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Potosí en America Colonial: Economía, Origen e Historia

Historia de Potosí en América Colonial Economía,Vida y Origen

De los pequeños cerros de la región, el de Potosí es seguramente el más alto y pedregoso.

Lo cubre un pedregullo gris y, al sol, su loma es blanca y brillante, como si continuamente lo empapara el rocío del amanecer.

El terreno es empinado y se desgaja por todos lados en hondas barrancas desde las que suben furiosos vientos en tremolina.

Allí sólo crecen plantas tristes, apenas agarradas a la tierra.

Sin embargo, tanta desolación tiene una ventaja: convierte al cerro en una fortaleza casi inaccesible.

Por eso, durante muchos siglos, Potosí guardó celosamente en sus entrañas las más fabulosas riquezas en plata que conocieron los conquistadores al sojuzgar América.

Pero él secreto no duró mucho cuando los españoles comenzaron a recorrer el territorio.

Nada permaneció oculto a su insaciable codicia, y al influjo de los ríos de metal precioso que brotaron del cerro se desarrolló una de las más ricas y prósperas ciudades de Hispanoamérica: una ciudad que, en el siglo XVII, era más poderosa que México y Lima, las dos joyas más preciadas del imperio colonial español.

Algunos cronistas consideran que los incas conocían la riqueza de Potosí y que el emperador Huaina Cápac había ordenado que se la explotase.

Pese a ello, según una leyenda, cuando los aborígenes intentaron extraer el mineral, una voz surgida con gran estruendo de las profundidades, les advirtió:

«No saquéis la plata de este cerro porque es para otros dueños«.

El relato, de indudable origen español, refiere entonces que los incas no se atrevieron a desobedecer la orden y volvieron a trabajar en las aledañas minas de Porco hasta que las tropas españolas invadieron el Cuzco y se apropiaron de esos riquísimos yacimientos, sin saber aún que Potosí escondía mayores tesoros que todos los que se explotaban en los alrededores.

A partir de allí, circularon varias versiones —recogidas por los cronistas de época— sobre la manera en que se llegó a descubrir el yacimiento de Potosí.

Sin embargo, todas las fuentes coinciden en señalar que fue un indígena llamado Huallpa, encomendado a un minero de Porco, Juan de Villarroel, el primero en descubrirla.

Afirman los cronistas que Huallpa, «persiguiendo durante todo un día un carnero que iba de huída, le dio alcance en el mismo cerro de Potosí siendo bien entrada la noche (…) y atado el carnero en un matorral de paja, luego que amaneció lo arrancó de cuajo y así descubrió la veta».

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El trabajo en las minas y los ingenios recaía por entero sobre los indígenas, cuya población activa ascendía en 1603 a 58 800 operarios.

De ellos, sólo 13 500 estaban dedicados a tareas estrictamente mineras; los demás se ocupaban de actividades complementarias.

Únicamente 10 500 prestaban servicio obligatorio; el resto eran trabajadores libres

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Otra versión cuenta que Huallpa, para protegerse del frío encendió unas matas y a la mañana siguiente «vio que con la actividad del fuego se había derretido la plata de aquélla veta y corrido en riquísimos hilos».

Lo cierto es que el indígena no le comunicó a nadie su hallazgo y secretamente extraía la plata de Potosí, la fundía y gastaba en Porco sus ganancias como un potentado.

Por supuesto, la noticia no tardó en llegar a oídos del encomendero Villarroel y, con ella, el origen de la riqueza repentina de Huallpa.

Sin dudar, el español registró la «veta descubridora» a su nombre, según las leyes vigentes en la época y dio pie para que otros mineros de Porco explotasen distintas vetas del yacimiento de Potosí, cuyo nombre se convirtió vertiginosamente en sinónimo de riqueza.

No fue fácil para los españoles el asentamiento de un poblado a la vera del cerro.

Por ser perpetuo el frío, «no se cría en este suelo ningún género de mantenimiento, excepto algunas papas.

La tierra está pelada sin ninguna arboleda ni. verdura…» escribió Luis Capoche, en su Relación General de la Villa Imperial de Potosí.

Por otra parte, en un sitio cercano, existía un pueblo indígena, denominado Cantumarca, cuyos habitantes convinieron en un principio ayudar a los españoles que «a fuerza de palos y malos tratamientos los obligaron con toda violencia a que hicieran adobes y abriesen cimientos», razón por la cual, los aborígenes se sublevaron y, parapetados en un cerro vecino, hostilizaron a los conquistadores.

Según se cuenta, enviaron un mensajero con esta orden: «Decid a esos enemigos nuestros, ladrones de oro y plata, barbudos sin palabra, que si hubiéramos sabido que eran gente sin piedad y que no cumplen los tratos, desde que supimos que estaban en Porco les hubiéramos hecho guerra y echándolos de allí no le permitiéramos entrar donde estábamos ni sacar la plata de Potosí».

Se entabló entonces una feroz batalla de la que surgieron vencedores los españoles.

Los indígenas huyeron hacia el valle de Mataca desamparando sus ranchos que inmediatamente fueron ocupados por los vencedores mientras esperaban la construcción de sus casas en Potosí.

Finalmente, en enero de 1546, según algunos autores, o en diciembre de 1545, según otros, comenzó a fundarse la Villa Imperial de Potosí.

En poco tiempo se edificaron casas en los sitios más secos y luego, al crecer la población, se rellenaron los terrenos cenagosos para levantar nuevas construcciones.

La población creció sin orden ni planificación: en 18 meses se construyeron más de 2500 viviendas habitadas por 14 000 personas entre indígenas, y españoles que ocupaban, respectivamente, la parte sur y el sector norte de la villa.

Hacia el año 1573 la ciudad ya tenía 120 000 habitantes.

Creció sin mesura a medida que se fueron descubriendo nuevas minas y acudían de toda España y Europa, hombres ávidos del botín que durante siglos había escondido la naturaleza.

Un censo de 1611 estableció que, durante la gobernación del virrey Montesclaros, los habitantes superaban las 150 mil almas, cifra que aumentó en 10 mil treinta años más tarde, según consta por un padrón que ordenó levantar el presidente de la Audiencia de la Plata, Francisco de Mestares Marín.

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Bocamina exterior de un antiguo socavón colonial en las cercanías de Potosí.

La explotación de las riquezas minerales dio nacimiento a la abigarrada ciudad que en menos de veinte años fue la más grande y poblada de Iberoamérica, superando a México y Lima, las grandes capitales virreinales.

La plata hacía la prosperidad de la ciudad y también la de España.

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La Economía Potosina

Durante ciertas épocas del año, en Potosí, unas cuantas tormentas azotan la tierra y la,desgarran, dejando nada más que una arenilla negruzca flotando en el aire.

Por eso, aun en los momentos de mayor riqueza, los alrededores de Potosí eran tristes, pelados, a veces sin un árbol, sin una cosa verde que descansara los ojos.

De allí que Potosí no podía producir prácticamente nada para la alimentación de sus habitantes.

Durante todo el tiempo que duraba la explotación de los yacimientos las actividades agrícola-ganaderas eran nulas y la ciudad debía abastecerse con mercaricias de regiones lejanas, que proveían hasta la leña y la paja.

Esta desventaja (dada la magnitud demográfica y la capacidad adquisitiva de sus habitantes) hizo entonces que en Potosí se originaran importantes corrientes comerciales.

La mayor parte de su población estuvo fundamentalmente dedicada al comercio, a la compra-venta de productos que llegaban de todas partes del mundo.

Los metales que no se producían estrictamente en Potosí sino en los alrededores, iban asimismo a parar a la Casa de la Moneda de la ciudad donde se marcaba la plata en barras con el cuño real.

Plata y azogue (Mercurio, que provenía de las minas de Huancavelica, en Perú) sustentaban el poderío económico de la villa, servían para pagar los vinos, aguardientes y aceitunas que llegaban desde los fértiles valles de lea; el sebo, la grasa, el charque, las maderas y las muías que provenían de la lejana provincia de Tucumán; la yerba que remontaba ignotos ríos desde el Paraguay; los caballos de Chile; las medicinas, el hierro, los tejidos finos y todo tipo de productos y mercancías que atravesaban el océano desde la lejana Europa y abarrotaban los almacenes potosinos.

Este auge comercial creó, por supuesto, una clara estratificación entre los comerciantes de la villa.

La venta de productos más rentables o la de los destinados a la población española de mayor capacidad adquisitiva, estaba en manos de españoles.

Uno de los mayores negocios durante la época de explotación del yacimiento fue, sin embargo, la comercialización de la coca.

Implicaba, aproximadamente, un millón de pesos fuertes al año y la consumía toda la población indígena de la región.

En varias oportunidades se quiso prohibir su venta porque se la consideraba nociva, pero los poderosos intereses en juego impidieron que se suprimiera su tráfico.

Se llevaba a Potosí desde los cálidos valles orientales del Cuzco donde aproximadamente 400 españoles se dedicaban a su explotación.

La venta al menudeo, en Potosí, la realizaban los propios indígenas, pues para los españoles constituía un enorme desprestigio social dedicarse al comercio al por menor, aunque eran, por supuesto, los responsables de las compras de coca al por mayor.

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Catedral de Potosí. Se comenzó a construir en los últimos tiempos de la Colonia (1808) bajo la dirección del arquitecto fray Manuel Samanja.

Pero durante la época de mayor esplendor la numerosa población asistía a los oficios religiosos que se realizaban en los sesenta templos con que contaba la ciudad. La mayoría de ellos hoy están en ruinas.

Los distintos productos se vendían en «plazas» destinadas exclusivamente al comercio.

La plaza del metal era, sin duda, la más pintoresca, ya que allí se reunían los aborígenes para vender el metal que se les pagaba como salario por su trabajo en las minas.

«Se sientan los indios e indias muy juntos y juntas —escribió Luis Capoche—, por hileras (…) y son como cuatrocientas personas o quinientas las que vienen con metal para vender, en especial los jueves y viernes y sábados, porque los demás días, por ser los primeros de la semana, no viene tanta gente…».

Además de la concurrida plaza de metal, existían otras tres en las qiie se vendían diversos productos, sobre todo maíz, harina, ganado, carbón y leña.

Los productos manufacturados europeos se vendían, a su vez, en locales cerrados que el Cabildo de Potosí alquilaba en dos de las plazas principales, la Mayor y la del Regocijo.

Las ventas de «ropas de Castilla» alcanzaron en un año el millón de pesos, signo indudable del lujo, la riqueza y la necesidad de figuración de las clases dominantes que eran las que «consumían mayormente las mercancías europeas.

«El principal lujo de esta villa —se asombró Concolorcorvo— consiste en los soberbios trajes, porque hay dama común que tiene más vestidos guarnecidos de oroy plata que lapr-incesade Asturias…»

Puñaladas y sablazos

Tanta riqueza generó no pocas luchas por el poder. Las clases dominantes (divididas en tres bandos netamente diferenciados, los azogueros o propietarios de ingenios, los propietarios de minas y los grandes mercaderes) se trenzaban cotidianamente en interminables y feroces disputas.

La autoridad real, representada por un corregidor, no siempre lograba imponerse y, por el contrario, a veces avivaba el fuego de la discordia, volcando sus preferencias por uno u otro grupo.

Los conflictos se planteaban indistintamente para lograr la sanción de leyes que beneficiara a unos en desmedro de otros, para conseguir mayor y mejor mano de obra en las repartijas de indígenas, para lograr franquicias en las explotaciones o el comercio de ciertos productos.

De esta manera, los pleitos que se seguían ante la Audiencia de Charcas, el virrey del Perú o el Consejo de Indias eran interminables.

Potosí, durante los 200 largos años que duró la explotación de los yacimientos, mantuvo varios procuradores ante la corte metropolitana para peticionar directamente en España, buscando crear conflictos de poderes con otras autoridades coloniales o intentando resolver los problemas internos.

Estos escarceos diplomáticos iban generalmente acompañados de acciones violentas.

Cada grupo tenía a su servicio bandas armadas reclutadas entre los soldados que, al finalizar las guerras de la Conquista, no encontraban ocupación. Cualquier pretexto servía para justificar un enfrentamiento, cuyas características eran similares a las de los torneos feudales.

Se citaban los «caballeros» en el Arenal de Potosí y allí, casi siempre durante las madrugadas, piqueros y arcabuceros lujosamente ataviados iniciaban una batalla formal que culminaba con muertos y heridos a granel.

Durante los siglos XVI y XVII  todo fue válido en Potosí: la emboscada, el asesinato, los asaltos a mano armada, las violaciones de mujeres del bando enemigo.

Los episodios criminales eran cotidianos y bastaba una mala mirada, una leve interjección o un saludo desdeñoso para que dos hombres se trabaran en lucha.

Es célebre el. caso del capitán Pineda, un andaluz, y de Juan Pérez Ramusio, un criollo de Mataca: se cuenta que un sábado por la tarde el capitán Pineda caminaba por la calle de los Césares cuando se le cruzó Ramusio que, por algún pleito anterior, evitó saludarlo. Se encrespó el andaluz y lo llamó a los gritos: «Ven acá… mestizo…».

El insulto erizó al criollo quien, acelerando el paso se plantó abruptamente a dos pasos de Pineda.

Este, sonriendo, le espetó: «¿Acaso no aprendiste a persignarte cuando me vas a pasar?».

Ramusio se quedó callado, como pensando una salida ingeniosa que no lo dejara mal parado ante el público que comenzaba a rodearlos.

Lentamente sacó una daga oculta en la cintura y susurró con rabia contenida: «Mis padres, que eran andaluces, me enseñaron a hacer la señal de la cruz de esta manera…».

Decir eso y ensartarle el puñal en la frente al desprevenido Pineda fue todo uno. El andaluz cayó redondo, bañado en sangre, muerto: el pleito quedó así formalmente resuelto.

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Por entre las casas de la ciudad corre el arroyo que durante el tiempo de creciente proveía de agua a los ingenios que estaban a su vera. Para remediar la escasez que se producía en tiempo de sequía y darle el caudal suficiente se construyeron embalses y presas a pocos kilómetros de la ciudad, aguas arriba.

Tres días de tiranía

Desde los orígenes de la Villa Imperial de Potosí, la ambición, las ansias de poder, las desaforadas intenciones de los diversos grupos que pugnaban por gobernar, crearon no pocas situaciones revulsivas.

Cientos de batallas sangrientas se libraron en las calles de la ciudad de la plata, aunque quizá ninguna haya sido tan feroz como la que entablaron en marzo de 1553 las fuerzas leales a la monarquía española y un conjunto de vecinos encabezados por un taLEgas de Guzmán, quien aspiraba a gobernar la urbe y explotar el cerro sin rendirle cuentas al rey.

Egas logró, en efecto, sojuzgar a la población merced a la violenta acción de 50 hombres que, muy bien pagados, asolaron el territorio,’ejecutando a indígenas y españoles leales.

