Armas en la Edad Media

Biografia de Gustavo II Adolfo de Suecia Historia de su Reinado

Biografia de Gustavo II Adolfo de Suecia-Historia de su Reinado

Gustavo II Adolfo (1594-1632), rey de Suecia (1611-1632), apodado el León del Norte por su liderazgo de las fuerzas protestantes en la Guerra de los Treinta Años.

Representa el momento culminante de Suecia en la historia de Europa. En efecto, gracias a sus excepcionales cualidades de estadista y caudillo militar, estableció la hegemonía de Suecia en el Báltico, en lucha contra Rusia, Polonia y Dinamarca.

Asimismo, organizó el Estado sueco, dio coherencia a su administración, a base de un sistema de absolutismo, moderado por el juego del Riksrad (Senado) y de la Dieta, y fomentó la economía nacional.

Biografia de Gustavo II Adolfo de Suecia
Era hijo del rey sueco Carlos IX y nació el 9 de diciembre de 1594 en Estocolmo. Cuando accedió al trono en 1611, tras el fallecimiento de su padre, su reino se encontraba en guerra con Dinamarca y Rusia.

En el gran problema que se ventilaba en Europa entre el protestantismo y el catolicismo, fue campeón de las ideas luteranas, a las que salvó en los campos de batalla de Alemania.

Como militar, es uno de los grandes generales de la Historia.

Fue el primero que dio importancia a la cohesión nacional de las tropas, a la disciplina de las mismas (evidenciada en la uniformidad del atavío) y al uso de los elementos ligeros, en particular de la caballería, en las operaciones estratégicas.

Subió al trono a los quince años, el 8 de noviembre de 1611, a la muerte de su padre Carlos IX, antiguo duque de Sudermania.

Su madre, Cristina de Holstein, le puso al mundo el 9 de diciembre de 1594.

Después de una niñez dedicada en su mayor parte a los ejercicios de armas, apenas ceñida la corona tuvo que luchar contra Dinamarca en la guerra llamada de Calmar, heredada de su padre.

Su iniciación militar no fue muy brillante, pues tuvo que aceptar la humillante paz de Knárod (1613), por la que el rey danés Cristian IV conservó cerrado el acceso de Suecia al Mar del Norte. Pero pronto logró desquitarse de esta derrota.

Aprovechando la «época de las turbaciones» rusas, arrancó del primer zar Románov el tratado de Stolbova (1617), que daba a Suecia la posesión de la Carelia y la Ingria, formando un corredor continental entre Finlandia y la Estonia, las dos antiguas dependencias suecas en el litoral oriental del Báltico.

Desde este momento concentró sus fuerzas contra Segismundo III de Polonia, quien estaba en guerra con Suecia desde la época de Carlos IX, no sólo por cuestiones dinásticas, sino por rivalidad política y religiosa.

En el curso de doce años, Gustavo Adolfo dilucidó a su favor el problema de la hegemonía en el Báltico y el del protestantismo en el Norte de Europa.

En 1621 conquistó Riga, su primer éxito militar de importancia, y en 1621 avanzó por el litoral de Curlandia.

Después de una tregua eventual, el ejército sueco invadió (1625) Curlandia, Livonia y la Prusia oriental.

Los éxitos militares de Gustavo Adolfo, apoyados por la hábil diplomacia de Richelieu, indujeron a Segismundo III a aceptar la tregua de Altmark (1629), por la que Polonia reconocía la monarquía sueca y le cedía Livonia y los puertos prusianos de Elbmg, Pilíau y Memel, y los derechos de aduana de Danzig.

Después de Altmark, Richelieu logró lanzar el ejército de Suecia al campo de batalla de Alemania.

Gustavo Adolfo secundó los planes del ministro de Francia porque veía en ellos un elemento importante para consolidar la hegemonía de su país en el Báltico y el triunfo del protestantismo en el Reich.

Antes de firmarse el tratado francosueco de Bárwald (enero de 1631), Gustavo Adolfo pasó de la isla de Usedom, en la costa de la Pomerania, al continente, iniciando de este modo la fase sueca de la guerra de los Treinta Años (4 de julio de 1630).

Auxiliado por los electores de Sajonia y Brandeburgo, decididos a su favor a causa del saqueo de Magdeburgo por el ejército imperial, Gustavo Adolfo obtuvo sobre el general Tilly el resonante triunfo de Breitenfeld (17 de septiembre de 1631), el cual estableció la supremacía militar sueca en el Norte de Europa por una centuria.

Después de Breitenfeld, y sin cumplir los compromisos contraídos con Richelieu, Gustavo Adolfo recorrió triunfalmente Renania y Franconia.

En estos días pretendió constituir una especie de estado federal protestante alemán, o por lo menos reunir todas las fuerzas de los protestantes en un Corpus evangelicorum.

Estos brillantes proyectos quedaron inutilizados por su muerte, acaecida en el campo de batalla de Lützen (16 de noviembre de 1632), cuando la victoria se inclinaba de nuevo a favor de sus armas.

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Biografia de Wallenstein Albrecht Von

Biografia de Wallenstein Albrecht Von

Wallenstein Albrecht Eusebius Von (1583-1634), general bohemio que mandó ejércitos imperiales durante las fases danesa y sueca de la guerra de los Treinta Años.

La figura que domina en la historia de Alemania durante la Guerra de los Treinta Años por la vastedad de sus proyectos políticos y la decisión de sus campañas militares es, sin disputa, la de Albrecht Wenceslao Eusebio Wallenstein.

La figura que domina en la historia de Alemania durante la Guerra de los Treinta Años por la vastedad de sus proyectos políticos y la decisión de sus campañas militares es, sin disputa, la de Albrercht Eusebio Wallenstein.

Fue el único que se dio cuenta de la importancia de consolidar la autoridad del emperador para llevar a buen puerto la reorganización nacional ante la invasión extranjera.

Biografia de Wallenstein  Albrecht  Von

Pero Wallenstein, por otra parte, no fue un hombre que se sacrificara a un ideal.

Aventurero y ambicioso, esquematizaba los planes que convenían a su persona, y en este aspecto íntimo es uno de tantos exponentes—aunque sea el más brillante — de los soldados de fortuna que, ora en el campo de la Liga católica ora en el de la Unión evangélica, lucharon más por medrar que por defender uno u otro de los dos credos religiosos en pugna.

Hijo de una familia de estirpe germánica, Wallenstein nació en Herrmanic, población de Bohemia, el 15 de septiembre de 1583.

Sus padres profesaban el luteranismo, por cuya causa él fue educado en el colegio de los Hermanos de la Vida Común en Koschumberg.

Pero al quedar huérfano, uno de sus tíos le mandó al colegio de los jesuítas de Olmütz, donde Wellenstein abjuró la herejía y abrazó el catolicismo.

Su conversión no fue, sin embargo, sincera; en la intimidad Wallenstein era escéptico en materia de religión.

A los dieciséis años ingresó en la universidad de Altdorf.

Luego estudió en Bolonia y en Padua y visitó Francia e Inglaterra; pero nunca obtuvo ninguna licenciatura universitaria.

Dotado de una aguda inteligencia puesta al servicio de una ambición sin límites, creyó satisfacer sus propósitos alistándose en el ejército del emperador Rodolfo II.

Combatió valerosamente en Gran, siendo recompensado con el mando de una compañía.

Pero no le placía subir grado por grado en la jerarquía militar.

De regreso a Bohemia (1606), contrajo matrimonio con la rica heredera Lucrecia Nicosia von Landeck, la cual, al morir (1614), le legó su cuantiosa fortuna.

Entonces auxilió al archiduque Fernando en la llamada guerra de Venecia (1617) con doscientas lanzas equipadas personalmente.

Este hecho y su segundo matrimonio, ahora con Isabel Catalina de Harrach (1624), cuya familia tenía mucha influencia en la corte de Viena, le abrieron un brillante porvenir.

Al estallar la guerra de Treinta Años, Wallenstein se puso al lado del emperador Fernando II.

Fue una jugada de gran visión política, porque después de la gran derrota de los checos en la batalla de la Montaña Blanca (1620).

Wallenstein se benefició del triunfo de su bando político con el rescate de los bienes de su madre y la recuperación de las tierras que le habían sido confiscadas en Moravia.

Al mismo tiempo, se acreditaba de excelente general combatiendo a los
húngaros de Bethlen Gabor que habían amenazado seriamente la ciudad de Viena (1625).

El flamante duque de Friedland (1625) dió nuevas pruebas de su oportunismo político al ofrecer al emperador, al año siguiente, un ejército que combatiría contra los daneses y los protestantes del Norte de Alemania no por la Liga católica, sino exclusivamente por la causa de Fernando II.

Este aceptó tal proyecto.

Después de la victoria alcanzada sobre Mansfeld en la batalla de Dessau (26 de abril de 1626), Wallenstein aniquiló el ejército de Bethlen en Hungría y le obligó a firmar la paz (1627).

Luego se dirigió hacia el Norte, se apoderó del ducado de Mecklemburgo y amenazó Stralsund.

En este momento, propuso a Fernando II la conquista de las ciudades hanseáticas y la creación de una flota capaz de contrarrestar la amenaza sueca.

Y no sólo no fue escuchado, sino que el emperador le destituyó de su cargo de generalísimo (1630).

Durante algún tiempo vjvió fastuosamente en Gitschin, centro de los estados de Friedland, y en Praga.

Los éxitos de Gustavo Adolfo de Suecia y la muerte de Tilly lo presentaron como el único posible salvador de la causa católica en Alemania.

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El rey Gustavo II Adolfo de Suecia fue un gran general y un eficaz administrador. Lideró brillantemente a las fuerzas protestantes en la guerra de los Treinta Años, lo que le valió el apodo de León del Norte.

En abril de 1632 reconstituyó su ejército, y con plena autonomía de decisiones se enfrentó con Gustavo Adolfo.

Fue derrotado en Lützen (16 de noviembre de 1632), lo que infligió un grave quebranto a su prestigio militar.

Sus ulteriores y misteriosas vacilaciones militares, atribuidas a unas negociaciones secretas con los protestantes, Suecia y Francia, promovieron las justas sospechas de la corte imperial.

En el momento en que acababa de proclamar abiertamente su rebeldía, fue asesinado en Eger, el 25 de febrero de 1634, en un motín de la soldadesca.

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La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

La Cultura Burguesa Mercantil en la Edad Media Mercaderes y Banqueros

A menudo tenemos la impresión de que en la Edad Media la iglesia monopolizaba la cultura. La enseñanza, el pensamiento, las ciencias y las artes habrían sido hechas para ellos y por ellos, o por lo menos bajo su inspiración y su control. Falsa imagen que debe corregirse ampliamente.

En realidad el dominio de la Iglesia sobre la cultura solamente fue total durante la Alta Edad Media. Distinta es la situación a partir de la revolución comercial y el apogeo de las ciudades.

Por fuertes que sigan siendo los intereses religiosos, por poderoso que sea aún el cerco eclesiástico, hay grupos sociales antiguos y nuevos con otras preocupaciones, con sed de conocimientos prácticos o teóricos distintos de los religiosos y que crean instrumentos de saber propios y medios de expresión también propios.

mercaderes en la edad media
Ciudad Medieval y su Comercio

El mercader desempeñó un papel capital en el nacimiento y desarrollo de esta cultura laica. Para sus negocios precisa conocimientos técnicos. Por su mentalidad, se dirige a lo útil, a lo concreto y a lo racional. Gracias a su dinero y a su poder social y político, puede satisfacer sus necesidades y realizar sus aspiraciones.

Muchos historiadores han abierto el camino hacia una investigación de la instrucción del mercader y su papel en la historia de la educación. Por ahora solo disponemos de informaciones dispersas sobre un tema capital: las escuelas laicas medievales.

Podemos suponer que, desde muy temprano los burgueses, o sea esencialmente los mercaderes, obtuvieron el derecho de abrir escuelas, y lo utilizaron.

En 1179 existen escuelas comunales en Gante, y la libertad de enseñanza —conquistada a pesar de la resistencia encarnizada de la Iglesia— fue solemnemente reconocida por la condesa Matilde y el conde Balduino IX en 1191.

En general, si bien la Iglesia logró conservar la enseñanza «superior» y parte de la enseñanza «secundaria», tuvo que abandonar la enseñanza primaria. En las parvae scolae o scolae minores —por ejemplo en Ypres, en 1253, está permitido a cualquiera abrir escuelas de este tipo— los hijos de la burguesía mercantil reciben las nociones indispensables a su futuro oficio.

La influencia de la clase mercantil se deja sentir en especial en cuatro campos: la escritura, el cálculo, la geografía y las lenguas vivas.

La escritura
Sabido es cuan unida está la escritura a las necesidades a que responde. Depende estrechamente del medio que la utiliza, es eminentemente un «hecho de civilización». Sabemos que el paso de la escritura antigua, «cursiva antigua», a la escritura de la Alta Edad Media, minúscula Carolina, solo puede explicarse por la sustitución de una civilización por otra. Igualmente, el retorno a la cursiva en los siglos XII y XIII es un hecho integrado en todo el movimiento económico, social e intelectual que conduce al nacimiento de una sociedad nueva.

En la diversificación de escrituras que entonces se produce, junto a la escritura de Cancillería elegante y cuidada, hecha para actos solemnes, y a la escritura notarial, a la vez embrollada y abreviada, debemos conceder un lugar a la escritura comercial, limpia y rápida, que expresa «energía, equilibrio y gusto». Es la que responde a las crecientes necesidades de la contabilidad, de la teneduría de libros y de la redacción de actas comerciales.

Escribirlo todo, escribirlo en seguida y escribirlo bien: he aquí la regla de oro del mercader. Un genovés aconseja a fines del siglo XII: «No debes olvidarte nunca de asentar bien por escrito todo lo que haces. Escríbelo en seguida, antes de que se te haya ido de la mente.»

Y el anónimo florentino del siglo XIV dice: «No se debe tener pereza de escribir». «Scripta manent» es más cierto para el mercader que para nadie. Gracias a él, la escritura, una escritura limpia y cómoda, útil y corriente, ocupa un puesto de primer orden en las escuelas primarias.

El cálculo matemático
Y con la escritura, el cálculo. Su utilidad para el mercader es todavía más evidente. La enseñanza del cálculo comienza con el empleo de instrumentos prácticos que sirven al escolar, y luego al financista y al comerciante, para calcular. Son el abaco y el tablero, «humildes antepasados de las máquinas de calcular modernas».

A partir del siglo XIII se multiplican los manuales de aritmética elemental, como el escrito en 1340 por Paolo Dagomari de Prato, apodado Paolo dell’Abaco. Entre los tratados científicos, hubo algunos que han sido de singular importancia, tanto para la contabilidad como para la ciencia matemática.

fibonacci matematico

Así el Tratado del abaco —líber abbaci— que publica en 1202 Leonardo Fibonacci. (imagen superior) Es un pisano cuyo padre es oficial de aduanas de la Repú blica de Pisa en Bugia, África. Se inicia en las matemática!, que los árabes tomaron de los hindúes, en el mundo cristiano-musulmán del comercio, en Bugia, en Egipto, en Siria y en Sicilia, por donde viaja por negocios.

En su obra introduce el empleo de las cifras árabes y del cero, la innovación capital de la numeración por posición y de las operaciones con fracciones y del cálculo proporcional.

Ampliando más sus estudios, en 1220 publica una Práctica de la geometría. A fines de la Edad Media, Luca Pacioli escribe en 1494 su famosa Summa de Arithmetica, resumen de los conocimentos aritméticos y matemáticos del mundo del comercio; en él se extiende especialmente sobre la contabilidad por partida doble. Mientras tanto, desde 1410 se difunde por Alemania otro manual, el Método de cálculo de Nurentberg.

luca pacioli matematico

La geografía
Otro campo de investigación necesario para el mercader: la geografía práctica, donde se codean los tratados científicos, los relatos de viajes y la cartografía.

Se ha dicho que el famoso Libro de las maravillas de Marco Polo fue uno de los best-sellers de la Edad Media; y el gusto por los libros de aventuras, inclusive novelados, estuvo tan desarrollado en aquel tiempo que pudo asegurar el éxito del libro apócrifo de Sir John Manndeville, donde la imaginación entraba en mucho.

Las escuelas cartográficas genovesas y catalanas produjeron los admirables portulanos, descripciones —acompañadas de mapas— de las rutas marítimas, los puertos y las condiciones de navegación.

En este medio erudito que escribía para especialistas y profesionales provistos de compás, astrolabios e instrumentos astronómicos, nació Cristóbal Colón, quien no partió a la ventura, como quiere la leyenda, sino provisto de un fuerte bagaje de conocimientos y de técnicas que lo llevaban hacia un objetivo determinado.

Para uso del mercader que iba al extranjero habla tratados que enseñaban, por ejemplo, «lo que debe saberse al ir a Inglaterra», como indicaba Giovanni Frescobaldi, mercader-banquero florentino, o «lo que debe saber un mercader que se dirige a Catay», es decir, a China, como escribía en unas páginas famosas Francesco di Balduccio Pegolotti, factor de los Peruzzi.

Las lenguas vulgares
El conocimiento de las lenguas vulgares le es indispensable al mercader para entrar en contacto con su clientes.

Desde muy pronto, los libros y las cuentas se llevan en lengua vulgar, en lengua vulgar se escriben las actas comerciales y, a pesar de la existencia de intérpretes en los principales centros de intercambio, se redactan diccionarios para uso de mercaderes, como un glosario árabe-latino y especialmente un diccionario trilingüe latín, dimano (lengua turca que era la jerga comercial del Mar Negro al Mar Amarillo) y persa.

Al principio, sin duda a causa de la importancia de las ferias de Champaña, la lengua internacional del comercio fue el francés. Pero pronto tomó el primer puesto la lengua italiana, mientras en la esfera hanseática dominaba el bajo alemán.

No es de sorprender que el desarrollo de las lenguas vulgares haya ido unido al progreso de la clase mercantil y sus actividades. El texto más antiguo que se conoce en lengua italiana es un fragmento de las cuentas de un mercader de Siena del año 1211.

La historia
Los mercaderes no se contentan con estos conocimientos básicos. Se interesan por la historia. Ésta les ayuda no solo a glorificar su ciudad y el papel que en ella desempeña su clase, sino también a situar, comprender los acontecimentos que enmarcan su actividad y de los cuales son actores.

En 1338, Giovanni Millani describió en cifras a Florencia, en una página célebre y excepcional: cantidad de habitantes, de barrios, de parroquias, de corporaciones y de miembros de las mismas, número de los negocios más importantes, monto de los impuestos y balance de las finanzas públicas. En el siglo XV, el veneciano Marian Sañudo intentará también valorar en números el poderío veneciano.

Así, junto con los documentos oficiales, los censos y las listas fiscales, la literatura histórica alimenta —aun cuando los datos sean a veces erróneos— a la pobrísima estadística medieval. Se ha observado un hecho impresionante: «que la historiografía florentina del siglo XIV es el monopolio casi exclusivo de los hombres de negocios».

Hombres de negocios son Diño Compagni, Giovanni y Matteo Villani, Giovanni Frescobaldi, Donato Velluti y Marchione di Copo Stefani, quienes, en cada generación, redactan crónicas precisas, basadas en datos reales, en las cuales el autor, aun cuando sea parte, no se conforma solo con palabras.» De este modo, junto a los cronistas atentos solo a los hechos políticos y religiosos, nace una categoría de historiógrafos preocupados por lo económico.

Los manuales de comercio
Ciertos mercaderes confiaron sus conocimientos y sus experiencias en manuales de inestimable valor. Estas Prácticas del comercio enumeran y describen las mercancías, los pesos y medidas, las monedas, las tarifas aduaneras y los itinerarios.

Proporcionan fórmulas de cálculo y calendarios perpetuos; describen los procedimientos químicos para fabricar aleaciones, tintes y medicinas; aconsejan tanto sobre la forma de defraudar al fisco, como el modo de comprender y utilizar los mecanismos económicos.

Están inspirados por un vivo sentimiento de la dignidad de los mercaderes; ya hemos visto algún ejemplo de los mismos.

Los más célebres son italianos. Son las Prácticas del comercio de los flbreritinds Francosco di Balduccio Pegolotti, que fue factor de los Peruzzi en Famagusta, en Brujas y en Londres, y de Giovanni di Antonio da Uzzano; El libro de las mercancías y usos de los diversos países, atribuído a Lorenzo Chiarini; y una obra veneciana anónima, Tarifa y conocimiento de los pesos y medidas de las regiones y países que se dedican al comercio en el mundo

Todo este bagaje intelectual, todas estas herramientas culturales siguen vías divergentes de las de la Iglesia: conocimientos técnicos profesionales y no teóricos y generales; sentido de la diversidad y no de lo universal, que conduce, por ejemplo, al abandono del latín por las lenguas vulgares; busca de lo concreto, de lo material y mensurable.

La Iglesia no comienza a sentirse inquieta e incómoda hasta que el auge comercial influye en el reclutamiento universitario. Las Facultades más frecuentadas son las que conducen a los oficios laicos o semilaicos más lucrativos: la Facultad de Derecho y la de Medicina. La primera forma a los notarios, tan necesarios en el siglo xm a causa de la abundancia de contratos comerciales. La segunda desemboca en un oficio con frecuencia mixto de médico y boticario: el droguista, que a menudo es el más solicitado en la sociedad burguesa.

La racionalización
El historiador Renouard ha destacado que la cultura mercantil condujo a la laicización, a la racionalización de la existencia. El escenario, el marco de la vida dejaba de ser coloreado por la religión. Los ritmos de la existencia ya no obedecían a la Iglesia.

Medir el tiempo se convertía en necesidad para el mercader; y la Iglesia se revelaba inhábil para ello. Un calendario regulado por fiestas móviles era muy poco cómodo para el hombre de negocios.

El año religioso comenzaba en una fecha que oscilaba entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Los mercaderes precisaban puntos de partida y referencias fijas para sus cálculos y para establecer los balances.

Eligieron entre las fiestas litúrgicas una fiesta secundaria, la Circuncisión, e hicieron que sus cuentas comenzaran y acabaran el l9 de enero y el l9 de julio.

La Iglesia había determinado también las horas por las estaciones y las oraciones que les correspondían. Maitines, Prima y Ángelus se regulaban con el sol y variaban durante el año. Las campanas respondían a los cuadrantes solares.

El mercader necesitaba un cuadrante racional dividido en doce o veinticuatro partes iguales. Él fue quien favoreció el descubrimiento y la adopción de los relojes de repique automático y regular. Florencia lo tuvo desde 1325, Milán en 1335, Padua en 1343, Genova en 1353 y Siena en 1359.

Una cultura de clase
Sin embargo, sea cual fuere su influencia sobre el desarrollo de la enseñanza, no debe creerse que la clase mercantil intentara beneficiar con su cultura a todo el mundo.

Ya la especialización originaria, unida al deseo de conservar esos famosos secretos que quería guardar celosamente, la conducían a un aprendizaje interno: el que recibían sus hijos, al salir de la escuela primaria, en la tienda paterna o junto a asociados o colegas extranjeros.

Y esta enseñanza práctica, reservada a los hijos de los mercaderes-banqueros, demuestra que la movilidad social en el mundo de los negocios en la Edad Media no fue tan grande como se ha dicho a veces.

Y la imposibilidad de hacer que sus hijos recibieran en las escuelas religiosas una formación técnica apropiada y, sobre todo, también el deseo que pronto sintieron de manifestar su rango social mediante la segregación escolar, llevó a los mercaderes a apelar a preceptores y hacer que sus hijos recibieran lecciones particulares en su propia casa.

La arquitectura
Donde primero imprimió su huella la burguesía fue en la arquitectura. La Alta Edad Media había visto surgir dos tipos de monumentos: la mansión señorial, el castillo-fortaleza; y el edificio religioso, la iglesia.

Desde ahora se desarrollarán otras dos categorías de monumentos: la arquitectura civil pública y la casa patricia. Esta última solo progresivamente se fue desprendiendo del carácter militar de la Alta Edad Media. Tanto la preocupación defensiva como el deseo de prestigio, habían llevado a los primeros ricos ciudadanos a construir esas casas ornadas de torres cuyos restos sorprendentes vemos aún en San Gimigniano.

En efecto, las torres son un signo deslumbrante de la asimilación de la rica burguesía a la nobleza. Convertidos en propietarios rurales, los mercaderes de Messina hicieron fortificar su granja, como Perrin Auchier en Longchamps entre 1313 y 1325, como los Hesson en el dominio de Brieu hacia 1318.

Esta costumbre pasa de Italia a Alemania: en el siglo XV, unas cuarenta casas burguesas de Regensburg tienen torres. Pero pronto los palacios de los patricios pierden gran parte de su aspecto militar.

Sin embargo, el temor a los motines o a los asaltos y el deseo de garantizar el secreto de la actividad interna de los mercaderes, hizo que en Florencia los palacios de los Médicis y de los Strozzi conservaran un aspecto severo que tiene algo de fortaleza.

