El Poder Económico de China

Historia de Corea Hasta La Guerra Fría Particion en el Paralelo 38

Historia de Corea y la Guerra Fría
Partición en el Paralelo 38

Los orígenes de Corea son legendarios. Al principio de su período histórico sufrió fuerte influencia china. Luego, la dinastía Li presidió los destinos del país hasta su anexión por el Japón en 1910. La segunda guerra mundial señaló el fin de la dominación japonesa, y Corea quedó dividida en dos zonas: al norte, soviética; al sur, norteamericana. La guerra de Corea, que duró de 1950 a 1953, no modificó esta situación.

Según la leyenda, la historia de Corea empezó el año 2333 antes de Jesucristo con el nacimiento de un personaje mítico llamado Tnagún, primer rey de Corea.

Los descubrimientos arqueológicos confirman la antigüedad del pasado prehistórico de Corea, pero los primeros antecedentes precisos datan del 108 antes de nuestra era en que los chinos fundaron cuatro colonias en el noroeste de Corea. Lolang, con su capital Pieng-Yang, era la más importante. Corea, en donde vivían los pueblos de los Han, escapaba al dominio político de China, pero experimentaba su influencia en el plano cultural.

El primer período de la auténtica historia de Corea se inicia en el 57 antes de Jesucristo, y recibe el nombre de período de los tres reinos: Kokuryo, Paikche y Silla. A pesar de reconocer la soberanía china, el reino de Silla extendió su influencia unificando los pueblos de la península coreana. La influencia china se manifestaba principalmente en los criterios religiosos y artísticos.

Más tarde, la dinastía Li ocupó el trono hasta 1910, fecha de la anexión por Japón. Durante esta dinastía, Corea disfrutó de gran prosperidad cultural y artística.

En 1627, China se adueñó del país que, aunque siguió conservando su independencia, fue a partir de entonces un Estado vasallo.

Corea practicó durante largo tiempo una política de aislamiento, manteniéndose voluntariamente apartada. En 1653, al naufragar cerca de la isla de Saishu (Cheju en coreano) una nave holandesa, cuyos 36 supervivientes llevaron a Seúl, se produjo el primer contacto con Occidente. Pero no se establecieron verdaderos contactos hasta 1865, en que naves de distintas nacionalidades fueron a atracar en Corea.

Las flotas francesa, norteamericana y japonesa tuvieron que vérselas con los coreanos en varias ocasiones. En 1876, los japoneses impusieron a los coreanos relaciones diplomáticas con el Micado. Seis años más tarde, Estados Unidos era el primer país occidental que firmaba un acuerdo con Corea.

A partir de este momento, Corea dependió cada vez más de Japón, que se había convertido en Estado moderno. Como ya hemos explicado, esta situación iba a ser la causa de la guerra chino-japonesa de 1894-1895. El Tratado de Shimonoseki impuso a China la condición de otorgar a Corea una completa autonomía. Cuando, en febrero de 1904, estalló la guerra ruso-japonesa, los nipones enviaron tropas a Corea.

Dos semanas más tarde, el emperador de Corea se veía obligado a firmar un tratado de alianza en el que Japón garantizaba la independencia e integridad territorial de Corea, que, en contrapartida, permitía a Japón utilizar el territorio coreano como base en sus operaciones militares contra Rusia.

Japón se reservó también el control de las comunicaciones postales, telefónicas y telegráficas. Por la paz de Portsmouth, firmada en 1905, Rusia reconocía que Corea caía bajo el control de Japón. Estados Unidos y Gran Bretaña se inclinaron igualmente ante esta situación.
En 1910, Japón pasó a la anexión pura y simple de Corea.

El emperador de Corea fue proclamado príncipe del palacio y recibió el título de «alteza imperial». Al frente del nuevo régimen pusieron a un gobernador general que dependía directamente del emperador de Japón. Todos los puestos clave fueron ocupados por japoneses, que impusieron en Corea un régimen de terror policíaco.

Y, sin embargo, el trabajo de las autoridades japonesas no fue nada fácil, pues tenían que hacer frente a un nacionalismo que se hacía cada vez más fuerte. Estallaron varias revueltas, y numerosos cabecillas coreanos hubieron de buscar refugio en Estados Unidos, en China, en Manchuria o en Siberia.

La segunda guerra mundial puso fin a la dominación japonesa. El 8 de agosto de 1945, Corea declaró la guerra a Japón, y el 12 de agosto tropas soviéticas entraban por el norte del país. Semanas más tarde, los soldados norteamericanos desembarcaron en el sur. Corea fue entonces dividida en una zona soviética al norte y una zona norteamericana al sur, separadas por el paralelo 38.

Desde febrero de 1946, los norteamericanos establecieron un consejo consultivo presidido por Syng-man Rhee. En el norte, la persona colocada a la cabeza del Gobierno fue el comunista Kim II Sung. Se hicieron tentativas en varias ocasiones para unir el norte con el sur, pero todas fracasaron.

También, en 1947, Estados Unidos planteó ante la asamblea general de las Naciones Unidas la cuestión de la reunificación de Corea, y aquélla decidió organizar unas elecciones libres en todo el país bajo el control de la ONU.

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Los coreanos se mostraron contrarios a esta iniciativa. En julio de 1948, Syngman Rhee fue nombrado presidente de Corea del Sur, mientras, más allá del paralelo 38, Kim II Sung fundaba una «república popular».

Después de haber violado la frontera en varias ocasiones, los norcoreanos invadieron Corea del Sur el 25 de junio de 1950. Era el principio de la guerra de Corea. Las Naciones Unidas acudieron en ayuda de Corea del Sur, pero no pudieron impedir que la guerra durara más de tres años; es decir, hasta el 27 de julio de 1953.

Esa guerra costó la vida a más de un millón de personas y amenazó la paz internacional.

En 1960, y como consecuencia de la irregularidad de las elecciones, Syngman Rhee se vio obligado a abandonar el país. Después, los presidentes y los Gobiernos, en Corea del Sur, se sucedieron unos a otros. En Corea del Norte las dificultades por las que atravesó el Gobierno fueron debidas a la rivalidad entre comunistas pro chinos y comunistas pro soviéticos.

Ver: La Guerra de Corea

Cincuenta años más tarde, los dos presidentes de las dos Coreas, el norcoreano Kim Yong Il y el surcoreano Kim Dae Jung, celebraron desde el 13 hasta el 15 de junio de 2000 en Pyongyang la primera cumbre entre ambos países desde la separación. En aquella histórica reunión, ambos países adoptaron un principio de acuerdo para establecer relaciones diplomáticas. El proceso hacia una futura reconciliación vivió dos importantes y simbólicos episodios ese mismo año.

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Kim Dae Jung:
Tras convertirse en presidente de Corea del Sur en 1998, Kim Dae Jung comenzó a aplicar una política tendente a conseguir la reconciliación con Corea del Norte. En 2000 fue galardonado con el Premio Nobel de la Paz en reconocimiento a tales esfuerzos

 

 

Historia de China Antigua Hasta la Revolución Nacionalista

Historia de Chinantigua Hasta la Revolución Nacionalista

La historia de China forma parte de las más viejas del universo y se remonta a tres mil años antes de Jesucristo. Del período antiguo, sin embargo, disponemos únicamente de tradiciones. Los primeros datos dignos de crédito provienen de la dinastía de los Chang, alrededor de 1500 antes de Jesucristo. Se sucedieron en China diferentes dinastías, cada una de las cuales extendió su territorio y reforzó su autoridad.

En el siglo XIII China fue conquistada por los mongoles, que permanecieron en el trono durante casi un siglo, aunque terminaron por ser rechazados. Más tarde China tuvo todavía soberanos brillantes; pero éstos cerraron la puerta del país a los occidentales. En el siglo XIX hubieron de renunciar a este aislamiento, y en 1912 se proclamaba la república.

La historia de China figura entre las más antiguas del mundo. La tradición china registra ya sucesos que acaecieron durante el tercer milenio antes de nuestra era, aunque, hasta lo presente, carecemos de base científica que nos permita confirmarlos. Para el período que va de 1500 a 1000 antes de Jesucristo, durante el cual poseía el poder la dinastía Chang, nuestras fuentes de información son más dignas de confianza.

Cerca de Ngayang, en la provincia de Honan, se descubrieron los vestigios de una residencia de los soberanos de esta dinastía. Además de infinidad de objetos, encontraron en ella inscripciones que hablaban de reyes, de guerras, de cosechas…

Durante la siguiente dinastía, la de los Cheu (de 1000 a 250 antes de Jesucristo, aproximadamente), China estuvo sometida al régimen feudal; el territorio y el poder pertenecían a numerosos señores, y las atribuciones del emperador se limitaban a la religión. Pero las dinastías siguientes remediaron rápidamente esta situación.

Che Huangti, el emperador más importante de la dinastía Tsin (221-206 a. de J. C), se esforzó en consolidar hasta el máximo la posición del emperador, centralizando la administración. También adoptó una actitud radical frente a los extranjeros, y durante su reinado se inició la construcción de la Gran Muralla que había de defender al país contra la invasión de los nómadas procedentes del norte.

A los emperadores de la dinastía Tsin sucedieron los de la dinastía Han, que reinaron desde el año 206 antes de Jesucristo hasta el 220 de nuestra era, con la única y breve interrupción del usurpador Wang Mang, que se sentó en el trono del año 9 al 23.

El poderío de China creció considerablemente durante la dinastía Han. Ya en el siglo II antes de nuestra era penetraron las tropas chinas en las comarcas de Asia central, principalmente en Fergana. La famosa «ruta de la seda», que unía China con los territorios orientales del imperio romano, quedó de este modo bajo el control de China, y le permitió entrar en contacto con las realizaciones de la civilización occidental.

Los historiadores hacen coincidir generalmente el fin de la dinastía Han con el de la edad antigua de China. En esta época las ideas de Confiado ejercían ya gran influencia sobre la vida social.

El confucianismo se convirtió en la doctrina oficial del Estado y dio carácter a la forma del gobierno imperial. También influyó en lamanera de presentar la historia. Pero apareció una segunda ideología: el budismo, que había nacido en el siglo I de nuestra era y que pronto alcanzó gran difusión. Las figuras esculpidas en las peñas de Yung-kang y de Longmen durante el período Toba (siglos IV al VII) son personajes sacados de la doctrina budista.

El siglo VII significó para China una nueva era de expansión política. Las tropas del emperador Taitsong (627-650) penetraron en Turquestán y hasta la frontera de Persia. Mas la poderosa China se imponía también en el terreno de la cultura; en el siglo X practicaban ya el arte de la imprenta, que hacía posible la difusión a gran escala de las obras de los escritores y de los filósofos. Las artes y las ciencias florecieron también.

Esto no impidió que en el siglo XIII los emperadores chinos sucumbieran ante la embestida de los mongoles. El kan mongol Kublai (o Kubilai) conquistó China y estableció su corte en Pekín. Allí fue el veneciano Marco Polo a ofrecerle sus servicios. El kan consiguió apoderarse de numerosos territorios e incluso llegó % organizar una expedición para invadir Japón; pero la flota encargada de esta operación militar sufrió una impresionante derrota.

En 1368, los chinos consiguieron echar de sus tierras a los mongoles. Este acontecimiento señaló el principio del reinado de una de las más poderosas dinastías que haya gobernado jamás China: la de los Ming (1368-1644). Las tradiciones chinas fueron respetadas de nuevo.

La Gran Muralla de China, que ofreciera únicamente una precaria protección y que estaba muy deteriorada, fue reconstruida para contener la amenaza mongola que persistía en el norte. Se enviaron expediciones comerciales a reconocer los mares del sur del continente asiático, y algunas de las embarcaciones llegaron incluso hasta la costa oriental de África.

Por otra parte, numerosos mercaderes y navegantes, algunos de ellos portugueses, llegaron a China procedentes de Occidente. Los portugueses ocuparon, allá por el año 1550, la ciudad de Macao, en la costa sur de China. Los jesuítas volvieron a predicar la religión católica, introducida en China durante nuestra Edad Media por franciscanos y dominicos.

El flamenco Fernando Verbist ocupó un lugar preeminente entre estos misioneros, y llegó incluso a jefe del observatorio de Pekín.

Entretanto, los manchúes, pueblo guerrero del norte, pusieron fin a la dominación de la dinastía Ming. Los manchúes fueron los fundadores de la última dinastía imperial de China, la de los Tsing, que se mantuvo en el poder de 1644 a 1912, año de la proclamación de la República.

Durante este período, China tuvo todavía algún emperador brillante como Kanghi (1662-1723). Reinó aproximadamente en la misma época que el rey Luis XIV en Francia, y, por analogía, le llaman a veces Rey Sol chino.

Después de él los emperadores chinos se dejaron guiar cada vez más en sus intervenciones por una creciente xenofobia. Para conservar intactos la personalidad y los privilegios del pueblo chino, los emperadores se alzaron contra los extranjeros que, a partir de entonces, fueron admitidos en China raras veces. Sin embargo, en el siglo XIX, en el momento en que el colonialismo europeo alcanzaba su máximo vigor, los occidentales consiguieron forzar de nuevo las puertas de China.

La inconmensurable China, que ya en esta época contaba con unos cuatrocientos millones de habitantes, hubo de inclinarse ante Occidente. En 1840 los ingleses declararon la guerra a China. Pero terminada ésta, los chinos hubieron de ceder a Inglaterra la ciudad de Hong-Kong, y los barcos occidentales obtenían acceso a los puertos de Cantón, Amoy, Fu Chu, Ninpu y Shanghai.

Los embajadores extranjeros establecieron su residencia en Pekín. Los chinos no tardaron en organizar una resistencia contra esta intrusión occidental. La revuelta de los boxers, en 1900, es un ejemplo de esa resistencia; reprimida por la colaboración de ocho países, costó sin embargo la vida a muchos occidentales.

Ver: Guerra del Opio en China

LA CONSTRUCCIÓN DE LA REPUBLICA CHINA
MEDIO SIGLO DE REVOLUCIONES

Durante la primera mitad de nuestro siglo, China pasó por tres revoluciones. En 1911 estalló un movimiento de revuelta de los burgueses, que acabó con la proclamación de la república en 1912. Pero las partes norte y sur de China no llegaron a ponerse de acuerdo sobre la política a seguir.

En 1925 estalló una segunda revolución, en la que acabaron por enfrentarse los comunistas y el Kuo-Min-Tang de Chang Kai-chek. Después de la segunda guerra mundial se produjo la tercera revolución. El partido comunista de Mao Tse-tung ganó la batalla, y China se convirtió en república popular. Al mando de Chang Kai-chek, los nacionalistas se refugiaron en  Formosa

Desde el principio de nuestro siglo, China ha conocido tres revoluciones. La primera, una revolución de la clase burguesa, se produjo en 1911, y fue su jefe Sun Yat-sen, fundador del partido nacionalista republicano chino, el Kuo-Min-Tang (ó Kuomitang).

Desde hacía varios años, Sun Yat-sen se esforzaba en suscitar entre la población de la China corrompida nuevos sentimientos de dignidad personal. Pero como se metía también a criticar la administración imperial, el Gobierno puso precio a su cabeza y hubo de abandonar China.

El año 1911 parecía singularmente propicio a un levantamiento. En el norte de China una epidemia de peste había sembrado la miseria, y el sur estaba arruinado por las inundaciones y por el hambre. Nacida en el sur, la revuelta se propagó rápidamente hacia el norte. El emperador Puyi se vio obligado a abdicar, y el 12 de febrero de 1912 se proclamaba la República.

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Emperador Puyi

Pronto se evidenció, sin embargo, que la victoria había sido más fácil en el plano militar que en el político, pues los jefes de la revolución no llegaban a ponerse de acuerdo sobre la forma en que había de dirigirse la nueva República.

Se formaron dos grupos: por un lado los revolucionarios del sur, al mando de Sun Yat-sen, y por el otro los revolucionarios del norte, conducidos por un antiguo coronel del ejército imperial, Yuan Che-kai.

Biografia Sun Yat-sen Padre de Republica China Reconstruccion PoliticaÉste fue el que se enfrentó con la situación y, nombrado presidente de la República, puso al Kuo-Min-Tang fuera de la ley. Pero Sun Yat-sen consiguió organizar la resistencia y fundó en el sur una república autónoma. Buscando apoyo en el extranjero, entró en contacto con la Unión Soviética.

Sun Yat-sen, considerado por la mayoría de los chinos como el padre de la República, murió en 1925. Ese mismo año estallaba en China una segunda revolución, que se podría titular «revolución de los trabajadores y de los burgueses». Fueron unos policías ingleses quienes desencadenaron los disturbios al disparar en Shanghai sobre unos estudiantes chinos, causando la muerte a algunos de ellos.

El Kuo-Min-Tang se hallaba entonces bajo la influencia comunista y estaba dirigido por el general Chang Kai-chek, que consiguió brillantes éxitos militares en ocasión de una expedición a losterritorios chinos del norte. Pero poco a poco se produjo una nueva escisión en el seno del Kuo-Min-Tang, entre los moderados, dirigidos por Chang Kai-chek, y los comunistas, que tenían a su cabeza a Mao Tse-tung. Chang Kai-chek hubo de recurrir continuamente a las armas para seguir siendo dueño de la situación.

En 1934 los comunistas se congregaron y emprendieron, a través de doce provincias, la «larga marcha» hacia Chen-si, donde se reorganizaron sobre bases sólidas. Recorrieron cerca de diez mil kilómetros y su expedición duró algo más de un año.

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Mapa de la Larga Marcha de Mao tse tung

Más tarde, cuando los japoneses amenazaron China, los comunistas y Chan Kai-chek se reconciliaron. Pero esta reconciliación no duró mucho tiempo, pues los dirigentes del Kuo-Min-Tang acusaban a los comunistas de combatirles a ellos tanto como a los japoneses.

Mao Tse Tung

Mao Tse Tung

En enero de 1941, 4.000 guerrilleros comunistas fueron ejecutados por un general que estaba al servicio de Chang Kai-chek; esto señaló el fin de una cooperación que, por otra parte, siempre fue superficial.

Durante la segunda guerra mundial, los norteamericanos consideraron a Chang Kai-chek jefe supremo de las fuerzas combatientes chinas; pero él había de estar siempre alerta para que el material de guerra importado no cayera en manos de los comunistas.

Poco después de acabar la segunda guerra mundial, China fue de nuevo escenario de una revolución; la tercera en menos de medio siglo. De 1945 a 1949 Mao Tse-tung condujo a los trabajadores, y especialmente a los campesinos, luchando bajo la bandera comunista.

El general norteamericano Marshall trató en vano de intervenir como mediador. Dado que la guerra parecía inevitable, los norteamericanos tomaron partido por Chang Kai-chek y le ayudaron cuanto les fue posible, proporcionándole armas y dólares.

El 1 de octubre de 1949 se proclamó en Pekín la República Popular China. Desde hacía ya varios meses los comunistas eran amos de toda China, y habían obligado a Chang Kai-chek a refugiarse en Formosa con sus partidarios. Fueron los campesinos quienes aseguraron el éxito de esta revolución.

Una de las primeras medidas tomadas por el nuevo régimen de China fue llevar a cabo la reforma agraria; en este aspecto, el Gobierno intervino, a veces duramente, contra los ricos y los latifundistas, que fueron condenados, en ocasiones, a las penas más severas. Al mismo tiempo, trataban de industrializar el país, dedicando especial cuidado al desarrollo de las industrias básicas.

Ver: Dinastías Chinas

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Primera Republica de China Revolucion de 1911 Antecedentes

Resumen Primera República de China
 Antecedentes de la Revolución de 1911

China es el único gran país del mundo que nunca ha estado de una manera efectiva bajo el dominio de un país europeo. Además, como es sabido, durante un período de dos milenios el imperio chino consiguió evitar contactos con civilizaciones que pudieran parangonársele en esplendor y poderío. Fue la primera Guerra del Opio, en 1840-1842, la que obligó a China a iniciar sus contactos con Occidente.

Las guerras con los países europeos la forzaron a abrir sus puertos al comercio extranjero, convirtiéndose los mismos en enclaves semicoloniales. Durante un siglo, la economía, los puertos y las industrias más importantes estuvieron a merced de las potencias extranjeras.

De cualquier forma, en el curso de los primeros cincuenta años de contacto con los europeos, China se mantuvo por completo impermeable a las ideas que éstos intentaban introducir en el país.

Tecnológicamente China estaba muy atradsada y  necesitaba modernizarse para competir con Occidente, por lo que debían acabar definitivamente con el ciclo de los emperadores de 2000 años de antiguedad y finalmente en 1911 fue sepultada la dinastía Qing, pero siempre el liderazgo y la jerarquía, elementos centrales en su cultura, siguieron primando en los habitantes de China.

Como toda revolución, la de 1911 en China distó obviamente de ser obra de una sola persona, pero le cupo el rol principal en esa historia, por ser quien fue proclamado presidente provisional, a Sun Yat-sen, hoy considerado padre de la patria posimperial, así como luego Mao Zedong sería considerado padre del Estado moderno chino.

Este intento revolucionario duró cuatro décadas tumultuosas entre invasiones y guerras civiles, hasta que en 1949 Mao Zedong proclamó la República Popular. En todo caso, el orden jerárquico asumió otros modos, pero manteniendo rasgos de obediencia gobernante-gobernado que están muy arraigados desde Confucio. Surgen las figuras de Sun Yat-sen y otros revolucionarios de las ciudades de Wuchang y Nanjing.

sun yat sen

Sun Yat-sen,  el dirigente revolucionario chino quien  fuera el artífice del derrocamiento de la dinastía Qing en 1912 y del establecimiento de la China moderna de carácter republicano. Hoy considerado padre de la patria posimperial.

Antecedentes de la Revolución de 1911:

Tras la Rebelión Bóxer de 1900, la dinastía Qing (bajo la regencia de la emperatriz viuda Ci Xi) realizó un último pero sustancial esfuerzo para reformar el sistema imperial chino. El Estado abolió el sistema de exámenes confucianista, se crearon academias militares similares a las de Occidente y se concedieron becas para cursar estudios en universidades extranjeras. Estas reformas crearon un espíritu nacionalista y revolucionario en los estudiantes chinos y formaron un grupo llamado: Liga Revolucionaria Unida cuyo líder fue doctor Sun Yat-sen

Los militares de las academias chinas adoptaron la misma posición ultranacionalista y culparon a los manchúes de la pobre situación del país, dando comienzo a una serie de asambleas regionales exigiendo la creación de una constitución republicana.

Se fue creando un clima de desestabilizador en todo el país y el 10 de octubre de 1911, un grupo de soldados revolucionarios pertenecientes a las fuerzas destacadas en Wuchang se amotinó y derrotó a las tropas pro-gubernamentales enviadas para sofocar la revuelta. A continuación, fuerzas de otras provincias del sur y el centro de China proclamaron su independencia de la dinastía Qing.

emperador puyi

El último emperador de China de la dinatía Qing (Manchúes) accedió al trono en 1908, cuando todavía era un niño, bajo la regencia de su padre, el príncipe Chun. Obligado a abdicar cuatro años más tarde, tras el triunfo de la Revolución republicana, siguió no obstante viviendo en la Ciudad Prohibida de Pekín con el nombre de Henry Puyi, conservando el título de emperador si bien como prisionero del gobierno republicano. En 1924 se le obligó a abandonar el palacio y, en 1932, los japoneses le presionaron para que se convirtiera en regente del Estado títere de Manchukuo.

Durante la revolución el  poder de Sun fue escaso, porque quien comandaba las tropas militares al norte, Yuan Shikai, fue haciéndose el hombre fuerte y fue proclamado presidente en 1915, aunque ya gobernaba en los hechos desde 1912… Sun se fue exiliado nuevamente, pero en 1917 intentó recuperar el poder y junto con Chiang Kai-shek formó el Kuomintang o partido republicano-nacionalista. En el frente unido con los comunistas del partico de Mao Tse Tung, combatió la invasión japonesa. En 1925, Sun, enfermo de cáncer, murió cuando negociaba en Pekín un acuerdo de reunificación nacional.

Para llegar a los acontecimientos decisivos de 1911 hubo varios protagonistas más, como para solo citar a algunos, Liang Qichao, fundador del periódico Nuevo Ciudadano y rival de Sun con su Partido Progresista; Chen Duxiu, luego uno de los fundadores del PCCh y del diario Nueva Juventud (en rigor, dirigentes comunistas como Li Dazhao o el propio joven Mao, entonces un estudiante de facultad en Xiang Xiang, formaron parte de toda aquella efervescencia china para sacarse de encima a la última y decadente dinastía); o Chiang Kai-shek, quien a la sazón estaba en Japón y fue llamado por Sun para que se hiciera cargo de un nuevo ejército. Aun antes que ellos, varios intelectuales habían expresado su repudio a la humillación de la corte en 1895 frente a Japón y desertaron del régimen imperial chino.

Aunque la Revolución Republicana puso fin al régimen imperial chino, no consiguió sustituirlo por un sistema de gobierno eficaz. En las décadas posteriores, la población china padeció el acoso de jefes militares, guerras civiles, golpes de Estado e incursiones de enemigos extranjeros. Finalmente, la República instaurada por Sun Yat-sen fue sustituida en 1949 por la nueva República Popular China gobernada por el revolucionario comunista Mao Zedong , pero esa es ya otra historia.

