Hombres del Renacimiento II

Biografia de Ludovico Sforza Duque de Milán

Biografía de Ludovico Sforza Duque de Milán

LUDOVICO SFORZA, DUQUE DE MILÁN (1452-1508)
Ludovico Sforza, denominado el Moro, es una de las figuras más singulares entre los príncipes italianos del momento de transición del Cuatrocientos al Quinientos.

La ruina del poder de los Médicis en Florencia le elevó por un instante al vértice de la política italiana; pero su fortuna fué fugaz como la luz del relámpago.

Cayó bajo los golpes de Venecia y, en particular, de Francia. Sin embargo, queda como un exponente clásico del príncipe del Renacimiento, gran mecenas y protector de las artes, pero sin escrúpulos para adueñarse del poder del Estado.

Ludovico Sforza
Ludovico Sforza, llamado el Moro, a los 42 años se convirtió en Duque de Milán, y tomó parte en la primera y segunda guerras italianas y. Se hizo famoso por ser mecenas de Leonardo da Vinci y otros artistas. Murió a los 55 años.
Fecha de nacimiento: 27 de julio de 1452, Vigevano, Italia
Fallecimiento: 27 de mayo de 1508, Loches, Francia
Cónyuge: Beatriz de Este (m. 1491–1497)
Hijos: Francisco II Sforza, Maximiliano Sforza, Bianca Giovanna Sforza, Giovanni Paolo I Sforza, Cesare Sforza

Era el cuarto hijo legítimo de Francisco Sforza, el gran condottiero, y de Blanca María Visconti. Vió la luz en Vigevano el 27 de julio de 1452.

Educado por su madre, muy pronto fue separado de ella para dedicarle a las actividades políticas.

En 1165 fue armado caballero, y en 1466, a la muerte de su padre, fué nombrado gobernador de Cremona, amenazada por un posible ataque de los venecianos al mando de Bartolomé Colleoni.

Coniurado este peligro, ocupó varios cargos de responsabilidad durante el gobierno de su hermano Galeazzo María. Cuando éste pereció asesinado en 1476, se hallaba en Francia con su hermano mayor Sforza María.

Ambos regresaron a Milán para disputar la regencia de Juan Galeazzo a la viuda Bona de Saboya y al ministro Simonetta. Apoyados en el elemento gibelino de la ciudad, los Sforzas dieron un golpe de estado el 25 de mayo de 1477, que terminó con un gran fracaso.

Ludovico fue desterrado a Pisa, al objeto de que estudiara para la carrera diplomática. Poco después, la sublevación de Genova permitía a Sforza María renovar sus actividades subversivas.

Ludovico imitó su ejemplo. Con auxilios que recibió de su cuñado el rey de Nápoles, se unió a las huestes de su hermano en la costa ligur. La muerte de Sforza María en julio de 1479, dejóle libre el campo.

A través de Tassino, favorito de Bona de Saboya, supo captarse la voluntad de la regente. De regreso a Milán el 7 de septiembre de 1479, promovió la detención de Simonetta y la eliminación de sus adversarios políticos. El 3 de noviembre de 1480 lograba ser reconocido regente por su sobrino, el débil e irresoluto Juan Galeazzo.

Ludovico actuó en la regencia como sí fuera verdadero duque. Su política fué, en general, afortunada. Contuvo las pretensiones de Venecia, rechazó las agresiones de los suizos (1487) y restauró la autoridad de los Sforzas en Genova (1487), quebrantada en 1478.

Sin embargo, tuvo que admitir para esta república la alai, soberanía de Francia, cuyos tentáculos se extendía al ducado de Saboya y a los marquesados de Montferrato y Saluzzo. Apoyó a los Sforza de la Romana contra Florencia (1488).

Respecto al rey de Napoles Ferrante, le devolvió en un principio el apoyo que antes le habia prestado. Pero las relaciones entre las dos cortes se agriaron cuando Ludovico no quiso dar el poder a su sobrino Juan Galeazzo, casado con Isabel de Aragón, al llegar a su mayoría de edad.

Estas circunstancias impulsaron a Ludovico el Moro a estrechar sus relaciones con Carlos VIII de Francia quien ambicionaba renovar las pretensiones de los Arajou sobre el reino de Napoles.

El regente del ducado de Milán favoreció los proyectos del monarca francés aunque para evitar sus excesivas ambiciones procure asegurar su posición haciéndose otorgar la investidura del ducado por el emperador Maximiliano de Austria el 3 de septiembre de 1494.

La empresa de Carlos VIII y la notoriedad de los éxitos franceses, junto con la? pretensiones del duque de Orleáns a la corona milanesa, determinaron que Ludovico se apartara de su aliado y pasara a engrosar la Liga de Venecia de 1495, la cual provocó la retirada del ejército expedicionario francés en Italia.

En 1496, duque reconocido por la muerte de Juan Galeazzo sin sucesión, acaecida el 21 de octubre de 1494, Ludovico el Moro parecía hallarse en la cúspide de su poder. Pero jamás las apariencias fueron tan engañosas.

Francia había reconocido la excepcional importancia del Milanesado para sus planes italianos, y, para reducir a Ludovico el Moro, buscó y halló aliada en Venecia y Suiza. Aislado el duque de Milán, Luis XII —el duque de Orleáns que había sucedido a Carlos VIII en 1497 en el trono de Francia — lanzó un nuevo ejército sobre Italia (1499).

Muchas fueron las defecciones entre los defensores del Moro, de modo que éste tuvo que huir de Milán y refugiarse en Innsbruck (septiembre de 1499).

Aquí buscó refuerzos para recobrar el ducado, empresa que intentó al año siguiente. Traicionado en Novara por los suizos, cayó en poder de loa franceses (8 de abril de 1500), quienes le trasladaron a Francia y le encerraron en la fortaleza de Lys-Sain-Georges, en el Berry.

Después de un intento de fupaa Ludovico fue transferido al castillo de Loches, donde murió el 27 de mayo de 1508. Así terminaron los días de quien había sido esperanza de Italia y protector de Leonardo de Vinci y del Bramante.

fuente

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Ricas y Poderosas Familias Italianas del Renacimiento Los Papas

RICAS Y PODEROSAS FAMILIAS ITALIANAS DEL RENACIMIENTO

A partir del siglo XV, la estructura de la sociedad feudal (los que oran los que trabajan y los que guerrean) se va transformando gradualmente. Entre los dos estamentos medievales mas importantes comenzó a surgir un tipo de individuos que, por vivir en los burgos (ciudades), fueron llamados burgueses. La producción artesanal y el comercio les proporcionó un cierto enriquecimiento, que a partir del siglo XII tendrá dos consecuencias bien visibles. La primera es el surgimiento de «ciudades-estado» o «comunas» que llegan a ser dominadas por comerciantes, como ocurrió en la Antigüedad.

Son las ciudades del Norte de Alemania y de los Países Bajos (las ciudades de la Hansa, Amberes, Brujas,, etc.) y, después, las del Norte y Centro de la actual Italia: Florencia, Siena, Milán, etcétera. La segunda es el préstamo de parte de la riqueza acumulada por muchos de ellos a los soberanos de algunos viejos reinos feudales, como el de Francia. Estos monarcas habrán de utilizar las fortunas burguesas para fortalecer la corona y el Estado.

Negocios con el Dinero: la Banca. Las rápidas y crecientes operaciones comerciales llevaron a las ciudades italianas del Norte (Florencia especialmente) a saldar sus operaciones mediante letras de cambio, y la aparición de banqueros que recibían depósitos y efectuaban préstamos sobre prendas e hipotecas, o aseguraban navíos, se hizo expediente común en las operaciones comerciales. La banca florentina extendió sus operaciones a todo el Occidente cristiano, y la Santa Sede no permaneció ajena en modo alguno a esta política bancada, que tendría una influencia recíproca sobre la actividad industrial.

Si se considera el robustecimiento de los Estados nacionales, el papel reservado al capital resulta más revelador. Los Estados, cada vez más necesitados de numerario para hacer frente a sus empresas militares o financieras, recurrieron a la banca internacional: banqueros italianos, en Inglaterra, Países Bajos o Francia; judíos portugueses convertidos, en Alemania; los Fugger para los Habsburgos, etcétera.

La mayor contribución de las postrimerías medievales al nacimiento del capitalismo moderno estuvo constituida, sin duda, por el desarrollo en la organización de las transacciones de moneda extranjera y por los progresos de la técnica bancaria, evidenciados por las casas de Genova y Florencia, que extendieron sus agencias por todos los confines. Por otra parte, no existía una moneda definida, sino monedas metálicas con su dominio de acción fijado. El oro correspondía al nivel superior; el cobre, a la vida cotidiana de los humildes, y la plata era de amplia circulación en la vida normal. Se trataba de un trimetalismo sin relaciones fijas de los valores respectivos, verdadera herramienta y «motor» del capitalismo de tipo comercial.

En el siglo siguiente se crearon los grandes bancos públicos, que permitieron la utilización generalizada del papel moneda, dotando así a la economía de intercambio de un instrumento flexible v adecuado.

PRÍNCIPES, MERCADERES, BANQUEROS Y PARLAMENTOS
En los despachos de los mercaderes se acumulan monedas de oro y de plata. Dinero que en toda Europa es aceptado a cambio de bienes y servicios. Al comienzo, los comerciantes italianos de la Baja Edad Media son tímidos y respetan a los señores feudales. Pagan derechos de peaje para cruzar sus feudos e impuestos para comerciar en sus tierras. Mas, a medida que hacen fortuna, contratan guardaespaldas para que los acompañen en sus viajes, dando con ello origen a pequeñas milicias particulares.

Van percibiendo su fuerza, dejan de pagar derechos a los señores más débiles, los expulsan de la ciudad, eligen para gobernarla a gente de su confianza y crean concejos ciudadanos. Los burgos bien fortificados, defendidos por milicias permanentes y bien pagas (al contrario de las feudales),con dinero para comprar informaciones y conciencias, se convierten en verdaderas potencias que escapan del control de los nobles y con las cuales el rey, a veces, se alía.

Ese capitalismo inicial, que se puede llamar protocapitalismo (otros lo denominan «capitalismo aventurero») nacido del comercio, las industrias incipientes, los préstamos de dinero y la navegación ultramarina, es el principal responsable del gran florecimiento del arte y la cultura conocido como Renacimiento italiano.

En las ciudades, los ricos banqueros que constituyen la cúspide de este grupo circulan entre el pueblo, rodeados por sus guardias personales, y con frecuencia sus espadachines se trenzan en luchas sangrientas por el dominio del pequeño «Estado». Cuando alguno de ellos, o sus familias, llegan a controlar una «Ciudad-Estado», se transforman en señores, duques y príncipes que imitan a la nobleza hereditaria, pero su origen es otro, como es otra la fuente de su
poderío: el dinero y no las batallas.

Estamos en la época de las señorías, «principados» independientes donde adquieren fama duques como Lorenzo, el Magnífico, de la familia Medicis, primero comerciantes, después industriales, más tarde banqueros, incluso de la Santa Sede; Ludovico, el Moro, de la familia Sforza; y condottieri (jefes guerreros mercenarios) como Gattamelata, Giovanni dalle Bande Nere, Ferruccio Castracani. Hombres que se hacen por el dinero, por la intriga y por la fuerza; semejantes a cometas resplandecientes surgidos de la nada que cruzan rápidos el firmamento político y cultural y caen asesinados, envenenados o depuestos por aventureros igualmente audaces. Con ellos, concluye la inmovilidad medieval y ansias de cambio transforman la sociedad.

El dinero no debe ser atesorado. Debe ser invertido para producir más dinero y más poder. Hasta entonces, esos banqueros comerciaban y se inmiscuían solamente en la política «casera». Pero ocurrió que sus fortunas crecieron tanto que comenzaron a ser empleadas en la política exterior.

PODER CENTRALIZADO, ORIGEN DE LOS ESTADOS NACIONALES
Francia es un buen ejemplo de un reino feudal que se transforma gradualmente en monarquía centralizada.
Filiales de bancos italianos en París financiaron al Rey Felipe el Hermoso. Con esas sumas, Su Majestad pudo sostener grandes ejércitos semipermanentes, tornarse menos dependiente de los grandes nobles y destruir el poder de sus rivales. La Orden de los Templarios, instituto religioso-militar con casas en muchos de los países católicos de entonces, y de gran riqueza, había sido aniquilada. Sus bienes fueron absorbidos en parte por el Tesoro real, y en parte por las cajas fuertes de los banqueros lombardos.

Después Felipe se volvió contra sus pares y les impuso la voluntad de la corona. Pero no empleaba sólo dinero de afuera; el comercio se estaba expandiendo en la propia Francia. El rey había impulsado su desarrollo, protegiendo a los burgueses franceses y extranjeros que negociaban en sus dominios.

Al beneficiarlos, dispone de una fuente permanente de recursos para acrecentar su poder: los burgueses son gente que le presta dinero, que paga impuestos y lucha por él. Dos de sus principales ministros son burgueses ennoblecidos. Y más aún: fortalece una institución reciente, el parlamento (en Francia, tribunal judicial) de los burgueses, favorece el ascenso de legistas y otros burgueses y robustece la representación de las ciudades —el «Estado llano»— en los Estados Generales. Así, además de los dos «Estados» existentes —de los nobles y de los eclesiásticos, que se reúnen en asambleas propias— se fortalece el «Tercer Estado», que tendrá enorme importancia en la historia de Francia y del mundo.

Mas, para beneficiar a los burgueses, el rey tiene que perjudicar a los nobles. Los burgueses voluntariamente pagan impuestos, a cambio de que él los proteja del arbitrio local de los señores feudales. Por eso el rey anula las leyes basadas en costumbres locales y crea una legislación única que sirva para todo el país. Todo cuanto perjudica al comercio, fuente de rentas para la corona —peaje sobre .ciertos territorios, asaltos que los nobles cometen contra los comerciantes—, debe ser juzgado por tribunales de la corona y no por tribunales locales, donde los propios nobles son jueces.

Al ejército semipermanente del rey se añade una hacienda centralizada y una máquina judicial uniforme en escala nacional: es el embrión de un Estado en el cual la corona será el arbitro absoluto.

Una reforma tan amplia no podría realizarse sin la lucha de varias generaciones. Los señores feudales se sienten dejados de lado y heridos en sus intereses. Al morir Felipe el Hermoso, la liga de los grandes nobles asume el poder lanzando como lema el «regreso a los usos de San Luis», esto es, la vuelta a las costumbres feudales. Pero poco duró esa «contrarrevolución».

Los nuevos soberanos no podían gobernar a Francia sin tener en cuenta la enorme riqueza que el comercio iba creando. Cualquier noble que asuma el papel de rey, incluso con la finalidad de «dar una lección a esos labriegos», precisará luego de su dinero no sólo para hacerse independiente de sus rivales sino también para expandir el poderío del Estado. Francia será el primer poder centralizado que la Iglesia enfrentará en Europa. A ella seguirán Bohemia, España, Inglaterra y Holanda. En lugar de integrar un gran «imperio» paneuropeo, realización abortada de Carlos V, preparada por su abuelo’ Maximiliano, se convierten en Estados nacionales con intereses particulares.

Los emperadores de viejo estilo, tan característicos del Sacro Imperio, no habían encontrado una sólida base en que apoyarse; los nuevos soberanos nacionales disponen de una clase social interesada en ayudarlos. Y, cuando la Iglesia, como los grandes nobles, resiste al poder real, se expropian los bienes de la Santa Sede y se interviene en la organización de la jerarquía eclesiástica para someterla a la monarquía absoluta. Es el fin de los sueños de soberanía mundial, no sólo de los emperadores, sino también de los papas, y el principio del Estado nacional moderno.

El proceso que se inicia con la muerte de los Templarios y que obligó a los papas a vivir casi un siglo en Aviñón, bajo la tutela del rey de Francia, se concretará en los grandes cismas, que terminarán por dar origen a las Iglesias nacionales del tipo de la anglicana (de Enrique VIII), a los movimientos de protesta social y autonomía religiosa, como la rebelión hussita o la anabaptista, al luteranismo y al calvinismo de Francia, Suiza, Holanda, Escocia, etc.

ALGO MAS…
LOS BANQUEROS MÁS GRANDES DEL MUNDO

En el lenguaje bancario es muy común utilizar vocablos italianos como: banco, débito, caja, cuenta, cuenta corriente, descuento neto, etcétera. Estos términos fueron creados y difundidos por los grandes financieros italianos que en los siglos XIII, XIV y XV ejercieron actividades bancarias con una riqueza de medios y una técnica tan avanzada, que hasta ese momento no se habían visto.

El centro de la finanza era la ciudad de Florencia. En el siglo XIV había en esta ciudad no menos de cien compañías financieras, con decenas de filiales y centenares de agentes esparcidos por toda Europa occidental. Los Bardi, los Peruzzi, los Strozzi, los Pitti, los Médicis, los Alberti, los Acciaiuoli, eran banqueros florentinos. Pero también debemos Recordar a los Bonsignori y los Frescobaldi, de Siena; los Pisani y ios Tiépolo, de Venecia.

Como se ve por los nombres, se trataba, en su mayoría, de sociedades familiares, es decir, poseídas y dirigidas por los miembros de familias enriquecidas con el comercio. ¿Qué actividad desarrollaban estas bancas?

mercader aleman del renacimientoEn primer lugar facilitaban los pagos y todos los cambios de dinero, instituyendo cuentas corrientes, realizando operaciones de giro, y permitiendo los pagos a distancia por medio de cheques y letras. De este modo, los mercaderes-viajantes dejaban de viajar llevando consigo grandes cantidades de dinero, y evitaban así el peligro de ser robados. Exhibiendo una simple hoja de papel, retiraban en la filial de la banca el dinero necesario, que era luego descontado de sus depósitos existentes en la casa matriz.

Mercader alemán que operó en Milán en el siglo XVI.

En la práctica, casi todas las operaciones financieras desarrolladas por un banco moderno eran realizadas también por estas bancas de hace cinco siglos, que no disponían de calculadoras electrónicas, pero que, no obstante, conocían perfectamente el sistema de «partida doble», y otros métodos avanzados de teneduría de libros contables.

Además de esto, esas bancas acaparaban por intermedio de sus agentes, en la mayoría de los mercados internacionales de Europa, todos los negocios en los cuales hubiera posibilidades de grandes ganancias, como ser: importaciones en Italia de lanas y tejidos, exportación de trigo de Apulia y Sicilia y de productos orientales, seguros, cambio de valores, armamento y flete de barcos. Pero el aspecto más espectacular de las actividades de estas bancas fueron los préstamos.

Que una banca prestara sumas de dinero a la administración del Estado era una cosa normal, y constituía para el rico banquero una forma de prepararse el camino al señorío sobre la ciudad. Pero pronto recurrieron a las bancas, para obtener financiaciones, los príncipes de otros Estados, y hasta los reyes de Francia e Inglaterra, que se hallaban en permanente necesidad de dinero para mantener sus ejércitos. Y así, los ciudadanos de Florencia comenzaron a prestar dinero a los reyes.

En 1435 prestaron a Eduardo III de Inglaterra un millón trescientos setenta y cinco mil florines… que el rey nunca pudo devolver. Sin embargo, cuando Eduardo IV pidió un nuevo empréstito a Cosme de Médicis, éste se lo concedió, y le fue devuelto el dinero junto con apoyo político.

Fuente Consultada:
Enciclopedias Consultora Tomo 7
Enciclopedia del Estudiante Tomo 2 Historia Universal
Enciclopedia Encarta
La Aventura del Hombre en la Historia Tomo I «El Ateneo»
Historia Universal Gomez Navarro y Otros 5° Edición
Atlas de la Historia del Mundo Parragon

La Toma de la Bastilla Causas Juramento juego de pelota Revolucion

La Toma de la Bastilla

CAUSAS DIRECTAS DE LA TOMA DE LA BASTILLA: La humillante derrota francesa por los británicos en la guerra de los Siete Años (1756-1763) «296-297, con la pérdida de las colonias norteamericanas, motivó grandes desembolsos de dinero en la guerra de la Independencia estadounidense (1775-1783) «298-299. Para ello se situó la reforma fiscal en el primer punto de la agenda política.

Bajo el Antiguo Régimen (el «viejo orden» prerrevoludonario), la sociedad francesa se dividía en tres estamentos: nobleza, clero y tercer estado. La nobleza y el clero, apenas un 3% de la población que poseía el 40°/o de las tierras, estaban exentos de impuestos, por lo que la carga fiscal recaía sobre la burguesía (clase media) y el campesinado. Numerosos profesionales liberales influidos por la Ilustración  exigían un papel más importante en el gobierno. El precio del pan casi se dobló por las malas cosechas de 1788-1789, acrecentando la tensión social.

La inquietud y el malestar social se potenciaba. Numerosos folletos, diarios, oradores en cafés o en las calles, evidenciaban la efervescencia popular. Luis XVI que se había visto obligado a aceptar la situación, preparó junto con la reina María Antonieta y sus seguidores (la corte y la nobleza de toga) un golpe de Estado con la intención de disolver la Asamblea Constituyente. Destituyó a Jacobo Necker, el ministro de Finanzas que contaba con el apoyo popular, y contrató a mercenarios extranjeros que se instalaron en las cercanías del palacio de Versalles.

La Asamblea exigió al monarca el retiro del ejército, pero Luis XVI se mantuvo firme. En respuesta, el 14 de julio de 1789 se produce el primer levantamiento popular de la revolución: la toma de la Bastilla. Una multitud invadió la fortaleza estatal (prisión) y se adueñó del armamento que allí existía.

La toma de la Bastilla, considerada como un símbolo de la Revolución Francesa, fue un episodio de importancia por que señaló que el poder pasaba del rey a la Asamblea y entregó armas a la población de París.
El pueblo común comenzó a participar directamente en las cuestiones políticas.

EL JUEGO DE PELOTA EL JURAMENTO Los intentos de reforma económica de Luis XVI fueron obstaculizados por los nobles, que lo obligaron a convocar los Estados Generales, un parlamento compuesto por los tres estamentos que no se había reunido en 175 años. Cuando en mayo de 1789 se reunieron en Versalles, el mayoritario tercer estado exigió tener más peso en las votaciones. Al ser rechazada su petición, se escindió y formó la Asamblea Nacional, junto con algunos nobles y clérigos simpatizantes. El 20 de junio se les impidió el acceso a palacio, por lo que se reunieron en una cancha de juego de pelota (leu de Paume) donde juraron «no separarse jamás hasta que la constitución sea aprobada».

LA TOMA DE LA BASTILLA: En el verano boreal de 1789 estalló en Francia una sublevación contra el gobierno de Luis XVI. Diferentes factores provocaron esta revolución, pero si un acontecimiento simbolizó el colapso del poder real frente al descontento popular generalizado fue el asalto de la prisión de la Bastilla, el 14 de julio de ese año.

Construida entre 1370 y 1383 como parte del perímetro amurallado de París, en el s. XVII la Bastilla se convirtió en cárcel para prisioneros políticos. También servía como arsenal, ya que almacenaba grandes cantidades de armas y pólvora. En 1789 la prisión estaba defendida por 18 cañones y 12 piezas de menor calibre, manejadas por una guarnición de 82 «inválidos» (soldados veteranos no aptos para el servicio activo), reforzados por 32 granaderos de un regimiento de mercenarios suizos mandado llamar por el rey Luis XVI unos días antes.

El 14 de julio se propagó por todo París el rumor de que las tropas marchaban hacia la ciudad para sofocar las protestas contra el rey. En respuesta a esta amenaza, una multitud de entre 600 y 1.000 personas, equipadas con armas tomadas del Hotel de los Inválidos, un hospital militar, se apostó frente a la Bastilla para hacerse con su arsenal y defender la ciudad.

Alrededor de las 10.30, la primera de dos delegaciones se reunió con Bernard-René de Launay, gobernador de la Bastilla, con el fin de exigirle que distribuyera las armas entre la muchedumbre. Ambas delegaciones fracasaron, y hacia las 13.30, la gente, que había perdido la paciencia, se abalanzó sobre el indefenso patio exterior. Aunque no es seguro qué bando disparó primero, los cañones abrieron fuego. Hacia las 15, un destacamento de 62 guardias franceses amotinados llegó hasta la prisión y emplazó sus dos cañones frente a los portones. Los combates ganaban intensidad, y de Launay amenazó con volar la fortaleza, pero sus hombres se rindieron y lo obligaron a abrir las puertas.

A las 17.30, la muchedumbre asaltó la Bastilla. El gobernador fue arrastrado hasta el Ayuntamiento y ejecutado junto con al menos dos de sus hombres. Un defensor y 98 asaltantes murieron en la refriega y 78 atacantes resultaron heridos.

La noticia de la toma de la Bastilla recorrió velozmente toda Francia y provocó levantamientos en muchas ciudades. En realidad, la prisión era un símbolo casi vacuo de la tiranía real, ya que sólo albergaba a siete reos, pero su toma significó que el poder había pasado de los que discutían sobre el cambio político a quienes habían pasado a la acción.

