El Arte en la Antiguedad

Biografia de Joan Miro y sus Obras Artisticas Resumen

Biografía de Joan Miró y Sus Obras Artísticas

Joan Miró nació en Barcelona el 20 de abril de 1893. Su padre, Miguel Miró Adzerías era orfebre y relojero y descendía de una familia afincada en Cornudella, en la tarraconense comarca de Montroig. Su madre, Dolores Ferrá, era hija de un ebanista mallorquín. El abuelo paterno había sido en sus tiempos un hábil herrero diestro en la forja.  A los siete años asiste a un colegio de la calle Regomir y al mismo tiempo aprende dibujo, disciplina por la que ya muestra una gran afición, con el señor Civil.

De un año más tarde son sus primeros dibujos conservados y a los doce años toma ya notas y bocetos al natural del campo de Tarragona y de Palma de Mallorca, lugares donde pasa sus veranos. Son dibujos de flores, de peces, de paisajes y de arquitecturas de sólidos volúmenes, motivos que trata siempre con gran amor a la naturaleza.

biografia de miro joan artista de la pintura

Pintor español (Barcelona 1893-Palma de Mallorca 1983). Empezó a dibujar desde niño, y a los catorce años sus padres lo enviaron a formarse a la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (Llotja). A los diecinueve ingresó en la escuela artística de Francesc Galí, y, animado por el marchante Dal-mau, pintó naturalezas muertas, paisajes de los alrededores de Montroig (Tarragona) y retratos.

El padre de Joan, velando por el porvenir de su hijo, le obliga a asistir a la Escuela de Comercio de Barcelona, donde resulta ser un estudiante aplicado pero en modo alguno brillante. En las clases recibe también lecciones de José Pascó donde aprende a trabajar con la precisión y la voluntad de un artesano en elementos simples que deben concentrar toda su carga estética en un mínimo de soporte expresivo.

En 1910, sus estudios comerciales desembocan en un completo fracaso, y pasa a trabajar en una droguería como escribiente, período que según Miró, será el mas amargo de su vida.

Comienza a estudiar en la Escuela libre de arte  de Francesc Galí, y ya por esa época empieza a conocer a los impresionistas y a los postimpresionistas, admira el genio cromático de Van Gogh y Gauguín, la construcción geometrizante de Cézanne, empieza a comprender las primeras obras cubistas y a exaltar la valentía agresiva de los «fauves». Cuando termina sus estudios con Galí en 1915, Miró, junto con Ricart, alquila un estudio en la calle Baja de San Pedro y frecuenta las clases de dibujo que se imparten en el Cercle Artistic de Sant Lluc.

En 1916 conoce a Josep Dalmau, pintor anticuario y marchante. Miró le presenta sus obras con la pretensión de que le organice una exposición.

Paisaje de Montroig, Masía de Montroig, La reforma, Paisaje de San Martín muestran sin duda una decidida concepción fauvista de la realidad, en la que, sin embargo, el color no se expande libremente por la superficie al quedar preso por un volumen en extremo concreto.

Entretanto estalla la primera guerra mundial y Barcelona, por unos meses, pasa a ser punto de reunión y de encuentro de la vanguardia artística europea.

En 1917 llega a la Ciudad Condal Francis Picabia, uno de los máximos exponentes del movimiento dadaísta, movimiento que pretendía destruir no el arte, sino el concepto que de él se tenía, y lo hace también Max Jacob, el crítico y poeta qué apoya y teoriza sobre las tendencias vanguardistas.

Miró se traslada a París en marzo de 1919 y le recibe Llorens Artigas. Ambos amigos se alojan en el hotel de Rouen, considerado como el centro de la bohemia catalana. El hotel era frecuentado por Ráfols, Ricart, Guimerá, Folch i Torres, Salvat Papasseit, Josep Pía, conoce a Picasso, con quien mantendrá una sincera amistad y a quien considera a lo largo de toda su trayectoria como el verdadero renovador de la pintura del siglo XX.

En la Masía de Montroig , Miró vuelca su amor por la naturaleza, por la verdad de los objetos (incluso trajo de Montroig las briznas de hierba que tenía que reflejar en la obra para poder hacerlo así con mayor fidelidad), por aquellos objetos que, sin embargo, dispone en un espacio metafísico, que se condensa bajo un cielo impoluto. Es una de las obras más queridas por Miró, fue adquirida por Hemingway en 1923, al poco de conocer éste al pintor.

obra macia de montroig

Masía de Montroig

Partiendo de una concepción inicial realista, su gusto por la estructuración en forma de planos yuxtapuestos o imbricados le llevó a la adopción, aproximadamente alrededor de 1925, de un lenguaje pictórico propio. Su evolución parte de unas composiciones figurativas muy minuciosas hasta un lenguaje propio a base de signos estilizados, sencillos y de vivo cromatismo. Hay en este lenguaje un lirismo peculiar basado tanto en su original cromatismo como en su sistema de signos.

La búsqueda del lenguaje de los sueños, la plasmación de lo real-absurdo, la consecución de la fantasía descriptiva que buscaba Miró se sintetiza en la obra, que será considerada como el olimpo de su nueva mitología y que le abrirá las puertas del recién constituido grupo surrealista: El Carnaval del Arlequín. Miró, con una grafía sinuosa que desde entonces le será característica, dispone los objetos-símbolos de su fantástico mundo en una estampa irreal que a través de una ventana se abre hacia el infinito.

Niños, diablillos, peces, gatos, seres informes, pequeños monstruos que salen de dados, esferas suspendidas de misteriosos ejes, instrumentos musicales de formas antropomórficas, manos de humo forman un grotesco teatro dell’arie movido por un ritmo musical que trastoca las relaciones de los elementos entre sí; las relaciones, los frágiles hilos por los que están suspendidas las criaturas humanas y que señalan la absurdidad de nuestro mundo donde nada se presenta bajo la apariencia real.

Las relaciones de Miró con los surrealistas y a través de éstos con el marchante Jacques Viot le convierten en el hombre del día: se deja ver por Montparnasse y Montmartre vestido siempre con un traje oscuro pasado de moda; frecuenta el café Cyrano, en la place Blanche, centro de reunión delgrupo de Bretón.

En junio de 1925 presenta en la galería Pierre, con catálogo de Benjamin Péret, para quien ilustrará su libro Cheveaux dans les yeux una gran exposición de sus telas que, a pesar de producir un cierto escándalo, obtiene un notable éxito de crítica y público. Miró en 1926 colabora con Marx Ernst en los decorados de Romeo y Julieta para los ballets rusos, a pesar de la oposición de sus amigos surrealistas de quienes se va distanciando a través de una pintura que surge de su poética interior.

maqueta tapiz de miro joan

Maqueta para un tapiz, obra de Joan Miró realizada en 1974. La obra de este original pintor que en los últimos años de su vida cultivó también la cerámica, la escultura y la tapicería, evolucionó bajo la influencia de las vanguardias (surrealismo, cubismo) hasta desembocar en un lenguaje muy personal a base de signos estilizados de intenso cromatismo.

Miró, que ya disfruta de una saneada economía, se traslada en 1927 a la rué Tourlague de Montmartre. Un año después viaja a Holanda, y en los museos de Amsterdam y La Haya queda prendado por los artistas flamencos del siglo XVIII, por la acumulación y descripción de detalles, por aquella misteriosa luz que baña las estancias.

A su vuelta a París pinta la serie de interiores holandeses, basándose en el poder expresivo de las curvas, de las elipses, de las deformaciones de aquellos seres y arquitecturas holandesas, que quedaban encerrados en una composición perfecta.

La vida íntima de Miró carece de estridencias y extravagancias, puesto que es una vida proyectada enteramente a la creación de su obra revolucionaria. El 12 de octubre de 1929 se casa en Palma de Mallorca con Pilar Juncosa, pariente lejana suya separada por completo del mundo artístico.

Regresa a Barcelona, a la ciudad que había despreciado y en la que en julio de 1931 nacerá su hija, María Dolores.

En abril de 1932 se estrena en Montecarlo Jeux d’enfant, ballet para el que Miró ha diseñado, desde las telas, los decorados y los figurines hasta el más mínimo de los elementos presentes en la escena. El triunfo es total, absoluto y queda ratificado en 1933 cuando la obra se estrena en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

Miró, según palabras de Giacometti, «era la gran libertad. Algo más etéreo, más libre, más ligero de todo cuanto se haya visto. En cierto sentido era absolutamente perfecto. Miró no podía dibujar ni un punto sin hacerlo caer en el punto justo. Era pintor de tal grado que le bastaba con dejar caer tres manchas de color en la tela para que ésta existiese y constituyese un cuadro».

Inicia entonces el período de las pinturas salvajes, de los monstruos. Sus pinturas son entonces de pequeñas dimensiones, las realiza sobre cobre o sobre táblex tratado con arenas; sus personajes son esqueléticos, se componen de diversos órganos a la vista, huesos, hígados, senos, dientes: los rostros se deforman, las bocas lanzan gemidos que presagian el grito picassiano de Guernica.

Cuando la guerra civil española estalla, Miró queda convulsionado. Sus desnudos monstruosos (Hombre y mujer ante un montón de excrementos, Mujer huyendo de un incendio, Mujeres en rebeldía) lanzan un grito de protesta que alcanza caracteres épicos.

Miró vuelve a París, en donde no tiene ni estudio ni casa y trabaja en el entresuelo de la galería Pierre. Son de nuevo años difíciles para el pintor. Su Autorretrato y su Naturaleza muerta con zapato viejo reflejan aquel mundo atacado por un ácido, el de la guerra, que corroe y acartona a los objetos.

Al terminar la guerra, Miró fija su residencia en un pequeño pueblo de la costa normanda, Varengeville-sur-Mer, en donde parece recobrar su tranquilidad anímica.

En 1946 trabajó en esculturas para fundición en bronce que en algunas ocasiones fueron cubiertas con pintura de colores vivos. En la escultura le interesó buscar volúmenes y espacios e incorporar objetos cotidianos o simplemente encontrados, piedras, raíces, cubiertos, tricornios, llaves de agua, que funde a la cera perdida.

En 1941, el museo de Arte Moderno de Nueva York presenta su primera gran exposición retrospectiva y con ella Miró se da a conocer por primera vez también al público norteamericano.Dos años después (1947) él mismo viaja a Estados Unidos para hacerse cargo de la decoración mural del Terrace Plaza Hotel de Cincinnatti, que inicia su interés por las grandes composiciones murales que desarrollará principalmente en la década de los cincuenta.

Comienza una época de las exposiciones retrospectivas, como la de 1949 en Berna y la de 1953 en Basilea, que culminan con su participación en la Bienal de Venecia de 1954, en la que obtiene el gran premio internacional de grabado.

Desde 1954 hasta 1959, Miró se aleja casi por completo de la pintura. Primeramente se refugia en Gallifa, junto con Llorenc Artigas y el hijo de éste, para realizar 386 piezas de cerámica que expondrá en 1956 en la galería Maeght. En este mismo año se traslada a So N’abrines, recóndito lugar de Palma de Mallorca, en donde el arquitecto Sert le ha construido un sin igual estudio.

En 1958 realiza dos grandes murales cerámicos, el Muro del Sol y el Muro de la Luna, para la sede de la Unesco en París, que le sirven para obtener el gran premio internacional de la fundación Guggenheim. En estos murales, realizados en colaboración con Llorencs Artigas, sabe exaltar la belleza de los colores puros mediante un ritmo lineal simple y fantástico que recrea la realidad de la textura de los ladrillos.

obra de joan miro

Mural cerámico en Wilhelm-Hack-Museum de Ludwigshafen (1971).

Al empezar la década de los sesenta, Miró, en contacto con el arte popular mallorquín y con la arquitectura blanca de la isla, retorna a la pintura, a una pintura cada vez más simple, en la que la tela apenas es surcada por unos círculos cromáticos o por las líneas ritmadas.

En 1960 ejecuta otro mural cerámico para la universidad de Harvard y continúa su labor como grabador. Dos años después, el museo Nacional de Arte Moderno de París organiza una gran exposición antológica de su obra y, en 1964, en la recién inaugurada Fundación Maeght de Saint-Paul de Vence decora su laberinto con cerámicas y esculturas.

El reconocimiento del arte de Miró alcanza entonces los máximos niveles, de lo que son buena muestra la exposición retrospectiva que en aquel mismo año le dedica la Tate Gallery de Londres y el Kinsthaus de Zurich, a las que seguirán las de Tokio y Kyoto en 1966 y la de Barcelona en 1968.

En estos años su actividad decrece; Miró se dedica al cartelismo, al grabado, a la cerámica (mural para el aeropuerto de Barcelona) y en menor proporción a la obra pictórica.

Miró nunca abandonó la investigación de nuevas posibilidades. Así, con más de ochenta años se dedicó a hacer tejidos, esculturas gigantescas en las que reaparece su personal simbología, pavimentos, vidrieras, carteles, etc. Hombre discreto, que llevó siempre una vida modesta y apartada, vio reconocido su talento cuando, a partir de los años sesenta, fue apreciado ya no sólo a nivel privado, sino público e incluso oficial.

El 12 de mayo de 1971 el pintor crea en Barcelona la Fundación Joan Miró. Centro de Estudios de Arte Contemporáneo (CEAC), que no será oficialmente inaugurado hasta cuatro años después.

Fallece el 25 de diciembre de 1983, en Palma, España.

obra de arte de joan miro Femme (1981)

Femme (1981), escultura de Joan Miró en la Casa de la Ciudad de Barcelona.

Premios y Reconocimientos

1954 Gran Premio de Grabado de la Bienal de Venecia

1959 Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio

1959 Gran Premio de la Fundación Guggenheim.

1962 Nombrado Chevalier de la Legión de Honor en Francia.

1966 Premio Carnegie de pintura.

1968 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Harvard.

1978 recibió la Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña, siendo el primer catalán en recibir tal distinción.

1979 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona.

1980 recibió, de manos del rey Juan Carlos I de España, la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

1983 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Murcia.

Una Completa Lista de su Obra Artística

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo III- Entrada: Joan Miró  “La Pintura en LIbertad” – Editorial Planeta

Características de Familias en Pueblos de la Antiguedad Resumen

Características de Familias en
Pueblos de la Antiguedad

La base fundamental de nuestra sociedad es la familia y en ella radican los derechos más nobles y las virtudes que hacen grande a una nación. Sánchez Román la define diciendo: Es una institución ética, natural, fundada en al relación conyugal de los sexos, cuyos individuos se hallan ligados por lazos de amor, respeto, autoridad y obediencia; institución necesaria para la conservación, propagación y desarrollo en todas las esferas de la vida, de la especie humana.

la familia

La familia y la sociedad

Algunas escuelas sociológicas han supuesto que hubo una primera fase de horda o promiscuidad absoluta, y la familia propiamente dicha no existía. Hombres y mujeres serían como un rebaño. Vino luego una segunda fase caracterizada por un régimen de matriarcado, en la que el padre era desconocido y los hijos pertenecían a la madre. La última fase de evolución sería la familia monógama, tal como es la cristiana actual.

El amor, sin lugar a dudas, ha sido el motor que mueve al hombre hacia su grandeza. Es el sentimiento más elevado y muchas veces, el motivo fundamental de la vida de muchas personas. Está presente en cada acto humano y se encuentran pruebas de ello en ía mayoría de las obras de arte y literatura.

El amor adquiere un carácter particular en el matrimonio, que es la unión permanente entre dos seres unidos con el fin de consolidar ese sentimiento en la más sublime creación humana: el hijo.

Este acto de engendrar, continuar una especie, se llama procreación y por el hombre se convierte en padre, la mujer en madre y el matrimonio se convierte en la unidad fundamental de la sociedad.

Composición de la familia
En la civilización moderna, la familia nace de una pareja inicial, constituida entre un hombre y una mujer, unidos a través de una institución llamada matrimonio, que crea entre ellos y las personas que nazcan o estén unidos con esa pareja, una serie de relaciones de gran trascendencia tanto jurídicas como sociales.

El vínculo, o sea la relación natural que existe entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio y los hijos que nacen entre ellos se conoce con el nombre de filiación.

Y la relación existente entre todos los individuos de una misma familia, entendiendo por tal a todos los individuos de los dos sexos que descienden de un mismo tronco, se lo conoce con el nombre de parentesco.

Matrimonio
El matrimonio es, en la civilización moderna, la fuente de la familia legítima y ha sido definido como una unión entre dos personas de distinto sexo con fines de ayuda recíproca y de continuación de la especie, realizada de acuerdo con las formalidades prescriptas por la ley.

Si bien los preceptos cristianos han elevado el matrimonio a la categoría de Sacramento, y originalmente nuestro Código Civil reconocía como válido el celebrado enere personas católicas según los cánones y solemnidades de la Iglesia Católica, a partir de la sanción de la Ley de Matrimonio Civil se estableció un régimen uniforme según el cual el único matrimonio reconocido legalmente es el celebrado conforme a sus disposiciones.

CARACTERÍSTICAS FUNDAMENTALES:

EGIPTO:  Las clases más poderosas practicaban la poligamia pero el pueblo se contentaba con una sola esposa.En los comienzos de la sociedad egipcia predominó el régimen matriarcal evolucionando hacia el patriarcado sobre todo en las clases altas. Los egipcios llegaban jóvenes a la pubertad, y los matrimonios se celebraban en eded casi infantil por lo cual las familias surgidas de ellos eran muy numerosas.El infanticidio era poco frecuente y castigado severamente por la ley.

BABILONIA:    La moral en Babilonia constrastaba fundamentalmente con nuestros usos y costumbres. Ninguna mujer debía llegar virgen el matrimonio siendo necesario que hubiera tenido relaciones sexuales con un extranjero §n el templo de yenus por lo menos una vez en su vida. Sin embargo el matrimonio era monógamo existiendo un régimen de estricta fidelidad no obstante esa libertad prenupcial.

El Código de Hamurabi imponía penas severas a la mujer adúltera. La familia era, no obstante, una institución poco estable ya que sus miembros podían abandonarla mediante una simple manifestación de voluntad.

ASIRIA:   La familia estaba organizada mediante un severo régimen patriarcal siendo su objetivo principal la perpetuación y el aumento de la especie.Se consideraba al aborto un crimen capital y a las mujeres que lo cometían se las empalaba.

ISRAEL:  El matrimonio llegaba a convertirse en una unión casi perfecta. El divorcio era la excepción, salvo el caso de adulterio. Después del Templo la familia representaba el elemento esencial de la estructura social israelí. La  autoridad paterna era ilimitada. El hombre podía tener varias mujeres mientras que la mujer estaba
destinada a un solo hombre.

PERSIA:  Pueblo componente de un país militar el celibato era juzgado desfavorablemente, autorizándose la poligamia y el concubinato. Consideraba a la familia como la más santa de las instituciones. El incesto era considerado como un pecado y las relaciones debían efectuarse entre extraños a la familia.

INDIA:  El hombre conquistaba a su mujer mediante la compra o el rapto ya que el consentimiento prestado por la misma no era bien visto. La poligamia era permitida pero era un lujo entre las clases más pudientes. Se consideraba al hombre propietario y amo absuiuio de sus mujeres e hijos pudiendo vender o descastar a estos últimos.

UNA FAMILIA DE BABILONIA: Los babilonios apreciaban la intimidad; la mayoría de las casas las construían en torno de un patio interior, con una sola puerta hacia la calle. Contigua al patio había una gran habitación familiar con varios dormitorios anexos. En el lado opuesto del patio estaba la cocina y, si se trataba de una familia próspera, había también habitaciones para los esclavos.

Los babilonios solían madrugar: los hombres y niños de las familias piadosas ya estaban bañados y vestidos antes del amanecer, subían a la azotea y se arrodillaban para recibir al naciente sol, tras lo cual bajaban para desayunar abundantemente.

Luego de la ronda matinal de actividades, la familia se reunía a mediodía para un almuerzo ligero, seguido de una siesta durante las horas más calurosas del día. El trabajo continuaba a media tarde y hasta el ocaso, cuando la gente regresaba a su casa para una segunda comida fuerte. Las actividades nocturnas incluían la narración de historias, la participación en cantos y danzas de alguna de las muchas fiestas religiosas, y la conversación. El día terminaba con una cena ligera antes de acostarse.

Cuenta el historiador griego Herodoto acerca de un próspero y elegante caballero babilonio: «Viste túnica de lino hasta los pies; sobre esto […] otra túnica, de lana, y va envuelto en un manto blanco. Usa calzado de su país […] Su cabellera es larga y la cubre con un bonete. Todo su cuerpo está perfumado.»

Fuente Consultadas:
Formación Moral y Cívica 2 Ciclo Básico César Reinaldo García y Apolinar Edgardo García
Hábitos y Costumbres del Pasado – Reader´s Digest

Gobierno de Clístenes y Pisístrato en Atenas Reformas

LAS REFORMAS DE CLÍSTENES EN GRECIA ANTIGUA

Clístenes (c. 570-507 a.C.) fue un político ateniense que introdujo el gobierno democrático en la antigua Atenas.

Era miembro del partido aristocrático y llegó al poder en Atenas tras el derrocamiento del tirano Hipias.

En el año 580 a.C., introdujo reformas que desembocaron en un sistema político conocido como democracia. Introdujo igualmente el sistema del ostracismo en la ciudad.

Para lograr sus objetivos políticos realizó  aproximadamente el 508 a.C.,  una reconstrucción fundamental del sistema político ateniense, lo que le llevó a figurar entre los principales legisladores de la antigüedad, cronológicamente después del ateniense Solón, cuya legislación defendió.

Con las leyes implementadas por Solón se buscó un equilibrio tendiente a satisfacer a todos. Pero esto no se logró. La aristocracia se vio perjudicada por la pérdida de su monopolio político.

Los campesinos no tenían solucionado su problema de falta de tierras.

Por lo tanto, el descontento estaba en ambas partes. Surgieron los desórdenes y la inestabilidad política, comenzó a destacarse un noble con inclinaciones populares: Pisístrato, sobrino del reformador Solón.

Pisístrato logró formar una guardia armada y se apoderó del gobierno; comenzó así un período de tiranía.

En Grecia, se llamaba «tiranos» a quienes llegaban al poder no por vía legal sino por intermedio de la astucia o la violencia.

Es decir, gobernaban sin tener derecho a ello. Durante el siglo VI a.C. este sistema se extendió por Grecia.

Además de Atenas, Corinto, Somos y las ciudades jonias estuvieron gobernadas por tiranos. Pisístrato se declaró defensor de las reivindicaciones del pueblo.

