Organización Política Nacional

La Sociedad Política Características y Concepto

La Sociedad Política Características y Concepto

La sociedad política: Nuestra naturaleza humana nos impone vivir en sociedad. Sin la sociedad no podemos sobrevivir; mucho menos desarrollar nuestra persona. La vida y la actividad de los hombres se desarrollan en múltiples grupos. Pertenecemos a una familia, a una ciudad, a una provincia; concurrimos a una escuela, colegio o centro educacional; formamos parte de un grupo artístico, cultural o deportivo; trabajamos en un taller, en una empresa o en una oficina; integramos un sindicato o un grupo profesional.

Cada uno de estos grupos satisface determinadas necesidades o desarrolla aspectos de nuestra persona. El grupo de trabajo, nuestras necesidades económicas; el grupo educacional, nuestras necesidades de formación, etc.

En cada grupo se da una jerarquía: hay quien manda y quien obedece. En la familia manda el padre; en el colegio, el rector; en él club, el presidente. Quien está al frente de ellos es el responsable de su buen funcionamiento. Si el grupo no es bien mandado no cumple sus finalidades. Ningún grupo humano puede funcionar bien si no es conducido con capacidad.

Existe otro grupo humano, mayor y más universal: la sociedad como tal. Una sociedad global en la cual todos los otros grupos se ordenan, integran y jerarquizan. En él tienden a compaginarse los intereses y las necesidades de todos. Esta sociedad, para nosotros la República Argentina, es lo que se llama sociedad política.

Las otras sociedades menores y todas las actividades (económicas, asistenciales, educacionales, administrativas, recreativas, etc.) se coordinan en ella y le están sujetas. De su conjunto debe resultar para todos los hombres la seguridad y la justicia, la satisfacción de sus necesidades y el desarrollo de sus personas. Por esto los filósofos clásicos la llamaban «sociedad perfecta».

La sociedad política tiene leyes que regulan la convivencia y gobernantes que administran y conducen. Si los gobernantes no son aptos y honrados se multiplican las injusticias, las necesidades de muchos quedan sin cubrir, se multiplican las tensiones sociales.

El concepto de sociedad política perfecta es relativo y resulta condicionado a través de la historia y en distintos lugares del mundo, por el nivel cultural de los grupos humanos. En las comunidades primitivas la familia y luego el «clan» (conjunto de familias con un antepasado común) constituyen la sociedad política perfecta. Para los antiguos griegos, la «polis» (ciudad-estado) era su sociedad perfecta.

A medida que mejora el nivel cultural medio las necesidades de la comunidad aumentan (los caníbales no tenían necesidad de servicios sanitarios), y consecuentemente se amplía el ámbito de esa sociedad.

En la Edad Media el señor feudal atiende a todas las necesidades de sus vasallos y el feudo es la sociedad perfecta. Por distintas circunstancias, inclusive algunas de naturaleza política y militar, los señores feudales se vuelven incapaces de satisfacer hasta sus propias necesidades, empiezan a unirse y se forman los reinos, origen de la mayor parte de los estados modernos que constituyen nuevas sociedades perfectas.

La tendencia hacia la ampliación del ámbito de las sociedades perfectas parece continuar y a la vez que surgen organizaciones políticas internacionales (Naciones Unidas, Estados Americanos) se van formando comunidades de naciones con el objeto de satisfacer nuevas necesidades (Comunidad Económica Europea, Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, etc.).

El Poder Supremo

Entre la sociedad política y las otras sociedades existe una diferencia fundamental: el poder de la sociedad política es supremo y las demás sociedades, de una u otra forma, le quedan sometidas.

El estado dicta leyes sobre economía, educación, sobre sindicatos, sobre empresas, sobre asistencia médica y social, sobre actividades deportivas, etc., etc. Tales leyes regulan el funcionamiento de las otras sociedades. Incluso dicta leyes sobre problemas familiares.

Si un padre no cumple con sus obligaciones esenciales puede intervenir la justicia; si una empresa no cumple sus compromisos o contratos, se puede acudir a la autoridad competente. Cosa semejante sucede si el presidente de un club, o si el director de un colegio faltan a sus obligaciones. El poder que ejercen sus autoridades siempre está, en alguna forma, subordinado.

No sucede lo mismo con la autoridad estatal. Si una ley ha sido aprobada debo obligatoriamente cumplirla; si la estimo injusta, sólo me queda acudir al mismo Congreso que la dictó pidiendo que la derogue o modifique. Si el Presidente dicta un decreto, no me queda sino acatarlo; si un juez dicta una sentencia, su cumplimiento es obligatorio.

Este poder supremo es lo que se ha llamado soberanía. El término proviene de soberano, «el que está sobre todos», apelativo que se daba a los monarcas. Podemos definir soberanía como «el poder de autodeterminación que tiene un pueblo, en virtud del cual se organiza, dicta sus propias leyes y regula su vida y actividad sin dependencia de otros estados o potestades humanas».

En la época de las monarquías absolutas fue Juan Bodino quien usó el término para significar el poder absoluto de los monarcas. Según sus teorías el rey podía disponer a su arbitrio del poder. A nadie debía dar cuenta de sus actos, sino a Dios y a su conciencia. Es lo que expresaba Luis XIV al decir: «el estado soy yo». Entendía soberanía como poder absoluto.

El poder absoluto de los reyes así concebido, la revolución francesa lo atribuyó a la nación. Para algunos soberanía es el poder absoluto e ilimitado de la nación, que es la que crea los derechos y en último término estatuye lo que está bien y lo que está mal. Fue Rousseau quien fundamentó esta teoría.
Para nosotros, soberanía tiene otro sentido. Soberano es el poder supremo, que no está sujeto a otra potestad terrestre. Lo cual no significa que sea absoluto, ni ilimitado.

Cuando decimos que la Argentina es un país soberano queremos decir que tiene derecho a autodeterminar sus leyes y sus instituciones, a conducir su propia vida sin sujetarse a otro poder superior y extraño.

No queremos decir que tal poder sea ilimitado. No existe poder terrestre que lo sea. Incluso el poder supremo, para que sus resoluciones sean legítimas y válidas, debe respetar la ley natural, los derechos humanos y los derechos de los otros pueblos.

En la actualidad casi todas las naciones tienen su poder supremo limitado por sus compromisos con otros pueblos y con los organismos internacionales.

Cuando hablamos de «soberanía popular», lo que queremos decir es que en la democracia el poder supremo, en última instancia, reside en la comunidad. De ella deriva el poder de los gobernantes.

Teorías de la Soberanía

El problema de la justificación del poder ha preocupado siempre a los hombres.

Se han elaborado diversas teorías.

Las dividiremos en teocráticas y democráticas.

Las teocráticas concebían al poder como concedido directamente por Dios a los gobernantes. Las principales son:
1) la de la naturaleza divina de los gobernantes. Estos son dioses, o participan de la divinidad. Por ejemplo, los faraones en Egipto, los Incas, en Perú.
2) de la investidura divina, que afirma que los gobernantes son designados por el mismo Dios.
3) de la investidura providencial. Los hombres designan a los gobernantes, pero el poder les viene de Dios. Los católicos creemos que el poder del Papa proviene directamente de Dios, aunque su designación sea obra de hombres. Cosa semejante sostiene esta teoría respecto al poder político.

Las democráticas sostienen que el poder supremo proviene del pueblo.

Las principales son:

1) de la soberanía fraccionada, cuyo autor es Rousseau. Como los hombres somos iguales nos reunimos mediante un «pacto» para formar la sociedad. Cada uno tiene una parte de la soberanía, con la suma de las cuales se forma el poder supremo.

2) de la soberanía nacional, que atribuye a la nación un ser real, distinto de los miembros que la constituyen, la cual es considerada como única poseedora de la soberanía. Ninguna fracción o grupo tiene derecho a gobernar. Gobiernan los designados por la nación.

Fue la teoría de la Revolución Francesa, producto de una circunstancia histórica: los revolucionarios habían destituido y guillotinado al rey, que hasta entonces detentaba el poder soberano. No podían invocar la soberanía del pueblo, porque si hubiesen convocado a elecciones, el pueblo, que en su mayor parte era monárquico, hubiese votado por la restauración de la monarquía. Entonces inventaron el concepto de nación como ser con realidad propia y a él atribuyeron la soberanía ilimitada.

3) de la soberanía proletaria, originada en la concepción mar-xista de la lucha de clases. Afirma que la soberanía reside en la clase proletaria, la más numerosa y positiva. Es ella la que tiene derecho a gobernar, por medio de sus elementos más conscientes que son los miembros del partido comunista.

Esta teoría ha conducido al poder absoluto y dictatorial del partido y del gobierno en los países comunistas, como etapa de transición a una sociedad ideal donde no haya oprimidos por el Estado que para el marxismo es una creación capitalista. Cada una de estas teorías ha servido para justificar el poder supremo en distintas sociedades y pueblos.

El concepto de soberanía es un concepto abstracto, usado en diversos sentidos, y por lo tanto equívoco. Por eso más que hablar de poder soberano, hablaremos de poder supremo.

esquema soberanias

La justificación del poder

esquema sociedad politica

El problema real en toda sociedad es la justificación del poder supremo y la determinación de sus fines y sus límites.

Vamos a exponer los fundamentos de la concepción cristiana del poder. Según ella el poder viene de Dios y viene del pueblo a la vez.

El poder viene de Dios:

— la naturaleza obliga al hombre a vivir en sociedad.
— la sociedad, para cumplir sus fines necesita un poder que la coordine y dirija. Sin autoridad la sociedad se convierte en caos y la convivencia es imposible.
— es Dios, autor de la naturaleza, quien ha puesto estas exigencias y hecho necesaria la autoridad. El poder no existe por capricho humano, sino por designio de Dios.
— no es Dios quien designa los gobernantes, ni establece las formas del poder. Esto es obra de los hombres. Pero los fines esenciales del poder, sus límites y modos fundamentales están dados por la naturaleza, es decir, por Dios.

El poder viene del pueblo:

— nadie entre los hombres tiene por naturaleza propia poder sobre otros hombres. Todos somos esencialmente iguales.
— el poder pertenece al pueblo, a la comunidad. Es ella quien establece las formas de gobierno y designa las autoridades. Si el presidente tiene derecho al poder es porque la comunidad lo ha designado. Si el rey tiene derecho al trono es porque el pueblo ha aceptado este sistema.
— cada pueblo crea a través de la historia y de sus instituciones, sus formas propias de organizar el poder y de designar a los gobernantes. Pero los fines esenciales del poder, que es la búsqueda del bien común, no varían.
— ningún pueblo está por naturaleza sometido al dominio de otro. Tiene derecho a crear sus formas políticas y conducir sus destinos con independencia de todo otro poder terrestre. Por esto decimos que es soberano, o que el poder supremo pertenece al pueblo.
— del pueblo, por lo tanto, reciben su poder los gobernantes. Ante él son responsables, no sólo ante Dios y su conciencia.
— ningún poder terrestre es absoluto o ilimitado. Todo poder, incluso el poder del pueblo, está sujeto al orden moral.

Tal concepción nos da los principios para interpretar con exactitud la naturaleza y los alcances de la soberanía. La democracia tiene la ventaja sobre otras formas de gobierno de que hace explícitos y conscientes estos principios.

 

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Influencia de España en el Estilo de Vida Argentino Resumen de Aportes

Aporte e Influencia de España en el Estilo de Vida Argentino

Primeros Europeos en el Territorio: Los conquistadores que llegaron al Río de la Plata o Asunción eran del sur de España (muchos de ellos descendientes de árabes y andaluces) y de origen humilde, distintos por cierto de los orgullosos vascos o castellanos que se consideraban españoles puros y, en muchos casos, pertenecían a familia de alto nivel social.

Pero los conquistadores no establecieron lo que consideramos familias en la actualidad, puesto que no solamente sus uniones duraban poco tiempo, sino que inclusive practicaban la poligamia porque los caciques tenían la costumbre de entregar sus hijas como prueba de amistad.

fundacion de buenos aires

Fundación de Buenos Aires

Recién en el siglo XVII se constituyen familias o grupos permanentes, como consecuencia de la creación de la propiedad privada y de ciertos privilegios económicos. Ya para entonces, sobre todo en Asunción, estos privilegios se otorgaron en gran parte a mestizos.

Esta situación cambió cuando las autoridades españolas resolvieron trasladar familias enteras desde la metrópoli. Se produjo así una separación de castas y pronto el mestizo ocupó una jerarquía social inferior al del español y del criollo que era hijo de padres españoles, pero nacido en América.

Por otra parte, a partir de esa época, los cargos públicos fueron ocupados por los españoles y en algunos casos por los criollos, pero fueron dejado de lado los mestizos.

El aporte hispánico al estilo de vida argentina:

Con la independencia de las colonias, esta situación no cambió ya que si bien al principio se estableció una neta separación entre el criollo y el español puro, cuando este último se adhirió a los principios de la Revolución, la tensión disminuyó y se estableció un equilibrio social. Es de notar que de cualquier manera la estructura de la familia criolla, sus costumbres y creencias eran prácticamente las mismas que la de la familia española.

Sin embargo, el ideario político de la revolución de Mayo sé encontraba inspirado en los de la Revolución Francesa partiendo del principió de la individualidad e igualdad de derechos, por lo cual no podía encontrarse de acuerdo con el régimen familiar trasplantado de las costumbres españolas.

A) EN LA LEGISLACIÓN
Su primer demostración de esa rebeldía estuvo presentada en la Asamblea del año 1813 al suprimirla esclavitud y la servidumbre indígena acordando a los naturales los mismos derechos políticos y aboliendo el mayorazgo y las vinculaciones.

No obstante, sólo fueron éstas las únicas normas dictadas qué se relacionaron con los derechos de familia y patrimoniales.

Por primera vez, el 13 de octubre de 1814, se menciona oficialmente un Ministerio de Menores, creándose los defensores de incapaces para lograr el amparo de éstos.

Quedan así sentadas las bases de un cambio total en la organización económica y jurídica de la familia, la cual deja de adoptar las características feudales que se basaban en el dominio inalienable de la tierra con el fin de adaptarse a las nuevas condiciones sociales y políticas.Pero sucede a ese deseo de independencia un período de anarquía que trae como consecuencia un desmembramiento de las distintas provincias, las cuales se dictan a sí mismo sus propias leyes y quedan bajo la dirección y mando de sus respectivos caudillos.

De esa época datan algunos documentos (uno de los cuales era una ley aprobada el 2 de enero de 1824 en Buenos Aires), en los cuales se habla de juicios de divorcio y nulidad de matrimonio, los que deberían ser juzgados por las autoridades civiles, con exclusión de las religiosas. En otros (una ley posterior al 20 de marzo de 1833) se otorgaban dispensas que autorizaban los matrimonios entre personas católicas y otras de credo diferente.

Luego de la Batalla de Caseros y en el período en que Buenos Aires se mantuvo separada de la Confederación, el centro más importante de la actividad legislativa se encontraba en dicha provincia.

Vélez Sarsfield, que intervino en muchas iniciativas legislativas en Buenos Aires fue el redactor del Código Civil e incorporó al mismo algunas de ellas con ligeras modificaciones y que son las que, actualmente, nos rigen.

La familia, en nuestro país continuó el esquema del hogar español, pero modificado por la convivencia obligada con la raza aborigen, lo que trajo como consecuencia una serie de matrimonios en los cuales se fusionaron o asimilaron las dos razas.

Por ello, es necesario recordar cuales eran los rasgos más salientes de la familia española para comprender el espíritu que animó a la formación de la familia en esa época, y que sirvió de base a la constitución de la sociedad colonial.

B)EN LA RELIGIÓN
En efecto, la familia española tenía un carácter esencialmente cristiano, con un gran respeto de la autoridad del jefe de la familia, que era, a su vez, padre y marido, y complementariamente también existía un fuerte arraigo patrimonial.

El matrimonio, unión de los cónyuges, era considerado un sacramento religioso que. se encontraba regido por leyes canónicas.

Los jefes y oficiales del movimiento que colonizó estas tierras tenían ascendiente feudal, lo cual determinó la institución del mayorazgo, con los efectos consiguientes sobre la intransmisibilidad de ciertos bienes.

La ley y la costumbre le otorgaban al padre un cúmulo de derechos tanto sobre sus hijos como sobre su mujer.

La incapacidad de los menores se extendía hasta los 25 años de edad y el padre podía oponerse, de manera absoluta, al matrimonio de sus hijos.

Pero, no obstante ese carácter patriarcal del matrimonio, la mujer era respetada dentro de su hogar, de conformidad con las normas de la moral cristiana, aun cuando desde el punto de vista legal se encontraba subordinada a su marido, al punto tal, que éste tenía el derecho de quitarle la vida si la sorprendía en un acto de adulterio. Esa amplitud de atribuciones que poseía el Jefe de la familia limitaba totalmente la intervención del Estado, cuyas leyes amparaban al hombre.

tabla de poblacion del virreinato

Prácticamente, los poderes públicos solamente influían en casos muy especiales con el ánimo de proteger a los elementos débiles, por e-emplo, la restitución de bienes a los menores en caso de malversación por parte de sus tutores o, para la inenajenabilidad de la dote de la mujer, como garantía real de las obligaciones impuestas al padre o marido.

C)  EN LA CULTURA
Indudablemente, si uno de los ideales básicos de nuestra nacionaldad consiste en aceptar un pasado común, no podemos ignorar que estructuralmente nuestro país es anterior a los albores de su existencia.

El 25 de mayo de 1810, si bien todavía no se constituyó como nación independiente, es el instante en que podemos considerar como el nacimiento de nuestra nacionalidad ya que a partir de allí, los hombres de esta tierra inician su pensamiento de país nuevo.

Pero esa nacionalidad, ese sentimiento particular de estar creando una nación, se va formando lentamente aún bajo el gobierno español. El criollo de 1810, si bien pensó independientemente de ese gobierno, no pudo dejar de lado la herencia cultural española, como tampoco los años de gobierno español pudieron eliminar la cultura americana.

Somos, pues, herederos de una cultura española, americana y de una cultura hispanóamericar (que está relacionada con las dos citadas), pero que tiene caracteres propios.

Es indudable que a su llegada los conquistadores españoles encontraron una cultura propia de los aborígenes.
Ellos, por su parte, también traían su aporte cultural, más desarrollado indudablemente, pero totalmente distinto de las formas indígenas.

D)    EN EL ARTE
En la población aborigen en esta parte de América, sólo se habían desarrollado, y en forma limitada, las artesanías relacionadas con la madera, el cuero, la cerámica, la cestería y en general lo que podemos llamar artesanías primarias.

La arquitectura por ejemplo, que había alcanzado gran desarrollo en Perú, México y América Central, prácticamente no existía en nuestro territorio porque la mayor parte de las tribus eran nómadas y sólo aquellas tribus que se afincaron construyeron viviendas permanentes, pero sin que pueda hablarse de un cierto estilo arquitectónico.

Por otra parte, no podemos hablar de una cultura aborigen general, porque las tribus vivían aisladas una de otra y se limitaban a producir la misma cantidad de productos que consumía, por lo que no había comercio entre los distintos grupos y, por supuesto, tampoco existían intercambios culturales apreciables.

E) EN LA LENGUA
Los españoles aportaron su idioma (que homogenizó las distintas lenguas indígenas y permitió que se entendieran con un lenguaje común), su cultura (que correspondía por la época a lo que se llama el renacimiento español), sus costumbres, etc.

Pero a todos esos elementos se sumó el aporte de las culturas indígenas que las corrientes pobladoras españolas trajeron desde Perú u otros centros desarrollados.

Hubo pues en el Río de la Plata varias influencias culturales: la aborigen (existente), la española (que llegaba desde Europa), y la española del norte, del este y del oeste (traída de América).

INFLUENCIA DEL NORTE: Los españoles que se habían establecido en el Alto Perú establecieron una ruta Hacia Córdoba a través de la Quebrada  de Humahuaca y transportaron   hacia  nuestro   territorio tres escuelas artísticas autóctonas: la de Lima, la de Quito y la de Cuzco.

Estas tres escuelas son influenciadas por la corriente renacentista de España, y sus obras se refinan, sin perder sus raíces autóctonas y adquieren sentido estético. Es decir, si antes el artista preparaba una cerámica que representaba a un caballo tal como él lo veía, ahora, con un nuevo sentido de la balleza, representa al mismo con líneas más delicadas, con una forma más refinada o simplemente deja de representar al caballo, pero mantiene la armonía que hacen hermosa la figura de un caballo.

Lo que sí hay algunos denominadores comunes, por ejemplo, las técnicas cerámicas que utilizaban e-ran muy semejantes y, como es característico del arte precolombino, tenían un sentido religioso o relacionado de alguna manera con la vida, la muerte y sus creencias.

La escuela cuzqueña es la que más absorbe la influencia española y desarrolla un arte mestizo (llamado también colonial) que combina los mejores elementos de las dos culturas. Es de notar que esta corriente cultural es. la que impone el tipo de construcciones formadas por piedras superpuestas sin argamasa.

CORRIENTE DEL ESTE.– Es la corriente inmigratoria cultural europea, es la cultura que viene desde Europa y, sobre todo, influencia a Buenos Aires, el puerto de destino y desde Buenos Aires, pero en medida limitada, al interior del Virreinato. Es por allí donde penetra la cultura del renacimiento español y es por allí donde penetra el pensamiento liberal que culminará én mayo de 1810.

Penetra a través de los Andes y se extiende por la zona oeste del país, fundamentalmente, en las provincias cuyanas. Dadas las dificultades geográficas provocadas, no solamente por el cruce de los Andes, sino también por las limitadas comunicaciones entre Cuyo y el resto del país, esta corriente influye poco sobre la cultura nacional.

CORRIENTE DEL NOROESTE.-
Las misiones guaraníticas se convirtieron en un gran centro cultural guaraní con la recibida de los pueblos del sur brasileño y la que aportaron los jesuítas. Esta corriente influyó sobre todo al litoral y dejó sus rastros en Córdoba y Buenos Aires.

INFLUENCIA DEL OESTE.– Es la corriente que salió de Chile y trajo algunos elementos de la cultura transandina. Esta influencia es muy pequeña porque los aborígenes de Chile estaban en condiciones muy semejantes a las de nuestro sur.

Fuente Consultadas:
Formación Moral y Cívica 2 Ciclo Básico César Reinaldo García y Apolinar Edgardo García

Libertades Individuales en un Estado de Derecho o Democratico

LA LIBERTADES EN LA VIDA EN DEMOCRACIA

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

Introducción: «Los pueblos piden más y mejor democracia» decía Pío XII. Para el hombre moderno, más que una forma de organización política,, la democracia significa una aspiración, un ideal, una esperanza de llegar a constituir sociedades humanas donde se respete la libertad y dignidad humanas. Donde la justicia y solidaridad social sean un hecho. Los hombres modernos toman cada día mayor conciencia de su propia dignidad y de los derechos que nacen de su condición de hombres.

Postulan que estos derechos y sus repercusiones en el orden político, social, económico y cultural sean respetados en el ordenamiento comunitario.
La democracia se convierte en una filosofía sociopolítica y en un estilo de vida.

Estudiar algunas de las características de la vida ciudadana en la democracia es el objeto de este capítulo. Y también lo es estudiar algunas características de la vida donde se niegan los principios fundamentales de la concepción democrática.

CONDICIONES PARA LA VIDA EN LA DEMOCRACIA

La vida en la democracia requiere como condiciones necesarias en los hombres que integran la comunidad:

— tener conciencia de su dignidad y libertad, de sus derechos y deberes;

— estar dispuestos a ejercer responsablemente su libertad, a cumplir sus deberes y exigir el respeto de sus derechos;

— reconocer igual dignidad a los otros miembros de la comunidad; que les respeten sus derechos y les exijan el cumplimiento de sus deberes;

— sentirse todos responsables de la marcha de la comunidad y su gobierno;

— reconocer a los grupos y asociaciones intermedias (familias, empresas, sindicatos, entidades docentes, etc.) sus derechos, fomentar su actividad y también exigirles el cumplimiento de sus obligaciones;

— obedecer lealmente a los gobernantes y colaborar con ellos en todo lo que es justo y provechoso para la comunidad.

Requiere, asimismo, la vida en la democracia que los gobernantes:

— Tengan alta estima y respeto de las libertades y derechos de individuos y grupos;

— que su gestión esté inspirada en el deseo de servir a la comunidad;

— que tengan el poder y la capacidad necesarios para conducir eficientemente la comunidad, ordenar la actividad de los grupos, urgir de todos el cumplimiento de los deberes y sancionar a los que no cumplen con ellos.

Son exigencias básicas y fundamentales. Donde estos principios no se dan, o por lo menos no se aspira seriamente a que se conviertan en realidad, no se da la democracia.

No debe confundirse la democracia con una mera forma política. Es ante todo una concepción vital que anima a gobernantes y a gobernados.

También los países totalitarios tienen constituciones que proclaman la soberanía popular, reconocen teóricamente los derechos y libertades de los ciudadanos, delimitan los poderes de los gobernantes. Así sucede en los países comunistas. Pero en la práctica no se vive la democracia, sino la sumisión del hombre al estado o al partido.

GOCE DE LAS LIBERTADES INDIVIDUALES EN LA DEMOCRACIA

El hombre está dotado de inteligencia y voluntad libre y es dueño de un destino que debe realizar bajo su propia responsabilidad.

La persona humana es fundamento, protagonista y fin del orden y de la actividad social, política y económica.

De la naturaleza humana nacen derechos y deberes inviolables e irrenunciables.

Estos postulados son básicos en todo orden político justo y humano. Mucho más en una democracia.

De la naturaleza humana brotan los derechos. No es la sociedad ni el estado quien los crea o los concede. El estado simplemente los ordena, los reglamenta y garantiza su ejercicio.

El derecho a tomar parte activa en la vida política nace de la naturaleza humana. No es el Estado quien lo crea. El Estado reconoce este derecho y mediante las leyes de ciudadanía, electorales, etc., lo garantiza y reglamenta.

El derecho y el deber de trabajar, el derecho a participar suficientemente de los bienes económicos nacen también de nuestra naturaleza. El estado, mediante leyes, reconoce estos derechos y ordena y estructura la actividad económica.

En los regímenes democráticos el ordenamiento social, económico, cultural, etc., tiene por objeto garantizar a todos estos derechos y crear las condiciones para su efectivo ejercicio.

El ordenamiento jurídico y la acción gubernamental y administrativa tienen el mismo objeto. La sociedad está para servir al hombre.

No basta que la sociedad y el estado reconozcan los derechos y libertades humanas, sino crean las condiciones y medios para que todos puedan efectivamente gozar de ellos.

De poco sirve el reconocimiento del derecho y la libertad de aprender, cuando no se crean las escuelas e instituciones suficientes o cuando muchos niños no pueden asistir a la escuela porque a los diez o doce años deben ganar su sustento.

Cosa semejante podemos decir:

— del derecho al trabajo cuando en una comunidad el proceso económico está conducido de tal forma que produce desocupación masiva;

— del derecho a formar una familia cuando el nivel de salarios es tal que no basta a subvenir a las necesidades fundamentales;

— del derecho a expresar libremente las ideas cuando la prensa y los órganos de difusión están dominados por grupos económicos o sectas ideológicas;

— del derecho a una conveniente asistencia médica cuando existen regiones enteras carentes de los mínimos recursos sanitarios;

— del derecho a controlar la acción de los gobernantes cuando la información es negada o falseada, etc.

Vamos a considerar una serie de libertades fundamentales en las sociedades democráticas. Pero queremos señalar que no es suficiente el reconocimiento teórico y formal de ellas. Es menester crear las condiciones sociales, económicas y culturales, que permitan a todos los miembros de la sociedad gozar de ellas.

voto popular

RESPETO A LA PERSONA HUMANA:
La vida en la democracia se caracteriza por el respeto de la persona humana.

Ese respeto se pone de manifiesto por el reconocimiento de la dignidad personal y de los derechos íntimos de la conciencia.

En la democracia, el hombre es «alguien» en la antidemocracia, es «algo».

Por más humilde que sea la condición de un hombre, en la democracia se lo reconoce como persona, con derechos inviolables que no pueden ser desconocidos y mucho menos atropellados.

Como ocurre en cualquier sociedad humana puede suceder que en algunas circunstancias personas que viven en países democráticos, vean atropellados sus derechos. Téngase en cuenta que esa violación de los derechos humanos no proviene de la democracia, sino que es una consecuencia del incumplimiento de los principios democráticos.

El ciudadano atropellado en sus derechos puede reclamar y exigir justicia; puede recurrir ante los tribunales para que las leyes sean cumplidas.

Cosa muy diversa sucede en la antidemocracia. La negación y violación de los derechos humanos no constituyen una excepción; es lo corriente.

Es la consecuencia del principio totalitario: el hombre es lo relativo, el Estado es lo absoluto.

El hombre no tiene dignidad y derechos esenciales: tiene solo los derechos que el Estado le acuerde y en la forma y medida en que se los acuerde.

El hombre existe para servir a la comunidad (partido, Estado, etc.); debe estar dispuesto a todo lo que sea conveniente o provechoso para la comunidad.

No tiene libertad para elegir, ni mucho menos para protestar y reclamar.

Goce de las Libertades Individuales en la Democracia

En la democracia, el hombre y los diversos grupos sociales gozan de todas las libertades individuales.

Esas libertades son, entre otras, la libertad de palabra, de culto, de reunión, de trabajo, etc.

Libertad de palabra.
Mejor que libertad de palabra debería decirse libertad de expresión.

La libertad de expresión, que comprende la libertad de opinión, de palabra, de prensa, puede definirse: libertad de manifestar el propio pensamiento.

El hombre se halla dotado de palabra para poder exteriorizar con mayor perfección sus estados anímicos: lo que piensa, lo que siente, lo que quiere.

Al manifestar sus estados anímicos exterioriza su pensamiento y sus opiniones. Esa exteriorización puede hacerla por medio de la palabra oral y difundirla también oralmente por radiotelefonía, teléfono, televisión, etc.
Puede exteriorizarlos por medio de la palabra escrita y difundirla por métodos gráficos: prensa (folletos, libros, diarios, revistas), correspondencia epistolar, etc.

Por la libertad de palabra el hombre tiene derecho a manifestar su propio pensamiento en conversaciones privadas y públicas; en reuniones pronunciando discursos, conferencias, etc. Tiene derecho de propagar ideas religiosas y civiles por medio de pláticas, reuniones, conferencias, mesas redondas, etc., utilizando la radio, la televisión y los demás medios de difusión.

No existe esa libertad cuando se espían las conversaciones y se controlan los teléfonos para conocer las opiniones adversas al régimen y así tomar represalias.

Cuando con la misma finalidad se controlan los sermones en las iglesias, las conferencias pronunciadas en salones o en la calle y, menos todavía, cuando se impide pronunciarlas o se niegan los permisos solicitados para realizarlas, o se impido su difusión radiotelefónica.

Esta situación tan penosa existe actualmente en todos los países sometidos por el comunismo. Hasta la predicación evangélica se halla amordazada; de ahí que se haya dado en llamar a la Iglesia subsistente en esos países la «Iglesia del silencio».

No debe confundirse libertad de palabra con el libertinaje que lleva a la propalación de rumores infundados, a la calumnia, a la destrucción de reputaciones ajenas; a la tergiversación intencionada de los hechos, a la información deformada.

La defensa de la justicia y de la verdad, el respeto por las opiniones y por fama de los demás son condiciones para el legítimo uso de esta libertad.

Los gobiernos deben respetar y fomentar esta libertad y garantizar el libre cumplimiento de su misión a los órganos de información, incluso cuando critican a los mismos gobernantes, o son sus adversarios. Pero debe cuidar también que se respeten los derechos de todos y no se dañe impunemente la fama ajena.

Debe, asimismo, el gobierno velar para que la prensa, radio, televisión, etc., estén al servició de la comunidad y no para provecho exclusivo de grupos económicos o ideológicos.

Libertad de prensa.
La libertad de prensa implica el derecho de publicar en diarios, libros, revistas, folletos, hojas volantes, etc., el propio pensamiento.

Este derecho puede ser violado directa o indirectamente.

Se lo viola directamente cuando se impide la publicación, o se cercenan los artículos o se clausuran los diarios. Se viola indirectamente cuándo se obstaculiza su ejercicio: restringiendo o negando la cuota de papel, recargando a la imprenta con impuestos arbitrarios, dificultando la circulación de los impresos, sea negando las franquicias postales o su distribución por el correo.

A veces, las autoridades se incautan de toda la edición o la compran para impedir que llegue al pueblo.

Libertad de información.
Un complemento de la libertad de expresión es la libertad de información.

Para que el hombre pueda juzgar rectamente debe estar bien informado acerca de los asuntos, conocer los hechos como son, en su realidad objetiva. De ahí el derecho o libertad de información.

La libertad de información es el derecho que tiene el hombre de conocer los sucesos tal como han ocurrido y de conocer las noticias y publicaciones difundidas.

Se lesiona este derecho cuando, sin motivo, se ocultan las noticias o se impide el acceso a las fuentes de información. Cuando se desfiguran o tergiversan los sucesos o se propalan noticias tendenciosas o falsas.

Se dice «sin motivo» porque puede haber motivos serios, como se verá más adelante, que legitimen la no propalación de ciertas noticias.

Libertad de no-expresión.
La libertad de no-expresión es consecuencia lógica de la libertad de expresión.

La libertad de no-expresión es el derecho que tiene toda persona a no exteriorizar el propio pensamiento.
Ninguna persona puede ser obligada o coaccionada a manifestar lo que piensa.

Ni el Estado ni autoridad alguna tiene derecho de obligar a una persona a manifestar, por ejemplo, sus creencias religiosas o su ideología política.

Atentan contra este derecho el uso del «narcoanálisis» y el detector de mentiras denominado «lie-detector» o «polígrafo»‘.

El narcoanálisis consiste en una especial forma ele interrogatorio, bajo la acción de una sustancia hipnótica, la cual inyectada por vía intravenosa, en dosis determinadas, favorece la revelación de actitudes o de contenidos mentales que el sujeto, cuando se halla en estado de conciencia clara tiene ocultos intencionada o conscientemente.

El detector de mentiras es un dispositivo que permite el registro simultáneo de manifestaciones somáticas diversas, incontrolables para el sujeto, que acompañan a sus reacciones emotivas.

Esas manifestaciones somáticas vienen a ser como indicaciones indirectas de las mentiras conscientes.

Limitaciones a la libertad de expresión y de información.

Hay quienes opinan que cualquier norma que se establezca o cualquier reglamentación de la libertad que se dicte, es un procedimiento antidemocrático. Temen que desaparezca la libertad. Este temor nace de que, con el pretexto de reglamentar la libertad de expresión, los gobiernos la suprimen para sus fines políticos.

La libertad de expresión puede ejercitarse en diversos planos: en el plano político, informativo, social, cultural, recreativo, etc.

La libertad de expresión, como cualquiera otra libertad, está circunscripta por la verdad, el bien y el derecho de los demás.

libertad de expresión

Con lodo, pura evitar el peligro do la supresión de la libertad, debe admitirse una amplia libertad de expresión en el plano político; pero semejante amplitud no puede admitirse en todos los otros planos.

