Transformacion Industrial en el Siglo XIX en Europa Las Sociedades



Transformacion Industrial y Comercial en el Siglo XIX en Europa

De esta manera describía el gran historiador Charles Geignobos los cambios, avances, desarrollo y transfoemaciones ocurridas en Europa durante el Siglo XIX y primera parte del siglo XX.

LA GRAN INDUSTRIA:

El vapor y la electricidad que proporcionan una enorme cantidad de fuerza, los ferrocarriles y la navegación por vapor que permiten transportar masas enormes de mercancías, han transformado las condiciones del trabajo.

En todos los países civilizados se ha creado la gran industria, que fabrica los artículos en gran cantidad y los vende al por mayor a comerciantes que los revenden a los consumidores.

Transformacion Industrial y Comercial en el Siglo XIX en Europa

La mecánica ha revolucionado las vías de comunicación con los ferrocarriles, la industria de ios tejidos con las máquinas de hilar y de tejer el algodón. Ha transformado las industrias mineras y metalúrgica.

Al mismo tiempo la química ha dado origen a gran número de inventos industriales: las cerillas químicas de fósforo, los abonos químicos merced a los cuales la agricultura se transforma; el gas, que ha sido el medio principal de alumbrado de las poblaciones; el azúcar de remolacha; los colores extraídos de la hulla; la fotografía y el heliograbado; las nuevas materias explosivas, dinamita, algodón-pólvora, pólvora sin humo; los medicamentos químicos, que permiten dar al enfermo una dosis exacta; el blanqueado por el cloro; el curtido, las conservas alimenticias.

Todos estos productos se fabrican en grandes cantidades en fábricas especiales, con ayuda de máquinas.

Las máquinas son costosas, pero hacen producir en el mismo tiempo y con el mismo número de obreros mucho más que el trabajo a mano.

Cada uno de los artículos producidos puede así venderse más barato que si estuviera hecho a mano.

Cada perfeccionamiento de la máquina aumenta la capacidad productora de la industria mecánica. Todos los días se encuentra el medio de hacer mecánicamente un artículo que antes se fabricaba a mano, y su precio disminuye inmediatamente.

En los artículos fabricados a mano, el ingenio se aguza para descubrir nuevos procedimientos que permiten sacar más producto de la materia prima o fabricar más rápidamente y con menos costo.



De aquí resulta que los precios de los artículos fabricados han descendido a medida que la industria progresaba. Los tejidos, los metales cuestan cuatro o cinco veces menos que a principios del siglo XIX.

El uso de las máquinas en la relojería ha permitido vender sueltos relojes a 5 pesos y despertadores a 2,50.

El azúcar, que era en otro tiempo artículo de lujo, cuesta cada vez menos gracias a los progresos de la industria remolachera. La química industrial ha permitido sustituir los colores vegetales con colores minerales menos costosos, y producir artificialmente perfumes baratos.

La baja del costo es la gran ventaja de los productos manufacturados. Su calidad no es equivalente a la de los productos hechos a mano, porque se hacen con menos esmero, y por lo común con materiales inferiores para los artículos baratos.

Los instrumentos de precisión, los objetos de arte, como alhajas, muebles artísticos, telas de lujo, sedas de valor, por los cuales los aficionados están dispuestos a pagar buenos precios, se hacen siempre a mano.

En este campo limitado y en éste sólo, la industria manual resiste a la industria mecánica. Está, pues, al servicio del lujo.

La producción mecánica barata ha mejorado el bienestar material general permitiendo a los más pobres coni-prar vestidos, calzados, proporcionarse artículos que consideramos usuales y que eran desconocidos en las casas de los obreros y de los campesinos a principios del siglo XIX.

LAS SOCIEDADES ANÓNIMAS Y EL CRÉDITO

La industria grande exige disponer de fondos considerables, y no puede por tanto ser emprendida sino con grandes capitales. Muchas veces el capital necesario en una fábrica no procede de un solo individuo.

Varios capitalistas se reúnen para fundar una compañía, cada uno da una o varias fracciones determinadas del capital necesario para la empresa.

Cada fracción está representada por un título llamado acción (en Francia, la acción es habitualmente de 500 francos) y percibe una parte de los beneficios, llamada dividendo, proporcional a lo que ha dado.



Los fondos de una misma empresa se piden por lo común a un gran número de accionistas. Además, muchas compañías toman dinero prestado.