Pisístrato, en general, respetó las reformas políticas de su tío Solón, pero tomó una medida de caracter social que le reportaría gran popularidad: confiscó las tierras a sus enemigos nobles derrotados y las repartió entre sus seguidores campesinos.

Convirtió de esta forma el Ática en una región de pequeños labradores, quienes entonces vieron cómo se cumplían sus reclamos tan esperados.

reformas de solon

Las leyes escritas por Solón provocan resistencia en Atenas, pues no pudieron complacer a las diversas clases sociales.
El grabado muestra a Solón defendiendo sus leyes ante un grupo de atenienses.

La Economía Con Pisístrato:

• Dio trabajo a sus seguidores urbanos, con la construcción de grandes obras públicas, como templos y bibliotecas.
•  Impulsó el tráfico marítimo, manteniendo buenas relaciones con las otras ciudades griegas y creando una poderosa flota.

Con sus reformas sociales y económicas, Pisístrato convirtió a Atenas en una de las polis más florecientes de Grecia.

A su muerte, en el 527 a.C, el poder pasó a sus hijos Hipias e Hiparco. En el 514 a.C. surgió una conspiración contra ambos y fue asesinado Hiparco. Su hermano entonces endureció su posición.

Pero la tiranía en Atenas tenía como sistema de gobierno sus días contados. El golpe final se da en el 510 a.C, cuando una conspiración de nobles apoyada por guerreros espartanos derrocó a Hipias.

Clístenes y sus reformas
Clistenes, se puso al frente del pueblo y fue el fundador del verdadero régimen popular (507 a. C).

Miles de libertos y de colonos extranjeros adquirieron el derecho de ciudadanía, pues Clístenes hizo conocer su máxima: «todo hombre libre, domiciliado en una localidad del Ática, será considerado como ciudadano ateniense».

Hasta esa época, por obra de Solón, el pueblo estaba dividido en cuatro clases.

Clístenes fraccionó el territorio en cien demos (pueblos o aldeas) que a su vez, formaban diez tribus cuyos integrantes eran iguales ante la ley.

Para evitar divisiones sociales cada tribu comprendía igual número de habitantes urbanos, del litoral y de la campaña.

Tenían derecho a enviar 50 miembros al Senado y 500 a la Asamblea popular.

Durante su mandato, todos los ciudadanos podían llegar a desempeñar funciones públicas.

Para impedir el surgimiento de nuevos tiranos, Clístenes introdujo la institución del ostracismo (de ostrakón: valva de ostra para votar, en la que se escribía el nombre) que consistía en el destierro, por diez años, de todo ciudadano que se tornara indeseable para la tranquilidad pública.

Sólo la Asamblea estaba facultada para dictaminarlo y el acusado podía regresar al cabo de ese lapso. No era una pena, sino una medida política; por esa causa no eran confiscados sus bienes ni perdía sus derechos de ciudadano

Al conceder a la mayoría del pueblo la participación en el gobierno, Clístenes introdujo la democracia.

El gobierno ateniense:

A partir del año 503 (a. C), época en que comenzaron a aplicarse las reformas de Clístenes, el gobierno ateniense fue una democracia. El pueblo se transformó en soberano de sus propios destinos y todos los ciudadanos tenían idénticos derechos.

Las magistraturas eran electivas; los funcionarios, elegidos por sorteo, duraban generalmente un año al frente de su cargo y, transcurrido ese lapso, la Asamblea juzgaba su actuación.

Anuló la división de la sociedad en cuatro clases de acuerdo con la riqueza, ideada por Solón: estableció una nueva distribución social basada en el domicilio de las personas.

Dividió a la polis ateniense en comunas o circunscripciones llamadas demos. Se pertenecía a un demos por habitar en una determinada zona, no por ser de una familia de la aristocracia o tener fortuna.

Todos los ciudadanos, nobles o no, ricos y pobres, debían estar inscriptos en el demos. Los demos, a su vez, se agrupaban y formaban una tribu o distrito.

En las tribus se incluía tanto a campesinos como a comerciantes y terratenientes.

El gobierno ateniense comprendía las siguientes instituciones: el Arcontado, el Consejo o Senado (Bulé), la Asamblea del pueblo, los estrategos y, además, dos tribunales: del Areópago y de los Heliastas.

a)   El Arcontado. Con el desarrollo de la democracia, los nueve arcontes, que desde los tiempos primitivos dirigían todos los asuntos de Estado, fueron perdiendo autoridad. Finalmente, conservaron atribuciones de carácter judicial y religioso.

b)  El Consejo o Senado (Bulé). Luego de las reformas de Clístenes, lo integraban 500 miembros (buleutas), sorteados anualmente, entre ciudadanos mayores de treinta años. Para deliberar —debido a su número— se dividían en diez secciones con 50 miembros cada una, que trabajaban una décima parte del año.

Este consejo tenía muy amplias atribuciones, especialmente legislativas. Estudiaba todas las cuestiones de Estado, preparaba y discutía los proyectos de ley y se ocupaba de las relaciones con el extranjero.

c)   La Asamblea del pueblo (Ecclesia). La componían todos los ciudadanos mayores de veinte años y era convocada, generalmente, cada ocho días; se reunía al aire libre, en la plaza (Agora) o bien en las proximidades de la Acrópolis.

La Asamblea estaba facultada para declarar la guerra, elegir anualmente los funcionarios y examinar su actuación; además, condenar al ostracismo y otorgar la ciudadanía.

d)  Los estrategos. A partir del siglo V (a. C), diez estrategos reemplazaron al arconte polemarca en el mando del ejército y de las fuerzas navales.Podían ser reelectos y en caso de guerra uno solo dirigía las operaciones.

Con el transcurso del tiempo, aumentaron su prestigio y algunos -como Pericles– ocuparon las más altas dignidades.

e)   El Areópago. A pesar de que conservó su autoridad moral, prácticamente perdió muchas atribuciones. Juzgaba los crímenes y a los culpables de incendios; además, vigilaba la educación y las costumbres.

f)  El tribunal de los Heliastas. Lo integraban 6.000 jueces (600 por tribu) sorteados entre los ciudadanos mayores de treinta años. Como era un cuerpo demasiado numeroso, para sus deliberaciones se dividía en diez secciones de 500 miembros cada una y elegían 1.000 suplentes.

Esta cantidad excesiva de jueces fue perjudicial para el  recto cumplimiento de la justicia. Las atribuciones de este tribunal eran muy amplias, pues entendía en todas las causas judiciales, exceptuando los asesinatos, que correspondían al Areópago.

Fuente Consultada:
HISTORIA 1  Edit. Troquel José Cosmelli Ibañez

La Leyenda del Nacimiento de Buda y Origen del Budismo

VIDA DE GAUTAMA SIDARTA – ORIGEN DEL BUDISMO – EL NIRVANA –

BREVE FICHA BIOGRAFICA:

• Se cree que nació entre los años 566 y 558 a.C. con el nombre de Sidarta Gotama, en Kapilavastu (actual frontera entre Nepal y la India).

• Poco después murió su madre, y su padre y una madrastra se hicieron cargo de su educación. Para que no se enterara de los problemas del mundo, lo aislaron en el palacio, con todos los lujos.

• A los dieciséis años se casó con Yasodhara y tuvo un hijo.

• Cerca de los veintinueve años conoció el dolor humano. Cansado de privilegios y afectado por su descubrimiento, empezó a pensar cuál sería la causa de todo el sufrimiento y a buscar su solución.

• Luego de encontrarse con un monje mendicante, decidió vivir como él. Abandonó a su familia y renunció a toda su riqueza y poder.

• Se estableció con cinco discípulos en Uruvela (cerca de la actual Gaya) y durante años buscó respuesta al dolor.

La iluminación

• A los 35 años, mientras estaba sentado meditando bajo un árbol (conocido como el Árbol de la Sabiduría), alcanzó el verdadero conocimiento y se convirtió en Buda (el Iluminado).

• Luego se reunió con sus seguidores y les anunció su doctrina para superar el sufrimiento.

• Viajó por el valle del río Ganges transmitiendo su enseñanza y reuniendo fieles.
• Evitó un intento de asesinato a manos de su primo Devadata.

• Volvió a su ciudad natal y convirtió a su familia al budismo.

• Murió aproximadamente a los 80 años, luego de comer alimentos en mal estado, en Kusinagara, hoy Kasia (India).

«El odio nunca se calma mediante el odio.
El odio se calma mediante el amor. Esta es una ley eterna. «

HISTORIA DE SU BIOGRAFIA Y DEL BUDISMO

Hacia el año 550 antes de Cristo, gobernaba un pequeño reino del norte de la India un rey de la dinastía Sakhya.

Tenía un lujoso palacio a orillas del Ganges, el río sagrado, construido casi en la cresta de una escarpada colina, rodeada por las nieves del Himalaya.

Estaba casado con Maya, princesa de acrisolada virtud, dedicada a extremas prácticas ascéticas, que la habían movido incluso a separar su lecho del de su esposo, que la respetaba y amaba tiernamente.

Una noche, Maya tuvo una visita inesperada; arrebatada de la tierra, se encontró frente a un elefante sonrosado, de seis colmillos; la tierna bestia se arrimó al costado de la reina y sin causarle el menor dolor, hirió con una de sus defensas la carne inmaculada.

Diez meses después de este sueño o suceso prodigioso, nació el príncipe Gautama Sidarta.

Sobre un loto, apareció frente a Maya una tierna criatura rubia y rosada, mientras del cielo caía una lluvia de flores.

El recién nacido descendió del loto y anduvo siete pasos hacia cada uno de los puntos cardinales (la teología hindú había establecido la existencia de siete cielos o espacios divinos, de los cuales el séptimo era accesible únicamente al principio supremo) y luego dijo: «Triunfaré del nacimiento y de la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al hombre».

estatua buda

Inmediatamente, cesó la lluvia de flores y el infante — pues volvió a serlo desde este instante— se reclinó nuevamente sobre el loto.

Todo el palacio había presenciado, sobrecogido, el prodigio. Y su cese restituyó al príncipe al mundo de los niños.

Durante mucho tiempo, exactamente hasta que cumplió sus veintinueve años (uno menos que Cristo), Sidarta fue y creció como un hombre cualquiera.

Al revés que Cristo, su educación y formación estuvieron marcadas por el signo aristocrático de su condición y, además, por una extrema brillantez.

Superaba a sus amigos y condiscípulos en valor, agudeza y penetración. Sorprendía a todos los maestros.

Sólo el padre andaba inquieto por el porvenir de un príncipe tan encantador.

Porque un asceta — de los muchos que visitaban el palacio, a causa de su esposa— le había predicho, con toda seriedad, que, en efecto, Sidarta sería el mejor rey que el país hubiera conocido jamás.

Mas, si por ventura — o malaventura, pensaría el rey — se volviera sobre la vanidad de la existencia y se introdujera en las prácticas ascéticas, nada podría ya separarle de ellas. Ignoramos con qué designios facilitó el asceta estos datos al perplejo rey.

Pensó éste que nada sino el amor de una hermosa mujer sería táctica eficaz para conjurar este gran riesgo.

Y en efecto, Sidarta se enamoró locamente de la bellísima Yasodhara, con la que contrajo matrimonio y de la que, en seguida, hubo un hijo.

La leyenda insiste en el gozoso aislamiento en que por esta época vivía el príncipe: ocupaciones deportivas, fiestas y ahora el amor de su mujer y del nuevo principito.

Pero, de lo que acontecía al otro lado de las moradas de los nobles, ignorancia absoluta y apartamiento radical. Era otro mundo y sus leyes otras leyes.

¿Qué movió a Sidarta a abandonar su palacio y trasponer el muro separador? ¿Una cierta inquietud insatisfecha que aguijoneaba la corteza del príncipe feliz?.

En cualquier caso, aquella excursión a Kapilavastu fue decisiva.

He aquí lo que Sidarta encontró: un mendigo viejo y llagado que tendía su escudilla al borde del camino; el cortejo fúnebre de una joven madre cuyo esposo e hijos lloraban sin consuelo, al borde de la pira funeraria; la palabra de un asceta macilento que, tras predicar altivamente la virtud a una muchedumbre absorta e ignorante, les suplicaba con humildad alimento para sustentarse.

Y obsérvense ahora las conclusiones que de esta salida obtiene la leyenda: Sidarta comprobó la existencia de la muerte y el dolor en el mundo y resolvió liberar de ellos a los hombres, o, mejor dicho, liberarles de su temor, pues el sufrimiento procede del temor y el temor de la ignorancia.

Por consiguiente, el punto de partida de Buda sería absolutamente irreligioso y, en cierto modo, racionalista.

Tuvo que darse en su alma, forzosamente, una simpatía hacia ese desajuste del mundo que tan hondamente le conturbó.

Y al propio tiempo, despertarse en él una convicción íntima de que estaba capacitado para derrotar la ignorancia del mundo (dejando aparte lo divino que hubiera en su naturaleza, pues los datos de la leyenda no permiten inferir que, en esta sazón, poseyera Sidarta conciencia de su divinidad).

Todo ello suscitó en él la decisión de abandonar palacio, padres, mujer e hijos, de renunciar a sus riquezas — no por remediar pobreza ajena, sino por desembarazarse de un obstáculo para la sabiduría— y de consagrarse a investigar la causa del desajuste, pues, ante todo, era necesario «saber».

Una pintura siamesa, muy reproducida en los estudios dedicados a Buda, nos relata que éste abandonó su palacio a caballo, mientras dioses y «boddishatvas» colocaban sus palmas bajo los cascos del animal, para que no despertaran los seres queridos.

Buscó Sidarta, primero, el sabio parecer de los eremitas del Pico de los Buitres.

Pero encontró que su penitencia y su gimnasia del dolor eran estériles porque se habían constituido en fin, sin buscar la gran causa del dolor de los hombres ni su provecho.

El resultado de las prácticas ascéticas conducía todo lo más a una perfección del asceta y eso no redundaba en beneficio de la gran cuestión, que concernía a todos los hombres.

Así que Sidarta, desengañado, pero firme en su propósito, reanudó su peregrinación.

Tomó de un cadáver abandonado el manto con que sus huesos se cubrían y se hizo un ropaje holgado que le cubriera hasta los hombros.

Andaba absorto, caminando hacia la Sabiduría, sabiendo que la hallaría, pero ignorando dónde.

Cuando el hambre le volvía en sí, pedía limosna.

Y no pronunciaba palabra alguna. No recogían sus ojos la belleza de las estaciones ni se perturbaba su carne al sentir la lluvia o el rayo de fuego solar.

Finalmente, llegó ante un grueso árbol, cuyas ramas bajas se inclinaban, polvorientas, hasta el suelo y supo que allí le sería dada la sabiduría.

Lo rodeó siete veces, desafiando a los dioses: «No me moveré de aquí hasta que sepa».

Recogió una brazada de las hojas caídas, las apiló y se sentó sobre ellas en la postura que tan familiar nos es a través de la iconografía: su mano derecha tocaba el suelo, como para no perder el contacto con esa tierra habitada por los hombres a quienes había que instruir.

No se sabe el tiempo que Buda permaneció así.

Probablemente el tiempo se detuvo. Mará, dios maligno e inteligente, que comprendió el peligro de esa detención, diluvió sobre el contemplativo toda clase de Tentaciones y precipitaciones «celestiales».

Finalmente le envió a sus seductoras hijas, imagen viva de la concupiscencia.

Se cuenta que, así como Sidarta recibió impasible el rayo, el granizo, la lluvia y el fuego (a veces protegido con el cuerpo de los buenos espíritus), cuando notó la presencia de las lascivas danzarinas alzó sus ojos hacia ellas.

Y su mirada las convirtió en viejas arrugadas, de espantoso aspecto.

En ese mismo momento, Sidarta supo.

Era el deseo de nacer y el mismo nacimiento, lo que ocasiona el dolor.

Es, pues, menester abandonar ese deseo y sustituirlo por el de entrar, de una vez para siempre, en el Nirvana.

En tanto exista, arraigado en la naturaleza, el anhelo de volver a incorporarse a un cuerpo, se producirá la transmigración del alma y, con ella, el riesgo de empeorar de condición por una existencia nueva en circunstancias difíciles.

Superando el deseo de nacer se accederá directamente al Nirvana. Por ello es menester aprovechar la existencia actual cumpliendo puntualmente la obligación moral.

Se ve, pues, cómo Sidarta acepta el postulado básico del brahmanismo de la purificación del alma, a través de un número indefinido de existencias, cuya calidad está determinada por el mérito o demérito contraídos en la anterior.

Mara, empero, le propone — ya directamente, cara a cara — la última tentación, lógica consecuencia de la ciencia hallada.

«Aprovecha, pues, ese conocimiento y entra ahora mismo en el Nirvana.

No corras tú nuevo riesgo pretendiendo existir por más tiempo».

Pero Sidarta — de ahora en adelante será llamado «el Buda», esto es, «El Iluminado» — no abriga ya ningún temor por sí mismo. «No entraré en el Nirvana hasta que enseñe a todos los que viven la manera de hacerlo por sí mismos. Están solos, pero su soledad les es suficiente. Deben saberlo».

Y  Mará, derrotado, se retira definitivamente.

Buda vuelve al camino. Pronto reúne unos cuantos discípulos y se encamina con ellos a Benarés, la ciudad santa, donde expondrá su famosa doctrina de la vía media: «Entre el ascetismo seco y complicado y los deleites del mundo, allí, precisamente en la mitad de esa línea, está la Verdad.

No despreciéis vuestra condición actual; representa un castigo por vuestras faltas pasadas, pero puede ser el instrumento precioso para proporcionaros la entrada definitiva en Lo-Que-No-Es-Más».

Y  les dio unas reglas prácticas de vida pura, cuyo eje estaba, precisamente, en respetar toda vida, pues en ella radicaba siempre una posibilidad de entrar en el Nirvana.

La predicación de Buda duró casi cincuenta años. Los adeptos se multiplicaron.

Hasta su esposa e hijo se convirtieron en discípulos.

Por el contrario, encontró en los brahmanes unos enemigos irreductibles.

En ello se mezcló una vez más el cuidado por las cosas de este mundo: «Por eso, vosotros, brahmanes soberbios, no poseéis la verdad y en vano mediríais vuestra santidad con la mía».

Buda era de la casta Chatria, por pertenecer a la dinastía Sakhya, y su lengua y milagros fueron considerados como puro artificio político en beneficio propio.

La vida retirada y desprendida de los budistas convencería pronto al «pueblo» de que no había engaño posible.

Y el «pueblo», sin comprender del todo la doctrina, se rendía a la presencia humilde —y, por supuesto, taumatúrgica— del Bienaventurado, como empezó a llamársele.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Temática Familiar Grandes Figuras de la Humanidad Entrada: BUDA

Amenofis IV Akenaton y La Religion del Sol en Egipto Dios Amon

Amenofis IV Akenaton Tutankamon – Religión del Sol

Aparentemente, los dioses egipcios son muy numerosos. En realidad, cada una de las grandes divinidades tuvo su época de plenitud, de acuerdo con las investigaciones realizadas por los teólogos de los grandes santuarios que, más allá de los rostros móviles del cielo, buscan la unidad de la Creación.

Lo que Egipto busca a través de sus cultos y sus liturgias es el descubrimiento de un principio único que sea el organizador del mundo y el inspirador de toda forma de vida, del dios del que proceden todos los demás dioses.

INTRODUCCIÓN: EL «FARAÓN  HEREJE»
En el año 1380 antes de Cristo, Amenofis IV, de la XVIII dinastía, se había convertido en faraón de Egipto.

A diferencia de los faraones que le precedieran, este soberano no se preocupó por extender su reino, pero hizo todo lo posible por imponer sus convicciones religiosas.

Los antiguos egipcios adoraban entonces a muchos dioses, a la cabeza de los cuales estaba el dios Amón.

Amenofis IV había repudiado la religión tradicional para seguir creencias monoteístas, tal vez provenientes de Siria.

Según esta sustancial reforma religiosa, la única divinidad a la que se debía adorar era Atón, que representaba la energía radiante del Sol.

En homenaje a la nueva divinidad, el faraón decidió cambiarse el nombre: se hizo llamar Aknatón, que quiere decir «brillante servidor de Atón».

Después impartió órdenes para que fueran destruidos todos los templos dedicados a las divinidades hasta entonces adoradas, y trató de hacerse considerar representante de Atón en la Tierra.

Dado que Tebas era la ciudad en la que se profesaba en mayor grado el culto al dios Amón, Amenofis IV trasfirió la capital del reino a Tell el-Amarna.

Los primeros en rebelarse contra las ideas religiosas del rey fueron los sacerdotes del dios Amón, quienes no dudaron en acusar de herejía al faraón. Amenofis IV hizo que fueran perseguidos; pero la mayoría del pueblo egipcio se puso de parte de los sacerdotes.

Iba a estallar una lucha sangrienta entre los secuaces del faraón y los que permanecían fieles a la religión tradicional, cuando en el año 1362 antes de Cristo murió imprevistamente Amenofis IV.

LA HISTORIA

Amón y Atón: dos dioses opuestos Sobre la naturaleza de este dios primero surgirán violentos conflictos que anuncian el final del esplendor egipcio.

En el s. XIV antes de nuestra Era sube al trono de Tebas un joven soberano, Amenofis IV, que desde el principio se enfrenta con el clero, a causa, precisamente, de esta imagen de la divinidad suprema.

Amón era el dios que en ese momento predominaba en la liturgia. (imagen: Dios Amón)

Había ido ocupando el lugar de los demás dioses poco a poco y representaba la forma evolucionada del pensamiento egipcio: era la energía original que se encontraba fuera de todo conocimiento humano.

«Forma única que ha creado todo lo que existe; Uno, que es único, creador de todos los seres; los hombres proceden de sus ojos, y los dioses de su boca», nos dice un himno que glorifica a Amón.

Este dios incognoscible desempeñará un papel importante en la teología judeocristiana y en el Islam.

A Amón, dios de lo lejano e inaccesible, Amenofis IV opone Atén, dios de la luz, identificada con el disco solar.

Al cambiar de capital para huir de Tebas, donde el culto de Amón había conocido su máximo esplendor, Amenofis IV adopta el nombre de Akhenatón.

El fracaso de Akhenatón En esta ciudad, llamada Akhetatón, Akhenatón establece una liturgia totalmente nueva, y alrededor del culto de Atén se desarrolla una corriente de pensamiento de la que saldrán algunos de los himnos religiosos más hermosos que nos ha legado Egipto.

