Familia Renacentista

Frases del Papa Francisco I Mensajes y Citas Para Reflexionar

Frases del Papa Francisco I
Mensajes y Citas Para Reflexionar

Papa Francisco I

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El 13 de marzo de 2013 es elegido Papa el cardenal jesuíta argentino Jorge Mario Bergoglio, nacido en Buenos Aires en 1936, en la quinta votación realizada el segundo día del cónclave. El nombre escogido para gobernar los designios de la Iglesia católica fue Francisco en honor a San Francisco de Asís. Es la primera vez que un hispanoamericano es nombrado pontífice y también la primera ocasión en que un miembro de la Compañía de Jesús accede al puestc más destacado de la Iglesia. «Comenzamos este camino de la Iglesia de Roma, obispo y pueblo juntos, en hermandad, amor y confianza recíproca. Recemos unos por otros, por todo el mundo, para que haya una gran hermandad. Este camino debe dar frutos para la nueva evangelización», dijo el papa Francisco a los miles de fieles que aguardaban en la plaza de San Pedro para conocer al nuevo Ministro de Cristo… Ver: Biografía del Papa Francisco

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reflexiones del papa francisco

Frase 1: «El Amor no debe nacer en la arena de los sentimientos que van y vienen, sino en la roca del amor verdadero, el amor que viene de Dios»

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Frase 2: «Generalmente cada uno de nosotros está preparado para acusar al otro y justificarse a sí mismo. Es un instinto que está en el origen de muchos desastres»

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Frase 3: «La calumnia es peor que un pecado, es una expresión directa de satanás»

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Frase 4: «Caminemos juntos todos, cuidémonos los unos a los otros, cuidensé entre ustedes, no hagan daño, cuidensé de la vida, cuiden la familia,…cuiden a los niños, cuiden a los viejos, que no haya odio, que no haya pelea, dejen de lado la envidia, dialoguen entre ustedes, que este deseo de cuidarse vaya creciendo en el corazón y acérquense a Dios»

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Frase 5: «Jóvenes están dispuestos a entrar en esta Onda de Revolución de Jesus». A poner a Cristo en el centro de tu vida.

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Frase 6: «El abuso sexual de niños es una enfermedad»

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Frase 7: «No sirve de mucho la riqueza en los bolsillos, cuando hay pobreza en el corazón»

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Frase 8: «Que la bendición de Dios Todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espiritú Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén»

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Frase 9: «Jóvenes, jueguensé la vida por grandes ideales·»

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Frase 10: «Hay que salir al encuentro de los olvidados»

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Frase 11: «La paciencia de Dios no tiene límites»

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Frase 12: «Si el amor es solo un sentimiento, un estado psicofísico, no se construye nada»

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Frase 13: «A la gente la empobrecen para que luego voten por quienes los hundieron en la pobreza»

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Frase 14: «El primero en pedir disculpas es el mas valiente. El primero en perdonar es el más fuerte. El primero en olvidar es el mas feliz»

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Frase 15: «No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura»

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Frase16: «Si una persona el gay y busca al señor, quien soy yo para juzgar»

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Frase 17: «Los jóvenes confunden felicidad, con un sofá»

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Frases Famosas de Francisco I

Frase 18: «Quien acaricia a los pobres, toca la carne de Cristo»

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Frase 19: «Cada Muerte Violenta Nos Disminuye Como Personas»

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Frases famosos del papa

Frase 20: “En todo  este proceso, largo,  difícil, pero  esperanzador  de la reconciliacion,  resulta indispensable  tambien asumir  la verdad”

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Frase 21: «El Primero en pedir disculpas es el mas valiente, el primero en perdonar es ek mas fuerte, el primero en olvidad es el mas féliz»

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FRASES SOBRE LOS POBRES:

frases del papa francisco I sobre los pobres

«Viendo sus miserias, escuchando sus clamores y conociendo su sufrimiento, nos escandaliza el hecho de saber que existe alimento suficiente para todos y que el hambre se debe a la mala distribución de los bienes y de la renta» .

«Cada cristiano y cada comunidad están llamados a ser instrumentos de Dios para la liberación y promoción de los pobres, de manera que puedan integrarse plenamente en la sociedad; esto supone que seamos dóciles y atentos para escuchar el clamor del pobre y socorrerlo».

«La palabra «solidaridad» está un poco desgastada y a veces se interpreta mal, pero es mucho más que algunos actos esporádicos de generosidad» .

«La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común. La solidaridad debe vivirse como decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde» .

«Molesta que se hable de ética, molesta que se hable de solidaridad mundial, molesta que se hable de distribución de los bienes, molesta que se hable de preservar las fuentes de trabajo, molesta que se hable de la dignidad de los débiles, molesta que se hable de un Dios que exige un compromiso por la justicia».

«El corazón de Dios tiene un sitio preferencial para los pobres, tanto que hasta Él mismo se hizo pobre».

«Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica» .

«Nadie debería decir que se mantiene lejos de los pobres porque sus opciones de vida implican prestar más atención a otros asuntos».

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Un Mensaje Sobre Sobre el Perdón

mensaje sobre el perdon

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Florencia en el Renacimiento Comercio, Burgueses y Política

Historia de Florencia – El Comercio De Los Burgueses -Lorenzo de Médicis y Maquiavelo

A partir de 1300 se observan en Europa ciertas tendencias generales que marcan un nuevo giro, un interés reavivado por las tradiciones de la antigüedad clásica y un nuevo espíritu de humanismo en el manejo de los asuntos.

De todas la ciudades de Italia, la mas civilizada fue Florencia. Sus ciudadanos habían empezado a enriquecerse en el siglo XII yendo a buscar a las ferias de Francia los baños burdos que se fabricaban en el norte. Los preparaban de modo que resultaran más finos, más flexibles y brillantes, y los revendían como telas de lujo a los musulmanes o a los grandes señores cristianos.

Florencia, ciudad-estado

El sistema feudal, que había sustituido al gobierno centralizado del Imperio Romano, empezó a perder terreno con el apogeo de las ciudades, donde existía una clase independiente de ciudadanos mercaderes y gremios de artesanos que estaba creando una nueva civilización.

El nuevo poder basado en la industria urbana estaba en cierto modo desplazando a los señores feudales del pasado. Italia, en su etapa de luchas entre el imperio y el papado, carecía de un gobierno central.

Por ello, presenció el nacimiento de gran número de ciudades-estado, desde las insignificantes hasta las que alcanzaron importancia internacional. Entre estas últimas, Florencia fue una de las más destacadas.

Durante mucho tiempo Florencia ocupa un lugar preeminente en la historia europea, especialmente desde mediados del siglo XII hasta principios del XVI. Se vio envuelta en la lucha entre el papa y el emperador desde el siglo XI.

Fue en ella donde las facciones rivales recibieron los nombres de güelfos y gibelinos a principios del siglo XII, aunque en esencia estos nombres familiares indicaban simplemente las fuentes de las que ambos partidos buscaban apoyo para sus propios intereses.

mapa de italia en el renacimiento

Hubo largas y complicadas luchas entre los dos partidos, y las alineaciones de las ciudades-estado y los grandes poderes cambiaban una y otra vez.

Mientras tanto, Florencia obtuvo un gobierno republicano que sufrió muchos cambios, pero que se estructuraba básicamente en dos consejos, un organismo integrado por representantes de los gremios que cambiaba cada dos meses, un capitán, un magistrado imperial y un ministro de justicia.

En la práctica, esta organización no era tan democrática como parece.

Los derechos políticos no llegaban de hecho a los estamentos más bajos, ni a los habitantes de las ciudades o distritos dependientes.

En el siglo XIV Florencia se había convertido en un centro comercial poderoso, famoso por sus actividades bancadas internacionales y su industria textil, primero con la lana y posteriormente con la seda y el brocado.

Sus conexiones con Oriente la ayudaron a prolongar su influencia cuando el Mediterráneo dejó de tenerimportancia económica.

En su política exterior, Florencia estaba en general enfrentada al imperio y por ello inició unas relaciones más estrechas con Francia, que durante mucho tiempo había apoyado a los papas contra  la  Alemania  imperial.

El Comercio de los Burgueses

En el siglo XIII, muchos ciudadanos de Florencia lograron grandes fortunas dedicándose al campo y la banca, y algunos de ellos prestaban dinero al rey de Francia. Pero la ciudad se hizo rica principalmente en los siglos XIV y XV, cuando estableció las grandes fábricas de paños.

Los pañeros de Florencia formaban una corporación denominada «Oficio de la Lana», pero no se parecían a los maestros de la Edad Media , que no eran sino pequeños patronos que trabajaban manualmente.

Eran ricos traficantes que compraban la lana en grandes cantidades, hacían que sus obreros la trabajasen y vendían el paño para obtener ganancia.

Tenían en los barrios más ricos de Florencia su tienda (boteche), que se distinguía por las armas del oficio (un carnero y una cruz), y era una gran sala abovedada que daba a la calle (subsisten aún varias en Florencia).

Allí se depositaban la lana y las drogas, se llevaban los fardos de paño y se recibía a los comerciantes extranjeros que iban a hacer compras.

Las piezas de paño que entregaban los tejedores eran enviadas a los tintoreros, que las teñían con plantas, sobre todo el glasto (pastel). Los tintoreros eran trabajadores más acomodados, que tenían su establecimiento y no trabajaban para un solo fabricante.

El paño pasaba todavía por los bataneros, con frecuencia establecidos en el campo, donde había molinos de agua, luego por manos de los aprestadores, los esquiladores, que cortaban los pelos con tijeras, los planchadores, los estiradores, los plegadores .

Los burgueses de Florencia, enriquecidos por el comercio, no quisieron permitir que siguiesen gobernando las antiguas familias nobles.

Las profesiones más lucrativas: notarios, banqueros, médicos, peleteros, pañeros, se organizaron en corporaciones llamadas artes (oficios), que se apellidaron mayores (superiores). Eran llamados también pueblo gordo (popólo crasso).

En 1282 hicieron una revolución. Los «priores de las artes» (jefes de los oficios) constituyeron jn gobierno llamado Señoría que se cambiaba cada dos meses. Se construyó un palacio, la Señoría, en el que moraban y comían juntos a expensas del Estado. Cuando hacían sonar la campana, todos los ciudadanos se reunían, sin armas, delante del palacio para deliberar.

Los burgueses de las «artes mayores», que habían logrado apoderarse del gobierno, obligaron a los nobles a matricularse en un oficio.

Los pañeros aprovecharon el poder de que gozaban para hacer reglamentos en provecho propio. Prohibieron a los obreros que trabajaban para ellos, cardadores, tejedores, bataneros, formar ninguna asociación o ponerse de acuerdo para reclamar mejor salario.

Hicieron reglamentos severos que ellos aplicaban, porque juzgaban a sus obreros. Les hacían pagar la mayor parte del Impuesto.

Los obreros, que no tenían miedo alguno de unirse para lograr mejores condiciones, se unieron a los enemigos políticos de los pañeros, sus patrones.

Los más pobres, los cardadores de lana, acabaron por sublevarse (1378). Pedían que se creasen tres «oficios» nuevos para ellos y los otros obreros de la lana. Les fue negado.

Entonces quemaron casas, invadieron el palacio de la Señoría e instalaron en él a uno de los suyos. Los obreros gobernaron algún tiempo. Pero pronto los cardadores se separaron de los demás, los ricos burgueses recuperaron el poder y ya no lo perdieron.

Los florentinos se distinguían por su hablar elegante y su afición a las poesías y los cuentos. Ya en el siglo XIV, los grandes escritores de Italia, Dante el autor del Infierno (1265-1321); Petrarca, el autor de los Sonetos (1304-1374); Boceado, el autor de los Cuentos (1313-1375), eran florentinos.

Más tarde vinieron los historiadores, Villani y, en el siglo XVI, Maquiavelo.

En Florencia se fundó la primera Academia, donde se reunían gentes de letras que se ocupaban del griego.

En el siglo XV Florencia fue la ciudad de los arquitectos y de los escultores, y entonces se edificaron el domo y la catedral.

Esta ciudad había llegado a ser la más rica de Italia y con el ejército que pagaba sometió casi toda la Toscana. Tuvo dos puertos. Pisa (1406) y Llvorna (1421), por los cuales pudo exportar directamente sus paños.

Había conservado su gobierno, que parecía ser una república. En realidad gobernaba una familia de ricos banqueros, los Médicis. Juan de Médicis, que murió en 1429, se había hecho popular logrando que se repartiera el tributo conforme a un registro en el que constaban todos los habitantes y su riqueza.

Su hijo Cosme heredó su casa de banca, su fortuna y su influencia.

Fue bastante hábil para avenirse a vivir como un simple particular; pero hizo se diesen todos los empleos a sus amigos y gobernó como quiso. Mandó edificar un palacio, ordenó la compra de manuscritos y fundó la biblioteca Médicis. Sus descendientes siguieron siendo dueños de Florencia.

Lorenzo de Medicis, el Magnífico

En el siglo XV, la ciudad quedó bajo el control de la poderosa familia de banqueros de los Médicis, que ejerció un poder prácticamente absoluto.

El más famoso fue Lorenzo (1449-92), que gobernó desde 1478 hasta su muerte.

Su abuelo Cosme se había mantenido en el poder por medio de gobiernos provisionales de cinco años que elegían a todos los funcionarios y obedecían sus instrucciones. Lorenzo siguió el mismo sistema.

Lorenzo era el típico gobernante del Renacimiento: inteligente, versátil, enérgico, seguro de sí mismo, escéptico en materias religiosas y con la única idea de perseguir el interés del estado allí donde lo veía.

Era entendido en las artes literarias y consciente de la evolución artística y científica de su tiempo; astuto y de múltiples recursos como hombre de estado, tan versado en la diplomacia como en la guerra, juzgaba a los hombres con sutileza y estaba decidido a consolidar la posición de su familia.

Por encima de todo, desarrolló una política que dio a Florencia un papel importante en el equilibrio del poder europeo.

Lorenzo era una de esas figuras que trascienden a la pura vida humana que rigió los destinos de Europa durante el Alto Renacimiento. Por algo se le llamó «el Magnífico».

Cuando, a los veinte años de edad, tuvo que asumir la carga de la vida política, Lorenzo estaba algo reacio a renunciar a su libre existencia de amigo de los artistas y eruditos.

Sin embargo, era demasiado listo para tratar de eludir su responsabilidad. Como él decía, «se puede malvivir siendo hombre rico en Florencia si no se tiene poder en el gobierno».

Su poder llegó a ser virtual-mente absoluto cuando, en 1480, sustituyó el consejo quinquenal por uno permanente integrado por sus propios hombres.

Ello significaba el fin de las libertades democráticas del pasado, sustituidas por un despotismo firme, a veces benevolente.

Aunque Lorenzo no conocía freno en la persecución de los intereses de estado y se interfería en las vidas privadas de los ciudadanos cuando le parecía, durante su reinado se mantuvo el orden más que nunca.

Ello favoreció enormemente la expansión de los negocios y la industria, así corno el estudio y las artes.

En realidad, en materia de status civil, los florentinos habían avanzado más que nadie hacia aquella igualdad pregonada por la Ilustración tres siglos más tarde, que se convertiría en el grito de batalla de la Revolución Francesa.

Al principio, Lorenzo se enfrentó con el Papa Sixto IV y fue derrotado en guerra. Fue capaz de cerrar en parte esta brecha porque’ la amenaza de una invasión extranjera, por parte de Turquía o de Francia, hacía esencial la colaboración.

En adelante se mantuvo en términos amistosos con Roma, asegurándose el capelo cardenalicio para su hijo menor, Giovanni, que más tarde sería el Papa León X.

En cuanto a Francia, su política era hipócrita. Se vio forzado a mantener relaciones cordiales, porque de ello dependía la prosperidad del comercio florentino en aquel país. Pero al mismo tiempo estaba decidido a no dejar entrar a los invasores.

En 1494, dos años después de su muerte, se iniciaron una serie de incursiones francesas que debilitaron grandemente a Italia y acabaron dejando gran parte de la misma bajo la influencia de los Habsburgo españoles  durante  dos  siglos.

Cosme Médicis había estimulado la creación de una academia platónica en Florencia bajo la dirección de Ficino, el gran erudito y traductor de Platón.

Lorenzo apoyó decisivamente la academia y fue amigo y mecenas de los eruditos, entre ellos de Poliziano y Pico della Mirándola.

Florencia se convirtió en refugio de muchos eruditos griegos que habían huido tras la caída de Constantinopla, en 1453. Todas las grandes figuras artísticas de la época encontraron apoyo presto e inteligente en Lorenzo.

Entre ellas se encontraban el arquitecto Alberti (1404-72) y los pintores Botticelli (1444-1510), Leonardo da Vinci (1452-1519) y Miguel Ángel (1475-1564).

obra: la primavera de botticelli

Para nosotros, la Primavera de Botticelli tiene una belleza serena y armoniosa, pero para Lorenzo Pierfrancesco, el joven patrono que la encargó, significaba mucho más. Venus, con sus guirnaldas de flores, simboliza la Humanitas, el ideal de todo el ser humano basado en las enseñanzas de la antigüedad.

Al mismo tiempo, la universidad de Florencia se convirtió en centro de un renovado espíritu de estudio clásico.

El humanismo de este período no sólo inauguró el estudio de la filología clásica crítica, sino que también fomentó la producción de libros y la creación de bibliotecas, que promocionaron el aprendizaje en general.

Aunque el poder e influencia de la Iglesia seguía siendo importante, se formó una nueva actitud que estaba más acorde con el enfoque del pasado clásico.

Puede decirse que la política nunca había estado realmente motivada por otra cosa que no fuera el interés, quizás en ocasiones bajo una delgada capa de aspecto cristiano.

Al llegar el Renacimiento, una fuerte tendencia secular invadió la propia Iglesia, que a su vez provocó el movimiento de reforma del siglo XV.

Mientras tanto, Florencia produjo una notable figura de brillo momentáneo, peculiarmente fuera de su tiempo, en parte un místico medieval y en parte un profeta de reforma: el fraile dominico Savonarola (1452-1498).

vista de florencia en el renacimiento

Savonarola ejerció un considerable poder político en Florencia durante un tiempo, aprovechándose de la oportunidad para predicar el establecimiento de un estado cristiano ideal. Pronto se volvieron las tornas y fue torturado y quemado con otros dos dominicos  en  la  plaza  pública.

Este asceta osado e intransigente se oponía al racionalismo escéptico de la época y al lujo terrenal de la cultura contemporánea. Condenó, en particular, la tradicional magnificencia de la corte papal.

Savonarola fue llamado al lecho de muerte de Lorenzo. Según la leyenda, el fraile negó al tirano la absolución porque Lorenzo no quiso restaurar la libertad democrática de la ciudad.

La actitud de Savonarola hacia Roma se hizo claramente hostil cuando fue elegido, en 1492, el Papa Borgia Alejandro VI. Alejandro no era ni más ni menos que un producto típico del Renacimiento: frío, realista, práctico, libre de fanatismos y que no se arredraba ante nada. Lo que más le molestaba de Savonarola no era su celo reformador, sino el hecho de que el fraile estaba a favor de los franceses.

En 1494, Carlos VIII había invadido Italia. La familia Médicis había sido expulsada de Florencia y la ciudad se salvó de los invasores en gran parte debido a la influencia de Savonarola.

El Papa, ayudado por el emperador, España y Vene-cia, obligó a Carlos a volver a Francia y acto seguido se volvió contra Florencia, donde Savonarola había logrado una influencia política decisiva.

Sin embargo, la exageración puritana de los sermones del fraile no estaba a la altura de la época.

En el carnaval de 1497 había organizado una «quema de vanidades» en la que fueron destruidos gran cantidad de libros y otros objetos por su indecencia y frivolidad. La reacción se produjo y finalmente el Papa consiguió que Savonarola fuera llevado a juicio y condenado por hereje.

Se le arrancó una confesión mediante torturas, como era costumbre, aunque posteriormente se retractó de cuanto había dicho.

Con otros dos frailes fue ahorcado y quemado delante del Ayuntamiento, en 1498. Lodo el asunto era, en realidad, una cuestión política; sirvió para aplacar a Roma y también para afirmar la independencia de Florencia, puesto que la demanda de extradición del fraile por parte del Papa Alejandro fue denegada.

personajes del renacimiento

Lorenzo el Magnífico, el déspota benigno, gobernó Florencia de 1478 a 1492 e hizo de ella una fuerza digna de tenerse en cuenta en  los  asuntos europeos. El fanático fraile Savonarola denunció la corrupción de la Iglesia y el Estado en vehementes sermones que provocaron la ira del Papa.

Maquiavelo

La situación política era ahora muy inestable. Luis XII de Francia obtuvo la licencia papal para casarse con la esposa de su difunto hermano, a fin de recuperar el poder sobre Inglaterra.

Por otra parte, se comprometió a apoyar a César Borgia en sus ambiciones territoriales sobre la Italia central. En 1501 la presión francesa salvó a Florencia de las amenazas de César.

En 1502 los florentinos eligieron a Piero Soderini como ministro de justicia vitalicio para proporcionar al estado cierta estabilidad.

Al año siguiente, Alejandro Borgia murió de fiebres y, antes de que César Borgia se recuperara de la misma enfermedad, sus conquistas habían pasado a manos del nuevo Papa, Julio II. César murió en España en 1507.

Desde 1498 Florencia contaba entre sus diplomáticos con Nicolás Maquiavelo (1469-1527), un astuto observador y negociador, versado en los clásicos latinos y hombre de gran visión política. En 1506 propuso un nuevo sistema para una milicia nacional, para sustituir a las turbas mercenarias y sus capitanes.

En la guerra contra Francia en 1510, Florencia permaneció neutral. Los franceses, aunque vencieron en Rávena, tuvieron que volver a Francia dejando a Florencia abandonada a su suerte. Su milicia no era enemigo para los aliados españoles del Papa. En 1512 los Médicis fueron restaurados en Florencia.

Maquiavelo, considerado erróneamente como sospechoso de complicidad contra los Médicis, fue obligado a abandonar su puesto en 1513. Su fama se debe a sus escritos políticos.

Familiarizado con muchas cortes de Italia y del extranjero, conocía a los hombres que estaban en el poder y captaba algunos de los problemas prácticos de la política.

Su tratado más importante, El príncipe, no le sirvió, como él esperaba, para recuperar el favor de los Médicis, pero sí le hizo mun-dialmente famoso.

En su libro, el autor señala los métodos que un gobernante debe adoptar a fin de establecerse y afincarse. Lo que necesita es el poder, ejercido sin ningún miramiento. Para lograr el éxito el gobernante no debe pararse ante la violencia.

