La Ilustración

Biografia de Nevski Alejandro Principe Ruso y los Tartaros

Biografía de Nevski Alejandro Príncipe Ruso y los Tártaros

Un caballero errante europeo que visitó Rusia en el siglo XIII, escribió al regresar a su patria: «He recorrido muchos países y naciones, pero en parte alguna vi un hombre semejante: un príncipe entre los príncipes, un rey entre los reyes.» La admiración del fascinado caballero era por un joven príncipe ruso llamado Alejandro Yaroslavitch, más conocido en la historia por el nombre de Alejandro Nevski.

Nevski se destaca entre la multitud de príncipes menores y nobles guerreros que pueblan la historia de la Baja Edad Media rusa: fue el hombre cuyo genio político y militar salvó a su país de los rapaces invasores y que incluso habría podido librarle del opresivo dominio tártaro.

Pero si fracasó en esta segunda empresa fue porque halló una barrera infranqueable en la hostilidad de los demás príncipes a la idea de unidad; una unidad de vital importancia si se quería arrojar el yugo tártaro.

alejandro nevsky principe ruso

Nació el 30 de mayo de 1220. Falleció el 14 de noviembre de 1263 . Desde joven recibió una educación de carácter religioso. Las primeras épocas de su vida, infancia y juventud las pasó en la ciudad rusa de Nóvgorod. Siendo joven todavía, tuvo que gobernar. Entre 1235-1240 los tártaros o mongoles, al mando de Batu Kan, arrasaron los estados de Rusia. La región de Alejandro, Nóvgorod, aunque amenazada, se salvó de la devastación causada por los tártaros, pero Alejandro tendría que luchar contra otros enemigos que provenían de Occidente

Gengis Khan, fundador del imperio tártaro, había nacido hacia 1167. Procedía de una pequeña tribu de la Siberia oriental y fue proclamado caudillo de los mongoles en 1206.Unió a todos los tártaros mongoles y después les condujo hacia el Oeste atravesando Asia hasta las estepas meridionales rusas y la Rusia central.

Los rusos fueron presa fácil para este organizado y sanguinario ejército que rodeaban y aplastaban regiones enteras con tácticas violentas y brutales. Estos  tártaros de Rusia, conocidos por el nombre de Horda de Oro gobernaron a sus subditos rusos con violencia y crueldad durantes dos siglos. Obligaban a los príncipes rusos a reconocer su soberanía, a pagarles onerosos tributos, proporcionarles soldados y alimentos para sus tropas

El triunfo de Alejandro Nevski: En este ambiente nació, en 1220, Alejandro, segundo hijo del príncipe Yaroslav. Cuando el joven príncipe alcanzó la edad viril, casi toda Rusia se hallaba trastornada. Una terrible sequía había agostado la tierra y los campesinos morían de hambre.

Para agravar el caos, Batu, khan tártaro de Kiptchak, había nombrado gran príncipe a Yaroslav, el padre de Alejandro, pero luego vacilaba en confirmar el nombramiento. Surgieron las disputas entre los demás príncipes rusos y se produjo un colapso en el sistema administrativo. Observando tal estado de cosas, los enemigos de Rusia empezaron a congregar sus ejércitos y se dispusieron a atacar.

Finalmente, el khan Batu confirmó el nombramiento de Yaroslav para el gran principado. Una de sus primeras providencias fue nombrar a su hijo Alejandro príncipe de Novgorod, región que él mismo había gobernado y que era, entre todas las ciudades rusas, la que menos había padecido bajo la opresión de la Horda de Oro.

Sin embargo, Novgorod era en aquellos momentos el objetivo de los invasores extranjeros. Aprovechando el malestar del país, un gran ejército sueco invadía Rusia y marchaba hacia la ciudad al mando del general Birger Jarl. Cuando Alejandro tuvo noticia de su número pidió ayuda a su padre, el gran príncipe, pero la respuesta que recibió le hizo comprender que no debía esperar nada.

Entonces decidió librar batalla, aun sabiendo que las probabilidades en su favor eran muy escasas. Sacó al ejército de Novgorod y, al llegar a orillas del río Neva, se halló frente al enemigo. Allí, el 15 de julio de 1240, ganó su primera y decisiva victoria. Para asegurarse de que el ataque no se repetiría fortificó la región antes de regresar a Novgorod, donde fue honrado con el sobrenombre de Nevski («el del Neva»).

La batalla del hielo: La gran victoria convirtió a Alejandro en el ídolo de su pueblo. Popularidad bien merecida, pues pronto se vería que, a pesar de su juventud, el príncipe era tan sabio gobernante como buen general. Pero cuando intentó ampliar sus poderes en la administración de la ciudad, los principales de Novgorod se volvieron en contra suya y Alejandro se vio obligado a huir.

Se dirigió entonces a su padre, en Vladimir. y le pidió un ejército para restaurar la ley y el orden en Novgorod. Pero el gran príncipe dudaba mucho que aquello se pudiera conseguir por la fuerza de las armas, y cuando los de Novgorod le pidieron nuevo gobernador decidió actuar en su favor.

Así pues, envió a la ciudad a otro de sus hijos, entregando a Alejandro el gobierno de Pereiaslavl, un principado de menor importancia.

El gran príncipe había cometido un grave error. Cuando los Caballeros Teutónicos de la Espada tuvieron noticia de que Alejandro ya no se hallaba en la ciudad, aprovecharon la ocasión para atacarla y el nuevo príncipe demostró sin lugar a dudas que estaba muy por debajo de su hermano depuesto.

Novgorod, reconociendo su equivocación, se apresuró a solicitar el regreso de Alejandro. Pero había olvidado el intenso orgullo de su antiguo príncipe; Alejandro rechazó su demanda y sólo accedió a regresar cuando el propio arzobispo de Novgorod, encabezando una comisión, le rogó que perdonase al principado.

De vuelta en la ciudad Alejandro reunió un ejército y marchó contra los Caballeros.

La batalla del Hielo, librada en el lago Peipus en abril de 1242, supuso otra victoria rápida y decisiva; el Gran Maestre de la orden renunció a todas las conquistas anteriores en suelo ruso. El nuevo triunfo permitió al príncipe obtener el gobierno que antaño había causado la rebelión de Novgorod en contra suya.

Un gran príncipe: La fama de las victorias de Alejandro y de la firmeza de su gobierno se extendió por toda Rusia, llegando muy pronto a oídos de la Horda de Oro. A pesar del indudable riesgo que suponía para su imperio el ascendiente de un príncipe ruso, los tártaros acogieron su éxito con admiración.

Sabían perfectamente que ni siquiera el prestigio de un conquistador nacional bastaría para compensar la desunión de los príncipes rusos; que si Alejandro pretendía unirles contra el yugo del opresor, ellos mismos serían sus peores enemigos.

Los tártaros no tenían la menor duda: una alianza entre príncipes rusos resultaba inconcebible.

Con tal convicción, la Horda de Oro no vaciló en convocarle a su corte cuando se trató de elegir un nuevo gran príncipe para suceder a su hermano mayor, Andrés. Alejandro se encontró al llegar en la misma situación que su padre varios años atrás: un candidato más al gran principado entre una serie de príncipes rusos dispuestos a ofrecer cualquier cosa a cambio del dudoso honor.

Pero como Alejandro no ofrecía nada a la Horda de Oro, nada recibió. A decir verdad, sus compañeros tampoco, porque el khan eligió el tradicional sistema de mantenerles a todos en suspenso y no nombró a ninguno.

Por fin en 1252, cuando en un segundo examen de los candidatos el khan dictó su decisión a favor de Alejandro, los tártaros de la Horda de Oro no tenían la menor duda de que el joven príncipe de Novgorod había sido el elegido desde el primer momento.

Alejandro se dispuso inmediatamente a demostrar a los enemigos de Rusia que el país contaba al fin con un gran príncipe al que había que tener en cuenta. Irritado por los esporádicos ataques suecos contra sus fronteras condujo un gran ejército hasta Suecia y, tras otra gran victoria, se entregó a una orgía de pillaje que asoló buena parte del país.

Casi todo el botín traído por el ejército de Alejandro pasó como tributo a manos de la Horda de Oro, cuya ansia de riquezas se hacía mayor de día en día. A los exorbitantes impuestos de los príncipes rusos, que éstos recaudaban de sus subditos, añadió el khan nuevos tributos directamente del pueblo.

Las quejas de los campesinos oprimidos respecto a que los pobres sufrían doblemente que los ricos a causa del doble impuesto cayeron en oídos sordos, haciendo que la rebelión y el descontento empezasen a hacer efervescencia.

Al parecer, la tarea de Alejandro en aquellos momentos consistió en sacar el mejor partido posible de una situación desfavorable. Como hacía ya mucho tiempo que había perdido toda esperanza de unir a los demás príncipes, prefirió ponerse de lado del khan en sus relaciones con ellos. Este, a su vez, viendo que contaba con un gran príncipe al mismo tiempo eficiente y popular, fue confiando a Alejandro cada vez en mayor medida las decisiones importantes de la nación.

Pero el ánimo del pueblo empezaba a hacerse explosivo y Alejandro se halló dueño de una tierra descontenta.

En Novgorod —corazón del poco espíritu de independencia que alguna vez había existido en Rusia— el pueblo se alzó contra los recaudores de impuestos del khan y se negó colectivamente a pagar un céntimo más.

En su condición de gran príncipe, era Alejandro quien debía reprimir el disturbio: una situación doblemente irónica, puesto que él mismo había sido príncipe de Novgorod y el príncipe actual, su propio hijo, apoyaba abiertamente a los descontentos.

No obstante, Alejandro fue a Novgorod y encarceló a los consejeros de su hijo. Castigó al pueblo por su desobediencia al khan y reprendió severamente al príncipe. Gracias a su habilidad diplomática, la situación se salvó sin derramamiento de sangre.

alejandro nevski

Alejandro Nevski, príncipe de Novgorod, ora implorando el éxito antes de librar la batalla del río Neva contra los suecos, en 1240. Aquella fue su primera y decisiva victoria.

¡El sol de Rusia se ha puesto!: En sus tiempos de soldado, Alejandro saqueó y arrasó muchas ciudades enemigas. Ahora, en los años de la madurez, empezó a reconstruir las ciudades rusas destruidas por los amos tártaros y a fundar otras nuevas en lugares de importancia estratégica.

Al mismo tiempo consagró buena parte de sus esfuerzos a mejorar la suerte de los pobres, instándoles a permanecer en paz mientras él aplacaba la ira del gran khan y abogaba, a menudo con éxito, porque redujese los abrumadores tributos.

Una de las concesiones más notables que obtuvo en este período diplomático de su vida fue el consentimiento del khan para abolir el reclutamiento forzoso del pueblo ruso para el servicio militar.

Pronto llegaron noticias de las actividades de Alejandro hasta el Romano Pontífice, quien envió a dos cardenales para que se entrevistasen con él. Los tres pasaron muchas horas reunidos, y cuando los cardenales regresaron, Alejandro envió con ellos una carta al Papa.

En su misiva exponía toda la historia religiosa del mundo desde el momento de la Creación, pero añadía al final: «Nosotros, los rusos, sabemos todas estas cosas que enseñáis, pero no podemos aceptar vuestra interpretación de ellas.»

Mientras tanto, el khan se cansaba de las concesiones en materia de impuestos que le había arrancado Alejandro en defensa de los pobres, y empezaba a exigir mayores tributos. Como consecuencia, el pueblo de Rostov, apoyado por su consejo de gobierno, se rebeló en 1262 contra la violencia de los recaudadores de impuestos y los expulsó de sus fronteras. Siguieron disturbios semejantes en Vladimir, Pereiaslavl, Suzdal y en Yaroslav, cuyos habitantes ahorcaron a un recaudador particularmente tiránico.

Como respuesta a tales manifestaciones, los tártaros reunieron sus ejércitos y se prepararon para tomar duras represalias. Marcharon sobre Rostov y habían capturado ya buen número de prisioneros cuando Alejandro, el antiguo guerrero convertido en hombre de Estado, llegó a la corte de la Horda de Oro.

No tenemos noticias de lo que sucedió entre él y el khan pero, como resultado, se llegó a un acuerdo y tanto los insurgentes de Rostov como los regimientos tártaros se retiraron de las regiones perturbadas.

Es probable que parte de las razones de este compromiso obedeciesen al hecho de que el khan tenía a la sazón otros muchos problemas, entre ellos una guerra en Persia. Pero ello no resta un ápice al genio diplomático de Alejandro si consideramos que los tártaros mongoles, con quienes tan acertadamente había tratado consiguiendo incontables éxitos, eran muy dados a la envidia y al terrorismo.

Los esfuerzos de Alejandro en favor del pueblo ruso debían haberle agotado. Tras unos meses de estancia en la corte de la Horda de Oro partió hacia Vladimir, pero jamás llegaría allá. Murió en el camino, el 14 de noviembre de 1263. Cuando la noticia llegó a la ciudad, el metropolitano anunció al pueblo: «El sol de Rusia se ha puesto.» Y todos contestaron al unísono: «¡Entonces pereceremos !»

Los temores de la multitud estaban justificados. Los príncipes rusos empezaron a luchar inmediatamente entre sí por el gran principado vacante, pero aquellas disputas no sirvieron más que para debilitar aún más su poder. El pueblo sufrió las amargas consecuencias y los tártaros fueron los únicos que obtuvieron algún beneficio.

La figura de Alejandro había estado siempre rodeada de tal halo de leyenda que, inevitablemente, su muerte dio lugar a toda clase de supersticiones. El metropolitano de Vladimir aseguró que una voz celeste le había anunciado la calamidad. Cuando se pronunció una oración sobre el sarcófago abierto, los presentes afirmaron que Alejandro había abierto la mano derecha.

Indudablemente, todas estas historias contribuyeron a la canonización del héroe, pero la principal razón por la que fue elevado a los altares derivó de la imperecedera admiración que le había tributado su pueblo.

Varias centurias más tarde, cuando Rusia se había sacudido ya el yugo de los khanes, el zar Pedro I trasladó el cuerpo de Alejandro a la nueva capital en San Petersburgo y fundó un monasterio en memoria suya, como tributo al hombre que había dedicado toda su vida a aliviar la carga de su pueblo durante la más cruel de las épocas.

Fuente Consultada:
Enciclopedia La Llave del Saber Tomo I – Historia del Héroe de Neva – Ediciones Cisplatinas –

Biografía de Durero Artista Renacentista Aleman Vida y Obra Artística

Biografía de Durero Artista Renacentista
Vida y Obra Artística

DURERO ALBERTO (1471-1528) Maestro de la forma tridimencional, pintor, grabador y teórico alemán. En Italia (1494) estudió el arte renacentista, que definiría su obra: la búsqueda de las proporciones clásicas, el predominio de la línea en el modelado y el colorido suave y frío. Entre 1488 y 1493, el taller de Wolgemut se dedicó a la considerable tarea de realizar numerosas xilografías para ilustrar la Crónica de Nuremberg (1493), de Hartmann Schedel, y es probable que recibiera una instrucción exhaustiva sobre cómo hacer los dibujos para las planchas de madera. Escribió sobre las proporciones del cuerpo humano (1528).Fue el mas famoso pintor de su tiempo en Alemania. Falleció en 1528 a la edad de 57 años.

BIOGRAFÍA: Nuremberg es la ciudad de los juguetes, de los relojes de cu-cú tallados primorosamente en madera, de los libros maravillosamente encuadernados que hacen las delicias de los coleccionistas. Desde hace siglos, sus fabricantes de juguetes, que son muchísimos, han provisto y sigen proveyendo a los bazares de todo el mundo. La misma ciudad, limpia, con casas apiñadas de techo de pizarra y multitud de iglesias cuyas torres forman un enorme haz de agujas, parece cosa de juguetería.

En esta ciudad maravillosa, ciudad de cuento fantástico, nació el 21 de mayo de 1471 Alberto Durero, que llegaría a ser el más famoso pintor de Alemania en su época, y quizá en todos los tiempos, pues fue grande por sí mismo y maestro de maestros.

Alberto Durero fue el último de los 18 hijos de un matrimonio formado por un orfebre húngaro y la hija de su patrón y maestro, establecido en Nuremberg con un taller de platería. Era su padre un hombre sumamente honrado y religioso, de quien tenemos noticias, por su propio hijo, también hábil escritor.

“Mi padre —ha dicho Durero— mostraba hacia mí cierta predilección viendo que vo era aplicado para el trabajo, y que revelaba deseos de instruirme.
“Llevóme a la escuela, y cuando supe leer y escribir me sacó de ella para enseñarme el oficio de artífice; pero una vez que me hube ejercitado en él, mis aficiones me impulsaron preferentemente hacia la pintura y así lo hice saber a mi padre. quien quedó satisfecho a medias de mi resolución, porque se dolía del tiempo que vo había perdido en el aprendizaje.

Sin embargo, accedió a mis deseos, y el año 1486 después de Jesucristo me hizo entrar en el estudio de Miguel Wolgemut, para servirle de ayudante por espacio de tres años. Dios me concedió la aplicación necesaria, por lo que aprendí bastante, pero sufrí mucho con mis condiscípulos”.

No ha dicho Durero cuáles fueron esos sufrimientos, pero es fácil deducir que eran producidos por los celos que en sus compañeros desperta-_ba la justa preferencia del maestro hacia el pequeño alumno, serio y piadoso, que a los doce años había dibujado magníficamente varias vírgenes y su autorretrato con lápiz de mina de plata, que se conserva en la Galería Albertina de Viena.

LA LUCHA POR LA VIDA

En noviembre de 1486 ingresó Durero en el taller del famoso pintor Miguel “Wolgemut, en el que, a más de la pintura de retablos, se hacían tallas en madera, muebles lujosos y grabados para ilustración de libros.

Poco se sabe acerca de los estudios hechos por el joven pintor durante los tres años de su permanencia en este taller. Ya veremos que los trabajos más bien de artesano que de artista que él debió realizar le sirvieron más tarde, como ocurre en todas las cosas de la vida, pues los destinos más incompatibles con la vocación se traducen en experiencia que luego reporta utilidad.

Es de presumirse, sin embargo, que Durero no renunció un ápice a sus ambiciones artísticas, y que prosiguió con ardor sus estudios, pues de esa época es su dibujo “Tres lasquenetes y seis caballeros atravesando un desfiladero“, en el que ya se destaca el gran paisajista que sería más tarde.

Y también es de notar que, cuatro años después de su ingreso en el estudio de “Wolgemut. pintó el retrato de su padre, existente en Florencia, en el que aparece ya el gran pintor en plena posesión de su técnica. En este retrato, en el que el autor puso todo el amor que sentía hacia su padre, aparece la imagen de éste llena de vida, de expresión-No están en esa cara solamente los rasgos fisonó-micos. sino también los sentimientos del modelo.

HACIA ITALIA

En Italia había un nuevo mundo por descubrir: la luz cálida y dorada de los cuadros de los maestros venecianos, las armoniosas proporciones que los florentinos sabían dar a las figuras, la intensidad de los colores, capaz de “deshelar” el temperamento nórdico más retraído. . . Y Durero no podía permanecer indiferente a estos hallazgos. Sin embargo, los pintores italianos no le brindaron, por lo menos al principio, una acogida amistosa.

A excepción de Giovanni Bellini, que le dispensó, con generosidad, alabanzas y consejos, los otros lo trataron con cierto desdén, criticando los colores “fríos” de sus cuadros y los contornos demasiado secos y nerviosos de sus figuras. Pero diez años después, cuando Durero volvió a Italia, en 1505, las cosas habían cambiado

En el año 1490, Durero, como todos los pintores de aquel tiempo, siente grandes deseos de conocer Italia para estudiar las obras de los grandes maestros. Y emprende el viaje. No es muy conocido el itinerario que siguió. Se sabe sin embargo que estuvo en Alsacia, donde fue con el propósito de conocer al pintor Martín Schongauer.

Pero a su llegada supo que el admirado artista acababa de morir. Uno de los hermanos de éste, Luis, pintor también, trabó una estrecha amistad con Durero y le enseñó a grabar en cobre. De allí pasó a Basilea, donde conoció a otro hermano de Schongauer, Torge, editor, para quien grabó en madera una magnífica escena de la vida de San Jerónimo.

Existen también noticias de su paso por Venecia, así como de dos cuadros, pintados por él en esa época: “El Niño Jesús de la Bola de Oro” y un “Autorretrato”, en el que aparece de medio cuerpo, con larga cabellera rubia y lujosamente vestido.

A su regreso de Italia, en 1494, Durero contrajo matrimonio en Nuremberg con Inés Frev, hija de un acreditado industrial.

Se ha dicho que el pintor sufrió mucho a causa del pésimo carácter de su esposa, que era irritable, y avara hasta el punto de obligarle a realizar trabajos de grabado en cantidad considerable para satisfacer su insaciable amor al dinero, retrasando con ello el florecimiento del genio artístico de su marido. A más de esto, según ha afirmado uno de los biógrafos del artista, Pirkeimer, era sumamente celosa.

Es posible que Pirkeimer, que fue amigo de Durero, haya sido un tanto injusto hacia la compañera de su amigo, y esto vendría a ser corroborado por muchos indicios. Durero pintó varios retratos de la esposa, en uno de los cuales se advierte esta dedicatoria: “A mi Inés“. Por otra parte, manteniendo vivo el afecto que hacia sus padres sentía, vivió luego de casado en compañía de éstos, y al morir su padre se hizo cargo de la educación artística de su hermano Juan.

El dux de Venecia lo visitó personalmente, los pintores ya no se atrevieron a ignorarlo, y hasta la Señoría de la Serenísima cursó una invitación al artista, rogándole que fijara su residencia en Venecia a cambio de una retribución anual nada despreciable. Era una hermosa tentación: rodeado de aquella atmósfera cordial, la perspectiva de regresar a su patria no debió parecerle muy atractiva.

“Cuánto frío tendré, después de este sol —escribió en su diario, antes de partir—. Aquí soy un señor; en mi patria, un vulgar sablista…”

Pero no era verdad. Su patria le debía ya mucho: espléndidos grabados sacros, de intenso dramatismo, soberbios retratos, solemnes retablos. . . Sobre todo, era merecedor del reconocimiento por haber puesto de manifiesto las cualidades más nobles del alma nórdica: estricta seriedad en el trabajo, firmeza de carácter y capacidad para meditar profundamente, hasta atormentarse, sobre los grandes problemas, como el de la fe.

EL MAESTRO

En 1495, de regreso de su viaje, se instala con un estudio de pintor. Su fama es ya muy grande, y de allí que acudan a su estudio numerosos discípulos. Durero debe compartir su tiempo entre éstos y los trabajos que le son encargados. El gran Elector Federico de Sajorna le encomienda la pintura de un tríptico para el altar de la iglesia de Todos los Santos.

Al año siguiente pinta el “Descendimiento de la Cruz” y “Cristo llorado por los suyos“. En los motivos religiosos tal vez falten a los cuadros de Durero esos recursos de que han echado mano muchos artistas, para hacerlos fácilmente conmovedores ; pero sus imágenes tienen, a pesar de la sencillez y realidad con que han sido hechas —o quizá por eso mismo—, una gran emoción comunicativa.

Para sus discípulos fue un verdadero maestro: afable, cariñoso, paciente. Corregía sin irritarse, y con frecuencia aconsejaba, dándoles normas para el estudio. Una de ellas, que ha dejado escrita, transcribiremos aquí por considerarla útilísima para los jóvenes estudiantes de pintura.

“No sé lo que es la belleza. El arte reside en la naturaleza, y quien pueda sacarlo de ella, lo posee. Cuanto más se parezca tu obra a la realidad, tanto mejor será. No creas, pues, que puede hacerse algo que supere a lo que Dios ha creado. El hombre, por sí mismo, no puede ejecutar ningún cuadro hermoso, sino habiendo estudiado mucho y saturándose bien de todo; el arte, así sembrado en él, germinará y producirá sus frutos, v todo el secreto tesoro del corazón se manifestará en una obra y una nueva creación”.

Durero es ya célebre en Nuremberg. No hay familia acomodada que no le encomiende un cuadro.

La más famosa de estas obras de encargo fue un altar para la iglesia de Santa Catalina, que pintó a pedido de la familia de Paumgartner. Aparecen en ella la Virgen, el Niño y San José, rodeados —según costumbre de la época— por varios miembros de la familia que donaba la obra. En ambos costados, vestidos con uniforme militar, San Eustaquio y San Jorge con sendos estandartes.

Este cuadro fue adquirido en 1613 por el nuevo Elector de Sajonia, cuyo pintor, para dar mayor ancho al altar, añadió en las hojas laterales algunos caballos y un trozo de paisaje tomados de apuntes del propio Durero.

En 1903, los admiradores del maestro resolvieron volver la tela a su primitivo estado, para corregir la irreverencia de que había sido víctima, con lo que sólo se consiguió inferirle un nuevo ultraje.

Durante esa misma época, el Príncipe Elector de Sajonia le encargó la decoración al fresco de su capilla de Wittemberg. Pero años más tarde los sucesores del Elector, con una torpeza inconcebible, hicieron cubrir con yeso los admirables frescos de Durero. Casi al finalizar el año 1505, nuestro artista emprendió viaje a Venecia, llamado por sus compatriotas residentes en la ciudad de los Dux. Iba contratado para pintar un retablo destinado a la iglesia de San Bartolomé.

