F. Ramírez y «La Delfina»

Biografia de Kafka Franz Vida y Obra Literaria Resumen Cronologia

Biografia de Kafka Franz
Vida y Obra Literaria – Los Amores de Kafka

Franz Kafka nació en Praga, que entonces pertenecía al Imperio Austro-Húngaro, el 3 de julio de 1883, en una familia de clase media.Fue un novelista checo,  autor de breves nararciones. Es uno de los novelistas más singulares del siglo XX. Su obra está marcada por un desgarro interior alimentado por su confusa identidad: de origen judío, vivió en el hervidero nacionalista centroeuropeo y escribió en alemán.

Su padre, un comerciante, fue una figura dominante cuya influencia impregnó la obra de su hijo y que, según él mismo, agobió su existencia. En Carta al padre, escrita en 1919, pero publicada, como casi toda su obra, póstumamente, Kafka expresa sus sentimientos de inferioridad y de rechazo paterno.

A pesar de esta grave incompatibilidad, vivió con su familia la mayor parte de su vida y no llegó a casarse, aunque estuvo prometido en dos ocasiones.

En 1912 Kafka conoció a través de Max Brod (amigo de la infancia) a una berlinesa llamada Felice Bauer, mujer alta y no muy agraciada físicamente, pero segura de sí misma y tranquila. Kafka le pidió que se casara con él, pero no estaba seguro y hubo varias rupturas. La excusa que se ponía a sí mismo era: «Si soy feliz por algo no relacionado con la escritura, me siento incapaz de escribir ni una sola palabra», pero el verdadero problema es que quizá no estaba enamorado de Felice y que todavía no había logrado romper sus barreras.

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Se prometieron dos veces, en 1914 y en 1917, después de que él escribiera El procesoque se ha leído como una metáfora de su relación– y saliera fortalecido. En ambas ocasiones él se echó atrás, aunque como hizo con Julie, usó como excusa el agravamiento de la tuberculosis que padecía.

Durante los seis años que duró la relación Franz envió a Felice más de quinientas cartas y postales. Esta difícil relación con Felice Bauer, puede ser analizada en Cartas a Felice (1967).

Se doctoró en Derecho en 1906 en Checoslovaquia, su país natal. Tras un año de práctica ocupó un cargo público hasta 1928, pero su verdadera vocación fue la literatura. Colaborador de la revista Hyperion (1907), en 1909 frecuentó el club Myádich, centro de doctrinas socialistas y revolucionarias.

Franz Kafka

En 1911 se interesó por el sionismo y la literatura judía. Su obra literaria presenta una doble vertiente realista y metafísica. Describe al hombre moderno inmerso en una realidad absurda, la que se ve reflejada en la problemática personal del autor. Su narrativa simbólica y plena de desasosiego escrita en alemán anticipó la opresión y la angustia del siglo XX.

Su estilo lúcido e irónico se manifiesta con una técnica que participa del expresionismo y del surrealismo. Sus obras han dado pie a numerosas interpretaciones.

Uno de sus primeros libros es Un médico rural, serie de relatos que recogen un universo angustiado, entre el sentimiento de la decadencia física y el peso de la obra que aún le queda por escribir. El castillo es ya una obra de plena madurez. En términos generales, a lo largo de toda su obra Kafka se entrega a una exploración de su universo interior. La metamorfosis, El proceso, La colonia penitenciaria, el Diario íntimo y la Correspondencia son sus mejores escritos. Dejó varias obras inacabadas.

En cuanto a la técnica narrativa, en la obra de Kafka el narrador se confunde estrechamente con su criatura, esto es, prácticamente desaparece. El novelista no domina el mundo que describe, sino que lo padece; esto explica la ausencia de una dimensión moral o política en su obra.

En su testamento expresó la voluntad de que fueran destruidas, pero su amigo Max Brod las hizo publicar: La metamorfosis (1915), Cartas a mi padre (1919), En la colonia penitenciaria (1919), El proceso (1925), entre otras.

«Trataba de dormir a la tarde y escribir a la noche. La falta de sueño y el ruido lo alteraban de manera especial. Escribía de corrido, raramente corregía. Escribió La metamorfosis en quince días; La condena está escrita en una noche. Algo parecido a Mozart pero en lenguaje literario. De no morir tan joven, hubiera podido dar una cantidad torrencial de literatura porque -teniendo en cuenta que trabajaba ocho horas diarias para una compañía de seguros—, prácticamente en doce años ha dejado un legado tan importante. En doce años Kafka escribió todo lo que nosotros tenemos.» Jordi Llovet, editor español.

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Kafka es autor de tres grandes novelas (El proceso, El castillo y América), diarios y correspondencia. El proceso apareció por vez primera en Munich, al año siguiente de la muerte de su autor. Una versión dramática de Gide y Barrault fue representada con éxito en París, en 1947. Esta versión tuvo la virtud de llamar la atención de los existencialistas (Camus, especialmente, quien escribió un interesante ensayo sobre la esperanza y lo absurdo en la obra de nuestro autor, luego recogido en El mito de Sísifo).

Esta extraña historia trata de un inocente empleado de banco que es detenido la mañana de su cumpleaños, acusado de algo desconocido. Para sus interrogatorios es citado en domingo, a fin de que no interrumpa su trabajo. Advierte desde su primera comparecencia la imposibilidad de convencer de su inocencia al funcionario judicial: no hace más que provocar grandes risas de los que le escuchan. Jamás logra ver al juez.

Las sesiones del juzgado se celebran en casa de un carpintero. Un día sin sesión le son mostrados por una mujer los supuestos libros de la Ley, que no resultan sino novelas con grabados deshonestos. Los archivos del juzgado están en un granero… Jamás logra ver una acusación escrita de su delito. Pero el proceso sigue inexorablemente. Todo procesado necesita muchos abogados con el objeto de retrasar o activar el proceso. Por medio de su sobrino se pone en contacto con un abogado influyente. El pintor Signorelli, ante quien posa el juez, se niega a ayudarle.

El protagonista —cuyo nombre es K.— va perdiendo capacidad de resistencia física y psíquica. De ahí que no se defienda contra su sentencia de muerte, sobrevenida al año de su primera detención. En el último capítulo de la novela, dos caballeros de levita y sombrero de copa se presentan al anochecer en su casa y lo conducen a las afueras de la ciudad, lo desnudan, hacen que se siente en el suelo, lo cambian muchas y fatigadas veces de postura, le apoyan la cabeza en una piedra y se cambian extrañas cortesías con un cuchillo. .. K. ve asomarse un hombre a una ventana y cómo le adelanta los brazos. K. levanta los suyos, pide justicia, y mientras el cuchillo se hunde en su espalda, dice: «¡ Como un perro!»

El castillo aparece asimismo en Munich, en 1926. Su carácter simbólico es igualmente patente desde las primeras páginas. Se trata de un agrimensor, que llega a un pueblo. El pueblo está presidido y regido por un castillo, algo distante. Pero al agrimensor le es imposible, desde el primer momento, ejercer sus funciones de agrimensor, para las que se le había llamado, porque realmente no hacía falta, y llega al castillo para ver en él a un misterioso funcionario, Klamm.

El único contacto posible con el castillo y su complicada administración es el mantenido a través de Barnabas, el mensajero. Sus primeros intentos por establecer contacto telefónico con el castillo son rechazados con zumbidos, con el silencio o con el rotundo «No» de un funcionario, al otro lado del hilo. Únicamente le es posible llegar hasta un mesón, próximo al castillo, donde enamora y posee a Frieda, amante de Klamm, quien le muestra a éste durmiendo, sentado a su mesa de trabajo, en la habitación contigua, por un agujero de la pared. Con Frieda regresa al pueblo, se instala en una habitación de la escuela y son siempre interrumpidos por la presencia sonriente y misteriosa de los dos ayudantes del agrimensor.

Frieda, que significaba un intento de aproximación al mundo del castillo, se vuelve un día inesperadamente al mismo, pretextando que el agrimensor frecuenta demasiado el trato con una hermana del mensajero, Olga. Una noche es citado para comparecer ante uno de los secretarios del castillo, quienes recibían e interrogaban a los aldeanos por la noche y en cama, a fin de no perder tiempo.

Pero el agrimensor se equivoca de puerta y habla con otro secretario, Bürgel, quien le promete ayuda. Su situación no ha variado sustancialmente desde el día de su llegada. Desconoce incluso con quién ha hablado, pues los secretarios suelen cambiar de aspecto, lo que hace imposible su reconocimiento. Al final de la obra, el misterioso castillo le resulta tan inalcanzable como al principio, e igualmente incomprensible el motivo de su llamada.

América apareció en Munich, en 1927. Es la novela de más alegre atmósfera. Fue comenzada en 1912, con el título Der Verschollene (El desaparecido).

Narra la vida de Karl Rossmann, muchacho que es enviado por su familia a América por haber violado a una muchacha que trae al mundo un niño. Antes de llegar a Nueva York, el fogonero del barco se lamenta del injusto trato de que es objeto por parte del maquinista.

Con ánimo de defender sus derechos, Karl se presenta en el camarote del capitán, y allí se da a conocer un señor, presente casualmente, como el tío americano de Karl, puesto al corriente por la familia de éste del motivo de su viaje. Karl y su tío desembarcan, abandonando al fogonero a su suerte. En una lujosa casa, aislado del mundo, Karl es sometido a una intensa preparación lingüística bajo la vigilancia del tío americano.

Unos compañeros de negocios de su tío le invitan a pasar un día en su casa de campo, cerca de Nueva York. La hija del dueño le conduce a su habitación, y allí luchan, perdiendo Karl. Decide volver a casa. Pero un desconocido lo retiene hasta medianoche.

Entonces le entrega una carta del tío, por la que éste, contrariado por haberle abandonado sin su consentimiento, le ruega que se abstenga de volver. En la calle se une a dos picaros, que le ayudan a buscar trabajo. Karl los abandona al poco tiempo por haber encontrado violentada su maleta. Consigue una colocación de ascensorista en un hotel.

A los pocos días, el gerente encuentra pretexto para despedirle por un momentáneo abandono del servicio. Evita una paliza del portero, huyendo, pero la precipitación le impide recoger una chaqueta en la que guardaba dinero y documentación. El anuncio de un teatro de Oklahoma, donde prometen ocupación a toda clase de hombres, le hace emprender el viaje. Y aquí acaba esta incompleta novela.

FRANZ KAFKA Y LAS MUJERES:

Kafka tenía un elevado concepto del matrimonio: admiraba la familia y sobre todo el orden, su forma patriarcal. Justamente, tal devoción le servía para sentirse incapaz de conformarla. «Ser padre y hablar serenamente con el hijo. Pero para ello se debe tener corazón y no en su lugar un pequeño reloj de juguete», había reclamado alguna vez a su padre.

En 1912 conoció a través de Max Brod a una berlinesa llamada Felice Bauer, la primera mujer que despertó en él la inquietud de casarse. La respuesta de la familia de Felice fue positiva, y cuando todo parecía indicar que no había ningún inconveniente, Kafka decidió que debía pensarlo mejor. El matrimonio se oponía a su trabajo literario. La literatura aparece siempre en sus reflexiones como la trampa en la que la vida corriente se hace imposible: «Si soy feliz por algo no relacionado con la escritura, me siento incapaz de escribir ni una sola palabra».

A pesar de estas dudas sentimentales que lo perturbaron durante cinco años, siguió adelante con sus textos y redactó La metamorfosis, su narración más célebre que tiene ecos autobiográficos en la que se cuenta la experiencia de Gregorio Samsa, convertido en una mañana cualquiera en un monstruoso insecto.

Otra relación de Franz Kafka fue con Milena Jesenzska (1896-1944), su joven traductora al checo, fue sobre todo epistolar. Las veces que se vieron fue por insistencia de ella porque a él, hombre atormentado y descontento con su cuerpo, que le parecía sucio, se le daban mal las relaciones cara a cara.

Milena tampoco lo puso fácil ya que estaba casada y, a pesar de que no era feliz, no quería abandonar a su marido, Ernst Polak, un intelectual diez años mayor que ella que trabajaba como empleado de banca y con el que vivía en Viena. Además, no era judía y no pertenecía a la cultura alemana. Las relaciones de Franz y Milena duraron hasta 1922.

Se empezaron a cartear en 1919, cuando ella le escribió para pedirle permiso para traducirle al checo, y poco a poco se enamoraron. Kafka, aunque lo intentó, no pudo vencer sus miedos. Accedió a que se vieran después de mucha insistencia y muchos pretextos. Para su sorpresa se sintió cómodo hablando con ella.

Kafka dejó por ella a Julie Wohryzek, con la que se prometió a los seis meses de conocerla. De todas formas, la relación estaba destinada al fracaso porque el padre de Kafka se oponía.

En los últimos tiempos de la relación, Kafka volvió a sentirse atormentado: necesitaba las cartas, pero no quería verse más involucrado; quería que ella le escribiera menos, pero luego se arrepentía. «Ayer te aconsejé que no me escribieras todos los días». Aunque añadió: «Pero, por favor, Milena, no me hagas caso y escríbeme igual todos los días, aunque sea una carta muy breve como la de hoy, apenas dos líneas, una sola, una mera palabra; privarme de esa palabra me costaría horribles sufrimientos». (Fuente: 99 Amores de la Historia – Alicia Misrahi – Editorial De Bolsillo)

Un Nuevo Amor y El fin

En 1923, Kafka conoció a Dora Diamant. Tenía diecinueve años y trabajaba como voluntaria en un campamento de vacaciones, en Müritz, al sur del mar Báltico. Dora recuerda que estaba preparando los alimentos en el bar cuando el escritor le dijo con una voz suave: «¡Unas manos tan tiernas obligadas a realizar un trabajo tan sangriento!».

Kafka, que por ese entonces había abrazado la causa vegetariana, había recurrido a su particular estilo para dar una impresión de la realidad y para iniciar su conquista. Al poco tiempo decidieron vivir juntos y lograron en pocos meses construir algo muy similar a lo que Kafka toda su vida había considerado como felicidad o normalidad. Ella había aprendido rápidamente a no alterar sus tiempos de escritura y a su vez ocupaba el lugar de mujer y de enfermera que él estaba necesitando.

La tuberculosis, mientras tanto, siguió su marcha. Kafka pasó las semanas finales en el sanatorio de Kier-ling, cerca de Viena, acompañado de Dora, Max y su tío Siegfried, personaje muy querido por él y que había retratado en su cuento «El médico rural». Falleció el 3 de junio de 1924, cuando tenía 40 años. Sus tres hermanas menores iban a morir unos años mas tarde en el período nazi, en los terribles campos de concentración alemanes.

Unos días después del entierro, Max Brod, revisando los papeles de su amigo, se encontró con la carta donde por última vez Kafka pretendía algo imposible.

CRONOLOGIA DE SU VIDA

1883: Nace Franz Kafka en Praga (Checoslovaquia). 1889-1901: Estudia en la Deutsche Knabenschule.

1901-06: Estudia Derecho en la Universidad de Praga; se recibe de abogado. Entabla amistad con Max Brod.

1904-1905: Escribe el primer texto que se conoce de él, «Descripción de una batalla».

1908: Comienza a trabajar en una compañía de seguros.

1910-1912: Se preocupa intensamente por conocer la cultura hebrea y entabla amistad con Jizchak Lówy, el director de una pequeña compañía de artistas hebreos.

1910: Comienza su Diario.

1911: Comienza la novela El disperso (que queda inconclusa y que más tarde fue publicada por Brod.)

1912: Conoce a Felice Bauer, tal vez la mujer más importante de su vida. Siguen un noviazgo, con una larga interrupción, hasta 1918. Escribe La condena y La metamorfosis.

1913: Se edita su primer libro, Contemplación. Se publica La condena.

1914: Escribe El proceso.

1915: Aparece La metamorfosis.

1916: Escribe «El médico rural», inspirándose en su tío Siegfried.

1918: Los médicos confirman el diagnóstico de tuberculosis. El noviazgo con Felice llega a su fin definitivamente. Se publica La muralla china.

1919: Noviazgo con Julie Wohryzek. Escribe «Carta al padre».