El fin de la dinastía de los manchúes (Qing) no condujo a la modernidad ociidental a China , por el contrario, se abrió un período de violentos sucesos internacionales, como fueron las dos guerras mundiales, la Revolución soviética, el imperialismo japonés, la guerra civil entre nacionalistas y comunistas, que marcaron más de tres décadas de frustraciones y decadencia y que continuaron el período de humillaciones que ya habían generado en China las potencias occidentales. En estos años, la disputa interna central se dio entre el Kuomintang, del mariscal Chiang Kai-shek, y el PCCh, de Mao Zedong, que resultó ganador en 1949.

El Desarrollo de la Revolución:
China y Japón:
  Los japoneses, que eran considerados como «piratas enanos» y seres inferiores, consiguieron infligir a los chinos una grave derrota militar en 1895 y ocuparon Formosa (Taiwán); la causa de este repentino poderío japonés no era otra que la capacidad para aprender de Occidente, y esto produjo el despertar de ciertos círculos intelectuales chinos que predicaron la necesidad de romper con el multi-secular aislamiento.

La velocidad de la modernización japonesa no tiene paralelo en la historia del mundo moderno. En la década de 1850 las islas estaban indefensas. Medio siglo más tarde, en 1905 los japoneses alcanzaron una victoria aplastante sobre Rusia, que durante la mayor parte del siglo XIX había sido considerada como la mayor potencia militar del planeta. La transformación de Japón en un estado moderno empezó con la subida al trono del emperador Mutsu-Hito, en 1867.

Los manchúes cayeron en 1911, haciendo su irrupción en la vida política china los nacionalistas republicanos, cuyo objetivo inmediato era crear un estado fuerte y centralizado. Aunque la república se proclamó en 1912, los auténticos rectores del país hasta 1937 -fecha de la invasión japonesa- fueron los militares. Al finalizar la Primera Guerra Mundial, el Tratado de Versalles dejó de lado las reclamaciones chinas y reconoció formalmente el dominio de Japón sobre la base de Kiao-Tchen, antes mencionada.

El mal trato que China recibió de sus aliados hizo del nacionalismo chino un auténtico movimiento de masas. Al mismo tiempo, la Rusia bolchevique levantaba todas las imposiciones que desde la época del zar pesaban sobre China y restituía los territorios antaño arrebatados. Sun Yat-Sen, el líder del movimiento republicano, que pasó a llamarse Kuomintang, volvió sus ojos hacia la Unión Soviética y la alianza con este país hizo que la influencia del Partido Comunista Chino aumentase notablemente, pero no fue por mucho tiempo, pues esa alianza pronto decaería y serían enemigos.

La crisis mundial de 1929 provocó un alarmante descenso en el precio de la seda -principal producto japonés de exportación-, y el malestar se hizo general, alcanzando al ejército, que pasó a controlar abiertamente la política exterior. Entre 1931 y 1936 Japón desarrolló campañas militares en el norte de China. El control de los civiles sobre la vida política del país se vino abajo.

Pese a ello, Japón nunca fue un estado fascista en el sentido europeo. No forjó ni un führer ni un sistema de partido único, pero compartió con la Alemania nazi (con la que Japón firmó una alianza en 1936) un nacionalismo violentamente agresivo y la convicción de que la democracia parlamentaria era incompatible con la grandeza nacional. El argumento utilizado por Japón para justificar su expansión en el Asia continental fue el mismo que utilizó Alemania en Europa: la necesidad de «espacio vital».

Las campañas militares japonesas en China tuvieron importantes efectos sobre la vida de este último país. El ejército republicano del Kuomintang, mandado por Chiang Kai-Shek, parecía más ocupado en luchar contra los comunistas de Mao -y contra sus consignas de «revolución campesina»- que en hacerlo contra el enemigo exterior japonés. La segunda gran debilidad del Kuomintang fue su incapacidad para promover una guerra de guerrillas.

Después de 1939, con gran parte de China en poder japonés, Chiang Kai-Shek se puso a la defensiva, en tanto que los comunistas libraban una intensa campaña guerrillera en la China ocupada, con el propósito de luchar contra los japoneses y extender al mismo tiempo la revolución en el campo. De la misma manera que el expansionismo japonés durante la primera Guerra Mundial había traído como consecuencia un distanciamiento entre China y Occidente, la nueva agresión japonesa que se manifestaba en el curso de la segunda Gran Guerra estaba creando las condiciones para una victoria comunista en el país.

La guerra civil se saldó con la victoria de los ejércitos comunistas, dirigidos por Mao Tse-Tung, sobre las tropas de Chiang Kai-Chek, que se vio obligado a retirarse a la isla de Taiwan (Formosa).

En 1949 el revolucionario comunista Mao Zedong funda la nueva República Popular China gobernada por el hasta su muerte en 1976.

China Post Guerra Mundial: La primera intervención internacional de la nueva China se produjo con ocasión del conflicto de Corea. Este país había sido dividido en dos zonas, norte y sur, con arreglo al paralelo 38. La mitad se colocó bajo supervisión soviética en tanto que la mitad sur bajo control norteamericano.

En 1948 se creó la República de Corea, en el sur, más o menos independiente, y poco después la República Popular Democrática de Corea, en el norte. El paralelo 38 se había convertido en el telón de acero de Extremo Oriente.

En junio de 1949 fueron retiradas de Corea del Sur las tropas de ocupación norteamericanas. La Unión Soviética instigó una invasión de Corea del Sur por el ejército del Norte, y la guerra comenzó el 25 de junio de 1950. Los norteamericanos respondieron de inmediato a este reto enviando tropas y suministros al Sur; poco después las Naciones Unidas recomendaron una acción militar de sus propias tropas «para repeler el ataque armado».

En septiembre de 1950 tropas norteamericanas desembarcaron en Inchon, y la política de Estados Unidos se centró en librar una guerra limitada que no provocara la participación directa de la Unión Soviética o de China. Sin embargo, el general norteamericano MacArthur tenía unos planes más agresivos, y sus tropas penetraron en octubre de 1950 en territorios del Norte.

Aunque la Unión Soviética no respondió a la provocación, China sí lo hizo y sus tropas detuvieron a las fuerzas norteamericanas. En diciembre de 1950, Estados Unidos y Gran Bretaña abandonaron su objetivo de unir el Norte y el Sur de Corea y firmaron una declaración señalando su intención de respetar el paralelo 38.

Las relaciones entre los dirigentes chinos y la URSS fueron cordiales hasta  1966.  En aquellos momentos China iniciaba una fase de luchas inernas por el poder. En agosto de aquel año hicieron su primera operación los llamados «guardias rojos» en lo que sería elinicio de la Revolución Cultural. En abril de 1975, el general Chang Kai-Chek murió en Taiwan.

En el continente, el Congreso Nacional del Pueblo Chino dirigió al país desde una nueva perspectiva, promoviendo una cierta relajación ideológica interior y la recuperación de contactos internacionales, incluso con Estados Unidos. El 9 de septiembre de 1976 murió Mao Tse-Tung y le sucedió Hua Kuo-Feng. La reacción contra el maoísmo no cesó de ganar fuerza desde entonces.

La política de puertas abiertas y de modernización y liberalización de la economía, encabezada por Deng Xiaoping, se impuso en todos los órdenes de la vida del país, si bien se vio malograda por la represión con que el régimen respondió a los disturbios de 1989, motivados por las urgentes demandas de democratización. Él Partido sigue, pues, controlando la vida del país.

El Japón, cuyo monarca Hiro-Hito estuvo al frente del Estado más de 60 años, se ha convertido en la segunda potencia industrial del mundo, y su liderazgo en productividad y tecnología de vanguardia es ya indiscutible.

Ver: China Hoy – La Apertura Capitalista

Fuentes Consultadas:
Atlas Historia del Mundo Desde los Orígenes de la Humanidad Hasta Nuestros de Días – Editorial Parragon
Historia – Sin Fronteras – Tomo II Edad Contemporánea Edciones Nauta S.A.
Enciclopedia Electrónica Encarta Microsoft
Todo Lo Que Necesitas Saber Sobre China Restivo-NG  – Editorial Paidós
El Derrumbre del Humanismo Daniel Muchnik-Alejandro Gravie – Editorial Edhasa

El Aislamiento Comercial de China Antigua con el Mundo Occidental

POLÍTICA DE CHINA PARA NO COMERCIAR CON EUROPA

China es el único gran país del mundo que nunca ha estado de una manera efectiva bajo el dominio de un país europeo. Además, como es sabido, durante un período de dos milenios el imperio chino consiguió evitar contactos con civilizaciones que pudieran compararse en esplendor y poderío. Fue la primera Guerra del Opio, en 1840-1842, la que obligó a China a iniciar sus contactos con Occidente. Las guerras con los países europeos la forzaron a abrir sus puertos al comercio extranjero, convirtiéndose los mismos en enclaves semicoloniales. Durante un siglo, la economía, los puertos y las industrias más importantes estuvieron a merced de las potencias extranjeras.

Bajo la dinastía Tang, que se impuso en 618 d.C, China desarrolló cosas bellas, como la porcelana, e ingeniosas, como una imprenta de tipos móviles que Europa no conocería sino centenares de años después. Además, los chinos inventaron la pólvora, y la usaban en la guerra hacia el año 1000 (en el capítulo 16 hay más información sobre los adelantos militares como la ballesta, el estribo y la pólvora).

La economía y la agricultura chinas eran sobresalientes. A comienzos del siglo doce, los campesinos habían estado al borde de la hambruna después de una larga decadencia. En tiempos de los Han, la habilidad china para alimentar su gran población era un modelo de autosuficiencia. El clima, en especial en el sur, permitía dos cosechas de arroz al año, con las cuales se alimentaban muchas bocas y era posible que el crecimiento chino superara el de casi cualquier región del planeta.

chica fabrica vidrio

Obreros chinos preparando el cristal

chinos depurando hulla

Obreros chinos depurando hulla

Como China tenía todo lo que otras regiones del globo codiciaban, sus líderes no solían preocuparse demasiado por el mundo exterior. A partir de la dinastía Han, los chinos se creyeron el centro del mundo, por lo menos de aquél en que estaban interesados. En verdad eran el centro cultural de Asia oriental, y ejercían profunda influencia en el idioma, la escritura, el gobierno y el arte, desde Burma hasta Corea y Japón.

En el siglo XV, un decreto del emperador Ming había prohibido a los barcos chinos navegar fuera de las aguas costeras, y tampoco se permitía a los subditos chinos viajar al extranjero. En 1525, se ordenó destruir todos los juncos con dos o más mástiles. No volverían a zarpar expediciones a África en grandes juncos transoceánicos, y la marina imperial inició un proceso de reducción que acabaría por costarle caro al imperio. Sin embargo, aunque se los controlaba cuidadosamente, no se había impedido la entrada de los europeos, que llegaban en número cada vez mayor, atraídos por los relatos de viajeros   medievales   como   Marco   Polo.

Los primeros «diablos del mar» (apelativo con que los Ming designaban a los europeos) que se instalaron de manera permanente en China fueron los portugueses; tras un principio desafortunado, que condujo a varios enfrentamientos, se les permitió establecerse en Macao, cerca de Cantón, en 1557, y allí han permanecido desde entonces. No obstante, con el paso del tiempo, la mayor comunidad europea en China se estableció en Cantón, que en el siglo XVIII tenía la exclusiva del comercio exterior.

China fue siempre un país remoto, inalcanzable y autosuficiente para gran parte de Europa.De cualquier forma, en el curso de los primeros cincuenta años de contacto con los europeos, China se mantuvo por completo impermeable a las ideas que éstos intentaban introducir en el país.

En el siglo XIX la superficie de tierra cultivada en China se incrementó notablemente y la población del país alcanzó los 300 millones de habitantes en 1800. Pese a ello, los cambios en la estructura tradicional y en la mentalidad de la sociedad china fueron nulos. El gran país oriental seguía absolutamente impermeable a los contactos con los países europeos, y ello aun cuando era importante el número de misioneros -especialmente jesuítas- que se asentaba en aquella región de Asia.

Por lo que a Europa respecta, las relaciones mercantiles con China eran muy beneficiosas, pero estaban sujetas a estrictas limitaciones. Los portugueses se habían asentado en Macao, y los británicos y otros europeos lo habían hecho en Cantón, donde tenían factorías marginadas del control político de Pekín. Sólo comerciaban con los mercaderes gremiales chinos, los Hong, que fijaban los precios arbitrariamente; la China oficial, entre tanto, ignoraba su existencia.

Esta actitud estaba agravada por la autosuficiencia china. Los europeos querían el té, las porcelanas y la seda chinas, pero los habitantes de este país apenas deseaban nada de Europa. También había en esta situación un aspecto económico muy importante: a China se le debía pagar en lingotes de oro. El desequilibrio comercial entre Oriente y el viejo continente llevó a los europeos a traficar con una mercancía muy codiciada en China: el opio.

UNA ANÉCDOTA CURIOSA: Los chinos juzgaban a los europeos tontos e ignorantes; así que, a veces, hacían secar su té, después de haberlo utilizado, para vendérselo, pensando que los ingleses, y sobre todo aquella otra segunda especie de ingleses —los americanos—, no alcanzarían a notar la diferencia.

Este desprecio de los chinos por los «bárbaros blancos» se patentizó, por ejemplo, con motivo del envío por el rey de Inglaterra, Jorge III, de una embajada al emperador Kia K’ing. Los mandarines exigieron que el embajador se plegara al ceremonial de costumbre, es decir, que había de prosternarse nueve veces ante el emperador. Pero un europeo, sobre todo un inglés, y más todavía un embajador, tiene su dignidad, que en Europa, en cuanto al saludo, se  manifiesta  en  mantenerse  en  posición erecta, acompañada de una ligera inclinación del cuerpo. Por lo cual, no podía pensarse siquiera en que el representante de Su Majestad británica se tendiese en tierra.

Tras este incidente, el emperador escribió al rey de Inglaterra, diciéndole que, a su parecer, los regalos y los objetos que le habían mandado de su país no valían nada, que en lo sucesivo no merecía la pena que le enviara más embajadores, y le aconsejaba que se civilizara y que obedeciera las órdenes imperiales.

Piénsese en la sorpresa de Jorge III ante esto, en la época en que el poderío inglés había abatido a Napoleón y hacía temblar al mundo. China desdeñaba a Occidente. Pero Occidente se hallaba interesado vivamente por China, por sus sedas, sus lacas, sus porcelanas. Todos estos productos, comprados a bajo precio en Cantón, eran revendidos a alto precio en Europa. Se comprende, pues, que los comerciantes ingleses quisieran forzar las puertas del mercado chino, venciendo el «desinterés» de los dirigentes de Pekín.

En efecto, Cantón era la única ciudad donde se toleraba el comercio. Desde luego, la Compañía de las Indias, después de la abolición del monopolio ejercido por la misma, y varios comerciantes aislados, habían conseguido el derecho a tener almacenes en Cantón. Pero la presencia y el comercio de los europeos estaban sometidos a reglamentaciones muy estrictas y, a menudo, humillantes. Las mujeres europeas no podían salir de la zona concedida. Los europeos no podían tener servidores chinos (lo que significaba que un chino, ser superior, no podía, naturalmente, servir a un blanco, juzgado despreciable). Cualquiera que fuese su rango, los europeos no podían desplazarse en silla de manos.

Ni estaban autorizados para aprender chino. Por último, no podían entrar en relación y comerciar más que con ciertos comerciantes convenidos, agrupados en el Co-Hong. Esta limitación comercial parecía a los ingleses tanto más retrógrada y bárbara, cuanto que, poco a poco, estaba surgiendo la idea del librecambio como factor de civilización y progreso. La moral civilizadora iba, pues, a acudir en socorro de los intereses ingleses para justificar la intervención. Pero, por el momento, en 1835, los chinos persistían en no desear los productos europeos. De forma que el comercio con China resultaba grandemente deficitario.

Y no fue Europa, sino el vecino Japón, el responsable de que esta situación de independencia ideológica se alterase. Los japoneses, que eran considerados como «piratas enanos» y seres inferiores, consiguieron infligir a los chinos una grave derrota militar en 1895 y ocuparon Formosa; la causa de este repentino poderío japonés no era otra que la capacidad para aprender de Occidente, y esto produjo el despertar de ciertos círculos intelectuales chinos que predicaron la necesidad de romper con el multisecular aislamiento.

el opio en china antigua

Los ingleses habían encontrado, al fin, algo que vender allí: el opio, cultivado a bajo precio en las Indias y que había encontrado numerosos adeptos en China. En efecto, la importación de opio a Cantón estaba limitada, pero, fuera de la ciudad, existía un grande y fructífero tráfico de contrabando, a menudo con la complicidad de los mandarines, que obtenían un cuantioso beneficio. El mal producía tanto daño que el emperador Tao Kuang se decidió a intervenir. Un comisario imperial extraordinario, Lin Tse Hu, llegó a Cantón con plenos poderes para poner término al tráfico de opio que amenazaba hundir a China en una decadencia física. (Ver: Guerra del Opio)

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

Los Mandarines en China Antigua Función Pública y Formación

FORMACIÓN Y FUNCIÓN DE LOS MANDARINES CHINOS

LA DECADENCIA MANCHU: En 1796, moría Kien Lung, emperador de China. Su reinado estuvo marcado por grandes victorias, que permitieron extender, especialmente hasta el Sinkiang occidental, las fronteras chinas. Pero, después de él, la dinastía manchú, la de los Tsing, conoció, con Kia K’ing y Tao Kuang, muchas desventuras, pues los europeos se hicieron más presentes cada vez en las puertas de China.

El Celeste Imperio era demasiado extenso para que las órdenes del emperador llegasen regularmente hasta las fronteras más lejanas. Sin embargo, la dinastía manchú no toleraba las disidencias, las tentativas de descentralización, sino que, víctima de la extensión de su territorio, se veía constreñida, de vez en cuando, a descargar grandes golpes. Caían las cabezas de algunos oposicionistas, o de los funcionarios a los que se consideraba responsables; el terror inspiraba a todos los demás una relativa calma; pero, poco a poco, la naturaleza humana volvía por sus fueros.

Para imponer su poder a los pueblos que habían conquistado, los emperadores disponían de tres instrumentos esenciales: el ejército, la nobleza y los letrados. El ejército contaba de 300.000 hombres. Poca cosa para tan vasto imperio; pero se bastaba para hacer respetar el orden en las fronteras, a condición de que el adversario no dispusiera, como los europeos, de armas demasiado diabólicas.

La nobleza se hallaba dividida en dos clanes: la que habitaba las mansiones fortificadas del campo y dominaba a la gran masa campesina, y la que vivía junto al emperador. Los nobles eran mantenidos lujosamente, pero no tenían ningún poder. Como Luis XIV, aparentemente, el emperador estimaba que el tenerlos ociosos era el medio mejor de privar a los príncipes de todo espíritu de revuelta.

Paralelamente, los chinos podían recibir títulos nobiliarios en agradecimiento a los servicios prestados. Mas, frente a éstos, reinaba también la desconfianza. La simple cólera del emperador podía precipitar al desventurado al fondo de la escala social. Y otro servicio prestado podía volver a situar al mismo personaje en el vértice dela escala aristocrática. Nadie tenía derechos; todo el mundo tenía sólo deberes. Nada les era dado para siempre a los príncipes: ni la gloria, ni la caída de ella. Manteniendo esta inseguridad de situaciones, el emperador tenía la ventaja de conservar las riendas de un poder descentralizado.

mandarines

LOS MANDARINES: En efecto, el país funcionaba, sobre todo, gracias a los miembros de la tercera clase importante: la de los letrados, que, responsable de la Administración, dirigía la nación. Estos letrados, llamados «mandarines» por los portugueses, eran los ganadores de unos concursos extremadamente difíciles. Recluidos durante tres días y dos noches, los candidatos debían pasar tres series de pruebas: la primera estaba constituida por diversas composiciones de carácter literario, relativas a los textos más antiguos, en la que el arte de manejar el pincel revestía capital importancia. Esto equivaldría, en nuestros días, a reclutar funcionarios especialistas en finanzas y estadística, exigiéndoles por todo bagaje intelectual un profundo conocimiento de la poesía de Virgilio y un talento caligráfico.

Una vez pasadas las pruebas, el candidato entraba a formar parte de la casta de los letrados. Tenía derecho a un cargo público y a lucir el famoso botón del color correspondiente a su grado, al concurso ganado. Pero estos funcionarios estaban mal pagados. Por eso, imbuidos de su superioridad, no vacilaban en aceptar pequeños regalos. He aquí el extraño imperio que los europeos tenían ante sí.

Los mandarines eran contratados después de haber realizado un examen basado en el programa de estudios establecido por el confucianismo. En los primeros años de la historia china el examen consistía en la resolución de problemas administrativos prácticos; más adelante, en tiempos de las dinastías Ming y Qing, los exámenes se centraban en un conocimiento rutinario de los clásicos chinos. Sin embargo, existían también otros medios para convertirse en mandarín: el apadrinamiento oficioso y el parentesco con la aristocracia o el soberano. Los exámenes tenían tanto prestigio que algunos candidatos se pasaban toda la vida tratando de aprobarlos y otros llegaban incluso a castrarse para mejorar su concentración.

Los escasos conocimientos que éstos tenían sobre el «Imperio del Medio» estaban a menudo deformados por los rumores. Así, la religión china les parecía algo incomprensible: aquella mezcla inextricable de religiones les parecía un subproducto de la más primaria de las supersticiones. El europeo, hombre de orden, no había conocido más que religiones bien jerarquizadas, en las que todos sus fieles compartían una misma fe. Y la sensación de hallarse ante una superstición en materia religiosa era suficiente para suscitar nobilísimas  vocaciones  misioneras.

Los europeos, estupefactos ante las extravagancias chinas, visibles tanto en sus costumbres y en sus trajes como en su arte, les calificaban, por tanto, de «bárbaros». En cuanto a los chinos, pensaban lo mismo de los europeos. Encontraban ridiculas sus largas narices, se burlaban de sus estrechos trajes, dentro de los cuales los hombres aparecían tiesos, y hallaban mal hechas las prendas (los chaquets), que no podían cerrarse y poseían un apéndice inútil que les colgaba por detrás. ¡Y qué decir de aquellos sombreros en forma de tubo de chimenea!

Los mandarines hablaban un dialecto especial que hoy en día es la lengua china más hablada.Más de mil millones de sus habitantes, el 95% de la población, habla chino frente a las otras minorías que hablan idiomas de diferentes familias lingüísticas, como el tibetano, el mongol, el lolo, el miao y el tai.

Fuente Consultadas:
Todo Sobre Nuestro Mundo Christopher LLoyd
HISTORAMA La Gran Aventura del Hombre Tomo X La Revolución Industrial
Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts
Historia del Mundo Para Dummies Peter Haugen
La Revolución Industrial M.J. Mijailov

El Imperialismo Japonés Causas y Desarrollo Guerra con Rusia

RESUMEN: EL EXPANSIONISMO JAPONES
GUERRA CON RUSIA

Despúes de la famosa Era Meiji, donde Japón logra una importante reforma tecnológica y militar, podemos decir a niveles muy profundos, que este país no cambió con la rapidez con que se modernizó. En los años setenta del siglo XIX introdujeron maquinaria mecánica en la industria de la seda (a pesar de lo cual en los años noventa del mismo siglo más de la mitad de la seda hilada en Japón todavía se procesaba a mano) y a comienzos de los noventa Japón creó una nueva industria algodonera (que sólo contó con la centésima parte de la cantidad de husos empleados en Gran Bretaña a las mismas fechas).

Hacia 1900 comenzó el crecimiento industrial realmente acelerado. Fue acompañado por el desarrollo de la minería: los 5 millones de toneladas de carbón producidos en 1895 se elevaron a 21 millones en 1913. En aquellos años se triplicó la producción de seda cruda y se multiplicó más de seis veces la producción de hilo de algodón. En 1914 Japón estaba más industrializado que cualquier otro país asiático y había comenzado a elevarse constantemente el porcentaje de población que vivía en ciudades de más de cien mil habitantes.

De todas maneras guiado con mano segura por un emperador todopoderoso, favorecido por un notable desarrollo industrial de cuya fuerza daban un ejemplo al mundo los trusts Mitsui y Mitsubishi, seguro de su ejército modernizado, el Japón puede emprender su expansión.

Aquel pueblo que había vivido, durante largo tiempo, replegado sobre sí mismo, hasta el punto de haber prohibido, en otras épocas, la construcción de navios de alta mar, se sentía ahora impulsado por una vocación de grandeza. La expansión además, se había hecho imprescindible poi el desarrollo de su industria, que necesitaba materias primas y mercados. (Fuente Consultada:Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts)

La guerra chino-japonesa de 1894-95 había sido la primera manifestación de aquel nuevo imperialismo. El ejército japonés había aplastadc al chino, con lo que el Japón había puesto pie en Corea. Pero ¿quién habría podido pensar que, ante un poderoso ejército europeo, los japoneses hubieran podido resistir? La guerra ruso-japonesa iba a dar una respuesta escalofriante a tal pregunta.