No faltó por cierto oposición al pintor alemán por parte de sus colegas italianos. Se afirmaba que Durero fracasaría, pues si bien era un grabador excelente —decían—, carecía del dominio del color.

El motivo del retablo es el siguiente: la Virgen, sentada en un trono, procede a la coronación del emperador Maximiliano y el Papa Julio II. La Madre de Jesús es, a su vez, coronada por los ángeles.

Terminado el retablo, acudió a verlo el Dux de Venecia, quien abundó en elogios para el pintor y su obra. Durero escribió entonces: “He, reducido a silencio a los pintores que afirmaban que yo no servía más que para grabar, y que en pintura no conocía nada de colores. Todo el mundo dice que no ha visto nunca un colorido más hermoso”.

Este retablo, ultrajado también por manos extrañas, se encuentra en la ciudad de Praga, adonde lo hizo transportar el emperador Rodolfo II.

Durante su estada en Venecia, Durero pintó, entre otros, tres cuadros famosos: “Jesús discutiendo con los doctores de la ley“, “Jesucristo en la Cruz” y, el más célebre de todos, “La Virgen del Canario“.

1498: Autorretrato de Durero

NOBLEZA DE SANGRE Y NOBLEZA DE GENIO

Hemos visto ya que en el retablo de la iglesia de San Bartolomé, Durero retrató al emperador Maximiliano. Este monarca llegó a sentir un gran afecto hacia el pintor alemán, a quien ayudó con una pensión anual de 100 florines para aliviar su difícil situación.

Durero, en efecto, debido a su natural generoso, pues regalaba la mayoría de sus obras, llegó a encontrarse en Venecia en serios aprietos, como se desprende de una carta suya dirigida a un amigo, en la que dice: “Aunque he trabajado rudamente no he tenido la suerte de ganar mucho. Todo mi haber se reduce a un mobiliario pasable, un taller bien montado, una cama y más de 100 florines en buenos colores”.

El afecto que el emperador dispensaba al gran pintor alemán queda demostrado en la siguiente anécdota:

Cierto día estaba Durero dibujando una gran figura mural subido en una escalera, cuando acertó a llegar el emperador Maximiliano con varios personajes de su corte. Pareció al monarca que la escalera usada por el maestro no era suficientemente firme, y pidió a uno de los caballeros de su escolta que la sostuviera.

—Señor —dijo el gentilhombre—, paréceme que es esa una tarea indigna de mi rango.

—¿Indigna de vuestro rango porque sois noble de nacimiento? —gritó encolerizado el emperador—. Pues sabed que mi pintor tiene la nobleza del genio, que no se recipe por legado. Y bien, ahora os demostraré yo la facilidad con que se adquiere la nobleza de título.

Y dio efectivamente a Durero título de nobleza, cuyo blasón eran tres escudos en campo de azur.

La permanencia en Venecia, donde a pesar de los celos de los pintores vivía como un príncipe, estimado v considerado, no pudo prolongarse mucho. Alemania reclamaba a su pintor.

En 1507 emprendió, aunque no sin desconsuelo, el regreso a la patria. En ese mismo año pintó, su cuadro “Adán y Eva” y “El martirio de diez mil Cristianos en Persia“, el primero de los cuales se encuentra en el Museo del Prado, de Madrid.

Obras posteriores son: “La Lucrecia”, “La Adoración de la Trinidad”, “La Virgen y el Niño”, “Los Apóstoles San Felipe v Santiago”, los retratos de. “Cario Magno” y del emperador “Segismundo”, “La Piedad”. “El carro de triunfo del emperador Maximiliano I”, “Los cuatros apóstoles” y otros retratos, obras todas que están en iglesias, museos y pinacotecas de diversos países»

A pesar de que lo dominaba, y conocía todos sus secretos, no tuvo Durero una gran peocupación por el color. De allí la opinión de los pintores venecianos a que hemos aludido, y la forma cómo respondió al desafío demostrando su dominio del colorido. Era, en cambio, amante apasionado del dibujo, y no había movimiento, detalle ni perspectiva que escapara a su ojo experimentado.

Este dominio, puesto de relieve en los numerosos croquis de sus obras, que se conservan, le permitió ser—como lo fue— uno de los más grandes grabadores de todos los tiempos. Sus trabajos de grabado calcúlanse en 275 entre cobre y madera. Pero bueno es tener presente que muchos de ellos estaban formados por gran cantidad de planchas, como “El triunfo de Maximiliano“, que consta de 92. La más famosa de estas colecciones es la titulada “Apocalipsis”: quince planchas grabadas por Durero cuando tenía veintisiete años de edad.

Otros de sus grabados famosos son: “La Melancolía”, “La Pasión”, “San Terónimo en su celda”, “El caballo de la muerte”. “La Trinidad”. “El señor y la dama” y “El labrador y su mujer”.

RETRATO DE DURERO

Al llegar a la madurez, era Durero un hombre de aventajada estatura, ancho de hombros y de talle fino  y flexible. Los rasgos de su fisonomía eran delicados y expresivos; claros y brillantes sus ojos; la nariz fina, recta y bien dibujada, lo mismo que su boca, sombreada por un bien cuidado bigote rubio. Usaba también barba corta partida al medio y larga melena ensortijada. Tenía manos afinadas y elegantes.

Era gracioso y naturalmente inclinado a la chanza; inteligente, franco, modesto y generoso. A estas cualidades debió la amistad de muchos personajes de las ciudades que recorrió y la ayuda que le prestaron en los momentos de apuro.

EN LOS PAÍSES BAJOS

Son varios los biógrafos de Durero que han atribuido a su esposa el defecto de la avaricia — como ya hemos dicho— pasión que contrastaba con la generosidad a veces excesiva del pintor. Varios de ellos han coincidido en afirmar que a esa tacañería se debió el viaje que Durero hizo a los Paises Bajos con el objeto de negociar sus grabados en cobre y madera.

En todas partes halló el artista que la fama le había precedido, y lo mismo en Amberes, que en Bruselas, Brujas y Gante, fue objeto de múltiples agasajos, tanto por parte de los artistas como de las autoridades la princesa Margarita de Austria manifestó deseos de conocerlo. Presentado a ella, le agasajó también y le encargó varios trabajos. Pero como más tarde el pintor incurriera en su desagrado, sin que se conozca la causa, ni siquiera le pagó el importe de su labor.

Desmoralizado, empobrecido v convaleciente de un ataque de apenaicitis —que entonces no se conocía por tal nombre—. pensó regresar a su patria, pero carecía de dinero para el pasaje. Un comerciante de Amberes le facilitó en préstamo cien florines para el regreso. Afortunadamente, el rey Cristian II de Dinamarca, que regresaba de un viaje, le hizo llamar para que pintara su retrato, y satisfecho con él le retribuyó su trabajo con la mayor generosidad.

Con estos recursos, y una nueva técnica adquirida mediante el estudio” de los grandes pintores flamencos, regresó Durero a Alemania. Las incidencias de este viaje han sido narradas por él en su “Diario de viaje a los Países Bajos”.

EN ALEMANIA

De regreso en su patria, reanudó el pintor sus trabajos con febril actividad. Contaba va 54 años y estaba en la madurez de su talento. La influencia de los maestros flamencos había simplificado su estilo y lamentó, según lo ha dicho, no haber buscado siempre la sencillez y la armonía para pintar. Púsose, sin embargo, a la obra modificando siá estilo. Las figuras de los Apóstoles existentes en Munich pertenecen a la última época y están pintados con la nueva técnica.

El trabajo en Alemania fue intenso y abrumador, pues la esposa —estando siempre a lo que afirman los biógrafos del maestro— le acosaba incitándole a la labor para que ganara dinerqv y echaba de la casa a los amigos que iban a visitarle. Tal vez a esta última circunstancia se debe la fama de la señora de Durero, pues el esposo se ha referido con indulgencia a sus excesivas economías, llamándola mi “maestra de aritmética”. Lo cierto es que, a pesar de su pobreza de Amberes, Durero dejó a su esposa, al morir, una herencia de seis mil florines.

EL FIN DE DURERO

En 1528, a los 57 años, se sintió de nuevo enfermo del mismo mal que le había aquejado en Amberes. Esta vez la enfermedad hizo crisis, v el gran maestro de la pintura alemana —maestro de los maestros de su patria—falleció el 6 de abril, sumiendo en el dolor al pueblo de Nuremberg, que le quería y consideraba una de sus glorias auténticas. En toda Alemania, lo mismo que en los países visitados por él, tuvo la noticia de la muerte de Durero una honda repercusión.

EL ÚLTIMO VIAJE

Aún existe en Nuremberg, milagrosamente salvada de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, la casa que Durero adquirió en 1509, cuando a la fama había añadido el bienestar económico, Se trata de un palacete de seis pisos, con, techo de doble vertiente y fachada rosa, y cuyas silenciosas habitaciones contienen mil recuerdos. Allí se desarrolló, durante casi veinte años, la laboriosa e incansable actividad del artista; por allí desfilaron la mayor parte de los notables de Nuremberg, deseosos de ser retratados por el maestro.

El emperador Maximiliano de Habsburgo quiso consagrar definitivamente la gloria del artista, asignándole una renta fija de 100 florines. Al morir Maximiliano, en 1519, correspondía a su sucesor, Carlos V, dar el visto bueno para que la renta del caso se continuara pagando. Durero partió en busca del nuevo soberano, para solicitar de él la confirmación de su beneficio.

Tardó casi un año en dar con él, viéndose obligado a seguirlo por los Países Bajos, cuyas ciudades recorría, a la sazón, el monarca. Pero fue un viaje triunfal: Durero no sólo encontró una favorable acogida en la corte del emperador, sino que en todas partes recibió las más cálidas muestras de simpatía. El clima holandés, sin embargo, perjudicaba su salud. Al volver a Nuremberg, Durero llevaba en la sangre el germen de la malaria, enfermedad que puso fin a sus días el 6 de abril de 1528. Tenía sólo cincuenta y siete años.

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“Adoración de los Magos o de los Reyes” es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Es un óleo sobre tabla, pintado en 1504. Mide 100 cm de alto y 114 cm de ancho. Está firmado y fechado

martirio de los cristianos durero

El martirio de los diez mil cristianos, conocido en alemán como Marter der zehntausend Christen, es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Fue realizado en 1508

La Fiesta del Rosario es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Fue realizado en 1506. Es una pintura al óleo sobre madera de álamo, que mide 162 cm de alto y 194,5 cm de ancho

Alberto Durero: Adoración de la Santa Trinidad
Alberto Durero: Adoración de la Santa Trinidad (1511) -Viena, Kunsthistorisches Museum – Esta pobladísima escena sagrada es un ejemplo magistral de composición. La cruz constituye el verdadero centro de gravedad del cuadro, hacia el que convergen todas las figuras. Éstas se hallan dispuestas según un orden perfectamente calculado, el tamaño de los mismos disminuyen a medida que se aproximan a la parte superior. La nítida y delicada poesía de los colores y el vigoroso e incisivo dibujo de los personajes confieren a la escena un notable atractivo

Los cuatro Apóstoles: Marcos y Pablo, Juan y  Pedro (1526) Estas figuras de apóstoles fueron la última gran obro pintado por Durero. La perspectiva elegida por el artista, que obliga a los espectadores a mirar de abajo arriba, subraya sus dimensiones, superiores a las humanas, y su aspecto grave y ciclópeo. A través de este “hallazgo”, resultado del estudio de las proporciones y perspectivas utilizadas por algunos pintores italianos, comer Andrés Mantegna, Durero pone de manifiesto la “estatura” moral de sus personajes, subrayada por la impresionante fe que los anima; una fe que, realmente, da la impresión de ser capaz de “mover montañas”, como dice la frase del Evangelio. Con este mensaje de profunda religiosidad se despidió Durero del mundo.

Ver: El Cuadrado Mágico de Durero

Historia de Cuba Desde Su Descubrimiento Hasta la Revolución

RESUMEN HISTORIA DE CUBA DESDE SU DESCUBRIMIENTO HASTA LA REVOLUCIÓN

Cuba fue descubierta por los españoles en el siglo XVI. Introdujeron el cultivo de la caña de azúcar y del tabaco, que se han convertido en la principal fuente de riqueza de la isla. En el siglo XIX, Estados Unidos apoyó el movimiento revolucionario y, en 1902, la isla obtuvo la independencia, pero siguió bajo la tutela económica de su poderoso vecino. En 1958, Fidel Castro instauró un régimen comunista orientado hacia la Unión Soviética.

Cuba fue descubierta por Cristóbal Colón el 27 de octubre de 1492, durante su primer viaje. En 1511, el adelantado Diego Velázquez tomó posesión de la isla en nombre de la Corona española. Tres años después, Velázquez inició la construcción de la capital, La Habana. También fundó Santiago de Cuba. Los españoles no tardaron en llevar a Cuba la caña de azúcar, y como los indios que constituían la población local no parecían dotados para esta clase de trabajos, Velázquez hizo importar esclavos negros de África.

Las plantaciones de caña de azúcar experimentaron tal desarrollo que provocó una afluencia masiva de negros. También se introdujo el cultivo del tabaco, que, en el siglo XVII, pasó a ser monopolio del Estado, decisión que causó gran descontento por parte de la población.

Cuando en el siglo XVIII los Estados de América del Sur se separaron de España, Cuba también hizo cuanto pudo por obtener su libertad, pero el movimiento revolucionario fracasó. La situación no evolucionó hasta ñnes del siglo xix, cuando la revolución fue abiertamente apoyada por Estados Unidos. Los guerrilleros sembraron el desorden en el país y el gobernador español no vaciló en detener a los sospechosos. Ésta fue una de las causas de la guerra de 1898 entre España y Estados Unidos.

En virtud del Tratado de París, España hubo de renunciar a sus derecho sobre Cuba, Puerto Rico, las islas Filipinas y Guam, y Cuba pasó a ser territorio norteamericano. En 1902 obtuvo la independencia, pero los tropiezos entre los grandes propietarios y el pueblo provocaron la intervención armada de Estados Unidos.

Pese a esta agitación, diversas sociedades americanas invirtieron enormes capitales en Cuba, cuyas plantaciones eran muy florecientes. El tabaco y la caña de azúcar se producían en masa y se exportaban a Estados Unidos y, en el aspecto económico, la isla no tardó en depender totalmente de su poderoso vecino. Durante la ley seca fue el gran productor de ron. La Habana se convirtió en una cueva de bandidos.

En el aspecto interior, el abismo que separaba a la masa de los ricos propietarios de tierras se hizo todavía mayor y los distintos regímenes dictatoriales que se sucedieron, entre otros el del coronel Batista, estuvieron apoyados por Estados Unidos.

recolector de caña de azucar en Cuba

Coecha  de caña de azúcar en Cuba

Tras una larga lucha de guerrillas emprendida por Fidel Castro y sus partidarios, éste, en 1959, logró poner fin a la dictadura de Batista. Su reforma agraria y su política de nacionalización de las refinerías de azúcar y petróleo le indispusieron con Estados Unidos, y se produjo en seguida una ruptura entre ambos países.

En 1962, Fidel Castro llegó a autorizar la instalación de una base de cohetes soviéticos en su territorio. Esto provocó una crisis internacional que habría podido originar una tercera guerra mundial.

Desde que está en el poder, Castro ha asumido la dirección en América central y del Sur de los movimientos    de    extrema    izquierda. Cuba es la mayor isla del archipiélago de las Antillas. En otro tiempo desaparecía bajo un espléndido manto de bosques que cubrían un relieve relativamente poco accidentado.

La continua extensión de las plantaciones hizo que los límites de los bosques sufrieran un incesante retroceso. Es cierto que el suelo de Cuba se presta admirablemente al cultivo del tabaco y de la caña de azúcar. La provincia de Pinar del Río pasó a ser el gran distrito del tabaco, de fama mundial. De allí proceden los famosos puros habanos.

Después de la instauración del régimen castrista, Cuba atravesó un período difícil. Estados Unidos, que quería neutralizar a toda costa aquel Estado comunista que se había instalado a sus puertas, decretó el boicot económico y se negó a seguir comprando azúcar cubano.

Fidel Castro no permaneció inactivo: siguió una política de redistribución de tierras y de mejora del nivel de vida del proletariado agrícola. También, y sobre todo, pretende llegar a una mayor diversidad de producción, para que el país no dependa de monocultivos: se ha emprendido o desarrollado con éxito el cultivo de café, tomates, limones, especias, arroz, etcétera. A simple vista, Cuba parece más pobre que nunca.

La Habana, la ciudad más moderna del archipiélago, ciudad de lujosos hoteles, poderosos bancos y magníficos inmuebles, se ha vaciado literalmente.

Ver: Che Guevara

Ver: Curiosidad Sobre El Escape Aereo de Cuba

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Historia de los Portugueses en Brasil Emperador Pedro I

HISTORIA DE BRASIL – LOS PORTUGUESES – PEDRO I

La historia de Brasil se inicia en 1500. Durante tres siglos los portugueses fueron dueños del país. Debido a que sólo consideraban a su colonia corno una fuente de beneficios, estalló una serie de revueltas. En 1822 Brasil pasó a ser imperio independiente, y en 1889, República. Tras haber vivido bajo un régimen dictatorial, actualmente se gobierna mediante una democracia representativa, que lamentablemente hace poco tiempo está herida por graves hechos de corrupción de decena de funcionarios en la obra pública.

Por lo general, se hace comenzar la historia de Brasil a principios del siglo XVI pero, sin embargo, contrariamente a lo que se podría creer, no se inicia con la llegada del explorador portugués Pedro Álvarez Cabral, que llegó por casualidad, sino con la del español Vicente Yáñez Pinzón, quien, en enero de 1500, pocos meses antes que Cabral, arribó a la costa brasileña, en los alrededores de Pernambuco (hoy Recife).

Cabral descubridor de Brasil

Pedro Alvarez Cabral descubridor de Brasil

El 22 de abril de aquel mismo año, los portugueses, al mando de Cabral, desembarcaron en los parajes de la actual Bahía. Tomaron posesión de aquella tierra en nombre de Portugal y la llamaron «Terra da Santa Cruz» (Tierra de la Santa Cruz). El país no recibió el nombre de Brasil hasta mucho después. Se deriva del nombre de una clase de madera (palo brasil) que allí abunda y se exporta en grandes cantidades. Hasta el siglo XIX,  Brasil fue colonia de Portugal, y el portugués sigue siendo la lengua oficial.

Al principio, Brasil fue dividido en varias regiones, confiadas cada una a grandes señores portugueses, los donatarios. Pero al cabo de algunos años este sistema se suprimió y fue reemplazado por una administración central, situada bajo la autoridad de un gobernador general.

En 1549, Tomé de Sousa, el primero de ellos, fundó San Salvador (que más tarde fue Bahía) y allí estableció la capital. Al mismo tiempo que él llegaron los jesuítas, quienes instalaron su cuartel general en el actual Sao Paulo. No sólo se dedicaron a predicar la doctrina cristiana, sino que también desempeñaron un papel importante en el aspecto cultural y social.

La soberanía de Portugal sobre Brasil se vio amenazada varias veces por otras potencias coloniales. A partir de 1555, en la bahía de Rio de Janeiro se estableció un grupo de hugonotes franceses dirigido por Nicolás Durand de Villegaignon. Pero a los pocos años tuvieron que rendirse a los portugueses.

Los holandeses también constituían una amenaza: en 1624, la Compañía de las Indias Occidentales ocupó Bahía. Después lograron apoderarse de gran parte de las costas brasileñas. Pero en 1661 también se vieron forzados a devolver a los portugueses los territorios conquistados.

Al principio, los portugueses limitaron sus empresas coloniales a las regiones costeras. Les desilusionó el hecho de no encontrar en Brasil metales preciosos como los españoles en Chile y Perú. Además, allí los indios no estaban dispuestos en absoluto a correr con los duros trabajos de las plantaciones.

Por lo tanto, a partir de 1535 los colonos decidieron importar regularmente de África esclavos negros, y los pusieron a trabajar en las plantaciones de caña de azúcar y más tarde en las de algodón, café y cacao.

Desde sus albores, la colonización portuguesa se caracterizó por su egoísmo. Portugal consideraba a Brasil únicamente como tierra de explotación y fuente de beneficios. A esto se debe que se tomaran medidas como la aplicación de gravosas tasas sobre la importación, las restricciones a la inmigración de extranjeros, la prohibición de cultivos que también se explotaban en Portugal (por ejemplo, la vid y el olivo), la prohibición de crear industrias, etc. Inútil decir que todas estas trabas no favorecían en absoluto a la población local.

El hecho de que a finales del siglo XVII se descubriera oro y diamantes en el estado de Minas Gerais no cambió la situación en lo más mínimo. Al igual que en las colonias españolas, todos los funcionarios influyentes eran originarios de la metrópoli.

Se comprende, por lo tanto, que, pese a la introducción de acertadas reformas durante el siglo XVIII, la Administración portuguesa no gozara en absoluto de la simpatía de la población local.

En Brasil, al igual que en toda Hispanoamérica, la guerra de Independencia de Estados Unidos y la Revolución francesa ejercieron profunda influencia. La corriente revolucionaria y nacionalista, momentáneamente frenada, se reforzó cuando las colonias españolas se separaron de su metrópoli.

Las vueltas de la historia darían a este movimiento una orientación muy particular. En efecto, expulsado de Portugal por Napoleón, el rey Juan VI vivía en Brasil desde 1808. Cuando regresó a su país (1821) confió la regencia de Brasil a su hijo don Pedro. El 7 de setiembre de 1822, éste proclamó la independencia de Brasil, y, algunas semanas después, fue nombrado emperador (el primero de Brasil) con el nombre de Pedro I.

Gracias a la intervención de Gran Bretaña, en 1825 Portugal reconoció al nuevo Estado. Pero no faltaron dificultades y, en 1831 Pedro I abdicó en favor de su hijo Pedro II, quien apenas contaba seis años.

Después de la Regencia, Pedro II asumió personalmente el gobierno del país a partir de 1840. Fue un buen soberano que gobernó con sabiduría y moderación. Durante su reinado, Brasil vivió un período de verdadera prosperidad.

En 1888 se publicó un decreto que abolía la esclavitud. Al año siguiente, este hecho provocó un levantamiento fomentado por los grandes propietarios de tierras que se sentían perjudicados. En noviembre de 1889, Pedro II se vio forzado a abdicar y fue exiliado a Europa con su familia. De este modo, Brasil pasaba a ser una República organizada sobre una base federal, pero con un poder central muy importante.

Al principio, el general Manuel Deodoro da Fonseca, que había dirigido el levantamiento contra Pedro II, se puso al frente del poder. Se tomaron importantes decisiones: separación de la Iglesia y el Estado, ampliación del derecho de voto y, en 1891, proclamación de una Constitución. Después del general Fonseca, los presidentes se sucedieron con bastante rapidez.

Durante la primera guerra mundial, Brasil se puso de parte de los aliados, y en 1917 declaró la guerra a las potencias centrales.

Brasil sufrió las repercusiones de la crisis mundial de 1929. Toda su economía se vino abajo. Para mantener los precios se destruyeron enormes cantidades de café. En 1930, la intervención de Getulio Vargas en calidad de dictador puso fin al desorden general. Concedió subsidios a los plantadores de café, fomentó la agricultura y la industria, proclamó una nueva Constitución e introdujo profundas reformas sociales. Vargas mantuvo relaciones amistosas con Estados Unidos.

En el segundo conflicto mundial, Brasil declaró la guerra a Alemania y sus aliados en agosto de 1942. Finalizada la guerra, estalló un levantamiento contra el régimen dictatorial y el general Dutra subió a la presidencia. Du-tra encauzó a su país por el camino de la democratización.

Pero en 1950, Vargas fue elegido nuevamente presidente. Sin embargo, incapaz de superar las dificultades, se suicidó en 1954. En 1956 fue nombrado Juscelino Kubitschek, que antes había sido gobernador del estado minero de Minas Ge-rais; es el fundador de la nueva capital, Brasilia.

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Invasion de Holanda a Brasil Reconquista de Vidal de Negreiros

Invasión de Holanda aBrasil
Reconquista de Vidal de Negreiros

A principios de 1595 doce navios ingleses de los filibusteros James Lancaster y el capitán Vanner se aparecieron frente a Pernambuco en actitud poco amistosa. Los habitantes del indefenso puerto de Recife huyeron hacia Olinda, abandonándola todo.

Los invasores no podían creer lo que veían. Ahí a su mano estaban los depósitos colmados de ricos productos del Brasil, en cantidad tanta que los navios no eran bastantes para cargarlos en sus bodegas.

Y aquello era buena presa, pues su país estaba en guerra con España, que desde quince años atrás había realizado la unión ibérica mediante la soberanía de un monarca común con el reino de Portugal, y, por consiguiente, este ataque a las colonias portuguesas encuadraba dentro del conflicto existente.

Tres barcos holandeses que se encontraban en el puerto, y otros cinco franceses que llegaron poco después, fueron invitados a participar en la prolija devastación de aquellas insuperables riquezas, con las cuales todos regresaron a Europa satisfechos por sus pingües ganancias, y con la impresión de que aquella era una tierra riquísima y muy fácil de conquistar.