En realidad, la revolución de Akhenatón sólo profundiza, bajo formas distintas, el pensamiento monoteísta que aparece en el culto de Amén. Pero este rey revolucionario es más poeta y filósofo que político.

En el semirretiro que comparte con la reina Nefertiti en Akhetatón, se ocupa, sobre todo, en componer al dios solar poemas y cantos que representan el aspecto más refinado de la sensibilidad egipcia.

Está indefenso contra un doble peligro: el pueblo, que le sigue a duras penas en su itinerario religioso, se rebela, y los hititas invaden las tierras de Siria.

Akhenatón no quiere enviar a los egipcios a morir para defender unas colonias cuya posesión puede considerar injusta Atón.

A partir de ahora, el trono lo ocupa un santo, no un mv. El poder egipcio, cuya riqueza procedía en parte de los tributos que recibía del extranjero, se hunde en poco tiempo.

El último gran faraón Akhenatón:  muere a los treinta años. Dos años después sube al trono su heredero, con el nombre de Tutankhamón (imagen izq.) , que restaura él culto a los antiguos dioses y devuelve al país parte de su prosperidad.

Después de él gobierna el último de los grandes faraones, Ramsés II, que es indudablemente el faraón que menciona la Biblia. Lleva a cabo numerosas expediciones a Nubia y Palestina tratando de encontrar los recursos necesarios para la nueva expansión del Imperio.

Prospera nuevamente el comercio y la arquitectura alcanza un auge excepcional (los templos de Abú Simbel son testimonios de esta época). Pero pronto surge un poder que se muestra tan fuerte como el suyo: el del clero.

La decadencia de Egipto Después de Ramsés II, que tiene a los sacerdotes como aliados, el poder religioso se alianza sobre la monarquía.

El sumo sacerdote se apodera del trono y se inicia la decadencia. Ante la expansión de Libia en el s. X, de Etiopía en el s. VIII , de Asiria en el s. VII y de Persia en el s. VI, Egipto cae poco a poco en una decadencia total, hasta que en el 332 a. C., Alejandro lo convierte en una provincia del Imperio macedonio.

¿Por qué se rechaza el culto a Amón? Los faraones del Imperio Nuevo, amán un lugar privilegiado: no es solamamente uno de los dioses más venerados, al que han dedicado un inmenso templo en Tebas Sin: que, según la leyenda, era el padre de todos los faraones, puesto que sustituye al faraon en a fecundación de la reina y otorga al heredein real un origen divino.

Según un egiptologo contemporáneo, Amenofis IV no puede vanagloriarse de esta filiación pues como su madre era de origen plebeyo, el dios Amon no la consideró digna de recibirlo. Entonces el jpven príncipe tuvo que justificar su poder real de otro modo. (imagen: Templo Abú Simbel)

¿Cuál es el origen del nombre Akhenatón? Al rechazar la primacía de Amón Amenofis IV resalta a Alón, el globo solar, representante del demiurgo.

A diferencia de Amón, este dios no sustituye al rey en la concepción del hijo, sino que da vida a la pareja para que a cambio, el rey y la reina propaguen su culto y sus principios. Amenofis cambia su nombre por el de Akhenatón, «el que es útil al globo solar» y construye un templo dedicado a Atón, al este del de Amón.

¿Quién fue Tutankhamón? Mucho tiempo después de que naciera Akhenatón, Amenofis III tuvo otros hijos, el último de los cuales fue Tutankhamón.

Cuando murieron sus padres se hizo cargo de él Nefertiti, la esposa de Akhenatón, que vivía retirada al norte de la capital. Y allí fueron, después de la tan esperada desaparición del herético soberano, los sacerdotes de Amán a ofrecerle el trono real.

El nuevo faraón, que subió al trono a los once años de edad, tomó el nombre de Tutankhamón, afirmando con ello la vuelta al culto de Amón.

¿Cómo fue su reinado? Demasiado joven para ejercer él solo el poder, le rodeaban dos consejeros: un visir,Av. y un general, Horemheb. Hizo construir numerosos edificios, pero cuando murió, a la edad de veinte años, aún no estaba acabado su templo funerario.

Después de las ceremonias de embalsamamiento y purificación, había que encontrar una tumba; aquella en la que estaba inhumado no parecía una tumba real, al menos por sus dimensiones.

Y quizá por esta rezón nadie la violó a lo largo de más de tres mil arios, hasta un día de noviembre de 1922. en que el arqueólogo americano Howard Carter y el mecenas inglés lord Carnavon entraron ero ella.

¿Por qué es tan célebre Ramsés II? La duración de su reinado ya es de por si excepcional, pero, sobre todo, a lo largo de estos sesenta y siete años se reveló como un gran jefe guerrero y diplomático.

Firmó, por ejemplo, con el imperio hitita, el otro «Grande», de la época, un tratado de reparto de Siria que mantuvo la paz en la región durante cuarenta años. En el aspecto económico estimuló la explotación de Nubia, al sur del país que aportaba oro, madera y ganado, y mandó también construir allí los dos templos de Abu Simbel.

Euripides Obras Tragedias Literatura en Grecia Clásica Resumen

Eurípides – Obras Tragedias
La Literatura en Grecia Clásica


Eurípides

Eurípides, el joven rival del gran Sófocles, había nacido en Salamina el mismo día, dícese, en que se desarrolló la famosa batalla. Sus padres, que se habían refugiado allí procedentes de Fila, eran gente de la buena clase media, si bien Aristófanes haya insinuado después que ella, la mamá, vendía flores por la calle.

El chico creció con la pasión de la filosofía, estudió con Pródico y Anaxágoras y se vinculó con tan estrecha amistad con Sófocles, que más tarde le acusaron de haberse hecho escribir por éste sus dramas, lo que es ciertamente falso.

No se sabe cómo se convirtió en escritor de teatro. Pero aparece claro, por las dieciocho obras que de él nos han llegado, sobre setenta y cinco que se le atribuyen, que Eurípides se burlaba del teatro en sí y que lo consideró tan sólo como un medio para exponer sus tesis filosóficas. Aristóteles tiene razón cuando dice que, desde el punto de vista de la técnica dramática, representa un paso atrás respecto a Esquilo y a Sófocles. En vez de desarrollar una acakSn, mandaba un mensajero a resumirla en el escenario  en forma de prólogo, confiaba al coro largos parlamentos pedagógicos y, cuando el enredo se embarullaba, hacía bajar del techo un dios que lo resolvía con un milagro.

Recursos de dramaturgo no cuajado, que le habrían conducido a rotundos fracasos, si Eurípides no los hubiese compensado con un agudísimo sentido psicológico que prestaba veracidad y autenticidad a los personajes, acaso incluso contra sus intenciones. Su Electra, su Medea, su Ifigenia, son los caracteres más vivos de la tragedia griega. A lo cual debe sumarse la fuerza polémica de sus argumentaciones sobre los grandes problemas que se planteaban a la conciencia de sus contemporáneos.

Había en Eurípides un Shaw de gigantescas proporciones, que se batía por un nuevo orden social y moral, siendo cada uno de sus dramas un redoble de tambor contra la tradición. Conducía esa cruzada con habilidad, consciente de los peligros que entrañaba, pues la Grecia de entonces no era la Inglaterra de hoy. Así, por ejemplo, para desmantelar ciertas tendencias religiosas, finge exaltarlas, pero lo hace de manera tal que muestra su absurdidad. De vez en cuando interrumpe en la boca de un personaje un razonamiento peligroso para permitir que el coro eleve un himno a Dionisio, destinado a tranquilizar la censura y a calmar las eventuales protestas de los auditores santurrones.

Pero de vez en cuando se le escapan frases como: «Oh Dios, admitiendo que exista, pues de Él solo sé de oídas…», que desataban tempestades en la platea. Y cuando enHipólito pone en boca de su héroe: «Sí, mi lengua ha jurado, pero mi ánimo ha permanecido libre», los atenienses, que estaban acostumbradísimos al perjurio, pero que no admitían oírselo decir, querían lincharle; y el autor tuvo que presentarse en persona para calmarlos diciendo que tuviesen la paciencia de aguantar: Hipólito sería castigado por aquellas sacrílegas palabras.

En el Louvre hay un busto de Eurípides que le muestra barbudo, grave y melancólico y que corresponde a la descripción que han dejado sus amigos. Éstos le pintan como un hombre taciturno y más bien misántropo, gran devorador de libros, de los que era uno de los raros coleccionistas.

Su polémica modernista le había acarreado hostilidad de los bien pensantes. Los conservadores y odiaban y Aristófanes le tomó directamente como blanco en tres de sus comedias satíricas. Índice de la gran civilización de Atenas es, sin embargo, el hecho de que cuando Eurípides y Aristófanes se encontraban en el ágora o en e café, se comportaban como los mejores amigos del mundo. Solamente cinco veces los jurados se atrevieron otorgarle el primer premio. En cuando a los espectadores se indignaban o fingían indignarse. Pero en sus «estrenos no se encontraba un asiento ni pagándolo con oro.

En 410 le procesaron por impiedad e inmoralidad entre los testigos de la acusación figuraba también su mujer, que no le perdonaba, dijo, el pacifismo en el momento que Atenas estaba empeñada en una lucha a vida o muerte contra Esparta. Entre los documentos de la acusación fu exhibido el discurso de su Hipólito. El imputado fue absuelto. Mas la acogida que inmediatamente después el público hizo a su drama, Las mujeres troyanas, le hizo comprender que en adelante sería un extranjero en su patria Por invitación de Arquelao se trasladó a Pella, capital de Macedonia. Y allí murió despedazado, contaron los griegos, por los perros, vengadores de los dioses ofendidos.

Sócrates había dicho que para un drama de Eurípides no le molestaba ir a pie hasta El Pireo, lo cual, para un perezoso de su calaña, significaba un gran sacrificio. Y Plutarco cuenta que cuando los siracusanos hicieron prisionero a todo el cuerpo expedicionario ateniense, devolvieron vida y libertad a los soldados que sabían recitar alguna escena de Eurípides.

Según Goethe, ni siquiera Shakespeare le iguala. Ciertamente, él fue el primer dramaturgo «de ideas» que ha tenido el mundo y quien llevó a la escena, en términos de tragedia, el gran conflicto de aquél y de todos los tiempos: el conflicto entre el dogma y el libre examen.

EsquiloSófoclesEurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

Sofocles Edipo Rey Tragedia Griega Obras de Sofocles Poesia griega

Sófocles Edipo Rey Tragedia Griega

EL TEATRO GRIEGO: SÓFOCLES: Escritor (495-405 a. C.)
Poeta dramático griego, el más fecundo entre ellos, ya que escribió cerca de ciento treinta obras de las cuales sólo siete han llegado hasta nosotros. Cuando tenía 15 años, fue elegido director del coro de niños que habría de entonar los cánticos de celebración de la victoria de Salamina.

Doce años después se dio a conocer como autor dramático; desde entonces ganó numerosos premios y ocupó el primer lugar entre los trágicos griegos luego de la muerte de Esquilo. Sus obras tienen quizá menos grandiosidad que las de aquél, pero sus personajes son más conmovedores y humanos. Obras; Antígona, Electra, Las Traquinias, Edipo rey, Edipo en Colona, Ayax, Filoctetes, En el año 1911 se descubrió otra obra de Sófocles: Los rastreadores, a la que le falta el final.


Sófocles

El padre de quien le sucedió en el favor de los atenienses es poco conocido, mas ciertamente dos cosas, en su vida, le llamaron a engaño: la profesión y el nombre de hijo. Era armero en Colono, un suburbio de Atenas, de modo que las guerras con los persas, que empobrecían casi todos los ciudadanos, le enriquecían a él y le permitieron dejar una hermosa renta a su vástago, que se llamaba Sófocles, es decir, «sabio y honrado».

A este hermoso nombre y a aquel hermoso patrimonio Sófocles añadía también el resto: era guapo, sano como una manzana, atleta perfecto y excelente músico. Aun antes que como dramaturgo, consiguió popularidad como campeón de pelota y de tocador de arpa; y tras la victoria de Salamina fue designado para dirigir un ballet de jóvenes desnudos, elegidos entre los más hermosos de Atenas, para festejar el triunfo.

Por otra parte, además de en el teatro, hizo también una espléndida carrera en política: Pendes le nombró ministro del Tesoro, y en 440 le confirió galones de general al mando de una brigada en la campaña contra Samos. Hemos de creer, sin embargo, que, como estratega, no debió de dar grandes resultados, pues el propio autokrator dijo más tarde que le prefería como dramaturgo.

Sófocles amó la vida, a la griega, o sea sin dar cuartel a todos los placeres que aquélla ofrecía. Venido al mundo en la edad feliz de Atenas, se aprovechó ampliamente, como se lo permitían sus medios de fortuna, una buena salud y un robusto apetito. Amaba el dinero, administró sabiamente el que le dejara su padre y ganó otro tanto por sí mismo.

Era devoto de los dioses y a ellos dirigía plegarias y hacía sacrificios con escrupulosa puntualidad. Mas en compensación exigió de ellos el derecho de engañar a su mujer y a frecuentar los más ambiguos niños bonitos de Atenas. Sólo de viejo se «normalizó», volviendo a cortejar a las mujeres y se enamoró de una cortesana, Teorida, que le dio un hijo bastardo.

El legítimo, Jofonte, temiendo que su padre le desheredase en provecho de su hermanastro, le citó ante el tribunal para hacerle desautorizar por chochez. El anciano se limitó a leer a los jueces una escena de la tragedia que estaba componiendo en aquel momento: Edipo en Colonna. Y los jueces no solamente le absolvieron, sino que le escoltaron hasta su casa en señal de admiración.

Tenía casi noventa años cuando murió, en 406. La belle époque de Atenas había terminado y los espartanos asediaban la ciudad. Entre el pueblo cundió la voz de que Dionisio, dios del teatro, se había aparecido en sueños a Lisandro, rey de los sitiadores, y le había ordenado que concediera un salvoconducto para franquear las líneas a los amigos de Sófocles, cuyo cadáver querían llevar a Deceleia para darle sepultura en la tumba familiar. Fantasías, se comprende; pero que sirven para demostrar la enorme popularidad de que había gozado aquel extraordinario personaje.

Había escrito ciento trece tragedias, las cuales no se limitó a poner en escena: intervino también en ellas corno actor, y siguió haciéndolo hasta que la voz se le enronqueció. Con él los personajes se habían convertido en tres y el coro perdió cada vez más su importancia. Era un natural desarrollo técnico, pero a él contribuyó también la pie pensión de Sófocles por la psicología. A diferencia de Esquilo, que era en todo partidario de la «tesis», él estaba por los «caracteres»: el Hombre le interesaba más que la Idea, y en esto estriba sobre todo su modernidad.

Las siete obras que de él nos quedan demuestran que aquel hombre, afortunado entre todos los hombres, ingenioso, jacarandoso y gozador de la vida, era después, en poesía, un sombrío pesimista. Consideraba, como Solón, que la mayor ventura para el hombre era no nacer o morir en la cuna. Pero expresaba estos pensamientos con un estilo tan vigoroso, sereno y contenido, que nos hace dudar de su sinceridad. Era un «clásico» en el sentido más completo de la palabra. Sus intrigas son perfectas como técnica teatral. Y los personajes que las animan, en vez de sermonear como en Esquilo, tienden a demostrar. «Yo los pinto como debieron ser —decía—. Eurípides es quien los pinta como son.»

Esquilo La Tragegia GriegaSofocles La Tragegia GriegaEurispides La Tragegia Griega
EsquiloSófoclesEurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

Biografia de Esquilo Poeta Griego

Biografía de Esquilo Poeta Griego

Esquilo: hoplita en Maratón y sublime autor trágico, de esa tragedia que preside la fatalidad por encima de la cabeza de los dioses y de los héroes.

Esquilo reúne en su figura los rasgos de aquella generación extraordinaria que con su espada y con su pluma pudo y supo cimentar el esplendor de Atenas en el siglo V antes de nuestra Era.

Todo, en su vida tanto como en su producción literaria, respira ese hálito genial, esa elevación en los hechos y en las ideas que constituye el distintivo de los grandes momentos históricos de los pueblos.

EL TEATRO GRIEGO

La Tragedia Griega Esquilo

«Aquí yace Esquilo, de cuyas proezas son testigos los bosques de Maratón y
los persas de largos cabellos, que las conocieron bien.»


Éste es el epitafio que el propio Esquilo dictó para su tumba poco antes de morir. Evidentemente, él no atribuía mucha importancia a sus méritos de dramaturgo y prefirió subrayar los que había alcanzado en el campo de batalla como soldado, como si solamente estos últimos pudiesen cualificarlo a la gratitud y a la admiración de la posteridad.

En efecto, Esquilo aun antes que un incomparable artista fue un ciudadano ejemplar. Y el primer premio lo ganó no en la escena sino en la guerra, donde con sus dos hermanos realizó tales actos de heroísmo, que el gobierno encargó a un pintor que lo celebrase en un cuadro.

En el teatro había debutado nueve años antes, en 499 antes de Jesucristo, cuando él tenía veintiséis; y en seguida se impuso a la atención del público y crítica.

Pero cuando la guerra contra Darío llamó a las puertas de Atenas, trocó la pluma por la espada y no regresó más que tras haber sido alcanzada la victoria y ultimada la desmovilización. Nadie mejor que él, que había participado en aquello, podía sentir la orgullosa exultación de la posguerra y hacerse el intérprete de ella.

Para festejar el triunfo sobre los persas, el Estado financió espectáculos dionisíacos nunca vistos, y todo permite creer que Esquilo debió de tomar parte también en su organización. En 484 ganó el primer premio. Cuatro años después, los persas volvieron con Jerjes a intentar el desquite. Esquilo de cuarenta y cinco años y poeta laureado, podía haberse sustraído a la llamada.

En cambio, volvió a tirar lejos la pluma para empuñar la espada y combatió con el entusiasmo de un hombre de veinte años en Artemisium, en Salamina y en Platea.

En 479 reanudó su actividad de dramaturgo y, regularmente, año tras año, ganó el primer premio hasta 468, cuando hubo de cedérselo a un jovenzuelo de veintiséis años, un tal Sófocles. Se rehízo al año siguiente.

Mas volvió a ser batido en los sucesivos, hasta 458, cuando obtuvo e1 triunfo con la Orestíada.

Sin embargo, en adelante le sucedió ser desposeído por Sófocles, y acaso por esto emigró a Siracusa donde ya había estado y donde Gerón le tributó grandes honores. Allí murió a los setenta y dos años por culpa, decía la gente, de un águila que, vagando por el cielo con una tortuga entre las garras, la dejó caer sobre la calva cabeza del poeta tomándola por una piedra.

Atenas quiso oír las tragedias que había compuesto en Sicilia y volvió a darle, una vez muerto, el primer premio.

A Esquilo se le debe antes que nada una gran reforma técnica: la introducción de un segundo actor, en añadidura al que ya había desarrollado Tespis. Fue gracias a esto que el canto dionisíaco se transmutó definitivamente de oratoria en drama.

Pero más importante aún fue el tema que eligió y que después quedó como de pragmática de todo el teatro sucesivo: la lucha del hombre contra el des tino, o sea del individuo contra la sociedad, del libre pensamiento contra la tradición.

En sus setenta (o noventa) tragedias, Esquilo asigna regularmente la victoria al destino, a la sociedad y a la tradición. Y no se trataba de tartifismo, pues su vida constituía un ejemplo de espontánea sumisión a estos valores. Pero en las siete obras que de nos han llegado, y sobre todo en el Prometeo, asoma 1 simpatía del autor para el condenado rebelde.

Esta simpatía debía de ser compartida por el público que, al parecer, acogió mal la Orestíada por considerar demasiado beatas sus conclusiones y silbó a los jurados que la premiaron. Pero Esquilo procedía de buena fe al pone en boca de sus protagonistas esos latiguillos moralizado res que a menudo hacen pesados sus diálogos y atascan la acción: tenía pasta de predicador cuáquero, de «cuaresma lista».

Y más de dos mil años después, el filósofo alemán Schlegel, que en muchas cosas se parecía a él, dijo que Prometeo no era «una» tragedia, sino «la» tragedia.

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BIOGRAFIA: Hijo de Euforión, perteneciente al demos de Eleusis, en el Ática, Esquilo debió nacer hacia 525, aunque esta fecha no es del todo segura. Parece ser cierto que cuando combatió en Maratón (490) se hallaba en la plenitud de su hombría.

En esta batalla cayó herido de muerte su hermano Cinegiro, al cual tributó en más de una ocasión un emocionado recuerdo. El mismo, en el epigrama que hizo grabar en su epitafio, quiso que constaran no sus triunfos en el teatro, sino su contribución a las luchas en defensa de la patria amenazada.

Ya antes de Maratón habíase revelado como autor de tragedias. Parece que sus primeras obras pueden fecharse entre 499 y 496:

Pero cuando destacó con luz vivísima como genial creador de la tragedia griega, fue a partir de 484, en cuya fecha obtuvo por primera vez el premio en el concurso de los trágicos.

Esquilo agregó a la acción un segundo actor —y luego un tercero, a imitación de Sófocles—, con lo que hizo posible el verdadero diálogo; también introdujo un prólogo antes de la entrada del coro e inauguró la ley de las trilogías, derivada de la costumbre ateniense de presentar tres tragedias a un tiempo.

Su fama como autor trágico desbordó los marcos de Atenas y se propagó por todo el mundo de la cultura helénica. Hacia 470 fue invitado por Hierón I de Siracusa para celebrar la fundación de la nueva ciudad de Etnas.

Este viaje fue muy breve; pero posteriormente hizo una nueva estancia en Sicilia. Esta última vez, para morir en Gela, probablemente de muerte natural, aunque la leyenda, inseparable de la historia en la vida de todo gran hombre, la atribuyó a un accidente, determinado por la caída de una tortuga, desprendida de las garras de un águila, sobre su calva cabeza.

De Esquilo han llegado a nosotros siete obras, lo que representa la décima parte de su producción total. Pero con las que poseemos—>Las Suplicantes, Los Persas, Los Siete contra Tebas, El Prometeo encadenado y la trilogía de Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides (La Orestíada) — basta para inmortalizar su persona, que en todo momento se nos presenta como el temperamento dramático más poderoso de Grecia.