Si no le es lícito al ciudadano libre, por el hecho de proclamarse libre, inferir ofensa violenta y daño a la libertad, a los bienes o a la vida de su prójimo, así tampoco puede ser lícito a la prensa atentar diaria y sistemáticamente contra la salud religiosa y moral de la humanidad.

La libertad de información debe ser mesurada. Si nunca es lícito desfigurar y tergiversar los hechos, tampoco es lícito lanzar a la fiebre de la curiosidad detalles y descripciones de miserias humanas que solo sirven para excitar la morbosidad y halagar las pasiones humanas menos nobles.

¿Qué ganan la democracia y la salud moral de la ciudadanía, cuando de todo suceso criminal se toma pie para descripciones y reconstrucciones que no son otra cosa que escuela de delitos e incentivo para el vicio?.

Tales detalles deberían estar reservados a la policía científica y a los magistrados judiciales.

Es terriblemente ingenua, por no decir criminalmente infame, la teoría de que es conveniente y necesario conocer y hasta experimentar las más abyectas miserias y depravaciones morales, para hacer sentir por ello tal repugnancia que no se llegará a cometerlas.

Dicha teoría no solo es inmoral, sino anticientífica. Supone desconocer las leyes de la sicología humana y las elocuentes enseñanzas de la experiencia que condensó esas conclusiones en gráficas sentencias: «Ojos que no ven, corazón que no siente»; «Las palabras mueven, el ejemplo arrastra»; «Quien con lobos anda, a aullar aprende».

Libertad de culto:
Libertad de culto es el derecho que todo hombre tiene de rendir homenaje externo a Dios. La libertad de culto está estrechamente relacionada con la libertad de las conciencias.

Esta libertad de las conciencias, que protege la dignidad de la persona humana, está por encima de toda violencia y de toda opresión.

libertad de culto

La libertad de conciencia consiste en que el hombre pueda honrar a Dios según el dictamen de su propia conciencia; la libertad de culto en que pueda profesar sin obstáculos su culto, tanto pública, como privadamente. Parte fundamental de este derecho es el respeto a la facultad que tienen todos los grupos religiosos a enseñar, profesar y propagar, de palabra y por escrito, sus creencias y doctrinas.

Ninguna ley del Estado puede entremeterse en el fuero privado de la conciencia religiosa de nadie, pues el hombre tiene derecho de seguir su conciencia, la voluntad de Dios, y de cumplir sus mandamientos sin impedimento alguno.
El culto es uno de los deberes de la conciencia.

«El creyente tiene un derecho inalienable a profesar su fe y a practicarla en la forma más conveniente a aquella.»

«Las leyes que suprimen o dificultan la profesión y la práctica de esta fe, están en oposición con el derecho natural.»

Son harto conocidas las intromisiones del Estado en el fuero de la conciencia religiosa ocurridas en el nazifascismo y las dificultades y hasta la negación del ejercicio del culto en los países sometidos al fascismo rojo comunista.

Libertad de Enseñanza:

La libertad de enseñanza

La libertad de enseñanza consiste:
1. en el derecho que tienen los hombres a reunirse para formar escuelas, colegios, universidades y otras entidades culturales;
2. el derecho de los padres a escoger el tipo de educación que prefieren para sus hijos;
3. el derecho de los miembros de la sociedad para concurrir a los centros de formación de su preferencia.

El monopolio estatal de la enseñanza es contrario a la democracia. Es característica de los regímenes totalitarios el pretender imponer, a través del monopolio de la enseñanza, una ideología y «uniformizar» las mentalidades. La democracia respeta la diversidad de las personalidades y de la cultura.
Importa que en una sociedad existan diversos tipos de escuelas y centros de formación.

A los padres pertenece por naturaleza el derecho a educar sus hijos. La Declaración Universal de Derechos Humanos lo reconoce: «Los padres tienen por prioridad el derecho a escoger el tipo de educación que debe darse a sus hijos».

Corresponde al Estado:

1. Fijar mediante leyes las condiciones para el ejercicio responsable de esta libertad;
2. Controlar la idoneidad de los profesores, la seriedad y eficiencia de la formación que se imparte;
3. Conducir la política educacional total de la comunidad; planificar la enseñanza previendo las necesidades futuras de la comunidad;
4. Velar por que todos los habitantes de la nación tengan efectivas posibilidades a acceder a una adecuada formación intelectual y técnico-profesional.
5. Armonizar los esfuerzos de los distintos entes, y centros educacionales;
6. Ayudar y fomentar todas las iniciativas serias y convenientes a la comunidad en el orden educacional y profesional.

Es derecho del Estado tener sus propias escuelas, colegios y Universidades. Este derecho pertenece antes a las provincias y municipios. Lamentablemente en nuestro país existe demasiado centralismo en el orden educacional.

Libertad de reunión y asociación.
Libertad de reunión es el derecho de organizar asambleas públicas y privadas, y de participar en ellas activa o pasivamente.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos establece en el artículo 20, 1: «Toda persona tiene derecho a la libertad de reunión y de asociación pacíficas», y la Constitución Nacional en el artículo 14 reconoce a todos los habitantes el derecho de «asociarse con fines útiles» y el de «peticionar a las autoridades.»

El hombre tiende por naturaleza a unirse a sus semejantes para obtener algún beneficio común.

Si la unión es transitoria se organiza simplemente una conferencia, mitin, mesa redonda, etc.; si la unión es estable, se concreta en una sociedad.

La libertad de reunión se actualiza en todas las actividades humanas, pero de un modo muy especial, en el ámbito religioso, gremial y político.

La libertad de reunión es violada cuando se obstaculiza o se impide la realización de conferencias, asambleas, manifestaciones, procesiones, mítines, peregrinaciones, etc.

En la Argentina, a fines de 1954 y buena parte de 1955 se prohibieron no solo los actos políticos públicos, sino hasta las procesiones religiosas.

Por supuesto que las autoridades pueden intervenir moderadamente en las reuniones para conservar el orden y garantizar a los organizadores el ejercicio pacífico de Sus derechos. Pueden también reglamentar las reuniones, aunque deben estar atentos a que dichas reglamentaciones no se transformen en trabas que obstaculicen o aniquilen dicha libertad.

Respecto a las asociaciones, el hombre tiene el derecho, no solo de ingresar en ellas, sino también el de fundarlas y organizarías.

Un aspecto importante de la libertad de asociación es el que se refiere a los gremios o sindicatos.

Sindicato es la sociedad formada por personas de una misma profesión, o profesiones semejantes, para la defensa de los intereses profesionales.

Los sindicatos pueden ser de solo obreros, de solo patronos o de obreros y patronos.

La asociación de patronos y obreros de la misma profesión se llama «Corporación».

Las asociaciones gremiales fueron florecientes en la Edad Media.

Los monarcas absolutos y la Revolución Francesa fueron enemigos de las asociaciones profesionales. La ley francesa de 1791 prohibió las asociaciones, tanto de obreros como de patronos.

A pesar de que las coaliciones de los obreros eran reprimidas, estos acudieron a la huelga. El resultado fue que todas las leyes y amenazas fueron inútiles ante la imperiosa necesidad de la defensa de los propios intereses.
Por fin la ley francesa del 25 de mayo de 1864 proclamó la libertad de huelga.

Es antidemocrático y totalitario el sindicato único.

El sindicato único consiste en que los trabajadores deban estar afiliados a una única organización profesional, la cual generalmente, depende del partido que está en el gobierno. En los países verdaderamente democráticos debe existir pluralidad de sindicatos.

La pluralidad de sindicatos está más de acuerdo con las libertades humanas y con el espíritu de democracia. El artículo 23, 4, de la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce esta libertad. «Toda persona tiene derecho a fundar sindicatos y a sindicarse para la defensa de sus intereses».

Al par que el hombre tiene derecho de ingresar a las asociaciones, tiene también el derecho de no asociarse. Así lo reconoce la «Declaración Universal de los Derechos Humanos» en el artículo 20, 2: «Nadie podrá ser obligado a pertenecer a una asociación».

Los regímenes totalitarios atrepellan esta libertad cuando obligan a inscribirse en el sindicato único, que responde a la ideología del gobierno; cuando prohiben pacíficas reuniones obreras que se realizan piara la defensa de sus derechos y cuando no permiten la constitución de sindicatos.

La libertad de trabajo.
Trabajo es una actividad humana aplicada generalmente a la producción económica.

También puede definirse como: «el esfuerzo intelectual y manual que el hombre realiza para disponer, según las necesidades de su naturaleza y el desenvolvimiento de su vida, los recursos que Dios le ofrece» (1).

(1) El trabajo puede ser intelectual, material y mixto.
Trabajo intelectual es la aplicación de las facultades intelectivas del espíritu. Hay siempre, por lo menos un mínimo de contribución de la actividad material, pero tienen prevalencia las facultades intelectuales. Es el trabajo del inventor, del científico, del médico, del periodista, etc.

Trabajo material o muscular es aquel en que tienen predominio las fuerzas físicas.

Se dice que «tienen predominio las fuerzas físicas», porque no se descarta absolutamente la contribución intelectual, de lo contrario no sería ya actividad humana.
Es el trabajo del albañil, pintor, herrero, etc.

Tabajo mixto es aquel en que intervienen en forma proporcionada las energías musculares e intelectuales. Es el más frecuente en nuestros días por el progresivo perfeccionamiento de la técnica. Es el trabajo realizado al torno mecánico, el de] impresor, etc.

libertad de trabajo

Libertad de trabajo es el derecho que tiene todo hombre de elegir y ejercer la profesión, empleo o actividad que desee.

La libertad de trabajo comprende el derecho a:

• Elegir el tipo de trabajo que desee. » Ejercerlo sin violencia.
• Cambiar de trabajo.
• Establecer las condiciones del contrato de trabajo.
• Ser defendido por la autoridad pública contra quienes pretendan obstaculizar el ejercicio de una actividad lícita.

La «Declaración Universal de los Derechos Humanos» reconoce este derecho en su artículo 23: «Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo».

La Constitución Argentina en el artículo 14 bis, establece: «El trabajo en sus diversas formas gozará de la protección de las leyes…»

Contra la teoría del liberalismo que sostenía que el trabajo debía ser considerado una mercadería, que se ofrece y se paga como cualquier otro producto, ha prevalecido la doctrina social cristiana acerca de la dignidad del trabajo.

«El trabajo debe ser tratado como algo humano, necesario al hombre para su subsistencia, y no como un artículo de comercio».

«A través del trabajo el hombre toma dominio de sí y de su destino, irradia su personalidad en el mundo externo, se eleva a la categoría de colaborador de Dios».

El trabajo cumple, también, una «función social».

Mediante el trabajo el hombre cumple una actividad que interesa no solo a él individualmente, sino que interesa a toda la sociedad: coopera a satisfacer las necesidades de sus semejantes y contribuye al mejoramiento de la vida humana.

Además, el trabajo se realiza en colaboración que puede ser directa si la ayuda viene dada en forma inmediata, o indirecta si la ayuda viene a través de los productos obtenidos por otro: trabajadores.

El obrero tiene derecho a establecer las condiciones del con trato de trabajo.

Contrato colectivo de trabajo es un convenio suscripto por lo¡ sindicatos y los empleadores en el que se fijan la remune ración y todas las condiciones acerca de la realización del trabajo.

Se ha abandonado por anacrónica e injusta la tesis de que: «Es justo todo contrato de trabajo pactado libremente entre el obrero y el patrón, pues el obrero es libre de aceptarlo’ o no, y si lo acepta, quiere decir que está conforme con él».

Ese criterio llevó a la explotación de la clase obrera.

La única libertad que tenía el obrero era la miseria.

Ante esa alternativa se vio obligado a aceptar salarios irrisorios
y sueldos de hambre y condiciones de trabajo indignas de la
condición humana.

No están en el mismo pie de igualdad, el obrero y el empresario.

El obrero no tiene más capital que sus brazos, y con el fruto de su trabajo debe sostener a su familia, mientras que el empresario, principalmente las grandes empresas capitalistas, con bienes de fortuna, propiedades, pueden imponer condiciones injustas.

El gran empresario que no consigue obreros para su industria puede, en el peor de los casos, cerrar la fábrica y vivir de rentas; mientras que a los obreros que no consiguen trabajo, por no aceptar condiciones injustas, la única perspectiva que les queda es el hambre y la miseria.

Para salvar esos inconvenientes, los contratos de trabajo son colectivos y no individuales, concertados entre los sindicatos y los empresarios. El Estado debe intervenir para fijar condiciones justas tanto en lo que respecta a la manera de realizar el trabajo como en lo que se refiere a su remuneración. El conjunto de normas por las que el Estado interviene en las relaciones entre el capital y el trabajo se denomina legislación social.

El artículo 14 bis de la Constitución Nacional contempla lo referente a la legislación social.

La democracia rechaza la teoría totalitaria de que el Estado debe intervenir de tal forma que se transforme en patrono.

Cuando toda la economía está dirigida por el Estado, se debilita y muere la iniciativa privada, y todo pasa a manos del Estado: medios de locomoción, teléfonos, radios, energía eléctrica, gas, compañías navieras, etc.

La democracia va abandonando también la tesis que propugnaba la total abstención del Estado en las relaciones entre el capital y el trabajo, y va adoptando la doctrina social cristiana llevada a la práctica con su legislación social.
En los regímenes totalitarios no existe libertad de trabaja.

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LECTURA COMPLEMENTARIA:
Derechos y garantías de la seguridad individual

La seguridad individual es el estado de una persona que tiene garantizada su libertad frente al Estado y frente a los demás, de manera que no se la pueda afectar en forma arbitraria. Por este motivo, la seguridad personal comprende el conjunto de garantías que protegen los derechos individuales fundamentales, como la vida y la libertad. En nuestra Constitución estas protecciones se encuentran previstas, en su mayor parte, en el artículo 18. Constituyen una serie de prohibiciones, instrumentos o mecanismos legales.

■ Irretroactividad de la ley penal. El artículo 18 dispone que «ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso«, vedando de esta manera que una conducta que no era prohibida en el momento de su realización se transforme en delito por el dictado de una ley posterior.

Esta garantía impone, entonces, como requisito para que una conducta sea pasible de reproche penal, que la condena se funde en una ley. Esa ley deberá ser dictada por el Congreso, pues a él le corresponde el dictado del Código Penal conforme lo dispuesto en el artículo 75, inciso 12 de la propia Constitución. También implica que la conducta juzgada como delito se encuentre expresamente prevista en la ley. Si una conducta no está descripta en forma precisa en la ley penal, el juez no puede condenar tomando como referencia otra conducta similar. Esta garantía se denomina «prohibición de interpretación analógica».

Por último, esta garantía –la irretroactividad de la ley penal- requiere que la ley que describe la conducta y establece la pena debe ser previa a la realización del hecho. Esto significa no sólo que la conducta realizada debía constituir delito antes de su ejecución, sino también, que la pena prevista no puede incrementarse con posterioridad al momento del delito.

■ Juez natural. El artículo 18 prohibe los llamados «tribunales de excepción» o las comisiones especiales que se han creado a lo largo de la historia con el objeto de juzgar determinados hechos con posterioridad a su realización, generalmente con un fin de venganza o por determinados objetivos políticos. Para la Constitución, juez natural es aquel que se encontraba legalmente designado con anterioridad a que ocurrieran los hechos a juzgar.

■ Confesión. En nuestro sistema de garantías, nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo. Una persona acusada de la comisión de un delito no puede ser forzada a aportar pruebas en su contra, aunque ello implique que el delito pueda quedar impune. Este es así porque, en el estado de derecho, el respeto por las garantías individuales y la dignidad humana es un valor superior a cualquier otro.

■ Orden escrita. Nadie puede ser detenido sin orden escrita emanada de una autoridad competente. De esa manera se limita el poder de los órganos del Estado para ordenar la detención de personas, que sólo se podrá realizar con una orden de un juez competente. Una situación de excepción a este principio es la facultad que le otorga la legislación penal a cualquier persona para detener a otra cuando la sorprende in fraganti delicio, esto es, en el mismo momento de la comisión del hecho.

■ Debido proceso. Se llama de esta forma a la garantía que tienen las personas de acceder a la justicia y obtener en ella una decisión justa y oportuna. Las condiciones necesarias para la validez de esa decisión son: que sea dictada por un tribunal habilitado para el tema que se debata y que esté garantizada en el proceso la defensa en juicio.

■ Inviolabilidad del domicilio. El domicilio de una persona es inviolable y sólo se podrá acceder a él con una orden de allanamiento que debe ser dictada por escrjto por el juez competente. Cuando la Constitución protege el domicilió no lo hace sólo respecto al hogar o vivienda de una persona, sino también donde tiene su negocio u oficina, e incluso protege una vivienda ocasional, como un lugar de veraneo o la habitación de un hotel.

■ Inviolabilidad de la correspondencia y los papeles privados. La correspondecia de una persona es secreta y no puede ser abierta sin una orden de un juez competente. Esta cláusula incluye también las comunicaciones telefónicas, los diskettes de computación, los discos láser y cualquier otro soporte de información cuyo acceso no sea público.

■ Prohibición de la pena de muerte por causas políticas. Como ya fue visto al analizar el derecho a la vida, nuestra Constitución Nacional prohibe la aplicación de la pena de muerte por causas políticas. Esta prohibición hoy se extiende a la pena de muerte por cualquier causa, ya que el Código Penal no la contempla y no es posible su implantación en virtud de que nuestro país ha firmado e incoporado con jerarquía constitucional el Pacto de San José de Costa Rica.

■ Abolición de los tormentos y los azotes. La Constitución abolió para siempre las penas de tormentos y azotes y aunque parezca que esta disposición tiene sólo un valor histórico, esto no es así, porque lo que debe interpretarse es que la Constitución Nacional prohibe no sólo la tortura sino todo tipo de penas consideradas irracionales.

■ El régimen carcelario. La última de las garantías contenidas en el artículo 18 se refiere a las cárceles. Estas no son para castigo de los delincuentes sino para seguridad de los detenidos, por eso, la Constitución Nacional dispone que las cárceles deben ser sanas y limpias y que no se deben tomar medidas que mortifiquen innecesariamente a los allí detenidos.

Fuente: Educación Cívica 2 – Santillana – Secundaria – Casullo-Bordone-Hirschmann-Masquelet y Otros

Fuente Consultada:
Educación Democrática Escuela Secundaria Técnica Mario Alexandre
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Pensamientos Sobre La Democracia Libertad, Justicia e Igualdad

Democracia:  Conceptos de Libertad, Justicia e Igualdad

LA  DEMOCRACIA: Podemos admitir que la democracia en no pocas naciones se ha desprestigiado. Pero pregunto: ¿Basta eso para justificar la abolición del régimen democrático? Cuando alguien enferma, lo que corresponde hacer no es matarlo, sino curarlo. ¿La decadencia de la democracia ha sido ocasionada por alguna deficiencia que le sea consustancial? ¡No! Esa deficiencia le ha sobrevenido, porque no se ha precavido contra una enfermedad parasitaria que en algunas regiones se ha adherido al régimen democrático, como puede adherirse, y de hecho se ha adherido, a cualquiera de los otros regímenes políticos. (puede leer mas abajo un resumen sobre todos estos conceptos)

Tal enfermedad es la falsa filosofía de la vida. Es, en términos teológicos, la concupiscencia de la vida. De donde resulta que la democracia, a fin de rehabilitarse, debe volverse más austera, lo que equivale a decir: debe hacerse cristiana. La democracia necesita un perfeccionamiento: nadie lo duda.

Pero perfeccionamiento no es sustitución! Abundan, por desgracia, en esta hora crítica del mundo, quienes se dejan seducir por el espejismo de un gobierno de fuerza, otorgando a la, fuerza una virtud que ni la lógica ni la experiencia permiten aceptar. Es necesario hacer una distinción: hay gobierno de fuerza y hay gobierno con fuerza. Gobierno de fuerza es aquel en que la fuerza se sirve del gobierno para el avasallamiento de los derechos y de las libertades.

democracia y soberania de un pueblo

Gobierno con fuerza es, en cambio, aquel en que el gobierno se sirve de la fuerza para la efectividad y la defensa de los mismos. Somos adversarios de todo régimen de gobierno de fuerza, y partidarios del sistema de gobierno con fuerza. No basta, en realidad, que un individuo o uña nación posea derechos y tenga libertades. Es necesario que una fuerza los haga respetar. Hoy, más que nunca, debe grabarse en la conciencia de los hombres y en el alma de las naciones, la célebre fórmula de Pascal: «La justicia sin fuerza es impotencia; la fuerza sin justicia es tiranía». [Es necesario, por lo tanto, hermanar la justicia con la fuerza, haciendo que lo justo sea fuerte, y lo fuerte sea justo]

¿Por qué sostengo el principio del régimen democrático? Porque León XIII, en su encíclica Diuturnum, anunció al mundo, en circunstancias históricas, que todos los regímenes políticos, ya de esencia monárquica, ya de republicana, son igualmente admisibles siempre que dejen en salvo los derechos divinos y humanos. Y porque la Constitución de mi Patria, a que debo formal sometimiento, como la Constitución norteamericana a que se lo deben, sus subditos, y las Constituciones de los países hermanos de América son esencialmente democráticas.

Y el dar a Dios lo que es de Dios nunca ha servido ni debe servir de obstáculo, sino de estímulo, para dar al César lo que es del César! Sostengo, en fin, el principio de la democracia, porque es un sistema de gobierno que obliga moralmente a todos los hombres de corazón a trabajar por la elevación del nivel moral y material del pueblo, ya que ningún régimen político abre tanto las puertas a los hijos del pueblo, para que lleguen a participar de las responsabilidades del poder, como el régimen  democrático.

– Miguel de Andrea: Del Discurso pronunciado el 2-IX-1942, en la Asamblea celebrada en Chicago, Estados Unidos de América (en Hacia un mundo mejor, Buenos Aires, 1942, ed. Difusión).

LA SINCERIDAD v LEALTAD DEL SUFRAGIO

No hay más que un medio seguro para salvar el honor del pueblo argentino, para que sus autoridades electivas no tengan origen en la mentira o él delito: la educación moral. Pero esta educación moral no pueden hacerla los profesores, los maestros, las pocas personas de buena intención que aisladamente se empeñan en promoverla.

La harán los jóvenes, hasta los niños que de buena voluntad adopten una conducta recta; que lleguen a comprender que es tan indigno, tan miserable ser ladrón de cosas o de dinero, como ser ladrón de votos o falsificador de registros electorales; la hará un joven, uno solo, de energía, de carácter, de firmeza, que sea capaz de concebir y de realizar la asociación de todos los jóvenes decididos a salvar la patria de esta ignominia, como los guerreros esforzados podrían salvarla de un ejército enemigo que la invadiera.

La República Argentina no tiene enemigos exteriores: está ligada con mil lazos de ideales humanos con todas las naciones de América y de Europa. Pero tiene adentro y entre sus propios hijos sus enemigos, sus únicos enemigos: los que mienten virtudes, los que las predican y no las observan; los que se burlan del ideal, que llaman lirismo; los que llegaron alguna vez a enriquecerse con los bienes públicos, defraudando dinero después de haber defraudado sufragios.

Rodolfo Rivahola:   «Una lección sobre el voto secreto», en Educación moral y cívica — Fernando en el colegio.    Buenos Aires, 1946, ed. Kapelusz y Cía.

AMENAZAS PARA LA DEMOCRACIA
Formas de ataque
Si el ataque a la democracia se anunciara con tronar de cañones o un llamado de clarín en el campo de batalla, los pueblos no tardarían en comprender que están en peligro. Pero ese ataque comienza generalmente en forma distinta y mucho más mortífera; a veces, con la untuosa sonrisa de un tirano.

La especulación con los sentimientos
¿Cómo llegan a verse envueltos los pueblos libres en las redes de la tiranía? A veces sus sentimientos los engañan. Como los técnicos en un laboratorio experimental, los jefes de la opresión estudian la suma de odio que una mentira repetida mil veces puede engendrar en el pueblo, y la de histeria que puede despertar un slogan entonado en una concentración.

Pero el hombre no es una rata soltada en un laberinto, donde se ha colocado un cebo para producir el efecto deseado. Cuando comprende que se intenta jugar con sus sentimientos, resiste…, siempre que conozca la verdadera base de estos. El tratar de especular- con ellos, implica desprecio del honor y la dignidad humanos; y si el hombre comprende la naturaleza del ataque, luchará.

Las emociones son variables. Si se las provoca con intención aviesa, pueden causar los peores y más peligrosos resultados. Si se las despierta, en cambio, con la razón y la lógica, pueden provocar las acciones más sublimes.

LA VIOLENCIA, sea cual fuere su objeto, es fomentada y dirigida por los jefes totalitarios…Cuando los gobernantes de un país son impulsados por móviles pacíficos, encuentran medios también pacíficos para llegar a los mismos fines…

EL ODIO hacia los judíos, y la práctica de ponerlos en ridículo, fueron las armas usadas por Hitler para llegar al poder, no solo en Alemania, sino también en Polonia… La histeria colectiva fomentada por el nazismo causó algunos de los actos más brutales que registra la historia. En contraste con esto, los grupos minoritarios, en países como los Estados Unidos, se convierten en parte integrante de la comunidad, porque el Gobierno se opone a todo acto que puede despertar en los hombres el odio al prójimo.

EL NACIONALISMO PERVERTIDO era la fuerza amenazante que hervía en las concentraciones de las tropas de asalto alemanas, durante el régimen de Hitler. Lqs jefes de movimientos como el nazismo y el comunismo emplean las grandes reuniones de pueblo y los festivales, la entonación de slogans y canciones, para despertar emoción en favor del dictador. El verdadero nacionalismo mueve a los hombres a hacer cuanto pueden por trasformar en realidad los más elevados ideales de su país.

LA FALSA INFORMACIÓN es causa de odio y desconfianza entre una nación y otra, y contribuye a que los dictadores puedan llevar sus pueblos a la guerra. Cuando la prensa, la radio, el cine se unen para repetir una mentira —como ocurrió cuando se usaron los comunicados comunistas para difundir la mentira de la guerra bacteriológica en Corea—, el público privado de libertad, carece de oportunidades para enterarse de la verdad.
No obstante, cuando los hombres se atreven a ir en su busca, pueden encontrarla. Las Naciones Unidas proporcionan equipos de investigación, para ponerla al descubierto en los problemas internacionales, y ofrecerla a los pueblos del mundo.

LA ADORACIÓN DEL HÉROE es otro medio que usan los dictadores, como Mussolini, para provocar en su pueblo la reacción deseada. Su retrato aparece en todas partes, y se enseña a las gentes a venerarlo y a seguir ciegamente sus deseos. Pero hay otra clase de jefe: el servidor del Estado. Trabaja con el pueblo, y la admiración y el respeto que despierta en sus compatriotas, provienen de su generoso interés por ellos y de los servicios que presta.

EL MIEDO es empleado para robar a un pueblo su dignidad y su confianza en sí. Guatemala fue otro ejemplo de la forma en que los gobiernos comunistas extirpan toda oposición y suprimen los derechos de la minoría mediante el terror y la violencia. Mientras el régimen comunista dominó ese país, el individuo careció en él de derechos, y su destino no tenía la más mínima importancia.

En cambio, en Filipinas, por ejemplo, un gobierno preocupado por el bienestar del pueblo siguió lá política opuesta. Los Hukbalahaps, a quienes dirigentes comunistas extranjeros indujeran a rebelarse contra su propia patria, fueron persuadidos, mediante programas nacionales de reforma agraria y rehabilitación, a unirse al resto de la comunidad y vivir pacíficamente con sus semejantes. Muchas familias Huk fueron reasentadas, y contemplan el futuro con dignidad y sin temor.

Richard M. Ketchum, ¿Qué es la democracia?

LAS LIBERTADES EN LAS DEMOCRACIAS
«Los acontecimientos de la Argentina han puesto de actualidad un problema que es fundamental para la subsistencia del régimen democrático: ¿Hasta qué punto puede permitirse que participen en el proceso de formación de los poderes públicos, agrupaciones políticas que tienen por meta final declarada la liquidación del régimen?… Entendemos por democracia, un régimen en que los poderes públicos se generen mediante elecciones libres, en que participen candidatos de distintas corrientes políticas, y se renueven periódicamente de la misma manera.

No es democracia pedir el asentimiento del electorado para una sola lista de candidatos, ni llamar al pueblo a una plaza pública, para hacerlo ratificar, con sus gritos, decisiones adoptadas de antemano. Nó es democracia, sobre todo, ningún régimen que permita aJ gobierno perpetuarse en el poder…

Las libertades que el régimen democrático involucra, los derechos que otorga, no pueden ponerse a disposición de quienes buscan como objetivo supremo su destrucción, del mismo modo que las garantías individuales no protegen al elemento antisocial.

Lo contrario coloca a los países democráticos en una evidente inferioridad en la lucha que actualmente sostienen para defenderse de la agresión material e ideológica de los totalitarios. Mientras en los países donde imperan dictaduras comunistas o fascistas, los partidos de oposición carecen de toda libertad, y sus partidarios son víctimas de implacables persecuciones, los totalitarios actúan con entera libertad en aquellos donde gobierna la democracia.
No se trata aquí de liberalismo o marxismo o cualquiera otra doctrina política, sino de una actitud intolerante y absolutista, que niega al adversario toda clase de derechos.

En Inglaterra, por ejemplo, el Partido Laborista fue gobierno. Cumplido su mandato, convocó a elecciones. Perdidas estas, entregó el poder. Pero donde, ya sea a través de comicios o por la fuerza, los comunistas o fascistas han llegado al gobierno, el proceso democrático ha sido suspendido indefinidamente, y no han vuelto más a efectuarse elecciones dignas de tal nombre. Es lógico, por lo tanto, que los regímenes democráticos nieguen a sus adversarios mortales el derecho a participar en los procesos electorales, generadores de los poderes públicos. Ello constituye, por una parte, una indispensable medida defensiva, y por otra, la reciprocidad frente al trato que sus partidarios reciben en los países totalitarios.

(De El Mercurio, de Chile, ed. del 2-IV-1962; en  La Prensa, ed.  del 3-IV-1962).

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RESUMEN SOBRE JUSTICIA, IGUALDAD Y LIBERTAD

Concepto de justicia
— La justicia es la virtud de dar a cada uno lo suyo.
— Sin justicia la convivencia no puede ser armónica y fecunda, ni servir a su objeto fundamental que es la ayuda mutua entre los hombres.
— El objeto de la sociedad y de la autoridad política es lograr el bien común. Sin un orden jurídico que garantice la justicia el bien común no se logra.
— Las leyes tienen por objeto realizar la justicia en las relaciones humanas.
— La justicia no es estática, sino dinámica. Al cambiar las circunstancias cambia «lo que a cada uno le corresponde». Es siempre un «ajustamiento» en las relaciones humanas.

— Es clásica la división de la justicia en:
1. conmutativa: regula las relaciones entre los particulares;
2. distributiva: regula las relaciones de la sociedad con sus miembros;
3. legal: regula las obligaciones de los miembros para con la sociedad.

— Se usa la denominación de justicia social para designar el conjunto de obligaciones de la sociedad y del estado para con sus miembros más débiles y desprotegidos y las obligaciones de los grupos social o económicamente más fuertes para con ellos.

— Tal concepto surgió en oposición al concepto liberal individualista de justicia.

La justicia como función del poder público
— Recibe el nombre de justicia el cúmulo de funciones que el estado cumple en la regulación y administración de la función judicial, o en concreto la organización judicial o de alguna de sus ramas. Así hablamos de la justicia argentina o francesa, de la justicia nacional o provincial; de la justicia civil o del trabajo, etc.

— Al establecimiento de la justicia en la sociedad concurren las tres funciones del poder. A la judicial le corresponde específicamente la administración de justicia, ser arbitro en los conflictos de derechos, juzgar y sancionar a los que han delinquido.

— En la Argentina la administración ordinaria de justicia está a cargo de las provincias. También existe una justicia federal para causas expresamente reservadas en la constitución.

— La legislación de fondo está establecida por los códigos nacionales. Los procedimientos son establecidos por las provincias.

Importancia de la justicia en la defensa de la libertad y de la democracia

— No puede existir democracia donde no existe justicia en su doble sentido:

1. como virtud que rige las relaciones sociales;
2. como organización del poder para garantizar el orden jurídico.

— Donde no hay justicia no hay paz: estallan los conflictos y las tensiones sociales.
— Los hombres dan su apoyo y colaboración a un orden de justicia; no lo dan a un orden que hace favoritismos y no garantiza la justicia.
— Los estados modernos se preocupan de montar un orden jurídico que garantice los derechos de todos y obligue a gobernantes y gobernados al cumplimiento de las leyes.
— La justicia y el ordenamiento jurídico de una comunidad debe ser expresión de solidaridad humana.

Habeas corpus
— Es un recurso judicial sumario para proteger la libertad física de las personas y tornar imposible la arbitrariedad.
— Pueden interponerlo los familiares, amigos, o el apoderado del detenido.
— El juez ante quien se interpone no examina si la persona es culpable o no, sino si ha silfo legal o ilegalmente detenida. Si su detención es ilegal ordena su liberación inmediata.
— El recurso de habeas corpus tiene antecedentes históricos muy antiguos.
— El recurso de amparo complementa el de habeas corpus.

Igualdad ante la ley
— La dignidad de la persona y de los derechos fundamentales es igual por naturaleza en todos los hombres.
— La sociedad democrática, entre sus rasgos característicos, cuenta:
1. reconocimiento de la igualdad esencial de los hombres;
2. ausencia de privilegios fundados en sangre o posición social;
3. igualdad ante la ley;
4. afán de ofrecer a todos igualdad de oportunidades.
— La igualdad ante la ley supone que las leyes se aplican, en igualdad de circunstancias y condiciones, igualmente a todos. No, por ejemplo, que todos pagan los mismos impuestos, sino que todos los que están en idénticas condiciones pagan lo mismo.
— La constitución nacional en su art. 16 establece que todos los argentinos son iguales ante la ley.
— La conquista de este principio es resultado de una larga lucha por la libertad:
— en la antigüedad era común la distinción de los hombres en libres y esclavos;
— en la edad media en señores y siervos.
— La vigencia universal del principio de igualdad ante la ley es conquista moderna.
—Al principio de igualdad jurídica en época contemporánea se han agregado nuevas conquistas:

1. el fin del colonialismo y el reconocimiento de la igualdad jurídica de los pueblos;
2. el derecho de todos los hombres en la democracia a igualdad de oportunidades económicas y culturales.

Independencia de la justicia en las democracias
— Los regímenes políticamente sanos se preocupan de asegurar la independencia judicial, como garantía de imparcialidad.
— Su objeto es asegurar que los gobernantes no influirán en las decisiones de los jueces.
— Para que la justicia sea imparcial no debe hacer acepción de personas y estar libre de presiones políticas, económicas y sociales.
— La constitución nacional establece:
1. que el Presidente de la Nación no puede ejercer funciones judi-
ciales;
2. que los jueces no pueden ser removidos de sus cargos;
3. que sus sueldos no pueden ser disminuidos mientras duran en sus funciones.