Los israelitas de Amsterdam —vinculados a judíos portugueses del Brasil— no ignoraban aquellas tentadoras circunstancias. Holanda se había convertido en una gran potencia marítima —rival de España, su antigua metrópoli— y las antiguas posesiones portuguesas, que tan desdeñosamente descuidaban los reyes, entraban en sus cálculos comerciales.

LA  BAHÍA  DE  TODOS  LOS  SANTOS
En todo el litoral brasileño no había centros más codiciables que Bahía y Pernambuco; aquélla por ser la capital de la colonia; y éste por ser “el país del azúcar”.

El 8 de mayo de 1624 ancló en Bahía una escuadra holandesa con un millar de hombres, al mando de Juan van Dorth, quienes, después de un día y una noche de combate, se adueñaron de la ciudad. Quince navios que había en el puerto fueron pronto dominados, y los fuertes de la costa, ocupados por los conquistadores, a quienes una tenaz resistencia, encabezada por el obispo Marcos Teixeira, hostilizaba de continuo.

En marzo de 1625 ocupó la entrada del puerto una fuerte escuadra hispano-portuguesa al mando de Fadrique de Toledo; desembarcaron tropas y obligaron a los holandeses a capitular y a reembarcarse para su país. El golpe había fracasado.

El corsario holandés Piet Hein, a quien se le llamara el “terror de los mares”, volvió a atacar a Bahía en 1627 y saqueó su puerto, pero no consiguió posesionarse de la ciudad. Con mejor suerte, un año más tarde logró apoderarse de la famosa “flota de la plata”, que transportaba de América hispana tesoros valuados en nueve millones de ducados.

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Andrés Vidal de Negreiros, héroe de la resistencia brasileña contra la invasión de los holandeses.

CONQUISTA DE PERNAMBUCO
Estimulados por tales sucesos, los holandeses se dispusieron a conquistar a Per-nambuco. Para ello la “Compañía de las Indias Occidentales” puso al mando del almirante Pedro Adrianswoon una escuadra de 61 navios y 7.300 hombres, que el 2 de marzo de 1630 llegaron frente a Olinda.

No habiendo podido contener al invasor, el gobernador de Pernambuco, Matías de Alburquerque, se retiró al “Arraial de Bom Jesús” donde, después de fortificarse, organizó una tenaz resistencia, que durante cinco años de guerra impidió a los holandeses afianzar su conquista.

El 6 de junio de 1635 cayó al fin el “Arraial” en poder de los conquistadores, después de tres meses de sitio, obligando al heroico Alburquerque a retirarse hacia Bahía. Los holandeses llegaron hasta el río San Francisco por un lado, y por otro hasta Marañón.

mapa holanda en brasil

“NUEVA HOLANDA”
Con gran acierto los holandeses confiaron el gobierno de la colonia al príncipe Mauricio de Nassau Siegen, quien llegó a Pernambuco   el   23   de   enero   de   1637,   y  quedó vivamente impresionado por el país, al que llamó “Nueva Holanda”. Nassau era un hombre distinguido y generoso que pronto ganó gran popularidad por su espíritu tolerante y liberal. El desarrollo del comercio y la prosperidad de Recife revelaron que Nassau era también un gran estadista.

LA RECONQUISTA
Cuando Nassau se volvió a Europa en 1644, la “Nueve Holanda” perdió a un gran propulsor; circunstancia que favoreció el estallido de una insurrección brasileña preparada por el gran patriota Andrés Vidal de Negreiros, por el mulato y rico mercader Fernández Vieira, el indio Felipe Camarao, y el negro Enrique Días: razas que se fusionaron en un nuevo sentimiento patrio de liberación.

En las decisivas batallas de Guararapes los holandeses sufrieron en 1648 duros descalabros frente a los brasileños; su situación se volvió cada vez más insostenible, al extremo de que en 1654 tuvieron que capitular ante una escuadra portuguesa, después de haber dominado el país durante 24 años. Así recuperó el rey de Portugal la soberanía sobre aquellas ricas tierras.

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil Editorial CODEX Fasc. N°145

Batallas en el Pacífico Durante la Segunda Guerra Mundial

La Guerra en el Pacífico Durante la Segunda Guerra Mundial

A partir de mayo de 1942, se conoció que la guerra del Pacífico tendría carácter aeronaval y el papel que desempeñaría en ella el portaaviones. En este sentido, el país que intentase la contraofensiva debería contar con un gran potencial económico que le permitiese sostener una lucha tan costosa. Los Estados Unidos tenían la totalidad de sus fuerzas y decidían la estrategia global. El gobierno impulsó la industria bélica y aumentó el número de efectivos, de 2.000.000 a 12.000.000.

Japón, que hasta la primavera de 1942 había conquistado inmensos territorios, elaboraba nuevos planes para desembarcar en Nueva Guinea y, desde allí, en Australia. Pero Estados Unidos preparaba la contraofensiva y reunió una flota norteamericano-australiana bajo el mando del almirante Nimitz, de modo que los japoneses tuvieron que renunciar a sus proyectos.  Las fuerzas de Nimitz y Mac Arthur recobraron, uno por uno, todos los puntos estratégicos importantes. En 1945 llegaron a las puertas de Japón.

El 6 y el 9 de agosto fueron lanzadas dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, respectivamente. El 15 de agosto de 1945 Japón capituló sin condiciones.

En menos de seis meses (diciembre de 1941-primavera de 1942), Japón había extendido su dominio por el océano Pacífico.

Estados Unidos pasó a la ofensiva a partir de mayo de 1942. Bajo la dirección del almirante Nimitz, reunió una flota constituida por buques norteamericanos y australianos, cuyo mando fue confiado al contralmirante Fletcher. Esta flota se enfrentó a los navios japoneses en el mar de Coral: la lucha, librada sobre todo por los aviones que transportaban los portaaviones, fue encarnizada.

El resultado del combate fue dudoso, pero obligaba a los japoneses a renunciar a sus planes de desembarco en la costa sur de Nueva Guinea y bloqueaba su avance en dirección a Australia.

En junio de 1942, los norteamericanos obtuvieron una rotunda victoria en la batalla de las Midway, al norte de las islas Hawai. Este encuentro representó para los japoneses la pérdida de cuatro poderosos portaaviones, y señaló el principio de su caída Durante estos combates, la artillería naval no intervino para nada; las pérdidas fueron causadas por los aviones y, en menor medida, por los submarinos.

En lo sucesivo, la aviación representaría un papel decisivo en la lucha. Por otra parte, antes de la batalla del mar de Coral, 79 aviones norteamericanos habían logrado lanzar sus bombas sobre Tokio (18 de abril de 1942). Sin embargo, Japón todavía no renunciaba a sus planes de desembarco en Australia.

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Si bien los norteamericanos hubieran podido realizar una reconquista sistemática de las colonias europeas ocupadas por los japoneses, su objetivo fue otro: amenazar los enlaces marítimos entre las colonias y el Japón. En mayo de 1942, la batalla librada en el mar de Coral puso fin a la expansión nipona en el Pacífico. En junio del mismo año, los norteamericanos obtuvieron su primer triunfo aeronaval en Midway (archipiélago situado a unos 1.900 kilómetros de las islas Hawai) y, el 7 de agostó, el desembarco en Guadalcanal —llevado a cabo por tropas estadounidenses y australianas— destruyó las intenciones japonesas acerca de la ocupación de Australia. Guadalcanal significó el cambio de rumbo en la guerra del Pacífico: 1943 sería el año de las victorias aliadas.

Como los japoneses tenían en su poder las islas Salomón, se hallaban en disposición de amenazar las comunicaciones entre Australia y Nueva Caledonia, del mismo modo que podían dirigir su acción contra la costa oriental de Australia o incluso contra Nueva Zelanda. El general Mac Arthur decidió recuperar Guadalcanal, base aérea japonesa en el archipiélago de las Salomón, y utilizarlo como trampolín para su contraofensiva.

Desde agosto de 1942 hasta febrero de 1943, norteamericanos y japoneses lucharon encarnizadamente por la posesión de la isla. Finalmente, la victoria fue para Estados Unidos. Además, como los japoneses no habían podido proseguir su avance por Nueva Guinea, Australia ya no se encontraba en peligro inmediato.

Gracias a su potencial industrial, Estados Unidos forjaba las armas de la contraofensiva. De 1943 a 1945 aniquilaron las bases japonesas del océano Pacífico. En su lucha contra Japón aplicaban una táctica especial. No atacaban todos los territorios ocupados por los japoneses, sino únicamente los que tenían interés estratégico en el sentido de su propio avance.

Antes de que las tropas norteamericanas desembarcasen en una isla ocupada por los japoneses, ésta era sometida a violentos bombardeos aéreos. Pese a esta preparación, con frecuencia las tropas de desembarco tuvieron que conquistar el terreno palmo a palmo, pues los soldados japoneses preferían siempre la muerte á la rendición.

Cuando los norteamericanos habían conquistado una isla, establecían en ella los aeropuertos y centros de abastecimiento destinados a facilitar el siguiente ataque. Como Estados Unidos sólo dirigía su ofensiva contra los puntos estratégicos, a menudo en las regiones reconquistadas había islas que todavía seguían en poder de los japoneses. La aviación norteamericana se limitaba a vigilarlas.

En estas operaciones, el papel principal tan pronto lo desempeñaba la aviación como la marina. En el sur del océano Pacífico, las tropas norteamericanas y australianas, bajo el mando del general Mac Arthur, partieron de Guadalcanal en dirección a la costa de Nueva Guinea (1943).

Al año siguiente se establecieron en las islas Palaos, base desde la que podrían atacar las Filipinas.

Los japoneses intentaron defender el archipiélago, pero su flota fue destruida en el combate naval de Leyte, en octubre de 1944. Durante esta batalla, los japoneses pusieron por primera vez en linea sus pilotos suicidas o kami-kazes, quienes, a bordo de pequeños  aviones   abarrotados  deexplosivos, se estrellaban contra el puente de los buques norteamericanos.

En febrero de 1945, las islas Filipinas ya habían sido reconquistadas en gran parte. Más al este, las fuerzas del almirante Nimitz habían ido recuperando las islas una por una: las Gilbert en 1943, y el archipiélago de las Marshall y las islas Saipán y Guam en 1944. Seguidamente se dirigieron a menos de mil quinientos kilómetros de Japón y, tras una encarnizada lucha, se apoderaron de las islas Iwo Jima y Okinawa (1945).

A partir de ese momento, Tokio y el sur de Japón se encontraban al alcance de los bombarderos norteamericanos, que atacaron los centros industriales japoneses. Al mismo tiempo, la aviación norteamericana que sobrevolaba el mar de China impedía toda navegación entre Japón y el continente asiático.

Los ingleses ya habían reconquistado Birmania en 1944, y un año después, China reemprendió, a su vez, la ofensiva contra Japón. Sin embargo, Indochina, el archipiélago indonesio y la costa china continuaban en poder de los japoneses. En las islas niponas seguían apostados ejércitos numerosos y bien equipados. Las poblaciones japonesas se disponían a ofrecer una encarnizada resistencia en caso de invasión.

El presidente Truman decidió emplear una nueva arma, la terrible bomba atómica. El 6 de agosto de 1945 se lanzó una sobre Hiroshima, que destruyó 12 km² de la ciudad y causó 150.000 víctimas ; entre ellas hubo 80.000 muertos. Tres días después se dejó caer otra bomba sobre Nagasaki: quedó arrasada una superficie de 4.500 m² y hubo 40.000 muertos y otros tantos heridos. Por su parte, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón y entró en Manchuria.

Toda resistencia fue inútil: el 15 de agosto de 1945, Japón, por orden del emperador, capituló sin condiciones.

Cuadro ofensiva americana en la guerra del pacifico

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Territorios Adquiridos Por Estados Unidos Expansión Americana

Territorios Adquiridos Por Estados Unidos
Expansión Territorial Americana

Cuando Estados Unidos conquistó su independencia, toda la población vivía prácticamente en la costa este. Sólo algunos adelantados habían llegado más allá de los Apalaches, aunque sin pensar en establecerse allí. Después de ellos vinieron los tramperos y los misioneros, que contribuyeron activamente a la emigración hacia el oeste. Los mormones en Utah y los buscadores de oro en California desempeñaron un papel decisivo. Pero hasta después de la guerra de Secesión, y gracias al tendido del ferrocarril, no empezó la verdadera colonización del oeste

Al terminar la guerra de la Independencia, la mayoría de los habitantes de Estados Unidos vivían al este de los montes Apalaches. El oeste era un territorio inexplorado, en el que vivían los pieles rojas; era el Far West. Pero ya en aquellos días pequeños grupos de blancos se habían establecido al oeste de los Apalaches.

Estos colonos vivían del producto de lo que cazaban y pescaban. A veces sembraban maíz en una parcela de tierra que habían roturado alrededor de su cabana. Pero estos colonos no se establecían en parte alguna: en cuanto había nueva gente que atravesaba los Apalaches y construía un pueblo, estos pioneros se adentraban más hacia el oeste.

negociaciones del gobierno con los pieles rojas

Negociaciones del gobierno con los pieles rojas

Muchas de estas figuras medio legendarias, medio históricas, sobrevivieron gracias a las novelas de Fenimore Cooper; tramperos con gorro de piel de castor, vestido de lana y botas de cuero. Su guía era Leather Stocking (Medias-de-Piel), con su inseparable carabina.

Otro de esos intrépidos tragaleguas de los bosques, al que los norteamericanos parecen recordar e imitar más, fue John Chapman, que vivió de 1775 a 1847. En lugar de carabina llevaba un libro de salmos, un hoyador y una navaja de injertar. Nunca se enfadaba ni con los hombres ni con los animales, y continuamente plantaba manzanos, de donde le viene el apodo de Johnny Appleseed (Juanito pepita de manzana). Los indios tomaban por loco a este hombre, que iba vestido de modo extraño.

En 1801 descendió por el Ohio; más tarde recorrió en todos sentidos la pradera de Indiana y, trece años después, de 1834 hasta el día de su muerte, vivió en las cercanías de Fort Wayne. Todos los norteamericanos han oído hablar de Johnny Appleseed.

El teniente John C. Fremont, llamado el Explorador, fue otro de esos pioneros del oeste. De 1842 a 1846 organizó tres expediciones a la costa occidental y trazó las rutas que los emigrantes recorrerían más tarde. Los relatos entusiastas que hizo favorecieron la migración y contribuyeron eficazmente a colocar los territorios del oeste bajo la bandera estrellada. Su guía era Kit Carson, famoso trampero enemigo de los indios.

Después de estos pioneros vinieron los misioneros. El más conocido es Marcus Whitman, doctor que en 1835 emprendió el viaje hasta los confines del noroeste para convertir a los indios de aquellas tierras. Un año más tarde volvió a esa región en compañía de su esposa.

Dedicaron once años de su vida a propagar el cristianismo entre los indios, mientras cuidaban a sus enfermos y les ayudaban a cultivar las tierras. En 1847 se declaró una epidemia de viruela, y los indios, convencidos de que el único modo de acabar con ella era sacrificar al doctor, le asesinaron junto con toda su familia y saquearon la misión.

Los mormones tomaron parte activa en la colonización del oeste: en 1847, conducidos por Bringham Young, fundaron Salt Lake City. Los buscadores de oro llegaron a California a millares después de que el asistente del plantador suizo Sutter descubriera un filón en el año 1848.

En 1822, la ruta de Santa Fe unió esta localidad con el Missouri. Esta pista, trazada a través de la pradera y el desierto, es la que siguieron los colonos, protegidos durante su viaje por los trailpilots. Más tarde, el ferrocarril siguió también este camino.

En 1857, Jefferson Davis, que era secretario de Estado del Deparlamento equivalente al Ministerio del Ejército y que más tarde fue presidente, importó de Asia Menor 75 camellos. Estos animales pueden llevar una carga de 500 kg y recorrer diariamente una distancia de 35 a 40 km. Davis quería utilizar estos camellos para asegurar el transporte de mercancías a través de los desiertos y llanuras de los territorios del sur.

El primer viaje, sobre un recorrido de 2.000 km, del golfo de México a California, que acababa de convertirse en uno de los estados de la Unión, fue un verdadero éxito; pero los viajes siguientes fueron menos afortunados y, entretanto, los estados del norte y los del sur se habían enzarzado en una guerra; de modo que abandonaron el proyecto. En 1860, California y Missouri quedaron unidos por medio del Pony-Express.

Como el número de colonos que iban al oeste no cesaba de aumentar, hubo que distribuir tierras entre ellos. En determinadas regiones, las tierras que no pertenecían a nadie, llamadas claims, fueron adjudicadas de manera verdaderamente singular: por medio de la land course. Ésta consistía en una carrera entre los candidatos a propietarios; el que llegaba primero a determinado claim se convertía en su propietario.

land course en ee.uu.

La prosperidad del oeste no empezó hasta después de la guerra de Secesión. La Homestead Act (1862) estimuló eficazmente la emigración hacia el oeste al estipular que todos los que desearan establecerse en el nuevo territorio para levantar en él un rancho o una granja recibirían 64 ha. de terreno.

Hacia 1880 habían sido concedidas ya 22.500.000 ha.; hacia 1890, ¡todo el oeste había sido colonizado.

En aquella época 6.000.000 de blancos habitaban en él. Esta rápida evolución se debió en gran parte a la construcción del ferrocarril. Dos sociedades se encargaron de trazar la primera línea transcontinental: la Union Pacific Railroad, que construyó su línea en dirección al oeste a partir de Council Bluffs, en lowa, y el Central Pacific, que empezaba en Sacramento, California, y avanzaba hacia el este.

El 10 de mayo de 1869 ambas líneas se encontraron en Promontory Point, en Utah. Hacia 1885, cuatro líneas unían el valle del Mississipí a la costa occidental.

LA EXPANSIÓN AMERICANA:

Al principio, Estados Unidos no era sólo 13 colonias que se habían independizado de Inglaterra y que se hallaban situadas en la costa del Atlántico. Numerosos colonos atravesaron pronto los Apalaches en dirección al oeste. En menos de un siglo, Estados Unidos se aseguró la posesión de todos los territorios situados entre el Atlántico y el Pacífico y de Canadá al golfo de México. Además, compró Alaska a Rusia, obtuvo las Hawai y numerosos puntos de apoyo en el Pacífico. Finalmente, en 1903, adquirió la zona del canal de  Panamá.

Cuando los 13 estados que al principio formaban la nación, y que se hallaban situados entre los Apalaches y el Atlántico, empezaron a extenderse hacia el oeste para proporcionar espacio vital a una población que crecía incesantemente, surgió un nuevo problema: ¿A quién pertenecían los nuevos territorios?.

La respuesta a esta pregunta fue motivo de querellas entre los 13 estados; hasta que decidieron, finalmente, considerar los territorios occidentales como propiedad común y someterlos al control del Congreso federal.

En 1783, los 13 estados habían extendido ya su territorio hasta el Mississipí. En aquella época el oeste sólo era una inmensa extensión de desiertos y estepas en los que únicamente vivían los pieles rojas. Pero cada vez eran más los colonos que iban a establecerse allí. El Congreso declaró al oeste propiedad federal y decidió que un territorio sería organizado como estado autónomo en cuanto tuviera, al menos, 60.000 habitantes.

La emigración hacia el oeste trajo consigo grandes dificultades para Estados Unidos, pues era preciso vender tierras a los pioneros, dotar a los nuevos territorios de una administración y cuidarse de los indios que querían defender sus tierras contra los intrusos. Estos problemas se resolvieron. Los colonos se ponían en marcha en grandes grupos, con caballos y carretas tiradas por bueyes, para crear, en el oeste, un mundo nuevo. Al mismo tiempo nació también otro tipo de hombre: el hombre emprendedor del oeste.

En 1803, como Francia no estaba en condiciones de administrar ni defender sus posesiones norteamericanas, el presidente Jef-ferson adquirió la inmensa Luisiana por 15.000.000 de dólares, y Estados Unidos extendió su territorio hasta las montañas Rocosas. De esta vasta colonia francesa nacieron, más adelante, los estados de Missouri, Arkansas, Iowa, Nebraska, Oklahoma, Montana, Dakota del Sur y parte de Dakota del Norte.

En 1820, Kentucky, Tennessee, Ohio, Indiana, Mississipí, Illinois y Alabama habían sido ya elevados al rango de estado. La bandera de Estados Unidos se vio adornada con nuevas estrellas. Esta vigorosa ampliación imponía a Estados Unidos la necesidad de poseer algún puerto en el golfo de México, y compraron a España la Florida, siendo presidente James Monroe. Hacia 1840 toda la región del golfo de México estaba poblada por pioneros que establecieron en ella inmensas plantaciones de algodón.

Entretanto, algunos de los inmigrantes marcharon hacia el norte. A principios del siglo XIX, Mackenzie, Fraser y Thompson dirigieron algunas exploraciones a través de Canadá y alcanzaron la costa del océano Pacífico.

En esta época Canadá atraía poco a los colonos. El suroeste, en cambio, les atraía como la miel a las moscas.  Muchos fueron los que se establecieron en Tejas, que en aquella época era una provincia de México. En 1836, los téjanos, acaudillados por Sam Houston, se sublevaron contra México. Después de ganar los insurrectos la batalla de San Jacinto, Tejas se convirtió en una república y nueve años más tarde se unía a Estados Unidos.

California, otra posesión mexicana, ejercía también sobre los pioneros una extraordinaria fuerza de atracción. También allí hubo de hacer frente México a una revuelta que la historia ha dejado consignada con el nombre de «revuelta de la bandera del oso» (1846). La paz de Guadalupe Hidalgo puso fin a esta guerra en 1848. Estados Unidos se aseguraba no sólo la posesión de California, sino la de todo el territorio del suroeste, o sea: Nevada, Utah, Arizona, Colorado y Nuevo México.

Entretanto, también en el norte sufrió modificaciones el mapa de Estados Unidos. El Tratado de Oregón (1846) les adscribió toda la región situada al sur del paralelo 49, territorios que más adelante formarían los estados de Washington, Oregón e Idaho. Estados Unidos había conseguido, en menos de ochenta años, extenderse de Canadá a México y del Atlántico al Pacífico.

Pero no se detuvieron ahí: En 1867, por iniciativa del secretario de Estado Seward, compraron a Rusia el territorio de Alaska por la suma de 7.200.000 dólares. Sin embargo, Alaska no se convirtió en estado hasta 1959.

A fines del siglo XIX la isla de Cuba se alzó contra el Gobierno español. Al principio, Estados Unidos permaneció neutral. Pero cuando el acorazado norteamericano Maine hizo explosión en la rada de La Habana, el presidente Mac Kinley decidió pasar a la intervención armada. España, que había sufrido fuertes pérdidas, tuvo que ceder.

El tratado de paz, firmado en diciembre de 1898, estipulaba que España cedía la soberanía de Cuba a Estados Unidos y que la isla sería ocupada por las fuerzas norteamericanas hasta su accesión a la independencia. España cedió además las islas de Puerto Rico, Guam y las Filipinas. Con todo esto, Estados Unidos se había establecido también en las islas Hawai. En 1899 consolidó su posición en el Pacífico mediante la ocupación de puntos de apoyo en las Samoa.

Al construir el canal de Panamá, que es de gran importancia estratégica para Estados Unidos, el presidente Theodore Roosevelt suscitó en el istmo una sublevación contra Colombia. Panamá, que consiguió su independencia, vendió la zona del canal a Estados Unidos en 1903.

El General Cluster en el Oeste Americano

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Los Bisontes en Norteamerica Cacería y Exterminio Tribus Indias

Los Bisontes en la Pradera Norteamericana

En las praderas de América del Norte vivían, hasta hace unos ciento cincuenta años, enormes rebaños de bisontes que únicamente cazaban los indios para asegurar su subsistencia. Entonces intervinieron los blancos con Sus armas de fuego, exterminaron a esos animales en cantidades masivas e hicieron de la caza del bisonte su deporte favorito. A principios del siglo XX se constituyó una sociedad que tenía por fin evitar la total desaparición de esta especie animal

Animal poderoso e impresionante, el bisonte es el mayor mamífero del continente americano. El macho puede llegar a medir hasta 2,90 m de longitud por 2 m. de altura y pesar una tonelada.

Antaño, los bisontes dominaban toda la pradera norteamericana y atravesaban a miles América del Norte, de Canadá hasta el golfo de México y del Mississipí a las montañas Rocosas. A pesar de su fuerza y de su número, su existencia estaba constantemente amenazada. Todos los años sucumbían muchos de ellos a los rigores del invierno: la espesa capa de nieve que cubría la pradera les impedía encontrar su alimento. Los lobos, por otra parte, devoraban a muchos animales jóvenes.

bisonte norteamericano

Bisonte Norteamericano

Los indios, que antes de la llegada de los blancos eran nómadas, fueron durante generaciones grandes cazadores de bisontes. Cazaban de distintas maneras. Montados en sus caballos provocaban una estampida. El jinete llevaba su arco en la mano izquierda, y en la derecha, tantas flechas como podía sujetar.

En cuanto el cazador estaba lo bastante cerca del bisonte que quería’matar, lanzaba sus flechas a los flancos del animal. Los caballos debían evitar las cornadas del bisonte herido, pues éste vendía cara su vida.