En Siena, numerosos palacios de grandes familias de mercaderes, como el palacio Salimbeni, están todavía provistos de almenas. Sin embargo, las ricas mansiones de los patricios se abren hacia el exterior por todas partes, mediante ventanas, galerías o logias donde los mercaderes ofrecen a sus conciudadanos el teatro suntuoso de sus ceremonias familiares: bodas y funerales.

Como la logia de los Guinigi en Luca. La búsqueda de la elegancia se manifiesta sobre todo en los admirables patios interiores, que son una de las primeras manifestaciones del espíritu del Renacimento.

En Venecia, libre de los temores de motín o de guerra entre sus muros, la búsqueda de materiales, de ligereza y de suntuosidad en las fachadas se manifestó con más brillo, como testimonia todavía el extraordinario despliegue de mármol y piedra a lo largo del Gran Canal.

La pintura
También la pintura llevó la marca del mecenazgo de los mercaderes. La encontramos en las iglesias, en las capillas donde celebraban sus ceremonias privadas y se hacían enterrar las grandes familias del comercio y de la banca, capillas cuyos muros hacían adornar con frescos: capilla de los Peruzzi y de los Bardi en Santa Croce, de los Scrovegni en Padua (donde desplegó su arte Giotto), de los Strozzi y de los Pazzi en Santa María Novella; capillas Brancacci en Santa María de Carmine (donde Nasaccio revolucionó el arte del fresco); capilla del palacio Médicis donde Benozzo Gozzoli representó a los miembros de la ilustre familia en el fresco de los Reyes Magos; coro de Santa María Novella done Ghirlandaio nos conservó los rasgos puros y serenos de las mujeres de la familia Tornabuoni.

En efecto; en el arte del retrato la clientela burguesa influyó profundamente en la pintura. Sentimientos piadosos y gusto por el prestigio lkvaron por igual al mercader a hacerse representar en los cuadros.

El mercader comparte con el noble y el clero de alto rango el deseo de aparecer bajo los rasgos del donante y hacerse inmortalizar en él. A veces, como en el tríptico de Meling «El Juicio Final», en el cual Tommaso Portinari y su mujer son pesados por el arcángel San Miguel, el mercader entra en la acción del cuadro. Pero los mercaderes sienten más que los otros el deseo de imponer a los contemporáneos y a la posteridad su presencia eternizada.

A ellos no les basta con hacerse representar a veces —raramente— con los atributos de su función, como el famoso pesador de oro y su mujer, o —lo que es más frecuente— en medio del lujo de sus interiores burgueses, como en el célebre cuadro de Van Eyck que representa a Arnolfini y su mujer. Ellos, que no tienen, como los nobles, los obispos y los abades, armaduras, emblemas, mitras o cruces que simbolicen su rango social, ponen más atención en que se reproduzcan exactamente sus rasgos.

El realismo del retrato, que responde también a otras causas de la evolución de la pintura, refleja el deseo del mercader que encarga un retrato, de ser reconocido gracias al parecido. No quiere que se le pueda confundir con otro, del mismo modo que en los negocios afirma la originalidad y el valor de su firma comercial.

Le gusta que en los cuadros se le represente en el escenario de su hogar, con los ricos muebles y los objetos cotidianos; y ese escenario, a la vez familiar y rico, desborda sobre la pintura religiosa.

Las vírgenes de la Anunciación y los santos retirados del mundo son representados como burguesas y burgueses en su hogar; tal, San Jerónimo, que abandona la gruta de la pintura primitiva por un despacho de mercader humanista. Le gusta también verse rodeado de su familia,sobre todo de sus hijos, prenda de la continuidad de su casa, de sus negocios y de su prosperidad.

A Arnolfini lo pintan junto a su mujer encinta, detalle realista, pero también símbolo de fecundidad, como la Madonna de Montercbi de Piero della Francesca.

Fuente Consultada: Mercaderes y Banqueros en la Edad Media de Jacques Le Goff – Editorial Universitaria de Buenos Aires

Lucha Por La Libertad en Inglaterra Fin del Absolutismo

Lucha Por La Libertad y Derechos en Inglaterra
Fin del Absolutismo

El régimen inglés ha sido considerado como modelo de las modernas democracias.

Son características de la democracia inglesa:

— el empeño en mantener él poder político limitado y controlado;
— el celo por la guarda y defensa de las libertades individuales y locales;
— la importancia dada al Parlamento como órgano de representación popular y de control de la acción gubernamental.

El espíritu y las instituciones de la democracia inglesa son fruto de un largo proceso, cuyas principales etapas señalaremos.
En el siglo XII se produce un crecimiento del poder real. Los antiguos privilegios y derechos de las ciudades y de la nobleza se ven avasallados por el absolutismo de los monarcas.

Enrique II Plantagenet lleva su absolutismo hasta querer avasallar a la Iglesia. Se encuentra con la oposición de Tomás Becket, arzobispo de Canterbury y Gran Canciller del Reino, que cuenta con el apoyo de prelados y nobles que no admiten el control del rey en los asuntos eclesiásticos. La oposición fue dominada mediante el asesinato del arzobispo Becket.

rey juan sin tierraA la muerte de Enrique II hereda el trono Ricardo Corazón de León, de carácter temerario, que aumenta di descontento al imponer nuevos tributos para el mantenimiento de sus ejércitos.

Su sucesor fue su hermano, Juan sin Tierra, quien pretende imponer grandes contribuciones para reconquistar las tierras perdidas en la Bretaña.

La medida es resistida; los representantes de la nobleza, del clero y de los burgos y las ciudades elevan sus peticiones y demandas a la Corona, pero el rey no las acepta.

Los nobles forman una liga con el apoyo de la Iglesia y de las ciudades.

Organizan un ejército, el «Ejército de Dios y de su Santa Iglesia», se apoderan de la ciudad de Londres, y en junio de 1215 lo obligan a firmar un documento, conocido como Carta Magna, por él que el rey reconoce sus derechos y libertades y se compromete a respetarlos.

La Carta Magna

Por la Carta Magna, Juan sin Tierra se compromete para siempre, en nombre propio y de sus sucesores, a satisfacer las demandas de los nobles, devolver la libertad a la Iglesia, y reconocer y respetar los derechos y privilegios de las ciudades y burgos.

Las cláusulas más importantes establecen:

— que la Iglesia de Inglaterra será libre y gozará de todos sus derechos.
— declaración de derechos, libertades y garantías para todos los nobles del reino y para sus bienes.
— restitución a la ciudad de Londres de «todas sus antiguas libertades y costumbres libres, tanto por tierra como por agua».
— restitución de sus antiguos privilegios y libertades a las demás ciudades, burgos y puertos.
— compromiso de no imponer nuevos tributos sin el consentimiento del Consejo Común del reino, previa consulta a arzobispos, obispos, abades, condes y grandes barones del reino.
— restitución de tierras o bienes a quienes se les hubiera despojado injustamente y la promesa de no hacer expropiaciones en el futuro sin previa indemnización.
— declaración de que ningún hombre libre podrá ser privado de su libertad si no es acusado judicialmente y con testigos, ni podrá ser juzgado sino por sus pares, de acuerdo con las leyes.
— las multas y castigos deberán ser proporcionales a las faltas y delitos.
— todos los hombres libres podrán, sin inconvenientes, entrar y salir del reino, y comerciar libremente.

la carta magna en 1215

Establece, además, la formación de un Consejo de veinticinco miembros, elegidos por los barones, que cuidarán la fiel observancia de los compromisos contraídos por el rey.

La carta magna es un documento típicamente feudal. Sin embargo es considerado como un antecedente democrático por cuanto delimita y controla al poder real y afianza el principio de la superioridad de la ley sobre el rey. Además, abrió camino para nuevas concesiones.

La carta no fue lealmente observada por Juan sin Tierra y fue abiertamente violada por su hijo Enrique III.

Otra vez se rebelaron prelados y nobles, quienes dirigidos por Simón de Montfort obligaron al rey, en 1258, a convocar el Gran Consejo del Reino y a firmar los llamados Estatutos de Oxford.

En estos Estatutos se determinaba:

— el Gran Consejo o Parlamento se reuniría tres veces al año.
— además de nobles y clérigos, estarían representadas en él las ciudades y burgos.
— los grandes dignatarios serían nombrados cada año por el Parlamento y deberían dar cuenta a él de su gestión.

Enrique III no cumplió lo establecido en los Estatutos. Hubo una nueva rebelión, encabezada también por Simón de Montfort. Los ejércitos del rey fueron vencidos, y aunque no fue depuesto, el gobierno efectivo fue ejercido por Simón de Montfort.

Simón de Montfort en 1265 convocó un Gran Parlamento al cual enviaron sus representantes no sólo la nobleza y el clero, sino también las ciudades. Este es el origen del actual Parlamento inglés.

Enrique III se vio obligado a confirmar los Estatutos de Oxford.

La declaración de derechos

La Carta Magna y los Estatutos de Oxford no impidieron que el absolutismo volviera a Inglaterra.

Jacobo I, de la dinastía de los Estuardo, partidario del más crudo absolutismo y sostenedor de la teoría del «derecho divino de los reyes», procuró imponer el anglicanismo por la fuerza y desató una cruel persecución religiosa. Impuso fuertes impuestos, chocó con el Parlamento que pretendía defender sus derechos y acabó por disolverlo.

Carlos I, hijo de Jacobo I, fue de tendencias igualmente absolutistas. Sin embargo el Parlamento en 1628 logró que el rey firmase la Petición de Derechos, por la que se ratificaba el contenido de la Carta Magna y además se establecía que nadie podría ser condenado sin escuchar antes su defensa y que la ley marcial no sería aplicada en tiempos de paz. El Rey no cumplió sus compromisos.

A causa del despotismo de Carlos I estalló la guerra civil. El rey fue condenado a muerte y decapitado en 1649.

El Parlamento asumió el gobierno, estableció la República Inglesa, elaboró el llamado «Instrumento de Gobierno», que se puede considerar la primera constitución escrita, y confió el poder a Oliverio Cromwell nombrándolo Lord Protector. Este, apoyado por su ejército, en lugar de aplicar el Instrumento de Gobierno estableció una dictadura.

Restablecida la monarquía, el rey Carlos II sancionó la ley de Habeas Corpus en 1679 por la que se establecía:

— los jueces, a solicitud de los familiares, o de otros interesados, estaban obligados a librar un mandamiento por el cual el carcelero debía mostrar en persona al detenido y exhibir la causa de su prisión.
— si esta causa no existía, debía ser liberado inmediatamente.
— ninguna persona, una vez puesta en libertad por el juez competente podía ser nuevamente encarcelada por el mismo delito.

En 1687, Jacobo II que había sucedido a su hermano Carlos sancionó la Declaración de Libertad de Conciencia por la que se ponía fin a la persecución que venían sufriendo los católicos desde el tiempo de Jacobo I y se concedía libertad a todos los credos religiosos en Inglaterra.

La actitud del rey, que era católico, provocó protestas y un levantamiento. El rey se vio obligado a huir. El trono fue declarado vacante y ofrecido a Guillermo III de Orange. El ofrecimiento fue acompañado por la Declaración de Derechos que el monarca debía comprometerse a respetar.
Guillermo III aceptó el ofrecimiento. Al año siguiente fue proclamado rey y fue promulgada la Declaración de Derechos.

Dicha Declaración establecía:

— la autoridad real no podía suspender las leyes, ni dispensar a nadie de su cumplimiento sin el consentimiento del Parlamento.
— el rey no podía mantener ejércitos sin consentimiento del Parlamento, ni imponer nuevos tributos.
— los subditos tenían derecho a presentar peticiones al rey.
— la elección de los miembros del Parlamento debía ser libre y debía haber libertad en el debate parlamentario.
— el Parlamento debía ser convocado para sancionar, derogar o modificar las leyes.

Además la ley que promulgaba la Declaración de Derechos establecía normas para la sucesión del trono y declaraba que ningún católico romano podría llegar a la corona.

Fuente Consultada:
Educación Democrática de Argentino Moyano Coudert – Texto Para 3º Año – Tercera Edición- Editorial Guadalupe

Dinastía Capeto en Francia Historia, Origen y Conquistas

ORIGEN E HISTORIA DE LA DINASTIA CAPETOS EN FRANCIA

ORIGEN DINASTÍA DE LOS CAPETOS: En tanto los reyes carolingios perdían su poder en Francia, una dinastía poderosa se formaba en la comarca de París.

Un guerrero alemán, Roberto el Fuerte, nombrado conde para defender el territorio comprendido entre el Loire y el Sena, había sido muerto combatiendo a los piratas.

Su hijo Eudes, conde de París, defendió esta ciudad contra los ataques normandos y fue reconocido rey.

Pero el arzobispo de Reims no quiso consagrarle. Esperó a que el último descendiente de los carolingios, Carlos, tuviera quince años e hizo que le reconocieran rey los obispos y los señores del nordeste de Francia.

Durante un siglo, el título de rey de los francos fue disputado entre la familia carolingia y la de Roberto. Le ostentó el hermano de Eudes, Roberto (922-923); luego, el cuñado de Roberto, Raúl (923-926).

Pero el jefe de la familia, Hugo, llamado el Grande, no quiso tomarle, y durante cuarenta años más le abandonó a príncipes carolingios.

Por último su hijo, Hugo Capeto, se puso de acuerdo con el arzobispo de Reims para hacerse reconocer rey (987). El rey Luis V había muerto, pero quedaba su tío Carlos, duque de Lorena.

El arzobispo de Reims reunió en Senlis a los obispos y a los señores del Norte de Francia y les decidió a elegir a Hugo rey de los francos (1 de junio).

Luego le coronó en la Iglesia de Noyon en presencia de los obispos y de los grandes y el 3 de julio le consagró en la catedral de Reims.

Carlos intentó resistir y hubo combates. Pero fue traicionado y entregado a Hugo, que le conservó prisionero hasta que murió.

Hugo fue entonces reconocido rey en todo el reino de Francia. Sus descendientes le sucedieron de padre a hijo durante más de trescientos años. De esta suerte, la dinastía de los carolingios fue sustituida por la de Hugo, que se llamó mucho tiempo después de los Capetos.

El título de rey no era enteramente hereditario. Cada nuevo rey, antes de ser coronado, había de ser reconocido por los obispos y los principales señores del reino, y a esto se decía elegir.

Pero cuando el rey tenía un hijo, siempre se le elegía. Para mayor seguridad, los reyes tomaron la precaución de hacer elegir y consagrar a su hijo en vida. El padre y el hijo reinaban juntos en este caso.

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Hugo I Capeto (c. 938-996), rey de Francia y fundador de la dinastía de los Capetos. Era hijo de Hugo el Grande, conde de París, a quien sucedió en el año 956.

Su señorío sobre diversos feudos alrededor de París y de Orleans le convirtieron en virtual monarca de Francia, y cuando Luis V, último rey de la dinastía Carolingia, murió en el 987 sin dejar heredero.

La dinastía de los Capetos, que gobierna en Francia desde el 987 hasta 1328, fortalece el poder real al reafirmar los principios de la herencia, la primogenitura y la indivisibilidad de las tierras de la Corona.

hugo capeto

A la muerte de Hugo Capeto (996), su hijo Roberto el Piadoso le sucede sin dificultades, continuando la obra de su padre. Su biógrafo, nos ha dejado un retrato de él que lo representa, a la vez, desbordante de actividad y muy piadoso.

Aunque le gusta cantar acompañándose con el laúd, adora la caza y la guerra. No teme exponerse él mismo con ocasión de las expediciones de su reinado.

Sumiso ante la Iglesia, no vacila en incurrir en anatema, a causa de la pasión que siente por su prima Berta, por la que repudia a su primera mujer.

Solamente la esterilidad de su unión con Berta le obliga a casarse con Constanza de Arles, conocida por su avaricia y por su carácter agrio.

Llamado el Piadoso, se muestra, sin embargo, muy atento a los intereses temporales de la corona.

Si apoya el movimiento en favor de «la paz de Dios», es porque ve en él una tentativa muy interesante, salida del seno de la Iglesia y apoyada por la opinión pública, para limitar el azote de las   guerras   incesantes   entre   los   señores.

Blandiendo la amenaza del anatema, los obispos multiplican los obstáculos a la guerra feudal.

Al mismo tiempo, Roberto el Piadoso lucha personalmente contra la anarquía desarrollada por los señores feudales en su propio dominio, y no vacila en hacer arrasar los castillos que amenazan a las colectividades monásticas.

En el exterior, sus intervenciones son menos fáciles; bajo su reinado se inicia la oposición feudal, tan nefasta luego para la monarquía capeta. Especialmente amenazador resulta Eudes II, conde de Blois y de Chartres. El rey no puede hacer nada contra él cuando se anexiona la Champaña, cercando así el dominio real.

El sucesor de Roberto el Piadoso, su hijo Enrique I (1031-1060), carece del valor de su padre. No ha podido hacer frente a los poderosos adversarios con que ha tenido que enfrentarse.

Se ha atraído la reprobación de la Iglesia por su avidez, que lo ha impulsado a vender los obispados y otras dignidades eclesiásticas.

Aunque coronado con varios años de anticipación, ve cómo le disputa el trono su hermano más joven, Roberto, que goza de la preferencia de su madre, la reina Constanza.

Los grandes vasallos están encantados de participar en esta crisis familiar; el conde de Blois entra en la liza a favor de Roberto, y sus rivales, el duque de Normandía, el conde de Anjou y el conde de Flandes, permanecen fieles al rey.

Finalmente, Enrique I logra sus objetivos, indemnizando a su hermano con el ducado de Borgoña.

Pero la guerra continúa hasta 1044 contra Eudes de Blois, y luego, durante varios años, contra los hijos de éste.

Para recompensar el apoyo de Roberto el Diablo, duque de Normandía, durante la guerra contra el conde de Blois, el rey de Francia le cede el Vexin francés.

Esta nueva amputación de su dominio no se le agradece, pues el sucesor de Roberto el Diablo, Guillermo el Bastardo, futuro conquistador de Inglaterra, se revela como su más feroz enemigo.

El ejército real sufre dos humillantes derrotas en el país normando: una, en Mortimer, y otra, en el vado de Varaville, sobre el río Dive.

La guerra no ha terminado todavía, cuando Enrique I muere, el 4 de agosto de 1060, legando a su hijo menor, Felipe I, una situación más grave que la encontrada por él, a su subida al trono. Su reinado ha representado un incontestable retroceso del poder real.

La regencia, confiada al conde de Flandes, Balduino V, conoce una relativa tranquilidad.

El feudalismo fortifica sus posiciones; en el interior del dominio real, un pequeñoseñor, como el de Puiset, podrá tener en jaque a Felipe I. Un acontecimiento de excepcional gravedad caracteriza este período: la conquista de Inglaterra por el duque de Normandía, Guillermo, el más poderoso de los grandes vasallos.

Desde entonces, el duque de Normandía se convierte en el igual del rey de Francia, y la rivalidad de ambos reinos va a determinar la actitud del gobierno capeto, así como sus relaciones con el feudalismo, tanto si los grandes vasallos permanecen neutrales como si adoptan uno u otro partido.

Sin embargo, Felipe I supo aprovecharse del tiempo de respiro que le dejó Guillermo el Conquistador, demasiado ocupado en la reorganización de Inglaterra, para intervenir con eficacia en el continente; se esforzó en realizar, del mejor modo, un programa de beneficios materiales y de adquisiciones, explotando las rivalidades y el desorden.

Concede su alianza al mejor postor, acrecentando así el dominio real.

En el momento en que Felipe I habría podido aprovecharse de la crisis que atravesaba el reino anglo-normando, a consecuencia de la rivalidad de los hijos de Guillermo el Conquistador por la sucesión paterna, se aisló en una extraña inercia, que contrasta con la actividad de los primeros años de su reinado.

Según el historiógrafo Suger, abad de Saint-Denis, se convirtió en un «esclavo del placer».

Repudió a su mujer, Berta de Frisia, en 1092, V llevó una vida de voluptuosidad con su nueva esposa, Bertrada de Montfort, que había quitado al marido, Fulco el Rechin, conde de Anjou. Así, con una gran prudencia, Felipe I supo restablecer en su reino una situación que, a su subida al trono, se anunciaba desastrosa.

Bajo su reinado, se pueden apreciar incluso las primicias de una centralización; da una mayor importancia a los oficiales de palacio, sus altos funcionarios, e inicia una especialización de los cargos.

LAS GRANDES CONQUISTAS DEL DOMINIO REAL

Para los primeros Capetos, hacer respetar su autoridad significaba poseer la fuerza material capaz de imponérsela a sus vasallos. Disponiendo de un dominio bastante restringido, la realeza capeta sólo cuenta con escasos recursos financieros.

Dar nuevas tierras en feudo, para constituir fuerzas militares superiores, es arriesgarse a debilitar aún más el patrimonio real, como han probado anteriores experiencias.

La conquista o la anexión por vía diplomática son los únicos medios para triunfar sobre las pretensiones de sus vasallos. Roberto el Piadoso inaugura brillantemente esta política con la conquista de Borgoña.

En 1002, el duque de Borgoña, Enrique, tío de Roberto, muere sin heredero. Su sucesión es reivindicada por el rey y por un vasallo de Enrique, el conde de Borgoña, Otón-Guillermo.

Ambos competidores se enfrentan, y se suceden varias campañas. Por fin, Roberto el Piadoso acaba la conquista, en 1016, y confía la administración del ducado a su hijo Enrique, aunque él se reserve la soberanía.

Desgraciadamente, Enrique I lo cederá en feudo a su hermano Roberto, tronco de una nueva casa ducal de Borgoña, perdiendo así todo el beneficio de la hazaña paterna.

Enrique I agregó al dominio real el condado de Sens, al faltar un heredero directo.

Felipe I se anexiona al Gatinais, en 1068, aprovechando un conflicto entre los dos pretendientes a la sucesión del conde de Anjou; poco tiempo después, le toca el turno a Corbie, reivindicada en vano por el conde de Flandes; en 1077, se apropia del Vexin francés; en 1101, compra Bourges a su vasallo el conde de Bourges, que necesita dinero para marchar a la Cruzada. Pone así el pie en Aquitania, y prepara la extensión de la influencia capeta en el sudoeste.

El camino a seguir está claro; los brillantes sucesores de estos primeros Capetos, cuya historia se conoce mal, a decir verdad, por falta de documentos suficientes, van a continuar esta política de conquista y anexión, y no está lejos el tiempo en que la jurisdicción del poder real coincida con las fronteras de Francia.

Fuente Consultada:
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III edit. CODEX – La Dinastía Capeto de Francia

Hugo Capeto Política de Gobierno en Francia Biografía

BIOGRAFÍA DE HUGO CAPETO REY DE FRANCIA: SU GOBIERNO

Hugo I Capeto (c. 938-996), rey de Francia y fundador de la dinastía de los Capetos. Era hijo de Hugo el Grande, conde de París, a quien sucedió en el año 956. Su señorío sobre diversos feudos alrededor de París y de Orleans le convirtieron en virtual monarca de Francia, y cuando Luis V, último rey de la dinastía Carolingia, murió en el 987 sin dejar heredero. La dinastía de los Capetos, que gobierna en Francia desde el 987 hasta 1328, fortalece el poder real al reafirmar los principios de la herencia, la primogenitura y la indivisibilidad de las tierras de la Corona.

 

hugo capeto

HISTORIA: Al morir Luis V, mortalmente herido a consecuencia de una caída del caballo, deja otra vez el destino de Francia a discreción de la casa otoniana de Alemania, donde reina el nieto de Otón el Grande. Por la línea sucesoria, la corona francesa seria para el  último pretendiente carolingio, tío  de  Luis  V,  llamando Carlos, duque  de  la Baja Lorena, quien pronto es separado de la sucesión, pues la corte alemana desconfía de él; el hijo de Hugo el Grande, Hugo Capeto, casado con una carolingia, Adelaida de Poitiers, es elegido rey de Francia, gracias al apoyo del arzobispo de Reims, Adalberón, a sueldo de la casa otoniana (987).

Hugo Capeto sólo dispone, en el momento de su subida al trono, de una autoridad muy reducida, a menudo puramente nominal, sobre la mayor parte de las provincias del reino. Francia está entonces en el apogeo del régimen feudal; se reparte entre una quincena de grandes dominios, verdaderos principados provinciales, gobernados por dinastías hereditarias. Estas unidades territoriales escapan a la acción real, y se subdividen, a su vez, en una multitud de señoríos vasallos, cuyos titulares han usurpado, asimismo, los derechos de la Corona. De este modo, en el norte, los condados de Flandes y de Champaña y el ducado de Borgoña se anexionan numerosos condados vasallos, más o menos autónomos.

El azar de las sucesiones y de las particiones ha provocado situaciones complicadas; el conde de Champaña es, al mismo tiempo, vasallo del duque de Borgoña por su condado de Troyes. El oeste se encuentra repartido entre una serie de principados, algunos ya muy firmes: el ducado de Normandía, al que se ha ligado la mayor parte de los condados; el vizcondado de Tours; el condado del Maine; el condado de Anjou, que, bajo el gobierno de Fulco Nerra, se convertirá en uno de los grandes feudos del oeste; la Bretaña, codiciada por los principados vecinos, repartida entre los condes de Nantes y de Rennes.