Sus tragedias están habitadas por gigantes, los cuales se expresan en forma sublime, tal como dice Aristófanes. Sobre estos personajes domina una profunda espiritualidad religiosa, pues Esquilo fue sinceramente piadoso y convencido de la fe en la justicia del gobierno divino.

Elevándose en la escena a la categoría de maestro y educador del pueblo ateniense, el gran trágico enseñó la bondad de la ley del sufrimiento y mostró, en ráfagas apasionadas, la transmisión de la maldad como fatal herencia legada por unas generaciones a otras.

EsquiloSófoclesEurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

La Piedra Roseta Champollion descifro la escritura egipcia

CHAMPOLLION DESCIFRA UN JEROGLÍFICO EGIPCIO

Un soldado del ejército napoleónico encontró, casualmente, durante una excavación en las ruinas de la fortaleza de Rachid, siete kilómetros y medio al noroeste de la ciudad de Roseta, ubicada en el delta del Nilo, una extraña piedra de basalto negro, con inscripciones. Esto ocurrió en 1799.

Los hechos políticos y militares que tuvieron inmediatamente por escenario a Egipto influyeron grandemente sobre la suerte de aquella piedra, cubierta de signos misteriosos, encontrada por el soldado de la expedición napoleónica cerca de Roseta.
Cuando los británicos se apoderaron de Alejandría y de las demás ciudades egipcias que los franceses tuvieron que abandonar, recogieron allí valiosísimos tesoros y documentos, entre los cuales se contaba esa célebre losa que enviaron, de inmediato, al Museo de Londres….esta es la historia.

Cuando los estudiosos intentan descifrar un texto escrito en una lengua muerta, que ya nadie habla ni entiende, por lo general recurren a dos medios principales: un ejemplo bilingüe, en el que el idioma desconocido aparezca junto al mismo texto escrito en una lengua conocida, o los nombres propios —por ejemplo, los de reyes o dioses—, que a veces se conocen en otras lenguas y sirven para efectuar dicha labor.

Erudito El francés Jean-François Champollion descifró la piedra Rosetta, la clave
para entender  los jeroglificos egipcios.

Los jeroglíficos egipcios: Durante siglos los jeroglíficos inscritos y pintados en los muros de antiguos monumentos egipcios cautivaron a los estudiosos. Ese tipo de escritura fue usado por los egipcios durante más de tres milenios, pero su significado se olvidó hacia la época de los romanos.

El descubrimiento de la Piedra Rosetta en 1799 fue la clave para descifrar los caracteres egipcios, pues contenía inscripciones en tres tipos de escritura: jeroglíficos, otra caligrafía egipcia desconocida llamada demótica y griego. El segmento escrito en esta última lengua decía que los tres textos contenían el mismo mensaje: un decreto promulgado en 196 a.C. en honor de Ptolomeo y quienes intentaron descifrar los textos de la piedra se concentraron en el segmento en demótico, y comenzaron por localizar los nombres propios que contenía comparándolos con el texto en griego, pero muy poco lograron.

El primer paso en firme no se dio sino hasta en 1816, cuando el físico inglés Thomas Young dedujo que los caracteres demóticos se derivaban de los jeroglíficos y que, por lo menos en cuanto a nombres, estos últimos tenían un valor fonético y no eran meros símbolos.

En 1822 el erudito francés Jean François Champollion confirmó la deducción de Young. Pudo hacerlo gracias a que conocía tanto el griego como el copto, una lengua egipcia del siglo II d.C. que podía transcribirse en griego con unos cuantos caracteres demóticos.

Cuando comparó los 1419 jeroglíficos de la piedra con el texto en griego de menos de 500 palabras, Champollion notó que sólo había 66 jeroglíficos diferentes y que algunos de ellos se repetían con frecuencia; concluyó que éstos eran elementos fonéticos que representaban signos alfabéticos y sílabas y que constituían opciones de pronunciación del mismo sonido, como en las letras españolas k y q. Trabajó durante 14 años y compiló una gramática y un diccionario del idioma egipcio.

La Piedra Roseta Champollion descifro la escritura egipcia BehistunEl descubrimiento de la piedra: Entre las tropas del ejército de Napoleón Bonaparte que invadió Egipto en 1798 —campaña que duró dos años— iba un grupo de estudiosos cuyo trabajo era recuperar y estudiar restos arqueológicos. Pero fue por casualidad que un teniente apellidado Bouchard descubriera la piedra Rosetta.

Al parecer estaba supervisando unas fortificaciones en Rashid (Rosetta), en la ribera occidental del delta del Nilo, cuando de pronto halló la piedra de basalto negro incrustada en una pared moderna y medio enterrada en el lodo.

Cuando se comprendió la importancia de las inscripciones, la piedra, que mide 1.14 m de altura y 72 cm. de ancho, fue llevada a El Cairo y después a Alejandría. El ejército francés se rindió ante los ingleses en 1801 y la piedra está hoy día en el Museo Británico.

Las inscripciones de la famosa piedra de Roseta, que fueron estudiadas por numerosos sabios antes que Champollion consiguiera descifrarlas, aparecían ordenadas en tres series: una, de catorce líneas, era jeroglífica, es decir comprendía signos hasta entonces indescifrables; la otra, de treinta y dos líneas, estaba escrita en copto (primitivo idioma de los egipcios); y la tercera, de cincuenta y cuatro líneas, en griego. Desde el primer momento se tuvo la idea de que todas ellas debían referirse a un mismo texto, redactado en tres idiomas. En consecuencia, era lógico imaginar que, puesto en claro el significado de una (la griega resultaba la más accesible), podría conocerse el de las restantes.

La escritura de los persas antiguos…

Hace más de 2 000 años se usaba en Persia (hoy Irán) un puntiagudo utensilio llamado estilo para inscribir en tablillas de barro unos símbolos en forma de cuña: la escritura cuneiforme, a veces grabada también en piedra. García Silva Figueroa. embajador español en Persia, fue el primer europeo que describió dicha escritura, en 1618; él estudió las ruinas cercanas a Shiraz —donde vio los extraños signos— y afirmó que eran de la antigua capital de Darío el Grande, Persépolis. del siglo VI a.C.

Pero no fue sino hasta más de 200 años después que pudo descifrarse la escritura cuneiforme, gracias al trabajo del profesor alemán Christian Lassen y del oficial inglés Henry Creswicke Rawlinsón, que investigaban por separado. Ambos se basaron en la obra del erudito danes Georg Friedrich Grotefend, que había descifrado los nombres y títulos de los reyes Darío y Jerjes.

Lassen, estudioso de idiomas, se ocupó en comparar los pocos textos cuneiformes que había con otras lenguas, entre ellas el sánscrito. Y Rawlinson estudió la inscripción grabada en una roca situada a 60 m del suelo en las montañas Zagros, cerca de Behistún, en el oeste de Irán. Su traducción de los primeros párrafos fue terminada en 1837 tras varios años de trabajo, concordó con la de Lassen, publicada en 1836.

El desciframiento de la escritura cuneiforme dio pauta a la comprensión de por lo menos seis lenguas antiguas, entre ellas la babilonia.

…y la de los antiguos griegos

Cuando el arqueólogo inglés sir Arthur Evans descubrió en Cnosos, Grecia, unas tablillas de barro inscritas, a principios de este siglo, nadie sabía en qué idioma estaban; se pensó que era el del pueblo minoico de la antigua Creta, que vivió entre los siglos XIV yXII a.C.

Después de que se descubrieron otras tablillas con inscripciones diferentes pero relacionadas en la misma región, a la primera escritura se le dio el nombre de lineal B, y la otra, más antigua, fue llamada lineal A.

Apenas en 1952 la escritura lineal B fue descifrada por el arquitecto británico Michael Ventris, que se basó en el trabajo realizado en la década de 1940 por la investigadora estadounidense Alice Kober; ésta ideó un método rudimentario para establecer las relaciones entre los signos escritos comparando prefijos y sufijos de palabras.

Ventris analizó la escritura como código y elaboró un cuadro que mostraba la frecuencia de los signos afines y de los cambios aparentes en las terminaciones de las palabras. El paso decisivo fue notar que la escritura intercalaba la lengua griega, con lo que pudo identificar nombres de poblaciones conocidas. Ventris murió en 1956. Su trabajo sobre la escritura lineal B constituye la base de la mayoría de las investigaciones realizadas sobre la lineal A, que todavía no ha sido descifrada del todo.

ALGO MAS…

Champollion descifra la piedra roseta

Uno de los generales de Napoleón había tratado, vanamente, de descifrar la Piedra de la Roseta y llegó a determinar que se trataba de una ofrenda dedicada, por los sacerdotes de Menfis, a Ptolomeo V, rey de Egipto, entre los años 203 y 181 antes de Cristo. En el Instituto Egipcio, los franceses sacaron numerosas copias de la pieza original, representándola con todos sus detalles y hasta con el desgaste que, en la verdadera, había dejado el tiempo.

En 1801, el físico y matemático Fourier, uno de los sabios que acompañó al ejército napoleónico en Egipto y que había traído, desde allí, una reproducción de la piedra de Roseta, recibió en su casa de Grenoble la visita de un muchachito que vivía también en esa ciudad y que, acompañado por un hermano mayor, fue a verlo para conocer los papiros, estatuillas y otras piezas que integraban su colección egipcia. Se llamaba Jean Francois Champollion y tenía apenas once años de edad.

La piedra de Roseta le interesó sobremanera y Fourier declaró, tiempo después, que el niño -una vez que le explicaron, sucintamente, las tres formas de escritura en ella contenidas-declaró: «Cuando sea grande, trataré de poner en claro estos jeroglíficos».

Desde entonces, estimulado por su hermano Jacques -filólogo de talento que también se interesaba por la arqueología-el muchacho estudió sin descanso todo lo que había de ayudarle a cumplir ese propósito. Profundizó sus conocimientos de latín y griego y, a partir de los trece años, comenzó a aprender árabe, sirio, caldeo, copto y chino antiguo.

A los diecisiete, hizo un mapa histórico sobre el antiguo reino egipcio y el 10 de setiembre de 1807 presentó a la Academia de Grenoble su libro «Egipto bajo los faraones». Esa obra produjo, entre los que habían sido sus profesores y maestros, tal impresión que lo nombraron, por unanimidad -y pese a su juventud-, miembro de la Academia. Asesorado por un erudito en la materia, el arqueólogo De Sacy, Champollion siguió perfeccionándose. Estudió sánscrito y persa, analizó los signos demó-ticos del idioma copto y la posible relación del chino con el egipcio.

Mientras tanto, vivía míseramente cerca del Louvre; andaba con los zapatos rotos y el traje raído; comía mal y casi no dormía. Su mente se hallaba ocupada poruña sola idea: descifrar la piedra de Roseta. A los dieciocho años, en una carta a su hermano, le explicaba que había hecho grandes progresos con respecto a los jeroglíficos. Pero, en realidad, no había sido así y él mismo lo comprendió más tarde. Muchas veces debió retroceder por el camino andado y dejar de lado esos aparentes triunfos. Tuvo, sin embargo, otras satisfacciones.

Meses después, fue nombrado profesor de Historia en la Universidad de Grenoble, donde elogiaron su Gramática y su Diccionario copto. Para descifrar los jeroglíficos, Champollion tuvo que abandonar la generalizada idea de que esos signos representaban una escritura mediante imágenes. Demostró que «sin ser estrictamente alfabéticos, eran, sin embargo, expresión gráfica de sonidos».

Basándose en la piedra de Roseta, cuya interpretación le preocupaba desde niño y comparando sus inscripciones con otras, similares, registradas en el llamado obelisco de Filé, descubierto en 1815 y llevado por el arqueólogo Banks a Inglaterra, pudo poner en claro, primeramente, los nombres de dos reyes -Ptolomeo y Cleopatra- y, luego, las demás partes del texto.

Explicó el complicado sistema jeroglífico en forma exhaustiva y alcanzó a conocer, sobre el terreno, todo aquello con lo que había soñado a lo largo de su vida, durante la extensa visita que realizó a Egipto, tres años antes de morir. Así pudo ver cumplida su extraordinaria vocación.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Fasc. N°39 Edit. Cuántica Champollion y la Piedra Roseta

Ramses II Faraon de Egipto Obras y Caracteristicas de su Reinado

Ramses II Faraon de Egipto Obras y Caracteristicas de su Reinado

Ramsés II debió guerrear contra los hititas antes de poder sellar con ellos una paz duradera, la que dio paso en Egipto a una época de estabilidad y prosperidad. Sólo entonces, pudo dedicarse a su obra de constructor y erigir los grandiosos monumentos que aún perduran.(imagen izq. Ramsés II)

QADES: MITO Y REALIDAD: Los hititas, dueños de Anatolia y el norte de Sida, amenazaban el dominio egipcio en el sur de esta última. Decidido a expulsarlos, Ramsés II intervino en la región para conseguir la defección de los príncipes sometidos a los hititas. El enfrentamiento, ya inevitable, tuvo lugar frente a la ciudad fortificada de Qades, cuya importante posición estratégica otorgaba el dominio de toda Siria a quien se adueñara de ella.

El ejército egipcio contaba con 20.000 hombres repartidos en cuatro divisiones, que llevaban cada una el nombre de un dios: Amón, Ra, Ptah y Set.

Ramsés II llegó hasta las inmediaciones de Qades, a orillas del Orontes, conduciendo el ejército de Amón, mientras las otras tres columnas permanecían en la retaguardia. El astuto Muwattali aprovechó la situación para atacar. Rodeado y abandonado por sus tropas, el faraón le habría rezado fervientemente al dios Amón, que le concedió fuerza sobrehumana.

Cuando los 2.500 carros hititas se dieron a la fuga, Ramsés II logró liberarse. Si bien la batalla se reanudó al día siguiente, ninguno de los dos ejércitos obtuvo la victoria. El faraón renunció a Oadei y abandonó la región.

LOS RAMBSIDAS, RESTAURADORES DEL PODERlO EGIPCIO: Durante el apogeo de la XVIII dinastía (1552-1306 a.C.), el Imperio egipcio se extendía desde el Éufrates, en Siria, hasta la cuarta catarata del Nilo, en Nubia; sin embargo, empezó a decaer durante el reinado de Akenatón (1372-1354 a.C.).

Al descuidar los asuntos exteriores para consagrarse a la exaltación del dios solar, Atón, el místico faraón Akenatón permitió que los hititas, pueblo indoeuropeo proveniente de Anatolia, se transformaran en una gran potencia.

El secreto del nuevo poderío hitita estaba en las armas de hierro —mineral que abundaba en Anatolia—, muy superiores a las de bronce de los reinos vecinos. Debilitada, tanto por estos reveses militares como por el fracaso de la revolución religiosa de Akenatón, la XVIII dinastía desapareció sin pena ni gloria (1306 a.C.).

Entonces, correspondió el turno a los guerreros, por lo que el último faraón de la dinastía, Horenmheb, entregó el poder a su general Ramsés I. Aunque el fundador de la XIX dinastía permaneció poco tiempo en el trono, su hijo Seti I se mostró digno de la tarea. Desde los inicios de su reinado restableció la dominación egipcia en Palestina y llegó hasta el Orontes.

Su hijo Ramsés II, coronado faraón a los 25 años de edad (1290 a.C.), heredó un reino en pleno renacimiento. No resulta extraño entonces que el «Hijo de Ra, amado de AmÓn» emprendiera la conquista de Siria.

EL DUELO CON EL IMPERIO HITITA: La victoria de Qades, una de sus primeras hazañas militares, llenó de gloria al joven soberano, pero no cambió en nada el desenlace del conflicto. La guerra en Asia se prolongó por quince años. Instigados por los hititas, los príncipes vasallos de Palestina se sublevaron en numerosas ocasiones, por lo que el faraón tuvo que sitiar varias ciudades en la región desértica del mar Muerto, antes de lograr la sumisión de los reyes de la zona.

Sólo entonces las inscripciones de los templos pudieron proclamar las victorias de Ramsés II: «la estrella de las multitudes», «el toro de oro”, «el halcón dueño del cielo».

La consolidación en Mesopotamia de una nueva potencia, Asiria, permitió finalmente llegar a un acuerdo pacífico. Al instalarse en las riberas del Éufrates, se convirtió en una amenaza para el reino hitita, cuyo rey, Hattusil III, hermano y sucesor de Muwattali, opté por firmar un tratado de paz con Egipto (1270 a.C.). El texto del tratado fue descubierto en las paredes de los templos egipcios, al igual que en las tablillas de arcilla de la capital hitita, Bogazkóy; constituye el primer tratado de la historia cuyo texto original todavía existe.

Ambos estados firmaron un pacto de no agresión, además de una alianza defensiva, y fijaron una frontera común a la altura de Damasco, por lo que Siria meridional quedó en territorio egipcio. Fue el inicio de cincuenta años de paz. Mientras Ramsés II y Hattusil III intercambiaban cartas cordiales, los hititas le enviaban hierro al faraón para sus ejércitos y mujeres para su harén. En dos ocasiones, éste desposó princesas hititas, hijas de Hattusil III. El dios sol de Egipto y el dios tormenta de los hititas fueron los protectores de estas uniones.

EL GRAN CONSTRUCTOR: Durante su reinado de sesenta y siete años, Ramsés II también demostró ser uno de los más grandes constructores del antiguo Egipto. Abandonó Tebas, en el Alto Egipto, capital del reino durante doscientos cincuenta años, y edificó una nueva capital, al este del delta, que bautizó como Pi-Ramsés, «el hogar de Ramsés». Gracias a la construcción de numerosos canales, la ciudad se llenó de frondosos jardines. Asimismo, siguió embelleciendo los templos de Tebas, Luxor y Karnak.

En Tebas, situada en la ribera occidental del Nilo, mandó edificar su gigantesco templo funerario, el Ramesseum. Más original resultó ser la construcción de una verdadera red de monumentos que dividió Nubia (actual Sudán) en zonas, aparentemente con el fin de arraigar el dominio egipcio. Los dos templos de Abú Simbel constituían el conjunto más imponente.

Excavados dentro del acantilado igual que grutas, dominaban el valle del Nilo, desde una altura de 33 m. De acuerdo con el culto, a cada soberano le correspondía una divinidad; el dios Amén-Ra a Ramsés II en el primer templo (sur), y la diosa Hator a la reina Nefertari, esposa preferida del faraón, en el segundo (norte). Cuatro colosos de arenisca, de 20 m de altura, flanqueaban la puerta de entrada del templo sur. Representaban a Ramsés II y su familia, y proclamaban la gloria de Egipto ante los ojos de los nubios sometidos.

EL RESPLANDOR ETERNO DE UN REY SOL: Las obras del constructor reflejaban los proyectos del político. Si bien el traslado de la capital se debió a la ciudad de origen de la dinastía, Tanis, en el delta, también existieron razones estratégicas.

En efecto, Pi-Ramsés se encontraba a las puertas de Asia y por lo tanto estaba mejor ubicada para vigilar a los sirios. Además, el rey había logrado finalmente independizarse del dero de Amén, que gozaba de mucho poder en Tebas. Sin dejar de lado la supremacía de Amén, Ramsés II también promovió el culto de otros dioses, como Ra y Ptah. La lógica sincrética de la época permitió asimilar a las tres divinidades. Aunque los faraones se proclamaron siempre “Hijos de Ra», el soberano insistió particularmente en sus lazos de sangre con el dios solar.

En los muros de varios templos se podía contemplar la unión de su madre Tuya con el dios, y la diosa nodriza Hator, amamantándolo. Por su esencia divina, este hijo de Ra podía jactarse de ser un verdadero «rey-sol». Sin embargo, toda esta gloria escondía un imperio frágil. Cuando el soberano falleció a los 90 años de edad (1224 a.C.), Egipto entró nuevamente en guerra.

Su hijo Menefta (1224-1214 a.C.) debió enfrentar la invasión de los «pueblos del mar», provenientes del norte del Mediterráneo. Con posterioridad, varios soberanos de escaso relieve se sucedieron en el trono y la XIX dinastía desapareció en menos de treinta años (1186 a.C.). No obstante, el recuerdo de Ramsés II siguió fascinando a sus sucesores. Todos trataron de imitarlo y nueve faraones llevaron su nombre. El sol de Qadei nunca dejó de brillar.

SUS OBRAS
En innumerables monumentos egipcios, y precisamente en los más majestuosos, se han encontrado inscripciones con el nombre de este soberano. Sin embargo, se ha podido comprobar que el jactancioso monarca en muchos casos hacía grabar sus estelas en construcciones que no habían sido obra suya, usurpando glorias de sus antecesores. Esto no obstante, bien podemos citar los monumentos que verosímilmente le pertenecen.

Tal es el caso de la sala hipóstila de Karnak, que había comenzado su padre, y el patio con pórticos del templo de Luxor. También mandó construir el templo de Abidos, el Rameseo (templo de la necrópolis de Tebas) y el espeo o templo subterráneo de Abu Simbel, en Nubia, que tiene 55 metros de profundidad y, ornamentando la fachada, cuatro colosos sedentes de más de 20 metros de altura, esculpidos en la roca viva.

En cuanto a «La casa de Ramsés», que éste hizo construir en Tanis, aseguran los escribas y poetas de la época que era «la ciudad de los bellos balcones, de las salas rutilantes de lapislázulis y de turquesas, el lugar donde se adiestran los carros de guerra, donde se pasa revista a la infantería y donde los soldados de marina desembarcan para ofrecer su tributo». Magnífica villa cortesana donde «la juventud lleva todo los días trajes de fiesta y cabelleras graciosamente arregladas y bañadas en suaves aceites».

Su momia, que fue retirada por Brugsch de la tumba en el Valle Reyes, fue transportada a lo Sargo del Nilo en una embarcación. Y centenares de campesinos, en las orillas, hicieron escolta de honor al bote, decargado al aire los fusiles y recitando lamentaciones fúnebres. Rindieron así non al soberano tres mil años después de su muerte. Actualmente el faraón Ramsés II se encuentra en el Museo de El Cairo, la actual capital.

PARA SABER MAS…
EL EGIPTO DE RAMSES II:

SU DESCUBRIMIENTO:

Fun en 5 de julio de 1881, en las primeras horas de la mañana, un joven investigador alemán, Enrique Carlos Brugsch, trepaba fatigosamente por las rocas del Valle de los Reyes, la cuenca rocosa de Luxor, en Egipto, en la que se encontraban las tumbas de muchos faraones. El joven marchaba presuroso siguiendo a un árabe, Abd-el-Rasul, quien le había prometido conducirlo hasta el sitio donde haría un descubrimiento extraordinario.