El fin justifica los medios y, aunque es bueno estimular la creencia en la moralidad con fines disciplinarios, el gobernante no necesita atenerse a esas creencias, aunque puede acatarlas externamente si ello sirve a sus propósitos.

En gran medida, el gobernante descrito por Maquiavelo había estado personificado por César Borgia.

Lo que el autor esperaba era un príncipe que lograra en Italia la unidad nacional que estaba surgiendo con la monarquía absoluta de Francia.

Para él era totalmente evidente la necesidad de un hombreque ejerciera el poder con decisión y sin escrúpulos, para unificar las numerosas ciudades-estado de Italia enzarzadas en contiendas.

Pero su opinión no fue compartida por la mayoría, que le acusó de hombre inmoral y sin escrúpulos.

Estas  aspiraciones nacionales fueron incitadas por el lado más oscuro del Renacimiento italiano. A pesar de los grandes logros de ese período y de la magnificencia de las familias rectoras, la totalidad del país había entrado en su decadencia política.

El resultado fue una especie de indiferencia moral, que estimulaba la práctica desaprensiva de la política, haciendo casi una virtud del mal que surgía de las condiciones prevalecientes.

¿Cuál fue la causa de esta decadencia? Maquiavelo había expresado repetidas veces su opinión sobre el particular.

Se creía por lo general en aquel tiempo que la culpa era en gran parte del papado. En la lucha entre el emperador y el papa no se logró ninguna solución política decisiva.

En cierto sentido, el imperio había perdido la batalla política en Italia; el papado no tuvo la suficiente fuerza para proporcionarle dirección política, pero sí para solicitar ayuda extranjera, provocando de este modo una interminable serie de incursiones de ejércitos extranjeros, con los consiguientes horrores y depredaciones en el campo. Mientras tanto, el papa se comportaba como cualquier otro gobernante italiano, impidiendo una auténtica unificación política.

La obra de Maquiavelo no es tanto una teoría política como un examen de cómo crecen y decaen los diversos tipos de estado, y cómo debe proceder un gobernante para asegurarse el mantenimiento duradero del poder. De hecho, trata del aspecto de la vida política más cercano a su propia experiencia, es decir, la diplomacia.

Desde el punto de vista de la práctica política, la acusación de inmoralidad que a veces se le ha formulado, tanto por sus ofendidos contemporáneos como por generaciones posteriores, no está enteramente justificada.

Más que recomendar ciertas prácticas, lo que hace es señalar métodos para lograr ciertos fines; métodos, es cierto, que rozan, cuando no se enfrentan abiertamente, a la moral tradicional.

En cierto sentido, Maquiavelo llega más lejos que las críticas del poder papal por parte de los clérigos. No sólo se oponía al papado tal como estaba entonces, sino también al ideal que representaba.

A este respecto, es un auténtico representante del Renacimiento. Lo que admiraba eran las virtudes morales, no de la ética cristiana, sino de la antigua república romana en su período de apogeo.

Está claro que las lecciones prácticas de la política maquiavélica han tenido, en su totalidad o en parte, una aplicación universal, particularmente en los regímenes totalitarios o dictatoriales.

Sin embargo, la postura maquiavélica es unilateral, pues descuida la influencia positiva de otros factores de los que también depende el poder. Escritores humanistas como Tomás Moro presentan una concepción más amplia, justa y equitativa de la práctica política.

Ver:Historia Construcción Cupula de la Catedral de Florencia

Fuente Consultada:
La LLave del Saber Tomo II – La Evolución Social – Ediciones Cisplatina S.A.

Arte Gótico y Románico en la Edad Media Resumen Descriptivo

BREVE DESCRIPCIÓN DEL ARTE GÓTICO Y ROMÁNICO MEDIEVAL

Fundamentada en la tradición romana, pero formada en la escuela carolingia, la arquitectura románica es la prueba irrefutable de la mentalidad profundamente cristiana que dominaba al hombre de la Edad Media a través de los movimientos políticos. Durante unos tres siglos, su crecimiento constante y armonioso estuvo caracterizado por el paso de la preponderancia alemana hacia Francia que logró superarla. Por su parte, España también aportó obras románicas únicas en su género, muchas de las cuales aún subsisten

Con su nombre, el estilo «románico» pretendió subrayar que era una continuación del que fue propio de la Roma republicana e imperial. Nació a principios de la Edad Media y se extendió, principalmente, por los países latinos. De construcción sólida, pesada y compacta, estuvo basado en algunos principios clásicos, a los cuales agregó otros, diferentes. Mantuvo, por ejemplo, casi intacta la planta de las tradicionales basílicas romanas, pero transformó sus muros, haciéndolos más consistentes. Reemplazó los techos de madera por bóvedas y cúpulas, hechas con piedras y ladrillos porosos.

Los ingleses lo llamaron «normandos«, porque fueron los normandos quienes, desde el norte de Francia, lo introdujeron en Gran Bretaña. En lacatedral de Durham, en Inglaterra, se aplicaron, para abovedar, procedimientos similares a los empleados en Normandía, copiados, a su vez, de otras construcciones francesas, italianas y españolas. Así, los lombardos, usaban vigas transversales y rellenaban los intersticios de las bóvedas con materiales más livianos.

El estilo lombardo se aligeró, en el Piamonte y en Liguria, por influencia de lamodalidad francesa. En Venecia, se relacionó con Oriente, como puede verse en la iglesia de San Juan de Rialto o en la catedral de Murano. En Florencia, Pisa, Lucca, etc., se evitó la bóveda y se dejó de lado la técnica ciclópea.

En Roma y en el Lacio, al igual que en Umbría, se reemplazó la solidez de la primera etapa con una tendencia menos pesada. Los adornos -que los bizantinos habían descartado del templo- reaparecieron y proliferaron los candelabros, las pilas bautismales ricamente labradas, las pinturas, las esculturas, los trabajos de orfebrería, las miniaturas y las piezas de madera tallada.

arte romanico edad media

Catedral de Durham (Inglaterra), comenzada en 1093.

arte romanico edad medio

Castillo de Rochester (Inglaterra). Comenzado en el s. XI, sólo subsiste el torreón. Es uno de los más bellos ejemplos de arquitectura románica.

edad media arquitectura gotica

Nave central de la Catedral de Maguncia.

arquitectura edad media

Monasterio de Sania María en Ripoll (España). Construido en 888, fue restaurado 1.000 años después, en 1888.

Hasta el siglo II , por lo general los arquitectos eran monjes anónimos. Después, debido a la constante multiplicación de sus deberes, tuvieron que recurrir a los laicos. Como su nombre indica, el estilo románico emanó de la tradición arquitectónica romana, renovada durante la época de Carlomagno. Este estilo fue empleado en la construcción de castillos y, sobre todo, de iglesias. Éstas no sólo se utilizaban para el culto, sino también como mercado cubierto, pretorio y fortaleza.

Bajo la influencia bizantina, las iglesias desterraron el techo de madera de las primeras basílicas romanas y adoptaron pesadas bóvedas de medio punto, talladas en piedra y reposando a todo lo largo de los muros laterales, que apenas podían sostener un peso tan enorme. Los arquitectos de entonces: hicieron los muros muy gruesos, los sostuvieron por medio de contrafuertes exteriores, practicaron únicamente las estrechas aberturas de puertas y ventanas y reforzaron su resistencia con arcos de medio punto. A pesar de estas precauciones, temían que se vinieran abajo y, por prudencia, se limitaron a construcciones de dimensiones modestas, excepto en el caso de las iglesias de conventos y de las que eran centros de peregrinación.

A pesar de que la arquitectura románica se desarrolló de modo armonioso y constante, sufrió cambios tan importantes y violentos que parece indicado hacer una subdivisión en períodos distintos, la cual, sin embargo, no puede aplicarse a toda Europa, pues desde la segunda mitad del siglo xn Francia ya empezó a encaminarse hacia el gótico para llegar al gótico puro a principios del siglo XIII.

En la misma época, Inglaterra también dio comienzo a nuevos sistemas, pero Alemania todavía se mantuvo fiel a las formas tradicionales del arte románico. Sin embargo, intentaremos esbozar esta evolución.

En el siglo X, Alemania marcó la pauta en el terreno de la arquitectura. Las formas carolingias se respetaron de modo escrupuloso, casi servil, y esto constituye una de sus características. Los primeros cambios aparecieron en la segunda mitad de este siglo, y son la bóveda y el sistema de alternación. Pero no modificaron —por lo menos durante un tiempo— ni el volumen ni la forma de las construcciones. Siguió reinando la basílica de fondo plano, con apoyos uniformes (columnas o pilares), muros lisos y linterna sin redondear. De 1000 a 1100, en la primera época del románico, la piedra sin labrar fue progresivamente sustituida por la piedra de sillería.

A partir de 1090, aproximadamente, sólo se abovedó la nave central y se construyó una torre sobre la linterna. Mientras Alemania y Normandía seguían marcando la pauta, en Borgoña y el mediodía de Francia aparecían los primeros grandes edificios románicos.

De 1100 a 1180, durante el románico medio o alto, se sustituyó el techo plano por múltiples naves abovedadas. Aparecen las primeras bóvedas de aristas, columnas y arcos en haces, el deambulatorio y el triforio (estrecha galería que corre por encima de las arcadas de la nave central) y aumenta el número de torres y fachadas.

La aparición de la ojiva en Borgoña y de un nuevo arte en el mediodía de Francia proporcionó a este país la supremacía en materia de arquitectura. De 1180 a 1240, los edificios abovedados alcanzaron su máximo apogeo, la ojiva reemplazó al arco de medio punto y se desarrolló el sentido de las composiciones decorativas. Francia, que ya antes de finalizar el siglo xn había optado por el gótico, se impuso por lo que respecta a este estilo.

En España el arte románico dejó obras únicas en su género, como Santa María de Naranco (848), en Asturias; Santa María de Amer (941); el monasterio de Ripoll, y ese grupo de iglesias catalanas de torre cuadrada de la que es típico ejemplo San Clemente de Tahull. Joya del románico, iniciada en estilo asturiano, es la iglesia de San Isidoro, en León, así como la de San Martín de Frómista, en el camino de Santiago, ambas iniciadas en los primeros años de la segunda mitad del siglo XI. Notable es asimismo el grupo de iglesias románicas segovianas (San Millán, San Juan de los Caballeros, San Martín, San Lorenzo y San Esteban).

Durante este período se construyeron en España las catedrales de Jaca (hacia 1054-1063), Lugo (1129), Zamora (1151-1174), Santiago, los monasterios de San Pedro de Roda, San Juan de Duero, la Colegiata de Toro, etc.

El despertar de la arquitectura gótica estuvo íntimamente vinculado al rápido crecimiento de las ciudades. La ojiva simbolizaba la audaz vitalidad y la progresiva prosperidad de la joven burguesía. Nacido en las catedrales del norte de Francia, este nuevo estilo no tardó en conquistar victoriosamente toda  Europa occidental

ARTE GÓTICO MEDIEVAL: A fines del siglo XII y comienzos del XIII nació en el norte de Francia un arte nuevo que los germanos llamaron, posteriormente, gótico, palabra derivada de «Gott», que significa Dios, ya que las agujas en que terminaban sus torres parecían apuntar hacia el cielo.

El gótico, en sus comienzos, tomó en cuenta algunos de los principios del estilo románico. Pero aportó un cambio fundamental: hizo que las vigas de las bóvedas se apoyasen sobre pilares, en lugar de hacerlo sobre los muros. Las paredes dejaron de ser imprescindibles, reemplazándoselas, entre pilar y pilar, por coloridos vitrales.

Como se carecía de vigas de hierro, las estructuras tuvieron que hacerse de piedra, lo que obligó a realizar minuciosos cálculos para lograr una resistencia adecuada. Esa red de sutiles vigas, en el interior de la bóveda, recibió el nombre de «tracería». Se abandonó el arco redondo, de medio punto, característico del románico y se lo reemplazó por dos segmentos de arco destinados a encontrarse en un punto dado, que podía variar de ubicación según que el arco apuntado fuese más chato o más puntiagudo, originando la ojiva.

Después, en lugar de los contrafuertes con que se solían reforzar los pilares para que aguantasen, lateralmente, la presión de las piedras de la bóveda, se recurrió a los llamados «arbotantes» (arcos que sirvieron para contrarrestar el empuje de los principales), los cuales completaron el andamiaje de la bóveda gótica.

La tracería, por dentro, y los arbotantes, por hiera, apoyados sobre pilares, aliviaron la estructura de los edificios, sin perjudicar la solidez del conjunto. Los múltiples adornos, como las trabajadas esculturas de los pórticos del crucero, en las catedrales góticas de Chartres o de Estrasburgo, y las estatuas —como, por ejemplo, las de los fundadores en la catedral de Naumburgo, cuya nobleza y vigor son notables-combinaban su serena riqueza con el prodigioso juego de los vitrales multicolores, con la minuciosa ilustración de los libros manuscritos y con la pintura «al fresco» en las paredes.

Finas piezas labradas -en metal o en marfil-, como una estatuilla en plata de la Virgen, realizada en 1339 por el orfebre francés Jean de Evreux (que puede verse en el Museo del Louvre), completaban el estilizado conjunto.

La pintura «al fresco» recibió este nombre porque se decoraban las paredes de ese modo, es decir cuando el estuco aún estaba húmedo. Así lo hizo, por ejemplo, sobre los muros de la capilla dell’Arena, en Padua, el famoso pintor florentino Giotto di Bondone, que vivió entre los años 1266 y 1337 o sea en plena culminación de la Edad Media.

Para quitarle rigidez a las figuras, se les imprimió una forma ondulada, a la manera de una S. Hay trabajos imbuidos de una soltura y de una espontaneidad naturales que, a veces, mediante el agregado de un simple toque, invaden el campo de lo anímico y de lo temperamental. Esa naturalidad se reflejó en los pliegues de una túnica, en la tersura o en las arrugas de la piel, en la delicadeza de un gesto.

Por eso el estilo gótico -cuya importancia, durante la parte final de la Edad Media, fue equivalente a la del románico durante la primera- lo superó en grandeza, convirtiéndose en el modelo más acabado de la magnificencia medieval. La fuerza y la sugestión del estilo gótico, que sella e identifica toda una época y le da carácter no solamente en el campo del arte sino, también, en el de la historia, irradia más allá del foco nordeuropeo de su nacimiento y, adaptándose a los antecedentes y tradiciones de otras lejanas tierras, llega a los confines del mundo medieval. Tal expansión se plasma, por ejemplo, en Suecia: la catedral de Upsala lo representa con acusadas líneas no exentas de fervor.

Y en los Países Bajos la catedral de Utrech lo patentiza hacia fines del año 1300. Pero no iba a quedar circunscripto solamente a estos ámbitos. Por influencia de las Cruzadas penetró en Medio Oriente y en Siria reaparecen sus testimonios, concretados arquitectónicamente en fortalezas como la de Krak de los Caballeros y en varias iglesias latinas. También en la isla de Chipre este influjo se hace nítido, como para probar su universalidad y la vigencia de su mensaje. Y así, la catedral de Nicosia y la de San Nicolás, en el peñón de Famagusta, recogen en plena área mediterránea el impulso que, en sus comienzos, fue de indudable concepción septentrional.

 

Catedral de Chartres

Interior de la Catedral de Chartres

Catedral de Well en Inglaterra

ALGO MAS SOBRE EL ESTILO GÓTICO:

En Francia, el desarrollo del nuevo estilo arquitectónico, el gótico, coincidió con una sorprendente evolución en el terreno político. En efecto, en esta misma época (1150) los reyes empezaron a extender y consolidar su autoridad. Junto a esta tendencia a establecer el orden y la estabilidad política, se esbozó también un fuerte impulso económico favorecido por la prosperidad de las poblaciones urbanas. Además, la Iglesia atravesaba un período próspero, y la vida intelectual adquirió un amplio desarrollo que culminó con la fundación de la universidad de París, a principios del siglo XIII.

En la segunda mitad del siglo XII se construyeron algunos edificios, como la iglesia abacial de Saint Denis y Notre-Dame de París. En otros lugares florecieron los elementos característicos del nuevo estilo, como la bóveda sobre crucero de ojivas, que estaba formada por aristas reforzadas por arcos empotrados en la manipostería.

Las secciones triangulares entre las nervaduras se rellenaban con un material más ligero. En los edificios góticos, la ojiva representó por último un papel constructivo. Los planos arquitectónicos pudieron ser más audaces con la ojiva que con el arco de medio punto, pues permitía que gran parte del peso de la bóveda descansara sobre los pilares. Sin embargo, al principio los edificios góticos adoptaron importantes elementos románicos.

En la famosa catedral de Chartres, construida durante la primera mitad del siglo XIII, no aparece ninguno de estos elementos. En ella el gótico florece en todo su esplendor. Esta famosa iglesia comprende tres naves y un hondo coro, con deambulatorio y capillas o absidiolas. Las molduras de las columnas acentúan más aún la sensación de fuga hacia lo alto.

En algunos puntos, los gruesos muros del arte romanico han sido reemplazados por maravillosas vidrieras (como el rosetón que corona la fachada principal).

Desde este momento se abre paso el gótico. En todas las grandes ciudades aparecen espléndidos edificios, tanto en París (la Sainte Chapelle recibe, con frecuencia, el sobrenombre de «joya del arte gótico») como en Reims o Amiens. La iglesia de Beauvais, cuyo coro es tan grande como una catedral (48,20 m), representa el punto culminante alcanzado por la arquitectura gótica.

El estilo de las catedrales francesas superó al de los demás países. En Inglaterra, el coro de Can-terbury, construido en 1175, según las ideas fundamentales de Gui-llaume Sens, abrió nuevos horizontes. Otro francés, Geoffroy des Noyers, trazó los planos de la catedral de Lincoln. En el siglo xiv, debido a la riqueza de su ornamentación, el gótico inglés, del que constituye un bello ejemplo la catedral de York, recibió el nombre de decorated style. En el siglo xv se construyeron las ricas bóvedas del King’s College de Cambridge y la capilla de San Jorge de Windsor.

A partir de 1220, España también contribuyó al florecimiento del gótico. A este estilo pertenecen las catedrales de León, Burgos, Toledo, Palma de Mallorca, etc. El mudejar influiría en el gótico en la catedral de Sevilla. En Portugal incluso se mezclaron elementos indios, como en el convento de Batalha. En Alemania, él arco de medio punto se mantuvo durante más tiempo, pero con la construcción de la catedral de Colonia, a mediados del siglo xm, el gótico acabó implantándose definitivamente.

El estilo particular de las catedrales de Siena, Orvieto y Florencia demuestra que los italianos no comprendieron del todo el partido que se podía sacar del nuevo estilo. Sólo el domo de Milán, que, sin embargo, fue en gran parte obra de arquitectos alemanes, se puede comparar a las demás catedrales góticas. Más tarde, un historiador del arte italiano, Giorgio Vasari (1511-1574), pensando en estos arquitectos germanos, dio despectivamente a este estilo el nombre de «gótico», palabra derivada de «godos», es decir, «bárbaros».

El gótico también fue muy brillante en los Países Bajos, gracias a la prosperidad de las ciudades. Difundiéndose, sobre todo, a través del valle del Escalda, este nuevo estilo entró en el condado de Flandes. Algunas veces, este gótico primitivo que aparece en la iglesia de San Nicolás de Gante y de Nuestra Señora de Pamel en Aude-narde, recibe el nombre de gótico alanceado.

Pero en Flandes la arquitectura gótica no se limitó a la construcción de iglesias: la fastuosa vida urbana permitió que se aplicase a edificios de utilidad pública. Así nacieron los mercados, atalayas y casas consistoriales, entre las que merece citarse la de Alost, construida en la primera mitad del siglo xm. Hacia mediados de este siglo, el gótico puro triunfa en el coro de la catedral de Tournai. Sin embargo, este estilo no alcanzó su plena madurez hasta el siglo xv, en Brabante. Numerosas iglesias, como la de Saint Rombaut en Malinas y las casas consistoriales de Bruselas y Lo-vaina, testimonian la excepcional brillantez del gótico en estas regiones.

Como cierto poeta dijo, el gótico es un cántico de alabanza que la arquitectura de Europa elevó al Señor.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ciencia Joven Tomo II Edit. Cuántica
Enciclopedia Juvenil AZETA Editorial Credsa Tomo 3 Arte Gótico y Románico Medieval

Bramante Donato Vida y Obra del Arquitecto Italiano

BIOGRAFÍA Y OBRAS DEL ARTISTA BRAMANTE DONATO

Donato Bramante (1444-1514), arquitecto y pintor italiano, el más influyente junto a Rafael del alto renacimiento, desarrollado en Roma como nuevo estilo clásico a principios del siglo XVI. Nació el año 1444 en Monte Andruvaldo, cerca de Urbino, y su nombre auténtico era Donato di Pascussio d’Antonio.

Al principio se formó como pintor, y de su obra más temprana se conservan los frescos de la fachada del Palacio del Podestá en Bérgamo, realizados en el año 1477. Bramante está considerado uno de los grandes genios artísticos del alto renacimiento italiano. Consiguió fundir con éxito los ideales de la antigüedad clásica y los de la cristiandad.

Bramante Donato

En el ambiente cerrado y autónomo de Lombardía (Italia) , las novedades del Renacimiento se abren camino lentamente pero, afines del siglo XV, se afirman con las actividades de Donato Bramante y del genial Leonardo de Vinci. Donato Bramante, es el artista que mas contribuye a la plena afirmación del arte del Renacimiento en tierra lombarda. Nacido en 1444, en Monte Asdrualdo (Urbino), había absorbido las enseñanzas de los artistas que actuaban en la corte de los Montefeltro.

El estudio de los clásicos y de la obra de Alberti, a quien conoció en Rímini y Mantua, completó su cultura. Así preparado compareció de improviso en el ambiente lombardo, incidiendo profundamente en la evolución del arte local. Durante buena parte del siglo XV, la Lombardía había permanecido ajena a la renovación artística y había mantenido, especialmente en pintura y en escultura, el espíritu y las formas de la tradición gótica internacional, en la particular variante ya elaborada durante el siglo XIV.

La edificación de la Catedral de Milán, que se extendió durante todo el siglo XV y aún más adelante, junto con los prolongados y complejos trabajos que demandó la Cartuja de Pavía, iniciada en estilo gótico y reformada gradualmente de acuerdo con formas más típicas del siglo XV, absorbieron durante mucho tiempo el interés artístico de toda la región lombarda, contribuyendo a conservar un gusto retardatario que las continuas relaciones con el Norte alimentaban sin descanso.

Hacia 1480 aparece en este ambiente Donato Bramante, que inicia su actividad en el campo de la pintura ejecutando los frescos de la fachada del Palacio del Podestá, en Bérgamo, y del Palacio Panigarola, en Milán, donde se reveló como un seguidor de Melozzo de Forlí. De 1482 es su primera obra arquitectónica: la Iglesia milanesa de San Sátiro y el bautisterio anexo.