— Los jueces nacionales, en caso de que su conducta no responda a las exigencias de su cargo, pueden ser removidos mediante juicio político.
— Los jueces, lo establecen las leyes, no pueden ocupar otros cargos, excepto la docencia. Cualquiera de las partes en juicio puede recusar un juez si está ligado a la otra parte por parentezco, amistad o intereses.

Sometimiento de la justicia en los regímenes totalitarios
— Los regímenes totalitarios concentran todos los poderes en manos del dictador. Los órganos legislativos y judiciales son instrumentos de su voluntad.
—No se da en ellos efectiva separación de poderes, aunque se mantiene con frecuencia la ficción jurídica.
— Los jueces que se oponen a los designios de la dictadura son rápidamente substituidos.
— La administración de justicia deja de ser imparcial. Se favorece a los amigos del régimen y se perjudica a sus adversarios.

Sin libertad no hay justicia
— porque el que no exista libertad ya es una gran injusticia. Se niegan derechos fundamentales del hombre;
— porque donde el poder judicial se ve privado de su independencia y sometido a presiones no puede administrar imparcialmente la justicia. Surge el favoritismo y la inseguridad.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-Editorial Guadalupe

Corrupcion y Demagogia en las Democracias Ejemplos

CARACTERÍSTICAS DE LA CORRUPCIÓN , DEMAGOGIA E INJUSTICIAS

Procedimientos demagógicos
Como ya se ha visto, la demagogia es la degeneración de la democracia.

Por estar apoyada la democracia en la voluntad popular, corre peligro de transformarse en demagogia. Esa transformación la realizan los demagogos. El demagogo busca el poder. Para alcanzarlo —o, si ya está en él, para conservarlo—, aplica el nefasto principio maquiavélico: «El fin justifica los medios», y separa así la política de la moral. Los procedimientos demagógicos de que se vale, son innumerables. Podrían citarse:, la mentira, el fraude, la prodigalidad, el halago, el soborno, las promesas, etc.

Son procedimientos demagógicos todos aquellos que intentan captarse la adhesión de las masas, con prescindencia de la licitud o ilicitud de los medios que emplea, y del verdadero bien de la nación y de los individuos.

Son procedimientos demagógicos, por ejemplo, el multiplicar, sin necesidad, los empleos públicos, para contar con mayor número de votos favorables; reducir las horas de trabajo, añadir otros nuevos a los días no laborables pagos y decretar el aumento masivo de sueldos y jornales, para halagar a los trabajadores; prolongar las vacaciones, multiplicar los feriados y conceder la exención de exámenes con promedio de cuatro o cinco puntos, para atraerse la simpatía y la adhesión de los estudiantes; despilfarrar el dinero de la nación para financiar campañas políticas, o en subsidios innecesarios; tolerar la inmoralidad en revistas, libros, cine, teatro, televisión, etc., para tener favorables a los individuos que trafican con esas miserias.

Al demagogo no le interesa que se hunda la nación por el déficit financiero, por la corrupción de la juventud y por la inmoralidad general; que disminuya el poder productivo y se detenga el desarrollo económico; que se rebaje el nivel cultural; que se pierdan los hábitos de trabajo y de ahorro, el sentido de la honestidad y responsabilidad, etc. Lo único que le interesa es satisfacer sus ambiciones, y para ello apela a todos los recursos.

Cuando habla al pueblo, siempre le recuerda sus derechos, reivindicaciones y virtudes; pero nunca sus defectos y deberes. Halaga las pasiones y compra las conciencias. La acción del demagogo puede resultar funesta para las democracias, pues la demagogia desprestigia a la democracia, con la cual se la confunde.

Ese peligro solo puede ser conjurado con una seria educación del pueblo, a fin de que no se deje engañar por los procedimientos demagógicos y sepa reaccionar y guiarse en sus decisiones por el dictamen de su conciencia y el verdadero bien de la patria.

soberania popular

Las Injusticias
Otro peligro que acecha a las democracias, son las injusticias. La justicia consiste en dar a cada uno lo que le corresponde. Se conocen tres clases de justicia:

Justicia conmutativa: Cada persona da a sus semejantes lo que les corresponde; por ejemplo, el comprador paga al almacenero los comestibles que lleva.

Justicia legal: Cada persona da al Estado lo que le corresponde; por ejemplo, paga los impuestos.

Justicia distributiva: El Estado da a cada uno lo que le corresponde; por ejemplo, vigilancia para defender la persona y los bienes, cargos públicos a quienes los hayan conquistado. Hay que agregar la justicia social.

Justicia social: Consiste en que cada uno dé a la sociedad su contributo y reciba de ella una parte proporciona] de ventajas. Cuando se falta a la justicia, se comete injusticia. Existe injusticia cuando el principio democrático de la igualdad ante la ley queda reducido a una fórmula escrita, sin vigencia efectiva.

Sucede cuando desde el poder se fomenta el favoritismo, el acomodo, la protección oficial, etcétera. Los afiliados al partido gobernante obtienen todas las facilidades, franquicias y ventajas, mientras que para los opositores todo son trabas, dificultades y negativas.

Los cargos y los ascensos no se otorgan según los méritos, sino por amistad, recomendación o afinidad política, aun con grave detrimento del nivel cívico, económico y cultural.

Corrupción

Corromper significa echar a perder una cosa.

Otro gran peligro para la democracia es la corrupción, y esta puede existir en las costumbres, en la administración pública y en la vida política.

La corrupción de las costumbres se origina cuando se quita a la educación toda base moral firme, de manera que la juventud no recibe de sus maestros principios fundamentales orientadores de la vida, y cuando se permite el abuso de la libertad.

Con el pretexto de que la democracia debe respetar la libertad de expresión, individuos inescrupulosos imprimen, exhiben y difunden láminas, revistas y libros obscenos, cuya finalidad es corromper a la juventud. Hasta justifican y hacen la apología de las mayores desvergüenzas, verdaderos estigmas de la sociedad.

La producción cinematográfica no marcha por otro camino. Parecería como si gran parte de los cineastas —actores y productores— estuvieran obsesionados por lo anormal, lo pasional. Es suficiente leer la propaganda, para advertir cómo se ataca y denigra a instituciones sagradas como el matrimonio y la familia; y al paso que es burlada la virtud, son glorificadas toda clase de perversiones. Cine y televisión parecerían ser, por momentos, escuelas del delito.

De esa manera se corrompen las costumbres y se pervierte la sociedad toda.

Huelga decir que el comunismo sopla en este fuego corruptor, para desintegrar la sociedad, y poder más fácilmente asestar su golpe.

La corrupción toma la forma de cualquier clase de delito: asaltos, robos, crímenes y estafas; desórdenes provocados por drogas, estupefacientes, bebidas alcohólicas, etc. Por otra parte, las leyes son de una lenidad incomprensible. Así se explica que la ciudadanía contemple alarmada la multiplicación pavorosa de robos, asaltos, atropellos, crímenes, depredaciones, etc., cometidos, muchas veces, hasta por menores de edad y aun por niñas.

Y se pregunta: «¿Cómo es posible que anden sueltos, o recobren enseguida la libertad, terroristas y delincuentes que han cometido a veces diez, veinte, treinta y hasta sesenta actos delictivos: robos, colocación de bombas, asaltos, crímenes, etc.?…»

La falta de principios éticos, hace que ciertos funcionarios malversen los caudales  públicos y lleven el  país a la ruina.

La corrupción administrativa se manifiesta en la coima, el soborno, el prevaricato, los negociados, la falsificación de documentos, los desfalcos, el enriquecimiento ilícito, etc., delitos que no encuentran la condigna sanción, por cuanto la generalización de los mismos o la extensión de la complicidad parafrasean tétricamente aquello de que «todos pusisteis en El vuestras manos».

El avance de la corrupción desalienta a muchos espíritus nobles y a la gran masa del pueblo, que desconfían de la democracia, por parecerles que se demuestra impotente para remediar tantos males.
Los extremistas de derecha y de izquierda explotan tantos escándalos y miserias, presentándolos como fruto del régimen democrático.

El comunismo marxista fomenta solapadamente, por una parte, tales corrupciones, provoca conflictos y divisiones, y siembra odios, y por otra, se presenta con ínfulas de redentor, capaz de remediar tantos males y transformar la tierra en un paraíso.

La corrupción política existe cuando se usan los procedimientos demagógicos ya enumerados, que halagan las pasiones populares y eclipsan la consideración y práctica de los deberes civiles y sociales.

El Sectarismo
Sectarismo equivale a partidismo exagerado.

Sectarismo es adhesión fanática a una idea o partido.
Al afirmar que la adhesión es fanática, queda dicho que es irracional, ciega, y que rechaza cuanto pueda pertenecer o provenir de otro grupo o partido.

Resulta natural que la persona entusiasmada por una idea o por la agrupación a que pertenece, la defienda con calor y le preste su adhesión decidida. Esto no significa que no pueda aceptar la existencia de algo bueno en ideas opuestas a las suyas, o que la actuación de otros grupos no pueda ser recta y beneficiosa.

En cambio, el sectarismo se caracteriza por su estrechez de miras, reducida perspectiva, restringido horizonte y combatividad virulenta.

El espíritu sectario puede resultar perjudicial a la democracia, porque antepone el interés del grupo y el punto de vista del partido, a los intereses más amplios y generales del pueblo y de la nación.

Por sectarismo, se considera al propio partido como poseedor del monopolio de la verdad política, de la honestidad administrativa y de las fórmulas mágicas para resolver todos los problemas.

Cuando el partido está en la oposición, el sectarismo se manifiesta por una resistencia cerrada, negativa y obstruccionista a todo lo que provenga de los poderes públicos. Cuando el sectarismo existe en el partido gobernante, se manifiesta por la infalibilidad que atribuye a todas sus ideas y actos; por el rechazo de cualquier insinuación o sugestión que pueda provenir del pueblo o de otros partidos, y por la persecución de los adversarios políticos.

PARA SABER MAS…

Falsas democracias
La democracia se deforma y degenera, cuando el concepto de pueblo es confundido y sustituido por el de masa.

No pocas veces la suerte de la sociedad ha dependido no del pueblo, sino de una multitud irresponsable e incontrolable que ha impuesto tumultuosamente sus caprichos o exigencias. También queda deformada, o mejor dicho, suplantada la de mocracia, cuando bajo el nombre de democracia usado como pantalla, se implanta el más despiadado despotismo. Es lo que ocurre con las denominadas Repúblicas Populares Democráticas, y que constituyen la burla más descarada y sangrienta de la democracia.

Las deformaciones más notables de la democracia son dos: la demagogia y la oligarquía.

Demagogia deriva del griego, demagogo: orador que covduce al pueblo, pero actualmente se ha perdido ese recto signifi cado, y por demagogia se entiende: dominación tiránica de la masa.

Hay quienes prefieren el término oclocracia, del griego, ochlos, turba, multitud, y kratein, dominar, que significa lo mismo que demagogia, pero parece ser un vocablo más apropiado. La democracia degenera en oclocracia cuando se adula a la masa y se estimula sus bajos apetitos, prescindiendo de la honestidad y rectitud y del verdadero bien del pueblo y de la Patria.

Táctica de los caudillos es conceder o prometer a la multitud todo aquello que la halague y todo aquello que solicite; fa natizarla para así conducirla a su antojo. Si bien la forma bicamarista, el sufragio universal, los derechos de las mayorías, etc., son elementos de la democracia, con todo pueden ser llevados a graves desviaciones que engendran la tiranía del número, el espíritu de partido, el atropello de las minorías, etc.

La oclocracia se aparta de las normas jurídicas y aplica, con aparato de prescripción legal, el propio capricho, las ambí ciones desbordantes y ahoga las iniciativas individuales del imperio de la fuerza y del terror.

Un ejemplo de los horrores de la demagogia túvose en Francia en la época de la Convención en que imperó el terror.

Proviene del griego, oligri, algunos y arche, mando, y significa: gobierno de unos pocos en su propio provecho. Es el abuso del poder que consiste en usarlo en daño del pueblo y en beneficio de una camarilla, generalmente de magnates y plutócratas.

Con apariencias de sistema constitucional parlamentario, exis te en la oligarquía un régimen personal y absoluto, aunque aliado con los caciques de una comandita.

Fuente Consultada:
Educación Democratica Mario Alexander Nivel Secundario Escuelas Técnicas

 

Factores Que Ponen en Peligro la Democracia Las Amenazas

FACTORES QUE PONE EN RIEGOS LOS SISTEMAS DEMOCRÁTICOS

1°) El concepto de libertad.
2°) La dignidad de la persona humana
3º) La Indiferencia Cívica
4º)Sectarismo
5º)Corrupción
6º)Injusticias

Más que un sistema político, la democracia es una forma de vida. Alcanzar esta forma y mantenerla requiere el esfuerzo constante de todos los hombres que integran una comunidad, gobernantes y gobernados. Múltiples y variadas formas de corrupción ponen en peligro la existencia de una sociedad democrática.

Unas afectan la participación activa y responsable de los ciudadanos en la vida y quehaceres comunitarios. Otras tornan a la democracia ineficaz para resolver los problemas sociales, lo que impulsa a los hombres a rechazarla y a buscar soluciones extremas.

La vida en la democracia se desenvuelve por el imperio  del  derecho. Elimina el despotismo, la arbitrariedad y la tiranía y hace brillar la ley a la cual deberán ajustarse todos, tanto gobernados como gobernantes. El hombre no es «algo», sino que es «alguien». La democracia establece el respeto de los derechos y de las libertades. Los abusos no son consecuencia de la democracia, sino resultado del incumplimiento de sus principios.  En la democracia las personas gozan de las libertades individuales, como la de expresión , de prensa, de información , de educación y de trabajar.

LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA: Muchos pueblos aleccionados por una amarga experiencia política, se oponen con mayor energía al monopolio de un poder dictatorial incontrolable e intangible, y exigen un sistema de gobierno que sea más compatible con la dignidad y libertad de los ciudadanos».

La idea democrática se apodera de los pueblos, y obtiene por todas partes la aprobación y el consentimiento. Pero los ciudadanos quieren «más democracia y mejor democracia«. No ocultan su desengaño por la forma como se falsifica a la democracia, y cómo se la ha realizado hasta el presente en muchas partes.

El supremo ideal de «más democracia y mejor democracia» requiere lucha para defender la verdadera democracia, y para realizarla cada vez mejor.

La primera lucha es individual, de cada uno consigo mismo, en su doble aspecto negativo y positivo.

Negativo; reprimiendo y neutralizando las tendencias al egoísmo, a la apatía, al sectarismo, a la inmoralidad, a la injusticia, a la pereza, a la codicia…

Positivo: adquiriendo las virtudes propias del hombre honesto, fundamento de las virtudes sociales y del buen ciudadano. Sin moral privada no puede haber moral pública.

La segunda lucha es en el plano educativo. La democracia se salvará por el pueblo, y el pueblo sostendrá y mejorará la democracia cuando esté educado para ejercerla. Grave es en este punto la responsabilidad de la escuela, donde no siempre el educador, por desgracia, cumple con la obligación de «educar al soberano».

La tercera lucha es en la sociedad, afirmando la democracia sobre claros principios morales, y haciendo prevalecer los valores y fuerzas espirituales oponiendo al egoísmo, generosidad; a la apatía, preocupación; al materialismo, espiritualidad; a la avaricia, desprendimiento; a la debilidad, fortaleza; al espíritu de comodidad, el de sacrificio y abnegación; etc.

La lucha debe tender a consolidar las instituciones democráticas; a realizar una verdadera democracia, y no una simulación de democracia a gusto y paladar del demagogo de turno. Cuando la democracia peligra, se debe luchar para sostenerla, purificándola de los errores que la hacen tambalear; y cuando ha desaparecido, es necesario luchar también para reconquistarla, aun con riesgo del bienestar, la tranquilidad y la propia vida.

La subsistencia democrática de una sociedad democrática requiere:

1. que todos los ciudadanos se sientan responsables de la vida y progreso de la comunidad y estén dispuestos a tomar en ella activa y responsable participación;

2. que las libertades humanas, civiles, económicas y políticas, sean respetadas y promovidas;

3. que los gobernantes tengan el poder, la capacidad y la honestidad necesarios para conducir eficiente y justamente a la sociedad en provecho de todos.

En otras palabras, en una sociedad democrática, el gobierno, además de ser expresión de la voluntad popular y de respetar los derechos y la libertad de todos, debe administrar justicia y ser eficaz en el logro del bien común.

Se habla mucho de democracia y poco de gobiernos democráticos.

Una sociedad democrática requiere gobiernos eficientes y con autoridad, capaces no sólo de lograr el orden en la libertad, sino también de impulsar el desarrollo social y de dar rápida y efectiva solución a los problemas concretos que plantea cada momento hi,tórico: desocupación, vivienda, salud, educación, etc.

Cuando un sistema de gobierno no consigue dar respuesta a las necesidades surge el descontento, el orden se quiebra y el gobierno pierde el respeto y la adhesión de los gobernados.

La incapacidad reiterada de ciertos gobiernos democráticos para dar solución a problemas concretos (p. ej., el desarrollo económico e industrial, la equitativa distribución de la riqueza, la eficiencia del sistema educacional, el afianzamiento de las sociedades intermedias) ha llevado a muchos a dudar de la misma democracia como sistema político.

Hacer de la democracia un sistema que compagina libertad con autoridad, que respetando la libertad de hombres y grupos tiene la misma o mayor eficiencia que los regímenes no democráticos, es tarea de todos los miembros de la sociedad, de los que gobiernan y de los que son gobernados.

De los gobernados se requiere que participen activa y responsablemente en todas las actividades sociales y políticas; de los gobernantes, que sean capaces de conducir la sociedad con justicia y eficiencia.

La ausencia de cualquiera de estos elementos desprestigian al sistema democrático o lo tornan imposible.

La participación responsable de los ciudadanos se vicia o se altera por diversos factores.

Entre los principales: señalamos:

1. olvido de los deberes ciudadanos;
2. indiferencia egoísta por la cosa pública;
3. procedimientos demagógicos.

La eficacia, además de otras causas, desaparece cuando el sistema presenta:

4. injusticia;
5. corrupción;
6. sectarismo.

Algunos peligros que acechan a las democracias:
Los peligros que acechan a las democracias son externos e internos.

Los externos provienen de los extremismos, de derecha y de izquierda, que quisieran anular las formas democráticas y suplantarlas por el totalitarismo.

Los peligros internos tienen su origen en la mala interpretación de ciertos principios democráticos. Y esa interpretación equivocada puede llevar a consecuencias fatales para la democracia. Así, por ejemplo, se interpreta mal:

a) El Concepto de Libertad. Son muchos los que creen que la libertad consiste en hacer lo que uno quiere, y no lo que uno debe. El ejercicio de la libertad mal entendida desemboca en el abuso y en el libertinaje, y provoca anarquía, confusión y caos.

Se concede la misma libertad al bien y al mal, a la verdad y al error.
De esa falsa interpretación de la libertad derivan actitudes peligrosísimas para la democracia. Así, por ejemplo, se permite la difusión de doctrinas antidemocráticas y totalitarias, que envenenan las inteligencias y engañan a los incautos con falsas promesas y con la explotación interesada de las deficiencias que se advierten en las democracias.

El marxismo (casi desterrado como doctrina social, política y económica) aprovecha esa libertad que se concede al error y a los que conspiran contra la misma libertad; y, valiéndose de la propaganda mentirosa, presenta a la sociedad comunista como un paraíso terrenal, al mismo tiempo que describe con vividos colores los abusos capitalistas, la corrupción de costumbres, la carestía de la vida o la malversación de los caudales públicos, estimulando la lucha de clases, e incitando a renegar de la democracia, para entregarse al comunismo.

b) La dignidad de la persona humana. El profundo respeto que la democracia tiene para el hombre, lleva a muchos al error de considerar la naturaleza humana perfecta y naturalmente inclinada al bien, cuando una experiencia multisecular demuestra lo contrario.

Además de los peligros enunciados, existen otros; y algunos, como consecuencia de lo que se acaba de exponer, cuyo origen está en el seno mismo de las democracias. Los principales de estos peligros son: el olvido de los deberes ciudadanos, la indiferencia por la cosa pública, los procedimientos demagógicos, las injusticias, la corrupción y el sectarismo.

1-Olvido de los deberes ciudadanos y sus consecuencias

El primer peligro es el olvido de los deberes ciudadanos.

La democracia emancipa al hombre de los regímenes que menoscaban la dignidad humana; pero por emancipación, de ninguna manera debe entenderse liberación de obligaciones y ausencia de responsabilidad.

Además de los deberes propios de la clase o condición de cada uno, existen los deberes hacia los demás y hacia el Estado. El cumplimiento  de los deberes hacia el prójimo establece la armonía en la vida de relación.

Cada uno debe respetar los derechos ajenos, y de esa manera se verá respetado en los suyos.

Cuando sin motivo se vulneran esos derechos, se comete injusticia y se desequilibra la armonía social.
El primer deber hacia el Estado es el de respetar y cumplir las leyes.

Las leyes son disposiciones razonables establecidas para el bienestar general y la buena marcha del Estado. Entre esas leyes están las que obligan al pago de los impuestos y contribuciones.

Si todos descuidaran esas obligaciones, ¿de dónde sacaría el Estado los fondos para la realización de obras de bien público?

El incumplimiento de las leyes repercute en la comunidad.

El cumplimiento de la ley del sufragio es otro importantísimo deber ciudadano.

Esa ley se cumple no solo sufragando, sino sufragando bien, guiándose en la elección por el interés nacional y el bien de la república, y no por sola simpatía o por seguir una costum bre o  tradición familiar, o movido por mezquinos  intereses personales.

Otro deber ciudadano es el de armarse en defensa de la patria. En Argentina hasta el año 1994, el período de instrucción militar obligatoria es la conscripción. Sin motivos graves y reales —motivos que las leyes contemplan, estableciendo las distintas excepciones— no se deben buscar subterfugios para eludir su cumplimiento. De lo contrario, la patria no tendrá organizadas sus fuem armadas para la defensa de su soberanía, de la integridad d su territorio, y de la paz y libertad de sus ciudadanos.

No es posible enumerar todos y cada uno de los deberes. Sol recordar el de la solidaridad y el de servir lealmente a la na ción, sea desde el llano como desde los cargos públicos. No se puede dejar de mencionar tampoco la obligación  de respetar y obedecer a las autoridades legítimamente constituídas; deber, este, que fácilmente se olvida en las democracias.

Por la libertad que reina en ellas, muchos se creen con derechi a insultar y lanzar diatribas, cuando no calumnias, contra lo ciudadanos constituidos en autoridad, y se creen autorizado; a no obedecer sus disposiciones.

La insistencia en hablar de los derechos, parece que hicieron olvidar la existencia de los deberes. Son muchos los que recuerdan diariamente sus derechos, y los reclaman a tiempo y también a  destiempo; pero, lamentablemente, olvidan el cumplimiento de sus deberes.

Con mucho tino, los revolucionarios de Mayo establecieron que se enseñaran a la juventud argentina los deberes del hombre, para que supieran y recordaran que en todo derecho existe correlativamente un deber.

Es en la democracia donde el incumplimiento de los deberes produce mayores males.

En la democracia todos tienen, directa o indirectamente, participación en el gobierno e influencia en la marcha del Estado, de modo que el olvido de los deberes ciudadanos repercute desastrosamente en la nación.

Sucede, además, que la democracia establece un ambiente de amplia libertad. Cuando los ciudadanos olvidan sus deberes, esa libertad puede degenerar en libertinaje.

El olvido de los deberes trae como consecuencia, entre otras, las injusticias, la corrupción y la anarquía social.

Acongojan y entristecen el ánimo las noticias de corrupción administrativa, con la serie de funcionarios que traicionaron la confianza que la nación, había depositado en ellos, con sus desfalcos, fraudes y enriquecimiento ilícito. ¡Cómo se comprueba día a día la imperiosa necesidad de una sólida formación moral, basada en principios inmutables  y eternos, que solo puede proporcionar una educación integral que abarque al educando en todos sus aspectos!.

La mejor manera de dignificar a la democracia es cumpliendo los propios deberes impuestos por la ley moral.

2-La indiferencia egoísta por la cosa pública

Se denomina «cosa pública» el conjunto de asuntos y problemas que interesan al Estado, y a los miembros que lo componen.

Así, por ejemplo, pertenecen a la «cosa pública» la administración del Estado, el prestigio nacional, las relaciones internacionales, la moralidad pública, las relaciones entre obreros y empresarios, el problema de los transportes, el aseo de la ciudad, etc.

Indiferencia por la cosa pública significa apatía, falta de interés, despreocupación por los asuntos de provecho general. Tal indiferencia es egoísta, pues las personas se desentienden de todo aquello que es de interés general, para preocuparse por sus intereses particulares.

Le interesa lo que le afecta a él directamente; pero lo que trasciende el círculo de sus intereses inmediatos, es como si no existiera.

Sin embargo, todos deben colaborar para la solución de los problemas que se plantean, aunque esa preocupación les demande un poco de tiempo o les cause algunas molestias. La indiferencia hace que los problemas se agudicen y que los males se extiendan.

En muchas personas, esa indiferencia no es fruto de mala voluntad o de egoísmo consciente, sino simplemente de no advertir que forman parte integrante y vital de la nación, y que ningún problema que afecte al país puede ser ajeno al interés de los ciudadanos.

Piensan que tales asuntos incumben al Gobierno y a los demás, pero no a ellos.

Es cierto que algunos asuntos son de competencia exclusiva de las autoridades; pero en muchos otros se puede colaborar, aunque solo sea indirectamente.

Se debe tener bien presente esta verdad: todos y cada uno de los ciudadanos forman parte de la comunidad y la integran, no como espectadores de los sucesos, sino como actores y, a veces, protagonistas del bienestar general.

Nótese que las consecuencias de la indiferencia por la cosa pública, repercuten también sobre aquellos que la provocaron, pues los males generales, al fin y a la postre, afectan a las diversas clases sociales y a todos los ciudadanos. Una forma de indiferencia es la abstención electoral y la despreocupación por el sufragio.

El voto es un arma que la democracia pone en manos del ciudadano, para que con ella haga sentir su presencia: su aprobación o desaprobación.

Salvo el caso de fuerza mayor, nadie debe abstenerse de votar. A todos interesa que la nación esté bien gobernada; y es precisamente por el derecho del sufragio lealmente ejercido cómo se pueden elegir buenos mandatarios.

La juventud estudiosa argentina debe encender en su mente la llama del ideal y cultivar anhelos de superación. Proponerse desde ahora ser útil a la comunidad: no ser zángano, sino industriosa abeja, en la gran colmena humana.

Deben reflexionar los jóvenes, y recordar que los héroes y los grandes ciudadanos de la Patria no eran de una substancia diversa de la de ellos, y, no obstante, guiados por un gran ideal, marcaron rumbos luminosos en los derroteros de la Argentina. La terrible crisis moral, política y económica que afecta a la Argentina, debería constituir un poderoso estímulo para las nuevas generaciones.

Cada muchacho y cada niña deberían proponerse, sin vanidad ni jactancia, pero sí con decisión y entusiasmo, trabajar para lograr el resurgimiento nacional y la grandeza de la Patria.

3-Procedimientos Demagógicos:

Reciben el nombre de procedimientos demagógicos las prácticas destinadas a lograr la adhesión de las masas exaltando sus deseos e instintos, sin considerar el valor moral de los medios utilizados y el verdadero bien de la comunidad.

El demagogo, conocedor de las necesidades e instintos de aquellos a quienes se dirige, los usa hábilmente para encumbrar su propia persona o las -ideas que defiende. Actúa como si sólo él fuese capaz de solventar los males que afectan a la sociedad. Exalta las pasiones, fomenta los resentimientos y no repara en provocar odios. Habla siempre de derechos, nunca de obligaciones.

No sólo los dictadores usan prácticas demagógicas. También gobernantes que se dicen democráticos las usan para exaltar a un hombre, para mantener o aumentar su caudal electoral. Para ello aumentan sin necesidad los empleos públicos, distribuyen favores y subsidios; emprenden obras innecesarias y descuidan las necesarias, toleran la inmoralidad, crean impuestos injustos y no se atreven a cobrar los justos; manejan la política de salaries con fines electoralistas, etc.

Tales gobernantes, por temor a perder votos, jamás se atreven a tomar medidas de fondo que exigirían el sacrificio de todos. Y así los problemas se agravan día a día.

Es frecuente que en las campañas electorales distintas fuerzas políticas recurran a procedimientos de este tipo, ofreciendo soluciones que difícilmente se puedan llevar a la práctica, o que de hacerlo padecería toda la comunidad.

Las promesas de los demagogos, el continuo falseamiento de la verdad y la ausencia de responsabilidad conducen a la masificación del pueblo. Así se destruye la responsable participación ciudadana y con ella la democracia.

La demagogia es una degeneración de la democracia. En la democracia el gobernanate respeta la voluntad del pueblo; en la demagogia, se somete a los dictados de la plebe.

4-Injusticias

La justicia consiste en dar a cada unú lo que le corresponde. La justicia requiere que a cada uno se le concedan sus derechos y se le exijan sus obligaciones. Hay injusticia cuando un derecho no es respetado, una obligación no es cumplida, una falta queda sin sanción o un crimen sin castigo.

Estamos en presencia de injusticia cuando a individuos o grupos no se les concede lo que legítimamente les corresponde, o se les concede más de lo que le corresponde. También estamos en presencia de injusticia cuando a individuos y grupos no se les exige que cumplan sus obligaciones y deberes.
Es esencial para todo recto orden social crear un régimen de justicia para todos y garantizarlo, en el cual las obligaciones y beneficios sociales sean equitativamente distribuidos.

Donde no se logra la justicia no existe el bien común, ni la paz social. «La paz es resultado de la justicia».

Es responsabilidad del gobierno lograr y realizar la justicia para todos los individuos y sectores: tutelar los derechos de todos y de todos exigir sus obligaciones. Pero para que exista justicia para todos, debe prestar especial protección a los grupos social, económica o culturalmente más débiles.

La razón de esto es simple: están menos capacitados que otros grupos para defender por sí mismos sus propios derechos.

5-Corrupción:

Corrupción es la acción y efecto de corromper, echar a perder, podrir. Se puede corromper un gobierno, un sistema político, o una sociedad.
La corrupción política se manifiesta a través de prácticas y hechos concretos. Entre ellos podemos mencionar:

— inmoralidad administrativa,
— soborno de los funcionarios públicos,
— malversación de los fondos públicos,
— cargos otorgados por favoritismo y no por capacidad,
— parcialidad en la administración de justicia,
— tolerancia consciente de delitos,

— favoritismo en la adjudicación de licitaciones, conce-. siones y permisos, etc.

La corrupción indica siempre decadencia moral, relajamiento de las costumbres, pérdida de un sistema de valores.

En toda sociedad y en todo sistema de gobierno se dan hombres que no cumplen sus obligaciones, que por debilidad o maldad sucumben al mal; se dan también hombres delincuentes y corrompidos. La sociedad supone que los hombres pueden usar mal su libertad. Es función de la autoridad prevenir, corregir y castigar su mal uso, para que no dañe a todos.

Pero cuando el mal en una sociedad o un gobierno es consciente y sistemáticamente tolerado o fomentado, tal sociedad está al borde del caos.

Existen grupos de ideologías extremistas que no temen fomentar la corrupción y la inmoralidad privada y pública, social y política.

Saben perfectamente que así socavan los fundamentos de una sociedad democrática.

6-Sectarismo:

Llámase sectario al seguidor fanático e intransigente de una opinión o partido. Sectarismo es la actitud propia del sectario.
Cuando un partido, un grupo social, económico o ideológico, rechaza cuanto pueda provenir de otro grupo o partido, y se considera a sí mismo como el poseedor exclusivo de la verdad, o el único dotado de capacidad, estamos en presencia del sectarismo.

El hombre sectario ve como única verdad la suya, como única solución la propia, parcializa los problemas, no tiene en cuenta las ideas e intereses de los demás.

El sectario suele además tomar una actitud agresiva y virulenta.

Cuando un grupo sectario está en el gobierno se cierra sobre sí mismo, escoge los colaboradores dentro de su propio sector, considera que sus ideas son infalibles y no admite ideas, ni sugerencias de los otros grupos.

La democracia es convivencia armónica entre hombres que respetan mutuamente las ideas y opiniones de los demás. El sectarismo destruye la posibilidad de una tal convivencia.

LA LUCHA POR LA DEMOCRACIA

La democracia, lo repetimos, más que una forma política es una forma de vida y un sistema de valores. Es una búsqueda de un orden social acorde con la dignidad, la libertad y la solidaridad humana.

Una sociedad democrática no se establece, ni mantiene, sin el esfuerzo constante y creciente de sus miembros.

«Más y mejor democracia», decía Pío XII, es el clamor de los pueblos modernos. Los hombres de hoy ansian un orden social y un sistema político que cada día sea más justo, más eficiente, más solidario, más humano.

La democracia cree en la capacidad del hombre para perfeccionar constantemente su persona. Los hombres no podemos ser distintos, pero podemos ser mejores cada día. Nuestra naturaleza humana no cambia; nuestras personas pueden y deben perfeccionarse.

La democracia cree también en la capacidad de los hombres para perfeccionar la sociedad. Nunca llegaremos a una sociedad utópica o paradisíaca. Pero sí podemos aspirar a una sociedad en que haya más solidaridad, más respeto a la persona humana, mejor satisfacción de las necesidades económicas y sociales de todos.

La democracia no se afianza ni perfecciona sin el afán constante de los hombres para superarse a sí mismos.

La gran lucha que en una democracia deben sostener todos los ciudadanos, los gobernantes y los gobernados, es la lucha contra su propio egoísmo.
De aquí la importancia de una educación para el uso responsable de la libertad.

Fuente Consultada:
Educación Democratica Mario Alexander Nivel Secundario Escuelas Técnicas
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-

El Estado Democrático y el Bien Común Resumen Función

El Estado Democrático y El Bienestar General de la Población

No basta que la sociedad respete la libertad de los hombres. Además de libertad, el hombre necesita pan, vivienda, asistencia médica y sanitaria, seguridad, descanso y recreación. Necesita también educación, formación técnica y profesional, desarrollo espiritual y cultural.

A los derechos se los respeta; a las necesidades se las satisface.

La sociedad debe respetar las libertades; debe también satisfacer las necesidades. El marxismo ofrece la satisfacción de las necesidades; pero anula las libertades. La democracia respeta las libertades y procura satisfacer las necesidades con mayor eficacia. Es esta la verdadera prueba que debe superar la democracia: crear un orden de prosperidad económica y de justicia social.

Superioridad de la democracia para resolver los problemas económico-sociales:

Función del Estado Democrático es procurar el bien común o bienestar general: la prosperidad, tanto de la sociedad como del individuo. El bien común debe abarcar al hombre completo: espíritu y materia, y satisfacerlo en todos sus aspectos. Una de las facetas de la vida del hombre —y, por lo tanto, una parte del bien común— es la que se refiere al aspecto económico.

La faz económica de la vida del hombre abarca: alimento, trabajo, vivienda, sueldo, mantenimiento de la familia y honesta distracción; medios de vida para el tiempo de enfermedad, desocupación, invalidez, vejez o infortunio; participación en la dirección de la empresa, en las ganancias, etc. De las exigencias propias de estos distintos rubros surge un problema: el problema económico.

Como ese problema afecta a los trabajadores y patronos, a los pobres y ricos, a las familias y al Estado —que es como decir que tiene influencia en la misma sociedad—, se denomina problema económico – social.

Problemas económico – sociales son los problemas que afectan, desde el punto de vista económico, a los individuos, a las familias y a la sociedad, y a las relaciones que existen entre las diversas clases sociales.

Todo problema reclama una solución. Como los problemas económico-sociales son difíciles, y todavía no resueltos satisfactoriamente, vienen siendo denominados la cuestión social. La cuestión social es compleja. Aunque corresponde al factor económico una parte preponderante, influyen en ella diversos factores: morales, religiosos, económicos y políticos. Si bien puede decirse que la cuestión social es casi tan antigua como la humanidad, solo en los últimos tiempos ha adquirido enorme importancia, hasta llegar a agudizarse en la actualidad.

FUNCIÓN DE LA DEMOCRACIA FRENTE A LAS DESIGUALDADES ECONÓMICAS

La superioridad de la democracia para resolver los problemas económico – sociales se funda en las siguientes razones:

1°) La democracia reconoce como principio básico la igualdad jurídica: todos son iguales ante la ley. Por consiguiente, no admite prerrogativas de sangre ni de nacimiento, títulos de nobleza, ni grupos o clases privilegiadas. En este pie de igualdad jurídica, resulta más fácil resolver con justicia los problemas que plantea la denominada cuestión social.

2°) El ambiente de libertad en que se desenvuelve la vida, permite conocer más fácilmente las dificultades que afectan a las clases sociales, y facilita a estas exponer y solicitar la solución de sus problemas.

Permite, asimismo, la organización libre, para defender los propios derechos y para resistir las medidas abusivas, aun con prudentes medidas de fuerza. Todos los regímenes democráticos —cosa que no sucede en los Estados totalitarios— reconocen el derecho de huelga como recurso lícito y extremo que tienen los trabajadores para la defensa de sus derechos, cuando las conversaciones y el arbitraje no surtieron efecto.

3°) La democracia otorga a todos, iguales posibilidades para llegar al poder. Personas de cualquier clase social pueden ocupar cargos públicos, y arbitrar los medios para solucionar los problemas que han sentido en carne propia. En la democracia, todos los hombres conocen mejor los problemas económico – sociales, por estar más en contacto con ellos, y por la mayor uniformidad que reina en la vida social.

4°) Los hombres de gobierno se hallan más interesados y comprometidos a atender esta clase de problemas, por haber sido elegidos en razón de una plataforma electoral que prometía la solución de los mismos, o a fin de contar con el apoyo de sus conciudadanos para mantenerse en el poder, pues la democracia se apoya en la voluntad popular.

Por lo tanto, existe interés en atender los reclamos del pueblo; también la opinión pública puede presionar por medio del sufragio. Estas consideraciones son suficientes para mostrar la superioridad de la democracia en la solución de los problemas económico – sociales.

El bien común: El objeto de la sociedad política es lograr el bien común. El bien común ha sido definido como «el conjunto de condiciones sociales que permiten y favorecen en los seres humanos el desarrollo integral de sus personas».

Función del Estado frente a la desigualdad económica:

La función del Estado no es hacer de la nación una poderosa potencia económica, política o militar: su función es lograr el bien común.

El bien común no está logrado cuando existen minorías excesivamente ricas, con superabundancia de bienes y comodidades, y grandes masas de indigentes, sin bienes de fortuna, y carentes hasta de lo más necesario.

De poco o nada vale la libertad política, cuando no está acompañada por la libertad económica.

El ciudadano económicamente pobre, no siempre estará en condiciones de actuar libremente: deberá aceptar, muchas veces, imposiciones de quien esté en situación más holgada, y, por lo tanto, en estado de mayor independencia. «Cuando se necesita comer, nadie es libre de trabajar o no trabajar».

El Estado no puede permanecer impasible, ante esa irritante desigualdad económica. El Estado debe intervenir para establecer la justicia social.

Respecto a la función del Estado frente a la desigualdad económica, existen varias posiciones. Dos son posiciones extremas, y una tercera, una posición intermedia.

1°)Ninguna intervención del Estado
Es la posición de aquellos que sostienen la absoluta libertad económica: libertad de comercio y de cambio; libertad do trabajo para hombres, mujeres y niños, y para toda tarea, tiempo y lugar; libertad de condiciones al estipular el contrato para el patrono, con la única condición de que el obrero consienta; libertad de propiedad ilimitada.

Esta teoría llevó al capitalismo y a la explotación de la clase obrera. La función del Estado se reducía a asegurar la libertad de contratar.

Fue la posición sostenida en el siglo XIX hasta las primeras décadas del siglo XX, por la democracia liberal, y que ya nadie sigue, en razón de su injusticia social.

2°) Intervención absoluta del Estado
Es la posición de aquellos que sostienen que el Estado debe intervenir, no en virtud de su misión de velar por el bienestar y la paz de la comunidad que preside y gobierna, sino por ser el Estado la fuente de todo derecho y el origen de toda legalidad; y, por lo mismo, goza de poderes ilimitados para regular las relaciones entre cualquiera de sus súbditos, sometiéndolos a su omnímoda e inapelable decisión. Esta es la teoría comunista, en que el Estado es todo… y los individuos, inconscientes y anónimos engranajes del organismo estatal.

3°) Teoría de la intervención sistemática del Estado, ,   pero limitada, y de la intervención supletoria
Entre las dos posiciones extremas —ninguna intervención del Estado, y su absoluta intervención— se encuentra la posición intermedia de aquellos que postulan la intervención moderada del Estado: unos, en forma sistemática, y otros, en forma supletoria.

La diferencia entre la intervención sistemática y la supletoria reside en lo siguiente: los de la intervención sistemática sostienen que el Estado debe intervenir siempre, aunque en forma limitada, por la influencia que el contrato de trabajo ejerce sobre el bienestar general; y los de la otra teoría sostienen que el Estado debe intervenir con acción supletoria, únicamente cuando sea necesario para proteger los derechos del débil.

Esta última posición pertenece a una sana y recta concepción democrática. Parte del principio de que el Estado no debe hacer él, sino dejar hacer y ayudar a hacer: no se puede quitar a los individuos y atribuir a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria.

Se basa en una serie de postulados democráticos:
a) La intervención del Estado no es deseable, es tolerable y no ha de ser sistemática, pues fácilmente degenera en abuso.

b)  Hay casos de excepción y pasajeros, en que el Estado puede y debe intervenir para resolver situaciones inconciliables.

c)  La intervención pública debe ser siempre limitada y restringida a lo necesario.

Las Funciones del Estado

Existen dos posiciones erróneas acerca del papel que corresponde al estado en la actividad económica: la liberal y la totalitaria.

El liberalismo sostiene que el estado no debe intervenir en economía porque su intervención es incompatible con la libertad. Según el liberalismo la ley de la oferta y la demanda y el principio de libre contratación deben regir la actividad económica. Consecuentemente defiende la absoluta libertad de la empresa y considera al trabajo como una mercancía. El estado sólo debe intervenir para guardar el orden y garantizar el cumplimiento de los contratos.

La concepción política y económica liberal está superada. Existen actualmente tendencias neo-liberales caracterizadas por su tendencia a disminuir indebidamente la intervención estatal.

La totalitaria defiende la intervención desmedida del estado en la actividad económica, por lo que es llamada también intervencionista. Esta concepción tiende a anular la iniciativa privada y a disminuir el derecho de propiedad privada. Convierte al estado en el gran industrial y el gran comerciante.

Su expresión extrema es el colectivismo comunista donde se niega la libertad económica, todas las empresas son estatales y no se permite la propiedad privada de los bienes de producción.

La experiencia histórica demuestra que donde se niega la libertad económica y el derecho a la propiedad privada surgen las tiranías políticas y que los gobiernos totalitarios siempre anulan la libertad económica. Se da así, en manos del grupo gobernante un poder absoluto e incontrolable.

La concepción personalista cristiana sostiene el equilibrio entre la iniciativa privada y la intervención estatal.

Por naturaleza propia la actividad económica pertenece a la libre iniciativa de los individuos y de los grupos. Pero el estado debe cuidar que el proceso económico nacional se desarrolle armónica y eficientemente, que se produzcan los bienes necesarios para la comunidad y que sean distribuidos eficientemente.

La intervención estatal, que cada día es más amplia y profunda por la complejidad de las sociedades modernas, no tiene por objeto disminuir la actividad privada, sino fomentarla, ayudarla, ordenarla, complementarla y hacerla servir al bien comunitario.

Corresponde a las autoridades políticas, entre otras funciones:

1. planificar la economía total del país;

2. procurar que existan fuentes de trabajo para todos los ciudadanos;

3. prevenir las crisis económicas;

4. cuidar de que los distintos sectores de la economía se desarrollen armónicamente: la producción agrícola-ganadera-minera, la industria y los servicios.

5. impulsar el desarrollo de las zonas más atrasadas del país.

Es también fundamental función del estado cuidar que los bienes producidos lleguen equitativamente a todos los miembros de la comunidad, para lo cual debe tener una justa política laboral y salarial y un eficiente sistema de impuestos.

La justicia pide que entre los miembros de una misma comunidad política no existan grandes diferencias económicas. Las diferencias económicas llevan aparejadas diferencias sociales y culturales.

A este propósito se expresó el Concilio Vaticano II: «a fin de satisfacer las exigencias de la justicia y de la equidad se debe procurar enérgicamente que sean suprimidas lo más rápidamente posible las enormes y crecientes desigualdades económicas actuales, que van acompañadas de discriminación individual y social».

En casi todos los países democráticos las estructuras económicas no responden aún a las exigencias de la justicia y solidaridad humana. Reformarlas implica vencer graves inconvenientes y solventar problemas sumamente difíciles. No se hace sin el esfuerzo y sacrificio de todos los sectores y sin una adecuada conducción política.

También en casi todos ellos se intentan profundas reformas para lograr un ordenamiento económico más eficiente y más justo. El mismo Concilio Vaticano afirma que se equivocan «los que se oponen a las reformas necesarias bajo el pretexto de falsa libertad», como también los partidarios de una economía colectiva que niega los derechos fundamentales del hombre.

Fuente Consultada:
Instrucción Cívica
Norberto Fraga – Gabriel Ribas Editorial A-Z
Instrucción Cívica 2 D.A. Sabsay – S.G. Jáuregui
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-

Función de las Fuerzas Armadas en Democracia Resumen

RESUMEN: LAS FUERZAS ARMADAS EN UN ESTADO DEMOCRÁTICO

Democracia como expresión de paz
La paz ha sido definida como la tranquilidad en el orden. La democracia es expresión de paz, porque busca el orden
reconociendo y respetando todos los derechos y libertades.

No puede existir orden y, por consiguiente, no puede existir paz, cuando se atrepellan los derechos y se cometen injusticias. Por ello surgen conflictos y luchas: huelgas, sabotajes, agresiones armadas.

Unas clases sociales se enfrentan con otras; grupos antagónicos chocan, y la defensa de los propios derechos o la lucha por la libertad o por justas reivindicaciones, pueden adquirir formas violentas y llegar hasta la guerra civil. Cuándo la democracia respeta y hace respetar los derechos, y cuando triunfa la justicia, se consolida la paz.

La democracia es expresión de paz, porque representa el sentir del pueblo; y el pueblo no quiere la guerra, pues ama la paz.

Las guerras se desencadenan, muchas veces, por intereses ocultos y decisión de los dirigentes, sin intervención del pueblo y por ambiciones imperialistas. Por regla general, todos los totalitarios alientan inquietudes imperialistas.

La verdadera democracia no tiene ni fomenta aspiraciones imperialistas. Esa actitud es por sí sola una garantía de paz. La democracia favorece la paz internacional, pues la guerra, que a los ojos de unos pocos se presentaría como un bien, aparece a los ojos del pueblo como un flagelo horroroso, con su secuela de destrucción, hambre y miseria.

Si la decisión dependiera del pueblo, no se llegaría a la guerra sino en casos absolutamente extremos; y quizá nunca, si todos los pueblos fueran democráticos.

El sentido civil de la democracia
La democracia encierra en su seno un sentido civil, porque es una manera de vivir y una forma de gobernar que pone como centro al hombre.

Lo considera el eje alrededor del cual gira toda la vida política; lo respeta en sus derechos y libertades, y en su finalidad trascendente. Ese es el sentido civil de la democracia. No lo considera, como hacen los regímenes colectivistas, un elemento de producción; ni, como el fascismo y el nazismo, un soldado, elemento de expansión y conquista. Para la democracia, el hombre es esencialmente lo que es: un ser humano. Las demás cualidades: ciudadano, obrero, militar, economista, político, etc., son accesorios que no destruyen ni disminuyen su carácter esencial de persona humana, cuya dignidad debe ser respetada y defendida.

La democracia tiene un sentido civil, porque es un estilo de vida impregnado de civilidad.

Mientras los regímenes totalitarios imprimen un carácter esencialmente militar a la vida ordinaria de la nación, la democracia desecha cuanto pueda tener visos de militarismo, e imprime a la vida un ritmo netamente civil. Ayuda a ello el ambiente de libertad en que se desarrolla la vida.

En los regímenes totalitarios, todo está controlado, fiscalizado y organizado militarmente.. Basta recordar a Rusia y a sus satélites, y a las milicias populares de Cuba: todo el pueblo está puesto en armas. La democracia rechaza semejante concepción de la vida.

Desfiles de Fuerzas Armadas

Las fuerzas armadas
El sentido civil de la democracia no significa negación u oposición a las fuerzas armadas.

Las fuerzas armadas son el conjunto de ciudadanos enrolados en los cuadros del ejército, la marina y la aeronáutica. La existencia de las fuerzas armadas es una exigencia de las democracias.

Ya se ha dicho que la democracia actúa, no por la presión de la fuerza, sino por el imperio del derecho. Pero el derecho debe tener a sus órdenes la fuerza, para hacerse respetar e imperar en la nación.

También se ha dicho que un poder sin autoridad es arbitrario; pero una autoridad sin poder es ineficaz. La democracia reclama la existencia de las fuerzas armadas, para tutelar y defender el derecho.

Su función en las democracias
Las fuerzas armadas son en las democracias las celosas defensoras del derecho y de los más altos intereses de la nación. Es decir, deben estar siempre prontas para defender su honor, la integridad de su territorio, la libertad de sus hijos, la Constitución y las leyes de la nación.

Las fuerzas armadas garantizan la paz interior, y el normal desenvolvimiento de las instituciones democráticas. Cumplen, además, una valiosa misión educadora. Año tras año llegan a sus filas, para recibir instrucción militar, millares de jóvenes, muchos de los cuales no han frecuentado la escuela primaria, y otros no han completado su formación cultural.

Las fuerzas armadas proporcionan a todos instrucción y educación, brindándoles mayores posibilidades para desempeñarse con éxito en la vida.

El poder de reserva: Cuando en la democracia se habla de los tres poderes de gobierno: legislativo, ejecutivo y judicial, se sobrentiende siempre uno previo y esencial: el poder del electorado que constituye el Gobierno.
El pensamiento político imaginó, junto a estos poderes clásicos, otro poder: el poder de reserva.

El poder de reserva, en definitiva, respaldaba a los otros, y es el que, en las grandes crisis, surgía para salvar el sistema. El poder de reserva es, en una monarquía constitucional, el poder del Rey.

Ante una invasión, ante una revolución, ante la disolución nacional, el poder del Rey puede todavía surgir, en Gran Bretaña, en Bélgica o en Holanda, como el elemento unificador y ordenador de la comunidad. En la América latina republicana no puede ser el Rey, sino la fuerza que es el apoyo de todo poder.

Las fuerzas armadas tienen en las democracias la función de poder de reserva.

Fuente Consultada:
Instrucción Cívica
Norberto Fraga – Gabriel Ribas Editorial A-Z
Instrucción Cívica 2 D.A. Sabsay – S.G. Jáuregui

Consecuencias Sociales De Una Mujer Golpeada Niveles de Violencia

CAUSAS Y CONSECUENCIAS SOCIALES DE LA VIOLENCIA HACIA LA MUJER

Los Niveles de Violencia:

Nivel Violencia 1.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 2.Disonancia cognitiva.

Nivel Violencia 3.Inundación-parálisis.

Nivel Violencia 4.Socialización cotidiana.

Nivel Violencia 5.Lavado de cerebro.

Nivel Violencia 6.Embotamiento-sumisión.

Mas abajo  se explican cada caso.

violencia mujer

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CONSECUENCIAS SOCIALES:

ÁmbitoConsecuencias de la violencia en el ámbito social
TrabajoAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
EducaciónAumento del ausentismo escolar.
Aumento de la deserción escolar.
Trastornos de conducta y de aprendizaje.
Violencia en el ámbito escolar.
Salud

Consecuencias para la salud física (lesiones, embarazos no deseados, cefaleas, problemas ginecológicos,- discapacidad, abortos, fracturas, adicciones, etcétera).

Consecuencias para la salud mental (depresión, ansiedad, disfunciones sexuales, trastornos de la conducta alimentaria, trastornos pseudopsicóticos, etcétera).

Trastornos del desarrollo físico y psicológico. Consecuencias letales (suicidio, homicidio).

SocialFugas del hogar.
Embarazo adolescente.
Niños en situación de riesgo social (niños en la
calle).
Conductas de riesgo para terceros.
Prostitución.
SeguridadViolencia social.
Violencia juvenil.
Conductas antisociales.
Homicidios y lesiones dentro de la familia.
Delitos sexuales
EconomíaIncremento del gasto en los sectores Salud, Educación, Seguridad, Justicia.
Disminución de la producción.

c

La legitimación cultural de la violencia

Para comprender el fenómeno de la violencia doméstica, resulta imprescindible comenzar por el análisis de los factores que la legitiman culturalmente.

Desde siempre, las creencias y los valores acerca de las mujeres y de los hombres han caracterizado una sociedad patriarcal que define a los varones como superiores por naturaleza y les confiere el derecho y la responsabilidad de dirigir la conducta de su mujer.

Estas actitudes y valores, que echaron raíces a través de los siglos, se traducen en estructuras sociales particulares: por ejemplo, la división del trabajo, las políticas institucionales y la discriminación de la mujer.

Los estereotipos de género, transmitidos y perpetuados por la familia, la escuela, los medios de comunicación, etcétera, sientan las bases para el desequilibrio de poder que se plantea en la constitución de sociedades privadas, tales como las que están representadas por el noviazgo, el matrimonio o la convivencia.

Investigaciones llevadas a cabo en los últimos años demuestran que, a pesar de los esfuerzos realizados por numerosas organizaciones tendientes a difundir y promover ideas progresistas acerca de la igualdad entre los géneros, cierto núcleo de premisas, constitutivas de un sistema de creencias más amplio, siguen siendo sostenidas por amplios sectores de la población. Entre ellas, las más persistentes son:

• que las mujeres son inferiores a los hombres,
• que el hombre es el jefe del hogar,
• que el hombre tiene derechos de propiedad sobre la mujer y los hijos,
• que la privacidad del hogar debe ser defendida de las regulaciones externas.

Un sistema de creencias sostenido en tales premisas tiene como consecuencia inmediata la noción de que un hombre tiene el derecho y la obligación de imponer medidas disciplinarias para controlar el comportamiento de quienes están a su cargo.

Aun cuando se modifiquen las leyes, los comportamientos tienden a seguir siendo regulados por esta normativa cultural que legitima el uso de la fuerza como «método correctivo» y como instrumento de poder dentro de las relaciones privadas.

Distintos autores han señalado el valor de los mitos culturales acerca de la violencia contra la mujer como elementos que contribuyen a la perpetuación del problema.

Precisamente, una de las características definitorias del mito es su resistencia al cambio: la fuerza del mito reside en que es invulnerable a las pruebas racionales que lo desmienten.

En el caso de la violencia doméstica, los mitos cumplen tres funciones principales:

• culpabilizan a la víctima (mitos acerca de la provocación, el masoquismo, etcétera);
• naturalizan la violencia («el matrimonio es así», «los celos son el condimento del amor»);
• impiden a la víctima salir de la situación (mitos acerca de la familia, el amor, la abnegación, la maternidad, etcétera).

Tanto los mitos como los estereotipos culturales necesitan de un vehículo para encarnarse en pensamientos, actitudes o conductas. Dicho vehículo está representado por las instituciones que, dentro de la comunidad, son verdaderas transmisoras de los mensajes culturales antes apuntados.

Es por eso que más adelante nos detendremos en el análisis del problema desde la perspectiva cíe las instituciones que intervienen directa o indirectamente en su perpetuación.

Las consecuencias de la violencia en el nivel individual

El desarrollo creciente de los estudios de victimización ha encontrado su razón en la cantidad de delitos sobre los cuales no suele haber demasiada información, tales como el maltrato a la mujer en el contexto conyugal.

En el documento de trabajo sobre víctimas de delitos, el 7° Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del » Delito y Tratamiento del Delincuente señala que este tipo de víctimas constituye una gran proporción de la «cifra oscura» de la delincuencia, lo cual ha tenido por efecto minimizar la conciencia de ciertas formas de victimización como problema social (Naciones Unidas, 1985).

En ese mismo documento se señala que la_ victimización en el seno del hogar, aparte de las consecuencias físicas, tiene efectos psicológicos profundos tanto a corto como a largo plazo. La reacción inmediata suele ser de conmoción, paralización temporal y negación de lo sucedido, seguidas de aturdimiento, desorientación y sentimientos de soledad, depresión, vulnerabilidad e impotencia.

Tras esa primera etapa de desorganización, las reacciones frente a la victimización suelen cambiar: los sentimientos de la víctima pueden pasar de un momento a otro del miedo a la rabia, de la tristeza a la euforia y de la compasión de sí misma al sentimiento de culpa.

A mediano plazo, pueden presentar ideas obsesivas, incapacidad para concentrarse, insomnio, pesadillas, llanto incontrolado, mayor consumo de fármacos, deterioro de las relaciones personales, etcétera. También se puede presentar una reacción tardía, que ha sido descrita en los manuales de diagnóstico psiquiátrico como «desorden de tensión postraumática» o «síndrome de estrés postraumático» (PTD: Post-Traumatic Disorder).

El PTD consiste en una serie de trastornos emocionales que no necesariamente aparecen temporalmente asociados con la situación que los originó, pero que constituyen una secuela de situaciones traumáticas vividas, tales como haber estado sometido a situaciones de maltrato físico o psicológico. Algunos de sus síntomas son los siguientes:

• frecuentes pesadillas,
• dificultad para concentrarse social y laboralmente,
• trastornos del sueño (el más frecuente es el insomnio),
• trastornos mnésicos,
• trastornos en la capacidad de atención y concentración,
« depresión,
• sentimientos de culpa,
• miedos diversos,
• dificultades en el aprendizaje.

Carlos Sluzki (1994) ha señalado seis niveles en los que pueden ubicarse los efectos de la violencia, según la combinación de dos variables que hace interactuar: el nivel percibido de amenaza para la persona y el grado de habitualidad de la conducta violenta.

1.Disonancia cognitiva. Cuando se produce una situación de violencia de baja intensidad en un contexto o en un momento inesperado. La reacción es de sorpresa, de imposibilidad de integrar el nuevo dato a la experiencia propia. Un ejemplo de esto es cuando las mujeres maltratadas relatan el primer episodio durante la luna de miel.

2.Ataque o fuga. Cuando se produce una situación de violencia de alta intensidad de un modo abrupto e inesperado. En esos casos, se desencadena una reacción psicofisiológica de alerta, y la reacción puede ser con una posición defensiva u ofensiva, escapándose del lugar o enfrentando la amenaza.

Es el caso de las mujeres que atraviesan los ciclos iniciales de la violencia y se ven sorprendidas por una conducta violenta desproporcionada para la situación. En esos ciclos iniciales, todavía la sorpresa obra a modo de disparador de conductas de ataque o fuga.

3.Inundación-parálisis. Cuando se produce una situación de violencia extrema, que implica un alto riesgo percibido para la integridad o la vida. La reacción puede incluir alteraciones del estado de conciencia, desorientación, etcétera, y ser el antecedente para la posterior aparición del síndrome de estrés postraumático, ya descrito. Muchas mujeres relatan esa experiencia de paralización frente a situaciones tales como amenazas con armas, intentos de estrangulamiento o violación marital.

4.Socialización cotidiana. Cuando las situaciones de maltrato de baja intensidad se transforman en habituales, se produce el fenómeno de la naturalización. Las mujeres se acostumbran a que no se tengan en cuenta sus opiniones, que las decisiones importantes las tome el hombre, a ser humillada mediante bromas descalificadoras, etcétera, pasando todas estas experiencias a formar parte de una especie de telón de fondo cotidiano que tiene el efecto anestesiante ante la violencia.

5.Lavado de cerebro. Cuando las amenazas, las coerciones y los mensajes humillantes son intensos y persistentes, a menudo la víctima incorpora esos mismos argumentos y sistemas de creencias como un modo defensivo frente a la amena/.a potencial que implicaría diferenciarse (ella cree que la obediencia automática la salvará del sufrimiento). La mujer, llegada a este punto, puede repetir ante quien intenta ayudarla que ella tiene toda la culpa, que se merece el trato que recibe, etcétera.

6.Embotamiento-sumisión. Cuando las experiencias aterrorizantes son extremas y reiteradas, el efecto es el «entumecimiento psíquico», en el que las víctimas se desconectan de sus propios sentimientos y se vuelven sumisas al extremo. En esos casos, la » justificación de la conducta del agresor y la autoinmolación alcanzan niveles máximos.

En todos los casos, estos efectos de la violencia sobre la mujer están acompañados por una sintomatología física, que suele ser ubicada por los profesionales en el difuso campo de lo psicosomático. Cefaleas, dolores de espalda, trastornos gastrointestinales, disfunciones respiratorias, palpitaciones, hiperventilación son algunos de los síntomas más frecuentes, acompañando cuadros psíquicos tales como estados de ansiedad, fobias, agotamiento, adinamia, abulia, depresión, etcétera.

El modelo profesional predominante trata de buscar la causa de los síntomas dentro de sus propios esquemas explicativos y se muestra renuente a considerar la experiencia de victimización como posible motivo.

Esta conducta de los profesionales tiende a potenciar la actitud ocultadora de la mujer (apoyada en los sentimientos de vergüenza y culpa ya apuntados) , y el fenómeno de la violencia contra la mujer queda sin diagnosticar.

Por lo tanto, se le suelen indicar tratamientos sintomáticos que no consideran las verdaderas raíces del problema. Esta actitud profesional ha sido definida como segunda victimización, ya que contribuye a legitimar la violencia ejercida contra la mujer y busca en la propia víctima los motivos o las causas de las secuelas de la victimización.

Cada disciplina ha demostrado tener sus propios obstáculos epistemológicos y metodológicos que le dificultan la comprensión de alguna de las múltiples facetas que presenta el problema. Podemos señalar algunos de los más relevantes en el caso de la psicología clínica y la psiquiatría.

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Un Caso Real: Una Mujer Golpeada

Mujtar Mai es un mujer analfabeta, perteneciente a una familia muy humilde de Pakistán. Había sido casada por arreglo cuando tenía 18 años, pero no resultó.

Decidió alejarse de su marido, al que nunca amó, y con el apoyo de su familia logró el talaq, ósea el divorcio, y a pesar que una mujer en esa situación es mal vista en esa cultura, ella enfrentó los prejuicios y salió adelante.

Fue recibida nuevamente en la casa de su familia, donde trabajó sin cesar en las plantaciones de caña y trigales, ganando míseros ingresos, que sumó a los conseguidos haciendo bordados y enseñando el Corán a los niños.

Allí vivían en condiciones lamentables, sin agua, sin electricidad, y menos aun comunicación.

En 2002 su hermano Abdul Shakoor de 12 años fue visto en publico en compañía de una joven del clan mastoi, y fue acusado de violarla, deshonrando a la familia quien pedía justicia. Mujtar tenía por aquella época 28 años y fue encargada de apaciguar los ánimos de la poderosa familia. Ella fue acompañada de su padre y su tía hasta los caseríos de los vecinos agraviados.

De rodillas frente al grupo de hombres mastoi , recitó un verso del Corán, pidió compasión por su hermano, y perdón por los hechos, pero fue desoída, sus acompañantes maniatados y ella bajo presión de las armas, fue arrastrada de los cabellos hasta un establo, donde fue maltratada y violada por los iracundos hombres.

Mujtar se sentía ultrajada y deshonrada, no encontraba consuelo, y vivía en el dolor sufriendo en cada minuto del día. No comía, ni bebía, solo quería morir… un día tomó la decisión y bebió insecticida, pero su madre logró salvarla y de rodilla le suplicó que no trate mas de suicidarse.

Mutjar comenzó a reflexionar sobre lo ocurrido, y con el apoyo del mulá Razzaq decidió contárselo a la policía, y enfrentar hasta las últimas consecuencias a esta familia de una casta poderosa, y pensó: «Que se maten ellos, no les daré la satisfacción de hacerlo yo misma».

Luego de la denuncia comenzó un revuelo loca, mas tarde regional y tomó nivel nacional. Las fotos publicas con sus ojos negros, dejaban translucir todo el dolor que había invadido su mente y corazón. Aparecieron los diarios y revistas de todo el mundo, los pakistaníes defensores de los derechos humanos se hicieron eco de la situación y marcharon pidiendo justicia por la muchacha agredida.

De pronto Mutjar se convirtió en el ícono de la lucha de la mujer por sus derechos, se transformó en una heroína y el gobierno decidió apoyarla vigilando su humilde vivienda las 24 hs. y tratando de indemnizarla con un cheque, que no podía leer, por un valor aproximado de 8.000 U$s, suma que su familia no podría lograr trabajando durante toda la vida.

Ella lo rechazó, y solo pidió poder ir a la escuela para instruirse y que se haga justicia con esos feroces mastoi. Mas tarde solo aceptó el cheque con la condición de construir una escuela para la niñas de la zona, pues era conciente que solo la educación podría sacarlas de ese infierno.

Poco tiempo después los abusadores fueron conducidos al tribunal, y ella frente a los 14 mastoi esposado contó con detalles como había sido violada. El veredicto final, se declaró culpable a 6 y condenados a muerte, el resto fue liberado.

Mutjar logró su objetivo y también su escuela.

HOY MEERWALA ES HOGAR DE UNAS 5.000 PERSONAS y tiene una extensión de 130 kilómetros cuadrados. Las encaladas casas de adobe resplandecen bajo el sol de mediodía. Los trigales tienen un color entre dorado y cobrizo, y las palmeras de dátiles se yerguen altivas en el calor del verano.

Detrás de verjas negras de hierro se levanta un recinto con muros de 1,80 metro de altura. Es la casa, escuela y centro de ayuda para mujeres violadas de Mujtar Mai. En una de las seis pequeñas aulas de la planta baja, las niñas recitan el alfabeto inglés, mientras que en otra una maestra enseña ciencias usando un libro de texto en lengua urdu.

Un cartel en la pared muestra a dos niñas paquistaníes con la siguiente leyenda: «¿Por qué no nos mandan a la escuela? Piénsenlo. También será bueno para ustedes». Una cuadrilla de albañiles construye nuevas aulas que pronto formarán una escuela secundaria.

En una oficina en la planta alta, Mujtar, vestida con chal y pantalones amarillos y sandalias blancas con ñores, escucha con atención a Nasreen Bibi, una mujer del Punjab, quien le explica entre sollozos cómo unos vecinos violaron y mataron a su hija, Quasar, de siete años.

—Salió a comprar golosinas —dice con los ojos llenos de lágrimas, y Mujtar le toma con suavidad la delgada mano—. No volví a verla con vida.

En tono suplicante le pide ayuda a Mujtar para asegurarse de que los asesinos sean llevados a juicio. Hace una pausa, sin soltar la mano de Mujtar, y entonces su hermano, Jam, prosigue con el relato:

—Antes de que enterraran el cuerpo de la niña le echaron ácido en la cara, para desfigurarla y hacerla difícil de reconocer.

Varios días después la familia encontró el cadáver de Quasar, enterrado en una fosa poco profunda.
—Tenía el rostro quemado por el ácido, así que ni siquiera muerta me dejaron ver la cara de mi hija —añade Nasreen, cubriendo las manos de Mujtar con las suyas, como si rezara—. Por favor, ayúdeme.

Mujtar le pide a un asistente que proporcione a la mujer y a su hermano los datos de un abogado a quien recurren para que asesore a las personas en estos casos. Ella misma llamará a la policía para ver si están dando seguimiento al asesinato. La desconsolada madre le da las gracias.

—No tenemos a nadie más —le dice.

En promedio, cada día cinco víctimas acuden al centro de ayuda en busca de apoyo. Mujtar no rechaza a nadie.
Hoy recibe también a otra mujer cuyo esposo la golpeó y echó de su casa a patadas. No tenía a dónde ir, más que al centro de Mujtar. Tres víctimas de violación, todas con verdadero pavor de que sus esposos las maten si vuelven a casa, viven hace tres meses en el centro con sus hijos.

Todo esto afecta mucho a Mujtar. Al conocer la historia de Nasima Labano, joven de 16 años que fue violada por ocho hombres en la vecina provincia de Sindh, casi sufrió un colapso. El caso tenía un escalofriante parecido con el suyo. Ofreció refugio a la muchacha y ayuda con los gastos legales y médicos.

Mujtar nunca alza la voz y rara vez mira a los ojos a un desconocido. Aunque ha viajado mucho y obtenido reconocimiento internacional, es extremadamente tímida y prefiere que otros hablen por ella. Pero hay elegancia, incluso gracia, en su sencillez. Su afabilidad inspira respeto. (Fuente Consultada: Revista Selecciones Mayo de 2008)

Trabajo Enviado por Alumnos de 4° Año Escuela Estrada N° 345 Santa Fe
Fuente Consultada: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico Jorge Corsi (compilador)

Ampliar sobre el libro: Maltrato y Abuso en el Ámbito Doméstico

Historia de la Violacion de los Derechos Humanos Represión y Tortura

HISTORIA DE LA VIOLACIÓN DE LOS DERECHOS HUMANOS

a-Terrorismo
b-Subversión
c-Represión
d-Tortura

Otros Temas Tratados

1-Declaración Universal de los Derechos del Hombre

2-Los Derechos Sexuales y Reproductivos

3-Violación de los Derechos Humanos

4-Los Derechos Civiles y Sociales

5-Libertades Individuales en un Estado de Derechos

6-Los Derechos Fundamentales

7-Deberes y Derechos del Hombre

8-La Libertad del Hombre

9-Las Garantías Constitucionales

10-Las Virtudes Civiles

«Se entiende por derecho, el conjunto de leyes, preceptos y reglas a que están
sometidos los hombres en su vida social.»

Para entender de que manera interviene lo que llamamos derecho en nuestra vida cotidiana, es importante recurrir a ejemplos sencillos y cotidianos de fácil comprensión, extraídos de diferentes situaciones que, aunque tienen trascendencia jurídica, casi nunca reparamos en ellas: subir a un autobús, tomar localidades para una sesión de cine, comprar el periódico. Ante tales actos, podemos exigir que el autobús nos transporte a un lugar determinado, o que se nos deje entrar en la sala de proyecciones para ver el espectáculo. Adquirimos la propiedad del periódico y perdemos la del dinero que hemos pagado por el.

En otros casos, el alcance jurídico de los hechos es aun mas claro: nos quitan la cartera y acudimos a la comisaría de policía para que se inicie una actividad dirigida a descubrir al culpable y se le imponga la pena correspondiente; compramos un apartamento a plazos sabiendo que contraemos una deuda, y que si no cumplimos con ella seremos demandados ante los tribunales; nos ponen una multa por no habernos detenido ante un semáforo en rojo…

Si de estos ejemplos o de otros muchos queremos deducir cual es su significado jurídico, no será difícil llegar a la siguiente consecuencia: en todos los casos expuestos podemos exigir de otros una conducta determinada, u otros nos la pueden exigir a nosotros.

Pero para que esto sea posible, es preciso que exista un conjunto de normas o reglas establecidas en virtud de las cuales surja la posibilidad de reclamar o de quedar sujetos a una reclamación. Si un individuo puede exigir que se le entregue el periódico a cambio de su precio, es porque hay una regla o conjunto de reglas que así lo disponen, como también preceptúan que el vendedor pueda exigir el pago de la mercancía.

La existencia de una regla o norma preestablecida es lo que da soporte jurídico, a todos los hechos y, de este modo nos pone en contacto con el derecho.

Al ser un mecanismo que sirve para imponer y, al mismo tiempo, garantizar un orden social, es necesario que sea un poder humano el que haga cumplir unas determinadas normas de conducta.

Este poder lo representa el Estado. El Estado no sólo crea el derecho, sino que lo aplica y lo impone por la fuerza si ello fuere necesario, ya que está investido de un poder sancionador.

No obstante, lo que hoy entendemos como derecho positivo, surgió mucho antes de que apareciera la noción moderna de Estado, ya que la coacción, sin la cual no existiría regla de derecho, puede ser obra de una colectividad (familia, tribu) o de un individuo más fuerte que otros (el padre respecto a los hijos; en la antigüedad, el amo respecto a los esclavos). También las prescripciones religiosas convertidas en imperativas por el temor de un castigo divino, tendrían de facto un carácter jurídico.

Cabe decir también que el derecho está en perpetua evolución, ya que es la expresión de una relación de fuerzas en un momento dado. Entre las fuerzas creadoras del derecho se encuentran los intereses materiales o económicos, los principios religiosos y morales, las distintas ideologías, la tradición, los hábitos, las influencias exteriores e, incluso, los sentimientos (odio, miedo, venganza, fraternidad).

La actual evolución de las ideas de libertad y su práctica nos permite afirmar que un estado participa de la tradición occidental y cristiana cuando en él hay sumo respeto por las libertades y derechos humanos, tal como, por ejemplo, surgen de ese maravilloso catálogo aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el año 1948 («Declaración Universal de los Derechos Humanos»).

Cuando el gobierno nacido de la voluntad de un pueblo sano y responsable, es celoso guardián del bien común por encima de las ambiciones y apetitos particulares.

Cuando los bienes que crea el trabajo común se reparten en forma tal que no haya graves injusticias, como sería la situación de los que no pueden satisfacerlas necesidades básicas, exigidas por la dignidad humana.
La negación de esta tradición occidental y cristiana, e! sometimiento de la. persona humana al capricho de un sistema político que hace del hombre «una cosa», un mecanismo de la gran máquina estatal, es característica de los países totalitarios. Ampliaremos ideas sobre ellos, en el punto siguiente.

Cuando el estado no vela por los derechos humanos: el estado totalitario

La palabra totalitario aplicada a un gobierno se ha usado modernamente como opuesta a democrático. Después de la Primera Guerra Mundial se empleó para designar a los sistemas de gobierno de Rusia Soviética (comunismo), de Italia (fascismo) y de Alemania (nazismo). Actualmente se aplica a aquellos países donde las libertades fundamentales del hombre son, ya sea teórica o prácticamente, negadas por el gobierno del estado.

Etimológicamente, totalitarismo proviene de total; ello se explica porque en los países donde impera, el gobierno y sus organismos lo son todo y frente a ellos la persona queda como absorbida, como reducida a un diminuto engranaje.

A veces, se ha distinguido entre totalitarismos de derecha (fascismo, nazismo) y totalitarismos de izquierda (comunismo). En los primeros se han respetado algunos derechos, tales como el de propiedad privada, y se han exaltado los valores patrióticos y nacionales.

Todo totalitarismo es condenable porque su error de raíz consiste en el menosprecio de la persona y el endiosamiento del estado. Por otro lado, los medios que emplean para mantenerse en el poder, el aparato policíaco de que se valen, no difieren fundamentalmente.

Características de los estados totalitarios

• La dictadura, es decir, concentración de todo el poder en manos de una sola persona.

• El desprecio por el sistema democrático y sus instituciones.

• La organización política teniendo como base un solo partido, el oficial; este es e! único partido reconocido legalmente; todos los demás son ilegales.

• El partido gobernante está dirigido por una minoría.

• Existe una policía secreta que controla a los opositores políticos y vigila la ejecución de la política del gobierno.

• Hay un severo control de la vida nacional en todos los aspectos: industria, comercio, vida sindical, enseñanza, iglesia, etc.

•  La propaganda estatal se efectúa por medio de la radio, el cine, la prensa y demás medios de expresión.

• La enseñanza, en todos sus niveles, está controlada por el estado y la misma sirve de medio de adoctrinamiento y propaganda política.

Violación de los Derechos Humanos: Terrorismo, Subversión, Represión y Tortura

Los actos de TERRORISMO cometidos por particulares o por bandas organizadas persiguen un determinado fin político: subvertir el orden legal con el propósito de adueñarse del poder e imponer al país su ideología. A este accionar delictivo, se lo conoce corfíel nombre de SUBVERSIÓN TERRORISTA puesto que utiliza el terror como camino para cambiar el orden institucional. Producida esta situación tan grave, y atendiendo a la búsqueda del Bien Común, corresponde la intervención del Estado que, en uso del Poder Público del que está investido, debe defender a la sociedad de tamaños delitos, y complementariamente, sancionar a los responsables.

Al ejercicio de este deber se lo denomina REPRESIÓN, la que generalmente está a cargo de las fuerzas policiales, y en circunstancias especiales, de las Fuerzas Armadas. La principal característica que debe ofrecer la acción represiva del Estado contra la delincuencia es que debe ceñirse estrictamente a las normas legales y ejecutarse en el marco de las leyes.

En caso de que esta represión se extralimite y cometa excesos de magnitud, el Estado estaría incurriendo en deiitos similares a los que pretende reprimir, cayendo así en la REPRESIÓN TERRORISTA para combatir la subversión.

Cabe colegir que el terrorismo puede ser utilizado por los sectores antagónicos: la Subversión, dispuesta a imponer su ideología, y las Fuerzas Públicas, decididas a impedirlo. En ambos casos, la víctima es la misma: los Derechos Humanos.

LA SUBVERSIÓN: El fenómeno subversivo, aunque de muy antigua data, ha proliferado en las últimas décadas, y puede decirse que son contados los países que no lo han padecido. Aún en nuestros días, vastas regiones de nuestro continente sufren este flagelo.

Numerosas son las causas que lo producen y de ellas se destacan las dos siguientes:

• Ante todo, es innegable que la subversión está inspirada —sino abiertamente dirigida— por el marxismo internacional que pretende la expansión de su ideología sobre todos los países a cualquier costo.

• Otra causa, de índole interna, puede ser ia disconformidad y un cierto grado de frustración, experimentados por vastos sectores de la población a causa de sus carencias socioeconómicas. La imposibilidad del gobierno de satisfacer estas expectativas en forma inmediata, es aprovechada por la subversión para justificar sus acciones.

LA REPRESIÓN: Ya se ha adelantado-que la represión de los delitos es tarea propia del Estado, a la que está obligado por ser uno de sus deberes más importantes. Según el diccionario, reprimir es sinónimo de contener, refrenar, moderar… vocablos que las leyes y códigos utilizan indistintamente en la formulación de las normas penales: «será reprimido con tal pena… aquel que cometiere tal delito…» La represión de los delitos, es así un DEBER de las instituciones que ejercen el Poder Público.

La represión a cargo del Estado, posee, entre otras, dos características fundamentales:

• Debe ser LEGAL: ejercida por quien tiene derecho a hacerlo, fundada en la ley y de acuerdo con órdenes emanadas del superior legítimo.
• Debe ser JUSTA: ejercida conforme a derecho. Todos los códigos del mundo establecen las condiciones en que puede procederse a la detención de personas, su sometimiento a proceso y la aplicación de las penas que corresponde.

La represión que no respete estos carriles se convierte en Abuso de Autoridad, delito que a su vez, está también reprimido por las leyes. En particular, la represión que con pretexto de eficacia se propasara tanto que utilizara el terror en forma sistemática, sería absolutamente censurable. Cometer delitos para castigar a los delincuentes es una de las más aberrantes formas en que se pueden vulnerar los Derechos Humanos.

No se trata de proteger a los subversivos, sino de aplicarles todo el peso de la ley, respetando sus derechos, aunque ellos no lo hayan hecho con sus víctimas. En caso contrario, la legalidad y la delincuencia estarían en un mismo nivel, lo cual constituiría una monstruosidad jurídica.

Lamentablemente, ello ocurrió en nuestro país, cuando se pretendió combatir a la subversión utilizando sus mismos métodos, superados en muchos casos. Taíes hechos integran, sin duda alguna, uno de los más nefastos capítulos de nuestra historia. Actualmente, con la recuperación de la Democracia, se ha reimplantado en el país el «estado de derecho» uno de cuyos logros más positivos, ha sido poner en manos de la justicia las denuncias sobre tales excesos: a ella corresponderá el veredicto definitivo, diferenciando la justa represión de la represión terrorista.

LA TORTURA: El empleo de la tortura para castigar delitos, para forzar declaraciones o para imponer creencias, ha sido siempre un motivo de vergüenza para la humanidad. En épocas no muy lejanas, los tribunales de justicia admitían la aplicación de tormentos como recurso habitual para indagar la verdad, sometiendo a los presuntos culpables a las más aberrantes formas de tortura.

Modernamente, tales procedimientos han desaparecido de todas las legislaciones del mundo. Sin embargo, en no pocos países, sobre todo en aquéllos con regímenes dictatoriales, aún se recurre a la tortura como sistema de castigo o como método de investigación por supuestos delitos, sobre todo, con connotaciones políticas. El hecho de que tales procedimientos sean realizados o permitidos por los gobiernos, a los que se supone defensores de la legalidad y la justicia, torna más paradógico tal proceder.

Desde su creación, las Naciones Unidas han realizado constantes esfuerzos para combatir este flagelo inadmisible en nuestra civilización moderna. Luego de siete años de estudios, en diciembre de 1984, la Asamblea General sancionó por unanimidad la Convención contra la tortura con el fin de que todos los Estados del mundo adopten las medidas necesarias y reformen sus legislaciones y sistemas penales, para «erradicar la tortura y los malos tratos y penas crueles, inhumanas y degradantes».

Nuestro país se enorgullece de que nuestra primera Asamblea haya proscripto ya en 1813, los castigos corporales y ordenado la quema en público de los instrumentos de tortura. Además, en nuestra Constitución de 1853 figuran normas expresas en igual sentido. Sin embargo, estos principios tan elevados no se corresponden con hechos ocurridos posteriormente, y en modo particular, en las dos últimas décadas.

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La aceptación por nuestro país de la Convención de las Naciones Unidas y sobre todo, de aquí en más, su estricto cumplimiento, demostrará que tales episodios realmente han sido «hechos del pasado». Dada su singular importancia, extractamos los párrafos más significativos:

EXTRACTO DE LA CONVENCIÓN CONTRA LA TORTURA:

Se considera «tortura» a todo acto por el cual se inflija intencionadamente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o mentales, con el fin de obtener de ella o de un tercero información o una confesión, de castigar/a por un acto que baya cometido, o se sospeche que ha cometido, o de intimidar o coaccionar a esa persona o a otras, o por cualquier razón basada en cualquier tipo de discriminación, cuando dichos dolores o sufrimientos sean infligidos por un funcionario público u otra persona en el ejercicio de funciones públicas, a instigación suya, o con su consentimiento.

Todo Estado tomará medidas legislativas, administrativas, judiciales o de otra índole para impedir los actos de tortura en todo el territorio que esté bajo su jurisdicción.

En ningún caso podrán invocarse circunstancias excepcionales tales como estado de guerra o amenaza de guerra, inestabilidad política interna o cualquier otra emergencia pública como justificación de la tortura. No podrá invocarse una orden de un funcionario superior o de una autoridad pública como justificación de la tortura.

Ningún Estado parte procederé a la expulsión, devolución o extracción de una persona a otro Estado cuando haya razones fundadas para creer que estaría en peligro de ser sometida a tortura.

Todo Estado parte velará porque todos los actos de tortura constituyan delitos conforme con su legislación penal. Lo mismo se aplicará toda tentativa de cometer tortura y a todo acto de cualquier persona que constituya complicidad, participación o encubrimiento de la tortura.

Los delitos a que se hace referencia, se considerarán incluidos entre los delitos que dan lugar a extradición en todo tratado de extradición celebrado entre los Estados partes.

Todo Estado parte velaré porque toda persona que alegue haber sido sometida a tortura en cualquier territorio bajo su jurisdicción tenga derecho a presentar una queja y a que su caso sea pronta e imparcialmente examinado por sus autoridades competentes, se tomarán medidas para asegurar que quien presente la queja y los testigos estén protegidos contra malos tratos o intimidación como consecuencia de la queja o del testimonio prestado.

Todo Estado parte velará por que su legislación garantice a la víctima de un acto de tortura la reparación y el derecho a una indemnización justa y adecuada, incluidos los medios para su rehabilitación lo más completa posible. En caso de muerte de la víctima como resultado de un acto de tortura, las personas a su cargo tendrán derecho a indemnización.

Todo Estado parte se asegurará de que ninguna declaración que demuestra que ha sido hecha como resultado de tortura pueda ser invocada como prueba en ningún procedimiento, salvo en contra de una persona acusada de tortura como prueba de que se ha formulado la declaración.

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La violación de los derechos humanos en América Latina:

La violación de los derechos humanos no es un fenómeno reciente en América Latina, pero los niveles alcanzados a partir de la década de los setenta, de mano de las dictaduras militares, no tienen equivalentes en su historia, si se exceptúa el proceso de conquista y colonización, durante los siglos XV y XVI.

Si bien la pobreza, el desempleo, el analfabetismo, la desnutrición, los bajos niveles de salud, la mortalidad infantil y el hambre, han estado presentes durante todo el siglo XX, estos problemas sociales alcanzaron niveles sin precedentes bajo los gobiernos dictatoriales de las últimas décadas.

Las dictaduras militares, y los grupos de poder económico que las impulsaron y las sostuvieron, llevaron adelante la transformación de las economías latinoamericanas apelando a la represión y a la violencia sobre la población. Esta represión consistió, fundamentalmente, en la detención, la desaparición el asesinato de los opositores a! gobierno, incluso de Por otra parte, se eliminó todo derecho a la la tortura se transformó en el método corriente para la obtención de información sobre la actividad de los opositores.

Por medio del terrorismo estatal se buscó generalizar el miedo entre la población. La amenaza y el uso permanente de la fuerza alcanzó a toda la sociedad: obreros, estudiantes, empresarios; jóvenes, adolescentes, ancianos, bebés y niños; deportistas, intelectuales y discapacitados. Todos se transformaron en posibles víctimas.

A pesar de las diferencias que presentaban, las dictaduras militares poseían una forma política común, caracterizada por la supresión de la mayor parte de los derechos civiles, políticos y sociales. Las Fuerzas Armadas se consideraron como la institución  que representaba los valores de la nacionalidad y que tenía la misión de «curar» a la sociedad de los males que la, afectaban. Se disolvieron los partidos políticos, o se suspendió su actividad, y las Fuerzas Armadas controlaron todos los recursos de poder.

EL DISCURSO DE LOS DICTADORES: Uno de los aspectos más sorprendentes de las dictaduras militares que se desarrollaron en América Latina, lo constituye el hecho de que todas ellas se ejercieron elaborando un discurso en el cual se decía preparar las condiciones para el ejercicio de la «verdadera democracia», aun cuando para ello se debieran anular algunas o todas las premisas de la misma. Los dictadores accedían al poder diciendo proteger la democracia, amenazada por la crisis económica y las protestas sociales. En nombre de la democracia, los gobiernos dictatoriales violaban todos sus principios, despreciaban la voluntad de las mayorías y anulaban o reemplazaban las Constituciones. En la mayoría de los casos, cuando la Constitución lo permitía, los dictadores se hacían reelegir regularmente, mediante el fraude o la represión de los opositores; en caso contrario, anulaban la Constitución o designaban a algún testaferro.

Los desaparecidos constituyen una de las más pesadas herencias dejadas por la dictadura militar, tanto en Argentina como en otros países de América Latina. A diferencia de lo ocurrido con los detenidos y encarcelados, la mayoría de los secuestrados eran encerrados en centros clandestinos de detención, de los cuales se los trasladaba para ser asesinados. A partir de su secuestro, los familiares que comenzaban a solicitar informes a las autoridades, creyéndolos prisioneros en alguna cárcel del país, encontraban que los miembros de las Fuerzas Armadas siempre negaban tener conocimiento de estas personas y de lo que les había ocurrido. El drama de los desaparecidos es aún hoy una herida abierta en las sociedades que lo padecieron y que sólo puede cerrar la justicia.

Terrorismo estatal
Se denomina de este modo a las acciones represivas llevadas a cabo por grupos de militares y civiles que conformaban las dictaduras militares de América latina, consistentes en el secuestro, la desaparición, la tortura y el asesinato de hombres, mujeres y niños, con el propósito de atemorizar y evitar cualquier tipo de disconformidad o descontento frente a las políticas económicas llevadas adelante desde el gobierno.

Fuente Consultada:
Formación Cívica  2° Año Escuelas de Comercio
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales – Océano

Garantías Constitucionales Cuando Somos Detenidos

Que es el pueblo? La Nacion y el Nacionalismo El Amor A La Patria

¿Que es el Pueblo? La Nación y el Nacionalismo

El significado de la palabra “pueblo” varía con las épocas y los sistemas políticos. En otros tiempos se la usó para señalar a los que carecían de privilegios o, por el contrario, a los que gozaban de los derechos políticos, es decir, a los que podían votar y ser elegidos por su posición social o económica. Actualmente, el pueblo lo constituye la. totalidad de las personas que integran el Estado.

No se admiten privilegios basados en la raza, el sexo, la religión, la posición económica, etc. Todos integran el pueblo, porque todos gozan de la igualdad ante la ley.

Nuestra Constitución declara al respecto: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento; no hay en ella fueros personales, ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos, sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas” (art. 16).

Temas del Menú: 1-Etapas Organización  2-Asamblea 1813   3-Pactos Preexistentes  4-Constitución Nacional  5-Forma de Gobierno  6-Division de Poderes   7-Estado y Nación   8-Democracia Argentina

NOCIONES SOBRE PUEBLO, NACIÓN, ESTADO:

 QUÉ ES EL PUEBLO?

QUÉ ES EL PUEBLO?El significado de la palabra “pueblo” varía con las épocas y los sistemas políticos. En otros tiempos se la usó para señalar a los que carecían de privilegios o, por el contrario, a los que gozaban de los derechos políticos, es decir, a los que podían votar y ser elegidos por su posición social o económica.

Actualmente, el pueblo lo constituye la. totalidad de las personas que integran el Estado. No se admiten privilegios basados en la raza, el sexo, la religión, la posición económica, etc.

Todos integran el pueblo, porque todos gozan de la igualdad ante la ley. Nuestra Constitución declara al respecto: “La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento; no hay en ella fueros personales, ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos, sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas” (art. 16).

Pero también en las democracias modernas se emplea la palabra pueblo con un sentido restringido para referirse a las personas que pueden votar y ser elegidas. La Constitución argentina, por ejemplo, dice que los diputados son “‘elegidos directamente por el pueblo” (art. 37). Pero el derecho de elegir, es decir, de votar, no lo tienen los argentinos menores de 18 años, ni los extranjeros que carecen de carta de ciudadanía.

VERDADERO SENTIDO DEL TÉRMINO PUEBLO. MASA Y MULTITUD

Formar parte del pueblo de un Estado, gozar del privilegio de elegir a quienes han de gobernar, es un derecho que exige una gran responsabilidad. Pero no todos los ciudadanos son igualmente responsables. Esto nos lleva a distinguir el verdadero pueblo de la masa.

El VERDADERO PUEBLO está integrado por ciudadanos conscientes de su propia responsabilidad. En un pueblo digno de este nombre, los ciudadanos tienen plena conciencia de su responsabilidad, de sus deberes y de sus derechos; saben que su libertad está limitada por la libertad y la dignidad de los demás. En un pueblo verdadero, la desigualdad no es arbitraria. Es una consecuencia de la desigualdad humana, pues no todos poseemos la misma capacidad, la misma voluntad, etc.

La MASA está formada por individuos que carecen de ideales y de responsabilidad. El hombre-masa es el que no se distingue de los demás. Hace lo que hacen los otros. No le interesa labrarse un porvenir. Menosprecia los valores intelectuales y espirituales. Desea que lo conduzcan, que todo se lo den pensado. Esto explica el éxito del demagogo ante las masas y también su monologar constante. La masa es la enemiga de la verdadera democracia porque ahoga la libertad y destruye la igualdad. La masa quiere que todos amen y odien como ella ama y odia. No admite que se la contradiga. Para la masa la igualdad es la uniformidad. No comprende el respeto de la tradición, la dignidad, el sentimiento del verdadero honor, la actividad personal.

NOCIONES SOBRE PUEBLO, NACIÓN, ESTADO

El pueblo vive y se mueve por sí mismo; la masa no piensa, necesita que la conduzcan. La multitud es un conjunto de personas que actúan movidos por una comunidad de deseos, de ideas, de modo de ser. En los Estados modernos, con sus ciudades superpobladas, con sus rápidos medios de comunicación y de transporte, es fácil la reunión de multitudes que anhelan exteriorizar sus deseos. A veces, esas multitudes obran movidas por ideales superiores de justicia o de libertad. Otras veces se mueven para dar rienda suelta a sus bajas pasiones. El valor de la multitud depende de lo que persigue. Pero sus características son siempre las mismas. La multitud se caracteriza por su excitabilidad y por su falta de reflexión. Obra por contagio y sus reacciones suelen adquirir una violencia que difícilmente adoptarla cada uno de los individuos que la integran si obrara en forma aislada.

QUE SE ENTIENDE POR NACIÓN

Existen dos conceptos de “nación”: uno político y otro cultural. Desde el punto de vista político la nación es una sociedad independiente formada por quienes reconocen un territorio, un pasado y un destino histórico comunes. Todos los Estados son a la vez naciones desde el punto de vista político: Argentina, Brasil, España, Italia, etc. En estas naciones se hablan distintas lenguas, se practican diversas religiones, viven hombres de diferentes razas, pero una larga existencia en común y un territorio propio han creado grupos humanos homogéneos. Desde el punto de vista cultural, la nación es una comunidad basada en ciertos bienes culturales, como el idioma, la religión, la raza, etc. Por lo común, las naciones culturales son naciones políticas que han perdido su territorio. Tal fue el caso, durante muchos siglos, de la nación judía.

A veces, la nación cultural se extiende más allá de las fronteras de un Estado porque parte de su población ha emigrado a otros, formando en éstos minorías nacionales que se distinguen por su raza, su idioma, sus tradiciones, sus ritos religiosos, etc.

QUÉ ES LA NACIÓN ARGENTINA

La Nación Argentina es la comunidad formada por quienes reconocemos un territorio común e iguales vínculos históricos, sintiéndonos, además, impulsados hacia un mismo destino. El espíritu nacional se fue gestando durante el período hispánico, cuando los criollos comenzaron a considerarse iguales entre sí y distintos de los españoles. Este espíritu nacional se intensificó durante los primeros gobiernos patrios, que afirmaron nuestra independencia creando los símbolos nacionales (el himno, la escarapela, la bandera, el escudo) y manteniendo la unidad. Las diversas leyes y constituciones dictadas a partir de 1810 reconocieron siempre la existencia de una patria común, con su unidad social y su territorio. Nunca se perdió de vista, a lo largo de nuestra historia, la comunidad de orígenes y de destino, es decir, nunca se perdió el concepto de nación (J. V. González).

QUÉ ES EL ESTADO

El Estado es la nación organizada jurídica y políticamente. Es la nación sometida a un sistema de instituciones y leyes que forman su unidad política, jurídica y administrativa.

Los elementos del Estado son tres: la población, el territorio y el poder público.

a) La población es el elemento humano del Estado. La población es un elemento variable. Aumenta o disminuye a través del tiempo y puede estar integrada por unos pocos cientos de miles de personas (tal es el caso de Luxemburgo), o por muchos millones.

b) El territorio es el elemento geográfico. También es un elemento variable. Pocos Estados conservan sus mismas fronteras durante un lapso prolongado.

c) El poder público o poder político es la capacidad que tiene el Estado para alcanzar sus propios fines; es el derecho que tiene de mandar y de ser obedecido dentro de su territorio. Cuando el poder público no reconoce otro poder superior a él, porque es independiente y es el más alto, se lo llama poder público soberano. En un sentido más restringido, se entiende por Estado las autoridades que lo representan y gobiernan.

FUNCIÓN DEL ESTADO AL SERVICIO DEL HOMBRE Y DE LA SOCIEDAD

La función esencial del Estado es el mantenimiento del orden y la defensa nacional. Además, el Estado debe amparar las justas libertades de la persona humana y al mismo tiempo coordinar y orientar todos los esfuerzos hacia un fin común superior. El Estado desempeña también funciones relacionadas con el bienestar material, intelectual y moral del hombre y de la sociedad. el Estado fiscalice en forma adecuada la producción, la El BIENESTAR MATERIAL de la población exige un buen ordenamiento económico.

Para lograrlo, es necesario que circulación, la distribución y el consumo de los productos, procurando también que exista armonía entre. el capital y el trabajo. El Estado debe asimismo encargarse de ciertas funciones, como las relativas a obras públicas, previsión y asistencia sociales. Las obras públicas son aquellas que el Estado construye directa o indirectamente para los diferentes servicios a su cargo y para uso y aprovechamiento general (caminos, canales, telégrafos, etc.). La previsión social consiste en evitar o disminuir los males que afectan a la sociedad.

La lucha contra la desocupación, la construcción de viviendas higiénicas, el otorgamiento de jubilaciones y pensiones, son algunos de los recursos utilizados. La asistencia social atiende a la salud de la población. El Estado tiene la obligación de exigir a todos los habitantes el cuidado de su salud y su tratamiento en caso de enfermedad, proporcionando servicios gratuitos a los que carezcan de recursos. Además, el Estado debe atender con sus propios medios cuanto contribuya a mejorar las condiciones sanitarias de la población. El DESARROLLO INTELECTUAL es una necesidad del hombre, quien debe recurrir, para satisfacerla, a los auxilios y ventajas que le proporciona la vida en sociedad. La familia no puede por sí misma dar todo lo que exige el perfecto desarrollo intelectual.

El Estado debe, pues, concurrir con su cooperación eficaz al perfeccionamiento de las inteligencias, promoviendo la cultura (mediante la instalación de museos, bibliotecas, laboratorios, etc.) fomentando la buena enseñanza y alentando y protegiendo a los estudiosos en todas las ramas del saber (con becas, viajes de estudio, premios, etc.). La PERFECCIÓN MORAL, es decir, la honestidad de costumbres, es el elemento más importante del orden social. El Estado, que es el encargado de promover y obtener el bien común, tiene con respecto a la moralidad estrechos deberes. Esos deberes consisten en fomentar y estimular la virtud, al mismo tiempo que en reprimir todo germen de inmoralidad.

EL PUEBLO Y LA MASA :

El pueblo vive de la plenitud de la vida de los hombres que lo componen, cada uno de los cuáles —en su propio puesto y a su manera— es persona consciente de sus propias responsabilidades y de sus convicciones propias. La masa, por el contrario espera el impulso de fuera, juguete fácil en las manos de un cualquiera que explota sus instintos o impresiones, dispuesta a seguir, cada vez una, hoy ésta, mañana aquella otra bandera. De la exuberancia de vida de un pueblo verdadero, la vida se difunde abundante y rica en el Estado y en todos sus órganos, infundiendo en ellos con vigor, que se renueva incesantemente, la conciencia de la propia responsabilidad, el verdadero sentimiento del bien común.

De la fuerza elemental de la masa, hábilmente manejada y usada, puede también servirse el Estado; en las manos ambiciosas de uno solo o de muchos agrupados artificialmente por tendencias egoístas, puede el mismo Estado, con el apoyo de la masa reducida a no ser más que una máquina, imponer su arbitrio a la parte mejor del verdadero pueblo; así el interés común queda gravemente herido, y por mucho tiempo, y la herida es muchas veces difícilmente curable.

Con lo dicho parece clara otra conclusión: la masa es la enemiga capital de la verdadera democracia y de su ideal de libertad y de igualdad En un pueblo digno de tal nombre, el ciudadano siente en sí mismo la conciencia de su personalidad, de sus deberes y de sus derechos, de su libertad unida al respeto de la libertad y de la dignidad de los demás. En un pueblo digno de tal nombre todas las desigualdades que proceden, no del arbitrio sino de la naturaleza misma de las cosas, desigualdades de cultura, de bienes, de posición social —sin menoscabo, por supuesto, de la justicia y de la caridad mutuas— no son de ninguna manera obstáculo a la existencia y al predominio de un auténtico espíritu de comunidad y de fraternidad. Más aún, esas desigualdades, lejos de lesionar en manera alguna la igualdad civil, le dan su significado legítimo, es decir, que ante el Estado cada uno tiene el derecho de vivir honradamente su existencia persona1 en el puesto y en las condiciones en que los designios y la disposición de la Providencia lo han colocado.

Como antítesis de este cuadro del ideal democrático de libertad y de igualdad en un pueblo gobernado por manos honestas y próvidas, ¡qué espectáculo presenta un Estado democrático dejado al arbitrio de la masa! La libertad, de deber moral de la persona, se transforma en pretensión tiránica de desahogar libremente los impulsos y apetitos humanos con daño de los demás. La igualdad degenera en nivelación mecánica, en uniformidad monocroma, y el sentimiento del verdadero honor, la actividad personal, el respeto de la tradición, la dignidad, en una palabra, todo lo que da a la vida su valor, poco a poco se hunde y desaparece.

Y únicamente sobreviven, por una parte, las víctimas engañadas por la fascinación aparatosa de la democracia, fascinación que se confunde ingenuamente con el espíritu mismo de la democracia, con la libertad e igualdad, y, por otra, los explotadores más o menos numerosos que han sabido, mediante la fuerza del dinero o de la organización, asegurarse sobre los demás una posición privilegiada y aun el mismo poder (Pío XII).

EDUCAR PARA VIVIR EN DEMOCRACIA: La capacidad de convivencia y ciudadanía no surge naturalmente en las personas. Tanto en el terreno de lo personal como en el ámbito de lo público, resolver nuestros conflictos con los demás o transitarlos de un modo pacífico son cosas que se aprenden. La democracia necesita de ciudadanos demócratas, defensores de los principios que rigen el sistema democrático. Y se hacen demócratas a través de la educación que reciben y de la participación real que pueden ejercer.

La formación para la ciudadanía podría contemplar las siguientes proposiciones:
• Ayudar a que las personas desarrollen su capacidad de autonomía, es decir, que sean capaces de tener iniciativa propia y de hacerse responsables de los cursos de acción que eligen.

• Formar personas capaces de cooperar con los demás, esdecir, de colaborar y entender la necesidad de compartir el trabajo con otros. Este aspecto se relaciona con la preparación para la acción cooperativa y la autoorganización.

• Despertar la vocación de participar en la vida pública, es decir, ayudar a que las personas entiendan que La democracia exige de nosotros preocuparnos por el «bien común». Esta preocupación es necesaria pues su ausencia genera efectos políticos que suelen ser nocivos. Por ejemplo, la corrupción que pueda darse en algún sector del Estado tiene más posibilidades de expandirse si los ciudadanos no vigilan ni exigen transparencia.

• Formar en el respeto por valores básicos que hacen posible la vida digna y la propia existencia de la democracia. Esos son las propias reglas de juego de la democracia y los derechos sociales, políticos, económicos y culturales que hacen al desarrollo libre de los proyectos de vida de Las personas. Son valores que constituyen el piso que todos debiéramos respetar y a partir del cual pueden expresarse las diferencias legítimas (ideológicas, políticas, religiosas, estéticas) que se dan entre las personas.

En general, la educación actual carece de propuestas consistentes en el terreno de la formación ciudadana y política. Hay poca educación política de los ciudadanos, pues se los mantiene alejados de las explicaciones sobre cómo funciona el sistema que ellos deberían gestionar y participar.

EL AMOR A LA PATRIA:
NECESIDAD DE FUNDAR EL PATRIOTISMO EN PRINCIPIOS MORALES

Para que el sentimiento y el amor a la patria sea constructivo y no degenere en difuso humanitarismo, nacionalismo exagerado o espíritu sectario debe asentarse sobre sólidos principios morales.

Toda convivencia humana para ser armónica y fecunda, ya lo hemos señalado, debe basarse en la verdad, la justicia, la solidaridad, la libertad. También el patriotismo para ser constructivo en la convivencia nacional y universal.

El patriotismo debe fundarse en la verdad, en el conocimiento objetivo y desprejuiciado de los hechos y de los hombres, de las ideas y de las tendencias, que contribuyeron a la formación de nuestro ser nacional.

Debe tener por norma la justicia. La justicia que nos lleva a dar a cada uno lo suyo, a reconocer los méritos y deméritos de cada cual, a distribuir equitativamente las cargas y beneficios sociales, a reclamar inexorablemente nuestros propios derechos y a reconocer los derechos de las otras naciones y pueblos.

Debe tener como motor la solidaridad, el amor. El amor a nuestros conciudadanos, a nuestros antepasados, a nuestros descendientes. El amor que logra que nos sintamos miembros de una gran familia, que nos ayudemos mutuamente, que une nuestros anhelos e ideales en busca de unidad espiritual. Solidaridad con los otros pueblos y naciones para lograr un orden universal más justo y más humano.

El patriotismo debe asimismo para ser constructivo fundarse en un gran aprecio y respeto a la libertad. No sólo a la libertad individual y de los grupos, sino a la libertad de la patria. El patriotismo lucha por destruir los lazos de injustas dependencias económicas, políticas e ideológicas respecto a otras potencias, Pero es igualmente respetuoso de la libertad de los otros países.

Moral es, en último término, lo que está plenamente acorde a la naturaleza y fin del hombre.

El patriotismo, el amor y aprecio por lo que constituye el ser comunitario, el cultivo de las tradiciones y valores nacionales, la defensa de los intereses patrios, está profundamente enraizado en la naturaleza humana. Pero también está fundado en la misma naturaleza el sentimiento de solidaridad para con toda la humanidad y el respeto a todas las naciones.

RESUMEN:

¿Qué es el patriotismo?

— Como nacemos en una familia, nacemos en una patria, unidos con otros hombres por innumerables lazos de afecto y solidaridad y en ella moldeamos nuestro ser personal.
— Patriotismo es amor a la patria. Patria es un concepto de difícil definición; etimológicamente significa tierra paterna. El sentimiento de patria está profundamente enraizado en el ser del hombre.
— El patriotismo es sentimiento y es virtud.
— La patria es la unidad espiritual y la continuidad histórica de un pueblo en la tierra de sus padres. Supone unidad cultural, solidaridad entre las generaciones, coincidencia de anhelos, aspiraciones e ideales.
— La patria es sincronía de los espíritus y totalidad armónica. Su ideal es dinámico: siempre es posible aspirar a una mayor coincidencia e integración.

¿Cómo se manifiesta el amor a la patria?
— El amor a la patria como todo amor se manifiesta en palabras y obras; en gestos, sentimientos y modos de actuar.
— Son manifestaciones fundamentales de patriotismo:
— la preocupación por lograr una comunidad más solidaria, más justa, más próspera;
— el aprecio y cultivo de la tradición y sus valores;
— en la preocupación por el destino de la comunidad y el bien de las futuras generaciones.
— El patriotismo se manifiesta trabajando por la justicia y la comprensión entre los argentinos, buscando lo que facilita la unidad espiritual y la unión de los esfuerzos en objetivos comunes.

La tradición patriótica
— Más que en sus elementos materiales y geográficos la patria está en la unión de los espíritus, en la comunidad humana entre las generaciones, en el participar de una misión y de un destino común.
— Nuestra nación no ha surgido espontáneamente. Es el resultado de un largo proceso histórico de asimilación social y cultural.
— La cultura y las instituciones, las costumbres y tradiciones, nuestro modo de ser, de sentir, de obrar, son fruto del esfuerzo y contribución de muchas generaciones.
— Entre los grupos humanos que más han contribuido a nuestro patrimonio cultural y tradicional señalamos: los conquistadores y colonizadores españoles, los indígenas que se asimilaron,
— los hombres que lucharon en la independencia y en los primeros intentos de gobierno propio,
— los caudillos y los hombres de ambos bandos que se enfrentaron en las luchas por la organización nacional,
— los inmigrantes que aportaron cultura, trabajo, iniciativas e hicieron de este país la patria de sus hijos.
— El contenido de nuestra tradición cultural constituye el «alma de la patria».
— Como cada individuo tiene su propia personalidad, cada pueblo tiene su propia idiosincrasia, su propio modo de ser. Sólo permaneciendo fiel a él puede realizar su destino. Los pueblos que no se interesan por su propia historia y tradición renuncian a cumplir su misión.
— Es responsabilidad de cada generación entregar enriquecida y desarrollada la tradición patria a las generaciones futuras.

La falta de patriotismo como causa de la decadencia de las naciones
— La nación está constituida por el pueblo, unido en un territorio común y ligado por vínculos de solidaridad nacidos de un pasado histórico, de la voluntad de vivir juntos formando una comunidad y de alcanzar ideales comunes bajo una organización política.
— Los factores de unidad histérico-culturales y la comunidad de aspiraciones son esenciales a la nación.
— Muchas naciones tuvieron existencia floreciente y luego se desintegraron y decayeron. La permanencia de una nación depende de su continuidad cultural, de la permanencia en sus miembros de la voluntad de compartir ideales y destino.
— Cuando entre los miembros de una comunidad desaparece el patriotismo se destruye la unidad, surgen las tensiones, los’egoísmos, las injusticias y los enfremamientos internos.

El Preambulo de la Constitucion Nacional Explicado Objetivos

El Preámbulo de la Constitución Nacional Explicado

El preámbulo es una declaración realizada por los constituyentes, en la cual se fijan y precisan los grandes objetivos que se persiguen con la sanción de la Constitución.

La Ley Fundamental, además de establecer las principales pautas de organización dentro del Estado, constituye un amplio programa de gobierno. Se trata del programa destinado a perdurar el mayor lapso de tiempo posible, no del detallado plan que confeccionan los distintos gobiernos en ocasión de su paso por el poder.

Nuestro preámbulo comienza reivindicando el origen democrático de la carta magna. Son los representantes del pueblo quienes, reunidos en un Congreso, elaboran la Constitución. Toman como antecedentes los pactos que las provincias habían celebrado luego de la Independencia, con la finalidad de elaborar una Ley Fundamental para el país.

Los constituyentes se proponen organizar un país unido, que cuente con una justicia afianzada, donde reinen, por siempre, la paz y la libertad y se persiga el bienestar general de la población. Se expresa una política inmigratoria abierta y se invoca la protección divina como «fuente de toda razón y justicia». Estos enunciados, a pesar de que no componen el texto propio de la Constitución, conforman criterios básicos para su interpretación.

preambulo argentino

El Preámbulo
«El preámbulo de las constituciones políticas es el resumen, digámoslo así, de todas sus disposiciones, el objeto que éstas se proponen asegurar, y como una tesis que todos los parágrafos siguientes vienen a comprobar.

Todas las constituciones escritas y emanadas de a voluntad del pueblo, por medio de la ciencia de sus legisladores, llevan esta introducción; y cuando en la Asamblea Constituyente de 1848 en Francia se propuso la moción de suprimir todo preámbulo, M. Lamartine, en un elaborado discurso, hizo sentir la conveniencia y la necesidad de esta declaración previa de los objetos y fines de una constitución, para asegurar y fijar la inteligencia e interpretación de sus disposiciones, por aquella declaración de principios constitutivos y constituyentes, que dejan consignados el espíritu de los legisladores que la dictaron y los fines que se propusieron alcanzar.

El preámbulo de las Constituciones es, pues, no sólo parte de la ley fundamental, sino también la pauta y la piedra de toque para la resolución de todos los casos dudosos, conformando su interpretación y práctica con los fines para que fueron adoptadas las subsiguientes disposiciones y el espíritu que prevaleció en su adopción.»

«En cumplimiento de pactos preexistentes»
«Los dos parágrafos añadidos al preámbulo de la Constitución Argentina son de una alta importancia, y fijan con precisión el espíritu de muchas de las subsiguientes disposición es.

El primero establece como base que los Representantes del pueblo de la Confederación Argentina, reunidos en Congreso General Constituyente por voluntad y elección de las provincias, obran en cumplimiento de pactos preexistentes.

Los Representantes se refirieron a ciertos pactos preexistentes entre las provincias, que no creyeron oportuno especificar; la frase abraza todos los pactos preexistentes que ponen límites a la voluntad nacional, a su territorio o sus relaciones en general con el resto del mundo.

Pertenecen a los convenios entre las provincias, relativos a la Constitución, el pacto celebrado en Santa Fe en 1831 entre las cuatro provincias litorales de los Ríos Paraná y de la Plata, como asimismo el Convenio de San Nicolás, que arregló las bases de la representación. El pacto litoral no contiene, propiamente hablan do,’si no disposiciones transitorias y el reconocimiento de la supremacía del Congreso Argentino para estatuir sobre las cuestión es de interés general, según se establece en las atribuciones del Congreso.

El convenio de San Nicolás, que declara vigente el primero, no estatuye tampoco otro principio subsistente que el que ya había dejado consignado el pacto federal, a, saber, que la Constitución Nacional sería bajo el sistema republicano, representativo, federal, añadiendo la prohibición a los gobiernos de las provincias de dar instrucciones especiales a sus Representantes en el Congreso; quedando así autorizados con toda clase de poderes para el desempeño de su misión. La forma de gobierno adoptada en la Constitución parte de esta base, es dada en cumplimiento de pactos preexistentes».

‘Para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino»
«Tal declaración importa una invitación hecha a todos los hombres del mundo a venir a participar de las libertades que se les aseguran, una promesa de hacer efectivas esas libertades, y una indicación de que hay tierra disponible para los que quieran enrolarse en la futura familia argentina. En una palabra: la República Argentinas declara en estado de colonización, e incorpora en sus instituciones la expresión de este sentimiento, el deseo de verlo satisfecho y los medios seguros de verificarlo.

El elemento del orden de un país no es la coerción; son los intereses comprometidos. La despoblación y la falta de industria prohijan las revueltas: poblad y cread intereses. Haced que el comercio penetre por todas partes, que mil empresas se inicien, que millones de capitales estén esperando sus productos, y crearéis un millón de sostenedores del orden.»

Domingo Faustino Sarmiento Comentarios de la Constitución

Historia de la Política Moderna Historia del Pensamiento Politico

Historia de la Política Moderna
Historia del Pensamiento Politico 

Desde el principio, antes incluso de que el término «política» hubiera nacido en Grecia, el hombre ha sido un animal político. Hasta el punto de que uno de los rasgos definitorios de lo humano es, precisamente, su condición de político, su necesidad de organizar la vida en sociedad. Y lo que se juega en la política no es sólo, pese a lo que pudiera parecer en los tiempos que corren, un reparto de cargos o prebendas, o ni siquiera el poder, sino la regulación de las reglas de convivencia, la vida en común de todos.

Se dice que «la política es la segunda profesión más antigua del mundo», bromeaba Ronald Reagan en 1977.
«He acabado dándome cuenta de que guarda un gran parecido con la primera»

Ampliar: Objetivos de un Gobierno en un Estado

El origen de los partidos políticos modernos se remonta a la época de las llamadas revoluciones liberales, como la Gloriosa Revolución Inglesa (1688) o la Revolución Francesa (1789).

Con la declinación del absolutismo surgieron en Europa Occidental los clubes políticos, asociaciones de personas con ideas afines acerca del modo en que debía gobernar el país. Por ejemplo, la Revolución Francesa dio lugar al surgimiento de corrientes políticas diferentes: los feullians, así llamados por reunirse en el convento de esta orden, proponían preservar la monarquía. A ellos se enfrentaban los girondinos, provenientes de la región de la Gironda, y los jacobinos, de tendencia más radicalizada.

Estas asociaciones carecían de una organización estable, de una ideología definida o de un programa de gobierno concreto porque sus propuestas se centraban en la organización política del país; por ejemplo, si debía establecerse una república o una monarquía.

Una vez instalada la preponderancia del Parlamento sobre el gobierno y garantizada la libertad de expresión y reunión, estos clubes políticos se transformaron en partidos de notables: agrupaciones destinadas a la promoción electoral de personalidades destacadas por su pertenencia a un grupo social, como por ejemplo, la oligarquía en la Argentina de fines del siglo XIX.

Estos notables proponían los programas, determinaban quienes accedían al poder y mantenían la unidad programática del partido. Este tipo de partido político se desarrolló y consolidó en la etapa en que la participación política era restringida y el sufragio estaba limitado a los propietarios, contribuyentes e instruidos. En la Argentina, la llamada “generación del 80” es un claro ejemplo de ello.

Hacia mediados del siglo XIX, la clase obrera y gran parte de la clase media, comenzaron a fundar y armar sus propios partidos políticos con el objetivo de reclamar por el derecho al voto y por mejores condiciones de vida. Su organización era más estable y sus principios estaban fijados por un programa político o conjunto de ideas preciso y detallado. La conducción estaba a cargo de personas que se dedicaban exclusivamente a la política como actividad constante. Cualquiera que adhiriera a los principios orgánicos del partido podía afiliarse o formar parte de él.

Historia de la Política Moderna

Estos partidos de masas, así llamados porque solían apelar a las grandes manifestaciones colectivas, cobraron relevancia cuando entró en plena vigencia el sufragio universal.

El historiador británico Ben Dupré , dice al respecto:

La definición de Aristóteles de los seres humanos como zoo politika (animales políticos) parte de su concepción de que las personas se expresan más plena y propiamente en el contexto de la ciudad-Estado griega, la polis, palabra de la que se deriva «política». La polis, por tanto, es el hábitat natural de los animales políticos, donde se relacionan y colaboran para establecer las leyes y crear las instituciones en las que se basan el orden social y la justicia. Y si los humanos son esencialmente políticos, la vida sin la política es imposible.

La polis puede ser fruto de la colaboración cívica, pero el impulso que la pone en marcha es el conflicto. Si la gente no mantuviera opiniones diferentes, no sería necesaria la política. En un mundo de concordia absoluta -o abrumadora opresión-, la política no iría a ninguna parte, porque las desavenencias habrían desaparecido o habrían sido anuladas.

La necesidad de vivir políticamente se debe a que no existe un acuerdo general acerca de cómo deben distribuirse las cosas buenas de la vida, o de quién debe ejercer la autoridad sobre quién, o de cómo se decide esa preeminencia. Como apuntó Mao Zedong astutamente, la política es la guerra sin derramamiento de sangre: un medio de resolver el conflicto sin recurrir a la violencia. El único acuerdo general en una sociedad abierta políticamente es el que sirve para tolerar la diferencia, y en este sentido la política es el arte (o puede que la ciencia: las opiniones difieren) del compromiso.

La democracia en países como Argentina , supuso la institucionalización de elecciones para la designación de autoridades de gobierno pero, mientras tanto, implicó la existencia de un Estado ineficiente para garantizar el conjunto de derechos y libertades básicas de la ciudadanía. Todo esto en un contexto en el que las condiciones sociales y económicas limitan o impiden la efectiva participación ciudadana en lo que atañe al bien común. Las desigualdades sociales afectan a la igualdad política, pues las personas que no logran satisfacer sus derechos básicos, tampoco pueden participar en el ámbito de lo público del mismo modo en que pueden hacerlo las que no sufren esta vulneración de sus derechos.

El Estado no tiene como única función controlar las reglas de juego de La democracia, sino la competencia para adecuar las instituciones políticas a un desarrollo económico y social que amplíe y fortalezca la base de la ciudadanía.

Pareciera necesario, entonces, para garantizar una gobernabilidad democrática que atienda a la demanda de la sociedad civil, que el Estado mismo se imponga un estilo tendiente a desburocratizar y a agilizar su propia gestión. Esto implica ampliar las bases para la participación ciudadana y para la intervención directa e indirecta de la comunidad en los asuntos colectivos.

 

La nacion y el nacionalismo Ilustrado y Romantico El imperialismo

La Nación y el Nacionalismo Ilustrado y Romántico El imperialismo

INTRODUCCIÓN AL NACIONALISMO: La palabra nación procede del latín, «nasci» (nacer), y se refería al conjunto de individuos que habían nacido en un lugar determinado. Esta acepción geográfica predominó en la Edad Media, época en la cual el término «naciones» designaba a grupos de estudiantes de una misma región o país. Por tanto, los vocablos nación y nacionalismo existen desde hace siglos, pero en la Edad Contemporánea han asumido un contenido político y cultural en vez de geográfico.

Con esta evolución el nacionalismo se ha convertido en un credo político fundamental para la cohesión de los grupos humanos y para la lucha por la independencia en los casos en que estos grupos se encuentren sometidos a un poder extraño. Naturalmente, para que adquieran conciencia de tales, los grupos han de poseer e invocar ciertos rasgos comunes de historia, lengua, religión o carácter. Ante todo la nación se siente, es un sentimiento.

En el siglo XIX el nacionalismo se convirtió en la bandera que llevó a algunos pueblos sometidos a liberarse y a otros divididos a unirse. La independencia de Grecia del yugo turco, cuando Europa respiraba los aires de libertad del Romanticismo, suscitó emoción continental. Otros pueblos lucharon infructuosamente por la independencia; fue el caso de los polacos obstinados en una resistencia desesperanzada contra el dominio ruso. En el segundo supuesto, pueblos que aspiraban a unirse en un Estado nacional, Italia y Alemania, debieron a la corriente nacionalista la consecución de ese sueño.

Sin embargo, no ha sido simplemente una fuerza constructiva; también ha habido nacionalismos destructivos, que predican la superioridad del propio pueblo sobre los restantes.

La tendencia a la exaltación de los valores e intereses de la nación por cima de los de los individuos ha constituido un poderoso agente del cambio histórico desde finales del siglo XVIII

Nación y nacionalismo

El concepto de nación es un tanto vago, su significado ha cambiado a lo largo del tiempo. Tiene la misma raíz latina que nacer y originalmente se refería a un conjunto de personas con un origen común. El concepto moderno nació de la ilustración francesa y el romanticismo alemán y básicamente identifica a una comunidad humana que comparte unos rasgos lingüísticos, étnicos y culturales, además de una historia común y la conciencia de constituir un grupo singularizado frente a sus vecinos. Esta conciencia, junto con la voluntad de «vivir juntos» es lo que constituye el nacionalismo, que de sentimiento intimo puede pasar a convertirse en objetivo político.

El nacionalismo ilustrado y las primeras revoluciones

La nacion y el nacionalismo Ilustrado y Romantico El imperialismoLa afirmación del sentimiento nacional es algo que se ha producido en diversas épocas y lugares, particularmente por oposición a otros grupos y en tiempos de crisis, como durante la guerra de los Cien Años (siglos XIV y XV), que propició la aparición de conciencias nacionales en Francia y en Inglaterra.

En la foto vemos la Guerra de Azincourt cuando las tropa inglesas derrotaron a las francesas el 24 de octubre de 1415, batalla clave en la Guerra de los Cien Años.

Por otro lado, la creación de Estados poderosos y crecientemente centralizados propició la identificación de sus súbitos con la unidad política.

De hecho, durante la Edad Moderna se dieron los primeros pasos para la configuración de Estados nacionales, combinando los intereses las monarquías absolutas con los de la pujante burguesía capitalista, frente a los la clase feudal. Sus rasgos ideales serían la posesión de un territorio estable y unificado, asegurado por el poder militar, la unificación administrativa por medio de una creciente burocracia y la tendencia a la secularización y la independencia nacional en materia religiosa (frente a antiguas concepciones universalistas).

Pero el nacionalismo moderno nació en el siglo XVIII, por la confluencia de varios elementos. Por un lado, las ideas ilustradas sobre la igualdad entre los hombres socavaron las jerarquías sociales y los particularismos locales heredados del feudalismo, pero también el poder de las monarquías absolutas, depositarias hasta entonces de soberanía nacional.

La clase burguesa, en nombre del progreso social y economice oponía también al mantenimiento de estas estructuras anticuadas. Las revoluciones americana y francesa dieron lugar a la aparición de Estados fundamentados libre naciones de ciudadanos soberanos y libres, relacionando los conceptos de nacionalismo, liberalismo y democracia.

Posteriormente, las victorias napoleónicas extendieron estas ideas por Europa, junto con la dominación francesa. Por ello, esas mismas ideas inspiraron en parte las acciones nacionales que provocaron la derrota final de Napoleón y el hundimiento su imperio (1815).

Frente a los intentos de restauración del absolutismo en Europa (congreso de Viena, Santa Alianza), liberalismo y nacionalismo continuaron aliados en la serie de revoluciones de la primera mitad del siglo (1820, 1830 y 1848). Así se fue implantando el Estado liberal en gran parte de Europa occidental, aunque fracasaron la mayor parte de los intentos de fundar nuevos Estados nacionales, salvo los casos de Grecia (1829) y Bélgica (1831). La Europa oriental y balcánica, particularmente, hervía de sentimientos independentistas reprimidos por los grandes imperios plurinacionales (Rusia, Austria-Hungría, el Imperio otomano).

El nacionalismo romántico

Por esta época se desarrolló otra concepción del nacionalismo, originada en Alemania. La debilidad de la burguesía liberal alemana le impidió tomar el poder, y el impulso nacionalista sería liderado por las clases terratenientes, los militares y las burocracias estatales. Tomó forma así un nacionalismo conservador, que buscaba su inspiración no en el liberalismo, sino en la exaltación de un pasado mitificado y glorioso, de la mano del nacionalismo romántico elaborado por el filósofo J. G. Herder. este identificó el espíritu de la raza alemana (Volkgeist), un elemento subjetivo, irracional y transhistórico.

La colectividad, el pueblo (Volk) era el depositario de las virtudes y valores (reflejados en el lenguaje y la cultura) de donde surgía la grandeza de la nación, manifestada en diversos momentos a lo largo de la historia. Éste fue el tipo de nacionalismo que inspiró en gran parte el proceso de unificación alemana, y que influyó también en los movimientos nacionales de otros países, particularmente los eslavos.

Los fracasos de 1848 no redujeron el impulso nacionalista en Europa. Algunos pueblos, como Italia y Alemania, lucha ron por su unificación, que completarían ambos en 1871. Otros movimientos nacionales, de tipo centrífugo, sobre todo en los Balcanes, pretendían alcanzar la independencia respecto a Estados más amplios.

Nacionalismo e imperialismo

La nacion y el nacionalismo Ilustrado y Romantico El imperialismoAl mismo tiempo, en los Estados consolidados, el nacionalismo adquirió un matiz expansivo, de la mano del desarrollo industrial. Las necesidades de acceso a mercados exteriores para el propio desarrollo interno y la protección de las nacientes industrias nacionales llevaron a una competencia entre las naciones por el control exclusivo de dichos mercados, mezclada con ideas chovinistas sobre el prestigio nacional. El choque de estos distintos nacionalismos imperialistas se combinó con la inestabilidad balcánica para dar origen a la Primera Guerra Mundial (1914-18).

Como resultado, los imperios otomano, austro-húngaro y ruso se hundieron y fueron desmembrados, según el principio de autodeterminación nacional defendido por el presidente norteamericano H. Wilson en sus 14 puntos.

La complejidad de la historia europea y el imperfecto trazado de las nuevas fronteras provocaron que muchos de los Estados surgidos entre 1911 y 1918 en Europa central y oriental contuvieran en su seno importantes minorías nacionales.

La insatisfacción con el reparto fronterizo fue el origen de numerosas tensiones que, combinadas con el nacionalismo agresivo de los regímenes fascista y nazi, llevaron al estallido de la Segunda Guerra Mundial (1939-45)

El nacionalismo en el mundo contemporáneo

Tras la Segunda Guerra Mundial, el desarrollo de dos bloques enfrentados durante la «guerra fría» motivó la atenuación o la supresión de los movimientos nacionalistas en Europa. Pero África y Asia tomaron el relevo. Ya antes de la guerra, China y Turquía había empleado el nacionalismo como fuerza cohesiva para mantener su independencia y evitar las injerencias externas. Y tras 1945 se produjo una avalancha de movimientos independentistas en las colonias de las potencias europeas, que habían tomado las ideas nacionalistas de sus metrópolis. El socialismo desempeñó también un papel destacado en muchos movimientos nacionalistas revolucionarios del Tercer Mundo (Egipto, Argelia, Cuba, etc.).

Curiosamente, los nuevos Estados surgidos en el Tercer Mundo con frecuencia han mantenido las fronteras trazadas por las administraciones coloniales, muchas veces arbitrarias. Esto ha provocado numerosas tensiones y desequilibrios étnicos, económicos y dé todo tipo en el seno de dichos Estados. La ausencia de un verdadero sentimiento nacional, a pesar de los esfuerzos de sus respectivos gobiernos, en muchos casos pone en cuestión la supervivencia misma del Estado, como sucede por ejemplo en el Congo.

La nacion y el nacionalismo Ilustrado y Romantico El imperialismoTras la caída del bloque soviético (1989-91) y el fin de la «guerra fría» se han liberado de nuevo las fuerzas y tensiones nacionalistas en Europa.

La URSS se dividió en multitud de nuevos Estados, algunos de los cuales mantienen todavía unos lazos más o menos difusos (Comunidad de Estados Independientes, CEI), pero los enfrentamientos han sido casi constantes, especialmente en la región del Cáucaso.

Un fenómeno similar ocurrió en la antigua Yugoslavia, cuya disgregación ha dado origen a una serie de guerras fratricidas que siguen amenazando la estabilidad en los Balcanes. Tampoco Europa occidental se ha visto libre de tensiones nacionalistas, a pesar del proceso de integración supranacional puesto en marcha por la Unión Europea.

Algunas formas moderadas pretenden lograr una cierta autonomía o el reconocimiento de una especificidad cultural (Gales o Escocia en el Reino Unido, el Languedoc en Francia). Pero otras de signo independentista amenazan la misma unidad de determinados Estados (flamencos y valones en Bélgica) y llegan incluso a recurrir a la violencia terrorista para lograr sus objetivos, como en los casos de Irlanda del Norte, el País Vasco o Córcega.

El surgimiento del nacionalismo en Europa
LA REVOLUCIÓN FRANCESA, al destruir el I Antiguo Régimen, fue la gran catalizadora de los cambios en Europa. Los ejércitos revolucionarios llevaban consigo no sólo el lema de libertad, igualdad y fraternidad’, sino también las ideas de liberalismo, autogobierno y nacionalismo que serían los temas centrales de la historia europea del siglo XIX. Ya antes de 1789, como una reacción contra el espíritu racional de la Ilustración, algunos escritores, como Herder (1744-1803), habían destacado el sentido de identidad nacional.

Sin embargo, el estado aún era considerado como un patrimonio dinástico, como un terrateniente al que los propietarios más pequeños debían lealtad y servidumbre. Esta concepción fue desafiada por los gobiernos revolucionarios franceses, que instaron a los pueblos oprimidos a alzarse en contra de sus amos y gobernantes. No obstante, fue la opresión francesa bajo Napoleón la que provocó reacciones nacionalistas en España, Rusia y el Tirol y, por último (después de 1807), en Alemania. Ella fue una de las causas del nacionalismo de fines del siglo XIX.

A pesar de todo, no debe exagerarse la fuerza del nacionalismo en la primera mitad del siglo XIX. Hasta 1866, la mayoría de los alemanes e italianos sentía más interés por sus gobernantes y culturas provinciales (bávara, de Hesse, toscana, emiliana) que por el ideal de unidad nacional. Sólo donde había gobiernos extranjeros surgían protestas airadas, principalmente de las clases medias (abogados, profesores y comerciantes).

En Italia contra Austria, en Irlanda contra Inglaterra, en Bélgica contra Holanda, en Grecia contra Turquía, en Polonia contra Rusia y en Noruega contra Suecia. Estas protestas pocas veces afectaban a las masas campesinas, es decir, al grueso de la población europea de la época. Incluso en el Imperio otomano, a pesar del incompetente gobierno turco, cada vez más corrupto y opresivo, y del resentimiento de los cristianos hacia el poder absoluto de los musulmanes, había escasa oposición nacionalista activa, excepto en la región que, durante la década de 1820, se convertiría en el centro de la Grecia moderna.

En el vasto Imperio austríaco, que gobernaba sobre un gran número de nacionalidades, sólo se mostraban inquietos los checos y los húngaros; ambos pueblos, orgullosos de un pasado independiente, buscaban la autonomía dentro del imperio -•’ no la independencia nacional.

Por otra parte, después de la derrota de Napoleón en 1815, las potencias victoriosas se mostraron hostiles a las aspiraciones nacionalistas, las que asociaban, con razón, al liberalismo y veían como una amenaza a la autoridad constituida.

En el Congreso de Viena, las potencias habían adoptado, bajo la influencia de Talleyrand y Metternich, el principio de legitimidad’ como base para volver a trazar el mapa de Europa. Metternich pensaba que cualquier concesión al nacionalismo sería fatal para Austria y las resistió en todos los frentes hasta 1848. En este período, sólo Grecia y Bélgica (1830) lograron la independencia y, en ambos casos, había circunstancias especiales, en particular, la rivalidad de las Grandes Potencias. En otras partes, como Polonia (1831, 1846), Alemania (1848), Italia (1848) y Hungría (1849), debido a desacuerdos internos y a la solidaridad de las potencias conservadoras, los alzamientos nacionalistas fracasaron.

Los polacos, dispersos en tres imperios, siguieron siendo un pueblo sometido hasta 1918-1919. Los húngaros, sin embargo, aprovechando la debilidad austríaca en su guerra con Prusia, se las ingeniaron para obtener el mismo estatus que la población de habla germana según el Ausgleich (compromiso de dualidad austro-húngaro) de 1867.

Enseñar Valores Patrióticos a Nuestros Hijos

Biografia de Hervert Marcuse Resumen Filosofo Socialista Historia

BiografÍa de Hervert Marcuse
Resumen FilÓsofo Socialista

Biografia de Hervert Marcuse Resumen Filosofo Socialista Historia«Para qué queremos una revolución si no conseguimos un hombre nuevo? Jamás lo he entendido. ¿Para qué? Naturalmente para lograr un hombre nuevo. Éste es el sentido de la revolución, tal como lo veía Marx, no la revolución burguesa» 

Herbert Marcuse nació en Berlín en 1898. Después de estudiar literatura, se interesó por la filosofía, trasladándose a Friburgo para asistir a las clases que impartía Heidegger.

Pero fue la lectura de Marx, en especial de sus Manuscritos económico-filosóficos, lo que produjo un giro radical en su pensamiento, acuciado más por una necesidad derivada de la situación política en Alemania (el fracaso de la revolución, encarnado en el asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg y el afianzamiento del nacionalsocialismo, que auguraba la victoria del nazismo y el fracaso de una

 política socialista), que por una elección personal. Efectivamente, la clase obrera alemana fue incapaz de detener a Hitler, por lo que su ascenso no se entendió como un hecho aislado o accidental, sino que fue interpretado por los intelectuales, especialmente por los integrantes de la Escuela de Frankfurt, como un estadio derivado del desarrollo del capitalismo tardío. A esta escuela accedió Marcuse en 1932, a través de Kurt Ríezler, amigo de Heidegger y de Horkheimer.

Fundada por un científico judío vinculado al radicalismo marxista, la Escuela de Frankfurt comenzó su andadura como parte del lnstitut fürSozialforschung, el Instituto de Investigación Social, dedicado a estudiar los movimientos obreros, revisar las teorías de Marx y analizar desde una perspectiva interdisciplinar (filosofía, ciencias sociales, epistemología, psicoanálisis, economía, etc.) distintos problemas sociales, sobre todo los concernientes a la situación de Occidente y a su contrapartida comunista.

El lnstítuto se enfrentó tanto al capitalismo burgués como al socialismo bolchevique, criticando las filosofías que los justificaban: el positivismo y el marxismo ortodoxo.

Como miembro de la Escuela de Frankfurt, también denominada Teoría Crítica, Marcuse colaboró en todos los proyectos interdisciplinares que tendían a configurar un nuevo modelo de teoría social. Trasladada a la Columbia University (New York) en 1934, la escuela, dirigida por Horkheimer, mantuvo viva la tradición de los intelectuales de izquierda y sirvió de referencia a todos los movimientos emancipatorios. Su análisis crítico estaba claramente orientado a la transformación del mundo, a una praxis social que desocultara el tipo de racionalidad sobre el que se asientan las sociedades modernas industrializadas, sean liberales o socialistas, racionalidad que permitía mantener y confinar al mundo en su estado existente.

La Teoría Crítica asume que el teórico, el investigador, es un elemento endógeno a la realidad que interpreta y que pretende transformar. Su relación con ella es dialéctica, porque es parte constitutiva de la sociedad que pretende conocer y en la cual se origina su análisis: toda cultura pertenece a una estructura ideológica que tiende a perpetuar el sistema que la genera, desviando las acciones individuales de la emancipación así como de la propia comprensión de la realidad en la que se encuentra sumergida. La Teoría Crítica pretende liberar a los individuos de estas formas ideológicas de dominio.

Marcuse encontró en Freud la posibilidad de una praxis subversiva que desenmascarase cómo son los propios individuos los que inconscientemente reproducen e internalizan la represión de las sociedades capitalistas y comunistas, echando a perder toda revolución. Después de trabajar en la OSS (Oficina de Servicios Secretos) de Estados Unidos para luchar contra el fascismo, Marcuse publicó Eros y civilización (1955), en la que sintetizó el pensamiento de Marx y Freud, eli­minando el pesimismo de este último, que, en su obra El malestar de la cultura, afirmaba que inevitablemente toda civilización estaba estructurada sobre la re­presión y el sufrimiento. Para -Marcuse, los dos instintos fundamentales de la teoría freudiana, Eros y Thánatos, no desembocan inevitablemente en sistemas opresivos. En el propio inconsciente del hombre se encuentra la posibilidad de instaurar una sociedad no represiva, que se fundamente en la liberación de los instintos, mediante una autosublimación de la sexualidad del Eros. Todo producto y actividad cultural (arte, filosofía, etc.) evidencia un impulso inconsciente en el hombre hacia la libertad y la felicidad, capaz de instaurar una nueva sociedad libre y permisiva, en la que no se produzca un superávit de trabajo, ni restricciones innecesarias en la sexualidad, ni enajenación alguna, mediante la liberación de aquellos condicionantes históricos y sociales que reprimen el principio del placer.

La lucha por la existencia necesita la modificación represiva de los instintos principalmente por falta de medios y recursos suficientes para una gratificación integral, sin dolor y sin esfuerzo, de las necesidades instintivas. Si esto es verdad, la organización represiva de los instintos se debe a factores exógenos —exógenos en el sentido de que no son inherentes a la «naturaleza» de los instintos, sino que son producto de las especificas condiciones históricas bajo las que se desarrollan los instintos. (Eros y civilización).

Queda abierta la posibilidad de que, mediante una praxis adecuada que cambie esos condicionantes, la sociedad pueda llegar a ser libre y no represiva. Estos valores se desarrollaron en la cultura de los años sesenta; Marcuse se convirtió en su abanderado teórico y político.En 1964 escribió una obra extremadamente crítica con las sociedades capitalistas y comunistas avanzadas: El hombre unidimensional. En ella denunciaba que k aparente libertad de los sistemas democráticos escondía subrepticiamente muy sutiles y organizadas formas de represión y control social, que impedían el desarrollo dé potencial revolucionario y transformador.

Las sociedades industriales avanzadas se sirven de la cultura, los medios de in formación, la publicidad, el arte, e incluso la filosofía para reproducir y perpetuar e sistema existente, impidiendo que surja dentro de él la oposición, la crítica y la negatividad. Anticipándose a la doctrina del «pensamiento único» y de la «globalizacíón», Marcuse denuncia la unidimensionalidad, la homogeneidad aplastante del pensamiento y la acción, esferas castradas de todo impulso transformador, crítico revolucionario. Falta una verdadera conducta opositora, una cultura disidente orientada a la transformación y emancipación dé las estructuras represivas y «unidimensionales».

En contra de los postulados marxistas ortodoxos, que veían en el propio desarrollo del capitalismo la consecución de su crisis, y en la clase obrera, el proletariado, un potencial revolucionario que traería necesariamente una sociedad sin clases Marcuse cree que el capitalismo ha fagocitado la posibilidad emancipatoria de la clase trabajadora a través de una venenosa «tolerancia represiva», una política estable basada en el «bienestar» y en el control social absoluto cada vez menos identificable.

Por este motivo, la esperanza de una liberación y de la consecución de una sociedad abierta y libre, deja de estar en manos del proletariado: son las minorías no integradas, los grupos marginales y radicales, los únicos que pueden llevar a cabo una oposición total y una verdadera emancipación. A estos grupos prestó su ayuda Marcuse, alimentando una nueva izquierda contraria al marxismo ortodoxo y radicalmente crítica y opositora contra el establishment.

En sus escritos posteriores, Tolerancia represiva (1965), Ensayo sobre la libe-radón (1969) y Contrarrevo­lución y revuelta (1972), Marcuse se dedicó a vertebrar un pensamiento abiertamente crítico con el liberalismo y alentador de todo movimiento social revolucionario, lo que le granjeó la enemistad del ámbito académico más oficialista. Denunció asimismo que el movimiento de los sesenta había generado una reacción conservadora y contrarrevolucionaria, enmascarada bajo una apariencia liberal y permisiva. Esta postura enormemente crítica de sus escritos provocó que no pudiera seguir trabajando como profesor en la Universidad de Brandeist, por lo que tuvo que, marcharse a California (La Jolla), donde vivió retirado, consagrado a dar conferencias, articular grupos radicales, publicar artículos, etc., bajo una perspectiva marxista y libertaria.

Hacia el final de su vida, Marcuse dio un giro hacia la estética con su obra La dimensión estética (1979). En el arte se esconde un potencial enormemente revo­lucionario y emancipatorio que se proyecta hacia la meta de una sociedad más libre y menos represiva.

Hasta el final de sus días (muere en 1979), Marcuse fue uno ‘de los intelectuales de mayor influencia en Estados Unidos. Su importancia se fue eclipsando a medida que se desvanecían aquellos movimientos y grupos radicales de izquierda a los que él prestó su apoyo, y en razón de la clara postura neoconservadora de las so­ciedades contemporáneas. No obstante, sus escritos —algunos, inéditos, se hallan en la Stads Bibliotek de Frankfurt— suponen una de las más críticas y positivas aportaciones de la Escuela de Frankfurt. En palabras de Lubasz, que celebró una con­versación con Marcuse emitida por la BBC de Londres, la Teoría Crítica a la que pertenecía Marcuse se opuso «al primado de la producción de mercancías, a la dominación carente de sentido, a la irracionalidad, a la manipulación, a la opresión. Al margen de todo lo que, por lo demás, pueda decirse de la Escuela de Frankfurt, una cosa parece cierta: ha sido fuente de inspiración del pensamiento político crítico de nuestro tiempo. Es un ejemplo de filosofía radical».

Marcuse defendió cualquier movimiento de carácter social y revolucionario, pero, en el caso de los movimientos estudiantiles de finales de la década de los sesenta, afirmó que, bajo la apariencia de una revolución de carácter liberal y permisivo, se enmascaraba una reacción conservadora y claramente contrarrevolucionaria. Barricadas en las calles de París en 1968.

Biografia de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista Chino Su Gobierno

Biografía y Gobierno de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista Chino

Mao Tse-tung, revolucionario, teórico y estadista, fue durante décadas el líder indiscutible del comunismo chino. Su papel fue crucial en la creación y primer desarrollo de la República Popular China.

Poeta, erudito y hombre de acción, Mao es uno de los grandes teóricos del marxismo-leninismo en acto revolucionario, partiendo de las realidades chinas pero elevando su práctica a los problemas de la revolución mundial.

A su muerte en 1976, después de la desaparición de Chu En-lai, era el único superviviente de los hombres que forjaron el Partido Comunista e hicieron la revolución socialista en China.

En 1918 entró en contacto con grupos marxistas chinos y en 1921 participó en la fundación del Partido Comunista Chino. Siendo miembro del Comité Central, en 1923 pasó a desempeñar funciones en el Partido Nacionalista, unido por entonces al Partido Comunista.

Biografia de Mao Tse Tung

Al producirse la ruptura entre ambas organizaciones políticas en 1927, comandó un movimiento revolucionario campesino en Hunan y Jianxi, y constituyó en 1931 la República Soviética China.

Pero tuvo que huir ante los nacionalistas (la larga marcha de 1934-1935). Aliado (1937-1941) y más tarde adversario de Chang Kai-shek en la lucha contra los japoneses, reconquistó China continental (1946-1949).

Los comunistas chinos, vencedores de los nacionalistas después de una larga y sangrienta guerra civil, proclaman en Pekín, el 1º de octubre de 1949, la República Popular China. Mientras, los nacionalistas abandonan el continente y se retiran a la isla de Taiwan.

Como presidente del Consejo de la República (1954-1959) y del Partido Comunista llegó a ser el principal personaje de China e inspiró el «gran salto adelante» (1958), la ruptura con la URSS (1960) y la Revolución cultural (1966).

Su pensamiento, expresado en numerosas obras filosóficas y poéticas, fue resumido en el Libro Rojo, Citas del presidente Mae Tsé Tung.

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DESCRIPCION DE LA VIDA DE MAO TSE TUNG

Su Juventud: Mao Tse-tung era hijo de un campesino relativamente próspero de Shao Sahn, provincia de Hunan.

Obligado por su padre a abandonar los estudios para trabajar en la granja familiar, el joven Mao escapó de su casa, y en 1911 ingresó en la escuela secundaria de Changsha, donde entró en contacto con la cultura occidental y con las ideas del nacionalista Sun Yat-sen.

Ese mismo año estalló la revolución de Wuhan, que acabaría sustituyendo a la dinastía Manchú por un régimen republicano.

El joven Mao se enroló en el ejército revolucionario durante seis meses, en los que se forjaría su admiración por los líderes militares y su nacionalismo.

Vuelto a la escuela de Changsha, completó sus estudios mientras colaboraba con la revista Nueva Juventud (1915), dirigida por Chen Duxiu, que criticaba el lastre que las viejas tradiciones chinas suponían para el desarrollo del país.

También por esa época Mao comenzó sus actividades políticas fundando varias asociaciones estudiantiles, como la Sociedad de Estudios del Nuevo Pueblo.

En 1918 obtuvo el puesto de bibliotecario en la Universidad de Pekín, donde recibió la influencia de Chen Duxiu y de Li Dazhao —introductor de los estudios sobre el marxismo— y profundizó en sus lecturas revolucionarias.

Mientras pasaba una temporada en Changsa, estalló el movimiento revolucionario del 4 de mayo (1919), opuesto a la imposición de mandatos japoneses en China por el tratado de Versalles.

A lo largo de estas protestas los radicales chinos derivaron hacia el marxismo-leninismo y el abandono de la cultura tradicional china; aparecía una nueva generación en la escena política.

Mao organizó actividades revolucionarias en Changsa y fundó la rama local de la Liga de Jóvenes Socialistas (1920).

El campesino rebelde: Hacia 1918, trabajando como auxiliar de la Biblioteca de Pekín, descubrió el pensamiento de Karl Marx, inspirador de la Revolución Rusa.

Mao entró en contacto con otros revolucionarios chinos y con ellos fundó en 1921 el PCCh. Culminaba asila etapa de preparación del hombre que iba a transformar China.

En 1927, tras estallar la guerra civil con el gobierno nacional presidido por Chiang Kai-Shek, Mao inició la revolución campesina en Hunan, su provincia natal. Asimismo, en territorios de Hunan y Kiangsi fundó en 1931 una república soviética china.

Sin embargo, el poderoso ejército nacionalista aumentó cada vez más su presión militar y los comunistas debieron retirarse hacia el noroeste del país en octubre de 1934.

El PCC y el Kuomintang

En 1921 se convirtió en uno de los miembros fundadores del Partido Comunista Chino (PCCh ó PCC). Poco después se produjo la alianza con el Kuomintang de Sun Yat-sen (1923), con el objetivo común de «derrocar al imperialismo».

Mao pasó a ser miembro de la directiva del partido.

Convencido del potencial revolucionario de la población campesina, en la Encuesta sobre el movimiento campesino en el Hunan (1927) reflejó su convicción de que el mundo rural podía ser la fuente del resurgimiento chino.

La muerte de Sun Yat-sen (1925) propició la ascensión en el Kuomintang del general Chiang Kaishek, que unificó a las fuerzas conservadoras del partido y alejó del poder a los izquierdistas.

A pesar de ello, tanto los comunistas chinos como la URSS continuaron colaborando con el Kuomintang, en la esperanza de alcanzar juntos los fines revolucionarios.

En 1926 Jiang emprendió una gran expedición hacia el norte para someter a los <<señores de la guerra» locales, derrocar al gobierno conservador de Pekín y unificar el país. En ella contó con el apoyo de los obreros, los comunistas y el movimiento campesino.

Tras varios éxitos, Chiang emprendió la represión de sus antiguos aliados en los territorios que controlaba (1927).

Mao, junto con otros líderes comunistas, organizó un ejército capaz de enfrentarse a las fuerzas nadonalistas y al mismo tiempo logró el apoyo campesino mediante la puesta en marcha de una reforma agraria.

Biografia de Mao Tse Tung Revolucionario Socialista ChinoDesde su refugio en las montañas de Jiangxi y auxiliado por Zhu De como jefe militar, desarrolló una guerra de guerrillas en el medio rural, que obtuvo algunos éxitos.

Pero la insistencia del comité central del partido y de la Internacional Comunista en llevar la lucha a las grandes ciudades provocó nuevos desastres, y Mao ordenó la retirada de sus fuerzas, oponiéndose a los dirigentes del PCC (1930).

Vuelto a su base de Jiangxi, reorganizó sus fuerzas y rechazó varias ofensivas nacionalistas. En 1931 se convirtió en presidente de la República Soviética China de Jiangxi, aprovechando la distracción de las fuerzas nacionalistas por la invasión japonesa de Manchuria.

La Larga Marcha y la guerra chino-japonesa

La masiva campaña militar emprendida por Chiang (1934) desalojó a los comunistas de Jiangxi. 100.000 militantes emprendieron junto a Mao una Larga Marcha de 10.000 Km. hasta encontrar un nuevo refugio en Yan’an, al noroeste (1935).

Durante su transcurso, Mao se hizo por fin con las riendas del PCC y consiguió restaurar la moral y el espíritu combativo de los 10.000 soldados que llegaron al final del viaje.

Ante la invasión japonesa, que desde 1937 pretendía controlar toda China, el PCC y el Kuomintang unieron sus fuerzas contra el enemigo común. Durante la guerra chino-japonesa (1937-1945) los comunistas lideraron la lucha contra el invasor, aumentando su popularidad, completada con reformas agrarias favorables al campesinado. Al mismo tiempo aumentaron sus efectivos militares.

En esos años Mao escribió varias obras: Problemas estratégicos de la guerra revolucionaria en China (1936), Sobre la práctica, Sobre la contradicción (1937), Sobre la guerra prolongada y La nueva democracia (1938).

Por esa misma época comenzó un proceso de «sinización» del marxismo, que buscaba su adaptación a la realidad china frente a las tesis dictadas en Moscú.

Su campaña de rectificación (1942-1943) le sirvió para educar a los nuevos militantes comunistas y para restar influencia a los líderes pro soviéticos, reforzando su poder personal sobre el partido, del que se convirtió en presidente en 1943.

La guerra civil y el nacimiento de la República Popular

Tras la derrota japonesa en la Segunda Guerra Mundial y su retirada de China, el PCC y el Kuomintang reiniciaron la guerra civil (1945-49).

A pesar de la superioridad d sus fuerzas y del apoyo estadounidense, el Kuomintang fue perdiendo terreno ante los comunistas, que, incluso sin el apoyo soviético, contaban con una superior organización, el apoyo de millones de campesinos y la buena disposición de la población de los territorios que controlaban.

La brutalidad, el despotismo, la corrupción y los errores militares del régimen nacionalista fueron sus peores enemigos; tras sucesiva derrotas, en 1949 sus líderes abandonaron el continente, estableciendo un nuevo Estado en la isla de Formosa (Taiwán).

El 1 de octubre Mao proclamó en Pekín la Re pública Popular China y se convirtió en el jefe del gobierno.

Ese mismo año había publicado De la dictadura democrática popular, donde establecía las bases del gobierno popular y preveía la eliminación de los «enemigos del pueblo».

La represión de los elementos contrarrevolucionarios se llevó a cabo masivamente en 1951.

Al mismo tiempo se emprendió la ingente tarea de la reconstrucción económica y la modernización del país, adoptando para ello el modelo soviético de planes quinquenales (1953).

Ante una multitud reunida frente al antiguo palacio imperial de Pekín, Mao Tse Tung, presidente del Partido Comunista Chino (PCCh) proclamó, el 1º de octubre de 1949, la fundación de la República Popular China.

De las Cien Flores a la Revolución Cultural

Presidente de la República desde 1954, al año siguiente Mao anunció el abandono del modelo soviético de desarrollo, convencido de que la colectivización agraria debería extenderse por todo el país para mejorar las condiciones de vida de la población y lograr una transformación social.

Para Mao la movilización social era el requisito necesario para el progreso técnico, y no al revés.

Se apoyó en los cuadros provinciales y locales para vencer las resistencias en el seno del comité central del partido.

Con la campaña de las Cien Flores (1956-57) intentaba atraerse a los intelectuales y a las clases no revolucionarias, permitiendo la libre expresión de sus ideas.

Pero cuando la libertad de expresión se tradujo en críticas al poder del partido y su dirigente, Mao suspendió rápidamente el experimento.

Su siguiente campaña, el Gran Salto Adelante (1957-58), pretendía multiplicar la producción agrícola e industrial, mediante vastos proyectos de colectivización.

Pero los problemas técnicos y de planificación y la retirada de las ayudas soviéticas provocaron una grave crisis económica.

Mao renunció a la presidencia de la República (1958), pero seguía al frente del partido.

Ante la creciente oposición en el seno de dicha organización, Mao comenzó a apoyarse en el ejército y en su jefe Lin Piao (1960).

En 1963 se produjo la ruptura con la URSS; la nueva situación de distensión Este-Oeste y la insistencia soviética en que China redujera su agresividad regional convencieron a Mao de que la URSS habla traicionado los principios de la revolución, y de que China debía asumir el liderazgo comunista, especialmente en el Tercer Mundo.

La necesidad de superar los desastrosos efectos del Gran Salto Adelante obligó a Mao a tolerar los planes de recuperación económica apoyados por Liu Shaoqi (nuevo presidente de la China) y Deng Xiaoping, abandonando su sueño colectivista. Sin embargo, a partir de 1962 intentó oponerse al «desviacionismo capitalista» de las nuevas políticas.

Por ello desarrolló un Movimiento de Educación Socialista, con escaso éxito. La ruptura entre Mao y sus críticos, encabezados Liu Shaoqi y Peng Zhen, estalló en 1965. Desde Shangai, Mao preparó un proceso de depuración ideológica, conocido como la Revolución Cultural Proletaria.

Pretendía devolver la voz y el poder al pueblo, frente a las burocracias del partido. Decenas de miles de Guardias Rojos, jóvenes aleccionados con la lectura del Libro rol (colección de citas de Mao publicada por primera vez en 1964) destruyeron todo indicio de burocratización y aburguesamiento en el partido y el Estado. Este proceso sirvió también para eliminar, incluso físicamente, a todos los elementos críticos y a los que se oponían a la idea de revolución constante de Mao, o simplemente a su creciente poder personal.

El reflujo: Pero el cuestionamiento de toda autoridad implicaba el riesgo de anarquía, y a partir de 1969 Mao se apoyó cada vez más en el ejército frente a los comités revolucionarias populares. El IX Congreso del PCCh (abril) restableció en sus cargos a muchos de los antiguos dirigentes, aunque tendrían que compartir el poder con las nuevas fuerzas emergidas de la Revolución Cultural. El nuevo primer ministro Chou Enlai fue el encargado de diseñar una fórmula de compromiso entre el partido, los comités revolucionarios y el ejército, que se rompería a favor del primero en 1971.

Durante esos años también se produjo una apertura al exterior, la RPCh ingresó en la ONU (1971) y Mao se entrevistó con diversos mandatarios de potencias capitalistas. Sus últimos años estuvieron presididos por la lucha en torno a su sucesión. Tras la muerte de Lin Piao (1971) y Chou Enlai (1976), el grupo pragmático encabezado por Deng Xiaoping logró desbancar a los radicales de la Banda de los Cuatro.

A pesar de la campaña de «desmaoización» tras la muerte del histórico dirigente (9 de septiembre de 1976), éste permanece como símbolo de la nueva China.

AMPLIACIÓN DE SU BIOGRAFÍA:
SUS ULTIMOS AÑOS: A comienzos de 1967 estaban ya definidos los objetivos políticos de la revolución: extensión de la misma a campos y fábricas, fusión de intelectuales y estudiantes con obreros y campesinos, desarrollo de una amplia democracia en el seno de las masas y crítica de la línea burguesa.

En Shanghai, los «obreros rebeldes» accedían a la toma del poder en la vida ciudadana; por todo el país hubo comités revolucionarios con esta función. Por su parte, el «centro» trató de consolidar la alianza entre «obreros rebeldes», cuadros revolucionarios y ejército popular para madurar los resultados alcanzados.

La asunción del control desde el otoño de 1968 cedió paso a nuevas oleadas de vanguardias obreras en dirección a centros escolares, administración, etc., para culminar el proceso revolucionario.

Luego de la condena y exclusión de Liu Shao-chi (octubre de 1968) tuvo lugar el IX congreso del Partido Comunista (abril de 1969), cuando las tensiones fronterizas con la URSS (río Ussari) alcanzaban mayor virulencia. El congreso cerraba una etapa de aguda lucha antirrevisionista, pero no era el fin de la lucha de clases en la fase de transición.

Consolidado el pensamiento de Mao como eje de la revolución china, Chu En-lai cohesionó el estado y sus aparatos, mientras que Lin Piao, cuyo papel fue determinante al frente del ejército popular, fue designado por el congreso sucesor de Mao en calidad de vicepresidente del estado. Un año después intentaba, apoyado por Chen Po-ta, hacerse con la dirección del país en el pleno del comité central en Lushan (1970).

Entre este fracaso y su muerte (septiembre de 1971, al intentar huir a la URSS tras un complot abortado) se dibuja un proceso de oposición a Mao en torno a dos ejes: la recomposición de las relaciones con Estados Unidos y la preponderancia del ejército sobre el Partido. Tras la muerte de Lin Piao, Chen Po-ta era excluido del comité central y del partido (inicios de 1972) y, en 1973, diversos dirigentes purgados durante la revolución cultural eran restituidos en sus cargos.

El X congreso (agosto de 1973) reafirmó la unidad, dañada por los acontecimientos de 1970-1971. Pero, al mismo tiempo, preveía que las orientaciones económicas y sociales debían ser clarificadas por el Consejo consultivo político del pueblo chino y por la Asamblea nacional popular (reunida en 1975 al proclamarse la nueva constitución), una vez las conquistas de la revolución cultural en la superestructura eran confirmadas como avance en la vía socialista: derecho a la rebelión; deber de ir a contracorriente; reducción de la burocracia a su más simple expresión; ascenso de los «obreros rebeldes» a cargos de dirección del Partido.

En el IX congreso, las relaciones con la URSS estuvieron en primer plano, pero el X congreso (informe de Chu En-lai) ponía más énfasis en el llamado «tercer mundo». El «socialimperialismo» de la URSS, adversario más temible en el plano táctico, no ocultaría, sin embargo, que Estados Unidos continúa con sus características imperialistas.

Las relaciones chino-norteamericanas parecían situarse en su justo lugar después de las visitas de Kissinger y Nixon a China (1971-1972) y del primer ministro japonés Tanaka, que dieron lugar al restablecimiento de relaciones con Estados Unidos y Japón, seguidas por todo el mundo capitalista.

China parecía entrar, desde 1970, en el juego estipulado por Estados Unidos y la URSS (potencia nuclear; ingreso en la ONU, 1971), y mantenía relaciones con regímenes fascistas (Chile) o apoyaba movimientos neocolonia-les (Angola) dando argumentos a quienes creían desaparecido el internacionalismo chino de los años sesenta.

Desde la óptica china lo que ha cambiado, sin embargo, merced al fracaso del imperialismo en Asia (Vietnam; poder socialista mantenido en China; ascenso de regímenes socialistas en Camboya y Laos) es la política de Estados Unidos para mantener aislada a China del contexto internacional, con el apoyo indirecto y eventual de la URSS.

En otro sentido, utilizando las diversas contradicciones (Europa-Estados Unidos y Europa-URSS), China iría acercándose a otros países capitalistas con el fin de debilitar la política excluyente de las dos grandes potencias, merced a explotar la amenaza sobre los países situados en la denominada por Mao «zona intermedia», y siguiendo el axioma maoista acerca De las RELaciones internacionales: «los países quieren la independencia, las naciones la liberación, y el pueblo quiere la revolución.»

Biografia de Karl Marx Socialista El Materialismo Dialéctico (301)

Biografía de Karl Marx Socialista
El Materialismo Dialéctico

«Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto hasta él, bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o de una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben; por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo.»

FRIEDRICH ENGELS

Karl Marx, teórico, filósofo y científico alemán, fue el padre del materialismo dialéctico, teoría que revolucionó el pensamiento económico y social a finales del siglo XIX. Desde un punto de vista crítico, analizó con rigor el modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él, describiendo la plusvalía, la ley específica que mueve dicho sistema.

Señaló que el capitalismo —al igual que los modos de producción que lo precedieron, como el feudalismo o el esclavismo— era un sistema que, debido a sus propias contradicciones antagónicas, irresolubles, llevarla a frenar y revertir el desarrollo de la humanidad, a menos que fuese sustituido por un nuevo modo de producción, de economía planificada y sin clases: la sociedad comunista. Este proceso de transformación, en la concepción de Marx, sólo podía ser llevado adelante por los trabajadores mediante una revolución de alcance mundial.

Estas ideas, planteadas a partir del Manifiesto comunista de 1848, fueron desarrolladas por Marx a lo largo del resto de su vida, y constituyeron la base del llamado “socialismo científico” y el fundamento teórico e ideológico de los partidos y movimientos políticos marxistas que se constituyeron desde la segunda mitad del siglo XIX.

Al mismo tiempo, hallaron fuertes cuestionamientos de parte de los defensores del capitalismo y de parte de distintas corrientes socialistas y anarquistas, al punto de que la teoría elaborada por Marx, hasta la actualidad, constituye una de las concepciones sociales, políticas y económicas sobre las que más se ha polemizado.

Resumen de notas biográficas: Karl Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre, un abogado judío, se convirtió al protestantismo en 1824. Su familia era acomodada y culta, aunque no revolucionaria. Después de cursar en Tréveris los estudios de bachillerato, Marx se matricula en la universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, donde estudió la carrera de derecho, aunque sus intereses se centraron, sobre todo, en  el análisis de la historia y la filosofía.

Terminados sus estudios universitarios, en 1841 presentó una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Sus ideas eran todavía las de un idealista hegeliano. En Berlín se acercó al círculo de los hegelianos de izquierda (Bruno Bauer y otros), que intentaban extraer de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias. Posteriormente, Marx se trasladó a Bonn, con la intención de hacerse catedrático.

Pero la política reaccionaria del gobierno —que en 1832 había despojado de la cátedra a Ludwig Feuerbach, negándole nuevamente la entrada en las aulas en 1836, y que en 1841 retira al joven profesor Bruno Bauer el derecho a enseñar desde la cátedra de Bonn— le obligó a renunciar a la carrera académica. En esta época, las ideas de los hegelianos de izquierda hacían rápidos progresos en Alemania.

Fue Ludwig Feuerbach quien, sobre todo a partir de 1836, se entregó a la crítica de la teología, comenzando a orientarse hacia el materialismo. «Hay que haber vivido la influencia liberadora de estos libros», escribe Engels años más tarde refiriéndose a esas obras de Feuerbach. «Todos nosotros (es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx), al punto nos hicimos feuerbachianos

Por aquel entonces, los burgueses radicales renanos, que tenían ciertos puntos de contacto con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición. la Gaceta del Rhin (que comenzó a publicarse el 1 de enero de 1842). Sus principales colaboradores eran Marx y Bruno Bauer; en octubre de 1842, Marx fue nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. Bajo la dirección de Marx, la tendencia democrática revolucionaría del penódico fue acentuándose, y el gobierno lo sometió a censura, para acabar ordenando su total supresión a partir del 1 de enero de 1843.

Entre los artículos más importantes, publicados por Marx en la Gaceta del Rhin, Engels menciona el que se refiere a la situación de los campesinos viticultores del valle del Mosela. En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con quien se había prometido ya de estudiante. Pertenecía su mujer a una reaccionaria y aristocrática familia prusiana.

Su hermano mayor fue ministro de la Gobernación en Prusia entre 1850 y 1858. En el otoño de 1843, Marx se trasladó a Paris, con el propósito de editar allí, desde el extranjero, una revista de tipo radical en colaboración con Arnoldo Ruge, hegeliano de izquierda. De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer cuaderno. La publicación debió interrumpirse a consecuencia de las dificultades con que tropezaba su difusión clandestina en Alemania y de las discrepancias surgidas entre Marx y Ruge.

Los artículos de Marx en los Anales nos muestran ya al revolucionario que proclama la «crítica despiadada de todo lo existente» y, en especial, la «crítica de las armas», apelando a las  masas y al proletariado. En septiembre de 1844 pasó unos días en París Friedrich E quien se convirtió a partir de ese momento en amigo íntimo de Marx.

Ambos to conjuntamente parte activa en la vida, febril por aquel entonces, de los grupos reaccionarios de París (especial importancia revestía la doctrina de Proudhon, sometida Marx a una crítica demoledora en su obra Miseria de la Filosofía, publicada en la en lucha enérgica contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, creyeron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario o comunismomo).

En 1845, a petición del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París co revolucionario peligroso, y fijó su residencia en Bruselas. En la primavera de 1847, Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la Liga de los Comunistas  maron parte destacada en el II Congreso de dicha organización (celebrado en Lo en noviembre de 1847) y redactaron, por encargo del mismo, el famoso Manifiesto Comunista, que vio la luz en febrero de 1848.

Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo; el materialismo consecuente ap también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda trina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico dial del proletariado como creador de una sociedad nueva, la sociedad comunista.

Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica y trasladó nuevamente a Paris, desde donde, después de la revolución de marzo pasó a Alemania, estableciéndose en Colonia. Del 1 de junio de 1848 al 19 de mayo 1849 se publicó en esta ciudad la Nueva Gaceta del Rhin, que tenía a Marx como redactor jefe.

El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 y 1849 vino a confirmar de un modo brillante la nueva teoría, como habrían de confirmarla también en lo sucesivo todos los movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. Triunfante la contrarrevolución, Marx tuvo que comparecer ante los tribunales y, si bien resultó absuelto (el 9 de febrero de 1849), posteriormente fue expulsado de Alemania (el 16 de mayo de 1849). Vivió en París durante algún tiempo pero, fue expulsado nuevamente de esta capital después de la manifestación del 13 de junio de 1849, se instaló en Londres, donde pasó el resto de su vida.

Las condiciones de la vida en la emigración eran extraordinariamente penosas como prueba la correspondencia entre Marx y Engels (editada en 1913). Apartandose de los círculos de emigrados y concentrando sus fuerzas en el estudio de la economía política, Marx desarrolló su teoría materialista en una serie de trabajos históricos. Sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El capital (1867) significaron una revolución en esta ciencia.

Friedrich Engels describe a Marx también como un hombre de acción: «La época de la animación de los movimientos democráticos, a fines de la dé de los cincuenta y en la década de los sesenta, llamó de nuevo a Marx al trabajo práctico. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la famosa I internacional, la Asociación Internacional de los Trabajadores.

Alma de esta organización Marx, que fue el autor de su primer Manifiesto y de un gran número de acuerdos ,declaraciones y llamamientos. Con sus esfuerzos por unificar el movimiento obrero de los diferentes países y por traer a los cauces de una actuación común las diversas formas del socialismo no proletario premarxísta (Mazzini, Proudhon, Bakunin, eltradeunionismo liberal inglés, las oscilaciones derechistas de Lassalle en Alemania, etc.), Marx, a la par que combatía las teorías de todas estas sectas y escuelitas, fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países.

Después de la calda de la Comuna de París (1871)—que Marx (en La guerra civil en Francia, 1871) analizó de un modo tan profundo, tan certero y tan brillante, con tan gran espíritu práctico y revolucionario—, y al producirse la escisión provocada por los bakuninistas, la Internacional no podía subsistir en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York.

La I Internacional habla cumplido su misión histórica y cedió el campo a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero, engendrando partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional. La intensa labor en la Internacional y los estudios teóricos, todavía más intensos, quebrantaron definitivamente la salud de Marx. Éste prosiguió su obra de transformación de la economía política y se consagró a terminar El capital, reuniendo con este objeto una infinidad de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió dar cima a El capital.

El 2 de diciembre de 1881 murió su mujer. El 14 de marzo de 1883, Marx se dormía dulcemente para siempre en su sillón. Yace enterrado, junto a su mujer, en el cementerio de Highgate de Londres. Varios hijos de Marx murieron en la infancia, en Londres, cuando la familia atravesaba extraordinarias dificultades económicas. Tres de sus hijas contrajeron matrimonio con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet».

Ideologias Politicas de la Historia: El Marxismo de Karl Marx

Ideologías Políticas de la Historia: El Marxismo de Karl Marx

 

El marxismo:  Si el liberalismo había removido las bases del mundo medieval que agonizó durante la «Edad Moderna», el nacimiento del marxismo va a sacudir hasta sus más profundas raíces el pensamiento del siglo XIX. Como dicen Marx y Engels en sus primeras palabras del Manifiesto Comunista: «Un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo». Nada mejor que esa frase para comprender lo que significó el marxismo en su época.

El pensamiento de Marx y Engels comprende tres aspectos fundamentales que no pueden ser singularizados sin incurrir en el peligro de empobrecerlos notablemente. A pesar de la simplificación que esto conlleva, estudiaremos el marxismo a partir de estos tres aspectos: el análisis del pasado (materialismo histórico), la crítica del presente (estudio económico realizado básicamente en la obra El capital) y el proyecto de futuro (alternativa política marxista).

El análisis del pasado: el materialismo histórico. Para Marx, el motor que hace evolucionar la historia es la lucha de clases. Toda la historia ha sido una lucha permanente entre las clases opresoras y las oprimidas. De este modo, la historia de la Humanidad ha sido la sucesión de diferentes modos de producción, que se caracterizan por la naturaleza de las relaciones de producción existentes (entre amos y esclavos, señores y siervos, patronos y obreros…)a)

A lo largo de la historia se han sucedido tres grandes modos de producción: esclavismo, feudalismo y capitalismo. El paso de un sistema al otro tiene lugar cuando las contradicciones y los antagonismos de clase en el seno de un modo de producción acaban destruyéndolo. Entonces se configura una nueva clase dominante que controla los medios de producción y el aparato del Estado.

El capitalismo no es para Marx el punto de llegada de la evolución humana, sino una fase más que es preciso superar para llegar a un nuevo modo de producción, el socialismo, en el que no existirán desigualdades sociales ni económicas.

b) La crítica del presente: el análisis económico del capitalismo. La necesidad de analizar el presente, es decir, el modo de producción capitalista, movió a Marx a realizar una crítica de la economía política.

Esta labor la llevó a cabo, fundamentalmente, en su obra magna: El capital. Según él, el elemento clave de la explotación capitalista es la plusvalía, que consiste en la apropiación por parte del capitalista de una parte de las ganancias que producen los obreros.

Así, durante la jornada laboral, el obrero trabaja primero para producir las mercancías que equivalen a su salario. Pero después continúa trabajando, y este trabajo no pagado, constituye la plusvalía, única fuente de beneficio de los capitalistas.

La colaboración entre Marx y Engels:Marx y Engels revisan unas pruebas de imprenta. La amistad y la colaboración entre Karl Marx y Friednich Engels se inició en la década de 1840, en la que los dos formaban parte de la Liga de los Comunistas, para la que escribieron conjuntamente el Manifiesto Comunista (1848). Marx (1818-1883) nació en Alemania en el seno de una familia de la pequeña burguesía. Durante su juventud se movió en los ambientes universitarios alemanes y se doctoró en filosofía.

La procedencia de Engels (1820-1895) era muy diferente: de origen alemán, era hijo de un rico fabricante de tejidos establecido en Manchester. Fue él quien aportó sus conocimientos sobre la economía política clásica y sobre las condiciones de vida de los obreros en Gran Bretaña.

c) El proyecto de futuro: la sociedad comunista. Para poner fin a la explotación del hombre por el hombre, Marx proclamó la necesidad de que el proletariado, mediante la revolución, conquistase el poder político y económico y crease un nuevo Estado obrero al servicio de los trabajadores.

Esto daría lugar a un nuevo modo de producción (socialismo), en el que no existiría propiedad privada, ya que la primera misión de la revolución sería la socialización de la propiedad, que pasaría al Estado. Ahora bien, el socialismo era para Marx tan sólo una etapa intermedia, ya que la desaparición de las diferencias sociales supondría la disolución de las clases sociales.

Y como no habría clases, el Estado sería innecesario, porque el Estado es la expresión de la dominación de una clase sobre otra. Poco a poco éste se iría autodisolviendo para dar paso a la sociedad comunista, es decir, igualitaria, sin clases y sin Estado.

LA LUCHA DE CLASES: La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales, en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en pugna.

En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y además, en casi todas estas clases encontramos, a su vez, gradaciones especiales.

La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas.

Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más en dos grandes bandos hostiles, en dos grandes clases que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado.

MARX, K., y ENGELS, F.: El Manifiesto del Partido Comunista. 1848.

Algunos Pensamientos de Marx:

Desde el derecho positivo, hasta las más excelsas muestras del arte, la música pintura, la arquitectura no son para Marx más que una cubierta engañosa que encubre un modo de producción, y todas esas formas exteriores no hacen más que engañar, justificar e intentar perpetuar un sistema económico.(capitalismo)

La cultura es en la mayoría de los hombres el adiestramiento que los convierte en máquinas y el derecho  no es más que la voluntad de la clase burguesa erigida en ley.

La religión es el «opio de los pueblos», ese conjunto de creencias falsas impuestas en la mente de los oprimidos para que no cuestionen nada, para que acepten mansamente su situación y esperen una recompensa en el cielo.

Para Marx el Estado es el órgano mediante el cual una clase social dominante impone, mediante el monopolio de la fuerza su voluntad a otra clase. Mientras existan clases sociales se necesitará del Estado para que una clase someta a la otra. El Estado es para Marx como la Junta directiva de la burguesía, el órgano donde, siendo competidores entre sí, acuerdan las bases para la supervivencia y beneficio de su clase.

El Constitucionalismo Historia y Antecedentes Sufragio universal

El Constitucionalismo – Historia y Antecedentes – El Sufragio Universal – Derechos Políticos en Democracia

EL CONSTITUCIONALISMO:
Concepto:

El constitucionalismo es una forma de vida política que tiende a racionalizar el ejercicio del poder para asegurar a los hombres el goce de sus libertades y el respeto de su dignidad. Para lograr esa finalidad, se vale de ciertas herramientas y principios.

■ La declaración de una Constitución como ley suprema, en la que se enuncian los derechos de los habitantes del Estado y se establece la organización del gobierno.

■ La separación y el control de los órganos del Estado para impedir que el poder se ejerza en forma abusiva.

■ La convicción de que el origen del poder, las condiciones de su ejercicio y las autoridades provienen del consentimiento popular, que se expresa libre y periódicamente mediante elecciones, en las que la mayoría brinda su respaldo a alguna de las distintas ideas que conviven en una sociedad democrática.

Las ideas del constitucionalismo tienen antecedentes en la Antigüedad y en la Edad Media, pero recién a partir del siglo  XVIII -llamado también el «Siglo de las Luces», a causa de los avances de las ciencias y sus metodologías producidos por el surgimiento de un importante movimiento intelectual que se proyectó hasta la actualidad el constitucionalismo apareció como una doctrina coherente, destinada a armonizar la convivencia entre la libertad y el poder y a asegurar la dignidad del hombre.

Introducción Histórica:

La Revolución Inglesa de 1649, encabezada por Oliverio Cromwell, que derrocó a Carlos I, y la Revolución Francesa (1789) fueron hitos en este proceso, durante el cual el Parlamento limitó el poder absoluto de los monarcas. En el siglo XVII se produjeron en Inglaterra importantes antecedentes de declaraciones de derechos como la Petición de Derechos (Petition of Rights, 1677), el Acta de Hábeas Corpus (Habeas Corpus Act, 1679) y la Ley de Derechos (Bill of Rights, 1689).

Todas estas declaraciones fueron el resultado de las luchas para limitar el poder de la Corona, que fue reconociendo poco a poco más derechos a sus súbditos. Estos acontecimientos políticos fueron acompañados por las ideas de algunos filósofos, como por ejemplo, John Locke. Para este autor la sociedad está fundada en el acuerdo común de los hombres que la integran, pero también en derechos naturales como el de la subsistencia y el de la propiedad. También, la publicación de El Espiritu de las Leyes, de Montesquieu, en 1748 fue fundamental para la consolidación del pensamiento constitucionalista.

historia del constitucionalismo

Las ideas de Montesquieu respecto de que la sumisión a las leyes es parte de la naturaleza de todos los seres y acerca de la necesidad de dividir el poder para evitar los abusos remiten directamente a una herramienta del constitucionalismo: la existencia de leyes claras y precisas para que los gobernantes y gobernados ajusten a ellas sus conductas.

En 1789 las instituciones políticas surgidas de la Revolución Francesa instauraron un modelo de estado liberal de derecho más puro que el inglés, aunque posteriormente, a lo largo del siglo XIX, las fuerzas de la reacción conservadora consiguieron adueñarse del rumbo de la historia de Francia y moderar los planteamientos iniciales.

Poco más de un mes después que el pueblo parisiense tomara La Bastilla, los representantes electos del tercer estado, convertidos en Asamblea Nacional, aprobaron la famosa Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano (26 de agosto de 1789), que representa la materialización de los principios teóricos elaborados por los filósofos de la Ilustración y por los fundadores del liberalismo.

Los hombres «nacen y permanecen libres e iguales»; los derechos naturales e imprescindibles de los hombres son «la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión»; la libertad queda definida como «poder hacer todo aquello que no perjudique a los demás».

El derecho de propiedad quedó consagrado como «inviolable y sagrado», del que nadie podía ser privado sino por necesidad pública y con la consiguiente indemnización. Se consagró el derecho de todo ciudadano a la libertad individual y a su expresión pública: «todo ciudadano podrá hablar, escribir e imprimir libremente».

La Constitución de 1791 sintetizó en su preámbulo la Declaración de derechos y en el resto del articulado establece las instituciones de gobierno y la coordinación entre los diversos órganos de poder. Monarquía constitucional, división de poderes, parlamento unicameral (la Asamblea Nacional) son algunas de las características del modelo francés de estado liberal.

La constitución de Robespierre (1758-1794) de 1793, de corta duración, estableció un régimen republicano (Luis XVI había sido ejecutado) y el sufragio universal por vez primera en la historia. Posteriormente, Francia, en 1870, adoptó definitivamente el sistema republicano.

Definición: En un sistema republicano el constitucionalismo es una forma de vida política que tiende a racionalizar el ejercicio del poder para asegurar a los hombres el goce de sus libertades y el respeto de su dignidad. Para lograr esa finalidad, se vale de ciertas herramientas y principios.

  • La declaración de una Constitución como ley suprema, en la que se enuncian los derechos de los habitantes del país y se establece la organización del gobierno.
  • La separación y el control de los órganos del Estado para impedir que el poder se ejerza en forma abusiva.
  • La convicción de que el origen del poder, las condiciones de su ejercicio y las autoridades provienen del consentimiento popular, que se expresa libre y periódicamente mediante elecciones, en las cuales la mayoría brinda su respaldo a alguna de las distintas ideas que conviven en una sociedad democrática.
  • La distinción entre poder constituyente y poderes constituidos, como forma de diferenciar entre la capacidad soberana del pueblo para darse su propia constitución y reformarla, y los actos ordinarios de gobierno.

Las Ideas de Monstequieu: La idea formulada por Montesquieu respecto de la separación y el equilibrio entre los poderes para evitar el gobierno despótico tuvo una indudable influencia cuando, en 1787, se elaboró la Constitución de los Estados Unidos, la más antigua de las constituciones escritas vigentes. Fue así que se encargó al Congreso de los Estados Unidos —formado por el Senado y la Cámara de Representantes— el ejercicio del Poder Legislativo; al presidente, el Poder Ejecutivo, y el Poder Judicial quedó a cargo de la Suprema Corte y de los tribunales inferiores.

Esta división de poderes se estableció en una constitución que se declaraba a sí misma como “ley suprema” (artículo VI), que fijaba para su reforma un procedimiento más complejo que el que se emplea para sancionar o modificar las leyes (artículo V) y en la que, poco tiempo después, se incluyeron diez enmiendas en las que se declaraban los derechos de los habitantes.

De esta manera —al establecer en la ley suprema la división de poderes y al declarar las libertades amparadas por la Constitución—, las garantías que buscaba Montesquieu para la libertad estaban doblemente aseguradas, pues una norma superior impedía que el poder se concentrara y que los derechos fueran desconocidos por las autoridades.

Además de la constitución jurídica y de la división de poderes, el constitucionalismo comparte con las teorías de la democracia moderna el principio de soberanía popular, que está basado en las ideas de Jean-Jacques Rousseau. Esto significa que la constitución, la designación y la permanencia de las autoridades derivan de la voluntad del pueblo, considerado soberano. Así, por ejemplo, el Preámbulo de la Constitución de los Estados Unidos de América comienza diciendo: “Nos, el Pueblo de los Estados Unidos”, y concluye: “promulgamos y establecemos esta Constitución para los Estados Unidos de América”.

La más clara evidencia de soberanía resulta del ejercicio del poder constituyente. El poder constituyente se define como la capacidad que tiene el pueblo para darse su propia constitución o para reformar la que tiene. A los órganos de gobierno cuyo origen es el poder constituyente se los conoce como poderes constituidos. La distinción entre poder constituyente y poderes constituidos fue formulada por Enimanuel Sieyés (1748-1836), un pensador de actuación relevante durante la Revolución Francesa.

Para Sieyés, el poder constituyente que expresa la voluntad creadora, es un poder superior y es libre, por cuanto no está sometido a ningún órgano. Los poderes constituidos, en cambio, sólo pueden actuar dentro del marco estrictamente definido por el poder constituyente: están sometidos a las reglas previstas por éste, las cuales no pueden modificar.

Al distinguir entre el poder extraordinario de dar y modificar una constitución y los poderes ordinarios de gobierno, sometidos a las reglas que fija el primero, se establecen más garantías y mayor seguridad para los derechos. Dentro de este marco, las constituciones —como leyes supremas y sujetas a un proceso de reforma más complejo que las leyes ordinarias— se limitan a declarar los derechos de las personas y a organizar el gobierno, distribuyendo los poderes para garantizar esos derechos y evitar un gobierno despótico.

Éste es el esquema del constitucionalismo clásico o liberal que los revolucionarios franceses sintetizaron en la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, que dice: “Toda sociedad en la cual la garantía de los derechos no está asegurada ni la separación de poderes establecida, carece de constitución”.

Después de la Constitución estadounidense, el constitucionalismo comenzó a difundirse de un país a otro, pues todos los estados aspiraban a tener una constitución escrita por considerar que ésa era una exigencia propia de un Estado moderno y civilizado. Así es como se elaboran las constituciones de Francia (1791, 1793 y 1848), Suecia (1809), España (1812), Venezuela y Colombia (1819), Brasil (1824), Bolivia (1826), Uruguay (1830), Chile (1833) y la Argentina (1853).

Las constituciones de esta etapa, llamada la era de las constituciones, siguieron el esquema del constitucionalismo clásico: declararon los derechos y las garantías de los ciudadanos y regularon la organización del gobierno distribuyendo los poderes entre distintas instituciones.

La tendencia a la igualdad: La búsqueda de la igualdad entre los hombres fue una de las tendencias más importantes que caracterizaron al constitucionalismo del siglo XIX sobre la base del modelo de la democracia de los Estados Unidos, que fue descripto y difundido por Alexis de Tocqueville. Justamente, este afán por alcanzar la igualdad encaminó al constitucionalismo hacia un proceso de democratización, que comenzó con la progresiva y gradual eliminación de restricciones impuestas al derecho al voto, en pos del logro del ideal del sufragio universal.

La democratización del constitucionalismo determinó la configuración del Estado democrático moderno, caracterizado por la extensión del sufragio a la mayor cantidad posible de los habitantes, la existencia de partidos políticos con grandes masas de afiliados simpatizantes, el control a los gobernantes, la existencia de la opinión pública, la poderosa influencia de los medios de difusión masiva y la existencia de formas semidirectas de participación en el gobierno (plebiscitos, referendos, iniciativa popular, etcétera).

A partir de la Revolución Industrial, surgieron diversas reacciones ante los graves problemas sociales que habían planteado las transformaciones profundas en el mundo del trabajo. Durante el siglo XIX aparecieron las corrientes socialistas, la doctrina social de la iglesia católica y las organizaciones de trabajadores que buscaban defender la situación social de los asalariados. También algunos dirigentes liberales se plantearon estos problemas, que fueron denominados “la cuestión social”. Tales circunstancias influyeron en el constitucionalismo, que, a partir de la segunda década del siglo XX, fue enriquecido con los aportes del constitucionalismo social.

Fue así que las constituciones incorporaron: los derechos de los trabajadores (condiciones dignas de trabajo, retribución justa, descanso diario y semanal, vacaciones, protección ante el desempleo y los despidos arbitrarios, entre otros); los derechos a la seguridad social (cobertura ante enfermedades o invalidez, protección a la maternidad y a la vejez; acceso a la vivienda, al esparcimiento, a la educación y a la cultura, etc.); los derechos de las organizaciones sindicales (defensa de los intereses de sus integrantes, posibilidad de participar en negociaciones colectivas o de adoptar medidas de fuerza como la huelga, etcétera).

La primera Constitución inspirada en la corriente del constitucionalismo social fue la de México de 1917, a la que siguieron la de Alemania de 1919, la de Austria de 1920 y la de la Segunda República Española de 1931.

El Sugragio Universal:

En las modernas sociedades democráticas el sufragio universal se ha convertido en la única forma lógica de justificar y conferir el poder. Sistema democrático y sistema de elecciones universales, libres y limpias, en la práctica, se identifican.

La admisión del sufragio universal es consecuencia del triunfo de los principios democráticos:

1. reconocimiento de la libertad e igualdad esencial de los hombres;
2. reconocimiento de la soberanía popular;
3. búsqueda de la activa participación ciudadana en la vida comunitaria.

Para que exista democracia es necesario el sufragio universal. Pero no basta. También las dictaduras suelen estar apoyadas por inmensas mayorías. También hay otras exigencias que complementan el sufragio universal en la defensa de las libertades y derechos ciudadanos:

1. la libre formación y expresión de la opinión pública;
2. el respeto a los derechos de las minorías;
3. la limitación y control del poder político.

SUFRAGIO Y GOBIERNO

En las sociedades democráticas modernas el sufragio universal constituye la forma de justificar y conferir el poder.

La implantación del sufragio universal es un hecho nuevo en la historia política de la humanidad. Es consecuencia del acceso de las multitudes a la participación política activa. En la mayor parte de las naciones, también entre nosotros, el sufragio universal ha sido reconocido y legislado en el presente siglo.

La universalización del derecho a votar se ha realizado paralelamente al desarrollo de la teoría de la soberanía popular, hasta el punto de que en la práctica, régimen democrático se identifica con régimen de elecciones universales y libres.

La designación de los gobernantes mediante sufragio universal nos parece actualmente un hecho natural, la única forma lógica de justificar el poder. Sin embargo, es el resultado de un largo proceso histórico.

En las antiguas democracias el derecho a participar en las asambleas y a votar, estaba reservado al grupo reducido de los hombres libres. No participaba ni votaba la mayor parte de la población constituida por hombres que carecían de derechos cívicos. Así era la democracia ateniense.
Las democracias del siglo pasado eran lo que se llama «democracias de participación restringida». La participación y el voto estaban restringidos a un grupo social, a los que satisfacían ciertas condiciones económicas o culturales. Así era la democracia de nuestros cabildos abiertos.
Actualmente casi todos los países reconocen el sufragio universal.
El sufragio universal significa la vigencia del principio «cada hombre un voto», por el que se quiere expresar el derecho fundamental que tiene todo hombre a concurrir activamente a la formación del poder político.

La universalidad del sufragio no excluye ciertas limitacio nes.

Entre otras:

— en ningún país votan los adolescentes, ni los niños. Todos requieren una edad mínima;
— tampoco votan los incapaces y los enfermos mentales;
— existen exclusiones por indignidad civil o criminal;
— los ciudadanos que se encuentran cumpliendo con el servicio militar tampoco votan.

El sufragio femenino existe en algunos países y en otros no. En los Estados Unidos fue concedido en 1920; en Inglaterra en 1922; en Francia en 1944; en la Argentina en 1947. En Suiza ha sido reiteradamente negado a las mujeres el derecho a votar.

El problema del sufragio de los analfabetos es todavía discutido en algunos países.

A los sistemas que reconocen el principio electivo para la designación de los gobernantes podemos clasificarlos en:

1. Sistemas de voto restringido:
— por razones económicas. Por ej., sólo votan los propietarios o los que tienen una renta mínima.
— por razones culturales. Por ej., no pueden votar los analfabetos.

2. Sistemas de voto desigual:
—voto múltiple. Por ej., un médico vota en el lugar de su domicilio y en el de su consultorio.
— de voto plural. Por ej., un padre de familia dispone de tantos votos, cuantos hijos tiene.

3. Sistemas de voto universal:
— a cada ciudadano se le atribuye un voto, sin distinciones sociales, culturales, ni económicas.

Necesidad y alcance del sufragio: La necesidad del sufragio universal para una democracia lurge de razones doctrinales y de razones prácticas.

Razones doctrinales:
1. La concepción democrática se fundamenta en la igualdad natural de los hombres. Entre hombres esencialmente iguales, nadie tiene por sí mismo derecho a mandar a los demás hombres. El poder pertenece a la comunidad. Manda el que es designado por ella.

2. El sufragio universal es un modo de reconocer que el poder supremo pertenece al pueblo y que los gobernantes no lo ejercen como patrimonio propio, sino como función delegada.

3. La democracia requiere activa y consciente participación de todos en la vida comunitaria. El sufragio universal posibilita y hace consciente esta participación.

Razones prácticas:

1. El sufragio universal es un medio eficaz de controlar la acción gubernamental. Los gobernantes democráticos saben que periódicamente, mediante las consultas electorales, el pueblo pronunciará un veredicto sobre su gestión.

2. El sufragio universal, en un pueblo políticamente maduro, posibilita la elección de los ciudadanos más capaces. El pueblo tiene oportunidad de comparar y juzgar entre los diversos partidos, programas y candidatos, y determinarse por el que estime con mayores aptitudes.

3. El sufragio universal obliga a todos los partidos, candidatos, y elementos dirigentes de la comunidad a dirigirse al pueblo, informarlo y solicitar su conformidad. El sufragio pone en manos de las masas un poder formidable que ningún hombre consciente puede despreocuparse de que sea empleado irresponsablemente. De hecho, donde se ha concedido el sufragio universal se ha promovido un ascenso social y cultural de los sectores populares.

Además, cualquier tipo de gobierno, para poder gobernar con firmeza, estabilidad y eficiencia, sin recurrir a la fuerza, necesita la adhesión y colaboración voluntaria de los gobernados. El sufragio universal tiene la ventaja, donde es aplicado lealmente, de que el pueblo adquiere conciencia de que el poder es obra de su decisión y que le debe apoyo y colaboración.

Se discute, incluso en nuestros días, si es justo y conveniente que en la determinación de los gobernantes se conceda igual importancia al voto de un analfabeto, que al de un profesional; al de un experimentado y honrado padre de familia, que al de un joven sin experiencia.

A esta objeción es menester responder que el sistema del sufragio universal no es ninguna panacea. No existe garantía de que la mayoría de un pueblo tendrá siempre acierto y razón. Muchos regímenes totalitarios surgieron de limpias elecciones universales.

Pero aún no se ha encontrado un sistema mejor, que respete más los derechos de la persona y tenga en la práctica mayores ventajas y menos inconvenientes.

Es cierto que no es justo que en la comunidad tenga la misma gravitación un analfabeto, que un profesional; un padre de familia, que un casi adolescente. Pero existe otro hecho: el analfabeto y el jovencito apenas tienen otro medio de pesar en la sociedad que su voto; en cambio, el profesional y el padre de familia tienen otros muchos medios de influir en la sociedad.

El sufragio universal, como derecho emergente de la naturaleza humana y del derecho natural a ser partícipe activo de la comunidad es hoy universalmente reconocido.

Fuente Consultada:
Enciclopedia Universal de Ciencias Sociales Tomo I

Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición-Editorial Guadalupe

 

Conceptos de Educacion Civica La Vida en Democracia Libertad Humana

Conceptos de Educación Cívica – La Vida en Democracia

La democracia es mucho más que un sistema político donde el pueblo elige a los gobernantes. Para que se realice plenamente, es necesario que los ciudadanos practiquen un estilo de vida basado en el bien común, el respeto mutuo y la solidaridad. Una sociedad que no respeta los principios éticos en la vida diaria corre ú riesgo de corromperse y desaparecer.

Desde que somos pequeños tenemos experiencias que nos van enseñando lo que significa mandar y obedecer, aprendemos a escuchar si somos escuchados, a expresar nuestras opiniones y fundamentarlas si crecemos en un clima de libertad, a respetar a los demás si somos respetados, a tolerar o a reprimir según nuestras propias vivencias, a condenar y a castigar.

Muchas de las relaciones que se establecen en la familia y en la escuela -entre niños o adolescentes y adultos- son relaciones asimétricas, pues unos tienen una mayor cuota de poder, que les concede el paso de los años y su ubicación en la institución, y los otros se están formando.

A través de esas relaciones aprendemos ciertos modelos de autoridad, de relaciones de mando y obediencia, de expresión de acuerdos o desacuerdos, disensos, de manejos de espacios de poder. Se puede pensar si en la casa, en la escuela o en el trabajo uno es dueño, autor y gestor de su propia vida.

Así entendida, la educación para la democracia no se aprende sólo a través de un libro o de una materia en la escuela; la educación democrática, cívica-política o ciudadana, debe traducirse en un modo de vida en la escuela y debe enseñarse a través de todas y cada una de las actividades escolares.

Aprender a ser democráticos requiere un largo proceso que implica esfuerzos por respetar y ser tolerante con los demás, así como compartir y promover las leyes, que se han construido entre todos. Elegir representantes que sean auténticamente representativos de planteos democráticos no es sencillo.

Debemos ser capaces de controlar efectivamente el cumplimiento de las funciones delegadas, para lo cual tenemos que formarnos a partir de nuestras experiencias de vida en la familias, en la escuela y en la vida democrática.

¿QUÉ ES UNA SOCIEDAD?

No es sencillo definir con precisión el término sociedad, a pesar de que se utiliza constantemente. Ya se ha señalado que los hombres viven asociados en grupos compartiendo una vida en común.

Por lo tanto, se considerará que la sociedad se compone por todos los individuos y los grupos que ellos originan a lo largo de sus vidas. Pero, además, es necesario incluir las diversas instituciones económicas, políticas, educacionales, familiares, religiosas, etc., organizadas por los hombres para el desarrollo de sus actividades y para establecer las normas de conducta aceptadas por el uso y la costumbre. Este último aspecto es muy importante.

Se refiere a todo aquello que instintivamente provoca el rechazo de los individuos.

En este sentido, es muy probable que la mayoría de los hombres desaprueben un asesinato, un robo, una violación, etc.; ya que se poseen valores que se transmiten culturalmente de generación en generación en una sociedad y originaron las leyes escritas. Sin embargo, no todas las leyes que regulan el comportamiento de los individuos se basan sobre sanciones establecidas por la costumbre.

Por otra parte, estos valores, actitudes y leyes no son estáticos en una sociedad sino que cambian generando continuidades y rupturas a lo largo del tiempo. Estos cambios no se realizan de igual modo y en el mismo momento en todos los individuos y grupos que la componen, lo que lleva a algunos a cuestionar el orden existente y a reclamar por un cambio en la organización social.

En conclusión, la sociedad no es un conjunto ordenado y armónico sino, que por el contrario, presenta conflictos y discordancias ya que los hombres no sólo viven juntos sino que establecen entre ellos y con los distintos grupos todo tipo de relaciones, espontáneas u organizadas y, a veces, muy complejas que estallan en conflictos.

EL HOMBRE COMO SER SOCIAL
El hombre y la sociedad

Una de las características naturales del hombre es su tendencia a vivir en sociedad. Esto lo han observado diferentes pensadores, como Aristóteles en el siglo IV a.C., o Juan Jacobo Rousseau en el XVIII d.C, en su libro El Contrato Social.

Desde que el hombre buscó la ayuda de los hombres, ya sea para cazar, defenderse o reproducirse, surge el ser social. De hecho, desde su época primitiva, por su tendencia natural liara la sobrevivencia de la especie, el hombre vivió en pequeñas agrupaciones; se trataba de tribus nómadas, y sólo hace diez mil anos, cuando se descubrió la agricultura, el hombre se torna sedentario y se empiezan a formar los primeros pueblos que no son más que agrupaciones mayores de seres humanos, que mediante la mutua cooperación pasan de mejor manera su existencia.

A partir de su nacimiento, el hombre muestra características biológicas que le imponen la necesidad de vivir en sociedad, pues nace tan desvalido físicamente, que su sobrevivencia es casi imposible sin sus padres. Después se desarrolla, aprende, y poco a poco nota que puede valerse por sí mismo. Luego reconoce que llega a esa etapa porque tuvo apoyo de sus mayores, quedando así ligado racionalmente a ellos y posteriormente también adquiere un instinto de protección para sus hijos.

El hombre se diferencia de otros animales sociales en que produce algo para la sociedad; ese algo es la capacidad de crear, de trabajar para el bien común; es el de producir instrumentos de trabajo que faciliten la labor y obtener más fácilmente sus satisfactores.

Surgió así una incipiente división del trabajo, ya que el hombre por sí solo no era capaz de producir todas las cosas que necesitaba y todo el trabajo realizado tenía que ser social por necesidad, unos producían armas, otros cazaban, otros más velaban por la seguridad de la horda, etcétera.

Cuando el hombre pasa de ser un animal solitario y salvaje a ser un animal social, suceden varias cosas que marcan el surgimiento de la sociedad. Hay mucha similitud entre el hombre y varios tipos de animales, por ejemplo, las abejas, las hormigas, etcétera, ambos forman sociedades, pero existen diferencias muy notables entre ambas, como son las de crear cultura y construir herramientas para el trabajo, mientras las otras construyen sólo por instinto.

Las primeras sociedades se construyeron bajo los siguientes principios:

a) Respeto y protección mutua
b) Medio de comunicación común
c) Cultura similar con todos sus símbolos, tradiciones, costumbres, etcétera
d) Límite geográfico de dominio

Estos principios nos sirven para comprender de alguna forma las definiciones modernas de la sociedad tales como:
Sociedad es la coexistencia humana organizada.
Una sociedad es el agregado organizado de individuos que siguen un mismo modo de vivir.
La unión durable y dinámica entre personas, familias y grupos mediante la comunicación de todos dentro de una misma cultura, para lograr los fines de la vida colectiva, mediante la división del trabajo y los papeles, de acuerdo con la regulación de todas las actividades a través de normas de conducta impuesta bajo el control de una autoridad.

La sociedad y su dinámica
‘lodos desempeñamos un papel importante y diverso en la sociedad al relacionarnos en sus diferentes facetas, por ejemplo, el maestro con su grupo de alumnos tiene un papel, con sus compañeros asume otro y con su familia, uno más; es decir, actúa o desempeña roles diferentes según le corresponde en cada grupo.

Augusto Comte, el fundador de la Sociología, fue el primero en usar la palabra dinámica que tomó de la Física para hacer ver que la sociedad como organismo vivo que es, está en continuo proceso de cambio como lo está todo el Universo y que los fenómenos sociales se debían estudiar dentro de la dinámica del cambio, para la mejor comprensión del proceso histórico, ya que las instituciones, la familia y los modos de producción, están sufriendo continuas alteraciones.

Ahora se sabe que las especies no son fijas, que el hombre todavía es un ser inacabado, que la evolución sigue y seguirá actuando, que de las especies actuales surgirán nuevas y que lo único que podría considerarse inalterable es el cambio y aun éste a su vez cambia, pues se acelera o se retarda.

En fin, el ser humano al vivir en sociedad, se ve en la necesidad de organizarse en todos sentidos, creando estructuras sociales diversas y dinámicas, entidades éstas como la forma propia que observa cada cultura para organizar su convivencia: familia, trabajo, educación, gobierno, ciudad, etcétera.

LA VIDA EN DEMOCRACIA
Vivir juntos en democracia – Participación Popular y Respeto Por La Minorías

A lo largo de los tiempos y en la diversidad de las civilizaciones, las sociedades humanas han experimentado muchos tipos de organización política. Hoy intentamos realizar el «vivir juntos» en el marco de la democracia. Ésta no llena plenamente las expectativas de los hombres pero, en su tipo occidental, basado en el equilibrio de poderes y en la soberanía de un pueblo de ciudadanos iguales en derecho, se presenta como el modelo más humanizante, aunque sea necesario regenerarlo constantemente.

Desde hace medio siglo el hálito democrático se va imponiendo en más Estados y campos en detrimento de los regímenes totalitarios. La democracia triunfa en los espíritus y ya casi no la cuestionan sino ideologías apegadas al pasado o reaccionarias que no aceptan realmente la igualdad de los hombres ni su vocación por la libertad y la fraternidad social.

Sin embargo, la democracia engendra demasiado a menudo en quienes la heredan desencanto y melancolía. Parece afectada de envejecimiento y anemia; revela algunas de sus limitaciones y debilidades. Demasiados ciudadanos se transforman en consumidores que reclaman siempre más derechos y aceptan siempre menos deberes compartidos.

Porque la democracia no es un don de la naturaleza ni un saber definitivo, sino el resultado de combates librados en sucesivas generaciones, que cada generación está llamada a retomar y continuar por su cuenta.
La principal causa de la fragilidad de nuestras democracias reside en esta invasión de individualismo extremo, del «cada uno para sí mismo», fruto de un liberalismo que rechaza cualquier obligación y de la permisividad generalizada que pregona que cada uno puede hacer lo que le plazca.

Otra causa se puede encontrar en la exacerbación de las diferencias, en estos reflejos de identidad o étnicos de grupos que al sentirse amenazados o ignorados recurren a la violencia, quieren asfixiar y excluir a los demás. Para evitar esos encierros, una política activa transforma esas diversidades en formas de integración social y mezcla cultural.

La democracia necesita virtudes para sus dirigentes al igual que para los ciudadanos. Necesita de una ética basada en un sistema de valores esenciales: libertad, justicia, igual dignidad para las personas; lo que llamamos el respeto de los derechos humanos. Se impone prestar atención a ciertos tipos de funcionamiento democrático que parecen socavar esas mismas virtudes necesarias para la democracia: es particularmente el caso cuando se considera que una decisión es válida por el solo hecho de ser fruto de una votación mayoritaria.

Es asimismo urgente comprender que los derechos de cada uno constituyen los deberes de todos. El concepto de ciudadanía, del que hoy tanto se habla, no se reduce simplemente a controlar, a intervalos regulares, a los responsables políticos elegidos al ritmo de sucesivas elecciones. Todos llevamos en nosotros una fecundidad social que hay que valorizar. Pasar del estadio de simple ciudadano al de actor es un objetivo importante.

La política es obra de todos. Es en vano esperar de la clase política, de los empresarios, de los miembros de la policía, de los jueces y de quienes tienen el poder, un civismo distinto al del resto de la población. No hay verdadera democracia sin comportamientos verdaderamente democráticos: aprender a conocer y a reconocer al otro; dar preferencia al debate antes que a la lucha; desarrollar el diálogo y el sentido del compromiso; desterrar el uso de la violencia y la mentira.

«Rehabilitar la Política», documento escrito por los obispos católicos de Francia, en mayo de 1999.

POLÍTICA Y CONFLICTOS: Se suele afirmar que La vida social supone necesariamente la existencia de conflictos. Cuando éstos se dan en nuestras relaciones más cercanas, intentamos darles respuestas individuales, respondiendo a Lo que nuestra conciencia nos dicta como lo más justo o más conveniente para nosotros.

Pero cuando el conflicto se da entre grupos o sectores de una sociedad, la situación es más compleja. Ya no alcanza nuestra decisión individual: necesitamos ponernos de acuerdo  con otros y organizamos para lograr nuestros objetivos. En ese intento de organización se van conformando grupos que diseñan estrategias para obtener poder y lograr, de ese modo, los objetivos cas se proponen. Aquí es donde tiene su aparición la política.

Porque existen los conflictos entre las personas, existe la política. Esta no seria la causa de aquéllos sino su consecuencia. Es un intento por Lograr que los conflictos y las diferencias de intereses encuentren un cauce que evite que sean destructivos. A través de la política, las personas buscan que los antagonismos se resuelvan sin destruir a La sociedad misma.

Para ello, se crean instituciones que regulan la vida de La comunidad y que median entre los individuos o grupos enfrentados, A lo largo de la historia, los hombres han procurado regular la lucha por el poder. A menudo, quienes b ejercieron pretendieron implementar reglas de juego que permitieran controlar y ocultar los conflictos y reprimir a quienes tuvieran intenciones de ponerlos a la Luz.

Las reglas de juego democráticas, por el contrario, permita que se reconozcan, que sean públicos, y alientan su resolución de manera parifica a través del acuerdo y del diálogo.

Por ello, puede ser que en democracia tengamos la sensación de ove existen más problemas o conflictos que en otras formas de organización social.

LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA: Las formas en que Los ciudadanos gravitan en las decisiones que se refieren a lo público son variadas: el voto, la manifestación en las calles, la huelga, la opinión a través de los medios de comunicación y de las encuestas.

Sin embargo’, pareciera ser que aún la capacidad de la ciudadanía para formar parte de la toma de decisiones es limitada. ¿Cómo lograr una real y eficiente intervención de los ciudadanos en la esfera política? ¿Cómo recuperar y revitalizar el espacio político-público?

La democratización de la sociedad requiere que Las personas puedan tener experiencia de poder. Esto significa que deben tener ocasiones para ejercer «poder» y, en otro sentido, deben «poder» lograr algo de lo que demandan. Si las personas nunca desempeñan algún tipo de poder institucional, si siempre delegan en otros las decisiones que los afectan y si nunca logran nada de lo que requieren, ¿en qué sentido podemos afirmar que estas personas «participan»?

La participación es la mejor escuela para la ciudadanía. El debate y la deliberación amplían los horizontes de la información y de las opciones, y hacen que la sociedad se vuelva cada vez más igualitaria. Para eso se deberían generar instituciones facilitadoras de esta participación y amplificadoras de la democracia.

En realidad, ya se han creado mecanismos idóneos como la Iniciativa Popular, el Referéndum Obligatorio, la Consulta Popular, el Presupuesto Participativo, las Audiencias Públicas, pero son poco usados, o sólo cuando los gobiernos lo requieren, en forma circunstancial. Si fueran puestos en práctica en forma frecuente, se estaría dando un paso importante en el camino de la democratización de nuestra sociedad.

MAYORÍAS Y MINORÍAS. DERECHOS Y DEBERES DE UNAS Y OTRAS:

El poder es patrimonio del pueblo, los gobernantes deben ser designados por él y en su gestión deben realizar la voluntad popular. Tales son los postulados democráticos. Pero la voluntad del pueblo no es unánime, ni en la designación de los gobernantes, ni en la visión de los problemas que afectan a la comunidad.

En la práctica, en una sociedad democrática, no queda otra solución, sino que los gobernantes sean elegidos por las mayorías y en su gestión se conformen a la voluntad mayoritaria, y que los distintos grupos minoritarios estén representados en el parlamento y puedan expresar sus ideas y sus críticas a la acción gubernamental.

La democracia se convierte así en gobierno de mayorías, representación de todos los sectores, respeto a las minorías, libertad de crítica y de expresión.
El acatamiento de las mayorías y el respeto a las minorías son esenciales a la democracia. No basta el acatamiento a las mayorías, porque las mayorías por sí mismas, no son fuente de justicia ni de razón.

También las mayorías pueden ser totalitarias y negar los derechos fundamentales de las minorías. La mayor parte de las dictaduras han contado con el apoyo de una voluntad mayoritaria.

Ni la más absoluta mayoría puede hacer que lo injusto se convierta en justo, ni lo ilícito, en lícito. No tiene derecho para negar a nadie el goce de sus libertades y derechos.

No puede funcionar un sistema democrático si las mayorías no respetan a las minorías, y si las minorías no acatan y colaboran lealmente con las mayorías. No pueden las mayorías valerse de su poder para oprimir a las minorías. Ni pueden las minorías valerse de su derecho de oposición y de crítica para desprestigiar injustamente, para injuriar u obstaculizar a los gobernantes.

El sistema democrático para funcionar eficazmente exige que la totalidad moral del cuerpo ciudadano esté de acuerdo con él. Sólo así puede lograrse armonía y eficiencia.

En las sociedades verdaderamente democráticas todos están de acuerdo, también las minorías, en que al gobierno surgido de las mayorías les corresponde legítimamente el poder y están dispuestos a colaborar con él para bien de la comunidad.

Virtudes Cardinales Para La Vida en Democracia

Fuente Consultada:
Formación Cívica Editorial Stella
El Desarrollo Humano en la Argentina del Siglo XXI UNICEF – UNDP – Ministerio de Educación , Ciencia y tecnología

VALORES  HUMANOS PARA LA VIDA EN DEMOCRACIA

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