Población Aborigen

Potosí en America Colonial Economía, Origen e Historia

Historia de Potosí en América Colonial Economía,Vida y Origen

De los pequeños cerros de la región, el de Potosí es seguramente el más alto y pedregoso. Lo cubre un pedregullo gris y, al sol, su loma es blanca y brillante, como si continuamente lo empapara el rocío del amanecer. El terreno es empinado y se desgaja por todos lados en hondas barrancas desde las que suben furiosos vientos en tremolina. Allí sólo crecen plantas tristes, apenas agarradas a la tierra. Sin embargo, tanta desolación tiene una ventaja: convierte al cerro en una fortaleza casi inaccesible.

Por eso, durante muchos siglos, Potosí guardó celosamente en sus entrañas las más fabulosas riquezas en plata que conocieron los conquistadores al sojuzgar América. Pero él secreto no duró mucho cuando los españoles comenzaron a recorrer el territorio. Nada permaneció oculto a su insaciable codicia, y al influjo de los ríos de metal precioso que brotaron del cerro se desarrolló una de las más ricas y prósperas ciudades de Hispanoamérica: una ciudad que, en el siglo XVII, era más poderosa que México y Lima, las dos joyas más preciadas del imperio colonial español.

Algunos cronistas consideran que los incas conocían la riqueza de Potosí y que el emperador Huaina Cápac había ordenado que se la explotase. Pese a ello, según una leyenda, cuando los aborígenes intentaron extraer el mineral, una voz surgida con gran estruendo de las profundidades, les advirtió: «No saquéis la plata de este cerro porque es para otros dueños«. El relato, de indudable origen español, refiere entonces que los incas no se atrevieron a desobedecer la orden y volvieron a trabajar en las aledañas minas de Porco hasta que las tropas españolas invadieron el Cuzco y se apropiaron de esos riquísimos yacimientos, sin saber aún que Potosí escondía mayores tesoros que todos los que se explotaban en los alrededores.

A partir de allí, circularon varias versiones —recogidas por los cronistas de época— sobre la manera en que se llegó a descubrir el yacimiento de Potosí. Sin embargo, todas las fuentes coinciden en señalar que fue un indígena llamado Huallpa, encomendado a un minero de Porco, Juan de Villarroel, el primero en descubrirla. Afirman los cronistas que Huallpa, «persiguiendo durante todo un día un carnero que iba de huída, le dio alcance en el mismo cerro de Potosí siendo bien entrada la noche (…) y atado el carnero en un matorral de paja, luego que amaneció lo arrancó de cuajo y así descubrió la veta».

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El trabajo en las minas y los ingenios recaía por entero sobre los indígenas, cuya población activa ascendía en 1603 a 58 800 operarios. De ellos, sólo 13 500 estaban dedicados a tareas estrictamente mineras; los demás se ocupaban de actividades complementarias. Únicamente 10 500 prestaban servicio obligatorio; el resto eran trabajadores libres

Otra versión cuenta que Huallpa, para protegerse del frío encendió unas matas y a la mañana siguiente «vio que con la actividad del fuego se había derretido la plata de aquélla veta y corrido en riquísimos hilos». Lo cierto es que el indígena no le comunicó a nadie su hallazgo y secretamente extraía la plata de Potosí, la fundía y gastaba en Porco sus ganancias como un potentado. Por supuesto, la noticia no tardó en llegar a oídos del encomendero Villarroel y, con ella, el’origen de la riqueza repentina de Huallpa.

Sin dudar, el español registró la «veta descubridora» a su nombre, según las leyes vigentes en la época y dio pie para que otros mineros de Porco explotasen distintas vetas del yacimiento de Potosí, cuyo nombre se convirtió vertiginosamente en sinónimo de riqueza.

No fue fácil para los españoles el asentamiento de un poblado a la vera del cerro. Por ser perpetuo el frío, «no se cría en este suelo ningún género de mantenimiento, excepto algunas papas. La tierra está pelada sin ninguna arboleda ni. verdura…» escribió Luis Capoche, en su Relación General de la Villa Imperial de Potosí.

Por otra parte, en un sitio cercano, existía un pueblo indígena, denominado Cantumarca, cuyos habitantes convinieron en un principio ayudar a los españoles que «a fuerza de palos y malos tratamientos los obligaron con toda violencia a que hicieran adobes y abriesen cimientos», razón por la cual, los aborígenes se sublevaron y, parapetados en un cerro vecino, hostilizaron a los conquistadores. Según se cuenta, enviaron un mensajero con esta orden: «Decid a esos enemigos nuestros, ladrones de oro y plata, barbudos sin palabra, que si hubiéramos sabido que eran gente sin piedad y que no cumplen los tratos, desde que supimos que estaban en Porco les hubiéramos hecho guerra y echándolos de allí no le permitiéramos entrar donde estábamos ni sacar la plata de Potosí».

Se entabló entonces una feroz batalla de la que surgieron vencedores los españoles. Los indígenas huyeron hacia el valle de Mataca. desamparando sus ranchos que inmediatamente fueron ocupados por los vencedores mientras esperaban la construcción de sus casas en Potosí. Finalmente, en enero de 1546, según algunos autores, o en diciembre de 1545, según otros, comenzó a fundarse la Villa Imperial de Potosí.

En poco tiempo se edificaron casas en los sitios más secos y luego, al crecer la población, se rellenaron los terrenos cenagosos para levantar nuevas construcciones. La población creció sin orden ni planificación: en 18 meses se construyeron más de 2500 viviendas habitadas por 14 000 personas entre indígenas, y españoles que ocupaban, respectivamente, la parte sur y el sector norte de la villa.

Hacia el año 1573 la ciudad ya tenía 120 000 habitantes. Creció sin mesura a medida que se fueron descubriendo nuevas minas y acudían de toda España y Europa, hombres ávidos del botín que durante siglos había escondido la naturaleza. Un censo de 1611 estableció que, durante la gobernación del virrey Montesclaros, los habitantes superaban las 150 mil almas, cifra que aumentó en 10 mil treinta años más tarde, según consta por un padrón que ordenó levantar el presidente de la Audiencia de la Plata, Francisco de Mestares Marín.

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Bocamina exterior de un antiguo socavón colonial en las cercanías de Potosí. La explotación de las riquezas minerales dio nacimiento a la abigarrada ciudad que en menos de veinte años fue la más grande y poblada de Iberoamérica, superando a México y Lima, las grandes capitales virreinales. La plata hacía la prosperidad de la ciudad y también la de España.

La economía potosina

Durante ciertas épocas del año, en Potosí, unas cuantas tormentas azotan la tierra y la,desgarran, dejando nada más que una arenilla negruzca flotando en el aire. Por eso, aun en los momentos de mayor riqueza, los alrededores de Potosí eran tristes, pelados, a veces sin un árbol, sin una cosa verde que descansara los ojos. De allí que Potosí no podía producir prácticamente nada para la alimentación de sus habitantes. Durante todo el tiempo que duraba la explotación de los yacimientos las actividades agrícola-ganaderas eran nulas v la ciudad debía abastecerse con mercaricias de regiones lejanas, que proveían hasta la leña y la paja.

Esta desventaja (dada la magnitud demográfica y la capacidad adquisitiva ce sus habitantes) hizo entonces que en Potosí se originaran importantes corrientes comerciales. La mayor parte de su población estuvo fundamentalmente dedicada al comercio, a la compra-venta de productos que llegaban de todas partes del mundo.

Los metales que no se producían estrictamente en Potosí sino en los alrededores, iban asimismo a parar a la Casa de la Moneda de la ciudad donde se marcaba la plata en barras con el cuño real. Plata y azogue (Mercurio, que provenía de las minas de Huancavelica, en Perú) sustentaban el poderío económico de la villa, servían para pagar los vinos, aguardientes y aceitunas que llegaban desde los fértiles valles de lea; el sebo, la grasa, el charque, las maderas y las muías que provenían de la lejana provincia de Tucumán; la yerba que remontaba ignotos ríos desde el Paraguay; los caballos de Chile; las medicinas, el hierro, los tejidos finos y todo tipo de productos y mercancías que atravesaban el océano desde la lejana Europa y abarrotaban los almacenes potosinos.

Este auge comercial creó, por supuesto, una clara estratificación entre los comerciantes de la villa. La venta de productos más rentables o la de los destinados a la población española de mayor capacidad adquisitiva, estaba en manos de españoles. Uno de los mayores negocios durante la época de explotación del yacimiento fue, sin embargo, la comercialización de la coca. Implicaba, aproximadamente, un millón de pesos fuertes al año y la consumía toda la población indígena de la región.

En varias oportunidades se quiso prohibir su venta porque se la consideraba nociva, pero los poderosos intereses en juego impidieron que se suprimiera su tráfico. Se llevaba a Potosí desde los cálidos valles orientales del Cuzco donde aproximadamente 400 españoles se dedicaban a su explotación.

La venta al menudeo, en Potosí, la realizaban los propios indígenas, pues para los españoles constituía un enorme desprestigio social dedicarse al comercio al por menor, aunque eran, por supuesto, los responsables de las compras de coca al por mayor.

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Catedral de Potosí. Se comenzó a construir en los últimos tiempos de la Colonia (1808) bajo la dirección del arquitecto fray Manuel Samanja. Pero durante la época de mayor esplendor la numerosa población asistía a los oficios religiosos que se realizaban en los sesenta templos con que contaba la ciudad. La mayoría de ellos hoy están en ruinas.

Los distintos productos se vendían en «plazas» destinadas exclusivamente al comercio. La plaza del metal era, sin duda, la más pintoresca, ya que allí se reunían los aborígenes para vender el metal que se les pagaba como salario por su trabajo en las minas. «Se sientan los indios e indias muy juntos y juntas —escribió Luis Capoche—, por hileras (…) y son como cuatrocientas personas o quinientas las que vienen con metal para vender, en especial los jueves y viernes y sábados, porque los demás días, por ser los primeros de la semana, no viene tanta gente…».

Además de la concurrida plaza de metal, existían otras tres en las qiie se vendían diversos productos, sobre todo maíz, harina, ganado, carbón y leña. Los productos manufacturados europeos se vendían, a su vez, en locales cerrados que el Cabildo de Potosí alquilaba en dos de las plazas principales, la Mayor y la del Regocijo.

Las ventas de «ropas de Castilla» alcanzaron en un año el millón de pesos, signo indudable del lujo, la riqueza y la necesidad de figuración de las clases dominantes que eran las que «consumían mayormente las mercancías europeas. «El principal lujo de esta villa —se asombró Concolorcorvo— consiste en los soberbios trajes, porque hay dama común que tiene más vestidos guarnecidos de oroy plata que lapr-incesade Asturias…»

Puñaladas y sablazos
Tanta riqueza generó no pocas luchas por el poder. Las clases dominantes (divididas en tres bandos netamente diferenciados, los azogueros o propietarios de ingenios, los propietarios de minas y los grandes mercaderes) se trenzaban cotidianamente en interminables y feroces disputas. La autoridad real, representada por un corregidor, no siempre lograba imponerse y, por el contrario, a veces avivaba el fuego de la discordia, volcando sus preferencias por uno u otro grupo.

Los conflictos se planteaban indistintamente para lograr la sanción de leyes que beneficiara a unos en desmedro de otros, para conseguir mayor y mejor mano de obra en las repartijas de indígenas, para lograr franquicias en las explotaciones o el comercio de ciertos productos. De esta manera, los pleitos que se seguían ante la Audiencia de Charcas, el virrey del Perú o el Consejo de Indias eran interminables. Potosí, durante los 200 largos años que duró la explotación de los yacimientos, mantuvo varios procuradores ante la corte metropolitana para peticionar directamente en España, buscando crear conflictos de poderes con otras autoridades coloniales o intentando resolver los problemas internos.

Estos escarceos diplomáticos iban generalmente acompañados de acciones violentas. Cada grupo tenía a su servicio bandas armadas reclutadas entre los soldados que, al finalizar las guerras de la Conquista, no encontraban ocupación. Cualquier pretexto servía para justificar un enfrentamien-to, cuyas características eran similares a las de los torneos feudales. Se citaban los «caballeros» en el Arenal de Potosí y allí, casi siempre durante las madrugadas, piqueros y arcabuceros lujosamente ataviados iniciaban una batalla formal que culminaba con muertos y heridos a granel.

Durante los siglos XVI y XVII  todo fue válido en Potosí: la emboscada, el asesinato, los asaltos a mano armada, las violaciones de mujeres del bando enemigo. Los episodios criminales eran cotidianos y bastaba una mala mirada, una leve interjección o un saludo desdeñoso para que dos hombres se trabaran en lucha.

Es célebre el. caso del capitán Pineda, un andaluz, y de Juan Pérez Ramusio, un criollo de Mataca: se cuenta que un sábado por la tarde el capitán Pineda caminaba por la calle de los Césares cuando se le cruzó Ramusio que, por algún pleito anterior, evitó saludarlo. Se encrespó el andaluz y lo llamó a los gritos: «Ven acá… mestizo…».

El insulto erizó al criollo quien, acelerando el paso se plantó abruptamente a dos pasos de Pineda. Este, sonriendo, le espetó: «¿Acaso no aprendiste a persignarte cuando me vas a pasar?». Ramusio se quedó callado, como pensando una salida ingeniosa que no lo dejara mal parado ante el público que comenzaba a rodearlos.

Lentamente sacó una daga oculta en la cintura y susurró con rabia c ontenida: «Mis padres, que eran andaluces, me enseñaron a hacer la señal de la cruz de esta manera…». Decir eso y ensartarle el puñal en la frente al desprevenido Pineda fue todo uno. El andaluz cayó redondo, bañado en sangre, muerto: el pleito quedó así formalmente resuelto.

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Por entre las casas de la ciudad corre el arroyo que durante el tiempo de creciente proveía de agua a los ingenios que estaban a su vera. Para remediar la escasez que se producía en tiempo de sequía y darle el caudal suficiente se construyeron embalses y presas a pocos kilómetros de la ciudad, aguas arriba.

Tres días de tiranía
Desde los orígenes de la Villa Imperial de Potosí, la ambición, las ansias de poder, las desaforadas intenciones de los diversos grupos que pugnaban por gobernar, crearon no pocas situaciones revulsivas. Cientos de batallas sangrientas se libraron en las calles de la ciudad de la plata, aunque quizá ninguna haya sido tan feroz como la que entablaron en marzo de 1553 las fuerzas leales a la monarquía española y un conjunto de vecinos encabezados por un taLEgas de Guzmán, quien aspiraba a gobernar la urbe y explotar el cerro sin rendirle cuentas al rey.

Egas logró, en efecto, sojuzgar a la población merced a la violenta acción de 50 hombres que, muy bien pagados, asolaron el territorio,’ejecutando a indígenas y españoles leales. Dos capitanes del ejército español, sin embargo, pretendieron enfrentarlo. Francisco Centeno y Diego Díaz, al mando de 60 arcabuceros y 400 indígenas armados sólo de macanas y hondas rodearon, el 2 de marzo de 1553, la Villa, en cuya plaza central estaban apostados los secuaces de Egas de Guzmán.

Marchó Centeno hacia el centro de la ciudad y se puso a tiro del arcabuz enemigo, acercándose peligrosamente hacia la plaza y dejando cubiertas sus espaldas con la tropa indígena. Egas de Guzmán, percibiendo la debilidad de la retaguardia enemiga optó por enviar 40 de sus hombres a caballo para que rompieran el cerco aborigen y acometieran a la infantería de los. leales por detrás.

Así fue que mientras la lucha en el frente favorecía a Centeno y a Díaz, la batalla en los alrededores de la ciudad les era absolutamente desfavorable.

Luego de una hora de rigurosa pelea, los infantes leales fueron finalmente sometidos. Algunos pocos huyeron mientras los heridos eran pasados por las armas directamente en el campo de batalla. «Hubiera sido más atroz la tiranía de Egas de Guzmán en esta guerra —relata el cronista Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela en su libro Historia de la Villa Imperial de Potosí— si en la cuesta del cerro de la Cantería los indios que se retiraban derrotados no hubieran defendido a los leales tirándoles tantas piedras a Guzmán y a los suyos cuantas fueron necesarias para detenerlos…».

