Caracteristicas de la Politica Conservadora o de Derecha Resumen



Características Política Conservadora o de Derecha

Temas Tratados

1-Autoridad

2-La Jerarquía

3-La Propiedad

4-La Comunidad

5-El Antirracionalismo

La derecha suele definirse como la fuerza política opuesta a la izquierda. Al igual que la izquierda, la derecha abarca una amplia gama de ideas. Sin embargo, hay cuatro valores fundamentales que definen la esencia de su pensamiento: autoridad, jerarquía, propiedad y comunidad. A pesar de que hay muchos desacuerdos entre los teóricos políticos de derechas, a propósito de la interpretación y justificación de los cuatro valores enunciados, éstos están regidos por una filosofía política del «sentido común», que rechaza la idea de que los seres humanos puedan llegar a la perfección.

Diferentes grados de compromiso entre los hombres de derecha con cada uno de estos valores fundamentales se reflejan en la existencia de diversos partidos de derecha y en la coexistencia de interpretaciones opuestas en el interior de dichos partidos. El partido conservador británico y el partido demócrata-cristiano alemán, por ejemplo, incluyen a conservadores tradicionales cuyas nociones del deber cristiano paternalista les llevaron a aceptar conceptos esenciales del socialismo, como el estado del bienestar y cierto intervencionismo estatalista en la economía.

La derecha incluye también a muchos economistas liberales, que opinan que los mercados deberían funcionar al margen de las intervenciones del Estado. De aquí su desacuerdo, por ejemplo, con el control sobre el mercado laboral y su rechazo de la propiedad estatal de las industrias o servicios como el transporte, la energía o la educación .

No se debería confundir (como a menudo se hace) a estos «economistas liberales» con los «liberales políticos», partidarios no socialistas de la tolerancia, de la libertad de expresión y de las libertades individuales, que ocupan el centro de la arena política, entre izquierda y derecha, y están presentes en numerosos pajados europeos.

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La autoridad

El pensamiento político de derechas, en Europa, comenzó como una defensa de la autoridad. Como contrapartida de su credo, la Revolución Francesa  hizo surgir la derecha «reaccionaria» en defensa del viejo orden continental. Sus exponentes franceses, fundamentalmente Joseph de Maistre (1754-1821), defendieron la autoridad religiosa tradicional contra el escepticismo radical y el secularismo liberal.

También apoyaron las monarquías establecidas y legítimas contra los que propugnaban el republicanismo liberal, y rechazaron todo tipo de impugnación de la autoridad patriarcal en la familia.

Levantaron la bandera de la autoridad por encima de todo, porque ésta era capaz de preservar el orden. De Maistre sostenía que al cuestionar la autoridad, se crea un peligro de caos social, de modo que el respeto a las reglas tradicionales y religiosas consagradas era un imperativo. La ley hace respetar la moral cristiana, porque en un pensamiento autoritario de este tipo no se hace una distinción entre ley y moral.

De Maistre aseguró que en Europa se imponía la restauración del poder «del Papa y del verdugo». Los fundamentalistas religiosos reactivados en el último tramo del siglo XX, tanto del cristianismo como del islam, son testimonio de un autoritarismo similar a éste.

Si bien la derecha europea reaccionaria creía en la autoridad del catolicismo y en la monarquía absoluta, estas posiciones eran imposibles de sostener para la derecha conservadora en Gran Bretaña o en los Estados Unidos. Lo que ellos defendían era la fe protestante y una monarquía constitucional  o, en el caso de Estados Unidos, una república .



El irlandés Edmund Burke (1729-1797) proporcionó la expresión más coherente de esta filosofía en su obra Reflexiones sobre la revolución francesa (1790). Burke predijo que la revolución francesa degeneraría en una dictadura y que la destrucción revolucionaria de las costumbres consagradas, en lugar de mejorar el mundo lo fragmentaría y estimularía un abuso de la libertad sin ningún tipo de restricciones.

Dado que la autoridad preserva las tradiciones que contienen la sabiduría acumulada y las experiencias de las generaciones pasadas —venía a decir—, deberíamos ser cautelosos y no jugar con ellas. La autoridad, según Burke, permite que los seres humanos evolucionen, a la vez que conserva la herencia del pasado.

La autoridad legítima, basada en siglos de evolución, es preferible a un sistema de poder ilegítimo producido por los revolucionarios racionalistas; la preservación autoritaria de la moral establecida es superior a los excesos y peligros del libertarismo permisivo.

La tensión entre el conservadurismo reaccionario de de Maistre y el evolucionismo de Burke ilustran una división característica de la derecha. Los reaccionarios pretenden restaurar un pasado desaparecido —y a veces puramente imaginado— y postulan retornar a la política y a la religión de un ayer que fue mejor; los evolucionistas están en contra del cambio radical, pero no en contra de todos los cambios.

Esta tensión explica la separación de partidos políticos tradicionales de la derecha, pero también se la encuentra en todos los movimientos políticos conservadores.

Los liberales norteamericanos y europeos que rechazan el supuesto de la derecha reaccionaria acerca de los méritos incuestionables de la antigua autoridad y de la tradición religiosa, han hecho, no obstante, causa común con los conservadores en la defensa de la autoridad. Los economistas liberales suelen creer que el orden, la estabilidad y los valores tradicionales de la familia son esenciales para el imperio de la ley y el desarrollo de una economía de mercado, libre pero disciplinada. Así, con frecuencia llegan a acuerdos pragmáticos con los conservadores.

Sin embargo, existe una división política fundamental y perdurable entre los conservadores reaccionarios y los liberales políticos. Los primeros no tienen escrúpulos acerca de las prerrogativas del gobierno para ejercer un poder ilimitado; los liberales, en cambio, defienden una filosofía política que pretende limitar y fragmentar la autoridad del gobierno, a través de mecanismos como la separación de poderes  y de declaraciones de derechos.

Por otra, hay quienes, en la derecha, han puesto el énfasis en las virtudes de los mercados libres como una protección contra un Estado todopoderoso.

La jerarquía

Los reaccionarios y los conservadores, como de Maistre y Burke, se unen para defender las virtudes de las jerarquías tradicionales. El principio hereditario —ya sea entendido como título de propiedad o como estatus social— es considerado sacrosanto. Por lo tanto, los reaccionarios y los conservadores apoyan la monarquía y la aristocracia, así como los derechos de la propiedad privada.

Por contraste, los liberales —tanto los economistas como los políticos— se oponen a la aplicación universal del principio de herencia. Creen en los derechos de propiedad heredados pero no en la herencia de títulos o derechos políticos. En gran parte del pensamiento de la derecha, la jerarquía está considerada como la forma natural de la existencia humana.



Por el contrario, la igualdad es considerada una condición artificial. Se defiende la jerarquía porque proporciona continuidad y estimula la diversidad. Los pensadores de la derecha política tienden a estar de acuerdo con las ideas del darwinismo social del siglo XIX (desarrollado por analogía con la teoría de la evolución de Darwin, según las cuales la existencia es vista como una lucha por la supervivencia de los más aptos, y la jerarquía como el resultado natural de esta lucha. Hoy, están dispuestos a apoyar a algunos sociobiólogos que sostienen que hay unas diferencias intelectuales y emocionales fundamentales e inmutables entre las razas y los sexos.

Estas ideas pueden conducir fácilmente al racismo o al sexismo e inclinaciones de este tipo llevaron a la extrema derecha a defender las políticas de dominación y segregación racial (como en el sistema del apartheid en Sudáfrica, a partir de 1948; o de 1933 a 1945 la ejecutoria nazi en Alemania; y la reivindicación que exige que las mujeres vuelvan a desempeñar sus roles tradicionales, como el cuidado de los hijos y la realización de tareas domésticas.

La jerarquía también explica por qué, en el pasado, la derecha ha sido recelosa de la democracia, debido a sus tendencias igualitarias y a su rechazo de los principios privilegiadores en favor de la idea de la igualdad política de todos los ciudadanos adultos. La derecha, actualmente, suele ver el igualitarismo como un fenómeno que conduce a todos hacia el más bajo común denominador («nivelar hacia abajo» en lugar de «nivelar hacia arriba»); sin embargo, suele estar de acuerdo con la necesidad social de ofrecer una igualdad de oportunidades.

Los conservadores tradicionales han aceptado progresivamente las instituciones democráticas, tales como el sufragio universal, cuando llegaron a la conclusión de que éstas no acabarían con los privilegios. Sin embargo, la mayoría de los pensadores contemporáneos de derecha apoyan la democracia representativa porque la ven como el mejor sistema de gobierno para una sociedad de libre mercado.

Defienden la democracia representativa como un medio más que como un fin. No obstante, en la extrema derecha hay quienes están dispuestos a sacrificar los principios democráticos en aras de otros valores, especialmente cuando creen que las instituciones democráticas favorecen las prácticas socialistas o la contaminación y consiguiente pérdida de la pureza racial.

La propiedad

Los conservadores comparten con los liberales un firme compromiso con los derechos del individuo a la propiedad privada, causa común que en ambos supone la principal oposición a socialistas y comunistas. Citan dos argumentos para justificar el derecho a la propiedad privada. El primero deriva del filósofo inglés John Locke, quien afirmó que los individuos tienen un derecho natural a la propiedad por la que han trabajado y que este derecho es transferible.

El segundo, más desarrollado en el pensamiento de Hegel, sugiere que los derechos de propiedad privada son esenciales si los individuos han de ser libres y capaces de ejercer su libertad. El filósofo austríaco Friedrich Hayek (1899-1992) sostiene por su parte que sin unos sólidos derechos de propiedad privada no puede haber verdaderos individuos, sino sólo miembros de una tribu o «siervos» de un Estado colectivista, como fue el caso de la Unión Soviética bajo Stalin.

Los conservadores tradicionales se desmarcan de los economistas liberales, entre otras cosas, al afirmar que las reivindicaciones de autoridad o comunidad deben tener precedencia por encima de los derechos de los individuos. Esta diferencia explica por qué los conservadores de derecha, especialmente en la tradición europea cristiano demócrata, a veces aceptan los principios del Estado de bienestar, incluyendo los impuestos progresivos y los servicios de educación y salud que brinda el Estado, que los economistas liberales consideran como intrusiones restrictivas en los derechos de propiedad.

El liberalismo económico —basado en las doctrinas del economista escocés del siglo XVIII, Adam Smith— ha aumentado su predicamento en las concepciones de la derecha durante las últimas dos décadas. Los exponentes políticos de esta filosofía, conocidos como la «Nueva derecha», han sido especialmente activos en las democracias anglosajonas.

Los partidarios de Margaret Thatcher, en Gran Bretaña, y del presidente Reagan, en Estados Unidos, han favorecido enérgicamente la privatización (la venta de empresas públicas a propietarios privados, la reducción de impuestos y la no intervención de restricciones gubernamentales en los negocios, argumentando que dejar a las personas explotar libremente su propiedad es la mejor manera de alcanzar la prosperidad general.



La comunidad

Los conservadores y los liberales también difieren, en la derecha, en relación al compromiso con la «comunidad». Los reaccionarios y tradicionalistas, así como los fascistas del siglo XX  propugnan la creación de sólidas comunidades nacionales unidas por vínculos de afecto, sangre, identidad étnica, lengua y cultura. Sostienen que los liberales sólo se preocupan de establecer relaciones sociales sobre la base de su utilidad práctica y se comportan como individuos que conducen todas sus relaciones sociales sobre una base contractual.

Los conservadores «románticos», al igual que los socialistas, sostienen que las economías industrializadas, regidas por los principios del libre mercado, producen individuos sin raíces que no pertenecen a ninguna comunidad y, por tanto, carecen de un sentido de relaciones culturales compartidas. En el pasado, estos sentimientos se expresaban como lealtad al rey, al señor o a las comunidades vecinales en la época feudal. Más tarde, la derecha tradicional reemplazó esta lealtad por la que se debía a la nación.

Para parafrasear a Burke, la idea de nación no establece distinciones de clase, y une a todos en una comunidad con los muertos, los vivos y los que aún no han nacido. Los gobiernos de la «nueva derecha», que adhieren a los principios liberales de la economía, sólo creen en la comunidad de la nación Estado, y ven a la sociedad como un todo compuesto por individuos que luchan para obtener beneficios económicos para ellos y sus familias.

A diferencia de los liberales, que creen que los gobiernos nacionales no deberían intervenir en el mercado, la derecha tradicional es rara vez internacionalista. Los pensadores tradicionales de la derecha apoyan el capitalismo, porque lo ven como un medio para mantener el orden, la jerarquía y el derecho a la propiedad, pero insisten en que debe ser regulado en aras del interés nacional.

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Ahí donde el capitalismo amenaza los valores centrales de la derecha tradicional, ésta considera justificada una intervención del gobierno. Tal reflexión explica por qué la derecha tradicional, a diferencia de los liberales, a veces justifica el proteccionismo y se opone al libre mercado.

También aclara por qué los pensadores políticos conservadores no ven ninguna incongruencia en rechazar la libre elección en materia de preferencia sexual, literatura o cinematografía: la censura y las normas morales son consideradas como un requisito esencial para preservar una comunidad nacional estable. Sin embargo, la nueva derecha incluye muchos pensadores y políticos a quienes les gustaría ampliar las libertades individuales, por ejemplo, legalizara: las drogas prohibidas.

El antirracionalismo

La defensa que la derecha tradicional hace de la aristocracia, la religión y el sistema patriarcal, rara vez se basó en una filosofía explícita. Los tradicionalistas, desde el siglo XVIII al siglo XX, sostienen que los liberales y los socialistas producen doctrinas abstractas, insensibles, ideológicas y racionalistas, que serían rechazadas por ciudadanos de derecha.

Se acusa a los racionalistas de juzgar toda la actividad social sólo con el rasero de la razón, y de corroer sin remordimientos la compleja red de hábitos y costumbres que preservan el orden y el bienestar social. Los tradicionalistas de derecha ven a los teóricos socialistas como ideólogos que creen posible planificar y cambiar la sociedad como si fuera una máquina, y los acusan de entregarse a conceptos benévolos y simplistas acerca del bien y la racionalidad de la naturaleza humana, ignorando los instintos espontáneos y las emociones que pueden ser templadas sólo por la disciplina de la civilización tradicional.

Esta falta de confianza en las capacidades humanas y la falta de fe en las perspectivas del progreso de la especie son características del temperamento conservador tradicional.

Sin embargo, los liberales —siguiendo las ideas de Adam Smith—, a pesar de que están de acuerdo en que la humanidad en sí misma es inmejorable, creen que la fuerza motriz del progreso económico es el «interés egoísta ilustrado», por el cual los esfuerzos de los creadores de riqueza eventualmente conducirán a una mayor prosperidad para todos.

El pensamiento político de la derecha ha demostrado una notable capacidad para absorber ideas del bando contrario, ya que muchos pensadores de derecha contemporáneos se han visto influidos por los argumentos de liberales y socialistas. Su defensa del capitalismo y de la propiedad privada proviene de los liberales, y en su apoyo a la comunidad a menudo toman argumentos en préstamo de los socialistas.

La fusión del tradicionalismo con otras ideas puede producir no obstante un peligroso irracionalismo en la derecha. Por ejemplo, una curiosa mezcla de doctrinas de la derecha y ciertas ideas socialistas subyace en el fascismo, que exalta la unidad orgánica de la nación, rechaza la democracia «burguesa» y propugna un partido único, utiliza una retórica anticapitalista e identifica a las minorías raciales, entre otras, como principal causa de la tensión social.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Guinnes – La Nación – Entrada: Teoría Política de la Derecha