QUIENES TOMARON LA BASTILLA: «El propósito inmediato fue encontrar pólvora que había sido enviada allí desde el Arsenal. (…) Se creía que la fortaleza poseía una importante guarnición; sus cañones, que esa mañana apuntaban a la rué Saint-Antoine,* podían provocar un desastre en las casuchas atestadas, se rumoreaba que durante la noche las tropas habían entrado en el faubourg y ya habían comenzado a masacrar a sus ciudadanos. Más aún, (…) la Bastilla era odiada generalmente como símbolo del ‘despotismo’ (…) «Pero falta responder a una pregunta: ¿en realidad, quiénes eran los sitiadores? «La mayoría (…) de treinta y treinta y cuatro años, casi todos eran padres de familia (…) hombres comunes reclutados en los oficios y las profesiones típicas del faubourg y los distritos adyacentes: carpinteros y ebanistas, cerrajeros y zapateros, (…) tenderos, fabricantes de gasas, escultores, trabajadores del río y peones… Pero en un sentido más amplio tal vez podamos coincidir con Michelet en que la captura de la Bastilla fue obra, no de los pocos centenares de ciudadanos provenientes sólo del distrito de Saint Antoine, sino del pueblo de París en general. Se ha afirmado que ese día de 180 000 a 300 000 parisienses estaban bajo las armas.»

George Rude, La Revolución Francesa. Buenos Aires, Vergara , 1989.

Historia de Japón Dinastía Tokugawa Influencia Europea

Historia de Japón
La Influencia Europea

Desde siempre, Japón ha ejercido verdadera fascinación sobre los visitantes extranjeros. Sin embargo, para el occidental sigue siendo muy difícil comprender y conocer a este país y al pueblo que lo habita. Esto se debe a que, a través de los siglos, el pueblo japonés ha evolucionado de modo muy distinto de los países de Occidente. Durante ciertas épocas de su historia, Japón fue tan extraordinario a los ojos de Occidente, que éste lo consideró como algo fantasmagórico.

Japón ha vivido durante mucho tiempo replegado en sí mismo. Hasta el siglo XIX sólo tres veces estuvo mezclado en un conflicto con una potencia extranjera. Otra de las características de la historia de Japón es la influencia especialmente importante de los emperadores y de los sogunes, especie de ministros que sustituyeron a los emperadores y los mantuvieron bajo su tutela.

Pese a su aislamiento, el japonés ha experimentado siempre la influencia del extranjero. Ha sido maestro en el arte de imitar y asimilar elementos procedentes del exterior. La historia del Japón antiguo no puede disociarse de la de China. En efecto, Japón le debe gran parte de su civilización, de su escritura y de sus religiones.

Sabemos muy poco de la historia antigua de Japón: hacia el siglo m de nuestra era, todo el imperio estaba habitado por un pueblo de raza blanca, los ainos. La dinastía imperial habría sido fundada en el año 660 antes de Jesucristo por Jimmu Tenno, que reinó en la isla de Kiusiu y en los alrededores de la isla de Nara, en el sur de la isla de Hondo. Este primer emperador decía descender de Amaterasu, diosa del sol.

La historia propiamente dicha de Japón se divide en cinco grandes períodos: un período de formación cuyo modelo fue China. Un período feudal en el cual nació el sentimiento de la conciencia nacional. El sogunado, o reinado de los sogunes, en el que el poder imperial estuvo eclipsado. La Era Meiji, que restableció el predominio del emperador, y, por último, la época contemporánea, durante la cual Japón cobró el rango de gran potencia mundial.

El período de formación se inició hacia el siglo IV. Procedente de China, el budismo llegó a Japón a través de Corea. Nara pasó a ser la capital política y religiosa del imperio. China ejerció gran influencia, que a partir del siglo VIII fue disminuyendo. Japónfue cobrando cada vez mayor autonomía y el poder de los emperadores aumentó. La vida religiosa manifestó un prodigioso desarrollo, y en Nara, verdadera ciudad monástica, los monjes tenían mucha más autoridad que el emperador.

Por este motivo la capital fue trasladada a Kioto. Se iniciaba un nuevo período: el de los Fujiwara o del Japón feudal (794-1185).

En el siglo IX, el confucianismo dio origen a un código de honor que fue puesto en práctica por unos guerreros llamados samurais. Este código (o moral bushido) aconsejaba que se mantuviera una actitud estoica ante la vida, sin miedo a los peligros y a la muerte. Las dos virtudes principales eran el valor y la fidelidad al emperador.

La historia del Japón de esta época estuvo dominada por un clan noble, el de los Fujiwara. También entonces empezaron a cobrar importancia las grandes familias de los sogunes, de las que las principales fueron los Tokugawa y los Ashikaga, quienes inauguraron la época del sogunado 1185-1867).

En realidad, los sogunes eran jefes militares que se habían adueñado del poder político. El primer sogún se llamó Yoritomo. En 1192 se estableció en Yamakura, en los alrededores de Tokio, y gobernó el país sin contar con el emperador.

Durante los siglos siguientes, los emperadores fueron sucediéndose, pero aproximadamente hasta mediados del siglo xix, el gobierno efectivo del país permaneció en manos de los sogunes.

Cuando el cristianismo fue introducido en Japón, en el siglo XVI, ejercían el poder tres poderosos sogunes: Nobunaga, Hideyoshi e leyasu. Durante el reinado del sogún Tsuneyoshi se produjo el famoso episodio de la venganza de los 4 ronin o caballeros andantes.

Los europeos en Japón
LA HISTORIA INTERNA de Japón en los siglos XVII y XVIII siguió un camino muy diferente. Después de la caída de la última resistencia al dominio del shogún leyasu, fundador de la dinastía Tokugawa, en 1615, Japón gozó de más de dos siglos sin guerra. Durante este período de paz casi sin paralelos, la superficie de tierras cultivadas se duplicó, la producción de arroz se cuadruplicó y la población se triplicó. Pero el peso de esta población creciente siguió siendo extremadamente grande y las revueltas campesinas fueron numerosas.

Sin embargo, la más ligera desviación de la obediencia total a las órdenes de los superiores era castigada con la muerte instantánea. Después de 1590, por ejemplo, el gobierno emitió una serie de edictos prohibiendo el Cristianismo.

Shogun Tokugawa

La fe de los europeos no sólo fue considerada como ajena por los gobernantes de Japón: los shogunes también estaban alarmados porque el Cristianismo había sido adoptado como enseña de independencia por los grandes señores de las regiones costeras y sus dependientes. Los misioneros fueron capturados y ejecutados (a menudo por crucifixión) y los conversos torturados hasta que renegaban o morían.

En parte para impedir la expansión de la proscrita fe y en parte para impedir el excesivo enriquecimiento de los señores de la costa gracias al comercio; de allí en adelante los contactos entre Japón y los europeos fueron mantenidos en un estricto mínimo.

Desde 1639 hasta 1853 sólo se permitió residir en Japón a los holandeses y en realidad durante la mayor parte del tiempo estuvieron confinados en su pequeña manufactura de Deshima, en la bahía de Nagasaki. Prácticamente la única visión que los japoneses corrientes tenían de un europeo era cuando el comisionado holandés y su séquito debían viajar a la corte de los shogunes para rendirles su homenaje en una humillante ceremonia pública. Sólo las grandes utilidades que producía el comercio con Japón hacían que la Compañía Holandesa de las Indias Orientales aceptara este arreglo.

Los beneficios del comercio con Japón eran enormes: entre 25 y 30 toneladas de lingotes de plata eran exportados anualmente de Japón. Gran parte de este metal viajaba directamente a China, donde era usado para adquirir seda cruda, la única materia prima que los japoneses parecían incapaces de producir por sí mismos, pese a su casi insaciable demanda de ella. La fabricación de los magníficos kimonos de seda y otras piezas de vestuario, sin embargo, era realizada completamente por manos japonesas y, hacia 1700, solamente en Kyoto existían 70.000 tejedores de seda.

El gobierno trató tenazmente de reducir el uso de kimonos de seda a los samurai o clase guerrera, pero la costumbre se extendió, estimulada inadvertidamente por una de las iniciativas del propio gobierno.

Los shogunes insistieron en que todos los señores feudales debían vivir un año por medio en su capital Edo (posteriormente rebautizada Tokio), y todos los samurai importantes, a su vez, debían pasar largos períodos en la capital de su señor. Estos centros feudales eran usualmente pueblos-castillo, centrados en torno a una vasta fortificación defensiva; luego se les habían agregado, fuera de las murallas, barrios residenciales, donde mercaderes, artesanos y otros comerciantes podían atender las necesidades de los adinerados visitantes.

Hacia 1800, alrededor del 20 superiores sociales. Inicialmente los shogunes trataron de prohibirlo pero, después de la década de 1650, surgió una brillante ‘cultura alternativa’, cuando los plebeyos acaudalados pudieron satisfacer su vanidad. Desdeñosamente fue conocida como ‘el mundo flotante’ –esto es, un mundo en que la gente podía flotar descuidadamente en un mar de placer– y se encontraba en un barrio especial en todas las ciudades importantes. Restaurantes, teatros, salas de masajes y burdeles florecieron donde la riqueza era exhibida de la manera que su propietario escogiera.

Pero no toda la prosperidad de la clase media fue disipada en entretenciones; también existió un activo comercio de libros y altas inversiones en educación. Hacia 1850, se estima que el 40 por ciento de los varones japoneses sabía leer (cifra que difícilmente podían igualar las sociedades europeas de esos días), y parte de la literatura que leían era de origen occidental.

En Nagasaki, un grupo de intérpretes y estudiosos adquiría libros holandeses en el establecimiento de Deshimay los traducía al japonés. El país puede haber carecido todavía de máquinas movidas por energía y de conocimientos científicos como los de Occidente, pero poseía artesanos de notable habilidad, un sistema financiero y comercial eficiente y un grado moderado de prosperidad en ciudades y campos. Este fue suficiente para responder con éxito a los desafíos de la occidentalización, cuando ésta llegó en 1853, con la aparición de un escuadrón naval norteamericano decidido a abrir el comercio internacional con Japón.

LA APERTURA AL MUNDO: Durante siglos Japón practicó una política estrictamente aislacionista. Sin embargo, en el siglo xix se mostró dispuesto, sobre todo por motivos económicos, a dar acogida a los extranjeros. Muchos japoneses reprocharon al sogún este cambio de actitud y convencieron al emperador para que volviera a hacerse con el poder. Por esta razón, el emperador Mutsu-Hito se abstuvo de nombrar a un nuevo sogún (1867).

Además se decidió a modernizar su país: promulgó una Constitución (1889), estableció la enseñanza obligatoria, hizo construir vías férreas y fomentó la instalación de industrias. Tokio pasó a ser capital. Japón equipó a un ejército numeroso y a una poderosa flota. Durante este período se propagó el espíritu imperialista.

En 1895 y en 1905, el imperio del Sol Naciente salió victorioso de las guerras entabladas, una contra China y otra contra Rusia. En 1910 se anexionó Corea. Después de la primera guerra mundial adquirió algunas posesiones coloniales de Alemania en el océano Pacífico. En 1931 conquistó Manchuria, y en 1937, una parte de la costa oriental de China. En 1941, Japón entró en la segunda guerra mundial al lado de Alemania.

Biografia de Robespierre Resumen Funcion en el Comite de Salvación

Biografía de Robespierre Maximiliano – Resumen –
Funcion en el Comité de Salvación Pública

ANTECEDENTES: 1793, La Convención, dominada por los jacobinos, instaló un régimen de terror que persiguió a los opositores de la revolución.

El poder se concentró en el Comité de Salvación Pública, en el que se destacó Maximiliano Robespierre. Se enviaron representantes a todas las provincias, con amplios poderes para confiscar propiedades, arrestar y condenar a muerte a los enemigos políticos. Esta época recibió el nombre de «período del Gran Terror», por la implacable persecución de los adversarios políticos que realizaban los comités.

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Se destacó por su oratoria como defensor de la justicia y la igualdad, respaldando esa prédica con su comportamiento íntegro. De esta manera se transformó en el líder más sobresaliente del Club de Jacobinos. Miembro de la Asamblea Constituyente y de la Convención Nacional, apoyó la destitución del rey Luis XVI. Miembro del Partido Radical de Montaña, (junto con Danton y Marat), combatió a los girondinos y tras su caída, que él mismo había propiciado, se hizo miembro del Comité de Salvación Pública (1793). Aprobó las medidas radicales y, en 1794, se convirtió en dictador. Eliminó la extrema izquierda (partidarios de Hebert) y los revolucionarios moderados (Danton y Desmoulins). Apoyado en las masas populares, intentó llevar a cabo una democratización radical y crear un «poder de la virtud». Para conseguir sus objetivos, implantó el Sistema del Terror (1793-1794).Sus enemigos de la convención lo encarcelaron y una vez destituido de su cargo fue guillotinado.

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BIOGRAFÍA DE MAXIMILIANO ROBESPIERRE

Maximiliano nació el 6 de mayo de 1758, en Arras, capital del Artois, provincia del noroeste de Francia. Hijo primogénito de Francois Derobespierre y Jacqueline Carrault, tuvo tres hermanos: Agustín —muy ligado a él—, Carlota y Enriqueta.

En el certificado de bautismo, su apellido figuró como «Derobespierre». Las circunstancias que lo llevaron a introducir en él una pequeña alteración denotan algo de su personalidad.

Todavía adolescente y no indiferente a la posibilidad de ascendencia noble que el «de» permitía entrever, Maximiliano separó la partícula del nombre; ella confería un aire vagamente aristocrático al portador.

De la misma manera, cuando en 1790 la Asamblea Constituyente abolió los títulos de nobleza, por iniciativa propia eliminó el «de» del nombre —ser noble dejaba de ser algo apreciable—.

Su madre, hija de un fabricante de cerveza, murió al dar a luz a Enriqueta. Ese hecho trastornó enteramente la vida de Francois Derobespierre, modesto abogado de provincia como lo habían sido su abuelo y bisabuelo.

Maximiliano tenía siete años cuando su padre abandona la clientela, comienza a vagar por las calles, se embriaga en las tabernas y por fin desaparece en el extranjero. La familia se desmorona.

Carlota y Enriqueta son alojadas en una especie de institución de caridad y los abuelos maternos se encargan de los varones.

Maximiliano crece taciturno y orgulloso. Asiste al colegio de Arras, cría palomas en el jardín de su casa y llora cuando alguno de sus animalitos muere. Mantiene largas conversaciones con su hermano menor, que siente por él ciega admiración.

Y con cierta razón, pues Maximiliano es un niño inteligente y sensible, un ávido lector y un alumno ejemplar.

A los doce años, cubierto de medallas y premios por buenas notas, Maximiliano gana una beca para estudiar en el Colegio Luis el Grande, uno de los más importantes de la Universidad de París. El viejo edificio de la rué Saint Jacques era tétrico. Hacían economías en la calefacción y en la comida.

Durante el invierno los niños estudiaban con los dedos azulados por el frío y los estómagos molestos por el hambre, insatisfechos con la disciplina rigurosa y el curriculum anticuado.

A escondidas, circulaban entre ellos los libros de Rousseau y los panfletos de Voltaire, cuya irreverencia hacía más soportable la chatura de aquel mundo.

La condición de becario ciertamente influyó mucho sobre el niño. Para sus colegas nobles no pasaba de un mero receptor de caridad, sin importarles las cualidades que tuviese.

En la convivencia con la familia también debe haber absorbido cierto resentimiento contra las jerarquías sociales del Antiguo Régimen, nombre con el que se conoce el sistema político-social anterior a la Revolución.

Su orgullo y su ambición, revelados en la tentativa de «ennoblecer» el nombre, y contrariados por la decadencia familiar y por el desprecio de sus compañeros nobles, producirán en Maximiliano un resentimiento que, en mayor o menor grado, fue común a todos los jóvenes de talento de las clases medias francesas, lo que explica en parte la entusiasta acogida que los libros de Rousseau tuvieron entre los jóvenes: presentaban los privilegios de los nobles y su fortuna como una usurpación de los «derechos naturales» de todos los hombres.

Luego, el joven de maneras graves encontró a un amigo que era exactamente su opuesto. Otro becario, dos años más joven, espiritual, improvisador irreprimible, que se convertiría en uno de los más formidables tribunos de la Revolución Francesa y en su más brillante periodista: Camille Desmoulins.

Otros cuatro futuros jefes revolucionarios estudiaron con él en ese período: Duport-Duletre, Lebrun, Freron y su propio hermano Agustín.

Finalmente, en 1778, Maximiliano realizó un antiguo sueño: visitar a Rousseau. El viejo filósofo moriría ese mismo año, y Robespierre recordaría siempre ese encuentro con entusiasmo y admiración.

En 1780, terminado el colegio, se inscribió en derecho. Y a los 23 años, ya recibido de abogado, regresó a Arras con pocas esperanzas: no podía esperar de la vida nada mejor que lo que habían conseguido sus abuelos.

En 1789 con la Toma de la Bastilla se inicia un proceso revolucionario contra el poder absoluto del rey Luis XVI, que pasó por distintas etapas, entre negociaciones y conflictos ideológicos, que se iniciaron con una Asamblea Nacional para terminar con el imperio francés al mando de Napoleón.

Durante la etapa de la Asamblea , donde aun permanecía todavía en Versalles, los diputados más radicales entre ellos Robespierre, se reunían en un café. En París organizaron un «club» que comenzó a funcionar en una sala alquilada al convento de los dominicanos.

Sus miembros, aunque oficialmente se denominasen «Amigos de la Constitución», recibieron el sobrenombre de Jacobinos, antigua designación de los primeros dominicanos instalados en París en la Rué St. Jacques (Calle de Santiago o Jacobo el Mayor, de donde Jacobinos). En breve estarían aceptando socios no diputados e inaugurando nuevos clubes en las provincias.

En la mañana del 21 de junio de 1791, París despertó alarmado por una noticia: la familia real había huido del Palacio de las Tullerías. La ciudad, los clubes y la Asamblea estaban sumamente agitados. Los diputados radicales, Robespierre inclusive, vieron en ello indicios de traición: el rey y la reina buscaban ayuda para aplastar a la nación de la que, se creían propietarios.

El rey fue perseguido, reconocido y detenido en Varennes —donde insistiera en parar para comer durante el viaje— y los fugitivos reconducidos bajo escolta a París. La Convención investigó el proceder del rey, quien fue declarado culpable de establecer alianzas con las potencias extranjera, y fue condenado a morir en la horca el 21 de enero de 1793.

Los girondinos se habían preparado para defender al rey con una serie de instrumentos legales. La ofensiva de Robespierre y Saint-Just los dejó desarmados, sin aliento. Lanzan entonces una propuesta: someter el resultado, sea cual fuere, a un referendo popular. Robespierre y Marat argumentan que dividir el país en tiempo de guerra es un crimen. El 21 de enero de 1793, Luis XVI es decapitado. Mostró en la muerte la firmeza que no tuvo en vida.

El 4 de setiembre de 1793, una multitud impresionante se reunió delante de la Comuna. Los sans-culottes exigían mayor igualdad en la distribución de la riqueza, la división de las grandes propiedades, el congelamiento de los precios, una distribución más justa de los alimentos. Por una parte presionado, por otra comprendiendo la necesidad de medidas drásticas para salvar la Revolución, Robespierre aceptó en parte las proposiciones.

Se creó un ejército revolucionario, que barrió el país, sembrando el pánico entre los opositores. Leyes draconianas fueron adoptadas contra los especuladores.

Era el Terror. Las medidas de extrema violencia adoptadas por la Comisión de Salvación Pública surtieron efecto.

Con el tiempo ,las voces comienzan a levantarse en la propia Convención: «¡Basta con el Terror! ¡Vuelta a la legalidad!» Robespierre no deseaba otra cosa, pero aflojar en ese momento hubiera sido provocar el desmoronamiento del edificio revolucionario, pero es inevitable comienzan las discusiones y disensiones internas.

Danton había sido tan poco hábil como para dejar caer en manos de sus enemigos cartas que no sólo lo comprometían políticamente, sino que probaban su intervención en la corrupción financiera.

Los robespierristasse encontraban solos a la cabeza de la revolución.Mas Robespierre estaba destrozado por dentro con toda esa matanza. Quien lo sostenía psicológica y políticamente era el inflexible Saint-Just.

En la Convención, a los pies del grupo vencedor, se encontraba un bando aterrorizado, y los más asustados entre ellos eran los que habían ido más lejos en el camino del Terror.

Tenían miedo de que, cuando fuera inevitable el final del Terror, fuesen acusados por sus crímenes. Algunos de ellos, como Fouché y Tallien, sabían que si dependían de Robespierre, tendrían sus días contados. Con el coraje de la desesperación, resolvieron atacar.

Reunieron todo lo que quedaba de los feuillants, dantonistas, banqueros y realistas en una sola ofensiva y, el 27 de julio de 1794 (9-Termidor, según el calendario revolucionario) prendieron de sorpresa a los robespierristas en la Convención. Los robespierristas esperaron la muerte hasta el amanecer, y Robespierre fue el último en ser guillotinado; antes presenció la muerte de sus compañeros.

Ese golpe señala, con la reacción radical de Babeuf, tres años después, el fin del período avanzado de la Revolución Francesa. Pero la obra de los jacobinos no podía ser apagada: Francia jamás volvería a su pasado feudal.

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

La Riqueza y el Comercio en el Renacimiento Italiano

Entre los años 1300 y 1600 la vida en Europa sufrió grandes cambios. Fue una nueva etapa del pensamiento y déla cultura y se la denomina Renacimiento.

Fue un período de sorprendentes inventos en el mundo de la ciencia. Se desarrolló la imprenta, se hicieron descubrimientos astronómicos, hombres osados se dedicaron a explorar mares desconocidos y la pintura, la escultura, la arquitectura y la literatura también se transformaron de manera asombrosa. Pero fue también una era de violencia, pobreza, hambre y enfermedades.

El siglo XIII fue la culminación de un orden temporal casi perfecto, en el que cada uno ocupaba un lugar jerárquico dentro de la sociedad, formando parte de una comunidad organizada de acuerdo con los principios cristianos, en la que nadie quedaba postergado, porque todos tenían conciencia de sus derechos y obligaciones basados en un verdadero intercambio de servicios. (oraban -clero-, luchaban -nobleza- y trabajaban -campesinos-)

En la Edad Media había una clara diferencia entre los Caballeros y la Iglesia por un lado (clero y nobleza) y la gente sin recursos por el otro (campesinos). Durante el Renacimiento, surgió un nuevo grupo social: el de los mercaderes o burgueses. Se hicieron muy ricos y por eso mismo poderosos. Un ciudadano escribió una vez: “Un florentino que no sea comerciante y que no haya viajado por el mundo, visitando otros países y pueblos para luego regresar a Florencia con cierta fortuna, es un hombre que no goza de estima alguna”

Mientras tanto, los caballeros y las antiguas familias aristocráticas perdían su importancia y hasta se empobrecían. Entonces se convertían en parásitos de las grandes cortes reales, en un intento desesperad para mantener su posición social.

Algunos se conformaban con poder ganarse la vida, cuidando sus propiedades o actuando como embajadores, políticos o funcionarios públicos a sueldo. Para un miembro de una familia aristocrática el convertirse en abogado o médico era apenas aceptable.

Los hijos más jóvenes podían comprar una carrera de obispo o sacerdote.

Algunos comerciantes se hacían ricos vendiendo sedas y especias del Oriente. Al principio, los mercaderes viajaban en caravanas por tierra hacia los países orientales, pero cuando los turcos se apoderaron de Constantinopla, la ruta terrestre quedó interrumpida.

Los comerciantes tuvieron que buscar otros caminos y descubrieron así la ruta marítima alrededor del cabo de Buena Esperanza. También podían llegar a Egipto por barco, luego por tierra al mar Rojo y de allí por mar a la India.

El viaje a la India podía durar muchos meses, y para llegar al Lejano Oriente se tardaba más de un año. Los barcos eran lentos pero podían transportar hasta 100 toneladas de carga. Muchas veces regresaban de estas travesías habiendo multiplicado por 20 el valor de la carga con la que habían zarpado. Sin embargo, los viajes eran peligrosos y se perdían muchas naves, tanto por los naufragios como por las luchas con embarcaciones rivales.

En Europa, había quienes hacían dinero con el comercio de lanas y telas. La lana era llevada de Inglaterra a Flandes, donde se la convertía en tela y se vendía en las ferias a los comerciantes italianos. Los transportes por caminos difíciles eran muy costosos y eso aumentaba mucho el precio de los productos.

Además de importar mercaderías exóticas, los comerciantes se ganaban la vida buscando mercados para los objetos fabricados en sus propios países. Se reunían en grandes ferias mercantiles como las de Brujas y Lyon. Allí intercambiaban noticias y compraban y vendían sus artículos. Siempre había una atmósfera de gran festividad.