Partiendo de elementos de tradición románico-lombarda -la planta octogonal del bautisterio, la superposición de la tribuna sobre la arquería del piso bajo- o de esquemas del tipo de los creados por Alberti, consigue, en el interior, un solemne equilibrio espacial gracias a la armoniosa y coherente correspondencia entre los arcos de medio punto y la cúpula hemisférica, apoyada sobre ágiles pechinas.

También los relieves de estuco, que en San Sátiro sugieren la existencia de un coro simulado detrás del altar, se halla en función de este equilibrio espacial.

Otro importante testimonio del período milanés de Bramante es el conjunto del ábside de Santa María de las Gracias, iglesia en cuyo exterior el equilibrio de los volúmenes es turbado por el adorno de terracotas lombardas, pero en cuyo interior asistimos al triunfo de una concepción espacial unitaria, como lo demuestra su amplia cúpula hemisférica, superpuesta a las sólidas estructuras del templo.

La actividad de Bramante proseguirá en Milán, pero sólo alcanzará su cumbre en el siglo XVI, durante su estada en Roma, que fue tan fecunda.

Con la caída del duque Ludovico Sforza en 1499, Bramante huyó a Roma, donde trabajó casi en exclusiva a las órdenes del ambicioso papa Julio II.

DONATO BRAMANTE (1444-1514): Iglesia de Santa María, anexa a San Sátiro – Milán  (1482).
La perspectiva ilusoria del falso ábside (obtenida con un audacísimo escorzo y realzada por los relieves de estuco) confiere a la parte trasera de la Iglesia de San Sátiro un efecto espacial que se hace necesario como recurso de ensanchamiento irreal por la amplitud del crucero y el ímpetu de las bóvedas de cañón.

DONATO BRAMANTE (1444-1514): Cúpu la de Santa María de las Gracias (1492) y abajo Bautisterio de San Sátiro (1482)  – Milán. Nacido en las cercanías de Urbino y formado por el ejemplo de Luciano Laurana y de Piero della Francesca, Donato Bramante lleva a Milán (adonde llega alrededor de 1480) una concepción arquitectónica de límpida y rigurosa racionalidad, renovando así profundamente los esquemas y las fórmulas de la arquitectura lombarda   tradicional.

DONATO  BRAMANTE   (1444-1514):   Cristo   atado   a  la  columna  –  Pinacoteca  del Brera.  Milán.
La actividad de Bramante como pintor, ya iniciada en los años que pasó en Urbino, donde posiblemente decoró en parte el Pequeño Estudio del Duque Federico de Montefeltro, señala notablemente la influencia de Melozzo de Forlí. De todas maneras, entre los pocos legados de Bramante como pintor, resalta esta sugestiva imagen, en la cual puso mano también el Bramantino.

 SOBRE LA AMPLIACIÓN DE LA BASÍLICA DE SAN PEDRO:

La edificación de la basílica de San Pedro respondió la política de prestigio emprendida por Julio II, que aspiraba a reforzar el poder pontificio y a afirmar el predominio espiritual y temporal del Vaticano asegurándole un rol destacado entre los diferentes Estados de Italia.

basilica de san pedro

Cuando en 1452 el papa Nicolás V decidió ampliar la basílica de Constantino, construida en el siglo IV sobre la supuesta tumba de San Pedro, no imaginó la gigantesca obra que resultaría ni la concentración de talentos que en ella participarían.

El sólo pensaba añadir un nuevo ábside detrás de la basílica existente. Pero la obra de San Pedro en Roma se desarrolló realmente durante el pontificado de Julio II (1503-1513). Con su impulso, el arquitecto Bramante emprendió una obra mucho más ambiciosa, que lamentablemente quedó inconclusa.

Hizo destruir los vestigios que quedaban, adoptó una planta de cruz griega y formuló el proyecto de una cúpula imponente sobre monumentales pilastras, según el modelo del Panteón Romano. Aunque los sucesores de Julio II, León X (1513-1521) y Clemente VII (1523-1534), mostraron una menor capacidad política, actuaron como avezados mecenas. Rafael sucedió durante estos pontificados a Bramante, muerto en 1514.

En su búsqueda de una iglesia ideal, Rafael se alejó del plano inicial y optó por uno en cruz latina.

Necesitó, pues, construir una nave central y naves laterales. Murió en 1520, después de haber terminado la nave transversal sur.

plano basilica de san pedro en roma

Plano Basílica de San Pedro En Roma

Las diferentes etapas de la construcción. Este plano permite conocer las múltiples etapas de una construcción en que la coherencia arquitectónica se sostiene a pesar de los cambios y las vacilaciones de los numerosos arquitectos que participaron. El plano original de Bramante constituye la base de un diseño que fue enriqueciéndose con el tiempo. Los últimos aportes de Bemini llevaron la longitud de la nave central a 187 metros y su superficie, a 15.160 metros cuadrados. Se puede observar que los sucesivos proyectos conservaron los cuatro pilares centrales de Bramante, lo que facilitó la circulación durante las ceremonias religiosas.

Obra de Bramante Donato Bramante

Una de las primeras obras romanas maduras de Bramante es el templete del convento de San Pietro in Montorio (1502), un pequeño templo circular cubierto por una cúpula semiesférica, quizá inspirado en el desaparecido templo de la Sibila, en Tívoli. Esta pequeña obra maestra está rodeada por una columnata de orden toscano

Cuadro de Obras de Bramante

Murió en Roma el 11 de marzo de 1514.

 

Historia de la Orden de Cluny Fundación y Reformas

FUNDADOR DE LA ORDEN DE CLUNY: PROPÓSITO ESPIRITUAL

Monasterio de Cluny, abadía benedictina situada en la región de Borgoña, Francia, que desempeñó un papel importante en la renovación monástica francesa y europea durante los siglos X y XI. Desde un punto de vista arquitectónico, la iglesia de Cluny fue el mayor templo románico de la edad media

ANTECEDENTES: En el paisaje de la Baja Edad Media, los monasterios y conventos eran una imagen habitual, día a día la cantidad de abadías se agrandaban muy pronto, gracias a las numerosas donaciones. Se levantaban generalmente en lo alto de un peñón, en lo profundo de un bosque, o en otros sitios aislados del mundo para favorecer el recogimiento y la oración. En teoría, las órdenes religiosas y sus monasterios representaban la opción más pura y radical de quienes se sentían predestinados para servir pacíficamente a Dios, con la mayor pureza y devoción. Para que lo representara cerca de los poderes laicos, el abad nombraba a un procurador. Paralelamente a esas actividades, las abadías no tardaron en convertirse en centros culturales de primer orden, de donde salieron, como en Bizancio, múltiples obras de arte, flor y nata de la cultura medieval.

Por otro lado en la práctica eran muchos los que, sin gran vocación religiosa, elegían el monacato como manera de escapar de la inseguridad, la violencia y la miseria que impregnaban el Medievo.

Eso llevó a un paulatino relajamiento de los votos de castidad y obediencia que obligaban a los monjes; mientras los abades y priores se saltaban las reglas de pobreza y humildad acumulando riquezas y convirtiéndose en verdaderos señores feudales. Se produjo entonces un efecto contrario porque la nobleza comenzó a colocar a sus miembros al frente de los monasterios importantes, para obtener más tierras y poderío. La enco nada querella de las investiduras alcanzó así a las ordenes religiosas, que llegaron a sufrir un gran desprestigio ante la po blación.

En aquel siglo de barbarie, donde todas las conquistas de la civilización estaban en peligro de desaparecer para siempre, es admirable el paciente trabajo de aquellos monjes copistas que habían consagrado toda su vida a transmitir a los siglos venideros las obras maestras de los tiempos pasados. En el siglo X, en la región de Macón, surgió una abadía cuyo renombre iba a extenderse rápidamente por toda Europa. Un nuevo período se abrió para los monasterios: el de la organización de órdenes jerarquizadas.

LA NUEVA ABADÍA DE CLUNY
Fundada en el año 910 por un gran señor, Guillermo, duque de Aquitania, la abadía apareció como la ciudadela de la ortodoxia benedictina, frente a la degeneración que siguió al enriquecimiento de los otros monasterios. El abad Bernon decidió, pues,   introducir  la   Regla de San Benito, tal como había sido interpretada en el siglo IX por el abad aquitano Benito de Aniano. Este último, en una capitular fechada en el año 817, había impuesto a los monasterios el retorno a una vida más estricta, que implicaba, entre otras cosas, la reducción de los estudios y el incremento de los oficios litúrgicos. Los monjes, vestidos, de negro, repartían la jornada entre la oración y el trabajo manual.

abadia de cluny

Quince años después, el segundo abad de Cluny, san Odón, encaró una reforma sustancial con el fin de recuperar las virtudes evangélicas. Centró la vida monacal en el Oficio Divino (Opus Dei), aumentó el tiempo dedicado a la oración, fomentó el canto gregoriano en las ceremonias litúrgicas e hizo cumplir severamente las normas de clausura y de silencio.

Consiguió para su nueva Orden la calidad de prelatura independiente, es decir, que en lo religioso obedecía directamente al papa, y en lo terrenal sólo al emperador. En su apogeo la Orden de Cluny llegó a poseer mas de mil casas regulares en toda Europa, dirigidas desde la poderosa abadía fundadora.

guillermo de aquitania

En el año 893, la villa de Cluny, en la Borgoña francesa, fue adjudicada por Carlomagno al duque Guillermo de Aquitania. Éste la donó a la Orden de San Benito en 910, para que se levantara allí una abadía en honor de san Pedro y san Pablo.

Los monjes hacían voto de castidad, y se habían comprometido a vivir pobremente, renunciando a toda posesión personal. Desde entonces, se sucedieron, al frente de la abadía, abades de gran valor, tales como Odón, Aymard, Maíeul. Rápidamente, las donaciones afluyeron a la abadía. Poco a poco, los monjes sufrieron la terrible atracción del siglo; al vivir en la opulencia, abandonaron el trabajo de la tierra a colonos, para no consagrarse más que a la oración litúrgica «Opus Dei». Directamente dependiente de Roma, para evitar toda ingerencia laica, la abadía recibió el privilegio de la exención, lo cual la sustraía de la intervención del episcopado.

Al final del siglo X, varias congregaciones religiosas recurrieron a los abades de Cluny, para que reorganizasen sus monasterios según las reglas cluniacenses. De esta forma, se creó una orden cluniacense constituida por una serie de congregaciones, sometidas todas ellas a la autoridad única y total del abad de Cluny. A finales del siglo XI, varios cientos de casas difundieron la extraordinaria celebridad de la que llegó a ser la más poderosa institución de la Iglesia católica. Este formidable desarrollo, que correspondía a un deseo de renovación espiritual, condujo, finalmente, a una lenta corrupción de las costumbres cluniacenses.

La obra de Cluny destacó por su acción a favor de la paz, el fomento de las peregrinaciones y la hospitalidad, la dedicación a la enseñanza en las escuelas cluniasensis y la protección e impulso de las artes. Pero lamentablemente a esta última inclinación debió tanto su esplendor como su decadencia.

Comprometida en la culminación de la arquitectura religiosa románica, encaró sucesivamente tres reformas de la gran abadía, cada cual más ambiciosa en dimensiones y en esplendor que la anterior. En la última versión, la iglesia presentaba cinco naves con doble crucero y un ábside con un am plio coro y una giróla de capillas radiales, coronada por una im ponente bóveda de cañón ojival.

Las dos poderosas torres latera les y la suntuosa decoración expresaban una mundana admiración por la belleza y un pecaminoso deseo de ostentación Por lo menos esa era la opinión de Roberto, abad cluniacense de Molesme, cuya pía indignación lo llevó a desvincularse de su descarriada casa central.

Por otro lado en la Edad Media, la riqueza era una fuerza corruptora que ningún obstáculo podía detener, si no era el apasionado deseo de pureza que animaba a numerosos cristianos, por lo que Cluny sufrió los ataques de los fieles, indignados por la vida fácil y cómoda de los cluniacenses. Desde entonces, fue una forma de monarquía aristocrática, integrada en el medio feudal, la que reinó en el edificio coronado por cuatro campanarios. Aparecieron nuevas corrientes rigoristas que llegarían a superar,  necesariamente, la Gregoriana.

Entre los numerosos religiosos cluniacenses que fueron canonizados, se cuentan el abad san Odón y el ex monje san Gregorio VII, el gran pontífice de la Edad Media. También fue abad de Cluny san Pedro el Venerable, que casi se pierde la canonización por haber respaldado al monje intelectual y polémico Pedro Abelardo.

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Organización de la Iglesia y la Invasión de los Bárbaros Edad Media

LAS INVASIONES BÁRBARAS Y LA IGLESIA EN LA EDAD MEDIA

La Iglesia en la Edad Media, teniendo en cuenta las experiencias del pasado, llegó a asegurarse el monopolio de las actividades intelectuales, artísticas y educativas. La Reforma de Cluny purificó la vida monástica, pero la Iglesia secular estaba afectada por grandes vicios y los clérigos se hallaban demasiado íntimamente mezclados con el mundo y amenazados por su corrupción. El Papa Gregorio VII, en su deseo de reforma, chocó con el imperialismo dominador de Enrique IV de Alemania.

Después de la invasión de los bárbaros, la civilización occidental parecía haber retrocedido varios siglos; las estructuras de la sociedad fueron desmanteladas, las reglas elementales de la justicia romana desaparecieron, arrastradas por las hordas bárbaras, que se esforzaron en imponer sus propias concepciones por medio del Wehrgeld o precio de sangre.

En ese ambiente de degradación, de saqueo y de matanzas, la Iglesia apareció como el último baluarte de la civilización. Desde el siglo VII, el cristianismo, implantado ya en numerosas ciudades, penetró en los medios rurales, llevado por las antiguas clases dominantes, que buscaban lugares tranquilos y apacibles. Poco a poco, surgieron y se multiplicaron en el campo los lugares dedicados al culto, dirigidos por los nuevos terratenientes; los oratorios, y las capillas   bautismales   se   convirtieron   rápidamente en los centros de las comunidades cristianas: las parroquias.

La Iglesia, sin embargo, en ese contexto de violencias y de rudeza, no se limitó a una simple reorganización, sino que pasó a la ofensiva contra el paganismo renaciente y contra todas las supersticiones que se habían desarrollado entre los pueblos incultos y aterrorizados. Los reyes cristianos no escatimaron su ayuda a esta obra, que muy pronto se identificó con una tarea de reconstrucción del Estado.

Fue ésta la época de las grandes giras pastorales de los obispos contemporáneos del rey Dagoberto: San Eloy, San Omer, San Sulpicio. Prelados y misioneros partieron a evangelizar el norte de la Galia, y la cruz fue plantada de nuevo a lo largo del Mosa y del Escalda. En el siglo IX, la iglesia medieval francesa alcanzó su madurez. Tres concilios nacionales se celebraron entre los años 742 y 744, en el curso de los cuales San Bonifacio dio a la Iglesia franca su verdadera fisonomía.

La Iglesia se vio obligada a asumir, poco a poco, las tareas que los príncipes no estaban en condiciones de llevar a cabo; así, se hizo cargo de la instrucción pública, del cuidado de los enfermos, de la justicia y, en algunas ocasiones, incluso, de la paz.

Estas nuevas funciones hicieron de la Iglesia una fuerza real y confirmaron su creciente autoridad; pero, desde ese momento, un inmenso peligro surgió para el clero: el de su integración pura y simple en la sociedad   feudal.

La Iglesia, para realizar su misión, tenía necesidad de un mínimo de riquezas. Ciertamente, las donaciones y las limosnas se multiplicaban; numerosos eran los señores que, a la hora de la muerte, intentaban redimir las fechorías de una vida guerrera y apasionada, ofrendando a los monasterios vastas extensiones de su propiedad. Sin embargo, la Iglesia no podía vivir de estos recursos solamente.

El comercio y la moneda estaban poco desarrollados en la época feudal, la tierra era aún la única fuente de riquezas, la sola garantía de seguridad, el único medio de cambio. En estas condiciones, el clero no dudó en adquirir múltiples propiedades. Para estar más cerca de sus fieles, el clero secular se instaló entre ellos. Las comunidades religiosas se alejaron de los hombres, y, a menudo, ocuparon tierras abandonadas, dedicándose con entusiasmo a roturarlas, en una época en la que roturar se había convertido en una imperiosa necesidad de supervivencia para una población en pleno crecimiento.

Desde el siglo IX, todas las propiedades de los obispados y de las abadías fueron sustraídas a la ingerencia de los príncipes y de los condes. El dignatario eclesiástico se convirtió, para los hombres libres establecidos en su tierra, en el único representante del rey. En general, la propiedad se benefició de la inmunidad de las cargas fiscales.

Los señores del castillo no tuvieron ya ningún derecho sobre las tierras y los hombres de la Iglesia. De esta forma, las propiedades eclesiásticas se convirtieron en verdaderos enclaves independientes. Pero, en la práctica, esta independencia fue puesta en tela de juicio, debido a las nuevas funciones del clero. Según las estructuras feudales, el prelado propietario de fincas rústicas llegó a ser, en sus relaciones con la población que vivía en sus tierras y las trabajaba, un verdadero señor, animado frecuentemente por la sola preocupación de la ganancia y del beneficio.

Estas tentaciones fueron tanto mayores cuanto que se dieron en gente cuya selección y reclutamiento no obedecieron siempre a piadosas referencias. Y éste es el segundo aspecto de tal integración de la Iglesia en la economía feudal. A menudo, los señores laicos, fundadores de iglesias o donadores de bienes, se otorgaron una gran cantidad de privilegios sobre sus obras. Valiéndose del «patronato», pronto llegaron a designar ellos mismos, entre su propia clientela, a los titulares de los cargos eclesiásticos de la diócesis.

EL MONACATO: LAS TAREAS DE LOS MONJES
Para escapar a las tentaciones inherentes a la vida social, numerosos cristianos abandonaron el siglo, dejaron aquella sociedad en pleno derrumbamiento, para ir a refugiarse en solitarios lugares de retiro, propicios a la meditación y a la plegaria. El monacato no fue un fenómeno particular de la Europa’Occidental; fue, sobre todo, su desarrollo el que ofreció condiciones específicas. Llegadas de Egipto en el siglo V, las primeras comunidades se instalaron, hacia el año 418, en el sur de Francia.

Desde entonces, después de la fundación de los monasterios de Lérins y de San Víctor de Marsella, apareció toda una serie de comunidades que practicaban el ascetismo  más riguroso, unido a una nueva concepción de la penitencia y de la salvación. Así en el año 615, se fundaron los monasterio de Luxeuil, de Saint Gall, de Bobbio. Entre tanto, en el año 525, un italiano , Benito de  Nursia, decidió pro-movervun estilo de vida menos riguroso en sus monasterios,   para   transformarlos   en refugios más accesibles a los cristianos.

Fue entonces cuando se desarrolló un verdadero y vasto movimiento monacal, que aplicó por todas partes la regla de San Benito. Los centros benedictinos, al seguir esa regla, se convirtieron en remansos de paz, pero también en auténticos instrumentos de evangelización.

Fueron monjes benedictinos,   dirigidos   por   Agustín,   losque marcharon a convertir a los anglosajones. En Canterbury se instaló el primer monasterio benedictino situado fuera de Italia. En esos monasterios, la vida era bastante ruda y, esencialmente, estaba consagrada a la oración colectiva; los monjes organizados en verdaderas milicias, se habían comprometido solemnemente por escrito a llevar una vida parecida a la del soldado-campesino, bajo la férula absoluta del abad, jefe de la comunidad.

Además de dedicarse a la oración, los monjes se ocupaban en trabajos manuales, destinados a asegurarles la existencia. No queriendo depender en absoluto de la sociedad, por miedo a contaminarse, San Benito había impuesto el laboreo de los campos. Esta vida, tranquila y austera, atrajo a un gran número de señores y de campesinos, deseosos de asegurar la salvación de su alma. (seguir leyendo sobre Los Monasterios de San Benito de Nursia)

Fuente Consultada:
HISTORAMA Tomo III La Sociedad Feudal La Gran Aventura del Hombre Edit. CODEX
Más Allá de los Pilares de la Tierra  Ken Follett Edit. Hermética Robinbook

Historia Oton I Emperador del Sacro Imperio Romano Vida

HISTORIA DE OTON EL GRANDE, EMPERADOR

El 2 de febrero de 962 después de Jesucristo, en la Basílica de San Pedro, de Roma, se repetía la misma ceremonia con la cual, en el año 800, Carlomagno había sido reconocido emperador del Sacro Imperio Romano: el papa Juan XII colocaba la corona imperial sobre la cabeza de Otón I, rey de los germanos.

En esa forma, después de casi dos siglos, resurgía el Sacro Imperio Romano. Y como se lo debía a un soberano alemán, fue llamado Sacro Imperio Romano Germánico.

Otón I, llamado El Grande, fue rey de Germania (936-973) y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (962-973). En el ejercicio del primero de sus citados títulos, su reino se vio consolidado y fortalecido.

Obtuvo el dominio del norte de la actual Italia al contraer matrimonio con la reina viuda de Lombardía, Adelaida, a la que había ayudado a derrotar al usurpador Berengario II. Coronado emperador del Sacro Imperio por el papa Juan XII, pretendió la subordinación de la Iglesia a la autoridad imperial.

oton el grande

LUCHA CONTRA LOS FEUDATARIOS
El mismo día de su coronación como rey de Alemania (año 936) Otón I quiso mostrarse magnífico con los feudatarios que intervinieron en la ceremonia: asignó a cada uno de ellos importantes cargos de corte (chambelán, comandante de caballería, etc.).

Con dicho acto, el joven soberano quiso demostrar que deseaba vivir en armonía con todos los nobles de su reino.

Pero, aquélla tuvo breve duración: poco después, los feudatarios más poderosos (los duques de Bohemia, de Franconia, de Suabia) se rebelaron con la intención de constituir en sus territorios reinos independientes.

Sin embargo, no tardaron en comprender que tenían que habérselas con un soberano enérgico, dispuesto a hacer reconocer a toda costa sus derechos de rey.

Efectivamente, Otón I enfrentó a los feudatarios rebeldes y, después de dos años de guerra, logró derrotarlos y someterlos a su autoridad.

Y como se dio cuenta de que tarde o temprano los feudatarios volverían a rebelarse, Otón I les quitó el dominio de muchas tierras y las concedió en feudo a hombres de la Iglesia (especialmente obispos, que tuvieron el título de condes).

Una vez que hubo consolidado su poder en Alemania, Otón pudo considerarse el soberano más poderoso de Europa, y tratar de alcanzar la meta a que aspiraba desde hacía años: hacer resurgir el gran imperio fundado por Carlomagno y destruido por sus sucesores.

