El Cristianismo

Explicacion del Catolicismo:Dogmas,Preceptos del Credo y Mandamientos

Explicación del Catolicismo:Dogmas,Preceptos del Credo y Mandamientos

CATOLICISMO. Conjunto de las iglesias cristianas unidas al Pontífice Romano, al que reconocen como Primado de la Iglesia Universal.

La palabra catolicismo viene del término griego katholikos, que significa universal.

No es una simple colección de dogmas, ritos y preceptos morales, una fe que puedan vivir individualmente los hombres que quieran seguir la doctrina de Jesucristo, sino una institución con autoridades, miembros, leyes, culto y creencias comunes; en una palabra, es una sociedad.

Catolicismo:Dogmas,Preceptos del Credo y Mandamientos

Este artículo expondrá tales dogmas, leyes y creencias en forma objetiva, exenta de intenciones críticas o apologéticas.

La doctrina católica comprende:

1) las verdades que sus fieles creen;

2) la moral que practican;

3) los medios que utilizan para conseguir la salvación eterna.

Estos elementos serán tratados en el orden indicado.

• Explicación del dogma.

Las verdades que el catolicismo sustenta y difunde están contenidas, en compendio, en el Credo o Símbolo de los Apóstoles, que se divide en tres partes y comprende doce artículos.

He aquí el contenido de los mismos.

1-Creo en Dios, Padre Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra.

No existe más que un solo Dios, que ha existido y existirá siempre. Es un espíritu puro; no tiene cuerpo y por eso nuestros ojos no pueden verlo.

Es infinitamente bueno, justo y santo; posee todas las perfecciones y cualidades en grado infinito.

Gobierna todas las cosas con su Providencia; el primer deber del hombre es conocerlo, amarlo y servirlo en esta tierra, para verlo y poseerlo m día en el Cielo.

Dios subsiste en tres personas distintas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

El Padre es el Principio; el Hijo es engendrado por Él; el Espíritu Santo procede de ambos.

Los tres son Dios, pero no son tres dioses, sino un solo Dios verdadero en tres personas perfectamente iguales.

Las tres tienen una sola y misma naturalezp o sustancia; Dios, único en esencia, subsiste en tres personas. Esto es lo que se llama el misterio de la Santísima Trinidad.

Todas las obras que Dios hace son obras de la Trinidad entera. Sin embargo, la Biblia atribuye especialmente al Padre la Creación, al Hijo la Redención y al Espíritu Santo la Santificación.

Dios ha creado el Cielo y la Tierra y todo Jo que hay en ellos, sacándolo de la nada en virtud de su omnipotencia.

Este es el misterio de la Creación. Los seres creados se llaman criaturas; las más perfectas son los ángeles y los hombres.

Los ángeles son espíritus puros, libres e inmortales.

Algunos de ellos, abusando de su libertad, se rebelaron contra Dios por orgullo; estos ángeles malos, o demonios, fueron arrojados del Cielo y precipitados en el Infierno.

Otros, los ángeles buenos, fueron puestos para siempre en posesión del Cielo, donde ejecutan las órdenes divinas.

Dios da a cada hombre un ángel guardián que ora por él y cuida de su alma.

El hombre es una criatura racional compuesta de cuerpo y alma.

Se dice criatura para indicar que fue creado, sacándolo de la nada, por Dios; y racional, porque es inteligente y capaz de discernir entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto.

Está compuesto de un cuerpo, sustancia material asequible a nuestros sentidos, y un alma, sustancia invisible que siente, juzga, razona y obra libremente.

Dios formó el cuerpo del hombre mediante su intervención directa («con sus propias manos», dice la Biblia, en lenguaje figurado) y le infundió el alma.

Según las Sagradas Escrituras, la Creación se efectuó en seis días.

Éstos no fueron días cronológicos de 24 horas, sino períodos más o menos extensos.

Dios no creó todas las cosas como ahora están, sino simplemente la materia en estado confuso y caótico, para que fuera evolucionando con el decurso de los tiempos.

En el primer día creó la luz; en el segundo, el firmamento; en el tercero, la tierra sólida y las plantas; en el cuarto, el sol, la luna y las estrellas; en el quinto, los peces y las aves; en el sexto, los animales terrestres y el hombre; en el séptimo descansó.

No se trata de una leyenda mitológica, sino de una relación escrita por Moisés bajo la inspiración del Espíritu Santo.

Dios formó al primer hombre dotado de inteligencia clara y voluntad recta y colocó junto a él a la primera mujer, llamada Eva.

Dio a ambos una doble vida: la natural, propia de la naturaleza humana, y la vida sobrenatural de la gracia.

Esta vida hacía al hombre hijo de Dios por adopción, lo elevaba al orden sobrenatural y lo hacía capaz de alcanzar la visión intuitiva de Dios, o sea, la participación en la bienaventuranza divina.

Adán y Eva desobedecieron un severo precepto que Dios les impuso y perdieron la vida sobrenatural de la gracia.

Catolicismo:Dogmas,Preceptos del Credo y Mandamientos

Adán, cabeza física y moral de la humanidad, trasmitió a sus descendientes la ignorancia, la concupiscencia, los sufrimientos y la muerte.

Este estado de desgracia, en que todos los hombres nacen por culpa de sus primeros padres, se llama pecado original.

Dios se compadeció del género humano y prometió a Adán un Redentor qu» expiara su culpa y le devolviera la gracia perdida.

2-Creo en Jesucristo, su. único Hijo, Nuestro Señor.

El Redentor prometido es Jesucristo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, convertida en hombre por amor a la humanidad.

Antes de la Encarnación, la segunda persona de la Trinidad se llamaba el Hijo de Dios o el Verbo; después de ella lo denominamos también Nuestro Señor Jesucristo.

Esta palabra está compuesta por los términos Jesús, que quiere decir Salvador, y Cristo, que significa ungido o consagrado. Jesucristo es Dios y Hombre juntamente.

Como Dios, posee la misma naturaleza divina que el Padre y el Espíritu Santo; como Dios hecho hombre, posee también la naturaleza humana, es decir, cuerpo y alma semejantes a los nuestros.

Por tanto, es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Posee dos naturalezas, dos inteligencias, dos voluntades y dos operaciones, la divina y la humana.

Las dos naturalezas, perfectamente distintas, están unidas de modo indisoluble y pertenecen a una misma y sola persona, la persona divina del Hijo de Dios. Este misterio se llama unión hipostática.

3. Creo en Jesucristo, que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, y nació de la Virgen María.

Para hacerse hombre, el Hijo de Dios se eligió una madre. El inefable honor de tal maternidad fue conferido a María, virgen de la tribu de Judá, de la familia de David, hija de San Joaquín y Santa Ana, esposa de San José.

Dios no dio a María bien terrenal alguno, pero la preservó del pecado original, la hizo Inmaculada en su Concepción y la colmó de gracias.

El día fijado en la intención divina, el ángel Gabriel se presentó ante María en su humilde vivienda de Nazaret y le anunció que Dios la había elegido para madre del Mesías.

Entonces el Espíritu Santo, por un prodigio incomparable, contrario a las leyes de la naturaleza, formó de ¡a sangre purísima de María un cuerpo humano; Dios Padre formó de la nada un alma semejante a la nuestra, pero más bella e inmaculada, y la unió a aquel cuerpo.

En ese mismo instante, a ese cuerpo y a esa alma se u lió el Hijo de Dios con un lazo indisoluble.

Por tanto, la Encarnación se hizo por obra milagrosa del Espíritu Santo, sin que María dejara de ser virgen.

Confirmóse así la célebre profecía de Isaías: «Una virgen concebirá y dará a luz un hijo.

María, Madre de Dios por este honor infinito, es una criatura aparte, única. Goza en el Cielo de una omnipotencia suplicante y Jesucristo ha depositado en sus manos todos los frutos de la Redención.

La Iglesia la honra con un culto especial, llamado hiperdulía, y coloca una confianza ilimitada y universal en su intercesión, Jesucristo nació en Belén, en la noche del 25 de diciembre del año 3 antes de nuestra era.

Su nacimiento fue anunciado por los ángeles a los pastores del lugar, y a tres sabios de Oriente por una estrella milagrosa que fue vista en casi todo el mundo.

Vivió en el trabajo, en la pobreza, en la humildad, en la práctica de todas las virtudes.

Después de treinta años de vida oculta comenzó su vida pública, que se prolongó durante tres años en Judea y en Galilea.

Predicó el Evangelio, demostró su divinidad con grandes milagros y formó un núcleo de apóstoles y discípulos, encargados de continuar su obra en la tierra.

santuario de lourdes en francia
El umversalmente famoso santuario de Lourdes, al que constantemente concurren miles de peregrinos de todo el mundo.

4- Creo en Jesucristo, que padeció bajo el poder de Poncio Pilatos, fue crucificado, muerto y sepultado.

El Hijo de Dios hecho hombre sufrió en su cuerpo y alma los más crueles tormentos para expiar nuestras culpas.

Padeció la agonía en el Huerto de los Olivos, soportó la flagelación
y la coronación de espinas en el pretorio de Policio Pilatos, gobernador romano de Judea, y al cabo de todo género de humillaciones y de ultrajes fue clavado de pies y manos en una cruz.

Después de tres horas de infinitos sufrimientos expiró el Viernes Santo, hacia las tres de la tarde.

El misterio de la muerte de Jesucristo en la cruz es el misterio de la Redención.

La Obra de la Redención es, al mismo tiempo, una liberación, una reconciliación y una restauración. Liberó al género humano de la esclavitud del pecado original; lo reconcilió con la divinidad, y restauró a la naturaleza humana en ei. orden sobrenatural.

Después de su muerte, Jesucristo fue sepultado en un sepulcro en la roca del Calvario, donde quedó sometido a la custodia de un grupo de soldados.

Al comenzar el tercer día después de su muerte, Jesucristo resucitó.

5-Creo en Jesucristo, que descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos.

Al morir, el alma de Cristo descendió a los infiernos, es decir, al limbo de los justos, para visitar a las almas de los hombres muertos antes de su venida y anunciarlas su liberación.

Al tercer día unió nuevamente su alma a su cuerpo y salió del sepulcro, vivo, glorioso e inmortal. «Si Jesucristo no hubiera resucitado —dice San Pablo— vana sería nuestra fe».

La resurrección de Jesucristo es el fundamento de la fe católica; se recuerda el día de Pascua, que es la mayor festividad del año litúrgico.

6-Creo en Jesucristo, que subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre Todopoderoso.

Después de resucitar, Jesucristo permaneció en la tierra durante cuarenta días para continuar la instrucción de sus apóstoles.

Durante este período fue visto por centenares de personas en diversas oportunidades; colocó a Pedro al frente de su Iglesia y dio a los apóstoles el poder de perdonar los pecados, enviándolos a predicar y a bautizar a todos los pueblos.

Terminada su obra terrena, reunió en el Monte de los Olivos a sus apóstoles y a un gran número de sus discípulos.

Allí, al mediodía, extendió sus manos para bendecirlos y se elevó glorioso y triunfante hacia los cielos.

El aniversario del dia en que Jesucristo subió a los cielos se llama la fiesta de la Ascensión.

El Credo agrega que, desde entonces, Jesucristo «está sentado a la diestra de Dios»; esta expresión figurada significa que es igual a su Padre en poder, gloria y autoridad.

Como Dios, está en todas partes; como Dios y hombre, está en el cielo y en el Sacramento de la Eucaristía.

7-Creo en Jesucristo, que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos.

Jesucristo volverá al mundo, al final de los tiempos, para juzgar a todos los hombres.

Vendrá con todo su esplendor de su majestad, como Juez.

Su primera venida fue para redimirnos; la segunda será para dar a; cada uno el premio o el castigo que merezca..

8-Creo en el Espíritu Santo.

Las dos primeras; partes del Credo se refieren al Padre y al Hijo, Creador y Redentor, respectivamente; la tercera, habla del Espíritu Santo, el Santificador.

El, Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad; posee la naturaleza divina de modo total, como el Padre y el Hijo, de los cuales procede.

Tiene la misión específica de gobernar, inspirar, asistir y vivificar a la Iglesia.

Además opera, como un espíritu vivificador, en las almas que se hallan en estado de gracia.

El cristiano lo recibe en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, y llega al sacerdote en el sacramento del Orden Sagrado.

Comunica a las almas la vida sobrenatural, enriqueciéndolas con sus siete dones y sus doce frutos,

9-Creo en la Santa Iglesia Católica y la Comunión de los Santos.

Jesucristo fundó una iglesia para continuar en el mundo su misión divina.

La Iglesia es una sociedad perfecta, que en su orden se basta a sí misma y que no depende de otra superior; es también una sociedad visible y no simplemente espiritual; y es indefectible, porque subsistirá hasta el fin de los siglos como organismo social.

El Caolicismo:Las catacumbas en Roma Origen Cementerios Cristianos Roma Subterraneas

Las catacumbas en Roma Origen Cementerios Cristianos Roma Subterraneas

La Iglesia tiene cuatro notas características:

1) unidad, porque existe una sola Iglesia;

2) santidad, porque su fin es santo y su acción puede producir santidad, aun en grado heroico, a pesar de los defectos y pecados humanos de sus miembros;

3) catolicidad, porque posee una fuerza sobrenatural de expansión en virtud de la cual se ha extendido por el mundo entero;

4) apostolicidad, porque su autoridad viene en línea directa de los apóstoles.

La Iglesia posee una triple autoridad: de magisterio, de administración de sacramentos y de jurisdicción. Jesucristo puso en ella dos elementos: uno docente y otro discente.

La Iglesia docente está formada por los encargados de enseñar la palabra de Dios, quienes forman un magisterio viviente, heredero del de los apóstoles.

La Iglesia discente está formada por los fieles, que tienen la obligación de recibir la doctrina enseñada por los apóstoles y por sus sucesores, los pontífices y obispos.

El obispo de Roma, sucesor de San Pedro en el gobierno de la Iglesia, se llama Papa o Romano Pontífice.

Hasta ahora ha habido 266 papas, muchos de los cuales han sido hombres de excelsas virtudes: sesenta de ellos son santos y treinta y tres murieron mártires; sólo once merecen ser tildados de indignos.

El Papa tiene sobre la Iglesia una potestad universal, ordinaria, inmediata, plena y suprema.

Los miembros de la Iglesia forman una sola familia.

Como en cualquier familia humana, hay en ella una comunidad de bienes: todos trabajan para la familia y la tarea de cada uno aprovecha a todos.

De igual modo, en la gran familia de Jesucristo todos los cristianos usufructúan los tesoros espirituales: los méritos de Cristo, de la Virgen y de los. Santos, el sacrificio de la Misa, los sacramentos, las oraciones y las buenas obras de todos sus miembros.

Los santos, vale decir, quienes viven la vida de la gracia, están en comunión recíproca, entre ellos y con las almas del purgatorio y del cielo.

10-Creo en el perdón de los pecados.

Pecado es toda falta voluntaria contra la ley de Dios.

Para que exista, debe haber verdadera transgresión de la ley divina, y la transgresión debe ser un acto humano, es decir, racional, libre y voluntario.

Jesucristo dio a su Iglesia el poder de perdonar todos los pecados: «A los que perdonaréis los pecados les serán perdonados y a los que se los retuviereis les serán retenidos».

Este poder de la Iglesia se llama «el poder de las llaves del Reino de los Cielos».

El pecado se divide en original y personal. Original es el que contraemos al ser concebidos, por descender de Adán; personal es el que cada uno de nosotros comete, libre y espontáneamente, después de haber llegado al pleno uso de la razón.

Los pecados personales se subdividen en mortales y veniales. Pecado mortal es toda transgresión voluntaria de la ley de Dios en materia grave, que priva de la vida de la gracia y lleva a la condenación eterna.

Pecado venial es toda ofensa hecha contra Dios en materia leve, y también una falta grave que se haga sin plena advertencia o perfecto consentimiento.

El pecado hace perder la gracia, nos despoja de los méritos alcanzados, por grandes que sean, y mata la vida del alma.

Los vicios capitales, procedentes de las principales pasiones que suelen dominar al hombre, son siete: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.

11-Creo en la resurrección de la carne.

Después de la muerte, el alma, que es espiritual, inmortal e incorruptible, sigue viviendo; el cuerpo, separado de ella, se corrompe y convierte en polvo.

Pero la separación entre el alma y el cuerpo no será eterna: al fin del mundo, todos los muertos resucitarán con los mismos cuerpos y almas que tuvieron en vida.

Jesucristo ha dicho que nadie sabe, fuera de Dios Padre, cuándo se producirá el fin del mundo.

Nadie está obligado a creer ni en la inminencia ni en la lejanía de este acontecimiento.

Pero el mismo Jesucristo ha indicado algunas «señales» o hechos que lo precederán: la predicación, del Evangelio por todo el mundo, la venida del Anticristo, las grandes apostasías de la fe, la vuelta a la tierra de los predicadores Elias y Enoch, la conversión de los judíos y ciertos trastornos graves en el orden de la naturaleza.

Al producirse el fin del mundo los cuerpos de los reprobos estarán sujetos a terribles sufrimientos; los cuerpos de los elegidos, por el contrario, resplandecerán de belleza, estarán exentos de todo dolor, serán rápidos como la luz y podrán penetrar a través de los objetos.

La carne, crucificada con Jesucristo en el Calvario, recibirá su glorificación definitiva.

12-Creo en la vida perdurable.

La última verdad del Credo enseña que los buenos tendrán una vida eternamente feliz y los malos una existencia eternamente desventurada, y que los hombres resucitados no volverán a morir.

Este dogma implica otras cinco verdades, que se llaman los Novísimos o postrimerías del hombre: la Muerte, el Juicio, el Cielo, el Purgatorio y el Infierno.

Cuando todos los nombres hayan muerto, Jesucristo enviará a sus ángeles sobre la tierra, y éstos reunirán a todos los hombres de todos los tiempos en el lugar destinado para el Juicio Universal.

Tales son las verdades contenidas en el Símbolo de los Apóstoles. El católico las cree con una fe sincera y total, no por la palabra de los hombres, sino porque han sido reveladas por Dios y son enseñadas por su Iglesia.

• La Moral.

Para alcanzar la salvación eterna es necesario no sólo creer todas las verdades contenidas en el Símbolo, sino también vivir cristianamente, observando los mandamientos de Dios y de la Iglesia.

Estos mandamientos están contenidos en el Decálogo o Tablas de la Ley.

Los tres primeros, escritos en la primera tabla, encierran los deberes para con Dios; los otros siete, escritos en la segunda tabla, prescriben los deberes para con nosotros mismos y nuestros prójimos.

En cada mandamiento hay una parte postiva y una negativa, es decir, una orden y una prohibición.

He aquí su texto y su significado:

1º) No tendrás otro Dios más que a Mí. Este primer mandamiento nos obliga a creer en Dios, a esperar en Él, a amarlo con todo nuestro corazón y a adorarlo a Él solamente.

Cumplimos con estas cuatro obligaciones mediante la práctica de las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad.

Se peca contra la Fe mediante la infidelidad, la herejía, la apostasía y a veces, con el simple respeto humano.

Se peca contra la Esperanza de dos maneras: por desesperación, cuando se desconfía de la Providencia, y por presunción, cuando se abusa de la misericordia de Dios.

Se peca contra la Caridad por medio de cualquier pecado mortal. Todo culto ilegítimo se llama superstición; sus formas más difundidas son la idolatría, la magia negra y la adivinación.

2º) No tomarás el nombre de Dios en vano. Este mandamiento prohibe jurar en vano, blasfemar, proferir imprecaciones y violar nuestros votos.

3º) Acuérdate de santificar las fiestas. La ley natural obliga a consagrar, de tiempo en tiempo, un día al culto de Dios. En la ley antigua este día era el sábado, en memoria del reposo de Dios después de la Creación; en la ley nueva es el domingo, en honor de la resurrección de Jesucristo y de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles.

Para santificar el domingo hay que abstenerse de las obras serviles, que son los trabajos en que el cuerpo tiene mayor intervención que el espíritu, y hay que asistir a la Santa Misa, en la cual se halla la esencia del culto cristiano.

4º) Honra a tu padre y a tu madre. Este mandamiento revela las relaciones del hombre con los representantes de Dios: los padres y los superiores espirituales y temporales.

Tiene por objeto directo los deberes de los inferiores para con sus superiores, y por objeto indirecto los deberes de éstos para con aquéllos. Las tres sociedades en que estas relaciones se desarrollan son la familia, la sociedad religiosa y la sociedad civil.

En la familia, todo hijo debe amar a su padre y a su madre, respetarlos, obedecerlos y asistirlos en sus necesidades; los padres, por su parte, están obligados a velar por la vida y la salud de sus hijos, a darles alimento, habitación y vestidos, a velar por su futuro sin poner trabas a su vocación, y a formar su espíritu, corregir sus defectos e iniciarlos en el ejercicio de las virtudes.

En la sociedad religiosa, los fieles deben a los sacerdotes respeto, amor y obediencia; a su vez, los eclesiásticos deben enseñar la religión, administrar los sacramentos y exhortar a la virtud.

En la sociedad civil, los gobernados deben respetar y obedecer a los gobernantes en todo lo que es justo, contribuir a los gastos colectivos con el pago de los impuestos y ejercer lealmente los derechos que les confiere la Constitución; los gobernantes deben respetar los principios de la moral y proteger los derechos de los ciudadanos.

5º) No matarás. Esta mandamiento prohibe todo lo que puede dañar el cuerpo o el alma del prójimo o de nosotros mismos, y ordena practicar la caridad cristiana en todo momento.

De modo especial prohibe el suicidio, el homicidio, el duelo y todo lo que hiera la integridad de la vida corporal.

Además condena el escándalo u homicidio espiritual, que es toda palabra, acción u omisión que induce al prójimo a ofender a Dios.

6°) No cometerás acciones impuras;

9º) No desearás la mujer de tu prójimo.

Estos dos mandamientos tienen un mismo propósito: salvaguardar la virtud de la castidad. El sexto mandamiento condena los pecados externos de impureza; el noveno condena los pecados internos; ambos prohiben exponerse a las ocasiones próximas de estos pecados.

7º) No hurtar;

10º) No codiciar los bienes ajenos. Dios asegura el derecho de propiedad legítima con dos mandamientos; el séptimo nos manda practicar la justicia con respecto al prójimo; el décimo, para cortar el mal en su raíz, prohibe todo deseo voluntario de apoderarse del bien ajeno por medios injustos.

De modo especial quedan condenados el robo, el fraude, la usura, la detención injusta y el daño injusto contra el prójimo o sus bienes.

89 No levantarás fa’so testimonio, ni mentiras. Este mandamiento ordena respetar la verdad en nuestras palabras y prohibe el falso testimonio o la mentira en los juicios.

De aquí se derivan los siguientes deberes:

1) relativos a la verdad, que no debe ser quebrantada con falsos testimonios, ni por medio de la mentira, ni violando los secretos;

2) relativos a la reputación del prójimo, que no debe ser herida exteriormente con la detracción ni interiormente con el juicio temerario.
Aparte del Decálogo, todo católico obedece los cinco mandamientos de la Iglesia o preceptos:

1) Oír Misa todos los domingos y demás fiestas de guardar;

2) No comer carne los días prohibidos (llamados de abstinencia) y ayunar los días indicados;

3) Confesar y comulgar, por lo menos una vez al año, durante el tiempo pascual;

4) Atender a las necesidades de la Iglesia, contribuyendo según las leyes o costumbres del propio país;

5) Celebrar los matrimonios conforme a las leyes de la Iglesia.

• El Culto.

El dogma católico enseña un conjunto de verdades; la moral expone un conjunto de obligaciones.

El culto, tercera parte de la doctrina, comprende los medios empleados para hablar a Dios.

La máxima expresión social y visible de la Iglesia Católica es su liturgia, exteriorización sistemática del culto.

Los actos litúrgicos son la Santa Misa, los sacramentos y sacramentales y el rezo del Oficio Divino.

El culto incluye también algunos actos extralitúrgicos, tales como el rezo del Rosario, las novenas, etc.