La victoria de Guzmán paralizó vir-tualmente todo trabajo en Potosí: pocas horas después de la pelea, el tirano saqueó las casas de los leales («valiéndole el saco —afirma Arzáns— más de 1 800 000 pesos en marcos de plata»), mató a quienes se le opusieron, hizo azotar públicamente a «muchas mujeres españolas porque averiguó que trataban entre ellas de matarlo», quemó casas y ejecutó aborígenes, acusándolos de traidores. Tres días exactamente duró su gobierno. Ni los propios hombres de Egas de Guzmán toleraban a su jefe; hasta el extremo de que uno de sus capitanes, Antonio de Lujan, logró que seis soldados engrillaran al tirano y lo sometieran a la peor de las muertes: el descuartizamiento.

El episodio es sólo un ejemplo del alto grado de violencia que alcanzaban en Potosí las tensiones sociales, económicas y políticas. Existían razones para que ello sucediera.

La villa imperial no fue, como la mayor parte de las ciudades hispanoamericanas, una urbe que se enriqueciera por la producción agrícola-ganadera de la región rural que las circundaba. No era una «ciudad hidalga» ni una «ciudadela militar», no estaba dominada por una aristocracia feudal ni el prestigio de las clases más poderosas provenía de la tradición sino, por el contrario, del caudal de riqueza acumulada. Por eso, las clases sociales potosinas se estructuraron de manera diferente al resto de las urbes coloniales: en un primer momento el acceso a la riqueza fue fácil y produjo, consecuentemente, una gran movilidad social.

Prestigio, poder e influencia eran conseguidos por todos aquellos que habían obtenido inmensas fortunas dedicándose a cualquiera de las tres grandes actividades económicas que la ciudad fomentaba. Pero, de la misma manera que lo adquirían, lo perdían, al inundarse una mina, al perderse un barco con mercadería o al fallar un envío de azogue. Los grupos dirigentes de Potosí estaban integrados por españoles y ocasionalmente algunos criollos.

Por lo general, el poder político no constituyó una aspiración de la «nobleza» potosina, dedicada por completo al comercio y sus derivados. Los cargos de regidores caían —según un cronista— «en manos de cualquier forastero, sin más averiguación que la de tener la cara blanca y las posibilidades suficientes para mantener su decencia…». Sucedía que el poder final de decisión se encontraba fuera de Potosí: los pleitos los resolvía primordialmente la Audiencia de Charcas.

La decadencia
Pero esa petulancia nacida de la riqueza comienza a deteriorarse a partir de la segunda mitad del siglo xvn, cuando disminuye notoriamente el rendimiento de las minas de plata. La decadencia de Potosí significó también la decadencia de los grupos dirigentes y sus habitantes contemplaron con pena y nostalgia el ocaso de una de las más opulentas ciudades de Hispanoamérica, atribuyéndole su ruina a la incapacidad de la urbe de atraer gente noble: «Ya no es lo que solía —escribió Capoche— porque de España pasan a estas Indias gente común y falta de nobleza».

Semejante situación hizo cundir el desconcierto y a la ruina económica continuó el desbande, un decrecimiento demográfico del que nunca pudo recuperarse Potosí. Sólo salvó a la ciudad de un derrumbe total el funcionamiento de algunas fundiciones. Como no existían este tipo de establecimientos en las regiones aledañas, hasta la villa llegaba metal para ser fundido y luego «quintado» en su Casa de la Moneda, por otra parte la única que existía en todo el ámbito de esa importante región minera de América.

Pese a todo, ya en el despunte del siglo xvni la población de Potosí había bajado a menos de la mitad. «Ha disminuido de tal manera —estampó un cronista de la época— que hoy no pasan de 70 000 entre españoles e indios, que viven unos y otros en 16 000 casas entre grandes y pequeñas de una y otra nación… Las familias de indios que al presente están avecinadas en Potosí pasarán de mil pero se acrecientan a veces con la llegada de forasteros, también indios. La de los españoles ya no se acrecienta por el comercio o por la llegada de tratantes y contratantes que antes de todas las naciones de’Europa acudían incesantemente todos los días».

De esta manera, a los pies del cerro, agujereado por todas partes pero con sus pasadizos vacíos, se adormeció Potosí. Sólo algún indígena solitario intentaba de vez en cuando reeditar la ardua tarea de sus antepasados. Con una candela de sebo encendida en la mano se sumergía por los recovecos y las escalerillas construidas en el cerro, llevando un zurrón de cuero en las espaldas. Hurgaba en las vetas secas, rapiñaba algo de metal. Pero estaban muy lejos los tiempos en que Potosí producía hasta casi siete-mil barras de plata por año-y era —según un cronista— «la más feliz y dichosa de cuantas ciudades se saben en el mundo».

La desmedida explotación de los yacimientos potosinos y su consecuente decadencia, al agotarse las vetas de plata más ricas, hizo que decayera sus-tancialmente la producción. Como la zona no ofrecía posibilidades para ningún otro tipo de actividad, la villa que–dó virtualmente en manos de algunos pocos empecinados que, a costa de terribles esfuerzos, lograban a veces, mantener latente la esperanza de que sería posible recuperar la riqueza perdida.

En 1773 escribía Concolorcorvo: «Dicen que desde el descubrimiento de las riquezas de aquel cerro se señalaron 15 000 indios para su trabajo y el de las haciendas que se benefician con la plata (…) Hoy se redujo ese número a tres mil entre los que se mezclan los honrados con los ladrones de metales, quienes acometen de noche en las minas y como prácticos en ellas sacan los últimos, los más preciosos beneficios y llevan al banco que el Rey tiene de rescate, siendo cierto que estos permitidos piratas sacan más plata que los propietarios mineros…».

Así, en un postrer intento por mantener la más fabulosa fuente argentífera de Hispanoamérica, las autoridades reales no dudaron en permitir el bandidaje y el saqueo de las vetas de las cuales aún no se habían succionado los últimos vestigios de plata. Pero, por supuesto, fue un manotazo vano. La villa imperial de Potosí, lentamente, se adormeció sobre su pasado esplendor del cual quedó, como único testigo, el cerro acribillado por las mazas y los picos de los mineros.

Fuente Consultada:
Gran Historia de Latinoamérica Fasc. Nº21 Editorial Abril – Ciudades: Potosí

Los Muebles en America Colonial Estilo del Mobiliario Español

Los Muebles en América Colonial

Todo el confort existente en la América de la Conquista se reducía al elemental suministrado por la naturaleza: la sombra de los árboles, su madera en las regiones frías, la frescura de un río en la faja ecuatorial, la obsequiosidad de los indígenas, que sacrificaban su propia comodidad para ofrendarla a las gentes del Este.

Cuando en los galeones que llegaban a América, los rudos aventureros de los primeros tiempos fueron siendo reemplazados por clérigos y ventrudos burócratas con acompañamiento femenino, comenzó a sentirse en los nuevos poblados la urgencia de rodearse de ese mundillo de objetos grandes y pequeños que daban la pauta del grado de civilización de su dueño. Ya no fue suficiente saber desbastar la madera para hacer una tosca silla: ahora había demanda por sillones forrados, mesas de estilo, alfombras y todo el mobiliario que en España servía de marco para la formal y ceremoniosa etiqueta que hizo famosos a los españoles en toda Europa, y que llegó a su primer apogeo bajo Felipe II.

Tanto los carpinteros, como el resto de los artistas y artesanos de la Colonia, provenían al principio de España y Porlugal. Paulatinamente se fueron formando los artesanos auténticamente «coloniales» y americanos. Con su trabajo acumularon muebles y objetos, y ya en el siglo XVIII toda la América colonial estaba tallada, forrada y tapizada.

Un excelente ejemplo lo proporciona un salón de lujo en el Perú del siglo XVIII. Abundan los canapés forrados en baqueta y los sillones de cuero adornados con tachuelas de metal; del techo cuelga un farol de cinco luces con candilejas cubiertas de sebo. En la pared es posible que cuelgue un cuadro que represente a San Juan Bautista o a Nuestra Señora de las Angustias, y a su lado el retrato del jefe de la familia, pintado por un amigo de la casa o por el profesional de moda.

En el dormitorio reina la cama, a la que se sube por medio de una escalerilla: es un lecho matrimonial muy alto, a la usanza española. Mientras tanto, los esclavos duermen sobre pellejos de carnero.

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En Arequipa las paredes de las casas están decoradas con guardas, lazos de amor y vistosos adornos. Los muebles siguen el modelo español y están pintados de blanco o azul-celeste; filetes dorados y dibujos de rosas y margaritas cumplen con la función de nacerlos más elegantes. En el salón no es raro tropezar con algún bargueño antiguo tallado o un aparador de roble negro. Otro adorno de las paredes son los cuadros de degollaciones, crucificciones y autos de fe pintados por artistas de Quito y Cuzco.

En las ciudades frías, las alfombras se constituyen casi en una necesidad. En cambio, muy pocas ventanas lucen cortinas. Se desconocen las estufas y
chimeneas, los caloríferos y los braseros.

Un viajero francés ha dejado constancia de la impresión que le produjeron las casas de Buenos Aires en el siglo XVIII: «El interior de las casas muestra uno o dos patios. Las de los empleados y comerciantes son lujosas. En la sala un piano, un sofá, sillas americanas de madera (incómodas y duras) bien doradas, de colores brillantes. La sala es el lugar de recepción de los señores. Las señoritas pasan el día sin hacer nada…»

El mobiliario
En el siglo XVII se usa ya una gran diversidad de maderas para moblaje: castaño y nogal, Jacaranda, palo santo, ébano. Algunos llevan adornos de palo de rosa, marfil, caoba o nácar.

Las sillas siguen el modelo español: cuero en el asiento y el respaldo, tapizadas a veces con tela y adornadas con tachas de bronce. En la segunda mitad del siglo se las puede adquirir con las patas delanteras trabajadas. Son comunes la de forma «cebolla», «enrulado» y «de pincel». los sillones y las banquetas presentan características similares.

Una de las preferidas fue la silla encadenada, donde se podían sentar varias personas, ya que se unían tres o más sillas en un sólo mueble. Otra muy en boga en el Brasil fue la silla esquinada, de origen inglés. En la región rioplatense son comunes las sillas ratonas, colocadas e.n el lugar de honor, el estrado, parte elevada del salón. Se las usa para sentarse a tomar mate, para quitarse las botas, para coser, o simplemente como adorno.

Son acompañadas por sillitas, mesas y papeleras, distribuidas según el gusto de la dueña de casa. No en vano se dice que en el siglo xvm reinaron la mujer y la silla. De esta última aparecieron todos los tipos posibles, como para satisfacer el más alocado capricho.

muebles de la etapa colonial

Interior de uno sala del Palacio Torre Tagle, en Lima, Perú.
El  mobiliario refleja fielmente el refinado modo de vida transplantado en América

En cuanto a la mesa para comer o la de adorno, podían ser rectangulares, redondas, algunas con alas plegadizas v patas giratorias. Muy apreciado era el contador, que iba apoyado sobre un bufete alto y parecido a una mesa. También gozaron de gran aprobación la cómoda y la cómoda-escribanía, con cajones superpuestos, ambas de origen italiano, que desplazaron al viejo arcón, arca o baúl, pesados e incómodos.

En Brasil hubo un auge de la cómoda-papelera, una combinación de guardarropa y escritorio.

Pero el más monumental de los muebles coloniales era la cama, con adornos, colgantes, doseles y posangulares 0 columnas de diseño barroco. Los resididos solían ser muy altos y las perillas podían ser de madera o marfil.

En las casas de familia eran numerosas las sillas, sillones, mesas y camas de jacarandá, con la característica «pata de burro» o «pata de cabra».

En el siglo XVIII rioplatense el mueble luso brasileño llegó a desplazar al español, ya que el cierre casi total del come mío favoreció al contrabando.

Las casas y los templos hicieron buen acopio de ellos y de los no menos apreciado, muebles de estilo inglés (Chippendale) y rococó francés, recargado de conchillas, flores y hojas. La influencia potugusesa también llegó a  Chile, México, Lima y Quito, adonde marcharon varios artesanos de nombradla.

Para completar la decoración de una casa colonial no debían faltar los utensilios y objetos de plata y oro. Las familias que disfrutaban de un «buen pasar» se hacían servir en vajilla de plata. Gran parte de estas vajillas fueron labradas y repujadas por artífices locales, aunque a veces se traían de Europa y otros sitios. Los artífices que tenían como clientes al vecindario acomodado de Buenos Aires hacían sus piezas en oro. Se llegó a dictar una ley que imponía el trabajo en oro de 22 quilates y prohibía el uso del de 24 y del de 20.

La platería
Una de las preocupaciones principales de todo americano «respetable» era completar su vajilla de plata. Siempre «estaban faltando» algunas piezas, y en cuanto era posible, se mandaban a hacer en plata maciza, oro o plata con baño de oro. Una de las razones de la preferencia por el metal debió ser sin duda el que la porcelana resultaba muy cara.

El juego de vajilla se componía, por lo general, de fuentes, platos, bandejas, jarros para distintos usos y sahumadores calados y cincelados. Esto era lo básico. Pero no pasaba mucho tiempo sin que se intentara completarlo con soperas, tazas, vasos, cubiletes, palilleros, vinagreras, dulceras, ollas, sartenes, baldes, etc., reemplazando también las piezas ya envejecidas. Y era preciso no olvidarse ele los floreros, los apliques, candelabros, tarjeteros, tinteros, marcos para espejos, salivaderas y, tras de una cortina de pudor, la taza de noche y los irrigadores.

En el sur del continente el orgullo de la familia podía ser el juego de plata para la «mateada». En espera del elogio (y de la envidia disimulada) se hacían presentes la yerbera (con adornos de oro) y la infaltable colección de mates de formas fantasiosas, como caballitos, palomas, avestruces o pavos reales.

Fuente Consultada:
Gran Historia de Latinoamérica Fasc. Nº21 Editorial Abril Educativa

Los Zulues Historia, Costumbres y Vida Abórigenes de Africa

Abórigenes de África: Los Zulúes Historia, Costumbres y Vida

Zulú, pueblo del grupo ngoni, de lengua bantú, que se estableció en Zululand, este de Sudáfrica, procedente de África oriental. Los zulúes constituyen el mayor pueblo negro de Sudáfrica, con una población que supera los ocho millones, y viven una zona de  Sudáfrica.

Antiguamenye su economía se basaba en el cultivo de mijo y la cría de ganado. Fabricaban asimismo cerveza de mijo, teñían pieles, fundían hierro, tejían cestas y trabajaban con abalorios. Tradicionalmente los zulúes vivían en cabañas en forma de colmena, agrupadas en un núcleo circular, en cuyo centro situaban al ganado.

Fueron perseguido por los blancos de Europa, y una vez sometidos, fueron confinados en unas reservas de las que sólo salen para ir a trabajar a las minas. El fin de su independencia política ha hecho que perdieran gran parte de su cultura

Probablemente, de todos los pueblos bantúes de África del Sur, los zulúes son el más poderoso. Han exterminado, expulsado o sometido a otras muchas tribus. Originarios de África oriental, hasta el siglo XVI no se establecieron en ciertas regiones de África del Sur. Al principio, estos bantúes constituyeron un grupo poco importante, pero su número aumentó rápidamente, de tal manera que, a principios del siglo XIX, Djaka, su jefe, podía vanagloriarse de tener a sus órdenes docenas de miles de guerreros.

Los guerreros de Djaka estaban sometidos a una disciplina, férrea, pero también trataban a los pueblos vencidos del modo más bárbaro. Los excesos de los zulúes despoblaron extensos territorios, en los que se fundaron el Transvaal y el Estado libre de Orange.

Cuando los blancos empezaron a establecerse en África del Sur, la población del sudoeste estaba formada por hotentotes y bosquimanos. Los primeros vivían de la cría de ganado, y los segundos, de la caza. El avance de los zulúes hacia el sur se vio facilitado por la sumisión de estas tribus: hotentotes y bosquimanos creían que los blancos los protegerían contra los zulúes.

Esta sumisión fue favorable para el Gran Trek de los bóers, quienes, sin embargo, tuvieron que librar duras batallas contra los zulúes, porque por parte de Dingaan, jefe que había sucedido a Djaka, que murió asesinado, encontraron gran resistencia. Durante la primera fase del Gran Trek, que llevó a los bóers de El Cabo a Natal, Dingaan mandó asesinar a Pieter Retief, jefe de los bóers, así como a 71 de sus compañeros, que habían conferenciado con él para obtener territorios en Natal.

