Grandes Escritores de la Historia

Biografia de Becquer Gustavo Adolfo Poeta Romantico

Biografia de Bécquer Gustavo Adolfo Poeta Español

Aun perteneciendo a una generación posterior a la del pleno romanticismo español, Gustavo Adolfo Bécquer encarna una de los cumbres de la poesía romántica en España.

Y esto es debido a que, incluso en medio de la vulgaridad de su vida, Bécquer fue un temperamento apasionado, melancólico y sentimental.

Verdadero artista, fue creador de formas inolvidables de belleza, cuyo delicado sabor se aprecia más y más con el transcurso de los años, sin perder trascendencia a pesar de su popularización.

No tuvo una fuerza lírica considerable, quizás a causa de que su carrera se malogró por su prematura muerte.

Pero, en cambio, sus Rimas poseen una exquisitez sentimental, un divagar alado y un encanto brumoso muy de acuerdo con su espíritu y con el modelo que debió tomar para sus composiciones: Heine.

Las Leyendas de Bécquer superaron a todos los intentos anteriores en este género, y su prosa es considerada como el ejemplo más acabado de la prosa poética en la época del romanticismo.

Biografia de Becquer Gustavo Adolfo
Gustavo Adolfo Becquer: Nació en Sevilla (1836) y quedó huérfano desde muy niño. Creció entonces al cuidado de su madrina, quien lo hizo educar en el Colegio de San Telmo. Muy contraído a la lectura y a la música, pasó su adolescencia retraído en la biblioteca de su tutora y consagrado a componer sus primeros ensayos poéticos.

Hijo de un pintor sevillano, Gustavo Adolfo nació en la antigua Hispalis el 17 de febrero de 1836. A muy tierna edad, quedó huérfano de padre y madre, por lo que fue recogido, junto con su hermano Valeriano, por una tía.

En busca de gloria literaria, marchó después con su hermano Valeriano, pintor, a Madrid (1854). Allí pasó estrecheces económicas y practicó varios oficios, como periodista de notas literarias, autor teatral y escribiente en una oficina del gobierno.

Realizó por ese entonces con su hermano varios viajes artísticos por el interior del país. Se casó luego con Casta Esteban Navarro (1861), con la que tuvo dos hijos.

En 1854 se trasladó a Madrid para ocupar una plaza en la Dirección de Bienes Nacionales; pero perdió su empleo a causa de su inclinación a la poesía.

Desde 1860 figuró en la redacción de El Contemporáneo, en cuyas columnas aparecieron sus Cartas desde mi celda, escritas en 1864 en el monasterio de Veruela, cerca de Tarazona, mientras se recobraba de una enfermedad.

Realizó algunos viajes a distintas ciudades españolas en compañía de su hermano, cuyas impresiones publicó más tarde en la notable Historia de los
templos de España.

Publicó sueltas algunas de sus Rimas y de sus Leyendas. Como su salud se quebrantara, Bécquer salió de Madrid (1863) y fue a descansar al monasterio de Veruela (1864) por varios meses.

Su celebridad la debió a las Rimas, que fueron apareciendo en los últimos años de su vida, junto con una serie de leyendas mórbidas y fantásticas (El rayo de luna, La ajorca de oro, Maese Pedro el Organista, El Miserere, etc.).

Ocupó luego el cargo de fiscal de novelas y continuó publicando artículos, poesías y leyendas. Falleció su hermano Valeriano (1870), y apenas tres meses después, el propio Gustavo (1870).

Al año siguiente sus amigos hicieron una edición de dos tomos de sus Obras.

En 1870 fue nombrado director de La Ilustración de Madrid; pero ocupó muy poco este cargo, ya que moría el 22 de diciembre del mismo año.

El hombre. Un amigo íntimo (Julio Nombela) ha referido en una obra detalles de la vida personal de Bécquer, y lo ha retratado así: «Siempre fue serio. No rechazaba la broma, pero la esquivaba. Nunca lo vi reír; sonreír siempre, hasta cuando sufría. Tampoco le vi llorar; lloraba hacia adentro. Era paciente, sufrido, resignado; amante, bondadoso, Sabía compadecer, perdonar, admirar lo bueno y ocultar asimismo lo mísero y lo malo».

Las «Rimas». La obra poética de Bécquer es muy corta y se reduce a poco más de setenta composiciones (rimas), que el autor no reunió en volumen y sólo aparecieron en periódicos de la época.

Bécquer ha dejado escrito en varias partes su concepción personal de la poesía (Cartas literarias a una amiga).

Para el autor sevillano hay dos clases de poesía: una magnífica y sonora, hija de la meditación y del arte, y otra «natural, breve y seca que brota del alma como una chispa eléctrica, que hiere el sentimiento con una palabra y huye, y desnuda de artificio, desembarazada dentro de una forma libre, despierta, con una que las toca, las mil ideas que duermen en el océano sin fondo de la fantasía…»

A esta segunda clase de poesía pertenece la obra de Bécquer.

Sus poesías son por lo general breves y se distinguen por su gran musicalidad, fluidez de expresión y libertad de formas.

El tono es intimista y melancólico, sobrio y delicado, y da una impresión de ensueño, inmaterialidad y embelesamiento estético.

La poesía becqueriana recoge en esto el eco de algunos poetas nórdicos, en especial del alemán Heine. con qusen se lo ha comparado, y simultáneamente de la más pura tradición poética española, San Juan de la Cruz. Lope y otros.

En su conjunto, las Rimas son «la historia de una gran pasión ideal que tiene mucho de melancólica y alguna vez de sombría» (Hurtado y Palencia).

El tema fundamental es el amor, pero lo combina con el destino humano, la muerte, la soledad, la poesía, la mujer, la gloria y los sueños, es decir, el repertorio típico del lirismo romántico.

En lo formal, usó gran variedad de metros y estrofas, y principalmente, combinó medidas en cada composición (polimetría).

Entre las más recordadas merecen citarse Yo sé un himno gigante y extraño; Del salón en el ángulo oscuro, ¿Qué es poesía?; Cerraron sus ojos; No digáis que agotado su tesoro; Volverán las oscuras golondrinas, etc.

El becquerianismo. Las composiciones de Bécquer se han hecho famosas a través del tiempo »y han sido objeto de muchísimas imitaciones en España y en América.

Bécquer hizo escuela, y de su arte nació el becquerianismo en poesía, aunque ningún artista ha podido igualar al maestro.

La crítica erudita ha rastreado influencias y antecedentes, a su vez, de la poesía de Bécquer, y los ha encontrado y probado en varios casos.

Sin embargo «este poeta lo es por entero, es un gran poeta original, es el más fino lírico español del siglo último» (Dámaso Alonso).

Su innovación literaria y la repercusión de su obra en la historia de la literatura española, ha sido comparada a la de Garcilaso de la Vega.

Las «Leyendas». En prosa escribió varias obras, pero la más importante son las Leyendas, que también fueron apareciendo en publicaciones periódicas sin constituir un volumen único hasta después de su muerte.

Son historias fantásticas escritas en una prosa exquisita y galana, que el poeta sitúa en su mayor parte en la Edad Media española, y excepcionalmente, en otros lugares.

El amor, la muerte, la religión y los ensueños son los motivos principales. Algunas de las leyendas repiten motivos de sus poesías, y el mundo que revelan es un orbe de vaguedad, misterio e indefinición.

Pasajes de sus obras:

Maese Pérez, el organista: Maese Pérez, hombro santo, es el organista del convento de Santa Inés, en Sevilla. Ha consagrado toda su vida a su gran pasión, la música, que ejecuta en un órgano.

Durante una misa de gallo, en Nochebuena, muere frente a su instrumento después de una ejecución admirable.

En la misma fecha del año siguiente, se encarga de la ejecución a un organista rival suyo y fracasado, quien iguala al músico muerto.

Pero al año siguiente, consagrado el sucesor, se lo encarga de la misma tarea en el órgano de la catedral, mientras a la hija de Maese Pérez se le encomienda reemplazar a su padre.

El organista envidioso fracasa en la catedral, mientras la hija, al sentarse en el lugar de su padre, comprueba que el órgano suena solo. El alma de Maese Pérez había bajado del cielo en las dos últimas ocasiones a tocar.

El rayo de luna: Un noble rico, de espíritu romántico y soñador, cree ver una noche mientras vagaba por los claustros de un convento abandonado de los Templarios, a una mujer misteriosa.

Corre tras ella para alcanzarla, presa de un súbito enamoramiento, pero no lo consigue. La busca luego en vano por el Duero y la ciudad de Soria.

Sólo dos meses después, en el mismo convento, vuelve a verla, pero una gran desilusión lo enloquece: su adorada mujer era solo un rayo de luna. La vida es asi, sólo un rayo de luna.

El miserere: Un romero músico se entera de una legendaria tradición y marcha un jueves santo por la noche, a escuchar un misterioso miserere en un convento sacrilegamente incendiado siglos atrás.

Allí, a la medianoche, ve un espectáculo maravilloso: todo se renueva, y ios monjes esqueléticos entonan un magnifico miserere.

El romero se desmaya y quiere luego escribir esta música, pero enloquece en su vano intento. El manuscrito queda así inconcluso.

Fuentes Consultadas: Literatura Española, Hispanoamericana y Argentina de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

fuentes

Biografia de Benito Perez Galdos Escritor y Politico Español

BENITO PEREZ GALDOS Fue el más importante y más fecundo novelista del realismo español, y una de las figuras más representativas de la literatura española.

Biografia de Benito Perez Galdos Escritor Novelista Español

Vida. Perez Galdos nació en Las Palmas, islas Canarias (1843) y se distinguió desde niño por su tálenlo excepcional: a los cuatro años sabía leer, a los seis hacia prosa, a los siete escribía en verso, y a los diez, entendía ya a Calderón.

Realizó sus estudios de bachillerato en un colegio inglés de la isla y aprendió el latín, el francés y el inglés, así como también dibujo y pintura, música y ciencia, y frecuentó la lectura de los autores clásicos de la antigüedad, los españoles y los extranjeros.

Benito Perez Galdos Biografia

Benito Pérez Galdós ​ fue un novelista, dramaturgo, cronista y político español.​ Se le considera uno de los mejores representantes de la novela realista del sigloXIX no solo en España .

Viajó luego a Madrid (1863) para estudiar derecho en la universidad. Concluyó sin vocación estos estudios (1869). se mezcló en la vida espiritual de la ciudad y se consagró totalmente a leer y escribir ensayos dramáticos, poéticos y obras en prosa.

Comenzó más adelante la publicación de una extensa serie de novelas históricas, los Episodios nacionales (1873) y colaboró en diversas publicaciones entre ellas el diario La Prensa de Buenos Aires.

Fue elegido diputado por Puerto Rico (1886), visitó toda. España y viajó por Europa. Mientras tanto, seguía dando a las prensas sus obras casi sin interrupción, año a año.

Ingresó en la Academia Española (1897) y el maestro Marcelino Menóndez y Pelayo contestó su discurso de ingreso.

Dedicó gran parte de su tiempo a escribir y representar obras teatrales, fue dos veces elegido diputado por el partido republicano (1907 y 1910), y luego se postuló su candidatura para el Premio Nobel de Literatura (1912), pero no lo obtuvo, pues sus contrarios políticos le hicieron una campaña desfavorable.

Falleció en Madrid (1920), a la setenta y siete años de edad.

La obra de Galdós: Benito Pérez Galdós escribió novelas, «episodios nacionales», dramas y comedias. Fue un escritor de excepcional fecundidad, que recuerda en esto al maestro Lope de Vega.

Los «‘Episodios nacionales». Constituyen una serie de novelas cortas en las cuales la historia se combina con la ficción.

Desarrollan temas de la historia española, ligados entre sí por medio de algunos personajes fijos que aparecen a través de un cierto número de volúmenes.

Los asuntos son tratados con criterio objetivo y realista, sin los prejuicios estéticos del romanticismo y sin intenciones políticas.

En algunas obras sobresalen personajes de gran factura literaria o escenas de una gran brillantez narrativa o descriptiva.

El talento de Galdós es particularmente notable en la presentación de batallas y luchas callejeras, huelgas y confusión de multitudes.

Más de 500 personajes aparecen en total dentro de esta serie, conformando «un pueblo entero». Amplió, además, los procedimientos analíticos y minuciosos de la antigua novela de costumbres.

Galdós fue entregando a las prensas estas obritas con regularidad, a razón de unas cuatro por año (1873-1879).

Puso en ellas su frío racionalismo narrativo y descriptivo, aunque acompañado de un gran entusiasmo nacional.

No se dejó llevar por la pasión ni por ol nacionalismo y se mantuvo dentro de una concepción artística serena.

No usó sus novelas para expresar odio contra el invasor francés.

Los Episodios nacionales han sido considerados como «una de las más afortunadas creaciones de la literatura española» en su siglo (Menéndez y Pelayo).

Dos de estas novelas, Cádiz y Zaragoza y se cuentan entre las más celebradas por el público lector.

Las novelas de costumbres. La otra parte de la obra la constituyen las novelas de costumbres contemporáneas, que van desde un profundo realismo, casi naturalista, hasta el esplritualismo posterior.

Constituyen un conjunto imponente, donde prácticamente está representada toda la sociedad española de la época, en sus diferentes clases, mentalidad y costumbres.

Lo fundamental en ellas es la presentación y el análisis del ser humano actuando dentro de un contorno social. La naturaleza y el paisaje sirven sólo como marco, pero no ocupan el interés del escritor ni aparecen solo.

Son más vale novelas de ciudad y de la vida urbana, antes que de la vida campesina.

Extrañamente, el autor no ha situado ninguna de sus obras en su tierra insular.

Al analizar sus personajes y tramarlos en una acción novelesca, Galdós revola una capacidad especial para situarse dentro de la vida psíquica de ellos, interpretarlos y mostrarlos en sus motivaciones, ideas, pasiones y actitudes propias.

No les adjudica contenidos espirituales ajenos, sino que los hace actuar con total independencia.

A esta característica del arte galdosiano se la ha denominado «altruismo», o sea ponerse, en el otro.

Son, por otra parte, novelas antilíricas, es decir, sustancialmente realistas, naturales y productos de la observación. No trasparentan en ningún momento al autor, quien se maneja en este aspecto con una objetividad imparcial.

Pese a este realismo, altruismo y objetivismo, muchas de las novelas envuelven una tesis, o al menos, pretenden dejar un saldo social, religioso o político como conclusión implícita.

Cuando se da esta circunstancia, Galdós se revela como anticlerical, liberal y progresista, independiente y autónomo en sus ideas, sin llegar a la prédica, la denuncia o la propaganda.

Es ante todo un artista que no compromete su arte con otras solicitaciones o intereses.

Galdós opinó siempre que el arte debía ser dejado a los artistas.
A pesar de su anticlericalismo, se mostró un hombre religioso, preocupado por el tema.

Aprovechó en su momento muchos de los recursos del naturalismo y del positivismo, sin caer por eso en la filosofía positivista o en el materialismo.

Atacó más bien al idealismo ingenuo o exagerado y reclamó la integración de la vida espiritual con ciertos datos de la realidad y de la experiencia. Fue, en esto, un espiritualista no dogmático.

Ennobleció los temas humanos que desarrolló y purificó el realismo microscópico de algunas escenas o personajes con una intención honradamente artística.

Acreditó, formalmente, un sentimiento de piedad y de conmiseración por los afligidos y menesterosos, una especie de «simpatía universal» por los seres menos privilegiados de la vida.

Técnicamente, sus novelas revelan un cuidadoso trabajo de composición, fruto de su acendrada y escrupulosa conciencia profesional.

Su arte es una mezcla de observación menuda y reflexión, de imaginación y contención, con cierta preferencia por los detalles menudos, los personajes individualistas y rebeldes, los cuadros de valor sociológico, y la reproducción del lenguaje vulgar.

Su obra constituye una «comedia humana», comparable en muchos sentidos a la del francés Honore de Balzac (Comedie humaine). Siguió en algunos aspectos las preferencias del público, por lo que se ha dicho que «colaboró con él».

Entre las mejores novelas de Galdós, la crítica ha señalado a Fortunata y Jacinta (1887), El amigo Manso (1881), Ángel Guerra (1891), Marianela (1878), Doña Perfecta (1876) y Gloria (1877). La primera de ellas está considerada como su obra maestra.

«Marianela». No es la mejor novela de Galdós, pero ha alcanzado una gran difusión y popularidad, quizás por su dejo de romanticismo y su carácter poético y delicado.

Marianela o Nela es una joven de cuerpo deforme, huérfana y analfabeta, que sirve en una casa. Hace de guía o lazarillo de un ciego de nacimiento, Pablo Penégüilas, joven de gran cultura que habita con su padre en una casa próxima a unas minas.

Entre ambos personajes nace una extraña simpatía espiritual, en base a la nobleza de alma y generosidad de la muchacha.Un día, llega al lugar un célebre oculista, quien revisa al ciego y al poco tiempo le devuelve la vista. Marianela, temerosa de que Pablo se desilusione al verla fea y deforme, huye y cae enferma.

La recoge Florentina, una prima del ciego, que está destinada a ser su esposa. En el momento en que el joven ciego se quita las vendas de los ojos, se encuentra con Marianela ya moribunda y sufre un desengaño. Marianela muere apretando sobre su pecho las manos de Pablo y de Florentina, y dando así su aprobación a la boda de ambos.

Crítica. Se ha adjudicado a la novela un contenido simbólico. Su lema profundo sería así la lucha entre la imaginación y la realidad.

Los personajes aparecen bastante esquematizados, sobre todo los tres protagonistas, cuya psicología da la impresión de responder a una elaboración conceptual previa, para servir de apoyo a la tesis.

La novela es un idilio, o sea una obra de amor. El desarrollo de la acción es lento al comienzo, pero se acelera demasiado hacia el final, con una precipitación contrastante.

Joaquín Casalduero ha intentado probar que Galdós quiso dar a Marianela el carácter de una alegoría de la teoría positivista de la sociedad humana.

Según el filósofo francés Comte, la sociedad transita por tres estadios: el teológico (imaginación), el metafísico (razón) y el positivo (observación), que son también los estadios de la vida de los individuos, y están representados en la novela por los personajes.

Nela representa a la imaginación, Pablo a la razón, y Teodoro a la realidad. De esta forma, la novela simbolizaría la lucha entre la imaginación y la realidad, con el triunfo final y la exaltación del hombre positivo.

Fuente Consultada: LITERATURA ESPAÑOLA, HISPANOAMERICANA Y ARGENTINA de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra 9º Edición

OBRAS Y EDICIONES: Marianela, Buenos Airea-México, Espasa Calpe Argentina, 1937. Obra» completa». Introducción y edición de Federico C. Sáinz de Roble». Madrid. Aguilar, 1942, 6 v.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS. Joaquín Caaalduero, Vida y obra de Galdós (1843-1920). Madrid, Gredors 1961. Ricardo Guitón, Caldea, novelista moderno. Madrid, Taurus. 1960.

Una Pagina Sobre Perez Galdos

Biografia de Fernandez de Moratin Leandro Vida y Obra Literaria

Biografía de Fernández de Moratin Leandro Obra Literaria

LEANDRO FERNANDEZ DE MORATlN: Fue el más importante dramaturgo del siglo XVIII español y probablemente el más completo literato de su tiempo.De la común producción dramática del siglo XVIII español, aferrada a las clásicas normas francesas de la literatura del Siglo de Oro, emerge la figura de Leandro Fernández de Moratín.

Hombre de su tiempo que en sus entrañas sintió el grito del romanticismo que se avecinaba, y supo avizorar en la lejanía de los tiempos la gloria permanente de Shakespeare y los valores psicológicos de los personajes de un Moliere.

Leandro Fernández de Moratín fue un literato creador, como se manifiesta en dos de sus obras cumbres: La comedia nueva y El si de las niñas. Frente a la vida fue un hombre esencialmente tímido, y este hecho explica sus vacilaciones políticas en el momento de honda subversión europea provocado por las guerras revolucionarias.

Vida. Su padre, don Nicolás, fue un conocido hombre de letras que tuvo ostensible participación en el proceso de afrancesamiento del teatro español. Nacido en Madrid (1760), el niño Leandro creció en un ambiente de tertulias y conversaciones literarias.

Fernandez Moratin Leandro
Fernandez de Moratin Leandro:Nació en Madrid el 10 de marzo de 1760, hijo de Nicolás Fernández de Moratín y de Isidora Cabo Conde. En su niñez (1764) sufrió las viruelas, que le desfiguraron el rostro y le tornaron el espíritu huraño, tímido y desconfiado. Recibió su primera educación de un preceptor particular; pero luego ingresó en una escuela pública dirigida por un tal Santiago López.

Desde los doce años fue por algún tiempo aprendiz de joyero en la platería de un tío suyo, aunque siempre se distinguió por su afición a la literatura, Obtuvo dos premios en sendos concursos de la Real Academia Española (1779 y 1782). Fue un lector asiduo y un sistemático autodidacta, latinista y profundo conocedor del inglés y el francés.

Se entregó a escribir para el teatro y estuvo en Francia como secretario de la embajada española en Paris (1787). Allí frecuentó teatros v salones, y Trabó amistad con escritores de la éooca.

De regreso a su país (1788), fue protegido por el ministro Godoy. Terminó su primera comedia (El viejo y la niña) y un folleto titulado La derrota de los pedantes (1789), sátira contra los malos escritores. Por las alusiones que contenía ese opúsculo, se granjeó la enemistad y el rencor de algunos artistas.

Se distinguió de sus compañeros de colegio porque no sabía jugar ni compartir sus diversiones. Todo el día se entregaba al estudio o bien asistía a la tertulia literaria de su padre, donde disertaban sesudos varones. De precocísimo ingenio, de espíritu ávido, irónico, vivo y superficialmente agradable, a muy temprana edad empezó a componer versos. Pero su padre, quien deseaba darle una ocupación más provechosa, le puso a trabajar como aprendiz de joyería, en cuyo oficio sobresalió con rapidez. Sin embargo, Leandro persistía en sus aficiones literarias.

Viajó nuevamente por el extranjero (1792-1796), apoyado también por Godoy, y estuvo en París, Londres e Italia, donde tomó conocimiento más directo de las obras y el teatro de esos países, visitó museos e hizo importantes traducciones.

Volvió a España y fue nombrado secretario de Interpretación de Lenguas (1796) y miembro de la Junta de Dirección y Reforma de los Teatros (1799).
Se enamoró de Paquita Muñoz (1798), pero como Moratín no se resolvía por el matrimonio, ella se casó con un militar.

Esta Paquita vendría luego a ser la protagonista de la comedia El sí de las niñas (1806), su obra maestra. Por este tiempo estrenó también otras comedias.

En 1803 se estrenó de El barón. La primera representación de La Mogigata se hizo sin inconvenientes. En enero de 1806 se estrenó El sí de las niñas, producción que fué aplaudida a rabiar.

Cuando la vida de Moratín parecía más segura, el motín de Aranjuez (1808) echó abajo sus más caras ilusiones. Perseguido como favorito de Godoy, se vio obligado a huir a Francia.

Regresó a Madrid con las tropas napoleónicas, y ya jamás dejó de ser el «afrancesado» por excelencia.

Cuando se produjo la invasión de Napoleón Bonaparte a España (1808), se alistó entre los partidarios y colaboradores del rey José, hermano del emperador francés, quien lo nombró director de la Biblioteca Nacional.

Al terminar el periodo de ocupación francesa, tuvo serios contratiempos por su afiliación política, debió retirarse a Montpollier (Francia), luego a Barcelona y nuevamente a Francia (1821). Se instaló definitivamente en París, donde murió al poro tiempo (1828).

Durante la guerra de la Independencia sirvió la causa de José Bonaparte, quien en 1811 le nombró bibliotecario mayor de la Biblioteca real. Introdujo en ella acertadas reformas. Al mismo tiempo, se dedicó a traducir a Moliere. La derrota de los franceses le arrastró en una amarga y triste retirada hasta el castillo de Peñíscola (1813). Aquí sufrió los rigores de un prolongado asedio. Pudo huir de la fortaleza y refugiarse en Valencia.

La comedia moratiniana. («uno hombre de letras. Moratín escribió cinco comedias originales y tres traducciones, aparte de otros escritos. Fue el mejor autor teatral de su siglo, aunque no tan popular como Ramón de la Cruz, un famoso sainetista de entonces.

Sus obras ofrecen el mejor ejemplo del arte dramático neoclásico de España. Expuso por escrito sus ideas dramáticas y censuró a quienes sólo aportaban al teatro malas imitaciones y penurias de talento (La comedia nueva o El café).

Moratin creó la comedia de costumbres del siglo XIII. En la llamada «comedia moratiniana», el autor ha centrado el interés fundamental en el contenido más que en la forma, pese a que la forma ha sido objeto de su preocupación en dos aspectos principales, la lengua y la construcción dramática.

Las obras teatrales de Moratín son razonadas, equilibradas y serenas. Todo es claro en ellas. No hay explosiones de pasión ni de inspiración caprichosa y descontrolada. Obedecen a una lógica estructural interna muy cuidada y medida, sin sobresaltos en el desarrollo ni desenlaces imprevistos.

El diálogo es sobrio, natural y atildado, y es un magnífico exponente del buen español, coloquios, puro y castizo, del siglo.

No es un teatro cautivante ni imponente, pero es ameno y plácido. Los personajes no son caracteres ni tipos humanos, sino simplemente casos de la vida. No hay fuertes personalidades ni tampoco riqueza y variedad. Los protagonistas sobresalen apenas de los personajes secundarios.

Los temas son poco variados, y por lo general, se reducen al conflicto entre los jóvenes y sus mayores.

Como buen representante de su tiempo, Moratín es un racionalista que incorpora la crítica a sus obras: los jóvenes están inhibidos en la expresión de sus sentimientos y pensamientos por el aparato formal de la sociedad y la tradición educativa. Puede inferirse de la lectura de sus obras una intención reformista en Moratín, presentada sin pasión pero en un tono de rápida ironía.

Ofrece este conflicto generacional como una exploración, con cierto sentido satírico, aunque no feroz, aprendido de su modelo francés Moliere.

La lengua se caracteriza por la claridad, la corrección gramatical, la elegancia y la riqueza de vocabularios. Fue «uno de los escritores más correctos y cercanos a la perfección que hay en nuestra lengua» (Menéndez y Pelayo). Pero esta perfección lingüística, más que una perfección creativa y fuerte, es una carencia de defectos, poco profunda y caudalosa.

El vocabulario se enriqueció en su pluma: rescató del olvido frases y voces castizas, lo privilegió por sobre la expresión conversacional del uso común y lo instaló de alguna manera en la línea de los grandes hablistas españoles.

El drama neoclásico adquirió una forma triunfal en manos del Moratín.

Según propia expresión del autor, el teatro consistía en esto: «Imitación en diálogo (en prosa o en verso) de un suceso ocurrido en un lugar y en pocas horas entre personas particulares, por medio de la cual y de la oportuna expresión de afectos o caracteres resultan puestos en ridiculo los vicios y errores comunes en la sociedad y recomendadas por consiguiente la verdad y la virtud» (Prólogo a sus obras).

«El sí de las niñas». Es la obra maestra de Moratín, la mejor comedia de su siglo, y más aún, la mejor producción dramática española después de la muerte de Calderón (1681), según algunos críticos.

Paquita es una hermosa joven de dieciséis años que se ha educado en un convento. Sale de él para desposarse con don Diego, hombre de edad madura. Pero Paquita ama en silencio a don Carlos, un militar, joven como ella y sobrino de don Diego.

Entera entonces ella a su novio del próximo casamiento impuesto por su familia, lo cual perturba al joven pues no se atreve a enfrentar como rival a su tío y protector.

Sin embargo, don Diego alcanza a comprender los verdaderos sentimientos de Paquita y renuncia a sus pretensiones en una actitud generosa de sensatez y respeto por el amor auténtico.

Crítica. Es probable que esta obra encierre un fondo autobiográfico y recoja las experiencias amorosas de Moratín con Francisca (Paquita) Gertrudis, su antigua novia.

La obra responde a la estética neoclásica. La acción se centra únicamente en un asunto, el problema del casamiento (unidad de acción); tiene lugar en un solo lugar, una posada de Alcalá (unidad de Lugar), y se desarrolla desde las siete de la tarde de un día hasta las cinco de la mañana del siguiente (unidad de tiempo).

Envuelve además un propósito educativo y moralizador, que se resume en el epígrafe puesto por el autor al título de la comedia, y tomado de un parlamento de la pieza: «Estas son las seguridades que dan los padres y los tutores, y esto es lo que se debe fiar en el sí de las niñas» (III, 13).

Se hace también una imitación de la realidad y una pintura de caracteres, sobre todo el tío y la niña, que pueden tomarse como ejemplos intemporales e inespaciales del viejo enamorado y la niña que repudia el amor impuesto por las convenciones.

Pese a las limitaciones de la dramaturgia neoclásica, la obra revela el talento teatral, el ingenio y la gracia de Moratín, aunque le falte vitalidad, fuerza, fantasía y riqueza de situaciones.

La sátira es suave y atenuada; no llega a la mordacidad, ni ahonda en la psicología de los personajes. La mesura y la dignidad son en Moratín una consecuencia del control de la inspiración y de la pasión por medio de la reflexión. Ostenta más arte y técnica que imaginación.

En resumen, las características de esta pieza son «regularidad en la acción, absoluta propiedad en los caracteres, intención crítica, fina ironía, brillantez en el diálogo, pureza y elegancia en la lengua» (Miguel Romera Navarro).

Otras obras. Moratín fue un literato de profesión, educado y consagrado a la cultura escrita. Aparte de sus comedias originales y traducidas, escribió una obra de investigación y erudición sobre la dramática española (Orígenes del teatro español), un opúsculo ingenioso contra los malos y pretensiosos escritores (La derrota de los pedantes), poesías y traducciones de Shakespeare y Moliere.

Fuente Consultada: LITERATURA ESPAÑOLA, HISPANOAMERICANA Y ARGENTINA de Carlos Alberto Loprete Editorial Plus Ultra

OBRAS Y EDICIONES: El sí de las nñas. La comedia nueva El Café. Edición, estudio y notas de Francis Donahue. Buenos Aires. Plus Ultra. 1967. Poesías sueltas y obras en prosa. París, Garnier, s. f.

LECTURAS COMPLEMENTARIAS Y ESTUDIOS: Ángel Valbuena Prat, Historia del teatro español. Barcelona, Noguer, 1 956. Ángel Valbuena Prat, Literatura dramática española. Barcelona, Labor, 1930. César Barja, Libros y autores modemos. Nueva York, G. E. Stechert. 1924.

Escritores de la Generacion del 80 Caracteristicas de Obras Literarias

Escritores de la Generacion del 80 Caracteristicas De Sus Obras Literarias

  • 1-Lucio V. Mansilla (1831-1913)
  • 2-Eduardo Wilde (1844-1913)
  • 3-Miguel Cané (1851-1905)
  • 4-Fray Mocho

El cuento y el ensayo.
Los brillantes escritores de la generación del 80 constituyeron un grupo de hombres que se formaron «en los libros y en los viajes, frecuentaron las imprentas y la política, alternaron las tareas del gabinete con la charla del club, gozaron de la vida, revelaron en sus obras un temperamento y dejaron en pos de sus artículos, ensayos, anécdotas, impresiones, memorias, narraciones breves, impregnadas de experiencias autobiográficas o de observaciones sobre el ambiente que vivieron».

El escritor más representativo de este grupo fue, indudablemente, Lucio V. Mansilla (1831-1913), que sobresalió por sus condiciones de sagaz observador y ameno charlista.

Lucio V. Mancilla
Lucio V. Mancilla

Sus obras literarias son valiosas, más que por el relato por el contenido humano que encierran. Retratos y recuerdos nos los revela como un profundo conocedor del alma humana, pues le bastaba un detalle, a veces insignificante, para sorprender lo fundamental de un personaje.

Pero sus siluetas de los «hombres de Paraná» se resienten como consecuencia de su afán de improvisar, de su falta de meditación y de concisión. Pero, aunque algunas dejan por ello algo que desear, otras constituyen retratos bien perfilados.

Entre nos, título bajo el cual reunió sus «causerie del jueves», nos presenta un conjunto de anécdotas, críticas, opiniones y narraciones que revelan su talento de escritor y sus dotes de conversador ameno y original.

Una excursión a los indios ranqueles —publicada primero como folletín de «La Tribuna»— constituye un testimonio valioso sobre la última etapa de la vida aborigen en nuestro territorio.

Fruto de la expedición que, al frente de diecinueve hombres, emprendió al dominio de los indígenas desde el fortín de Río Cuarto —logrando dominarlos con su habilidad y astucia—, es un relato ameno, matizado con evocaciones de cuadros de la naturaleza, presentación de caracteres, reflexiones, comentarios y ocurrencias.

A través de sus obras, Mansilla se singulariza por la espontaneidad de su relato, el lenguaje familiar que utilizó y lo deshilbanado de su composición.

A Mansilla le faltó, como observa Ricardo Rojas, madurez cultural, concentración y disciplina, para ser el gran escritor que habría podido ser.

«La vida fue para él un deporte; la literatura, una conversación brillante. Movimiento caleidoscopio) anima sus escritos; de pronto parece que el movimiento se detiene; creemos descubrir la línea firme de la belleza o de la verdad, pero la ilusión dura un instante, y la arquitectura suprema vuelve a borrarse en el desorden trivial.

No ha tenidoen la composición de sus libros el sentimiento del poema, ni ha tenido en la composición de sus prosas el sentimiento de la antología. Sus fragmentos mejores pierden la mitad de su encanto si se los saca del vasto caos autobiográfico a que pertenecen.

Reunir un tomo de selecciones de entre sus arbitrarios libros sería tarea difícil para un crítico escrupuloso.

El arte fue en Mansilla parte integrante de su vida, y sólo puede salvarlo el considerar que practicó la vida como un arte. Creó un poema real: su propia biografía; creó un personaje novelesco: su propia personalidad».

Eduardo Wilde (1844-1913) a través de su actuación como médico, parlamentario, diplomático, periodista, escritor y profesor tuvo una virtud: «enojar a algunos, hacer reír a muchos y pensar a todos».

Eduardo Wilde
Eduardo Wilde

La rica experiencia que recogió en sus diversas tareas las volcó en sus libros, en los cuales mostró su ingenio, su agudeza y su ironía. Prometeo y Cía. contiene una serie de relatos que se consideran como sus mejores producciones; «Tiri», por ejemplo, que es la historia de un niño que muere de crup, le da oportunidad de contar sus primeros años, su enfermedad, la desesperación de sus familiares, las horas de agonía, la muerte y las escenas del entierro.

Wilde siempre consideró a éste uno de sus cuentos decisivos, por lo enternecedor del relato, y manifestó que lo había escrito para que los mentecatos, que no lo conocían, supieran que él también era capaz de sentir.

Tiempo perdido, además de relatos, artículos y trabajos más o menos breves, contiene su famosa polémica con Pedro Goyena sobre poesía, originada en la crítica que formulara sobre las composiciones poéticas de Estanislao del Campo.

Aguas abajo, su único libro que tiene un solo argumento, es la historia de la infancia de Boris, personaje en quien objetiva sus propios recuerdos. Viajes y observaciones y Por mares y tierras son crónicas llenas de felices observaciones sobre música, pintura y escultura.

En pasajes de sus diversos escritos, Wilde nos ha hecho conocer sus ideas sobre la composición literaria. Para él, lo original constituía lo único valioso de la producción literaria.

«El arte de hablar o de escribir consiste en la naturalidad; el que dice exactamente lo que piensa es un literato». Por eso, consideraba que el mayor enemigo del buen gusto era la corrección gramatical. «Lo exquisito de un libro —decía— está en la claridad de su forma, en la elegancia de las palabras, en la consonancia de los sonidos y, naturalmente, en la novedad del concepto que expresa».

Pero este ideal de lo exquisito en literatura la concebía como algo inalcanzable, ya que, afirmaba, «desgraciadamente se llega a la tumba sin haber alcanzado de un modo absoluto esta forma».

Miguel Cané (1851-1905) fue el escritor de su generación que ejerció mayor influencia en el ambiente porteño y se singularizó porque en sus páginas elegantes, que se destacan por la gracia de su estilo, se ocupó de la realidad inmediata.

Miguel Cané
Miguel Cané

Ensayos; En viaje; Charlas literarias; Notas e impresiones; Prosa ligera, libros que evidencian la vastedad de su cultura, su espíritu crítico y su realismo, están formados por ensayos, notas, crónicas e impresiones fragmentarias «nacidas las más —se ha dicho— en el ocio de las legaciones», que luego reunió en pequeños volúmenes.

Su calidad de narrador pintoresco la reveló Cané en Juvenilia, su libro más personal, constituido por un conjunto de recuerdos estudiantiles del viejo Colegio Nacional de Buenos Aires.

Esta obra prueba, a juicio de Rojas, la gran aptitud que su autor poseía para la novela, género al que no se dedicó porque las preocupaciones ambientes desvirtuaron su talento.

En Juvenilia «la unidad de ambiente, de argumento y de estilo; la animación de las narraciones, la viveza de los diálogos y de los tipos, el color de los paisajes, la amenidad de su prosa, el dejo profundamente humano y genuinamente porteño del contenido psicológico, la emoción melancólica apenas velada por el sutil humorismo, todo concurre a clasificar esta obra en el género novelesco.

Es una memoria de cosas reales, absolutamente histórica en sus personajes y en su ambiente, pero es una memoria de la vida privada. Allí está el cuadro de nuestra Buenos Aires y de nuestra vida estudiantil tal como fueron de 1863 a 1870″.

A los escritores de esta generación del 80 pertenecieron, también, Agustín S. Alvarez (Fray Mocho), cuyos Cuentos, publicados en la revista «Caras y Caretas» constituyen la parte más valiosa y amena de su obra literaria; y Bartolomé Mitre y Vedia (Bartolito), de cuyo chispeante estilo dejó pruebas en artículos y crónicas que vieron luz en el diario «La Nación».

Fuente Consultada: Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Loprete – Editorial Plus Ultra

Biografía de Zola Emile Resumen De Su Vida y Obra Literaria

Biografía de Zola Emile
Resumen De Su Vida y Obra Literaria

En el útimo cuarto del siglo XIX las obras de Emile Zola tuvieron una escepcoional: el público quería efectismo y sensaciones fuertes; el romanticismo acababa de desangrarse en la estética enfermiza del decadentismo, y el realismo era en buena parte incomprendido por la mayoría, que necesitaba una literatura más asequible, periodística por así decirlo, sin sutilezas ni refinamientos, impresionantes frescos, pero pintados con brocha gorda. Zola le entendió y orientó su vocación literaria en función de las tiradas, con una inteligencia del mercado que a nadie se le ocurriría reprochar a un buen comerciante.

Zola nació en París, el 12 de abril de 1840, de padre italiano, ingeniero de caminos, y madre francesa. Cuando el niño tenía siete años se quedó huérfano de padre y la familia vivió años de auténtica miseria en Aix-en-Provence; allí cursó sus estudios, en compañía del pintor Cézanne —cuyo talento no llegó nunca a apreciar—; con él recorría el campo, se bañaba y disfrutaba de los pocos placeres que su precaria situación le permitía. Siempre recordará aquellos años de libertad con emoción.

La necesidad explica el traslado de la familia a París cuando Zola tenía once años; allí estudia en el instituto Saint-Louis, aunque sin brillar: suspende por dos veces los exámenes de bachillerato… a causa de la prueba de lengua francesa. Tendrá que ponerse a trabajar; encontrar un empleo, en la Francia de 1859, no es tarea fácil y tardará más de un año antes de conseguir un puesto de meritorio en la administración de Aduanas.

emile zola

Descubre el mundo de la estupidez y de la mezquindad, del papeleo: se siente Sísifo abocado a una labor estéril y dimite al cabo de dos meses.

En febrero de 1862 entra en la casa Hachette para hacer paquetes; pronto abandona el almacén y se convierte en jefe de publicidad, encargado de la promoción de ventas de los libros de la casa; allí aprenderá su oficio de escritor y el arte de agradar al público o de vender libros.

Teniendo a la vista las estadísticas de venta de los libros de poemas, se decide definitivamente por la prosa; cuando acaba sus Cuentos a Ninon, que luego de visitar varios editores logra publicarlo.

En aquella época, Zola realiza ya una labor considerable: diez horas en Hachette, un artículo semanal para Le Petit Journal, otro quincenal para Le Salut Public de Lyon, por fin una novela (La confesión de Claudio) en la que trabaja cuando puede.

Al precio de esta dedicación de forzado, ha conseguido alejar el fantasma de la miseria; sus dos primeros libros han sido bastante bien acogidos por la crítica. A principios de 1866, decide abandonar su trabajo en Hachette para dedicarse exclusivamente a la literatura.

Piensa especialmente en el teatro, «porque es donde se puede fabricar más dinero». Este comprensible interés pragmático le lleva a aceptar el encargo de Los misterios de Marsella, obra que novela para el gran público los casos más tenebrosos de la capital meridional.

Tarea alimenticia que no le aparta de Teresa Raquin, que llama su «gran estudio psicológico y fisiológico» y que constituye, sin duda alguna, el prolegómeno de los Rougon-Macquart. Ya ha entendido que lo suyo no son las filigranas estilísticas ni los refinamientos arguméntales.

Poco a poco va formándose en su mente una síntesis entre literatura y ciencia, construcción que haría de la obra literaria una obra científica y se beneficiaría así de las garantías de seriedad y autenticidad inherentes a las ciencias.

A la pantalla realista, cuyos productos sólo vienen garantizados por la buena fe o el talento del autor, añadirá un punto de vista desapasionado, externo a la literatura y al propio autor: la objetividad. Sólo faltaba encontrar la teoría científica capaz de generar y respaldar una creación literaria.

Zola tiene treinta años cuando concibe el esquema de los Rougon-Macquart, cuyo subtítulo (Historia natural y social de una familia bajo el segundo imperio) anuncia un programa dilatado y un propósito exhaustivo.

Corren los años 1870: la fiebre por la ciencia afecta a toda la sociedad con carácter epidémico; el progreso, la felicidad, los negocios y el desarrollo serán los primeros frutos de la ciencia. La medicina experimental, la teoría del medio ambiente, la de la evolución de las especies, la herencia, el materialismo histórico; sólo falta la «novela experimental»: tal es la ambición de Zola. De la misma manera que el médico diagnostica primero para poder luego aplicar el remedio adecuado, el novelista será el benefactor de la sociedad si descubre las taras que la corroen; luego, bastará con que los políticos determinen las medidas pertinentes para corregirlas.

caricatura de emile zola

Una caricatura de la época, sobre la novela Nana representada como el nacimiento de Venus.

Durante más de un año, Zola se documenta y prepara el guión de su obra, el árbol genealógico de la familia Rougon-Macquart. Prevé de antemano los rasgos psicológicos de cada personaje aplicando las teorías del doctor Lucas y de Claude Bernard. Los dos primeros volúmenes, La fortuna de los Rougon y La Encarna salen en 1871.

Entre 1871 y 1876, la serie se completa con El vientre de París, La conquista de Plassans, La caída del abate Mouret y Su Excelencia Eugenio Rougon. La crítica se ocupa de estos libros, los discute, los valora; pero el éxito de masas no ha llegado aún.

La gloria, o, al menos, la resonancia multitudinaria, la conseguirá poco después con La taberna, que publicó por entregas en 1876 y en volumen el año siguiente.Esta vez Zola bucea en las zonas más oscuras y repugnantes de la sociedad; es también el primer autor que se atreve a coger a sus personajes en la clase obrera cuando la burguesía preferiría ignorarla.

Con Una página de amor (1878), Zola cambió de registro y decepcionó a sus lectores acostumbrados a platos más fuertes. El círculo familiar que limita el horizonte de esta novela, los buenos sentimientos, con los cuales no se hace buena literatura, componen unas páginas generalmente sosas que no satisfacen ni siquiera a su autor.

 Zola sufre algunas acusaciones de obsenidad por sus publicaciones , pero las aguantó en pie y firme, cargado de razones, esgrimiendo sus buenas intenciones de moralista (como Baudelaire y Flaubert pocos decenios antes); con una mano se defendía y con la otra ya estaba reuniendo materiales para el libro siguiente, Pot-Bouille, quizá el más naturalista de todos porque recurre a todos y cada uno de los tópicos de la escuela; la obra, dilatada, se complace en una galería de retratos cuyo denominador común es la mediocridad y el motor la pasión sufrida con abnegada resignación más que aceptada.

La creciente atención que el tema tratado lleva a Zola a dedicar a los problemas sociales se revela con más claridad en El paraíso de las damas (1883)es evidente que se ha documentado y ha leído a Fourier, a Proudhon, probablemente también a Marx. También se encuentra el mismoafán por el protagonista plural en Germinal. La obra está centrada en torno al mundo de las minas y de los mineros con las primeras huelgas, el hambre, los accidentes, la represión, recibió la misma acogida que La taberna y que Nana.

La saga de los Rougon-Macquart tenía que acabarse. Zola sentía que la vena se iba agotando, y en 1893 publica su última obra.También cabe pensar que, sin confesarlo, empezaba a vislumbrar sus defectos. Las últimas novelas, La obra (1886), La bestia humana (1890), El dinero (1891), La debacle (1892) y El doctor Pascal (1893) añaden escenas sacadas del mismo tintero a la ya larga retahila de aventuras de la familia Rougon-Macquart. La más fuerte de todas, La bestia humana, ofrece un cuadro de la pura animalidad complacida en el asesinato. Dista mucho de ser un drama moral, sino que resulta de la descomposición de los valores humanos.

En medio de esta serie negra, cabe señalar El sueño (1888), que recurre al registro de la delicadeza con la misma torpeza patentizada en La caída del abate Mouret y en Una página de amor. Aquel mismo año, Zola conoció a Jeanne Rozerot; aunque se llevan veintiocho años, le dará los dos hijos que su mujer reconocerá después de su muerte. Aventura discreta y única del casto y ordenado escritor.

Por otra parte, no cabe duda de que el gran asunto de los últimos años de su vida fue el proceso Dreyfus. Sabido es que, en 1894, fue detenido, por supuesto espionaje a favor de Alemania, el capitán Dreyfus, de raza judía, y posteriormente degradado y condenado a perpetuo destierro a finales del mismo año.

La ola de nacionalismo antes aludida, el espíritu revanchista, y, pronto, la postura de los diversos partidos políticos, explican este asunto poco claro, que bien pudo ser una prenda sacrificada al país por el gobierno para galvanizar a exaltados y distraerlos así de otros temas de preocupación; también pudo ser un mero fruto de la «espionitis» que diezmaba entonces las filas del ejército. En cualquier caso, pronto se hizo patente que el capitán Dreyfus había sido condenado sin verdaderas pruebas de su culpabilidad y la opinión pública se emocionó.

El golpe contra esta injusticia lo asestará con un largo artículo, presentado como carta abierta dirigida al presidente de la república, Félix Faure, y para el cual Clémenceau le ha dado un título que causará impacto: Yo acuso (13 de enero de 1898).

De esta manera  «la verdad está en marcha; nada la podrá detener». En efecto, se suicidan los principales testigos de la acusación y Dreyfus es puesto en libertad.

Es un día de victoria para el escritor que fue uno de los principales artífices de la campaña en favor del militar judío; y, como todo es aprovechable, el tercero de Los cuatro Evangelios, Verdad, traspone el asunto en una complejísima novela de laboriosa elaboración. Pero la justicia no está satisfecha: aunque en libertad, Dreyfus no ha sido rehabilitado todavía.

El cuarto evangelio, Justicia, quedará inacabado.

El 29 de septiembre de 1902, Zola se instala con su mujer en un piso de París para pasar el invierno. Durante la noche, el óxido de carbono de la calefacción le asfixiará, quedando su esposa en grave estado. Él ha muerto; no verá la rehabilitación de Dreyfus en 1906, ni oirá las controvertidas opiniones que el traslado de sus restos al Panthéon suscitaría, en 1908, en la opinión pública.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Emile Zola “El Maestro del Naturalismo Francés” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Tolstoi Leon Resumen Obra Literaria del Escritor Ruso

Biografía de Tolstoi León – Su Obra Literaria

Novelista ruso (Yásnaia Poliana, Tula 1828 -Astápovo, Riazán 1910). De familia de hacendados, siguió la carrera de las armas y todavía joven public

Luego abandonó la milicia y se entregó a diversas tareas sociales, elaborando un nuevo programa educativo. Se casó y formó una familia de trece hijos. En un momento dado se refugió en la fe, y el resto de su vida se caracterizó por una religiosidad personal que le atrajo numerosos discípulos.

Guerra y paz, novela centrada en episodios recientes de la historia rusa, es una larga mirada a vuelo de pájaro sobre el conjunto de la vida humana a lo largo de veinticinco años y sobre el hormigueo de innumerables personajes.

En Guerra y paz, Tolstói evoca maravillosamente las vidas tanto de las personas como de las colectividades.

Es un fresco grandioso en que los personajes aman, odian, pelean, intrigan, se enriquecen, se casan, se divorcian, tienen hijos y buscan a tientas el sentido de la vida.

Ana Karénina es una obra muy compleja. Su tema central es el suicidio de una mujer joven que. a través del problema del adulterio, plantea el problema del mal.

En conjunto, por su modo de construir y tratar la novela, Tolstói es el más occidental de los grandes novelistas rusos y refleja con maestría sin par los ambientes campesinos o ciudadanos de Rusia.

leon tolstoi escritor ruso

BIOGRAFÍA: León (Liev) Nikoláievich Tolstói nació en la propiedad familiar de Yásnaia Poliana (en el gobierno de Tula, en la Rusia central, al sur de Moscú) el 9 de septiembre de 1828.

Era hijo de unos ricos terratenientes de condición aristocrática, el conde Nikolai Ilich y María Nikolaievna, princesa Volkonskaia.

Huérfano de padre en 1830. En 1844 ingresó en la facultad de Letras de la universidad de Kazan para estudiar lenguas orientales, y se inició en el árabe y el turco, al año siguiente pasó a la facultad de Derecho y por fin en 1847 dejó la universidad sin terminar ninguna carrera; regresó entonces a Yásnaia Poliana, que había formado parte de la dote de su madre fallecida en 1837, y que tras el reparto de la herencia fue a parar a sus manos.

Pero ese joven propietario que aún no ha cumplido los veinte años tiene ideas muy peculiares y completamente distintas de las de los demás terratenientes; muy influido por sus lecturas favoritas de esta época (la Biblia y, sobre todo, Jean-Jacques Rousseau), se lanza a una serie de intentos de reforma social con el fin de mejorar las condiciones de vida de sus campesinos.

No obstante, Yásnaia Poliana, donde vivían unos trescientos cincuenta siervos varones, con sus familias, era un mundo demasiado complicado para su inexperiencia, que sólo se nutría de teorías, y sus generosas tentativas de altruismo fracasaron.

Sigue luego un período de desánimo y excitación que suele llamarse mundano.

En 1848 viaja a San Petersburgo y en 1851 se enrola en el ejército. Su primera experiencia militar es en el Cáucaso, donde comparte la existencia de los oficiales de artillería y empieza a redactar un escrito autobiográfico titulado Infancia.

Este librito, que apareció en 1852 en la revista El contemporáneo, es mucho más que un tanteo primerizo; se trata de una verdadera obra maestra, de evocación finísima y emocionada, que evidencia un arte muy seguro.

También en El contemporáneo iba a aparecer, de una parte Adolescencia (1854), que prolongaba los recuerdos de Infancia, y Los relatos de Sebastopol (1855-1856), donde la guerra aparece sin ningún relumbrón heroico, en toda su cruda realidad, registrada por un gran talento de observador.

Estamos ya ante el esbozo de las dos grandes vertientes que se fundirán en su obra maestra, Guerra y paz.

La guerra, descrita y analizada con un arte extraordinario que se funda en lo vivido y en una gran documentación, y la paz por antonomasia que Tolstói identifica con el ambiente idílico de su niñez.

La alta sociedad de San Petersburgo le adula, pero estos ambientes no le hacen feliz; sin embargo, sus tentativas de hacer la felicidad de los humildes que dependen de él tampoco tienen éxito: ofrece la libertad a sus siervos y éstos la rechazan recelando maniobras ocultas. Emprende luego su primer viaje al extranjero (1856-1857): visita Alemania, Francia, Suiza y el norte de Italia, y vuelve a su patria con mal sabor de boca, reprochando a Occidente su materialismo y su crueldad. Publica ahora en 1857 Juventud y Lucerna, y en 1858 Tres muertes.

Al año siguiente se lanza a una gran actividad pedagógica y funda una escuela en Yásnaia Poliana, en la que él mismo enseña a los hijos de sus campesinos. Le obsesiona la búsqueda de una especie de «cristianismo práctico», sin dogmas ni institución, que pueda proporcionar la felicidad en la tierra y contribuir a la hermandad y al progreso de los hombres. Publica Felicidad conyugal (1859), que tiene su origen en sus relaciones amorosas con Valeria Arsenieva, y en 1860 emprende su segundo viaje al extranjero.

El año 1862 es también el año de su boda; en el mes de septiembre, en una de las iglesias del Kremlin, contrae matrimonio con Sofía Andréievna Behrs —a la que él llamará siempre Sonia—, de dieciocho años, hija de un médico de Moscú. En junio del año siguiente nace su primer hijo, Sergei. Su unión matrimonial será borrascosa, pero a pesar de las diferencias que separan a los esposos, por estos años se inicia una época de relativo equilibrio que será de gran fecundidad literaria.

familia de tolstoi

Tolstói, mientras ve crecer su familia, se ocupa activamente de la agricultura y de la ganadería, mejora sus tierras, aumenta su propiedad con nuevas adquisiciones. Parece llevar una vida más estable y serena, y ello repercute en la calidad y la ambición de su obra narrativa.

Guerra y paz, escrito entre 1863 y 1868, publicada en la revista El mensajero ruso —de carácter conservador, porque Tolstói se había separado de los liberales de El contemporáneo— entre 1865 y 1868, y posteriormente en volumen en 1869, suele considerarse por los críticos más exigentes como una de las mejores novelas del siglo xix y una de las más importantes de toda la historia de la literatura.

En ella se describe un período crucial de la Rusia moderna, el que corresponde a las guerras napoleónicas (aproximadamente entre 1805 y 1812), con un nutridísimo repertorio de personajes cuyas vidas se entrecruzan produciendo una admirable sensación de realidad vivida y analizada hasta en sus últimos secretos.

Después de la cumbre de Guerra y paz, era casi inevitable que la obra de Tolstói, en cierto sentido, decayera. Aún va a escribir otra mole novelesca muy ambiciosa, Ana Karénina, en la que empezó a trabajar en 1873 y que publicó en El mensajero ruso entre 1875 y 1877. La obra acusa una manifiesta falta de unidad, ya que se compone de dos historias soldadas artificialmente, la de un matrimonio feliz (Levin y Kitty) y la de un hogar destruido por el adulterio de Ana, quien abandona a su marido y a su hijo para seguir a su amante, el conde Vronski.

Ana Karénina, a pesar de los reparos que se le puedan formular, es una gran novela que representa otros aspectos capitales de la gran personalidad tolstoyana. En Guerra y paz se debatían los problemas del destino del individuo dentro del torbellino de la historia, con una proyección hacia el pasado; Ana Karénina insiste sobre todo en los aspectos morales, sociales y sicológicos, dentro de un ámbito novelesco mucho más limitado, pero enfrentándose directamente con los conflictos de la vida contemporánea. En la primera novela resuena el fragor de las batallas napoleónicas; en la segunda, la imagen que conservará el lector en su memoria es la de ese tren, símbolo del progreso y de la nueva Rusia.

En 1882 la familia se traslada a Moscú por necesidades de la educación de los hijos, y Tolstói descubre entonces la miseria del proletariado urbano y la sordidez de las grandes aglomeraciones ciudadanas, reafirmándose en sus ideas del retorno a la vida natural.

Mas tarde  publica obras verdaderamente interesantes como La muerte de Iván llich (1886) y el poderoso drama El poder de las tinieblas (1886). No obstante, sus ideas obsesivas deforman su gran capacidad artística y una novela como La sonata a Kreutzer (1889), terrible alegato contra el matrimonio, cuenta mucho más como reflejo de sus tensiones interiores que como literatura.

En los últimos años del siglo XIX su fama y su influencia son inmensas, pero el gran artista de antaño ha sido sustituido por el teórico y el hombre de acción. Cuando a partir de 1891 se suceden en la Rusia central las malas cosechas y aparece el azote del hambre, participa directamente en la ayuda a los campesinos, publica artículos sobre este tema y escribe al zar. El reino de los Cielos está en nosotros (1891-1893) es un tratado moral y religioso de acuerdo con su peculiar doctrina, ¿Qué es el arte? (1897) combate todo género de artificios de carácter artístico y literario.

La fallida revolución rusa en 1905 significó para él una gran convulsión; Tolstói se había declarado repetidamente enemigo de la autocracia, el despotismo y las instituciones que consideraba de carácter represivo, pero está en total desacuerdo con la revolución y con la violencia de sus medios.

Estos acontecimientos y la represión que les siguió aislaron aún más al viejo profeta y a sus ideas de anarquismo social. En Yásnaia Poliana, rodeado de su numerosa familia y atormentado por incontables escrúpulos de conciencia, Tolstói se afanaba por ser literalmente fiel a sus convicciones: renunciaba a todos sus bienes, él mismo se hacía los zapatos y araba sus campos, adoptaba el régimen vegetariano, y ofrecía a sus frecuentes visitantes el extraño aspecto de un mujik descalzo y barbudo que clamaba contra el horror y el desvarío del mundo circundante.

La tragedia de su país, en sus dos vertientes que abominaba por igual, la represión policíaca y los asesinatos terroristas, le desazonaba, y sus desavenencias conyugales contribuían también a su desequilibrio.

El 10 de noviembre de 1910 huyó de Yásnaia Poliana rumbo a lo desconocido, como un nuevo Pierre en busca de un ideal inalcanzable. Tenía entonces ochenta y dos años. Como un viejo peregrino alucinado recorrió a pie una considerable distancia, hasta caer enfermo en una pequeña estación ferroviaria de Astapovo, en el gobierno de Riazán. Y allí murió de una neumonía.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Liev Tolstoi “El Titánde las Letras Rusas” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Dostoievski Fiodor Escritor Ruso Obra Literaria Resumen

Biografía de Dostoievski Escritor Ruso Obra Literaria

Fiódor Dostoievski, nació en Moscú en 1821 (Calendario gregoriano) y fallece en San Patersburgo en 188, es uno de los principales escritores de la Rusia zarista, cuya literatura explora la psicología humana en el complejo contexto político, social y espiritual de la sociedad rusa del siglo XIX.

También se los considera casi sin duda como uno de los mayores novelistas de todos los tiempos, donde echa mano de las abundantes herramientas estilísticas de su época, pero abandona pronto el exitoso realismo de su primera publicación de 1846, llamado «Pobres gentes» y se adentra por caminos singulares y tortuosos como en «El doble», «Noches blancas» que le restan popularidad. También dedicó una etapa de su vda al periodismo.

Biografia Mijáilovich Dostoievski escritor ruso

Se graduó como ingeniero en 1843, carrera que abandonó para dedicarse a la literatura y frecuentar los medios liberales. En 1846 escribió Pobres Gentes.

Posteriormente, publicó una serie de relatos (El doble, 1846; La patrono Joziaika, 1847; Corazón débil y Noches blancas, 1848).

Después ingresó en un círculo de jóvenes socialistas, quienes fueron acusados de un complot contra el Estado y condenados a muerte.

Pero la pena les fue conmutada por el zar Nicolás I, por cuatro años de trabajos forzados en Siberia y su cumplimiento acentuó su epilepsia.

Regresó a San Petersburgo en 1859 y su producción desde entonces fue muy abundante, a pesar de sufrir penurias económicas hasta su muerte, causadas por su afición al juego.

Sus principales obras son: la casa de los muertos (1861), Humillados y ofendidos (1861), Memorias del subsuelo (1864), Crimen y castigo (1866), El idiota (1868), Los endemoniados (1870) y Los hermanos Karamazov (1880), considerada su obra maestra.

Los ejes de sus relatos son: la psicología profunda de sus personajes y la relación de esos personajes con los ideales de la Rusia.

Fiódor Mijáilovich Dostoievski nació el 30 de octubre de 1821 en el Hospital de los pobres de Moscú, donde su padre era médico.

Éste, Mijaíl Dostoievski, era un extraño y sombrío personaje, hijo de un pope, que había iniciado la carrera eclesiástica en un seminario del que terminó por huir en 1809 para estudiar medicina y verse convertido al cabo de muy poco tiempo, a causa de las necesidades de la guerra, en cirujano militar durante las campañas napoleónicas.

Poco después de concluir la contienda se casó, tuvo un primer hijo, Mijaíl (nacido en 1820) y se retiró del servicio incorporándose al Hospital de los pobres moscovita. Suele describírsele como un hombre de mal carácter, atrabiliario, violento y despótico, avaro y excesivamente aficionado al alcohol.

La madre del escritor, María Fiódorovna Necháieva, nacida en 1800 y once años más joven que su marido, sensible, afectuosa e inteligente, tuvo una existencia triste y a menudo humillante que su hijo iba a recordar siempre con emoción.

Fiódor y su hermano mayor empiezan sus estudios en escuelas privadas y en 1834 ingresan en el internado de Chermak, donde ambos se apasionan por los autores rusos y extranjeros que entonces estaban más de moda: entre los rusos, Pushkin, Lérmontov, Gógol; entre los extranjeros, Walter Scott, Schiller, Goethe, Balzac, Víctor Hugo

Años más tarde, uno de sus antiguos condiscípulos describiría al Dostoievski de esta época como «un muchacho serio, pensativo, rubio, de rostro pálido. Los juegos apenas le atraían.

Y durante los recreos casi nunca dejaba los libros». Su gran ilusión es ya escribir y empieza efectivamente una novela tomando como modelo a la novelista inglesa Ann Radcliffe, entonces muy en boga.

En  1838, siguiendo las indicaciones de su padre, pasa a la Escuela de Ingenieros, y allí recibe la trágica noticia de la muerte de su padre, asesinado por sus siervos en junio de 1839; las circunstancias de este crimen nunca llegaron a aclararse, pero sin lugar a dudas el hecho impresionó muchísimo a Dostoievski, quien se sentía moralmente culpable por haber deseado de un modo más o menos inconsciente la desaparición de este padre vicioso y tiránico.

Dos meses después de morir éste, Fiódor tuvo otra grave crisis de epilepsia que se produjo al presenciar un cortejo fúnebre por las calles, y el tema del parricidio será el núcleo de su última e impresionante novela, Los hermanos Karamázov.

En agosto de 1843 termina la carrera y se le destina a un modesto cargo del departamento de ingenieros de San Petersburgo, con un sueldo de tres mil rublos anuales. Pero se siente, como él dice, «poeta y no ingeniero» y sólo sueña con escribir, ir al teatro, a la ópera y también comienza sus primeros pasos como autor literario.

Su primera novela, Pobres gentes, entusiasmará también a todos cuando el manuscrito empieza a circular en 1845; sus amigos se declaran maravillados, pero para Dostoievski vale más la opinión del famoso crítico Bielinski, quien afirma que es una obra maestra.

Súbitamente es la fama, las obras que publica a continuación encuentran una mala acogida. El doble, El señor Projarchin y La patrona, las tres de 1846, no gustan y llega la depresión y el desaliento.

En diciembre de 1846 empieza a publicar otra novela, Niétochka Nezvánova

En otoño de 1847 y Dostoievski publica una serie de relatos y novelas cortas: Polzúnov, Un corazón débil, El ladrón honrado, Un árbol de Navidad y una boda, La mujer de otro y Noches blancas, todas en 1848.

En enero del año siguiente el proyecto de la imprenta clandestina ya está en marcha, y el 23 de abril de 1849, a las cuatro de la madrugada, Dostoievski es detenido por la policía y encerrado, junto con los demás conspiradores en la fortaleza de Pedro y Pablo.

A fines de septiembre se inició el proceso que terminó con un veredicto de culpabilidad, lo cual significaba la muerte, pena que será modificada a pocos minutos de su fusilamiento cuando llega un correo del Zar, con un indulto, donde lo envían a realizar trabajos forzados a la Siberia por cuatro años.

Esta experiencia le permite una observación minuciosa de la gente del pueblo y le conduce a descubrir los Evangelios, lo que influye poderosamente en su carácter. Recuerdos de la casa de los muertos es una terrible descripción de estos años de presidio.

Dostoievski, como otros novelistas de su siglo (Dickens, Balzac), publica sus novelas por entregas en diversos periódicos. Así aparece Humillados y ofendidos. El escritor viaja, batalla con la censura y lleva una vida muy activa.

En 1866 enviuda y escribe El jugador, estremecedora confesión, basada en su propia experiencia, de un hombre poseído por la pasión del juego. En este mismo año escribe Crimen y castigo. El idiota le otorga nueva celebridad. Su última gran novela es Los hermanos Karamazov.

Su estilo, inconfundible, se distingue por una tensión nerviosa exacerbada, por una especie de vibración interior. Los protagonistas son generalmente criminales, enfermos o locos, siempre fuera de la normalidad.

Son personajes que viven en una crisis continua; en su interior se produce una dramática lucha entre las fuerzas del bien y del mal.

Con frecuencia el protagonista, humillado bajo el peso de las injusticias sociales, se muestra a sí mismo como un bufón y parece experimentar un placer morboso en su decadencia.

En esta situación es objeto de visiones y alucinaciones que dan al relato un tono estremecido. El envilecimiento de la persona, el pecado y la redención son otros tantos aspectos siempre presentes en la obra de Dostoievski.

A partir de 1876 se publica el Diario de un escritor en forma de revista, y en la misma van apareciendo también diversos relatos como El mujik Marev (1876), La sumisa (1876) y El sueño de un hombre ridiculo (1877).

Su fama ha llegado a un punto culminante, todo el mundo quiere conocerle y sin darse cuenta le roban un tiempo precioso, es elegido miembro de la Academia de Ciencias, sección de lengua y literatura rusa (1877), el propio zar le ruega que hable con sus hijos, «sobre quienes podría usted tener una benéfica influencia».

En 1878, cuando muere su hijo Alexéi, ya está trabajando en la que será la última de sus novelas, Los hermanos Karamázov, de la que lee diversos fragmentos en actos públicos en el curso de 1879.

Los hermanos Karamázov, que terminó en noviembre de 1880, es considerada unánimemente como la síntesis genial de toda la obra dostoievskiana.

Los grandes temas del escritor —la fe, el sufrimiento de los niños, la voluntad de parricidio, la desazón de la culpa, la soberbia de la inteligencia, etc.— forman aquí una vertiginosa sinfonía que representa en los diversos personajes de los cuatro hermanos —todos en el fondo asesinos de su padre— otras tantas facetas de la propia personalidad de Dostoievski.

Libro insondable y arrebatador, es el gran testamento de un hombre enfermo y agotado, que se sabe a las puertas de la muerte, y que revive en su imaginación el drama de su niñez, actualizado por la reciente muerte de su hijo y madurado a lo largo de toda una torturada existencia.

Todavía en los meses que le quedan de vida va a conocer el fervor popular con motivo de la inauguración del monumento a Pushkin en Moscú (junio de 1880).

Dostoievski pronuncia entonces un famoso discurso que resume su pensamiento y que es acogido con un gran entusiasmo.

Vuelve a su refugio de Stáraia Rusa y en octubre regresa a San Petersburgo ya a punto de terminar Los hermanos Karamázov.

Además de la epilepsia, cuyos ataques se habían hecho menos frecuentes aunque más intensos, sufría una enfermedad pulmonar que se iba agravando y que el 26 de enero de 1881 le produjo dos hemorragias. El día 27 de 1881 se reprodujeron las hemorragias y a las ocho y media de la tarde murió.

Fuente Consultada:
Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo I- Entrada: Dostoievski Fiódor, “El Analista de las Profundiades del Alma” – Editorial Planeta
Enciclopedia Temática Ilustrada – Tomo de Biografías – Editorial GR.U.P.O. S.A.

Biografia de Botero Fernando Artista Colombiano Obra

Biografia de Botero Fernando Artista Colombiano
Obra Artística

Artista colombiano (Medellín 1932). Maestro del dibujo y del color, se recrea en conferir un volumen caricatural y exageradamente obeso a sus personajes.

Se dio a conocer en 1957 con su primera serie titulada El festín de Baltasar.

En 1983 ilustró la novela de García Márquez Crónica de una muerte anunciada.

Inicia su actividad artística en 1948 como ilustrador del periódico El Colombiano, al tiempo que participa en su primera exposición conjunta —Exposición de Pintores Antioqueños— Medellín 1948.

Tres años más tarde se traslada a Bogotá y celebra su primera exposición individual (Mujer llorando, 1949).

Es celebre por sus personajes obesos con los que hace una crítica irónica a la sociedad actual.

En 1951 realiza su primera exposición individual en la Galería Leo Matiz y al año siguiente recibe el segundo premio en el IX Salón Anual de Artistas Colombianos.

Con el dinero del premio viaja a Europa, allí estudia a los grandes maestros, sobre todo, del Renacimiento italiano. En 1957 expone por primera vez en Nueva York.

Botero Fernando Artista Colombiano

Fernando Botero (1932- ), pintor, dibujante y escultor colombiano, en el que la monumentalidad, el humor, la ironía y la ingenuidad se combinan con un admirable dominio del oficio y gran talento.

Para Botero no existen fechas de descanso, ni días feriados ni fines de semana. En Navidad está pintando. En su cumpleaños está pintando. En Año Nuevo está pintando.

A su regreso a Colombia gana nuevamente el segundo premio del X Salón Anual de Artistas Colombianos y al año siguiente consigue el primer premio con su obra Cámara nupcial.

Ese mismo año es nombrado profesor de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia.

En 1961 vende su obrA LaMonaLisa a losdoceaños al Museo de Arte Moderno de Nueva York. Realiza sus primeras esculturas en 1973 y llega a exponer en lugares céntricos de varias ciudades, como los Campos Elíseos de París y la Park Avenue de Nueva York.

En 1983 ilustra la novela Crónica de una muerte anunciada de García Márquez. Sus obras más destacadas son: La familia Pinzón, Niños ricos, Amantes, Tres músicos y la familia presidencial, entre otras. Botero ha donado muchas de sus obras a museos de todo el mundo.

Botero ha centrado gran parte de su trayectoria pictórica en escenificar de manera monumental La corrida -serie compuesta por más de 200 cuadros-, de la que es un gran entusiasta: «Desde niño estoy loco por los toros.

Yo quería ser matador… pero, cuando un banderillero me puso delante de un toro de 300 kilos, me dio tal susto que a los dos pases decidí dejarlo».

En el campo de la escultura, sus características mujeres gordas han sido expuestas, en formato monumental, en lugares céntricos de varias ciudades: en Park Avenue de Nueva York, los Campos Elíseos de París o en el Paseo de Recoletos de Madrid.

Fernando Botero es una de las personas más disciplinadas que se puedan conocer. Sus amigos y familiares afirman que él trabaja todos los días de todos los años.

Para Botero no existen fechas de descanso, ni días feriados ni fines de semana. En Navidad está pintando.

En su cumpleaños está pintando. En Año Nuevo está pintando.

El concepto de unas vacaciones, en el sentido de hacer un alto en el trabajo y no hacer nada para reposar durante unos días o unas semanas, para él es inconcebible.

Sin excepción alguna, salvo cuando está de viaje organizando una muestra o exposición, este artista se despierta temprano cada mañana y se dirige a su estudio, en cualquier lugar del mundo, y labora sin pausa hasta las ocho de la noche.

Su vocación es desaforada, y la pasión que siente por su oficio es tan honda que para él no existe mayor felicidad ni mejor forma de pasar el tiempo que trabajando.

Esta escultura figurativa de Fernando Botero se incluye dentro del movimiento posmodernista de finales del siglo XX.

En su etapa de madurez, la pintura y la escultura del artista colombiano se caracterizan por sus formas redondas y amplios volúmenes, como los que se aprecian en esta escultura en bronce.

Importancia de Fernando Botero Como Artista:

El éxito de este colombiano es, en verdad, inmenso. Sus exposiciones más importantes carecen de precedentes en la historia del arte.

En 1992, Fernando Botero exhibió sus esculturas monumentales en los Campos Elíseos de París, con una de las figuras, Torso masculino, ubicada en el centro de la célebre avenida, entre la Plaza de la Concordia y el Arco del Triunfo.

Antes ya lo había hecho en Florencia, en el Forte Belvedere, y también en los bellos jardines de la ciudad de Montecarlo.

Luego vino la exposición en Park Avenue de Nueva York.

En seguida, en el Paseo de la Castellana de Madrid. Después en Chicago, Tokio, Washington, Jerusalén, Sao Paulo y Santiago de Chile.

Más adelante, en la Piazza della Signoria de Florencia (una hazaña sin antecedentes, dicho sea de paso, pues era la primera vez que la ciudad invitaba a un artista a presentar sus obras en ese espacio histórico, al lado de las esculturas inmortales de Cellini, Giambologna y Miguel Ángel).

También  sus piezas gigantescas se exhibieron a lo largo del Gran Canal de Venecia, así como en las plazas y avenidas más concurridas de la capital de Singapur.

En total, Fernando Botero ha expuesto sus famosas esculturas en tres continentes distintos y en más de 20 ciudades principales.

Y en cada ocasión la reacción del público, de los medios y de la crítica ha sido fenomenal.

Cada una de estas muestras ha generado la asistencia de multitudes, y se puede decir que pocos escultores han logrado en vida una difusión de este alcance o una notoriedad comparable.

Así mismo, varios de los museos más Importantes del mundo han expuesto su obra pictórica.

El Grand Palals, de París. El Hermitage, de San Petersburgo.

El Reina Sofía, de Madrid. El Pushkin, de Moscú. El Hirshhorn, de Washington. El Arken, de Dinamarca. El Tamayo, de México.

El Palacio de los Papas, en Aviñón. Al menos seis museos en Japón. Ocho en Alemania.

En años recientes este maestro inauguró exposiciones en Tokio, Singapur, París y Atenas, y también en Roma, Alemania, Zuhch y Corea del Sur.

Fernando Botero ha presentado su trabajo pictórico en todas las capitales de Europa Occidental.

El Museo de Arte Moderno, de Nueva York, compró uno de sus cuadros más famosos.

El Metropolitan Museum tambiér Igual el Vaticano.

Su retrospectiva en el Antiguo Colegio de Sar Ildefonso, en la Ciudad de México, registró más de 218.001 visitantes.

Su exposición en el Musée Maillol, de París, recib’: más de 115.000 espectadores.

A su muestra en Estocolmo con una población de poco más de un millón de habitantes asistieron 110.000 personas: el 10 por ciento de la cliudad.

Es probable que de todos los artistas del momento, Fernando Botero sea el que más exposiciones ha realizado en museos, y de cuya obra se han escrito más libros (aparte de catálogos).

En octubre de 2006 la editorial Taschen, de Alemania, publicó un libro sobre su trabajo en cinco idiomas con un tiraje inicial de 50.000 ejemplares (algo excepcional para ur libro de arte).

Y en noviembre de 2003 la prestigiosa editoria Rizzoli presentó uno de los libros más costosos de producir en su historia, La mujer en el arte de Botero.

En resumen, ningún otro artista vivo cuenta con un curriculum o una trayectoria semejantes.

MUESTRA DE ALGUNAS OBRAS DE BOTERO:

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Fuente Consultada:
Revista de Arte Mundo Botero Un Territorio Vasto y Original
ARISTO Diccionario de Biografías Universales Editorial Visor
Enciclopedia Temática Ilustrada – Biografías – Editorla GL

Corrientes Artisticas del Siglo XX Sus Caracteristicas y Representantes

Descripción de las Corrientes Artísticas del Siglo XX
Sus Características y Representantes

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En Europa a partir de los inicios del siglo XX una crisis generalizada de valores definió los primeros años. El cambio de centuria debía significar la definitiva ruptura con los moldes del pasado y la construcción de un mundo mejor; sin embargo, Europa vivía tiempos difíciles, que culminarían con la primera guerra mundial, y ya había perdido parte de su papel rector del mundo.

La política colonialista emprendida por algunas potencias a lo largo del XIX comenzaba a volverse contra las propias potencias y las antiguas civilizaciones despertaban a la historia contemporánea exigiendo un creciente protagonismo.

Europa ya no era el centro del mundo y en pocos años quedaría desplazada por el engrandecimiento de los dos colosos que han protagonizado los principales acontecimientos del siglo, los Estados Unidos y la Unión Soviética.

El creciente espíritu científico, los adelantos técnicos y el desarrollo industrial a la vez que habían permitido progresar al hombre le habían creado una profunda insatisfacción en la propia condición humana.

La heterogeneidad que se atisbaba en la segunda mitad del XIX acabó por adueñarse del nuevo siglo y la falta de unidad acabó por ser el rasgo primordial de cuantas manifestaciones culturales llegaban a producirse. Tal heterogeneidad y multiplicidad de propuestas terminó por instalarse también en las artes plásticas.

Se sucedían con una rapidez vertiginosa los estilos artísticos y las manifestaciones individuales, pretendiendo todos ellos romper con los esquemas del pasado y edificar las bases del nuevo arte.

El inicio de una revolución estética hay que atribuirlo al éxito de las primeras vanguardias históricas, las cuales tuvieron el valor de conmocionar el mundo artístico con sus innovadoras propuestas que iban desde la total ruptura con la perspectiva renacentista al empleo más libre y subjetivo del color, pasando por la destrucción de las formas y el culto a la vida contemporánea.

Superando la etapa del impresionismo pictórico las obras de tres pintores geniales, Paul Cézanne, Paul Gauguin y Vincent van Gogh, constituyeron un cambio importante que la decadente sociedad de fin de siglo XIX se negó a aceptar de inmediato.

Cézanne declaraba que había que reducir la naturaleza en lo posible a la geometría, «todo puede concebirse como una esfera o un cubo». Gauguin insinuaba que los fenómenos actuales debían ser sólo un estímulo para visiones más fuertes: «Si veis algo verde, pintadlo lo más verde posible». Van Gogh, por su parte, temía que acabara «por pintar sin mirar la naturaleza».

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Vincent van Gogh

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Pintura Impresionista de Van Gogh (1889) – La Noche Estrellada: Pintó esta obra cuando estaba internado en un manicomio. Vendió escasas obras en vida, sin embargo esta obra se ha convertido en una de sus más celebres obras de la pintura moderna.

Así, la pintura se separó del mundo visible y, tomando a la letra la recomendación de Cézanne, ya al finalizar el siglo XIX se rebeló contra toda tradición y empezó la experiencia del cubismo.

Pero el cubismo era aún «el mundo como voluntad», un intento de demoler la estructura natural sin percibir todavía la que tiempo después lograrían los expresionistas y postexpresionistas bajo la influencia del psicoanálisis.

Sobre el impresionismo del siglo XIX: la reacción contra las exposiciones oficiales, la investigación sobre la naturaleza física de la percepción del color y la luz ciertas innovaciones técnicas y un concepto moderno del sentido de la vida fueron algunas de las circunstancias del nacimiento del impresionismo.El impresionismo es una escuela pictórica desarrollada en Francia, en la segunda mitad del siglo XIX, que trata de captar la impresión inmediata que produce la visión del natural generalmente al aire libre, por medio de una técnica rápida y directa de pinceladas sueltas y colores puros. El impresionismo hace uso de las nuevas teorías de la época sobre las modificaciones de los colores y su incidencia en la óptica, y el círculo cromático aportado por el científico francés Chevreul. Los impresionistas utilizaron solamente los colores primarios, yuxtaponiéndolos con los complementarios para pintar sombras, y descartando el negro de su paleta.

El historiador del arte Arnold Hauser hace coincidir el impresionismo con el positivismo contemporáneo, fruto de la Revolución Industrial, con su fe en el progreso y en la ciencia. Según este autor, es la culminación de cuatrocientos años de arte occidental, y una afirmación del «arte por el arte».

Sin embargo, a partir del impresionismo, y basándose en sus aportes, surgen las diferentes corrientes artísticas del siglo XX que acompañarán las tensiones y las guerras de ese siglo.

Los diversos movimientos que se suceden, desde entonces hasta 1940, se agrupan bajo el nombre de «vanguardias históricas».

Se usa el término «vanguardias» para aludir a la manera brusca en que estos movimientos se abrieron paso en un contexto artístico que todavía dependía estéticamente de modelos tradicionales, con los que chocaron a causa del radicalismo de sus propuesta.

Algunos de los mas destacados representantes fueron Picasso, Kandinsky, Mondrian, Duchamp, Dalí o Miró .

La causa última de la aparición de las vanguardias hay que buscarla en la multiplicación de las formas de percibir el mundo y su organización.

El arte deja de ser la expresión de un ideal colectivo unitario porque la sociedad no es uniforme. El artista ya no «reproducen» que otros consideraron bello, sino que investiga y encuentra.

Principales Corrientes Artísticas del Siglo XX:

1- Neoimpresionismo

2- Expresionismo

3- Simbolismo

4- Los «Nabis» y el arte oriental

5- Art Nouveau y Modernismo

6- Sintestismo

7- Fauvismo

8- Cubismo

9- Futurismo

10- Dadaísmo

11- Arte Abstracto

12- Pintura Naif

13- Surrealismo

14- Pop-Art

15- Otras Corrientes

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1- Neoimpresionismo

Antes del neo, tenemos una etapa de postimpresionismo, y se reserva a aquellos pintores vinculados al grupo impresionista que, en un momento dado de su evolución, hacia los años ochenta del siglo XIX, emprender un camino de radicalización formal, que lleva la pintura hacia metas completamente distintas.

Este movimiento fue consecuencia del desarrollo del arte francés desde 1885 hasta los albores del siglo XX. Sus representantes fueron pintores como Paul Cézanne, quienes querían desarrollar, pero también desafiar, los ideales del impresionismo. Cézanne tenía la esperanza de dotar de un sentido del orden a su obra.

Cezanne Paul

Autoretrato de Paul Cezanne

La obra de Paul Cézanne (1839-1906) marca el comienzo de una nueva era en la pintura, la de la modernidad. En los albores del siglo XX, todos los creadores hicieron una referencia explícita a su obra, especialmente Klee, Malevich, Matisse, Mondrian y Picasso.

El término  neoimpresionismo se usó para describir las producciones de Georges Seurat y de Paul Signac. Ambos usaron la técnica del puntillismo, pintando pequeños puntos para formar la escena de la obra. Seurat terminé) su pintura más famosa, Tarde de domingo en la isla de La Grande Jatte en 1886.

La obra pictórica y teórica de Georges Seurat (1859-1 891) constituye el punto de partida de una corriente pictórica denominada divisionismo o puntillismo, que pretendió hacer del impresionismo un procedimiento de representación científica, basado en el análisis de cómo son percibidos los colores por el ojo humano.

Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte” es el cuadro más ambicioso de Georges Seurat y también la obra cumbre del puntillismo. El puntillismo o divisionismo es una técnica pictórica basada en estudios científicos que se habían hecho sobre el color.

Los neoimpresionistas (tambien llamados puntillistas) que siguieron a los impresionistas, profundizaron aún más en las teorías del color, al que aplicaron con el pincel en forma de puntos sobre la tela. Se diferenciaron de los primeros en que mientras éstos pintaban el paisaje que veían, los puntillistas dieron importancia nuevamente a la estructura del cuadro, comenzando entonces el despegue entre la reproducción de lo observado y el cuadro como una creación del artista. Un neoimpresionista no comenzará un cuadro sin haber decidido su composición.

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2- Expresionismo

Pintores que se formaron dentro del impresionismo, como Cézanne, Van Gogh y Gauguin, luego crearon nuevas corrientes que cambiarían el lenguaje pictórico del siglo XX. El expresionismo se desarrolló principalmente en Alemania, entre los años 1900 y 1925, a través de dos corrientes: Die Brüeke (El Puente) y Der Blaue Reiter (El jinete azul). Para ellas la renovación no debía ser «solamente formal», sino que debía «dar origen a un pensamiento nuevo».

Die Brüeke: El grupo Die Brüeke, fundado en Dresde en 1905, reunió a Ernst Ludwig Kirchner, Emil Nolde, Otto Müller, Max Pechstein y Karl Schmidt-Rottluff. El movimiento fue disuelto en 1913. Sin embargo, a partir de 1910, el término «expresionismo» comenzó a ser utilizado frecuentemente.

Der Blaüe Reiter: Este movimiento fue fundado en 1911 en Munich por Wassily Kandinsky y Franz Marc, después de que éstos se retiraron de la Nueva Asociación de Artistas, creada por Alexis von Jawlensky.  Con la Primera Guerra Mundial, el movimiento se disolvió y los artistas tomaron caminos divergentes en su búsqueda por crear el arte moderno. En la década de 1930, los nazis condenaron el expresionismo alemán por considerarlo «degenerado» y numerosos pintores emigraron a Estados Unidos.

El expresionismo se inspiraba fundamentalmente en Vincent van Gogh y Edvard Munch, que veían en el color algo más que una posibilidad ofrecida a la pintura para abandonar la convención que aún la unía a la realidad óptica. Ellos consideraban el color y la forma como un todo que se prestaba para expresar las emociones y las pasiones humanas, sobre todo el dolor, y en primer lugar el propio.

El grito, pintado por Munch en 1893, contenía el germen del manifiesto plástico de esta corriente. De hecho, cuando en 1905 fue invitado a la inauguración de la primera exposición del grupo Die Brüeke, Munch se persignó y abandonó el lugar sin decir una palabra.

Aunque el expresionismo tiene antecedentes anteriores a Van Gogh, en la pintura y también en la literatura, éste se convierte en el paradigma de esa escuela de Van Gogh se interesa más por lo que tiene que transmitir que por el orden y la construcción del cuadro. Si deforma la realidad y utiliza colores violentos es para sacudir al espectador y hacerle llegar su mensaje. Dijo Van Gogh que había querido pintar con el rojo y con el verde las terribles pasiones humanas. Esta corriente arraigó más en los países nórdicos. E expresionismo se conmoverá con los acontecimientos sociales y las injusticias, y su producción estará al servicio de la denuncia. Como reacción contra el impresionismo y el realismo del siglo XIX, intentó penetrar hasta la esencia de las cosas; no le alcanza con reflejar la apariencia real.

En una época amenazada por la Primera Guerra Mundial, el hombre, angustiado, busca el sentido de su existencia. Su sentimiento ante la realidad es el sufrimiento y su búsqueda es la redención del hom bre. Desconfía de los adelantos científicos que prometen resolver los problemas de la sociedad.

Por otra parte, Georges Rouault, representante de expresionismo francés, crea un nuevo arte religioso que desnuda la íntima experiencia del individuo. Lo hace deformando la realidad y utilizando el color como recurso expresivo.

Podrían situarse tres períodos en la historia del expresionismo.

La primera, a fines del siglo XIX, con los precursores directos Van Gogh (del que ya hablamos), James Ensor (pintor belga que pintó cuadros de máscaras grotescas) y Edward Munch (noruego, que participó también del simbolismo y el modernismo; de sus cuadros, El grito es quizá el más conocido). Al mismo tiempo, en literatura se destacan Enrik Ibsen (noruego) y Johan August Strindberg (sueco) que escriben obras de teatro donde con ironía y amargura combaten la imagen aerifica -que consideraban falsa- que pretendía dar el arte oficial.

La segunda etapa puede situarse desde 1905 con la creación del grupo del Brüeke («puente») que agrupa a artistas alemanes eximios grabadores en madera. A partir de allí, el expresionismo agregará al uso del color violento, la utilización dramática del blanco y negro, como se verá en el cine expresionista alemán como El gabinete del Dr. Caligari de 1920.

La tercera etapa del expresionismo puede situarse a partir de la primera guerra mundial, donde los pintores, que eran pacifistas, representaron la locura en que se veía envuelta la sociedad.

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3- Simbolismo

Frente al carácter sensorial del impresionismo, las tendencias simbolistas aspiran a sugerir ideas a través de formas y colores. Fue una verdadera reacción contra el Realismo y el Impresionismo, el Simbolismo surgió alrededor de 1890. Sus representantes exploraron el mundo de la fantasía. Mediante metáforas, intentaron transmitir sus propias ideas acerca de los misterios de la vida. Algunos, por ejemplo, se inspiraron en la Biblia, mientras que otros se basaron en los fantasmas y los espíritus. Paul Gauguin pasó parte de su vida en Tahití, lugar de inspiración de la pintura Upa upa (danza del fuego de Tahití).

El fin del siglo XIX es la época de la burguesía triunfante. La sociedad parisiense vive tranquila y gozosa, como si ningún peligro la amenazara. Es un tiempo en que la alta sociedad está «en el mejor de los mundos». Al mismo tiempo, el malestar que afligía a los intelectuales y que se llamó «fin de siglo», fue el de una generación apática, que no encontraba salida a su esterilidad espiritual.

Dice el teórico del arte Maurice Denis con respecto a esta época:

«Nuestro arte era un arte de salvajes, de primitivos. El movimiento de 1890 provenía a la vez de un estado de extrema decadencia y de un fermento de renovación. Es el momento en que el nadador que se sumerge da con un fondo sólido y vuelve a subir» (Théories, 1890-1910).

Contra el materialismo reinante surgieron escritores y pintores que plasmaron su producción en una línea mística, a veces con influencia de religiones orientales. Se llamaron simbolistas porque reflejaban en sus obras una idea, un símbolo.

Se origina así el simbolismo, que podríamos llamar a una corriente artística internacional que trata de evocar ideas inmateriales o suscitar emociones espirituales, a través de imágenes, colores y formas alejadas de toda descripción física o real. Sus temas, inspirados en la religión, la mitología o en ritos o actitudes misteriosas, adquieren valores simbólicos. Los simbolistas recuperan el interés hacia lo místico frente a lo natural, de lo enigmático frente a lo comprensible, y, sobre todo, de lo intelectual frente a lo sensorial.

A esta corriente pertenecen tanto artistas formados en la tradición romántica, como Gustave Moreau (1 826-1 898), Pierre Puvis de Chavannes (1824-1898) u Odilon Redon (1840-1916), como otros que asimilan procedimientos derivados del impresionismo, case de Gauguin, cuya obra tiene un claro componente simbolista. Por consiguiente, puede decirse que el simbolismo es más un talante que un estilo unitario, receptivo a muchas de las conquistas formales modernas.

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4- Los «Nabis» y el arte oriental

Mientras toda Europa interpretaba el impresionismo, en París se hacían propuestas artísticas cada vez más radicales, basadas en el aprovechamiento de los rudimentos esenciales en la tarea de pintar, como son los colores. La autonomía de este elemento es capital para comprender la revolución que anuncian los nabis y llevan a cabo los fauves.

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Paul Gauguin – Visión del sermón (1888)

Hacia 1900, un grupo de pintores seguían, al pie de la letra, los consejos de Gauguin respecto a extremar el tono de los colores de las cosas, es decir, pintar el azul de las sombras con azul ultramar puro, las hojas rojizas de los árboles de bermellón, etc. Así, el color se convirtió para ellos en una especie de revelación mística esencial. Se dieron a sí mismos el nombre de nabis, que, en hebreo, significa «profetas»

Los Nabis («profetas» en hebreo) tenían una tendencia más decorativa que los simbolistas. Provenientes algunos de este último movimiento, estuvieron influidos por el arte del Extremo Oriente. Desde mediados del siglo XIX comenzaron a llegar estampas japonesas a Europa que entusiasmaron a los pintores por el uso extremadamente libre que nacían del color y por el encuadre original. Además, en 1890 se inauguró en la Escuela de Bellas Artes de París una exposición de arte japonés que fue muy visitada por los pintores del momento. Su influencia se hizo notar en pintores como Van Gogh, Gauguin, Toulouse Lautrec y los Nabis.

Maurice Denis, teórico de los Nabis, conoció a Gauguin, quien le enseñó a intensificar los colores y a rechazar el arte de las academias. Denis pronunció la sentencia que definió su concepto de pintura y que guió a muchos artistas: «Se ha de recordar que un cuadro, antes de ser un caballo de batalla, una mujer desnuda o una anécdota cualquiera, es esencialmente una superficie plana recubierta de colores unidos en determinado orden».

También formuló una «teoría de las equivalencias», que afirma que las emociones o estados de ánimo se traducen, en la imaginación de un artista, en signos que son equivalentes plásticos capaces de traducir esas emociones.

Paul Gauguin, uno de los iniciadores del grupo Nabí, se diferenciará de Van Gogh en que centrará más su interés en lo decorativo. De este modo, simplifica el dibujo y cubre grandes superficies con colores planos y brillantes.

El grupo Nabí estaba unido por una búsqueda espiritual. Se interesaron por la filosofía, la teología y la teosofía y estudiaron religiones orientales. Uno de los propósitos de los Nabis fue el de embellecer el ámbito de la vida cotidiana. Varios de ellos decoraron estudios, capillas, vidrieras y carteles publicitarios. También diseñaron mobiliario e incluso azulejos. Quisieron liberar el arte promoviendo originalidad y fantasía.

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5- Art Nouveau y Modernismo

El art nouveau tuvo su apogeo en 1900, con la Exposición Universal de París, pero fue rápidamente abandonado, y desapareció durante la Primera Guerra Mundial. Resurgió en la década de 1960, y despertó un gran entusiasmo, estimulado por una especulación desenfrenada por las piezas que habían sobrevivido a la destrucción masiva. De hecho, esta corriente artística frecuentemente desprestigiada representaba el primer intento por llevar a nivel internacional el modernismo. En ese sentido, este arte del cambio de siglo tradujo las aspiraciones y contradicciones de una época en crisis.

El arte de 1900 y sus corrientes
Los orígenes del art nouveau son múltiples y difusos, pero se estima que el anhelo de belleza de los Nabis se encadenó con movimientos similares en otros países, que buscaron una salida al creciente avance de la industria. Fue una corriente esteticista que se llamó Art Nouveau en Francia, Modern Style en Inglaterra, Jugendstil en Alemania, Sezession en Austria, Liberty en Italia y Modernismo en España.

Aunque tuvo características diferentes en cada país, algo común a todas fue el acercamiento a la morfología de la naturaleza. El rasgo dominante fue la línea curva expresada a través de ondulantes tallos, copas de follaje y flores. Entre ellas asomaban soñadoras doncellas de largas cabelleras y vaporosos vestidos. Predominaba el arabesco tomado del arte japonés, las tintas planas y el efecto decorativo. Este estilo se impuso en todo tipo de producción artesanal, lámparas, vitrales, muebles y diseños.

En Barcelona, España, es notable la obra del arquitecto (calificado como modernista, pero con un estilo muy personal) Antoni Gaudí, con sus edificios residenciales de ondulantes frentes, algunos recubiertos de azulejos y con la herrería de balcones diseñada por él. También trabajó en el parque Güell, un paseo desde donde se puede contemplar la ciudad. La Iglesia de la Sagrada Familia, su obra más importante, hecha en estilo modernista pero imitando el gótico, se interrumpió al morir Gaudí en 1926.

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Catedral de la Sagrada Familia en Barcelona – Arquitecto Gaudí –

Un estilo inédito: A pesar de su diversidad, las prácticas del art nouveau convergían en su rechazo generalizado a la tradición académica, a su enseñanza y a sus modelos históricos y sus instituciones. Así, durante la década de 1890, las secesiones florecieron por toda Europa. Esta doctrina rechazaba la arbitrariedad del adorno enchapado. La arquitectura exhibía sus materiales con franqueza, especialmente el hierro. Siguiendo el mismo concepto se prefería el tallo a la flor. Asi se inició un verdadero culto a la línea. La omnipresente y serpentina, solía terminar en «latigazo», verdadera firma de un arte que incluye entre sus heredederos directos a Matisse y Klee.

La obra de Matisse posterior a la formulación del fauvismo se nutre de los principios originales, dominados por lo decorativo, donde los colores parecen el resultado de teñir la tela. Tiende a desvincular completamente el dibujo, que forma un arabesco rítmico, a través del cual trata de aludir vagamente al perfil de las cosas, y el color luminoso que llega a dominar todo el cuadro, como si fuera fruto de una disociación entre sensación y realidad o de un acorde musical. En la última etapa de su vida, Matisse emplea papeles pintados y luego recortados, que forman figuras femeninas o motivos vegetales de extraordinario efecto al ser reproducidas

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Matisse se recuperaba de una enfermedad cuando su madre le regaló una caja de pinturas. En ese momento, el artista, que entonces tenía veinte años, inició su cañera. A Matisse le fascinaba el color. A través de la paleta, intentaba transmitir estados de ánimo, ideas y formas. Durante toda su vida, experimentó con los colores. Sus obras reflejan energía, plenitud y sentido del juego. No en vano, Matisse decía que el placer que en todas las épocas la obra de arte proporciona al hombre proviene de la comunión entre la obra y quien la contempla.

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El collage es una técnica que consiste en cortar trozos ele papel, disponerlos para componer una imagen y pegarlos sobre una superficie plana. Enamorado del color, cuando Matisse no pudo abandonar la cama por su enfermedad, sustituyó las sutiles pinceladas por esta técnica. Pintaba las hojas de papel con gouache-. luego, las recortaba y las pegaba formando bellísimas composiciones. Hizo esto con alegría hasta sus últimos años.

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6- Sintestismo

A principios de siglo la renovación de los medios expresivos es el problema que debaten todos los artistas creadores. La formación en las academias es rechazada por estéril y vacía, por considerarla alejada de lo esencial, lo imaginativo y poético.

Se recibe con entusiasmo la frase de Gauguin: «Para nosotros, lo bárbaro es una forma de rejuvenecernos». Paul Gauguin creó, junto con otros pintores, el movimiento llamado sintetismo, que realizó la simplificación deliberada de las formas, las líneas y los colores. Se resume el credo de este movimiento en un artículo dedicado a Gauguin: la obra de arte debe ser idealista, expresar una idea; simbolista porque lo hace por medio de formas; sintética porque le da comprensión general; subjetiva porque la idea es percibida por un sujeto, y finalmente, decorativa.

Según Gauguin, el querer reproducir todo lo que se ve conduce al aburrimiento. En cambio, la distribución de colores, luces y sombras es la música del cuadro. También recomienda no trabajar tanto copiando la naturaleza, a diferencia de los impresionistas. El arte es abstracción y se debe tomar de la naturaleza lo que se ve en sueños.

Gauguin huyó de la civilización y pintó sus más hermosos cuadros en Tahití y en las islas Marquesas (donde murió en 1903). Junto a la arena y al mar pintó a las nativas de las islas en una sinfonía de colores.

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7- Fauvismo

El Fauvismo (nombre que deriva de fauves, que significa fieras) fue una corriente efímera pero decisiva. Cronológicamente el fauvismo fue el primer movimiento de vanguardia del siglo XX. Henri Matisse (1869-1954), «el rey de los fauves», fue el líder del grupo y su representante más influyente. A su vez, recibió la influencia de Gauguin y fue alumno, al igual que Georges Rouault, del pintor simbolista Gustave Moreau. Su búsqueda consistía, según los términos de su maestro, en «simplificar la pintura».

La perspectiva, el modelado y el conjunto de las técnicas de imitación de la naturaleza heredadas del siglo XIX fueron sustituidos por el uso de colores puros, dispuestos de manera plana, y de líneas curvas para delimitar las formas. El primer cuadro fauvista de Henri Matisse, La alegría de vivir, respondía a estos postulados de la pintura moderna: afirmación de la superficie y saturación de los colores.

El más destacado del grupo es Henri Matisse. Rouault, que también era francés, se centró más en la emoción que en la composición del cuadro, por lo que se lo ubica mejor entre los expresionistas.

Para Matisse la expresión no reside en la pasión de un rostro ni en movimientos violentos, sino que se encuentra en el ordenamiento total del cuadro: el espacio que ocupan los cuerpos, los vacíos que lo rodean, las proporciones. Los colores deben actuar como un acorde luminoso, adaptarse a la forma que, a su vez, puede modificarse según las vecindades cromáticas. Si variaba el color de un objeto en el cuadro, debía cambiar también los otros colores para que el acorde de colores fuera perfecto.

Matisse buscaba un arte de equilibrio, sin temas inquietantes. Sus preocupaciones no fueron sociales sino estéticas. Investigó aisladamente cada elemento constructivo del cuadro: el dibujo, el color, los valores y la composición, y se preocupó por unificar los elementos para que el conjunto cobrara plena expresión.

Otro pintor posimpresionista que fue inspirador de vanguardias fue Paul Cézanne. Como la mayor parte de los pintores de su tiempo, su paleta se aclaró con el impresionismo, pero luego se desligó del grupo. El pintor impresionista pretendía «no ser más que un ojo», mientras que la mirada de Cézanne reconstruye con la imaginación lo que observa. Se toma libertades con la perspectiva y suprime la profundidad.

Cuando en Cézanne la apariencia natural aparece «deformada», ello se debe a razones objetivas y constructivas de la imagen. Cézanne comprendió que el modo más alto de imitar el universo no consiste en copiar detalles sino en repetir el mecanismo de la creación (a manera de símbolo).

Para Cézanne el arte debe mostrar orden. La estructura del cuadro obedece a la ley constructiva de la naturaleza. Aspira a componer la superficie como si se tratara de una arquitectura. Decía que en la naturaleza todo se modela según la esfera, el cono y el cilindro, y había que aprender a pintar sobre la base de estas formas simples. Si bien continúa partiendo de lo figurativo, el cuadro se construye mentalmente.

Según Cézanne, en la naturaleza no existen líneas ni modelado, sino contrastes, y si estar, correctamente yuxtapuestos el cuadro se modela solo; es decir, en la medida en que se pinta también se dibuja.

Al fragmentar los objetos por planos de color y de ese modo dar volumen al modelo, se le conoce como inspirador de los cubistas. Será el comienzo de la «deconstrucción» del objeto.

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El puente de Chatou- Maurice de Vlaminck 1906

Un fauvista «tranquillo». La escuela de Chatou (Yvelines), célebre en la época del impresionismo, fue también la sede del desarrollo de la corriente fauvista. Vlaminck, por su forma de tratar la pincelada, fue el heraldo del primer estilo fauvista. La pincelada sucedió al divisionismo de Seurat y Signac. La exhibición de los medios con los que se pinta y la transposición del modelado en colores degradados confunden las materias en una sola masa productora de luz.

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8- Cubismo

Pablo Picasso (Málaga, 1881-Mougins, 1973) y Georges Braque (Argenteuil-sur-Seine, 1882-París, 1963), un español y un francés, retomaron a comienzos del siglo XX la lección plástica de Cézanne y pusieron en marcha la revolución bautizada con el nombre de «cubismo» (según Louis Vauxcelles, al declarar en 1908, en casa de Daniel-Henry Kahnweiler, que Braque reducía todo a «esquemas geométricos, a cubos»).

Después de la época azul (1901-1904), llena de amargura, o de la ternura de la época rosa (1905-1906), Picasso buscó un estilo despojado de lo sentimental. Se sintió atraído por el «arte negro» de las esculturas que habían llegado a Europa de África y Oceanía, y por la obra de Gauguin, cuyos relieves y tallados en madera muestran la simplificación de las figuras y los rostros de rasgos exagerados y esquemáticos. El primer cuadro que inauguró este cambio fue Les demoiselles d’Avignon (Las señoritas de Aviñón), pintado en 1907, por lo que se toma esa fecha como comienzo del cubismo.

El nombre al movimiento se le dio un poco después, cuando expusieron algunos paisajes en el Salón de Otoño de 1908, que parecían tener forma de cubos, se usó el término «cubismo» para identificar una forma de pintar basada en planos luminosos y trasparentes que definían las cosas.

En 1908 Picasso y Braque pintan paisajes y casas simplificando y geometrizando lo que ven. Nuevamente será un crítico el que bautizará este movimiento, al expresar que estos pintores reducen todo a «cubos». Paulatinamente se fueron quebrando cada vez más los elementos de los volúmenes, la paleta se redujo al negro, al blanco, a los tonos grisados y al ocre.

Las líneas se quiebran y aparece articulada la forma de la naturaleza. Los cuadros están hechos por planos facetados -como los cristales-, cuyos extremos o bases están unidos por «pasajes» que suavizan los contornos. Un mismo objeto está representado desde distintos ángulos: se ve una parte desde abajo, otra de perfil, una tercera desde otro punto de vista, todas unidas en la forma por superficies que se incrustan, se colocan una junto a otra, se interpenetran. Desaparecen así figura y fondo, y el mismo objeto representado a veces es identificado por algún elemento: las cuerdas del violín o las letras del periódico.

Esta etapa del cubismo, que se llama analítica, evolucionó con un hallazgo que tuvo enorme importancia en la historia del arte. Para hacer al cuadro más legible, y al mismo tiempo introducir motivos de color, Braque comenzó a pintar zonas planas sin fracturar dentro del cuadro, imitando por ejemplo la textura de la madera cuando quería que se reconociera una guitarrra. Esto acentuó el carácter bidimensional del cuadro y ayudó a identificar el objeto retratado. Al mismo tiempo no tiene efecto ilusionista, ya que más bien acentúa cuánto se separa un objeto de su representación pictórica.

El cubismo analítico, que queda formulado entre 1909 , 1911, consiste en abordar la representación de los objetos a base de una multitud de planos pictóricos, definidos a partir de una maraña de líneas geométricas entrecruzada que aluden a la multiplicidad de percepciones físicas y mentales que se pueden tener de un objeto, cuando es considerado en sí mismo. Los cuadros de esta época sor más bien, medianos o pequeños, y están ejecutados con una gama cromática reducida y apagada donde abunda» ocres y verdes.

El siguiente paso fue pegar al cuadro papeles que imitaban madera. Picasso, a su vez, en su cuadro Naturaleza muerta con silla de esterilla, pegó un pedazo de hule acanalado que imitaba el asiento de una silla. Este detalle se destacó más del resto del cuadro por estar rodeado por una cuerda. Esta innovación de introducir otros materiales en el cuadro tendría en el futuro gran repercusión entre artistas y escultores. Con su cuadro entra Picasso en el juego intercambiable de lo «auténtico», la «reproducción» y lo «artificial».

Desde 1912 comienza la fase sintética del cubismo. Los planos se agrandaron y una estructura más clara englobó extensiones monocromas cada vez más numerosas. Se introdujo nuevamente el color y se acentuó la bidimensionalidad del cuadro. En esta fase, el cubismo pintaba simples bodegones y durante un tiempo Braque y Picasso dejaron de firmar sus cuadros en un intento de desmitificar la obra y el artista.

El cuadro se acerca al objeto manufacturado, actitud que culminará poco después con los ready-mades de Marcel Duchamp y el Dada. Durante la guerra civil española, para recordar el bombardeo salvaje que destruyó completamente la ciudad de Guernica, Picasso pintó su famoso cuadre homónimo. Éste, de gran tamaño, a expreso pedide del pintor, sólo pudo exhibirse en España después de la muerte del dictador Franco.

Características:

1. La valoración de la obra de Cézanne, muerto ese año, que pretendió hacer del impresionismo algo sólido y duradero, donde las cosas tenían una entidad al margen de su contemplación.

2. Los relieves ibéricos de Osuna, expuestos en el Louvre, de formas simples y estilizadas, con gran fuerza expresiva.

3. El arte africano, cuyas máscaras, de rasgos angulosos y rotundos, poseían una corporeidad imponente y abstracta.

Resultado de todo ello es una obra capital, Los señoritas de Aviñón, donde representa a las mujeres de un prostíbulo de la calle Aviñon de Barcelona que se exhiben desnudas ; pero lo verdaderamente novedoso es su «construcción» a base de planos quebrados, como si fuera un relieve, que niega la ilusión de profundidad y, sin embargo, produce una rotunda sensación de volumen.

las señoritas de avigñon

A partir del Salón de Otoño de 1905, Picasso trabajó en una fructífera emulación junto a André Derain y Henri Matisse, asimilando la herencia de Cézanne y el arte africano. Braque, después de haber pasado el verano de 1906 en L’Estaque, desvió su fauvismo hacia una liberación del motivo. Sus trayectorias, hasta entonces paralelas, se cruzaron en 1907, en el taller de Picasso en Bateau-Lavoir, ante el cuadro Las Señotitas de Aviñón, que vemos arriba.

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9- Futurismo

Esta corriente surgió en Italia a inicios del siglo XX. Se inspiró en el triunfo de la tecnología y los inventos modernos sobre la naturaleza. El ideal de un futuro prometedor que dejaría atrás el pasado motivó a sus representantes. Las formas geométricas y las líneas quebradas de las obras de Umberto Boccioni muestran su amor por la velocidad y por la tecnología.

En Italia, en 1909, Marinetti publicó su Manifiesto futurista:

Este manifiesto reunía los postulados del futurismo: la violencia de los argumentos, la voluntad de provocación y el deseo de romper con el pasado y con los intelectuales. En las veladas futuristas organizadas por Marinetti abundaban los insultos, que solían llegar a la violencia física contra el público.

«Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad… Un automóvil rugidor, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia»

Agrega, con una ideología que nos repugna:

«Queremos glorificar la guerra -única higiene del mundo- el militarismo, el patrioterismo, el ademár destructor de los anarquistas, las bellas ideas que matan y el desprecio por la mujer».

Con esta declaración contraponía los valores viriles al culto de la mujer que se había extendido en el simbolismo y el Art Nouveau.

Un compromiso sin matices
Los futuristas declararon en este manifiesto teórico que convenía desprenderse de la «gangrena de profesores, arqueólogos y anticuarios». Proclamaron su voluntad de terminar con todo el arte antiguo y también con la tradición: el manifiesto llamaba al «desprecio por la mujer», percibida como la guardiana de los valores del pasado.

La nueva cultura debía exaltar el movimiento, única realidad del mundo moderno. La inmovilidad era sólo una apariencia; todo era dinámico, vibraciones y desplazamientos.

El entusiasmo provocado por el movimiento llegó hasta la apología de la destrucción: los artistas se comprometieron con fervor en la guerra, que consideraban como la «única higiene del mundo». Las simpatías anarquistas iniciales no impidieron que en 1919, en momentos en que se hablaba de un «segundo futurismo», Marinetti declarase haber encontrado en Benito Mussolini al «futurista ideal», que ese mismo año había fundado los «fascismos de combate».

Más tarde, los pintores futuristas, aglutinados, publicaron un manifiesto técnico donde declaraban tres posiciones: una teórica, que afirma que «el dinamismo universal debe ser plasmado como sensación dinámica»; una científica, «el movimiento y la luz destruyen la materialidad de los cuerpos»; y una técnica, que toma como modelo la pintura neoimpresionista con sus colores complementarios como forma de expresar el dinamismo. Al tomar contacto con la pintura analítica de los cubistas, los futuristas sintieron esa influencia, y al mismo tiempo las ideas futuristas repercutieron en otros artistas.

Balla, que intentaba expresar por medio de líneas directrices la esencia dinámica de los objetos, hizo cuadros en apariencia no figurativos. En escultura, la obra más conocida es la de Humberto Boccioni, Formas únicas de la continuidad en el espacio. Robert Delaunay, pintor francés, da también un paso hacia la pintura no figurativa. Dice este artista sobre su pintura: «Me atreví a estructurar una arquitectura con colores, en la esperanza de crear los elementos de una poesía dinámica que se mantuviera plenamente en el ámbito de los recursos plásticos, sin ninguna literatura ni anécdotas descriptivas».

Futurismo Boccioni

Partiendo del cubismo, y haciendo que los colores jueguen entre sí al desarrollar sus contrastes, pinta en 1912 una serie de cuadros Las Ventanas, donde facetando áreas de colores primarios y complementarios, realiza cuadros abstractos. Sin embargo, hasta 1930 persisten elementos figurativos.

Manifiestos futuristas contienen ideas revolucionarias que lo conectan con el Dadá que hará su aparición pocos años después, y muestran su desprecio por el arte clásico: «Admirar un cuadro antiguo es derramar nuestra sensibilidad en una urna funeraria». El poeta Gillaume Apollinaire (1880-1918) adivinó la sensibilidad de su tiempo y fue también difusor de movimientos como el cubismo y el futurismo. Fue amigo de Duchamp y puede ser considerado precursor del Dadá.

Dadá o Dadaísmo, movimiento que abarca todos los géneros artísticos y es la expresión de una protesta nihilista contra la totalidad de los aspectos de la cultura occidental, en especial contra el militarismo existente durante la I Guerra Mundial e inmediatamente después. Se dice que el término dada (palabra francesa que significa caballito de juguete) fue elegido por el editor, ensayista y poeta rumano Tristan Tzara, al abrir al azar un diccionario en una de las reuniones que el grupo celebraba en el cabaret Voltaire de Zurich. (Fuente ENCARTA)

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10- Dadaísmo

El dadaísmo fue una actitud subversiva que negaba todos los valores culturales establecidos por una sociedad «de orden», que, paradójicamente, había incubado la locura destructiva de la Primera Guerra Mundial. Es una protesta contra la sociedad que había desembocado en tan grande conflicto bélico. Suponía al lenguaje convencional del arte como algo ya gastado, y con su actitud cuestionaba no sólo el valor del arte sino también la situación entera del hombre.

El dadaísmo, desengañado de las formas culturales estaba pidiendo la destrucción del arte y el retorno al caos. En su manifiesto aseguraba que toda acción humana era fútil. Detrás de estas agresiones había una angustia latente y una rebeldía contra la sociedad. Se caracterizó por su antibelicismo, que demostró por diversos medios haciendo uso de la ironía, el sarcasmo y el doble sentido. Congregó a literatos como Bretón y a artistas como Picabia.

Con el fin de expresar el rechazo de todos los valores sociales y estéticos del momento, y todo tipo de codificación, los dadaístas recurrían con frecuencia a la utilización de métodos artísticos y literarios deliberadamente incomprensibles, que se apoyaban en lo absurdo e irracional. Sus representaciones teatrales y sus manifiestos buscaban impactar o dejar perplejo al público con el objetivo de que éste reconsiderara los valores estéticos establecidos. Para ello utilizaban nuevos materiales, como los de desecho encontrados en la calle, y nuevos métodos, como la inclusión del azar para determinar los elementos de las obras.

Marcel Duchamp fue el artista que revolucionó por completo la concepción y el destino de la obra artística. Después de iniciarse en la pintura con obras de apariencia futurista, puso en circulación desde 1913 los ready-made (objetos ya hechos), definidos de este modo por su autor: «Objeto usual elevado a la dignidad de objeto artístico por la simple elección del artista».

Presentó en primer lugar la Rueda de bicicleta que fue seguida por otras como el Portabotellas y Farmacia. El intento más escandaloso fue su intención de exhibir un urinario en una muestra de Nueva York. Junto con otros exiliados de guerra, en 1915 fundó el grupo «Los Independientes», en el que integraba el jurado. Sin embargo, al presentar el urinario puesto al revés con el nombre de Fontaine, fue rechazado por sus compañeros.

marcel duchamp artista

Rueda de Bicicleta de Marcel Duchamp, No cumple con su función pero Duchamp ha valorado el aspecto formal del objeto, su geometría.

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El Cuadro Antiguo (1946) de Kurt Schwitters – Fuente (1917) de Marcel Duchamp

Otros artistas como Picabia y Man Ray trabajaron en París en la línea de los ready-mades. Picabia multiplicó las provocaciones públicas, Man Ray trabajó principalmente con collages, fotografías, fotomontajes y rayogramas, mientras que Duchamp afirmó su singularidad con El gran vidrio. En cuanto a Tzara, su retorno en 1920, preparado por las revistas Sic, de Pierre-Albert Birot, y Nord-Sud, de Pierre Reverdy, se realizó en el seno del grupo Littérature de André Bretón, Philippe Soupault, Paul Eluard y Louis Aragón. Después de la desavenencia entre Tzara y Bretón, este último lanzó en 1924 su «secesión», en un comienzo esencialmente literaria, en la vía del surrealismo.

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11- Arte Abstracto

El arte abstracto, que abarca varios estilos bien definidos, empezó a desarrollarse en Alemania, Estados Unidos, Rusia y los Países Bajos durante la segunda década del siglo XX. El cubismo fue crucial para su evolución, sobre todo en Rusia, donde los artistas, que conocían las tendencias francesas, bien a través de sus viajes a París, o contemplando el arte de vanguardia en las colecciones moscovitas, empezaron a crear cuadros de composición geométrica.

Se toma como inicio del arte abstracto el año 1913, cuando el ruso Casimir Malevitch pintó su Cuadrado negro sobre fondo blanco. Esta obra es el origen del suprematismo, arte abstracto dominado por el lenguaje estrictamente geométrico, destinado a hacer visible la liberación de las artes del apego a los objetos. Malevitch pintará formas coloreadas en tonos vivos sobre el fondo blanco, y se verá ahí no sólo un «mundo sin objetos» sino también una liberación de las fuerzas de la gravedad y de la condición terrestre. Su obra está impregnada del espíritu de trascendencia al que aspiraba este pintor en su misticismo.

En 1915, Malevitch redactó un manifiesto en el cual limita los elementos de su pintura al rectángulo, el círculo, el triángulo y la cruz. Recién en 1917 la escuela alemana de diseño Bauhaus publicó su obra teórica El mundo sin objeto.

Mondrian, pintor holandés que recibió la influencia del cubismo y se dedicó a la abstracción. Partiendo de dibujos de iglesias y árboles, fue reduciendo la representación a esquemas geométricos, suprimiendo todo lo que le parecía superfluo y ornamental, hasta limitarse sólo a las verticales y las horizontales, y a los tres colores primarios (rojo, azul y amarillo), el blanco, el gris y el negro (estos tres últimos no se consideran colores al no estar en el círculo cromático).

El grupo de pintores que, junto con Mondrian, adscribían a la abstracción geométrica, buscaba a través de su arte alcanzar la expresión más pura. Para expresar directamente al universo debían ser universales, es decir, abstractos. Esta búsqueda de la armonía y la pureza tenía afinidades con fuentes matemáticas y musicales.

Al finalizar la primera guerra mundial publicaron un manifiesto que pregona la unión de las conciencias en un combate contra eljmdividualismo y la arbitrariedad. En Rusia, con el antecedente de Malevitch y con efentusiasmo de la revolución que derrocó al zarismo en 1917, surgieron escultores abstractos que se basaron en la estructura de la forma, en la ciencia y en la ingeniería: las leyes de la construcción geométrica -pensaban- revelan las leyes que originan las formas de la naturaleza.

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Cruz negra
Kasimir Malevich Comienzos de los años 1920
Oleo sobre tela, 106 x 106 cm Museo Nacional Ruso, San Petersburgo
Un límite del suprematismo. La cruz, segundo suprema después del «cuadrángulo», era para Malevitch el elemento geométrico obtenido por la rotación de una mitad del cuadrado negro. Aunque el pintor se oponía a la imagen tradicional y rechazaba por ello la figuración, la cruz tenía una fuerte connotación y fue rápidamente percibida como una imagen de la Pasión. Sin duda, esta identificación marcó el límite de la capacidad suprematista de concebir una forma totalmente nueva para acceder al mundo trascendente.

En un manifiesto de 1920, Antoine Pevsner, junto con su hermano Gabo, que integraban el grupo constructivista de índole abstracta, proponían un arte que se fundara en la vida real. Para lograrlo debían responder a dos elementos fundamentales: el espacio y el tiempo. De este modo, crearon obras que demostraron que el volumen no es la única expresión del espacio.

El pintor ruso Kandinsky, residente primero en París y luego en Alemania, pasó de la etapa fauve a la abstracción. En 1911 participa del grupo Der Blaue Reiter (el jinete azul), que en un lenguaje cercano al expresionismo causó un revuelo entre los artistas alemanes.

Kandinsky inició  su recorrido hacia la pintura «abstracta» (al propio artista no le gustaba esta palabra), el que estuvo marcado por una actividad teórica: en 1912 publicó De lo espiritual en el arte. A partir de la defensa de la función espiritual del arte como lo esencial, construyó una teoría de la pintura abstracta, concebida como indicio del progreso social. De allí en adelante, el color y la forma liberados estallaron en composiciones dinámicas cuyo equivalente sólo es posible encontrarlo en la música. Impresiones, Composiciones y Fugas fueron los títulos de varias de sus obras, reflejos del «goce puro» y del «entusiasmo» que le producía el color: «A menudo, una mancha de un azul límpido, percibida en la sombra de una espesura, me subyugaba tan intensamente que pintaba un paisaje entero» (Mirada al pasado y otros textos, 1912-1922).

De regreso en Moscú, se desempeñó como profesor en la Academia. Ante la exigencia del Partido Comunista Ruso de que el arte debía ser realista y publicitar el trabajo del pueblo, regresó nuevamente a Alemania, en donde fue convocado para ser profesor en la Bauhaus. Desde 1919 su arte abstracto es lírico, y va geometrizándose. La superficie pictórica es el soporte donde las formas se convierten en símbolos. Para Kandinsky, los colores son equivalentes a los sonidos para los músicos.

En 1933 Hitler reúne sus cuadros, junto con los de Klee y otros pintores expresionistas, en una exhibición que llamó «arte degenerado», para luego quemarlos públicamente.

En su libro Lo espiritual en el arte, Kandinsky habla sobre tres series que pintó hacia 1910. La primera reúne impresiones directas de la naturaleza exterior; la segunda, expresiones inconscientes de vivencias de naturaleza interior, a las que llama Improvisaciones, y la tercera la constituyen obras elaboradas lentamente, examinadas, a las que llama Composiciones. No es sólo el cálculo lo que prima en estas obras sino, sobre todo, la intuición.

Estas tres tendencias son fundamentales y definitorias de toda la abstracción. Paul Klee, por su parte, pintó cuadros abstractos perc participó también del surrealismo y del expresionismo. El artista, decía, no debe copiar la naturaleza sinc hacer visible el impulso que la crea. Para él, «la naturaleza es el arte de otro». En pequeños cuadros, Klee experimentó mezclando técnicas y materiales. El arte abstracto tomó distintos nombres en Europa según los estilos particulares.

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Este retrato abstracto —«Senecio» significa ‘hombre viejo’— revela la gran influencia del Cubismo en la pintura de Paul Klee. La obra está compuesta de formas geométricas, y los colores son suaves y cálidos. Con un simple triángulo, el ingenioso artista sugiere una ceja levantada en un gesto de desaprobación.

Paul Klee fue un artista sumamente original y apreciado por el público. Trabajó intensamente y dejó un gran legado artístico. Produjo más de nueve mil obras de arte. Es difícil definir el estilo de Klee: algunas de sus imágenes son directas y figurativas, pero otras son totalmente abstractas.

Una línea que sale de paseo: Así es como Klee pensaba el dibujo. Comenzaba a trazar líneas sueltas con el lápiz para ver qué formas surgían. Como un niño, jugaba con las figuras y con los colores, y dejaba que su imaginación hiciera el resto, confiando en su casi infinita inspiración.

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12- Pintura Naif

Arte Naif, es una expresión usada  para calificar la producción pictórica, escultórica o arquitectónica elaborada por una persona que, por lo general, no posee formación artística previa. En la mayoría de los casos los artistas naif han sido autodidactos. Se han utilizado numerosas expresiones para calificar a este arte (arte innato, arte instintivo, neoprimitivismo) y a sus autores (pintores ocasionales, maestros populares de la realidad, primitivos modernos), pero ninguna de ellas parece totalmente satisfactoria.

 Pintores del Arte - Alfred Wallis

Alfred Wallis
Dos barcos con velas amarillas y un faro (siglo XX) Wallis era un pescador que empezó a pintar cuando tenía alrededor de sesenta años. Los temas de sus cuadros son la pesca, los barcos y las aldeas costeras

Si el arte naïf está, por lo general, al margen de la historia de los estilos, escuelas o vanguardias, sin embargo, sus autores, aunque no hayan recibido formación académica alguna, no viven fuera del mundo y son sensibles a sus orígenes, a las artes y tradiciones populares (forja, cerámica, madera, tejidos, bordados, encajes) o a modelos académicos ampliamente difundidos, desde los calendarios de correos de antaño a los catálogos y la publicidad del mundo moderno. (Fuente ENCARTA)

Ver Obras y Características del Arte Naif

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13- Surrealismo

La Corriente Surrealista  lanzó su primer manifiesto en 1924, firmado por André Breton, Louis Aragon, Paul Eluard, Benjamin Péret, entre otros. Allí es definido como «automatismo psíquico puro» que intenta expresar «el funcionamiento real del pensamiento». La importancia del mundo del inconsciente y el poder revelador y transformador de los sueños conectan al surrealismo con los principios del psicoanálisis.

Algo surrealista es «más que real». Los pintores surrealistas pensaban que los sentimientos más intensos podían expresarse mediante pinturas similares a los sueños, que mostraran objetos comunes en situaciones imposibles. Este cuestionamiento de la realidad fue una reacción frente a los horrores de la Primera Guerra Mundial.

Otra vez París va a ser el centro de origen de una nueva corriente del arte. André Bretón será el iniciador, y su objetivo la búsqueda de la expresión de la verdadera función del pensamiento.

artista breton estilo surrealista

En 1924 el escritor francés André Bretón (1896-1966) lanza en París el primer manifiesto del surrealismo, donde este se define como «puro automatismo psíquico por el cual se intenta expresar, bien verbalmente o por escrito, la verdadera función del pensamiento Dictado verdadero en ausencia de todo control ejercido por la razón, y fuera de toda preocupación estética o moral». Se trata, pues, esencialmente de una actitud mental abierta hacia lo desconocido, que tiene consecuencias en ei campo de las artes plásticas y de la literatura.

Los Orígenes: A fines del siglo XVIII , surgió un renovado interés por la obra de algunos artistas del siglo XVI, como Hieronymus Bosch y Guiseppe Arcimboldo, quienes habían pintado sobre temas fantásticos e ideas singulares.Por ejemplo las pinturas al óleo de Hieronymus Bosch son visiones repletas de criaturas increíble! y de figuras distorsionadas. A su vez  Guiseppe Arcimboldo, como fiel exponente del Renacimiento,  estuvo adelantado a su época. Sus obras se destacan por los detalles de las flores, las frutas y las verduras con las que compuso retratos de fantasía.

A fines del siglo XIX, el artista belga Ensor se hizo famoso por sus obras fantásticas, en las que aparecían personajes disfrazados y enmascarados, títeres y esqueletos, y desde 1906, el desarrollo de las técnicas fotográficas permitió tomar fotografías en colores. Los artistas se inspiraron en estas técnicas para imitar la fotografía. Es así como crearon  imágenes en series.

Inpirado en este viejo proceso, André Bretón (1896-1966) fue la figura principal del surrealismo. Fue un esmerado difusor de este movimiento, y siempre cuidó que éste se mantuviera dentro de la intención que se había propuesto. En 1924, después de experimentar durante cinco años en el terreno de la «escritura automática» y del sueño hipnótico, publicó el famoso Primer Manifiesto Surrealista, en donde aparece la primera definición del movimiento:

«Automatismo psíquico mediante el cual se pretende expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otro modo, el funcionamiento real del pensamiento. Dictado del pensamiento, sin intervención alguna de la razón y situado al margen de toda preocupación estética o moral».

Los surrealistas pusieron el acento en los sueños, en el sondeo del inconsciente y en el azar como llave de acceso a una realidad poética en donde tiene lugar la «verdadera vida». También se apoyaron en otros ejemplos de inspiración: el arte de Oceanía, el de los enfermos mentales, los médiums y los naifs.

El arte, cuyo valor se había cuestionado ante la angustia provocada por el estallido de la Primera Guerra Mundial, quiso en la posguerra encontrar una salida al Dadá y a sus postulados negativos. La encontró en los aspectos más irracionales de la mente.

André Bretón se quejaba de que se vivía en el reinado de la lógica y que, pretextando progreso y civilización, se negaban y excluían otras posibilidades de experimentar y de percibir.

Es que, a partir de los descubrimientos de Freud se había ampliado el conocimiento sobre el funcionamiento de la psiquis humana. Entre otras cuestiones, Freud le otorgó una nueva significación a los sueños, que tienen una importancia vital en el arte surrealista.

Entre sus más destacados pintores han estado en parte o en la totalidad de su trayectoria Marcel Duchamp, Salvador Dalí, Pablo Picasso, Wassili Kandinsky, Paul Klee, Joan Miró, Rene Magritte y muchos otros.

El español Salvador Dalí quizás sea el pintor surrealista más conocido, ya que fue un gran publicista de sus obras. En sus cuadros representa situaciones absurdas. Sin embargo, sus pinturas son de hechura académica, no cambian el lenguaje pictórico sino el contenido de lo que expresan.

surrealismo

Max Ernst
La masacre de los inocentes (1921): Ernst creó collages surrealistas con imágenes que encontraba en catálogos, libros escolares y avisos publicitarios. A esle proceso espontáneo se lo llamo «automatismo visual».

André Masson
Dibujo automático (c. 1924) Masson fue gravemente herido durante la Primera Guerra Mundial. Desde entonces, tuvo pesadillas y ataques de ira. Cuando se sentía agobiado, dejaba de comer y beber durante largos períodos. Entonces, dibujaba espontáneamente iodo tipo de trazos.

Surrealismo Dali, Guerra Civil

Salvador Dalí
Premonición de la Guerra Civil: Construcción blanda con porotos cocidos (1936) El artista español Dalí pintó extrañas imágenes que evocaban sus sueños. Para componer sus obras, obseivaba intensamente un conjunto de objetos hasta encontrar otros, como si se tratara de una alucinación.

pintura surrealista - man ray

Man Ray
Rayógrafo: Man Ray colocaba objetos de uso cotidiano sobre papel fotográfico —fotosensible—, y, al exponerlos a la luz, estos reflejaban formas y sombras que aparecían en el papel. A este efecto, lo llamó rayógrafo.

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14- Pop-Art

A fines de los años cincuenta apareció, simultáneamente en Inglaterra y en los Estados Unidos, el pop-art (arte popular). En este último país se identificó con una experiencia auténticamente norteamericana, ya que se inspiraba en imágenes de la publicidad.

La finalidad del pop-art parecía consistir en presentar como arte todo lo que había sido considerado indigno de llamarse así: ilustraciones de revistas, latas de conserva, salchichas de Viena, historietas y fotos. Este movimiento artístico ejerció una enorme fascinación sobre los norteamericanos porque incorporaba imágenes que les resultaban muy familiares.

En cierto sentido, la intención de los artistas partía de una posición muy cercana al dadaísmo y al surrealismo, por la búsqueda en común de desacreditar la obra de arte tradicional. Dos artistas norteamericanos se destacaron en este movimiento: Andy Warhol, quien en un cuadro repite hasta el cansancio la lata de sopa «Campbell», y Roy Lichtenstein, con sus pinturas semejantes a las viñetas de las historietas, que incluyen «globos» cor. las palabras que pronuncia el personaje retratado.

15- Otras corrientes menorea post Segunda Guerra Mundial fueron: hiperrealismo, los happenings, el arte conceptual, el land-art, Eclecticismo  y el  Sincretismo

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Fuentes Consultadas:
Enciclopedia del Estudiante – Historia del Arte – Volumen 9 Editorial Santillana
Culturas y Estéticas Contemporáneas Editorial Maipue – 3º Año Polimodal – Dilon-Brasss-Eggers Lan
Enciclopedia: Historia Visual del Arte – Editorial Larousse
Arte Para Niños – El Ateneo –

Breve Biografía de Martha Argerich Resumen de su Vida y Premios

Breve Biografía de Martha Argerich

Martha Argerich nació el 5  de Junio de 1941 en Buenos Aires, es una destacada pianista argentina de fama internacional. Inició sus estudios de piano con su madre y dio su primer concierto formal a los 8 años de edad, en el que interpretó el Concierto para piano, opus 15 de Beethoven. A partir de ese momento empezó a estudiar con Vicente Scaramuzza, Friedrich Gulda, Madeleine Lipatti y Nikita Magaloff.

En 1955 el presidente Juan D. Perón envió a su padre como agregado económico de la Embajada argentina en Viena para permitir a Martha recibir la mejor educación musical posible. Allí recibió las enseñanzas de Friedrich Gulda y más tarde se trasladó a Ginebra donde estudió con Madeleine Lipatti y Nikita Magaloff.

Biografía de Marta Argerich

Martha Argerich, es una excelsa intérprete, con una técnica musical en el piano única y excepcional.Colabora habitualmente con grandes figuras de otros instrumentos, al igual que con otro pianista en obras para dos instrumentos.

Realizó muy pocos conciertos de piano como solista, pues enfocó su carrera en conciertos para piano y orquesta, música de cámara y acompañamiento instrumental de sonatas. Siendo muy joven y con una fascinante personalidad artística, ya era una pianista consagrada y reconocida por toda la comunidad internacional de la música clásica.

Se consagró ganadora en 1957 en Europa de algunos de los concursos internacionales de piano más importantes como el Premio Busoni (Bolzano, 1957), el primer Premio Ginebra (Ginebra, 1957) y el primer Premio Chopin (Varsovia, 1965).

En su repertorio se encuentran obras de autores del siglo XIX (Liszt, Brahms y Chopin) y autores del siglo XX (Ravel, Bartok y Messiaen). Obtuvo numerosos premios y reconocimientos internacionales entre los que se destacan los tres Premios Grammy recibidos en los años 2000, 2005 y 2006.

En 2012, ha presentado en Argentina un programa de estímulo para pianistas jóvenes con su nombre: MAPp.

Martha Argerich – Chopin: Piano Concerto No. 1 in E minor, Op. 11 (2010)

Martha Argerich no acostumbra a actuar en Argentina, pero en 1986 cuando lo hizo, ejecutó en solo una noche lo que los pianistas normalmente hacen en tres: el Concierto Nº 1 de Liszt, el Nº 2 de Beethoven y el Nº3 de Prokofiev

Su última visita conmocionó la escena musical. No sólo por sus formidables conciertos con el pianista Nelson Freire, con el chelista Mischa Maiksy, con la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, un cuarto con la Sinfónica Nacional en el Luna Park, sino también por la inauguración del Concurso Internacional de Piano que lleva su nombre.

Recibió en el año 2000Premio Grammy al mejor solista instrumental con acompañamiento de Orquesta, en 2005 Premio Grammy a la mejor interpretación de música de cámara: Martha Argerich y Mijaíl Pletniov por Cenicienta, 2006 Premio Grammy al mejor solista instrumental con acompañamiento de orquesta, y en 2016 Premio Kennedy, otorgado por el presidente de Estados Unidos Barack Obama

 

Biografia de Sigrid Undset Escritora Noruega Premio Nobel Literatura

Biografía de Sigrida Undset

Sigrid Undset (1882-1949), autora noruega de ficción histórica, premio Nobel de Literatura. Nacida en Kalundborg, Dinamarca, asistió a la escuela en Christiania (hoy Oslo) donde trabajó en una oficina municipal desde 1898 hasta 1908. Sus primeras novelas, La señorita Marta Oulie (1907) y Jenny (1911), son narraciones fieles y rutinarias de las clases medias bajas. Undset es más conocida por su novela histórica del destino de una mujer, Kristin Lavransdatter (3 volúmenes, 1920-1922), por la que recibió el premio Nobel de Literatura en 1928.

A influencia naturalista de Emilio Zola fue vasta y penetrante en las primeras décadas del siglo. De ella no escapó la novelista noruega Sigrida Undset, cuyas primeras obras, «Marta Ulie» y «La edad feliz», aparecidas en el año 1907, denotaron, en su clima y su temática, el ascendiente del maestro francés. No obstante consiguió evadirse del fantasma que la asediaba, gracias a su fino temperamento y al conocimiento de Ja psicología femenina. Escribió sobre la mujer y para la mujer, con sagacidad, desenvuelta y cómoda en las pinceladas de los caracteres.

Tenía condiciones personales irreductibles, una visión de cosas sentidas a través de una concepción individual de principios nuevos e inconfundibles. Con estas cualidades construyó su obra maestra, aquella por la cual le sería concedido el Premio Nobel: «Kristin Lavransdatter», trilogía (1923-25-27) a la que se calificó como glorificación de la Iglesia de la Edad Media.

«Kristin Lavransdatter» es un libro rico en incidentes vitales. El argumento se desarrolla a lo largo de la Escandinavia del siglo XIV, en cuyos paisajes ásperos la heroína juega su vida, no como una autómata, sino con lógica y pasión admirables,  sin  mengua del colorido,  del  movimiento, de los incidentes que enriquecen la trama cuyo transcurso lejos está de ser una tediosa reconstrucción histórica.

Sigrida Undset deja en libertad a sus personajes, no los tiene maniatados, ni los inhibe: ellos actúan como hombres y mujeres vistos a la luz de una comprensión perfecta, que hablan y piensan con una ternura capaz de dar a este largo libro el carácter de una crónica sobre los esfuerzos de la humanidad, sus errores, su marcha a tientas hacia la luz apenas entrevista, de la cual se aparta continuamente para volver otra vez hacia ella, con renovados deseos de perfeccionamiento y de perdón. Es, simplemente, una tierna historia: la de Kristin y, de los que la amaron y sufrieron, con y por ella.

La novelista noruega ha demostrado en su libro que aquella época no fue monótona y que, en su trascurso, la Iglesia y el pueblo estaban ligados íntimamente; ha revelado la profunda religiosidad de las mujeres del Medioevo. En todas sus obras domina el pesimismo, pero éste es más fortificador que desesperante.

Hacia 1925 se convirtió al catolicismo, y desde entonces se dedicó, con mayor ardor que antes, al estudio del alma femenina. Su mensaje personal, cálido, armonioso, no aceptó el fanatismo, porque se nutrió de la verdad, en el estudio sereno e imparcial de la historia y de la psicología humanas.

escritora noruega premio nobel sigrida undset

SIGRIDA UNDSET (1882 – 1949) – Premio Nobel: 1928

SU VIDA Y OBRA: Fue una escritora noruega contemporánea, nació el 20 de mayo de 1882. Su pasión por la historia la heredó de su padre. Admiró siempre el libre albedrío, en un clima de paz y de justicia. Convencida de su fe, se opuso a las fuerzas del mal, defendió con pasión a los débiles, los perseguidos, los tránsfugas. Durante la última contienda tomó partido por los aliados, ya que sus ideales le hacían repudiar todo vasallaje.

En sus memorias recuerda que en su infancia visitaba con frecuencia a los parientes daneses de su madre; durante esos viajes conoció a los pequeños escolares de la Jutlandia del sur: ellos le relataron cómo sus maestros les obligaban a recitar loas a los prusianos y la aversión a su propia raza. En sus gestos, Sigrida adivinó el odio y la aversión; dedujo que resulta imposible para otros educar a los alemanes: son ellos mismos los que deben hacerlo, y comprender que la guerra es un mal negocio.

Siendo empleada en un negocio de ia ciudad de Oslo, publicó sus primeros trabajos literarios en 1907. Entró en el mundo de las letras con ei afamado romance autobiográfico «Marta Ulie». Unos meses después le sucedió «La edad feliz». Estaba en la senda de la interpretación del alma femenina, la veta más pura y fecunda de su producción.

«Jenny» (1911); «Pobres seres» (1912); «La primavera» (1912); «El resplandor del espejo encantado» (1917); «Las vírgenes prudentes» (1918); «Nubes de primavera» (1921) jalonaron sus primeras experiencias de novelista.

Después sobrevino la segunda época, aquella en que su intelecto la llevó a campear como escritora pundonorosa y fructífera: además del mencionado Premio Nobel «Kristin Lavransdatter«, magistral aderezo de su espíritu selecto y equilibrado, había publicado ya algunos trabajos muy celebrados, como «La leyenda del rey Arturo y Los Caballeros de la Tabla Redonda» (1915), y «La leyenda de San Halvart» (1920).

FRAGMENTO DE «LA EDAD FELIZ»
La señora Iversen traspuso la verja del jardín, recogiéndose el vestido, pues la hierba estaba húmeda todavía.

—¡Venid, pequeñas, venid, veréis qué bonito está el jardín!… ¿Verdad que está bonito?… Verdaderamente está en ruinas: el jardín es una verdadera selva virgen, pero, en cambio, el cenador está muy bien.

Birgit tomó el brazo de su madre, y ambas se quedaron contemplando la casa. Uni permaneció arriba, en la carretera.

El viejo caserón de madera aparecía apaciblemente medio oculto en el jardín inmenso. En el dintel de la puerta aparecía escrita la palabra «Soledad», en letras borrosas. Cuatro nuevas avenidas conducían a la* casa, pero no había en ellas ninguna edificación. Los caminos grisáceos describían largos surcos sobre  las  tierras verdosas. En medio de la pradera erguíase altiva una quinta nueva, con balcones de hierro forjado y techumbres de cinc. Algunos haces de paja brillaban como el oro, a la luz del sol. La quinta sobresalía extraordinariamente, mostrando sus edificaciones adornabas de balaustradas y sus fechas presuntuosas.

Uni experimentó una viva emoción ante este espectáculo. ¿Era producida esta emoción por aquellas nubes violadas que avanzaban sobre los tejados, con dirección a las colinas de Baerum?…

¡Cuan diferente era todo aquello del pueblecillo donde Uni había vivido por espacio de un año!…

Una emoción semejante habíala sobrecogido a su llegada a Cris-tianía. . . Al llegar el vapor a la rada, acortando la marcha y navegando sobre el agua verdosa y grisácea, Uni fue reconociendo las colinas que formaban una especie de hemiciclo: abajo la ciudad, sumida en una ligera bruma de polvo, que danzaba ante la luz del sol, y en las alturas, Baekkelag, Bygdoe, Oscarshal y la vieja pardusca Akershus.

Hasta Uni, que se hallaba bañada en la dulce y cálida atmósfera del estío, llega el ruido metálico de los martillos, el rodar sonoro de los carruajes sobre el puente pavimentado… Hasta su garganta ascienden angustiosos sollozos… ¡Oh, qué agradable era este ambiente henchido de calor, de polvareda y de olores fuertes!. ..

 

Biografía de De Amicis Edmondo Sus Libros: CORAZÓN

Biografía de De Amicis Edmondo
Descripción de su Gran Libro: Corazón

Edmondo De Amicis (1846-1908), narrador y periodista italiano nacido en Oneglia y muerto en Bordighera. Apasionado patriota, después de estudiar en un liceo de Turín se matriculó en la escuela militar de Módena.

«Piensa en la enorme cantidad de niños que van a la escuela en todos los países; imagina este vastísimo hormiguero del cual formas parte. Si este movimiento cesara, la humanidad volvería a caer en la barbarie: ese movimiento es el progreso, la esperanza, la gloria del mundo» Edmondo De Amicis exhortó de este modo a los escolares y para ellos escribió un libro interesante, conmovedor y, al mismo tiempo, de gran valor educativo: Corazón.

DE amicis Edmondo

Para escribir un libro que agrade a los niños es necesario conocerlos y amarlos. Edmondo De Amicis es, sin duda, uno de los escritores que más los quiso y los comprendió, quizá porque fue un padre atento y bondadoso, quizá porque experimentó el inmenso dolor de ver morir a uno de sus hijos.

Nació en Oneglia (Italia) en el año 1846 y murió en ese mismo país, en Bordíghera, durante el año 1908. Realizó sus primeros estudios en Cuneo y luego resolvió seguir la carrera de las armas, para lo cual ingresó en la Escuela Militar de Módena. Egresó en 1865 con el grado de alférez, y al año siguiente recibió su bautismo de fuego en la batalla de Custoza.

En 1867 se encargó de la dirección del periódico «Italia Militar», de Florencia. Pero poco después abandonó la vida de cuartel y se dedicó por entero a la literatura. Sus viajes por España, Holanda, Marruecos, París, Londres y Constantinopla le inspiraron libros en los cuales se advierte su agudo poder   de   observación.

Fue un autor fecundo y muy amado del público; su primera obra, Bocetos de la vida militar —colección de artículos escritos cuando todavía vestía uniforme—, le conquistó pronta popularidad. También es autor de Novelas, Retratos literarios, Socialismo y patria, El socialismo en familia, Los amigos, etc.

De regreso de sus viajes, fijó su residencia en Turín; allí llevó una vida retirada y modesta, rodeado por el afecto de sus familiares, sin diferenciarse exteriormente del resto de los habitantes de la ciudad. Y, sin embargo, él sabía observar a los hombres mejor que nadie; tenía ojos y corazón para comprender sus penas e interpretaba sus caracteres en un agudo examen psicológico.

En 1866 se editó su libro La carroza de todos, diario de un año de observaciones realizadas durante sus viajes en una línea de tranvías turinesa, que nos revela claramente estas dotes innegables. Mas su prosa se reveló, más viva y completa que nunca, en los escritos educativos, donde se pone de manifiesto la bondad y el optimismo tan profundamente arraigados en su alma. Novela de un maestro y Recuerdos de infancia constituyen un ejemplo de ello.

Tal vez su amor paternal lo indujo a dedicar su atención al mundo de los niños, y como padre ansioso de ver crecer a sus hijos sanos de cuerpo y de espíritu, antes que distraerlos con novelas vanas que excitasen inútilmente su imaginación, quiso escribir un libro que al mismo tiempo los divirtiera y los educara.

Ese libro, que muy pronto contó con la aceptación del público, se llamó Corazón, y el título es digno del amor y la nobleza de alma que inspiraron la obra. Editado por primera vez en 1886, Corazón fue reimpreso numerosas veces y puede decirse que es el libro más querido y leído de toda la producción literaria de Edmondo De Amicis.

No es una novela en el verdadero sentido de la palabra, sino un diario que parece realmente escrito por un niño de doce años y corregido luego por su padres, tal como lo imaginó el autor. Por consiguiente, la narración es episódica; relata sucesos de todos los días, ocurridos entre las cuatro paredes de un hogar, en clase o durante el trayecto de la casa a la escuela. En estas páginas reviven los bellos «cuentos mensnales»; cuyos pequeños protagonistas, por la sencillez y humildad con que cumplen sus buenas acciones, asumen el carácter y las dimensiones de grandes héroes.

Evoquemos a algunos amigos de Enrique, el imaginario niño que según De Amicis habría escrito este diario; el autor ha sabido pintarnos un retrato tan claro y simple de ellos; los ha descripto con tanto cariño y tantos detalles, que hasta podríamos reconocerlos si un día los encontráramos al salir de la escuela.

Carroñe, bueno y fuerte, parece un fabuloso gigante protector de los oprimidos. Los chiquillos, intimidados por sus manazas, que sabían dar, algunas veces, lecciones más elocuentes que los sermones del maestro, guardaban silencio y se tranquilizaban cuando él intervenía. Nelli, el jorobadito, macilento y medroso como todo ser indefenso, se aferraba a su brazo como una criatura a su madre y habría querido estar siempre cerca de él para que lo protegiera de las bromas de los malvados.

Derossi, el primero de la clase, no tenía los defectos habituales de los muchachos que están en su privilegiada posición; era bueno, sincero, vivaz, generoso con sus compañeros, a quienes se mostraba siempre dispuesto a ayudar en los exámenes, cuando encontraban alguna dificultad, tanto que Votini, el vanidoso, siempre preocupado por exhibir sus ropas elegantes, experimentó a fin de año la necesidad de pedirle perdón por haberlo envidiado tanto.

Coretti, el hijo del vendedor de leña, a veces se adormecía en clase porque tenía que levantarse muy temprano para descargar la madera en el negocio de su padre; pero no le pesaba el trabajo, por el contrario, y se sintió orgulloso el día que pudo revelar su vida de pequeño obrero a Enrique, quien, hijo de un acomodado profesional, sentía especial cariño por él, por el «pequeño albañil» y por Precossi, hijo de un herrero, pues admiraba la madurez que la miseria y el trabajo habían dado a sus pequeños amigos.

Garoffi, alto y delgado, «de nariz como pico de lechuza y ojos pequeños y astutos», era un comerciante en potencia; si sobre un banco quedaba olvidado un sello de correos, un papel secante o una pluma, el pequeño negociante se apresuraba en hacerlo desaparecer dentro de sus bolsillos para venderlos a los compañeros más pródigos. Stardi, el voluntarioso «de cabeza cuadrada y sin cuello», era el más estudioso. Se deleitaba mirando las vidrieras de las librerías, pero no robaba un solo minuto a los estudios. Sacudía el polvo de los libros de su biblioteca con el mismo cuidado con que Enrique guardaba sus juguetes, y con la cabeza entre las manos, inclinado sobre los deberes, no se distraía hasta haberlos terminado.

Nobis y Franti eran los malvados del grupo; el primero era la verdadera personificación de la soberbia; el segundo, del cinismo. Nobis se sacudía ostentosamente la manga cuando se le acercaba Precossi con sus ropas de herrero, y Franti tuvo el coraje de sonreír cuando vio pasar a un obrero accidentado en el trabajo. Pero se diría que De Amicis detesta a tal punto la malefed, que no quiere ni siquiera hablar de ella. Franti saldrá muy pronto de la.escuela y de las páginas del libro, expulsado de aquélla por sus fechorías, y Nobis, cuando aparece, es objeto de burlas por parte de sus compañeros.

En este libro también hay páginas dedicadas a la abnegación de los maestros, que sienten su trabajo como una misión y se consideran recompensados con un ramito de flores o un gesto afectuoso de sus alumnos.

Una vez por mes, el maestro narraba un cuento. Todos son muy bellos y están bien escritos. Entre ellos, El pequeño patriota paduano, El pequeño vigía lombardo y El tamborcillo sardo son muy significativos, no sólo por el interés de la narración, sino también por el sentimiento patriótico que los inspira. No debemos olvidar, al leerlos, que Edmondo De Amicis los escribió pocos años después de las gloriosas guerras de la independencia italiana, y que la nación, recientemente unida, vivía un clima de fervor y entusiasmo patrióticos.

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«Naufragio» es el último cuento mensual, el más trágico y tal vez el más bello. Mario, un pobre huérfano, deja a una compañera de viaje el único lugar disponible en un bote, y, satisfecho de su acción, desaparece con la nave entre las olas.

En el pequeño emigrante paduano, que mientras regresa a su patria en una nave extranjera tiene el coraje de rehusar el dinero ofrecido por los que hablan mal de Italia; en en el pequeño campesino lombardo, que hallándose en la zona de la guerra entre piamonteses y austríacos no vacila en dar su vida para prestar un servicio a sus compatriotas; en el tamborcillo sardo, que por socorrer a un pelotón de infantería sitiado por los austríacos pierde una pierna, existe el mismo sentimiento y, sobre todo, la humildad y la sencillez de las almas verdaderamente grandes, que nunca se enorgullecen de una buena acción.

También el amor a la familia inspira algunos de sus cuentos: El pequeño escribiente florentino, Sangre romanóla, De los Apeninos a los Andes. El pequeño florentino, robando tiempo a sus estudios y poniendo en peligro su salud, se levanta todas las noches para proseguir el trabajo que su fatigado padre no ha podido terminar. Sus padres no advierten su sacrificio y siempre lo reprenden por sus calificaciones, que cada mes son más bajas, pero el muchacho calla su secreto. Mas una noche, habiéndose despertado de improviso, el padre lo sorprende inclinado sobre el trabajo y comprende la filial abnegación del niño.

Sangre romanóla se inspira en los famosos episodios del pillaje que afligieron a la región de Romana en el siglo pasado. Es la historia de un niño que, para salvar a la abuela de la puñalada de un malhechor, la escuda con su cuerpo y muere quietamente a su lado, con un gesto en el que parece pedirle perdón por todas sus travesuras.

De los Apeninos a los Andes es el cuento más conmovedor. Un pequeño genovés emprende viaje a través del océano para buscar a su madre, obligada por la miseria a trabajar en América. Cuando llega a Buenos Aires, Marcos, el hijo abnegado y valiente, descubre que su madre no trabaja ya en esa ciudad; se dirige entonces al interior del país y recorre varias provincias hasta que, después de tan largo peregrinaje,, la encuentra en Tucumán. Llega extenuado y con las ropas desgarradas, pero su presencia reanima a la pobre mujer, que se halla gravemente enferma, y la decide a someterse a la intervención quirúrgica que habrá de salvarla.

No olvidemos El enfermero del Chacho, Valor cívico y Naufragio.

En estos últimos cuentos, los protagonistas se sacrifican por el prójimo, hacia el cual experimentan un amor semejante al que sienten por su propia familia. En el primero, un muchacho vela a la cabecera de un moribundo desconocido; en el segundo, un niño salva a su compañero de los remolinos del río; en el tercero, un huerfanito, aunque sabe que no tiene otras posibilidades de salvación, cede su puesto en el bote salvavidas a una jovencita conocida durante la travesía.

Corazón es un libro que no se olvida, ni siquiera con el correr de los años, porque en él está expresada toda la poesía de la infancia, esa edad maravillosa que el hombre maduro recuerda siempre con un poco de nostalgia.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo VI Editorial Larousse – Biografia de Edmondo De Amicis, CORAZÓN –

Biografía de Monteverdi Claudio Obra Artistica Compositor Italiano

Biografía de Monteverdi Claudio
Vida y Obra Artística del Compositor Italiano

Claudio Monteverdi (Cremona 1567-Venecia 1643), compositor italiano: fue el creador de la música dramática. Aportó una audaz innovación al arte de los sonidos, lo que le valió el título de padre de la moderna armonía. Aún hoy sus «personajes» tienen acentos de profunda verdad, y sus obras, trozos de insuperable belleza. Fue la figura más destacada en la transición desde la música renacentista a la barroca. Sus Vísperas (1610) combinan movimientos solistas en un estilo ornamentado y virtuosístico, con otros en un estilo polifónico tradicional.

Monteverdi Claudio

Monteverdi, que desde niño manifestó grandes aptitudes para el arte de los sonidos, tuvo un insigne guía en el maestro Ingenieri, quien supo comprender la volcánica imaginación musical del joven alumno. Monteverdi cuando integraba el séquito del duque Vicente I Qonzaga. Estos viajes contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, ya afirmado por la composición de Madrigales.

La primavera del año 1567 registró entre los acontecimientos cotidianos de la ciudad de Cremona (Italia), el nacimiento de un niño, primogénito de una familia de la burguesía local. Los documentos relativos a la llegada del nuevo ciudadano no contienen los datos escrupulosamente pedidos por los reglamentos burocráticos de hoy en día. Solamente el libro bautismal de la parroquia de los Santos Xazario y Celso certifica, en una forma más bien lacónica, el acto cristiano cumplido en la persona del futuro genio.

Gracias a esas pocas líneas se sabe que el día 15 de mayo de 1567 «Claudio Juan Antonio, hijo de Baltasar» entraba oficialmente en el mundo terrenal. Nada más, ni el día exacto del nacimiento, ni el nombre de la madre, ni tampoco una mención de la familia.

Desde un principio faltaron los datos auténticos acerca de Claudio Monteverdi, y hasta el apellido es objeto de controversias: ¿Monteverde o Monteverdi? Las publicaciones de la época concuerdan en afirmar Monteverde, pero todas sus cartas autógrafas —121 en total llevan al pie una firma clara y legible: Claudio Monteverdi. El dilema se acentúa todavía más, si se piensa que el mismo padre habla en un documento de «Claudio Monteverde, mi hijo», pero se firma «Baltasar Monteverdi».

Prestando fe a los autógrafos y basándose en el hecho de que en Cremona está todavía bastante difundido el nombre de Monteverdi, se puede considerar que el apellido conocido es el originario. Tal escasez de datos, en verdad asombrosa, desilusiona el vivo sentido de curiosidad de sus biógrafos y de los musicógrafos, pero, lamentablemente, las tinieblas de los archivos cremoneses no se han aclarado hasta ahora, y todo lo que nos es dado conocer esta resumido, en pocas páginas, en el opúsculo en el cual Jorge Sommi-Picenardi presento al público los documentos concernientes al insigne compositor y a su familia.

De la madre nada se sabe con exactitud. El padre ejercía la medicina. Todo esto resulta de varias cartas del hijo, quien a su vez tenía conocimientos bastante profundos de la ciencia médica de su tiempo.

En su búsqueda, Sommi-Picenardi encontró huellas de dos Baltasar Monteverdi, ambos médicos cirujanos que habían vivido en el siglo xvi. El primero, además de desarrollar las normales funciones de su profesión, enseñó medicina en una importante Universidad y murió en el año 1512. El segundo fue un eminente cirujano, gracias al cual fue fundado el Colegio de los Cirujanos Cremoneses. Es a este último a quien Sommi-Picenardi atribuye la paternidad del eminente compositor.

Nada se sabe de positivo acerca de la edad en que el pequeño Claudio demostró las primeras disposiciones musicales; si se considera que solamente tenía 15 años cuando publicó su trabajo Sacrae Cantiunculae, podemos deducir que inició en la infancia sus estudios artísticos, guiado por el veronés Marco Antonio Ingenieri, maestro de capilla de la Catedral de Cremona.

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Claudio Monteverdi fue nombrado «Maestro de música», asumió la responsabilidad de la organización y dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte de Gonzaga.En el año 1613, Monteverdi fue llamado a cubrir el cargo de Maestro de Capilla de la Serenísima República de San Marcos. Durante su larga permanencia en Venecia, el compositor, cuya fama había llegado a los confines de Italia, creó nuevas y maravillosas óperas.

El período de la educación artística de Monteverdi es recordado como uno de los más tristes y tumultuosos desde el punto de vista histórico. Cremona, con todo el ducado de Milán, formaba parte entonces del imperio de Carlos V, quien, después de haber conquistado la ciudad en el año 1525, la había cedido al último duque de la Casa Sforza, Francisco II, para retomarla a la muerte de este último, 10 años más tarde.

Durante el período de la dominación española —que duró 170 años la historia de Cremona se confunde con la del Ducado de Milán, y sobre los acontecimientos de la época se escribieron páginas que, a la distancia del tiempo, reflejan el destino infeliz de esta ciudad.

Un gobierno rígido y militarizado; una justicia ejercida por magistrados casi siempre corrompidos y venales; leyes arbitrarias que eran interpretadas según las conveniencias de los que las dictaban; tasas e impuestos desproporcionados a los réditos; actitudes ultrajantes y licenciosas por parte de los nobles; ignorancia y brutalidad difundidas entre el pueblo oprimido.

Y sin embargo, por un contraste inconcebible, pero no nuevo en la historia, fue precisamente durante ese siglo de acontecimientos turbulentos que las Bellas Artes florecieron, manifestándose en pleno fulgor. Sobre todo la música fue cultivada con dedicación apasionada, y Cremona se vanagloriaba de albergar la Academia de los Animosos, que era la cuna de la música profana, mientras que el centro verdadero de la vida musical era la capilla del Duomo. También el ambiente contribuyó sensiblemente a desarrollar y afinar las virtudes innatas del niño tan admirablemente dotado para el arte de los sonidos. Y es un deber reconocer que él no podía encontrar mejor maestro que Ingenieri, quien tuvo sobre su discípulo una influencia mucho mas benéfica y considerable de la que se le suele adjudicar.

Le enseñó a su alumno el contrapunto, el estudio de la viola, del canto y, probablemente, del órgano. La enseñanza fue tal como se acostumbraba en aquellos tiempos: práctica, severa, tendiente a formar en el joven alumno una técnica sólida y clara que le permitiera la rapidez de la concepción mental y la facultad de adaptación a los medios de que disponía para realizar su propia obra.

En el año 1582 se publicó en Venecia la primera colección de composiciones de Monteverdi. Sería exagerado afirmar que en sus Sacrae Cantiuncidae asoma ya la revelación del genio; sin embargo, este primer ensayo —cuyo único ejemplar es conservado en la iglesia del Castillo Arquato (Piacenza)— es suficiente para revelar una naturaleza musical y versásil.

La estructura de estas breves composiciones es silábica y la armonía no sale de los tonos tradicionales. Y es en eso justamente que consiste el mérito de Ingenieri, que supo mantener a su alumno lejos de las riquezas de expresión conocidas como «cromatismo», del cual él era ferviente admirador.

Al año siguiente, el compositor «debutante» publica su segunda selección: los madrigales espirituales a cuatro voces. La obra, dedicada a un noble de Cremona que protegió los primeros pasos del joven músico, se perdió, y solamente se conserva de ella una parte, en el Liceo Musical de Bolonia.

Después de las publicaciones de las Canzonetas, tercera composición en orden cronológico, siguen tres años de silencio, durante los cuales, según se presume, Monteverdi preparaba la partitura del Madrigal, expresión característica de la tierra italiana.

Sólo en la segunda mitad del siglo XVI se nota su influencia en otras naciones como España, Francia y hasta en la lejana Inglaterra. En Italia dos fueron los períodos de florecimiento: el primero en el siglo XIV, en el tiempo del «Ars Nova» florentino; el segundo, el del siglo XVI, que constituyó una de las fases más espléndidas de la música italiana.

La estructura musical del madrigal está determinada por la forma del texto poético, que tiene casi siempre una estrofa de 7 a 11 versos —dispuestos y rimados en forma variada—; si el texto tiene más estrofas, cada una de ellas da lugar a una composición autónoma, y así se obtienen las colecciones de madrigales. Los textos preferidos son los líricos de expresión amorosa, más formalista y literaria ésta, que verdaderamente humana y sentida.

El primer libro de Madrigales es la cuarta publicación de las obras de Monteverdi —que en aquella época tenía 20 años—, y allí se afirma la personalidad musical del autor, ferviente e intensa, de una frescura juvenil irresistible. La licencia de impresión del volumen II de Madrigales señala una etapa significativa en la vida del músico.

Justamente entonces, el joven Claudio fue llamado en calidad de violoncelista ante la corte de Mantua, al servicio del duque Vicente I Gonzaga. Corría el año 1590. Como músico de la corte, Monteverdi se vio en la obligación de dedicar su tercer libro de Madrigales al duque Vicente, su señor. La obra tuvo un éxito extraordinario, y la razón estriba en que de todo el libro emana una singular expresión de modernismo que sorprende como un nuevo aspecto en la sensibilidad musical del autor.

Algunos años más tarde se celebró, con el beneplácito del Duque, el matrimonio del ya célebre compositor con Claudia Cattáneo, joven y acreditada cantante de la Corte. De ese matrimonio nacieron dos hijos. Inmediatamente después de la boda, Claudio se vio obligado a seguir a Hungría a Vicente I, que había organizado una expedición contra los turcos.

Como durante este viaje el músico ejerciera provisionalmente las funciones y ostentara el título de «Maestro de Capilla», esperaba, a su regreso a Mantua, hacer valeralgún derecho a la sucesión oficial de su anciano predecesor, muerto en 1956. Las intrigas de la Corte desbarataron sus aspiraciones y Claudio se resignó amargamente a continuar su habitual trabajo. Desde ese momento, la vida del músico estuvo subordinada a los caprichos del Duque y a la volubilidad de su temperamento. Viajes largos y breves en el séquito del amable pero despótico señor, contribuyeron a inspirar el genio creador de Monteverdi, quien compuso el IV y V libro de Madrigales. Después de esto, fue nombrado «Maestro de música» y asumió la responsabilidad de la organización y la dirección de todas las manifestaciones musicales de la Corte.

Es muy importante señalar cómo la forma del madrigal comienza a cambiar en sus últimas obras. Los tonos armónicos adquieren supremacía sobre todo en el V libro, donde domina la expresión verdadera y fuerte. No es de extrañar si el músico interrumpe durante diez años la producción madrigalista para dedicarse a una experiencia dramática, que abrirá a la música las puertas del porvenir. Su inspiración fecunda desarrollará dignamente la concepción del melodrama, que vio su primera realización hacia fines del siglo XVI, debido a la obra de la «Camerata Fiorentina», una asociación artística que tenía su sede en la casa del conde Juan Bardi, en Florencia.

Los componentes de tal movimiento de vanguardia se reunían con la intención de hacer revivir la música dramática de la antigua Grecia. El melodrama es precisamente una representación teatral en la que la música vocal y la instrumental concuerdan en la emoción dramática. Florencia, Mantua, Boma y Venecia fueron los mayores centros de expansión de esta manifestación artística. La primera ópera del género escrita por Monteverdi fue Orfeo, representada por primera vez en Mantua en la Academia de los Apasionados, en el año 1607. El libreto de la obra se inspira en el mito griego de Orfeo y Eurídice, y obtuvo un gran éxito.

El nombre y la fama de Monteverdi ya eran conocidos también en el extranjero. Todos habían comprendido el elevado alcance de su intención, consistente en fundir genialmente la melodía con la expresión de la palabra. Poco después fue estrenada otra gran obra de arte: Arianna. De esta ópera desgraciadamente no ha quedado más que la música del famoso Lamento de Arianna, que es probablemente la más bella página dramática del artista.

Se trata de una melodía de una potencia trágica y de una verdad humana que tienen algo de milagroso. También ofreció a sus protectores, durante su permanencia en la corte de Mantua, la gracia de un ballet de estilo francés: es el Baile de las ingratas, muy del gusto musical de los aristócratas de entonces.

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Orfeo es la primera ópera de Monteverdi; está, compuesta por un prólogo y cinco actos. Como se proponían los literatos y los músicos de la «Camerata florentina», Monteverdi realizaba en esta ópera el concepto del melodrama, reviviendo la música dramática de la antigua Grecia. He aquí Orfeo rodeado de las Ninfas, que se alegran de su casamiento con la bella Eurídice.

En el 2ºacto, Orfeo, de regreso a los amados lugares de su niñez, es festejado por los pastores. De pronto aparece Silvia para anunciarle la muerte de Eurídice.En el tercer acto, Orfeo quiere arrancar de la muerte a su esposa. Con un canto melodioso adormece al feroz guía que lo transporta a los infiernos. Vencida la Muerte, Orfeo vuelve hacia la luz, conduciendo de la mano a Eurídice (4º acto). Orfeo, olvidando el pacto que le impedía hacerlo, se vuelve para mirar a Eurídice, quien, transformándose en sombra (acto 5°), desaparece. Orfeo se lamenta amargamente, mientras las Bacantes se alegran de su dolor.

A esta altura de su carrera, Monteverdi, preocupado por su propia salud e irritado por la ingratitud que notaba a su alrededor, decidió alejarse de la corte de Mantua, pero después de algunas gestiones en su favor dejó de lado su propio resentimiento y continuó prestando su cooperación con el mismo fervor de siempre. Nuevas composiciones religiosas se suman entonces al número de sus obras, acrecentando su gloria, mas su recuperada tranquilidad no debía durar mucho tiempo.

El 18 de febrero de 1612, el duque Vicente dejó de existir, y su hijo Francisco alejaba de la Corte a Claudio Monteverdi, quien se retiraba con un simple agradecimiento y 25 escudos de economías. En 1613, por un inesperado golpe de fortuna, el compositor fue llamado a cubrir el cargo de «Maestro de Capilla» de la Serenísima República de San Marcos.

Los primeros tiempos pasados en Venecia fueron ocupados intensamente por el trabajo de reorganización de la capilla y la preparación de los nuevos cantores e instrumentistas por él tomados en servicio. No se tiene ningún documento acerca de su vida en aquel período. La única prueba de que su actividad creadora no decaía lo demuestra la publicación del VI libro de Madrigales y la ejecución del ballet Tirsi e Clori, que aparecerá en el VII libro de Madrigales.

Por esa época, la Serenísima República le tributa un generoso reconocimiento por el antiguo esplendor reconquistado en la capilla de Venecia, gracias a su obra infatigable. El entusiasmo de Monteverdi no decae, mientras tanto, y su producción artística se acrecienta.

En el año 1627, inspirándose en un episodio de Jerusalén Liberada compone el Combate de Tancredo y Clorinda, con el que el músico inaugura el «estilo conciso». Desde este momento su ascenso fue, más que nunca, rápido y completo.

Cuando se dispone a escribir la música de la ópera La fingida loca Licori, un mal ataca sus ojos y no lo deja trabajar con la rapidez deseada. De todos modos, la composición fue llevada a término, pero se ignora si fue representada y, en caso afirmativo, cuál fue el éxito obtenido.

Una de sus más grandes satisfacciones la obtuvo con la ejecución, en la corte de los Farnesio en Parma, de la ópera Mercurio y Marte y de los Intermedios. Pero la inagotable vena musical del anciano compositor dio a la luz, en 1630, nuevas creaciones importantes: se trata de El rapto de Proserpina y de otras dos presuntas óperas: Delia y Ulises.

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La coronación de Popea es la última ópera de Claudio Monteverdi, la más completa, aquélla que más se acerca a nosotros por su música amplia y armoniosa.

En 1631, cumpliendo una antigua aspiración, Monteverdi tomó los hábitos, y su espíritu tan profundamente religioso se tranquihzó con el ejercicio de sus nuevas funciones. Su vejez fue laboriosa, dividida entre el trabajo de la capilla y la creación de nuevas músicas. Con más de setenta años de edad, y después de haber compuesto los Madrigales guerreros y amorosos, la Selva moral y espiritual, que es una colección de música religiosa, y el Retorno de Ulises a su patria, regala al mundo su última maravilla: La coronación de Topea, especie de epopeya histórica sin precedentes en el teatro, donde todos los personajes son verdaderos y los acontecimientos dramáticos se encadenan alternando hábilmente lo trágico, lo patético y lo cómico.

Con semejante broche de perfección artística, se cierra la vida laboriosa del músico. En noviembre de 1643, en el convento de San Marcos, donde vivía desde hacía casi treinta y dos años, Monteverdi se apaga serenamente. Su muerte fue un duelo nacional. Sus restos reposan en la capilla de San Ambrosio de la iglesia de «Santa Maria dei Frari» en Venecia, y la mística penumbra silenciosa de las bóvedas representa el fiel centinela de una gloria perenne.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografia de Maonteverdi Claudio –

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Escultor Italiano

Biografía de Canova Antonio y Su Obra Artística
Escultor Italiano

Antonio Canova ocupó el primer lugar entre los escultores de su época. Trabajó durante veinte años en un estado total de pobreza, al margen de cualquier rivalidad y poniendo siempre su arte por encima de todo. El estilo neoclásico, basado en el arte antiguo de Grecia y Roma, alcanzó su apogeo máximo a finales del siglo XVIII. Antonio Canova, de la Venus, está considerado como el mejor escultor de este estilo artístico.

Canova Antonia escultor italiano

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia) en el año 1757. Su arte alcanzó la plenitud siendo él muy joven. Niño aún, trabajaba en una cantera en compañía de su abuelo. Complacíase en manipular la piedra y trataba de darle diferentes formas, revelando ya su inclinación. El abuelo trabajaba también como jardinero en la mansión del senador Faliero. Fue allí donde el joven Antonio esculpió sus primeras estatuillas en mármol.

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La Venus, una de sus grandes obras artísticas, Canova está considerado como el mejor escultor de este estilo neoclásico.

El duro y frío mármol puede reflejar vida, acción y sentimiento sólo cuando un gran artista consigue modelar en él las formas perfectas de un ser viviente y dotarlas de expresión. Pero pocos son los que logran ese milagro, ya que las obras de los grandes escultores representan un gigantesco esfuerzo creador.

Antonio Canova fue uno de esos grandes artistas incomparables, capaces de animar la materia inerte. Nada, en sus años mozos, pudo hacer presentir que llegaría hasta la cúspide del arte. Sin embargo, sabemos que le gustaba trabajar la piedra, y a ella —como a una amiga— confiaba sus sueños infantiles.

Antonio Canova nació en Pessagno, cerca de Bassano (Italia), el 10 de noviembre de 1757. A los tres años de edad perdió a su padre. Al poco tiempo la madre contrajo nuevas nupcias y fue a vivir a otra ciudad, dejando al pequeño Antonio al cuidado del abuelo. La familia Canova, otrora rica, estaba ahora arruinada a causa de ciertas especulaciones infortunadas. Por lo tanto, el abuelo viose en la necesidad de hacerle aprender un oficio al niño y eligió el de cantero (el que labra las piedras).

A pesar del trabajo penoso, el joven aprendiz nunca se quejó. Por el contrario, gustábale manejar el mármol y sus pequeñas manos, aún inexpertas, lo acariciaban y hasta se esforzaban en darle forma. El oficio de cantero, en el siglo XVIII, era duro y difícil; el trabajo se hacía con cincel y martillo.
Pero Antonio no se desanimó, trabajó con tesón y, a ios pocos años, llegó a esculpir estatuillas llenas de expresiva gracia.

Mientras tanto el abuelo, en la mansión del senador Faliero, en Pedfazzi d’Asolo, desempeñábase como albañil y jardinero. Allí vivía un nieto del senador, mancebo de familia noble y acaudalada, quien demostró su simpatía y afecto por el adolescente modelador que ofrecía a su nuevo amigo todas las estatuillas que esculpía con tanto entusiasmo.

Y un día llegó la oportunidad decisiva para la vida de Canova. Se daba una gran fiesta en el palacio senatorial. El cocinero quería destacarse en la presentación de los manjares y buscaba ideas originales. Encontró al nieta del jardinero, lo llevó a las cocinas y, mostrándole un enorme trozo de manteca, le dijo: «¿Ves esa manteca? Debí ir a la mesa del senador, y yo quisiera darle un aspect: artístico. .. Me agradaría que representara algo…»

Antonio tenía tan sólo diez años de edad, pero puso manos a la obra y lo que realizó con la manteca colmó al máximo los deseos del maestro de cocina.

En la mesa, magníficamente preparada, apareció el león alado de San Marcos. ¡Era el trozo de manteza que, en las manos del joven Antonio, había adquirido esa forma original!. Es fácil imaginar la sorpresa, el asombro y la admiración de los convidados. Pidieron conocer al autor de esa maravilla y lo felicitaron efusivamente.

Al final de la cena, el dueño de casa, presintiendo el futuro del niño, decidió enviarlo a Venecia y hacerlo ingresar en los talleres del escultor José Torretti.

En Venecia los temas de estudio no le faltaron: allí todo embelesaba su alma de artista, todo le brindaba belleza en sus aspectos más delicados. Trabajó mucho hasta llegar a sus dieciséis años de edad. Entonces se produjo el fallecimiento de su maestro Torretti. Pero el joven escultor ya no necesitaba enseñanzas.

Su protector lo comprendió tan bien, que no titubeó en confiarle la ejecución de dos grandes estatuas en tamaño natural. Se trataba de Orfeo y Eurídice. La tarea podía parecer demasiado ardua para un escultor tan joven, mas Canova no se desanimó y esas estatuas, por el candor y la espontaneidad de su expresión y la armonía de su línea, figuran entre sus grandes obras.

En los años que siguieron esculpió numerosos trabajos: estelas funerarias, una estatua de Esculapio y un grupo de Dédalo e Icaro. Los expuso en Venecia, en el año 1779, el día de la Ascensión. El triunfo fue tal que hubiera despertado el orgullo del más grande artista. Canova experimentó, es cierto, una gran alegría, pero, en lugar de envanecerse, decidió esforzarse y perfeccionar aún más su producción. Venecia ya no le ofrecía un campo de acción suficientemente amplio. Decidió instalarse en Roma donde el papa había inaugurado un Museo de Antigüedades.

Después de Roma volvió a Venecia y luego visitó Ñapóles. Nada disminuía su fiebre de trabajo y de saber. En la Ciudad Eterna esculpió el mausoleo de Clemente XIV y Teseo vencedor del Minotauro.

Los encargos afluían. El príncipe Rezzónico y sus dos hermanos, ambos cardenales, le encargaron un monumento funerario destinado a la basílica de San Pedro, para el papa Clemente XIII.

Durante cuatro años Canova se consagró, sin descanso, a ese trabajo, haciendo caso omiso de las dificultades propias de la tarea, de la lucha de los envidiosos y del estado deplorable de sus finanzas. Al terminar el mausoleo, todo su cuerpo llevaba las huellas del esfuerzo cumplido y de los sufrimientos soportados. La presión del trépano sobre el esternón, durante largos días, le había provocado una deformación del hueso que, al apoyarse sobre el estómago, le ocasionaba grandes molestias y dolores.

Observando la finura de los detalles, el maravilloso relieve de los encajes que adornan las vestimentas de la estatua de Clemente XIII, admiramos en Canova, además de su arte, la «artesanía» que lo obligaba a extremar la minuciosidad y la precisión hasta lograr un trabajo perfecto. En ciertas obras suyas, la piedra resucita la mirada de los que ya no existen, y hasta su alma parece aflorar en la expresión humana y vivida.

El viernes santo del año 1792, día de la inauguración del monumento, fue, para Canova, un día de triunfo. Pero las fuerzas del artista estaban muy resentidas por el exceso de trabajo. Tomó un corto descanso en Venecia y luego volvió a Roma donde ejecutó un monumento para el almirante Ángel Emo, destinado al palacio ducal de Venecia. La pasión que experimentaba hacia los temas mitológicos le permitió ejecutar dos grupos: Venus y Adonis y El Amor y Psique.

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Canova fue llamado varias veces por Bonaparte. Entre sus obras se destaca una admirable Venus victoriosa que tenía los rasgos de Paulina Borghese (Paulina Bonaparte), y una Polimnia representando a Elisa Bonaparte. Canova fue elegido miembro extranjero del Instituto de Francia.

Su fama iba creciendo. El duque Caetani le encargó un grupo representando a Hércules y Licas. Canova ejecutó un monumento colosal que,a causa de la poderosa musculatura de Hércules, produce una imprecisión de fuerza que no era generalmente buscada por el artista.

Ya en la cumbre de la celebridad y de la fortuna, fue llamado por Bonaparte, a París, para ejecutar el busto del Gran Corso. Poco después le fue encargado el Mausoleo de Victorio Alfieri. Luego afluyeron pedidos de soberanos y viajó a Napóles. Roma. Viena y París.

escultura de Canova cabeza de Perseo

Cabeza de Perseo, escultura de Canova Antonio

Escultura de Napoleón de Canova

Busto de Napoleón Bonaparte, escultura de Canova Antonio

Los amplísimos talleres donde trabajaba ya no podían contener sus obras. Entre éstas se encontraba una estatua colosal de Napoleón, que actualmente se exhibe en el palacio Brera de Milán.

Canova: fue encargado de reproducir otros miembros de la familia Bonaparte, y es así como le fue dado representar a la hermosa princesa Paulina Borghese bajo el aspecto de Venus victoriosa.

Luego del destierro de Napoleón en Santa Elena, Canova fue enviado especialmente a París por el papa para pedir la devolución de los monumentos quitados a Italia. De regreso a su patria, esculpió otras obras notables: Las tres Gracias, el monumento de La Guerra y la Paz, y la estatua de Washington que le había sido encomendada por el Senado de Carolina (Estados Unidos).

El 21 de setiembre de 1821 regresó a Pessagno, su ciudad natal, con el propósito de reponer su quebrantada salud. Pero no pudo resignarse a la inactividad.

Quiso volver a Roma, pero durante el viaje se detuvo en Venecia donde expiró el 13 de octubre de 1821. Canova no fue solamente un artista de primer orden, sjno también un hombre amado por su desinterés, su bondad y su afabilidad. Siempre se mostró generoso y nadie pidió en vano su ayuda.

El arte fue su única razón de vivir. En su juventud habíase enamorado de una hija del grabador veneciano Volpato, la que durante un corto tiempo fue su novia. Luego, no se sabe por qué causa, rompió el compromiso, y la delicada sensibilidad del artista no se curó jamás de esa herida.

Cultivó también la pintura, aunque sin alcanzar en ella la misma perfección que en la escultura. Sin embargo, su genio maravilloso realizó también el milagro de su autorretrato.

Leyenda de Gargantua y Pantagruel Resumen del Argumento de la Obra

Leyenda de Gargantua y Pantagruel
Obra de Rabelais Francisco

Francisco de Rabelais nació en Chinón (Francia) en 1494. Fue monje en Maillezais y se graduó de doctor en medicina en Montpellier. En 1532 estuvo en Lyon; allí se publicaron por primera vez Las aventuras de Gargantúa y Pantagruel. Después de la muerte de Francisco I, ejerció la medicina en el hospital de Metz y luego en Roma. Durante mucho tiempo acompañó al cardenal Du Bellay. A su regreso obtuvo una prebenda en la abadía de San Mauro,y en 1551 lo nombraron cura párroco de Meudon. Murió en 1553.

Las nuevas ideas del renacimiento y en especial el nuevo concepto del humanismo hicieron su primera aparición en los escritos de François Rabelais. De sus cinco libros, los más famosos son Pantagruel (1532) y Gargantúa (1534), cómicas historias épicas de gigantes. Rabelais utilizó estos personajes para personificar la libertad y potencialidad del humanismo, que quería lograr el desarrollo completo del cuerpo y de la mente.

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GARGANTÚA
Gargantúa fue hijo de Gargamella, hija del rey de las Mariposas, y de Grandgousier. Nació después de comer su madre una gran cantidad de tripas grasientas y tan exquisitas que todos se chupaban los dedos. Al nacer, Gargantúa, digno hijo de su padre, gritó con voz estentórea: «¡Quiero beber!».

A pesar de su prematura afición y de la herencia paterna, fue alimentado a leche y se necesitaron diecisiete mil novecientas trece vacas para lograr su ración diaria. Al cumplir su primer año de vida, para vestirlo se precisaron centenares de varas de satén, de etamina y de otras telas blancas; para sus zapatos, cuatrocientas seis varas de terciopelo azul. Sus colores eran el blanco y el azul. El blanco indicaba alegría, delicias, regocijos; el azul, cosas celestiales. Tuvo su buena espada de madera y su buen puñal de cuero, ambos pintados y dorados.

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Gargantúa quiere decir: «¡Qué grande es tu garganta!»
Para alimentarlo, se necesitó la leche de más de diecisiete mil vacas.

Llevaba varios anillos, uno para  conservar  su   antiguos signo de nobleza: era un rubí grueso como un huevo de avestruz. De los tres a los cinco años, lo pasó como todos los niños del lugar: bebiendo, comiendo y durmiendo. Continuamente se revolcaba en los charcos, se tiznaba la nariz, se afilaba los dientes con gruesas herramientas, se lavaba las manos en el caldo, se guarecía de la lluvia en el agua y, para que se distrajera como los demás niños de su comarca,le ofrecieron como juguete uno de los molinos de viento de la aldea.

Algún tiempo después se le construyó un gran caballo de madera, pero cuando fue capaz de viajar recibió del rey de Numidia una yegua del tamaño de seis elefantes juntos.

Al llegar a París se fijó en las enormes campanas de Notre Dame y se le ocurrió que estarían muy bien de cencerro en el pescuezo de su yegua. Pero la elocuencia de Maese Janotus lo decidió a ponerlas en su lugar, pues era evidente que una ciudad sin campanas sería igual que un ciego sin bastón.

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Robó Gargantúa las enormes campanas de Notre-Dame. Se le había ocurrido que quedarían muy bien de cencerro en el pescuezo de su yegua.La yegua de Gargantúa, para ahuyentar moscas y moscardones, enarboló su cola y tan bien la esgrimió, que abatió todos los árboles de la Beauce.

Luego, Gargantúa quiso estudiar y Panócrates fue su primer preceptor junto a otros ilustres sabios. Aprovechó Gargantúa todas las horas del día y se instruyó en todas las materias de su época, sin olvidar la música. Panócrates lo guió con tanta táctica y sabiduría, que el estudio, penoso al principio para Gargantúa, fue después el mayor de los placeres. Mas he aquí que estalló la guerra entre Grandgousier y su vecino Picrochóle, rey de Lerné, por una querella entre pasteleros y pastores, a pesar de todas las artimañas de Grandgousier, deseoso de conservar la paz.

Gargantúa dejó entonces París para socorrer a los suyos.

Llegado al castillo de Grandgousier y arreglándose la cabeza con su peine, hecho de colmillos enteros de elefantes, hizo caer, a cada peinada, más de siete balas de cañón que durante la lucha se le habían enredado en los cabellos.

Sabiendo que allí había hermosas lechugas tan grandes como ciruelos y nogales, fue él mismo a buscarlas porque tenía deseos de comer una ensalada. No cayó en la cuenta de que entre las hortalizas estaban escondidos seis temerosos peregrinos y los engulló lindamente. Después bebió un larguísimo trago de vino seco y sus ocasionales víctimas, para salvarse del torrente que las arrastraba casi hasta la boca de! estómago, se metieron entre los dientes del gigante. Tuvieron la suerte de que, al escarbarse con un mondadientes, los sacara de la bocaza.

Gargantúa sitió a Pícrochole, lo asaltó en La Roche-Clermand y se apoderó del castillo. Pícrochole quiso huir en un asno, pero los pastores lo molieron a golpes. Una anciana hechicera le predijo que su reino le sería devuelto a la llegada de los gallicisnegrullas. Picrochole espera aún, pues ese pájaro imaginario, mezcla de gallo, cisne y grulla, no existe Gargantúa distribuyó recompensas entre todos aquéllos que habían contribuido a la victoria.

Para honrar en particular a Juan de los Embrolladores, que había salvado heroicamente los viñedos de su convento, le hizo edificar la Abadía de Thelma, cuya regla era: «Haz lo que quieras.» Porque las gentes bien nacidas, libres, instruidas y rodeadas de buena compañía, tienen siempre un instinto y acicate que los impulsa a seguir la virtud y apartarse del vicio.

PANTAGRUEL
Gargantúa era ya un hombre hecho, cuando pensó en elegir esposa. Casó entonces con la hija de un rey de Utopía, la noble Badebec, quien al poco tiempo le dio un hijo que llamaron Pantagruel.

Nacido el niño en época de gran crisis, Badebec pensó que era necesario proveer de alimentos al hijo; fue así como, junto con Pantagruel, nacieron sesenta y ocho esclavos, cada uno de los cuales llevaba un mulo del cabestro; nacieron también nueve dromedarios cargados de jamones y lenguas ahumadas de vaca, siete camellos con enormes alforjas de anguilitas y de legumbres de todas clases.

Pantagruel llegó al mundo cubierto de pelo como un oso, lo que hizo decir a una de las comadres: «Ha nacido con todo el pelo, lo que significa que hará cosas maravillosas y, si vive, será hombre de leyenda.»

Así llegó Pantagruel, entre risas y lágrimas, pues su madre murió al nacer él. Su padre, entre la muerte de Badebec y el nacimiento de su hijo, no sabía qué hacer. Lloraba y reía al mismo tiempo.

Un día que Gargantúa estaba de gran banquete, temeroso de que le pasara algo al niño, lo hizo sujetar a la cuna con pesadas cadenas de hierro. Una de éstas, más adelante, se usó para cerrar de noche el puerto de La Rochela. El pobre Pantagruel no pudo romperlas, pero se levantó con gran vigor y, llevando la cuna a cuestas de modo que parecía una tortuga, llegó a la sala del banquete.

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Después de cantar y bailar tres danzas del tiempo de vendimia, Panurgo oyó la respuesta del Oráculo de la Botella: «¡Trink!» El vino tiene el poder de llenar el alma con toda la verdad, todo el saber y toda la filosofía.

Cuando estuvo en edad de estudiar, fue primero a Orleáns y después a París. Allí conoció a Panurgo que volvía de Turquía, donde había estado prisionero; el pobre llegaba tan seco como un arenque ahumado.

Panurgo fue el amigo más querido de Pantagruel y guerrearon juntos contra los dípsodas o «bebedores». Después de la conquista, Pantagruel llevó una colonia de utopianos a Dipsodia para poblarla y embellecerla.

Panurgo fue nombrado señor de Salmigondis y pronto sintió deseos de casarse. Pero antes pidió consejo a Pantagruel, interrogó a la suerte, se esforzó en interpretar sueños, consultó a toda clase de gentes, sabios y locos, y por fin decidió visitar el Oráculo de la Botella.

Comenzaron entonces una serie de aventuras que llevaron a Panurgo, Pantagruel y al Hermano Juan a los países más fantásticos y exóticos.

En los mares helados vieron palabras que se habían congelado durante una guerra estallada a principios del invierno. Allí habían quedado gritos de hombres y de mujeres, ruidos de armas, relinchos de caballos y malas palabras, pero ahora se deshelaban con la llegada de la primavera y Pantagruel podía oirías. Llegaron por fin al Oráculo de la Botella, donde fueron admitidos por la sacerdotisa Bachuc que los recibió en el templo.

De la Botella Sagrada surgió la palabra «Trink», que quiere decir «¡Bebed!»

Y bebieron vino de Falerno, brindaron e hicieron versos.

Fuente Consultada:
Las Aventuras de Garngantua y Pantagruel LO SE TODO Tomo V Editorial CODEX

Biografía de Manzoni Alessandro Resumen de LOS NOVIOS Poeta Italiano

Resumen Biografía de Manzoni Alessandro
Prosa Cumbre «Los Novios» del Poeta Italiano

La vida de Alejandro Manzoni (1785-1873) ofrece pocos motivos al biógrafo; carece de rasgos notables o hechos espectaculares, encerrada en el triste cerco de los muros milaneses. Manzo-ni vive en sus obras, y solamente en ellas revela la profunda e invisible intensidad de una vida hecha de meditación y de inagotable y fecunda inspiración artística.

LOS NOVIOS escrita por primera vez entre 1821 y 1823, rehecha lentamente y publicada por segunda vez en 1840-42, es aún hoy el mayor éxito de la literatura romántica italiana y también universal. Es una obra perfecta y terminada, admirablemente armónica, en la que la inventiva poética fluye suave e igual, sin monotonía ni ampulosidad; de frases sobrias y brillantes como una imagen dantesca recurre por momentos a un sutil sentido del humor que nunca aflora abiertamente, pero que da vida al relato como un reflujo de aguas escondidas.

Manzoni Alejandro Poeta Italiano

Manzoni Alejandro: De joven se sintió atraído por el racionalismo y el escepticismo, corrientes que dominaban en la literatura francesa del Siglo de las Luces, y por las ideas jacobinas y anticlericales, filosofía que aparece en su poema El triunfo de la libertad (1801), en el que canta la derrota del despotismo y de la superstición gracias a la labor de Napoleón. Sin embargo, a partir de 1808 sus ideas cambiaron. Contribuyeron a ello varios hechos. El más importante fue su matrimonio con Enrichetta Blondel, que aunque calvinista se convirtió al catolicismo y arrastró a la Iglesia católica al marido, el cual hizo pública y notoria su nueva adhesión religiosa.

Cada uno de sus protagonistas está muy bien delineado, desde don Abundio, despiadadamente analizado, hasta el sastre que hospeda a Lucía, apenas esbozado. Los episodios se suceden enlazándose uno con otro, siempre vividos y exactos, interrumpidos de vez en cuando por largas digresiones que atenúan la intensidad del relato sin interrumpir su ilación.

El mundo de 1600, lejano en todo sentido del nuestro, revive con tan genuina frescura que no se advierte esa distancia, aun conservando una adecuada perspectiva histórica. Es obvio que sólo puede ofrecerse al lector un resumen de los hechos, es decir el argumento en sí. Los novios debe ser leída y releída, para descubrir los infinitos y delicados matices que escapan a primera vista, y que dan, aun a quien cree conocer perfectamente la novela, la sensación maravillosa de encontrarse frente a una obra siempre nueva y fresca.

A lo largo de una de esas callejuelas encerradas entre dos muros que corren junto a la orilla del lago de Lecco, cruzando por campos y prados, paseaba, un atardecer de noviembre de 1628, don Abundio párroco de una aldea de los alrededores. Era éste uno de esos hombres perezosos y bonachones, que tratan de ahorrarse molestias y responsabilidades. Es fácil pues imaginar su sorpresa cuando, precisamente esa tarde, vio frente a si dos hombres armados que parecían esperarlo y en los que reconoció a dos «bravos». Dominándolo con su estatura y su arrogancia, le informaron con pocas palabras que no debía celebrar al día siguiente cierta boda: el casamiento entre un modesto tejedor de seda, Renzo Tramaglino, y Lucía Mondella, obrera del lugar.

El pobre don Abundio no sabía en qué mundo se encontraba; temblando de miedo, balbució algunas palabras de protesta, pero al oír mencionar el nombre de don Rodrigo, amo de los «bravos» y señor sin discusión del lugar, calló e inclinó la cabeza. Cuando poco después volvió a la iglesia, estaba tan pálido y tembloroso que su ama de llaves, Perpetua, lo interrogó cautamente, y don Abundio le narró lo sucedido.

A la mañana siguiente; la entrevista con el novio resultó difícil; debió recurrir a pretextos vagos, a oscuras disposiciones de los superiores (todo ello reforzado con algunas frases latinas), para tratar de obtener una postergación de la boda. Pero Renzo, con todo ese embrollo de medias palabras y argumentos rebuscados, nada entendió y no se conformó, por lo que trató de sonsacar algo más claro a Perpetua que no era precisamente una tumba. Así supo parte de lo sucedido, obligando al párroco a referirle lo demás. Furioso, el joven corrió a casa de Lucía a contarle el hecho y tratar de descubrir la razón por la cual don Rodrigo se oponía a su casamiento.

La supo y demasiado bien. Lucía le dijo que don Rodrigo la había molestado repetidas veces con ofertas galantes que ella no había aceptado. Tampoco el padre Cristóbal, el viejo capuchino que los campesinos de los alrededores consideraban un santo y que protegía con particular solicitud a Lucía y a Inés, su madre, pudo darles una solución; prometió que haría todo lo posible, pero, desgraciadamente, él también sabía lo poco que contaban las palabras persuasivas y los derechos contra los prepotentes señores feudales de la época.

Inés, en medio de tanto desconcierto, tuvo una idea que comunicó con gran secreto a los jóvenes: si, como se decía, para que la ceremonia fuese válida, bastaba pronunciar las palabras rituales ante el sacerdote y dos testigos, se podría intentar sorprender a don Abundio en su casa, y celebrar el matrimonio a pesar suyo. Lucía, llena de escrúpulos religiosos, dudaba, pero Renzo, todavía indignado por la ofensa sufrida, aceptó inmediatamente el plan, preparó los detalles y buscó los testigos.

Mientras tanto el padre Cristóbal se había dirigido al palacio de don Rodrigo a quien encontró de sobremesa, rodeado de amigos. Don Rodrigo, aun ignorando el motivo de la visita, se sintió molesto al ver al padre capuchino y, para terminar cuanto antes la entrevista, se levantó prontamente y lo invitó a pasar a otra habitación. El padre Cristóbal con toda cautela empezó a explicarse, pero desde las primeras palabras se dio cuenta de que el señor no lo escuchaba con la debida humildad; entonces él también empezó a acalorarse y el diálogo se tornó violento.

Como era de prever, el buen fraile se vio obligado a irse sin haber sacado nada en limpio; todavía más, debió agradecer al cielo el haber salido sano y salvo, y recomendó a los dos jóvenes que se mantuvieran tranquilos confiando en la divina Providencia. Los novios, por el contrario, se prepararon para actuar: Renzo había pedido a dos amigos que le sirvieran de testigos, y juntos habían preparado el plan para sorprender a don Abundio.

Así pues, la noche siguiente, Inés, Renzo y Lucía llegaron a la casa parroquial acompañados por Antonio, un joven despierto y activo, y por su hermano Gervasio, un muchacho algo tonto, pero que en esta emergencia serviría muy bien como segundo testigo. Con una estratagema, consiguieron eludir la vigilancia de Perpetua, pero don Abundio no se dejó sorprender y, con insospechada rapidez, se encerró en una habitación próxima, sin pronunciar las palabras sacramentales. Después, mientras los cuatro jóvenes, a oscuras, buscaban la salida, abrió la ventana y pidió auxilio.

Le oyó el sacristán que, somnoliento y asustado, no atinó a otra cosa que a tocar las campanas, poniendo en conmoción a todo el poblado. El azar quiso que precisamente esa noche don Rodrigo tratara de llevar a cabo el proyecto de apoderarse de Lucía, enviando a tal fin un grupo de «bravos», capitaneados por un tal Griso. Los malhechores penetraron en la casita de Inés encontrándola vacía, y estaban discutiendo entre ellos cuando se oyó el alboroto.

Manzoni Alejandro

La noche de los engaños y subterfugios. Lucía y Renzo habían entrado con una estratagema a la casa de don Abundio; en lugar de pronunciar las palabras sacramentales, el párroco vuelca la lámpara y arroja el tapete a la cabeza de Lucía, impidiéndole hablar, y se atrinchera en su habitación.

Un vecino, despierto por tanta alarma, los vio escapar por el camino, seguidos por los toques de campana. Así los valientes que acudieron en ayuda del sacerdote se enteraron también de esa misteriosa invasión. Renzo y Lucía, advertidos por el padre Cristóbal que conocía el plan del rapto por un servidor de don Rodrigo, se refugiaron en el convento de los capuchinos, de Pescarénico; y aquella misma «noche, no estando ya seguras en el pueblo, las dos mujeres fueron a un convento de Monza, y Renzo a Milán, con una carta del padre Cristóbal que lo recomendaba a un capuchino de esta ciudad.

Para su desgracia, Renzo llegó a la ciudad en un momento crítico. El pueblo, hambriento a causa de una larga escasez, se había sublevado y se volcaba a la calle decidido a hacerse justicia por sus manos. Renzo se encontró en medio del tumulto y trató, con algunos voluntarios, de contener la violencia de la plebe; durante todo el día no hizo más que agitarse y gritar, olvidando su misión y sus preocupaciones personales.

Avanzada la tarde se alojó en un hotel al que le acompañó un amigo ocasional. Durante la cena nuestro joven bebió más de la cuenta y no advirtió que su nuevo amigo le hacía decir toda clase de despropósitos; mucho menos advirtió que su solícito amigo era un delator de particular que buscaba una víctima expiatoria para ofrecer a la autoridad. Lo supo a la mañana siguiente cuando lo despertaron bruscamente y se encontró rodeado de policías que venían a arrestarlo. Por suerte, el pueblo continuaba convulsionado y los policías que lo escoltaban camino a la cárcel tenían más miedo que él. No tuvo, pues, más que gritar para encontrarse rodeado de una muchedumbre dispuesta a liberarlo.

En vista que llevaban las de perder, los policías se ocultaron y Renzo hizo otro tanto. Media hora después se hallaba fuera de la ciudad, y se dirigía rápidamente hacia el río Adda, que señalaba el límite del ducado de Milán, con la intención de buscar luego refugio en un pueblo de Bérgamo.

Dejemos por ahora a Renzo ya a salvo, y volvamos a los otros personajes de nuestra historia. Don Rodrigo, como es de imaginar, no quiso resignarse a la derrota sufrida. Informado del nuevo domicilio de Inés y Lucía, recurre al consejo y ayuda de un hombre poderoso y temido, una especie de príncipe bandido que, desde su viejo y ruinoso castillo de los confines, dirigía las aventuras más riesgosas y malvadas.

Tomó a su cargo el raptar a Lucía del convento de Monza, empresa que le resultó fácil con la ayuda de amigos del lugar. La pobre muchacha llegó al castillo del señor, que llamaremos el «Innominado», más muerta que viva: el rapto, el aspecto de los «bravos», el viaje en carruaje, el lugar salvaje al que fue conducida, la llenaron de espanto. Cuando se vio ante el «Innominado», de quien ignoraba la identidad, se desesperó, lloró, rogó, que la dejaran volver junto a su madre. Tanto suplicó y con tan vivo dolor, que finalmente llegó al corazón de ese hombre que no conocía la piedad.

La noche en que Lucía llegó al castillo, algo ocurrió en el alma del «Innominado» ; un cambio que quizás estuvo preparado desde tiempo atrás y que ahora, ante el desesperado llanto de la joven, se operaba lentamente. El hecho es que a la mañana siguiente, sabiendo que el cardenal Federico Borrcmeo. arzobispo de Milán, estaba de visita en un pueblo de los alrededores, se presentó allí y solicitó una entrevista con el prelado. Salió transformado; la poderosa personalidad de Federico había completado la obra que las palabras de Lucía habían iniciado.

Lleno de remordimientos, el «Innominado» se dispuso a reparar el inmenso daño hecho hasta ese momento; ante todo, liberó a Lucía, la restituyó a su madre y le obsequió una gran suma de dinero que le permitiría casarse. Madre e hija, después de la alegría del reencuentro, estuvieron poco tiempo juntas. Inés quedó en el pueblo, esperando noticias de Renzo, mientras Lucía se dirigía a Milán, sin peligro ya, en compañía de una noble señora (doña Práxedes) que le había ofrecido hospitalidad. Mientras tanto, la guerra por la sucesión al ducado de Mantua que ya amenazaba a Europa se acercaba a la región en que se desarrolla nuestra historia.

Los ejércitos de esa época eran, tocante a disciplina y respeto de los bienes ajenos, peores que una banda de forajidos; su paso era desastroso aun por territorios neutrales o aliados, que saqueaban sin misericordia. Es fácil suponer el terror que se apoderó de las poblaciones de Lombardía cuando se supo que el ejército imperial (los tristemente famosos soldados aventureros alemanes) había entrado en Valtellina y bajaba a la llanura. Las, calles se llenaron de gente que huía, cargada de bultos, a buscar refugio en la montaña, abandonando los pueblos desiertos a los saqueadores. Pero lo peor fue cuando advirtieron que las tropas traían consigo un flagelo más terrible: la peste.

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Cuando Renzo llegó a Milán, el tumulto estaba en su apogeo. Aquí vemos el asalto al «Horno de las muletas», uno de los mas céntricos de-la ciudad, del que el pueblo sublevado roba no sólo pan y harina, sino también artesas v bancos, quemandólos en la plaza. Renzo, en medio de esa confusión, se conserva lúcido, lo cual no impide que lo arresten.

En efecto, apagados los ecos de los tambores alemanes, y cuando se empezaba a reparar los destrozos causados por el paso de los soldados, comenzó a manifestarse aquí y allá, sn los alrededores y en los pueblos devastados, una peste rápida y casi siempre mortal a la que los médicos no sabían o no osaban dar nombre.

La epidemia terminó por invadir Milán, donde rápidamente se propagó con virulencia. Por fin, tarde ya, se decidieron a aislar a los enfermos en un recinto especial, el lazareto, y a organizar un cuerpo sanitario adecuado. El aspecto de la ciudad, en lo más intenso de la epidemia, era desolador; por todas partes ventanas cerradas, enfermos que agonizaban por las calles, carros cargados con muertos, conducidos por monatti (por lo general gentuza que se dedicaba a esa tarea para robar a los muertos).

Y por todas partes el terror a los «untadores» de los que se decía que untaban la ropa y las puertas con un ungüento pestífero, por orden del demonio o de imaginarios mandatarios. Renzo, escondido siempre en un pueblo de Bérgamo, enfermó y, felizmente, logró salvarse. Cuando se restableció, comprendió que aquél era el momento de volver a su pueblo en busca de noticias, en la seguridad de que, después de aquella pesadilla y de tanta tragedia, nadie recordaría sus pasados contratiempos. Así fue, en efecto: Renzo llegó preocupado a su pueblo, encontrándolo casi desierto, y se enteró de que Inés había buscado refugio en una villa vecina, y Lucía estaba aún en Milán.

El joven se dirigió allí, con el corazón oprimido por una duda atroz: ¿la encontraría viva, precisamente cuando era mayor la virulencia del mal? En Milán le dijeron que Lucía había sido llevada al lazareto y Renzo entró en aquel terrible lugar, del que pocos salían vivos, con escasa esperanza. La primera persona que allí vio fue el padre Cristóbal, que se prodigaba entre los enfermos, grave él mismo, pero aún en pie. El padre Cristóbal trató de serenarlo a la vez que le mostraba sobre un camastro destartalado a don Rodrigo agonizante.

Al ver postrado a su enemigo, miserable ahora como todos, Renzo se sintió invadido por una inmensa piedad y una profunda resignación a la voluntad del cielo. Continuó buscando a Lucía, pero con el ánimo de quien no espera ya un milagro y acepta lo inevitable. Pero el milagro se produjo: en un cuartucho del lazareto, y al pasar allí por casualidad, Renzo encontró a Lucía, apenas convaleciente pero ya fuera de peligro.

Pocos días después, los dos jóvenes se encontraron de nuevo en su pueblo; la peste ya se extinguía y las poblaciones diezmadas comenzaban a organizarse y a retomar las costumbres de otros días. Don Abundio, atormentado todavía por el terror que le habían infundido don Rodrigo y sus ‘»bravos», tuvo aún algunas dudas; sólo cuando estuvo seguro de la muerte del señor, accedió a celebrar el matrimonio. Lucía y Renzo no quisieron permanecer ya en ese lugar que les recordaba tantas amarguras; emprendieron viaje a Bérgamo y allí vivieron en paz y felices.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografía Alejandro Manzoni y Su Obra Máxima: Los Novios –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografia de Giuseppe Verdi Compositor de Opera Obra Artistica

Biografía de Verdi Giuseppe y su Obra Artística
Compositor de Ópera

Giuseppe Verdi. —Gran compositor italiano. Nació en Roncóle el 10 de octubre de 1813 y murió en Milán el 27 de enero de 1901. Desde muy pequeño fue aficionado a la música, sin que pudiese alimentar sus inclinaciones con otro pasto mejor que el proporcionado por las melodías que escuchaba a desafinados organillos ambulantes.

Protegido por unos amigos de la familia, recibió lecciones del organista de la iglesia de su pueblo natal, revelándose entonces como un niño prodigio, ya que al año de educación musical declaró su maestro que ya nada tenía que enseñarle. Escribió bastantes óperas que se popularizaron prontamente; entre ellas El Trovador, Rigoleto y La Traviata. Su conocida y gran ópera Aida la compuso por encargo del virrey de Egipto Ismail Bajá para inaugurar con su estreno el Teatro de la Ópera de El Cairo.

Se puso en escena el 24 de diciembre de 1871, obteniendo un éxito clamoroso que se repitió en cuantas representaciones posteriores de ella se dieron en todos los teatros de ópera del mundo. Después escribió Ótelo y Falstaff, esta última, ópera cómica. En toda su producción desde Aida, se nota la influencia wagneriana y de la moderna escuela musical y se consideran más avanzadas técnicamente que sus primeras producciones.

En 1872 le fue conferida la dignidad de senador, y en la última parte de su vida gozó de posición opulenta. Como nota curiosa consignaremos que al intentar el ingreso en el Conservatorio de Milán para perfeccionar sus estudios musicales, sostenido por una pensión becaria que se le había concedido, el tribunal examinador dictó, en 1829, un fallo reprobatorio, fundándose en que los ejercicios presentados por el opositor no mostraban especiales aptitudes para la música.

Lo llamaban el «cisne de Busseto», puesto que Busseto era el pueblo cercano a Róncole donde nació Giuseppe Verdi un día de octubre de 1813. Las raíces musicales de esa zona de Italia son muy antiguas y sus habitantes tienen una sensibilidad musical innata, muy especialmente para la voz humana, con la que Verdi expresó todos los sentimientos del alma humana: odio, amor, celos, dolor, tristeza y alegría, alcanzando la voz en sus dramas la belleza altiva que tienen los cisnes.

 

Giuseppe Verdi compositor


José Verdi fue el intérperte del alma italiana anhelante de libertad. De su genio surgieron los acentos patéticos que habrían de conmover a todo un pueblo.Nació el 10 de octubre de 1813 en Roncole, h
ijo de campesinos analfabetos, estudió música en la vecina ciudad de Busseto donde encontró unos protectores en los esposos Barezzi. Cuando en 1832 fue rechazado por el conservatorio de Milán a causa de su juventud y de que «sus ejercicios no mostraban especiales aptitudes para la música», entró como discípulo del compositor milanés Vincenzo Lavigna.

BIOGRAFÍA:

En una modesta vivienda de la aldea de Roncóle, cerca de Busseto, provincia de Parma, nació el 10 de octubre de 1813 un niño, hijo de Carlos Verdi y de Luisa Ullini, que recibió el nombre de José.

Aquellos humildes aldeanos, cuyo único bien consistía en un despacho de vino y de tabaco, estaban muy lejos de sospechar que el pequeño José sería el más grande genio musical del siglo.

El niño se crió en el modesto negocio paterno donde entraba de vez en cuando un violinista ambulante. Entonces, el pequeño José interrumpía sus juegos y escuchaba con profunda admiración los monótonos estribillos del vagabundo. Uno de estos músicos, al advertir la manera como el chiquillo se extasiaba, dijo a los padres de éste: «Haced estudiar música a vuestro niño: triunfara; lo digo porque entiendo de esto.»

Cuéntase que el pequeño José, grave y tranquilo, desempeñaba las funciones de monaguillo en la iglesia local, atraído, sobre todo, por las ejecuciones del organista Baistrocchi. Un día, recriminado por el cura que lo había sorprendido en completa abstracción escuchando el órgano de la iglesia y ajeno por completo a cuanto ocurría a su alrededor, huyó buscando refugio en los brazos maternos e implorando: «Madre, madre, hacedme estudiar música.»

A los ocho años de edad el padre le regaló una vieja espineta. De sus dedos inseguros brotó un acorde: en vano quiso repetirlo. Entonces fue tan grande su desesperación, que con sus puños y un martillo destrozó casi por completo el viejo instrumento.

Un amigo de la familia, Esteban Cavallette, acudió en su auxilio y reparó la espineta sin pedir por ello ninguna recompensa, pues él también había observado la disposicion para la música del pequeño José.

A los doce años de edad, José Verdi reemplazaba al anciano Baistrocchi en el órgano de la iglesia.

La inspiración del adolescente comentaba a despertarse y, para él, ese órgano era lo más interesante de la aldea. En ese momento se afirma su vocación.

Su música lo llena de agitación y exalta su fantasía; oyéndole se siente embargado por una fuerza irresistible. Todos los sonidos lo atraen; la madre, humilde hilandera, cariñosa e inteligente, sorprende a menudo al jovencito atento al rumor del agua que corre o escuchando el viento que se introduce en la chimenea.

José tiene siempre una canción a flor de labios y, cuando va a Busseto para hacer las compras habituales, se detiene frente a la casa del señor Antonio Bareggi, para escuchar las melodías que allí se ejecutan en el piano.

—¿Qué haremos con este hombrecito? —pregunta la madre al párroco—. ¿Cura, como dice su padre, u organista, como sueña él?
—Hay tiempo para decidir. . .
—Es verdad —dice la mujer—; además, si José se porta bien, para Navidad tendrá un hermoso regalo.

Con la Navidad llegó el regalo: la suerte quiso que en Busseto hallara la persona y el ambiente que le convenían. Antonio Barezzi, comerciante activo y sagaz, le dio un empleo en su negocio y lo animó para que estudiara música. Pudo entonces ejercitarse en un buen piano, el de la suave e inteligente Margarita, hija de Barezzi y que veía en Verdi, no a un dependiente de tienda, sino a un joven excepcional.

—El pequeño Verdi, decía Barezzi, es en verdad un buen chico. Lleno de dignidad y amor propio, es inteligente y leal. A veces un poco testarudo, pero pronto se hace perdonar. ¡Y qué voluntad! Trabaja de día como un negro; al atardecer toca el órgano en Roncóle y el domingo estudia latín con el canónigo Seletti.

Fueron sus rápidos progresos en latín los que incitaron al canónigo de Busseto a sugerir a los afortunados padres la conveniencia de encaminar hacia el sacerdocio a ese niño excepcional.

Mas fue el mismo Seletti quien los disuadió poco después, cuando, por falta del organista, durante la misa mayor del domingo siguiente, alguien aconsejó que se hiciera tocar «al hijo de don Carlos, de Roncóle».

—¿De quién es ese trozo que nos ejecutaste, José? —le preguntó el buen canónigo al terminar la misa.
—De nadie —contestó el jovencito—, he seguido mi inspiración.
—Comprendo —concluyó dom Seletti—; creo que deberás seguirla de verdad.

Se consultó al organista Fernando Provesi, director de la sociedad filarmónica, e inmediatamente, entre el niño y el anciano maestro, se estableció un vínculo de profunda y tierna amistad. Provesi le enseñó cuanto él sabía, y estos estudios no tardaron en dar sus frutos: a los dieciséis años, Verdi recibe, por sus primeras composiciones para banda, grandes elogios.

Su solicitud para desempañar el cargo de organista de la iglesia de San Santiago de Soragna fue rechazada. Pero, en cambio, dos instituciones benéficas de Busseto le concedieron una beca, cuya cantidad fue generosamente aumentada por Barezzi, para que pudiera estudiar en Milán. A los diecinueve años, Verdi pidió su admisión en el Conservatorio de esa ciudad.

Durante el examen ejecutó en el piano el Capricho en la, de Herg, ante una comisión formada por Basili, Piantanida, Angelen y Rolla.

Esperaba el fallo con ansia, mas transcurría el tiempo sin que recibiera ninguna comunicación oficial. Hasta el momento en que Rolla le aconsejó que continuara estudiando sin pensar en el Conservatorio.

Esto afectó profundamente a Verdi, pero tenía una inquebrantable voluntad y, como Anteo, que recuperaba nuevas fuerzas cada vez que tocaba tierra, «el chico de Roncóle» se erguía con mayor brío después de cada desilusión.

Buscó entonces un maestro capaz, y halló a Lavigna, quien le enseñó armonía y contrapunto y lo familiarizó con la música de Palestrina.

Otra experiencia aún más triste y amarga lo esperaba cuando regresó a Busseto con la esperanza de suceder a Provesi que había fallecido: la envidia v las intrigas de sus conciudadanos malograron sus propósitos. Tan sólo le fue dado conseguir la dirección de la banda de música de su aldea. Retomó su antiguo puesto de dependiente y, en secreto, reanudó los estudios interrumpidos.

Verdi tenía poco más de diez años de edad cuando ya tocaba el órgano de la iglesia de su aldea natal. Sobre ese instrumento improvisó sus primeras melodías. Animado por parientes y amigos, Verdi solicitó su admisión en el Conservatorio de Milán. Tenía diecinueve años de edad y fue rechazado por la comisión examinadora.

En 1835 se casó con la hija de su protector, Margarita Barezzi, con quien tuvo dos hijos: Virginia e Icilio. Pero ambos fallecieron antes de los dos años. Profundamente dolorido, Verdi buscó consuelo en la música, creando sinfonías, marchas, trozos vocales, misas y vísperas, serenatas, cantatas, arias, dúos, conciertos y variaciones para piano.

Su primera ópera: Oberto, conde de San Bonifacio, traduce su profundo deseo de paz, de armonía, de amor. Representada el 17 de noviembre de 1839 en La Scala de Milán, obtuvo un éxito completo facilitado por el mérito de la joven y bien conocida cantante Josefina Strepponi, quien, sin dudar del talento del autor, había preparado la opinión del público y de los críticos. La música de Oberto ha recibido la influencia de los grandes maestros de esa época: Bellini y Donizetti.

Cuando tenía 22 años compuesa una ópera melodramática «Oberto con de Bonifacio», que quiso hacer representar en un gran teatro italiano. Verdi tuvo la certeza de haber compuesto buena música y deseó que el público la conociese. ¿Qué gran teatro llevaría a escena la ópera de un músico desconocido?. . . Por fin, después de muchas gestiones, algu nos amigos suyos lograron que aquélla fuera aceptada nada menos que por la «Scala» de Milán, el teatro lírico más importante del mundo. El 17 de noviembre de 1839 la ópera subió a escena, la música gustó muchísimo. El nombre de Verdi dejó de ser desconocido. El público italiano esperaba del novel músico otras óperas y José Verdi no defraudó tales esperanzas: el 9 de marzo de 1842 fue representada una nueva y gran ópera suya: «Nabuco».El éxito esta vez fue terminante; José Verdi era considera do ya un gran músico y un ardiente patriota. En aquellos días los italianos estaban luchando para liberarse de la domina ción austríaca, y, precisamente, Verdi había resuelto conpo ner una ópera que interpretara el sentimiento patriótico de todo el pueblo italiano.

El empresario Bartolomé Merelli, intuyendo las posibilidades del joven compositor, le encargó tres óperas: dos dramáticas y una cómica, que Verdi debía entregar en el transcurso de dos años con los honorarios de 4.000 libras austríacas por partitura.

Mientras estaba trabajando en el Fingido Estanislao, rebautizado como Un día de verano, ocurrió la muerte de su esposa, Margarita, de 25 años de edad, en junio de 1840. Verdi, para no faltar a su compromiso, terminó la segunda ópera, sumido en honda tristeza, sin entusiasmo y sin convicción.

El público recibió esa composición con frialdad y los críticos la juzgaron falta de estilo y de originalidad. Pero, de nuevo, el fracaso actuó como un estímulo. Vencido el primer desconcierto y animado por las insistencias de Merelli y de la cantante Josefina Strepponi, retornó al trabajo con la vehemencia de quien recomienza su vida.

La nueva ópera Nahucodonosor, presentada en Milán el 9 de marzo de 1842, fue un triunfo. El coro «Sobre las alas doradas» conquistó al público.
Los nombres de Josefina Strepponi y de José Verdi unidos en los mismos programas exaltaban el alma italiana.

«Nabucodonosor» refleja la angustia del pueblo judío reducido a la esclavitud y su esperanza en una futura libe ración. ¿Acaso no eran éstos los sentimientos que animaban a los italianos?. Y, un año más tarde, compuso otra ópera patriótica: «Los lombardos en la primera Cruzada». A sus compatriotas no escapó el mensaje de esta nueva creación: Verdi incitaba al pueblo italiano a preparar una cruzada contra el opresor extranjero.

El entusiasmo siempre creciente del público estimulaba al artista. Así compuso, en 1843, la ópera Los lombardos en la primera Cruzada, y, en 1844, Ernani.

El éxito de esta última ópera consolidó de tal manera la fama del maestro, que se llegó a considerarlo el sucesor de Bellini y Donizetti. Meyerbeer, el más encarnizado opositor de la música italiana, temido hasta por el gran Rossini, acalló sus ataques frente a las protestas generales.

La música verdiana adquiría un valor simbólico; las notas viriles o nostálgicas que el público repetía en un frenético delirio, eran la misma voz de Italia anhelante de libertad.

Basta recordar el profético canto de Atila: «¡Amada patria, madre y reina de magníficos hijos poderosos, volverás a vivir más altiva y hermosa!«, para comprender la excitación de un pueblo que estaba preparando su propia independencia.

Atila se representó en el teatro La Fenice, de Venecia, en el año 1846.

Luego de la tercera función el autor fue llevado en andas, seguido por un cortejo de antorchas y calurosamente vitoreado.

Después de Macbeth (1847), Verdi fue llamado a París y Londres: Josefina Strepponi, la compañera fiel de toda la vida, lo acompañó, no ya como intérprete, sino como esposa.

En París, Verdi compuso El Corsario, La Batalla de Legnano, Luisa Miller y Stiffelio.

Los años que siguieron fueron particularmente fecundos: Rigoletto (1851), Il Trovatore (1853), La Traviata (1853), brotan como perlas milagrosamente perfectas del cofre inagotable de su arte.

Es música capaz de hacer vibrar todas las cuerdas de la sensibilidad humana y conduce a su autor a la cúspide de la popularidad, en Italia y en el extranjero.

En el compositor de treinta y ocho años de edad, que tan sólo había abandonado su traje de aldeano diez años atrás, palpitaba todo un universo de secretas e infinitas armonías. El mundo lo contemplaba asombrado y emocionado.

En 1855, invitado por el gobierno imperial francés para que escribiera una ópera con motivo de la Exposición de París, compuso: Las vísperas sicilianas. La ópera agradó, y, como se había procedido con Rossini, el autor fue invitado a establecerse definitivamente en Francia.

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Con su ópera «Los lombardos en la primera Cruzada»,
José Verdi invitaba a los italianos a preparar una cruzada contra el opresor
extranjero.

La fuerza del destino. Don Alvaro está enamorado de Leonor, hija del marqués de Calatrava. La convence para que se fugue con él, pero, involuntariamente, don Alvaro mata al padre de Leonor. Ésta se recluye en un convento y don Alvaro busca la muerte en el campo de batalla. Verdadero juguete del destino mata al hermano de Leonor que lo había reconocido. Leonor acude y ella también es apuñaleada por error. Don Alvaro, desesperado, se arroja a un precipicio.

El maestro rechazó la invitación y, vuelto a Milán, escribió Simón Boccanegra. Esa ópera, que no gustó mucho en Venecia, halló gran favor en Nápoles. El 17 de enero de 1859 fue representada en Roma otra gran obra: Un baile de máscaras, que despertó entusiasmo indescriptible.

Durante esa velada, en vísperas de la guerra contra Austria, se gritó por vez primera: «¡Viva Verdi!». Era una ovación al maestro y un desafío al adversario, pues la sigla del apellido indicaba: «Víctor Emmanuel rey de Italia».

Con La fuerza del destino, representada el 11 de noviembre de 1861 en el teatro imperial de San Petersburgo, y con Don Carlos, puesta en escena el 11 de marzo de 1867, Verdi se encaminó hacia nuevas afirmaciones de su personalidad artística.

Era, aunque maduro en años, un genio siempre joven. Ya había abandonado el camino señalado por sus predecesores, para emprender nuevos rumbos. Aída, con su «Marcha triunfal», representada en El Cairo el 24 de diciembre de 1871, consagró una gloria que desafiará a los siglos.

El fallecimiento de Alejandro Manzoni,  con quien estaba ligado por profunda amistad, le inspiró en 1873 la Misa de réquiem, que aún hoy es imposible escuchar sin conmoverse.

En el último período de su creación, vuelve a asombrar al mundo con su incesante renovarse. Otelo 1887) y Falstaff (1893), compuestas respectivamente a la edad de setenta y cuatro y ochenta años son, indudablemente, la mejor expresión de su arte.

Otelo, el Moro de Venecia, ama a Desdémona, hija de Bradancio. Después de casarse, ambos parten para Chipre. Yago odia a Otelo y le hace creer que Desdémona lo engaña con Cassio. El  vil intrigante roba un pañuelo a Desdémona y convence al esposo de que ésta se lo entregó a Cassio como prueba de amor. Convencido de la infidelidad de Desdémona, el moro estrangula a su inocente esposa.

Rigoletto. En la corte del duque de Mantua liay un bufón llamado Rigoletto. La estúpida crueldad de los cortesanos se ensaña contra ese desdichado, quien, mientras tanto, se entera de que el duque fingiéndose estudiante, sedujo a su hija Gilda abandonándola luego. Rigoletto prepara su venganza, pero Gilda, que conoce los propósitos paternos, ocupa el lugar del duque y muere.


RlGOLETTO: Ópera melodramática en tres actos de Giuseppe Verdi (1813-1901).
Fue estrenada el 11 de marzo de 1851 en el teatro La Fenice de Venecia.

La Historia: El duque de Mantua y su bufón, Rigoletto, que era jorobado, son insultados por Monterone, a cuya hija ha seducido el duque. El insaciable duque también desea a Gilda, sin saber que es hija de Rigoletto. Los cortesanos que sentían celos de Rigoletto por su proximidad al duque lo engañan de forma tal que el duque pueda raptar a Gilda. Ella se entrega al noble pero Rigoletto trama su venganza y contrata los servicios de un asesino profesional, Sparafucile, cuya hermana Maddalena lo convence de que perdone la vida del duque si antes de medianoche entra en su posada alguien a quien pudiese matar en su lugar. Gilda oye la conversación y sacrifica su propia vida para salvar la de su amante. Rigoletto va en busca del cadáver del duque, pero lo oye en el piso de arriba cantando la famosa aria La Donna é Mobile. Extrañado abre el saco y para su terror, encuentra a su hija.

En las postrimerías del siglo y de su vida alcanzó el umbral de la música moderna, indicando el camino futuro. Corresponde a Arrigo Boito el mérito de haber escrito los libretos de Ótelo y Falstaff y de haber animado al maestro en la composición de las dos óperas.

Josefina Strepponi, su inspiradora, intérprete, colaboradora y compañera amante, decía de Verdi que la bondad de su alma era superior a su talento. El maestro lo corroboró cerrando su vida con un acto noble y profundamente humano: ofreció su fortuna a un hogar de descanso para músicos. Próximas a esta casa están las tumbas de José Verdi y Josefina Strepponi.

Al día siguiente del 27 de enero de 1901, día del fallecimiento de Verdi a la edad de ochenta y ocho años, el cuerpo del maestro era acompañado hasta su última morada por una multitud acongojada que acudía de todas partes, siguiendo el féretro ‘»pobre y desnudo» según lo estableciera la voluntad del extinto.

Renato Simoni, en su sentida crónica, escribió: «Una vez más el maestro daba algo de sí a ese pueblo al que había enseñado el consuelo del canto y, en éste, las ansias de superación y el sentido de lo infinito

ASI ERA VERDI…

Los comentarios críticos después del estreno del Réquiem por Manzoni -observaciones en el sentido de que la música era ostentosa, sensacional, barata, antirreligiosa, irreligiosa, melodramática- venían a representar la actitud crítica que Verdi tuvo que afrontar la mayor parte de su vida. Sus óperas soportaron críticas sin precedentes, especialmente en Inglaterra y Estados Unidos. Muchos críticos sencillamente no podían tomar en serio a Verdi como compositor. Cuanto más admiraba el público la música de Verdi, más los críticos protestaban y sermoneaban acerca del carácter «obvio» de su composición, su carácter «antivocal», su orquestación «primitiva». Se decían unos a otros, y decían al público, que esa música ejercía a lo sumo una atracción provisional y no podía perdurar.

El crítico del Telegraph de Londres debió tener en cuenta la tremenda recepción que el Réquiem tuvo cuando se lo estrenó en Milán. La ovación llegó porque Verdi era amado como hombre, y también por Manzoni, y porque los italianos se sentían orgullosos de la fama de Verdi. «Ahora que la Península es un Estado, todos los habitantes, incluso los que pertenecen a los distritos más remotos, asumen orgullosos su parte del honor dispensado a todas las celebridades italianas.» Por la cabeza del crítico del Telegraph no pasaba la idea de que la música del Réquiem tuviese nada que ver en el asunto.

Verdi no se inquietaba ante la reacción negativa de algunos críticos. Aparentemente, fue un compositor que no se preocupaba mucho por lo que decía la crítica. Afrontaba con ecuanimidad el éxito y el fracaso. «Se equivoca», escribió a un amigo, «si intenta defender Un Bailo in Maschera de los ataques de la prensa. Debería hacer como yo siempre hago: abstenerse de leerlos y dejar que bailen al son que más les plazca…

Por lo demás, la cuestión es ésta: ¿La ópera es buena o mala? Si es buena, y ellos no lo creen así a causa de sus prejuicios, etc., uno debe dejar que hablen como les parezca, y no tomarlo demasiado a pecho.» Y en otro pasaje: «Con respecto a los periódicos, ¿alguien le obliga a leerlos?… Llegará el día de la justicia, y para el artista es un gran placer, un placer supremo, poder decirles: «¡Imbéciles, estaban equivocados!»

ALGO MAS…

¿Cómo fue su vida?: Aunque nació en una familia humilde, pudo estudiar y cultivar su vocación gracias a la figura de un mecenas de provincias, un droguero que amaba el «bel canto». El estudio, el trabajo y el éxito, cuando llegó, no lograron cambiar la forma de vida del músico, firmemente vinculada a sus orígenes, en su casa de Busseto. A los 30 años, el destino le deparó una tremenda tragedia familiar: la muerte de sus dos hijos y, poco más tarde, de su esposa. Pero él se rehizo y volvió a casarse con una de las mejores intérpretes de sus óperas, Guiseppina Strepponi.

¿Alcanzó pronto el éxito?: Su presentación en el teatro de la Scala de Milán, en 1840, fue un auténtico fracaso y coincidió con los años de la tragedia familiar. Le pareció que todo había acabado para él, pero un sagaz empresario de la Scala, que intuyó su valía, le convenció para que empezara a trabajar de nuevo.

¿Qué hizo este empresario?: Le dio a leer un manuscrito titulado Nabucco, para que pusiera música al texto. El drama hablaba de amor y de la esclavitud del pueblo judío. Verdi se sintió conquistado por el texto.

¿Tuvo éxito Nabucco?: El mismo teatro que había visto cómo pateaban su obra, asistió a su clamoroso éxito. Una de las arias más famosas de la ópera (Vapensiero sull’ali dórate…), traspasó como pieza aislada las fronteras de Italia y se hizo famosa en toda Europa.

¿Qué óperas compuso más tarde?: A partir de este éxito, trabajó febrilmente. En pocos años escribió El trovador, Rigoletto y La Traviata, que, aunque aún no eran trabajos perfectos, tenían ya la capacidad de todas las obras de Verdi de inflamar el corazón de su público. Con el éxito recuperó el ánimo. En sus años de madurez, compuso La fuerza del destino y Aída, y en la vejez, su gusto por el melodrama lo llevó a crear Otelo, seguramente su obra más conseguida, y Falstaff. Finalmente, pudo retirarse a su tranquila residencia de Busseto, después de crear óperas durante medio siglo. Murió serenamente a principios de nuestro siglo.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo V Editorial Larousse – Biografías: Verdi y Sus Óperas –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft
Historia Universal de la Civilización  – Editorial Ramón Sopena Tomo II del Renacimiento a la Era Atómica

Biografía de Pushkin Aleksandr Obra Literaria Resumen

Biografía de Pushkin Aleksandr
Vida y Obra del Escritor Ruso

El escritor ruso del siglo XIX Aleksandr Pushkin fue una de las primeras figuras de la literatura rusa. Maestro  versátil, escribió poesías, relatos, novelas y obras teatrales. Entre sus escritos más conocidos se encuentran el drama Borís Godunov (1825) y el poema épico Eugene Onegin (1823-1831).

Contribuyó a crear una larga tradición literaria en su país, y su obra influyó en muchos autores posteriores. En el mundo de la poesía rusa, la figura de Pushkin domina incontrastada por la grandeza, la potencia y la sensibilidad de su expresión artística. Nació en Moscú en el año 1799 y pertenecía a una familia de antiguo y noble origen.

pushkin alejandro escritor ruso

«Todo aquello que Aleksandr Pushkin dice en sus versos o en sus prosas lamas pudo ser dicho de otro modo más que como él lo dijo.» Así se expresó el famoso escritor León Tolstoi al referirse al más grande poeta ruso del siglo XIX, quien legó a la inmortalidad la célebre tragedia histórica Boris Godunov y la no menos conocida novela Eugenio Oneguin.

Aleksandr Pushkin nació en Moscú, de una familia de la antigua nobleza, en el año 1799. Su infancia transcurrió en un ambiente mundano y despreocupado que ejerció en el muchacho doble influencia: por un lado lo arrastró hacia una vida de holganza y placeres, y por el otro lo empujó a desarrollar su innata vocación literaria.

El tío de Aleksandr, que fue un discreto poeta, y su padre, que también sentía fuerte afición por la poesía, tuvieron amistad con los más grandes literatos de la época, entre los que se encontraban Karamzin y Zukovsky, quienes influyeron, asimismo, en la formación artística del joven Pushkin.

De espíritu apasionado y de fuerte inclinación hacia todas las formas de la cultura literaria, pudo Aleksandr Pushkin satisfacer fácilmente su sed de aprender en la nutrida biblioteca paterna, adonde por primera vez tomó contacto con los más conocidos escritores clásicos franceses. Vivió así en un clima en un todo de acuerdo con sus gustos y preferencias.

En el año 1811 se inscribió en el liceo de Tsarskoe Selo, en el que cursó estudios durante seis años y estuvo nuevamente rodeado de una atmósfera literaria caracterizada por la presencia de muchos estudiantes que, al pasar los años, se convirtieron en famosos pensadores y poetas.

Durante el tiempo transcurrido en el liceo se fueron operando algunos cambios en el espíritu de Pushkin. Allí, el diario y continuo contacto con profesores de tendencias liberales hizo que fuera asimilando lentamente los ideales de una escuela no del todo conforme con la política imperialista que regía en Rusia. Por otra parte tuvo ocasión de enterarse de los problemas que agitaban al pueblo, oprimido por el gobierno del zar.

De aquella época estudiantil datan dos composiciones líricas: Los recuerdos de Tsarskoe Selo y la oda Por el retorno a París del emperador. Estas poesías no sólo revelan ya los nacientes caracteres literarios de Pushkin, sino que además indican su estilo futuro. Se notan en ellas gran habilidad para transmitir sus sentimientos, como también capacidad para utilizar argumentos diversos.

Terminados sus estudios, le fue ofrecido, en 1817, un empleo de secretario en el Ministerio de Asuntos Exteriores, en Moscú. Una vez en esa ciudad se introdujo rápidamente en la vida mundana e ingresó a la sociedad de la Lámpara Verde, en la cual se agrupaban los poetas, escritores y músicos más conocidos de Rusia.

Pushkin compone en Moscú dos famosas odas: A la libertad y El campo, en los que manifiesta claramente sus ideas políticas adversas al imperialismo, y el no menos conocido poema Ruslan y Ludmila, una violenta sátira ridiculizando a la sociedad de la época.

El zar Alejandro I, al enterarse del contenido de las obras de Pushkin, se siente ofendido y lo envía exilado a Ekaterinoslav. Se inicia así para el poeta un triste peregrinaje sin término.

Después de un período transcurrido en el Cáucaso y en Crimea, parte para Kisínev en Besarabia. Su producción no se interrumpe en este ir y venir sino que, por el contrario, necesita desahogar en la poesía su temperamento apasionado y escribe asi el poema Los Gitanos y numerosas otras obras líricas, algunas de las cuales probablemente fueron inspiradas en el amor que sintió por María Raevskaja. Estando en Kisinev, Pushkin esbozó la novela Eugenio Oneguin, que compuso definitivamente en el año 1831.

En 1823 Pushkin recibe la orden de dirigirse a Odesa adonde debe presentarse al general Voroncov, quien le impone un duro régimen de vida y lo somete a trabajos humillantes. No obstante la triste condición en que se encuentra, conserva aún el ánimo como para escribir; de su pluma salen entonces: la famosa poesía Al mar, los poemas Los hermanos soldados, que no terminó, y El prisionero del Cáucaso, que había iniciado con anterioridad, en el año 1821.

Acusado de ateísmo, a causa de expresiones vertidas en una carta que se le secuestró, el poeta fue condenado a permanecer en Mijailovskoe, en donde poseía una propiedad heredada de su padre. Allí, rodeado de las bellezas que le brindaba la naturaleza del lugar e inundado su espíritu de paz, se dedicó a estudiar y meditar, completando su formación artística. En realidad fue éste un período feliz para Pushkin. Nacieron así de su genio otras muchas poesías, entre las que se cuentan Tarde de invierno y Recuerdo el divino momento.

También de esta época es Boris Godunov, tragedia histórica inspirada en la proclamación del personaje como zar. Este famoso drama inspirará más tarde a un gran músico ruso, Mussorgski, quien compuso una ópera que tituló del mismo modo.

Pushkin, ya en el apogeo de su vida literaria, se desvincula definitivamente de la influencia de los clásicos franceses y del poeta inglés Byron, para adquirir un estilo personal propio e inconfundible, potente y conciso, vivaz y sobrio. Presenta sus personajes con verdadera maestría, bastándole pocas palabras para animarlos y referir sus caracteres psicológicos.

