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Biografia de Carlos II de Inglaterra Caracteristicas del Reinado

Biografia de Carlos II de Inglaterra-Caracteristicas del Reinado

El 3 de septiembre de 1659 falleció Cromwell, dejando como sucesor a su hijo Ricardo. Éste, que carecía de los talentos y facultades de su padre, fue bien pronto arrollado y en 1660 cayó la República inglesa, restaurándose la monarquía con Carlos II Estuardo como rey.

La conducta del monarca provocó el descontento general, chocando con el Parlamento, que al final disolvió, gobernando hasta su muerte, acaecida en 1685, como monarca absoluto.

Rey de Inglaterra: 1649-1685
Rey de Escocia
Nacimiento: 1630
Fallecimiento: 1685
Predecesor: Carlos I
Sucesor: Jacobo II

BIOGRAFIA: Carlos II (de Inglaterra) (1630-1685), rey de Inglaterra, Escocia e Irlanda (1660-1685), cuyo reinado marcó un periodo de relativa estabilidad tras la agitación provocada por la Guerra Civil Inglesa. Es el primer monarca de la Restauración en Inglaterra, Carlos II Estuardo.

Dotado de talento natural, gran amigo de los placeres, fue un partidario decidido de la reconciliación y la tranquilidad nacional, aunque para ello tuviera que sacrificar el orgullo de Inglaterra.

Este futuro rey Carlos II, que residía en Holanda, cuando publicó un manifiesto conocido como Manifiesto de Breda. Prometió pagar la deuda a los soldados y hacer que el Parlamento arreglara la amnistía y la libertad de conciencia para los disidentes.

Se eligió una asamblea que se llamó Convención, porque no podía ser convocado «Parlamento» regular, ya que solo un rey podía hacerlo. Los presbiterianos tuvieron mayoría.

La Convención decidió restablecer al rey y la Cámara de los Lores, y llamó a Carlos II. Desembarcó en Douvres y entró en Londres, recibido por una muchedumbre.

El gobierno fue restaurado tal como estaba en 1641. Se empezó por perseguir a los independientes, enemigos de Carlos I y del Parlamento.

Se exceptuó de la amnistía a los regicidas, es decir, los jueces que habían decidido la muerte del rey. Se desenterraron los cadáveres de Cromwell y de su yerno, quedaron abandonados. Otros «regicidas» huyeron y murieron en el destierro.

El ejército fue licenciado, no se conservaron más que dos regimientos que vinieron a ser los guardias del rey (1666).

El rey tenía afición a la caza, las carreras de caballos, a la navegación. Le gustaba mandar construir y plantar. Le interesaban el teatro, los cuadros y hasta las ciencias.

Le ocurrió asistir a disecciones, y tenía un laboratorio químico. No le gustaba emborracharse, ni jugar. Tenía suficiente memoria y se expresaba con facilidad e ingenio. Sabía francés e italiano.

Pero no había aprendido nada regularmente y no se dedicaba a ningún trabajo seguido. Ante todo quería divertirse y no tener en qué pensar. Dejaba que resolvieran los asuntos sus consejeros y sus favoritos.

No era duro y podía mostrarse afable, como era bueno para sus sabuesos, que tenía con él en su cámara. Pero no quería a nadie más que a sí mismo, no creía en la honradez de los hombres ni de las mujeres, ni tenía el menor escrúpulo en mentir.

Cuando los solicitantes lo enojaban, intentaba desembarazarse de ellos, y, si no lo conseguía cuanto le era pedido y no cumplía nada.

En su juventud, Carlos había pasado cerca de dos años en Escocia, rodeado de pastores presbiterianos que le pronunciaban largos sermones y le impedían divertirse.

Carlos había vivido luego ocho años desterrado en los países católicos, en Francia, en Colonia, en Bélgica y habían intentado convertirle al catolicismo.

Una vez rey, casó con una princesa católica de Portugal. Por eso no experimentó, como sus subditos ingleses, odio a la religión católica. No era afecto siquiera, como su padre, a la Iglesia anglicana.

Hubiera querido establecer en Inglaterra la tolerancia para el culto católico. Pero, como decía, «estaba decidido, ocurriera lo que ocurriera, a no empezar de nuevo sus viajes», es decir, a no correr el riesgo de una revolución.

REINADO DE CARLOS II DE INGLATERRA

EL GABINETE: Carlos encontró al principio la situación fácil. La mayoría del Parlamento, por odio a la revolución, era devota del rey.

Votó por él un impuesto, en forma de derechos de aduana, que había de percibirse durante todo su reinado. Este impuesto había de proporcionarle dinero como para gobernar sin el Parlamento, si no gastaba mucho en sus placeres.

Como la gestión de los asuntos de gobierno le fastidiaba, Carlos dejó que gobernasen unos cuantos consejeros que reunía en su gabinete, y a esto se llamó el gabinete. Más tarde fue apellidado la Cabal (sigla) con las iniciales de los cinco consejeros.

El más influyente fue en un principio el antiguo jefe del partido caballero en 1641, Hyde, al que dio el título de duque de Clarendon.

Gobernó al principio del reinado. Su hija se había casado con el hermano del rey, heredero del trono.

Pero en pocos años Carlos y sus consejeros llegaron a irritar aun a sus propios partidarios. Carlos vendió a Luis XIV la villa de Dunkerque, adquirida por Cromwell (1662). Clarendon hizo la guerra a Holanda y fue necesario pedir sumas enormes al Parlamento (1665).

La peste penetró en Londres. En aquellas calles estrechas y sucias, el número de víctimas fue tan grande que no se lograba enterrarlas.

El año 1666 estalló en Londres un incendio, y en tres días destruyó toda la ciudad antigua.

Carlos, que había creído iba a hacerse la paz con Holanda, desarmó sus barcos para emplear el dinero en placeres.

La flota holandesa llegó de pronto, entró en el Támesis y quemó tres navios de guerra ingleses (1667).

El Parlamento, irritado por aquellos desastres, la emprendió contra Clarendon. Acababa éste de indisponerse con la favorita de Carlos, negándose a darle dinero. Carlos no le apoyo, y dejó que la Cámara le acusase. Clarendon huyó a Francia (1667).

CONFLICTOS RELIGIOSOS Y POLÍTICOS: Carlos, que no tenía dinero suficiente para los gastos de su Corte, recurrió a Luis XIV. Su hermana Enriqueta, casada con el duque de Orleáns, hermano de Luis XIV, negoció un tratado secreto en Douvres.

Carlos prometió ayudar a Luis a hacer la guerra a Holanda, y se manifestó dispuesto a reconocerse católico en el momento que le pareciese favorable. Luis XIV se comprometió a darle 1.200.000 escudos al año durante la guerra.

El Parlamento, dominado por los anglicanos, no quería conceder la libertad religiosa a los católicos de Inglaterra. Carlos pretendía que el rey tenía el derecho de dispensar leyes. En virtud de este derecho promulgó la Declaración de indulgencia, que dejaba en suspenso todas las penas impuestas a los católicos y a los disidentes (1672).

irritado el Parlamento manifestó «que las leyes penales en materia eclesiástica no podían ser suspendidas sino por orden del Parlamento». Carlos cedió y retiró la Declaración.

Carlos no tenía sucesión, y su hermano Jacobo, duque de York, que era su heredero, acababa de convertirse públicamente al catolicismo.

El Parlamento votó entonces una ley que impedía al soberano dar cargos a los católicos.

Todos los funcionarios, todos los diputados, antes de tomar posesión, debían firmar una declaración por escrito manifestando que no creían en la doctrina católica de la Eucaristía, y habían de comulgar en la forma de la Iglesia anglicana.

Carlos la aceptó para obtener dinero del Parlamento. Su hermano Jacobo, que era almirante, presentó la dimisión.

Carlos intentó prescindir del Parlamento. Pero cuando ya no tuvo dinero, se reconcilió con él (1675) y tomó como ministro a Danby, que era jefe de la mayoría anglicana en la Cámara. Para tranquilizar a los protestantes, casó a la hija mayor de su hermano con el príncipe de Orange, jefe del partido protestante en Europa (1677).

Luego consintió en hacer la guerra a Luis XIV (1678). Hubo entonces viva irritación contra los católicos.

Carlos no tenía bastante dinero para gobernar sin el Parlamento, y le convocó (1679). Pero los electores creían la religión protestante amenazada y no tuvo apoyo.

La mayoría del Parlamento, no queriendo tener, después de la muerte de Carlos, un rey católico, intentó en seguida desembarazarse del hermano del rey, el duque de York. Presentó un proyecto de ley que excluía a Jacobo de la sucesión.

Como el rey tenía necesidad de dinero, convocó otro Parlamento, en el que fue más fuerte la mayoría favorable a la exclusión del duque de York (1679). Carlos no lo convocó.

Los ingleses se dividieron en dos partidos: los «peticionarios», que querían que el Parlamento se reuniese para excluir heredero católico; los abhorrers, que no querían modificar la sucesión.

Cada uno de los dos partidos recibió de sus adversarios apodos que aceptaron. Los adversarios de Jacobo fueron apellidos, whigs, del nombre de ios sublevados presbiterianos de Escocia; los otros fueron llamados tories, del nombre de los bandidos católicos de Irlanda.

Así empezó la división en «partido whig» y «partido tory», que ha perdurado hasta hoy.

Carlos acabó por reunir el Parlamento (1680). La Cámara de los Comunes aprobó la ley de exclusión. Pero la de los Lores la rechazó, y Carlos se desembarazó otra vez de la Cámara disolviendo el Parlamento (1681).

Convocó un tercer Parlamento en Oxford, y esta vez los diputados se presentaron con armas. El Parlamento fue otra vez disuelto al cabo de una semana (1681).

LA REACCIÓN ABSOLUTISTA: Carlos, que había recibido dinero de Luis XIV, gobernó sin Parlamento hasta su muerte. Tenía un pequeño ejército y nadie podía resistírsele.

Se desembarazó de sus adversarios mediante un régimen de horror. Hizo que los tribunales los condenase, eligiendo jurados en el partido tory. El jefe del partido whig, Shaftesbury, se libró huyendo de Inglaterra.

En las ciudades que habían elegido diputados whigs, se cambiaron las listas de los electores.

Algunos republicanos tramaron una conspiración para prender al rey y a su hermano (1683). El rey aprovechó esta circunstancia para hacer condenar y ejecutar a los jefes de la oposición, Russel y Sidney.

Carlos murió (1685), habiendo recibido los sacramentos de la Iglesia católica.

El hermano de Carlos II, Jacobo II, le sucedió sin dificultad.

Se había declarado católico y se había casado en segundas nupcias con una princesa católica italiana.

Deseaba restablecer la religión católica en Inglaterra, y, mientras esto ocurría, conceder a los católicos la libertad de su culto.

En la ceremonia de la coronación tuvo necesidad, según la costumbre, de jurar que había de defender la Iglesia anglicana. Pero mandó abrir las puertas de la capilla católica de la reina y asistió a la misa. Fue, según costumbre, coronado por un obispo anglicano, pero se observó que abreviaba la ceremonia todo lo posible.

Jacobo II Estuardo Rey de Inglaterra
Jacobo II Estuardo Rey de Inglaterra

Jacobo II, su sucesor, provocó con su conducta la revolución, que estalló en 1688. Guillermo de Orange, casado con María, hija de Jacobo II, le sucedió en 1689 y reinó hasta 1702, venciendo a su suegro en Boyne y derrotando a la escuadra francesa en Hogue; obtuvo para Inglaterra el dominio de los mares y tuvo que transigir con los Comunes; ambos esposos firmaron la Declaración de derechos, base de la Constitución inglesa. Le sucedió Ana Estuardo, que fue llamada la buena reina (1702-1714).

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Biografia de Du Guesclin Bertrand Causas de su Fama

Biografia de Bertrand Du Guesclin

Beltrán Du Guesclin, que había de llegar a ser uno de los más famosos guerreros de su época era bretón y nacido en los alrededores de Rennes, el mayor de los diez hijos de una familia noble que pobremente vivía en reducida heredad.

Era un muchacho rechoncho, feo, de color cetrino, rudo, que pegaba a sus hermanos y a sus camaradas. No aprendía nada, pues pasaba el tiempo bebiendo y peleándose con los mozos de la aldea. Sus padres no le tenían cariño y confesaban que habrían «querido verle bajo tierra».

bertrabd guesclin
Nación en Dinan, Bretaña, 1314 – Chateauneuf Randon, Auvernia, 1380) Capitán francés de la Guerra de los Cien Años. Luchó inicialmente al servicio de Carlos de Blois y, más tarde, para el rey Carlos V de Francia.

Un día que se celebraba un torneo en Rennes, Beltrán, que a la sazón contaba dlecisite años, ardía en deseos de ir allá; pero su familia era demasiado pobre para equiparle.

Entonces, saltando en un caballo de labor, llegó a Rennes y encontró a un primo suyo que accedió a prestarle su caballo y su armadura.

Se presentó en el torneo para combatir, el rostro oculto dentro del casco, y nadie supo quién era, ni siquiera sus padres, que figuraba entre los espectadores.

Hizo quince justas seguidas y siempre derribó a su adversario. Entonces levantó la visera del casco, su padre le admiró y en lo sucesivo se sintió orgulloso de él.

Es un personaje célebre en Francia por el papel que tuvo en la guerra de los Cien Años contra Inglaterra, y también en España por haber intervenido en las campañas que Enrique II de Trastámara, sostuvo contra su hermano el rey Pedro I de Castilla.

Durante la guerra de Bretaña, Beltrán, reunió una tropa de aldeanos y se dedicó a hacer la guerra y a tomar castillos. Acabada la guerra se puso al servicio del rey de Francia, que le recompensó nombrándole de su Consejo y dándole tierras. Entonces fue señor de dos castillos.

Du Guesclin había seguido siendo feo, falto de gracia y rudo, pero tenía un cuerpo robusto y ágil que no conocía el cansancio. No profesaba respecto a la guerra las mismas ideas que los señores, acostumbrados a las fiestas y los torneos. No peleaba por el placer de batirse y no se creía obligado a combatir al enemigo en batalla regular como en un torneo.

Prefería sorprenderlo, gustaba más de los sitios que de los combates. Cuidaba mucho a sus hombres, antes de enviarlos al asalto les hacía beber vino, y cuando la paga se retrasaba no dejaba de reclamar hasta tenerla. Era leal, cuando había dado su palabra la mantenía.

Una vez que hubo entrado al servicio del rey de Francia, le permaneció siempre fiel y constantemente peleó por él, sin olvidarse empero hacerse pagar. Detestaba a los ingleses y a los franceses que servían al rey de Inglaterra, a los que llamaba «malos franceses». Fue el más firme defensor del rey y de Francia.

Carlos V, que reinaba desde 1364, no se parecía a Juan, su padre. Siendo muy joven había padecido una grave enfermedad de la que no se había repuesto. Como le costaba trabajo andar a caballo, no tenía afición a la caza ni a la guerra.

Durante todo su reinado no se alejó nunca de París, y vivía en su fortaleza del Louvre o en los castillos de los alrededores, vestido como un burgués, leyendo, conversando, trabajando con sus consejeros y sus astrólogos. Se le llamó el Sabio.

Encargó a Du Guesclin de dispersar las compañías de bandoleros al servicio del rey de Navarra que se habían establecido entre París y la Normandía. Su jefe, un noble gascón, el Captal de Buch, había peleado en el ejército inglés.

Apostó sus hombres como los ingleses en Poitiers, en lo alto de una colina que domina al Eure, en Cocherel. Du Guesclin mandó avanzar a sus hombres como para el ataque. Cargaron al grito de «Nuestra Señora Guesclin», luego aparentaron huir.

El Captal había comprendido la estratagema, pero no pudo contener a los suyos que bajaron en persecución del enemigo. Entonces una tropa de 200 caballeros bretones, que Du Guesclin había mantenido de reserva, cargó contra ellos y los derrotó; el Captal fue hecho prisionero.

El rey dio en recompensa a Du Guesclin el condado de Longuevllle en Normandía (1364).

Du Guesclin fue luego a hacer la guerra a Bretaña y en una batalla cayó en poder de los Ingleses. El rey de Francia pagó su rescate. Luego se encargó de conducir a España las Grandes Compañías que saqueaban Francia.

Al pasar por Avlgnon, los de las compañías dijeron que eran peregrinos y obligaron al Papa a darles la absolución y a pagarles una gruesa suma. En España, Du Guesclin apoyó ál rey Enrique de Trastamara, aliado del de Francia, contra Pedro de Castilla, aliado del rey de Inglaterra. Fue preso en una batalla y los ingleses le llevaron a la Guyena (1367).

Un día, Du Guesclin fue a rogar ai Príncipe negro que le diera libertad. El Príncipe le dijo que fijase él mismo la cuantía de su rescate. Beltrán propuso 100.000 escudos de oro. «Se burla de mí, dijo el Príncipe, al ofrecer semejante suma.

Le dejaré libre por la cuarta parte.» Beltrán accedió a no ofrecer más que 60.000. «El rey de Francia, dijo, pagará mi rescate, y, si no pudiera, todas las hilanderas de Francia trabajarán para ganarlo.»

Carlos V rescató a Du Guesclin y volvió de nuevo a hacer la guerra a los ingleses (1369). Encargó a Du Guesclin de dirigirla y le dio el título de condestable (jefe del ejército), Du Guesclin se excusó en un principio, diciendo que no era más que un pobre caballero. «¿Cómo osaría yo mandar a vuestros hermanos, a vuestros primos? » Pero el rey le dijo: «Yo no tengo hermano, ni sobrino, ni primo que no os obedezca» (1370).

Los franceses habían adoptado un nuevo método de guerra, se encerraban en las ciudades fortificadas y dejaban a los Ingleses saquear los campos.

Tres ejércitos atravesaron Francia sin encontrar ningún ejército francés, pero hallando todas las plazas bien defendidas (1369, 1370, 1373). Un ejército pasó cerca de París (1370).

Desde sus ventanas Carlos V veía las aldeas incendiadas, y su consejero le decía: «Dejadlos, señor, no os quitarán vuestra herencia con todas sus humaredas». El ejército inglés, compuesto de caballeros, no podía tomar una plaza fuerte y, después de unos cuantos meses de campaña, los hombres caían enfermos y se dispersaban.

Por último Du Guesclin, con sus bretones, recuperó poco a poco todas las provincias del Oeste, ayudado por los habitantes que no uqerían obedecer al rey de Inglaterra.

Murión en 1379 sitiando una fortaleza en la montaña del rey de Inglaterra. No le quedaban en Francia mas que las plazas de Calais, Burdeos y Bayona.

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Batalla de Crecy Desarrollo La Toma de Calais

Desarrollo Batalla de Crecy y la Toma de Calais

Iniciado el conflicto entre Inglaterra y Francia, conocido como la Guerra de los 100 años, durante algunos años se peleó en Flandes y en Bretaña, luego en la Guyena, sin gran resultado. Pero el año 1346, Eduardo desembarcó en Normadía con un ejército diferente a los que hasta entonces habían combatido en Francia.

Contaba 4 ó 5.000 hombres de armas, revestidos con armadura completa como la de los antiguos caballeros, armados con lanza y montados en caballos protegidos con caparazón.

Pero los infantes eran de una clase nueva. La mayoría eran arqueros armados con un arco como no se había visto hasta entonces, arco ligero de madera de tejo, más alto que un hombre.

Se tendía a la altura de la vista, tiraba tres veces más de prisa que la ballesta y lanzaba largas flechas con tanta fuerza que a trescientos metros se podía matar a un hombre y atravesar una cota de malla.

Los otros infantes, llamados cuchilleros, llevaban un cuchillo puntiagudo al extremo de un asta y servían, sobre todo, para rematar a los caballeros caídos en tierra.

batalla de crecy

Eran todos subditos del rey, porque los ingleses debían tener armas en sus casas y acudir a la guerra cuando el rey lo ordenaba. Eduardo envió comisionados por toda Inglaterra los habían elegido entre los más robustos, valientes y más diestros.

El ejército inglés atravesó toda la Normandía. En ella encontró trigo y ganado en abundancia, y en las ciudades mucho oro, plata y ricos vestidos, porque el país era fértil y hacía mucho tiempo no había sido saqueado. Los ingleses lo arrebataron todo.

En Caen tomaron 40.000 piezas de paño y con ellas cargaron sus barcos. Luego llegaron por el Sena hasta Poissy, saqueando e incendiando todas las aldeas.

Felipe VI reunió un gran ejército de caballeros, las milicias de las ciudades del norte de Francia y 6.000 ballesteros italianos. Tenía un ejército mucho más numeroso que el de Eduardo y empezó a perseguirle.

El ejército Inglés se retiró en dirección a Picardía. Al llegar al Somme, encontró los puentes cortados y los vados bajo la custodia de las milicias francesas. El ejército francés se acercaba e iba a rodearle.

Pero un muchacho del país llevó a los ingleses al vado de Blanchetaque, cerca de la desembocadura del Somme. Allí encontraron arena firme, por encima de la cual sus carros pasaron a marea baja.

El ejército francés se vio detenido por el mar que subía y no se apoderó más que de algunos bagajes.

El ejército inglés, escapado del peligro, atravesó el bosque de Crecy por un sendero y se apostó cerca de él al borde de una colina. Eduardo mandó apearse a sus hombres de armas y los alineó en tres batallones, los caballeros en el centro, los arqueros en las dos alas.

Delante, a la derecha, puso a su hijo el príncipe de Gales con 1.200 caballeros desmontados y 4.000 arqueros; a la izquierda, 1.200 caballeros a pie y 3.000 arqueros. El rey con el resto (1.500 caballeros y 4.000 arqueros) se quedó a retaguardia, próximo a un molino de viento desde el cual se podía ver toda la comarca.

Felipe VI no sabía ya dónde estaba el ejército inglés. Partió por la mañana de Abbeville, siguiendo el camino que daba vuelta al bosque. Por la tarde su vanguardia llegó cerca de Crécy, frente a los ingleses.

Unos caballeros vinieron a decirle que habían visto a los ingleses sentados en el suelo, el arco y el casco delante de ellos, y descansando. Los franceses estaban fatigados de la larga marcha. Felipe quería esperar al día siguiente para pelear y mandó hacer alto.

Pero los señores franceses, más habituados a los torneos que a la guerra, querían batirse sin más tardanza y todos llegar los primeros a presencia del enemigo.

Como la vanguardia hubiera hecho alto, los que seguían detrás empujaban para tratar de colocarse en primera fila. Los caballeros de vanguardia, que no querían quedarse detrás, avanzaron hasta llegar delante de los ingleses, de los que ya no les separaba más que una pequeña cañada.

El mismo rey, al ver a los Ingleses, fue acometido de cólera, porque los detestaba, y decidió atacar, ordenando que se adelantasen los ballesteros genoveses.

En aquel momento estalló violenta tempestad, y los dos ejércitos se calaron de agua. Luego la tempestad cesó y brilló el sol.

Los ballesteros bajaron al valle. Por tres veces lanzaron su grito de guerra e hicieron una descarga. Pero sus flechas cayeron delante de la línea de los ingleses. Entonces los arqueros ingleses dando un paso adelante, empezaron a tirar.

Sus flechas caían tan de prisa que parecían una tempestad de nieve y atravesaban cascos y corazas. Muchos ballesteros cayeron. Los demás, tirando la ballesta, retrocedieron subiendo de nuevo la pendiente.