Al sur del Loira, se distinguen cinco Estados principales: el ducado de Aquitania, que sólo impone su autoridad sobre el condado de Poitiers, pues los otros condados y señorías viven de manera absolutamente independiente, a pesar de los lazos de vasallaje; la Gascuña, que pretende ser un ducado, compuesta por un conjunto de condados y de vizcondados autónomos; la marca de Toulouse; la marca de Gothia, que difícilmente hace respetar sus derechos por los condes vasallos; y la marca de España, completamente extraña a los asuntos del reino.
Además de estas grandes unidades principales, sobre las que Hugo Capeto no tiene más que una soberanía ilusoria, la Iglesia representa una fuerza con la que hay que contar. De 77 diócesis, el rey no designa más que 20 ó 25 titulares, pertenecientes casi todos a las provincias eclesiásticas de Reims y de Sens. Su poder sobre la Iglesia es, pues, limitado. Los obispos gozan, además, de una verdadera independencia, pese al poder de los grandes señores, dueños de los obispados.

LA POLÍTICA DE HUGO CAPETO
El poder real sigue muy borroso, bajo la estrecha dependencia del feudalismo y de la Iglesia. Le falta una sólida base territorial, sin la que le es difícil triunfar en caso de un conflicto con los señores feudales. El dominio real, constituido, a la vez, por las tierras que Hugo posee personalmente y por la herencia carolingia, sólo comprende las regiones de París, Senlis, Poissy, Etampes y Orleans, con algunos anejos excéntricos, las comarcas del Aisne y del Oise, con Compiégne, Reims y Laon. Sin embargo, el obispo de Reims es el amo de su ciudad, así como de la de Laon, concedida por Hugo Capeto; también buen número de pequeños vasallos laicos, sin contar los señores de menor importancia, ejercen el poder auténtico en sus dominios.

En tales condiciones, todo el esfuerzo de los primeros Capetos va a centrarse sobre el engrandecimiento real. Aunque, en la práctica, los grandes vasallos son los iguales  del  rey,  jurídicamente  le  son  inferiores, y aquél puede exigirles el servicio de corte y convocarlos en asambleas; sólo él puede promulgar ordenanzas comunes a todo el reino; su justicia es superior a cualquier otra. Además, por su consagración, adquiere un prestigio y una autoridad moral que lo diferencian de sus vasallos.

Desde el primer año de su reinado, Hugo Capeto se apresuró a asegurar el porvenir de su dinastía, resucitando, en provecho propio, una costumbre carolingia: asocia a su hijo mayor, Roberto, a la realeza. Repetida de generación en generación, esta práctica asegura la herencia por la vía de la costumbre.

Así, Roberto asociará a su hijo Hugo, muerto prematuramente, luego a Enrique I, el cual hará consagrar, en vida, a su hijo Felipe, aunque es todavía menor de edad. Desde entonces, ya no es necesaria ninguna elección; más aún, no se vuelve a considerar la idea de un reparto entre los hijos ‘ del difunto. Cuando uno de los reyes desaparece, el otro hereda todo el poderío real y todo el reino.

Sin embargo, la nueva dinastía se enfrenta, desde el principio, con el pretendiente carolingio, Carlos de Lorena, tío del rey precedente. Hugo Capeto sólo le vence después de varios años de esfuerzos, gracias a la traición del obispo de Laon, Ascelino. Este último le entrega a Carlos de Lorena, así como a su mujer y sus dos hijos, instalados en Laon gracias a las intrigas mantenidas con un bastardo carolingio, Amoldo. Desembarazado de su competidor, Hugo Capeto se vuelve contra Arnoldo, a quien, con la esperanza de atraérselo, había nombrado obispo de Reims, a la muerte del titular.

Hace que un concilio lo deponga, cosa que provoca cierta emoción en la corte pontificia, pues no podía reprochársele a Amoldo ninguna falta de orden eclesiástico que justificara este proceso. El papa interviene en la disputa y quita la razón al rey. El hijo de éste, Roberto, arreglará la cuestión. Para evitar la excomunión que lo amenaza, a causa de su «unión incestuosa» con su prima Berta, hace restablecer a Amoldo en su cargo; pero no le valdrá de nada, y le alcanzará un anatema por este matrimonio contrario a los cánones. Sin embargo, Hugo Capeto se ha mantenido firme contra el papa, y prohibe a sus prelados acudir a Roma cuando aquél los convoca.

Además, fija la orientación de la política capeta en relación con sus vasallos. Se esfuerza en aumentar el dominio real, a favor de la extinción de las dinastías locales, y se  anexiona  así Dreux. Interviene, como arbitro, en la guerra que opone a dos de sus grandes vasallos, el conde de Anjou y el conde de Blois.

Hugo Capeto muere en 996, le sucede su hijo Roberto el Piadoso.

Fuente Consultada:
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III edit. CODEX – La Dinastía Capeto de Francia

Vasallos y Señores Feudales El Contrato Feudal Obligaciones

OBJETIVOS DEL CONTRATO FEUDAL: DERECHOS Y OBLIGACIONES

Desde el siglo VIII y especialmente en el IX, la Europa occidental, debilitada por la ruptura de la unidad política del Imperio carolingio, debió afrontar el peligro de nuevas invasiones. A diferencia con los del siglo V, estos nuevos ataques de los pueblos del este no tenían como objetivo fundamental ocupar y dominar los territorios que invadían, sino efectuar actos de pillaje en busca de botín. Por lo tanto, no se desplazaban con sus tribus completas sino en grupos o bandas de saqueadores.

Esto les permitía actuar con gran velocidad y luego, de asestar sus golpes regresaban rápidamente a sus guaridas. Los ejércitos occidentales adiestrados para una guerra de tipo convencional, poco o nada pudieron  hacer para impedir los ataques  sorpresivos de  los  invasores. Las tribus que asolaron al decadente imperio fueron las de los normandos, los húngaros o magiares, los sarracenos y los eslavos.

contrato feudal edad media

Diversas regiones europeas debieron enfrentar al enemigo con sus propias fuerzas y esto determinó una creciente autonomía con respecto a! poder del monarca. Esos territorios que el rey había confiado a la nobleza para que los gobernara, no tardaron en ser considerados como una propiedad privada. Condes, marqueses y otros nobles procuraron erigirse en jefes hereditarios de dominios reales entregados a su custodia.

Así se fue debilitando aún más la unidad política del antiguo Imperio carolingio y esto favoreció el surgimiento de feudos, base de una nueva organización con marcada tendencia a la autonomía.

EL MUNDO MEDIEVAL

La división del Imperio carolingio y las nuevas invasiones favorecieron el advenimiento de un nuevo régimen político y social llamado feudalismo, que predominó en Europa desde los albores del siglo X hasta el XV (final de la Edad Media). El poder del Estado, que antes había pertenecido exclusivamente al rey, en el nuevo régimen se distribuyó entre los señores feudales La falta de buenas vías de comunicación y la inexistencia de ejércitos permanentes impidieron a los reyes defender con eficacia las fronteras de sus Estados.

Entonces, los ricos propietarios asumieron por cuenta propia la protección de sus intereses, para lo cual organizaron sus fuerzas militares y construyeron recintos fortificados (castillos) donde podían albergarse junto con sus servidores y rebaños. Todo esto contribuyó a debilitar aún más la autoridad del rey, al mismo tiempo que aumentaba el poder de los señores locales.

Los campesinos y los pequeños propietarios, incapaces de organizar sus defensas, se agruparon alrededor de los castillos y solicitaron el amparo de los castellanos. Estos otorgaban dicha protección, pero les exigían la entrega de sus tierras, la prestación de ayuda militar y el acatamiento de su poder. En recompensa por estos servicios, los señores devolvían las tierras a sus protegióos, pero éstos no las recibían ya como propias, sino en calidad de feudos, es decir, sujetas a las condiciones establecidas en el contrato feudal.

El que daba las tierras se llamaba señor feudal y el que recibía el feudo era vasallo o servidor.

El pacto se formalizaba mediante el homenaje, ceremonia en la que el vasallo se arrodillaba desarmado ante su señor, colocaba sus manos entre las de éste y le juraba fidelidad y acatamiento. Al mismo tiempo le cedia simbólicamente sus propiedades mediante la entrega de un terrón,  una rama,  un cetro, etcétera.

Acto seguido, el señor transformado en propietario de los bienes de su vasallo, se los volvía a encomendar en calidad de feudo, y le concedía la investidura, devolviéndole el símbolo que había recibido.

Señores y vasallos
En el contrato feudal se establecían los mutuos compromisos entre el señor y el vasallo. Este último estaba obligado a prestar servicio militar y debía acompañar a su señor en la guerra, dentro y fuera del territorio. Por el compromiso de fidelidad no podía luchar contra él ni contra sus hijos. Además tenía que comparecer como asesor en el tribunal del señor a fin de ayudarle a resolver los casos difíciles.
El vasallo no podía desvalorizar el feudo ni perjudicarlo, y estaba obligado a participar en el rescate del señor si era hecho prisionero; también pagar por el casamiento de la hija y para equipar al primogénito cuando era armado caballero.

Por su parte, el señor debía ofrecer a su vasallo protección y justicia. No podía atacarlo ni insultarlo, como tampoco perjudicar sus bienes. Si el vasallo moría, el señor colocaba bajo su tutela a los hijos menores, protegía a la viuda y procuraba casar a las hijas. Si faltaba a estos deberes cometía el delito de felonía. Pero los derechos del señor eran mayores, pues podía recuperar el feudo en caso de que el vasallo muriera sin herederos o no cumpliera con el contrato.

E! señor gozaba de muchos privilegios, pues administraba justicia, acuñaba su moneda y ejercía el monopolio del horno y del molino, donde ios campesinos debían dejar una parte de los productos o pagar un impuesto. También percibía otros derechos, tales como el del tesoro (metales preciosos hallados en sus dominios), naufragio (barcos hundidos en sus playas), salvoconducto (para viajar), caza, sello señorial, etc.

 En la antigüedad, los romanos tenían por costumbre ceder tierras en pago de servicios militares. En la Edad Media, cuando los germanos invadieron el Imperio, las tierras quedaron repartidas entre los conquistadores Algunas se mantuvieron liberadas de toda obligación personal y se llamaron alodios (posesión antigua). Otras imponían la obligación de prestar «determinados servicios» al donante y se denominaron beneficios. En el siglo IX, el régimen de beneficio y vasallaje se hizo general, estimulado por las razones políticas y sociales que liemos visto, y por el Edicto de Mersen dictado por Carlos el Calvo en 847. Este autorizaba a los hombres libres a elegir un señor «protector» dentro o fuera del reino. En   877,   el   Edicto   de   Kiersy   reconoció   los   grandes   feudos  y   declaró   hereditarios   los   cargos   señoriales.

rescisión del contrato feudal

AMPLIACIÓN DEL TEMA:

La unión de hecho, entre el beneficio y el vasallaje, toma carácter de una práctica normal. El desarrollo de un ejército pesado de caballeros contra la amenaza árabe, cuyo armamento cuesta muy caro, las luchas casi constantes, habían llevado a Carlos Martel y a sus sucesores a multiplicar el número de sus vasallos y a gratificarlos, paralelamente, con una concesión de tierras, bajo la forma de beneficio gratuito y vitalicio.

Para hacer frente a tales distribuciones de tierras, los Carolingios las tomaron masivamente del patrimonio de la Iglesia, hasta que ésta protestó violentamente. Esta forma de retribución, con objeto de disponer de guerreros bien armados, es ampliamente imitada por los grandes señores eclesiásticos y laicos (duques, condes, grandes propietarios, obispos, abades). Incluso los vasallos empiezan a tener otros vasallos, en vista de la importancia de los bienes raíces puestos a su disposición. El servicio del vasallo se especializa cada vez más en el servicio militar. Se encuentran también vasallos empleados en misiones políticas o judiciales, o en tareas administrativas.

En esta sociedad, guerrera y muy creyente, se desarrolla una verdadera mística del vasallaje, consistente en una devoción absoluta por el señor. Hay pocos casos que autoricen a un vasallo a dejar a su señor, al que se ha consagrado para toda la vida. Con mayor razón, está prohibido contraer este tipo de lazos con varios señores.

El beneficio es casi siempre una propiedad raíz; sin embargo, un vasallo puede recibir otro beneficio, por ejemplo el derecho de cobrar tasas. La tierra entregada en beneficio es de una superficie variable; en general, comprende una docena de mansos —el manso era la medida de una explotación campesina, y equivalía a unas 10 a 18 hectáreas—, pero puede también consistir en uno o varios dominios, o en una abadía.

Emperadores, reyes y particulares se han preocupado celosamente de conservar sus derechos de propietarios sobre las tierras concedidas o beneficiadas. A finales del siglo IX, los derechos del vasallo sobre su beneficio siguen siendo, en teoría, los de un usufructuario. Pero, cada vez más, el vasallo tiende a comportarse como propietario: así, la confiscación en caso de mala ejecución de las obligaciones del vasallo, o la recuperación del beneficio, a la muerte del vasallo o a la del señor, se convierten en una prueba de fuerza.

El vasallo exige del nuevo señor seguir siendo su recomendado, y recibir el mismo beneficio; igualmente, el hijo de un vasallo muerto entra en el vasallaje de su señor, y de él recibe el beneficio obtenido por su padre. El beneficio adquiere, pues, un carácter hereditario. También, con objeto de obtener un mayor número de beneficios, el vasallo contrata varios compromisos de vasallaje, a pesar de la prohibición inicial. De esta manera, el beneficio, que en su origen no tenía otra razón de ser que hacer más eficaz el servicio del vasallo, a finales del siglo ix se convierte casi en la condición de dicho  servicio.

LA MULTIPLICACIÓN DE LOS VASALLOS
El desarrollo del vasallaje y la concesión de beneficios a los vasallos fueron el resultado de una política consciente seguida por los Carolíngios, que creían así reforzar su propia autoridad. Ellos integraron, pues, el vasallaje en el mismo cuadro de las instituciones del Estado, a fin de cubrir las deficiencias de éstas.

Multiplicaron el número de los vasallos reales, obispos, abades v grandes señores, ligados directamente al rey; exigieron de todos los altos funcionarios—condes, marqueses, duques—que entraran en su vasallaje; pidiendo a todos sus subditos que se entregaran a un vasallo real, Carlomagno y sus sucesores establecieron una verdadera red de vigilantes en el Imperio, logrando con ello una nueva estructura social y política. Cada uno de sus subditos, desde el más grande al más humilde, entró, así en una red de subordinación, cuyo término era el emperador. Pero la gran pirámide de los derechos y las responsabilidades que los Carolingios esperaban construir, se reveló ilusoria.

En efecto, las obligaciones de vasallaje terminaron por ser más absorbentes que las debidas al soberano; entre éste y sus subditos se interponían pantallas sucesivas. Los sistemas de dependencia utilizaban el frágil mecanismo del Estado; la idea del contrato recíproco había sido sustituida por la idea del poder absoluto; el cumplimiento, por el rey, de sus deberes, se convierte en la condición necesaria de la obediencia de sus vasallos. Desde entonces, los lazos de vasallaje no podían ser ya el cimiento de la jerarquía social construida por los Carolingios, pues eran discutibles.

Por último, y esto era lo más grave, los que ostentaban la autoridad pública habían conquistado una autonomía cada vez mayor, gracias a la «vasallización» de sus cargos. Duques, marqueses y condes, entrando en el vasallaje real, se encontraron a la cabeza de las donaciones de tierras, en dos categorías: las que ellos recibían en beneficio, como vasallos, y las que estaban agregadas a sus cargos, a guisa de salario. Intentaron entonces conservar el conjunto de sus dotaciones, e identificar sus «honores»—término que designaba, a la vez, la función pública y la dotación de ésta—con sus beneficios.

Los «honores», antiguamente recibidos del rey como beneficios, al ser entregados de modo continuo, siguieron la misma evolución que la posesión de vasallaje: de vitalicios, se convirtieron en hereditarios. El personal político perdió, desde entonces, la noción del carácter público ligado a las funciones; se provincializó y conquistó su autonomía dentro del cuadro de su castillo. Así se han desarrollado los esquemas del feudalismo: principados, castellanías, dominios eclesiásticos y una serie innumerable de  pequeñas  dominaciones  locales.

En el siglo’ x, el sistema de las instituciones de vasallaje llegó a su completo desarrollo. Se sitúa, entonces, la primera época propiamente feudal, que durará hasta el siglo XIII. Y es precisamente en el siglo X cuando se extiende la palabra feudo, que reemplaza a la de beneficio, y que dará su nombre al feudalismo.

Fuente Consultada:
HISTORIA I José Cosmelli Ibañez Editorial Troquel
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo III edit. CODEX El Feudalismo

Canuto I El Grande Rey de Inglaterra Biografía Resumida

BIOGRAFÍA DE CANUTO I EL GRANDE REY DE INGLATERRA

Canuto I el Grande o Canuto II nació en 994 y murió en 1035, sucedió a su padre en la corona como rey de Inglaterra (1016-1035), al morir su hermano mayor se convirtió en rey de  Dinamarca (1018-1035) y finalmente de Noruega (1028-1035). Era hijo de Sven I Barba de Horquilla, rey de los daneses, conquistó Inglaterra en 1013.

Un órgano que asesoraba a los reyes anglosajones, conocido como Witenagemot reinstauró en Inglaterra al rey Elteredo II, y Canuto se retiró. Regresó en 1015 y pronto sometió toda Inglaterra, excepto Londres. Después de la muerte de Etelredo en 1016, los londinenses nombraron rey a su hijo Edmundo II.

Canuto el Grande rey de Inglaterra

Canuto, hijo del rey danés Sven I, se convierte en rey de Inglaterra tras el fallecimiento casi consecutivo del monarca anglosajón Etelredo II y del hijo de éste, Edmundo II. Canuto reinará asimismo hasta el año de su muerte (1035) en Dinamarca y en Noruega.

ANTECEDENTES: En Inglaterra ocurrió un grave hecho en el siglo XI: la invasión de los daneses. Así fue como Canuto el Grande (1017-1035) se coronó rey de Inglaterra y Dinamarca.

Los sajones recuperaron luego el poder, pero su vinculación con Normandía derivó en la coronación de su duque, Guillermo I, como rey de Inglaterra. Es decir que, en forma simultánea, Guillermo terminó reinando sobre ingleses y normandos (1066).

Como el ducado de Normandía estaba en territorio francés, la coronación de Guillermo generó muchos conflictos entre ingleses y franceses. La situación se agravó con el casamiento de la hija de Enrique I con Godofredo de Plantagenet, conde de Anjou.

El hijo de ambos, Enrique II, terminó heredando la corona inglesa (1154), a la que además de Normandía se le sumó Anjou, también en territorio francés. En Francia, la dinastía de los Carolingios fue perdiendo poder, hasta que el último de ellos, Luis V, murió en un accidente de caza. Los señores feudales no eligieron a su hijo como nuevo rey, sino que designaron a uno de ellos, el duque de París: Hugo Capeto. En un principio, Hugo gobernaba sobre un pequeño territorio: París y Orleáns.

En el resto mandaban los señores. Pero con el tiempo, la monarquía fue extendiendo sus dominios. Con Luis VI, el gordo (1108-1137), Francia consiguió la poseción de todos los territorios del sudoeste del país. Y con Felipe Augusto (1180) logró apoderarse de Normandía y Anjou.

BIOGRAFIA: Al finalizar el siglo X, las invasiones danesas se renuevan bajo la forma de incursiones y piraterías, a las que el rey sajón Ethelredo intentó poner dique pagando pesados tributos a los invasores; pero este medio se reveló tan inútil como costoso, y, en 1013, el rey de Dinamarca, Sweyn, decidido a someter a todo el reino anglosajón, lanzó una ofensiva general; necesitó menos de un año para conseguir sus fines y obligar a Ethelredo a refugiarse en la corte del duque de Normandía.

Pero el rey danés  murió brutalmente,  y  su hijo Canuto, que lo había secundado en todas sus campañas, prefirió retirarse momentáneamente a Dinamarca, donde su hermano mayor acababa de ser  nombrado rey, con el objeto de reforzar su ejército.

En 1017, a la cabeza de tropas frescas, sólidamente armadas, volvió a hacerse a la mar y, tras una serie de victoriosas campañas, expulsó al hijo de Ethelredo del trono de Inglaterra y se hizo coronar rey; se casó casi inmediatamente con Emma, viuda entonces de Ethelredo, descartando así eventuales oposiciones a su usurpación.

La muerte de su hermano mayor lo puso a la cabeza del reino de Dinamarca, y una guerra victoriosa, dirigida diez años después contra el rey Haraldo de Noruega, le aseguró la corona de este país.

Así, Canuto el Grande reunió bajo su cetro un inmenso reino, promoviendo un notable incremento de los intercambios marítimos en el mar del Norte; pero este reino, demasiado disperso para ser sólidamente unificado y bien defendido, no debía sobrevivir a su creador.

En lo que se refiere a Inglaterra, Canuto fue un prudente administrador, conservando las costumbres y la organización que los anglosajones le habían legado, haciendo establecer los primeros códigos ingleses, consolidando el ejército y la marina, sosteniendo a los clérigos.

Solamente fue cambiado el personal dirigente, y los daneses ocuparon desde entonces todos los altos puestos, de los que se había separado a la nobleza anglosajona.

 

Enrique IV de Inglaterra Monarquia Lancaster Resumen

Monarquía de Enrique IV de Inglaterra – Lancaster – Resumen

Monarca típico de la gran crisis política inglesa conocida con el nombre de guerra de las Dos Rosas. Eduardo IV fue rey de un bando y no de una nación. Sin embargo, supo granjearse una popularidad notable entre los ciudadanos de Londres por sus modales amables (actitud política) y la protección que en todo momento prestó a los intereses mercantiles de la ciudad. Debido al carácter enconado de la guerra civil, fué severo, aunque no cruel. Como hombre del Renacimiento, implantó en Inglaterra el primer tipo de monarquía despótica que conoció aquel reino y que luego había:: de ampliar los Tudor.

Enrique IV de Inglaterra

Enrique IV (de Inglaterra) (1367-1413), rey de Inglaterra (1399-1413), de la Casa deLancaster.Enrique nació en el castillo de Bolingbroke en abril de 1367; hijo de Juan de Gante, duque de Lancaster. Desde 1387 hasta 1390 fue el jefe de la facción que se oponía a su primo el rey Ricardo

Antecedentes: Gobernaba entonces Inglaterra, Ricardo II, el sucesor de Eduardo III, que pretendía imponer su poder absoluto con eran despliegue. Se había rodeado de una guardia personal de diez mil galeses, y trataba de reducir la influencia del Parlamento. Su reinado acabó violentamente.

Enrique de Lancaster, nieto de Eduardo III, lo obligó a abdicar. El rey usurpador necesitó afirmarse en el trono; como la nobleza se le oponía, buscó apoyo en la clase burguesa, la cual exigió que la Cámara de los Comunes interviniera en forma más decisiva en el gobierno. Ya que Francia apoyaba a sus enemigos tuvo que reanudar la guerra.

ENRIQUE LANCASTER DE INGLATERRA: ENRIQUE IV

Enrique   de   Lancaster transcurrió su juventud en un ambiente de intrigas, aventuras y batallas. Hijo de Ricardo, duque de York, y de Cecilia Neville, nació en Ruán el 28 de abril de 1442, y se educó en la residencia de Ludlow, en Inglaterra, de la que tuvo que fugarse cuando, habiéndose iniciado la guerra de las Dos Rosas entre los partidarios del rey Enrique VI Lancáster y los de su padre, éste fue derrotado en Ludlow el 12 de octubre de 1459.

Compañero   de juegos de Ricardo, era en todo un hombre distinto. Político frío y cínico, será el adversario de todas las causas defendidas por su primo, como la paz de Francia y la disminución del poder parlamentario.

Ricardo, que regresó precipitadamente de Irlanda, se encontró terriblemente aislado. Previendo su pérdida, quiso negociar.

Con la promesa de indultar a los rebeldes y convocar el Parlamento, él creyó que recobraba la suerte; pero, una vez en Londres, fue encerrado en la Torre y retenido como prisionero.

Ante el Parlamento, Enrique esbozó un negro cuadro del mal gobierno del rey. Reivindicó para él la corona, siéndole reconocida por la asamblea en octubre de 1399.

Después de esto, apoyándose en una vieja tradición, pretendió ser el heredero legítimo de Enrique III Plantagenet, haciendo correr la especie de que su hijo mayor había sido apartado del trono porque era jorobado.

Por el mismo motivo, se adornó con el título de rey de Francia, al cual le daba derecho un parentesco lejano y dudoso.

Coronacion de Enrique Lancaster

Ricardo II vacila en reanudar la guerra contra Francia; además, se niega a lanzar una represión feroz contra los lollardos. Esta ausencia permanente de decisiones rebaja el prestigio de la dinastía, ha nobleza se rebela y permite al primo del rey, Enrique de Lancaster, usurpar el trono para derribar «la tiranta de Ricardo I». Este momento es el comienzo de largas querellas dinásticas que van a debilitar a Inglaterra durante varios decenios. Ricardo II entrega su corona y su reino al duque de LancasterMiniatura—París, Biblioteca Nacional.

Esperando poder reivindicar la corona francesa por las armas, necesitaba asentar su situación interior, y para eso eran necesarias grandes precauciones; las asambleas parlamentarías y los consejos de barones eran convocados sin cesar, por lo que el gobierno carecía de libertad de acción.

Para satisfacer al clero, introdujo en Inglaterra la persecución religiosa, dirigida contra los herederos de Wiclef. Sin embargo, hasta el fin de su reinado, Enrique IV tendrá que combatir la rebelión de sus subditos; el rey, privado del poder, contaba aún con numerosos partidarios, y su muerte, por inanición, no impediría la rebelión de la familia de los Percy, en el norte, y después la de Essex.

Más grave todavía fue, en el año 1400, la sublevación del país de Gales, que no se apagaría hasta nueve años después. Seguidamente, las fuerzas reales iban a agotarse luchando contra Escocia.

Después, cuando el rey, a partrr del año 1408, se siente debilitado por la enfermedad, su heredero, el futuro Enrique V, es quien se impone, aliándose con sus tíos en contra de su padre.

Sin embargo, cuando a la muerte de Enrique IV, sube al trono su hijo, se revela como un capitán notable y un hábil administrador, que, gracias a una Inglaterra pacificada, se propone cumplir los designios del primero de los soberanos Lancaster: la conquista de Francia.

De sus subditos ingleses, el rey espera el apoyo necesario para el cumplimiento de sus ambiciones territoriales. Una rebelión fomentada por los últimos partidarios de Ricardo fue sofocada con el advenimiento de Enrique.

Después de lo cual, habiendo sublevado a la opinión pública contra los franceses desleales, el rey obtiene amplios subsidios del Parlamento y consigue reunir ejército y flota.

La muerte de Enrique V, en 1422, después de haber llevado a cabo la mayor parte de su programa, iba a volver a hundir al país en los azares de una minoría de edad, comprometiendo para siempre los sueños de hegemonía francesa alimentados por los Plantagenet.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ricardo II de Inglaterra Biografia Gobierno Resumen

Ricardo II de Inglaterra – Biografía y Gobierno – Resumen

El esfuerzo exigido de Inglaterra por Eduardo III para llevar a cabo sus proyectos en el continente, el resultado desgraciado de la primera fase de la guerra de los Cien Años, la perturbación social provocada por la invasión de la Peste Negra y, por último, la conmoción religiosa típica de la segunda mitad del siglo XIV en Inglaterra y el resto de Europa, abrieron un grave paréntesis en la historia inglesa, el cual finalizó con la instauración de la dinastía de los Lancásters.

Este período de crisis y convulsiones fue presidido por la figura del último Plantagenet: Ricardo II, nieto de Eduardo III e hijo del Príncipe Negro y de Juana de Kent (nacido el 6 de enero de 1367, en Burdeos).

Desprovisto de apoyo, violento, fantástico y orgulloso, Ricardo no era el hombre apropiado para hacer frente a los acontecimientos. No carecía de energía ni de visión política; pero estas cualidades eran anuladas por su temperamento arrebatado y pasional, ora encendido en el delirio de la ira, ora abatido en el

Después de la muerte de Eduardo III Inglaterra comenzó a experimentar la inestabilidad interna de las facciones aristocráticas, semejantes a las que estaban haciendo naufragar a otros países europeos.

Los primeros años del reinado del nieto de Eduardo, Ricardo II (1377-1399), comenzaron de manera poco propicia con la revuelta campesina que sólo terminó cuando el rey hizo concesiones.

Eduardo III de Inglaterra

Eduardo III (1312-1377), rey de Inglaterra (1327-1377), iniciador de la larga contienda con Francia denominada guerra de los Cien Años. Nació en Windsor el 13 de noviembre de 1312 y era el hijo mayor del rey Eduardo II, de la Casa de Plantagenet.

Ricardo II de Inglaterra

Creado príncipe de Gales el 20 de noviembre de 1376, heredó la corona de Inglaterra a la muerte de su abuelo Eduardo III, acaecida el 21 de junio de 1377. Tenía entonces diez años de edad. La regencia fué ejercida por un consejo nombrado por el Parlamento; pero, en realidad, quienes gobernaron — o desgobernaron — fueron los tíos del joven soberano, con el famoso Juan de Gante, duque de Lancaster, a su cabeza.

El reinado de Ricardo II se vio turbado por grupos de nobles que sólo perseguían sus propios intereses.

Una facción, encabezada por Enrique de Lancaster, derrotó a las fuerzas del rey y, luego, lo depuso y lo mató. Enrique de Lancaster se convirtió en el rey Enrique IV (1399-1413). En el siglo XV, este conflicto entre facciones condujo a una devastadora guerra civil, conocida como la Guerra de las Rosas.

RICARDO II DE  INGLATERRA: En 1386, el rey Ricardo II era un joven voluntarioso, pero no aparecía todavía en él una idea política muy clara.

Mientras que en Francia, en la misma época, los príncipes de sangre real disputaban al rey, demasiado débil, la supremacía del país, en Inglaterra los barones se levantaban frente a un soberano todavía indeciso.

La primera fase de la lucha marcará la victoria de los señores sobre Ricardo II, inhábil y mal secundado.

Ricardo II de Inglaterra

Ricardo II (1367-1400), rey de Inglaterra (1377-1399), cuyo reinado estuvo marcado por la desunión del país y la guerra civil. Era el hijo menor de Eduardo, príncipe de Gales (conocido como el Príncipe Negro) y de Juana, llamada la ‘Hermosa Dama de Kent’. Nació el 6 de enero de 1367 en Burdeos (Francia). Fue nombrado príncipe de Gales en el año 1376, a la muerte de su padre, y puesto bajo la custodia de su tío Juan de Gante, duque de Lancaster.

La nobleza, compuesta de prelados, del tío del rey, Tomás de Gloucester y de su primo Enrique de Lancaster, se enfrentará con algunos jóvenes aristócratas, compañeros de juegos del soberano.

El Parlamento, favorable al partido de la nobleza, impondrá al rey la tutela de un comité de señores; habiendo intentado Ricardo resistirse, Gloucester habló de deponerlo.

Un simulacro de guerra civil terminó con el exilio de todos los favoritos, quedando los puestos importantes en manos de los barones.

Ricardo decidió inclinar la cabeza bajo la tormenta, esperando que las discusiones interiores enfrentasen a los aliados.

Con ocasión de las negociaciones de la tregua de Leulinghen, el rey consiguió sacudirse el dominio de los varones; las ambiciones demasiado grandes de éstos amenazaban con hacer fracasar toda reconciliación, y Ricardo II quería la paz a cualquier precio.

Como su esposa, Ana de Bohemia, a la que amaba tiernamente, acababa de fallecer, el rey pedía la mano de la hija de Carlos VI, la pequeña princesa Isabel, que tenía apenas cinco años.

Ricardo dirigió una expedición militar a Irlanda con el fin de restaurar la soberanía inglesa sobre esa isla, en 1394. La reina Ana murió en ese mismo año. En 1396 se firmó la alianza matrimonial entre Ricardo e Isabel, princesa de Francia. Ricardo arrestó al Duque de Gloucester en 1397 y lo mantuvo prisionero en Calais, donde murió, probablemente asesinado.

En el año 1396, al ser prorrogadas las treguas por veintisiete años, tuvo lugar  la entrevista de Carlos y de Ricardo.

Espléndidas fiestas realzaron esta reconciliación, y el rey de Inglaterra se hizo, en toda Europa, el campeón de Francia. Desgraciadamente, en su país nadie aprobaba la política del soberano.

No obstante, la dote de Isabel había llenado los cofres reales y Ricardo podía vislumbrar un espléndido desquite sobre los que le habían humillado tanto algunos años antes.

En julio de 1397, los principales jefes de la nobleza hostil fueron detenidos, exiliados o muertos: entre ellos, Gloucester, que fue asesinado en Calais.

El rey exigió de todos sus subditos un juramento solemne e impuso pesadas multas a los condes que habían sostenido a sus rivales. Sin embargo, cometió el error de castigar duramente a su primo Enrique de Lancaster, exiliándole y apoderándose, al mismo tiempo, de su enorme herencia.

En 1399, partió para castigar a los amotinados irlandeses. Lancaster aprovechó esta ausencia para desembarcar con un puñado de partidarios, proclamando que deseaba únicamente entrar en posesión de su herencia. Todo el mundo se unió a su causa.

La de Ricardo II estaba perdida. Ricardo fue confinado, en secreto, en el castillo de Pontefract, lugar en que murió, en febrero de 1400 de inanición o asesinado.

Durante su gobierno los movimientos sociales perturban también a Inglaterra. La guerra se iba haciendo demasiado larga y costosa. Las clases económicamente débiles no encontraban apoyo en el Parlamento.

Sus miembros representaban a los privilegiados, y sólo sabían aumentar los impuestos.

Un violento estallido se produce al fin: cien mil campesinos avanzan sobre Londres entregados al saqueo. El ejército termina con esta rebelión. Todo fracasa.

movimiento campesino Tyler en Inglaterra

Inglaterra tampoco se libra de las luchas internas. El hijo del Príncipe Negro, Ricardo II, choca desde el comienzo de su reinado con una terrible revuelta, «la rebelión de los Braceros», dirigida en Londres por Wat Tyler. Varios miles de campesinos sublevados ponen sitio a Londres y consiguen, incluso, penetrar por sorpresa en la ciudad. El rey, que había podido huir por el Támesis, tuvo que aceptar verbalmente numerosas concesiones para disolver aquel ejército de rebeldes. La represión fue muy dura. Tyler murió a manos del alcalde de Londres, William Walwath.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años

Batalla de Agincourt en la Guerra de los Cien Años

La famosa Batalla de Agincourt o Batalla de Azincourt, fue un importante encuentro bélico-militar  durante la guerra de los Cien Años, el 25 de octubre 1415, entre un ejército inglés bajo el mando del rey Enrique V y otro francés bajo las órdenes de Carlos D’Albret, Condestable de Francia.

Batalla de Agincourt en la Guerra de Los 100 Años.En el momento del encuentro, el ejército de Enrique V, debilitado por la enfermedad y por el hambre, retrocedía hacia Calais, donde el rey planeaba embarcarse para Inglaterra. El ejército inglés, formado por unos 6.000 hombres, la mayor parte de los cuales eran arqueros ligeramente equipados, fue interceptado por D’Albret, cuyo ejército de unos 25.000 soldados constaba principalmente de caballería pesada y de infantería.

Durante la Guerra de los Cien Años, ,luego del Tratado de Brétigny, que casi no se cumplió en 1374 los franceses recuperaron sus territorios perdidos, aunque la propia Francia continuó siendo asolada por «compañías libres» de mercenarios quienes, al no ser ya pagados por los ingleses, sencillamente se dedicaron al pillaje y a pedir rescates.

Sin embargo, a medida que transcurría el tiempo, parecía que la guerra llegaba a su fin, sobre todo cuando, en 1396, se negoció una tregua de veinte años. Sin embargo, en 1415 el rey inglés Enrique V (1413-1422) reinició la guerra.

En la Batalla de Agincourt (1415), los franceses sufrieron una desastrosa derrota y 1500 nobles franceses murieron cuando los caballeros franceses con sus pesadas armaduras metálicas trataron de embestir a través de un terreno convertido en lodazal a causa de una tupida lluvia. Enrique reconquistó Normandía y forjó una alianza con el duque de Burgundia, que convertía a los ingleses en dueños del norte de Francia.

La aparente causa perdida francesa pasó a manos de Carlos el delfín (título dado al heredero del trono francés), que gobernaba las dos terceras partes sureñas de las tierras francesas desde Bourges. Carlos era débil y tímido, e incapaz de azuzar a los franceses contra los ingleses, los cuales, en 1428, se habían desplazado hacia el sur y estaban sitiando la ciudad de Orleáns, para ganar acceso al valle del Loira. El monarca francés fue salvado inexplicablemente por una campesina francesa, Juana de Arco.

ANTECEDENTES DE LA BATALLA: Inglaterra iba a lanzarse a la conquista del reino de Francia. Ricardo II, llamado Ricardo de Burdeos, hijo del Príncipe Negro, había sucedido a su abuelo Eduardo III. A pesar del valor y la inteligencia del muchacho, su edad le impediría reinar en persona durante largos años. Después, había de dejarse ganar por su propensión al despotismo; abandonado de todos, arrojado en prisión, el rey veía cómo le sucedía su primo, Enrique de Lancaster, coronado con el nombre de Enrique IV.

El segundo soberano de esta dinastía será Enrique V, quien, con el deseo de ocupar en una guerra los ánimos turbulentos de sus compatriotas, reanudará la lucha contra Francia. El contraste entre el desgraciado Carlos VI y Enrique de Inglaterra es grande; éste era no sólo hombre de cuerpo sano y robusto, sino de «voluntad altiva», de espíritu realista y alma de soldado avezado a los combates desde su más tierna edad. A la anarquía, a la arrogancia francesa, el rey respondió: «Si los franceses han dormido demasiado, yo iré a despertarlos de madrugada».

El 2 de agosto de 1415, embarcaba en el «Trinity». Como su bisabuelo Eduardo, Enrique desembarcó en Normandía. Se apoderó de Honfleur, el gran arsenal, a pesar de la resistencia heroica de la ciudad. Los Armañacs habían llegado a reunir cerca de Ruán un ejército más numeroso que el de los invasores, a pesar de la ausencia de los elementos adictos a los borgoñones. Los ingleses, deseando evitar el mal tiempo en suelo enemigo, se retiraron hacia el norte, y el ejército francés partió, alocada y alegremente, en su persecución.

Enrique lo esperó a pie firme; escogiendo el lugar de combate y la hora del ataque, forzó a los caballeros franceses, encerrados en un espacio demasiado estrecho, a echar pie a tierra. Esta masa de hombres, embutida en sus armaduras, deslumbrada por el sol, fue acribillada por los lanceros y los arqueros británicos. La caballería armañac perdió diez mil de los suyos.

Sólidamente protegidos por sus armaduras, los caballeros franceses ponían su pundonor en combatir a caballo, dejando generalmente a la «gente de a pie» el cuidado de desembarazar un poco el campo. Arrojado a tierra, el caballero estaba considerado como perdido; sin la ayuda de uno o varios escuderos, le era imposible, teniendo en cuenta el peso de su armadura, volverse a colocar en su montura. Un contemporáneo podía decir que un «caballero en tierra se parecía mucho a un cangrejo

Las tropas francesas estaban en desventaja a causa de sus pesadas armaduras, lo estrecho del campo de batalla, el terreno embarrado debido a una fuerte lluvia y las fallidas tácticas de sus oficiales, especialmente al usar formaciones cerradas contra un enemigo móvil. Esta batalla se contará entre las más sangrientas de la Edad Media.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Batalla de las Espuelas de Oro Causas y Consecuencias

Batalla de las Espuelas de Oro – Causas y Consecuencias

La Batalla de las Espuelas de Oro tuvo lugar el 11 de julio de 1302 cerca de Kortrijk, y enfrentó a las ciudades rebeldes de Flandes y al ejército de Felipe IV de Francia. Los franceses fueron derrotados y las espuelas de los caídos fueron el trofeo que dio nombre a esta batalla. Esta batalla fue la expresión militar de la rebelión contra la voluntad de Francia de anexionarse Flandes. En 1300, Felipe IV nombró gobernador a Jacques de Chatillon y el conde de Flandes Van Dampierre fue hecho prisionero junto con sus hijos.

Imagen de la Batalla Espuelas de Oro

Los ingleses tenían aún la Guyena; en 1293, estalló la guerra con Eduardo I. Como éste se había aliado con el conde de Flandes, peligroso obstáculo para las intenciones del rey de Francia, los franceses  ocuparon  aquella  región.  Flandes  era, con Italia, el país más rico de la Edad Media.
Dueño del territorio, Felipe se dispuso a conservar el país. Pero Flandes obtenía su riqueza de la industria textil y utilizaba las lanas importadas de Inglaterra. Un violento patriotismo levantó al país, amenazado en sus intereses.
En 1302, los residentes franceses fueron ahorcados en Brujas. Para castigar a aquellos «mendigos», el rey reunió a su ejército. Presuntuosos, seguros de su fuerza, los caballeros franceses cargaron contra la infantería burguesa. Ante sus espléndidos galopes, los flamencos aparentaron huir. Los franceses sólo vieron la trampa cuando el suelo desapareció bajo las patas de los caballos, que fueron tragados por un enorme foso. Los que querían frenar a sus caballos resultaban impelidos por quienes, inconscientes del peligro, llegaban detrás.
Los infantes flamencos pudieron regresar entonces y rematar a los caballeros, trabados e impotentes. Varios millares de espuelas de oro fueron recogidas sobre el campo de batalla de Courtrai (1302). Dos años después, Felipe IV consiguió recobrar la ventaja en Mons-en-Pevéle, pero esta ventaja no era decisiva. Prefirió firmar la paz, conservando sólo Lille y Douai. Los problemas de Flandes y de Guyena no estaban, por lo tanto, arreglados, y fueron el origen de la Guerra de los Cien Años.
A la muerte de Felipe IV, en 1314, la monarquía francesa estaba sólidamente establecida. El poder del rey era incontestable en el interior del reino. Quince años iban a arruinar los esfuerzos de un siglo. Ya, viviendo Felipe, el escándalo había estallado en la Corte de Francia. Las tres nueras del rey fueron acusadas de adulterio.
El rey fue implacable: tras haber sido peladas, Margarita y Juana de Borgoña fueron arrojadas a un calabozo para el resto de sus días. Pero, de los tres hijos y sucesores de Felipe, es decir, Luis X, Felipe V y Carlos IV, ninguno dejó hijo varón. Por primera vez, desde Hugo Capeto, el cielo negaba su ayuda a esta monarquía, a esta dinastía triunfante: no había heredero. Los candidatos al trono se presentaron en tropel. Esta situación daría origen a la Guerra de los Cien Años.
Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Fin del Imperio de Carlomagno El Tratado de Verdun Objetivos

EL TRATADO DE VERDÚN: FIN DEL IMPERIO DE CARLOMAGNO:

Lamentablemente, el maravilloso momento del «Renacimiento Carolingio» vivido en Europa s6lo duró lo que la vida de Carlomagno.

Al morir el gran emperador en el año 814 en su capital, Aquisgrán (Aix-la-Chapelle), le sucedió su hijo Ludovico Pío, príncipe bueno, pero excesivamente débil: con él comenzaron todas las calamidades. La extrema condescendencia del nuevo emperador le llevó a dividir en vida el Imperio entre sus hijos. Pero los príncipes desconformes, destronaron a su padre, desataron la guerra civil y el más espantoso desorden.

Para colmo, aprovechando la discordia reinante, los condes, marqueses y demás señores, comenzaron a discutir sus derechos con los monarcas, a negarles la sumisión y atribuirse mayores poderes hasta hacerse prácticamente independientes. Así dio comienzo la nueva caracteristica de la Europa posterior a Carlomagno: señores todopoderosos, y reyes absolutamente débiles.

Entre tanto,, y tras la muerte de LUDOVICO Pío, sus hijos se pusieron finalmente de acuerdo y en el año 843 firmaron un importantísimo pacto: el TRATADO DE VERDÚN..

Con este memorable acuerdo, el Imperio Carolingio quedó definitivamente dividido: Carlos, llamado “el Calvo”, se reservó Francia; Luis, la Germania, y Lotario, Italia y la corona Imperial, además de un corredor de tierras entre sus dos hermanos.

De esta manera, se liquidaba el Imperio que Carlomagno con tanto esfuerzo había formado, pero nacían dos nuevos Estados —FRANCIA y ALEMANIA— que con pocas variantes conservarían sus límites hasta nuestros días.

EL FINAL CAROLINGIO: Con el Tratado de Verdún comenzó, aunque con poca suerte, la historia de Francia y de Alemania: en ambos, se sucedieron en el trono varios reyes totalmente incapaces.

El primer rey de FRANCIA fue, como se ha visto, CARLOS EL CALVO, y tanto él como sus sucesores, CARLOS EL GORDO, CARLOS EL SIMPLE y LUIS EL INÚTIL fueron modelos de debilidad y apocamiento, frente alas pretensiones de la nobleza. Finalmente, a la muerte de este último monarca en 987, los señores eligieron rey al Conde de París, HugoCapeto. Así concluyó la rama carolingia francesa.

En ALEMANIA ocurrió lo mismo. Luis EL GERMÁNICO, su primer rey, y sus sucesores, ARNULFO y LUIS EL Niño, nada supieron hacer ante la creciente independencia de los señores. Estos, en 910 dieron la cotona a uno de entre ellos, Conrado de Franconia.

Así, el Imperio Carolingio se desmoronó como un castillo de naipes, a causa de la debilidad de sus reyes, y además, por las terribles calamidades que por ese entonces cayeron sobre Europa. En efectos dos feroces pueblos aniquilaron en poco tiempo, con sus tremendos asaltos , el  orden que el genio de CARLOMAGNO había creado. Entonces, Europa comenzó a vivir el periodo mas negro de su historia.

Evolucion Tecnologica de las Armas de Guerra Historia

LA EVOLUCIÓN DE LAS ARMAS EN LA HISTORIA

Quizá la manifestación inteligente inicial del ser humano en su estadio primitivo haya sido precisamente el descubrimiento de la primera arma, Cierto día, ese ser indefenso, atacado y perseguido desde todos los rincones por animales más fuertes que él, habrá visto algún palo o hueso grande y habrá pensado en emplearlo para defenderse de sus atacantes. Este mazo, sin duda, fue su compañero inseparable en las batallas. No tardarían en imitarlo sus compañeros de grupo. Y la transmisión del conocimiento de cómo usar este accesorio habrá sido una pauta cultural en la historia de la civilización a través del sucederse de las generaciones. Por desgracia, junto con las primeras armas nació la guerra.

caracteristicas del mesolitico

Los primeros progresos del incipiente armamento fueron el descubrimiento de la punta y el filo, que pronto se pusieron al servicio de los mazos, transformándolos en lanzas y machetes. La próxima necesidad fue la de arrojar las lanzas con mayor violencia y precisión. Entonces se inventaron los arcos, capaces de mantener una cuerda tensa, la que se empleó para arrojar flechas.

Transcurrieron muchos siglos para que se produjera una evolución a partir de estas armas básicas. Los sucesivos inventos quizás hayan sido la coraza -primero de cuero y, más tarde, de metal- y la honda. Acerca de esta última, aclaremos que se trataba de dos cintas de cuero unidas hacia uno de sus extremos por otra pieza del mismo material pero de mayor superficie. Aquí se colocaba una piedra y el tirador ponía en movimiento circular a todo el sistema. Cuando la piedra había adquirido la velocidad suficiente, soltaba una de las tiras, permitiendo que la fuerza centrífuga actuara sobre el proyectil imprimiéndole gran potencia. También la cerbatana, basada en la presión de aire generada por los pulmones sobre un dardo ubicado dentro de un tubo recto, es un invento de las etapas iniciales de la civilización.

Miles fueron las tretas a las que acudieron los hombres para mejorar sus armamentos. Ya a fines de la Edad Media se habían ideado las catapultas, capaces de lanzar enormes piedras contraías murallas de los castillos, y los arcos se habían perfeccionado al punto de dar lugar a la ballesta, un artefacto capaz de lanzar flechas automáticamente mejorando mucho la posición de tiro, lo que se traducía en un mayor porcentaje de eficacia. Sin embargo, todos estos adelantos en materia bélica quedaron atrás cuando apareció la pólvora como material impulsante. Si bien ya la conocían los chinos, según lo atestiguan los relatos de Marco Polo, la emplearon los occidentales por primera vez durante la guerra entre españoles y moros en la península ibérica, a fines del siglo XIII.

Hasta llegar a nuestros días, la evolución ha sido enorme, y se conocen con la denominación genérica de «armas de fuego» todas aquellas capaces de disparar proyectiles con la fuerza generada por la expansión de los gases producida por una explosión, en una cámara cuya única salida está bloqueada. Por supuesto, es el mismo proyectil o bala el que cubre la salida de escape de los gases.

La guerra ha servido de acicate a la tecnología desde antes de que existiera la lanza. Los ingenieros militares asirios, los inventores macedónicos de armamento y los constructores romanos de fortificaciones fueron los técnicos de sus épocas respectivas.

Es difícil imaginar a alguien inventándose una sustancia tan horrible como el fuego griego, líquido altamente combustible que se anticipó por mucho tiempo al napalm del siglo veinte, excepto como arma. Las necesidades de armeros y fabricantes de armas impulsaron el trabajo de los metales. Sin embargo, las invenciones fomentaron la guerra.

Hace más de un milenio, la pólvora y el estribo, excelentes innovaciones procedentes de Asia, produjeron muchos ajustes en la conducción de la guerra, y cambios en la percepción de la gente acerca de la lucha.

La pólvora: Los chinos produjeron la primera muestra en el siglo noveno d.C., pero no intentaron hacer explotar a alguien con ella hasta poco después.

El estribo: Menos fulgurante que el anterior pero en extremo práctico, el adminículo para poner el pie, subir al animal y cabalgar formaba ya parte de la dotación del soldado chino en el siglo cuarto d.C.

Los árabes también empleaban estribos en sus caballos, que eran animales rápidos y relativamente pequeños. Además de ser excelentes jinetes, la fuerza de su entusiasmo espiritual les ayudó a propagarse hacia el oriente, a través de Oriente Medio hasta la India, y hacia el occidente, hasta el norte de Africa y España No obstante, Constantinopla resistió el ataque de los árabes. La capital bizantina (la actual Estambul, en Turquía) gozaba de una envidiable posición estratégica, por su ubicación en un promontorio que se proyecta sobre el mar. Incapaces de tomar la ciudad por tierra mediante la caballería, los árabes intentaron usar los barcos en el siglo octavo, estableciendo un bloqueo naval, que hubiera tenido éxito de no ser por el fuego griego.

El fuego griego, secreto militar, era probablemente nafta, obtenida por la refinación de aceite de carbón situado en depósitos subterráneos, que se filtraba a la superficie. Dondequiera que estuviera, se prendía al impacto; además flotaba.

Los bizantinos lanzaron con catapultas vasijas de arcilla llenas de fuego griego sobre los puentes de las naves enemigas, incendiándolas. Aun si la vasija fallaba el blanco, su contenido se quemaba en el agua. A veces los bizantinos usaban bombas manuales para arrojarlo. Después de perder demasiados barcos, los árabes levantaron el bloqueo.

El desafío de los moros

Los árabes no tomaron Constantinopla, es cierto, pero su estrategia de caballería ligera, es decir, de unidades de caballería ligeramente armadas en las que se da prioridad a la velocidad, tuvo éxito en casi todas partes. En 711 d.C., los árabes musulmanes conquistaron España, que permaneció bajo control islámico hasta mucho después de que el gran Imperio Árabe se fragmentara en reinos islámicos regionales.

Los musulmanes de España, que procedían del norte de África, rápidamente fueron llamados moros. A los cristianos que vivían más al norte, especialmente a los francos, no les gustaban sus vecinos.

Los francos, que dominaban la Galia (lo que ahora es Francia y gran parte de Alemania), eran luchadores bárbaros de a pie, al viejo estilo, pero tenían disciplina y deseos de adaptarse a las nuevas circunstancias.  Cuando los rápidos jinetes moros incursionaron en las fronteras, el rey franco comprendió que necesitaba mayor velocidad y tomó las medidas del caso para desarrollar su caballería. El estribo se originó en China o en Asia central, entre las tribus y clanes nómadas que solemos llamar bárbaros.

Las incursiones como estilo de vida del jinete

Los soldados chinos comenzaron a utilizar el estribo hacia el siglo cuarto d.C., pero los pueblos nómadas asiáticos llamados ávaros, grandes jinetes, los usaban probablemente desde el siglo primero d.C. Los pies de sus hombres se ajustaban a los estribos cuando se abalanzaron sobre Europa oriental en 568 d.C. y arrebataron el valle del Danubio al Imperio Bizantino.

Los ávaros y otros pueblos bárbaros usaban el estribo al atacar poblaciones y ciudades para obtener lo que deseaban: valiosos productos comerciales, alimento, dinero y, algunas veces, hasta el control de una región o un imperio . Las incursiones rápidas se convirtieron en el modo de vida de algunas tribus nómadas de las estepas del Asia central. Como esos pastores y cazadores tenían poco que ofrecer a cambio a los agricultores establecidos y a la gente de las ciudades, tales como los chinos, resolvieron tomar lo que deseaban por la fuerza.

Las incursiones se realizan mejor con rapidez. Se da el golpe, y luego se pone la mayor cantidad de distancia posible entre los autores y el objetivo. La habilidad de sus jinetes dio ventaja a los invasores, y el estribo la hizo mayor todavía.

Custodia de las fronteras bizantinas

El rico Imperio Bizantino  era un objetivo apetecido para los invasores, razón por la cual era mejor encargar la custodia de las fronteras a rápidas patrullas de jinetes. Los estribos, probablemente copiados de los ávaros, dieron a las patrullas bizantinas una ventaja sobre los europeos occidentales, quienes no poseían todavía esta tecnología. Dicha superioridad, unida al empleo de una intendencia general, organización de apoyo que aseguraba a la infantería y la caballería todo lo necesario para alimentarse, aun durante largos asedios, dificultó en extremo la entrada en el Imperio Bizantino de los intrusos. Constantinopla, capital bizantina, necesitó durante los siglos séptimo y octavo toda su capacidad para enfrentar una nueva y permanente amenaza: los árabes.

Con el legendario rey Arturo, cuya existencia es hipotética Si vivió en realidad, es probable que haya conducido a los bretones celtas contra los invasores sajones en el siglo sexto d.C., pero sin armadura de metal. La armadura de placa metálica se puso de moda 800 años después, en el siglo catorce.

Anillos metálicos entrelazados:

La cota de mallas

Antes de la armadura metálica los caballeros usaban la cota de mallas, y antes de ésta empleaban la armadura de escamas imbricadas, introducida desde la época de los asirios como defensa contra las flechas. Esta armadura, al igual que las escamas del lagarto, empleaba pequeñas piezas metálicas cosidas en filas sobrepuestas sobre el vestido de cuero. La cota de mallas era más ingeniosa: estaba formada de anillos metálicos entrelazados, dispuestos en forma de jubón o chaqueta ajustada. Los cruzados la usaron cuando fueron a Oriente para liberar la Tierra Santa del control musulmán. La cota de mallas se volvió obsoleta cuando hubo mejores arcos, con los cuales se podía lanzar una flecha y penetrar la protección metálica.

Más potencia para la ballesta de los arqueros

La ballesta fue otra invención china, y muy antigua por cierto, pues data del siglo cuarto a.C. Los arqueros europeos redescubrieron su mortífero poder en el siglo décimo d.C.

Se componía de un arco corto y extremadamente rígido montado sobre un madero, con un mecanismo para fijar la cuerda del arco y mantenerla estirada, a mayor tensión que la que un hombre podía lograr al tirar hacia atrás la cuerda manualmente. La flecha se disparaba con una palanca manual, o gatillo.

La ballesta disparaba flechas cortas, o saetas, que solían ser de metal; volaban rápido y penetraban superficies que una flecha lanzada por un arco convencional no podía horadar. Los normandos la usaron en 1066, en su conquista de Inglaterra.

Por ironías del destino, para derrotar a los moros invasores en la batalla de Poitiers, en 732 d.C., el rey franco, Carlos Martel, ordenó desmontar a sus caballeros. Enfrentándose a los jinetes atacantes con lanzas y escudos, los francos resistieron y repelieron con éxito a los moros.

Más aún, a pesar del retorno a las tácticas de la infantería, esta batalla marcó el comienzo de la época caballeresca, edad en que los caballeros con armadura dominaron la guerra europea.

La época caballeresca

Los términos caballerosidad y caballeresco están relacionados con el francés chevaux (caballos), y con otras palabras derivadas del nombre del animal. Estas palabras muestran cómo la gente de la Edad Media asociaba la nobleza, la gentileza y el valor con los guerreros a caballo.

Esta era, como muchas otras anteriores y posteriores, ensalzó la violencia. La gente consideraba la habilidad en el combate como una muestra de civilización. Jean Froissart, cronista e historiador francés del siglo catorce, escribió:

“Los caballeros nobles han nacido para luchar, y la guerra ennoblece a todos aquéllos que combaten sin temor o cobardía”.

Ennoblecedora o no, la guerra costaba dinero, y era extraordinariamente oneroso equipar a un caballero. Carlos Martel ayudó a sus jinetes a pagar sus pertrechos, expropiando tierras de la Iglesia medieval  y entregándolas a los guerreros nobles. Bajo el feudalismo los terratenientes se beneficiaban de las cosechas de sus labriegos arrendatarios.

Carlomagno, quien sería poco después rey de los francos, además de ser el primero en unir gran parte de Europa tras la calda de los romanos, llevó a cabo la unificación con su caballería.

La armadura para detener los golpes a armas mortales

La cultura caballeresca prevaleció durante centenares de años en Europa. Esta cultura de la armadura blindada está asociada en las películas

Arco largo: combinación de precisión y potencia

El arco largo inglés, refinamiento de una antigua tecnología galesa, se convirtió en el último grito de la moda en armamentos durante el siglo catorce. Preciso y potente en manos de un arquero experimentado, el arco largo fue una razón adicional para que los caballeros usaran sólidas armaduras metálicas.

El arco largo era poderoso, pero tanto su precisión como su alcance eran limitados. El modelo inglés podía causar daño a una distancia de 225 metros y se recargaba rápidamente. No obstante, sólo un arquero experimentado podía manejarlo a cabalidad, de modo que Inglaterra exigía a los pequeños propietarios de tierras que se enrolaban como soldados, de ser necesario, como en la antigua Grecia y en Roma, un entrenamiento para adquirir buena puntería.

En la batalla de Crécy, librada en 1346 durante la guerra de los cien años entre Inglaterra y Francia, los arqueros ingleses provistos de arcos largos derribaron las filas francesas una tras otra. Francia perdió ese día más de 1.500 caballeros y 10.000 soldados de infantería. Inglaterra perdió menos de 200 hombres en total, entre ellos solamente dos caballeros.

A corto plazo, Crécy obligó a los franceses y a otras naciones europeas a cubrirse de armaduras más pesadas. Nadie presentía entonces que los caballeros estaban en vías de extinción. Los cañones venían en camino. Un siglo más tarde las armas de fuego superarían en el disparo y la penetración a cualquier arco inventado hasta entonces.

La pólvora aumenta la potencia de fueqo

Entre los siglos doce y dieciocho, los cañones pasaron de China al occidente de Asia, y de allí a Europa. Se desarrollaron a partir de los primeros experimentos hasta alcanzar una tecnología de precisión. Los militares fueron obligados a revisar sus estrategias, adaptando a veces las viejas formaciones de batalla para acoplarlas al nuevo armamento, a la vez que los defensores hallaban nuevas maneras de reforzar puestos fronterizos y ciudades.

El papa Urbano II condenó la ballesta en 1096, como “odiosa a los ojos de Dios”, y la Iglesia prohibió en 1139 su uso contra cristianos. Por supuesto que si se trataba de sarracenos, como llamaban entonces a los turcos y otros musulmanes, su empleo estaba permitido.

ORIGEN DE LA PÓLVORA
Según se cree, ios chinos ya conocían la pólvora y La usaban en fuegos de artificios en el siglo VI de nuestra era, quizás en ceremonias religiosas. Habrían comenzado a utilizarla con. fines bélicos hacia 1161, bajo la dinastía de los Sung. En el siglo siguiente las armas de mego llegaron a alcanzar gran desarrollo bajo el dominio de los mogoles, quienes las emplearon durante la invasión realizada en 1241.

Otros historiadores afirman que, por su parte, los alquimistas árabes del siglo XIII también pulverizaban y mezclaban porciones de salitre, carbón y azufre, y que, poniendo esta mezcla en sus morteros con algunas piedras encima, la encendían y provocaban su explosión, con el consiguiente lanzamiento de los proyectiles. Pero estos no fueron sino ensayos experimentales —como los que se atribuyen al monje Bertoldo Schwartz en el siglo XIV— sobre la fuerza expansiva de la pólvora.

Hacia 1270, Marco el Griego escribió el Libro de fuegos para quemar enemigos, en donde se refiere a la composición de la pólvora. Y en la misma época (1267), el monje inglés Rogelio Bacon, que fue el más famoso científico medieval, escribió lo siguiente en su Opus Majus (Obra Mayor): «Se han descubierto importantes artes contra los enemigos del Estado, de modo que sin espada ni ninguna otra arma que requiera contacto físico, se pueda destruir a todos los que opongan resistencia.

Con la fuerza de la sal llamada salitre, se produce un sonido tan horrible al estallido de una cosa tan pequeña; a saber, un pequeño trozo de pergamino, que excede al retumbar de un gran trueno, y la llama excede al máximo resplandor del rayo que acompaña al trueno». Así señalaba el advenimiento de la era de la pólvora.

A la carga con la lanza

Aunque los cruzados emplearon la ballesta, su uso les pareció poco honorable. Los valores caballerescos se centraban en el combate personal. Cuando no había guerra, los caballeros se enfrentaban unos a otros en feroces y con frecuencia mortales torneos.

La lanza, arma larga y puntiaguda que el caballero llevaba apretada bajo el brazo, liberaba una fuerza inverosímil. Los jinetes, con el tiempo cada vez más recubiertos de metal, se balanceaban sobre los estribos y se apoyaban en las sillas de respaldo alto al usar esta variedad de la antigua pica para tratar de desmontar al contendor de su corcel. Las armaduras, cada vez más pesadas, los protegían de ser traspasados.

Estas batallas simuladas daban a los caballeros renombre y los mantenían preparados para la guerra, pero la lucha en los torneos era real. En uno celebrado en 1241 en Neuss, Alemania, hubo cerca de 80 muertos, entre hombres y niños.

fabricaban campanas de iglesia, fueron los primeros fabricantes europeos de cañones; a veces las fundían para fabricarlos. Los constructores pronto se dieron cuenta de que un tubo funcionaba mejor, y que deberla disparar un proyectil de metal, con el cual se podría echar abajo el portal de un castillo, o destruir una casa.

Aparecen los grandes cañones

El escritor y estadista italiano Nicolás Maquiavelo observó a comienzos del siglo dieciséis:

“No existe muro, por grueso que sea, que no pueda ser destruido en pocos días por la artillería”.

Los cañones ya eran grandes, aunque algunos de los de mayor tamaño no funcionaban bien. A comienzos del siglo quince algunos pesaban 750 kilogramos y disparaban balas de 75 centímetros de diámetro. ¿Cómo podía fabricar alguien un tonel de metal fundido de semejante tamaño? En primer lugar no era fundido, sino armado con piezas de hierro forjado, como las tablas que forman las paredes curvas de los barriles de encurtidos. Varios aros de hierro sostenían las piezas en su lugar, por lo menos temporalmente.

En 1445, los artilleros borgoñones (el ducado de Borgoña era entonces independiente; más tarde se uniría a Francia) estaban disparando una de esas monstruosas bombardas (los primitivos cañones) contra los invasores turcos cuando estalló uno de los aros. Lo curioso es que dispararon de nuevo, y saltaron dos aros más y una de las piezas longitudinales.

En 1440, uno de sus propios cañones explotó, dando muerte a Jacobo 11, rey de Escocia, y a muchos miembros de su séquito.

Se cree que los sarracenos, en Granada, utilizaron armas de fuego hacia el año 1275. En la primera mitad del siglo XIV, su uso se generalizó en Italia, Francia e Inglaterra. Se trataba de ‘bombardas» o cañones que se cargaban por la boca con una porción de pólvora y hasta una docena de piedras. Luego se encendían por un orificio de la recámara.

dice que por el año 1378, un monje alquimista dio a Venecia la fórmula de una aleación de gran resistencia, para fundir cañones de una sola pieza. Con ellos, los venecianos obtuvieron notables victorias, pero encarcelaron al inventor por considerarlo peligroso, debido a su talento.

En el siglo XV se adoptó la costumbre de grabarles nombres terroríficos a los cañones (la leona, el áspid, el terremoto, etc.), e inscripciones que ponderaban sus estragos; tales como ésta: «Llamada soy la fiera serpentina, que allano fuertes con inmensa ruina».

En el sitio de Constantinopla (1453) Mahomet II mandó instalar un gigantesco cañón que fue arrastrado por sesenta bueyes y 200 hombres hasta su emplazamiento. Es fama que arrojaba proyectiles de 200 libras.Dos horas llevaba cargarlo, y entre una y otra descarga se refrescaba con agua y aceite.

Los dos primeros cañonazos parecieron horrísonos terremotos. Pero en el tercero reventó, mutando a su constructor, el húngaro Orban.

Hasta 1420, aproximadamente, los proyectiles consistían en simples piedras. Después empezaron a utilizarse balas de hierro y plomo, que se generalizaron a fin de siglo, y que podían ser rayadas para que siguieran una trayectoria más recta.

En 1500 el cañón ya había adquirido el aspecto definido que se mantendría invariable durante siglos. El caño fue montado sobre dos ruedas para facilitar el trasporte, y balanceado sobre un perno para regular la puntería. El artillero, con un largo cazo, colocaba en el fondo del caño una porción de pólvora y la comprimía contra la culata; luego introducía un disco de madera para separar la pólvora de la bala y, finalmente, siempre por la boca, introducía el proyectil. En esta operación los artilleros arriesgaban seriamente la vida, por las explosiones accidentales y porque se exponían al fuego enemigo.

CAÑONES DE RETROCARGA
A partir de 1380 se empezaron a construir cañones de retrocarga, con culata desmontable, que el artillero cargaba desde atrás, al reparo de una estacada o almena. Pero hasta el siglo pasado, en que se perfeccionó la técnica de su fundición, de modo que el cierre llegó a ser hermético, los cañones siguieron cargándose por la boca.

La artillería destructiva de las murallas de Constantinopla

En algunos casos un gran cañón era lo que hacía falta. Recordemos que los árabes no pudieron vencer la determinación de Constantinopla. Decidido a enfrentar el desafío con grandes cañones, el sultán turcomano Mohamed II contrató a un fabricante húngaro, quien construyó un cañón capaz de lanzar un proyectil a 1,6 kilómetros de distancia.

Se enciende el fuego del descubrimiento

Si se enciende fuego en un montón de basura que contenga azufre, se disparará una reacción sibilante. Alguien cuyo nombre se ha perdido en la historia observó este fenómeno en China hace siglos, y comenzaron entonces los experimentos con mezclas de azufre concentrado y carbón de leña. Hacia el siglo noveno d.C., otro genio agregó cristales de nitrato de potasio (salitre). Si la mezcla se prendía, se obtenían chispas que servían para decorar las ceremonias formales. Los monjes taoístas jugaron con estos compuestos químicos hasta lograr la pólvora para fuegos artificiales.

Los fabricantes de juegos pirotécnicos aprendieron con el paso del tiempo que su mezcla, la pólvora, podía explotar peligrosamente. Los militares también se percataron de ello. Hacia el siglo doce, los ejércitos de la dinastía Sung introdujeron en su arsenal las granadas metálicas; por otra parte, los chinos fueron los primeros en usar bombas de fragmentación, en las que la envoltura se hacía añicos, y se esparcía cual mortal metralla. En el siglo siguiente, las fábricas chinas de armamento construyeron centenares de cohetes militares y bombas, algunas de las cuales contenían sustancias venenosas, como el arsénico, que se liberaban con el impacto; otras, diseñadas para causar incendios, llevaban alquitrán y aceite. Los chinos construyeron también cañones primitivos, simples barricas llenas de pólvora, que disparaban rocas o bolas metálicas.

Se propagan noticias

Las noticias se propagaron hacia Occidente por la ruta de la seda, el antiguo camino comercial. Los árabes ya tenían armas de fuego primitivas hacia finales del siglo trece, pero la receta para la fabricación de la pólvora llegó a Europa en 1267, en las manos del científico inglés Roger Bacon.

Menos de un siglo después, los ejércitos europeos usaban ya toscos cañones; pero no fueron los innovadores soldados que ensayaban pequeñas, ruidosas y apestosas marmitas de fuego quienes decidieron la batalla de Crécy, ya mencionada, sino sus camaradas arqueros armados con el arco largo. Sin embargo, esta especie de cañón primitivo era un síntoma de desarrollos futuros. Los primeros cañones europeos fueron llamados marmitas de fuego porque tenían la forma de una olla; disparaban flechas (sí, flechas) con una fuerza asombrosa, pero con poca confiabilidad y ninguna precisión. Los artesanos, que hasta entonces

Armas de fuego para los soldados

Al principio los cañones fueron considerados el reemplazo de la catapulta y el ariete, armas destructivas pero imprecisas. Con el desarrollo de la artillería, fueron ganando en utilidad y precisión.

Los fabricantes diseñaron pronto modelos para emplear en el propio campo de batalla, como artillería ligera (comúnmente un cañón sobre ruedas tirado por caballos) y armas para los soldados. El cañón manual, como se llamaban los cañones más pequeños, hería los caballos del enemigo (y también el propio, si a ello vamos) y tal vez intimidaba a un par de caballeros, si mucho. No obstante, durante un buen tiempo el cañón manual no parecía un reemplazo práctico de la espada y los arcos. ¿Cómo podía uno llevar el cañoncito, apuntar, y también prender fuego exitosamente a la carga de pólvora?

A mediados del siglo quince, la solución consistía en usar una mecha , empapada en alcohol y cubierta con salitre, sujeta a un disparador. Empujando el disparador, la mecha lenta se ponía en contacto con el oído del cañón y prendía la carga de pólvora.

Esta arma de mecha lenta, liberaba las manos del tirador, que podía apuntar, por ejemplo, un arcabuz (del alemán Hakenbüchse, que significa cañón de gancho). Algunos arcabuces tenían un gancho que solía asegurarse al borde de un muro para disparar sobre él. El gancho recibía parte del golpe producido por el fuerte retroceso del arma.

La palabra mosquete viene de mosquito. Como su nombre lo indica, se suponía que esta arma irritaba al enemigo. Pero los mosquetes no eran en nada parecidos, por su tamaño, al mosquito. Muchos tenían que reposar sobre una horquilla, como una muleta, para que el tirador apuntara y disparara. Así que, además del pesado cañón, el mosquetero tenía que arrastrar su incómodo soporte.

En 1453, el sultán disparó de seguido su cañón, apodado Mahometa, contra las murallas de la capital. Como muchos de esos gigantes, el cañón se rompió al segundo día, y a la semana era inutilizable. Pero Mohamed tenía más, así que, después de 54 días de asedio, el Imperio Bizantino de mil años de antigüedad cayó finalmente.

Refinamiento de las nuevas armas

Aunque las enormes bombardas funcionaban, los jefes militares sabían que debía haber un medio menos engorroso que ganar batallas a cañonazos. Los fabricantes pusieron manos a la obra y diseñaron cañones más ventajosos y versátiles, que vinieron a cubrir necesidades específicas en el arsenal del Renacimiento.

Cañones más livianos  mas fáciles de maniobrar

Andando el tiempo, los expertos en artillería comprendieron que podían fundir algunos cañones en bronce, metal resistente pero más liviano, en lugar de emplear el hierro, de modo que fueran más manejables y menos propensos a estallar, de suerte que pudieran ser colocados más rápidamente en posición y disparados con mayor frecuencia (algunos de los cañones grandes podían disparar sólo un proyectil cada dos horas). Con tales cañones se haría más daño que con los grandes.

La pólvora se mejora con coñac

Había mejores cañones, pero la pólvora requería perfeccionamiento ya que el azufre, el carbón y el salitre tenían pesos distintos. Los cristales de salitre se iban al fondo en tanto que el carbón se quedaba en la superficie.

Mezclar correctamente los ingredientes antes de cargar el cañón, única manera de asegurar la efectividad de la pólvora, era una labor difícil y demorada. Entonces a alguien se le ocurrió mezclar la pólvora con coñac, para que los ingredientes se integraran mejor y de manera homogénea, y dejar secar la pasta resultante en forma de granos.

¡Pero qué desperdicio de coñac! Los soldados ensayaron sustitutos como vinagre, que funcionaba bien, orina humana, que era todavía mejor, en particular si provenía de un soldado que había dado al coñac un uso más placentero (esto no mejoró el olor de la pólvora, por cierto).

Armas de fuego para los soldados

Al principio los cañones fueron considerados el reemplazo de la catapulta y el ariete, armas destructivas pero Imprecisas. Con el desarrollo de la artillería, fueron ganando en utilidad y precisión.

Los fabricantes diseñaron pronto modelos para emplear en el propio campo de batalla, como artillería litera comúnmente un cañón sobre ruedas tirado por caballos con  los soldados) El cañón manual, como se llamaban los cañones más pequeños, hería los caballos del enemigo (y también el propio, si a ello vamos) y esta  vezintimidaba a un par de caballeros, si mucho. No obstante, durante un buen tiempo el cañón manual no parecía un reemplazo práctico de la espada y los arcos. ¿Cómo podía uno llevar el cañoncito, apuntar, y también prender fuego exitosamente a la carga de pólvora?

A mediados del siglo quince, la solución consistía en usar una mecha empapada en alcohol y cubierta con salitre, sujeta a un disparador. Empujando el disparador, la media lenta se ponía en contacto con el oído del cañón y prendía la  carga de pólvora.

Esta arma de mecha lenta, que aparece en la figura, liberaba las manos del tirador, que podía apuntar, por ejemplo, un arcabuz (del alemán Hakenbflchse; que significa cañón dé gancho). Algunos arcabuces tenían un gancho que solía asegurarse al borde de un muro para disparar sobre él. El gancho recibía parte del golpe producido por el fuerte retroceso del arma.

La palabra mosquete viene de mosquito. Como su nombre lo indica, se suponía que esta arma irritaba al enemigo. Pero los mosquetes no eran en nada parecidos, por su tamaño, al mosquito. Muchos tenían que reposar sobre una horquilla como una muleta, para que el tirador apuntara y disparara. Así que, además del pesado cañón, el mosquetero tenía que arrastrar su incómodo soporte.

Producción de la chispa

Como la mecha lenta producía a veces demasiado pronto la chispa que prendía la carga, el mosquete era peligroso para el mosquetero; en consecuencia los armeros inventaron otra manera de prender la carga de pólvora: un trozo de pedernal en contacto con una rueda de acero provista de un resorte. Si examinamos las partes móviles de un encendedor de cigarrillos, comprenderemos cómo salta la chispa. Con el tiempo, un dispositivo más simple, consistente en un martillo provisto de un resorte que golpeaba un trozo de pedernal, se convirtió en la tecnología dominante, que prevaleció desde cerca de 1650 hasta el siglo diecinueve.

Fortalezas flotantes

Después de que la pólvora revolucionara el armamento, las batallas navales se libraron empleando cada vez más artillería, en lugar de remar hasta la nave enemiga, abordarla y combatir cuerpo a cuerpo en el puente. La galera, que había sido una formidable nave de guerra en el Mediterráneo, se fue volviendo obsoleta porque los barcos tenían ahora que erizarse de bocas de fuego; no necesitaban remos ni remeros. Las naves se convirtieron en fortalezas flotantes.

Fortificaciones en forma de estrella

Desde la época de las primeras ciudades amuralladas , una buena barrera defensiva debía ser tan alta como fuera posible, pero ahora el fuego de los cañones podía derribarla, de suerte que los arquitectos inventaron a mediados del siglo quince un nuevo tipo de fortaleza. En Génova, Italia, Leon Battista Alberti diseñó fuertes en forma de estrella, con muros relativamente bajos pero muy gruesos. En la figura vemos el Castillo de San Marcos, construido por los españoles en San Agustín, Florida, durante el siglo dieciséis.

Las salientes en ángulo permitían a los defensores apuntar sus cañones en diagonal a las líneas enemigas, de suerte que un proyectil podía pasar por encima de la línea, destruyendo más hombres, cañones, caballos y pertrechos en general.

Fuente Consultada: Historia del Mundo – Peter Haugen

ALGO MAS…
EL TÚNEL DEL TIEMPO:

AYER: Cuando Caín mató a su hermano usando una quijada de res, las escrituras relatan el momento que puede considerarse como punto de partida de una historia que tiene la misma antigüedad que el hombre sobre el planeta: la del uso de las armas.
El humano primitivo era esencialmente cazador, y usaba para ese fin utensilios de piedra tallada (hachas, mazas y extremos de lanzas). Y fueron estos mismos elementos los que empleó para el ataque entre poblaciones. Luego de estas primeras armas aparecen las correspondientes al Neolítico (10.000- 3000 a.C).

No eran mucho más sofisticadas, pero la piedra pulimentada y el uso de algunos metales permitieron realizar efectivas puntas de flecha, y hachas de sílex tallado. Las primeras armas eran más contundentes que efectivas, y estaban concebidas para el combate a corta distancia. La Edad de Bronce trajo la novedad de los cuchillos y las espadas metálicas, englobadas bajo el término de «armas blancas», esto es, las de hoja de acero. Hasta la aparición de la pólvora, el principio general del armamento era «cortar, machacar y golpear».

El ingenio en la creación de armas nunca se detuvo, y así aparecieron las catapultas, capaces de lanzar grandes y destructivas piedras hacia las fortificaciones enemigas y se desarrolló la arquería, con los más sofisticados tipos de flechas (las había envenenadas e incendiarias).

En el siglo XIII, un invento marcaría el fin de una época: la pólvora. Poco después de su creación se les ocurrió a los hombres la idea de disparar proyectiles por medio de tubos: aparecieron los primeros cañones, cuya primer referencia indiscutible data del año 1326 en Florencia, Italia. Había comenzado el desarrollo de las armas de fuego, que en cientos de formas cada vez más perfeccionadas y eficaces, llegarían hasta nuestros días.

SIGLO XX: A diferencia de otras invenciones humanas, en las que un elemento sustituyó a otro por completo, el fin de siglo muestra cómo coexisten primitivas (pero insustituibles) armas blancas con sofisticados sistemas de exterminio nuclear. Luego de dos guerras mundiales el perfeccionamiento y puesta a punto de diversas armas alcanzó su punto culminante.

Hoy, la «vedette» del armamento contemporáneo son los misiles. Letales cohetes que pueden ser lanzados desde barcos, bases terrestres o aviones. Capaces de recorrer medio planeta hasta dar precisamente con su objetivo, pueden llevar en su extremo explosivos comunes o el increíble poder destructivo de una bomba nuclear. Además de las armas convencionales existen hoy en el mundo las llamadas «armas químicas»: letales elementos de exterminio capaces de diseminar sobre el enemigo diversas sustancias que van desde gases tóxicos hasta venenosos líquidos capaces de matar toda forma de vida en un radio de 40 kilómetros.

cohete teledirigido arma siglo xx

El armamento contemporáneo encuentra en los misiles la expresión más alta de tecnología militar. Estos artefactos pueden recorrer medio mundo hasta dar precisamente en su blanco.

De hecho, su uso y fabricación está expresamente prohibido por numerosos reglamentos internacionales (al igual que las anuas biológicas, con las que se diseminan mortales microbios y virus entre las tropas enemigas).

Con los recientes acuerdos para reducir drásticamente el número de armas nucleares, la moderna industria armamentista apunta, (y aquí vale a expresión) al desarrollo de sistemas estratégicos basados fundamentalmente en detectar un posible ataque mucho antes de que se produzca. Desde tierra, aire y océano, una compleja red de sensores y radares limita al máximo el riesgo de un ataque internacional.

Sin embargo, hoy, frente a la inestable situación política de numerosas naciones, el interés y los planes de fabricación están centrados nuevamente en las armas de mediano alcance y las sofisticadas armas de fuego manuales (fusiles de asalto, morteros y similares).

EL FUTURO: Hasta hace poco tiempo resultaba difícil prever la dirección futura del desarrollo armamentista. Existían numerosos proyectos en diferentes sentidos. Sin embargo, el gran cambio que experimentó el balance político a nivel global clarificó las cosas. El futuro del armamento en el mundo sólo dependerá dé la investigación desarrollada en el mundo occidental y, en particular, los Estados Unidos.

Y este país mira al espacio. La posibilidad de aprovechar el programa del transbordador para poner en órbita dispositivos militares ultrasensibles no será desaprovechada. Se completará un cordón de satélites estratégicos con un increíble poder de detección: serán capaces de medir el calor producido en una fabrica clandestina de armamentos.

La energía nuclear no será usada para la fabricación de armas. De todas maneras, la capacidad de propulsión de los futuros misiles será potenciada hasta dotar a los cohetes de un alcance ilimitado, y el desarrollo de explosivos sintéticos ultracompactos permitirá emplazar en la cabeza de los «Minuteman» estadounidenses un potencial explosivo 30 veces mayor que el actual.

Siguiendo con las grandes armas, los llamados «misiles inteligentes» pasarán a serlo realmente: podrán desviar su ruta a pocos segundos de llegar al objetivo, siguiendo las precisas instrucciones que recibirá su ordenador de dirección asistido por satélite. Si la colisión es inevitable, la carga explosiva será automáticamente anulada desde el centro de lanzamiento, aunque éste se halle a más de 13.000 kilómetros de distancia.

El futuro de la tecnología armamentista mundial estará claramente gobernado por los avances en el terreno aeroespacial pero, aún más, por los acontecimientos políticos que aguarden al comienzo de un nuevo siglo.

Vida de Plinio El Viejo Escritor Romano Obra Literaria

Vida de Plinio «El Viejo» – Escritor Romano – Obra Literaria

LA VIDA DE PLINIO EL VIEJO: Plinio el Viejo, uno de los más originales escritores del siglo I, durante toda su vida ayudó a sus semejantes a comprender los maravillosos fenómenos de la naturaleza. Consideraba que tal misión era la más digna para un estudioso.

De entre sus muchos escritos, la única obra que nos ha llegado es «Naturalis Historia» (Historia Natural) en 37 libros. En ella se encuentra expuesta la sabiduría de su época, relativa a astronomía, geografía, medicina, zoología, botánica y otras ramas de la ciencia.

Para comprobar el gran interés que durante muchos siglos despertó esta obra, es suficiente leer el juicio que de la misma hizo Jorge Luis Buffon, el gran naturalista francés del siglo XVIII.

«La Historia Natural —dice Buffon— comprende la del Cielo y la de la Tierra. Sorprende que en todos sus argumentos Plinio sea igualmente grande: la profundidad de las ideas y la belleza del estilo dan realce a su gran erudición. Su trabajo es variado como la naturaleza». Precisamente por eso, Plinio es considerado como uno de los más grandes; naturalistas antiguos.

SOLDADO Y ESCRITOR
Plinio el Viejo, así llamado para distinguirlo de su sobrino, que también fue un ilustre escritor, nació en Como, en el año 23. Al pasar a la historia como un estudioso y polígrafo, sería lógico imaginarlo desde joven dedicado exclusivamente al estudio de sus libros. Sin embargo Plinio, sin descuidar sus estudios predilectos, profesó la carrera militar.

A los 22 años fue a Germania como comandante de caballería; hecho que le permitió recoger informaciones para su obra «Bellorum Germaniae viginti» (Las guerras de Alemania) en la cual, además de describir los acontecimientos bélicos en los que había tomado parte, Plinio se refirió a todas las guerras que sostuvo Roma contra los germanos.

Sus méritos de soldado y de escritor le facilitaron la carrera; en efecto: actuó primero en la Galia, luego en África y finalmente en España, en calidad de procónsul. La actividad de Plinio fue realmente prodigiosa: de día desempeñaba su cargo de procurador y durante la noche se dedicaba al estudio. La obra a la que dedicó sus mayores esfuerzos fue la «Naturalis Historia«, pero encontró también tiempo para escribir libros de historia y de gramática.

En el año 71, Plinio fue nombrado almirante de la flota del Mediterráneo occidental, estacionada en Miseno (Nápoles) . Allí, en la paz del golfo de Nápoles, dio término a su obra monumental, que fue publicada en el año 77.
A los 54 años de edad, Plinio alcanzó el prestigio máximo, y es considerado por todos el hombre más docto de su siglo.

VICTIMA DE LA CIENCIA
Cuando el 23 de agosto del año 79 tuvo lugar la espantosa erupción del Vesubio que sepultó las ciudades de Herculano, Estabia y Pompeya, Plinio ,no titubeó en partir de Miseno para observar de cerca el extraordinario fenómeno.

Desgraciadamente, esta curiosidad científica le costó la vida. El fin del gran naturalista fue descrito por su sobrino en una extensa carta enviada al historiador Cornelio Tácito, en la cual le decía: «La nube que salía del Vesubio se alzaba parecida a un pino, a veces blanca, a veces negra. A mi tío le pareció interesante observarla de cerca.

Llegó a Estabia cuando del Vesubio se desprendían gigantescas llamas. En, otros lados era de día; allí, en cambio, reinaba la noche más obscura, a intervalos aclarada por muchas luces. En cierto momento, mi tío sintió que el polvoriento humo dificultaba su respiración y no se pudo mantener más en pie. A la mañana siguiente fue hallado muerto.»

Fuente Consultada:
Enciclopedia del Estudiante Tomo IV CODEX

La guerra de los Treinta Años Guerras de Religion Paz de Westfalia

La Guerra de los Treinta Años – Guerras de Religión

Este conflicto religioso y político internacional asoló Alemania en la primera mitad del siglo XVII. Un nuevo equilibrio surgió con el fin de las aspiraciones universales de los Habsburgo y el ascenso de otras potencias

Orígenes rey gustavoEn esta larga guerra se combinaron una serie de factores diversos. La división religiosa del Imperio, ratificada en la paz de Augsburgo (1555), era todavía fuerte de tensiones. El elector palatino Federico IV fundó la Unión Evangélica (protestante) en 1608, y Maximiliano I de Baviera respondió con la Santa Liga al año siguiente.

La situación se complicaba con la pugna entre el emperador y los príncipes por el dominio en el Imperio. Por otro lado, los esfuerzos de los Habsburgo vieneses por introducir la contrarreforma católica y germanizar sus dominios patrimoniales encontraron gran oposición, particularmente en Bohemia. (imagen: El rey Gustavo II Adolfo de Suecia, líder de la Europa protestante murió en la batalla de Lutzen en 1632 frente a los católicos)

 Habría que añadir la tradicional pugna franco-española por la hegemonía europea, resuelta en el siglo anterior a favor de España al precio de la secesión de las provincias protestantes de los Países Bajos (Holanda).
Por su parte, Inglaterra, Dinamarca y Suecia esperaban sacar partido de la inestabilidad centroeuropea. Por último, la crisis general del siglo VII, con el enfrentamiento entre las estructuras socioeconómicas del feudalismo y el capitalismo emergente, añadió la crispación social a la política y la religiosa.

Los primeros éxitos de los Habsburgo

En estas circunstancias, el Habsburgo Fernando de Estiria, elegido rey de Bohemia (1617), trató de implantar por la fuerza el catolicismo en sus dominios. Los protestantes bohemios se rebelaron y, tras defenestrar a los consejeros imperiales en Praga (23 de mayo de 1618), eligieron como nuevo soberano a Federico y del Palatinado, destituyendo a Fernando II, emperador desde 1619.

Este contó con el apoyo de sus parientes españoles y de la Santa Liga, mientras la Unión Evangélica era neutralizada en un primer momento por el tratado de Ulm, impuesto por Francia e Inglaterra. Sólo Gábor Bethlen de Transilvania apoyó a Federico y los bohemios, cuyas fuerzas fueron aplastadas por el general Tilly en la Montaña Blanca, cerca de Praga (noviembre de 1620), mientras los españoles invadían el Palatinado.

Hacia 1624, Bohemia había sido sometida al absolutismo habsbúrgico, Maximiliano de Baviera se había adueñado del alto Palatinado y del título de elector, y las tropas españolas controlaban Renania.

Francia, ante estos éxitos de su rival, intentó infructuosamente cortar las comunicaciones entre la Italia española y el Imperio (ocupación de la Valtelina, 1625) y recurrió entonces a la guerra interpuesta, animando las aspiraciones de Cristián IV de Dinamarca. Este, interesado en extender sus dominios a costa del Imperio, y temeroso del avance católico en el norte, se alió con Inglaterra, Holanda y Federico y, refugiado en este último país (1625). Pero su ofensiva fue rápidamente desbaratada en Dessau (abril de 1626) y Lutter (agosto) por los imperiales Wallenstein y Tilly, respectivamente. Cristián IV vio invadidos sus propios territorios y tuvo que firmar la paz de Lübeck (mayo de 1629). Al mismo tiempo, España lograba vencer a holandeses e ingleses.

La victoria parecía completa para las fuerzas católico-imperiales, pero Fernando II desaprovechó la ocasión de pacificar el Imperio, con la anulación de las secularizaciones de bienes eclesiásticos tras la Reforma (Edicto de Restitución, 1529) y el intento de imponer la sucesión hereditaria en el trono imperial (dieta de Ratisbona, 1630). Esto enconó la oposición de los príncipes alemanes y prolongó el conflicto.

Suecia y Francia entran en el conflicto

La derrota danesa propició la entrada en la guerra de Suecia, cuyo rey, Gustavo II Adolfo, luterano convencido, deseaba tanto apoyar a sus correligionarios alemanes como afianzar su dominio en el Báltico, disputado por Dinamarca y Polonia. El cardenal Richelieu, valido de Luis XIII de Francia, favoreció la firma de una tregua entre Suecia y Polonia (1629) y concedió subsidios de guerra al soberano sueco. este organizó un ejército popular, bien armado y lleno de entusiasmo por su rey y su religión.

Con el apoyo de los príncipes protestantes tras el saqueo de Magdeburgo por Tilly (mayo de 1631), Gustavo Adolfo venció a éste en Breitenfeld (septiembre). Dueño del norte de Alemania, ocupó Renania y avanzó sobre Baviera (1632). Fernando II tuvo que llamar de nuevo a Wallenstein, caído en desgracia en 1630, que logró expulsar a los sajones de Bohemia y contener a los suecos en el sur de Alemania, aunque fue derrotado por Gustavo Adolfo en Lützen (noviembre de 1632); el soberano

La momentánea desorganización sueca permitió a los imperiales rehacer sus fuerzas, a pesar del asesinato de Wallenstein (febrero de 1634), sospechoso de conspirar contra el emperador. El regente sueco Oxentiern logró organizar la liga protestante de Heilbronn (abril de 1633), pero fue finalmente derrotada en Nórdlingen por los hispano imperiales (septiembre de 1634>, que lograron acceder al Báltico. Los suecos tuvieron que retirarse al este y Sajonia firmó con el emperador el tratado de Praga (mayo de 1635), que preveía la disolución de las ligas.

Esta nueva oportunidad de paz fue frustrada por la intervención directa de Francia en el conflicto, temerosa de la supremacía de los Habsburgo. Se alió con los suecos, Holanda, Saboya y Sajonia en contra del Imperio y desarrolló también su particular guerra contra España (1635).

de En un principio, los hispano imperiales llevaron la mejor parte en esta nueva fase las hostilidades, con la toma de Corbie y la amenaza sobre París del cardenal-infante Fernando de Habsburgo (1636). Pero la ofensiva francosaboyana logró cortar el paso de la Valtelina entre Italia y el Imperio (1637) y la victoria en Rheinfelden permitió a Bernardo de Sajonia-Weimar tomar Breisach (1638), interrumpiendo las comunicaciones entre Italia y los Países Bajos. El aislamiento entre las fuerzas habsbúrgicas se complicó con las victorias francesas en los Países Bajos y holandesas en las Dunas (1639) y las colonias (1640). Por otra parte, España sufrió en 1640 las rebeliones de Portugal y Cataluña, que abrieron nuevos frentes bélicos en el centro de sus dominios.

Francia aprovechó la ocasión para penetrar en Cataluíca, donde Luis XIII fue proclamado conde de Barcelona (1641), y atacar al debilitado ejército español de Flandes en Rocroi (1643). A partir de ese momento España luchó por mantener sus posesiones, mientras la liga de Heilbronn y los franceses derrotaban a los aliados sajones y bávaros del emperador, que abandonaron la lucha en 1645 y 1647.

En 1644 se habían iniciado conversaciones de paz en Münster (entre Francia y el emperador) y Osnabruck (entre el emperador, Suecia y los príncipes alemanes), simultáneas a los combates, por lo que las propuestas de cada bando cambiaban según los resultados en el campo de batalla. Pero la apurada situación de los Habsburgo aceleró las negociaciones, que resultaron en un conjunto de tratados conocidos como paz de Westfalia (octubre de 1648).

La paz de Westfalia (imagen abajo)

La paz de WestfaliaComo consecuencia de estos tratados, Francia logró importantes ventajas territoriales en Alsacia y la frontera renana, Suecia se quedó con Pomerania occidental y diversos enclaves alemanes del mar del Norte y el Báltico, convirtiéndose en miembro del Imperio.

Brandemburgo se expandió en Pomerania oriental y obtuvo algunos territorios en Alemania occidental, mientras el duque de Baviera retenía el alto Palatinado y la condición de elector, restituida no obstante —junto al bajo Palatinado— a los herederos de Federico y, hecho que se tradujo en el aumento del colegio electoral imperial a ocho miembros. Por su parte, la independencia formal de Suiza fue acatada por el Imperio.

Esta institución fue la más perjudicada, pues el reconocimiento de la soberanía de los príncipes y las ciudades vaciaba de contenido el título imperial. La consagración de la libertad religiosa de los príncipes, que impondrían su fe en sus Estados se extendió al calvinismo y puso fin al ciclo de guerras religiosas que habían ensangrentado Europa desde el siglo XVI.

Los Habsburgo vieneses, a pesar de algunas concesiones, fortalecieron el control sobre sus posesiones patrimoniales, gobernadas desde Austria.  La gran perdedora de este prolongado conflicto fue Alemania en su conjunto, sometida a terribles devastaciones durante tres décadas —especialmente en regiones como Renania, que perdió dos tercios de su población— y afectada por pérdidas materiales que tardaron decenios en ser reparadas. Por su parte, Inglaterra y Holanda se afianzaron como potencias marítimas, condición que posibilitaría un gran desarrollo comercial y colonial futuro. Francia se confirmó como la nueva potencia europea, aunque todavía tenía que dirimir su conflicto con España.

Epílogos

La monarquía española, tras reconocer la independencia de Holanda en Münster (1648), se había retirado de las negociaciones para continuar la guerra con Francia, que mantuvo la ventaja (victoria de Lens, 1648) en un principio. No obstante, el estallido de la Fronda y el fin de la guerra de secesión de Cataluña (1652) permitieron una cierta recuperación española.

Pero los recursos de España estaban exhaustos, y la entrada en el conflicto de Inglaterra al lado de Francia (1657), decidió, tras la segunda batalla de las Dunas (1658), el resultado de esta guerra de desgaste. Por la paz de los Pirineos (1659) España cedió a Francia Rosellón, Cerdaña, Artois y algunas plazas flamencas, además de aceptar la presencia francesa en Alsacia. Con ello se confirmaba el paso de la hegemonía continental a Francia.

En el Báltico, el nuevo rey sueco Carlos X, en una serie de brillantes campañas, venció a polacos, daneses y brandemburgueses en su empeño por dominar esa región (1658). Pero sus éxitos provocaron el recelo de las demás potencias, ante la posibilidad de que Suecia se convirtiera en dueña absoluta de un espacio vital desde el punto de vista del comercio. La intervención de Holanda, Austria, Francia e Inglaterra forzó la firma de la paz de Oliva (1660), que reconocía ventajas a Suecia, pero también salvaguardaba los intereses de Polonia, Brandemburgo y Rusia. Con éste se cerró la serie de tratados que configuraron el nuevo sistema europeo de equilibrio entre las potencias.

La firma de los tratados de Westfalia (1648), en Münster y Osnabrück, señala no sólo el fin de la Guerra de los Treinta Años: marca, al mismo tiempo, la terminación de un largo proceso de desintegración de Alemania y el comienzo de la decadencia de los Habsburgo de Austria.

Había en el Sacro Imperio más de trescientos Estados que existían desde hacía siglos, y que habían afirmado su poder durante la Reforma, alrededor de cien años antes. Por los tratados de Westfalia obtuvieron libertad religiosa y derecho para formar alianzas y actuar como unidades soberanas, aun en el nivel internacional.

Por otra parte, en sus territorios (principalmente Austria y Bohemia), los Habsburgo pudieron extirpar momentáneamente el protestantismo, mientras Baviera anexaba el Alto Palatinado, tornándolo católico. Suiza y las Provincias Unidas confirmaron su independencia. Los limites demarcatorios dieron a las Provincias Unidas el control del estuario del río Escalda, que fue cerrado a los navíos que buscaban el océano. Esto favoreció el progreso del puerto de Amsterdam, pasando el de Amberes a segundo plano.

Suecia recibió el arzobispado de Bremen (no así la ciudad libre), Pomerania occidental y el obispado de Verden, controlando los estuarios del Elba, Wéser y Oder. El Báltico se convirtió, en la práctica, en un lago sueco.
Francia vio confirmada su posesión de los tres Obispados -Metz, Toul y Verdún- y se anexó parte de Alsacia. Los límites fijados fueron, en grandes líneas, conservados hasta la Revolución Francesa.

PARA SABER MAS…

La Guerra de los Treinta Años, en la que se enfrenta toda Europa, provocó una destrucción como el continente no veía desde la caída del Imperio Romano y la peste negra.

Se calcula que aproximadamente un tercio de la población de Europa central murió en ese período, como consecuencia de la guerra. La destrucción en bienes, ciudades y cosechas fue de tal orden que algunos recurrieron al canibalismo.

Inglaterra, que consiguió mantenerse fuera del conflicto continental, se beneficiará por ello, de la misma forma que los Cantones suizos. Entretanto, en la propia Europa, existe un centro donde, a pesar de la intensa destrucción producida por las luchas emancipadoras la economía renace: son los Países Bajos.

El Renacimiento había tenido como escenario inicial a Italia, y en especial a las señorías del Centro. Mas esa península cayó, en su mayor parte bajo el yugo alternado de Francia y España y no comenzó a progresar hasta más tarde. En Praga y en Bohemia los estratos medios y los labradores se irguieron contra los señores feudales. Pero el Sacro Imperio los aplastó y restableció la servidumbre de la gleba.

En los Países Bajos, durante el siglo XVII, las clases medias crearon por primera vez un Estado moderno europeo, en el cual el comercio era la principal actividad y los burgueses el sector más importante.

Se justifica plenamente el llamar al siglo XVII «la edad de los holandeses», porque por todos los mares navega su gigantesca flota, que transporta cerca de 80 por ciento de las mercaderías que se venden en Europa, creando así un imperio diferente, el comercial —no territorial— cuyo antecedente fue el de Portugal. Holanda es el país con más elevado nivel cíe vida y la mayor libertad de expresión. Esa riqueza confiere gran poder a la República, reforzada en su determinación de asegurarse la independencia.

Cuando Luis XIV intenta dominar el país, el pueblo hace saltar los diques e inunda sus tierras, prefiriendo ahogarse a perder sus derechos.

Eso jamás había ocurrido antes y fue harto significativo. Las contiendas entre las naciones jóvenes son muy diversas de las que habían separado a la Iglesia del Imperio. Principalmente España, Francia, Inglaterra y Holanda se disputan en los mares la supremacía comercial y en el continente los mercacados.

Comienza la era del mercantilismo, de los monopolios concedidos por el Estado, de la continua acumulación de dinero por parte de las grandes Compañías de las Indias que, en Inglaterra terminaron produciendo una revolución y la reforma del Estado por la fracción puritana de los calvinistas. La Revolución de 1688 confirmó que Inglaterra nunca más sería una monarquía absoluta.

En América, los puritanos ingleses crearon una sociedad que no conoció el feudalismo. Pronto las colonias norteamericanas de Gran Bretaña se independizaron y la «Revolución Americana» dio un modelo ideal a los estratos medios europeos.

En Francia el ejemplo estadounidense —que abrevara sus ideas en los enciclopedistas franceses—, el espíritu de iluminismo (o la «ilustración») de la libre crítica y del libre pensamiento corroerán las bases del absolutismo. Finalmente, los estratos medios, aliados a los populares, cortarán la cabeza del monarca para establecer un nuevo tipo de Estado, precursor del Estado moderno.

Surgidos entre los dos estamentos hereditarios del Medioevo, estos estratos medios se insertarán entre ellos como cuña y harán cambiar todo el antiguo sistema. Ellos crearán un mundo nuevo, aunque las viejas estructuras hayan perdurado hasta hoy.

Primeros Explosivos Usado en la Guerra Historia T.N.T. Glicerina

HISTORIA DE LOS PRIMEROS EXPLOSIVOS PARA USOS BÈLICOS

Cuando investigando Nobel hace una mezcla de nitroglicerina y algodón-pólvora (idea que se le ocurre cuando se corta un dedo y pide a su ayudante colodion), dá con un nuevo explosivo que llamó: gelatina explosiva.  Este nuevo explosivo resultó una mitad más enérgico que la dinamita, y se ha utilizado en grandes cantidades para la perforación de montañas como los Alpes, donde la roca es tan dura, que con dificultad se hubiera podido llevar a cabo la obra sin él. La gelatina explosiva es una de las fuerzas más violentas de que disponen los hombres.

En su forma pura, sólo se puede emplear en roca muy dura. Nobel encontró pronto la manera de modificar su terrible acción, añadiendo salitre y serrín a la mezcla de algodón-pólvora y nitroglicerina. Al presente, en muchos países, los explosivos gelatinosos han ido reemplazando a la dinamita.

uso de tnt

Historia de los Explosivos

Fue preciso pasasen muchos años antes de poder llegar a conocer la manera de aplicar los explosivos modernos a las necesidades de la guerra, y reemplazar la pólvora por los preparados mucho más enérgicos en la artillería. Aun después de conseguir pulverizar la nitroglicerina por medio de substancias reductoras de su fuerza explosiva, no pudo emplearse para los disparos de los cañones. Se verificaba tan rápidamente la formación de gases, que las piezas reventaban en lugar de salir el proyectil por la boca.

Dos son las clases o tipos de explosivos que se necesitan en el ejército, clasificándose en «impulsores o lentos» y «rompedores, alto-explosivos o rápidos». Los primeros se emplean en los fusiles y cañones, donde se precisa dar una gran fuerza de impulsión a la bala, no debiendo explotar demasiado rápidamente.

Los altamente explosivos o rompedores se colocan dentro de las granadas, de suerte que revienten, destrozándolas en pedazos, sobre el enemigo. Deben explotar instantáneamente, de manera que su acción sea destructora y mucho más violenta que la explosión que se precisa en los disparos.

Los principales componentes de casi todos los explosivos impulsores utilizados para fines militares son generalmente el algodón-pólvora y la nitrocelulosa. Estos se consiguen tratando el algodón, o materiales semejantes, tales como la lana, yute, paja, almidón, azúcar, etc., con el ácido nítrico y de la manera como describiremos más adelante. En su estado natural, el algodón-pólvora es muy inestable y explota demasiado rápidamente para poder emplearle en los cañones.

Los inventores de todos los países lograron modificarle de diferente manera. El primer producto perfeccionado, y que se empleó con éxito en los fusiles, lo consiguió un francés en 1884, Pablo Vieille, adoptado por el Gobierno con el nombre de «pólvora B», inicial del general Boulanger, entonces ministro de la Guerra.

La pólvora B se preparaba añadiendo algún disolvente al algodón-pólvora, que le convertía en una masa pastosa. Prensándola, se la hacía pasar por una especie de hileras para darla la forma de cintas o bastones, que se cortaban después en trozos de pequeña longitud. Evaporado el disolvente, adquiría cierta dureza y un color pardo obscuro, y los trozos pequeños explotaban con la lentitud necesaria para poder utilizarse bastante satisfactoriamente.

Barcos de guerra destruidos por las modernas pólvoras sin humo
Esta mezcla, es decir, la pólvora B, ha sido también modificada de modos diversos, muy especialmente agregando substancias para hacerla más estable y ensayando diferentes reactivos con ella. Si se emplea la acetona, el producto es muy frágil; así que es mucho más frecuente utilizar una mezcla de éter y alcohol.

La pólvora B alcanzó tristísima notoriedad, debido a los muchos y terribles accidentes que causó su empleo, entre ellos la completa destrucción de los dos grandes acorazados franceses el Jéna, en 1907, y el Liberté, en 1911, tremendas catástrofes ocurridas dentro del mismo puerto de Tolón y a la vista de toda la ciudad. Verdaderamente, antes del desastre del Jéna habían ocurrido veinticuatro casos de explosión espontánea de la pólvora B. Estos accidentes impidieron la adoptasen otros países, siendo los únicos que emplean compuestos derivados del algodón-pólvora, para todos los tipos de sus cañones, Francia, Rusia y los Estados Unidos. Las pólvoras sin humo, sin embargo, se usan en la artillería de pequeño calibre en todas las grandes potencias, a excepción de Inglaterra e Italia.

Cuando se vio que el algodón-pólvora daba lugar a tan desastrosos accidentes, todos los químicos especialistas de Francia, Rusia y los Estados Unidos pusiéronse a estudiar la causa de su descomposición, así como buscaron los medios de evitarla. De este esfuerzo combinado resultaron infinidad de perfeccionamientos y mejoras relacionados con la limpieza del algodón, nitrificación del mismo, lavado y expulsión de los ácidos, etc., etc. Se vio también era conveniente tratar con reactivos frescos las pólvoras de tres o cuatro años.

Con tales precauciones, se cree que las pólvoras sin humo provinentes de la nitrocelulosa son tan seguras como cualesquiera otras, y por esta causa, Francia, Rusia y los Estados Unidos continúan empleando exclusivamente estos tipos para todos sus cañones. Todas las potencias, a excepción de Inglaterra e Italia, la emplean también en los fusiles y piezas de pequeño calibre. Tiene la ventaja de que el desgaste de los cañones es menor cuando se utiliza en lugar de otras pólvoras.

COMO ESTÁN COMPUESTOS LOS EXPLOSIVOS
Les explosivos producen un gran volumen de gas con desarrollo de calor por medio de una combustión inmediato; por ello es claro que todos contienen una parte que cede el oxígeno necesario (comburente u oxidante) y una parte destinada a unirse con el oxígeno (combustible o reducente). Los elementos comúnmente utilizados como combustible son el carbono, el hidrogeno, el azufre y el aluminio. El carbono se encuentra en casi todos los explosivos; el hidrógeno, en. la mayor parte, y el azufre y el aluminio, en algunos solamente. Además de estos elementos, los explosivos contienen sustancias más o menos inertes (o sea que no se combinan con el oxígeno) cuya función es la de servir (digámoslo así) de armadura para la estructura de las moléculas. Sustancias inertes utilizadas son, principalmente, el nitrógeno (en su compuesto de ácido nítrico, NO3H), el cloro, el sodio y el potasio.

Relativa ventaja de la cordita y otros explosivos
El Gobierno británico nunca ha podido convencerse de que los explosivos obtenidos directamente del algodón-pólvora fuesen tan seguros como la cordita, que ellos han conseguido partiendo de otro invento de Alfredo Nobel. Este químico encontró que mientras la nitroglicerina es demasiado rápida al accionar como explosivo para poder ser utilizada en los disparos de cañón, una mezcla de nitroglicerina con algodón-pólvora gelatinizado resulta un compuesto muy satisfactorio. Abel y Dewar, trabajando ambos por el Gobierno inglés, descubrieron poco a poco el siguiente procedimiento para obtener este explosivo. El algodón-pólvora y la nitroglicerina se mezclan a mano, disolviendo todo en acetona hasta formar una pasta, que se hace pasar por prensas muy semejantes a las máquinas para fabricar ciertas formas de pasta para sopa. Por este motivo tomó el nombre de «cordita», que quiere decir tirilla, cordoncillo o cilindrillo.

Durante muchos años, su composición fue de 58 partes de nitroglicerina, 17 de algodón-pólvora y 5 de vaselina; pero como en la guerra contra los boers se vio que el desgaste de los cañones era excesivo, se varió la mezcla a 30 partes de nitroglicerina y 65 de algodón-pólvora. Aun así y todo, la vida de los cañones de grueso calibre es la mitad de la media de los que utilizan, como los nuestros, el algodón-pólvora directamente; pero el Gobierno inglés cree que esto se compensa por la mayor economía, buen funcionamiento y seguridad del explosivo cordita.

Tanto una como otra clase de estas pólvoras se conocen con la denominación de «pólvoras sin humo», porque no dejan residuos sólidos y se transforman totalmente en gases. Estos nuevos explosivos impulsores han revolucionado por completo los suministros para el ejército y la marina. Cuando se disparan los cañones no producen humo, y, por tanto, no se oculta el lugar de la batalla, lanzando los proyectiles y granadas a distancias nunca soñadas por los artilleros de los tiempos viejos. Se fabrican ahora cañones que pueden disparar, desde cada borda, proyectiles de acero pesando 5.500 kilogramos a una distancia de. 33.600 metros, y a menudo bombardean fuertes y barcos tan alejados, que no pueden verse a simple vista los hombres que luchan. Naturalmente, los disparos se van regulando por las indicaciones de los aviadores.

Pero aún más terribles que éstos son los enérgicos altos explosivos llamados rompedores, que se emplean para hacer reventar las granadas, has substancias utilizadas con este objeto deben tener dos propiedades, al parecer contradictorias: primero es necesario que exploten con choque violento, como se efectúa en las pólvoras propulsoras, para lanzar a distancias considerables las pesadas granadas; y segundo, cuando llegue su preciso momento, al término de su recorrido, estalle instantáneamente y con ta1 fuerza, que el casco de la granada se desparrame en pedazos sobre las cabezas del enemigo. No todas las substancias, naturalmente, cumplen estos requisitos.

El ácido pícrico es un explosivo muy enérgico, aplicado en otras industrias hasta hace poco, ha «melinita» francesa, la japonesa «shimocita» y las «lidita» y «perlita» inglesas son compuestos en los que entra el ácido pícrico. Es una preparación del alquitrán utilizada frecuentemente en las tintorerías, pues da un brillante color amarillo a los tejidos.

Fue empleado durante muchos años como tinte, sin que, a excepción de algunos hombres de ciencia, se conocieran sus propiedades explosivas. Una terrible explosión en cierta tintorería de Manchester atrajo la atención pública a estas propiedades. El ácido pícrico puede liquidarse, y en este estado, de color amarillento muy parecido a la miel, se introduce en las granadas, donde se solidifica. El fulminante colocado en la espoleta, artificio destinado a producir la inflamación de la carga interior, es casi la única cosa que puede hacer que explote.

Recientemente ha sido fabricado un nuevo explosivo, denominado «trinito de tolueno». Es éste también un producto de alquitrán, muy semejante en su composición al ácido pícrico. Aunque el trinitro de tolueno, conocido en todo el mundo por «T. N. T.», es aún más enérgico que el ácido pícrico, su manejo es mucho menos peligroso que los demás explosivos. Cuando el proyectil gigante, cargado de T. N. T, llega al lugar y momento en su trayectoria y explota, realmente ensordece, y al desaparecer las nubes de polvo y humo parece como si hubiera cambiado la faz de la Tierra. En ella ahonda enormes cráteres, arranca de cuajo los árboles y deshace la roca más dura en polvillo.

Puesto que la mayoría de los explosivos empleados en los suministros militares y fines industriales se preparan con nitroglicerina y algodón-pólvora, o mezclando estas dos substancias, será de gran interés dar a conocer la forma, procedimientos y algún detalle de su fabricación.

barcos explotados

Fuente Consultada:
Colección Moderna de Conocimientos Universales – Tomo II W.M. Jackson, Inc.

Mitos y Creencias de los Celtas Religion y Dioses Celtas

Mitos y Creencias de los Celtas – Religión

Los celtas carecieron de una unidad mitológica, como de alguna manera correspondía al extenso y complejo conglomerado de tribus y pueblos que ellos constituyeron. De esta manera, según las regiones, aparecen dioses y mitos con distintos nombres y, por lo general, con singularidades locales. Aun así, es posible destacar una serie de temas recurrentes, como las aventuras de guerreros valerosos y heroicos, y una particular interpretación del mundo de la naturaleza con intrigantes y misteriosas dimensiones.

Justamente por esa carencia de unidad, la mitología celta ha tenido varias subdivisiones, entre las que se destacan la céltica antigua; la irlandesa, a su vez dividida en varios ciclos (el Mitológico, el de Ulster, el del héroe Fionn y el Histórico); y finalmente la galesa.

En la mitología irlandesa, existe un mito originario en el que dos razas se hallan en permanente guerra: la de los Tuatha De Danann y la de los Fomoré. Los primeros eran el quinto grupo de habitantes de Irlanda y estaban asociados con los grandes reyes y héroes; los segundos, en cambio, constituían un pueblo de gigantes que amenazaban constantemente con invadir Irlanda, representando a las fuerzas del mal.

En el panteón irlandés, sobresalía Dagda, señor de los elementos y guía divino de los druidas. Según la leyenda, fue él quien condujo a la victoria a los Tuatha De Danann contra los Fomoré, quienes a su vez tenían a Balar como su principal divinidad. Dagda era señalado como un dios bondadoso, glotón y muy activo sexualmente. Se lo representaba con un caldero siempre inagotable y un arpa mágica que podía sonar sin que su dueño la tocara.

Finalmente, cargaba una maza que tenía el poder de matar o resucitar según con cuál de sus extremos golpeara. A Balar, por su parte, se lo figuraba con un ojo en la frente y otro en la nuca, que habitualmente estaba cerrado, pero cuando se abría causaba la muerte de quien lo mirara.

Otros dioses importantes de la mitología irlandesa son Morrigan, diosa de la guerra;Erigid, diosa del fuego y la poesía; Goibniu, dios de los artesanos que forjan las armas de los guerreros; Diancech, dios de la medicina; Angus, dios del amor; y Lug, que por cumplir todas las funciones divinas carece de una en especial.

Finalmente, sobresale también Cernunnos, dios de la abundancia y de los animales salvajes. Representado con orejas y cuernos de ciervo, suele estar acompañado por una serpiente con cabeza de carnero.

También los celtas galos creyeron en importante cantidad de divinidades, entre las que se destacaron Taranis, Teutates y Esus.

Dentro de este escenario mitológico, los celtas en general dieron particular importancia al mundo subterráneo, morada de las almas de los difuntos, a los que creían inmortales. También prestaron atención a los elementos de la naturaleza, como el aire y el fuego, que los druidas decían saber manejar contra los enemigos.

Esta cosmovisión promovió la confección de armas específicamente diseñadas para su uso en rituales y ceremonias religiosas, en honor a alguna de sus divinidades o para ser enterradas junto a los guerreros caídos en el campo de batalla. En esos objetos, era común la empuñadura de oro con incrustaciones de piedras y marfil. También las vainas eran profusamente decoradas con predominio de figuras antropomorfas y zoomorfas.

En cascos y escudos, en cambio, se destacaban las figuras geométricas, especialmente compuestas de círculos y líneas curvas.

Además de la metalurgia en oro, plata, hierro y bronce, los celtas trabajaron la piedra y la madera, a las que tallaron y pulieron para transformarlas en las figuras de sus dioses. Particularmente importantes son los grandes monumentos graníticos que se hallan dispersos por toda la geografía celta, como los dólmenes y los menhires.

En especial se destacan grandes bloques que fueron enterrados verticalmente, en los que realizaron diversos tipos de inscripciones. Se sabe que no siempre estas piedras fueron plantadas por los propios celtas, sino por sociedades anteriores, como parte de cultos solares o bien para indicar posesiones o enterramientos. Pero los celtas las integraron a su mundo y en ellas grabaron cruces y textos escritos en el alfabeto «ogham» utilizado por los sacerdotes.

Incluso, consideraron que semejantes bloques de piedra, cuyo peso y tamaño hacían pensar en una gran fuerza e inteligencia para su transporte y enterramiento, debieron de haber sido el producto de una sociedad tan poderosa como sabia, lo que alimentó aun más su devoción hacia ellos. Según los antiguos celtas, estos monumentos tenían diferentes poderes mágicos y, de acuerdo con la calidad de cada uno, cumplían distintas funciones. Así, a sus pies se realizaban juramentos antes de las batallas, promesas, curaciones y ceremonias de fecundidad.

religion celta
CUCHULAINN: ESTA ESTATUA DE UN ÁNGEL Y UN HOMBRE ARMADO CON UNA ESPADA ES UNA REPRESENTACIÓN DE UNO DE LOS MÁS GRANDES HÉROES CELTAS: CUCHULAINN. SE ENCUENTRA EN LA UNIVERSIDAD DE QUEEN’ S, BELFAST, IRLANDA.

EL SACRIFICIO HUMANO: Según los registros y testimonios romanos, los celtas practicaron rituales y ceremonias sacrificiales, en las que animales y seres humanos eran arrojados a los ríos y lagos, como ofrendas s los dioses. También habrían realizado sacrificios en gran escala, sobre todo de prisioneros, aunque esta última cuestión puede haber surgido de una exageración romana o una difamación de sus enemigos.

Lo que sí está documentado son los ritos que ofrecieron a sus guerreros muertos en combate, a quienes les dedicaban un enterramiento especial, en el que adornaban al fallecido con armas bellamente decoradas, calderos y vituallas para su vida en el más allá.

Fuente Consultada:
Los Celtas Tomo N° 18 Grandes Civilizaciones de la Historia
Diccionario Insólito Tomo I Luis Melnik
Enigmas de la Humanidad – Misterios Sin Resolver

La Polvora Historia de la Polvora Su Descubrimiento y Primeros Usos

HISTORIA DE LA POLVORA Y OTROS EXPLOSIVOS – PRIMEROS USOS

La pólvora es uno de los inventos más Importantes de la historia de la humanidad.  Aunque generalmente ha venido aplicándose con finalidades destructivas, sus usos industriales y comerciales han surtido efectos importantes y de gran trascendencia, permitiendo una explotación más económica de recursos naturales que, de otro modo, hubieran debido obtenerse empleando la maquinaria relativamente rudimentaria de la que se disponía antes del siglo XIX.

Si se considera la importancia de la pólvora en la historia del mundo, sorprende que sus orígenes hayan permanecido inciertos, a pesar de las investigaciones más recientes.

Sin embargo, se sabe que una forma de pólvora de poca potencia fue empleada por los chinos a primeros del siglo XI, y que a mediados del siglo XIII se utilizaba la pólvora como elemento propulsor.

A Europa llegó a través de los árabes, y hacia 1290 Roger Bacon ya conocía sus componentes y sus efectos explosivos.

Hay pruebas evidentes de que en 1320 en Europa se utilizaba la pólvora como carga impulsante para cañones y otros tipos de armas de fuego.

historia de la polvora

¿Que Son Los Explosivos?: Son compuestos o mezclas de compuestos químicos que arden o se descomponen rápidamente generando grandes cantidades de gas y calor, y los consiguientes efectos de presión repentinos.

En tiempos de paz los explosivos se utilizan principalmente para voladuras en minería y en cantería, aunque también se emplean en fuegos artificiales, en aparatos de señalización y para hacer remaches y moldear metales.

Los explosivos se utilizan también como propulsores para proyectiles y cohetes, como cargas explosivas para la demolición, y para hacer bombas y minas.

El primer explosivo conocido fue la pólvora, llamada también “polvo negro”. Se empezó a utilizar hacia el siglo XIII y fue el único explosivo conocido durante siglos.

Los nitratos de celulosa y la nitroglicerina, ambos descubiertos en 1846, fueron los primeros explosivos modernos. Desde entonces, nitratos, compuestos de nitrógeno, fulminatos y azidas han sido los principales compuestos explosivos utilizados por separado o mezclados con combustibles y otros agentes.

El trióxido de xenón, que fue el primer óxido explosivo, se desarrolló en 1962.

Muchos tipos de armas de fuego, como las provistas de recámara y los revólveres, habrían alcanzado un desarrollo completo bastante antes si la pólvora de la época hubiera sido un producto mejor, pero hasta la década de 1880 no hubo cambios importantes en la composición de la carga impulsora para armas de fuego.

Esos cambios —el desarrollo de la nitrocelulosa—, revolucionaron el diseño y el funcionamiento de las armas de fuego tanto como, cinco siglos antes, la pólvora había revolucionado la capacidad humana para iniciar guerras.

En un principio, la producción de la pólvora estaba a cargo de maestros artesano, quienes la fabricaban según fórmulas enteramente empíricas.

Una de las primeras fábricas de pólvora, tal como la entendemos en la actualidad, fue la inglesa de Waltham Abbey, que data de 1561. La primera fábrica de pólvora de Estados Unidos se construyó en 1675, en Milton, Massachussets.

HISTORIA DE LA POLVORA

La pólvora, es un polvo explosivo utilizado en balística, en particular pólvora negra, una mezcla explosiva de un 75% de nitrato potásico, un 15% de carbón y un 10% de azufre aproximadamente.

La pólvora fue el primer explosivo conocido; su fórmula aparece ya en el siglo XIII, en los escritos del monje inglés Roger Bacon, aunque parece haber sido descubierta por los chinos, que la utilizaron con anterioridad en la fabricación de fuegos artificiales.

historia de la polvora

Es probable que la pólvora se introdujera en Europa procedente del Oriente Próximo. Berthold Schwarz, un monje alemán, a comienzos del siglo XIV, puede haber sido el primero en utilizar la pólvora para impulsar un proyectil.

Sean cuales sean los datos precisos y las identidades de sus descubridores y primeros usuarios, lo cierto es que la pólvora se fabricaba en Inglaterra en 1334 y que en 1340 Alemania contaba con instalaciones para su fabricación.

El primer intento de utilización de la pólvora para minar los muros de las fortificaciones se llevó a cabo durante el sitio de Pisa en 1403.

En la segunda mitad del siglo XVI, la fabricación de pólvora en la mayoría de los países era un monopolio del Estado, que reglamentó su uso a comienzos del siglo XVII.

Fue el único explosivo conocido hasta el descubrimiento del denominado oro fulminante, un poderoso explosivo utilizado por primera vez en 1628 durante las contiendas bélicas que se desarrollaron en el continente europeo.

HISTORIA DE LA POLVORA Y USOS

Grabado alemán de 1450 que muestra a un maestro armero, a la izquierda, supervisando la operación de moler pólvora. Cada uno de los hombres tira de una pesada viga, acoplada a un resorte, el peso de la cual, al caer, desmenuza los ingredientes con que se fabrica la pólvora.

UN POCO DE HISTORIA
Por Raquel Cubero

Aunque su función primigenia era la de servir de vía para la introducción en Europa de sedas y telas orientales, muchos otros objetos y materiales acabaron por llegar a occidente a través de ella.

Entre ellos se encontraba uno que cambiaría el curso de la historia: la pólvora.

La pólvora, el primer explosivo conocido, fue descubierta por casualidad en China en torno al siglo IX. Su hallazgo parece ser fruto de las investigaciones de algún alquimista que, en su búsqueda del elixir de la eterna juventud, dio por accidente con la fórmula del explosivo.

De hecho las primeras referencias a la pólvora las encontramos en textos herméticos advirtiendo de los peligros de mezclar determinadas sustancias.

En el siglo X ya se utilizaba con propósitos militares en forma de cohetes y bombas explosivas lanzadas desde catapultas.

Se sabe que ya en el año 1126 se utilizaban cañones hechos de tubos de bambú para lanzar proyectiles al enemigo. Más tarde esos tubos serían sustituidos por otros de metal más resistente; el más antiguo del que se tiene noticia data de1290.

Desde China el uso militar de la pólvora pasó a Japón y a Europa. Se sabe que fue usado por los mongoles contra los húngaros en 1241 y que Roger Bacon hace una mención en 1248.

Hasta ese momento Europa sólo había contado con un producto inflamable llamado «fuego griego» que sin embargo no podría competir con la efectividad del recién llegado invento.

Durante el siglo XIV el uso de cañones se generalizó tanto en China como en Europa, pero el problema seguía residiendo en crear tubos de metal capaces de contener las tremendas explosiones que se producían en su interior.

Este problema pudo haber conducido a la falsa afirmación de que los chinos sólo utilizaron la pólvora para hacer fuegos artificiales, lo que no es en absoluto cierto ya que está documentado que hicieron uso de ella con propósitos bélicos en numerosas ocasiones.

Así por ejemplo el grosor y la solidez de las murallas de Beijing deja bien a las claras que se diseñaron para resistir el ataque de la artillería enemiga y la dinastía Ming cambió la ubicación de la antigua capital Nanjing por el hecho de que las colinas de alrededor eran una localización demasiado tentadora para que el adversario ubicara sus cañones.

Cuenta la leyenda que la fórmula pudo llegar a Europa en 1324 de la mano de un monje peregrino. La receta consistía en la mezcla de carbón, azufre y salitre que el religioso comunicó al abad de un monasterio donde pernoctó.

A la mañana siguiente el monje que se encontraba en la puerta al ver salir al huésped, pudo comprobar con horror que debajo de los ropajes monacales le asomaba un rabo peludo: era el mismísimo diablo que el terrible invento venía a perturbar para siempre y a sembrar el caos la sociedad de la época.

La pólvora se extendió con rapidez por toda Europa y jugó un papel fundamental en el equilibrio de poder que se establecería a partir de entonces, ya que eran muy pocos los personajes que contaban con dinero y capacidad suficiente para fabricar armas.

Entre los siglos XV al XVII se asistiría a un amplio desarrollo de la tecnología relacionada con al pólvora.

Los avances en el campo de la metalurgia hicieron posible la elaboración de armas de pequeños tamaño y mosquetes.

Resulta curioso que todavía en el siglo XV, Enrique VIII de Inglaterra manifestara que «las armas de fuego nunca suplantarían al arco largo de la infantería inglesa».

Incluso tiempo después, cuando las armas se habían generalizado en todos los ejércitos, muchos seguían considerando su uso como una vileza impropia de verdaderos caballeros.

historia de la polvora

Ilustración de Leonardo da Vinci que nuestra un mortero disparando granadas y cascos explosivos.

A partir de la segunda mitad del siglo XVI la fabricación de la pólvora en casi todos los países, estaba ya en manos del Estado y su uso sería reglamentado poco después.

En 1886 Paul Vielle inventó un tipo de pólvora sin humo hecho con nitrocelulosa gelatinizada mezclada con éter y alcohol.

Esta mezcla se pasaba por unos rodillos para formar finas hojas que después se cortaban con una guillotina al tamaño deseado.

El ejército francés fue el primero en usar este nuevo tipo de explosivo, que no formaba humo y era mucho más potente que el anterior, y otros países europeos no tardaron es seguir su ejemplo.

Muchas otras innovaciones se sucedieron en el campo de los materiales explosivos hasta llegar a la actualidad, pero sin duda la aparición de la pólvora en occidente en la Edad Media fue el acontecimiento más significativo.

historia de la polvora

Vemos al maestro armero, en otro grabado del mismo libro, examina las operaciones de pesar y mezclar los ingredientes esenciales de la composición de la pólvora. Después, estos ingredientes se mezclan hasta formar una especie de pasta húmeda. Los trabajadores están preparando mechas para acoplarlas a cada una de las «granadas» ya elaboradas.

OTROS EXPLOSIVOS DE FINES DEL SIGLO XX:

De todas las fuerzas que la Humanidad ha podido dominar, ninguna tan utilizable como el fuego.

Pero no sólo en la acepción más conocida le la palabra, sino también en aquellos innumerables casos semejantes a lo que : turre cuando se presenta el fenómeno por la combinación del oxígeno con otras sustancias.

Al morir un árbol, el oxígeno del aire se combina lentamente con la materia orgánica de que se forma el tronco; es una combustión que dura años. Si un trozo de hierro se expone al aire, el oxígeno también ataca al metal; la combinación entonces puede durar unas semanas o meses. 

Los químicos han dado el nombre de «oxidación» a esta clase de cambios o reacciones químicas que resultan de la tendencia del oxígeno a combinarse con otras substancias.

Los pocos ejemplos antes citados muestran que la oxidación es el cambio o reacción química más importante.

Ahora vamos a hablar de las oxidaciones rápidas que tienen lugar al disparar los cañones.

Casi todas las substancias que arden pueden servir para preparar los explosivos, con tal de que el oxígeno se combine con ellas muy rápidamente.

El carbón apilado se oxida muy lentamente y se conserva siempre a una temperatura baja; serían precisos millares de años para consumir todo el montón; pero si se calienta, el oxígeno le ataca con más rapidez y da un fuego brillante que produce a su vez calor.

Forzando el aire, o mejor, oxígeno puro, de suerte que se introduzca en la masa, desprenderá una llama blanca deslumbrante, aumentando la temperatura.

Todavía no se produce explosión, porque el oxígeno tarda aún bastante tiempo en combinarse con el carbón.

Pero si pulverizamos éste muy finamente, mezclándole con la cantidad de aire que convenga, explotará con violencia al quemarse, pues cada partícula de carbón estará rodeada de oxígeno y puede combinarse con extrema rapidez.

Muchos de los terribles accidentes en las minas son debidos a esta clase de explosiones.

No todas las mezclas de gases y sólidos se prestan para poder almacenarse y transportar convenientemente, y, por tanto, satisfacer las condiciones precisas en la industria de explosivos y suministros militares.

Si agregamos al polvo muy fino de carbón de piedra, o mejor, vegetal, salitre, que es una substancia que contiene tres mil veces tanto oxígeno como el mismo volumen de aire, tenemos los ingredientes necesarios para preparar un explosivo comercial, en el que el oxígeno y la materia inflamable se presentan en estado sólido y pueden además mezclarse muy íntimamente.

Cada partícula de carbón vegetal dispone del oxígeno encerrado en el salitre; así que los dos se combinan con rapidez explosiva.

Estas dos substancias son los componentes de la pólvora negra ordinaria.

Dos factores combinados influyen en la fuerza desarrollada en una explosión. El primero es que el sólido explosivo, ocupando un pequeño espacio, pueda transformarse al oxidarse en un gran volumen de gases.

Así, por ejemplo, tres decímetros cúbicos de nitroglicerina, pesando 45 kilogramos, se convierte en una fracción de segundo en gases que al enfriar a la temperatura ordinaria ocupan unos 30 metros cúbicos.

Más importante aún es que en la explosión se desarrolle gran cantidad de calor, el cual dilata extraordinariamente los gases.

Probablemente, los producidos en la explosión de los 45 kilogramos de nitroglicerina a la temperatura que predomina al generarse ocuparían cerca de 300 metros cúbicos.

En el momento de formarse los gases la presión se acerca a 14.000 ó 21.000 kilogramos por centímetro cuadrado, y mil veces mayor que la presión a que trabaja una caldera ordinaria de vapor.

Esta producción de grandes cantidades de gases a altas temperaturas y enormes presiones es la causa de los efectos de la explosión.

El recipiente o barreno que contenga el explosivo queda destrozado instantáneamente; la roca y cuanto encuentren en su camino los gases dilatados saltará como paja arrastrada por el viento.

La onda de aire formada al salir los gases se extiende en todas direcciones, destrozando vidrieras y muchas veces sólidas casas de piedra situadas a distancia.

Tal es la explicación de cómo se produce la mayor fuerza de los tiempos modernos. La lámpara de petróleo arde fija y lentamente a causa del poco aire que entra en ella.

Si este último se mezcla con el petróleo, rápidamente se produce una explosión, que puede aprovecharse para hacer volar a un aeroplano a la velocidad de 270 kilómetros por hora.

El automóvil no es más que una máquina en la que se utilizan una serie de explosiones para hacer mover las ruedas. La fuerza de los motores modernos de gas procede de las explosiones de éste con el aire.

En todos los casos el oxígeno de la atmósfera se mezcla íntimamente con el petróleo o el gas, antes de que se verifique la reacción provocada por el calor. Así, en vez de efectuarse una combustión lenta, tiene lugar un rápido proceso, por el que se produce una súbita y violenta expansión de gases.

Estos empujan el émbolo, que recorre un cilindro, movimiento que se transforma de manera conveniente en otro que pueda hacer girar las ruedas del automóvil o la hélice de un aeroplano.

En otras palabras, los mecanismos de muchas fábricas y talleres se mueven debido a la utilización de esta terrible arma de que tanto hemos oído hablar en su aplicación más sensacional en relación con la guerra.

Como dijimos antes la pólvora fue inventada por los árabes en el siglo XIII  e introducida en la cristiandad por Roger Bacon hacia 1270 y cincuenta años antes Bertoldo Schwartz de Freiberg la había dado a conocer, su uso industrial como explosivo fue despreciado durante siglos.

El  arte de la construcción de caminos, la edificación en general y la explotación de minas estaban apenas tan adelantadas en la época Shakespeare como en la de Virgilio.

Parece se empleó la pólvora por primera vez en minería hacia 1613, en raya época Martín Weigel, un minero de Freiberg, comenzó a arrancar mineral por la explosión de barrenos.

Hasta hace unos cincuenta años la pólvora era el explosivo más enérgico que podía emplearse sin peligro.

En las artes, durante la paz, así como en la guerra, una mezcla de carbón vegetal y salitre, a la que se añadía cierta cantidad de azufre, producían los gases con que los hombres se mataban o perforaban los túneles.

La pólvora negra tipo, adoptada por los Estados Unido; para su ejército hasta la guerra con España, contenía 75 por 100 de salitre, 15 por 100 de carbón vegetal y 10 por 100 de azufre. Sin embargo, una serie de explosivos mucho más enérgicos habían sido ya descubiertos por los químicos modernos.

En 1832, Braconnot transformó el almidón, tratándole por el ácido nítrico, en un terrible explosivo; seis años después, Pelouse y Dumas prepare el algodón-pólvora y papel-pólvora, mirificando también estas materias.

En 1846, el italiano Ascanio Sobrero trató la glicerina por el ácido nítrico y produjo la nitroglicerina, que adquirió trágica notoriedad con el nombre de «aceite explosivo», pues era un compuesto muy delicado que explotaba al menor choque.

Como era líquido, se filtraba a través de las hendeduras de la roca cuando se echaba en un barreno; requeríase un gran cuidado al colocarlo y producir la explosión por una sencilla espoleta.

Fueron tan frecuentes los accidentes, que se prohibió su empleo en algunos países; y la voladura de un barco cargado con gran cantidad de este explosivo, en dirección a Chile, causó tal sensación, que se creyó necesario impedir radicalmente su empleo en todos los países civilizados del mundo.

Pero el químico sueco Alfredo Nobel resolvió el problema de los explosivos enérgicos en 1866. Mezcló la nitroglicerina con ciertas clases de tierras porosas y produjo una especie de serrín, que llamó «dinamita».

Dos veces más enérgica que la pólvora y mucho más segura, la dinamita revolucionó la ciencia de los explosivos. Hizo posible la ejecución de las grandes obras de ingeniería en nuestros tiempos y dio lugar al desarrollo de la industria minera en el mundo desde 1870.

Evidentemente, la invención de la dinamita marca una época en la historia de la civilización. Permitió al hombre cambiar la faz de la Tierra.

Por ella pudo extender por todos los continentes las redes de ferrocarriles; removió las. montañas a su paso; perforó kilómetros y kilómetros, atravesando el duro corazón de su planeta; unió océanos, haciendo volar las rocas-y la tierra que los separaban, y, finalmente, apartó el arado  la maquinaria agrícola de vapor para trabajar la tierra y preparar los cultivos con dinamita.

Un sabio se corta un dedo y esto da lugar al invento de un formidable explosivo

En condiciones normales, la dinamita puede soportar golpes, lanzarse a distancia y aun sufrir los efectos de cualquier arma de fuego, sin explotar.

De la misma manera, una considerable cantidad de algodón-pólvora puede arder tranquilamente, y un torpedo lleno con este explosivo, húmedo y comprimido no reventará, aunque penetre en su masa una granada y la queme.

Aun la nitroglicerina arderá como el petróleo en pequeñas cantidades, y, finalmente, una vela de nitroglicerina puede alumbrar sin peligro.

Muchas personas, poco habituadas al manejo de los explosivos modernos, creen que las granadas y compuestos explosivos son peligrosos.

En realidad, la parte delicada e insegura es el fulminante, generalmente preparado disolviendo mercurio en ácido nítrico y añadiendo alcohol a la solución. Este es el agente que produce la explosión, y cuando está unido a un explosivo enérgico es cuando se puede decir que nos acecha la muerte.

La dificultad e inconveniente de la dinamita, desde el punto de vista moderno, es su pequeño rendimiento como explosivo. S

u seguridad resulta precisamente de que una cuarta parte de sus componentes son materias absorbentes que no engendran gases. Formadas de residuos de diatocoisas—una planta marina microscópica de vaina muy dura—, este material es inactivo y reduce la fuerza explosiva de la dinamita.

Reconociendo esto, Nobel trató de encontrar, durante muchos años, otra substancia activa para su nitroglicerina, que al mismo tiempo que absorbiese el aceite explosivo formase una especie de pasta química.

Una mañana, al hacer sus ensayos, se cortó en un dedo. Envió a un ayudante para que le trajese un poco de colodión y proteger su herida. Recubierta la cortadura, iba a tirar el resto del frasco cuando se le ocurrió mezclarlo con la nitroglicerina.

El colodión se prepara disolviendo el algodón-pólvora en éter, y la solución se utiliza como emplasto, barniz y materiales para la fotografía.

Cuando se combina con alcanfor, el algodón-pólvora, disuelto, se convierte en celuloide.

Para fabricar esta clase de algodón-pólvora comercial sólo se emplea ácido nítrico moderadamente concentrado; es por veces muy inflamable; pero el alcanfor le hace inexplosible y puede ser trabajado con pesados martillos y laminadores sin el menor peligro.

Suprimiendo el alcanfor, Nobel obtuvo una mezcla de algodón-pólvora y nitroglicerina, la cual resultó aún más segura y con notable mayor energía explosiva. El accidente de cortarse en un dedo hizo que el inventor ensayase con el algodón-pólvora, considerado como el más peligroso y menos útil de los compuestos explosivos.

El algodón-pólvora contiene demasiado poco oxígeno para la combustión.

La consecuencia es que cuando hace explosión engendra gases venenosos; así, no era utilizable para fines industriales.

La nitroglicerina, por otro lado, contiene un exceso de oxígeno; de manera que al mezclar Nobel los dos explosivos en ciertas proporciones, el elemento que necesitaba uno lo suministró el otro, que lo tenía en exceso.

El nuevo explosivo resultó una mitad más enérgico que la dinamita, y se ha utilizado en grandes cantidades para la perforación de montañas como los Alpes, donde la roca es tan dura, que con dificultad se hubiera podido llevar a cabo la obra sin él.

La gelatina explosiva es una de las fuerzas más violentas de que disponen los hombres. En su forma pura, sólo se puede emplear en roca muy dura.

Nobel encontró pronto la manera de modificar su terrible acción, añadiendo salitre y serrín a la mezcla de algodón-pólvora y nitroglicerina.

Con el tiempo, en aquella época, los explosivos gelatinosos fueron reemplazando a la dinamita.

Fue preciso pasasen muchos años antes de poder llegar a conocer la manera de aplicar los explosivos modernos a las necesidades de la guerra, y reemplazar la pólvora por los preparados mucho más enérgicos en la artillería.

Aun después de conseguir pulverizar la nitroglicerina por medio de substancias reductoras de su fuerza explosiva, no pudo emplearse para los disparos de los cañones.

Se verificaba tan rápidamente la formación de gases, que las piezas reventaban en lugar de salir el proyectil por la boca.

Fuente Consultada:
Colección Moderna de Conocimientos Universales – Tomo II W.M. Jackson, Inc.

Los Druidas Sacerdotes Celtas Sacrificios Humanos y Ceremonias

Los Druídas Sacerdotes Celtas
Sacrificios Humanos y Ceremonias

DRUIDAS: Antigua orden de sacerdotes de la Gran Bretaña prerrománica y de Irlanda. Aparentemente combinaban funciones sacerdotales, judiciales y políticas. Algunos cronistas relatan sus ritos, incluidos sacrificios humanos y su veneración por el roble y el muérdago. Practicaban la adivinación y la astrolor: Entre sus creencias tenía lugar destacado aquella según la cual después de la muerte, el alma se transfería a otro cuerpo. Su símbolo era el huevo de la serpiente

Los druidas eran los sacerdotes legendarios de los celtas, pero también se ocupaban de instruir a los jóvenes sobre moral y mitología. Predecían el futuro a través de la observación del cielo y las estrellas, y a veces también mediante el sacrificio humano. El culto de los druidas ha conseguido prevalecer hasta la actualidad.

Los druidas oficiaron tanto de sacerdotes como de médicos, debido a sus conocimientos sobre las cualidades medicinales de las plantas. Eran también astrónomos, filósofos, magos y videntes. La tradición los ha recogido con sus largas túnicas blancas, sus hoces de oro y marmitas mágicas. No obstante, el druida histórico fue una figura clave en la sociedad celta, consejero de la nobleza y cultor de la tradición oral.

reuinion de sacerdotes druidas

UN LUGAR DÉ REUNIÓN: Los druidas preservaban sus secretas fórmulas mágicas de dos maneras. Por un lado, evitando dejar registro escrito de sus actuaciones; por otro lado, realizando sus prácticas en el interior de grandes bosques, alejados de miradas indiscretas. Por lo general, estos bosques albergaban una nutrida población de robles. Según la tradición, anualmente los druidas se congregaban en el bosque de los Carnutos, presuntamente al norte de Dublín, donde compartían sus conocimientos y asombrosos descubrimientos.

La imagen clásica de los druidas nos llega por comentarios de Plinio el Viejo, escritor y naturalista romano. Fue él quien los ha retratado con largos vestidos blancos y blandiendo una hoz de oro, con la que cortaban el muérdago de uso ritual. Los druidas eran grandes sabios, socialmente muy respetados, y se los tenía como intermediarios entre los hombres y sus divinidades.

EL MUÉRDAGO que crece en las copas de los árboles del bosque constituía un elemento importante en las ceremonias de los druidas, quienes le atribuían poder curativo mágico.

LE’tttvo un papel destacado en tas rías locales. De hecho, algunas interpretaciones atribuyen el propio término druida a una derivación de «drus«, voz celta que designa a este árbol. Dominador del bosque, el roble albergaba espíritus y criaturas de esta mitología.

UNA HOGUERA era lo que necesitaba el druida para cocer sus productos mágicos, por lo general en un caldero de bronce o plata. Allí mezclaba el muérdago con otros elementos naturales, elaborando pócimas sanadoras para el cuerpo y el espíritu.

COLABORADORES Por lo general el druida trabajaba solo o apenas ayudado por una persona, a la que a veces transmitía sus conocimientos, a la manera de discípulo. Éste, a su vez, debía mantener el secreto de lo revelado.

LOS SACRIFICIOS: Entre las funciones que se les atribuyeron a los druidas, se destaca la de oficiantes en ceremonias religiosas, en las que no faltaron sacrificios humanos y de animales. Según testimonian la mayoría de las fuentes, los druidas solían celebrar sus reuniones en los claros de los bosques.

 LA ÉLITE ESPIRITUAL DE LOS CELTAS
Por la función que ejercían, los druidas representaban una especie de élite espiritual dentro de la sociedad celta. Pero también eran poetas, médicos, astrónomos, filósofos y magos. Todo lo que en la actualidad se sabe acerca de los druidas proviene de fuentes de la antigüedad, y no cabe duda de que esa información no tiene por qué ser objetiva: los autores de aquellos escritos no siempre se esforzaron en hacer una descripción objetiva.

En la Edad Media, bajo la influencia cristiana, y sobre todo en épocas recientes, las descripciones son sobre todo esotéricas o neocélticas, y por lo tanto no susceptibles de comprobación y en la mayoría de los casos muy subjetivas. Ni tan siquiera el significado del nombre es del todo inequívoco: druida procede del celta dru, «básico» o «a través de», y uid, «sacerdote», pero otras etimologías lo hacen derivar de drus, «roble».

TRANSMISIÓN ORAL DE CONOCIMIENTOS
Julio César recoge en sus Comentarios sobre la guerra de las Galias el trabajo de los druidas; Plinio el Viejo los describe como hombres1 vestidos de blanco con hoces de oro y ramas de muérdago que tuvieron su época de esplendor durante las campañas militares de los romanos. Ciertas fuentes afirman que ya estaban en activo en Stonehenge. Sin embargo, otros críticos dicen que Stonehenge ya estaba en rumas cuando los druidas llegaron a ese lugar. En cualquier caso, tomando como fuente los informes romanos, los druidas no erigieron ningún templo, sino que llevaban a cabo sus rituales en bosquecillos o en claros de bosque.

Por los escritos citados sabemos que los druidas transmitían a los novicios los conocimientos necesarios en forma de versos. Las fuentes históricas dicen que hacían falta 20 años para aprendérselos de memoria. En aquella época los celtas poseían ya una tradición escrita, pero se prohibía a los druidas que escribieran sus conocimientos sobre astronomía y fenómenos de la naturaleza. Sólo estaba permitida la transmisión por vía oral de una generación a otra. La rima facilitaba la memorización. Reflexionemos un momento cuántos conocimientos debía de grabar en su memoria un druida en el trans-

Mujeres druidas: Se oye a menudo hablar de druidas femeninos. En los mitos celtas aparecen Mebd de Connacht y Ceridwen. Según parece, esta última fue una mujer druida que preparó una pócima que confería sabiduría sobre el pasado, el presente y el futuro. En principio el brebaje era para su hijo Affagdu, para compensar su fealdad con sabiduría. Pero cuando lo estaba preparando su ayudante tomó tres gotas y huyó para escapar a su ira. En su huida iba adoptando diversas formas, hasta que al final se transformó en un grano de trigo que Ceridwen se tragó. A consecuencia de eso Ceridwen se quedó embarazada, y dio a luz a otro hijo, al que se considera el padre de todos los druidas. Según esta leyenda se cree en la existencia de mujeres druidas, que incluso cumplían el papel de guías espirituales.

curso de 20 años. Muchas de las obras que por entonces se transmitían oralmente se conservan en verso. Hoy en día se sabe que las instrucciones de navegación se conservaron durante siglos gracias a la transmisión oral.

LOS DRUIDAS NEOCÉLTICOS
El arqueólogo William Stukeley se considera el padre de los druidas modernos. En 1792 se instauró en Gales una ceremonia para celebrar el solsticio de verano en la que se consagró a druidas. Con el incipiente movimiento nacionalista, Irlanda y Gales no se veían ya como parte de Inglaterra, sino como estados independientes con una lengua y cultura propias.

Abocados a la clandestinidad, los druidas se situaban siempre cerca de las logias secretas. El druismo neocélticose considera hoy una forma de paganismo, y los druidas actuales se ven a sí mismos como sucesores directos de los históricos.

Los druidas utilizan el muérdago como ingrediente en la preparación desús pócimas mágicas. Para el sumo sacerdote el muérdago era signo de la presencia de los dioses en un árbol, y por consiguiente se consideraba una planta con poder curativo. Por eso sólo se cortaba con una hoz de oro, mientras se celebraban oficios divinos,;/ se recogía con un paño blanco.

Los druidas veneraban la naturaleza, y eran expertos en sus secretos y fuerzas ocultas. Sus ritos y conjuros se realizaban en lugares especialmente sensibles a ciertas misteriosas energías. Casi todas las catedrales góticas se erigieron en esos mismos sitios sagrados, honrados como tales desde la más remota Antigüedad. Hoy sabemos que se trata de accidentes geológicos, como fracturas en las placas tectónicas o corrientes de agua subterráneas, que eventualmente podrían producir algún tipo de vibraciones telúricas.

La Catedral de Chartres, por ejemplo, se levanta sobre los vestigios de un centro del culto druídico, cubiertos después por un templo romano, que en el siglo IV dio lugar a una basílica cristiana, a su vez reemplazada sucesivamente por varias iglesias hasta llegar a la famosa catedral. Otro caso interesante es el de la Catedral de Mans, en la que se conserva un auténtico menhir prehistórico, bastante intacto, en el ángulo sudoeste de una nave lateral.

Fuente Consultada:
Los Celtas Tomo N° 18 Grandes Civilizaciones de la Historia
Diccionario Insólito Tomo I Luis Melnik
Enigmas de la Humanidad – Misterios Sin Resolver