Cuando la bestia estaba muerta, los indios escogían los mejores bocados de su carne y la piel. Se atrevían a atacar a esos peligrosos animales no sólo a caballo, sino también a pie. En este caso se disfrazaban con pieles de lobo, ya que la espesa pelambrera que cubre la cabeza del bisonte no le permite distinguir bien a su adversario.

Pero a pesar de cuantos peligros le acechaban, el bisonte no dejaba de multiplicarse, pues, aunque a los indios les entusiasmaba la caza del bisonte, únicamente la practicaban para proveer a su subsistencia y no por el mero placer de matar.

Esta situación se mantuvo hasta principios del siglo XIX, cuando aparecieron en la pradera los blancos con sus armas de fuego. Su llegada señala el principio de la desaparición del bisonte, cuya suerte empeoró todavía cuando quedó terminada la línea de ferrocarril que había de unir el Atlántico con el Pacífico. Dieron de comer carne de bisonte a los obreros que trabajaban en la colocación de las vías.

Esta carne es verdaderamente tierna y sabrosa, especialmente la de los terneros, y puede consumirse fresca o convertida en tasajo; la lengua es un bocado selecto para los gastrónomos. Por añadidura, el trazado del ferrocarril transcontinental escindió los rebaños en dos grupos y redujo su espacio vital.

Los cazadores blancos, que disponían de fusiles, organizaron metódicamente la caza del bisonte. Montados a caballo se ponían en línea avanzando muy juntos hacia el rebaño de bisontes, y en el momento convenido disparaban todos a la vez, convirtiendo en motivo de orgullo el hecho de matar el mayor número de bisontes en el menor tiempo posible.

También disimulaban su presencia detrás de las rocas u otros escondites desde donde, a cubierto, tiraban sobre las bestias que los ojeadores empujaban hacia ellos. Depósitos centrales les abastecían de vituallas y municiones.

Construyeron fábricas para poner en conserva la carne de bisonte y almacenes en donde guardar las pieles; había nacido una nueva industria que conduciría al exterminio de los bisontes.

La caza de estas bestias se convirtió pronto en un deporte, y se organizaron concursos. Ciertos cazadores se hicieron famosos gracias a ellos, principalmente William Cody, que con el nombre de Buffalo Bill se convirtió en el héroe de ciertos relatos del lejano oeste. En el tren que atravesaba la pradera durante largas horas la gente tiraba a menudo sobre los rebaños de bisontes.

Para ilustrar esta especie de fiebre que llevaba a tales matanzas citaremos algunas cifras. Varios cazadores se vanagloriaban de haber matado más de mil bisontes durante el año 1874. En este mismo año salían diariamente de Dodge City hacia el este más de mil quinientas pieles de bisonte. No debe sorprendernos, pues, que hacia 1875 los bisontes hubiesen casi desaparecido de la parte sur de la pradera.

Diez años más tarde estaban también prácticamente extinguidos en la parte norte y, con ellos, los indios cuya subsistencia dependía de la caza del bisonte, pues con su piel confeccionaban sus ropas, tiendas, cinturones y mantas, y con sus huesos, toda clase de instrumentos. Con el pelo trenzaban cuerdas, y la carne constituía la base de su alimentación. Por ello, toda su vida dependía del bisonte, como la de los esquimales depende de la foca, y ésta fue la razón de que se convirtieran en encarnizados enemigos de los hombres blancos que sembraban la muerte y la destrucción en la pradera.

Cuando la caza del bisonte no fue ya lo bastante rentable para los blancos, éstos se dedicaron a recoger sus esqueletos. Millares de toneladas de huesos de bisonte fueron enviadas al este, por ferrocarril, como materia prima para fábricas de abonos y de cola.

En 1905 se creó en Estados Unidos la American Bison Society, que se había impuesto la tarea de evitar la total extinción del bisonte. En aquella época, de los millones de bisontes que antaño hicieran temblar la pradera bajo sus pezuñas apenas quedaban unos cientos. La nueva asociación elaboró métodos de protección eficaz, y en 1933 vivían ya 4.404 bisontes en los diferentes parques nacionales, donde disfrutaban de una vida tranquila.

En aquellos días, Canadá poseía todavía 17.043 bisontes. El peligro de la desaparición de la raza de los bisontes parecía haber sido conjurado.

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Origen del Proletariado Industrial Revolución Agraria

LA REVOLUCIÓN AGRARIA EN INGLATERRA: NACE EL PROLETARIADO INDUSTRIAL

A lo largo del siglo XV la agricultura europea se reconstituyó. Muchas de las tierras abandonadas durante la crisis del siglo XIV fueron puestas otra vez en producción y se incorporaron otras nuevas. Una gran novedad fue que los productos rurales se convirtieron en una atracción para los hombres de negocios, quienes comenzaron a invertir su dinero en la compra de tierras. La comercialización de esos productos tuvo un gran impulso debido al aumento de sus precios. La producción rural comenzó a ser vista como un negocio, como una fuente de enriquecimiento, por parte de algunos comerciantes urbanos y propietarios de tierras.

El país europeo en el que más se notaron estos cambios fue Inglaterra. Muchos propietarios se interesaron por comercializar lo que se producía en sus tierras. Esto los llevó a introducir innovaciones técnicas para aumentar la productividad. En muchos casos los adelantos técnicos provocaban desocupación, ya que reducían la necesidad de mano de obra. Por lo tanto, gran cantidad de campesinos se vieron obligados a abandonar sus tierras, condenados a refugiarse en los bosques o a emigrar a las ciudades para hallar un modo de subsistencia.

nacimiento prolteariado industrial

 Surgimiento del proletariado industrial
¿Cómo transcurrió el proceso de formación del proletariado industrial en Inglaterra? El punto de arranque de este proceso es la revolución agraria de la cual hablamos anteriormente, y cuyo rasgo principal fue el desalojo de la tierra de los campesinos. En el siglo XV el rasgo determinante del sistema económico de Inglaterra era el predominio del minifundio.

El régimen de servidumbre había sido liquidado en aquel tiempo y las diversas categorías de campesinos contaban con una economía independiente aunque formal y jurídicamente,; en virtud de las leyes vigentes a la sazón en el país, toda la tierra pertenecía a los terratenientes feudales. A fines del siglo XV y comienzos del XVI se produjeron serios cambios en el agro inglés. El desenvolvimiento de las relaciones mercancía-dinero y, en particular, del comercio exterior impelían a los terratenientes a incrementar sus rentas, particularmente en dinero.

Por aquel tiempo proporcionaba cuantiosas ganancias la producción de lana que se exportaba en enormes cantidades al continente europeo. A medida que se desarrollaba en Inglaterra la fabricación de paños, se precisaba mayor cantidad de lana. El aumento de la demanda de lana inglesa en los mercados exterior e interior dio lugar a un fuerte desarrollo del ganado lanar en Inglaterra. Los lores feudales ingleses se afanaban cada vez más por convertir las tierras de cultivo en pastizales para las ovejas y emprendieron la expulsión de los campesinos de la  tierra (“cercamiento”).

Pero el desarrollo de la ganadería y la consiguiente expulsión de los campesinos de la tierra no fue un fenómeno general y, hasta cierta época, el desalojo de los campesinos de sus tierras fue lento, si bien sumamente penoso. Este proceso se aceleró a fines del siglo XVI y comienzos del XVII bajo el influjo del desarrollo del capitalismo.

El Estado acudió en ayuda de los terratenientes, llamados en Inglaterra íandlords. La monarquía constitucional inglesa del siglo XVIII era formalmente y de hecho un instrumento del dominio de clase de los grandes terratenientes aristócratas, que-Vincularon estrechamente su suerte al desarrollo de las-formas capitalistas de economía. Los land-lords, que predominaron en el Parlamento en el transcurso del siglo XVIII, obtuvieron de esta institución más de 1.700 “sentencias de cercamiento”, a consecuencia de las cuales los campesinos fueron desalojados por completo de sus tierras. Según la aguda observación de Marx, “los landlords se regalaron a sí mismos las tierras del pueblo”.

Como resultado de tan generosos “regalos”, el campesinado libre e independiente desapareció totalmente de Inglaterra. De los 180.000 pequeños labriegos que había en el país a fines del sigilo XVII, a finales del XVIII quedaron muy pocos. Un historiador inglés progresista del siglo XIX, A. Toynbee, escribió a este respecto: “Asombra la mera constatación de dicho contraste. Quien no conozca nuestra his-, toria de ese período podría creer que hubo una gran guerra exterminadora, o alguna revolución social violenta, que traspasó de una clase a otra la propiedad de la tierra”.

La inmensa mayoría de los campesinos arruinados, desalojados de la tierra, podían obtener los medios de süFsis-tencia como peones de los terratenientes enriquecidos o como obreros asalariados en las ciudades y las zonas industriales, que demandaban constantemente mano de obra. Si los hombres de ciencia burgueses resaltan sobre todo el hecho de que los campesinos despojados de la tierra, en la sociedad capitalista, se liberaron de la opresión feudal en todas sus formas, nosotros no debemos olvidar que fueron asimismo “liberados” de los medios de producción: la tierra, su fuente principal de subsistencia.

La mayoría de los campesinos esquilmados por los terratenientes y el Estado se dirigió a las ciudades, cuya población, en un plazo relativamente breve, se decuplicó varias veces.  Ejemplo’ de ello   son los siguientes datos:

Incremento de la población urbana en Inglaterra:

AÑO: 1688
Manchestér      ………….    6.000
Birmingham…………    4.000
Liverpool      ……………    4.000
Sheffield……………..    4.000
Leeds………………    7.000

AÑO: 1760
Manchestér      ………….    40.000
Birmingham…………    30.000
Liverpool      ……………    35.000
Sheffield……………..    25.000
Leeds………………    20.000

AÑO: 1816
Manchestér      ………….    140.000
Birmingham…………    90.000
Liverpool      ……………    100.000
Sheffield……………..    60.000
Leeds………………    75.000

Los trabajadores arruinados, arrancados violentamente de la tierra, puestos fuera de la ley, se convertían en masa en mendigos, vagabundos y bandoleros. No es casual que en el período en que se establecen las premisas de la revolución industrial, se dicte en todos los países de Europa Occidental todo un cúmulo de leyes sanguinarias contra el vagabundaje. “Los padres de la clase obrera actual fueron sometidos a castigos, ante todo, por haberlos convertido por la fuerza en vagabundos y depauperados”, escribió Marx. La legislación de la época consideraba a aquellas gentes delincuentes “voluntarios”, que, de desearlo, podían en contrar ocupación.

En el siglo XVI, es decir, cuando comienza lá expulsión violenta de los campesinos de la tierra, se promulgó en Inglaterra la ley contra el vagabundaje, que prescribía enganchar al vagabundo a una carretilla, azotarlo hasta que la sangre le corriese por el cuerpo, y luego, hacerle jurar que retornaría a su patria y se dedicaría al trabajo. Si el vagabundo era apresado por segunda vez, el castigo aumentaba; la tercera vez era condenado a muerte como criminal peligroso y enemigo de la sociedad.

Las leyes contra los vagabundos, cuya promulgación  prosiguió, se aplicaban con implacable crueldad. Durante el reinado de Enrique VIII (1509-1547) fueron ejecutados 72.000 “grandes y pequeños ladrones”. En tiempos de la reina Isabel (1558-1603), “los vagabundos eran ahorcados en masa —dice un contemporáneo— y no transcurría un año sin que en uno u otro lugar fuesen ahorcadas 300 ó  400 personas”.

Leyes semejantes fueron dictadas también en Francia. El 13 de julio de 1777, el rey Luis XVI, posteriormente ejecutado por el pueblo, promulgó una ley en virtud de la cual toda persona sana de 16 a 60 años, que careciese de medios de existencia y de ocupación, debería ser enviada a galeras, elpeor castigo de la época.

Así los trabajadores honrados, privados violentamente de la tierra y de otros medios de existencia y convertidos de este modo en vagabundos, se veían obligados a trabajar como asalariados en cualesquiera condiciones, incluso las más duras. La ruina de los modestos campesinos fue la fuente principal, pero no la única, para la formación del proletariado industrial.

Qtra fuente sumamente importante de formación del proletaria industrial fue la ruina del artesanado de la producción manual, es decir, la ruina de los artesanos de las ciudades, de los tejedores rurales, de los hiladores y de otros muchos representantes de los artesanos labriegos. Su arruinamiento en masa se produjo también cuando el trabajo de la máquina triunfó sobre el trabajo a mano en las ramas principales de la industria. Este proceso se operó en forma particularmente evidente en la industria algodonera.

Antes de la introducción dé las máquinas, el proceso de transformación de la materia prima en hilados y, luego, en tejidos, se hacía en casa del obrero, con la participación de toda la familia. Por lo general, la madre y las hijas hilaban y el padre tejía o, de no tejer, sólo intervenía en la preparación de la hilaza, que se vendía después en el mercado local. Las familias de los trabajadores habitaban preferentemente en el campo, pero trataban de acercarse a la ciudad, pues solo en el mercado urbano podían vender sus artículos.

Por lo general, el tejedor artesano era también labriego. Tomaba en arriendo una parcela que, si bien no proporcionaba un ingreso sustancial, convertía al tejedor en habitante sedentario y permanente.

Los predecesores del proletariado industrial vivieron mucho mejor que sus sucesores. Trabajaban cuanto podían y ganaban lo suficiente para cubrir sus necesidades. Tenían tiempo libre para el sano trabajo en el huerto o en el campo, trabajo que era de por sí una forma de descanso. Según los recuerdos de los contemporáneos, eran en su mayor parte gente fuerte y robusta, se diferenciaban muy poco o nada de los campesinos de los alrededores. Los hijos se criaban en un ambiente sano, y si bien tenían que ayudar a sus padres en la labor, sólo era de tiempo en tiempo y no en jornadas de ocho o doce horas de trabajo.

El nivel intelectual de estas gentes era sumamente bajo. Los tejedores artesanos llevaban una vida aislada. Raramente sabían leer y escribir, no se ocupaban de política y frecuentaban regularmente la iglesia. Su asistencia a las lecturas de la Biblia era casi su única actividad intelectual. Aunque.eran sanos y fuertes, en el aspecto espiritual estaban muertos,pues sólo tenían intereses mezquinos, puramente personales. Su telar y su huerta eran para esta gente mucho más importantes que el pujante movimiento del progreso que abarcaba a toda la humanidad. Este transcurría fuera de su aldea y si llegaban algunos rumores a través del comerciante que venía todas las semanas de la ciudad en busca de la mercancía, interesaba a poca gente.

De no ser por la revolución industrial, ninguno de aquellos tejedores hubiese abandonado jamás dichq vida, sumamente tranauila y cómoda, pero completamente indigna del hombre. Tampoco eran hombres en la verdadera acepción de la palabra, sino máquinas de trabajo al servicio de unos pocos aristócratas qué regían el destino del Estado. La revolución industrial no hizo más que rematar la obra: terminó de convertir a los obreros en simples máquinas y les privó del   último   resto   de   actividad   independiente.   Pero,   conello, les obligó a pensar, los obligó a luchar por una situación digna del hombre. Esto dice Engels en su obra La situaeión de la clase obrera en Inglaterra.

La invención de la primera máquina, muy imperfecta, la hiladora mecánica “Jenny”, construida por el tejedor Jaime Hargreaves, en 1764, mostró las incomparables ventajas de la producción a máquina sobre el trabajo manual y sentó la base para la ruina en masa de los hiladores; las siguientes invenciones arruinaron a los tejedores. Fue un proceso duro y doloroso. “La historia universal —escribió Marx— no ofrece un espectáculo más horrible que el hundimiento lento, prolongado durante decenios y que culminó por fin en 1838, de los tejedores de algodón ingleses”.

Un proceso análogo se operó, con mayor lentitud, en las industrias de la lana, la seda y el lino.

Así pues, la pérdida de la tierra por parte del campesinado y la ruina del artesanado condujeron a la formación del gran ejército de los proletarios, hombres carentes de propiedad y sin otros medios de existencia que la venta de su fuerza de trabajo.

Fuente Consultada:
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL M.I. Mijalov

Historia del Revolver Colt y Fusil Remington y Winchester

HISTORIA ARMAS DE FUEGO: COLT, REMINGTON Y WINCHESTER

Durante un tiempo, después de la Batalla de Waterloo, las cosas se presentaron mal para la guerra en Europa. La gente tuvo un largo período de paz aburrida y sin excitaciones. Pero la invención de la pólvora detonante por un clérigo escocés, Alexander Forsyth, que había estado tratando de descubrir el modo de despertar a su congregación adormilada, condujo al arma de disparo a percusión, que a su vez posibilitó la pistola giratoria de Samuel Colt en 1835.

El revólver Colt calibre 44, la bala alargada (que reemplazó al proyectil redondo) y el rifle americano jugaron un gran papel en la Conquista del Oeste. Fue la gran época para matar indios, y acaparar nuevos territorios para los inmigrantes deseosos de “hace la américa” encontrado metales preciosos.

La guerra y las armas, que languidecían en Europa, encontraron un nuevo hogar en América. Aun antes de Waterloo, estalló la guerra entre los Estados Unidos e Inglaterra cuando los británicos no sólo buscaban los barcos norteamericanos en alta mar, sino que además impresionaban a los marinos norteamericanos.

Al comienzo de la guerra de 1812, como al comienzo de la mayoría de sus guerras, los Estados Unidos no estaban preparados. El ejército regular constaba de 6.744 hombres. Pero durante la guerra, por medio de voluntarios y milicia, el total se elevó a 527.000, contra una fuerza invasora británica de 53.000.

Fue una guerra interesante en cuanto a la táctica, una guerra en la que se luchó por la libertad de los mares, que comenzó con una invasión del Canadá y terminó con la victoria del General Andrew Jackson en Nueva Orleáns quince días después de que se firmara el tratado de paz. De hecho, dos días antes de que se declarara la guerra el Gobierno Británico había dado a conocer que revocaría las leyes que eran la excusa principal para luchar. Pero al comienzo de la guerra, así como al final, su palabra no se llevó a cabo. Un historiador ha llamado a la Guerra de 1812, que tuvo lugar en su mayor parte en 1813, 1814 y 1815, “la Guerra de la Comunicación Deficiente”.

Siempre ha sido un principio norteamericano que se debe superar al enemigo en número, y esta proporción de diez a uno parecería adecuada. En el mar, sin embargo, los británicos tenían casi mil barcos de guerra contra sólo diecisiete fragatas y corbetas de la Marina de los Estados Unidos. Era evidentemente una injusticia.

HISTORIA DEL COLT:

Cualquier aficionado a las películas del Oeste conocerá la palabreja en cuestión, que incluso ha dado título a algunas de ellas con más o menos complementos: La ley del colt, El colt en mi mano, etc. En estos casos, se trata sin duda del «persea naje» más importante del filme, oscureciendo al actor de fama, llámese Gary Cooper o John Wayne. Pero aún más interés des pierta la figura de su inventor, Samuel Colt. Nació en Martford, en el estado de Connecticut, el 19 de julio de 1814.

samuel colt

Samuel Colt

En este mismo año se había inventado el fulminato de mercurio, que servía para cebo de los cartuchos, y se había construido la primera máquina de vapor. La primera de dichas innovaciones permitiría desarrollar los revólveres de seguro funcionamiento; la segunda, la fabricación en serie de los mismos. Los comienzos de Colt no fueron los de un industrial, sino de un aventurero: en efecto, se embarcó como grumete en un navío que zarpaba rumbo a Calcuta. Según dijo después, ya tenía en mente la idea de un arma qué pudiera disparar repetidas veces sin necesidad de cargarla después de cada disparo.

Primer modelo de Colt

La idea no era nueva: en 1818, Wheeler y Collier, dos norteamericanos, estaban trabajando en ello, partiendo de las armas de repetición que se usaron desde principios del siglo XVIII en Europa. Creo que en el Museo Lázaro Galdiano, de Madrid, puede verse una pistola con una platina de sílex, un depósito de pólvora y un sistema de rotación. Colt, que conocía lo hasta entonces ensayado, se asoció con dos armeros, Aron Chase y John Pearson, y en 1831 fabricó un prototipo basado en las posibilidades del fulminato de mercurio. La patente es de 1835 y 1836 en Inglaterra y Estados Unidos, respectivamente.

También en 1836 inventó el revólver de repetición, lo ofreció al ejército de los Estados Unidos, pero éste lo rechazó. En cambio, el entonces independiente estado de Texas lo compró y lo usó con éxito. Sus víctimas son los indios comanches. Cuando Texas y México entraron en güera, el primero de dichos países compró miles de revólveres Colt para sus hombres. Ya era hora, pues Colt se había declarado en suspensión de pagos y este pedido salvó su fábrica. Un alto mando del ejército texano declaró: «Prefiero enfrentarme a un millón de soldados enemigos con doscientos cincuenta soldados armados con revólveres Colt, que con mil hombres provistos tle armas tradicionales.»

El revólver más célebre, el que aparece en las películas, es el de seis disparos, cañón de 229 milímetros y calibre 11,4 milímetros: se trata del llamado Colt Walker o, en la jerga del Oeste, «el juez Colt y sus seis jurados». Colt murió en 1862. Jesse James, Buffalo Bill, Billy el Niño, John Wayne, Gary Cooper, unos en la realidad y otros en In ficción, hicieron célebre la fórmula de la época: «Dios creó los hombres; Colt los hizo iguales.»

HISTORIA DEL FUSIL REMINGTON

Eliphalet Remington, nacido en Lichfield, Nueva York, en 1793, construyó un fusil para su uso particular, pues era muy aficionado a la caza. Después lo fabricó para el ejército de los Estados Unidos, en cuyas filas el arma se hizo popular. Murió en 1861. Su hijo Philo Remington, nacido en 1816 y fallecido en Silver Springs, Florida, en 1889, hizo célebres en el mundo entero los productos de sus fábricas, que iban desde los fusiles hasta las máquinas de escribir.

fusil remington

Del fusil de repetición de su padre, reproducido mil veces en los filmes del Oeste, hasta la máquina que usa una mecanógrafa en cualquiera de las oficinas del mundo, el nombre de Remington forma parte del vocabulario corriente del hombre de la calle. En 1870 se dedicó a las máquinas de coser. Fueron un éxito. Luego, a las de escribir. Otro éxito. Pero las armas, que ocuparon luego un lugar secundario en sus industrias, son las que han dado a su nombre una resonancia universal. Cosas de las novelas y las películas de aventuras.

HISTORIA DEL FUSIL WINCHESTER

Otro héroe de las películas del Oeste, como Colt. El 10 de noviembre de 1810 nacía en Boston, Estados Unidos, Oliver Fisher Winchester. A los siete años era granjero, a los diez albañil, a los veintitrés tendero y fabricante de camisas, y a los treinta fundó la Winchester and Davies Co., que surtía de camisas a toda Norteamérica. Empleaba a 800 trabajadores en su fábrica ya 5 000 a domicilio. En 1855 dedicaba ya buena parte de su dinero a las acciones de la Volcanic Arms, que no tardó en quebrar. Winchester no se desanimó por ello y fundó la New Haven Arms.

primer winchester

En 1860 creó la carabina que lleva su nombre. La guerra de Secesión, tan explotada por los filmes norteamericanos —¡y pensar que nosotros no hemos sabido hacer otro tanto con nuestras guerras carlistas!— le dio gran empuje, pero otras carabinas, las Spencer, le ganaron la partida. Incitado por esta competencia, en 1866 Winchester lanzó al mercado la carabina definitiva con la que iba a pasar a la historia, espccialnnIntl cuando en Little Big Hora el general Custer y 260 hombres u mados con Spencer fueron derrotados por 200 o 300 indios provistos de fusiles Winchester 66.

Salieron después los Winchester 73, 76, 86 y así sucesivamente, cada vez más perfeccionados. Hoy se da el nombre de Winchester —aunque está registrado— a cualquier fusil de repetición, añadiendo en su caso, claro está, la marca que corresponda. Winchester murió en 1880, pero su fábrica aún existe, y fabricó y sigue fabricando armas para todo el mundo, desde Buffalo Bill hasta algunos presidentes de los Estados Unidos.

Fuente Consultada:
HISTORIAS DE LA HISTORIA de Carlos Fisas Tercera Serie Edición Especial Edit. Planeta

Biografia de Bakunin Mijail El Anarquismo Vida Política

RESUMEN DE LA BIOGRAFÍA Y VIDA POLÍTICA DE MIJAIL BUKANIN

Mijaíl Alexándrovich Bakunin fue un revolucionario anarquista ruso (Torzk, 1814 – Berna, 1876). Participó en los movimientos revolucionarios de 1848 y fue encarcelado en Rusia.  Fundó la Alianza de la Democracia Socialista y la secta de los Hermanos Internacionales. Preconizó el ateísmo, la abolición de clases, la igualdad de los sexos, la propiedad en común de la tierra y las riquezas, la desaparición de todos los estados y de las autoridades. En 1872 creó una liga, germen del anarquismo.

Hijo de una familia aristócrata rusa del siglo XIX, destacado en la historia del pensamiento humano por  su credo anarquista, que fue una verdadera filosofía de la naturaleza y del hombre. De Bakunin, este «titán con cabeza de león», anarquista y revolucionario, su amigo Herzen decía: «En el fondo de la naturaleza de este hombre se encuentra el germen de una actividad colosal, que no logró su consumación».