El 16 de diciembre de 1838, Dingaan fue derrotado por los voortrekkers cerca de un afluente del Tjgela. Desde entonces a este río lo llaman el río de Sangre. Esta victoria facilitó la instalación de los bóers en Natal. Los africanders la conmemoran cada año, pues consideran una fiesta nacional el día de Dingaan.

zulu guerrero

Sin embargo, la derrota sufrida por sus tropas no significó el fin del poder de los zulúes. Su resistencia no fue definitivamente vencida por los ingleses hasta fines del siglo XIX. A partir de este mo mentó,   los  zulúes  perdieron independencia   política.   Fueron instalados en reservas, sobre en el norte de Natal.

Avanzando de sur a norte el interior del país, los bóers fue ron rechazando continuamente a los bantúes. Estos viven en los límites de la República de Sudáfrica, en una zona en forma de herradura que se extiende desde Port Elizabeth, a lo largo de la costa este, más allá ce Natal hasta Swazilandia: más a lo lejos, al oeste de Mozambique, hasta el Limpopo, y a lo largo de la frontera meridional de Bechuanalandia.

De este modo, los bantúes fueron confinados a 264 reservas escalonadas a lo largo del desierto de Kalahari y el océano índico. Los blancos se han instalado en los antiguos territorios bantúes. Las reservas ocupan una superficie que corresponde, aproximadamente, a 12 % de la de África del Sur.

En otro tiempo cubrieron ampliamente las necesidades de la población que vivía en ellas. Sin embargo, el crecimiento demográfico ha planteado dos problemas espinosos al Gobierno sudafricano: en efecto, los territorios concedidos a los bantúes sólo se prestan a la ganadería.

choza de los zulues en africa

Gran parte del pueblo bantú vive en la República de Sudáfrica. Los zulúes, que constituyeron el grupo más importante de dicho pueblo, ofrecieron una obstinada resistencia al avance blanco. Una vez sometidos, fueron confinados en unas reservas de las que sólo salen para ir a trabajar a las minas. El fin de su independencia política ha hecho que perdieran gran parte de su cultura

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LA CAZA: Son habilísimos cazadores, no sólo de gacelas y venados, sino aun de leones y elefantes. Todos los hombres hábiles de la tribu, a veces centenares, toman parte en la cacería, dirigidos por el jefe. Desplegados en círculo, persiguen a su presa hasta ¡levarla al sitio elegido, y luego, acercándose, le arrojan sus azagayas. Si así no obtienen éxito la atacan con sus «kirris», bastones cortos con el extremo abultado y nudoso. No usan arco. Suelen usar trampas, pero el método es menos apreciado, pues rinden culto al valor personal. Se protegen, en la guerra y en la caza, con unos escudos ovales de cuero, o » veces de madera.

RELIGIÓN: Los zulúes creen en un Dios principal, creador del linaje humano, Unkulunkuiu («e! que es Grande’ Grande»). Creen en espíritus que intervienen  en todos los actos de  la  vida.

El hechicero tiene una gran autoridad-dentro de la tribu. Predice el porvenir, cura las enfermedades, atrae la lluvia, defiende los sembrados contra las inclemencias del tiempo. Se viste con pieles de animales feroces y se adorna con plumas de pájaros. Alrededor de su cuello, en cuernos de gacela, lleva hierbas, talismanes y los más variados polvos medicinales.

LA VIDA: El clima es seco y, un poco más al norte, la población vive en estepas, por no decir sabanas. Al finalizar la estación seca, estas estepas y sabanas se queman. Las cenizas sirven de abono y la hierba crece en cuanto caen las primeras lluvias.

El procedimiento no deja de tener sus inconvenientes, ya que excluye la posibilidad de que crezcan árboles o matorrales. Además, la acción erosiva del viento es más fuerte que en ningún otro sitio, ya que el suelo no goza de protección alguna.

Por último, los animales rapaces, fieras y demás, atacan a los rebaños, que se desarrollan mal y de modo insuficiente para permitir que los habitantes de las reservas lleven una vida digna de seres humanos. En consecuencia, numerosos bantúes se han visto obligados a abandonar sus reservas y buscar su sustento en otros lugares, en las minas, por ejemplo.

En África, los bantúes constituyen un importante grupo étnico que en su diversidad presenta cierta unidad, no sólo en lo que concierne a la lengua —hablan dialectos de origen común—, sino en el sistema de vida, religión y conceptos, formas y expresiones artísticas.

La razón de esta diversidad se explica cuando recordamos que más de cincuenta millones de personas hablan aproximadamente unas doscientas lenguas bantúes e incontables dialectos.

Lenguas como el suahilí, por ejemplo, se halla tan extendido que viene a ser considerado el idioma común de gran parte de los pueblos de África oriental.

Otros grupos importantes son, también, los tongas suazis, bagandas, sutos y kikuyos, estos últimos tristemente famosos por su participación en las actividades terroristas del Mau Mau durante la segunda Guerra Mundial.

En el Transvaal viven los ndebelés, que tienen especialmente desarrollado el sentido del color. Las mujeres llevan joyas o collares de perlas multicolores. En cuanto a las viviendas, de blancura inmaculada, están adornadas con motivos geométricos de vivos colores.

Ni que decir tiene que los bantúes que trabajan en las minas y en la industria han perdido mucho de su personalidad y su cultura original.

– Loz Zulues en África –

Resumen Momias de Niños de Llullaillaco en Salta

Las Momias de Llullailaco
Niños Momias en el Museo de Salta

Los Incas conformaron un estado con una compleja organización política, económica y religiosa, incorporando en su proceso expansivo al actual noroeste argentino. La arqueología de alta montaña, a través de los estudios en los adoratorios de altura, nos permite acercarnos a este pasado que deja sus huellas hasta nuestros días.

El Volcán Llullaillaco, situado en la provincia de Salta, fue escenario de una de las ceremonias más importantes del calendario ritual inca, la Capacocha.

En estos rituales, que unían el espacio sagrado con el tiempo ancestral, se entregaba lo mejor que se poseía con la idea de ser retribuidos de igual forma. Algunos cambios en el orden político, los fenómenos naturales o el ciclo agrícola podían ser sucesos que motivaran la realización de estas actividades religiosas.

Niña del Rayo

momia en salta llullaillaco Niño del Rayo
Esta niña, de poco más de seis años de edad, fue hallada en posición sentada. Lleva  puesta  la  típica  vestimenta femenina    incaica:    un    vestido ajustado en la cintura con una faja    multicolor.    Un    manto cubre sus hombros, sostenido por un prendedor. Entre   las   ofrendas   que   la acompañaban se encuentran objetos en miniatura, como estatuillas de oro, plata y valva marina, piezas cerámica, alimentos y piezas textiles. Luego de su entierro, en algún momento de los últimos siglos, una descarga eléctrica quemó parte de su cuerpo.

momia el niño en salta llullaillaco

El Niño
Tenía alrededor de siete años de edad y estaba sentado sobre una túnica de color gris. Lleva cabello corto y un adorno de plumas blancas sostenido por una honda de   lana   enrollada   alrededor   de   la cabeza. Está vestido con una prenda color  rojo, lleva mocasines y tobilleras de piel blanca. Al igual que la niña del rayo presenta una leve modificación intencional del cráneo. Entre su ajuar se encontraba una caravana de llamas en miniatura, conducida por hombres finamente vestidos, representando el pastoreo, una de las principales actividades masculinas.

La Doncella monia en salta

La Doncella
La joven de alrededor de 15 años de edad,  lleva  puesto  la  típica  vestimenta femenina, resaltando en su pecho   prendedores   de  plata  y adornos de hueso y metal. Está peinada con finas trenzas en todo su cabello. Su rostro está cubierto con pigmento rojo, y sobre su boca se observan pequeños fragmentos de hojas de coca. Entre los objetos que la acompañan se destaca un tocado de plumas blancas.  Posiblemente haya sido una «Virgen del Sol», educada en la casa de las escogidas, lugar de privilegio donde, entre otras actividades, realizaban tejidos y chicha para las celebraciones estatales.

Fuente: Folleto del Museo de Arqueología de Alta Montaña-Salta-Mitre 77 C.P.-4400 – Argentina

La Salud Pública y la Medicina en el Virreinato del Río de la Plata

La Medicina en el Virreinato del Río de la Plata

Los estudios de medicina: España había sentido,  en el siglo XV la necesidad de fundar cuerpos técnicos que,  actuando como tribunales colegiados  o unipersonales,  tuvieran a su cargo vigilar el ejercicio de la profesión médica y afínes; que actuaran a la vez como organismos docentes de esas ciencias y satisfacieran sus fines sociales. Al efecto creó  el Protomedicato,   institución que tomó desarrollo e importancia en su legislación y llegó a constituir una entidad fuerte y bien organizada para velar por la salubridad pública.

El virrey Vértiz, al tomar el gobierno del virreinato, creyó oportuno y conveniente crear tal institución, independiente de la que existía tanto en Castilla como en Lima, para evitar que el pueblo de sus provincias siguiera sufriendo las deficiencias  imputables en parte a la enorme distancia existente entre ambas capitales.

Afligía a  Vértiz    el  estado de semiabandono lamentable observado en la asistencia pública,   el desquicio de los servicios médicos,  las graves deficiencias de los servicios hospitalarios y el desorden de los servicios de farmacia.

El  virrey propone al doctor Miguel O’Gorman,  funcionario de la misión de Ceballos,   médico aprobado por el Protomedicato de Madrid,  la creación de un tribunal del  Protomedicato en Buenos Aires,  esta disposición sería provisoria y sujeta a una posterior aprobación real.

Los protomedicatos,  en América y en Europa,  fueron formas embrionarías primarias en la evolución de las escuelas de medicina.

Sumaban atributos y fun ciones administrativas,  judiciales y técnicas y también docentes que se estorbaban y quitaban eficacia, fiscalizaban la acción de los médicos y de sus auxiliares y cuidaban la preparada técnica de sus facultativos en ejercicio,   recibían los exámenes para revalidar los títulos,   investían facultad para fundar las escuelas profesionales  respectivas y eran en la práctica sus rafees. Esto explica el júbilo con que fue recibida la noticia de la  instalación de la nueva  institución en la capital del virreinato.

En una nota fechada en Montevideo en enero de 1783,   el doctor O’Gorman propone al virrey la creación de una Academia de Medicina,  con asiento en esa ciudad para asegurar su independencia como institución científica,  ajena a las influencías burocráticas y oficiales del Protomedicato que funcionaba en Buenos Aires.  No existen documentos que hagan mención a los resultados obtenidos por esta iniciativa.

Por una cédula de 1793 se faculta al tribunal para dar la enseñanza oficial de la medicina y la cirugía,   con vistas a una próxima creación de la  Universidad,  de la cual esta Escuela de Medicina pasaría a formar parte.

El alejamiento y la radicación de  Vértiz en España provocaron el que estas iniciativas cayeran en el letargo,   asi como el proyecto de la Universidad de Buenos Aires,   que sólo se concretaría en el período de la  Independencia.  La Escuela de Medicina siguió funcionando aunque sujeta a los movimientos políticos e inestabilidades de principios de siglo.

Las luchas por la independencia obligaron al gobierno a restringir al máximo los gastos públicos. Esto provocó la suspensión de pagos del personal docente y de los cursos de la Escuela de 1812. El Protomedicato siguió funcionando aunque con limitaciones similares a las de la Escuela de Medicina.

Visto el abandono de los cursos de esta institución,  en diciembre de 1812 el doctor Paso decide nombrar una comisión para el estudio de un nuevo programa a cumplirse en un Colegio de  Ciencias que se crearía.

La necesidad de contar con cirujanos y médicos militares realmente capacitados concita el interés de la Asamblea de 1813 que propone la creación del Instituto Medico Militar y la aprobación de un Plan de Enseñanza para la Facultad de Medicina y Cirugía.

El Instituto Médico Militar tuvo una vida efímera.  Iniciadas conentúsias mo sus tareas,  decayó pronto este  interés y se extinguió en febrero de 1820,  al poco tiempo de morir su director,  el doctor Cosme Argerich.

No solamente por la enseñanza se destacaron los jesuítas en estas regiones,  sino también por las actividades  intelectuales de toda índole a que cada uno se dedicaba con singular aliento.

Mientras los conquistadores penetraban en audaces correrías hacia  el corazón del continente en busca de aventuras o de oro,  los jesuítas se ocupaban en el estudio de las nuevas tierras y en darlas a conocer a los europeos por medio de trabajos geográficos y cartográficos.

Las cartas de los misioneros constituyeron una lectura apasionante,  y se multiplicaban en ediciones que daban a conocer los secretos de las nuevas regiones,  a la par que acrecentaban el acerbo científico. Estos aportes son excepcionales,  teniendo en cuenta que hasta fines del siglo XVIII se careció del instrumental científico primario indispensable para esa clase de tareas.

Rómulo Carbia destaca la  indiscutible gloria que merece la Compañía por haber fundado y hecho evolucionar la historiografía nacional,  hasta llevarla a su pleno desarrollo en manos del P. Pedro Lozano,   a quien corresponde uno de los más altos puestos entre los historiadores habidos en el país.

Nuestra historiografía no puede prescindir de las múltiples y diversas cartas,  crónicas,   memorias y apuntes dejados por los jesuítas. Estos historiadores salvaron la memoria de muchos hechos singulares,  cuya reconstrucción habrfa sido difícil dadas las grandes pérdidas sufridas por los archivos del interior en los acontecimientos militares del siglo XIX.

En el estudio de la fauna y flora aborigen la contribución jesuítica es de una magnitud sorprendente.  Como lo es asimismo la profundidad de las observaciones que sus cultores registran con singular prolijidad,   acompañándolas en muchos casos de dibujos. Los padres Gaspar Juárez y José Sánchez Labrador se destacaron en esta labor que siguió el camino abierto por el P.José «Acosta en el Perú» con su obra Historia natural y moral de las Indias.

Después de la expulsión,  el padre Juárez fundó en Roma un Jardín Botánico Americano y editó su monumental Prodromus Florae  Chilensis et Peruvianae.

Sus tres tomos de Observaciones fitológicas sobre las plantas rioplatenses figuran con honor en la mejor bibliografía de la ciencia botánica.

A su lado sobresale el P.Jose Sánchez Labrador,  el naturalista más prolífico y de mayores alientos en la historia de los pueblos rioplatenses.

Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato

Historia de la Universidad de Córdoba y de Chuquisaca en el Virreinato del Río de la Plata

Universidad de  Córdoba:
Córdoba no tuvo propiamente unaUniversidad,   sino un Colegio Máximo de la Compañía de Jesús,  con autorización real y pontificia para otorgar grados universitarios; es decir,   que aunque careció del titulo de Universidad,   actuó como tal en los hechos,  y como Universidad fue conocida hasta en documentos oficiales.  Por real cédula de 1o de diciembre de 1800 se acordó darle el carácter efectivo de verdadera Universidad Real,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Monserrat.

La erección se realizó el 11 de enero de 1808,  en cuya oportunidad se reunió el claustro,  ya secularizado,  en la antigua iglesia de la  Compañía -declarada hoy monumento nacional-,   presidida por el gobernador-intendente Juan Gutiérrez de la Concha,   quien nombró rector al deán,   doctor Gregorio Funes. La secularización de la Universidad cordobesa inició entonces su formal decadencia.

Es posible que en 1767,   al tener que hacerse cargo de los   institutos jesuíticos de  Córdoba,   su elenco de profesores no fuera excepcional,  pero en las postrimerías del siglo pudo presentar un grupo nada despreciable de hombres de valer, en buena parte hijos del país.

La filosofía que se estudió en el Río de la Plata durante el período hispano no fue ni exclusivamente peripatética, ni, en el buen sentido de la palabra, puramente escolástica. Y no lo podía ser -como muy bien dice Juan C. Zuretti-, porque en la segunda mitad del siglo XVII, si bien la escolástica se enseñaba de viva voz en los colegios y universidades hispánicas, había decaído tan notablemente que casi se había eclipsado por completo.

En el curso del siglo siguiente fueron muchos los filósofos que, reteniendo el fondo de la escolástica, trataron de concordarlo con las nuevas teorías científicas y filosóficas, labor en la que descollaron los jesuítas, pero que no rehuyeron los franciscanos. Las ideas renovadoras también penetraron en sus claustros.