Los señores franceses, no comprendiendo aquel movimiento, creyeron que los ballesteros hacían traición, y el rey gritó: «Matad a toda esa canalla, porque nos estorban el camino sin razón».

Entonces los caballeros franceses, cargaron contra sus propios ballesteros, bajaron la pendiente hiriéndolos. Al llegar abajo quisieron subir por el otro lado. Los arqueros ingleses comenzaron otra vez a lanzar flechas.

Los caballos, atravesados por ellas, retrocedían o se echaban a un lado, y los caballeros caían sin ver siquiera a los que los mataban.

Los franceses no lograron colocarse en orden de batalla. A medida que un grupo llegaba, se lanzaba en desorden contra los Ingleses.

Hubo de esta manera quince cargas. Algunas llegaron a la línea de los caballeros ingleses que los esperaban lanza en ristre; pero los arqueros, colocados en el flanco, atravesaban a los asaltantes con sus flechas.

Eduardo no necesitó hacer entrar en liza a su batallón de reserva y ni siquiera se puso el casco. Llegada la noche, las cargas se hicieron menos vigorosas y luego los caballeros franceses huyeron.

Eduardo prohibió a sus hombres abandonar su puesto. Los ingleses pasaron la noche vigilantes, no sabiendo la victoria que habían conseguido. Por la mañana la bruma era tan espesa que no se podía ver nada.

Entonces solamente fueron en busca de los muertos y los despojaron. Habían perecido más de 1.500 caballeros franceses, y los Ingleses no habían perdido más que tres hombres de armas y cuarenta arqueros.

Se cuenta que los ballesteros genoveses se habían negado a avanzar, porque la tempestad había mojado las cuerdas de sus arcos. Se dice también que los ingleses habían puesto en batalla varios cañones que sirvieron para asustar a los franceses.

TOMA DE CALAIS (1347)

El ejército inglés fue inmediatamente contra Calais. Era una ciudad de marinos que robaban los barcos de los ingleses y estorbaban mucho su comercio. Eduardo quería apoderarse de ella. Juró «no partir de allí, ni en invierno ni en verano, hasta que fuera tomada».

Calais estaba bien fortificada, rodeada de doble foso que se llenaba de agua todas las mareas. Todo el contorno, estaba formado por arenas movedizas en las cuales no podían asentarse máquinas de guerra.

Eduardo decidió tomarla por hambre. Para alojar a su ejército, mandó construir toda una ciudad de madera. Los habitantes del país tenían en ella dos mercados semanales a los que llevaban sus artículos.

Durante el invierno Calais recibió víveres por mar, pero al llegar la primavera una flota inglesa fue a bloquearla por aquel lado. Entonces faltaron víveres.

toma de calais
La Toma de Calais

El jefe de la guarnición escribió a Felipe VI: «Sabed que no hay nada que no se haya comido, los gatos, los perros, los caballos».

Felipe VI, que había llegado al fin con un ejército de caballeros, encontró el campamento Inglés demasiado bien fortificado. Propuso a Eduardo VI un día y un lugar para la batalla, como si se tratase de un torneo. Luego partió de nuevo.

El jefe de la guarnición rogó a Eduardo que dejase salir a los habitantes, pero el Inglés se negó. «Los de Calais, dijo, han hecho morir a tantos de mis hombres, que es preciso que de los suyos mueran también».

No obstante, consintió en dejarlos con vida. «Pero, dijo, es necesario que seis de los ciudadanos de más nota vengan con la cabeza descubierta y los pies descalzos, sin otro vestido que sus ropas interiores, la cuerda al cuello, llevando en sus manos las llaves de la ciudad y la de la fortaleza, y de esos seis haré lo que me plazca, y perdonaré a los demás».

El capitán francés mandó tocar las campanas, y todos, hombres y mujeres, se reunieron en el mercado. Les dijo lo que exigía el rey de Inglaterra y les rogó que se decidieran cuanto antes.

Todos empezaron a dar voces y a llorar tan fuerte que al capitán le dio lástima y lloró también.

Entonces el ciudadano más rico de Calais, Eustaquio de Saint-Pierre, se levantó y dijo: «Sería gran lástima dejar morir a este pueblo por hambre o de otra forma, si se puede impedir, y tengo gran esperanza de que me acompañe la gracia de Dios para salvar a este pueblo, que quiero ser el primero, y me pondré gustoso en camisa, la cabeza descubierta, los pies descalzos, la cuerda al cuello, a merced del rey de Inglaterra».

Otros cinco ciudadanos se sacrificaron también. El capitán, montado en un caballo de poca alzada, los llevó en camisa y bragas, la cuerda al cuello, con las llaves.

Fueron a arrodillarse delante del rey de Inglaterra. Eduardo permaneció al principio inmóvil, la cólera le impedía hablar. Luego mandó que les cortasen la cabeza.

Los ingleses lloraban y suplicaban al rey que los perdonase. «Sería demasiado cruel hacer morir a esos desgraciados ciudadanos, que se han puesto a vuestra merced por salvar a los demás».

Eduardo rechinó los dientes y dijo: «Hagan venir ai corta-cabezas».

Entonces la reina de Inglaterra, que había seguido a su marido a la guerra, se puso de rodillas delante de él y dijo: » ¡Ah, señor queridísimo, desde que he pasado el mar, con gran peligro, no os he pedido nada. Ruego ahora, en nombre del hijo de Santa María, que tengáis piedad de esos seis hombres! »

Eduardo, enternecido, la miró y dijo: «Tomad, os los entrego, haced de ellos lo que queráis».

La reina se levantó, les quitó la cuerda del cuello, los llevó consigo y mandó que los vistieran.

Los habitantes salieron de Calais. Felipe VI los estableció en diferentes ciudades de Francia. Eduardo mandó venir ingleses y les dio todas las casas. Calais llegó a ser una ciudad inglesa y siguió siéndolo hasta 1558.

En seguida Eduardo, no teniendo ya dinero, hizo una tregua y se volvió a Inglaterra. Luego una peste terrible, traída de Oriente a los puertos de Provenza, acabó con una parte de la población, primeramente en el Mediodía de Francia (1348), más tarde en Inglaterra.

Se la llamó la Gran Peste o la Muerte negra y se dice que en ciertos sitios mató las dos terceras partes de la población.

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Historia de Inglaterra Origen, Primeros Pueblos y Reyes

Historia de Inglaterra Primeros Pueblos y Reyes

ORIGEN DEL REINO DE INGLATERRA
La isla que nosotros llamamos Gran Bretaña estaba habitada por pueblos pequeños que hablaban lenguas célticas. Los más poderosos, los bretones, habían sido sometidos por los romanos, y todo el país se había organizado en provincias romanas, excepto las montañas del norte habitadas por pueblos salvajes que se tatuaban.

El año 410 los romanos retiraron sus tropas, dejando que los bretones se defendieran solos contra aquellos pueblos. Luego bandas de guerreros, llegados de las comarcas del otro lado del mar del Norte, se establecieron en las costas, los sajones al sur, los anglos al este.

Combatían a pie, con pica y puñal, y no eran cristianos. Saquearon las ciudades, pasaron a cuchillo a los habitantes y avanzaron poco a poco en el interior del país. Cada jefe de banda tomó el título de rey, y el territorio que la banda ocupaba vino a ser su reino.

Al cabo de dos siglos hubo siete u otros reinos, poblados por los descendientes de aquellos guerreros bárbaros que hablaban una lengua germánica.

Los bretones, que conservaban su lengua, estaban reducidos a las partes del oeste y del norte. Poco a poco todos aquellos reinos se fusionaron en uno solo, al mando de un «rey de los sajones y de los anglos» y el conjunto se llamó Inglaterra (tierra de los anglos).

Pero quedaban todavía partes habitadas por pueblos de lengua céltica: al oeste el país de Gales, al norte el país que ha formado el reino de Escocia, y la isla de Irlanda.

En el siglo IX los piratas daneses vinieron a saquear las costas de Inglaterra lo mismo que habían hecho con las de Francia.

Luego se establecieron en un campo atrincherado, como también habían hecho en Francia. Por último, lo mismo que los normandos de Francia, se hicieron ceder unas provincias, el antiguo país de los anglos, que vino a ser danés. Inglaterra estuvo sometida por espacio de treinta años a reyes venidos de Dinamarca (1016-1042).

HAROLDO Y GUILLERMO DE NORMANDÍA

El último rey descendiente de la antigua familia de los reyes sajones, Eduardo (llamado más tarde el Confesor), era hijo de una princesa normanda que le había enviado a criar a Normandía.

Ya rey, se rodeó de guerreros y de monjes normandos que hablaban francés. A uno de ellos le nombró arzobispo de Canterbury, es decir, cabeza de todo el clero de Inglaterra.

Eduardo dividía su existencia entre la caza y los ejercicios piadosos, y dejaba que gobernase en su lugar el más poderoso de los señores sajones, el conde Godwin.

Se había unido en matrimonio, a la hija de éste y había dado a sus hijos la mayor parte de los otros condados de Inglaterra.

Un día Godwin se enfrentó con los favoritos normandos del rey y Eduardo se declaró a favor de ellos, por lo que Godwin y su familia fueron desterrados.

Eduardo no tenía sucesión y no se sabía aún quién sería rey de Inglaterra después de su muerte. Recibió entonces (1051) la visita del duque de Normandía, Guillermo, primo de su madre.

guillermo el conquistador
Guillermo «el Conquistador»

Guillermo era un guerrero, buen tirador de arco y hábil en el manejo de la maza de armas, excelente jinete y apasionado por la caza, vigoroso y de voz sonora. Pero era también sagaz político, capaz de preparar un proyecto con mucha anticipación, rencoroso y probablemente cruel.

No se supo exactamente lo que pasó entre Guillermo y Eduardo; pero parece que Eduardo prometió a Guillermo nombrarle su sucesor.

Al año siguiente, Godwin, que había vuelto por mar, desembarcó en Inglaterra y otra vez fue dueño del gobierno. Los normandos escaparon, el arzobispo normando de Canterbury fue sustituido por un inglés.

Luego Godwin, mientras estaba a la mesa con el rey, murió de un ataque de apoplejía (1053). Su hijo mayor, Haroldo, heredó su condado y gobernó en nombre del rey Eduardo.

rey haroldo
Rey Haroldo

Era alto, vigoroso, ágil, valiente y diestro en la guerra, muy querido por sus compañeros. Después de haber gobernado unos cuantos años, Haroldo se embarcó para ir a Francia y una tempestad arrojó el barco en que iba a la costa de Ponthieu. Según costumbre de aquella época, los náufragos pertenecían al señor del país.

El conde de Ponthieu atrapó a Haroldo y lo encerró en una torre. Guillermo de Normandía hizo que se lo llevaran, allí lo trató como amigo, lo condujo a Rouen, a su palacio, y a una expedición contra los bretones.

Al volver de aquella guerra, Haroldo prestó juramento a Guillermo. Haroldo se comprometió a ayudar a Guillermo a hacerse rey de Inglaterra y a casarse con su hija, a cambio de lo cual obtendría la mitad del reino.

Haroldo volvió a Inglaterra. Pronto murió el rey Eduardo, encargando a Haroldo que defendiera a su viuda y el reino de Inglaterra.

Los guerreros ingleses reconocieron a Haroldo por rey; el arzobispo de York fue a coronarle (enero de 1066).

Haroldo recibió muy pronto un mensajero de Guillermo que le ofrecía su hija y reclamaba el reino. Respondió que no podía tomar mujer extranjera sin consentimiento de los grandes personajes de su país. Guillermo se preparó para apoderarse de Inglaterra por la fuerza.

LA EXPEDICIÓN A INGLATERRA

Guillermo convocó a sus vasallos del ducado de Normandía y les pidió que fueran a hacer guerra a Inglaterra. Al principio se negaron; pero Guillermo los obligó uno a uno a prometerle barcos y guerreros.

Luego hizo saber en todas las comarcas de Francia que los guerreros que le acompañasen recibirían en recompensa las tierras y el dinero de los enemigos.

Vinieron a unírsele muchos caballeros cubiertos con cotas de mallas y casco que combatían con lanza, e infantes armados con arco. No eran solamente normandos subditos suyos, sino también flamencos, bretones y franceses.

Guillermo además había enviado a pedir al Papa que le reconociera como heredero legítimo de Inglaterra.

Contaba la historia del juramento de Haroldo y decía que Eduardo le había hecho rey por su testamento.

El Papa excomulgó a Haroldo por haber expulsado al arzobispo de Canterbury y haber faltado a su juramento, indujo a Guillermo a ir a someter el reino y le envió una bandera y un anillo en el que había engarzado un cabello de San Pedro.

Guillermo iba a combatir en nombre de la Iglesia.

El 12 de setiembre partió su flota y desembarcó la noche luego de 15 dias de navegación y retrasos por el viento no adecuado.

Mientras esto ocurría, Haroldo estaba ocupado en rechazar otra invasión que terminó favorable a sus intereses.

Los ingleses no tenían barcos de guerra. Reunieron los barcos de pesca para impedir que los normandos desembarcasen en la costa meridional.

Esperaron durante cuatro meses, luego, agotadas sus provisiones, fueron licenciados. Los normandos, al arribar, no encontraron a nadie que los detuviera.

LA BATALLA DE HASTINGS

El ejército de Guillermo avanzó hasta Hastings, allí estableció un campamento fortificado y se dedicó al saqueo del territorio. Haroldo, que había vuelto a Londres, partió inmediatamente para detener al enemigo.

Todo el norte de Inglaterra, que acababa de librarse de los noruegos, obedecía entonces a una gran familia cuyos jefes, dos hermanos, llevaban el título de condes. No se movieron y Haroldo no tuvo a su lado más que un ejército era reducido.

Los mejores guerreros eran sus guardias, los husekarls, que combatían a la manera de los daneses, a pie, cubiertos con cota de mallas, protegidos con un escudo redondo. Llevaban espada, pero se batían principalmente con el hacha larga que manejaban con ambas manos.

El resto del ejército estaba formado por gentes del país llamadas para la defensa. Casi no había jinetes. Guillermo, por el contrario tenía caballeros cubiertos con cota de malla, que peleaban con lanzas, y arqueros que combatían a pie.

Haroldo mandó plantar la bandera del reino, un dragón, y su bandera propia en la parte mas alta de una colina. Alrededor de las banderas mandó colocar en orden de batalla a sus hombres.

Guillermo, al amanecer (14 de octubre), fue a una misa y comulgó. Luego alineó a sus hombres en tres batallones, en el centro los normandos, a la izquierda los bretones y los franceses del oeste, a la derecha los flamencos.

Los arqueros empezaron a lanzar sus flechas y mataron muchos ingleses; luego todos subieron la pendiente de la colina. Llegaron a ponerse en contacto con los ingleses que les lanzaban jabalinas.

Los husekarls, con sus hachas, derribaban a los jinetes y mataban a los caballos. Los jinetes normandos retrocedieron, arrastrando a su infantería, y el ataque francasó en este primer intento.

Guillermo ordenó un segundo ataque.Los normandos volvieron a subir por la colina y esta vez rompieron la línea inglesa en algunos puntos. Dos hermanos de Haroldo fueron muertos, pero los normandos resultaron otra vez rechazados.

Finalmente luego de un tercer intento Guillermo pudo saborear el éxito. A una orden suya los arqueros dispararon a lo alto sus flechas que caían a modo de lluvia sobre las cabezas de los ingleses inmóviles. No teniendo ya más jabalinas, los ingleses no podían hacer nada para defenderse.

Haroldo fue muerto y su cadaver había quedado en el campo batalla, Guillermo dio permiso para enterrarle, pero estaba tan desfigurado que nadie podía reconocerle.

Guillermo era ahora el dueño de Inglaterra!

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Biografia de Canning George Politico Britanico

Biografia de Canning George

La política de la Restauración, sintetizada en el sistema Metternich, tuvo un implacable adversario en el ministro inglés de Negocios Extranjeros, Jorge Canning.

Su nombre se ha hecho popular en los manuales de Historia como defensor del principio de no intervención y del derecho de las naciones a disponer libremente de sus destinos.

George Canning

Pero tras la grandilocuencia de estas fórmulas, que Canning defendió con gran habilidad diplomática, se ocultaban los propósitos del imperialismo británico de poner término, en beneficio propio, a la obra de la revolución y de conquistar para Inglaterra nuevos mercados en América y el Mediterráneo.

Conservador al estilo británico, rehuyó apoyar la política de restauración en el continente y la América hispana, en cuanto aquélla podía mermar las cifras del comercio de exportación de su patria y debilitar la influencia mundial de su corona.

Descendiente de una familia inglesa establecida en el siglo XVII en Carvagh, en el Londonderzry, Irlanda, Canning nació en Londres el 11 de abril de 1770. Un año después perdía a su padre, y al contraer su madre segundas nupcias, pasó bajo la tutela de su tío Stratford Canning, personaje muy relacionado con los prohombres del partido whig.

George se educó en Eton, a partir de 1781, en cuyo centro adquirió una buena cultura humanista y excelentes dotes retóricas.

En 1792 ingresó en la universidad de Oxford, donde fué considerado como un elemento jacobino. Pero, con gran sorpresa de sus amistades, en 1793 entró en el Parlamento como miembro del partido tory y ferviente admirador de Guillermo Pitt.

Obedeció esta metamorfosis, aparte sus deseos de hacer carrera en la política, a la reacción experimentada ante el jacobinismo militar francés, triunfante en los campos de batalla de Europa.

Los jefes del partido tory supieron reconocer las cualidades del que resultó ser el más brillante defensor de su política en los Comunes, y procuraron su ascenso social y oficial.

En 1800 contraía matrimonio con la señorita Juana Scott, heredera de una considerable fortuna. En 1796, Canning recibía el cargo de subsecretario en el ministerio de Asuntos Exteriores. Su política, aunque activa y dinámica, obedeció en este período a las altas indicaciones de Pitt y Grenville.

En 1799 fué nombrado uno de los doce comisarios de la India y en 1800 pagador general de las fuerzas británicas.

Al dimitir Pitt en 1801 por el asunto de la emancipación de los católicos irlandeses, Canning siguió a su jefe político, aunque sin aferrarse por completo a su actitud intransigente.

Volvió con él al poder en 1804, esta vez como tesorero de la Marina; pero la muerte de Pitt, después del desastre de Austerlitz, acabó con el ministerio. Canning se negó a formar parte del gobierno de notabilidades de Fox, que substituyó al anterior.

Después del fracaso de los whigs, el duque de Port-land confió a Canning la cartera del Foreign Office en su ministerio (1807). Durante dos años pudo demostrar su extraordinaria competencia, impulsando con toda energía la política inglesa en la captura de la flota de Dinamarca y en el auxilio prestado a los españoles y portugueses que combatían contra Napoleón.

Sus discrepancias con Castlereagh, ministro de la Guerra, terminaron en un duelo (1809), que eventualmente puso fin a su carrera política, pues se negó varias veces a formar parte de un ministerio en que figurara su rival.

Mientras tanto, fundó la Quaterly Review, órgano de la intelectualidad conservadora, y cultivó los estudios económicos, a lo que le inducía su calidad de diputado de la ciudad de Liverpool (desde 1812).

Reconciliado con Castlereagh, en 1816 aceptó el cargo de presidente del Board of Control, que dirigía la política india de Inglaterra.

Su gestión en este cargo fue muy afortunada, y si presentó la dimisión del mismo fué para no intervenir en la delicada cuestión del divorcio de Jorge IV (1820).

Dos años después, cuando se preparaba a partir para la India para ejercer el gobierno general de aquella colonia, fué nombrado ministro de Asuntos Extranjeros, cargo vacante a consecuencia del suicidio de Castlereagh (septiembre de 1822).

Canning modificó los preceptos seguidos por su predecesor: proclamó el principio de no intervención en Europa; reconoció la independencia de las repúblicas sudamericanas y favoreció a los griegos en su lucha de independencia contra los turcos.

En abril de 1827 murió lord Liverpool, y Canning fué elegido por jorge IV para sucederle como primer ministro. Su programa fué, en el interior, concesión de la igualdad política y social a los católicos, y en el exterior, apoyo a los helénicos.

Logró este último punto por la convención de 27 de abril de 1827; Pero no pudo ver la consecución del primero porque le sorprendió la muerte en Chiswick el 8 de agosto, cuatro meses después de su elevación al supremo puesto político de su patria.

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Biografia de Eduardo VII de Inglaterra

Biografía de Eduardo VII de Inglaterra

EDUARDO VII DE INGLATERRA (1841-1910): Eduardo VII jugó un papel importante en la política internacional de comienzos del siglo XX.

Pese a las Limitaciones constitucionales de la monarquía inglesa, este soberano influyó de modo decisivo en la orientación de la Gran Bretaña en los graves problemas que planteaban las relaciones extranjeras en aquel momento.

Eduardo VII de Inglaterra
Eduardo VII del Reino Unido fue rey del Reino Unido y los dominios de la Mancomunidad Británica y emperador de la India del 22 de enero de 1901 hasta su muerte el 6 de mayo de 1910.
Fecha de nacimiento: 9 de noviembre de 1841, Palacio de Buckingham, Londres, Reino Unido
Fallecimiento: 6 de mayo de 1910, Palacio de Buckingham, Londres, Reino Unido
Sucesor: Jorge V del Reino Unido
Hijos: Jorge V del Reino Unido, Alberto Víctor de Clarence

En particular, puede decirse que él fue el artífice de la Entente cordial entre Francia e Inglaterra, que pesó con tanta fuerza en las combinaciones diplomáticas de los grandes estados europeos.

Gran conocedor de las cortes extranjeras, muy popular dentro y Euera de su país, trabajador activo e inteligencia hábil, Eduardo VII elevó el prestigio de la monarquía de Inglaterra a un grado que ningún Hannóver, ni la propia reina Victoria, había conocido.

Primer hijo varón de la reina Victoria y del rey consorte Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, Alberto Eduardo nació en Londres el 9 de noviembre de 1841. El 4 de diciembre siguiente fue nombrado príncipe de Gales. Su educación, muy completa desde el punto de vista privado, fue redondeada en las universidades de Edimburgo, Oxford y Cambridge.

A los dieciocho años efectuó el primero de sus numerosos viajes al extranjero, teniendo ocasión de visitar Italia y España, y luego los Estados Unidos. En 1862 viajó por Tierra Santa. Al año siguiente tomó asiento en la Cámara de los Lores como duque de Cornualles y el 10 de marzo contrajo matrimonio con la princesa Alejandra de Dinamarca.

Desde esta fecha, como príncipe de Gales actuó en la vida pública del país, aunque no en los asuntos del Estado.

Muy pronto se hizo popular por su afición a los deportes (en especial, las carreras de caballos y las regatas) y por su elegancia en el vestir, pero, asimismo, por su gran simpatía personal, su ecuanimidad en las luchas políticas y su decidido empeño en fomentar las obras culturales y humanitarias.

Realizó nuevos viajes, entre los que destacan una visita a Egipto en 1869, otro a San Petersburgo en 1874 y un tercero a la India en 1875-1-876.

A la muerte de su madre el 22 de enero de 1901, asumió la corona con el nombre de Eduardo VII, lo que motivó una explosión de entusiasmo en Inglaterra. Constituyó una sorpresa para muchos su extraordinaria capacidad para los asuntos del Estado.

Aconsejado por sus íntimos y en estrecha colaboración con sus ministros, se propuso sacar la monarquía de su aislamiento nacional e Inglaterra de su ((magnífica insularidad».