Partidario del colectivismo antiautoritario, Bakunin participó en todas las luchas revolucionarias y presintió los excesos futuros en la aplicación del pensamiento marxista. Dedicó su vida a la difusión de su doctrina anarquista por todo Europa.

Entre sus principales obras figuran: El Imperio Knuto-Germánico e Internacional, La teología política de Mazzini, Dios y el Estado, El catecismo revolucionario y Los principios de la Revolución.

Bukanin anarquismo

Mijail Bukanin (1814-1876)

Bakunín, dos años más joven que su amigo Herzen, procedía también de una antigua familia rusa, y fue oficial, antes de hacerse revolucionario. Fue mucho más lejos que Herzen. En 1845, en París, también conoció a Michelet, a Lamennais y a Proudhon.

Nació el 18 de mayo de 1814 en la provincia rusa de Tver y disfrutó de una infancia feliz en la hacienda paterna, rodeado de sus cuatro hermanas, por las cuales sentía un gran cariño. Recibió una educación escolar de buen nivel gracias a los servicios de un preceptor privado y se interesó por la vida de los campesinos.

A los catorce años fue enviado a San Petersburgo para estudiar en la academia militar. Al cabo de cinco años se convirtió en oficial de un regimiento apostado en Polonia. Sin embargo, preso del aburrimiento y del ocio, desertó en 1835 y se inscribió en la universidad de Moscú, donde estudió filosofía hasta 1840. Durante esa época se familiarizó con el pensamiento de Hegel. En Moscú también frecuentó los círculos literarios que se reunían en torno a Turguéniev; fue allí donde conoció al que sería su amigo más querido, más allá de las desavenencias políticas: Alexandr  Herzen.

Herzen fue otro revolucionario ruso que abandonó su país en 1847 y se instaló en Londres, allí publicó una revista, «La estrella Polar», seguida, a partir de 1857, por un diario, «La Campana» (Kolokol). A pesar de la censura, el diario llegó a todas partes en Rusia. Herzen tomó de Proudhon la idea de que el advenimiento del socialismo se produciría por el libre juego de las relaciones económicas. El mir (comunidad) sería la base de la revolución, que debe surgir desde abajo. Herzen lleva la eslavofilia (defensa de los eslavos) a conclusiones revolucionarias. A los estudiantes, entre quienes creció su influencia rápidamente, les dió consignas, la primera de las cuales fue la de «ir al pueblo».

En 1848-49, Bakunin participó en los movimientos revolucionarios y nacionalistas de Europa central. Fue detenido y encarcelado, durante varios años, en Austria, porque predicaba la peligrosa idea de una Federación de Naciones eslavas libres y autónomas.

Deportado a Siberia, se escapó a Japón y luego a América, hasta que eligió como residencia Inglaterra. Herzen decía de él: «Avanzaba con botas de siete leguas, a través de los montes y los mares, a través de los años y los siglos».

En 1861, cuando llegó a Londres tras huir de Siberia, se encontró con su compatriota y amigo Alexandr Herzen, que editaba un periódico socialista en ese país; sin embargo, a diferencia de éste, cuya principal preocupación era el pragmatismo político, Bakunin privilegió entonces la insurrección y elaboró una teoría de la revolución que pronto lo convertiría en el «padre del anarquismo».

Tras el fracaso de la insurrección polaca de 1863, organizó su acción sobre un programa socialista, cuya idea central seguía siendo la autonomía de las individualidades nacionales, dentro de un marco federativo.

En 1864 se estableció en Italia por cuatro años. Durante esa época, su aporte específico al pensamiento anarquista y revolucionario tomó forma.

En 1868 se adhiere a la Primera Internacional de Trabajadores, organización que nació en septiembre de 1864 en torno a los revolucionarios europeos emigrados, después de las revoluciones de 1848-1850. Fue concebida como un gran partido internacional y no como una federación de partidos nacionales. Sin embargo, los distintos países no tenían la misma importancia en el seno de la Asociación y las tendencias políticas eran muy diversas, del tradeunionismo inglés al anarquismo de las federaciones italiana, española.

Marx, había redactado los estatutos de 1864, intentó darle una orientación revolucionaria y proletaria, por lo que Bakunin protagonizó un áspero debate con Marx, encabezando la disidencia anarquista con respecto a las propuestas más autoritarias y centralistas que el socialismo marxista estaba imponiendo en el movimiento obrero; dicho enfrentamiento, que marcó toda la vida de la Primera Internacional, desembocó en la expulsión de Bakunin (Congreso de La Haya, 1872). Su pensamiento radical y romántico, plasmado en obras como El Estado y la anarquía (1873), influyó especialmente sobre los nihilistas rusos.

En 1869, se tradujo al ruso el Manifiesto Comunista de Marx y Engels.

En el Congreso de Basilea, del mismo año, Bakunín formuló los principios de su programa: «Liquidación social, expropiación de todos los propietarios, destrucción de todos los Estados nacionales, y, sobre sus ruinas, edificación del Estado Internacional de los Trabajadores». Trata de conciliar, en su pensamiento, las contradicciones de anarquismo y colectivismo. Dotado de una prodigiosa vitalidad, Bakunín gana muchos adeptos, con el príncipe Kropotkín entre ellos, pero Herzen, su amigo, se aparta, en aquel momento, de los nuevos revolucionarios.

El pensamiento político ruso avanza y surgen distintas corrientes. A partir de 1867, Lavrov publica en una revista, con el seudónimo de Pyrtov, sus «Cartas Históricas», chocando con las posiciones nihilistas. Desterrado en París, en 1870, desarrolló sus tesis: con la idea de Herzen de «ir al pueblo», afirmó la necesidad de educar políticamente a ese pueblo, antes de conducirlo a la revolución social y política. Sus escritos tuvieron un gran éxito en Rusia.

Inmediatamente, muchos jóvenes se dedicaron a aquella labor educativa, mientras el mir se convertía en el tema de estudio y de conversación más apasionante. Estaba a punto de formularse el populismo, pero la propaganda abierta en favor de unas tesis es más fácil de yugular que los movimientos subterráneos y anarquistas de las sociedades secretas. La policía zarista era implacable, y el populismo tuvo que dejar paso al socialismo terrorista preconizado por Bakunín, cuyos únicos medios de propaganda eran la octavilla, el revólver y la bomba, a falta de toda posibilidad de representación.

Kropotkin (1842-1921) y Bakunin (1814-1876) fueron los más destacados teóricos del anarquismo. Exaltaban al individuo y creían en la acción directa, que llevaba a negar poder creador a las masas. Según su concepción, el atentado terrorista superaba en eficacia a la organización de carácter político. Algunos contraponían el sindicalismo revolucionario a todo tipo de acción política.

Siempre se caracterizó por su espíritu inquieto y preocupado por la dura realidad de los obreros, y no se condicionó al pensamiento teórico, sino que fue un hombre de de acción: luchó en las barricadas de la Revolución de 1848 en París, Polonia y Alemania. Detenido en Sajonia, fue condenado a muerte en Prusia, Austria y Rusia, indultado y confinado en Siberia. Consiguió escapar a Japón en 1861 y desde allí regresó a Europa a través de Estados Unidos.

Sostenido económicamente por su amigo Herzen, participó en las luchas de la unificación italiana, en la revolución de Polonia de 1863 y en un intento de extender a Lyon la insurrección de la Comuna de París (1870). Militó en la Liga por la Paz y la Libertad.

Durante el congreso de La Haya, en septiembre de 1872, sus partidarios fueron excluidos de la Asociación Internacional de Trabajadores y formaron una Internacional antiautoritaria. Sin embargo, la espontaneidad revolucionaria de las masas también desilusionó a Bakunin en septiembre de 1870 en Lyon, al igual que en mayo del año siguiente en París, cuando la Comuna fue aniquilada, o incluso en mayo de 1874 en Bolonia: los proyectos de rebelión fracasaron.

Pasó sus últimos años en Suiza, viviendo en la miseria, planeando conspiraciones que nunca llegaron a realizarse y manteniendo correspondencia con pequeños grupos anarquistas, alentados por su ferviente inspiración. Bakunin murió en Berna en medio de la miseria, el 1 de julio de 1876.

Sus obras se convirtieron en la fuente teórica del anarquismo de finales del siglo XX: Dios y el Estado, El Estado y la anarquía, El Imperio Knuto-Germdnico e Intemacional, La teología política de Mazzini, Dios y el Estado, El catecismo revolucionario y Los principios de la Revolución.

herzen anarquista ruso

 Al igual que Bakunin, Herzen fue prisionero en Siberia antes de exiliarse. Si bien en un primer momento se dejó seducir por el modelo occidental, terminó por juzgarlo decadente.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1814 Nacimiento de Mijaíl Alexándrovich  Bakunin en Priamujino, provincia de Tver, el 18 de mayo.

1828 Es enviado a San Petersburgo para  estudiar en la academia militar.

1835 Abandona el ejército para estudiar  filosofía en Moscú.

1840 Viaja a Berlín.

1841 Publicación de la Esencia del  cristianismo de Feuerbach.

1844 El gobierno ruso le retiene su  pasaporte.Viaja a París.

1844-1847 Conoce a Marx y Proudhon.

1847 Lanza un Llamamiento a los hermanos polacos y es expulsado de Francia.

1848 Regresa a Francia y luego viaja al  congreso eslavo en Praga.

1849 Participa en la revolución de Dresde.

1850 Es condenado a cadena perpetua.

1851 Es entregado a Rusia.

1857 Bakunin, condenado a un exilio perpetuo en Siberia.

1861 Logra huir de Siberia y llega a Londres.

1864 Fundación en Londres de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT).

1865 Teoría de la propiedad de Proudhon.

1867 Marx publica el primer libro del Capital.

1868 Bakunin adhiere a la Primera Internacional.

1872 Excluído de la AIT durante el congreso de La Haya.

1876 Muerte de Bakunin en Berna, el I de julio.

Fuente Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografías Editorial Larousse Entrada: Bakunin Mijail
ENCICLOPEDIA HISPÁNICA Tomo 12 Entrada: Bakunin Mijail
CIVILIZACIONES DE OCCIDENTE Tomo B Jackson J. Spielvogel – El Anarquismo
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre CODEX Tomo X

Biografia del Conde Camilo de Cavour Reino de Piamonte

Biografia del Conde Camilo de Cavour

HISTORIA DE ITALIA: INDEPENDENCIA DE AUSTRIA

Camillo Benso, conde de Cavour (1810-1861), político y diplomático sin par, además de economista sagaz, Camilo Cavour transformó el reino de Piamonte-Cerdeña que se había sublevado contra la dominación austríaca. En pocos años fue el artífice de la unidad italiana. Desde el reino de Piamonte-Cerdeña, del cual fue su principal administrador, Cavour trabajó para reunir toda Italia bajo un mismo Estado moderno.

Su participación en la Guerra de Crimea al lado de Francia permitió a Cavour estar presente en el congreso de París, efectuado en 1856 y de esta manera aprovechó la ocasión para plantear el problema de la presencia austríaca en Italia y trató de encontrar una solución pacífica.

Fue primer ministro del reino de Cerdeña en los períodos 1852-1859 y 1860-1861, la historia lo recuerda como principal artífice de la unificación italiana y primer jefe de gobierno del Estado surgido de ésta, el reino de Italia (1861). Amplió los dominios de Cerdeña y fue la base para la pretensión de Cavour de constituir el reino italiano sobre la base de aquél.

Bajo su gobierno, el reino adquirió un impulso poderoso, se contruyeron canales y ferrocarriles , se fomentó la agricultura, la industria y el comercio por medio de tratados de libre cambio con Francia, Inglaterra , la Confederación Alemana, se reforzó el ejército y la marina y se construyó el puerto militar de Spezia.

Conde de Cavour, defensor de la unidad italiana

Cavour, Camillo Benso, conde de artífice de la unidad italiana, nacido en Turín en 1810. A los 37 años fundó el periódico Il Risorgimento. Al año siguiente fue nombrado diputado de la Cámara de Cerdeña, en la que se opuso desde un principio al republicano Mazzini. Defendió la alianza con Inglaterra y aconsejó la guerra contra Austria. Desempeñó diversas carteras ministeriales: Agricultura y Comercio, Marina, Hacienda, etc. En 1852 pasó a ocupar el cargo de primer ministro y desde él dedicó todo su esfuerzo a la tarea de la unificación de Italia bajo el cetro del rey de Cerdeña. Defendió el libre comercio, realizó importantes reformas en la economía y consolidó el régimen constitucional.

VIDA Y POLÍTICA: Camilo Benso, conde de Cavour, nació en Turín en 1810 en una Italia anexada al Imperio napoleónico. Aunque su padre, un aristócrata piamontés, estaba al servicio del emperador, el joven Cavour no conservó recuerdo alguno de la presencia francesa que concluyó en 1815.

Procedía de una antigua familia de servidores de la monarquía; su madre era una protestante ginebrina, y Camilo recibió una educación francesa y liberal. Fue un oficial inteligente, pero dimitió, en 1830, al hacerse sospechoso por sus ideas políticas; después de viajar por Inglaterra y Francia, estudió las cuestiones económicas, lo que le valió para transformar sus tierras según los métodos agronómicos más modernos. A comienzos de 1848, participó en la fundación del periódico «II Risorgimento»; elegido diputado, hombre muy destacado, rico, fue nombrado ministro de Agricultura, de Comercio y de Marina, en el Gabinete de dAzeglio.

Con posterioridad, el congreso de Viena dividió Italia y la mayor parte quedó bajo dominio austríaco. Los Habsburgo reinaban sobre el Véneto y la Lombardía. Indirectamente, también ejercían un poder efectivo sobre los ducados de Parma, de Módena y de Toscana.

Durante la dominación francesa Italia tuvo buenas consecuencias, pues se había proclamado la igualdad civil, se habían establecido sobre una base racional con el Código de Napoleón, los principios del Derecho público y privado, las obras públicas recibieron un gran impulso y algunas poblaciones rivales quedaron unidas por los lazos de una administración única.

De todas maneras no conformes con estos avances, los italianos sintiéronse estimulados y recobraron nuevos bríos al presenciar el triunfo del movimiento liberal español de 1820 y el francés de 1830. Pese a que en los siete Estados de Italia imperaba un absolutismo despiadado, las nuevas corrientes de libertad , transmitidas en esas revoluciones, continuaron abriéndose paso.

En 1852, el  Rey Víctor Manuel II lo nombró Primer Ministro, a la sazón, tenía cuarenta y dos años de edad; de carácter alegre y jovial, se convirtió en el popular «papá Camilo». Constituyó el «Connubio», un Gobierno de unión nacional, con Rattazi, jefe de los moderados, y dirigió, activamente, las nuevas reformas: supresión de conventos, construcción de vías férreas y de carreteras, para mejorar el tráfico con Francia; reorganización del ejército por el ministro Lamarmora.

Conocido de todos el odio de Cavour a Austria, los patriotas se fueron apartando cada vez más de Mazzini, para volver sus ojos hacia Piamonte, unidos en la «Sociedad Nacional» del exiliado siciliano La Fariña. Sólo quedaba un problema por resolver: vencer a Austria, pero se necesitaba un poderoso aliado, y Cavour contaba con Francia.

Gracias a la guerra de Crimea consiguió que se tratara la cuestión italiana en el Congreso de París de 1856. Acordó con Napoleón un plan para expulsar a los austríacos de Italia (1858). Aunque representó un golpe decisivo para los austríacos, de cara al futuro, Cavour tuvo que cederles Venecia. Dimitió por esta razón Regresó en 1860, comenzando el verdadero periodo de unificación de Italia. Con la ayuda de Francia, a la que pagó con la cesión de Niza y Saboya, preparó la integración de Parma, Toscana y Módena. Por su parte, Garibaldi, junto con la tropas sardas, conquistó el Sur de Italia y los Estados Pontificios. En 1861 Víctor Manuel es proclamado rey de toda Italia, con las excepciones de Roma y Venecia. Ese mismo año, agotado por su constante actividad, murió Cavour en Turín.

HISTORIA DE ITALIA:
EN BUSCA DE LA UNIFICACIÓN:
En 1850, Austria seguía siendo el poder hegemónico sobre la península italiana. Los intelectuales italianos iniciaron un movimiento literario denominado «il Risorgimiento» encaminado a conseguir la unidad de Italia, liberándola de la dominación extranjera.

 Tras el fracaso de la revolución de 1848-1849, un creciente número de partidarios de la unificación centraron en el estado septentrional de Piamonte sus esperanzas para conseguir tal fin. La casa real de Saboya gobernaba el reino de Piamonte, el cual también incluía la isla de Cerdeña. Y si bien fueron estrepitosamente derrotados por los austríacos en 1848-1849, bajo el rey Carlos Alberto, Piamonte realizó un valiente esfuerzo. Por ello, era razonable que podría asumir el papel de vanguardia en la causa de la unidad nacional.

El pequeño estado parecía no ser el adecuado para proporcionar el necesario liderato, sin embargo, incluso el nuevo rey, Víctor Manuel II (1849-1878), nombró al conde Camilo de Cavour (1819-1861) como su primer ministro en 1852.

Cavour era un noble de criterio liberal que había hecho fortuna en la agricultura y que aumentó aún más sus riquezas con negocios en la banca, los ferrocarriles y la industria naviera. Era un moderado que se mostraba a favor de un gobierno constitucional. Fue un político consumado, con capacidad de persuadir a otros de lo correcto de las convicciones que él abrigaba.

Después de llegar a primer ministro, en 1852, practicó una política de expansión económica, aliento a la construcción de caminos y canales, tendido de vías de ferrocarril y fomento de las empresas de negocios, ampliandoel crédito y estimulando la inversión en nuevas industrias. El cremiento de la economía piamontesa y el subsecuente aumento de los ingresos del gobierno le permitieron a Cavour verter dinero en el equipamiento de un gran ejército.

Rey Víctor Manuel II

Rey Víctor Manuel II de Italia

Las tropas del rey piamontés Carlos Alberto, en acuerdo de Cavour, en su intento de expulsar a los austríacos fueron aplastadas en Novara el 23 de marzo de 1849. El soberano abdicó entonces y cedió el trono a su hijo Víctor Manuel II. Víctor Manuel II, el primer rey de Italia. Monarca liberal, supo entregar su confianza a Cavour sin ser jamás desposeído de su autoridad.

Cavour no se hacía ilusiones sobre la fuerza militar del Piamonte y era sobradamente consciente de que no podía lanzar un reto directo a Austria. Necesitaría de los franceses. En 1858 llegó a un acuerdo con Napoleón III. El emperador convino en aliarse con el Piamorte para expulsar a los austríacos de Italia. Una vez que los austriacos se viesen fuera, Italia sería reorganizada.

El Piamonte sería extendido hacia el reino de la Alta Italia, añadiendo la Lombardía, Venecia, Parma, Módena y parte de los Estados Pontificios a su territorio. En compensación por sus esfuerzos, Francia recibiría las provincias  piamontesas de Niza y Saboya. Se crearía un reino de Italia Central para el primo de Napoleón III, el príncipe Napoleón, que se casaría con la hija menor del rey Víctor Manuel. Este convenio entre Napoleón y Cavour parecía asegurarle al gobernante francés la oportunidad de controlar Italia.

Confiado en que el plan funcionaría, Cavour provocó a los austríacos para que invadieran el Piamonte en abril de 1859. La historia siguiente no fue la planeada, los franceses fueron derrotados y Napoleón III decidió retirarse pues los costos superaban a los estimados inicialmente. Además Prusia decidió ayudar a Austria y de este modo Francia tendría enemigos en dos frentes situación que ponía en peligro el orden político francés. Napoleón III,  abandona a los italianos y firma un acuerdo con los austríacos, dejando  en sus manos  a Venecia.

Mientras tanto un nuevo líder aparecía en el sur de Italia, Giuseppe Garibaldi (1807-1882), un patriota italiano que había apoyado la causa revolucionaria de Mazzini , para la Unificación Italiana.

Garibaldi, reunió un ejército voluntario, el de los “camisas rojas”, que acudió en ayuda de la rebelión siciliana. Cavour aparentó condenar el movimiento (no era partidario de actos revolucionarios), pero ayudó a Garibaldi, que, partiendo de Génova en mayo de 1860, tomó a Napóles y en seguida las Dos Sicilias. Entre tanto, Víctor Manuel intervino desde el Norte, invadió los Estados Pontificios y se unió a Garibaldi en Nápoles.

Era necesario evitar el enfrentamiento que podía plantearse entre la Cerdeña monárquica y el republicano Garibaldi. A fines de septiembre de 1860, Cavour proclamó la anexión de los Estados Pontificios, exceptuados Roma y una pequeña extensión a su alrededor. Garibaldi aceptó la unidad bajo el mandato de Víctor Manuel. Así se unieron Sicilia, Napóles y los Estados Pontificios al reino de Cerdeña. Sólo Roma y Venecia quedaban al margen de la unión.

El 18 de febrero de 1861, el primer parlamento italiano se reunió en Turín, donde Víctor Manuel II abandonó el título de rey de Cerdeña y fue proclamado rey de Italia. Sin embargo, Cavour no pudo disfrutar por mucho tiempo de la obra de unificación, de la cual había sido el principal artífice, ya que falleció el 6 de junio de ese mismo año.

Debido a su temprana desaparición, Cavour no alcanzó a ver la unificación de Italia: todavía faltaban Venecia y Roma. Sólo en 1866 el Véneto, a excepción de la ciudad de Trieste, fue anexado al joven reino después de la derrota de los austríacos frente a los prusianos en Sadowa.

En cuanto a la cuestión romana, ésta no podía solucionarse debido a la inflexibilidad de Napoleón III. Gracias a la derrota del Imperio francés en 1870, las tropas italianas entraron finalmente en Roma el 20 de septiembre. Se organizó un plebiscito y una gran mayoría se pronunció a favor de la anexión de la Ciudad Santa.

Víctor Manuel II esperó hasta el 13 de mayo de 1871 para entrar en Roma, cuando se votó la ley de Garantías que estableció el estatuto de la Santa Sede. El papa siguió siendo soberano y conservó sus posesiones del Vaticano, de Letrán, la Conserjería y de Castel Gandolfo. Sin embargo, detrás de los muros del Vaticano, rehusando todo contacto con el Estado italiano que no había reconocido, Pío IX quedó aislado, prisionero de su intransigencia.

CRONOLOGÍA VIDA DE CAMILO CAVOUR

1810 Nacimiento de Camilo Benso, conde de  Cavour, en Turín, el 10 de agosto.

1847 Fundación del periódico Il Risorgimento. 

1848 Cavour es elegido diputado por Turín.

1849 El 23 de marzo, las tropas de Carlos Alberto son derrotadas por Radetzky. Fracaso de la revolución. Carlos Alberto abdica en favor de su hijo Víctor Manuel II.

1850 Cavour es nombrado ministro de agricultura, y luego de finanzas.

1852 La alianza de Cavour con la izquierda lo obliga a dimitir. El 4 de noviembre,Víctor Manuel II lo llama de regreso y lo nombra presidente del Consejo.

1854 Guerra de Crimea, en la cual participan 21.000 soldados piamonteses.

1858 Entrevista de Plombiéres.

1859 Intervención francesa en el norte de Italia.  Victorias de Magenta y de Solferino. El armisticio deVillafranca es tildado de traición. Lombardía es anexada al Piamonte.

1860 El Piamonte cede Niza y Saboya a Francia. Los ducados de Parma, Módena y Toscana son anexados al Piamonte. La expedición de los Mil, comandada por Garibaldi, se apodera de Napóles el 7 de septiembre. El 11 las tropas piamontesas entran en Umbría y las Marcas.

1861  Se proclama el reino de Italia. Camilo Cavour muere en Turín, el 6 de junio.

Fuentes Consultadas:
HICIERON HISTORIA Biografía de Larousse Entrada: Napoleón III
CONSULTORA Enciclopedia Temática Ilustrada Tomo VIII El Mundo Actual
HISTORAMA Tomo IX – La Unificación Italiana y Alemana – Editorial CODEX
LA AVENTURA DEL HOMBRE EN LA HISTORIA Tomo II La Unificación Italiana Edit. El ATENEO

Biografia de Marqués de La Fayette Héroe de Francia y EE.UU.

RESUMEN BIOGRAFÍA Y VIDA POLÍTICA DEL MARQUES DE LAFAYETTE

Marie Joseph Motier, conocido como marqués de La Fayette (1757-1834), fue un militar y político francés, que defendió  los principios democráticos y tuvo una actuación destacada en la independencia de las colonias británicas en América y mas y tarde  fue miembro de la Asamblea Nacional en los orígenes de la  Revolución Francesa de 1789, donde promulgó una Declaración de Derechos basada en la Declaración de Independencia estadounidense. Recibió el mando de la Guardia Nacional de París; y creó un sociedad de políticos moderados que defendía la instauración de una monarquía constitucional.

Se lo considera un héroe de la independencia estadounidense y luego de la Revolución francesa, La Fayette contribuyó a la caída de la monarquía. Por tanto, en dos ocasiones impuso a un rey el emblema tricolor que se había convertido en el símbolo de la República. En EE.UU. conoció a George Washington, con quien mantuvo muy buena amistad. Su intervención en la campaña de Virginia provocó la rendición de los británicos en Yorktown.