Estos empréstitos se dividen también en fracciones, cada una está representada por un título, llamado obligación, y produce un interés fijo.

Las sociedades así constituidas se llaman sociedades anónimas, porque no llevan el nombre de una persona.

Eran raras antes del siglo XIX; la mayor parte de las empresas pertenecían entonces a un solo individuo o a un pequeño grupo de asociados.

Pero las sociedades anónimas se han desarrollado en el siglo XIX, con los progresos de la industria y del comercio.

Hoy los ferrocarriles en Francia y en la mayor parte de los países, las grandes empresas de navegación, el istmo de Suez, la mayor parte de las grandes fábricas y las minas pertenecen a compañías anónimas.

El crecimiento de la industria y del comercio ha ido acompañado de un desarrollo del crédito.

Se han establecido por todas partes bancos, que reciben los depósitos de dinero, descuentan los efectos mercantiles y prestan cantidades.

Hacen operaciones cada vez más importantes. Los industriales, los comerciantes, gran número de particulares tienen cuenta en un banco. En él depositan sus fondos y pagan dando un cheque contra el banco.

Para realizar un pago entre dos clientes de un mismo banco, basta llevar la suma de una cuenta a otra. Lo mismo se opera entre los clientes de distintos bancos compensando los cheques que deberían pagarse unos a otros.



Este procedimiento permite hacer una cifra de negocios enorme sin tener necesidad de llevar de un sitio a otro numerario, y aumenta mucho por tanto la cantidad de capital disponible.

Los bancos han ¡legado a ser casi todos grandes empresas pertenecientes a sociedades de accionistas.

Para vender las acciones, las obligaciones, se han creado las Bolsas de los Valores, que han llegado a ser establecimientos de día en día más importantes.

A ellas se va a vender y a comprar los títulos de papel del Estado, las obligaciones departamentales y municipales, las acciones y las obligaciones de las sociedades anónimas.

El precio de cada valor aumenta o disminuye según que haya más o menos compradores o vendedores. Es lo que se llama el alza y la baja. Cada día se hace publica la lista de los precios pagados por cada valor; es lo que se llama la cotización de la Bolsa.

El alza y la baja dan lugar a operaciones que constituyen la especulación. Consiste en comprar o en vender valores a plazo, es decir, que no se deben entregar sino después de un tiempo determinado.

Si el valor sube mientras tanto, el vendedor está obligado a comprar más caro y pierde la diferencia, que el comprador gana; si baja, sucede lo contrario. Las operaciones de Bolsa adquieren así la forma de un juego, y se dice «jugadas de Bolsa».

TRANSFORMACIÓN DEL COMERCIO

La gran industria tiene necesidad de una cantidad enorme de materias primas como los minerales o el algodón, y de maquinaria de todo género. Hace venir estas cosas de todas las partes del mundo, gracias al desarrollo de las vías de comunicación.

Fabrica muchos más productos de los necesarios para la región en que se encuentra, y hace falta por tanto que los industriales traten de dar salida a sus productos en el mundo entero.

La pequeña industria trabajaba para el mercado local, la grande trabaja para el mercado del mundo. La revolución de la industria ha producido una revolución en el comercio.

Con la gran industria, el comercio tiende a dividirse entre las diferentes regiones de un mismo país y a veces entre los diversos países del mundo.

Cada uno fabrica los productos que puede vender más baratos porque posee la hulla o las materias primas, o porque puede recibirlas fácilmente y a poco costo, o también porque sus ingenieros y sus obreros tienen una habilidad particular.

Compra los otros productos a los países que los producen menos caros que él.

Cada país trata de igual modo de proporcionarse los objetos de consumo y la materia prima en las regiones que pueden dar estas cosas más baratas y de mejor calidad.

Así nuestras fábricas de tejidos y de hilados del Languedoc, de Champaña, de Normandía y del Norte no compran más que una pequeña parte de sus lanas en Francia y hacen venir el resto de Australia y de la República Argentina.

Inglaterra trae el algodón de los Estados Unidos; los minerales de Suecia, de España, de América del Sur; el trigo de los Estados Unidos, de Rusia, de la India; la carne de Australia y del Canadá; las legumbres y las frutas de los países que tienen clima más favorable, como Francia y España.

El tráfico de artículos alimenticios ha sido favorecido por la aplicación del frío.

Ya en 1877, se había ideado congelar la carne que la República Argentina producía con exceso para traerla a Europa en barcos provistos de cámaras frigoríficas.