Los negocios y los impuestos pagados por los mercaderes llevaron el progreso a las ciudades ubicadas a lo largo de las grandes rutas comerciales. Venecia, Florencia, Génova, Milán, Lisboa, Brujas, Amberes y Lyon son sólo algunas de las beneficiadas.

En las ciudades comerciales siempre había agentes de cambio y prestamistas. La Iglesia los desaprobaba pero, no obstante, las operaciones financieras se convirtieron en un negocio legal. Muchas de las familias más ricas eran comerciantes y a la vez banqueros. En Florencia fueron los Medici, en Augsburgo los Fugger.

Jakob Fugger (imagen), llamado “el Rico”, tenía una organización internacional de banco y comercio. La casa central estaba en un edificio magnífico conocido como el Despacho Dorado. Sus agentes enviaban regularmente informes a Augsburgo con detalles actualizados sobre el país en el que se encontraban. Las cartas de Fugger a menudo proporcionaban a los comerciantes una información mejor que la que podía obtener cualquier príncipe de sus embajadores o espías. Los Fugger llegaron a prestarle dinero aún al Emperador Carlos V. A cambio, se les otorgaron muchos privilegios comerciales, que los ayudaron a aumentar sus riquezas.

El comerciante medio era un hombre respetable, con un gran sentido de la unidad familiar. Su hogar estaba amueblado en forma bastante simple. Muchas veces el objeto más valioso era el cassone, un arcón tallado que llevaba la novia como parte de su dote. La asombrosa decoración de esos arcones era realizada por algunos de los mejores artistas del Renacimiento.

La posición social y el matrimonio eran muy importantes tanto para la clase aristocrática como para la de los comerciantes. Los hijos podían casarse con ricas herederas y de esa forma aumentar la fortuna y la importancia de sus padres.

Las hijas, por el contrario, debían tener una cuantiosa dote para atraer a los maridos más convenientes. No siempre las familias podían proveer de dotes a todas sus hijas, por eso las más jóvenes frecuentemente acababan en los conventos. En Florencia, había un banco de dotes en el que se depositaba una suma cuando nacía una niña. Una vez que cumplía 15 años, se devolvía el dinero con intereses para la dote. Había también un fondo para las hijas sin dote.

Se consideraba que una niña estaba lista para el matrimonio a los 12 años, pero normalmente no se casaba antes de los 15 ó 16. Las jóvenes solteras permanecían rigurosamente en su hogar y todas las mujeres debían obedecer a sus padres o a sus maridos. Isabella d’ Este de Ferrara, fue una de las pocas mujeres adineradas, poderosas y lo suficientemente inteligente como para convertirse en mecenas del arte.

EL CRECIMIENTO ECONÓMICO DE LAS CIUDADES ITALIANAS:

En el siglo XV, cinco grandes fuerzas dominaron la península itálica: Milán, Venecia, Florencia, los Estados Pontificios y Nápoles, los cinco estados principales El norte de Italia estaba dividido entre el ducado de Milán y Venecia. Tras la muerte del último visconte gobernante de Milán, ocurrida en 1447, Francesco Sforza, uno de los líderes condottierí de su tiempo, incitó a sus empleados milaneses a conquistar la ciudad y se convirtió en su nuevo duque. Tanto los Visconti como los Sforza se empeñaron en crear un estado territorial altamente centralizado.

Tuvieron especial éxito en implantar sistemas de recaudación fiscal que generaron enormes ingresos para el gobierno. La república marítima de Venecia siguió siendo una entidad política estable, gobernada por una pequeña oligarquía de aristócratas-mercaderes. Su imperio comercial produjo enormes ingresos y le ganó el papel de una potencia internacional.

A finales del siglo XIV Venecia se embarcó en la conquista de un estado territorial en la región norte de Italia, con el fin de proteger su suministro de alimentos y sus rutas comerciales por tierra. Aunque la expansión de su territorio principal tenía sentido para los venecianos, preocupó a Milán y Florencia, que se empeñaron en detener lo que consideraban designios imperialistas de los venecianos.

La república de Florencia dominó la región de Toscana. A principios del siglo XV estaba gobernada por una pequeña oligarquía mercantil que manipulaba al gobierno aparentemente republicano. En 1434 Cósimo de Médici tomó control de esta oligarquía. Aunque la acaudalada familia Médici conservó las formas republicanas de gobierno en aras de la apariencia, controlaba al gobierno tras bambalinas. Mediante su pródigo patronazgo y el cuidadoso cortejo de los aliados políticos, Cósimo (1434-1464) y más tarde su nieto Lorenzo el Magnífico (1469-1492) tuvieron éxito en controlar la ciudad, en una época en que Florencia era el centro del renacimiento cultural.

Los estados papales estaban situados en el centro de Italia. Aunque nominalmente estaban bajo el control político de los papas, el periodo de residencia papal en Aviñón y el gran cisma posibilita- ron que ciudades y territorios individuales —como Urbino, Bolonia y Ferrara— se independizaran de la autoridad papal. Los papas del Renacimiento del siglo XV invirtieron gran parte de su energía en el restablecimiento de su control sobre los Estados Pontificios (véase el apartado El papado renacentista más adelante en este capítulo).

El reino de Nápoles, que abarcaba la mayor parte del sur de Italia y, usualmente, la isla de Sicilia, fue motivo de disputa entre franceses y aragoneses hasta que estos últimos establecieron su dominio a mediados del siglo XV.

En todo el Renacimiento, el reino de Nápoles siguió siendo, en gran medida, una monarquía feudal con una población que consistía, sobre todo, en campesinos agobiados por la pobreza y dominados por nobles indóciles. Tuvo poca participación en las glorias culturales del Renacimiento.

Había tres razones de peso para que las ciudades italianas fueran las primeras en recobrar una posición de importancia en la Baja Edad Media.

1-En primer lugar, la península itálica perteneció a Roma desde una fecha muy temprana y, por tanto, allí había más carreteras, más ciudades y más escuelas que en ningún otro lugar de Europa.

2-El Papa vivía en Roma y, como cabeza de un vastísimo ente político, que poseía tierras, siervos, edificios, bosques, ríos y un sistema judicial propio, constantemente llegaba a sus arcas una gran cantidad de dinero. A las autoridades papales había que pagarles en oro y plata, como a los mercaderes y armadores de Venecia y Génova. Las vacas, los huevos, los caballos y los demás productos agrícolas y ganaderos del norte y del oeste debían convertirse en dinero contante y sonante para pagar al Papa en la lejana ciudad de Roma. Por eso Italia pasó a ser el lugar de Europa donde había más oro y plata.

3-Los cruzados que iban a Tierra Santa embarcaban en ciudades italianas y éstas se aprovecharon de tal circunstancia hasta límites insospechados. Cuando acabaron las cruzadas, esas mismas ciudades italianas pasaron a ser los centros de distribución de los productos orientales de los que los europeos habían empezado a depender durante el tiempo que habían pasado en Asia.

VENECIA: De aquellas ciudades, pocas eran tan famosas como Venecia. Venecia era una república construida sobre un archipiélago en el que la gente del continente se había refugiado de las invasiones de los bárbaros en el siglo IV. Rodeados de mar por los cuatro costados, los venecianos se dedicaron al negocio de la producción de sal. La sal era muy escasa en la Edad Media y se vendía a un precio muy alto. Durante siglos, Venecia gozó de un monopolio sobre este producto de mesa indispensable, generalmente la falta de sal produce enfermedad.  Los venecianos aprovecharon el monopolio para aumentar el poder de la ciudad.

En algunas ocasiones, incluso se atrevieron a desafiar el poder de los papas. La urbe se volvió rica y tenían barcos que les permitieron emprender el comercio con Oriente. Durante la época de las cruzadas, aquellos barcos se habían usado para transportar cruzados a Tierra Santa. Lo que sucedía era que, si los pasajeros no podían pagar el trayecto con dinero, se veían obligados a luchar en nombre de los venecianos, que incrementaban así el número de colonias que poseían en el mar Egeo, Asia Menor y Egipto. A finales del siglo XIV, la población de Venecia llegaba a los doscientos mil habitantes, lo cual la convertía en la mayor ciudad de la Edad Media.

El pueblo no tenía influencia alguna en el líderazgo de la ciudad, el cual estaba en manos de un número reducido de familias de mercaderes ricos. Éstas escogían a los senadores y al dux (príncipe o magistrado), pero, en realidad, los verdaderos dirigentes eran los miembros del famoso Consejo de los Diez, que se mantenían en el poder gracias a una red de espías y matones altamente organizada que vigilaba a todos los ciudadanos y que hacía desaparecer con la máxima discreción a quienes pudieran ser peligrosos para la seguridad del arrogante y sin escrúpulos Comité de Seguridad Pública.

FLORENCIA: En cambio, en Florencia se daba una forma de gobierno diametralmente opuesta a la anterior. Allí había una democracia, aunque de costumbres turbulentas. Esta ciudad controlaba la principal carretera que unía el norte de Europa con Roma e invertía en la manufactura el dinero que recaudaba gracias a tan afortunada posición. Los florentinos intentaban seguir el ejemplo de Atenas.

Así como los nobles y los eclesiásticos, los miembros de los gremios tomaban parte en las discusiones de los asuntos de la ciudad, lo cual llevaba a grandes convulsiones sociales. La población de Florencia estaba dividida en partidos políticos que luchaban entre sí sin piedad, que exiliaban a los adversarios y les confiscaban las posesiones en cuanto les ganaban la batalla en el Consejo. Tras diversos siglos de gobierno en manos de las mafias organizadas, pasó lo inevitable.

Una familia potentada subió al poder y se dispuso a gobernar la ciudad y el territorio que la rodeaba a la manera de los antiguos tiranos griegos. Era la familia Médici, una familia de banqueros llamada así porque sus fundadores fueron médicos. Tenían bancos y casas de empeño en las ciudades comerciales más importantes de Europa.

GÉNOVA:  la gran rival de Venecia, cuyos mercaderes se especializaron en el comercio con Túnez y con los grandes centros de grano del mar Negro. Y luego había unas doscientas ciudades más, algunas grandes, otras pequeñas, cada una de las cuales constituía una unidad comercial perfecta, todas luchando entre ellas movidas por la eterna rivalidad de los vecinos que se privan unos a otros de un beneficio.

Una vez que llegaban a las ciudades italianas, los productos procedentes de Oriente y África eran distribuidos hacia el oeste y el norte de Europa.

Génova los transportaba por mar a Marsella, donde tomaban otro barco con el que remontaban el río Ródano hasta los puertos fluviales que servían a las regiones del oeste y el norte de Francia.

Fuente Consultada:
La Historia de la Humanidad de Hendrik W. van Loon
Civilizaciones de Occidente Tomo ´B´ Jackson Spielvogel

La Reina de Saba Visita a Salomon Historia o Leyenda Enigma Riqueza

Historia: La Reina de Saba Visita al Rey Salomón

La Reina de Saba es  personaje bíblico,  que según la leyenda creó la primera dinastía real como Makeda, esposa del rey Salomón. El libro de los Reyes de la Biblia  relata su visita a la corte de Salomón, en Jerusalén, con una caravana de camellos cargados de especias, oro y joyas, movida por la esperanza de impresionar al rey con su riqueza. Sin embargo, el esplendor de la corte de Salomón la abrumó, atribuyendo su prosperidad y la de sus súbditos al dios hebreo Yahvé. La reina acosó a Salomón con capciosas o complicadas preguntas y quedó sorprendida ante el conocimiento revelado por sus respuestas.

Dice la Biblia que Salomón respondió a todos los enigmas que le planteó la reina de Saba. Pero la reina misma es un enigma: ¿De dónde venía? ¿Por qué emprendió el viaje desde Etiopía hasta Jerusalén? ¿Y quiénes son esos falachas que dicen descender de ella?

reina de saba visita a salomon rey

No es posible eludir la figura de la reina de Saba. Se la menciona en la Biblia -aunque sin darle nombre propio-, y en el Corán, con el nombre de Balkis, denominación que, por cierto, lleva la heroína de numerosos relatos árabes y persas. Tiene un lugar tan importante en la tradición etíope -se la llama Makedo– que los emperadores y los falachas (los judíos de Etiopía) han optado por considerarse descendientes de ella.

En la Biblia, el largo pasaje del libro de los Reyes, dedicado al reino de Salomón, se compone de dos partes. En la primera de ellas, donde se consignan los grandes y nobles actos del rey, se relata la visita de la reina de Saba a Jerusalén.

Intrigada por las historias sobre la fabulosa riqueza y la sabiduría del rey Salomón, la reina de Saba viaja de Arabia a Jerusalén para reunirse con él, según esta pintura del siglo XV.La Biblia (Libro de los Reyes, 10:10) recoge que el rey Salomón, rey de Judea, en su visita al reino de Saba, recibió innumerables presentes en oro, especias y piedras preciosas de la reina que en aquel momento dirigía el país. El pasaje Bíblico se refiere a la reina Makeda. Ambos, más tarde, tendrían un hijo juntos, de quien el rey Salomón, recuerda el gran parecido físico que el niño tenía con su abuelo, el legendario Rey David.

¿De dónde venía la reina? El reino de Saba ocupaba un territorio que actualmente forma parte de Yemen del Norte, en la parte suroeste de la península arábiga, y cuya capital era Marib. Pero los sabeos también habían fundado colonias más al Norte; es decir, más cerca de Jerusalén, y se supone que fue de una de esas colonias de donde partió la reina de Saba.

¿Por qué Jerusalén? La identidad de la Reina de Saba ha sido durante mucho tiempo un tema de debate. Sin embargo, todos los indicios apuntan a que se trata de Makeda, la reina etíope.

Según el folklore etíope, cuando el príncipe Tarmin volvió de un viaje comercial a Israel, trajo información sobre la sabiduría del gran Rey Salomón. A Makeda le fascinó lo que le contaron sobre el monarca de Judea y preparó una caravana cargada de regalos para vivsitar a semejante personaje.

El relato bíblico asegura que la reina, atraída por la enorme «fama» de Salomón, había acudido para «ponerlo a prueba por medio de enigmas». Sin embargo, la riqueza del reino de Israel sin duda no era ajena a los motivos del viaje.

En efecto, el texto menciona también que se realizó un intercambio de mercancías: la reina aportó grandes cantidades de plantas aromáticas, piedras preciosas y 120 talentos de oro; en tanto que el rey «prometió a la reina de Saba todo cuanto ella deseara, sin contar los obsequios que k había dado». Sabiendo que los sabeos eran grandes comerciantes, puede suponerse que desde entonces se establecieron relaciones comerciales entre los dos pueblos.

Una riqueza como para dejar sin aliento «La reina de Saba vio toda la sabiduría de Salomón, la casa que él había construido, los alimentos de su mesa, las habitaciones de sus sirvientes, la calidad de sus criados y sus libreas, sus escanciadores, los holocaustos que ofrecía en la casa del Señor, y quedó sin aliento.»

Al encontrarse, el rey y reina se enamoraron mutuamente, quedando ella admirada de los conocimientos de él, él, de la inteligencia y hermosura de Makeda. Según la tradición etíope, de este amor nacería Menelek, con quien daría comienzo la más larga dinastía real.

Los soberanos de Etiopía

La leyenda etíope cuenta que el rey Salomón y Makedo se amaron y que de su unión nade un hijo, Menelik. Este Menelik, soberano judío, habría de ser el primer emperador de Etiopía. Dicha leyenda surgió muy tardíamente, durante el siglo XIII o el XIV.

A partir de ella, todos los emperadores de Etiopía ostentan el título de «león vencedor de la tribu de Judá», y su emblema, que représenla una estrella de seis picos, recuerda la estrella de David. Se pueden encontrar indicios de esta leyenda en la existencia de un judaísmo etíope, que por su parte ejerció una gran influencia sobre el cristianismo de este país; ése es el motivo, por ejemplo, de que los cristianos de Etiopía practicaran la circuncisión .de los varones inmediatamente después de balizado su bautismo.

Las peculiaridades de los falachas

El origen de los falachas, los judíos de Etiopía, sigue siendo un tanto oscuro. La opinión pública descubrió su existencia en 1985, cuando llevaron a cabo una emigración masiva desde Sudán hasta Israel. Gracias a un acuerdo del gobierno marxista-leninista de Addis Abeba, esa pequeña comunidad de judíos negros recibió autorización para subir a los aviones que los llevarían a Jerusalén.

Diez años antes, cuando el gran rabino sefa1í de Israel había reconocido a los falachas , como judíos, los había emparentado con el pueblo elegido, retomando la teoría que hacía de ellos los descendientes de la tribu descendiente de Dan había sido deportada a Asiría por Sargón, rey de Babilonia; desde ahí, atravesando Yemen, pudo haber llegado a Etiopía.

La reina de Saba, la tribu de Dan: dos de las muchas maneras de describir un itinerario de la diáspora. Una cosa es cierta: la implantación del judaísmo en Etiopia es muy antigua y esto, por lo demás, es lo que dio tiempo a los falachas para desarrollar sus numerosas peculiaridades: su mesías, que se llama Théodoros, debe reinar durante 40 años en Jerusalén y luego otros 40 años en Etiopía antes de que se abra la era de la paz universal; los falachas tienen monjes y monjas; no creen en el Talmud y sólo reconocen la ley escrita; su Tora no está escrita en hebreo sino en lengua gueza, es decir, en etíope antiguo; además, practican la excisión, de acuerdo con la tradición de los países del Cuerno de África.

Una lectura de la Biblia

Más que por su simple realidad histórica, verdaderamente poco accesible, la visita de la reina de Saba a Salomón interesa a aquellos que ven en la Biblia un libro inspirado, que debe interpretarse, es cierto, pero que es el medio elegido por Dios para indicar su voluntad a los fieles.

Salomón le había pedido a Dios que le diera sabiduría, una sabiduría que debe entenderse a la vez como una actitud de sumisión ante la voluntad divina y como una capacidad de discernimiento; precisamente lo que el rey demostró tener en su célebre juicio.

En el relato bíblico, el papel de la reina de Saba es demostrar que, incluso para los gentiles -los que no son judíos-, la sabiduría de Salomón y la prosperidad del reino que le fue confiado son un signo del inmenso poder del Dios de Israel. «Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel», dijo a Salomón la reina de Saba. «Porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.» Salomón, creyente consumado, es así un signo para los que no creen.

La declaración de la reina de Saba muestra, asimismo, la dimensión verdaderamente universal del mensaje divino, aun si éste se dirigía entonces de manera privilegiada a el pueblo elegido.

Jesús utilizaría este episodio de la reina de Saba contra sus correligionarios que se negaban a reconocerlo como lo que era: «El día de juicio, la reina del Mediodía se levantará con esta generación y la condenará, pues ella vino del fin del mundo para escuchar la sabiduría, de Salomón. ¡Pues bien!, aquí hay algo más que Salomón.»

Homenaje de la reina a Salomón

«Era muy cierto lo que yo había escuchado en mi país sobre tus palabras y sobre tu sabiduría. No podía creer lo que se decía hasta que vine y lo vi con mis propios ojos; ¡pero no me habían revelado siquiera la mitad! Tú superas en sabiduría y en cualidades la reputación de que escuché hablar. Dichosa tu gente, dichosos tus sirvientes, que pueden estar permanentemente ante ti y escuchar tu sapiencia. Bendito sea el Señor, tu Dios, que tuvo a bien colocarte en el trono de Israel; porque el Señor ama a Israel para siempre, por eso te hizo rey, para ejercer el derecho y la justicia.»

Ver: El Cristianismo en África

Traducción ecuménica de la Biblia (1 Reyes X, 6-9)

Fuente Consultadas:
Los Últimos Misterios del Mundo Reader´d Digest
Wikipedia
Los Misterios de la Biblia.

Biografia de Petrarca Vida de Boccacio Obras El Decameron Humanistas

Biografia de Petrarca y Vida de Boccacio Obras Literarias

Francisco Petrarca (Arezzo, actual Italia, 1304-Arqua, id., 1374) Poeta y humanista italiano. Fue un poeta de fina inspiración en los temas y esmerada pulcritud en las formas, que despertó también la admiración de sus contemporáneos.

Nació, en Arezzo, el 20 de julio de 1304 y, a ejemplo de su padre que fue escribano, en Florencia, siguió la carrera de las leyes; pero, desde joven, mostró gran afición por los estudios clásicos y así, además de notable escritor, resultó un excelente bibliófilo.

Se educó en Pisa y después en Francia, cerca de Aviñón, hasta donde el Papa había trasladado la Santa Sede, razón por la cual se instalaron allí muchos aristócratas romanos que le seguían brindando su apoyo.

En su juventud siguió estudios de jurisprudencia, pero a la muerte de su padre los abandonó y se dedicó al cultivo de la poesía.

Asistía Petrarca, en 1327, a una Misa de Viernes Santo en la iglesia de Santa Clara de Aviñón, cuando –según señaló él mismo en un soneto– conoció a la hermosa Laura de Noves, de diecinueve años, casada con Hugo de Sade; se enamoró de ella a primera vista y, durante toda su vida, le dedicó, platónicamente, más de trescientos sonetos, reunidos en un «Cancionero» dividido en dos partes: «Rime in vita di Laura» y «Rime in morte di Laura».

En él aparecen, también, madrigales en homenaje a la bienamada, junto a algunos cantos de tipo patriótico y a otras poesías, como su célebre «Plegaria a la Virgen».

La belleza, la gracia y el talento de Laura de Noves fueron inmortalizados por Petrarca sutilmente y su pasión es comparable a la que sintió Dante por Beatriz Portinari, amor, imposible también, que terminó con la temprana muerte de la joven, pocos meses después de su enlace con Simón dei Bardi.

Así como Dante inmortalizó a Beatriz, Petrarca hizo lo propio con Laura, joven a la que amó intensamente y a la que dedicó la mayor parte de sus composiciones, más de 300 sonetos y 26 canciones.

Pasó la mayor parte de su vida fuera de su ciudad natal. El papel de Petrarca en el renacimiento de los clásicos lo convirtió en una figura seminal de la literatura italiana del Renacimiento. Su principal contribución al desarrollo del italiano vernáculo la hizo en sus sonetos.

Se le considera uno de los grandes poetas líricos europeos. Sus sonetos , como se dijo antes, se inspiraron en el amor que profesaba a una mujer casada, llamada Laura, a quien conoció en 1327. Era una mujer real, con quien Petrarca estuvo emocionalmente relacionado por mucho tiempo, por lo que vertió sus lamentaciones en un soneto tras otro.

Al analizar cada aspecto de sus sentimientos de amante no correspondido, parece que le preocupa menos cantar loas a su dama, que inmortalizar sus propios pensamientos.

La «psicología del amor» y el interés en su propia personalidad revelan un sentido de individualidad más fuerte que en cualquier literatura medieval previa.

Además, en una obra titulada Los triunfos, trató de imitar el estilo alegórico de Dante. También escribió un tratado filosófico-moral que llamó Desprecio del mundo.

Murió en 1374. De su obra se desprende una tendencia humanística, que apunta a la liberación del hombre de toda sujeción divina o humana, lo cual lo coloca en pugna con la ortodoxia de la doctrina católica.

El padre de Francisco pertenecía al mismo partido político que Dante y también se había visto obligado a exiliarse, por eso Petrarca nació lejos de Florencia. (ver vida de Dante Alighieri)

A la edad de quince años, lo enviaron a la ciudad francesa de Montpellier para que estudiara leyes como su padre. Pero el chico no quería ser jurista. Odiaba las leyes. Quería ser sabio y poeta.

El encuentro con Giovanni Boccaccio en Florencia fue decisivo para sus ideas humanistas y junto a éste se constituyó en figura principal del movimiento que intentó rescatar la cultura clásica de los siglos oscuros en el primer Renacimiento italiano; intentó armonizar el legado grecolatino con las ideas del Cristianismo.

Como quería ser sabio y poeta por encima de todo, lo fue, porque las personas que poseen una gran fuerza de voluntad consiguen todo lo que se proponen. Hizo largos viajes y copió manuscritos en Flandes, en los monasterios situados a orillas del Rin, en París, en Lieja y finalmente en Roma.

Luego se retiró a un valle solitario en los montes de Vaucluse y allí estuvo estudiando y escribiendo.

Pronto se hizo tan famoso por sus versos y su sabiduría que la Universidad de París le pidió que fuera a enseñar a sus alumnos, y el rey de Nápoles lo invitó a enseñar a sus súbditos. De camino a su nuevo trabajo, tuvo que pasar por Roma.

La gente, que sabía de su fama de editor de autores latinos casi olvidados, decidió rendirle honor en el antiguo foro de la ciudad imperial: a Petrarca le impusieron la corona de laurel del poeta. Desde aquel momento, en su vida todo fueron honores.

Escribía sobre lo que la gente quería leer. Estaban cansados de disputas teológicas. El pobre Dante podía pasearse por el infierno todo lo que quisiera.