La Fayette, héroe de la revolución francesa

Nacido el 6 de septiembre de 1757 en el castillo de Chavaniac, en Auvernia, Marie-Joseph du Motier Paul nació en una familia noble. Su padre murió en Minden (Alemania) en 1759, y su madre y su abuelo, murieron en 1770.

A los 16 años, se casó con Marie Francoise Adrienne de Noailles († 1807), hija del duque de Ayen y nieta del duque de Noailles, una de las familias más influyentes del reino.  A los 17 años, después de su matrimonio se negó a aceptar un lugar en la corte, lo  que le habría asegurado una vida cómoda y prefiere dirigir su destino hacia una carrera militar.

Entró en la casa militar del rey en 1772. Era un joven capitán de dragones a la edad de 19 años cuando las colonias inglesas en América declararon su independencia. Consciente de esta importante cuestión política, donde las colonias luchaban por su libertad , siente que su corazón se inflama por sumarse a esa causa y en abril de 1777, desafiando la prohibición del Rey, se embarca a América. Después de un viaje de dos meses, que atracó en Filadelfia, la sede del gobierno de las colonias, ofrece sus servicios al Congreso.

La Fayette aún no liene veinte años, y, a pesar de las prohibiciones de su padre y del rey, se alista.  «La felicidad
de América está íntimamente ligada a la felicidad de la humanidad: ella se convertirá en el respetable y seguro
asilo de la honradez, de la tolerancia, de la igualdad y de una tranquila libertad».

« Desde el primer momento que escuch pronunciar el nombre de América, lo he amado; desde el instante en que supe que combatía por la libertad, deseé con vehemencia derramar mi sangre por ella». Con estas palabras, el marqués de La Fayette justificó su compromiso en favor de los insurgentes norteamericanos en su lucha contra la corona de Inglaterra.

El marqués de La Fayette, fue un ejemplo célebre de compromiso ciego por la causa de las colonias inglesas, pues con apenas diecinueve años de edad, deja su cómoda vida en Francia para embarcarse en la dura y peligrosa taera de luchar contra la potencia militar mas grande de esa época. Silas Deane, impresionado por  tan importante actitud y ciraje, le prometió el grado de mayor general. Los oficiales franceses se sentían, a menudo, decepcionados por la acogida bastante fría de los americanos, que no aceptaban con gusto  el   ser mandados  por unos  extranjeros que ni siquiera hablaban su idioma.

En compañía del vizconde de Noailles y del conde de Segur, La Fayette llegó a América en  junio  de 1777.  En   Filadelfía fue, al principio, mal recibido: se lo tomaba como un aventurero. Orgullosamente, La Fayette exigió servir sin estipendio, como simple soldadodo.   Una carta de Franklin aclara los malentendidos y La Fayette se convierte en mayor general del ejército americano.

Fue herido en la toma Pennsylvania en la batalla de Brandywine Creek, y, en el curso del invierno siguiente, entabló amistad con Washington en los penosos cuarteles de invierno de Valley Forge: el aristócrata francés y el burgués de Virginia parecen haber nacidos para entenderse.

Se incorporó con cierta dificultad en el Ejército de Estados Unidos con el rango de general de división. Su papel militar es interrumpido por un período de seis meses cuando George Washington se encargó de convencer al rey de Francia para que enviara una fuerza expedicionaria.

Francia y Estados Unidos sellaron una alianza contra Gran Bretaña en 1778, razón por la cual esta última declaró la guerra a los franceses. La Fayette regresó a su país y permaneció allí durante seis meses a fin de conseguir ayuda económica y militar para los rebeldes de las colonias. De vuelta en los EE.UU. en 1780 a bordo de la Hermione, recibe una petición de Washington, para comandar las tropas de Virginia. Participó en 1780 en la decisiva batalla de Yorktown, que conduce a la rendición de Cornwallis, fue un 18 de octubre de 1781. Regresó a Canadá en 1782 donde fue ascendido a mariscal de campo.

Regresa a Francia en 1785 y convencido de los ideales de la Constitución estadounidense, La Fayette quiso que la monarquía adoptase algunos de sus principios. Luego de participar en la Asamblea de los notables de 1787, fue elegido como representante de su orden ante los estados generales de 1789.

Muy pronto se declaró partidario del tercer estado, lo que le valió una gran popularidad, que culminó cuando redactó, junto con otros, la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano, inspirada en la Constitución estadounidense.

Presenta un proyecto de Declaración sobre los Derechos Humanos en la Asamblea Constituyente. Fue nombrado comandante de la Guardia Nacional en julio de 1789. Su papel en esta posición durante la Revolución todavía sigue siendo un poco enigmática, pues el 5 de octubre de 1789, cuando los parisinos van hasta Versalles para pedir pan a Luis XVI, la Guardia Nacional dirigida por La Fayette llega a tiempo para defender al rey y la reina, frente a una multitud enardecida que invadia las habitaciones reales, cansada de hacer colas interminables por un poco de alimento. Responsable de la seguridad del castillo, le resultará incapaz de evitar nuevas invasiones de gente descontenta con las medidas de la familia real.

En 1791 fue él quien trajo a París al rey, sorprendido en Varennes cuando intentaba huir de Francia; pero fue también él quien ordenó disparar sobre las masas de manifestantes que, como consecuencia, pedían su destronamiento (matanza del Campo de Marte). Tras la formación del régimen republicano de la Convención (1792), La Fayette dio la razón a quienes dudaban de su lealtad, al huir de Francia después de haber fracasado en el intento de sublevar a sus tropas en favor del rey.

En diciembre de 1791, Lafayette toma el mando de uno de los tres ejércitos formados para luchar contra los austríacos, pero viendo que la vida de la pareja real era cada días mas amenazada, se opuso el partido jacobino, y se opuso a utilizar su ejército para restaurar una monarquía constitucional. El 19 de agosto de 1792, se lo declara un traidor a la partia francesa. Obligado a refugiarse en Lieja, será capturado por los prusianos y los austriacos, y se le mantuvo arrestado en prisiones de Prusia y Austria desde 1792 hasta 1797.

A la sazón más prudente, La Fayette asistió de lejos a la entronización de Napoleón y renunció a desempeñar un papel en el escenario político, a sabiendas que no tenía cupo. Oportunista, esperó la noticia de la derrota de Waterloo para oponerse a un emperador caído. El retorno de los Borbones al trono de Francia no hizo que su situación se tornase más propicia, y no pudo contar con el favor de los hermanos de Luis XVI, al que defendió tan mal.

Finalmente volvió en 1799; pero apenas participó en la vida política porque desaprobaba el programa de Napoleón I Bonaparte. En 1802 se opuso bajo el gobierno de Napoleón cónsul vitalicio; y en 1804, votó contra el título de emperador.

Fue electo diputado de Sarthe y de  Seine-et-Marne durante los cien días, le pide la abdicación de Napoleón primero. Adjunto de la Sarthe en octubre de 1818 y de nuevo en Seine et Marne en septiembre de 1819, se opone resueltamente a la Restauración y se adhiere a los carbonarios en 1821. Reelegido diputado en noviembre de 1822, en Meaux, fue derrotado en las elecciones 1823.

En 1824 a septiembre de 1825 regresó a Estados Unidos donde realiza  una gira triunfal en 182 ciudades. Fue recibido con honores por el pueblo americano, quien le entrega $ 200.000 y 12.000 ha en Florida. De regreso a Francia, fue reelegido diputado en junio 1827.

En tres días, 27,28 y 29 de julio de 1830, que pasaron a la historia con el nombre de las «Tres jornadas gloriosas», el pueblo parisiense puso fin al reinado de Carlos X, donde muchos partidarios le piden su apoyo, pero tal vez debido a sus 73 años, él apoya la causa de Luis Felipe, a quien le da la tricolor. Lafayette sigue al mando de la Guardia Nacional durante unos meses, pero renuncia finalmente.

Lafayette muere en París el 20 de mayo de 1834. Está enterrado en el cementerio de Picpus en París.

El papel del marqués de Lafayette en la historia de la independencia americana está consagrado desde hace mucho tiempo en un plaza en Washington que lleva su nombre y hay levantada una  estatua ecuestre en el centro, frente a la Casa Blanca. El 8 de agosto de 2002, fue elevado a título póstumo, como  ciudadano honorario de los Estados Unidos de América, un raro privilegio que se ha concedido sólo cuatro veces antes en la historia estadounidense.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1757 Nacimiento de Gilbert Motier, marqués de La Fayette, en el castillo de Chavaniac, el 6 de septiembre.

1773 Es oficial en un regimiento de mosqueteros.

1776 Proclamación de la Independencia  de Estados Unidos de América.

1777 La Fayette se embarca hacia  América del Norte.

1781 Victoria de Yorktown sobre los ingleses.

1787 La Fayette es elegido para la Asamblea   de los notables.

1789 Es representante de la nobleza en los estados generales. Nombrado comandante de la Guardia Nacional después de la toma de la Bastilla, le impone a Luis XVI la escarapela tricolor.

1791 La Fayette ordena a la Guardia   Nacional abrir fuego sobre los partidarios de la monarquía constitucional que
asisten a una manifestación en el Campo de Marte. Creación del Club des Feuillants.

1792 La Fayette comanda el ejército del   I Norte y luego, después del 10 de agosto, es detenido por los austríacos.
La Fayette retorna a Francia tras el golpe de Estado de Bonaparte, el 18 de brumario.

1818-1824 Elegido diputado de Sarthe.

1827 Diputado de Seine-et-Marne.

1830 La revolución de julio.

1834 La Fayette muere en París, el 20 de mayo.

HITOS DE LA HISTORIA DE FRANCIA EN LA ÉPOCA DE LAFAYETTE

  • Etapa absolutista hasta la revolución francesa en 1789 cuando Luis XVI es destituído y luego condenado a la guillotina.
  • Nace la primera república bajo los principios de “fraternida, libertad e igualdad”
  • Continua una Convención, el Directorio y luego Napoleón se proclama Cónsul y en 1804 es Emperador del imperio francés.
  • 1814 es derrotado Napoleón, y en 1815 en el Congreso de Viena se restituyen las monarquías en todo Europa.
  • Nace la Santa Alianza para enfrentar contra todo nuevo levantamiento a las monarquías.
  • LLega al trono Luis XVIII en Francia y luego le sigue Carlos X
  • Las ideas liberales de Napoleón tuvieron su arraigo y evolución, generando distintas revoluciones en Europa, contra el poder absolutista. Una de ellas en 1830 , destrona a Carlos X , quien es reemplazado por Luis Felipe I de Orleans, quien apoya estas nuevas ideas de la ilustración francesa, difundidas durante la etapa napoleónica.
  • En 1848 sectores marginados, como los obreros, estudiantes, comerciantes, maestros, profesionales, provocan otra revolución, reemplazado a Luis Felipe por Napoleón II, sobrino del emperador. Nace la 2° república.
  • Napoleón III , hijo de anterior Napoleón destituído dá un golpe de estado, dando origen al 2° Imperio que durará hasta 1870, cuando Francia pierde la guerra contra Prusia y pierde algunos territorios.
  • 1871, nace la 3°república francesa con Thiers como presidente.

Biografía de Giussepe Garibaldi Los Mil Camisas Rojas en Italia

LA UNIDAD DE ITALIA  – RESUMEN DE LA VIDA MILITAR DE GIUSEPPE GARIBALDI

Giuseppe Garibaldi, nació en Niza el 4 de julio de 1807 y murió en Caprera (Reino de Italia) un 2 de junio de 1882, fue un general y político italiano. Fue un revolucionario nacionalista  y líder de la lucha por la unificación e independencia de Italia, por lo que se lo considera una figura clave del Risorgimento italiano por haber conducido y luchado en muchas campañas militares que llevaron a la Constitución de la Italia. Es apodado el Héroe de Dos Mundos, porque su acción  militar fue tanto en América del Sur como en  Europa.

Giuseppe Garibaldi

Giuseppe Garibaldi fue un patriota italiano que, tras acaudillar distintas tropas en Sudamérica, regresó a la lucha de su país por la independencia, en la que colaboró decididamente. Al final de su vida escribió una serie de novelas y sus propias memorias desde su retiro en la isla de Caprera.

Es conocido como el “Héroe de Dos Mundos” porque sus empresas militares las realizó tanto en América del Sur como en Europa, lo que le valió una reputación considerable tanto en Italia como en el extranjero. Los más grandes escritores, entre ellos el francés, Victor Hugo, Alejandro Dumas, George Sand mostraron su admiración y lo consideraron un héroe del romanticismo épico de esa época. También el Reino Unido y  Estados Unidos han sido de gran ayuda en sus campañas, ofreciéndoles, en circunstancias difíciles, su apoyo financiero y militar.

Fue un convencido republicano, pero reconociendo la autoridad monárquica de Carlos Alberto y Víctor Manuel II, la columna vertebral de la acción unitaria. La famosa expedición de los Mil será el elemento culminante de su acción, pues conquista el sur de la península que convirte en rey de Italia a Víctor Manuel II, Sus últimas luchas para la la integración de los romanos en el reino de Italia fracasaron, por lo que la monarquía confió  a otros la tarea de conquistar Roma.

La ciudad natal de Garibaldi, Niza, se mantiene muy unida durante toda su vida. Esta ciudad pertenecía al reino de Cerdeña, y se convirtió en francesa entre 1793-1814, durante el período napoleónico (campaña de Italia). Durante el período francés, los registros civiles están escritos en francés, y el niño Giuseppe está registrado con el nombre de José María Garibaldi. Fue bautizado 19 de julio 1807 en el Saint-Martin-Saint-Augustin, ubicado en el distrito actual de la antigua Niza: su padrino fue José Garibaldi y su madrina Julie Marie Garibaldi.

Su padre Domenico, nacido en Chiavari en la zona de Génova,  es un capitán de la marina mercante, su madre Rosa Raimondi es de Loano, en Liguria. De su unión nacieron seis hijos,  Angelo , Giuseppe, Michele y Felice, y dos hijas que murieron en la infancia.

Sus padres querían que Giuseppe fuese abogado, médico o sacerdote, pero al niño no le gustaba la escuela y se centra en las actividades físicas y el mar era su gran pasión, que lo consideraba “como su mejor amigo en la infancia”. Un día, toma un barco y zarpa a Liguria con algunos compañeros, pero fueron arrestados y llevados de vuelta a casa de sus padres. Realizó cursos de italiano y de historia antigua por parte de su tutor, el señor Arena, un veterano de las campañas napoleónicas, y nace en el joven Giuseppe una fascinación especial por la antigua Roma.

Convence a su padre para que le permitiera seguir una carrera marítima y, a los quince años, y a los 17 años se embarca en el Costanza controlado por Angelo Pesante Sanremo. Su primer viaje lo llevó a Odessa, en el Mar Negro y llegó hasta Taganrog en el mar de Azov, para comerciar  trigo.

En 1825, con 18 años junto a su padre descubrió Roma, llevando un cargamento de vino destinado a los peregrinos en el jubileo del Papa León XII. Este viaje fue una decepción, pues la Roma de los papas, era un ambiente corrupto y de obstentación, muy diferente de lo que se imaginaba.

En 1827 se embarcó desde Niza hacia el Mar Negro, su barco fue atacado por piratas griegos que los saquearon, pero el viaje continúa hacia su destino, en 1828, cae enfermo y al llegar a Constantinopla, permanece  en la comunidad italiana hasta 1832, donde se  gana la vida enseñando italiano, francés y matemáticas.

En febrero de 1832, recibió la licencia de capitán de segunda clase y abordó el bergantín Clorinde para el Mar Negro, donde conoce otros intelectuales que le trasmiten las ideas de la unificación italiana.

La península italiana desde la caída del Imperio Romano estaba formada por una multitud de pequeños estados independientes. La ideas de libertad e independencia de la Revolución Francesa  atraen el sentimiento nacional y republicano de este joven marino. Nacieron también simultáneamente algunos movimientos insurreccionales en 1820 y 1831, que despiertan aun mas ese sentimiento nacional italiano.

La historiografía oficial afirma que Giuseppe Garibaldi conoció a Giuseppe Mazzini  en 1833 en Marsella y se une a la Joven Italia, una  asociación política secreta de Mazzini, que pretendía transformar a Italia en una república unitaria democrática.

Como marinero Garibaldi debe cumplir el servicio militar durante cinco años en la Marina de Cerdeña; se alistó en diciembre de 1833, pero debió desertar en 1834 cuando se negó a actuar contra un  movimiento insurreccional mazziniano en Génova. Reconocido como parte de la conspiración, fue condenado “a la pena de muerte ignominiosa” en ausencia, como un enemigo de la patria y del Estado. Garibaldi se convierte en un “bandido”,  huyó a Niza y luego cruzó la frontera para unirse en Marsella, a su amigo Giuseppe Pares.

Para evitar ser descubierto, tomó el nombre de Joseph Pane; en julio se embarcó hacia el Mar Negro y en marzo de 1835 se dirige a Túnez. Italia se ha convertido en un lugar prohibido debido a la pena de muerte que pesa sobre él, y sólo la contempla desde lejos con sus recuerdos. Pronto, en ese mismo año,  se le presenta una oportunidad de  viajar a Río de Janeiro, Brasil, y se embarca bajo el nombre de Giuseppe Pane, con la intención de difundir los ideales Mazzini en el nuevo continente.

Después de la conquista napoleónica de España, las colonias de América del Sur participan en un proceso de independencia que termina con la derrota de España. Los virreinatos se dividen en una serie de repúblicas independientes,  como la Confederación Argentina, Paraguay, etc.

En cuanto a Brasil, después de la invasión de Portugal por Napoleón, la familia real se exilió en Río de Janeiro y la colonia se transforma en un reino. Juan VI regresó a Lisboa debido a la revolución liberal de 1820, mientras que su hijo Pierre se convirtió en regente de Brasil. En 1822 se convirte en emperador de Brasil bajo el nombre de Pedro el Grande.

Cuando Garibaldi, que a pesar de su distanciamiento, siempre se mantuvo en contacto con los patriotas italianos, se entera de los trastornos y conflictos que tienen lugar en Italia, decide regresar inmediatamente a su Italia, porque además comienza un período de una relativa paz en las excolonias españolas de america del sur. En enero de 1848, después de 14 anos de luchas, Garibaldi regresa a Niza acompañado de 63 compañeros.

A finales del siglo XIX , Montevideo contaba con seis calles con el nombre del héroe y el país tiene al menos cinco monumentos. El 4 de julio de 1907, para el centenario del nacimiento de Garibaldi, el presidente decretó un día de fiesta nacional y se celebró ante 40.000 personas. El 2 de junio de 1882, cinco días antes de la muerte del héroe, se crea el Círculo Legionarios Garibaldinos que todavía hoy  existe en forma de una asociación.

Europa está experimentando en el curso de 1848, una serie de revoluciones por el que las manifestaciones demandan más libertad y que se llama la Primavera de las Naciones. Comenzó en Francia dando luz a la Segunda República, y estas revoluciones se extiendes a Alemania, Rumania, Hungría, Polonia y Austria, pero fracasan.

En 1848, ya en Niza Garibaldi  con 150 voluntarios ofrece  ayuda al rey de Piamonte-Cerdeña, Carlos Alberto. El otrora republicano luchaba entonces al servicio del rey. Junto con sus voluntarios, Garibaldi combatió contra Austria, en el Milanesado, pero sin éxito, antes de marchar sor Roma donde proclamó la República en 1849.

Sin embargo, el triunfo fue efímero, Napoleón III acudió en ayuda del papa Pío IX y expulsó a Garibaldi de la Ciudad Eterna. Para el aventurero italiano comenzaba  nuevamente el exilio en Londres, Estados  Unidos, e incluso, China.

A su regreso a Italia en 1854, Garibaldi. aún soñaba con aventuras y se puso de inmediato al servicio del nuevo rey de Piamonte-Cerdeña, Víctor Manuel II, que le confió el mando de los cacciatori delle Alpi, los cazadores alpinos. A la cabeza de este regimiento, Garibaldi se hizo famoso en la lucha contra Austria que, en 1859 terminó con la anexión de la Lombardía al Piamonte, seguida de cerca por los ducados de Parma, Toscana, Módena y las legaciones de Bolonia y Ferrara.

La prensa italiana e internacional después de las acciones de Garibaldi, lo retrataron como un héroe nacional con el título “Garibaldi el general romano.” En cuanto al diario británico The Times, envió a un enviado especial para expresar la gran admiración por Garibaldi.

LOS MIL, CONQUISTA DE SICILIA

Víctor Manuel ayudó a Garibaldi a reclutar y armar a sus voluntarios, los «Mil» camisas rojas. La expedición partió de Genova en dos barcos, y desembarcó en Marsala, el 11 de mayo de 1860. Los camisas rojas fueron bien recibidos por los campesinos pobres, pero mal por los nobles. Muchos voluntarios sicilianos se unieron a Garibaldi, quien proclamó la dictadura en nombre de Víctor Manuel.

El 27 de mayo, entró en Palermo, que se rindió el 6 de junio. El problema social vino a complicar la situación: la insurrección se había extendido por el interior, pero, para los campesinos, unidad y libertad significaban también la posesión de la tierra. Varios propietarios fueron ejecutados; en Palermo, Garibaldi tomó la medida de vender los bienes comunales, y abolió el «macinato», es decir, los detestados impuestos sobre la molienda del trigo.

Pero esto no era suficiente: durante tres meses, se incubó la guerra civil, la guerra de clases, «cafoni» contra barones, «gorros» contra «sombreros». Una famosa novela de Giovanni Verga, titulada «Libertad», pinta a la multitud campesina, enarbolando sus guadañas, congregada en la plaza de Bronte, lanzando gritos de muerte contra los «caballeros», contra sus guardabosques y contra sus guardias particulares.

Los aristócratas, feroces autonomistas, se convirtieron en seguida en unitarios, por miedo a quedarse solos frente a la sublevación. Crespi tomó en sus manos la represión, con ayuda de la Guardia Nacional y de los consejos de guerra. Centenares de campesinos y de artesanos fueron fusilados o encarcelados. La novela de Verga concluye con estas exclamaciones de una de las víctimas:   «¿Adonde me lleváis?   ¿A galeras? ¿Por que? No he tocado un solo palmo de tierra! Y nos habeís asegurado que esto es la libertad!

En los últimos días de Julio, caía Mesina: toda Sicilia estaba bajo el control de Garibaldi.

El partidario de la República italiana: Si Garibaldi fue el brazo armado de la unificación italiana, Mazzini fue uno de los promotores y su principal teórico. Fundador del movimiento «Joven Italia», Mazzini soñaba con reunir a toda Italia bajo la bandera de la República. Promotor de las insurrecciones de 1848, que no prosperaron, conoció una gloria efímera en Roma donde fue uno de los triunviros, antes del restablecimiento de la autoridad papal en 1849. En Fe y porvenir (1835) y Deberes del hombre (1837), publicados durante su exilio en Londres, predicó la rebelión en un tono que hizo del ideal republicano una verdadera profesión de fe. Mazzini sembró en el espíritu de toda una generación la esperanza de la unidad republicana de Italia. Garibaldi perteneció a esta generación y cumplió, por cuenta de la monarquía de Piamonte-Cerdeña, con los deseos de Mazzini.

En 1850  escribe Sus memorias,  y al cabo de unos meses, el 27 de Junio ​​de 1850, viaja a Nueva York con la esperanza de reanudar su actividad marina. Hasta marzo de 1851, trabajó en la fábrica de velas de Antonio Meucci, conocido por inventar el teléfono antes de Alexander Graham Bell.

Se fue a Perú para participar como capitán en la marina y viajar por el mundo. En enero de 1852, obtuvo la ciudadanía peruana y el mando del Carmen barco con el que salió a la venta a China de guano y luego se fue a Manila y Australia.En enero de 1853, se encuentra en Lima y de regreso a Boston el 6 de septiembre y luego a Nueva York, donde dejó su posición de capitán debido a un desacuerdo financiero con el armador. Su madre murió 20 de marzo 1852.

Cuando falleció, el 2 de junio de 1882, su leyenda ya era conocida: la del héroe que había luchado por la independencia en Sudamérica, del artífice de la unidad italiana y de un romántico que consagró su vida combatiendo valerosamente por las causas nobles. Fue un personaje legendario, Garibaldi fue por mucho tiempo objeto de un ferviente culto popular en su país. Se le alababa particularmente su clemencia hacia el enemigo.

En todos los lugares donde luchó, tanto en América como en Italia y en Francia, se convirtió en un héroe de la independencia de los pueblos. Aventurero romántico, Garihaldi dirigió sus combates tratando de no depender jamás de los intereses políticos.

CRONOLOGÍA DE SU VIDA

1807 Nacimiento de Giuseppe Garibaldi  en Niza, el 4 de julio.

1833 Adhesión al movimiento «Joven Italia» de Mazzini.

1835Viaje a Sudamérica.

1843 Garibaldi funda los Camisas rojas en Montevideo, Uruguay.

1848 Regreso a Italia.

1849 Garibaldi se apodera de Roma en febrero y proclama la República.Es expulsado en abril.

1849-1854 Nuevo exilio.Viajes por América y Asia.

1859 Garibaldi combate contra los austríacos para Víctor Manuel II.

1860 Expedición de los Mil.

1861 Víctor Manuel II es proclamado rey de Italia.

1870 Las tropas del general Cardona entran en Roma. Culminación de la unidad italiana.

1870-1871 Garibaldi combate en Francia contra los prusianos.

