la fuerza que tenga el partido o coalición que lo respalda.

Estos factores, junto a otras variables constitucionales y administrativas, hacen que los gobiernos resulten fragmentados (si cada ministro disfruta de autonomía sobre su departamento y no existe coordinación); monocráticos (si existen relaciones jerárquicas de uno o varios miembros sobre otros); o colegiados (cuando la toma de las decisiones más importantes se realiza de forma colectiva).

En todo caso estos rasgos no son excluyentes y, de hecho, es común que la pauta real de funcionamiento de un gobierno se segmente entre el papel protagonista desempeña en ciertos ámbitos el primer ministro o el responsable de hacienda y la responsabilidad más directa de los demás miembros en sus correspondientes sectores.

Además de los mencionados dominios reservados y del margen que los ministerios individuales tienen en los impulsos iniciales y la implementación, la dirección política y la coordinación se alcanza, al menos teóricamente, en la sede colegiada.

Que Es La Geopolitica? Territorio y Politica de los Estados

¿Qué es la Geopolítica? Territorio y Política de los Estados

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Geopolítica Escuela politológica nacida durante el período de entreguerras con la finalidad de analizar las relaciones que pueden establecerse entre el territorio y la política. A pesar de que con anterioridad a su aparición ya existían ciertos estudios que querían vincular las formas de gobierno existentes con determinadas configuraciones geográficas, lo cierto es que sólo aspira a la articulación científica desde 1916, cuando Rudolf Kjellen usa el término y describe al Estado como un organismo vivo.

Partiendo de la consideración organicista del Estado, llegaba a la conclusión de que todos los estados intentaban asegurar su territorio y su expansión. La geopolítica aparece así como el proceso o la dinámica política de afianzamiento y expansión territorial de los estados. De aquí el interés por cultivar esta perspectiva en naciones continentales que, como Alemania, quedan en el centro de un amplio espacio y sólo están separadas de los vecinos que las rodean por fronteras artificiales o inciertas.

Así surge en La Mittleuropa germánica la denominada teoría del Lebensraum o espacio vital que, formulada por Haushofer, habría de servir de argumentación teórica al expansionismo nazi. Pese a que, durante la guerra fría, la geopolítica siguió llamando la atención de los estrategas militares, la corriente ya no puede identificarse necesariamente con la recreación de fronteras naturales y la utilización de la agresión bélica como método de consolidación de las mismas. De hecho, el concepto es hoy usado con connotaciones estrictamente analíticas en estudios descriptivos y explicativos, desarrollados por geógrafos y teóricos de Las relaciones internacionales.

Concepto de Estado Nacional

Concepto de Estado Nacional

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Estado Concepto central de la ciencia política que designa la forma de organización jurídico-política por antonomasia, nacida en Europa en el siglo XVI y que ha sido adoptada posteriormente de manera universal.

Teorizado por Maquiavelo, surge en paralelo a la idea de soberanía y etimológicamente supone la plasmación estática de ésta. Es decir, representa la formalización de una autoridad permanente y pública que domina, por el interés general, un espacio territorial cerrado y a las personas que en él viven.

Frente al continuado y anárquico cambio social, el Estado supone la obediencia o la relación de dominación de unos hombres sobre otros que pone fin a la supuesta guerra civil. En definitiva, y en palabras de Weber, es la asociación que, dentro de unas fronteras espaciales, reclama para sí el monopolio de la violencia física legítima. El Estado es, al mismo tiempo, una comunidad política estable que agrupa una población en interacción social; e institución jerárquica fundada sobre impuestos y leyes que regulan a ese grupo humano.

En ese último sentido el concepto se enfrenta al de sociedad civil y se acerca a la noción amplia de gobierno como aparato en el que residen los poderes públicos, que se plasman en ejército, burocracia o diplomacia exterior.

No obstante, la idea de Estado es más amplia ya que incluye la definición de los intereses permanentes de la organización y no se limita, como el gobierno, a la dirección del proceso político presente.

Existen muy diferentes concepciones de lo que representa el Estado, tanto en la historia como en la actualidad, que normalmente se reflejan en doctrinas prescriptivas sobre el papel que debería jugar en el futuro.

Con independencia de las formas políticas pre-estatales (polis clásicas, imperios antiguos y reinos medievales), el Estado moderno surgió con la teoría absolutista* que pretendía justificar monarquías fuertes para evitar que la competición feudal o religiosa arruinara a Europa.

Posteriormente, cuando dicha función estaba asegurada pero el Antiguo Régimen y el mercantilismo proteccionista perjudicaban los intereses de la burguesía ascendente, las revoluciones liberales aportaron un nuevo diseño de Estado como mero guardián, mínimamente implicado en la regulación de la actividad social y respetuoso con el libre comercio y ciertos derechos individuales.

De ahí que la teoría marxista concibiera al aparato estatal como simple expresión instrumental de la clase dominante que era necesario eliminar.

No obstante, el socialismo posterior considera la posibilidad de utilizarlo estratégicamente y convertirlo en el garante supremo de la eliminación de desigualdades. Pero mientras los totalitarismos comunistas conciben un utópico futuro sin Estado, que les acerca al anarquismo autogestionario.

La socialdemocracia niega la conveniencia de su desaparición y basa su programa en una combinación entre respeto a la libertad y afirmación de un fuerte Estado del bienestar que intervenga activamente en la producción.

De hecho, la síntesis entre Estado social y liberal de derecho constituye actualmente el paradigma normativo de las democracias económicamente más avanzadas.

No obstante, y aunque se reserva así en éstas un importante papel al Estado (que aumenta en los regímenes autoritarios o en los países subdesarrollados, ya que es necesario contar respectivamente con un aparato represivo o una agencia de crecimiento), parece existir cierta encrucijada que plantea una crisis del modelo.

Los estados han de compartir la gestión de las competencias materiales con otros ámbitos públicos territoriales, como regiones u organizaciones supranacionales, y, además, el empuje de la doctrina y las recetas neoliberales ha hecho reducir su dirigismo en la economía de forma que, en los últimos años, se ha asistido a una desregulación de los mercados.

Sin embargo, y aunque para algunos politólogos tal escenario anima a considerar el Estado como un actor más de una realidad pluralista, la existencia misma de estos desafíos ha hecho que vuelva el interés por él y revigorizado el enfoque institucionalista, que sí admite la posibilidad de su autonomía.

En cualquier caso, las relaciones internacionales y la mayor parte de las investigaciones politológicas empíricas continúan considerando al Estado como el elemento configurador sobre el que descansa la disciplina. Esta, caracterizada por el estudio del poder público, no ha identificado aún ningún otro modelo de dominación tan efectivo que, sobre una esfera de acción exclusiva y excluyente, ejerza funciones tan generales y básicas.

Aunque varían enormemente en poder, todo el planeta está hoy homogéneamente organizado en formas estatales, no existe autoridad que los cree y, aunque el acelerado proceso de interdependencia supone la creación de organizaciones como la Unión Europea, incluso en esos ámbitos son ellos quienes determinan la esfera respectiva de acción.

Significado de la Division de Poderes en un Sistema Democrático

Significado de la División de Poderes en un Sistema Democrático

Los riesgos que conlleva un ejercicio ilimitado de poder o su ausencia total han sido constatados repetidas veces a lo largo de la historia. Ya en el siglo IV a.C, Aristóteles expuso en su Política la necesidad de diferenciar tres esferas de actividad dentro del estado —la elaboración de normas, la ejecución de las mismas y la administración de justicia—, convirtiéndose así en el precedente más antiguo de la moderna división entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

División de poderes

Principio de organización política por el que las distintas tareas de la autoridad pública deben desarrollarse por órganos separados. La división tradicional se ha basado en la existencia de tres poderes que se justifican por necesidades funcionales y de mutuo control.

Además, en los sistemas democráticos se concibe como un complemento a la regla de la mayoría ya que gracias a él se protegen mejor las libertades individuales. Aristóteles, en la consideración de las diversas actividades que se tienen que desarrollar en el ejercicio del gobierno, habló en su momento de legislación, ejecución y administración de la justicia.

Sin embargo, quienes realmente aparecen como formuladores de la teoría de la división de poderes son Locke y Montesquieu. Ambos parten de la necesidad de que las decisiones no deben concentrarse, por lo que los órganos del poder han de autocontrolarse a través de un sistema de contrapesos y equilibrios (checks and balances).

La primera división que efectúan separa el poder entre la corona y las demás corporaciones y, a su vez, dentro de éstas distinguen los poderes legislativo, ejecutivo y federativo; aunque Montesquieu sustituye el último término, que Locke relacionaba con los asuntos exteriores, por el judicial.

La defensa de la división de poderes se convierte a partir de ambas aportaciones en objeto principal del constitucionalismo liberal, que encuentra así un modelo institucional opuesto al absolutista. Además, esta fragmentación incluye la organización del legislativo en un parlamento bicameral ; la división del ejecutivo entre gobierno y burocracia; y en algunos casos, una adicional división territorial del Estado. Todo ello, junto con la existencia de unos derechos fundamentales, pasa a ser un requisito imprescindible para evitar la arbitrariedad del poder público y, por tanto, conseguir garantías para la autonomía individual de la acción.

Los dos más significativos ejemplos de la aplicación pionera de la división de poderes fueron las constituciones post-revolucionarias norteamericana y francesa. En los dos casos, el legislativo gozó en principio de primacía sobre el resto de los poderes y se dotó de independencia rigurosa al poder judicial.

En Francia la limitación de la acción del ejecutivo, al tener que observar el principio de legalidad, suponía que el parlamento dominado por la burguesía podía controlar al gobierno emanado del rey.

En Estados Unidos, por el contrario, el propio jefe del Estado era elegido democráticamente y la cuestión tenía más que ver con la distribución de responsabilidades que, siguiendo el diseño de Madison, quedaban parcialmente solapadas a través de la posibilidad excepcional de que el Congreso destituyera al presidente, de que éste vetase ciertas leyes, y de que los jueces pudieran reinterpretarlas.

Posteriormente, se asiste a un desplazamiento del protagonismo hacia el ejecutivo como consecuencia primordial de la expansión de tareas del Estado y la evidencia de que sólo el gobierno y la administración son capaces de absorberlas.

A pesar de esta tendencia, la respectiva y diferente legitimidad democrática del ejecutivo y el legislativo que es propia del presidencialismo norteamericano, hace mantener la independencia entre poderes. Por su parte, en el constitucionalismo inspirado por Francia e Inglaterra, la dirección del ejecutivo por la corona fue reemplazada por una designación parlamentaria del gobierno y, de esta forma, los poderes ejecutivo y legislativo pasaban más bien a ser interdependientes y derivados de la misma mayoría.

LA DIVISIÓN DE PODERES EN LA DEMOCRACIA

Así, en el parlamentarismo europeo, la división de poderes sólo se garantiza para el poder judicial, mientras que el poder legislativo, especialmente en los casos de estabilidad gubernamental, puede resultar paradójicamente más marginado del proceso decisorio que en el presidencialismo. Frente a los riesgos que con lleva esta concentración de poder, puede apelarse a las ventajas de una mayor coherencia en la elaboración de las políticas y, consiguientemente, una responsabilidad democrática más directa.

Después de Montesquieu, el concepto de separación de poderes se convirtió en una de las principales doctrinas del vigente derecho constitucional. Casi todas las constituciones modernas, desde la de los Estados Unidos de América, promulgada en Filadelfia en 1787, pasando por la declaración francesa de los derechos del hombre y del ciudadano de agosto de 1789, hasta las constituciones de los nuevos estados de Asia y África, establecen la separación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial.

La división funcional entre las ramas del gobierno, sin embargo, no es matemáticamente precisa. En el estado constitucional moderno, el principio de compartimentación más que el de separación de poderes es el que predomina; el poder se controla porque está compartimentado o distribuido entre las diferentes divisiones del gobierno, de tal manera que cada una de ellas está sujeta al control recíproco de la otra y todas se ven forzadas a cooperar en el ejercicio del poder político.

Únicamente cuando un estado se apoya en el derecho se da la división de poderes. Las funciones encomendadas a los tres poderes no difieren sensiblemente de las previstas por Montesquieu, y en síntesis son las siguientes: el poder legislativo hace la ley, o más exactamente una de sus partes, la ley escrita.

El ejecutivo (que abarca no sólo al gobierno, sino a la larga lista de funcionarios públicos, es decir, la administración, la policía, las fuerzas armadas, etc.), lleva a cabo la ley aplicándola y obligando a su cumplimiento. El poder judicial interpreta la ley y, además en la práctica, ayuda a crear derecho en el caso del derecho consuetudinario o jurisprudencial.

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Fuente Consultada:
Conceptos Fundamentales de Ciencia Política – Ciencias Sociales Alianza Editorial
Enciclopedia HISPÁNICA Tomo 12

Concepto de los Derechos Fundamentales Resumen

Resumen Concepto de los Derechos Fundamentales

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Concepto de Derechos Fundamentales:

En contraste con la idea absolutista de soberanía, que concedía a la autoridad pública un poder ilimitado de intromisión en la esfera privada del ciudadano, las revoluciones liberales acotaron una serie de ámbitos de privacidad donde el individuo no podía ser molestado. Nacieron así los derechos fundamentales como la síntesis que resulta de combinar las dos tradiciones filosóficas humanistas y cosmopolitas del siglo XVIII: el ilusnaturalismo y el racionalismo ilustrado.

Aunque los catálogos decimonónicos reconocían las libertades más básicas como la de expresión, la de asociación o la ideológica y religiosa, se vincularon también a los intereses económicos de la burguesía e incluyeron la garantía de protección de la propiedad o el libre movimiento. Posteriormente, el desarrollo democrático ha subrayado la importancia de estos derechos y ha incluido mecanismos eficaces de defensa jurisdiccional de los mismos.

Así, la inicial técnica consistente en plasmarlos en declaraciones no vinculantes (Virgina en 1776 o Francia en 1789) fue depurada en el constitucionalismo posterior que positivó nuevos derechos, como el de huelga o sindicación, y dotó a todos de más eficaces garantías. Hoy, en la medida en que los derechos fundamentales estén ampliamente reconocidos y protegidos, se puede hablar de que un determinado sistema político constituye un Estado de Derecho.

Los derechos fundamentales, reconocidos a la población en general, suelen distinguirse de los derechos políticos, que se relacionan con la participación en los asuntos públicos de la nación y se restringen a los ciudadanos.

A partir del período de entreguerras se ha llegado también a reconocer, como valores dignos de protección, una serie de aspiraciones al bienestar económico y cultural, pero estos derechos sociales merecen menores defensas que las tradicionales libertades que se vinculan al individuo. Y es que aunque en muchas democracias se reconoce que los poderes públicos deben evitar las injustas desigualdades, sigue considerándose más exigible que éstos no cometan arbitrariedades.

Así, incluso hoy existen movimientos politizados, como el que reivindica en Norteamérica los civil rights, que pretenden ampliar los catálogos o denunciar amenazas persistentes y discriminaciones sobre los ya reconocidos. Aunque es frecuente utilizar indistintamente las expresiones derechos fundamentales y derechos humanos, existe una diferente significación en función del ámbito en el que se empleen.

Así, los primeros se refieren a los derechos jurídicamente vinculantes a nivel interno, mientras que los últimos designan los derechos supuestamente naturales positivados en tratados internacionales.

Por tanto, los derechos fundamentales, al quedar recogidos en las constituciones nacionales, suelen disfrutar de un mayor grado de concreción y garantía efectiva a pesar del consenso expresado sobre los segundos en la ONU a través de la Declaración de Derechos Humanos de 1948 y el Pacto convencional de 1966.

Aunque en el mundo democrático se violan ocasionalmente, es en los regímenes dictatoriales donde se produce una sistemática falta de consideración a los mismos. El relativismo cultural ha llegado incluso a justificar esta situación, apelando al origen occidental de estos derechos y el supuesto etnocentrismo que supone el pretenderlos universales.

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

Objetivos de Constitucion de un Estado Origen y Evolución

Objetivos de la Constitución de un Estado

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Constitución de un Estado:

Conjunto de reglas fundamentales por Las que se rige un Estado y que, allí donde supera el mero carácter programático, se convierte en la fuente primaria del ordenamiento jurídico. Es decir, su contenido es de obligado cumplimiento por todos, incluyendo a los poderes públicos ulteriores, por lo que el conjunto de la legislación subordinada ha de estar informada por su espíritu. Aunque en principio también debe existir ajuste fiel a su letra, los intérpretes constitucionales suelen orientarse a garantizar el respeto a la finalidad de sus enunciados básicos.

Se consigue así la pervivencia y la adaptación de textos muy antiguos a nuevas situaciones, si bien la resistencia a realizar reformas puede llevar a mutaciones que traicionan la idea original. La constitución es un instrumento básico de la ideología democrática liberal, ya que el gobierno sometido a ella tiene constricciones y contrapesos institucionales que limitan su poder y la posibilidad de que corneta arbitrariedades contra los individuos.

De hecho, proclamando y protegiendo los derechos fundamentales se pone en el mismo plano a la autoridad y a los gobernados. Estos textos básicos, por tanto, cumplen una doble función que, tradicionalmente, se ha denominado dogmática y orgánica. Mientras la primera alude a la proclamación de los principios primordiales del régimen político instaurado y a la protección de los derechos y libertades de los ciudadanos, la función orgánica se refleja en la articulación efectiva de la división de poderes.

Las constituciones han ido evolucionado a lo largo de la historia desde su primera expresión liberal censataria, a finales del siglo XVIII, que sólo aspiraba a la supresión del absolutismo del monarca, la introducción de un parlamento en la estructura de gobierno y el reconocimiento de unos derechos mínimos para quienes eran considerados ciudadanos. Más adelante,

La restauración del Antiguo Régimen obligó a compromisos entre la tradición y las recientes conquistas de la burguesía, que se expresaron a través de cartas otorgadas. Por eso, en realidad, el constitucionalismo democrático nace durante la segunda parte del siglo XIX cuando se consolida el parlamentarismo, se extiende el sufragio universal y comienzan a reconocerse derechos políticos y sindicales.

Durante el siglo XX, el progreso es aún mayor y, a partir del principio de soberanía popular, se acude a la inclusión de derechos sociales y, a menudo, la supresión de las cámaras aristocráticas o la sustitución de las monarquías por repúblicas. Hoy todas las democracias son constitucionales aunque, al menos, existen dos formas de concebir el papel de las normas básicas en la vida política.

Así, aquellos modelos consociacionales preocupados por preservar los derechos de las minorías, tratan de blindar el sistema contra posibles excesos autoritarios futuros y conceden gran importancia al respeto de un detallado pacto constitucional que, normalmente, está asegurado por un tribunal independiente.

Más orientativos y cortos resultan los textos fundamentales, que a veces ni siquiera están escritos, en las democracias basadas sobre el principio de la mayoría. En estos casos no se considera legitimo que el parlamento del momento esté sometido a la rigidez del pasado o al activismo judicial de un órgano no elegido.

ALGO MAS…La constitución escrita más antigua e influyente del mundo es la de Estados Unidos de América, En su origen consistía en un preámbulo y siete artículos, fue esbozada en 1787, firmada en septiembre de ese año y entró formalmente en vigor el 21 de junio de 1788, cuando fue ratificada, como exigía su propio Artículo Vil, por nueve de los trece Estados que existían en la época.

Su preocupación más general, manifestada en el breve preámbulo, es «garantizar los beneficios de la libertad», una aspiración que refleja el hecho de que la guerra en que Estados Unidos se había enfrentado a los ejércitos de Jorge III, un «tirano … incapaz de ser el gobernante de un pueblo libre», había acabado sólo cinco años antes. La preservación de la libertad se logrará sobre todo limitando el poder del gobierno, y esto se plantea en los tres primeros artículos mediante la famosa separación de poderes: el poder legislativo se confiere al Congreso (Artículo I), el poder
ejecutivo a la presidencia (Artículo II) y el judicial reside en los tribunales (Artículo III).

El resto de la Constitución comprende 27 enmiendas, cada una de las cuales tuvo que ser aprobada según las fórmulas establecidas en el Artículo V. Entre ellas, las diez primeras forman en conjunto la Carta de Derechos y fueron adoptadas a la vez el 15 de diciembre de 1791.

La Primera Enmienda protege diversas libertades, incluidas las de religión, expresión, reunión y de prensa, y la Quinta garantiza el derecho de los testigos a guardar silencio si su testimonio puede proporcionar pruebas contra ellos. De las demás enmiendas, son especialmente notables la Décimo tercera, que abóle la esclavitud (1865), la Décimo cuarta, que garantiza protección igual bajo la ley, la Décimo quinta, que establece el derecho a voto independientemente de la raza (1870), y la Décimo novena, que permite el sufragio femenino (1920).

Fuente Consultada:
50 Cosas Que Hay Que Saber de Política Ben Dupré
Conceptos Fundamentales de Ciencia Política – Ciencias Sociales Alianza Editorial
Enciclopedia HISPÁNICA Tomo 12

Clientelismo Politico Conceptos Defincion Administracion Soberania

CONCEPTOS DE CIENCIA POLÍTICA: EL CLIENTELISMO

CONCEPTOS DE ciencias politicas

Clientelismo político Situación de relación mutua entre Los agentes del Estado y ciertos grupos o personas que, a cambio de apoyo político a aquéllos, aceptan el trato privilegiado que se les ofrece. Son muchas sus posibles manifestaciones y no existe un modelo absolutamente claro que permita diferenciarlo de otros comportamientos similares tales como el nepotismo, el caciquismo o, en general, la corrupción política.

Los precedentes se remontan a la sociedad romana, cuando la clientela identificaba una relación de dependencia económica y política entre sujetos de estatus diverso, que llevaba aparejada la protección jurídica y social de los intereses del cliente a cambio de, entre otras posibilidades, la defensa armada que éste hacia del denominado patronos. Hoy han desaparecido las situaciones similares al servilismo romano y medieval, pero siguen existiendo comportamientos de clientelismo y patronazgo más o menos personalizado y afectivo entre actores de recursos políticos desiguales que obtienen ventajas reciprocas.

Transacciones de este tipo son comunes en los procesos electorales y en diferentes instituciones como los partidos, los parlamentos o los aparatos administrativos.

La contraprestación al apoyo político recibido suele manifestarse en recompensas cuantificables en dinero o cierto poder en la organización a través de la designación para algún cargo público.