Al final de una fatigosa subida, Abd-el-Rasul se detuvo y le mostró un orificio que estaba cerrado por piedras: desató una cuerda que llevaba sobre la espalda y explicó a Brugsch que era necesario deslizarse por aquel agujero. Con el corazón agitado, el científico se descolgó, a fuerza de brazos, por el pozo, que tenía una profundidad aproximada de once metros. Llegado al fondo, encendió la antorcha y delante, a pocos pasos de distancia, se le presentó la puerta de una cámara funeraria.

Entró en la penumbra, a la luz de la antorcha, Brugsch vió un espectáculo que lo dejó sin aliento. La cámara estaba llena de sarcófagos, dispuestos sin orden, algunos abiertos y otros aún cerrados. Ante él se encontraban los restos mortales de los más poderosos soberanos del mundo antiguo. A. ratos arrastrándose, y otros avanzando a toda prisa, el egiptólogo examinó los sarcófagos: entre las momias de los faraones menos ilustres, encontró la del gran soberano cuya fama ha llegado hasta nosotros después de 33 siglos: Ramsés «el Grande», aquel durante cuyo reinado vivió, probablemente, Moisés.

CARACTERISTICAS DE SU REINADO: Una vez alejada la amenaza asiática, Ramsés II pudo consagrar todos sus esfuerzos a Nubia, donde hizo levantar magníficos monumentos. Más abajo de la segunda catarata y de la fortaleza de Buhen, fueron talladas en la roca las colosales estatuas del faraón sedente, que decoran la fachada del gran templo de Abu-Simbel. Otras seis estatuas de Ramsés y de la reina Nefertari encuadraban el segundo templo, que estaba consagrado a la diosa Hator.

Ramsés II, que era un hombre amante del orden, se entregó con energía a reorganizar el país: el Estado intervino en la estructuración social, fijando las condiciones de trabajo, que hasta ese momento habían sido bastante desastrosas; se promulgaron leyes sobre la higiene del pueblo, se confió a los mismos operarios la resolución de los litigios del trabajo y se eximió de las contribuciones a las clases más pobres. El pueblo, de esta manera, vivía bastante bien, y el mismo faraón (cosa simplemente increíble) se preocupaba en persona de su situación.

Todo el país se enriqueció: la pequeña propiedad se desarrolló, los mercaderes hicieron fortuna con el comercio marítimo internacional; los «bancos», confiados a tan formidables especuladores como los sirios, ganaron considerables beneficios.

Naturalmente, esta ola de prosperidad hizo progresar también todas las artes: artesanos, muebleros, alfareros, pintores, escultores, decoradores, no tenían tiempo de atender los pedidos ds los clientes. Tebas, la capital religiosa, y el puerto de Tanis, sobre el delta del Nilo, donde Ramsés II tenía la capital del imperio, eran las ciudades más ricas del mundo. El mismo Ramsés mandó construir templos en su honor, e hizo surgir una ciudad estupenda a la cual dio su nombre: Pi-Ramsés («La casa de Ramsés»). En estos trabajos participaron millares de hebreos y sirios.

El gran Ramsés, que entre otras cosas era un hombre buen mozo, delgado, de facciones reglares, tuvo varias esposas y 162 hijos. El reinado de este hombre sabio y humano íue larguísimo. Ramsés II, llamado por los griegos Sesostris, ocupó el trono nada menos que 77 años. Murió en el año 1223 antes de Cristo.

Las maravillosas obras maestras construídas en su etapa de gobierno habrían sido sepultadas por las aguas de la nueva presa de Assuán, a no ser por la gran campaña lanzada por la UNESCO.: los fondos recogidos permitirán dividir las masas de piedra en bloques de varias toneladas, y volver a edificar los templos, sesenta metros más arriba, a fin de que continúen proclamando la gloria del «Rey Sol», como lo vienen haciendo los templos de Luxor (de donde procede el obelisco de la plaza de la Concordia, de París) y de Karnak, en el que Ramsés II hizo levantar la célebre sala hipóstila. Sus dimensiones gigantescas y su estilo están muy alejados de las proporciones del arte de Tell-el-Amarna.

A pesar del esplendor de su reinado, en el cual se alcanzó una mejora indudable del nivel de vida de las clases populares y de los funcionarios, que fue a la par con la prosperidad económica, Ramsés II no consiguió contener los dos principales peligros que provocarían la decadencia de sus sucesores: el incremento del poder de los sacerdotes y de sus dominios, y el de la aristocracia militar, dotada también de feudos considerables. Los sacerdotes se habían convertido en una casta hereditaria.

El sumo sacerdote de Amón, en Tebas, regía una verdadera corte, con el título de «director de todos los sacerdotes del Alto y Bajo Egipto». Los templos eran una especie de señoríos autónomos, con sus colonos, sus artesanos, su servicio de vigilancia, su burocracia. Muchos de ellos no solamente estaban libres de impuestos, sino que, además, recibían privilegios de inmunidad: la justicia y la administración reales se detenían en sus fronteras, al menos en el Alto Egipto.

En el reinado de Ramsés, se organizó un tribunal sacerdotal, único habilitado para juzgar los litigios entre los sacerdotes o los templos. A partir de este momento, una parte del país escapaba al poder del faraón. Por otro lado, el ejército había pasado a manos de profesionales, con frecuencia extranjeros, entonces muy numerosos en Egipto.

Fenicios, hebreos, sirios y etíopes se repartían, según su nacionalidad, en comunidades de trabajadores, practicando sus cultos y disponiendo de organizaciones autónomas. ¿Tuvo lugar el Éxodo durante el reinado de Ramsés II, como sostiene la tradición? ¿O fue mucho antes? El problema es muy discutido: parece que una tribu judía vivía cerca de Tanis en esta época. Ramsés II dotó a sus soldados y oficiales, egipcios o extranjeros, de verdaderos feudos, tomados de los dominios reales. Guardando las distancias, esto hace pensar en el imperio romano instalando colonias de soldados bárbaros en el interior de sus fronteras.

Quizá constituyeran un contrapeso del poder de los sacerdotes; pero, en adelante, el faraón tuvo que contar con estos dos poderes. Las grandes construcciones de Ramsés II agotaron su tesoro. Después de su muerte, la crisis iba a precipitarse, en toda su magnitud.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I Egipto, El Imperio Nuevo

Ver: Templo en Egipto Ramses Abu Simbel

La Tragedia Griega Origen de la Tragedia Sofocles Esquilo Eurispides

Los Orígenes  de la Tragedia Griega

LA TRAGEDIA GRIEGA:

En el origen del teatro se ha querido ver su vinculación con el culto’religioso. Así en Grecia el teatro siempre estuvo relacionado con el culto al dios Dioni-so, el dios del vino. Dos son los géneros teatrales fundamentales: la tragedia y la comedia. La tragedia pone en escena los grandes problemas de la condición humana: el destino, el tema de la libertad, el concepto de culpa, etc.

Sus personajes son casi siempre héroes o dioses, personajes relacionados con el mundo del mito. Estos personajes suelen utilizar un lenguaje elevado, difícil. Sus finales son trágicos y violentos, siendo frecuente la muerte o el sufrimiento del héroe.

La comedia, aunque puede llegar a plantear temas elevados, normalmente éstos tienen más que ver con la vida diaria. Sus personajes son seres de la vida cotidiana, siendo menor la importancia del elemento mítico. Puede llegar a emplear un lenguaje bajo e incluso obsceno. Sus finales suelen ser normalmente felices.

En Grecia la época dorada del teatro transcurre desde el siglo v al IV a. C. En la tragedia destacan tres grandes genios: Esquilo (525-455 a. de C); Sófocles (496-406 a. de C.) y Eurípides (480-406 a. de C). En la comedia destacan Aristófanes (445-386 a. de C.) y Menandro (343-292 a. de C).

La creación literaria: Puede decirse que la literatura tal como se la entiende en Occidente obtuvo carta de ciudadanía en la Antigua Grecia. Homero y Hesíodo reelaboraron los antiguos mitos y desplegaron todos los elementos narrativos de la épica.

sofocles, Otros autores, como Arquíloco, Safo, Tirteo, Alceo de Mitilene, Anacreonte o Píndaro, desarrollaron la poesía lírica. La palabra poesía significa “creación”.

Los griegos fueron los creadores de la tragedia. Casi desde su mismo origen, el hombre griego ha realizado «viajes» hacia su interior buscado la verdad de su mundo interior.

Y gracias a esta búsqueda de lo intrínsecamente humano hemos podido disfrutar de grandes producciones artísticas, como las tragedias griegas.

Pues en ellas, se narran las aventuras del hombre, que explora los abismos y vericuetos del alma.

Los tres grandes trágicos de la Grecia antigua fueron Esquilo, Sófocles y Eurípides. Los tres vivieron en el siglo V a. J. C. Las obras de Esquilo (525-456) llegaron a constar de cuatro actos y perseguía en ellas un fin moral.

En Los Persas escenifica la guerra contra Jerjes que el autor vivió como soldado. En Prometeo encadenado narra la leyenda del que robó el fuego del Olimpo y sufrió las iras de Zeus. Los siete contra Tebas es la historia de Edipo, mientras que en La Orestíada, que consta de tres partes, se describe el destino de Agamenón, asesinado por su esposa, y las vicisitudes de Orestes, que finalmente logra vengar a su padre.

En esta obra, las Furias, Palas, Apolo y numerosos dioses y semidioses intervienen, ya para ayuda, ya para perdición de los mortales.

ESQUILO: Nació en Eleusis, hacia 525 a.C., y se lo considera padre de la tragedia. Le atribuyen unas ochenta obras teatrales, de las cuales sólo se conservan siete: “Agamenón’ “Las Coéforas’ ,“Las Euménides» ,“Prometeo encadenado’ “Los siete contra Tebas», “Los persas” y “Las suplicantes’ Murió en 456 a.C., en Gela, ciudad de la isla de Sicilia.

SÓFOCLES: Nació en Colona. en 495 a.C. y fue uno de los grandes poetas trágicos griegos. Era amigo de Herodoto y Pendes, ocupó cargos públicos en Atenas y fue estratega militar en una campaña contra Samos. Sus tragedias abordan el tenso equilibrio entre la belleza del ser humano y el horror de muchos de sus actos. Al parecer, escribió entre 120 y 130 obras de teatro, de las cuales llegaron a nuestros días “Antigona’

EURÍPIDES: Junto con Esquilo y Sófocles, este poeta trágico —nacido en 480 a.C. en Salamina— fue uno de los grandes drama­turgos griegos. Pero lo que en aquéllos era mito viviente, en él fue subjetividad.

Por ejemplo, en Esquilo las erinias que persiguen a Orestes luego deque asesinara a su madre, son monstruos reales: en Eurípides, en cambio, son la culpa. Por su temática individualista, no fue un autor popular.

Ampliar Sobre Estos Poetas Griegos

ALGO MAS SOBRE EL TEATRO GRIEGO:
El teatro, una de las principales aportaciones de Atenas a la cultura universal, se desarrolló a partir de los ritos en honor de los dioses. En tiempos primitivos, el ditirambo, o himno unísono, lo entonaban en torno al altar de Dionisos, el dios del vino, cincuenta hombres, cinco por cada una de las diez tribus del Ática.

El ditirambo, que inicialmente se refería sólo a la vida y culto de Dionisos, más tarde empezó a relatar las hazañas de otros dioses y héroes. Los sentimientos terrenales que se expresaban producían tensiones y conflictos dramáticos. La comedia se desarrolló en torno a las celebraciones del final de la cosecha y a partir de las bufonadas de los sátiros, servidores de Dionisos, mitad hombres, mitad machos cabríos.

Tespis era el jefe de un coro itinerante que se presentó en Atenas. Parece que fue él quien inició el teatro, colocándose aparte del coro para representar a un héroe o un dios, y mantener un diálogo con aquél. De este modo, Tespis se convirtió en el primer actor en el sentido moderno de la palabra, y el primero en ganar un premio1* en el festival dramático de las fiestas dionisíacas urbanas.

Tres eran las fiestas teatrales de la Grecia clásica. Las dionisíacas rurales, en honor de Dionisos, dios de la fertilidad, se celebraban en el solsticio de invierno y en ellas se originó el jefe del coro, que primitivamente era el jefe de un pueblo determinado. La palabra tragedia, derivada de tragos (cabra), procede de este festival, tal vez porque el último día se entregaba como premio una cabra. El festival de Leneas, en enero, se dedicaba principalmente a la comedia (derivada de cornos, divertirse).

Todas las obras que se conservan de los poetas griegos fueron escritas para el tercer festival, las fiestas dionisíacas urbanas, que se celebraban cada año en Atenas en abril, y a las que asistían todos los ciudadanos y también representantes oficiales de los estados aliados. Tenía lugar una competición, en la que cada poeta presentaba cuatro obras, tres tragedias y una comedia. A cada poeta se le asignaba un actor principal y un mecenas, un hombre rico cuyo deber cívico era costear el espectáculo.

Uno de los primeros aspirantes a la guirnalda de hiedra dionisíaca en el festival de abril fue Esquilo (525-456 a.C.) veterano guerrero de las batallas de Maratón y Salamina. En sus primeras obras mantenía el coro de cincuenta hombres, que más tarde redujo a doce. Primero se introdujo un segundo actor, y luego, un tercero.

El poderoso verso de Esquilo ensalza las virtudes del heroísmo y el valor. Sófocles (497-406 a.C.), autor de Edipo Rey, presentaba, a través de complejas tramas y sensibles caracterizaciones, un mensaje de inminentes fatalidades, del trágico destino que esperaba a la humanidad. Quizá el ser humano no fuese conscientemente malo, pero su arrogancia y su egoísmo generaban multitud de males que habrían de afligir a las generaciones posteriores.

Ver: Aristofanes

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miselaneas de la historia

Miscelánea: según la definición del diccionario de la lengua española, «es una mezcla de cosas de distinto origen o tipo», y justamente este concepto es el que se aplica hoy esta página, en donde podrá encontrar explicaciones de los mas variados e inconexos temas ,pero interesantes como para ampliar nuestra cultura general.

Fuente Consultadas:
Crónica Loca de Víctor Sueiro

Enciclopedia del Estudiantes – Tomos 12 y 20 Santillana
Los Santos Que Nos Protegen Ángel Bornos-Eva Prim
COSMOS – Carl Sagan
El Espacio Asombroso – Ann Jeanette Campbell
20 Grandes Conspiraciones de la Historia – Santiago Camacho
Revista Muy Interesante La Vida en la Edad Media (Edición Especial Nº 5)
Historia del Mundo -Serie Para Dummies
Actual Historia del Mundo Contemporáneo- Vicens Vives
Almanaque Mundial 2008 -Televisa
El Prójimo – Pacho O’Donnell
La Revolución de las Ideas de – Roberto Cook

Origen de la Polis Griega Ciudad Estado en Grecia Antigua

ORGANIZACIÓN DE LA POLIS EN GRECIA ANTIGUA – CIUDADES ESTADOS

Los genos u oikos: Más parecidos a la familia eran verdaderos clanes. Era un grupo formados por todos los familiares del basileus (jefe de la familia). También incluía a las personas libres y esclavas que dependían de el. Estos servidores eran necesarios porque de ellos dependía el sustento de todo el grupo.

Estos esclavos producían todo lo necesario para vivir, y habían algunos jefes importantes como Ulises (en la obra de Homero), que dirigía la producción y la distribuía según su propio criterio. Dentro de ellos, en efecto, el padre tenia autoridad absoluta puesto que era el interprete de los dioses; la propiedad, por otra parte, era colectiva. La unidad del clan conducía a curiosas consecuencias: la ofensa hecha a un individuo se consideraba hecha al clan.

Entre los griegos la polis surgió cuando varios oikos se pusieron de acuerdo en reconocer una autoridad superior a la de cada familia: esa autoridad era la encargada de arbitrar en los enfrentamientos y de defender los intereses comunes. Los jefes de cada familia, desde el siglo VIII a.C., comenzaron a ocuparse en forma conjunta del gobierno de los oikos reunidos en una polis o ciudad—Estado.

Con el tiempo, los problemas generales de la ciudad se fueron diferenciando cada vez más de los problemas particulares de cada familia. Se hizo necesaria entonces una autoridad que se ocupara exclusivamente del gobierno de la polis: la autoridad política se diferencia desde entonces de la autoridad familiar, aparece la figura del Rey.

polis grecia antigua

Vista de una Polis Griega

Las polis griegas o ciudades-estado: Poco a poco comienzan sin embargo a agruparse las chozas de los genos; los caseríos aumentan, pero, sobre ser poco importantes no están suficientemente adheridos al suelo.

Grecia estaba formada por una serie de ciudades estado independientes, gobernadas por oligarquías aristocráticas, el aislamiento geográfico impuesto por el territorio que ocupaban y la necesidad de agruparse para defenderse de las invasiones explicaba la formación por los griegos de estas polis o ciudades estado. Aunque eran independientes, a menudo se unían en una liga dentro de la cual la más importante acababa por imponerse. Las dos polis más importantes fueron Atenas y Esparta.

Esparta cuido por encima de todo su poderío militar descuidando el arte y las actividades económicas, redujeron a los vencidos a la esclavitud (ilotas) la población se componía de Dorios, Periecos e Ilotas; los primeros conservaron supremacía mediante las armas.

Esparta contó con dos reyes de poder ilimitado y veintiocho ancianos guiados por cinco Eforos, que formaban el senado, el cual monopolizaba todo el poder volviéndose verdaderos amos del estado.

La guerra era el único móvil de la educación, Esparta quiso imponer su fuerza desde un principio, Mesenia le resistió heroicamente, pero fue vencida, después organizó una liga en Peloponeso, de la cual fue jefe.

Los ciudadanos espartanos gozaban de enormes privilegios sobre los sometidos (iliotas y periecos). Estaban gobernados por reyes de familias diferentes, que se transmitían el cargo por herencia, la monarquía se mantuvo en Esparta hasta la total decadencia de la polis.

Atenas la capital del Ática careciendo de militarismo se convirtió en el motor del mundo Griego. Desarrolló el modelo más perfeccionado democracia limitada y puso las bases de la sociedad Occidental. Sus habitantes proclamaron la independencia, la libertad y la igualdad.

El gobierno comprendió: los Arcontes, el Areópago y el consejo de los cuatrocientos, dividió el pueblo en cuatro clases según su fortuna. Las leyes de Solón suavizaron las costumbres y aseguraron la libertad

En los primeros siglos del primer milenio, Atenas tuvo un papel secundario con una economía basada en la agricultura y el pastoreo. A partir del siglo VI el desarrollo del comercio hizo posible su futura importancia. Cuando Atenas inicio su decadencia, Esparta no pudo sustituirla.

Junto a estas dos grandes ciudades destacaron también Samos, Mileto, Delos, Argos Epiduro, Corinto, Egina, Calcis, Eritrea y Tebas.

ORGANIZACIÓN FÍSICA DE LA POLIS: El asentamiento urbano se establecía al pie de la acrópolis, un lugar elevado y defendido, en el que estaban los edificios públicos y que servía de refugio a los habitantes en casos de peligro. Cerca de las casas, estaban las tierras de la ciudad, propiedad de los individuos, que eran una o varias llanuras fértiles.

Más allá de las tierras cultivadas estaban las colinas. Por ellas se llegaba al campo, propiedad de la comunidad y no de los individuos, que servía para el pastoreo y donde trabajaban los leñadores.El asentamiento urbano se hallaba generalmente situado cerca del mar, pero no era frecuente que estuviera a sus orillas. Si la dudad tenía un puerto, comercial o militar, generalmente no formaba parte del núcleo urbano.

cuadro polis griega

Síntesis: La polis griega era un pequeño Estado independiente que abarcaba un núcleo urbano o ciudad, y las aldeas de alrededor, cuyos habitantes poseían los mismos derechos que los que vivían en la ciudad principal. Tenían además las mismas costumbres y adoraban a los mismos dioses. La polis era, además, autárquica en lo económico; es decir, podía vivir tranquilamente sin depender de otras zonas, era autosuficiente.

Estas ciudades no constituyeron en esta época unidades más amplias; es decir, no integraron un gran Estado político o un imperio. Grecia se caracterizaba por su fragmentación política. Las condiciones internacionales favorecían esta situación: el poderío persa sólo estaba naciendo, Egipto se encontraba en plena decadencia.

El pueblo griego pudo vivir con su régimen propio sin ser absorbido por ningún poder mayor. En este comienzo, entonces, la ciudad tenía una unidad con las aldeas que la rodeaban. En la ciudad, los edificios civiles y religiosos se disponían alrededor de una gran plaza, llamada agora. Allí se congregaba la gente, luego fue el sitio físico del mercado y el centro de la vida del pueblo griego.

Crisis Social y Economica en Atenas Causas y Consecuencias

Crisis Social y Económica de Atenas en la Guerra del Peloponeso

El siglo V a. de J.C. se cerraba con un conflicto que, de forma más o menos directa, había comprometido a la mayor parte de los estados griegos: la Guerra del Peloponeso. Durante casi medio siglo, en Grecia se había combatido por la extensión y difusión de dos tendencias ideológicas: oligarquía y democracia. Atenas sería el estado paladín de la democracia, mientras que Esparta iba a representar el centro de la tendencia oligárquica.

En torno a uno u otro bando se fueron agrupando los restantes centros helénicos según su ideología e intereses económicos. Dentro de cada estado ambas tendencias dividían a la población e incluso reinos vecinos prestaban aportaciones económicas a una u otra causa, como fue el caso de Persia, que auxilió con sus ingentes recursos a Esparta y sus aliados. La lucha iba a concluir con la victoria de Esparta y sus aliados, o sea, el triunfo de la ideología oligárquica.

Atenas se vio obligada a demoler sus murallas y disminuir su flota, al mismo tiempo que se instalaban en cada polis gobiernos llamados decarquías, robustecidos en su poder merced a una guarnición espartana. De esta forma, al frente de cada ciudad se colocaba a diez ciudadanos partidarios de la oligarquía, mientras daba comienzo la hegemonía espartana en el mundo griego. Estos acontecimientos no sólo habían producido su sensible cambio político, sino que condujeron al país a una enorme crisis social.