1872 Garibaldi se retira a la isla de Caprera.

1874 Es elegido diputado de Roma.

1882 Muerte de Garibaldi, el 1 de junio en Caprera.

Fuente Consultada:
Hicieron Historia Biografías de Larousse Tomo II Entrada Giuseppe Garibaldi

Ejércitos y Armas del Rey Sol de Francia Absolutista Luis XIV

EL DINERO Y LA GUERRA
Para el Estado absolutista, es importante tener un ejército y una marina potentes, por lo que necesita un tesoro bien repleto. El metal precioso (oro o plata) es el único medio de intercambio, la «sangre» de la economía. Su cantidad es relativamente reducida, y los países intentan atraerlo al interior de sus fronteras por medio de un comercio exterior favorable.

De ahí toda una política proteccionista para reducir las importaciones y estimular las exportaciones, realizada frecuentemente a costa del salario de los obreros. De aquí se deriva el Pacto Colonial. Las colonias tienen que proporcionar las materias primas a un precio reducido y absorber exclusivamente los productos fabricados en la metrópoli. El mercantilismo es un estatismo económico, sobre todo en su forma francesa. La política belicosa de Luis XIV impuso una verdadera economía de guerra, con intervención directa del Estado.

luis xiv rey sol en francia

En Inglaterra, esta intervención resultó más discreta a causa de la mayor potencia y la mayor autonomía de los grandes comerciantes o fabricantes. Pero los privilegios otorgados a las Compañías, las Actas de Navegación de 1660 y 1663, los Tratados de Comercio, la exclusiva colonial, son otros tantos elementos de una política mercantilista, que también se manifiesta en España. Junto a la corte, el ejército absorbe la parte más importante de los presupuestos.

Durante la primera mitad del siglo, los ejércitos de la Guerra de los Treinta Años (a excepción del de Gustavo Adolfo, de reclutamiento nacional, unido por la ley religiosa) no se diferencian mucho todavía de las tropas privadas del siglo XVI, dirigidas por los condotieros, dispuestos a venderse al mejor postor, a desmandarse o a pasarse al campo enemigo si la soldada tarda demasiado.

Posteriormente, los soberanos tratan de tener un ejército disciplinado y fiel, intervenido directamente por sus servicios. Pero la noción del servicio militar obligatorio no existe; el reclutamiento sigue basándose en el alistamiento voluntario y serán los soldados de oficio los que continuarán dominando. Los mercenarios extranjeros disminuyen, aunque en Francia los suizos, los irlandeses y los alemanes continúan formando regimientos.

Durante el invierno, los reclutadores recorren los campos y las ciudades, frecuentan las tabernas, invitan a beber, exaltan los encantos de la vida militar: buena paga, vino abundante, los amos en el baile, hermosos uniformes. Se colocan carteles de este género: Regimiento de Mosqueteros del Duque de Borgoña.

Se hace saber a todos los gentileshombres o a otros jóvenes de buena familia que vivan noblemente, burgueses con conocimientos que puedan demostrarlos, desde la edad de diez y ocho años hasta los treinta, que midan más de cinco pies de altura y que quieran servir al Rey, que no tienen más que dirigirse al palacio de Carignan, calle de las Vieilles-Estuves, próxima a la Croix du Tiroir; allí encontrarán al comandante, el cual les dará toda clase de satisfacciones. Es un nuevo regimiento de mosqueteros de la guardia del duque de Borgoña: durante la campaña, tendrán doble paga y veinte sueldos al día, hasta su partida, y se les proporcionarán sus equipos.

Necesita también un maestro de matemáticas, un maestro escribano, un maestro de armas y un ayudante, un maestro de baile, dos maestros cirujanos, dos barberos y tres músicos». Atraídos por tal proclama, los jóvenes se dan cuenta, después de haber firmado su contrato, que formarán parte de un simple regimiento de infantería, en lugar del de gloriorosos mosqueteros.

El capitán responde a los descontentos que, efectivamente, tendrán mosquetes, ¡por lo tanto serán «mosqueteros» como se les ha prometido! Al final del reinado de Luis XIV, el ejército cuenta con más de 400.000 hombres, cifra enorme para su tiempo. Felipe V de España pudo reclutar 132 batallones de infantería y 130 escuadrones de caballería. El Elector de Prusia, Federico Guillermo, mantienen un ejército permanente de 30.000 hombres.

Pedro el Grande gasta sin cuenta para sostener su ejército de soldados de oficio. La mayoi parte de los oficiales se recluían entre le nobleza. Los jóvenes de la nobleza francesa hacían su aprendizaje en las compañías de cadetes o en los regimientos de la Casa Real. Los «Maestres de Campo» y los coroneles continúan comprando sus cargos, pero el resto de los oficiales son por nombramiento.

Los oficiales sin fortuna o los plebeyos pueden escalar los puestos jerárquicos gracias al cuadro de ascensos instituido por Louvois. Muchos oficiales, a pesar de los inspectores generales, prefiriendo divertirse en París a ocuparse de sus hombres, declaran fraudulentamente un efectivo superior al que mandan con el fin de disponer de sueldos y de víveres suplementarios.

Cuando se celebraban las «pruebas», las revistas de inspección, contrataban «falsos soldados», simples comparsas que desaparecían en cuanto la inspección se terminaba. Madame de Sévigné transcribe un diálogo entre el severo Louvois, Secretario de Estado para la Guerra de 1661 a 1691, enemigo de Colbert, pero inteligente y gran trabajador, y un joven oficial negligente, el señor de Nogaret. El estilo es muy a lo «gran siglo».

—Señor, su compañía se encuentra en muy mal estado.
—Señor, no lo sabía. —Hay que saberlo. ¿La ha visto usted? —No.
—Debería haberla visto, señor. —Señor, daré la orden. —Debería haberla dado.  Es preciso  tomar una decisión, señor: o se es cortesano o se cumple con su deber cuando se es oficial».

La disciplina es enérgica y los castigos corporales siguen estando en uso en todos los ejércitos: latigazos, potro (a caballo en un banco de madera con pesas en los pies), multas, etc. Los cuarteles no aparecen hasta finales de siglo y las tropas se alojan en las casas de los vecinos.

Heridos y mutilados dependen de la caridad de la iglesia. Sin embargo, para ellos hizo construir Luis XIV, a partir del año 1670, el admirable palacio de los Inválidos. La eficacia del fuego crece a partir del año 1660 con el empleo del fusil con piedra, en el que la pólvora se encendía por medio del choque del pedernal con una varilla de acero, y no por medio de una mecha como los mosquetes. Francia no lo adoptó.

El arma era mucho más manejable y el tiro más rápido (un disparo por minuto). Las bayonetas, sujetas por medio de una abrazadera al extremo del fusil, reemplazaban a las picas. También se extendió el empleo de las granadas demano. Gracias a estas armas, la infantería se convirtió en la «reina de las batallas», dispuesta en líneas paralelas (cinco hombres en fondo), alternando en las descargas.

La caballería pesada de los coraceros y la caballería ligera de los húsares, se completaron con los dragones, infantería montada que se desplazaba a caballo y combatía a pie, con el fusil y la bayoneta. En Francia, Louvois mejoró la artillería, que antes era trasladada al campo de batalla por empresas privadas. En adelante, los cañones de bronce eran manejados por artilleros. Su alcance sobrepasa los 500 metros.

Los progresos de la artillería condujeron a Vauban, discípulo del holandés Coéhorn, a enterrar las fortificaciones y a protegerlas con macizos cubiertos de musgo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre

Teorías Políticas y Sociales del Renacimiento

LAS TEORÍAS SOCIALES Y POLÍTICAS
Las ciencias sociales comienzan a aparecer, estimuladas por las explicaciones mecanicisticas y el desarrollo de las matemáticas: concurren los comienzos de la demografía, el establecimiento de los índices de mortalidad, de nacimientos, de probabilidades de sobrevivir. Los ingleses predicen una duplicación de la población del globo cada veinticinco años, preparando los trabajos de Malthus.

Aparecen las primeras estadísticas económicas y los Estados comienzan a organizar seriamente el empadronamiento de la población; Vauban exigía en su «Diezmo Real» que fuera anual y detallado. En Inglaterra, los pensadores comienzan a reflexionar sobre las nociones de soberanía, según su origen social, no contentándose ya con la vieja teoría del rey de derecho divino, lugarteniente de Dios, tal como la concebía la Francia de Luis XIV.

En su «Leviathan», Tomás Hobbes (1588-1679), uno de los fundadores de la escuela empi-rista inglesa, dedujo de su análisis mecani-cista de las pasiones, que los hombres tratan de sobrevivir y de engrandecerse a expensas unos de otros, pero que para evitar los conflictos perpetuos que asolaban a la Humanidad, aceptan someterse a una autoridad superior, por medio de una especie de contrato que fundamenta el Estado, en el que ellos delegan una parte de sus poderes naturales.

El Estado es comparado con Leviatán, gigante compuesto de numerosos hombres. En este terreno, John Locke (1632-1704), conseguiría una influencia capital ya que sus ideas influyeron enormemente en el liberalismo inglés, en la filosofía francesa del siglo XVIII y en los dirigentes de la Revolución americana. Fue el primer teórico de la burguesía.

De una familia de comerciantes y de juristas, fue amigo de Lord Ashley, conde de Shaftesbury, ministro de Carlos II Estuardo, a quien siguió a Holanda en su desgracia, después del advenimiento de Jacobo II. Regresó a Inglaterra pasada la revolución de 1688 y publicó sus célebres obras: «Ensayo sobre el entendimiento humano», «Carta sobre la tolerancia», «Dos tratados sobre el gobierno».

Racionalista y empirista, amplió considerablemente la idea del contrato social de Hobbes. Libres, iguales, guiados por la razón, los hombres gozarían de los derechos naturales otorgados por Dios. Pero deben, para vivir en sociedad, ligarse a un gobierno que proteja sus derechos y propiedades.

El soberano también se encuentra ligado por el contrato. No puede disponer arbitrariamente de las personas y de los bienes. Las leyes, iguales para todos, deben ser elaboradas por una asamblea. Si el soberano no respeta el contrato, sus subditos deben considerarse desligados de su juramento. Locke justificaba la rebelión contra Jacobo II y el advenimiento de Guillermo de Orange en 1688, rey legítimo porque lo había refrendado el consentimiento de la nación. Fue el primero en afirmar la necesidad de la separación de poderes, idea en la que profundizará Montesquieu.

Escritor de finales del siglo XVII, Fontenelle es ya un  «hombre del siglo XVIII», por la libertad de su inteligencia, por su curiosidad universal, por su ausencia de espíritu religioso. En sus obras se inclina a someter los espíritus a un método científico,  inculcándoles la fe en el progreso. En su «Historia de la Academia» o en sus «Conversaciones  sobre  la  pluralidad de  los mundos», se esfuerza en convertirse en el profesor de filosofía de la gente mundana.

Del mismo modo, el poder legislativo debe estar por encima del ejecutivo. Así, las fuerzas políticas se equilibran recíprocamente, evitando la injusticia, la arbitrariedad, la tiranía. Locke preconizaba, igualmente, la separación de la Iglesia y el Estado, la libertad de conciencia y la libertad de cultos; excluía, sin embargo, a los católicos y a los ateos. Los primeros, porque hacen que la soberanía dependa de una gracia divina, obedecen a Roma y sus sacerdotes quieren dominarlo todo; los segundos, porque sus juramentos no tienen ninguna sanción.

A pesar de estas excepciones, puede juzgarse la «osadía» y la novedad que representaban los escritos de Locke para aquella época, sobre todo con relación a Francia, país en el que triunfaban la arbitrariedad y «el capricho real». De ahí la extraordinaria «an-glomanía» de los filósofos franceses del siglo siguiente, tales como Voltaire, para quien la doctrina de Locke fue un verdadero evangelio.

A finales de siglo, absolutismo de Luis XIV suscitó vivas críticas que, sin embargo, no favorecerían el progreso, porque emanaban de nobles humillados por el papel demasiado importante que el rey había concedido a los burgueses en sus Consejos y su administración.

Como Saint-Simon o Fenelón, los nobles querían limitar el absolutismo, pero en un sentido favorable a la nobleza exclusivamente: casta dominante en los Estados Generales y los Consejos Reales, rigurosamente cerrada, teniendo en todas partes la preferencia sobre los plebeyos, presidida por el rey, que no se olvida nunca de su fuerza.

Esta «reacción nobiliaria», que se desarrollará en el siglo XVIII, va a impedir la evolución de la sociedad francesa y favorecer la arrogancia de los privilegiados hostiles a todas las reformas liberales, lo cual conducirá a las tubulencias sangrientas de la revolución jacobina.
Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VII La Gran Aventura del Hombre

Italia Despúes de la Unidad Política, Economía y Sociedad Resumen

RESUMEN ITALIA DESPUÉS DE LA UNIDAD HASTA LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

«Italia está hecha. Ahora hay que hacer italianos», escribía Massimo D’Azeglio. El Norte, mucho más avanzado económicamente, trataba al Sur como una especie de «semicolonia». Se optó por desarrollar las industrias del Norte y por dedicar grandes sumas al ejército y a la marina, antes que transformar las atrasadas tierras del Sur.

La unidad incluso agravó la suerte de las poblaciones del «Mezzogiorno», con impuestos más elevados, con la ruina del artesano rural ante la competencia de los productos industriales del Piamonte y de Lombardía, y con el fracaso o el abandono de una reforma agraria seria: todo ello dio origen a la miseria, a la emigración, al bandidaje y al analfabetismo.

EL GOBIERNO DE LA «DERECHA HISTÓRICA»
Otro problema grave era el del nuevo Estado con la Iglesia. Tras la ocupación de Roma, Pío IX no había aceptado la «Ley de las Garantías» de mayo de 1871, por la que el gobierno concedía a la Santa Sede el Vaticano, Letrán y Castelgandolfo, con una fuerte dotación anual y el derecho de representación diplomática, pues el Papa seguía considerándose «prisionero».

Papa Pío IX y sus cardenales

Papa Pío IX y sus cardenales

Había condenado al régimen y prohibido a los católicos intervenir en la vida política: «ni electores, ni elegidos». Era una situación extraña en un país esencialmente católico, en el que una «aristocracia negra», fiel al Papa, se diferenciaba de la «aristocracia blanca» de la corte real, instalada en el Quirinal, mientras el Senado ocupaba el Palacio Madama, y la Cámara de Diputados, Montecitorio.

Se había adoptado la Constitución piamontesa: monarquía controlada por un parlamento formado por el Senado, cuyos miembros eran nombrados con carácter vitalicio, y por la Cámara elegida para cinco años. Pero el sufragio quedaba reservado sólo al 2% de la población (el 10%, después de una reforma electoral, en 1892). Si a esto se añade la abstención de los católicos, podrá apreciarse la estrechez del «país legal». La base del régimen descansaba, pues, sobre la «derecha histórica», terratenientes, grandes burgueses del Norte y funcionarios.

Hombres como Minghetti, Sella y Lanza, practicaron una política de centralización y de estricta economía. Fueron serios e íntegros, aunque hubo diputados que, a menudo y justamente, fueron acusados de corrupción: la organización del nuevo Estado, las grandes obras, la floración de negocios y de nuevos bancos favorecían a los menos escrupulosos.

En Sicilia, los funcionarios pactaban con la mafia, retenían el dinero de los impuestos y declaraban «inencontrables» a muchos “contribuyentes.

El joven Giolitti, que estaba entonces en la Dirección General de impuestos, cuenta que toda la ciudad de Catania ¡era inencontrable! La «derecha histórica» cayó en 1876, al querer Minghetti agrupar los ferrocarriles del Norte en una compañía estatal, lo que le enajenó el apoyo de los liberales. Sin embargo, aquella medida sería puesta en práctica después por la izquierda.

LA IZQUIERDA EN EL PODER-AGUSTÍN DEPRETÍS
Sus dirigentes no procedían de un medio social muy distinto del de sus predecesores, pero algunos de ellos habían sido gari-baldinos o mazzínianos, o eran masones. Por otra parte, querían ampliar la base política del país a la burguesía local. Depre-tis y Crispí eran las personalidades más relevantes.

Depretis reformó los servicios públicos, instituyó la enseñanza primaria en las ciudades y aumentó el número de electores. Crispí se convirtió en ministro del Interior, en 1877. Al año siguiente, moría Víctor Manuel II, primer rey de la Italia unificada, muy popular a causa del papel que había desempeñado a partir de 1848, por su lealtad constitucional y por su afecto a Garibaldi. Murió un mes antes que el intransigente Pío IX. Le sucedió Humberto I.

La situación económica seguía siendo difícil, muchos campesinos estaban ahogados por las deudas y el anarquismo experimentaba un enorme desarrollo. Por otra parte, el equilibrio del presupuesto estaba comprometido por los cuantiosos gastos navales, a causa de la construcción de grandes acorazados. Italia se proponía una política mediterránea de mucha envergadura.

Antiguo garibaldino y masón, Crispi era hostil a Francia, a la que no perdonaba su actitud en la cuestión romana, y también trató de poner fin al aislamiento italiano por medio de un acercamiento a los imperios cenitales. La cuestión tunecina iba a facilitar su política, desarrollada durante los gobiernos Cairoli y Depretis.

La ocupación de Túnez por Francia (1881) provocó una viva reacción: había muchos italianos residentes en aquel país, muy próximo a Sicilia, e Italia  esperaba  el  mantenimiento  del  «statu quo» en el que compartiría con Francia su influencia sobre la «antigua provincia de Roma». El asunto tunecino aceleró la conclusión de la Triple Alianza con Austria y Alemania (1882), de carácter puramente defensivo. Las relaciones con Francia se agravaron en 1887, a causa del proteccionismo francés, que se negó a renovar el tratado de 1881 sobre la importación en Francia de productos agrícolas italianos. La «guerra de las tarifas» entre los dos países no acabó hasta 1898.

FRANCISCO CRISPI-LOS PROBLEMAS SOCIALES
A partir de 1887, el impulsivo y autoritario  Crispí dominó la vida política, hasta 1896, en que el desastre de Adua provocó su caída. El déficit presupuestario se había acentuado, la agricultura meridional experimentaba un marasmo tras la ruptura comercial con Francia, hubo quiebras bancarias y escándalos financieros (1887-1894), y sus enemigos trataron de implicar a Crispi.

Los socialistas denunciaban las relaciones entre los partidos y el mundo de los negocios. El anarquismo había sido, al principio, predominante, y los seguidores de Bakunín continuaban siendo muy influyentes, pero, a finales de siglo, el socialismo marxista se había extendido entre los intelectuales, tras los trabajos de Antonio Labriola o de Felipe Turati, que fundó la revista «Critica sociale» en 1891.

En el mismo año, el Congreso de Milán organizaba el partido socialista italiano, con su periódico «Avanti». En Sicilia, surgió un movimiento para la abolición de los latifundios y la redistribución de la tierra: los Fasci de los  trabajadores. No era un movimiento colectivista o antimonárquico, pero intentaba liberar a los campesinos de los usureros y de los gabelloti (consumeros) de los inmensos latifundios. La agitación fue tal, que Crispi proclamó el estado de sitio en Sicilia, hizo detener a los dirigentes de los fasci y disolvió el movimiento (1894). Al año siguiente, los atentados anarquistas se multiplicaron (en Francia, el italiano Caserio había asesinado al presidente Carnot), y Crispí unió en la represión a socialistas y a anarquistas.

EL DESASTRE DE ADUA
Su pasado mazziniano y garibaldino no había impedido a Crispí aliarse con la monarquía y mantener muy buenas relaciones con Humberto I. Dominaba la Cámara, amenazando con disolverla. Su gran patriotismo le granjeó incluso las simpatías de los que rodeaban a León XIII, pero no pudo realizarse ninguna aproximación al Vaticano. Una de las razones de su política colonial fue la presión demográfica.

A partir de 1880, se duplicó la emigración, sobre todo la meridional: de 40 a 60.000 personas abandonaban, todos los años, Italia, definitivamente, trasladándose a los EE. UU., Argentina, Brasil, Francia. La adquisición de tierras africanas para los colonos parecía mejor solución. Desde 1870, una compañía privada había ampliado el puerto de Assab, cerca de Djibuti, base de la futura colonia de Eritrea. A pesar de su total aridez, aquella región ofrecía la ventaja de constituir una posición estratégica importante, gracias a Suez, y de ser vecina de Etiopía, fuera de las zonas de influencia inglesa o francesa.

Desde 1882 a 1885, Eritrea se había organizado sólidamente alrededor de Massaua, y los italianos habían intervenido en los asuntos etíopes, apoyando al ras (jefe) Menelik contra el Negus. Cuando este último fue muerto en Sudán, en 1889, Menelik se convirtió en Negus, y firmó con

Italia el tratado de Uccialli, que los italianos «interpretaron» como un verdadero protectorado. Militares aventureros, sin órdenes precisas, enviaron tropas a ocupar las regiones limítrofes de Etiopía (1889-1896). Menelik, uniéndose a los grandes señores feudales etíopes, formó un importante ejército, atacó e hizo capitular a dos bases italianas. Entonces ofreció la paz, pero Crispi decidió vengar aquellas derrotas y acabar con el Negus. Más de 20.000 hombres fueron enviados a Etiopía, y tres columnas, con una preparación insuficiente, marcharon sobre Adua. La expedición fue un nuevo desastre (mayo de 1896). Los italianos perdieron 5.000 hombres, entre ellos dos generales y trescientos oficiales.

Los refuerzos del general Baldissera, sucesor del desafortunado Baratieri, salvaron a Eritrea para los italianos. El gobierno de Crispí cayó, a causa de la derrota, los revolucionarios organizaron manifestaciones en todo el país, y el gobierno de Rudiní se vio desbordado por atentados anarquistas y motines, porque el desatre italiano coincidía con una crisis económica, y hubo que proclamar el estado de sitio. En 1898, Milán se sublevó, y la represión causó unos cien muertos. La crisis política culminó con el asesinato de Humberto I por el anarquista Bresci, en julio de 1900.

LA DICTADURA DE GIOLITTI
El reinado de Víctor Manuel III comenzaba, pues, trágicamente. Había que tener en cuenta ya a las fuerzas populares y a los socialistas. La caída de Crispi había hecho posible una reaproximación a Francia, que se «desinteresaba» de la Tripolitania-Cirenaica. En 1902, se firmó un acuerdo secreto franco-italiano. Las visitas de los reyes italianos a París (1903), seguida de la del Presidente Loubet a Roma, al año siguiente, que creó un grave incidente entre Francia y el Vaticano, señalaron el acercamiento de las «hermanas latinas».

Antes ministro del interior, y después presidente del Consejo, con breves intervalos, desde 1903 a 1914, el piamontés José Giolitti, nacido en una familia modesta, jurista y alto funcionario de Hacienda, diputado de Cuneo, fue el centro de la vida política. Oportunista, moderado, gran trabajador, era el hombre de las realidades económicas y financieras. A pesar de la crisis y de las dificultades, la economía italiana se había desarrollado: la industria metalúrgica y textil del Norte, la seda, la industria azucarera y la hidroeléctrica hacían progresos  asombrosos.

Fundada en 1900, la Fiat sería, la segunda productora mundial de automóviles. La agricultura, próspera en el Norte, seguía utilizando, en el Sur, instrumentos y métodos arcaicos, de modo que el problema meridional continuaba siendo grave.

La población aumentaba tan rápidamente, que, en vísperas de la guerra, había alcanzado los 35 millones de habitantes. Partidario del liberalismo económico, Giolitti trató, no sin éxito, de aliviar la situación, enfrentándose, a la vez, con la derecha, que no pensaba más que en la represión, y contra el extremismo revolucionario: en 1901, se habían producido 1.400 huelgas. Giolitti creó la legislación del trabajo (descanso semanal, contratos, enseñanza profesional, seguros, etc.), hasta entonces inexistente, ayudó a las cooperativas obreras haciéndolas participar en las grandes obras públicas y nacionalizó los ferrocarriles meridionales.

En 1914, sofocó una tentativa de huelga general, sin brutalidades. En la Cámara había 33 diputados socialistas, abogados y universitarios en su mayor parte. Giolitti hizo una «apertura a la izquierda», ofreciendo incluso una cartera al dirigente Turati. Este, como Bissolati, aunque aprobando interiormente las medidas del primer ministro, no quiso comprometerse participando en el poder, pero los reformistas progresaron dentro del partido socialista, y, a partir de 1906, un gran número de ellos se unió a la mayoría de Giolitti.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Persecuciones Religiosas con Luis XIV de Francia Consecuencias

RESUMEN LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES EN FRANCIA

LAS PERSECUCIONES DE LOS PROTESTANTES
Mucho más dramáticas fueron las persecuciones dirigidas contra los protestantes. La unidad religiosa era el corolario del absolutismo: «Una fe, una ley, un rey». Por otra parte, el éxito de la Contrarreforma, el renacimiento católico, iban a la par de un cierto debilitamiento del protestantismo.

Entre los reformados había un grupo, del que formaban parte algunos de sus pastores, en el que se esbozaba una corriente favorable a la reunión con el catolicismo, al precio de concesiones recíprocas. La proliferación de iglesias y de sociedades protestantes, la dureza de los calvinistas, habían descorazonado a los fieles.