La Santa Misa, centro de la liturgia católica, es la renovación incruenta del sacrificio sangriento de Jesucristo en el Calvario.

Antes de morir, Cristo ordenó a los apóstoles que repitiesen siempre, en memoria suya, la consagración del pan y del vino, transformándolos en Su cuerpo y sangre.

Esta consagración, y la comunión que le sigue, son símbolo y repetición del mismo sacrificio del Calvario.

Los sacramentos son señales visibles, instituidas por Jesucristo para darnos la gracia.

Son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía o Comunión, Penitencia, Extremaunción, Orden Sacerdotal y Matrimonio.

Dios puede comunicarnos sus gracias directamente por sí mismo, pero generalmente exige que empleemos los medios establecidos por Él para conferirnos su gracia.

Estos medios son el sacramento y la oración: los sacramentos son los canales que la trasmiten; la oración es la fuerza que la atrae.

La oración, elevación del alma a Dios, puede ser vocal, cuando recurre a las palabras, y mental, cuando se hace en el espíritu y en el corazón. Las mejores oraciones vocales son: el Padrenuestro, el Ave María y las oraciones litúrgicas de la Iglesia.

Fuente Consultada:Enciclopedia Ilustrada CUMBRE Tomo III – Entrada «El Catolicismo«

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Biografia del Papa Pio IX: Resumen de su Obra Concilio Vaticano I

Biografía del Papa «Pio IX»
Resumen de su Obra Concilio Vaticano I

El Papa Pío IX (1792-1878) era el «Papa del pueblo», un Papa encantador…

Le gustaba pasearse por Roma conversando y bromeando con quienes se topaba en el camino.

A él le debemos la costumbre de las multitudinarias audiencias papales que se llevan a cabo en nuestros días. Pío IX quería que la gente de distintas partes de este mundo fuese a conocer al Santo Padre.

Fue quien promovió la devoción personal al Papa.

A pesar de esto, podemos afirmar que este Papa fue de los más controvertidos en la historia del papado. «Pío Nono» tan odiado como amado.

Habiendo ejercido el papado más largo de la historia, treinta y dos años, fue el, tuvo amplias oportunidades de desilusionar a los liberales y frustrar sus esperanzas.

Enarboló las ideas de los conservadores con firmeza hasta su muerte, a la edad de ochenta y seis años.

El Concilio Vaticano I fue convocado por Pío IX y se reunió noventa y tres veces en la basílica de San Pedro de Roma, entre el 8 de diciembre de 1869 y el 1º de septiembre de 1870.

A él asistieron ochocientos obispos, la mitad de ellos representando diócesis europeas y muchos otros como miembros de misiones europeas en el exterior.

Aunque fue un concilio interno de la Iglesia católica. se invitó a Roma a representantes de las Iglesias ortodoxa y protestante.

Todos los debates fueron presididos y dirigidos por cardenales nombrados por el Papa y entre los temas discutidos, aunque no se tomaron resoluciones sobre ellos,se encontraban la adopción de un catecismo universal y nuevas normas de disciplina sacerdotal.

En el Concilio Vaticano I se promulgaron dos importantes constituciones Deifilius (24 de abril de 1870), que exponía la doctrina católica romana sobre fe y razón, y Pastor aeternus (18 de julio de 1870), donde se afirmaba como principio esencial de la doctrina católica romana que el Papa tiene primacía jurisdiccional sobre toda la Iglesia y que, en condiciones particulares, Dios le otorga la infalibilidad en materias de fe y moral.

biografia del papa pio IX

A mediados del siglo XIX, la Iglesia católica experimentó un notable renacimiento espiritual,  además de evangelizador coincidiendo con el pontificado de Pío IX, el más largo en toda la historia papal (1846-1878). Pío IX, además, habría de convertirse en uno de los papas más amados y odiados que haya pasado por la curia romana.

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Giovanni María Mastai Ferretti nació el 13 de mayo de 1792 en Senigallia estudió en Volterra y en Roma.

Pío VII le nombró director espiritual del orfanato Tata Giovanni de Roma; después le envió como auditor del delegado apostólico ante Chile y, a su regreso, León XII le nombró canónigo de San María en vía Lata, director del gran hospital San Miguel y, más tarde, arzobispo de Espoleto.

Ahí, cuando en 1831 cuatro mil revolucionarios escapando del ejército austríaco amenazaron Espoleto, el obispo Mastai les convenció para que depusiesen las armas y se dispersasen; hizo que el comandante austríaco le perdonase, y les dio suficiente dinero para regresar a sus hogares.

Gregorio XVI al tiempo que le nombraba cardenal, le transfirió a la diócesis de Imola.

Quince días después de la muerte de Gregorio XVI, cincuenta cardenales se reunieron en cónclave en el Quirinal.

Como habitualmente, se hallaban divi didos en dos bandos: los partidarios de mantener un dominio absolutista en gobierno temporal de la Iglesia y los que deseaban reformas políticas moderadas.

Al cuarto escrutinio, el 21 de junio de 1846, el cardenal Mastai, propuesto por los cardenales de espíritu más liberal, recibió tres votos más de los requeridos, aceptó la elección y tomó el nombre de Pío IX.

Dotado de un gran carisma y simpatía personal, Pío IX inició su pontificado con un programa de reformas que duró hasta los procesos revolucionarios de 1848, que le hicieron creer que la democracia y el liberalismo no podían conducir sino a la revolución y la destrucción.

A partir de entonces, concedió todo su apoyo a las monarquías imperantes en su lucha contra los liberales e insurgentes.

La recién unificada nación italiana se anexionó en 1861 los Estados Pontificios y, en 1870, la misma ciudad de Roma, algo que Pío IX nunca llegó a admitir.

El gobierno, no obstante, le concedió el derecho de nombrar a los 237 obispos con que contaba Italia por aquel entonces (una cifra superior a la de cualquier otro país).

Esta prerrogativa, unida al enorme aumento del número de obispos para las misiones, hizo que el papa tuviera un enorme peso específico en e nombramiento de las principales autoridades espirituales de la Iglesia.

En el siglo VIII, el rey de los francos, Pipino el Breve, donó al Papa muchas de las tierras que había conquistado, con el propósito de proteger el papado de las tribus bárbaras.

Estas tierras se conocieron a través de los siglos con el nombre de Estados Pontificios. Un ejército papal estaba encargado de protegerlos. Poco a poco, siglos después, estas tierras fueron devueltas a Italia; sólo se conservan el Vaticano y algunas iglesias y palacios en la ciudad de Roma.

En un principio los liberales aplaudieron cuando se enteraron de que Pío IX había sido electo.

En realidad, lo malinterpretaron desde el comienzo. Pío nunca fue liberal, fue a lo sumo un conservador iluminado.

Sus primeras resoluciones tuvieron un tinte liberal: decretó la amnistía para los presos políticos en los estados papales; creó una suerte de gobierno representativo en el que los laicos tenían jurisdicción sobre algunos asuntos, y levantó la censura en las noticias políticas (pero no las eclesiales).

Por otra parte, retuvo el poder absoluto de veto, y no aprobó la libertad religiosa, prohibiendo a los judíos residentes en los estados papales la misma libertad política que a los católicos.

Los acontecimiento políticos que se sucedieron pronto hicieron retractar al Papa de estas medidas tentativas.

Los líderes del Risorgimento, un movimiento tendiente a unificar los estados italianos en una sola nación, querían liberar a los estados del norte de Italia del dominio de Austria.

El parlamento papal le declaró la guerra a Austria, pero el Papa vetó esa decisión ya que no estaba dispuesto a aceptar el enfrentamiento con una nación católica.

Los italianos se disgustaron por la decisión tomada por el Papa.

Las hordas salieron en protesta a las calles de Roma y asesinaron al primer ministro.

Manifestantes armados rodearon el palacio papal y le apuntaron con un cañón.

Pío IX se escapó a Gaeta haciéndose pasar como sacerdote de una parroquia y se alojó en un pequeño hotel. Garibaldi, el líder del Risorgimento, entró en Roma y la declaró una «República».

Esto sucedió en el año 1848, dos años después de la elección del Papa.

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papa pio IX

PÍO IX BENDICE LAS TROPAS DEL REY DE NAPÓLES, 1849
Al convertirse en papa, Pío IX apareció como un político liberal que a una revolución sangrienta, apoyó al emperador de Austria y el rey de
habría de contribuir a la unificación de Italia.

Lejos de hacerlo, en su Napóles, quienes abortaron el primer intento de reunificación del país, creencia de que el liberalismo y la democracia tan sólo podían conducir lógicamente, la popularidad del papa cayó en picado.

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Una coalición de diplomáticos europeos se reunió para encontrar la forma de reinstalar al Papa en Roma.

Apoyaron una fuerza de expedicionarios franceses que recapturaron exitosamente la ciudad y se la devolvieron a Pío IX.

Si el Papa demostró en algún momento alguna simpatía por los liberales, ésta había dejado de existir; para él, el liberalismo se convirtió en sinónimo de persecución a la Iglesia.

Camillo Cavour y su plan del Piamonte confirmaron las creencias del Papa.

Cavour, el cabecilla de los liberales de la norteña provincia italiana del Piamonte, abolió las órdenes religiosas y despojó a la Iglesia de todo su control sobre la educación.

Su ambición era unificar Italia bajo el dominio del reino de Saboya.

Comenzaría tomando los Estados Pontificios, aunque planeaba dejar al Papa quedarse con Roma.

Hacia 1860, Cavour se había apoderado de los Estados Pontificios (aunque los franceses seguían manteniendo Roma bajo el dominio del Papa).

El diplomático le pidió al Papa que renunciara a su soberanía sobre estos estados y, a cambio, el gobierno italiano le reconocería sus derechos sobre el Vaticano y los palacios y galerías papales, se comprometería a no intervenir en el nombramiento de obispos y pastores, pagaría sus sueldos y contribuiría con los fondos que necesitase el Papa para sus tareas.

La Iglesia tendría nuevamente la libertad para enseñar (esta proposición de Cavour a Pío IX en 1860 era casi la misma que le hizo Mussolini a Pío XI en 1929 y que fue aceptada en el tratado de Letrán).

Por un lado, Pío IX estaba de acuerdo con la proposición, puesto que creía en la unificación de Italia y simpatizaba con el objetivo del Risorgimento.

Pero, por otro, se le creaba un gran dilema ya que no podía concebir ningún tipo de poder en manos de los liberales, que eran ateos y seculares.

Más aún, pensaba que la voluntad de Dios era que los Estados Pontificios permanecieran en sus manos, así que la respuesta a Cavour fue negativa.

INFALIBILIDAD Y POPULARIDAD:

La diplomacia nunca fue uno de los fuertes de Pío IX, tal como demostró en 1864 con la publicación de la encíclica llamada Syllabus errorum, donde condenaba con dureza los excesos del mundo moderno.

El Concilio Vaticano I, celebrado en 1870, culminó con la definición de la infalibilidad pontificia, ante la que los protestantes adoptaron una actitud bastante reservada, cuando en realidad dicha definición no respondía sino a dos firmes pilares del credo católico: la convicción de que el Espíritu Santo guiaba a la Iglesia a través de la figura del papa y, por consiguiente, iluminaba a este último de modo que no incurriese en ningún error contrario al dogma de la fe.

A pesar de granjearse las antipatías de los políticos liberales y los protestantes, Pío IX supo en cambio atraerse el cariño y el respeto de la inmensa mayoría de los católicos en un grado desconocido hasta la fecha.

Además, gracias a la expansión de los periódicos y los libros económicos así como a la mejora de las técnicas de impresión durante la década de 1860, la imagen del papa, remota y distante hasta entonces, se hacía mucho más próxima.

Muchos creyentes, incluso, pudieron llevarse a sus hogares una estampa con su imagen.

Mientras tanto, continuaba el renacimiento espiritual en el seno de la Iglesia católica, sobre todo en Francia.

El papado, lógicamente, favoreció este auge v, de rebote, vio reforzada su autoridad moral.

Se crearon docenas de nuevas órdenes religiosas.

Así, hacia 1877 había tan sólo en Francia cerca de treinta mil religiosos y ciento treinta mil religiosas.

Un nuevo estilo de papado:

Los vaivenes de la historia beneficiaron al Papa más de lo que él hubiera imaginado en esos tiempos.

En el momento en que sus poderes políticos se esfumaron, resurgieron sus poderes espirituales.

De ser monarca temporal de un pequeño principado italiano, se convirtió en líder espiritual del mundo.

En teoría, los Papas siempre tuvieron ese papel, pero, en la práctica, no era tan así; los aristocráticos obispos locales conservaban mucho poder dentro de las monarquías y supervisaban la influencia papal en los asuntos diocesanos de cada lugar.

La caída del poder político papal dio lugar a la aparición del poder espiritual del sucesor de Pedro.

Una tendencia denominada «ultramontanismo» (literalmente, «más allá de las montañas») contribuyó a su desarrollo.

Este movimiento se centró en Francia, en el país «más allá de las montañas», al norte de los Alpes.

Los ultramontanos tenían su mira puesta en Roma, eran católicos fieles al Papa. ¿Cuáles eran sus motivaciones?.

Muchos eran políticamente conservadores y veían en el Papa una defensa ante las ideas revolucionarias.

Esta movida hacia una centralización había comenzado con el Concordato de 1801 entre el papa Pío VII y Francia, donde se pedía la renuncia de todos los obispos franceses.

Desde entonces, el Papa podía elegir sus propios representantes.

Ellos debían responderle sólo a él y no a los nobles locales o al rey de Francia.

Al mismo tiempo, Pío IX pidió a los párrocos que acudieran en su ayuda ante cualquier arbitrariedad de los obispos.

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El ultramontañismo, que significa literalmente «más allá de las montañas», pretendía dotar al papa de una mayor autoridad y fue el movimiento más influyente dentro del catolicismo durante todo el siglo XIX. frente a los que sostenían tal postura, estaban aquellos que reivindicaban una mayor autonomía de las Iglesias nacionales en detrimento del poder papal.

La definición de la infalibilidad papal, por mucho que ésta se redujera
a cuestiones relacionadas con la fe y la moral, supuso una gran victoria para los ultramontanos.

Así, aunque el papa no estaba autorizado para crear nuevas doctrinas, gracias a la iluminación constante del Espíritu Santo tenía toda la autoridad moral para hacer explícito lo que Dios había transmitido de forma implícita a través de las Sagradas Escrituras.

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Así el Papa, que estaba políticamente acotado, se convertía en el centro de una serie de fuerzas nuevas.

Abogó por las causas de los conservadores que odiaban al liberalismo, logró la lealtad de los obispos nombrándolos personalmente y también se alió con los clérigos de las parroquias (y con los feligreses a su vez).

En las audiencias lo rodearon miles de peregrinos que volvían a sus casas felices por haber visto al Papa, y algunos, hasta de haber podido saludarlo y tocarlo.

Pío IX logró hacer del papado una fuerza espiritual internacional, como ningún otro Papa había podido hacerlo. Se convirtió en la única figura regente, en una fuerza sagrada internacional en la cual convergían todos los católicos del mundo.

Cuando el orden antiguo llegaba a su fin, el Papa encabezó un movimiento de fe que podríamos llamar: «el triunfalismo para las multitudes

El rol del Papa nos es tan conocido que olvidamos que no siempre fue de este modo.

En verdad, es a Pío IX, y a sus treinta y dos años de construcción de una nueva imagen de papado, a quien le debemos este reconocimiento.

El 7 de febrero de 1878, a las cinco y cuarenta y cinco minutos de la tarde moría dulcemente el papa Pío IX.

Hubo consternación general.

Se olvidaron por cierto tiempo las críticas que algunos habían considerado un deber dirigir contra la política religiosa seguida durante treinta años.

Los problemas que había dejado sin solucionar no desaparecieron con él. Pío IX deja al morir una Iglesia más fuerte interiormente, pero aislada ante la hostilidad general de los gobiernos y de la opinión pública.

Mal aconsejado por los que le rodeaban, no logró adaptar la Iglesia a la profunda evolución política que transformó completamente la organización de la sociedad civil durante el siglo XIX.

En el plano intelectual, no solamente no logró dar el impulso necesario, sino que, poco enterado personalmente de este aspecto del problema, fue abandonando la dirección y el control de la vida científica en la Iglesia a espíritus demasiado estrechos.

Estas lagunas son graves.

Y, sin embargo, a los ojos del historiador, el balance del pontificado es favorable.

En primer lugar, la Iglesia se ha desarrollado y afirmado exteriormente.

La expansión misionera ha proseguido.

El Concilio Vaticano derrotó definitivamente las tendencias particularistas dentro de la Iglesia.

De este largo pontificado, la Iglesia sale sensiblemente más religiosa.

Pío IX, más allá de la salvaguarda integral de la doctrina y de la defensa de los derechos de la Iglesia, tiene conciencia de ser igualmente responsable ante Dios de la vida cristiana de los fieles.

Al principio del pontificado quiso hallar un justo medio entre el fanatismo de los papistas y la apertura de los liberales.

No obstante, le faltaba amplitud de visión y firmeza de ánimo para sostener tan difícil equilibrio.

Fue débil en momentos de crisis.

Aceptó que la esencia del liberalismo era anticristiana y que la democracia estaba envenenada en sus fuentes.

Se encastilló en la fortaleza de la intransigencia y perdió el contacto con la realidad, ignorando las exigencias de los tiempos.

Cazado en complejos de inferioridad por el fracaso de sus propósitos iniciales, refugiado en un seudomisticismo arbitrario, esperaba que un milagro solucionase los duros conflictos que le cercaban, para dar la victoria final a la Iglesia; en esta victoria incluía la salvación de los Estados pontificios.

Confundía este fatalismo con el abandono cristiano a los planes divinos.

Promotor de vida espiritual, político desconcertado, Pío IX se vio empujado por los acontecimientos a tomar posturas de intransigencia opuestas a la inclinación bondadosa de su espíritu, provocando en él un desequilibrio que influyó negativamente en su carácter.

Éste es el drama personal de Pío IX, su grandeza y su debilidad.

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El Syllabus de los errores formó parte del papado de Pío IX.

Fue un apéndice de la encíclica Quanta Cura y condenaba ochenta tesis atribuidas a los pensadores modernos de esa época, incluyendo el panteísmo, la libertad religiosa, el racionalismo, la posición socialista con respecto al derecho de propiedad privada, la negación del poder temporal del Papa, el sometimiento de la familia al estado, la libertad de prensa y la división entre la Iglesia y el estado.

Numerosos católicos y muchos cristianos comprometidos tuvieron una desilusión grande con este Syllabus ya que contenía un listado de errores y sus condenas, sin ninguna explicación del contexto.

Como parecía carecer de comprensión hacia las nuevas corrientes de pensamiento, motivó la polarización entre los elementos liberales y conservadores dentro de la Iglesia.

En la conclusión del Syllabus, Pío IX refuta la idea de que «el Sumo Pontífice puede y debe reconciliarse con el progreso, el liberalismo y la civilización moderna».

Muchos consideran que éste fue el origen del ultramontanismo conservador.

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Fuente Consultada:
Hitos en la Historia de la Iglesia – Editorial Lumen – Alfred Mc Bride

Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Papa Leon XIII, «El Papa de los Obreros» – Editorial Planeta
Historia de los Papas – Luis Tomas Mejgar Gil – Editorial Libsa
Historia del Cristianismo 2000 años de Fe Editorial La Isla

Ver:Doctrina Social de la Iglesia

Ver: Biografía del Papa Leon XIII

Enlace Externo: El Papa Pio IX

Origen de la Iglesia Ortodoxa Griega:Resumen de sus Características

Resumen Origen De La Iglesia Ortodoxa Griega
Resumen de sus Características

La Iglesia griega ortodoxa. Desde época antigua se producen contrastes entre Oriente y Occidente : las sedes patriarcales que son de origen apostólico tienden a reivindicar su dignidad: Antioquía, Alejandría, etc., y, por otra parte, a medida que el centro del Imperio romano se desplaza hacia Oriente, se siente el deseo de convertir Constantinopla en la nueva Roma y existe el peligro de que se ligue el primado a vicisitudes políticas y que pueda pensarse en cambios radicales de la jurisdicción eclesiástica.

Los emperadores que residen en Oriente presionan sobre los papas; intervienen aquéllos en cuestiones eclesiásticas y a los papas les falta en algunos momentos la necesaria libertad para decidir con todas las garantías en delicadas cuestiones teológicas o disciplinares (Vigil, Honorio y Martín).

Se suceden las épocas de buen entendimiento y las de contrastes. En 725 la obstinada lucha de León el Isáurico contra las imágenes provoca una gran reacción en Occidente. Hacia la mitad del siglo IX, aunque Focio no pudo lograr ver legitimada por los papas su posición en la sede de Constantinopla, que en distintas ocasiones y con medios diversos obtuvo, y después de la excomunión de Focio, la comunión con Roma se restableció, pero faltó la cordialidad en las relaciones entre Constantinopla y Roma.

Una nueva ruptura tiene lugar hacia la mitad del siglo XI, cuando el papa León IX responde con la excomunión a una larga serie de acusaciones que Miguel Cerulario hace a los occidentales —quejas de la Iglesia de Oriente (la inclusión, p. ej., del Filioque en el Credo—es decir, que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un único principio y no sólo del Padre, a través del Hijo, como querían los griegos—). A partir de entonces el acuerdo entre griegos separados y Roma se ha logrado en muy pocas ocasiones. El peligro de los turcos estimula una unión con los griegos en el concilio de Florencia (1439). Poco después, reconciliaciones con armenios, jacobitas, monofisitas de Mesopotamia, etc.

Pero las uniones fueron efímeras. Ha habido siempre, sin embargo, grupos de católicos que, conservando peculiaridades y tradiciones venerandas, sobre todo ritos propios y uso de sus lenguas propias en la liturgia, han continuado unidos a Roma o han vuelto a la unidad: son los católicos de rito oriental (los maronitas, en el Líbano, con su liturgia en lengua siríaca y árabe han estado siempre unidos a Roma).

Entre los orientales separados hay grupos cuya fe no es ortodoxa (nestorianos y monofisitas) que no admiten la doctrina definida en los concilios de Efeso y Calcedonia, v. F) en territorios en relación con los antiguos patriarcados de Antioquía, Jerusalén y Alejandría, y ortodoxos cuya regla de fe está de acuerdo con los siete primeros concilios ecuménicos esparcidos por todas partes y más en conexión sobre todo con el patriarcado de Constantinopla (griegos, rusos, etc.).

Se observa una celebración de la Divina Liturgia por el Domingo de la Ortodoxa en la Iglesia de San Dionisio el Areopagita, en Atenas, por los miembros del santo sínodo de la Iglesia Ortodoxa de Grecia. La Liturgia estuvo presidida por el arzobispo de Atenas, Jerónimo.

Pocas divergencias les separan en lo doctrinal de la Iglesia católica: la indicada cuestión sobre la procesión del Espíritu Santo; atribuyen la eficacia consacratoria en la Eucaristía, más que a la fórmula de la consagración, a las palabras que la siguen («epiclesis»); no creen en la inmediata retribución de los justos antes del juicio final: conciben el primado del Romano Pontífice más como de orden (primus ínter pares) que como de jurisdicción. Hay otros puntos de desacuerdo —sobre todo de orden disciplinar—de menor importancia.

La Iglesia ortodoxa acepta la doctrina de los siete sacramentos, a pesar de que nunca ha habido una autoridad final que haya limitado los sacramentos a este número. El más importante es el de la eucaristía; le siguen el bautismo (que se realiza por inmersión), la confirmación (que sigue al bautismo y se administra por la unción con el crisma), la penitencia, la ordenación sacerdotal, el matrimonio y la extremaunción. Algunos autores medievales incluían otros sacramentos, como la tonsura monástica, el entierro y la bendición del agua.

Celibato: La legislación canónica ortodoxa permite que hombres casados sean sacerdotes. Sin embargo, los obispos son elegidos entre los sacerdotes célibes o viudos.

Los motivos de la separación son más bien de orden histórico.