Dos capitanes del ejército español, sin embargo, pretendieron enfrentarlo. Francisco Centeno y Diego Díaz, al mando de 60 arcabuceros y 400 indígenas armados sólo de macanas y hondas rodearon, el 2 de marzo de 1553, la Villa, en cuya plaza central estaban apostados los secuaces de Egas de Guzmán.

Marchó Centeno hacia el centro de la ciudad y se puso a tiro del arcabuz enemigo, acercándose peligrosamente hacia la plaza y dejando cubiertas sus espaldas con la tropa indígena.

Egas de Guzmán, percibiendo la debilidad de la retaguardia enemiga optó por enviar 40 de sus hombres a caballo para que rompieran el cerco aborigen y acometieran a la infantería de los. leales por detrás.

Así fue que mientras la lucha en el frente favorecía a Centeno y a Díaz, la batalla en los alrededores de la ciudad les era absolutamente desfavorable.

Luego de una hora de rigurosa pelea, los infantes leales fueron finalmente sometidos. Algunos pocos huyeron mientras los heridos eran pasados por las armas directamente en el campo de batalla.

«Hubiera sido más atroz la tiranía de Egas de Guzmán en esta guerra —relata el cronista Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela en su libro Historia de la Villa Imperial de Potosí— si en la cuesta del cerro de la Cantería los indios que se retiraban derrotados no hubieran defendido a los leales tirándoles tantas piedras a Guzmán y a los suyos cuantas fueron necesarias para detenerlos…».

La victoria de Guzmán paralizó virtualmente todo trabajo en Potosí: pocas horas después de la pelea, el tirano saqueó las casas de los leales («valiéndole el saco —afirma Arzáns— más de 1 800 000 pesos en marcos de plata»), mató a quienes se le opusieron, hizo azotar públicamente a «muchas mujeres españolas porque averiguó que trataban entre ellas de matarlo», quemó casas y ejecutó aborígenes, acusándolos de traidores.

Tres días exactamente duró su gobierno. Ni los propios hombres de Egas de Guzmán toleraban a su jefe; hasta el extremo de que uno de sus capitanes, Antonio de Lujan, logró que seis soldados engrillaran al tirano y lo sometieran a la peor de las muertes: el descuartizamiento.

El episodio es sólo un ejemplo del alto grado de violencia que alcanzaban en Potosí las tensiones sociales, económicas y políticas.

Existían razones para que ello sucediera.

La villa imperial no fue, como la mayor parte de las ciudades hispanoamericanas, una urbe que se enriqueciera por la producción agrícola-ganadera de la región rural que las circundaba.

No era una «ciudad hidalga» ni una «ciudadela militar», no estaba dominada por una aristocracia feudal ni el prestigio de las clases más poderosas provenía de la tradición sino, por el contrario, del caudal de riqueza acumulada.

Por eso, las clases sociales potosinas se estructuraron de manera diferente al resto de las urbes coloniales: en un primer momento el acceso a la riqueza fue fácil y produjo, consecuentemente, una gran movilidad social.

Prestigio, poder e influencia eran conseguidos por todos aquellos que habían obtenido inmensas fortunas dedicándose a cualquiera de las tres grandes actividades económicas que la ciudad fomentaba.

Pero, de la misma manera que lo adquirían, lo perdían, al inundarse una mina, al perderse un barco con mercadería o al fallar un envío de azogue.

Los grupos dirigentes de Potosí estaban integrados por españoles y ocasionalmente algunos criollos.

Por lo general, el poder político no constituyó una aspiración de la «nobleza» potosina, dedicada por completo al comercio y sus derivados. Los cargos de regidores caían —según un cronista— «en manos de cualquier forastero, sin más averiguación que la de tener la cara blanca y las posibilidades suficientes para mantener su decencia…».

Sucedía que el poder final de decisión se encontraba fuera de Potosí: los pleitos los resolvía primordialmente la Audiencia de Charcas.

La decadencia

Pero esa petulancia nacida de la riqueza comienza a deteriorarse a partir de la segunda mitad del siglo XVII, cuando disminuye notoriamente el rendimiento de las minas de plata.

La decadencia de Potosí significó también la decadencia de los grupos dirigentes y sus habitantes contemplaron con pena y nostalgia el ocaso de una de las más opulentas ciudades de Hispanoamérica, atribuyéndole su ruina a la incapacidad de la urbe de atraer gente noble:

«Ya no es lo que solía —escribió Capoche— porque de España pasan a estas Indias gente común y falta de nobleza».

Semejante situación hizo cundir el desconcierto y a la ruina económica continuó el desbande, un decrecimiento demográfico del que nunca pudo recuperarse Potosí.

Sólo salvó a la ciudad de un derrumbe total el funcionamiento de algunas fundiciones.

Como no existían este tipo de establecimientos en las regiones aledañas, hasta la villa llegaba metal para ser fundido y luego «quintado» en su Casa de la Moneda, por otra parte la única que existía en todo el ámbito de esa importante región minera de América.

Pese a todo, ya en el despunte del siglo xvni la población de Potosí había bajado a menos de la mitad.

«Ha disminuido de tal manera —estampó un cronista de la época— que hoy no pasan de 70 000 entre españoles e indios, que viven unos y otros en 16 000 casas entre grandes y pequeñas de una y otra nación…

Las familias de indios que al presente están avecinadas en Potosí pasarán de mil pero se acrecientan a veces con la llegada de forasteros, también indios. La de los españoles ya no se acrecienta por el comercio o por la llegada de tratantes y contratantes que antes de todas las naciones de’Europa acudían incesantemente todos los días».

De esta manera, a los pies del cerro, agujereado por todas partes pero con sus pasadizos vacíos, se adormeció Potosí.

Sólo algún indígena solitario intentaba de vez en cuando reeditar la ardua tarea de sus antepasados.

Con una candela de sebo encendida en la mano se sumergía por los recovecos y las escalerillas construidas en el cerro, llevando un zurrón de cuero en las espaldas.

Hurgaba en las vetas secas, rapiñaba algo de metal.

Pero estaban muy lejos los tiempos en que Potosí producía hasta casi siete-mil barras de plata por año-y era —según un cronista— «la más feliz y dichosa de cuantas ciudades se saben en el mundo».

La desmedida explotación de los yacimientos potosinos y su consecuente decadencia, al agotarse las vetas de plata más ricas, hizo que decayera sus-tancialmente la producción.

Como la zona no ofrecía posibilidades para ningún otro tipo de actividad, la villa quedó virtualmente en manos de algunos pocos empecinados que, a costa de terribles esfuerzos, lograban a veces, mantener latente la esperanza de que sería posible recuperar la riqueza perdida.

En 1773 escribía Concolorcorvo:

«Dicen que desde el descubrimiento de las riquezas de aquel cerro se señalaron 15 000 indios para su trabajo y el de las haciendas que se benefician con la plata (…) Hoy se redujo ese número a tres mil entre los que se mezclan los honrados con los ladrones de metales, quienes acometen de noche en las minas y como prácticos en ellas sacan los últimos, los más preciosos beneficios y llevan al banco que el Rey tiene de rescate, siendo cierto que estos permitidos piratas sacan más plata que los propietarios mineros…».

Así, en un postrer intento por mantener la más fabulosa fuente argentífera de Hispanoamérica, las autoridades reales no dudaron en permitir el bandidaje y el saqueo de las vetas de las cuales aún no se habían succionado los últimos vestigios de plata.

Pero, por supuesto, fue un manotazo vano.

La villa imperial de Potosí, lentamente, se adormeció sobre su pasado esplendor del cual quedó, como único testigo, el cerro acribillado por las mazas y los picos de los mineros.

Fuente Consultada:
Gran Historia de Latinoamérica Fasc. Nº21 Editorial Abril – Ciudades: Potosí

Enlace Externo:

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Enlace Externo: Potosí la Mina de Plata Mas Famosa y Grande del Mundo

Los Muebles en America Colonial, Estilo del Mobiliario Español

Los Muebles en América Colonial

Todo el confort existente en la América de la Conquista se reducía al elemental suministrado por la naturaleza: la sombra de los árboles, su madera en las regiones frías, la frescura de un río en la faja ecuatorial, la obsequiosidad de los indígenas, que sacrificaban su propia comodidad para ofrendarla a las gentes del Este.

Cuando en los galeones que llegaban a América, los rudos aventureros de los primeros tiempos fueron siendo reemplazados por clérigos y ventrudos burócratas con acompañamiento femenino, comenzó a sentirse en los nuevos poblados la urgencia de rodearse de ese mundillo de objetos grandes y pequeños que daban la pauta del grado de civilización de su dueño.

Ya no fue suficiente saber desbastar la madera para hacer una tosca silla: ahora había demanda por sillones forrados, mesas de estilo, alfombras y todo el mobiliario que en España servía de marco para la formal y ceremoniosa etiqueta que hizo famosos a los españoles en toda Europa, y que llegó a su primer apogeo bajo Felipe II.

Tanto los carpinteros, como el resto de los artistas y artesanos de la Colonia, provenían al principio de España y Porlugal.

Paulatinamente se fueron formando los artesanos auténticamente «coloniales» y americanos. Con su trabajo acumularon muebles y objetos, y ya en el siglo XVIII toda la América colonial estaba tallada, forrada y tapizada.

Un excelente ejemplo lo proporciona un salón de lujo en el Perú del siglo XVIII.

Abundan los canapés forrados en baqueta y los sillones de cuero adornados con tachuelas de metal; del techo cuelga un farol de cinco luces con candilejas cubiertas de sebo.

En la pared es posible que cuelgue un cuadro que represente a San Juan Bautista o a Nuestra Señora de las Angustias, y a su lado el retrato del jefe de la familia, pintado por un amigo de la casa o por el profesional de moda.

En el dormitorio reina la cama, a la que se sube por medio de una escalerilla: es un lecho matrimonial muy alto, a la usanza española.

Mientras tanto, los esclavos duermen sobre pellejos de carnero.

Mobiliario español colonial

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En Arequipa las paredes de las casas están decoradas con guardas, lazos de amor y vistosos adornos.

Los muebles siguen el modelo español y están pintados de blanco o azul-celeste; filetes dorados y dibujos de rosas y margaritas cumplen con la función de nacerlos más elegantes.

En el salón no es raro tropezar con algún bargueño antiguo tallado o un aparador de roble negro.

Otro adorno de las paredes son los cuadros de degollaciones, crucificciones y autos de fe pintados por artistas de Quito y Cuzco.

En las ciudades frías, las alfombras se constituyen casi en una necesidad.

En cambio, muy pocas ventanas lucen cortinas. Se desconocen las estufas y
chimeneas, los caloríferos y los braseros.

Un viajero francés ha dejado constancia de la impresión que le produjeron las casas de Buenos Aires en el siglo XVIII:

«El interior de las casas muestra uno o dos patios. Las de los empleados y comerciantes son lujosas. En la sala un piano, un sofá, sillas americanas de madera (incómodas y duras) bien doradas, de colores brillantes. La sala es el lugar de recepción de los señores. Las señoritas pasan el día sin hacer nada…»

• ►El mobiliario

En el siglo XVII se usa ya una gran diversidad de maderas para moblaje: castaño y nogal, Jacaranda, palo santo, ébano.

Algunos llevan adornos de palo de rosa, marfil, caoba o nácar.

Las sillas siguen el modelo español: cuero en el asiento y el respaldo, tapizadas a veces con tela y adornadas con tachas de bronce.

En la segunda mitad del siglo se las puede adquirir con las patas delanteras trabajadas.

Son comunes la de forma «cebolla», «enrulado» y «de pincel», los sillones y las banquetas presentan características similares.

Una de las preferidas fue la silla encadenada, donde se podían sentar varias personas, ya que se unían tres o más sillas en un sólo mueble.

Otra muy en boga en el Brasil fue la silla esquinada, de origen inglés.

En la región rioplatense son comunes las sillas ratonas, colocadas en el lugar de honor, el estrado, parte elevada del salón. Se las usa para sentarse a tomar mate, para quitarse las botas, para coser, o simplemente como adorno.

Son acompañadas por sillitas, mesas y papeleras, distribuidas según el gusto de la dueña de casa.

No en vano se dice que en el siglo XVIII reinaron la mujer y la silla.

De esta última aparecieron todos los tipos posibles, como para satisfacer el más alocado capricho.

muebles de la etapa colonial

Interior de uno sala del Palacio Torre Tagle, en Lima, Perú.
El  mobiliario refleja fielmente el refinado modo de vida transplantado en América

En cuanto a la mesa para comer o la de adorno, podían ser rectangulares, redondas, algunas con alas plegadizas v patas giratorias.

Muy apreciado era el contador, que iba apoyado sobre un bufete alto y parecido a una mesa. También gozaron de gran aprobación la cómoda y la cómoda-escribanía, con cajones superpuestos, ambas de origen italiano, que desplazaron al viejo arcón, arca o baúl, pesados e incómodos.

En Brasil hubo un auge de la cómoda-papelera, una combinación de guardarropa y escritorio.

Pero el más monumental de los muebles coloniales era la cama, con adornos, colgantes, doseles y posangulares  columnas de diseño barroco.

Los resididos solían ser muy altos y las perillas podían ser de madera o marfil.

En las casas de familia eran numerosas las sillas, sillones, mesas y camas de jacarandá, con la característica «pata de burro» o «pata de cabra».

En el siglo XVIII rioplatense el mueble luso brasileño llegó a desplazar al español, ya que el cierre casi total del come mío favoreció al contrabando.

Las casas y los templos hicieron buen acopio de ellos y de los no menos apreciado, muebles de estilo inglés (Chippendale) y rococó francés, recargado de conchillas, flores y hojas.

La influencia potugusesa también llegó a  Chile, México, Lima y Quito, adonde marcharon varios artesanos de nombradla.

Para completar la decoración de una casa colonial no debían faltar los utensilios y objetos de plata y oro.

Las familias que disfrutaban de un «buen pasar» se hacían servir en vajilla de plata.

Gran parte de estas vajillas fueron labradas y repujadas por artífices locales, aunque a veces se traían de Europa y otros sitios.

Los artífices que tenían como clientes al vecindario acomodado de Buenos Aires hacían sus piezas en oro.

Se llegó a dictar una ley que imponía el trabajo en oro de 22 quilates y prohibía el uso del de 24 y del de 20.

• ►La platería

Una de las preocupaciones principales de todo americano «respetable» era completar su vajilla de plata.

Siempre «estaban faltando» algunas piezas, y en cuanto era posible, se mandaban a hacer en plata maciza, oro o plata con baño de oro.

Una de las razones de la preferencia por el metal debió ser sin duda el que la porcelana resultaba muy cara.

El juego de vajilla se componía, por lo general, de fuentes, platos, bandejas, jarros para distintos usos y sahumadores calados y cincelados.

Esto era lo básico.