Este ensayo no dio resultado, pero fue repetido con éxito desde 1882 por Nueva Zelandia, luego por Australia para el consumo de Inglaterra que tiene exceso de población.

Hoy todos los países criadores de ganado envían su carne, no ya congelada, sino simplemente refrigerada, lo que le hace perder menos, en barcos o en vagones especiales. Este procedimiento se emplea igualmente para la manteca, los huevos, la miel, las frutas.

Es corriente en las naciones de territorios muy extensos y de naturalezas diversas como los Estados Unidos o Rusia, o también en los países librecambistas como Inglaterra. Las tarifas protectoras de las carnes y artículos nacionales estorban su extensión entre nosotros, pero no han podido impedir que penetren.

Los cambios entre los diversos países aumentan sin cesar. En otro tiempo se hacían únicamente en ferias internacionales que se celebraban una o dos veces por año.

Los mercaderes en gran escala iban a ellas con una gran provisión de mercancías, los detallistas y los particulares se aprovisionaban hasta la próxima feria.

Los cambios por mar tenían lugar igualmente a largos intervalos. Los países que eran dueños de grandes colonias, España y más tarde Francia e Inglaterra, no enviaban a ellas más que una vez por año una flota mercantil que llevaba los productos de la metrópoli y recogía los de la colonia.

Hoy las compras y las ventas de mercancías se hacen todos los días en establecimientos llamados Bolsas de Comercio.

Hay Bolsas para cada una de las clases de productos: para el algodón, el trigo, los vinos. Los artículos a la venta están representados por muestras que pueden ser examinadas con facilidad.

El comprador elige viendo las muestras y hace telegráficamente el pedido, que le es enviado sin dilación por ferrocarril o por agua.

Se especula sobre las mercancías como sobre los valores bursátiles, vendiendo de antemano mercancías que no se poseen. El vendedor se compromete a entregarlas a plazo fijo.

Como los comerciantes y los industriales se hacen competencia en el mundo entero, la producción de las mercancías aumenta muchas veces más de prisa de lo que haría falta para las necesidades del consumo.

Entonces la venta se detiene y los directores de industrias, no encontrando ya salida para sus productos, se ven obligados a reducir el trabajo. Como los obreros no pueden trabajar, se ven reducidos a la miseria.

Es lo que se llama una crisis. La mayor parte de las crisis se producen por diversas causas.

1) Cuando los industriales han fabricado más productos de los que los comerciantes quieren comprar, porque nadie sabe de antemano qué cantidad de un producto podrá venderse.

A esto se llama exceso de producción.

2) Cuando en las manufacturas los telares mecánicos sustituyeron a las sencillas máquinas del siglo XVIII. En Inglaterra, en Francia, los obreros se sublevaron varias veces, en los primeros años del siglo XIX, y rompieron las máquinas, a las que acusaban de privarles de su trabajo.

Hubo crisis, por ejemplo, cuando la competencia de las máquinas de hilar movidas por vapor mató el tejido a mano.

3) Cuando las grandes empresas de obras de ferrocarriles o de construcciones navales fueron terminadas en un país. Los industriales que en ellas se ocupaban hubieron de cesar en el trabajo y buscar nuevos mercados.

4) Cuando países antes agrícolas se dedicaron a la industria en grande escala y cerraron, mediante derechos aduaneros, sus mercados a los competidores extranjeros.

5) Porque la materia prima llega a faltar. Así, durante la guerra de Secesión americana, los puertos del Sur, que enviaban a Europa casi todo el algodón en bruto, fueron bloqueados por las escuadras del Norte, muchos fabricantes de algodón europeos hubieron de cesar en el trabajo y despedir a sus obreros.

Hubo crisis en todas las épocas.; pero en el siglo XIX, con el desarrollo de las industrias y del comercio, se han hecho más intensas, han alcanzado a un número de individuos mucho más considerable que en otro tiempo.

Las industrias han intentado ponerse de acuerdo para evitar todo lo posible las pérdidas resultantes del exceso de producción, que es la causa más frecuente de las crisis.

Así los metalúrgicos, los fabricantes de azúcar, los dedicados a los transportes de una misma región, de un mismo país, a veces de varios países vecinos, se han concertado para limitar su producción y para mantener los precios de venta en una cantidad fija.

