Sofocles Edipo Rey Tragedia Griega Obras de Sofocles Poesia griega



Sófocles Edipo Rey Tragedia Griega

EL TEATRO GRIEGO: SÓFOCLES: Escritor (495-405 a. C.)
Poeta dramático griego, el más fecundo entre ellos, ya que escribió cerca de ciento treinta obras de las cuales sólo siete han llegado hasta nosotros. Cuando tenía 15 años, fue elegido director del coro de niños que habría de entonar los cánticos de celebración de la victoria de Salamina.

Doce años después se dio a conocer como autor dramático; desde entonces ganó numerosos premios y ocupó el primer lugar entre los trágicos griegos luego de la muerte de Esquilo. Sus obras tienen quizá menos grandiosidad que las de aquél, pero sus personajes son más conmovedores y humanos. Obras; Antígona, Electra, Las Traquinias, Edipo rey, Edipo en Colona, Ayax, Filoctetes, En el año 1911 se descubrió otra obra de Sófocles: Los rastreadores, a la que le falta el final.


Sófocles

El padre de quien le sucedió en el favor de los atenienses es poco conocido, mas ciertamente dos cosas, en su vida, le llamaron a engaño: la profesión y el nombre de hijo. Era armero en Colono, un suburbio de Atenas, de modo que las guerras con los persas, que empobrecían casi todos los ciudadanos, le enriquecían a él y le permitieron dejar una hermosa renta a su vástago, que se llamaba Sófocles, es decir, «sabio y honrado».

A este hermoso nombre y a aquel hermoso patrimonio Sófocles añadía también el resto: era guapo, sano como una manzana, atleta perfecto y excelente músico. Aun antes que como dramaturgo, consiguió popularidad como campeón de pelota y de tocador de arpa; y tras la victoria de Salamina fue designado para dirigir un ballet de jóvenes desnudos, elegidos entre los más hermosos de Atenas, para festejar el triunfo.

Por otra parte, además de en el teatro, hizo también una espléndida carrera en política: Pendes le nombró ministro del Tesoro, y en 440 le confirió galones de general al mando de una brigada en la campaña contra Samos. Hemos de creer, sin embargo, que, como estratega, no debió de dar grandes resultados, pues el propio autokrator dijo más tarde que le prefería como dramaturgo.

Sófocles amó la vida, a la griega, o sea sin dar cuartel a todos los placeres que aquélla ofrecía. Venido al mundo en la edad feliz de Atenas, se aprovechó ampliamente, como se lo permitían sus medios de fortuna, una buena salud y un robusto apetito. Amaba el dinero, administró sabiamente el que le dejara su padre y ganó otro tanto por sí mismo.

Era devoto de los dioses y a ellos dirigía plegarias y hacía sacrificios con escrupulosa puntualidad. Mas en compensación exigió de ellos el derecho de engañar a su mujer y a frecuentar los más ambiguos niños bonitos de Atenas. Sólo de viejo se «normalizó», volviendo a cortejar a las mujeres y se enamoró de una cortesana, Teorida, que le dio un hijo bastardo.

El legítimo, Jofonte, temiendo que su padre le desheredase en provecho de su hermanastro, le citó ante el tribunal para hacerle desautorizar por chochez. El anciano se limitó a leer a los jueces una escena de la tragedia que estaba componiendo en aquel momento: Edipo en Colonna. Y los jueces no solamente le absolvieron, sino que le escoltaron hasta su casa en señal de admiración.

Tenía casi noventa años cuando murió, en 406. La belle époque de Atenas había terminado y los espartanos asediaban la ciudad. Entre el pueblo cundió la voz de que Dionisio, dios del teatro, se había aparecido en sueños a Lisandro, rey de los sitiadores, y le había ordenado que concediera un salvoconducto para franquear las líneas a los amigos de Sófocles, cuyo cadáver querían llevar a Deceleia para darle sepultura en la tumba familiar. Fantasías, se comprende; pero que sirven para demostrar la enorme popularidad de que había gozado aquel extraordinario personaje.



Había escrito ciento trece tragedias, las cuales no se limitó a poner en escena: intervino también en ellas corno actor, y siguió haciéndolo hasta que la voz se le enronqueció. Con él los personajes se habían convertido en tres y el coro perdió cada vez más su importancia. Era un natural desarrollo técnico, pero a él contribuyó también la pie pensión de Sófocles por la psicología. A diferencia de Esquilo, que era en todo partidario de la «tesis», él estaba por los «caracteres»: el Hombre le interesaba más que la Idea, y en esto estriba sobre todo su modernidad.

Las siete obras que de él nos quedan demuestran que aquel hombre, afortunado entre todos los hombres, ingenioso, jacarandoso y gozador de la vida, era después, en poesía, un sombrío pesimista. Consideraba, como Solón, que la mayor ventura para el hombre era no nacer o morir en la cuna. Pero expresaba estos pensamientos con un estilo tan vigoroso, sereno y contenido, que nos hace dudar de su sinceridad. Era un «clásico» en el sentido más completo de la palabra. Sus intrigas son perfectas como técnica teatral. Y los personajes que las animan, en vez de sermonear como en Esquilo, tienden a demostrar. «Yo los pinto como debieron ser —decía—. Eurípides es quien los pinta como son.»

Esquilo La Tragegia GriegaSofocles La Tragegia GriegaEurispides La Tragegia Griega
EsquiloSófoclesEurípides

Fuente Consultada: Historia de los Griegos de Indro Montanelli

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