Pero no pasaba mucho tiempo sin que se intentara completarlo con soperas, tazas, vasos, cubiletes, palilleros, vinagreras, dulceras, ollas, sartenes, baldes, etc., reemplazando también las piezas ya envejecidas. Y era preciso no olvidarse ele los floreros, los apliques, candelabros, tarjeteros, tinteros, marcos para espejos, salivaderas y, tras de una cortina de pudor, la taza de noche y los irrigadores.

En el sur del continente el orgullo de la familia podía ser el juego de plata para la «mateada».

En espera del elogio (y de la envidia disimulada) se hacían presentes la yerbera (con adornos de oro) y la infaltable colección de mates de formas fantasiosas, como caballitos, palomas, avestruces o pavos reales.

Fuente Consultada:
Gran Historia de Latinoamérica Fasc. Nº21 Editorial Abril Educativa

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Resumen Momias de Niños de Llullaillaco en Salta

Las Momias de Llullailaco
Niños Momias en el Museo de Salta

Los Incas conformaron un estado con una compleja organización política, económica y religiosa, incorporando en su proceso expansivo al actual noroeste argentino.

La arqueología de alta montaña, a través de los estudios en los adoratorios de altura, nos permite acercarnos a este pasado que deja sus huellas hasta nuestros días.

El Volcán Llullaillaco, situado en la provincia de Salta, fue escenario de una de las ceremonias más importantes del calendario ritual inca, la Capacocha.

En estos rituales, que unían el espacio sagrado con el tiempo ancestral, se entregaba lo mejor que se poseía con la idea de ser retribuidos de igual forma.

Algunos cambios en el orden político, los fenómenos naturales o el ciclo agrícola podían ser sucesos que motivaran la realización de estas actividades religiosas.

• Niña del Rayo

momia en salta llullaillaco Niño del Rayo
Esta niña, de poco más de seis años de edad, fue hallada en posición sentada. Lleva  puesta  la  típica  vestimenta femenina   incaica: un vestido ajustado en la cintura con una faja  multicolor.   

Un    manto cubre sus hombros, sostenido por un prendedor.

Entre   las   ofrendas   que   la acompañaban se encuentran objetos en miniatura, como estatuillas de oro, plata y valva marina, piezas cerámica, alimentos y piezas textiles.

Luego de su entierro, en algún momento de los últimos siglos, una descarga eléctrica quemó parte de su cuerpo.

 

momia el niño en salta llullaillaco

El Niño

Tenía alrededor de siete años de edad y estaba sentado sobre una túnica de color gris.

Lleva cabello corto y un adorno de plumas blancas sostenido por una honda de   lana   enrollada   alrededor   de   la cabeza.

Está vestido con una prenda color  rojo, lleva mocasines y tobilleras de piel blanca.

Al igual que la niña del rayo presenta una leve modificación intencional del cráneo.

Entre su ajuar se encontraba una caravana de llamas en miniatura, conducida por hombres finamente vestidos, representando el pastoreo, una de las principales actividades masculinas.

La Doncella monia en salta

La Doncella

La joven de alrededor de 15 años de edad,  lleva  puesto  la  típica  vestimenta femenina, resaltando en su pecho   prendedores   de  plata  y adornos de hueso y metal.

Está peinada con finas trenzas en todo su cabello.

Su rostro está cubierto con pigmento rojo, y sobre su boca se observan pequeños fragmentos de hojas de coca.

Entre los objetos que la acompañan se destaca un tocado de plumas blancas. 

Posiblemente haya sido una «Virgen del Sol», educada en la casa de las escogidas, lugar de privilegio donde, entre otras actividades, realizaban tejidos y chicha para las celebraciones estatales.

Fuente Consultada: Folleto del Museo de Arqueología de Alta Montaña-Salta-Mitre 77 C.P.-4400 – Argentina

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La Salud Pública y la Medicina en el Virreinato del Río de la Plata

La Medicina en el Virreinato del Río de la Plata

Los estudios de medicina:

España había sentido,  en el siglo XV la necesidad de fundar cuerpos técnicos que,  actuando como tribunales colegiados  o unipersonales,  tuvieran a su cargo vigilar el ejercicio de la profesión médica y afínes; que actuaran a la vez como organismos docentes de esas ciencias y satisfacieran sus fines sociales.

Al efecto creó  el Protomedicato,   institución que tomó desarrollo e importancia en su legislación y llegó a constituir una entidad fuerte y bien organizada para velar por la salubridad pública.

El virrey Vértiz, al tomar el gobierno del virreinato, creyó oportuno y conveniente crear tal institución, independiente de la que existía tanto en Castilla como en Lima, para evitar que el pueblo de sus provincias siguiera sufriendo las deficiencias  imputables en parte a la enorme distancia existente entre ambas capitales.

Afligía a  Vértiz    el  estado de semiabandono lamentable observado en la asistencia pública,   el desquicio de los servicios médicos,  las graves deficiencias de los servicios hospitalarios y el desorden de los servicios de farmacia.

El  virrey propone al doctor Miguel O’Gorman,  funcionario de la misión de Ceballos,   médico aprobado por el Protomedicato de Madrid,  la creación de un tribunal del  Protomedicato en Buenos Aires,  esta disposición sería provisoria y sujeta a una posterior aprobación real.

Los protomedicatos,  en América y en Europa,  fueron formas embrionarías primarias en la evolución de las escuelas de medicina.

Sumaban atributos y fun ciones administrativas,  judiciales y técnicas y también docentes que se estorbaban y quitaban eficacia, fiscalizaban la acción de los médicos y de sus auxiliares y cuidaban la preparada técnica de sus facultativos en ejercicio,   recibían los exámenes para revalidar los títulos,   investían facultad para fundar las escuelas profesionales  respectivas y eran en la práctica sus rafees.

Esto explica el júbilo con que fue recibida la noticia de la  instalación de la nueva  institución en la capital del virreinato.

En una nota fechada en Montevideo en enero de 1783,   el doctor O’Gorman propone al virrey la creación de una Academia de Medicina,  con asiento en esa ciudad para asegurar su independencia como institución científica,  ajena a las influencías burocráticas y oficiales del Protomedicato que funcionaba en Buenos Aires. 

No existen documentos que hagan mención a los resultados obtenidos por esta iniciativa.

Por una cédula de 1793 se faculta al tribunal para dar la enseñanza oficial de la medicina y la cirugía,   con vistas a una próxima creación de la  Universidad,  de la cual esta Escuela de Medicina pasaría a formar parte.

El alejamiento y la radicación de  Vértiz en España provocaron el que estas iniciativas cayeran en el letargo,   asi como el proyecto de la Universidad de Buenos Aires,   que sólo se concretaría en el período de la  Independencia. 

La Escuela de Medicina siguió funcionando aunque sujeta a los movimientos políticos e inestabilidades de principios de siglo.

Las luchas por la independencia obligaron al gobierno a restringir al máximo los gastos públicos.

Esto provocó la suspensión de pagos del personal docente y de los cursos de la Escuela de 1812.

El Protomedicato siguió funcionando aunque con limitaciones similares a las de la Escuela de Medicina.

Visto el abandono de los cursos de esta institución,  en diciembre de 1812 el doctor

Paso decide nombrar una comisión para el estudio de un nuevo programa a cumplirse en un Colegio de  Ciencias que se crearía.

La necesidad de contar con cirujanos y médicos militares realmente capacitados concita el interés de la Asamblea de 1813 que propone la creación del Instituto Medico Militar y la aprobación de un Plan de Enseñanza para la Facultad de Medicina y Cirugía.

El Instituto Médico Militar tuvo una vida efímera.  Iniciadas conentúsias mo sus tareas,  decayó pronto este  interés y se extinguió en febrero de 1820,  al poco tiempo de morir su director,  el doctor Cosme Argerich.

No solamente por la enseñanza se destacaron los jesuítas en estas regiones,  sino también por las actividades  intelectuales de toda índole a que cada uno se dedicaba con singular aliento.

Mientras los conquistadores penetraban en audaces correrías hacia  el corazón del continente en busca de aventuras o de oro,  los jesuítas se ocupaban en el estudio de las nuevas tierras y en darlas a conocer a los europeos por medio de trabajos geográficos y cartográficos.

Las cartas de los misioneros constituyeron una lectura apasionante,  y se multiplicaban en ediciones que daban a conocer los secretos de las nuevas regiones,  a la par que acrecentaban el acerbo científico.

Estos aportes son excepcionales,  teniendo en cuenta que hasta fines del siglo XVIII se careció del instrumental científico primario indispensable para esa clase de tareas.

Rómulo Carbia destaca la  indiscutible gloria que merece la Compañía por haber fundado y hecho evolucionar la historiografía nacional,  hasta llevarla a su pleno desarrollo en manos del P. Pedro Lozano,   a quien corresponde uno de los más altos puestos entre los historiadores habidos en el país.

Nuestra historiografía no puede prescindir de las múltiples y diversas cartas,  crónicas,   memorias y apuntes dejados por los jesuítas.

Estos historiadores salvaron la memoria de muchos hechos singulares,  cuya reconstrucción habrfa sido difícil dadas las grandes pérdidas sufridas por los archivos del interior en los acontecimientos militares del siglo XIX.

En el estudio de la fauna y flora aborigen la contribución jesuítica es de una magnitud sorprendente. 

Como lo es asimismo la profundidad de las observaciones que sus cultores registran con singular prolijidad,   acompañándolas en muchos casos de dibujos.

Los padres Gaspar Juárez y José Sánchez Labrador se destacaron en esta labor que siguió el camino abierto por el P.José «Acosta en el Perú» con su obra Historia natural y moral de las Indias.

Después de la expulsión,  el padre Juárez fundó en Roma un Jardín Botánico Americano y editó su monumental Prodromus Florae  Chilensis et Peruvianae.

Sus tres tomos de Observaciones fitológicas sobre las plantas rioplatenses figuran con honor en la mejor bibliografía de la ciencia botánica.

A su lado sobresale el P. Jose Sánchez Labrador,  el naturalista más prolífico y de mayores alientos en la historia de los pueblos rioplatenses.

Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

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Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato

Historia de la Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato del Río de la Plata

• Universidad de  Córdoba:

Córdoba no tuvo propiamente unaUniversidad,   sino un Colegio Máximo de la Compañía de Jesús,  con autorización real y pontificia para otorgar grados universitarios; es decir,   que aunque careció del titulo de Universidad,   actuó como tal en los hechos,  y como Universidad fue conocida hasta en documentos oficiales. 

Por real cédula de 1o de diciembre de 1800 se acordó darle el carácter efectivo de verdadera Universidad Real,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat.

La erección se realizó el 11 de enero de 1808,  en cuya oportunidad se reunió el claustro,  ya secularizado,  en la antigua iglesia de la  Compañía –declarada monumento nacional-,   presidida por el gobernador-intendente Juan Gutiérrez de la Concha,   quien nombró rector al deán,   doctor Gregorio Funes.

La secularización de la Universidad cordobesa inició entonces su formal decadencia.

Es posible que en 1767,   al tener que hacerse cargo de los   institutos jesuíticos de  Córdoba,   su elenco de profesores no fuera excepcional,  pero en las postrimerías del siglo pudo presentar un grupo nada despreciable de hombres de valer, en buena parte hijos del país.

La filosofía que se estudió en el Río de la Plata durante el período hispano no fue ni exclusivamente peripatética, ni, en el buen sentido de la palabra, puramente escolástica.

Y no lo podía ser –como muy bien dice Juan C. Zuretti-, porque en la segunda mitad del siglo XVII, si bien la escolástica se enseñaba de viva voz en los colegios y universidades hispánicas, había decaído tan notablemente que casi se había eclipsado por completo.

En el curso del siglo siguiente fueron muchos los filósofos que, reteniendo el fondo de la escolástica, trataron de concordarlo con las nuevas teorías científicas y filosóficas, labor en la que descollaron los jesuítas, pero que no rehuyeron los franciscanos.

Las ideas renovadoras también penetraron en sus claustros.

Con la creación de la Facultad de Jurisprudencia,  en 1791,  la  Universidad había entrado en una nueva época,  pero de ahí a la secularización definitiva me diaron todavía algunos años,  y fue el resultado de una más vigorosa arremetida del clero alentado por la visible  inclinación de la  Corona.

La causa del clero fue tomada por el doctor Ambrosio Funes,   que como alcalde de primer voto,  logró interesar al Cabildo en la campaña.

Funes escribió en 1779 un Memorial en el que reclamaba la  intervención de la  Corona para contener la decadencia de la Universidad y desterrar los desórdenes  introducidos por los franciscanos al amparo del favoritismo y de la intriga. 

Los cargos abarcaban todos los  órdenes de actividad,  desde la administración de las rentas,  de cuya malversación los franciscanos eran acusados, hasta la incapacidad docen tes de estos y el favoritismo que empleaban. 

Todo ese desorden sólo podía ser contenido si la Universidad se entregaba al clero.

La campaña abierta por el doctor Funes y su hermano el deán,   obtuvo un éxito completo. Por real cédula del  I de diciembre de 1800,  el monarca resolvió «fundar de nuevo»,  en el edificio del  Colegio Máximo,   una Universidad Mayor que gozaría de los mismos privilegios y prerrogativas que las de su clase en España y América,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Montserrat,   con los recursos para su dotación que en la misma real cédula se mencionan, quedando los franciscanos separados de su dirección.

La real cédula de 1800 fue guardada sin cumplimiento por el virrey Sobremonte,  partidario de los franciscanos,  pero el cambio producido en 1807 por sude posición,  significó para los franciscanos la pérdida de la influencia que habían mantenido.

Fue entonces que el cabildo de Córdoba elevó a Liniers una petición para que ejecutase la real  orden,  lo que el nuevo virrey realizó el 29 de noviembre.

La instalación de la nueva Universidad se realizó el   2 de enero de 1808. La real cédula de 1800 ordenaba la erección de las cátedras de latinidad,  filosofía, leyes,  cánones,  escolástica y moral,  facultándose a la Universidad para conferir los grados correspondientes.

La nueva Universidad debía formar sus constituciones ya que las anteriores habían sido abolidas,  pero pasaron muchos años sin que las comisiones nombra das cumpliesen su cometido.

Una reforma importante en sus estudios fue la  introducida por el deán Funes con la creación de una cátedra de matemáticas,  que se abrió en 1809.  

Con esa enseñanza quiso el deán sacar los estudios de lo puramente  ideal para llevarlos a lo práctico y más conforme con las aspiraciones y tendencias de la época.

La Real Cédula de 1800 significó la extinción definitiva del viejo centro de estudios jesuítico,  fundado con el propósito de formar el clero.

Existe pues  una ra zón fundada para llamar a la universidad establecida en 1808 Nueva Universidad,  ya que define un nuevo tipo de establecimiento y una nueva orientación en los estudios.

Equiparada a las universidades reales de España y América,  esta es la universidad que funcionaba cuando estalló la Revolución de 1810.

No mantenía ningún ligamento con el extinguido centro jesuítico,  y por su reciente data,  no pudo tener influencia en la formación de la generación revolucionaria.