1920: A partir de una estadía en el sanatorio de Merano inicia la correspondencia con la periodista Milena Jesenska, esposa de Ernst Pollak y la primera traductora de los textos de Kafka al checo.

1922: Comienza su tercera novela, El castillo.

1924: Vive con Dora Diamant en Berlín. Muere en un sanatorio cercano a Praga.

Fuente Consultada:
99 Amores de la Historia – Alicia Misrahi – Editorial De Bolsillo
ARISTO Diccionario de Biografías Universales Editorial Visor
Enciclopedia Temática Ilustrada – Biografías – Editorla GL
Cuadernillo «LEGADOS» Nº3 Franz Kafka Editorial Pagina 12 de Liliana Viola

 

Elisa Brown y Francisco Drummond Amor de la Hija de Brown

Amor: Elisa Brown y Francisco Drummond

AMOR ETERNO: Francisco Drummond, nació en Dundee, una ciudad de Escocia en el año 1803. Fue hijo del Capitán Francis Drummond y Chatarine Young. Su familia pertenecía a la elite de Forfar, sus antepasados habían servido a la causa de la Casa de Bruce y también a la de Stuart.

Elisa Brown y Francisco Drummond Además, tenían una tradición militar, tanto es así que su padre y sus cuatro hermanos habían muerto en combate. En su juventud viajó a América, una vez allí, se incorporó voluntariamente a las fuerzas del almirante Guillermo Brown . Aunque era muy apuesto y hacia suspirar a varias mujeres, Drummond tenía ojos solamente para la hija del almirante Elisa, que tenía 17 años. (imagen izq.)

A medida que las visitas de Drummond se incrementaron, el Almirante consintió que los jóvenes mantengan el romance. Así, Francisco y Elisa solían pasear por los álamos que adornaban el jardín de la casa de Brown. El amor que sentían uno por el otro era tan transparente que con sólo mirarse se comunicaban. Apenas se miraban. Él, orgulloso pero retraído en su respeto; ella, ansiosa aunque tímida y recatada.

Brown los miraba desde lejos y sonreía al verlos. Sin embargo, el tiempo de paz se terminó y ambos militares debieron continuar con su carrera, partiendo hacia la guerra con el Brasil. El capitán Drummond sería el comandante de una de las tres naves argentinas que enfrentarían a dieciséis buques brasileños.

Su barco era el Independencia. El saldo de la guerra que Argentina entablo con Brasil fue desfavorable, la tensión entre ambos países había quedado latente en episodios como la batalla de Ituzaingó.

Los brasileros esperaban tener una revancha y se encarnizaron con este nuevo enfrentamiento bélico. De esta manera, las tres naves patriotas se defendían como podían, rodeadas por las dieciséis enemigas que vomitaban plomo y muerte.

Franciso Drummond se destaca en batalla, era un verdadero león sobre la cubierta de su buque. Cuando en medio de un bombardeo se quedaron sin municiones, Franciso ordenó cargar los cañones con eslabones de cadena, todo menos rendirse, pensó.

A pesar que los brasileros iban ganando, Drummond nunca dejo de dar batalla, con un humo que enturbiaba el sitio y el futuro, una esquirla le arrancó una oreja de cuajo a Francisco Drummond. Malherido no dejaba de dar órdenes. Al presenciar que la vida de Drummond corria peligro, el almirante Brown, desde otra nave, la Sarandí, le ordena mediante señales con banderas que abandone el buque de inmediato, quemando antes su casco para que no cayera en manos del enemigo.

Sin embargo, Francisco continuó peleando, tomó un bote y, en medio del fragor de la lucha, se abrió paso hasta el Sarandí para pedirle a su almirante más municiones y su autorización para no abandonar la contienda. Al verlos las naves enemigas descargan contra el pequeño bote todas las municiones, volando en pedazos la embarcación.

Drummond herido de muerte es rescatado por sus compatriotas, llevándolo a bordo del tercer navío argentino, el República. Allí es acostado en la litera de Juan Coe, el joven capitán de ese buque. Drummond comprende que va a morir y, con la mayor premura, cumple sus deberes heroicos. Pronuncia unas palabras que evitan cuidadosamente la queja; entrega a su amigo, el capitán Coe, el anillo nupcial para Elisa y alcanza a mantenerse vivo hasta la llegada del propio almirante, en cuyos brazos muere.

Al regreso, en febrero de 1827, el Almirante se encarga de dar la fatídica noticia a la joven Elisa, la cual apretando con fuerza el anillo que su prometido le dejó antes de morir, lo besará y se marchará en silencio, algunos dicen que sufrió desde ese momentos una leve demencia. A Francisco lo velaron en la comandancia de marina y lo enterraron con honores en el cementerio protestante.

Diez meses después, Elisa decidió vestirse con el traje de novia que había bordado para su casamiento con Drummond, y se adentró en el río, quitándose la vida. Después de este hecho fatídico, el Almirante Brown no pudo reponerse, de tal manera que Guillermo Enrique Hudson lo vio muchos años después, vestido de negro y parado en la puerta de su casa, mirando fijamente a la distancia.

Le pareció un fantasma. El jardín de la casa del almirante fue suplantado por la plazoleta Elisa Brown, un modesto homenaje municipal.

Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio y Espadas y Corazones de Balmaceda

Biografia de Carlota Corday Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Biografía de Carlota Corday: Mujeres Que Lucharon Por La Libertad

Resumen Biografía de Carlota Corday
La perspectiva histórica ha hecho de ella una heroína equivocada, pero no pudo dejar de reconocer su temple y su capacidad de sacrificio para la misión que se había impuesto y que cumplió con fervor casi religioso: devolver a Francia la libertad abatiendo a quien juzgaba un demagogo sangriento antes que un revolucionario decidido, inflexible con las vacilaciones de los girondinos.

Biografía de Carlota Corday

Carlota Corday es más el nombre de una leyenda que de un personaje real, si se piensa que a veces los actos heroicos no pueden juzgarse con el criterio de verdad o error histórico. En su vida se aunan la juventud y la belleza con el horror del asesinato que planeó y ejecutó.

María Ana Carlota Corday D’Armont nació en Saint-Saturnin des Lignerets (Normandía) el 27 de julio de 1768. Su padre, Francisco Corday, pertenecía a una familia noble de provincias venida a menos, por lo que educó a sus cinco hijos casi en la pobreza.

Agobiada por la miseria murió la madre, y el padre, después de resistir un tiempo más, decidió internar a sus hijas en el monasterio de Caen, según era habitual en la época.

En los conventos solían hacerse en aquel entonces reuniones mundanas, a las que asiste Carlota, ya de trece años. La joven conoce así a Belzunce, coronel del regimiento de caballería con guarnición en Caen, y pariente de la abadesa. Hay quienes sostienen que Carlota se enamoró de él, pero que al ser asesinado el militar en una revuelta, ella juró vengarlo y esto recaería después sobre Marat.


Como resultado de la nueva situación política que sobrevino con la Revolución de 1789, se cerraron los conventos, Carlota -casi desprovista de medios- se vio obligada a vivir en Caen con una anciana tía, madame de Bretteville.

Tuvo entonces oportunidad de leer algunos libros que influyeron mucho en ella: Rousseau, «un filósofo del amor y un poeta de la política»; Plutarco, el historiador clásico, y otros autores que presentaban el sacrificio personal como una razón de Estado.

INMOLARSE POR LA PATRIA
Republicana por convicción pero monárquica por sentimiento, se interesa por los movimientos que entonces agitaban a Francia; inclusive asiste a los juicios públicos ante las asambleas populares que juzgaban a los acusados de contrarrevolucionarios; a menudo, más que establecer la verdad o hacer justicia, se buscaba simplemente un culpable. Con las mejillas encendidas por el dolor, que realzaban su hermosura, Carlota presenciaba los desfiles hacia el patíbulo.

En esas circunstancias conoció a un muchacho, Franquelin, quien mantuvo con ella una secreta correspondencia; Carlota lo alentó vagamente, como una forma de compartir los infortunios de su amigo.

La partida de un batallón de voluntarios que marcha a París hace que se apodere de Carlota la idea de evitar que se malgasten vidas tan generosas y de liberara Francia de un gobierno que ella juzgaba tiránico, sin necesidad de más lucha fratricida. Juan Pablo Marat, se decía -y de ese médico y líder político jacobino se decían muchas cosas-, va había hecho listas con los nombres de los simpatizantes girondinos cuyas cabezas debían rodar para asegurar el triunfo de los revolucionarios más decididos.

Carlota imaginó que el inminente baño de sangre solo podría detenerse con el sacrificio de la suya propia. Así fue como el 7 de julio de 1793, con el pretexto de partir para Inglaterra, Carlota abandonó a su padre y su hermana para dirigirse a París, adonde llegó el jueves 11.

Ya tenía trazado un plan: pensaba que Marat concurriría al Campo de Marte para la gran ceremonia del 14 de julio, pero la enfermedad de este la obligó a cambiar de táctica. Decidió entonces buscarlo en su propia casa. Le escribió una carta en estos términos: «Vengo de Caen; conociendo su amor por la patria, supongo que se enterará con agrado de los terribles acontecimientos de esta parte de la República. Iré a su casa alrededor de la una. Tenga la bondad de recibirme y concederme un momento de audiencia. Le daré la ocasión de prestar un gran servicio a Francia».

LA MUERTE DE MARAT
Sin embargo, Marat no la recibe. Una segunda esquela, más insistente, refuerza la primera: «Marat, ¿ha recibido mí carta? No puedo creerlo, pues encuentro la puerta cerrada. Espero que mañana me conceda una entrevista. Le repito: vengo de Caen; tengo que revelarle importantes secretos para la salvación de la República. Me persiguen, además, pues saben que la libertad es mi causa; soy desgraciada, y este título es suficiente para tener derecho a su patriotismo.»

A las siete de la tarde del 13 de julio, sin esperar la contestación, va a la casa de Marat. Se arregla con cuidado, para impresionar bien a quienes custodiaban al insobornable jefe republicano. Aunque la portera no quiere dejarla pasar, la muchacha sube decididamente las escaleras.

En los primeros tramos la detiene Simone Evrard, la fiel amiga de Marat, que había oído el cambio de palabras. A su vez, el propio Juan Pablo oye discutir a las dos mujeres y, pensando que se trata de la desconocida que le ha escrito el día anterior, indica que dejen pasar a su visitante. En el aposento a medias iluminado Marat, enfermo, toma un baño, cubierto con una sábana manchada de tinta.

Carlota baja los ojos y espera junto a la bañera el interrogatorio. Responde con serenidad a las preguntas sobre la situación en Normandía. «¿Quiénes son los representantes refugiados en Caen?» Carlota dice sus nombres y Marat, con medio cuerpo y el brazo fuera del agua, los anota; añade: «Antes de ocho días irán todos a la guillotina». Al oírlo, Carlota saca un cuchillo y lo hunde con fuerza en el pecho de Marat, que mientras se desangra pide auxilio. Acuden Simone v un criado.

CAMINO DEL PATÍBULO
Carlota no trata de huir y apenas se oculta tras una cortina, pero el criado la golpea con una silla y ella se desploma. El tumulto y los gritos atraen a los vecinos, que suben las escaleras y se arremolinan, furiosos, en la calle, pidiendo a gritos que les entreguen al asesino para vengar allí mismo la muerte del gran tribuno.

No obstante, un piquete de soldados con bayonetas y el comisario Grillard conducen a Carlota, maniatada, al salón de Marat, donde es interrogada. Ella contesta con calma, orgullosa de su acción, y se dispone su reclusión en una prisión cercana. Ya en la cárcel, entre sus ropas se descubre, una proclama redactada por ella, en la que exhorta a derrocar la tiranía.

El 16, severamente custodiada, comparece ante el presidente del tribunal revolucionario. Conmovido por tanta belleza y tanto fanatismo que casi desdibujan el crimen, este la interroga sugiriendo las respuestas, de modo que el asesinato parezca demencial. Tal suposición irrita a Carlota, que la rechaza.

Trasladada a la Conserjería -la famosa prisión donde pasan sus últimas horas los que morirán en el patíbulo-, a las ocho déla mañana siguiente es conducida ante el tribunal revolucionario, el cual, por no tener ella quien la defienda, le designa como defensor de oficio al joven Chanveau—Lagarde, célebre por su defensa de María Antonieta, tres meses más tarde.

No obstante la elocuencia y valentía de Lagarde, el tribunal vota unánimemente la pena de muerte para la acusada. Al sacerdote que le envían para asistirla, Carlota le explica: «Agradezco a quienes lo han mandado, pero no tengo necesidad de su ministerio; la sangre que he derramado y la mía que va a verterse son los únicos sacrificios que puedo ofrecer al Eterno». Ese mismo 17 de julio marcha al suplicio en una carreta, bajo la lluvia, pero ello no arredra a la multitud congregada para presenciar la ejecución.

El verdugo, para ver mejor el cuello, le arranca la pañoleta que le cubre el pecho. El pudor humillado afecta a Carlota más que la muerte cercana, pero recobra en seguida su serenidad y acerca la cabeza, que la cuchilla troncha y hace rodar. Se cuenta que, al recogerla, uno de los ayudantes del verdugo la abofeteó y que entonces las mejillas de Carlota enrojecieron como si la ofensa les hubiese devuelto la vida. La multitud reprueba el ultraje pero celebra la muerte de quien asesinara al «amigo del pueblo».

Los girondinos encarcelados dijeron, al saber de su suplicio: «Ella nos mata, pero nos enseña a morir». Y Franquelin, su joven enamorado, se retira a una aldea normanda pues no puede soportar la desaparición de su amada. Muere pocos meses después, no sin antes pedir que junto con él entierren el retrato y las cartas de Carlota…

Fuente Consultada:
Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder
Fascículos Ser Mujer Editorial Abril
Enciclopedia Protagonistas de la Historia Espasa Calpe
Wikipedia

Camila y Uladislao Gutiérrez Ladislao Amor Prohibido Historia

Camila y Uladislao Gutiérrez o Ladislao: Amor Prohibido – Historia

El régimen rosista empezaba a ser más tolerante con sus opositores. Muchos habían regresado, cansados de esperar el fin del tirano. Mariquita Sánchez, por caso, se entretenía tocando el piano y recibiendo a unos pocos amigos fieles en su casa de la calle Florida.

Camila, amor tragico argentinoUna tediosa monotonía caracterizaba la vida pública y privada. Xavier Marmier, hombre de letras que visitó Buenos Aires en 1850, se aburrió mucho en las tertulias donde no se podía hablar de otra cosa que de modas y banalidades.Ludovico Besi, un prelado italiano que vino como legado papal ese mismo año, se sintió asqueado ante la ostentación de la obsecuencia por parte del clero porteño.

El obispo local había tolerado la supresión de las fiestas religiosas decretada por el gobierno para que la gente trabajara un poco más. El espionaje, la delación y la inmoralidad eran moneda corriente. Los jesuitas, llamados por Rosas de regreso al país, se habían ido de nuevo porque no admitían los actos de sumisión que se les imponían.

Transgredir la ley se pagaba cruelmente. Esto le sucedió a Camila O’Gorman, una jovencita que se enamoró del teniente cura del templo del Socorro, Uladislao (o Ladislao) Gutiérrez.

La pareja escapó a Corrientes para poder vivir sin trabas su amor, no advirtiendo el escándalo que dejaban atrás. Rosas, disgustado porque los emigrados de Montevideo denunciaban el libertinaje de la sociedad federal, decidió dar un escarmiento: ordenó apresar a la pareja y la hizo fusilar aduciendo que ése era el castigo dispuesto por la antigua legislación española para los amores sacrílegos. Esta conmovedora tragedia, que ocurrió en el Campamento Militar de Santos Lugares en 1848, contribuyó a demostrar que el uso arbitrario del poder era la esencia del régimen. (Fuente Consultada: Argentina, Historia del País y De Su Gente – María Saenz Quesada)

Los O’Gorman eran irlandeses, por eso era muy común que visitara la casa de esta familia un curita muy joven que no hacía muchos meses había llegado a la parroquia del Socorro. Había nacido en Tucumán, pertenecía a una familia adinerada, era muy apuesto con su pelo moreno y su sonrisa franca, tenía veinticuatro años y se llamaba Ladislao Gutiérrez.