En la evolución histórica de la teología greco-rusa pueden distinguirse tres períodos: el primero (866-1289), desde Focio hasta las consecuencias de las tentativas de unión que siguen a las cruzadas y al concilio de Lyon (1274), está animado de un espíritu polémico y no está sistematizado. En el segundo (1289-1453) es notable la influencia de los teólogos latinos, especialmente de Santo Tomás. Hay dos tendencias: los palomitas (adversarios de los latinos—Gregorio Sinaita, que dio a conocer un método de oración llamado esicasmo, Gregorio Palamas, Nilo y Nicolás Cabasilas, Panareto—) y los antipalamitas (Barlaam, Demetrio Cidonio, etc.).

Se hacen Panoplias, una especie de Summas en las que la teología se presenta con una cierta unidad orgánica. En el tercero, a partir de la caída de Constantinopla, se distinguen especialmente los rusos. Se funda el patriarcado de Moscú y la escuela de Kiev (1589). Los rutenos se unen a Roma (1596). Con este motivo se inicia una polémica y, como consecuencia, se escriben obras teológicas. La doctrina de Santo Tomás goza de gran autoridad en este momento. La ortodoxia tiene que reaccionar frente al influjo protestante.

El patriarca de Constantinopla, Jeremías II señala los errores protestantes (1575) y corta el diálogo con ellos. Al carácter calvinista de la Confesión de Lucaris se oponen las Confesiones de fe de Pedro Moghila (Fallecido 1646) y Dositeo (Fallecido 1707), patriarcas de Kiev y Jerusalén. Por obra de Prokopovic (1681-1736) el luteranismo influye en Rusia.

Se producen reacciones con el deseo de volver a la teología tradicional: el conde Protasov (1836) logra el retorno a las Confesiones de Moghila y Dositeo y la teología rusa experimenta un notable empuje en todos los campos. Los últimos años están marcados por la necesidad de adaptarse a las nuevas circunstancias.

Fuente Consultada: FACTA Enciclopedia Sistematica –  Tomo 4 -Cultura – Ediciones RIALP S.A.

 

Origen del Calvinismo Historia y Características Resumen

Origen del Calvinismo
Resumen de la Reforma de Calvino

► ¿Que es el Calvinismo?

Se llama Calvinismo a la  teología cristiana del reformador de la Iglesia Juan Calvino, quien publicó un trabajo llamado Institución de la religión cristiana, (1536-1559) que tuvo mayor influencia en el desarrollo de las iglesias protestantes de la tradición reformada.

La doctrina calvinista se basa en la tradición teológica paulina y agustiniana. Dentro de sus dogmas más importantes se incluye la creencia en la soberanía absoluta de Dios y la doctrina de la justificación sólo por medio de la fe.

Las posiciones de Calvino con respecto a la organización y la liturgia de la Iglesia eran más rupturistas y radicales que las de Lutero.

Calvino no sólo rechazaba el obispado, sino también la decoración de las iglesias, las ceremonias y la música en los servicios.

Así surgió el presbiterianismo, que impuso a los oficios un estilo austero, sencillo, circunspecto y profundamente espiritual.

El movimiento tiene unos veinticuatro millones de adeptos en todo el mundo, la mayoría de los cuales se encuentra en Escocia, Holanda, Suiza y Estados Unidos.

► Calvino, Un Gran Intelectual

Resultado de imagen para historiaybiografias.com calvinoCuando el Día de todos los Santos del año 1533, Nicolás Cop, rector de la Universidad de París, pronunció én la iglesia de los Maturinos un sermón lleno de máximas contrarias al dogma católico, nadie podía sospechar aún que semejante discurso era en realidad la obra de un simple estudiante, Juan Cauvin, llamado Calvino (Calvinus).

Éste acababa de abandonar sus estudios de derecho para emprender los de teología y, procedente de Bourges, había llegado recientemente a París.

Las ideas de este joven teólogo, nacido en Noyón (Picardía) en 1509, de un padre bodeguero según algunos, notario apostólico según otros, estaban impregnadas de las de Martín Lutero, difundidas en ese entonces por toda Europa.

Al cabo de varios años de lucha, Calvino, por temor a la persecución, se refugió en Ginebra donde su doctrina, fundada sobre una moral severa, conquistó rápidamente numerosos adeptos, a pesar de ser, por otra parte, combatida con violencia.

Mas, al partir de Francia, Calvino había dejado tras de sí gran número de discípulos más o menos declarados, cuya acción, reforzada por el centro ginebrino, habría de afianzarse merced al desorden en que se encontraba el país a la muerte de Francisco I.

Biografia de Juan Calvino y su Reforma Religiosa Resumen

► Antecedentes Históricos

Enrique II, sucesor de éste, encontró el reino dividido en dos facciones, que de las querellas religiosas habían desembocado en las querellas políticas: los católicos estaban alineados detrás del rey y la poderosa facción de los Guisa, los calvinistas detrás de los Borbones y los Conde.

Los protestantes de Francia, que habían adoptado el nombre de hugonotes, palabra proveniente del alemán eidgenossen (compañeros ligados por un juramento), tenían por aliado a un gran número de poderosos feudales.

Como los católicos habían solicitado el sostén de España, donde se desarrollaba la implacable reacción religiosa de Felipe II y de la Inquisición, los hugonotes se encontraban lógicamente atraídos hacia la órbita de la alianza inglesa.

Enrique II, durante su corto reinado, estuvo demasiado absorbido por las guerras que iniciara su antecesor, y no pudo consagrarse por entero al problema religioso; fue, no obstante, un intransigente defensor del culto francés único y, por el Edicto de Ecuén, publicado en 1559, ordenaba castigar con la muerte a todos los calvinistas.

Aunque perturbado por las dos graves derrotas de San Quintín y de Gravelinas, el reinado de Enrique II no fue nefasto para Francia; durante su transcurso los ingleses fueron definitivamente rechazados del continente; llegó también a su fin la querella dinástica que se prolongara por espacio de varios siglos y fue el mismo Enrique II quien puso término al conflicto entre Francia y España.

A su muerte, ocurrida a consecuencia de una herida que recibiera en el transcurso de un torneo, la separación entre los católicos y los hugonotes era más marcada que nunca.

El protestantismo contaba en Francia con 3 millones de adeptos.

En el momento en que Francisco II, el hijo mayor de Enrique II, ascendió al trono, la situación se agravó repentinamente.

El rey era un adolescente de 16 años, sometido por completo a la voluntad de su madre, Catalina de Médicis, y a la facción de los Guisa, cuya influencia, por otra parte, se hacía cada vez más peligrosa.

Francisco de Guisa, quien tuvo a su cargo la conducción de la guerra, era tío de María Estuardo, reina de Escocia, con quien Francisco II había casado en 1558.

Su hermano, el Cardenal de Lorena, administraba la justicia y dirigía las finanzas. El despotismo de los Guisa impulsó a los hugonotes a organizar la conjuración que, descubierta, costó la vida a 12.000 de ellos.

A la muerte de Francisco II subió al trono su hermano Carlos IX, de sólo 10 años de edad. La regente, Catalina de Médicis, deseosa de reconciliar los dos partidos, convocó una asamblea de teólogos católicos y protestantes; ambos rechazaron el acuerdo.

La regente suprimió los edictos lanzados contra los herejes, pero sus subditos, los católicos, la desaprobaron.

El 1° de marzo de 1562, una sangrienta querella que enfrentó en Vassy a los partidarios del duque de Guisa y una treintena de protestantes, bastó para desencadenar la guerra civil.

La masacre de Vassy tuvo lugar en una granja, donde se habían reunido los protestantes, en esa pequeña ciudad del Mame; se reconoce aún el sitio en que se desarrollara esta siniestra tragedia.

Una de las innovaciones de Calvino fue el reconocimiento de una nueva figura, la del anciano, un seglar que participaba en los procesos democráticos de toma de decisiones de la Iglesia y como guía espiritual: era, pues, un sacerdote/ministro (originariamente sólo los varones podían cumplir este papel) sin haber sido ordenado. De hecho, el origen de la palabra «presbiteriano» procede del término griego presbíteros, que significaba «anciano». Según Calvino, y de acuerdo con los Hechos de los Apóstoles, en la Iglesia antigua existían ancianos seglares que eran considerados iguales a los obispos: «Nombraron también ancianos en cada iglesia y, haciendo oración y ayuno, los encomendaron al Señor, en quien habían depositado su fe».

► Características del Calvinismo

1.- El Calvinismo puede definirse como un sistema teológico cristiano protestante.

2.- No considera  al sacerdocio como un sacramento.

3.- Dentro de sus principios está el de declarar una creencia absoluta en Dios y su soberanía.

4.- Igualmente, a diferencia de la religión católica, para el Calvinismo, la salvación no es el resultado de la acumulación de obras buenas por parte del hombre, sino que se consigue simplemente por la fe en la gracia divida de Dios.

5.- Predestinación: el hombre nace destinado por Dios a la salvación o a la condenación.

6.- Toda actividad humana es bien vista por Dios (ej. Préstamos a interés), favoreciendo el desarrollo del capitalismo

7.-Los sacramentos y las indulgencias no tienen ningún valor.

8.-La presencia de Cristo en la Eucaristía no es ni siquiera simbólica.

9.-La salvación depende exclusivamente de la fe.

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 La obra mayor de Calvino jugó un papel decisivo en la difusión de las ideas del protestantismo.

► La Institución de la religión cristiana:

«Entregar una llave y apertura para dar acceso a todos los hijos de Dios a oír estrechamente la Escritura santa», tal era el deseo de Calvino cuando redactó, en latín, su Institución de la religión cristiana.

La obra, constantemente modificada y aumentada, cuya traducción francesa se publicó por primera vez en 1541, ofrece una vigorosa síntesis de posiciones avanzadas siguiendo el hilo de las controversias planteadas por Lutero, Zuinglio y otros teólogos que precedieron a Calvino en el establecimiento de una Iglesia reformada. La edición definitiva apareció en 1560.

En un estilo preciso, y en rigor totalmente didáctica, el autor encontró el tono justo para persuadir acerca de la legitimidad de sus tesis.

El lenguaje de Calvino, que privilegió la claridad de la exposición con el fin de que las ideas estuvieran al servicio de la mayoría, hizo de la Institución una de las primeras y mayores obras del pensamiento religioso del protestantismo.

Durante unos treinta años, hasta su muerte en 1564, Juan Calvino se convirtió en el jefe de una Iglesia que, desde Ginebra, se difundió por toda Europa y se volvió enemiga de Roma, «la fatua de Nínive».

La doctrina de Calvino, si bien dio pie a querellas que se convertirían en guerras religiosas, contribuyó también a forjar una nueva y desacralizada visión del mundo. Dios estaba tan alto y era tan poderoso y perfecto, que se manifestaba mucho más por la Palabra.

Los milagros, los eclipses, las tempestades, los terremotos y otros monstruos y prodigios no eran el lenguaje de Dios.

Por ello, Calvino no dejaría de fustigar a todos quienes, como los astrólogos, estuvieran sumidos en esa visión mágica y encantada del mundo, y buscaran presuntuosamente interpretar los signos y su sentido.

► PARA SABER MAS…

Melanchthon, Zuinglio y Calvino. — Los tres principales promotores de la Reforma fueron Melanchthon, Zuinglio y Calvino.

El primero, llamado realmente Felipe Schwarzerd, fue amigo y colaborador de Lutero, siendo el principal autor de la llamada Confesión de Augsburgo; asistió también a las conferencias de Ratisbona y redactó el acta conocida por el Interím de Augsburgo.

Ulrico Zuinglio, junto con Juan Hüssgen (Ecolampadio), implantaron el protestantismo en Suiza, dando origen a una guerra civil entre los cantones que aceptaron la nueva religión y los que permanecieron fieles al catolicismo, en la que pereció Zuinglio.

Le sucedió el francés Juan Calvino, hombre de sabiduría y agudeza de entendimiento, pero rígidamente fanático, que había abjurado públicamente del catolicismo en 1538, pasando a Ginebra, desde donde dirigió la instauración y desarrollo del protestantismo hasta su muerte, ocurrida en 1564.

Calvino profesaba en la nueva confesión puntos de vista particulares que variaban de los sostenidos por los luteranos; sus partidarios se denominaron a sí mismos  calvinistas.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo II – El Calvinismo – Editorial CODEX

Leyenda de Sanson y Dalila:Resumen Para Niños

Leyenda de Sansón y Dalila
Resumen Para Niños

Sansón fue un héroe hebreo del Antiguo Testamento y que durante 20 años fue juez de las tribus de Israel, antes de la instauración de la monarquía  La Biblia narra que su padre llamado Manóaj, tenía por esposa una mujer estéril, pero se le apareció un ángel y le prometió un hijo, con la condición  que debía ser  una persona consagrada al servicio de Dios.

No debía cortarse el pelo y, debido a la fuerza sobrenatural que obtuvo gracias a su cabellera, Sansón realizó grandes hazañas, entre las que se cuentan el despedazamiento de un león y la matanza de 1.000 filisteos con la quijada de un asno.

►DESCRIPCION DE LA LEYENDA DE SANSÓN Y DALILA:

Durante cuarenta años, los filisteos dominaron en Israel, pero Dios, para ayudar a su pueblo oprimido, hizo nacer entre los hebreos a Sansón.

No hizo de él un gran capitán de ejército, sino que lo dotó de una fuerza maravillosa, sobrehumana, puesto que su misión era la de liberar a los hebreos de la servidumbre al enemigo.

Un ángel anunció a la madre el nacimiento de un hijo; ella se alegró muchísimo y sacrificó un cabrito al Señor.

Cuando el niño nació, el padre y la madre lo consagraron a Dios delante del Arca del Señor y, como testimonio de esa consagración, hicieron un voto a Dios en nombre de Sansón, por el cual éste —según la ley de los nazarenos que habían prometido a Dios no cortarse el cabello y apartarse de las bebidas embriagantes— mantendría la cabellera sin tocar para indicar su desapego a las cosas terrenas y su absoluta dedicación al Señor.

Su fuerza era el orgullo de los hebreos y dominaba a los enemigos de Israel, que la temían.

Un día, habiendo bajado a las viñas de Timnah, le salió al encuentro un león, fiera que hubiera espantado a un hombre armado, pero Sansón lo enfrentó sin ningún temor, y con la sola ayuda de sus manos lo mató como si fuese un cabrito.

Después de algunos días volvió al mismo lugar para ver qué había sido del león, y descubrió entre sus restos un enjambre de abejas y un panal.

Sansón lo tomó y lo comió, y, durante un banquete ofrecido por su padre, Sansón propuso el siguiente enigma: «De aquél que devoraba salió el alimento, del fuerte salió la dulzura.»

Después, la esposa filistea de Sansón, conociendo la respuesta, la comunicó a su gente.

Leyenda de Sanson y Dalila:Resumen Para Niños

Nadie, ya sea directamente o con engaños, lograba vencer Ja fuerza de Sansón; entonces los filisteos pagaron a una mu jer, Dalila, para que cautivara al juez de los israelitas y le arrancara el secreto de su fuerza.

Ella lo ató con siete cuerdas retorcidas que él destrozó sin ningún trabajo.

Sansón se enfureció por esto, y, en la época de la cosecha, apresó trescientos zorros uniéndolos en parejas y atando antorchas entre sus colas.

El dolor enloqueció a los animales que echaron a correr por los campos enemigos quemando todos los cultivos.

Como represalia, los filisteos prendieron fuego a la casa de Sansón y acamparon en la tierra de Judá, pidiendo que se les enviara a aquél que había, arrumado sus sembrados.

Los hombres de aquella tierra, temiendo la ira de los filisteos y con el fin de salvar sus vidas y sus bienes, decidieron entregar a Sansón, al cual capturaron mediante una estratagema.

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Un día, los intentos de Dalila se vieron coronados por el éxito, porque finalmente Sansón le confió que para conservar su fuerza no debería hacerse cortar los cabellos jamás. Entonces la mujer le hizo cortar la cabellera mientras él dormía.

Luego lo ataron fuertemente con dos gruesas sogas pensando que ya lo tenían en su poder y lo condujeron al campo enemigo.

Los filisteos se alegraron muchísimo ele tener en sus manos a Sansón, pero éste se hallaba poseído por el espíritu del Señor y las sogas fueron destrozadas por la fuerza de sus brazos como un lienzo que arde al ruego.

Entonces se arrojó sobre los enemigos de su tribu y en seguida dominó la lucha; solo contra todos los filisteos, armado con una mandíbula de asno, mató más de mil hombres.

Debido al calor del sol y al ardor de la lucha, sintió gran sed. Entonces, una piedra hueca se abrió y de ella brotó un abundante y vigoroso manantial de agua.

Leyenda de Sanson y Dalila:Resumen Para Niños

Después Dalila llamó a los filisteos,  que se apoderaron de Sanson sin que éste pudiera oponer resistencia, porque Dios abía quitado su protección cuando él rompió el voto de no dejarse cortar los cabellos.

Desde aquel momento Sansón fue reconocido como juez de Israel y gobernó a su pueblo durante veinte años.

Su fuerza era inmensa; un día, dirigiéndose a la ciudad filistea de Gaza para pasar allí la noche, se enteró de que sus enemigos le habían preparado una emboscada apostando algunos soldados en el exterior de las murallas, con el fin de matarlo a la mañana, cuando saliese.

Sansón intentó huir, pero la puerta de la ciudad estaba cerrada.

Entonces, arrancándola de su marco, la usó a manera de escudo y se instaló sobre el monte que defendía la ciudad.

Los filisteos, asombrados por su fuerza, no osaron capturarlo.

Pero él, que era el terror de los ejércitos y no temblaba en ninguna batalla, cedió ante la adulación.

Los filisteos pagaron a una mujer llamada Dalila y la enviaron a la tienda de Sansón, para que descubriera el secreto de su fuerza misteriosa.

Y un día Sansón confió a Dalila que el secreto de esa fuerza estaba en sus cabellos; entonces la mano de Dios se apartó de su cabeza.

Cuando, con la complicidad de Dalila, le cortaron los cabellos durante el sueño, su fuerza, que provenía de Dios, ya se había alejado de él.

Sansón cayó así en manos de sus enemigos. Ciego y escarnecido, fue puesto a mover la rueda de un molino.

Los filisteos, llenos de alegría, hicieron sacrificios en honor de Dagón, su dios, y llevaron a Sansón al templo, que estaba lleno de gente, para burlarse de él.

El prisionero fue colocado cerca de las columnas sostenían la bóveda del templo.

Sansón, entonces, rogó a  Dios  para  que  le  restituyese  por  última  vez fuerza.

Leyenda de Sanson y Dalila:Resumen Para Niños

Sansón  fue cegado,  según  se acostumbraba  con  los  vencidos y por suprema decisión se le obligó a mover la rueda de un molino.

Se apoyó en las columnas y las sacudió con sus zos hasta que se destrozaron.

El templo cedió y se derribó con gran estrépito, junto con Sansón, dentro del templo, habían quedado tres mil filisteos,  mas de cuantos enemigos del pueblo de Israel él había matado en toda su vida.

Leyenda de Sanson y Dalila:Resumen Para Niños

Después de haber aprisionado a Sansón, los filisteos organizaron una gran fiesta de gracias y condujeron al templo también al prisionero. Apoyado en las dos columnas que se apoyaban  la  bóveda  del templo,   Sansón  rogó  a  Dios  a devolviera su antigua fuerza.

Su deseo fue atendido y sa cudió las columnas hasta  que el templo se derrumbó, muriendo Sansón y tres mil filisteos.

Los hermanos de Sansón recompusieron su cuerpo y lo sepultaron junto al de su padre, el justo Manoaj.

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Fuente Consulatada: LO SE TODO Tomo I Editorial CODEX – Leyenda de Sansón y Dalila

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Los Intercambios Culturales Entre Civilizaciones, Historia

Historia de los Intercambios Culturales

Desde la Antigüedad más lejana, las civilizaciones han influido unas en otras.

La cultura occidental, tal como ha llegado hasta nosotros por intermedio de los griegos y los romanos, ha tomado prestados muchos conceptos al viejo Oriente.

En la Edad Media la influencia de los árabes en Europa fue muy grande. Después del Renacimiento, la corriente de intercambios entre Europa y el resto del mundo fue muy intensa.

Las civilizaciones han influido en todo tiempo unas sobre otras; pero esta interpenetración ha sido especialmente notable entre Europa y Asia.

En las antiguas fortalezas griegas de Micenas y Tirinto hay elementos decorativos orientales.

Los puertos griegos del mar Negro y del Mediterráneo oriental sufrieron la influencia innegable de Persia.

El arte, la mitología y la filosofía griegos tomaron prestados de Oriente muchos conceptos.

Las concepciones anatómicas de los sofistas, al igual que las de Platón, vienen probablemente de Asia.

Lo mismo sucede con gran parte de los conocimientos astronómicos de los helenos.

De hecho, la ciencia de los griegos se edificó sobre la base formada por ideas procedentes de la India, Mesopotamia o Egipto.

En efecto, en todos los dominios del saber, las ideas persas, egipcias e indias contribuyeron a la elaboración de la civilización griega, que más tarde influiría sobre Roma y se extendería por toda Europa.

La civilización griega irradió igualmente su influencia hacia Asia; en Gandhara, en la India, surgió un arte greco-budista.

Sabios griegos enseñaban en la India, e indios y chinos acudían a sus cursos; estos sabios tradujeron al griego libros budistas.

El imperio romano mantuvo también relaciones culturales constantes con Extremo Oriente, particularmente con la India y China.

Hay quien dice que el Mahabharata, la gran epopeya de la India antigua, fue la fuente de inspiración de la Eneida, obra del poeta latino Virgilio.

Los mongoles influyeron poderosamente en Bizancio y Rusia.

La cultura árabe influyó en la Europa del siglo VIII al XII, especialmente en España, donde aún subsisten numerosos monumentos árabes como la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada y la Giralda de Sevilla.

Historia de la Alhambra

Historia de la Alhambra de Granada: Ubicacion y Caracteristicas ...

La obra de algunos sabios árabes como Averroes y Avicena gozaron de gran favor en toda Europa.

En España, las costumbres árabes influyeron asimismo en la vida de la corte.

Algunos reyes españoles quisieron incluso que a sus hijos los instruyeran sabios musulmanes.

Se crearon escuelas de traductores, la más importante de las cuales fue la de Toledo, fundada en 1130.

Allí tradujeron al latín los escritos de los sabios árabes y los pusieron al alcance de Europa occidental.

Los reyes normandos de Sicilia adoptaron el derecho civil musulmán.

La poesía siciliana, precursora de la italiana, se desarrolló gracias a los trovadores de la corte de Palermo, que imitaban a los ministriles musulmanes.

Muchos estudiantes italianos, franceses y españoles, después de seguir los cursos de las escuelas árabes, enseñaron en las primeras universidades occidentales, calcadas del modelo árabe.

Se ha dicho, y con justicia, que los árabes fueron los educadores de la Europa medieval.

Después de la toma de Constantinopla por los turcos, nació en Europa una nueva forma de la cultura: el Renacimiento, caracterizado por el retorno a las culturas griega y romana.

Por otra parte, los grandes descubrimientos geográficos trastornaron la vida económica, y el individualismo reemplazó al ideal comunitario de la Edad Media.

La idea del lucro fue a menudo el móvil que incitó a las naciones de Europa a fundar colonias.

Si a causa de ello las antiguas civilizaciones de los aztecas y de los incas fueron destruídas en gran parte, en contraposición debemos citar como ejemplo la obra admirable de los misioneros en la India, China y América.

Sus incansables esfuerzos contribuyeron a la mejora de las condiciones de vida de la población indígena.

En el dominio de las ciencias y de las artes se produjo una compenetración recíproca: los miniaturistas y retratistas de la India y América se vieron influidos por las biblias ilustradas que llegaban de Europa y por los retratos realistas.

En compensación, en iglesias de España y Portugal encontramos elementos típicos de la India.

De este período datan las traducciones de obras filosóficas de autores indios y orientales.

En las obras de Leibniz, de Montesquieu y de Voltaire gravitan influencias chinas y persas.

Historia del Calculo Diferencial Matematico Biografia de LEIBNIZ

En la época en que el visir turco Ibrahim introducía en la corte de su padre político, el sultán, la atmósfera del  Versalles del siglo XVIII, se ponían de moda en Francia y otros países los cuadros de escenas turcas.