La Universidad de  Chuquisaca:

En 1624 fue fundada esta alta casa de estudios,   que tuvo,   antes que la de Córdoba,   una cátedra de  Instituía,  según dotación hecha en 1681 por   el arzobispo Castilla y Zamora. 

La expulsión de los jesuítas significó graves tropiezos para el desenvolvimiento de los estudios que se realizaban en ella. 

Con los bienes de los jesuítas se dio forma a los estudios y se creó la Real Academia  Carolina destinada a la práctica jurídica de la juventud dedicada al foro.

Los nombres de algunos de los que estudiaron en este centro  intelectual hacen suponer a ciertos autores que en Chuquisaca dominaba una marcada tendencia liberal,  y que en sus cátedras se hablaba de Rousseau y de Montesquieu con plena libertad. 

Pero esto es inexacto.

En la Universidad de  Córdoba    las obras de los maestros del ilumínísmo y del filosofismo francés no eran desconocidas y hasta se les estimaban sus aciertos, 

Pero no pasaba lo mismo en Chuquisaca donde este tipo de obras no tenían cabida. Si algo es evidente es que fue la región en que el espíritu de lealtad a las viejas normas se mantuvo más tiempo,  con odio a Buenos Aires,  lo que le permitió a sus dirigentes mantenerse hasta  1825 en contra del movimiento independizados.

Después de Córdoba, Buenos Aires y Asunción, tal vez fue Salta la ciudad de más alto nivel cultural en los lindes del virreinato.

Equidistante de Chuquisaca y de Córdoba, los hijos de Salta cursaron estudios en una u otra de ambas universidades.

El hecho de que los  vecinos de Mendoza se  interesaran por que el Colegio jesuítico fuese elevado a Universidad demuestra,   no sólo que se estimaba la calidad de sus estudios,  sino que la población tenía amor por la cultura. 

Y lo confirma el hecho de que la cátedra de filosofía no desapareció con la expulsión de la Compañía de Jesús,  pues en octubre de 1769 el  Cabildo resolvió restablecerla.

 Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

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Historia de la Conquista del Río Bermejo: La Sociedad de Navegación

Historia de la Conquista del Río Bermejo: La Sociedad de Navegación

El 4 de septiembre de 1872 el diario La Democracia de Salta publicó una novedad que suscitó cientos de comentarios.

El titular, con letras destacadas, decía: «Gran Noticia»; abajo, en letras menores, podía leerse: «Navegación del Bermejo».

El texto de la información rezaba:

«Adelantamos en una edición extraordinaria las faustas noticias que nos llegan de las costas del Bermejo.

Ellas significan la realización completa de la empresa más trascendente para los intereses económicos y políticos de Salta».

Y a renglón seguido el entusiasmado redactor relataba que el vapor «Leguizamón», aunque había encontrado «serias dificultades que vencer», continuaba «hendiendo la corriente del gran río bajo la segura dirección del capitán Natalio Roldan…»

rio bermejo

La empresa, sin embargo, era bastante espinosa.

En esa oportunidad el «Leguizamón» no pudo vencer al Bermejo; el río, quizás irritado por tanta osadía, lo hizo naufragar.

Aun así prosiguieron los esfuerzos.

Según José del Nieto —autor de una prolija recopilación sobre el tema—, pronto estuvieron disponibles otros tres vapores adquiridos en los Estados Unidos: el «General Viamonte», el «Oran» y el «Congreso Argentino».

Claro que el río no constituía la única barrera. Las tribus ribereñas eran otro grave obstáculo fue bastante difícil tratar con ella; como lo demostraron los sucesos protagonizados en cierta oportuni dad por la tripulación del «Oran Este barco se hallaba fondeado cerca de La Cangayé (actual Chaco), asegurado a un árbol por una gruesa cadena.

De pronto:

«… la mano que estaba apoyada en guinche —anota Del Nieto— quedó prácticamente clavada por una flecha que dio certeramente en ella. Simultáneamente caían heri dos dos marineros».

El ataque fue acompañado por alaridos y gritos significativos:

«Tierra nuestra, leña nuestra», repetían los aborígenes que defendían lo que era de ellos.

Conocían en carne propia y en la de muchos hermanos los estragos hechos por el blanco.

Sabían que se pretendía despojarlos de su an tigua heredad.

En esa oportunidad el capitán Roldán —de él era la mano atravesada por el flechazo— intuyó de inmediato que si pagaba la leña a los indios «sentaba un mal precedente: aceptar que realmente era de ellos».

Por eso ordenó proseguir la marcha de inmediato, intento que casi costó la vida a los dos marineros que pretendían soltar la amarra del barco desde tierra: los indios se les fueron encima y debieron arrojarse al agua y llegar a nado hasta el «Oran».

El combate no tardó en generalizarse, y mientras las flechas hendían el aire la tripulación —parapetada sobre cubierta— comenzaba a hacer tronar los dos cañones que protegían la nave.

El «Orán» pudo finalmente proseguir la navegación aguas arriba mientras dos indios que habían caído prisioneros veían alejarse con desesperación -las orillas de su lar nativo.

Con la mano vendada, el capitán Roldán regresó en seguida a cubierta para impedir que sus hombres ultimaran a los aborígenes y, lejos de tomarse venganza, ordenó regalar a éstos ponchos, botas, sombreros y tabaco.

Les hizo entonces una propuesta:

«Yo no quiero pelear ni matar indios. Por eso tirando balas por arriba.

Cuando vuelva mi vapor, cortando leña otra vez aquí, y tocando pito, llamando con pito, que vengan Trigueri y Mulato.

Yo regalarles mucho…» Trigueri y Mulato eran los jefes de ‘los indios prisioneros, y éstos, una vez liberados, debían ser los emisarios que gestionaran la paz.

A Roldán, tenaz y hábil empresario, le interesaba explotar esas regiones, no exterminar indios.

Para lograrlo había expuesto a sus amigos un proyecto formidable.

«Desde aquí —el límite entre el Chaco y Salta— deberíamos comenzar los estudios y posiblemente los trabajos; ésta es la zona de esteros, de madrejones, donde a veces se pierde el curso del Bermejo.

Tendremos que hacer canales, taponar desaguaderos, nivelar. De los varios brazos será necesario establecer el más apropiado y ensancharlo, ahondarlo, dragarlo, alimentarlo oon los otros que habrá que desviar hacia él.

Tendremos que cerrar escapes, levantar diques y murallones».

Proyecto, en suma, digno de un soñador fantasioso, que fue escuchado, sin embargo, y dio nacimiento a la Sociedad de Navegación a Vapor del río Bermejo, que se formó en 1869 y cumplió un plan de trabajos de cinco años.

En ese lapso cientos de trabajadores indjgenas removieron más de seis millones de metros cúbicos de arena y tierra, cavaron cuatro canales de 19 kilómetros de extensión y 100 metros de ancho cada uno, voltearon millares de árboles.

Lamentablemente, tantos esfuerzos resultaron estériles.

Un día, mientras el «Oran» navegaba apaciblemente, sufrió una fuerte sacudida: un tronco de palo santo acababa de incrustarse en el casco y el agua empezó a entrar a raudales por el rumbo.

Era el último barco que le quedaba a la sociedad, y con su hundimiento también se iban a pique ingentes esfuerzos y muchas esperanzas. Los intentos de salvarlo fueron inútiles.

Poco después Roldan, su mujer, la tripulación y dos indios imatacos contemplaban angustiados desde la costa cómo el «Oran» desaparecía de la superficie.

La colaboración del cacique Somayé y sus hombres permitió luego recuperar decenas de bultos y efectos, pero ya nada podía compensar lo que se había perdido.

El Bermejo permanecía arisco e indómito.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

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Francisco Hermógenes Ramos Mejía Evangelización de Indios

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LOS INDIOS DE MIRAFLORES:

En 1811 Francismo Hermógenes Ramos Mejía, hijo de un acaudalado  comerciante  porteño,  cruzó el río Salado —límite en ese entonces del  mundo civilizado— y portando  una  Biblia como  única arma se internó en territorio de los indios, protagonizando una experiencia inédita en lo que hace a la relación  del  hombre  blanco  con los aborígenes.

Francisco Ramos Mejía

Nacido en Buenos Aires  en  1773,  Francisco Ramos Mejía parece haberse sentido muy poco inclinado a la vida mundana y preferir, en cambio, la vasta soledad  del   desierto.  

Sentimientos que empujaron a su padre a encargarle   la   administración   de   una pulpería y panadería sita en Los Tapiales.

Fue allí que estableció contacto literario con Manuel Lacunza, un jesuíta chileno autor, bajo el seudónimo de Josefat Ben Ezra, de un tratado sobre religión publicado  bajo  el título  «La venida del Mesías en Gloria y Santidad».

Según  han  establecido  sus  biógrafos,  la particular interpretación del cristianismo hecha por el religioso impresionó de tal manera al improvisado pulpero que no tardó en experimentar la imperiosa necesidad de llevarlo a la práctica.

Nació así la idea de internarse en tierras dominadas por los pampas para intentar una acción evangelizadora.

Fundó, entonces, en Diez Lomas, o Marilhuincul, un lugar cercano a Kaquelhuincul, la estancia «Miraflores».

Lo acompañaban su mujer, María Antonia Seguróla, y su  hijo Matías.

Tenía 38 años.

Pero ganarse la confianza de los indios no fue tarea simple y a su primera actitud —pagar las tierras que  ocupó— debió  agregar una alta dosis de paciencia, hasta que, convencidos de la honestidad de sus intenciones, los propios pampas se encargaron de difundir su fama hasta más allá de la cordillera.

A partir de ese  momento la estancia «Miraflores» se convirtió en refugio obligado de un considerable número de naturales y gauchos —criollos alzados, huidos de la autoridad— que todos los sábados por la tarde se congregaban para escuchar sus  sermones.

Y no sólo palabras ofrecía Francisco Ramos Mejía…

Comida, techo y un trato sorpresivamente humano estaban a disposición de indios y perseguidos.

Claro que, también, tenía sus exigencias y había impuesto una forma de vida que no resultaba nada fácil de observar: nadie dentro de los límites de «Miraflores» podía beber, jugar, vivir en concubinato ni mantener relaciones con más de una mujer.

Lo  cierto es que si  para sorpresa de muchos la estancia prosperaba sin pausa, resultaba más asombrosa,  todavía,  la  armonía que reinaba en la comunidad.

Pero la experiencia debió disgustar a algunos porque  mientras Francisco de Paula Castañeda, sacerdote que había adquirido enorme prestigio como periodista, lo criticaba en sus artículos, Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez, lo intimó a que se abstuviera de «…promover prácticas contrarias a las de la religión   del   país».

Finalmente   su propiedad fue allanada y el experimento interrumpido definitiva mente.

Con su  muerte, acaecida en 1825 a los 52 años, dio fin uno de los escasos  intentos de integración pacífica de los indios realizados en el territorio argentino.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

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Juegos en el Virreinato: La Magia de los Billares

Una de las actividades más practicadas por los argentinos durante varias décadas fue sin dudas las partidas de billar, un entretenimiento que despertó el interés de los hombres, que durante años se reunían frente a la mesa con paño verde para disfrutar de una competición en la que se requería destreza.

Fue en el año 1801 que se supone abrió una de las primeras confiterías que incluían billar.

Por lo menos así lo retrataron las publicaciones de la época, como es el caso de un anuncio del El Telégrafo Mercantil, en relación a la apertura del Café de Marco, que se encontraba ubicado en la esquina de Santísima Trinidad y San Carlos, en la actualidad Bolívar y Alsina.

El artículo publicitario mencionaba lo siguiente:

«Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de billar, confitería y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano. A las 8 de la noche hará la apertura un famoso concierto de obligados instrumentos».

No obstante, se sabe que el billar llegó a Buenos Aires a comienzos del siglo XVII, y en sus primeras épocas fue conocido con el nombre de Truque, utilizando los mismos elementos, reglas y técnicas que se usarían posteriormente en las partidas de billar.

Por lo general, todos los que deseaban jugar al Truque asistían a un local que precisamente se encontraba emplazado en el mismo sitio donde 200 años después comenzaría a funcionar el Café de Marco.

Este popular café era propiedad de Simón de Valdéz, quien además se desenvolvió por un corto período de tiempo como tesorero de la Hacienda Real, y en sus ratos libres gustaba de realizar operaciones comerciales ilícitas, tales como contrabando y tráfico de esclavos.

Pero aquel no era el único reducto en el que se podía disfrutar del billar, ya que en la segunda mitad del siglo XVIII abrió sus puertas el Café de la Sonámbula, cuya principal atracción era precisamente la mesa de billar.

Para el año 1779 diversas crónicas de la época aluden a un denominado Café de los Trucos, cuyo nombre deriva de aquel juego del truque.

Fue en ese mismo año que se inauguró el Café de los Catalanes.

Con el paso de los años el billar o truque se convirtió en una de las actividades más populares de Buenos Aires, por lo que el Virrey Vértiz decidió reglamentarla en el año 1799.

Probablemente por ese motivo surgiría el Café de Marco dos años después.

Por aquel entonces era común ver a distintos visitantes ingleses que viajaban a Buenos Aires y pasaban parte de su tiempo en los cafés donde se jugaba billar, atraídos seguramente por el ambiente porteño que podía respirarse en esos sitios.

Entre las crónicas de la época, podemos citar la del periodista y cronista británico Thomas George Love, el cual dentro de su obra «Cien años en Buenos Aires (1820-1825)» comenta al respecto:

«El café de la Victoria, en Buenos Aires, es espléndido y no tenemos en Londres nada parecido; aunque quizá sea inferior al Mille Colonnes y otros cafés parisinos.

Dignos de mención son el San Marcos, el Catalán y el café de Martín.

Todos ellos tienen patios tan grandes como no podría darse en Londres, donde el terreno es tan caro.

En verano están estos patios cubiertos de toldos, ofreciendo un placentero refugio contra el calor y el sol y tiene aljibes con agua potable.

Nunca falta en estos café una mesa de billar siempre concurrida, juego muy apetecido por los criollos, y las mesas están siempre rodeadas de gente».

Otra de las crónicas, en este caso una publicación que data del año 1836 y que pertenece a Alcides D’Orbigny nos relata lo siguiente:

«Eran malos y concurridos por gente pendenciera», mientras que Arsenio lsabelle describió a estos cafés como «espaciosos, pero pasablemente malos».

Por su parte, J. A. Beaumont documentó en 1828:

«Los cafés de Buenos Aires son muy concurridos y todas las noches se reúne en ellos gran cantidad de público a jugar a las cartas o al billar».

billares porteños

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Historia del Chocolate en America Colonial:Propiedades y Mitos

Historia del Chocolate en America Colonial:Propiedades y Mitos

Otro alimento que hizo verdadero furor en Europa fue, el chocolate.

Igual que el café o el , el chocolate, es un estimulante cuyo principio activo es la teobromina, que significa «alimento de. los dioses».

