Biografia de Esquilo Poeta Griego



Biografía de Esquilo Poeta Griego

Esquilo: hoplita en Maratón y sublime autor trágico, de esa tragedia que preside la fatalidad por encima de la cabeza de los dioses y de los héroes.

Esquilo reúne en su figura los rasgos de aquella generación extraordinaria que con su espada y con su pluma pudo y supo cimentar el esplendor de Atenas en el siglo V antes de nuestra Era.

Todo, en su vida tanto como en su producción literaria, respira ese hálito genial, esa elevación en los hechos y en las ideas que constituye el distintivo de los grandes momentos históricos de los pueblos.

EL TEATRO GRIEGO

La Tragedia Griega Esquilo

«Aquí yace Esquilo, de cuyas proezas son testigos los bosques de Maratón y
los persas de largos cabellos, que las conocieron bien.»


Éste es el epitafio que el propio Esquilo dictó para su tumba poco antes de morir. Evidentemente, él no atribuía mucha importancia a sus méritos de dramaturgo y prefirió subrayar los que había alcanzado en el campo de batalla como soldado, como si solamente estos últimos pudiesen cualificarlo a la gratitud y a la admiración de la posteridad.

En efecto, Esquilo aun antes que un incomparable artista fue un ciudadano ejemplar. Y el primer premio lo ganó no en la escena sino en la guerra, donde con sus dos hermanos realizó tales actos de heroísmo, que el gobierno encargó a un pintor que lo celebrase en un cuadro.

En el teatro había debutado nueve años antes, en 499 antes de Jesucristo, cuando él tenía veintiséis; y en seguida se impuso a la atención del público y crítica.

Pero cuando la guerra contra Darío llamó a las puertas de Atenas, trocó la pluma por la espada y no regresó más que tras haber sido alcanzada la victoria y ultimada la desmovilización. Nadie mejor que él, que había participado en aquello, podía sentir la orgullosa exultación de la posguerra y hacerse el intérprete de ella.



Para festejar el triunfo sobre los persas, el Estado financió espectáculos dionisíacos nunca vistos, y todo permite creer que Esquilo debió de tomar parte también en su organización. En 484 ganó el primer premio. Cuatro años después, los persas volvieron con Jerjes a intentar el desquite. Esquilo de cuarenta y cinco años y poeta laureado, podía haberse sustraído a la llamada.

En cambio, volvió a tirar lejos la pluma para empuñar la espada y combatió con el entusiasmo de un hombre de veinte años en Artemisium, en Salamina y en Platea.

En 479 reanudó su actividad de dramaturgo y, regularmente, año tras año, ganó el primer premio hasta 468, cuando hubo de cedérselo a un jovenzuelo de veintiséis años, un tal Sófocles. Se rehízo al año siguiente.

Mas volvió a ser batido en los sucesivos, hasta 458, cuando obtuvo e1 triunfo con la Orestíada.

Sin embargo, en adelante le sucedió ser desposeído por Sófocles, y acaso por esto emigró a Siracusa donde ya había estado y donde Gerón le tributó grandes honores. Allí murió a los setenta y dos años por culpa, decía la gente, de un águila que, vagando por el cielo con una tortuga entre las garras, la dejó caer sobre la calva cabeza del poeta tomándola por una piedra.

Atenas quiso oír las tragedias que había compuesto en Sicilia y volvió a darle, una vez muerto, el primer premio.

A Esquilo se le debe antes que nada una gran reforma técnica: la introducción de un segundo actor, en añadidura al que ya había desarrollado Tespis. Fue gracias a esto que el canto dionisíaco se transmutó definitivamente de oratoria en drama.

Pero más importante aún fue el tema que eligió y que después quedó como de pragmática de todo el teatro sucesivo: la lucha del hombre contra el des tino, o sea del individuo contra la sociedad, del libre pensamiento contra la tradición.

En sus setenta (o noventa) tragedias, Esquilo asigna regularmente la victoria al destino, a la sociedad y a la tradición. Y no se trataba de tartifismo, pues su vida constituía un ejemplo de espontánea sumisión a estos valores. Pero en las siete obras que de nos han llegado, y sobre todo en el Prometeo, asoma 1 simpatía del autor para el condenado rebelde.

Esta simpatía debía de ser compartida por el público que, al parecer, acogió mal la Orestíada por considerar demasiado beatas sus conclusiones y silbó a los jurados que la premiaron. Pero Esquilo procedía de buena fe al pone en boca de sus protagonistas esos latiguillos moralizado res que a menudo hacen pesados sus diálogos y atascan la acción: tenía pasta de predicador cuáquero, de «cuaresma lista».



Y más de dos mil años después, el filósofo alemán Schlegel, que en muchas cosas se parecía a él, dijo que Prometeo no era «una» tragedia, sino «la» tragedia.

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BIOGRAFIA: Hijo de Euforión, perteneciente al demos de Eleusis, en el Ática, Esquilo debió nacer hacia 525, aunque esta fecha no es del todo segura. Parece ser cierto que cuando combatió en Maratón (490) se hallaba en la plenitud de su hombría.

En esta batalla cayó herido de muerte su hermano Cinegiro, al cual tributó en más de una ocasión un emocionado recuerdo. El mismo, en el epigrama que hizo grabar en su epitafio, quiso que constaran no sus triunfos en el teatro, sino su contribución a las luchas en defensa de la patria amenazada.

Ya antes de Maratón habíase revelado como autor de tragedias. Parece que sus primeras obras pueden fecharse entre 499 y 496:

Pero cuando destacó con luz vivísima como genial creador de la tragedia griega, fue a partir de 484, en cuya fecha obtuvo por primera vez el premio en el concurso de los trágicos.

Esquilo agregó a la acción un segundo actor —y luego un tercero, a imitación de Sófocles—, con lo que hizo posible el verdadero diálogo; también introdujo un prólogo antes de la entrada del coro e inauguró la ley de las trilogías, derivada de la costumbre ateniense de presentar tres tragedias a un tiempo.

Su fama como autor trágico desbordó los marcos de Atenas y se propagó por todo el mundo de la cultura helénica. Hacia 470 fue invitado por Hierón I de Siracusa para celebrar la fundación de la nueva ciudad de Etnas.

Este viaje fue muy breve; pero posteriormente hizo una nueva estancia en Sicilia. Esta última vez, para morir en Gela, probablemente de muerte natural, aunque la leyenda, inseparable de la historia en la vida de todo gran hombre, la atribuyó a un accidente, determinado por la caída de una tortuga, desprendida de las garras de un águila, sobre su calva cabeza.

De Esquilo han llegado a nosotros siete obras, lo que representa la décima parte de su producción total. Pero con las que poseemos—>Las Suplicantes, Los Persas, Los Siete contra Tebas, El Prometeo encadenado y la trilogía de Agamenón, Las Coéforas y Las Euménides (La Orestíada) — basta para inmortalizar su persona, que en todo momento se nos presenta como el temperamento dramático más poderoso de Grecia.



Sus tragedias están habitadas por gigantes, los cuales se expresan en forma sublime, tal como dice Aristófanes. Sobre estos personajes domina una profunda espiritualidad religiosa, pues Esquilo fue sinceramente piadoso y convencido de la fe en la justicia del gobierno divino.

Elevándose en la escena a la categoría de maestro y educador del pueblo ateniense, el gran trágico enseñó la bondad de la ley del sufrimiento y mostró, en ráfagas apasionadas, la transmisión de la maldad como fatal herencia legada por unas generaciones a otras.

EsquiloSófoclesEurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

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