La literatura, la pintura y la música sufrieron también la influencia de Asia.

En esta época las lacas de Japón y la porcelana de China gozaban de gran favor en Occidente.

Moliere con su Burgués gentilhombre, Mozart con su ópera El rapto del serrallo y Beethoven con su Marcha turca, sancionaron esta extremada afición.

Biografia de Beethoven Compositor-Cronología-Obra Musical

El importante movimiento cultural del siglo XVIII estuvo igualmente influido por Asia.

Los antiguos moralistas chinos, especialmente Confucio, fueron citados por los deístas en muchas ocasiones.

Los filósofos ilustrados evocaban frecuentemente la sublime moral tradicional de China, que se había propagado sin intervención de la revelación.

Goethe y Hegel sintieron profundamente el influjo de Oriente.

Pintores como Watteau, Ingres y Delacroix; escritores como Mallarmé, Flaubert, Baudelaire y Loti, y músicos como Debussy y Francis Poulenc, estaban fuertemente penetrados de orientalismo.

El filósofo alemán Nietzsche tituló su principal obra: Así hablaba Zaratustra.

En ella desarrolla su teoría del superhombre y la pone —sin motivo alguno aparente— bajo la égida de Zaratustra o Zoroastro, reformador de la antigua religión irania que vivió en el siglo VII antes de Jesucristo.

Biografia de FRIEDRICH NIETZSCHE Idealismo y Superhombre

Más cerca de nuestros días, Claudel, Pearl S. Buck, Malraux y tantos otros se dejan hechizar por Oriente, y en todo Occidente se conoce y aprecia al pensador indio Rabindranath Tagore.

Desde hace unos decenios, el Nuevo Mundo ejerce considerable influencia sobre el Viejo Mundo, especialmente en el terreno de la publicidad, del cine y de la música moderna.

La vida diaria se ha americanizado  también  notablemente, y de ello pueden dar testimonio los tocadiscos que funcionan echando una moneda, los pantalones téjanos, las barbacoas, los supermercados, los alimentos congelados, los libros digitales y las técnicas de investigación de mercados y de relaciones públicas, conocido como marketing.

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Historia de los Germanos o Bárbaros:Vida y Costumbres

Historia de los Germanos
Pueblos «Bárbaros» de Europa

Los germanos, que representaron un papel tan importante en la historia de Europa, proceden de Escandina-via y del norte de Alemania.

Eran feroces guerreros que pusieron en un brete al imperio romano, cuya caída acabaron por provocar, aunque también mantuvieron con ellos relaciones pacíficas.

Su vida familiar era de tipo patriarcal, pero la mujer ocupaba en ella un lugar importante. Adoraban a las fuerzas de la  naturaleza.

• ► Primeros Contactos

Cuando, en el año 55 antes de Jesucristo, los romanos invadieron la Galia al mando de Julio César, entraron en contacto con los germanos a lo largo del Rin.

Éstos no les eran totalmente desconocidos, pues se habían visto frente a frente cuando los cimerios y los teutones, dos de las tribus germánicas, marcharon sobre Roma (113 a 101 a. de J. C).

A partir de este momento, los germanos representaron un papel importante en la historia del imperio romano. Fueron para los romanos una constante amenaza, y acabaron provocando la caída de Roma.

¿Quiénes eran esos temibles germanos?

Venían de Escandinavia y del norte de Alemania, y empezaron a extenderse hacia el año 1700 antes de Jesucristo.

A principios de la era siguiente, hacia el 750 antes de Jesucristo (edad de hierro), ocupaban un territorio que se extendía del Weser al Vístula.

Allí experimentaron la influencia de otros pueblos más civilizados, entre los que figuraban los celtas, representantes de la cultura de Hallstatt, de quienes adoptaron, entre otras cosas, la forma de sus espadas de hierro y la costumbre de edificar templos a sus dioses.

Germanos atacando

Germanos atacan a soldados romanos

Al principio, los germanos se hallaban divididos en gran número de pequeños grupos.

El historiador Tácito, que en el año 98 dedicó a ese pueblo una de sus obras, los clasificó en tres grandes familias: la de los ingevones, que habitaba la parte nororiental de la Germania; la de los hermiones, que residía en el centro, y la de los istevones, que se extendía a lo largo del Rin.

Resulta difícil en la actualidad verificar la exactitud de la división propuesta por Tácito.

Entre las tribus de la época mejor conocidas figuran los frisones y los bátavos, que ocupaban la  desembocadura  del  Rin;  los tencteros, entre el Ruhr y el Lahn; los queruscos, en los alrededores de Minden, y los lombardos y los suabos, a lo largo del Elba.

Según Tácito, los germanos eran de elevada talla y robusta constitución, pelirrojos y con ojos azules de mirada feroz.

Los pueblos primitivos germanos adoraban a las fuerzas de la naturaleza.

Después de cierto tiempo, los grupos crecieron y algunas de las tribus se fusionaron.

Así nacieron los sajones, los francos, los alamanes y los godos, que desempeñaron un importante papel en la historia de la antigua Europa.

Atraídos por los seductores relatos sobre las realizaciones de los romanos y por la fertilidad del suelo en ciertas comarcas del imperio, arrollaron la línea fronteriza Rin-Danubio, que los romanos establecieran para contenerlos.

Hacía ya mucho que los germanos habían dejado de ser verdaderos nómadas vestidos con pieles de animales; cuando los romanos se pusieron en contacto con ellos, vieron que aquellos a los que habían considerado siempre como «bárbaros» sabían cultivar la tierra, criaban ganado y llevaban vestidos cuya confección requería cierta habilidad.

En las regiones originalmente habitadas por los germanos se encontraron algunos aperos de labranza e incluso varios arados anteriores a sus primeros contactos con los romanos.

Entre las plantas que cultivaban podemos citar la avena.

Pero su ocupación principal era la guerra.

Habitaban una región poco fértil que pronto hubieron de defender contra los invasores.

Un jefe, que siempre estaba en primera línea, les guiaba en la batalla.

Se dirigían al combate llevando su espada y su escudo, pero raramente ceñían casco y coraza.

Eran magníficos luchadores, y los romanos acabaron por apreciar en su justo valor la fogosidad con que luchaban.

De los grupos germanos fusionados nacioern los sajones, los francos, los alamanes y los godos,

Llegaron incluso a incorporar a sus propias legiones soldados germanos, ofreciéndoles la posibilidad de escalar los puestos más altos de la jerarquía militar.

Había príncipes germanos que iban a Roma a instruirse en el arte de la guerra, experiencia que no siempre tuvo un final feliz para sus maestros, los romanos.

Recordemos, a propósito de ello, a Arminio, príncipe querusco que fue el primer resistente en la historia de los germanos y tomó el mando de un grupo de guerreros exasperados por la despiadada gestión de Quintilio Varo, cónsul de las legiones romanas en Germania durante el reinado de Augusto.

El propio Varo y gran número de soldados romanos perecieron en el desastre del bosque de Teutoburgo (año 9 d. de J. C). De no haber caído víctima de una conjuración en el año 21, Arminio habría puesto los cimientos de un poderoso reino germánico.

La vida familiar de los germanos era esencialmente patriarcal.

Como padre y esposo, el hombre ejercía gran autoridad sobre la mujer, aunque no tenía derecho de propiedad sobre la dote que ésta aportaba, sino sólo de usufructo.

De acuerdo con las leyes en vigor, esa dote debía componerse únicamente de bienes muebles.

A pesar de ese sistema de vida, la mujer ocupaba entre los germanos un lugar importante.

En casa era la que regentaba la familia, ocupándose de la educación de los niños y de que no faltara la comida. Velaba también por la salud de los suyos, pues entre los germanos la medicina era tarea propia de mujeres.

Sus alojamientos estaban hechos de madera y arcilla con techo de chamiza; no conocieron las casas de piedra hasta que entraron en contacto con los romanos.

Tácito cuenta que no conocían el mortero ni las tejas, y que incluso llegaban a excavar en la tierra sus moradas, recubriéndolas de estiércol; las ocupaban en invierno, pues se sentían mejor protegidos contra el frío.

De ellos provienen los idiomas llamados germánicos: el inglés, el alemán, el holandés, el dialecto que hablaban los bóers de Sudáfrica, el sueco, el noruego, el danés y el islandés.

El gótico, lengua desaparecida, era también de origen germánico, y en él escribieron sus textos más antiguos, entre los que debemos mencionar una traducción de la Biblia que data del siglo IV y que empezó allá por los alrededores del año 370 el obispo visigodo Wulfila.

Este era uno de los representantes más eminentes del arrianismo, herejía muy extendida entre los germanos.

Wulfila, inspirándose en las runas germánicas tanto como en los caracteres griegos y romanos, compuso un alfabeto gótico.

En esta época existían ya diversas lenguas germánicas, pero la producción literaria no empieza hasta la Edad Media.

En lo que concierne a las artes menores, los germanos conocieron una época de prosperidad durante la edad de bronce.

Se han encontrado numerosas armas y joyas pertenecientes a esta época.

Al principio, como todos los pueblos primitivos, los germanos adoraban a las fuerzas de la naturaleza.

Fuente Consultada:

Historia Universal – María de la Luz Vázquez Segura – Gomez Sañudo – Lugo Vázquez – Editorial: High School

Civilizaciones de Occidente Tomo A y B de Jackson Spielvogel – Editorial: Thompson

Arquitectura Árabe o Islamica:Arco Herradura, Arabescos, Alminares

Caracteristicas de la Arquitectura Árabe o Islámica:
Arco Herradura, Arabescos, Alminares

El arte musulmán nació del contacto con otras culturas.

Sin embargo, la religión restringió la exteriorización de la forma artística en la construcción de mezquitas y palacios.

En cambio, fue mayor la riqueza de la decoración y de los motivos ornamentales.

La cerámica, el estuco, los frisos y los arabescos abundan en las paredes y en los arcos de herradura con motivos en madera, cobre o bronce.

En el momento en que los árabes, espoleados por su reciente fe en Mahoma, se lanzaron a la conquista del mundo, sólo eran nómadas sin el menor pasado cultural.

Todo lo referente al arte les era extraño y el primer contacto lo tuvieron en los países conquistados, de tradiciones artísticas y culturales bien establecidas; a saber, Siria, Egipto y Mesopotamia.

Los musulmanes tuvieron el enorme mérito de no ignorar este capital y mucho menos de destruirlo.

Por el contrario, lo aceptaron y adaptaron a sus necesidades personales y estéticas.

Esta mezcla, esta fusión de valores artísticos extranjeros y conceptos propios, es una de las más importantes características del arte musulmán cuyo florecimiento duró tres siglos.

La influencia de la religión en la estética es una segunda característica de este arte.

Por tal motivo, dado que el Islam veía con malos ojos la representación de seres vivos, la escultura y la pintura no existen prácticamente, pero como los califas y altos dignatarios eran protectores naturales de las artes, sus palacios y casas estuvieron ricamente decorados.

Esto explica que en todos los países musulmanes se encuentren, a pesar de todo, frescos murales y frisos con numerosos personajes.

Sin embargo, todo esto repercute en el arte decorativo.

Pero fue un arte decorativo que no conquistó las mezquitas, en las que, no obstante, la creación artística se manifestaba con mayor fuerza.

Puede decirse, pues, que la escultura, así como la pintura, tuvieron sólo un papel secundario en todas las manifestaciones y creaciones artísticas del Islam.

Por el contrario, los motivos decorativos son mucho más importantes y ricos, hasta el punto que constituyen la característica esencial de la arquitectura.

Con frecuencia las formas estructurales se ven sofocadas por exuberantes motivos decorativos, tanto en el interior como en el exterior de las construcciones.

Asimismo, el artista usa como temas, puertas, hornacinas y arcos. Así, los arcos de herradura se han extendido a través de todo el Islam.

arcos herradura de la arquitectura arabe

Santa María la Blanca, en Toledo, que fue primero una sinagoga y después una iglesia católica, es un testimonio de la influencia e importancia del   estilo   árabe   en   España

El carácter ornamental llevado al máximo en la arquitectura musulmana impidió que fuera monumental.

Este abuso de técnicas decorativas se debe al hecho de que los artistas musulmanes copiaron de otros pueblos los medios de exprésión artística.

Los asirios y los persas les transmitieron el arte de la loza y la cerámica, pero hay que reconocer el valor de sus trabajos en yeso, que les permitía dar a una pared desnuda la finura riqueza de un tapiz.

El estuco, mezcla de cal muerta, polvo de mármol y agua, les permitió realizar magníficos frisos que rodeaban arcos o dividían las paredes en varios paneles.

El arabesco es una de estas magníficas decoraciones murales. Se compone de figuras geométricas y líneas íntimamente mezcladas (ajaracas y almocárabes, atauriques), hojas estilizadas o motivos de escritura en árabe arcaico, particularmente destinado a este efecto.

En Córdoba, Granada y Sevilla, donde abundan las obras maestras de la arquitectura musulmana, encontramos otra forma de decoración de complicada poligonía, en «estalactita», es decir, que cae del techo.

Asimismo se hizo empleo intensivo de mosaicos esmaltados.

Las mezquitas de España y Sicilia están adornadas con notables cinceladuras en madera y marfil.

En otros países musulmanes predominó, sobre todo, la cerámica, tanto para el revestimiento del suelo como para la decoración de objetos de uso.

El trabajo del cobre y el bronce, así como la perfección alcanzada en el arte del vidrio, completan la muy variada gama del arte ornamental musulmán.

Esta profusión y riqueza de motivos decorativos, ¿pueden considerarse una compensación o reacción contra la sobriedad del moblaje y la ausencia de cualquier otra ornamentación en las mezquitas?.

Cualquiera que sea el tipo al que pertenezca la mezquita, el único mobiliario está constituido por el mimbar, pulpito desde el cual el játib pronuncia la plática del viernes.

Este pulpito está situado en una especie de hornacina llamada mihrab, practicada en medio de la pared posterior de la mezquita y que señala la dirección de La Meca.

La entrada al santuario está delimitada por un pequeño patio rectangular en medio del cual se alza la fuente que sirve para las abluciones rituales.

Por el contrario, no hay bancos, sillas ni cuadros. Cada mezquita está coronada por un alminar.

Los entendidos pueden reconocer el estilo arquitectónico de la mezquita observando su alminar…

Desde esas torres, siempre distintas, pero siempre esbeltas, donde mayormente se evidencia la diversidad y evolución del estilo árabe, e incluso sus influencias, el almuédano convocaba o convoca a los fieles a la oración.

alminar en la arquitectura árabe

Alminar árabe:El Corán es el libro sagrado de los musulmanes. Contiene los preceptos y dogmas que muchos musulmanes saben de memoria.

«Los cinco pilares del islam» tiene especial importancia; junto con la fe en Alá, la oración, la caridad, el ayuno y la peregrinación a La Meca, forma el centro de las preocupaciones espirituales de los discípulos de Mahoma

Fuente Consultada:Enciclopedia Juvenil – Tomo I Credsa AZETA – Historia del Arte Árabe

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Biografia de Francisco Javier :Santo Jesuita Misionero Español

Biografia de Francisco Javier :Santo Jesuita Misionero Español

San Francisco Javier (1506-1552), religioso jesuita y misionero español, llamado el Apóstol de las Indias.

La figura de San Francisco Javier está considerada por los historiadores como una de las más interesantes y sugestivas de todas las épocas.

Es cierto. La vida del santo andariego, desde que inició su gran aventura en plena juventud, resulta apasionante por la extraordinaria fe y el gran espíritu que presidieron todos sus actos.

Nació el 7 de abril de 1506 cerca de Pamplona (Navarra) y estudió en la Universidad de París, donde conoció, en 1529, al asceta español Ignacio de Loyola, al que se unió en 1534 para fundar la Compañía de Jesús.

En 1537, año en que se ordenó sacerdote, se convirtió en primer secretario de la Compañía.

Como miembro de la Compañía de Jesús, empleó las lenguas y las costumbres nativas en su labor evangelizadora.

Predicó en la India a partir de 1542 y, posteriormente, se trasladó a las islas Molucas, Ceilán y Malaca.

Durante su estancia en Japón (1549-51) fundó diversas comunidades.

Murió camino de China. Es el patrono de las misiones. Escribió Epístolas.

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Francisco Javier

«Español auténtico, navarro de recio temple, jesuíta de la primera hornada, hombre esforzado y tenaz, apóstol de Oriente, vagabundo de todos los caminos, trotamundos infatigable, excepcional evangelizados fecundísimo misionero, titán de hazañas inigualables, aventurero de sublimes ideales, caballero andante de heroicas acciones, voluntad indomable, espíritu activo y arriesgado, hombre impetuoso y apasionado, inteligencia profunda, clara y muy viva, defensor acérrimo de los desamparados, alma de una generosidad ilimitada, ejemplar capitán de milicias espirituales, incansable predicador de la verdad en regiones lejanas e inhóspitas, tesonero luchador, sacerdote de corazón alegre, juvenil y humilde, carácter fuerte como la roca, penitente duro y áspero, místico soñador, y amigo de todos los peligros.

Éste fue San Francisco Javier. Un Santo, como dicen muchos, muy a la española.»

Fuente: Celebridades Biblioteca Hispania Ilustrada Editorial Ramón Sopena

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El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

castillo donde nació francisco javier

Vista aérea del castillo de Javier, lugar de nacimiento de san Francisco Javier, situado en el extremo oriental de la Comunidad Foral de Navarra, próximo al límite con Aragón.

El castillo de Javier, uno de los más pequeños y modestos de los muchos que esmaltaban la superficie de la España de entonces, considerado como un diminuto y casi insignificante guardián del paso hacia los Pirineos, superó en mucho la fama de sus otros hermanos mayores.

Escalera interior del castillo

Escalera interior del castillo en donde vivió Francisco Javier

• PASAJES DE SU VIDA Y OBRA:
Francisco Javier comienza sus estudios en la Universidad de París:

En el mes de septiembre de 1525, Francisco de Jassu y de Azpilcueta, llamado Francisco Javier, cruzó la frontera de los Pirineos a lomos de su caballo, camino de la capital francesa.

Con aquella marcha daba su adiós definitivo al castillo de Javier y a todos los suyos, pues nunca más volvió a verles.

La buena doña María de Azpilcueta murió cuatro años después de la marcha del joven Francisco, y con esta muerte, el estudiante se sintió todavía más desligado de los suyos de lo mucho que ya lo estaba.

A pesar de que el viaje desde Navarra a París debió ser interesante, Francisco no dejó escrita ninguna referencia sobre él.

Con ánimo bien dispuesto y ansioso de saber, dejó atrás su patria a la que siempre tuvo muy presente en su corazón, para mirar de frente el nuevo camino que se le abría.

Con aquel adiós a Javier se cierra el capítulo más oscuro, menos conocido, de la vida de Francisco.

Francisco Javier inicia una relación con Ignacio de Loyola:

El día 2 de mayo de 1528 llega a la misma Universidad de París un español de treinta seis años, rubio, cojo que había hecho un largo camino desde la ciudad de Barcelona, ese español era Iñigo de Loyola, nombre que mas tarde cambiaría por Ignacio.

Desde el mismo momento que conoció a Francisco notó las aptitudes de este como ayudante en sus planes religiosos, pero Francisco no tenía oídos para sus proyectos.

Ciertamente, Francisco no gastaba ningún miramiento con su compatriota, pero éste sabía callar y esperar.

Ignacio nunca se enfadaba ni se molestaba, ni siquiera se entristecía por la actitud de Francisco.

Estaba seguro de que algún día el incrédulo acabaría por creer, de que algún día se uniría a su causa, y de que juntos harían grandes cosas.

Por eso no desmayaba ni cejaba en su empeño, e ignorando las burlas y sarcasmos del compañero, proseguía la tarea de atraérselo.

Se dice, aunque no se tiene prueba de ello, que Iñigo disparaba una y otra vez en los oídos de Francisco: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma?.»

Y se dice también que al cabo ésta fue la máxima que presidió la obra de Francisco Javier.

Francisco Javier es Convertido a Jesuita:

Después de cinco largo años de reuniones, debates y cuestionamientos, Loyola logra convencer a Francisco.

Poco después de haber pronunciado el triple voto (castidad, pobreza y peregrinación) , Francisco Javier se dispuso a realizar los «Ejercicios Espirituales».

Se retiró a un lugar de las afueras de París, que sólo Ignacio conocía, y allí permaneció aislado del mundo durante cuarenta días, dedicado a las más severas penitencias y a las más profundas meditaciones.

Aquellos días en su solitario retiro, solo interrumpido por las consoladoras visitas de Ignacio, fueron días de una lucha agotadora, gigantesca, digna del alma vehemente y apasionada que albergaba el cuerpo de tan gran español.

Tan duros llegaron a ser sus martirios, tratando de castigar sus pasadas vanidades como atleta, que sus compañeros temieron que se le tuviera que amputar por lo menos uno de los brazos, pero no fue así.

Cristo en el castillo de Francisco Javier

Santo Cristo de Javier que se encuentra en el castillo. Es del siglo XIII y según la tradición sudó sangre el día de la muerte de Francisco

• EL PEREGRINAJE DE SU CADAVER:

En un ataúd de madera recubierto de cal, fue enterrado el cuerpo de Francisco Javier y sepultado al otro lado de la isla, frente al mar, en tierra de gentiles.

Y allí quedó en su tumba solitaria, marcada sólo por unas piedras que el buen Antonio puso para que el mundo supiese dónde descansaba el cuerpo frágil y fatigado del jesuíta.

Pasado el invierno, a mediados de febrero de 1553, el Santa Cruz se dispuso para regresar a Malaca.

Ninguno de sus tripulantes había pensado ni remotamente llevarse el cuerpo del misionero.

Pero el chino Antonio, devoto hasta el fin, insistió una y otra vez cerca del capitán,

Y consiguió que el ataúd fuese desenterrado de la playa y trasladado al barco, el cual atracó en el puerto de Malaca el 22 de marzo.

El recibimiento dispensado a los restos mortales del apóstol fue conmovedor y unánime.

Una inmensa multitud le acompañó hasta la iglesia de Nuestra Señora del Carmen, donde tantas veces había resonado su voz. Se celebraron solemnes oficios por su alma, y se dio cristiana sepultura a su cuerpo, revestido de ropas sacerdotales, en una fosa cavada en la roca, detrás del altar mayor.

Sin ataúd, en contacto directo con la tierra, sólo el rostro protegido por un lienzo blanco.

El 15 de agosto de 1553, cinco meses después de ser sepultado en Malaca, en esa fiesta de la Asunción que tan significativa fue en su vida, el fiel amigo del apóstol, Diego Pereira, y el heroico padre Juan de Beira se llegaron secretamente, por la noche, hasta la tumba de Francisco Javier.

Ayudados por unos hombres leales y a la luz de una linterna, desenterraron el cuerpo querido y comprobaron que estaba intacto, como dormido, con los colores de la vida en su rostro.

Los dos amigos, llevando a extremos su devoción por el muerto, decidieron que la tierra pobre de Malaca no era digna de albergar en su seno aquel cuerpo bendito. Tenían que trasladarlo a Goa.

Rellenaron la tumba vacía.

Y con el mayor sigilo y todas las precauciones, llevaron el cuerpo del misionero a casa de Pereira, donde lo encerraron en un féretro forrado de rica seda y cubierto de brocado.

El 11 de diciembre, cuando el apóstol ya llevaba más de un año muerto, el féretro con su cuerpo fue embarcado en un viejo barco que se dirigía a la India.

Ni después de muerto pudo el eterno viajero librarse de las azarosas navegaciones y las más extrañas aventuras.

Porque la travesía desde Malaca hasta Goa, con escala en Cochín, no fue precisamente tranquila. Y porque el hecho de robar su cuerpo de la tumba, guardarlo meses en una casa y embarcarlo hacia otro destino, todo en el mayor secreto, tampoco es una aventura corriente.

Goa recibió al apóstol muerto con una explosión de fervor y amor indescriptibles. El recuerdo del infatigable y andariego misionero sacudió el alma entera de la población, desde el virrey hasta el más pobre de los ciudadanos, y todos los pechos se llenaron de sollozos y los ojos de lágrimas.