Este calificativo nos da una descripción mucho más exacta de su uso que cualquier apoyo botánico.

En el México azteca, donde por primera vez lo vieron los europeos, el cacao era la bebida favorita de los emperadores, que eran considerados dioses.

El primer europeo que probó el chocolate fue Cortés, invitado por Moctezuma, que se lo ofreció servido en una calabaza dorada.

Para preparar el chocolate, los mexicanos recogían los frutos del árbol del cacao, que siempre está verde y cuyas flores amarillas se parecen a las rosas.

Luego partían las frutas y las exponían al sol hasta que «sudaban».

El siguiente paso consistía en moler las vainas en un molino que llamaban metatl.

Thomas Gage, un inglés que iba a estar muy relacionado con el chocolate, asegura que su nombre procede de la onomatopeya choco-choco, que imita el chasquido del chocolate al entrar en contacto con el agua, y de atle, el nombre del molino.

Historia del Chocolate en America Colonial:Propiedades y Mitos

El chocolate era tan caro que difícilmente pudo ser la bebida habitual de los campesinos pobres.

En México se utilizaba como dinero en lugar de las monedas, de las que nunca se sirvieron los aztecas.

Las vainas de cacao se empaquetaban en bultos de 24.000 unidades, y éstos se constituían en la medida estándar del dinero, con los que los mexicanos y los mayas pagaban sus impuestos.

Tal y como lo tomaron Moctezuma y Cortés, el chocolate era una bebida fría, no líquida, pero sí batida hasta conseguir una consistencia parecida a la de la miel, por lo que había que tomarlo con cuchara.

Se mezclaba con toda clase de especias, incluyendo una que todavía se le añade hoy en día: la vainilla.

Los aztecas, además le ponían con frecuencia maíz molido a su chocolate.

Historia del Chocolate en America Colonial:Propiedades y Mitos

En manos europeas, el chocolate sufrió un considerable cambio.

Se convirtió en una bebida auténtica, pues era tan caro que había que mezclarlo con agua.

Sin embargo, se seguía batiendo y añadiéndole una gran variedad de especias, según la fórmula propia de cada consumidor.

Lo más probable es que los aztecas le introdujesen varios afrodisíacos naturales.

De, hecho, tanto los franceses como los ingleses, consideraban al chocolate como un afrodisíaco.

Resulta característico de ambos temperamentos nacionales el que, mientras los franceses bebían chocolate sin ninguna prevención, estaban muy preocupados respecto al café, pues sus médicos les habían asegurado que los dejaría impotentes.

Los ingleses, por su parte, estiman muy tranquilos con el café, pero les preocupaban los efectos que pudiera tener el chocolate sobre la castidad de las mujeres (la castidad de los hombros no se consideraba tan importante).

Al final del siglo XVIII ya no se consideraba que el chocolate pudiese poner en peligro la virtud femenina.

Se tomaba en toda Europa, y fue una de las bebidas que hizo posible la revolución intelectual europea, conocida como el Siglo de las Luces.

Las damas francesas de cierto rango organizaban reuniones, y en sus salones se servía café o chocolate a sus imitados, que eran todos intelectuales y hombres, excepto la anfitriona.

Mientras sorbían su chocolate discutían sobre los temas de actualidad y de política, como el de si los poderes del rey de Inglaterra deberían ser limitados, o lo que se podría hacer para mejorar la suerte cíe los campesinos.

El chocolate había perdido completamente su exótica reputación, hasta tal punto que con frecuencia lo bebían las colegialas y las monjas.

Una de las entusiastas de esta bebida fue Madame d’Arestrel, superiora del convento de la Visitación de Belley, y que tenía un joven amigo llamado Anselme Brillat-Savarin.

La Revolución Francesa hizo que Anselme tuviese que emigrar a Nueva York, donde tuvo que ganarse la vida tocando el piano en una orquestina mientras pensaba en su gran obra gastronómica.

En ella habría de incluirse la receta que la madre superiora de Belley le había proporcionado para hacer un buen chocolate.

«Hazlo en un recipiente de porcelana la noche antes de que quieras beberlo. Luego déjalo reposar toda la noche.

Con este reposo adquiere una concentración y una textura aterciopelada que lo mejora infinitamente.

Dios no nos guardará rencor por este pequeño refinamiento.

Al fin y al cabo, ¿no es Él todo perfección?»

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

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Los Virreyes del Rio de la Plata y Sus Obras: Cronologia de Virreyes

Los Virreyes del Río de la Plata y Sus Obras

PEDRO DE CEVALLOS (1776-1778). Expulsó a los portugueses y aminoró el contrabando. En 1777 dio el Auto de libre internación; en 1778 habilitó el puerto de Buenos Aires  para el comercio con España. Fomentó la agricultura y la ganadería. Aumentó la seguridad de los caminos interiores mediante fortines y patrullas.

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JUAN JOSÉ DE VÉRTIZ Y SALCEDO (1778-1783). Nativo de México. Implantó la Aduana (1778) y el régimen de intendencias (1782). Creó: la Casa de Corrección; la Casa Cuna u Hospital de Expósitos, donde se instaló la imprenta que estaba abandonada en Córdoba; el Protomedicato, donde, a principios del siglo XIX, se inició la enseñanza de la medicina; y el Hospicio de Pobres Mendigos.

Instaló el alumbrado público con velas de sebo y aceite; dispuso el rellenamiento de los pantanos y la construcción de la alameda sobre la barranca del río. Habilité el teatro que se llamó Casa de Comedias en el lugar denominado La Ranchería (esquina de las actuales calles Perú y Alsina). lmplantó los reales estudios y creó el Real Convictorio Carolino (1783).

Organizó los bienes de los jesuitas, implantando la Junta Superior de Temporalidades. Contribuyó a sofocar la sublevación de Túpac Amaru.

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CRISTÓBAL DEL CAMPO, MARQUES DE LORETO (1783-1789). Durante su gobierno se creó la intendencia de Puno, incorporada al virreinato del Perú en 1796. Prosiguió el arreglo de las calles, haciendo empedrar algunas. Procedió a instalar la Audiencia, instituida durante la gestión de su antecesor.

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NICOLÁS DE ARREDONDO (1789-1794). Previamente, fue gobernador interino de La Plata (Charcas). Inició el empedrado de la Plaza Mayor y de la calle de las Torres (actual Rivadavia). Permitió el libre comercio negrero a buques nacionales y extranjeros durante seis años. Esta actividad provocó un litigio con el Consulado de Buenos Aires, que acababa de instalarse. (ver: llegada a Bs.As.)

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PEDRO MELO DE PORTUGAL Y VILLENA (1794-1797). Con anterioridad, fue gobernador del Paraguay. Amplié el comercio exterior a Manila y otros puertos del Pacífico. Abrió el comercio de carnes y harina con La Habana. Puso en estado de defensa las plazas fuertes de la Banda Oriental.

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ANTONIO OLAGUER FELIÚ (1797-1799). Fue virrey interino, por pliego de providencia. Tomó medidas para impedir el ataque de los portugueses, aliados de los ingleses. Permitió el comercio con buques extranjeros.

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GABRIEL DE AVILÉS Y DEL FIERRO (1799-1801). Organizó expediciones a las salinas, en procura de sal. Fomentó el desarrollo de las poblaciones fronterizas con los indios. Durante su mandato se publicó el Telègrafo Mercantil. Apoyé el funcionamiento de la Escuela de Náutica, creada por el Consulado.

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JOAQUÍN DEL PINO (1801-1804). En 1776 fue gobernador de Montevideo.

Terminó la plaza de toros del Retiro. Se preocupó por la concentración de los lugares de expendio de alimentos, surgiendo así la Recova. Reglamentó el comercio de trigo. Fomenté la minería y la construcción de embarcaciones en Corrientes y Paraguay.

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MARQUÉS RAFAEL DE SOBREMONTE (1804-1807). Desempeñó previamente los cargos de secretario de Vértiz, gobernador intendente de Córdoba, subinspector general de las tropas del Virreinato. Introdujo la vacuna antivariólica.

Gestionó y consiguió la creación del obispado de Salta. Reformó la universidad de Charcas.

Fundó la población de San Fernando de Buena Vista. Durante las invasiones inglesas su actuación fue muy deslucida.

virrey Linniers

La caída de Sobremonte, ocurrida después de la Junta de Guerra del 10 de febrero de 1807, hizo recaer en Liniers el mando militar de todo el Virreinato, conservando la Audiencia el poder político.

El último virrey del Río de la Plata, Baltazar Hidalgo de Cisneros.
Los españoles los consideraban como su libertador; los criollos lo aceptaron con reservas.

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Causas de la Creación del Virreinato del Rio de la Plata

Causas de la Creación del Virreinato del Rio de la Plata

Las causas de su creación fueron:

a) El peligro lusitano derivado de las cuestiones originadas por la posesión de la Colonia del Sacramento y la conveniencia de tener en estas regiones una autoridad fuerte que pudiese terminar con la amenaza portuguesa.

b) La necesidad de establecer una Audiencia separada de la de Charcas, pues las grandes distancias dificultaban y dilataban los asuntos en trámite.

Por otra parte Cuyo, que dependía de la Audiencia de Chile, estaba incomunicada con ésta durante el invierno, debido a las nieves.

Tomás Álvarez de Acevedo, fiscal de la Audiencia de Charcas, en 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo virreinato.

c) El peligro de que expediciones inglesas y francesas ocupasen las 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo costas patagónicas y las Malvinas.

d) El aumento de la población blanca y negra que se dedicaba a la agricultura y ganadería, a las industrias y al contrabando determinaron la necesidad de reorganizar la administración.

• Virreinato provisional

A fines de agosto de 1776 salió de España Don Pedro de Cevallos.

Venían al Río de la Plata con la misión de afianzar el poder español en detrimento de los portugueses; primero se le concedió el título de jefe de la expedición y dos días después se le confirió el mando de las Provincias del Río de la Plata y de los territorios que comprendía la Audiencia de Charcas, como virrey, gobernador y capitán general.

En la resolución se especificaba que terminada la expedición y conseguido el objeto que se proponía, dejara el mando militar y político en la forma que lo había hallado y regresara a España.

El virreinato era, pues, una organización provisoria.

La Real Cédula de creación del Virreinato fue fechada y firmada el 1º de agosto de 1776; éste comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra.

Charcas y los corregimientos, pueblos y territorios que dependían de esta Audiencia además de la región de Cuyo.

En 1777 murió el rey José I de Portugal y quedó al frente del gobierno su esposa María Victoria, hermana de Carlos III de España.

Inmediatamente se inició una política de acercamiento entre España y Portugal con el consiguiente cese de hostilidades en América.

Firmada la paz entre España y Portugal, Cevallos tomó posesión efectiva del cargo de virrey en octubre de 1777 y gobernó hasta 1778 cuando le sucedió en el gobierno Juan José de Vértiz.

Esto significaba que el virreinato quedaba establecido definitivamente, pues se nombraba virrey pese a que ya no existía el peligro lusitano, causa de la creación provisoria del virreinato del Río de la Plata.

Mapa del virreinato del Rio de la Plata

mapa virreinatos en america

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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El Virreinato del Rio de la Plata y Sus Virreyes: Fundacion de Ciudades

El Virreinato del Rio de la Plata y Sus Virreyes: Fundacion de Ciudades

Durante largos años, los productos venidos de España llegaban al nuevo mundo por el Atlántico, se concentraban en Panamá, y tras cruzar el istmo, iban por el Pacífico hasta Perú.

De Lima partían después las lentas caravanas de mulas que transportaban las mercaderías hasta las restantes ciudades del virreinato, a lo largo de un viaje de millares de kilómetros, cuya meta final era la ciudad de Buenos Aires.

Estas circunstancias explican la modestia de las ciudades cercanas al Plata, que debían esperar durante largos meses la llegada de las mercaderías esenciales para su actividad comercial.

La situación de Lima, en cambio, era mucho más favorable, no sólo por su proximidad al Pacífico, sino por su condición de ciudad capital del virreinato.

Avanzado ya el siglo XVIII, se hizo evidente la necesidad instalar un nuevo virreinato que atrajese la actividad mercantil hacia las poblaciones más cercanas al Atlántico y que, además, afianzara la autoridad española en la zona del Plata, constantemente amenazada por las incursiones de los portugueses.

Largos años habían pasado desde la llegada del primer adelantado, don Pedro de Mendoza.

Para ocupar el cargo fue designado, al correr del tiempo, segundo adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a Brasil en 1540 y se trasladó por tierra con sus hombres hasta la Asunción del Paraguay.

Alvar Núñez descubrió las cataratas del Iguazú, y admiró esa caída del río, que forma uno de los saltos de agua más portentosos del mundo.

En marzo de 1542 Alvar Núñez llegó a Asunción del Paraguay y se hizo cargo del territorio.

No fue feliz su tarea de gobernante. Dos años después de su llegada fue destituido, encarcelado por los vecinos de Asunción, y desterrado a España.

El tercer adelantado del Río de la Plata fue don Juan de Sanabria, quien falleció en España antes de ocupar su cargo; su hijo Diego, designado para reemplazarlo, marchó hacia el Perú en lugar de dirigirse a la Asunción; Irala tomó entonces el mando, hasta 1556, fecha de su muerte.

Tras un largo intervalo, el quinto adelantado, Juan Ortiz de Zárate, llegó a la Asunción, luego de un viaje penosísimo.

Permaneció en el cargo hasta su muerte, ocurrida en 1576.

Juan de Garay -sin duda la figura señera de este período-, tomó el gobierno.

Asesinado por los indios en 1583, el mando de la Asunción pasó a manos del sexto y ultimo adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera y Aragón, yerno de su antecesor Ortiz de Zárate.

El adelantado fundó en 1588 la ciudad de Corrientes, y marchó después a España, donde renunció a su cargo.

A los adelantados sucedieron los gobernadores, que actuaron entre 1591 y 1776.

El primer gobernador del Río de la Plata, asunceño de origen, fue Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, quien desempeñó el cargo durante varios-períodos.

En 1617 el rey de España dividió la vasta región del Plata en dos gobernaciones: la del Paraguay, con capital en Asunción, y la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires.

Se destacaron como gobernadores de Buenos Aires, entre otros, José de Garro, que desalojó a los portugueses de la Banda Oriental; Bruno Mauricio de Zavala, que fundó en el año 1724 la ciudad de Montevideo; Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo a quienes correspondería actuar después como virreyes.

mapa virreinatos español en america

• ►Corrientes Fundadoras

Durante la época de los adelantados y de los gobernadores se fundó la mayor parte de las ciudades capitales de nuestro país. Las corrientes fundadoras fueron tres:

• Corriente del este:

Integrada por los hombres que, venidos directamente del viejo mundo por el camino del Atlántico, fundaron las ciudades cercanas al Plata y sus principales afluentes:

Santa Fe, fundada por Juan de Garay en 1573.

Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580.

Corrientes, fundada por Juan Torres de Vera y Aragón en 1588.

