José de San Martín

Primeros Exploradores de America: Descubridores y Conquistadores

Primeros Exploradores de América:
Descubridores y Conquistadores

Erik, el Rojo

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Los Vikingos: Erik el Rojo (siglo décimo). El vikingo Erik Thorvaldson fue expulsado de su nativa Noruega por homicidio.

Navegó hacia el oeste hasta Islandia en 982, pero tras establecerse allí y volver a matar fue de nuevo proscrito.

Como era de prever, Erik se fue a la península occidental de Islandia, pero allí asesinó a alguien. Esta vez la sentencia fue de tres años de exilio.

¿A dónde podía ir más hacia el occidente? Conocía la probable existencia de una tierra en esa dirección porque un marinero de nombre Gunnbjorn, que había perdido el rumbo 50 años antes, la había reportado.

De manera que Erik navegó hacia el oeste y encontró Groenlandia, rica en animales de cacería y con suficiente hierba de pastoreo (era entonces la estación tibia).

Cumplida la pena, Erik y su tripulación volvieron a Islandia, y reunieron 25 barcos llenos de islandeses ansiosos de otra tierra nueva.

Erik habría comandado la expedición de su hijo a Norteamérica (ve anteriormente «Adelantados para su tiempo») si no se hubiera caídp de un caballo justo antes de zarpar y decidido que se trataba de un mal presagio en su contra.

El hecho es que le dijo a Leif que partiera sin él.

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Cristóbal Colón

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Cristóbal Colón: Descubridor de América en 1492: En aquellos tiempos vivía en Lisboa, capital de Portugal, un marino genovés, Cristóbal Colón, que había llegado allí, según se cree, como sobreviviente de un naufragio.

Colón conocía la forma esférica dé la Tierra -aunque la consideraba más pequeña de lo que en realidad es- y entendía, por tanto, que navegando hacia el oeste, es decir, en sentido contrario al seguido hasta entonces, sería igualmente posible llegar a las Indias.

Las ideas de Colón sobre la redondez de la Tierra no eran nuevas, ya que veinte siglos atrás los griegos habían establecido la forma del planeta, y calculado casi exactamente sus dimensiones.

Sin embargo, no fue fácil para Colón encontrar quien apoyara sus planes.

A pesar de todo, consiguió llegar hasta el rey de Portugal, el que, finalmente, rechazó su propuesta.

Decepcionado, Colón se dirigió entonces a España con su hijo Diego. Al llegar al convento de La Rábida, pidió asilo a los frailes.

Por mediación de dos sabios sacerdotes de aquel convento, el prior fray Juan Pérez -que había sido confesor de la reina- y fray Antonio de Marchena, logró finalmente Colón ser recibido por los monarcas españoles, Fernando e Isabel, los Reyes Católicos.

Después de muchas vacilaciones, la reina Isabel decidió aceptar la propuesta de Colón.

Se firmaron entonces las Capitulaciones y se organizó la expedición.

Tres naves fueron equipadas: la Santa María, la Pinta y la Niña, la tripulación se formó con ciento veinte hombres, entre los cuales había algunos marinos experimentados, como los hermanos Martín Alonso y Vicente Yáñez Pinzón, Pedro Alonso Niño y Juan de la Cosa, dueño este último de la Santa María.

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Hernán Cortés

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Hernán Cortés (1485-1547): Exploración y Conquista de México:

Cortés ayudó a su comandante, Diego Velázquez de Cuéllar (1465-1524), en la conquista de Cuba.

Después de disputarse con Velázquez, Cortés, orgulloso hidalgo natural de Medellín, España, adelantó su planeado viaje de Cuba al continente mexicano, y fundó la ciudad y puerto de Veracruz, antes de adentrarse en el continente.

Gracias a sus alianzas con los nativos opuestos al dominio azteca pudo marchar sobre la capital.

El rey Moctezuma lo recibió primero como un dios, pero cuando los nativos sospecharon de las verdaderas intenciones de los españoles, Cortés tomó prisionero al rey.

Velázquez envió una expedición para traer de vuelta a Cortés a Cuba, pero éste convenció al comandante de unírsele, y quemó sus naves para impedirle regresar.

Tras una rebelión indígena, la muerte de Moctezuma a manos de los rebeldes y una breve retirada española, Cortés conquistó México en 1521. Intentó luego conquistar Honduras pero fracasó.

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Francisco Pizarro

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 Francisco Pizarro (cerca de 1478 a 1541). Conquista de Perú: Este soldado natural de Trujillo, España, era astuto y brutal.

Utilizó ambas cualidades para destruir en la década de 1530 el poderoso Imperio Inca, capturandolo con engaños al rey Atahualpa y asesinándolo.

Pizarro se enfrentó también a su compinche, el conquistador Diego de Almagro (la palabra conquistadores se refiere a los comandantes españoles que molieron a palos a los indígenas americanos, arrebatándoles sus tierras).

Cuando Almagro (cerca de 1475 a 1538), conquistador de Chile, desafió la autoridad del achacoso Pizarro en Perú, éste envió a sus hermanos a capturarlo y darle muerte.

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Diego de Almagro

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Diego de Almagro:Exploración de Chile: compañero de Pizarro en la conquista del imperio inca, parte para Chile en 1535, descontento de su situación, cansado de verse relegado siempre a segundo término y tratando de encontrar su “El dorado” particular.

Al frente de medio millar de españoles y siguiendo una antigua ruta incaica, bordeó el lago Titicaca y llegó hasta las comarcas septentrionales de la actual República Argentina; atravesó luego la cordillera andina, a más de cuatro mil metros de altitud, entre penalidades y fatigas increíbles.

El frío era tan intenso qué a muchos se les caían las uñas y, al descalzarse, se les quedaban los dedos de los pies arrancados y pegados a las botas.

Al fin, pudo llegar al valle de Copiapó, en la costa chilena del Pacífico.

Decidió regresar al Perú y disputarle a Pizarro el más asequible y rico botín del antiguo imperio de los incas. Aun así, a la vuelta tuvo que sufrir otra odisea a través del desierto de Atacama.

En 1537 llegaron a Cuzco los supervivientes de la expedición, Almagro entre ellos.

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 Vasco Núñez de Balboa

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 Vasco Núñez de Balboa (1475-1519). Descubre el Océano Pacífico:

Balboa llegó al Darién (que ahora hace parte de Panamá) como polizón en un barco español, se apoderó del mando en una insurrección y extendió la influencia española a regiones vecinas; para ello tuvo que emprender un peno so viaje por la selva baja y húmeda, pero encontró también algunas tierras altas, y desde la cima de una colina divisó lo que llamaría el mar del Sur, reclamando su posesión para España.

Más tarde, el navegante Magallanes lo bautizaría océano Pacífico. A pesar de la diligencia de Balboa, España nombró a Pedrarias Dávila (cerca de 1440 a 1531 gobernador del Darién.

Balboa sacó el mejor partido del nombramiento, comandando varias expediciones para Dávila, pero en 1519 ambos hombres se enfrentaron, y el gobernador hizo decapitar a Balboa.

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Pedro Álvarez Cabral

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Pedro Álvarez Cabral: Descubre y Explora Brasil:

El explorador Vasco da Gama formó parte de una serie de exploradores portugueses entrenados y enviados con el propósito de explorar la costa africana, doblar el extremo sur del continente y establecer una ruta comercial hacia el oriente.

Gama fue el primero en lograrlo, regresando en 1499 con una carga de especias. Portugal intentó repetir el éxito de Gama con la expedición de Pedro Álvarez Cabral (cerca de 1467 a cerca de 1520), quien llegó por accidente, en su camino al sur, a las costas del Brasil, estableciendo los derechos de su país en Suramérica.

Formalmente reclamó la región circundante en el nombre de Portugal.

El territorio se denominó Terra da Vera Cruz (en portugués, ‘Tierra de la Cruz Verdadera’). Una expedición dirigida por Gaspar de Lemos y de la que formaba parte el navegante florentino Amerigo Vespucci fue enviada a la Terra da Vera Cruz por el gobierno portugués en 1501.

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Hernando de Magallanes

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Hernando de Magallanes:(cerca de 1480 a 1521): Primera Vuelta al Mundo:

Magallanes realizó el sueño de Colón: llegar a Oriente navegando hacia Occidente Navegando con bandera española, este capitán portugués salió de Sevilla, España, dobló el extremo sur de Suramérica y cruzó el océano no Pacífico, llegando a las islas Filipinas.

Allí murió en una disputa tribal. Su expedición, comandada por Juan Sebastián Elcano, siguió adelante y completó, con una reducida tripulación debilitada por el escorbuto, el primer viaje alrededor del mundo.

Cuando Magallanes entró por primera vez en el nuevo océano situado al occidente de Suramérica, el tiempo estaba espléndido y el mar en calma, y así permaneció durante semanas, de suerte que le pare ció adecuado llamarlo Pacífico.

La verdad es que cuando hay una tormenta el océano Pacífico es, en últimas, tan violento como el Atlántico, pero el nombre quedó.

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Sebastián Caboto

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Sebastián Caboto (1476?-1557): Se cree que nació en Venecia, fue navegante explorador y cartógrafo italiano, conocido sobre todo por las expediciones que durante el siglo XVI hizo para España e Inglaterra a América del Norte y del Sur.

Él aseguraba haber acompañado a su padre, Giovanni Caboto, a América del Norte en el año 1497, aunque se supone que no es verdad, y si lo hizo fue en 1508 aproximandamente cuando llegó a la bahía Hudson.

Prestó servicio como cartógrafo para el rey Enrique VIII de Inglaterra y su aliado el rey de España, Fernando V, para los que confeccionó mapas del suroeste de Francia, país que dichos reyes planeaban invadir.

En 1512, decidió prestar servicio en España.

Cuando murió el rey Fernando, su sucesor, el rey Carlos I de España (que sería más tarde el emperador Carlos V), lo mantuvo a su servicio y hacia el año 1518 lo ascendió a almirante.

De acuerdo con lo capitulado con Carlos V, Sebastián Caboto debía llegar a las islas Molucas siguiendo la ruta de Magallanes.

Pero al llegar a América tuvo conocimiento de la expedición realizada por Alejo García (un sobreviviente de otra expedición) a la fabulosa sierra de la Platas e impulsado por el deseo de llegar a esa región de cuantiosas riquezas penetró por el actual Río de la Plata y por el río Paraná.

El 11 de mayo de 1527 fundó el fuerte de Sancti Spiritus primer establecimiento español en la Argentina. Mientras Caboto remontaba el río en procura de su dorada meta, los indios asaltaron el fuerte en septiembre de 1529 y lo quemaron.

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Juan Díaz de Solís

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Juan Díaz de Solís (c.1470-1516), navegante y descubridor español.  El descubrimiento del Mar del Sur, trajo como consecuencia la búsqueda del paso que, según se suponía debía unir los dos grandes océanos: el Mar del Norte (océano Atlántico) y el recientemente descubierto Mar del Sur (océano Pacífico).

Junto a Vicente Yáñez Pinzón y a Américo Vespucio, participó en la Junta de Burgos (1508) que decidió el envío de una expedición que buscase el canal o el paso a través del istmo centroamericano, hacia las islas de la Especiería o Molucas.

Díaz de Solís junto con Vicente Yáñez Pinzón firmó la capitulación de este viaje que resultó un fracaso y regresó a España en 1509.

En 1515, tras firmar una nueva capitulación para buscar un paso por el sur del continente, partió de Sanlúcar con tres naves, navegó las costas brasileñas y uruguayas hasta llegar al río de La Plata (1516) que llamó mar Dulce.

 Hallándose en el Plata, murió el despensero de la expedición, Martín García, que se había sentido muy enfermo durante el viaje.

Sus restos fueron enterrados en una isla que desde entonces y hasta hoy lleva su nombre, primera tierra argentina que pisaron los españoles.

No había de acabar allí la mala suerte, ya que, poco después, Solís y varios de sus hombres que, accediendo a las señales amistosas de unos aborígenes, habían desembarcado en la margen oriental del río, fueron muertos a flechazos por los indígenas. La horrible escena fue contemplada por sus compañeros desde uno de los barcos anclado en el río.

Sólo un adolescente salvó la vida: el grumete Francisco del Puerto, pero fue retenido por los indígenas como prisionero.

El resto de la expedición regresó a España con dos naves solamente, ya que un temporal destrozó uno de los barcos frente a la costa del Brasil, en las proximidades de la isla de Santa Catalina.

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Domingo Martínez de Irala

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Domingo Martínez de Irala (1509-1556), conquistador español, gobernador de Paraguay (1554-1556).

En 1536 se enroló en la expedición del adelantado Pedro de Mendoza al Río de la Plata y participó, en 1536, en la primera fundación de Buenos Aires.

En ese mismo año marchó con la expedición de Juan de Ayolas que remontó los ríos Paraná y Paraguay y permaneció en la recién fundada población de Candelaria a la espera de Ayolas, que se había adentrado hacia la sierra de la Plata.

Tras la muerte de Ayolas decidió el abandono de Buenos Aires y se trasladó a Asunción, donde constituyó en 1541 el primer ayuntamiento de la ciudad.

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Juan de Ayolas

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Juan de Ayolas (1510-1538), explorador y conquistador español.

En agosto de 1535, partió del puerto español de Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) como miembro de la expedición del adelantado Pedro de Mendoza hacia la región del Río de la Plata, a cuyo estuario llegó a principios de enero del año siguiente.

Mayordomo y alguacil mayor, Ayolas asistió a la fundación, un mes más tarde, de Nuestra Señora del Buen Aire, la futura Buenos Aires.

Enviado por Mendoza a explorar el río Paraná, fundó el fuerte Corpus Christi, en junio.

Desde allí se dirigió, siguiendo el curso del río Paraguay, hacia la casi mítica sierra de la Plata, y el 2 de febrero de 1537 fundó, a orillas de aquél, el fuerte de Candelaria, donde dejó como lugarteniente a Domingo Martínez de Irala.

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Pedro de Mendoza

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Pedro de Mendoza: 1536-Primera Fundación de Buenos Aires:

Mendoza era un hidalgo nacido en  Granada. Realizados los preparativos del viaje, (35 años)  partió el adelantado en agosto de 1535, con once barcos y unos mil trescientos hombres.

Llegado al Río de la Plata a comienzos del año siguiente, levantó en su margen derecha una fortaleza a la que llamó Puerto de Nuestra Señora de Santa María del Buen Aire (3 de febrero de 1536).

Al poco tiempo, los habitantes de aquella modestísima población empezaron a padecer el azote del hambre y los ataques de los indígenas, quienes, tras un comienzo amistoso, se habían vuelto hostiles y se negaban a los españoles lograron imponerse, pero a costa de la vida de varios de sus mejores capitanes, entre ellos el propio hermano Diego.

Pedro de Mendoza, que se sentía muy enfermo resolvió volver a España.

Luego de designar a Ayolas su sucesor en la conquista, el 22 de abril de 1537, se alejó para siempre, falleciendo durante ese viaje.

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Juan de Garay

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Juan de Garay: Fundador de Santa Fe y de la Segunda Fundación de Buenos Aires: Cuarenta y cuatro años después volvería a alzarse otra Buenos Aires a orillas del estuario.

La empresa estuvo a cargo de Juan de Garay, quien residía en Asunción y había fundado en 1573 la ciudad de Santa Fe.

En los primeros meses de 1580, salió de Asunción con un grupo de poco más de sesenta personas, entre las cuales había una sola mujer, Ana Díaz.

Una parte de los expedicionarios descendió por el río, y otra parte lo hizo por tierra. Además de víveres y armas, los fundadores traían herramientas de trabajo, semillas de diversas plantas y unas mil setecientas cabezas de ganado.

Elegido el lugar de la fundación -un poco más al norte del sitio en que se había emplazado la anterior Buenos Aires- Garay procedió a dividir el terreno en doscientas cincuenta manzanas, separadas por calles que se cortaban en ángulo recto.

Señaló los solares destinados a la plaza, a la iglesia, al Cabildo, al hospital y al fuerte; distribuyó las manzanas donde se edificarían las viviendas de los pobladores y, fuera de la parte urbana, dividió la tierra en parcelas más grandes y las destinó a chacras y huertas.

Efectuados estos trabajos, el 11 de junio de 1580 se realizó la solemne ceremonia de la fundación de la ciudad, a la que se llamó de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos  Aires.

Ver: Juan de Garay

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Biografía de Manuel Alberti, Vocal del Primer Gobierno Patrio

Biografía de Manuel Alberti, Vocal del Primer Gobierno Patrio

Nació en Buenos Aires, el 28 de mayo de 1763, donde cursó sus estudios eclesiásticos y se ordenó de sacerdote en 1783.

En 1785 se graduó de doctor en cánones, en la ciudad de Córdoba.

Desempeñó el curato de San Fernando de Maldonado, en la Banda Oriental, donde se hallaba en 1806, cuando aquella ciudad fue tomada por los ingleses, quienes desterraron a Alberti, acusado de mantener correspondencia reservada con los jefes españoles del campamento militar situado en «Pan de Azúcar».

En consecuencia se trasladó a Montevideo en diciembre de aquel año.

En dicho año, rigiendo el curato de San Nicolás de Bari, en esta Capital, el doctor Julián Joaquín de Gaínza, fue dictado un decreto del Virrey, dividiendo aquella parroquia y erigiendo una nueva en la parte desmembrada, lo que produjo una protesta del citado Gaínza patrocinado por el Dr. Mariano Moreno.

Manuel Alberti

A fines de 1808 fue nombrado por el Obispo de Buenos Aires el doctor Alberti para hacerse cargo del nuevo curato de San Benito de Palermo, advocación de San Nicolás de Bari.

Nombró un apoderado para que lo efectuase a su nombre y representación; pero fue rechazado el citado Gaínza, que se negó a darle posesión, y protestó del nombramiento de Alberti por considerarse deber ser preferido por derecho en la elección, caso de verificarse.

Al día siguiente, sin perjuicio del derecho de elección que aquel tenía por la erección, dispuso el obispado que se diera la posesión ordenada al apoderado de Alberti, para cuyo acto se comisionó al cura interino, doctor Mariano Medrano.

La primera partida que consta en el archivo de dicho curato parroquial firmada por Alberti, lleva la fecha de 19 de noviembre de 1808.

Desempeñaba este cargo cuando sobrevino la revolución de Mayo, a cuya preparación coadyuvó con incansable actividad con Belgrano, Paso, Rodríguez Peña, Donado, Vieytes, Chiclana, Castelli y otros notables patriotas.

En el congreso general o Cabildo Abierto el 22 de mayo, adhirió su voto al del Dr. Juan N. Sola, por la cesación en el mando del virrey Cisneros, cuya autoridad debía recaer en el Cabildo hasta la erección de la junta gubernativa correspondiente.

Fue uno de los elegidos para formar parte de la Primera Junta, y en su carácter de vocal subscribió todas las importantes medidas que tomó aquella, menos la de pasar por las armas a Liniers y sus compañeros de infortunio, que rehusó enérgicamente.

Se negó a tomar parte en el debate alegando su carácter sacerdotal, y concluido éste, apenas firmada la fatal sentencia, volvió a entrar y seguro de que su opinión no modificaría la medida.

Declaró que la Junta se apartaba de la justicia, pues que si alguno debía morir por instigador acérrimo de la contrarevolución que se mandaba decapitar era, únicamente, el Obispo Orellana.

Cuando los nueve diputados de las provincias pidieron incorporarse a la Junta «para crear una autoridad sin unidad de pensamiento y con intereses y propósitos divergentes«, Alberti les concedió su voto favorable, aunque declarando que solo accedía por conveniencia política del momento, pues tal pretensión era contra todo derecho y la preveía origen de muchos males.

Los resultados confirmaron su modo de pensar.

Este patriota distinguido, que al decir de los historiadores Mitre y Núñez, fue una de las dos primeras víctimas de nuestras disensiones internas.

Falleció repentinamente en Buenos Aires el 2 de febrero de 1811, sin la satisfacción de ver consumada la grande obra a que asoció perdurablemente su nombre.

El doctor Alberti fue también uno de los redactores de la «Gazeta de Buenos Aires».

En 1822 el Gobierno dispuso que una de las calles de esta ciudad perpetuara su nombre.

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Orden Del Sol:Condecoración Creada Por San Martin

Orden Del Sol Condecoración Creada Por San Martin

Un decreto de San Martín del 8 de octubre de 1821 creaba la máxima condecoración del Perú, la Orden del Sol, como «patrimonio de los guerreros libertadores, el premio de los ciudadanos virtuosos y la recompensa de todos los hombres beneméritos».

El 16 de diciembre, reunidos los agraciados en el Palacio de Gobierno de Lima, con la asistencia de todos los jefes del ejército acantonados hasta dos leguas de la capital, comenzó una imponente ceremonia.

Después de una alocución del secretario del Gran Consejo de la Orden, el general San Martín leyó tres veces la solemne fórmula del juramento:

«¿Prometéis al Perú, y empeñáis vuestro honor que defenderéis su independencia de la de España y de toda potencia extranjera, que promoveréis la felicidad general de América y mantendréis el honor nacional, el espíritu de la Orden del Sol, y el honor recíproco de todos sus individuos?»

Contestaron los agraciados: «Prometemos cumplirlos», y a continuación el Protector respondió: «Si así lo cumpliereis la patria os premie, y si no la infamia caiga sobre vuestros nombres, y el pueblo peruano os lo demande».

Al concluir el juramento se hizo una salva de artillería y de dos en dos comenzó la investidura con la Condecoración de la Orden, sonando las bandas las marchas nacionales del Perú, Chile y las Provincias Unidas.

Finalizado el acto, San Martín y su comitiva se dirigieron a la iglesia de Santo Domingo, donde se cantó una misa solemne.

Así concluyó la primera imposición de la Orden del Sol, puesta bajo la advocación de Santa Rosa de Lima y otorgada en tres categorías: fundadores, beneméritos y asociados.

Fueron acreedores a la primera, entre otros, Bernardo O’Higgins, Simón Bolívar, los generales Las Heras, Arenales y Luzuriaga, los coroneles Diego Paroissien y Tomás Guido, etc.

Se estableció también que la categoría de fundador sólo podría ser concedida en el futuro a los generales que hubieran vencido al enemigo en una acción general o tomado una plaza.

También  a los que por su valor hayan liberado una nueva provincia y a todos los ciudadanos por acciones eminentes o por salvar a la patria de un grave peligro.

De las tres categorías, los fundadores gozaban de los mayores privilegios, el «derecho de preferencia a las grandes dignidades del Estado y el tratamiento de Señoría con el dictado de honorable», y una pensión vitalicia, extensiva a sus hijos y nietos.

Las dignidades de beneméritos y asociados eran, en cambio, exclusivamente personales.

La administración de la Orden estaba a cargo de un Gran Consejo, compuesto de un presidente, un vicepresidente y nueve fundadores que gozaban de una pensión anual de mil pesos.

orden del sol de peru

La condecoración de la Orden del Sol consistía, para los fundadores, en una banda blanca que bajando del hombro derecho al costado izquierdo se enlazaba terminando en dos borlas de oro, y una placa de este metal con las armas del Perú; los beneméritos gozaban de una medalla de oro colgada al cuello con cinta blanca, y los asociados, de una de plata pendiente al lado izquierdo del pecho de una cinta del mismo color.

La placa, en forma de estrella radiada, lleva en el centro las armas del Perú, y dentro de dos óvalos concéntricos de esmalte blanco y encarnado la inscripción:  Perú a sus libertadores, en letras de oro.

La Orden del Sol fue extinguida por ley del Congreso Constituyente peruano del 9 de marzo de 1825, que la consideró «poco conforme a las bases de la Constitución Política de la República».

Fuente Consultada: Revista Crónica Argentina Fasc. N°27 Edit. CODEX

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La Revolución en la Banda Oriental: La Junta de Gobierno de Buenos Aires había enviado a su secretario Paso a la Banda Oriental, con la difícil misión de convencer al Cabildo de Montevideo de que se plegase a la causa patriota, pero sus propuestas fueron rechazadas de plano por los cabildantes.

La situación empeoró aún más con la llegada de España del ex-gobernador Francisco Javier de Elío, quien retornaba con el flamante título de Virrey otorgado por el Consejo de Regencia.

Elío, mientras preparaba su ejército, pidió por pura formalidad el reconocimiento de su investidura por parte de la Junta, lo que, por supuesto, le fue negado.

Gervasio Artigas

Uno de los jefes de las milicias realistas de Montevideo era el criollo José Gervasio Artigas, quien desertó del bando español para servir a la libertad de su patria.

Luego de una breve estancia en Buenos Aires, Artigas recorrió la campaña uruguaya al frente de un centenar y medio de soldados de frontera, los blandenques, insurreccionando todo el interior de la Banda Oriental.

El 28 de febrero de 1811, en el pueblo de Asencio, los patriotas orientales proclamaron la unión de la Banda Oriental al gobierno de Buenos Aires, pasaje histórico que es recordado como el «Grito de Asencio«.

En apoyo a los sublevados de la Junta dispuso que el general Belgrano pasara con las tropas que regresaban del Paraguay a la Banda Oriental.

La decidida acción de Artigas insurreccionó a todo el país y el 18 de mayo de 1811 el caudillo oriental obtuvo un rotundo éxito militar en Las Piedras.

Luego de arrebatar Colonia a los españoles cerró el cerco sobre Montevideo. Belgrano, que había actuado de acuerdo con Artigas, tuvo que dejar el mando del ejército al coronel José Rondeau y regresar a Buenos Aires.

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Los realistas sitiados contaban con la excelente fortaleza del Cerrito y con una flota que les aseguraba el control del Río de la Plata y el aprovisionamiento de Montevideo.

Por otro lado esperaban la llegada de refuerzos militares de España.

A pesar de todo ello el virrey Elío cometió la imprudencia de llamar en su auxilio a Portugal.

La corte portuguesa residía por entonces en Río de Janeiro, para ponerse a salvo de las tropas de Napoleón.

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Cumpliendo el viejo anhelo de dominar una de las márgenes del Plata los portugueses pusieron en camino hacia la Banda Oriental un ejército de 1200 hombres.

La fuerza expedicionaria portuguesa distaba de ser imbatible, pero la diplomacia lusitana la presentaba como una fuerza de paz mediadora entre patriotas y realistas y proponía un armisticio.

Tal cosa era favorable a los realistas y quizás a Buenos Aires, preocupada por la derrota de Huaqui, pero para los patriotas orientales era un verdadero desastre.

En octubre de 1811 se firmó el armisticio. Las fuerzas de Rondeau levantaban el sitio y regresaban a Buenos Aires; el comercio entre ambas márgenes del Plata se reanudaba; el virrey Elío seguía en Montevideo esperando un reconocimiento de Buenos Aires que no llegaría nunca.

El acuerdo a que habían llegado los porteños desagradó profundamente a los orientales.

Siguiendo a las milicias de Artigas que se retiraban a Entre Ríos, toda la población de la campaña abandonaba su tierra y sus casas en dramático ejemplo de amor a la libertad, que es conocido como el «Exodo Oriental».

Fuente Consultada:
Biblioteca del Estudiante Tomo I N°15 La Revista

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Fundacion de la Primera Ciudad Hispana en America Segundo Viaje

HISTORIA DE LA FUNDACIÓN DE LA PRIMER CIUDAD HISPANA EN AMÉRICA:

INTRODUCCIÓN: En 1493 el doctor Diego Álvarez Charca emprendía desde Cádiz un viaje singular. Embarcó junto al pasaje de la armada de Cristóbal Colon, que retornaba a «las Indias» con el objetivo de fundar la primera ciudad hispana en el Nuevo continente.

Las poéticas y encendidas descripciones de la tierra prometida comenzaron a desvanecerse tras el arribo a la isla que bautizaron San Martín.