Era la medianoche del 15 de marzo, Jueves Santo, cuando llegó a la playa, y era el amanecer del Viernes Santo cuando la multitud le dio su devota bienvenida, con un fondo de campanas al vuelo.

Fueron cuatro días de incesante desfile ante el cuerpo incorrupto expuesto a los fieles.

Fueron cuatro días de respetuosa veneración y de escenas conmovedoras.

Luego el cuerpo fue encerrado en una urna dispuesta por los jesuítas y sepultado en la iglesia de San Pablo, junto al altar, al lado del Evangelio.

Pero tampoco allí el descanso terreno iba a llegarle, aunque él sí disfrutaba ya enteramente del descanso eterno y glorioso.

Sus reliquias fueron trasladadas de uno a otro lugar, en una peregrinación parecida a la que fue su vida.

Era preciso examinarlas una y cien veces, para esclarecer los motivos de su incorruptibilidad. Por último, el cuerpo reposó tranquilo en la capilla donde actualmente se venera.

El 25 de octubre de 1619, el papa Pablo V beatificó a Francisco Javier. Y el 12 de marzo de 1622, el papa Gregorio XV le elevó a los altares, al mismo tiempo que a San Ignacio de Loyola, el maestro del apóstol, y a otros santos.

Por último, el papa Benedicto XIV proclamó al gran santo español, navarro de pro, patrón de la India y de todo el Este, y más tarde fue nombrado Santo Patrono de todas las misiones de la Iglesia católica.

Actualmente San Francisco Javier es venerado por todo el mundo, sin distinción de razas ni color ni religión.

Él fue amigo de todos los gentiles, fue su apóstol, y todos los gentiles le tienen por un amigo aunque no se hayan decidido a abrazar la fe que él predicó con tanta ilusión.

Y no digamos de los cristianos, para los que San Francisco Javier es uno de los amigos más queridos, más sinceros, más propios.

Es un símbolo, un ejemplo, un mito, una hermosa leyenda, una estrella.

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Las Hordas Mongoles Vida , Costumbres y Conquistas

VIDA Y COSTUMBRES DE LAS HORDAS MONGOLES

Los mongoles han representado un importante papel en la historia de Asia.

Son nómadas, y su vida está hecha, por tanto, de continuos desplazamientos forzados por la necesidad de encontrar la hierba necesaria para la alimentación de sus grandes rebaños de corderos y cabras.

Estos animales les proporcionan carne, leche, mantequilla y queso.

Como animales de carga, los mongoles utilizan el camello y un caballo de pequeña estatura, pero de gran resistencia.

los mongolesLa extensión de la estepa, y su pobreza, los obligan a desplazarse de estación en estación.

Desde este punto de vista se les puede comparar con los lapones y otras poblaciones de Eurasia septentrional.

Viven en tiendas en forma de quesera, que levantan formando un enrejado de sólidas tablas, y cubriéndolo después con mantas de lana burda. Estos campamentos de tiendas deben considerarse pueblos ambulantes.

Ningún extranjero podría decir con exactitud dónde se encuentran esas aglomeraciones. Sólo los mongoles saben en qué lugar se hallan sus vecinos.

Nadie debe aventurarse solo por esas inmensas extensiones, pues quien lo hiciera correría el riesgo de no encontrar un alma viviente, ya que los mongoles  vagan   a  la   aventura.

La vida de este pueblo ha estado siempre envuelta en el misterio.

El extranjero se siente poseído de una inexplicable inseguridad, de una continua amenaza…

Los actuales mongoles no difieren mucho en usos y costumbres de aquellos antepasados suyos que surcaban las estepas hace centenares de años. Su pasado se pierde en la noche de los tiempos. Su fuerza era legendaria.

Uno de esos mongoles, Temudjin, a fines del siglo XII, reunió las tribus nómadas turco-mongolas.

Eran grandes jinetes, de cráneo redondo, pómulos salientes, ojos rasgados, piel amarilla, cabello lacio y negro y piernas arqueadas.

Temudjin sometió a cierto número de tribus y durante una primera asamblea solemne celebrada en 1206, se otorgó a sí mismo el título de Djingiz Khan o Gengis Kan, es decir, el más poderoso de todos los jefes, o también, el emperador inflexible.

Conquistó la ciudad, de Karakorum e instaló en ella su residencia.

viajes de los mongoles

Caravanas  Mongoles

Hasta entonces no había visto nunca una ciudad y no sabía leer ni escribir, pero su ejército de 100.000 hombres le permitió franquear la Gran Muralla de China, tomar la capital Yen-King, que se convertiría en Pekín, al norte de China y conquistar Corea. Yen-King fue saqueada e incendiada.

Cuando estalló una rebelión en el Lurquestán, Gengis Kan conquistó el país, incluida Samarcanda, una de las ciudades comerciales más importantes de la época, y exterminó sin piedad a la población, que había cometido la audacia de rebelarse.

Mientras sus lugartenientes realizaban incursiones por Rusia meridional, Gengis Kan marchó sobre el Irán y llegó hasta el Dniéper.

Su imperio fue el mayor que conoció el mundo hasta entonces.

Admitía todas las religiones, pero hacía que reinaran, por el terror, la autoridad y el orden.

Murió en 1227 durante los preparativos de una nueva campaña.

En vida repartió este imperio entre sus cuatro hijos, pero esto no impidió que Ogotai fuera designado Gran Kan, a pesar de que no era el primogénito.

Lo primero que hizo Ogotai fue lanzarse al ataque de la China meridional, luego de Rusia meridional y, por último, de Occidente.

Veinticinco mil jinetes arrasaron Vladimir, Moscú y Kiev, derrotaron a los caballeros de la Orden Teutónica y asolaron Hungría, para llegar finalmente a la costa adriática.

Ogotai murió en 1241, y los jefes mongoles se retiraron a Rusia meridional donde fundaron el reino de la Horda de Oro con Serai como capital.

Serai estaba situada en un afluente del Volga. Desde 1240 hasta 1450, Rusia vivió bajo el dominio mongol.

El kan permitió que subsistieran los principados rusos, pero les designó jefes e instaló guarniciones en las ciudades a fin de mantener el orden.

Kublai, el sucesor de Ogotai, conquistó toda China.

Fue el fundador de la dinastía Yan y se adaptó fácilmente a la civilización ya muy evolucionada de sus nuevos subditos.

Los soberanos de Annam y Birmania tuvieron que reconocer, asimismo, su soberanía.

En cambio, la flota que envió para conquistar el Japón sufrió una decisiva derrota. Marco Polo dijo con razón que este kan era el hombre más poderoso desde Adán.

Trasladó su capital de Karakorum a Pekín, y éste fue, sin duda, su mayor error político, pues se rompió la unidad del imperio mongol.

En Rusia el reino de la Horda de Oro se vino abajo, en 1502.

En el siglo XIX se encontraron los vestigios de Karakorum. Seis siglos antes, esta ciudad había poseído una docena de templos, dos mezquitas y una iglesia cristiana nestoriana.

No se puede hablar de cultura mongol. Una figurilla del siglo VII, el jinete azul de Astrana, hallada al norte del Turquestán, testimonia un esplendoroso pasado y recuerda a los grandes jefes mongoles.

Éstos tuvieron el mérito de poner a Europa en contacto con la civilización china, que en aquel momento mostraba un indudable adelanto sobre la cultura occidental.

Por este motivo no se puede achacar al azar el hecho de que el desarrollo de la técnica, que aceleró el fin de la Edad Media, se produjera inmediatamente después de las conquistas mongolas.

El compás, la pólvora y el papel se deben, en efecto, al ingenio chino.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Tomo I AZeta – Editorial Credsa

Enlace Externo: Gengis Kan El Conquistador Mongol

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros en la Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas.

La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción.

El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización.

Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles.

Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados.

Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio.

Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda.

En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez.

Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas.

Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad.

Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio.

En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades.

Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos.

Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes.

El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia.

De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes.

Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero.

Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias.

Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal.

A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras.

Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES

Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria.

El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas.

Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación.

Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio.

Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió promovervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito.

Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones.

En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia.

En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos.

Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

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Primeros Pueblos Que Habitaron en Japón: La Cultura Jomon

Primeros Pueblos Que Habitaron en Japón Cultura Jomon

¿De dónde provienen los japoneses?

Numerosas controversias no han resuelto todavía el problema; los primeros ocupantes parecen ser los ainu, de raza blanca, progresivamente rechazados hacia el norte de Hondo y a la isla de Hokkaido donde actualmente no viven más que en algunas reservas.

Después vendrían los pueblos altaicos por Manchuria y Corea, y los malayo-polinesios por el sur.

Los filólogos, a quienes la lengua japonesa plantea arduos problemas, han distinguido, efectivamente, en esta lengua elementos altaicos y austronesios.

En cuanto a los arqueólogos, no han hecho más que volver a colocar el mundo de los sabios ante nuevos problemas, sin que ninguno de los elementos descubiertos por ellos pueda iluminar a sus colegas antropólogos.

Pero la hipótesis que supone al Japón colonizado primeramente por elementos de los que descenderían los ainu y que fueron después rechazados hacia el norte por pueblos procedentes del sur de China, continúa teniendo numerosos defensores.

El Japón tuvo una industria neolítica llamada Jomon, fruto de una civilización de cazadores seminómadas que no conocían la agricultura.

Caracterizada fundamentalmente por por una alfarería decorada con improntas de fibra o de valvas, con una orla en forma de corazón y motivos con aletas de peces.

Esta alfarería evolucionó, en el Jomon medio, bajo nuevas influencias que llegaban por la cadena de islas de la Indochina septentrional.

En su época reciente, el Jomon señaló grandes progresos técnicos: el barro de la cerámica es más fino y está mejor cocido, la industria lítica es testimonio de innovaciones y los parajes de asentamiento humano se multiplicaron, atestiguando una vida colectiva intensa.

Esta cultura neolítica se esparció sobre toda la superficie del Japón.

En una fase final de esta cultura aparece el empleo de una panoplia completa de armas de madera (lanzas, arcos, flechas).

cultuta jomon japon antiguo

La primera civilización importante fue la de los Jomon (en japonés, “huella de cuerdas”, c. 10000-300 a.C.).

Se caracteriza por la fabricación de figuritas de arcilla llamadas dogu y vasijas decoradas con motivos que recuerdan a una cuerda, lo que dio origen a su nombre.

Era una cultura de cazadores y agricultores que vivían en pequeñas comunidades en casas de madera o de paja, construidas en hoyos poco profundos para aprovechar el calor del suelo.

Hacia esta época, se introdujo el caballo en el Japón, acompañando, sin duda, a nuevos grupos étnicos invasores.

La cultura Yayoi, que, según unos, no fue más que la prolongación del Jomon pero de civilización agrícola sedentaria, y, según otros, una cultura diferente aportada por conquistadores, sucedió a la era Jomon.

Esta larga evolución neolítica terminó con el empleo del bronce en ciertas comarcas, mientras que en el norte del Japón la civilización de la piedra se prolongó hasta los alrededores del siglo X de nuestra era.

La historia política del Japón es la de la mayor parte de los países de Oriente y se resume en la metamorfosis de un pueblo fraccionado en múltiples comunidades, cada una de ellas ferozmente celosa de su independencia, en una nación fuerte y poderosa.

Para esto, el Japón siguió, en el plano interior, las mismas etapas que llevaron a la formación del Imperio chino o el de los Maurya en la India.

En el plano exterior, el Japón practicó, hasta el siglo XIX de nuestra era, una política particular de repliegue sobre sí mismo, pero no de un aislamiento negativo como se ha escrito demasiado frecuentemente…

el Japón acogió en todos los tiempos las influencias extranjeras.

Las asimiló y mezcló con su propio espíritu y sacó una síntesis que fue siempre específicamente nipona.

Pero cuando una influencia nefasta trataba de subyugar al Japón, los japoneses la rechazaban sin escrúpulos.

LOS PRIMEROS EMPERADORES:
El clan del Yamato

Los jefes de clan ostentaban los poderes políticos y religiosos, y dominaban, además de sus familias muy extendidas a causa de la poligamia, las corporaciones de artesanos, pescadores, agricultores, tejedores, obreros especializados en trabajos en laca.

El culto shinto unía los hombres a todos los elementos de la naturaleza: sol, tempestades, ríos, árboles, etc., poblados de espíritus vagos e influyentes, los Kami.

Muy cerca ya de la era cristiana, treinta clanes de cada cien mantenían relaciones con los emperadores chinos de la dinastía Han que les concedieron el título de príncipes.

Los emigrados chinos y coreanos ayudaron al desarrollo económico y cultural.

En la pequeña planicie de Yamato, al sur del actual Kioto, iba a prosperar la clase de la cual saldría la familia imperial. Su origen divino está rodeado de leyendas, cuidadosamente conservadas para mantener el prestigio de la dinastía.

En los cielos del Sol Naciente, en el seno de un Panteón muy bien equipado, Izanagi, «el Hombre que Invita», e Izanami, «la Mujer que Invita», se unieron, y de sus amores nacieron las islas del Japón y el mar por el cual se diseminaron estas islas.

He aquí que Izanami da a luz nuevamente: en un centelleo de llamas, aparece el Dios del Fuego; este parto aterrador arrebata la vida a la madre.

Su esposo, abrumado de tristeza, vaga en busca del cadáver de su bienamada.

Por encantamiento, lo descubre bajo la forma de un montón inmundo de materias putrefactas.

Horrorizado, Izanagi se precipita en un torrente y se purifica bajo una cascada de agua clara.

Su cuerpo entero se transforma súbitamente; de sus miembros nacen multitud de dioses, de su ojo izquierdo surge el Sol, del derecho la Luna, y de su nariz, la tempestad, el tifón.

Amaterasu, diosa del sol, hija de la pareja divina Izanagi e Izanami, envió a su nieto Jimmu Tenno a la isla de Kiushu; después de haber cruzado el mar interior, desembarcó en la llanura del Yamato y fundó, hacia el año 660 a. de J. C, el Imperio japonés.

En realidad, los historiadores desmienten la tradición y sitúan los comienzos de la expansión del clan de Yamato a principio de la era cristiana; los cuatro primeros siglos permanecen, además, en la oscuridad.

Los sucesores de Jimmu, Suinin, Seimu y Chue, ayudados por otras familias más o menos ligadas a su dinastía, acometieron la empresa de rechazar a los ainus hacia el norte, y a los Kumaso, tribu de filiación indochina, hacia el sureste.

De esta forma, el dominio de los Tenno pudo extenderse hasta convertirse en el más importante y más poderoso del Japón.

Sus relaciones con Corea y China le aseguraron el apoyo de estos dos países, al tiempo que favorecían el comercio que enriqueció a los emperadores nipones.

La familia imperial, cuyos miembros estaban considerados como «seres superiores», de origen divino, consiguió imponer a los otros clanes su autoridad espiritual.

Hacia el siglo ni, las buenas relaciones con el reino Shiragi de Corea (Costa Este) se envenenaron, y los Tenno de Yamato, aliados a los Kudara, hermanos y rivales de los Shiragi, se empeñaron en una guerra de tres siglos, que terminó con la derrota de los coreanos orientales.

Poco antes de terminar las hostilidades, Keite Tenno, preconizando la unidad nacional frente a los peligros coreanos consiguió extender su poder político sobre todas las islas niponas.

Inmediatamente después de la victoria, los coreanos vencidos enviaron al archipiélago monjes budistas encargados de hacer negociaciones; en esta ocasión, propagaron las enseñanzas de Buda, que iban a transformar profundamente la cultura y la historia japonesas.

• El Periodo Heian

Con la llegada de la dinastía Heian en 794 y un periodo de una paz y una prosperidad relativas, la cultura japonesa pudo al ñn florecer al margen de las influencias chinas.

La corte imperial se trasladó a una nueva capital llamada Heiankyo, la «Ciudad de la Paz», que sería conocida posteriormente como Kioto.

En ella, los japoneses desarrollaron su caligrafía y sus propios e intricados rituales, por lo general centrados en las damas cortesanas.

Hasta el año 1192, el Imperio Japonés mantuvo la estabilidad, sobre todo gracias a la influencia de la familia Fujiwara, una dinastía de asesores imperiales que lograron conservar su influencia en el trono entablando lazos matrimoniales con la línea imperial.

Asegurándose de ser los padres de las consortes imperiales y los abuelos de los futuros emperadores, pudieron manipular la política de la corte.

El gobierno por debajo del emperador estaba organizado según el patrón chino, con un Consejo de Estado regido por los clanes más poderosos de Japón, el cual se ocupaba de los asuntos cotidianos.

Estos clanes solían enzarzarse en disputas entre sí y, poco a poco, dos de ellos se perfilaron como dominantes: los Taira y los Minamoto.

En el ocaso del Periodo Heian, ambos rivalizaban por el control del imperio.

El estallido de la guerra civil marcó el fin del Primer Imperio Japonés.

• Los Sogunes (o Shogunes)

Cuando Minamoto no Yoritomo derrotó al clan de los Taira en 1185, se hizo con el trono con ayuda de su imponente fuerza militar integrada por guerreros samurai.

Eran soldados profesionales que en un principio fueron campesinos pero que finalmente acabaron formando una casta propia.

Al establecer una dictadura militar, Yoritomo se autoproclamó shogún.

Un sogún era en esencia un cacique militar que gobernaba en nombre del emperador, si bien en realidad los emperadores eran poco más que figuras decorativas y durante este periodo fueron los sogunes quienes realmente dirigieron Japón.

El emperador vivía de las rentas que generaban sus propias propiedades y recibía el respaldo de los, sogunes siempre que a cambio este les ofreciera el suyo.

En caso contrario, era depuesto.

Bajo el gobierno de los sogunes, las provincias de Japón recuperaron parte de su independencia y sus gobernantes, los daimios, ejercieron derechos feudales sobre sus súbditos y rindieron honores a los propios sogunes.

Los distintos sogunados establecieron alianzas de poder con clanes diferentes y vincularon su suerte a la de estos.

Así, el primer shogunado, los Kamakura, perdió el poder en 1335 cuando cayó el clan Hojo.

El gobierno de los sogunes se mantuvo como principal estructura política de Japón hasta mediados del siglo XIX, si bien con el tiempo los sogunes dejaron de ser caciques feudales para devenir príncipes herederos y ejercer de virreyes.

Fuente Consultada
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III Los Orígenes de Japón
Atlas de la Historia Universal Desde los orígenes de la humanidad hasta nuestros días

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Vida de los Campesinos en China Antigua:El Trabajo Agrícola

VIDA EN LAS ALDEAS CHINAS: TRABAJO, COMIDA Y MATRIMONIO

Las masas campesinas chinas, que en di versas ocasiones se rebelaron contra el poder imperial y que de esta, forma elevaron, a veces, a uno de los suyos a ocupar las más altas funciones, no conocieron casi nunca la prosperidad.

La miseria era, por contrario, su habitual modo de vivir.

Al comienzo de la historia china, el mundo  agrícola estaba organizado de una forma comunitaria, es decir, que ninguna tierra pertenecía a los que la trabajaban, ni a ningún terrateniente, sino al mismo Estado, y el emperador no era más que un administrador de esta riqueza.

Pero muy pronto los emperadores comenzaron a donar propiedades a ciertos generales y funcionarios, en pago a los servicios prestados al trono.

Estos recibían, al mismo tiempo que la tierra, a todos los campesinos que la trabajaban.

vida de los campesinos en china antigua

Las varias revoluciones campesinas consiguieron que el emperador distribuyera las tierras de los feudales a los mismos campesinos, pero otras tantas veces los terratenientes conseguían, al cabo de algunos años, recuperar sus bienes.

Y si bien en la época de los Tang, cada campesino que alcanzaba la edad adulta debía, según la ley, recibir una parcela de tierra, la oposición de los señores feudales y la carencia de terrenos, impedían que este sistema funcionara.

Los grandes propietarios aumentaban aún más sus dominios y, bajo los Tang, el conjunto de las tierras cultivables estaba en posesión de algunas familias que no representaban más de un cuatro o cinco por ciento de la población.

Los campesinos no eran más que siervos.

Muy frecuentemente, los propietarios introducían en sus dominios, como mano de obra, a los emigrados que huían del hambre de tal o cual provincia.

Estos, dichosos de encontrar una escudilla de arroz, costaban menos que los obreros agrícolas locales, que estaban intervenidos por el Estado y se hallaban sometidos a prestaciones imperiales, así como al reclutamiento militar.

Los campesinos carecían de ganado mayor, y casi todos los trabajos agrícolas se hacían por medio de los brazos del hombre.

Las aldeas estaban situadas en las alturas, dominando los campos de labor y a resguardo de las inundaciones.

Cerca de las casas, se extendían los huertos y los vergeles cargados de moreras (para la producción de la seda), así como una era apisonada: éste era el dominio de las mujeres.

Los hombres trabajaban en los campos, en los arrozales y, por la noche, no volvían a las aldeas; pequeñas cabanas les albergaban durante toda la temporada del laboreo, del picado y repicado del arroz.

Los niños iban, de vez en cuando, a llevarles los víveres.

Todas las mujeres del pueblo trabajaban en los huertos, o en los vergeles, o en el tejido de las piezas de seda, principal moneda de intercambio.

Una o dos matronas se ocupaban, día y noche, de los niños.

Así, las mujeres y los hombres formaban dos comunidades, separadas la mayor parte del tiempo, y este hecho llegó a ser el principio de la separación de sexos en las aldeas.

El hombre tenía que escoger esposa en otro pueblo, porque el matrimonio servía, más que para fundar un hogar, para acercar a familias diferentes.

Las jóvenes casaderas dejaban a sus padres y a sus pueblos, e iban a la localidad de su esposo, aportando su dote.

Toda una serie de prohibiciones, de «tabús», se les imponían a las jóvenes parejas, y sus relaciones conyugales requerían precauciones infinitas.

La mujer estaba protegida por la divinidad estelar de la Tejedora, y el hombre, por la del Boyero.

Entre ellas, la Vía Láctea extendía una barrera sagrada que no podía ser franqueada más que dos veces al año.

Fuente Consultada:
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III

Concepto del Maniqueísmo :Origen y Vida del Profeta Mani

Concepto del Maniqueísmo Origen y Vida del Profeta Mani

Fundado por Maní hacia el final del siglo III , el maniqueísmo aparece como un sincretismo en el que se han mezclado los más diversos elementos.

Puede ser considerado como una especie de herejía cristiana a la que se han añadido muchos elementos extraños, o como una religión distinta a la que, de manera bastante artificial, se han unido aportaciones cristianas.

Mani se presenta como discípulo de Cristo y utiliza abundantemente los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento.

La influencia religiosa de Mani se ha prolongado durante unos mil años en una extensa zona, a partir de los confines del mundo persa y semítico, que la civilización grecorromana había alcanzado, pero sin llegar a influir profundamente.

Mani nació hacia los años 215-216.

Desde su infancia fue incorporado a la secta de los mogh-tasilas o baptistas, a la que pertenecía su padre, que profesaba una doctrina dualista: dos personajes están subordinados a Dios—Cristo y el diablo—, los dos salidos de Dios y puestos por éste ante los tiempos futuros y el siglo presente.

En toda la creación se encuentra la oposición del bien y del mal, de los dos sexos, de la derecha y de la izquierda, del agua y del fuego.

El agua es el medio de salvación y el fuego, de condenación.

profeta Mani

Profeta Maní

El agua del bautismo libra del fuego del infierno.

Los bautizados han de llevar una vida santa, renunciar al matrimonio y abstenerse de alimentos de origen animal.

La verdad religiosa está contenida en la Ley y el Evangelio, cuyo sentido, que se ha perdido, puede encontrarse a través de los libros de Elkasai.

Durante cuarenta años Mani llevó una vida errante de predicador y escribió cartas, sermones y tratados.

Parece que predicó en las regiones cercanas al Eufrates y que envió a dos de sus discípulos a Egipto y a la Escitia.

En pocos años la secta hizo grandes progresos.