Luis XIV de Francia

A partir del reinado de Luis XIII, los nobles protestantes se habían ido convirtiendo. En 1668, el retorno al catolicismo de un gran guerrero, Turena, fue resonante. La burguesía protestante, muy activa en los negocios, enriquecida, era menos religiosa y sus miembros practicaban la idolatría regia con tanto fervor como la mayoría de los subditos. Luis XIV pudo, pues, pensar que le sería relativamente fácil reducir el protestantismo, y añadir a todos sus triunfos el del restablecimiento de la unidad cristiana en su reino. No fue el único en decirlo: eclesiásticos y cortesanos actuaron por su parte.

En 1661 el Edicto de Nantes de Enrique IV, que aseguraba la libertad religiosa y la igualdad política de los protestantes, comenzó a ser interpretado de manera restrictiva. En 1663, se prohibió a los católicos convertirse y se suprimieron los templos recientemente edificados. Una caja especial, dirigida por el escritor Pellison, distribuía fondos a los hugonotes que querían abjurar (1676). Se excluyó a los protestantes de las funciones públicas; sus hijos podían abjurar desde la edad de siete años y ser educados, a partir de entonces, por católicos.

Marillac, intendente de Poitou, dio pruebas de su celo: discurrió acantonar regimientos de dragones en las localidades protestantes, con licencia para los soldados de hacer lo que quisieran, violaciones, saqueos, destrucciones. Espantadas por la idea de sufrir las «dragonadas», las aldeas abjuraban en bloque, y Marillac pudo felicitarse de 30.000 «conversiones» en 1681. La indignación fue tal, que el Rey destituyó a Marillac.

LA REVOCACIÓN DEL EDICTO DE NANTES
La muerte de Colbert, que frenaba las persecuciones por razones económicas (importantes sectores manufactureros estaban en manos de los reformados), agravó la intolerancia. Louvois, secretario de Estado para la Guerra, persuadió al Rey de los grandes resultados obtenidos. A esto vinieron a mezclarse razones de «alta política». Luis XIV soñaba con ser candidato al Imperio y comenzaba a asegurarse los votos de algunos electores alemanes.

Pero la derrota de los turcos ante Viena, con el concurso del rey de Polonia Juan Sobieski, hacía del emperador Leopoldo I su salvador, el cual, ayudado por el franciscano Spinola, soñaba con reducir a los protestantes del Imperio a la Iglesia.

Luis XIV quiso, mediante una maniobra por sorpresa, aparecer como el verdadero gran restaurador de la religión (esperaba igualmente que su aliado Jacobo II, rey de Inglaterra desde 1685, restablecería el catolicismo en Inglaterra). Las «dragonadas» fueron renovadas sistemáticamente, y, el 2 de octubre de 1685, se dio el golpe decisivo mediante el Edicto de Fontainebleau: la Iglesia reformada no tendría en adelante existencia legal. Todos los templos serian, destrídos y los pastores exiliados.

La Iglesia  ostentaría el registro civil, los protestantes obstinados quedarían «fuera de la ley», sin identidad. La revocación fue celebrada con entusiasmo por los poetas, los grabadores, los pintores oficiales. Vauban fue uno de los pocos en protestar discretamente.

Las consecuencias fueron desastrosas para Francia: unos 300.000 reformados se marcharon, con peligro de sus vidas, llevando a Holanda, a Inglaterra, a Alemania, su experiencia, sus capitales, su trabajo. Los extranjeros se beneficiaron de su cultura intelectual, de su energía, de sus tradiciones y de su odio hacia Luis XIV. Así se perdió un grupo escogido que daba trabajo a gran número de franceses. El resultado de esta medida fue una crisis económica y social.

En cuanto a los protestantes que se quedaron, ni las persecuciones ni las burlas pudieron con ellos. Difícilmente contenidos hasta 1702, acabaron por rebelarse en masa, resucitando, para el viejo Rey, la pesadilla de la guerra civil.

La región de las Cévennes sublevada, exaltada por los pastores del «desierto», sufrió un régimen de terror: hizo falta movilizar contra ios «camisards» y su jefe un verdadero ejército, bajo las órdenes del ilustre mariscal de Villars.

De un lado y de otro, se golpeaba, se quemaba, se aplastaba. Por último, las tropas reales acabaron con la resistencia de los «camisards». En 1710, se apagó el fuego de la revuelta. Este fue el epílogo de las luchas fratricidas que la nueva religión había encendido en Francia ciento cuarenta años atrás.

LA PARTE DE ATRÁS DE LA FACHADA
A las pérdidas considerables causadas por la emigración protestante, se unieron los gastos de las incesantes guerras: guerras de la Liga de Augsburgo (1689-1697) y de Sucesión de España (1702-1713). El edificio de Colbert se había derrumbado; sólo quedaba un proteccionismo minucioso e ineficaz. Todo el peso de la deuda recaía sobre los campesinos, que representaban las nueve décimas partes de la población.

En 1688, La Bruyére escribió su célebre descripción de la población campesina: «Se ven algunos animales feroces, machos y hembras, negros, lívidos, completamente quemados por el sol, ligados a la tierra, que cavan y remueven con una obstinación invencible.»

Grandes catástrofes habían agravado esta miseria:   malas   cosechas,   carestías,   epidemias, transformaban rápidamente a los campesinos prósperos en mendigos. Además, la intransigente política aduanera había degradado los precios agrícolas y la renta de Sos bienes raíces había disminuido en la mitad. El numerario servía para pagar los gastos de los ejércitos; era sustraído así de su función económica. La baja de los precios era continua.

Luis XIV procuró hacer participar a cada francés en el esfuerzo común, proporcionalmente a su renta. Creó, en 1695, la capitación o impuesto por cabeza, y en 1710, el diezmo sobre las rentas. Falto de funcionarios para verificar las declaraciones, y a causa de la resistencia de los privilegiados, el peso recayó finalmente sobre el bajo pueblo. El rey, entonces, apeló a los impuestos indirectos: aduanas, derechos de timbre. Pero todo era insuficiente. Hubo que recurrir a los préstamos, al papel moneda, a la venta de cartas de nobleza, a la organización de loterías…

El invierno de 1709 fue «de hielo, de hambre y de peste». El ganado perecía, y ocurría lo mismo, en el fondo de sus madrigueras, con los conejos. La población francesa sufrió una reducción de dos millones de habitantes. Mientras que la burguesía de los negociantes y de los banqueros continuaba relativamente próspera, el pueblo y la pequeña aristocracia campesina eran duramente afectados.

Así, se exasperó el odio de clases: en 1709, numerosos parisienses marcharon hacia Versalles; el bandidaje se desarrolló de una manera aterradora; conventos y castillos fueron atacados. El Rey hizo llevar a la Casa de la Moneda su vajilla de oro y sus muebles de plata, lo que no impidió que sus estatuas fueran ultrajadas, y que carteles injuriosos contra su persona, su conducta y su gobierno fueran fijados en las puertas de París, en las iglesias, en las plazas públicas. Se recitaba la famosa letanía: «Padre nuestro impío que estás en Versalles…»

El Rey procuraba seguir apareciendo con el mismo rostro de sol inmutable, esforzándose por guardar una serenidad constante, no soportando ni la sombra de una contradicción, de una coacción. Su insensibilidad parecía crecer, como se puso de manifiesto durante la discusión del «proyecto del diezmo real» de Vauban (1707).

Este gran hombre había meditado sobre los defectos del sistema, y sobre los medios de restablecer la economía. Tras evocar patéticamente en su proyecto la miseria de los humildes, Vauban proponía un remedio revolucionario:   la  supresión de  todas las  tasas  y  su reemplazo por un «diezmo» calculado en función de las rentas de cada uno. Nadie, ni aun el Rey, quedaría exento.

En 1706 apareció la obra, con gran escándalo de los privilegiados. Los ministros convencieron a Luis de que se atentaba contra su autoridad, y cuando Vauban acudió candidamente a ofrecer su libro al soberano, éste lo recibió con desagrado. El «Diezmo Real» fue prohibido. Se habló de encarcelamiento. Vauban murió descorazonado, el 30 de marzo de 1707. Esta muerte fue reprochada al viejo rey, y acabó de sembrar la turbación en los espíritus.

Luis se enclaustró en Versalles, que no cesaba de embellecer, y que permanecería como un arca preservadora del pasado; ante el esplendor de los árboles alineados como en un desfile, en medio de las estatuas, de los estanques, de las fuentes, de los bosquecillos, de los macizos de flores, de las ninfas y de las góndolas doradas, ¿cómo creer en las desgracias?

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

La Cultura en Holanda Siglo de Oro Pintura en los Paises Bajos

RESUMEN DE LA CULTURA EN LOS PAÍSES BAJOS EN SIGLO XVII

A finales del s.XVI, después de su ruptura con España, las siete provincias reformadas del norte de los Países Bajos siguieron una línea política propia. Formaron una unión republicana de cuyo gobierno se encargaban Estados generales que reunían a las figuras dominantes de cada provincia.

Holanda, a causa de su riqueza, ocupaba el lugar preponderante. Y dio su nombre al conjunto del país. Varios factores contribuyeron al auge económico de las provincias: su situación geográfica constituye la plataforma giratoria del comercio marítimo; heredan la actividad de las ciudades flamencas arruinadas por la guerra; atraen a numerosos exiliados reformistas que representan a menudo una mano de obra muy bien cualificada; y finalmente, el espíritu calvinista ve en la consagración del trabajo mediante el enriquecimiento la manifestación propia de la gracia divina.

Holanda una tierra de refugio: La tolerancia religiosa y política de que dan muestras las Provincias Unidas convertirán a este país, desde el s. XVI hasta el XIX, en un lugar de refugio privilegiado. Allí encontrarán amparo, primero los protestantes perseguidos de Alemania y Francia, y después los puritanos ingleses, los anabaptistas. En algunas provincias, estos refugiados constituyen la mitad de la población. También los filósofos, perseguidos tanto por las Iglesias como por el poder, encontrarán allí una inapreciable acogida, y la libertad que impera en la prensa y la edición hará de este país un hogar ardiente de la cultura europea.

El siglo XVII fue para las Provincias Unidas, además de un período de prosperidad económica, un siglo de esplendor intelectual y artístico. El espíritu de libertad y de tolerancia que reinó hasta la muerte de los hermanos de Witt, atrajo a todos los grandes pensadores europeos que no disfrutaban de tal régimen en su país, favoreció la investigación científica, la discusión ideológica, el nacimiento de corrientes literarias y la aparición de una intensa vida artística.

La Cultura y el Arte: La atmósfera de libertad que reina en Holanda, las necesidades tecnológicas del desarrollo y la afluencia al país de extranjeros emprendedores provocan el florecimiento de una cultura que es, a la vez, muy peculiar y muy cosmopolita. Allí es donde Descartes y Spinoza renuevan la filosofía. Pero el mismo pueblo, a través del teatro, las kermesses y las fiestas religiosas ofrece una representación de la vida hecha a su imagen. De esta cultura popular se alimenta la gran escuela de pintura de la que Rembrandt o Vermeer son las figuras más destacadas.

Las universidades constituyeron el cuadro de esta vida intelectual, y su desarrollo fue prodigioso: la de Leyden, creada en 1575, tuvo un gran esplendor, tanto por la expansión que tomó en ella la enseñanza de la filosofía por especialistas tan notables como José Scaligero, como por la presencia de Descartes, que residió allí de 1628 a 1649.

A partir de 1630, Utrecht, Breda y Ámsterdam, fueron dotadas a su vez de universidades. Sabios, escritores, filósofos, publicaban sus escritos y sus descubrimientos con toda libertad. Numerosos israelitas, huyendo de la política intolerante de Felipe II de España, fueron a instalarse en Ámsterdam, donde abrieron casas editoras y librerías, editando cientos de obras baratas que circularon por toda Europa.

La ilustre familia Elzevir imprimió en francés «La Gaceta de Holanda», primer periódico libre que debatió todos los grandes problemas y que tuvo una audiencia internacional. Cuatro hombres han influido profundamente en este período y dado un vivo desarrollo a sus respectivas ciencias:  el jurista Hugo Groció, republicano indómito, pensionario de la ciudad de Delft, que emigró a Francia después de la muerte de Olden Barneveldt; su tratado «De jure Belli et Pacis», en el que defiende el principio de la libertad de tráfico por el mar, constituiría, durante un largo período, la base del derecho internacional.

Pero, sin duda alguna, fue Descartes, cuya obra fue completamente escrita y publicada en Holanda, quien tuvo la mayor influencia sobre sus contemporáneos; el cartesianismo se discutió en todas las universidades y dio un vivo impulso a los estudios científicos. Cristian Huyghens, físico, geómetra, astrónomo, fue amigo de Descartes.

Este influyó también en el más grande filósofo que conoció Holanda: Espinoza. Originario de una familia israelita española, fue educado en una escuela judía, donde recibió una considerable instrucción religiosa. Convertido al cartesianismo, rompió con el judaismo y publicó en 1665 y 1670 sus dos grandes obras: la «Etica» y el «Tratado de Teología Política», en el cual fundaba la existencia del Estado en la libertad y en la razón, en el contrato consentido por todos los individuos que se reconocen bajo una autoridad, a condición de que ella garantice sus libertades.

Alrededor de Espinoza se reagrupó toda la aristocracia intelectual holandesa de la que formaban parte los hermanos de Witt. Con la muerte de éstos, el gran esplendor del pensamiento holandés conoció una rápida decadencia.

En el apogeo de su prosperidad económica, la burguesía había alcanzado su más alto grado de cultura intelectual. Con la monarquía autoritaria de Guillermo de Orange y la preponderancia tomada por Inglaterra, se produjo un cambio y la cultura entró en un período de profunda decadencia.

Guillermo de Orange-Nassau el Taciturno (1533-1584), príncipe de Orange, encabezó la lucha por la libertad holandesa. Hijo del conde de Nassau,Felipe II le nombró estatúder (gobernador) de las provincias holandesas de Holanda, Zelanda y Utrecht.

Conoció un cierto renacimiento con la llegada de protestantes franceses expulsados por el Edicto de Nantes, pero que no fue comparable en nada a la que habían conocido las Provincias Unidas; este renacimiento se tradujo en la multiplicación de revistas periódicas dirigidas a una élite europea, tales como las «Noticias de la República de las letras», publicadas por Pedro Bayle, a «La Biblioteca Universal», dirigida por Juan Leclerc, y por una renovación de los estudios teológicos con Jurie y Juan Saurín.

LA PINTURA HOLANDESA. REMBRANDT
El arte, y particularmente la pintura, conoció   una   evolución   parecida;   sin   duda, nunca el arte pictórico reprodujo tan fielmente el alma de una civilización. Este arte holandés, puramente nacional, nació en las primeras décadas del siglo XVII, como reacción contra todo lo que triunfaba en los países donde reinaba la Contrarreforma:  a las recargadas iglesias católicas, el holandés  opuso templos desprovistos de toda ornamentación; a los interiores fastuosos países latinos, reflejos de una vida de corte  y de ostentación, los burgueses holandeses opusieron interiores simples y confortables.

A la escuela ele pintura italiana, preponderante a finales del siglo XVI. que permanecía fiel a los temas religiosos y mitológicos, la escuela nacional holandesa opuso su gusto por la realidad concreta, por las escenas de la vida cotidiana pública y privada, los paisajes, el trabajo enraizado en la composición y en el dibujo, la búsqueda de la exactitud en el detalle, la fidelidad en el color. Por los múltiples encargos que hacía a los artistas, la burguesía fue el origen de este notable desarrollo que conoció la pintura.

Franz Hals y Rembrandt son, indiscutiblemente, los dos pintores que mejor han sabido hacer revivir esta burguesía laboriosa. F. Hals se dedicó a los cuadros de grupo, representando escenas de banquetes o de reuniones oficiales.

Ronda de Noche de Rembrandt

Ronda de Noche de Rembrandt

En cada una de sus obras el dibujo es preciso, estando frecuentemente dominado el conjunto por la belleza de los uniformes y de los estandartes. F. Hals fue también un excelente retratista, que nos ha dejado doscientos retratos que representan a las personalidades de Haarlem.

Obra de Hals

Rembrandt ha llevado a todos los motivos, inspirados en su ambiente, su gusto por el misterio, fin los grandes cuadros como «El síndico de ios pañeros», «Ronda de noche», o «Los peregrinos de Emaús», da a la pintura una calidad humana raramente lograda.

Al contrario que F. Hals, Rembrandt no se encastilla en el retrato. Atraído por la antigüedad, por la mitología, da libre curso a su talento en «Homero», «Saúl y David», «La gran novia judía». Los paisajistas holandeses, en fin, tales como Van Goyen, Guyp, y, sobre todo, Hobbema y Ruysdael, han dado a la naturaleza un nuevo lugar en el arte, gracias a su sabia observación y a su gusto por los efectos de luz.

obras de rembrandtbholanda siglo xvii

El siglo XVII  había comenzado para las Provincias Unidas con un notable desarrollo general, que culminó hacia los años 1650 – 1.660, bajo la república de Juan de Win pero con el fin de siglo se apagó esta era de grandeza, y este pequeño país que había do minado la escena europea fue relegado a un segundo plano.

Si el desarrollo se explica por el adelanto económico que habían toma do los Países Bajos desde finales del siglo XVI , por las riquezas inmensas obtenidas por su comercio, por el desarrollo di las técnicas capitalistas desconocidas enton ees en Europa, la decadencia se justifica por la pérdida de estas ventajas, por la concurrencia con naciones cuya superioridad militar iba a dar buena cuenta de la pequeña república.

Francia intentó abatir a su rival por las armas, pero fracasó; Inglaterra la anexionó, haciendo de ella una potencia dependiente y adquiriendo, por más de dos siglos, el primer  lugar  en  el   mercado   mundial.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Siglo de Oro de Holanda Economía de las Provincias Unidas

SIGLO DE ORO DE HOLANADA -LA PROSPERIDAD ECONÓMICA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DE LOS PAISES BAJOS

La “edad de oro” de la República Holandesa
Al siglo XVII a menudo se le ha llamado la “edad de oro” de la República Holandesa, en la medida en que las Provincias Unidas fueron centro de una de las grandes potencias de Europa. Al igual que Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas fueron una potencia atlántica, con lo cual se subrayaba la importancia del desplazamiento del poder político y económico de la cuenca del Mediterráneo hacia los países costeros del Atlántico.

Como resultado de la revuelta ocurrida en el siglo XVI en los Países Bajos, las siete provincias septentrionales —que en 1581 comenzaron a llamarse las Provincias Unidas de los Países Bajos— se convirtieron en el núcleo del moderno estado holandés. El nuevo estado fue oficialmente reconocido por la Paz de Westfalia en 1648.

Con la independencia vino la disensión interna. Había dos principales centros de poder político en el nuevo estado. Cada provincia tenía un funcionario, conocido como estatúder, responsable de la conducción del ejército y el mantenimiento del orden. Comenzando con Guillermo de Orange y sus herederos, la casa de Orange ocupó la función de estatúder en la mayoría de las siete provincias y favoreció el desarrollo de un gobierno centralizado, con ellos mismos como monarcas hereditarios. Los estados generales, asamblea de representantes  de cada provincia, se opusieron a las ambiciones de los Orange y defendieron una forma de gobierno descentralizada o republicana. I

En gran parte del siglo XVII las fuerzas republicanas estuvieron bajo control. Pero en 1672, agobiadas por la guerra contra Francia e Inglaterra, las Provincias Unidas acudieron una vez más a la casa Orange establecieron un régimen monárquico en la persona de Guillermo III (1672-1702).

La historia holandesa en el siglo XVII es extraordinaria por la relativa facilidad con que los holandeses cambiaban de una base de poder a otra, de acuerdo con sus necesidades internas y externas. La muerte de Guillermo III, acontecida en 1702, y el hecho de no haber dejado herederos directos, permitió a las fuerzas republicanas tomar el control de nuevo. La República Holandesa no se vería seriamente amenazada otra vez por las fuerzas monárquicas.

En el siglo XVlI, bajo la prominencia de los holandeses, subyacía la prosperidad económica —alimentada por el papel de Holanda como transportadora del comercio europeo—. Sin embargo, la guerra resultó desastrosa para la República Holandesa. Las dos guerras anglo-holandesas de las décadas de 1650 y 1660, la guerra contra Francia e Inglaterra de la década de 1670 y su apoyo a Inglaterra en contra de Francia, en la Guerra de la Sucesión Española, pusieron cargas pesadas  sobre las finanzas y la mano de obra holandesas.

La navegación  inglesa comenzó a desafiar la supremacía comercial holandesa y, en 1715, los holandeses sufrieron una decadencia económica grave.

Flotas de Barcos Holanda

Flotas de Barcos en los Puertos de las Provincias Unidas

LA PROSPERIDAD DEL SIGLO XVII

De siempre, la prosperidad de las Provincias Unidas ha descansado sobre el gran comercio internacional. En el siglo xvi, los marinos de Zelanda, de Frisia y de Holanda surcaron ya los mares para vender sus productos pesqueros en los grandes puertos del Báltico y del Mar del Norte.

En el siglo XVII, después de la ruina de Amberes, fue construida, en unas decenas de años, una poderosa flota, gracias a la madera importada de Escandinavia, a una mano de obra muy especializada y poco costosa, y a técnicas de construcción sumamente perfeccionadas. En 1660, las tres cuartas partes de la flota comercial del mundo enarbolaban pabellón holandés; adaptada a todos los mares y a todos los usos, esta flota transportaba las mercancías a precios muy bajos.

Varias compañías de navegación poseían conjuntamente el monopolio del comercio con los países escandinavos: importaban cereales, carnes saladas, cueros, lanas, lino, cáñamo, maderas de todas clases, y el hierro y el cobre de las minas de Suecia, revendiendo estas mercancías en toda la Europa occidental y mediterránea, y comprando en cambio tejidos y artículos de lujo, vinos, aceites y artículos ultramarinos, de los cuales carecían los países nórdicos.

En el siglo XVII, Holanda representó el papel de intermediario que había incumbido tanto tiempo a la Liga Hanseática. Además de este monopolio, los negociantes holandeses, por medio de sus representantes en todos los puertos europeos, aseguraban la casi totalidad del comercio en tránsito y depósito.

En Napóles, Genova y Liorna, almacenaban los productos importados de Levante, que, a continuación, vendían en toda Europa. En Ruán, en Burdeos, en Nantes, sus casas redistribuían las mercancías llegadas de España, de Inglaterra, de Francia, de Portugal… Incluso en Holanda, gigantescos almacenes contenían los «stocks» de mercancías que los negociantes lanzaban cuando no las había en el mercado, haciéndose así dueños de los precios de los principales géneros.

Todo este edificio comercial descansaba sobre la red de crédito extendida por el primer gran banco moderno, el Banco de Amsterdam, fundado en 1609, que prestaba importantes sumas de dinero a bajo interés, a los negociantes holandeses. Al lado del comercio europeo, el dominio del comercio colonial fue una fuente inmensa de riquezas para las Provincias Unidas.

La Compañía de las Indias Orientales, fundada en 1602 para la explotación de los países del Extremo Oriente, sería la verdadera fundadora del imperio colonial holandés. Continuando la obra de una compañía mercantil, esta enorme empresa disponía de un capital de 6.600.000 florines en acciones suscritas por los grandes negociantes v diversas cámaras de comercio encargadas en cambio de su administración.

Disponía de un poder casi ilimitado, puesto que sólo ella tenía el derecho de comerciar al este del Cabo de Buena Esperanza, de realizar ocupaciones territoriales, de concluir tratados y de acuñar moneda; en compensación, el Estado sólo tenía sobre ella un débil poder y no percibía sobre sus operaciones comerciales más que derechos que raramente alcanzaban el 3 por 100. Toda la política de esta compañía consistió en instalar factorías en los territorios conquistados, sin intentar jamás colonizar el interior, someter las poblaciones, evangelizar el país.

Esta colonización superficial, que después se mostraría tan frágil, tuvo perfecto éxito al principio: la Compañía fundó factorías en Java, que se convirtió en el gran centro colonial de Oriente, en Ceilán, en El Cabo, en Cantón, en Formosa. La pimienta, que al principio constituía la mitad del valor de los cargamentos, perdió importancia en beneficio de la seda y del algodón, que, a finales del siglo xvn se habían convertido en las principales importaciones. La Compañía de las Indias Occidentales, fundada en 1621, instaló sus factorías en América (con Nueva Amsterdam),  en el Brasil, en Guinea,  en Cabo Verde; la pérdida de estas colonias, después de 1650, conduciría a esta compañía a una rápida decadencia.

Descansando enteramente sobre el comercio, la economía holandesa dejaba poco lugar a la agricultura y a la industria; a pesar de todo, ésta última, gracias a la acumulación de capitales, había prosperado y se había modernizado; las sederías, los terciopelos de Utrecht, la loza de Delft (que imitaba a la porcelana de China), así como las construcciones navales, alcanzaron reputación en toda Europa.

En 1670, Holanda era el país más rico de Europa; las guerras a las que iba a arrastrarle Guillermo de Orange asestaron un rudo golpe a su prosperidad y relegaron su economía a un puesto secundario. Sin embargo, este pueblo de marinos y de comerciantes, conservaría, durante mucho tiempo aún, importantes posiciones.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre