Fundación de Asunción

Francisco Hermógenes Ramos Mejía Evangelización de Indios

LABOR EVANGELIZADORA DE RAMOS MEJÍA

LOS INDIOS DE MIRAFLORES: En 1811 Francismo Hermógenes Ramos Mejía, hijo de un acaudalado  comerciante  porteño,  cruzó el río Salado —límite en ese entonces del  mundo civilizado— y portando  una  Biblia como  única arma se internó en territorio de los indios, protagonizando una experiencia inédita en lo que hace a la relación  del  hombre  blanco  con los aborígenes.

Francisco Ramos Mejía

Nacido en Buenos Aires  en  1773,  Francisco Ramos Mejía parece haberse sentido muy poco inclinado a la vida mundana y preferir, en cambio, la vasta soledad  del   desierto.   Sentimientos que empujaron a su padre a encargarle   la   administración   de   una pulpería y panadería sita en Los Tapiales.

Fue allí que estableció contacto literario con Manuel Lacunza, un jesuíta chileno autor, bajo el seudónimo de Josefat Ben Ezra, de un tratado sobre religión publicado  bajo  el título  «La venida del Mesías en Gloria y Santidad». Según  han  establecido  sus  biógrafos,  la particular interpretación del cristianismo hecha por el religioso impresionó de tal manera al improvisado pulpero que no tardó en experimentar la imperiosa necesidad de llevarlo a la práctica.

Nació así la idea de internarse en tierras dominadas por los pampas para intentar una acción evangelizadora. Fundó, entonces, en Diez Lomas, o Marilhuincul, un lugar cercano a Kaquelhuincul, la estancia «Miraflores».

Lo acompañaban su mujer, María Antonia Seguróla, y su  hijo Matías. Tenía 38 años. Pero ganarse la confianza de los indios no fue tarea simple y a su primera actitud —pagar las tierras que  ocupó— debió  agregar una alta dosis de paciencia, hasta que, convencidos de la honestidad de sus intenciones, los propios pampas se encargaron de difundir su fama hasta más allá de la cordillera.

A partir de ese  momento la estancia «Miraflores» se convirtió en refugio obligado de un considerable número de naturales y gauchos —criollos alzados, huidos de la autoridad— que todos los sábados por la tarde se congregaban para escuchar sus  sermones.

Y no sólo palabras ofrecía Francisco Ramos Mejía. Comida, techo y un trato sorpresivamente humano estaban a disposición de indios y perseguidos. Claro que, también, tenía sus exigencias y había impuesto una forma de vida que no resultaba nada fácil de observar: nadie dentro de los límites de «Miraflores» podía beber, jugar, vivir en concubinato ni mantener relaciones con más de una mujer.

Lo  cierto es que si  para sorpresa de muchos la estancia prosperaba sin pausa, resultaba más asombrosa,  todavía,  la  armonía que reinaba en la comunidad. Pero la experiencia debió disgustar a algunos porque  mientras Francisco de Paula Castañeda, sacerdote que había adquirido enorme prestigio como periodista, lo criticaba en sus artículos, Bernardino Rivadavia, ministro del gobernador Martín Rodríguez, lo intimó a que se abstuviera de «…promover prácticas contrarias a las de la religión   del   país».

Finalmente   su propiedad fue allanada y el experimento interrumpido definitiva mente. Con su  muerte, acaecida en 1825 a los 52 años, dio fin uno de los escasos  intentos de integración pacífica de los indios realizados en el territorio argentino.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

Las Colonias Francesas en Norteamérica Colonizacion

LA COLONIZACIÓN DE FRANCIA EN AMÉRICA DEL NORTE

Despúes de las terribles Guerras de Religión, el reinado reparador de Enrique IV volvió a ranudar las tentativas ed colonización en esta Nueva Francia, que Rovelvano había conseguido establizar por largo tiempo. Primero Richeliue y despúes Colbert continuaron la obra iniciada por Samuel Champlain, verdadero fundador del Canadá.

Enviado por una compañía mercantil instala en 1604 el primer grupo de colonos, funda Quebec en 1608 (en el mismo momento en que la colonia de John Smith comenzaba a organizarse en Virginia) y, durante ocho años, lo mismo en París que en la Nueva Francia, vela por el desarrollo de su obra.

Practica una política de alianza con los hurones y los algonquinos, contra sus enemigos los iraqueses, sostenidos por los ingleses, lo que arrastra a los colonos, poco numerosos (no llegaban a 2.000 en el año 1660), a interminables guerras indias. En el transcurso del conflicto contra Inglaterra, a la que apoyaban los protestantes de la Rochela, Quebec fue tomada por los ingleses y restituida en el año 1632. Richelieu y Colbert querían hacer del Canadá una provincia próspera que les abasteciera de ganado, de madera de construcción, de navios. Agricultores y ganaderos se instalaron a lo largo del San Lorenzo.

El rey de Francia estimaba, contrariamente a los británicos, que los protestantes no debían establecerse en la colonia (temiendo que, siendo demasiado numerosos, hiciesen secesión para unirse a sus correligionarios anglosajones). Después de la revocación del Edicto de Nantes, millares de hugonotes emigraron a Holanda y a Inglaterra, en lugar de aportar su trabajo y sus capitales al Canadá.

Desde el principio, la Iglesia Católica fue allí muy influyente; sobre todo, después de la muerte de Champlain, el obispo y el superior de los jesuítas se sentaban a ambos lados del gobernador en el consejo de la colonia. Los misioneros recibieron inmensas concesiones. El cierre del país a los protestantes y la primacía concedida a la pequeña nobleza de Bretaña y Normandía, que trasplantaron un sistema señorial y feudal arcaico, desalentaron a muchos emigrantes.

Al lado de los agricultores, otros colonos aventureros se hicieron «corredores de los bosques», penetrando hacia el interior para comprar pieles (de castor, de zorro) a los indios; y sus canoas cargadas de pieles se reunían todos los años en Montreal. En el año 1663, la Carta de la Compañía de la Nueva Francia fue revocada y la colonia devuelta al dominio real.

Ocupación francesa de Carolina—Miniaturas ejecutadas en 1564 por Jacobo le Mayne de Morgues en «Estampas contemporáneas y ritos de esta parte de América llamada Virginia»—Reproducidas con la autorización del Servicio Hidrográfico de la Marina, París.

EL PADRE MARQUETTE. CAVELÍER DE LA SALLE EL MISSISSIPI
El conde de Frontenac fue el primer gran gobernador enviado por Francia (1672-1682). Dio un vivo impulso a los viajes de descubrimiento a lo largo de las corrientes fluviales, tan importante desde el punto de vista estratégico y económico.

El jesuíta padre Marquette y Luis Joliet exploraron en una canoa el Wisconsin y fueron arrastrados hasta el Mississipí, comprobando entonces que el gran río no iba hacia el Oeste, sino hacia el Sur; después de haber alcanzado la confluencia del Arkansas, volvieron por el Illinois y la región de Chicago (1673). Un alumno de los jesuítas, Cavelier de la Salle, preparó cuidadosamente una expedición con la finalidad de bajar por el Mississipí hasta el mar. Con el caballero de Touty y el padre Hennepin, sale de Quebec en 1676 y, cruzando los Grandes Lagos y el Illinois, alcanza el río y levanta los dos fuertes de Crévecoeur y de San Luis.

En 1682, construye otro fuerte en la confluencia del Ohío, toma posesión del Arkansas y desemboca por fin en el inmenso Golfo de México, bautizando el nuevo descubrimiento con el nombre de Luisiana en honor de Luis XIV, y haciendo alianza con los indios natchez. Tardó año y medio en llegar de vuelta al Canadá.

De regreso en Francia, volvió a partir para llegar por mar a la desembocadura del Mississipí, pero erró en vano a lo largo del Golfo sin llegar a conseguirlo. Fue miserablemente asesinado a consecuencia de un motín de sus hombres (1627). Hasta comienzos del siglo XVIII no comenzó Luisiana a organizarse con la fundación de Nueva Orleáns (1718). Así, entre las colonias inglesas del Este y el interior del país, se interponían vastos territorios franceses jalonados por los fuertes de los Grandes Lagos, del Ohío y del Míssissipi.

Por otra parte, los franceses se habían instalado, a partir de 1635, en las islas de las Antillas, que los españoles habían descuidado: Martinica, Guadalupe, Santo Domingo, Santa Cruz, etc. Plantaciones de azúcar, de tabaco, de café, etc., se establecieron en ellas a fines del siglo, gracias a la mano de obra negra. Había en las «Islas» más de 50.000 esclavos, tratados con brutalidad y despreciados a pesar del «código negro» que había promulgado Colbert en 1685. Entre tanto, las colonias inglesas no habían cesado de crecer, mucho más rápidamente que el Canadá francés.

El Canadá tardó en poblarse por la falta de inmigrantes. En 1663 no contaba nada más que con 2.500 franceses, de los cuales 800 se hallaban instalados en Quebec. Campesinos y burgueses rehusaron expatriarse a un país que les parecía un desierto. Los primeros en llegar son los «comprometidos». «Entre la gente honesta viene terrible gentuza», apunta en 1642 María Guyard, primera superiora de las Ursulinas de Quebec.

EL DESENVOLVIMIENTO DEL SUR: MARYLAND Y CAROLINAS
Sir Georges Calvert era un gentilhombre católico amigo del rey Carlos I que no podía confiarle altas responsabilidades en Inglaterra a causa de su religión. En el año 1629, el rey le concedió el título de Lord Baltimore y le otorgó en propiedad las tierras que se extendían desde el norte del Potomac hasta los límites de la Nueva Inglaterra (aproximadamente, en la latitud de la futura Filadelfia).

El hijo de Lord Baltimore bautizó la región con el nombre de Maryland en honor de la reina Enriqueta María, esposa del rey de Inglaterra Carlos I, y emprendió la tarea de mejorar el dominio legado por su padre, que murió prematuramente.

Los primeros colonos llegaron en 1634. Cecil Calvert, soberano feudal, jefe tanto de la administración como de las fuerzas armadas, dio tierras a todos los gentileshombres que llevaran con ellos por lo menos cinco hombres; trató de mantener un buen entendimiento entre católicos y protestantes, lo que no siempre fue fácil después de la guerra civil en Inglaterra, donde los puritanos eran cada vez más influyentes; en 1649, fue votada un Acta de Tolerancia por la asamblea de colonos, la cual garantizaba la libertad de conciencia para todos aquellos que creían en Jesucristo.

Calvert tuvo, igualmente, muchas dificultades con los virginianos, que miraban a las gentes de Maryland como intrusos dentro de sus territorios. En el trascurso de la dictadura de Cromwell, Lord Baltimore fue privado de su gobierno y dominaron los puritanos; pero volvió a recuperar todos sus derechos después de la restauración de los Estuardos, en el año 1660.

La revolución de 1688 y el advenimiento de Guillermo III de Orange tuvieron importantes consecuencias: Lord Baltimore tuvo que convertirse al protestantismo para conservar la propiedad de sus tierras, y a la Iglesia Católica le fue prohibido celebrar públicamente sus ceremonias. La capitalidad pasó de Saint Mary’s City a la ciudad protestante de Annapolis y, en lo sucesivo, la corona de Inglaterra controlaría el gobierno. Inspirándose en el ejemplo de su padre, Carlos II quiso recompensar a los fieles que le habían ayudado a reconquistar su trono después de la muerte de Cromwell, tales como Monk, Clarendon, Carteret, etc., y les dio territorios al sur de Virginia, los cuales fueron bautizados con el nombre de Carolina en homenaje al rey y muy pronto divididos en Carolina del Norte y Carolina del Sur.

Estos aristócratas pidieron al célebre John Locke (1669) que redactara una Constitución para sus Estados en la que se establecía una verdadera servidumbre ¡mientras tantas tierras estaban libres! Las Carolinas pasaron a ser colonias de la corona en 1729. Lord Berkeley y Sir Georges Carteret obtuvieron una región entre el Hudson y el Delaware, a la que llamaron Nueva Jersey, donde fueron fundadas Newark y Elisabethtown. Nueva Jersey pasó a la corona en el año 1702.

Los franceses de Canadá están agrupados en tres poblaciones principales: Quebec, Trois Riviéres y Montreal. En Quebec tenían su sede las casas comerciales que mantenían relaciones con los puertos franceses. Los negociantes de Quebec habitaban de forma permanente en la ciudad.

En cambio, en Montreal tenían su base de operaciones los comerciantes nómadas que recorrían el país en busca de mercancías -pieles, especialmente- para enviar a la metrópoli. Una red de fuertes, a la vez puestos militares y factorías comerciales, fue construida por los franceses a partir de 1675. Junto a la orilla oriental del lago Ontario se levantaba el fuerte Frontenac, avanzadilla francesa en los territorios de los iroqueses, los indígenas que habitaban aquellas tierras.

Entre los lagos Erie y Ontario estaba el fuerte Niágara; entre el lago Erie y el Michigan, el fuerte de San José de los Miamis, y en la confluencia de los lagos Superior, Michigan y Hurón se alzaba el fuerte Michillimackinac. De esta manera, la región de los Lagos quedó sometida a la dominación de los franceses.

En 1682 la población dé Canadá abarcaba 12.000 colonos, entre los que vivían más de un millar de indios. Uno de estos colonos, René-Robert Cavelier, señor de La Salle, conseguiría aumentar las posesiones de Luis XIV con una nueva colonia: Luisiana.

Ver: Fundación de New York

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo VI La Gran Aventura del Hombre

Organización Política de España en América Virreinatos y Capitanias

Organización Política de España en América
Virreinatos y Capitanias

CAPITANÍAS Y VIRREINATOS DE ESPAÑA EN AMÉRICA: El extenso territorio descubierto y conquistado por los españoles, fue dividido para su gobierno y administración en virreinatos y capitanías. Los primeros tenían como autoridad suprema al virrey, verdadero representante del rey en América, investido de poderes amplísimos ya que de él dependían la justicia, el tesoro, la administración civil, el mando militar y hasta la promoción para convertir a los indígenas.

Al término de su mandato debía rendir cuentas de su gestión, mediante un procedimiento llamado juicio de residencia. En América hubo cuatro virreinatos: Virreinato de México o Nueva España. Correspondía al extenso territorio conquistado por Hernán Cortés , y fue convertido en virreinato por Carlos V , en 1534.

Fue uno de los más importantes y prósperos, ya que las riquezas naturales de la región provocaron una intensa inmigración europea, que unida a la población indígena y mestiza, impulsó considerablemente la economía. Había además dos Reales Audiencias, una en México y otra en Guadalajara, además de tribunales menores y especiales para ciertos tipos de delitos.

Desde 1545, México fue sede de un arzobispado del que dependían ocho obispos; diez años antes se había instalado una imprenta, dedicada en principio a la divulgación de textos religiosos, pero luego sirvió para publicar textos relativos a las artes y ciencias, y finalmente para un periódico que comenzó a publicarse en 1728.

Por último, hay que señalar que la Universidad de México, fundada en 1551, fue el centro de un importante movimiento científico y cultural.

Virreinato de Nueva Granada.

La región que los conquistadores denominaron nuevo reino de Granada formó parte del virreinato del Perú, y estuvo al principio gobernada por un funcionario, que ostentaba el título de gobernador y presidente de la Real Audiencia; en 1717 fue convertido en virreinato y, luego de una breve suspensión, fue confirmado como tal a partir de 1739. De él dependía la presidencia de Quito, que desde 1563 tenía Real Audiencia y tres obispos que estaban subordinados al arzobispado de Lima.

Aunque menos poblado que el de México, este virreinato tuvo también un importante movimiento comercial; hacia fines del período colonial se instaló una imprenta, pero la instrucción pública tuvo una despareja distribución, debido a que estaba concentrada en algunas ciudades solamente.

Virreinato del Perú. Comprendía todas las posesiones españolas de América del Sur, de modo que una región tan dilatada debió subdividirse en gobernaciones, que pronto se independizaron del virreinato. Éste se organizó en 1542, y a pesar de su desmembración constituyó una de las posesiones más ricas de América; fue sede de un arzobispado desde 1545 y de él dependían cinco obispos del mismo virreinato, dos de la presidencia de Quito, uno del virreinato de Nueva Granada y los de Santiago y Concepción (capitanía general de Chile).

En 1551 se fundó una Universidad en Lima y en 1692 se creó otra, en Cuzco ; de ambas dependían los colegios que funcionaban en el virreinato. La introducción de la imprenta data de fines del siglo XVI y de ella salieron muchos libros y algo más tarde un periódico.

Virreinato del Río de la Plata.

Fue fundado por real cédula de Carlos III, el 21 de marzo de 1778 y comprendía las provincias de Buenos Aires, Paraguay, Tucumán, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y Charcas, más los territorios anexos a las ciudades de Mendoza y San Juan pertenecientes a la provincia de Chile. Buenos Aires se convirtió inmediatamente en el centro de un importante movimiento comercial, ya que hacia su puerto confluían los productos de todo el virreinato; era también la sede de una Real Audiencia y desde el siglo XVIII tuvo una imprenta.

El arzobispado fue establecido en 1609 y de él dependían seis obispos; en cambio la Universidad y la Casa de Moneda, estaban en la ciudad de Chuquisaca (hoy Sucre), que era la capital de la presidencia de Charcas.
Las capitanías datan de la época en que los Borbones decidieron iniciar una reforma administrativa en América; así se creó esta nueva entidad político-administrativa, a cuyo frente estaba un funcionario llamado capitán general; su jurisdicción era menos extensa que la del virreinato.

En América hubo cuatro capitanías: Capitanía General de Guatemala. Comprendía una rica y muy fértil región de América Central, muy poblada y con un tranquilo pero sostenido movimiento comercial. Tenía un Tribunal de la Real Audiencia y un consulado; en el orden eclesiástico, el gobierno era ejercido por un obispo que residía en la ciudad de Guatemala y que dependía del arzobispado de México; en 1742 se constituyó en un arzobispado que tenía a su cargo a tres obispos.

Capitanía General de Venezuela. Fue creada por Carlos III en 1773, y poco después se la dotó de una Audiencia y un consulado; Caracas fue su capital y en ella residía, además, el obispo desde 1636. Tuvo también una Universidad, fundada en 1725, y la imprenta recién se. instaló a fines del período colonial.

Capitanía General de Chile. La provincia de Chile, quizá la más problematizada y onerosa de todas las posesiones españolas de América, dependió del virreinato del Perú hasta 1778 en que fue convertida en capitanía general. La Audiencia se estableció primeramente en Concepción y luego en’ Santiago (1609), ciudad que también tuvo una Universidad fundada en 1747. Los dos obispados que había, dependían del arzobispado de Lima.

Capitanía General de Cuba. Establecida en Sarto Domingo, esta capitanía era el centro del gobierno español en las Antillas. De ella dependían los gobernadores de Cuba y Puerto Rico, y las posesiones de La Florida y de Luisiana. Fernando el Católico había creado una Real Audiencia en 1508, y cuatro años después se instaló el arzobispado del que dependían seis obispos. En 1795, el gobierno fue trasladado a Cuba y, en 1804, Santiago de Cuba fue convertida en arzobispado.

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Corrientes Colonizadoras del Oeste Primeras Ciudades del Virreinato

CORRIENTES COLONIZADORAS:
FUNDACIÓN DE CIUDADES

Corriente del oeste — Cuyo dependía de Chile de acuerdo a la capitulación dada por Pedro de la Gasca (1548) a Pedro de Valdivia, que le otorgaba jurisdicción en una zona comprendida entre los paralelos 27 y 41 y cien leguas hacia el este (meridiano 64). Comprendía las provincias de Mendoza, San Juan y San Luis en donde habitaban los huarpes. Se independizó de Chile cuando se creó el virreinato del Río de la Plata.

corrientes colonizadoras

El primero que cruzó el territorio fue Villagra (1551) que iba del Perú a Chile (después de sacar a Núñez de Prado de la dudad del Barco). A fines de 1559, siendo gobernador de Chile García Hurtado de Mendoza. llegó a Chile una delegación de indios huarpes para pedir animales lanares y que los españoles colonizaran Cuyo. Se envió a Pedro de del Castillo, que el 2 de marzo de 1561 fundó Mendoza (en honor de don García).

Cuando Villagra reemplazó a don García, Juan Jufré sustituyó a Castillo. Este trasladó la ciudad a media legua de distancia, en un lugar más alto (28 de marzo de 1562). El 13 de junio de 1562 levantó más al norte un asiento para pacificar a los indios y afianzar su dominación: San Juan de la Frontera.

Villagra le ordenó buscar una salida hacia el mar, por lo que llegó hasta Córdoba, pero no pudo establecer ninguna población que asegurase un camino pacificado hacia Mendoza.

Recién en 1596, siendo gobernador de Chile Martín García Oñez de Loyola, su teniente de gobernador en Cuyo,Luis Jofré de Loazza fundó San Luis de la Punta. Cuyo dependió de Chile hasta 1776.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –

Obras de los adelantados del rio de la Plata Hechos de su gobierno

Obras de los Adelantados del Río de la Plata

pedro de mendoza funda buenos aires

AÑONOMBRADO POR
EL REY
NOMBRADO POR
EL ANTECESOR
NOMBRADO POR
ELECCIÓN
HECHOS SALIENTES
DE SU GOBIERNO
1536En 1534, Pedro de Mendoza  

Fundación   del   Puerto  de   Nuestra   Señora   del   Buen   Aire, de    Corpus    Christi    y    de    Nuestra    Señora    de    la    Buena Esperanza.  

1537 Juan de Ayolas 

Juan de Ayolas
Viaje en busca del camino al Perú. Fundó el puerto de !La Candelaria, sobre el Paraguay y el paralelo 19?. Dejó allí a su segundo. Domingo Martínez de Irala, al que se juntaron luego Gonzalo de Mendoza y Juan de Salazar y Espinosa, enviados por el Adelantado Mendoza en busca de Ayolas. Salazar y Espinosa levantó casi frente a la desembocadura del Pilcomayo, en la margen izquierda del río Paraguay, un asiento que fue la base de la ciudad de la Asunción.

1539 En 1537, Domingo Martínez de Irala 

Alonso Cabrera, portador de la real cédula de 1537 y veedor del reino, reconoció teniente gobernador a Domingo Martínez de Irala por ser lugarteniente de Ayolas. Irala instituyó el Cabildo, repartió los indios, dio impulso a la edificación e hizo levantar un censo de la Asunción. Despobló definitivamente Buenos Aires y el centro de la conquista española pasó a la Asunción.

1542Alvar Nuñez cabeza de Vaca en 1541  

Fue célebre por su viaje atravesando la América del Norte, por lo que fue llamado «el mayor caminador de la historia». Partió de Cádiz con 400 colonizadores en 3 barcos. Hizo escala en Santa Catalina y emprendió el viaje al Paraguay por tierra con 200 hombres y 26 caballos. El resto fue por el Paraná; llegó a la Asunción el 11 de marzo de 1542 y nombró  a Irala. Lo envió a explorar el Norte y éste regresó diciendo haber llegado a la región de los metales preciosos. Alvar Núñez hizo otra expedición con resultados negativos hacia el norte. Al volver a la Asunción fue derrocado y enviado a España.

1544  Domingo Martínez de IralaOrganizó una nueva expedición al Perú, consiguiendo llegar a Charcas, Encontró a los conquistadores del Perú convulsionados por Suenas civiles y por ello se le recomendó que no explorase más allá de los límites del Paraguay. Es nombrado el 4 de octubre de 1552 gobernador propietario. Se funda la diócesis del Ría ce la Plata, siendo primer obispo fray Pedro de la Torre. Irala murió et 3 de octubre de 1S56, designando gobernador a Gonzalo de Mendoza,
1552Domingo Martínez de Irala  
1556 Gonzalo de Mendoza Gobernó durante dos años. Envió a Nufrio de Chaves a fundar una población que facilitase las comunicaciones con el Perú. Esta fue Santa Cruz de la Sierra (Bolivia). Murió
en 155S.
1558  Francisco Ortiz de VergaraEn 1564 realizó un viaje al Perú por la ruta de Santa Cni2 de la Sierra, para pedir confirmación del cargo de gobernador. Fue detenido, procesado y absuelto por la Audiencia ce Chaicas. Durante el litigio fue nombrado por el virrey del Perú Juan. Ortíz de Zarate, con la condición de ir a España para ser confirmado.
1568Juan Ortiz de Zárate  Fue confirmado en España como Adelantado del Río de la Píate por dos vidas en 1569. Durante el tiempo ce su viaje designó teniente de gobernador a Felipe de Cáceres.
Felipe de Cáceres (interino) Se produjeron en la Asunción grandes desórdenes y Felipe de Cáceres fue depuesto. En su lugar se nombró a Martín Suárez ce Toledo.
1572 Martín Suárez de Toledo Durante su gobierno, Juan de Garay fundó la ciudad de Santa Fe.
1575Juan Ortiz de Zárate  Recién en 1572 logró organizar su expedición y partió de Cádiz con 5 naves y 510 personas. Después de un azaroso viaje y de continuas luchas en él Río de la Plata, llegó a la Asunción en 1575. Efectuó un reparto más humanitario de los indios y murió el 26 de enero de 1576 dejando heredera de la región del Pío de la Plata a su hija Juana, residente en Charcas, y gobernador interino a su sobrino Diego de Mendieta.
1576 Diego de Mendieta Gobierno desordenado. Fue depuesto por los habitantes de la Asunción.
1578 Juan Torre de Vera y Aragón Al casarse Juana Ortiz de Zarate con el oidor de la Audiencia de Charcas, Juan Torres de Vera y Aragón, fue éste el Adelantado del Río de la Plata. Discutida la legalidad de su cargo, designó a Juan de Garay teniente d« Gobernador.
Juan de Garay Segunda fundación dé Buenos Aires.
1583Juan de Torres Navarrete Fundó la ciudad de Concepción del Bermejo, de corta
existencia.
1587Juan Torre de Vera y Aragón  Fundó en abril de 1588 la ciudad de San Juan de Vera de las Siete Corrientes. En 1590 partió para Charcas y de allí a España, donde renunció al cargo en. 1593.

Expedicion de Juan Diaz de Solis Leyenda del Rey Blanco Ciudad Perdida

Expedición de Juan Díaz de Solís
La Leyenda del Rey Blanco

Introducción: Desde que Balboa descubrió el Mar del SurSud – Océano Pacífico), se inició la búsqueda de un paso que comunicase los dos océanos. Los portugueses se apresuraron a enviar una expedición al mano de Cristóbal Haro y Nuño Manuel en 1513-1514. Creyeron que el paso era el río Paraná, que no exploraron y regresaron con la noticia su hallazgo.

Los españoles, tuvieron noticias de este viaje y mandaron una expedición para posesionarse de dicho paso, que calculaban se hallaría dentro de la jurisdicción castellana.

La armada vino al mando del piloto mayor .del reino, Juan Díaz de Solís. Los preparativos se hicieron en gran secreto, para evitar que Portugal tratase de impedirla, ya que la expedición seguiría la ruta de la de Haro. Salieron de San Lúcar de Barrameda el 8 de octubre de 1515.  Acompañaba a Solís el piloto Juan de Lisboa que había tomado parte en la empresa clandestina portuguesa.

Avistaron el continente frente al cabo San Roque y recorrieron la costa del Brasil. Llegaron a una isla que llamaron de la Plata (Santa Catalina) frente a la que perdieron una nave, once de cuyos tripulantes quedaron en tierra.. Siguieron navegando hasta llegar al actual puerto de Maldonado, que llamaron Nuestra Señora de la Candelaria, donde desembarcaron y tomaron posesión en nombre de la corona de Castilla.

Penetraron después en un río que llamaron Mar Dulce; era el Paraná Guazú que los españoles llamaron posteriormente Río de Solís el último documento que lo designó así fue la Capitulación de Mendoza. Después se lo llamó Río de la Plata; designación impuesta por los portugueses de la costa del Brasil, quienes decían que era el río que conducía a la Sierra de la Plata.

Solís y algunos compañeros desembarcaron en la costa uruguaya, y fueron sorprendidos en una emboscada por los indios guaraníes, qué mataron a todos, salvándose únicamente el grumete Francisco del Puerto, quien quedó cautivo. Los restantes españoles, que habían quedado en las naves, regresaron a España.

Fuente Consultada: Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia

La Educacion en Santa Fe Colonial Primer Maestro Santafesino

La Educación en Santa Fe Colonial
Primer Maestro Santafesino

Sobre preocupaciones y carencias de la educación en Santa Fe colonial. La primer referencia que denota la preocupación de las autoridades del cabildo santafesino por asegurar la mínima educación para las nuevas generaciones data del 13 de mayo de 1577, apenas cinco años después de la fundación de la ciudad; ese día el Procurador General se dirige al cabildo solicitando la prohibición de salida de varios pobladores, los que, abrumados por las difíciles condiciones en que se encuentra la nueva ciudad, buscan tierras más al sur o sueñan con pasar al Perú deslumbrados por la riqueza de la que tanto se habla.

Juan de Garay Fundador de Santa Fe, 15 de noviembre de 1573

Destaca el Procurador que reportaría un grave perjuicio a la población la salida, en particular, del maestro Pedro de Vega “por la falta que haría para la doctrina de los hijos de los dichos vecinos como porque no aprenderían a leer y escribir faltando el dicho Vega, que les enseña”.

El Cabildo resuelve el pedido favorablemente, obligando a permanecer en la ciudad a quien se ha denominado como el primer maestro santafesino, al menos hasta tanto se encuentre un reemplazante satisfactorio. Los problemas por la falta de docentes se reiteran periódicamente, así como también los nombres de aquellos que el Cabildo contrata para solucionarlos: Martín de Angulo en 1617, al que no se puede impedir que emigre a Buenos Aires, el Clérigo Muñoz Holguín, dos años después; Luis Martínez en 1626.

Al trasladarse la ciudad desde el año 1650 destaca el historiador Andrés Roverano que el Cabildo comisiona a los alcaldes ordinarios para que “cuiden como deben de la educación de los menores”. A juzgar por las carencias y omisiones de la autoridad civil en la materia, es evidente que en estos primeros años los problemas de la educación sólo podían resolverse mediante el aporte de la iglesia, que se encontraba en mejor posición en cuanto a la preparación y nivel pedagógico de muchos de sus miembros, en particular los jesuitas, franciscanos y dominicos.

En la medida en que las autoridades eclesiásticas se fueron afianzando, lo fue haciendo también la provisión de maestros y escuelas. Al crearse la diócesis del Río de la Plata y pasar Santa Fe a depender del obispo en Buenos Aires, el mismo visitó la ciudad en 1621 y, ante la extrema carencia observada, dispuso la creación de una escuela encargándola al padre Juan de Salas, Rector de la Compañía de Jesús. Los jesuitas, ya asentados en Santa Fe desde comienzos del siglo XVII, gozaron tempranamente de un bien ganado prestigio pedagógico. Establecieron su templo y colegio sobre el lado este de la plaza, lo que acrecentaron luego en el nuevo sitio.

Al ser expulsada la Compañía en 1716 por efectos de la política regalista de los borbones, el colegio y las demás propiedades entre las que se encontraba una biblioteca de más de 4000 volúmenes pasaron a la administración de una Junta de Temporalidades y luego a los mercedarios; no pudo evitarse el temporario cierre del colegio debido a la carencia de educadores. Pese a la crisis provocada en la educación -y en la economía- por la expulsión jesuita, la segunda mitad del siglo XVIII ya encuentra a Santa Fe con algunas alternativas en la enseñanza.

La orden franciscana también posee junto a su templo una escuela, la que llegará a contar entre sus alumnos a Estanislao López el futuro caudillo y gobernador de la Provincia. Pero si la política borbónica recortaba atribuciones a la Iglesia y disminuía su participación en la educación, por otra parte, aumentaba la del Estado según la influencia de la ilustración, que sostenía la necesidad de la educación de la sociedad.

Esta cierta modernización que en realidad tuvo importancia sólo en Buenos Aires, la capital virreynal  puede rastrearse al menos en algunos indicios locales. A. Roverano recuerda que a partir de 1774 el poder civil asegura en Santa Fe el desempeño permanente de maestros, recordándose como uno de ellos a Pedro Tuella, poeta y primer historiador rosarino que se desempeñara en varias funciones hasta comienzos del siglo XIX.

No debe pensarse en que estos estudios capacitaban para un nivel superior; en la mayor parte de los casos se trataba de la enseñanza de “doctrina” y “primeras letras’, lo suficiente como para integrarse a la vida de la comunidad. Si bien es probable que en ocasiones se profundizara alguna capacitación, era imprescindible que -si un santafesino deseaba continuar sus estudios hasta el nivel universitario- debiera trasladarse a Córdoba o Buenos Aires.

A fines del siglo XVIII se llegan a disponer algunas becas para que “hijos patricios” puedan trasladarse a esas ciudades.

Aarón Castellanos: Fundación de Colonias en Argentina

Primera Fundacion de Santa Fe Juan de Garay Historia de Santa Fe

Primera Fundación de Santa Fe
Juan de Garay Historia de Santa Fe

PROVINCIA DE SANTA FE
INFORMACIÓN GEOGRÁFICA

Capital: Santa Fe.
Fecha de fundación: 15 de noviembre de 1573.
Fundador: Juan de Garay.
Superficie: 133.007 km2.
Población: 2.782.809 hab. (Censo 1991). M.: 1.424.293; V.: 1.358.516.
Población urbana: 82%. Población rural: 18%. Densidad: 18,5 hab/km2.
Límites: Norte, con la provincia del Chaco; Este, con las provincias de Corrientes y Entre Ríos; Sur, con la de Buenos Aires; Oeste, con las de Córdoba y Santiago del Estero.
Mapa con Departamentos y Capitales: ver mapa

GEOGRAFÍA FÍSICA
Es una vasta llanura que presenta diversos aspectos: las subregiones del Chaco Oriental y de la Diagonal Fluvial de la Región Chaqueña (en la mitad septentrional), y las subregiones de la Pampa del Norteo de la Colonia y de la Pampa Ondulada de la Región Pampeana (en la mitad sur y sudeste, respectivamente). En el norte, la llanura conocida con el nombre de chaqueña y por tanto, continuación de la llanura pampeana, se extiende horizontalmente con una suave pendiente hacia el SE, donde la falta de drenaje, causa de la formación de cañadas, lagunas y zonas anegadizas, más la ausencia total de cerros, sierras o montañas, confirman la uniformidad del suelo horizontal y levemente inclinado.

Hacia el sur de los 300S, la provincia se extiende en la región de la Pampa del Norteo Gringa, y cuenta con un suelo naturalmente fértil, clima templado y un gran desarrollo agrícola-ganadero y poblacional. La Pampa Ondulada se halla al SE del Río Carcarañá, es una franja litoral que presenta barrancas, ondulaciones suaves y valles fluviales. El río más importante es el Paraná que recorre el límite interprovincial este; otros de importancia son: Río Carcarañá, Río Salado, Río Coronda, San Javier, etc.

GEOGRAFÍA ECONÓMICA
Agricultura, ganadería y minería. 24%: Industria, 37%; Servicios, 39%. Uso del suelo: Pastoreo natural y cultivado, 50% Cultivos anuales y permanentes 285%; Montes y bosques naturales, 13 5% otros usos, 8%.

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LA PRIMERA FUNDACIÓN DE SANTA FE
Fuente Consultada: www.pampagringa.com.ar
La actual Cayastá, está asentada casi en el sitio donde en 1573, Juan de Garay fundó por vez primera la ciudad de Santa Fe. Escasos 1000 metros separan a Cayastá de ese sitio al que se lo denomina a menudo como Santa Fe la Vieja, que allí permaneció hasta la década de 1660, cuando se decidió su traslado a un lugar más conveniente desde el punto de vista económico, estratégico y de seguridad, es decir, al actual lugar de la ciudad capital de la provincia.

Cayastá está ubicada en el kilómetro 71 de la Ruta Provincial Nº 1, al norte de la actual Santa Fe de la Vera Cruz, y aproximadamente a 1 Km. antes de llegar a a esta localidad, se encuentran las famosas ruinas de la primitiva Santa Fe, descubiertas por el lúcido historiador e investigador Agustín Zapata Gollán (1895-1986), que inició las excavaciones en la zona cuando corría el año 1949, basándose en previos estudios que determinaron su exacta localización. Digamos de paso que Agustín Zapata Gollán, fue un erudito y a la vez excelente empleado público que prestigió su cargo de funcionario del Departamento de Estudios Etnográficos y Coloniales de Santa Fe.

El sitio fue declarado mediante decreto 112.765/42 como Lugar Histórico Nacional, pero luego de las excavaciones dirigidas y exhumadas por Zapata Gollán, en 1957 esta declaración fue ampliada a la de Monumento Histórico Nacional, en razón de que los estudios y descubrimientos hechos permitieron ubicar tres templos: Santo Domingo, San Francisco y La Merced; además en el templo franciscano, fueron hallados los restos del primer gobernador criollo del Río de la Plata, Hernandarias de Saavedra, junto a los de su esposa, que era hija del fundador de la ciudad. Digamos también, que el voto unánime de los miembros de la Academia Nacional de la Historia avaló que las ruinas encontradas pertenecían a la primitiva Santa Fe.

La fundación de la ciudad de Santa Fe, siguió las pautas que eran norma en esa época, una cuadrícula de aproximadamente 100 has. cuya parte central se destinó a plaza de armas, a cuyo alrededor se ubicaron las despendencias administrativas, religiosas y para vivienda de los personajes principales, entre ellos el mismo Don Juan de Garay, guiándose por otros ejemplos de fundaciones como las de Lima en 1535. Fue sin duda una ciudad que respondió a una estudiada planificación previa. Si bien en el acta se hace referencia a un plano o traza que sirvió de base para el reparto de solares confeccionado por el propio Garay, este documento se extravió en la época colonial, perdiéndose con ello los datos de la distribución física de las partes adjudicadas a cada vecino, no obstante conocerse el nombre de cada uno de ellos.

Fue Garay quien repartió personalmente los solares, determinándose los espacios para chacras y suertes de estancias. Cada solar equivalía a un cuarto de manzana divididas a su vez por estrechas calles en cruz, sin duda bien hecho con criterio tanto económico como estratégico. A los hombres que gozaban de su mayor confianza les adjudicó los terrenos vecinos a lo que reservó para sí. Ya se sabe que el que parte y reparte se queda con la mejor parte.

Debe recordarse que Juan de Garay partió desde Asunción un 14 de abril de 1573 con el exclusivo propósito de fundar una ciudad que sirviera como escala y apoyo logístico al tránsito fluvial entre el Río de la Plata y Asunción, expedición que comenzó con nueve españoles peninsulares, setenta mestizos y aborígenes guaraníes traidos del área paraguaya.

Fundada que fue la ciudad a orillas del río Quiloazas (hoy San Javier), brazo del Paraná, un 15 de noviembre de 1573, transcurridos siete meses desde la partida de Asunción, en un trayecto que no estuvo exento de dificultades, se agregaron a estos audaces primigenios pobladores, otros aborígenes locales, (calchines y mocoretás) y esclavos negros africanos destinados al más rudo trabajo de las tierras que dieron origen a las primeras plantaciones de frutales y viñedos, el cultivo de cereales y la cría de ganado, escontrando esto último un excelente medio para su desarrollo que con el tiempo se volvió incontrolable y librado sólo a los avatares naturales.

El trayecto se cumplió tanto por vía terrestre, con 50 caballos, como por vía fluvial, con un bergantín, unas cuantas canoas, armas y municiones.

Los asunceños buscaron afanosamente «abrir puertas a la tierra», para combatir su forzoso aislamiento de otros grandes centros poblados y de difícil acceso en esos años en que los caminos tenían que abrirse a golpe de machete. Esta fundación, por lo menos les facilitó la entrada y salida por el «mar dulce» como lo denominó Solís.

La necesaria convivencia de este heterogéneo conglomerado humano, diverso en lo étnico y en lo cultural, sin duda conformó una sociedad de características especiales donde cada grupo hizo aportes de su cultura originaria.

Abandonado que fue el lugar tras el traslado al nuevo emplazamiento, el río Quiloazas con la paciencia que los años pusieron a su disposición fue carcomiendo las costas y modificando su cauce sin apuro pero sin pausa lo que dio como resultado que de las 100 hectáreas originales hoy queden sólo unas 69, proceso facilitado por la arenosa y poco consistente compactación de los suelos que surca, arrastrando el material aguas abajo y cavando un nuevo curso que dejó bajo sus aguas el sector próximo a la Plaza de Armas, donde se encontraban la Iglesia Matriz, la de la Compañía de Jesús, la de San Roque y la propia casa de Juan de Garay. En el sector que no fue afectado, está el remanente de la Plaza, las Iglesias conventuales de San Francisco, Santo Domingo y La Merced; el Cabildo y un gran número de viviendas que pertenecieron entre otros a un nieto del fundador, Cristóbal Garay; a Francisco de Paez, a Juan González de Ataide, a Alonso Fernández Montiel, a Manuel Ravelo y a un escribano Juan de Cifuentes.

Las excavaciones pusieron al descubierto gran cantidad de objetos que dan indicios de la vida de la ciudad que existió un poco más allá de la mitad del siglo XVII. Vieron la luz, monedas, medallas, amuletos de plomo, rosarios, cuentas de collares, útiles de labranza, porcelana oriental, ladrillos, tejas (algunas con dibujos e inscripciones), herramientas, cerámicas españolas e indígenas.

Dentro de los recintos de los templos las excavaciones mostraron los restos de más de 200 pobladores enterrados en el lugar, y Zapata Gollán logró identificar a varios entre los que se encontraron los de Hernandarias y su esposa.

monumento historico cayasta

Resuelta por las autoridades coloniales la mudanza, poco a poco los habitantes iniciaron el abandono de la primitiva ciudad en las márgenes del Cayastá, y en 1651, después de casi ochenta años de permanencia en aquel lugar, se trasladaron a su actual emplazamiento, a unos setenta kilómetros más al Sur. La fundación en la desembocadura del rio Salado tuvo lugar el 20 de febrero de 1653, dándosele el nombre de Santa Fe de la Vera Cruz. Las tierras en que fue refundada la ciudad pertenecieron en su origen a Juan de Garay, quien partió de allí en 1580 para fundar Buenos Aires. Por herencia pasaron más tarde a Hernando Arias de Saavedra. El primitivo emplazamiento de Santa Fe fue declarado Lugar Histórico por Decreto N« 112.765 del 4 de febrero de 1942.

PARA SABER MAS…
LOS RETOS DE SANTA FE LA VIEJA

La primera fundación de Santa Fe se había llevado a cabo en Gayaste, sobre la margen derecha del río San Javier (afluente del río Paraná), a poco más de 70 kilómetros al norte de la actual capital provincial. Si bien existen diversas hipótesis con respecto a los motivos que llevaron a que su población comenzara a emigrar a mediados del siglo XVII -en pocos años más sería definitivamente abandonada-, todo parece indicar que la razón principal del éxodo fueron los periódicos desbordes del río y los daños materiales que esto provocaba. Durante casi tres siglos no se tuvieron noticias de la ciudad que Caray había fundado en 1573, pero en el año 1949, un magnífico hallazgo arqueológico puso al descubierto parte de la historia de una de las primeras ciudades rioplatenses.

Guiado por una extraordinaria intuición, el Dr. Agustín Zapata Gollán -que con pobres recursos trabajó en el lugar hasta su muerte, ocurrida en 1986- logró ubicar el emplazamiento del antiguo asentamiento de 66 manzanas, de las cuales 18 se encuentran en la actualidad bajo las aguas del río. A poco de comenzar con los trabajos de excavación, halló numerosos restos de vida material, como distintos tipos de vajilla, monedas, collares y herramientas. Pero el descubrimiento más asombroso lo esperaba en lo que luego reconocería como los cimientos de la iglesia de San Francisco, a 1,20 metros por debajo del piso del recinto, encontró numerosos sepulcros, algunos de ellos con restos humanos en magnífico estado de conservación.

Los esqueletos de los conquistadores con «las yertas manos en cruz», ofrecen un espectáculo sobrecogedor, y traen a la memoria algunos versos de Lope de Vega (autor español, 1562-1635): «Mirando estoy los sepulcros,/cuyos mármoles eternos/ están diciendo sin lengua/ que no lo fueron sus dueños./ ¡Oh, bien haya quien los hizo/ porque solamente en ellos/ de los poderosos grandes/ se vengaron los pequeños!»

Historia Emprestito Baring Brothers a Rivadavia Prestamo

Historia Empréstito Baring Brothers a Rivadavia

Empréstito de un millón de libras esterlinas con la Casa Baríng: Se contrató el 1 de julio de 1824 para la construcción del puerto de Buenos Aires, el establecimiento de pueblos en la nueva frontera, la fundación de tres ciudades sobre la costa entre Buenos Aires y el pueblo de Patagones y la instalación del servicio de agua corriente a la ciudad de Buenos Aires. Sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000 libras esterlinas, en su mayoría en letras de cambio. Ninguna de las obras previstas se realizó con ese dinero, que fue entregado al Banco de Descuento para que diera créditos a sus clientes. El Estado argentino terminó de pagar la deuda en 1904.

pretamos a argentina

ANTECEDENTES: Durante el gobierno de Rivadavia el ambiente de reformas (iniciado mientras era Ministro de Martín Rodríguez) trajo aparejada la necesidad de mejorar las condiciones de vida en la provincia de Buenos Aires, para lo cual se requería dinero.

La Junta de Representantes facultó al gobierno de Buenos Aires para negociar un empréstito de 1.000.000 de libras esterlinas con la firma Baring Brothers. El dinero se solicitó para restaurar el antiguo muelle, realizar instalaciones de agua corriente, mejorar las obras públicas y los pueblos de frontera.

Este empréstito representaba el inicio de una política de endeudamiento que tiene repercusiones hasta en la actualidad.

Para efectivizar el crédito, se dictó la ley de enfiteusis el 1° de junio de 1822, por la cual las tierras públicas no podían venderse, pues constituían la garantía del crédito al ser cedidas a largo plazo a campesinos quienes debían pagar un canon anual (prestación pecuniaria impuesta por el Estado). Con esta ley se pretendía fomentar la agricultura y la colonización.

Pero, en realidad, los fines de la ley fueron desvirtuados, pues las tierras, en su mayoría, pasaron a manos de latifundistas, quienes extendieron sus dominios y no fomentaron la agricultura, ya que la ganadería les resultaba más rentable. Además, no siempre se pagó el canon impuesto.

Al cabo de dos años de especulaciones, llegó el empréstito. Sólo se recibieron 560.000 libras ya que del monto original se dedujeron comisiones anticipadas y gastos de intermediarios.

Ese dinero nunca fue destinado para modernizar la ciudad de Buenos Aires, sino que sirvió para solventar los gastos de una guerra inminente con el Brasil. «

Bernardino Rivadavia

HISTORIA DEL PRIMER EMPRÉSTITO A ARGENTINA: Fue un día de invierno de 1822 cuando empezó la deuda externa. Su matriz fue un decreto de impreciso articulado. La parte que importa es la siguiente: «La Honorable Junta de Representantes de la provincia, usando la soberanía ordinaria y extraordinaria que reviste, ha acordado y decreta con todo el valor y fuerza de la ley lo siguiente:

«Artículo 1. Queda el gobierno facultado para negociar, dentro o fuera del país, un empréstito de tres o cuatro millones de pesos valor real…»

Largos 162 años después las borrosas estadísticas de que se dispone permiten verificar (o permitirían verificar) que la Argentina sólo se vio libre de deuda externa durante cuatro meses. Algunos expertos ubican ese tenue período hacia 1949. Otros descreen o relativizan su existencia.

Las piedras de la calle Florida
Ya en 1820 chocaban las ansias de hacer obras públicas con las escasas disponibilidades. Los economistas y los historiadores podrían explicar ese déficit con una multitud de datos. Pero un solo hecho sería suficiente: ese año de 1820 la provincia de Buenos Aires tuvo veintitantos gobiernos. Hacia 1822, Rivadavia mandó a desmantelar el precario muelle que entonces, temerosamente, entraba al río. Con las piedras hizo embaldosar Florida.

A favor y en contra
A favor de los empréstitos se ha dicho:
– Facilitan a los gobiernos un mejor aprovechamiento de los recurso, acelerándolos.
– Capitalizan al país con los resultados de la inversión a la que se dedican.
– Pueblan e incorporan a la economía los recursos naturales.
– Crean fuentes de trabajo.
– Es el recurso para alcanzar de inmediato
proyectos ambicionados.

La lista es tan incompleta como esta otra, en contra:
– La historia de los empréstitos demuestra que finalmente se los destina a alimentar burocracia o gastos militares.
– El endeudamiento provoca recelos en la población.
– Es una incitación al gasto sin disciplina.
– Somete al país a imposiciones del extranjero, directas o indirectas.

– Es el medio fácil para que los gobernantes empiecen obras sin arbitrar los medio idóneos y locales de financiación. De igual modo, el sonado empréstito Baring levantó acusaciones y aclaraciones, muchos autores criticaron que se lo hubiera negociado al 70 por ciento de su valor nominal (por cada 100 libras, la Baring entregaba solamente 70, que eran menos aún, deducidas comisiones y otras cargas). Cuando llegaron los fondos se designó una comisión que debía atender «los servicios de su entretenimiento», esto es, su inversión, administración, préstamos, pagos de intereses, etcétera. Y esos primeros servicios de entretenimiento resultaron prestarnos y descuentos de documentos a comerciantes e importadores, entre los que descollaban algunos nombres vinculados con la concertación del empréstito.

Luego pasarían a engrosar el capital del flamante Banco Nacional. Nunca tuvieron aplicación al destino que se había declarado: el muelle porteño, las aguas corrientes, las ciudades costeras. Aunque es cierto, también, que en seguida vendría la guerra con el Brasil y los mil días de bloqueo al puerto impuestos en enero de 1826; los 950 días del bloqueo francés del 38; los 650 días del anglofrancés del 45; los otros 350 días del otro bloqueo francés… Además, vino la guerra civil.

Hubo épocas de pago. En 1826, 27.392 libras como parte de pago de los intereses del segundo semestre. Penosamente se pagó en 1827.

Los gobiernos que siguieron no podrían cumplir. En 1837, después de un acuerdo, de una refinanciación, se reconocieron intereses atrasados por 1.641.000 libras. En 1824, cuando el empréstito llegó a Buenos Aires, hechas todas las deducciones y según los cálculos exhibidos por varios autores, sólo habían ingresado a la caja fuerte nacional 570.000 libras.

Las estadísticas oficiales sobre la deuda (interna y externa) son material notoriamente escaso, cuando no ausente. Pero ese déficit y esa dificultad han sido cubiertos por José García Vizcaíno en su documento-libro La deuda publica nacional.

Las cifras de la deuda prefiguraban ya la crisis que iría a estallar. Porque, además, el endeudamiento externo no se había parado. En 1868 se había contratado otro préstamo en Londres: se lo usó en la guerra del Paraguay. Otro, de 1871, se gestionó para obras públicas y se lo terminó gastando también en aquella guerra y otras, internas, contra Entre Ríos y Corrientes. Hubo otro refuerzo, en 1873.

La «comisión argentina»
Hacia el decenio de 1880, Buenos Aires conocía un crecimiento más febril que nunca; oleadas de inmigrantes y de capital eran atraídas desde Europa hacía aquella puerta, a una América nueva. Los Baring encabezaron una serie de empréstitos pero no tuvieron suficientemente en cuenta las condiciones internas de la Argentina.

En agosto de 1890, lord Lidderdale, gobernador del Banco de Inglaterra advirtió a la casa Baring «que estaba aceptando demasiadas letras de su agencia argentina. En noviembre los rumores sobre sus dificultades habían ya trascendido peligrosamente. Empezaron las consultas; ellas confirmaron —dice Sampson— la terrible noticia de que los Baring no habían logrado colocar sus títulos y efectos argentinos, y que tal vez habrían de suspender pagos a la semana siguiente.

En Buenos Aires, Pellegrini levantó un empréstito patriótico. Hizo una emisión de 50 millones, llevando el total del circulante a los 300 millones y creó el Banco Nación. Durante diez años más el país no volvió a emitir un solo peso. El déficit que en el ’91 había sido de 54 millones, cayó en el ’92 a 17. En julio del ’93 se firmaba el Acuerdo Romero: en él se incluyeron todas las deudas con el exterior. En ese acuerdo entraron 14 empréstitos por algo así como 44 millones de esterlinas. Hubo una rebaja de intereses. En la década del ’30 la Argentina empezó a caminar la senda inversa: rescatar deuda externa, achicarla. Entonces se hizo un empréstito de repatriación.

¡Cuatro meses sin deuda!
Vinieron los tiempos de la guerra. «Eran tiempos difíciles. Los ingleses compran pero no pueden pagar. La Argentina les vende al fiado durante todo el conflicto, mientras ellos bloquean las libras esterlinas con las que nos deberían pagar por el trigo y la carne que compran. A pesar de eso, la Argentina sigue pagando su deuda externa y aun en 1942 paga para repatriar una parte de ella», dice Antonio Brailovsky en su trabajo Historia de la deuda externa argentina, que publicó el Instituto Argentino para el Desarrollo Económico.

En ese año de 1942 se propone que se emplee parte de lo que los ingleses deben en achicar deuda propia. La medida se aplica primero con cuentagotas. Luego con mayor amplitud. Al mismo tiempo la Argentina va entrando a un período político y económico sobre el que aún prevalecen notorias discusiones. «Cuando subió el peronismo al poder en 1946 —apunta Brailovsky—, quedaba una pequeña parte de deuda que fue rescatada casi totalmente en varias cuotas. A fines de 1949 no quedaba prácticamente nada. Con lo cual los argentinos se pasaron cuatro meses de su historia «sin deuda externa». Ese período de cuatro meses fue de enero a abril de 1950. En mayo se firmó el empréstito de 115 millones con el Eximbank.

Ocurre que si el Estado no tenía deuda, sí la había en el sector privado; se denunciaban 300 millones de deudas comerciales. Un equipo ya negociaba esta situación en el ’49. Resolvió que de las ventas argentinas a Estados Unidos se destinara el veinte por ciento para ir cancelando esas cuentas. Estados Unidos propuso entonces el empréstito. Fue a largo plazo, 15 años. Y como eran deudas de bancos privados, ellos mismos formaron una comisión que fue la que suscribió el crédito. Pero algo muy curioso pasó entonces: el Eximbank encaró un arqueo de las deudas y de los 300 millones de que se hablaba se descubrió que había en realidad deudas por 115.

Lentamente primero, más aceleradamente después, el país volvió a endeudarse. En 1973 se enteró de que la deuda bordeaba los 8.000 millones de dólares. Un año después orillaba los 10.000 millones. Entonces, casi sorpresivamente, la historia se aceleró hasta el vértigo: a fines de 1980 era de 27.000 largos millones.

Hoy, su arquitectura es tal que se vuelve a aquellas imprecisiones inaugurales del decreto de 1822; los cálculos dicen que es de 43.000 millones o de 46.000 millones. Y también, como entonces, como un signo fatal, esa deuda tampoco tuvo por destino enriquecer al país.

Roberto Fernández Tabeada
Adaptación del diario Clarín, 1984.

Crisis del Imperio Español en America y Sus Consecuencias

Crisis del Imperio Español en América: La Primera Junta

La revolución de Mayo de 1810: En 1806 y 1807 se produjeron dos invasiones inglesas, que fueron rechazadas por el pueblo de Buenos Aires, alistado en milicias de criollos y españoles. En cada milicia, los jefes y oficiales fueron elegidos democráticamente por sus integrantes. Las milicias se transformaron en centros de discusión política.

Estas  invasiones inglesas demostraron que España estaba seriamente debilitada y que no podía ni abastecer correctamente ni defender a sus colonias.  La ocupación francesa de España por Napoleón, la captura de del Rey Carlos IV y su hijo Fernando VII y la caída de la Junta Central de Sevilla decidieron a los criollos a actuar.

En estas circunstancias, Cornelio Saavedra (jefe del Regimiento de Patricios), Manuel Belgrano y Juan José Castelli actuaron en representación de los grupos criollos ante el Cabildo y el Virrey, mientras las milicias y los activistas revolucionarios presionaban desde los cuarteles y las calles. Belgrano, Saavedra y Castelli reclamaron a los miembros del Cabildo de Buenos Aires la convocatoria de una asamblea de vecinos, de carácter excepcional, denominada “Cabildo abierto”.

El 25 de mayo de 1810 se formó la Primera Junta de gobierno presidida por Cornelio Saavedra, que puso fin al período virreinal. Mariano Moreno, secretario de la Junta, llevará adelante una política revolucionaria tendiente a fomentar el libre comercio y a sentar las bases para una futura independencia.

La etapa inicial de la revolución se caracterizó por la inestabilidad, la guerra originada por la reacción de los funcionarios españoles y los enfrentamientos entre los grupos revolucionarios que trataban de imponer sus soluciones a los graves problemas planteados.
Los objetivos no estuvieron claramente expuestos. Se hablaba de independencia y constitución pero no llegaba el momento de encarar esas decisiones. La suerte adversa de las armas y la restitución de Fernando VII en el trono llevaron a una posición negociadora que no dio resultados. Sin embargo, se proclamó la soberanía, se conformaron los símbolos nacionales y se generalizó la idea de independencia.

Desde el punto de vista territorial se produjeron importantes pérdidas: el Alto Perú quedó en manos de los españoles y el Paraguay inició una vida autónoma. La Banda Oriental, y el litoral, liderados por Artigas, optaron por la federación, rechazada totalmente por los hombres cíe Buenos Aires.

La revolución quedó dividida en dos grandes sectores: las Provincias Unidas del Río de la Plata, lideradas por los hombres de Buenos Aires, y la Liga de los Pueblos Libres bajo la autoridad de Artigas. Ninguno de los dos grupos pudo conformar un sistema político sólido que permitiese organizar el país.

Todo estaba por hacer: la independencia, la organización y la definición de la guerra, pero se había logrado contener la reacción española y los ideales de libertad se habían difundido en los pueblos. La revolución federal de 1815 abría una esperanza.

Conquista y Colonizacion Española en America España Conquista America

Periodo Colonial en America Sociedad, Costumbres y Cultura

Período Colonial en América
La Vida, Sociedad, Costumbres y Cultura

1-Creación del Virreinato del Río de la Plata
2-La Cultura Colonial
3-Las Ciudades Coloniales – Arquitectura
4-Vida y Costumbres Coloniales
5-Estructura Social  Colonial

La etapa colonial: Virreinato del Perú y Luego el del Río de la Plata: Carlos III rey de la dinastía Borbón, fue el que emprendió el intento de reforma más ambicioso. Apremiado por la creciente competencia de otras potencias coloniales, y ante numerosas dificultades para hacerse obedecer en América, decidió modificar drásticamente el sistema de administración. Para ello, creó el Virreinato del Río de la Plata en 1776, con capital en Buenos Aires, hasta ese momento Argentina perteneció al virreinato del Perú. El primer virrey fue Pedro de Ceballos.

El establecimiento del virreinato del Río de la Plata respondió al intento del gobierno español  de consolidar las fronteras con el Brasil meridional y frenar los avances de los portugueses, que alcanzaban ya las costas del Río de La Plata, así como de acabar con la presencia permanente de embarcaciones británicas en las aguas del Atlántico sur y del Pacífico, atraídas por el contrabando, la riqueza pesquera de estos mares y la revalorización de la ruta del cabo de Hornos.

Se organizó una gran expedición destinada a zanjar el viejo litigio de límites entre las posesiones españolas y portuguesas, y se puso al frente de ella a Pedro Antonio de Cevallos, quien además recibió provisionalmente, el 1 de agosto de 1776, el título de virrey. La campaña fue suspendida por la firma del Tratado de San Ildefonso (1º de octubre de 1777), por el que España aceptaba la soberanía portuguesa en la franja sur de Brasil, pero, a cambio, se le reconocían sus derechos en el Río de la Plata, el Uruguay, el Paraná y el Paraguay, así como en sus territorios adyacentes. Ese mismo año, acabada la contienda y consolidada la demarcación, Cevallos fue sustituido en el cargo.

historia argentina

LA CULTURA COLONIAL:

Establecimientos educativos. Durante el período colonial, la enseñanza, reflejo de la sociedad, conservó el carácter aristocrático. La enseñanza de las primeras letras era costeada por la Corona (escuelas del rey), los cabildos (escuelas municipales) o las órdenes religiosas (escuelas conventuales). De acuerdo con las nuevas características de la monarquía borbónica se manifestó el interés por elevar culturalmente a la población, dedicándose los bienes de los jesuítas expulsos a la erección de establecimientos educativos.

Buenos Aires, centro político, económico y administrativo, cortó su dependencia cultural de Córdoba con la creación del Real Colegio Convictorio Carolino (1783) sobre las bases del Colegio de San Carlos. Los centros de enseñanza superior estaban en Córdoba y Chuquisaca, con sus respectivas universidades.

Periódicos de la época. La instalación de la Imprenta de los Niños Expósitos data del año 1 780, por obra del virrey Vértiz que tramitó su compra al Colegio de Montserrat. Si bien antes de su instalación circulaban páginas manuscritas con noticias referentes al panorama europeo (1760-64), el periodismo colonial propiamente dicho, nació con la edición del Telégrafo Mercantil, Rural, Político. Literario e Historiográfico del Río de la Plata (1801-1802) dirigido por Cabello y Mesa, siguiéndole el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio (1802-1807). dirigido por Vieytes y el Correo de Comercio (1810-11), fundado por Belgrano.

Arquitectura. En el período colonial, laS regiones del Río de la Plata recibieron el influjo de diversas corrientes arquitectónicas europeas. Sin embargo, el medio local no fue propicio al desarrollo intensivo de esta actividad: se carecía de una base indígena (como la que proporcionaron incas y aztecas en Perú y México), los recursos económicos eran escasos, y en ciertas zonas también se careció de materiales adecuados para construcciones de gran envergadura. Los primeros colonos de la margen occidental del Plata levantaron sus habitaciones de adobe a falta de piedra, y sólo más adelante se fabricaron los ladrillos para la edificación.

En el orden de la arquitectura oficial o religiosa es en el que encontramos las muestras más importantes, destacándose, además, algunas residencias particulares levantadas sobre todo en el siglo XVIII.

Los estilos renacentista, neoclásico y barroco, penetraron en estos países matizados con aportes peruanos, españoles, lusitanos, etc.. surgiendo del conjunto un arte hispanocriollo colonial de tonalidades propias.

Dentro de un panorama total sumamente precario, resaltaron las iglesias, fruto lógico de una época en que los valores religiosos eran predominantes.
En la arquitectura civil son característicos los cabildos, sede de los poderes municipales, con sus pórticos superpuestos y balcones de reja.

Las casas particulares eran, en general, de una sola planta con entrada a través de un zaguán y varios patios en torno a los cuales se instalaban las habitaciones.

El aspecto general de las ciudades rioplatenses. trazadas sobre el esquema típico de damero, era pobre. Buenos Aires, capital del Virreinato desde 1776. mereció para las generaciones posteriores el calificativo modesto de gran aldea.

LAS CIUDADES Y SUS VIVIENDAS

Las ciudades coloniales se fundaron según un plano más o menos uniforme: parecían un papel cuadriculado. Este trazado en «damero», facilitó la distribución de los solares entre ¡os habitantes. En el centro y alrededor déla Plaza Mayor se levantaban los edificios principales: el Cabildo, el Fuerte y la Catedral.En los primeros tiempos Buenos Aires fue una aldea de pocas manzanas: las casas se aglutinaban en torno al Fuerte y escaseaban a medida que se alejaban de él.

En cambio, algunas ciudades del interior, como Córdoba, habían crecida más y contaban con importantes edificios de piedra.  Con las libertades de  comercio, la Buenos Aires de «cuatrocientas casas» (siglo XVII) se convirtió en una ciudad de más de 25.000 habitantes (1779). Además, desde 1776 era la capital del Virreinato del Río de la Plata y empezaba a disfrutar de las ventajas que tal jerarquía le daba.

Si antes no se notaban las deficiencias de la ciudad, se hicieron evidentes a medida que se desarrollaba el comercio y otras actividades. Tadeo Haenke escribió, al visitar Buenos Aires, que su planta era una de las más hermosas y alegres y que «por la parte este y por otras direcciones se salía a hermosas campiñas cubiertas de verde y a las huertas y quintas de las cercanías», pero de las calles. . . su opinión fue muy distinta. Le parecieron terriblemente sucias y abandonadas, sobre todo en tiempos de lluvia.

Bueno, las quejas por el mal estado de las ron durante mucho, mucho tiempo. En el Litoral no era fácil empedrar, porque no había piedras. Pero, además, la gente le tenía miedo al empedrado: creían que haría peligrar la estabilidad de los edificios al debilitar sus cimientos. En fin, se dice que las autoridades fomentaban esas ideas para no hacer las obras. Eso, hasta que el virrey Vértiz se puso firme a impulsar los primeros rudimentos de una acción municipal en cuanto a empedrado, alumbrado público y limpieza de las calles. Afortunadamente, otros virreyes siguieron su ejemplo.

Buenos Aires estaba dividida por entonces en cinco jurisdicciones basadas en la presencia de una iglesia: Concepción, Monserrat, el Socorro, San Nicolás y La Piedad. Las iglesias eran los más sólidos edificios que había, aunque sus fachadas eran sencillas y no podían competir con otras de América. En cuanto a la Catedral, como estuvo mucho tiempo a medio construir,fue para los vecinos el símbolo de la obra inconclusa; por eso cuando se referían a algo que no terminaba nunca exclamaban ¡Bah, esa es la obra de la Catedral!

A partir del siglo XVII, las casas aumentaron y mejoraron su aspecto. Los pudientes las hacían construir según los modelo del sur de España. Las viviendas constaban de dos y hasta tres patios, olorosos de naranjos; pero, contrariamente a lo que muchos creen, muy pocos tenían un aljibe. Por entonces éste eran un lujo que pocas familias podían permitirse. Los Basabilbasso fueron los primeros en instalar uno.  Porque disponer de agua en su propia casa era una comodidad desusada en la colonia. La mayoría de los vecinos no tenían más remedio que comprar el agua extraída del río.

La Plaza de Toros: Desde los comienzos del Virreinato, las corridas de toros fueron una de las diversiones populares típicas. Las primeras corridas no se hicieron en lugares especialmente construidos para este fin, sino en la Plaza Mayor. En efecto, como estos espectáculos solo se ofrecían en algunas ocasiones (cumpleaños del Renacimiento de un príncipe], en esos días se levantaban empalizadas de madera, que delimitaban la arena, y alrededor de ellas se disponían asientos para el público. La improvisada plaza ubicaba frente al Cabildo, pues las autoridades presenciaban corrida desde sus balcones.

Aunque no faltaban las ventanas a la calle, se tendía a volcar la vida familiar hacia el interior. El mobiliario y los adornos variaban según las posibilidades de los dueños. Algunos viajeros opinaban que las casas ricas tenían muebles muy finos, pero que la mezcla de estilos producía un efecto de mal gusto. También se criticaban las rejas porteñas.

Esas rejas «voladas» que demostraban la habilidad de los herreros y su poca imaginación… pues el modelo casi no variaba. En realidad, la crítica no era por esto, sino porque las rejas, que amparaban las ventanas de la calle, sobresalían del marco y, como las veredas eran estrechísimas, más de uno se las llevaba por delante en la oscuridad de la noche. Pero, además, no eran buenas defensas, al menos en verano. Como las ventanas estaban entonces abiertas, los ladrones, ayudados por una caña, «pescaban» sin problemas los objetos más cercanos.

Hablando de estaciones: los inviernos eran una tortura. El frío entraba por todas partes y no había cómo combatirlo. Solo podía la gente entibiarse encendiendo el brasero, alrededor del cual se reunían todos para recibir un poco de calor. Pero éste no templaba todas las habitaciones y, además, como se temía un enrarecimiento del aire, a la hora de dormir se sacaban los braseros al patio.

En Buenos Aires no había edificios llamativos, salvo la cárcel, que llamaba la atención, pero por su fealdad. Los había, en cambio, en la ciudad de Córdoba, con su bella casa del virrey Sobremonte, o la Catedral, o la Iglesia de la Compañía de Jesús. En todas las ciudades del Virreinato, aunque las casas tenían una sala con buenos muebles, damascos y alfombras importadas, solo las usaban en grandes ocasiones. Lo común era recibir en otras salitas, amuebladas con sillas de paja, chuses y una mesa. A la hora de las comidas la familia se reunía en torno a la gran mesa del comedor: sobre ella, o sobre otra —que hacía las veces de aparador—, y en las alacenas de vidrio había muchos objetos de plata que no costaban demasiado. En cambio, la loza era carísima.

A veces, los porteños salían a comer afuera. La elección era fácil, pues había una sola fonda —la de los Tres Reyes—. También se daban comidas en la casa de un tal Monsieur Ramón, pero para «llevar a domicilio». Muchos señores enviaban a sus esclavos a la casa de ese señor para que aprendieran a cocinar. Para tomar algo lo mejor era la confitería francesa, famosa por preparar buen café, tostadas y pastelitos.

Respecto a la moda, las mujeres vestían a la moda, pero sus trajes eran menos lujosos que los de las peruanas. Por otra parte, la gente común y tambien las señoras principales cortaban, cosían y aderezaban sus batas: eran «ingeniosas y delicadas costureras». Y las mujeres más pobres no solo hacían sus vestidos «sino los de sus maridos, hijos y hermanos», cuenta Concolorcorvo.

El vestido de calle era ancho, con el pliegue recogido atrás, generalmente adornado con flecos o una red de borlitas. Había zapatos finos pero costaban una onza de oro el par. La cabritilla no se conocía. Los pobres iban descalzos o embutidos en zapatos hechos de un cuero duro, llamado cordobán. El betún no se conocía.

Si dejamos Buenos Aires y miramos hacia el interior, veremos que los señores cordobeses visten con gran elegancia, pero siusmujeres no. En cambio, las cordobesas son excelentes amas de casa: en general son gentes muy laboriosas. Además, tienene dos colegios importantes —el real y el de Monserrat— y se enorgullecen por tener la primera Universidad del Plata.

Los jóvenes no tenían muchas carreras para elegir en la ciudad: se dedicaban a los oficios mecánicos o entraban como dependientes. Los mozos de tiendas debían hacer su trabajo específico y, además, barrer las veredas, fregar los candeleros, tender su cama —sobre el mostrador— y la de su patrón y limpiar los platos. Todo gratuitamente hasta que adquirían experiencia. . . Entonces les pagaban un sueldo de miseria. Más afortunados eran los hijos de las familias adineradas, pues frecuentemente eran enviados a completar sus estudios a las universidades españolas, a la de Charcas o a la .de Córdoba. Poca gente sabía leer y escribir y los libros no eran abundantes ni mucho menos. Había pocas bibliotecas, una sola imprenta, y la entrada de libros a las colonias era controlada por organismos especiales: se prohibía toda obra que fuera considerada inmoral (muchísimas novelas) o que pudieran alterar el orden. A los criollos, por supuesto, siempre les quedaba el recurso del contrabando, y de esta manera entraban los libros prohibidos.

ESTRUCTURA SOCIAL COLONIAL:

Blancos. El colonizador español que llegó a América pertenecía socialmente al elemento popular que, desplazado en la metrópoli, buscaba en las colonias reivindicar sus derechos, formando la aristocracia de conquista que reunirá en su persona privilegios y cargos, desplazando al criollo. Impedimentos de orden jurisdiccional y religioso restringieron la llegada de extranjeros, pero con la unificación de las Coronas española y portuguesa (1580-1640) y la llegada de los Borbones al trono español (1700), se favoreció la inmigración portuguesa y francesa, formándose en Buenos Aires una importante colectividad extranjera ingresada por medios legales (licencias, afincamiento, naturalización) o clandestinos.

Indígenas. La desigual evolución de las sociedades indígenas fue el factor determinante de las diferencias socioeconómicas en las distintas regiones del Virreinato. Donde los conquistadores hallaron mano de obra abundante se estableció el régimen de la servidumbre (N.O. y Cuyo), en tanto que en otras regiones, ante la escasez de poblaciones indígenas, la economía tuvo su fundamento en la explotación ganadera y el comercio (litoral).

Negros. La falta de brazos para la explotación agrícola fue la causa de la incorporación de esclavos negros procedentes de África o Brasil, mediante licencias reales y asientos negreros. El comercio, monopolizado sucesivamente por portugueses, franceses e ingleses, posteriormente fue declarado libre (1789). Esta disposición se aplicó en el Río de la Plata en 1795. El mestizo, intermediario entre el indio y la ciudad, se estableció en la campaña y formó parte del proletariado rural.

Primeros Aborigenes que Habitaron Territorio Argentino Indigenas

Aborígenes que Habitaron Territorio Argentino

Primeros Pobladores: Los Aborígenes: Los españoles encontraron una gran diversidad de culturas aborígenes que habitaban distintos ambientes: algunas se dedicaban a la caza, la pesca y a la recolección de frutos y plantas silvestres. La población del actual territorio argentino a la llegada de los españoles a principios del siglo XVI sumaba unas 330.000 personas agrupadas en una veintena de grupos étnicos.

Los habitantes del Noroeste, las Sierras Centrales y la Mesopotámica practicaban la agricultura, mientras que el resto del territorio estaba ocupado por grupos de cazadores-recolectores. Las culturas más extendidas fueron los diaguitas al Noroeste, los guaraníes, los tupíes, los tobas y los guaycurúes en el Noreste, los pampas en el centro y los tehuelches, mapuches y onas en el Sur.

La arqueología y las fuentes coloniales nos permiten atisbar dos grandes grupos de culturas: los de la llanura chaqueña y los de la estepa patagónica.

Los pobladores más antiguos, que datan de hace unos 12.000 años, vivían en cuevas que decoraban con pinturas y cazaban animales ya extinguidos, como el mylodon —un perezoso gigante—, o el gliptodonte —una mulita gigante—. Estos grupos se adaptaron pronto al uso de las especies introducidas por los españoles, como el caballo.

Algunos de los pueblos que integraban este grupo son los wichis, los matacos, los abipones, los chorotes, los chulupíes, los pilagaes, los mocovíes, los tobas; y otros, tempranamente extinguidos, como los mocorotaes, los calchines, los quiloazas y los chanátimbúes.

Los matacos habitaban al oeste de la actual provincia de Formosa y en el Chaco salteño. Practicaban la pesca en los ríos y cultivaban, en forma rudimentaria, el zapallo y el maíz. Sus chozas circulares estaban hechas de ramas y paja. Se vestían con prendas de cuero y lucían collares, pinturas corporales, tatuajes, tobilleras de plumas y vinchas. Eran monógamos, aunque los jefes podían tener más de una mujer. Los caciques compartían su autoridad con los médicos hechiceros. Creían en espíritus malos (ohots) que controlaban ciertos ritos y fiestas.

Los abipones, tobas y pilagaes se extendieron en parte de las actuales provincias de Formosa, Chaco y Santa Fe. Pescaban con amones y redes, y cazaban venados y ñandúes. También recogían frutos y miel. Vivían en chozas de ramas y, en épocas de frío, vestían el manto de piel de nutria (quillongo); usaban vinchas, mocasines, faldas de piel y se tatuaban el rostro. Su familia monogámica era fácilmente disoluble y la poligamia era común en los jefes. Sus caciques eran hereditarios y tomaban esclavos entre los prisioneros de guerra.
Creían en un ser supremo y en espíritus de la naturaleza.

Un poco más al este y en la Mesopotamia vivían los caingang, pescadores recolectores de miel, piñas de araucaria, tubérculos, frutos, etc. Vestían un delantal pequeño, hecho con cuero para los hombres y con fibras vegetales para las mujeres. Sus chozas eran simples techumbres a dos aguas sin paredes. Sus caciques-hechiceros gobernaban tribus de unas veinte familias. Creían en un dios bueno (Topen) y en uno maligno (Det Korenk); también sostenían que los animales de caza tenían espíritus que los dominaban y protegían, por lo cual permitían su caza para la alimentación, pero castigaban cualquier abuso.

ANTIGÜEDAD DE YACIMIENTOS ENCONTRADOS EN ARGENTINA: En lo que respecta al actual territorio argentino, las fechas mencionadas para el sur de Chile corresponderían también para nuestra Patagonia (Los Toldos, 10.600 a.C.).

En el caso de Tierra del Fuego, la cultura más antigua no superaría los 6.000 a. C. Para el noroeste, la más antigua estaría ubicada en la provincia de Catamarca, denominada Ampajango, con una probable datación de 12.000 a. C.. En las Sierras Centrales de Córdoba y San Luis se clasificaron antiguas culturas reunidas bajo el nombre común de Ayampitín. La cueva de Intihuasi, San Luis, reveló que sus restos humanos rondarían los 6.000 a. C..

En la puna argentina se ha localizado otra cultura, conocida como la del Saladillo, llegada allí hacia el 4.000 a.C.. Finalmente, podemos agregar que algunos arqueólogos suponen que gran parte del noreste, Misiones y sus zonas próximas, habrían tenido unos primeros poblamientos entre los 8.000 y 10.000 a. C.

Primeros Humanos en América

Conquista y Colonizacion Española en America España Conquista America

Descubrimiento del Estrecho de Magallanes Primera Vuelta Al Mundo

Descubrimiento del Estrecho de Magallanes
Primera Vuelta Al Mundo

Magallanes y el descubrimiento del estrecho de Todos los Santos: Fernando de Magallanes o Hernando de Magallanes, era portugués nacido en Oporto; prestó servicios, al rey de Portugal, pero distanciado de éste pagó a España, ofreciéndose a la corona para realizar la expedición en que fracasó Solís.    (ver La Historia del Viaje)

Según sus cálculos las Molucas estaban comprendidas dentro de la jurisdicción castellana marcada por el’ tratado de Tordesillas, y en el sur de América esperaba encontrar el paso que uniese los dos océanos.

Portugal hizo todo lo posible para hacer fracasar el viaje, pero sin éxito. La expedición compuesta de cinco naves partió de San Lúcar de Barrameda el 20 de septiembre de 1519, Magallanes siguió una ruta distinta a la establecida en España, por temor a que los portugueses la conociesen y lo atajaran en el camino.

Llegaron al cabo San Agustín, y siguiendo la costa, descubrieron el río Uruguay. Penetraron en el río de Solís o Mar Dulce, y recorrieron la costa buscando sobrevivientes de la expedición de Solís. Proseguida la marcha hacia el sur, descubrieron la bahía de San Matías y al llegar al puerto San Julián decidieron invernar

Allí estalló una sublevación, cuyos orígenes pueden buscarse en los conflictos surgidos desde el principió de la navegación. Juan de Cartagena veedor de la armada, exigió a Magallanes las, razones, del cambio de tuta que ya hemos mencionado, pues quería, junto con otros, ir por el cabo de Buena Esperanza y doblar hacia el oriente. Ya en San Julián se confabularon para obligar a Magallanes a navegar hacia el levante y por el cabo de Buena Esperanza alcanzar, las Molucas, pues los alimentos comenzaban a ser escasos y si invernaban, consumirían todo sin adelantar en el viaje.

Los sublevados se posesionaron de tres naves para atacar a la de Magallanes, pero éste logró sofocar la rebelión. Murieron algunos rebeldes y Juan de Cartagena y el clérigo Bernardo Calmette fueron abandonados en la costa.

Los restantes continuaron la navegación hasta un río que llamaron Santa Cruz, donde quedaron cincuenta y tres días. El 21 de octubre descubrieron un cabo que llamaron Vírgenes, creyendo que se encontraban en una bahía fueron enviadas dos naves para recorrerlo: era la entrada del paso que llamaron Todos los Santos; en él se internaron el 19 de noviembre las tres naves que habían quedado en la expedición, pues una se perdió a causa de las tormentas y la otra, amotinada la tripulación, al mando de Esteban Gómez, buscó el camino del cabo Buena Esperanza’ y descubrió las Malvinas

Durante la travesía del Estrecho no vieron indígenas, sólo hogueras a lo lejos, en una isla que llamaron Tierra de los Fuegos. El 27 de noviembre de 1520, entraron al Mar del Sud; llegaron a las islas Marianas, que llamaron de los Ladrones pues sus habitantes trataron de robarles cuanto pudieron. Aprovisionados con agua y alimentos, siguieron hasta que arribaron a un archipiélago que designaron San Lázara y que luego llamaron Filipinas en homenaje a Felipe II.

Magallanes tomó posesión de el en nombre de Castilla. Durante un encuentro con los naturales de Mactán, una flecha envenenada hirió a Magallanes en una pierna; no obstante siguió luchando hasta que un grupo de nativos lo rodeó y mató a lanzazos, en abril de 1521.

A los pocos días los jefes sobrevivientes fueron invitados por el rey de Cebú a una ceremonia y durante la misma los españoles fueron muertos por traición. Los tripulantes que no habían bajado a tierra, ante esto, resolvieron quemar una nave por falta de gente para tripularla y se hicieron a la vela. Recorrieron varias islas hasta arribar a Borneo y luego a las Molucas.

A poco de partir ‘la Trinidad” sufrió averías que la obligaron a dirigirse a Panamá. “La Victoria” siguió al mando de Sebastián El Cano, capitán de la nave. Doblaron el cabo de Buena Esperanza en medio de grandes penurias, porque sólo tenían agua y arroz en poca cantidad; en esta travesía murieron veinticinco tripulantes. Cuando alcanzaron las islas de Cabo Verde, declararon llegar de América, pero los portugueses descubrieron el engaño y apresaron a los hombres que habían bajado a tierra. Los restantes continuaron la navegación con El Cano y arribaron a San Lacar de Barrameda el 7 de septiembre de 1522. Eran solamente dieciocho hombres enfermos.

Carlos V obsequió a Sebastián El Cano con un escudo que tenía la siguiente inscripción: «Primus circundedisti» (al primero que me circunnavegó).
Esta expedición fue de gran valor, por ser la primera que dió la vuelta al mundo.

Mapa de Ruta del Viaje de Magallanes

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada

Historia de las islas Malvinas Descubrimiento y Usurpacion Inglesa

Historia de las Islas Malvinas
Descubrimiento y Usurpación Inglesa

DESCUBRIMIENTO Y LOS PRIMEROS POBLADORES DE LAS ISLAS MALVINAS

Las Malvinas — Las islas East Falkland o Soledad y la West Falkland o Gran Malvina y un centenar de isletas integran el archipiélago de las Malvinas, actualmente en posesión de Inglaterra, a pesar de los siguientes antecedentes:

En 1494, el tratado de Tordesillas, posterior a las demarcaciones que estableciera el papa Alejandro VI por medio de bulas, fijó las posesiones españolas y portuguesas en América. Dentro de las primeras, quedó incluida la jurisdicción de las Malvinas.

Parece probable que el primero en avistar estas islas fuese el piloto Esteban Gómez, desertor de la expedición de Magallanes. En una carta geográfica posterior trazada por un portugués compatriota de Gómez, con el nombre de islas de Sansón.

Historia de las islas Malvinas Descubrimiento

En 1600 Sebald de Weert, integrante de una expedición holandesa  que debía dirigirse a las Indias Orientales por el cabo de Buena Esperanza para comerciar y además saquear las posesiones españolas y portuguesas en oriente y occidente, bordeó las islas Malvinas, pero no pudo desembarcar en ellas por falta de material apropiado. A partir de entonces se conocieron como islas sebaldinas.

En 1690 John Strong con una expedición inglesa descubrió y franqueó el canal que separa las dos islas principales. Los pescadores de Saint Malo (Francia) arribaron en distintas oportunidades al archipiélago austral. Desde entonces estas islas se llamaron Maluinas, de donde se derivó el nombre de Malvinas.

En 1764 Luis de Bougainvile, salió de Saint Maló, con una expedición y fundó el fuerte Luis en la isla Soledad, llamado así en honor de Luis XV.

Al año siguiente el gobierno inglés envió una expedición, cuyo itinerario mantuvo en secreto. Desembarcaron en la isla Saunders y construyeron puerto Egmont, tomando posesión del archipiélago.

El gobierno español reclamó al francés por el establecimiento fundado por l3ougainville. Esta nación reconoció los derechos de España y le restituyó la posesión de las islas previo pago de una indemnización por los gastos realizados. En consecuencia los españoles ocuparon puerto Luis que llamaron Soledad.

En 1770 el gobernador del Río de la Plata don Francisco Bucarelli envió una fuerte expedición que desalojó a los ingleses. Inglaterra reclamó por ello a España y como las relaciones se pusieron muy tirantes y se realizaron aprestos bélicos en Londres, el gobierno de Madrid aceptó un arreglo amistoso, por el que se comprometía a devolver puerto Egmont, aunque declaró que ello no afectaba su soberanía sobre las Malvinas. En virtud de este acuerdo los ingleses procedieron a ocuparlo nuevamente.

En 1774 tal vez por un pacto secreto entre Inglaterra y España, aunque el gobierno inglés señaló que era por razones de economía, los ingleses evacuaron puerto Egmont, dejando una placa de plomo donde se reafirmaba su soberanía sobre las Malvinas.

A partir de entonces y hasta 1807 solamente hubo gobernadores españoles dependientes de los virreyes del Río de la Plata, con sede en puerto Anunciación, en la isla Soledad.

Producida la Revolución de mayo de 1810, Elio dispuso que las islas fuesen evacuadas, situación que perduró durante nueve años.

En 1820 el gobernador Martín Rodríguez envió una expedición que tomó posesión del archipiélago en nombre del gobierno de Buenos Aires, notificando de este hecho y de la prohibición de pescar y cazar en las islas a los barcos extranjeros. En 1823 el gobierno concedió autorización a don Luis de Vernet para instalar una pesquería e introducir ganados en las Malvinas.

El imperialismo inglés se apodera de las islas Malvinas

Luis Vernet fue nombrado titular de la comandancia política y militar de las islas Malvinas en 1829, con sede en la isla Soledad. En ejercicio de sus funciones apresó a tres goletas norteamericanas que quebrantaron las leyes argentinas. Como represalia, en 1831 llegó al puerto Soledad la corbeta norteamericana Lexington, que apresó a los funcionarios y destruyó propiedades.

corbeta clio

En medio de esta situación, el 2 de enero de 1833 irrumpieron frente al puerto Soledad las fragatas inglesas Clio y Tyne intimando al coronel Pinedo a evacuar las islas. Sin ofrecer resistencia, Pinedo se retiró con su goleta Sarandí y así se perdió el dominio sobre las islas que quedaron en manos de su Majestad Británica.

Un estado es considerado imperialista cuando ejerce dominación sobre otro u otros estados. Que los ingleses se hayan apoderado, por la fuerza, de las islas Malvinas es un ejemplo de imperialismo

Fuente Consultada:
Historia Argentina de Etchart – Douzon – Wikipedia –
 La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada.

El Mestizaje en el Rio de la Plata La Conquista de España Sociedad

El Mestizaje en el Río de la Plata
La Conquista Española

Asunción del Paraguay: el paraíso terrenal: Entre tanto se había fundado Asunción del Paraguay (15 de agosto de 1537) en tierras de nativos mansos y agricultores: los guaraníes. Domingo Martínez de Irala, fue quien tomó a su cargo esta población, aspiraba a la sucesión de Mendoza. Respaldó su pretensión el veedor real venido de España para solucionar el vacío político provocado por la ausencia de Ayolas.

Guaranies en Paraguay

Guaranies en Paraguay

El nuevo gobernante estaba decidido a cambiar el eje de la Conquista, abandonar la desembocadura del río e instalarse en Asunción, donde la mansedumbre de los indígenas aseguraba la fuerza de trabajo indispensable para la colonización.

El poblado gozaba de las ventajas de un clima cálido, nativos cordiales y mujeres trabajadoras y buenas amantes. En contraste con el medio hostil de la desembocadura del Plata, Asunción aparecía casi como un paraíso terrenal.

Irala ordenó que se abandonara a Buenos Aires. Sin embargo, un grupo de hombres se negaron a dejar el puerto, argumentando que era la única pero sólida ventaja consistía de encontrarse más cerca del Atlántico y por ende de España que el lejano enclave aguas arriba del Paraná y el Paraguay. A Buenos Aires llegaba cada tanto una nave con mercancías y nuevos pobladores. La madera y las piedras que faltaban en la llanura inmediata se obtenían con facilidad en el Delta y en la costa oriental del gran río.

Pero las órdenes eran terminantes. El sitio se abandonó (1541) y donde había estado el poblado se dejaron informaciones acerca del derrotero a seguir. Al irse los colonos, los potros y yeguas que habían venido con ellos quedaron en libertad. Con el tiempo, éstos sentaron las bases de la riqueza pecuaria de la llanura rioplatense.

Irala impuso su liderazgo en Asunción por veinte años más hasta su fallecimiento. Supo congraciarse con la Corona y hacer jugar el aislamiento de esta ciudad en beneficio de su liderazgo. Su pragmatismo y su popularidad entre los soldados le permitieron desalojar a Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el segundo Adelantado del Río de la Plata, un explorador, inteligente y letrado, que había vivido aventuras extraordinarias y naufragios en América del Norte y que se empeñó vanamente en proteger a los indígenas frente a los abusos de los encomenderos.

Narra Ulrico Schmidl el clima de violencia de esos tiempos:

“Los cristianos estuvimos los unos contra los otros y no nos concedimos nada bueno el uno al otro; nos batimos día y noche los unos contra los otros. Entraron en razón sólo ante la amenaza de que los indígenas aprovecharan estas rencillas para rebelarse«.

La colonización del Paraguay tuvo rasgos originales. Dice Rosenblat que un pequeño núcleo conquistador pudo, en el transcurso de varios siglos de relativo aislamiento, mestizar a casi toda la población indígena del país.

Las nativas fueron entregadas voluntariamente por los ancianos de sus comunidades a los españoles, jugadas a los dados o tomadas por la fuerza en auténticas cacerías. En vano denunciaban los clérigos el abuso de salir a buscar “manadas de mujeres para su servicio, como quien va a la feria y trae una manada de ovejas, incluso sin  reparar siquiera en en el parentesco”. El tema de la servidumbre y de la esclavitud en los orígenes de la colonización del Río de la Plata ha sido estudiado en profundidad por Silvio Zavala.

En su moral sexual, Asunción estaba conformada por conquistadores que habían logrado convertirse en dueños de harenes de 70 mujeres, era un “paraíso de Mahoma”, más que un modelo de sociedad cristiana.

Sin embargo, esa sociedad de la frontera necesitaba para su vida material de la industria del Viejo Mundo y precisaba para mantener la cohesión social los valores religiosos del catolicismo. Desde la óptica de los conquistadores, si el mundo indígena prevalecía por falta de madres españolas y cristianas, la colonización estaba destinada a desaparecer en un corto plazo. Recordemos que el hijo mestizo valía para España solamente si se incorporaba a la cultura paterna.

Prueba de la importancia de este concepto es la oferta de Irala de perdonarles la vida a dos capitanes rebeldes, a condición de que se casaran con sus hijas mestizas, Marina y Úrsula. Estos matrimonios mixtos, resultado de un “pacto de sangre”, dieron lugar a linajes patricios del Paraguay y el Río de la Plata.

En 1555 llegó a Asunción un importante núcleo de nuevos pobladores, encabezado por doña Menda Calderón de Sanabria, viuda del tercer Adelantado del Río de la Plata, el cual había muerto antes de comenzar la empresa. Venían con doña Menda cuarenta doncellas y además hidalgos, soldados y artesanos. Eran los restos de lo que se había proyectado en la Península como una gran expedición de refuerzo. Este contingente, luego de padecer toda suerte de trastornos y naufragios, realizó a pie el trayecto desde San Vicente hasta Asunción, por elGuayrá, un camino que podía recorrerse con relativa seguridad.

Para las mozas sin dote ni fortuna, la posibilidad de encontrar marido legítimo en esa sociedad marginal resultaba un incentivo poderoso. Y para Asunción, la llegada del contingente femenino reforzó a la empresa colonizadora que con tantas dificultades se estaba llevando a cabo.

Esta empresa era ingrata, pródiga en falsas expectativas y en frustraciones.  La Conquista del Río de la Plata fue popular al principio y se desprestigió después. De haber quedado librada al arbitrio de la iniciativa particular y de la libre voluntad de los mercaderes, dice Richard Konetzke, se hubiera perdido lo iniciado con tanto esfuerzo. Su continuidad exigió un esfuerzo especial de la Corona para llevarla adelante y la obstinación de los sobrevivientes. Sólo a fines del siglo XVI, como se verá en otro capítulo, la Conquista estuvo suficientemente estabilizada.

Sin embargo, la Ciudad de los Cesares, no era más que el ya conocido y repartido Potosí. El mito murió en parte ahí. Muchos empezaron a aceptar que su destino: fundar ciudades, controlar las tierras y frenar a los nómades nativos.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Ver: El Mestizaje en América Colonial

La Conquista Española en el Rio de la Plata El Mar Dulce de Solis

La Conquista Española en el Río de la Plata
El Mar Dulce de Solís

La hora de los exploradores y colonos: Una vez dispersados los orgullosos capitanes de Mendoza, 500 europeos permanecían en el puerto de Buenos Aires librados a su suerte pero aferrados al sueño de la conquista y honor.

Este pequeño núcleo no se desanimó por el aislamiento, las privaciones y el abandono. Contaban con un buen gobierno, ejercido por uno de los lugartenientes del Adelantado. Bajo esta conducción, los sobrevivientes apelaron a su capacidad y a su ingenio, como ese estudiante sin oficio alguno que fabricó sus propios anzuelos de pesca, peines y hasta una rueda de moler, o aquel soldado tan diestro que era capaz de matar un tigre de un solo tiro de ballesta.

Todos sin distinción tuvieron que trabajar con sus manos las sementeras; aprendieron a sembrar el maíz en septiembre; trigo y hortalizas entre mayo y julio. De este modo, en un par de años solucionaron el problema del hambre y engordaron un poco. Disponer de sus propios alimentos los independizó de los indígenas, que desconfiaban en servirles.

Figuraban entre estos colonos, señala el historiador Lafuente Machain, quienes formaron los primeros centros de población permanente en el Río de la Plata. Los más jóvenes, como el carpintero Antonio Tomás, venido a la edad de 15 años, estuvieron presentes en la fundación de la segunda Buenos Aires, cuarenta y cuatro años más tarde; Nufrio de Chaves, hombre resuelto y optimista, dice de él Levillier, fundó la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561 y Alonso Riquelme de Guzmán conquistó el Guayrá.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Los Conquistadores Españoles en el Mar Dulce de Solis Hambre en el Mar

El Hambre truncando sueños.

hambre en buenos aires

Las condiciones de vida eran penosas: faltaban alimentos, materiales de construcción, y mano de obra. Los indígenas sitiaron la mísera aldea y lanzaron flechas incendiadas sobre los ranchos de paja. En esta situación angustiosa, aislados y sin recursos, los primeros habitantes de Buenos Aires empezaron a comerse todo lo que estaba a su alcance: ratas, ratones, víboras, cueros, zapatos, carne podrida, caballos y luego los cadáveres de los ahorcados que fueron castigados por comerse los caballos a pesar de las prohibiciones.

Hubo incluso quien asesinó para comer. Mucho después de estos hechos, recordaban los memoriososlos nombres de quienes habían comido carne humana urgidos por las circunstancias, como un tal González Baitos, que vivía entonces en el sur de Brasil.

En medio de esta catástrofe, las pocas mujeres que habían acompañado a los soldados dieron prueba de una gran resistencia física y de serenidad. Isabel de Guevara, una de aquellas primeras pobladoras, explicó lo ocurrido en estos términos: -“Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, así en lavarles la ropa como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, cuando algunas veces los indígenas les venían a dar guerra (…) porque en este tiempo como las mujeres nos sustentamos con poca comida, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres”.

Sólo la tercera parte de los expedicionarios sobrevivió al hambre, las enfermedades y los ataques de los indígenas del territorio rioplatense.

Con el tiempo las cosas mejoraron y los querandíes “tan trashumantes como los gitano –en palabras de Ulrico Schmidl– desaparecieron en la inmensidad de la llanura”.

Mendoza, sin haber pasado las penurias del hambre, pues siempre tuvo alimentos variados en su mesa, se encontraba gravemente enfermo. Padecía de sífilis, el “mal gálico” como se lo llamaba entonces, contraído en las guerras de Italia. A pesar de su mala salud, y de la debilidad de su hueste, el Adelantado se empeñó en cumplir con las tres fundaciones a las que se había comprometido:

Buenos Aires que fue el primer establecimiento; Corpus Christi  -río arriba- el segundo, y Buena Esperanza, el tercer fuerte, fundado por Mendoza antes de embarcarse de regreso a España. Don Pedro falleció en el viaje y su cuerpo fue arrojado al mar.

La designación del sucesor había recaído en Ayolas, el asesino de Osorio. Pero Ayolas, en la búsqueda de un éxito individualista que lo llevara a la gloria emprendió una exploración en pos de la fabulosa Sierra de Plata de la que no regresó. No hubo más noticias concretas, sólo rumores sobre su posible paradero. Quizá pesaba sobre él la misma maldición que sobre Mendoza, por matar a traición como murmuraban sus soldados. Así, con mucha pena y poca gloria, concluyó lo que pudo ser una página brillante de la historia de la Conquista.

Primer encuentro entre Mendoza y los aborígenes

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de Maria Sánchez Quesada
Por Prof. Historia: Adriana Beresvil

Las Expediciones de Juan Diaz de Solis y Pedro de Mendoza Expedicion

Las Expediciones de Juan Diaz de Solís y Pedro de Mendoza

Una lucida Armada con el objetivo de una gran conquista: fundar ciudades y controlar territorios: Pedro de Mendoza (1499-1537), el primer Adelantado del Río de la Plata, era un noble andaluz, veterano de la campaña de Italia, gentilhombre de Su Majestad y caballero de la Orden de Alcántara. Atraídos tanto por su prestigio personal como por la fama de la tierra a conquistar, 1.500 hombres se alistaron en la Armada. Señores, y personas del  pueblo llano, poseídos de auténtica euforia vendieron hasta su ropa para poder embarcar.

Las Expediciones de Juan Diaz de Solis y Pedro de Mendoza

Pedro de Mendoza funda Buenos Aires

 Entre esta “gente andariega y revoltosa” la mayoría eran españoles extremeños, castellanos, andaluces, aragoneses y valencianos. Pero setenta y dos provenían de tierras alemanas, inglesas, francesas, italianas y portuguesas, brindaban un tono cosmopolita a la expedición. Hidalgos, frailes y clérigos, artesanos, campesinos, escribanos, boticario, cirujano, de todo había, incluso unas pocas mujeres.

Las crónicas hablan de esa “hermosa y lúcida gente”, de sus ropas de seda, espadas de fino acero y caballos de guerra. Dicen asimismo traían también una buena provisión de quesos, vinos y tocinos para las “personas de calidad”. El grueso de la tripulación dependía para alimentarse del altruismo del Adelantado.

Sin embargo, la Armada que zarpaba bajo tan brillantes auspicios no estaba bien preparada para la difícil tarea de poblar. Mendoza traía en su equipaje –y les concedió prioridad- libros de Virgilio y de Erasmo, pilares del pensamiento humanista del Renacimiento. Los hizo transportar junto a los caballos que eran indispensables para la guerra, pero dejó de lado al ganado doméstico, vacas, cerdos y mulas necesarios para colonizar.

En la escala de Río de Janeiro ocurrió la primera tragedia. El asesinato con puñaladas y sin juicio previo del capitán Juan de Osorio, “por traidor y amotinador”. La orden fue impartida por el Adelantado. Este hecho pareció un mal presagio, una arbitrariedad y una señal de que Don Pedro estaba sometido a la influencia de un círculo cortesano que le aconsejó deshacerse de Osorio.

El lugar elegido para emplazar el fuerte de “Santa María de los Buenos Aires”, en la banda occidental del Río de la Plata, es asunto discutido por los historiadores. Algunos de ellos afirman, explica Ernesto J. Fitte, que estuvo a la altura de la vuelta de Rocha en el Riachuelo. Otros suponen que fue más cerca del Delta. Pero lo más probable es que haya estado en el actual Parque Lezama.

Una empalizada defendía al rancherío del azote de los tigres que rápidamente se deshicieron  de varios soldados. La tarea más ardua fue alimentar a los pobladores. Los indígenas querandíes de la vecindad les trajeron al principio pescado y otras carnes; sin embargo, dos semanas más tarde se habían alejado del lugar. Entonces comenzaron los padecimientos. Para remediar estas carencias, el Adelantado envió a buscar provisiones a San Vicente (Brasil) y encomendó a su hermano, Don Diego, castigar a los rebeldes indígenas.

El primer encuentro bélico formal entre 4.000 nativos –defensores de sus  tierras- y 300 españoles, teniendo 30 de ellos montados a caballo, se produjo a orillas del Río Luján. Los nativos eran diestros en el uso de armas de piedra y conocían el terreno que pisaban; los europeos empleaban armas de fuego, ballestas y arcabuces, armaduras de hierro, caballos y perros de presa. En esa jornada fría de junio de 1536, los españoles quedaron dueños del campo, pero Don Diego y 30 soldados más perecieron en el combate. “Los rezos de la festividad de Corpus Christi fueron su responso”, dice Alberto Salas en su crónica de este encuentro.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de Maria Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil

Historia de la Exploracion del rio de la Plata Solis y Mendoza

Historia de la Exploración del Río de la Plata

En la búsqueda de una nueva ruta a Asia, Colón cruzo el Atlántico y “tropezó” con América. Tras el descubrimiento de las Nuevas Tierras, Juan Díaz de Solís y Hernando de Magallanes se embarcaron en una aventura al oeste. Se convirtieron en los primeros exploradores del Río de la Plata, estaban convencidos de que el ancho estuario los conduciría al Oriente.

La Conquista del “Mar Dulce” demoró más de siete décadas en concretarse. La primera parte de esa historia comienza en 1516 con el descubrimiento de un río en la región sur de América, el cual luego llamado Río de la Plata.

La exploración, que finalizó en este descubrimiento respondía a la necesidad de encontrar el paso entre el Océano Atlántico y el Pacífico (Mar del Sur). La “vieja” España ignoraba las dimensiones de la masa terrestre que era preciso sortear para alcanzarlo, pero sin dudas, su Monarquía estaba dispuesta a realizar los esfuerzos necesarios para navegar hasta las legendarias islas del Oriente, las Molucas (de la Especiería) y al misterioso país de Ofir mencionado en los documentos de la época.

El Río de Solís

Rumbo a ese impreciso destino partieron desde el puerto andaluz de Sanlúcar dos naves comandadas por un intrépido navegante: Juan Díaz de Solís.

Este portugués al servicio de España era “el más excelente en su arte de los hombres de su tiempo”. Sucedía a Américo Vespucio en el cargo de piloto mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. En un principio su misión había sido apoderarse de las Islas Molucas por la ruta del Cabo de Buena Esperanza, es decir, navegando hacia el Oriente; pero la orden se modificó. Cambió la orientación: recorrer la costa atlántica de Sudamérica y encontrar el paso interoceánico.

En febrero de 1516 las naves avistaron el gran río al que los aborígenes llamaban “Paraná Guazú” (cuyo significado era: grande como el mar o río como mar). Solís, obedeciendo a la mentalidad de la época lo bautizó como “Mar Dulce”, asombrado por la magnitud del estuario de aguas barrosas. Sin embargo el interrogante recién se hacía eco: ¿Era éste el tan anhelado paso entre los dos océanos?

Sin embargo, la exploración aguas arriba concluyó en forma abrupta: Solís y parte de sus hombres murieron a manos de las bandas de indígenas que desde la costa oriental del río venían siguiendo el desplazamiento de las naves.

El descenso a tierra con falsas señales de amistad, el breve combate, la muerte del jefe y el banquete que con sus restos se dieron los nativos, a la vista de quiénes habían permanecido a bordo, cierra el primer capítulo –con un final escalofriante- de la historia de esta conquista. Su intenso dramatismo ha sido recreado por la literatura en poemas y ficciones.

La leyenda del Río de la Plata:

Otro marino portugués al servicio de España, Hernando de Magallanes, comandó la segunda expedición enviada con el propósito –insistente y urgente de la Corona- de descubrir el paso interoceánico. Magallanes juzgó impracticable la exploración del Mar Dulce y navegó hacia el sur.

La expedición hizo escala en la costa patagónica, descubrió el Estrecho y se internó en el Océano Pacífico. Una sola nave de las cinco que componían la armada regresó a España. Había dado la primera vuelta al mundo y comprobado que las codiciadas Molucas estaban en poder de Portugal y por explotaba comercialmente.

 Mientras la Corona diseñaba sus ambiciosas expediciones, los exploradores atendían a los relatos de los aborígenes. Una de las más conocidas era la leyenda de que el “Río de Solís” o “Mar Dulce” que atravesaba toda una región de clima amable y templado, conducía hacia una Sierra de Plata, también llamada el “Imperio del Rey Blanco”, o “Ciudad de los Césares” donde los metales preciosos estaban al alcance de la mano.

En realidad se trataba de una “poética” referencia a la riqueza minera del Perú, de la que los españoles empezaban a tener vagas noticias. Y como la ilusión –acompañada de la avaricia– desempeñó un papel clave en esta serie de mutuos descubrimientos. La región del Plata despertó el interés de muchos por estas reseñas.

La tentación de acceder a ella torció el rumbo de una nueva expedición, esta vez al mando del marino veneciano Sebastián Caboto, quien por encargo de la Corona debía repetir el itinerario de Magallanes.

Caboto oyó hablar de las riquezas del río de Solís a través de relatos de los náufragos y desertores que abundaban en las factorías portuguesas de la costa del Brasil. Alentado por estos indicios, este marino astuto y de carácter despótico decidió desobedecer al rey: – “Yo haré aquí lo que se me antojase”.

Sin razones, castigó a los que protestaban dejándolos en tierra. Contaba en su nueva aventura con la valiosa colaboración de Enrique Montes, un sobreviviente del viaje de Solís. Con alimentos frescos, patos, miel, iguanas, raíces de mandioca y palmitos, mejoró la salud de los exploradores afectada a raíz de la larga navegación.

La expedición de Caboto retomó el viaje rumbo al Gran Río y en la confluencia del Paraná con el Carcarañá construyó el fuerte de “Sancti Spiritu” (1527). Esta primera fortaleza española de la región era precaria, de barro y madera, rodeada por una veintena de ranchos destinados a los tripulantes. De inmediato se sembró trigo, cebada y abatí (maíz) para alimento de estos hombres osados.

Al principio la convivencia con los nativos fue pacífica y las mujeres indígenas fueron dadas como concubinas y trabajadoras a los hombres de piel clara. Pero muy pronto se desencadenaron los conflictos debido al régimen de tareas que exigían los recién venidos.

Mientras Caboto se abocaba a la exploración del Paraná en busca de la Sierra de Plata, uno de sus capitanes, Francisco César, marchaba por tierra en pos del mismo objetivo pero en dirección al sudoeste. Se supone que se internó hasta la serranía de la actual San Luis, un periplo que la imaginación de sus contemporáneos convirtió en la leyenda de la Ciudad de los Césares. Esta leyenda se sumó a la de la Sierra de Plata, el imperio del Rey Blanco, Trapalanda y LinLín. Una suma de leyendas, mitos que incrementaban peligrosamente el apetito por la riqueza.

La llegada de un marino veterano de otras expediciones, Diego García, vecino de la villa de Moguer, con dos bergantines y 60 hombres, estuvo a punto de provocar una lucha por el poder entre los dos jefes (1528). García, lo mismo que Caboto, había torcido el rumbo hacia el Río de la Plata en lugar de dirigirse a las Molucas. Mientras discutían sus respectivos derechos, los indígenas procedieron a destruir el Sancti Spiritu.

En la época colonial, el relato aseguraba que común ese ataque se gestó por culpa del amor contrariado del cacique Sirípo hacia la bella española Lucía Miranda, esposa de uno de los soldados. Así lo afirmaba Ruy Díaz de Guzmán, el primer historiador criollo del Río de la Plata. Sin embargo, ningún dato fehaciente respalda esta romántica leyenda que justifica la catástrofe del fuerte en la pasión, la venganza y los celos.

Caboto se apresuró a volver a España dejando abandonados a varios de sus compañeros. Por su desobediencia y por las crueldades cometidas contra su propia gente, fue sometido a juicio en la Península. Pero debido a los indicios de riquezas que había encontrado, unas piezas de metal que tenían los indígenas, “el río de Solís” empezó a ser conocido por su nombre definitivo: el Río de la Plata.

El oro del Perú

Hacia 1530 Carlos V reinaba en España, en Indias y en el Sacro Imperio Romano Germánico y concentraba sus capacidades en atender a las interminables guerras desarrolladas en Italia y al conflicto religioso presente en las ciudades y principados alemanes; y sus capitanes ganaban para honor de su real nombre, un imperio formidable en el Nuevo Mundo.

Historia de la Exploracion del rio de la Plata

En 1532 se produce la conquista del Perú. La noticia de que Francisco Pizarro había llegado al Cuzco  -el ombligo del mundo andino-, arrasado sus tesoros, destruido sus templos, sometido a sus curacas y violado a las vírgenes del Sol, devolvió el atractivo a la empresa del Río de la Plata. La llegada del tesoro del Inca a Sevilla —el quinto del botín que le correspondía al rey— despertó admiración y envidias.

En este clima se convocó a “conquistar y poblar las tierras y provincias que hay en el Río de Solís que llaman de la Plata donde estuvo Sebastián Caboto, y por allí calar y pasar la tierra hasta llegar a la mar del Sur” (el Pacífico).

Don Pedro de Mendoza, fue quien encabezó la nueva Armada.  Este nuevo protagonista de la exploración, había capitulado con el rey fundar tres fortalezas de piedra dentro de la jurisdicción sin límites precisos que se le había otorgado en 1534.

La misión encomendada a Mendoza constituía un freno a la expansión de los portugueses, quiénes desde sus factorías del sur de Brasil, San Vicente, Santa Catalina y Los Patos, no se limitaban a comerciar esclavos y maderas finas; también recorrían la región del Río de la Plata. Y además, a través de las regiones selváticas del Gran Chaco, estaban en contacto con el mundo peruano.

hambre en buenos aires

Fundar ciudades y controlar territorios: 

Pedro de Mendoza (1499-1537), el primer Adelantado del Río de la Plata, era un noble andaluz, veterano de la campaña de Italia, gentilhombre de Su Majestad y caballero de la Orden de Alcántara. Atraídos tanto por su prestigio personal como por la fama de la tierra a conquistar, 1.500 hombres se alistaron en la Armada. Señores, y personas del  pueblo llano, poseídos de auténtica euforia vendieron hasta su ropa para poder embarcar.

Las Expediciones de Juan Diaz de Solis y Pedro de Mendoza

Pedro de Mendoza funda Buenos Aires

 Entre esta “gente andariega y revoltosa” la mayoría eran españoles extremeños, castellanos, andaluces, aragoneses y valencianos. Pero setenta y dos provenían de tierras alemanas, inglesas, francesas, italianas y portuguesas, brindaban un tono cosmopolita a la expedición. Hidalgos, frailes y clérigos, artesanos, campesinos, escribanos, boticario, cirujano, de todo había, incluso unas pocas mujeres.

Las crónicas hablan de esa “hermosa y lúcida gente”, de sus ropas de seda, espadas de fino acero y caballos de guerra. Dicen asimismo traían también una buena provisión de quesos, vinos y tocinos para las “personas de calidad”. El grueso de la tripulación dependía para alimentarse del altruismo del Adelantado.

Sin embargo, la Armada que zarpaba bajo tan brillantes auspicios no estaba bien preparada para la difícil tarea de poblar. Mendoza traía en su equipaje –y les concedió prioridad- libros de Virgilio y de Erasmo, pilares del pensamiento humanista del Renacimiento. Los hizo transportar junto a los caballos que eran indispensables para la guerra, pero dejó de lado al ganado doméstico, vacas, cerdos y mulas necesarios para colonizar.

En la escala de Río de Janeiro ocurrió la primera tragedia. El asesinato con puñaladas y sin juicio previo del capitán Juan de Osorio, “por traidor y amotinador”. La orden fue impartida por el Adelantado. Este hecho pareció un mal presagio, una arbitrariedad y una señal de que Don Pedro estaba sometido a la influencia de un círculo cortesano que le aconsejó deshacerse de Osorio.

El lugar elegido para emplazar el fuerte de “Santa María de los Buenos Aires”, en la banda occidental del Río de la Plata, es asunto discutido por los historiadores. Algunos de ellos afirman, explica Ernesto J. Fitte, que estuvo a la altura de la vuelta de Rocha en el Riachuelo. Otros suponen que fue más cerca del Delta. Pero lo más probable es que haya estado en el actual Parque Lezama.

Una empalizada defendía al rancherío del azote de los tigres que rápidamente se deshicieron  de varios soldados. La tarea más ardua fue alimentar a los pobladores. Los indígenas querandíes de la vecindad les trajeron al principio pescado y otras carnes; sin embargo, dos semanas más tarde se habían alejado del lugar. Entonces comenzaron los padecimientos. Para remediar estas carencias, el Adelantado envió a buscar provisiones a San Vicente (Brasil) y encomendó a su hermano, Don Diego, castigar a los rebeldes indígenas.

El primer encuentro bélico formal entre 4.000 nativos –defensores de sus  tierras- y 300 españoles, teniendo 30 de ellos montados a caballo, se produjo a orillas del Río Luján. Los nativos eran diestros en el uso de armas de piedra y conocían el terreno que pisaban; los europeos empleaban armas de fuego, ballestas y arcabuces, armaduras de hierro, caballos y perros de presa. En esa jornada fría de junio de 1536, los españoles quedaron dueños del campo, pero Don Diego y 30 soldados más perecieron en el combate. “Los rezos de la festividad de Corpus Christi fueron su responso”, dice Alberto Salas en su crónica de este encuentro.

3333Las condiciones de vida eran penosas: faltaban alimentos, materiales de construcción, y mano de obra. Los indígenas sitiaron la mísera aldea y lanzaron flechas incendiadas sobre los ranchos de paja. En esta situación angustiosa, aislados y sin recursos, los primeros habitantes de Buenos Aires empezaron a comerse todo lo que estaba a su alcance: ratas, ratones, víboras, cueros, zapatos, carne podrida, caballos y luego los cadáveres de los ahorcados que fueron castigados por comerse los caballos a pesar de las prohibiciones.

Hubo incluso quien asesinó para comer. Mucho después de estos hechos, recordaban los memoriososlos nombres de quienes habían comido carne humana urgidos por las circunstancias, como un tal González Baitos, que vivía entonces en el sur de Brasil.

En medio de esta catástrofe, las pocas mujeres que habían acompañado a los soldados dieron prueba de una gran resistencia física y de serenidad. Isabel de Guevara, una de aquellas primeras pobladoras, explicó lo ocurrido en estos términos: -“Vinieron los hombres en tanta flaqueza, que todos los trabajos cargaban de las pobres mujeres, así en lavarles la ropa como en curarles, hacerles de comer lo poco que tenían, limpiarlos, hacer centinela, rondar los fuegos, armar las ballestas, cuando algunas veces los indígenas les venían a dar guerra (…) porque en este tiempo como las mujeres nos sustentamos con poca comida, no habíamos caído en tanta flaqueza como los hombres”.

Sólo la tercera parte de los expedicionarios sobrevivió al hambre, las enfermedades y los ataques de los indígenas del territorio rioplatense.

Con el tiempo las cosas mejoraron y los querandíes “tan trashumantes como los gitano –en palabras de Ulrico Schmidl- desaparecieron en la inmensidad de la llanura”.

Mendoza, sin haber pasado las penurias del hambre, pues siempre tuvo alimentos variados en su mesa, se encontraba gravemente enfermo. Padecía de sífilis, el “mal gálico” como se lo llamaba entonces, contraído en las guerras de Italia. A pesar de su mala salud, y de la debilidad de su hueste, el Adelantado se empeñó en cumplir con las tres fundaciones a las que se había comprometido:

Buenos Aires que fue el primer establecimiento; Corpus Christi  -río arriba- el segundo, y Buena Esperanza, el tercer fuerte, fundado por Mendoza antes de embarcarse de regreso a España. Don Pedro falleció en el viaje y su cuerpo fue arrojado al mar.

La designación del sucesor había recaído en Ayolas, el asesino de Osorio. Pero Ayolas, en la búsqueda de un éxito individualista que lo llevara a la gloria emprendió una exploración en pos de la fabulosa Sierra de Plata de la que no regresó. No hubo más noticias concretas, sólo rumores sobre su posible paradero. Quizá pesaba sobre él la misma maldición que sobre Mendoza, por matar a traición como murmuraban sus soldados. Así, con mucha pena y poca gloria, concluyó lo que pudo ser una página brillante de la historia de la Conquista.

Primer encuentro entre Mendoza y los aborígenes

La hora de los exploradores y colonos:

Una vez dispersados los orgullosos capitanes de Mendoza, 500 europeos permanecían en el puerto de Buenos Aires librados a su suerte pero aferrados al sueño de la conquista y honor.

Este pequeño núcleo no se desanimó por el aislamiento, las privaciones y el abandono. Contaban con un buen gobierno, ejercido por uno de los lugartenientes del Adelantado. Bajo esta conducción, los sobrevivientes apelaron a su capacidad y a su ingenio, como ese estudiante sin oficio alguno que fabricó sus propios anzuelos de pesca, peines y hasta una rueda de moler, o aquel soldado tan diestro que era capaz de matar un tigre de un solo tiro de ballesta.

Todos sin distinción tuvieron que trabajar con sus manos las sementeras; aprendieron a sembrar el maíz en septiembre; trigo y hortalizas entre mayo y julio. De este modo, en un par de años solucionaron el problema del hambre y engordaron un poco. Disponer de sus propios alimentos los independizó de los indígenas, que desconfiaban en servirles.

Figuraban entre estos colonos, señala el historiador Lafuente Machain, quienes formaron los primeros centros de población permanente en el Río de la Plata. Los más jóvenes, como el carpintero Antonio Tomás, venido a la edad de 15 años, estuvieron presentes en la fundación de la segunda Buenos Aires, cuarenta y cuatro años más tarde; Nufrio de Chaves, hombre resuelto y optimista, dice de él Levillier, fundó la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en 1561 y Alonso Riquelme de Guzmán conquistó el Guayrá.

Fuente Consultada: La Argentina, Historia del País y Su Gente de María Sánchez Quesada
Por Prof. Historia Adriana Beresvil