Las ambiciones rusas y las japonesas miraban a una provincia china: Manchuria. Fracasados en sus intentos balcánicos, los rusos, al emprender la construcción del Transiberiano, habían iniciado el camino de la ocupación de Siberia, en dirección al Pacífico.

Comenzaban, pues, una marcha hacia el Este, comparable a la que los americanos habían realizado con su conquista del Oeste. Cuando China se desmembró, los rusos habían conquistado ya posiciones ventajosas: Manchuria estaba en su zona de influencia y la explotación de aquella provincia avanzaba paralelamente a la construcción del Transmanchuriano. Aprovechando la rebelión de los boxers, los rusos habían ocupado también militarmente Manchuria, a pesar de la protesta de las grandes potencias, entre ellas el Japón.

LA GUERRA RUSO-JAPONESA
En 1902, el Japón se alió con Inglaterra: era una brecha en el bloque de las potencias occidentales, fenómeno del que China no había acertado a aprovecharse nunca. Seguro de la benévola neutralidad inglesa, Japón se sentía capaz de actuar. Francia no se atrevería a intervenir enemistándose con Inglaterra.

El Japón propuso a los rusos que abandonasen Manchuria, a cambio de la garantía de que los japoneses tampoco intentarían penetrar en aquel territorio. Los rusos no podían, naturalmente, aceptar, sin contrapartida, el abandono de un territorio que, de hecho, ocupaban ya. Poco a poco, iba perfilándose una guerra que el pueblo japonés, por otra parte, deseaba.

Acorazados Rusos Hundidos

El 6 de febrero de 1904, quedaron rotas todas las relaciones diplomáticas, y, tres días después, sin declaración de guerra, el almirante Togo atacaba a la flota rusa en Port Arthur.

Muchos barcos rusos fueron hundidos y la fio ta quedó bloqueada, permitiendo así a los transportes de tropas japoneses actuar con toda tranquilidad. El máximo esfuerzo de guerra se centró entonces en el continente. En mayo, los japoneses atravesaron el río Yalu, que separa a Corea y Manchuria.

Al mismo tiempo, desembarcaron en la isla de Liao-Tung, cerca de Port Arthur. Los ejércitos avanzaron tan rápidamente, que amenazaron con capturar a la flota rusa; ésta intentó una salida para llegar a Vladivostok, pero inútilmente.

El 2 de enero di 1905, Port Arthur cayó, y la flota rusa tuvo que hundirse. En marzo de 1905, las tropas rusas, cercadas, hubieron de evacúa) Mukden. Aquella serie de reveses adquirio un aspecto más sorprendente aún, con mo tivo de la batalla naval de Tchushima. En octubre de 1904, el almirantazgo ruso había enviado como refuerzo una escuadra del Báltico. Después de ocho meses de un viaje realizado en las peores condiciones, aquella flota llegó ante las islas Tchushima. El almirante Togo la esperaba. En dos horas, la flota rusa fue destruida: un éxito fulminante del pequeño nipón ante el gigante ruso.

El Tratado de Portsmouth, en los Estados Unidos, concedía al Japón el sur de la isla Sajalin, Corea y el derecho de vigilancia sobre el Transmanchuriano.

EL PELIGRO AMARILLO: La victoria japonesa había asombrado al mundo occidental, que, según parecía, había jugado al aprendiz de brujo: había educado al Japón, desencadenando fuerzas que ahora no podía controlar. ¿Qué pasaría cuando, como el Japón, se occidentalizasen todas las masas asiáticas? Para Occidente, 1905 era el comienzo de lo que se llamaría el «peligro amarillo».

El Japón había demostrado que era posible liberarse del dominio de los blancos, y Occidente empezó a temer al Japón. Inglaterra temía verse amenazada en China; los Estados Unidos, en las Filipinas. Este temor se manifestó especialmente en los Estados Unidos, donde se prohibió la inmigración japonesa y donde la venta de productos japoneses encontró muchos obstáculos. Pero el Japón necesitaba, a toda costa, salidas para una población excesivamente numerosa, por lo que colonizó Corea y aceleró la infiltración de elementos nipones en Manchuria.

Aquellos importantes progresos no fueron fáciles, sino que encontraron las dificultades inherentes a toda sociedad en rápido desarrollo y cuyos cuadros sociales, morales o intelectuales habían entrado en crisis: debilidad de los campesinos, cuyos ingresos no llegan a alcanzar» el aumento de precios de la ciudad, e incremento de la inmoralidad y de la corrupción. Incluso el cuadro familiar sufrió los trastornos propios de la emancipación lenta, pero continua, de la mujer.

ALGO MAS SOBRE EL IMPERIALISMO JAPONÉS…

Los países orientales tuvieron que aceptar que Japón había logrado una verdadera transformación y que era una potencia militar…A partir de la década de 1870 los japonenes obligaron a los coreanos a abrie tres puertos e intercambiar representaciones diplomáticas. Como Corea era una dependencia china, fue todo un reto al gran imperio amarillo. En 1894 los japonenes atacaron China y la derrotaron tan profundamente (para sorpresa de los observadores extranjeros) que ésta tuvo que aceptar una paz humillante, reconocer la independencia de Corea y entregar Formosa y varias islas más a Japón.

Pocos años más tarde, en 1902, hubo una clara señal de la flamante relevancia diplomática del país: por primera vez, en más de un siglo, Gran Bretaña firmó una alianza en tiempos de paz… con Japón. En 1904 Japón llegó a la culminación de su primera etapa de expansión cuando entró en guerra con Rusia. Los nipones estaban convencidos de que los rusos pretendían Corea, la isla largo tiempo codiciada.

Una de las señales de peligro consistió en que los rusos arrendaron a China una base naval en Port Arthur, lo que los situó al alcance tanto de Corea como de Pekín; si China se derrumbaba totalmente (como parecía probable), estarían bien situados para intervenir.

Los japoneses decidieron asestar el primer golpe y, por primera vez desde la Edad Media, los no europeos derrotaron a los europeos en una guerra de gran envergadura. Por el tratado de paz firmado en 1905, los japoneses no sólo obtuvieron la dominación de Corea, sino de Manchuria del Sur, región importante por sus recursos económicos. Y en 1910 se anexionaron formalmente Corea. (Fuente: Historia Universal Ilustrada Tomo II de John ;. Roberts)

Por tanto, en un período muy breve los japoneses invirtieron completamente su situación de los años sesenta del siglo XIX. Al tomar hábilmente prestados conocimientos del extranjero, se equiparon en tanto potencia mundial de primera magnitud y llegaron a dominar el Lejano Oriente.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Historia de Japón en el Siglo XIX Transformación Industrial Militar

SIGLO XIX: JAPÓN SE OCCIDENTALIZA Y DESARROLLA SU INDUSTRIA

Luego de la victoriosa guerra contra China,  Japón acordó dar prioridad a las transformaciones, a la occidentalización del país. El  emperador trató, ante todo, de congraciarse con las potencias occidentales. Para ello, se esforzó en poner fin a los atentados contra los extranjeros y se preocupó de que los culpables fuesen ejecutados. Después comenzaron las reformas.

La tarea primordial era la de hacer desaparecer el feudalismo, principal obstáculo para la indispensable transformación económica. Los grandes señores feudales, los daimios, se dejaron convencer de la necesidad de abandonar sus privilegios feudales y de fundirse con la nobleza cortesana.

En 1868 sube al trono imperial Mutsuhito (1868-1912), que llamó a su reinado Meiji. Desde el poder se impone la occidentalización del todo el país, aboliendo el régimen feudal de los samurais y shogunes anterior

En compensación, pasaban a ser gobernadores de sus provincias y funcionarios imperiales. De igual modo, los caballeros, los samurais, y los templos fueron despojados, a cambio de pensiones. El abandono del feudalismo implicaba, desde luego, pesadas cargas para el Estado.

Por eso, gracias al empréstito conseguido en Londres, el gobierno propuso a los samurais la recuperación de sus pensiones, mediante la inversión inmediata de un capital. Los intereses pagados a Londres ofrecían el peligro de ser elevados también, pero se esperaba, con razón, que la masa de capitales puesta en manos de los daimios sería invertida en la economía, y que, de ese modo, en forma de impuestos, el Estado aumentaría sus recursos.

Envite audaz, pero operación grandiosa. No se puede menos de admirar aquella revolución pacífica, única, sin duda, en la historia del mundo. La economía agraria fue la primera en beneficiarse de la nueva organización. Los campesinos se convirtieron en propietarios de la tierra.

Al trabajar por su cuenta, aumentaron su rendimiento. Es verdad que los más débiles no pudieron resistir: muchos tuvieron que vender, y los últimos hijos de las familias ya no encontraron tierras. Estos desheredados tuvieron que refugiarse en las ciudades, ofreciendo así la mano de obra necesaria al desarrollo industrial: de este modo, se realizó, no sin miserias ni dificultades, el traslado de mano de obra, condición indispensable para toda revolución industrial.

Al principio, fue el Estado el que se encargó de la creación de la infraestructura. Por otra parte, sólo el Estado podía disponer de las enormes sumas de dinero necesarias para la realización de unas empresas cuya rentabilidad inmediata era más que dudosa.

Minas para la explortación de metales, grandes industrias, ferrocarriles, formación de obreros calificados, creación de una marina mercante: el Estado se ocupó de todo. Al mismo tiempo, la justicia, la administración, la enseñanza e incluso las costumbres se iban occidentalizando.

En 1871, se reorganizó el ejército nacional, llamado a sustituir a las tropas de clanes. A pesar de la oposición de los samurais, ofendidos al ver que el pueblo, al que ellos habían despreciado, podría combatir también, se estableció el servicio militar obligatorio para todos, si bien inculcando a los reclutas los principios morales que habían constituido el valor de los guerreros feudales y que ahora iban a mostrar su extraordinaria eficacia, pues los soldados japoneses pronto se convirtieron en el símbolo de la obediencia total y de la entrega hasta la muerte.

Estas características fueron puestas de manifiesto en la segunda guerra mundial, por los kamikazes, los voluntarios de la muerte. Un gran esfuerzo, indispensable para aquel pueblo insular, fue el dedicado a la marina, bajo la dirección de oficiales ingleses y de ingenieros franceses. Mientras tanto, para unificar al pueblo, desgarrado, sin duda, por la disolución de los lazos feudales tradicionales, se dio nuevo vigor a la religión nacional, el shintoísmo, con lo que el culto al emperador divinizado y el culto a los antepasados se convertían en el profundo elemento uni-ficador de la nación.

En 1889, en fin, seguro de la solidez de su obra, el emperador promulgó una Constitución, evidentemente inspirada en la Constitución prusiana, que otorgaba al emperador amplios poderes.

Continua: El Imperialismo Japonés

PARA SABER MAS…

En enero de 1860 zarpó de Yedo el Kanrin-Maru, un velero con motor a vapor, de cien caballos de potencia, que sólo había sido utilizado para maniobrar en puerto. Su tripulación fue la primera en cruzar a vela el Pacífico (ya que al cabo de cinco semanas atracó en San Francisco), y en pilotar un barco a través de semejante distancia. Ese logro extraordinario tuvo lugar apenas siete años después de que los japoneses vieran por primera vez un barco de vapor.

Posteriormente, un joven miembro de la tripulación escribió: «Creo que, sin excesivo orgullo, podemos jactarnos ante el mundo de tanto valor y pericia… A pesar de sus conquistas, Pedro el Grande de Rusia, que estudió náutica en Holanda, no pudo igualar la hazaña de los japoneses.»

El orgullo patriótico de aquel joven era fiel reflejo del de la mayoría de sus compatriotas. Entre los japoneses cultos existía el apasionado deseo de que su país no sufriera el mismo destino que chinos e indios, cuya inferioridad ante los «demonios extranjeros del mar» los obligó a soportar las injerencias de europeos y norteamericanos en sus asuntos internos. La travesía de la que tanto se enorgullecía aquel joven no sólo demostraba la disposición de los japoneses a tomar prestados conocimientos y tecnología, sino la rapidez con que sus compatriotas supieron aprovecharlos.

Japón cambió deprisa a lo largo de las décadas siguientes. Sus líderes comprendieron que no podían tomar prestada tecnología occidental y adaptarla a la sociedad japonesa sin introducir cambios en sus propias costumbres. El primer paso hacia la creación del estado nacional fue la abolición del viejo sistema semifeudal por el cual los clanes gobernaban grandes zonas del país en nombre del emperador. Luego adoptaron muchas instituciones de gobierno europeas. (Fuente Consultada:Historia Universal Ilustrada Tomo II John M. Roberts)

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Imperialismo Europeo en China Rebeliones Sociales y Bélicas

DESMEMBRAMIENTO DE CHINA Y LA REBELIÓN DE LOS BOXERS

En Asia había nacido una nueva potencia, y China tuvo que ceder, una vez más. El Tratado de Shimonoseki entregó Corea al Japón, así como la isla de Formosa, las islas Pescadores, la península de Liao-Tung y las mismas ventajas comerciales o jurídicas, en su territorio, que las ya concedidas a los europeos.

La importancia de las concesiones chinas acaso no fuese más que un ardid de Li-Hong-Tchang, el cual sabía que los occidentales no aceptarían de buen grado que los japoneses, recién llegados, obtuviesen, sin gran esfuerzo1 y tras una breve campaña, mucho más de lo que ellos habían conseguido en medio siglo.

Los occidentales no dejaron de reaccionar, pero no en el sentido que los chinos esperaban. Las cajas del Estado se hallaban vacías, la corte no había sabido moderar sus gastos y la vida de corrupción continuaba en la ciudad prohibida, como si no hubiera pasado nada. Los japoneses exigían enormes indemnizaciones de guerra.

Al mismo tiempo, incapaces, desalentados o impotentes, los funcionarios no lograban allegar suficientes recursos. Los europeos se ofrecieron entonces como banqueros, exigiendo, desde luego, garantías, concesiones para ferrocarriles, territorios.

Hasta entonces, no habían sido más que dentelladas, pero la guerra chino-japonesa había descubierto la debilidad china, y ahora se producía ya el derrumbamiento, la desmembración. Francia se adueñó de la isla de Hainán; Inglaterra, del valle del Yang-Tse-Kiang y de Wei-hai-Wei; los rusos ocuparon Port Arthur y lograron importantes ventajas en Manchuria; Alemania, por su parte, se estableció en el Shantung, y el Japón en el Fu-Kien, frente a Formosa.

Emperatriz Manchú Tseu Hi y sus fieles

En estas zonas de influencia, existía el derecho de extraterritorialidad, para protegerlas contra las potencias ocupantes. China parecía a punto de perder su unidad. Sólo los Estados Unidos intervinieron para afirmar el principio de «puerta abierta»: la nueva potencia americana no quería renunciar a los beneficios que sus competidores europeos esperaban sacar de China.

LA REBELIÓN DE LOS «BOXERS»
Mientras tanto, en Pekín, el joven emperador Kuang-Siu, ayudado por otros jóvenes, muchos de ellos formados en las universidades occidentales, intentó un giro reformista. Con los «cien días» del emperador Kuang, se multiplicaron las innovaciones: reformas en los exámenes, creación de Cámaras de Comercio, servicios de traducción. Pero la emperatriz Tseu-Hi reaccionó. Un ejército antirreformista avanzó sobre Pekín, y los ministros reformadores fueron asesinados o huyeron. Tseu-Hi gobernó, de nuevo, sin impedimentos, pues el emperador Kuang tuvo que resignarse a ser un simple elemento decorativo en su propio palacio.

Tseu-Hi había acertado a poner fin a la tempestad. Pero el pueblo contenía su cólera, el orgullo de los chinos estaba humillado por las derrotas, budistas y taoístas se quejaban de la implantación del cristianismo: las misiones eran muy activas, y, evidentemente, gozaban, a los ojos de muchos chinos, del prestigio y de la fuerza de las potencias occidentales.

Los artesanos, por su parte, se hallaban en una situación económica difícil: los productos industriales, importados masivamente, les imponían una competencia difícilmente soportable. En aquel clima, una secta, como siempre sucede en China, acertó a encontrar un ambiente favorable para una gran expansión. «Los puños de la concordia y de la justicia», a quienes los occidentales llamaron boxers (boxeadores).

En Pekín, había millares de ellos: aparecieron carteles reclamando la salida o la matanza de los extranjeros. La corte los apoyaba, y, gracias a eso, podían actuar casi a la luz del sol. Circulaban libremente, y se les reconocía por sus «foulards» rojos anudados sobre la cabeza, por las cintas rojas que rodeaban sus pulsos y sus tobillos. En sus banderas, el reconocimiento oficial: «Combatimos a las órdenes del emperador».

Su propaganda hace a los «diablos de Occidente», responsables de todas las desgracias que China sufría. ¿Cómo explicar —a no ser por el desorden del mundo, debido a los occidentales— la sequía y las calamidades agrícolas? . Era necesario, pues, que el pueblo restableciese el tao, es decir, el orden de las cosas. Toda aquella propaganda encontraba cierta apariencia de fundamento en hechos muy simples que cualquier chino podía observar. La técnica moderna ofendía a los espíritus. ¿Una prueba? La serpiente de hierro (los hilos telegráficos) ¡goteaba sangre de los espíritus! (El líquido rojo era el orín que se disolvía con la lluvia.)

A la xenofobia y al sentimiento de frustración religiosa, se unía el fanatismo de los iniciados de la secta. Puesto en trance de gran exaltación, en medio de un ruido ensordecedor y presa de movimientos desordenados, el iniciado se cree insensible al dolor e invulnerable. La más vulgar prestidigitación venía a reforzar esta idea.

Las balas occidentales no podían matar a los boxers, más que provisionalmente. ¿Una prueba? Un hombre dispara contra un boxer: éste se tambalea, cae, se hace el muerto, pero en seguida se levanta con la bala en la mano. Un truco elemental y simple, preparado por dos compinches, pero que impresionaba a una población ignorante. En mayo de 1899, comenzaron los ataques importantes.

Hubo matanzas de chinos cristianos, y un diplomático alemán fue muerto en plena calle. El 17 de junio, los chinos bombardearon el barrio de las legaciones. Con pocas tropas, los occidentales se parapetaron y se defendieron como pudieron. Tropas regulares chinas no tardaron en reforzar a los boxers.

La inquietud en Europa llegó al máximo, y se creó un ejército internacional que avanzó sobre Pekín, pero no antes de primeros de agosto. El día 12, las tropas internacionales consiguen tomar Pekín, en el momento justo: los víveres se habían acabado ya en el barrio de las Legaciones. En represalia, la ciudad fue saqueada. Enloquecida, Tseu-Hi huyó, disfrazada de campesina.

Los europeos victoriosos decidieron hacer pagar a China el miedo que les había causado. Para vengarse de las atrocidades de los boxers, especialmente contra los misioneros, los soldados robaron, violaron, asesinaron.

En 1901, se firmó una paz humillante para China. Se exigió el castigo de los culpables, y la entrada masiva, como funcionarios, de los jóvenes educados en las escuelas de los misioneros. En adelante, el barrio de las Legaciones sería custodiado por tropas europeas, y se exigió a los chinos una fuerte indemnización de guerra.

ALGO MAS SOBRE EL IMPERIALISMO EUROPEO….

La invasión aglo-francesa de 1857 a 1860 terminó con la ocupación de Pekín, el saqueo e incendio del Palacio de Verano y la firma de nuevos tratados humillantes. En 1858 China cedió a Rusia el territorio situado al norte del río Amur y dos años después entregó la península de Ussuri (en la que los rusos erigirían Vladivostok), al tiempo que también procedía a grandes entregas de territorio en Asia Central, más allá de la frontera de Sinkiang.

La voracidad rusa resulta comprensible: siempre fue la potencia que compartió la más larga frontera terrestre con China y hacía muchas décadas que presionaba en Asia Central. Aunque no los gobernaron directamente, otros estados europeos se apoderaron de territorios sobre los que los chinos reclamaban su dominio: los británicos se apoderaron de Bir-mania, los franceses de buena parte de Indochina y, en 1895, los japoneses obligaron a los chinos a renunciar a su reclamación de soberanía sobre Corea, que se independizó.

Simultáneamente Japón arrebató al imperio la isla de Formosa (Taiwán). A lo largo de los años siguientes, alentados quizá por el ejemplo japonés y preocupados porque sus rivales se les adelantaran en la carrera si China se derrumbaba, los europeos volvieron a despojar a China de algunos territorios. Los rusos se instalaron en Port Arthur; Gran Bretaña, Francia y Alemania firmaron arriendos a largo plazo de muchos puertos marítimos y hasta los portugueses (que llevaban en China más tiempo que cualquier otro estado europeo) convirtieron su viejo arriendo de Macao en posesión.

No es sorprendente que en 1900 muchos europeos supusieran que China se quebraría o desmoronaría como había ocurrido con el imperio turco….

mapa de imperialismo europeo en china

Mapa de imperialismo europeo en China

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Causas Primera Guerra China y Japón Siglo XIX Pierde Corea

1894: PRIMERA GUERRA JAPÓN Y CHINA POR COREA

Los países europeos veían en el gran país oriental un mundo maravilloso como mercado y también como proveedor de ciertas materias primas, e inició una política de en tales condiciones, China era incapaz de resistir a los asaltos de los europeos.

Francia, dueña ya de Cochinchina y de Camboya, trataba de extender sus posesiones por Anam y Tonkín. Percibiendo el peligro, el emperador de Anam renovó sus protestas de fidelidad a Pekín, y, para defender a su estado vasallo, China intentó oponerse a los ejércitos franceses, pero inútilmente: una nueva derrota la obligó a ceder, en 1885-1886.

Sin embargo, la resistencia china, en aquella ocasión, había sido más fuerte, pues el ejército chino parecía adaptarse a los nuevos métodos de la guerra. ¿Trabajaría el tiempo a favor de China? ¿Podría China, a fin de cuentas, poco a poco y gracias al tiempo ganado por la diplomacia, ir cediendo el menor terreno posible, mientras se preparaba? Fue entonces cuando intervino una nueva potencia: el Japón.

Poco después de la «apertura» impuesta por el comandante Perry en 1854, el Japón había comprendido que no se podía batir a los occidentales con las armas de la tradición. Mutsu-Hito estaba convencido de que no se recobraría la independencia, más que pagándola al precio de las viejas estructuras y de las viejas ideologías. Revolución fundamental y desgarradora, pero ineluctable. La industria japonesa se desarrolló y el ejército se modernizó. Aquel nuevo poder estimuló las ambiciones japonesas.

Emperador Mutsu Hito

No podía discutir aún la supremacía occidental, y enfrentarse directamente con los ejércitos extranjeros sería simple locura. Pero los japoneses, isleños, querían poner pie en el continente, y su primera presa debía ser Corea, país tradicionalmente sujeto a la soberanía china. Esta soberanía, por otra parte, era muy débil, pero, en los momentos de crisis, Corea recurría siempre a China, que le parecía ser su protector natural.

Japón tenía que esperar un momento favorable, o crearlo. En 1894, el rey de Corea consiguió a duras penas contener un movimiento insurreccional. Cuando estaba a punto de ser derrocado, recurrió a su protectora, pero China sólo envió un débil contingente de tropas. Los japoneses, en cambio, sin haber sido solicitados, enviaron poderosas fuerzas, con el fin declarado de mantener el orden. Conseguida una posición de predominio, trataron de consolidar sus ventajas, proclamando que era preciso reformar Corea, y que se encargarían de ello, muy gustosamente.

Como el rey de Corea y sus ministros iniciaron un gesto de resistencia, los ocupantes se apoderaron del palacio y llevaron a la familia real a la legación japonesa. Era un golpe de fuerza. La poderosa China no toleraría la acción de aquel país que todo el mundo consideraba muy vulnerable, y estalló la guerra chino-japonesa, que resultó sorprendentemente breve.

China había podido hacerse algunas ilusiones ante el pequeño cuerpo expedicionario francés en Tonkín, pero, en 1894-1895, era un ejército de hierro japonés el que se opuso a un débil ejército chino, en el que muchos oficiales salían todavía para el combate con sus sables, mientras un criado llevaba una sombrilla para protegerlos del sol. Manchuria fue invadida rápidamente, y el embrión de la flota de guerra china, inmediatamente destruido.

El Japón fue una revelación para el mundo entero, nacía de este modo una nueva potencia militar.

En Asia había nacido una nueva potencia, y China tuvo que ceder, una vez más. El tratado de Shimonoseki entregó Corea al Japón, así como la isla de Formosa, las islas Pescadores, la península de Liao-Tung y las mismas ventajas comerciales o jurídicas, en su territorio, que las ya concedidas a los europeos.

La importancia de las concesiones chinas acaso no fuese más que un ardid de Li-Hong-Tchang, el cual sabía que los occidentales no aceptarían de buen grado que los japoneses, recién llegados, obtuviesen, sin gran esfuerzo y tras una breve campaña, mucho más de lo que ellos habían conseguido en medio siglo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Ultima Emperatriz de China Gobierno Manchú

Última Emperatriz de China – Gobierno Manchú

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: En el siglo XIX la civilización china estaba estructurada en un orden que se decía natural, querido por el cielo: un orden que no había que modificar, so pena de trastornar la marcha del mundo y provocar las peores calamidades, empezando por las malas cosechas. El mandatario del cielo, el emperador manchú, había cedido frente a diversas presiones de los occidentales.

Europa en esa misma época disponía de  un gran poder industrial, entonces  enarbolan la antorcha de la felicidad humana. En realidad, los progresos de su industria era argumento válido y decisivo a los ojos de quienes, falseando la realidad, empezaban por declarar que la potencia industrial era la suprema prueba del valor y riqueza de las naciones.

En vanguardia, se enviaba a los misioneros que, frecuentemente, abrían el camino, al precio de sus vidas. Su bondad maravillaba, arrastraba y seducía a los pueblos «bárbaros», pero, detrás de ellos, llegaban los comerciantes y, en caso de necesidad, los barcos de guerra. Frente a esta «invación occidental», surgieron varios conflictos.

La guerra del opio y el saqueo de Pekín habían removido a las masas chinas. La rebelión de los Taiping había pretendido ser la respuesta de la verdadera China a las debilidades del emperador, pero los cañones habían dado buena cuenta de los dragones. La derrota de la revolución  Taiping (querían reformar a China) dió algún respiro al poder dinástico. Incapaz de modificar la estructura tradicional de China, la dinastía podría resistir, por medio del terror —al menos, durante algún tiempo—,a las fuerzas que la cercaban: era el último recurso de un mundo que se hundía.

LA ÚLTIMA EMPERATRIZ: La emperatriz Tseu-Hi quedará para siempre como el símbolo de aquella anacrónica resistencia. Sin embargo, nada, excepto su belleza, parecía predisponer a la joven Ye-Ho-Na-La a un gran destino. Descendiente de la nobleza manchú, fue elegida, en efecto, con otras veintisiete bellas muchachas, para ser una de las concubinas del joven emperador Sien Fong. Esto ocurría en 1851.

Tseu Hi ultima emperatriz manchu

Tseu Hi ultima emperatriz manchu

La futura Tseu-Hi tenía entonces el encanto y la deslumbrante dulzura de sus diecisiete años. Tuvo, además, la fortuna de dar a luz al primer hijo del emperador, que fue designado heredero. Cuando, en 1861, Sien Fong murió, el hijo de Tseu-Hi, heredero del trono, sólo tiene cinco años, y Tseu-Hi se convierte en regente.

A los 27 años, se adueña del poder, y no lo dejará hasta su muerte, en 1908. ¿Qué importaban los jóvenes emperadores que se sucedían? No podían nada contra la autoridad de la reina madre, a la que muy pronto se le llamó «el viejo Buda». Durante cerca de cincuenta años, pues, Tseu-Hi reinó en China.

Despreciaba a Occidente, pero lo que le interesaba, sobre todo, era conservar su poder sobre el «Celeste Imperio», y, para ello, aquella mujer implacable no retrocedió ante nada. Sus crueldades no tardaron en hacerse célebres: sus enemigos las divulgaban, y los occidentales encontraban en ellas una razón más para justificar sus acciones, porque, contra tal personaje, la fuerza recibía la bendición de la moral. China, al igual que Turquía, aparecía como la nación «enferma» que tenía necesidad de médicos occidentales.

Como el sultán, Tseu-Hi se rodeaba frecuentemente de eunucos, a los que luego iba condenando a muerte. Así, uno de ellos, después de sufrir sus reproches por ciertas faltas, sólo pidió morir «entero», y para Tseu-Hi fue una gran diversión sustituir el hacha del verdugo por veneno.

Sin embargo, junto a aquel terror y a aquella disolución, Tseu-Hi supo elegir como ministros a algunos hombres inteligentes y eficaces: Tseng-Kua-Fan, Tso-Tsung-Tang y Li-Hong-Tchang. Aquellos hombres se esforzaron por mantener, durante el mayor tiempo posible, la integridad del territorio, tanto contra la presión de los occidentales como contra las revueltas que amenazaban las provincias periféricas del imperio, especialmente la de Yakub Beg, que desembocó en la secesión, hasta 1878, de la provincia extrema occidental del Sin Kiang.

LA MODERNIZACIÓN Y LOS ENCLAVES OCCIDENTALES
Paralelamente a aquellas campañas militares, los ministros se esforzaron por modernizar a China. En Shangai se creó una industria de tipo occidental, y se construyeron   algunos   barcos   modernos.   Li-Hong-Tchang, que estuvo en el poder desde 1870 hasta 1901, trató de limitar, gracias a una excelente diplomacia, el avance y las ambiciones de las potencias extranjeras, oponiendo las unas a las otras.

Al mismo tiempo, con la ayuda de Ward, un aventurero americano, se dedicó a transformar el ejército chino, iniciándolo en los métodos europeos. Todos los esfuerzos de los ministros, por otra parte,  se veían favorecidos por una notable prosperidad económica, debida al restablecimiento de la paz. Pero los propósitos de Li-Hong-Tchang, llamado el «Maquiavelo de China», que administraba aquel inmenso país,  ayudado por algunos valiosos mandarines, chocaban con las ambiciones   occidentales.

Anteriores   tratados habían concedido a los ciudadanos extranjeros el derecho de trabajar en ciertos puertos y en ciertas ciudades del valle del Yang-Tse-Kiang.  Solían ser muchos, e interpretaban los tratados a su manera.

Se consideraban no sometidos a las leyes chinas, y, en consecuencia, por encima de las leyes. Incluso no tardaron en arrogarse el derecho de cobrar impuestos  en las  ciudades  que ocupaban, y, en la mayoría de las ciudades, poseían   enclaves   donde   los   funcionarios chinos y la policía no tenían derecho a intervenir.

Ciudad   mercantil   y   financiera, Shangai atrajo a las fuerzas vivas del país, a los hombres de la «élite» y del dinero. Frente a la aristocrática Pekín, Shangai, regida por los occidentales,  se alzaba como una segunda capital de China, la capital comercial.

El comercio, por lo demás, había quedado, parcialmente, en manos de los chinos, gracias a su mejor conocimiento del país.  Pero aquella nueva clase de  comerciantes se escudaba con los extranjeros: por ejemplo, desafiaba a los funcionarios, afirmando que el contrabando sólo dependía de los cónsules occidentales. Por su parte, los misioneros penetraban cada vez más profundamente en China y, protegiendo a los conversos, los sustraían, en realidad, a la jurisdicción china.

Puestos en ridículo tan frecuentemente, los funcionarios reformadores —poco   apoyados,   cuando   no   combatidos por Tseu-Hi  y  por los  partidarios  de  la vieja China— no podían abrigar la esperanza de que el país diese un gran salto adelante. China perdía su carácter, y la corrupción de Shangai,  nueva Babilonia,  quebrantaba en algunas clases los resortes morales que pudieran quedarles aún.

Ante degradación tan manifiesta, el sentimiento prevaleció sobre la acción, y se impuso la xenofobia, decididamente  apoyada  por  Tseu-Hi:   China se disponía a la violencia, que, muchas veces, no es más que una impotencia velada. Los chinos, en su odio a Occidente, no podían admitir una modernización que ellos no controlaban.

Uno de los primeros ferrocarriles, cerca de Shangai, fue destruido, en 1877, por la población, que arrancó los raíles, porque aquello podía herir a los espíritus y porque los raíles molestaban a los espíritus de la tierra. La estación fue transformada en templo.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IX La Gran Aventura del Hombre

Los Shogunes en Japon Gobierno Historia Shogunato Tokugawa

Historia del Gobierno de  los Shogunes en Japon

LOS SHOGUNES EN JAPÓN: La historia de Japón se caracteriza por la importancia del papel desempeñado, a través de las épocas, por grandes personajes como los emperadores y los shogunes. Este país siempre ha estado muy influido por corrientes extranjeras. Se sabe muy poca cosa de los orígenes de Japón. Del siglo VIII al XIX el poder se hallaba en manos de señores feudales, los sogunes. El emperador MutsuHito restableció sólidamente la autoridad imperial. En el siglo XX Japón ha pasado a ser una potencia mundial.

Los shogunes eran generales que actuaban como dictadores y los samurais eran caballeros japoneses. Ambos dominaron Japón durante cerca de siete siglos. Japón sufrió una profunda influencia china que se inició hacia el siglo cuarto. Cerca de 538 d.C. dicha influencia tomó la forma de conversión religiosa, al adoptar el budismo la corte japonesa y reemplazar los viejos templos por nuevos.

La oscilación del péndulo cultural sólo se invirtió en el siglo octavo, cuando los emperadores japoneses de influencia china perdieron poder ante una clase ascendente de guerreros, cuyos líderes, los samurais, organizados en clanes, lucharon entre sí, sumiendo la isla en la guerra civil durante el siglo doce, y dando lugar al cargo imperial de shogún. Minamoto Yoritomo se convirtió en shogún en 1192 y empleó a sus partidarios samurais para imponer la ley y el orden. Japón fue gobernado de esta manera durante siglos.

shogunes

Primer Shogun y fundador de la dinastía de los Tokugawa, que dominó Japón hasta 1867.

Los shogunes: La familia Fujiwara tuvo el poder en Japón durante trescientos años desde el siglo IX. Sin embargo, su influencia se desvaneció cuando dejaron de tener hijas, tradicionalmente destinadas a ser las esposas del emperador. Durante algún tiempo, gobernaron el país algunos de los antiguos emperadores. Entonces el clan Tairaasumió brevemente el poder hasta que un clan rival, el Minamoto, se reunió bajo el mando de Minamoto Yoritomo y se hizo con el poder. Yoritomo asumió el título de sei-i dai shogun, que significa «gran general conquistador de bárbaros».

Minamoto Yoritomo (1147-1199) fue un ambicioso noble que encontró su oportunidad en el caos que siguió a la caída del poder de los Fujiwara. Yoritomo aplastó sin piedad a sus enemigos, incluyendo a muchos miembros de su propia familia.

En 1192, fundó el shogunato Kamakura, a través del cual gobernó Japón desde su estado, Kamakura, cerca de Edo (Tokio). Sus poderes eran ilimitados. A partir de entonces los shogunes gobernaron Japón como dictadores militares hasta 1868.

En el período feudal Kamakura (1185-1333), el culto militar de la clase guerrera mezclaba la práctica del budismo zen con la resistencia espartana y las leyes de la caballería con la veneración a la espada en cuanto símbolo del derecho y del honor, y contaba con un gran ascendiente entre las costumbres japonesas. Los mismos monjes, al igual que los templarios de la Edad Media, transformaron sus conventos en fortalezas y hacían la guerra con toda naturalidad.

Cuando Minamoto Yoritomo derrotó al clan de los Taira en 1185, se hizo con el trono con ayuda de su imponente fuerza militar integrada por guerreros samurai, soldados profesionales que en un principio fueron campesinos pero que finalmente acabaron formando una casta propia.

Al establecer una dictadura militar, Yoritomo se autoproclamó shogún. Un shogún era en esencia un cacique militar que gobernaba en nombre del emperador, si bien en realidad los emperadores eran poco más que figuras decorativas y durante este periodo fueron los sogunes quienes realmente dirigieron Japón. El emperador vivía de las rentas que generaban sus propias propiedades y recibía el respaldo de los sogunes siempre que a cambio este les ofreciera el suyo. En caso contrario, era depuesto. Bajo el gobierno de los sogunes, las provincias de Japón recuperaron parte de su independencia y sus gobernantes, los daimios, ejercieron derechos feudales sobre sus subditos y rindieron honores a los propios sogunes.

Cuando Yoritomo murió en 1199, la familia Hojo, una rama del clan Taira, se convirtió en regente de los shogunes, y asumió el poder de una forma no oficial hasta que finalizó el shogunato Kamakura en 1333.

Los distintos sogunados establecieron alianzas de poder con clanes diferentes y vincularon su suerte a la de estos. Así, el primer sogunado, los Kamakura, perdió el poder en 1335 cuando cayó el clan Hojo. El gobierno de los sogunes se mantuvo como principal estructura política de Japón hasta mediados del siglo XIX, si bien con el tiempo los sogunes dejaron de ser caciques feudales para devenir  príncipes herederos y ejercer de virreyes.

El sistema de gobierno japonés era muy complejo. El emperador era una figura ceremonial a la cual todos tenían que reverenciar, pero quien tenía el verdadero poder era el shogun. Los regentes de los emperadores y de los shogunes también tenían influencia, como sucedía con los daimyos (señores), que se enfrentaban por lograr una posición en la corte y que solían luchar por las tierras. Como resultado de esas enemistades, surgió una clase de guerreros, los llamados samurais, que luchaban al servicio de unos u otros daimyos.

En 1333, el clan Ashikaga derrocó al shoguna Kamakura y al emperador, nombrando a otro eN su lugar. También nombró shogunes, esta vez eN Kioto. Sin embargo, los señores provocaban frecuentes luchas de samurais y esta situación empeoró hasta que se desencadenó la guerra civil Onin (1467-1477) y Japón se dividió en cerca de cuatrocientos estados regidos por diversos clanes. Los emperadores de Kioto se vieron impotentes para impedir la situación y se empobrecieron. A pesar de estos hechos, crecieron el comercio y la cultura centrados en los estados de los daimyo, aunque para la gente del pueblo las guerras entre señores no generaron más que elevados impuestos, inseguridad y trastornos en su vida.

Los shogunes de la familia Tokugawa, que gobernó entre 1603 y 1868, fueron en esencia dictadores militares sobre todo el país. Tokugawa leyasu, el primer shogún de la familia, subió al poder en 1603, al término de una serie de caóticas guerras civiles. Tokugawa sospechaba de los extranjeros, en especial de los europeos (con razón, decimos nosotros). Veía en los misioneros cristianos que los portugueses habían llevado a Japón una amenaza, y le preocupaba que su influencia minara la autoridad del sistema establecido. Acabando de restaurar el orden en su país, estaba decidido a no permitir que la autoridad se diluyera.

El padre inculcó su disgusto por los cristianos europeos a su hijo y sucesor shogún, Tokugawa Hidetada.Hidetada pensaba que si los cristianos ganaban muchos adeptos japoneses, disminuiría la capacidad de defensa de Japón contra una invasión europea. En consecuencia persiguió a los cristianos cada vez con mayor severidad. En 1622, sus funcionarios de Nagasaki crucificaron simultáneamente a 55 misioneros.

El siguiente shogún, Tokugawa lemitsu, expulsó de Japón a todos los misioneros y a la mayoría de los mercaderes, durante su reinado que duró de 1623 a 1651. Prohibió a los japoneses el comercio con el extranjero y a los constructores de barcos el diseño de los grandes navíos necesarios para viajes a grandes distancias. Llegó hasta prohibir el budismo. Prefería el énfasis confuciano en la lealtad a los superiores.

Japón continuó comerciando con China, Corea y un pequeño grupo de holandeses a quienes mantenía alejados del territorio la mayor parte del tiempo, confinados en una isla de la bahía de Nagasaki. La familia Tokugawa logró mantener cerrado Japón al mercado occidental hasta mediados del siglo diecinueve.

CABALLEROS DE JAPÓN Los samurais eran caballeros que estaban preparados para luchar hasta la muerte por sus señores, a quienes juraban lealtad eterna. Al igual que los caballeros europeos, los samurais creían en la verdad y el honor, y tenían un estricto código de conducta llamado bushido. Antes del combate, un samurai gritaba su nombre y el de sus antepasados, y alardeaba de sus hazañas heroicas. En la batalla, luchaba cuerpo a cuerpo, utilizando a veces dos espadas al mismo tiempo. Si era derrotado o capturado por sus enemigos, tenía que realizar un suicidio ritual (haraquiri) para salvaguardar su honor. A veces, la rivalidad entre los samurais era muy destructiva.

Las armaduras de los samurais estaban ricamente decoradas. No sólo eran guerreros; también estaban formados en las artes, la religión y el bushido, la observación de unas reglas muy estrictas que afectaban a todo lo que hacían.

El feudalismo sobrevivió largos siglos en el Japón y sus últimos vestigios desaparecieron en 1870 con la restauración Meiji. Su muerte simbólica no se produjo hasta cinco años más tarde, cuando se prohibió llevar espada. Aunque en Europa había muerto mucho antes, no por eso deja de tener su interés comparar al caballero con el samurai, al Bushido con el código del honor caballeresco.

Durante siglos Japón había practicado una política estrictamente aislacionista. Sin embargo, en el siglo xix se mostró dispuesto, sobre todo por motivos económicos, a dar acogida a los extranjeros. Muchos japoneses reprocharon al sogún este cambio de actitud y convencieron al emperador para que volviera a hacerse con el poder. Por esta razón, el emperador Mutsu-Hito se abstuvo de nombrar a un nuevo sogún (1867).

Además se decidió a modernizar su país: promulgó una Constitución (1889), estableció la enseñanza obligatoria, hizo construir vías férreas y fomentó la instalación de industrias. Tokio pasó a ser capital. Japón equipó a un ejército numeroso y a una poderosa flota. Durante este período se propagó el espíritu imperialista.

En 1895 y en 1905, el imperio del Sol Naciente salió victorioso de las guerras entabladas, una contra China y otra contra Rusia. En 1910 se anexionó Corea. Después de la primera guerra mundial adquirió algunas posesiones coloniales de Alemania en el océano Pacífico. En 1931 conquistó Manchuria, y en 1937, una parte de la costa oriental de China. En 1941, Japón entró en la segunda guerra mundial al lado de Alemania.

PARA SABER MAS…

AUNQUE los japoneses obtenían beneficios del comercio exterior, consideraban que los europeos que llegaban a sus costas eran groseros y bárbaros y no tardaron mucho en romper sus vínculos comerciales con ellos.

PROHIBICIÓN DEL CRISTIANISMO
Tokugawa leyasu (1543-1616) sospechaba que con los misioneros cristianos podían llegar los ejércitos europeos y conquistar Japón; por esta razón, él y sus sucesores fueron limitando progresivamente el cristianismo hasta que acabaron prohibiéndolo, expulsaron del país a todos los misioneros y obligaron a los japoneses que se habían convertido a volver a su antigua fe. Los que se negaron fueron perseguidos y algunos incluso asesinados. Otros sufrieron torturas con hierros candentes o se les amputó alguno de sus miembros. En cierta ocasión 25 cristianos fueron quemados en la hoguera y 30 más murieron decapitados. En 1640 no quedaba ningún cristiano en Japón.

AISLAMIENTO ABSOLUTO
El gobierno de Tokugawa creyó que acabaría con el contacto con el mundo exterior en Japón si así lo dictaban las leyes. A partir de 1630 rompieron las relaciones con los otros países y Japón quedó aislado del resto del mundo. La población no podía abandonar el país bajo pena de muerte y los que vivían fuera no podían volver. Algunos marineros extranjeros que naufragaron cerca de las costas de Japón fueron asesinados.

COMERCIO RESTRINGIDO
Todos los comerciantes extranjeros fueron obligados a abandonar el país, a excepción de los holandeses. El gobierno era más permisivo con ellos porque no habían intentado convertir a los japoneses al cristianismo. Les autorizó a que establecieran una pequeña zona comercial en una isla en el puerto de Nagasaki y les permitió que enviaran un barco al año a las costas de Japón, aunque tenían prohibido cruzar el puente del barco que les llevaba a tierra firme.

Kamikazes Pilotos Suicidas Japoneses Yukio Seki Aviones Los Kamikazes

Kamikazes Pilotos Suicidas Japoneses Yukio Seki

«Y sólo cuando hayas alcanzado la cima de la montaña comenzarás a escalar.»
KAHLIL GIBRAN

Modelo de Vida

TEMAS TRATADOS:

1-Biografia de la Madre Teresa de Calculta
2-Biografia del Dr. Esteban Maradona
3-Biografia de Yukio Seki (kamikaze japones)
4-Biogria de Madame Curie
5-Biografia de Irena Sendler
6-Biografia del Dr. Naki

INTRODUCCIÓN El 25 de octubre de 1944, los portaaviones ligeros del grupo del contraalmirante Clifton Sprague escaparon a duras penas de la destrucción a manos del grupo japonés septentrional de ataque en la batalla del golfo de Leyte. Pocas horas más tarde, los apaleados estadounidenses fueron atacados por unos 60 aviones procedentes de las bases de Luzón. Pero cerca de un tercio de estos aviones actuaban de modo diferente; sin hacer ningún esfuerzo por evitar el fuego antiaéreo caían directamente sobre las naves estadounidenses, buscando estrellarse contra ellas.

Los aeroplanos se habían vuelto bombas humanas y sus pilotos iban en una misión suicida: lograron hundir un portaaviones y averiar varios más. Ésta fue la primera misión kamikaze, palabra japonesa que significa «viento divino».

El término recuerda la aparición de la tormenta que destruyó una flota mongola de invasión en 1281, salvando así de la conquista y la destrucción al indefenso Japón.

En la Segunda Guerra Mundial, pilotos japoneses especialmente seleccionados actuaron como un viento divino guiado por voluntad propia para salvar a su país de la conquista y la destrucción. Con poco entrenamiento y sin mayor experiencia de vuelo, sólo tenían que atenerse a la regla de oro del kamikaze: «No te apresures a morir… Escoge una muerte que produzca el máximo resultado».

Los temidos ataques dañaron severamente un cierto número de barcos, incluso tres portaaviones de la flota de Halsey, en la batalla por Filipinas. Para proteger los portaaviones de Estados Unidos de los ataques kamikazes, muchas naves fueron retiradas de misiones de apoyo terrestre, limitando de este modo la capacidad de movilización de MacArthur contra los japoneses.

Los kamikazes continuaron siendo una amenaza mayor para las operaciones navales por el resto de la guerra, y destacaron la determinación japonesa de luchar por su país hasta el último hombre.
El viento divino

En Mabalacat, antigua base kamikaze de Filipinas, hay una placa en la que se lee que el teniente Yukio Seki fue la primera bomba humana oficial del mundo. También consta la fecha de la primera misión suicida de la guerra aprobada oficialmente —25 de octubre de 1944— y la lista de los daños causados ese día a la flota norteamericana en aguas filipinas.

Una de las ironías de la guerra es que el primer piloto kamikaze oficial no tuviera ni el más leve deseo de suicidarse. El teniente Yukio Seki, experto aviador, tenía miles de razones para creer que era mucho más útil para su país vivo que muerto.

Pero el destino dictó un final temprano y violento para la vida de este joven y atractivo oficial de 23 años, graduado en la Academia Naval, cuando los ojos de sus superiores se posaron sobre él por considerarlo el piloto más capacitado para dirigir la primera misión suicida contra la flota norteamericana aprobada oficialmente.

Sobre el papel, todo parecía indicar que Seki se había ofrecido voluntario para la misión, pero en realidad no fue así. Y, a diferencia de la alegría mostrada por los jóvenes pilotos kamikaze que anhelaban el momento de estrellarse contra el enemigo, a Yukio Seki el ser seleccionado para comandar una salida sin retorno le llevó al abatimiento.

Como las operaciones kamikaze aumentaban a velocidad exponencial, se elaboró, para mayor seguridad, una numerosa lista de pilotos supuestamente voluntarios. En un debate entre ex pilotos kamikaze publicado en 1977 en el famoso diario japonés Bungei Shunju, uno de ellos dice que en su destacamento nunca pidieron voluntarios para las unidades kamikaze puesto que en los cuarteles generales se daba por hecho que todos querían hacerlo. Por lo tanto, los oficiales del Estado Mayor continuaron añadiendo nombres a la lista de los escuadrones de la muerte. Esta práctica desmoralizó tanto a muchos de los que esperaban su turno que a menudo decían a sus superiores: «Puesto que van a matarnos, por favor háganlo cuanto antes».

La realidad es que Yukio Seki aceptó convertirse en «la primera bomba humana oficial», a pesar de que algo en su interior le decía que un piloto con su experiencia y talento podía servir mejor a la nación participando en muchas acciones de combate contra el enemigo, y no sólo en una. Pero no tuvo oportunidad de retirarse, pues sus superiores mencionaron que no sólo era el candidato favorito para dirigir la primera misión suicida, sino también el elegido por el almirante Takijiro Onishi (el «Mister Aviación de Japón»), que estaba al mando de la Fuerza Aérea de la Armada en Filipinas. Por consiguiente, cuando a Seki le preguntaron si aceptaría, no pudo negarse.

Pero, aunque aparentemente se mostraba tranquilo, internamente se sentía muy deprimido.

Justo antes de su última misión, le dijo a un periodista que enviar a un piloto de su experiencia a una misión suicida no sólo era una locura, sino también un trágico error en un momento en el que había tanta escasez de aviadores expertos. Puesto que la nación los necesitaba, sus vidas no debían ser malgastadas. Pero lo dijo en privado, cuando ya era demasiado tarde para cambiar su situación. Además, había otra razón personal para que Seki deseara continuar vivo: se había casado recientemente y, según su última carta, estaba profundamente enamorado de su esposa.

Así es como Yukio Seki se presentó «voluntario»:

El 19 de octubre, en el campo de aviación de Mabalacat, Filipinas, le pidieron a Seki que se presentara ante el subcornandante del Ala Aérea, Asaichi Tamai. Al llegar, vio que el capitán Rikihei Inoguchi, oficial del Estado Mayor a las órdenes del almirante Takijíro Onishi (foto izq.), estaba sentado junto a Tamai (Onishi era el comandante de la Primera Flota Aérea). Le ofrecieron una silla. Cuando se sentó, Tamai le puso una mano en el hombro y le confló que el almirante estaba proyectando un ataque suicida contra un destacamento norteamericano en las inmediaciones de Filipinas y estaban pensando en él para que dirigiera el ataque.

El ambiente estaba tenso y cargado de emoción. Otro oficial allí presente dijo qué Tamai hablaba con lágrimas en los ojos.

Tamai le preguntó a Seki si aceptaría dirigir una misión suicida con cazas Zero. El apuesto teniente se quedó inmóvil. Transcurrieron cinco largos segundos. Luego, pasando los dedos por su largo cabello negro, respondió afirmativamente, con una voz firme que ocultaba sus verdaderos sentimientos. Después de todo, era un oficial de la Marina, un graduado de la Academia Naval. Tenía que aceptar, no había otra salida.

—Sí, haré el trabajo —se oyó decir a sí mismo.

A continuación, Tamai le preguntó:

—Está soltero, ¿verdad?

—No. Tengo una esposa, señor.

En realidad, Tamai buscaba un hombre soltero para dirigir la primera misión de Ataque Especial pero, sorprendentemente, el hecho de que Seki estuviera recién casado no le preocupó. En efecto, los antecedentes de Seki hacían de él el hombre idóneo; y los oficiales presentes así se lo harían saber al comandante de la Flota Aérea, el almirante Onishi.

Seki combatía por primera vez en el mar de Solomon, al sur de Nueva Guinea, cuando los bombarderos norteamericanos atacaron el Chitose, que transportaba municiones a la isla de Guadalcanal, tras el desembarco de los norteamericanos. Durante el ataque, Seki se encontraba en el puente de mando. El barco resultó dañado cerca de la sala de máquinas y lo repararon en la isla de Truk.

Yukio Seki había nacido en 1921 en Iyo Saijo, una ciudad encantadora, pequeña y tranquila, en la isla de Shikoku. Cuando era niño, su madre se dívorció de su padre, quien posteriormente se trasladó a Osaka y allí abrió un negocie de antigüedades. AY ukio, hijo único, le crió su madre, ambo5 vivían solos en una casa pequeña, entre una farmacia y una papelería al lado de la calle principal de la ciudad.

En la escuela secundaria, Yukio llegó a ser capitán del equipo de tenis. Era un excelente jugador y un año su equipo ganó el campeonato en el torneo organizado por la escuela. A pesar de que deseaba seguir sus estudios, la economía familiar se lo impidió. En 1938 se preparó para ingresar en las academias militares del Ejército y la Marina. Le admitieron en ambas, pero escogió esta última. Cuando se graduó en 1941, le destinaron al acorazado Fuso, donde se le concedió el rango de alférez. De allí fue trasladado al Chitose e indirectamente participó en la histórica batalla de Midway, pues el barco formaba parte de las fuerzas de retaguardia que seguían al destacamento principal.

Sus compañeros fueron testigos de su versatilidad y su interés por el arte. Una de sus aficiones era el dibujo, y, cuando no estaba de servicio se entretenía realizando muchos esbozos.

En noviembre de 1942, regresó a Japón e ingresó en la Academia de Vuelo de la Marina de Kasumigaura, en la prefectura de Ibaragi, para hacerse piloto. Tras terminar la formación básica, le trasladaron a la base aérea de Usa, en la prefectura de Oita, para especializarse en el ataque a portaaviones. En enero de 1944, empezó a prestar servicios como instructor de vuelo en Kasumigaura. Durante su estancia en la academia, hizo amistad con los Watanabes, una familia de Kamakura a la que frecuentó durante dos años, y se enamoró de Mariko, una de las hijas. Un día, mientras estaba tomando unas copas con sus compañeros de instrucción, uno de ellos propuso que se casaran todos el mismo día, el día de la Marina el 27 de mayo. Era el aniversario de la victoria sobre los rusos en la batalla del estrecho de Tsushima. Todos estuvieron de acuerdo.

Ese fin de semana, Seki fue a Kamakura e hizo una visita a los Watanabe. Se declaró a Mariko en presencia de la madre. Mariko aceptó y finalmente se casaron en el Club de Oficiales de la Marina el 31 de mayo de 1944, en Tokio. La madre de Seki, Sekae, fue el único miembro de la familia que estuvo presente en la boda y en el banquete que vino después. Vivió con la joven pareja aproximadamente un mes, luego se marchó diciendo que a los recién casados había que dejarlos solos. Enseguida se trasladaron a una casa cercana a la academia de vuelo.

En septiembre de 1944 Seki fue trasladado a Taiwan, en la isla de Taiwan, donde prestaría servicios en su base aérea como instructor de vuelo. Debido a la incertidumbre de su situación, Mariko no pudo acompañarle, aunque fue a despedirle a Oppama, cerca de Yokohama, desde donde cogería un avión anfibio que le llevaría a Tainan. Tres semanas después le trasladaron de nuevo, esta vez al Ala Aérea Naval 201, en el campo de aviación de Nicholas, en Luzón, Filipinas, como comandante de la Unidad de Combate 301. Cuando los ataques norteamericanos se intensificaron, la unidad se trasladó al aeropuerto de Mabalacat.

La mañana del 20 de octubre se ordenó a los pilotos de la unidad que se congregaran en un lugar cercano a sus dependencias, no muy lejos del río Bamban, para escuchar las palabras del célebre pionero de la aviación, el almirante Takijiro Qnishi. El paisaje apacible del río, que discurría suave y poco profundo junto con el reflejo plateado de las altas hierbas del pantano cimbreadas por la brisa de otoño, recordaba a más de uno su tierra natal. El almirante, que estaba pálido y preocupado, habló lentamente y un tanto vacilante:

Japón está en grave peligro. La salvación de nuestro país ya no está en manos de los ministros, ni del Estado Mayor, ni de humildes comandantes como yo. Por ello, en representación de vuestros cien millones de compatriotas, os pido este sacrificio y rezo por vuestro triunfo. Desgraciadamente, no podremos deciros los resultados. Pero seguiré vuestros esfuerzos hasta el final y comunicaré vuestros logros alTrono. Podéis estar seguros de ello.

Después, en tono conciliador, añadió: «Vosotros ya sois dioses sin deseos terrenales.Vais a entrar en un largo sueño.»

Mientras estrechaba la mano a todos los pilotos y les deseaba suerte, dijo: «Os pido a todos que lo hagáis lo mejor posible.» Testigos presenciales dicen que el almirante, que en ese momento contaba 53 años de edad, tenía lágrimas en los ojos cuando terminó de hablar.

Después de su entrevista con Tamai e Inoguchi, Seki regresó al cuartel y escribió las últimas cartas a su esposa, Mariko, a su madre y a sus suegros. Las cartas no revelaban sus sentimientos más íntimos sobre la misión suicida que iba a acometer. Ésta es la carta que Seki escribió a su esposa:

Mi querida Mariko:

Siento mucho tener que «esparcirme» [eufemismo que utiliza en lugar de «morir en la batalla»; se refiere a la dispersión en el aire de las flores del cerezo] antes de que pueda hacer más por ti. Sé que, como esposa de un militar, estás preparada para afrontar semejante situación. Cuida de tus padres.

Ahora que llega la hora de partir vienen a mi mente innumerables recuerdos de tantas cosas que hemos compartido. Buena suerte para la traviesa Emi-chan [la pequeña Emi, hermana menor de Mariko].

Yukio Seki escribió un mensaje en forma de poema para los pilotos que había tenido como alumnos:

Descended mis pupilos

mis pétalos de flor de cerezo, como yo descenderé, sirviendo a nuestro país.

A sus padres les dirigió la siguiente carta:

Querido padre, querida madre:

[Después de hablar de las dificultades de un amigo, y pedir a sus padres que le ayudaran, continuaba así:]

En este momento la nación está en una encrucijada, y el problema sólo se resolverá si cada individuo corresponde al Emperador por su benevolencia como se merece.

En este sentido el que siga una carrera militar no tiene otra elección.

[Aquí menciona a los padres de su mujer] … a quienes tengo gran estima en el fondo de mi corazón. A ellos no les puedo escribir sobre estas noticias tan impactantes. De modo que, por favor, informadles vosotros.

Puesto que Japón es un Imperio, me estrellaré contra un portaaviones para compensar la generosidad imperial. Estoy resignado a hacerlo.

A todos vosotros, obediente hasta el final.

Yukio

A pesar de su aparente compostura, Seki no pudo contener su frustración. Le dijo a un compañero, el temen-te Naoshi Kanno, que estaba profundamente trastornado por el rumbo que estaban tomando los acontecimientos. También estaba preocupado por su esposa y por sus padres. Sabía, por supuesto, que una vez que había aceptado dirigir la misión de Ataque Especial no podía volverse atrás. Justo antes de despegar para su última misión, le confesó a un corresponsal de guerra que no daba su vida por ideas abstractas, como por ejemplo «salvar a la Madre Patria», sino por su amada esposa. El periodista era Masashí Onoda de la agencia de noticias Domei.

Un amigo de Seki, que más tarde conoció a Kanno, dice que éste también estaba descontento; que veía muchas contradicciones en la concepción de los cuerpos suicidas. «Si algún comandante me ordena participar en una misión de Ataque Especial, y se niega a dirigirla él mismo, juro que le mataré», fueron sus palabras.

Con una incuestionable aptitud para volar, Kanno se había enfrentado unos meses antes a un B-24 norteamericano. Viendo que no podía derribarlo, decidió destruirlo chocando contra él, esquivó los disparos mortíferos del bombardero, al tercer intento se acercó y con sus hélices destrozó el timón del avión con un choque descomunal. El impacto hizo que Kanno perdiera el conocimiento momentáneamente, pero pudo recuperarse y ver cómo el bombardero se estrellaba en el Pacífico. El teniente Kanno, igual que muchos otros pilotos, vivía con la expectativa de la muerte, pero lo que le diferenciaba era que en su mochila llevaba escrito: «Efectos personales del difunto capitán de corbeta Naoshi Kanno.»

Era costumbre conceder a los militares ascensos pos— turnos. En cualquier caso, Kanno daba por perdida cualquier posibilidad de sobrevivir. En junio de 1945, durante la campaña de Qkínawa, encontró la muerte al ser derribado al sur de Kyushu, y dejó tras él, debido a su valor, una buena reputación.

Tamaiy Seki pasaron la mayoría de la noche planeando la primera misión suicida autorizada. A la mañana siguiente, Seki se despertó al amanecer para respirar por  última vez el primer aire de la mañana. La primera unidad kamikaze pronto estuvo preparada para despegar. Después de un desayuno rápido, Seki le pidió a un compañero que le hiciera una foto para su esposa. También entregó a Tamai un mechón de pelo. Unos minutos antes de despegar se sacó del bolsillo un puñado de billetes de banco, se los entregó a un amigo que estaba tras él y le pidió que utilizara ese dinero para construir aviones.

Posteriormente, un locutor de la radio de Tokio informó de la escena ocurrida inmediatamente antes del despegue del grupo en la base aérea de Mabalacat, a las afueras de Manila, de la que fue testigo ocular. Tras describir el murmullo de emoción que se extendía por las filas de este «cuerpo especial de la muerte», dijo:

Frente a los cuarteles, los pilotos se pusieron la ropa y las gafas de vuelo y recibieron con tranquilidad las instrucciones del comandante, éste les dijo que sus objetivos debían ser los portaaviones; que cuando fueran a estrellar— se contra ellos debían apuntar a la parte más vulnerable de la nave. También les dijo que no eran una fuerza de bombarderos sino bombas humanas.

La emisora de radio informó también de que ninguno de los hombres llevaba paracaídas.

El 21 de octubre, a las 7.25 de la mañana, los cazas Zero (los aliados les llamaban «Zekes» en clave) se alinearon sobre la pista de Mabalacat. Seki ocupó su lugar en la cabina, se ajustó las gafas y, tras saludar con la mano al personal de tierra, despegó con su unidad en dirección a un grupo compuesto por numerosos portaaviones norteamericanos. Pero la unidad de Seki no pudo localizar a la flota norteamericana, y regresó a la base. Lo mismo sucedió el 22,23 y 24 de octubre. Le acompañaban cuatro cazas escolta. El 25, tras volar durante 3 horas y 25 minutos, divisaron el objetivo a 30 millas náuticas de la costa de Samar,

y atacaron con éxito el destacamento norteamericano. Era su quinto intento. Empezaron el ataque a las 10.45. de la mañana. Los nueve aviones de Seki se situaron sin impedimento alguno sobre los barcos norteamericanos, a pesar de que había una pequeña patrulla de combate en el aire. Cinco minutos más tarde, cuando ya los pilotos kamikaze habían elegido sus objetivos, Seki dio la señal de lanzarse en picado. Su avión iba en cabeza y fue el primero en caer sobre el suyo: tras desviarse dejando una estela de humo, ejecutó un picado pronunciado apuntando a la cubierta de uno de los portaaviones.

En una conversación con un periodista militar, Seki había alardeado, de que cuando encontrara un portaaviones dejaría caer sobre él una bomba de 500 libras. En el combate del día 25 los pilotos se estrellaron contra dos de los portaaviones del almirante Clifton Sprague y hundieron uno de ellos, el St Lo, y dañaron seriamente al otro. Al mismo tiempo los cazas escolta se enzarzaron en una pelea feroz con los aviones norteamericanos.

¿Hundió Seki al St Lo? Hay ciertas dudas al respecto. Los hechos que se conocen son los siguientes. Un caza Zero se dirigió en un picado pronunciado hacia el portaaviones, a 100 pies del nivel del mar. Los cañones del portaaviones abrieron fúego, pero fallaron. Los informes dicen que el piloto (probablemente Seki) estaba tranquilo y mantuvo deliberadamente el rumbo fijo. Menos de un minuto después, dejó caer una bomba en el centro de la cubierta; luego su avión estrelló, quedando sobre la proa restos del avión y del piloto. La bomba al estallar provocó más explosiones violentas.

El St Lo sufrió un total de ocho explosiones antes de hundirse, y con él se perdieron muchas vidas. Un avión había hundido al portaaviones, O como un observador resumio: «Un piloto, un Zero, una bomba, un portaaviones.»

La habilidad del piloto a la hora de llevar a cabo la mortal misión indicaba que no podía ser otro que Yukio Seki.

El suboficial de la Marina Hiroyoshi Nishizawa, que encabezaba la unidad de escolta, informó por radio de los resultados del primer ataque kamikaze oficial de la historia. Según Nishizawa, hundieron un portaaviones y un crucero norteamericanos, mientras que otro portaaviones quedó seriamente dañado. La hoja de servicios muestra que no se hundió ningún crucero, solamente el St Lo. Derribaron dos cazas norteamericanos Grumman, y perdieron uno de los cazas escolta. Nishizawa murió al día siguiente al ser derribado su avión.

Cuando se informó al emperador Hirohito de los resultados de la primera misión suicida, declaró: «Sin duda han hecho un buen trabajo, pero ¿era necesario llegar a este extremo?» El Emperador le dijo también al almirante que el recurrir a los ataques suicidas le llenaba de dolor.

Al final de octubre de 1944, en los periódicos dé Tokio apareció una reseña en la que se informaba de que, con carácter póstumo, se habían otorgado diversos honores a cinco héroes kamikaze y se les había ascendido en sus puestos.

Una proclama firmada por el almirante Soemu Toyoda, comandante en jefe de la Flota Mixta, dijo que los cinco hombres habían llevado a cabo «ataques de choque deliberados» y que «el recuerdo de estos oficiales gallardos que murieron heroicamente por la causa de su país estará vivo para siempre en la memoria de la nación».Y finalizaba: «Y por la presente, doy fe de sus meritorios servicios a la Marina el 28 de octubre de 1944.» El nombre  de Seki era el primero de la lista.

A raíz del éxito de la misión de Seki, se desató entre los estrategas kamikaze un entusiasmo rayano en la euforia. Hubo cientos, incluso miles, de voluntarios. Onishi persuadió al almirante Fukudome, al frente de la Segunda Flota Aérea, para que la Primera Flota se uniera a las tácticas suicidas y ambos comenzaron las preparaciones para continuar y expandir estas operaciones contra el enemigo. Onishi reunió a los pilotos de todas las unidades y les dijo que se convertirían en unidades de Ataque Especial. Algunos pilotos se quedaron atónitos al saber que, igual que el teniente Seki, debían sacrificar sus vidas en misiones suicidas tanto si querían como si no. Estaba claro que Onishi no iba a tolerar ningún tipo de crítica a su política kamikaze.

Entretanto, comenzó a correr la noticia de que las tácticas suicidas estaban desmoralizando a los norteamericanos y a sus aliados.

Poco después de la muerte de Yukio Seki, el capitán Sakae Yamamoto, quien estaba al frente del Ala Aérea 201 y había regresado a Japón tras ser herido en un ataque en Filipinas, entregó a la madre de Seki un mechón de cabello de su hijo. (Muchos pilotos kamikaze dejaban recuerdos personales, ya que sus restos nunca podrían ser devueltos a sus familias. Algunos de estos recuerdos están expuestos en diversos museos japoneses.) El mechón de cabello estaba colocado en una cajita blanca como las que solían contener los restos incinerados.

Cuando el capitán se fue, la madre de Seki se derrumbó sollozando. Una semana después de la misión kamikaze de Seki, oficiales de alto rango visitaron también a la madre del piloto para informarle de que a su hijo se le había concedido el título póstumo de comandante de la Marina a la edad de 23 años. Al mismo tiempo, el rector de la Universidad Waseda de Tokio hizo un llamamiento para rezar por las almas de Seki y sus compañeros con estas palabras: «Nuestra fortaleza espiritual es mucho mayor que la de los diablos norteamericanos e ingleses. Ahora tenemos que hacer un esfuerzo supremo para demostrarla.»

Cuando la paz volvió a Japón, un periodista escribió un artículo sobre la madre de Yukio Seki. Afirmaba que le parecía que su hijo había nacido sólo para morir en la guerra.

Tras la contienda, Ashaichi Tamai, el militar que había reclutado a Yukio Seki para llevar a cabo la primera misión suicida, se hizo monje budista. Tamai dijo que no llegaría al nirvana —un estado de felicidad absoluta— si antes no daba «consuelo a las almas» de todos los pilotos a los que había enviado a una misión sin retorno en aguas del Parifico.

Fuente Consultada: Kamikazes Albert Haxell/Hideaki Kase

Era Meiji en Japon Su apertura a Occidente Características y Objetivos

La Era Meiji en Japón-Apertura a Occidente
Características y Objetivos

Antecedentes: Los primeros europeos que llegaron al Japón fueron los portugueses y los jesuítas en el siglo XVI. Si bien durante casi un siglo los japoneses comerciaron con los países europeos y aceptaron sus misioneros cristianos, a partir del año 1638 el intercambio cultural y comercial fue cerrado totalmente. Recién a mediados del siglo XIX la clausura en la que se encontraba Japón fue reabierta por medio de la violenta presión de los países occidentales.

Tanto los Estados Unidos como Rusia intentaron sin éxito intervenir en Japón. El 8 de julio de 1853, el comodoro norteamericano M. C. Perry apareció con una fragata en la bahía de Ye-Do (capital de la isla) y entregó al gobierno un documento pidiendo la apertura de sus puertos.

El Shogun (funcionario real con amplias atribuciones políticas) estaba dispuesto a aceptar la propuesta de Perry, mientras que el emperador y los dai-myos (príncipes terratenientes con características feudales) eran partidarios de mantener el ya tradicional hermetismo japonés.

El país se dividió en dos: mientras el Shogun firmaba el Tratado de Ka-Na-Gawa (que permitía a los extranjeros de América y Europa el tráfico comercial con tres puertos del Norte), el gobierno imperial con capital en Kyoto, al Sur, se negó a aprobar los tratados.

LA HISTORIA: La entrada de Japón en la etapa de la industrialización muestra características peculiares de desarrollo capitalista, apartándose considerablemente de los modelos europeos de la Revolución Industrial. Dos factores determinaron la revolución Meiji y el fuerte intervencionismo estatal.

En 1853 el comodoro Perry entro en la bahía de Yedo. Los japoneses quedaron impresionados: los norteamericanos tenían armas superiores a las suyas y buques de vapor, y Yedo dependía de las provisiones que llegaban por mar. Aceptaron a un cónsul norteamericano y abrieron dos puertos al comercio con Estados Unidos. Poco después firmaron varios tratados que permitían la entrada de otros comerciantes extranjeros y la creación de misiones diplomáticas.

Muchos japoneses pensaron que, si no eran cautelosos, su país podía verse controlado por los extranjeros con tanta impotencia como China. Dos clanes principales adoptaron métodos militares europeos y enviaron emisarios al extranjero para que aprendieran de los bárbaros. Finalmente se dedicaron a organizar la oposición a los Takugawa.

Hubo enfrentamientos. El 3 de enero de 1868 dieron un golpe de estado en Kyoto y tomaron la corte imperial. Pusieron término al cargo hereditario de shogun, sacaron al emperador de las bambalinas del gobierno japonés y lo situaron en el centro del escenario, reafirmando su responsabilidad directa en el gobierno del país. Estas acciones, simbolizadas por el traslado de la corte a Yedo, fueron el origen de lo que se conoce como «restauración Meiji».

Así, los dirigentes japoneses emprendieron la modernización del país. Quedaron impresionados por Perry (entre otras cosas, probablemente, por la pequeña locomotora de vapor que el comodoro llevó y exhibió en un tendido especialmente construido durante la gran fiesta que dieron para celebrar la firma del primer tratado, y quizá también por las ingentes cantidades de whisky y champán que consumieron) y poco después de su llegada varios clanes enviaron jóvenes a Europa y Estados Unidos para que recabaran información sobre sus misteriosas fuentes de energía.

En las fincas de algunos clanes se montaron los primeros establecimientos industriales de corte occidental: astilleros, fábricas de armas e hilanderías.

El objetivo de los dirigentes japoneses era aprender cuanto podían enseñarles los países occidentales y aprovecharlo para modernizar el país sin occi-dentalizarse y sin perder sus tradiciones en el proceso. Su éxito fue extraordinario.

La apertura de Japón al comercio internacional provocó entre 1859 y 1865 una fuerte crisis económica y social, cuyo detonante fundamental fue el alza del precio del arroz, cuya exportación había estado prohibida. Durante ese periodo se sucedieron revueltas populares, urbanas y campesinas, hostiles a la presencia de los extranjeros, y contra la política prooccidental del shogun.

El estado de conflictividad general creado por la crisis fue aprovechado por los grandes señores feudales del sur (daimyo) y los jóvenes samurais, que organizaron el llamado “movimiento legalista”, sobre la base de un programa político en el que se mezclaba un notable espíritu tradicionalista y conservador con la aspiración de reformas económicas de talante abiertamente moderno.

La Revolución Meiji

Por qué estos fuertes grupos de poder político y económico, tradicionales de la historia japonesa, tomaron una iniciativa de recambio del poder establecido sobre la oportunidad que brindaban las agitaciones populares?

El viejo shogun (especie de consejo cerrado a una casta de grandes propietarios rurales) venía acaparando el poder político desde hacía siglos. La figura del emperador flotaba como un títere bajo el omnipotente shogun. De 1603 a 1868 la familia Tokugawa, poseedora de la cuarta parte del territorio nacional, había ocupado el trono por vía hereditaria en mutua correlación de interés con el shogunado.

Los grandes propietarios del sur veían como sus feudos, a pesar de ser los más evolucionados del país, se ahogaban en el estrecho marco del feudalismo nipón. Las nuevas generaciones de samuráis eran abiertamente adversarias a la dinastía Tokugaway al shogunado.

En 1865 la revuelta de los samurais “choshu” demostró la debilidad y el aislamiento político del shogun. Dos años después murió el emperador Komei. El vacío político que se originó fue ocupado por los reformistas del movimiento legalista, consiguiendo que el joven emperador Mutsu-Hito asumiera el poder y eligiera el nombre de Meiji (gobierno de las luces) para designar su reinado. Inglaterra y Estados Unidos apoyaron discretamente el movimiento de renovación de los jóvenes samurais reformistas.

En 1868 las escasas fuerzas reaccionarias en torno al antiguo shogun fueron aplastadas. Comenzaba a desmantelarse el sistema feudal japonés. La revolución Meiji había triunfado. La carta de abril de 1868, dirigida a toda la nación, resumió todos los planes de reforma que sepultarían el viejo aparato del Estado feudal.

En ella se pedía la abolición de las costumbres “absurdas”, se anunciaba el fin del gobierno absoluto, y se recurría a los conocimientos científicos y técnicos del mundo occidental. En 1869 se anuló el monopolio económico de los feudos y se dio luz verde a la libertad de iniciativa comercial e industrial. Los derechos señoriales ya no se pagarían en especies, si no en impuestos sobre la tierra. La venta de tierras se hizo libre.

En el terreno político se abolió la distinción entre los cuatro Estados: daimyo, samurai, campesinos y comerciantes. Los feudos se transformaron en prefecturas administradas por el gobierno central. Se aprobó el calendario occidental, se instituyó la enseñanza moderna y obligatoria, y se dedicó un intenso empeño en el cultivo de la ciencia y la técnica.

La revolución Meiji fue una “revolución desde arriba”, dirigida por los altos estamentos contra el secular feudalismo japonés, que paralizaba el desarrollo económico de las islas, en favor de las todopoderosas familias del shogunado. Había que entrar en la órbita del mundo moderno y “contestar” al “desafío” de Occidente.

Se enviaron varios especialistas japoneses para analizar los gobiernos extranjeros y para seleccionar sus mejores características que se aplicarían en Japón; se redactó un nuevo código penal a imagen del francés, se estableció un Ministerio de Educación en 1871 para desarrollar un sistema educativo basado en el de Estados Unidos, que fomentaría una ideología nacionalista y la exaltación del emperador a partir del desarrollo del sintoísmo. El país experimentó un rápido crecimiento industrial bajo la supervisión del gobierno. En 1872, se decretó el servicio militar universal y, unos años después, en 1877, un decreto abolió la clase de los samuráis, no sin un trágico enfrentamiento entre los soldados y los samuráis en Satsuma.

Intervencionismo estatal

La base social del Estado, sin embargo, no se transformó en absoluto, sino que se amplió. En realidad, los antiguos señores feudales continuaron en el poder, y desde el Estado dosificaron tácticamente las reformas precisas para iniciar la industrialización, protegiendo firmas comerciales o aboliendo las aduanas interiores y los monopolios feudales. A la sombra del intervencionismo estatal se desarrolló un bloque oligárquico Meiji, bien dotado de mano de obra y materias primas.

El Estado, por su parte, garantizaba la distribución de capitales, la importación de cuadros técnicos y mano de obra especializada, construyó las primeras líneas de ferrocarril y la primeras fábricas. El Estado Meiji fue el instrumento de dominación de una nueva clase dirigente, enriquecido por las confiscaciones hechas a los antiguos miembros del shogunado y a la familia Tokugawa, al empréstito exterior y la fiscalía, que absorbía constantemente los pesados impuestos que recaían sobre el campesino. Desde 1893 los intereses privados comenzaron a organizarse en cárteles.

El desarrollo del capitalismo en Japón

El crecimiento del capitalismo en Japón fue muy rápido. Hasta el siglo XX dependía de Occidente: le pedía técnicos y le enviaba estudiantes y capataces; le compraba material de equipo y tomaba capitales a préstamo. Sin embargo, a comienzos del siglo XX el comercio japonés dejó de tener una estructura puramente colonial. Las exportaciones de materias primas disminuyeron en beneficio de las exportaciones de productos manufacturados, mientras aumentaban las exportaciones de materias puras.

Para comprender la rapidez con que se desarrolló el capitalismo en Japón bastarían estos datos: su volumen industrial, el gran comercio y la banca se calculaban en 253 millones de yenes para 1894; en 1903 este volumen se situaba en 887 millones de yenes.

La víctima del desarrollo capitalista de Japón fue, sin duda, el campo. Los campesinos pagaban pesados impuestos sobre la propiedad de la tierra a la fiscalía, aunque la comercialización de la producción agrícola, estimulada por el hecho de que en lo sucesivo los impuestos se pagarían en especie, enriquecería solo a los grandes propietarios de la tierra y a los comerciantes de arroz.

El pequeño propietario vivía cada vez más miserablemente. La base social de la producción agrícola permaneció durante mucho tiempo en el marco de la pequeña explotación individual, es decir, en una etapa marcadamente precapitalista. Este desequilibrio fundamental afectó a Japón desde el principio de su desarrollo industrial.

Cuadro resumen de la Era Meiji

cuadro resumen de la era meiji

Masacre de Nanking En China Por Japon La Violación de Nanking Causas

CAUSAS DE LA VIOLACIÓN DE NANKING POR JAPÓN
Crímenes de Guerra

Durante dos meses, los soldados se excedieron, violaron a siete mil mujeres, mataron a cientos de miles de soldados desarmados y civiles, y quemaron un tercio de las casas de Nanking. En 1946, por las atrocidades de Nanking, sólo fue ejecutado un general japonés.

Después que Japón se apoderase de la región china de Manchuria (1931) y la provincia Yejé (1933), los japoneses estaban esperando un pretexto para invadir y ocupar la totalidad de China. Ese pretexto se produjo en julio de 1937, cuando los soldados japoneses participaban con ejercicios militares en territorio chino y  las tropas chinas provocan un estado de tensión al realizar algunos disparos. Los japoneses utilizaron este incidente como excusa para librar una guerra contra China.

Chino en Nanking (ahora conocida como Nanjing) están siendo enterrados vivos por las tropas japonesas que compiten unos con otros para inventar nuevas y horribles formas  de matar chinos a los que considera como sub-humanos.Esta fotografía fue tomada por un japonés y se reveló en una tienda de fotografía de propiedad japonesa. Un técnico fotográfico chino hizo copias que fueron sacadas de contrabando hacia China.


El 13 de Diciembre de 1937, las tropas japonesas ingresaron en la ciudad de Nanking (actual Nanjing), en el curso de la invasión que el Imperio Japonés lanzó contra China antes de la Segunda Guerra Mundial.

Durante ocho semanas, 50.000 soldados japoneses masacraron a 300.000 civiles en la ciudad, con métodos de la peor brutalidad. Los niños eran lanzados al aire para que se ensartaran en las bayonetas.

Japón invadió las provincias del norte de China y rápidamente capturaron la antigua capital china de Pekín (ahora se llama de Beijing). En el desarrollo  de esta guerra, los japoneses adoptaron una política deliberada de salvajismo en la expectativa de que podían quebrar la voluntad de resistencia de los chinos.

Aunque mal entrenados y equipados, el ejército chino opuso una fuerte resistencia a los ejércitos de Japón, que si estos poseían  una superioridad abrumadora en número, entrenamiento y armas.

Las tropas japonesas respondieron a la resistencia china con una reacción salvaje de embarcarse en orgías de asesinato, violación y saqueo que conmocionó al mundo civilizado de la época, y que ahora  ha quedado en el olvido en muchos países occidentales, donde la enseñanza rigurosa de la historia se ha convertido en una disciplina descuidada o con parcialidades.

Si bien la lucha continuaba en el norte de China, los japoneses lanzaron un segundo frente en la ciudad de Shanghai en la costa oriental de China. A pesar de la resistencia determinada por las tropas nacionalistas chinas, los japoneses capturaron  Shanghai , en noviembre de 1937.

Para hacer una exposición de su brutalidad en el mundo occidental, los japoneses enviaron a cientos de prisioneros de guerra chinos hasta la costa del río, y los mataron fríamente con ametralladora a la vista de los observadores horrorizados que se encontraban a bordo de  buques extranjeros amarrados en el río.

Habiendo capturado Shanghai, los japoneses fueron capaces de moverse por el río Yangtze y poner sitio a la capital de Nanking Nacionalista (ahora se llama Nanjing).

No es posible documentar aquí la totalidad de los horrores vivido por los chinos en las manos de los japoneses entre 1937 y 1945. Aquí sólo se menciona  la Violación de Nanking (ahora se llama la Masacre de Nanjing), que es el mejor documento de las atrocidades japonesas en China debido a la presencia de los observadores occidentales que fueron testigos  de la masacre en masa, violación y saqueo que los japoneses infligieron a la desafortunada población, capital china.

Los japoneses estaban furiosos por la fuerza de la resistencia china, y cuando Nanking (capital Nacionalista de China) cayó en diciembre de 1937, las tropas japonesas  inmediatamente sacrificaron a  miles de soldados chinos que se habían rendido ante ellos.

Los japoneses detuvieron luego cerca de veinte mil  jóvenes chinos y los transportaron en camiones fuera de las murallas de la ciudad donde fueron asesinados en una masacre masiva. Las tropas japonesas siguieron con el saqueo brutal de Nanking, seguido de bestiales matanzas y violación de la población.

Durante seis semanas, la vida de los chinos en Nanking se convirtió en una pesadilla. Bandas de soldados borrachos  recorrian la ciudad, asesinando, violando, saqueando y quemando a su antojo.

Los civiles chinos  fueron detenidos en la calle, y al encontrar que no poseían nada de valor, eran asesinados de inmediato. Al menos veinte mil mujeres chinas fueron violadas en Nanking durante las primeras cuatro semanas de la ocupación japonesa, y muchas fueron mutiladas y muertas cuando las tropas japonesas habían terminado con ellas.

Las tropas japonesas fueron animadas por sus oficiales de inventar nuevas formas y cada vez más horrible de masacrar a la población china de la ciudad. Cuando los cuerpos de los asesinados chinos ahogaron las calles y las alcantarillas se tiñeron de rojo con su sangre, los japoneses se vieron obligados a perfeccionar sus métodos de masacre en el interés de prevenir la propagación de la enfermedad.

Los lotes de civiles chinos fueron detenidos y conducidos en enormes pozos donde eran atados y enterrados vivos.

Muchos chinos fueron utilizados para la práctica la bayoneta, o vertían gasolina sobre las víctimas y muchos eran quemados vivos. Los cuerpos de miles de víctimas eran arrojados en el río Yangtze hasta que el río se transformó de color rojo sangre.

Tras el saqueo de Nanking de cualquier cosa de valor, los japoneses comenzaron los incendios que destruyó un tercio de la ciudad.

LA MASACRE DE NANKINGIndependiente de los observadores extranjeros de la Violación de Nanking, incluyendo un hombre de negocios alemán y miembro del partido nazi llamado John Rabe (imagen), se horrorizaron al ver a civiles chinos, tanto hombres como mujeres, ancianos y niños pequeños, condenados a muerte por las tropas japonesas con una brutalidad terrible.

Rabe trató de salvar a tantos chinos como pudo a través de  la creación de una zona de seguridad en su propiedad. Hizo un llamamiento a Adolf Hitler para intervenir, pero el líder nazi rechazó su apelación.   Fehacientes pruebas independientes de la magnitud de la masacre de Nanking , surgió en 1996 con la publicación del registro diario de John Rabe de la masacre.

Los soldados japoneses parecían estar muy dispuestos a ser fotografiados con las espadas en alto al lado de sus víctimas, y en el acto de asesinar a sus víctimas, y posando con sus víctimas muertas en los hoyos. Las atrocidades cometidas por las tropas japonesas en Nanking se dieron a conocer ampliamente por los observadores extranjeros, incluidos los corresponsales de prensa.

Cuando el alto mando japonés se dio cuenta de todo el ámbito de los horrores perpetrados por las tropas japonesas en Nankín, se hicieron considerables esfuerzos para destruir la evidencia de la atrocidad.

Iris Chang dá una explicación muy detallada de la extensión y naturaleza de las atrocidades japonesas en Nanking en su libro «La Violación de Nanking» (publicado 1997). Las horripilantes  fotografías en su libro sobrevivió al intento por parte del alto mando japonés para encubrir las atrocidades de Nankín, porque los autores encomendaron las ampliaciones de las fotografías en una  tienda de fotográfica de propiedad japonesa en Shangai y un empleado chino secretamente hizo copias adicionales y las contrabandeo fuera de China.

Los jueces del Tribunal Internacional Militar para el Lejano Oriente (también conocido como el Tokyo War Crimes Trials)estaban dispuestos a aceptar que al menos 200.000 civiles chinos y prisioneros de guerra fueron masacrados por los japoneses en las seis semanas después que Nanking cayó.

Los jueces estaban dispuestos también a aceptar que el número de muertos sería mucho mayor si las estimaciones del número de chinos quemados vivos por los japoneses en fosas de masacres en masa mas los cuerpos arrojados en el río serian mayores. Muchos historiadores no japoneses están dispuestos a aceptar que la masacre de Nanking podría haber llegado tan alto como 370.000 víctimas.

La brutalidad espantosa que aparecen por las tropas japonesas en Nanking no fue el único caso, y se ha estimado por especialistas  historiadores que varios millones de civiles chinos y prisioneros de guerra fueron asesinados en el curso de la guerra no declarada de Japón a China entre 1937 y 1945.

A pesar de la evidencia fotográfica y testimonios independientes, el gobierno japonés se niega a reconocer  y no  permite que en las escuelas se les diga la historia completa de la masacre, violación y saqueo que tuvo lugar en Nanking en 1937.

En los últimos años, el gobierno japonés ha hecho una pequeña concesión al peso de la crítica internacional y local de esta censura, permitiendo referencias breves y vagas en los libros de historia a la Violación de Nanking (Masacre de Nanjing), pero las atrocidades que se describen como «Nanjing Incidente » y el texto sugiere que las víctimas murieron durante la batalla por la ciudad, y no en una masacre horrible que tuvo lugar durante las seis semanas que siguieron a la caída de la ciudad.

Incluso estas pequeñas concesiones a la verdad histórica son objeto de ataques en Japón desde los militaristas y los neo-nacionalistas.LA MASACRE DE NANKING

El neo-nacionalistas,  primer ministro japonés, Junichiro Koizumi, y miembros prominentes del Parlamento de Japón, y demás académicos superiores, como el profesor Nobukatsu Fujioka de la Universidad de Tokio, cree que estas concesiones han ido demasiado lejos, y que los libros de texto deben ser censurados para eliminar todos las referencias a la culpabilidad de guerra japoneses y las atrocidades, y para inculcar el orgullo nacional en lugar de vergüenza.

Después de la guerra, el Tribunal de Tokio juzgó al general Iwane Matsui (imagen izq.) bajo el cargo de crímenes contra la Humanidad, por los hechos de la Masacre de Tokio. Fue condenado, y ahorcado en 1948. Sin embargo, revisando antiguos archivos, la historiadora Iris Chang ha destacado que Matsui estaba enfermo en aquellos días.

 

¿Quiénes eran los cosacos rusos soldados del Zar? Vida y Costumbres

¿Quiénes eran los cosacos rusos soldados del Zar? – Vida y Costumbres

Mucho se ha hablado de las hazañas efectuadas en los últimos siglos, en las guerras de Rusia, por los cosacos del zar: jinetes hábiles que prodigaban su destreza y valentía en las embestidas de la caballería ligera. ¿Quiénes eran? ¿De dónde procedían esos hombres? Para saberlo tendríamos que remontarnos hasta el siglo XV y buscar en la Ucrania de ese entonces sus antecedentes.

LOS COSACOS ZAPOROGOS
cosacos forma de vestirSuponen algunos autores que los primeros cosacos fueron descendientes de hordas mogólicas llegadas a Ucrania con la invasión de Batú en el año 1237. Radicados a orillas del Dniéper, se mezclaron con fugitivos turcos y polacos, y adoptaron la lengua eslava.

En el siglo XV habían formado ya una comunidad libre e indómita que vivía con las armas en la mano, prontos para combatir o para asaltar a las caravanas. Se los conoció con el nombre de zaporogos, y también se les decía «cosacos» (en ruso: kazak).

Se dice que fue el polaco Dasskievitz el primero que echó mano de dichas tribus bravías para organizar un cuerpo de guerra con el que venció a los tártaros (Olchenica-1527).

LA PIEDRA DE ESCÁNDALO
Los audaces y valientes cosacos del Dniéper constituían para Polonia una valiosa reserva, que el rey Bathory organizó permanentemente en 1576 al mando de un «atamán» (en alemán «haupmann«, caudillo). Pero por la incontrolada agresividad y devastación

con que se ensañaban en sus correrías, excediéndose de los términos de la guerra, llegaron a ser la piedra de escándalo en las tirantes relaciones con Rusia y Turquía, y un arma de doble filo para Polonia, que se apresuró a disolverlos. No obstante su tenaz resistencia, los cosacos fueron dominados y reducidos a la condición de labradores (1648); pero, por poco tiempo.

En 1654 el atamán Bogdan Khmelnitsky apartó a sus cosacos del sometimiento a que se hallaban sujetos en Polonia y se puso bajo la protección de Rusia, con lo que precipitó entre ambas potencias una guerra por la posesión de Ucrania. Los cosacos se comprometieron a servir en el ejército del zar a condición de que los dejaran gobernarse por si mismos y a no pagar contribuciones

LOS COSACOS DEL DON
Junto al mar de Azov y al río Don también se formaron comunidades de cosacos: buena parte
de ellos eran desertores rusos y campesinos fugitivos. Iván el Terrible los organizó a mediados del siglo XVI, reconociéndoles el derecho de elegir a sus atamanes, y con ellos logró abatir a los tártaros de Kazan y Astrakán (1552-54).

En 1670 los cosacos del Don se sublevaron al mando de Esteban (o «Stenka») Razin, contra la nobleza, y no fue fácil reducirlos. Pero al fin dejaron en paz a caravanas y’ señores, y volvieron a ser campesinos, cazadores y criadores de caballos.

DE AVENTUREROS A CIUDADANOS DEMOCRÁTICOS
Los grupos más rebeldes fueron desterrados. Así, pues, con motivo de la revuelta de Pugachev (1773), Catalina II hizo trasladar a los cosacos zaporogos a orillas del Kubán. Por lo demás, abandonaron su vida aventurera y errante, e iniciaron la construcción de aldeas, con chozas de madera y techo de paja.

Los cosacos dividieron su tierras en tres Estados casi independientes, y formaron grupos militares llamados «artel» y corporaciones de oficios llamadas «vatagi». A la cabeza de cada grupo había un jefe denominado «atamán». Posteriormente.debieron instituirse las elecciones. Hubo así un atamán que se transformó en jefe supremo de todos los cosacos de Ucrania, por elección de los ciudadanos. Los demás cargos importantes eran también electivos.

Había también un parlamento llamado «kolo» que tomaba las decisiones más importantes. El poder del atamán se transformaba en absoluto tan sólo en caso de guerra.

SOLDADOS DEL ZAR
El Estado surgido por obra de los cosacos no era del todo independiente. En San Petersburgo, la nueva capital imperial, reinaba una dinastía de soberanos que se proclamaban «señores de todas las Rusias»: los zares. El de los cosacos fue el único pueblo de Rusia que, a pesar del omnímodo poder de los zares, gozaba de cierta autonomía y un cierto bienestar: como también tenían el raro privilegio de pagar pocos impuestos pronto se convirtieron en una clase pudiente.

Y la riqueza, como se sabe, se transforma, tarde o temprano, en potencia. El zar presentó batalla a los cosacos por ver en ellos un gravé peligro para su autoridad. Nunca consiguió someterlos completamente y tuvo que reconocerlos independientes. Aún más, viose obligado a pactar con este pueblo belicoso concediéndole municiones, tierras y ganado…

En cambio, por haber valorado, a sus expensas, las cualidades militares de los cosacos, les pidió que prestaran servicio como soldados de su ejército. Aceptaron los cosacos estas honrosas condiciones e integraron, en gran número, el ejército del zar. Nació así la famosa caballería cosaca que se transformó en el terror de los enemigos de Rusia. Los jinetes cosacos llevaban un característico uniforme formado por un largo capote rojo y un colbac.

Sobre el pecho llevaban dos muy vistosas cartucheras. En toda Europa se divulgó su reputación: hasta se dijo de ellos que eran feroces. Diversos ejércitos europeos conocieron su audacia y arrojo. También en la Segunda Guerra Mundial la caballería cosaca tuvo oportunidad de distinguirse luchando hasta contra los mismos tanques.

Origenes del Imperio Chino China en la antiguedad

Orígenes del Imperio Chino

Datos geográficos de la China:

Extensión: 9.572.900 km2

Población: 1.288.892.000 h.

Densidad: 134,6 h/Km²

Capital: Pekín (Beijing).

División administrativa: 22 provincias.

Sus costas están bañadas por varios mares formados por el Océano Pacífico, que reciben los nombres de mar del Japón, mar Amarillo, mar de Corea y mar de la China.

Varias cadenas de altas montañas separan el territorio chino, casi por todas partes, de las comarcas que lo limitan, a saber: la Siberia, el Turkestán independiente, el Indostán y la Indochina, que, juntamente con el mar, trazan límites naturales que le aíslan en cierto modo del resto del mundo.

Los ríos considerables que atraviesan este inmenso país son el Amarillo y el Azul, que difunden la riqueza por infinitos canales, debiendo notarse el Canal imperial, de 1.200 kilómetros de largo, que es el mayor del mundo entero. Entre los importantes lagos de China es digno de mención el Tungtin que tiene 320 kilómetros de contorno.

Origen de los Chinos:  Los chinos pertenecen a la raza amarilla o mongólica. Parece cierto que son menos antiguos que los indios, y hasta se cree que no son sino indios de la casta militar, que renunciaron sus privilegios.

Sus tradiciones nos enseñan que bajaron de la meseta del Asia Central, al lado de la India, y se extendieron hacia el oriente.

Historia: Los chinos han tratado siempre de exagerar su antigüedad, pero han visto desmentidas sus relaciones por la ciencia moderna.

Se admite generalmente que esta nación existe como tal desde -hace unos 4.500 años, pues los más ardientes defensores de la cronología china no colocan el principio de los tiempos históricos en sus anales más allá de 2.637 años antes de Jesucristo.

El primer emperador de la China fue Yao, que se le representa bajo la imagen de un príncipe modelo, que se ocupa en determinar el curso del sol, de la luna y de las estrellas; administraba justicia en persona; se cuidaba de ver si el pueblo sufría; labró tierras incultas y abrió canales para hacer correr las aguas después de una gran inundación, y hasta hizo desecar el suelo de su imperio, que las primeras colonias encontraron tal vez cubierto aún por las aguas del diluvio.

Cuando las fuerzas le faltaron por hallarse en la ancianidad, se asoció a Chun, quien le sucedió en el trono. Chun fué después reemplazado por Yu. Los reinados de estos tres emperadores son alabados por los chinos, que ponderan su genio, sus costumbres y sus virtudes.

Yu había designado a uno de sus ministros para sucederle; pero los grandes del imperio dieron el trono a su hijo Kí, dando así principio al derecho de herencia.

Con este soberano empieza la primera dinastía, llamada de los Hia (año 2205 a. de J.C.), los que tomaron el título de rey, porque el de emperador era difícil de llevar después de Yao, Chun y Yu.

La historia de los reyes de esta dinastía es una serie de crímenes vergonzosos, de vicios y excesos que provocaron revoluciones sin fin, hasta que el último rey, Ki, fué destronado.

La segunda dinastía fue la de los Chang, durante cuyo reinado las hordas del mediodía invadieron el imperio, llevando por todas partes la desolación y la muerte. A esto se agregó la guerra civil, que por espacio de veinte años sembró la confusión más horrorosa en todo el imperio.

Arrojado de su trono el último de los Chang, empezó la tercera dinastía, la de los Tcheú.

Aunque empezó bien, el orden se alteró luego, y esta dinastía se sostuvo por muchos siglos en medio de un caos indescriptible, hasta que perdió el poder y empezó a reinar la dinastía cuarta, la de los Thsin, que restauró la unidad del país.

El primer emperador (Qin Shi Huang) de esta dinastía mereció ser llamado el Alejandro de la China, por sus conquistas. Hizo construir notables obras públicas, entre otras, la Gran muralla. A su muerte, el imperio se dividió, y la familia de Thsín pereció víctima de una rebelión.

La quinta dinastía es la de los Han que subsistió hasta el año 220 de nuestra Era.

En su tiempo, la China principia a entrar en relación con la India y el imperio romano. Las diez y seis dinastías que se han sucedido desde aquella época hasta nuestros días no ofrecen nada interesante.

A pesar de su antigüedad, ni los griegos ni los romanos tuvieron ideas exactas de este país; lo conocieron vagamente bajo el nombre de Sérica, derivado de la voz ser, que en lengua tártara significa seda.

Gobierno: En la China no hubo castas; puede considerarse este pueblo como una familia que, desarrollándose, llegó a formar un gran imperio. El rey ejercía un poder absoluto sobre las personas y las cosas; pero semejante despotismo se hallaba atemperado por los Letrados, que constituían una secta, para entrar en la cual no se necesitaba más que estudiar y quedar bien en los exámenes.

El rey o emperador no podía conferir poder ni dignidad a persona, alguna que no fuese designada por los Letrados, y debía respetar a éstos cuando le decían la verdad.

Por lo demás, el soberano era déspota, cuando dirigía la palabra a sus cortesanos, éstos debían prosternarse; cuando salía, se cerraban todas las puertas; los que lo encontraban en su camino, debían volver las espaldas; le precedían muchos acompañantes prontos a (lar la muerte o a castigar al que faltaba a lo ordenado.

Civilización: Los chinos han sido siempre atentos y minuciosos, y hubieran podido progresar más de lo que han progresado sino hubiesen sido detenidos por una multitud de preocupaciones.

Desde muy antiguo conocen la numeración por decenas, la música, la pintura, el arte de escribir, el papel y la impresión. La seda, el barniz, la pólvora, la brújula, los pozos artesianos y el alumbrado de gas se descubrieron en China antes que en Europa. Ver: Inventos Chinos

Merecen alabanza los caminos que atraviesan montes y valles, con puentes suspendidos sobre hondos precipicios o sobre ríos anchísimos; así como las tumbas y las torres incrustadas de porcelana.

Sus progresos en medicina y astronomía fueron menos sensibles; en la primera de estas ciencias estudiaron casos especiales, pero sin deducir ninguna teoría; tenían gran práctica en el pulso y observaban con mucho cuidado los síntomas de las enfermedades, pero eran extravagantes en las aplicaciones.

En cuanto a su astronomía, nunca consistió en otra cosa que en observaciones sencillas y groseras, puesto que no conocían los instrumentos necesarios para estudiarla con provecho.

Religión: En los principios, los chinos profesaban un sistema más bien moral que religioso. Seiscientos años antes de la Era cristiana, el budismo se extendió por toda la China, donde todavía es profesado por la mayor parte de sus habitantes. Esta religión reconoce un ser supremo, todopoderoso, representado por Budha, personaje que subsiste eternamente en la persona del gran lama. Supone además un gran número de dioses subalternos y de espíritus subordinados unos a otros y diferentes en rango y poder.

Unos quinientos años antes de J. C., el filósofo chino Confucio enseñó una nueva religión, el confucismo, la que reconoce un solo Dios, pero no admite altares ni sacerdotes.

Costumbres: Según algunos tratadistas, el pueblo chino se ha hecho notable por su avanzada civilización, pero se le reprocha su carácter disimulado, su inclinación al engaño y a la mentira. Los chinos son apasionadísimos al juego. Es general el Uso de talismanes y amuletos. Viven sobriamente de arroz, gatos, serpientes y ratones; son poco aficionados a los licores, pero beben mucho té. En las fiestas públicas y domésticas gastan sus ahorros. La mujer es comprada por la familia, y el que la quiere gratis, va a buscarla a la casa de expósitos.

El infanticidio es común entre los chinos, echando los pequeñuelos a los perros o al río. El tipo de belleza consiste para ellos en tener la frente ancha, la nariz, pequeña, los ojos oblicuos, grandes orejas y cabellos muy negros. Una de las costumbres extrañas de este pueblo es la que privaba casi a las señoras de la facultad de andar, pues desde niñas les ponían un calzado especial que les doblaba los dedos sobre la planta, deformando el pie de manera que quedaba hecho una especie de muñón. Y en eso hacían consistir la principal belleza de la mujer.

¿Qué no Inventaron los Chinos? : Allá en la infancia, supe que China era un país que estaba al otro lado del Uruguay y se podía llegar allí si uno tenía la paciencia de cavar un pozo bien hondo. Después, algo aprendí de historia universal, pero la historia universal era, y sigue siendo, la historia de Europa.

El resto del mundo yacía, yace, en tinieblas. China también. Poco o nada sabemos del Pasado de una nación que inventó casi todo. La seda nació allí, hace cinco mil años. Antes que nadie, los chinos descubrieron, nombraron y cultivaron el té. Fueron los primeros en extraer sal de pozos profundos y fueron los primeros en usar gas y petróleo en sus cocinas y en sus lámparas.

Crearon arados de hierro de porte liviano y máquinas sembradoras, trilladoras y cosechadoras, dos mil años antes de que los ingleses mecanizaran su agricultura. Inventaron la brújula mil cien años antes de que los barcos europeos empezaran a usarla. Mil años antes que los alemanes, descubrieron que los molinos de agua podían dar energía a sus hornos de hierro y de acero.

Hace mil novecientos años, inventaron el papel. Imprimieron libros seis siglos antes que Gutenberg, y dos siglos antes que él usaron tipos móviles de metal en sus imprentas. Hace mil doscientos años inventaron la pólvora, y un siglo después el cañón.

Hace novecientos años, crearon máquinas de hilar seda con bobinas movidas a pedal, que los italianos copiaron con dos siglos de atraso. También inventaron el timón, la rueca, la acupuntura, la porcelana, el fútbol, los naipes, la linterna mágica, la pirotecnia, la cometa, el papel moneda, el reloj mecánico, el sismógrafo, la laca, la pintura fosforescente, los carretes de pescar, el puente colgante, la carretilla, el paraguas, el abanico, el estribo, la herradura, la llave, el cepillo de dientes y otras menudencias. (Fuente Consultada: «Espejos» Eduardo Galeano)

PARA SABER MAS…

LA ORGANIZACIÓN de la corte de los emperadores han fue el modelo de gobierno ideal para todos los emperadores chinos que hubo después.

GOBIERNO CRUEL
Chin ShihHuang Ti (h 259 a.C.-210 a.C.), el primer emperador de China, fue un gobernante tiránico. Sin embargo, durante su corto y opresivo mandato de 11 años unió todos los reinos rivales para formar un solo imperio y unificó la moneda y los sistemas de medida de todo el territorio. Chin Shih Huang Ti también construyó nuevas carreteras y canales, y acabó la Gran muralla para mantener a las tribus bárbaras fuera del territorio chino.

FUNDAMENTOS DE UN IMPERIO
Lui Pang (256 a.C.-195 a.C.) fundó la dinastía han en el 202 a.C., y continuó con algunas de las normas que había establecido Chin Shih Huang Ti, quien había fijado las bases para que el imperio han gobernara China durante los 400 años siguientes.

LA VIDA DEL EMPERADOR El poder del imperio han se basaba en el emperador y en su corte. Aquél vivía en un magnífico palacio amurallado y estaba protegido por soldados y un gran séquito de sirvientes y oficiales. Vivía separado de sus subditos y cualquier circunstancia de su vida, como la ropa que llevaba o los alimentos que comía, estaba rodeada de una solemne ceremonia.

JARDINES PARA EL DESCANSO
Los emperadores tenían jardines que ocupaban grandes extensiones de terreno alrededor del palacio. Estas zonas de descanso y recreo estaban reservadas exclusivamente para el emperador y su corte, y en ellas solían crecer plantas exóticas.

LOS MANDARINES El emperador han delegaba el poder en los mandarines para que administraran el imperio. Estas personas eran siervos civiles aristócratas que debían someterse a unas pruebas muy competitivas para ocupar el puesto. Los jóvenes que querían llegar a obtener uno de estos cargos debían estudiar durante años para preparar el examen.

CONFUCIO
Los oficiales de la corte estaban entrenados en la doctrina de Confucio (h. 551 a.C.-479 a.C.), cuyas enseñanzas hacían hincapié en la importancia de la obediencia y el orden en la vida diaria, lo que incluía el respeto por los antepasados. Durante su vida, Confucio había viajado por toda China enseñando a los hijos de los nobles cómo se debía gobernar un país.

TIEMPOS DE ESPLENDOR China tuvo una época de esplendor durante el mandato de la dinastía han. Las tumbas que se han encontrado demuestran el lujoso ritmo de vida que llevaban las personas adineradas del período han. A los muertos, por ser antecesores de los vivos, se les tenía que proporcionar todo tipo de comodidades. Además de alimentos, medicinas y cosméticos, las tumbas estaban llenas de objetos preciosos hechos de oro, bronce, jade y seda.

DESCUBRIMIENTOS E INVENTOS
En esta época hubo un florecimiento de la literatura y la erudición. En el s. I d.C. un oficial de la corte descubrió la manera de hacer papel, lo que contribuyó al desarrollo de la educación y a la organización del imperio. Los astrónomos también realizaron importantes descubrimientos. Dedujeron, por ejemplo, los movimientos de la luna y de las estrellas y por qué ocurrían los eclipses. Los inventores del período han perfeccionaron los relojes de sol y de agua.

Fuente Consultada:
Las Setentas Maravillas del Mundo Antiguo Chris Scarre
La Historia del Mundo DK Grupo Z

China Capitalista, Potencia Economica Mundial Obras Civiles

China Capitalista: La próxima Potencia Económica

China: La Fiebre Capitalista: Cuento chino: “El sector estatal de la economía, es decir, el sector económico de propiedad socialista de todo el pueblo, es la fuerza rectora de la economía nacional” (artículo 70 de la Constitución de la República Popular China). 

BEIJING, China — El señor Hu, el funcionario del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China que me escoltaba durante mi visita a Beijing, me señaló con la mano un inmenso edificio rectangular a un costado de la avenida del segundo circuito nordeste por la que transitábamos en el taxi que nos estaba llevando a una entrevista en el centro de la ciudad.

“Es la embajada de Rusia”, dijo el señor Hu, agregando que desde hacía mucho tiempo era la representación diplomática extranjera más grande en la capital china. “Pero en 2006 se va a terminar de construir la nueva embajada de los Estados Unidos, que pasará a ser la más grande de todas”, agregó después de un instante, con una sonrisa entre divertida y pícara, como si todavía no pudiera creer lo que estaba diciendo.

En la China de hoy, todo está cambiando tan rápidamente que ni sus propios funcionarios pueden dar crédito a todo lo que escuchan, ni a mucho de lo que ven.

Edificio moderno en China actual

No era ninguna coincidencia que Estados Unidos estuviera construyendo la embajada más grande en  China. Según el estudio del Consejo Nacional de Inteligencia (CNI), el centro de estudios a largo plazo de la CIA, China se está convirtiendo a pasos acelerados en una potencia mundial, y será el principal rival económico, político y militar de los Estados Unidos en el año 2020.

Al igual que ocurrió con Alemania a principios del siglo XIX y con los Estados Unidos a principios del siglo XX, China e India “transformarán el panorama geopolítico mundial, con un impacto potencialmente tan dramático como el que se dio en los dos siglos anteriores”, dice el estudio.

“Así como los analistas se han referido al Siglo XX como ‘al siglo americano’, el siglo XXI puede ser visto como el de China e India… La mayoría de los pronósticos indican que, para el año 2020, el producto bruto de China será superior al de todas las potencias económicas occidentales, con la sola excepción de los Estados Unidos.”

Desde que China inició su giro hacia el capitalismo en 1978, el país ha venido creciendo a un promedio del 9 por ciento anual, y nada hace prever que su ritmo de crecimiento baje significativamente en los próximos años. Según las proyecciones del gobierno chino, en el año 2020 el producto bruto nacional será de 4 trillones de dólares, cuatro veces más que el actual, y el ingreso per cápita será tres veces superior al actual.

Y eso se traducirá en el nacimiento de una enorme clase media china, que numéricamente será mayor que toda la población de los Estados Unidos o de Europa, y que transformará la economía mundial tal como la conocemos hoy.

Según la Academia de Ciencias Sociales de China, uno de los centros de estudios más importante del país, la clase media china—definida como el número de gente que gana entre 18 mil y 36 mil dólares por año— crecerá del 20 por ciento de la población actual al 40 por ciento en el año 2020.

Eso significará que para ese año habrá 520 millones de chinos de clase media. Y las empresas globales, que hoy producen ropa, automóviles y noticias para el gusto de los consumidores norteamericanos, modificarán sus productos para conquistar a los consumidores chinos. Las compañías multinacionales “tendrán una orientación más asiática y menos occidental”, dice el informe del CNI.

El centro de gravedad del mundo se moverá unos cuantos grados hacia el Lejano Oriente. “Aunque América del Norte, Japón y Europa en su conjunto continuarán dominando las instituciones políticas y financieras internacionales, la globalización tendrá características cada vez menos occidentales y cada vez más orientales.

Para el año 2020, es probable que la opinión pública mundial asocie el fenómeno de la globalización con el ascenso de Asia, en lugar de con la ‘americanización”’, pronostica el centro de estudios a largo plazo de la CIA. Cuando uno llega a China, no tarda mucho en concluir que estos pronósticos no pecan de exagerados.

La fiebre capitalista que se está viviendo en ese país me deparó sorpresas en cada esquina. Hay que venir a esta nación gobernada por el Partido Comunista, por ejemplo, para encontrar el centro comercial más grande del mundo, donde se pueden ver las últimas colecciones de Hugo Boss, Pierre Cardin, Fendi, Guy Laroche o cualquiera de las grandes casas de alta costura, antes de que sus modelos se estrenen en Milán, París o Nueva York.

El Golden Resources Shopping Mali —así se llama, en inglés, como lo indica su inmenso letrero en letras luminosas amarillas— abrió sus puertas a fines de 2004 en Zhongguancun, en el lado oeste de Beijing, una zona a la que llegan pocos turistas.

El complejo, perteneciente a una empresa privada presidida por Huang Rulun, un empresario que hizo una fortuna en el negocio inmobiliario en la provincia costeña de Fujian, tiene un área total de 56 hectáreas en cinco pisos que albergan mil tiendas, con 100 restaurantes, 230 escaleras mecánicas y una playa de estacionamiento para 10 mil autos. En total, el centro comercial emplea a unas 20 mil personas. Dentro de poco, se construirán a su alrededor 110 edificios de departamentos, oficinas y escuelas.

Golden Resources Shopping Mali

Cuando lo visité, un sábado por la tarde varios meses después de su inauguración, se estaba terminando de construir una pista artificial de esquí, un acuario con seis cocodrilos tailandeses, un complejo de cines y un gigantesco gimnasio. Según los dueños del centro comercial, lo visitan unas 80 mil personas por día durante el fin de semana. En total, hacen falta unos cuatro días para recorrer todo el lugar.

Yo lo hice durante cuatro horas, lo suficiente como para convencerme de que China está en medio de un proceso de expansión capitalista con pocos parangones en la historia del mundo. Y, como para que mi asombro no disminuyera, después me enteré de que, lejos de ser una isla de consumo capitalista en un país comunista, el Golden Resources Shopping Mali es apenas uno de los cuatrocientos centros comerciales de grandes dimensiones que se han construido en China en los últimos seis años. Y eso no es todo.

Dentro de poco, ni siquiera podrá seguir ostentando el título del más grande del mundo. Ya está en construcción el South China Mali, que tendrá una réplica del Arco de Triunfo de París, y calles que imitarán el centro de Hollywood y Amsterdam, que será el más grande del mundo, de lejos. Para el año 2010, por lo menos 7 de los 10 centros comerciales más grandes del mundo estarán en China. 

El pàjaro nacional: la grúa de construcción

Beijing hoy es como Nueva York a comienzos del siglo XX: una ciudad que crece por minuto y que se está convirtiendo en el centro del mundo, o por lo menos en una de las dos o tres principales capitales del mundo, a un paso febril. Por donde uno mira, se levanta un nuevo rascacielos ultramoderno.

En 2005, cuando visité Beijing, había 5 mil grúas de construcción trabajando día y noche en la ciudad, más que en ningún otro lado del mundo, según me aseguraron funcionarios y empresarios chinos. Y lo más probable es que no estuvieran mintiendo.

Mi colega Tim Johnson, corresponsal de la cadena de periódicos Knight Ridder en la capital china, me comentaba mientras tomábamos un trago frente a la ventana de su departamento que cuando él había llegado a China no existía ninguno de los cinco rascacielos que se alzaban frente a su edificio. Y Johnson había llegado hacía apenas trece meses.

Gruas en ChinaLos chinos están construyendo como si no hubiera un mañana. El ritmo de trabajo es tan frenético que los obreros de la construcción duermen en su lugar de trabajo, y los departamentos se ocupan antes de que los edificios estén totalmente terminados.

No es inusual ver, en las calles de Beijing, rascacielos en plena construcción con luces en algunas de sus ventanas. En toda China, el boom de la construcción está consumiendo el 40 por ciento del cemento mundial.

Por lo general, son gigantescas torres de vidrio parecidas a las más sofisticadas de Occidente, pero con techos orientales, en forma de pagodas estilizadas con diseños contemporáneos. El boom de la construcción está atrayendo a los arquitectos más famosos del mundo, como  M. Pei, Rem Koolhaas y Norman Foster.

¿Qué los atrae? Principalmente, la posibilidad de hacer lo que no pueden realizar en los Estados Unidos y Europa, por lo caro de la mano de obra en sus países de origen. Al igual que ocurría a principios del siglo pasado en Nueva York o París, cuando la mano de obra era más barata en esas ciudades, en la China de hoy se pueden construir edificios con frentes de mármoles trabajados e interiores exquisitamente ornamentados.

Mientras que los edificios en los Estados Unidos y Europa se construyen cada vez con mayor simplicidad por el encarecimiento de la mano de obra, en China los arquitectos pueden dar rienda suelta a su imaginación y a sus antojos.

Hay construcciones ovaladas, redondas, piramidales, y para todos los gustos, que sólo tienen una cosa en común: un toque oriental moderno y, sobre todo, el gigantismo. Durante mi visita, fueron pocos los chinos con los que me encontré que no tuvieran un comentario jocoso sobre la transformación vertiginosa de sus ciudades.

En Beijing, un alto funcionario del Partido Comunista me preguntó, en broma, si yo sabía cuál era el pájaro nacional de China. Cuando le respondí que no tenía la más remota idea, me respondió con una sonrisa llena de orgullo: la grúa de construcción.

En Shanghai, cuando le comenté a otro funcionario sobre mi asombro por el diseño futurista de la ciudad, me sugirió que no parpadeara durante mi visita: podía perderme la inauguración de un nuevo rascacielos. Todo es inmenso, ultramoderno, muy limpio, y —se apresuran a comentar los chinos— lo más grande de Asia, o del mundo.

Al pie de los rascacielos de la avenida central de Beijing, el Changan Boulevard, hay una flamante tienda de Rolls Royce. Cuando pasé por allí, pensé que era una oficina de representación para vender motores de aviones, o maquinaria para la agricultura.

Pero me equivocaba: al acercarme, comprobé que lo que estaba en venta eran automóviles Rolls Royce último modelo. Y no muy lejos hay tiendas de Mercedes Benz, Alfa Romeo, Lamborghini, BMW y Audi. En las grandes ciudades de China se respira la abundancia, por lo menos para una minoría que se ha enriquecido vertiginosamente en los últimos años.

El crecimiento chino no sólo creó una nueva clase media, sino una nueva clase de superricos, que logró su legitimación definitiva en 2004 cuando el Parlamento chino enmendó la Constitución para establecer que “la propiedad privada y legítima de los ciudadanos es inviolable”, y que “el Estado, de conformidad con las leyes vigentes, debe proteger los derechos de la propiedad privada de los ciudadanos, como también los de su herencia”. 

Los nuevos ricos chinos

Según la Academia China de Ciencias Sociales, ya existen unos 10 mil empresarios chinos que han superado la barrera de lO millones de dólares cada uno. Si uno toma en consideración la corrupción y la economía informal, probablemente la cifra sea varias veces mayor.

Y los nuevos ricos chinos, como sus antecesores en los Estados Unidos y Gran Bretaña a finales del siglo XIX, presumen de su fabulosa riqueza a los cuatro vientos. Uno de los nuevos millonarios, Zhang Yuchen, no sólo construyó una réplica del Cháteau Maisons-Lafitte de París, erigido en 1650 por el arquitecto francés François Mansart sobre el río Sena, sino que lo “mejoró” —según dijo— agregándole un jardín de esculturas copiado del palacio de Pontainebleau.

“Me costó 50 millones de dólares, porque quisimos hacerlo mejor que el original”, se ufanó Zhang. Otro supermilionario pagó 12 mil dólares por una mesa para la cena de fin de año en el restaurante South Sea Fishing Village, de la provincia sureña de Guangdong. El resto de las mesas de año nuevo del restaurante valían 6 mil dólares.

Cuando la noticia salió en la prensa, durante mi estadía en China, otro restaurante quiso sumar-se a la ola publicitaria y anunció que ofrecía su mesa principal para la noche de año nuevo por 37 mil dólares. Entre otros manjares, el restaurante de Chongking, en el sudoeste del país, ofrecía una sopa de gallina cocinada con un ginseng de cien años de antigüedad. Tan sólo la sopa costaba 30 mil dólares, se ufanó el restaurante.

Volkswagen Passat y HondaEn el Changan Boulevard, el tráfico es tan denso como en las otras ciudades más pobladas del mundo, si no peor. De los 13 millones  de habitantes de la capital china, unos 1,3 millones ya tienen automóviles. Y muchos de los coches que circulan por la Changan son Audi. —el favorito de los empresarios y altos funcionarios, que cuesta unos 60 mil dólares—, Volkswagen Passat y Honda.

Según el China Daily, el periódico destinado a la comunidad de extranjeros en China, las ven-tas de automóviles de lujo se han disparado en los últimos cinco años: Mercedes Benz ya vende unos 12 mil por año, BMW alrededor de 16 mil, y Audi unos 70 mil.

La demanda interna por autos de lujo ha crecido tanto que Mercedes Benz se ha asociado con un grupo chino para montar una planta que a partir de 2006 tendrá capacidad para fabricar unos 25 mil Mercedes por año en China.

Y la gente por las calles parece mejor vestida que en Nueva York o Londres. Gracias a la gigantesca industria de la piratería, por la cual los chinos producen un porcentaje de sus bienes por encima de los pedidos de sus clientes, y luego los venden en China y en el mercado negro internacional por una fracción de su precio, la gente en las calles de Beijing y las otras grandes ciudades parece estar estrenando ropa constantemente, como si el país entero estuviera saliendo de las navidades todas las semanas. Los chinos han cambiado el traje Mao por el Armani pirateado, o alguna de sus versiones locales.

 Xu Yiiin, BeijingHasta en los barrios de clase media baja y pobres de Beijing, uno ve gente en ropa barata, pero casi siempre nueva. La primera impresión de cualquier visitante en Beijing, sin dudas, es de perplejidad total por la rapidez y el entusiasmo con que un país que hace tan sólo veinte años era conocido por sus hambrunas y su cerrazón al resto del mundo se ha convertido del comunismo al consumismo.

Y, como me lo señaló Xu Yiiin, un veterano traductor que había pasado los mejores años de su vida en Cuba traduciendo a Mao al español, la segunda impresión de Beijing a menudo es de aun mayor asombro que la primera: “La gente que vuelve después de cuatro o cinco años no puede creer todos los nuevos edificios y avenidas que se han construido. Aquí, las autoridades municipales deben rehacer los mapas cada seis meses”. 

El monumento al consumidor

En mi primer domingo en Beijing, antes de iniciar mi semana de entrevistas en la capital china, hice la visita obligada al Palacio Imperial en la Ciudad Prohibida, el majestuoso complejo de ocho kilómetros de largo desde donde habían gobernado veinticuatro emperadores de las dinastías Ming y Qing durante varios siglos, hasta el año 1911.

El Palacio Imperial había sido construido en 1406, frente a lo que es hoy la Plaza Tienanmen, y había sido preservado por la revolución comunista de 1949 como un testimonio del pasado Imperial chino. Ahora, es visitado por millones de turistas por año.

Los catorce majestuosos palacios de la Ciudad Prohibida —casi todos con nombres como “Sala de la Suprema Armonía”, “Sala de la Pureza Celestial” o alguna variante del mismo tema— estaban maravillosamente preservados, a pesar de haber sido construidos en madera y haber sobrevivido a varios incendios.

Hubo dos cosas que me sorprendieron, además de lo inmenso de los palacios en que vivían los emperadores chinos y sus concubinas, que en el caso de uno de ellos llegaban a tres mil.

Como latinoamericano, al contemplar la sofisticación arquitectónica de la ciudad imperial, con sus edificios de paredes rojas con ornamentos azules y verdes, y sus techos arqueados adornados con esculturas en cada uno de sus vértices, no pude dejar de pensar que cuando Colón descubrió América, los emperadores chinos ya vivían desde hacía casi un siglo en una ciudad tan avanzada como ésta.

Beijing

La segunda cosa que me sorprendió, como recién llegado a Beijing, tenía más que ver con la peculiar naturaleza del comunismo chino, o lo que quedaba de él. En cada palacio había un gran cartel de madera explicando, en inglés, el año de la construcción y una breve historia del edificio.

Y abajo de todo, chiquitito, con fondo azul y letras blancas, había un rectángulo con la inscripción: “Made possible by the American Express Company”. En la China de hoy, el Partido Comunista conserva los palacios de la dinastía Ming, y deja las explicaciones a los turistas en manos de American Express.

En la ciudad de Shanghai, una metrópoli comercial de unos 16 millones de habitantes en la desembocadura de la cuenca del Yangtzé, sobre el océano Pacífico, todavía queda un gigantesco monumento a Mao, con la mirada en el horizonte, sobre el río Hangpu.

Shanghai

 Pero la escultura más visitada en estos días es el nuevo monumento al consumidor que acaba de construir la ciudad a pocas cuadras de allí. En la entrada a la Nanjing Road, la calle peatonal donde se encuentran las principales tiendas comerciales de la ciudad, y por donde caminan a diario cientos de miles de personas, hay dos esculturas de bronce de tamaño natural, que le dan a uno la bienvenida al corazón comercial de la ciudad.

Ninguna de ellas es el clásico Mao, con la frente en alto, enarbolando la bandera roja al viento, con sus discípulos cargando fusiles al hombro detrás de él. En su lugar está la figura de una mujer caminando con similar orgullo, pero con dos bolsas de compras en una mano. De la otra mano, la mujer lleva a su hijo, un adolescente sonriente con una mochila en la espalda, que en vez de un fusil tiene una raqueta de tenis sobre el hombro.

El gobierno de Shanghai no llama oficialmente a la escultura un monumento al consumidor, pero los habitantes de la ciudad así la conocen. La placa conmemorativa, en una piedra rectangular de dos metros de ancho, sólo dice que la calle peatonal fue diseñada por el arquitecto francés Jean-Marie Charpentier en 1999, e inaugurada por el gobierno popular de Shanghai.

Pero por si a alguien le cabe alguna duda sobre el simbolismo de la escultura, al final de la avenida peatonal, diez cuadras más adelante, hay otro monumento similar del mismo artista, con el mismo tema. Muestra a una pareja con bolsas de compras en la mano, el padre con una cámara fotográfica colgada del pecho, mientras la hija —feliz— lleva media docena de globos.

Mientras miles de turistas chinos llegados de todas partes del país se toman fotos al lado del monumento al consumidor con sus nuevas cámaras digitales, Mao permanece solitario, mirando al río, con un aire que uno no puede evitar interpretar como melancólico.

China crece más de lo que dice…

Como muchos de los funcionarios que entrevisté en China, Kang Xuetong, subdirector general para América latina del Departamento de Relaciones Internacionales del Comité Central del Partido Comunista, me preguntó qué impresión me había causado el país hasta el momento.

Estábamos hablando en un salón de protocolo del Comité Central, un moderno edificio de cuatro pisos con un lobby de paredes de vidrio que le daba un aspecto de banco más que de cuartel general del Partido Comunista. Era una de mis entrevistas más importantes en China, y una que me interesaba mucho: como en todos los países comunistas, el Comité Central del Partido Comunista es el poder detrás del trono, y sus funcionarios a menudo tienen mucho mayor influencia que sus pares en el gobierno.

Y Kang, un hombre de aspecto atlético que hablaba perfecto español, era un elemento clave en las relaciones de China con América latina. “Estoy impresionado!”, le contesté, con la mayor sinceridad. “Un crecimiento anual de más del 9 por ciento en varias décadas, 60 mil millones de dólares en inversiones anuales, 250 millones de personas rescatadas de la pobreza. Corno para no impresionar a cualquiera!”, agregué.

Lejos de festejar con orgullo lo que estaba diciendo, Kang levantó una mano en señal de advertencia y señaló: “Sí. Pero no pierda de vista que todavía somos un país en vías de desarrollo. Hay que poner las cosas en contexto. La inversión en China, calculada per cápita, es menor que en América latina.

No hay que mirar las cifras globales. Todavía tenemos una enorme cantidad de pobres. Todavía tenernos muchos problemas. Y hay que tener siempre presente que cualquier logro que tenemos hay que multiplicarlo por 1.300 millones de personas. Y cuando multiplicamos un logro por 1.300 millones de personas, muchas veces se vuelve insignificante”.

En entrevistas posteriores con otros funcionarios oficiales, me llamó la atención encontrarme con el mismo fenómeno: los funcionarios chinos parecen programados para minimizar los logros macroeconómicos del país, en lugar de explotarlos como herramientas propagandísticas.

Al revés de lo que ocurre en otros países, en los que los funcionarios se agarran de cualquier cifra económica favorable para presentar a su nación como destinada a un futuro de grandeza, los chinos hacen lo contrario. Cuando comenté este fenómeno con algunos diplomáticos latinoamericanos con los que me vi en Beijing, varios de ellos me señalaron que, efectivamente, los funcionarios chinos nunca magnificaban sus logros.

Por el contrario, exageraban las cosas hacia abajo. Lo más probable es que lo hicieran para evitar que el resto del mundo viera a China como una amenaza que podía poner en peligro el bienestar económico o la paz mundial. El gobierno chino es sumamente consciente de la opinión pública mundial, y enfatiza constantemente el rol de China como un país pacífico, con una filosofía supuestamente pacifista, me dijeron.

En el año 2004, por ejemplo, el gobierno había adoptado el término “ascensión pacífica” para describir el boom económico chino en el contexto mundial. Pero poco después, pues advirtiendo que la palabra “ascensión” estaba acrecentando los temores en el resto del mundo, el gobierno había reemplazado el tér­mino por el de “desarrollo pacífico”.Sin embargo, muchos economistas occidentales sospechan que la costumbre del gobierno chino de minimizar sus logros va mucho más allá de las palabras.

“La credibilidad de las estadísticas chinas es dudosa”, dice Ted C. Fishrnan, el autor de China Inc., un libro sobre el boom económico chino de gran difusión en los Estados Unidos. “En el pasado, había muchas quejas de que los funcionarios chinos exageraban sus cifras para arriba, cosa de mostrar que estaban haciendo un buen trabajo. Ahora, un coro de escépticos argumenta que las cifras son demasiado bajas”, explica.

Efectivamente, hay un incentivo para minimizar las cifras: el gobierno chino está ejerciendo cada vez más presión sobre los bancos de inversión para que dirijan sus proyectos a las zonas más pobres del país. Por ese motivo, las ciudades de la costa, que son las más ricas y principales beneficiarias de la avalancha de inversiones extranjeras, reducen sus cifras de crecimiento económico para que el gobierno central no les quite recursos y los envíe a otras zonas del país. Y muchas zonas pobres que están empezando a desarrollarse también disimulan su crecimiento para no perder su estatus de “zonas de pobreza”, con lo que dejarían de recibir varios apoyos económicos del gobierno.

Quizá por eso las cifras económicas que el gobierno central recoge de las provincias chinas no coincide con las cifras económicas que los municipios, ciudades y regiones dan a conocer en sus propias publicaciones. A juzgar por la suma de las cifras económicas de los gobiernos locales, la economía China es un 15 por ciento mayor que lo que reporta el gobierno central a las instituciones financieras internacionales, dice Fishman.

Esta disparidad en las esta­dísticas ha causado tantas críticas que el gobierno central ha presentado cargos contra unos 20 mil funcionarios locales en los últimos años, acusándolos de haber hecho fraude al enviar sus cifras a las autorida­des en Beijing.

Asimismo, las cifras del gobierno central sólo repre­sentan la economía formal. Si se le agregara la enorme economía informal, las cifras serían mucho mayores aún. La CIA, en su “World Factbook”, un almanaque mundial de acceso al público en Internet, señala que si la economía china se calcula en términos de paridad de poder adquisitivo —una de las dos medidas utilizadas internacionalmente para medir la actividad económica—, su monto total anual no sería de 1,4 trillones de dólares anuales, como lo indica el gobierno chino, sino de 7,2 trillones.

“Si se mide en base a la paridad del poder dquisitivo (PPP), en 2004 China fue la segunda economía más grande del mundo, después de la de los Estados Unidos”, estimó la agencia de inteligencia norteamericana. O sea que mientras las estadísticas oficiales chinas señalan que la economía actual del país apenas equivale al 10 por ciento de la de Estados Unidos, otras ya señalan que equivale a más del 60 por ciento de ésta, y podría alcanzarla antes de lo que muchos suponen.

La nueva consigna comunista: privatizar
¿Qué porcentaje de la economía china está en manos privadas?, le pregunté a Zhou Xian, un alto funcionario del Ministerio Nacional de Desarrollo y Reforma, en mi primera entrevista oficial en Beijing. Pocos minutos antes, había llegado al salón de ceremonias del Ministerio acompañado por el señor Hu, mi escolta gubernamental.

En China, los periodistas extranjeros deben tramitar todas las entrevistas a través del Ministerio de Relaciones Exteriores, que les da las visas de entrada al país, les tramita las entrevistas y los acompaña en las mismas. El salón donde nos esperaba Zhou era una sala elegante, de color durazno, con las sillas colocadas en forma de “U”, como un rectángulo con uno de sus extremos abiertos. En la cabecera había dos sillones alineados, orientados hacia el mismo lado y separados por una mesita. Zhou me invitó a tomar asiento en el sillón a su derecha.

Detrás nuestro, había dos enormes floreros con orquídeas, tras los cuales se escondían un hombre y una mujer que, según logré establecer poco después, harían de traductores. Era una escenografía como la que usan los jefes de Estado para sacarse una foto con un visitante extranjero, salvo que la ubicación alineada de las sillas con la misma orientación lo obligaba a uno a tener el cuello girado hacia la izquierda todo el tiempo.

No sé si era una tortura china, pero hacia la mitad de la entrevista, después de una hora con el cuello girado 90 grados a la izquierda para mirar a Zhou, y 180 grados para escuchar la traducción que venía de atrás del florero, estaba más preocupado en evitar quedarme con el cuello duro o la espalda petrificada que en lo que me estaba diciendo el funcionario con gran dedicación. Pero entre lo poco que saqué en claro de la entrevista, estaba el hecho de que el capitalismo en China está mucho más avanzado de lo que yo creía.

El Estado chino actualmente controla menos del 30 por ciento del producto bruto nacional, mientras que un 60 por ciento está en manos del sector “no gubernamental”, y un 10 por ciento en manos colectivas. China ya tiene 3,8 millones de empresas privadas, que constituyen “el principal motor del desarrollo económico, y la fuente de empleos que está creciendo más rápidamente”, me dijo el florero angloparlante ubicado detrás de Zhou.

—Uau!!! —exclamé—. Jamás pensé que un 60 por ciento de la economía china ya estuviera en manos del sector privado.

—No está en manos del sector privado —se apresuró Zhou—. Está en manos del sector no gubernamental.

—Y cuál es la diferencia entre el sector no gubernamental y el sector privado? —pregunté buscando entre los pétalos de orquídeas algún fragmento del rostro de la traductora.

—Bueno, hay diferentes formas de convertir a las empresas públicas en empresas no gubernamentales, según cómo se reparten las acciones —replicó la voz detrás del florero.

—Y cuál es la diferencia entre eso y privatizar? —insistí.

—En realidad, no mucha —respondió el florero parlante, mientras Zhou sonreía con picardía.

Comunismo sin seguro médico

El Partido Comunista chino hace todo tipo de piruetas verbales y conceptuales para disfrazar su conversión al capitalismo, pero a pocos visitantes les quedan dudas de que las reformas económicas iniciadas en 1978 han desembocado en una carrera hacia la competitividad capitalista como pocas en la historia.

Como en la Revolución Industrial en Inglaterra, o las primeras décadas del siglo XX en los Estados Unidos, en la China de hoy la desigualdad está en aumento, el trabajo infantil es tan común que ni llama la atención, el horario de trabajo rara vez es de menos de 12 horas diarias, millones de trabajadores viven hacinados en dormitorios comunes, turnándose para dormir en las mismas camas que dejan libres sus compañeros, y no hay tal cosa como el derecho de asamblea o —mucho menos— de huelga. Desde 1978, el gobierno cerró casi 40 mil empresas ineficientes.

Y entre 1998 y 2002 las compañías estatales chinas despidieron a nada menos que 21 millones de trabajadores, más que toda la población de Chile, y casi dos veces la de Cuba.

Hasta la salud y la educación superior, que uno cree deberían ser gratuitas en un sistema comunista, han sido aranceladas en la China de hoy. Los estudiantes universitarios, excepto los pocos que reciben becas, deben pagar por cursar sus estudios, y cifras que no tienen nada de simbólico.

Un 45 por ciento de la población urbana del país y un 80 por ciento de la población rural no tienen ningún tipo de seguro médico, admitió recientemente el viceministro de Salud Gao Qiang. “La mayoría de ellos pagan sus cuentas médicas propias”, dijo el viceministro, según la agencia oficial de noticias Xinhua.

Como resultado de la falta de cobertura médica “un 48,9 por ciento de la población china no puede darse el lujo de ver a un médico cuando se enferma, y un 29,6 por ciento no es hospitalizada cuando debiera.”

La China comunista de hoy es un capitalismo de Estado, un régimen autoritario cuyo principal objetivo económico es mejorar la competitividad a cualquier costo, que no admite reclamos salariales y puede despedir sin problema a millones de personas de empresas estatales ineficientes.

Y, por ahora, el modelo parece darles resultado a los chinos. Las empresas internacionales están invirtiendo allí más que en ningún lado del mundo, y —aunque la brecha entre los chinos ricos y los pobres está creciendo a pasos gigantes— el progreso está llegando a todos los habitantes de las grandes ciudades de la costa este del país, aunque mucho menos a los 800 millones de campesinos que viven en el interior.

Así y todo, el ingreso per cápita está creciendo todos los años, el régimen ha logrado sacar de la pobreza a 250 millones de personas en los últimos veinte años, y todo parece indicar que rescatará de la pobreza a otros cientos de millones de personas en la próxima década.

En los restaurantes de Beijing, me fue difícil ver a una mesera o a un mesero de más de 21 años. Los mozos, casi siempre uniformados con algún traje escogido por su restaurante, son en su gran mayoría jovencitos de 18 a 271 años, muchas veces con ayudantes de quince años, si no menos.

Los jóvenes viven en dormitorios comunes, y en muchos casos están haciendo pasantías por menos del salario mínimo, que no llega a 1 dólar por hora. “EA qué hora empezás a trabajar?”, le pregunté a la joven sonriente que me atendía en el Four Seasons Restaurant de la Avenida Changan.

“A las 8 de la mañana”, contestó, feliz. “-Y hasta qué hora trabajás?” “Hasta las 11 de la noche, aunque tengo un rato para descansar por la tarde”, contestó, con la mayor naturalidad, sin dejar de sonreír en ningún momento. La joven estaba contentísima de haber tenido la oportunidad de trabajar en el restaurante, ya que había competido con decenas —quizá cientos— de otros aspirantes al puesto. Pensaba trabajar allí durante dos años más, y luego volver a su pueblo natal, bastante lejos de Beijing.

El modelo asiático de democracia

Sentado en el cuarto de mi hotel en Beijing navegando por Internet, no pude menos que pensar —con horror— que uno de los escenarios del informe del Consejo Nacional de Inteligencia de la CIA sobre el futuro de la democracia en China se extienda a América latina.

Según el informe, en los próximos años “Beijing podría seguir un ‘Modelo Asiático de Democracia’, que consistiría en elecciones a nivel local y un mecanismo de consulta electoral a nivel nacional, con el Partido Comunista reteniendo el control del gobierno central”)

El trabajo del centro de estudios de largo plazo de la CIA no auguraba específicamente la exportación del modelo político chino a otros países, pero en su sección sobre América latina alertaba sobre la creciente inconformidad en la región con los resultados de la democracia, y el incremento del descontento por el aumento de la delincuencia en las grandes ciudades.

“Expertos en la región (latinoamericana) auguran sobre el creciente riesgo de que surjan líderes carismáticos populistas.., que podrían tener tendencias autoritarias.”’ No hay que ser un genio para sospechar que, para los autoproclamados salvadores de la patria en América latina, el modelo de democracia asiático —un capitalismo de Estado con un discurso de izquierda y sin libertades políticas— resultará mucho más atractivo que el modelo democrático occidental.

En China, contrariamente a lo que dicen los funcionarios oficiales, no hay democracia ni libertad de prensa. El Partido Comunista es el órgano rector del gobierno. Todos los periódicos son oficiales y están manejados por el Departamento de Propaganda del Partido Comunista.

Y aunque son mucho más modernos y entretenidos de lo que eran los periódicos soviéticos, o de lo que son los cubanos, se dedican a resaltar los temas que le interesa difundir al gobierno, y a censurar los que no quiere que salgan a la luz.

El China Daily, que leí de cabo a rabo durante todos los días de mi estancia en China, contiene una enorme variedad de artículos bien documentados y escritos como el mejor periódico de los Estados Unidos o Gran Bretaña. Incluso no es inusual que incluya artículos que critiquen tal o cual política gubernamental, o columnas que llamen la atención del gobierno sobre problemas ambientales o de corrupción que todavía no han sido atendidos, o que traiga malas noticias económicas o políticas.

Pero el periódico dirigido a la comunidad extranjera en China está claramente destinado a dar una imagen de modernidad, apertura económica y capitalismo, para que los inversionistas actuales y potenciales se sientan cada vez más cómodos con el “milagro chino”. Las buenas noticias aparecen en primera plana. Las malas noticias, cuando salen, están en las páginas interiores, en breve. Sin embargo, brillan por su ausencia los temas que más preocupan a la dirigencia china: las críticas de los grupos internacionales de derechos humanos sobre los miles de fusilamientos anuales, el trabajo infantil, la secta religiosa Falun Gong y la ocupación del Tíbet.

Una noche, mientras navegaba en Internet en el cuarto del hotel Jianguo de Beijing antes de salir a cenar, decidí averiguar por mí mismo cuánta información del mundo exterior podían recibir los chinos. Traté de abrir la página de Amnesty International, para ver silos chinos con acceso a Internet —que ya suman 80 millones, según el propio gobierno— podían averiguar lo que decía la organización de derechos humanos sobre su país.

Sin embargo, no lo conseguí: en lugar de la página de Amnesty International salió una página diciendo que “This page cannot be displayed” (“Esta página no puede ser desplegada”), como suele ocurrir cuando uno no puede acceder a un sitio de Internet por motivos técnicos. Hice la prueba con otros grupos de derechos hu­manos, como Human Rights Watch, sin mejor suerte.

Lo mismo me ocurrió cuando traté de entrar en organizaciones ecologistas, como Greenpeace, o cuando intenté abrir www.state.gov, la página del Departamento de Estado de Estados Unidos que tiene información crítica sobre los abusos a los derechos humanos y las políticas ambientales de muchos países, incluyendo a China.

Acto seguido, hice el mismo ejercicio con medios de prensa occidentales. Traté de ingresar en el sitio de The Miami Herald, a ver si podía encontrar alguna de mis columnas. Imposible. La revista Time, lo mismo. La BBC, la misma cosa. Curiosamente, pude entrar en la pági­na de The New York Times.

Más tarde, cenando con un diplomático lati­noamericano, me enteré de cómo funciona el sistema de censura en China: hay sitios de Internet que están totalmente bloqueados, y otros que el gobierno permite —para que la gente no se desconecte del resto del mundo— pero bloqueando informaciones políticamente inconve­nientes para el régimen.

“Tú puedes leer todo lo que quieras en The New York Times, menos cuando sale algún artículo crítico de China”, me dijo el diplomáti­co. Cuando el periódico saca un artículo negativo sobre China, la página correspondiente desaparece como por arte de magia, aunque el resto del periódico puede ser leído sin problemas.

Y cuando algún internauta travieso crea una página sustituta para que la gente pueda leer una noticia censurada, y la dirección del nuevo sitio es transmitida por una cadena de e-mails, el gobierno no tarda más de cinco minu­tos en bloquearla.

Según la estimación generalizada en círculos diplomáticos occidentales en Beijing, China tiene más de 30 mii agentes dedicados exclusivamente al bloqueo de páginas de Internet. “No te olvides de que si algo sobra en este país, es la mano de obra”, me explicó el diplomático latinoamericano esa noche.
Probablemente no exageraba: un estudio del Centro Berkman de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard buscó más de 204 mil sitios de Internet a través de los buscadores Google y yahooen China, y encontró que 19 mil de ellos estaban bloqueados.

Según el estudio, prácticamente todos los sitios que contienen las palabras “democracia”, “igualdad”, “Tíbet” o “Taiwan” asociados con China son inaccesibles en ese país._Y si se renuevan las páginas de Internet al día siguiente, con una nueva dirección, desaparecen a los pocos minutos.

Según Amnesty International, en 2004 había por lo menos 54 personas en China que habían sido detenidas o cumplían penas de prisión de entre 2 y 14 años “por diseminar sus creencias o información a través de Internet”)8 Como para que no me quedara ninguna duda sobre el sistema policiaco imperante en China, el diplomático latinoamericano agregó con naturalidad: “No te quepa la menor duda de que ya han entrado en tu cuarto de hotel, revisado todos tus papeles y hecho copias de todo lo que tienes en la computadora. En eso, el comunismo sigue vivo como nunca.

Seguridad sin derechos humanos

En las grandes ciudades chinas, a diferencia de las latinoamericanas, no hay grandes problemas de delincuencia. Aunque no logré aprender más que tres palabras básicas en chino —“por favor, “gracias” y “si —‘ tanto los funcionarios chinos como mis colegas occidentales que viven en China me dijeron que podía caminar por la calle o tomar un taxi sin problema a cualquier hora del día o de la noche.

Nadie sabe cuál es el secreto de la relativa seguridad personal que existe en las ciudades chinas, pero todo el mundo lo sospecha: las penas para la delincuencia son draconianas, o mejor dicho bárbaras. Aunque el gobierno chino hace lo imposible para que las informaciones sobre los fusilamientos no se filtren al exterior, las ejecuciones son utilizadas como medidas ejemplares, y por lo tanto son casi públicas en el interior del país.

Según me relató un diplomático occidental, en muchos casos las madres son invitadas al fusilamiento de su hijo, y se les permite escoger la bala con que será ejecutado, para que al regreso a su pueblo se enteren todos sus vecinos. Cuando les pregunté a otros diplomáticos y periodistas en Beijing si esta historia era cierta, casi todos me dijeron que era imposible saberlo, aunque muchos agregaron que era bastante probable.

Según Amnesty International, hay más fusilamientos por año en China que en todos los demás países del mundo juntos. “De acuerdo con un estimado basado en documentos internos del Partido Comunista Chino, hubo 60 mii ejecuciones en los cuatro años que van de 1997

Las promesas de inversión: ¿realidad o fantasía?

Desde fines de 2004, cuando el presidente chino Hu Jintao hizo una gira de casi dos semanas por la Argentina, Brasil, Chile y Cuba, camino a una cumbre de la Asociación de Cooperación Económica del Asia-Pacífico (APEC) en Santiago de Chile, se habían creado enormes expectativas de un auge en las relaciones económicas con China en todos los países por los que pasó. No era para menos.

El presidente chino pasó más tiempo en América latina ese año que el propio presidente Bush. Y a las pocas semanas, el vicepresidente chino Zeng Qinghong viajó a México, Venezuela y Perú, donde se quedó más tiempo de lo que el vicepresidente norteamericano Dick Cheney había estado en América latina en los últimos cuatro años.

El presidente Hu prometió el oro y el moro a sus anfitriones, y &u extensa visita sin duda demostraba un nuevo interés de China por la región. Sin embargo, algunos presidentes latinoamericanos, o sus ministros, se dejaron llevar por el entusiasmo y creyeron escuchar más de lo que el mandatario visitante estaba ofreciendo.

Quizá porque se expresó mal, o por un error de traducción, o por una interpretación demasiado optimista de sus anfitriones, el presidente Hu generó enormes titulares al decir —supuestamente— en un discurso ante el Parlamento brasileño el 12 de noviembre de 2004 que China invertiría 100 mil millones de dólares en América latina en los próximos diez años. “China quiere invertir 100 mil millones en América latina hasta el año 2014”, gritaba un titular eufórico de Folha de Silo Paulo.

En la Argentina, el periódico Clarín titulaba a toda página: “China promete invertir en América latina 100 mil millones de dólares”. El subtítulo afirmaba que el presidente chino había asegurado que “se llegará a esa cifra en los próximos diez años”. Era una cifra suficiente como para sacar del pozo a la Argentina y a varios de sus vecinos, decían con entusiasmo los periódicos. La fiebre por la potencial ola de inversiones chinas fue tal que los medios argentinos reportaron un crecimiento meteórico del estudio del idioma chino, que había subido de la noche a la mañana de un puñado de estudiantes a más de seiscientos.

en China, Kirchnner y el presidente de China

Pero lo cierto es que, según me aseguró el gobierno chino, la cifra real de posibles inversiones chinas en América latina en los próximos años será muchísimo menor: con suerte, llegará a 4 mil millones de dólares, o sea que será un 96 por ciento menos de lo que había augurado la prensa sudamericana.

Todos los funcionarios chinos, advertidos de antemano de que les haría esa pregunta —el Ministerio de Relaciones Exteriores me había pedido que entregara mis principales preguntas por escrito con anticipación, para que los funcionados pudieran prepararse mejor—, me respondieron con una sonrisa que las expectativas de inversiones chinas en América latina habían sido sobredimensionadas.

Cuando le pregunté al señor Zhou, del Ministerio Nacional de Desarrollo y Reforma, sobre los supuestos acuerdos de inversión por 100 mil millones de dólares, me respondió que esos informes eran “exageraciones” de la prensa. «Yo también leí esos artículos de prensa”, comentó con una sonrisa. “Por lo que sé, no hay nada de eso. No tengo idea cuál fue la fuente de esa noticia.”

Días más tarde el señor Hu, mi acompañante oficial, me entregó una respuesta por escrito del Ministerio de Relaciones Exteriores a mi pregunta sobre cuánto sería el monto probable de inversiones chinas en América latina hasta el año 2010.

“Haremos lo posible por aumentar las inversiones, que creemos alcanzarán el doble de las actuales a fines de la década”, decía el documento. Las inversiones directas actuales de China en la región, según el propio gobierno, eran de 1.600 millones de dólares.

Fuente Consultada: Cuentos Chinos de Andrés Oppenheimer Analista Político de la CNN