Una de las hijas de los O’Gorman se llamaba Camila, tenía veinte años y era de una belleza serena pero deslumbrante. Su espíritu era festivo y romántico. Era la niña mimada de la casa. Es imposible saber cómo empezó todo. El caso es que Camila y Ladislao se enamoraron. Sabían lo que significaba aquello y ambos pedían perdón a Dios por lo que no podían y no sabían refrenar. Juzgarlos sería demasiado fácil.

Camila y Ladislao deciden fugarse. En los últimos días de 1847 salen por la noche, él de paisano, ella con un modesto vestido. Pocas horas después, la familia de Camila denuncia la desaparición de la joven y comienza una afiebrada búsqueda. Ellos pertenecen también a una familia socialmente acomodada y con contactos en los mandos, por lo que las autoridades, sin imaginar el escándalo en ciernes, agotan los recursos para encontrarla.

Solo al advertir la desaparición del padre Ladislao e hilar algunos hechos que antes parecían casuales pero ya no, comienzan a entrever la verdad. Crece la desesperación. Ni los familiares de Camila ni las autoridades eclesiásticas saben qué hacer. La noticia toma estado público y se la califica como un «crimen horrendo”. Todo Buenos Aires habla de la pareja y nadie sabe dónde están. Nadie.

La policía de Juan Manuel de Rosas busca afanosamente a los protagonistas del “crimen horrendo”. El gobernador de Tucumán, Celedonio Gutiérrez, tío de Ladislao, se presura a enviar, sin motivo alguno, un regalo valioso al Restaurador: dos sillas talladas a mano que, más que eso, es una manera de decir de que se lava las manos por la actitud de su sobrino y acepta disciplinadamente las decisiones del poderoso Rosas, sean las que fueren.

Camila y Ladislao, mientras tanto, lograron abordar una pequeña embarcación en el Tigre convenciendo al capitán para que los dejara en Goya, Corrientes. El hombre desconoce la identidad de sus casuales pasajeros. Ellos llevan documentos falsos donde él figura como un comerciante jujeño llamado Máximo Brandier y ella como su esposa, Valentina Desán de Brandier, Al poco tiempo, la pareja abre una escuela en Goya y comienzan a dar clases a los habitantes del lugar, que enseguida se encariñan con ambos como si hubieran vivido allí desde siempre. La casa de ellos es pequeña pero limpia y decorosa.

Dedican casi todo su tiempo a la enseñanza y a amarse con mucha ternura. Puede decirse que son felices, tal vez hasta muy felices, pero nada es eterno. Un día hay una fiesta en Goya y ellos asisten.  Allí, un hombre recién llegado de Buenos Aires los reconoce. Se acerca a Ladislao, que por supuesto viste de paisano, y le pregunta a quemarropa con un tono lleno de ironía:

Cómo está Ud., padre Gutierrez? ¿Hace mucho que no va por Buenos Aires?”. De responderle, Ladislao debió decirle que pronto se  cumplirían seis meses desde el día en que huyeron de la ciudad, pero fingió no escuchar nada y se fue para otro lugar la fiesta. El tipo se quedó mirándolo, con una sonrisa maliciosa y sin esperar una respuesta, que ya estaba dada.

Camila y Ladislao decidieron no huir. Tal vez pensaron que el  tiempo había ablandado las opiniones, quizá creyeron que no debían seguir escapando o que ya los habrían olvidado. Pero no era así. Dos días más tarde llegó la orden de Buenos Aires: ellos debían ser detenidos y devueltos a la ciudad. Así se hizo.

Por orden de Rosas se habilitó una celda del Cabildo para encerrar en ella a Ladislao y una habitación especialmente parada en la Casa de Ejercicios que administraban las monjitas de caridad, donde Camila sería recluida. Pero también por orden de Rosas, en mitad de camino llegó un chasque que desvió a los prisioneros al campamento militar de Santos Lugares. Se dice que en Buenos Aires corrían rumores de linchamiento apenas pusieran pie en la ciudad y el gobernador quiso evitar aquello, por eso el cambio.

El 14 de junio de 1848, en una fiesta organizada por el juez de paz, Uladislao fue reconocido por el sacerdote Miguel Ganrton y denunciado a las autoridades. Incomunicados por orden de Rosas, fueron engrillados y remitidos a Buenos Aires en la misma nave que habían empleado para huir. A partir de ese momento, y durante varias semanas, el gobernador debió soportar presiones en favor y en contra de los prisioneros.

En una carta que dirigió a la joven, Manuelita Rosas le anunciaba que había intercedido por ella y su amante ante su padre. La Iglesia, por su parte, se había convertido en implacable acusadora. «Todas las personas primeras del clero me hablaron o escribieron sobre este atrevido crimen, y la urgente necesidad de un ejemplar castigo para prevenir otros escándalos semejantes», confesó Juan Manuel de Rosas a Federico Terrero en el año 1870.

Camila y Ladislao llegaron penosamente encadenados al campamento de Santos Lugares. Un hecho hubo que parecía aliviar la situación pero que, en realidad, no hizo más que empeorarla: ella estaba embarazada.

El comandante del lugar, Antonino Reyes, se hace cargo de la situación lo mejor que puede: ordena que Camila sea tratada con delicadeza y hace que forren con tela suave los eslabones de la cadena que la engrillan. Ella y Ladislao son puestos en celdas separadas pero atendidos con toda corrección, mientras Reyes espera órdenes de Buenos Aires. Estas no tardan en llegar y su contenido es tan inesperado y terrible que el comandante debe leerlas varias veces para convencerse: Camila y Ladislao deben ser fusilados al día siguiente, a las diez de la mañana.

El 18 de junio de 1848 Camila y Ladislao son llevados frente al pelotón de fusilamiento. Camino al paredón, iban separados y con los ojos vendados, pero se percibían.

Ella preguntó al aire mientras caminaba a su muerte: —Estás allí Ladislao?

—Sí —respondió Gutiérrez desde un par de pasos de distancia y también sin poder verla por la venda—. Aquí estoy. Y mi último pensamiento es para ti…

Poco antes se le había permitido mandarle una nota de despedida a su amada en la que terminaba diciéndole: «Ya que no hemos podido vivir unidos en la Tierra, nos uniremos en el Cielo, ante Dios’»

Ambos fueron confesados por el cura del campamento, unos minutos antes del terrible momento. No pidieron clemencia, no lloraron, no se resistieron. La descarga de fusilería fue una sola y tremenda. Luego, el olor a pólvora quemada, una humareda que el viento disipó y el impresionante silencio de los soldados y oficiales que debieron cumplir la orden.

Todo quedó así por varios segundos, quieto, como en una fotografía. Como si el tiempo se hubiera detenido en ese momento para todos los protagonistas de esta historia, como nos ocurre ahora a nosotros al terminar de leerla.

(Fuente Consultada: Crónica Loca de Víctor Suerio)

Amores de Julio Argentino Roca-Ignacia Robles Romances Argentinos

Amores de Julio Argentino Roca e Ignacia Robles Romances Argentinos

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Julio Roca e Ignacia Robles

Julio Argentino Roca-Ignacia Robles Romances ArgentinosEn los últimos años, la figura de Julio Argentino Roca ha dado mucho que hablar dentro de la opinión pública argentina, ya que si bien algunos continúan considerándolo un verdadero prócer de nuestra nación, otros en cambio ven en él a un personaje nefasto, incluso genocida.

Es que se lo critica por sus diversas campañas, y al mismo tiempo se lo acusa de por ejemplo haber robado y secuestrado mujeres.

En este sentido, se sabe que es posible que haya adquirido esa actitud desde muy joven, incluso antes de convertirse en un político destacado de nuestro país. Según se cuenta que Roca mantuvo un noviazgo secreto con una hermosa joven llamada Ignacia Robles.

La relación permaneció en secreto debido a que los padres de la muchacha no aprobaban que su hija estuviera de amoríos con Roca, hasta que éste decidió raptarla, dando como resultado el nacimiento de su primera hija.Todo comenzó cuando Roca andaba por los 26 años de edad. Era una época en la que ya había comenzado a ser reconocido por sus méritos militares, y siendo teniente coronel estaba a cargo del mando militar en la ciudad de Tucumán.

En una de las tantas reuniones sociales a las cuales solían asistir frecuentemente, Roca tuvo la oportunidad de conocer al que se convertiría en uno de sus máximos caprichoso: Ignacia Robles, una jovencita diez años menor que él, proveniente de una familia de hacendados.

Al conocerlo, Ignacia también se sintió fuertemente atraída por Roca. No obstante, debía guardar en secreto su amor y pasión, ya que siempre estaba acompañada de su madre, que jamás aprobaría que su hija se relacionara con Roca. Es que la mujer sostenía que las habladurías que indicaban que Roca era un mujeriego eran totalmente ciertas, por lo que en ningún caso era un buen partido para su hija.

De todas maneras, contrariando los deseos de los padres de Ignacia, Julio Roca comenzó a frecuentar la casa de los Robles con intenciones claras, por lo que por supuesto no era demasiado bienvenido.
En principio, Roca mantuvo una actitud serena al respecto, intentando en cada visita y en cada reunión que se topaba con los Robles, lograr conquistar el corazón de su suegra, para que al fin aprobara la relación con su hija, que de todas formas se había concretado de manera secreta.

No obstante, Roca perdió la paciencia. Totalmente enamorado, y ante la realidad de la imposibilidad de llevar su amor al altar, tomó una decisión inesperada por todos. Raptó a la joven durante una semana, con lo que por supuesto se generó un escándalo a gran escala.

El hecho se produjo mientras se llevaba a cabo una fiesta de la alta sociedad. En medio de la reunión, Roca tomó a la joven Ignacia de un brazo y se la llevó consigo delante de toda la concurrencia, protegido por la impunidad que le otorgaba su cargo.

Cabe destacar que días antes, Roca ya había preparado su plan, ya que según se sabe había alquilado una casa para tal fin, en la cual pasó una semana junto a la joven Robles, sin que nadie se atreviera a contradecir su voluntad, ni siquiera los padres de la muchacha.

Transcurrida la semana, Roca puso en libertad a Ignacia, quien a pesar del escándalo regresó a su hogar paterno como si nada hubiera sucedido. Pero el escándalo no se detuvo allí, ya que luego de transcurridos nueve meses, la joven Ignacia daba a luz una hija, la cual fue bautizada como Carmen. Mientras tanto, Roca dejaba Tucumán para viajar a Entre Ríos y sumarse al ejército que lucharía para reinstaurar el orden constitucional luego del asesinato de Justo José de Urquiza.

Por decisión de los Robles, la joven Ignacia contrajo matrimonio con Bibiano Paz, quien tenía un parentesco materno con Roca. Algunos años después, Julio Roca se casó con Clara Funes, con quien tuvo seis hijos: Julio, Elisa, María Marcela, Agustina, Clara y Josefina.

Roca jamás reconoció la paternidad de Carmen, pero tampoco se la negó, y en realidad a pesar de llevar el apellido Robles, la pequeña era conocida por todos como la hija del general Roca. Padre e hija se conocieron finalmente en 1883, cuando Carmen había cumplido los 13 años, y a partir de allí se mantuvieron en contacto. 

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Amores de Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos Historia Romanticas

Amores de Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos Historia Románticas

Hipólito Yrigoyen y Dominga Campos

En la historia de la Argentina existe una larga lista de Presidentes que han contradicho en los hechos los principios políticos que sostenían ante la opinión pública. En este sentido, uno de los casos más peculiares ha sido el de Hipólito Yrigoyen, que mientras tuvo voz y voto en el Congreso defendió rotundamente la creación de una plataforma adecuada que sirviera para reivindicar la institución del matrimonio, pero que en realidad aquella prédica no se veía reflejada en su vida privada.

Hipolito IrigoyenLo cierto es que Yrigoyen fue único Presidente soltero de la Argentina, y no precisamente porque le faltaran amoríos, sino porque a lo largo de su vida y en sus diferentes romances, siempre se negó a casarse.

Se sabe que Yrigoyen tuvo tres grandes amores correspondidos, y que cada una de estas mujeres se sometió a la decisión que él había adoptado para su vida de rechazar el matrimonio. Por otra parte, con cada una de ellas tuvo una vida en común y varios hijos, aunque no todos fueron reconocidos legalmente por el mandatario.

Su primera historia de amor data del año 1872, cuando se enamoró de Antonia Pavón, una joven humilde que le dio una hija a quien bautizaron Elena. Y su último amor tuvo lugar en 1897 cuando conoció a Luisa Bacichi, la viuda del escritor Cambaceres, con quien tuvo un hijo llamado Luis Hernán Irigoyen.

Entre medio de aquellas relaciones, Yrigoyen conoció a una de las mujeres que sin dudas más lo amó: Dominga Campos. Hija del destacado Coronel Julio Campos, la joven se había criado en medio del ambiente militar, viviendo muchas veces en fortines.

Fue precisamente cuando Yrigoyen tenía 25 años que conoció a esta hermosa jovencita de 17 años y comenzó a tejerse una de las relaciones más escandalosas de la época. Es que el romance comenzó cuando la joven aún vivía en la casa de sus padres, e Hipólito Yrigoyen solía visitarla, no sólo por la tarde, sino también por la noche.

Aquellas frecuentes citas nocturnas dieron como resultado que al poco tiempo de conocerse, Dominga quedara embarazada por primera vez de Yrigoyen. Ante la realidad, el padre de Dominga intimó a la joven y a su amante a contraer matrimonio, a lo que Yrigoyen se negó rotundamente.

Para Dominga aquello no fue ningún desprecio, ya que sabía que jamás se convertiría en su esposa. Por el contrario, la joven estaba feliz viendo crecer su vientre, llevando dentro suyo de fruto de aquel gran amor.

Don Campos, indignado con el proceder de Yrigoyen decidió que su hija debía abandonar la casa paterna y olvidar para siempre que tenía una familia. Al mismo tiempo, los parientes de Yrigoyen no aprobaban su unión con Dominga, ya que preferían que Hipólito se casara con Antonia Pavón.

Finalmente el conflicto se resolvió el 27 de octubre de 1880 cuando Dominga dio a luz a Eduardo Abel, el que sería el primer hijo de la pareja. La joven dejó para siempre el hogar paterno, y se mudó a una casa ubicada en la actual avenida Scalabrini Ortiz esquina Santa Fe, que Yrigoyen había alquilado.

En principio, parecía el hogar de una familia constituida, aunque no precisamente bajo los términos de la ley, pero lo cierto es que allí vivían Dominga y su hijo Eduardito, mientras que Yrigoyen siempre estaba de paso.

A pesar de la opinión de la gente, que no dejaba de criticarlos, ellos continuaron por varios años llevando adelante su vida, y mientras Yrigoyen trabajaba para hacerse un lugar en la política del país, Dominga daba a luz a sus hijos y los criaba, tal como una madre soltera, pero con la diferencia de que la familia era mantenida por Yrigoyen. No faltaba dinero, pero se observaba la ausencia total de un padre.

A lo largo de los años de convivencia, Dominga e Hipólito tuvieron seis hijos, de los cuales tres murieron de pequeños.

Según se cuenta, a la par que mantenía su relación con Dominga, Yrigoyen extrañamente intentó casarse con una joven de la alta sociedad, lo cual jamás sucedió debido a que el padre de la muchacha se negó rotundamente. Sin embargo, aquello nos les impidió que tuvieran un hijo, al cual Yrigoyen jamás reconoció.

Cuando Dominga e Yrigoyen llegaron a cumplir más de doce años juntos, la pareja ya había comenzado a pensar en contraer matrimonio. Sin embargo, en noviembre de 1889 Dominga murió antes de cumplir 29 años, a causa de padecer de tuberculosis.

Los tres pequeños hijos de la pareja fueron criados a partir de allí por Carmen Campos, padeciendo para siempre la ausencia de su padre, que luego de la muerte de Dominga jamás volvió a interesarse en ellos.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo Romances de la Historia Argentina

Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo – Romances de la Historia Argentina

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Felicitas Guerrero y Enrique Ocampo

Felicitas Guerrero Las historias de fantasmas y apariciones habitan desde siempre en el imaginario colectivo, tanto de los pueblos del interior como de las grandes ciudades como la de Buenos Aires. Es en esta urbe donde surgen las historias más atrapantes, cuyos protagonistas son los espectros de figuras conocidas de la historia argentina.

En este sentido, seguramente el fantasma de Felicitas Guerrero es el más popular.

Según cuenta la leyenda que aún hoy circula, todos los días 30 de enero por la noche, quienes se encuentran cerca de la Iglesia de Santa Felicitas, ubicada sobre la calle Isabel La Católica 520, entre las calles Brandsen y Aristóbulo del Valle, frente a la Plaza Colombia en el barrio porteño de Barracas, pueden escuchar el llanto desconsolado de Felicitas, e incluso algunos aseguran haber podido observar su figura espectral detrás de las rejas que encierran la capilla.

Pero la leyenda urbana no se detiene ahí, sino que también existen quienes aseguran que quien osa tocar la estatua de mármol que representa a Felicitas y a su hijo Félix, la cual se emplaza en el predio de la Iglesia sobre la calle Brandsen, son víctimas de grandes tragedias.

Por supuesto que el mito popular que encierra la figura de Felicitas Guerrero tiene su fundamento, y como sucede en casi todas las leyendas de este tipo, ha sido basado en la dramática vida y la trágica muerte que tuvo la mujer.

De joven, Felicitas fue una de las mujeres más cortejadas del mundo aristócrata de Buenos Aires. Esto hizo que el hacendado Martín de Álzaga, un hombre que por ese entonces tenía 60 años, se propusiera como esposo de Felicitas, que sólo contaba con 15 años, ante los padres de la joven.

Álzaga era el hombre más rico de la Argentina, por lo que a pesar de que Felicitas imploró a sus padres no aceptar la propuesta, su progenitor hizo oídos sordos al pedido de su hija, y decidió entregarla a dicho matrimonio, creyendo que la jovencita lograría un excelente futuro plagada de felicidad y sin necesidades.

Pocos meses después se llevaba a cabo la boda entre Felicitas Guerrero y Martín de Álzaga, en medio de una fiesta en la que estaba presente toda la alta sociedad de Buenos Aires, entre los cuales también se encontraba Enrique Ocampo, un joven que desde siempre había amado en secreto a Felicitas.

Felicitas no era feliz con aquel matrimonio, pero aquella tristeza pareció desvanecerse cuando dio a luz a su primer hijo, a quien bautizó Félix de Álzaga. Sin embargo, la alegría resultó efímera, ya que el pequeño murió de fiebre amarilla cuando sólo tenía seis años de edad.

La tristeza nuevamente invadía su vida, hasta que logró quedar embarazada nuevamente, dando a luz en esta oportunidad a Martín, quien lamentablemente también murió pocos días después de haber nacido.

El destino parecía que se había ensañado con la pareja, pero la fortaleza del espíritu de Felicitas la mantuvo con vida. Por el contrario, la muerte del pequeño niño fue una tragedia demasiado grande para el septuagenario Martín de Álzaga, que murió quince días después de la muerte de su hijo, a causa de una profunda depresión.

Con sólo 25 años, Felicitas se convertía en la viuda más rica de la Argentina, pero también en una de las mujeres más tristes. Fue en ese momento que Enrique Ocampo decidió acercarse a ella con el fin de conquistar su corazón, pero sólo halló el rechazo de parte de Felicitas, ya que la joven estaba dispuesta a cumplir con el luto riguroso que se había propuesto.

Pasaron algunos años, y una vez reincorporada a la vida social, Felicitas conoció a Samuel Sáenz Valiente, un joven hacendado que supo enamorar a la mujer y así surgió un romance apasionado, que dio como resultado que a los pocos meses anunciaran públicamente su matrimonio.

Mientras tanto, Enrique Ocampo observaba con despecho cómo su único amor se escapaba nuevamente de su destino, y esta vez no pudo tolerarlo.

Aquella mañana del mes de enero, Enrique Ocampo tomó su arma y partió hacia la casa de Felicitas dispuesto a todo. Luego de una discusión, intempestivamente decidió descargar su furia apretando el gatillo, dirigiendo una bala mortal hacia Felicitas. Segundos después, Ocampo apuntó el arma hacia su corazón y se suicidó. Finalmente, después de tres días de intensa agonía, el 30 de enero de 1872 Felicitas exhalaba su último suspiro.

Cuatro años después, en aquella casona en la que vivió su vida y se encontró con la muerte la bella Felicitas, fue construida la Iglesia que lleva su nombre. Poco tiempo después comenzaron a circular las historias que aseguran que el fantasma de Felicitas aún no ha hallado la paz.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Amores de Bartolomé Mitre y Delfina Vedia Grandes Romances Personajes

Amores de Bartolomé Mitre y Delfina Vedia Grandes Romances

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Bartolomé Mitre y Delfina Vedia

Bartolomé Mitre Si debiéramos crear un ranking que listara a las mujeres de nuestros próceres argentinos en base a lo que han sufrido en su vida, seguramente Delfina Vedia, la esposa de Bartolomé Mitre, sería quien poseería todos los méritos para quedarse con el primer lugar.

Y no es precisamente que no haya conocido la felicidad en su vida, ya que en realidad ella misma confesó estar muy cerca de dicho sentimiento durante el nacimiento de cada uno de sus hijos. Pero lo cierto es que la sombra de la desdicha siempre opacó los pocos momentos de alegría que tuvo su existencia.

Delfina conocía las tretas de la muerte muy de cerca, sobre todo en épocas de guerra, ya que esto había sido el causante de haber perdido para siempre a su madre y a cinco de sus seis hermanos.

Pero la desgracia no acobardó su espíritu, y pensó que en el matrimonio, junto al hombre que amaba profundamente, encontraría la ansiada paz y felicidad. Así fue que el 28 de noviembre de 1840, se casó con su amado Bartolomé Mitre.Delfina Vedia

Poco después debía enfrentarse a una penosa realidad, ya que su marido priorizaba su misión política a su vida en pareja. Es por ello que se cuenta que en los primeros tiempos el matrimonio tenía una extraña relación a distancia, debido a que Delfina vivía aún en Montevideo y Mitre debía viajar frecuentemente a Buenos Aires.

Incluso, en la casa que compartían en escasas oportunidades, la pareja tenía habitaciones separadas, y según relata la historia Delfina tenía prohibida la entrada al cuarto de Mitre, incluso debía pedirle permiso para asear la habitación cuando él se encontraba de viaje.

En medio de este contexto, se produjo el nacimiento de la primera hija de Delfina y Bartolomé, que llegó a este mundo el 14 de abril de 1843, siendo bautizada como Delfina Josefa. Aquel nacimiento que Delfina debió enfrentar sola, fue seguramente el detonante para que decidiera mudarse a Buenos Aires, con la firme intención de estar en permanente contacto con su marido, y poder dejar atrás tanta tristeza.

Allí, mientras su esposo ascendía en su carrera política, Delfina continuó refugiándose en la maternidad, y con el correr de los años tuvo cuatro varones y dos mujeres.

Mientras tanto, Bartolomé Mitre se mantenía distante y alejado de su mujer, abocado a su misión política, que lo condujo a convertirse en el Gobernador de Buenos Aires, lo que al mismo tiempo significó que ganara una enorme popularidad, no sólo entre sus compañeros y amigos, sino también entre las mujeres. Aquello comenzó a sembrar dudas en torno a la fidelidad de su esposo, dudas que disipaba convencida de que Bartolomé era sólo suyo.

Las dudas se disipaban, pero la profunda tristeza de Delfina no, quizás porque esa era la cruz que debía llevar a cuestas en su vida. Aquella tristeza llegó a un nivel realmente intolerable, cuando su hijo Jorge de 18 años se quitó la vida. Delfina no pudo soportar la tragedia, y sobre todo el enfrentarla en soledad, hundiéndose cada vez más profundo en su depresión.

Los años continuaron transcurriendo, y mientras tanto Delfina registraba sus vivencias y sentimiento en su diario íntimo, el cual es considerado como una verdadera joya en el género.
El 6 de octubre de 1882, Delfina moría de peritonitis. Casi una década después, Mitre era derrotado en las elecciones presidenciales. A los 84 años, precisamente el 19 de enero de 1906, Mitre daba su último aliento.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

Las Mujeres de Sarmiento Romances de la Historia Argentina Amores

Las Mujeres de Sarmiento – Romances de la Historia Argentina 

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Sarmiento y su historia con las mujeres

Más allá del mito, detrás de la formal figura de Sarmiento se escondía un hombre que gustaba mucho de las mujeres. Según se cuenta, los arrebatos amorosos del prócer lo condujeron a desilusiones constantes y sufrimientos repetidos por amor, ya que si bien era un hombre que poseía un excelente poder de oratoria, algo que atraía a las jovencitas idealistas de la época, lo cierto es que su apariencia no lo ayudaba demasiado.

sarmiento presidente argentinoLa vida amorosa del Padre del Aula se inicia alrededor de 1831, cuando Sarmiento parte exiliado hacia Chile. En su nueva residencia, comienza a trabajar como maestro en San Francisco del Monte, donde conoce a una joven chilena llamada Jesús del Canto. El fugaz amor de la pareja dejó una marca indisoluble en el tiempo, ya que tuvieron una hija, quien fuera bautizada como Faustina.

La pareja no volvió a verse jamás, y la pequeña niña fue criada y educada por Doña Paula Albarracín, la madre de Sarmiento, con la ayuda de sus hermanas en la humilde casa de San Juan. Aquella pequeña se convertiría con el transcurrir de los años en la única compañía de Sarmiento durante sus últimos días de vida en el Paraguay.

Más de una década después de su primer amor, precisamente en 1845, y luego de un largo viaje por Europa, Estados Unidos y África, Sarmiento regresa a Chile, esta vez a Valparaíso, donde comienza una relación clandestina con Benita Martínez de Pastoriza (imagen der.) , una mujer casada.aurelia velez sarfield

Por aquella época, Benita da a luz a su único hijo, del cual siempre se ha dudado la identidad de su padre biológico, ya que muchos aseguran que se trata del hijo legítimo de Sarmiento. Lo cierto es que en 1848 el Padre del Aula regresa a Valparaíso con el objetivo de contraer matrimonio con Benita, además de adoptar al pequeño niño y darle su apellido, quien pasa a llamarse Domingo Fidel Sarmiento.

No obstante, los celos constantes de Benita hacen que la pareja comience a tener problemas, que conducen al matrimonio al fracaso inevitable, por lo Sarmiento decide alejarse durante un tiempo.

Así es que Sarmiento regresa a su patria, y en Buenos Aires encuentra a una joven que había conocido de niña, pero que el paso de los años la habían convertido en una adolescente hermosa, inteligente, y amante de la política: Aurelia Vélez Sársfield, hija de Dalmácio Vélez Sársfield, quien fuera amigo de Sarmiento. Aquella era la mujer ideal para él, pero lamentablemente aún estaba casado, y Aurelia también, ya que había contraído matrimonio con su primo Pedro Ortíz Vélez.

«Te amo con todas las timideces de una niña y con toda ia pasión de que es capaz una mujer. Te amo como no he amado nunca, como no creía que era posible amar. He aceptado tu amor porque estoy segura de merecerlo. Sólo tengo en mi vida una falta y es mi amor a ti. Perdóname encanto mío, pero no puedo vivir sin tu amor. Escríbeme, dime que me amas, que no estás enojado con tu amiga que tanto te quiere».
Aurelia Vélez Sarsfield.

En 1857 Benita cansada de esperar el regreso de su marido, decidió viajar a Buenos Aires, algo que en realidad fue una mala noticia para el Padre del Aula, por lo que su desprecio por Benita crece, de la misma manera que se acrecienta su amor por Aurelia.

Cuando Sarmiento se muda a San Juan para cumplir con su cargo de Gobernador, comienza a escribir cartas a Buenos Aires, para su esposa Benita, para su hijo Dominguito y para su amada Aurelia. Pero el destino que nada perdona, hizo que una de las cartas de amor destinadas a Aurelia cayera en manos de Dominguito, quien inmediatamente se la mostró a su madre.

Aquello que al principio había sido una mala pasada casual se convirtió en el motivo que permitió a Sarmiento separarse definitivamente de Benita, después de 14 años de matrimonio. Cabe destacar que fue en esa época que Sarmiento se entera de que su mujer lo engañaba, y que además estaba esperando un hijo de otro.

Dos años después, parte a Estados Unidos para desenvolverse como Embajador, y a pesar de seguir enamorado de Aurelia, allí mantiene un romance con una joven profesora de ingles llamada Ida Wickersham, quien también estaba casada.

Aquella aventura perdura por mucho tiempo, incluso mantuvieron el contacto a través  de cartas, cuando en 1868 Sarmiento regresa a Argentina siendo elegido Presidente de la República. Mientras tanto, Sarmiento continúa profundamente enamorado de Aurelia Vélez Sársfield.

Los años pasaron, y al cumplir 77 años Sarmiento parte a Paraguay. Una vez allí le escribe a su gran amor para que se reúna con él, a lo que Aurelia, quien también se confesó enamorada del Padre del Aula, responde de manera positiva viajando a Paraguay.

Nuevamente el destino les jugaría una mala pasada, ya que Aurelia no alcanzó a hallarlo con vida a Sarmiento, quien daría su último respiro el 11 de septiembre de 1888.

DALMACIO FUE QUIEN ABRIÓ LAS PUERTAS POLÍTICAS DE BUENOS AIRES AL SANJUANINO, Y TAMBIÉN LE ABRIÓ LA PUERTA DE SU CASA. LA PUERTA DEL DORMITORIO DE SU HIJA ES PROBABLE QUE LA HAYA ABIERTO DOMINGO FAUSTINO, PERO SOBRE ESTOS TEMAS NUNCA SE SABE CON SEGURIDAD CÓMO FUERON LAS COSAS.

ALGO MAS SOBRE AURELIA VELEZ SARSFIELD:
Fuente: Cuadernillo N°11 Aurelia Vélez Sarsfield –
La Hija de Dalmacio, la Amante de Sarmiento
Universidad Nacional del Litroral

La historia de amor empieza cuando Aurelia ya está separada de su marido y Sarmiento ha regresado a Buenos Aires y trabaja en el diario que dirige don Dalmacio.

Aurelia aún no ha cumplido veinte años pero es una mujer inteligente, despierta, que ha vivido experiencias inusuales para una muchacha de su edad y de su clase y que, a pesar de los dolores de cabeza que le ha dado a su padre, es su preferida y su principal colaboradora intelectual.

Los hombres y las mujeres que la conocieron sugieren que no era lo que se dice una mujer hermosa. La palabra «interesante» tal vez sería la más adecuada para caracterizarla. Los retratos que se conservan de ella no permiten decir que fuera fea. Sus ojos, su boca, la expresión un tanto irónica, un tanto burlona, dan cuenta de una mujer que, si el retrato no miente, era algo más que «interesante».

Aurelia, en 1853 se casó con su primo Pedro Ortiz Vélez. El resultado de ese noviazgo y casamiento fue un fracaso total, incluidas las infidelidades, el crimen y el probable aborto. Hay una discusión entre los historiadores sobre la fecha de ese casamiento, porque algunos la ubican en 1858 aunque lo más probable, atendiendo a la documentación disponible, es que haya sido en 1853.

Se dice que fue en la redacción del diario El Nacional que Aurelia conoció al hombre de su vida. Sarmiento ingresó a ese diario de la mano de su amigo Dalmacio en julio de 1855.

Dalmacio fue quien abrió las puertas políticas de Buenos Aires al sanjuanino, y también le abrió la puerta de su casa. La puerta del dormitorio de su hija es probable que la haya abierto Domingo Faustino, pero sobre estos temas nunca se sabe con seguridad cómo fueron las cosas.

No se conoce con certeza qué día se conocieron los futuros amantes, tampoco si quedaron deslumhrados de entrada o si se fueron enamorando a medida que se conocían. De lo que sí hay bastantes certezas es de que ya para entonces Aurelia no sólo había protagonizado el escándalo que todo Buenos Aires comentó en su momento, sino que era también una eficaz colaboradora de su padre, algo así como una secretaria de confianza que le llevaba al día su correspondencia y le ordenaba los papeles.

Digamos que la mujer que Sarmiento conoce en 1855 tiene diecinueve años, pero es una mujer formada políticamente y que ha vivido una experiencia afectiva que la ha marcado de una manera especial.

Vale la pena aclarar esto, porque si no sobrevive el prejuicio de que Domingo Faustino sedujo a una niña inocente y desvalida aprovechándose de la amistad con el padre y de su experiencia como amante.

Para 1855 Aurelia no tenía nada de inocente, y su estilo de vida y sus gustos tenían poco que ver con los de las niñas de su edad. Respecto del abuso de confianza de Sarmiento por haber seducido a la hija de un amigo, habría que decir que Vélez Sarsfield jamás censuró esa relación, que la conoció prácticamente desde sus inicios y que no hay un escrito, una palabra que indique que el viejo estuviese fastidiado por la relación de su amigo con su hija. Por el contrario, hay testimonios de que no sólo aceptaba la relación, sino que, en cierto sentido, estaba satisfecho por que las cosa fueran así.

No deja de sorprender la conducta del padre de Aurelia. Es un hombre mayor, conservador, que acepta que su hija mantenga relaciones con un hombre casado. Es que pareciera que, después del escándalo protagonizado con Pedro Ortiz, don Dalmacio había quedado curado de espanto, y todo lo que hiciera Aurelia le parecía poco o nada comparado con lo que había ocurrido con ese desgraciado matrimonio y lamentable desenlace.

Pero, más allá de las especulaciones, sigue pendiente el interrogante respecto de la comprensión que tuvo Dalmacio por la relación de su hija con su amigo.

En algún momento los historiadores discutieron si la relación entre ellos fue la de amantes o amigos íntimos. Hoy esta discusión está superada, pero en otros tiempos a muchos historiadores les resultaba chocante admitir que el procer Sarmiento hubiera sido un amante fogoso de niñas recién salidas de la adolescencia, porque -vale la pena recordar- María del Canto también era lo que se dice una niña cuando quedó embarazada de su maestro en la escue-lita chilena de Los Andes.

 

Mariano Moreno – Guadalupe Cuenca Romances Penosos Funestos

Mariano Moreno y Guadalupe Cuenca – Romances Penosos y Funestos

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Mariano Moreno y Guadalupe Cuenca

Mariano Moreno - Guadalupe Cuenca Romances Penosos FunestosUn simple camafeo con la imagen de una hermosa muchacha fue el punto de partida para el nacimiento de una historia de amor sin igual. Según se sabe, en el año 1800 el joven Mariano Moreno había viajado al Alto Perú para cursar sus estudios religiosos en la Universidad Chuquisaca.

Su máxima ambición por aquellos tiempos residía en convertirse en padre de la Iglesia Católica, por lo que se disponía a educarse en teología y llevar a cabo el seminario en la prestigiosa alta casa de estudios.

No obstante, el acercamiento de Moreno a las teorías sociales de Rousseau y Montesquieu hizo que finalmente se decidiera por estudiar Derecho. Pero además hubo otro hecho que fue motivo del renunciamiento del joven al seminario religioso.

Según cuenta la historia, una tarde el joven Moreno visitó una joyería en Chuquisaca, donde accidentalmente encontró un camafeo que incluía en su interior la fotografía de una de las más bellas jóvenes que había visto en toda su vida. Ante la requisitoria insistente del joven, el joyero le proporcionó los datos necesarios para contactar a la muchacha, y así fue que Moreno inició el cortejo a Guadalupe Cuenca.Guadalupe Cuenca

Por aquella época, él tenía 24 años y ella sólo 14, pero la diferencia de edad no fue motivo suficiente para impedir su unión, que concluyó con el matrimonio el 20 de mayo de 1804 en la Catedral de Chuquisaca.

Casi un año después nació el único hijo de la pareja, quien fuera bautizado con el mismo nombre que su padre. Poco después la nueva familia se trasladó a Buenos Aires, donde Moreno comenzó sus trabajos como abogado del Cabildo.

Su cada vez mayor participación política lo llevaron en enero de 1809 a ser parte del motín de Alzaga, que se levantó contra el Virrey Liniers, y que básicamente luchaba por lograr el fin del monopolio español en el país.

Muy pronto ocuparía el cargo de secretario de la Primera Junta, durante el año 1810, como así también la dirección del primer diario nacional denominado “La Gazeta de Buenos Aires”. Y mientras Moreno vive intensamente su pasión política, luchando de manera incansable para lograr la independencia del país y dedicando su tiempo libre a traducir los textos de Rousseau, no hay tiempo para su amada Guadalupe.

No obstante, su amor incondicional continúa sin extinguirse, y Guadalupe se transforma en la compañera ideal de un hombre que dio su vida por la Nación.

En el mes de diciembre de 1810, ante las permanentes contrariedades y amenazas recibidas, Moreno renuncia a su cargo en el Congreso, y es destinado a Londres como agente diplomático.

El 24 de enero de 1811 se produce el último encuentro entre Moreno y su mujer, ya que él se embarcó en la nave inglesa La Fama, para cumplir con su destino, que supuestamente lo conduciría a Londres.

Sin embargo, Moreno finalmente muere en alta mar el 4 de marzo de ese mismo año, generando un sinfín de dudas en torno al motivo de su deceso, ya que incluso se sospecha que puede haberse producido por envenenamiento.
De aquel amor insoslayable que mantuvieron Guadalupe y Mariano sólo queda un puñado de cartas, aquellas que la mujer le escribiera a su marido sin saber aún que él había muerto, y que una vez regresadas al remitente, Guadalupe guardó sin abrir junto a sus más preciados tesoros.

Aquellas cartas que casi siempre culminaban con la siguiente frase: “Haceme llevar. Adiós, mi Moreno, no te olvides de mí, tu mujer”.

Maria Remedios de Escalada Esposa de San Martin Matrimonio

María Remedios de Escalada Esposa de San Martín

San Martín y Remedio de Escalada

Maria Remedio de Escalada esposa de San Martin Historias de AmorUna velada en la casa de Don Antonio José de Escalada fue el lugar y el momento adecuado para que José de San Martín, recién llegado a estas tierras, conociera a la que sería su gran amor: María de los Remedios Carmen Rafaela Feliciano Escalada de la Quintana.

Al día siguiente de aquel encuentro, el Libertador escribiría a su amigo Mariano Necochea: “Esa mujer me ha mirado para toda la vida”, sellando así una relación que perduró por años y que se convertiría en leyenda.

Poco tiempo después de que José de San Martín llegara a Buenos Aires y luego de haber obtenido su graduación, y como solía acostumbrarse en aquella época, fue presentado en sociedad, pudiendo acceder así a las más tradicionales e influyentes familias de la ciudad. Entre estas familias se encontraban la de Don Antonio José de Escalada.

La historia de aquel hombre, un criollo rico que resumía la tradición de las viejas familias coloniales, combinadas con las formas más cortesanas que había dejado el virreinato, estaba casado en segunda nupcias con Doña Tomasa de la Quintana, quien a su vez tenía dos hijas, llamadas María de las Nieves y María de los Remedios.

San Martín llegó a la casa de los Escalada a través de Don Antonio, quien lo había invitado para una velada en la que además de la diversión habitual se discutirían cuestiones políticas. Pero lo cierto es que aquella reunión terminó convirtiéndose en un momento mágico, cuando las miradas de José de San Martín, de 34 años, y María de los Remedios de Escalada, de 15 años, se cruzaron por primera vez.

Así fue como finalmente ambos comenzaron un noviazgo, que fue aprobado por unanimidad por la familia Escalada, ya que San Martín había estrechado fuertes lazos con el clan, sobre todo con Don Antonio y con sus hijos Mariano y Manuel, quienes posteriormente acompañarían al Libertador en sus Campañas de Chile.Maria Remedio de Escalada esposa de San Martin Historias de Amor

El ansia por concretar definitivamente su amor, llevó a San Martín a solicitar la reglamentaria licencia militar a sólo cinco meses de llegado al país, con el fin de efectuar la boda. Una vez autorizado el pedido de matrimonio por el Triunvirato, la ceremonia nupcial se llevó a cabo el 12 de setiembre de 1812, en la Catedral de Buenos Aires.

Lamentablemente, las obligaciones militares de José de San Martín hicieron que poco después de la boda, él debiera abandonar el hogar para marchar junto a los Granaderos a San Lorenzo. Mientras tanto, María de los Remedios permaneció en casa de sus padres, siendo ese el comienzo de una corta vida en común, en la que la pareja debería aceptar que lo primero era la Patria.

No obstante, el gran amor que María de los Remedios sentía por su marido acortó la distancia, y finalmente dos años después se reunieron en la provincia de Mendoza, momento en el cual San Martín asumiera como Gobernador de la provincia de Cuyo.

Decidieron entonces radicarse en Alameda, Mendoza, en la casa que cobijó su amor por un período escaso, pero que sería la temporada más larga que la pareja viviría junta, esto debido a las misiones emprendidas por el Libertador, entre las que debió llevar a cabo la preparación del ejército patriota, que posteriormente cruzaría la Cordillera de los Andes hacia Chile.

En Mendoza, Remedios, además de atender a su marido, también se dedicó a continuar con la práctica del espíritu hospitalario que había aprendido desde su niñez en su casa paterna, por lo que su hogar habitualmente recibía la visita de las más influyentes damas mendocinas.

Con ellas, remedios fundó la denominada Liga Patriótica de Mujeres, que colaboraría en la organización del Ejército de los Andes, donando joyas y bienes para adquirir el equipamiento de las tropas. Asimismo, este grupo de mujeres fueron las creadoras de la bandera que llevaría en alto el ejército encabezado por José de San Martín.

El 31 de agosto de 1816 nace la única hija de la pareja, que fuera bautizada Mercedes Tomasa, que durante el exilio de San Martín en Europa se convertiría en su única compañía.

Al llegar el momento de la partida hacia Chile, y ante la realidad de la enfermedad que padecía Remedios, quien había enfermado gravemente de tuberculosis, José de San Martín le pidió a su esposa que regresara a la casa de sus padres en Buenos Aires.

Lo cierto es que lamentablemente la enfermedad avanzó de forma rápida y certera, haciendo que Remedios encontrara la muerte el 3 de agosto de 1823, quien por esa época sólo tenía 27 años. De esta forma culminó para siempre aquella historia de amor, que a pesar de que se concretó en un matrimonio que duró 11 años, lo cierto es que vivieron más de la mitad separados, priorizando la Patria a sus sentimientos mutuos.

Leopoldo Lugones Romance del Poeta Argentino Biografia Vida y Obra

Leopoldo Lugones Romance del Poéta Argentino Biografía Vida y Obra

BREVE BIOGRAFÍA DE LEOPOLDO LUGONES
HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Leopoldo Lugones y Emilia Santiago Cadelago

Mi amor en tus ojos, el cielo.
Mi amor en tus manos, la suerte.
Mi amor en tu boca, el anhelo.
Mi amor en tu alma, el consuelo.
Mi amor sin el tuyo, la muerte.

Leopoldo Lugones Aquellas habían sido las palabras elegidas por el escritor Leopoldo Lugones para poner de manifiesto los profundos sentimientos que experimentaba por su amante, la joven Emilia Santiago Cadelago, en un poema que sería premonitorio de la gran tragedia final.

El reconocido poeta había contraído matrimonio en su juventud con Juanita González, el primer amor de su vida, formando una familia basada en importantes principios. Uno de ellos era la fidelidad, por lo que las décadas felices transcurridas por la pareja hicieron que Lugones se autoproclamara como el hombre más fiel de Buenos Aires.

Si bien ambos eran oriundos de Córdoba, pasaron gran parte de su vida en la capital del país.

Durante las primeras épocas de la pareja nació el hijo de ambos, quien fuera bautizado como Leopoldito, que con el tiempo no sólo sería único heredero de la familia, sino también recordado como uno de los personajes más nefastos de la historia argentina, ya que de adulto se convirtió en el instaurador de la picana eléctrica como método de tortura en nuestro país.

La fidelidad de Lugones hacia Juanita era tal, que incluso llegó a escribir un libro dedicado a su esposa, titulado “El libro fiel”, que fuera publicado en 1912. Mientras tanto, el poeta mantenía una rutina tranquila, sin sobresaltos, junto a su amada y abnegada esposa y su pequeño hijo, que crecía haciendo sentir viejos a sus padres.
Pasaron casi treinta años de matrimonio y fue en ese momento que un episodio atípico cambió para siempre el destino de la familia Lugones.

Corría el año 1926 cuando una hermosa joven llamada Emilia Santiago Cadelago se acercó a la Biblioteca del Maestro, situada en la calle Rodríguez Peña, entre Paraguay y Marcelo T. de Alvear, donde habitualmente trabajaba Lugones.

El motivo era sencillo, la joven estudiante necesitaba una copia del libro “Lunario sentimental” de Lugones, que al no poder conseguir de la forma tradicional creyó que el escritor podía llegar a facilitarle un ejemplar para su tesis universitaria.

El encuentro entre ambos fue trascendental, y más aún durante la cita que mantuvieron el 23 de junio de 1926, cuando Leopoldo Lugones le entregó a la joven un ejemplar de “Las horas doradas” en lugar de “Lunario sentimental”. Aquel no fue un problema para ella, ya que lo importante del encuentro estaba por producirse.

Pocos días después, Emilia comenzó a recibir llamados y cartas de Lugones, que si bien era mucho más mayor que ella, el amor que surgió entre ambos logró derribar cualquier tipo de barrera. Así se inició uno de los romances más perturbadores de nuestro país y de esta forma, lo platónico se convirtió rápidamente en una pasión desenfrenada.
Profundamente enamorados, la pareja se reunía en un pequeño departamento del barrio de Retiro, donde su amor clandestino no tenía objeciones, y podían vivir la felicidad de estar juntos, al menos por unas horas.

A partir de allí, Lugones había dejado de ser ese marido fiel que pregonaba, y Emilia se convertiría en la verdadera mujer fiel de Buenos Aires.

Durante seis años vivieron una pasión realmente intensa, que inició su derrumbe cuando el hijo de Lugones, que ya tenía 35 años, descubrió la verdad y amenazó a la familia de la joven para que Emilia dejara a su padre. Cuando la familia Cadelago supo la verdad, decidieron enviar a su hija a Montevideo, a fin de alejarla definitivamente de su amante.

La desesperación invadió la mente del poeta, quien pasó seis años intentando recuperar a su amada. Ante la imposibilidad de hacerlo, y totalmente desencantado con la vida decidió suicidarse el 18 de febrero de 1938, en una austera habitación de una hostería del Tigre.

Casi cinco décadas después murió Emilia Santiago Cadelago, después de vivir en la soltería y en la amarga soledad de amar en silencio al único hombre de toda su existencia.

LEOPOLDO LUGONES

leopoldo lugones

Leopoldo Lugones (1874-1938), nacido en Villa María, provincia de Córdoba, el 13 de junio de 1874, proviene de familias tradicionales del país, fue poeta, narrador y ensayista argentino. Tuvo una variada actuación política, ya que tuvo contacto con el socialismo (fue uno de sus iniciadores en Argentina), el liberalismo, el conservadurismo y, finalmente, desde 1924, el fascismo. Fue una figura emblemática de la cultura argentina de principio de siglo, condensó en su vida enigmática todas las relaciones posibles en la Argentina, entre un intelectual, el movimiento social, la vida política del país y el poder.

Este hombre que a fines del siglo XIX era un activista afiliado al Partido Socialista Argentino, después, cuando ya era un intelectual de primera fila, tomó contacto con el presidente conservador Roca, el de la Campaña al Desierto contra los indios. Roca quería construir la Nación, justamente, sin indios. Ése era el gran debate de la época y Lugones terminó aceptando esa idea y redefinió el papel del intelectual como formulador del mito de la Nación.

Una de las grandes paradojas de la Argentina, desde el punto de vista de la historia intelectual, es la figura inestable del intelectual argentino, que cabe en todo el ciclo de Lugones, que dura cuarenta años. Lugones no pertenecía a una familia patricia argentina.

Se enroló en el Partido Socialista en el barrio de La Boca, dominado por los descendientes de italianos. Fue aplaudido como el primer poeta argentino de la nueva generación. Era un excelente orador que «incendiaba» los mítines del partido del que finalmente se apartó por su «reformismo». Era el tiempo del Lugones revolucionario, en el que decía: «protestamos contra todo orden social existente». En un momento dejó de frecuentar La Boca, dejó de ser de izquierda y se sumó al orden social conservador cuasi Victoriano de Roca.

Lugones abandonó las convicciones anarco-socialistas juveniles que lo llevaron a fundar, junto con José Ingenieros, el periódico La Montaña. Conjuntamente, militaron tan fogosa como fugazmente en el Partido Socialista Argentino y emprendieron una ruta al margen de las adscripciones partidarias orgánicas.

El diario La Nación convocó a intelectuales a escribir sobre el Centenario de la Revolución de Mayo. En Lugones delegó la escritura de una creación poética alusiva que se concretó en La oda a los ganados y las mieses. Tres años después, el mismo diario anunció que habían finalizado las lecturas de El payador, mediante las cuales Lugones se postulaba como el agente de una íntima comunicación nacional «entre la poesía del pueblo y la mente culta de la clase superior».

El escenario fue el teatro Odeón, donde la selecta y nutrida concurrencia contó entre los asistentes al Presidente de la Nación, Roque Sáenz Peña, y a sus ministros, entre ellos Indalecio Gómez, autor de la ley electoral de 1912. ¿Qué expresaba Lugones durante sus disertaciones para concitar tanto entusiasmo en la prensa y en la élite porteña? Se había vuelto sobre el Martín Fierro, obra poética de José Hernández que desde su publicación en 1872 fascinó a distintos sectores de la sociedad, para revelar que en sus páginas se escondía el poema épico de la nacionalidad argentina.

En ese autoproclamado don profético autorizaba su discurso. Inscripto en la renovación modernista, se embarcó en la búsqueda de una tradición cultural que suturara la sociedad inmigratoria. Si en la década de 1890 la literatura criollista a través de la difusión de folletos y de la representación de las aventuras de Juan Moreira en circos y teatros contribuyó a facilitar el proceso de nacionalización de los inmigrantes, la operación literario-política de Lugones tendióla desvincular al héroe Martín Fierro de toda significación ligada a la protesta social para encarnar en él al espíritu de la patria.

Esa esencialización del gaucho, devenido símbolo nacional, se acompañaba de un descreimiento persistente de Lugones en la democracia basada en el sufragio universal. En el discurso de Ayacucho pronunció aquella famosa afirmación: «Ha sonado otra vez, para bien del mundo, la hora de la espada». Así adhirió al autoritarismo fascista y al militarismo, apoyando el golpe de 1930, para finalmente refugiarse en la poesía.

Fuentes:
Argentina, El Siglo del Progreso y de la Oscuridad María Seoane Edit. Crítica
Periódico EL BICENTENARIO Fasc. N° 7 Nota de la Historiadora Leticia Prislei

Ver: Biografía de Manuel Galvez

Amores de la Historia Argentina: Belgrano y Dolores Ezcurra Romances

Amores de la Historia Argentina: Belgrano y Dolores Ezcurra – Romances

HISTORIA DE LOS ROMANCES ARGENTINOS
Manuel Belgrano y María Josefa Escurra

Belgrano A pesar que en los últimos años algunos historiadores de la nueva camada, pertenecientes a la corriente revisionista, intentaron sustentar con mala documentación la teoría que aseguraba que Manuel Belgrano tenía inclinaciones homosexuales, lo cierto es que esta hipótesis se vuelve endeble e increíble cuando se repasa el amor que el creador de la bandera Argentina sintió por la abnegada María Josefa Escurra.

Pero aún hay más, ya que este valiente hombre era conocido entre su círculo de amigos como un galante caballero, que jamás perdía oportunidad de embelezarse con las jóvenes mujeres que pasaban por su vida.

La trágica historia de amor que tuvo como protagonistas a Belgrano y Escurra, si bien se inició con anterioridad, cobró su máximo esplendor cuando el padre de la patria llegó a los 40 años. María Josefa era casada, por lo que aquella relación no tenía futuro. Por ello, Belgrano decidió comenzar a buscar compañera para su vida y eligió como esposa a una jovencita de tan sólo quince años llamada Dolores Helguero, hija de una familia patricia de Tucumán, provincia en la que Belgrano era admirado y profundamente querido.Dolores Ezcurra

No obstante, antes de contraer el matrimonio con la joven, que en realidad nunca se llevó a cabo, el creador de la bandera había estado viviendo un profundo romance con María Josefa Ezcurra, ya que luego de ser abandonada por su marido decidió seguir a Belgrano durante toda su Campaña del Norte.

Cabe recordar que según los historiadores, se cree que Josefa conoció a Belgrano durante su juventud, y que la etapa más intensa de la relación se produjo en el período en que Belgrano regresó de su Campaña al Paraguay en el año 1811. Fue a partir de aquel momento que María Josefa acompañó al Ejército del Norte en la Campaña al Alto Perú.

Durante ese lapso María Josefa quedó embarazada de Belgrano, generando de esta forma una situación social comprometida, que al parecer la pareja no pudo afrontar. Es por ello que ella decidió refugiarse en la estancia de sus amigos Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, en la provincia de Santa Fe.

Allí dio a luz a su hijo, que debido a las convenciones sociales de la época fue inscripto con el apellido Rosas, siendo reconocido como hijo propio por Juan Manuel y Encarnación. Pero lo cierto es que todos conocían la verdad, por lo que el niño era conocido como Pedro Rosas y Belgrano.

Mientras tanto en Tucumán, la joven Dolores Helguero había comenzado a ser el tema central de los chismes, ya que todos sabían lo que sucedía entre Belgrano y María Ezcurra, además de los ocasionales romances que el militar tenía en cada rincón.

Pero lo cierto es que a Dolores no parecía preocuparle aquello, y decidió darle todo su amor a Belgrano, lo que ocasionó que la joven quedara embarazada. Belgrano se enteró de aquello en plena campaña, y cuando al fin pudo regresar a Tucumán para casarse con Dolores, descubrió que el padre de la joven la había obligado a contraer matrimonio con un tal Rivas, que poco después abandonó a su esposa.

Aquello llevó a Dolores a trasladarse definitivamente a la provincia de Catamarca, donde dio a luz a la pequeña Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano.

Si bien ya en sus últimos momentos de vida, Belgrano pudo reunirse con su familia, la inminente agonía no le permitió disfrutar de su paternidad, ya que cuando la niña había cumplido un año, fue enviada a Buenos Aires a la casa de sus tíos Juana y Domingo.

Finalmente, el 20 de junio de 1820 Belgrano murió luego de una profunda agonía producida por la sífilis y la hidropesía que había contraído, siendo un hombre pobre y olvidado por aquel pueblo que supo convertir en patria.

Mariquita Sanchez de Thompson Historia de su Romance Amores Argentina

Mariquita Sanchez de Thompson – Historia de su Romance – Amores Argentina

HISTORIAS DE AMOR:
Mariquita Sánchez y Martín Thompson:

Biografia de Mariquita SanchezPor lo general, la mayoría de los argentinos recuerdan a Mariquita Sánchez de Thompson por el simple hecho anecdótico de haber sido la primera en entonar las estrofas del Himno Nacional Argentino, siendo uno de los salones principales de su casa el lugar elegido para estrenar aquella melodía que nos representa.

Pero lo cierto es que fue también una de las más importantes mujeres de la historia de nuestro país, ya que entregó su vida a la lucha de lograr la igualdad femenina social y políticamente.

Pero además, detrás de aquel nombre que ha quedado para siempre unido al Himno Nacional existió una mujer que amó, y que reflejó aquel sentimiento en los dos esposos que tuvo en su vida, primero Martín Thompson y luego Juan Washington de Mendeville.

Lo cierto es que Mariquita debió enfrentarse a la sociedad y derrumbar varios de los principios que sustentaban los ideales de la época, al querer contraer matrimonio con nada más y nada menos que su primo.

La frecuencia con que los jóvenes se solían ver, seguramente fue el causante de aquel amor que los envolvió y deseó culminar en matrimonio. Pero lo cierto es que cuando la sociedad y los padres de María de los Santos Sánchez de Velasco y Trillo, más conocida como Mariquita Sánchez, se enteraron del idilio amoroso que la joven mantenía en secreto con su primo Martín Thompson surgió el escándalo, y la familia completa pasó a ser la comidilla nacional.

No obstante, totalmente enamorados, y después de un noviazgo prohibido que duró cuatro años, Mariquita y Martín estaban dispuestos a unirse para siempre bajo las leyes del matrimonio sagrado. Por supuesto que al principio recibieron la desaprobación absoluta.

Tanto su padre, don Cecilio Sánchez de Velasco, como su madre, doña Magdalena Trillo, se opusieron rotundamente a permitir dicha unión. Además el padre de Mariquita ya había decidido cuál sería el futuro de su hija, que por obligación familiar debía casarse con Diego de Arco.

Desesperada, la joven envió un reclamo al Virrey Sobremonte con el fin de evitar el inminente compromiso. Para ello desafío por completo las convenciones sociales de la época y presentó el denominado juicio de Disenso, un viejo derecho a través del cual una joven podía solicitar al Rey su protección, con el objetivo de impedir que fuera casada contra su voluntad. Esto hizo posible que la ceremonia se suspendiera gracias a la orden emitida por el Virrey.

Aquel episodio tomó estado público, e inmediatamente todos los habitantes de Buenos Aires se enteraron de lo ocurrido, lo que provocó que la familia decidiera separar a los jóvenes primos, obligando a Martín a mudarse a Montevideo, mientras que Mariquita fue enviada a un convento.

No obstante, el juicio de Disenso continuaba en pie, y a pesar de la muerte de don Cecilio, su mujer, la madre de Mariquita, continuaba oponiéndose a la unión de los jóvenes amantes. El proceso fue extenso, hasta que finalmente en 1805 el tribunal emitió su falló a favor de los novios, permitiendo que contrajeran matrimonio ese mismo año. Aquel juicio fue tan difundido que incluso traspasó las fronteras de nuestro país, llegando a España, donde el gran literato Moratín se inspiró en el hecho para escribir su obra “El sí de las niñas”.

El matrimonio superó diversas crisis, incluso aquellas cuya causa radicaba en relación a la vida pública de ambos. No obstante, llegaría el último día que los vería juntos, cuando el 16 de enero de 1816 Martín Thompson partió en un viaje del que ya no volvería.

El motivo de aquello fue una misión secreta que Martín debía llevar a cabo en los Estados Unidos. Tres años después, el gran amor de Mariquita moría en altamar, cuando se encontraba viajando de regreso a Buenos Aires. De esta forma, ella quedaba viuda por primera vez a los 34 años.

Biografia de OSCAR WILDE Escritor Su Amor Por Douglas y Obras

Biografía de OSCAR WILDE
Su Amor Por LORD ALFRED DOUGLAS

OSCAR WILDE: (Dublín, 6 de octubre de 1854 – París, 30 de noviembre de 1900)

Novelista y comediógrafo inglés. Fue hijo de sir William Wilde, célebre cirujano irlandés. Hizo sus estudios en el Trinity College, donde obtuvo notas brillantes. Después, en el año 1874, estudió en Oxford, obteniendo un premio de poesía. En el caso de este literato de finales del siglo XIX es muy difícil separar al escritor de la leyenda y el escándalo, pero no hay duda de que, aunque sólo sea como autor de obras teatrales, fue el mejor comediógrafo que han dado las letras británicas desde los tiempos de Sheridan, más de una centuria antes.

Oscar  nació en Dublín, el 16 de octubre de 1854, y se le impusieron los nombres de Osear Fingal O’Flahertie Wills, además del patronímico de Wilde. Resulta conveniente decir unas palabras sobre los progenitores de Oscar, aunque tengan muy poco o nada que ver con la vida extravagante y desorbitada de su hijo, cuando se hizo famoso. Su padre, William Wilde, era, no sólo un brillante especialista del oído, sino, por si ello fuera poco, un excelente oftalmólogo además.

La madre, Jane, era un ejemplar humano muy distinto. Voluminosa, proteica, dada en su juventud a idealismos revolucionarios, forjó para sí cierta fama de poetisa nacionalista bajo el seudónimo de «Speranza». Una vez que su marido alcanzó una buena posición profesional y social, se le enfriaron los entusiasmos revolucionarios y se conformó con presidir un salón literario, vistiendo excéntricamente para sus recitales poéticos.

En todo caso, fue ella quien estuvo más cerca de la vida bohemia de Osear, si bien se trataba de una bohemia más casera y mucho más inocente, si exceptuamos su excesiva afición a las bebidas alcohólicas.

Tanto Oscar, como su hermano mayor, William, se habían educado en Portora Royal School, en Enniskillen, y de allí el menor pasó al Trinity College de Dublín en 1871, donde demostró suficiente aprovechamiento como para ganar una beca que le abriría las puertas del Magdalen College en Oxford, distinción que conservó hasta 1879. En la famosa universidad inglesa sobresalió en letras clásicas y en humanidades.

No era, pues, ningún «diletante», aunque él mismo en ocasiones afectara serlo, y no hay duda de que durante sus años de estudio había leído un buen número de libros de los poetas y pensadores más relevantes de todos los tiempos.

Asimismo, estaría expuesto, como la mayoría de sus condiscípulos, a las ideas de los neohegelianos en filosofía, de los evolucionistas Darwin y Huxley en antropología, de Swinburne y su escuela poética, de los prerrafaelistas en decoración interior, así como de Whistler en las artes plásticas. Si a esto añadimos que el refinado prosista Walter Pater era tutor en la misma universidad no resulta extraño que Osear se sintiera arrastrado por los movimientos esteticista y decadente.

Oscar intentó por todos los medios abrirse paso en el mundillo literario londinense. Era un desconocido, a pesar de que Walter Pater había elogiado alguna que otra colaboración suya en revistas de arte. La tarea no fue nada fácil al comienzo y tuvo que contentarse con ver publicados unos pocos sonetos de los muchos poemas que compuso en aquellos días. Con el ánimo de acelerar su carrera literaria decidió costearse la edición de un libro de versos.

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OSCAR WILDE Y LORD ALFOSCAR WILDERED DOUGLAS: Alfred Douglas (1870-1945) consideraba a Oscar Wilde (1854-1900) como la representación del éxito, la brillantez y el mundo artístico. Cuando se conocieron, Wilde no era muy atractivo, se encontraba excedido de peso, fofo y tenia los dientes estropeados por el mercurio que había injerido para curar la sífilis.

Sin embargo, Oscar compensaba sus carencias con ingenio y una conversación brillante, en la que abundarían comentarios como: «un cínico es alguien que conoce el precio de las cosas pero no su valor».

Alfred Duglas a quien llamaban Bosie, había sido acusado de no corresponder al amor de Wilde, de quien aprovechaba su dinero y su generosidad. De igual manera, Alfred lo quiso a su manera y quizás su único error fue ser demasiado joven.

En 1891 se conocieron, Alfred apenas tenia 21 años mientras que Wilde 37. Juntos exploraron el camino de la prostitución masculina en Londres durante la época victoriana. Al respecto Oscar Wilde comparaba estas practicas con «cenar con panteras» aludiendo a su peligrosidad. En alguna ocasión, uno de estos chicos, Albert Wood, se apoderó de algunas cartas que Wilde enviaba a Douglas y demandó una suma de dinero para devolverlas.

Alfred era un joven un tanto egoísta muchas veces propenso a las rabietas y otro tipo de escenas en publico, las cuales irritaban a Oscar. Además tenia ojos azules y cara de niño. Incluso, absorbía la mayor parte del tiempo de Wilde y le imposibilitaba escribir.

Wilde disfrutó unos cuantos años de gloria, de 1892 a 1895, con el éxito de obras como “El abanico de lady Windermere” o “La importancia de Llamarse Ernesto”.

La vida de Wilde no fue fácil, muchas veces parecía caminar hacia la autodestrucción, en el fondo vivia atormentado por su homosexualidad. El escritor demandó en 1895 al padre de su amante, el marqués de Queensberry. El marqués presentó pruebas referidas a la homosexualidad de Wilde (la cual era considerada un delito). A raíz de ello, Oscar fue sentenciado a dos años de trabajos forzados por el crimen de sodomía. Sin embargo, tuvo la oportunidad de huir a Paris cuando se supo que la sentencia le iba a ser desfavorable, pero, en contra de los consejos de sus amigos, no lo hizo.

Iniciación al sexo: La sociedad en la que vivio Wilde condenaba la homosexualidad, entonces, naturalmente, el camino que tomaría Oscar seria el del matrimonio. Luego de tener varias novias, se casó en 1824 con Constance Lloyd a los 29 años. Su esposa era una mujer bella y leal  que intentó por todos los medios comprenderle. Con ella, tuvo dos hijos que la estropearon por lo que él empezó a sentir horror ante cualquier contacto y la convenció para que no tuvieran relaciones sexuales.

En 1886, la vida de Wilde cambió; le sedujo Robert Ross, un muchacho de diecisiete años que se convertiría en su amigo incondicional hasta el final y en su albacea literario, y descubrió el placer y la alegría del sexo entre hombres.

PRUEBAS DE AMOR: esta carta de Wilde a Bosie habla por sí misma:

“Mi muchacho, Tu soneto es absolutamente delicioso, y es un portento que esos labios tuyos, rojos como pétalos de rosa, hayan sido hechos tanto para la música o el canto, como para la locura de los besos. Tu alma delgada y áurea camina entre la pasión y la poesía. Sé que Jacinto, al que Apolo tan locamente amó, fuiste tú en los días griegos”.

Durante su cautiverio escribió una bella carta a Bosie, De Pro fundis, que terminaba así: «Viniste a mí para aprender el Placer de la Vida y el Placer del Arte. Acaso se me haya escogido para enseñarte algo que es mucho más maravilloso, el significado del Dolor y su belleza. Tu amigo que te quiere, Oscar Wilde».

Al concluir su condena sólo consiguió producir una obra “La balada de la carcel de Reading”, basada en la historia personal de un recluso que conoció allí, el cual había sido ejecutado por matar a su esposa. Wilde falleció en Paris en 1900, su intento de reconciliación con Bosie no dio resultado…

SEXO COMPARTIDO: D. H. LAWRENCE y FRIEDA

David Herbert Lawrence (1885-1930) y Frieda von Richtofen (1879-1956) tuvieron un matrimonio lleno de pasión desatada, violencia, sexo, infidelidad, homosexualidad y libertinaje, como una novela escandalosa más del autor de El amante de lady Chatterley.

Lawrwence constituyó uno de los exponentes de la literatura inglesa del siglo XX. Creció en un pequeño pueblo ingles, su padre era minero. Su obra se caracterizaba por contener escenas de sexo, pero también de ecologismo, pacifismo y críticas a la civilización industrial. Debido a sus ideas y a su comportamiento extravagante fue marginado por los intelectuales británicos. Incluso sus obras no le propiciaron ningun tipo de ganancia.

Lawrence conoció a Frieda, casada con un profesor de literatura, Ernest Weekly, en 1912 e inmediatamente se hicieron amantes. Ella era de procedencia alemana, pariente del que sería as de la aviación alemana, Manfred von Richtofen, el Barón Rojo.

Frieda era seis años mayor que el escritor,  y  poseía un largo historial sentimental: a los 19 años contrajo matrimonio con Weekly. En 1907 se hizo amante del psicoanalista austríaco Otto Gross (amante de su hermana Else), contemporáneo de Freud y Jung —que lo consideraban loco—, sostenía que «el único estado mental sano es la inmoralidad sexual», y tenía un numeroso grupo de amantes con las que practicaba el sexo grupal. Frieda era su amante preferida, su «pequeño caballo turco» (la llamaba así por su afición al sexo anal), su liberada «diosa del sexo».

Lawrence obligó a Frieda a abandonar a su marido y a sus tres hijos. Se divorció en 1914. Durante la Primera Guerra Mundial debieron exiliarse de Inglaterra, por el origen alemán de Frieda y el pacifismo de Lawrence. Luego se casaron e iniciaron una vida casi nómada por todo el mundo.

Dos polos opuestos: Lawrence, alto, delgado y de aspecto siniestro, siempre estaba enfermo. Frieda era corpulenta, atractiva y muy vital. La relación fue conflictiva y poco convencional. El endeble Lawrence golpeaba a su esposa y era cruel con ella, pero se ocupaba de todas las labores del hogar, la mimaba y le servía habitualmente la comida en la cama.

Teórico «del arte por el arte», sus bellas frases, llenas de ingenio, han dado la vuelta al mundo. Wilde ha dejado algunas comedias ligeras, chispeantes, donde la risa recogió con frecuencia una severa crítica moral y social. Sus versos pueden calificarse como técnicamente buenos. Sus cuentos, como «El fantasma de Canterville», son obras en las que brillan la poesía, el humor y siempre sus estilo inconfundible, que algunos imitaron más tarde.

Lawrence estaba obsesionado con el sexo, sin embargo era prácticamente impotente y con fuertes tendencias homo eróticas. Fomentó a su esposa a tener relaciones extramatrimoniales. Entre los amantes de Frieda se cuentan E. M. Forster y Bertrand Russell. Frieda y Lawrence mantuvieron una relación cuadrangular con Katherine Mansfield y su esposo John Middleton.

Por su parte, Lawrence tuvo algún escarceo con hombres y mujeres que previamente habían sido seducidos por Frieda, pero su debilidad física siempre le impidió tener una vida sexual completa. Su vida se acabo tras sufrir de tuberculosis.

RADIOGRAFÍA DE UNA RELACIÓN: El escritor odiaba a los homosexuales refinados y su obsesión se centraba en los campesinos, los obreros, los soldados y las prostitutas. Soñaba con tener una relación triangular entre su esposa y un hombre, con el que compartiría una vida activa practicando juegos y caza, que su estado de salud le impedía.

La relación entre Lawrence y Frieda queda perfectamente descrita en este párrafo de su biógrafa Catherine Carswell: «A veces nos parecía que él había elegido una fuerza de la naturaleza —una fuerza femenina— más que a una mujer individual. Para Lawrence, Frieda era —por turno— una brisa agresiva o sonriente, una lluvia curativa o una enloquecida tempestad de estupidez, un sol radiante o un ataque indiscriminado de relampagueos. A veces se odiaban. Había en ella cosas que lo escarnecían y lo enfurecían, cosas que nadie aguantaría. Pero en parte por esa razón, ¡cómo la admiraba!».

AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA PARA SABER MAS…
UN HOMBRE EXTRAÑO

Oscar pertenecía a una buena familia. Su padre gozaba en Dublín (Irlanda), donde el escritor nació en 1854, de un gran prestigio como cirujano; Osear fue enviado a instruirse en las mejores escuelas. Y si siempre salió airoso de los exámenes, fue debido a su formidable memoria, ya que no ponía mucha voluntad en el estudio. Su indolencia, por el contrario, llegó a hacerse proverbial.

Tampoco se sentía atraído por las diversiones preferidas por sus compañeros: odiaba el tenis, el fútbol y la natación; y esta actitud tan extraña le granjeó el desprecio de muchos de sus coetáneos. Lo gracioso era que en su aspecto no había nada del «tímido y gentil poeta» que pretendía ser. Era alto y robusto como un roble, con anchas espaldas de luchador y manos enormes.

Entre los jóvenes de su edad y categoría social, estaban entonces de moda los encuentros pugilísticos. Wilde, sin embargo, se negó siempre a pelear, costumbre que juzgaba «poco conveniente para un poeta». Sólo una vez cruzó los guantes con un compañero, el cual se había atrevido a despreciar uno de sus poemas. Osear, ante el estupor de los presentes, lo venció, en un abrir y cerrar de ojos, con un par de directos bien colocados.

TAMBIÉN ENCONTRÓ TIEMPO PARA ESTUDIAR
¿Cuál era la meta de un joven inglés decidido a ser famoso? La conquista de Londres, por supuesto. Wilde se preparó minuciosamente para esta empresa. A los diecisiete años se matriculó en la elegante Universidad de Oxford, y éste fue su primer paso hacia la capital.

Fueron cuatro años intensísimos, aunque no de estudio. El joven irlandés los dedicó íntegramente a cultivar sus «relaciones sociales», dando fiesta tras fiesta, y quedándose sin dinero a los pocos días de iniciado el mes. El dinero se le iba, materialmente, de las manos, consumido en mil extravagancias, en trajes tan impecables como excéntricos o en cualquier cosa que pudiera convertirlo en tema de conversación.

A pesar de todo, y ante el asombro de condiscípulos y profesores, consiguió terminar la carrera. Nadie pudo comprender de dónde había sacado tiempo para el estudio. Lo cierto es que abandonó Oxford triunfalmente, tras ganar el premio anual de poesía con una composición dedicada a Ravena y recitar su obra ante un público entusiasta. Aquel éxito le hizo comprender que había sonado la hora de poner en práctica sus proyectos. En Londres se hablaba mucho del joven poeta, y hacia allí dirigió éste sus pasos, como un general precedido por la fama de sus victorias.

EL HOMBRE DEL MOMENTO
Una vez en la capital, el éxito no se hizo esperar. Los críticos se mostraron bastante desacordes al juzgar su producción, pero el público se le entregó desde el primer día. Por otra parte, Wilde era él mejor propagandista de sí mismo, y siempre se las arreglaba para atraer la atención general, gracias a sus extrañas maneras, a sus absurdos atuendos y a su punzante humorismo.

La fama del poeta, quien paseaba por Londres con un lirio en la mano y que no se trasladaba más de cien metros sin recurrir a un coche de caballos (con la condición, naturalmente, de que el conductor tuviera «aspecto agradable y señorial»), atravesó muy pronto el Atlántico. Wilde fue invitado a visitar los Estados Unidos. El objetivo oficial del viaje era pronunciar una serie de conferencias, pero lo que en realidad querían los americanos era verlo.

Wilde no se hizo rogar y charló hasta por los codos, de arte, de poesía, de muebles y de elegancia, ante un público que le oía cada vez con mayor entusiasmo.
En el curso de su viaje llegó hasta el legendario Oeste, donde también supo ganarse a los rudos «cow-boys» que poblaban las ciudades fronterizas. Aunque apenas comprendían sus palabras, había algo que les producía intensa admiración: aquel «dandy» inglés, siempre con una flor en el ojal, sabía beber como una esponja y comía como un buey. Lo cual, a juicio de los «cow-boys», constituía la mejor prueba de que era un hombre cabal.

«LO MÁS DIFÍCIL ES NO HACER NADA»
Lo mismo que de joven había encontrado tiempo para el estudio, años después, ya escritor, supo encontrarlo para el trabajo, entre conferencias, períodos de vacaciones y continuas fiestas. Al volver de América, se estableció, durante una temporada, en Francia; luego regresó a Londres, donde se hizo cargo de la dirección de una revista. En el decenio 1885-1895, salieron a la luz sus obras más importantes: cuentos, relatos, novelas y comedias.
Sin embargo, e inexplicablemente, el escritor estaba siempre agobiado por las deudas. «El dinero —decía— está hecho para ser gastado. Ahorrarlo equivale a desperdiciarlo».

Pero el éxito terminó por subírsele a la cabeza. Se creyó autorizado a todas las extravagancias, y su conducta le enajenó las simpatías del público. Sostenía que «lo más difícil es no hacer nada; lo más difícil y lo más intelectual». Y; así, sin hacer nada, se dedicó a frecuentar compañías de dudosa respetabilidad: Esto señaló el principio de su decadencia.

EL FIN DE UN ÍDOLO
Difamado y complicado en un proceso, Wilde se dio cuenta de que la ley no establece diferencias entre los poetas y el resto de los mortales. Debido a ello, él, que se consideraba por encima de sus semejantes, fue condenado a dos años de cárcel. Esta sentencia significó su ruina. Al salir, en 1898, era un hombre acabado. Intentó volver a tomar contacto con el público y reanudar sus antiguas amistades en altas esferas, pero su espíritu se había apagado. Durante dos años vagó por Francia e Italia, ayudado por los pocos amigos que le quedaban.

La muerte, que lo sorprendió en París el 30 de noviembre de 1900, supuso para él una liberación: durante treinta años había vivido como protagonista y alejarse de los escenarios de la vida se le hacía insoportable. No en vano había dicho: «Sólo hay una cosa peor que dar que hablar: no dar que hablar»

Fuente Consultada:
Texto Basado en 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi
Enciclopedia del Estudiante Superior Fascículo N°37

Biografia de Alejandro Dumas Obra Literaria y Sus Amores

Biografia de Alejandro Dumas Obra Literaria y Sus Amores

BIOGRAFIA: Nació un 24 de julio de 1802, en Villers-Cotterêts, Aisne. Era hijo de un general y nieto de un noble afincado en Santo Domingo. Fue novelista y dramaturgo francés del periodo romántico, y también fue escritor. Sus obras mas importantes son dos novelas históricas:por sus novelas históricas Los tres mosqueteros (1844) y El conde de Montecristo (1844). Falleció el 5 de diciembre de 1870, estaba prácticamente en bancarrota.

Metido de lleno en la corriente romántica francesa, Alejandro Dumas, dotado de una facilidad de improvisación considerable y de una no menor destreza narrativa, no se distinguió por su temple creador.

Su obra, basada en gran parte en temas de carácter histórico, no es por completo original, pues fueron varios los colaboradores que le proporcionaron argumentos y aun textos detallados.

alejandro dumas

Sin embargo, sus novelas de aventuras fueron extraordinariamente populares en Francia y los demás países europeos, hasta el extremo de poder afirmarse que ha sido uno de los autores más leídos del siglo XIX.

Su fantasía, su vitalidad y su maravillosa intuición para lo dramático son los factores determinantes de este hecho, que hubiera podido tener mayor trascendencia si Dumas no hubiese sacrificado la calidad a la cantidad, la selección a la masa.

Hijo natural de un general del ejército republicano, Alejandro Dumas nació en Villers-Coterets, donde era tabernera su madre, María Labouret, el 24 de julio de 1802.

Por sus venas corría la sangre del marqués de La Pailleterie y de la negra haitiana María Cessete Dumas, sus abuelos paternos. Huérfano de padre a los cuatro años, su juventud fue apurada desde el punto de vista económico, pero alegre, libre y activa.

Sus estudios fueron insuficientes, pero no sus lecturas. Ya adolescente, se empleó como escribano en el despacho de un notario de Villers-Coterets. Aquel ambiente de provincia era insuficiente a sus ambiciones.

En 1823, con un melodrama en el bolsillo y una carta de presentación para el general Foy, se trasladó a la capital.

Obtuvo una plaza de copista en la cancillería del duque de Orleáns. El sueldo era muy humilde; pero le permitía vivir en París y alternar con los círculos literarios.

En esta época era un romántico exaltado en letras y en política. En 1829 obtuvo un eran éxito en la representación del drama Enrique III y su corte en la Comedia Francesa; triunfo de trascendencia literaria por la concepción romántica de la obra. Al año siguiente intervenía en las jornadas de julio a favor del duque de Orleáns.

Sin embargo, su adhesión a esta dinastía fue flor de un día. Chocó con el gobierno de Luis Felipe con motivo de la representación de Antony (1831), drama de tema bastante libre. Poco después, triunfaba en la Torre de Nesle, que señala su culminación como autor dramático.

La recomendación del gobierno, que deseaba verle fuera de Francia, v la independencia económica lograda con sus éxitos literarios, determinaron a Dumas a emprender una serie de viajes por el extranjero.

Suiza e Italia desfilaron ante sus ojos y le proporcionaron ocasión Dará escribir una serie de impresiones de cierto interés. En 1844 publicó Los tres mosqueteros, novela que inicia el ciclo histórico de la actividad literaria de Dumas.

A ella siguieron muchas otras obras por el estilo, con el evidente propósito de pasar revista a todas las épocas de la historia de Francia e incluso del mundo.

A este período pertenece El conde de Montecristo (1844-1850), siempre convincente a pesar de la truculencia melodramática de la mayoría de sus episodios.

Dumas contribuyó a la revolución de 1848. Pero fue un error político y literario.

El drama romántico decayó muy pronto y con él gran narte de su popularidad. Por otra parte, después del golpe de estado de Napoleón III en 1851, se exiló voluntariamente a Bruselas. Allí pudo poner en orden sus asuntos económicos.

De regreso a París rehizo su fortuna con algunas publicaciones nuevas, como Los mohicanos de Parts (1854-1858), de carácter detectivesco.

En 1858 emprendió un viaje por el Nordeste y Oriente de Europa, desde Finlandia al Cáucaso.

En 1859 navegó por el Mediterráneo, apoyó a Garibaldi, participó con él en la empresa napolitana y recibió el cargo de director general de Bellas Artes de este reino (1860) Esta fue su última aventura política.

En el campo literario, también había dicho su última palabra, aunque en La San Felice (1864-1866) aun reveló sus dotes de escritor brillante.

Murió en Puys, cerca de Dieppe, el 6 de diciembre de 1870, después de haber asistido al desastre francés de la guerra francoprusiana.

OBRAS IMPORTANTES DE DUMAS

Cristina (drama).
Enrique III (drama).
Antonio (drama).
Los tres mosqueteros.
Veinte años después.
El Conde de Montecristo.
La reina Margarita.
Chicot el juglar.
Los cuarenta y cinco.
El terror prusiano.
El tulipán negro.

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HISTORIA DE LA DAMA DE LAS CAMELIAS: ALEJANDRO DUMAS Y MARIE DUPLESSIS 
Alejandro Dumas:
(Villers-Cotterêts, Aisne, 24 de julio de 1802 – Puys, Dieppe, 5 de diciembre de 1870)

Dumas AlejandroAlejandro Dumas cuando tenia 20 años conoció a Marie Duplessis (1824-1847) y al instante quedó deslumbrado.

Dumas expresaba: «Era alta y muy esbelta, de pelo negro y complexión blanca y rosa, su cabeza era pequeña, de ojos alar­gados que tenían el aspecto de porcelana de las mujeres de Japón.

Pero había en ellos algo que indicaba una naturaleza orgullosa y vital… Podía ser una figurilla de Dresden.». Duplessis era la cortesana más famosa de la época, se la conocía como “La dama de las camelias” porque solía llevar un prendedor de camelias blancas.

Cuando no estaba disponible para sus amantes, llevaba camelias rojas. Su casa desbordaba de flores: “Era prisionera de una fortaleza de camelias”, observó un admirador.

En este sentido, Dumas escribió La dama de las camelias fascinado por Marie, meses después de la muerte de ella. En la obra, él era Armando Duval –coincidiendo con sus iniciales– y Marie, Margarita Gautier.

El éxito fue contundente, y Dumas transformó la novela en obra de teatro (1852). Al año siguiente Verdi, compuso la ópera La Traviata.

Incluso, se han realizado versiones cinematográficas, entre ellas Camille, protagonizada por Greta Garbo en 1936.

La dama de las camelias (primera publicación en 1848) es una novela firmada por Alejandro Dumas (hijo).

Esta obra está inspirada en un hecho real de la vida de Alejandro relativo a un romance con Marie Duplessis joven cortesana de París que mantuvo distintas relaciones con grandes personajes de la vida social.

La novela pertenece al movimiento literario que se conocería como Realismo, siendo de las primeras que formarían parte de la transición del romanticismo

La vida de Duplessis dio un giro incontrastable a los 20 años cuando se convirtió en una mujer culta y refinada que leía a Victor Hugo y Alfred Musset, dejando atrás su pasado de campesina ruda que apenas podía leer y escribir. Además poseía un brillante salón.

La actriz Judit Bernat increpó a Duplessis con respecto a su situación de cortesana, a lo que ella respondió:  «Porque el esfuerzo de una muchacha que trabaja jamás me hubiera proporcionado el lujo que tan irresis­tiblemente anhelo. A pesar de las apariencias, te juro que no soy codiciosa ni corrompida.

Quería conocer los refinamientos y los placeres del gusto artístico, la alegría de vivir en una sociedad elegante y cultivada. Y he amado. ¡Oh! Sí, he amado sinceramente, pero nadie ha correspondido jamás a mi amor. Este es el verdadero horror de mi vida. Es malo tener corazón cuando se es una cortesana».

Lío de tríos: A comienzos del año 1848, cuando Dumas se enamoró de ella, Marie tenia una relacion con el conde de Stackelberg. Cuando pasaba la noche con Dumas, decia a Stackelberg que estaba con su amiga Zélia. Incluso, no mencionaba a ninguno de los dos  su tercer amante,  el vizconde de Perregaux.

Dumas terminó alejándose de ella, muy enferma por entonces, endeudado tras tres meses de romance y celos. Marie ofreció su amistad, sin embargo el escritor se negó: «No soy lo bastante rico para amarte como qui­siera, ni tan pobre como para que me ames como quisieras…Tu corazón es muy grande para no entender esta carta y tu inteligencia demasiada para no perdonarme» (30 de agosto de 1845).

Sus obras dramáticas, «El mayor de Estrasburgo», «La cena de amigos», «Los abencerrajes»; su melodrama «Treinta años de la vida de un jugador» y sus obras de tipo histórico, como «Christine», fueron un gran fracaso.

Posteriormente, consiguió mucho éxito con el drama histórico romántico «Enrique III y su corte», el primero del teatro francés.

Más tarde escribió «Anthony, Carlos VII con sus grandes vasallos», «La torre de Nesle», «Catherine HHoward»,
«Don Juan de Mañara y Kean».

UNA CARRERA FULGURANTE:  la carrera de Marie, que se llamaba Rose Alphonsine Plessis, comenzó a los 16 años, cuando el dueño de un restaurante cerca de Paris la conoció y le propuso que se quedara con él.

Lamentablemente era celoso y había instalado a Marie en un apartamento de Paris. Rápidamente empezó a acudir al teatro donde conoció al conde Ferdinand de Monguyon, quien le proporcionó un piso espléndido.

En este sentido, Marie comenzó a tener muchos amantes. En un momento dado tuvo siete amantes fijos a los que dedicaba un día por semana. Sus amantes estaban satisfechos de tal manera que le compraron una mesa de tocador con siete cajones. Se comenta que gastaba mil francos de oro al año.

El vizconde de Perregaux, que permaneció a su lado hasta su muerte y estaba profundamente enamorado, intentó salvarla. Se la llevó a Londres y se casó con ella el 21 de febrero de 1845, pero el matrimonio no fue reconocido en Francia y se separaron poco después.

Fuente Consultada:
Texto Basado en 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi

fuentes

El Amor de Edgar Allan Poe Carta de Amor Amores Historicos

El Amor de Edgar Allan Poe Carta de Amor Amores Historicos

(Boston, 19 de enero de 1809 – Baltimore, 7 de octubre de 1849) Poeta, narrador y crítico literario norteamericano. Hijo de actores ambulantes de ascendencia irlandesa, sus primeros años transcurrieron viajando de pueblo en pueblo. Cuando contaba dos años de edad quedó huérfano de padre y madre. Esta había muerto en Richmond, donde Mr. Allan, un negociante sin hijos, adoptó como suyo al pequeño Edgar.

Edgar alan poe escritorCOMO DOS NIÑOS: EDGAR ALLAN POE Y VIRGINIA CLEMM: Edgar Allan Poe (1809-1849), a quien llamaban Eddy, se casó con  su prima Virginia Clemm, a quien solía llamar, de manera afectuosa, Sissy o “My child-wife” (esposa-niña), ya que era mucho menor que él.

En realidad, Poe tuvo poco éxito como literato, aunque despertó la fascinación en algunos contemporáneos y varias poetisas. Incluso, fue acusado por algunos de acelerar la muerte de su joven esposa, la cual padecía tuberculosis, aludiendo a los disgustos que él le causaba.

Sin embargo, Poe la amaba muchísimo y se preocupó por ella. Esta devoción se puede evidenciar en una carta desesperada fechada el 29 de agosto de 1835 que enviaba a su tía, María Clemm “Muddie”, en respuesta  a una misiva en la que ella le informaba que su primo, Neilson Poe, pretendía recoger a Virginia para ocuparse de educarla.

A lo que Poe respondió: «Las lágrimas me ciegan mientras le escribo esta carta y no deseo vivir ni una hora más. (…) Mi peor enemigo me tendría lástima si pudiera leer mi corazón. Mi último asidero en la vida, el último de todos, se me escapa. No tengo ningún deseo de vivir y no viviré. Pero he de cumplir mi deber. Amo, usted lo sabe, amo a Virginia apasionadamente, devotamente». Finalizando la carta, le rogaba que evitara la partida de Virginia a casa de Neilson.

Edgar y Virginia se conocieron en 1829, en un viaje que realizó Poe, para visitar lo que quedaba de su familia en Baltimore. En ese momento ella sólo tenia siete años y su hermano Henry, nueve. Además, vivían en la casa de la abuela de Poe, que estaba paralítica, y el hermano mayor del escritor, William Henry, quien padecía tuberculosis. El escritor contribuyó con su manutención utilizando los escasos recursos que su padre adoptivo, John Alan, le asignaba.

Sus Poemas: «A Helena», «Ulalume», «Anabel Lee» y Las campanas». Entre sus cuentos de misterio y terror destacan «El escarabajo de oro», «Los crímenes de la calle Morgue», «El gato negro» y «La caída de la casa de Usher».

Al poco tiempo, Poe regresó a Baltimore, en mayo de 1831, y decidió quedarse tres años. Solía gustarle la vivacidad infantil y la alegría de Virginia, que muchas veces compensaba su mentalidad de niña debido a su afección a los doce años, que impidió su desarrollo cerebral. También admiraba su belleza, su cabellera abundante y sus grandes ojos oscuros.

Al final contrajeron matrimonio el 16 de mayo en 1836, cuando Virginia tenia 13 años y Edgar 26. Para poder casarse falsificaron la fecha de nacimiento de ella.

La vida de Poe aparece marcada por la tragedia, ya que tuvo que sobrellevar la muerte de las mujeres que más Eliza Poeamó: su madre Eliza Poe, murió cuando era niño, le siguió su primer amor, Miss Jane Standard (madre de un compañero de colegio) que murió loca a los 31 años en 1824, su madre adoptiva, Frances K. Valentine, quien también murió de tuberculosis y, finalmente, su esposa Virginia.

En 1845, alcanzó la cumbre de su fama tras la aparición de «El cuervo». Dos años después murió Virginia. Poe consume alcohol, laudano, opio, huye, se evade. Se siente desnudo, miserable e incomprendido. Intenta rehacer su vida y pretende a Helen Whitman, viuda de buena posición económica y rica formación cultural.

Virginia fue un exponente para la obra de Poe, sobre todo en poesías como “Annabel Lee” y relatos como “Eleonora”, en el cual la protagonista, también prima y amada del escritor, moría trágicamente. En 1842, su esposa atravesaba una etapa critica de su enfermedad, sumado a que eran muy pobres y solo poseían una manta y una gata para proporcionarle calor. Su infortunado deceso provocó en Poe una terrible afección…

BUSCANDO ESPOSA DESESPERADAMENTE: ante la muerte de su esposa, el escritor se sintió perdido. Buscó salvación en otro matrimonio, Poe pensaba que la compañía de otra mujer podía acallar sus demonios internos. Poe se lamentaba en una de sus cartas :«Sin el verdadero, delicado y puro amor de una mujer no llegaré a vivir ni un año».Maria Louise Shew, había sido enfermera de Virginia, fue una de las primeras opciones, sin embargo, ella no le correspondía, pero estuvo a punto de ceder tan sólo por piedad.

Elmira Royster, el amor truncado de su juventud, accedió a casarse con él, sin embargo, Poe se retractó. Poe cortejó también a Sarah Helen Whitman, con la cual estuvo a punto de casarse, pero una fuerte discusión entre ambos acabo en ruptura. En la misma época, pretendía a Annie Richmond, intentando que dejara a su marido. Poe escribía cartas de amor a ambas muy parecidas con un día de diferencia.

PARA SABER MAS…
PASAJES DE SU VIDA:

UNA SERIE DE FRACASOS

Nadie ha oído hablar de un escritor joven que no haya creído que daría en el blanco al primer intento, conquistando la fama con su primer libro. Y Poe no fue una excepción a la regla, aunque pronto tuvo que cambiar de opinión. El altanero joven de Richmond. comenzó a desengañarse, arrepintiéndose de haber abandonado la cómoda casa de Allan (quien los había adoptado, al quedar huérfano) .

Trató de hacer las paces con su protector, pero sin éxito. No tenía medios de subsistencia y, para salir de apuros, se enroló en el ejército. En seguida se distinguió, y en julio de 1830 sus superiores lo convencieron para, que se inscribiera en la academia militar de West Point. Pero justamente cuando estaba a punto de alcanzar el grado de oficial, el «demonio del fracaso», su lado malo, entró en acción. Cometió, inexplicablemente, una serie de graves faltas que provocaron su expulsión, y se encontró de nuevo sin nada.

Parecía como si una maldición pesara sobre él. Cuando estaba más cerca del éxito, de vuelta a la vida ordenada y normal, se precipitó, de golpe, en un estado de impaciencia y de aburrimiento que lo volvió a hundir en sus pesadillas de alcohólico. Una personalidad tan compleja sólo puede explicarse si se la considera irremediablemente enferma: Poe estaba «enfermo de fracaso», enamorado del sufrimiento y de la desesperación. También en su vida afectiva se portaba de la misma manera: rompió con todas sus amistades y se hizo rechazar por las mujeres que amaba.

UN PERIODISTA NATO
Finalmente consiguió entrar como redactor en el «Literary Messenger«, de Richmond, y en poco tiempo multiplicó la tirada. Aquello podía haber significado el éxito; pero, una vez más, su manía de autodestrucción lo movió a dejarlo todo. Sin embargo, era un periodista formidable: su estilo conquistó al público y sus «Narraciones extraordinarias» fascinaron a los lectores. También escribió poesías y ensayos literarios, pero trabajaba sin continuidad, perdiendo, a causa de este comportamiento, ocasiones de progreso. En 1836 se casó con su prima, la joven Virginia Clemm.

Durante algún tiempo pareció que había recobrado el sentido de la responsabilidad. Asumió la dirección del «Burton’s Magazine«, que en poco tiempo alcanzó, por obra de Edgar Allan Poe, la tirada entonces excepcional de 37.000 ejemplares. Pero también esto terminó en la nada.

Se marchó a Filadelfia y entró a formar parte del «Graham’s Magazine»; consiguió que la venta de esta revista pasara de 5.000 a 40.000 ejemplares. Ganaba bastante, y sus narraciones policíacas, verdaderas obras de arte del género, causaron sensación. Este fue su mejor período, el más tranquilo y normal, pero sólo duró dos años, de 1840 a 1842. Luego, de nuevo la caída, el alcohol, la miseria. Su último sueño, la creación de una revista propia, el «Stylus«, naufragó lamentablemente.

De vuelta en Nueva York, colaboró en varios periódicos de aquella ciudad, publicando, en 1845, el poema «El cuervo» y el segundo volumen de sus narraciones. De nuevo el eterno vaivén de los éxitos a las crisis, del pasajero bienestar a la miseria absoluta. En uno de los períodos de mayor indigencia, en el frío enero de 1847, Virginia murió de tisis y de agotamiento. Esto significó el hundimiento definitivo: Poe estaba enfermo, minado por el alcohol. Sus pesadillas eran atroces, y toda tentativa de salir a flote resultaba estéril.

Fue a Richmond, a Filadelfia, otra vez a Nueva York y, por último, a Baltimore. Allí, su estancia en el mundo acabó para siempre el 3 de octubre de 1849, en el corredor de un hospital. Desapareció con él uno de los autores más geniales de la literatura del siglo XIX, un hombre que habría podido hacer mucho más con su arte, si una luz de fe y de esperanza hubiera iluminado su desesperado camino hacia la locura.

Fuente Consultada: Texto Basado en 99 Amores de la Historia de Alicia Misrahi