Los efectos de la lucha fueron desastrosos para la agricultura. La prolongación del conflicto, por una parte, y la tala sistemática del agro ateniense, por otra, habían provocado que el labrador se apartara de la tierra. Tucídides nos habla de la situación surgida en Atenas debido al cerco de la ciudad por las fuerzas espartanas: «Antes, en efecto, las invasiones, al ser de corta duración, no impedían hacer uso del país durante el resto del año; mientras que ahora, al estar instalados allí permanentemente los enemigos y atacar unas veces con más fuerzas y en ocasiones un número adecuado de tropas efectuar correrías y actos de pillaje…, los atenienses sufrían grandes daños. Habían quedado privados de todo su territorio e hicieron defección más de veinte mil esclavos, muchos de ellos artesanos, y además perdieron todas las ovejas y bestias de carga… La ciudad necesitaba importarlo todo por igual, y se convirtió en una fortaleza de una ciudad que era».

En la región del Ática, las cosas se complicaron aún más. Con la victoria espartana, los colonos atenienses, instalados en las ciudades miembros de su antiguo imperio marítimo, iban siendo expulsados y comenzaban a ir retornando al Ática. De esta forma, a una población campesina indigente se le fue agregando este otro sector que buscaba recursos en un lugar en donde conseguir un puesto de subsistencia estaba vedado a la mayor parte de la población.

A la crisis agraria se unía una crisis artesanal y comercial. Tras la guerra, el poder adquisitivo se había visto menguado. Faltos de recursos como estaban, los griegos se hallaban incapacitados de poder adquirir bienes en el mercado, lo que produciría una merma de las actividades mercantiles. La crisis no quedaba en esto. La falta de un mercado interno se podía haber solucionado, al menos parcialmente, merced a una mayor vitalidad del mercado externo. Precisamente el siglo IV antes de J.C. comienza con un mayor desarrollo de los antiguos mercados griegos, que empiezan a convertirse en independientes merced a un crecimiento de las actividades mercantiles, agrarias y artesanales. Esto complicó aún más la situación interna griega, debido a la falta de mercados donde colocar los productos.

Finalmente, la población libre de las ciudades vio agravado su malestar por la competencia que le estaba haciendo el empleo cada vez más abundante de la mano de obra esclava. Tanto en el campo como en la ciudad, los grandes propietarios comenzaban a emplear en mayor cantidad el trabajo esclavo, que a primera vista le resultaba más ventajoso, contribuyendo aún más a la depauperación de la población libre.

En este estado de cosas, al ciudadano griego le quedaba la alternativa de vender su fuerza de trabajo en casi paridad con los esclavos, o bien la de buscar nuevos recursos en otros países. En el mundo griego fue surgiendo de esta forma una nueva situación social, la de personas que trabajaban únicamente por el alimento diario. Por esto el número de emigrados empezó a ser numeroso.

Los centros de esta diáspora eran las colonias del mar Negro, de Italia meridional y del reino persa. Faltos de otra ocupación, muchos de estos emigrados se enrolaron en el ejército. El número de mercenarios, mayormente en el ejército persa, se vio incrementado por gran cantidad de griegos que veían en ello una salida a su perentoria situación. Sin ir más lejos, basta recordar la célebre expedición de los Diez Mil, narrada por Jenofonte, en la que todo un ejército griego luchó como mercenario en los conflictos internos del reino persa.

Junto a este empobrecimiento de la población se observa una mayor concentración de la propiedad en pocas manos y un mayor desarrollo de la gran propiedad.

Con la guerra se había puesto en circulación una gran cantidad de bienes, conforme exigían las múltiples necesidades del momento. Todas las reservas del mundo griego estaban invertidas en la guerra. En Atenas, la lucha consumió todos los tesoros atenienses, llegándose incluso a fundir estatuas de los dioses.

En Esparta, el decreto del éforo Epitadeo suprimió las trabas legales a las compras de tierras y estableció que las tierras se pudieran dejar en testamento a quien se quisiera. De esta forma, la primitiva Constitución espartana se fraccionó, aumentando aún más el carácter oligárquico del régimen espartano.

Como colofón a todo este malestar, la enorme circulación de moneda contribuyó al enriquecimiento de los jefes políticos y originó una subida de precios, que vendría a complicar y agravar la ya caótica situación.

Es lógico que este momento engendrara un tremendo malestar social, que se reflejaría en todos los sectores del saber. La guerra había puesto de manifiesto cómo la estructura de la polis era insuficiente para solucionar los múltiples problemas y las necesidades creados en el mundo griego. Se había hecho evidente que el sistema ateniense de la hegemonía de una ciudad sobre las restantes no bastaba.

La misma hegemonía espartana y posteriormente la tebana iban a ser el exponente de un intento de salvar la organización de la polis. Será entonces cuando se haga palpable la búsqueda de sistemas más amplios que permitieran un mayor desarrollo del mundo griego.

La literatura de la época iba a reflejar este fracaso de la polis, al mismo tiempo que intentaba buscar soluciones, utópicas las más veces. En esta línea están algunas de las obras del comediógrafo Aristófanes. En su obra Las aves nos habla de la creación de un reino de aves, intermedio entre los dioses y los hombres, que den una solución a las exigencias de la época. En otra obra, La asamblea de las mujeres, se intenta crear un reino dirigido por las mujeres en el que se ponga fin al malestar existente merced a un mejor reparto de la propiedad y a la finalización de la guerra.

Igualmente el pensamiento filosófico se vería impregnado de estas tendencias. El estoicismo iba a programar que no podía haber más que una sola ciudad para todo el universo. Todos los hombres serían miembros de un solo pueblo, no habiendo más que un orden -cosmos- y viviendo bajo las mismas normas -nomos-. Este sistema sería el de la Cosmópolis.

Nos encontramos con que en el siglo IV, y como resultado de la guerra del Peloponeso, la polis griega había naufragado, aunque surgían ciertas ideas que intentaban dar una solución circunstancial a través de la creación de formas de estados más amplios que los rígidos compartimientos estancos de la ciudad-estado o de la hegemonía de ciudades. Teniendo en cuenta esta realidad, la aparición de la monarquía helenística no fue sino el reflejo de las exigencias del momento.

Historia del Descubrimiento de la Tumba De Tutankamon

Tumba De Tutankamon:
Carter Descubre la Tumba

EXPLICACIÓN SINTÉTICA:
EL MARAVILLOSO DESCUBRIMIENTO

«Yo estoy firmemente convencido de que en el Valle de los Reyes no existen otras tumbas que las descubiertas por mis excavaciones», afirmaba en el siglo pasado el arqueólogo italiano Juan B. Belzoni.

Pero en los primeros años de este siglo, el arqueólogo inglés Howard Cárter era de otro parecer: el haber hallado en el Valle de los Reyes una copa de cerámica y algunos sellos de arcilla que lucían el nombre de Tutankamón, lo convenció de que la tumba de dicho faraón debía hallarse en el famoso valle.

En octubre de 1922, Howard Cárter decidió continuar sus investigaciones, que duraron muchos años. Y aunque no obtenía ningún resultado positivo, no perdió la esperanza.

La recompensa a tan pacientes y empeñosas investigaciones llegó al fin: el 5 de noviembre, precisamente en el lugar menos pensado, apareció, bajo golpes de pico, la parte superior de la entrada a una tumba aún sellada.

¿De quién podría ser aquella tumba?. Cárter hizo excavar más, hasta que pudo ver los sellos… Casi no dio crédito a sus ojos: ¡en aquellos sellos podía leerse claramente el nombre de Tutankamón! Su teoría había sido confirmada por los hechos.

Después de hacer derrumbar el muro que obstruía la entrada y luego de haber recorrido un estrecho pasillo, el arqueólogo inglés se encontró ante otras dos puertas selladas.

Abiertas también éstas, se presentó ante sus ojos una fantástica visión: tres estancias subterráneas rebosantes de objetos de todas clases.

Había lechos, cofres, estatuas, candelabros y tronos, casi todo de oro: además del valor histórico, los tesoros hallados tenía una enorme importancia artística: se diría que allí estaba reunido el más importante acervo cultural del antiguo Egipto.

Pero había otra puerta sellada, que tenía a sus lados dos estatuas de guerreros montando guardia.

No había duda: aquélla era la puerta de la cámara sepulcral. Después de hacer abrir aquella puerta, Cárter quedó aturdido: la cámara estaba casi totalmente ocupada por un gran cofre de oro.

 partir de ese momento las maravillas se sucedieron unas a otras. Dentro del cofre se encontró otro, y dentro del segundo un tercero.

Luego, por fin, apareció el sarcófago de madera dorada. ¿Bastaría destaparlo para encontrar la momia de Tutankamón?.

Las sorpresas no habían terminado: abierto el sarcófago, apareció dentro otro, y dentro de éste un tercero, de oro macizo.

Después, levantada la pesada tapa de este último, apareció por fin la momia. El cuerpo embalsamado de Tutankamón volvía a la luz después de 3.000 años.

LA HISTORIA DEL GRAN DESCUBRIMIENTO:

Cuando Howard Carter comenzó a excavar en el Valle de los Reyes de Egipto, su ambición era encontrar una tumba real completa, con todos sus tesoros. Muchos lo habían intentado antes y habían fallado. Durante años, Carter trabajó diligentemente bajo el sol abrasador. Entonces, en 1922, encontró un escalón en el fondo del valle.

Las colinas de caliza se yerguen áridas y resquebrajadas en el desierto. A sus pies, las escombreras cubren el fondo del valle.

Es este un lugar un tanto agobiante y claustrofóbico, que parece una enorme cantera. Pero este vasto escorial esconde secretos milenarios —es el cementerio de los amos del antiguo Egipto, El Valle de los Reyes.

Lord Carnarvon y Horwar CarterEn 1891, Howard Carter, de 17 años de edad, llegó a Egipto desde Inglaterra para trabajar como delineante arqueológico.

Su trabajo consistía en bosquejar las pinturas de las tumbas egipcias.

Gracias a su gran precisión, Carter se hizo tan imprescindible que pronto comenzó a ayudar en las excavaciones propiamente dichas.

Su pasión por la egiptología pronto se convirtió en su único interés y en 1900 fue nombrado inspector en jefe de monumentos en el Alto Egipto y Nubia.

Gran parte de su trabajo se desarrolló en el Valle de los Reyes, donde se habían excavado muchas, pero no todas las tumbas de los faraones egipcios.

Cuando Carter comenzó su labor, no se había hallado aún ninguna tumba completa. Encontrar una tumba intacta con sus tesoros funerarios seguía siendo el sueño de los arqueólogos. Pero, por ahora, el Valle de los Reyes guardaba sus secretos. (Imagen: Lord Carnarvon y Horwar Carter)

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Una Colaboración Histórica:

A principio de siglo Egipto era una destilación muy popular entre los turistas y un balneario para los ricos.

Entre los visitantes habituales se encontraba George Herbert, conde de Carnarvon, que paso varios inviernos en Egipto recuperándose de un grave accidente de coche. Hasta ese momento se había dedicado a coleccionar antigüedades y acababa de comprar una concesión para excavar en Tebas (ahora Luxor).

Pero en 1907 se dio cuenta de que necesitaba un ayudante y consejero. Ese año, le presentaron a Carter y lo invitó a unirse a su empresa.

Carnarvon era rico y generoso y a Carter, que acababa de abandonar su cargo oficial, le debió parecer una excelente oportunidad. Así comenzó una colaboración histórica.

Carter y Carnarvon querían excavar en el Valle de los Reyes, pero el dueño de la concesión era Theodore Davis, un americano rico. Davis decía haber encontrado pistas de la tumba del faraón Tutankamon, de dieciocho años de edad.

Se creía entonces que el joven faraón había muerto, probablemente de tuberculosis, 3.300 años atrás.

Pero Davis no había encontrado su tumba, como él creía. De hecho, todas las tumbas encontradas hasta ese momento en el Valle de los Reves esiaban vacías. Habían sido saqueadas por ladrones de tumbas.

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Un acercamiento meticuloso

No se sabe a ciencia cierta cuándo Howard Carter se obsesionó con la idea de hallar la tumba del joven monarca, pero el caso es que cuando Davis abandonó su concesión en 1914, Carter y Carnarvon se apoderaron de ella al instante.

Carter estaba convencido de que en algún lugar de ese silencioso y rocoso valle, descansaba Tutankamon.

Carter sabía que a no ser que organizara la búsqueda con seriedad científica, sería como buscar una aguja en un pajar.

Su meticuloso trabajo incluía técnicas que ahora se consideran esenciales pero que, a principios del siglo veinte parecían excesivas. Pero al poco tiempo de comenzar su trabajo, estalló la Primera Guerra Mundial y tuvo que abandonar su tan esperada oportunidad.

En 1917, Carter pudo continuar su trabajo.

Era un esfuerzo agotador ya que el Valle de los Reyes estaba plagado de restos de arena y roca removida en las primeras excavaciones, así como en otras más recientes.

Además, para confundir a los ladrones, los primeros constructores habían arrojado montones de tierra en lugares alejados de la zona en que estaban trabajando. Este sistema servía a su vez para confundir a los arqueólogos 3.000 años después.

Por otro lado, el calor estival era tan intenso que las excavaciones podían realizarse tan sólo en los meses de invierno.

Año tras año, Carter continuaba su búsqueda, vaciando el fondo del valle hasta encontrar la roca.

Después de cinco años de trabajo, los trabajadores habían sacado 200.000 toneladas de arena y escombros usando herramientas manuales y cestos, como habían hecho en el pasado los es laves del antiguo Egipto.

En 1922 Carter según a sin encontrar nada verdaderamente importante. Lord Carnavon decidió interrumpir su financiación y llamó a Carter al castillo de Highclere,,, en sus posesiones de Berkshire para comunicarle la mala noticia.

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Una nueva oportunidad

Anticipando la decisión de Carnarvon, Carter llegó a Highclere preparado con todos los argumentos necesarios para continuar el trabajo. Según Carter, existía una zona del valle que aún no habían investigado sistemáticamente.

Estaba cerca de la tumba de Ramsés VI, que había reinado poco después de Tutankamon, cerca de la cual Davis había encontrado unos pocos e incomprensibles artefactos con el nombre de Tutankamon grabado.

Rogó a Carnarvon que le dejara continuar el trabajo, diciendo que él mismo financiaría el resto de los hallazgos si no se encontraba nada. Camarvon, impresionado por la decisión de Carter, accedió a pagar un año mas.

Carter volvió a Egipto y se dispuso a limpiar la zona justo delante de la tumba de Ramsés VI.

Era el 4 de noviembre, justo antes de la llegada de los turistas y Carter esperaba poder evitar sus interrupciones diarias. Inmediatamente, los empleados de Carter encontraron algunas cabañas utilizadas por los obreros en la época en que se construyó la tumba.

El cuatro de noviembre ya habían retirado todas las cabañas y los obreros comenzaron a excavar hasta la roca de fondo, un metro más por debajo. Al llegar a la roca, encontraron un escalón cavado en roca.

Al día siguiente descubre escalones más, así como la parte superior de una puerta, cubierta de yeso y cerrada con un antiguo precinto.

Este mostraba al zoomorfo dios Anubis, con cabeza de chacal, sobre un grupo de nueve cautivos atadas: el precinto utilizado por guardianes de tumbas egipcios para sellar las tumbas importantes.

Carter estaba muy emocionado. ¿Podría ser esta la tumba que llevaba tanto tiempo buscando la cámara funeraria de Tutankamon? Armado de paciencia, Carter interrumpió la excavación y envió un cable a Carnarvon: «Por fin he hecho un gran descubrimiento en el valle; una tumba magnífica con los precintos intactos; lo he vuelto a cubrir esperando su llegada; enhorabuena.»

Durante tres semanas, Carter tuvo que contener su emoción.

La tentación de romper las puertas y ver qué había en su interior debió ser enorme, pero Carter decidió esperar hasta que su patrocinador llegara a Egipto. Carnarvon y su hija, lady Eveivn Herbert, llegaron a Luxor el 23 de noviembre. Al día siguiente presenciaron cómo volvían a descubrirse los 16 escalones que conducían a la tumba.

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El sello deTutankamon

Plano de la Tumba De TutankamonUna vez descubierto el resto de la puerta, Carter y Carnarvon descubrieron el sello de Tutankamon en su base. Por fin habían descubierto la tumba del esquivo monarca.

Pero los sellos y la puerta daban muestras de haber sido hollados miles de años atrás. ¿No volverían a encontrar otra tumba vacía, con sus tesoros expoliados? Sólo había una manera de descubrirlo.

Cuando retiraron los bloques que sellaban la entrada, encontraron un túnel lleno de escombros. El 26 de noviembre por la tarde, ya habían conseguido retirar los escombros y encontraron una nueva entrada bloqueada.

Temblando de emoción, Carter hizo un agujero en la esquina superior izquierda de la puerta. Introdujo una vela y miró por el hueco.

Al principio no podía ver nada, pero a medida que sus ojos se adaptaban a la oscuridad, comenzó a distinguir unas estatuas y el brillo del oro en la oscuridad. «Ve algo?», preguntó Carnarvon, sin poder contener su impaciencia. «Sí, cosas increíbles», contestó Carter.

Fue el descubrimiento arqueológico del siglo. La prensa mundial se volcó sobre la noticia y Carter, Carnarvon y Tutankamon se convirtieron en estrellas al instante. Pero la emoción estaba cuajada de dificultades.

Carter y Camarvon otorgaron al Times de Londres la exclusiva absoluta sobre la noticia.

Inevitablemente, el resto de la prensa, frustrada por su exclusión, se dedicó a fraguar historias contra los descubridores: diciendo que estaban vaciando la tumba sin permiso; que se habían quedado varios objetos. Por otro lado, la gente quería ver el increíble hallazgo.

Carter tenía mucho trabajo de carácter científico que realizar, pero era interrumpido constantemente por la curiosidad de jefes de Estado y miembros de la realeza.

Bajo tanta presión, se enfrió la cordialidad entre Carter y Camarvon. En la primavera de 1923, lord Carnarvon murió de neumonía, al complicarse un envenenamiento de la sangre causado por la picadura de un insecto. Carter se quedó solo para continuar el trabajo.

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El trabajo de toda una vida

Mascara mortuoria de oro macizo de Tutankamon El trabajo tardó diez años en completarse. Gracias al carácter extremadamente metódico de Carter, cada uno de los 4.000 objetos de la tumba fue fotografiado in situ y registrado antes de retirarse.

Se tardó dos meses en vaciar la antecámara.

El montón de carruajes, camas, tronos y cajas removidos por los ladrones en la antigüedad, habían sido amontonados de cualquier manera por los enterradores oficiales cuando volvieron a sellar la tumba.

Carter se negaba a entrar en la cámara funeraria hasta haber estudiado, restaurado y enviado a El Cairo, todos los objetos de la antecámara.

Mascara mortuoria de oro macizo encontrada sobre la momia de Tutankamon

Los ataúdes que contenían el cuerpo momificado de Tutankamon no llegaron a abrirse hasta 1925, descubriéndose entonces el ataúd y la máscara mortuoria, ambas de oro macizo. Había más de 143 joyas de oro distribuidas alrededor del cuerpo.

Dos años más tarde, se retiraron los últimos objetos para ser restaurados, pero hasta 1932 no se envió el último objeto de la tumba a El Cairo, después de haber examinado las demás cámaras.

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Una dedicación completa

El descubrimiento de la tumba de Tutankamon es uno de los hallazgos arqueológicos más importantes de todos los tiempos, pero Carter y Carnarvon tuvieron que dedicarse a él de pleno durante 15 años.

Sin la generosidad de Carnarvon y la obsesión y tenacidad de Carter, los fabulosos contenidos de la tumba jamás habrían visto la luz. ¿Y Tutankamon? Continúa en el Valle de los Reyes, siendo el único monarca del antiguo Egipto que permanece en su tumba.

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La Maldición de la Tumba de Tutankamon

Tras la inesperada muerte de lord Carnarvon, surgió el rumor según el cual, todo aquel que entrara en la tumba de Tutankamon sería víctima de una maldición. Los periódicos de la época le dieron mucha importancia al rumor y se regocijaban en la malicia y el melodrama.

Es cierto que dos personas clave murieron durante la excavación de la tumba: uno era Carnarvon y el otro, el arqueólogo Arthur Mace. Todos los demás sobrevivieron y algunos su peroran los ochenta años de edad.

Los rumores eran tan persistentes que el propio Carter tuvo que defenderse de la idea de una maldición: «… cualquier persona en su sano juicio haría caso omiso de esta elucubración. Esta clase de maldiciones están completamente ausentes de los rituales egipcios».

OTRO DESCUBRIMIENTO: La momia de Hatshepsut fue una de las dos momias femeninas halladas en 1903 por Howard Carter  en una pequeña tumba del Valle de los Reyes, denominada KV60. En el sepulcro, de unos 40 metros cuadrados, había dos momias, y desde entonces se pensó que una podía ser de la reina y otra de su nodriza, Sitre In.

Los investigadores califican el descubrimiento como “el más importante en la egiptología desde 1922, fecha del hallazgo de la tumba del faraón Tutankamón por el británico Howard Carter”. Hatshepsut es una de las reinas más famosas del Egipto faraónico: ocupó el trono entre 1479 y 1458 a.C., y fue una de las “estrellas” de la pujante XVIII dinastía. A ella está dedicado el famoso templo de Deir al Bahri, una de las atracciones más visitadas de la ciudad de Luxor.

Aunque es verdad que en los años siguiente: al descubrimiento de la tumba de Tutankamón se produjeron algunas muertes sorprendentes entre los miembros de la expedición, también lo es que para casi todas ellas existe una explicación lógica y sensata.

Así, por ejemplo, la mayoría de la treintena de víctimas tenía entre 70 y 80 años de edad en el momento de su muerte.

Lord Carnarvon, por ejemplo, que había financiado la expedición de Howard Cárter, falleció a causa de una septicemia provocada por la infección de una picada de mosquito.

Desde el punto de vista científico, la teoría de la maldición del faraón se considera hoy día refutada por completo. Lo más fácil es pensar que surgiera de la desbordante fantasía de un periodista de tabloide británico.

En 1973, la ciencia creyó haber encontrado una explicación racional de las numerosas muertes entre los miembros de la expedición. En la tumba de Tutankamón se encontraron altas concentraciones de esporas del hongo Aspergíllus flavus.

Los productos metabolizados de este hongo son muy venenosos y peligrosos para el hombre, ya que el Aspergillus flavus puede causar reacciones alérgicas en personas con un sistema inmunitario debilitado o atacar incluso determinados órganos.

En la actualidad, el hongo está considerado como el causante de las enfermedades mortales que padecieron los miembros de la expedición.