• Corriente del norte:

Integrada por los hombres, que procedentes del Perú, fundaron las ciudades del centro y del norte del país Santiago del Estero, fundada por Francisco de Aguirre en 1553.

San Miguel de Tucumán, fundada por Diego de Villarroel en 1565.

Córdoba, fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en 1573.

Salta, funda por Hernando de Lerma en 1582. La Rioja, fundada por Juan Ramírez de Velasco en 1591.

San Salvador de Jujuy, fundada por Francisco Argañaraz en 1593.

Catamarca, fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna en 1683.

• Corrientes del oeste:

Integrada por los hombres que, procedentes de Chile, funda. ron las ciudades de Cuyo, al oeste de nuestro país.

Mendoza, fundada por Pedro del Castillo en 1561.

San Juan, fundada por Juan Jufré en 1562. San Luis, fundada por Luis Jofré de Loaisa en 1594.

Por Real Cédula del 6 de agosto de 1776, se creó provisionalmente el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y, en 1782, su extenso territorio se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz.

El virreinato comprendía, además, varias zonas militarizadas situadas en los límites con el Brasil: las provincias de Moxos, Chiquitas y Misiones, y la Banda Oriental.

LOS VIRREYES PROGRESISTAS: CEVALLOS Y VERTIZ:

Once fueron en total los virreyes del Río de la Plata, sistema de gobierno que se prolongó durante treinta y cuatro años.

Entre todos ellos, han de señalarse por su acción progresista, Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo.

Cevallos que gobernó dos años, logró la definitiva expulsión, de los portugueses de la Banda Oriental, asegurando así el dominio español en ambas márgenes del Plata.

Vértiz, su sucesor, desempeñó el cargo durante seis años, en cuyo transcurso completó muchas de las obras iniciadas por él mismo cuando fue gobernador.

Se ocupó activamente de todo cuanto se relacionara con el bienestar y con el progreso de la colonia.

En 1779 fundó la Casa de Expósitos, para hogar y asilo de los niños desamparados.

En 1780 adquirió la impresora y tipos que había funcionado en el Colegio Montserrat de Córdoba y la hizo trasladar a Buenos Aires, que tuvo así su primera imprenta, instalada en la Casa de Expósitas.

A partir de 1780 dispuso que hubiera alumbrado público las calles, lo que le valió entre el pueblo el apodo de Virrey de las luminarias.

En 1783 creó el Real Colegio de San Carlos, primer  instituto de enseñanza superior que hubo en Buenos Aires.

Fue, además, un propulsor sincero de cuanta actividad cultural se insinuase en la colonia; por esta razón, anticipándose a su época y superando recelos y prejuicios, amparó el teatro.

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Obras de los Adelantados del Rio de la Plata:Hechos de su Gobierno

Obras de los Adelantados del Río de la Plata

pedro de mendoza funda buenos aires

1536: Nombrado por el Rey en 1534: Pedro de Mendoza: Fundación   del   Puerto  de   Nuestra   Señora   del   Buen   Aire, de    Corpus    Christi    y    de    Nuestra    Señora    de    la    Buena Esperanza.

1537:Juan de Ayolas: Fundación   del   Puerto  de   Nuestra   Señora   del   Buen   Aire, de    Corpus    Christi    y    de    Nuestra    Señora    de    la    Buena Esperanza.

Viaje en busca del camino al Perú. Fundó el puerto de !La Candelaria, sobre el Paraguay y el paralelo 19. Dejó allí a su segundo. Domingo Martínez de Irala, al que se juntaron luego Gonzalo de Mendoza y Juan de Salazar y Espinosa, enviados por el Adelantado Mendoza en busca de Ayolas.

Salazar y Espinosa levantó casi frente a la desembocadura del Pilcomayo, en la margen izquierda del río Paraguay, un asiento que fue la base de la ciudad de la Asunción.

1539:En 1537, Domingo Martínez de Irala: Alonso Cabrera, portador de la real cédula de 1537 y veedor del reino, reconoció teniente gobernador a Domingo Martínez de Irala por ser lugarteniente de Ayolas.

Irala instituyó el Cabildo, repartió los indios, dio impulso a la edificación e hizo levantar un censo de la Asunción. Despobló definitivamente Buenos Aires y el centro de la conquista española pasó a la Asunción.

1542:Alvar Nuñez cabeza de Vaca en 1541: Fue célebre por su viaje atravesando la América del Norte, por lo que fue llamado «el mayor caminador de la historia».

Partió de Cádiz con 400 colonizadores en 3 barcos. Hizo escala en Santa Catalina y emprendió el viaje al Paraguay por tierra con 200 hombres y 26 caballos.

El resto fue por el Paraná; llegó a la Asunción el 11 de marzo de 1542 y nombró  a Irala. Lo envió a explorar el Norte y éste regresó diciendo haber llegado a la región de los metales preciosos.

Alvar Núñez hizo otra expedición con resultados negativos hacia el norte. Al volver a la Asunción fue derrocado y enviado a España.

1544:Domingo Martínez de Irala: Organizó una nueva expedición al Perú, consiguiendo llegar a Charcas, Encontró a los conquistadores del Perú convulsionados por Suenas civiles y por ello se le recomendó que no explorase más allá de los límites del Paraguay.

Es nombrado el 4 de octubre de 1552 gobernador propietario. Se funda la diócesis del Río de la Plata, siendo primer obispo fray Pedro de la Torre. Irala murió el 3 de octubre de 1S56, designando gobernador a Gonzalo de Mendoza.

1556:Gonzalo de Mendoza: Gobernó durante dos años. Envió a Nufrio de Chaves a fundar una población que facilitase las comunicaciones con el Perú. Esta fue Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Murió en 1555.

1558:Francisco Ortiz de Vergara: En 1564 realizó un viaje al Perú por la ruta de Santa Cruz de la Sierra, para pedir confirmación del cargo de gobernador.

Fue detenido, procesado y absuelto por la Audiencia de Charcas. Durante el litigio fue nombrado por el virrey del Perú Juan. Ortíz de Zarate, con la condición de ir a España para ser confirmado.

1568:Juan Ortiz de Zárate: Fue confirmado en España como Adelantado del Río de la Platea por dos vidas en 1569. Durante el tiempo de su viaje designó teniente de gobernador a Felipe de Cáceres.

Felipe de Cáceres (interino): Se produjeron en la Asunción grandes desórdenes y Felipe de Cáceres fue depuesto. En su lugar se nombró a Martín Suárez de Toledo.

1572:Martín Suárez de Toledo: Durante su gobierno, Juan de Garay fundó la ciudad de Santa Fe.

1575:Juan Ortiz de Zárate: Recién en 1572 logró organizar su expedición y partió de Cádiz con 5 naves y 510 personas.

Después de un azaroso viaje y de continuas luchas en él Río de la Plata, llegó a la Asunción en 1575.

Efectuó un reparto más humanitario de los indios y murió el 26 de enero de 1576 dejando heredera de la región del Pío de la Plata a su hija Juana, residente en Charcas, y gobernador interino a su sobrino Diego de Mendieta.

1576:Diego de Mendieta: Gobierno desordenado. Fue depuesto por los habitantes de la Asunción.

1578:Juan Torre de Vera y Aragón: Al casarse Juana Ortiz de Zarate con el oidor de la Audiencia de Charcas, Juan Torres de Vera y Aragón, fue éste el Adelantado del Río de la Plata. Discutida la legalidad de su cargo, designó a Juan de Garay teniente d« Gobernador.

Juan de Garay: Segunda fundación dé Buenos Aires.

1583:Juan de Torres Navarrete: Fundó la ciudad de Concepción del Bermejo, de corta existencia.

1587:Juan Torre de Vera y Aragón: Fundó en abril de 1588 la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. En 1590 partió para Charcas y de allí a España, donde renunció al cargo en. 1593.

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La Ganaderia en el Virreinato:Tipo de Hacienda y Derivados

La Ganaderia en el Virreinato:Tipo de Hacienda y Derivados

► Política ganadera:

La ganadería e industrias derivadas — Los conquistadores fueron los que introdujeron en América los primeros ejemplares de ganado vacuno, caballar, porcino, cabrio y asnal junto con distintas variedades de aves domésticas.

Así, los primeros caballos fueron traídos por don Pedro de Mendoza; despoblada Buenos Aires quedaron algunos que al huir a las as se reprodujeron, dando origen a la hacienda cimarrona.

El ganado o entró por la costa de Brasil, de donde pasó al Paraguay en 1558 y al fundar las distintas ciudades: Santa Fe, Corrientes, Buenos Aires fueron a cada una de ellas.

Según se cree, también Mendoza trajo lo primeros cerdos y en cuanto a las ovejas parece que fueron nevadas del Perú al Paraguay en 1550 por Nufrio de Chaves.

ganaderia en el virreinato del rio de la plata

En la época del Virreinato la fuente de riqueza de estas tierras era la ganadería.

Las dilatadas llanuras ofrecían el medio propicio para su desarrollo, siendo esta actividad la preferida por los nativos o gauchos pues les permitía vivir en un medio de grata libertad.

La legislación protegía a la ganadería.

El ganado alzado fue considerado propiedad del pueblo, ya que Juan de Garay dió a los vecinos de Buenos Aires un derecho común sobre el mismo.

Como consecuencia de los continuos robos de hacienda hechos por los indios y vagos, que carecían de medios de vida, del aumento de perros cimarrones, de las sequías, del exceso de tierras sembradas de trigo y de maíz y por último, de la gran cantidad de reses faenadas por los españoles que se dedicaban a la ganadería (cerca de dos mil), matando casi cada uno su vaca por comida, además de las innumerables que degollaban para sacarles el sebo, mientras que de los toros extraían los cueros que exportaban al Brasil, las autoridades adoptaron diversas medidas tendientes a evitar la desaparición del ganado.

A partir de 1609 se abrió un registro en el que se inscribieron cuarenta vecinos autorizados para matar ganado (permisos de vaquería). Ver:Vaquerías

Por otra parte, como en los primeros tiempos sólo se utilizaban del animal los cueros, la gordura y las aspas, el resto era abandonado en el campo.

Para evitar esto, en 1776, se aceptó un proyecto sobre salazón de carnes que fue aprobado con la condición de introducir de España barriles con flejes de acero y construir depósitos en la ciudad.

Para propender a esta industria que dependía en mucho del precio de la sal, el virrey Loreto propició las expediciones a Salinas Grandes, al sudoeste de Buenos Aires.

Todo esto trajo aparejada la fundación por parte de particulares, de gran número de fábricas para la salazón de carnes.

Posteriormente el virrey Vértiz gestionó el traslado a Buenos Aires de toneleros extranjeros, que enseñaron su oficio a trabajadores nativos.

En 1801 se instalaron curtiembres, pero desde el primer momento fue el cuero el producto más valorado del ganado vacuno, a tal punto que durante mucho tiempo sirvió de unidad de precio y su contrabando favoreció en mucho el adelanto de Buenos Aires.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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ORGANIZACIÓN ECONÓMICA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA:

Política agraria — Los reyes de Castilla hablan sucedido a los naturales en el señorío de las Indias, y a ellos pertenecían las tierras, que por esta causa se llamaban de realengo (Real Corona).

El rey las concedió en primer término a los conquistadores y gobernadores en recompensa a sus servicios.

Alrededor de las ciudades se reservaban tierras de propiedad común e inajenables, que eran: el ejido, para uso común del vecindario; las dehesas, que limitaban con el ejido y que eran tierras para pastoreo y las propias del municipio, llamadas propios, que eran para renta del Cabildo.

Quedaba prohibido sembrar en estos terrenos.

agricultura en el virreinato del rio de la plata

El hecho de que en Buenos Aires el área de tierra cultivable estuviese limitada por la zona habitada por los indios, fue causa de que las tierras tuviesen desde un primer momento un valor, siendo vendidas por el Estado, por lo que los más poderosos poseían grandes extensiones, donde practicaban la ganadería.

Además de las tierras de propiedad común y de las concedidas a particulares, existían aquellas destinadas a ser poblados indígenas, por ejemplo: las reducciones.

En resumen las tierras americanas, posesión de los reyes de Castilla, pueden ser divididas en:

Ejido (para uso del vecindario); Dehesa (para pastoreo);
Propios (para renta del Cabildo);
Posesión de particulares (por concesión en reconocimiento a sus servidos o compra al Estado);
Poblados indígenas;
Posesión de la Iglesia.

• Agricultura

Cuando los españoles llegaron a América, encontraron que algunas tribus de indios sedentarios practicaban la agricultura, cultivando especialmente el maíz y laquinoa o “trigo de la puna”.

Los conquistadores trajeron a América los cultivos europeos de la época.

Muchas fueron las causas de que la agricultura no prosperase en tierras del virreinato del Río de la Plata.

La sequía, la langosta, los ganados sueltos y las plagas de aves, los malos caminos para la introducción de los frutos en la ciudad y la escasez de brazos que encarecían los jornales, fueron factores adversos a la agricultura junto con la traba que significaban los impuestos que pesaban sobre ella.

Entre estos últimos, el diezmo, destinado a sufragar los gastos de la Iglesia, consistente en entregar la décima parte de los productos obtenidos; el de alcabala, que variaba entre el dos y el cuatro por ciento y a fines del siglo XVIII el seis por ciento, y otros propios del Cabildo.

Con el fin de proteger la agricultura se permitió la introducción de negros que se dedicasen a las tareas agrícolas.

La agricultura, sin embargo, no avanzó hasta que se otorgó la libre exportación, especialmente del trigo a lo que se oponía el Cabildo por temor a quedarse sin el abastecimiento de este cereal, de cuya abundancia dependía su precio.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

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Real Audiencia:Funciones de las Autoridades Españolas en America

Real Audiencia:Funciones de las Autoridades Españolas

Cuando se descubrió América ante la necesidad de gobernar a los habitantes del Nuevo Mundo, se trasplantaron las leyes e instituciones de Castilla, porque la corona no nos consideró colonias sino parte integrante de la monarquía, pero debió adaptarlas a las necesidades y características De estas tierras. Las principales autoridades locales fueron:

► Real Audiencia

Después de la llegada de los españoles a América, cuando se empezaron a suscitar pleitos entre los conquistadoresy los habitantes del Nuevo Mundo, fue necesario instalar en las ciudades principales organismos para administrar justicia; fueron las Audiencias adonde se concurría para apelar las resoluciones tomadas por los jueces inferiores.

Las Reales Audiencias eran de origen español.

Fueron trasladadas a América para administrar justicia, pero si bien la jerarquía de las americanas era igual a la de las españolas, la jurisdicción de las primeras era superior y pronto adquirieron importantes funciones gubernativas y judiciales, pues como la gran distancia a España dificultaba los trámites, se les dió facultades para resolver por sí mismas en ciertos casos.

Podemos clasificarlas en:

a) virreinales: instaladas en la capital del virreinato y presididas por el virrey;

b) pretoriales: en la capital de las capitanías generales, presididas por un presidente que era el gobernador y capitán general;

c) subordinadas: presididas por un presidente togado. La Audiencia de Charcas era subordinada, la de Buenos Aires fue virreinal.

En el orden gubernativo cada una tuvo absoluta independencia, y en el judicial había una cierta subordinación.

• Composición

Un presidente, cuatro oidores, un fiscal en lo civil  otro en lo criminal y funcionarios inferiores. Los oidores debían tener capacitación para ejercer su cargo, y se les tributaron honores.

• Sus funciones eran:

a) Judiciales: Las sentencias se hacían en nombre el rey con el sello real. Ante este cuerno se podían apelar las resoluciones de virreyes y gobernadores.

Los asuntos civiles y militares eran apelados ante ella en primera instancia y en segunda instancia ante el Consejo de Indias; intervenían en los juicios de residencia.

b) Administrativas: Entendieron en el tratamiento que se debía dar a los indios, así como en cuestiones de diezmo y patronato. Los oidores formaban parte de la Junta de Real Hacienda.

e) Políticas: Los oidores aconsejaban al virrey en asuntos graves de gobierno y el más antiguo reemplazaba en caso de ausencia o muerte, hasta que el rey enviaba sucesor.

► Audiencia de Buenos Aires:

Felipe IV dió una Real Cédula en 1661 autorizando la creación de la Audiencia de Buenos Aires, por considerar que la distancia que la separaba de la de Charcas dificultada y atrasaba los trámites.

Dependían de la Audiencia de Buenos Aires las provincias del Río de la Plata, Paraguay y el Tucumán y estaba subordinada al virrey del Perú.

Empezó a funcionar recién en 1663 y en 1671, por considerarse que no había cumplido con las finalidades que se esperaban de ella, se suprimió.

En realidad Lima influyó en esta supresión, que le restituyó todos sus antiguos privilegios.

Al crearse el virreinato del Río de la Plata fue necesario restablecer la Audiencia, dada la gran distancia que lo separaba de Charcas. Por Real Cédula de 1783 fue erigida la Real Audiencia de Buenos Aires, cuyo presidente era el virrey.   

La Real Audiencia era el tribunal de justicia de más alto rango que existía en las colonias.  A diferencia de las españolas, las audiencias americanas actuaban también como consejos de Estado, cumpliendo funciones políticas y sociales.

Integraban las audiencias americanas un Presidente, cuatro o más oidores o jueces (según la importancia del tribunal), un fiscal y otros funcionarios.

La primera audiencia se creó en 1511 en Santo Domingo (no entró realmente en funciones hasta 1526) y la siguieron otras en México, Panamá, Lima, Charcas, Quito, Cuzco, Santiago de Chile, etc. La Real Audiencia de Buenos Aires existió entre 1661 y 1771, siendo restablecida en 4783.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

El Comercio Triangular America-Europa:

El Comercio Triángular América-Europa

mapa expansion colonial europea

La economía de las colonias se hallaba organizada con centro en la explotación de la minería y canalizó hacia ella la mayor parte de los recursos económicos (capitales y hombres).

Esta situación motivó que tanto la apicultura como la ganadería no tuvieran un gran desarrollo, y sólo se llevaran adelante para abastecer la demanda de los centros mineros.

Una excepción a esa característica fueron algunos cultivos tropicales, como el azúcar y el tabaco, cuya producción se vendía a Europa y que emplearon tecnología, capital e importantes cantidades de mano de obra.

Sólo a partir de mediados del siglo XVIII, con el agotamiento de las minas de plata en América, la producción agrícola del continente pasó a tener importancia comercial y se constituyó en el principal rubro de exportación.

A la unidad de producción agrícola y ganadera, destinada a proporcionar alimentos, lana y bestias de carga a bajo precio a las ciudades y a las minas, que empleaban mano de obra indígena, los historiadores la denominan hacienda.

Por otra parte, a las unidades de producción agrícola con mano de obra esclava, grandes cantidades de capital y avanzada tecnología que se establecieron en las zonas tropicales o subtropicales, especializándose en la producción de azúcar, tabaco o algodón, para ser vendida fuera de las colonias, las denominan plantaciones.

El interés de las potencias imperiales en determinados bienes del continente, tuvo como consecuencia la conformación de importantes núcleos o áreas exportadoras (Mesoamérica y los Andes centrales), articulando a su alrededor zonas productivas dependientes de sus necesidades.

EL COMERCIO INTERNACIONAL:

Los países europeos conquistadores concentraron y dirigieron la riqueza del mundo a través de un desarrollo del comercio que comenzó a utilizar cada vez más la ruta atlántica, que fue lentamente sustituyendo a la mediterránea.

Para extraer las riquezas americanas, siendo insuficiente el trabajo de los indígenas, se buscaron otros hombres en el continente africano a los que se utilizó como esclavos.

Nació así un gran negocio para los europeos: la captura y posterior venta de esclavos.

Este violento tráfico de seres humanos, junto al oro y la plata obtenidos de América, transformaron la economía europea e iniciaron el proceso de construcción de un mercado que relacionó los diferentes lugares del mundo.

Las rutas comerciales que unieron las metrópolis con las colonias americanas comenzaron a integrar regiones del planeta, dando lugar a lo que tiempo después sería un sistema internacional de intercambio, el mercado mundial.

Las colonias tuvieron la función de proveer a este mercado de grandes cantidades de oro y plata.

La llegada de los tales preciosos posibilitó un aumento de circulación de productos.

Si bien el oro y la plata llegaban a en forma inmediata salían de ella para pagar las deudas contraídas en las guerras otros Estados y comprar los productos manufacturados, principalmente a Inglaterra.

Ésta, entre 1610 y 1640, se convirtió en país mercantil, donde existían elementos a desarrollo de la industria que todavía no conocía ningún otro país del continente.

Su comercio exterior, que era fundamentalmente  colonial, se multiplicó por dos.

De esta manera, el desarrollo del comercio, del intercambio entre distintas regiones del mundo, permitió la acumulación y, capitales que fueron invertidos en  la creación de compañías de comercio que monopolizaron regiones y rutas comerciales vinculadas a las materias primas y a la especias, a la actividad bancaria y a la producción manufacturera.

La llegada de los europeos a América significó el comienzo de una nueva realidad, que afectó tanto a las sociedades autóctonas cuanto a la sociedad europea, luego de o cual, el mundo no volvió a ser el mismo.

Por entonces, las sociedades autóctonas inca, azteca y otros pueblos como mapuches, guaraníes, etc., tenían sus propias formas de organización. Habían desarrollado sus propias culturas y constituían un mundo autónomo; los cambios y conflictos que se generaban se explican por las acciones de cada uno de estos pueblos.

La intromisión europea en estas sociedades significó una nueva forma para el desarrollo de sus historias, que reemplazó a la dinámica propia de a historia singular de cada uno de ellos. La conquista de América interrumpió ese proceso y dio comienzo a otro.

Pero no sólo afectó a las sociedades nativas, en Europa provocó profundos cambios y desató una verdadera competencia por ocupar más espacios.

Españoles, ingleses, portugueses, franceses y holandeses buscaron apoderarse de nuevas tierras, no sólo en América, sino también en África, Oceanía y Asia, formando así los grandes imperios. Se inició el proceso de dominación europea a escala planetaria.

Esta dominación colonial, más allá de las mutuas transformaciones en las sociedades autóctonas como en las europeas, vinculó diversas regiones del mundo y estableció el lugar que les cabía en él tanto a las personas como a sus sociedades, creando nuevas desigualdades.

Mapa del Comercio Triángular

comercio triangular europa-america-africa

EL COMERCIO TRIANGULAR:

Ruta comercial atlántica. El objetivo de esta ruta era capturar esclavos en África, trasladarlos a América para que trabajen en minas y plantaciones, exportar las materias primas producidas con la mano de obra esclava en América a Europa, elaborar productos manufacturados en Europa, e intercambiar esos productos en África por esclavos repitiendo el ciclo.

Comenzaba con la salida de Europa Occidental (Portugal, España, Francia, Inglaterra u Holanda) con manufacturas o suministros de todo tipo.

Se recalaba en la costa occidental de África (entre los ríos Senegal y Congo, con centro en la zona genéricamente conocida como Guinea (región)), donde algunos productos (a veces llamados quincalla: cascabeles, espejitos, cuentas de colores, telas de baja calidad) podían servir para el intercambio.

El producto que allí se cargaba eran esclavos negros, cuyo comercio y suministro (continuas guerras) era incentivado por las elites y los comerciantes locales.

La siguiente escala eran las islas de las Antillas o la costa americana, donde los esclavos y la mayor parte de las mercancías europeas eran vendidos, y se cargaban productos coloniales (azúcar, tabaco, cacao) y metales preciosos de vuelta a Europa.

Surgimiento del Primer Capitalismo en la Edad Media

Corregidores Capitanes General Instituciones Españolas de America

Corregidores y Capitanes General
Las Instituciones Españolas de América

INSTITUCIONES DE GOBIERNO LOCALES QUE FUERON CREADAS EN ESPAÑA PARA GOBERNAR EN AMERICA

Cuando se descubrió América ante la necesidad de gobernar a los habitantes del Nuevo Mundo, se trasplantaron las leyes e instituciones de Castilla, porque la corona no nos consideró colonias sino parte integrante de la monarquía, pero debió adaptarlas a las necesidades y características De estas tierras. Las principales autoridades locales fueron:

Capitanes generales:

  Gobernaban territorios más reducidos que los virreinatos, pero con las mismas atribuciones que los virreyes.

También se designaba capitán general al jefe militar superior de un virreinato.

En ese carácter, el virrey o gobernador era capitán general y estaba secundado por una junta y un auditor de guerra.

Se ocupaban de fortificar el territorio, reclutar tropas, proveer de armas, víveres y municiones.

De ellos dependían los almirantes de las flotas que estaban en aguas de su jurisdicción.

Presidentes:

Eran los gobernadores que al mismo tiempo se desempeñaban  como presidentes de las Audiencias.

Alcaldes mayores y corregidores Estas magistraturas se implantaron en España en el siglo XIV y posteriormente fueron trasladadas a América.

Se nombraban a estos funcionarios para “corregir abusos”, “Castigar delitos”.

Su jurisdicción se extendía sobre una ciudad y su distrito, y en algunos lugares se los llamaba alcaldes mayores.

Cuando estos funcionarios se desempeñaban en una provincia dilatada recibían el titulo de gobernadores.

Los corregidores tenían obligación de visitar su jurisdicción una vez al año.

Se nombraron corregidores especiales para los pueblos de indios;, su finalidad debía ser amparar a los indígenas contra los abusos de los españoles, pero muchas veces fueron ellos mismos los que trataron de enriquecerse mediante la cobranza de tributos.

Estaban sujetos al juicio de residencia.

Juicio de residencia

Estaban sometidos a él los virreyes, capitanes. generales, oidores, presidentes de las audiencias, corregidores y alcaldes mayores, alcaldes ordinarios, visitadores de indios, ministros y oficiales  de la Real Hacienda; en general podemos decir que todos aquellos que desempeñaban funciones ejecutivas eran residenciados al terminar su gobierno.

Con ese objeto el Consejo de Indias enviaba un juez que fijaba su residencia en el lugar donde había actuado el funcionario residenciado. Publicaba un bando fijando la duración del proceso.

Las denuncias o declaraciones se mantenían en secreto, para no exponer a los testigos a represalias.

Los juicios a los virreyes debían terminarse en el plazo de seis meses y en ellos prestaban declaración los habitantes del lugar.

Se eximía de él a los funcionarios que hubieran revelado durante su gobierno condiciones de capacidad y de moral, como ocurrió con el Río de la Plata con Cevallos y Vértiz, otorgándose esto como un premio.

Todas las actuaciones reunidas se enviaban al Consejo de Indias que fallaba.

Las penas consistían en multas, inhabilitación o confinamiento.

No debe confundirse el juicio político, que se entablaba contra los que hubiesen cometido falta, con el de residencia, al que se sometían todos los funcionarios y del que generalmente resultaban absueltos.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

Funcion de los Cabildos y Consulados en America Virreinal

INSTITUCIONES DE GOBIERNO LOCALES QUE FUERON CREADAS EN ESPAÑA PARA GOBERNAR EN AMÉRICA

MISIÓN DE LOS CABILDOS EN AMERICA

La colonización española tuvo un carácter eminentemente urbanista. Distintos factores motivaron este fenómeno.

Entre ellos señalamos:

— La Corona española quería establecer en América poblaciones estables y no sólo puestos comerciales.

— Los hombres que realizaron la conquista y colonización provenían de regiones que tenían el espíritu y la organización comunal muy desarrollados.

— Por la necesidad de protegerse de la naturaleza y de los indígenas los pobladores debían permanecer agrupados. Los españoles, más que colonizar territorios, fundaban ciudades, desde las cuales partían expediciones para conquistar nuevas zonas.

— Las características de la región, el aislamiento de las distintas ciudades, la dificultad para comunicarse con la Metrópoli y entre sí, condujeron a hacer de cada población un núcleo organizado y autónomo.

En América Española las ciudades no surgían por multiplicación natural de las familias, sino que se fundaban «de planta».

El adelantado o jefe militar que traía en su expedición la gente para la nueva fundación, escogía el lugar apropiado, trazaba la ciudad, distribuía los solares.

Una de las primeras preocupaciones al fundar una ciudad era dotarla de su cabildo o ayuntamiento. Sus miembros eran designados entre los más capacitados o meritorios de la expedición.

El cabildo daba permanencia a la fundación, acordaba carácter legal a su existencia y se convertía en el centro regulador de su vida.

Los cabildos desempeñaban múltiples funciones: todas las que se requerían para la conservación y desarrollo de la ciudad.

Estas funciones eran:

políticas: a su cargo estaba el gobierno de la ciudad y de la zona que la rodeaba; la policía de seguridad y la milicia comunal.

Peticionaba a las autoridades; suspendía disposiciones superiores, incluso reales, cuando las consideraba injustas «reverenciándolas sin acatarlas». Asumía el poder cuando vacaba en cargo de gobernador.

Era también órgano de consulta y asesoramiento de las autoridades. Todos los funcionarios que llegaban a la ciudad debían presentar sus títulos ante el cabildo que verificaba su autenticidad y los registraba.

económicas: reglamentaba el comercio y la industria, aseguraba el abastecimiento de la ciudad, controlaba los precios y calidad de las mercaderías.

judiciales: los alcaldes actuaban como jueces civiles y criminales en primera instancia. El cabildo actuaba en segunda instancia en los juicios civiles y el gobernador en los criminales.

edilicias: a su cargo estaba la conservación de la ciudad, calles, plazas, puentes, caminos de acceso, etc. También estaban a su cargo los festejos públicos.

educativas: cuidaba de la educación. A su cargo estaban las llamadas «escuelas del Rey».

asistenciales. mantenía hospitales y asilos. Intervenía en los casos de peligros o calamidades públicas y en las situaciones de indigencia. El Cabildo estaba constituido por Alcaldes y Regidores.