Con la creación de la Facultad de Jurisprudencia,  en 1791,  la  Universidad había entrado en una nueva época,  pero de ahí a la secularización definitiva me diaron todavía algunos años,  y fue el resultado de una más vigorosa arremetida del clero alentado por la visible  inclinación de la  Corona.

La causa del clero fue tomada por el doctor Ambrosio Funes,   que como alcalde de primer voto,  logró interesar al Cabildo en la campaña.

Funes escribió en 1779 un Memorial en el que reclamaba la  intervención de la  Corona para contener la decadencia de la Universidad y desterrar los desórdenes  introducidos por los franciscanos al amparo del favoritismo y de la intriga.  Los cargos abarcaban todos los  órdenes de actividad,  desde la administración de las rentas,  de cuya malversación los franciscanos eran acusados, hasta la incapacidad docen tes de estos y el favoritismo que empleaban.  Todo ese desorden sólo podía ser contenido si la Universidad se entregaba al clero.

La campaña abierta por el doctor Funes y su hermano el deán,   obtuvo un éxito completo. Por real cédula del  I de diciembre de 1800,  el monarca resolvió «fundar de nuevo»,  en el edificio del  Colegio Máximo,   una Universidad Mayor que gozaría de los mismos privilegios y prerrogativas que las de su clase en España y América,   con el nombre de Real  Universidad de San Carlos y de Nuestra Señora de Montserrat,   con los recursos para su dotación que en la misma real cédula se mencionan, quedando los franciscanos separados de su dirección.

La real cédula de 1800 fue guardada sin cumplimiento por el virrey Sobremonte,  partidario de los franciscanos,  pero el cambio producido en 1807 por sude posición,  significó para los franciscanos la pérdida de la influencia que habían mantenido. Fue entonces que el cabildo de Córdoba elevó a Liniers una petición para que ejecutase la real  orden,  lo que el nuevo virrey realizó el 29 de noviembre.

La instalación de la nueva Universidad se realizó el   2 de enero de 1808. La real cédula de 1800 ordenaba la erección de las cátedras de latinidad,  filosofía, leyes,  cánones,  escolástica y moral,  facultándose a la Universidad para conferir los grados correspondientes.

La nueva Universidad debía formar sus constituciones ya que las anteriores habían sido abolidas,  pero pasaron muchos años sin que las comisiones nombra das cumpliesen su cometido.

Una reforma importante en sus estudios fue la  introducida por el deán Funes con la creación de una cátedra de matemáticas,  que se abrió en 1809.   Con esa enseñanza quiso el deán sacar los estudios de lo puramente  ideal para llevarlos a lo práctico y más conforme con las aspiraciones y tendencias de la época.

La Real Cédula de 1800 significó la extinción definitiva del viejo centro de estudios jesuítico,  fundado con el propósito de formar el clero. Existe pues  una ra zón fundada para llamar a la universidad establecida en 1808 Nueva Universidad,  ya que define un nuevo tipo de establecimiento y una nueva orientación en los estudios.

Equiparada a las universidades reales de España y América,  esta es la universidad que funcionaba cuando estalló la Revolución de 1810. No mantenía ningún ligamento con el extinguido centro jesuítico,  y por su reciente data,  no pudo tener influencia en la formación de la generación revolucionaria.

La Universidad de  Chuquisaca:
En 1624 fue fundada esta alta casa de estudios,   que tuvo,   antes que la de Córdoba,   una cátedra de  Instituía,  según dotación hecha en 1681 por   el arzobispo Castilla y Zamora.  La expulsión de los jesuítas significó graves tropiezos para el desenvolvimiento de los estudios que se realizaban en ella.  Con los bienes de los jesuítas se dio forma a los estudios y se creó la Real Academia  Carolina destinada a la práctica jurídica de la juventud dedicada al foro.

Los nombres de algunos de los que estudiaron en este centro  intelectual hacen suponer a ciertos autores que en Chuquisaca dominaba una marcada tendencia liberal,  y que en sus cátedras se hablaba de Rousseau y de Montesquieu con plena libertad.  Pero esto es inexacto.

En la Universidad de  Córdoba    las obras de los maestros del ilumínísmo y del filosofismo francés no eran desconocidas y hasta se les estimaban sus aciertos,  Pero no pasaba lo mismo en Chuquisaca donde este tipo de obras no tenían cabida. Si algo es evidente es que fue la región en que el espíritu de lealtad a las viejas normas se mantuvo más tiempo,  con odio a Buenos Aires,  lo que le permitió a sus dirigentes mantenerse hasta  1825 en contra del movimiento independizados.

Después de Córdoba, Buenos Aires y Asunción, tal vez fue Salta la ciudad de más alto nivel cultural en los lindes del virreinato. Equidistante de Chuquisaca y de Córdoba, los hijos de Salta cursaron estudios en una u otra de ambas universidades.

El hecho de que los  vecinos de Mendoza se  interesaran por que el Colegio jesuítico fuese elevado a Universidad demuestra,   no sólo que se estimaba la calidad de sus estudios,  sino que la población tenía amor por la cultura.  Y lo confirma el hecho de que la cátedra de filosofía no desapareció con la expulsión de la Compañía de Jesús,  pues en octubre de 1769 el  Cabildo resolvió restablecerla.

 Fuente Consultada:
Historia de la educación de Manganiello Bregazzi.
Historia Argentina – Historia de la Civilización – Manual de Ingreso 1977 – Dieguez – Pierini – Laplaza Edit. Investigación y Ciencia

Historia de la Conquista del Río Bermejo Sociedad de Navegación

Historia de la Conquista del Río Bermejo
La Sociedad de Navegación

El 4 de septiembre de 1872 el diario La Democracia de Salta publicó una novedad que suscitó cientos de comentarios. El titular, con letras destacadas, decía: «Gran Noticia»; abajo, en letras menores, podía leerse: «Navegación del Bermejo». El texto de la información rezaba: «Adelantamos en una edición extraordinaria las faustas noticias que nos llegan de las costas del Bermejo.

Ellas significan la realización completa de la empresa más trascendente para los intereses económicos y políticos de Salta». Y a renglón seguido el entusiasmado redactor relataba que el vapor «Leguizamón», aunque había encontrado «serias dificultades que vencer», continuaba «hendiendo la corriente del gran río bajo la segura dirección del capitán Natalio Roldan…»

La empresa, sin embargo, era bastante espinosa. En esa oportunidad el «Leguizamón» no pudo vencer al Bermejo; el río, quizás irritado por tanta osadía, lo hizo naufragar. Aun así prosiguieron los esfuerzos. Según José del Nieto —autor de una prolija recopilación sobre el tema—, pronto estuvieron disponibles otros tres vapores adquiridos en los Estados Unidos: el «General Viamonte», el «Oran» y el «Congreso Argentino».

Claro que el río no constituía la única barrera. Las tribus ribereñas eran otro grave obstáculo fue bastante difícil tratar con ella; como lo demostraron los sucesos protagonizados en cierta oportuni dad por la tripulación del «Oran Este barco se hallaba fondeado cerca de La Cangayé (actual Chaco), asegurado a un árbol por una gruesa cadena.

De pronto «… la mano que estaba apoyada en guinche —anota Del Nieto— quedó prácticamente clavada por una flecha que dio certeramente en ella. Simultáneamente caían heri dos dos marineros».

El ataque fue acompañado por alaridos y gritos significativos: «Tierra nuestra, leña nuestra», repetían los aborígenes que defendían lo que era de ellos Conocían en carne propia y en la de muchos hermanos los estragos hechos por el blanco. Sabían que se pretendía despojarlos de su an tigua heredad.

En esa oportunidad el capitán Roldán —de él era la mano atravesada por el flechazo— intuyó de inmediato que si pagaba la leña a los indios «sentaba un mal precedente: aceptar que realmente era de ellos». Por eso ordenó proseguir la marcha de inmediato, intento que casi costó la vida a los dos marineros que pretendían soltar la amarra del barco desde tierra: los indios se les fueron encima y debieron arrojarse al agua y llegar a nado hasta el «Oran».

El combate no tardó en generalizarse, y mientras las flechas hendían el aire la tripulación —parapetada sobre cubierta— comenzaba a hacer tronar los dos cañones que protegían la nave. El «Orán» pudo finalmente proseguir la navegación aguas arriba mientras dos indios que habían caído prisioneros veían alejarse con desesperación -las orillas de su lar nativo.

Con la mano vendada, el capitán Roldán regresó en seguida a cubierta para impedir que sus hombres ultimaran a los aborígenes y, lejos de tomarse venganza, ordenó regalar a éstos ponchos, botas, sombreros y tabaco. Les hizo entonces una propuesta: «Yo no quiero pelear ni matar indios. Por eso tirando balas por arriba. Cuando vuelva mi vapor, cortando leña otra vez aquí, y tocando pito, llamando con pito, que vengan Trigueri y Mulato.

Yo regalarles mucho…» Trigueri y Mulato eran los jefes de ‘los indios prisioneros, y éstos, una vez liberados, debían ser los emisarios que gestionaran la paz. A Roldán, tenaz y hábil empresario, le interesaba explotar esas regiones, no exterminar indios. Para lograrlo había expuesto a sus amigos un proyecto formidable. «Desde aquí —el límite entre el Chaco y Salta— deberíamos comenzar los estudios y posiblemente los trabajos; ésta es la zona de esteros, de madrejones, donde a veces se pierde el curso del Bermejo.

Tendremos que hacer canales, taponar desaguaderos, nivelar. De los varios brazos será necesario establecer el más apropiado y ensancharlo, ahondarlo, dragarlo, alimentarlo oon los otros que habrá que desviar hacia él. Tendremos que cerrar escapes, levantar diques y murallones».

Proyecto, en suma, digno de un soñador fantasioso, que fue escuchado, sin embargo, y dio nacimiento a la Sociedad de Navegación a Vapor del río Bermejo, que se formó en 1869 y cumplió un plan de trabajos de cinco años. En ese lapso cientos de trabajadores indjgenas removieron más de seis millones de metros cúbicos de arena y tierra, cavaron cuatro canales de 19 kilómetros de extensión y 100 metros de ancho cada uno, voltearon millares de árboles. Lamentablemente, tantos esfuerzos resultaron estériles.

Un día, mientras el «Oran» navegaba apaciblemente, sufrió una fuerte sacudida: un tronco de palo santo acababa de incrustarse en el casco y el agua empezó a entrar a raudales por el rumbo. Era el último barco que le quedaba a la sociedad, y con su hundimiento también se iban a pique ingentes esfuerzos y muchas esperanzas. Los intentos de salvarlo fueron inútiles.

Poco después Roldan, su mujer, la tripulación y dos indios imatacos contemplaban angustiados desde la costa cómo el «Oran» desaparecía de la superficie. La colaboración del cacique Somayé y sus hombres permitió luego recuperar decenas de bultos y efectos, pero ya nada podía compensar lo que se había perdido. El Bermejo permanecía arisco e indómito.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la Historia Argentina – Editorial Abril

Francisco Hermógenes Ramos Mejía Evangelización de Indios

LABOR EVANGELIZADORA DE RAMOS MEJÍA

LOS INDIOS DE MIRAFLORES: En 1811 Francismo Hermógenes Ramos Mejía, hijo de un acaudalado  comerciante  porteño,  cruzó el río Salado —límite en ese entonces del  mundo civilizado— y portando  una  Biblia como  única arma se internó en territorio de los indios, protagonizando una experiencia inédita en lo que hace a la relación  del  hombre  blanco  con los aborígenes.

Francisco Ramos Mejía

Nacido en Buenos Aires  en  1773,  Francisco Ramos Mejía parece haberse sentido muy poco inclinado a la vida mundana y preferir, en cambio, la vasta soledad  del   desierto.   Sentimientos que empujaron a su padre a encargarle   la   administración   de   una pulpería y panadería sita en Los Tapiales.

Fue allí que estableció contacto literario con Manuel Lacunza, un jesuíta chileno autor, bajo el seudónimo de Josefat Ben Ezra, de un tratado sobre religión publicado  bajo  el título  «La venida del Mesías en Gloria y Santidad». Según  han  establecido  sus  biógrafos,  la particular interpretación del cristianismo hecha por el religioso impresionó de tal manera al improvisado pulpero que no tardó en experimentar la imperiosa necesidad de llevarlo a la práctica.

Nació así la idea de internarse en tierras dominadas por los pampas para intentar una acción evangelizadora. Fundó, entonces, en Diez Lomas, o Marilhuincul, un lugar cercano a Kaquelhuincul, la estancia «Miraflores».

Lo acompañaban su mujer, María Antonia Seguróla, y su  hijo Matías. Tenía 38 años. Pero ganarse la confianza de los indios no fue tarea simple y a su primera actitud —pagar las tierras que  ocupó— debió  agregar una alta dosis de paciencia, hasta que, convencidos de la honestidad de sus intenciones, los propios pampas se encargaron de difundir su fama hasta más allá de la cordillera.

A partir de ese  momento la estancia «Miraflores» se convirtió en refugio obligado de un considerable número de naturales y gauchos —criollos alzados, huidos de la autoridad— que todos los sábados por la tarde se congregaban para escuchar sus  sermones.

Y no sólo palabras ofrecía Francisco Ramos Mejía. Comida, techo y un trato sorpresivamente humano estaban a disposición de indios y perseguidos. Claro que, también, tenía sus exigencias y había impuesto una forma de vida que no resultaba nada fácil de observar: nadie dentro de los límites de «Miraflores» podía beber, jugar, vivir en concubinato ni mantener relaciones con más de una mujer.

Lo  cierto es que si  para sorpresa de muchos la estancia prosperaba sin pausa, resultaba más asombrosa,  todavía,  la  armonía que reinaba en la comunidad. Pero la experiencia debió disgustar a algunos porque  mientras Francisco de Paula Castañeda, sacerdote que había adquirido enorme prestigio como periodista, lo criticaba en sus artículos, Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez, lo intimó a que se abstuviera de «…promover prácticas contrarias a las de la religión   del   país».

Finalmente   su propiedad fue allanada y el experimento interrumpido definitiva mente. Con su  muerte, acaecida en 1825 a los 52 años, dio fin uno de los escasos  intentos de integración pacífica de los indios realizados en el territorio argentino.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

Conflictos Entre las Colonias en Norteamérica Guerras

CONFLICTOS INTERNACIONALES EN EL NUEVO MUNDO

EL MERCANTILISMO COLONIAL
Hacia finales del siglo XVII, todas estas colonias de tan diversos orígenes, contaban alrededor de 250.000 europeos, aplastando ya con su número a la Nueva Francia. Vivían esencialmente de la agricultura. Como París o Madrid, Londres pretendía regir su Imperio de Ultramar según los principios del mercantilismo: las colonias debían proporcionar materias primas y absorber los productos manufacturados de la metrópoli.

La Staple Act de 1663 codificó esta obligación. A cambio de ello, Inglaterra garantizaba a los colonos el monopolio de la venta de sus productos: tabaco, algodón, azúcar, índigo, etc., y concedía subvenciones para el desarrollo de la vid, de la seda, de las construcciones navales.

De esta forma, la Nueva Inglaterra se especializa rápidamente en las industrias de los navios y de la pesca, lo mismo que en el tráfico de los esclavos para las plantaciones del Sur. Porque para los colonos del Norte, el mercantilismo era contrario a sus intereses: ellos no podían exportar más que carnes, pescado, trigo, artículos que la metrópoli producía también, ya que no poseían ni géneros exóticos ni metales preciosos.

La única salida era el comercio «triangular». Por ejemplo, un comerciante de Boston vendía su trigo a Portugal, compraba a cambio vino, lo revendía en Londres y, con este dinero, compraba paños que llevaba a América. Los puertos ingleses, a causa de sus tasas, resultaban doblemente beneficiados. Por ello, desde finales de siglo, el descontento contra el pacto colonial cundía entre los colonos.

Estos se quejaban de estar obligados a comprar en Inglaterra productos demasiado caros e inferiores. El conflicto que culminará con la independencia menos de un siglo más tarde estaba en germen. Y muy pronto, igualmente, las diferencias entre el Norte y el Sur se establecerían claramente.

puerto de colonia en estados unidos

El aumento de valor de los nuevos territorios despertó la codicia de las grandes potencias. El fin del siglo XVII se caracteriza en América por violentos conflictos entre Francia e Inglaterra. Puerto y desembarco de mercancías—Miniatura ejecutada en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia».