Fuente Consultada: True Action Adventures (BBC) – Atlas la Historia del Mundo –

La Vida Privada en Grecia Vida de las Mujeres Educacion en Atenas

La Vida Privada en Grecia: Vida de las Mujeres Educación en Atenas

La situación de la mujer: el matrimonio y la familia
En Atenas, las mujeres no gozaban de ningún derecho político ni jurídico. Su vida era de reclusión en el hogar, donde administraban la casa y se ocupaban de la educación de los varones hasta los siete años y de las niñas hasta que contraían matrimonio.

Todo !o que aprendía una joven ateniense, era, esencialmente, lo relacionado con las tareas domésticas, complementado, a veces, con elementos de lectura, cálculo y música. Las jóvenes salían en oportunidad de festividades religiosas, cuando asistían al sacrificio o participaban en la procesión.

Si no querían provocar escándalo, las mujeres no debían ocuparse de las relaciones sociales, tener preocupaciones intelectuales o intervenir en cuestiones políticas.

Cuando la vivienda reunía un mínimo de condiciones, se establecía una separación entre las habitaciones reservadas a la vida estrictamente familiar, dominio de la esposa gyneceo , y el sector reservado a los hombres: el andrón.

El matrimonio tenía como fin primordial procrear hijos para que se perpetuase la raza y asegurara al padre el culto que él mismo había celebrado por sus antepasados, considerado indispensable para el bienestar de los difuntos.

Los matrimonios se celebraban por conveniencia religiosa y social, y la diferencia de edad entre los esposos solía ser considerable.

El marido tenía derecho a repudiar a su mujer sin invocar motivo alguno, teniendo que cumplir, como única obligación, con la devolución de la dote. El adulterio y la esterilidad eran causa frecuente de repudio, debido al concepto, antes señalado, que se tenía del matrimonio.

educacion en atenas

La educación
En la sociedad ateniense del siglo V a.C., el ideal masculino consistía en dejar florecer las virtudes individuales, desarrollar en armonioso equilibrio el cuerpo y el espíritu, y servir a la patria en el campo de batalla.

Era una sociedad viril, en la que las costumbres separaban los sexos hasta donde las necesidades materiales lo permitían, haciendo que los hombres no frecuentaran más que a hombres.

La educación, hasta los 18 años, corría por cuenta de la familia. Al llegar a los siete años, los varones eran llevados a la escuela bajo -la vigilancia de un pedagogo, esclavo de confianza encargado de velar por la conducta del educando y la enseñanza de las buenas maneras.

Los llevaban y traían de la escuela pero no tomaban parte en la verdadera enseñanza escolar.

En Atenas la enseñanza era casi libre y librada a la iniciativa de los particulares. Su propósito era el de formar buenos ciudadanos. En la escuela se enseñaba a leer, escribir, tocar algún instrumento musical y hacer ejercicios físicos.

En los primeros años, se daba al educando nociones rudimentarias de escritura, lectura y aritmética. A partir de los 14 años, las ramas principales de la educación eran la música y la gimnástica.

La educación comenzaba con el estudio de los poetas. Se memorizaban trozos que el profesor explicaba y comentaba, con miras, sobre todo, a la enseñanza moral. Los textos preferidos eran La Ilíada y La Odisea.

Por otra parte, los griegos daban gran importancia a la enseñanza de la música, considerada como* un símbolo de cultura y fuente, además, de beneficiosos efectos morales. La lira era el instrumento preferido, pues se podía acompañar con el canto.

La gimnástica, enseñada y dirigida por el paidotriba, se realizaba en establecimientos especiales llamados palestras, que no eran otra cosa que campos de deportes al aire libre, anexos a las cuales había algunas construcciones utilizadas corno vestuarios, salas de descanso y baños.

Lucha, carrera y saltos; el lanzamiento del disco y de la jabalina eran los ejercicios más comunes.

Sólo en la segunda mitad del siglo V a.C. aparecen variaciones en materia de enseñanza gracias al aporte de los sofistas. Estos eran hombres hábiles y sabios, capaces de comunicar a otros sus conocimientos, y encargados de sistematizar y expandir los conocimientos nuevos.

Bajo el nombre genérico de «filosofía», enseñaban geometría, física, astronomía, medicina y, sobre todo, retórica y filosofía propiamente dicha. Los sofistas cobraban mucho por sus servicios, especulando con el hecho de que eran los únicos capaces de proporcionar una verdadera cultura general y formar oradores. Gracias a ellos, el componente intelectual de la educación se volvió cada día más preponderante.

La Organizacion Militar en Atenas

La Organización Militar en Atenas

HISTORIA DE GRECIA:
LAS INSTITUCIONES DEMOCRÁTICAS

La democracia en tiempos’ de Feríeles era belicosa, conquistadora e «imperialista». Atenas, para poder conservar la hegemonía que tenía sobre las ciudades «aliadas», dominar las rutas hacia la zona del mar Negro, tenía necesidad de una gran flota comercial y una poderosa marina de guerra. También necesitaba un ejército para hacer frente a los ataques de las ciudades vecinas y, llegada la ocasión, atacar ella misma.

En Atenas clásica, todo ciudadano debía servir a su patria de los 18 a los 60 años. De los 18a los 20 era efebo, es decir, realizaba su aprendizaje militar. De los 20 a los 50 servía como hoplita o caballero en el ejército activo. De los 50 a los 60 años, formaba, junto con los efebos y los metecos, una especie de ejército territorial que estaba encargado de vigilar la frontera.

Atenas militar

El equipo de un hoplita en combate, se componía de armas defensivas y ofensivas. Entre las primeras, estaban el casco ático, la coraza, generalmente de bronce, protectores para las piernas y el escudo. Las armas ofensivas eran la Tanza, arma de choque y la espada, que no era más que una simple daga.

La forma de combatir, la táctica militar, el trato con los vencidos era similar a las de las demás ciudades griegas de la época. Era en el mar, donde Atenas era más poderosa, ejerciendo una verdadera talasocracia. Fue Temístocles el iniciador del poderío naval de Atenas. Durante el siglo V a.C., gracias al tributo de las ciudades aliadas, se formó la flota más poderosa del mundo griego.

Se construyeron por primera vez los trirremes, barcos de guerra con tres filas de remeros. Ideados para ganar velocidad, tenían 50 metros de largo y siete de ancho. La proa era estrecha y terminaba formando un espolón. Estos barcos navegaban a vela fuera de combate, si no utilizaban los remos, y llegaron a tener una tripulación de 174 remeros.

En su apogeo, Atenas contaba con una armada de 400 trirremes. La táctica naval era difícil y, a partir del siglo V a.C., se usó al mismo barco como arma de ataque. Se intentaba embestir el flanco de los barcos enemigos de modo de clavarles el espolón. Para lograrlo, se trataba de desbaratar y envolver a la escuadra enemiga y crear confusión en sus filas. Los hoplitas atenienses en Maratón y los marinos en Salamina, habían salvado a Grecia y su civilización del peligro extranjero.

Esta civilización que la guerra había salvado fue, sin embargo, debilitada y comprometida por la guerra. Las luchas fratricidas entre los griegos solamente debilitaron a Grecia y la convirtieron en fácil presa del imperialismo macedónico.

La Justicia en Grecia Antigua Las Instituciones en Atenas Libertad

La Justicia en Grecia Antigua: Las Instituciones en Atenas 

Historia de Grecia: Tal vez mejor que ninguna otra institución, la justicia revela ese equilibrio entre el poder público y la libertad individual que fue el ideal de Atenas en el siglo V a.C. Una diferencia esencial de la organización de la justicia en la antigüedad y en la actualidad es que, en Atenas, no existía el ministerio público, el que sostenía la causa de la ciudad.

En las causas privadas, la persona perjudicada, o su representante legal, era la que entablaba el proceso e informaba a la audiencia. Para las causas públicas, es decir, cuando se cometía un acto contra el interés general, cualquier ciudadano podía sentirse lesionado, como miembro de la comunidad, y tenía el derecho de salir en defensa de la ley. En esta situación, el Estado se veía prácticamente obligado a dar curso a la denuncia.

Justicia en Grecia Antigua, Atenas

Tribunales y procedimiento
Los tribunales eran numerosos en Atenas. El más antiguo y respetado era el areópago, que había ido perdiendo todas las atribuciones políticas, pero, que continuaba juzgando los casos de muerte premeditada, de heridas hechas con intención de matar, de envenenamiento, etc.

Las penas que aplicaba eran: condena a muerte en caso de asesinato; destierro y confiscación, en caso de heridas. El tribunal de los efetas (cincuenta y uno) tenía competencia en los casos de homicidio involuntario, la instigación al asesinato, y el homicidio en legítima defensa. Las penas eran de menor importancia; por ejemplo, el destierro sin confiscación.

Pero no eran los tribunales de sangre, con grandes supervivencias de justicia primitiva, los que daban a Atenas su carácter original en materia de justicia. Era el tribunal popular, la Heliaia, la novedad. Todos los años, entre los ciudadanos mayores de treinta años que estuvieran en la plenitud de sus derechos cívicos, se sorteaban 6 000 para desempeñar el cargo de juez, a razón de 600 por tribu. Este número representaba, para los griegos, la unanimidad del pueblo.

Luego de prestar juramento, los heliastas, eran repartidos en diez secciones llamadas dicasterías. En los procesos importantes, sobre todo los políticos, se reunían varias secciones para constituir un tribunal; por ejemplo, en el proceso a Sócrates se sortearon tres dicasterías.

Con jueces que no eran, en suma, más que jurados, los asuntos debían prepararse con cuidado para el día de la audiencia. La «hegemonía» tenía gran importancia, pues entrañaba, antes de la dirección de los debates, la instrucción del proceso. Realizarlo era una función delicada, de gran importancia. Estaba a cargo de los arcontes, cuando eran asuntos de derecho privado; del polemarca, en los asuntos referentes a extranjeros; de los tesmotetes, en los que se referían al interés público.

Posteriormente, se establecieron funcionarios especializados que tenían el cometido de agilitar los trámites en los asuntos de índole comercial.

El juicio comenzaba cuando el presidente del tribunal tomaba juramento a las partes y se daba lectura a la demanda y a la declaración que oponía la defensa. Acto seguido, se le concedía la palabra al demandante y al demandado; cada uno debía exponer sus razones personalmente, salvo los incapaces (mujeres, niños y esclavos), que estaban representados por su tutor legal. Él litigante que se consideraba incapaz de defenderse a sí mismo, encargaba el discurso a un profesional —logógrafo— y luego lo repetía dimemoria.

Apenas terminada la exposición, se votaba. Los jueces emitían el voto sin deliberación previa y en forma secreta.
Cada juez recibía un guijarro que depositaba, según votase a favor o en contra, en una de las dos urnas ante las cuales desfilaba. Contados los votos, el presidente proclamaba el fallo, que era inapelable.

Los castigos que se imponían eran diferentes según la condición de las personas, ya fuesen ciudadanos, metecos o esclavos. Las penas pecuniarias más frecuentes eran: las multas y la confiscación, parcial o total, de los bienes; las penas aflictivas; el destierro temporal o definitivo; la atimia o privación de los derechos de ciudadano; el encarcelamiento y también la muerte. Había también penas infamantes de carácter arcaico y religioso, como ser, la prohibición hecha a las mujeres adúlteras de llevar ornamentos y de entrar en los templos; la privación de sepultura, etc.

Muchos ciudadanos y extranjeros que eran condenados a penas pecuniarias superiores a sus medios podían escapar a la pena optando por el destierro voluntario.

En lo que respecta a la pena de muerte, cuando no se les permitía beber la cicuta en la prisión, sufrían el misterioso suplicio de apotympanismos, que no se sabe ciertamente en qué consistía; podía ser la decapitación o el castigo corporal hasta la muerte.

Críticas
El sistema judicial ateniense ha sido objeto de muchas críticas que merecen ser explicadas. Algunos autores —Glotz, por ejemplo— han pretendido «idealizarla» y atenuar las críticas. Otros sostienen que una justicia que condenó a Sócrates estaba muy lejos de ser perfecta aun para su tiempo.

No se puede negar, por ejemplo, la verdadera manía por los pleitos, que hizo que Aristófanes llamara a Atenas dicaiopolis (ciudad de los pleitos).

Esto constituía un mal que tenía su contrapartida en la falta de ministerio fiscal. Para evitar esta generalización de pleitos, se estableció que si el acusador no obtenía el quinto de los votos apoyándolo, debía pagar una multa. Otra crítica, se basa en el número excesivo de jueces, pues se considera que sin conocimiento adecuado de la legislación, se dejaban llevar por sentimentalismos.

Esta situación estaba agravada por la ausencia de códigos.
Lo que se podría criticar no es la intención, sino la eficacia práctica de este sistema judicial.
Los atenienses se preocuparon por ejercer la justicia con. equidad, con toda clase de garantías, de imparcialidad y de acuerdo con las ideas morales de su tiempo. Atenas, a pesar de sus meritorios esfuerzos, no logró, en materia judicial, la perfección a que llegó en las artes, en las letras y la filosofía.

LAS FINANZAS ATENIENSES
El manejo de las finanzas era ejercido por el Consejo, que se encargaba de distribuir los fondos públicos con ayuda de comisiones subordinadas. El presupuesto habitual de gastos del Estado ateniense, en el siglo V a.C., era importante. Los principales egresos eran: el pago de la mistoforia, que desde la época de Feríeles, correspondía al ejercicio de todas las funciones públicas; los gastos de los festivales religiosos, en concursos y competencias dramáticas, musicales y atléticas y, finalmente, gastos del ejército y la armada que, sin duda, eran elevados en tiempos de paz y aumentaban muchísimo en tiempos de guerra.

La i principal renta del Estado era el tributo que pagaban a Atenas las ciudades miembros de la Liga de Délos. Además del tribute?, había otros impuestos como ser, el 2 por ciento que se cobraba sobre todas las importaciones y exportaciones. El impuesto a los residentes extranjeros. A todo esto, debe agregarse el producto de las minas de plata de Laurión.

Como otra forma de rentas, hay que mencionar el sistema de los «servicios públicos», sistema mediante el cual el Estado encargaba el pago de ciertos servicios a ciudadanos pudientes, a título de contribución patriótica.

La moneda griega
Todos los estados griegos de cierta importancia solían acuñar su propia moneda, con su nombre y con su emblema o distintivo. Había un sistema de monedas generalmente aceptado, que gobernaba el valor relativo en el sistema de acuñación que gradualmente fue sustituyéndolo. La graduación entre estas monedas era la siguiente: seis óbolos eran igual a una dracma, cien dracmas equivalían a una mina, sesenta minas eran igual a un talento.Las principales monedas atenienses eran de plata, las monedas de cobre y oro se acuñaron posteriormente.

Ciudades Estados Griegas Organización Política y Social

Ciudades Estados Griegas – Organización Política y Social

polis griega: atenas y esparta

Polis Griega: AtenasPolis Griega: Esparta

Ciudades Estados Grecia Antigua:Atenas y Esparta

Las polis o ciudades-estado:
Los griegos fundaron colonias y factorías en puntos del Mediterráneo muy alejados de su país pese a su población poco numerosa. Contaban, sin embargo, con una tierra bella y grata, más fértil que hoy en día, y en la que reinaba un delicado equilibrio entre campo y ciudad, tierra y mar.

En Grecia, las montañas y el mar nunca están distantes unas de otras, y la forma más rápida de viajar es siempre por el agua. Parte de la población griega vivía en las islas o incluso en el Asia Menor, cuyas brillantes ciudades y colonias eran fruto de una rápida expansión que había llegado de un extremo a otro del Mediterráneo adentrándose incluso hasta las costas meridionales del mar Negro.

La expansión de los griegos a lo largo y ancho del Mediterráneo tenía una de sus causas en el exceso de población que acosaba a la Grecia continental y a las islas del Egeo. Se trataba de unas tierras pobres, con escasas y reducidas llanuras, que impedían a sus pobladores naturales el desarrollo de una agricultura y una ganadería que fueran más allá de la mera subsistencia.

Las colonias griegas no sólo permitieron solventar este problema del excedente de población, sino que hicieron también que con el tiempo esta misma población creciera en las costas griegas, como consecuencia de los enormes graneros que habían pasado a constituir las tierras de Sicilia, el sur de Italia (la Magna Grecia), Egipto y las costas del mar Negro. De esta manera fue posible que la influencia cultural de los griegos sobrepasara los límites que su reducido poder político parecía señalar.

La política
Al principio las ciudades-estado estaban gobernadas por reyes. Fueron los tiempos de la monarquía, sustituida luego por las oligarquías o gobierno de unos pocos. Éstas (a su vez darían paso a la tiranía, basada en el gobierno de un líder que se compromete a cumplir un programa. Su fracaso daría lugar a la democracia, es decir, la soberanía del pueblo.

Los griegos tenían muchos esclavos, a los que no se permitía el voto, de la misma manera que ocurría con las mujeres. Cada hombre libre tenía derecho de voto junto con el de asistir en persona a las asambleas de gobierno, derecho al que jamás renunciaba. Para que todos los hombres libres se representaran a sí mismos en el gobierno, asistían a los debates públicos, votaban sobre cada caso concreto, y eran personalmente responsables del cumplimiento de las leyes.

Sólo los hombres libres podían combatir en defensa de su ciudad, y por ello todos eran políticos, ciudadanos y soldados; las disputas eran sangrientas pero nadie podía esquivar su responsabilidad. Esta forma de organización política limitaba la expansión de la ciudad-estado, ya que la asamblea tenía que estar al alcance físico de los ciudadanos; por ello Atenas nunca llegó a ser más que una regular capital de provincias que regía una zona no mayor que una comarca o un pequeño condado. El servicio militar era obligatorio, y filósofos y escritores como Sócrates y Esquilo lucharon en defensa de su ciudad.

De manera paulatina, dos ciudades-estado vinieron a ejercer un caudillaje: Atenas y Esparta. Ambas representaban ideales opuestos, pues mientras Atenas era un poder marítimo abierto a la influencia foránea, y dada a las grandes empresas, Esparta era una potencia terrestre encerrada en su tradición, que se regía como un estado militar en el que reinaba la más feroz disciplina varonil desde la misma adolescencia.

Los ciudadanos de Esparta debían sufrir pruebas sin cuento que eliminaban a los más débiles y seleccionaban a la élite de los más aptos. Hoy admiramos a Atenas, pero aquella Grecia veneraba a Esparta y a su invencible infantería. En esas circunstancias era inevitable un enfrentamiento -como ocurrió en la guerra civil o del Peloponeso que de manera permanente habría de debilitar a ambos poderes.

La unidad del mundo griego
A primera vista, Grecia se nos aparece como un conglomerado de piezas separadas que luchan entre sí, imagen que hace difícil percibir el núcleo central que mantiene a ese conglomerado unido. Y, sin embargo, el pueblo no dudaba de su nacionalidad griega, unidad que encontraba en la lengua y la religión.

La religión era un producto poco común: no sólo era fuerte sino también de amplias miras. Los griegos gustaban también de las fiestas conmemorativas en las que se reservaban la participación, y había una gran rivalidad entre las ciudades para ganar los premios en las competiciones tanto teatrales o literarias como de proeza atlética. No debe ello extrañarnos,.,pues los griegos creían en la necesidad del equilibrio entre una mente y un cuerpo sanos. Las obras teatrales debatían siempre cuestiones morales de gran importancia. De sus fiestas conmemorativas surgieron los Juegos Olímpicos.

En la antigua Grecia se celebraban cuatro grandes festivales: los olímpicos, píticos, ístmicos y ñemeos. El festival olímpico en honor del dios Zeus se celebraba a mitad de verano cada cuatro años. Los períodos de cuatro años entre unos juegos y otros eran conocidos como olimpiadas y se utilizaban para fechar acontecimientos históricos. Los Juegos Olímpicos eran la parte más importante del festival.

Existe un registro de las victorias desde el año 776 a. de J.C. El número de pruebas de los juegos fue aumentando con los años e incluían carreras, boxeo, carreras de carros y el pentathlon -una competición compuesta por cinco pruebas: velocidad, salto de longitud, lanzamiento de jabalina, lanzamiento de disco y lucha-.

El estadio de Olimpia tenía forma de herradura alargada y podía acoger a 40.000 personas. Durante la celebración de los juegos se proclamaba una tregua entre los distintos estados griegos y se interrumpían todas las luchas para que participantes de toda la península pudieran asistir a las pruebas.

En los juegos de Olimpia estaba excluida por completo la participación de las mujeres. Las fiestas duraban cinco días y se iniciaban con ceremonias de bienvenida. Vencer en una prueba convertía al protagonista en un héroe popular y en un ciudadano privilegiado. Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, ganó en una ocasión la carrera de carros, y esta hazaña fue rememorada con el acuñamiento de moneda.

Fuente Consultada: Historia Sin Fronteras Tomo I Historia del Mundo Antiguo y La Edad Media

Las Instituciones Democraticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Las Instituciones Democráticas en Grecia Antigua Asamblea Ecclesia

Integrantes: El poder soberano pertenecía a la asamblea del pueblo. Esta es la diferencia fundamental entre la democracia ateniense y la moderna. En la democracia moderna el gobierno es representativo, en Atenas la democracia era directa: era el conjunto de los ciudadanos en la asamblea el que votaba las leyes, declaraba la guerra y elegía los magistrados.

En teoría, para entrar en la ecclesia se requerían solamente dos condiciones: ser ciudadano —desde la ley de Pericles, el hijo varón de padre y madre atenienses— y ser mayor de edad.

En la práctica, solamente participaba en las sesiones una fracción del pueblo; nunca más de dos o tres mil ciudadanos, la mayoría de ellos vecinos de Atenas. Para ciertas resoluciones que tenían que ser tomadas «por todo el pueblo» se exigía un quorum de 6 000 personas. La abstención, sin embargo, no era practicada igualmente por todas las clases de la sociedad.

Democracia en Atenas

Muchos de los ricos no participaban por no molestarse o porque evitaban juntarse con la muchedumbre; la gente de la costa, no lo hacía porque prefería el producido de la pesca y el comercio a los discursos solemnes; los campesinos en raras ocasiones descendían a Atenas. El público habitual de la asamblea eran los artesanos y pequeños comerciantes de la ciudad. Si bien en un principio la participación en la asamblea no era retribuida, posteriormente los asistentes recibían una remuneración por cada reunión, al comienzo un óbolo y luego tres, lo que era muy poco, teniendo en cuenta los salarios de la época.