Petrarca, en cambio, escribía sobre el amor, la naturaleza, el Sol y nunca tocaba aquellos temas tenebrosos que habían sido la obsesión de la generación anterior. Cuando Petrarca llegaba a una ciudad, era recibido con gran entusiasmo, como si fuera un héroe de las conquistas. Y si encima iba acompañado de su joven amigo Boccaccio, el narrador de historias, el recibimiento era todavía mucho más caluroso.

Ambos eran hombres de su tiempo, llenos de curiosidad, deseosos de leer todo lo que pudieran; les gustaba revolver las librerías polvorientas en busca de un manuscrito perdido de Virgilio, Ovidio, Lucrecio o cualquier otro de los poetas latinos antiguos.

Eran buenos cristianos. ¡Claro que lo eran! Todo el mundo lo era. Pero no veían la necesidad de ir por el mundo con la cara larga y un abrigo sucio porque un día u otro se iban a morir. La vida era bonita.

La gente venía al mundo para ser feliz. ¿Alguien quería una prueba? Muy bien, pues que agarrara una pala y que se pusiera a cavar. ¿Qué encontraría? Hermosas estatuas antiguas. Bonitas vasijas antiguas. Ruinas de magníficos edificios antiguos.

Todas aquellas cosas las habían hecho los romanos, provenían del mayor Imperio que jamás había existido, un Imperio que había gobernado el mundo durante mil años.

Había sido un pueblo fuerte, rico, de gran belleza —¡mirad si no el busto del emperador Octavio Augusto!—. Es cierto que los romanos antiguos no eran cristianos y nunca entrarían en el reino de los cielos.

Con suerte se quedarían en el purgatorio, donde Dante acababa de hacerles una visita. Pero, ¿qué importaba? Aquel mundo de la Roma antigua en que vivían era en verdad como el cielo. Además, «sólo se vive una vez», decían, «seamos felices y disfrutemos de la alegría de vivir».

«No creo decir una gran verdad al afirmar que de todas las alegrías de este mundo, no la hay más honorable que las letras, que tampoco hay más duradera, más deliciosa, más segura: ¡no hay quien acompañe a aquel que la posee, a través de todas las circunstancias de la vida, con tanta facilidad y tan poco aburrimiento!».
Carta a Boccaccio, 1373.

ORADOR «ELEGANTE»
Después de la peste negra que hizo desaparecer a muchos de sus amigos aviñonenses, Petrarca se instaló en Italia, primero en Milán, luego en Venecia y finalmente en Padua. En cada oportunidad fue convocado por el señor del lugar que deseaba disfrutar de sus talentos oratorios: el arzobispo de Milán, Giovanni Visconti, fue así su anfitrión durante ocho años hasta que el dux le concedió una residencia.

Fue también a este orador emérito a quien se hizo llamar cuando se trató de convencer al papa de Aviñón de volver a Roma.

Petrarca consiguió vencer sin dificultad al torpe embajador de Carlos V, y el menosprecio que proclamó por la retórica de las escuelas de París no estuvo ajeno al nacimiento de un humanismo francés. Era un escritor complacido por los grandes que repasaba tranquilamente sus selecciones epistolares y completaba sus obras históricas, cuando la muerte lo alcanzó en las cercanías de Padua , a la edad de 70 años

Falleció en Padua a los 70 años de edad, en 1374.

BOCACCIO: Juan Bocaccio, (1313-1375)  era hijo de un mercader de Florencia, nacido en París en 1313.

Llevado por su vocación, resignó el comercio y siguió estudios literarios, especialmente de los clásicos. Luego compuso varias poesías sobre la mitología y la geografía antiguas y ensayó también la poesía épica; pero decepcionado por su producción, que consideraba inferior a la de Petrarca, quemó todos su versos y se dedicó a la prosa.

Se lo considera, con justicia, como el creador de la prosa italiana, nació en Francia. Era hijo natural de un mercader florentino y de una mujer francesa, que residía en París, adonde vio la luz y desde donde su padre lo llevó  poco después a Napóles.

Amigo de Petrarca y gran admirador de Dante, completó, con ellos, el tríptico de este curioso movimiento literario italiano del siglo XIV que se anticipó, en más de un siglo, al Renacimiento propiamente dicho.

Sus libros, casi siempre picarescos y atrevidos, fueron prohibidos por los papas Pablo IV y Pío V, veda merecidísima porlo que atañe al tema de dichas obras. Pero, como bien señaló un autorizado crítico, su forma resultaba una maravilla y «estas excelentes cualidades literarias, aprendidas en el asiduo manejo de los clásicos de la Antigüedad, se sobrepusieron, a veces, a toda otra consideración.

Entre sus obras sobresale el «Decamerón», serie integrada por un centenar de cuentos, la mayor parte licenciosos, que narran diez jóvenes (tres hombres y siete mujeres), refugiados en el campo durante la peste que azotó, en 1348, a la ciudad de Florencia.

Escribió algunas novelas satíricas y posteriormente la obra que le dio celebridad, Decameron, una colección de cien cuentos de costumbres, cuyos personajes son presa de las más viles pasiones y se ven implicados en actitudes :religiosas, impropias de aquella edad de fe; razón por la cual esta obra fue prohibida por la Iglesia.

Aunque también escribió poesía, a Boccaccio se le conoce, sobre todo, por su prosa italiana, utilizó también el dialecto toscano. Mientras trabajaba para la casa bancaria Bardi, en Nápoles, se enamoró de una noble dama, a quien llamó Fiammetta, su Pequeña flama.

Bajo la inspiración de ella, Boccaccio comenzó a escribir romances en prosa. Sin embargo, su obra mejor conocida, El Decamerón, fue escrito hasta después de su regreso a Florencia. El Decamerón se sitúa en el tiempo de la muerte negra. Diez jóvenes se escapan a una villa en las afueras de Florencia para huir de la plaga, y deciden pasar el tiempo contando historias.

Aunque las historias no son nuevas y todavía reflejan la aceptación de los valores cristianos, Boccaccio presenta a la sociedad de su tiempo desde un punto de vista secular. Es el seductor de mujeres, no el caballero, el filósofo, el monje piadoso, el verdadero héroe. Tal vez, como algunos historiadores han argumentado, El Decamerón refleja los inmediatos y fáciles valores, los únicos valores de la época posterior a la plaga.

El trabajo posterior de Boccaccio, ciertamente, fue más lóbrego y pesimista; al envejecer, rechazó incluso sus primeras obras por irrelevantes. Comentó en una carta de 1373 que «ciertamente, no me complace que hayas permitido a las mujeres ilustres de tu casa leer mis fruslerías… Sabes cuánto en ellas es menos que decente y opuesto a la modestia, cuánto estímulo a la lascivia desenfrenada, cuántas cosas que conducen a la lujuria, incluso a los más protegidos contra ella»

Ver: Biografia de Boccaccio Giovanni

PARA SABER MAS SOBRE PETRARCA….

No, padre, basta… ¡Padre, os lo suplico, no! Nada había que hacer. Aquella vez, micer Petracco, perdida la paciencia, estaba decidido a no respetar ni siquiera uno de aquellos malditos libros que entorpecían los estudios de su hijo Francisco. ¡Poetas! ¡Pandilla de farsantes! El derecho y los códigos era lo que debía estudiar, en vez de perder el tiempo con palabras sin sentido. Pero aquello le quitaría las ganas de fantasear por una buena temporada: uno tras otro, Horacio, Cátulo y los otros fueron a parar al fuego purificador de la gran chimenea de piedra. Pero aún quedaban cuatro o cinco volúmenes. Micer Petracco alargó la mano, tomó el primero y ya se disponía a enviarlo junto a los otros, cuando se detuvo en seco. Su hijo había dejado de suplicar y protestar, pero gruesas lágrimas le surcaban las mejillas y silenciosos sollozos le agitaban el pecho.

—Virgilio y Cicerón… —consiguió decir—. Por lo menos ellos…

Micer Petracco comprendió. Aunque quemara todos los clásicos latinos, Francisco continuaría experimentando hacia ellos la misma veneración que. antes. Entonces, dejó a Virgilio sobre la mesa, dijo algo entre dientes y, resignado, se fue con una expresión de mal humor.

EL HIJO DEL EXILIADO
Francisco, el joven cuyos clásicos latinos fueron quemados por su padre con el pretexto de que lo apartaban del estudio de las leyes, no siguió el «buen camino» tras aquel duro castigo, y, andando el tiempo, llegó a convertirse en poeta: el poeta que hoy conocemos con el nombre de Francisco Petrarca.

Su vida fue larga, laboriosa y accidentada, desde el mismo día de su nacimiento. Sus padres, el notario Petracco y Eletta Canigiani, eran florentinos, pero Francisco nació en Arezzo, porque su padre había tenido que refugiarse en aquella ciudad a consecuencia de las luchas políticas entabladas entre güelfos y gibelinos. El futuro poeta vino al mundo el 20 de julio de 1304, y durante su infancia conoció las dificultades y aventuras de una existencia errante. Micer Petracco, efectivamente, se trasladó a Pisa y, después, a Aviñón, en Francia, donde se había instalado el Papa y donde a un hombre de leyes se le ofrecían buenas oportunidades para establecerse.

De Aviñón, babélica y superpoblada ciudad (la decisión pontificia de convertirla en sede del Papado atrajo a una gran cantidad de forasteros), Petracco llevó a su familia a Carpentras, localidad muy cercana a ella y más tranquila, para que sus hijos Francisco y Gerardo pudieran frecuentar la escuela de Convenévole da Prato, otro exiliado toscano.

«¡EN EL LABERINTO ENTRÉ!»
Al cumplir los doce años Francisco fue enviado u Montpellier para que siguiera en aquella ciudad sus estudios de Derecho. Pero el joven, en lugar de ocuparse de las leyes, continuó apasionándose por la literatura, que era ya su verdadera vocación.

Cuatro años después tuvo que realizar otro largo viaje, esta vez a Bolonia, para ampliar estudios, permaneciendo en aquella ciudad durante seis años, al cabo de los cuales regresó a Aviñón.

Sus padres habían muerto V debía mantenerse por si mismo, ya que los pocos haberes dejados por Petracco no le bastaban. Pero no era un problema grave: su cultura, su elegancia y su agradable aspecto no tardaron en procurarle un puesto bien remunerado en la corte pontificia, que además le permitía profundizar en sus estudios. Pasó un año tranquilo y desprovisto de emociones, hasta que, el 6 di< abril de 1327, le aconteció algo de extrema importancia; tanta, que posteriormente se refirió a esta fecha diciendo: «En el laberinto entré, no sé dónde termina».

LAURA
El «laberinto» sin salida era, naturalmente, un laberinto amoroso. Aquella mañana de abril, Petrarca encontró en la iglesia de Santa Clara, en Aviñón, a la mujer que iba a inspirarle sus más famosos versos: Laura, «la única que mujer me lo parece». ¿De dónde surgió este amor repentino e intensísimo? No podemos responder a la pregunta en términos usuales, modernos. Laura (a la que los eruditos han identificado, de forma casi segura, con Laura de Sade, una dama de Aviñón) debía ser muy bella, pero no más, en cualquier caso, que otras mujeres a las que el poeta tenía fácil acceso en los ambientes donde se desenvolvía su vida. Además, era esposa y madre (dio a luz once hijos). El poeta, por su parte, amó a otras mujeres, sin dejar de cantar las excelencias de Laura, y tuvo también dos hijos. ¿En qué consistía, pues, este amor?

Era una necesidad del alma, la necesidad de encontrar un tema de inspiración para dar rienda suelta a su sensibilidad poética. La «verdadera» Laura carecía de importancia, y podía ser la mujer más vulgar de la tierra. Lo importante era la Laura «ideal», que el poeta creó con su fantasía, inspirándose en aquella dama descubierta durante sus rezos matinales. Y al actuar así se comportaba exactamente igual que la mayor parte de los poetas de su tiempo (empezando por Dante). La visión de la mujer como inspiradora de poesía fue, efectivamente, una de las características fundamentales de esa corriente literaria, entonces de moda, que hoy conocemos con el nombre de «dolce stil novo».

«EL PRIMER TURISTA»
Así ha sido llamado Petrarca por los muchos viajes que realizó, algunos para cumplir misiones políticas, pero la mayoría debidos a su afición a moverse, a ver, a encontrar caras y paisajes nuevos. El poeta vagó por Europa durante muchos años (y no se puede decir que los viajes, en aquella época, fueran cómodos) e incluso llevó a cabo una peligrosa hazaña deportiva, escalando, sin ayuda, los 2.000 metros largos del Mont Ventoux.

En 1337 experimentó la necesidad de concederse una tregua y se hizo construir una casa en Vaucluse, un bello lugar situado en las fuentes de Sorgue, a poca distancia de Aviñón Tregua y reposo, sí, pero no ocio: durante los cuatro años pasados en Vaucluse su producción literaria se intensificó notablemente, procurándole gran fama en toda Europa. Y ello le sirvió de ocasión y excusa para lanzarse otra vez a la vida nómada: en 1341 partió para Roma, cuyo Senado deseaba coronarlo como poeta.

Se detuvo allí muy poco tiempo, el estrictamente necesario para la ceremonia del Campidoglio, y no tardó en, emprender nuevos viajes: Pisa, Parma, una breve permanencia en Aviñón, Nápoles y otra vez Parma, donde permaneció varios meses, refugiándose luego en la serenidad de Vaueluse, tras cuatro años de incesantes peregrinaciones.

En 1348, cuando el poeta realizaba un nuevo viaje por Italia, le llegó la noticia de la muerte de Laura, provocada por la peste. El dolor que la desaparición de su musa le produjo, encontró cauce en conmovidos versos y aumentó su incorregible inquietud. Petrarca viajó y viajó sin concederse un minuto de descanso. Admirado! y protegido por los poderosos y bien acogido en todas partes, el gran humanista no conseguía permanecer mucho tiempo en ninguna de ellas.

En 1370, después de otros viajes, su salud empezó a quebrantarse; un síncope que sufrió cuando se dirigía a Roma, lo convenció de que había llegado la hora del descanso. Sólo le quedaba un viaje por hacer: ése que para todos es el último. Y Petrarca se dispuso a esperarlo, con tranquila serenidad, en la paz de la villa que había adquirido en Arquá, sobre las colinas Euganeas, tan queridas para él. Una mañana del mes de julio de 1374, según reza la tradición, lo encontraron con la cabeza reclinada sobre un libro: su alma inquieta había encontrado, finalmente, la paz.

Biografia de Pablo Neruda Resumen de su Vida y Obra Literaria

Biografía de Pablo Neruda
Resumen de su Vida y Obra Literaria

Pablo Neruda: El hombre libre detrás de la poesía

Sin lugar a dudas, redactar una biografía concisa de la vida y obra de Pablo Neruda es una empresa realmente difícil de llevar a cabo, ya que su figura no sólo se destacó en el ámbito literario, sino que además fue un ferviente y constante luchador de la libertad del hombre en esta tierra.

Alguna vez dijo: “Estoy mirando, oyendo, con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma en la tierra, y con las dos mitades del alma miro el mundo”, y quizás aquella frase pueda acercarnos a este ser atormentado por las injusticias de los hombres, que solía hallar en el amor y en la escritura su salvación.

Había nacido el 12 de julio de 1904 en el pequeño pueblo de Parral, Chile, y fue bautizado con el nombre de Neftalí Ricardo Reyes Basualto. Huérfano de madre, ya que había fallecido poco después del nacimiento de su hijo, el pequeño se trasladó junto a su padre a la ciudad de Temuco.

Fue allí precisamente donde Pablo Neruda pasó su infancia y juventud, y donde también halló el amor en una directora de una escuela secundaria de mujeres llamada Gabriela Mistral.

En lo que respecta a la escritura, su pasión literaria llegó de manera temprana, y ya con tan sólo 13 años de edad comenzó a colaborar con el diario chileno “La Mañana”, donde solía publicar sus primeros artículos, entre los que se encontró su primer poema titulado “Entusiasmo y perseverancia”.

Para el año 1920 se convirtió en un colaborador constante de la revista literaria “Selva Austral”, y fue precisamente en aquel momento que comenzó a utilizar el seudónimo de Pablo Neruda, como forma de homenaje a uno de sus poetas preferidos, el checo Jan Neruda.

Tres años más tarde, su fama era tal que logró publicar su primer libro bajo el nombre de “Crepusculario”, en el cual se compilaron algunos de los poemas que Neruda había previamente publicado en la revista mencionada.

Unos años después, precisamente en 1924, llegaría la publicación de su segundo libro, que se convirtió en una de sus obras más conocidas en todo el mundo: “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”.

Debido a sus estudios, su talento y su interés permanente en la política, entre los años 1927 y 1935, el Gobierno chileno le asignó diferentes consulados que lo llevaron a diversos destinos, tales como Birmania, Ceilán, Singapur, Barcelona, Madrid y Buenos Aires.

Durante la Guerra Civil Española, y a raíz del asesinato de García Lorca, Neruda sintió la necesidad de comprometerse fuertemente con la sociedad, lo que lo llevó a incorporarse al movimiento republicano, primero en España, y más tarde en Francia, regresando luego a su país natal con la convicción de utilizar sus palabras en pos de la liberación del individuo.

Es por ello que podemos notar que durante este período su poesía se caracterizó por una orientación hacia aspectos más ligados a lo político y lo social.

Su paso por España y México lo convirtió en un poeta épico cuyas creaciones se basaban en el análisis continuo del destino histórico del continente sudamericano. Así surgió la obra “Canto General”, que fue publicada en México en 1950, y que está compuesta por más de 250 poemas reunidos en quince ciclos literarios. Según los expertos esta obra constituye el espinazo de la producción de Neruda.

Cuando en 1943 Neruda decide regresar y permanecer en su Chile natal, las cosas en el país aún iban bien, y en 1945 fue elegido Senador de la República. Fue durante esa época que decidió unirse al Partido Comunista.

Lo cierto es que debido a sus protestas constantes y públicas contra la política represiva del entonces Presidente de facto Gabriel González Videla, el poeta tuvo que pasar a vivir en la clandestinidad dentro de su propio país por el lapso de casi dos años, hasta que finalmente logró salir de la nación en 1949.

Durante varios años se trasladó de un lado a otro en Europa, como no hallando su verdadero lugar en el mundo, y recién en 1952 tuvo la posibilidad de retornar a su hogar natal. De más está decir que la mayoría de las producciones creadas durante ese período están fuertemente influenciadas por el exilio, sus actividades políticas, y la tristeza e impotencia de sentir su alma dividida. Tal es el caso del libro “Las uvas y el viento” de 1954, que es considerado por lo expertos como el diario de exilio del escritor.

Los años y las décadas pasaron, pero Neruda nunca abandonó su pasión por los derechos de los hombres, como así tampoco el amor por la literatura, aquel que en 1971 le valió el Premio Nobel de Literatura.

Durante la noche del 23 de septiembre de 1973, Pablo Neruda abandonó para siempre la vida terrenal, luego de haber sufrido el padecimiento de una enfermedad terminal. A partir de allí, comenzaron a surgir diferentes hipótesis con respecto a su muerte, e incluso se llegó a plantear la posibilidad de que el escritor había sido asesinado, hechos que aún no han sido esclarecidos.

Echan a Neruda de Italia: Una orden impartida desde Nápoles para el poeta chileno Pablo Neruda para que abandone ese país de inmediato, comunicación que recibe cuando se disponía a viajar a la isla de Capri.  Al parecer, en febrero del año anterior el reconocido escritor, miembro del Partido Comunista, había participado en varias manifestaciones no autorizadas en establecimientos ndustnales de Porto Marghera, próximos a Venecia.

La orden fue luego prorrogada por el ministro del Interior italiano, quien le otorgó al poeta un permiso para permanecer en Italia unos días más. Neruda vive en Italia desde diciembre de 1951, país al que arribó luego de huir de la persecución desatada contra los comunistas por el presidente de Chile, Gabriel González Videla. Su estancia está marcada por su romance clandestino con Matilde Urrutia y la salida de imprenta en Nápoles de una de sus obras más famosas, «Los versos del capitán», libro que fue publicado como de autor anónimo para no herir a la que aún era su esposa, Delia del Carril.

pablo neruda

PABLO NERUDA: Fue senador comunista en 1944 y estuvo oculto durante un año, habiendo de marchar al extranjero como desterrado. Obras suyas son Crepusculario, Poemas (1919), La canción de la fiesta (1921), El hondero estusiasta (1923), Residencia en la tierra (1933-35 y 1937), Las furias y las penas (1939), Canto general (1950), 20 poemas de amor y una canción desesperada; Residencia en la tierra, etc. Nació en 1904 y falleció en 1973.

SUS ULTIMOS AÑOS: De 1964 en adelante Neruda alcanza su definitiva consagración mundial; pero su obra sigue creciendo, tanto cuantitativa como cualitativamente, como lo atestigua la publicación de La barcarola en 1967, un libro concebido como una conversación con su mujer en la intimidad y cuya versificación de estirpe rubendariana es al mismo tiempo un gran homenaje al poeta nicaragüense (es el año del centenario de su nacimiento) y la certidumbre de ser él mismo un igual, un continuador de Darío.

Los homenajes y las distinciones siguen afluyendo. En febrero de 1965 la universidad deOxford le concede el título de doctor honoris causa en Filosofía y Letras, siendo el primer suramericano que lo consigue. En 1966 es condecorado por la Asociación de Escritores Peruanos con el Sol del Perú. Continúa viajando infatigablemente.

En Hungría en colaboración con Miguel Ángel Asturias escribe Comiendo en Hungría, libro que se publica en cinco idiomas simultáneamente. Asiste a la reunión del Pen Club de escritores que se realiza en Bled, Yugoslavia.

Al año siguiente (1966) va a los Estados Unidos como invitado de honor del Pen Club. Da recitales en Nueva York, en Washington y Berkeley, presentado por el gran poeta Archibald MacLeish. También lo hace en la universidad de México; cuando regresa a Chile legaliza su matrimonio con Matilde Urrutia.

A finales de ese año escribe la obra de teatro Fulgor y muerte de Joaquín Murieta, que es la plasmación de una antigua ambición de Neruda: escribir teatro, al tiempo que busca situar al hombre latinoamericano frente a su mitología potencial para incorporarlo a su atmósfera cotidiana, a su tradición histórico-cultural, en un intento de creación total. La obra se estrena en octubre por el Instituto de Teatro de la universidad de Chile.

Entre 1968 y 1969 aparecen dos libros de poemas que son como un balance de la existencia de Pablo Neruda: Las manos del día testimonia lo personal, y Fin de mundo que circunscribe el tiempo histórico.

En Las manos del día la preocupación fundamental se construye a partir de la proximidad de la muerte, de donde el libro palpita con un fuerte acento dramático, acento íntimo de quien se enfrenta con altivez a esa «certidumbre del adiós». En Fin de mundo Neruda escribe desde una edad que no admite ilusiones. Parece como si al poeta le doliera haber vivido en una era que no le permitió ver concretadas sus esperanzas.

Por eso Neruda sigue tomando parte activa en la política. En setiembre de 1969 es proclamado candidato a la presidencia de Chile. Durante varios meses recorre el país de sur a norte hasta que su actividad cristaliza en la formación de la Unidad Popular, que finalmente lleva a la primera magistratura a Salvador Allende en 1970.

A finales de ese año un nuevo libro suyo, Las piedras del cielo, plantea distintas alternativas en el rumbo de su poesía. Sus treinta poemas facturados en un lenguaje fresco, dimanan una certidumbre de perdurar más allá de todo, trascienden un nuevo sentido de la existencia, revelan a ün Neruda juvenil en posesión de plenos poderes tanto de existencia como de poesía.

En abril de 1971 Neruda es designado embajador de su país ante el gobierno de Francia. En octubre obtiene el Premio Nobel de Literatura, siendo el sexto escritor de nuestra lengua y el tercer hispanoamericano que recibe la alta distinción literaria.

En 1972 viaja de nuevo a Nueva York para pronunciar el discurso inaugural del Pen Club Internacional de escritores. Publica Geografía infructuosa. Renuncia a su cargo de embajador y regresa a Chile. En Santiago es objeto de la más cálida y entusiasta recepción por parte del pueblo chileno y se le rinde un homenaje en el Estadio Nacional de Santiago.

En 1973 publica Alabanza de la Revolución Chilena, un libro con el que contribuye para la campaña de las elecciones parlamentarias. El 11 de septiembre, un golpe militar derriba al presidente constitucional Salvador Allende.

Neruda muere el 23 de ese mes y es sepultado entre el ruidoso silencio de su pueblo, del mundo que se entera con estupor de su muerte y de que su casa ha sido saqueada.

La vida y obra de Pablo Neruda confluyen hoy en un solo plano como la concreción de esa voluntad cíclica que tanto persiguió a todo lo largo y ancho de su existencia titánica, de ese deseo de asaltar el cielo para romper el muro que enclaustraba su existencia y la de los hombres.

«Y no sé si será pecar de jactancia decir, a los años que llevo, que no renuncio a seguir atesorando todas las cosas que yo haya visto o amado, todo lo que yo haya sentido, vivido, luchado, para seguir escribiendo el largo poema cíclico que aún no he terminado, porque lo terminará mi última palabra en el final instante de mi vida», dijo como un profeta de su propio destino en la improvisación para inaugurar el seminario de estudios sobre su obra el 7 de agosto de 1964 en su entrañable Santiago, en su amado Chile. (Fuente: Forjadores del Mundo Contemporáneo – Tomo IV – Pablo Neruda – Editorial Planeta)

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AMPLIACIÓN DE LA BIOGRAFÍA: Uno de los más grandes poetas de la lengua española. Recibió el Premio Nobel de Literatura. También fue diplomático.

Hijo de un ferroviario que no concebía el hecho de que alguien viviera de la poesía, el pequeño Neftalí Ricardo Reyes Basualto, tuvo que adoptar un seudónimo para poder escapar de la represión paterna y escribir sus versos. Eligió el nombre del escritor checo Jan Neruda, cuyo primer nombre sustituyó por Pablo.

Estando aún en el colegio, Neruda fundó con algunos amigos un ateneo literario y se inició en la política estudiantil. Leía mucho, preferentemente a los simbolistas franceses. Conoció en esa época, a. la poetisa Gabriela Mistral, quien le prestó algunas novelas de escritores rusos.

Abandona la facultad en 1921, «a cambio de la política, de la poesía y del amor», y escribe los versos del libro Veinte Poemas de Amor y una Canción Desesperada. Inicia su militancia política como intelectual, colaborando en dos revistas editadas por la Federación de los Estudiantes: Claridad y Juventud.

Con la publicación de su primer libro, Crepusculario (1923), descuella como poeta y publica tres más, entre 1924 y 1927: Tentativa del Hombre Infinito, El Habitante y su Esperanza y Anillos.

En 1927 fue designado cónsul en Rangún, capital de Birmania. Vivió allí 5 años y escribió Residencia en la Tierra, Se casó en Yakarta, pero poco después del nacimiento de su hija, en 1934, el matrimonio se deshizo.

Regresó a Chile en 1932, y allí publicó al año siguiente El Hondero Entusiasta. En 1933 fue designado cónsul en Buenos Aires. En esta ciudad conoce al poeta y dramaturgo español Federico García Lorca y la identificación entre ambos fue inmediata, lo que llevó a Neruda a pedir al gobierno chileno su traslado a España.

En Madrid, formó parte de un grupo de poetas y durante la Guerra Civil Española pasó esos tres años luctuosos junto a los republicanos. En 1938 comienza a escribir Canto General, un poema épico en 15 cantos sobre América. En 1942, por el poema Cántico de Amor a Stalingrado, una denuncia de la autodestrucción del hombre por las guerras, Neruda gana el Premio Stalin.

En 1945, es elegido senador por el Partido Comunista Chileno.

Su obra es muy vasta: un libro por año. Escribió metódicamente, con o sin inspiración. Aun sus poemas políticos están cargados de romanticismo, con un lirismo muchas veces excesivamente alegórico; las últimas obras del poeta, no obstante, demuestran la búsqueda de una expresión más depurada. Según la opinión del secretario de la Academia Sueca de Letras, Kar Ragmar Hierox, al otorgarle el Premio Nobel de Literatura en 1971, «su tumultuosa obra no impidió (…) su perfeccionamiento de la sensibilidad».

Gravemente enfermo, Pablo Neruda renunció, en febrero de 1973, al cargo de embajador en Francia, recluyéndose luego en su casa de Isla Negra, balneario situado al sudeste de Santiago. Falleció en 1973.

El Motin del Te Guerras de la Independencia de EE.UU. Trece Colonias

MOTÍN DEL TÉ: GUERRAS DE LA INDEPENDENCIA

En diciembre de 1773, la crisis estalla nuevamente. Un grupo de ciudadanos de Boston, disfrazados de indios, asaltan navíos británicos y arrojan al mar trescientas cajas de té. Este episodio se conoce históricamente con el nombre de «Boston Tea Party«.

El impuesto que incidía sobre el producto no había sido, en verdad, el motivo principal del atentado, y sí el hecho de que el monopolio de la importación de té estaba en manos de la Compañía de las Indias, empresa británica que estorbaba considerablemente las actividades de los que anteriormente se dedicaban a la importación del producto y de los muchos contrabandistas de la región.

motin del te

La chispa del inicio de la Independencia de EE.UU.

La reacción de los ingleses fue inmediata: sus tropas bloquean el puerto de Boston, que sólo sería abierto nuevamente cuando fuera abonado el té arrojado al mar. Ante esa situación, Washington y otros políticos sólo ven una salida: la rebelión abierta. A todos los que piden la adopción de una línea política más moderada Washington les responde que pasó el tiempo de enviar peticiones, pues está convencido de que la metrópoli está decidida a oponerse a todos los reclamos coloniales.

Por orden de Londres, el gobernador de Virginia clausura la Asamblea, foco principal de la insurrección. Los colonos responden convocando a una reunión con representantes de todas las colonias. Es el Primer Congreso Continental, reunido en Filadelfia en setiembre de 1774 con la presencia de 55 delegados de todas las colonias, a excepción de Georgia. Entre los representantes de Virginia se encuentra George Washington.

Hay divergencias políticas, mas todos concuerdan en un punto básico: las imposiciones inglesas son jurídicamente erradas y políticamente injustas. La idea general es que las colonias deben obedecer al rey en las guerras exteriores y en los tratados de paz, mas en lo restante son libres para autogobernarse, teniendo sus asambleas, dentro de los respectivos territorios, la misma autoridad que el Parlamento en Inglaterra.

El Primer Congreso Continental organiza un boicot más eficaz de los productos británicos, envía al rey una petición y al pueblo inglés una Declaración de los Derechos y de las Quejas de las colonias.

Pero la Metrópoli se niega a negociar. La tensión aumenta y, en Virginia, George Washington comienza a formar un destacamento de voluntarios. (En Massachusetts la acción de los colonos también es enérgica: constituyen un gobierno revolucionario y preparan una guerra civil.) En 1775, participa de la nueva reunión de los virginianos cuando se decide colocar la colonia en estado de defensa y parte enseguida para el Segundo Congreso Continental de Filadelfia.

En la reunión se comprueba que hay un clima de rebelión abierta en varias regiones de las trece colonias: las milicias de las provincias toman posiciones y aumentan sus efectivos. Se discute mucho, pero la conclusión es una sola: agotadas las posibilidades de negociación, sólo queda partir hacia la lucha contra los británicos. George Washington es elegido comandante general de las tropas.

Por encima de las razones militares, en él nombramiento de Washington prevalecerán las políticas. Era necesario escoger a un hombre del sur, y Washington representaba a una colonia importante, la más poderosa y organizada entre las del sur. Además, el comandante en jefe tendría que ser un hábil diplomático, un hombre capaz de unir a las fuerzas rebeldes.

Asume oficialmente el comando en Cambridge, el 3 de julio de 1775. Ya tiene experiencia militar suficiente para saber con qué tipo de tropas contará: hombres para los cuales la guerra significa disparar las armas, sin importarles mucho los problemas de organización. Son hacendados, labradores, hombres incultos, contadores, estibadores, cada uno haciendo su pequeña guerra personal, sin ninguna disciplina. Surgen de los lugares más imprevistos y rápidamente desaparecen. Se juntan a la hora de los ejercicios, reaparecen a la hora de la distribución de las provisiones. A pesar de ello, para los ingleses son una terrible amenaza.

Falta de todo en ese ejército de Washington: desde gente entrenada para la guerra hasta dinero, auxilios, armas, municiones, uniformes. Será una lucha de aficionados contra profesionales; de tropa indisciplinada contra aquella que tiene a la guerra por oficio, incluso reforzada por expertos mercenarios europeos.

Los primeros movimientos del ejército rebelde, a pesar de todas sus deficiencias, son exitosos. En 1775 Washington toma el fuerte de Ticonderoga, importantísimo desde el punto de vista estratégico; en marzo de 1776 ocupa y fortifica Dorchester Heights; días después obliga a los ingleses a retirarse del puerto de Boston, comandados por el General Howe.

Mientras tanto, el Congreso Continental continúa reunido. A medida que el movimiento rebelde adquiere fuerzas, el poder ejecutivo británico se va desmoronando en las colonias. Los gobernadores, ya sin autoridad, huyen a Inglaterra o son tomados prisioneros. El viejo sistema entra en crisis y uno nuevo comienza a perfilarse en las siguientes sesiones del Congreso de Filadelfia. Ya se discuten resoluciones sobre crédito, comercio, sistema postal, formas de administración.

Richard Henry Lee, uno de los representantes de Virginia, propone la formación de una Federación americana independiente. Después de mucha discusión la propuesta termina por ser aceptada. Se nombra una comisión encargada de redactar una declaración de independencia. Después de tres días de trabajos, durante los cuales se destaca la participación de Thomas Jefferson, el Segundo Congreso Continental aprueba solemnemente la Declaración de Independencia. Es el 4 de julio de 1776.

Incluso ya firmada la Declaración, los debates prosiguen encendidos, cuando Benjamín Franklin, recordando una de las últimas proclamas reales, termina la disputa con una frase: «Caballeros, necesitamos permanecer unidos si no queremos ser colgados uno por uno».

El Congreso vuelca entonces toda su atención hacia el problema de defender militarmente la secesión. Al frente de su improvisado ejército, Washington, ayudado por algunos voluntarios europeos (que escucharon el llamado universalista de los revolucionarios norteamericanos), como el francés La Fayette, el prusiano Steuben o el polaco Kosciusko, va sosteniendo una dura lucha contra los ingleses.

A las victorias sorprendentes siguen serias derrotas y, en esa alternancia de éxitos y reveses, la guerra prosigue sin definirse hasta 1778. Ese año llega al comandante del ejército estadounidense una auspicióse noticia: gracias, sobre todo, al excelente trabajo diplomático de Benjamín Franklin en París, Francia, con sobrados motivos para oponerse a loS ingleses, sus tradicionales enemigos decide ayudar a los norteamericanos. Y a esa ayuda se une también la corona española, aliada de la francesa.

Inicialmente, llega una reducida fuerza expedicionaria, pequeña además para las necesidades del aliad c Pero en 1780 va hacia América un numeroso contingente francés, que componen un eficiente y disciplinado ejército bajo el comando del Conde de Rochambeau. Ahora, la lucha ser definitivamente de igual a igual.

Entendiéndose muy bien, Washinton y Rochambeau articulan inteligentes maniobras que llevan al enemigo al agotamiento. Pierden alguna que otra batalla, pero en la mayoría de las acciones tienen éxito. Por fin, en octubre de 1781 los ingleses cesan el fuego en todas las líneas y solicitan que se inicien conversaciones de paz. Desde ya, la guerra se da por terminada.

El 3 de setiembre de 1783, es firmado el tratado de paz, en Versalles. En noviembre, las tropas inglesas abandonaron el territorio de sus ex colonias; en diciembre, el ejército comandado por George Washington entra en Nueva York, donde se habían reunido los contingentes británicos desde el cese de fuego.

PARA REFLEXIONAR: ¿Fue este incidente la causa de la Revolución americana? No en lo inmediato, ni directamente. Las autoridades de la metrópoli podían ignorar los hechos, tal como hicieron el año anterior, cuando el asalto al Gaspée. Pero en el caso del Gaspée los daños afectaron principalmente a las personas y no hubo mucha destrucción de bienes.

En el siglo XVIII los atentados contra la propiedad siempre se juzgaban con más severidad que las lesiones a las personas. También podían dejar las autoridades de la metrópoli que las de Massachusetts hiciesen las averiguaciones necesarias y pusieran a los perpetradores a disposición de sus jueces. Sin embargo, y pese a ser perfectamente conocidos en Boston los cabecillas, difícilmente se reunirían pruebas suficientes para persuadir a un jurado bostoniano. En las demás colonias, la Boston Tea Party no causó regocijo sino más bien escándalo. Hasta los patriotas moderados consideraron que las cosas habían ido demasiado lejos en Boston.

Y ahí habría quedado el asunto, si tanto los británicos como los estadounidenses hubiesen optado por fijarse más en lo que los unía, y no en lo que los separaba. Pero las autoridades británicas creyeron, quizá con no mucho acierto, que una cosa así ni siquiera en Estados Unidos debía quedar sin alguna acción punitiva. En Inglaterra, los mercaderes y la Compañía clamaban exigiendo sanciones. Una vez tomada la decisión de no consentir sin castigo, el gobierno inglés hizo aprobar por el parlamento, pese a una enconada oposición, una serie de disposiciones que no tardaron en ser calificadas de «leyes de represalia» (Retaliatory Acts) por todos los patriotas norteamericanos, y que constituyeron el principal de los agravios que recoge la Declaración de Independencia. (Fuente: Al Rescate de la Historia Rayner y Stapley)

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Causas de la Independencia de las Colonias Britanicas El Motin del Te

Causas de la Independencia de las Colonias Británicas

LAS LEYES DE LA METRÓPOLI SON EL DETONANTE DE LA REBELIÓN: Con el tratado de París, firmado en 1763, el Imperio británico llega a su apogeo en el siglo XVIII. Francia había perdido prácticamente todos sus territorios en América del Norte y la India.

Gran Bretaña, por el contrario, ya se comenzaba a afirmar como la nación más poderosa de Europa. Pero el largo período de guerra había sido muy oneroso para el tesoro británico. Y era preciso mucho dinero para colonizar y administrar satisfactoriamente tanto a los antiguos como a los nuevos y extensos territorios incorporados al Imperio.

Al mismo tiempo, el equilibrio de poder entre la metrópoli y las colonias se hace cada vez más precario.

Teóricamente, las colonias tienen el derecho de autogobernarse en los negocios internos, a través de sus asambleas censatariamente elegidas las más, y siempre puestas bajo el control de los gobernantes nombrados por el rey inglés, los cuales deben velar para que esas decisiones no contraríen los intereses generales de la corona, que se superponen a todo.

 Independencia de las Colonias BritanicasLas colonias americanas atacan sistemáticamente ese principio. Libres del peligro francés, con una base económica sólida, sus habitantes encaran el futuro con mucho optimismo.

Actúan con un espíritu de independencia que preocupa al Rey Jorge III.

El piensa que Inglaterra debe mantener su posición de madre patria, usando a las colonias como fuente de materias primas y mercado consumidor de sus productos industrializados.

En esas condiciones, el rey decide re-vigorizar la estructura administrativa del Imperio: el Parlamento inglés deberá legislar con autoridad sobre los territorios que pertenezcan a la corona británica, de modo de posibilitar una política unitaria.

Era un plan poco realista, especialmente en cuanto a las colonias de la costa oriental de la América del Norte, El monarca parecía no comprender que las trece colonias inglesas instaladas en América ya no eran simples apéndices de Inglaterra. Se trataba de territorios densamente poblados, dotados de instituciones peculiares, con una tradición cultural ya enraizada.

Además, los planes que el gobierno de Jorge III quería aplicar a los norteamericanos eran extremadamente inadecuados: hacían de ellos ciudadanos británicos de «segunda clase», ignorando que, jurídicamente, eran tan ingleses como los londinenses.

El ser ciudadano inglés no significaba sólo ser subdito del rey de Gran Bretaña; más que eso, comprendía una serie de derechos, tales como el de ser juzgado según las normas procesales y las garantías del derecho británico y de tratar de los negocios de la comunidad a través de sus propios representantes elegidos para el Parlamento.

Por lo tanto, los norteamericanos veían en sus tribunales y asambleas, en las instituciones y derechos reconocidos en la carta colonial, la propia esencia de la ciudadanía inglesa, que estaban dispuestos a defender.

Una grave crisis financiera en la Metrópoli precipita el choque entre Gran Bretaña y las colonias británicas de América del Norte (el Canadá era un país conquistado).

En 1764, buscando recursos para enfrentar la crisis, el Parlamento vota la llamada Ley del Azúcar, imponiendo altos impuestos sobre las ganancias de la comercialización del ron fabricado en las colonias. Y al año siguiente aprueba la Ley de Sellos, estableciendo tributos sobre los documentos públicos. Las dos leyes son la mecha que encendió la rebelión de las trece colonias.

Más de treinta periódicos ya existentes en América del Norte protestan al unísono contra las medidas. En las asambleas, después de inflamados discursos, se votan resoluciones afirmando, con argumentos jurídicos, que las trece colonias no aceptarán esos impuestos tan perjudiciales a su economía, ya que ellas no tienen representantes en el Parlamento que las sancionó.

Ante la imposibilidad de ver ejecutada la Ley de Sellos, el Parlamento suspende su aplicación en 1766. Pero vuelve a insistir en 1767, sancionando las Leyes Townshend; bajo la inspiración del canciller que dio nombre a las leyes, establece impuestos aduaneros sobre la importación de té, tabaco y barniz, entre otros productos A esas medidas siguen otras, reformando el sistema de percepción de tributos en las colonias, para hacerlo más eficaz.

En las colonias, la reacción es inmediata. Asociaciones patrióticas realizan manifestaciones públicas; escriben poesías satíricas, queman efigies de personajes locales favorables a Inglaterra y deciden boicotear el comercio inglés, dejando de comprar los productos tradicionalmente exportados por la Isla.

La protesta general se acentúa cuando el Parlamento insular determina la clausura de la asamblea de Nueva York, que se niega a votar las cantidades necesarias para la manutención de las tropas británicas asentadas en las colonias.

Se trataba de un acto sin precedentes, pues hasta entonces sólo los gobernadores, como representantes del rey, podían intervenir y clausurar las asambleas. En Virginia, la Asamblea vota un mensaje al rey, un memorial a la Cámara de los Lores y una queja a la Cámara de los Comunes.

En 1770, el Parlamento británico cede parcialmente a las protestas, temiendo que algo peor acontezca. Anula los impuestos aduaneros a excepción del que incide sobre el té. Con ello, consigue aplazar por un tiempo el movimiento antibritánico. Mas los primeros disparos de la guerra anglonorteamericana habían matado a tres ciudadanos de Boston.

 Sigue Parte II

Caracteristicas del Socialismo Origen y Consecuencias Ideologia Marx

Resumen Características del Socialismo

El sistema socialista: El sistema socialista nació con el propósito de reorganizar la sociedad, como reacción a las desigualdades sociales existentes en el capitalismo. Carlos Marx proporcionó la teoría, y Lenin la práctica. Este sistema pretendía una mejor distribución de la riqueza, una sociedad más justa e igualitaria. El partido comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en una declaración de 1961, consideraba que:

– el comunismo es un sistema social sin clases, en el cual los bienes de producción son de propiedad estatal;

– en él existe una igualdad social;

– bajo este sistema crecen las fuerzas de producción sobre la base de un desarrollo constante de la ciencia y la técnica;

– rige el principio: «de cada uno según su capacidad, a cada uno según sus necesidades».

Desde 1917 en la Unión Soviética y después de la Segunda Guerra Mundial en otros países, el socialismo ha sido un modo de organizar el Estado, la sociedad y la economía sobre los principios de igualdad y solidaridad que pretendían poner fin a la explotación del hombre por el hombre.

Ese sistema fracasó. La parte del mundo controlada por el comunismo cambió y surgieron nuevos protagonistas de la economía mundial. Cuando la URSS dejó de existir y con ella el principal modelo socialista, se dijo que más que un fracaso eco-nómico y político, es la quiebra y el fracaso de una ideología.

Características del modelo económico socialista: Este modelo tiene como objetivos:

  • Terminar con la propiedad privada y sustituirla por una propiedad colectiva o estatal, al igual que los medios de producción: el Estado gestiona las empresas o cede la gestión a cooperativas, y la propiedad privada se reduce a bienes personales.

  • Eliminar las clases sociales y establecer la vigencia del proletariado en tanto se constituye a sociedad comunista, sin clases y sin Estado. ¡Realizar una planificación centralizada de la producción, la distribución y el consumo.

  • El Estado dirige la economía mediante planes que marcan los objetivos de desarrollo.

  • Un partido único, el Partido Comunista, domina la vida política y económica, ejerce el monopolio del poder y controla la administración, las empresas, etc. interés social, por el que los beneficios económicos deben permitir la atención sanitaria, cultural y educativa de todos.

Caracteristicas del Socialismo Origen y Consecuencias Idelogia MarxCarlos Marx (1878-1883) nació en Prusia, Alemania. En 1848 redactó, junto con Engels, el Manifiesto Comunista, que contiene los principios esenciales de su doctrina. En (867 se publicó el primer volumen de El Capital, donde enunció su teoría política y económica.

Esta se basaba en el análisis de la historia y parte del estudio de las relaciones económicas de la producción; además, destacaba la importancia del trabajo. Construyó un modelo económico para demostrar cómo el capitalismo explotaba a su clase trabajadora y cómo esta explotación conduciría inevitablemente a su destrucción.

Fuentes:
Espacios y Sociedades del Mundo Política, Economia yu Ambiente de C.V. Bertone de Daguerre y S.M. Sassone
Historia del Mundo Contemporáneo Cronos A. Fernández
Las Ideologías en el Siglo XXI Ignacio Massun
Enciclopedia Wikipedia

Legado del Humanismo

Legado del Humanismo

El humanismo: El humanismo surgió en parte en respuesta a la desilusión creciente con respecto a la Iglesia. Era una corriente de pensamiento literaria y erudita, interesada en la gramática, la retórica, la historia, la filosofía y la poesía, doctrinas todas producto del pensamiento humano.

En su corazón latía el interés por reavivar la cultura clásica, en particular mediante el estudio del griego y el latín. El humanismo postulaba que el ser humano podía aplicar las habilidades que le eran propias, el razonamiento y la lógica, para mejorar y ganar en dignidad.

En su difusión hacia el norte alcanzó otros países europeos y, con la aparición de las técnicas de impresión, llegó a un público cada vez mayor. Cuando sus tesis se aplicaron al estudio de la Biblia, se exigió una revisión humanista de la Iglesia, la cual derivó en la llamada Reforma.

El nuevo ideal de vida de los humanistas básicamente implicaba:

Una afirmación de la presencia del hombre en el mundo: los humanistas consideraban al hombre como centro y medida de todas las cosas. Expresaban su orgullo y simpatía por las realizaciones humanas y tenían gran confianza en el destino de la humanidad. Consideraban al hombre como un ser libre y superior a otras criaturas.

Una revalorización de la vida en la tierra: apreciación que señalaba una diferencia con el pensamiento medieval, que consideraba más importante la vida ultraterrena.

El ejercicio de la crítica socio-cultural: atacaron a las autoridades tradicionales, como la Iglesia en sus poderes terrenales, y a le: rígidos métodos de enseñanza e investigación que no permitían e adelanto de los conocimiento; Proponían la discusión de las teorías, la observación de los hechos los procedimientos inductivos (de lo particular a lo general).

Los humanistas lograron un rango social importante, pero su vida no era fácil. Alcanzaban el nivel profesional después de años de estudio y muchos esfuerzos. Estudiaban desde niños o muy jóvenes gran cantidad de horas diarias muchas de ellas a la luz de las velas. Algunos solían describir su existencia de este modo: «durante el día trabajo para vivir y durante la noche me visto con mis mejores galas, voy a la biblioteca y me une con los pensadores antiguos».

Los burgueses se transformaron en mecenas y protegieron a intelectuales y artistas. Eran poderoso; económicamente y querían aparecer también como «piadosos». Los Medicis de Florencia fueron un ejemplo del mecenazgo ejercido por la alta burguesía.

EL LEGADO DEL HUMANISMO

El movimiento humanista, como ya se expuso, había nacido en la vanguardia de un conjunto de manifestaciones de la vida europea vinculadas al desarrollo y a las exigencias de las comunidades urbanas. Nutrido en su origen en aspiraciones de universalidad, no había podido eludir la presión del tiempo, tornándose paulatinamente en factor de estímulo de las mismas tendencias a que parecía oponerse.

Su noción del carácter autónomo de las creaciones humanas, con la consiguiente objetivización del mundo de la cultura, había tenido como consecuencia inmediata el desarrollo de las ciencias histórico-políticas, dotadas del instrumento eficaz proporcionado por la filología.

Firme luego en su concepción de la dignidad del hombre, concebido como señor de la Tierra, había desarrollado la indagación de la circundante esfera natural, estimulando las búsquedas científicas destinadas a dominar el universo y someterlo a sus exigencias.

Nació de este modo, un mejor conocimiento del pasado y del presente. La selva de mitos y alegorías se desbrozó con el rechazo del criterio de autoridad científica y con la creación de una nueva metodología del saber. que pronto daría frutos gigantescos.

Por otra parte, si en cierto modo el humanismo rompió con el pasado inmediato, tachándolo en sus limitaciones fundamentales, no dejó de advertir, en toda su fecundidad, el lazo que indisolublemente debía tenderse, enhebrando el conjunto de las creaciones humanas, para advertir el sentido de la presencia del hombre en la Tierra.

Ladrones de Cadaveres Robo de cuerpos muertos Profanacion de Tumbas

Historias de Ladrones de Cadáveres Robo de Cuerpos  y Profanación de Tumba

Historia de Ladrones de cadáveres William Burke (1792-1829), un obrero irlandés que emigró a Escocía en 1817, fue uno de los asesinos más conocidos y más imprudentes. Puso un negocio de ropa usada en Edimburgo y, lo que es mas importante, alquiló una habitación a William Hare, un irlandés que era dueño de una pensión con comida para vagabundos y unos.

Esta fue la época de los ladrones de cadáveres aquellos que robaban tumbas por la noche para proveer de cadáveres para disección a los anatomistas. Los ladrones de cadáveres debían pagar fuertes multas o bien eran deportados, pero si dejaban las vestimentas de los cuerpos no podían ser acusados de robo  u ofensa grave.

En aquel tiempo había una gran demanda de cadáveres porque sólo se permitía emplear para disección los cuerpos de aquellos hombres que habían sido ejecutados por asesinato, los que eran relativamente pocos, y porque la anatomía acababa de empezar a ser considerada una ciencia.

En 1827 Burke y su compañero dieron inicio a su carrera. Uno de los  pensionistas de Hare, un anciano llamado Donald, había muerto  debiéndole 4 libras y el dueño de la pensión convenció a Burke de que tenían a su alcance una fuente de ingresos fácil.

La pareja quitó la lapa del ataúd en el que las autoridades de la parroquia había guardado a Donald, escondió el cuerpo en una cama, llenó el ataud con resina, lo volvió a sellar y luego vendió el cadáver por 7 libras con 10 chelines al Dr. Robert Knox, director de una escuela de anatomía en Surgeon’s Square. Burke y Hare pronto aumentaron sus actividades.

Otro pensionista estaba por morir, pero su agonía duraba demasiado y ellos lo ayudaron a pasar la puerta de la muerte asfixiándolo con una almohada. Luego vendieron su cuerpo a Knox por 10 libras.

Ladrones de Cadaveres Robo de cuerpos muertos Profanacion de Tumba

Burke y su socio pensaron que si el cuerpo presentaba algún tipo de herida, no les pagarían por el “producto” e irían inmediatamente a la cárcel donde serían juzgados y ejecutados, por lo que idearon la forma de matar a sus víctimas sin levantar sospecha. Sujetaban el cuerpo de su víctima con fuera, mientras uno de ellos le tapaba la boca y la nariz impidiendo que así pudiera respirar. Las víctimas morían asfixiadas en pocos minutos.

Hare y su esposa y Burke y su amante, Helen Me Dougal, dieron muerte a 14 o 28 infortunados más de forma similar, recibiendo 14 libras por cada cadáver. Al asfixiar a sus víctimas tenían cuidado de no dejar rastros de violencia de modo de aparecer como simples ladrones de tumbas. Cuando las provisiones de la pensión mermaron, comenzaron a atraer nuevas víctimas eligiendo para ello a viejas brujas, borrachos y prostitutas a los que a menudo emborrachaban.

Si un candidato ofrecía demasiada resistencia a una almohada, Burke lo sostenía mientras Haré lo asfixiaba apretando sus manos contra la nariz y la boca de la víctima.

Pero los asesinos se descuidaron. Primero mataron a Mary Paterson, una voluptuosa joven de 18 años tan suelta con su cuerpo que fue rápidamente reconocida por los jóvenes estudiantes de medicina de Knox que hasta la preservaron antes de la disección como un perfecto ejemplo de belleza femenina. Luego mataron a «Daft Jamie» Wilson, un inofensivo idiota que era muy conocido y vivía de hacer recados en las calles de Edimburgo.

Finalmente los vecinos comenzaron a sospechar y la policía los atrapó con el cuerpo de una mujer llamada Mary Dougherty que había desaparecido. Hare delató a sus cómplices en el juicio, el cual comenzó en Navidad. Él y su esposa fueron puestos en libertad y Helen McDougal también, por falta de pruebas.

Burke, por alguna razón, se negó tontamente a prestar declaración.

Fue condenado y ahorcado un mes más tarde, el 28 de enero de 1829, ante una multitud de 30.000 personas. La palabra con la que el asesino contribuyó al lenguaje se oía aún mientras estaba de pie en el cadalso en el Grassmarket; los espectadores exhortaban a los verdugos con gritos de: «¡Burke him! ¡Burke him!» (no lo cuelguen, asfíxienlo o estrangúlenlo hasta que muera).

La muchedumbre también quería «burke» a Haré a pesar de su inmunidad, pero el verdadero cerebro escapó y se cree que murió de muerte natural muchos años después en Inglaterra, donde vivió bajo un nombre falso. Durante el proceso la esposa de Haré había asistido al tribunal con su bebé para ganar la simpatía del jurado a pesar de que el niño sufría de tos convulsa.

Burke, quien firmó una confesión admitiendo unos 16 asesinatos, fue diseccionado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Edimburgo luego de ser ahorcado y sus restos fueron vistos por decenas de miles de personas.

Alguien debe saber dónde se encuentra su esqueleto, en el rincón de algún salón de clases. En cuanto al Dr. Knox, la gente se volvió en contra de él después de la ejecución e intentó destruir su escuela. La policía intervino para salvarle la vida. A pesar de sus protestas de inocencia se vio forzado a abandonar la ciudad.

William Burke no fue el primero que asesinó para lucrarse con los cadáveres ni el primero en asfixiar a sus víctimas por este motivo. Dos enfermeras, Helen Torrence y Jean Valding habían sido ahorradas por el mismo crimen en 1752.

Pero debido a la publicidad del raso el nombre de Burke pasó a significar literalmente el acto de u ahogar o tapar la boca» y quizás el uso se acentuara cincuenta años más tarde en relación con el asesino Thomas Henry Burke, subsecretario de Irlanda.

Es una ironía que el nombre de Burke, en la forma de «to burke», u burke» y «burking», sea tan recordado ya que quizá fue Hare quien tuvo mayor intervención en el momento de asfixiar a las víctimas debido a que su cómplice tenía más fuerza para sujetarlas. Se cree que Burke y Hare fueron los inspiradores de The Body Snatcbers de Robert Louis Stevenson.

Como resultado de sus «asesinatos de anatomía», las leyes de disección existentes fueron modificadas y esto facilitó la tarea de quienes trabajaban en dicha rama de la medicina pues lo que a partir de ese momento no hubo necesidad de recurrir a medios ilegales para obtener cadáveres.

ANDREAS VESALIO: Nacido en 1514 en Bruselas, Bélgica, estudió medicina en París, donde adquirió gran habilidad para practicar la disección. De regreso en su país, su interés por la anatomía lo llevó a robar un cuerpo que colgaba de una horca en las afueras de Lovaina para analizarlo.

En 1537 publicó su primera obra, en la que compara la terapéutica galénica con la árabe, y después se fue a Italia, donde en poco tiempo era profesor de la Universidad de Padua.

Se dice que el juez de la ciudad, Marcantonio Contarini, respaldó sus estudios anatómicos y le suministraba cadáveres de criminales. Inclusive, que planificaba los ajusticiamientos de acuerdo con las clases magistrales de Vesalio, en las cuales realizaba él mismo las disecciones mientras explicaba el significado de lo que iba descubriendo.

En 1543 publicó Sobre la estructura del cuerpo humano, un libro ilustrado por magníficos dibujantes que se considera el origen de la anatomía moderna. Su habilidad con el bisturí hizo que la cirugía fuera tomada en serio en los ámbitos académicos y fue contratado como médico de los reyes españoles Carlos I y Felipe II. Años después regresó a Padua, pero su temprana muerte en 1564 le impidió retomar la actividad académica.

El entierro de una suicida. Quienes se habían quitado la vida eran enterrados bajo una cruz en el cruce de dos caminos. Sólo entonces los vivos podían estar seguros de que el alma atormentada no se levantaría para convertir en vampiros a los restantes miembros de la comunidad.

 

Este esqueleto de una persona enterrada hace unos 400 años apareció fijado en el ataúd con clavos en las articulaciones. El entierro tuvo lugar en Inglaterra en la época en que la gente creía, por una parte, en la existencia de brujas y por otra, en que los muertas podían salir de sus tumbas. El cuerpo, que pertenecía probablemente a una persona sospechosa de brujería fue clavado para que su espíritu inquieto no se moviera o hechizara a alguien.

PROFANADORES DE TUMBAS
En Busca de Vampiros

Existen hechos, tales como las recientes profanaciones de tumbas en Inglaterra, que resultan turbadores. La profanación de sepulturas alcanzó un clímax desagradable con los llamados cazadores de vampiros del cementerio de Highgate, en el norte de Londres. El cementerio de Highgate fue en el pasado un lugar espléndido.

Es obra de los mejores arquitectos y jardineros británicos del siglo XIX y conserva airosas avenidas de árboles por los que pueden pasear las familias desconsoladas. Sin embargo, ha sufrido deterioros y tiene, una vegetación tan espesa que el ambiente resulta siniestro hasta de día. Son muy dignas de crédito informaciones acerca de magia negra, y las tropelías de gentes vandálicas resultan más que evidentes.

El caso de los cazadores de vampiros llegó a conocimiento del público en 1974, cuando tuvo lugar el juicio del joven de 28 años David Farrant, quien se autodenominaba Sacerdote Supremo y Presidente de la Sociedad Oculta. No se dio mucha publicidad al asunto porque los detalles eran demasiado fantásticos para el lector corriente de periódicos. Sin embargo, la prensa despertó cierto interés con titulares como «Cabriolas entre los panteones» y «El brujo Casanova, un fracaso como amante». El jurado supo que jóvenes desnudas bailaban sobre las tumbas profanadas.

Esta es la relación de los hechos. Un centenar de cazadores de vampiros se reunieron en el cementerio de Highgate tras enterarse de que un vampiro de más de dos metros revoloteaba sobre las tumbas. El jurado, sobrecogido, tuvo que escuchar que habían clavado estacas de hierro en cuerpos mutilados después de saquear las tumbas. (Posteriormente el personal del cementerio había devuelto los cadáveres a las sepulturas, con tanta discreción como les fue posible para no herir la susceptibilidad de los parientes.) Un arquitecto que había estacionado su auto junto a la verja del cementerio, se encontró al volver con un cuerpo sin cabeza apoyado sobre el volante.

Clavar una estaca en el cadáver dentro de su ataúd fue uno de los métodos más utilizados para dominar al vampiro. Otros procedimientos consistían en enterrarle boca abajo, decapitarle o colocar ajo en la boca del difunto.

En la casa de Farrant se hallaron fotografías de una muchacha desnuda sobre una tumba, y cuando un inspector de policía visitó a uno de los testigos descubrió que «éste tenía sal en las ventanas del dormitorio y en la puerta de entrada y una gran cruz de madera bajo su almohadón». También se reveló que muñecos de vudú con agujas atravesándoles el pecho habían sido enviados a los testigos que podían declarar contra Farrant.

Acusaron a Farrant de dañar un monumento a los muertos, de entrar en panteones de un recinto sagrado y de llevar a cabo actos indignos sobre los restos de un cuerpo «con gran detrimento de la religión, la decencia y la moralidad». Farrant admitió que había visitado con frecuencia el cementerio, pero negó todas las acusaciones y asumió su propia defensa. Considerando su «terrible actuación», el juez le condenó a casi cinco años de cárcel.

Resulta tentador, y quizá sea correcto, desechar tales casos por considerarlos aberraciones enfermizas. Sin embargo, no muy lejos del cementerio de Highgate vive un hombre que se toma los relatos del vampirismo muy en serio. El reverendo Christopher Neil-Smith es el exorcista número uno de Gran Bretaña, así como escritor sobre temas de exorcismo. Puede citar numerosos ejemplos de gente que ha acudido a él pidiéndole ayuda en casos relacionados con el vampirismo. «Un caso que me impresiona particularmente es el de una mujer que me mostró unas señales en su muñeca que aparecían por la noche, en puntos donde sin lugar a duda se había extraído sangre. Eran unas señales como las que podría hacer un animal. Algo parecido a arañazos.»

Neil-Smith niega que la mujer pueda habérselo hecho por sí misma. Acudió a él cuando advirtió que le chupaban la sangre y, después de que el reverendo efectuara un exorcismo desaparecieron las señales. El clérigo describe al vampiro como «medio animal, medio humano» y refuta con firmeza la sugerencia de que tales seres sólo existan «en la mente».

Fuente Consultada:
Seres Crueles y Siniestros de la Historia de José María López Ruiz
Hombres Lobos, Vampiros y Aparecidos – Enciclopedia: El Mundo de los Oculto.

Mujer que se alimentaba de hostias y sin beber Francia Marthe Robin

Mujer que se Alimentaba de Hostias y Sin Beber

La encefalitis que se apoderó de Marthe Robin, una joven francesa que vivía con sus padres en una humilde casa del centro de Francia, la postró en una cama inmóvil, ciega y sin poder comer ni dormir. Sin embargo, y contra toda explicación racional, logró sobrevivir durante más de 50 años con la Sagrada Hostia como único alimento.

Marthe Robín, la humilde campesina de Dróme (Francia), ¿pudo vivir cincuenta años alimentándose diariamente sólo con una hostia y sin beber jamás? ¿O bien fue objeto de una explotación promovida con fines teológicos y comerciales?

Mujer que se alimentaba de hostias y sin beberMarthe Robín nació en 1902 en una granja del departamento de Dróme, en Cháteauneuf-de-Galaure (Francia), en el seno de una familia que contaba ya con cuatro hijas y un hijo.

Siendo aún niña,contrajo fiebre tifoidea que debilitó su salud.

Muy pronto, abandonó la escuela para trabajar con sus padres, pero, en 1918, se sumió en un coma que se diagnosticó como encefalitis letárgica.

Cuando despertó, al cabo de 27 meses, su cuerpo empezó a paralizarse.

El párroco del pueblo y los vecinos la visitaban frecuentemente. Tras un nuevo coma en 1927 y una crisis de úlcera gástrica, poco a poco Marthe dejó de comer y de dormir.

Hacia 1930, se rumorea que era objeto de fenómenos misteriosos. El Viernes Santo, mana sangre de sus manos, sus pies y su frente.

¿Se había sumado a los 320 estigmatizados del mundo que se mencionan desde el siglo XIII?

El párroco alertó al obispo. Empezaron a acudir los curiosos… pero el cura reglamentaba las visitas.

En 1928, a los 26 años de edad, la encefalitis que se apoderaba poco a poco del frágil cuerpo de Martha Robin, la sexta hija de una matrimonio de humildes campesinos de la pequeña localidad de Chateauneuf-de-Galeur, cerca de Lyon, paralizó todos sus músculos, incluso aquellos que inconscientemente nos permiten tragar los alimentos y la bebida. Su estado se agravó aún más fruto de un insomnio persistente y de la ceguera. El diagnóstico, al final, era tajante: Marthe Robin moriría pronto y lo único que se podía hacer era llamar a un sacerdote para que recibiera la unción de enfermos.

Los rumores aumentaban: Marthe está poseída por el demonio, quien la lanzaba de su lecho; cuando el sacerdote le acercaba la hostia a la boca, aquélla escapaba y se colocaba en los labios de Marthe; Marthe sanaba a los enfermos incurables, no comía, no bebía y, sin embargo, no adelgazaba; Marthe era estigmatizada todos los viernes; Marthe tenía visiones…

Un control total: En 1936 -época del Frente Popular- el padre Finet fue destacado a la cabecera de la enferma. El brillante subdirector de la enseñanza ubre de la diócesis, hijo de un gran periodista, se encargó de la ejecución de la orden íntima de Dios a Marthe: la creación de una escuela y una casa de caridad.

Realizó una primera petición de donaciones, que lograron la construcción de una casa de caridad administrada por una comunidad de laicos consagrados.

En 1981, se sumaron a esta fundación un colegio agrícola de 1.500 alumnos, una casa de retiro y una basílica ricamente construida.

Se trata del núcleo de una obra gigantesca, ligada al catolicismo tradicional, que tiene ramificaciones en el mundo entero. Pero esta hermosa obra que debía despertar la aprobación unánime, provocó, por lo contrario, críticas hasta en el seno del clero. ¿Celos? Se rumoraba en voz baja que sólo se acercaban a Marthe las personas designadas por el padre Finet y que los habitantes del pueblo fueron alejados progresivamente.

En adelante, para visitar a Marthe, había que pagar y participar en una semana de retiro espiritual que comprendía ocho horas de pláticas y todo un adoctrinamiento que algunos juzgaban inaceptable. Nadie podía asegurar haber visto los estigmas, como tampoco se puede saber si realmente Marthe se alimentaba únicamente de hostias.

La enferma siempre había declarado que se dejaría observar en el estamento médico si su obispo se lo ordenara. Pero esta orden llegó tan tarde que Marthe murió antes de ser trasladada…

¿ Qué pensar?
La ciencia tiene muchas dificultades para admitir que un ser pueda vivir cincuenta años sin comer ni beber. Los médicos dicen que es algo completamente imposible. Entonces, ¿se trata acaso de una neurosis, de un caso de autosugestión o de un fenómeno desconocido? ¿Se podría hablar de un milagro?

Nueve años después de la muerte de Marthe Robin, en 1990, se inició la encuesta preliminar al proceso de beatificación. Uno por uno, los testigos acudieron a relatar los grandes sufrimientos y la voluptuosidad de la Pasión que Marthe vivía semana tras semana, del jueves por la tarde a la mañana del lunes.

Todos coincidieron en señalar que Marthe lloraba cada noche lágrimas de sangre y que viajaba fuera de su cuerpo. Sin embargo, los testigos, claro está, eran las pocas personas a las que se admitía cerca de Marthe Robin.

Biografia de Garcia Marquez Gabriel Escritor Colombiano

Biografía de García Marquez Gabriel
Escritor Colombiano

Biografia de Garcia Marquez Gabriel Escritor Colombiano Gabriel Garcia Marquez

Gabriel García Márquez: Del periodismo a la ficción y viceversa: Desde hace años, Gabriel García Márquez es considerado dentro del ambiente periodístico como uno de los mayores referentes del género, debido a que su estilística y talento han hecho posible la creación de inagotables páginas en las que se plasma el nuevo periodismo.

Ese llamado «Nuevo Periodismo», que nació en los albores de la década del 60 en los Estados Unidos, con la publicación del libro «A sangre fría» de Truman Capote, y que luego fuera tomado como punto de partida para modificar y renovar la labor del comunicador social, en figuras tales como Tom Wolfe, Norman Mailer, Hunter S. Thompson, y el argentino Rodolfo Jorge Walsh. Ese es precisamente el estilo que caracteriza la obra periodística de García Márquez.

Conocido también por su larga lista de destacas y premiadas obras literarias, que han ido desde la novela hasta el cuento, en un sinfín de situaciones desde cómicas a dramáticas que han experimentado sus personajes, Gabriel García Márquez ha cultivado además su vocación por la comunicación social.

Y para ello, nada mejor que fusionar su arte con las letras, plasmando la información en interesantes y amenas notas en las que ha sabido combinar a la perfección elementos literarios con otros artilugios propios de la investigación periodística. 

Es por ello, que su obra titulada «Notas de Prensa 1980-1984» no ha perdido vigencia, y continúa siendo uno de los manuales imprescindibles para cualquier estudiante de la carrera de comunicación social.

Quizás la mayor hazaña de Gabriel García Márquez haya sido precisamente el poder cruzar los límites que existen entre los géneros literarios de ficción y la redacción periodística, una combinación de opuestos que siempre logro mimetizar con el equilibrio justo y necesario.

En este sentido, cabe destacar una de sus frases, perteneciente al artículo titulado «¿Quién cree a Janet Cooke?», publicado en el libro de notas antes mencionado, en la cual el autor explica con sus palabras las diferencias de género y la simbiosis que es posible realizar entre los opuestos:

«Lo malo es que en periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos. En la ficción, en cambio, un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas.

La norma tiene injusticias de ambos lados: en periodismo hay que apegarse a la verdad, aunque nadie la crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto. Hay recursos intercambiables».

El escritor nació durante las primeras horas del 6 de marzo de 1927 en la ciudad colombiana de Aracataca, del partido de Magdalena, bajo el nombre de Gabriel José de la Concordia García Márquez, en medio de una familia acomodada y de fuertes raíces militares.

Hijo del telegrafista y farmacéutico Gabriel Eligio García, y de la joven Luisa Marquez Mejía, a pocos meses de su nacimiento fue bautizado con el alias que lo acompañó durante gran parte su vida, Gabito, hasta que este apodo fue reemplazado por el apócope Gabo, a partir del momento en que el subdirector del diario bogotano El Espectador, Eduardo Zalamea Borda, comenzó a llamarlo de ese modo.

Sin lugar a dudas, una de las primeras y máximas influencias que recibió García Márquez durante su niñez se suscitó a través de su abuelo, el coronel a quien el pequeño Gabito llamaba cariñosamente «Papalelo», ya que no sólo se trataba de un hombre dedicado a las fuerzas, sino que además se desarrolló como narrador.

Asimismo, su abuela Tranquilina Iguarán Cotes influyó en su manera de observar el mundo cotidiano, ya que se trataba de una mujer que poseía una personalidad supersticiosa y creía fuertemente en las leyendas y mitos populares, lo que le brindaron a Gabito un inagotable universo de inspiración para sus primeras creaciones literarias.

Pero aquellas fuentes de inspiración durarían poco tiempo, ya que cuando Gabriel cumplió los 8 años falleció el coronel y su abuela fue víctima de una enfermedad que la dejó ciega, por lo que los padres del pequeño decidieron trasladar al niño a un internado en Barranquilla, cerca del puerto del Río de Magdalena, donde comenzó su educación formal.

Luego llegarían sus estudios secundarios, los cuales realizó en el colegio jesuita San José, donde tuvo la oportunidad de publicar sus primeros poemas, dentro de la revista escolar llamada «Juventud».

A poco de finalizar la secundaria, el joven decidió mudarse a la ciudad de Bogotá para llevar a cabo la carrera de derecho en la prestigiosa Universidad Nacional de Colombia, y donde al mismo tiempo comenzó a desarrollar su vocación de escritor.

Esto lo llevó a iniciar una producción literaria y periodística sin límites, y que desde siempre ha sido considerada prolífica y talentosa. Desde aquel primer cuento, titulado «La tercera resignación», que fue publicado por el diario El Espectador en 1947, hasta su más reciente obra demuestra el poderío y exquisitez de su arte.

Dentro de su vasta y variada producción literaria, Gabriel García Márquez ha sabido cultivar a la perfección diferentes géneros, desde cuentos y relatos cortos tales como «Diálogo del espejo», «Un día de éstos», «La viuda de Montiel» y «Doce cuentos peregrinos», entre otros, pasando por sus obras teatrales como «Diatriba de amor contra un hombre sentado», publicada en 1994, hasta sus más fascinantes novelas y textos periodísticos, como «El coronel no tiene quien le escriba», «La mala hora», «Relato de un náufrago», «Crónica de una muerte anunciada», «El secuestro», «El amor en los tiempos del cólera», «El general en su laberinto», etc., etc.

Pero sin lugar a dudas, una de las obras más exitosas y trascendentes del autor ha sido la novela «Cien años de soledad», que fue publicada en 1967, y logró vender más de 8000 copias en una sola semana, y que por supuesto se ha convertido en el principal best-seller del García Márquez.

Más allá del éxito de su impecable producción, Gabo sigue siendo un hombre humilde y modesto, que disfruta del cariño de su público, y cuyo talento sin límites lo han llevado a recibir el Premio Nobel de Literatura en 1982.

Falleció el 17 de Abril de 2014.

Resumen Biografia de Joan Miro

Fuente Consultada: Graciela Marker

Biografia De Garcia Lorca Federico Poeta Español Victima Guerra Civil

Vida y Obra del Poeta Español García Lorca, Víctima de la Guerra Civil Española

Biografia De Garcia Lorca Federico Poeta Español Victima Guerra Civil

DESCRIPCIÓN DE SU VIDA: Sin lugar a dudas, Federico García Lorca es uno de los poetas más trascendentes que nos ha brindado el siglo XX, ubicando a su obra en uno de los estandartes más destacados de la literatura mundial, gracias a su talento, su visión del mundo, y la forma de expresar los sentimientos más profundos de los seres humanos en un formato totalmente universal.

Por todo ello, la obra poética de García Lorca ha sido considerada desde siempre como el eslabón más alto de la lírica perteneciente a la llamada «Generación del 27», aunque en realidad nos encontramos frente a uno de los literatos más talentosos de toda la literatura española.

En todo el concepto que encierran las obras de Lorca, desde la poesía, pasando por el drama, e incluso la prosa, podemos vislumbrar el claro reflejo de un sentimiento trágico de la vida, aspecto que se encuentra íntimamente ligado a su experiencia terrenal, y que ha sabido plasmar magistralmente con su puño y letra.