DIFERENCIAS NORTE Y SUR:
Al Norte, los yanquis (deformación india de la palabra inglés) eran agricultores, comerciantes, artesanos que se distinguían es pecialmente por la tradición puritana; trabajadores sobrios y obstinados, luchando contra un clima de inviernos muy rudos y un sol ingrato. Pero no hay que dejarse llevar por simplificaciones extremas, oponer un Norte de burgueses puritanos y partidarios de Cromwell a un Sur de aristócratas anarquistas, descendientes de «caballeros» exiliados después de la derrota de Carlos I.

En realidad, muchos plantadores del Sur procedían de la burguesía (aunque dieran a sus propiedades los nombres de los palacios de su país de origen). Pero su género de vida en las grandes plantaciones, el clima y, sobre todo, la introducción de la esclavitud de los negros, les dio muy pronto caracteres muy particulares.

En Virginia, Maryland, Carolina y más tarde en Georgia (fundada en 1732), la esclavitud tomó un gran impulso a partir del año 1670 con la separación radical de los blancos y los negros. En el siglo siguiente, las importaciones anuales de esclavos, cargados en Guinea a cambio del ron de las Antillas, alcanzaron entre cincuenta y cien mil cabezas.

En el Sur eran amantes del teatro, de la danza y se bebía mucho. Se tenía pasión por los caballos, y las carreras estaban reservadas para los «gentlemen». En Nueva Inglaterra, el teatro estuvo largo tiempo prohibido. Por el contrario, la cultura, los libros, la educación, fueron considerados con mucha más atención: los puritanos querían que sus hijos aprendieran pronto a leer para estudiar las Escrituras. El esfuerzo corresponde primeramente a los niños, después a las «Grammar Schools». El colegio de Harvard fue fundado en 1636 y Yale en 1701. El Sur tuvo su universidad, el colegio William y Mary, fundado en Williamsburgo en 1693.

LAS PRIMERAS GUERRAS
El advenimiento de Guillermo de Orange (1688), enemigo de Luis XIV después de la dura guerra de Holanda (1672-1679), provocó la entrada de Inglaterra en las coaliciones contra Francia (guerra de la Liga de Augsburgo y más tarde guerra de Sucesión de España), y el conflicto no dejó de tener sus prolongaciones en el Nuevo Mundo.

Los iroqueses, aliados de los ingleses, atacaron los puestos franceses, paralizando el comercio y provocando el terror entre los colonos franceses; entonces, Luis XIV volvió a enviar al viejo Frontenac al Canadá.

Este pensó por un instante llevar a cabo una incursión contra Nueva York a través del valle del Hudson, pero sus tropas eran insuficientes, por lo que decidió promover también las guerras indias, lanzando las tribus de los hurones y de los algonquinos contra los pueblos ingleses. Un puritano, William Phips, organizó una gran expedición contra la Acadia; tomó Port Royal, pero fue derrotado ante Quebec.

Las matanzas en los pueblos y las granjas aisladas continuaron. En el trascurso de la Guerra de Sucesión de España, la Acadia (la actual Nueva Escocia) fue ocupada por segunda vez por los ingleses que sucumbieron de nuevo ante Quebec. Pero la Paz de Utrecht (1713) resolvió provisionalmente el conflicto. Inglaterra obtenía la Bahía de Hudson, la Acadia y Terranova, donde Francia no conservaría más que los derechos de pesca. Muchos acadianos emigraron a Luisiana.

La Nueva Francia parecía salvada en lo sucesivo; sin embargo, los ingleses tendrían en sus manos todos los accesos. Con el privilegio del comercio en las colonias españolas, Inglaterra iba a convertirse en una gran potencia marítima y comercial. En cambio los franceses, dispersados en inmensos territorios, desde el San Lorenzo a Luisiana, estaban condenados a perder un día su soberanía en América del Norte.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Los Cuáqueros en Norteamérica Fundación de Pensilvania

LOS CUÁQUEROS Y LA FUNDACIÓN DE PENSILVANIA

Los cuáqueros (literalmente quiere decir «temblones» porque cuando se apoderaba de ellos la emoción religiosa les hacía temblar), era una secta protestante, la Sociedad de los Amigos, fundada por Georges Fox en el año 1647.

Llevaba el puritanismo a su lógica más extremada: todo hombre podía comunicar con Dios y no había necesidad de ministros ni de templos. Los cuáqueros se diferenciaban de las otras sectas por una especie de humanismo místico. Podían alcanzar sus cimas por medio de la contemplación interior y la comunión con el Espíritu Santo. Su Dios era un Dios de amor. Ellos eran dulces y tolerantes y se negaban a pelear, así como a pagar los diezmos a la Iglesia Anglicana. En una palabra, todas estas razones atraían sobre ellos la persecución.

Cuáqueros en una colonia americana

Cuáqueros en la Nieve Luego de un Desembarco

Los Amigos se habían ganado numerosos adeptos, como el almirante Penn, a quien los Estuardos debían mucho. Por ello su hijo William Penn obtuvo de Carlos II una zona situada al norte de Maryland para establecer en ella, al abrigo de las persecuciones, una república regida por los principios cuáqueros (1681) y que llegó a ser Pensilvania.

La experiencia comenzó al año siguiente; William Penn era un verdadero jefe de Estado, el cual podía designar embajadores. Llamó a su capital Filadelfia, ciudad del amor fraternal. Indudablemente, no hay que idealizar su persona, haciendo de él un demócrata modelo; no descuidó ni su fortuna personal ni su autoridad. Sin embargo, su inclinación a la tolerancia religiosa y a la libertad individual, la amplitud de sus miras, le confieren un rango excepcional. Amigo y discípulo de Locke, confió la iniciativa de las leyes a una asamblea de doscientos miembros, elegida en escrutinio limitado.

Willian Penn cuáquero

William Penn (1644-1718), cuáquero británico, fundador de la colonia de Pennsylvania. Nació el 14 de octubre de 1644 en Londres y estudió en la Iglesia de Cristo, en la Universidad de Oxford, donde se convirtió al cuaquerismo. Murió el 30 de julio de 1718 en Buckinghamshire.

El liberalismo de los cuáqueros abrió el país a grupos muy diversos: católicos, alemanes y suecos luteranos, anglicanos, etc. Filadelfia creció, con sus avenidas cortándose en ángulo recto, sus casas de ladrillos rojos y sus grandes jardines.

Los indios eran mucho mejor tratados que en otras partes y el logro parecía perfecto cuando surgieron las dificultades: primero, los altercados con Lord Baltimore, quien estimaba que Filadelfia había sido construida en un terreno dependiente de Maryland. Después, los disturbios provocados por los turbulentos colonos de Escocia y de Irlanda, que no tenían con respecto a los indios la misma mansedumbre que los bondadosos cuáqueros; en fin, las conflictos entre William Penn y la asamblea.

La Revolución de 1688, arrojando al último de los Estuardo, agravó la situación: Penn era tenido por sospechoso de fidelidad a la dinastía y en 1692 Guillermo de Orange instala un gobernador en el Estado. La oposición de los colonos fue tal que William Penn recobró sus derechos dos años más tarde. Pero molesto y desilusionado, dejó su dominio en 1701 por la corte de la reina Ana.

En 1710, escribía: «La oposición que encuentro aquí me abruma de tristeza. ¿No resulta cruel que cuando esta tierra se ha convertido para ellos en una tierra de libertad y de opulencia, haya llegado a ser para mí, que la heerigido en nación, la causa de mis tribulaciones y de mi pobreza?». A pesar de sus lamentaciones, William Penn podía enorgullecerse de haber fundado uno de los más hermosos Estados de América.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Las Colonias Francesas en Norteamérica Colonizacion

LA COLONIZACIÓN DE FRANCIA EN AMÉRICA DEL NORTE

Despúes de las terribles Guerras de Religión, el reinado reparador de Enrique IV volvió a ranudar las tentativas ed colonización en esta Nueva Francia, que Rovelvano había conseguido establizar por largo tiempo. Primero Richeliue y despúes Colbert continuaron la obra iniciada por Samuel Champlain, verdadero fundador del Canadá.

Enviado por una compañía mercantil instala en 1604 el primer grupo de colonos, funda Quebec en 1608 (en el mismo momento en que la colonia de John Smith comenzaba a organizarse en Virginia) y, durante ocho años, lo mismo en París que en la Nueva Francia, vela por el desarrollo de su obra.

Practica una política de alianza con los hurones y los algonquinos, contra sus enemigos los iraqueses, sostenidos por los ingleses, lo que arrastra a los colonos, poco numerosos (no llegaban a 2.000 en el año 1660), a interminables guerras indias. En el transcurso del conflicto contra Inglaterra, a la que apoyaban los protestantes de la Rochela, Quebec fue tomada por los ingleses y restituida en el año 1632. Richelieu y Colbert querían hacer del Canadá una provincia próspera que les abasteciera de ganado, de madera de construcción, de navios. Agricultores y ganaderos se instalaron a lo largo del San Lorenzo.

El rey de Francia estimaba, contrariamente a los británicos, que los protestantes no debían establecerse en la colonia (temiendo que, siendo demasiado numerosos, hiciesen secesión para unirse a sus correligionarios anglosajones). Después de la revocación del Edicto de Nantes, millares de hugonotes emigraron a Holanda y a Inglaterra, en lugar de aportar su trabajo y sus capitales al Canadá.

Desde el principio, la Iglesia Católica fue allí muy influyente; sobre todo, después de la muerte de Champlain, el obispo y el superior de los jesuítas se sentaban a ambos lados del gobernador en el consejo de la colonia. Los misioneros recibieron inmensas concesiones. El cierre del país a los protestantes y la primacía concedida a la pequeña nobleza de Bretaña y Normandía, que trasplantaron un sistema señorial y feudal arcaico, desalentaron a muchos emigrantes.

Al lado de los agricultores, otros colonos aventureros se hicieron «corredores de los bosques», penetrando hacia el interior para comprar pieles (de castor, de zorro) a los indios; y sus canoas cargadas de pieles se reunían todos los años en Montreal. En el año 1663, la Carta de la Compañía de la Nueva Francia fue revocada y la colonia devuelta al dominio real.

Ocupación francesa de Carolina—Miniaturas ejecutadas en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia»—Reproducidas con la autorización del Servicio Hidrográfico de la Marina, París.

EL PADRE MARQUETTE. CAVELÍER DE LA SALLE EL MISSISSIPI
El conde de Frontenac fue el primer gran gobernador enviado por Francia (1672-1682). Dio un vivo impulso a los viajes de descubrimiento a lo largo de las corrientes fluviales, tan importante desde el punto de vista estratégico y económico.

El jesuíta padre Marquette y Luis Joliet exploraron en una canoa el Wisconsin y fueron arrastrados hasta el Mississipí, comprobando entonces que el gran río no iba hacia el Oeste, sino hacia el Sur; después de haber alcanzado la confluencia del Arkansas, volvieron por el Illinois y la región de Chicago (1673). Un alumno de los jesuítas, Cavelier de la Salle, preparó cuidadosamente una expedición con la finalidad de bajar por el Mississipí hasta el mar. Con el caballero de Touty y el padre Hennepin, sale de Quebec en 1676 y, cruzando los Grandes Lagos y el Illinois, alcanza el río y levanta los dos fuertes de Crévecoeur y de San Luis.

En 1682, construye otro fuerte en la confluencia del Ohío, toma posesión del Arkansas y desemboca por fin en el inmenso Golfo de México, bautizando el nuevo descubrimiento con el nombre de Luisiana en honor de Luis XIV, y haciendo alianza con los indios natchez. Tardó año y medio en llegar de vuelta al Canadá.

De regreso en Francia, volvió a partir para llegar por mar a la desembocadura del Mississipí, pero erró en vano a lo largo del Golfo sin llegar a conseguirlo. Fue miserablemente asesinado a consecuencia de un motín de sus hombres (1627). Hasta comienzos del siglo XVIII no comenzó Luisiana a organizarse con la fundación de Nueva Orleáns (1718). Así, entre las colonias inglesas del Este y el interior del país, se interponían vastos territorios franceses jalonados por los fuertes de los Grandes Lagos, del Ohío y del Míssissipi.

Por otra parte, los franceses se habían instalado, a partir de 1635, en las islas de las Antillas, que los españoles habían descuidado: Martinica, Guadalupe, Santo Domingo, Santa Cruz, etc. Plantaciones de azúcar, de tabaco, de café, etc., se establecieron en ellas a fines del siglo, gracias a la mano de obra negra. Había en las «Islas» más de 50.000 esclavos, tratados con brutalidad y despreciados a pesar del «código negro» que había promulgado Colbert en 1685. Entre tanto, las colonias inglesas no habían cesado de crecer, mucho más rápidamente que el Canadá francés.

El Canadá tardó en poblarse por la falta de inmigrantes. En 1663 no contaba nada más que con 2.500 franceses, de los cuales 800 se hallaban instalados en Quebec. Campesinos y burgueses rehusaron expatriarse a un país que les parecía un desierto. Los primeros en llegar son los «comprometidos». «Entre la gente honesta viene terrible gentuza», apunta en 1642 María Guyard, primera superiora de las Ursulinas de Quebec.

EL DESENVOLVIMIENTO DEL SUR: MARYLAND Y CAROLINAS
Sir Georges Calvert era un gentilhombre católico amigo del rey Carlos I que no podía confiarle altas responsabilidades en Inglaterra a causa de su religión. En el año 1629, el rey le concedió el título de Lord Baltimore y le otorgó en propiedad las tierras que se extendían desde el norte del Potomac hasta los límites de la Nueva Inglaterra (aproximadamente, en la latitud de la futura Filadelfia).

El hijo de Lord Baltimore bautizó la región con el nombre de Maryland en honor de la reina Enriqueta María, esposa del rey de Inglaterra Carlos I, y emprendió la tarea de mejorar el dominio legado por su padre, que murió prematuramente.

Los primeros colonos llegaron en 1634. Cecil Calvert, soberano feudal, jefe tanto de la administración como de las fuerzas armadas, dio tierras a todos los gentileshombres que llevaran con ellos por lo menos cinco hombres; trató de mantener un buen entendimiento entre católicos y protestantes, lo que no siempre fue fácil después de la guerra civil en Inglaterra, donde los puritanos eran cada vez más influyentes; en 1649, fue votada un Acta de Tolerancia por la asamblea de colonos, la cual garantizaba la libertad de conciencia para todos aquellos que creían en Jesucristo.

Calvert tuvo, igualmente, muchas dificultades con los virginianos, que miraban a las gentes de Maryland como intrusos dentro de sus territorios. En el trascurso de la dictadura de Cromwell, Lord Baltimore fue privado de su gobierno y dominaron los puritanos; pero volvió a recuperar todos sus derechos después de la restauración de los Estuardos, en el año 1660.

La revolución de 1688 y el advenimiento de Guillermo III de Orange tuvieron importantes consecuencias: Lord Baltimore tuvo que convertirse al protestantismo para conservar la propiedad de sus tierras, y a la Iglesia Católica le fue prohibido celebrar públicamente sus ceremonias. La capitalidad pasó de Saint Mary’s City a la ciudad protestante de Annapolis y, en lo sucesivo, la corona de Inglaterra controlaría el gobierno. Inspirándose en el ejemplo de su padre, Carlos II quiso recompensar a los fieles que le habían ayudado a reconquistar su trono después de la muerte de Cromwell, tales como Monk, Clarendon, Carteret, etc., y les dio territorios al sur de Virginia, los cuales fueron bautizados con el nombre de Carolina en homenaje al rey y muy pronto divididos en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Estos aristócratas pidieron al célebre John Locke (1669) que redactara una Constitución para sus Estados en la que se establecía una verdadera servidumbre ¡mientras tantas tierras estaban libres! Las Carolinas pasaron a ser colonias de la corona en 1729. Lord Berkeley y Sir Georges Carteret obtuvieron una región entre el Hudson y el Delaware, a la que llamaron Nueva Jersey, donde fueron fundadas Newark y Elisabethtown. Nueva Jersey pasó a la corona en el año 1702.

Los franceses de Canadá están agrupados en tres poblaciones principales: Quebec, Trois Riviéres y Montreal. En Quebec tenían su sede las casas comerciales que mantenían relaciones con los puertos franceses. Los negociantes de Quebec habitaban de forma permanente en la ciudad.

En cambio, en Montreal tenían su base de operaciones los comerciantes nómadas que recorrían el país en busca de mercancías -pieles, especialmente- para enviar a la metrópoli. Una red de fuertes, a la vez puestos militares y factorías comerciales, fue construida por los franceses a partir de 1675. Junto a la orilla oriental del lago Ontario se levantaba el fuerte Frontenac, avanzadilla francesa en los territorios de los iroqueses, los indígenas que habitaban aquellas tierras.

Entre los lagos Erie y Ontario estaba el fuerte Niágara; entre el lago Erie y el Michigan, el fuerte de San José de los Miamis, y en la confluencia de los lagos Superior, Michigan y Hurón se alzaba el fuerte Michillimackinac. De esta manera, la región de los Lagos quedó sometida a la dominación de los franceses.

En 1682 la población dé Canadá abarcaba 12.000 colonos, entre los que vivían más de un millar de indios. Uno de estos colonos, René-Robert Cavelier, señor de La Salle, conseguiría aumentar las posesiones de Luis XIV con una nueva colonia: Luisiana.

Ver: Fundación de New York

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Organización Política de España en América Virreinatos y Capitanias

Organización Política de España en América
Virreinatos y Capitanias

CAPITANÍAS Y VIRREINATOS DE ESPAÑA EN AMÉRICA: El extenso territorio descubierto y conquistado por los españoles, fue dividido para su gobierno y administración en virreinatos y capitanías. Los primeros tenían como autoridad suprema al virrey, verdadero representante del rey en América, investido de poderes amplísimos ya que de él dependían la justicia, el tesoro, la administración civil, el mando militar y hasta la promoción para convertir a los indígenas.

Al término de su mandato debía rendir cuentas de su gestión, mediante un procedimiento llamado juicio de residencia. En América hubo cuatro virreinatos: Virreinato de México o Nueva España. Correspondía al extenso territorio conquistado por Hernán Cortés , y fue convertido en virreinato por Carlos V , en 1534.

Fue uno de los más importantes y prósperos, ya que las riquezas naturales de la región provocaron una intensa inmigración europea, que unida a la población indígena y mestiza, impulsó considerablemente la economía. Había además dos Reales Audiencias, una en México y otra en Guadalajara, además de tribunales menores y especiales para ciertos tipos de delitos.

Desde 1545, México fue sede de un arzobispado del que dependían ocho obispos; diez años antes se había instalado una imprenta, dedicada en principio a la divulgación de textos religiosos, pero luego sirvió para publicar textos relativos a las artes y ciencias, y finalmente para un periódico que comenzó a publicarse en 1728.

Por último, hay que señalar que la Universidad de México, fundada en 1551, fue el centro de un importante movimiento científico y cultural.

Virreinato de Nueva Granada.

La región que los conquistadores denominaron nuevo reino de Granada formó parte del virreinato del Perú, y estuvo al principio gobernada por un funcionario, que ostentaba el título de gobernador y presidente de la Real Audiencia; en 1717 fue convertido en virreinato y, luego de una breve suspensión, fue confirmado como tal a partir de 1739. De él dependía la presidencia de Quito, que desde 1563 tenía Real Audiencia y tres obispos que estaban subordinados al arzobispado de Lima.

Aunque menos poblado que el de México, este virreinato tuvo también un importante movimiento comercial; hacia fines del período colonial se instaló una imprenta, pero la instrucción pública tuvo una despareja distribución, debido a que estaba concentrada en algunas ciudades solamente.

Virreinato del Perú. Comprendía todas las posesiones españolas de América del Sur, de modo que una región tan dilatada debió subdividirse en gobernaciones, que pronto se independizaron del virreinato. Éste se organizó en 1542, y a pesar de su desmembración constituyó una de las posesiones más ricas de América; fue sede de un arzobispado desde 1545 y de él dependían cinco obispos del mismo virreinato, dos de la presidencia de Quito, uno del virreinato de Nueva Granada y los de Santiago y Concepción (capitanía general de Chile).

En 1551 se fundó una Universidad en Lima y en 1692 se creó otra, en Cuzco ; de ambas dependían los colegios que funcionaban en el virreinato. La introducción de la imprenta data de fines del siglo XVI y de ella salieron muchos libros y algo más tarde un periódico.

Virreinato del Río de la Plata.

Fue fundado por real cédula de Carlos III, el 21 de marzo de 1778 y comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y Charcas, más los territorios anexos a las ciudades de Mendoza y San Juan pertenecientes a la provincia de Chile. Buenos Aires se convirtió inmediatamente en el centro de un importante movimiento comercial, ya que hacia su puerto confluían los productos de todo el virreinato; era también la sede de una Real Audiencia y desde el siglo XVIII tuvo una imprenta.

El arzobispado fue establecido en 1609 y de él dependían seis obispos; en cambio la Universidad y la Casa de Moneda, estaban en la ciudad de Chuquisaca (hoy Sucre), que era la capital de la presidencia de Charcas.
Las capitanías datan de la época en que los Borbones decidieron iniciar una reforma administrativa en América; así se creó esta nueva entidad político-administrativa, a cuyo frente estaba un funcionario llamado capitán general; su jurisdicción era menos extensa que la del virreinato.

En América hubo cuatro capitanías: Capitanía General de Guatemala. Comprendía una rica y muy fértil región de América Central, muy poblada y con un tranquilo pero sostenido movimiento comercial. Tenía un Tribunal de la Real Audiencia y un consulado; en el orden eclesiástico, el gobierno era ejercido por un obispo que residía en la ciudad de Guatemala y que dependía del arzobispado de México; en 1742 se constituyó en un arzobispado que tenía a su cargo a tres obispos.

Capitanía General de Venezuela. Fue creada por Carlos III en 1773, y poco después se la dotó de una Audiencia y un consulado; Caracas fue su capital y en ella residía, además, el obispo desde 1636. Tuvo también una Universidad, fundada en 1725, y la imprenta recién se. instaló a fines del período colonial.

Capitanía General de Chile. La provincia de Chile, quizá la más problematizada y onerosa de todas las posesiones españolas de América, dependió del virreinato del Perú hasta 1778 en que fue convertida en capitanía general. La Audiencia se estableció primeramente en Concepción y luego en’ Santiago (1609), ciudad que también tuvo una Universidad fundada en 1747. Los dos obispados que había, dependían del arzobispado de Lima.

Capitanía General de Cuba. Establecida en Sarto Domingo, esta capitanía era el centro del gobierno español en las Antillas. De ella dependían los gobernadores de Cuba y Puerto Rico, y las posesiones de La Florida y de Luisiana. Fernando el Católico había creado una Real Audiencia en 1508, y cuatro años después se instaló el arzobispado del que dependían seis obispos. En 1795, el gobierno fue trasladado a Cuba y, en 1804, Santiago de Cuba fue convertida en arzobispado.

Historia de los Quilmes Genocidio y Deportacion Destierro Castigo

Historia de los Quilmes – Genocidio y Deportación

El caso de los indios quilmes constituye un paradigmático ejemplo de la variedad y alcance de algunos mecanismos instrumentados por los conquistadores para garantizar el dominio y explotación del territorio americano.

LOS PRIMEROS HABITANTES DE TUCUMÁN. Antes de que llegasen los conquistadores españoles, el actual territorio de Tucumán estaba habitado por (distintos pueblos indígenas. Los diaguitas-calchaquíes, influidos fuertemente por la cultura inca, sobresalían por su desarrollo. Asentados en :oda el área montañosa del oeste tucumano, eran hábiles tejedores y alfareros, y expertos agricultores. Se dedicaban al cultivo del maíz, el zapallo la quinua, con un complejo sistema de andenes y terrazas a las que dotaban de un avanzado sistema de irrigación.

Guanacos, llamas y vicuñas les brindaban carie y leche, además de lana, indispensable materia prima para sus telares. Una incipiente actividad minera les proveía de diversos metales para la fabricación de armas y utensilios. Estaban bien organizados, bajo la dirección de un cacique, y aunque esencialmente pacíficos, sabían hacer uso de la fuerza bélica cuando sus propiedades o territorios estaban en peligro.
Más hacia el este de la actual provincia de Tuumán vivían otros pueblos indígenas, menos evolucionados, como los lules y vilelas, que eran cazadores y recolectores.

Quilmes es el nombre de una de las más célebres parcialidades de  los diaguitas. Habitaban el oeste de la actual provincia de Tucumán (Argentina). En su lengua, el cacán, kilme significa ‘entre cerros’.

Sobre la base de estudios etnohistóricos, se ha señalado que hasta la llegada de los españoles, los quilmesconstituían una comunidad numerosa y organizada que dominaba un amplio espacio geográfico -que se estima en 400 Km. cuadrados- y disponía de una gama de estrategias tecnológicas que le permitía explotar variados y abundantes recursos naturales. Poseían además un complejo patrimonio cultural que ordenaba y organizaba todos los aspectos de la vida comunal.

El trabajo, las prácticas religiosas y la guerra eran partes integrantes de un conjunto organizado y el territorio, más allá de sus connotaciones económicas, era considerado «un espacio sagrado».

Ruinas de los Quilmes: Se puede decir que “Diaguitas” es la determinación general de pueblos de diferentes lenguas y tradiciones que habitan Valles Calchaquíes. Uno de estos fueron los Quilmes.

Nunca aceptaron ser vasallos de nadie y se rebelaban frente a la exploración de los españoles, que luego de vencidos en 1665 por Alonso Mercado y Villacorta, los quilmes fueron obligados a caminar desde Tucumán hasta la localidad que hoy lleva su nombre en la provincia de Buenos Aires.

Unas 200 familias se establecieron en 1666 en el primer asentamiento al sur del Riachuelo, conocido como la Reducción de la Santa Cruz de los Indios Quilmes, bajo régimen de encomienda. En el siglo siguiente la población se redujo a sólo 200 habitantes. El Primer Triunvirato decidió en 1812 la creación del pueblo de Quilmes sobre los terrenos que pertenecieron a la Reducción.

El historiador Horacio Difrieri señala que su gran desarrollo, permitió a los quilmes destacarse dentro del conjunto de comunidades calchaquíes, y también explica su último gran levantamiento y «su pertinacia para preseverar en el ser de sus antepasados, frente al terrible embate que a tantos pueblos había ya liquidado».

También contribuye a explicar el daño irreparable que significó para ellos su deportación, al producir «la desconexión de los circuitos activos de todo el sistema». En Buenos Aires, «su tecnología múltiple era inoperante y no contaban con la protección de sus dioses de la tierra a los cuales habían abandonado en los valles perdidos.

La ineptitud tecnológica supuso entonces su desaparición como grupo social, a pesar de que los indios, como tales, no fueron motivo de castigo físico ni individual. Pero los había fulminado la muerte cultural y social, en virtud de que el conquistador había cortado con su espada los ligamentos circuitales del sistema tan laboriosamente construido en tiempos prehispánicos».

El genocidio de los Quilmes fue un trasladado a un escenario geográfico completamente diferente al que estaban acostumbrados. Durante el viaje, varios indios se fugaron y varios maltratados, que murieron en el camino. Una vez radicados, tanto los Alcalianos como los Quilmes, son sometidos a trabajos estatales, como mitayos coloniales. Igualmente siguieron con sus costumbres y tradiciones étnicas; como cambiar de vivienda cuando se moría un pariente. Aunque la iglesia les prohibía ciertas costumbres. Su adaptación al nuevo medio ambiente fue mayor del que se creía. Hablaban su lengua Kakana, y entendían el Quechua pero no lo hablaban. Por parte de la iglesia se les obligaba el español. Vivían en rancho de paja, criaban pocas ovejas y muchos caballos, sembraban trigo como lo solían hacer en sus valles, hacían trabajos ganaderos y mercado entre deudores y acredores. Todos estos datos dan a saber que se acriollaron al modo de vida pampeano.

Fuente Consultada:
Historia Argentina Tomo I Desde La Prehistoria Hasta 1829  Nota de María Cristina San Román

Los Billares en Buenos Aires Colonial Primeros Juegos Publicos

Juegos en el Virreinato: La Magia de los Billares

Una de las actividades más practicadas por los argentinos durante varias décadas fue sin dudas las partidas de billar, un entretenimiento que despertó el interés de los hombres, que durante años se reunían frente a la mesa con paño verde para disfrutar de una competición en la que se requería destreza.

Fue en el año 1801 que se supone abrió una de las primeras confiterías que incluían billar. Por lo menos así lo retrataron las publicaciones de la época, como es el caso de un anuncio del El Telégrafo Mercantil, en relación a la apertura del Café de Marco, que se encontraba ubicado en la esquina de Santísima Trinidad y San Carlos, en la actualidad Bolívar y Alsina.

El artículo publicitario mencionaba lo siguiente: «Mañana jueves se abre con superior permiso una casa café en la esquina frente del colegio, con mesa de billar, confitería y botillería. Tiene hermoso salón para tertulia, y sótano para mantener fresca el agua en la estación de verano. A las 8 de la noche hará la apertura un famoso concierto de obligados instrumentos».

No obstante, se sabe que el billar llegó a Buenos Aires a comienzos del siglo XVII, y en sus primeras épocas fue conocido con el nombre de Truque, utilizando los mismos elementos, reglas y técnicas que se usarían posteriormente en las partidas de billar.

Por lo general, todos los que deseaban jugar al Truque asistían a un local que precisamente se encontraba emplazado en el mismo sitio donde 200 años después comenzaría a funcionar el Café de Marco.

Este popular café era propiedad de Simón de Valdéz, quien además se desenvolvió por un corto período de tiempo como tesorero de la Hacienda Real, y en sus ratos libres gustaba de realizar operaciones comerciales ilícitas, tales como contrabando y tráfico de esclavos.

Pero aquel no era el único reducto en el que se podía disfrutar del billar, ya que en la segunda mitad del siglo XVIII abrió sus puertas el Café de la Sonámbula, cuya principal atracción era precisamente la mesa de billar.

Para el año 1779 diversas crónicas de la época aluden a un denominado Café de los Trucos, cuyo nombre deriva de aquel juego del truque. Fue en ese mismo año que se inauguró el Café de los Catalanes.

Con el paso de los años el billar o truque se convirtió en una de las actividades más populares de Buenos Aires, por lo que el Virrey Vértiz decidió reglamentarla en el año 1799. Probablemente por ese motivo surgiría el Café de Marco dos años después.

Por aquel entonces era común ver a distintos visitantes ingleses que viajaban a Buenos Aires y pasaban parte de su tiempo en los cafés donde se jugaba billar, atraídos seguramente por el ambiente porteño que podía respirarse en esos sitios.

Entre las crónicas de la época, podemos citar la del periodista y cronista británico Thomas George Love, el cual dentro de su obra «Cien años en Buenos Aires (1820-1825)» comenta al respecto: «El café de la Victoria, en Buenos Aires, es espléndido y no tenemos en Londres nada parecido; aunque quizá sea inferior al Mille Colonnes y otros cafés parisinos. Dignos de mención son el San Marcos, el Catalán y el café de Martín. Todos ellos tienen patios tan grandes como no podría darse en Londres, donde el terreno es tan caro. En verano están estos patios cubiertos de toldos, ofreciendo un placentero refugio contra el calor y el sol y tiene aljibes con agua potable. Nunca falta en estos café una mesa de billar siempre concurrida, juego muy apetecido por los criollos, y las mesas están siempre rodeadas de gente».

Otra de las crónicas, en este caso una publicación que data del año 1836 y que pertenece a Alcides D’Orbigny nos relata lo siguiente: «Eran malos y concurridos por gente pendenciera», mientras que Arsenio lsabelle describió a estos cafés como «espaciosos, pero pasablemente malos».

Por su parte, J. A. Beaumont documentó en 1828: «Los cafés de Buenos Aires son muy concurridos y todas las noches se reúne en ellos gran cantidad de público a jugar a las cartas o al billar».

billares porteños

El Chocolate Historia de los Alimentos en America Comida de los Indios

ALIMENTOS DE AMÉRICA: EL CHOCOLATE

El chocolate
Otro alimento que hizo verdadero furor en Europa fue, el chocolate. Igual que el café o el té, el chocolate, es un estimulante cuyo principio activo es la teobromina, que significa «alimento de. los dioses». Este calificativo nos da una descripción mucho más exacta de su uso que cualquier apoyo botánico.

En el Méjico azteca, donde por primera vez lo vieron los europeos, el cacao era la bebida favorita de los emperadores, que eran considerados dioses. El primer europeo que probó el chocolate fue Cortés, invitado por Moctezuma, que se lo ofreció servido en una calabaza dorada.

Para preparar el chocolate, los mejicanos recogían los frutos del árbol del cacao, que siempre está verde y cuyas flores amarillas se parecen a las rosas. Luego partían las frutas y las exponían al sol hasta que «sudaban». El siguiente paso consistía en moler las vainas en un molino que llamaban metatl.

Thomas Gage, un inglés que iba a estar muy relacionado con el chocolate, asegura que su nombre procede de la onomatopeya choco-choco, que imita el chasquido del chocolate al entrar en contacto con el agua, y de atle, el nombre del molino.

El chocolate era tan caro que difícilmente pudo ser la bebida habitual de los campesinos pobres. En Méjico se utilizaba como dinero en lugar de las monedas, de las que nunca se sirvieron los aztecas. Las vainas de cacao se empaquetaban en bultos de 24.000 unidades, y éstos se constituían en la medida estándar del dinero, con los
que los mejicanos y los mayas pagaban sus impuestos.

Tal y como lo tomaron Moctezuma y Cortés, el chocolate era una bebida fría, no líquida, pero sí batida hasta conseguir una consistencia parecida a la de la miel, por lo que había que tomarlo con cuchara. Se mezclaba con toda clase de especias, incluyendo una que todavía se le añade hoy en día: la vainilla. Los aztecas, además le ponían con frecuencia maíz molido a su chocolate.

chocolate derretido

En manos europeas, el chocolate sufrió un considerable cambio. Se convirtió en una bebida auténtica, pues era tan caro que había que mezclarlo con agua. Sin embargo, se seguía batiendo y añadiéndole una gran variedad de especias, según la fórmula propia de cada consumidor.

Lo más probable es que los aztecas le introdujesen varios afrodisíacos naturales. De, hecho, tanto los franceses como los ingleses, consideraban al chocolate como un afrodisíaco.

Resulta característico de ambos temperamentos nacionales el que, mientras los franceses bebían chocolate sin ninguna prevención, estaban muy preocupados respecto al café, pues sus médicos les habían asegurado que los dejaría impotentes. Los ingleses, por su parte, estiman muy tranquilos con el café, pero les preocupaban los efectos que pudiera tener el chocolate sobre la castidad de las mujeres (la castidad de los hombros no se consideraba tan importante).

Al final del siglo XVIII ya no se consideraba que el chocolate pudiese poner en peligro la virtud femenina. Se tomaba en toda Europa, y fue una de las bebidas que hizo posible la revolución intelectual europea, conocida como el Siglo de las Luces.

Las damas francesas de cierto rango organizaban reuniones, y en sus salones se servía café o chocolate a sus imitados, que eran todos intelectuales y hombres, excepto la anfitriona. Mientras sorbían su chocolate discutían sobre los temas de actualidad y de política, como el de si los poderes del rey de Inglaterra deberían ser limitados, o lo que se podría hacer para mejorar la suerte cíe los campesinos.

El chocolate había perdido completamente su exótica reputación, hasta tal punto que con frecuencia lo bebían las colegialas y las monjas. Una de las entusiastas de esta bebida fue Madame d’Arestrel, superiora del convento de la Visitación de Belley, y que tenía un joven amigo llamado Anselme Brillat-Savarin.

La Revolución Francesa hizo que Anselme tuviese que emigrar a Nueva York, donde tuvo que ganarse la vida tocando el piano en una orquestina mientras pensaba en su gran obra gastronómica. En ella habría de incluirse la receta que la madre superiora de Belley le había proporcionado para hacer un buen chocolate.

«Hazlo en un recipiente de porcelana la noche antes de que quieras beberlo. Luego déjalo reposar toda la noche. Con este reposo adquiere una concentración y una textura aterciopelada que lo mejora infinitamente. Dios no nos guardará rencor por este pequeño refinamiento. Al fin y al cabo, ¿no es Él todo perfección?»

Fuente Consultada: La Búsqueda de las Especias de Ritchie

Los virreyes del Rio de la Plata y Sus Obras Todos los Virreyes

Los virreyes del Río de la Plata y Sus Obras

PEDRO DE CEVALLOS (1776-1778). Expulsó a los portugueses y aminoró el contrabando. En 1777 dio el Auto de libre internación; en 1778 habilitó el puerto de Buenos Aires  para el comercio con España. Fomentó la agricultura y la ganadería. Aumentó la seguridad de los caminos interiores mediante fortines y patrullas.

JUAN JOSÉ DE VÉRTIZ Y SALCEDO (1778-1783). Nativo de México. Implantó la Aduana (1778) y el régimen de intendencias (1782). Creó: la Casa de Corrección; la Casa Cuna u Hospital de Expósitos, donde se instaló la imprenta que estaba abandonada en Córdoba; el Protomedicato, donde, a principios del siglo XIX, se inició la enseñanza de la medicina; y el Hospicio de Pobres Mendigos.

Instaló el alumbrado público con velas de sebo y aceite; dispuso el rellenamiento de los pantanos y la construcción de la alameda sobre la barranca del río. Habilité el teatro que se llamó Casa de Comedias en el lugar denominado La Ranchería (esquina de las actuales calles Perú y Alsina). lmplantó los reales estudios y creó el Real Convictorio Carolino (1783).

Organizó los bienes de los jesuitas, implantando la Junta Superior de Temporalidades. Contribuyó a sofocar la sublevación de Túpac Amaru.

CRISTÓBAL DEL CAMPO, MARQUES DE LORETO (1783-1789). Durante su gobierno se creó la intendencia de Puno, incorporada al virreinato del Perú en 1796. Prosiguió el arreglo de las calles, haciendo empedrar algunas. Procedió a instalar la Audiencia, instituida durante la gestión de su antecesor.

NICOLÁS DE ARREDONDO (1789-1794). Previamente, fue gobernador interino de La Plata (Charcas). Inició el empedrado de la Plaza Mayor y de la calle de las Torres (actual Rivadavia). Permitió el libre comercio negrero a buques nacionales y extranjeros durante seis años. Esta actividad provocó un litigio con el Consulado de Buenos Aires, que acababa de instalarse. (ver: llegada a Bs.As.)

PEDRO MELO DE PORTUGAL Y VILLENA (1794-1797). Con anterioridad, fue gobernador del Paraguay. Amplié el comercio exterior a Manila y otros puertos del Pacífico. Abrió el comercio de carnes y harina con La Habana. Puso en estado de defensa las plazas fuertes de la Banda Oriental.

ANTONIO OLAGUER FELIÚ (1797-1799). Fue virrey interino, por pliego de providencia. Tomó medidas para impedir el ataque de los portugueses, aliados de los ingleses. Permitió el comercio con buques extranjeros.

GABRIEL DE AVILÉS Y DEL FIERRO (1799-1801). Organizó expediciones a las salinas, en procura de sal. Fomentó el desarrollo de las poblaciones fronterizas con los indios. Durante su mandato se publicó el Telègrafo Mercantil. Apoyé el funcionamiento de la Escuela de Náutica, creada por el Consulado.

JOAQUÍN DEL PINO (1801-1804). En 1776 fue gobernador de Montevideo. Terminó la plaza de toros del Retiro. Se preocupó por la concentración de los lugares de expendio de alimentos, surgiendo así la Recova. Reglamentó el comercio de trigo. Fomenté la minería y la construcción de embarcaciones en Corrientes y Paraguay.

MARQUÉS RAFAEL DE SOBREMONTE (1804-1807). Desempeñó previamente los cargos de secretario de Vértiz, gobernador intendente de Córdoba, subinspector general de las tropas del Virreinato. Introdujo la vacuna antivariólica. Gestionó y consiguió la creación del obispado de Salta. Reformó la universidad de Charcas. Fundó la población de San Fernando de Buena Vista. Durante las invasiones inglesas su actuación fue muy deslucida.

virrey Linniers

La caída de Sobremonte, ocurrida después de la Junta de Guerra del 10 de febrero de 1807, hizo recaer en Liniers el mando militar de todo el Virreinato, conservando la Audiencia el poder político.

El último virrey del Río de la Plata, Baltazar Hidalgo de Cisneros.
Los españoles los consideraban como su libertador; los criollos lo aceptaron con reservas.

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA BORBONES

CAUSAS DE LA CREACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA

CAUSAS DE LA FORMACIÓN DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA (puedes ampliar este tema)

Las causas de su creación fueron:

a) El peligro lusitano derivado de las cuestiones originadas por la posesión de la Colonia del Sacramento y la conveniencia de tener en estas regiones una autoridad fuerte que pudiese terminar con la amenaza portuguesa.

b) La necesidad de establecer una Audiencia separada de la de Charcas, pues las grandes distancias dificultaban y dilataban los asuntos en trámite. Por otra parte Cuyo, que dependía de la Audiencia de Chile, estaba incomunicada con ésta durante el invierno, debido a las nieves. Tomás Álvarez de Acevedo, fiscal de la Audiencia de Charcas, en 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo virreinato.

c) El peligro de que expediciones inglesas y francesas ocupasen las 1771 elevó un informe destacando la necesidad de crear un nuevo costas patagónicas y las Malvinas.

d) El aumento de la población blanca y negra que se dedicaba a la agricultura y ganadería, a las industrias y al contrabando determinaron la necesidad de reorganizar la administración.

Virreinato provisional — A fines de agosto de 1776 salió de España Don Pedro de Cevallos. Venían al Río de la Plata con la misión de afianzar el poder español en detrimento de los portugueses; primero se le concedió el título de jefe de la expedición y dos días después se le confirió el mando de las Provincias del Río de la Plata y de los territorios que comprendía la Audiencia de Charcas, como virrey, gobernador y capitán general. En la resolución se especificaba que terminada la expedición y conseguido el objeto que se proponía, dejara el mando militar y político en la forma que lo había hallado y regresara a España.

El virreinato era, pues, una organización provisoria. La Real Cédula de creación del Virreinato fue fechada y firmada el 1º de agosto de 1776; éste comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra. Charcas y los corregimientos, pueblos y territorios que dependían de esta Audiencia además de la región de Cuyo.

En 1777 murió el rey José 1 de Portugal y quedó al frente del gobierno su esposa María Victoria, hermana de Carlos III de España. Inmediatamente se inició una política de acercamiento entre España y Portugal con el consiguiente cese de hostilidades en América.

Firmada la paz entre España y Portugal, Cevallos tomó posesión efectiva del cargo de virrey en octubre de 1777 y gobernó hasta 1778 cuando le sucedió en el gobierno Juan José de Vértiz. Esto significaba que el virreinato quedaba establecido definitivamente, pues se nombraba virrey pese a que ya no existía el peligro lusitano, causa de la creación provisoria del virreinato del Río de la Plata.

mapa virreinatos en america

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

El virreinato del Rio de la Plata y sus virreyes Fundacion de Ciudades

El virreinato del Río de la Plata y sus virreyes

Durante largos años, los productos venidos de España llegaban al nuevo mundo por el Atlántico, se concentraban en Panamá, y tras cruzar el istmo, iban por el Pacífico hasta Perú. De Lima partían después las lentas caravanas de mulas que transportaban las mercaderías hasta las restantes ciudades del virreinato, a lo largo de un viaje de millares de kilómetros, cuya meta final era la ciudad de Buenos Aires.

Estas circunstancias explican la modestia de las ciudades cercanas al Plata, que debían esperar durante largos meses la llegada de las mercaderías esenciales para su actividad comercial.

La situación de Lima, en cambio, era mucho más favorable, no sólo por su proximidad al Pacífico, sino por su condición de ciudad capital del virreinato.

Avanzado ya el siglo XVIII, se hizo evidente la necesidad instalar un nuevo virreinato que atrajese la actividad mercantil hacia las poblaciones más cercanas al Atlántico y que, además, afianzara la autoridad española en la zona del Plata, constantemente amenazada por las incursiones de los portugueses.

Largos años habían pasado desde la llegada del primer adelantado, don Pedro de Mendoza. Para ocupar el cargo fue designado, al correr del tiempo, segundo adelantado del Río de la Plata, Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien llegó a Brasil en 1540 y se trasladó por tierra con sus hombres hasta la Asunción del Paraguay.

Alvar Núñez descubrió las cataratas del Iguazú, y admiró esa caída del río, que forma uno de los saltos de agua más portentosos del mundo. En marzo de 1542 Alvar Núñez llegó a Asunción del Paraguay y se hizo cargo del territorio. No fue feliz su tarea de gobernante. Dos años después de su llegada fue destituido, encarcelado por los vecinos de Asunción, y desterrado a España.

El tercer adelantado del Río de la Plata fue don Juan de Sanabria, quien falleció en España antes de ocupar su cargo; su hijo Diego, designado para reemplazarlo, marchó hacia el Perú en lugar de dirigirse a la Asunción; Irala tomó entonces el mando, hasta 1556, fecha de su muerte. Tras un largo intervalo, el quinto adelantado, Juan Ortiz de Zárate, llegó a la Asunción, luego de un viaje penosísimo. Permaneció en el cargo hasta su muerte, ocurrida en 1576.

Juan de Garay -sin duda la figura señera de este período-, tomó el gobierno. Asesinado por los indios en 1583, el mando de la Asunción pasó a manos del sexto y ultimo adelantado del Río de la Plata, Juan Torres de Vera y Aragón, yerno de su antecesor Ortiz de Zárate. El adelantado fundó en 1588 la ciudad de Corrientes, y marchó después a España, donde renunció a su cargo.

A los adelantados sucedieron los gobernadores, que actuaron entre 1591 y 1776. El primer gobernador del Río de la Plata, asunceño de origen, fue Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, quien desempeñó el cargo durante varios-períodos. En 1617 el rey de España dividió la vasta región del Plata en dos gobernaciones: la del Paraguay, con capital en Asunción, y la del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires. Se destacaron como gobernadores de Buenos Aires, entre otros, José de Garro, que desalojó a los portugueses de la Banda Oriental; Bruno Mauricio de Zavala, que fundó en el año 1724 la ciudad de Montevideo; Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo a quienes correspondería actuar después como virreyes.

mapa virreinatos español en america

Corrientes Fundadoras

Durante la época de los adelantados y de los gobernadores se fundó la mayor parte de las ciudades capitales de nuestro país. Las corrientes fundadoras fueron tres:

Corriente del este: Integrada por los hombres que, venidos directamente del viejo mundo por el camino del Atlántico, fundaron las ciudades cercanas al Plata y sus principales afluentes:

Santa Fe, fundada por Juan de Garay en 1573.

Buenos Aires, fundada por Juan de Garay en 1580.

Corrientes, fundada por Juan Torres de Vera y Aragón en 1588.

Corriente del norte: Integrada por los hombres, que procedentes del Perú, fundaron las ciudades del centro y del norte del país Santiago del Estero, fundada por Francisco de Aguirre en 1553.

San Miguel de Tucumán, fundada por Diego de Villarroel en 1565.

Córdoba, fundada por Jerónimo Luis de Cabrera en 1573.

Salta, funda por Hernando de Lerma en 1582. La Rioja, fundada por Juan Ramírez de Velasco en 1591.

San Salvador de Jujuy, fundada por Francisco Argañaraz en 1593.

Catamarca, fundada por Fernando de Mendoza y Mate de Luna en 1683.

Corrientes del oeste: Integrada por los hombres que, procedentes de Chile, funda. ron las ciudades de Cuyo, al oeste de nuestro país.

Mendoza, fundada por Pedro del Castillo en 1561.

San Juan, fundada por Juan Jufré en 1562. San Luis, fundada por Luis Jofré de Loaisa en 1594.

Por Real Cédula del 6 de agosto de 1776, se creó provisionalmente el Virreinato del Río de la Plata, con capital en Buenos Aires y, en 1782, su extenso territorio se dividió en ocho intendencias: Buenos Aires, Córdoba, Salta, Paraguay, Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz. El virreinato comprendía, además, varias zonas militarizadas situadas en los límites con el Brasil: las provincias de Moxos, Chiquitas y Misiones, y la Banda Oriental.