Diocleciano publicó un rescripto severísimo contra los maniqueos en el que se establecía, entre otras, la pena capital.

El movimiento se expansionó por Mesopotamia, Siria, Palestina y Egipto.

En África surgieron numerosas comunidades.

También en Italia hubo importantes núcleos.

Una gran expansión se realizó por Oriente: Irán.

De Samarkanda a la India.

Mogolia fue el centro de otra notable irradiación.

La época de retroceso empieza al final del siglo X.

La desaparición definitiva llegó muy pronto.

El sistema maniqueo se apoya en un dualismo.

Hay desde toda la eternidad dos principios opuestos, el bien y el mal, la luz y las tinieblas.

Las tinieblas primitivas tocan la luz y la limitan.

El príncipe de las tinieblas es la antítesis viviente del rey de la luz.

No es un segundo dios, sino su rival.

Su verdadero nombre es la materia, pero el pueblo le llama diablo.

La lucha entre los dos mundos es inevitable.

Nuestro mundo, mezcla de tinieblas y de luz, está continuamente en guerra hasta la separación definitiva de esos dos elementos.

El hombre que es como un microcosmos que reúne las propiedades de todo lo que existe, posee dos almas, de las que una es buena y la otra mala.

Hecho de espíritu y materia, participando a la vez de Dios y del diablo, el primer hombre debía lograr esta separación de los elementos de luz que llevaba en sí.

Sin embargo, después de su caída se hizo incapaz de realizar ese trabajo.

La misión de Jesús en su Encarnación estaba encaminada a liberar la luz que se encontraba cautiva en el hombre pecador.

Jesús no es propiamente el hijo de Dios.

Es como el arquetipo de la humanidad.

En él sólo hay luz.

Es el que en diversas ocasiones ha comunicado luz a los hombres: Adán, Abraham, Buda, Zoroastro, el Mesías, San Pablo, Mani.

La moral se resume en la doctrina de los tres sellos.

El sello sobre la boca lleva a evitar todo lo que puede mancharla: los pecados de la lengua y los alimentos impuros (los que no sean vegetales).

El sello de la mano niega el derecho a matar, sean hombres, animales o plantas.

El sello del pecho se refiere a la prohibición del matrimonio y de todas las relaciones sexuales.

El maniqueo ha de hacer lo posible por evitar la propagación de la vida.

Como la práctica rigurosa de los tres sellos era imposible en la vida corriente, los maniqueos distinguían dos grupos: los auditores, que podían vivir como los demás hombres, aunque con ciertas limitaciones, y los elegidos, que estaban obligados a una práctica estricta de las prescripciones de la doctrina.

En la vida de ultratumba, mientras los elegidos entrarán inmediatamente en el paraíso, los auditores deberán quedarse en este mundo, pasar de un cuerpo a otro hasta llegar al de un elegido.

Los pecadores van a un fuego eterno.

La separación definitiva, no obstante, de buenos y malos, exige el transcurso de mucho tiempo para que los elementos de luz que han caído en este mundo puedan separarse otra vez de la materia.

Un inmenso incendio se producirá en el último día.

Tomando como modelo la organización que Jesucristo dio a su Iglesia, el maniqueísmo tiene doce maestros que obedecen a un jefe único.

Por debajo de éstos hay setenta y dos jefes u obispos, que son los que ordenan a los presbíteros y diáconos.

Admiten dos sacramentos: el bautismo y la eucaristía.

La fiesta más importante, la Berna, conmemoración de la muerte de Mani, se celebra alrededor de la fecha de la Pascua cristiana.

Fuente Consultada:
FACTA Enciclopedia Sistemática Tomo IV Entrada: Maniqueísmo

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Enlace Externo:Qué es maniqueo?

La Revolución Islámica – Ayatolá Jomeini,Derroca al Sha Palhevi

RESUMEN CAUSAS DESTITUCIÓN GOBIERNO DE REZA PALHEVI EN IRÁN

El 16 de enero de 1976, el pueblo toma las calles de Teherán, capital de Irán. Las tropas del sha, el monarca, no pueden contener el alzamiento inspirado por un religioso islámico desde el exilio.

Poco después, el soberano huye del país y se proclama la República Islámica de Irán.

El ayatollah Ruholá Musawi, llamado Jomeini, fue quien, al provocar la caída del sha iraní en 1976, sentó las bases de la República Islámica de Irán.

Ruholá Jomeini nació en Jomeini, el 24 de septiembre de 1902, y, siguiendo la tradición familiar, estudió teología musulmana en la ciudad santa de Qom.

La Revolución Islámica Ayatolá Jomeini Derroca al Sha Palhevi

El ayatollah rebelde: Acabada la Segunda Guerra Mundial, Jomeini inició sus críticas al régimen del sha por su programa de modernización del país y sus vínculos con Occidente.

Ya en la década de 1960 era uno de los más radicales jefes del clero chuta, una de las ramas de la religión islámica o musulmana.

Por esta razón, en 1963 debió refugiarse en Iraq, de donde fue expulsado a Francia en 1978.

Desde su exilio en París, el ayatollah Jomeini siguió atacando al sha y logró movilizar a miles de jóvenes islámicos radicales.

Cuando el régimen corrupto y dictatorial del sha intentó en 1979 un
nuevo programa occidentalizador, Jomeini instó a los jóvenes a la revolución con un masivo apoyo popular.

La revolución jomeinista causó la caída del sha, abandonado por las potencias occidentales, y Jomeini regresó al país y estableció la República Islámica de Irán.

Diez años después, el 3 de junio de 1989, el ayatollah Jomeini murió en la ciudad de Teherán llorado por millones de iraníes.

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• HISTORIA:

Se conoce como Revolución Islámica de Irán al proceso dirigido por el líder relgioso, el ayatolá Ruhollah Jomeini por el cual fue derrocado definitivamente el sha (rey) Reza Pahlevi, quien respondía a intereses norteamericanos y además había generado la famosa Revolución Blanca, poniendo en práctica una serie de reformas políticas, sociales y económicas que se oponían a las costumbres y doctrinas religiosas del pueblo iraní , cuestionando a la vez el poder y autoridad de los los dirigentes religiosos.

La oposición a este régimen autocrático, abarcaba todos los sectores de la sociedad, que no aceptaban la corrupción y el insaciable enriquecimiento de la familia real, quienes reclamaban un gobierno mas democrático, justo y con una repartición de la riqueza mas equitativa.

Las grandes ganancias de la explotación petrolera, obtenidas del suelo iraní iban a las arcas de las grandes compañías y de la familia Palhevi, poco volvía al pueblo.

En febrero de 1979, estalló la revolución, apoyada sobre las enseñanzas islámicas chiitas acabó con la monarquía laica del sha, se proclamó la República Islámica de Irán, y se rechazó toda influencia occidental.

Ayatholá Jomeini

En 1979, el Ayatollah Jomeini lideró una revolución islámica y derrocó al Sha.

Jomeini en la década de 1970, era un hombre desconocido, pero contaba con ciertas aptitudes de las que carecían otros dirigentes.

En primer lugar, parecía no tener miedo alguno: había sido el único religioso que se atrevió a criticar abiertamente la ‘Revolución Blanca’ del Sha ya en 1963.

Fue el profundo sentimiento antioccidental y antiimperialista que reinaba en las naciones árabes desde los tiempos de la descolonización (fines de la Segunda Guerra Mundial, y comienzos de la década de los 50), y el sistema fuertemente represivo del Sha, el que posibilitó el triunfo de Jomeini y facilitó el establecimiento de una república fundada en el estricto cumplimiento de las doctrinas religiosas islámicas.

A partir del triunfo de la revolución islámica, Irán quedó convertido en el referente de la protesta antioccidental y antinorteamericana en el Medio Oriente.

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La revolución islámica de Irán fue un hito en la historia del siglo XX. Para el historiador británico Eric Hobsbawn la peculiaridad de esta revuelta reside en su ideología, traspasada por un discurso religioso y antimoderno, que contradecía las características laicas e «izquierdistas» de las revoluciones que, desde 1789, se habían dado en la edad contemporánea.

La revolución, liderada por el carismático ayatolá Jomeini, liquidó el régimen déspota, pro occidental y corrupto del sha Mohamed Reza Pahlevi e instauró un sistema basado en los preceptos de la ley islámica (sharia) y articulado políticamente en una Constitución que sancionaba el concepto de vélayat-é faqih (soberanía del doctor de la ley o jurisconsulto islámico sobre el Parlamento).

ANTECEDENTES DE LA REVOLUCIÓN IRANÍ:

En 1951, el popular primer ministro iraní Mohamad Mossadeg planeó la nacionalización de la Compañía Petrolera Anglo-Iraní.

EE UU instó al sah de Irán a destituir a Mossadeg, lo cual dio lugar a que la población retirase su apoyo al sah, a quien se tenía por un títere de los americanos.

La revuelta popular obligó al sah a exiliarse para evitar una posible revolución.

Finalmente, EE. UU. logró restaurar al sah en el poder, pero, a los ojos de su pueblo, este había quedado contaminado por su asociación con los norteamericanos.

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Sha Reza Palhevi Irán

Los enfrentamientos contra el régimen del Sha fueron muchos y durante varios años, pero uno de los mas cruentos fue en 1978 cuando los soldados abren fuego contra la población que se manifestaba en las calles de Teherán.

Había mas de 20.000 personas y miles de ellas resultaron heridas o muertas.

Al poco tiempo y como reacción a esta dura represión , los manifestantes comenzaron a quemar negocios, bancos, kioskos de bebidas alcohólicas y todo lo que tuvieran un símbolo occidental, provocando una tensión social que iría en aumento hasta la revolución de 1979.

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En respuesta a esta insatisfacción popular, el sah empleó la represión para evitar otra insurrección.

En los dos decenios siguientes, Irán se embarcó en un periodo fructífero de industrialización y militarización; en la década de 1970, el excesivo gasto en defensa había dado lugar a un déficit presupuestario y una crisis económica.

Entre tanto, la sociedad iraní se había transformado: había surgido una reducida élite occidentalizada.

La rápida industrialización dio lugar a un elevado aumento de la inmigración hacia las ciudades y generó pobreza y desempleo.

Las leyes de censura del sah impedían expresar a través de los medios de comunicación o concentraciones públicas el descontento social, y las mezquitas se convirtieron en el único reducto donde era posible hablar con libertad.

En ellas, los detractores del sah entraron en contacto con las ideas de los clérigos chutas y, en particular, con las del ayatolá Jomeini, quien propugnaba la revolución para crear una república islámica y poner fin al laicismo y la occidentalización de su país.

En las postrimerías de 1978, la prensa oficial publicó un artículo criticando a Jomeini que desencadenó protestas civiles generalizadas.

El ejército se negó a abrir fuego contra los manifestantes y cambió de bando.

Desde el exilio, Jomeini defendió una república islámica, y el sah, al carecer del respaldo del ejército, huyó.

El martes 16 de enero de 1979, el sha, enfermo, abandonó el país. Jomeini ponía fin al reinado de los Pahlavi, pero la monarquía no estaba abolida.

Apoyándose en el ejército, el quinto del mundo, el primer ministro iraní Shapur Bajtiar se opuso al retorno del imán.

Ante el aumento de los peligros, el primer ministro cedió en su momento.

El 1º de febrero de 1979, Jomeini hizo una entrada triunfal en Teherán, donde lo recibieron más de cuatro millones de personas.

Sobrevinieron violentos incidentes entre el 9 y el 12 de febrero, declarando el fin de la monarquía y el derrumbamiento de las últimas fuerzas que la sostenían.

La monarquía fue oficialmente abolida por el referéndum del 30 de marzo que proclamó la instauración de la República islámica.

Pronto surgió en el seno de los elementos religiosos una división entre moderados y conservadores, y fueron estos últimos los que, con el apoyo de los «guardianes de la revolución», controláron los comités islamicos e instauraron un orden moral que rige a toda la sociedad iraní.

El 1º de febrero de 1979, Jomeini hizo una entrada triunfal en Teherán, donde lo recibieron más de cuatro millones de personas

Inmediatamente después, el nuevo régimen se dispuso a disociarse de Occidente; los partidarios de Jomeini irrumpieron en la embajada de EE UU en Teherán en noviembre de 1979 y precipitaron la crisis de los rehenes que le costó al presidente Cárter las elecciones presidenciales de 1980 y que no concluyó hasta enero de 1981.

Para entonces, el sah había fallecido (en el Cairo) y el nuevo presidente de EE UU, Reagan, había prometido descongelar los activos iraníes.

La revolución aún estaba consolidándose cuando Iraq instigó una guerra contra Irán en 1980.

La Revolución Islámica que en 1979 desplazó del poder de Irán al Sha Rezah Pahlevi, modificó el panorama político de la región. El Ayatollah Jomeini instaló un régimen fundamentalista e intolerante que fusiló en pocos meses a decenas de miles de opositores.

LOS DOCE DÍAS QUE ESTREMECIERON A IRÁN

Jueves 1° de febrero de 1979, el avión de Jomeini aterriza en el aeropuerto de Teherán.

Comenzaba entonces el primero de los doce días que verían la caída de la monarquía.

El 5 de febrero, Jomeini nombró a Bazargan primer ministro islámico, en oposición al primer ministro imperial Shapur Bajtiar.

Demócrata y reformista, Bazargan tranquilizó a Occidente, pero inquietaba a los radicales iraníes.

El 8 de febrero, el pueblo salió a la calle respondiendo al llamado del imán al grito de «¡Muera Bajtiar!».

Los manifestantes vestían una cinta blanca en la cabeza para significar que estaban prontos a morir como mártires.

En la víspera del 10 de febrero, hallados culpables de mirar por televisión la película sobre el regreso de Jomeini, los homafars (técnicos de la fuerza aérea) fueron «corregidos» por los guardias imperiales que dieron así, involuntariamente, la señal de la sublevación.

Al día siguiente se concentraron 100.000 personas en Teherán para una marcha política.

El ejército abrió entonces fuego sobre la multitud.

La muchedumbre se dispersó por las calles de Teherán y la insurrección se expandió. La capital se erizó de barricadas y se decretó el toque de queda.

En dos días cayeron cuarteles, edificios administrativos, palacios imperiales, uno tras otros.

El 12 de febrero se ponía fin a la monarquía de 2.500 años de antigüedad.

INTERESANTE TESTIMONIO DE JOMEINI SOBRE SU VISIÓN DEL GOBIERNO AMERICANO

En Irán no hay un sentimiento antinorteamericano, sino contra el gobierno estadounidense.

En los eslóganes y denuncias, cuando hablamos de Norteamérica nos referimos al gobierno de Estados Unidos, no al pueblo estadounidense.

He recibido informes sobre la propaganda antiiraní orquestada por la Administración de Estados Unidos.

Los sionistas en especial están haciendo todo lo posible por envenenar a la opinión pública contra Irán.

Tal como se ha informado, como resultado de ello en Estados Unidos puede haber sentimientos negativos contra Irán.

Pero si los hechos van más allá de la pantalla sionista-imperialista, si a través de los medios de comunicación logramos exponer a la ciudadanía norteamericana la verdad, entonces es muy probable que los norteamericanos cambien de criterio sobre nosotros y respondan amigablemente a nuestra actitud amistosa.

Pero no abrigamos ilusiones de que el gobierno de Estados Unidos vaya a cambiar su actitud hostil.

El gobierno estadounidense ha perdido gran parte de sus intereses en Irán. Y, lo que todavía es peor, su administración también ha perdido su prestigio político en otros países.

Hemos pedido a gritos justicia, hemos pedido que se resuelvan nuestros motivos de queja.

El gobierno de Estados Unidos puso al sah en el trono; es decir, lo pusieron los aliados [en 1941] tras destituir a su padre, Reza Jan, que era un títere de los británicos.

En consecuencia el gobierno de Estados Unidos lo ayudó a mantenerse en el poder frente a la oposición de nuestro pueblo.

El sah despilfarró nuestros recursos, nuestra dignidad nacional, nuestros activos naturales, el talento de nuestra juventud y todo lo que teníamos. Evidentemente, los iraníes no pueden tener buena opinión del gobierno de Estados Unidos.

Y nuestro pueblo ha descubierto recientemente que la Administración norteamericana ha convertido lo que llama su embajada en una base de espionaje y conspiración contra Irán.

Los espías actuaban aquí con la excusa de ser personal diplomático.

Y ahora que nuestro pueblo es consciente de este hecho, considera que la Administración estadounidense es su enemigo número uno.

Desde nuestro punto de vista no puede culparse al pueblo norteamericano del comportamiento de su gobierno en Irán.

Los norteamericanos tendrán que reconocer el hecho de que su Administración ha sido injusta no sólo con nosotros, sino también con ellos mismos.

A través de su lacayo, el sah, nos ha privado de todo, lo cual ha puesto en peligro el honor de la ciudadanía estadounidense.

Debido al comportamiento del gobierno de Estados Unidos, actualmente los pueblos de Oriente están desarrollando un punto de vista negativo sobre la nación norteamericana.

Los norteamericanos han de tener este hecho en consideración.

Que Jimmy Cárter siga siendo presidente es un peligro para Norteamérica.

Plantea una amenaza al honor nacional de Estados Unidos.

Si el gobierno estadounidense -por medio de la intervención militar, del bloqueo económico, de tácticas bravuconas y recursos similares- logra privarnos de justicia, la crisis nunca podrá resolverse, seguirá siempre presente en la mente de nuestro pueblo.

El pueblo norteamericano no debe permitir a Cárter que siga este comportamiento, porque de ser así los iraníes irán sospechando que el pueblo norteamericano comparte la voluntad negativa de Cárter contra Irán.

Y entonces entre ambos pueblos se establecerá la enemistad.

Otra opción es que el gobierno de Estados Unidos reconozca las fechorías que ha cometido en Irán. Que no son pocas.

Una de ellas es haber permitido la entrada de un asesino en Estados Unidos.

Y, lo que aún es peor, que el gobierno norteamericano imponga a un asesino como gobernante de Irán.

Cuando Cárter llegó a la presidencia prosiguió la política de sus predecesores; es decir, intentó perpetuar el gobierno criminal del sah y el saqueo de Irán.

Cuando nuestra nación se levantó contra la tiranía de los Pahlevi, Cárter hizo todo lo posible por mantenerla. No lo consiguió.

El odio al sah de nuestro pueblo era demasiado evidente para que Cárter no lo notara.

Con todo, en flagrante desacuerdo con los sentimientos de la nación iraní, Cárter ofreció al sah derrocado refugio en Estados Unidos.

Creo que ni siquiera el pueblo norteamericano se creyó la afirmación de Cárter de que permitía la entrada del sah por motivos humanitarios.

Las consideraciones humanitarias no entran para nada en el pensamiento del gobierno norteamericano.

Washington está dispuesto alo que sea, incluso amatar a 200.000 personas en un ataque nuclear, para obtener algún provecho.

Es impensable que esos funcionarios dieran una visa de entrada al sah por motivos humanitarios.

En cierto modo han secuestrado al tirano derrocado para asegurarse de que no divulgue sus secretos.

Si se lo permitimos, todos los hechos que el gobierno de Estados Unidos quiere ocultar saldrán a la luz.

Y entonces el mundo entero sabrá quién ha ayudado al sah a cometer sus crímenes.

Y desde luego, el pueblo norteamericano dejará de votar a su presidente una vez que descubra qué ha hecho.

Desde nuestro punto de vista, todo lo que interesa a Cárter es secundario para la Gasa Blanca, y con tal de alcanzar su objetivo está dispuesto a hacer lo que sea, incluso a sacrificar el honor de su país.

No podemos creer que los reclamos del gobierno estadounidense obedezcan a motivos humanitarios.

¿Acaso sólo el sah es un ser humano? ¿No son seres humanos los 35 millones de iraníes? ¿No eran seres humanos los vietnamitas?.

¿No vemos claramente los crímenes que con la aprobación de Cárter están cometiéndose actualmente en el sur de Líbano?.

Para nosotros [la resolución de la crisis] supone la extradición a Irán del sah derrocado y la adopción de medidas para compensar a Irán por los daños causados por su tiranía.

Desde luego, hay daños que son irreparables.

Por ejemplo, en la lucha contra el sah hemos tenido unas cien mil bajas.

Y aunque el trabajo y el talento humano derrochados para la obtención de sus dañinos objetivos no pueden compensarse, esperamos la repatriación de los bienes saqueados a Irán.

El punto principal que cabe tener en cuenta es que nos hallamos en una nueva era. Irán ya no es hoy lo que era bajo el sah. Ha ocurrido un milagro.

Bajo el régimen anterior un solo policía podía obligar a todos los comerciantes de un gran bazar a enarbolar banderas para celebrar el cumpleaños del sah.

Ese mismo pueblo se levanta con las manos desnudas contra los tanques y la artillería. Incluso ahora se envuelven en sudarios y acuden aquí [a Qom] para manifestarse dispuestos al martirio.

No se puede zarandear a un país que ha experimentado tal transformación.

Transformación que el señor Cárter aún no ha comprendido. Cree que puede volver a imponer un dictador a un país.

Pero ha de entender que los iraníes nunca permitirán tales actos. Cárter se tiene que despertar.

Y los norteamericanos han de desalojar a Cárter con su voto.

Deben elegir a un presidente adecuado.

Si se convence a los iraníes de que el gobierno de Estados Unidos no pretende engañarlos, habrá unas relaciones normales con Estados Unidos; el tipo de relaciones que mantenemos con otros países.

Fuente Consultadas:
Revista TIME Historia del Siglo XX El Mundo Islámico – La Revolución Islámica en Irán

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Historia de Japón en el Siglo XIX – Transformación Industrial Militar

SIGLO XIX: JAPÓN SE OCCIDENTALIZA Y DESARROLLA SU INDUSTRIA

Luego de la victoriosa guerra contra China,  Japón acordó dar prioridad a las transformaciones, a la occidentalización del país. El  emperador trató, ante todo, de congraciarse con las potencias occidentales. Para ello, se esforzó en poner fin a los atentados contra los extranjeros y se preocupó de que los culpables fuesen ejecutados. Después comenzaron las reformas.

La tarea primordial era la de hacer desaparecer el feudalismo, principal obstáculo para la indispensable transformación económica. Los grandes señores feudales, los daimios, se dejaron convencer de la necesidad de abandonar sus privilegios feudales y de fundirse con la nobleza cortesana.

En 1868 sube al trono imperial Mutsuhito (1868-1912), que llamó a su reinado Meiji. Desde el poder se impone la occidentalización del todo el país, aboliendo el régimen feudal de los samurais y shogunes anterior

En compensación, pasaban a ser gobernadores de sus provincias y funcionarios imperiales. De igual modo, los caballeros, los samurais, y los templos fueron despojados, a cambio de pensiones. El abandono del feudalismo implicaba, desde luego, pesadas cargas para el Estado.

Por eso, gracias al empréstito conseguido en Londres, el gobierno propuso a los samurais la recuperación de sus pensiones, mediante la inversión inmediata de un capital. Los intereses pagados a Londres ofrecían el peligro de ser elevados también, pero se esperaba, con razón, que la masa de capitales puesta en manos de los daimios sería invertida en la economía, y que, de ese modo, en forma de impuestos, el Estado aumentaría sus recursos.

Envite audaz, pero operación grandiosa. No se puede menos de admirar aquella revolución pacífica, única, sin duda, en la historia del mundo. La economía agraria fue la primera en beneficiarse de la nueva organización. Los campesinos se convirtieron en propietarios de la tierra.

Al trabajar por su cuenta, aumentaron su rendimiento. Es verdad que los más débiles no pudieron resistir: muchos tuvieron que vender, y los últimos hijos de las familias ya no encontraron tierras. Estos desheredados tuvieron que refugiarse en las ciudades, ofreciendo así la mano de obra necesaria al desarrollo industrial: de este modo, se realizó, no sin miserias ni dificultades, el traslado de mano de obra, condición indispensable para toda revolución industrial.

Al principio, fue el Estado el que se encargó de la creación de la infraestructura. Por otra parte, sólo el Estado podía disponer de las enormes sumas de dinero necesarias para la realización de unas empresas cuya rentabilidad inmediata era más que dudosa.

Minas para la explortación de metales, grandes industrias, ferrocarriles, formación de obreros calificados, creación de una marina mercante: el Estado se ocupó de todo. Al mismo tiempo, la justicia, la administración, la enseñanza e incluso las costumbres se iban occidentalizando.

En 1871, se reorganizó el ejército nacional, llamado a sustituir a las tropas de clanes. A pesar de la oposición de los samurais, ofendidos al ver que el pueblo, al que ellos habían despreciado, podría combatir también, se estableció el servicio militar obligatorio para todos, si bien inculcando a los reclutas los principios morales que habían constituido el valor de los guerreros feudales y que ahora iban a mostrar su extraordinaria eficacia, pues los soldados japoneses pronto se convirtieron en el símbolo de la obediencia total y de la entrega hasta la muerte.

Estas características fueron puestas de manifiesto en la segunda guerra mundial, por los kamikazes, los voluntarios de la muerte. Un gran esfuerzo, indispensable para aquel pueblo insular, fue el dedicado a la marina, bajo la dirección de oficiales ingleses y de ingenieros franceses. Mientras tanto, para unificar al pueblo, desgarrado, sin duda, por la disolución de los lazos feudales tradicionales, se dio nuevo vigor a la religión nacional, el shintoísmo, con lo que el culto al emperador divinizado y el culto a los antepasados se convertían en el profundo elemento uni-ficador de la nación.

En 1889, en fin, seguro de la solidez de su obra, el emperador promulgó una Constitución, evidentemente inspirada en la Constitución prusiana, que otorgaba al emperador amplios poderes.

Continua: El Imperialismo Japonés

PARA SABER MAS…

En enero de 1860 zarpó de Yedo el Kanrin-Maru, un velero con motor a vapor, de cien caballos de potencia, que sólo había sido utilizado para maniobrar en puerto. Su tripulación fue la primera en cruzar a vela el Pacífico (ya que al cabo de cinco semanas atracó en San Francisco), y en pilotar un barco a través de semejante distancia. Ese logro extraordinario tuvo lugar apenas siete años después de que los japoneses vieran por primera vez un barco de vapor.

Posteriormente, un joven miembro de la tripulación escribió: «Creo que, sin excesivo orgullo, podemos jactarnos ante el mundo de tanto valor y pericia… A pesar de sus conquistas, Pedro el Grande de Rusia, que estudió náutica en Holanda, no pudo igualar la hazaña de los japoneses.»

El orgullo patriótico de aquel joven era fiel reflejo del de la mayoría de sus compatriotas. Entre los japoneses cultos existía el apasionado deseo de que su país no sufriera el mismo destino que chinos e indios, cuya inferioridad ante los «demonios extranjeros del mar» los obligó a soportar las injerencias de europeos y norteamericanos en sus asuntos internos. La travesía de la que tanto se enorgullecía aquel joven no sólo demostraba la disposición de los japoneses a tomar prestados conocimientos y tecnología, sino la rapidez con que sus compatriotas supieron aprovecharlos.

Japón cambió deprisa a lo largo de las décadas siguientes. Sus líderes comprendieron que no podían tomar prestada tecnología occidental y adaptarla a la sociedad japonesa sin introducir cambios en sus propias costumbres. El primer paso hacia la creación del estado nacional fue la abolición del viejo sistema semifeudal por el cual los clanes gobernaban grandes zonas del país en nombre del emperador. Luego adoptaron muchas instituciones de gobierno europeas. (Fuente Consultada:Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts)

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

La Ciudad de Dios en Ginebra de Calvino,Caracteristicas

La Ciudad de Dios en Ginebra del Reformador Calvino

LOS COMIENZOS DE CALVINO

Nació en Noyon, Picardía, el 10 de julio de 1509, y era hijo de un hombre de negocios, que lo destinó siendo un niño a la Iglesia.

¡A los doce años disfrutaba ya de un beneficio eclesiástico!.

El clero de la ciudad lo miraba con benevolencia por lo bien dotado.

Así, marcho a París a preparar una carrera que se le anunciaba muy brillante.

Durante algunas semanas fue compañero de Ignacio de Loyola en el colegio de Montaigu.

Calvino, reformador religioso

En 1531, hallándose en la Universidad de Bourges, favorable a la Reforma, estableció conocimiento y recibió la influencia de un humanista luterano, el alemán Melchor Wolmar.

Pero éste no consiguió apartar a Calvino de la Iglesia romana.

Poco después murió su padre, Gerardo Chauvin, al cual, por hallarse enemistado con el capítulo de la catedral por una cuestión de sucesión, le fue negada la sepultura cristiana.

Origen del Calvinismo Historia y Características Resumen ...

Pero esta lamentable intransigencia tampoco precipitó la conversión del joven teólogo.

De regreso a París, estudió letras y publicó su primera obra, un comentario sobre el De Clementia, de Séneca.

Simpatizaba con las ideas erasmistas y frecuentaba los medios favorables a la Reforma, que se habían desarrollado bajo la influencia del gran humanista Lefévre d’Etaples.

Poco a poco, se acercó a las doctrinas de Lutero y de Zwinglio y, en 1534, rompió con la Iglesia romana y renunció a sus beneficios.

El mismo año, las persecuciones lo alejaron del país y se refugió en Basilea.

LA INSTITUCIÓN CRISTIANA

En 1536, en Basilea, publicó la Institución cristiana, dedicada a Francisco I.

En ella demostraba que los reformados se atenían al Evangelio puro, y hacían de las Escrituras la única fuente de la teología.

Como Lutero o Zwinglio, afirmaba que sólo la fe del creyente y no las obras lo podían salvar.

Pero, a diferencia de Lutero, apenas se interesó por la liturgia y las formas del culto, y, a diferencia de Zwinglio y otros reformados que conservaban cierto misticismo, su formación de humanista y de jurista lo alejaba del cristianismo medieval.

La religión era, ante todo, la regla moral de los creyentes, que les imponía devolver a Dios lo que le pertenecía.

El hombre es débil, privado de libre albedrío y arrastrado al pecado, «todo suciedad y pestilencia».

Sólo el sacrificio de Cristo lo puede salvar.

La fe es un don de la Gracia Divina; no todos la reciben y no hay predestinación más que para un pequeño número de elegidos.

Dios destina a unos a la vida eterna y a los demás a la condenación, «por su juicio oculto e incomprensible».

Como no sabemos quiénes son los elegidos, debemos trabajar por la salvación de todos.

Calvino no admitía más que dos sacramentos: el Bautismo y la Comunión simbólica; el culto se reducía a la oración, el sermón y el canto de los salmos.

No debía haber ornamentos ni altar, ni crucifijo en los templos, servidos por pastores o ministros recluíados entre ellos, pero sometidos a las asambleas de fieles y a las autoridades.

PRIMERA ESTANCIA EN GINEBRA

Tanto como a su obra teológica, Calvino se entregó a la organización de su iglesia reformada.

A pesar del inconveniente de su mala salud, no vacilaba en emprender peligrosos viajes, buscando lugares de asilo para los proscritos, y predicando.

En julio de 1536, se dirige a Ginebra, donde su amigo Guillermo Farel lo retiene.

Este se había entregado con toda su alma a las nuevas ideas, pero faltaba en Ginebra un jefe capaz de organizar el nuevo protestantismo.

De simple «lector» de las Escrituras, Calvino no tardó en imponerse; en 1537 sometió a la votación de los distintos consejos de la ciudad los artículos sobre el régimen de la Iglesia evangélica, la cual no debía ser una simple asamblea de eclesiásticos, sino una comunidad viviente y consciente, imagen perfecta del reino de Dios.

El derecho de excomunión se convirtió en uno de los atributos asenciales de toda iglesia.

Una requisitoria tan firme no podía dejar de excitar los celos del poder civil, y Calvino y Farel entraron en conflicto con los magistrados, que los desterraron.

Calvino se trasladó a Basilea y, después, a Estrasburgo, donde se casó con la viuda de un anabaptista belga, Idelette de Bure.

En la ciudad se encontraban 1.500 refugiados franceses; Calvino los organizó y creó para ellos una liturgia francesa, perfeccionando su teología y participando en las asambleas de Francfort, Worms y Ratisbona.

Pero en 1541 los ginebrinos volvieron a llamar a los que habían proscrito.

Calvino se estableció en la ciudad donde residiría durante veintitrés años, hasta su muerte, intentando transformar Ginebra en un vasto convento laico.

LA CIUDAD DE DIOS

En efecto, desde 1541, hizo adoptar a la ciudad una serie de ordenanzas que servirían como modelo de experiencias políticas y sociales para las futuras comunidades calvinistas.

Los ginebrinos deberían vestirse sin lujo, evitarían los bailes, moderarían su lenguaje, expurgando los estantes de su biblioteca de toda obra frivola, asistirían a numerosos oficios, aplicándose a mantener sus espíritus libres de todo lazo carnal, y vivirían en estado de oración silenciosa.

En su deseo de modelar la vida de todos, Calvino chocó con la vieja burguesía.

Una verdadera «Fronda», dirigida por la familia del capitán general de la ciudad, Aimé Perrin, provocó disturbios y una dura represión.

El arresto del español Miguel Servet, médico notable (había descubierto la circulación pulmonar de la sangre), fue el punto culminante de esta agitación.

Servet había atacado a la Trinidad.

Fue capturado durante un sermón del reformador, y quemado vivo en 1553.

La facción de Perrin, comprometida en su favor, perdió definitivamente el poder.

Calvino había llegado al fin que se había propuesto.

El Consistorio era el Consejo director de la Iglesia, formado por los simples fieles agrupados en torno a los pastores.

En 1559, la creación de la Academia, última gran realización de Calvino, reunió a los mejores profesores de la época, encargados de la enseñanza de más de 1.200 estudiantes, futuros misioneros de la nueva religión.

Cuando, en 1564, murió Calvino, su Iglesia influía en Francia, Escocia y los Países Bajos.

Mientras Lutero había sometido su Iglesia a los príncipes (el luteranismo contribuyó a forjar el carácter alemán de sumisión al Estado), el calvinismo formaba comunidades libres de tendencias independientes y democráticas, rebeldes a la autoridad, provocando una viva hostilidad de los soberanos, principalmente en Francia, donde la Reforma iba a provocar sangrientas guerras civiles.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

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Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Primeros Conocimientos en Europa de Oriente o China

Luego de un largo y penoso viaje hacia oriente y despúes de haber sufrido los horrores del desierto, los Polo llegaron, al fin, a la primera ciudad china de su viaje: Su Cheu.

Los venecianos permanecieron luego un año en Ku Chué, realizando excursiones por el centro de Asia, a Erzina y Karakorum.

El viaje siguió, por último, hacia el este, y el Gran Khan les envió una escolta de honor.

Kublai los recibió en persona, en su residencia de Shang Tu, al nordeste de Pekín (1275).

Los hermanos Polo dejan Venecia llevando consigo a Marco—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Marco Polo, que durante el viaje había aprendido las lenguas habladas en el Imperio mongol, supo impresionar, seria y favorablemente, al emperador, que hizo de él su amigo y su auxiliar, empleándole en calidad de administrador y diplomático, mientras su padre y su tío trataban de múltiples asuntos comerciales.

Así comenzó una estancia que debía prolongarse hasta 1292.

Kublai Khan

Marco Polo, como administrador de Kublai y rodeado del respeto que le valía la amistad del Gran Khan, recorrió China en dos itinerarios.

Gracias a los relatos que Marco Polo hizo en «El Libro de las Maravillas», por primera vez Europa poseía una descripción  sintética de  las  regiones de Oriente.

Pese a los errores de apreciación que llenan su relato, la narración de las aventuras vividas por el veneciano, la descripción de lugares y gentes que visitó y encontró, renovaron los puntos de vista humanos y científicos que Europa poseía de Oriente; así, Occidente escuchaba por vez primera el nombre de Cipango (Japón).

Marco Polo (15 de septiembre de 1254 – 8 de enero de 1324) fue un mercader y explorador veneciano que, junto con su padre y su tío, estuvo entre los primeros occidentales que viajaron por la ruta de la seda a China.

Se dice que introdujo la pólvora en Europa, aunque la primera vez que se utilizó en Occidente acaeció en la batalla de Niebla (Huelva) en 1262.

El Imperio mongol de China, que visitó Marco Polo, estaba entonces en su apogeo y no pudo menos que maravillar al joven italiano, que fue sorprendido por la inmensidad del país y la diferencia que ofrecían las provincias del norte y las del sur con sus grandes ciudades superpobladas.

Como buen mercader veneciano y buen administrador, Marco Polo fue atraído, sobre todo por lo que representaba la economía le China; se extrañó de la sucesión de pueblos y el número de ciudades importante.

Pekín tenía seis millas de lado, no corr prendidos sus 12 arrabales, y su población desafiaba toda evaluación: Nankín, Shinng Kiong Fu y Hang-Cheu, con sus millones de habitantes, así como más de dos mi grandes ciudades, entre ellas los inertes Je Fu Cheu y de Hong Chué (Quinsay) «Venecia china».

La formación del Imperio mongol permitió el restablecimiento de las relaciones directas entre Europa y el Extremo Oriente. Pekín, la nueva capital mongola, atrajo de inmediato a los mercaderes de la India y del Golfo Pérsico, y en seguida a unos audaces venecianos, los Polo.

Pekín, antigua ciudad de los Kin y ciudad mongola—Miniatura del «Libro de las Maravillas»—París, Biblioteca Nacional.

Hong Chué era en efecto, una ciudad construida sobre una lagua y estaba recorrida por centenares de canales que pasaban, según Marco Polo, bajo 12.000 puentes.

Las calles estaban adoquinadas con piedra y ladrillo, no servicio de guardias urbanos asegurara le orden día y noche.

La ciudad recibía muchos extranjeros que se dedicaran al comercio y a la navegación.

El puerto de Hang-Cheu contaba con casi 18.000 boques, entre los cuales, algunos, los graades correos del Mar de China, aforaban 500 toneladas y eran maniobrados por 20C a veces, 300 hombres de tripulación.

Biografia de Marco Polo Vida y Ruta de sus Viajes a Oriente ...

EL ORO, LA SEDA, EL CARBÓN

El Estado sacaba gran provecho de esta actividad comercial, porque sólo los derechos de aduana de la ciudad de Hang Cheu se elevaban anualmente a 14.700 sacos de oro y representaban la novena parte de los ingresos de toda la China del Sur.

La circulación de una moneda fiduciaria, fabricada con delgadas hojas de pasta de madera de morera, y, a veces, para billetes de gran valor, con seda, siempre garantizada con la firma y el sello de los oficiales de moneda, extrañó a Marco Polo, que vio la ventaja de este sistema para el Tesoro Imperial: «El Emperador puede hacer cada año tal cantidad de monedas, sin que le cueste nada, que iguale a todos los tesoros del mundo»...

Parece, sin embargo, que Marco Polo no tenía conciencia del desastre a que podían conducir tales excesos.

En los campos, Marco Polo se interesó por todas las actividades agrícolas y anotó la riqueza de las explotaciones, las terrazas de cultivos que se escalonan sobre las pendientes más abruptas de las montañas y la abundancia de productos de la tierra.

El viajero veneciano nos enseña igualmente que Kublai Khan, recogiendo la tradición de los grandes emperadores chinos, hacía adquirir y almacenar el sobrante de las cosechas, que, en caso de penuria, era redistribuido a los hambrientos.

Marco Polo visitó igualmente sederías e hilaturas, pero lo que le extraño más aún fue el empleo que los chinos hacían del carbón:

«Una especie de piedra negra que se extrae de los flancos de las montañas de Catay (China del Norte) y que quema como el carbón de madera, e incluso mejor que él, porque si se le enciende por la tarde, se le encuentra aún con juego a la mañana siguiente».

Pero ya el poderío de Kublai declinaba, y los favores de que rodeaba a la persona de Marco Polo despertaban celos contra el veneciano y sus dos parientes, los cuales aprovecharon una expedición destinada a acompañar a una princesa mongola, prometida en matrimonio, a la Corte de Per-sia, para embarcarse con ella (1292).

La escuadra siguió la ruta tradicional, llevando a los tres latinos al reino de Shampa, a Sumatra, a las islas Nicobar, a Ceilán, a Malabar, para alcanzar el puerto de Ormuz y llegar, por tierra, a Trebisonda, sobre el Mar Negro.

Llegado a Venecia en 1295, Marco Polo debía caer en manos de los genoveses, al año siguiente.

En el curso de sus dos años de cautiverio, pudo redactar su fabuloso viaje.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Enlace Externo: Viajes de Marco Polo

Historia de los Longobardos:Origen Religion Costumbres

Historia de los Longobardos
Origen ,Religión y Costumbres

Germanos es una palabra celta cuyo significado es: «hombres que lanzan el grito de guerra» y fue utilizada por los romanos para designar a todas las poblaciones que tenían su residencia en la margen derecha del Rin, y, en general, al este de ese río.

Los germanos habitaban en la Europa Central: a lo largo de la ribera derecha del Rin, y en ambas riberas de los ríos Elba, Oder, Danubio y Vístula.

A partir del siglo II de nuestra era, algunos pueblos germánicos (también llamados «bárbaros» por los romanos, que denominaban así a todo lo que no era romano) comenzaron a hacer irrupciones a través de las fronteras del imperio.

Hacia el fin del siglo VI, casi todos los pueblos germánicos no sólo habían entrado en contacto con la civilización romana, sino que, en muchas invasiones, habían evidenciado tener una aplastante superioridad militar sobre el decadente y debilitado imperio de los romanos.

Por otra parte, el prolongado contacto con muchas instituciones romanas les había inducido a adoptarlas, y llegaron así a adquirir un grado de civilización bastante elevado.

Uno de los pocos pueblos que todavía conservaba las instituciones tradicionales de las tribus germánicas de allende el Rin, en razón del poquísimo contacto tenido con las poblaciones sometidas a la autoridad imperial, era el de los llamados longobardos.

Vestidos del Pueblo Longobardo

POR QUÉ SE LLAMABAN  LONGOBARDOS

El origen de los longobardos es un tanto oscuro; sin embargo, en la actualidad se considera como su más probable lugar de origen la península escandinava.

De haber sido así, los estudiosos estiman probable que su migración hacia el continente se haya verificado hacia el siglo I antes de Cristo.

Primeramente habrían poblado la parte inferior del curso del Elba, donde instalaron moradas permanentes, hasta que, en el siglo VI, consiguieron penetrar hacia el centro de Europa, y exactamente en la región occidental de la llanura húngara.

Parece ser que antiguamente las gentes de este pueblo eran llamadas vinilos (nombre derivado de la palabra escandinava vina, combatir), que significa «guerreros», y que sólo cuando se instalaron definitivamente en el territorio de la Alemania actual cambiaron su nombre por el de longobardos.

Y como en Escandinavia se llamaba «longobardiz» (guerreros que atraviesan el mar) a todos los soldados mercenarios que dejaban su patria para ir en busca de una fortuna mejor, se presume que los «vinilos» tomaron para sí tal nombre cuando abandonaron para siempre su tierra.

Otros creen que los longobardos comenzaron a ser llamados así porque usaban barba larga («langbarte»), y no faltan los que afirman que el origen del nombre reside en que combatían usando una larga lanza, la cual, en lengua alemana, es llamada «hallbard»   (alabarda).

• SUS CREENCIAS Y COSTUMBRES

El dios supremo de los pueblos germanos era Odín, símbolo de la tempestad.

Se lo representaba con vestiduras de guerrero, con un yelmo de oro en la cabeza y la terrible alabarda en la mano.

Odín era, sobre todo, el dios de los guerreros; tomaba parte en la batalla, daba la victoria a quien quería y decidía quién debía morir en el combate.

Los longobardos creían que los guerreros muertos con honor en el combate eran conducidos por el mismo Odín al Walhalle (la morada de los muertos), una especie de paraíso en el cual los héroes habrían de gozar de una gloria eterna.

Y en razón de hallarse convencidos de ser el pueblo más belicoso de entre las tribus germánicas, los longobardos se consideraban los predilectos de Odín.

Sustentaban la creencia de que Odín, para hacerlos invencibles durante las batallas, enviaba en su ayuda a los cinocéfalos (del griego «kinos», perro y «kefalé», cabeza; o sea, hombres con cabeza de perro), los cuales, con su terrible aspecto, esparcían el terror entre las filas adversarias.

Los longobardos habitaban cabañas de madera con techo de paja, detrás de las cuales solía haber una parcela rodeada por un seto vivo o un vallado.

Los utensilios de uso diario se limitaban a lo estrictamente necesario: un molino portátil para moler el grano, algunas ollas de cobre o de barro, cuernos de buey indistintamente usados para conservar el aceite o para beber, y algunas pieles sobre las cuales dormían.

Los más bravos guerreros colgaban, de las paredes de sus cabañas, cráneos de enemigos muertos por ellos.

El año 568, guiados por su joven rey Albuino, abandonaron la llanura húngara y se dirigieron hacia la península italiana: sumaban tal vez 250.000 personas, entre hombres, mujeres y niños.

La parte que ocuparon tomó el nombre de Longobardia (tal como Andalucía lo tomó de otros invasores bárbaros, los vándalos, que la llamaron «Vandalucía»).

De aquel nombre deriva el actual de Lombardía, dado a una extensa región septentrional de la península italiana.

Las tropas de este pueblo conquistador no se hallaban totalmente integradas por los longobardos, sino que formaban parte de las mismas el pueblo de los gépidós (a cuyo rey había matado Albuino algunos años atrás), así como también numerosos aventureros sármatas, búlgaros, bávaros y sajones, atraídos todos ellos por las perspectivas de combate y pillaje.

El ejército cruzó la cordillera alpina por el paso de Predil (hacia el norte de Venecia) y avanzó rápidamente por la llanura del Po, siempre en marcha hacia el sur.

Tras algunos combates, de los cuales salió victorioso, ocupó la región de Venecia (donde fundó el ducado de Friule), tomó Milán en setiembre de 569, y toda la cuenca del Po, la Emilia y Toscana (570), el ducado de Benevento y la ciudad de Pavía, donde constituyó la capital de su nuevo reino.

Este reino habría de durar hasta 774, fecha en que fue conquistado por Carlomagno e incorporado al imperio de Occidente.

Los territorios conquistados fueron divididos en 36 ducados, cuyos poseedores elegían al nuevo rey, pues no existía un régimen de sucesión hereditaria.

A la muerte de Albuino (572) los duques implantaron un gobierno colectivo, pero al año siguiente volvieron al régimen monárquico, designando como soberano a Clefis, quien apenas logró gobernar algo más de un año.

LA CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO

Rústicos, inciviles, y sólo interesados por el saqueo, los longobardos no manifestaron interés por aceptar ninguna de las limitaciones que las leyes romanas imponían a los pueblos extranjeros, y, naturalmente, no apreciaron instituciones que, como la esclavitud, eran fundamentales dentro de la vida romana.

Durante el primer período de su invasión, igualmente, se manifestaron irrespetuosos hacia el cristianismo y su jerarquía, habiendo sido señalados como enemigos encarnizados de la fe cristiana.

En su obra de saqueo, entonces, no hallaron motivo alguno para excluir las iglesias, de cuyos bienes se apropiaron sin escrúpulos de conciencia, ni vacilaron tampoco, cuando lo consideraron conveniente, en asesinar a los sacerdotes y dignatarios eclesiásticos de todas las categorías.

Cuando arrasaban una ciudad, las iglesias sufrían la misma suerte de los restantes edificios que en ella había.

Pero, a comienzos del siglo VII, se produjo un acontecimiento de importancia que cambió por completo su modo de vivir.

En 591, la reina Teodolinda (viuda de Autario, rey de los longobardos) contrajo nuevas nupcias con el rey longobardo Agilulfo, y, desde entonces, con ayuda del papa Gregorio Magno, se consagró a la tarea de lograr que su pueblo se convirtiese al cristianismo.

Su obra fue coronada por el éxito: hacia el fin del siglo VII, casi todos los longobardos habían abrazado la religión de Cristo.

Y de este modo se volvieron menos feroces y comenzaron a apreciar los valores de la civilización romana, europea y occidental.

Los longobardos hicieron construir muchos edificios en Italia: la basílica de San Pedro en Cielo de Oro, de Pavía, y la catedral de Monza, se hallan entre los más famosos.

Este último fue levantado en 602 por la reina Teodolinda. Además de los sepulcros de esta reina y de su esposo Agilulfo, en la catedral de Monza se custodian muchos tesoros de los reyes longobardos.

Uno de los más famosos es la «corona de hierro», así llamada porque en su parte interior lleva un aro de ese metal, confeccionado, según lá leyenda, con el hierro de uno de los clavos de la cruz de Cristo.

Esta corona fue usada para la ceremonia de coronación de varios soberanos, el último de los cuales fue Napoleón.

• LAS LEYES DE ROTARIO:

Asi como otros pueblos que no han alcanzado un cierto grado de civilización, los longobardos consideraban la venganza como una forma natural de la justicia.

Cuando un longobardo era asesinado, todos sus parientes tenían el derecho de vengarlo matando al asesino o a su familia.

Ésta y otras sanguinarias disposiciones fueron abandonadas cuando se convirtieron al cristianismo, adoptando, en este orden, las prácticas que son comunes a todos los pueblos cristianos.

Un rey que se preocupó por hacer más humanas las leyes que regulaban la vida de su pueblo fue Rotario.

Éste, en 643, promulgó en lengua latina un edicto según el cual la venganza fue sustituida por el «guidrigildo» o sea la compensación monetaria por el daño causado.

He aquí algunas de sus leyes.

«Si alguno provocara tumulto en la iglesia pagará una multa de 40 sueldos en beneficio del venerable lugar.

Y los 40 sueldos de dicha multa serán depositados sobre el sagrado altar donde la ofensa hubiese sido cometida.

Si alguno hubiera apaleado a otro hasta el punto de romperle los huesos, por cada hueso quebrantado pagará la suma de 12 sueldos.

Si un hombre hubiera matado a otro pagará a los deudos una indemnización compensatoria de la pérdida ocasionada.

Si alguno hubiera cortado la mano a otro, pagará la mitad del precio que sería fijado para el caso de haberío muerto.»

Cuando en 774 los francos arrollaron a los longobardos en la península italiana, éstos constituían ya un pueblo civilizado que fue poco a poco fundiéndose con el resto de la población peninsular.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV  – Historia de los Longobardos –

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Segunda Guerra Punica:Causas y Consecuencias,Batallas,Cartago

Segunda Guerra Púnica: Causas, Desarrollo y Consecuencias

roma antigua


SEGUNDA GUERRA PÚNICA:
Desde el siglo V a.C, el Estado más poderoso del Mediterráneo era Cártago, la más rica de las colonias fenicias. Tenía un gran puerto de comercio y un buen puerto de guerra, en la punta del África, en un país que producía excelentes cosechas dé trigo, a muy poca distancia de Sicilia, uno de los países más ricos de lá antigüedad.

Los Cartagineses en España, Amílcar y Asdrúbal. La pérdida de Sicilia, Córcega y Cerdeña, había sido fatal para el comercio y el poder marítimo de Cartago.

La democracia de Cártago era partidaria de la guerra, y deseando resarcir a Cártago de las pérdidas sufridas en las guerras anteriores, y colocarla en disposición de combatir para recuperar lo perdido, Amílcar se dirige a España desembarcando en Cádiz; y después de varias campañas logró apoderarse de la mayor parte de la península, poniendo por límites de su dominación los ríos Duero y Ebro, y aun mas allá de este último, fundó en lugar ventajoso la ciudad de Barcino (hoy Barcelona), muriendo poco después en un combate con los españoles.

Le sucedió su yerno Asdrúbal que, mas dado a las artes de la paz, fundó a Cartago Nova (Cartagena), procuró mejorar la administración, y aumentó considerablemente las riquezas de los cartagineses.

Los progresos de la dominación cartaginesa en España alarmaron al senado romano, que consiguió imponer un tratado a Cártago, por el cual ésta se comprometía a no pasar en sus conquistas al otro lado del Ebro, y respetar además los pueblos de origen griego y aliados de Roma, entre los cuales estaba Sagunto.

Asdrúbal murió asesinado por un esclavo, sucediéndolo Aníbal hijo de Amílcar.

anibal cruza los alpes para atacar roma

Causas de la Segunda Guerra Púnica

La causa fundamental de las guerras púnicas fue la ambición de Roma y Cartago, y que dado el carácter de las dos repúblicas, la guerra no podía terminar sino cuando una de ellas sucumbiera.

Esta causa general, lejos de desaparecer se había aumentado por la primera guerra, cuyos resultados multiplicaron la ambición de Roma, y enconaron más el odio de Cártago, que a toda costa deseaba recuperar su antiguo prestigio.

Este odio parecía haberse concentrado en los Barcas, de tal manera que Amílcar al conquistar España sólo pensaba en la guerra futura contra Roma y a fin de que este proyecto no fracasara por su muerte, le hizo jurar a su hijo Aníbal, cuando todavía era niño, odio eterno a los romanos.

Con estos antecedentes, y con la preponderancia de los cartagineses en España, y los recelos de Roma, la guerra era inminente, presentándose muy luego el motivo que la hizo estallar, que fue la toma de Sagunto por Aníbal.

Aníbal: sus campañas en España: sitio y tema de Sagunto

A la edad de 25 años Aníbal sucedió a su cuñado Asdrúbal.

A pesar de sus pocos años habíase distinguido por su audacia y su valor; mostrándose siempre infatigable en el trabajo, intrépido en el peligro, capaz de concebir los mas vastos planes, y enérgico y rápido en su ejecución.

Resuelto a llevar la guerra a Italia, antes quiso asegurar la dominación de Cartago, en España; y a este fin se dirigió contra los pueblos del centro de la península, alcanzando completa victoria sobre los Ólcades, los Carpetanos y los Vetones que habían tratado de derrotar a la dominación cartaginesa.

Usando un pretexto puso sitio a Sagunto, que después de una heroica resistencia, en la que perecen todos sus habitantes, fue tomada y destruída por Aníbal, a pesar de las protestas tardías é ineficaces de los romanos.

Destruida Sagunto, Roma mandó una embajada para pedir una repaarción a Cártago, que ésta se negó a dar, entonces el embajador O. Fabio, recogiendo su toga, les dijo:

¨Aquí os traigo la paz y la guerra para que elijáis ¨.

¨Podéis vos elegir ¨, contestaron los senadores cartagineses.

¨Sea así, yo os declaro la guerra, fue la respuesta del embajador, que se volvió a Roma, comenzando ésta los preparativos para la campaña.

De esta manera se inicia la Segunda Guerra Púnica.

ANIBAL EN LA GALIA AÑO 218 a.C.

Roma reunió dos ejércitos, uno en Sicilia para invadir el África, otro en Italia para atacar España.

Pero Aníbal no les dejó tiempo de atacar.

Hizo venir de África infantes libios y jinetes nu-midas, y dejando a su hermano Asdrúbal con una flota y un pequeño ejército para defender el sur del Ebro, partió de Cartagena en la primavera (218 a.C), cruzó el Ebro, atravesó rápidamente el país hasta los Pirineos, batiendo a los pueblos que querían detenerle, y llegó a estas montañas.

Allí licenció una parte de sus soldados españoles, dejó sus bagajes para que los custodiara un pequeño ejército que confió a Hannón y atravesó los Pirineos.

Llevaba 50.000 infantes africanos e iberos, 5.000 jinetes y 21 elefantes.

Una vez que entró en la Galia caminó rápidamente en dirección al Ródano.

Un ejército bárbaro, acampado en la orilla izquierda, quería impedirle el paso. Aníbal se detuvo en la orilla derecha, compró barcas y maderas y mandó hacer balsas.

Por la noche envió un destacamento que subió a lo largo del río unas leguas más arriba de su campamento, pasó el Ródano en las balsas y fue a ocultarse cerca del campamento de los bárbaros.

Al día siguiente, el grueso del ejército pasó el río en barcas. Los caballos, sujetos por la brida, nadaban a los lados.

Los bárbaros, al ver aquello, salieron de su campamento y se colocaron en orden de batalla.

En aquel momento el destacamento cartaginés, oculto en la orilla Izquierda, salló de su emboscada, prendió fuego al campamento, cayó encima de los bárbaros por retaguardia y los hizo huir.

El ejército de Aníbal pasó el río y acampó en la orilla izquierda.

Costó mucho trabajo hacer pasar a los elefantes. Se hicieron balsas muy grandes y se las cubrió con tierra y césped. Los elefantes entraron en ellas creyendo andar por terreno firme.

De allí se les hizo pasar a otras balsas que fueron remolcadas hasta la opuesta orilla. Los elefantes.

Inquietos, con sus patas metidas en el agua, estuvieron agitados al principio.

Algunos llegaron a caer al río y lo cruzaron con la trompa en altó.

El general romano, P. Escipión, enviado para detener a Aníbal en la Galia, había seguido la costa.

Al llegar al Ródano supo que Aníbal lo había pasado y se volvió a Italia.

En tanto Aníbal seguía en dirección a la misma península, los romanos se ocupaban en combatir a los galos de la Cisalpina. Los boyos y los insubres habían vuelto a hacer guerra y derrotado un ejército romano.

Aníbal contaba con ellos para ir juntos contra Roma.

Un jefe galo, procedente de las orillas del Po, dirigió una arenga a los soldados. Les pintó la Cisalpina como un país rico, habitado por pueblos guerreros enteramente dispuestos a unirse a los cartagineses.

PASO DE LOS ALPES

El ejército de Aníbal subió por la orilla del Ródano, y luego, volviéndose al este hacia los Alpes, caminó durante ocho días por la montaña pasando por senderos escarpados. Los montañeses le atacaron varias veces.

Un día le interceptaron el paso, pero por la noche se retiraron. Aníbal aprovechó el momento para hacer que sus mejores tropas ocupasen la posición y el resto del ejército siguió adelante.

Los montañeses se arrojaron sobre la retaguardia, cuya marcha estorbaban los caballos. Fue preciso que Aníbal diera la vuelta para librarla. El noveno día el ejército llegó a la cumbre y descansó dos días. Uniéronsele los rezagados y los caballos que se habían salido del sendero y que se creía perdidos.

Quedaba todavía el descenso por la vertiente italiana, más áspera, por un sendero estrecho, faldeando precipicios insondables. Era a final de otoño y la nieve, recién caída, hacía hundirse a los cartagineses. Los soldados se caían, y al caer se agarraban a sus compañeros y los arrastraban al precipicio. Los caballos resbalaban y se iban rodando.

Llegaron a un desfiladero tan estrecho y de pendiente tan rápida, que los elefantes no podían pasar. Los caballos, al caer, rompían el hielo, y al levantarse se les quedaban las patas heladas en los agujeros.

Aníbal acampó, mandó barrer la nieve y abrir un camino en la roca. Los animales pasaron primero, luego ¡os numidas trabajaron tres días para ensanchar el camino y los elefantes pasaron por fin.

Con mucha posterioridad se refirió que, para abrir el camino, Aníbal había hecho disolver la roca con vinagre.

En octubre, cinco meses y medio después de su salida de Cartagena, Aníbal llegaba al país de los Insubres en la llanura del Po. No le quedaban más que 12.000 africanos, 8.000 españoles y 3.000 jinetes, hombres y caballos fatigadísimos, los soldados pareciendo más bien salvajes que guerreros.

Pero los galos de la Cisalpina le proporcionaron hombres, víveres, vestidos y armas.

El ejército se rehizo y se puso en marcha hacia el sur.

Batallas del Tesino, Trebia, Trasimeno y Canas.

Mientras Aníbal se dirigía a Italia, los romanos, suponiéndole en España, mandan a esa península con un poderoso ejército, al cónsul Publio Cornelio Escipion, que, sabiendo en la travesía la expedición de Aníbal, desembarcó en Marsella para estorbarle el paso del Ródano, que el cartaginés había atravesado días antes; por lo que, enviando a su hermano Cneo Escipion con parte del ejército y de la escuadra para hacer la guerra a los enemigos en España, él regresó desde Marsella a Italia con ánimo de salir al encuentro de Aníbal cuando bajara de los Alpes.

El pequeño ejército de Aníbal, aumentado con los auxilios de los galos de Cisalpina, encuentra a los romanos en las orillas del Tesino, afluente por la izquierda del Po, sufriendo éstos una completa derrota, salvándose con dificultad Escipion, que a pesar de haber sido herido en la batalla, repasó el Po con los restos de su ejercito.

Como resultado de la batalla del Tesino se declararon por Aníbal los galos de Traspadana, mal avenidos con el yugo romano.

En persecución de los romanos, Aníbal pasó el Po, alcanzándoles en las orillas del Trebia junto a Placencia.

No habiendo todavía curado de sus heridas, Escipion cedió el mando del ejército a su colega Sempronio, que pierde en la batalla 30.000 hombres.

Los galos hasta ahora remisos en declararse por Aníbal, le aclaman libertador de Italia, incorporándose a su ejército, que de esta manera se elevó a 90.000 hombres.

El general cartaginés pasó los Apeninos, penetrando en Etruria come libertador.

Al atravesar los terrenos pantanosos del Arno con agua hasta la cintura, pereció gran número de soldados, y el mismo Aníbal perdió un ojo; pero poco después alcanzó una completa victoria junto al lago Trasimeno haciendo una horrible carnicería en el ejército romano mandado por el cónsul Flaminio.

Después de ésta batalla, Aníbal en vez de dirigirse a Roma, repasó los Apeninos, penetrando en el Piceno, donde se vio constantemente molestado por las estratagemas del cónsul Q. Fabio Cunclator (el Contemporizador).

Con este motivo el cartaginés se desplazó hasta Canas: Roma en tanto, cansada de la lentitud y escaso resultado de las operaciones de Fabio, levantó un ejército de 90.000 hombres, que puso a las órdenes de los cónsules Paulo Emilio y M. Terencio Varron.

Este último, a pesar de las prudentes observaciones de su colega, presentó la batalla junto al rió Aufido cerca de Canas, sufriendo tal derrota que mas de 70.000 hombres, la mayor parte ciudadanos romanos, quedaron en el campo, contándose entre ellos 80 senadores, 21 tribunos militares, y el cónsul Paulo Emilio.

Guerra de los Romanos en Sicilia Toma de Siracusa

Las consecuencias de la batalla de Canas fueron desastrosas para Roma.

Toda Italia meridional pasó al dominio de Aníbal, y con  Galia Cisalpina que ya le obedecía desde las batallas del Tesino y del Trebia, quedó reducido el poder de Roma a Italia central. Por otra parte, el Cartaginés hacia alianza con Filipo de Macedonia, que ofrece auxiliarle con 200 naves; y por su iniciativa se sublevan Córcega, Cerdeña y Sicilia. Jamás se había visto Roma en un trance semejante; a cada momento podía esperar ver el enemigo a sus puertas.

Sin embargo Roma no desmayó; el patriotismo de todos, pusieron en pocos días la ciudad en disposición de resistir un sitio; levantando al mismo tiempo un ejército que a las órdenes de Marcelo y Fabio, persiguió al general cartaginés, que se vio obligado a levantar el sitio de Nápoles, siendo batido su lugarteniente Hannon en Nola por Marcelo.

El senado se propuso en primer término recobrar  Sicilia y castigar a Siracusa que se había unido con Aníbal; y Marcelo fue encargado de esta empresa.

Pasando a Sicilia, puso sitio a Siracusa, que se resistió tres años, gracias a las máquinas inventadas por el célebre geómetra Arquímedes, con las cuales los sitiados rechazaban ventajosamente los ataques de los sitiadores; pero al cabo de este tiempo Marcelo se apoderó por sorpresa de la ciudad, mientras los siracusanos celebraban una gran fiesta; pereciendo Arquímedes, a quien un soldado atravesó con su espada sin conocerlo ; pues Marcelo había dado orden a sus tropas de respetar la vida del célebre matemático.

La toma de Siracusa dio por resultado la sumisión de toda  Sicilia, que fue declarada provincia romana.

Al mismo tiempo, Filipo de Macedonia, antes de haber podido llevar a Italia el auxilio prometido a Aníbal, vio su escuadra derrotada cerca de Apolonia por los romanos, que alentaron además a los pueblos de la Grecia para sublevarse contra la autoridad de Filipo.

La guerra en Italia: Batalla del Metauro

Mientras los romanos combatían en Sicilia y Macedonia, continuaba la guerra en Italia entre Aníbal y los ejércitos romanos.

Aníbal se dirigió a Roma para obligarla a llamar a los sitiadores de Capua pero el senado se preparó a la defensa con sus fuerzas propias y las que pudo recuperar de otras partes, sin llamar a las que sitiaban la ciudad campania, que por fin fue tomada por hambre, y cruelmente tratada por los romanos.

Entre tanto Aníbal, que veía mermar continuamente su ejército, había pedido auxilios a Cartago y a su hermano Asdrúbal que combatía en España contra los generales romanos.

Cartago, dominada por la facción enemiga de los Barcas, se hizo sorda a las peticiones de Aníbal; pero Asdrúbal equipó un ejército de españoles y africanos, y dejando a sus generales la prosecución de la guerra en la península, se puso en marcha para Italia, siguiendo el mismo camino que años antes llevara Aníbal.

Llegado a Placencia, que estaba en poder de los enemigos, se detuvo a sitiarla, perdiendo un tiempo precioso.

Roma en tanto, advertida de los proyectos de Asdrúbal, levantó dos ejércitos que a las órdenes de los cónsules Levio y Neron, salieron a evitar la unión de los dos hermanos.

Asdrúbal, alcanzado por Levio en las orillas del Metauro, en  Umbria, perdió la vida en la batalla, y su ejército quedó completamente destruido.

Los romanos anunciaron esta derrota a los cartagineses, cortando la cabeza de Asdrúbal, y arrojándola al campamento de Aníbal.

El héroe cartaginés, viéndose abandonado en país enemigo, pudo pensar con razón que la estrella de Cartago se eclipsaba.

Sin embargo, apelando a todos los recursos de su poderoso genio, todavía se mantuvo por espacio de cinco años en la Italia meridional, sin que todo el poder de Roma fuera bastante para vencerlo, ni menos para obligarlo a abandonar la península.

Los Romanos en España

Cuando Aníbal emprendió su expedición A Italia, Roma envió a España para hacer la guerra a los cartagineses a los hermanos Publio y Cneo Escipión.

Publio regresó desde Marsella a Italia para oponerse a Aníbal a la bajada de los Alpes y Cneo, con el título de procónsul, llegó a España, comenzando las hostilidades contra Asdrúbal hermano de Aníbal, y apoderándose de buena parte de la península.

Al año siguiente, Publio Escipión después de haber sido derrotado por Aníbal en la batalla del Tesino, vino también a España, y uniendo sus fuerzas a las de su hermano, derrotaron a los cartigeneses en varios encuentros.

Para sustituir a los Escipiones, Roma nombró a Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio y sobrino de Cneo, que a la sazón no contaba mas de 24 años.

Vino en efecto a España, pero no pudo evitar que Asdrúbal se dirigiera a Italia con su ejército para socorrer a Aníbal.

Sin embargo, por su valor, por la habilidad de su política y la dulzura de su carácter, venció a los cartagineses, en varios encuentros, se apoderó de los territorios que ocupaban, tomándoles además la ciudad de Cartago Nova y obligándoles a abandonar a España.

Escipión en África: Batalla de Zama:

Fin de la segunda guerra púnica. Nombrado cónsul por sus victorias contra los cartagineses en España, Escipion propuso al senado llevar la guerra al África, con el propósito de que Cartago llamase en su socorro a Aníbal, que se encontraba en el Abruzo, de donde no habían podido desalojarlo los romanos.

El senado, a instancias de Fabio Máximo se negó a su pretensión, pero le concedió permiso para alistar voluntarios en Italia y en Sicilia, reuniendo por este medio en muy poco tiempo hasta 30.000 hombres, con los cuales pasó al África.

Salió al encuentro de Escipión el general cartaginés Asdrúbal con un poderoso ejército, ayudado por la caballería de Syfax rey de Numidia, casado con la hija de Asdrúbal, llamada Sofonisba.

Escipión consiguió incendiar el campamento de Asdrúbal y el de Syfax, y derrotó las tropas que pudieron escapar de la catástrofe.

El númida Masinisa, aliado de Roma, se apoderó de Cirta capital de los Estados de Syfax, cayendo en su poder Sofonisba, que se envenenó para no ser esclava de los romanos.

Escipión se apoderó de Túnez, casi a las puertas de Cartago que, como el romano había previsto, tuvo que llamar apresuradamente a Aníbal. Este abandonó con honda pena el territorio de Italia, teatro de sus victorias.

batalla de zama guerras punicas

Con un poderoso ejército se dirige en busca de Escipión; poco antes de combatir, tuvo una conferencia con el general romano para hacer la paz .

Esta fue imposible por las exageradas exigencias de Escipión, y fue necesario dar la batalla; y a pesar del genio de Aníbal y del valor de sus tropas, fueron los cartagineses completamente derrotados por Escipión en la batalla de  Zama.

Cartago vencida tuvo que aceptar las duras condiciones que le impuso el vencedor, que fueron renunciar a su dominación en España, Sicilia y las otras islas del Mediterráneo; entregar a Roma su escuadra, pagar una fuerte indemnización, comprometiéndose a no emprender guerra alguna sin el consentimiento de Roma.

Así concluyó la segunda guerra púnica, quedando Cartago atada de pies y manos en poder de Roma. Escipion, que fue llamado el Africano, adquirió en ella una gloria imperecedera.

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Últimos años de Aníbal. Después de la batalla de Zama, y de la paz con Roma, el partido democrático de Cartago dirigido por Aníbal, consiguió sobreponerse a la aristocracia, emprendiendo radicales reformas en el gobierno, en la administración y en el ejército, para devolver a su país la unidad y la fuerza que había perdido.

Quizá soñaba Aníbal por estos medios tomar algún día la revancha de Roma. P

ero estos proyectos se desvanecieron por la envidia del partido aristocrático, cuyo jefe, Hannon, denunció a Aníbal a los romanos; por lo cual el senado exigió que se lo entregasen, teniendo que huir a la corte de Antisco, rey de Siria, para librarse de sus enemigos.

Aníbal en Oriente no desistió de sus propósitos de destruir la República romana; pero sus grandiosos planes no podían tener acogida entre aquellos pueblos corrompidos, y Antioco derrotado en Magnesia por los romanos, prometió a éstos entregarles al general cartaginés, que tuvo que huir, acogiéndose a la corte de Prusias, rey de Bitinia.

El odio romano le persiguió basta su último refugio; y no pudiendo conseguir por medio alguno que el rey se lo entregase, el general Flaminio concertó a unos asesinos, que se encargaron de quitarle la vida; Aníbal, por no caer en sus manos, tomó un veneno que puso fin a su existencia.

Consecuencias de las Guerras Púnicas

Las guerras púnicas no han concluido todavía; después de la segunda vendrá la tercera y última.

Pero la importancia histórica de aquel hecho, termina en esta segunda guerra; porque en ella se resuelve de una manera decisiva la cuestión que en ellas se ventilaba, cine era la preponderancia de Roma ó de Cartago.

La república africana, después de la batalla de Zama y de la muerte de Aníbal, ha dejado de ser un obstáculo para la marcha de Roma. Por esta razón debemos examinar aquí las consecuencias de aquellas guerras.

Las guerras púnicas son el hecho más importante y trascendental de la historia de la república romana.

Antes de estas guerras, Roma encerrada en la  península Italiana, no pudo pensar siquiera en la conquista del mundo; pero vencida Cartago, esta idea no sólo es acariciada por Roma, sino que su realización se presenta fácil y hacedera.

El Oriente corrompido y en decadencia, y el Occidente bárbaro y dividido, constituyen ahora el objeto de la ambición de Roma, que con menos sacrificios de lo que le han costado las guerras púnicas, y en poco tiempo extenderá su dominación desde el Eúfrates al Atlántico.

Así la consecuencia mas importante de aquellas guerras consiste en el carácter universal que toma desde entonces la historia de Roma.

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