De esta forma, las obsesiones no pueden estar ausentes en su obra, ya que toda su creación ha estado siempre  vinculada a la expresión del amor, el deseo, los sueños, las ambiciones, la nostalgia, la pasión, y todos los estados y sentimientos que transita el ser humano durante su paso por la vida terrenal, pero vistos desde un ángulo que en la mayoría de las ocasiones se asocia con la desesperación.

En este devenir en palabras, que tratan de expresar lo inexpresable, García Lorca se alimentó de los símbolos que le permitieron acercarse a conceptos universales que suelen ser imposibles de definir con simples oraciones o versos, como por ejemplo la muerte.

A través de elementos cotidianos, tales como la luna, el agua, la sangre, los metales, la vegetación y demás, el poeta ha sabido transformar estos simples objetos en metáforas, por intermedio de combinaciones de estados y supuestos, que han puesto de manifiesto y definido los distintos matices de la finita vida de los mortales.

Es por ello, que cuando observamos, leemos y analizamos una obra de García Lorca resaltan las metáforas, que en definitiva ha sido el método retórico por excelencia de todo su estilo, llevando incluso el poder de las metáforas más allá de los límites posibles, relacionando objetos y elementos que en la realidad son opuestos, con el fin de transmitirle al lector sensaciones entremezcladas y dispares.

En todo ello radica precisamente el efecto atrapante que suele tener la obra de Federico García Lorca para los lectores, más allá de las fronteras geográficas, las diferencias de idioma, y las distantes generaciones.

El autor de «Mariana Pineda», «Bodas de sangre», «Yerma» y «La casa de Bernarda Alba», entre otras, nació el 5 de junio de 1898 en el municipio de Fuente Vaqueros, en la ciudad de Granada, España.

Bautizado con el nombre de Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca, el pequeño se crió en el seno de una familia acomodada, siendo su padre el hacendado Federico García Rodríguez, y su madre la maestra Vicenta Lorca.

Desde muy pequeño, Federico mostró poseer grandes cualidades que lo diferenciaban del resto de los niños de su edad, por lo que su madre lo introdujo lentamente en el mundo de las letras y la poesía, despertando el talento del joven.

Pero su cuerpo no parecía desarrollarse al mismo paso que su mente, ya que Federico era un niño frágil y frecuentemente caía enfermo, lo que lo condujo a ser un estudiante irregular debido a que no podía concurrir a la escuela de manera diaria, por lo que sus padres decidieron poner al pequeño bajo la tutela del maestro Rodríguez Espinosa.

Luego de sus estudios en el bachillerato, Federico García Lorca se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de Granada, aunque nunca en su vida ejerció dicha profesión, ya que siempre se sintió atraído por la producción literaria y el arte.

Con un talento único, que fue estimulado por sus progenitores, sus maestros e incluso su amigo el pianista Fernando de los Ríos, Federico logró en 1917 escribir y publicar su primer artículo, recorriendo la vida y la obra de José Zorrilla.

Al año siguiente, García Lorca publicó su primer libro titulado «Impresiones y paisajes», que al ser rechazado por las editoriales, debió ser costeado por su padre, quien apoyaba fervientemente la vocación de su hijo.

Los años que siguieron a aquella ópera prima le brindaron a Federico un sinfín de experiencias en el mundo del arte, llevando su producción literaria al teatro, a los libros, e incluso logrando exponer piezas de su producción pictórica.

Fue en aquella época que Federico García Lorca comenzó a sembrar destacadas amistadas en el ámbito cultural, estableciendo relaciones con personajes de la talla de Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Luis Buñuel y Salvado Dalí.

En el año 1929 Federico decidió trasladarse por un tiempo a la ciudad de Nueva York, donde produjo el libro «Poeta en Nueva York», y posteriormente se trasladó a La Habana, donde produjo una gran cantidad de obras.

De regreso a su España natal, Federico fue recibido con grandes honores, y se le encomendó por intermedio del Ministro de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos, la labor de ocupar el cargo de co-director de la compañía estatal de teatro «La barraca». En dicho período, el poeta pudo darse el gusto de producir, dirigir, escribir y adaptar obras simultáneamente, y fue en ese lapso que surgieron de su mente producciones fundamentales, tales como «Bodas de sangre» y «Yerma».

Una gira de su compañía teatral lo traería a las lejanas tierras de Argentina, precisamente en el año 1933, para difundir y promover la puesta en escena de su obra a manos de la compañía de Lola Membrives, además de ofrecer una serie de charlas y conferencias.

En relación a su ideología política, Federico García Lorca se vinculó estrechamente con el socialismo de la URSS, siendo incluso co-fundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, la cual fue creada en un período en que los miembros pertenecientes al sector de la derecha veían en los socialistas una amenaza implacable.

Esta faceta política lo condenó durante el inicio de la Guerra Civil Española. Pero la persecución y las amenazas constantes no pudieron acallar la voz de Lorca, y menos aún lograr que el poeta dejara su tierra.

Al respecto, en una oportunidad, Federico García Lorca manifestó a los medios españoles: «Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política».

El 16 de agosto de 1936 Federico fue detenido en la casa de su amigo el poeta Luis Rosales, y pocos días después llegó la orden de ejecución, que fue emitida por el entonces gobernador civil de Granada, José Valdés Guzmán.

De acuerdo a las investigaciones realizadas posteriormente, se supo que la muerte alcanzó a Federico García Lorca en la madrugada del 19 de agosto de 1936, después de que fuera fusilado camino a Alfacar, debido a su posición política y sus comprometidas declaraciones, como aquella que emitió días antes de su ejecución, y en la que aseguró: «En Granada se agita la peor burguesía de España».

 Graciela Marker Para Historia y Biografías

ULTIMOS AÑOS DE SU VIDA: A partir de 1934 regresa a España  y en agosto de ese año -muere su amigo el torero Ignacio Sánchez Mejías, como consecuencia de una cogida, en la plaza de Manzanares. Era éste un hombre de excepcional temple y carácter, con una gran afición literaria y amigo de muchos de los poetas de la generación de Lorca. Al mes siguiente le dedica una emocionada elegía, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935).

El poema está dividido en cuatro partes, cada una de las cuales tiene un metro diferente. Representan la función tradicional del lamento fúnebre, purificando las emociones iniciales de sorpresa y horror, primero por la lamentación ritual, luego por la meditación sobre la muerte y el fin de las cosas, y finalmente por una oración funeraria serenamente filosófica.

En sus versos se sienten las mejores resonancias de la poesía española elegiaca, la de Jorge Manrique, la de Quevedo. Con ser relativamente breve, este poema de Lorca señala un máximo nivel en su lírica. Sin renunciar a lo que ella tuvo siempre de acento étnico, siendo poesía entrañablemente andaluza e hispánica en sus modos de expresión poética, adquiere el alcance más universal y más profundo que nunca tuvo.

En 1935 ultima la obra teatral Doña Rosita o el lenguaje de las flores, que se estrenará en Barcelona.

La mejor presentación de ella es la que hizc el propio poeta: «Doña Rosita es la vida mansa por fuera y requemada poi dentro de una doncella granadina que poco a poco se va convirtiendo en es£ cosa grotesca y conmovedora que es una solterona en España. (…) He querido que la más pura línea conduzca mi comedia desde el principio hasta e. fin. ¿Comedia he dicho? Mejor sería decir el drama de la cursilería española, de la mojigatería española, del ansia de gozar que las mujeres han de reprimii por fuerza en lo más hondo de su entraña enfebrecida».

En 1936 anuncia su propósito de marchar con Margarita Xirgu a México, a representar sus obras y a dar una conferencia sobre Quevedo. Er junio acaba La casa de Bernarda Alba. Final y cima de una trayectoria dramática y abertura a un modo más esencial y más hondo de hacer teatro, esta tragedia, que debió ser la primera del ciclo de plena madurez del dramaturgo, ha venido a ser la última obra de Lorca.

La acción transcurre en un espacio cerrado, hermético, y está enmarcada por la primera y la última palabra que Bernarda pronuncia: «silencio». Del primero .al último silencio impuesto por la voluntad de Bernarda se desarrolla el conflicto entre dos fuerzas mayores: el instinto de poder absoluto que encarna la protagonista y el instinto elemental del sexo representado por las hijas. Del enfrentamiento de ambas sólo puede resultar la destrucción de una de las dos fuerzas en oposición.

El accidente de la muerte del poeta parece, más bien, saltar del plano trágico de su obra poética y dramática en la que corre la sangre y relucen los puñales y las navajas, que de la peripecia de una vida que Federico quiso vivir al margen de la coyuntura política de su país.

La víspera de su santo, el 18 de julio, marcha para Granada. «Me voy -dijo a E. Néville- porque aquí me están complicando con la política, de la que no entiendo nada ni quiero saber nada. (…) Soy amigo de todos y lo único que deseo es que todo el mundo trabaje y coma. Me voy a mi pueblo para apartarme de la lucha de las banderías y las salvajadas.»

El 20 de julio Granada caía en manos de los insurgentes. Su cuñado es detenido; la Huerta de San Vicente, donde veranea su familia, está vigilada; y García Lorca, a su vez, es amenazado de muerte. Se refugia en casa del poeta Luis Rosales, cuyo hermano tenía un gran peso dentro de la Falange local.

El 16 de agosto, Lorca era detenido en una espectacular maniobra de carácter oficial y es conducido al Gobierno Civil donde se le mantiene incomunicado. Todas las gestiones, la de los hermanos Rosales, de Manuel de Falla, de su familia, por tratar de ayudar de alguna manera a Federico fracasan por entero.

La noche del 18 de agosto es condenado a muerte con todas las aprobaciones oficiales necesarias de la suprema autoridad nacionalista de Andalucía. El 19 de agosto era asesinado en el barranco de Viznar.

Federico tenía solo 38 años.

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UN RESUMEN DE SU VIDA Y OBRA: El 5 de junio de 1899 nació en «uentevaqueros, lugar de la provincia de Granada, Federico Sarcia Lorca. Su padre —Federico García Rodríguez— tenía allí una hermosa propiedad rural, entre ríos y montañas, no muy vasta, pero bien cultivada. En ese sitio fue donde el pequeño Federico aprendió, desde niño, a querer a la Naturaleza: la fresca hierba, las. flores y las plantas, los árboles frondosos, los pájaros, el cielo y la tierra, el agua…; todo ese mundo mágico, tan importante para él. . .

los integrantes de su familia se querían y respetaban; vivían en conjunción de ideales y, al mismo tiempo, en absoluta libertad. Esa fue su mejor escuela. Se aficionó mucho al campo y también a la gente que allí trabajaba. Siempre recordaría «el acento regional, dulce y recio a un mismo tiempo», de los labriegos y pastores.

Su madre, Vicenta Lorca, que había seguido los cursos de magisterio y tenía ciertas inclinaciones artísticas, quiso que sus cuatro hijos —dos varones y dos mujeres— pudiesen recibir, sin tropiezos, los beneficios de una formación cultural esmerada. Se preocupó, entonces, por mandarlos a la escuela de la ciudad, por hacerlos cursar el bachillerato en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y por encaminarlos, luego, hacia la Universidad. Francisco, que era menor, llegó a ser diplomático y se distinguió como profesor de Literatura española en el Queen’s College y en la Columbia University, de Nueva York, donde publicó algunos libros (sobre Espronceda y sobre Ganivet).

También Federico, por complacer, ese anhelo materno, siguió estudios en la Facultad de Derecho, donde terminó la Licenciatura, en 1923. Para ello, tuvo que dejar aquellos campos que eran la mejor parte de su vida y trasladarse, primero, hasta la capital de la provincia y, luego, hasta la del país. «Cada vez que regresaba de Madrid —señala Alfredo de la Guardia—, luego de largas temporadas llenas de libros, de teatros, de discusiones, de caras nuevas, era, al pisar la tierra y al envolverse en el silencio campestre, como si se sumergiera en una agua limpia, llovida, fresca, al final de un prolongado y penoso viaje».

Una de las hermanas de Federico —Concepción— se casó con Manuel Fernández Montesinos, médico cuyas actividades políticas lo llevaron a ser alcalde de Granada. Perseguido por sus ideas, murió, fusilado, pocos días antes que su cuñado, el gran poeta.

En la Universidad de Granada, que Lorca visitó antes de concurrir a la de Madrid, tuvo por profesor a don Fernando de los Ríos, activo dirigente del Partido Socialista, quien influyó mucho sobre el joven. Años después, en 1929, realizarían juntos un largo viaje. «Con de los Ríos, llegó García Lorca a París, apenas entrevisto en cruce rápido, atravesó el Canal para alcanzar Londres, siguió a Oxford, se detuvo en Escocia y atravesó el Atlántico Norte, hasta Nueva York. Fue un deslumbramiento, para el poeta».

Este mismo Fernando de los Ríos, que llegó a ser ministro de Instrucción Pública en tiempos de la República, le prestó la necesaria ayuda para poder fundar, en 1931, al volver de los EE.UU., el teatro universitario «La Barraca». Este representó, para García Lorca, una experiencia maravillosa que su amigo. Rafael Alberti, comentó en los siguientes términos: «La Barraca coincide con los años de esplendor cultural de la República.

Se ha abierto una esperanza. Se multiplican las posibilidades, se cree posible un cambio fundamental, económico, social y político, en la vida española. Pero fue un sueño demasiado breve Federico acompaña estos deseos con toda su fe y, mientras las Misiones Pedagógicas que dirige Alejandro Casona, intentan la aventura de subir la cultura a los montes más lejanos, abriendo a la esperanza pueblos increíblemente separados de ella, Federico y Eduardo Ugarte, otro joven autor dramático, llevan a las plazas de los pueblos y a los ámbitos universitarios a Lope de Rueda, Cervantes, Calderón, Lope de Vega, Tirso de Molina. . .»

Colaboró en aquella iniciativa, además de Eduardo Ugar, Isabel García Lorca (su otra hermana), secundada por un núcleo de amigos. Fue una tarea divertida y útil que, tras circunstancia, paréntesis, Lorca retomaría en 1934. El amor por la escena—»el teatro, dijo, es la poesía que se levanta del libro y se hace humana»—, fue una inquietud que lo acompañó siempre. Desde chico, manejaba un teatrillo de títeres, casi improvisado, que funcionaba en el granero próximo a su casa. Luego dirigí otro, «La Tarumba».

Una de las mejores actrices de comedia que actuaba por aque tiempo en España, Catalina Barcena, fue quien brindó, a Federico García Lorca, la oportunidad de ver representada su primera obra teatral. «El maleficio de la mariposa» pudo ofrecerse sin embargo, en una sola oportunidad —la noche del estreno— tampoco fue editada.

El poeta había contado con el apoyo de Gregorio Martínez Sierra, quien dirigía la compañía de Catalina Bárcena. Resolvieron presentarla en el teatro Eslava, de Madrid, en 1919. Dice un comentarista que el público no pudo comprender la intención del «poema escénico» de Lorca.

Su tema —el frustrado amor entre una mariposa y un insecto (una especie de hormiga), al cual echan de la comunidad sus semejantes, cuando intenta volar tras de la intrusa —exasperó aquella noche al auditorio, sólo con ver la insólita caraterización de los actores. La obra fue rechazada en forma violenta por los espectadores. Desde butacas, palcos y localidades altas, se prodigaron denuestos y frases contundentes que se cruzaban, como chispas, sobre el rumor sordo del taconeo».

Después de este fracaso, Lorca no volvió a escribir ninguna obra teatral durante ocho años. Hasta que en 1927 retomó la interrumpida labor en Barcelona, para ofrecer «Mariana Pineda», inter-pretada por la actriz Margarita Xirgu y con decorados de Salvador Dalí, a quien el poeta había conocido, años antes, cuando ambos se alojaban en la Residencia para estudiantes de la Universidad madrileña. Tampoco en esta opotunidad —aunque la obra alcanzaría, años más tarde, justo renombre— la representación tuvo éxito. Cuatro meses después, el 12 de octubre de 1927, Margarita Xirgu la volvió a representar, en ese momento en el Teatro Montalba de Madrid, pero con igual resultado. En diciembre de ese mismo año, García Lorca intervino en un homenaje tributado, en el Ateneo de Sevilla, a la memoria de Góngora, en el tricentenario de su muerte.

Mientras tanto, había publicado ya sus dos primeros libros: «Impresiones y paisajes» (1918) —dedicado a su maestro de música, Martín Berrueta, a quién recordaría también, años después, con Manuel de Falla— y «Libro de poemas» (1921). A los tres años, terminó «Canciones», editado en 1927. La «Revista de Occidente» publicó, en 1928, el «Romancero gitano» que, según la opinión de Julián Marías; es su obra lírica más madura. «La poesía de Lorca posterior —agrega— muestra tendencias múltiples»; «pero estos ensayos no llegan a cuajar en una nueva forma, lograda y de perfil claro». En materia teatral obtuvo, a partir de 1930, con el estreno de «La zapatera prodigiosa», por Margarita Xirgu, en Madrid, resonantes triunfos.

En 1933, Josefina Díaz Artigas, dio a conocer en el teatro Infanta Beatriz, de Madrid, «Bodas de sangre». Poco después, Lola Membrives ofrecía, en Buenos Aires, tres de sus obras ya conocidas: «Mariana Pineda», «Bodas de sangre» y «La zapatera prodigiosa». La presencia del autor —que permaneció en la Argentina desde el 13 de octubre de 1933 hasta el 24 de marzo de 1934— dio todavía mayor relieve a esas funciones. Cuando regresó a España, García Lorca fue agasajado, por sus éxitos en América, con un banquete.

Ese mismo año, el 11 de agosto, falleció, en la plaza de Manzanares, su amigo, el torero Ignacio Sánchez Mejía, a quien recordó, luego, con un sentido poema.

En enero de 1935, Margarita Xirgu estrenó, en Madrid, «Yerma» y, dos meses después, Lola Membrives ofrecía la versión definitiva de «La zapatera prodigiosa», en el Colliseum madrileño. Las dos actrices coincidirían nuevamente ese año, cuando, en setiembre, Lola Membrives dio «Yerma» y Margarita Xirgu estrenó «Doña Rosita, la soltera», ambas en la ciudad de Barcelona. Corría el año 1936 —que sería el de su muerte— cuando García Lorca anunció a los periodistas que estaba por partir hacia México, donde la ilustre actriz ofrecería algunas de sus obras.

Fue ella quien, nueve años después del fallecimiento del poeta, estrenó, en el teatro Avenida de Buenos Aires, su última pieza: «La casa de Bernarda Alba». Federico alcanzó a leerla, en Madrid, ante un núcleo de amigos, el 15 de julio de 1936, un día antes de partir hacia su ciudad natal, con el propósito de despedirse de sus padres antes de emprender viaje hacia América. «Ese compás de espera, en el regazo granadino —dice de la Guardia— perdió a García Lorca, ya que la muerte se desató sobre España». . . Y allí, en esos mismos campos donde había nacido y que tanto amaba, lo mataron. Fue en Viznar, el 19 de agosto de 1936. «Si muero —dijo alguna vez—, dejad el balcón abierto…»

Fuente Consultada: Ciencia Joven – Diccionario Enciclopédico Tomo V – Edit. Cuántica

ALGO MAS SOBRE ESTE NOTABLE POETA

Había cumplido apenas los 37 años de edad (nació el 5 de junio de 1899) y con el rigor que trabajaba, no dejó obra menor. De sus manuscritos se desprende que corregía una y otra vez. De sus cartas a sus amigos sabemos que anunciaba el inicio de un poema, puya breve descripción incluía en la carta, pero luego tardaba meses en que seguía comentando sus progresos y sus dificultades. Leyéndola, nadie se imagina el trabajo que le costaba reunir sus versos:

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!

(‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejía», de Federico García Lorca,).

Su poesía llegaba a toda clase de personas. En España porque esencia española, y en él mundo porque esa misma esencia tenía al mundo encendido en un descubrimiento que comienza con Rubén Darío y continúa con esa generación que dio a García Lorca, a Rafael Alberti, a Jorge Guillen, a Vicente Aleixandez, a los hermanos Antonio y Manuel Machado. La lista sería interminable, porque sería injusto olvidar a Garardo Diego, a Pedro Salinas o a Luis Cernuda. Son hombres que viven en una edad nueva, una edad en que la poesía no está reñida con las alegrías y los dolores del hombre común y su destino.

Vicente Aleixandre, ya mencionado, en su Epílogo a la edición citada de las Obras Completas de Federico García Lorca, hace una evocación que resulta pertinente citar aquí:

«Federico, que pasaba mágicamente por la vida, al parecer sin apoyarse; que iba y venía ante la vista de sus amigos con algo de genio alado que dispensa gracias, hace feliz un momento y escapa en seguida como la luz, que él llevaba efectivamente; en Federico se veía sobre todo al poderoso encantador, disipador de tristezas, hechicero de la alegría, conjurador del gozo de la vida, dueño de las sombras, a las que él desterraba con su presencia. Pero yo gusto a veces evocar a solas otro Federico, una imagen suya que no todos han visto: al noble Federico de la tristeza, al hombre de soledad y pasión que en el vértigo de su vida de triunfo difícilmente podía adivinarse. He hablado antes de esa nocturna testa suya, macerada por la luna, ya casi amarilla de piedra, petrificada como un dolor antiguo. ‘¿Qué te duele, hijo?’, parecía preguntarle la luna. ‘Me duele la tierra, la tierra y los hombres, la carne y el alma humana, la mía y la de los demás, que son uno conmigo».

Dicen que no ocurrió en el patio de la prisión, sino que fue llevado, con otros hombres, directamente al cementerio del pueblo y que allí les fusilaron junto a una fosa común, Federico entre «los demás, que son uno conmigo».

Y siendo uno con él, los adolescentes en todo el mundo recitan con la picardía propia de su edad «La casada infiel».

Se le vio caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-
…Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada!-,
en su Granada…
(«El crimen fue en Granada»,
de Antonio Machado).

Fuente Consultada: HECHOS Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°14 García Lorca Ha Muerto

GARCÍA LORCA EN BUENOS AIRES
CRÓNICA DE LA ÉPOCA

El 29 de julio, la compañía de Lola Membrives estrenó Bodas de sangre, de Federico García Lorca, en el teatro Maipo de Buenos Aires. Ante el caluroso recibimiento del público y de la crítica, Lola Membrives decidió reponer la obra a fines de octubre, en el teatro Avenida, con la presencia del propio autor, ya que el poeta se encontraba en Buenos Aires desde el 13 de ese mes. La noche de la función de Bodas de sangre en el Avenida, el autor dirigió palabras de agradecimiento al público.

Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, pueblo andaluz de la vega granadina, el 5 de junio de 1898. Su madre, Vicenta Lorca Romero, había sido durante un tiempo maestra de escuela, y su padre, Federico García Rodríguez, poseía terrenos en la vega, donde cultivaba remolacha y tabaco. Más tarde, Federico recordaría cómo incide en su obra el ambiente del campo.

En sus poemas y en sus dramas se revela como agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de la sociedad rural española. Una de las peculiaridades de su obra es cómo ese ambiente, descrito con exactitud, llega a convertirse en un espacio imaginario donde se da expresión a todas las inquietudes más profundas del corazón humano.

Resumen de su Vida:

Biografia de Francisco Martini Ingeniero del Renacimiento

Biografia de Francisco Martini
Ingeniero el Renacimiento

Desde los arquitectos de los arquitectos de las  catedrales hasta los autores de los teatros mecánicos del siglo XVII se suceden varias generaciones de grandes técnicos con centros de in-icrcs cercanos, ca

Pero si en este constante progreso en el conocimiento técnico es preciso leer etapas principales, hay que mencionar un vuelco importante hacia mediados del siglo XV, alrededor de un hombre apasionante que hemos elegido para poner en primer plano:Francesco di Giorgio Martini.

Es muy difícil hablar de los ingenieros de este período sin evocar el personaje de Leonardo da Vinci, a tal punto impacta todavía los espíritus con su genio universal.

Pero en una historia de las técnicas hay que reinstalarlo en el linaje de grandes técnicos de quienes es digno sucesor, con el añadido de una curiosidad científica asombrosamente moderna.

En efecto, es este último rasgo de carácter lo que nos lleva a ver en Leonardo más un personaje primordial de su época, que una osmosis entre el artista y el técnico.

Esta doble preocupación por las «artes mecánicas» y las «artes liberales», para mencionar los términos que tres siglos más tarde retomaría un tal Diderot, es en realidad un rasgo común a todas esas generaciones de ingenieros-artistas de finales de la Edad Media y el Renacimiento.

Para Leonardo, lo mismo que para Albertí, Durero o Francesco di Giorgio, no se pueden disociar las dos aproximaciones: artística y técnica. En este sentido el itinerario de Francesco di Giorgio Martini es ejemplar.

Nacido en 1439 en una familia modesta, recibió en Orvieto formación en pintura y escultura.