No ajeno a su madurez artística fue su profundo conocimiento de Shakespeare, quien le facilitó los elementos de realismo que caracterizaron la tragedia Boris Godunov y también Eugenio Oneguin.

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La tragedia histórica Boris Godunov es una de las mejores obras de Aleksandr Pushkin. Este drama narra la ascensión al trono imperial ruso de Godunov, el ministro que asesinó al joven zar Dimitri, Pero el remordimiento perseguirá siempre a Boris durante toda su vida inquieta y obsesionada por el delito cometido. Este drama sirvió de libreto a la ópera compuesta por Mussorgski.

En 1826, inmediatamente después de la muerte de Alejandro I, obtiene la gracia del nuevo zar Nicolás I y regresa a Moscú, donde en seguida toma contacto con el mundo literario y se interesa por los problemas del pueblo ruso.

Sus composiciones de aquellos años, La plebe, Poltava y El poeta, revelan un dejo de melancolía más profundo que el de sus primeras obras. El recuerdo de su triste exilio le atormenta, al punto de llevar por mucho tiempo una existencia de misántropo (huye del trato con personas)

En 1831 casa con Natalia Goncharova, de quien se había enamorado en 1829. Publica, seguidamente, algunos poemas: El caballero avaro, Mozart y Salieñ, El convidado de piedra y Cuentos de Belkin.

En el mismo año de su casamiento se traslada a San Petersburgo, donde recibe el encargo de escribir la biografía de Pedro el Grande, que le absorbe mucho tiempo.

De los apuntes compilados en los archivos de la gran ciudad, Pushkin reúne material para la Historia de la revuelta de Pugachev, escribiendo al mismo tiempo otra obra cumbre, en prosa, publicada en el año 1836: La hija del capitán, novela de amor ambientada en los sucesos históricos de la famosa revuelta de Pugachev, ocurrida en la época de Catalina la Grande.

Su argumento no es una simple invención del autor sino que los personajes que la componen vivieron y actuaron en el tiempo en que se desarrolla. No fue, tampoco, una novela psicológica: se trataba de una epopeya de la vida rusa.

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Enamorado de Natalia Goncharova, Pushkin la desposó en el año 1831; pero a causa de la vida lujosa y mundana que los dos jóvenes llevaban, sobre todo por voluntad de la mujer, Aleksandr no pudo sostener su hogar solamente con su actividad poética. En seguida obtuvo algunos encargos de la corte que le ayudaron a restablecer el presupuesto familiar. Durante su estada en San Petersburgo el matrimonio frecuentó la corte imperial.

Bien pronto la reputación de Pushkin disminuye, debido a varias causas: los celos y rivalidades suscitados en su contra por los favoritos del zar y las intrigas palaciegas que le rodeaban. No bastó para consolarlo la estima y amistad que le demostraron los más grandes escritores rusos de la época, tales como Zukovsky y Gogol.

A fin de defenderse de los ataques de que era objeto por parte de la prensa de Moscú, fundó un diario, «El Contemporáneo«, que tuvo una vasta resonancia debido a su posición de vanguardia.

La situación se agrava y se precipita a causa de los comentarios provocados por el comportamiento de su joven esposa.Habiendo recibido una ofensa de su cuñado Dantés, Pushkin, a fin de salvar su honor, lo desafía a duelo. En el lance es herido gravemente.

Después de dos días de agonía fallece, el 29 de enero de 1837, en la plenitud de su genio. Aleksandr Pushkin fue poeta en cada una de sus fibras. En él se unían y se integraban la pureza y la perfección. Poseía una particular justeza en la expresión, que lo hizo ser un verdadero maestro en la literatura universal.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Biografía de Alejandro Pushkin –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

 

Biografía de Jack London Vida y Obra Literaria de Escritor

Biografía de Jack London
Vida y Obra Literaria

Jack London (1876-1916), escritor estadounidense que combina en su obra el más profundo realismo con los sentimientos humanitarios y el pesimismo. Las novelas de este escritor estadounidense, aventuras con héroes solitarios, atormentados y profundamente humanos, reflejan su propia vida y han alcanzado un merecido reconocimiento de público y crítica.

Los cuentos de aventuras, cuando además de ser fantásticos contienen una realidad vivida, despiertan siempre gran interés. Esto explica el éxito de las novelas de Jack London, que no sólo son frutos de la imaginación, sino que poseen un valor documental: reflejan la Norteamérica de hace cincuenta años, cuando la búsqueda del oro y de la fortuna se hacían en medio del riesgo y de la aventura.

Jack London escritor americano

El amor al riesgo y a la aventura que se refleja en las novelas de Jack hondón acompañó al escritor durante toda su vida. Incapaz de tolerar un trabajo sedentario, y además humillante según él, buscó librarse haciéndose a la mar, y a los 15 años Jack se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados piratas de las ostras, realizando con ellos redadas en los bancos de estos moluscos, y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos.

Jack London fue uno de los autores más prolíficos de la literatura estadounidense. Escribió cuarenta obras, pero la verdadera y convincente novela es quizá la que resultaría de su propia vida, breve e intensa.

Nació en San Francisco el 12 de enerojde 1876. Su madre, Flora Wellman, pertenecía a una rica familia de pioneros; inteligente, pero caprichosa, abandonó muy joven la casa. El padre de Jack era un hombre original: escritor, conferenciante, astrólogo, jamás quiso ocuparse de su hijo. Más tarde Flora se casó con John London, a quien el muchacho se aficionó profundamente, queriéndolo siempre como si fuera su verdadero padre.

Jack London tuvo una infancia demasiado inquieta. Su padrastro, luego de haber intentado varios trabajos, se estableció en una factoría y se dedicó a cultivar hortalizas; pero la mujer no sabía administrar y la familia estaba continuamente al borde de la miseria. Luego, un accidente obligó a John a trabajar en forma irregular, y las condiciones económicas empeoraron.

De chico, Jack concurrió a la escuela alternadamente, debido a las continuas mudanzas de la familia. Cuando apenas contaba once años de edad comenzó a trabajar, repartiendo diarios casa por casa antes de marchar al colegio y vendiéndolos por las calles durante la noche, al regresar de la escuela.

Niño aún, descubrió en sí la pasión más grande y verdadera de su vida: el amor a los libros. Amaba, sobre todo, los libros de aventuras, los de viajes y navegaciones, que ávidamente se procuraba en la biblioteca pública.

Su otra gran pasión era el mar, que lo atraía irresistiblemente. Llegó a ser un habilísimo nadador y un buen piloto de pequeñas embarcaciones. A los 13 años gastó sus primeros ahorros en adquirir un barco para recorrer el estuario de Oakland. No temía al mar ni aun cuando estaba embravecido; al contrario, se sentía lleno de temeridad.

Cuando el padrastro quedó impedido, debió acostumbrarse a trabajar más de diez horas por día en una oficina; pero esta tarea se le antojó humillante, y buscó librarse haciéndose a la mar. Se unió a un grupo de hombres sin escrúpulos, llamados «piratas de las ostras», que se ganaban la vida robando moluscos y vendiéndolos en el mercado. Así aprendió a llevar una vida sin norma, entre compañeros disolutos, pendencieros y borrachos; más tarde, durante un año, formó parte de las patrullas de policía para el control de la pesca.

A los 17 años presentaba no sólo el aspecto y la fuerza de un hombre ya hecho, sino que también tenía una madurez muy superior a su edad. Quería conocer el mundo, y con ese propósito se embarcó como marino en uno de los últimos veleros que zarpaban para Japón y Corea, en busca de focas.

Trabajaba duramente cuando llegaba su turno y se consagraba a la lectura en las horas de reposo. Al regreso, después de cinco meses de dura experiencia sobre el mar, se dedicó a buscar trabajo, pero tuvo que contentarse con entrar en una fábrica de yute.

Una noche su madre le incitó a que escribiera un cuento para participar en el concurso anunciado por un periódico. Recordando sus recientes aventuras, Jack envió la descripción de un tifón que azotara las costas japonesas, y ganó el primer premio. Esta primera tentativa literaria lo animó para seguir escribiendo, pero los editores rechazaron sus originales

Desanimado, abandonó por algún tiempo ef trabajo y se dio a vagabundear por el país, llevado por el deseo de aventuras. Tales experiencias lo pusieron en contacto con hombres de toda clase, muchos de los cuales habían sido víctimas de la injusticia social, por lo que comenzó a sustentar ideas socialistas. Decidido a no seguir viviendo con el trabajo de sus brazos, pero sí con la tarea de su mente, inscribióse en la universidad. Muy pronto, sin embargo, debió interrumpir sus estudios para ayudar a la familia.

Por ese entonces fue descubierto el oro en Klondike, y Jack se vio mezclado con los primeros buscadores que, camino hacia el norte, iban en pos de la fortuna. Sus experiencias como minero no fueron gran cosa, pero le dieron ocasión para participar en la vida de aquellos hombres rudos, simples, primitivos, que todos los días arriesgaban la existencia en los peligros del ártico. Estos aventureros fueron después los héroes típicos de sus novelas.

Atacado por el escorbuto, Jack tuvo que abandonar Alaska y regresar a Oakland. No tenía un centavo ni había conseguido un gramo de oro; pero las experiencias acumuladas en su mente revivían y se transformaban en cuentos, incitándolo a escribir.

El deseo de aventura lo indujo a seguir a los buscadores de oro en las heladas regiones de Alaska. Llegados a las fuentes del Yukón, ]ack y sus compañeros, en tanto los demás decidían regresar, osaron superar con una canoa todas las dificultades. Los otros aventureros, admirados por el coraje y la habilidad de Jack, le ofrecieron una recompensa por cada barca puesta a salvo.

La familia pesaba sobre él, y la necesidad, cada vez más urgente, le obligó a buscar un trabajo cualquiera. Eran años de dura crisis y no lograba encontrar ocupación. Se decidió entonces a narrar su viaje a lo largo del río Yukón y remitirlo a un periódico de San Francisco, con la esperanza de ganar los diez dólares prometidos a los colaboradores. Así tuvo comienzo su prodigiosa carrera literaria.

Dándose cuenta de que le faltaba la preparación cultural necesaria para ser un escritor cabal, quiso educar su mente en los estudios de historia, economía y filosofía: fue un autodidacto. Sus novelas y las primeras colecciones que ilustraban la vida salvaje y dura del norte comenzaron a difundir su nombre.

Percibía agudamente la lucha del hombre contra la naturaleza, y la influencia del ambiente sobre la personalidad humana. La fisonomía salvaje de las regiones por las cuales había viajado le sugirió el ambiente para desarrollar sus escenas. Amaba a la naturaleza por las bellezas que ofrecía, a las cuales era muy sensible, pero la amaba sobre todo por su fuerza terrible.

Su héroe típico es el hombre lleno de energía física, de vigor moral: una especie de superhombre, siempre empeñado en luchas violentas contra el poder de los elementos o la brutalidad organizada de la vida social. En algunos de estos personajes Jack London puso mucho de sí mismo, y en no pocas de sus novelas, como motivo dominante, el triunfo de la naturaleza sobre lo artificial, del primitivo sobre el civilizado.

Inspirado en las ideas socialistas, escribió varias novelas que tienen por argumento la lucha de clases y sus problemas. El talón de acero describe de un modo casi profético el establecimiento de una organización totalitaria que se adueña del poder, denegando todas las instituciones libres, y gobierna al país a través de una policía secreta y una potente organización militar. El valle de la luna describe la lucha de dos jóvenes esposos contra la miseria y la maldad de la vida ciudadana. Los protagonistas, abandonando la ciudad, encuentran la paz y el bienestar cuando regresan a la campaña, estableciéndose en un solitario valle de California.

Jack London estaba decidido a manifestarse abiertamente en contra de la literatura narrativa de aquellos años, que se le antojaba insípida, falta de sentimientos verdaderos y fuertes, encerrada en una visión particular y optimista de la vida, como si deseara ignorar todos los aspectos brutales y dolorosos de la realidad. Reaccionó con todas sus fuerzas, y en sus novelas Jack London reflejó la vida, uniendo el arte a la veracidad.

Durante sus estudios universitarios el escritor se había enamorado de una joven estudiante de buena familia^fueron novios y esperaban casarse apenas Jack hubiese ganado con sus relatos cuanto fuera necesario para mantener a la nueva familia. Pero cuando el sueño parecía hacerse realidad, la madre de Mabel se opuso al matrimonio, y la muchacha no tuvo el coraje de contrariar la voluntad materna. De esta manera la desilusión vino a amargar los éxitos del escritor.

Más tarde Jack London casó con Bessie Modern, que había sido novia de un compañero de estudio suyo, muerto algún tiempo antes. Fue una unión tranquila y razonada, que duró varios años y de la cual nacieron dos hijas.

Durante un viaje a Londres el novelista visitó los miserables barrios obreros de la capital y estudió las condiciones de vida, que luego denunció en sus escritos.

Su primer éxito fue El llamado de la selva, que ha quedado como su obra maestra. La novela se refiere a la historia de Buck, un magnífico perro nacido en la civilización, entre las comodidades de una rica villa, rodeado de cuidados y de caricias. Un ávido sirviente lo vende a un domador embrutecido, quien le hace conocer la violencia y los golpes, y después lo revende.

Atado a un trineo, en las gélidas regiones árticas, Buck conoce el hambre, las fatigas de las corridas, las peleas salvajes con los otros perros. Poco a poco se revela en él un instinto primitivo, el llamado de una voz que lo arrastra lejos del hombre, hacia la soledad salvaje e inviolada. Su último dueño, tal vez el único hombre que amó, es muerto por los nativos. Ya nada retiene a Buck entre los hombres y, obedeciendo al llamado ancestral, se une con las manadas de lobos a los cuales se impone por su superioridad.

A esta primera novela siguió El lobo de mar, donde el autor manifiesta el contraste entre el materialismo y el espiritualismo, representado por dos personajes principales. Uno de ellos, Humphrey Van Weyden, es un crítico literario aficionado; durante la travesía por la bahía de San Francisco cae al mar, a consecuencia de una colisión, y es recogido a bordo del velero Ghost (El Fantasma). El capitán, Lupo Larsen, otro de los protagonistas, representa al hombre dotado de gran fuerza física, despiadado y brutal, absolutamente privado de principios morales.

En las novelas de Jack London campea el concepto de incultura, que se halla en Jas raíces del comportamiento social. Larsen personifica precisamente este contraste entre la inteligencia cultivada y la incivilidad primitiva. La presencia a bordo de una dama, recogida con otros náufragos, acucia el instinto de los protagonistas.

También el refinado gentilhombre tiene que aprender las leyes de la astucia y de la violencia para sobrevivir. Logra escapar con su compañera hacia una isla desierta, a la cual más tarde es arrastrado el velero semi-destruido por una tempestad. Larsen, casi ciego y atacado de una grave enfermedad, está vivo aún a bordo de la nave, pero todos le han abandonado.

Van Weyden y Maud consiguen reparar el velero en la mejor forma posible y retornar así a la vida civilizada, mientras Larsen muere obstinadamente encerrado en su espíritu pagano, que niega todos los valores morales y sociales.

En 1904, al estallar la guerra ruso-japonesa, London aceptó la gananciosa oferta de actuar como corresponsal de guerra. Desembarcado en Japón, su espíritu de aventura lo indujo a comprar una embarcación para hallarse presente en el teatro de las operaciones, sin importársele los obstáculos creados por el gobierno japonés. Vuelto a su patria, continuó escribiendo, alternando el trabajo de novelista con una serie de conferencias sobre el socialismo, que llamaron demasiado la atención, enemistándole con parte de la opinión pública, que ya le era hostil, a consecuencia de su divorcio y su nuevo matrimonio.

En 1906 decidió realizar su gran sueño: navegar hacia los mares del sur y dar la vuelta al mundo. Se hizo construir una embarcación, según sus propios diseños, la cual le costó muchísimo dinero, y luego de innumerables contratiempos, al cabo de un año pudó partir. Durante el viaje escribió su obra Martín Edén.

Es ésta la más autobiográfica de sus novelas. Como el autor, el protagonista es un marino. La curiosidad intelectual, el deseo de elevarse, lo inclinan a instruirse de tal manera, a fin de poder participar en la vida de la rica burguesía, que le parece noble y elevada. En sus esfuerzos se halla sostenido e inspirado por Ruth Morse, una muchacha de la alta sociedad que para él representa el símbolo de su clase y la personificación de la mujer ideal.

Hecho escritor, manifiesta en su obra su modo de concebir la vida; pero la fuerza y la belleza de sus libros no son apreciadas, y sólo un poeta socialista comprende su valor. La novia lo abandona: ella piensa que Martín Edén es un literato fallido cuando ve que sus escritos son rechazados por los editores, y comparte el desprecio que su clase siente por quien no supo obtener el éxito y la riqueza. Pero uno de sus libros le trae fortuna y fama.

Ruth trata de reanudar el noviazgo, pero el amor ha muerto en el hombre. Martín Edén se ha desligado de su clase social y desprecia el ambiente que lo rodea. Nada le atrae ya, no tiene más deseos de vivir. Se embarca hacia los mares del sur, y durante el viaje se arroja de la nave y se ahoga.

También Jack London, como su protagonista, veía crecer el éxito día a día. Tenía 31 años y había publicado ya 21 volúmenes.

Al enfermarse durante un viaje tuvo que regresar a San Francisco, pasados los dos años. Escribió entonces La espléndida aurora, inspirada en sus propias experiencias de buscador de oro.

Decidió después establecerse de manera definitiva, adquiriendo vastas extensiones de tierra y haciéndose   construir   una   mansión   que   le   insumió fuertes cantidades. Era el escritor más célebre y mejor pagado de Norteamérica, pero su tren de vida lo obligaba a una producción literaria apresurada.

La casa, que le era muy querida y que tanto le había costado, se incendió una noche, y fue como si una parte de sí mismo fuese destruida para siempre. Amargado por la indiferencia de sus hijas, y ya sin deseos ni esperanzas, la vida se le antojaba insípida.

El 21 de noviembre de 1916 fue hallado en estado de profunda inconsciencia, del cual no se recuperó; junto a su lecho, el médico encontró dos frascos de morfina y atropina. También para él, como para Martín Edén, «la vida se había vuelto mezquina, insoportable», y había resuelto que no valía la pena continuarla.

Postrado por la tristeza de los últimos años, por la indiferencia de sus hijas, desilusionado por la vida, vuelta como para Martín Edén «una cosa insoportable», Jack, durante la noche del 21 de noviembre de 1916, ingirió una dosis mortal de morfina. La tarde anterior había conversado largo rato, sin revelar siquiera remotamente su horrible propósito.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Historia: Federico II de Prusia –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft

Biografía de Emilio Salgari Vida y Obra Literaria Novelas

Biografía de Emilio Salgari y Su Obra Literaria

Emilio Salgari (1862-1911), escritor italiano, autor de una extensísima obra de narrativa de aventuras. Fue uno de los escritores que más suscitaron el entusiasmo de los jóvenes es Emilio Salgan. En contraste con las extraordinarias aventuras que movieron a los fantásticos personajes de sus novelas, tuvo una vida pobre e infeliz a causa de la avaricia de los editores que publicaban sus obras. Una grave crisis sobrevino luego, originada por el enorme trabajo en el que estaba constreñido, hasta el punto de llevarlo al suicidio el 25 de abril de 1911. Su popularidad como escritor de relatos de aventuras se ha extendido por el mundo entero.

Emilio Salgari Escritor

Emilio Salgari: Del período que va desde que abandonó la Escuela de Venecia hasta 1882, en que fue colaborador en un diario de Verona, poco sabemos de Salgari. Este año señaló la iniciación de su carrera periodística y literaria, cuando ingresó como redactor fijo en un diario rival al primero. En 1891 entró a formar parte del grupo de colaboradores de un diario de jóvenes, dedicándose entonces sólo a escribir libros de aventuras. También Salgari, como tantos hombres de talento, tenía sus pequeñas manías: para escribir sus novelas hacía uso de una vieja pluma y se sentaba a una mesa tambaleante.

Estamos en el mes de julio de 1883, y con esta carta, remitida a un diario de la ciudad de Milán (Italia), Emilio Salgan, de 20 años de edad, tentaba suerte como escritas solicitando la publicación de una novela plena de acción y de episodios espectaculares en países exóticos, característica ésta que distingue todos sus escritos y que constituyó el elemento principal de su éxito.

«Yo, joven desconocido en Milán, pero de alguna nombradla en Verana, antiguo cadete de la Marina Mercante, le envío este escrito por mí redactado, a fin de que, si lo juzga digno, lo publique en su diario, de ser ello posible. Se trata de un naufragio ocurrido sobre la costa de Nueva Guinea …»

La lectura de este primer relato, así como la de los que le siguieron, hizo suponer que el escritor,  a más de tener una exuberante imaginación y una vasta experiencia personal, había navegado a lo largo y a lo ancho de todos los rilares del mundo, tocando lejanas tierras y conociendo las costumbres de maravillosos y extraños pueblos.

Mientras Salgari vivió fueron muchos los que creyeron cuanto se decía sobre su aventurera existencia. Todos sus lectores, grandes y pequeños, se hallaban persuadidos, en efecto, de que el autor de sus novelas preferidas no era uno de esos solitarios escritores que envejecen sobre su mesa de trabajo, en el cotidiano esfuerzo de crear páginas y páginas, sino que era el protagonista de las fabulosas aventuras por él relatadas.

Pero la verdadera vida de Salgari era otra, muy distinta de la que se le atribuía. En realidad, el escritor creaba en su imaginación los episodios que narraba. No existieron los fabulosos viajes ni las fantásticas aventuras que se le adjudicaban.

Emilio Salgari nació en Verona el 21 de agosto de 1862. Sus padres fueron Luis Salgari, dedicado al comercio de telas, y Justina Gradara, de origen dálmata. Desde la adolescencia Salgari manifestó su desagrado hacia la modesta y pacífica vida burguesa, al punto de que, al cumplir los 16 años de edad, su padre le permitió trasladarse a Venecia a inscribirse en los cursos de capitán de cabotaje en el Real Instituto Técnico de Marina Mercante.

Se sabe con certeza que el muchacho concurrió a sus aulas durante dos años, distinguiéndose de los otros alumnos, según expresiones de un observador de la época, por una singular propensión al aislamiento y su natural austeridad.

En 1882 obtuvo la licencia de capitán, e inmediatamente se embarcó en un barco mercante, iniciando así su experiencia marina. Luego hallamos muchos puntos oscuros en su biografía.

Nuestro deseo sería poder llenar esta laguna dando crédito a lo que Salgari mismo, ya famoso, contó en Mi aventura, pero esta especie de autobiografía aparece en muchos pasajes de sus novelas, dudándose, en consecuencia, de su autenticidad.

Sin embargo, resulta interesante referir lo que Salgari afirmó haber hecho en aquellos años: licenciado de capitán a los 20 años, entró al servicio de un tal Varak, capitán de un pequeño velero llamado Italia Una, y con él efectuó algunos cortos cruceros a lo largo de las costas adriáticas. Permaneció con Varak sólo unos pocos días, pues no estaba totalmente de acuerdo con el comportamiento de aquel hombre de pocos escrúpulos y por demás avaro; pasó luego al servicio del capitán Giuffré.

Este último era un sujeto más abominable y cínico que el primer patrón, de modo que, habiendo surgido un altercado entre ambos mientras la nave se encontraba surcando las aguas de la India, Salgari fue obligado por Giuffré a desembarcar en Bombay, donde, abandonado, se encontró solo y sin medios para subsistir.

Algunos días después conoció, por simple casualidad, al emisario de un raja de Borneo que, despojado de sus bienes por los ingleses, se había dedicado a la piratería para reconquistar sus propias tierras perdidas. El emisario, que se llamaba Tremal-Naik, propuso al joven marino italiano asumir el mando de una de sus naves corsarias, y Salgari, después de haber conocido a Sandokán, el príncipe despojado, y luego de haberse cerciorado de la veracidad de sus razones y propósitos, aceptó sin tardanza el ofrecimiento.

He aquí a Salgari transformado en pirata, vestido como los hindúes, con sucinta indumentaria que le dejaba el pecho al descubierto, y con el clásico turbante. En la primera expedición realizada contra los ingleses y sus aliados, los holandeses, fue completamente derrotado.

Los hombres de Sandokán —los tigres de Mompracem— fueron sitiados en un islote en el que se habían atrincherado, sus naves fueron destruidas y sus jefes dispersos. Salgari estuvo a punto de caer prisionero de los holandeses cuando, lanzándose al mar, fue recogido por una nave francesa. Sus salvadores, luego de escuchar sus aventuras y una vez asegurada su identidad, le ofrecieron la permanencia a bordo. Después de dos años de navegar con sus salvadores, desembarcó en el puerto de Marsella (Francia).

Esta historia, como dijimos, es demasiado fantástica para ser tomada por cierta. Contentémonos entonces con emprender la narración de la vida de Salgari a partir de 1882, año en que lo volvemos a encontrar en Verona colaborando en un diario, cuyo suplemento publica sus primeras novelas: Tay See (editada luego bajo el título de La Rosa de Dong Giang), El tigre de la Malasia y La favorita del Mahdi.

Su éxito como novelista es inmediato; Salgari se lanza entonces a la carrera que se le ofrece, abandonando para siempre una secreta y juvenil aspiración: la de ser poeta. En efecto, adolescente aún, había escrito en sus cuadernos escolares algunos versos ingeniosos y, en verdad, de mucho valor.

Gracias a las novelas de Salgari, el diario que las publica aumenta inmediatamente la venta de sus ejemplares y el nombre del autor es pronto conocido no sólo en Verona sino también en Venecia, Genova y Milán. Otro diario de Verona intentó atraerlo ofreciéndole un puesto de redactor con un elevado y tentador sueldo. Sin embargo, Salgari, ya seguro de su propio éxito, prefirió renunciar a cualquier tipo de obligación con los diarios y dedicarse libremente a la profesión de escritor. Es de destacar, tiempo después, precisamente en 1891, la publicación de su novela La cimitarra de Buda en un periódico para jóvenes.

Los críticos, algunos años más tarde, comenzaron a ocuparse de la actividad de Salgari, manifestando, en este sentido, juicios’ opuestos. Se dijo, entre otras cosas que aún conservan actualidad, que el estilo literario de Salgari era, sin duda, nítido y capaz de dar al lector una sensación visual de las escenas descriptas, pero que carecía de la brillantez que distingue a un verdadero escritor.

Por otra parte, se le objetó que la estructura de sus novelas no era muy cuidada, notándose que los episodios se sucedían con ritmo demasiado confuso y el desenlace ocurría muy inesperadamente. No obstante, todos los críticos reconocieron su capacidad para transportar al lector a los lugares de acción, cualidad ésta que, para un escritor de novelas de aventuras, es, por cierto, de importancia principal. Se decía también que sus personajes eran tratados y descriptos con cierta superficialidad y de un modo demasiado convencional; sin embargo, todo aquello que Salgari refería en cada una de sus novelas tiene un notable valor instructivo.

Cuando, en 1892, Salgari contrajo matrimonio con Ida Peruzzi, el escritor gozaba ya de gran fama. Miles de lectores preferían sus obras. Muchachos aventureros, sugestionados por sus cuentos del mar, se fugaban de sus casas para enrolarse en la Marina. Periodistas y escritores extranjeros frecuentaban la casa de Salgari, deseosos de descubrir los secretos de su éxito y difundirlos entre sus lectores. Sin embargo, la vida de éste no era tan alegre como se puede imaginar. En primer lugar le faltaba, como siempre le faltó, la seguridad económica. Sus necesidades se hacen mayores, más tarde, con los sucesivos nacimientos de sus cuatro hijos: Fátima, Nadir, Ornar y Romero.

Su vocación de escritor se transforma entonces en pesada y penosa actividad, transformando su vida en un monótono quehacer. Su trabajo era intenso: al tiempo que terminaba de redactar una novela ya tenía otra para iniciar y, mientras, empezaba a pensar en una tercera. Las novelas de Salgari superan el centenar.

Considerando la popularidad lograda por Salgari uno se pregunta cómo entonces el escritor vivía en condiciones económicas tan modestas, al punto de tener que recurrir a los auxilios de la reina Elena, gran admiradora de su obra. La respuesta es simple y se encuentra en las exigencias de los editores que siempre lo ligaron con contratos desfavorables, fijándole honorarios que eran, en la mayoría de los casos, irrisorios.

Salgari trabajaba, pues, muchas horas al día, tratando de vencer la fatiga y el sueño. El novelista no podía escribir más que con una tinta especial, liviana, que él mismo preparaba, y con la pluma que adoptó para escribir sus primeras novelas, ya deteriorada y sujeta con hilo de coser. Tampoco podía trabajar si no era sentado a una mesita tambaleante que había empleado cuando se inició como escritor, porque —solía afirmar sonriendo— no sólo eso era encantador sino que también su inestabilidad le daba la impresión de encontrarse navegando sobre la cubierta de una nave.

Tenía Salgari conciencia y responsabilidad de su trabajo: le ayudaba una memoria prodigiosa que le permitía desarrollar sus novelas sin tener que recurrir a la ayuda de los manuales de historia o geografía. Muchas veces, terminada la novela, diseñaba, con bastante habilidad por cierto, las ilustraciones principales y las cartas geográficas.

En los años en que sus hijos eran pequeños, la vida de Salgari no fue siempre triste y monótona; por el contrario, estuvo matizada con pequeños y felices episodios. Le gustaba, por ejemplo, ensayar con los niños las escenas de batalla que tenía que describir en una novela, y, en aquellas ocasiones, el bosque vecino a su casa o su jardín se transformaban, a los ojos de los muchachos y a los suyos propios (Salgari era una más entre las criaturas), en enmarañada selva erizada de peligros; o bien, si él tenía que describir una tempestad, improvisaba en el piano tenantes y tumultuosas composiciones.

El escritor pone fin a su vida suicidándose, el 25 de abril de 1911, en el bosque de «la Virgen del Pilar», cerca de Turín, donde solía pasear en compañía de su familia. Fueron varios los motivos que lo indujeron a tomar esa fatal decisión: la repentina enfermedad de su mujer, las preocupaciones económicas, el exceso de trabajo y el temor de perder, con la vejez, su fecunda imaginación. Fue este último y trágico acto de violencia contra sí mismo lo que hizo finalmente conocer a sus lectores la verdad de su vida, nada envidiable por cierto.

Aunque faltas de un verdadero lazo de continuidad entre un libro y otro, las novelas de Salgari, por afinidad de argumentos, de ambientes y de personajes, pueden ser agrupadas así: relatos de la jungla, cuya acción se desarrolla en la India o en la Malasia (Los Tigres de Mompracem, Los piratas de la Malasia, La reconquista de Mompracem, El rey del mar, La última aventura de Sandokán, etc.); las que tratan de piratería (El Corsario Negro, Yolanda, la hija del Corsario Negro, Los últimos filibusteros, Los corsarios de Bermuda); referentes a pieles rojas (En las fronteras del Far West, La selva ardiente, etc.); las que tienen como tema exploraciones polares (Los pescadores de ballenas, El país del hielo, Los cazadores de focas, etc.); las inspiradas en los progresos científicos de la época y del futuro (A través del Atlántico en globo, El tren volante, Las maravillas del año dos mil, etc.).

Muchas novelas, por otra parte, se basan, con mayor o menor fidelidad, en acontecimientos históricos, entre las que se recuerda, por ejemplo, El tesoro del presidente del Paraguay, en la que el episodio imaginado tiene como fondo la guerra entre el Paraguay, Uruguay, Brasil y la República Argentina; y El subterráneo de la muerte, ambientada en la China en la época de los boxers.

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En la novela Al polo norte se narra las peripecias de dos jóvenes que se aventuran a través de mares y océanos para cazar focas. Gran estupor les causa la imprevista aparición de un gran aparato de hierro. Se trataba de un sumergible desde el cual sus tripulantes invitan a los dos cazadores a unirse a ellos en el viaje de exploración al polo. Llegan así a una gran montaña de forma cónica y el jefe de la expedición coloca la bandera sobre la pendiente cubierta de nieve, mientras gritos de entusiasmo se elevan de la tripulación jubilosa. En esta novela, Salgari, atendiendo las ansias y aspiraciones de sus contemporáneos, imprime una personalísima visión del polo norte, aún inexplorado,  en realidad, en aquella época.

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Al grupo de los corsarios pertenece la novela de Salgari El Corsario Negro, una de las mejores de su vasta producción. ha acción se desarrolla en el siglo XVII durante la lucha de los filibusteros contra los colonos españoles. El protagonista es un noble italiano que se hace corsario por el odio que siente hacia los españoles, uno de los cuales dio muerte a un hermano suyo. Su único deseo es vengar ese crimen, matando a su vez al asesino y a su familia. Pero se enamora de una joven que viaja en una nave por él capturada. Cuando el Corsario Negro se entera de que ella es la hija del matador de su hermano, el odio supera el amor, y, con profundo dolor, abandona a la muchacha sola en una chalupa en medio del océano.

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En él libro Mi aventura, Emilio Salgari describe su propia vida juvenil. Comienza la narración cuando, muchacho aún, sentábase en los bancos de la escuela. Pasa luego al relato de una maravillosa aventura con la descripción de fantásticas y peligrosas peripecias vividas sobre el mar. Particularmente interesante es su arribo a la India y la extraña amistad con Sandokán y Janez dos de los más extraordinarios personajes de sus novelas. En la lámina vemos a Salgari, vestido de joven hindú, mientras socorre a un amigo herido. Se distinguen, en el fondo, los soldados holandeses perseguidores. Esta narración es muy fantástica para ser tenida por real. Si bien no es atendible como autobiografía, la novela se lee con placer.

Fuente Consultada:
LO SE TODO Tomo IV Editorial Larousse – Biografías: Emilio Salgari –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA Microsoft