A partir de allí luchas, matanzas y enfermedades y huracanes fueron signando el itinerario de la expedición , que fue descripta al detalle por el sagaz viajero Chanca.

carabelas de Colon

Debe haber sido inolvidable el espectáculo que ofreció la armada de 17 naves, del Almirante del Mar Océano Cristóbal Colón, cuando salió de la bahía de Cádiz y entró gloriosa al mar con sus velas desplegadas, aquel 26 de septiembre de 1493.

Era el segundo viaje que el descubridor hacía a las Indias —como entonces se llamó a América—y su destino era la isla La Española, actuales Haití y Santo Domingo.

Allí había dejado una guarnición de 39 hombres, en el fuerte de La Navidad, en dominios del cacique Guacamarí, señor de una parcialidad de indios arawakos, que en el primer viaje le había mostrado sincera amistad.

En esa misma isla proyectaba fundar la primera ciudad hispana en las Indias y con ese propósito llevaba 1.600 colonizadores, todos ellos llenos de ilusión despertada por sus entusiastas descripciones de la nueva tierra: naturaleza generosa, aborígenes mansos que aportarían mano de obra y mucho oro aluvial en los caudalosos ríos.

Era —les había dicho— un pedazo de paraíso terrenal donde hallarían la prosperidad.

En el pasaje iban muchas personalidades prestigiosas, una de ellas el médico o físico Diego Alvarez Chanca, hombre sensible y sagaz que en la carta que envió al Cabildo de Sevilla, su ciudad natal, dejó un valioso testimonio sobre este viaje que comenzó con magnificas perspectivas y terminó en fracaso.

Después de cuarenta días de navegación, al alba del 3 de noviembre, los viajeros se despertaron con el grito del piloto de la nave capitana que anunciaba:

—Albricias, que tenemos tierra!. “Fue la alegría tan grande en la gente —escribe Chanca conmovido— que era maravilla oírlas gritar y placeres que todos hacían, y con mucha razón, que la gente venía ya tan fatigada de mala vida y de pasar agua, que con muchos deseos suspiraban todos por tierra” .

Contribuía a aumentar su felicidad el panorama que se abría ante sus ojos coincidente con las poéticas y encendidas descripciones de Colón: ¡el mar estaba calmo y las naves se deslizaban sobre él como en un paseo.

El sol subía luminoso desde el horizonte y la bruma matinal se disolvía para revelar, como por arte de encantamiento, islas que iban surgiendo aquí y allá, según recuerda Chanca, semejantes a esmeraldas ensartadas en mar de topacio, bajo un cielo de turquesa.

Costearon la más próxima que era “todo montaña muy hermosa e muy verde, hasta el agua, que era alegría en mirarla», y como estaban en día domingo, Colón la bautizó Dominica.

Continuaron hacia la que llamó Marigalante y como en ella halló buen puerto, desembarcó portando el estandarte real para tomar solemne posesión del territorio en nombre de Isabel y Fernando, los reyes católicos.

A la mañana siguiente llegaron ala isla que el Almirante bautizó Guadalupe, de bellísima imagen.

Había en ella “una gran montaña que parecía que quería llegar al cielo de la cual caía un golpe de aguatan gordo como un buey, que se despeñaba de tan alto como si cayera del cielo…; era la más hermosa cosa del mundo de ver..”.

Así la describe Chanca, expresando el estado de ánimo propio y el de sus compañeros de viaje, ya que todos se sentían como transportados por la hermosura del mundo edénico al que habían llegado y en el que iban a vivir.

Sin embargo, muy pronto la realidad indiana comenzaría a mostrarles su otra cara, brutal y despiadada.

EL PRIMER CHOQUE DE CULTURAS

Desembarcaron y con los dos indios intérpretes que llevaban , se dirigieron aun caserío en busca de información sobre el lugar, pero sus habitantes huyeron al verlos aproximarse dejando todo abandonado, lo que permitió a Colón y sus acompañantes recorrer tranquilamente las viviendas.

Encontraron diversas pertenencias, entre ellas mucho algodón hilado, pero también algo que los espeluznó: cuatro o cinco huesos de brazos y piernas humanos.

Comprendieron que estaban en dominio de los indios caribes o caribes, comedores de carne humana, que con tanto pavor mencionaron los arawakos de La Española.

Por unas mujeres que tomaron prisioneras supieron que, periódicamente, organizaban expediciones a otras islas, dentro de un área de 150 leguas a la redonda, con el propósito de cazar gente.

Últimamente habían partido diez canoas y eso explicaba la casi total ausencia de varones en la isla.

A las cautivas mujeres —que elegían “mozas y hermosas”, como observó el sensible Chanca— las tenían como esclavas y mancebas.

«A los niños que nacían de ellas los comían pues, en acto de primitivo racismo, sólo dejaban vivir a los hijos de mujeres de su tribu.

A los varones adultos los comían y a los muchachos los castraban, algo que Chanca corrobora al decir que los jóvenes cautivos que encontraron tenían “cortados sus miembros”.

Cuando llegaban a la adultez los comían porque, según añade, para los caribes “la carne de hombre es tan buena que no hay tal cosa en el mundo”.

Entrar a sus viviendas era enfrentarse a este mundo antropófago que nuestro doctor observaba con curiosidad y repulsión.

En una encontraron “un cuello de hombre hirviendo en un caldero”.

En otras, los cascos de las cabezas colgados por las casas a manera de vasijas para tener cosas”, y por todas partes “infinitos huesos de hombres”.

Ante estos hallazgos, los 1.500 viajeros se felicitaban de que su destino final fuera la tierra de los pacíficos arawakos del cacique Guacamari. Estaban deseosos de asentarse de una vez por todas para comenzar la construcción de la ciudad que sería su nueva patria.

El 10 de noviembre zarparon nuevamente anhelando llegar a La Navidad donde 39 compatriotas los aguardaban.

Pasaron frente a una isla que denominaron Montserrat, de la cual diez ex cautivas que llevaban les contaron que estuvo habitada, pero los caribes exterminaron su población.

Llegaron a la que bautizaron San Martín, también de indios caribes, donde tuvo lugar el primer encuentro con éstos, en una suerte de pequeña “batalla naval”: 25 españoles estaban haciendo navegación costera en una barca, cuando vieron venir una canoa caribe con cuatro varones, dos mujeres y un muchacho, los siete tan absortos en la contemplación de la armada colombina, que pudieron aproximárseles para tomarlos por sorpresa.

En el último instante los caribes advirtieron el peligro, reaccionaron y se armó la batalla que Chanca observó desde las naves.

Los de la barca peleaban con lanzas; los caribes, tanto varones como mujeres, con flechas.

La barca embistió la canoa y la trastornó, pero los caribes nadaron hacia unos bancos de arena donde hacían pie y continuaron flechando hasta huir todos salvo uno que había recibido un lanzazo.

Los españoles lo llevaron a una de las naves, pero murió poco después.

De ellos hubo dos heridos de flecha.

Continuando la navegación pasaron frente a las islas que bautizaron Santa Cruz, Santa Ursula, Oncemil Vírgenes, Puerto Rico, Mona y Monito hasta llegar a La Española, sobre cuya costa norte, a algunos días más de navegación estaba La Navidad.

Hacia allí se dirigió Colón, también deseoso de llegar a destino.

Durante este tramo final del viaje murió uno de los dos heridos en la batalla.

Era la primera vez que la muerte se hacia presente entre los españoles por enfrentamientos con aborígenes y esto despertó en ellos un sentimiento lúgubre muy distinto del jubiloso que hasta entonces los había embargado. Ahora aparecía un mal un presagio.

LA TRISTE Y DURA REALIDAD

Llegaron al puerto que bautizaron Montecristo, distante 12 leguas de los dominios del cacique Guacamari.

Chanca, siempre observador gozoso del paisaje, cuenta que allí desembocaba un hermoso y caudaloso río, y que Colón, en busca de sitio donde fundar su ciudad, despachó a una cuadrilla para que lo explorara.

Los expedicionarios se internaron corriente arriba y, de pronto, hicieron un macabro hallazgo: “dos hombres muertos…, el uno con un lazo al pescuezo y el otro con otro al pie .

Al día siguiente, “otros dos muertos…, el uno de estos… se le pudo conocer tener muchas barbas… Los nuestros sospecharon más mal que bien,., porque los indios son todos desbarbados”, señala Chanca.

Esto les permitió deducir que los muertos eran españoles y entonces una inquietud funesta los invadió, ¿que hallarían en La Navidad? Regresaron a informar a Colón, quien no podía creer que su amigo Guacamarí hubiera permitido que algo malo les sucediera a sus hombres.

Con más ansias que nunca apuró la navegación.

El 27 de noviembre a la noche surgió la costa de La Navidad.

Por temor a encallar no quiso aproximarse hasta el amanecer, pero “mandó tirar dos lombardas a ver si respondían los cristianos que habían quedado con el dicho Guacamari, porque también tenían lombardas… Nunca respondieron ni menos aparecían fuegos ni señal de casas en aquel lugar, de lo cual se desconsoló mucho la gente”, comenta Chanca con un tono de preocupación que hasta ahora no había usado.

No era para menos, ya que durante el viaje todos habían aguardado el momento de la llegada e imaginado esa especie de jubiloso diálogo de lombardas que tendría lugar.

También imaginaron la visión reconfortante de los fuegos ardiendo en medio de la noche, en cada hogar, pero, por el contrario, encontraban silencio y oscuridad.

¿Qué ocurría? Una canoa rondaba la nave capitana y uno de los indios pidió hablar con Colón.

Era primo de Guacamarí que le traía un obsequio en su nombre.

Al preguntársele por los españoles de La Navidad respondió que estaban bien, aunque algunos murieron de “dolencias y otros de diferencias que habían acontecido entre ellos.

Le contó a Colón que Guacamarí no vivía más en el sitio donde lo dejó, porque los caciques Caonabó y Mayrení le habían hecho la guerra e incendiado el pueblo, razón por lo que debió mudarse. Agregó que de la lucha quedo’ herido en una pierna y por eso no había venido, pero que [al] otro día vendría.

Cuenta Chanca que con esta explicación Colón se tranquilizó, sin embargo al día siguiente hubieron señales muy preocupantes: los arawakos, un año atrás cargosos de tan amistosos, brillaban por su ausencia.

Los españoles de La Navidad no daban señales de vida y cuando una cuadrilla fue al fuerte, lo halló incendiado hasta los cimientos.

Finalmente, Guacamarino apareció como había anunciado su primo.

Algo malo sucedía.

El primo sí regresó y esta vez dijo que, en realidad, todos los de La Navidad estaban muertos; que los habían matado los mismos que atacaron a Guacamari.

Los españoles quedaron atónitos con este cambio de versiones, además, el cacique continuaba sin aparecer. ¿Qué había sucedido? ¿Qué ocultaban él y su gente?

Las discusiones no tardaron en surgir, como escribe Chanca:

“Habla entre nosotros muchas razones diferentes, unos sospechando que el mismo Guacamarí fuese en la traición o muerte de los cristianos, otros les parecía que no, pues estaba quemada su villa, ansí que la cosa era mucho para dudar Colón estaba entre los que dudaban, negándose a creer en una traición de aquél que creyó su amigo, y acompañado por Chanca y otros más fue a La Navidad.

Los restos parecían no haber sido tocados y por eso res llamó la atención no encontrar cadáveres; en cambio, en un caserío cercano del que los indios desaparecieron al verlos llegar, hallaron muchas cosas de los cristianos muertos.

En el camino de regreso se es aproximaron unos indios que dijeron saber dónde estaban los cadáveres de once de los españoles.

Colón les preguntó quién los había matado y respondieron lo que sonaba a lección aprendida: los dos caciques enemigos de Guacamari.

No obstante, Chanca advirtió que, mezcladas a esta explicación, “asomaban quejas que los cristianos uno tenía tres mujeres, otro cuatro, donde creemos que el mal que les vino fue de celos”.

Es decir, que la Los indígenas celebraban fiestas con danzas y música en honora sus dioses, tal como se aprecia en este grabado de la Isla La Española, hoy Haití.

La matanza habría sido desenlace de un conflicto entre varones de ambas razas por la posesión de las indias, sobre quienes los hombres blancos y barbados ejercían gran atractivo, pero esta razón no convenció a nadie.

Al día siguiente arribó la carabelas que Colón había enviado a explorar, al mando del capitán Melchior. Este contó algo que era como una pieza para agregar al rompecabezas de la misteriosa matanza: que le salió al paso una canoa en la que viajaba un hermano de Guacamari quien le rogó que fuese a visitarlo.

Fue—y lo relató con soma, tal como reprodujo en su carta el doctor Chanca— «lo encontró en su cama echado, haciendo del doliente herido”.

Le preguntó por los muertos y respondió lo ya sabido, sus dos enemigos, recalcando que eran los mismos que lo hirieron.

Le rogó que le llevara a Colón el mensaje deque lo visitara pues él —insistió— no podía hacerlo por su herida. Colón, quizá pensando que Guacamarí deseaba contarle la verdad de los hechos, fue a visitarlo acompañado por “gente de pro».

Chanca describe así el encuentro: “El Almirante, vestido con sus mejores ropas, halló al cacique en su choza de ramas. Estaba rodeado de vasallos, yaciendo en su hamaca, con una pierna envuelta en un paño y, al verlo, le hizo manifestaciones de amistad y le dio nuevos obsequios”.

Luego se refiere a la matanza:

“mostró mucho sentimiento con lágrimas en los ojos por la muerte de los Cristianos, e comenzó a hablar de ello . Sin dejar de llorar relató “cómo unos murieron de dolencia, e como otros se habían ido a Caonabó a buscar la mina de oro e que allí los habían muerto, e los otros que se los habían venido a matar allí, en su villa” de La Navidad.

Durante todo el tiempo que habló, en ningún momento abandonó su expresión sufriente por lo que Colón le hizo una propuesta que Chanca relata así:

“Estábamos presentes yo y un cirujano de armada, entonces dijo el Almirante al dicho Guacamarí que nosotros éramos sabios de las enfermedades de los hombres, que nos quisiese mostrar la herida, él respondió que le placía, para lo cual yo dije sería necesario… saliese fuera de casa, porque con la mucha gente estaba oscura e no se podría ver bien; lo cual él hizo luego, creo más de empacho que de gana… Guacamari dejó su hamaca y, apoyado en Colón, salió a la luz.

El cirujano le quitó la venda para ver la herida pero, oh sorpresa! no había ninguna.

Guacamarí explicó que, en verdad, se había tratado de una pedrada, no de una herida, entonces el cirujano lo palpó, pero no encontró señas de golpe.

“No tenía más mal en aquella [pierna] que en la otra [sana], aunque él hacía de raposo que le dolía mucho”, observa Chanca socarrón y despreciativo.

La realidad era que el cacique había estado mintiéndoles, haciéndolos victimas de una burla.

Esto, para muchos, demostraba su culpabilidad en la matanza, pero, para otros, no era prueba suficiente.

“Ciertamente no se podía bien determinar —piensa Chanca— porque las razones eran ignotas, que ciertamente muchas cosas había que mostraban haber venido a él gente contraria. Asimismo el Almirante no sabía qué se hacer: parecióle, y a otros muchos, que por entonces y hasta bien saber la verdad, que se debía disimular, porque después de sabida… se podría de él recibir enmienda”.

Por eso Colón, por disimular y además considerando la conveniencia de restablecer la amistad con el cacique en cuya tierra iba a fundar su ciudad, diplomáticamente lo invitó a visitar las naves.

Guacamari aceptó y fue acompañado de su hermano.

En amistoso diálogo del que fueron intérpretes los dos lenguaraces arawakos, Colón le mostró las herramientas, objetos, semillas y caballos que traía de España para su ciudad y le dijo que quería levantarla próxima a su pueblo, pero el cacique lo disuadió pretextando que el lugar era malsano.

Mientras ambos dialogaban, el hermano del cacique lo hacía con las diez ex cautivas de los caribes que ahora servían a los españoles y así, en esas conversaciones, se pasó la tarde.

Guacamari “tomó colación en la nao» tomó a su casa

El encuentro, en el que no se mencionó la matanza de La Navidad. había sido satisfactorio y Colón creyó haber dado un paso positivo.

Sólo a la mañana se enteró de le que había sucedido mientras dormía: los dos lenguaraces escaparon a “uña de caballo”, y las ex cautivas también, sin duda inducidas por el hermano de Guacamari. Colón, enojado, despachó mensajeros para exigirle que las devolviera, pero cuando llegaron “hallaron el lugar despoblado, que no estaba persona en él”.

El cacique había desaparecido, se había burlado nuevamente de él.

EL FINAL DEL PROYECTO

Nunca pudo saberse la verdad sobre lo ocurrido en La Navidad.

Como escribe Chanca, “así que el poco entender… y las razones equívocas nos han traído a todos tan ofuscados que hasta ahora no se ha podido saber la verdad de la muerte de nuestra gente , pero, para el grueso de los españoles, peor que la incógnita era el hecho de haber sido victimas de un manejo turbio. Colón, superando la amarga experiencia, prosiguió con su proyecto y fundó el fuerte de La Isabela sobre la costa norte de La Española, sin embargo, el recuerdo de la matanza y lo que algunos consideraban una debilidad inexcusable suya al no hacer entre los indios un castigo ejemplar, enturbió el ambiente desde el comienzo.

Al mes de fundada la colonia estalló un motín que Colón reprimió con extrema dureza, al punto que las protestas contra sus excesos llegaron a la corte y los reyes enviaron un veedor que lo despachó engrillado a España.

El paraíso prometido por él se transformó en un infierno.

A los enconos personales y al desánimo por el incumplimiento de las promesas de prosperidad se sumaron las enfermedades. Chanca escribe: “la gente ha adolecido en cuatro o cinco días el tercio de ella… pero espero en nuestro Señor que todos se levantarán con salud”.

¿Creía, realmente, en esta recuperación o la enunciaba para darse fuerzas a sí mismo y ocultar la verdad a las autoridades sevillanas?.

Hasta la naturaleza se volvió contra la colonia, primero con un incendio, después con un huracán hasta que La Isabela adquirió fama de ciudad maldita y finalmente fue abandonada.

Hoy sus ruinas han sido excavadas y han aparecido los cimientos de la casa de Colón, de la iglesia desde cuyo campanario sonó la primera campana de América, de las viviendas de los pobladores, de un horno para hacer tejas, del hospital y de los almacenes.

Entre los objetos hallados hay pequeños frascos de vidrio para guardar medicinas, ¿habrían pertenecido al doctor Chanca?.

Nada sabemos de cómo siguió su vida.

Si regresó a España ose quedó en La Española para asistir a la fundación que reemplazó a la malhadada Isabela, la ciudad de Santo Domingo levantada en la costa sur de la isla y destinada a ser el centro del naciente imperio español en América.

En Historia del Nuevo Mundo de Girolamo Benzoni, aparece este grabado sobre las prácticas de canibalismo de algunos indígenas del Caribe.

El descuartizamiento de personas y la cocción de su carne, fueron hechos que espantaron a los europeos y, a la vez, sirvieron para justificar la supremacía blanca sobre los “salvajes” aborígenes.

Las Carabelas de Cristobal Colón

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Tratado de Permuta:Guerras Guaraníticas-España y la Colonia Sacramento

Tratado de Permuta Guerras Guaraníticas España Colonia Sacramento

En 1750 los monarcas de España firmaron el Convenio o Tratado de Permuta por el que España renunciaba al territorio ocupado por siete pueblos guaraníes y recibía a cambio la Colonia del Sacramento, eterna manzana de la discordia en la orilla del Plata.

El Convenio entregaba a Portugal parte de la región colonizada por los jesuitas en el Paraná y el Uruguay con sus estancias y vaquerías.

La Compañía aceptó la decisión real y dispuso que los guaraníes abandonaran la región.

Obra de los Jesuitas en América

los jesuitas en america

La cruel orden no pudo cumplirse porque los caciques indígenas se negaron a aceptar el traslado forzoso al sur.

Indignados porque los misioneros se sometían al Convenio, se rebelaron contra los paí quizás por primera vez, tomaron a varios de ellos como rehenes y los arrastraron a la lucha armada.

Al menos esto fue lo que explicaron los padres.

• Antecedentes:

En 1716 se firmó un tratado adicional entre España y Portugal en Utrecht, por el cual Portugal recobraba la Colonia del Sacramento  sin especificar la extensión de la zona concedida.

En este período se va a fundar Montevideo.

• Fundación de Montevideo:

Para dominar la entrada del estuario Portugal decidió fundar un establecimiento en la bahía de Montevideo (1723).

Cuando el gobernador del Río de la Plata Bruno Mauricio de Zabala tuvo conocimiento de este hecho, desalojó a los lusitanos y fundó por orden de la corona una ciudad, para afianzar allí el dominio español.

La fecha de fundación no se conoce exactamente, aunque se sitúa entre 1725 y 1730; el primer Cabildo se reunió el 1º de enero de 1730.

• El Tratado de Permuta:

La Colonia del Sacramento fue objeto de nuevos conflictos hasta que se firmó el tratado de 1750 durante el gobierno de Fernando VI (de España) que estaba casado con Doña Bárbara de Braganza, hija del rey de Portugal.

Ambos países decidieron resolver amigablemente sus conflictos coloniales, firmando entonces el tratado del 13 de enero de 1750 para fijar el limite de sus posesiones.

España recuperaba la Colonia y cedía tierras sobre la margen oriental del río Uruguay, en las que había siete pueblos de las misiones jesuíticas.

Esto desencadenó la Guerra Guaranítica, pues los indígenas se negaban tanto a depender de Portugal como a trasladarse a la margen occidental del río, de acuerdo a lo que estipulaba el tratado.

Aunque la insurrección fue sofocada, las cláusulas del tratado no fueron cumplidas por ninguno de los dos países.

Carlos III, sucesor de Fernando VI anuló el tratado de Permuta que tantos territorios otorgaba a Portugal.

Tercera ocupación española

España y Portugal se vieron envueltas en la guerra de los Siete Años. Inmediatamente la primera ordenó al gobernador del Río de la Plata don Pedro de Cevallos que ocupara la Colonia.

El 2 de noviembre de 1762 entró en ella después de una breve campaña.

Devolución de la Colonia

Al terminar la guerra de Siete Años se firmó el tratado de París (1763). Inglaterra aijada de Portugal, ensanchó sus dominios coloniales a expensas de Francia, que quedó anulada como potencia colonial en América; España devolvía la Colonia a Portugal, pero conservaba la provincia brasileña de Río Grande, que había ocupado  durante la guerra.

Esla provincia fue reclamada por los lusitanos y más tarde atacada; fue entonces cuando se mandó la poderosa expedición de Don Pedro de Cevallos que tomó la plaza en junio de 1777.

Cuando Cevallos se disponía a dirigirse contra Río Grande tuvo noticia de que se había firmado el tratado deSan Ildelfonso del 1º de octubre de 1777 por el cual se disponía la demarcación definitiva de la línea divisoria entre los dominios españoles y portugueses.

La comisión demarcadora no consiguió plenamente su objeto, pero realizó un importante trabajo topográfico.

España recibió la Colonia, la isla de San Gabriel y algunos territorio3 en la Banda Oriental; Portugal la Guayra, Matto Grosso, Río Grande y Santa Catalina, excepto las misiones orientales.

El límite de ambas posesiones estaba marcado por el arroyo Chui.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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Obra Militar-Politica,Social y Educativa de la Primera Junta de 1810

Obra Militar Politica,Social y Educativa de la Primera Junta de 1810

• Obra militar:

Este punto, en cuanto a las expediciones militares que se enviaron a diversas zonas del virreinato, como Paraguay, Banda Oriental, etc.

Para integrarlas, se trató de aumentar el número de soldados, procurarles más y mejor armamento y dar a los oficiales instrucción militar adecuada.

Para ello, los indios que habían servido en los batallones de castas fueron incorporados a los de españoles (para demostrarles también que eran todos iguales), además se llamó para servir bajo las armas a los que carecían de ocupación conocida y a los soldados que habían sido dados de baja, siempre que no ejerciesen puestos públicos.

Se proyectó la creación de una fábrica de fusiles y se requisaron las armas de fuego de los particulares, previa indemnización.
A los oficiales se les dictaron conferencias relativas al arte de la guerra, porque muchos dirigían las tropas sin tener los conocimientos necesarios.

Obra judicial — Después del 25 de Mayo, se efectuaron renovaciones en la Audiencia y el Cabildo y se dictaron nuevas ordenanzas. También se trató de simplificar el tratamiento que se daba a los miembros de la Audiencia.

Obra política — Al día siguiente de instalada la Junta, se invitó a todas las autoridades a prestarle juramento.

También se enviaron circulares al interior, dando cuenta de los acontecimientos, el 26 lo hizo Cisneros, el 27 la Junta y el 29 el Cabildo.

junta de gobierno de 1810

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• Obra cultural:

Para comprender la obra que la Junta realizó en ese sentido, no debemos olvidar que la ambición de Moreno fue educar al pueblo, que sólo así estaría capacitado para comprender y colaborar con las  reformas que, de acuerdo con las “nuevas ideas” de la época, el secretario deseaba implantar.

Para que todos conociesen la obra de gobierno, fue creada «La Gaceta”, desde cuyas páginas quiso instruir al pueblo, sobre todo en cuestiones de derecho, y para que la milicia conociera sus deberes se publicó un catecismo militar.

Los directores de “La Gaceta” fueron: Moreno, deán Funes, Pasos Silva y Monteagudo, Nicolás Herrera (Gazeta Ministerial), Manuel J. García, fray Camilo Henrique, Julián Alvarez, Bernardo Vélez y Manuel Antonio Castro.

Como se publicaban pocos números de “La Gaceta”, era leída en el púlpito después de la misa mayor, para que pudiera ser por todos conocida.

Moreno propiciaba la libertad de imprenta y haciendo uso de ella, publicó y prologó en la edición castellana el “Contrato Social” de Rousseau.

Cuando dejó el gobierno, este libro fue retirado de circulación, por considerar el Cabildo que su lectura era perjudicial a los jóvenes.

Pero para que el pueblo pudiera comprender las doctrinas que conocía por medio de las publicaciones, era necesario darle las bases de la educación y para ello se abrieron nuevas escuelas.

En setiembre de 1810 fue creada la Escuela de Matemáticas, que funcionó en el edificio del Consulado.

Estaba destinada a “tratar la ciencia matemática aplicada al arte mortífero (la guerra)” y asistían a ella los oficiales.

Para que todo el que lo quisiera pudiese ilustrarse directamente, Moreno instaló la Biblioteca Pública de la que fue fundador, presidente y protector, creada el 7 de setiembre de 1810.

Ya en ocasión de la conjuración de Córdoba, pidió que fuesen remitidos a Buenos Aires los libros que habían pertenecido a los ajusticiados, así como los que fueron propiedad de los jesuitas.

También solicitó una lista de los libros dejados por éstos en el Norte, para seleccionar el mejor material.

A todo esto se sumaron las donaciones particulares de libros e instalaciones.

Para que funcionara la biblioteca, le proporcionó una casa y se nombró a dos bibliotecarios rentados.

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• Obra social, económica y administrativa

En el Plan de Chiclana se especificaba que los cargos públicos serían conferidos a los americanos, para demostrarles que la Revolución no los humillaba, que cada uno debía surgir de acuerdo con sus propios méritos.

Algunos cargos se ocuparon por concurso, pero siempre que los funcionarios fueran hombres honestos y capaces.

Se trató de mejorar la condición de los indios con lo que se obtuvo su concurso militar y político; Castelli concedió derecho de sufragar a los del Alto Perú.

Se dispuso el levantamiento de un censo, en agosto de 1810.

Moreno trató de promover la inmigración, para que evolucionasen la industria y el comercio, siempre que los extranjeros no pretendieran dominarnos.

Por razones de política, en adelante los españoles no serían designados para ocupar empleos públicos.

Se resolvió redactar un nuevo reglamento de comercio de carácter liberal, pero cuidando que beneficiase al país y que en ningún caso lo pusiera en situación de dependencia del extranjero.

Para facilitar el comercio de ultramar, se abrieron los puertos de Maldonado, Río Negro y Ensenada, medidas que fueron calurosamente recibidas.

En varios decretos sobre honores y etiqueta, se puso de manifiesto la tendencia democrática de Moreno; así en nota enviada al Cabildo de Mendoza, ordenaba que en sus relaciones con el teniente de gobernador “deberá (el Cabildo) abstenerse de etiquetas que siempre causan embarazo en el servicio”.

También censuraba a Ortiz de Ocampo “por haberse adjudicado honores y tratamiento de capitán general”.

Todos estos no son sino antecedentes de las disposiciones que dió en el decreto de honores el 6 de diciembre.

LA DIFÍCIL EVOLUCIÓN POLÍTICA DE 1810 A 1815

La revolución planteó en América la lucha entre liberales y absolutistas que se venía desarrollando en Europa desde tiempos de la Revolución Francesa, una de cuyas derivaciones será la guerra de la Independencia.

El liberalismo impulsaba el establecimiento de un nuevo régimen basado en la soberanía popular y la división de poderes, que garantizase los derechos de los ciudadanos y su participación en el gobierno.

Podía adoptar la forma de monarquía constitucional, como Gran Bretaña, o de república, como los Estados Unidos.

Una constitución debía organizar las instituciones, garantizar las libertades y la forma de participación de los ciudadanos en el gobierno.

El absolutismo se proponía mantener el antiguo régimen basado en la autoridad suprema del rey, centro de la nación y de quien emanaba todo derecho.

Aspiraba a mantener los privilegios de algunos sectores de la sociedad, como la nobleza y el alto clero, evitar las formas de participación del pueblo y las garantías constitucionales.

Concebían América como una colonia al servicio de la metrópoli.

Entre 1810 y 1815 la revolución pasó por una etapa de inestabilidad y búsqueda de nuevas formas institucionales que asegurasen el paso del antiguo régimen al nuevo: juntas, triunvirato y directorio.

Los criollos que asumieron el poder carecían de experiencia en los asuntos de gobierno.

La situación fue más difícil porque surgieron serias disidencias dentro del partido revolucionario: algunos se manifestaron partidarios de un sistema fuertemente centralizado en la capital, mientras otros sostenían los derechos de los pueblos a participar en las decisiones de gobierno.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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Enlace Externo:Revolución del 25 de mayo de 1810

Poesias Sobre Guerra de Malvinas y Sus Soldados de Martha Arias

Poesias Sobre Guerra de Malvinas y Sus Soldados de Martha Arias

Al día en que los soldados argentinos izaron en las  islas Malvinas, la celeste y blanca. 

 • POESIA 1: DESEMBARCO EN MALVINAS.

Martha Dora Arias, abril de 1992 

No es historia. Es hoy, es hoy que gritan

al mundo del oriente y occidente

que vuelven a ser Patria.

 

¿Quiénes gritan?

Dos islas argentinas: las Malvinas.

 

¿Qué expresa ese grito tan potente

que osó cruzar océanos, montañas

y remover conciencias y razones

de otras tierras extrañas?

 

Ese grito de abril, tan argentino,

tan lleno de paciencia – Dios lo sabe –

tan viejo y repetido

como el vuelo del ave

 

Ese grito sentido que hoy explota

en los pechos de jóvenes soldados

 y se hace voz de canto

en nuestros niños

y lamento de honor

en los ancianos

 

expresa vivamente que la Patria,

en su adultez sin prisa

y en su soberanía,

se afianza con firmeza

después de dar bandera a las Malvinas.

¿De dar bandera?     Pero ¿qué bandera?

La de Manuel Belgrano,

la argentina.

————-  00000 ————

POESIA 2: MIENTRAS ESPERAN 

                                      Martha Dora Arias 1984

En medio del mar
lejos y escondidas
golpeadas por olas
y brisas marinas
históricas islas
esperan su turno
envueltas en bruma,
solas y perdidas.

 Y mientras esperan
le cuentan al viento
al faro prendido
al sol y  la lluvia
a la luna llena
y a las Tres Marías
y  al avión lejano
que ruge en el cielo
y al barco que pasa
entre las toninas…
le cuentan le cuentan
le siguen contando
que son argentinas
que son argentinas.

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POESIA 3: MALVINAS A UMBRALES DEL SIGLO XXI

                                           Martha Dora Arias 1989

En el océano Atlántico del sur
soñando una esperanza
Soledad y Malvina se parecen
a dos tristes princesas solitarias.

El pelo oscuro de las dos hermanas
enredado en las rocas y la bruma
en árido contraste se recorta
del azul infinito y de la espuma.

Por faldas, las cautivas ostentan pajonales
con guardas de gaviotas y corales.

Debajo de las aguas argentinas
que cubren los pies de las princesas
asoman sandalias imperiales
que amarran sus  tobillos
con  británicas algas.

Un séquito de focas y ballenas
refuerza desde lejos con su voz, la fiel causa
y  por las noches negras y brumosas
intenta desatarlas.

Pero es en vano
Las dos islas ¡pobres¡
no pueden ser libradas.

Solo las almas jóvenes
de los dignos soldados caídos en Malvinas
refuerzan con su espíritu
la gracia soberana de esa tierra argentina.

En el océano Atlántico del sur
custodiadas por cruces argentinas
suspiran por  un  príncipe valiente,
Soledad y Malvina.

————-  00000 ————

POESIA 4: AL 2 DE ABRIL DE 1982

                                     Martha Dora Arias – 1983 

Ganar una guerra no exige tan solo ser dueño de aviones, naves y estrategias
o lanzar modernos misiles cargados
de espesa y oscura violencia.

Ganar una guerra no es atar las manos de un país tranquilo
que su trigo siembra
ni es bloquear los mares – coartando derechos de otras banderas-
que, rompiendo vientos,
viajan o comercian.

 Imponer colonias no es ganar la guerra pero es atropello que aviva trincheras
y templa el espíritu del pueblo argentino
dispuesto y confiado para la pelea.

Ganar una guerra no es mostrar al mundo bagaje de orgullo
y de ruin soberbia,
ni es la indiferencia por la diplomacia camino del triunfo
para los imperios que usurpan las tierras.

 Programar boicot  no es ganar la guerra pero es el estímulo
de Latinoamérica
que aprieta sus manos en un lazo fuerte  de unión verdadera.

 Arrasar convenios, romper los tratados y burlar acuerdos
no es ganar la guerra
pero son certeros  disparos que agobian
la espalda del país que reza.

 Metrallar de lleno naves hospitales
y hundir sin entrañas barcazas pesqueras
es luto gratuito como el de los kelpers
– hermanos perdidos de raza –
que allá en las Malvinas hace un siglo esperan.

 Disfrazar con saña de hospital los barcos
y vestir con rojas cruces al Canberra…
la acción más mezquina, cobarde, inhumana.
Más cosas requiere ganar una guerra.

Es indispensable la Luz que ilumine y aliente en las almas coraje y cautela.
La Luz que salpique fe valor mesura, la Luz que derrame paciencia
para que Argentina, desvalorizada por la flema inglesa,
en paz y en justicia doblegue las trenzas
de la nación rubia, pasional y altiva llamada Inglaterra.

 Y si así no fuere, y si así no fuere… que Dios y la historia juzguen a Bretaña
y al aliado fiel, por los disvalores que guiaron su guerra.

Martha Dora Arias – 1983

Poesia de Martha Dora Arias, abril de 1992 

Ver: Poema de Martha Arias Sobre el Árbol

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Cruce de los Andes:Organizacion del Plan Continental de San Martin

Cruce de los Andes de San Martin:Organizacion del Plan Continental

ANTECEDENTES, PORQUE CRUZAR LOS ANDES:

La creación del Ejército de los Andes, y todas sus consecuencias, constituyó un hecho único e inédito en la historia militar argentina.

José de San Martín, que había regresado a su patria en 1812, fue encargado por el gobierno argentino (Primer Triunvirato) de la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo.

Con esta fuerza dio una acabada prueba de idoneidad y competencia con la victoria obtenida en la batalla de San Lorenzo el 3 de febrero de 1813.

Con ella se detuvo las incursiones españolas en los ríos interiores y posteriormente el Directorio se convenció de la necesidad de crear una escuadra argentina que mantuviera el dominio de aquéllos.

General José de San Martin

Al fracasar la segunda expedición al Alto Perú, al mando del general Manuel Belgrano, con la derrota de Ayohuma (véase) del 14 de noviembre de 1813, el gobierno de Buenos Aires decidió enviar a San Martín en refuerzo de aquélla, y poco tiempo después el Director Supremo Posadas lo nombró jefe titular del Ejército Auxiliar del Perú.

Al hacerse cargo de esta misión y mientras reorganizaba a las deshechas fuerzas del norte en Tucumán, San Martín comprendió, con claridad meridiana, la verdadera situación existente con respecto a la causa de la independencia.

El principio revolucionario de Mayo había tratado solamente de rescatar los territorios que hasta entonces habían pertenecido al Virreinato del Río de la Plata y que habían sido ocupados por los españoles (Chile, Alto Perú, Montevideo).

Pero el baluarte principal de la dominación realista se hallaba en Lima y allí se debía llegar, cuanto antes, para garantizar la independencia de las Provincias Unidas.

Pero, ¿cómo llegar al corazón del Virreinato de Perú?.

Sólo habían dos caminos para eso: el del Alto Perú, que había sido utilizado desde 1810 hasta la fecha en forma estéril; el otro, el de Chile, a través de cruce de la Cordillera de los Andes, liberando primero a este para seguir luego por el Pacífico hacia Lima y tomarla.

DIRECTORIO DE PUEYRREDÓN

Cruce de los andes Plan Continental pueyrredonEl período de gobierno de este distinguido patriota, fue uno de los más agitados de la historia patria.

Los caudillos del litoral a quienes se unió el chileno Carrera, se habían rebelado.

Los portugueses invadieron la Banda Oriental. Güemes mantenía una autonomía recelosa en el norte.

Los federalistas porteños combatían tenazmente al gobierno.

Pueyrredón descendió apresuradamente desde Tucumán, y entró en Buenos Aires el 29 de julio.

A su paso por Córdoba acordó con el gran capitán la preparación de la campaña de los Andes.

En la Capital la oposición le hacía una guerra encarnizada que no se paraba ni en calumnias ni en conspiraciones. Pueyrredón alcanzó a mandar a su jefe, el general Soler, al ejército de San Martín.

Como el coronel Dorrego continuara en la lucha, lo detuvo y lo embarcó hacia las Antillas. Ante la amenaza de un complot, el director expulsó del país, enviándolos a los Estados Unidos, a los demás exaltados revolucionarios.

Estas terminantes medidas y las derrotas sufridas por Artigas, al mismo tiempo que San Martín vencía en Chile, desbarataron a los opositores y consolidaron la posición del gobierno.

EL EJERCITO LIBERTADOR – EL PLAN DE SAN MARTÍN

San martinLa experiencia había demostrado con toda su crudeza, la imposibilidad de decidir la guerra de independencia por el Alto Perú.

Cuando los españoles avanzaban y se apartaban de sus bases de aprovisionamiento eran derrotados (Suipacha, Tucumán, Salta) y cuando los patriotas se alejaban de las suyas, sufrían los mismos desastres (Huaqui, Vilcapugio, Ayohuma, Sipe-Sipe..).

El genio concreto de San Martín lo vio y lo afirmó categóricamente, y señaló el único medio de llegar a una definición en la interminable guerra. A Godoy Cruz le decía:

«La patria no hará camino por este lado del norte… ya le he dicho a usted mi secreto: un pequeño ejército y bien disciplinado en Mendoza para pasar a Chile y acabar allí con los godos… Aliando las fuerzas pasaremos por el mar para llegar a Lima. Ese es el camino y no este». San Martín en Cuyo. – Después de retirarse del ejército del Norte, San Martín fue nombrado (10 de agosto de 1814) gobernador intendente de Cuyo.

Es admirable la compenetración de ideales entre el gran capitán y el generoso pueblo cuyano. Sobre la base del cuerpo auxiliar de Chile y de los batallones cívicos de la provincia, San Martín comenzó a levantar su aguerrido ejército.

Pidió por bando la incorporación de voluntarios de Buenos Aires.

El director Pueyrredón le fue remitiendo nuevos cuerpos reclutados, se reorganizaron los batallones de chilenos emigrados, se libertaron esclavos para servicios auxiliares.

El ingeniero Álvarez Condarco intensificó la extracción de los materiales necesarios para la fabricación de municiones.

Fray Luis Beltrán organizó la maestranza y el parque del ejército. Pueyrredón y la provincia de Cuyo proveyeron los equipos, transportes y vituallas.

El 19 de agosto de 1815 el ejército de los Andes con sus 5.400 soldados disciplinados y aguerridos, fue oficialmente constituido por el director del Estado, nombrándose general en jefe al general San Martín.

Como preparación de la campaña San Martín organizó una hábil red de espionaje, de informaciones desorientadoras y de falsas alarmas, que llamó guerra de zapa.

El Ejército Realista. 

Gobernaba la capitanía general de Chile, el mariscal don Francisco Casimiro Marcó del Pont.

Su ejército había sido debilitado por el envío de 1.400 hombres al Alto Perú.

Además la campaña de corso realizada por Brown en el Pacífico, había cortado sus comunicaciones con el Perú y alarmado y desorientado sus costas.

Ante la proximidad de una invasión por la cordillera, que ya veía venir, se apresuró a organizar un ejército reclutando nativos de su capitanía.

Llegó así a reunir unos 5.020 hombres con 33 piezas de artillería.

EL PASO DE LOS ANDES

Antes de partir San Martín declaró a la Virgen del Carmen patrona del ejército y dirigió una despedida agradecida y afectuosa al pueblo de Cuyo, patriota y generoso.

A fines de enero de 1817, San Martín se dispuso ya para atravesar la cordillera andina.

Seis fueron los pasos por los que decidió franquearla.

Cruce de los andes Plan Continental

El grueso del ejército se dirigió por la ruta de Los Patos bajo su mando y el de O’Higgins y Soler; y por la ruta de Uspallata a las órdenes del coronel Las Heras.

«Sin que fallara una sola de las previsiones de San Martin, tanto en lo que respecta a la simultaneidad de la invasión en un frente de 800 kilómetros, como en la precisión de todos los movimientos y en la reunión final de las fuerzas principales, fue franqueada en 20 días la gigantesca mole de los Andes».

Batalla de Chacabuco. 

Esta victoria fue el fruto de la genial preparación estratégica y de la realización del paso de los Andes.

Cuando San Martín estaba a las puertas de Santiago, Marcó del Pont empezaba a concentrar sus tropas sin atinar aún con el sitio por el que seria atacado.

Pretendió defender la entrada del valle de Aconcagua, pero el día 12 de febrero fue desalojado por un ataque de sorpresa.

Se retiró entonces al norte de la hacienda de Chacabuco para defender el camino a la Capital.

El mando del ejército fue entregado al brigadier Rafael Maroto.

La hacienda de Chacabuco, está situada en una hondonada a la que se llega por dos sendas viniendo del Aconcagua: la de la cuesta vieja y la de la nueva.

La senda de la cuesta vieja va a dar directamente en el frente de la hacienda, y la de la nueva se desprende de la anterior y bordeando por el oeste los cerros termina detrás de esa misma estancia.

Maroto se situó al norte de la estancia de Chacabuco, protegiendo el camino principal de la cuesta vieja, pero sin reparar (inexplicablemente), que el enemigo podía rodearlo y atacarlo por su retaguardia.

O'HigginsEste es el error que aprovechó San Martín y que le dio la victoria.

Mandó a O’Higgins (imagen) cargar sobre el enemigo por el frente pero sin emplearse, solamente para entretenerlo y aferrarlo.

Entre tanto Soler, marchando por la cuesta nueva, llegaría sobre la retaguardia realista y Maroto sería tomado entre dos fuegos.

O’Higgins dejándose llevar por su enardecimiento, atacó a fondo sin esperar a Soler y estuvo a punto de comprometer la victoria.

Rechazado en un primer impetuoso intento, volvió a cargar cuando Soler aparecía por el sudoeste (urgido por San Martin). Los realistas resistieron en ese flanco izquierdo durante una hora, encarnizadamente.

Pero fueron completamente batidos y se desbandaron perdiendo más de 1.200 hombres y dejando su artillería, parque y almacenes en el campo de batalla.

Maroto que intentaba huir fue tomado prisionero, y San Martín dos días después de la victoria (14 de febrero) entró en la Capital, modestamente y sin ninguna pompa.

Al día siguiente fue convocado un Cabildo abierto. Nombrado San Martín director supremo del Estado de Chile, rechazó ese alto honor y en un nuevo Cabildo fue entonces designado don Bernardo O’Higgins.

El libertador mantuvo el mando en jefe del ejército argentino-chileno.

Campaña al Sur de Chile

El cansancio de las tropas impidió a San Martín perseguir a los realistas hasta su aniquilamiento.

Pudieron estos rehacerse en el sur, donde contaban con numerosos partidarios, recibieron refuerzos desde el Perú y afirmándose en sus montañosas regiones, prolongaron su resistencia por un año más.

Pareció en un principio esta resistencia, consecuencia lamentable de un descuido o de una falta de previsión de San Martín, pero el tiempo le dio la razón.

A los pocos días de ocupar a Santiago, el general San Martín dio orden para que una división marchará hacia el sur a completar la victoria con la persecución del enemigo.

La dificultad de aprovisionarla la retardó hasta el de 3 de marzo.

En esas serranías la marcha fue lenta y difícil.

coronel Las HerasEl coronel Las Heras (imagen) que la mandaba partió con sus 1.300 hombres casi sin caballos.

Irritado O’Higgins por la lentitud de esa marcha, llegó a acusar al jefe argentino de negligencia y abandono y hasta pretendió juzgarlo militarmente.

Finalmente se decidió a ir él mismo a dirigir la campaña. Sin embargo Las Heras se había comportado valientemente.

A principios de abril había acampado en la hacienda de Curapaligue, a 20 kilómetros de Concepción.

El jefe de la plaza de Talcahuano, Ordoñez, le atacó en la noche del 5, sabiendo que O’Higgins acudía con nuevas tropas.

Las Heras le rechazó con graves pérdidas y luego siguió avanzando. Ocupó a Concepción y puso sitio a Talcahuano, fortificándose en el cerro Gavilán.

El 5 de mayo el tenaz Ordóñez volvió a atacar a los patriotas . Cuando la victoria estaba ya decidida apareció la vanguardia de O’Higgins que la completó.

El director chileno asumió el mando de todas las fuerzas sitiadoras.

Había tardado en llegar más tiempo aún que Las Heras. Sitio de Talcahuano. 

O’Higgins fue conquistando poco a poco los fuertes que defendían la zona de Talcahuano.

En el mes de julio intentó un asalto a la plaza pero se retiró sin empeñarse.

El tiempo pasaba frente a la plaza fuerte. O’Higgins impaciente se determinó a tomarla por asalto el 6 de diciembre.

Siguieron el plan del oficial francés Brayer, que se había agregado al estado mayor. Este impuso un ataque frontal en el punto más fuerte de la defensa.

Ordoñez tenía unos 1.700 hombres y 130 cañones, y algunas naves en la bahía.

El asalto comenzó cerca de las 3 de la mañana.

Las Heras alcanzó a apoderarse del Morro de la izquierda. Pero los patriotas que se habían embarcado para apoderarse de unas naves en la bahía de San Vicente y envolver al enemigo, debieron volver diezmados. No le cupo mejor suerte a las fuerzas que atacaron en el flanco derecho.

O’Higgins viendo la inutilidad del sacrificio de Las Heras que continuaba en su posición, dio la orden de retirada.

La acción les había costado a los patriotas cerca de 500 hombres, entre muertos y heridos. Cancha Rayada.

San Martín había ido a Buenos Aires para tratar con el director Pueyrredón la continuación de la campaña hasta Lima.

Volvió en el mes de mayo y con todo su empeño se dio a la preparación del ejército libertador, estableciendo en las Tablas un campamento semejante al del Plumerillo.

A fines de 1817 contaba con 9.000 hombres perfectamente disciplinados y armados.

El virrey Pezuela decidido a no perder la capitanía de Chile y a anular así la expedición de San Martín, que ya preveía, mandó a este territorio un fuerte ejército de 3.300 hombres al mando del general Osorio.

Estas fuerzas desembarcaron en Talcahuano a mediados de enero de 1818 y unidas a las de Ordóñez formaron un ejército de 5.000 hombres. San Martín dio orden a O’Higgins de replegarse y al ejército del norte de descender.

Osorio emprendió muy tarde la persecución de O’Higgins y en vez de hacerlo con rapidez por mar, utilizando la escuadra, eligió el largo y penoso camino terrestre.

Los dos cuerpos del ejército patriota se encontraron el 12 de marzo en Chimborango.

Desde ese momento la superioridad volvía a estar de su parte.

San Martín fue en busca del enemigo, pero este retrocedió evitando el encuentro. Perseguido de cerca, Osorio se vio obligado a aceptar el combate. Formado en batalla acampó en las proximidades de Talca.

Su situación era desesperada pues tenía a sus espaldas el río Maule.

El coronel Ordoñez impuso su decisión de atacar a los patriotas esa misma noche por sorpresa (19 de marzo).

El ejército de San Martín había acampado al pie de los cerros de Baeza.

A las 21 las tropas de Ordóñez avanzaron sigilosamente en tres columnas.

San Martín había sido avisado por un espía del próximo ataque y estaba efectuando un cambio de frente.

El ejército patriota fue sorprendido en plena maniobra y dispersado sangrientamente.

Sin embargo Las Heras tomó el mando del ala derecha patriota que como ya había efectuado el cambio previsto quedó intacta, y pasando por entre los mismos realistas, que en la confusión no lo advirtieron, se dirigió hacia el norte.

Al llegar al río Lircay, pudo comunicar a San Martín que se retiraba con 3.500 hombres. Osorio no persiguió a los patriotas y les permitió alejarse y rehacerse. Este error le costó la derrota de Maipú.

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Reglamento Militar en la Guerra de la Independencia

INSTRUCCIONES DEL LIBERTADOR DON JOSÉ DE SAN MARTÍN A SUS SOLDADOS

San Martín instruyó a su ejército antes de librarse la batalla de Maipú:

1- Cada soldado, para batirse, llevará cien tiros y seis piedras; la mitad consigo y la otra mitad detrás de su respectivo cuerpo.

2- Antes de entrar en batalla, se les dará una ración de vino o aguardiente, prefiriendo lo primero. Los jefes perorarán con denuedo a la tropa antes de entrar en batalla, imponiendo pena de la vida al que se separase de su fila, sea al avanzar, sea al retirarse.

3- Se dirá a los soldados, de un modo claro y terminante por sus jefes, que si un cuerpo se retira es porque el general en jefe lo ha mandado así por astucia.

4- Si algún cuerpo de infantería o caballería fuere cargado con arma blanca, no será esperado a pie firme, sino que le saldrá cincuenta pasos al encuentro con bayoneta calada o con sable.

5- Los heridos que no puedan andar con sus pies no serán salvados mientras dure la batalla, porque necesitando cuatro para cada uno, se debilitaría la línea en un momento.

6- Recomiendo a los jefes de caballería llevar a retaguardia un pelotón de 25 a 30 hombres para sablear a los soldados que vuelvan cara, así como para perseguir al enemigo mientras se reúne el resto del escuadrón. Siendo el carácter de nuestros soldados mas propio para la ofensa que para la defensa, los jefes no olvidaran que en el caso apurado deberán tomar la primera»

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BATALLA DE MAIPU

San Martín y O’Higgins entraron en Santiago y reanimaron a los patriotas.

Pocos días después habían rehecho un ejercito de 4.900 hombres.

San Martín impuso su determinación de atacar al enemigo, en una junta de guerra.

Osorio siguió avanzando y el 4 de abril acampó a 4 kilómetros de las fuerzas patriotas en la hacienda Lo Espejo. Los dos ejércitos se encontraron en los llanos de Maipú.

La batalla comenzó a mediodía del 5 de abril.

Batalla - Cruce de los andes

San Martín alcanzó a dividir el ala izquierda de los realistas y flanquearla. Ordóñez había logrado imponerse en su derecha.

Pero las reservas patriotas lo detuvieron y ante la amenaza de ser envuelto empezó a retirarse con orden.

Un nuevo ataque deshizo su formación y sus soldados huyeron hacia la hacienda Lo Espejo. Ordónez intentó todavía resistir allí, pero acorralado y diezmado debió entregarse.

En el campo de batalla quedaron 2.000 realistas y se tomaron 3.000 prisioneros con todo su armamento.

Importancia de Maipú en la emancipación continental. Por esta memorable victoria, Chile aseguró definitivamente su independencia.

El ejército realista del Alto Perú debió retirarse para acudir en defensa del Perú amenazado.

La primera etapa de la gesta sanmartiniana quedaba espléndidamente cumplida.

El libertador pudo preparar el último golpe a la dominación española en América del Sur, dando a su campaña una amplitud y una gloria continental.

Expedición a Perú

La victoria de Maipú al hacer posible la expedición libertadora del gran capitán dio a los aislados movimientos de emancipación la trascendencia de un plan continental, que tuvo su punto de convergencia en Guayaquil.

La empresa era obra de romanos.

Se debía crear una escuadra. Organizar y equipar un ejército poderoso y preparar armamentos para levantar otros en el Perú.

Y se debían, además, reducir los últimos focos realistas subsistentes en Chile que resistían aún con tenacidad española.

El director O’Higgins se encargó de la preparación de la escuadra y de la pacificación de su territorio.

Con la ayuda de Buenos Aires y las presas que el almirante Blanco Encalada abordó en varios cruceros, la escuadra fue una realidad.

El ejército surgía más lentamente. Pero la constancia y la sagacidad de San Martín llevó a los gobiernos hermanos de Chile y la Argentina, a firmar un acuerdo en febrero de 1819 que decidió en firme su preparación.

Entretanto el almirante Cochrane había realizado un crucero por el Pacífico en el que conquistó varias naves y pertrechos, y sobre todo, afirmó su dominio en el mar por el que debía cruzar la expedición.

La guerra civil del otro lado de la cordillera complicó la labor bélica del gran capitán.

El gobierno para sostenerse (como representante de una tendencia), requirió la ayuda de las tropas del ejército libertador.

Lo exigió primeramente Pueyrredón y a su caída, Rondeau.

San Martín mantuvo a sus tropas en el destino de su alto ideal de la independencia americana y no quiso convertirse en montonero.

Por el acta de Rancagua, toda la oficialidad le confirmó el mando, y el Senado y el pueblo chileno le nombraron generalísimo.

El 20 de agosto de 1820 el convoy del ejército libertador del Perú se hizo a la vela, conduciendo 4.300 hombres de desembarco.

En septiembre ancló en la bahía de Paracas.

Después de desembarcar, el general Las Heras ocupó el pueblo de Pisco. Los esclavos negros declarados libres acudieron a formar en las filas independientes.

El virrey Pezuela mandó un comisionado para tratar, pero no se llegó a ningún acuerdo.

San Martín reembarcó su ejército para operar en el norte y envió al general Arenales a incursionar y sublevar las sierras.

Este cuerpo obtuvo brillantes éxitos (principalmente en Paseo), y se mantuvo hasta fines del 1820.

Una orden mal transmitida le hizo abandonar la sierra, cuando sus victorias hubieran cerrado el cerco sobre Lima e impedido el retiro de los españoles a esas alturas.

San Martín desembarcó en Ancón, a 37 kilómetros de Lima, y luego se dirigió nuevamente por mar a Huacho (150 kilómetros). Desde allí ocupó el valle de Jauja. Las defecciones comenzaron a diezmar al ejército realista.

La capitanía de Quito se sublevó.

El sitio de Lima se hizo más estrecho, mientras Cochrane dominaba e incursionaba por el Pacífico.

La venida de un comisionado real estableció una tregua y se entablaron nuevas tratativas. San Martín se entrevistó personalmente con el virrey La Serna, en Punchauca.

No se llegó a ninguna conclusión y a principios de julio de 1821, San Martín reinició las operaciones.

El almirante Cochrane y el general Miller fueron mandados para realizar un crucero y alarmar las guarniciones costeras.

El almirante comenzó a levantar cabeza, y a pretender dirigir la campaña enemistándose con el jefe. Miller consiguió notables éxitos en Pisco y Anca y Taena, y Arenales volvió a la sierra.

Entretanto la situación de los realistas en la Capital se hizo imposible y el nuevo virrey La Serna, decidió evacuaría y retirarse a la sierra, de más saludable clima y de mejores recursos. Arenales bajó a la costa y San Martín ocupó la Capital.

El 14 de julio reunió un Cabildo abierto que declaró la independencia, y el 28, el libertador la proclamó solemnemente desplegando la bandera que él creara para el Perú.

La prosecución de la campaña y el orden y tranquilidad del nuevo Estado, movieron a San Martín a aceptar la petición unánime de que asumiera el gobierno. Tomó así, el título de protector del Perú.

bolivarEl virrey La Serna, más activo que Pezuela, envió sobre Lima un poderoso ejército al mando del general Canterac.

San Martín no tenía fuerzas con que oponérsele eficazmente, pero con una hábil maniobra logró dirigir a los realistas al Callao.

Los sitiados de la fortaleza se opusieron a las instrucciones que traía Canterac de derruir sus murallas y trasladar su armamento a la sierra.

Los pocos víveres con que contaban se consumieron prontamente.

El general español debió volver otra vez a reunirse con sus tropas y el Callao se rindió en septiembre de 1821.

El virrey contaba en la sierra con un ejército numeroso y aguerrido y con grandes recursos.

El libertador no podía concluir la campaña con sus solas fuerzas. Decidió, por lo tanto combinar sus planes con Bolívar que descendía victorioso desde el norte.

San Martín le había enviado anteriormente algunas tropas, que fueron parte muy principal en la victoria de Pichincha. La entrevista entre los dos grandes próceres tuvo lugar el 26 y el 27 de julio de 1822, en Guayaquil.

En las dos conferencias trataron los dos libertadores el problema de la terminación de la guerra sudamericana.

San Martín advirtió en seguida la ambición de su émulo a la gloria de coronar la independencia del continente sur.

Esta persuasión, el regateo intrigante de los recursos prometidos, la defección del almirante Cochrane que se había declarado en rebeldía, la desacertada política de su ministro Monteagudo y la impopularidad que comenzaba a producirle, y hasta algún complot descubierto en el ejercito, indujeron al gran capitán a retirarse.

Solo hubiera podido mantenerse apartándose del recto ideal de su glorioso destino, para descender a la mezquindad de las intrigas ambiciosas.

El gran capitán, para su gloria y la de su patria, eligió las alturas.

El 20 de septiembre instaló solemnemente el primer Congreso Constitucional del Perú y ante él se despojó indeclinablemente de la banda bicolor de protector.

En el ocaso de su poder, el libertador nació para la inmortalidad de la nacionalidad argentina.

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Primera Escuadra Naval Creada por Guillermo Brown

Primera Escuadra Naval Creada por Guillermo Brown

Brown simboliza toda la historia naval argentina, dice Bartolomé Mitre:

«No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes.

Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina».

almirante guillermo brown

Antecedentes:

Artigas se retira del Sitio: Por una serie de desavenencias, iniciadas en abril cuando los diputados orientales fueron rechazados por la Asamblea de 1813, , determinaron que Artigas se retirase del sitio a Montevideo el 20 de enero de 1814.

El director Posadas lo declaró fuera de la ley y puso a precio su cabeza, así como la de todos los jefes que le continuaran siendo adictos, por “traidores y enemigos de la patria”.

Artigas se dirigió a Belén (le fueron fieles, entre otros, Fernando Otorgués y Rivera) para procurar atraerse a Misiones, Corrientes y Entre Ríos.

Creación de la escuadra:

Brown: El retiro de Artigas significó el debilitamiento de las fuerzas que sitiaban Montevideo, que prolongaba su defensa merced a los recursos que recibía por el puerto.

Entonces el gobierno de Buenos Aires, decidió completar las acciones terrestres con un bloqueo efectivo por agua.

Para eso, era necesario crear una escuadra, pues desde la acción de San Nicolás  carecíamos de ella.

Fueron promotores de esta empresa, llevada a cabo durante el directorio de Posadas, Larrea (ministro de Hacienda), Alvear (que tenía influencias poderosas) y Guillermo Pío White (rico comerciante norteamericano, que invirtió en esto, toda su fortuna, muriendo pobre en 1842), que lograron convencer a Posadas de la necesidad de un bloqueo marítimo.

En menos de dos meses se formó y armó la escuadra destinada a luchar con los poderosos barcos españoles.

Para ello compraron algunas naves que se encontraban ancladas en el puerto y contrataron marineros de buques mercantes extranjeros, a los que se unieron soldados criollos.

Fue elegido para dirigir las operaciones, el marino mercante irlandés Guillermo Brown, residente en Buenos Aires, que dedicó el resto de su vida al servicio de nuestra patria.

Los realistas enterados de estos preparativos, organizaron una escuadra al mando de Jacinto Romarate, que se situó en la isla Martín García.

Brown zarpó de Buenos Aires y se dirigió a Martín García.

Tenía más barcos, pero peor tripulación y una mala posición ante el enemigo, que estaba protegido por una batería situada en tierra (marzo de 1814).

En un principio, los patriotas se encontraron en una situación crítica, pero merced a un audaz desembarco lograron poner en fuga a Romarate.

Brown dejó en la isla una guarnición y se dirigió a Colonia, pero no consiguió ayuda de Artigas y regresó a Buenos Aires.

Biografia de José Gervasio Artigas Caudillo Uruguayo – BIOGRAFÍAS ...

La acción de Martín García levantó el espíritu de los patriotas, que no consideraron ya tan temible a la escuadra realista; en adelante podrían enviar refuerzos a la Banda Oriental por agua, vía mucho más rápida que la terrestre.

Romarate se refugió en Arroyo de la China, donde recibió ayuda de los artiguistas.

Buenos Aires intentó negociar la paz para poder dirigir sus fuerzas contra Artigas y contra Pezuela, pero Vigodet, alentado por las victorias de Pezuela en el Norte y por la actitud de Artigas, no aceptó.

Entonces Brown, bloqueó Montevideo (abril de 1814).

Pero esta plaza no podía resistir sin ayuda exterior, y por eso intentaron romper el bloqueo con una escuadrilla al mando de Miguel de la Sierra.

Brown simuló huir para atraerlos mar adentro y cortarles la retirada, al mismo tiempo que anulaba la acción de las baterías que había en tierra.

Se libró entonces el combate del Buceo (en mayo) en el que fueron venciendo los realistas, que huyeron, perseguidos por Brown hasta Montevideo; los patriotas continuaron el bloqueo.

Cuando la cómoda posición patriota presagiaba el fin de las hostilidades, Rondeau fue reemplazado por Alvear, que llegó con refuerzos, intimando a Vigodet para que aceptara una capitulación, que fue firmada el 23 de junio de 1814.

Alvear entró en Montevideo, iniciando luego la lucha contra Otorguez ,artiguista, que estaba acampado en Las Piedras y que fue vencido.

En julio, Posadas elevó el gobierno militar de Montevideo a intentara colocar una autoridad fuerte frente a Artigas. Nicolás Rodríguez Peña fue nombrado gobernador intendente.

BROWN Y EL DOMINIO DEL RÍO DE LA PLATA:

La historia de nuestra Marina de Guerra prácticamente se inicia con el accionar de esta escuadra.

Tras el primer ensayo — aquella débil escuadrilla que al mando de Azopardo fue batida por las naves realistas frente a San Nicolás en 1811—, nuestros improvisados barcos de guerra sirvieron magníficamente a la patria a las órdenes del almirante Guillermo Brown.

Este extraordinario marino, irlandés de nacimiento, llegó al Río de la Plata un año después de la Revolución de Mayo.

Hombre de mar por vocación, ofreció sus servicios a las fuerzas patriotas.

Brown salió de Buenos Aires con sus barcos y desorientó a los marinos realistas.

Logró dividir su escuadra y obtuvo una primera victoria en el combate de Martín García.

Se presentó luego frente a Montevideo, y con hábiles maniobras atrajo a las naves enemigas lejos de la costa para evitar el fuego de las baterías de tierra.

Las venció finalmente en combates parciales el 16 y 17 de mayo de 1814, frente al Buceo.

El resultado fue decisivo.

Los realistas perdieron el dominio de las aguas y Montevideo quedó completamente cercada por los patriotas.

PARA SABER MAS…
LAS PRIMERAS FUERZAS NAVALES ARGENTINAS

Al triunfar la revolución de Mayo e instalarse el gobierno provisional, la situación naval apareció como claramente desfavorable: los leales a.

España conservaron en su poder la plaza rival de Montevideo y disponían allí de una. considerable flotilla integrada por unas treinta naves de mediano y pequeño porte que hostigaron a la ciudad de Buenos Aires e incursionaron por los ríos litorales en los primeros meses de la guerra por la Independencia.

El gobierno revolucionario, por su parte, contaba con pequeñas embarcaciones de escaso valor real.

Entre fines de 1810 y principios de 1811 se trató de subsanar esa situación encomendando la tarea al vocal de la Junta Grande Francisco de Gurruchaga (ex combatiente en Trafalgar bajo el mando de Cisneros).

Acondicionó embarcaciones precarias y recurrió principalmente a marinos de origen extranjero, y así logró armar una pequeña escuadrilla: la goleta «Invencible», el bergantín «25 de Mayo» y la balandra «Americana».

Los comandaba el maltes Juan B. Azopardo y entre sus jefes se hallaba el francés Hipólito Bouchard.

En conjunto sumaban 200 tripulantes y 33 piezas de artillería.

Pero fueron derrotados por una fuerza española más potente en San Nicolás (marzo de 1811).

Mejor suerte le correspondió a la fuerza naval organizada en 1814 con destino al segundo sitio de Montevideo: conducida por el irlandés Guillermo Brown, la flamante marina argentina logró el dominio del estuario y batió exitosamente a los realistas en el combate de El Buceo (14 al 17 de mayo de 1814).

En su parte al gobierno, Brown -tras reseñar los accidentes de la lucha y las bajas causadas al enemigo– afirmó;

«Creo que de este modo las armas de la Patria han alcanzado completa victoria sobre una fuerza muy superior…».

Esa «completa victoria» hizo así posible la captura de Montevideo, que fue estimada por José de San Martín como la mayor victoria obtenida hasta entonces por las armas emancipadoras.

El factor naval fue también decisivo en la posterior expedición libertadora de San Martín al Perú.

La guerra de corso, recurso habitual en la época, fue también empleada contra la navegación realista.

Las acciones más destacadas en este sentido fueron obra de los ya citados Brown y Bouchard. E

ste último, al mando de la fragata «La Argentina», realizó un viaje en torno del globo hostilizando el tráfico enemigo en el Pacífico.

El gobierno concedió también patentes de corsario a marinos extranjeros que llevaron la guerra a España bajo pabellón celeste y blanco, sin haber tocado siquiera el puerto de Buenos Aires (fue el caso de los norteamericanos que operaron, por ejemplo, desde Baltimore).

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

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Biografia de Mariano Moreno:Ideas Politicas, Educativas y Pedagogicas

Biografia de Mariano Moreno:Ideas Politicas, Educativas y Pedagogicas

Abogado e intelectual brillante, formado con las ideas de los enciclopedistas y filósofos franceses, Mariano Moreno estaba imbuido de la ideología revolucionaria que por entonces agitaba a Europa y a toda América.

En la Primera Junta de Gobierno impulsó cambios en la organización política y económica del sistema colonial rioplatense.

Fue al mismo tiempo alabado y criticado por sus férreas decisiones políticas, como la ejecución de Liniers.

Renunció a su cargo en la Primera Junta a causa de los profundos desacuerdos que mantenía con el Presidente.

Fue fundador del periódico La Gaceta de Buenos Aires.

Mariano Moreno Politico Argentino

• ►MARIANO MORENO

Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) llega a Buenos Aires en 1776 y se casa con doña María del Valle, porteña; este matrimonio tiene 14 hijos y Mariano fue el mayor.

Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos.

Por dar muestras de estudioso y talentoso el franciscano Fray Cayetano Rodríguez le brindó su amistad y puso a disposición la biblioteca del convento. Estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca.

En 1801 se casa en Chuquisaca con una joven del Alto Perú y en 1805 nace su primer hijo también llamado Mariano.

De regreso a Buenos en 18O9 escribe un documento de gran notoriedad «La representación de los hacendados«, en el que abogaba por la libertad de Comercio.

Este documento se difundió rápidamente por todo el virreinato. Más tarde es nombrado relator de la, Real Audiencia, cargo que desempeñaba en mayo de 1810.

Constituida la Primera Junta de Gobierno, es Moreno el alma de la misma en su carácter de secretario, teniendo también la dirección de los departamentos de gobierno, de guerra y relaciones exteriores.

Organiza los ministerios, abrevia los trámites y duplica las horas de trabajo.

Redacta LaGaceta de Buenos Aires, periódico que nació con el nuevo régimen.

Funda la biblioteca pública y se le debe también el establecimiento de una academia de instrucción militar y de matemática para los oficiales, que debían no sólo ser valientes, sino también doctos.

Crea una fábrica de armas y se preocupa asimismo de los intereses de la industria y el comercio.

Decreta la rehabilitación de los puertos de la Ensenada del Barragán y de Patagones (Río Negro).

Dicta la providencia para el arreglo de los caminos y el adelantamiento de las poblaciones.

Cuando desempeña estas funciones cuenta sólo con 33 años y es tanto su prestigio que despierta recelos dentro y fuera del gobierno.

Con motivo de la disposición de incorporar a la Junta nueve diputados de las provincias se produjo un desacuerdo, a raíz del cual Moreno, para evitar desconfianzas presenta la dimisión de su cargo «convencido de haber cumplido con su deber».

Saavedra choca fuertemente con su política.

A los pocos días de su renuncia la Junta le confía la misión de ir a Inglaterra en calidad de Ministro Plenipotenciario, para cimentar las relaciones de amistad con el gobierno inglés.

El 24 de enero de 1811 zarpa rumbo a Londres y fallece durante la travesía. Su deceso se registra el 4 de marzo de 1811, al amanecer, en alta mar.

Cuando el Coronel Saavedra, su adversario, se entera de la noticia, dice aludiendo al genio ardiente del extinto y a su sepultura en el mar: «Era menester tanta agua para apagar tanto fuego».

Se supone que las causas de su muerte fueron una lesión cardiovascular de origen reumático.

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La Semana de Mayo

14 Mayo: A Buenos Aires llegan noticias sobre la rendición de Gerona y la disolución de la Junta

22 Mayo: En el Cabildo Abierto se vota por un gobierno integrado por una Junta

23 Mayo: El Virrey Cisneros cesa en su mando. Se integra una Junta provisoria

24 Mayo: Los criollos obtienen la anulación de la Junta provisoria que integraba el ex Virrey

25 Mayo: Jura la nueva Junta de Gobierno, integrada por los patriotas

28 Mayo Contrarrevolución en Córdoba, Liderada por Liniers. Posterior derrota de los sublevados

25 Agosto: Fusilamiento de Liniers

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LA PRIMERA JUNTA DE GOBIERNO:
Problemas Internos entre Moreno y Saavedra:

El conflicto nace fundamentalmente  por un choque de distintas ideologías.

Saavedra, un rico hacendado y líder militar nacido en Potosí, creía que las cosas debían hacerse paso a paso.

Semana de Mayo de 1810 Resumen, Actas Capitulares y ...

Moreno, joven abogado que reivindicaba los ideales de la Revolución Francesa, pensaba que los enemigos del movimiento de mayo de 1810 debían ser eliminados.

Los revolucionarios porteños optan por derrocar al virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros«devolver los derechos de soberanía al pueblo de Buenos Aires».

El Virrey Cisnero en el Rio de la Plata-Política de Gobierno y ...

Pero el problema de construir un nuevo orden político apenas empieza.

Otros cabildos virreinales se sienten en igualdad de condiciones con el de Buenos Aires y desconocen la autoridad del cabildo de Bs. As.

«Moreno cree que es legítimo construir una república independiente de España, fundada en una constitución, con los principios de igualdad y libertades públicas que aprendió de la Revolución Francesa.

La Primera Junta anuncia el 26 de mayo la convocatoria a representantes del interior del Virreinato para un Congreso Constituyente que decidirá la forma de gobierno.

¿Pero esos diputados elegidos por los cabildos entre la »parte principal y más sana de la población» debían representar a sus ciudades o a un poder centralizado, único dueño de la soberanía?».

Además:

«Saavedra cree que las ciudades son soberanas y sus diputados, delegados de sus cabildos.

No se opone al ideal de independencia, pero sigue la tradición hispano-colonial: hay tantas soberanías como ciudades en el Virreinato.

Pero Moreno trae el nuevo concepto de soberanía popular basado en Rousseau —el filósofo francés autor del Contrato Social— que sustentará la tendencia a crear un Estado unitario».

El 8 de diciembre, Moreno publica su «decreto de supresión de honores» que le quita a Saavedra el mando de las acciones militares y se lo devuelve a la Primera Junta, pero es la aceptación de los diputados del interior en la Junta Grande lo que derriba a Moreno, ese mismo diciembre.

Moreno y los vocales de la Junta creen que los diputados del interior —aliados de Saavedra— deben integrar un Congreso Constituyente, pero no gobernar.

«Considero la incorporación de los diputados contraria al derecho y al bien general del Estado», dice Moreno, quien acepta una misión diplomática en Inglaterra y muere en marzo de 1811.

Los morenistas se agrupan en un club —antecedente de la Sociedad Patriótica creada por Bernardo de Monteagudo en 1812— que presionará a Saavedra.

En abril de 1811 los alcaldes de barrio dirigen un levantamiento en apoyo de Saavedra.

Los morenistas que aún quedaban en la Junta Grande son expulsados».(Fuente Consultada: Clarín)

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Anécdotas de la Historia Argentina: Mariano Moreno y la Revolución

Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de setiembre de 1778.

Tuvo desde niño la pasión de la lectura y rehuía la ocasión de distraerse con otros jóvenes, dice su hermano Manuel.

En noviembre de 1799, a los 21 años de edad, viajó a Chuquisaca para ordenarse sacerdote. Su madre tuvo que vender sus alhajas para pagar los gastos de la travesía.

En Chuquisaca casó el 20 de mayo de 1804 con María Guadalupe Cuenca, de 14 años de edad.

El novio tenía 25 años.

En la nutrida biblioteca del canónigo Terrazas leyó a Rousseau, cambiando su destino:

No se hizo eclesiástico sino abogado.

Su bufete profesional fue el más renombrado de Buenos Aires en la época y sus mejores clientes fueron los comerciantes ingleses de la plaza.

Dice Enrique W. Alzaga que Moreno era un neurótico, con períodos de gran depresión y con arranques de singular entereza al mismo tiempo.

Vicente Fidel López afirma que Moreno estaba sujeto a insomnios terribles, en los que se veía rodeado de enemigos, asechado con puñales y arrastrado a la horca.

Tenía una naturaleza nerviosa, con entusiasmos fanáticos y vagaba en las tinieblas de mil inquietudes indefinidas, asaltado por dudas sobre la seguridad de su persona y de los destinos de la causa a la que estaba entregado.

Cuenta su hermano Manuel que Mariano salía poco de su domicilio, apenas para ir y venir del Fuerte donde tenía su despacho; lo hacía con dos pistolas en el bolsillo y custodiado por un grupo de amigos.

Al final de la jornada del 22 de mayo de 1810, Vicente López y Planes vio a Moreno, sentado pensativo en un rincón del Cabildo, pálido y fatigado: “Qué dice mi estimado doctor?. . . «, le preguntó.

Mariano Moreno contestó: “Qué voy a decir, que los godos nos van a colgar a todos… estamos entregados, ya verá y pensar que yo vine porque me cargoseó ese majadero de Martín Rodríguez”.

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Pensamiento Mariano Moreno Ideas Pedagógicas

► IDEAS EDUCACIONALES DE LOS HOMBRES DE MAYO

El movimiento de Mayo no pudo influir poderosamente en nuestra educación, en los primeros momentos, pues éste, más que una revolución que implicara profundas alteraciones de pensamientos u hondos desequilibrios sociales, fue un proceso que, iniciado en la segunda mitad del siglo XVIII, se había venido gestando lentamente.

Producida la Revolución, y con ella el cambio de régimen político, los años subsiguientes no fueron propicios para iniciar intensas reformas pedagógicas.

Otras preocupaciones de orden político y militar, solicitaban la atención de los gobernantes, los cuales procuraron, sin embargo, atender al problema educacional, ya que en su solución veían el medio de lograr la felicidad del pueblo y de enseñarle a practicar sus nuevos derechos.

Las doctrinas filosóficas que habían inspirado la revolución se tradujeron en algunos intentos pedagógicos.

Así, como expresión de la concepción iluminista, se trató de extender la acción de la escuela a la masa del pueblo.

De acuerdo con las doctrinas de los fisiócratas, se crearon escuelas de enseñanzas especiales, y el Triunvirato intentó mejorar la situación de los obreros, obligando a los artesanos a iniciar a los nativos en los secretos de sus respectivos oficios.

Por su parte, el liberalismo filosófico de los ideólogos se introdujo en las enseñanzas dadas en el Colegio de la Unión del Sud y en el de la Santísima Trinidad.

Influido por las obras de los fisiócratas, había luchado con éxito, desde los tiempos de la colonia, para conseguir la libertad de comercio para los criollos, defendiendo a los productores de la campaña en su célebre Representación de los hacendados, alegato polémico en el cual atacó «el sistema restrictivo de España respecto a sus colonias».

Producida la Revolución, Moreno fue el cerebro y el brazo ejecutor de la Primera Junta de Gobierno, en la cual actuara en calidad de secretario.

Aunque sus ideas no pudieron alcanzar, en razón de su prematura muerte, el desarrollo que su brillante talento hacía presagiar, en su corta actuación él encarnó el espíritu revolucionario y fue el organizador de nuestra incipiente democracia.

En el prólogo que pone a la traducción del Contrato Social, su libro de cabecera, dice sobre Rousseau:

«hombre inmortal que formó la admiración de su siglo y será el asombro de todas las edades, fue quizá el primero que disipando completamente las tinieblas con que el despotismo envolvía sus usurpaciones, puso en clara luz los derechos de los pueblos, y, enseñándoles el verdadero origen de sus obligaciones, demostró las que correlativamente contraían los depositarios del gobierno», palabras que pueden considerarse la síntesis de su concepción política.

► Sobre la Educación

Estas ideas le llevaron a tener una confianza ilimitada en el poder de la educación que, a su juicio, sería la encargada de consolidar el ideal revolucionario.

«Si los pueblos no se ilustran -dice-, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.»

Con el objeto de ilustrar al pueblo sobre los actos del gobierno e iniciarlo en el ejercicio de los deberes y derechos , que la democracia trae aparejados, e12 de junio de 1810 Moreno fundó La Gaceta.

Como los ejemplares de este periódico eran pocos, los párrocos de las iglesias debían leer el último número a los fieles, después de la misa mayor.

Desde las páginas de La Gaceta, propició una suscripción popular con el fin de lograr recursos para establecer la primera Biblioteca Pública de nuestro país.

Merced a las donaciones la Biblioteca llegó a tener en poco tiempo cerca de 4.000 volúmenes.

Funcionaba todos los días para los letrados y dos veces por semana para el público en general.

En esta oportunidad, Moreno explica su propósito de ilustrar al pueblo por medio de la lectura, diciendo:

«Los pueblos compran a precio muy subido la gloria de las armas; y la sangre de los ciudadanos no es el único sacrificio que acompaña a los triunfos; asustadas las Musas con el horror de los combates huyen a regiones más tranquilas, e insensibles los hombres a todo lo que no sea desolación y estrépito descuidan aquellos establecimientos, que en los tiempos felices fecundaran para cultivo de las ciencias y de las artes.

Si el magistrado no empeña su poder y su celo en precaver el funesto término a que progresivamente conduce tan peligroso estado, a la dulzura de las costumbres sucede la ferocidad de un pueblo bárbaro y la rusticidad de los hijos deshonra la memoria de las grandes acciones de sus padres.

La necesidad hizo destinar provisoriamente el Colegio de San Carlos para cuartel de tropas; los jóvenes empezaron a gustar una libertad tanto más peligrosa cuanto más agradable; y, atraídos por el brillo de las armas que habían producido nuestras glorias, quisieron ser militares antes de prepararse a ser hombres».

En el ánimo de Moreno estaba también sustituir la educación dogmática y predominantemente teológica que se impartía en las escuelas do la colonia, por otra de carácter científico, pero la vida no le dio tiempo para realizar todos los proyectos que había concebido su inteligencia preclara.

► LA BIBLIOTECA PÚBLICA

El Dr. Moreno ha tenido la gloria de ser el fundador de una Biblioteca pública en Buenos Aires, con la excelencia de que ésta debe estar abierta dos veces a la semana para el Público, y diariamente a los literatos, sin estipendio alguno.

Con ocasión de este pensamiento el Dr. Moreno hizo al Pueblo la siguiente manifestación.

«Ha resuelto la Junta formar una Biblioteca pública, en que se facilite a los amantes de las letras un recurso seguro para aumentar sus conocimientos. Las utilidades consiguientes a una Biblioteca pública son tan notorias, que sería excusado detenernos en indicarlas.

Toda Casa de Libros atrae a los literatos con una fuerza irresistible; la curiosidad incita a los que no han nacido con positiva resistencia a las letras; y la concurrencia de los sabios con los que desean serlo, produce una manifestación recíproca de luces y conocimientos, que se aumentan con la discusión, y se afirman con el registro de los Libros, que están a mano para dirimir las disputas.

«Estas seguras ventajas hicieron mirar en todos los tiempos las Bibliotecas públicas, como uno de los signos de la ilustración de los Pueblos, y el medio más seguro para su conversación y fomento. (…)

«La Junta ha resuelto fomentar este establecimiento; y esperando que los buenos Patriotas propondrán a que se realice un pensamiento de tanta utilidad, abre una subscripción patriótica para los gastos de Estantes, y demás costos inevitables, la cual se recibirá en la Secretaría de Gobierno.»

MANUEL MORENO,
VIDA Y MEMORIA DEL DOCTOR
DON MARIANO MORENO.

Fuente Consultada: Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.

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Ideas Políticas de Moreno: Ideales de Libertad

IDEAS POLÍTICAS: ROUSSEAU Y MORENO

Mariano Morenono obstante su tan prematura muerte— fue el paladín de la Independencia, el más importante pensador roussoniano en el Plata y el más enérgico propulsor de la acción política entre sus contemporáneos.

La actividad pública en estos campos la desarrollaba, principalmente, a través de la Gaceta, que dirigió cuando fue miembro de la Junta de Mayo, y también por intermedio de los núcleos que acaudillaba o cuyo guía ideológico era.

Moreno MarianoSu muerte, aunque dejó un sensible vacío entre sus partidarios, no significó la eliminación de éstos del escenario político, porque era demasiado arraigada su influencia.

En efecto, después del deceso de su líder, los morenistas pronto rehicieron sus filas y se lanzaron al combate en la forma propia de aquella época: formando Sociedades Patrióticas, a ejemplo de los clubes jacobinos de la Francia revolucionaria.

La Primera Sociedad Patriótica y Literaria fue establecida formalmente en marzo de 1811.

Era el famoso club en el Café de Marcos, que tanto preocupó a los enemigos del finado propagandista de los principios roussonianos y osado pensador político.

Ignacio Núñez, secretario de Moreno y su partidario entusiasta, dice que los socios del club se reunían noche a noche, leían disertaciones escritas y las debatían.

Afirma también que las reuniones eran muy animadas.

«Se hablaba contra la injusticia de la conquista emprendida sobre estos países por los españoles, sobre los derechos primitivos de los indios, la cedida y la crueldad de los españoles. (…)

Se sostenía el principio de que e. pueblo había reasumido la soberanía desde que el emperador de los franceses había cautivado la de los reyes; que el pueblo tenía derecho de darse la constitución que mejor asegurase su existencia, y que la mejor constitución era la que garantiza a todos los ciudadanos, sin excepción, sus derechos de libertad, de igualdad y de propiedad.

BOLESLAO LEWIN,
MARIANO MORENO,
SU IDEOLOGÍA Y SU PASIÓN.

• El Nuevo Mundo

Todo País que se halla bajo una constitución tiránica tiene derecho para romperla.

Toda insurrección que se dirige a libertar una Provincia de la opresión, es legítima.

Aquel Hombre es libre que goza de las clases de libertad que le corresponden en lo físico, en lo moral, en lo religioso, y en lo civil.

Un Estado es libre cuando es gobernado por la voluntad común de los Individuos que lo componen, y cuando cada individuo regido por el Gobierno que hayan adoptado sus representantes, puede considerarse como Legislador de sí mismo.

Ahora: hay diferentes grados en la libertad de que es susceptible un Estado; pero no hay medio entre ser libre, o ser esclavo.

Un Estado pequeño es capaz de mayor perfección en la exhibición de sus sufragios, que uno muy extenso, y será por tanto más libre; pero siempre se requiere que la voluntad de sus miembros material o virtualmente haya formado la constitución, para no considerarlo tiranizado.

¿Cuál era el estado en que se hallaba la América al tiempo de caer la Familia de los Borbones?.

Sin Constitución propia, sin Representantes, sin defensores, agobiada con impuestosy contribuciones forzosas, cuya distribución no podía examinar, no contaba ninguno de los privilegios que pudieran hacerla gloriar con el augusto nombre de libre.

Yo no pretendo inculcar sobre las extorsiones que ha sufrido el Nuevo Mundo del yugo de sus poseedores: basta hacer ver que no era libre, para demostrar que era esclavizado.

Sus Leyes estaban formadas por los Conquistadores; y aun cuando éstas fuesen las más adecuadas para su gobierno, ni había restricciones que se opusiesen a los abusos del poder, ni Cuerpo propio que vigilase sobre la observancia de la Constitución.

Las Colonias en una palabra, tenían tanta parte en el Código que las gobernaba, como en las Leyes del Japón. (…)

Semejante conducta no puede sincerarse con la autoridad que arbitrariamente se suponga en los Pueblos de la Península sobre los de América, porque ninguna Comunidad tiene poder alguno sobre otra Comunidad que no le está incorporada por una representación competente.

Sólo en este caso es que un Pueblo puede llamarse libre, y sólo siéndolo debe conservar su constitución.

MANUEL MORENO,
VIDA Y MEMORIA DEL DOCTOR
DON MARIANO MORENO.

• Sobre la constitución del Estado

Separado Fernando VII de su reino, e imposibilitado de ejercer el supremo imperio que es inherente a la corona; disuelta la Junta Central, a quien el reino había constituido para llenar la falta de su Monarca; suspenso el reconocimiento del Consejo de Regencia, por no haber manifestado títulos legítimos de su inauguración,…

¿quién es el supremo jefe de estas provincias, el que vela sobre los demás, el que concentra las relaciones fundamentales del pacto social, y el que ejecuta los altos derechos de la soberanía del pueblo?

El congreso debe nombrarlo.

Si la elección recayese en el Consejo de Regencia, entraría éste al pleno goce de las facultades que la Junta Central ha ejercido; si recae en alguna persona de la real familia, sería un verdadero regente del reino; si se prefiere el ejemplo que la España misma nos ha dado, no queriendo regentes, sino una asociación de hombres patriotas con la denominación de Junta Central, ella será el supremo jefe de estas provincias, y ejercerá sobre ellas durante la ausencia del Rey los derechos de su persona con las extensiones o limitaciones, que los pueblos le prefijen en su institución.

La autoridad del Monarca retrovertió a los pueblos por el cautiverio del Rey; pueden pues aquéllos modificarla o sujetarla a la forma, que más le agrade, en el acto de encomendarla a un nuevo representante: éste no tiene derecho alguno, porque hasta ahorano se ha celebrado con él ningún pacto social; el acto de establecerlo, es el de fijarle las condiciones que convengan al instituyente; y esta obra es la que se llama constitución del Estado.

Más adelante explicaré cómo puede realizarse esta constitución, sin comprometer nuestro vasallaje al Sr. D. Fernando; por ahora recomiendo el consejo de un español sabio, y patriota, que los americanos no debieran perder de vista un solo momento.

El Dr. D. Gaspar de Jovellanos es quien habla, y es esta la segunda vez, que publico tan importante advertencia.

La nación, dice hablando de España, después de la muerte de Carlos II, no conociendo entonces sus derechos imprescriptibles, ni aun sus deberes, se dividió en bandos y facciones; y nuestros abuelos olvidados de su libertad, o de lo que se debían a sí mismos, más celosos todavía de tener un Rey, que a su antojo y cuando sólo debieran pelear para asegurar los unos a los otros, discutían sobre si la casa de Borbón de Francia, o la de Austria en Alemania habían de ocupar el trono español.

Yo deseara, que todos los días repitiésemos esa lección sublime, para que con el escarmienta de nuestros padres, no nos alucinemos con el brillo de nombrar un gobierno supremo, dejando en su arbitrio hacernos tan infelices, como lo éramos antes.

MARIANO MORENO, ESCRITOS.

Enlace Externo:• Castelli, Moreno y Belgrano | El ala intransigente de la Revolución de mayo de 1810

Conflictos Internos de la Primera Junta de Gobierno:Moreno y Saavedra

Conflictos Internos de la Primera Junta de Gobierno

MARIANO MORENO

Mariano Moreno nació en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1778. Su padre, Manuel Moreno y Argumosa, oriundo de Santander (España) llega a Buenos Aires en 1776 y se casa con doña María del Valle, porteña; este matrimonio tiene 14 hijos y Mariano fue el mayor.

Cursó estudios de latín, lógica y filosofía en el Real Colegio de San Carlos.

Por dar muestras de estudioso y talentoso el franciscano Fray Cayetano Rodríguez le brindó su amistad y puso a disposición la biblioteca del convento.

Estudió leyes en la Universidad de Chuquisaca.

En 1801 se casa en Chiquisaca con una joven del Alto Perú y en 1805 nace su primer hijo también llamado Mariano.

Conflictos Internos de la Primera Junta de Gobierno
Saavedra y Moreno

ENFRENTAMIENTO ENTRE SAAVEDRA Y MORENO:

Frente a frente, uno de levita y otro de uniforme, Moreno de Chuquisaca y Saavedra de Potosí, se odian pero no se desprecian «Impío, malvado, maquiavélico», llama el coronel al secretario de la Junta; (…) El primer incidente ocurre cuando los jacobinos descubren que diez jefes municipales están complotados contra el nuevo poder.

En una sesión de urgencia Moreno propone «arcabucearlos» sin más trámite, pero Saavedra le responde que no cuente para ello con sus armas.

«Usaremos entonces las de French», replica un Moreno siempre enfermo, con el rostro picado de viruela, que acaba de cumplir 30 años.

Al presidente lo escandaliza que ese mestizo use siempre la amenaza del coronel French, a quien hace espiar por sus «canarios», una especie de soplones manejados por el coronel Martín Rodríguez.

Los conjurados salvan la vida con una multa de dos mil pesos fuertes, propuesta por el presidente.

«¿Consiste la felicidad en adoptar la más grosera e impolítica democracia?.

¿Consiste en que los hombres impunemente hagan lo que su capricho e interés les sugieren?.

¿Consiste en atropellar a todo europeo, apoderarse de su; bienes, matarlo, acabarlo y exterminarlo?.

¿Consiste en la libertad de religión y en decir con toda franqueza me cago en Dios y hago lo que quiero?», se pregunta Saavedra en carta a Viamonte que lo amenaza desde el Alto Perú.

Desde fines de agosto, Moreno ha hecho aprobar por unanimidad el Plan secreto de operaciones que recomienda el terror como método para destruir al enemigo emboscado. (…)

Pero es la aplicación de ese método sangriento lo que garantiza el triunfo de la Revolución.

Hasta la bayoneta, la conspiración de Alzaga, como la contrarrevolución de Liniers, terminaron en suplicio y los españoles descubrieron, entonces, que los patriotas estaban dispuestos a todo:

«Nuestros asuntos van bien. porque hay firmeza y si por desgracia hubiéramos aflojado estañamos baje tierra. Todo el Cabildo nos hacía mal guerra que los tiranos mandones del virreinato»,

escribe Castelli antes de se: llevado a juicio.

OSVALDO SURIANO,
SIN PARAGUAS NI ESCARAPELAS.

CONFERENCIA DEL 18 DE DICIEMBRE DE 1810.

El 18 de diciembre se debatió si los diputados del interior debían o no incorporarse a la Junta.

Debe señalarse que si se adoptaba la primera actitud quedaba diferido el congreso que debía decidir la suerte de estas tierras y quizá concretar el anhelo emancipador.

Pese a la circular del día 27 de mayo, la Junta había manifestado en múltiples ocasiones que los diputados concurrirían a formar un congreso aparte, pero aquel documento, que según, se dijo entonces era fruto de la inexperiencia o quizá resultado del momento que se vivía, dio pie al debate.

En la votación Moreno, opuesto a dicha incorporación, quedó derrotado.

Pese a que Saavedra y los otros vocales reconocieron la ilegalidad de esa incorporación la apoyaron, según expresaron, por conveniencia pública.

Derrotado Moreno, presentó su renuncia y fue enviado a Londres en misión diplomática; hallándose en viaje el paladín de la Revolución falleció repentinamente el 4 de marzo de 1811, a los 32 años de edad.

El alejamiento del activo funcionario —como señaló uno de sus contemporáneos— abrió un paréntesis en los progresos hacia la independencia.

IDEOLOGÍA REVOLUCIONARIA DE MARIANO MORENO:

En sus aspectos más salientes se pueden observar los siguientes puntos:

• La aplicación de una política revolucionaria de terror de Estado (imponer miedo a través de ejecuciones sumarias, etc.) para con los enemigos desenmascarados del proceso revolucionario.

• Fomentar la sublevación de las provincias donde el poder de las autoridades coloniales era aún manifiesto, a través del establecimiento de diversas expediciones militares que posibilitasen la rebelión de los sectores de la población de dichos territorios, adictos al movimiento revolucionario.

• Fundamentar la justicia del nuevo gobierno ante la escasa cantidad de autoridades reales que  aún subsistían en la Península. Esta justificación debía partir de la expresión de las distintas instituciones del Río de la Plata, como serían los cabildos de cada una de las ciudades.

• Negociar con las potencias europeas el reconocimiento del nuevo gobierno, sin comprometer la libertad de maniobra del mismo.

• Proteger la industria, minería y agricultura del país, para permitir su desarrollo. Expropiar al bando enemigo para solventar los gastos de la guerra.

• Fomentar la independencia y revolución en el resto de América, y en especial, en las colonias portuguesas del Brasil, a partir, si era necesario, del envío de una expedición militar.

Dentro de este esquema de gobierno es comprensible la dureza revolucionaria en hechos tales como el fusilamiento de los conjurados de Córdoba, la actitud frente a los funcionarios coloniales, la declaración de la guerra hacia las autoridades de Montevideo…

PARA SABER MAS…

De origen modesto, Moreno nació en Buenos Aires en 1778. Como tantos  en su época, se educó en el Colegio de San Garios, y luego en la Universidad de Chuquisaca, se graduó primero en derecho canónico y más tarde obtuvo el título de abogado.

Allí se casó, nació su único hijo y se inició en el ejercicio profesional. En 1805 regresó a Buenos Aires.

Saavedra, en cambio, provenía de una familia tradicional y acaudalada. Había nacido en 1759, en la hacienda La Fombera, cerca de la Villa Imperial de Potosí.

La familia volvió a Buenos Aires, cuando él contaba 6 años. Fue también alumno del Colegio de San Carlos, de donde egresó en 1776. Se casó dos veces y de ambos matrimonios tuvo varios hijos.

Mediaba entre ellos casi una generación, pero la circunstancias de su nacimiento y de su educación los vincularon a los mismos ámbitos. Ocurriría otro tanto con el desempeño laboral.

Ambos prestaron servicios en la administración virreinal: los dos en el Cabildo de Buenos Aires y, además, Moreno en la Audiencia y Saavedra en el Consulado.

Frente a las Invasiones Inglesas, Saavedra fue combatiente y elegido jefe del recientemente creado Regimiento de Patricios.

Moreno no empuñó las armas, dejó sí un Diario, donde analizó la situación, deploró la conducta española, exaltó la reacción de Buenos Aires y consignó su propia amargura frente a los hechos.

El movimiento de Alzaga los encontró en bandos diferentes, los sucesos de Mayo volvieron a reunirlos.

Cuando Moreno llegó a la Junta de gobierno, como secretario, si bien no había frecuentado desde el principio las reuniones que mantenían los integrantes del grupo revolucionario, su actuación era conocida, se lo sabía hombre de ideas claras y al tanto de las nuevas corrientes de pensamiento.

Muy pronto, su entusiasmo lo proyectó a un primer plano y se gestó una solidaridad creciente entre él y los ideólogos de la revolución.

La obra gubernativa de la Junta, por cierto, llevó su sello. Saavedra fue el presidente del gobierno nacido en Mayo porque era un comandante respetado por propios y ajenos, militares y civiles.

Su opinión tenía peso por sí misma y su palabra y su acción definieron muchas instancias.

Era el símbolo del arbitraje político que ejercían los militares.

El fervor jacobino de Moreno y la moderación apaciguadora de Saavedra terminaron por enfrentarlos en el seno de la Junta.

Moreno fue el primero en apartarse y la muerte se lo llevó en seguida. Saavedra vivió aún muchos años, pero lo alcanzó la tragedia del exilio.

Los dos habían sido necesarios. Sin ellos, no se sabe cómo hubiera sido la revolución pero, sin duda, muy diferente.

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Gobierno de Bartolomé Mitre:La Organizacion Nacional Argentina Liberal

Gobierno de Bartolomé Mitre:La Organizacion Nacional Argentina Liberal

LA ORGANIZACIÓN NACIONAL:

Entre 1862 y 1880, los sucesivos presidentes fueron estableciendo las bases para La construcción del Estado central argentino, lo cual significó que las autoridades nacionales expandieron su control sobre el territorio y subordinaron a las provincias a su autoridad.

Para llevar a cabo estos objetivos, los gobiernos tuvieron tres herramientas fundamentales: el Ejército nacional, la administración pública y el manejo de los principales recursos económicos.

En relación con este último punto, en julio de 1862 Mitre tomó una medida fundamental: nacionalizó la Aduana de Buenos Aires, decisión que le permitió disponer de los recursos necesarios para sostener los gastos del gobierno nacional.

La Revolución de Mitre Contra Avellaneda Fraude Electoral

PRESIDENCIA DE MITRE (1862-1868)

Gobierno de Bartolomé MitreEl 12 de octubre de 1862 Mitre asumió la presidencia luego de haber ejercido desde el 12 de abril el poder nacional por delegación de las provinciaa lo acompaño como vicepresidente Marcos Paz.

Ya se había producido la separaciónn dentro del liberalismo de los nacionalistas de Mitre (partidarios de la autoridad del gobierno central por sobre el de las provincias) y los autonomistas de Valentín Alsina (defensores de la autonomía de los privilegios provinciales de Buenos Aires).

El objetivo de Mitre fue realizar la unidad nacional sobre la base de la pacificación interior.

Contra su gobierno, en La Rioja se sublevó la montonera federal,acaudillada por Ángel V. Peñaloza, El Chacho, que extendió su influencia sobre San Luis, Córdoba,Catamarca, Salta y Tucumán.

Para derrotarlo se destinaron fuerzas nacionales que resultaron triunfantes en San Francisco (mayo 26 de 1863) y Lomas Blancas (agosto de 1863).

Finalmente, El Chacho fue capturado y asesinado por uno de los jefes militares que lo perseguían en Olla (La Rioja) en noviembre de 1863.

El caudillo riojano Ángel Vicente Peñaloza era el jefe de las “montoneras”, que utilizaban el método de ‘la guerra de guerrillas”, es decir, ataques a caballo sorpresivos, veloces y contundentes, seguidos de una huida igualmente rápida para evitar los contraataques.

Finalmente, en 1 863, y luego de varios combates, el “Chacho” —así se lo llamaba a Peñaloza— fue derrotado y muerto.

Más tarde, todas las provincias cuyanas se alzaron al mando del caudillo Felipe Varela, en oposición a la guerra contra el Paraguay (1865-1870).

En 1868, las montoneras de Varela también fueron vencidas por tropas nacionales.

La oposición al centralismo de Buenos Aires y a la guerra del Paraguaytotalmente impopular en las provincias, donde se producían deserciones masivas entre los reclutados para el ejército nacional— estalló en 1867 con la revolución de los Colorados, encabezada por Juan Saa y Felipe Varela.

El apoyo de Mitre con el interior era el caudillo santiagueño Antonio Taboada quien venció a Varela en Pozo de Vargas y retuvo así el control del norte.

Para poder encauzar al país dentro del proceso de la organización nacional e integrarlo en la política mundial, el presidente entendió como una necesidad la no intervención en los problemas americanos.

Por eso no participó del Congreso Panamericano reunido en Lima en 1862 para considerar la intervención francesa en México y la reincorporación de la República Dominicana a España, y se mantuvo prescindente en el conflicto planteado entre Perú y España al no reconocer ésta la independencia peruana.

Mientras Bartolomé Mitre estaba ocupado por los numerosos conflictos internos y por la guerra contra el Paraguay, el Presidente también se dedicó a la organización institucional del Estado y la sociedad.

Durante su mandato se dio un fuerte impulso a la educación y a la justicia. Se organizó la Corte Suprema, se aprobó el Código de Comercio y se comenzaron a redactar los Códigos Civil y Penal.

LA CUESTIÓN ELECTORAL.

Al aproximarse la renovación de las autoridades nacionales se postularon distintos candidatos.

El localismo porteño estaba representado por Adolfo Alsina el federalismo del interior, por Urquiza.

El partido nacionalista sostenía a Elizalde. resistido por la opinión general debido a sus simpatías hacia el Brasil.

También surgió como candidato Sarmiento, apoyado por varias provincias del interior y, sobre todo. por la oficialidad del ejército. Mitre no apoyó abiertamente a ninguno de ellos.

Desde Curuzú Cuatiá envió una carta a José María Gutiérrez, publicada en el periódico Iba Nación Argentina. que se conoce como testamento político de Mitre. donde, pese a anunciar su prescindencia en la cuestión. se manifiesta contrario a la candidatura de Alsina: tampoco está de acuerdo con la de Urquiza, si bien no brinda su apoyo a Sarmiento, tampoco le hace mayores objeciones.

Dentro del  partido simpatizaba con Elizalde, Alsina sintiéndose anulado por Mitre y su apoyo en el interior para poder vencer a los nacionalistas, se unió a Sarmiento. Así se integró la fórmula Sarmiento-Alsina que triunfó en las elecciones del 2 de abril de 1868.

En mayo de 1862 se reunió el Congreso Nacional de Buenos Aires para encontrar una solución al problema de la Capital Federal.

El proyecto de la federalización de Buenos Aires fue enviado a la Legislatura bonaerense en agosto de 1862, pero la provincia se negó a entregar su ciudad capital, tras varios debates, no se llegó a un acuerdo, por lo cual se apeló a una solución temporaria.

El gobierno nacional se instaló en la ciudad de BuenosAires en calidad de ‘huésped”, coexistiendo en la misma ciudad con el gobierno provincial bonaerense.

Como este acuerdo sólo duraba cinco años, tuvo que ser renovado periódicamente hasta 1880, cuando se llegó a una solución definitiva.

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Biografia de Bartolomé Mitre-Politico e Historiador Argentino

Biografía de Bartolomé Mitre

Nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821 entre las privaciones de un hogar humilde, gobernó muchedumbres y fue su caudillo; se destacó en múltiples actividades y encarnó, armonizó e interpretó el alma de su pueblo.

Biografia de Bartolomé Mitre

Romántico y bravo, dirigió la artillería de Urquiza en Caseros, actuó como diputado en la Legislatura después que la provincia de Buenos Aires se separó de la Confederación; intervino como general en jefe en las batallas de Cepeda y Pavón y fue presidente de la República, de 1862 a 1868.

Terminada la presidencia, fundó «La Nación», grande y generoso diario.

Cumplida su misión sobre la tierra, aureolado de canas, consciente de sus méritos pero humilde en su grandeza, después de gobernar a su pueblo desde el sillón presidencial o desde el solio de su retiro, murió el 18 de enero de 1906, rodeado por la gratitud y la admiración, en la misma ciudad testigo de su vida y virtudes.

BARTOLOMÉ MITRE, Su Biografía..

Bartolomé Mitre nació en Buenos Aires el 26 de junio de 1821.

Pasó su infancia en Patagones, donde su padre Ambrosio Mitre desempeñaba un cargo público.

Se incorpora a la milicia en 1839 como alférez de artillería, en el ejército que luchaba contra Rosas.

Estuvo en la batalla de Cagancha y en la derrota de los unitarios en Arroyo Grande en 1842.

En Montevideo participó en la lucha contra el sitio de Oribe y adquirió reputación como militar y escritor.

La Revolución de Mitre Contra Avellaneda Fraude Electoral

A causa de la hostilidad del Gral. Rivera contra los porteños tuvo que emigrar a Bolivia, durante la guerra civil  de Bolivia pasó a Perú, de donde lo desterraron por sus ideas liberales.

Luego se radicó en Chile y se dedicó al periodismo.

El pronunciamiento de Urquiza contra Rosas lo llevó a Montevideo donde participó en el combate de Tonelero y en Caseros, por su actuación y comportamiento lo ascendieron a Coronel.

En abril de 1852 el pueblo de Buenos Aires lo elige representante de la legislatura.

En el debate del acuerdo de San Nicolás, su intervención contra el mismo fue decisiva.  Urquiza disolvió la Cámara y asumió el gobierno de la provincia, Buenos Al res se levanta contra Urquiza y Mitre aparece al frente de la guardia nacional.

Valentín Alsina fue elegido gobernador de Buenos Aires y Mitre, ministro de gobierno y de relaciones exteriores.

En 1859, después de actuar como ministro de gobierno y relaciones exteriores asume la cartera de guerra y marina para consagrarse a la organización del ejército.

Lo ascienden a General y lo nombran comandante en Jefe del Ejército de Buenos Aires.

La campaña que culminó en Cepeda significó la derrota de las milicias de Bs.  As.

Sus condiciones personales, su visión de los problemas del país, su gravitación en los acontecimientos de la época, lo convirtieron en el artífice de la organización nacional.

Hizo aprobar las reformas Introducidas por Bs.  As. en la constitución y se convino que se harían elecciones de diputados y senadores para Incorporarse al Congreso Nacional.

Luego de las luchas tras el derrocamiento del gobernador de San Juan y la batalla de Pavón donde la suerte favoreció a las armas de Buenos Aires al mando de Mitre, el tacto político.

La serenidad y el espíritu nacional que poseía Mitre lo llevaron a levantar la bandera de la pacificación y de la organización sobre la base del respeto a la Constitución de 1853.

Para ello cambió el gobernador de algunas provincias que no reconocían la victoria de Pavón ante Urquiza.

El 4 de abril de 1862 Buenos Aires lo autorizó para que sin dejar de ser gobernador de la Provincia asumiese las funciones de primer magistrado de la República.

Las provincias eligieron sus representantes y el Congreso Nacional se reunió en Bs.  As. el 25 de mayo de 1862.

El escrutinio de las elecciones presidenciales del 5 de octubre de 1862 lo consagraron por unanimidad como presidente de la República.

Como Presidente restableció el Poder Judicial, que práctica, mente no existía, la presentación diplomática en el interior, estructuró el orden Interno perturbado constantemente por los caudillos locales y provinciales.

Se tendieron vías férreas y telegráficas: se elaboró el Código Civil y el Penal.

Durante su gobierno, Buenos Aires fue la capital provisional de la república. Impulsó la educación (con la fundación de los colegios nacionales), la organización de los poderes públicos y la codificación.

Se fomentó el desarrollo económico con la llegada de inmigrantes y el tendido de líneas férreas. Debió enfrentar las últimas montoneras de «Chacho» Peñalosa y Felipe Várela, las consecuencias de una epidemia del cólera, y sobre todo, el sangriento conflicto bélico con el Paraguay, a partir de 1865.

En abril de 1865, el país se hallaba en plena recuperación, se produce entonces la guerra con el Paraguay que desvía la acción constructiva del gobierno.

Mitre quiso mantenerse neutral y Paraguay para obligarlo a romper esa neutralidad invadió la provincia de Corrientes y se apoderaron de dos buques argentinos.

La Argentina ante esa situación, le declaró la guerra al Paraguay y formó la alianza entre Argentina, Brasil y Uruguay y se confió el mando de todas las fuerzas al Presidente Mitre.

Las luchas se mantuvieron encarnizadas hasta que en Curupaytí y Humaitá liquidaron completamente a los ejércitos del dictador paraguayo que murió entre los últimos combatientes.

Durante su presidencia Mitre tuvo que afrontar una violenta epidemia de cólera que causó estragos en las provincias del litoral en 1867; la fluctuación del valor monetario que hacía difícil la vida industrial y comercial, el crédito público se fue normalizando y al terminar el período presidencial el país volvió a encontrarse en pleno desarrollo.

Al estallarla guerra, Mitre se puso al frente de las tropas, dejando en el gobierno a su vicepresidente Marcos Paz.

Terminada su presidencia, fue elegido senador en 1869.

El 4 de enero de 1870 fundó el diario La Nación.

En su editorial titulado Nuevos horizontes definió a este periódico como «una tribuna de doctrina».

En 1894 resultó elegido nuevamente senador. Además fue escritor, traductor de Horacio y de Dante, poeta, apasionado bibliógrafo, numismático y tipógrafo. Como periodista, escribió en diversos medios.

En 1858 publicó su señera Historia de Belgrano y la independencia argentina, verdadero punto de partida de la historiografía moderna en el país.

El 12 de octubre de 1868 hace entrega del gobierno a Domingo Faustino Sarmiento.

En 1869, aún cuando su deseo era dedicarse al periodismo, la provincia de Bs.  As. lo envía al Senado, donde se caracteriza por su oposición al gobierno; no obstante eso Sarmiento lo envía como plenipotenciario a Brasil para allanar los problemas resultantes de la guerra con el Paraguay, su intervención consolidó la paz y la amistad entre ambos países.

De regreso al país se puso al frente del partido liberal o nacionalista en pugna con el partido autonomista encabezado por Adolfo Alsina.

La alianza Aisina-Avellaneda no dejó la posibilidad de llegar a triunfar en las elecciones y fueron rechazados los diputados Mitristas y en vista de los fraudes electorales Mitre hace una revolución, que en septiembre de 1874 fue derrotada y para evitar el desencadenamiento de una guerra civil, Mitre capitula con la sola condición de que se garantice la vida a sus correligionarios.

Fue sometido a un consejo de guerra, que pidió para él la pena de muerte, que luego fue conmutada por el destierro y la separación del ejército.

Alejado de la vida política, militar y parlamentaria se dedicó al estudio y a las letras y fue en ese campo donde conquista sus glorias más duraderas.

Fundó el diario «La Nación» de Buenos Aires en 1870.

Desde esta tribuna siguió ejerciendo una influencia duradera de la organización nacional y en la orientación cívica del país.

Con sus escritos levantó monumentos perdurables a Belgrano y a San Martín y rindió tributo a cuantos han contribuido a la formación política, jurídica y cultural de la Nación.

Muere el 19 de enero de 1906, en una casa que le regalaron sus amigos y colaboradores al dejar la presidencia, ya que no poseía bienes naturales de fortuna, hoy convertida en Museo.

Y en 1887 escribió su obra magna Historia de. San Martín y de. la emancipación sudamericana.

En el campo histórico fueron famosas sus polémicas con Vicente Fidel López y Dalmacio Vélez Sarsfield.

Respetado y amado por el pueblo bonaerense,

Mitre recibió grandes homenajes cívicos para su jubileo en 1901. Falleció en medio de una profunda congoja popular el 19 de enero de 1906.

Fuente Consultada:
La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»

Biografia de Martin de Guemes:Defensa de las Fronteras del Norte

BIOGRAFÍA DE MARTÍN MIGUEL DE GUEMES

Martín Güemes nació en Salta el 8 de febrero de 1.785, pertenecía a una familia noble y adinerada.

Cursó sus estudios primarios en su ciudad natal, alternando la enseñanza formal con el aprendizaje de las labores campesinas en las Fincas familiares.

A los 14 años se incorporó como cadete de una Compañía del Regimiento Fijo de Infantería de Buenos Aires, iniciando una brillante carrera militar.

En 1805 fue trasladado a Buenos Aires donde comenzó a defender la integridad territorial actuando heroicamente durante las Invasiones Inglesas.

Martin de Guemes

Durante 1.810, al servicio de la causa revolucionaria, se desempeño eficazmente al mando de un Escuadrón Gaucho en la Quebrada de Humahuaca impidiendo la comunicación entre los opositores al nuevo régimen y los realistas del Alto Perú.

En Suipacha, único triunfo de las armas patriotas en el intento de recuperar el valioso territorio altoperuano, la participación del Capitán Martín M. de Güemes fue decisiva.

Luego del desastre de Huaqui, escoltó a Juan Martín de Pueyrredón  a través de la selva oranense y salvar los caudales de la Ceca de Potosí, que estaba en poder de los realistas.

En 1.814 el Gral. José de San Martín le encomendó el mando de la Avanzada del Río Pasaje (hoy llamado Juramento porque en sus márgenes Belgrano hizo jurar obediencia a la Asamblea del Año XIII y donde se considera que nació como símbolo patrio de los argentinos la Bandera celeste-blanca-celeste) iniciando la Guerra Gaucha.

Al año siguiente derroto completamente al poderoso ejército invasor al mando de Joaquín de la Pezuela en Puesto del Marqués, por lo cual el pueblo lo aclamó Gobernador de la Intendencia (integrada entonces por las ciudades de Salta, Jujuy, Tarija, Orán y distritos de campaña).

En Junio de 1.816 el Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón le encomendó «la defensa de las Provincias Unidas y la seguridad del Ejército Auxiliar del Alto Perú» que se encontraba en Tucumán reorganizándose después de ser derrotado en Sipe Sipe.

Entonces las milicias gauchas al mando del heroico salteño pasaron a desempeñarse como ejército en operaciones continuas, al servicio de la Patria.

Por ello considerar a Martín Güemes prócer provincial ó defensor de la frontera Norte es una muestra del desconocimiento de nuestra Historia.

Güemes detuvo poderosas invasiones al mando de destacados jefes.

Baste citar la del experimentado mariscal José de la Serna, quién al mando de 5.500 veteranos de guerra partió de Lima asegurando que con ellos recuperaría Bs.As.. O la del Gral. Pedro de Olañeta, enemigo acérrimo del salteño (ambas invasiones se produjeron en 1817). O la del Gral. Juan Ramírez Orozco quién en Junio de 1.820 avanzó con 6.500 hombres.

Ninguno de ellos logró concretar el objetivo que los impulsaba: llegar a Buenos Aires y recuperar el dominio del ex Virreynato del Río de la Plata.

Por  tan meritorio accionar, San martín lo designó General en Jefe del Ejército de Observación y le encomendó la misión de auxiliarlo en la liberación del Perú.

Las Provincias reconocieron la designación pero escaso apoyo le brindaron.

Güemes se vio obligado a imponer contribuciones que originaron oposición y gran descontento entre los pudientes, empobreciendo la economía de la Intendencia bajo su gobierno.

Esa oposición interna, aliada con la externa, fue la semilla en la que se gestó la tradición que floreció con su muerte.

Rodeado de enemigos lo encontró el año 1.821. Uno de los más poderosos y temibles fue el gobernador de Tucumán quien se negó a entregarle el armamento que había pertenecido al Ejército Auxiliar y evitó que su par santiagueño lo auxiliara.

En mayo, acusándolo de tirano, el Cabildo de Salta lo depuso, en alianza con el Gral. Olañeta.

Güemes recuperó el poder días después pero una partida realista guiada por enemigos internos del prócer lo hirió la noche del 7 de Junio. Murió diez días después, a la intemperie, en un catre, en Cañada de la Horqueta, a los 36 años.

Entonces se convirtió en el único general argentino caído en acción de guerra externa.

Sus restos descansan en el Panteón de las Glorias del Norte de la República, ubicado en la Catedral Basílica de Salta.

Pero sus ideales de libertad, su desprecio al materialismo, su amor a la Patria y su temple inclaudicable son el motor que impulsa a quienes lo llevan en su corazón y que cada vez que pronuncian su nombre le rinden emocionado homenaje al recordarlo. Porque Güemes sigue cabalgando y guiando a sus compatriotas.

LA PLUMA DEL GENERAL PAZ: Las Memorias Póstumas de José M, Paz (1790 – 1854) constituyen uno de los testimonios más notables sobre las primeras décadas de la historia nacional.

Abarcan desde el comienzo de las guerras por la Independencia (Paz se sumó muy joven, en 1811, al ejército del Norte), las luchas civiles posteriores y la época de Rosas, cuando el autor se desempeñó como destacado jefe unitario.

De esas páginas se seleccionaron estos breves párrafos: «Por este tiempo [1814] apareció un caudillo que después fue célebre en la guerra civil y en la gloriosa resistencia que hizo a los españoles la provincia de Salta. […] don Martín Miguel de Güemes, simple comandante de milicias colocado en la frontera por el general San Martín. Poseía esa elocuencia peculiar que arrastra a las masas de nuestro país, y que puede llamarse la elocuencia de los fogones o vivaques, porque allí establecen su tribuna.

Principió por identificarse con los gauchos, adoptando su traje en la forma pero no en la materia, porque era lujoso en su vestido […] y afectando las maneras de aquellas gentes poco civilizadas […] empleó el bien conocído arbitrio de otros caudillos, de indisponer a la plebe con la clase más : elevada de la sociedad […]. Este caudillo, este demagogo, este tribuno […] era tan gangoso por faltarle la campanilla, que quien no estaba acostumbrado a su trato sufría una sensación penosa al verlo esforzarse por hacerse entender […].

Era […] relajado en sus costumbres, poco sobrio, y hasta carecía de valor personal […] No obstante, era adorado de los gauchos que no veían en su ídolo sino al representante de la ínfima clase, al protector y padre de los pobres, como lo llamaban, y también, porque es preciso decirlo, al patriota sincero y decidido por la independencia; porque Güemes lo era en alto grado.

El despreció las seductoras ofertas de los generales realistas, hizo una guerra porfiada, y al fin tuvo la gloria de morir por la causa de su elección, que era la de la América entera…»

JOSÉ MARÍA PAZ. Memorias póstumas, Buenos Aires, Alma-nueva, 1954. v. 1:18-19; 90-91.

SOBRE LA MUERTE DE GUEMES:

Junio de 1821. El ejército libertador que comanda el general San Martín se encuentra frente a Lima, la ciudad que constituye el último símbolo del poder español en América.

En ese momento, en que la victoria patriota parece ya inminente, sucumbe, a miles de kilómetros de distancia, el hombre que con su esfuerzo tenaz ha contribuido, más que ningún otro, al éxito de la empresa emancipadora: Martín Güemes.

A lo largo de siete años de lucha incesante, el caudillo y sus fuerzas gauchas han cubierto el flanco oriental de las tropas patriotas que, cruzando los Andes, aseguraron la independencia de Chile y emprendieron la liberación del Perú.

Gracias a Güemes, San Martín ha logrado concretar su plan de atacar a Lima por la vía del Pacífico, sin temor a ver desbordado su flanco terrestre por la irrupción de los ejércitos españoles a través de Salta.

Pero Güemes no llega a presenciar el resultado de su resistencia.

El 7 de junio de 1821, en una emboscada nocturna tendida por una partida española que logra infiltrarse en la ciudad de Salta, el caudillo recibe una herida de bala que, diez días más tarde, le causa la muerte.

Transcribimos los testimonios que, sobre la muerte de Güemes, han dejado dos jefes patriotas que lucharon a sus órdenes. Informe dado el 25 de setiembre de 1873 por don Miguel Otero, sobre los servicios prestados por el coronel don Luis Burela.

Allí se dice:

«Güemes, por su mismo valor, vino a morir del modo más inesperado. Las Tropas del Rey le tomaron por dos bocacalles por donde podía salir.

Se dirigió a una de ellas y al darle el «quién vive», conoció que eran tropas del Rey. Se dirigió a la otra y le dieron también el «quién vive».

Entonces contestó «la Patria», desenvainó el sable; metiendo espuelas a su caballo, salvó por encima de las dos hileras de soldados, con fusil y bayoneta, llevándose de encuentro a los que estaban delante.

Le hicieron una descarga cerrada, sin que le tocase una bala, como si respetaran su valor: cuando iba ya salvo, a distancia de una a dos cuadras, hicieron otra descarga, sin puntería porque era de noche, y una bala perdida le atravesó el tronco del cuerpo,   causándole   una   herida mortal que a los pocos días le dio la muerte.

De esta manera perdió Güemes la vida en defensa de la causa nacional».

Fragmento de una carta del coronel Jorge Enrique Widt al general Dionisio Puch, fechada en Estrasburgo el 8 de abril de 1866 [original en francés):

«Nosotros estábamos acampados a una legua, más o menos, de Salta, organizando las fuerzas de la Provincia para marchar al encuentro del enemigo, cuando el general Güemes tuvo la fatal idea de ir, durante la noche, escoltado por algunos hombres de caballería, a la ciudad a objeto de tomar allí, personalmente, algunas disposiciones: había echado pie a tierra cuando —a medía noche— la Infantería española, desembocando por una quebrada, entró a Salta, cubriendo inmediatamente todas las salidas y no dando tiempo al General Güemes sino a montar a caballo para atravesar dos pelotones de infantería que ocupaban las bocacalles; pasó por sobre el cuerpo de Infantes, pero recibió un balazo que algunos días después lo llevó a la tumba». (Fuente: Revista Crónica Argentina Fasc. N°27 Edit. CODEX)

Profesora María Cristina Fernández
[email protected]

Enlace Externo: Quien Fue Martín de Guemes?

Las Invasiones Inglesas al Rio de la Plata-Resumen

RESUMEN DE LAS INVASIONES INGLESAS AL RIO DE LA PLATA

las invasiones inglesas al rio de la plata

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Política Colonial
De Europa
Invasión Inglesa I y
Reconquista
Invasión Inglesa II
La Defensa
Consecuencias de
Las Invasiones

INTRODUCCIÓN:

El 18 de junio de 1806, Domingo Matheu escribió a Córdoba, a Francisco Recalde:

«Nos hallamos en la mayor consternación, causa los malditos ingleses, que se hallan en Maldonado, […] fondearon frente a aquel puerto […] hoy mismo se embarca toda La tropa para Montevideo…»

La alarma era compartida por la población de la capital.

Una semana más tarde, desde puntos elevados (como las torres de San Ignacio), podían divisarse las velas enemigas frente a las costas de Quilmes.

La incursión comenta el historiador, Halperin Donghi, introdujo «bruscamente al Río de la Plata en el conflicto mundial».

Desde hacía tiempo, los estadistas ingleses habían trazado proyectos para introducir sus intereses en los vastos territorios de Hispanoamérica.

La guerra con Francia -aliada de España– cerraba los mercados europeos al comercio inglés.

Existía la posibilidad de una alianza entre los intereses de Londres con los de los criollos.

En 1805 se esperaba una invasión francesa a las islas británicas, pero este proyecto perdió base al ser destruida la escuadra francoespañola por los británicos en Trafalgar.

Fue así como las autoridades militares británicas en El Cabo aceptaron la propuesta del comodoro Home Popham de atacar el Plata.

Se enviaron diez buques y una fuerza de desembarco de unos 1600 hombres, comandada por el general Wllliam Carr Beresford.

general Wllliam Carr Beresford

General Wllliam Carr Beresford

DESCRIPCIÓN SOMERA DE INVASIONES INGLESAS:

El Virreinato del Río de la Plata, en donde el dominio español parecía firmemente asentado, sufrió directamente las consecuencias de la expansión de las guerras europeas al espacio atlántico —que, desde la derrota franco-española en la batalla de Trafalgar, en 1805, había quedado bajo el absoluto dominio inglés—.

En 1806, una fuerza militar inglesa, que acababa de apoderarse de la colonia holandesa del Cabo de Buena Esperanza (en el sur de África), se dirigió hacia el Río de la Plata.

El 27 de junio, las tropas inglesas bajó el mando de William Carr Beresford tomaron, sin encontrar resistencia, la ciudad de Buenos Aires.

El virrey Sobremonte, junto con buena parte de la administración española, abandonó la ciudad, mientras que los representantes de los principales grupos e instituciones locales se apresuraron a mostrar obediencia a las nuevas autoridades.

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Sin embargo, este acatamiento duró poco.

Un primer intento de expulsar a las fuerzas inglesas, llevado a cabo por Juan Martín de Pueyrredón y un grupo de paisanos, fracasó.

Finalmente, las tropas provenientes de Montevideo al mando de Santiago de Liniers, un oficial francés al servicio de la corona española, iniciaron la resistencia; simultáneamente, se organizaron las milicias urbanas.

Los ingleses se vieron superados militarmente y el 12 de agosto se rindieron.

Finalizada la Reconquista, el 14 de agosto, los funcionarios y principales vecinos, reunidos en Cabildo abierto, decidieron privar a Sobremonte del mando militar y convirtieron a Liniers en el gobernador militar de Buenos Aires.

También resolvieron organizar la defensa de la ciudad ante la posibilidad de un segundo ataque.

En efecto, en febrero de 1807, tropas británicas —mucho más numerosas que las de la Primera Invasión Inglesa— al mando del general John Whitelocke tomaron Montevideo y meses más tarde, en junio, desembarcaron por segunda vez en Buenos Aires.

Luego de eludir a las fuerzas de Liniers, los ingleses entraron en la capital.

Pero allí se encontraron frente a la defensa organizada por Martín de Álzaga, próspero comerciante español y alcalde de primer voto del Cabildo de Buenos Aires.

Whitelocke no estuvo dispuesto a entrar en un combate con inciertas perspectivas y se rindió.

La victoria de Buenos Aires fue militar, pero sobre todo política, en la medida en que los invasores no pudieron contar con el apoyo de los grupos locales.

Ampliación del Tema:

LA PRIMERA INVASIÓN INGLESA:

Hasta 1804 los británicos se abstuvieron de una acción concreta para no empeorar sus ya tensas relaciones con España.

El estallido de la guerra a raíz de la captura por parte de Inglaterra de naves españolas cargadas de oro destinado a brindar secretamente subsidios a Napoleón (precio que debía pagar España por su neutralidad aparente), quitó las barreras políticas que hasta entonces habían detenido los proyectos.

Sin embargo, la situación europea presentaba otra variante: Rusia esperaba atraer a España contra Napoleón; una acción hostil de Inglaterra estropearía esos planes.

LA PRIMERA INVASIÓN INGLESA: La posición de Holanda como aliada de Napoleón dio excusa al gabinete dirigido por William Pitt (imagen) para ordenar la captura de la colonia de El Cabo, en Sudáfrica, punto de gran valor estratégico por cuanto controlaba la ruta a la India. a la vez que servía de base para futuras operaciones en el Atlántico Sur.

Una escuadra al mando del comodoro Home Popham condujo al mayor general David Baird a aquellas aguas.

Tras recalar en la costa del Brasil, la expedición ocupó la colonia holandesa el 18 de enero de 1806.

Popham, que sabía a Pitt favorable a los proyectos sobre América creyó ver una oportunidad de realizarlos al enterarse del éxito de Nelson en Trafalgar que eliminaba toda posibilidad de incursiones francesas sobre África o la India, dejando así fuerzas disponibles y los mares libres para el pabellón inglés al tiempo que se volvía estéril todo intento de atraer a España a una alianza.

A su modo de ver los motivos que habían impedido la concreción de la empresa americana habían desaparecido.

Las versiones que recibió sobre disposiciones favorables de algunos criollos hacia

Su Majestad Británica y sobre el malestar de la población contra la Corona española, decidieron al osado marino.

Logró convencer a Baird y éste le facilitó algunas tropas al mando del brigadier general William Carr Beresford.

En Londres en tanto Pitt había fallecido 12 de enero de 1806 y el nuevo gobierno integrado por miembros del partido Whig bajo la dirección de lord Grenville. desconocía los provectos de Pitt que era miembro del Partido Tory.

De la pluma del historiador Daniel Balmaceda, en su libro «Espada y Corazones», nos cuenta como Beresford logró capturar los tesoros que se llevaba Sobremonte en su fugaz escape:

[…] Sobremonte se perdió el espectáculo  [la entrada a la ciudad de los ingleses] porque, cuando desde el fuerte vio con su catalejo las casacas coloradas a la altura de Barracas, decidió partir hacia Córdoba para reunir un ejército reconquistador.

De paso, se llevó todos los caudales, la familia, los criados, la ropa y el catalejo.

Una comitiva recibió a Beresford con los brazos abiertos, pero el inglés miró de reojo, con su ojo no emparchado, y aclaró que si no aparecían los caudales, la convivencia no sería agradable.

A la comitiva no le tembló la mano para señalar el camino a Córdoba y, de inmediato, se organizó una expedición hispano-criollo-británica para capturar el botín.

En Lujan, alcanzaron las carretas cargadas de cofres y baúles.

Sobremonte ya no estaba en el pueblo: los vio venir, saludó a las apuradas y siguió su camino a todo galope, abandonando el tesoro real.

Es necesario reconocer que el virrey Sobremonte fue el primero en concebir un plan para expulsar a los invasores.

Pero tardó tanto en ejecutarlo, que cuando finalmente partió con su ejército cordobés hacia Buenos Aires, la ciudad ya había sido reconquistada por Liniers.

Conocer Sobre la Segunda Invasión Inglesa en 1808

Consecuencias de las Invasiones Inglesas al Rio de la Plata

CONSECUENCIAS DE LAS INVASIONES INGLESAS AL RÍO DE LA PLATA

Las invasiones inglesas tuvieron efectos fundamentales en la relación de Buenos Aires con España.

Por una lado , acentuaron el enfrentamiento entre los comerciantes españoles, fieles al sistema de la metrópolis (un sistema económico que los privilegiaba) y la clase criolla que se oponía al monopolio y se identificaba con las nuevas ideas igualitarias.

Por el otro, la doble victoria porteña incrementó un sentimiento independentista en una ciudad que ya contaba con su propio ejército.

Si la experiencia había demostrado que podía defenderse sola de un enemigo tan poderoso, sin la ayuda de la Corona ni del Virreinato del Perú, ¿por qué no pensar que la colonia podía gobernarse por sí misma?

Incluso entre los españoles había quienes, como Álzaga, aprobaban la tendencia emancipadora siempre que se mantuviera el mismo esquema social y el poder permaneciera del lado español, con absoluta exclusión de los americanos.

Liniers se convirtió en una de las figuras políticas más gravitantes gracias al prestigio militar ganado en las batallas contra Beresford y Whitelocke.

Tenía a su favor una gran adhesión popular y desde mediados de 1807 se desempeñó como virrey interino.

Hacia él se acercaron tanto los criollos más radicales como los españoles conservadores, sabedores de que este francés, monárquico convencido, profesaba una inquebrantable lealtad hacia la Corona.

Entre los grupos antagónicos empezaron a gestarse una serie de sordas pujas políticas, insertadas dentro de un marco internacional cada vez más complicado y cambiante.

El fracaso de las dos invasiones convenció al gobierno británico de cambiar de estrategia: en lugar de intentar apoderarse de las colonias sudamericanas se dedicó a favorecer su independencia.

invasiones inglesas

Las invasiones inglesas obedecieron a un largo afán del gobierno de Inglaterra de extender sus dominios hacia estas regiones.

A pesar de la derrota sufrida y del fracaso de las dos primeras invasiones, el gobierno inglés no abandonó su propósito.

Después de procesar a Whitelocke ordenó la formación de otro ejército expedicionario designando como jefe al general Wellesley, duque de Wellington, futuro vencedor de Napoleón en Waterloo.

Los acontecimientos europeos y los afanes imperialistas de Napoleón obligaron a dar otro destino a este ejército. Pero Buenos Aires debió vivir permanentemente preparado para hacer frente a una nueva invasión.

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Podemos decir que:

Las invasiones inglesas dejaron honda huella en el Plata.

En primer lugar obligaron a la formación de cuerpos nativos que serian luego el brazo armado de la Revolución.

Contribuyeron al desprestigio del gobierno español: un virrey había sido destituido y arrestado y la colonia se había defendido sin tener en cuenta la ayuda de la metrópoli.

La situación europea y el dominio del mar ejercido por Inglaterra impedían todo auxilio peninsular.

El gobierno inglés desestimando un tercer intento al variar la situación europea en 1808, cambió su política; en el futuro favorecería las tendencias emancipadoras como medio de lograr sus metas económicas.

► Consecuencias:

  • Dejó a las claras que las tropas metropolitanas eran incapaces de defender las colonias.
  • Hubo un resentimiento popular en repudio  a la actitud de los funcionarios de gobierno que habían escapado del ataque inglés.
  • Creció un espíritu guerrero en la gente (criollos) que habían colaborado en la defensa de la ciudad. Como así también crecieron  ideas de unión y fraternidad entre los ciudadanos porteños.
  • Se  gestaron ideas revolucionarias de independencia de España.
  • Se creó una nutrido ejército formado por criollos para la defensa local.
  • El gobierno seguía en manos de los peninsulares, que eran los grandes comerciantes monopolistas y los criollos seguían sin poder acceder a estos cargos.

Las invasiones inglesas sentaron un precedente para la Revolución de Mayo de 1810, ya que demostraron que las colonias podían defenderse por su cuenta sin ayuda de la metrópoli, a la vez que el nombramiento de Liniers y una serie de decisiones que se tomaron de manera local, sirvieron como precedente de la autodeterminación que podía ser ejercida.

► LA SITUACIÓN POLÍTICA ENTRE 1807 Y 1810:

En 1807 los ingleses dejaron atrás su derrota y un pueblo armado y entusiasta.

Pero había algo más, transcurrieron casi tres años desde la Defensa hasta los sucesos que conocemos como Revolución de Mayo.

En ese lapso en el Río de la Plata se advirtieron claros síntomas de una crisis profunda del sistema colonial.

Dos virreyes, Liniers y Cisneros, ocupan este confuso período. Sus mandatos se vieron alterados por los ecos de la dramática situación europea y los primeros atisbos locales de la Revolución americana, que daría surgimiento a más de veinte naciones independientes.

► EUROPA ENTRE 1806 y 1809.

A la sombra amenazante de Napoleón, la política española contemporánea de las invasiones inglesas se desarrollaba vacilante.

En la realidad, Carlos IV había dejado el gobierno en manos de su favorito, Manuel Godoy, que ostentaba el título! de Príncipe de la Paz, cuya política osciló entre la alianza con el emperador francés y las negociaciones secretas con Inglaterra.

Las victorias napoleónicas de 1806 inclinaron a Godoy hacia la primera posibilidad.

La negativa de Portugal a unirse al bloquee continental provocó, en octubre de 1807, la invasión francesa a ese país.

La corte lusitania huyó a Río de Janeiro y Francia y España s dividieron la pequeña nación por el acuerdo de Fontainebleau.

Las disidencias entre Carlos IV y Godoy por un lado y el heredero al trono, príncipe Fernando, por otro, mostraron a Napoleón la debilidad de la monarquía española y aprovechó la presencia de sus fuerzas en la península Ibéril para ocupar con ellas puntos estratégicos.

 En mayo de 1808 fueron convocados los disidente a Bayona (Francia). Fernando VII reemplazante de su padre tras el motín de Aranjü presionado por el monarca corso se vio obligado a abdicar en favor de Carlos IV quien a su vez, cedió el trono a Napoleón.

El 6 de junio José Bonaparte, rey de Nápoles y hermano del emperador, fue nombrado por éste rey de España. Los reyes hispanos quedaron prisioneros en Francia.

El 2 y 3 de mayo un motín madrileño contra las fuerzas galas desató la rebelión general en Oviedo, Cádiz, Valencia, y otras ciudades. Napoleón Bonaparte debió acudir a restablecer el poder de su hermano, que había abandonado Madrid.

Pese a las victorias napoleónicas, la guerra va no cesaría en España.

Espontáneamente, por todo el territorio, surgieron “juntas” que gobernaban a nombre de Fernando VII. (imagen)

Ante éste vuelco Gran Bretaña se convirtió en aliada de los sublevados españoles.

► AMPLIACIÓN SOBRE LAS CONSECUENCIAS

Las invasiones de los ingleses tuvieron para el pueblo de Buenos Aires consecuencias que luego influyeron en el proceso de emancipación. Señalaremos algunas:

1. Fue estímulo al sentimiento patrio. La población de Buenos Aires en forma unánime puso todos sus recursos y heroísmo en la defensa. Defendieron estas regiones como su propia patria.

2. El pueblo tuvo activa y consciente participación en los sucesos y de hecho ejerció su poder soberano. La voluntad popular se impuso en el nombramiento de Liniers como jefe militar en el Cabildo Abierto del 14 de agosto, después de la reconquista. Se impuso también en la Junta de Guerra del 10 de febrero de 1807 destituyendo y aprisionando a Sobremonte y confiriendo el mando político a la Audiencia.

3. Puso a los habitantes de Buenos Aires en contacto con nuevas ideas políticas de que eran portadores los vencidos invasores. Los prisioneros encontraron eco para la difusión de sus ideas políticas.

Los ingleses durante su breve dominio pusieron en vigencia un régimen que garantizaba la libertad de culto y de conciencia, los derechos individuales, la propiedad, la libertad de comercio, la administración de justicia. Desde las columnas de La Estrella del Sur en Montevideo también difundieron ideas liberales.

4. Ahondó el natural antagonismo existente entre españoles europeos y criollos. Cada uno de los grupos se atribuía a sí mismo la parte más importante del triunfo. Se formaron de hecho dos partidos con sus jefes naturales surgidos de la misma acción contra los ingleses. El partido de los españoles reconocía como jefe a Martín de Alzaga; el de los criollos, a Santiago de Liniers.

5. Dio la primacía militar a los criollos. Este hecho es de primordial importancia, pues, fue lo que posibilitó el desenlace de los sucesos del 25 de Mayo de 1810 en favor de la posición patriota.

Una orden de Liniers después de la primera invasión dispuso el alistamiento y adiestramiento militar de todos los hombres de 16 a 50 años de edad. Criollos y españoles constituían nuevos regimientos.

Los soldados elegían a los oficiales y ios oficiales a los jefes.

El método democrático se practicaba en los cuarteles.

Se formaron cinco batallones de criollos, cuatro de ellos estaban formados por nativos de Buenos Aires, uno de los cuales estaba constituido exclusivamente por pardos y morenos.

Al regimiento de Patricios le correspondió luego una función preponderante. El quinto batallón, de Arribeños, lo formaban hombres del interior.

Los españoles formaron sus batallones según sus regiones de origen, andaluces, gallegos, cántabros, montañeses, etc.

Entre tropas de línea y milicias ciudadanas el ejército contaba con 8.000 hombres, de los cuales más de 5.000 eran nativos.

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El Fracaso de las Invasiones Inglesas Según Un Oficial Ingles

LA DERROTA DE LAS INVASIONES INGLESAS VISTA POR UN OFICIAL INGLES

El teniente coronel Lancelot Halland fue un distinguido oficial inglés que participé en el ataque a Buenos Aires en 1807, incorporado al Estado Mayor del general Craufurd.

Escribió un interesante Diario donde recuerda esas jornadas: “Las calles de Buenos Aires corren todas paralelas o en ángulos rectos entre sí …

Trece columnas debían penetrar en la ciudad y ocupar las posiciones fuertes hasta llegar al río (marchaban desde los Corrales de Miserere, actual Plaza Once).

A las seis de la mañana las columnas empezaron a moverse.

La brigada del general Craufurd, a la que yo pertenecía, fue dividida en dos; él dirigió la fracción derecha, consistente en cuatro compañías de infantería ligera y cuatro del Regimiento 95, con un cañón para balas de tres libras.

El coronel Pack dirigió la izquierda con fuerzas iguales y fue duramente atacado en las calles, dejando gran número de oficiales y soldados en el trayecto.

Nosotros avanzamos hasta llegar al río con pocas pérdidas. Entramos en la iglesia de Santo Domingo donde recobramos las banderas del Regimiento 71, perdidas en 1806.

Después de varias horas de intensa lucha, a las cuatro de la tarde el general Craufurd izó bandera de parlamento ante la imposibilidad de seguir resistiendo.

En la puerta de Santo Domingo se presentó el general Elio (Francisco Javier de Elío), un hombre sucio y mal vestido rodeado por una vociferante gentuza armada, que ululaba y chillaba.

Se arregló la rendición y se ordenó que saliéramos del templo sin armas. Nuestros soldados lloraban.

Se nos hizo marchar hasta el Fuerte a través de las calles llenas de gentuza de tez muy oscura, bajas y mal hechas, cubiertas con mantas rotosas, sin orden ni uniformidad entre ellas.

Al llegar al Fuerte, fuimos introducidas en una sala llena de oficiales británicos prisioneros.

El general Barbiani (César Balbiani), un hombrecillo enojadizo, pero cortés, nos hizo firmar un compromiso de no servir contra España hasta ser canjeados.

Por la mañana, nos ofreció chocolate como desayuno.

Los oficiales españoles parecen vivir de una manera sucia e incómoda.

Barbiani es el segundo jefe de la plaza, sin embargo, él mismo se hace la cama, se limpia la mesa, etc.

El y todos sus oficiales duermen todos en una misma pieza, sobre colchones, sin sacarse la ropa.

No se lavan ni se afeitan. Son grandes fumadores de cigarros.

En general son gente cortés, pero analfabetas y mal educados, salvo algunas excepciones.

Liniers invitó a todos los oficiales a comer; la comida fue muy buena.

Por la mañana, pedí una navaja para afeitarme, y me llevaron a la habitación de Liniers que acababa de dejar el lecho y se estaba vistiendo.

Liniers buscó personalmente una navaja, una camisa, y durante media hora, un nuevo cepillo de dientes, para mí “

Fuente Consultada: Historia 3 La Nación Argentina (kapelusz) – Wikipedia

Enlace Externo:Cronologia de las Invasiones Inglesas (Libro Online)

Biografía de Guillermo Brown y el Sitio Naval a Montevideo

Biografía de Guillermo Brown y el Sitio Naval a Montevideo

BROWN GUILLERMO: Guillermo Brown nació en Foxford, Irlanda, el 22 de junio de 1777.

Su nombre está íntimamente vinculado a las luchas por la independencia argentina, a la guerra contra el Imperio del Brasil, a las luchas; civiles del período de Rosas.

Emigró con sus padres a los Estados Unidos siendo todavía un niño.

Quedó huérfano a corta edad y entra como grumete en un barco de guerra inglés.

Años después se le encuentra al mando de una nave de pabellón británico que fue apresado por los franceses y conducida a Metz con su comandante. 

Brown consigue fugarse y llegar a Inglaterra tras no pocas peripecias.

Contrajo allí matrimonio en 1809 y emigró hacia él Río de la Plata, a donde llega el mismo año.

Después de una breve permanencia en Montevideo se traslada a Buenos Aires y se compra una Goleta llamada «Industria» para realizar un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo.

Al producirse la Revolución de Mayo se adhiere al movimiento y en 1814 acepta el mando de una escuadrilla para hacer frente a las interferencias de los buques españoles.

El gobierno de Buenos Aires compra y arma la fragata Hércules, los bergantines Zephoys y Nancy y la goleta Juliet.

Se les reúnen después. las goletas Julieta y Fortunata, la cañonera Tortuga y el falucho San Luis, con los que el 10 de marzo hace rumbo a Martín García, isla en la que desembarca.

Luego se dirigió a Montevideo y el 17 de mayo tuvo una gran victoria sobre los buques realistas, superiores en número y armamento.

Cooperó positivamente en el sitio a Montevideo, plaza que bombardeó y cuya rendición, ocurrida en junio, debiose en gran parte al asedio marítimo.

Biografía de Guillermo Brown y el Sitio Naval a Montevideo

El Supremo Director Posadas, lo ascendió a Coronel, como premio a su comportamiento.

Tuvo prisionero a borde del Hércules al Gral. Vigodet que regresó a España al cabo de 14 días.

Brown tuvo que regresar a Buenos Aires a consecuencia de una herida que habla recibido en combate y el gobierno lo designa Comandante General de la Marina.

Por los efectos de esa herida queda cojo para toda la vida.

Posteriormente, se retira a su quinta de Barracas, donde permanece alejado de la vida pública hasta que en 1826 lo llama a servicio el presidente Rivadavia.

Ese año combate en el puerto de la Colonia contra la escuadra brasileña, resultándose adversa la suerte, hasta que con once embarcaciones mal pertrechadas y con una tripulación pobre derrota a los brasileños que mandaban 31 unidades.

Este fue el histórico combate naval de Los Pozos, realizado el 11 de junio de 1826.

Al año siguiente el 9 de febrero, volvió a derrotarlos en Juncal.

Obtiene una nueva victoria en Monte Santiago, pero en. ese combate pierde la vida el capitán Francisco Drummond, novio de su hija Elisa Brown, la cual al enterarse de la noticia se suicida.

Este hecho marca en la vida psíquica del marino una de las etapas decisivas de la neurosis que llegó a dominarlo.

En 1829, vuelve a la vida privada y en 1837 hace un viaje a su país natal.

A principios de 1841, Rosas le confía la misión de crear una escuadra para hacer frente a Jadel Gral. Riveraya los buques extranjeros que tanto le molestaban con sus agresiones.

El 27 de febrero hacía flamear su insignia de Almirante en el bergantín Belgrano.

En mayo derrotó a los riveristas frente a Montevideo y en 1842 venció a la escuadra adversaria mandada por Garibaldi.

En 1843 Rosas encargó al Almirante Brown que estableciera el bloqueo del puerto de Montevideo, al iniciarse el siíio terrestre de esta plaza por el ejército del general Oribe.

Brown izó su insignia en el «BELGRANO», (capitán Thorne) constituyendo el resto de su escuadra: el «25 DE MAYO», el «SAN MARTIN» y el «9 DE JULIO».

El bloqueo de Montevideo por mar empezó a comienzos de febrero de 1843, pero la intervención del comodoro inglés Purvis aflojó completamente la influencia de aquél, desconociéndolo y prácticamente imposibilitándolo en toda forma.

Grandes sinsabores cosió a Brown este bloqueo y después de numerosos inconvenientes por la intromisión británica, el Almirante regresó a Buenos Aires, el 16 de mayo.

El 29 y 30 de este mes prestó eficaz auxilio a numerosas embarcaciones arrojadas sobre la costa del puerto por el violento temporal que se desencadenó en estos días.

El 19 de junio volvió a zarpar para Montevideo, aunque no en son de escuad’a bloqueadora.

El 6 de septiembre Brown recibía en aquellas aguas orden del ministro Arana de extender el bloqueo de víveres hasta el puerto de Maldonado, y finalmente, a comienzos de octubre se restablece con todo rigor desde el último punto hasta Montevideo.

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En 1843 bloquea Montevideo por orden de Rosas, bloqueo que la intervención británica hizo fracasar. En 1845, se vió forzado a regresar a Buenos Aires obligándolo las escuadras europeas a firmar un documento por el que se comprometía, dada su calidad de británico a no intervenir más en aquella contienda.

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Con intermitencias producidas por la intervención de las marina anglo-francesa, el almirante Brown prosiguió ejerciendo el bloqueo frente a Montevideo y Maldonado hasta el 2 7 de junio de 1844, en que llegó a Buenos Aires a bordo del «BELGRANO» y se desembarcó después de una ausencia de más de un año, pues no había regresado desde su partida el 1 9 de junio del año anterior.

El coronel Toll fue su relevo en el mando de la escuadra, frente a Montevideo.

No obstante esto, el año sigu’ente volvió Brown a tener bajo su mando las fuerzas bloqueadoras de Montevideo, pues había continuado al mando de la marina rosista.

El 31 de julio de 1845, ante la presión de las escuadras anglo – francesa, se vio obligado a regresar a Buenos Aires y entregar antes de llegar a este puerto (no lejos de Montevideo), el «SAN MARTIN», «25 DE MAYO» y la «9 DE JULIO» después de haber recibido el buque insignia de Brown un impacto a la altura de la cámara del Almirante.

En los 3 barcos izaron el pabellón extranjero.

A Brown y demás oficiales de nacionalidad británica, les obligaron a firmar un compromiso de que no volverían a intervenir más en aquella contienda Brown llegó a Buenos Aires el día 7 de agosto de 1845. Fue su último acto de vida marítima.

A mediados de 1847 estuvo en la plaza sitiada de Montevideo, en viaje de paseo a Inglaterra.

En aquella plaza «fue perfectamente recibido», según expresa De María, y permaneció varios días.

Había salido de Buenos Aires el 23 de julio de aquel año. Regresó de Irlanda al poco tiempo.

En 1853 fue miembro de la «Junta de Marina» cuyo objeto principal era reformar la armada del Estado de Buenos Aires.

En 1854, se embarcó para los Estados Unidos a fin de acompañar los restos del general Alvear. los que fueron depositados en el Cementerio de la Recoleta, el 26 de julio de aquel año.
El 3 de marzo de 1857 falleció en esta capital.

Fallece en Buenos Aires el 3 de marzo de 1857. 

Brown simboliza toda la historia naval argentina, dice Bartolomé Mitre 

«No teníamos astilleros, ni maderas, ni marineros, ni nuestro carácter nos arrastraba a las aventuras del mar, ni nadie se imaginaba que sin esos elementos pudiéramos competir algún día sobre las aguas con potencias marítimas que enarbolaban en bosques de mástiles centenares de gallardetes.

Este prodigio lo realizó el Almirante Brown en los momentos de mayor conflicto en las dos guerras nacionales que ha sostenido la Argentina».

Brown era casado con doña Isabel Chitty, natural de Inglaterra, y los hijos del matrimonio fueron: Guillermo, Juan Benito, Eduardo, Martina, Rosa y Natividad Brown.

Al Almirante le sobrevivió su esposa. El cadáver de Brown permaneció diez años en el sepulcro del general Paz, hasta que su familia le erigió el mausoleo donde reposa .

El hermano del Almirante, MIGUEL BROWN, llegó a Buenos Aires tiempo después de su hermano Guillermo.

Por un convenio que celebró este último el 1º de septiembre de 1815 con el Gobierno de las Provincia Unidas, Miguel Brown fue nombrado comandante de la fragata «HERCULES» cuando se resolvió que Guillermo quedase en Buenos Aires.

El cuñado del almirante Brown, Watel Dawes Chitty, fue designado para mandar la «TRINIDAD1». Pero como se ha dicho en la biografía del Almirante, este último zarpó a cargo de los dos buques, contrariando las órdenes del Gobierno, el 15 de septiembre del mismo año.

Al día siguiente el último envió una nota a Brown invitándolo a regresar a lo que no dio cumplimiento, y continuó su viaje relatado más arriba.

Hemos visto la actuación de Miguel Brown en la empresa contra Guayaquil.

Este último realizó todo el crucero por el Pacífico y de regreso a las aguas del Atlántico Sur, llegó hasta Río Grande (Brasil), donde fue desembarcado por hallarse atacado de fiebre, y la falta de médico a bordo no le permitía proseguir la expedición con su hermano. Regresó a Inglaterra una vez curado.

En abril de 1828, Miguel Brown volvió al Río de la Plata, precisamente cuando aún su hermano ejercía las funciones de gobernador delegado del general Lavalle que se hallaba en campaña.

• PARA SABER MAS…
LAS PRIMERAS FUERZAS NAVALES ARGENTINAS

Al triunfar la revolución de Mayo e instalarse el gobierno provisional, la situación naval apareció como claramente desfavorable: los leales a España conservaron en su poder la plaza rival de Montevideo y disponían allí de una. considerable flotilla integrada por unas treinta naves de mediano y pequeño porte que hostigaron a la ciudad de Buenos Aires e incursionaron por los ríos litorales en los primeros meses de la guerra por la Independencia.

El gobierno revolucionario, por su parte, contaba con pequeñas embarcaciones de escaso valor real.

Entre fines de 1810 y principios de 1811 se trató de subsanar esa situación encomendando la tarea al vocal de la Junta Grande Francisco de Gurruchaga (ex combatiente en Trafalgar bajo el mando de Cisneros).

Acondicionó embarcaciones precarias y recurrió principalmente a marinos de origen extranjero, y así logró armar una pequeña escuadrilla: la goleta «Invencible», el bergantín «25 de Mayo» y la balandra «Americana».

Los comandaba el maltes Juan B. Azopardo y entre sus jefes se hallaba el francés Hipólito Bouchard. En conjunto sumaban 200 tripulantes y 33 piezas de artillería.

Pero fueron derrotados por una fuerza española más potente en San Nicolás (marzo de 1811).

Mejor suerte le correspondió a la fuerza naval organizada en 1814 con destino al segundo sitio de Montevideo: conducida por el irlandés Guillermo Brown, la flamante marina argentina logró el dominio del estuario y batió exitosamente a los realistas en el combate de El Buceo (14 al 17 de mayo de 1814).

En su parte al gobierno, Brown -tras reseñar los accidentes de la lucha y las bajas causadas al enemigo- afirmó;

«Creo que de este modo las armas de la Patria han alcanzado completa victoria sobre una fuerza muy superior…». Esa «completa victoria» hizo así posible la captura de Montevideo, que fue estimada por José de San Martín como la mayor victoria obtenida hasta entonces por las armas emancipadoras. El factor naval fue también decisivo en la posterior expedición libertadora de San Martín al Perú.

La guerra de corso, recurso habitual en la época, fue también empleada contra la navegación realista.

Las acciones más destacadas en este sentido fueron obra de los ya citados Brown y Bouchard.

Este último, al mando de la fragata «La Argentina», realizó un viaje en torno del globo hostilizando el tráfico enemigo en el Pacífico.

El gobierno concedió también patentes de corsario a marinos extranjeros que llevaron la guerra a España bajo pabellón celeste y blanco, sin haber tocado siquiera el puerto de Buenos Aires (fue el caso de los norteamericanos que operaron, por ejemplo, desde Baltimore).

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• FRENTE A JOSÉ GARIBALDI:

El 15 de agosto de 1842 el Almirante Brown en aguas del Río Paraná en Costa Brava, derrota a una fuerza naval riverista que era comandada nada menos que por el héroe italiano José Garibaldi «Déjenlo escapar, ese gringo es un valiente» es la orden que Brown le imparte a sus subordinados cuando pretendían perseguirlo para ultimarlo.

Producida la caida del régimen que encabezaba Rosas, muchos marinos fueron eliminados del escalafón activo de la Armada, pero no el Comandante de la Escuadra de la Confederación.

Por el contrario, el Ministro de Guerra y Marina le cursa al Almirante Brown una comunicación manifestando:

«El Gobierno con esa medida ha consultado la decidida predilección a que VE. tiene títulos por sus viejos y leales servicios a la República Argentina en las más solemnes épocas de su carrera».

Retirado en su quinta de Barracas fue visitado por Grenfell que había sido su adversario en la guerra contra el Brasil.

Al manifestarle aquél cuan ingratas eran las Repúblicas con sus buenos servidores, contestó el anciano Almirante:

«Señor Grenfell no me pesa haber sido útil a la patria de mis hijos: considero supérfluos los honores y las riquezas cuando bastan seis píes de tierra para descansar de tantas fatigas y dolores».

El 3 de marzo de 1857 fallece el Almirante Brown y el gobierno decretó honras al ilustre marino que, como decían los considerandos de la resolución oficial «simboliza las glorias navales de la República Argentina y cuya vida ha estado consagrada constantemente al servicio público en las guerras nacionales que ha sostenido nuestra patria desde la época de la independencia».

El General Mitre en ocasión de despedir los despojos mortales, dijo de Brown:

«Brown en la vida, de pie sobre la popa de su bajel, valía para nosotros por toda una flota»

Temas Relacionados:

Enlace Externo:El Almirante Guillermo Brown y las batallas por la libertad

Pensamiento Educativo de Belgrano y La Educacion de la Mujer

Pensamiento Educativo de Belgrano y La Educacion de la Mujer

Campaña Educacional de Manuel Belgrano:

El despertar social de Europa, como consecuencia de las teorías proclamadas por los filósofos de la ilustración del siglo XVIII, (ilustración francesa) tuvo eco en nuestro territorio sólo a través de influencias aisladas.

Las doctrinas en boga en el viejo continente fueron conocidas aquí en forma fragmentaria, pero las pocas ideas de libertad y autonomía que consiguieron burlar la censura española pronto prendieron en el espíritu libre de prejuicios de los hombres de la nueva generación, preparando el clima social y político para el estallido revolucionario.

Belgrano realiza su prédica educacional a través de las memorias del Consulado y de los artículos del Correo de Comercio.

En la primera Memoria, de 1796, destaca la necesidad de crear escuelas primarias «donde puedan los infelices mandar sus hijos sin tener que pagar cosa alguna por su instrucción.

Así se les podrán dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde reine la ociosidad, decae el comercio y toma su lugar la miseria».

Belgrano veía la solución de nuestros problemas económicos en la libertad de comercio y en la educación agrícola de las familias rurales, pues la explotación del suelo habría de constituir la base de la riqueza de nuestro territorio.

Destaca la necesidad urgente de establecer escuelas gratuitas de ambos sexos en «todas las ciudades, villas y lugares sujetos a nuestra jurisdicción».

Pero, de acuerdo con el criterio de la época, no admite que a ellas puedan concurrir negros y mulatos, y se muestra también contrario a la coeducación de sexos.

En cambio, incluye en el plan de estudios para las escuelas de niñas la enseñanza de las primeras letras.

Desde las páginas del Correo de Comercio, periódico que publicó su primer número el 3 de marzo de 1810 y el último el 5 de abril de,1811, realiza «una conspiración sorda y anodina», al decir de Mitre, insistiendo en la necesidad de educar al pueblo.

Para lograr este propósito, traza un programa de acción «muy sencillo y poco costoso» consistente en interesar a los Cabildos, los jueces y los curas de todas las parroquias para que insten a los padres a mandar a sus hijos a las escuelas.

«Pónganse escuelas de primeras letras -agrega- costeadas de los propios y arbitrios de las Ciudades y Villas, en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, y muy particularmente en la Campaña .. ,

obliguen los Jueces a los Padres a que manden sus hijos a la escuela, por todos los medios que la prudencia es capaz de dictar, y si hubiese algunos que desconociendo tan sagrada obligación se resistieren a su cumplimiento, como verdaderos Padres que son de la Patria, tomen a su cargo los hijos de ella, pónganlos al cuidado de personas que los atiendan y executen 10 que debían practicar aquellos Padres desnaturalizados».

En este plan se ocupa también del sueldo de los preceptores, libros de texto, condiciones que deben reunir los maestros, etcétera.

Más adelante, en los números 9 y 10, y con motivo de un proyecto para establecer un hospital, Belgrano afirma que la mejor manera de ayudar a los pobres es preocupándose de la educación de sus hijos.

Ya que todas las parroquias realizan obras de caridad, podrían aplicar parte del producto de las limosnas para establecer «escuelas para las niñas pobres, donde aprendiesen a leer, escribir, coser, etc.

Y asimismos otras para enseñarles alguna especie de industria».

Se trata, como se ve, de un antecedente de la Sociedad de Beneficencia que más adelante establecería Rivadavia.

Belgrano no fue sólo un teorizador.

Trató de llevar a la práctica numerosos proyectos sobre la creación de escuelas de enseñanzas especiales.

Propició el establecimiento de una escuela de comercio donde se ‘enseñaría aritmética, y otra de agricultura donde se aprendiese a cultivar las tierras de acuerdo con las características de cada región, renovando asimismo los antiguos métodos de labranza.

Estas iniciativas no llegaron a cristalizar. Mejor suerte tuvieron, en cambio, la Academia de Náutica y la Escuela de Dibujo, creadas en 1799.

Donación Para La Educación

El gobierno de Buenos Aires, a raíz del triunfo de Salta, dispuso que al jefe de los ejércitos patriotas, general Manuel Belgrano, se lo premiaría con un sable con virola de oro, en el que podría leerse

“La Asamblea Constituyente, al benemérito general Belgrano”.

Además se le otorgarían cuarenta mil pesos como recompensa. Siendo vocal del primer gobierno patrio ya el generoso don Manuel había renunciado en 1810 a su sueldo de tres mil pesos, y cuando se lo nombró jefe del Regimiento de Patricios también cedió la mitad de su recompensa pecuniaria.

Biografía de Manuel Belgrano Cronologia de su Vida y Obra

Al anoticiarse de la decisión de la Asamblea don Manuel envió desde Jujuy una correspondencia a Buenos Aires en la que expresaba su decisión de:

“Destinar los cuarenta mil pesos para la dotación de cuatro escuelas públicas de primeras letras, en las que se enseñe a leer, escribir, la aritmética, la doctrina cristiana y los primeros rudimentos de los derechos y obligaciones del hombre en sociedad hacia ésta y el gobierno que la rija, en cuatro ciudades, a saber, Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, que carecen de un establecimiento tan esencial e interesante a la Religión y al Estado y aun ni arbitrios para realizarlos.”

Pero no se limitó don Manuel a desprenderse de una suma entonces importante para que los niños pobres de esas comarcas recibieran educación gratuita, generosidad que su patria mal retribuiría al cabo de los años condenándolo a morir en la más absoluta pobreza y sin atender a sus reclamos por sueldos impagos, sino que también redactó un “Reglamento” para el funcionamiento de dichos establecimientos educativos.

Los artículos de dicho reglamento son poderosamente reveladores de la lúcida concepción que Belgrano tenía de lo educativo y de su importancia en la sociedad.

Es así que en el Artículo 1º privilegia la buena retribución al maestro estableciendo que se destinen quinientos pesos anuales para cada escuela, de los que cuatrocientos serán para su pago y los cien restantes para “papel, pluma, tinta, libros y catecismo para los niños de padres pobres que no tengan como costearlo”.

Para evitar el “dedazo” o “acomodo” imponía el sistema del concurso u oposición:

“Se admitirán los memoriales de los opositores con los documentos que califiquen su idoneidad y costumbres, oirá acerca de ellos el síndico procurador, y cumplido el término de la convocación, que nunca será menor de veinticinco días, nombrará dos sujetos de los más capaces e instruidos del pueblo, para que ante ellos, el vicario eclesiástico y el procurador de la ciudad, se verifique la oposición públicamente en el día señalado”.

Dicho concurso, como lo indica el artículo 40, debía abrirse cada tres años, para garantizar que el maestro fuera el más capacitado para ejercer tan delicada tarea.

No era ajeno a la voluntad de don Manuel el estímulo a los jóvenes que así lo merecieran:

“Se les dará asiento de preferencia, algún premio, distinción de honor, procediéndose en esto con justicia” (artículo 60).

Tres artículos, el 7º el 8º y el 9º, están dedicados a la formación espiritual de los niños y jóvenes.

Belgrano era católico confeso y practicante: años más tarde, al ser relevado del mando del Ejército del Norte por su amigo el general San Martín, le escribirá, en camino hacia Buenos Aires para ser juzgado por sus derrotas enVilcapugio y Ayohúma:

“Acuérdese V. de que es un general cristiano, apostólico romano, cele V. de que en nada, ni aun en las conversaciones más triviales, se falte respeto de cuanto diga a nuestra Santa Religión.”

Prudente en penitencias y castigos, en épocas propensas a los mismos, siempre obsesionado por la justicia, Belgrano propone qu:

“si hubiese algún joven de tan mala índole o de costumbres tan corrompidas que se manifieste incorregible, podrá ser despedido secretamente de la escuela con la intervención del alcalde de primer voto, el regidor más antiguo y el vicario de la ciudad, quienes se reunirán a deliberar en vista de lo que previa y privadamente les informe el preceptor”.

Insiste en que a los alumnos “por ningún motivo se les expondrá a la vergüenza pública” (artículo 15º).

Tendrá también maravillosas expresiones hacia el maestro, de sorprendente actualidad:

“Procurará con su conducta en todas sus expresiones y modos inspirar a sus alumnos amor al orden, respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la verdad y a las ciencias, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que tienda a la profusión y al lujo en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y un espíritu nacional que les haga preferir el bien público al privado y estimar en más la calidad de americano que la de extranjero”

Artículo 18.

En seguida, en el artículo 19, nos seguirá asombrando:

“Tendrá gran cuidado en que todos se presenten con aseo en su persona y vestido, pero  no permitirá que nadie use lujo aunque sus padres puedan y quieran costearlo”. Quizás lo más remarcable del “Reglamento” de don Manuel Belgrano es la jerarquía que confiere a la tarea del educador.

Tanto es así que en el artículo 8 no duda en indicar ejemplarmente: “En las celebraciones del Patrono de la ciudad, del aniversario de nuestra regeneración política y otras  de celebridad, se le dará asiento al maestro en cuerpo del Cabildo, reputándosele por un Padre de la Patria.

Aunque circunstancias lo obligaron al fragor de las batallas para hacernos libres, nuestro prócer coincidía con lo que Epicteto había afirmado siglos antes: “Sólo las personas que han recibido educación son verdaderamente libres”

SOBRE LA EDUCACIÓN A LAS MUJERES:

Hemos dicho que uno de los objetos de la política es formar las buenas costumbres en el Estado; y en efecto, son esencialísimas para la felicidad moral y física de una nación.

(…) Pero ¿cómo formar las buenas costumbres y generalizarlas con uniformidad?. ¡Qué pronto hallaríamos la contestación si la enseñanza de ambos sexos estuviera en el pie debido!.

Mas, por desgracia, el seco que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas y de la ignorancia.

(…) Todos estamos convencidos de estas verdades.

Ellas nos son sumamente dolorosas a pesar de lo mucho que suple a esta terrible falta el talento privilegiado que distingue a nuestro bello sexo y que tanto más es acreedora a la admiración cuando rnás privado se halla de medios de ilustrarse.

La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y a presentarnos conciudadanos en quienes debe inspirar las primeras ideas, ¿y qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado? .

¿Cómo ha de desenrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos?

¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu, y que estas calidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden?

Ruboricémonos, pero digámoslo: nadie; y es tiempo ya de que se arbitren los medios de desviar un tan grave daño si se quiere que las buenas costumbres sean generales y uniformes.

Nuestros lectores tal vez se fastidiarán con que les hablemos tanto de escuelas; pero que se convenzan de que existen en un país nuevo que necesita echar los fundamentos de su prosperidad perpetua, y que aquéllos, para ser sólidos y permanentes, es preciso que se compongan de las virtudes morales y sociales que sólo pueden imprimirse bien presentando a la juventud buenos ejemplos, iluminados con la antorcha sagrada de nuestra religión.

(…) Ciudadanos, por nacimiento o elección, de toda la España Americana, fijad vuestra vista y considerad la terrible falta en que estamos de buenas costumbres; muy pronto os arrebatará vuestro espíritu generoso a remediarlas.

Discurrid, proponed arbitrios a nuestro gobierno que, como sean asequibles, los adoptará inmediatamente, pues que estas ideas son suyas y no se separan un instante solo de su atención, como del interés universal.

Manuel Belgrano
JOSÉ CARLOS CHIARAMONTE,
CIUDADES, PROVINCIAS, ESTADOS
ORÍGENES DE LA NACIÓN ARGENTINA.

Biografía de Manuel Belgrano Cronologia de su Vida y Obra

Historia de la Bandera ArgentinaBelgrano es el creador de la bandera “Azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre.

La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul.

Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer. (Image: Bandera Argentina en 1818)

Algunos utilizan el argumento para defender el celeste, por el hecho de que por la “sincera religiosidad de Belgrano”, este debió tomar el celeste de la virgen y no el azul.

Sin embargo la “sincera religiosidad de Belgrano” no contradice el hecho de que usara al azul ya que algunos suponen que el azul-celeste de los patricios fue tomado de la Orden de Carlos III, otros, de la inmaculada Concepción, y otros que ambos colores (el blanco y el azul) fueron sacados del escudo de la ciudad de Buenos Aires, cuyos colores eran precisamente blanco y azul.”

Lo cierto es que el Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”.

Tampoco fueron “celestes y blancas” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”.

Fueron solamente blancas. La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios.

Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires. (Fuente Amiga Consultada: La Gazeta Federal)

Fuente Consultada: Héroes Malditos de Pacho O´Donnell

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Biografía de Manuel Belgrano:Cronologia de su Vida y Obra

Biografía de Manuel Belgrano-Cronologia de su Vida y Obra Politica-Militar

Una mañana de 1812, un comandante iza una bandera celeste y blanca en las barrancas del río Paraná.

Sus tropas parten para luchar por la emancipación de la Argentina.

Si bien los textos escolares lo recuerdan como el Creador de la Bandera Nacional y uno de los más importantes jefes del Ejército revolucionario, a Manuel Belgrano (1770-1820) le cabe también una fundamental tarea en el establecimiento de las primeras instituciones educativas y culturales del país.

Biografía de Manuel Belgrano Cronologia de su Vida y Obra

Manuel Belgrano, unos de los padres  de la independencia Argentina

La idea de crear un símbolo patrio se le ocurrió después de constatar que quienes habían promovido el movimiento revolucionario en 1810, no tenían ningún emblema que los distinguiera.

Eligió el azul celeste y el blanco, que eran los colores del manto de la Inmaculada Concepción.

Y en el centro colocó un sol dorado.

En un principio, otros líderes patriotas reprendieron a Belgrano, pues les parecía imprudente izar la bandera antes de haber vencido a los españoles.

Pero, con el triunfo de la independencia, en 1816, la adoptaron como la bandera oficial de su país.

Un pacífico educador:

La preocupación principal de Belgrano fue la de educar al pueblo argentino, pues creía que este era el mejor modo de conducirlo hacia la libertad.

En 1810 se unió a los revolucionarios y participó en la primera junta de gobierno.

Aunque era amante de la paz, aceptó comandar las tropas patriotas y liberó con ellas Tucumán y Salta, antes de entregar el mando al general José de San Martín.

En 1816, los líderes patriotas le consultaron cuál podía ser el mejor sistema de gobierno para Argentina.

El educador, que había viajado por Europa estudiando distintos sistemas, les propuso crear una monarquía dirigida por un emperador inca, idea que no fue aceptada.

BIOGRAFIA, OBRA MILITAR Y POLITICA DE MANUEL BELGRANO

►NACIMIENTO:

El 3 de junio de 1770 nació en Buenos Aires el cuarto hijo del matrimonio formado por Domingo Belgrano y María Josefa González, que sería bautizado como Manuel Joaquín del Corazón de Jesús.

Los numerosos hermanos del futuro prócer ocuparon diversas posiciones dentro de la milicia, el clero o la administración pública, entre ellos Carlos José (n. 1761), José Gregorio (n, 1762), Domingo Estanislao (n. 1768), Francisco (n. 1771) y Joaquín (n. 1773).

manuel belgrano

Criado en el seno de una acomodada familia porteña, la del comerciante italiano Domingo Belgrano y Pérez (o Peri) y la criolla María Josefa González Casero, Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano se educó en el Real Colegio de San Carlos con la mejor formación que podía encontrarse en la colonia en el último cuarto del siglo XVIII, aprendiendo junto con las primeras letras «la gramática latina, filosofía y algo de teología».

►PRIMEROS ESTUDIOS

Luego de realizar sus inicios en el convento de Santo Domingo, Belgrano ingresa en el Colegio de San Carlos, de su ciudad natal, donde se instruye en lógica, física, filosofía, literatura y latín. Allí obtiene el título de licenciado en filosofía.

En 1786, el joven Manuel, es enviado a España junto a su hermano Francisco, para que, bajo la tutela del esposo de su hermana Josefa, José Calderón de la Barca, reciba instrucción sobre comercio.

En España, estudió leyes en Salamanca, Valladolid y Madrid, para recibirse de abogado, finalmente, en la cancillería de Valladolid.

Por esa época, se perfila ya como un intelectual más preocupado en los asuntos económicos que en el estudio de las leyes.

En su Autobiografía, dirá:

«Confieso que mi aplicación no la contraje tanto a la carrera que había ido a emprender, como en el estudio de los idiomas vivos, de la economía política y al derecho público».

Estando él en España, ocurre la Revolución Francesa y el joven argentino se ve envuelto por las ideas iluministas que se desprenden de la gesta francesa:

«Se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le había concedido, y aun las mismas sociedades habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente.»

En 1793 fue designado Secretario perpetuo del Consulado de Buenos Aires, un organismo con funciones económicas y técnicas, relativas al comercio y la producción.

En este rol, Belgrano desarrollará una ardua actividad en la promoción de la industria colonial, de la mejora de la producción agrícola y ganadera, y de las formas de comercio.

Pero también se encuentra Belgrano en Buenos Aires con la más profunda desorganización en todas las materias que interesaban a su función, algo que lo perturbará seriamente:

«Mi ánimo se abatió –dirá- y conocí que nada se haría a favor de las provincias por unos hombres que por sus intereses particulares posponían el del común.»

Orienta entonces su prédica a dotar al Virreinato de instituciones educativas (propone la creación de una escuela de matemáticas, y otras de diseño y de comercio), pero chocará con la desidia de las autoridades virreinales.

No obstante, por su iniciativa nace en 1799 la Escuela de Geometría, Arquitectura, Perspectiva y Dibujo, que se fusionará poco después con la recién creada Escuela de Náutica.

En el Reglamento, que redacta, Belgrano le da derechos igualitarios de educación a los indios (tanto como a criollos y españoles) y ordena cuatro vacantes para huérfanos, mostrando así las altas consideraciones sociales que se gestaron en Europa.

En un discurso de 1802, Belgrano presentará sus ideas acerca de lo que esperaba de la Escuela:

«…sabéis que de aquí van a salir individuos útiles a todo el Estado y en particular a estas provincias; sabéis que ya tenéis de quién echar mano para que conduzcan vuestros buques; sabéis que con los principios que en ella se enseña tendréis militares excelentes; y sabéis también que hallaréis jóvenes que con los principios que en ella adquieren, como acostumbrados al cálculo y a la meditación, serán excelentes profesores en todas las ciencias y artes a que se apliquen, porque llevando en su mano la llave maestra de todas las ciencias y artes, las matemática, presentarán al universo, desde el uno hasta el otro polo, el cuño inmortal de vuestro celo patrio.»

Publica también la obra Principios de la ciencia económica-política, y se encarga de difundir en Buenos Aires los trabajos acerca del liberalismo económico de Adam Smith.

Además se dedica con mucha atención al periodismo colaborando con el Telégrafo Mercantil (entre 1801 y 1802).

En 1806 se producen las primeras invasiones inglesas.

El acontecimiento despertó todo el celo patriótico del joven abogado, quién encontró en la tarea de promover la independencia su más alto cometido.

►Honró El Uniforme Militar

Sin haber vestido nunca un uniforme, ni haber recibido instrucción, se hizo militar.

Para sus lamentos, porque halló ejércitos acobardados, sin orden ni disciplina, mal armados y peor acostumbrados.

Y entre los intelectuales criollos, encontró malos patriotas, que no sabían si subordinar el país al rey de España (entonces ocupada por Napoleón) o al de Inglaterra.

Sin embargo, los sucesos europeos alentaron la revolución y Belgrano protagonizará el movimiento independentista.

Más tarde, recordará los sucesos de mayo de 1810 con estas palabras:

«Se vencieron al fin todas las dificultades, que más presentaban el estado de mis paisanos que otra cosa, y aunque no siguió la cosa por el rumbo que me había propuesto, apareció una junta, de la que yo era vocal, sin saber cómo ni por dónde, en que no tuve poco sentimiento.»

De inmediato, se lo convoca para dirigir una campaña militar al Paraguay, a fin de propagar la revolución.

Y a pesar de su escasa experiencia militar, se las arregla para instituir la subordinación y el orden en las tropas, haciendo del respeto por la población civil la máxima premisa de la expedición.

Ya todos reconocen en él las virtudes comunes a muchos patriotas, como la honestidad, la probidad y la austeridad, combinadas con una particular moderación, que para muchos era signo de debilidad de carácter.

Por más, su voz, marcadamente aflautada, y su poca firmeza en los ademanes y gestos, lo hicieron aparecer como impropio de la milicia.

Estas percepciones ayudaran, por ejemplo, a que sea reemplazado del mando del Ejército del Norte, que debió a entregar a San Martín en 1814, luego de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma.

Para entonces, con una suerte desigual, Belgrano había comandado el ejército durante un año, demostrando su vocación patriótica de la manera más cruda, y grandes cualidades como jefe.

Ya había sucedido también el episodio de creación de la Bandera nacional, jurada por primera vez a orillas del río Paraná, en Rosario, en febrero de 1812.

A comienzos de 1815, Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas.

Conoce allí al célebre naturalista Amado Bonpland, y lo convence de venir a América, a estudiar la naturaleza y el paisaje de estas regiones.

También se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente.

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►SUS IDEAS:

Durante su permanencia en España, Belgrano tomó contacto con los escritos de los filósofos franceses más importantes de la época como Rousseau, Montesquieu y Diderot, que desarrollaron en él las ideas de libertad que lo convertirían en un ferviente defensor de la causa revolucionaria.

Otra influencia, tal vez más importante que la primera, fue la de los economistas liberales, a través de los que asimilaría los conocimientos de la época sobre economía política y social. El mismo nombra a Adam Smith, Quesnay (de quién tradujo una de sus obras) y los italianos Genovesi y Galíani, como inspiradores de su pensamiento.

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Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo.

Tres días antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia.

Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: «Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas.».

No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal.

Más tarde, Belgrano seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática: por ejemplo, será el encargado de firmar el Pacto de San Lorenzo con Estanislao López que, en 1919, pondrá fin a las disputas entre Buenos Aires y el litoral.

Además, volverá a encabezar el Ejército del Norte, en el cual, gracias a la fama que gozaba entonces como jefe y patriota, será vivamente admirado por la tropa.

Aquejado por una grave enfermedad (hidropesía) que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia (si bien no se casó, de sus amores con una joven tucumana nació su única hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse).

Culminaba así una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y económico.

En este sentido, se destaca de Belgrano que fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810.

Se destaca también su labor como periodista (después de su actuación en el Telégrafo Mercantil, creó el Correo de Comercio, que se publicó entre 1810 y 1811, y en el cual se promovió la mejora de la producción, la industria y el comercio); y como fundador de la Escuela de Matemáticas (en 1810, costeada por el Consulado), y de la Academia de Matemáticas del Tucumán, que en 1812 instauró para la educación de los cadetes del ejército.

► LOS ÚLTIMOS DÍAS DE BELGRANO:

Tras haber conducido a sus fuerzas hasta la provincia de Córdoba, Belgrano cae gravemente enfermo.

A pesar de las recomendaciones de sus médicos, decide permanecer junto a sus hombres, hasta que varios meses después, habiendo empeorado su estado, pide ser relevado.

De inmediato viaja a Tucumán, pero a pocos días de su llegada, se produjo la sublevación del 11 de noviembre de 1819, encabezada por Araoz.

La pésima actitud de los sublevados hacia Belgrano, a quien tuvieron bajo arresto, y aún quisieron engrillar, se vio en parte mitigada por la intercesión del Congreso en su favor. No obstante esto, le fue negada toda ayuda para viajar a Buenos Aires, y sólo pudo emprender la marcha gracias a los auxilios de su amigo José Balbín.

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En febrero de 1820 Belgrano emprende la marcha hacia Buenos Aires, acompañado por su médico, el Dr. Redhead, su capellán el padre Villegas y sus ayudantas, Gerónimo Helguera y Emilio Salvigni.

Tras un largo y penoso viaje, arriba a la capital a fines de marzo, instalándose en un principio en San Isidro, para luego mudarse a la casa donde había nacido.

Su situación económica, sumamente precaria lo obliga a solicitar al gobierno un auxilio monetario.

El estado del erario público no permitió cubrir la suma solicitada por Belgrano, a quien por otra parte, se le adeudaban sueldos por 17,000 pesos.

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Diariamente recibía las visitas de sus amigos, entre ellos el doctor Juan Sullivan, Gregorio de Lamadrid y José Balbín.

Finalmente, el 20 de junio de 1820, a las siete de la mañana, fallece de hidropesía.

Junto a él se encontraba su hermano, Domingo Estanislao, que lo había asistido durante toda su estancia en Buenos Aires.

Sus últimas palabras «¡Ay, patria mía!«, dejan claro cuál fue su mayor interés y preocupación hasta os momentos finales.

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► Belgrano en Tucumán en 1818

El coronel Tomás de Iriarte fue hospedado en Tucumán a principios de 1818 por el general Manuel Belgrano.

La casa del benemérito patriota estaba ubicada inmediata a la ciudadela de la ciudad, donde estaba acuartelado el ejército.

Iríarte relató en sus famosas Memorias su amistad con el general: «Belgrano en su trato era muy fino.

Me trazó el cuadro deplorable de la República y conocí que su alma estaba devorada de dolor al ver que la causa de la Patria no contase con hombres de principios inclinados al orden.

Me confió que su autoridad para con el jefe de vanguardia, Guemes, era puramente nominal, pues este hacía, sin su anuencia, cuando se le antojaba, y él tenía que contemporizar disimulando su disgusto en obsequio de la causa pública.

El capellán del ejército, el padre Villegas, porteño, me informó de la escasez de recursos del general, que solamente contaba con trescientos pesos mensuales para sus gastos y edecanes, los que participaban de una mesa bien frugal.

El ejército contaba con dos mil quinientos hombres de todas las armas que maniobraban regularmente, reinando entre ellos la más severa disciplina.

El equipo era pobre, pero bien tenido.

Se dejaba ver el aseo y un sistema regular de economía. En la maestranza se construían buenas hojas de espada de excelente temple.

El general me obsequió con una en la que hizo grabar mi nombre.

La vida de Belgrano en el campamento era muy activa y vigilante. Una parte del día la destinaba al descanso; la otra, al estudio.

Por la noche no dormía.

Montaba a caballo acompañado de un ordenanza, recorría los cuarteles y patrullaba la ciudad para ver si encontraba soldados vagando.

Yo lo acompañé algunas veces en estas excursiones nocturnas.

El rigor con los jefes y oficiales era extremo.

Se lo observó y me contestó: «Amigo Iriarte, yo conozco bien a nuestros paisanos y sin este rigor, que me repugna, no se podría hacer buenos soldados de ellos.

Es preciso que pase mucho tiempo para que el punto de honor será el móvil de sus acciones. Las masas están muy atrasadas en nuestro país, río tenemos costumbres «.

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BELGRANO MILITAR:

Jean Adam Graaner, oficial sueco agente de su país en la Argentina, conoció a Manuel Belgrano y en un informe a su gobierno dice:

«El general Belgrano, hijo de italiano, doctor en leyes, ex secretario de la Tesorería de Buenos Aires (el Consulado), hombre de talento y energía, muy adicto al nuevo sistema americano, fue designado comandante en jefe del Ejército y se desempeñó bien en esa tarea.

Mantuvo una disciplina hasta entonces desconocida y venció en las batallas de Tucumán y Salta al general español Trístán.

Entró nuevamente en el (Alto) Perú y en una falta atribuible a su inexperiencia fue derrotado en Vilcapugio.

Cuando Belgrano reemplazó a Rondeau en el mando de las tropas, se encontró que cada oficial mantenía una o varías mujeres en el campamento y que el equipaje de un oficial subalterno ocupaba a menudo de 30 ó 36 mulas (se refiere a cuando Belgrano volvió a asumir la jefatura del ejército luego del fracaso de la tercera campaña)

Él lo cambió todo: cantidad de oficiales han ido dados de baja, las mujeres y las muías de equipaje han desaparecido de la escena: las comedias, los bailes y los juegos de azar han sido desterrados».

El general José de San Martín, en carta dirigida el 12 de marzo de 1816 al Congreso de Tucumán expresó:

«En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América, lleno de integridad y talento natural; no tendrá los conocimientos de un Moreau o un Bonaparte en punto a milicia, pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur».

El entonces coronel Tomás de Marte conoció a Belgrano en Tucumán a principios de 1816 y escribió en sus Memorias:

«El general Belgrano era un hombre ilustrado. Sus conocimientos militares no eran extensos, pero estaba adornado de virtudes cívicas en grado eminente.

Su desprendimiento era ejemplar: la probidad personificada… abrazó con calor la carrera de las armas. Sus costumbres cambiaron, haciendo una repentina transición de la molida a la austeridad de un soldado».

Audio: Reportaje a La Bandera

Anécdotas Sobre Sexualidad de Manuel Belgrano – Dorrego y San Martín

La Sexualidad de Belgrano

Manuel Belgrano y su sexualidad

Desde hace muchos años, algunos historiadores con demasiado tiempo para perder hurgando en los detalles más personales y privados de nuestros próceres argentinos, y por supuesto con una fuerte dosis de mala intensión, comenzaron a poner en dudas la verdadera sexualidad de Manuel Belgrano.

En realidad no la pusieron en duda, sino que directamente aseguraron que el creador de la bandera argentina era homosexual, intentando con ésto perjudicar su imagen.

Una verdadera falta de respecto, no sólo a Belgrano, porque no era homosexual y su vida lo demuestra, sino también a toda la comunidad gay, ya que estos «expertos en historia argentina» utilizan la palabra homosexualidad como si se tratase de un término insultante.

Pero más allá de la homofobia de ciertos autores, en realidad.

¿De dónde surge esta hipótesis que sostiene que Belgrano era homosexual? Se supone que de tiempos remotos.

Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano comenzó a ser perseguido por un rumor que indicaba que prefería a los hombres antes que a las mujeres a raíz de los dichos de personas cercanas a él.

Este rumor surgió supuestamente de una serie de características que reunía la personalidad de Belgrano, ya que se trataba de un hombre que poseía modales demasiado delicados para la época, además por supuesto de ser un verdadero caballero, respetuoso, educado y ordenado.

Por otra parte, su voz tenía un tono realmente aflautado, lo que no lo ayudaba en nada para evitar la diseminación del rumor, que surgió como burla entre los hombres que integraban sus tropas.

Incluso se cuenta que Manuel Dorrego se burló de Belgrano ante el general San Martín, quien inmediatamente lo destinó a Santiago del Estero como reprimenda, y por ese motivo Dorrego comenzó a cosechar un odio profundo por Belgrano.

Asimismo, como para agregar más condimentos a las dudas acerca de la sexualidad de Belgrano, cabe mencionar que su formación religiosa era muy rígida, por lo que decidió imponer a sus soldados un orden monacal, mediante el cual se prohibieron los bailes, las relaciones con mujeres fáciles, los juegos de naipes, el alcohol y aquellos que cometían infidelidad eran castigados.

A raíz de esta actitud, fueron muchos los soldados a su cargo que comenzaron a llamarlo con el apodo de Bomberito de la Patria, mientras otros decidieron echar a correr el rumor de que Belgrano era homosexual.

Lo cierto es que esta teoría está muy lejos de la realidad, y ha quedado demostrado a través de diferentes documentos que verifican que a Belgrano no sólo le gustaban las mujeres, sino que además tenía una amante, a quien amó hasta sus últimos momentos de vida.

Te invitamos a leer el artículo titulado «La querida de Manuel Belgrano», para conocer algunos detalles de esta apasionante historia romántica.

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PARA SABER MAS…

IDEOLOGÍA DE MANUEL BELGRANO:

Belgrano, como economista, luchó por imponer su idea de que los esfuerzos de la ciencia, el trabajo técnico, la organización y las escuelas, preparan a los ciudadanos para construir un gran país.

Llamó la atención hacia la agricultura como verdadero destino del hombre de esta tierra, dando forma técnica a los métodos de plantación, siembra y cosecha.

Clamó por la erradicación de la miseria, el ocio y la desocupación, bregando por la organización de una industria estable y técnicamente eficaz.

Como civilista, aconsejó evitar la desunión de los argentinos.

Se adelantó al concepto de que las tierras son de quienes las trabajan.

Habló y actuó como un filósofo y como un sociólogo, dando siempre el ejemplo de cuanto aconsejaba, como cuando donó a las arcas exhaustas del Estado su magro sueldo, «lamentando que él fuera tan mezquino».

Fomentó la creación de caminos, puentes, viviendas dignas, canales fluviales de navegación y puertos; abogó por el cooperativismo; estimuló la creación de gremios para que los trabajadores y el Estado en forma conjunta evitaran arbitrariedades.

Aconsejó la construcción de astilleros para que de ellos salieran las embarcaciones que ampliaran el comercio de la nación; estimuló la creación de bancos; fundó pueblos y planificó otros, como Curuzú Cuatiá y Mandisoví.

Instituyó premios para los estudiantes, como estímulo á sus trabajos, e interesó al gobierno para que creara otros para la producción, las ciencias y las artes.

Se preocupó por el afirmado de las calles, la higiene, la salud y la adecuada alimentación de la población.

Defendió apasionadamente el derecho de los indios a ser tratados como hermanos, dándoseles educación y protección.

Desde el punto de vista religioso, Belgrano fue un devoto cristiano.

La primera mención de la institución del seguro en nuestro país fue hecha por Belgrano, en una Memoria presentada en 1796 al Real Consulado de Buenos Aires, del que era entonces secretario.

El documento dice:

«Otro de los medios de proteger al comercio es establecer una compañía de seguros, tanto para el comercio marítimo como para el terrestre; sus utilidades son bien conocidas, tanto a los asegurados, y debería empeñarse en semejante compañía al principio todos aquellos hombres pudientes de esta capital y demás ciudades del Virreinato, a fin de que desde sus principios tuviese grandes fondos, dispensándole a este cuerpo toda su protección posible».

Aunque el Consulado no recogió la iniciativa, a fines de ése año se constituyó la primera compañía de seguros en el territorio nacional, que se llamó La Confianza y operó únicamente durante cinco años.

Las Memorias Póstumas de José M, Paz (1790 – 1854) constituyen uno de los testimonios más notables sobre las primeras décadas de la historia nacional. Abarcan desde el comienzo de las guerras por la Independencia (Paz se sumó muy joven, en 1811, al ejército del Norte), las luchas civiles posteriores y la época de Rosas, cuando el autor se desempeñó como destacado jefe unitario.

De esas páginas se seleccionaron estos breves párrafos: «…El general Belgrano, sin embargo de su mucha aplicación, no tenía, como el mismo lo dice, grandes conocimientos militares, pero poseía un juicio recto, una honradez a toda prueba, un patriotismo el más puro y desinteresado, el más exquisito amor al orden, un entusiasmo decidido por la disciplina y un valor moral que jamás se ha desmentido.

Mas a estas cualidades eminentes, reunía cierta ligereza de carácter para juzgar a los hombres con quienes trataba, que le produjo equivocaciones muy notables […] Las primeras impresiones tenían en él una influencia poderosa

[…] Tenía también más facilidad de la que era conveniente para expresarse con respecto a un oficial en punto a valor y [..,] lo hemos visto muchas veces herir la susceptibilidad de un hombre delicado con poco motivo. Si a esto se agrega la falibilidad de sus juicios […] se verá el peligro que había de cometer una injusticia…»!…].

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Retrato de Manuel Belgrano – Testiomonio de la Época

RETRATO DEL GENERAL BELGRANO

José Celedonio Dalbin: Comerciante que conoció de cerca al general Belgrano en Tucumán y Buenos Aires. En 1860 escribió al general Mitre dos cartas sobre la personalidad de Belgrano, de ellas son los párrafos anteriores.

El general Belgrano era de regular estatura, pelo rubio, cara y nariz fina, color muy blanco, algo rosado, sin barba; su cara era más bien de alemán que de porteño.

No se lo podía acompañar por la calle porque su andar era casi corriendo; no dormía más que tres o cuatro horas, montando a caballo a media noche, que salía de noche para observar el ejército, acompañado solamente de un ordenanza.

Era tal la abnegación con que este hombre extraordinario se entregó a la libertad de su patria, que no tenía un momento de reposo, nunca buscaba su comodidad, con el mismo placer se acostaba en el suelo que en la mullida cama.

Se presentaba aseado, como lo había conocido yo siempre, con una levita. de paño azul, con alamares de seda negra, que se usaba entonces, su espada y gorra militar de paño.

Su caballo no tenía más lujo que un gran mandil de paño azul, sin galón alguno.

Todo el lujo que llevó al ejército fue una volanta inglesa de dos ruedas, que él manejaba, con un caballo y en la que paseaba en algunas mañanas, acompañado de su segundo el general Cruz.

La casa que habitaba, y que el general mandó edificar en La Ciudadela era de techo de paja, dos bancos de madera, una mesa ordinaria, un catre pequeño de campaña con delgado colchón que siempre estaba doblado, y la prueba de que su equipaje era muy modesto fue que, al año de haber llegado, me hizo presente se hallaba sin camisas y me pidió le hiciese traer de Buenos Aires dos piezas de hilo de Irlanda.

Se hallaba siempre en la mayor escasez, así es que muchas veces me mandó pedir cien o doscientos pesos para comer.

Lo he visto dos o tres veces, en diferentes épocas con las botas remendadas.

El general Belgrano era un hombre de talento cultivado, de maneras finas y elegantes…

El general era muy honrado, desinteresado, recto; perseguía el robo y el juego en su ejército; no permitía que se le robase un solo peso al Estado, ni que se le vendiese más caro que a los otros..

José Celedonio Balbín.

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