Personalmente se puso en contacto con las capas más vastas de la población inglesa, en particular con los campesinos, hacia los cuales sentía una predilección especial. Respecto a la política exterior, efectuó algunos viajes de trascendencia política. En 1903 visitó las cortes de Portugal, España, el Vaticano e Italia y la capital de Francia.

Fruto de este viaje fue la concertación de la Entente entre Inglaterra y Francia, la cual ponía fin a la rivalidad colonial entre los dos países, la aproximación de Italia al bloque de las potencias occidentales y el robustecimiento general de la influencia de la Gran Bretaña en Portugal y España.

Tres años más tarde, en 1907, Eduardo VII intervenía en la
preparación del pacto anglorruso, el cual resolvía las discrepancias de ambos imperios en Asia.

La prensa y los políticos alemanes consideraron al rey de Inglaterra como autor de la política de acorralamiento del Reich; pero a pesar de esas manifestaciones, Eduardo VII fue muy bien recibido en Berlín en febrero de 1909.

En realidad, no se proponía reducir Alemania, sino restablecer el equilibrio continental, roto por la guerra francoprusiana de 1870. Al año siguiente, Eduardo murió en Londres el 6 de mayo.

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Biografia de Enrique III de Inglaterra

Desde la conquista de Inglaterra por los duques de Normandía y la entronización de la dinastía de los Plantagenets, el país había vivido bajo un régimen feudal mitigado por la autoridad del monarca.

Éste, que a la vez era señor de extensos territorios en Francia, practicaba una «política de influencia en el Occidente de Europa, como se había visto bajo Enrique II y Ricardo Corazón de León.

Enrique III de Inglaterra
Rey de Inglaterra
(Junto a Enrique el Joven de 1170 a 1183) Predecesor Esteban I
Sucesor : Ricardo I
Coronación : 19 de diciembre de 1154
Nacimiento: 5 de marzo de 1133 Le Mans, Francia
Fallecimiento 6 de julio de 1189 (56 años) Chinon, Francia
Casa real Casa de Plantagenet
Padre Godofredo V de Anjou
Madre Matilde de Inglaterra
Consorte Leonor de Aquitania

Éste, que a la vez era señor de extensos territorios en Francia, practicaba una «política de influencia en el Occidente de Europa, como se había visto bajo Enrique II y Ricardo Corazón de León.

Pero en el siglo XIII la autoridad de la corte y la política exterior de los Plantagenets reciben durísimos golpes. Iniciada la decadencia durante el reinado de Juan Sin Tierra (1199-1216), la crisis constitucional inglesa se manifiesta bajo su hijo primogénito y sucesor, Enrique III, personaje dotado de varios de los elementos de un carácter distinguido, pero soñador, iluso, soberbio y extravagante, que no supo medir la realidad de los hechos ni acertar en las soluciones requeridas por los problemas planteados.

La Historia nos enseña que en su gobierno la monarquía de los Plantagenets estuvo al borde de la ruina y que, por otra parte, perdió la mayoría de las posesiones feudales que tenía en Francia.

Nacido el 1° de octubre de 1207, ascendió al trono de Inglaterra a la muerte de su padre Juan, ocurrida el 19 de octubre de 1216.

La situación del reino era deplorable: los nobles y los eclesiásticos amparábanse en las estipulaciones de la Carta Magna de 1215 para limitar el poder de la monarquía, y ésta se hallaba, además, amenazada por el pretendiente francés Luis (más tarde Luis VIII).

Irlanda sólo estaba sujeta nomi-nalmente; el País de Gales era de hecho independiente, y en Francia Felipe Augusto se había adueñado de todas las provincias de los Plantagenets al Norte del Loira.

Para rehacer aquel estado de cosas habría sido preciso un rey genial como Enrique II y no un niño caprichoso como Enrique III.

Apoyado por el Papado, el nuevo soberano pudo superar los difíciles años de su minoridad. En este período ejercieron la regencia primero Guillermo Marshal (hasta 1219) y luego Huberto de Burgh, los cuales, con el auxilio de los legados pontificios, pudieron hacer frente a las turbulencias del baronazgo.

Enrique III fue declarado mayor de edad en 1223 por el papa Honorio III; pero hasta 1227 no se encargó efectivamente del poder. Durante este tiempo, Luis VII de Francia había conquistado Poitou y sus anejos aquitanos.

La mayoría de edad de Enrique III coincidió con la muerte de Luis VIII, quien dejaba como rey a un niño, Luis IX.

Enrique quiso utilizar esta ocasión para recuperar las posesiones inglesas en Francia, proyecto que estuvo a la base de todas sus acciones gubernamentales. Pero si el momento era oportuno, él no supo proceder con tacto, decisión y energía. Fomentó rebeliones, comprometió intereses, se embarcó en locas aventuras, y, por último, fracasó por su incapacidad y cobardía.

Tal es la historia del ataque de 1230, realizado contra el Oeste de Francia, y la de la «ofensiva» de 1242, detenida por los franceses en Tailleburg. Este último fracaso fue coronado por la firma del tratado de Burdeos de 1243. Incluso le fue difícil conservar la Gascuña, que sólo fue pacificada por la mano de hierro del conde de Leicester, Simón de Montfort (1248).

En el interior, la política real corría de tropiezo en tropiezo. Enrique III mortificaba a todos sin lograr captarse la simpatía de nadie. Pobló el gobierno de extranjeros, en particular franceses de Poitou.

Ya en 1234 hubo un primer conato de rebeldía. Amenazado con la excomunión por el arzobispo de Canterbury, Edmundo Rich, Enrique III se vio obligado a desterrar a Pedro des Roches y sus satélites. Pero muy pronto los reemplazó por otras criaturas suyas, que debían su fortuna al capricho real o a la voluntad de la reina, Leonor de Provenza (1236).

En esta época concedió grandes prerrogativas a otro extranjero, Simón de Montfort, a quien dio la mano de su propia hermana (1238).

Esta falta de respeto a los principios constitucionales de Inglaterra, su política tributaria agotadora, su falta de palabra y de buen criterio, y el fracaso militar de 1242, prepararon la gran revuelta de 1258, una de cuyas palancas fue la asamblea o «parlamento» nacido de la frecuente demanda de subsidios.

La revuelta fue motivada por la sujeción del rey a la voluntad del Papado y la aceptación de la corona de Sicilia para su segundo hijo, Edmundo (1255). Simón de Montfort, que se había pasado a la oposición, fue aglutinando a los descontentos.

En 1258 éstos impusieron a Enrique III las Provisiones de Oxford y un Consejo de los Quince, encargado de tutelar al gobierno.

El rey, asegurado por el lado de Francia después del tratado de París de 1259 (por el que reconocía las conquistas de los Capetos en los territorios franceses de los Plantagenets), dio en 1261 un golpe de estado que le devolvió el poder.

Pero tres años más tarde fue derrotado ignominiosamente en Lewes (14 de mayo de 1264) por Simón de Montfort.

Aquí termina el reinado de Enrique III. Pues aunque no murió hasta el 16 de noviembre de 1272 en Westminster, la obra de restauración monárquica fue debida a su hijo Eduardo I.

Fue gracias a la política de este príncipe, que los legitimistas derrotaron a Montfort en Evesham (1265) y que se puso término a la guerra civil por el estatuto de Marlborough de 1267.

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Biografía Eduardo II de Inglaterra

EDUARDO II DE INGLATERRA (1284-1327)
Una de las crisis más agudas experimentadas por la autoridad real en Inglaterra corresponde al reinado de Eduardo II de Carnarvon, llamado así porque nació en el castillo de este nombre el 25 de abril de 1284.

Por parte de sus progenitores—Eduardo I y Leonor de Castilla —, cabía esperar una personalidad destacada en Eduardo II. Pero lo que su padre tuvo de guerrero, político y diplomático, él lo poseyó de incapaz, débil e irresoluto.

Se desinteresó por completo del gobierno, de modo que los grandes señores feudales hallaron en él al monarca ideal para imponer sus ambiciones y egoísmos en la dirección del Estado.

Eduardo II de Inglaterra
Eduardo II o Eduardo de Carnarvon fue rey de Inglaterra desde 1307 hasta su deposición en enero de 1327. Cuarto hijo de Eduardo I, se convirtió en heredero del trono inglés después de la muerte de su hermano mayor Alfonso.
Fecha de nacimiento: 25 de abril de 1284, Castillo de Caernarfon
Fallecimiento: 21 de septiembre de 1327, Berkeley Castle
Cónyuge: Isabel de Francia (m. 1308–1327)
Hijos: Eduardo III de Inglaterra, Juana de Inglaterra, Juan de Eltham, Leonor de Woodstock, Adam FitzRoy

Eduardo I ya se había percatado de la escasa formación moral de su hijo cuando éste, en 1301, fué designado príncipe de Gales en el parlamento de Lincoln y, poco después, heredero de la corona por muerte de su hermano mayor.

Pero el rey atribuía la poquedad del temperamento del futuro Eduardo II a la nociva influencia del caballero gascón Pedro Gaveston, por lo que lo separó de la corte de su hijo.

Cuando murió, el 7 de julio de 1307, el primer acto del nuevo soberano fué llamar a Gaveston y el segundo renunciar a la guerra contra los escoceses que había mantenido su padre durante muchos años.

Frivolo, despreocupado y amigo del placer más que de ocuparse de los graves asuntos del gobierno, dejó éste en manos de Gaveston, quien fue nombrado señor de Cornualles y ejerció la regencia del reino cuando el monarca se trasladó a Francia para casarse con Isabel, hija de Felipe el Hermoso (1308). Los nobles protestaron contra esta cesión de la autoridad real, y en 1311 impusieron el alejamiento de Gaveston.

Un año más tarde se encendió la guerra civil, cuyo resultado fué la muerte de Gaveston a manos de los sublevados y la entronización de una oligarquía feudal en el gobierno del país, representada por el Consejo de los 21 lores.

Aprovechando estas discrepancias políticas, Roberto Bruce, rey de Escocia, derrotó al indisciplinado ejército inglés en la batalla de Bannockburn (24 de junio de 1314). Escocia había logrado independizarse de Inglaterra.
Este desastre llevó al colmo la anarquía del reino.

La nobleza feudal, acaudillada por el primo del monarca, Tomás de Lancáster, se impuso por completo en el Parlamento de Lincoln de 1316.

Pero la violenta ambición de Tomás le llevó a su propia ruina. Formóse un tercer partido entre los realistas y los barones, de carácter moderado, que dirigió el conde de Pembroke.

El de Lancáster tuvo que renunciar a sus prerrogativas por el tratado de Leake (1318). Pembroke gobernó durante algunos años e intentó establecer cierto orden en el Estado.

Sin embargo, las veleidades del monarca, que mientras tanto otorgaba su más absoluta confianza a su amigo y favorito Hugo Despenser, promovieron una nueva insurrección de Tomás de Lancáster, quien acusó a Eduardo II de favoritismo.

Esta vez el rey resistió por las armas y logró triunfar en la batalla de Boroughbridge (1321), que tuvo como resultado la ejecución del conde de Lancáster y la revocación del gobierno de los «ordainers», o sea, de los miembros del Consejo de los 21 lores (1322).

Durante la última etapa del reinado de Eduardo II gobernaron los Despensers, con tan cerrado despotismo que incluso se atrajeron la animadversión de la reina Isabel. Eduardo II secuestró los bienes de su esposa, y ésta buscó refugio en Francia con sus tres hijos.

En 1326 Isabel llegó a un acuerdo con Rogerio Mortimer, enemigo de los Despensers. En septiembre de dicho año desembarcaban en Inglaterra, se apoderaban de los favoritos del monarca y, por último, de la persona de éste (16 de noviembre).

Eduardo II se vio obligado a abdicar la corona en la persona de su primogénito, Eduardo III (20 de enero de 1327), cayendo asesinado el 21 de septiembre en el castillo de Berkeley.

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Biografia de Fidel Castro Lider Revolucionario Cubano Gobierno

Biografia de Fidel Castro el Revolucionario Cubano

Castro, Fidel (1927-2016 ), político cubano, principal dirigente de Cuba desde 1959. Castro nació el 13 de agosto de 1927 en Mayarí; era hijo natural de un inmigrante español, plantador de azúcar. Se afilió al Partido del Pueblo Cubano en 1947, y se doctoró en leyes por la Universidad de La Habana en 1950.

biografia de fidel castro

Provenía de una familia acomodada, ya que su padre era un rico propietario español. Lógico pues que estudiara, primero en un colegio de jesuítas en Santiago de Cuba y finalmente accediera a la Universidad de La Habana, cursando estudios de derecho.

En esta etapa universitaria, Fidel  llevaba una vida política agitada conectando con otros estudiantes y discutiendo sobre la situación general en Latinoamérica. En aquellos momentos en que la gendarmería de los Estados Unidos era patente, parecía que en América sólo pudiera existir o dictadura o un régimen de parlamentarismo burgués, que jalonaban de vez en cuando los intermedios entre los diferentes golpes.

Los intereses americanos eran básicamente los que estaban en cada momento detrás de todos estos pronunciamientos. En esta situación, Fidel decidió marchar a Santo Domingo, donde la dictadura de Trujillo era ya trágicamente famosa. Por entonces en Cuba el régimen parlamentario de Prío Socarras era un claro ejemplo de la opinión democrático-liberal en América Latina.

Acusado en Santo Domingo de conspirar contra Trujillo, Fidel marchó a México, para volver finalmente a Cuba, donde reingresó en la universidad.

Afiliado al partido ortodoxo, cuyo lema «vergüenza contra dinero», explica el tipo de moralismo que propugnaba y que de alguna manera influyó en Fidel.

Su imagen empezó a ser conocida en los medios universitarios, donde era frecuente encontrarle rodeado de múltiples compañeros, en los que, el magnetismo de Fidel empezaba a hacer mella.

Sin embargo el elemento detonador de toda esta actividad política fue, sin duda, el golpe de estado de Fulgencio Batista, que ocupaba un alto cargo militar en el régimen de Prío, el 10 de marzo de 1952.

fidel castro y amigos

Fidel Castro, su hermano Raúl y Juan Manuel Márquez en la época en que preparaban desde Méjico una expedición a Cuba.

La consigna fue inmediata: había que ir a la universidad ya que allí se estaba preparando una respuesta. En efecto se organizaron manifestaciones de protesta, que fueron duramente reprimidas, al tiempo que se denunciaba el claro carácter regresivo de la conspiración.

Fidel («en aquella época andaba siempre con un libro de Lenin bajo el brazo») desplegó una gran actividad, ya había abandonado el partido ortodoxo y se dedicó a crear un núcleo de oposición al régimen.

Con él ya estaban Juan Almeida, José Ponce, Ciro Redondo, Pepe Suárez… Consciente de que la única solución eran las medidas radicales, Fidel organizó sesiones de entrenamiento en el manejo de las armas (del par de pistolas que poseían).

Fidel hablaba entonces de la necesidad de que la juventud diese una respuesta. La juventud era para él las fuerzas vivas que no estaban comprometidas con el pasado. Un pasado, el de Prío, que ni mucho menos había satisfecho las mínimas aspiraciones.

Los entrenamientos y las discusiones fraguaban lo que sería la primera gran acción revolucionaria en esta época cubana: el asalto al cuartel de Moneada. El respeto por esta fecha y lo que representó es enorme en Cuba.

El 26 de julio es fiesta nacional, ya que ese día se conmemora el asalto. En efecto el 26 de julio de 1953 se inicia el ataque cuidadosamente planeado, al cuartel de Moneada en Santiago de Cuba. La idea es provocar la chispa que llevará a la insurrección.

Unos cien jóvenes, dirigidos por Fidel atacan el cuartel, divididos en tres columnas, mandadas por Abel Santamaría, Raúl Castro, hermano de Fidel, y él mismo. «Fidel, antes de salir para allá, les habló a los compañeros del momento histórico… Tú sabes cómo es Fidel hablando. Yo no me acuerdo bien; pero sí recuerdo que uno de los párrafos que dijo fue que aquél era un momento histórico que íbamos a vivir, que la historia siempre recordaría a los compañeros, y que nos íbamos a ganar un lugar bien merecido en el libro de la historia» (Juan Almeida).

El asalto fracasó y causó numerosas bajas, no tanto por los enfrentamientos en sí, como por la bárbara represión que las tropas de Batista ejercieron sobre los responsables y sobre la población civil. De todas formas allí había nacido la forma de lucha y todo el movimiento insurreccional.

fidel castro: asalto cuartel de moncada

Después de que Fulgencio Batista se hiciera con el control del gobierno cubano en 1952 y estableciera una dictadura en el país, Castro se convirtió en el líder del grupo Movimiento, facción antigubernamental clandestina cuyas acciones culminaron con el asalto al cuartel de Moncada (en Santiago) el día 26 de junio de 1953, hecho por el cual fue encarcelado.

Fidel fue encarcelado, en el juicio se hizo cargo de su propia defensa, cuyo alegato se convirtió en un discurso (La historia me absolverá), que más tarde se convertiría en una importante consigna política para los revolucionarios.

Condenado a 15 años de prisión, fue amnistiado en 1955, y se exilió sucesivamente en Estados Unidos y México, donde fundó el Movimiento 26 de Julio. En 1956 regresó a Cuba con una fuerza de 82 hombres, de los cuales 70 murieron en combate nada más al desembarcar. Castro, su hermano Raúl y Ernesto Che Guevara, se encontraban entre los 12 supervivientes.

El Movimiento 26 de Julio fue ganando apoyo popular, principalmente en los ámbitos estudiantiles (Directorio 13 de Marzo), y en diciembre de 1958, con respaldo del Partido Popular Socialista, avanzó hacia La Habana, acto que pondría colofón a la Revolución Cubana.

Castro se declaró a sí mismo primer ministro en febrero de 1959, cargo que ostentó hasta 1976, en que asumió la presidencia del Consejo de Estado, que según la reforma constitucional de ese año englobaba la jefatura del Estado y del gobierno.

Fracasado su intento de establecer relaciones diplomáticas o comerciales con Estados Unidos, negoció acuerdos sobre armamento, créditos y alimentos con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), y llevó a cabo la depuración de sus rivales políticos.

Nacionalizó los recursos cubanos, afrontó una profunda reforma agraria basada en la colectivización de propiedades y estableció un Estado socialista de partido único (el Partido Unido de la Revolución Socialista, que en 1965 pasaría a denominarse Partido Comunista Cubano y cuya secretaría general asumiría Castro), que llevó a un gran número de cubanos ricos al exilio.

Estados Unidos vio con disgusto cómo el nuevo régimen embargaba las empresas de titularidad estadounidense, y en 1960 anuló los acuerdos comerciales que mantenía, a lo que Castro respondió con la primera Declaración de La Habana, reafirmando la soberanía cubana frente al imperialismo estadounidense.

En 1961 Estados Unidos respaldó a un grupo de exiliados cubanos, en un infructuoso intento por derrocarlo, en el conocido como desembarco de bahía de Cochinos.

Desde ese momento Castro se alineó abiertamente con la URSS, dependiendo cada vez más de su ayuda económica y militar. En 1962 estuvo a punto de producirse una guerra nuclear, cuando la URSS situó en Cuba cabezas nucleares de alcance medio, ante la oposición estadounidense.

La llamada crisis de los misiles de Cuba concluyó tras la celebración de negociaciones entre el presidente estadounidense, John Fitzgerald Kennedy, y el máximo dirigente soviético, Nikita Kruschov.

Durante las siguientes décadas, Castro alcanzó gran reconocimiento en el Tercer Mundo, gracias a su liderazgo del Movimiento de Países No Alineados (que presidió entre 1979 y 1981).

A finales de la década de 1980, cuando la URSS inició sus procesos de glasnost (apertura) y perestroika (reestructuración), Castro mantuvo su régimen.

fidel castro derroca a batista

La noticia de la huida de Batista aparece en las primeras planas de los periódicos de La Habana. Poco después Fidel Castro es recibido triunfalmente en la capital de Cuba.

Sin embargo, con el inicio del proceso de desintegración de la URSS y del COMECON (Consejo de Ayuda Mutua Económica) en 1990, los problemas económicos de Cuba empeoraron.

En 1993, en un intento por alcanzar una economía mixta, Castro aprobó reformas económicas limitadas que legalizaron algunas empresas privadas.

Si por algo ha sobresalido Cuba en los últimos años es por subsistir a la enorme presión internacional, anticomunista y a favor de una clara democracia.

El régimen cubano, junto al gobierno de China, Corea del Norte y Vietnam, son los únicos ejemplos de comunismo vivos en el mundo de hoy. Fidel Castro ha seguido siempre fiel a sus ideas y ha tachado más de una vez al sistema capitalista de otros países de hipócritas y extorsionadores.

También ha declarado reiteradamente que en Cuba sí que existe una democracia aunque esta siga un modelo distinto al convencional.

 La sociedad cubana está permanece en completo silencio político, ya que cualquier disidente es encarcelado por el gobierno de Castro.

Entre este problema de libertad de expresión y pensamiento, otro de los mayores problemas de la sociedad cubana de los últimos años, y que ha sido noticia gracias a la aventura internacional del pequeño niño balsero Elián González, es el problema de la emigración de cubanos anticastristas a las costas de Florida, propiciada por leyes como la llamada ley de Ajuste Cubano que permite a todo emigrante cubano recibir derecho de residencia en estados unidos siempre que alcance tierra estadounidense.

Medidas como estas aumentaron el alcance del éxodo de familias cubanas a Estados Unidos de manera precaria e ilegal.

Dando lugar a mayores discusiones entre los gobiernos de ambos países, y altercados fomentados por la oposición al régimen tanto de dentro como de fuera de la isla los cuales son descritos por castro como instrumentos de la política estadounidense contra el pueblo cubano.

Con respecto a su sucesión presidencial, hoy a casi 80 años de edad cuando se le pregunta por este tema el responde así: “Cuando un carácter rebelde me llevó al arriesgado oficio de luchador revolucionario que nadie me impuso, sabía también que era poco probable que sobreviviera mucho tiempo. No era Jefe de Estado y sí un hombre muy común. No heredé cargo alguno ni soy Rey, no necesito por tanto preparar sucesor, (…) nunca sería para evitar el trauma de una transición caótica. (…) La transición de un sistema social a otro se viene haciendo desde hace más de cuarenta años.”

fidel castro con nikita krushev

Fidel Castro, invitado en Moscú para la fiesta del 1º de mayo de 1963, preside un desfile junto con Jruschov y otras personalidades rusas.

ALGO MAS SOBRE FIDEL CASTRO:

Opositor acérrimo a la hegemonía de Estados Unidos en el continente americano, Fidel Castro impulsó y financió muchos movimientos revolucionarios, por su Cuba natal.

LA LUCHA CONTRA LA DICTADURA DE BATISTA: Desde el comienzo, Fidel Castro fue un abierto opositor a Batista, al punto que abandonó su trabajo y formó un grupo clandestino de resistencia junto con su hermano Raúl y Mario Chanes.

Unidos complotaron para derrocar a Batista, acumulando armas y municiones para iniciar una revuelta popular, comenzando por í asalto al Cuartel Moneada el 26 de julio de 1953.

Sin embargo, la intentona fue un desastre y cerca de 35 de los partidarios de Castro murieron en la incursión. Perseguido como enemigo del Estado, fue capturado por la policía y sometido a juicio por sedición.