LOS VIRREYES PROGRESISTAS: CEVALLOS Y VERTIZ: Once fueron en total los virreyes del Río de la Plata, sistema de gobierno que se prolongó durante treinta y cuatro años. Entre todos ellos, han de señalarse por su acción progresista, Pedro de Cevallos y Juan José de Vértiz y Salcedo. Cevallos que gobernó dos años, logró la definitiva expulsión, de los portugueses de la Banda Oriental, asegurando así el dominio español en ambas márgenes del Plata.

Vértiz, su sucesor, desempeñó el cargo durante seis años, en cuyo transcurso completó muchas de las obras iniciadas por él mismo cuando fue gobernador. Se ocupó activamente de todo cuanto se relacionara con el bienestar y con el progreso de la colonia.

En 1779 fundó la Casa de Expósitos, para hogar y asilo de los niños desamparados. En 1780 adquirió la impresora y tipos que había funcionado en el Colegio Montserrat de Córdoba y la hizo trasladar a Buenos Aires, que tuvo así su primera imprenta, instalada en la Casa de Expósitas. A partir de 1780 dispuso que hubiera alumbrado público las calles, lo que le valió entre el pueblo el apodo de Virrey de las luminarias. En 1783 creó el Real Colegio de San Carlos, primer  instituto de enseñanza superior que hubo en Buenos Aires. Fue, además, un propulsor sincero de cuanta actividad cultural se insinuase en la colonia; por esta razón, anticipándose a su época y superando recelos y prejuicios, amparó el teatro.

Obras de los adelantados del rio de la Plata Hechos de su gobierno

Obras de los Adelantados del Río de la Plata

pedro de mendoza funda buenos aires

AÑONOMBRADO POR
EL REY
NOMBRADO POR
EL ANTECESOR
NOMBRADO POR
ELECCIÓN
HECHOS SALIENTES
DE SU GOBIERNO
1536En 1534, Pedro de Mendoza  

Fundación   del   Puerto  de   Nuestra   Señora   del   Buen   Aire, de    Corpus    Christi    y    de    Nuestra    Señora    de    la    Buena Esperanza.  

1537 Juan de Ayolas 

Juan de Ayolas
Viaje en busca del camino al Perú. Fundó el puerto de !La Candelaria, sobre el Paraguay y el paralelo 19?. Dejó allí a su segundo. Domingo Martínez de Irala, al que se juntaron luego Gonzalo de Mendoza y Juan de Salazar y Espinosa, enviados por el Adelantado Mendoza en busca de Ayolas. Salazar y Espinosa levantó casi frente a la desembocadura del Pilcomayo, en la margen izquierda del río Paraguay, un asiento que fue la base de la ciudad de la Asunción.

1539 En 1537, Domingo Martínez de Irala 

Alonso Cabrera, portador de la real cédula de 1537 y veedor del reino, reconoció teniente gobernador a Domingo Martínez de Irala por ser lugarteniente de Ayolas. Irala instituyó el Cabildo, repartió los indios, dio impulso a la edificación e hizo levantar un censo de la Asunción. Despobló definitivamente Buenos Aires y el centro de la conquista española pasó a la Asunción.

1542Alvar Nuñez cabeza de Vaca en 1541  

Fue célebre por su viaje atravesando la América del Norte, por lo que fue llamado «el mayor caminador de la historia». Partió de Cádiz con 400 colonizadores en 3 barcos. Hizo escala en Santa Catalina y emprendió el viaje al Paraguay por tierra con 200 hombres y 26 caballos. El resto fue por el Paraná; llegó a la Asunción el 11 de marzo de 1542 y nombró  a Irala. Lo envió a explorar el Norte y éste regresó diciendo haber llegado a la región de los metales preciosos. Alvar Núñez hizo otra expedición con resultados negativos hacia el norte. Al volver a la Asunción fue derrocado y enviado a España.

1544  Domingo Martínez de IralaOrganizó una nueva expedición al Perú, consiguiendo llegar a Charcas, Encontró a los conquistadores del Perú convulsionados por Suenas civiles y por ello se le recomendó que no explorase más allá de los límites del Paraguay. Es nombrado el 4 de octubre de 1552 gobernador propietario. Se funda la diócesis del Ría ce la Plata, siendo primer obispo fray Pedro de la Torre. Irala murió et 3 de octubre de 1S56, designando gobernador a Gonzalo de Mendoza,
1552Domingo Martínez de Irala  
1556 Gonzalo de Mendoza Gobernó durante dos años. Envió a Nufrio de Chaves a fundar una población que facilitase las comunicaciones con el Perú. Esta fue Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Murió
en 155S.
1558  Francisco Ortiz de VergaraEn 1564 realizó un viaje al Perú por la ruta de Santa Cni2 de la Sierra, para pedir confirmación del cargo de gobernador. Fue detenido, procesado y absuelto por la Audiencia ce Chaicas. Durante el litigio fue nombrado por el virrey del Perú Juan. Ortíz de Zarate, con la condición de ir a España para ser confirmado.
1568Juan Ortiz de Zárate  Fue confirmado en España como Adelantado del Río de la Píate por dos vidas en 1569. Durante el tiempo ce su viaje designó teniente de gobernador a Felipe de Cáceres.
Felipe de Cáceres (interino) Se produjeron en la Asunción grandes desórdenes y Felipe de Cáceres fue depuesto. En su lugar se nombró a Martín Suárez ce Toledo.
1572 Martín Suárez de Toledo Durante su gobierno, Juan de Garay fundó la ciudad de Santa Fe.
1575Juan Ortiz de Zárate  Recién en 1572 logró organizar su expedición y partió de Cádiz con 5 naves y 510 personas. Después de un azaroso viaje y de continuas luchas en él Río de la Plata, llegó a la Asunción en 1575. Efectuó un reparto más humanitario de los indios y murió el 26 de enero de 1576 dejando heredera de la región del Pío de la Plata a su hija Juana, residente en Charcas, y gobernador interino a su sobrino Diego de Mendieta.
1576 Diego de Mendieta Gobierno desordenado. Fue depuesto por los habitantes de la Asunción.
1578 Juan Torre de Vera y Aragón Al casarse Juana Ortiz de Zarate con el oidor de la Audiencia de Charcas, Juan Torres de Vera y Aragón, fue éste el Adelantado del Río de la Plata. Discutida la legalidad de su cargo, designó a Juan de Garay teniente d« Gobernador.
Juan de Garay Segunda fundación dé Buenos Aires.
1583Juan de Torres Navarrete Fundó la ciudad de Concepción del Bermejo, de corta
existencia.
1587Juan Torre de Vera y Aragón  Fundó en abril de 1588 la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. En 1590 partió para Charcas y de allí a España, donde renunció al cargo en. 1593.

Choque Cultural Españoles y Aborigenes en la Sociedad Colonial

 Choque Cultural Españoles y Aborígenes en la Sociedad Colonial

Luego de la conquista, los españoles intentaron establecer una nueva sociedad en América, pero su organización les presentó una serie de dilemas. El más importante era qué hacer con los habitantes originarios de las tierras conquistadas, a quienes llamaron indios. Este dilema tenía su origen en la discusión acerca de la naturaleza de los indios: si eran humanos o no. Luego de una larga y acalorada polémica entre sabios españoles, entre quienes se destacó Bartolomé de las Casas, se llegó a la conclusión de que los indígenas eran humanos.

Por lo tanto, serían considerados legalmente como personas. Sin embargo, como se los equiparaba con los menores de edad, debían ser tutelados por los adultos (en este caso, los españoles).

Además, desde un primer momento, los reyes de España intentaron separar a los indios de los españoles, legal y físicamente. Las dos “repúblicas” o comunidades —la de los españoles y la de los indígenas— tenían existencia legal como entidades separadas entre sí. Esta separación nunca fue efectiva y, desde un comienzo, ambas comunidades se relacionaron e, incluso, se mezclaron.

Para los indígenas americanos, la conquista significó un verdadero trauma. Eran los vencidos en un choque violento que se desarrolló en varios frentes. Tanto su existencia física como social y cultural estaba amenazada por la sola presencia de los españoles. Con respecto a la existencia física, los españoles habían traído de Europa enfermedades totalmente desconocidas en América, a causa del aislamiento de este continente.

La gripe, el sarampión y las paperas eran inofensivas para los españoles. pero resultaron trágicas para los indígenas. Este “choque biológico” causó, en toda América, un drástico descenso de la población indígena a lo largo de los siglos XVI y XVII.

El descenso demográfico fue mayor en algunas zonas que en otras, de acuerdo a la intensidad del contacto entre indígenas y españoles. En Nueva España, la zona más poblada del continente, la población indígena pasó de unos veinte millones en 1519 a poco más de un millón alrededor de 1610.

Además de este choque biológico, los indígenas tuvieron que enfrentarse con las demandas de los vencedores. Cuando los españoles fundaban una ciudad, repartían los indígenas entre sus hombres como recompensa por su participación en la empresa de conquista y poblamiento.

Este reparto se llamaba encomienda. De acuerdo con la ley española, los encomenderos recibían los tributos de los indios a su cargo y, a su vez, el encomendero debía darles protección y enseñanza en la fe católica. Cada indio adulto debía pagar el tributo en bienes, en trabajo o en moneda.

Este sistema dio lugar a múltiples abusos por parte de los encomenderos. Además del pago del tributo, los indígenas debían trabajar para los españoles en forma rotativa en diferentes actividades, no sólo en la minería sino también en el mantenimiento de caminos, construcciones públicas y limpieza de canales.

Las presiones impuestas por los españoles causaron efectos muy diversos sobre los indígenas. Algunos cayeron en el agotamiento, la desesperación y el desaliento que los llevaron a la muerte. Esto ocurrió, por ejemplo, en Santo Domingo, donde los indígenas se extinguieron ya en el siglo XVI, agotados por el sobretrabajo exigido por los españoles. Otros huyeron de sus lugares de residencia, para alejarse del encomendero y del tributo.

En estos casos se produjeron grandes migraciones indígenas tanto en Nueva España como en los Andes. Los que se quedaron en sus lugares de origen lograron un acuerdo con el encomendero: podían producir alimentos y venderlos en los mercados de las ciudades, para conseguir dinero y pagar el tributo.

También podían recurrir a la justicia española para proteger sus tierras y bienes en caso de tener que enfrentar los abusos de un encomendero. Así lo hicieron los indígenas de toda América, sobre todo los de Nueva España y Perú. Como último recurso frente a las imposiciones españolas, los indígenas se rebelaron, como ocurrió en varias ocasiones durante los siglos XVI, XVII y XVIII.

El choque entre los indígenas y los españoles también fue social y cultural. La pérdida de la autonomía de las sociedades indígenas significó un trauma para ellos, sobre todo para los jefes indígenas, que fueron perdiendo su poder. Las creencias indígenas fueron duramente atacadas por los españoles, quienes buscaban lograr, como misión civilizadora, la incorporación de esos infieles a la religión católica. El proceso de evangelización que comenzó con la conquista ocasionó la “muerte” de los dioses indígenas. Esto no implicó la absoluta e inmediata aceptación del catolicismo por los indígenas, sino que fue un proceso gradual y nunca del todo concluido.

En el otro extremo de la sociedad se encontraban los vencedores, los españoles. La sociedad española en América no era uniforme. Si bien todos eran blancos, y esto los diferenciaba muchísimo del resto, existían profundas diferencias entre ellos. Principalmente, por su lugar de nacimiento: España (peninsulares) o América (criollos).

También por la fortuna. En el siglo XVI, los encomenderos se encontraban en la cúspide de la sociedad. Estos, además de beneficiarse con el trabajo de los indios, fueron controlando cada vez más tierras. La encomienda fue declinando su importancia a fines del siglo XVI y los dueños de la tierras —los hacendados— tomaron el lugar de los encomederos como grupo más poderoso económicamente. Religiosos, comerciantes y altos funcionarios estaban un poco más abajo en la escala social.

Estos cuatro grupos —hacendados, religiosos, comerciantes y altos funcionarios— eran la “gente sana” de la población y la capa más alta de la sociedad, suficientemente integrada mediante matrimonios y parentescos.

Más abajo en la pirámide social, había una masa mucho más mezclada, tanto en las ciudades como en el campo. Esta capa era una mezcla de colores y sangres, fruto de los encuentros sexuales de las diferentes razas. Era el mundo del mestizaje: artesanos, trabajadores, sirvientes, peones.

Por debajo de ellos estaban los negros, traídos de África en contra de su voluntad: eran esclavos domésticos de las familias blancas ricas de las ciudades o eran esclavos rurales de las haciendas y plantaciones, sobre todo, del Caribe y del Brasil.

La religión y la Iglesia lo abarcaban todo: estaban presentes en todos los eventos importantes, en las festividades y en la vida cotidiana de las personas, desde el nacimiento hasta la muerte.

GRUPOS RACIALES:
a) Blanco + Negro: Mulato
b) Blanco + Indio: Mestizo
c) Negro + Indio: Zambo

Había otras subcastas producto entre zambos, mestizos y mulatos

LA SOCIEDAD COLONIAL

Los blancos eran la clase privilegiada, «gente decente». Pero sólo los españoles tenían todos los derechos.
Los Indios no tenían ningún derecho y se los despreciaba. No podían tener empleos ni andar a caballo. Intercambiaban sus productos en las pulperías.
A los criollos les estaba prohibido hacer política. Como máximo podían ser empleados de tienda por supuesto, los que podían Iban a las universidades).
En el Río de la Plata los negros eran, en su mayoría esclavos. Algunos compraban su llbertad al amo: se los llamaba libertos. Vendían productos por su cuenta o de los patrones. También trabajaban en las chacras y el campo. Los negritos llevaban almohadones para que sus amas se sentaran en la iglesia.
La sociedad colonial estaba dirigida por los blancos. Los españoles se consideraban a si mismos como los más Inteligentes.
Pensaban que los criollos no tenían mucha capacidad, Los mestizos y mulatos se desempeñaban como sirvientes.
También se dedicaban al comercio ambulante.
Había una enorme cantidad de vendedores ambulantes. Ofrecían: escobas, pasteles, pescado, fruta, agua, carne, sogas yartículos de contrabando.
Además de recorrer las calles con su mercancías y pregones se establecían por las mañanas en la Recova de la Plaza Mayor.
En las afueras de la ciudad estaban las pulperías, almacenes de campo donde la gente también Jugaba a las cartas y bebía aguardiente.

Contaba Mariquita Sánchez de Thompson: Había mucha escasez de muebles, que eran muy ordinarios. Es cierto que había mucha plata labrada, pero ésta era Indispensable. La loza era muy cara y muy escasa: de modo que era una economía tener una docena de platos, unas fuentes y lo demás no con gran profusión. No se mudaba cubierto a cada plato y algunas veces comían dos cosas en el mismo plato. Y para beber agua había un jarro de plata que circulaba en la mesa. Los más pobres tenían peltre en lugar de plata. La gente del campo vivía en la mayor miseria, los salarios no les permitían vestirse. Andaban con un poncho, un sombrero bajito y un pañuelo para atarse la cabeza. En casa de Mariquita Sánchez de Thompson se entonó por primera vez el Himno Nacional. En época de Sarmiento fue directora general de escuelas. Escribió amenos relatos sobre su tiempo.

Tertulia Colonial:La tertulia era una reunión que tenía lugar todas las noches. A las casas se entraba sin llamar. Durante la velada se tocaba música, bailaban, charlaban y comían. Duraba hasta pasadas las doce de la noche. Los hombres iban a las tertulias vecinas. Así todos se conocían.

Cena Colonial en el Virreinato:Las clases altas, también llamadas «gente decente» almorzaban a las catorce horas. El menú diarlo era de 20 platos: Sopa de pan, vermicheli, varios guisos, puchero, ternera asada, ensaladas. Al terminar una esclava negra rezaba y la familia se persignaba. Después venían los postres que eran exclusivamente frutas. Sólo tomaban agua, luego del postre, otra esclava pasaba un recipiente donde todos se lavaban las manos. Posteriormente se retiraban a dormir la siesta.

Fuente Consultada:
Historia Argentina (Secundaria) Santillana –
Pensar La Historia 8º Año Esc. Media