Funcionamiento
En los primeros tiempos, la asamblea se reunía una vez por pritanía (décima parte del año), pero los progresos del régimen democrático, tuvieron por efecto multiplicar las cuestiones sometidas al pueblo y llegó a haber hasta cuatro sesiones por pritanía.

Las sesiones tenían siempre su orden del día, aunque éste no era nada limitativo. Desde el momento que un asunto hubiese sido llevado al orden del día, dentro del plazo legal de cuatro días podía ser sometido a deliberación.

Como en todas las ciudades griegas, el punto de reunión de la asamblea era primeramente el agora, pero, en el siglo V a.C. la gran plaza del mercado servía solamente para las ocasiones especiales en que debía reunirse «todo el pueblo». La colina del Pnyx era el lugar de las asambleas ordinarias.

En este lugar de 6.000 metros cuadrados cabían hasta 25.000 personas de pie y, en los bancos, había asiento para 18.000. La asamblea era presidida por el «epístata de los pritanes» designado cada año por sorteo,- salvo en las asambleas electorales y plenarias que eran presididas por los nueve arcontes.

Antes de la deliberación se realizaba una ceremonia religiosa: los purificadores inmolaban algunos puercos y con la sangre de las víctimas trazaban un círculo sagrado en torno de los asistentes. Acto seguido, el presidente ordenaba que se leyera el informe del consejo acerca del proyecto puesto en el orden del día, el probuleuma. La ley prohibía que se introdujera y se sometiera a deliberación toda proposición no tratada previamente por el Consejo.

El consejo carecía del derecho de veto; el probuletima no establecía nunca que una proposición debiera ser rechazada, sino que daba una opinión favorable o desfavorable o un análisis sin conclusiones.

Luego de la lectura, si el informe era favorable, se procedía a votar, levantando el brazo, la aceptación pura del probuleuma, o se pasaba a discutirlo. Si se decidía discutir, todo ateniense podía sostener su opinión ante la asamblea: una igual libertad de palabra —isogoría— parecía la condición del régimen democrático. Pero solamente un número muy reducido de asistentes hacía uso de esa facultad y, generalmente, eran los jefes de los partidos los que sostenían el peso de la discusión.

El ciudadano llamado a hablar a la tribuna ponía en su cabeza una corona de mirto; entonces, era inviolable y sagrado. Todo ateniense tenía derecho de iniciativa, es decir, de presentar una moción, y derecho de discusión y corrección, vale decir que podía hacer adiciones al probuleuma o hacer proyectos sustitutivos.

Los abusos del derecho de iniciativa eran severamente reprimidos: toda proposición ilegal debía ser rechazada y se podía llevar al autor hasta los tribunales.

Existía la posibilidad, aun después de efectuada la votación, de que el asunto fuera sometido a nueva discusión.
El voto secreto estaba reservado solamente para las asambleas en que se tratase de adoptar medidas graves contra particulares, como ser el ostracismo y la alta traición.

Atribuciones: El pueblo soberano lo puede todo en un régimen de democracia absoluta. Pero, ¿qué entendían los atenienses por soberanía? A la ecclesia le correspondía la decisión en los asuntos fundamentales de la política exterior, el poder legislativo, la suprema acción de juez en materia política.

En materia dé relaciones exteriores, noo solamente decidía la paz y la guerra, sino que concretábalas alianzas e intervenía hasta en las más insignificantes negociaciones. En tiempos de paz se preocupaba de todo lo concerniente a la defensa de las fronteras y a la flota.

En tiempos de guerra, fijaba el número de contingentes que tenían que ser movilizados, designaba los estrategos de las expediciones que ordenaba, aprobaba o desaprobaba sus planes y disponía, por decreto, la ofensiva o la retirada. Esta autoridad que tenía sobre los jefes militares fue todavía acrecentada y, así, se vio condenar al destierro o a la pena de muerte a generales vencidos y hasta a generales vencedores.

Esta suprema injerencia de 40.000 individuos en la dirección de la guerra y de la flota puede parecemos extraña, si no se distingue, bajo las apariencias, la realidad de las cosas. Lo que ocurría era que, en el fondo, la misión principal, en materia de política exterior, le correspondía al Consejo; éste estudiaba los asuntos, hacía las negociaciones y prácticamente daba soluciones que la asamblea no hacía sino ratificar. La soberanía del pueblo en materia de poder ejecutivo se ejercía por intermedio de magistrados.

Los funcionarios que ocupaban cargos de gran responsabilidad eran designados por elección de la asamblea. El día de la ecclesia se transformaba en comicios efectuaba una asamblea extraordinaria en la que los integrantes de los partidos, por todos los medios, trataban de lograr el favor popular. Una vez en el cargo, los magistrados quedaban sometidos a la vigilancia de la asamblea. Esta, en cada pritanía, les renovaba sus poderes por un voto de confianza; en caso negativo, les hacía abandonar el cargo o los sometía a los tribunales. El pueblo era el encargado de votar las sumas necesarias para la guerra, para las embajadas, etc.

Para determinar el papel legislativo de la asamblea, habría que distinguir el sentido exacto que le daban a los términos ley y decreto, conceptos que no eran claros para los atenienses. Lo que estaba bien establecido era que ningún decreto, tanto del Consejo como de la asamblea podía prevalecer sobre la ley.

Lo que los atenienses del siglo V a.C. entendían por leyes eran, sobre todo, las leyes constitucionales, o sea, las normas dictadas por Dracón, Solón y Clístenes y que no fueron abolidas porque se consideraba dicha abolición un atentado contra los dioses y la ciudad. Para eludir ese principio se legislaba por decreto. Había ciertos decretos que requerían un tratamiento especial y no el simple probuleuma del Consejo; eran los decretos por los que se trataba de fijar la condición de una ciudad federada, la concesión de la ciudadanía a un extranjero, etc.

En estos casos se nombraba una comisión de expertos, los syngrafeis, para preparar el proyecto a presentar en la asamblea. Se utilizaba ese procedimiento también para evitar la improvisación del pueblo en temas graves de legislación, sobre todo en aquellos que nosotros llamaríamos leyes constitucionales. Los poderes judiciales de la asamblea eran solamente los excepcionales. Intervenía en aquellos casos en los que los intereses del Estado estaban en juego. Todas estas funciones las cumplía el pueblo ateniense a través de las asambleas, independientemente del número de asistentes. En casos especiales, se requería determinado quorum; eran las asambleas plenarias.

Estas se reunían:

• Para designar al ateniense que debía ser expulsado de la ciudad por la ley del ostracismo.

• Para conferir la adela, es decir, la impunidad o la gracia ya al autor eventual de una proposición ilegal pero necesaria, ya a las personas que habían perdido sus derechos cívicos.

• Para conferir el derecho de ciudadanía a un extranjero. En esos casos, la comunidad, en nombre de un interés superior, iba contra las reglas de derecho común que garantizaban a los individuos los derechos cívicos; de allí su carácter extraordinario.

Al analizar el papel desempeñado por la asamblea, las ventajas y desventajas del gobierno democrático directo, debemos recordar que ya en la antigüedad se le hicieron muchas críticas.

Se decía que el pueblo resolvía cosas que la mayoría no entendía, que se tomaban decisiones graves bajo el influjo de las pasiones dominantes en el momento, más que por la fría reflexión. Estos vicios no podemos dejar de tenerlos en cuenta, pero, por graves que fueran los inconvenientes, también se estima que estaban compensados por las ventajas propias del sistema. La asamblea era una excelente escuela. Fiscalizando a los magistrados, deliberando y votando sobre los proyectos de ley, el ciudadano encontraba un factor indispensable de desenvolvimiento político e intelectual.

Todos aprendían en la práctica su oficio de ciudadanos. Además, el ejercicio directo de la soberanía por los ciudadanos tenía sus limitaciones. Los jefes de partido tuvieron siempre su importancia, y en ellos hubo delegación tácita de soberanía. Por otra parte, hay que tener en cuenta también estos elementos:

• El probuleuma, o sea que antes de ser sometido a la asamblea, todo asunto era previamente estudiado;

• El peligro de la paranomon grafé, que obligaba a meditar antes de hacer una proposición;

• Que para los asuntos de importancia, era necesario el estudio de una comisión de expertos;

• Los asuntos más graves solamente eran tratados en asambleas plenarias.

Ver: Gobierno de Clístenes y Las Instituciones Democráticas

La Democracia en Atenas Deberes de los Ciudadanos Leyes Asamblea

La Democracia en Atenas
Deberes de los Ciudadanos y Leyes 

EL FUNCIONAMIENTO DEMOCRATICO DE ASAMBLEA DEL PUEBLO: El pueblo de Atenas, es decir, la reunión de los ciudadanos, resolvía todos los asuntos importantes. Se reunía en Asamblea para deliberar y votar.

La Asamblea se reunía tres veces al menos cada mes, al aire libre, por la mañana, hasta el sigio V en la plaza del mercado (la agora), desde el siglo V en el Pnyx, plaza con gradas talladas en la roca de una colina.

El día en que había de reunirse la Asamblea, al amanecer, se desplegaba un estandarte. Los ciudadanos iban llegando y se sentaban en las gradas. Enfrente, en una plataforma de piedra, estaban ¡os magistrados que iban a presidir la Asamblea.

Empezaba la sesión con una ceremonia religiosa. Los sacerdotes paseaban unos cerditos alrededor de la Asamblea. Los degollaban, recogían la sangre y con ella regaban el suelo.

Luego se quemaba incienso. Un heraldo recitaba una oración pidiendo a los dioses que se mostrasen propicios, y una maldición contra cualquiera que intentase engañar al pueblo.

Entonces el presidente, en nombre del Consejo de los Quinientos, exponía las cuestiones que se iban a discutir, porque la Asamblea no debía deliberar sino acerca de cuestiones anunciadas de antemano y ya examinadas por el Consejo.

Luego leía la proposición redactada por el Consejo y preguntaba a la Asamblea si quería discutirla. Los asistentes respondían alzando las manos.

Empezaba la deliberación. El heraldo decía en alta vo: «¿Quién quiere tomar la palabra?». Todos los ciudadanos tenían derecho a usar de la palabra y, cuando varios la pedían a un tiempo, era preferido el de más edad.

El orador subía a ¡a tribuna, plataforma ancha en la que se podía hablar andando. Se colocaba en la cabeza una corona de mirto, indicando desempeñar una función religiosa, por la cual esiaba prohibido interrumpirle. La Asamblea escuchaba en silencio.

Una vez que todos ios oradores habían hablado, el presidente preguntaba a la Asamblea si aceptaba o rechazaba ¡a proposición y los ciudadanos respondían alzando las manos. Los mismo se hacía con las demás cuestiones que en ei día habían de resolverse.

Una vez terminada la votación, el heraldo pronunciaba una fórmula religiosa y la Asamblea se disolvía.

Las proposiciones aceptadas por la Asamblea se consignaban en forma de decretos. Al frente se ponía el nombre del presidente, del secretario y del ciudadano que había presentado la proposición.

De esta suerte el pueblo sabía quién le había inducido a tomar una medida.

El ciudadano que había presentado una proposición seguía siendo responsable de sus consecuencias.

Cualquiera podía intentar contra él un proceso y, si el tribunal juzgaba lo propuesto contrario a las leyes, era condenado a multa y podía ser privado en lo sucesivo de los derechos de ciudadano.

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DEMOCRACIA E INSTITUCIONES EN GRECIA

LA DEMOCRACIA EN GRECIA: Es el régimen democrático funcionando en la época de Pericles lo que vamos a estudiar, pues es en esa época cuando la vida política de Atenas revela equilibrio entre los derechos del individuo y el poder político.

Lo que distingue a una sociedad democrática es que la soberanía pertenece a todos los ciudadanos sin excepción.

La única restricción es la ley. La ley que regula las relaciones entre los ciudadanos, protege a los unos de los otros y defiende también a los ciudadanos del poder del Estado, así como los intereses del Estado frente a los particulares.

democracia en Atenas

Discución de leyes con el pueblo

Los principios sobre los que se basa la democracia son: libertad, igualdad y filantropía.

Bajo el imperio de la ley, los atenienses eran verdaderamente libres e iguales.

La libertad del ciudadano en Atenas era absoluta, y el concepto ateniense de libertad no difería mucho del que hoy sustentamos: derecho de todos los ciudadanos a pensar, decir y hacer lo que mejor crean, dentro de los límites marcados por la ley elegida por ellos mismos.

La democracia ateniense no era caótica gracias a la acción reguladora de la ley. Ella tenía como fin mantener el orden y la paz social, así como la propiedad y la grandeza intelectual.

La libertad, entendida de ese modo y para mantener su valor de tal no puede ir separada de la igualdad.

INSTITUCIONES DECOCRÁTICA EN ATENAS: La democracia, sea como concepto, sea como institución, se remonta a la cultura griega. Aparece en las ciudades griegas, particularmente en Atenas, donde Solón estableció un gobierno democrático temperado.

Cuatro cuerpos políticos constituían el gobierno de Atenas posibilitando de esa manera el acceso de todos al poder.

a) El Arcontado. En realidad existía antes de Solón, pero este impuso el mando de nueve arcontes simultáneos elegidos por el pueblo. Solo podían ser elegidos los ciudadanos pertenecientes a la primera clase. El Arcontado ejercía el poder ejecutivo.

b) El Areópago era una asamblea de ancianos, en un principio de nobles. Después de Solón admitió a los arcontes que cesaban en sus funciones y a los magistrados que se habían distinguido por el buen ejercicio de su cargo. El nombre de Areópago provino del lugar donde se reunían. Su función era administrar justicia en asuntos concernientes a educación, moral y religión. Censuraba a los malos magistrados, castigaba la holganza, la impiedad, los sacrilegios y el homicidio.

c) El Senado estaba compuesto por 400 ciudadanos elegidos por la Asamblea del pueblo. La edad mínima para ser elegido senador era 30 años. Correspondía al Senado la elaboración de las leyes que luego sometía a la Asamblea del pueblo, la vigilancia de los magistrados, la aplicación de multas por infracciones a las leyes, la dirección de la administración civil, la convocación de la Asamblea. El Senado debía dar cuenta de su actuación ante la Asamblea.

d) La Asamblea del pueblo. La componían todos los ciudadanos que tuvieran 20 años y reconocida moralidad. Como se ve casi todos los atenienses eran legisladores porque todos podían participar en la elaboración de las leyes. Ordinariamente sesionaba tres veces al mes en el Agora.

La reunión comenzaba con un sacrificio. Luego se discutían las leyes. Los ancianos gozaban de prioridad en el uso de la palabra. Al pasarse a votación, los que estaban por la afirmativa levantaban la mano; en algunas circunstancias se computaban los votos nominalmente como en los escrutinios actuales.

La Asamblea del pueblo estaba investida de todos los poderes; no estaba sujeta a ningún control- o veto ni a limitación de ninguna clase.

En la democracia ateniense, el pueblo aparecía como el verdadero soberano del Estado.

Además de aprobar o rechazai las leyes del Senado, decidía, por mayoría, de la paz o de la guerra, y enjuiciaba a los generales. «Todo, en suma, dependía en Atenas de la decisión de la Asamblea General. Según la Constitución de Solón, el poder ejecutivo pertenecía, pues, a los Arcontes, el poder judicial al Areópago y el legislativo al Senado y a la Asamblea del pueblo».

LOS CIUDADANOS: Todos los ciudadanos tenían los mismos derechos ante la ley fisonomía), igual voto decisivo en los asuntos públicos, la misma participación en el gobierno efectivo del Estado e igualdad en el derecho de palabra (isogoría). Los griegos entendían así la democracia y desconfiaban de las instituciones de carácter representativo.

La verdadera democracia requería que todo ciudadano pudiera asistir personalmente al debate de los asuntos tratados, así como emitir su voto directamente, y que incluso cada ciudadano pudiese gobernar y ser gobernado por turno.

La igualdad era lo que los atenienses ponían por encima de todo en su constitución. «Es el mérito —decían— mucho más que la clase, lo que abre la vía de los honores públicos. Nadie, si es capaz de servir a la ciudad, puede dejar de hacerlo por la pobreza o por la oscuridad de su condición». (Tucídides).

Se podría pensar, entonces, que los atenienses se negaban a sí mismos al mantener el sistema solónico de las clases censatarias.

Instituciones claves para hacer efectiva la democracia eran el sorteo y la remuneración económica ya analizada.

El sistema del sorteo era, en esencia, el reconocimiento de la igualdad de posibilidades de acceso al gobierno de la cosa pública que tenían los ciudadanos; no era negar una elección, sino afirmar que, en última instancia, cualquier ciudadano estaba capacitado para el gobierno.

Ello, además, estaba respaldado por la exigencia con que el pueblo controlaba la acción del magistrado.

El sorteo no comprendía a todos los ciudadanos, sino a aquellos que se inscribían para ser sorteados. Vale decir que había un paso previo de autoselección entre los aspirantes al cargo.

El sorteo era considerado como una de las piedras angulares de la democracia; impedía que los más poderosos influyesen en las elecciones, presionando al electorado.

Otro gran principio era el de la filantropía. Habiendo ciudadanos libres e iguales, el Estado tenía ciertas obligaciones precisas que no podía eludir, bajo pena de traicionar los principios mismos de la Constitución. La primera de estas obligaciones consistía en asegurar la defensa de la ciudad:, organizar y mantener el ejército y la marina.

Debía proteger la libertad individual, haciendo desaparecer los últimos vestigios de responsabilidad colectiva. Tenía el deber de corregir la desigualdad en el reparto de los bienes, dando a los más necesitados compensaciones tendientes a aliviar su situación y evitar su miseria.

La mistofonia, las cleruquías, las grandes obras de utilidad o embellecimiento, fueron medidas tomadas para mantener el equilibrio de una sociedad democrática.

A la protección que significaba la creación de fuentes de trabajo para los que podían trabajar, se agregó la asistencia a los que no podían hacerlo. Así, había una ley que determinaba que los inválidos por acción de guerra recibirían hasta el final de sus días una pensión del Estado.

Las viudas de los atenienses muertos en combate eran alimentadas por el Estado lo mismo que sus hijos, quienes, además, recibían educación a cargo de aquél.Pero todavía se tomaban más precauciones.

Para que los artículos de primera necesidad no encareciesen, se creó una magistratura especial —sitofilacos—, que tenía como misión el contralor de la importación de granos, los precios y las condiciones de venta.

Esta política de ayuda no era solamente justa, sino indispensable; el régimen no podía mantenerse sin asegurar a cada ciudadano el mínimo indispensable para ejercer sus derechos cívicos.

De esa manera, asegurado su sustento, los ciudadanos exigían al Estado satisfacciones intelectuales y morales.

El teatro griego era costeado por la primera clase, a la que se le imponían cargas tributarias utilizadas en la preparación de coros, concursos líricos y dramáticos. Los beneficios llegaban gratuitamente a todas las clases. Como esas prestaciones no eran suficientes, el Estado llegó a formar un fondo —el teoñcón— con el cual se costeaba la entrada.

El griego consideraba que el teatro era la mejor forma de enseñar. De ahí el contralor que ejercía el Estado sobre el teatro.

Los deberes de los ciudadanos: Una ciudad que cumplía tan liberalmente con sus obligaciones, podía pedir mucho a cambio. Las relaciones del ateniense para con su ciudad, no suponían solamente derechos, sino también deberes.

El Estado garantizaba la igualdad, la filantropía, la libertad y la responsabilidad personal pero, a cambio, exigía una serie de prestaciones y una disposición moral hacia la ciudad que conocemos a través del juramento de los efebos. Este juramento lo hacía el joven el año que llegaba a la mayoría de edad, antes de ser inscripto en el registro que le garantizaba su derecho de ciudadanía.

El efebo recibía su armadura en presencia del Consejo de los 500. Juraba defender la ciudad, obedecer sus leyes y sus dioses, según los términos de un documento del siglo IV a.C.: «No deshonraré estas armas sagradas, no abandonaré a mis compañeros en la batalla, combatiré por mis dioses y mi hogar, solo o con los otros. No dejaré mi patria disminuida, sino más grande y más fuerte aún que lo que pude recibirla. Obedeceré las órdenes que la sabiduría de los magistrados me pueda dictar. Me someteré a las leyes en vigor y a las que el pueblo haga de común acuerdo: si alguien quiere abolir estas leyes o desobedecerlas, no lo soportaré, sino que combatiré por ellas, solo o con todos. Respetaré el culto de mis padres».

Sumisión a la soberanía del pueblo y a las autoridades establecidas, obediencia a las leyes: tales los fundamentos sobre los que reposó el equilibrio político y social de Atenas cinco siglos antes de la era cristiana.

La ley: ¿Cuál era el concepto de ley para los atenienses del siglo V a.C.? Los griegos tenían dos términos para designar la ley:

• La themis o justicia primitiva, trasmitida por tradición oral y de origen desconocido, pero consagrado por la costumbre como cosa sagrada e inmutable.

• La nomos, que era la ley humana, cuyo carácter esencial era el estar escrita, ser conocida por todos y pertenecer a todos. Respaldada por el acto soberano de la votación, gozaba de gran respeto, pero no se le daba un valor absoluto y se admitía su cambio mediante otro acto soberano.

Ninguna ciudad griega tenía una constitución redactada en un documento; lo que existía era un conjunto de costumbres, de disposiciones insertas en leyes diversas.

Cuando los autores griegos, sobre todo Aristóteles, hablan de constitución, se refieren al régimen de una ciudad. Es decir, se refieren a la organización dada a las magistraturas en general, dicen cómo estaban repartidos los poderes, cuáles eran las atribuciones de la soberanía popular y qué fin se asignaba a la comunidad política.

Las leyes tampoco eran entre los griegos un todo sistemático, un código en el sentido moderno. Por lo general, cuando estaban agrupadas, llevaban como etiqueta oficial el nombre de los magistrados o de los tribunales encargados de aplicarlas.

Los griegos tenían un alto concepto de la ley; consideraban que el Estado no podía subsistir cuando los fallos que se dictaban carecían de fuerza, cuando los particulares podían suprimir el efecto de la ley.

La ley había que aceptarla aun siendo injusta, porque el ciudadano le debía obediencia en virtud de un pacto inviolable. Una vez adquiridos los derechos cívicos, se podía renunciar al pacto y abandonar la patria, pero, el que se quedaba, contraía el compromiso de obedecer las leyes.

La democracia ateniense aparece como el ejercicio de la soberanía por parte de ciudadanos libres e iguales, bajo la égida de la ley.