El programa no era ciertamente fácil: para reconstituir la unidad del Imperio Carolingio había que someter a los reinos de Francia y de Italia, que hacía tiempo se habían independizado.

VICTORIA SOBRE LOS HÚNGAROS
Cuando todo parecía ir perfectamente, Otón recibió una tremenda noticia: hordas de húngaros, procedentes de las regiones danubianas, habían invadido Alemania. Dejando el trono de Italia a Berenguer II, que ie había hecho acto de sumisión y promesa de fidelidad, Otón regresó a Alemania para enfrentar a los invasores.

En una sangrienta batalla, librada en las cercanías de Augusta, Otón I logró exterminar al ejército enemigo. Merced a esta victoria, los húngaros fueron expulsados para siempre a sus tierras de origen.

OTÓN I EN ITALIA
Mientras Otón meditaba planes para poner en ejecución su gran programa, he ahí que la fortuna le salió al encuentro inesperadamente.

Adelaida, viuda de Lotario, rey de Italia, le pidió que se dirigiera a ese país para ayudarle a recuperar el reino, que le había usurpado Berenguer II, marqués de Ivrea.

Para liberarse de Berenguer, también los feudatarios italianos se sintieron inclinados a reconocer la autoridad del rey extranjero.

A Otón I no podía presentársele una ocasión más favorable para poner pie en la península italiana.

En septiembre de 951 llegó a Italia, donde no encontró ninguna resistencia. Berenguer, despavorido, se había refugiado en Ivrea. Adelaida, que esperaba ser repuesta en el trono de Italia, fue pedida como esposa por Otón I. Así, este soberano obtuvo lo que deseaba: Italia podía considerarse uno de sus reinos.

REY DE ITALIA Y EMPERADOR
Mientras tanto, Berenguer II no sólo había actuado como si fuera un rey independiente, sino que también trató de conquistar los territorios de la Iglesia. Entonces, el papa Juan XII, para defenderse de la amenaza de Berenguer, decidió pedir ayuda a Otón I.

Y he aquí que en el invierno de 962, Otón I llegó nuevamente a Italia. Los príncipes y prelados italianos se reunieron en Milán, declararon a Berenguer derrocado y ofrecieron el reino a Otón I.

Poco después, en Pavía, el soberano alemán fue coronado rey de Italia. Alemania e Italia, unidas, podían formar un imperio.

Otón I pensó, entonces, que había llegado el momento de ceñir la corona imperial. «Si, con la ayuda de Dios, Roma me ve entre sus murallas —escribió al Papa— yo levantaré con toda mi potencia a la Iglesia Romana y a Ti, que eres su Jefe».

Una declaración de esta naturaleza no pudo dejar insensible a Juan XII. Otón I fue coronado emperador, y al papa Juan XII le pareció que en ese momento resurgía en Europa el Sacro Imperio Romano.

LA IGLESIA AL SERVICIO DEL IMPERIO
En cuanto logró su coronación, Otón I se apresuró a dar a conocer sus verdaderas intenciones. Mediante un edicto estableció que el derecho de nombrar a ios pontífices correspondía solamente al emperador. Si en el tiempo de Carlomagno, el imperio había estado al servicio de la Iglesia, ahora, con Otón I, la Iglesia se encontraría sujeta al imperio. No obstante, Otón I no había finalizado sus planes de conquista. Ahora aspiraba a la posesión de Italia meridional, aún en manos de los bizantinos. . Pero, en 973, cuando se preparaba para llevar a cabo la conquista, murió a la edad de 61 años, después de 37 de reinado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Ilustrada del Estudiante Tomo IV – Oton I Emperador

Biografias de Grandes Músicos y Pintores de la Historia

Biografías de Grandes Músicos y Pintores de la Historia

Los hombres hacen su historia y construyen civilizaciones. Desde hace millares de años, y a partir del momento en que los primates comenzaron a utilizar las manos, los ojos y el cerebro racionalmente, diferenciándose de los otros animales, millones de hombres pasaron por la superficie de la Tierra.

La mayoría de ellos, limitada por sus condiciones personales y sociales, no dejó rastros en la Historia. Otros, en cambio, políticos, científicos, filósofos, religiosos y artistas lucharon, innovaron y modificaron el mundo y la realidad que los rodeaba y, al proceder así, hicieron Historia.

Esos personajes se proyectaron más allá de su mera condición de individuos, para conquistar un puesto destacado en la transformación del destino colectivo de la humanidad.

Algunos de ellos desempeñaron un papel más trascendente que otros. Pero todos, indistintamente, con el aporte que brindaron de acuerdo con sus posibilidades, forjaron las bases del gran edificio de la civilización contemporánea.

¿Por qué Mozart, Bach, Beethoven, Shakeaspeare, Miguel Ángel, y otros tantos personajes históricos se hicieron famosos?. ¿Lo fueron gracias a su talento o también debido a las circunstancias históricas que les tocó vivir? ¿Fueron más  afortunados que los demás o tuvieron más sensibilidad e intuición que sus contemporáneos?.

Leer sus biografías, significa sobre todo conocer la vida y la obra de los grandes hombres de la historia.

Aquí solo presentamos algunas de las vidas de los individuos que, en mayor medida, han contribuido a hacer la Historia en el Arte.

Estos protagonistas son también los protagonistas de nuestra memoria colectiva, aquellos a quienes se recuerda (con independencia de que la importancia real que tuvieran en su época fuera quizá menor que la que tuvieron otros, a quienes hemos preferido olvidar).

La literatura, las artes y la música tienen ahí también su influencia, así como la toponimia e incluso las canciones infantiles, perdurando hasta nosotros nombres y figuras que quizá de otro modo se habrían perdido con el paso del tiempo.

La celebridad ha sido, por tanto, un criterio de inclusión de algunos personajes en esta página, en atención al lector que pudiera interrogarse por esos nombres conocidos. Y es que, en definitiva, es la curiosidad del lector el elemento que dará a este post su sentido último, al guiar la lectura de un personaje a otro.

Agregamos otro gran personaje, que merece estar en esta lista y es importante que leas sobre su vida, se trata de Leonardo Da Vinci, haz clic para llegar a su biografía.

Grandes de la Música
Artistas y cientificos renacentistasArtistas y cientificos renacentistasArtistas y cientificos renacentistas
Amadeus MozartJohann S. BachBeethoven
Grandes de la Literatura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
ShakespeareDante AlighieriMiguel Cervantes
Grandes de la Pintura
Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas Artistas y cientificos renacentistas
Miguel ÁngelVan GoghPablo Picasso

El Cisma de Occidente Gran Cisma Origen Separacion Iglesia Ortodoxa

El Cisma de Occidente – Separación de la Iglesia

En el siglo XIV, la Iglesia católica experimentó una crisis muy grave. La rivalidad entre el poder espiritual de los papas y el poder temporal de los príncipes laicos, unida a los desórdenes que reinaban en Roma, hicieron que el papa se estableciera en Aviñón. En esta ciudad los papas residieron durante unos setenta años. Después de 1378 hubo incluso dos papas: uno en Roma y otro en Aviñón. Esta crisis cesó en 1417 gracias al Concilio de Constanza, que puso fin al Gran Cisma de Occidente

Fue uno de los acontecimientos más señalados de la historia de Europa en el siglo XIV es la presencia de los papas en Aviñón. En 1294 fue elegido Bonifacio VIII, y este nuevo papa, decidido a restablecer el poder pontificio, recordó a la cristiandad, y de manera especial a los reyes de Francia e Inglaterra, el carácter divino de la autoridad papal y la primacía del poder espiritual sobre el temporal.

Su proceder no fue del agrado de Felipe el Hermoso, rey de Francia, quien envió a uno de sus consejeros a detener al papa con la intención de que fuera juzgado como hereje por un concilio nacional que se convocaría en Francia.

Sabedor de sus intenciones, Bonifacio VIII redactó una bula que debía ser promulgada el 8 de septiembre de 1303 en la que se excomulgaba al rey y se libraba a sus vasallos del juramento de fidelidad…así comenzó la disputa.

LA HISTORIA: Bonifacio VIII, a la sazón octogenario, decidió hacer del año 1300 el gran jubileo de la cristiandad, para lo cual prometió el perdón de sus pecados a todos cuantos acudiesen a la ciudad santa, Roma, a rezar durante 30 días.

Así fue como, llegados tanto de Italia, como de España o de la recién convertida Escandinavia, varios centenares de millares de peregrinos se reunieron en improvisados albergues.

Se trató de la mayor hora de gloria del papado, del momento supremo en que la fe cristiana se convirtió en la más viva, en la más creadora. También fue el periodo en que el poderío materia y espiritual de la Iglesia conoció su más refulgente esplendor.

Roma, presa de la guerra civil Pero en los años siguientes, el poder pontificio fue puesto en tela de juicio, y con frecuencia de manera brutal, por el rey de Francia, que saqueó a su antojo las posesiones de los templarios.

El sucesor de Bonifacio VIII, Benedicto XI, acabó por ceder a todas las exigencias de Felipe el Hermoso. Durante ese tiempo, toda Italia fue presa del desorden. A la muerte de Benedicto XI, en 1304, los cardenales salieron de Roma y eligieron como papa a un francés coronado en Lyon, en 1305, con el nombre de Clemente V.

Este nuevo soberano pontífice tuvo el empeño de reconciliar a los reyes de Francia y de Inglaterra, para comprometerlos a una nueva cruzada. Dudando sobre si regresar Roma, desgarrada por la guerra civil, viaja en primer lugar a Aquitania, su tierra natal, y continuación fijó provisionalmente su residencia en Aviñón.

Aviñón, residencia pontificia Para Clemente V, la estancia en Aviñón no representaba más que un alto en el camino di Roma, pero su sucesor, Juan XXII, papa de 1311 a 1334, se instaló en ella de manera menos efímera.

No obstante, éste intentó recobrar sus dominios italianos, y buscó aliados en la península. El rey de Sicilia y la ciudad de Florencia se declararon favorables a él, pero tuvo que hacer frente a la hostilidad de numerosas ciudades, entre ellas Milán. Incluso apareció un antipapa bajo la égida del rey de Germania, Luís de Baviera. Este conjunto de circunstancias hizo que fracasara el intento de reinstalación en Roma y, para Aviñón, supuso la posibilidad de convertirse en residencia del jefe de la cristiandad.

El palacio de los papas Elegido en 1334, el nuevo pontífice, Benedicto XII, sabrá sacar el mayor provecho de las ventajas que le ofrecía Aviñón. Geográficamente, la ciudad estaba situada en el centro del Occidente cristiano. Además, constituía la encrucijada de las grandes rutas que unían entre sí los dos focos de la actividad económica de la Europa de entonces, Flandes y la Italia del norte.

Se beneficiaba, por otro lado, de la proximidad de los puertos del valle inferior del Ródano, así como de la riqueza de una región en la que la agricultura era próspera y el artesanado imaginativo. La ciudad albergaba, por añadidura, una universidad brillante. Ahora bien, de formación cisterciense, Benedicto XII era un teólogo más que un político. Y en ningún momento quiso lanzar a la Iglesia a una aventura guerrera. Fue él quien emprendió la construcción del palacio, que sería a la vez centro administrativo y fortaleza.

La capital de la cristiandad El sucesor de Benedicto XII, Clemente VI, papa de 1342 a 1352, era benedictino. Su mayo preocupación fue asegurar la independencia política del papado. Así, compró la ciudad a h reina de Nápoles e hizo de la suya la corte más brillante de Europa.

Junto al palacio edificado por su predecesor, que le parecía demasiado austero, hizo construir un segundo mucho más fastuoso, en el que se darían magníficas fiestas. La presencia de la corte papal proporcionó a toda la región un nuevo resurgir. Además de a los millares de funcionarios eclesiásticos, la ciudad albergaba a las delegaciones extranjeras  que, periódicamente, acudían a Aviñón. Para subvenir a las necesidades de tan fastuosa sociedad, el comercio y el artesanado se desarrollaron por todos los alrededores.

De todas partes del mundo afluían a la ciudad los géneros más preciosos. La colonia judía llegó a ejercer una especie de monopolio sobre buena parte del comercio, y las grandes compañías italianas instalaron allí sus establecimientos bancarios. Con todo lo cual, Aviñón se convirtió en uno de los centros más importantes de las finanzas medievales, asegurando la mayor parte de los movimientos de fondos entre las diversas naciones de la Europa del oeste.

«Roma ya no está en Roma.«,Esta fórmula lapidaría y en gran medida nostálgica,  para referirse al período que, entre 1305 y 1378, vio sucederse a los papas en Aviñón. Forjada por siglos de papado italiano, la tradición ha contribuido a ensombrecer exageradamente este episodio. Durante mucho tiempo ha propagado la imagen de unos papas sin autoridad, corrompidos por el lujo y la magnificencia, y sometidos al soberano capricho de los reyes de Francia. Verdad es que, para compensarse de su exilio en Aviñón, los papas consideraron oportuno rodearse de una fastuosidad extraordinaria. El lujo de las ceremonias profanas rivalizaba en la ciudad papal con el esplendor de las ceremonias litúrgicas. Los papas recibían y protegían en ella a los mayores artistas. Pero la caridad también tenía su sitio: la pignotte, o servicio de limosnas, distribuía continuamente pan entre todos los necesitados, y finalmente, si es cierto que, durante su estancia en Aviñón, el papado se preocupó poco de reformar la Iglesia en profundidad, también lo es que los papas supieron, sin embargo, y gracias a una política centralizadora a veces llevada a ultranza y a una administración bien organizada, mantener su autoridad sobre la cristiandad

La metrópoli de las artes El mismo florecimiento caracterizó la vida intelectual y artística. Para la construcción y la decoración del palacio, y también de las múltiples iglesias y conventos que se edificaron en la época, los papas llamaron a los hombres más reputados de aquellos tiempos. La ciudad se convirtió en un perpetuo taller en que los artistas de todos los países tenían a su disposición un campo de experimentación absolutamente original. Los italianos llegaron a destacar sobre todo en la realización de frescos y de grandes cuadros, dando así nacimiento a la escuela de Aviñón, de la que fue maestro el sienes Simone Martini. Se hizo venir a cantantes y músicos de todo el continente para las fiestas litúrgicas, creándose con tal motivo numerosas obras maestras de la música polifónica.

En cuanto a la universidad, destacó especialmente en el campo del derecho, y, gracias a su suntuosa biblioteca, consiguió reunir también toda la herencia del mundo antiguo y del medieval. Al igual que Roma, Florencia o Milán, Aviñón llegó a convertirse en uno de los centros del Humanismo en el despuntar de éste.

El regreso a Roma  Sin embargo, Roma siguió siendo el simbolo del mundo cristiano ;y los papas no cesaron de  preparar su regreso a la ciudad eterna. Inocencio VI encargó a un legado que intentase comprometer para dicha causa a las ciudades italianas. Urbano V permaneció en Roma. Y en 1377, Gregorio XI regresa a ella definitivamente. Sin embargo, esto no significó el final del papado de Aviñón, porque en abril de 1378 a su muerte el pueblo  romano presionó a los cardenales para que eligieran un Papa italiano. Urbano VI. Pero 13 de ellos eligieron un papa rival  Clemente VII, que se instalaría en Avignon. El cisma habría de durar hasta1417.

EL PALACIO DE PAPAS DE AVIGÑON:

Palacio de los Papas en Avigñon

Durante casi cuarenta años, el mundo cristiano estuvo dividido en dos grupos: uno que reconocía la autoridad del papa de Roma y otro que sólo aceptaba la del papa de Aviñón.

Para poner fin a este lamentable conflicto hubo que reunir dos concilios. En 1417, cuando por el Concilio de Constanza se eligió al papa Martín V, se reconoció en toda la cristiandad la autoridad del papa de Roma. La principal consecuencia de este triste capítulo de la historia fue la debilitación de la autoridad papal y de la Iglesia en el mundo.

El único resultado feliz fue el florecimiento de la ciudad de Aviñón. Oscura hasta entonces, en la época de los papas vivió un período de gloria. La ciudad creció y acogió a los más grandes artistas y famosos poetas de la época, especialmente a Petrarca. De este período subsiste un notable edificio: el famoso palacio de los papas, magnífico modelo de la arquitectura militar del siglo XIV. Su superficie es de 15.000 m2 y algunas de sus torres tienen más de 50 m de altura.

Consta de dos cuerpos: el palacio viejo, edificio austero y sobrio construido por Benedicto XII, y el palacio nuevo, más elegante, edificado por Clemente VI. Seriamente dañado durante la Revolución francesa, el palacio de los papas ha sido restaurado gracias a los esfuerzos de la ciudad de Aviñón.

Después del Cisma, ésta siguió entre las posesiones pontificias. Desde entonces hasta 1791, en que fue anexionada a Francia, fue regida por legados del Pontífice. Hoy, la antigua Avenio es sede arzobispal y exporta excelentes vinos.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Juvenil Azeta – Editorial CREDSA – El Gran Cisma de Occidente

Ver: Cisma de Oriente

Enciclica Pacem In Terris Doctrina Social de la Iglesia Papa Juan XXIII

Encíclica de Juan XXIII: «Pacem in terris» Doctrina Social de la Iglesia

Apenas iniciado el concilio, en aquel mismo octubre, se registró la «crisis del Caribe», con la Cuba de Castro en juego y Washington y Moscú mirándose desafiantes y llevando «sus manos a sus espadas. A sus espadas nucleares.

Durante unos días muy tensos, el mundo se mantuvo expectante y angustiado, olvidado del concilio y preguntándose si iba a romperse el «equilibrio del terror» y sobrevenir una catástrofe tal vez definitiva para la especie humana. Como en anteriores ocasiones, Juan XXIII, que había dicho repetidamente que «no tenía más armas que la paz y el Evangelio», levantó su voz pidiendo reflexión y cordura a los gobernantes.

Se reflexionó y los gobernantes, aunque nerviosos y muy alterados, se mostraron cuerdos. Pasó la crisis y hubo un suspiro de alivio en el mundo. Y todos los pueblos tuvieron una mejor comprensión de la terrible amenaza bajo la que vivían en la era nuclear.

Muchos llamaban ya al bondadoso anciano que ocupaba el solio pontificio el «papa de la paz». En marzo de 1963 se decidió que el Premio Balzan de la Paz correspondía por pleno derecho a Juan XXIII. Nemine discrepante. Hasta Moscú expresó su calurosa aprobación. Aquel mismo mes, Juan XXIII concedió una audiencia privada aAlexis Adjubei, director de «Izvestia» —el órgano del gobierno soviético—, y a su esposa Rada, hija de Khruschev.

No faltaron quienes torcieron el gesto ante estos «coqueteos» entre el Vaticano y el «comunismo ateo» . Sin embargo, ya en enero de 1958, el canciller soviético Andrei Gromyko había señalado la posibilidad de una colaboración entre la Iglesia católica y el mundo comunista para el mantenimiento de la paz. Era una colaboración que no impedía otras con el mismo fin, y Juan XXIII ya se había acreditado como un hombre que sabía «mirar sin desafío, recibir sin temor y conversar sin comprometerse».

Al mes siguiente, exactamente el 11 de abril de 1963, día del Jueves Santo, Juan XXIII, con sus 81 años de edad y el quinto de su pontificado, dio a conocer su encíclica Pacem in terris, «la paz en la tierra», según el significado de las primeras palabras del documento. Es así como, de acuerdo con la costumbre, se conocen las encíclicas, ¿Qué es la Pacem in terris?.

Si la Mater et magistra es una adaptación de la «doctrina social de la Iglesia» a los tiempos modernos, la Pacem in terris es una exposición de la doctrina política, económica y social de 3a Iglesia frente a las tan complejas circunstancias y los tan graves problemas del mundo actual, de un mundo en cada vez mas rápida y revolucionaria transformación. Y también una apasionada invitación a la paz, «profunda aspiración de los hombres de todos los tiempos».

Ya no se dirige únicamente a los fieles, sino también a «todos los hombres de buena voluntad». Siempre desde un punto de vista estrictamente católico, muy distinto, como es natural, de otros, se refiere al «orden en el universo» y trata de los derechos y deberes de los seres humanos, de las «relaciones entre los hombres y los poderes públicos en el seno de las distintas comunidades políticas», de las relaciones entre estas comunidades y de las «relaciones entre los individuos, la familia, las asociaciones y las comunidades políticas, por una parte, y la comunidad mundial, por otra». Para terminar formulando una serie de «recomendaciones pastorales».

Es, pues, amplísimo el campo abarcado por esta encíclica, conforme a criterios que lógicamente plantean tanto coincidencias como discrepancias. Pero lo que desde el principio llamó especialmente la atención en ella, como una formulación nueva y atrevida, fue la parte de las «recomendaciones pastorales» referente a las «relaciones entre católicos y no católicos en el campo económico-social-político». Reproduzcamos algunos de sus párrafos.

«Los principios doctrinales que hemos expuesto —dice la Pacem in terris, cuya idea básica es que la paz sólo puede ser producto de un «orden justo»—, o se basan en la naturaleza misma de las cosas o proceden de la esfera de los derechos naturales. Ofrecen, por tanto, amplio campo de encuentro y entendimiento, ya sea con los cristianos separados de esta Sede Apostólica, ya sea con aquellos que no han sido iluminados por la Fe cristiana, pero poseen la luz de la razón y la rectitud natural.

En dichos contactos, los que profesan la religión católica han de tener cuidado de ser siempre coherentes consigo mismos, de no admitir jamás posiciones intermedias que comprometan la integridad de la religión y la moral. Muéstrense, sin embargo, hombres capaces de valorar con equidad y bondad las opiniones ajenas sin reducirlo todo al propio interés, antes bien dispuestos a cooperar con lealtad en orden a lograr las cosas que son buenas de por sí o pueden ser reducidas al bien.»

Más adelante, dice:
»Se ha de distinguir también cuidadosamente, entre las teorías filosóficas sobre la naturaleza, el origen, el fin del mundo y del hombre, y las iniciativas de orden económico, social, cultural o político, por más que estas iniciativas hayan sido originadas e inspiradas en tales teorías filosóficas; porque las doctrinas, una vez elaboradas y definidas, ya no cambian, mientras que las iniciativas, encontrándose en situaciones históricas continuamente variables, están forzosamente sujetas a los mismos cambios. Además ¿quién puede negar que, en la medida en que estas iniciativas sean conformes a los dictados de la recta razón e intérpretes de las justas aspiraciones del hombre, puedan tener elementos buenos y merecedores de aprobación?»

Y más adelante, sin formular condenaciones, la encíclica hace una prevención a quienes, exasperados por la injusticia y las miserias que ven a su alrededor, se inclinan por los métodos violentos:

«No faltan hombres de gran corazón que. encontrándose frente a situaciones en que las exigencias de la justicia o no se cumplen o se cumplen en forma deficiente, movidos del deseo de cambiarlo todo, se dejan llevar de un impulso tan arrebatado que parecen recurrir a algo semejante a una revolución. A estos tales quisiéramos recordarles que todas las cosas adquieren su crecimiento por etapas sucesivas y así, en virtud de esta ley, en las instituciones humanas nada se lleva a un mejoramiento si no es obrando desde adentro, paso a paso.»

Finalmente, la encíclica contiene una serie de vehementes exhortaciones en favor de la paz:

«A todos los hombres de alma generosa incumbe, pues, la tarea inmensa de restablecer las relaciones de convivencia basándolas en la verdad, en la justicia, en el amor. en la libertad . .. Tarea ciertamente nobilísima, como que de ella derivaría la verdadera paz conforme al orden establecido por Dios . . «.

Estas enseñanzas nuestras acerca de los problemas que de momento tan agudamente aquejan a la sociedad humana y que tan estrechamente unidos están al progreso de la sociedad nos la dicta un profundo anhelo. que comparten con Nos todos los hombres de buena voluntad, el anhelo de la consolidación de la paz en este mundo nuestro.

«Como Vicario —aunque indigno— de Aquél a quien el anuncio profético proclamó Príncipe de la Paz, creemos que es obligación nuestra consagrar todo nuestro pensamiento, todo nuestro cuidado y esfuerzo, a obtener este bien en provecho de todos. Pero la Paz será una palabra vacía si no está fundada sobre aquel orden que Nos, movidos de confiada esperanza, hemos esbozado en sus líneas generales en esta nuestra Encíclica: la paz ha de estar fundada sobre la verdad, construida con las normas de justicia, vivificada e integrada por la caridad y realizada, en fin, con la libertad.»

En estos tiempos de poca fe, en los que tantas «crisis espirituales» se registran, en el mismo clero, no todo el «orbe católico» aceptó con entusiasmo la Pacem in terris.

Inquietó especialmente a ciertos círculos de catolicismo meramente nominal, cómodamente ajustados a la tradición cultural de su propia sociedad y habituados a ver en la religión un amparo más de su «propio interés». ¡Caramba con el «papa de transición»! ¿No podía callarse? ¿No le bastaba el revuelo que había armado con la convocación del concilio, en el que ya se estaban registrando sus más y sus menos, a pesar de que el dogma no estaba en juego? Bien, sería una encíclica más. Todo seguiría igual.

En cambio, Moscú, como si atribuyera más valor que estos círculos a lo que consideraba el «opio del pueblo», vio en la encíclica un aporte «positivo» a la causa de la paz. La prensa soviética publicó el documento papal. Un hecho realmente inusitado. Por lo demás, Juan XXIII el Bueno no tardaría en callarse.»

Ver:Principios de la Doctrina Social de la Iglesia

La Vida de los Papas Papa Pablo IV Inquisidor y Antisemita

La Vida de los Papas: Papa Pablo IV El Inquisidor

PABLO IV (1555- 1559): EL PAPA QUE INSPIRÓ A HiTLER

Juan Pedro Carafa, más tarde Pablo IV; fue en sus años mozos inquisidor. Pero, aun dentro de tan oscuro gremio, tuvo una particularidad al respecto por demás macabra, que ofrece un buen toque de color para comenzar a pintar su retrato: no contento con auspiciar y presenciar las torturas infligidas a las víctimas en la o las mazmorras oficiales, dependientes de la Iglesia, armó su sala de tormentos personal equipando una de las habitaciones de su casa con instrumentos de tortura. Una vez devenido papa, el inquisidor hecho carne en él jamás lo abandonaría.

pablo iv papa vaticano

 Gran Inquisidor y maestro de la tortura por una generación, este Papa fue el terror de los incrédulos.
Su logro mas grande fue hacer de la inquisición un arma fuerte en Italia, Los Países Bajos y el Oriente.
Creía tanto en la tortura que gustosamente pagaba de su propio cofre nuevos instrumentos. Reformo la Iglesia usando todos los métodos a su disposición sin importar quien cayera. Famoso también por la corrupción, él colocó a su sobrino Carlo Caraffa como cabeza política de la Santa Sede.

Su fanatismo por buscar lo presuntamente impuro allí donde se encontrara, de modo tal de acabar con ello sería su característica hasta el fin de sus días. Al igual que luego los nazis y los fascistas, ambos obsesionados por la idea de limpiar el mundo de la gente que con su sola existencia lo ensuciaba, Pablo IV tuvo como tarea principal eliminar de la faz de la Tierra (o, por lo menos, esconderlo y arrinconarlo) todo aquello y todos aquellos seres que, en su opinión avalada por buena parte del pensamiento eclesiástico de la época inquisitorial, tenían como innoble misión mancillar el planeta. Persona por demás ascética, no reprimió su odio hacia lo que consideraba impuro. Antes bien, lo dejó fluir hacia múltiples y desdichadas direcciones.

Odiaba a los homosexuales y cualquiera que fuera sospechoso de tal práctica o de solamente desear a alguien de su mismo sexo no tardó en perecer sobre las llamas. Por supuesto, como buen inquisidor y, por lo tanto, alumno formado en las insignes letras del Malleus Malleficarum, detestaba con toda su alma a las mujeres, esas criaturas a quien el demonio había dotado de senos y mohines insinuantes, sólo a los perversos efectos de distraer y tentar a los hombres probos. A ellas les prohibió ensuciar con su presencia las entradas del Vaticano.

Por los judíos sentía asco, horror y odio y los encerró en unos ghettos. Pero, antes de adentramos en sus crímenes contra los seres humanos, comencemos por dar cuenta de aquello que hizo contra algo más abstracto que las personas en sí, pero fruto de ellas: el pensamiento y los libros que los plasmaban

ESCRITORES, IMPRESORES Y LIBREROS, BLANCO DE LA IRA PAPAL

Pablo I entre sus múltiples objetos de odio, abominaba todo libro que pudiera acercar una luz a la mente y, más aún, si esa luz oscurecía el poder omnímodo de la Iglesia Católica, a quien él representaba. Ahogar la libertad de pensamiento era una actividad que lo llevaba a cimas de placer. Por ello ya desde sus tiempos cardenalicios organizaba hogueras para libros, fabulosas piras donde el papel se retorcía de la misma manera que los cuerpos de los herejes. Corría el año 1559 cuando el papa Pablo IV ordenó a la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición la elaboración de un índice de libros prohibidos para los católicos. Se llamó Índex Libro rum Prohibitorum y estuvo en vigencia hasta que, en 1966, Pablo VI lo suprimió como consecuencia de las reformas establecidas durante el Concilio Vaticano II.

En Julio de 1555, dos meses después de su elección, el Papa Pablo IV hizo pública una bula (edicto) poco conocida (cum nimis absurdum), contra los judíos debido a que el sospechaba que los judíos estaban asistiendo a los protestantes. La bula papal hacía recordar a los cristianos que desde que los judíos habían matado a Cristo, sólo estaban en condiciones de ser esclavos. Les fue ordenado quedar confinados a un área restringida, el gueto y usar un peculiar sombrero amarillo.
Fueron obligados a venderles sus propiedades a cristianos a precio regalado (por ejemplo una casa a cambio de un burro o un viñedo por una prenda.

En ese momento, el listado de libros prohibidos llegaba a 4126 títulos. Sí: durante más de cuatro siglos quienes quisieran ser realmente buenos católicos no debían ni acercarse a esos títulos. En sus listas figuraban, entre otras, todas las obras de Erasmo y de Rabelais y el Decameron de Giovanni Bocaccio. De la misma manera en que, siglos después, la Exposición de arte degenerado del nazismo contendría lo mejor (y por ende, prohibido) de la vanguardia pictórica, el Jndex se caracterizó por incluir en él (y por lo tanto prohibir) a los mejores literatos y pensadores de cada época. Durante esos cuatro siglos, la lectura de libros como El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, Los miserables de Víctor Hugo o el hoy tan inocente Robinson Crusoe de Daniel Defoe constituía casi un pecado. Pero la persecución a los libros había empezado mucho antes, si bien el Index marcó un punto de inflexión y, en cierta medida, el más alto. Había comenzado antes y por una razón bien concreta: un nuevo invento había visto la luz (la imprenta) y ello permitió una expansión de las publicaciones inimaginable siglos antes.

Hacia 1540 la Iglesia, profundamente asustada por la democratización de la lectura (y, por ende, de pensamiento) que presuponía la enorme cantidad de ejemplares que permitía la imprenta, intenta pactar y llegar a un acuerdo con los impresores. Pero no lo logra. Y por ello comienza la quema de libros, actividad que prosigue en tiempos de Pablo IV, justamente, con la incineración de los libros contenidos en el Index. Y fue de tal envergadura que los editores temieron por su subsistencia. Los autores, en cambio, temieron por su existencia y, en un gesto de autopreservación, la mayoría de ellos dejó de escribir En términos de producción cultural, la pérdida fue inestimable. ¿Cómo continuó la historia del Index, aun después de que Pablo 1V abandonara la investidura papal? En 1521, se creó en Roma una Congregación del Índice que a lo largo de los siglos publico de manera regular ediciones de los libros prohibidos, lo cual puede advertirse todavía en libros católicos que llevan el Imprimatur.

Un libro de una orden religiosa puede llevar, por ejemplo, el nombre de cinco censores en su encabezamiento Pocos años más tarde, el Concilio de Trento se abocó a la elaboración de un Índice “mas comprensivo”, un tanto menos arbitrario y las obras fueron condenadas en función de diez conceptos principales. Por supuesto, todo ese gran aparato represivo provocó, como lógica consecuencia, la autocensura y ello explica en buena medida por qué las contribuciones de los pensadores católicos quedaron rezagadas durante mucho tiempo con respecto a las del resto del mundo occidental. Generaciones y generaciones de estudiantes, religiosos varios, humanistas y hasta obispos, tuvieron vedada la lectura de obras fundamentales por hallarse en el Índice.

UN ANTISEMITISMO VISCERAL

El odio a los judíos por parte de Pablo IV fue inmenso y quedó institucionalizado por un documento: la bula Cun nimis absurdum, que marca un verdadero hito en el antisemitismo cristiano. Pero sería injusto decir que con Pablo 1V comienza el odio antijudío de la Iglesia. Pasemos una breve revista a cómo fueron tratados, desde el mismo inicio del cristianismo, aquellos que —nunca está de más recordarlo— profesaban la misma fe que Cristo. Durante el imperio romano, los judíos superaron la hostilidad inicial y consiguieron la plena ciudadanía con el edicto de Caracalla, en 212. Pero un siglo después, cuando Constantino se convirtió al cristianismo, dio comienzo la sistemática, constante y creciente persecución a los judíos.

Durante el Concilio de Nicea en el año 325, el mismo emperador pone fin a la controversia sobre la naturaleza de Cristo (se lo decreta divino y no un simple profeta) y continúa sus esfuerzos para separar al cristianismo del judaísmo declarando que la pascua cristiana no sería determinada por el pesaj o pascua judía. Declara: “Porque es insoportablemente irrespetuoso que en la más sagrada fiesta estemos siguiendo las costumbres de los judíos. De aquí en adelante no tengamos nadi en común con esta odiosa gente… También en plena Edad Antigua, numerosos santos (Sar Hilario, San Crisóstomo, San Efraín, etcétera) escriben en contra dE los judíos. Algunos apelativos que reciben los semitas de parte de estos santos, nada compasivos por cierto, son: “Pérfidos asesinos de Cristo”, “Raza de víboras” y “compañeros del diablo” Ya en el siglo iv y y las sinagogas eran quemadas por los cristianos, al mejor estilo de las SS nazis.

También desde esa época varios países prohiben el contacto con los “malvados” hebreos y el matrimonio entre cristianos y judíos. En el siglo y las acciones concretas sobre aquellos que tienen el mismo origen que Cristo recrudecen: en algunos lugares se les prohibe construir nuevos templos, algunos obispos logran expulsarlos de sus ciudades y continúan quemando sinagogas. Otros, igual de exaltados, incitan a las multitudes contra los impíos y éstas atacan los templos. Algunos obispos, más benévolos, simplemente los obligan a convertirse. En los años posteriores, a través de decretos y disposiciones, a los judíos se les prohíbe: poseer tierras, tener sirvientes, aparecer en público durante las Pascuas, ocupar cualquier cargo público y tener autoridad sobre un cristiano. Algunos obispos les ofrecen la opción: conversión o exilio; o se bautizan o son expulsados del lugar. Otros, un tanto más sádicos, les arrancan los ojos a los judíos que se niegan a ser bautizados.

Hacia finales del siglo VII se prohibe a los cristianos tener amistades judías y consultar médicos de ese mismo origen. Durante el siglo VIII en muchos lugares el judaísmo es ilegalizado: esto deviene en bautismos forzosos o judíos quemados dentro de sus sinagogas. Por esas épocas San Agobard, arzobispo de Lyon, escribe en sus Epístolas que los judíos nacieron esclavos y que tienen el hábito de robar niños cristianos para vendérselos a los árabes. A lo largo de años y siglos posteriores la persecución no hace sino empeorar: los judíos son atacados en varios lugares de Francia a causa de la destrucción del Santo Sepulcro de Jerusalén por parte de los musulmanes; en 1012, en Roma, son considerados culpables de un huracán que asoló a la ciudad y en 1081 son obligados a pagar impuestos aún más altos para mantener a la Iglesia.

Durante las sucesivas cruzadas, muchos soldados de Cristo asesinan sin piedad a miles de judíos e incendian sus templos. Algunas voces de la Iglesia se levantan contra eso y tratan de calmar los ánimos declarado que los judíos pueden ser tolerados y que la furia cristiana se debe dirigir hacia los musulmanes. Sin embargo, en las marchas hacia la “Tierra Santa” caen musulmanes y judíos por igual, debido a que los piadosos cristianos perciben a ambos como enemigos de Cristo. En el siglo XII se suma una nueva modalidad: en varios lugares de Inglaterra y Francia: los judíos son acusados de “asesinatos ritualísticos”, lo que deviene en tortura y muerte de los presuntos asesinos. En 1215, el cuarto concilio de Letrán obligó a los judíos a usar algún distintivo en su indumentaria que los identificara como tales a simple vista: estrellas o algún sombrero de color estridente. Esta es la primera vez en Europa que los judíos son ordenados a usar un elemento para ser diferenciados del resto de la población por medio de su vestimenta.

Con la invención de la imprenta alrededor del año 1450, los libros comenzaron a rodar por las prensas. La Inquisición buscó censurar el contenido y la cantidad de libros y en 1559, Pablo IV autorizó un Índice oficial de Libros Prohibidos, destinando a este una larga lista de libros. Entre los títulos se encontraba el clásico de la literatura de Boccaccio el Decameron, y el Gargantua y Pantagruel de Rabelais. También se incluía un tratado, Consilium (consejo), al que él mismo había contribuido como Cardenal.

El sínodo de Viena (1267) obliga a los judíos a usar sombreros con dos puntas llamados pileteum comutum. El pueblo en general cree firmemente que los judíos (ya varias veces acusados de hijos del demonio y como tales) tienen cuernos y que usan tal sombrero r para esconderlos. En los siglos posteriores, concilios diversos y gobernantes varios cierran sinagogas, encierran en ellas a todos sus fieles las incendian, grupos de judíos son asesinados por muchedumbres callejeras acusados de asesinatos ritualísticos o profanación de hostias, se los conmina abandonar lugares o a atenerse a li consecuencias (generalmente, la pena de muerte), algunos nobles ostentan con orgullo motes alusivos al tema (como “mau judíos”), la Inquisición quema el Talmud y se les hace pagar con su vida por las frecuentes pestes que asolaban Europa, ya que lo culpaban de ser responsables por envenenar las aguas.

En e siglo XIV la peste negra mata a cientos de miles de habitantes de continente europeo y se habla de una  conspiración de dominio mundial por parte de los judíos. Muchas veces, ellos mismos s suicidan al verse cercados, para evitar la tortura seguida de una muerte lenta y dolorosa. Se promulgan diversas bulas que prohiben a los capitanes de navío el transporte de judíos a Tierra Santa y que les impide asistir a la universidad. Y en esa seguidilla de macabros asuntos de los cuales, se lo podemos asegurar al lector, hemos realizado un resumen más que breve, aparece lo que muchos reconocidos historiadores consideran como un hito dentro del movimiento católico antijudío: la bula Cunnimis absurdum, promulgada apenas dos meses después de la elección.

En ella se subrayaba que los asesinos de Cristo, los judíos, eran esclavos por naturaleza y debían ser tratados como tales. Por primera vez, en los Estados Pontificios se les confinaría a un sector determinado, el “ghetto”, que contaría con una sola entrada. Antes de llevarlos al ghetto que les correspondía, fueron obligados a vender sus propiedades a los cristianos a precios verdaderamente irrisorios. Se les permitió poseer una sola sinagoga en cada ciudad, se les obligo a usar indumentaria distintiva para distinguirlos (en este caso, se trató de un gorro amarillo), se les prohibió emprender cualquier actividad comercial, sólo se les permitía emplear el latín para hablar, en ningún caso podían contratar cristianos, no podían ser asistidos por médicos cristianos y no podían ser llamados “senor ni siquiera por los pordioseros, entre otras órdenes.

El ghetto fue instalado en la orilla derecha del Tíber, frecuentemente anegado y, por ello, extremadamente insalubre. En un sector de unos 460 metros se hacinaban de cuatro a cinco mil personas, generalmente vestidos con harapos. Debido al escaso lugar con que contaban se veían obligados a edificar hacia lo alto y el hecho de que el Tíber estuviera tan cerca, corroyendo las entrañas de las edificaciones, hacía que los derrumbes fueran frecuentes, llevándose muchas vidas humanas. Además, en ese hacinamiento, cualquier principio de incendio se propagaba con asombrosa y peligrosa rapidez y la higiene se hacía sumamente dificultosa, lo que no hacía más que abonar el mito antisemita de que los judíos poseen un desagradable olor. La bula del papa que nos ocupa tuvo efectos reflejos de manera inmediata: a los pocos días Venecia también tenía su ghetto y lo mismo sucedía en Bologna. En 1559, Pablo 1V moría. Sin embargo, su bula había instaurado y legitimado una pauta de conducta que duraría tres siglos.

Papa Pablo III Poder y Riquezas de la Iglesia de Roma Vida de Papas

Papa Pablo III:Poder y Riqueza de la Iglesia

La personalidad de Paulo III, vivamente combatida durante cuatro siglos por la historiografía protestante y liberal, ha sido hoy revalorizada y situada en el punto culminante que le corresponde.

No en vano es el pontífice que aprobó la Compañía de Jesús, inauguró las sesiones del Concilio tridentino, autorizó el establecimiento de la Inquisición romana, impulsó el estudio de la reforma interna de la Iglesia, y, por primera vez después de muchos años, concedió la púrpura cardenalicia a religiosos que lo merecían por su fe, su saber y su profunda piedad.

Con Paulo III el Papado empuña todos los instrumentos de la Reforma católica y la Contrarreforma.Hijo de Pedro Luis Farnesio y de Juana Caetani, Alejandro nació en Canino el 28 de febrero de 1468.

Miembro de la familia Farnesio, reputada por su ambición y su avidez, su padre quiso dedicarle a la vida política y a la diplomacia. Alessandro Farnese) Papa (Canino, Estados Pontificios, 1468 – Roma, 1549).

Veamos su biografía…

Papa Pablo III Poder y Riquezas de la IglesiaPerteneciente a una influyente familia de la nobleza italiana, hizo la mayor parte de su carrera eclesiástica sin ser sacerdote: fue nombrado cardenal en 1493, aunque no se ordenó hasta 1519.

Considerado un Papa de transición entre el Renacimiento y la Contrarreforma, gustó de potenciar la magnificencia de su corte; así, encargó a Miguel Ángel, entre otros trabajos, las pinturas de la Capilla Sixtina.

En la política exterior hay que recalcar su mediación entre Carlos I y Francisco I de Francia que llevó al tratado de Nicea, en 1538, así como la excomunión de Enrique VIII de Inglaterra.

Decidido promotor del concilio de Trento, dio su apoyo a la fundación de los jesuitas y al restablecimiento de la Inquisición en Italia (1542).

En el ámbito de la política local, cedió importantes territorios del Papado a su hijo Pier Luigi, hecho que generó una considerable hostilidad.

Lo llamaban el «Papa Enaguas» porque entregó a su hermana para que fuese iniciada por el Papa Alejandro IV (1492-1503).

Mas tarde envenenó a su madre, a una de sus hermanas y a una sobrina para tomar control de la herencia de su familia.

Tuvo relaciones incestuosas con sus hermanas y su propia hija, Constancia.

Asesinó a su yerno, Bosius Sforza para poder gozar mas sexualmente de su hija.

Mató a su otra hermana cuando se sintió celoso de uno de sus amantes, y se sabe que mató a dos Cardenales y a un Obispo polaco debido a una disputa teológica.

Fue el cafiso (proxeta) mas grande de Roma, porque tuvo a 45,000 prostitutas trabajando para él y pagándole un tributo mensual.

Aún insatisfecho con su vida sexual, mantenía como amante a una noble romana quien le dio tres hijos. Pero para él, el divorcio era un pecado imperdonable.

Cuando Enrique VIII de Inglaterra no pudo anular su matrimonio con Catalina de Aragón, él se divorció de ella y se casó con Ana Bolena en 1533.

Pablo III lo excomulga en 1534 y Enrique VIII se instala como cabeza de la Iglesia Anglicana. Pablo III – El Enemigo de los Protestantes La reforma comenzó en Alemania con Lutero y poco después echó raíz en Ginebra con Calvino.

En 1541 Calvino comenzó a expandir su teología en Francia, Holanda y otros países.

Esto llevó a que el Papa estableciera la Inquisición Romana en 1542 y llamara al Concilio de Trento en 1545 para tratar la cuestión protestante.

La Inquisición Romana Pablo III es conocido en la historia como el Papa que persiguió a los protestantes mas que cualquier otro. Para estos fines estableció en 1542, el Santo Oficio como cámara de apelación final en casos de herejía.

De esa forma comenzó la Inquisición Romana con la meta de erradicar al protestantismo de Europa. La historia cuenta que la Inquisición Romana llego a un nivel de crueldad y barbarismo que hasta «repugnaba a los turcos y sarracenos…».

Concilio de Trento Este Concilio fue una de las respuestas a los protestantes. Intentó sistematizar la doctrina católica y la ley canónica y se proclamó al celibato como superior al matrimonio. La ceremonia católica del casamiento pasó a ser conducida por un sacerdote en presencia de dos testigos.

Los sacerdotes pasaron a ser entrenados en seminarios aislados de la comunidad. La versión latina de la Biblia, la Vulgata, fue declarada como la versión auténtica.

Los protestantes ya habían compilado su propia versión. El Concilio se reunió en tres sesiones: entre 1545 y 1548, entre 1551 y 1552, y entre 1562 y 1563. La última sesión fue presidida por Pío IV.

Vida de Lorenzo de Médici el Magnífico Breve Biografía

BREVE BIOGRAFÍA DE LORENZO DE MEDICI – MECENAS ITALIANO

Político y banquero italiano Lorenzo de Medici (1449-1492) fue un influyente mecenas de las humanidades durante el renacimiento.

Lorenzo nació en Florencia el 1º de enero de 1449, hijo de Pedro de Medici a cuya muerte asumió la dirección del banco de los Medici, así como el gobierno de hecho de Florencia.

Fue un poeta de talento y reunió en su corte a los creadores e intelectuales más importantes de su época. Lorenzo murió en Careggi el 9 de abril de 1492.

Lorenzo el Magnifico

Lorenzo de Médicis presidió el máximo esplendor de la Florencia renacentista. Es la época en que los palacios mediceos se llenan de las obras del Verrocchio, de Botticelli y de Filipino Lippi, del Ghirlandaio y del Gozzoli; en que en el Estudio florentino enseñan humanidades un Argirópulos, un Landino y un Policiano; en que en la corte de Lorenzo se reúnen Marsilio Ficino y Pico de la Mirándola, los dos neoplatónicos de la Academia, Filelfo y Calderini, Bembo y Bárbaro, Reuchlin y Toscanelli. Todos ellos mentalidades privilegiadas, capaces de honrar por sí solas las cortes de los mayores soberanos de la Historia. En Florencia se editan Virgilio y Homero, Boccaccio y el Dante, y se discute sobre el Cristianismo y el paganismo, sobre la moral antigua y la moderna, sobre la teología y la filosofía. Hallámonos en el auge del humanismo italiano, con sus exaltaciones, sus encantos, sus bellezas y sus lamentables extravíos.

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Veamos ahora los rasgos mas importantes de su vida:

VIDA DE LORENZO EL MAGNÍFICO: Siete de febrero de 1469. En la plaza de la Santa Cruz, de Florencia, se realiza un torneo de excepcional importancia. Toman parte en él jóvenes de las más poderosas familias florentinas.

El pueblo, que ha acudido en gran número, sigue con entusiasmo las alternativas del extraordinario certamen. La lucha entre los competidores se va haciendo cada vez más reñida. Será premiado el caballero que, además de manejar la lanza con gran habilidad, demuestre una excepcional destreza como jinete.

En cierto momento la atención de los espectadores se ve atraída por un caballero que viste una capa de terciopelo azul con pespuntes de lirios dorados.

El caballero está realizando verdaderas proezas; logra voltear a sus adversarios al primer golpe, y cada vez que su caballo es embestido con fuerza y está para caer, él, con singular maestría, consigue mantenerlo en pie para reanudar inmediatamente el combate.

Ahora los pajes hacen sonar sus trompetas: la gran competición ha finalizado.

Los jueces no tienen ninguna dificultad en la elección del vencedor: el mejor de la palestra ha sido el caballero de la capa de terciopelo azul.

Este caballero, que con su extraordinaria habilidad ha entusiasmado a los florentinos, es Lorenzo, hijo de Pedro de Médicis, el más notable de los ciudadanos de Florencia.

UN JOVEN DECIDIDO: El 2 de diciembre del mismo año Pedro de Medicis dejó de existir, y le sucedieron sus hijos Lorenzo y Julián; pero como este último tenía apenas dieciséis años, el «cuidado de la ciudad» pasó a manos de Lorenzo, que había cumplido veintiuno.

Hasta ese momento el joven Lorenzo se había dedicado a la poesía, a la caza y a los torneos. Pocos eran, pues, los que esperaban de él habilidad política.

Y, sin embargo, este genial improvisador de versos, este brioso organizador de fiestas y banquetes, mostró en su haber un programa político bien definido.

Dos eran las metas que Lorenzo se había propuesto alcanzar: disminuir la potencia de las grandes familias florentinas que disputaban el poder a la suya y modificar las instituciones republicanas para cortar a sus adversarios el camino al poder. (Aunque existía la Señoría de los Medicis, Florencia conservaba aún las viejas y tradicionales instituciones comunales.)

Lorenzo de Médicis puso en seguida manos a la obra. Al año siguiente (verano de 1470) logró que un Consejo Mayor (del cual él mismo formaba parte) se encargare del estudio de las reformas que debían realizarse en las antiguas instituciones. Éste fue el primer paso de su audaz programa.

En 1472 llegó una grave noticia: la ciudad de Volterra había decidido rebelarse contra la Señoría florentina.

El momento era extremadamente delicado: los ciudadanos más autorizados de Florencia estimaron conveniente, llegar a un acuerdo con Volterra. Pero Lorenzo se negó a aceptar la propuesta.

Antes bien, dispuso que las tropas florentinas se pusiesen en marcha hacia Volterra. En menos de dos meses, los volterranos se vieron obligados a rendirse.

Desde su juventud, Lorenzo demostró estar dotado de condiciones intelectuales poco comunes. Nieto del gran Cosme e hijo de Pedro y Lucrecia Tornabuoni, distinguióse en los estudios de humanidades bajo el sabio profesorado de Ficino, Landino y Argirópulos.

«EL FIEL DE LA BALANZA ITALIANA»

Seguro ya del favor de todo el pueblo florentino, Lorenzo decidió llevar a cabo las reformas del gobierno proyectadas desde 1470.

Sin suprimir las antiguas instituciones, consiguió que se le otorgase la facultad de dirigir libremente la política de Florencia, convirtiéndose así en el único y absoluto señor de la ciudad.

Pero no quiso aprovecharse de la fe que los florentinos depositaron en él, para transformarse en tirano.

Como hombre sabio que era, se sirvió del poder para dar a su querida ciudad paz y bienestar. Por su mérito, Florencia se convirtió en la ciudad más bella y elegante de Italia.

Lorenzo la embelleció con magníficos edificios y la alegró con fiestas de máscaras y torneos. Al mismo tiempo, continuaba con su obra de hábil político.

Convencido de que sólo la paz puede encauzar a los pueblos por la senda del progreso, se empeñó en una obra realmente excepcional: la de mantener en buenas relaciones a los distintos Estados italianos.

Y en electo, merced a su actuación, Italia pudo gozar, durante casi veinte años, de paz y prosperidad. Debido a esta sabia política, Lorenzo de Mediéis sería llamado «el fiel de la balanza italiana».

Esta expresión quiere significar que Lorenzo había logrado equilibrar los intereses y las pretensiones de unos y otros Estados.

EL POETA

Lorenzo de Médicis no ha pasado a la historia sólo como el más hábil político del siglo XV. También es recordado como poeta exquisito, y sus composiciones poéticas aún hoy se leen con placer. Sus contemporáneos le expresaron su admiración llamándolo «el Magnífico».

Sin abandonar los intereses financieros de su familia ni sus ocupaciones culturales, Lorenzo dedicó parte de su gigantesca actividad a la vida política. Su enlace con Clarisa Orsini (1469) le había elevado definitivamente sobre los rangos de la burguesía florentina. Había llegado el momento de completar la obra política de Cosme el Viejo y de dar aspecto formal al dominio efectivo ejercido por los Médicis en Florencia.

LA CONSPIRACIÓN DE LOS PAZZI:

En 1474 se le ofreció a Lorenzo la ocasión de demostrar también su habilidad poco común de hombre político.

Para hallarse en condiciones de afrontar el eventual ataque de los Estados que tenían la intención de extender sus dominios en perjuicio de Florencia, Lorenzo se ocupó de concertar alianzas.

Y el resultado de su actividad diplomática fue que la República de Venecia y el Ducado de Milán, los dos Estados más poderosos de Italia, aceptaron formar una liga con Florencia.

La popularidad y la fe que Lorenzo había ido conquistando poco a poco entre los florentinos no pudo menos que suscitar la envidia de la familia de los Pazzi. Éstos eran unos ricos banqueros que desde hacía tiempo aspiraban a sustituir a los Medicis en el gobierno de la ciudad.

Su despecho había llegado a tal punto que no titubearon en poner en ejecución un plan criminal.

En la mañana del 26 de abril de 1478, junto con otros rivales de los Médicis, los Pazzi decidieron actuar. Estaba dispuesto que el ataque se debía realizar nada menos que en la catedral de Florencia, durante la misa.

Y en el momento de la elevación, cuando todos los fieles se encontraban más absortos, Lorenzo y Julián fueron acometidos por la espalda. Atravesado por varias puñaladas, Julián cayó al suelo moribundo; Lorenzo a duras penas consiguió librarse de la furia salvaje de los asesinos, encerrándose en la sacristía. El mismo pueblo, indignado, ajustició a los conspiradores.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Tomo VI Editorial CODEX.

Papa Leon X Ambicion de los Papas Renacentistas Poder y Riqueza

Papa León X – Ambición de los Papas

Papa Leon X Ambicion de los PapasLEÓN X (1513-1515): TODO TIENE SU PRECIO Giovanni, un próspero comerciante, recién ha llegado desde su pequeño pueblo natal a Roma y no le alcanzan los ojos para ver todo lo que la Ciudad Eterna tiene para ofrecerle.

Se ha maravillado con las multicolores frutas del mercado de Campo de Fiori, lo ha extasiado la Piazza Navona y ha disfrutado mirando el Tíber desde los múltiples puentes que lo cruzan de una orilla a otra.

Por supuesto, también se ha quedado sin habla contemplando los inmensos y monumentales restos del Coliseo, que se alzan majestuosos junto al Foro. Pero no puede seguir disfrutando de las múltiples delicias que ofrece la ciudad: debe emprender esa misma noche el regreso a su pueblo y no ha venido a Roma para pasear por ella, sino con una misión muy concreta que quiere resolver lo antes posible: comprar una indulgencia que le permita, sin caer en el pecado y sin poner en riesgo su entrada al cielo, vender sus productos en el pórtico de la iglesia de su pueblo.

EL PERDÓN PARA LOS PECADORES: En la Roma del Renacimiento y en la Iglesia Católica, lodo estaba a la venta, y sólo era cuestión de disponer del dinero necesario para poder pagar el precio adecuado, los perdones otorgados u constituían una excepción.

Fue el papa León X —hombre organizado por demás— quien ideó y difundió las tarifas para ir al cielo, la Taxa Camarae, por demás claro en términos de cuánto había que pagar en cada caso particular para ser perdonado.

Como se podrá apreciar, todo pecado/delito tenía su precio estipulado y no había crimen que no pudiese ser perdonado a cambio de ser generoso con las arcas papales.

Desde el asesinato (único o múltiple) hasta el incesto, pasando por la licencia para poner puestos de venta en los pórticos de las iglesias —recordaría León X que Cristo echó a los mercaderes del templo?— todo tenía un importe que, pagado, declaraba abierto el cielo a pesar de los hechos perpetrados.

La Taxa Camarae es una tarifa promulgada, en el año 1517, por el papa León X (1513-1521) con el fin de vender indulgencias, eso es perdonar las culpas, a todos cuantos pudiesen pagar unas buenas libras al pontífice. Como verá no había delito, por horrible que fuese, que no pudiese ser perdonado a cambio de dinero.

León X declaró abierto el cielo para quienes, clérigos o laicos, hubiesen violado a niños y adultos, asesinado a uno o a varios, estafado a sus acreedores, abortado… pero tuviesen a bien el ser generosos con las arcas papales.

LA TAXA CAMARAE Creemos que así como en el caso del ya mencionado Alejandro VI o de Sixto V, fue y será necesario dar cuenta de, al menos, parte de su vida para retratarlo de manera cabal, para este prelado, basta con enumerar los treinta y cinco artículos por él ideados para la Taxa Camarae, para dar una idea por demás acabada de lo que era el papado en ese momento.

  1. El eclesiástico que incurriere en pecado carnal, ya sea con monjas, ya con primas, sobrinas o ahijadas suyas, ya, en fin, con otra mujer cualquiera, será absuelto, mediante el pago de 67 libras, 12 sueldos.
  2. Si el eclesiástico, además del pecado de fornicación, pidiese ser absuelto del pecado contra natura o de bestialidad, debe pagar 219 libras, 15 sueldos. Mas si sólo hubiese cometido pecado contra natura con niños o con bestias y no con mujer, solamente pagará 131 libras, 15 sueldos.
  3. El sacerdote que desflorase a una virgen, pagará 2 libras, 8 sueldos.
  4. La religiosa que quisiera alcanzar la dignidad de abadesa después de haberse entregado a uno o más hombres simultánea o sucesivamente, ya dentro, ya fuera de su convento, pagará 131 libras, 15 sueldos.
  5. Los sacerdotes que quisieran vivir en concubinato con sus parientes, pagarán 76 libras, 1 sueldo.
  6. Para todo pecado de lujuria cometido por un laico, la absolución costará 27 libras, 1 sueldo; para los incestos se añadirán en conciencia 4 libras.
  7. La mujer adúltera que pida absolución para estar libre de todo proceso y tener amplias dispensas para proseguir sus relaciones ilicitas, pagará al papa 87 libras, 3 sueldos. En caso igual, el marido pagará igual suma; si hubiesen cometido incestos con sus hijos añadirán en conciencia 6 libras.
  8. La absolución y la seguridad de no ser perseguidos por los crímenes de rapiña, robo o incendio, costará a los culpables 131 libras, 7 sueldos.
  9. La absolución del simple asesinato cometido en la persona de un laico se fija en 15 libras, 4 sueldos, 3 dineros.
  10. Si el asesino hubiese dado muerte a dos o más hombres en un mismo día, pagará como si hubiese asesinado a uno solo.
  11. El marido que diese malos tratos a su mujer pagará en las cajas de la cancillería 3 libras, 4 sueldos; si la matase, pagará 17 libras, 15 sueldos, y si la hubiese muerto para casarse con otra, pagará, además, 32 libras, 9 sueldos. Los que hubieren auxiliado al marido a cometer el crimen serán absueltos mediante el pago de 2 libras por cabeza.
  12. El que ahogase a un hijo suyo, pagará 17 libras, 15 sueldos (o sea 2 libras más que por matar a un desconocido), y si lo mataren el padre y la madre con mutuo consentimiento, pagarán 27 libras, 1 sueldo por la absolución.
  13. La mujer que destruyese a su propio hijo llevándolo en sus entrañas y el padre que hubiese contribuido a la perpetración del crimen, pagarán 17 libras, 15 sueldos cada uno. El que facilitare el aborto de una criatura que no fuere su hijo, pagará 1 libra menos.
  14. Por el asesinato de un hermano, una hermana, una madre o un padre, se pagarán 17 libras, 5 sueldos.
  15. El que matase a un obispo o prelado de jerarquía superior, pagará 131 libras, 14 sueldos, 6 dineros.
  16. Si el matador hubiese dado muerte a muchos sacerdotes en varias ocasiones, pagará 137 libras, 6 sueldos, por el primer asesinato, y la mitad por los siguientes.
  17. El obispo o abad que cometiese homicidio por emboscada, por accidente o por necesidad, pagará, para alcanzar la absolución, 179 libras, 14 sueldos.
  18. El que por anticipado quisiera comprar la absolución de todo homicidio accidental que pudiera cometer en lo venidero, pagará 168 libras, 15 sueldos.
  19. El hereje que se convirtiese pagará por su absolución 269 libras. El hijo de hereje quemado o ahorcado o ajusticiado en otra forma cualquiera no podrá rehabilitarse sino mediante el pago de 218 libras, 16 sueldos, 9 dineros.
  20. El eclesiástico que no pudiendo pagar sus deudas quisiera librarse de ser procesado por sus acreedores, entregará al pontífice 17 libras, 8 sueldos, 6 dineros, y le será perdonada la deuda.
  21. La licencia para poner puestos de venta de varios géneros bajo el pórtico de las iglesias será concedida mediante el pago de 45 libras, 19 sueldos, 3 dineros.
  22. El delito de contrabando y defraudación de los derechos del príncipe costará 87 libras, 3 dineros.
  23. La ciudad que quisiera alcanzar para sus habitantes o bien para sus sacerdotes, frailes o monjas, licencia para comer carne y lacticinios en las épocas en que está prohibido, pagará 781 libras, 10 sueldos.
  24. El monasterio que quisiere variar de regla y vivir con menor abstinencia que la que le estaba prescrita, pagará 146 libras, 5 sueldos.
  25. El fraile que por su mejor conveniencia o gusto quisiere pasar la vida en una ermita con una mujer, entregará al tesoro pontificio 45 libras, 19 sueldos.
  26. El apóstata vagabundo que quisiere vivir sin trabas, pagará igual cantidad por la absolución.
  27. Igual cantidad pagarán los religiosos, así seculares como regulares, que quisieran viajar en trajes de laico.
  28. El hijo bastardo de un cura que quiera ser preferido para desempeñar el curato de su padre, pagará 27 libras, 1 sueldo.
  29. El bastardo que quisiere recibir órdenes sagradas y gozar beneficios, pagará 15 libras, 18 sueldos, 6 dineros.
  30. El hijo de padres desconocidos que quiera entrar en las órdenes, pagará al tesoro pontificio 27 libras, 1 sueldo.
  31. Los laicos contrahechos o deformes que quieran recibir ordenes sagradas y poseer beneficios, pagarán a la cancillería apostólica 58 libras, 2 sueldos.
  32. Igual suma pagará el tuerto del ojo derecho; mas el tuerto del ojo izquierdo pagará al papa 10 libras, 7 sueldos. Los bizcos pagaran 45 libras, 3 sueldos.
  33. Los eunucos que quisieran entrar en las órdenes pagarán la cantidad de 310 libras, 15 sueldos.
  34. El que por simonía quisiera adquirir uno o muchos beneficios se dirigirá a los tesoreros del papa, que le venderán ese derecho a un precio moderado.
  35. El que por haber quebrantado un juramento quisiere evitar toda persecución y librarse de toda nota infamia, pagará al papa 131 libras, 15 sueldos. Además entregará 3 libras para cada tino de los que habrán garantizado.        

Mecenas Italianos La Familia Medicis en Florencia Italia Historia

Mecenas Italianos – La Familia Medicis en Florencia

De todas las familias que se hicieron poderosas en el Renacimiento, la de los Medici fue una de las más influyente. En el s. XV fueron, durante tres generaciones, los gobernantes de hecho de Florencia. Durante ese tiempo, la ciudad fue próspera y floreciente.

El 26 de abril de 1478, los hermanos de la rica familia Médici son atacados mientras asisten a misa en la catedral de Florencia. Si bien uno de ellos es asesinado, la conspiración fracasa, y Florencia puede ser gobernada por un gran hombre del Renacimiento.

El gran mecenas del Renacimiento fue Lorenzo de Médici, nacido en Florencia en 1449 en el seno de una influyente familia de banqueros. Vivió desde muyjoven las experiencias de la vida política y mundana de las ricas ciudades del norte italiano.

Primero en Venecia y luego en Milán, Lorenzo se desempeñó como embajador extraordinario, y en 1469 se hizo cargo con su hermano Juliano del gobierno de Florencia.

Lorenzo de Médici basó su gobierno en alianzas con otros estados para contrarrestar el poder de otras potencias. Por esto, los banqueros Pazzi, aliados del papa Sixto IV, intentaron asesinarle en 1478.

Tras este fracaso, el papa y el rey de Ñapóles le declararon la guerra, pero Lorenzo, gracias a su habilidad política, logró la paz.

En la nueva etapa que se abrió en la península Itálica, Lorenzo vio la importancia de mantener unidos a todos los estados italianos frente a las amenazas de los reinos extranjeros. Para conseguir esa unidad, realizó una intensa y eficaz labor diplomática.

Su estilo de gestión fue apoyado .por el pueblo, lo que fortaleció su imagen y autoridad, y le dio un gran prestigio como gobernante en Florencia.

LA FAMILIA MEDICIS DE FLORENCIA

Mecenas Italianos La Familia Medicis en FlorenciaLa familia Medici era muy rica. Sus miembros eran mercaderes que comerciaban con artículos de lujo del Oriente y controlaban una gran parte del provechoso mercado de telas.

Además eran banqueros exitosos y poseían una cadena de bancos en toda Europa con una clientela influyente, que incluía a los papas. (imagen: Cosimo Medici).

La fortuna de la familia comenzó con Giovanní Medici y fue luego aumentada por su hijo Cosimo (imagen izquierda) , quien no sólo era un buen hombre de negocios sino una persona inteligente y un político astuto.

Siendo joven, estudió y se interesó por las obras clásicas griegas, de las que aprendió que cada ciudadano tenía tanto la responsabilidad de cooperar con la sociedad como el derecho de beneficiarse con ella y cuando su padre murió en 1429, Cosimo decidió seguir la carrera política.

En una época de violenta rivalidad entre las ciudades, Cosimo evitó la guerra siempre que pudo.

Prefería negociar y hacer uso del poder que da el dinero. Gracias a ello, pudo garantizar a Florencia un período prolongado de relativa paz y seguridad.

Además, permitía al pueblo pensar y decir lo que quería, pero tomaba nota de los que hablaban en su contra.

Cosimo fue uno de los primeros grandes mecenas del Renacimiento y se interesó por las artes y por las ciencias.

Entre las personas a quienes prestó su ayuda están los escultores Ghiberti y Donatello, el arquitecto Brunelleschi y el erudito Fiemo.

Hizo construir un gran palacio en Florencia que usó como banco principal a la vez que como residencia familiar.

La planta baja era semejante a una fortaleza, con una puerta maciza y ventanas con barrotes para mantener alejados a los enemigos, pero los pisos superiores eran muy elegantes.

Fue diseñado por el arquitecto Michelozzo, a quien Cosimo le encargó también que proyectara una biblioteca para el monasterio de San Giorgio Maggiore, en Venecia.

Cosimo disfrutaba alentando el interés por los libros y el conocimiento (permitía que muchos hombres cultos tomasen prestad libros de su propia biblioteca), pero el regalo hecho al monasterio era también una forma astuta de asegurarse el apoyo político del Papa.

Cosimo controló a Florencia durante 30 años. Cuando murió, en 1464, fue sucedido por su hijo Piero, quien nunca había gozado de buena salud – era conocido como Piero el Gotoso – y murió después de sólo cinco años.

Su hijo Lorenzo (imagen) , de 20 años, se convirtió entonces en el ciudadano gobernante de Florencia.

No estaba muy interesado en aumentar las ganancias obtenidas de la actividad bancaria, y prefirió gastar gran parte de la fortuna familiar en mantener el esplendor de su corte y en patrocinar a los artistas, arquitectos y escultores cuyas obras hacían de Florencia una ciudad tan hermosa.

El mismo Lorenzo era muy talentoso.

Disfrutaba con los deportes, era poeta y sus obras son muy admiradas todavía. Fue además un hombre de estado descollante.

Su popularidad y su poder despertaron la envidia de otra familia florentina rival, los Pazzi, quienes conspiraron para asesinar a Lorenzo y a su hermano Giuliano durante una misa solemne en la Catedral de Florencia.

Mataron a Giuliano, pero sólo lograron herir a Lorenzo.

Los florentinos se irritaron por el crimen y estallaron los tumultos en represalia; muchos de los conspiradores fueron arrastrados por las calles y arrojados al río.

La honra de los Medici se acrecentó cuando el hijo de Lorenzo, Giovanni, fue designado cardenal a los 14 años y más adelante Papa con el nombre de León X. (imagen)

Como su padre, fue también un entusiasta mecenas de las artes. En realidad, se interesó más en las artes y especialmente en la reconstrucción de San Pedro, en Roma, que en los problemas de la Iglesia. }

Dos años después de la muerte de Giovanni en 1521, su primo se convirtió en el Papa Clemente VIII, el segundo Médicis elegido como tal. Políticamente, sin embargo, era débil, y apoyó en sus rivalidades primero a Carlos V y luego a Francisco I.

Los Primeros Mecenas en la Edad MediaVer

Historia Construcción Cupula de la Catedral de Florencia

Biografía de Botticelli Sandro Artista Renacentista Vida y Obra

Biografía y Obra de Botticelli Sandro – Artista Renacentista

Sandro Botticelli(Florencia 1445-1510).

Hijo de un curtidor, nació en Florencia en 1444.

A temprana edad abandonó sus estudios académicos para trabajar con un orfebre.

Su interés por la pintura y el dibujo se desarrolló en este trabajo y fue aceptado como aprendiz en el taller del pintor florentino Fray Filippo Lippi.

A partir de 1470 tuvo su propio taller, empezó a trabajar para los Médicis y tuvo numerosos encargos.

En 1478 ya había alcanzado la madurez que representa un cuadro maravilloso, La primavera.

En 1480 llevó a cabo notables pinturas murales en la iglesia de Todos los Santos de Florencia, su ciudad natal. Un año más tarde estuvo en Roma, donde formó parte del equipo encargado de las composiciones murales para la Capilla Sixtina.

En 1482 ya estaba de vuelta en Florencia, donde tuvo numerosos encargos: mártires, Crucificados, Vírgenes, Pietá… Hacia 1485 pintó las cuatro tablas de la Historia de Nastagio degli Onesti (tres de ellas se conservan en el Museo del Prado de Madrid).

Hacia 1490 emprendió una serie referente a la Divina comedia de Dante. Sus últimos años se vieron ensombrecidos por las dificultades económicas.

Botticelli es el pintor más notable de la segunda mitad del siglo XV. Era un hombre cultivado y de temperamento artístico apasionado. Vivió de corazón la aparición del humanismo en la corte de Lorenzo de Médicis.

Al final de su vida, influido por las prédicas de Savonarola, reformador religioso que propugnaba la austeridad, dejó de tratar temas mitológicos y profanos y renunció a los hallazgos de la perspectiva, volviendo así a una pintura medieval (La natividad mística).

BREVE FICHA BIOGRAFICA

•  Nació en Florencia, en el seno de una familia de humildes artesanos.

• Su nombre era Alessandro Di Mariano Filipepi, pero se lo conoció como Sandro Botticelli.

• Desde muy joven, su padre le enseñó el oficio de orfebre.

• A los diecisiete años se trasladó a Prato y fue alumno de Fra Filippo Lippi, un pintor muy famoso de su época. Con su guía, realizó sus primeros trabajos hacia 1465.

• Hacia 1467 se estableció en Florencia y empezó a dirigir un taller de pintura.

• En 1470 recibió el primer encargo de una institución oficial para realizar una pintura.

• En 1474 se trasladó a Pisa, para pintar una serie de frescos.

• Pronto comenzó a trabajar para la poderosa familia Medici, relación que mantuvo durante muchos años. Bajo la protección de estos importantes mecenas, se dedicó especialmente a pintar retratos.

Obras religiosas: Desde 1475 realizó varias obras que aumentaron su prestigio.

• En 1481 viajó a Roma invitado por el papa Sixto IV para trabajar en la decoración de la  Capilla Sixtina.

• Su éxito creció y recibió numerosos pedidos de las familias más destacadas de Florencia.

• A partir de 1490 le sobrevino una época de pobreza y se dedicó a pintar temas bíblicos.

•  Murió en Florencia, el 17 de mayo de 1510.

Sus Pinturas: 

• Botticelli admiraba la Antigüedad y el mundo de los dioses griegos; por eso, Lino de los temas favoritos de sus pinturas era la mitología.

• Para realizar varios de sus cuadros se inspiró en obras literarias.
Así hizo casi cíen dibujos para ilustrar La Divina Comedia, de Dante.

• Durante mucho tiempo retrató a algunos de los personajes más destacados de su época, entre ellos a los Medid, filósofos, sabios y poetas.

• Hoy su producción se considera la más representiva del Renacimiento florentino y algunos cíe sus cuadros son auténticas obras maestras.

SU BIOGRAFÍA:

Durante el siglo XV, entre los artistas que rodeaban a la familia de los Médicis, en Florencia, se hallaba Sandro Botticelli, el único artista quizás que, por sus dotes y su óríeligencia, había resumido en el arte figurativo la particular actividad intelectual de ese momento histórico.

Nació Sandro en Florencia, alrededor del año 1445.

Su padre. Mariano Filipepi, de oficio curtidor, declaró en 1458 ez las oficinas del Registro Civil, entre otras cosas: «mi hijo Sandro, de trece años, es enfermo y se consagra a la lectura».

El hogar paterno, ubicado en un barrio de tintoreros y curtidores, no era el más propicio para la salud del niño, ya endeble de nacimiento.

Desde la infancia, se mostró extraño e inquieto: ocupaba su tiempo leyendo o fantaseando, sin querer cumplir estudios regulares.

En vista de ello, el padre dispuso que el niño aprendiera el oficio de orfebre, y lo envió a los talleres de un tal Botticello. Cierta versión afirma que el joven adoptó el seudónimo bajo el cual se lo conoce, en memoria de ese su primer maestro.

En aquel tiempo, los orfebres tenían sólidos conocimientos de pintura y de escultura, y muchos famosos pintores y escultores egresaron de esos talleres.

Las condiciones artísticas que hasta entonces dormitaban en su alma cerrada y enigmática, se manifestaron pronto en el joven Sandro.

El trato asiduo que, por razón de su oficio, tenía con los grandes artistas florentinos, despertaron en él un interés creciente por la pintura, y un buen día abandonó los talleres del orfebre.

Alrededor de 1472, había establecido un floreciente taller propio y fue hecho miembro de la Cofradía de San Lucas, una importante sociedad de artistas florentinos.

Los artistas que trabajaban en Florencia lo hacían bajo el patrocinio de la Iglesia y opulentas familias locales. Como dijimos antes una de las más ricas y poderosas de estas familias eran los Médicis.

Fue para un miembro de esta familia, un primo de Lorenzo el Magnífico, que Botticelli pintó sus obras más importantes, una de las cuales es el Nacimiento de Venus, pintado en la década de 1480.

El Nacimiento de Venus Sandro Botticelli

El Nacimiento de Venus: Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Desde 1475 más o menos, Botticelli, como discípulo de Fra Filippo Lippi e influido también por Verrocchio, había llevado su propio estilo a las mayores posibilidades de elegancia y nitidez cromática.

Dentro de esta faceta de su arte, realizó por encargo de Lorenzo di Pier Francesco de Medici (sobrino de Lorenzo el Magnífico) esta tabla y la de la Primavera, así como la de Palas y el centauro, de fecha algo posterior.

Las tres se pintaron para decorar la villa de aquel encumbrado personaje en Castello.

La Primavera data de 1477-78 y muestra al artista ya liberado por completo de influencias ajenas, expresándose a través de su lirismo lineal; los otros dos cuadros muestran, en cambio, un propósito de monumentalidad que en el artista aparece poco después de 1480.

El Nacimiento de Venus es, por su concepción, la pintura más clásica de las tres, aunque ciertas asimetrías tienden a romper la firmeza de la composición simétrica.

El desnudo cuerpo de la diosa delata poética languidez, en su fluidez extrema, en relativo contraste con el grupo formado por los Céfiros,
que es compacto.

Fueron los años más felices de la hermosa Florencia, enriquecida por el admirable gobierno de Lorenzo el Magnífico, ese hombre tan diverso y completo, que poseía las virtudes más preciadas.

Podemos imaginar a Lorenzo y Sandro paseando por las alamedas de los famosos jardines, conversando sobre temas artísticos o cambiando retruécanos.

Si damos crédito a las anécdotas que se refieren a la vida de estos personajes, deduciremos que eran hombres ocurrentes y dotados de un gran sentido del humor: siempre estaban dispuestos a los sutiles juegos de ingenio.

La fama de Botticelli se esparció muy pronto y, en 1481, fue convocado a Roma por el Papa Sixto IV, para pintar tres frescos decorativos en la recientemente construida Capilla Sixtina del Vaticano.

Cuando finalizó su trabajo, regresó a Florencia donde había gran interés por su obra.

Durante este período produjo gran cantidad de cuadros religiosos y mitológicos.

En Florencia, su ciudad dilecta, alcanzó las más altas expresiones, tanto en las composiciones de temas religiosos como  en  las  profanas.

Junto con los más famosos artistas de la época, Botticelli fue invitado a presentar proyectos para la fachada de Santa María del Fiore que debía terminarse en el año 1491.

Además, para los Medicis, pintó e historió un Dante sobre pergamino, obra maravillosa dé incomparable valor.

Interpretó la Divina Comedia de acuerdo con el gusto de la época y su inspiración personal, que afortunadamente lograron perfecta coincidencia.

De la vasta producción de aquel período se destacan La Virgen de la Granada, y La Virgen del Magníficat.

En el medallón del Magníficat, Botticelli introdujo curvas dulcísimas y suaves, con las que logró expresar su fuerte sensibilidad y la honda religiosidad que la acompañaba.

Ya con una melancolía más marcada, La Virgen de la Granada representa la máxima realización de aquellos años.

Con el pasar del tiempo, el conflicto religioso latente en su alma se acentuó, a tal punto que se alejó de los temas a los que antes había dedicado lo mejor de su arte.

Fueron cada vez más numerosas las obras de carácter religioso.

Las que vieron la luz en la última década del siglo XV acentuaron el sentimiento de congoja interior que ya aparecía, más difuso, en la producción pictórica anterior.

Ese aspecto particular del arte de Botticelli debe relacionarse con los trágicos acontecimientos políticos que siguieron a la muerte de Lorenzo de Médicis, acontecimientos que tuvieron por protagonista, y después por mártir, a Jerónimo Savonarola, como veremos a continuación.

En 1489 hubo un levantamiento político en la ciudad, y el fraile dominico Savonarola asumió el gobierno de Florencia.

Esto involucró profundamente a los patrocinadores de Botticelli, los Medici, algunos de los cuales fueron conminados a abandonar la ciudad.

Savonarola fue quemado en la pira en 1489, y Lorenzo de Medici regresó el mismo año pero no reanudó el patrocinio a Botticelli, quien podría haber simpatizado con las opiniones de Savonarola.

A partir de esta fecha, recibió pocos encargos y no se le mencionó nuevamente en los registros de la Cofradía de San Lucas, desde 1505, excepto por una breve referencia hecha a su muerte, en 1510, cuando fue enterrado en la Iglesia del Año Santo, en su ciudad natal de Florencia.

Botticelli, como la mayoría de los pintores de su tiempo, estuvo profundamente vinculado con el arte, comparativamente nuevo, de la perspectiva.

Esto se puede apreciar claramente en la composición de su trabajo; pero, es por el gran sentido de movimiento y vida que sus obras son más notables. Es este sentido del movimiento el que diferenció el trabajo de Botticelli del de sus contemporáneos.

La tendencia que constantemente sintió aquel elegante pintor de transformar en mito y alegoría los temas narrativos pudo manifestarse, en su última época (tras la crisis religiosa que en él produjeron las predicaciones de Savonarola), en los diseños a la punta de plomo que hizo para ilustrar un códice, in folio, de la Divina Comedia, para aquel mismo patrón que le había encargado el grupo de obras de que el Nacimiento de Venus forma parte.

La palabra de Savonarola lo llevó de las alturas de su arte paganizante, hacia una rigurosa observancia de la fe… Su espíritu sufrió una conmoción.

El mundo en que hasta entonces había creído, el dogma político con que los Médicis habían gobernado, velando por el bienestar de sus protegidos, la sociedad próspera y orgullosa en que había vivido, ¿eran, pues, impíos?.

Tuvo momentos de devoción casi enfermiza y de penoso abandono. Sus ideales experimentaron profundos cambios.

El afecto que el artista tuvo por Savonarola fue muy grande y, cuando éste murió en la hoguera como hereje, se sintióhondamente perturbado. Savonarola le había abierto nuevos horizontes, le había despertado la creencia en Dios, y gracias a él pudo sentir, al acercarse el final de su existencia, el consuelo de la fe.

Dar forma a las ideas
El prestigio de Botticelli comenzó con sus primeras obras florentinas: el Díptico de Judith (1472-1473) y La Primavera(1478).

Gracias a ello fue llamado a Roma en 1481 para ejecutar los frescos de una parte de la Capilla Sixtina: Hechos de la vida de Moisés, El castigo de los rebeldes y Las tentaciones de Cristo. De regreso en Florencia, los encargos aumentaron.

diptico de judith
Díptico de Judith (1472-1473)

tentaciones de cristo de botticelli

Las tentaciones de Cristo, fresco en la Capilla Sixtina

la primavera de botticelli
La Primavera (1478)

Fue la época de sus grandes composiciones mitológicas. El nacimiento de Venus (1482), que fue concebido como contraparte de La Primavera, es una alegoría que exalta los ideales formales e intelectuales: lo bello, la perfección del cuerpo femenino, asociado al bien, en una naturaleza armoniosa.

Las últimas obras de Botticelli estuvieron marcadas por las ideas de Savonarola. Su arte, influido por la prédica del monje, se tornó sombrío, en concordancia con el nuevo clima cultural de la ciudad, que obligó a huir a los Medici en 1494 y que rechazó los ideales humanistas.

Aunque la edad de oro del neoplatonismo florentino, en las artes como en las letras, llegó a su fin de modo brusco, nunca dejó de fascinar, a la manera de un paraíso perdido. La influencia de las composiciones sabias de Botticelli se observa, por ejemplo, en Filippino Lippi, Lorenzo di Credi y Piero di Cósimo. Pero también mucho después.

Al fundar los prerrafaelistas ingleses su movimiento en el siglo XIX, miraron su obra y ese tiempo en que las artes, la filosofía y las letras exaltaban por igual la grandeza del hombre y la armonía entre lo ideal y lo sensible.

La Adoración de los Magos Botticelli, 1475

La Adoración de los Magos
Botticelli, 1475

La existencia de Botticelli transcurrió entre dos siglos. Pero a los sesenta años, se encontró vencido por la edad. Su arte nada podía expresar al nuevo siglo, fecundo en artistas de mentalidad   y  gustos  muy distintos   a   los  suyos.

Su mundo había desaparecido para dejar paso a una nueva época. Ya podía admirarse el David que Miguel Ángel había hecho colocar en la Plaza de la Señoría de Florencia, y ¡cuan distinta era esta obra de la concepción artística de Botticelli!
Sus más queridos amigos también habían desaparecido. Se aferró entonces, desesperadamente, a su tradición artística, pero sus manos estaban debilitadas y ya no respondían a su inspiración.

Evocó en su memoria los grandes versos de los poetas florentinos, los alegres sonetos de Lorenzo el Magnífico. Sandro había pertenecido a esa época. Ése había sido el tiempo de su juventud. No le quedaba sino esperar el final de una existencia que era sólo recuerdo.

El 17 de mayo de 1510, Sandro Botticelli expiró. Pero la humanidad ha heredado su obra inmortal y hecho justicia a su talento.  

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Cabeza  de la Virgen del Magnificat, Florencia (Galería de los Oficios)

Fuente Consultada:
Cien Obras Maestras de la Pintura de Marcial Olivar
Pintores Célebres Biblioteca Fundamental Ariel
Historia Visual del Arte Larousse
LO SE TODO Tomo V Biografía de Botticelli

La Bondad Humana Ser Bondadoso con Mis Semejante Virtud

La Bondad Humana – Ser Bondadoso 

valores humanos sinceridad generocidad paciencia

Ser bondadosos perfecciona el espíritu de una persona, porque sabe dar y darse sin miedos a verse defraudado, dando apoyo y entusiasmo a todos los que lo rodean. Muchas veces el concepto de bondad se confunde con el de debilidad, a nadie le gusta ser «el buenito» de la oficina, de quien todo el mundo se aprovecha.

Sin embargo, Bondad es exactamente lo contrario, es la fortaleza que tiene quien sabe controlar su carácter, sus pasiones y sus arranques, para convertirlos en mansedumbre.

bondad humana

Supone una inclinación a hacer el bien, con una comprensión profunda de la personas y sus necesidades, siempre paciente y con animo equilibrado. Este valor desarrolla en cada persona la disposición para agradar y complacer, en su justa medida, a todas las personas en todo momento.

Ahora podemos preguntarnos ¿En qué momentos nos alejamos de una actitud bondadosa? Esto se aprecia en aquellas actitudes agresivas, cuando adoptamos malos modales o formas de hablar un tanto soberbias utilizando palabras altisonantes, con la razón de nuestra parte o sin ella.

También cuando adoptamos una actitud indiferente ante las preocupaciones o inquietudes que tienen los demás, juzgándolas de poca importancia o como producto de la falta de entendimiento y habilidad para resolver problemas.

¡Qué equivocados estamos al considerarnos superiores! Al hacerlo, nos convertimos en seres realmente incapaces de escuchar con interés y tratar con amabilidad a todos los que acuden a nosotros buscando un consejo o una solución.

De manera equivocada, nuestro ego puede regocijarse cuando alguien comete un error a pesar de las advertencias, casi saboreando aquellas palabras de: “no quiero decir te lo dije, pero …. te lo dije!” empecinados en poner “el dedo en la llaga”, insistiendo en demostrar la sabiduría de nuestros consejos…. estas actitudes están de más, porque la persona que cometió el error, ya tiene suficiente con haberlo reconocido y quizá en ese momento esta afrontando las consecuencias.

La bondad no busca las causas sino que comprende las circunstancias que han puesto a esa persona en la situación actual, sin esperar explicaciones ni justificación, procurando encontrar los medios para que no ocurra nuevamente. A su vez, tiene tendencia a ver lo bueno de los demás, no por haberlo comprobado, sino porque evita tener “prejuicios” con respecto a las actitudes de los demás, es capaz de «sentir» de alguna manera lo que otros sienten, haciéndose solidario al ofrecer soluciones.

Debemos aclarar algunas cuestiones antes de proseguir: una persona con el ánimo de «exaltar» su bondad, puede destacar constantemente «lo bueno que ha sido», «todo lo que ha hecho por su familia», «cuánto se ha preocupado por los demás», eso no es ser bondadoso.

Al tomar este tipo de actitudes corremos el peligro de volvernos egoístas, la bondad es generosidad, no esperar nada a cambio. No necesitamos hacer propaganda de nuestra bondad, porque entonces pierde su valor y su esencia. El hacernos pasar por incomprendidos a costa de mostrar lo malos e injustos que son los demás, denota un gran egoísmo. Debemos entender que la bondad no tiene medida, es desinteresada, por lo que jamás espera retribución. Nuestro actuar debe ir acompañado de un verdadero deseo de servir, evitando hacer las cosas para quedar bien… para que se hable bien de nosotros.

Pero tampoco ser bondadoso implica ser blando, condescendiente con las injusticias o indiferente ante la conducta de los que nos rodean. Por el contrario, el bondadoso es una persona que continua siendo enérgica y exigente sin dejar de ser comprensiva y amable. Del mismo modo, jamás responde con insultos y desprecio ante quienes así lo tratan, por el dominio que tiene sobre su persona, procura comportarse educadamente a pesar del ambiente adverso.

El valor de la bondad resulta más que un simple ofrecimiento de cosas materiales a aquellas personas que se encuentran viviendo en condiciones precarias. Para fomentar este valor en nuestra vida podemos considerar que debemos:

Sonreír siempre.

 Evitar ser pesimistas: ver lo bueno y positivo de las personas y circunstancias  Tratar a los demás como quisiéramos que nos trataran: con amabilidad, educación y respeto.  Corresponder a la confianza y buena fe que se deposita en nosotros.

 Ante la necesidad de llamar fuertemente la atención (a los hijos, un subalterno, etc.), hacer a un lado el disgusto, la molestia y el deseo de hacer sentir mal al interesado: buscar con nuestra actitud su mejora y aprendizaje.

 Visitar a nuestros amigos: especialmente a los que están enfermos, los que sufren un fracaso económico o aquellos que se ven afectados en sus relaciones familiares.  Procurar dar ayuda a los menesterosos, sea con trabajo o económicamente.  Servir desinteresadamente.

Como al principio manifestamos, la bondad perfecciona a la persona que lo asume como un valor importante en su vida, porque sus palabras están llenas de aliento y entusiasmo, facilitando la comunicación amable y sencilla; da sin temor a verse defraudado; y sobre todo, tiene la capacidad de comprender y ayudar a los demás olvidándose de sí mismo.

Los 5 principios
Hay que tener en cuenta que los grandes cambios se gestan de los cambios pequeños. Por eso, podes intentar poner en práctica actitudes positivas que muestren ese toque de asertividad del que te hablamos. Cada día, durante una semana, practica alguna de estas iniciativas; al cabo del primer mes, vas a notar los cambios.

1. Sembrá semillas de bondad. Cada vez que sonreís a la cajera del supermercado, escuchas con atención a un amigo, das las gracias o tratas a un extraño con cortesía y respeto, estás emitiendo energía positiva. Esta energía provoca una impresión en la otra persona que, a su vez, pasará y contagiará a las decenas de personas con las que se encuentre en su camino. Así, estos gestos positivos tendrán un efecto multiplicador que, en última instancia, te volverá a vos mismo acrecentado.

2. Coopera con todos por igual. Todos somos lo suficientemente inteligentes como para tratar bien a la gente importante que nos rodea cada día de nuestras vidas, como los vecinos, nuestros jefes y hasta los compañeros de trabajo. Sin embargo, no siempre nos preocupamos por un extraño al que no volveremos a ver.

Cambia tu postura y comenzá a tratar a todas las personas con las que te vas encontrando como si fueran las más importantes del mundo, porque lo son. Si no para nosotros, sí para alguien; y si no lo son hoy, pueden serlo mañana.

3. Tener la conciencia tranquila. Aunque no vuelvas a ver a la persona a la que trataste mal ni nadie más sepa de tus actitudes o tu mal comportamiento, vos sí sos consciente. Por eso, esta sensación estará en tu mente y en tu corazón cada vez que trates de convencer a alguien de que puede confiar en vos. Como te estás traicionando a vos mismo, será difícil que puedas creer en una persona o en una relación.

4. Busca convencer en vez de vencer.Cambia tu switch interior y decile a los demás en qué estás a favor en lugar de en qué estás en contra. Hace el ejercicio de reconducir las conversaciones hacia tu terreno, por ejemplo, en vez de decir en forma autoritaria «¡cerra la ventana!», podes reemplazarlo por «¿no hace un poco de frío?».

De este modo, formulas una pregunta que la gente puede responder, además de convertir el hecho de cerrar la ventana en una idea compartida, también, por la otra parte. Esta esuna de las mejores formas de conseguir que se acepten tus propias ideas.

5. Escucha tu voz interior. Cuando entablamos una relación con alguien, una voz interior nos dice «es una buena persona» o «no confío en ella». ¿Cómo podemos hacer tales juicios al instante? Porque somos capaces de detectar señales no verbales. Presta atención al lenguaje corporal: brazos y piernas sin cruzar, inclinación de la cabeza para demostrar que te interesa lo que te cuentan y palmas abiertas para indicar franqueza y receptividad.


Demostrar que vas por la vida en son de paz es la mejor forma de plantarte ante los demás desde un costado solidario y apacible. La bondad, entonces, será una realidad contagiosa, productiva y generadora de buenos sentimientos.

EL VALOR DE LA BONDAD

Fuente Consultada: Revista Psicología (+) N°25

Biografia de Cesar Borgia Historia de Ambicion y Poder en Renacimiento

Biografía de César Borgia Historia de Ambición y Poder en Italia

Príncipe italiano (Roma 1475-Viana, Navarra, 1507). Hijo de Rodrigo Borja o Borgia, después papa Alejandro VI, es un personaje típicamente renacentista por su ambición y por su talento, por sus virtudes y por sus debilidades.

A los dieciséis años fue nombrado obispo y a los dieciocho cardenal, pero pronto abandonó la carrera eclesiástica por la de las armas.

Protegido por su padre, recibió de Luis XII rey de Francia el título de duque de Valentinois. Se casó con una hermana de Juan de Albret, rey de Navarra, y el Vaticano le nombró para un alto cargo militar (confalonero o abanderado) de los estados de la Iglesia.

Excelente militar y astuto político (Maquiavelo era uno de sus consejeros), se apoderó de casi toda la Romana (región de Italia) y participó en las campañas de Luis XII contra el reino de Napóles.

Pero la muerte de su padre, el papa Alejandro VI, en 1503, arruinó sus planes. El nuevo papa, Julio II, primero le encarceló y posteriormente lo expulsó de Italia. Entonces pasó a Navarra, España, donde murió en el campo de batalla, en una escaramuza entre agramonteses y beaumonteses.

César Borgia fue el tercer hijo natural de Rodrigo Borgia (el Papa Alejandro VI) y de Juana Catanei (llamada Vanozza). Nacido hacia 1457; no hay acuerdos respecto al año de su muerte, algunos estiman que murió en el castillo de Viana de 1507 y otros en 1513.

Gozó de la estima de su padre, compartiendo un vinculo mas o menos fraternal con otros cinco hermanos, producto del romance de su padre con Vanozza Catanei, mujer con la cual convivió el Pontífice durante un cuarto de siglo.

 Por ser hijo de un pontífice, César no podía presumir provenir de una buena familia. Como toda su familia era de origen español, al localizarse en Italia cambiaron la pronunciación del apellido Borja por Borgia.

Lamentablemente, César será recordado como el príncipe sin escrúpulos, aquella figura que inspiró a Maquiavelo para escribir su célebre tratado y por su pertenencia a una familia frívola y amoral para la cual no contaban los principios elementales.

En César se conjugan cómodamente la generosidad, la valentía y la inteligencia junto a la perfidia y el asesinato. Años más tarde, el florentino Maquiavelo llamaría, precisamente, «sublime perfidia», a la fría y calculadora actitud política del hijo de Alejandro VI. Sin embargo, César vivió poco pero intensamente, alternando su incansable actividad entre Marte y Eros, utilizando en ambas especialidades todas las armas a su alcance, incluidas —y sobre todo— las de la traición y el crimen.

César Borgia: Tercer hijo natural de Rodrigo Borgia (más conocido por el nombre de Alejandro VI, Papa) y de una dama romana llamada Rosa Vanozza. Nació hacia 1457; murió frente al castillo de Viana el 12 de marzo de 1507, o en 1513 según otros. Poco es lo que se sabe del primer período de su vida.

Cesar incursionó por el cardenalato, lugar reservado por su padre para él (durante muchos años sería conocido como el cardenal de Valencia), sin

 embargo, abandono este cargo para casarse con Carlota, la hija de la reina de Navarra, Juana de Albret.

César BorgiaTras pasar brevemente por el cardenalato para el que, en principio estaba destinado por su padre (durante muchos años sería conocido como el cardenal de Valencia), abandonó esta dignidad eclesiástica para casarse con Carlota, la hija de la reina de Navarra, Juana de Albret.

Por otra parte, el rey de Francia Luis XII lo beneficio con una pensión de 20.000 ducados, además de otorgarle el titulo de duque de Valentinois, por el cual sería conocido, desde entonces, como el Valentino.

César, coleccionista de dignidades, será vicario de las tierras que conquistaba por las armas, magistrado supremo y capitán general de la Iglesia Católica.

César era una mezcla ambigua de maldades y cualidades, sensible a todo tipo de idolatría, sobretodo la que provenía de su pueblo. En este sentido, en ocasión de su regreso a Roma como triunfador de una trifulca política y bélica, la ciudad festejó sus triunfos durante varios días con fiestas y espectáculos en los que el propio César participó activamente. Además, sentía auténtica pasión por los toros. Y este apartado de los festejos eran los más cuidados y mejor organizados por el hijo de Rodrigo Borja, que podía dedicarse a torear y matar hasta siete toros para él sólo en la plaza de San Pedro César convertida en un circo romano.

 Su hermano Juan, el primogénito de Alejandro VI, apareció flotando en las aguas del río Tíber, se estima que su muerte se debió a que su mayorazgo representaba un obstáculo para los planes de César. Por otro lado, algunos interpretan la muerte de Juan como fruto de riñas amoroso-familiares entre el occiso y César, que se disputaban el amor de su hermana Lucrecia.

César volvió a rozar el incesto con sus amores dirigidos hacia Sancha de Aragón, hermana de Alfonso, esposo de su hermana Lucrecia, y esposa a su vez de Jofré, hermano de él mismo y de Lucrecia. Sin embargo, estos pedidos eran practicas comunes para el Cardenal de Valencia: a él se debieron las muertes de un navarro llamado Juan de Armenteros (para otros historiadores, Juan Petit), debido a que, hasta sus oídos habían llegado ridículos chismes sobre el desgraciado, cotilleos de cortesanos y poco más, aunque suficientes para que sus sicarios lo apuñalaran.

Otra víctima sería un camarero del Papa llamado Troche, quien huyó hacia España al conocer su condena, César envió gente a su servicio que le aseguraron al fugitivo que si regresaba a Roma no le ocurriría nada. Troche confiado, cuando entraba en Roma, fue empujado por los soldados de César hasta las celdas de San Ángelo, donde permaneció preso durante un tiempo hasta que, condenado en firme, recibió la muerte por garrote.

 Cesar Borgia combinaba dos pasiones, el hedor de los campos de batalla con las intrigas dentro de su red de allegados. Asi, una de las audacias de César Borgia fue cuando, lujosamente ataviado y a lomos de un fogoso corcel, ordenó a la guardia que sacaran a la plaza a un número determinado de prisioneros de guerra y delincuentes comunes, sin distinción de sexo ni edad.

Una vez atados a unos postes, el caballero arremetió contra ellos, disparando su arcabuz sobre unos, atravesando con la espada a otros o, a los que aún no habían muerto, los aplastó con los cascos de su cabalgadura. En realidad, sin negarle el ser un gran capitán utilizaba la guerra en su propio beneficio.

Con respecto al campo de las intrigas, César colaboró con su hermana Lucrecia, no se sabe si de buen grado o forzadamente, a la que casó y descasó según sus intereses de cada momento. Por último, era tan avaro y ambicioso de las riquezas ajenas que no dudó en tender una emboscada en Sinigaglia a sus colaboradores, haciendo ahorcar a todos sus generales, de manera que quedó como beneficiario único del botín que poseían los defenestrados.

 Con un ritmo de vida tan intenso como el que tenía Cesar, no podía dedicarse a tantas cuestiones él solo, por eso siempre tuvo un colaborador a su lado, Miguel Comella, que funcionará durante toda su vida como el brazo ejecutor de todos los crímenes atribuidos a su señor.

Comella era valenciano, César lo había traído de tierras levantinas españolas y rápidamente se había puesto a su disposición. De esta manera,  además de conjuntas correrías por mancebías y palacios, el criado y su señor no tuvieron escrúpulos en mancharse las manos de sangre cuantas veces fueran necesarias.

Cesar Borgia era un capitán, que cuando no estaba en guerra se transformaba en un príncipe totalmente entregado al lujo y lo fastuoso, de tal manera que tenia un gran sentido estético para las puestas en escena. En este sentido, le gustaba organizar grandes espectáculos para su propia exaltación, haciendo dispendios inimaginables como los efectuados con la excusa de su viaje a Francia.

Así, ingresaron a Francia a través del puerto de Marsella, de la cual partió la comitiva de Borgia y como muestra del boato irresistible de que se hacía rodear el hijo del Papa, llegó a herrar todos los caballos de su cabalgata con herraduras de plata maciza, eso sí, apenas sujetas por un clavo que posibilitaba su pronto desprendimiento con el doble resultado de, por un lado, deslumbrar literalmente a todos con aquella extravagancia, y después, al desprenderse las argénteas herraduras, contentar a la plebe, que se empujaba para adueñarse de una de aquellas piezas. Era, sin duda, una forma sibilina de ganarse a gran parte de la población.

 Como repetidas veces se expresó a lo largo de este apartado, César Borgia no paró un instante, pasando de las batallas bélicas a las diplomáticas y, también, a las que tenían como campo de batalla las alcobas y como contrincantes, a las mujeres. Efectivamente fue un hombre de guerra, sin embargo, se sentía a gusto entre artistas e intelectuales. De hecho, en algunas de sus correrías fue acompañado por nombres tan preclaros como Miguel Ángel Buonarrotti, Leonardo da Vinci, Nicolás Maquiavelo o el gigante español García de Paredes. Vitalista e incansable, en sus raros ratos de ocio se ocupaba de su pasatiempo preferido: el alanceamiento de reses bravas.

 Incluso, organizaba suntuosas y extraordinarias corridas de toros, como la que se produjo en ocasión del enlace de su hermana con Alfonso de Aragón. Ese día, ante una masa vociferante (público de 10.000 personas reunidas en el parque romano de Monseñor Ascanio), Cesar alanceó a caballo, durante cinco horas a ocho toros.

Sin embargo, cuando su padre, el papa Alejandro VI, abandonó el mundo de los vivos, a César se le acabaron muchas de sus prebendas, siendo desterrado por el nuevo pontífice Julio II. Su vida peligró cuando su padre y él se envenenaron, situación de la cual Alejandro VI no pudo escapar. El papa Alejandro fue envenenado con un vino letal servido en un banquete ofrecido al padre y al hijo juntos en el palacio del cardenal Adriano de Cometo. Tras la comida, ambos se sintieron muy mal, y el Sumo Pontífice falleció tras dolorosa y larga agonía.

 César logró sobrevivir, debido a que inmediatamente se metió en un barreño de agua helada, de tal forma que sufrió una extraordinaria reacción, tras la que mandó abrir en canal una mula viva en la que se introdujo hasta que se sintió mejor. Antidotos bastante extraños pero que lo salvaron de la muerte.

No obstantes, otras versiones señalan que la malaria fue la causa de ambos fallecimientos. En el caso de César, puede que algo tuviera que ver también la sífilis. Durante su febril existencia, César Borgia se lanzó a unas guerras caprichosas: cercando Florencia, conquistando la Romaña o amenazando con su presencia otros lugares estratégicos en la geopolítica del momento, hasta tal punto, que obligaron al Gran Capitán (Gonzalo de Córdoba) a apresarlo y librarse de tan engorroso enemigo.

Aunque capturado en varias batallas, por ejemplo, en España fue encerrado sucesivamente en los castillos de Chinchilla y de la Mota, de ambas situaciones logró escapar. Sin embargo, sus enemigos lo encontraron y se procedió a ejecutarlo. Ocurrió en el camino entre Viana y Pamplona, junto a las murallas de esta última ciudad. César recibió hasta 23 heridas en su cuerpo. Su muerte se produjo el 12 de julio del año 1507, a la temprana edad de 31 años.

Triste fue el destino de aquel guerrero que había deseado —y conseguido con creces— no pasar inadvertido en todos y cada uno de sus pasos por la vida. César Borgia murió oscuramente a manos de unos soldados que parecieron desconocer el valor del guerrero al que le arrebatan la existencia. Así, Garcés, un soldado modesto perteneciente a las fuerzas del conde de Lerín, le dio muerte. Contradiciendo toda su vida cargada de lujo y fastuosidad, sus funerales y su entierro fueron modestos. Con cierta ironía su tumba en Viana de Navarra reza una inscripción, probablemente apócrifa para algunos: «Aquí yace en poca tierra el que toda le tenía, y el que la paz y la guerra, en la palma de su mano tenía».

Fuente Consultada: Crueles Siniestros de la Historia- La Vida de los Papas S. Fontana- Traidores de Cristo René Chandelle

El Matrimonio de Catalina de Medicis Matanza de los Hugonotes

El Matrimonio de Catalina de Medicis: Matanza de los Hugonotes

RESUMEN BIOGRAFÍA DE CATALINA DE MÉDICIS: Cuando nació le auguraron que sería reina y madre de tres reyes, pero debió soportar innumerables desventuras y dificultades antes de que se cumpliera la profecía. Al llegar al trono, pudo vengar las ofensas recibidas y ejecutar con habilidad sus designios políticos, que dominaron toda una época de la historia francesa, signada por la matanza de la noche de San Bartolomé.catalina de medicis

La vida de Catalina, de Médicis transcurrió en el clima sofocante y peligroso de las cortes del Renacimiento italiano y francés. Los Médicis, descendientes de campesinos, habían llegado con el correr de los años a gobernar Florencia y a convertirse en una de las familias más ricas y prestigiosas de Europa. Hasta el trono pontificio estaba ocupado por uno de ellos, el papa Clemente VII

El nacimiento de Catalina en 1519 pasó casi inadvertido en la turbulenta Italia de esa época. Sin embargo, sus padres, Lorenzo II y Magdalena de la Tour d’Auvergne, no dejaron de hacer echar el horóscopo de la recién nacida.

El astrólogo consultado auguró a la niña un brillante porvenir: sería reina y madre de tres reyes. Pero al poco tiempo enfermaron y murieron sus padres, y la pequeña quedó al cuidado de algunos dé sus poderosos parientes.

En 1520 Roma es pasada a saco por las tropas del emperador Carlos V, que invaden los vastos territorios del Papa, y Clemente VII se convierte prácticamente en un prisionero. Cuando los florentinos -descontentos con el gobierno de los últimos Médicis- supieron que el Papa estaba asediado en el Castel Sant’Angelo, se lanzaron a las calles y saquearon el palacio Médicis tras echar de Florencia a sus dueños. La república florentina se ocupó entonces de la educación de la niña, que ingresó en el convento Della Múrate.

En varias ocasiones los enemigos de los Médicis quisieron sacar a Catalina del convento para eliminarla, pero la decisión de la niña, que había aprendido en la soledad a cuidar de sí misma y a desconfiar de los demás, desbarató todos los intentos.

Finalmente mejoró su suerte una vez que el papa Clemente VII llegó a un acuerdo con el emperador y le fue restituido el poder, lo que permitió a los Mediéis regresar a Florencia. El propio Papa (Julio de Médicis) se ocupó entonces de la huérfana, por quien sentía predilección. Fue él quien en 1532 concretó con Francisco I de Francia -eterno rival del emperador Carlos V- su boda con Enrique de Valois, segundo hijo del monarca francés, aunque Catalina no era hermosa y tenía una dote muy pobre.

Catalina, que contaba catorce años cuando se casó, al ver por primera vez a quien iba a ser su esposo, se enamoró perdidamente de él. Fue una pasión no correspondida, pues Enrique prefería prodigar sus atenciones a la encantadora Diana de Poitiers, que sin embargo le llevaba veinte años.

Humillada en su amor, Catalina se sentía extranjera en una corte que la despreciaba porque sus antepasados no eran de sangre real sino que habían sido campesinos y comerciantes. El destino le depararía un magnífico desquite: en 1536 la muerte inesperada del Delfín, Francisco de Valois, abrió a Enrique el camino al trono; Catalina de Médicis se convertía así en la esposa del futuro rey.

REINA Y MADRE DE REYES: Desde el momento en que Enrique se convirtió en Delfín fue necesario que su esposa diera hijos a la corona. Pero durante los primeros diez años de matrimonio Catalina permaneció estéril. La situación se tornaba difícil para ella, que temía ser repudiada por su esposo y buscó la protección de Francisco I y del Papa.

Debió inclusive sonreír y mostrarse amigable con la hermosa Diana, para que esta convenciese a Enrique de que jamás encontraría una esposa tan complaciente. Diana miró a la italiana con un dejo de desprecio e ironía, pero, según preveía Catalina, no dejó de brindarle su apoyo.

Por fin en 1544 dio a luz a Francisco de Valois, el primero de siete hijos. Catalina, entregada por completo a la crianza de estos, hubo de soportar pacientemente el espectáculo que Enrique y su amante ofrecían a toda la corte. Diana era, en realidad, la verdadera reina de Francia: el monarca ostentaba la divisa de su amada en los torneos, le regala el hermoso castillo de Chenonceau y la nombra duquesa de Valentinois.

Lúea de Guarico, un famoso adivino, recuerda a Catalina la profecía que él mismo le hiciera en 1542 anunciándole la muerte de Enrique II en una justa a la edad de cuarenta años. Catalina, que a pesar de todo sigue amando a su marido, ruega a este que no intervenga en esa clase de competencia. Pero Enrique no la escucha y cuando en 1559 se llevan a cabo solemnes torneos, el rey decide tomar parte en ellos.

Después de luchar con varios caballeros, Enrique se enfrenta con Jacques de Lorge, conde de Montgomery. La concurrencia advierte que el rey se ha fatigado y prorrumpe en gritos para que se interrumpa el combate. Pero ya es tarde: la lanza de Montgomery atraviesa el yelmo de Enrique y se hunde en su cara. Diez días después muere el monarca como consecuencia de la herida. Ha llegado el momento esperado por Catalina: Diana de Poitiers debe abandonar la corte por orden de la reina.

Sucede al muerto su hijo mayor, Francisco II, joven enfermizo de quince años de edad, casado con María Estuardo, la fascinante escocesa. El nuevo gobernante, inexperto y débil, se halla tironeado entre las voluntades de Catalina -su madre- y de su esposa, que en realidad habla por boca de sus tíos, los poderosos Guisa.

TODO EL PODER A UNA MADRE
De frágil contextura física, Francisco II muere un año después de su coronación y deja el cetro a su hermano Carlos, de diez años; Catalina se convierte entonces en regente del futuro Carlos IX que ascendía al trono tres años después (en 1568).

Aunque este reinó hasta 1574, es decir, hasta bien pasada la mayoría de edad, fue siempre su madre la que tomaba las decisiones y atendía los asuntos de Estado. Durante ese período Catalina debió hacer toda clase de esfuerzos para que la corona no cayera en manos de los ambiciosos Guisa.

El reino se hallaba dividido por cuestiones religiosas; los hugonotes encabezados por el almirante Coligny y los Borbones, se enfrentaban a los católicos, cuyos jefes más notorios eran el duque de Guisa y su hermano, el cardenal de Lorena.

Catalina se hallaba entre dos fuegos: no deseaba que predominasen los protestantes, pero tampoco le convenía perseguirlos, ya que ellos contrarrestaban el poderío de los Guisa. No obstante, el drama se desencadena cuando el almirante sufre un atentado en el que solo es herido. Poco después los Guisa, desvergonzadamente, lo asesinan en su casa, a la vista de todos.

Catalina se ve en una encrucijada, pero está dispuesta a todo con tal de conservar el trono para sus hijos. Con su habilidad acostumbrada, persuade a su hijo Carlos de que fuerzas protestantes están frente a las puertas de la capital prontas a vengar a Coligny y destituir al rey.

Carlos se enfurece y, aconsejado por su madre, ordena dar muerte a todos los hugonotes. Catalina se reúne entonces con los Guisa y arregla los detalles de la terrible matanza que la historia recuerda como la Noche de San Bartolomé: solo en París fueron asesinadas más de dos mil personas entre el 23 y 24 de agosto de 1572.

Carlos IX muere un año después y le sucede su hermano Enrique, tercer rey francés de ese nombre. Aunque era el hijo preferido de Catalina, su naturaleza cruel y afeminada se interesaba solo por las joyas y las sedas. No toleraba que nadie, salvo su madre, arrojase sombra sobre su poder, y Catalina, envejecida, no lo contrariaba. La reina madre se encontraba en sus aposentos, consultaba a los astrólogos y hacía espiar a sus enemigos; pero no pudo evitar que la ambición creciente de los Guisa, que influían sobre su hijo, acabase por despertar en él el deseo de afirmar el poder real haciendo matar al duque de Guisa.

Ya era demasiado tarde para Catalina, que estaba al tanto de todo, aun enferma. No creía, sin embargo, que su fin estuviese próximo, porque Nostradamus, el famoso mago, le había pronosticado que «la muerte la sorprendería cerca de Saint-Germain» y ella se había retirado a un lugar distante de cualquier iglesia de ese nombre. Poco antes de expirar supo que uno de sus nuevos servidores se llamaba precisamente Julien de Saint-Germain: así la magia, las intrigas y las conspiraciones que habían jalonado toda la vida de Catalina se hallaban presentes en su lecho de muerte.

Ver: La Noche de San Bartolmé

Fuente Consultada: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder