Biografia de Joan Miro y sus Obras Artisticas Resumen



Biografía de Joan Miró y Sus Obras Artísticas

Joan Miró nació en Barcelona el 20 de abril de 1893. Su padre, Miguel Miró Adzerías era orfebre y relojero y descendía de una familia afincada en Cornudella, en la tarraconense comarca de Montroig. Su madre, Dolores Ferrá, era hija de un ebanista mallorquín. El abuelo paterno había sido en sus tiempos un hábil herrero diestro en la forja.  A los siete años asiste a un colegio de la calle Regomir y al mismo tiempo aprende dibujo, disciplina por la que ya muestra una gran afición, con el señor Civil.

De un año más tarde son sus primeros dibujos conservados y a los doce años toma ya notas y bocetos al natural del campo de Tarragona y de Palma de Mallorca, lugares donde pasa sus veranos. Son dibujos de flores, de peces, de paisajes y de arquitecturas de sólidos volúmenes, motivos que trata siempre con gran amor a la naturaleza.

biografia de miro joan artista de la pintura

Pintor español (Barcelona 1893-Palma de Mallorca 1983). Empezó a dibujar desde niño, y a los catorce años sus padres lo enviaron a formarse a la Escuela de Bellas Artes de Barcelona (Llotja). A los diecinueve ingresó en la escuela artística de Francesc Galí, y, animado por el marchante Dal-mau, pintó naturalezas muertas, paisajes de los alrededores de Montroig (Tarragona) y retratos.

El padre de Joan, velando por el porvenir de su hijo, le obliga a asistir a la Escuela de Comercio de Barcelona, donde resulta ser un estudiante aplicado pero en modo alguno brillante. En las clases recibe también lecciones de José Pascó donde aprende a trabajar con la precisión y la voluntad de un artesano en elementos simples que deben concentrar toda su carga estética en un mínimo de soporte expresivo.

En 1910, sus estudios comerciales desembocan en un completo fracaso, y pasa a trabajar en una droguería como escribiente, período que según Miró, será el mas amargo de su vida.

Comienza a estudiar en la Escuela libre de arte  de Francesc Galí, y ya por esa época empieza a conocer a los impresionistas y a los postimpresionistas, admira el genio cromático de Van Gogh y Gauguín, la construcción geometrizante de Cézanne, empieza a comprender las primeras obras cubistas y a exaltar la valentía agresiva de los «fauves». Cuando termina sus estudios con Galí en 1915, Miró, junto con Ricart, alquila un estudio en la calle Baja de San Pedro y frecuenta las clases de dibujo que se imparten en el Cercle Artistic de Sant Lluc.

En 1916 conoce a Josep Dalmau, pintor anticuario y marchante. Miró le presenta sus obras con la pretensión de que le organice una exposición.

Paisaje de Montroig, Masía de Montroig, La reforma, Paisaje de San Martín muestran sin duda una decidida concepción fauvista de la realidad, en la que, sin embargo, el color no se expande libremente por la superficie al quedar preso por un volumen en extremo concreto.

Entretanto estalla la primera guerra mundial y Barcelona, por unos meses, pasa a ser punto de reunión y de encuentro de la vanguardia artística europea.



En 1917 llega a la Ciudad Condal Francis Picabia, uno de los máximos exponentes del movimiento dadaísta, movimiento que pretendía destruir no el arte, sino el concepto que de él se tenía, y lo hace también Max Jacob, el crítico y poeta qué apoya y teoriza sobre las tendencias vanguardistas.

Miró se traslada a París en marzo de 1919 y le recibe Llorens Artigas. Ambos amigos se alojan en el hotel de Rouen, considerado como el centro de la bohemia catalana. El hotel era frecuentado por Ráfols, Ricart, Guimerá, Folch i Torres, Salvat Papasseit, Josep Pía, conoce a Picasso, con quien mantendrá una sincera amistad y a quien considera a lo largo de toda su trayectoria como el verdadero renovador de la pintura del siglo XX.

En la Masía de Montroig , Miró vuelca su amor por la naturaleza, por la verdad de los objetos (incluso trajo de Montroig las briznas de hierba que tenía que reflejar en la obra para poder hacerlo así con mayor fidelidad), por aquellos objetos que, sin embargo, dispone en un espacio metafísico, que se condensa bajo un cielo impoluto. Es una de las obras más queridas por Miró, fue adquirida por Hemingway en 1923, al poco de conocer éste al pintor.

obra macia de montroig

Masía de Montroig

Partiendo de una concepción inicial realista, su gusto por la estructuración en forma de planos yuxtapuestos o imbricados le llevó a la adopción, aproximadamente alrededor de 1925, de un lenguaje pictórico propio. Su evolución parte de unas composiciones figurativas muy minuciosas hasta un lenguaje propio a base de signos estilizados, sencillos y de vivo cromatismo. Hay en este lenguaje un lirismo peculiar basado tanto en su original cromatismo como en su sistema de signos.

La búsqueda del lenguaje de los sueños, la plasmación de lo real-absurdo, la consecución de la fantasía descriptiva que buscaba Miró se sintetiza en la obra, que será considerada como el olimpo de su nueva mitología y que le abrirá las puertas del recién constituido grupo surrealista: El Carnaval del Arlequín. Miró, con una grafía sinuosa que desde entonces le será característica, dispone los objetos-símbolos de su fantástico mundo en una estampa irreal que a través de una ventana se abre hacia el infinito.

Niños, diablillos, peces, gatos, seres informes, pequeños monstruos que salen de dados, esferas suspendidas de misteriosos ejes, instrumentos musicales de formas antropomórficas, manos de humo forman un grotesco teatro dell’arie movido por un ritmo musical que trastoca las relaciones de los elementos entre sí; las relaciones, los frágiles hilos por los que están suspendidas las criaturas humanas y que señalan la absurdidad de nuestro mundo donde nada se presenta bajo la apariencia real.

Las relaciones de Miró con los surrealistas y a través de éstos con el marchante Jacques Viot le convierten en el hombre del día: se deja ver por Montparnasse y Montmartre vestido siempre con un traje oscuro pasado de moda; frecuenta el café Cyrano, en la place Blanche, centro de reunión delgrupo de Bretón.

En junio de 1925 presenta en la galería Pierre, con catálogo de Benjamin Péret, para quien ilustrará su libro Cheveaux dans les yeux una gran exposición de sus telas que, a pesar de producir un cierto escándalo, obtiene un notable éxito de crítica y público. Miró en 1926 colabora con Marx Ernst en los decorados de Romeo y Julieta para los ballets rusos, a pesar de la oposición de sus amigos surrealistas de quienes se va distanciando a través de una pintura que surge de su poética interior.



maqueta tapiz de miro joan

Maqueta para un tapiz, obra de Joan Miró realizada en 1974. La obra de este original pintor que en los últimos años de su vida cultivó también la cerámica, la escultura y la tapicería, evolucionó bajo la influencia de las vanguardias (surrealismo, cubismo) hasta desembocar en un lenguaje muy personal a base de signos estilizados de intenso cromatismo.

Miró, que ya disfruta de una saneada economía, se traslada en 1927 a la rué Tourlague de Montmartre. Un año después viaja a Holanda, y en los museos de Amsterdam y La Haya queda prendado por los artistas flamencos del siglo XVIII, por la acumulación y descripción de detalles, por aquella misteriosa luz que baña las estancias.

A su vuelta a París pinta la serie de interiores holandeses, basándose en el poder expresivo de las curvas, de las elipses, de las deformaciones de aquellos seres y arquitecturas holandesas, que quedaban encerrados en una composición perfecta.

La vida íntima de Miró carece de estridencias y extravagancias, puesto que es una vida proyectada enteramente a la creación de su obra revolucionaria. El 12 de octubre de 1929 se casa en Palma de Mallorca con Pilar Juncosa, pariente lejana suya separada por completo del mundo artístico.

Regresa a Barcelona, a la ciudad que había despreciado y en la que en julio de 1931 nacerá su hija, María Dolores.

En abril de 1932 se estrena en Montecarlo Jeux d’enfant, ballet para el que Miró ha diseñado, desde las telas, los decorados y los figurines hasta el más mínimo de los elementos presentes en la escena. El triunfo es total, absoluto y queda ratificado en 1933 cuando la obra se estrena en el Gran Teatro del Liceo de Barcelona.

Miró, según palabras de Giacometti, «era la gran libertad. Algo más etéreo, más libre, más ligero de todo cuanto se haya visto. En cierto sentido era absolutamente perfecto. Miró no podía dibujar ni un punto sin hacerlo caer en el punto justo. Era pintor de tal grado que le bastaba con dejar caer tres manchas de color en la tela para que ésta existiese y constituyese un cuadro».

Inicia entonces el período de las pinturas salvajes, de los monstruos. Sus pinturas son entonces de pequeñas dimensiones, las realiza sobre cobre o sobre táblex tratado con arenas; sus personajes son esqueléticos, se componen de diversos órganos a la vista, huesos, hígados, senos, dientes: los rostros se deforman, las bocas lanzan gemidos que presagian el grito picassiano de Guernica.

Cuando la guerra civil española estalla, Miró queda convulsionado. Sus desnudos monstruosos (Hombre y mujer ante un montón de excrementos, Mujer huyendo de un incendio, Mujeres en rebeldía) lanzan un grito de protesta que alcanza caracteres épicos.

Miró vuelve a París, en donde no tiene ni estudio ni casa y trabaja en el entresuelo de la galería Pierre. Son de nuevo años difíciles para el pintor. Su Autorretrato y su Naturaleza muerta con zapato viejo reflejan aquel mundo atacado por un ácido, el de la guerra, que corroe y acartona a los objetos.

Al terminar la guerra, Miró fija su residencia en un pequeño pueblo de la costa normanda, Varengeville-sur-Mer, en donde parece recobrar su tranquilidad anímica.

En 1946 trabajó en esculturas para fundición en bronce que en algunas ocasiones fueron cubiertas con pintura de colores vivos. En la escultura le interesó buscar volúmenes y espacios e incorporar objetos cotidianos o simplemente encontrados, piedras, raíces, cubiertos, tricornios, llaves de agua, que funde a la cera perdida.

En 1941, el museo de Arte Moderno de Nueva York presenta su primera gran exposición retrospectiva y con ella Miró se da a conocer por primera vez también al público norteamericano.Dos años después (1947) él mismo viaja a Estados Unidos para hacerse cargo de la decoración mural del Terrace Plaza Hotel de Cincinnatti, que inicia su interés por las grandes composiciones murales que desarrollará principalmente en la década de los cincuenta.

Comienza una época de las exposiciones retrospectivas, como la de 1949 en Berna y la de 1953 en Basilea, que culminan con su participación en la Bienal de Venecia de 1954, en la que obtiene el gran premio internacional de grabado.

Desde 1954 hasta 1959, Miró se aleja casi por completo de la pintura. Primeramente se refugia en Gallifa, junto con Llorenc Artigas y el hijo de éste, para realizar 386 piezas de cerámica que expondrá en 1956 en la galería Maeght. En este mismo año se traslada a So N’abrines, recóndito lugar de Palma de Mallorca, en donde el arquitecto Sert le ha construido un sin igual estudio.

En 1958 realiza dos grandes murales cerámicos, el Muro del Sol y el Muro de la Luna, para la sede de la Unesco en París, que le sirven para obtener el gran premio internacional de la fundación Guggenheim. En estos murales, realizados en colaboración con Llorencs Artigas, sabe exaltar la belleza de los colores puros mediante un ritmo lineal simple y fantástico que recrea la realidad de la textura de los ladrillos.

obra de joan miro

Mural cerámico en Wilhelm-Hack-Museum de Ludwigshafen (1971).

Al empezar la década de los sesenta, Miró, en contacto con el arte popular mallorquín y con la arquitectura blanca de la isla, retorna a la pintura, a una pintura cada vez más simple, en la que la tela apenas es surcada por unos círculos cromáticos o por las líneas ritmadas.

En 1960 ejecuta otro mural cerámico para la universidad de Harvard y continúa su labor como grabador. Dos años después, el museo Nacional de Arte Moderno de París organiza una gran exposición antológica de su obra y, en 1964, en la recién inaugurada Fundación Maeght de Saint-Paul de Vence decora su laberinto con cerámicas y esculturas.

El reconocimiento del arte de Miró alcanza entonces los máximos niveles, de lo que son buena muestra la exposición retrospectiva que en aquel mismo año le dedica la Tate Gallery de Londres y el Kinsthaus de Zurich, a las que seguirán las de Tokio y Kyoto en 1966 y la de Barcelona en 1968.

En estos años su actividad decrece; Miró se dedica al cartelismo, al grabado, a la cerámica (mural para el aeropuerto de Barcelona) y en menor proporción a la obra pictórica.

Miró nunca abandonó la investigación de nuevas posibilidades. Así, con más de ochenta años se dedicó a hacer tejidos, esculturas gigantescas en las que reaparece su personal simbología, pavimentos, vidrieras, carteles, etc. Hombre discreto, que llevó siempre una vida modesta y apartada, vio reconocido su talento cuando, a partir de los años sesenta, fue apreciado ya no sólo a nivel privado, sino público e incluso oficial.

El 12 de mayo de 1971 el pintor crea en Barcelona la Fundación Joan Miró. Centro de Estudios de Arte Contemporáneo (CEAC), que no será oficialmente inaugurado hasta cuatro años después.

Fallece el 25 de diciembre de 1983, en Palma, España.

obra de arte de joan miro Femme (1981)

Femme (1981), escultura de Joan Miró en la Casa de la Ciudad de Barcelona.

Premios y Reconocimientos

1954 Gran Premio de Grabado de la Bienal de Venecia

1959 Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio

1959 Gran Premio de la Fundación Guggenheim.

1962 Nombrado Chevalier de la Legión de Honor en Francia.

1966 Premio Carnegie de pintura.

1968 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Harvard.

1978 recibió la Medalla de Oro de la Generalidad de Cataluña, siendo el primer catalán en recibir tal distinción.

1979 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Barcelona.

1980 recibió, de manos del rey Juan Carlos I de España, la Medalla de Oro de las Bellas Artes.

1983 Nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Murcia.

Una Completa Lista de su Obra Artística

Fuente Consultada:
Enciclopedia de los Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo III- Entrada: Joan Miró  “La Pintura en LIbertad” – Editorial Planeta

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