Haciendo gala de su oratoria y sus conocimientos jurídicos, Castro articuló su propia defensa ante el tribunal y antes de concluí; sus argumentos dijo: «¡Les advierto cu; recién estoy empezando! Si todavía existe en sus corazones un vestigio de amor a la patria, amor por la humanidad, amor por la justicia, escuchen atentamente… Sé bien que el actual régimen intentará esconder la verdad de todas las maneras posibles (…), pero mi voz no ha sido acallada todavía. Condénenme. No importa. La historia me absolverá». Estas frases pasarían a la posteridad y ayudarían a construir la leyenda de Fidel como un rebelde comprometido con la libertad de su país. Sin embargo, el tribunal lo condenó a quince años de prisión en la penitenciaría de la Isla de Pinos, cercana a la costa sudoccidental de Cuba.

BAHÍA DE COCHINOS Y LA CRISIS DE LOS MISILES
Durante meses, la central de inteligencia estadounidense CIA planificó una invasión a Cuba con cerca de 1.500 cubanos exiliados que habían sido entrenados por el ejército norteamericano en Guatemala, Puerto Rico y Nicaragua. Bajo el mando de José San Román y Ernesto Oliva, el 15 de abril de 1962, mediante una operación anfibia y aérea, fueron bombardeados los aeropuertos militares de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba por aviones norteamericanos camuflados con los colores de la Fuerza Aérea cubana. La invasión comenzó según lo pronosticado, pero la falta de apoyo aéreo por parte de los norteamericanos a las fuerzas de infantería que desembarcaban en la playa, hizo que la invasión fracasara estrepitosamente y permitió que Castro pudiese legitimarse ante la comunidad internacional.

Sin embargo, durante el lapso de ese mismo año, Cuba volvería a estar en la palestra, pero esta vez en medio de una posible conflagración entre los Estados Unidos y la Unión Soviética. El 16 de octubre de 1962, un avión espía U-2 de la Fuerza Aérea norteamericana identificó una serie de instalaciones militares cubanas que luego resultaron ser plataformas de misiles nucleares soviéticos, instalados en la isla con permiso de Castro.

Frente a una amenaza atómica a 90 kilómetros de la costa estadounidense, el gobierno de John Kennedy decretó un bloqueo marítimo alrededor de la isla, como medida de presión tanto contra los cubanos como los soviéticos.

Durante trece días, el ambiente se tensionó de tal modo que se pensó que en cualquier momento estallaría una guerra nuclear entre Estados Unidos y la U.R.S.S. Sin embargo, el conflicto fue disminuyendo poco a poco y se solucionó mediante el retiro simultáneo de las instalaciones soviéticas en Cuba y las plataformas de misiles de mediano alcance que los norteamericanos tenían en Turquía.

Fuente: Biografía Enviada Como Colaboración a Planeta Sedna (historiaybiografias.com) Por Ruiz Castro

Revoluciones Burguesas Resumen Conquistas de las Burguesia Luchas

Revoluciones Burguesas : Resumen de las Conquistas

La Comuna de ParísRevoluciones LiberalesEl CartismoRevolución de 1830

Después de la Revolución Industrial, que comenzó en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, poco a poco la industria se convirtió en la actividad económica más importante no sólo en la sociedad inglesa, sino también en otras regiones de Europa. Este proceso fue la primera fase de la industrialización en el continente europeo, y se extendió hasta aproximadamente 1840, cuando se produjo la primera crisis del capitalismo.

LA ORGANIZACIÓN DE LA ECONOMÍA

La actividad industrial durante esta primera fase se caracterizaba lo siguiente:

  • Si bien la máquina a vapor fue un gran invento y avance como energía para el movimiento de las máquinas, su aplicación no fue en forma inmediata en todos los rubros de la industria, y estaba dedicada prácticamente a la actividad textil y justamente por ello en la primera fase de la Revolución Industrial, los viejos sistemas de trabajo a domicilio o la actividad artesanal convivieron con las fábricas.
  • Se estableció una división internacional del trabajo, debido a que distintas regiones del planeta se especializaron en una actividad ad determinada. En el siglo XIX algunos países de América del Sur, Central y África, se especializaron como productores de materias primas , y otros países como Inglaterra y Francia fueron productores de manufacturas, debido a su industria y tecnología.
  • Dentro de Europa, no todos los países evolucionaron y crecieron de la misma manera y tiempo, es decir el desarrollo industrial fue desigual.

Inglaterra fue la pionera en la industrialización, que comenzó aproximadamente a mediados del siglo XVIII, y luego de varios años le siguió Francia (siglo XIX). Otros países como Alemania e Italia debido a que estaban en otros procesos políticos como la unificación, la industrialización tuvo que esperar hasta los primeros años años del siglo XX. España casi no tuvo desarrollo industrial.

LA ORGANIZACIÓN DE LA SOCIEDAD

La sociedad europea —especialmente la inglesa— también cambió notablemente como consecuencia de la Revolución Industrial.

  • Debido al desplazamiento de la gente del campo, la población urbana superó en número a los campesinos, en cambio en donde no hubo industrialización se mantuvo la mayoría de campesinos sobre la urbana.
  • Debido a que la actividad industrial generaba grandes ganancias, muchos propietarios rurales y gente de la aristocracia comenzó a invertir en la industria y comercio. La riqueza de la burguesía hizo que esta clase social se relacionara con la antigua aristocracia y compartieran negocios.
  • La burguesía se consolidó como una nueva clase social, con mucho poder económico y con grandes intensiones de participar en la actividad política. Este proceso fue más rápido sobre todo en Inglaterra, mientras que el desarrollo de la burguesía industrial fue más lento en los otros países europeos.
  • También nació un nuevo tipo de clase social, conocida como proletariado que creció conjuntamente con el crecimiento de la actividad industrial. A medida que su número aumentaba, también aumentaba su importancia en la sociedad y política.

PRIMERA CRISIS DEL CAPITALISMO

Debido al fuerte crecimiento de la producción, llegó un momento , entre 1830 y 1840, en que se produjo mas artículos textiles de lo que se podía vender, es decir había mas oferta que demanda, por lo que se generó una crisis en la economía capitalista y se reflejó rápidamente en una caída del crecimiento económico.

Al disminuir las ventas, y consecuentemente las ganancias de los industriales, estos disminuyeron las horas laborales, se despidieron obreros o directamente cerraron sus puertas. Para peor de los males , en el campo por esa misma época se perdieron cuantiosas cosechas y los precios de los alimentos se elevaron.

Los mas perjudicados fueron los asalariados que veían como sus sueldos no le alcanzaban para vivir , a veces , ni siquiera miserablemente, creándose un descontento popular que se extendió por toda Europa y originó movimientos de protesta y rebeliones.

LA RESTAURACIÓN DEL ABSOLUTISMO

Luego de la derrota definitiva de Napoleón en 1815, en el Congreso de Viena, mediante el Tratado de la Santa Alianza, los líderes políticos de los países mas fuertes, lograron reestablecer las monarquías absolutas en sus tronos, y además el clero y la aristocracia recuperaron alguno de sus privilegios feudales. La burguesía no aceptó para nada perder las ventajas de vivir bajo la defensa de sus derechos naturales como la libertad, igualdad que habían aprendido y conseguido a partir de la Revolución Francesa, y que las campañas de Napoleón habían difundido por todo el continente Europeo.

LA REACCIÓN DE LA BURGUESÍA LIBERAL

Desde su origen las ideas del liberalismo político había unido fuertemente a la burguesía para luchar contra el autoritarismo del absolutismo y en defensa de sus ideales que tan bien se encajaban en su estilo de vida y trabajo.

Su derechos civiles y políticos serian defendidos hasta las últimas consecuencias, que en el plano político una de las ideas mas importantes fue el establecimiento de una ley de leyes o constitución que obligaran por igual a gobernados y gobernantes, y que protegieran los derechos naturales como la propiedad privada, el derecho a la vida y la igualdad ante la ley, y por otro lado que limitara el poder de rey. Y éste fue el principal objetivo de los movimientos revolucionarios que encabezó la burguesía en diferentes países europeos entre 1820 y 1848.

Por la lucha de implantación definitiva de una Constitución que garantizaran las libertades de expresión, de asociación, de reunión, separaran los poderes de gobierno, para evitar la posibilidad de una tiranía, y el derecho al voto para aquellas personas que cumplieran ciertos requisitos, en 1830, burgueses, estudiantes, guardias nacionales y obreros tomaron la ciudad de Paris al grito de «Libertad, Libertad,…».

LA BURGUESÍA FRENTE A LA POBREZA

La alta burguesía europea, cada día más poderosa y rica, con el poder político ya firmemente asido, veía con inquietud cómo alrededor de las ciudades industriales iba surgiendo una masa proletaria , también cada día más espantosamente pobre. Necesitaba, por tanto, una doctrina que explicase este hecho como inevitable y, en consecuencia, sirviese para tranquilizar su propia inquietud.

Tal doctrina la encontró en dos pensadores ingleses, Adam Smith (1723-1790) y Thomas R. Malthus (1766-1834), que pasaron así a ser los pilares ideológicos del liberalismo económico.

Smith pensaba que todo el sistema económico debía estar basado en la ley de la oferta y la demanda. Para que un país prosperase, los gobiernos debían abstenerse de intervenir en el funcionamiento de esa ley: los precios y los salarios se fijarían por sí solos, sin necesidad de intervención alguna del Estado. Y ello, entendía, no podía ser de otro modo, por cuanto si se dejaba una absoluta libertad económica, cada hombre, al actuar buscando su propio beneficio, provocaba el enriquecimiento de la sociedad.

Malthus partía del supuesto de que, mientras el aumento creciente de población seguía una proporción geométrica, la generación de riquezas y alimentos sólo crecía aritméticamente. Resultaba por ello inevitable que, de no ponerse remedio, el mundo se hundiría en la pobreza. Ese remedio no podía ser otro que el control de natalidad en los obreros, y que estos quedasen abandonados a su suerte, para que así su número disminuyese.

En resumen, tanto Malthus como Smith lo que estaban pidiendo era la inhibición de los gobernantes en cuestiones sociales y económicas. Y eso fue lo que ocurrió: el Estado burgués europeo del siglo XIX se limitó a garantizar el orden público en el interior de sus fronteras, renunciando a cualquier tipo de política social, de justicia redistributiva y de intervención en la economía.

Nada mejor para los grandes capitalistas, que quedaron con las manos libres para enriquecerse al máximo. La riqueza se convirtió en una virtud, y los clérigos, desde el púlpito, presentaban la pobreza como una consecuencia del vicio y el pecado, con lo cual estaban justificando de hecho su existencia.

Frente a este Estado liberal y en esta sociedad burguesa, el proletariado se encontró indefenso. Por ello, su lucha por la vida y por los derechos que se les negaban tenía que convertirse necesariamente en una lucha contra el liberalismo económico y la burguesía capitalista.

Sin embargo, en los años que transcurrieron hasta 1848, los trabajadores fueron aliados de la burguesía en la lucha contra el absolutismo restaurado. Los obreros se sumaron a las luchas de los burgueses que reclamaban la plena vigencia de los principios del liberalismo. Por otra parte, un sector de la burguesía liberal alentaba la alianza porque creía que el capitalismo generaba un progreso que iba a mejorar las condiciones de vida de todos los integrantes de la sociedad. Por eso, llevó adelante acciones políticas radicales con el fin de destruir los obstáculos que se oponían al desarrollo del capitalismo.

la revoluciones burguesas

Los movimientos revolucionarios de 1820. En España, Portugal y el Reino de las Dos Sícilias, los revolucionarios lograron la sanción de Constituciones liberales. Pero la intervención militar de Austria y Francia en ayuda de los monarcas absolutos afectados —de acuerdo con lo establecido en el Tratado de la Santa Alianza—, derrotó estas experiencias revolucionarias. Las luchas por el establecimiento de los principios liberales tuvo características especiales en Grecia. A partir de 1821 comenzó la guerra de liberación griega del imperio turco-otomano, en la que fue decisiva la intervención de las fuerzas de la Santa Alianza. Gran Bretaña, Francia y Rusia vencieron a los turcos, declararon la soberanía nacional de Grecia y, luego de derrotar al movimiento liberal griego, favorecieron el establecimiento de una monarquía absoluta. Como consecuencia de las diferencias entre Rusia y Austria sobre esta “cuestión de oriente “, la Santa Alianza se disolvió.

El objetivo político de los revolucionarios de 1820 fue lograr el establecimiento de monarquías constitucionales —como la inglesa—. También se propusieron asegurar el funcionamiento de los parlamentos, ya que, frente al absolutismo monárquico, el parlamento era la institución que permitía la participación de los burgueses en el gobierno, que cada vez tenían mayor poder económico.

Los movimientos revolucionarios de 1830

Los movimientos revolucionarios de 1830. Las revoluciones de 1830, dividieron Europa en dos regiones. Al oeste del río Rhin, los liberales moderados derrotaron a la alianza de los absolutismos. Al este del Rhin, en cambio, todas las revoluciones fueron reprimidas y la situación se mantuvo como antes de 1830. En estos países, la mayor parte de la población estaba compuesta por campesinos que todavía vivían sometidos a una organización económica de tipo feudal.

En Europa occidental, las revoluciones de 1830 significaron la derrota definitiva del absolutismo. Desde entonces, en los distintos países, el gobierno estuvo a cargo de representantes de la alta burguesía de industriales y banqueros, que desplazaron a los miembros de la aristocracia terrateniente.

El régimen de gobierno que se consolidó en Inglaterra, Francia y Bélgica fue una monarquía constitucional que garantizaba la vigencia de las libertades individuales económicas y políticas. La participación política se abría exclusivamente a una parte de la población mediante el sufragio restringido. Sólo aquellos ciudadanos que eran propietarios, tenían determinado nivel de ingresos o determinado grado de instrucción escolar, tuvieron derecho al voto y a ser elegidos representantes parlamentarios.

La revolución Francia julio de 1830

La revolución que estalló en Francia en julio de 1830 contra el absolutismo del rey Borbón Carlos X, inició la oleada revolucionaria que se extendió por toda Europa. En París, burgueses estudiantes, obreros asaltaron armerías, armaron barricadas y pidieron por la abdicación del rey. El ejèrcito se negó a reprimir a los revolucionarios y el rey abandonó el país. Se le entregó la corona a Luis Felipe de Orleans que adhería a los principios liberales.

1848: Hacia la Democracia Liberal: El movimiento revolucionario de 1848 fue el que más se extendió por Europa, pero el de menos éxito: con la única excepción de Francia. En el resto de los países, los antiguos gobiernos recuperaron el poder en muy poco tiempo, y los revolucionarios fueron encarcelados o exiliados. En Francia se proclamó la República, que duró algo más de 2 años. El único cambio irreversible fue la abolición de la Servidumbre en el Imperio de los Habsburgos.

Las fuerzas sociales y políticas en 1848.

La oleada revolucionaria de 1848 comenzó en Francia y el nuevo estallido estuvo relacionado con los resultados de la revolución de 1830. El régimen de gobierno establecido desde entonces favorecía a la Alta Burguesía, pero negaba el Sufragio Universal a la Baja Burguesía, a los intelectuales y sobre todo a los trabajadores.

La situación se agravó cuando, a partir de 1845, se acentuó la crisis económica. Una serie de malas cosechas provocó un fuerte aumento en los precios de los alimentos básicos de los trabajadores: los cereales y las papas. El cierre de fábricas por causa de la crisis de la industria textil había aumentado el desempleo, y el hambre se generalizó motivando a los trabajadores a protestar.

En toda Europa, casi simultáneamente, miembros de la baja burguesía y estudiantes se unieron a las protestas de los obreros. En Francia, el Ejército y la Policía se negaron a reprimir a los aliados revolucionarios: el rey abdicó y se proclamó la República.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

La experiencia de la Segunda República Francesa.

Lo significativo de la revolución que se desarrolló en París en febrero de 1848 fue que, por primera vez, los trabajadores tuvieron demandas específicas diferentes de las de los burgueses.

*POLÍTICO: La Baja Burguesía pedía una reforma del sistema electoral y parlamentario para lograr un mayor grado de participación en el gobierno.
*SOCIOECONÓMICO: Los Obreros pedían soluciones al problema de la desocupación y del hambre. Entre 1846 y 1848 el cierre de los talleres de ferrocarriles había dejado sin empleo, en París, a 500.000 obreros.

El Gobierno Provisional que se organizó luego de proclamada la República, y contó con la participación de un obrero y de un representante de los intereses de los obreros como Ministro de Trabajo: el socialista Louis Blanc. Entre febrero y mayo de 1848, este nuevo gobierno —con el apoyo de los pobres de las ciudades y de burgueses republicanos moderados— realizó las siguientes acciones:

*estableció el sufragio universal
*abolió la esclavitud colonial
*abolió la pena de muerte por delitos políticos
*creó los Talleres Nacionales para solucionar el problema del desempleo en la ciudad de París.

La derrota de los trabajadores.

La primera elección que se realizó en Francia con la vigencia del Sufragio Universal dio por resultado una Asamblea Constituyente integrada en su mayoría por partidarios de la Monarquía y de Reformas moderadas.

La mayor parte de la población, que era todavía rural, no había tomado contacto con las nuevas ideas que impulsaban los burgueses radicales y republicanos, ni con las ideas socialistas que defendían los intereses de los obreros. Por esto, en las ciudades del interior de Francia la población masculina votó por aquellos miembros de la sociedad que conocía: los médicos, los abogados, e incluso por los nobles que ocupaban un lugar destacado en su ciudad.

Esta Asamblea se enfrentó con el Gobierno Provisional y, reafirmando los principios del Liberalismo Económico, decidió el cierre de los Talleres Nacionales.

El balance de 1848: la burguesía “conservadora”.

Cuando la burguesía tomó conciencia de la enorme fuerza que tenía el conjunto de los trabajadores pobres, sintió sus intereses amenazados: la Propiedad Privada. Desde entonces, muchos liberales moderados se fueron convirtiendo en conservadores.

A medida que los burgueses moderados se retiraron de la alianza, los Trabajadores y los Burgueses Radicales quedaron solos frente a la unión de las antiguas fuerzas aristocráticas y la burguesía conservadora. Las revoluciones de 1848 fueron derrotadas porque los Partidos del Orden se impusieron sobre la Revolución Social.

Los trabajadores habían luchado no sólo por el Derecho al Voto para todos los ciudadanos, sino también por reformas en la organización de la economía y la sociedad que mejoraran sus condiciones de vida. Ante las demandas de los obreros, la Baja Burguesía Liberal y Moderada consideraron que la propiedad privada estaba en peligro y se aliaron nuevamente con la Alta Burguesía.

Luego de la experiencia vivida, los Gobiernos Conservadores que retomaron el poder se propusieron poner en práctica muchos de los principios del liberalismo económico, jurídico y cultural.

Entre 1848 y 1849, los conservadores habían comprendido que la Revolución era peligrosa y que las demandas más importantes de los radicales y obreros -especialmente las económicas— podían satisfacerse a través de Reformas. De esta manera, las “reformas económicas” reemplazaron a la “revolución”, y la Burguesía dejó de ser una fuerza revolucionaria.

A pesar de que en 1848, en Francia, la Revolución había terminado con la derrota de los obreros, la gran movilización de trabajadores -entre otras razones- impidió la limitación del Sufragio.

En noviembre de 1848, la elección del nuevo presidente de la República Francesa se hizo por Sufragio Universal. Los franceses no eligieron a un candidato moderado, pero tampoco a un radical. El ganador fue Luis Napoleón Bonaparte.

Para los gobiernos europeos, la elección de Luis Napoleón hizo evidente que la “Democracia de sufragio universal” —la institución que se identificaba con la Revolución— era compatible con el mantenimiento del orden social.

La democracia liberal.

Durante la primera mitad del siglo XIX, muchos pensadores y gobernantes de Europa Occidental estaban convencidos de que, en las sociedades de su época, el desarrollo del Capitalismo y el establecimiento de la Democracia de Sufragio Universal eran objetivos incompatibles.

Y en esta afirmación coincidían, por ejemplo, pensadores liberales que representaban el punto de vista de los burgueses —como el francés Alexis de Tocqueville y el inglés John Stuart Mill— y un pensador socialista que representaba el punto de vista de los trabajadores, el alemán Karl Marx.

El desarrollo del Capitalismo había generado una multitud de trabajadores pobres que, paulatinamente, se iban transformando en la mayoría de las poblaciones de las sociedades europeas.

Sobre la base de diferentes argumentos, tanto para Stuart Mill y para Tocqueville como para Marx, el mayor número de los trabajadores pobres era la razón que hacía inconciliables el Capitalismo y la Democracia. Para los liberales, la extensión del Sufragio Universal y al establecer un voto por persona, la política daba lugar al Gobierno de los Trabajadores Pobres que no tenían conocimientos adecuados debido a su falta de Educación formal.

Desde esta percepción de la situación, al carecer de la preparación necesaria para ejercer el gobierno, gobernarían exclusivamente en función de sus intereses, y la democracia dejaría de estar vigente. No obstante, para los socialistas, el gobierno de los trabajadores terminaría destruyendo al Capitalismo.

Sin embargo, el desarrollo del Capitalismo continúa hasta nuestros días aunque desde la segunda mitad del siglo XIX, progresivamente, cada vez fueron más los individuos reconocidos como ciudadanos con derecho a voto.

En la actualidad, en casi todas las sociedades capitalistas son ciudadanos todos los adultos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y de instrucción, su ocupación, su raza y su religión.

La Democracia Liberal, fue y es el sistema político que logró e hizo posible la vigencia y la “convivencia pacífica” del Sufragio Universal junto al mantenimiento del Capitalismo como forma de organización de la economía, y de la legitimidad de los reclamos de la sociedad por parte del Estado de los derechos sociales y humanos

Fuente Consultada: Historia Europa Moderna Alonso/Elisalde/Vázquez – Revoluciones del Mundo Moderno de Alonso Lazo
Profesora de Historia: Adriana Beresvil

 

La burguesia Industrial Nacimiento Origen y Evolución Resumen

La Burguesía Industrial: Origen y Evolución

La Comuna de París

Revoluciones Liberales

El Cartismo

Revolución de 1830

Esta clase social, cuyo origen se remonta a la Europa feudal, se convirtió en germen de un nuevo mundo con el desarrollo del capitalismo. Dicha transformación culminó entre los siglos XVII Y XIX, por medio de las revoluciones burguesas.

En el mundo moderno de los siglos XVII y XVIII fue cada vez más evidente la relación entre los cambios en la organización económica de una sociedad y los cambios en su organización política.

A lo largo de su historia, cada sociedad va realizando diferentes actividades económicas y el trabajo de los hombres se va organizando en forma también distinta. Siempre, en las sociedades antiguas y también —aunque por medios distintos— en las del mundo moderno, fue necesario que la autoridad política asegurase la realización de las actividades económicas, la producción de un excedente y la acumulación de una parte de las riquezas producidas.

Por esto mismo, los grupos sociales que tienen el poder económico en cada sociedad se proponen asegurar que la autoridad política garantice sus intereses.

A partir del siglo XVII, con el desarrollo de las nuevas actividades económicas, como el comercio y la industria, los burgueses adquirieron poder económico y acumularon riquezas. Por primera vez, tuvo poder económico un grupo social —los burgueses— diferente del que durante siglos ejerció el poder político: la aristocracia terrateniente. Desde entonces, para los burgueses quedó planteada la necesidad de producir cambios en la organización política de la sociedad para asegurar sus intereses económicos.

ORIGEN , FORMACIÓN Y CONSOLIDACIÓN DE LA BURGUESÍA EN EL SIGLO XIX

Su Formación

Originalmente, el término burguesía calificaba tan sólo a los habitantes de las ciudades (burgos) de la plena Edad Media, derivando más tarde hasta englobar a una clase social caracterizada por su actividad económica no agrícola. Para los marxistas, esta clase social era la dominante en el modo de producción capitalista, poseedora de los medios de producción, gracias a lo cual podía acumular las plusvalías generadas por el trabajo asalariado de los proletarios.

La teoría sociológica, desde M. Weber y W. Sombart, contempla a la burguesía como la clase social que, animada de un espíritu nuevo, donde priman el individualismo, el esfuerzo personal, la innovación y el afán de lucro, transforma el mundo feudal en el que nace, hasta lograr la plena implantación del capitalismo y el estado liberal.

De todas formas, esta clase social no constituye un grupo homogéneo, sino se dan grandes diferencias entre una alta burguesía, compuesta por los capitalismo dueños de los medios de producción, que rigen la vida política y económica en estados liberales, y una pequeña burguesía de profesionales liberales, funciona empleados medios y pequeños propietarios y comerciantes que, aunque como muchos rasgos ideológicos y culturales con la anterior, se encuentra mas cerca proletariado por su renta y su posición social y política.

El hecho es que el cono de burguesía es muy amplio, y ha tenido distintos significados y matices a lo largo de la historia, y según las perspectivas desde las que se ha analizado.

Nacimiento y consolidación de la burguesía

Aunque ya en la Antigüedad existieron hombres de negocios dedicados a las, actividades mercantiles y manufactureras y vinculados al mundo urbano, el importante papel de los aparatos públicos en las actividades económicas no solía mucho margen para la iniciativa privada, por lo que no podemos hablar de burguesía propiamente dicha. En Europa occidental, el crecimiento económico y demográfico experimentado a partir del siglo XI permite el asentamiento de una población cada vez más numerosa en las ciudades, tanto antiguas como de reciente fundación (burgos).

Estos burgueses se especializan en actividades artesanas y, cantiles, que pronto les proporcionan una fuerza económica suficiente para presionar sobre los señores feudales, de los que obtuvieron libertades jurídicas, autonomía administrativa y protección para sus actividades. Sin embargo, no consiguieron distinguirse jurídicamente de la mayoría campesina de la población, y el esquema social feudal, basado en la división en tres órdenes o estamentos (nobles, eclesiásticos y trabajadores o estado llano) se mantuvo inalterado.

Esto no impidió que dentro del mismo grupo burgués se produjera una creciente estratificación, sobre todo Partir del siglo XIII, diferenciándose las oligarquías de grandes comerciantes y banqueros que normalmente controlaban los gobiernos municipales, del «común», integrado por artesanos, sirvientes y pequeños comerciantes.

La oposición de intereses entre ambos grupos dio lugar a la aparición de conflictos durante la baja Edad Media. Además, esa oligarquía burguesa se asimila progresivamente a la nobleza terrateniente, cuyo estilo de vida copia y cuyo estatus social codicia.

Desde fines de la Edad Media y durante toda la Edad Moderna, muchas familias burguesas entroncan con la nobleza (mediante matrimonios con familias aristocráticas empobrecidas), o acceden a esa condición mediante la compra de cargos o tierras vinculadas a títulos, convirtiéndose en rentistas y asumiendo los valores conservadores de la clase noble.

otra forma de ascender socialmente era mediante el servicio en la creciente burocracia estatal que las monarquías autoritarias de la Edad Moderna estaban desarrollando Los monarcas preferían emplear en su administración a letrados procedentes de la clase media burguesa, en lugar de a los miembros de la alta nobleza, susceptibles de desafiar su poder.

De todas formas, los burgueses no ennoblecidos siguieron perteneciendo estado llano, y normalmente eran ellos los que acaparaban su representación Cortes y otras instituciones representativas de origen medieval, a las que los rey Antiguo Régimen recurrían lo menos posible, sólo cuando estaban necesitados financiación extraordinaria.

La expansión mercantil europea desarrollada a partir del siglo XVI, con el descubrimiento y colonización de nuevos y vastos territorios ultramarinos y la apertura nuevos mercados, proporcionó unas inmensas posibilidades de enriquecimiento burguesía. Pero el mantenimiento de las estructuras tradicionales le impedía un papel social y político acorde con su poder económico.

A partir del siglo XVI sé produjo también un cambio de mentalidad, con la difusión de nuevas ideas: el humanismo, el racionalismo e incluso la ética protestante (especialmente en su versión calvinista), transformaciones ideológicas, filosóficas y culturales que encuentra culminación en la Ilustración, que tuvo en la burguesía a su principal valedora beneficiaria. Se santificó el afán de lucro y el éxito en los negocios, como signo del divino y como contribución a la prosperidad general. El individualismo y la igualdad entre los hombres se elevaron a la categoría de dogmas, contradiciendo el si de privilegios estamentales que impedía a la burguesía desempeñar un pape destacado en la vida pública.

Por último, el apoyo al progreso científico y técnicas a la mentalidad racionalista, también en la economía, se oponían a las viejas estructuras productivas (gremios) y comerciales (mercantilismo), que constituían una para el pleno desarrollo del capitalismo, el nuevo sistema socioeconómico que ido gestando con las actividades de la burguesía.

EL ASCENSO SOCIAL: Uno de los resultados más importantes de la doble revolución de fines del siglo XVIII fue abrir las carreras al talento. Había cuatro caminos (para nada fáciles) para desarrollar estas carreras.

• El estudio universitario permitía iniciar un ascenso en la sociedad de la época. Sin embargo, la educación no era generalizada y, por lo tanto, no estaba al alcance de todos y no generó la sociedad abierta que todos esperaban. Al contrario, surgió una sociedad cerrada en la cual se conformó una élite intelectual y profesional. Pero para aquellos que alcanzaban la educación universitaria -médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, profesores, funcionarios de carrera, sacerdotes y pastores religiosos- estaba garantizada cierta reputación social, bienestar económico e incluso la posibilidad de acceder al poder político.

• La carrera de los negocios era el camino de ascenso social por excelencia en una economía abierta y en rápida expansión. Era también la vía más limitada y minoritaria, pues no cualquiera podía acceder al mundo de los negocios: exigía condición mental, sentido de la oportunidad y, por supuesto, recursos económicos, requisitos que la mayoría no poseía. No todos podían seguir el camino de Robert Peel.

• El ejército ofrecía la más vieja de las carreras abiertas al talento. En sus filas habían progresado socialmente muchos hijos de campesinos y pobres urbanos que obtuvieron -cuando sobrevivieron a las guerras- un prestigio social y una posición económica que de otra manera habría sido impensable. Esta vía de ascenso social se había potenciado después de la Revolución Francesa y durante las guerras napoleónicas, pero se redujo sensiblemente durante el período de paz.

• El arte era el cuarto camino de reconocimiento social. Escritores, pintores, actores, músicos y cantantes gozaban -en un mundo de valores burgueses- del prestigio que otorgaba el solo hecho de poseer talento, un atributo que en las sociedades nobiliarias y aristocráticas era escasamente tenido en cuenta.

Las revoluciones burguesas (más en este sitio)

Todas esas estructuras económicas y sociales anticuadas encontraban su mar expresión en el sistema político de las monarquías absolutistas. La burguesía utilizaba, en su beneficio el descontento de gran parte del estado llano, el estamento no privilegiado, que incluía desde los más pobres jornaleros hasta los banqueros o comerciantes más ricos.

La serie de revoluciones iniciada en Inglaterra (1642-48 y 1688) Norteamérica (1773-83) y Francia (1789), y extendida durante el siglo XIX al re Europa, significó la abolición del Antiguo Régimen y la instauración del estado General burgués, la sociedad de clases y el capitalismo industrial.

Esta transformación social, económica y política sirvió especialmente a los intereses de la gran burguesía capitalista, convertida en clase dominante. En efecto, la revolución Industrial iniciada en la segunda mitad del siglo XVIII en Inglaterra había lugar al desarrollo de un nuevo sector económico.

Los capitales acumulados por el comercio fueron invertidos en las nuevas fábricas, donde se empleaba a la mano de obra que una transformación agraria orientada al mercado había dejado sin tierras y si bajo. La nueva economía industrial, cuyos medios de producción están en manos de la burguesía capitalista, se transforma en el motor del desarrollo de los estados occidentales.

El poder económico se convierte en la pauta que marca las divisiones y jerarquías de la nueva sociedad de clases. Se produce entonces la clara separación la burguesía y las clases trabajadoras, que no tienen acceso a los bienes de producción ni al reparto de la riqueza generada por su trabajo. La recompensa que obtiene el proletariado por haber apoyado las revoluciones burguesas es el pago de un salario por su trabajo, privado de voz en los mecanismos económicos y políticos.

El fin de la burguesía revolucionaria

A partir de ese momento, la antigua burguesía revolucionaria se convierte en una clase conservadora. Se priman los valores del orden (además de los de la familia, el trabajo y el ahorro), se defiende a ultranza la propiedad privada, y se intenta restringí acceso de las clases populares al poder político (sufragio censatario).

De vez en cuando, la presión popular en los movimientos revolucionarios (Babeuf en 1797, las revoluciones de 1848, la Comuna de París de 1871), y corrientes como el socialismo intentan despertar la conciencia de clase del proletariado y organizarlo para luchar por mejorar su posición.

Ante esto, la burguesía responde con concesiones que intentan integrar a las clases populares en el sistema, instaurando el sufragio universal, extendiendo su ideología mediante la educación nacional, y creando el mito según el cual, en una sociedad de clases «abierta», cualquier individuo es capaz, por mérito esfuerzo, de mejorar su condición.

En el siglo XX, la evolución económica y social de los países más desarrollados ha dominado la aparición de una amplia clase media o pequeña burguesía, que no está definida tanto por la propiedad de los medios de producción como por su formación cultural y técnica, que le permite desempeñar los puestos intermedios de la administración pública y empresarial. Por otro lado, se ha producido también una elevación del nivel de vida y formación de las clases trabajadoras, cuyos miembros más cualificados se confunden con los estratos inferiores de la clase media («aburguesamiento» de la clase obrera).

Al mismo tiempo, la difusión de unos hábitos culturales y de consumo homogéneos por parte de los medios de comunicación ha propiciado aparición de una «sociedad de masas» o de consumidores, que pretende desdibujar las fronteras entre clases.

El Antiguo Régimen

Crisis del Antiguo Régimen

 

Pacto de Brest Litovsk Tratado de Paz Rusia Guerra Mundial Final

Pacto de Brest Litovsk – Tratado de Paz 

Principales Batallas Gran GuerraBatalla de VerdúnBatalla de MarneLa Guerra en Fotos

La paz de Brest-Litovsk: El tratado de paz firmado en Brest-Litovsk (actualmente en Bielorrusia) entre las potencias centrales y la República de Ucrania (09 de febrero 1918) y la Rusia Soviética (03 de marzo 1918), puso fin a las hostilidades entre dichos países en el contexto de la Primera Guerra Mundial.

Las primeras negociaciones del gobierno bolchevique con los imperios centrales comenzaron el 9 de diciembre. Las reuniones se celebraron en la fortaleza de Brest-Litovsk El problema de la guerra se planteaba para los revolucionarios rusos de la siguiente manera: había que ganar tiempo a toda costa para fortalecer la revolución.

La mirada de los bolcheviques se dirigía a Europa en espera de la crisis revolucionaria que preveían. La primera delegación soviética estuvo representada por Kámenev y Joffé. Los Imperios centrales enviaron a los ministros de relaciones exteriores de Austria-Hungría y Alemania, Csernin y Von Kuhlmann, al jefe del estado mayor del frente oriental, general Hoffmann.

Desde las primeras discusiones, los imperios centrales mostraron sus intenciones: imponer la paz a Rusia y obtener grandes concesiones. El artículo segundo de sus propuestas para la paz decía: «Habiendo reconocido el gobierno ruso, de acuerdo con sus principios, el derecho de todos los pueblos, sin excepción, que forman parte del Estado ruso, a disponer de sus destinos hasta el punto de separarse por completo, se da por enterado de las resoluciones que expresan la voluntad de los pueblos de Polonia, Lituania, Curlandia, una parte de Estonia y de Finlandia, de separarse del Estado ruso y de constituirse en Estados realmente independientes».

O sea, reclamaban la anexión a Alemania de todos esos territorios. La propuesta era monstruosa y evidenciaba claramente la voracidad imperialista de Alemania. La formulaban, por otra parte, contando con que Rusia ya no estaba en condiciones de combatir. Era la tesis de Ludendorff: imponer la paz o rematar a Rusia «rápida y enérgicamente». El temor al bolchevismo aterraba al jefe militar: » Yo sabía que, aún en caso de llegar a la paz, nos serían necesarias numerosas fuerzas contra el bolchevismo».

El 27 de diciembre se reanudaron las negociaciones. La delegación soviética estaba presidida esta vez por Trotski. Las discusiones se hicieron más tensas. La delegación bolchevique seguía ganando tiempo, mientras dirigía una activa campaña propagandística sobre los soldados alema-nes. La situación se mantuvo casi dos meses. El Estado Mayor alemán estaba exasperado. Ludendorff proponía insistentemente iniciar las operaciones contra Rusia.

El 26 de enero, el gobierno soviético culminaba su ruptura con los aliados: un decreto anulaba todas las deudas exteriores de Rusia. Al mismo tiempo, las negociaciones de Brest-Litovsk llegaban a término. En los primeros días de febrero, Alemania y sus aliados reconocieron a Ucrania como Estado independiente y firmaron, con una «delegación» ucraniana inventada, un acuerdo de paz. La delegación bolchevique rompió la negociación: daban la guerra por terminada, pero sin firmar la paz.

El 18 de febrero, apenas unos días después de la ruptura de las negociaciones, Alemania anunció al gobierno ruso la reanudación de las hostilidades. La ofensiva alemana casi no encontró resistencia. En pocos días, del 18 al 24, Ucrania fue invadida. Las posibilidades de resistencia para el gobierno soviético eran muy escasas. No existían fuerzas para mantener una guerra revolucionaria. Se impuso la necesidad de firmar la paz. El 19 de marzo, llegaba a Brest-Litovsk una nueva delegación soviética.

La Rusia soviética había aprovechado bien el tiempo de las negociaciones. La propaganda tuvo enorme efecto sobre Alemania y los pueblos en general. En primer lugar, se hacía evidente la mentira con que la Entente pretendía engañar a los obreros de Europa: que los bolcheviques eran agentes alemanes.

El gobierno soviético firmaba la paz bajo la imposición de los cañones del ejército alemán. El 3 de marzo se firmó el tratado. Un mensaje del gobierno revolucionario, dirigido a los pueblos del mundo, decía: «La paz que firmamos nos es dictada con las armas en la mano. La Rusia revolucionaria se ve constreñida a aceptarla, apretando los dientes…»

La paz de Brest-Litovsk implicó enormes concesiones territoriales en beneficio de Alemania. Las cláusulas principales del tratado, que estaba redactado en trece artículos eran: compromiso recíproco de cesar en toda clase de propaganda contra el estatuto gubernamental o militar de los países interesados; la desmovilización del ejército ruso, incluso la de las nuevas unidades soviéticas; renuncia, por parte de Rusia, a inmiscuirse en los asuntos de los países situados al oeste de las nuevas fronteras (todos los países bálticos, Lituania y Polonia); evacuación de las regiones de Asia Menor, ocupadas por las tropas rusas; reconocimiento, por parte de los Soviets, de la república popular de Ucrania y del tratado firmado por ésta con la Cuádruple; evacuación de Finlandia y de las islas Aaland por los rusos (lo que equivalía al sacrificio de la revolución finlandesa); renuncia recíproca a toda indemnización de guerra.

Sin embargo, Rusia tendría que indemnizar a los Imperios centrales por el sostenimiento de los prisioneros rusos, por los daños causados por la revolución a los subditos austro-alemanes, etcétera (en total, un pago de más de tres mil millones de rublos oro). Se realizaría inmediatamente el intercambio de prisioneros de guerra (Alemania calculaba de esta manera recuperar material humano); se reanudarían las relaciones comerciales y diplomáticas. Una vez firmada la paz, y al amparo del tratado prosiguió el avance de las tropas alemanas en Ucrania, hasta el Don, hasta Crimea, hasta el Cáucaso».

La primera paz de la guerra mundial resultaba favorable para Alemania y sus aliados. Empero, el beneficio de la ocupación de Ucrania fue muy inferior al que había calculado el Estado Mayor alemán. El principal aporte lo constituyó el envío a Alemania de 46.000 caballos y 5.000 cabezas de ganado. En cuanto a cereales, obtuvieron una exigua cantidad, que no alcanzaba a paliar el problema del hambre en Alemania y Austria-Hungría. El costo, por otra parte, fue muy elevado. Tuvieron que mantener un ejército de ocupación (22 divisiones), constantemente hostigado por partidas guerrilleras, que pronto se desmoralizó.

Asimismo, la publicación de la paz alemana de Brest-Litovsk contribuyó a afirmar en la Entente su voluntad de no concluir la guerra antes de aniquilar a Alemania. Además, prestó un buen servicio a la propaganda aliada que agitó por el mundo la «rapiña alemana» en Rusia. . . La paz impuesta se volvió contra Alemania.

La Rusia soviética perdió importantes territorios, pero la revolución de octubre se sostuvo. Cuando la revolución alemana derribó la monarquía de los Hohenzollern, los bolcheviques denunciaron la paz de Brest-Litovsk y se lanzaron a recuperar e! terreno perdido. En tanto, habían comenzado a organizar el Ejército Rojo, bajo la dirección de Trotski. Al mismo tiempo, la propaganda realizada hacia Alemania comenzó a dar sus frutos.

Desde una cárcel de Berlín, Liebknecht, hacía en esos días un excelente comentario sobre la paz de Brest-Litovsk:

«El balance de Brest-Litovsk no es igual a cero, aunque de momento haya de traducirse en una paz brutal de imposición y avasallamiento. Gracias a los delegados rusos, Brest-Litovsk se ha convertido en una tribuna revolucionaria de radio amplísimo. Aquellas negociaciones sirvieron para desenmascarar a los imperios centrales, para desenmascarar el instinto de rapiña, la falsedad, la perfidia y la hipocresía de Alemania. Sirvieron para dictar un veredicto aniquilador contra esa política alemana de las ‘mayorías’ a que, según ella, se ha de ajustar la paz, y que tiene más de cinismo que de gazmoñería. Han servido para desencadenar, en varios países, considerables movimientos de masas. Y su trágico acto final —la intervención decretada contra la revolución— ha sacudido todas las fibras socialistas del mundo. Ya llegará el día en que se demuestre, que van a recoger de esta siembra los triunfadores de hoy. Yo les garantizo que no van a disfrutar a gusto.»

Guerra Mundial:Japón Bombardea a Califonia Con Globos Aerostáticos

Guerra Mundial: Japón Bombardea Con Globos Aerostáticos

Al desarrollarse el penúltimo año de lucha de la Segunda Guerra Mundial, el 4 de noviembre de 1944, un buque de la Armada de los Estados Unidos halló, flotando en el océano, cerca de las costas americanas del Pacífico, un gran trozo de tela hecha jirones. Cuando se procedió a subirla a bordo se descubrió que llevaba atada una carga de considerable peso. En el momento que ascendían la tela al navío, la misteriosa carga se precipitó hacia el fondo del mar.

Sólo se consiguió la tela que, evidentemente, había pertenecido a un globo. El hecho de que llevara inscripciones en japonés fue suficiente para poner en sobre aviso a los mandos norteamericanos, quienes creyeron que los nipones estarían utilizando nuevas y extrañas formas de agresión. Ese mismo día, el general Wilbur, del ejército de los Estados Unidos, recibió el primer informe sobre el descubrimiento.

Transcurrieron dos semanas hasta que se encontraron, también en el mar, los restos de otro globo. En breve tiempo se descubrió un tercero semi quemado en Montana.

A partir de estos hallazgos, los militares estadounidenses se percataron del peligro que podía representar esta inédita modalidad de guerra puesta en práctica por el enemigo; táctica que consistía en el bombardeo del territorio americano haciendo uso de globos impulsados por el viento. Se calculaba la posibilidad de un ataque japonés a gran escala mediante globos cargados de explosivos. No se equivocaban en sus temores y sospechas los generales norteamericanos.

En breve se encontraron aproximadamente doscientos globos destrozados en el noroeste del Pacífico y en el oeste de Canadá. Trozos de setenta y cinco, fueron hallados en otras regiones o sacados de las aguas del océano. Los fogonazos divisados en el cielo durante la noche evidenciaban que cien, más o menos, habían explotado en el aire.

El viento resultó un inesperado aliado de los nipones pues transportaba los globos desde las islas del archipiélago del Japón hacia Alaska, el oeste americano e, inclusive, a México.

Ante la posibilidad de un ataque de envergadura, el general Wilbur solicitó de inmediato el apoyo de los organismos gubernamentales en su totalidad. Los globos japoneses aún no habían ocasionado ninguna víctima, pues todos los que habían sido arrastrados por los vientos al continente americano habían caído en el mar o en zonas rurales. Sin embargo se pensaba, no sin razón, que tarde o temprano se precipitarían sobre las populosas ciudades.

Se alertó a los guardabosques sobre el peligro y se les requirió que remitiesen a las autoridades militares más cercanas cualquier trozo de globo u otras partes de sus mecanismos que fuesen encontrados.

Antes de continuar, veamos cómo surgió, en el Japón, la idea -tan maquiavélica y a la vez revolucionaria- de cómo agredir a los Estados Unidos, en tiempos en que ningún avión tenía la autonomía suficiente como para volar de Japón al continente americano.

El proyecto en cuestión nació cuando, en 1932, el profesor Nakayama, del Observatorio Meteorológico de Takao, en Formosa, descubrió una corriente atmosférica de gran altitud que circulaba desde las islas del Japón hasta la costa oeste de Canadá y de los Estados Unidos. Nakayama la bautizó: el Jet-Stream.

Una década después, el doctor Fujiwara, que meditaba alguna manera de bombardear a los americanos en su propio suelo, sugirió que se aprovechara la corriente de aire del ]et-Strecim para lanzar globos provistos de bombas.

Luego de estudiar la velocidad del jet-Stream y las características meteorológicas de los Estados Unidos en las diferentes épocas del año, Fujiwara expidió el siguiente memorándum a las autoridades militares: “Durante la estación del verano, en la época en que el jet-Strecim tiene poca intensidad, un globo precisaría entre una semana y diez días para sobrevolar el Pacífico. La cantidad de globos que llegarían a su objetivo no pasarían del 20 por ciento de los lanzados”.

“En el invierno -proseguía el informe- el trayecto no requeriría más que dos o tres días y podría evaluarse en un 60 ó 70 por ciento el número de globos que llegarían a su objetivo. El problema consiste en que durante la estación invernal la nieve no permitiría la propagación de incendios” (…) “Consideramos prácticamente imposible el lanzamiento durante el otoño y la primavera”, finalizaba el informe.

Las sugerencias de Fujiwara tuvieron éxito. El ejército japonés fabricó un modelo de globo que fue denominado “A”, y la Armada otro, llamado “B”. A decir verdad, ambos tipos eran análogos y tan sólo era diferente su fabricación.

Al cabo de poco tiempo comenzó a escasear el hielo y el konnyciku (pasta gelatinosa de la cocina japonesa) en Tokio. Esto sucedía porque dicho elemento culinario se usaba como cola para pegar la envoltura de los globos. En cuanto al hielo, era utilizado para fabricarlos a 55 grados bajo cero, que era la temperatura que soportaría en la alta atmósfera durante su trayecto.

El ejército japonés se interesó por el plan con mucha más decisión que la marina. Cuando finalizó la contienda, el ejército había lanzado 9.000 globos de su tipo “A”, mientras que la Armada Imperial sólo había arrojado 300 de su modelo “B”.

Con un diámetro de diez metros, los globos se desplazaban a una altura que oscilaba entre los 9.000 y los 11 .000 metros, desarrollando una velocidad de 30 a 32 kilómetros por hora. Cada uno llevaba un mecanismo que hacía detonar, de manera automática, una bomba incendiaria y otras de fragmentación.

En diciembre de 1 944, basándose en los escasos restos hallados, los peritos norteamericanos habían diseñado en planos una reconstrucción hipotética del ingenio enviado por los nipones. Se mandaron trozos de globos al Observatorio de Investigaciones Navales, en Washington, como también al Instituto Tecnológico de California.

Los estudios evidenciaron que la envoltura de los globos era fabricada con varias capas de papel pergamino de regular grosor que se pegaban entre sí con cola vegetal. Los técnicos comprobaron que esta aparente fabricación casera resultaba más idónea para retener el hidrógeno en el globo que las mejores telas recauchutadas producidas por la industria en los Estados Unidos.

Los geólogos que estudiaron la arena contenida en las bolsas de lastre señalaron cinco lugares en el Japón, de donde muy probablemente provendría. Se pidió a la Fuerza Aérea que fotografiara dichas áreas. En las fotos de una de estas zonas podía observarse una planta industrial alrededor de la cual se veían esferas de color gris, lo que se interpretó como la presencia de globos. Al poco tiempo se hallaba un globo gris sobrevolando 1 as inmediaciones de una ciudad del oeste de los Estados Unidos.

¡La hipótesis había sido confirmada!

Un piloto norteamericano fue enviado con la misión de capturar ese globo. El aviador decidió empujarlo hacia el campo propulsándolo con las ráfagas de aire que producía su motor a hélice. Los golpes de aire hicieron que el globo perdiera hidrógeno, cayendo lentamente a tierra. Los mecanismos que tenían por fin producir la detonación de los explosivos no funcionaron.

¡Un globo japonés intacto había caído en manos del ejército de los Estados Unidos!

El globo coincidía a grandes rasgos con los diseños que se habían efectuado basándose en deducciones. El ejército descubrió que cada globo estaba provisto de 30 bolsitas que contenían 3 kilogramos de arena cada una. Cumplían la función de lastre. Iban cayendo de a una por un mecanismo guiado por un barómetro, el cual las soltaba cuando el globo volaba por debajo de los 9.300 metros. También estaba provisto de un aparato automático que abría una válvula de escape para el hidrógeno cuando el globo superaba los 11.000 metros.

Cada globo transportaba de 3 a 4 bombas de fragmentación de 15 kilogramos y una incendiaria. Los explosivos estaban controlados por un mecanismo que los arrojaba después de que todas las bolsas de arena hubieran sido lanzadas. Había otro aparato que tenía la función de provocar la explosión del globo, luego de que hubiesen sido arrojadas las cargas mortales. El hecho de que este dispositivo no funcionara en ciertos globos permitió a los americanos incautarse de algunos intactos.

Asimismo, los japoneses lanzaban un globo “guía sin bombas”, provisto de un aparato que emitía señales de radio para indicar a la base en Japón si el itinerario era correcto.

Luego del estudio de los globos capturados y de su contenido, los norteamericanos se dieron cuenta de que eran las bombas incendiarias las que representaban el más grave peligro para la nación. En la época de verano indudablemente producirían incendios forestales. Por consiguiente, se organizaron tropas de paracaidistas para que colaboraran con los guardabosques y bomberos.

Sin embargo, silos ataques hubieran sido en gran escala, esta movilización no hubiera servido de mucho. Además, considerando la posibilidad de que los japoneses lanzaran globos provistos de preparados bacteriológicos con el fin de propagar epidemias, tanto humanas como del ganado o de las cosechas, se tomaron los debidos recaudos movilizando médicos, veterinarios y agrónomos.

Se formaron equipos de descontaminación y se almacenó -en lugares claves- desinfectantes, medicamentos y máscaras antigás. A la vez se requirió a los ganaderos y agricultores que informasen acerca de cualquier síntoma de enfermedades inusuales en el ganado o sembradío.

Para que los japoneses no tuvieran ningún conocimiento de los resultados obtenidos con su ataque mediante globos, los medios de difusión americanos y canadienses fueron persuadidos de que no mencionasen jamás cualquier noticia referente a los globos nipones.

Si bien en el Japón no se enteraban de sus propios éxitos, este silencio de la prensa y la radio impedía que el pueblo americano tomase conocimiento del peligro que lo amenazaba. En cierta oportunidad, un grupo de chicos que iban de excursión encontraron uno de los globos caídos. Sin conocer el mortal peligro al que estaban expuestos, lo arrastraron para llevárselo. Las bombas explotaron muriendo cinco niños y una mujer. La prensa no publicó nada de lo ocurrido. Su silencio fue total.

De pronto -a fines de abril de 1 945- finalizó la caída de globos en Estados Unidos. Transcurrieron días, meses; hasta que por fin terminó la guerra. ¿Por qué razón había cesado el ataque, cuando era evidente que, de continuar, hubiera provocado grandes desastres?

El general Wilbur logró develar el misterio cuando, luego de firmado el armisticio, viajó al Japón. Allí tuvo oportunidad de dialogar con el general Kusabciv quien había estado encargado de dirigir el ataque mediante globos. Kusabciv explicó al militar norteamericano que en total se habían lanzado 9.000 globos, considerando el ejército japonés que al menos el 1 0 por ciento de los mismos llegarían al continente americano. Los primeros globos que atravesaron sin novedad el Pacífico fueron lanzados el 1 de noviembre de 1944. Los mandos japoneses se enteraron del globo que cayó en Montana. Sin embargo constataron con asombro el silencio de los periódicos y de la radio americana.

Al tener noticias únicamente del arribo a los Estados Unidos de un solo globo, el Estado Mayor japonés comenzó a desaprobar el plan de Kusaba. Los superiores le expresaron que la idea había sido buena, pero en la realidad se había revelado un fracaso. El argumento más decisivo que presentaban los mandos consistía en que se estaban despilfarrando las reservas de hidrógeno y de los demás materiales, cuando precisamente el Japón se encontraba exhausto de reservas. Todo este esfuerzo -decían- se desperdiciaba en un ataque que no daba fruto alguno.

Por último, a fines de abril de 1 945, se ordenó al general Kusaba detener definitivamente los lanzamientos. El mando superior le reprochó: “Sus globos no han llegado a los Estados Unidos. Si hubieran llegado, la prensa daría noticias de ello. Los yanquis no pueden estar tanto tiempo callados”.

¡Qué equivocados estaban los altos oficiales del Mikado! Las causas del fracaso no eran atribuibles al general Kusaba sino a que las nevadas de invierno en Norteamérica imposibilitaron el incendio de bosques. Si el ataque con globos hubiera continuado hasta el verano, cuando las zonas boscosas del oeste se encuentran secas, y silos nipones hubieran sostenido la cantidad de 1 00 lanzamientos por día, como lo hicieron en marzo de 1945, quizás hubieran producido una gran catástrofe de destrucción y pánico. Por último, el silencio de la prensa fue la jugada psicológica maestra que cumplió su cometido a la perfección, haciendo fracasar todo el plan japonés.

Fuente Consultada: Los Sucesos Más Insólitos Herry B. Lawfort

Rendición de Japón Guerra Mundial Hirohito Diplomacia Atomica Truman

Rendición de Japón – Guerra Mundial Hirohito – Truman

ANTECEDENTES DE LA ÉPOCA: El Japón, ya virtualmente vencido, había iniciado a comienzos de julio de 1945 negociaciones de rendición. En Tokio, se sabía que toda resistencia era ya inútil y que los ejércitos soviéticos se aprestaban, en cumplimiento de lo convenido en Potsdam, a irrumpir en Manchuria.

El 6 de agosto, hubo una terrible conmoción en el mundo: Hiroshima había sido arrasada con todos sus habitantes por la primera bomba A utilizada como arma de guerra. El 8 de agosto, Moscú declaró la guerra al Japón y lanzó sus ejércitos sobre Manchuria. No hubo apenas resistencia; aquello fue virtualmente un paseo militar y los marinos soviéticos no tardaron mucho en izar la bandera de la hoz y el martillo en el histórico Port Arthur, recuerdo de un no muy distante desastre de la Rusia zarista.

El 9 de agosto, Nagasaki fue «borrada del mapa», también con todos sus habitantes, por la segunda bomba A. Y el 2 de setiembre, el general Mac Arthur recibió en la vasta rada de Tokio, a bordo del acorazado «Missouri» —Truman es oriundo del Estado que había dado su nombre a la nave de guerra—, la rendición incondicional del Japón.

firma acta de rendicion de japon en la segunda guerra mundial

NI aun la rapidez con que se sucedían los dramáticos acontecimientos hacía salir al mundo de su asombro y su espanto. Las imágenes de los hongos atómicos y de las arrasadas Hiroshima y Nagasaki encogían todos los ánimos. ¡Trescientas mil víctimas civiles, hombres, mujeres y niños! ¡Otros mucho miles convertidos en desechos humanos, condenados a largas y dolorosas agonías! ¿Por qué se había hecho aquello?

Se alegó como justificación del brutal proceder que cabía temer cualquier cosa de la fanática tenacidad japonesa, que se acortaba la guerra, que se salvaban a la postre muchas vidas. Fue una justificación muy pobre. Sólo la creyeron quienes deseaban creer en ella. Pronto surgió otra explicación de aquella crueldad que pareció a todas luces innecesaria.

Se había querido prevenir a Moscú que debía contenerse, que se disponía de un arma contra la que todos los victoriosos ejércitos soviéticos nada podrían. Se había querido prevenir a Moscú que, si no había podido impedirse la conquista soviética de Berlín, sería Washington quien impondría su ley al vencido Japón. Se había querido prevenir a Moscú que comenzaba una nueva pugna en la que se vería en inferioridad de condiciones.

Pero, con el paso reí tiempo, muchos vieron en los holocaustos de Hiroshima y Nagasaki los primeros actos de la «guerra fría», implacables y feroces. En adelante, el capitalismo y el socialismo tendrían que velar sus armas.

EL ATAQUE A HIROSHIMA Y NAGASAKI

El emperador Hirohito

El ataque a Japón supone que fue previendo una costosa guerra de desgaste material y humano, por lo que el presidente Truman decide arrojar las dos bombas atómicas sobre Japón.

El 6 de Agosto de 1945 la ciudad de Hiroshima (de 300.000 habitantes) quedó reducida a cenizas y tres días más tarde Nagasaki, forzando así la rendición incondicional del Japón.

El emperador Hirohito informa por radio a su pueblo el compromiso de poner las armas, el ministro de guerra japonés se suicida y se firma oficialmente la rendición sobre el acorazado norteamericano Missouri en septiembre de 1945.

Sin embargo, esto puede entenderse de otro modo Japón al borde del colapso, Estados Unidos quiso probo recientemente desarrollado armamento nuclear, y al mismo tiempo el avance soviético que se estaba iniciando sobre territorio disputado con Japón.

Con la bomba atómica, Estados Unidos pasó a ser el Estado más poderoso.

Lanzamiento de las bombas atómicas
El lanzamiento de las dos bombas atómicas sobre Japón en agosto de 1945 dará lugar a una larga controversia. ¿La decisión norteamericana de aniquilar las ciudades de Hiroshima y Nagasaki respondía a un objetivo exclusivamente militar o tenía también aspectos políticos y diplomáticos?

Para algunos investigadores se podía alcanzar la rendición japonesa por medio de un bloqueo extremo o apelando  a la vía diplomática. La conducta fanática de los aviadores suicidas japoneses era más bien una manifestación de debilidad e impotencia de la resistencia frente a la superioridad de recursos de los Estados submarinos norteamericanos habían cortado los abastecimientos y en marzo de 1945 un raid aéreo demostró eficazmente esta superioridad norteamericana.

El presidente Harry Truman justificó el empleo de la mortífera nueva arma como un medio de acortar la guerra  y reducir las bajas. El arma nuclear fue desarrollada únicamente para ganar la guerra y con este propósito se tomó la terrible resolución de utilizarla.

Pero otros investigadores han señalado que tal demostración de poderío norteamericano no era necesario derrotar al Japón. La “diplomacia atómica” de Truman perseguía la evidente finalidad de intimidar a mentar su poder de negociación en los acuerdos de paz de postguerra en relación a la Unión Soviética. Con la bomba atómica, Estados Unidos restaba importancia a la intervención soviética contra Japón.

Se temía el avance soviético en Manchuria, Corea y otros territorios ocupados por los japoneses durante la guerra. De hecho, Japón estaba negociando la mediación de la U.R.S.S. La “extorsión atómica” tuvo como fin frenar las ambiciones o exigencias post-bélicas soviéticas.

Además Estados Unidos tenía que justificar la costosa inversión que significó el desarrollo del Proyecto Manhatan (nombre que recibió el plan secreto de investigación y construcción de la primera bomba, del que ron físicos, científicos, técnicos y militares, que en la mayoría de los casos ignoraban la finalidad de sus trabajos y medir los resultados del arma atómica.

Consecuencias  Políticas de la Bomba Atómica

Bomba Atomica en Alemania NAZI Historia Investigacion Cientifica

Bomba Atómica en Alemania – Historia

LA BOMBA EN EL CAMPO NAZI
Al terminar la primera gran guerra, el mundo buscó desesperadamente retomar la senda de progreso que se había interrumpido dolorosamente. Las universidades y los centros de estudio volvieron a cobrar impulso, y la cofradía de sabios continuó su labor.

Los términos idílicos de la paz obtenida en Versalles les garantizaba que no se cometerían los mismos errores del pasado, por lo que nuevamente las fronteras parecieron no existir para la ciencia. Así, las experiencias en Londres, en Copenhague, en Roma y en Berlín eran conocidas e incluso intercambiadas entre los matemáticos, químicos y físicos.

Sin embargo, las condiciones impuestas al derrotado imperio alemán propiciaron el surgimiento del nacional socialismo, el que poco a poco comenzó a hacerse más y más fuerte. En 1939 el racismo de los nazis salió a las calles e ingresó a las aulas.

Los jóvenes de camisas pardas, alentados por las proclamas de los científicos adeptos al régimen, que denostaban todo lo que fuera de origen judío, incluso la Teoría de la Relatividad de Einstein, expresando que era un patraña colosal, arrinconaron a hombres de la talla del mismo Einstein, Max Born y Leo Szilard, por lo que el éxodo de sabios no se hizo esperar, recibiéndolos Estados Unidos con los brazos abiertos.

Se cuenta que el Ministro del Reich, Hans Stuckhart, a propósito del verdadero desmantelamiento que se había producido en las universidades alemanas, le habría consultado socarronamente al Profesor Hilbert, Director del Instituto de Física de Gottenborg, si el establecimiento había sufrido mucho con la partida de esos científicos. La respuesta deja en claro el colosal error que ello significó, uno mas de los tantos que cometieron Hitler y sus huestes, ál dejarse llevar por su irracional odio antisemita.

En realidad, no se puede decir que haya sufrido. Simplemente dejó de existir.

En 1939, el químico nuclear Fritz Strassman y el físico Otto Han, trabajando en laboratorios alemanes, plantearon una teoría de la fisión del Uranio, la que fue comunicada al Ministerio de Ciencias, y postularon la posibilidad de construir una máquina para obtener energía. No los guiaba la alternativa de utilizarla como bomba, sino que se orientaban hacia el aprovechamiento de ella para mover motores. La iniciativa contó con el respaldo del jefe de investigaciones del ejército, el que escribió en tal sentido al Ministerio, aconsejando que se le diera prioridad.

Los trabajos se iniciaron bajo el mando de Werner Heisenberg, pero luego se optó por abrirlos en tres proyectos, cada uno a cargo de ministerios distintos y con fines también diferentes. Sólo fue en 1942 que Albert Speer, el Ministro de Guerra, comprendió el alcance bélico que tenía la energía nuclear, y ordenó concentrar los esfuerzos en esa dirección.

Parece evidente que las proyecciones exitistas sobre la marcha inicial de la guerra, cuando las divisiones panzerarrollaban cualquier resistencia a su paso, contribuyó para que los estrategas germanos restaran importancia a esta nueva y decisiva arma, la que advirtieron demasiado tarde, perdiendo la iniciativa que habían obtenido con la labor de Strassman y Han.

Por otra parte, el mismo Hitler desconfiaba de los alcances de una bomba atómica, empecinándose en derivar las investigaciones hacia el uso energético para motores convencionales.

A todos los inconvenientes reseñados, habría que agregar, finalmente, que una vez que se decidió construir la bomba atómica, los científicos optaron por seguir el camino que había mostrado en Italia, Enrico Fermi, o sea, obtener una pila nuclear bombardeando elementos por medio de «agua pesada». Esta experiencia, en términos legos, consistía en «amortiguar» la desintegración obtenida por el bombardeo logrado con los neutrones, reemplazando el hidrógeno común del agua por deuterio, que es el mismo elemento pero más pesado.

El sabio italiano, en realidad, había llegado solamente hasta el umbral de un resultado definitivo en los ensayos efectuados en Roma hacía ya algunos años, cuando vislumbró este fenómeno, para el cual había usado kerosén en la tina del baño de su laboratorio, descargando uranio sobre una esfera de plata, estando ambos metales inmersos en el líquido. El físico Emilio Sagré, que formaba parte del equipo de Fermi, a propósito del ensayo en la tina de baño, diría al recibir el Premio Nobel de su especialidad en 1959:

«Dios, con sus decisiones inescrutables, nos dejó a todos ciegos, en aquella oportunidad, frente a la desintegración».

El «agua pesada», entonces, se constituyó en un factor primordial para el esfuerzo nazi. El Mariscal Goering, a fines de 1942, encomendó un programa destinado a obtener tres mil kilos mensuales, pero esta tarea, como asimismo las toneladas de uranio que era necesario obtener, comenzó a tropezar frente a la devastadora acción de la fuerza aérea aliada, la que bombardeó sistemáticamente esos objetivos.

Sin embargo, los aliados no tenían total certeza de que los nazis no fueran a obtener un artefacto nuclear dentro de un plazo breve. El anuncio del Ministro de Propaganda del Reich, Joseph Goebbels -formulado luego del desastre que aconteciera al ejército germano en el frente ruso, tras las derrotas en Stalingrado y Leningrado- proclamando la guerra total y amenazando que en ella utilizarían poderosas y nuevas armas secretas, aceleró al máximo los trabajos que tenían como escenario los Estados Unidos.

Hitler, en tanto, al comprobar en 1944 que sus otrora imbatibles ejércitos, ahora no eran capaces de contener los avances sobre Berlín, había cambiado sustancialmente su pensamiento acerca de la nueva arma secreta.

Día a día preguntaba sobre los avances de su construcción, pero las respuestas no le daban, ni le dieron, la posibilidad que pudo entrever,quizás, de mantener vigentes sus oníricas visiones de una raza aria dueña del mundo.

Fuente Consultada: HECHOS, Sucesos que estremecieron al siglo Tomo N° 15 La Bomba Atómica

Genocidios en la Historia

Independencia de Hispanoamerica Antecedentes y Causas

 INDEPENDENCIA DE HISPANOAMÉRICA

Campaña a Chile y PerúEntrevista de GuayaquilExilio de San MartínSan Martín en Europa

La revolución contra el absolutismo ocurrida en Francia a finales del siglo XVIII generó una rápida reacción en su contra. Los Estados absolutistas, dispuestos a demostrar que las revoluciones que cuestionaban al régimen estaban destinadas a fracasar, se embarcaron en largas guerras contra Francia gobernada por Napoleón.

Finalmente, hacia 1815, Napoleón fue derrotado y el absolutismo se restauró en Europa. Por otra parte, las guerras europeas alejaron a las colonias de su metrópolis, generándose en ellas una serie de movimientos que comenzaron a cuestionar los términos de la dominación. Para los defensores del orden establecido se trataba de cuestionamientos a la misma autoridad real, por lo que los bandos se identificaron como «revolucionarios» o «realistas».

Frente a estos proyectos incompatibles, el de los sectores dirigentes revolucionarios y el de los realistas, estalló entre ellos una abierta guerra que culminó con la ruptura del vínculo colonial entre América y España. Una vez roto el vínculo con la metrópoli, diferencias dentro de los sectores dirigentes americanos determinaron la fragmentación en múltiples territorios de las que fueran colonias españolas.

Independencia de Hispanoamérica: Tarde o temprano habían de separarse de España los pueblos que creían haber llegado a la mayoría de edad. El ejemplo de los Estados Unidos obraba como un aliciente fortísimo, pero fueron las doctrinas de la Ilustración, y de un modo especial el ejemplo de la Revolución Francesa, las que impulsaron a los criollos a desear la separación.

A fines del siglo XVIII existía en América un ambiente de oposición a la política excesivamente centralista de los Borbones. Incluso se habían producido algunos conatos de lucha, como el caso del caudillo indio que se hacía llamar Tupac Amaru, y que al frente de grupos de indígenas luchó contra las tropas españolas en el Perú, pero todos los casos más o menos esporádicos fueron reprimidos con energía por los virreyes. Al mismo tiempo castigaron con gran severidad toda propaganda de tipo subversivo o liberal que se realizara en las colonias.

carlos IIIUno de los primeros intelectuales que empezó a sembrar la semilla de la libertad fue el colombiano Antonio Nariño (1765- 1823). Ya en tiempo de Carlos III, y más tarde durante el reinado de Carlos IV, los ministros que tuvieron cierta visión política, como Floridablanca, e incluso Godoy, aconsejaron a los monarcas españoles conceder cierta autonomía y sustituir a los virreyes por infantes de España, con lo cual la unión de los reinos americanos sería puramente personal y podrían elegir sus gobernantes y administrarse con cierta libertad respecto la burocracia española.

Los soberanos se negaron a aceptar reformas fundamentales y aunque Carlos III (imagen) permitió la libertad de comercio con numerosos puertos españoles, entre ellos el de Barcelona, con lo cual Sevilla perdió el monopolio que ejercía desde la conquista, las medidas adoptadas para hacer frente a un cambio político fueron escasas e inútiles.

Los criollos, hijos de españoles que se sentían americanos, veían cómo iba cobrando importancia el comercio y prosperaba el país que seguía en manos de «gachupines», es decir, gentes venidas de España al amparo de un nombramiento real. Por esta razón fueron casi siempre criollos, en general grandes terratenientes, los que dieron mayor impulso a los movimientos revolucionarios de independencia. Junto a ellos existían elementos intelectuales en contacto con las logias masónicas de Londres y Cádiz, encargadas de infiltrar la doctrina secesionista y liberal en los medios cultos de cada país.

NapoleónCuando España cayó bajo el poder napoleónico y se quedó sin rey, las colonias no quisieron reconocer a Bonaparte y aprovecharon la ocasión para crear movimientos separatistas que al principio sólo pretendían reformar la estructura de la administración (imagen izq. Napoleón).

Tampoco aceptaron la autoridad de la Junta Suprema de España y crearon sus propias Juntas, que fueron el germen de los gobiernos independientes.

Como la metrópoli no podía ni impedir ni dirigir este movimiento, los hechos se produjeron en los primeros momentos sin apenas resistencia por parte de las tropas realistas españolas, pero cuando Fernando VII recuperó el trono se produjo una violenta reacción contra el levantamiento y se formalizó la lucha.

FRANCISCO DE MIRANDA.FRANCISCO DE MIRANDA. Había nacido en Venezuela (1756-1816) y fue un tipo extraordinario, mezcla de aventurero y hombre de armas. En el Ejército español había alcanzado la graduación de capitán y cuando estalló la guerra por la independencia de los Estados Unidos combatió al lado de Washington para pasar luego a Francia y unirse a los girondinos cuando la Revolución.

En 1806 intentó desembarcar en Venezuela para ponerse al frente del movimiento separatista que empezaba a actuar, pero los criollos no le secundaron por una razón digna de tenerse en cuenta: le apoyaba descaradamente Inglaterra.

Los criollos deseaban cortar la unión con España, pero no someterse al dictado de otra potencia que, de haber triunfado en aquel momento Miranda, hubiese ejercido una influencia decisiva. Más tarde volvió a surgir esta figura y tomó parte activa en movimientos que luego se relatarán.

INTERPRETACIONES DE LA INDEPENDENCIA DE AMÉRICA. Hubo un tiempo en que los historiadores de Europa explicaban la independencia de América como el resultado ineludible d una ley biológica: los pueblos que alcanzan su mayoría de edad, los pájaros que crían alas y se alejan de sus padres. Tal habría ocurrido con España y sus hijas americanas. Esta teoría respondía, en cierto modo, a un fatalismo histórico, a algo inexorable que obedecía a leyes biológicas y no había podido evitarse. No obstante, pronto surgieron otras teorías.

Las doctrinas racistas del conde de Gobineau y del inglés Chamberlain, que se fundaban en las diferencias de las razas para explicar los procesos históricos, hicieron creer, especialmente a los americanos, que la independencia de América había sido producto del choque entre indios y españoles o criollos y españoles.

Los nativos, por envidia, rivalidad o simple odio a sus padres, habrían hecho una revolución para ocupar los empleos que, de otra manera, no podían alcanzar. La teoría racista coincidió en cierto modo con la económica, nacida de las doctrinas de Carlos Marx y Federico Engels.

Los americanos, según los creyentes en esta interpretación histórico-económica, estaban hartos de las prohibiciones comerciales que imponía la Madre Patria. El monopolio de los comerciantes de Cádiz habría hecho pensar en la independencia del Nuevo Mundo y ésta se habría realizado en los momentos en que España estaba en guerra con Napoleón y no podía dominar debidamente a los sublevados.

Han creído en esta doble interpretación los más eminentes historiadores de América y, en particular, de la Argentina, donde todavía es enseñada, como Bartolomé Mitre, Vicente Fidel López y otros muchos. A comienzos del siglo XIX surgieron otras interpretaciones.

El francés Marius André creyó que América se había sublevado y hecho independiente por amor a la religión católica, temerosa de que los ingleses alejasen el catolicismo y los americanos cayesen en el protestantismo o el ateísmo.

Las guerras de México, donde los rebeldes eran acaudillados por los sacerdotes Hidalgo y Morelos, podían ser un ejemplo y una prueba. La teoría de André causó sensación, porque rompía con las tradiciones económicas y racistas; pero pronto se comprobó que no era exacta, que no coincidía con la realidad.

La independencia del Nuevo Mundo, incuestionablemente, había nacido de otras causas. ¿Cuáles podían ser? Como reacción aparecieron dos nuevas interpretaciones. Una atribuía a la sociedad secreta de la masonería los trabajos que habían llevado a la independencia. Sus fundamentos eran firmes.

Los grandes hombres de la independencia, como San Martín, Miranda, Bolívar, Belgrano y tantos otros habían sido masones. Pero otra teoría significó la anulación de esta última interpretación. La independencia, aseguraron unos autores, nació en las conspiraciones de los jesuitas expulsados por el rey Carlos III en 1776. Para recuperar sus bienes y vengarse de un monarca adverso a la orden, habrían contribuido a producir la independencia del Nuevo Mundo.

Fue, entre otros, un padre jesuita, el reverendo Padre Miguel Batllori, quien demostró la inconsistencia de esta tesis. En la Argentina, en torno al 1910, nacieron las primeras dudas sobre las tesis tradicionales.

José León SuárezFue el jurista José León Suárez quien expuso la teoría de que la independencia argentina no nació de causas económicas o raciales, sino de ideales políticos y que, en un principio, los americanos no estuvieron en contra de Fernando VII, sino a su favor.

La independencia habría surgido más tarde, al desengañarse los americanos de los propósitos fernandistas. Esta teoría encontró la oposición de los historiadores argentinos y americanos más destacados de aquel entonces.

El doctor Ricardo Levene (imagen) y otros, siguiendo a Mitre y a Vicente Fidel López, defendieron la vieja tesis economista y racista y, además, agregaron una teoría conspiracionista de políticos que se reunían en asambleas misteriosas y trabajaban por la independencia del Nuevo Mundo. El precursor Miranda los habría guiado desde Londres con su correspondencia. Al mismo tiempo, en España, tomaba fuerzas otra interpretación. La Independencia de América habría sido obra de los políticos ingleses.

Para vengarse de la ayuda que los españoles habían dado a los colonos de la América del Norte en su lucha contra la Gran Bretaña, los ingleses habrían ayudado secretamente a los hispanoamericanos para separarse de España. La presencia de algunos ingleses en los ejércitos liberales de América sería una prueba confirmatoria.

Los historiadores oscilaban entre las influencias indígenas, criollas, inglesas, francesas, económicas y masónicas, sin saber qué rumbo tomar. Las teorías de José León Suárez no eran compartidas por los defensores de tantas otras suposiciones.

En 1940 comenzó a hacer oír una nueva interpretación el argentino Enrique de Gandía. A su entender, ninguna de las teorías conocidas estaban en condiciones de explicar satisfactoriamente la génesis de los acontecimientos.

La verdad es, según él, muy distinta y fácil de comprender. La familia real española estaba deshecha por sus disputas internas, originadas por la rivalidad que existía entre la política de Manuel Godoy y las aspiraciones del heredero al trono, el joven Fernando VII.

El emperador Napoleón se aprovechó de esta división para su beneficio, atrayéndose a las dos partes y usurpando luego el trono de España para dárselo a su hermano José. El pueblo español primero se libró de Manuel Godoy, el «Príncipe de la Paz», por medio del motín de Aranjuez, en marzo de 1809 y en seguida se levantó contra los franceses, en Madrid, el 2 de mayo de ese mismo año.

Y España, sin rey ni autoridades, comenzó a gobernarse por sí misma. En cada ciudad se formó una junta popular que regía los destinos de la comunidad. Era evidente que el poder de los reyes quedaba desbordado por un pueblo que ansiaba liberarse no sólo de los franceses, sino de la secuela fatídica de los borbones. Las juntas se levantaban sobre el principio de los derechos naturales del hombre.

Los hombres son libres e iguales. Santo Tomás ha enseñado que Dios da el poder a los hombres cuando se reúnen en sociedad y que éstos pasan una parte de ese poder a un gobernante, hasta que se lo retiran si el gobierno no cumple sus mandatos. Sobre este principio se gobernó el pueblo español en su lucha contra los franceses.

América recibió emisarios españoles que inducían a las principales ciudades a crear juntas como en España. Esto se conjugaba con la creciente necesidad de las colonias de liberarse de esa avasallante situación caótica que imponía sus reales en el comercio, en las actividades ecónomicas internas y en todas las manifestaciones de vida activa.

Fernando VIIAsí es como se intentó crear algunas juntas, pero los gobernadores y virreyes, que no querían perder sus empleos, no las aceptaron sino hasta muy tarde, cuando la Junta Central ya gobernaba a nombre de Fernando VII (imagen).

La primera junta de este tipo en América fue instalada en Montevideo, por Martín de Alzaga, en 1808. Es interesante consignar que Alzaga, destacado combatiente contra las invasiones inglesas a Buenos Aires y síndico de esa ciudad, fue condenado por su actividad realista después de la instalación del Primer Gobierno Patrio.

La instalación de juntas gubernativas en América se aceleró con la noticia de la caída de la Junta Central que obedecía a Fernando VII. El 19 de abril de 1810 se creó la Junta de Caracas y el 25 de mayo la Junta de Buenos Aires, luego de una fallida junta organizada por el mismo virrey Cisneros con el objeto de detener las pretensiones patriotas de gobierno propio. La creación de las Juntas en América, según Gandía, no fue una solución definitiva.

Habían seguido el ejemplo de España, es cierto, pero muchos políticos querían seguir el ejemplo diferente: la obediencia a un Consejo de Regencia que se había instalado en Cádiz. Este consejo, ilegal, formado por su propia voluntad, sin el voto de los españoles ni de los americanos ni el conocimiento de Fernando VII, pretendía mandar sobre toda América. Para ello aseguraba a las autoridades existentes que las mantendría en sus puestos.

Es lógico que se apresurasen a reconocerlo y obedecerlo y se entablase, por tanto y en seguida, una lucha feroz entre los partidarios de las Juntas populares y los defensores del Consejo de Regencia. El historiador Gandía ha señalado y destacado estos hechos como factores que presentan la antiguamente llamada revolución americana como una perfecta guerra civil. No hubo, según él, revolución en América en contra de España ni de Fernando VII.

En todas las ciudades en donde se suspendió o echó a los virreyes fue por el odio que todos, españoles y criollos, tomaron hacia la situación existente en el gobierno español, en su dinastía real y a las arbitrariedades que dichos factores provocaban.

Al mismo tiempo, al aclamar en todas partes a Fernando VII, se afirmaba la esperanza de conseguir una situación apta para el desenvolvimiento liberal de todos los territorios del tambaleante imperio español. Hay historiadores que creen en una posible «máscara de Fernando VII», es decir, en una simulación de innumerables políticos y todos los pueblos de América, que habrían proclamado su fidelidad a Fernando y habrían deseado, secretamente, la instauración de un sistema de gobierno independiente. Es evidente que ha habido ciertos americanos que en ello confiaban y perseveraban.

El ejemplo de Mariano Moreno en el Río de la Plata es aleccionador. Pero en su conjunto, las condiciones para la independización total de los pueblos americanos de la dominación española aún no estaban a punto y por ello es que se produjeron tantas vacilaciones, incertidumbres y fracasos en las medias tintas del primer período independendista que podemos hacer extender, generalizando, hasta 1816.

Por esta razón, los partidarios de la escuela «simulacionista» son cada día menos. La independencia, según la tesis que ellos refutan, llegó cuando los americanos comprendieron que Fernando VII, de regreso al trono, en 1814, no quería permitir un sistema constitucional, ni una forma democrática de gobierno, aún dentro de una monarquía, ni un «status» conveniente para los pueblos e intereses de las antiguas colonias.

Para vivir con libertad y constitución, como se ansiaba en España y sostenía el partido liberal, se declaró la independencia de toda América, de las «Provincias Unidas de la América del Sud», como consta en el Acta de la Independencia, en la ciudad de Tucumán, el 9 de julio de 1816.

PARA SABER MAS…

Entrevista al historiador Tulio Halperín Donghi:
«La integración latinoamericana desde una perspectiva histórica»

-¿En qué consistía el proyecto de integración sostenido por Bolívar?
Más que una confederación entre los distintos Estados, Bolívar buscaba una alianza permanente, pero-bastante laxa, con un protector externo que debía ser Inglaterra. Bolívar advirtió que con la independencia de los territorios americanos y el triunfo de los focos revolucionarios se había perdido cierto orden de la época colonial que trató de regenerar. Fue un momento bastante conservador de su vida.

-¿De qué manera quería lograr esa alianza permanente entre los nuevos Estados?
Bolívar había ganado influencia en una gran región de América. La base de ese poder era el predominio militar a través de ejércitos que le respondían, dirigidos por oficiales llegados de diferentes regiones. Pero las cúpulas de esos ejércitos terminaron disgregándose, resultaba muy costoso mantenerlas y los jefes querían regresar a sus tierras. De esta manera se debilitó la columna vertebral del proyecto.

-Si avanzamos en la historia ¿cuándo y de qué manera se vuelve a hablar de una política integradora?
Yo mencionaría un movimiento que comenzó a fines del siglo pasado vinculado con lo que, sin ninguna intención peyorativa, se denominaban «los proyectos imperialistas». A partir de esta idea, las grandes potencias constituían zonas de influencia sobre la base del predominio económico y, a veces, del político. El sueño de cada nación poderosa era unir toda su zona de influencia con un ferrocarril. Así, Gran Bretaña tenía un proyecto de tender vías desde El Cairo hasta Ciudad del Cabo; Alemania, otro de Berlín a Bagdad y en los Estados Unidos se propuso construir vías que atravesaran toda América y llegaran al Cabo de Hornos.

-Más que una integración, esa idea tendía a construir una América liderada por los Estados Unidos.
Sin embargo esa idea encalló de entrada en pos de otra mucho más burocrática: la Unión Panamericana, que tuvo realizaciones modestas pero abrió numerosos puestos de trabajo para diplomáticos. Esta Unión logró una tarifa de franqueo preferencial para todo el continente. Pero mientras los Estados Unidos se esforzaban por acentuar su rol, en Latinoamérica nacía una idea de solidaridad frente a su avance, a veces agresivo y violento como lo fue la guerra con España por la isla de Cuba (en 1898).

-Ya en la actualidad, ¿cómo analiza el proceso de integración del Mercosur?
El Mercosur se da como resultado de una necesidad, más que como corolario de una evolución ideológica. Y comparte una lógica con la iniciativa estadounidense de libre comercio: son proyectos que abren nuevos espacios pero a costa de cerrarse a otras áreas del mundo. Los discursos actuales tienen algo de contradictorio, se habla de la globalización y de la apertura externa pero se potencian ideas que fortalecen los bloques regionales. Me parece demasiado pronto para que un historiador diga qué va a pasar; por ahora, sólo marco la paradoja.

Extractado del reportaje de Daniel Ulanovsky -Sach. «¿Porqué la América hispana no fue una sola nación?», Clarín, 14/12/97.

Fuente: Geografía Argentina y del Mercosur Los Territorios en la Economía Globalizada- Editorial AIQUE Polimodal – Blanco-Férnandez-Gurevich

Biografia de Onassis Aristóteles Millonario Griego Armador de Barcos

Biografía de Onassis-Millonario Griego

Aristóteles Sócrates Onassis nació el 20 de enero de 1906. Cuando unos cuarenta años más tarde comenzaba a ser famoso en todo el mundo, la historia de que había crecido en una familia pobre y que sin otro legado que su propia astucia se había convertido en señor poderoso fue punto de partida para periodistas más o menos imaginativos. Desconcertado pero convencido de que una buena historia era imprescindible para sustentar sus planes, leyó los primeros artículos y contribuyó, sino con grandes mentiras, al menos con su silencio. No tenía estirpe ni pasado noble y pretendía ser aceptado en la nueva aristocracia formada por estrellas de cine, monarcas venidos a menos, artistas y operadores financieros. Ubicar sus orígenes en el extremo opuesto al de la opulencia calmó su inseguridad. Onassis compró la historia y la dejó correr. Según estas versiones, su padre era un inquieto pero mísero vendedor de artesanías y su madre, una mujer que limpiaba casas de vecinos. El pequeño Aristóteles desde la adolescencia se habría propuesto revertir la fortuna a cualquier precio y habiendo partido de su casa con 250 dólares en el bolsillo había regresado en menos de 5 años con su primer millón.

BIOGRAFÍA DE ARISTÓTELES ONASSIS: En su pasaporte se decía que Aristóteles Sócrates Onassis nació en Salónica, Grecia, el 21 de septiembre de 1900. Pero la verdad es que «Ari» vino al mundo en EsmirAristóteles Sócrates Onassisna, el 20 de enero de 1906, y, para conseguir su primer empleo,- se añadió unos años, logrando la mayoría de edad antes de lo que le correspondía.

A los dieciséis años, con sesenta dólares en el bolsillo, llegó a la Argentina. Un compatriota, también refugiado en Buenos Aires, le buscó trabajo en una importante compañía telefónica anglo-argentina. Era un trabajo seguro, pero monótono, en total desacuerdo con el espíritu inquieto del joven y ambicioso Onassis.

Empezó a trabajar en el servicio nocturno y realizaba su tarea en dos horas; el resto del tiempo lo dedicaba a estudiar con atención todo lo referente a la Bolsa.

En 1925, Onassis empieza a ver realizada su primera meta. Se dedica a la importación de •tabaco brasileño y cubano y, al cabo de un año, tiene ahorrado en un Banco el primer millón de dólares de su vida. Cuatro años después, consiguió el pasaporte argentino, realizando, años más tarde, espaciadas visitas a dicho país para no perder la nacionalidad. Obviamente, Onassis aprendió a expresarse en castellano.

Como buen griego, Onassis sintió la llamada del mar y decidió hacerse naviero. Empezó con la compra de seis barcos. Eran los años de la gran depresión económica mundial y el griego se hizo con toda una flota (sobre todo petroleros) adquiriendo los ejemplares a precio de chatarra. Luego, los modernizó y le dio a su flota un poderío mundial. Por otra parte, se permitió «negocios-juguete», como la participación en el Casino de Montecarlo y la creación de las Líneas Aéreas Griegas. También construyó refinerías de petróleo y fábricas de aluminio y dejó inacabado un ambicioso proyecto turístico para las islas griegas.

Onassis dispuso de una fortuna calculada a grosso modo en unos 15.000 millones de pesetas. Cantidad a la que habría que añadir el valor de un inmenso patrimonio mobiliario (con verdaderas obras de arte).

Hombre caprichoso y amante de juergas, Aristóteles casó en primeras nupcias con Tina Lívanos (Niarchos), que fue madre de sus hijos: Alejandro (nacido en 1949, muerto en accidente de aviación en el 73) y Cristina (nacida en 1951 y muerta en 1988). Luego, mantuvo un tempestuoso idilio con la diva del «bel canto» María Callas (a la que compró con dinero el silencio de sus intimidades). Y, por último, encontró a la independiente y moderna Jackie.

A su fama de amante excepcional, no se le debe restar la de hombre golpeador. Más de una vez golpeó a sus prometidas en público y en muchas ocasiones ellas salieron a justificar su «carácter». El mismo lo hacía: «Todo griego, sin excepción, pega a su mujer. Eso es bueno para ellas. Las mantiene en forma». Una de sus primeras novias, Dedichen, reflexionaba: «Por muy extraño que parezca estos espasmos de violencia sin sentido parecían satisfacerlo… Podía salir de ellos sintiéndose tan relajado y feliz como si acabara de hacer el amor».

Adoraba ostentar. Que la gente creyera que su cama era tránsito obligado de mujeres eminentes. María Callas y Jackie Kennedy fueron, sin dudas, dos buenas muestras para exagerar en la lista. Aristóteles Onassis aplicaba en este rubro la misma lógica que para sus negocios: si mujeres famosas respondían públicamente a sus encantos invisibles, conseguiría que otras tantas sucumbieran sin mirar. Lo que podía lo compraba y lo que no lo inventaba.

Quiso a Eva Perón. Y lo cierto es que promediando la década del 50, no casualmente bajo la autodenominada Revolución Libertadora, Onassis se ocupó de hacer correr la versión de que había pagado 10.000 dólares para pasar una noche con Evita mientras ella se encontraba de visita en Italia, durante la famosa gira que hizo a Europa en 1947, cuando Perón era presidente.

JACKIE, LA ELEGIDA

Capricho, independencia. ¿Se conjugarían estos factores en un matrimonio feliz?

Lee Radziwill (divorciada) pudo haber sido, en 1963, la nueva esposa de Onassis, pero le presentó al armador a su hermana y aquél eligió: Jackie. En el verano de dicho año, ambos hicieron amistad en el transcurso de un crucero por las islas griegas. La señora Kennedy había sido invitada para reponerse de su última maternidad.

Hasta pasados cinco años, la ya viuda Jacqueline no volvió a pisar el yate del armador griego, quien aprovechó el final de un idilio entre Jackie y un lord inglés para proponerle a aquélla una ventajosa boda. Proyecto, al parecer, antiguo, pues en el verano del 63 Onassis se desvivió por atenderla y se rumoreó que la compra de Skorpios se hizo efecto porque a Jackie le gustó la isla.

Antes de dar la campanada casándose con el multimillonario griego, Jacqueline tuvo que salir al paso de diversos rumores sobre su vida sentimental. Unos, falsos, como los referentes a un posible romance con Antonio Garrigues y Díaz Cañábate, embajador español ante la Santa Sede y amigo personal de los Kennedy. Y otros rumores. bien fundados, como en el caso de lord Harlech.

A pesar de todo, el matrimonio se llevó a cabo en la recoleta isla de Skorpios el 20 de octubre de 1968, a las cinco y cuarto de una tarde lluviosa. La boda de Onassis y Jacqueline no tuvo caracteres fastuosos, pero bien pudo resultar la más cara del siglo. Ante todo, por el enorme aparato defensivo que se montó en la isla, destinado a mantener a raya a los miles de fotógrafos y representantes de la Prensa de todo el mundo. Al margen del pequeño ejército de guardaespaldas que habitualmente salvaguardaban las posesiones de Onassis.

El 6 de febrero de 1975, Onassis fue hospitalizado por problemas con su vesícula biliar. Fue operado y tras una larga convalecencia falleció con apenas cuarenta kilos de peso el 15 de marzo de 1975 en París. Fue enterrado en la isla de Skorpios, Grecia, junto a su hijo Alexandre que murió en un accidente de aviación en 1973. Su hija Cristina se convirtió en la mujer más rica del mundo.El casamiento con Jackie

La boda entre Jackie Kennedy y Onassis fue seguida por diarios y revistas con asombro y repulsión. Ella defraudaba a quienes la habían visto como una mujer de luto y de hielo, incorruptible, y él demostraba que era capaz de todo. Ella accedió a dar una conferencia de prensa el día anterior al casamiento para excusarse de no invitar a periodistas ni a grandes personalidades: «Queremos que nuestra boda sea una ceremonia privada rodeada solamente por los cipreses de Skorpios. Comprendan que, aunque las personas puedan ser muy conocidas, siguen teniendo en sus corazones la emoción de una persona sencilla ante cosas tales como el nacimiento, el matrimonio, la muerte», declaró la viuda del ex presidente norteamericano. El 20 de octubre de 1968 se realizó la ceremonia. «Ni se miraron ni se tocaron la mano una sola vez. Aquello se parecía mucho a un trato comercial», dijo uno de los invitados. Si bien Onassis se había cuidado de que la novia no se quedara con su herencia si él llegaba a morir antes, no había estipulado nada sobre los gastos que pudiera hacer en vida. Durante los años que estuvieron juntos, Jackie gastó en ropa, en joyas y en captichos, como si el mundo se fuera a derrumbar pronto. (Fascículo Nº13 de LEGADOS)

Skorpios, la isla de las fantasías: Las islas griegas, modestas, pueblerinas, religiosas se pusieron de moda en los años 70, después de que la pareja de Jacquie Kennedy y Aristóteles Onassis decidiera realizar en Skorpios la ceremonia de la boda. Jackie además adoptó esta isla privada de su esposo como lugar de residencia oficial. Luego, los fotógrafos la eligieron como marco perfecto para las fotos de Jackie desnuda que recorrieron el mundo. Como ya había hecho con su Casa Blanca, Jacqueline contrató a diseñadores y arquitectos para terminarle de dar el toque de distinción que le faltaba. Los turistas pueden pasar en barco y mirarla de lejos: una centena de guardias cuidan sus costas, aún hoy, de los curiosos.

UN PASAJE DE SU VIDA POR ARGENTINA:

Nos cuenta Diego M. Zigiotto, en su libro «Historias Encadenadas de Buenos Aires«, que en la década de 1920 , cuando Aristóteles era muy joven, trabajó de lavacopas en la cafetería La Real, fue también ayudante de tintorero, sereno, electricista, y poco meses como operador telefónico en la United River Plate Telephone Company. Este último trabajo estaba mal pago, pero tenía la ventaja de escuchar las conversaciones telefónicas que a él, le internaban, como eran los negocios que se pactaban o bien operaciones comerciales entre la gente mas pudiente de la ciudad.

Gran parte de su magro sueldo lo utilizaba para vestir la mejor ropa, y poder así relacionarse con la alta sociedad porteña en busca de un futuro mejor, objetivo que consiguió cuando hizo una pequeña inversión y comenzó a fabricar cigarrillos para mujeres, muy de moda por aquella época, importando hojas de tabaco de su Grecia natal, pues eran de mejor calidad que las traídas de Cuba.

Inicialmente las empresa fue un fracaso, pero su suerte cambio cuando pudo relacionarse muy pícaramente con Claudia Muzio una soprano italiana que estaba de visita en Bs.As. Ella comenzó a fumar en público  los cigarrillos de marca «Osman» y «Primeros», los cuales se pusieron de moda con lo que sus ingresos se multiplicaron notablemente. De esta manera Aristóteles hizo su primera fortuna (un millón de dólares) con la cual compró seis cascos viejos de barcos iniciándose en la industria naval, pero trabajando ahora en Grecia. A poco tiempo Onassis se convirtió, en el griego de oro, pues contaba con una de las mayores fortunas del mundo.

EL TESTAMENTO DE ARISTÓTELES ONASSIS:

Sobre Alexander
Si mi muerte se produce antes de que emprenda la creación de una institución cultural en Vaduz, Licchtenstein, o en cualquier otra parte bajo el nombre de Fundación Alexander Onassis, teniendo como propósitos, entre otros, explotar, mantener y promover tareas asistenciales, educativas, obras literarias, religiosas, investigaciones científicas periodísticas y artísticas, convocando concursos internacionales y nacionales, con concesión de premios en metálico, similar al plan de la Institución Nobel en Suecia, confío y ordeno a los ejecutores de mi testamento abajo citados que establezcan tal tipo de institución cultural.

Sobre Jacqueline
Habiéndome cuidado ya de mi esposa Jacqueline Bouvier y habiendo obtenido un acuerdo por escrito ante notario en los Estados Unidos, por el que ella renuncia a sus derechos hereditarios sobre mi herencia, limito la participación de ella y de sus dos hijos John y Caroline, a unos ingresos vitalicios de 150.000 dólares por año. Ordeno a los ejecutores de mi testamento y al resto de mis herederos que se nieguen a admitir tal derecho a través de todos los medios legales, con cargo a la herencia de los costes y gastos que puedan producirse. Si a pesar de estos esfuerzos, la recusación de mi esposa tuviera éxito, sólo podrá quedarse con el 12,5 por ciento de las propiedades totales, el mínimo permitido según las leyes.

Sobre su empresa
Se crearán a partir de mi muerte dos compañías. Una de ellas concentrará todas mis propiedades y la otra que no contendrá más que las acciones que produzca la primera compañía. Christina será la heredera principal de la primera. El control de la segunda queda a cargo de la Fundación Alexander Onassis. El consejo directivo, además de tener su sueldo mensual, tendrá una compensación de 30.000 dólares anuales si y sólo si no renuncia a la organización. (…) Se continuarán los negocios como se han realizado hasta el presente. Se reinvertirá solamente la mitad de las ganancias netas y no se venderá un solo barco capaz de producir un beneficio. Jamás esta empresa deberá fusionarse con una empresa con intereses exteriores.

Sobre el «Christina» y Skorpios
Mi yate, el «Christina», puede ser conservado para su uso personal por mi hija y mi esposa, si así lo desean. Pero si no quieren gastar en su mantenimiento, los 500.000 dólares anuales correspondientes deben sacar de allí todos los objetos que les agraden, sustituirlos por copias y entregar el barco al tesoro griego para uso de todos los líderes del Estado griego.
Si mi esposa y mi hija no llegan a un acuerdo sobre cómo utilizar mi isla de Skorpios deberán entregarla a la Olympic Airlines como «zona residencial de vacaciones». Aunque la zona de doce hectáreas que rodea la tumba de Alexander debe mantenerse inviolada como un monumento.

Boda Real: Grace-Rainiero

Fuente Consultada: Fascículo Nº13 de Pagina 12 – LEGADOS – Aristóteles Onassis – de Liliana Viola

John Kennedy

Jacqueline Bouvier

Aristóteles Onassis

Elvis Presley

Biografia de Osama Bin Laden Terrorismo de Al Qaeda Talibane

Biografia de Osama Bin Laden

Aunque haya sido un hombre del siglo XX su inspirador, en el futuro el siglo XXI se estudiará abriendo el capítulo del atentado de las Torres Gemelas de Nueva York, en el primer año de este nuevo siglo, exactamente un negrísimo 11 de septiembre de 2001. Pero este hombre, Osama Bin Laden, no sólo será recordado como el inductor de tan sangriento suceso, sino como responsable de toda una vuelta atrás de los, hasta aquella fecha siniestra, continuos avances de libertad y progreso en el llamado primer mundo.

Prácticamente invisible, la primera potencia mundial ha sido incapaz de dar con él y de destruir su organización, por más que machacó a todo un país, Afganistán, con el único objetivo de capturarlo. Los aviones y sus suicidas, a su vez asesinos masivos, al destruir las dos torres de Manhattan, daban oportunidad a las fuerzas regresivas para imponer su mano dura por doquier, además de iniciar una nueva clase de guerra en la que el enemigo es invisible pero no inocuo, ya que su mensaje mortal puede llegar por cualquier medio, a cualquier hora y en cualquier lugar.

Osama Bin Laden

BIOGRAFÍA DE BlN LADEN, OSAMA Activista islámico saudí (Riyadh, 1957). Desde 1979 apoyó financieramente  a los talibanes, el sector más extremista del movimiento guerrillero afgano, en su lucha contra la URSS.

En 1988 fundó el grupoo Al Qaeda («La Base») con el objetivo de emprender la guerra santa. Desde 1991 orientó sus actividades contra los intereses estadounidenses y estableció  bases operativas en Sudán, Pakistán y Afganistán, país que convirtió en su lugar de residencia desde 1995. Implicado en varios atentados desde 1993, se le considera responsable de la organización de los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE. UU.

EL HECHO TERRORISTA QUE HACE FAMOSO A BIN LADEN
Uno de los actos terroristas más destructivos tuvo lugar el 11 de septiembre del 2001 en Estados Unidos. Cuatro grupos de terroristas secuestraron igual número de aviones comerciales después de abordarlos en Boston, Newark y Washington, D.C.

Los secuestradores dirigieron dos aviones directamente contra las torres del World Trade Center de la ciudad de Nueva York, causando su derrumbe así como de otros inmuebles colindantes. Un tercer avión fue estrellado en el Pentágono, cerca de Washington, D.C. El cuarto, aparentemente dirigido hacia Washington, se estrelló en un área aislada de Pennsylvania, según parece como resultado de un intento de un grupo de heroicos pasajeros que frustraron a los terroristas. En total, más de tres mil personas murieron, incluyendo todos los pasajeros y la tripulación de los cuatro aviones.

ATAQUE DE BIN LADEN, torres gemelas

El 11 de septiembre fue la consecuencia más trágica de los errores cometidos por soviéticos y norteamericanos en Afganistán. Los atentados cumplieron un sueño que los radicales islámicos nunca pensaron llegar a hacer realidad, y en ese sentido se demostró, después de una investigación cuyo informe abarca más de diez mil folios, que las grandes catástrofes son siempre hijas de pequeñas equivocaciones en cadena.

Estos actos de terror coordinado fueron realizados por secuestradores vinculados con la organización terrorista internacional al-Qaeda, dirigida por Osama Bin Laden. Originario de Arabia Saudita, Bin Laden usó la fortuna que heredó para establecer una serie de campos de entrenamiento terrorista en Afganistán, bajo la protección de los gobernantes fundamentalistas islámicos conocidos como talibanes.

Bin Laden también es sospechoso de haber dirigido los atentados terroristas previos contra Estados Unidos, incluyendo el bombardeo de dos embajadas en África en 1998 y un ataque contra el navío militar USS Colé, en 2001.

De esta manera se inicia un nuevo tipo de guerra, cuyo enemigo ahora es «invisible» porque puede estar en cualquier parte del mundo y puede a la vez recurrir a cualquier arma. Aquella guerra convencional, como la guerra fría, en donde había dos bando bien definidos y con bases distribuidas mundialmente pero de conocida localización, pasó a la historia, ahora este tipo de ataque inesperado, despertando la sorpresa generó una especie de miedo colectivo, que obligó a EE.UU. a aumentar los controles en aeropuertos, carreteras y espacio públicos de una manera jamás conocida.

La democracia estaba en juego, y había sido jaqueada por un pequeño grupo de hombres desconocidos con mínimos recursos. Estos hombres, ahora talibanes habían logrado herir a Estados Unidos en el corazón de su sistema financiero y militar, y esta operación había sido preparada y organizada por un viejo aliado de EE.UU. en la guerra contra Rusia, este hombre era: Osama Bin Laden.

Osama bin Laden nació en 1957, en Arabia Saudí, en el seno de una acaudalada familia de origen yemení y sirio. Su padre levantó un pequeño emporio económico gracias a la construcción y a sus vínculos personales con la familia real saudí, imperio que por extensión incluía muchos negocios en el extranjero, en particular en Estados Unidos.

A diferencia de la mayoría de sus hermanos, el joven Bin Laden demostró desde pequeño un marcado interés por los temas religiosos: soñaba con ser un musulmán digno, y en la universidad se integró en los Hermanos Musulmanes, organización mitad religiosa, mitad terrorista.

Cuando los soviéticos invadieron Afganistán, Bin Laden tenía veintidós años, y su activismo religioso lo llevó como voluntario a ese país para combatir, más que al invasor, al infiel que manchaba las tierras del islam. Desde luego que un hijo de la familia Bin Laden no era un soldado más, sino un importante dirigente, por su apoyo financiero, de los miles de combatientes musulmanes que luchaban contra la presencia comunista en Afganistán.

Según el experto en Oriente Próximo Hazhir Teimourian, Bin Laden fue entrenado por la CIA como otros muchos combatientes en su lucha con los soviéticos, pero esta información no ha sido confirmada por otras fuentes.

Con el dinero de su familia, su natural carisma y su fervor, Bin Laden se convirtió en un líder rebelde importante, con capacidad autónoma para reclutar militantes en la guerra contra los soviéticos. Según muchas de sus biografías, abrió una casa de huéspedes en Peshawar, Pakistán, que fungía como base y primera escala de los muyahidines en su ruta a Afganistán. Pero pronto vio la necesidad, desbordado de voluntarios, de trasladar su base de reclutamiento a campamentos en las montañas afganas. Bautizó a este grupo de reclutas con el nombre árabe de al-Qaeda, que significa «la base».

Después de la retirada soviética, en 1989, los «árabes afganos», como se llamaba a los combatientes movilizados por la red al-Qaeda, regresaron a sus países de origen, entrenados, con experiencia de guerra y listos para pelear contra el infiel en cuanto se les requiriera. Éste es el origen de la estructura horizontal de al-Qaeda y una de las dificultades básicas para su eliminación.

Osma Bin Laden

Su fortuna personal, calculada en más de 300 millones de dólares (328 millones de euros), ha servido para financiar campos de entrenamiento para terroristas en Sudán, Filipinas y Afganistán y, según el Departamento de Estado americano, para enviar tropas de guerreros fundamentalistas al Norte de África, Chechenia, Tayikistán e, incluso, Bosnia.

Osama Bin Laden volvió a su país natal, Arabia Saudí, en 1991, para reintegrarse a los negocios familiares de la construcción como un miembro más, si bien exaltado y excéntrico, del clan Bin Laden. Pero su destino cambió cuando el gobierno saudí permitió a los soldados de la coalición encabezada por Estados Unidos entrar en su territorio y desde allí atacar a Sadam Husein en reprimenda por la invasión de Kuwait. En su lógica fanática, el territorio sagrado del islam, que alberga las ciudades santas de La Meca y Medina, había sido mancillado por el impío Satán estadounidense.

Presionado por los servicios secretos saudíes, huyó de Arabia y se instaló en Sudán, donde viviría durante un lustro, planeando toda clase de acciones terroristas contra los norteamericanos y los israelíes. El gobierno de Sudán resolvió expulsarlo, ante la evidencia flagrante de sus acciones y por la presión del gobierno norteamericano. Fue entonces cuando se trasladó definitivamente a Afganistán y lanzó una fatwa contra Estados Unidos e Israel en la que alentaba a los musulmanes del mundo a lanzarse a la yihad contra estos poderes impíos.

Visto con perspectiva, si bien es verdad que nadie podía saber que el 11 de septiembre sería como fue, resulta evidente que solamente hay una circunstancia más poderosa que la capacidad de entender en los seres humanos: la estupidez crónica basada en la prepotencia.

DATOS DE OSAMA BIN LADEN
Fecha de nacimiento: 10 de marzo de 1957, Riad, Arabia Saudita
Fecha de la muerte: 2 de mayo de 2011, Abbottabad, Pakistán
Cónyuge: Amal al-Sadah (m. 2000–2011),
Hijos: Omar Osama bin Laden, Saad bin Laden
Hermanos: Yeslam bin Ladin, Bakr Bin Laden, Salem Bin Laden, Tarek bin Laden
Padres: Hamida al-Attas, Mohammed bin Awad bin Laden, Muhammad al-Attas

Fuente Consultada: Paren El Mundo Que Me Quiero Enterar Antonio Navalón

AFGANISTÁN

Un país montañoso y sin salida al mar, Afganistán ha sufrido de tanta inestabilidad y conflictos durante su historia moderna, que su economía e infraestructura están en ruinas y muchos afganos viven como refugiados. El país también es afligido por calamidades naturales como terremotos y sequías.

Por su estratégica posición -entre el Medio Oriente, Asia Central y la India, a lo largo de la llamada Ruta de la Seda- Afganistán ha sido históricamente un zona codiciada, pese a su difícil geografía.

El país estuvo en el centro de lo que se en el siglo XIX se conoció como el «Gran Juego», cuando la Rusia imperial, el imperio británico y la India se lo disputaban.

En 1979 se convirtió en un campo de batalla clave en la Guerra Fría, luego de que el ejército soviético lo invadieran para apoyar un régimen que estaba a favor del comunismo.

Los muyahidines (guerreros santos) afganos iniciaron la guerra santa o yihad, contra los invasores, una noción que -según la revista británica The Economist– estaba casi extinta desde el siglo X en la cultura islámica.

En los años siguientes, la yihad fue revivida con la ayuda de la CIA y los servicios de inteligencia de Arabia Saudita, quienes proporcionaron miles de millones de dólares en armas y munición a los muyahidines a través de los servicios de inteligencia pakistaníes.

Sin embargo, luego de la retirada de las tropas soviéticas en 1989, el mundo exterior eventualmente perdió interés en Afganistán, mientras a nivel interno continuaba la prolongada guerra civil, ahora alimentada por facciones muy bien armadas y extremismo religioso.

Un tercio de la población afgana ha abandonado el país. Cerca de un millón de refugiados se encuentran en campamentos en Pakistán, muchos de ellos ubicados a pocos kilómetros de la frontera afgana.

El surgimiento del grupo Talibán -originalmente un grupo de estudiosos del Islam- produjo un poco de estabilidad luego de casi dos décadas de conflicto.

Sin embargo, su interpretación radical del islamismo ha atraído crítica generalizada, incluso dentro del mundo musulmán.

Al grupo Talibán -de mayoría pashto- se oponen una alianza de facciones llamada Frente Unido o la Alianza del Norte, integrada por minorías con asiento en el norte del país.

En la actualidad, aunque el Talibán controla el 90% de Afganistán, sólo tres países lo reconocen como el gobierno legítimo, entre ellos Pakistán.

El grupo Talibán también se encuentra enfrentado con la comunidad internacional por darle refugio al multimillonario Osama bin Laden, de origen saudita.

Bin Laden, a quien se responsabiliza de los atentados contra embajadas estadounidenses en África en 1998, es el principal sospechoso de los atentados contra las Torres Gemelas del World Trade Center, en Nueva York, y del Pentágono, en Washington.

LOS TALIBANES.
La batalla por unificar Afganistán

La milicia talibán controla el 90% de Afganistán, pero sólo Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos reconocen su soberanía. En el resto del mundo es unánime la condena de este régimen fundamentalista que se ha hecho famoso por la violación sistemática de los Derechos Humanos, especialmente los de las mujeres.

¿Cuál es el origen de los talibán?
Talibán o talebán es el plural de la palabra persa telebeh, que puede traducirse como buscador de la verdad. Los talibán surgieron en septiembre de 1994 de las escuelas coránicas –madrasas– de Kandahar (Afganistán), Queta, Karachi y Lahore (Pakistán).

Esta milicia estaba formada por jóvenes de etnia pastum y religión suní, mayoritarias en Afganistán. Apoyados por los servicios secretos paquistaníes, se lanzaron a una guerra santa para poner fin al caos étnico y religioso en que había quedado Afganistán tras la retirada de las tropas del Ejército soviético. El objetivo de las milicias talibán era, por lo tanto, unificar y homogeneizar cultural y religiosamente Afganistán.

¿Por qué consiguieron llegar al poder?
Porque su mensaje de paz y estabilidad para superar la división del país cuajó entre una población cansada por 15 años de guerra y sufrimientos. En sus éxitos militares también tuvo gran importancia el apoyo militar y financiero de Pakistán y Arabia Saudí, así como su táctica de convencer a los señores de la guerra locales en base a la necesidad de unir a todos los musulmanes de Afganistán.

Desde que conquistaron Kabul -la capital afgana-, solamente tienen la oposición de las minorías étnicas y religiosas: los uzbecos turcos, que lidera el general Dostum, los tayikos persas dirigidos por el comandante Ahmad Masud, hazaras de religión chií y lengua persa, e ismailíes, también de religión chií.

¿Cuál es su diferencia con estos grupos afganos?
En su afán por unir y estabilizar el país, rechazan las aspiraciones de estas minorías étnicas y religiosas que, aunque también son integristas, exigen un mapa político más plural que el ofertado por los talibán y tienen una interpretación menos rígida del Islam, de la cultura, la educación y sobre la inserción de la mujer en la vida social. Frente a la uniformidad de los pastumes talibán, los otros pueblos aceptarían un modelo de Estado con más autonomía cultural y política.

Osama fallece el 1 de mayo de 2011, cuando una ataque militar organizado junto a las fuerzas de Pakistán , desde cinco meses antes, logran penetrar su mansión y dar con su centro de operaciones.

Batalla Tours o Poitiers Breve Descripción

Batalla Tours o Poitiers

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia.

Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto. Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)
En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres. Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.

Batalla de Poitiers Expansion del islamismo en Europa Martel Tours

Batalla de Poitiers Expansión del Islamismo

La Batalla de Tours (también conocida como batalla de Poitiers) tuvo lugar el 10 de octubre de 732 entre las fuerzas comandadas por el líder franco Carlos Martel y un ejército islámico a las órdenes de Al-Ándalus Abderrahman ibn Abdullah Al Gafiki cerca de la ciudad de Tours, en la actual Francia. Durante la batalla, los francos derrotaron el ejército islámico y Al Gafiki resultó muerto.

Esta batalla frenó la expansión islámica hacia el norte desde la Península Ibérica y es considerada por muchos historiadores como un acontecimiento de importancia macrohistórica, al haber impedido la invasión de Europa por parte de los musulmanes y preservado el cristianismo como la fe dominante durante un periodo en el que el islam estaba sometiendo los restos de los antiguos imperios romano y persa, expansión que comenzó en el 632 tras la muerte de Mahoma.

Batalla de Tours (732)

En 732, un gran ejército árabe cruzó los Pirineos e invadió Francia dirigido por el Yemenite Abd-ar-Rahman. Venció un reino rebelde musulmán que estaba gobernado por Berber Othman y luego, extendiéndose hacia el norte, derrotó a las fuerzas de Eudo, duque de Aquitania, aliado del anterior.

Eudo, derrotado, se vio forzado a solicitar ayuda a su enemigo encarnizado, Charles Martel, quien cooperó con él porque los invasores estaban penetrando más en el norte, dejando detrás de ellos ciudades y monasterios saqueados.

Los árabes avanzaron cerca del corazón de Francia, atraídos por los ricos monasterios deSt. Halaire y St. Martin. Después de destruir el primero, tomaron el camino romano hacia Tours y en alguna parte del sur de la ciudad, se encontraron con Charles y su ejército franco.

Durante siete días los dos ejércitos permanecieron frente a frente sin entrar en acción: los francos esperaban refuerzos y los árabes trataban de transportar su botín a lugar seguro. Luego éstos atacaron. Con un refuerzo de 30.000, Charles dispuso a sus tropas en orden de batalla para rechazar la carga árabe. Eran, en su mayor parte de infantería, estaban armados pesadamente con espadas, hachas, jabalinas y una pequeña hacha arrojadiza que llamaban «la francisca».

El ejército árabe totalizaba alrededor de 80.000 personas y estaba compuesto enteramente por caballería ligera que, como era extremadamente veloz, confiaba en la lanza y en la espada. Tenía dos posibilidades : atacar o plegarse en retirada hacia el sur sin luchar. Rechazaron la idea de huir ante un grupo tan pequeño, y por lo tanto cargaron contra las líneas francas.

Los francos recibieron con resolución a los musulmanes y resistieron a los ataques sucesivos que buscaban su punto débil. Ellos eran como una muralla contra la que los enemigos se rompieron en pedazos.

Cuando las fuerzas de los árabes se desvanecieron, contraatacaron; en tanto, el flanco musulmán era castigado por el vengativo Eudo y sus hombres.

Abd-ar-Rhaman fue asesinado mientras trataba de recobrar su desecho grupo y al día siguiente, los francos descubrieron ú campamento enemigo desierto, excepto por su cadáver y el botín abandonado.

Charles ganó el nombre de «Martillo» y Francia nunca más fue nvadida por los árabes. Un fracaso en Tours, aunque los árabes sólo habían llegado a hacer una incursión, hubiera dado comienzo a otras invasiones más importantes.

Como era de esperar, la muerte de Abd-ar-Rahman acarreó una revuelta entre los bereberes que destruyó la unidad árabe.