Estos acuerdos conducen a la formación de «factorías de venta», como se dice en Francia, o de cartells, según una palabra alemana que ha llegado a ser de uso corriente.

En los Estados Unidos, industriales y comerciantes audaces han intentado incluso asegurarse el monopolio de un producto, por ejemplo el petróleo, asociando a todos los que le explotan.

Estas empresas se llaman trusts. Si triunfasen, los miembros del trust serían dueños de todo lo que existe de cierto producto, y, no teniendo ya competidores, podrían vender todos sus productos al precio que fijasen.

AUMENTO DE LOS TRANSPORTES

Los ferrocarriles y la navegación por vapor ha aumentado la cantidad de mercancías y el número de viajeros en proporciones que no habría creído nadie posibles. El precio de los transportes ha bajado así mucho, lo cual ha transformado hondamente las condiciones del comercio.

La rapidez de los ferrocarriles y de las líneas de navegación ha hecho los viajes mucho más fáciles y ha propagado la afición a ellos, los hombres se movilizan con más facilidad.

En el siglo XIX se ha establecido el uso de las ferias y de los Congresos, en que se encuentran gente de todas las naciones. Las más características son las Exposiciones universales en que se reúnen todos los productos del mundo entero.

La primera Exposición universal fue inaugurada en Londres en 1851, y sólo figuraron 17.000 opositores; la segunda, en París, en 1855. París ha tenido desde entonces cuatro Exposiciones universales (1867, 1878, 1889, 1900), y en cada una el número de expositores ha superado el de la anterior.

Otras exposiciones han tenido lugar en Europa, en los Estados Unidos, en Australia.

Las comunicaciones rápidas han facilitado a la gente del campo la ida a las poblaciones grandes, han disminuido la importancia de los pequeños centros regionales y aumentado la de las ciudades de gran población.

La población de los distritos industriales y de las capitales se ha ido acrecentando en forma constante.

En todas partes la proporción de habitantes de las poblaciones aumenta rápidamente, y en muchos países la de los campos permanece estacionaria o aún disminuye.

A principios del siglo XIX, la mayoría de la población vivía de la agricultura en todos los Estados sin excepción.

A principios del XX más de la mitad vive de profesiones urbanas en Inglaterra, en los Estados Unidos, en Bélgica, en Alemania (en Inglaterra los 4/5 de la población viven en las ciudades).

Con la facilidad creciente de los transportes, la circulación de las cartas aumenta sin cesar. En otro tiempo había que transportarlas en coche, las cartas circulaban con más lentitud y costaban más que hoy, él porte era pagado por el que las recibía. Los ferrocarriles han permitido transportarlas en mayor cantidad y a menos costo.

El sello de correos, inventado en Inglaterra y adoptado en Francia en 1848, ha permitido hacer pagar el porte al remitente. Desde mediados del siglo XIX se han rebajado varias veces las tarifas de correos.

En toda la extensión de los Estados Unidos, tan grandes como Europa, en todo el Imperio inglés, que se extiende por el mundo entero, una carta cerrada circula hoy por 10 céntimos. La circulación de los periódicos ha aumenta do del mismo modo.

En todos los países civilizados los diarios de las grandes poblaciones penetran en las aldeas más lejanas.

El telégrafo y el teléfono traen en unos instantes las noticias de los puntos más alejados del globo. En las capitales cada ministro puede en todo momento recibir las informaciones de sus agentes y enviarles órdenes, de modo que dirige cada uno de sus actos.

No se vería ya, como durante la guerra entre los Estados Unidos e Inglaterra después de 1814, prolongarse las operaciones, por falta de noticias, varios meses después de hecha la paz.

Los particulares aprovechan estas comunicaciones fáciles y rápidas. Los ciudadanos de cada nación son informados más rápidamente, y a veces mejor que en otros tiempos, de lo que ocurre en el extranjero.

La ciencia y los grandes movimientos de ¡deas son hoy internacionales. Los progresos de todo género realizados en un punto del globo son inmediatamente conocidos y estudiados en todas las naciones civilizadas.

La aplicación de los progresos científicos a la civilización material asegura a la cultura intelectual y moral un desarrollo más rápido y extenso que en anteriores tiempos. Es uno de los caracteres esenciales, el más importante quizá, que hace al Occidente distinguirse del Oriente.

Fuente Consultada: Historia Universal Ilustrada de Charles Seignobos Tomo IV Editorial Publinter Bs.As.

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