Teoria Politica de la Izquierda Caracteristicas e Ideas Comunistas



Teoría Política de la Izquierda
Características e Ideas Socialistas-Comunistas

Conceptos Tratados

1-La Libertad

2-La Igualdad

3-La Fraternidad

4-El Racionalismo

5-El Marxismo

En política, la izquierda es el valor opuesto a la derecha. La metáfora de izquierda, derecha y centro tiene sus orígenes en la Revolución Francesa de 1789 . En los estados generales franceses, la aristocracia se sentaba a la derecha del rey y, por consiguiente, los comunes (o «tercer estado») se sentaban a la izquierda. Así, en la asamblea francesa y en otros parlamentos europeos, los demócratas radicales, liberales y socialistas se sentaban a la izquierda del presidente.

El compromiso de los revolucionarios franceses con los principios de «libertad, igualdad y fraternidad» sigue siendo el modo más sencillo de identificar las numerosas teorías políticas de la izquierda, dado que estos valores solidarios son centrales y definitorios en sus planteamientos más característicos.

Las tensiones entre libertad, igualdad y fraternidad permiten explicar una buena parte del debate interno y de la fragmentación de la izquierda. Sin embargo, todos estos valores y tensiones se encuentran inscritos en un gran compromiso filosófico con el «racionalismo político».

La libertad

La izquierda, especialmente sus componentes liberales y democráticos, como los partidos socialistas, laboristas y socialdemócratas de Europa occidental, se distingue por su compromiso esencial con la democracia, entendida como gobierno basado en el consenso y la participación de los ciudadanos, en la formación y en el ejercicio de la autoridad política.

La izquierda sostiene que la libertad del hombre exige una libertad política —libertad para elegir un gobierno y para disentir eventualmente de él desde la oposición— y los consiguientes derechos civiles de reunión, expresión y participación , que hacen que esta libertad sea posible.

La izquierda siempre ha estado dividida a propósito de cómo y hasta qué punto potenciar la democracia. La izquierda liberal y socialdemócrata reconoce las instituciones del gobierno representativo (elección periódica de parlamentos y/o presidente por sufragio universal) y el imperio de la ley (regulación de toda actividad social mediante la legislación constitucional).

Ha sido menos frecuente que intentase ampliar la democracia a organizaciones no gubernamentales. Como contrapartida, los socialistas y comunistas han puesto el énfasis en las virtudes del «control de los trabajadores», de la «democracia industrial» (el control de una organización por aquellos que trabajan en ella), de la «democracia económica» o, más generalmente, de la llamada (para distinguirla de la tradicional o burguesa) «democracia participativa».

La izquierda ha creído en las virtudes de politizar las instituciones formalmente neutrales, como la burocracia estatal, la policía y el poder judicial.La extrema izquierda, que agrupó tradicionalmente a los anarquistas (partidarios de la abolición del gobierno oficial) en su credo político, tiende a otorgar la autoridad básica a las agrupaciones de los ciudadanos activos (por ejemplo, sindicatos) más que a las leyes o constituciones que inevitablemente entregan el poder a grupos más pequeños.

En parte, estas diferencias reflejan un conflicto básico de la izquierda, a propósito de la importancia relativa de la libertad y la igualdad. Parte de la extrema izquierda cree que una mayor igualdad requiere la extensión de la democracia a todas las instituciones, mientras otros sectores afirman que demasiada «democratización» amenaza otros valores esenciales de la izquierda, como la libertad, con el riesgo de la aparición de institucuines no necesariamente democráticas.

el cartismo en gran bretaña



Los disturbios de los cartistasen 1839. El cartismo constituyó la primera protesta masiva significativa del movimiento de protesta de la clase obrera, en el s. XIX, contra las injusticias del capitalismo industrial en Gran Bretaña. Los cañistas llevaron a cabo una campaña para obtener el sufragio universal para los hombres, por un Parlamento elegido anualmente, por la igualdad entre los distritos electorales, por establecer una remuneración para los miembros del Parlamento, y para que la renuncia a toda propiedad fuera condición indispensable para pertenecer al Parlamento.

La izquierda también ha estado dividida por lo que respecta a cómo concretar su compromiso con la libertad. Los reformistas, es decir, liberales, so-cialdemócratas y socialistas democráticos en general, creen que la izquierda debería actuar dentro de las instituciones de la democracia liberal para ampliar el apoyo del pueblo a sus valores. Suelen organizarse en partidos socialistas, socialdemó-cratas o laboristas para alcanzar estos objetivos.

Por contraste, la izquierda revolucionaria, sobre todo aquella comprometida con las teorías políticas del comunismo o marxismo-leninismo  sostiene que la democracia liberal es un engaño, una fachada de la democracia «burguesa» o «capitalista». Los «revolucionarios» afirman que la «verdadera democracia», es decir, la democracia de los proletarios o clase trabajadora, sólo se conseguirá a través de vías insurreccionales. Esta izquierda suele organizarse en partidos de élite para lograr estos fines, siguiendo el modelo de los bolcheviques rusos.

Sin embargo, el compromiso marxista leninista o comunista con la democracia se ha visto comprometido desde la Revolución rusa de 1917. Se ha asociado históricamente este proceso con la «dictadura del proletariado», que en la práctica ha significado la dictadura del partido comunista. Estos partidos han monopolizado el poder del Estado en la Unión Soviética y en Europa del Este (hasta 1989), en China, Indochina y Cuba.

Todos los partidarios de la izquierda también creen en la libertad «positiva», por oposición a la libertad «negativa», es decir, en la importancia de la libertad del pueblo para lograr sus objetivos y desarrollar sus aptitudes. La mera libertad que otorga el gobierno, o «libertad negativa» es considerada insuficiente para la construcción de una sociedad justa. La izquierda cree que la libertad positiva sólo se puede construir en una sociedad comprometida a fondo con los valores de la igualdad y la fraternidad.

La igualdad

El más conocido de los principios de la izquierda es tal vez su compromiso con la igualdad social. En primer lugar, se opone a los privilegios hereditarios —especialmente a la dominación aristocrática, pero también a cualquier tipo de nepotismo— sobre la base de que estos privilegios no tienen nada que ver con los méritos.

Este principio es considerado indispensable para la creación de una «sociedad sin clases». En segundo lugar, la izquierda cree que la «igualdad de oportunidades» requiere una reglamentación gubernamental de la propiedad privada y de los derechos de la familia para asegurar la igualdad en términos significativos y prácticos.

Así, un «Estado de bienestar» redistributivo, basado en unos impuestos progresivos sobre los ingresos y la riqueza, aseguraría la igualdad de acceso a bienes sociales básicos, como la educación, la salud y la previsión, lo cual es considerado vital para que el pueblo pueda tener una posibilidad justa de beneficiarse de una auténtica igualdad de oportunidades.

En tercer lugar, la izquierda cree que las desigualdades entre las personas en materia de ingresos, riquezas o recursos deberían estar justificadas por los beneficios que esas desigualdades generan para el resto de la sociedad. Este requisito establece límites a las diferencias entre los ingresos y aquellas riquezas que pueden ser aceptadas dentro de los principios de justicia social.

En este punto, la izquierda difiere de quienes piensan que la igualdad de oportunidades significa sólo un punto de partida igualitario, porque esto desemboca casi siempre en recompensas o destinos desiguales.



En cuarto lugar, la izquierda, con criterio progresista, ha defendido el principio de que todas las personas deben ser tratadas con igual respeto y con iguales derechos ante la ley, partiendo del principio igualitario de su condición de seres humanos.

Así, se han mostrado hostiles al imperialismo: la conquista y dominación coercitivas de unos grupos humanos por otros; al racismo: la creencia de que algunas razas son superiores a otras; y al sexismo: el presupuesto de que los hombres son superiores a las mujeres.

Además, los izquierdistas están preparados para combatir la discriminación de la que sean objeto todos los grupos maltratados, ya sea a causa de su color, de su identidad étnica, religión, sexo, preferencia sexual o rasgos físicos, propugnando una «acción afirmativa» para que los miembros de estos grupos se vean plenamente integrados en la sociedad moderna, como ciudadanos de igual rango que todos los demás.

Finalmente, y este es uno de los puntos más polémicos que se mantienen en la actualidad, se ha asociado a la izquierda con una filosofía igualitaria que se opone al libre mercado y a la propiedad privada.

Esta afirmación parte del hecho de que muchos de los primeros socialistas y marxistas postularon la sustitución del libre mercado por una economía planificada, y la propiedad estatal, o social, por oposición a la propiedad privada de los medios de producción, distribución e intercambio. Argumentaban que estas políticas eran necesarias para poner fin a la anarquía y las desigualdades de los mercados capitalistas, para abolir los privilegios de clase y para crear una auténtica solidaridad que, según ellos, debería caracterizar a la sociedad socialista.

Esta tradición «socialista de Estado» ha predominado en la izquierda, fundamentalmente en la izquierda marxista, y fue aplicada en la Unión Soviética desde finales de los años 20 y —a partir de 1945— en diversos países de Europa del Este, China, Indochina y Cuba.

Sin embargo, la tradición «del Estado socialista» nunca ha sido compartida universalmente por la izquierda. Los socialistas democráticos de Occidente han sostenido que los mercados pueden ser regulados para alcanzar los objetivos socialistas, es decir, las metas de libertad, igualdad y fraternidad, sin tener que instituir la planificación estatal. Están de acuerdo con la derecha en que la propiedad y la planificación monopolística del Estado ponen en peligro las libertades y disminuyen la eficiencia sin producir necesariamente mayor igualdad o solidaridad.

En los años 80, la tradición del «Estado socialista» cayó en descrédito cuando el programa de la perestroika (reestructuración) del presidente Gorbachov, en la Unión Soviética, reveló los defectos fundamentales de las economías planificadas del bloque comunista.

Este descrédito ha permitido a la izquierda socialista en Europa occidental, como los socialdemócratas suecos y alemanes, los laboristas ingleses y los socialistas españoles o franceses, aclarar su compromiso con el pluralismo económico, es decir, con una economía mixta  en la que los mercados están regulados por los gobiernos, para mayor libertad, igualdad y beneficio común.

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Lenin, Líder de la Revolución Rusa

La fraternidad

Históricamente, se ha asociado a la izquierda con el valor de fraternidad o, en un lenguaje sexista más explícito, con el apoyo a la «hermandad de los hombres». La fraternidad es el menos preciso de los valores fundamentales de la izquierda, y ha sido interpretado de diversas maneras.

Ha sido entendido, en primer lugar, como un compromiso con el «internacionalismo»: el rechazo de la idea de que la actividad política debería limitarse a los confines de un solo país o territorio, y que debería dar su apoyo a una organización y a unos principios políticos a nivel mundial.

También ha sido entendido —contrariamente a lo anterior— como un compromiso con el nacionalismo y la solidaridad de todos los ciudadanos de un país.

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Finalmente, ha sido también interpretado como un compromiso generalizado con el colectivismo o «comunitarismo», opuesto al individualismo egoísta que propugna parte de la derecha. La idea de la fraternidad como colectivismo, muy predominante en la izquierda, está vinculada al igualitarismo.

Históricamente, el compromiso de la izquierda con la solidaridad fraternal estuvo asociado con un compromiso exclusivo con los intereses y aspiraciones de la clase trabajadora (trabajadores manuales hombres), especialmente aquellos organizados en los sindicatos. Sin embargo, actualmente la izquierda democrática amplía su concepto de comunidad al conjunto del pueblo.

Más recientemente, ha surgido una izquierda «Verde», que sostiene que el compromiso con la solidaridad y la igualdad con otros seres humanos debe extenderse a la naturaleza, si hemos de preservar la existencia humana sobre unos mínimos de dignidad y de respeto por el entorno que ha recibido.

El racionalismo

Los mencionados valores de la izquierda (libertad, igualdad y fraternidad) suelen expresarse con argumentos políticos racionalistas. La izquierda cree que el mundo puede ser entendido sólo a través de los poderes de la razón humana (aunque esta idea es impugnada por algunas feministas socialistas).

La izquierda también cree que todas las instituciones políticas deberían justificarse por la razón, más que apelando a la tradición, a las emociones, a las religiones o instintos. A diferencia de los conservadores, la izquierda no considera a los seres humanos como incapaces de superarse o como intrínsecamente perversos.

Cree que la mayoría, si no todos los conflictos y problemas políticos, pueden ser resueltos mediante la razón. Este racionalismo, que implica una concepción optimista de la naturaleza y la condición humanas, distingue a los teóricos políticos y partidarios de la izquierda, cualesquiera sean sus diferencias internas, en la unánime defensa de la importancia de la igualdad, libertad y fraternidad, y en relación a los métodos a través de los cuales se pueden instituir estos valores.

EL MARXISMO:

La doctrina económica y política denominada marxismo fue esbozada por los teóricos alemanes Karl Marx (1818-1883) y Friedrlch Engels (1820-1895). Su obra conjunta más conocida fue el Manifiesto del Partido Comunista (1848) y Engels ayudó a Marx a acabar su obra principal, El capital ( 1867-1894).

  marx y engels ideas del marxsimo

Según la teoría de Marx y Engels, la llamada teoría del materialismo histórico, la historia del hombre —un proceso de adelantos tecnológicos progresivos— ha sido testigo de la existencia de diferentes modos de producción. Todo; ellos, exceptó él modo dé producción comunista, sé caracterizan fundamentalmente por una división de clases y por la explotación. La clase dominante es propietaria de los medios de producción (la tierra, el capital y el proletariado) y obtiene una «plusvalía laboral» a costa dé las clases dominadas.

Marx creía que las clases dueñas de los medios de producción serían desafiadas y luego reemplazadas por una nueva clase dominante, cuando su estrategia no permitiera progresar más al proceso productivo. Así había ocurrido con la nobleza feudal —dominante porque era la propietaria de la tierra— que fue reemplazada, con el aumento del comercio y de la industrialización, por la clase media capitalista («la burguesía»), que ascendió por su control del capital.

La burguesía, a su vez, estaba destinada a ser reemplazada por la clase trabajadora industrial (el Los cambios en los modos de producción ocurren a través de la lucha de clases, por polarización, y siempre fueron acompañados por movimientos revolucionarios. Marx y Engels creían que la revolución socialista se caracterizaría por una «dictadura del proletariado» provisional, durante la cual los medios de producción serían propiedad del Estado, que construiría las condiciones para una sociedad comunista sin clases, y donde los medios de producción serían de propiedad colectiva, del conjunto de los miembros de la sociedad, y los bienes y servicios se distribuirían equitativamente según las necesidades de las personas.

A través de su profunda influencia en los comunistas revolucionarios, como Lenin (1870-1924) y Mao Tse Tung (1893-1976), y también a causa de su influencia —menor— en los socialistas democráticos y socialdemócratas, el marxismo ha tenido un enorme impacto en la historia del s. XX.

Lenin se distanció de Marx, no al proclamar la necesidad de una revolución proletaria violenta sino al propugnar la creación de un partido de élite de revolucionarios profesionales que acelerara este final, y al sentar las bases de la dictadura del partido, más que dé la clase trabajadora, como un todo.

La filosofía revolucionaria de Lenin —el marxismo-leninismo— se convirtió en la doctrina oficial de la Unión Soviética y se extendió por todo el mundo.

La interpretación que Máo Tse Tung hizo del marxismo-leninismo se basó en el potencial revolucionario de los campesinos y en la guerra de guerrillas, y adaptó las ideas de Marx y Lenin a las condiciones de China.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Guinnes – La Nación – Entrada: Teoría Política de la Izquierda

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