Biografia De Garcia Lorca Federico Poeta Español Victima Guerra Civil



Vida y Obra del Poeta Español García Lorca, Víctima de la Guerra Civil Española

Biografia De Garcia Lorca Federico Poeta Español Victima Guerra Civil

DESCRIPCIÓN DE SU VIDA: Sin lugar a dudas, Federico García Lorca es uno de los poetas más trascendentes que nos ha brindado el siglo XX, ubicando a su obra en uno de los estandartes más destacados de la literatura mundial, gracias a su talento, su visión del mundo, y la forma de expresar los sentimientos más profundos de los seres humanos en un formato totalmente universal.

Por todo ello, la obra poética de García Lorca ha sido considerada desde siempre como el eslabón más alto de la lírica perteneciente a la llamada «Generación del 27», aunque en realidad nos encontramos frente a uno de los literatos más talentosos de toda la literatura española.

En todo el concepto que encierran las obras de Lorca, desde la poesía, pasando por el drama, e incluso la prosa, podemos vislumbrar el claro reflejo de un sentimiento trágico de la vida, aspecto que se encuentra íntimamente ligado a su experiencia terrenal, y que ha sabido plasmar magistralmente con su puño y letra.

De esta forma, las obsesiones no pueden estar ausentes en su obra, ya que toda su creación ha estado siempre  vinculada a la expresión del amor, el deseo, los sueños, las ambiciones, la nostalgia, la pasión, y todos los estados y sentimientos que transita el ser humano durante su paso por la vida terrenal, pero vistos desde un ángulo que en la mayoría de las ocasiones se asocia con la desesperación.

En este devenir en palabras, que tratan de expresar lo inexpresable, García Lorca se alimentó de los símbolos que le permitieron acercarse a conceptos universales que suelen ser imposibles de definir con simples oraciones o versos, como por ejemplo la muerte.

A través de elementos cotidianos, tales como la luna, el agua, la sangre, los metales, la vegetación y demás, el poeta ha sabido transformar estos simples objetos en metáforas, por intermedio de combinaciones de estados y supuestos, que han puesto de manifiesto y definido los distintos matices de la finita vida de los mortales.

Es por ello, que cuando observamos, leemos y analizamos una obra de García Lorca resaltan las metáforas, que en definitiva ha sido el método retórico por excelencia de todo su estilo, llevando incluso el poder de las metáforas más allá de los límites posibles, relacionando objetos y elementos que en la realidad son opuestos, con el fin de transmitirle al lector sensaciones entremezcladas y dispares.

En todo ello radica precisamente el efecto atrapante que suele tener la obra de Federico García Lorca para los lectores, más allá de las fronteras geográficas, las diferencias de idioma, y las distantes generaciones.

El autor de «Mariana Pineda», «Bodas de sangre», «Yerma» y «La casa de Bernarda Alba», entre otras, nació el 5 de junio de 1898 en el municipio de Fuente Vaqueros, en la ciudad de Granada, España.



Bautizado con el nombre de Federico del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca, el pequeño se crió en el seno de una familia acomodada, siendo su padre el hacendado Federico García Rodríguez, y su madre la maestra Vicenta Lorca.

Desde muy pequeño, Federico mostró poseer grandes cualidades que lo diferenciaban del resto de los niños de su edad, por lo que su madre lo introdujo lentamente en el mundo de las letras y la poesía, despertando el talento del joven.

Pero su cuerpo no parecía desarrollarse al mismo paso que su mente, ya que Federico era un niño frágil y frecuentemente caía enfermo, lo que lo condujo a ser un estudiante irregular debido a que no podía concurrir a la escuela de manera diaria, por lo que sus padres decidieron poner al pequeño bajo la tutela del maestro Rodríguez Espinosa.

Luego de sus estudios en el bachillerato, Federico García Lorca se recibió de abogado en la Facultad de Derecho de Granada, aunque nunca en su vida ejerció dicha profesión, ya que siempre se sintió atraído por la producción literaria y el arte.

Con un talento único, que fue estimulado por sus progenitores, sus maestros e incluso su amigo el pianista Fernando de los Ríos, Federico logró en 1917 escribir y publicar su primer artículo, recorriendo la vida y la obra de José Zorrilla.

Al año siguiente, García Lorca publicó su primer libro titulado «Impresiones y paisajes», que al ser rechazado por las editoriales, debió ser costeado por su padre, quien apoyaba fervientemente la vocación de su hijo.

Los años que siguieron a aquella ópera prima le brindaron a Federico un sinfín de experiencias en el mundo del arte, llevando su producción literaria al teatro, a los libros, e incluso logrando exponer piezas de su producción pictórica.

Fue en aquella época que Federico García Lorca comenzó a sembrar destacadas amistadas en el ámbito cultural, estableciendo relaciones con personajes de la talla de Jorge Guillén, Pedro Salinas, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, Rafael Alberti, Luis Buñuel y Salvado Dalí.

En el año 1929 Federico decidió trasladarse por un tiempo a la ciudad de Nueva York, donde produjo el libro «Poeta en Nueva York», y posteriormente se trasladó a La Habana, donde produjo una gran cantidad de obras.

De regreso a su España natal, Federico fue recibido con grandes honores, y se le encomendó por intermedio del Ministro de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos, la labor de ocupar el cargo de co-director de la compañía estatal de teatro «La barraca». En dicho período, el poeta pudo darse el gusto de producir, dirigir, escribir y adaptar obras simultáneamente, y fue en ese lapso que surgieron de su mente producciones fundamentales, tales como «Bodas de sangre» y «Yerma».



Una gira de su compañía teatral lo traería a las lejanas tierras de Argentina, precisamente en el año 1933, para difundir y promover la puesta en escena de su obra a manos de la compañía de Lola Membrives, además de ofrecer una serie de charlas y conferencias.

En relación a su ideología política, Federico García Lorca se vinculó estrechamente con el socialismo de la URSS, siendo incluso co-fundador de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, la cual fue creada en un período en que los miembros pertenecientes al sector de la derecha veían en los socialistas una amenaza implacable.

Esta faceta política lo condenó durante el inicio de la Guerra Civil Española. Pero la persecución y las amenazas constantes no pudieron acallar la voz de Lorca, y menos aún lograr que el poeta dejara su tierra.

Al respecto, en una oportunidad, Federico García Lorca manifestó a los medios españoles: «Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política».

El 16 de agosto de 1936 Federico fue detenido en la casa de su amigo el poeta Luis Rosales, y pocos días después llegó la orden de ejecución, que fue emitida por el entonces gobernador civil de Granada, José Valdés Guzmán.

De acuerdo a las investigaciones realizadas posteriormente, se supo que la muerte alcanzó a Federico García Lorca en la madrugada del 19 de agosto de 1936, después de que fuera fusilado camino a Alfacar, debido a su posición política y sus comprometidas declaraciones, como aquella que emitió días antes de su ejecución, y en la que aseguró: «En Granada se agita la peor burguesía de España».

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ULTIMOS AÑOS DE SU VIDA: A partir de 1934 regresa a España  y en agosto de ese año -muere su amigo el torero Ignacio Sánchez Mejías, como consecuencia de una cogida, en la plaza de Manzanares. Era éste un hombre de excepcional temple y carácter, con una gran afición literaria y amigo de muchos de los poetas de la generación de Lorca. Al mes siguiente le dedica una emocionada elegía, el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1935).

El poema está dividido en cuatro partes, cada una de las cuales tiene un metro diferente. Representan la función tradicional del lamento fúnebre, purificando las emociones iniciales de sorpresa y horror, primero por la lamentación ritual, luego por la meditación sobre la muerte y el fin de las cosas, y finalmente por una oración funeraria serenamente filosófica.

En sus versos se sienten las mejores resonancias de la poesía española elegiaca, la de Jorge Manrique, la de Quevedo. Con ser relativamente breve, este poema de Lorca señala un máximo nivel en su lírica. Sin renunciar a lo que ella tuvo siempre de acento étnico, siendo poesía entrañablemente andaluza e hispánica en sus modos de expresión poética, adquiere el alcance más universal y más profundo que nunca tuvo.



En 1935 ultima la obra teatral Doña Rosita o el lenguaje de las flores, que se estrenará en Barcelona.

La mejor presentación de ella es la que hizc el propio poeta: «Doña Rosita es la vida mansa por fuera y requemada poi dentro de una doncella granadina que poco a poco se va convirtiendo en es£ cosa grotesca y conmovedora que es una solterona en España. (…) He querido que la más pura línea conduzca mi comedia desde el principio hasta e. fin. ¿Comedia he dicho? Mejor sería decir el drama de la cursilería española, de la mojigatería española, del ansia de gozar que las mujeres han de reprimii por fuerza en lo más hondo de su entraña enfebrecida».

En 1936 anuncia su propósito de marchar con Margarita Xirgu a México, a representar sus obras y a dar una conferencia sobre Quevedo. Er junio acaba La casa de Bernarda Alba. Final y cima de una trayectoria dramática y abertura a un modo más esencial y más hondo de hacer teatro, esta tragedia, que debió ser la primera del ciclo de plena madurez del dramaturgo, ha venido a ser la última obra de Lorca.

La acción transcurre en un espacio cerrado, hermético, y está enmarcada por la primera y la última palabra que Bernarda pronuncia: «silencio». Del primero .al último silencio impuesto por la voluntad de Bernarda se desarrolla el conflicto entre dos fuerzas mayores: el instinto de poder absoluto que encarna la protagonista y el instinto elemental del sexo representado por las hijas. Del enfrentamiento de ambas sólo puede resultar la destrucción de una de las dos fuerzas en oposición.

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El accidente de la muerte del poeta parece, más bien, saltar del plano trágico de su obra poética y dramática en la que corre la sangre y relucen los puñales y las navajas, que de la peripecia de una vida que Federico quiso vivir al margen de la coyuntura política de su país.

La víspera de su santo, el 18 de julio, marcha para Granada. «Me voy -dijo a E. Néville- porque aquí me están complicando con la política, de la que no entiendo nada ni quiero saber nada. (…) Soy amigo de todos y lo único que deseo es que todo el mundo trabaje y coma. Me voy a mi pueblo para apartarme de la lucha de las banderías y las salvajadas.»

El 20 de julio Granada caía en manos de los insurgentes. Su cuñado es detenido; la Huerta de San Vicente, donde veranea su familia, está vigilada; y García Lorca, a su vez, es amenazado de muerte. Se refugia en casa del poeta Luis Rosales, cuyo hermano tenía un gran peso dentro de la Falange local.

El 16 de agosto, Lorca era detenido en una espectacular maniobra de carácter oficial y es conducido al Gobierno Civil donde se le mantiene incomunicado. Todas las gestiones, la de los hermanos Rosales, de Manuel de Falla, de su familia, por tratar de ayudar de alguna manera a Federico fracasan por entero.

La noche del 18 de agosto es condenado a muerte con todas las aprobaciones oficiales necesarias de la suprema autoridad nacionalista de Andalucía. El 19 de agosto era asesinado en el barranco de Viznar.

Federico tenía solo 38 años.

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UN RESUMEN DE SU VIDA Y OBRA: El 5 de junio de 1899 nació en «uentevaqueros, lugar de la provincia de Granada, Federico Sarcia Lorca. Su padre —Federico García Rodríguez— tenía allí una hermosa propiedad rural, entre ríos y montañas, no muy vasta, pero bien cultivada. En ese sitio fue donde el pequeño Federico aprendió, desde niño, a querer a la Naturaleza: la fresca hierba, las. flores y las plantas, los árboles frondosos, los pájaros, el cielo y la tierra, el agua…; todo ese mundo mágico, tan importante para él. . .

los integrantes de su familia se querían y respetaban; vivían en conjunción de ideales y, al mismo tiempo, en absoluta libertad. Esa fue su mejor escuela. Se aficionó mucho al campo y también a la gente que allí trabajaba. Siempre recordaría «el acento regional, dulce y recio a un mismo tiempo», de los labriegos y pastores.

Su madre, Vicenta Lorca, que había seguido los cursos de magisterio y tenía ciertas inclinaciones artísticas, quiso que sus cuatro hijos —dos varones y dos mujeres— pudiesen recibir, sin tropiezos, los beneficios de una formación cultural esmerada. Se preocupó, entonces, por mandarlos a la escuela de la ciudad, por hacerlos cursar el bachillerato en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús y por encaminarlos, luego, hacia la Universidad. Francisco, que era menor, llegó a ser diplomático y se distinguió como profesor de Literatura española en el Queen’s College y en la Columbia University, de Nueva York, donde publicó algunos libros (sobre Espronceda y sobre Ganivet).

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También Federico, por complacer, ese anhelo materno, siguió estudios en la Facultad de Derecho, donde terminó la Licenciatura, en 1923. Para ello, tuvo que dejar aquellos campos que eran la mejor parte de su vida y trasladarse, primero, hasta la capital de la provincia y, luego, hasta la del país. «Cada vez que regresaba de Madrid —señala Alfredo de la Guardia—, luego de largas temporadas llenas de libros, de teatros, de discusiones, de caras nuevas, era, al pisar la tierra y al envolverse en el silencio campestre, como si se sumergiera en una agua limpia, llovida, fresca, al final de un prolongado y penoso viaje».

Una de las hermanas de Federico —Concepción— se casó con Manuel Fernández Montesinos, médico cuyas actividades políticas lo llevaron a ser alcalde de Granada. Perseguido por sus ideas, murió, fusilado, pocos días antes que su cuñado, el gran poeta.

En la Universidad de Granada, que Lorca visitó antes de concurrir a la de Madrid, tuvo por profesor a don Fernando de los Ríos, activo dirigente del Partido Socialista, quien influyó mucho sobre el joven. Años después, en 1929, realizarían juntos un largo viaje. «Con de los Ríos, llegó García Lorca a París, apenas entrevisto en cruce rápido, atravesó el Canal para alcanzar Londres, siguió a Oxford, se detuvo en Escocia y atravesó el Atlántico Norte, hasta Nueva York. Fue un deslumbramiento, para el poeta».

Este mismo Fernando de los Ríos, que llegó a ser ministro de Instrucción Pública en tiempos de la República, le prestó la necesaria ayuda para poder fundar, en 1931, al volver de los EE.UU., el teatro universitario «La Barraca». Este representó, para García Lorca, una experiencia maravillosa que su amigo. Rafael Alberti, comentó en los siguientes términos: «La Barraca coincide con los años de esplendor cultural de la República.

Se ha abierto una esperanza. Se multiplican las posibilidades, se cree posible un cambio fundamental, económico, social y político, en la vida española. Pero fue un sueño demasiado breve Federico acompaña estos deseos con toda su fe y, mientras las Misiones Pedagógicas que dirige Alejandro Casona, intentan la aventura de subir la cultura a los montes más lejanos, abriendo a la esperanza pueblos increíblemente separados de ella, Federico y Eduardo Ugarte, otro joven autor dramático, llevan a las plazas de los pueblos y a los ámbitos universitarios a Lope de Rueda, Cervantes, Calderón, Lope de Vega, Tirso de Molina. . .»

Colaboró en aquella iniciativa, además de Eduardo Ugar, Isabel García Lorca (su otra hermana), secundada por un núcleo de amigos. Fue una tarea divertida y útil que, tras circunstancia, paréntesis, Lorca retomaría en 1934. El amor por la escena—»el teatro, dijo, es la poesía que se levanta del libro y se hace humana»—, fue una inquietud que lo acompañó siempre. Desde chico, manejaba un teatrillo de títeres, casi improvisado, que funcionaba en el granero próximo a su casa. Luego dirigí otro, «La Tarumba».

Una de las mejores actrices de comedia que actuaba por aque tiempo en España, Catalina Barcena, fue quien brindó, a Federico García Lorca, la oportunidad de ver representada su primera obra teatral. «El maleficio de la mariposa» pudo ofrecerse sin embargo, en una sola oportunidad —la noche del estreno— tampoco fue editada.

El poeta había contado con el apoyo de Gregorio Martínez Sierra, quien dirigía la compañía de Catalina Bárcena. Resolvieron presentarla en el teatro Eslava, de Madrid, en 1919. Dice un comentarista que el público no pudo comprender la intención del «poema escénico» de Lorca.

Su tema —el frustrado amor entre una mariposa y un insecto (una especie de hormiga), al cual echan de la comunidad sus semejantes, cuando intenta volar tras de la intrusa —exasperó aquella noche al auditorio, sólo con ver la insólita caraterización de los actores. La obra fue rechazada en forma violenta por los espectadores. Desde butacas, palcos y localidades altas, se prodigaron denuestos y frases contundentes que se cruzaban, como chispas, sobre el rumor sordo del taconeo».

Después de este fracaso, Lorca no volvió a escribir ninguna obra teatral durante ocho años. Hasta que en 1927 retomó la interrumpida labor en Barcelona, para ofrecer «Mariana Pineda», inter-pretada por la actriz Margarita Xirgu y con decorados de Salvador Dalí, a quien el poeta había conocido, años antes, cuando ambos se alojaban en la Residencia para estudiantes de la Universidad madrileña. Tampoco en esta opotunidad —aunque la obra alcanzaría, años más tarde, justo renombre— la representación tuvo éxito. Cuatro meses después, el 12 de octubre de 1927, Margarita Xirgu la volvió a representar, en ese momento en el Teatro Montalba de Madrid, pero con igual resultado. En diciembre de ese mismo año, García Lorca intervino en un homenaje tributado, en el Ateneo de Sevilla, a la memoria de Góngora, en el tricentenario de su muerte.

Mientras tanto, había publicado ya sus dos primeros libros: «Impresiones y paisajes» (1918) —dedicado a su maestro de música, Martín Berrueta, a quién recordaría también, años después, con Manuel de Falla— y «Libro de poemas» (1921). A los tres años, terminó «Canciones», editado en 1927. La «Revista de Occidente» publicó, en 1928, el «Romancero gitano» que, según la opinión de Julián Marías; es su obra lírica más madura. «La poesía de Lorca posterior —agrega— muestra tendencias múltiples»; «pero estos ensayos no llegan a cuajar en una nueva forma, lograda y de perfil claro». En materia teatral obtuvo, a partir de 1930, con el estreno de «La zapatera prodigiosa», por Margarita Xirgu, en Madrid, resonantes triunfos.

En 1933, Josefina Díaz Artigas, dio a conocer en el teatro Infanta Beatriz, de Madrid, «Bodas de sangre». Poco después, Lola Membrives ofrecía, en Buenos Aires, tres de sus obras ya conocidas: «Mariana Pineda», «Bodas de sangre» y «La zapatera prodigiosa». La presencia del autor —que permaneció en la Argentina desde el 13 de octubre de 1933 hasta el 24 de marzo de 1934— dio todavía mayor relieve a esas funciones. Cuando regresó a España, García Lorca fue agasajado, por sus éxitos en América, con un banquete.

Ese mismo año, el 11 de agosto, falleció, en la plaza de Manzanares, su amigo, el torero Ignacio Sánchez Mejía, a quien recordó, luego, con un sentido poema.

En enero de 1935, Margarita Xirgu estrenó, en Madrid, «Yerma» y, dos meses después, Lola Membrives ofrecía la versión definitiva de «La zapatera prodigiosa», en el Colliseum madrileño. Las dos actrices coincidirían nuevamente ese año, cuando, en setiembre, Lola Membrives dio «Yerma» y Margarita Xirgu estrenó «Doña Rosita, la soltera», ambas en la ciudad de Barcelona. Corría el año 1936 —que sería el de su muerte— cuando García Lorca anunció a los periodistas que estaba por partir hacia México, donde la ilustre actriz ofrecería algunas de sus obras.

Fue ella quien, nueve años después del fallecimiento del poeta, estrenó, en el teatro Avenida de Buenos Aires, su última pieza: «La casa de Bernarda Alba». Federico alcanzó a leerla, en Madrid, ante un núcleo de amigos, el 15 de julio de 1936, un día antes de partir hacia su ciudad natal, con el propósito de despedirse de sus padres antes de emprender viaje hacia América. «Ese compás de espera, en el regazo granadino —dice de la Guardia— perdió a García Lorca, ya que la muerte se desató sobre España». . . Y allí, en esos mismos campos donde había nacido y que tanto amaba, lo mataron. Fue en Viznar, el 19 de agosto de 1936. «Si muero —dijo alguna vez—, dejad el balcón abierto…»

Fuente Consultada: Ciencia Joven – Diccionario Enciclopédico Tomo V – Edit. Cuántica

ALGO MAS SOBRE ESTE NOTABLE POETA

Había cumplido apenas los 37 años de edad (nació el 5 de junio de 1899) y con el rigor que trabajaba, no dejó obra menor. De sus manuscritos se desprende que corregía una y otra vez. De sus cartas a sus amigos sabemos que anunciaba el inicio de un poema, puya breve descripción incluía en la carta, pero luego tardaba meses en que seguía comentando sus progresos y sus dificultades. Leyéndola, nadie se imagina el trabajo que le costaba reunir sus versos:

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!

(‘Llanto por Ignacio Sánchez Mejía», de Federico García Lorca,).

Su poesía llegaba a toda clase de personas. En España porque esencia española, y en él mundo porque esa misma esencia tenía al mundo encendido en un descubrimiento que comienza con Rubén Darío y continúa con esa generación que dio a García Lorca, a Rafael Alberti, a Jorge Guillen, a Vicente Aleixandez, a los hermanos Antonio y Manuel Machado. La lista sería interminable, porque sería injusto olvidar a Garardo Diego, a Pedro Salinas o a Luis Cernuda. Son hombres que viven en una edad nueva, una edad en que la poesía no está reñida con las alegrías y los dolores del hombre común y su destino.

Vicente Aleixandre, ya mencionado, en su Epílogo a la edición citada de las Obras Completas de Federico García Lorca, hace una evocación que resulta pertinente citar aquí:

«Federico, que pasaba mágicamente por la vida, al parecer sin apoyarse; que iba y venía ante la vista de sus amigos con algo de genio alado que dispensa gracias, hace feliz un momento y escapa en seguida como la luz, que él llevaba efectivamente; en Federico se veía sobre todo al poderoso encantador, disipador de tristezas, hechicero de la alegría, conjurador del gozo de la vida, dueño de las sombras, a las que él desterraba con su presencia. Pero yo gusto a veces evocar a solas otro Federico, una imagen suya que no todos han visto: al noble Federico de la tristeza, al hombre de soledad y pasión que en el vértigo de su vida de triunfo difícilmente podía adivinarse. He hablado antes de esa nocturna testa suya, macerada por la luna, ya casi amarilla de piedra, petrificada como un dolor antiguo. ‘¿Qué te duele, hijo?’, parecía preguntarle la luna. ‘Me duele la tierra, la tierra y los hombres, la carne y el alma humana, la mía y la de los demás, que son uno conmigo».

Dicen que no ocurrió en el patio de la prisión, sino que fue llevado, con otros hombres, directamente al cementerio del pueblo y que allí les fusilaron junto a una fosa común, Federico entre «los demás, que son uno conmigo».

Y siendo uno con él, los adolescentes en todo el mundo recitan con la picardía propia de su edad «La casada infiel».

Se le vio caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
-sangre en la frente y plomo en las entrañas-
…Que fue en Granada el crimen sabed -¡pobre Granada!-,
en su Granada…
(«El crimen fue en Granada»,
de Antonio Machado).

Fuente Consultada: HECHOS Sucesos que estremecieron al mundo Tomo N°14 García Lorca Ha Muerto

GARCÍA LORCA EN BUENOS AIRES
CRÓNICA DE LA ÉPOCA

El 29 de julio, la compañía de Lola Membrives estrenó Bodas de sangre, de Federico García Lorca, en el teatro Maipo de Buenos Aires. Ante el caluroso recibimiento del público y de la crítica, Lola Membrives decidió reponer la obra a fines de octubre, en el teatro Avenida, con la presencia del propio autor, ya que el poeta se encontraba en Buenos Aires desde el 13 de ese mes. La noche de la función de Bodas de sangre en el Avenida, el autor dirigió palabras de agradecimiento al público.

Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, pueblo andaluz de la vega granadina, el 5 de junio de 1898. Su madre, Vicenta Lorca Romero, había sido durante un tiempo maestra de escuela, y su padre, Federico García Rodríguez, poseía terrenos en la vega, donde cultivaba remolacha y tabaco. Más tarde, Federico recordaría cómo incide en su obra el ambiente del campo.

En sus poemas y en sus dramas se revela como agudo observador del habla, de la música y de las costumbres de la sociedad rural española. Una de las peculiaridades de su obra es cómo ese ambiente, descrito con exactitud, llega a convertirse en un espacio imaginario donde se da expresión a todas las inquietudes más profundas del corazón humano.

Resumen de su Vida:

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