Duraban un año en sus funciones y no podían ser reelegidos hasta pasados dos años. Los miembros del primer Cabildo eran designados por el Fundador o por el Gobernador; los de los subsiguientes eran elegidos por los miembros del cabildo saliente.

Los Cabildos cumplieron en América Española una misión de trascendental importancia para la formación de las nuevas nacionalidades. Fueron el núcleo organizador y propulsor de la vida y actividad de las ciudades. A través de los Cabildos la población podía interesarse, participar e influir en la vida política.

Fue también misión de los Cabildos la defensa de los derechos y libertades individuales y de los derechos de las ciudades frente a Virreyes, Gobernadores y funcionarios reales. De hecho y de derecho asumía frente a ellos la representación de los derechos de la ciudad y era un órgano permanente que ejercía control sobre los funcionarios.

Cabildo de la ciudad de buenos aires

Cuando se descubrió América ante la necesidad de gobernar a los habitantes del Nuevo Mundo, se trasplantaron las leyes e instituciones de Castilla, porque la corona no nos consideró colonias sino parte integrante de la monarquía, pero debió adaptarlas a las necesidades y características De estas tierras. Las principales autoridades locales fueron:

Los Cabildos — Eran gobiernos municipales, que establecieron los fundadores de cada ciudad, quienes nombraron a los primeros integrantes de los mismos.

Sus miembros eran los alcaldes y regidores.

Los primeros ejercían la justicia menor y los regidores, tenían funciones administrativas.

Integraban el Cabildo el alférez real, encargado de llevar el estandarte en las fiestas públicas, el sindico procurador, superior a los regidores en categoría y sueldo, reemplazaba a los alcaldes ordinario, por ausencia o muerte y se encargaba de la defensa legal de la institución: el escribano público, que refrendaba o autorizaba las decisiones del Cabildo, el encargado de la cárcel, el juez de menores, el defensor de naturales, el alguacil mayor, que hacía cumplir las prisiones o embargos; el tesorero, el mayordomo, que dirigía el ceremonial, etc.

Elección — Nuestro primer Cabildo fue organizado por Garay, que eligió a sus miembros.

Los alcaldes y regidores duraban un año en sus funciones, se los elegía el 1º de enero de cada año entre los vecinos y especialmente entre los descendientes de conquistadores que supieran leer y escribir; en los centros pequeños costo se pasó por alto.

Los cargos eran gratuitos y había obligación de aceptarlos. Frecuentemente se compraban excepto los de alcalde, mediante una suma que se entregaba al rey.

En las elecciones estaba presente el gobernador o el virrey, pero no se podía influir; sólo se debía limitar a confirmar las elecciones. Si los alcaldes no eran letrados debían contar con la colaboración de un asesor.

Atribuciones — Estaban exentos de las cargas personales; se les debía vender las mejores mercaderías, podían portar armas en lugares prohibidos, se les tomaba juramento en su casa.

Desempeñaban:

a) Funciones judiciales: Estas funciones estaban a cargo de los alcaldes de primero y segundo voto, tenían jurisdicción en primera instancia en asuntos civiles. Actuaban en pleitos entre indios y españoles.

Sus resoluciones se podían apelar ante el gobernador o ante la Real Audiencia.

No podían juzgar en causas criminales, porque en calidad de vecino conocían a toda la población y podían ser parciales. Nadie podía penetrar al edificio del Cabildo con espada sin licencia ni vivir fija o transitoriamente en sus salas.

b) Funciones administrativas: Se le asignaron fondos llamados propios y arbitrios, que eran los recursos de la ciudad. Los primeros se obtenían mediante el arrendamiento y la venta de tierras pertenecientes a la ciudad; los segundos, es decir los arbitrios, eran los impuestos sobre pesas y medidas. Los regidores se ocupaban en especial de la percepción de los impuestos.

Vecino es el que posee un solar, generalmente ha fundado familia y esta establecido en forma permanente, figurando inscripto en el padrón de la ciudad; en cambio se entiende por habitante el que está de paso en la ciudad, no gozando de los derechos que poseen loe vecinos.

Los miembros del Cabildo se encargaban de vigilar los espectáculos públicos, de la compostura y construcción de calles y caminos, de inspección de las cárceles, de fijar el precio de la yerba, tabaco, carne, etc.

El Cabildo era el único órgano del gobierno integrado por vecinos, es decir personas del lugar, que conocían las necesidades del momento y muchas veces la mejor forma de solucionarlas.

Pero sin embargo no podemos considerarlo como una institución eminentemente democrática, ya que los cargos se podían comprar y el funcionario saliente elegía a su sucesor.

Además cuando se celebraba Cabildo Abierto, concurría sólo la parte del vecindario que invitaba el Cabildo.

Cabildo Abierto El Cabildo Cerrado funcionaba con los alcaldes y regidores, pero en casos extraordinarios, se reunían los vecinos mis caracterizados de la ciudad en el Cabildo Abierto, por invitación del Cabildo.

Entre nosotros, fueron especialmente importantes los Cabildos Abiertos del 14 de agosto de 1806, cuando después de la primera invasión inglesa, se resolvió deponer al virrey Sobremonte, quien entregó el mando político a la Audiencia y el militar a Santiago de Liniers y el del 22 de Mayo de 1810, cuando caducó el poder real.

Consulados — Hasta la segunda mitad del siglo XVIII se habían fundado sólo dos consulados en la América Hispánica: en México y en Lima, porque en esas regiones estaba concentrado el comercio. En los comienzos fueron reproducción de la Casa de Contratación de Sevilla.

A partir de 1778, como consecuencia de la apertura de todos los puertos españoles, se fundaron otros, entre ellos el de Buenos Aires, que disponía de fondos propios.

ALGO MAS…

Las funciones de los Cabildos fueron múltiples: abarcaban todo lo que interesaba a la población.

Pueden enumerarse las siguientes funciones:

Justicia. Los alcaldes ordinarios distribuyen justicia civil y criminal en primera instancia.
Las sentencias civiles de los alcaldes ordinarios se «alzan» (12) ante el Cabildo, y aquí las resuelve en segunda instancia un regidor asistido por dos letrados o «expertos».

Si los fallos son contradictorios y el asunto es importante se puede recurrir en tercera instancia ante la Real Audiencia. Los juicios criminales se alzan al Gobernador, que falla asesorado por un letrado.

Policía. «El fiel ejecutor cumple la baja policía de la fiscalización de mercados, tiendas, pulperías, tahonas, etc.»

Militares. Desde los quince años todos los hombres libres formaban parte de la milicia comunal.

Los domingos, en la estación propicia, se hace la revista de armas y ejercicios militares. El Alférez había sido en un principio el jefe de la milicia; pero, luego, la instrucción de las tropas comunales pasó al Comandante de armas.

Edilicias. Cuida la conservación y aseo de las calles y plazas, sus desagües, camino de acceso, etc.

Construye aceras y puentes; prepara las festividades en el día del patrono, de la jura de un monarca, o recepción de un virrey o un obispo, etc.

Asistencia social. Mantiene a lo menos un hospital y un asilo de huérfanos; también casas de retiro para ancianos. Contrata servicios médicos cuando no los hubiere en la población.

Instrucción primaria. Contrata maestros para las escuelas «del Rey», para distinguirlas de las religiosas o «escuelas de Dios».

Policía de seguridad. Los alguaciles hacen la ronda por la ciudad y arrestan a los delincuentes y contraventores. En la misma casa del Cabildo está la cárcel, cuidada por el alcalde.

Participación en el gobierno provincial. Todos los Cabildos, incluso los de villas, tienen el derecho de petición a las autoridades y aun al mismo monarca. En caso de no considerar justa una disposición cualquiera, aunque fuera emanada de la autoridad del Rey, podían «reverenciarla y no acatarla».

Los gobernadores y virreyes solían asesorarse por los Cabildos, porque cuanto mayores opiniones reunieran, menor era su responsabilidad en los juicios de residencia.

En las vacancias del cargo, el Cabildo asumía el poder como Cabildo-Gobernador «hasta que otra cosa se dispusiese».

Cuando se reflexiona sobre las funciones que ejercieron los Cabildos, se comprende que su misión fue amplia.

Los Cabildos desempeñaron un papel político importante, no solo durante el período hispánico, sino también al comienzo del gobierno independiente.

Las principales características de su misión son las siguientes:

Defensa de las libertades individuales.

2° Defensa de los derechos de la ciudad.
Mientras los gobernadores y virreyes velaban por los intereses y derechos del Rey, los Cabildos defendían los derechos de la ciudad. Estaban respaldados por la voluntad de los vecinos y por las leyes que amparaban los fueros municipales.

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EN ARGENTINA: De las catorce provincias que formaron la República Argentina, todas, menos Entre Ríos, surgieron del desarrollo de las ciudades-cabildos coloniales. Este solo hecho nos pone de relieve la importancia que tuvieron los Cabildos en el Río de la Plata.

Su acción fue decisiva en los orígenes de nuestra historia patria. Señalamos a continuación algunos hechos fundamentales:

— Fue el Cabildo Abierto del 14 de agosto de 1806, quien, después de la reconquista de la ciudad, resolvió por unanimidad suspender de su cargo al virrey Sobremonte y entregar el poder a Liniers.

— El Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 depuso al virrey Cisneros. El Cabildo de la ciudad asumió el poder hasta la constitución de la Junta de Gobierno y fue quien confirió el poder a la lista propuesta por el pueblo, de donde surgió la Primera Junta de Gobierno el día 25.

— El Reglamento de la Primera Junta establecía que en caso de que sus miembros faltasen gravemente a sus deberes el poder conferido por el pueblo sería reasumido por el Cabildo.

— La Primera Junta envió el día 27 de mayo una circular a todos los Cabildos del interior invitándolos a que designasen diputados que serían incorporados a la Junta y, constituidos en Congreso, establecerían la forma de gobierno.

Los Cabildos, alrededor de los cuales había surgido y se había desarrollado la vida colonial y habían dado caracteres típicos a su vida política, entraron en crisis en las primeras etapas de la vida independiente al chocar con ideas centralistas, de inspiración napoleónica, ajenas a la tradición, promulgadas sobre todo por Rivadavia.

— La Junta Grande dispuso el 10 de febrero de 1811 la creación en el interior de Juntas Provinciales en las gobernaciones-intendencias y de Juntas Subalternas en las demás ciudades, las que asumieron gran parte de las funciones que correspondían a los Cabildos.

— El Primer Triunvirato, por inspiración de Rivadavia, en un gesto de arbitrariedad, rechazó el Reglamento Orgánico preparado por la Junta Conservadora, disolvió a la Junta y expulsó a sus miembros. Fue el comienzo de la anarquía.

— El mismo Triunvirato, atribuyéndose una potestad constituyente que no tenía, sancionó el Estatuto Provicional, según el cual debía reunirse periódicamente una Asamblea General, compuesta por los miembros del Cabildo de Buenos Aires, diputados elegidos por la misma ciudad capital y representantes de los pueblos del interior.

—La Asamblea General, compuesta por 33 diputados de Buenos Aires y 11 del interior se reunió en abril de 1812. Como primer acto designó a Juan Martín de Pueyrredón como miembro del Triunvirato en lugar de Juan José Paso, cuyo mandato había terminado. Y para substituirlo hasta su llegada designó al Dr. José Díaz Velez.

— Rivadavia pretendía que tal substitución correspondía a su persona, por ser el Secretario más antiguo. Hubo tensiones. La Asamblea declaró que su autoridad era suprema sobre todas las demás en las Provincias del Río de la Plata. Rivadavia disolvió a la Asamblea y suspendió al Cabildo de sus funciones «hasta nueva providencia».

— El golpe de Estado, encabezado por las tropas al mando de San Martín y de Alvear, en unión con civiles que pedían Cabildo Abierto destituyó, atribuyéndoles graves cargos, a los miembros del Primer Triunvirato. El Cabildo reasumió la autoridad y se formó el Segundo Triunvirato.

— El Estatuto Provisional de 1815 y la Constitución de 1819 atribuían respectivamente al Cabildo atribuciones en la sanción de las leyes y en la elección de senadores.

El Cabildo de Buenos Aires fue suprimido por obra de Rivadavia y sus ideas centralistas en 1821; el de Corrientes en 1824, el de Córdoba en 1825. La disolución de los Cabildos quitó estabilidad a la vida política y contribuyó a dificultar la pacificación y organización del país.

Dice Rafael Bielsa en su obra «Principios de Régimen Municipal»: «Esta institución, guardiana celosa de las libertades originarias del pueblo… no resistió la obra centralizadora o unitaria, que lejos de respetar a la secular asamblea del pueblo, arrasó con ella… En nombre de la soberanía del pueblo se quitó al pueblo su antiguo poder de administrar sus negocios civiles y económicos… la libertad republicana pereció a manos del despotismo político, restaurado sin el contrapeso que antes le oponía la libertad municipal».

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia – La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Autoridades Españolas en América Los Adelantados

INSTITUCIONES DE GOBIERNO LOCALES QUE FUERON CREADAS EN ESPAÑA PARA GOBERNAR EN AMÉRICA

Juan de Garay Funda Santa Fe y Bs.As. Adelantados del Río de la Plata

Cuando se descubrió América ante la necesidad de gobernar a los habitantes del Nuevo Mundo, se trasplantaron las leyes e instituciones de Castilla, porque la corona no nos consideró colonias sino parte integrante de la monarquía, pero debió adaptarlas a las necesidades y características De estas tierras.

La Mas Importante Autorida eran:

Adelantados — Los adelantados fueron los primeros gobernantes españoles que hubo en América.

Este título tuvo origen en España, donde tenían jurisdicción civil y militar; eran personas que luchaban contra los moros, adelantando las fronteras, es decir, ganando tierras para la corona.

Lograda la unificación, y siendo innecesarios sus servicios, se concedió este título solo con carácter honorífico.

En América fue utilizado por los reyes desde un principio, pues Colón fue nombrado adelantado, en el sentido de que adelantaba las fronteras de Castilla.

Después fue concedido en repetidas ocasiones, cuando la corona, exhausto su tesoro y ante las necesidades de conquistar y colonizar las Indias, buscó la colaboración particular para llevar a cabo las expediciones.

El adelantado debía costear la empresa y recibía de la corona consentimientos y directivas.

Entre ambos se firmaba un contrato llamado capitulación donde se fijaban las obligaciones y derechos de cada uno.

El título se otorgaba en forma vitalicia y a veces por dos vidas.

Los adelantados podían repartir tierras y encomendar indios, nombrar funcionarios menores, fundar poblaciones que se estipulasen, dictar ordenanzas, que debían ser confirmadas antes de dos años; eran jefes principales de justidia, sólo debían dar cuenta de sus actos ante el rey o el Consejo de Indias.

En el Río de la Plata el primer adelantado fue Don Pedro de Mendoza.

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –  La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.