En un período de expansión de la cultura en bronce, se vuelca hacia esa técnica metalúrgica y se convierte en fundidor.

Como por añadidura la artillería de bronce —colada en un solo bloque— sustituye a la de hierro —lograda mediante forjado—, se orienta naturalmente hacia la fabricación de cañones.

Su doble condición de ingeniero militar y de artista, y su práctica del dibujo, le permiten realizar proyectos arquitectónicos, civiles y militares que llegarán a ser su obra principal, o por lo menos la que lo hará más famoso.

Oriundo de Siena, realizará sin embargo la mayor parte de sus trabajos en Urbino, bajo el impulso de Federico da Montefeltro.

Es como arquitecto que este duque de Urbino, rico príncipe en el feudo cultural de los Sforza en Milán o de los Mediéis en Florencia, llama a su lado a Francesco di Giorgio, por entonces de 38 años, para realizar trabajos de derivación de corrientes y construir palacios.

Había adquirido su reputación de arquitecto e ingeniero en su ciudad de Siena, donde desde 1469 estaba a cargo del servicio de aguas, fuentes y acueductos.

En ese verdadero centro de investigación que representaba la corte de los Montefeltro, donde las ciencias y las técnicas cumplían un importante papel, perfecciona sus conocimientos de arte militar al seguir al duque en sus campañas guerreras.

Entre sus múltiples realizaciones subsisten todavía los palacios de Urbino, con su asombroso sistema hidráulico, y las fortalezas de Sassocorvaro (1470-1478), Rocca San Leo (1479), Cagli (1481) o Mondavio (1501).

Los príncipes italianos desempeñan en la Italia de fines del siglo XV una función fundamental en el cambio que se opera entonces en las mentalidades.

Hombres de arte y de cultura tanto como de guerra saben rodearse de los artistas, arquitectos y técnicos más competentes, y darles los medios para poner en práctica sus grandes ambiciones.

La circulación de las ideas, como la del saber técnico, es un dato esencial del Renacimiento, en cualquiera de los terrenos.

Las catedrales cumplieron un rol fundamental en los siglos anteriores para la formación de los ingenieros del Renacimiento.

La construcción de la última gran catedral de ese período, el Duomo de Milán, hizo de la Obra —la Opera del Duomo— un verdadero centro de encuentros entre arquitectos y técnicos de los diferentes países de Europa.

Sobre esa cantera, en el momento de su conclusión, Francesco di Giorgio conoció a Leonardo da Vinci, en ocasión de una reunión de arquitectos.

Francesco tenía entonces 51 años, Leonardo 38, y no hay duda de que este encuentro tuvo consecuencias notables en los trabajos de este último. Francesco di Giorgio goza entonces de una reputación de experto tanto en arquitectura civil y militar como en la construcción de máquinas.

En el año 1490 viajaron juntos a Pavía, para un proyecto de construcción de catedral, y Martini le dio a Leonardo un ejemplar de su famoso Tratado de arquitectura, donde éste se inspirará ampliamente para sus trabajos de arquitectura militar y de construcción de máquinas.

El tratado de Francesco di Giorgio se compone de dos volúmenes, los Trattati di architettura, ingegneria e arte militare, escritos alrededor de 1470, de los cuales durante mucho tiempo sólo la parte arquitectónica se difundió y por consiguiente fue reconocida.

La parte mecánica, estudiada más recientemente, es, junto con la fortificación, aquella donde es más innovador el aporte del autor.

En efecto, sus proyectos arquitectónicos, hechos a un lado sus planes de ciudad ideal, se acercan a los tratados anteriores, y la influencia de los autores antiguos como Vitruvio o Vegecio se hace sentir claramente.

Cabe suponer que fue el primero en redactar esa parte, antes de sus grandes obras de Urbino. Su experiencia en el terreno militar lo condujo a presentar proyectos de fortificaciones mucho más interesantes.

Si encontramos en sus dibujos muchas fortalezas dentro del espíritu de la Edad Media, con altas murallas, torres y almenas, también se ven aparecer fortificaciones más bajas, con el esbozo del plan poligonal que se desarrollará en los años siguientes.

Las Dinastias Chinas Los Emperadores Chinos Historia China Antigua

DESCRIPCIÓN DE LAS PRINCIPALES DINASTÍAS CHINAS

todas las dinastia de china antigua

LAS DINASTÍAS CHINAS
Dinastía China Shang
Dinastía China Qin
Dinastía China Han
Dinastía China  Tang
Dinastía China Song
Dinastía China Yuan
Dinastía China Ming
Dinastía China Manchú

China a es uno de los países de civilización más antigua. Territorio enormemente vasto, surcado por inmensos ríos y climáticamente muy variado, ya en las primeras épocas históricas China fue concebida por sus habitantes como centro del mundo, Zhongguo el «Reino de en medio» (éste es todavía hoy el nombre del país), desde el que la cultura se irradiaba a toda Asia Oriental.

Aunque con importantes diferencias regionales, la organización social estuvo basada en un sistema de parentela que garantizaba a las familias más poderosas la lealtad de los numerosos clanes que se identificaban con ellas. Según un mito de los orígenes que hablaba de soberanos demiurgos, autores de todos los descubrimientos fundamentales, varias dinastías se sucedieron con la ambición de conquistar y unificar la Tianxia «todo lo que está bajo el cielo», proyecto que tenía que enfrentarse por una parte con la continua amenaza de las incursiones bárbaras, y por otra con el poder de los señores feudales locales que intentaban resquebrajar en beneficio propio la autoridad central.

El sueño se hizo realidad en el 221 a.C. cuando el soberano del reino de Qin consiguió derrotar a todos sus adversarios, fundando un inmenso imperio que, con altibajos, se mantuvo hasta 1911, El emperador, divinizado como Tianzi «Hijo del Cielo», era venerado como mediador entre las fuerzas divinas y el poder humano, hasta el extremo de interpretar prosperidad y abundancia como reflejos de su rectitud, y atribuir carestías y calamidades a su depravación.

Mientras la Ruta de la Seda aseguraba continuos intercambios entre China, India y los países de Asia Central, las grandes civilizaciones de la cuenca mediterránea no tuvieron contactos significativos con Asia Oriental, por lo que para Occidente China fue durante mucho tiempo un mundo fabuloso y lejano, imaginado inmerso en una tradición que lo abstraía por completo de la dimensión temporal.

Su civilización se ha revelado mucho más compleja, aunque no menos fascinante, a los estudiosos que han tenido acceso a las fuentes literarias, históricas y filosóficas, cuya abundancia no tiene nada que envidiar a la occidental, de la misma manera que entre los arqueólogos han suscitado gran entusiasmo los hallazgos cada vez más numerosos que atestiguan la grandiosidad de su pasado.

LAS PRIMERAS DINASTÍAS
La tradición china atribuye a Yu la fundación de la dinastía Hsia, en el año 1994 antes de Cristo. Aunque, por falta de documentos, no tiene este período autenticidad histórica, el grado de evolución subsiguiente induce a admitir que en esa época los chinos trabajaban el bronce, utilizaban la rueda, poseían la sericicultura y comenzaban a escribir con signos simbólicos.

El primer período histórico de China corresponde a la dinastía siguiente, la de los Shang (¿1523 antes de Cristo?), pues de ese entonces datan los primeros documentos escritos.

Se afirma que en aquel tiempo había en China medio centenar de ciudades-Estados, bajo la unidad política del rey. Se han hallado en Hanyang los restos de la que fuera capital, con sus edificios públicos, palacios, templos y sepulcros. Encontráronse también multitud de inscripciones en huesos, tablillas de bronce, madera y bambú, grabadas con buril o pintadas con tinta, por donde venimos a saber que su escritura poseía más de 2.000 signos diferentes.

En tiempo de los Shang se fijó el calendario, desarrollaronsé las artes decorativas (marfiles y jades, vasos y bronces), y la guerra tomó deplorable impulso, con sus carros y arcos.

En el siglo XI antes de Cristo, los Chou, pueblos vigorosos del noroeste, se apoderaron del reino de los Chang, iniciando un período de agitación y de pujante desarrollo, que los chinos consideran su edad clásica (¿1027 antes de Cristo?).

LOS ESTADOS GUERREROS
Los Chou dividieron el país en Estados tributarios que a partir del 771 antes de Cristo se liberaron de la autoridad del rey y disputaron entre sí la supremacía. De esta contienda salieron en definitiva victoriosos los príncipes de Ch’in (de cuyo nombre deriva el de China), quienes fundaron en el 222 antes de Cristo un gran imperio.

En el período feudal de los Chou hubo notables manifestaciones culturales, tales como el Shi-Ching o «Libro de las Odas», y las enseñanzas filosóficas de Lao-tsé y de Confucio. En ese tiempo empezaron a codificarse las leyes y se industrializó el hierro, se inventaron los palillos para comer, la ballesta, la moneda acuñada y otros adelantos técnicos.

EL GRAN EMPERADOR
El príncipe Cheng fue el gran unificador del Imperio chino. En el año 221 antes de Cristo ascendió al trono con el nombre do Shih Huang-ti («Primer Emperador») y creó un régimen absolutista que perduró más de veinte años. El país fue dividido en provincias militares y se trazó una red de carreteras para el establecimiento de postas. Con el objeto de contener a los hunos mandó construir la Gran Muralla («Wan-li-ching») de 2.400 Km. de largo, sobre la base de fortificaciones levantadas por los Chou.

Shih Huang-ti hizo construir también un palacio maravilloso en Hsien-Yang (hoy Shensi), capital del Imperio. La escritura fue simplificada y unificadas las leyes. Pero, como todo régimen de fuerza, acabó por desmoronarse envuelto en devastadoras luchas, en cuanto murió el emperador.

EL IMPERIO DE LOS HAN
Establecida en el 202 antes de Cristo la unidad del Imperio chino por la dinastía de los Han, uno de sus reyes, Wu-ti, llamado también el Emperador Guerrero, emprendió, años después, sendas expediciones de conquista hacia Turquestán, Mogolia y Corea.

No obstante las insurrecciones interiores y las irrupciones de los hunos, la época de los Han fue la culminación cultural del Imperio. Él desarrollo de las bellas artes, la historia y la astronomía fue notable en ese tiempo, así como el progreso técnico. Data de entonces la cristalería y el invento del papel, instrumentos musicales, relojes de agua y de sol, y multitud de juegos.

LOS TSIN Y LOS WEI
En el año 220 de nuestra era la.dinastía de los Han fue derrocada y sobrevino entonces un período anárquico, que los Tsin dominaron, imponiendo azarosamente su autoridad hasta el año 420. En tiempos de esta dinastía los chinos empezaron a cultivar el té y dispusieron de nuevos elementos técnicos.

Nuevas contiendas permitieron que el país se dividiera en dos partes: la del sur, en manos de gobiernos inestables, y la del norte en poder de los tártaros (los Wei). En esa época el budismo había proyectado su influencia intensamente en la arquitectura, la escultura y la música. Sé escribieron copiosos libros de estudio e investigación, inventóse la brújula, y con el arte de navegar adelantaron los conocimientos geográficos.

LA RESTAURACIÓN DEL IMPERIO
En el año 590 la unidad del Imperio fue restaurada por la dinastía Sui, famosa por la construcción de un maravilloso canal en el cual trabajaron millones de personas. Le sucedió en el 618 la dinastía de los Tang, que constituye quizá la época más brillante de los chinos, no tanto por sus conquistas de Manchuria y Turquestán, como por sus adelantos culturales. De ese tiempo data la impresión con tipos movibles (imprenta), y un admirable perfeccionamiento de las artes. En el año 906 la dinastía de los Tang sufrió un colapso y sobrevino el caos político, hasta que en el 960 una nueva dinastía restauradora, la de los Sung, estableció otra vez la unidad imperial.

LA INVASIÓN DE LOS MOGOLES
Los mogoles, vigoroso pueblo nómada con el cual Gengis Kan constituyó en 1206 un poderoso imperio asiático, invadieron el norte de China, en el año 1212, después de haber logrado quebrar las defensas de la Gran Muralla.

Pekín (Yenching) fue incendiada por los invasores que pasaron a cuchillo a su población. Si bien Gengis Kan no concluyó la conquista de China, pues murió en 1227, sus sucesores la consumaron encabezados por Kubilai Kan, su nieto, quien estableció la dinastía Yuan («original»), constituyéndose en primer emperador en el año 1260.

En China, bajo el dominio de los mogoles, se registraron adelantos en sus construcciones navales, caminos de postas, en el uso militar de la pólvora y en el desarrollo del teatro.

En 1368 los mogoles fueron expulsados por la dinastía de los Ming, fundada por un monje budista, la cual restauró la soberanía nacional y mantuvo los vínculos comerciales con Occidente.

cuadro de todas las dinastias chinas

Fuente Consultada: Enciclopedia Estudiantil TOMO VI Editorial CODEX

Biografia de Nicolas Maquiavelo Perfil del Principe Ideas Politicas

Biografía de Nicolás Maquiavelo
Perfil del Príncipe – Ideas Políticas

RESUMEN BIOGRÁFICO INTRODUCTORIO:
Maquiavelo, Nicolás:
Escritor y político italiano, nacido en Florencia en 1469 Después de recibir una sólida formación humanística, en 1498 fue nombrado se cretario de la República florentina.

A pesar de los difíciles momentos por lo que atravesaba toda Italia, sirvió como embajador al rey francés Luis XII, al emperador Maximiliano y a César Borgia del que se hizo su hombre de confianza.

Al ser desposeído de su cargo de secrela rio, se retiró con su esposa e hijos a Albergaccio para alejarse de la política, hasta que en 1520 accedió a escribir la historia de Florencia.

Biografia de Maquiavelo Nicolas Estadista Politico

Al rebelarse esla ciudad en 1527 y constituirse nuevamen te en república, Maquiavelo fue obligado a abandonar su cargo de inspector de las fortificaciones, por no tratar a los Médicis con la dureza que se le exigía.

Según parece, los acontecimientos que siguieron le causaron graves trastornos mentales, que terminaron con su vida ese misino año.

Maquiavelo defendió en todo momento que la política nada tenía que ver con la religión, pero además contemplaba al Estado como un vehículo de poder a disposición del gobernante, más que como un mecanismo encaminado a servir al pueblo.

En su principal obra,  El Príncipe, queda bien reflejada esta concepción amoral del Estado, así como en su Discorsi sopra la prima deca de Tito Livio.

Falleció en 1527.

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ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA

La Italia del Renacimiento, en el aspecto político, había sido forjada por los condottieri y hombres de acción. Fueron ellos los que por vez primera implantaron las fórmulas de la monarquía autoritaria y desplazaron los principios que habían servido de base a la monarquía moderada, justa y generosa de los buenos príncipes del Medievo.

Este proceso histórico tuvo su teorizador en el campo de la especulación política: Nicolás Maquiavelo, uno de los nombres básicos en la evolución de las ideas políticas de todos los tiempos.

Biografia de Nicolas Maquiavelo Perfil del Principe Ideas PoliticasPor su formación humanista y su educación diplomática, por sus concepciones generales y el contacto directo con la complicada política italiana de principios del Quinientos, Maquiavelo era el autor predestinado para dibujar con rasgos indelebles el hombre político.

El Renacimiento, nacido de las tiranías italianas de les siglos XIV y XV del tipo clásico del príncipe de la antigüedad.

De sus obras se desprenden las cualidades que ha de reunir el nuevo soberano: la virtud, o sea la energía desarrollada para lograr el imperio (poder aun prescindiendo de las reglas de la moral; la fortuna, entendida en el sentido clásico de suerte, y la necesidad, a la que se han de doblegar todos los interese; opuestos.

El maquiavelismo es, pues, una doctrina política positivista, por la que los grandes principios éticos han de someterse a las exigencias fortuitas del momento y a una táctica oportunista.

El príncipe sólo ha de tener en cuenta el interés supremo del Estado, que es el suyo propio, y el de la opinión que le secunda en sus empresas.

Sin embargo, para abarcar por completo el pensamiento político de Maquiavelo es necesario tener presente que en sus obras trazaba el esbozo ideal del príncipe que había de librar Italia de la dominación extranjera que se cernía sobre ella, ya francesa, ya española

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BIOGARFIA DE NICOLAS MAQUIAVELO

(Florencia, 3 de mayo de 1469 –  25 de junio de 1527)
Humanista y político italiano del Renacimiento. Se le considera el fundador ideológico del Estado moderno y se le ha llamado, no sin razón, el primer clásico moderno en asuntos militares.

Maquiavelo es un pensador, pero sin un sistema filosófico concreto, un humanista con nostalgia de la grandeza de la antigua Roma; patriota, sin principios éticos y oportunista.

Si Tomás Moro es un idealista, Maquiavelo está en el extremo opuesto. No se distinguió ni por su amor ni por su respeto a sus semejantes. Procurar el bien moral o material del pueblo quedaba relegado frente al objetivo de afianzar el poder del déspota.

A los veintinueve años de edad recibió el cargo de secretario de la segunda cancillería de la República, después, fue recibiendo otros cargos administrativos y diplomáticos. Su primer escrito fue «Discurso hecho al magistrado de los Diez sobre el asunto de Pisa», al que siguieron más discursos, tratados y libros de política.

Sus pensamientos inaguran la política moderna Para  muchos políticos su libro es un libro clave
Para otros el libro ha sido tenido como un libro «del demonio»El infortunio empañó la vida pública de Maquiavelo

Viajó mucho por toda Europa; primeramente, estuvo seis meses en la Corte de Francia, donde, al mismo tiempo de representar a su país, pudo observar las instituciones y estructuras de la monarquía absoluta.

A su vuelta, contrajo matrimonio en 1501 con Marietta Corsini. Del matrimonio nacerán cuatro hijos varones y dos hembras. Poco después marchó a Roma con motivo del nombramiento de Julio II como Papa.

Nuevo viaje a Francia por motivos diplomáticos y, después, se recorrerá Italia. En seguida se mostró como un gran teórico de la guerra; en 1506, escribe «Descenale Primo», sobre la decadencia militar de su país.

En 1507, viaja a Suiza y Alemania, donde podrá estudiar los pormenores de las tácticas y armamentos de los ejércitos (el ejército suizo era entonces el mejor de Europa).

Más tarde recibirá una misión en la Liga de Cambrai, por lo que escribirá «Descenale secondo». Después, vuelve a Francia, cuando esta entra en conflicto con el Papa.

Cuando en 1512 regresan los Médicis a Florencia concluye la República. Maquiavelo es cesado y encarcelado y hasta tiene que sufrir tortura. Al salir de la prisión se retira a una línea, desde donde escribe sus mejores obras.

En 1527, año convulso para los territorios italianos, en el que las tropas de Carlos V saquean Roma, los Médicis huyen de Florencia y los sustituye un gobierno del partido aristocrático.

Maquiavelo no fue considerado lo bastante hostil a los Médicis para seguir ocupando el cargo. Enfermo de pena, según se dice, por el giro de los acontecimientos, murió el 21 de junio de ese año,  poco después de que se restaurara de nuevo la República.

Todo el sistema político de Maquiavelo está expuesto en estas tres obras: «Discursos sobre la primera década de Tito Livio» (1519), «El arte de la guerra» (1519) y «El Príncipe» (1513). La primera es la expresión más fiel y exacta de sus ideas y opiniones sobre la organización de los Estados y en ella está la sustancia de las otras dos; tomando como modelo la república romana, quiere resucitar su organización con el poder consular, el del Senado y el del pueblo para que, respectivamente, se vigilen e impidan extralimitaciones de ningún tipo.

En «El arte de la guerra» pone de manifiesto sus deseos de una milicia nacional en Italia y cómo debe de ser armada y organizarse para expulsar del país a franceses, alemanes y españoles.

«El Príncipe» enseña cómo se forma una monarquía nueva y absoluta para lograr con ella la unidad e independencia de la patria, y nos expone las ideas del autor acerca de las excepcionales aptitudes intelectuales y políticas que debe de tener el príncipe que gobierne. Esta figura ideal debe de servir por todos los medios a su Estado sin reparar en la forma en que lo haga; surge así la «Razón de Estado», en la que el fin justifica los medios.

Maquiavelo ve la política como un juego de caracteres y personalidades; el buen diplomático debe usar, si es necesario, la hipocresía como arma política, su única moral debe de ser la moral del éxito. A la religión la enfoca como un arma de dominación; su príncipe debe de profesar la religión, aunque no creer en ella, la debe usar para «sujetar» a su pueblo.

El Príncipe es una clara expresión de pensamiento político; toda consideración moral o religiosa queda aparte; lo que «debería ser» cede ante lo que «es», ante la consideración de la realidad tal cual es, sin preocupaciones de reforma, «porque hay tanto trecho de cómo se vive a cómo se debería vivir, que quien renuncie a lo que se hace por lo que se debería hacer, aprende más bien lo que le arruinará que lo que le preservará».

La única voz que se oye es la del interés del estado, representado en la persona del príncipe, con lo que las normas teóricas encuentran ejemplarización en algunas figuras de grandes príncipes como César Borgia o Fernando II el Católico, del que, por ejemplo, dice: «No predica más que paz y buena fe, siendo muy enemigo de ambas; pero si hubiese observado una y otra, hubiera perdido en muchas ocasiones la reputación o el Estado».

Maquiavelo no crea nada nuevo en política; como él mismo dice, se atiene únicamente a la «verdad efectiva de las cosas», a lo que la observación de la realidad que le circunda y la historia de los grandes hombres le han enseñado. El único valor teórico de Maquiavelo es su realismo político, el escándalo que suscitan sus juicios sobre la naturaleza humana; es el hombre que ha afirmado tajantemente la incompatibilidad entre política y moral.

Vemos paradójicamente a un personaje que es al mismo tiempo republicano y defensor de una monarquía absoluta, pero no olvidemos que luchó toda su vida por la unidad italiana y entiende que para esta difícil empresa el soberano necesita de una suma de poder que sólo cabe en un monarca absoluto. Su obra hay que verla, pues, bajo el contexto histórico de la Italia de la época.

Perfil de un Príncipe:

«Si el interés de la patria exige traición o perjurio, se comete, pues la grandeza de los crímenes borrará la vergüenza de haberlos cometido».

Su personalidad debe poseer condiciones especiales para llegar al poder y mantenerse en él:
* Capacidad de manipular situaciones, ayudándose de cuantos medios precise mientras consiga sus fines: lo que vale es el resultado.
* El gobernante debe poseer seria destreza, intuición y tesón, así como habilidad para sortear obstáculos, y «moverse según soplan los vientos».
* Diestro en el engaño: No debe tener virtudes, solo aparentarlas.
* Amoral, indiferencia entre el bien y el mal, debe estar por encima.

Sus ideas han sido duramente discutidas, su figura es polémica y se le ha hecho pasar, exageradamente, por enemigo de la moral, de la religión y de la justicia.

Maquiavelo supone que es mejor ser tenido por avaro que por liberal y tener luego que gravar a los súbditos con impuestos; mejor ser cruel a tiempo que inútilmente piadoso; mejor ser temido y respetado, que amado y no suficientemente respetado; «los hombres tienen menos reparos en ofender al que se hace amar que al que se hace temer, porque el amor se conserva por el solo vínculo de la obligación, la cual, debido a la perversidad humana, rompe toda ocasión de interés personal; pero el temor se conserva por miedo al castigo, que no te abandona jamás».

Llegan así los preceptos del famoso capítulo XVIII, el más discutido y criticado: el príncipe ha de saber ser zorro y león a un mismo tiempo y no debe cumplir la palabra dada «cuando tal cumplimiento puede redundar en su perjuicio y no existen ya las razones que se la hicieron empeñar»; ha de parecer «piadoso, fiel, humano, íntegro, religioso», pero debe también saber no serlo; en conclusión, predica la necesidad de «no apartarse del bien mientras sea posible, pero saber entrar en el mal cuando sea necesario», y esto porque en las acciones de los hombres se «considera sólo su fin.

Procure, por lo tanto, el príncipe vencer los obstáculos y conservar el estado, porque sus medios se tendrán siempre por hermosos y merecerá la alabanza general». Más adelante, el carácter teórico general se ejemplifica con el estudio de la situación italiana del momento, mediante el examen de las causas por las cuales los príncipes italianos han perdido sus estados, seguido de un análisis de la fortuna y de si la energía y capacidad del hombre pueden o no resistir a ella.

Comparando la fortuna con un impetuoso río, dice: «Ejerce su poder donde no existe precaución para resistirla, dirigiendo su violencia hacia el lugar en que sabe que no hay espigones, diques ni reparos que la contengan». Y la conclusión, que en Italia le será posible a un príncipe prudente y «virtuoso», es decir, capaz, crear un nuevo y fuerte estado que pueda proteger a Italia contra la invasión de los «bárbaros». El tratado, que hasta aquí había sido frío, lúcido e implacable, se cierra con un grito apasionado, los versos de Petrarca: «Virtud contra Furor / Tomará las armas; y el combate será breve, / Que el antiguo valor / No ha muerto aún en los itálicos corazones».