Escritores de la Generacion del 80 Caracteristicas de Obras Literarias



Escritores de la Generacion del 80 Caracteristicas De Sus Obras Literarias

  • 1-Lucio V. Mansilla (1831-1913)
  • 2-Eduardo Wilde (1844-1913)
  • 3-Miguel Cané (1851-1905)
  • 4-Fray Mocho

El cuento y el ensayo.
Los brillantes escritores de la generación del 80 constituyeron un grupo de hombres que se formaron «en los libros y en los viajes, frecuentaron las imprentas y la política, alternaron las tareas del gabinete con la charla del club, gozaron de la vida, revelaron en sus obras un temperamento y dejaron en pos de sus artículos, ensayos, anécdotas, impresiones, memorias, narraciones breves, impregnadas de experiencias autobiográficas o de observaciones sobre el ambiente que vivieron».

El escritor más representativo de este grupo fue, indudablemente, Lucio V. Mansilla (1831-1913), que sobresalió por sus condiciones de sagaz observador y ameno charlista.

Lucio V. Mancilla
Lucio V. Mancilla

Sus obras literarias son valiosas, más que por el relato por el contenido humano que encierran. Retratos y recuerdos nos los revela como un profundo conocedor del alma humana, pues le bastaba un detalle, a veces insignificante, para sorprender lo fundamental de un personaje.

Pero sus siluetas de los «hombres de Paraná» se resienten como consecuencia de su afán de improvisar, de su falta de meditación y de concisión. Pero, aunque algunas dejan por ello algo que desear, otras constituyen retratos bien perfilados.

Entre nos, título bajo el cual reunió sus «causerie del jueves», nos presenta un conjunto de anécdotas, críticas, opiniones y narraciones que revelan su talento de escritor y sus dotes de conversador ameno y original.

Una excursión a los indios ranqueles —publicada primero como folletín de «La Tribuna»— constituye un testimonio valioso sobre la última etapa de la vida aborigen en nuestro territorio.

Fruto de la expedición que, al frente de diecinueve hombres, emprendió al dominio de los indígenas desde el fortín de Río Cuarto —logrando dominarlos con su habilidad y astucia—, es un relato ameno, matizado con evocaciones de cuadros de la naturaleza, presentación de caracteres, reflexiones, comentarios y ocurrencias.

A través de sus obras, Mansilla se singulariza por la espontaneidad de su relato, el lenguaje familiar que utilizó y lo deshilbanado de su composición.

A Mansilla le faltó, como observa Ricardo Rojas, madurez cultural, concentración y disciplina, para ser el gran escritor que habría podido ser.

«La vida fue para él un deporte; la literatura, una conversación brillante. Movimiento caleidoscopio) anima sus escritos; de pronto parece que el movimiento se detiene; creemos descubrir la línea firme de la belleza o de la verdad, pero la ilusión dura un instante, y la arquitectura suprema vuelve a borrarse en el desorden trivial.



No ha tenidoen la composición de sus libros el sentimiento del poema, ni ha tenido en la composición de sus prosas el sentimiento de la antología. Sus fragmentos mejores pierden la mitad de su encanto si se los saca del vasto caos autobiográfico a que pertenecen.

Reunir un tomo de selecciones de entre sus arbitrarios libros sería tarea difícil para un crítico escrupuloso.

El arte fue en Mansilla parte integrante de su vida, y sólo puede salvarlo el considerar que practicó la vida como un arte. Creó un poema real: su propia biografía; creó un personaje novelesco: su propia personalidad».

Eduardo Wilde (1844-1913) a través de su actuación como médico, parlamentario, diplomático, periodista, escritor y profesor tuvo una virtud: «enojar a algunos, hacer reír a muchos y pensar a todos».

Eduardo Wilde
Eduardo Wilde

La rica experiencia que recogió en sus diversas tareas las volcó en sus libros, en los cuales mostró su ingenio, su agudeza y su ironía. Prometeo y Cía. contiene una serie de relatos que se consideran como sus mejores producciones; «Tiri», por ejemplo, que es la historia de un niño que muere de crup, le da oportunidad de contar sus primeros años, su enfermedad, la desesperación de sus familiares, las horas de agonía, la muerte y las escenas del entierro.

Wilde siempre consideró a éste uno de sus cuentos decisivos, por lo enternecedor del relato, y manifestó que lo había escrito para que los mentecatos, que no lo conocían, supieran que él también era capaz de sentir.

Tiempo perdido, además de relatos, artículos y trabajos más o menos breves, contiene su famosa polémica con Pedro Goyena sobre poesía, originada en la crítica que formulara sobre las composiciones poéticas de Estanislao del Campo.

Aguas abajo, su único libro que tiene un solo argumento, es la historia de la infancia de Boris, personaje en quien objetiva sus propios recuerdos. Viajes y observaciones y Por mares y tierras son crónicas llenas de felices observaciones sobre música, pintura y escultura.

En pasajes de sus diversos escritos, Wilde nos ha hecho conocer sus ideas sobre la composición literaria. Para él, lo original constituía lo único valioso de la producción literaria.

«El arte de hablar o de escribir consiste en la naturalidad; el que dice exactamente lo que piensa es un literato». Por eso, consideraba que el mayor enemigo del buen gusto era la corrección gramatical. «Lo exquisito de un libro —decía— está en la claridad de su forma, en la elegancia de las palabras, en la consonancia de los sonidos y, naturalmente, en la novedad del concepto que expresa».



Pero este ideal de lo exquisito en literatura la concebía como algo inalcanzable, ya que, afirmaba, «desgraciadamente se llega a la tumba sin haber alcanzado de un modo absoluto esta forma».

Miguel Cané (1851-1905) fue el escritor de su generación que ejerció mayor influencia en el ambiente porteño y se singularizó porque en sus páginas elegantes, que se destacan por la gracia de su estilo, se ocupó de la realidad inmediata.

Miguel Cané
Miguel Cané

Ensayos; En viaje; Charlas literarias; Notas e impresiones; Prosa ligera, libros que evidencian la vastedad de su cultura, su espíritu crítico y su realismo, están formados por ensayos, notas, crónicas e impresiones fragmentarias «nacidas las más —se ha dicho— en el ocio de las legaciones», que luego reunió en pequeños volúmenes.

Su calidad de narrador pintoresco la reveló Cané en Juvenilia, su libro más personal, constituido por un conjunto de recuerdos estudiantiles del viejo Colegio Nacional de Buenos Aires.

Esta obra prueba, a juicio de Rojas, la gran aptitud que su autor poseía para la novela, género al que no se dedicó porque las preocupaciones ambientes desvirtuaron su talento.

En Juvenilia «la unidad de ambiente, de argumento y de estilo; la animación de las narraciones, la viveza de los diálogos y de los tipos, el color de los paisajes, la amenidad de su prosa, el dejo profundamente humano y genuinamente porteño del contenido psicológico, la emoción melancólica apenas velada por el sutil humorismo, todo concurre a clasificar esta obra en el género novelesco.

Es una memoria de cosas reales, absolutamente histórica en sus personajes y en su ambiente, pero es una memoria de la vida privada. Allí está el cuadro de nuestra Buenos Aires y de nuestra vida estudiantil tal como fueron de 1863 a 1870″.

A los escritores de esta generación del 80 pertenecieron, también, Agustín S. Alvarez (Fray Mocho), cuyos Cuentos, publicados en la revista «Caras y Caretas» constituyen la parte más valiosa y amena de su obra literaria; y Bartolomé Mitre y Vedia (Bartolito), de cuyo chispeante estilo dejó pruebas en artículos y crónicas que vieron luz en el diario «La Nación».

Fuente Consultada: Historia de la Cultura Argentina de Manuel Horacio Loprete – Editorial Plus Ultra



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