Identidad Nacional

La Semana Tragica Resumen Huelga de Obreros Liga Patriotica Yrigoyen

LA LIGA PATRIÓTICA EN LA SEMANA TRÁGICA

LA SEMANA TRÁGICA: La huelga iniciada en diciembre de 1918 en. los talleres metalúrgicos Pedro Vasena e HIJOS (ubicados en el barrio de Nueva Pompeya), por obreros que pretendían mejoras en sus condiciones de trabajo y salarios, finalizó con un conflicto sindical generalizado. La industria metalúrgica buscaba bajar costos puesto que la guerra la había afectado profundamente (dependía de la importación de carbón y de materias prima de alto precio). El saldo de esta Semana Trágica será de centenares de muertos y miles de heridos y la sensación de que el poder oligárquico y sus brazos armados estaban intactos, vigilando al resto de la sociedad. Estas huelgas fueron la expresión de una clase obrera que carecía de los derechos básicos y que no participaba de la prosperidad del granero del mundo.

ANTECEDENTES: Cuando Yrigoyen asumió la presidencia de la nación, la ciudad de Buenos Aires contaba con más de medio millón de obreros. Aproximadamente la mitad estaba ocupada en el sector industrial y La mayor parte vivía en el sur de la ciudad. Una multitud de talleres y de pequeñas industrias poblaban los barrios obreros de Nueva Pompeya, Barracas y La Boca, mientras que, en la provincia de Buenos Aires, Avellaneda se destacaba por la presencia de los trabajadores de los frigoríficos. De acuerdo con David Rock, esta “concentración geográfica contribuyó a la formación de una cultura de la clase obrera”, es decir, de valores, costumbres e ideales compartidos. En ese marco, la aspiración a una sociedad más justa, en la que no existiera la explotación del hombre por el hombre, constituía un elemento importante.

Durante las primeras décadas del siglo, socialistas y anarquistas habían competido para ganarse la adhesión de los trabajadores. El presidente Yrigoyen, lejos de ignorar esta realidad, intentó modificarla mediante el afianzamiento de un nuevo tipo de relación entre el Estado y la clase obrera urbana, Desde su punto de vista, el Estado debía ser un arbitro de los conflictos entre los empresarios y los trabajadores.

Por consiguiente, la represión debía sustituirse por la negociación entre las partes. No en vano, como ha señalado Alain Rouquié, “algunos con placer y otros horrorizados, pudieron ver por primera vez a un presidente de la República recibir delegaciones de obreros en la Casa Rosada”. Muchos sintieron la misma sorpresa al observar el respaldo del presidente a las reivindicaciones laborales de los portuarios de Buenos Aires o de los ferroviarios de Rosario, en 1917.
Los trabajadores, pese a la favorable actitud inicial de Yrigoyen, vivían tiempos difíciles por tres motivos centrales:

La inflación. La reducción de las importaciones generada por la Primera Guerra Mundial favoreció el aumento de los precios de los artículos de consumo.

La desocupación. La pérdida de mercados provocada por la guerra repercutió sobre la actividad económica y aumentó el número de desocupados, situación que comenzó a revertirse al finalizar el conflicto.

Los bajos salarios. Mientras mayores eran la desocupación y, por lo tanto, la demanda de empleo, mayor era la facilidad de los empresarios para minimizar sus gastos en el pago de la mano de obra.

Causas de la Gran Huelga: La guerra había afectado gravemente a la industria metalúrgica argentina, dado que su funcionamiento dependía de suministros provenientes del exterior. Para atenuar la crisis, la empresa metalúrgica Vasena, ubicada en el barrio obrero de Nueva Pompeya, decidió reducir el “costo laboral”: bajó el salario en un 50% y contrató a mujeres y niños. Los trabajadores respondieron a estas medidas con una huelga, que fue también secundada por trabajadores de otros gremios de la capital y de todo el país.

Incendio provocado en los talleres metalúrgicos de Vasena, ubicados en Urquiza e Independencia. En enero de 1919, una huelga realizada por los obreros de los talleres metalúrgicos Vasena —en demanda de una jornada laboral de ocho horas y el pago de horas extras— se extendió a otras fábricas de la Capital Federal. Presionado por los empresarios metalúrgicos, el gobierno decidió imponer el orden enviando primero a la policía y después al ejército, que reprimieron a los trabajadores. Los enfrentamientos se sucedieron durante varios días y hubo alrededor de cien muertos. Estos hechos fueron recordados como la Semana Trágica.

La empresa Vasena contrató “rompehuelgas”, que contaron con el apoyo de la policía y de grupos civiles armados, quienes se dedicaron a perseguir, golpear, detener o asesinar obreros. Estos civiles habían recibido armas en el Club Naval que presidía el contralmirante Domecq García y, pronto, a fines de enero, estrenaron sigla propia: Liga Patriótica Argentina. Sobre sus integrantes recayó parte importante de la responsabilidad por los asesinatos, cuyo número oscila entre 1000 y 2.000, según las fuentes.

Entre las víctimas de la Semana Trágica, nombre que recibió a causa los numerosos muertos) había también inmigrantes europeos, quienes fueron acusados de querer promover una revolución social. Tras la tragedia Yrigoyen dispuso la libertad de los todos los obreros detenidos y favoreció un aumento salarial para los obreros de los talleres Vasena. Pero los hechos habían revelado la impotencia del gobierno para controlar la situación.

Miembros de la Liga Patriótica. Durante la Semana Trágica surgió la Liga Patriótica, una organización integrada por miembros de la élite que declaraban defender el orden social y la nacionalidad más pura del país. En grupos armados, recorrían las calles de la ciudad en sus autos, protegían a los rompehuelgas y fueron muy activos en la represión de la huelgas.

PARA SABER MAS…
Crónica de la Época I
La Semana Trágica Por Juan Suriano Historiador
Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

[…] A comienzo de diciembre de 1918 los trabajadores de la empresa declararon huelga luego de que la patronal rechazara el pliego de condiciones en el que se reclamaban mejores condiciones en el trabajo: aumento de salarios, jornada de ocho horas, pago de las horas suplementarias y la supresión del trabajo a destajo.

A medida que pasaban los días el conflicto se fue agravando. Los huelguistas establecieron piquetes en los alrededores del establecimiento para evitar la entrada de esquiroles contratados por la empresa que, a la vez, dispuso apostar en el interior de la planta una guardia armada y matones de la ANT que no hicieron más que encrespar los ánimos de unos trabajadores que chocaban, una vez más, contra la intransigencia patronal.

El 3 de enero, justo un mes después de iniciada la huelga, se produjo un duro enfrenta-miento entre los trabajadores y los guardias armados que precipitó los acontecimientos. Los manifestantes intentaban ingresar a la fábrica y en la refriega fue muerto de una puñalada un inspector de policía que intentaba calmar los ánimos.

El 7 de enero cuatro huelguistas fueron muertos por las fuerzas policiales cuando intentaban impedir que los conductores de chatas contratados por Vasena entraran y sacaran mercadería de los depósitos de la empresa ubicados en Nueva Pompeya. Los trágicos sucesos provocaron una profunda indignación en el mundo del trabajo y las dos federaciones gremiales así como las organizaciones sindicales del socialismo decretaron una huelga general para el 9 de enero.

Desde el día anterior los obreros muertos eran velados en una sede del Partido Socialista de la zona y el 9 la huelga fue creciendo y a lo largo de la jornada alcanzó una notable efectividad a partir del paro de transportes que paralizó la ciudad. Desde el mediodía el cortejo fúnebre se puso en marcha dando lugar a una impresionante manifestación durante la cual se produjeron numerosos incidentes. Ya en el cementerio de la Chacarita los muertos no pudieron recibir sepultura pues una feroz represión de las fuerzas del orden provocó alrededor de veinte muertos. Los manifestantes huyeron pero durante la noche se reagruparon en distintos lugares de la ciudad multiplicándose los disturbios.

Con la masacre de la Chacarita el gobierno de Yrigoyen, que al comienzo se mostró permisivo con los huelguistas, decidió finalmente reprimirlos duramente. Puso al frente de las tropas al general Dellepiane, que ocupó y militarizó la ciudad. No obstante, la huelga continuó y el 10 de enero la ciudad de Buenos Aires se hallaba paralizada. Entonces se desató una verdadera “caza del hombre” por parte de fuerzas del orden y grupos paramilitares de civiles que persiguieron a los militantes así como atacaron y destruyeron locales gremiales y políticos representativos del movimiento obrero.

Pero la brutalidad represiva no se detuvo allí sino que se ensañó con los bienes e instituciones judías de los barrios de Once y Villa Crespo. Estas bandas civiles golpearon e incluso asesinaron a mansalva a miembros de la colectividad judía, quemaron sus bibliotecas y sinagogas y destruyeron varias viviendas ante la pasividad policial. Pocos días después el movimiento estuvo derrotado y los grupos que formaron los comandos civiles fundaron la tristemente célebre Liga Patriótica Argentina.

Períodico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929

Primeras Cortesanas en Buenos Aires en el Siglo XIX Negocio con Rameras

HISTORIA DE LAS PRIMERAS DAMAS DE COMPANIA EN BUENOS AIRES

En 1870 y años siguientes, la importación de mujeres europeas con destino a los burdeles de Buenos Aires se intensificó. Una publicación, El Puente de los Suspiros, enarboló durante su breve trayectoria la lucha contra este tráfico, denunciando a los rufianes y tratantes interesados en ese comercio. Pero esta campaña periodística despertaba sospechas sobre su sinceridad. Sin embargo, Ramón Guerrero, su director, aportó datos valiosos sobre este tema, del cual poco se sabía en una época tan temprana como la que se menciona.

damas de la calle en bs.as.

INTRODUCCIÓN: La ciudad de Buenos Aires era un centro importante de este antiguo comercio, conocido en los principales países de Europa, de donde venían sus oficiantes, para quedarse en la ciudad o distribuirse en su territorio o en países vecinos. Era un hecho que ningún gobierno ignoró ni pudo regular eficazmente.

En 1919, la Municipalidad dictó un nuevo marco regulatorio, como consecuencia de recíprocas concesiones entre la Intendencia Municipal y el Concejo Deliberante, que resultó un fracaso. El escándalo de la Zwi Migdal en 1930 lo demostró en toda su crudeza.

En diciembre de 1930, el intendente Guerrico, considerando a la ciudad como un centro internacional de la trata de blancas, dispuso que la Municipalidad no controlara los burdeles, reconociendo que carecía de poder suficiente frente a los sobornos y las amenazas.

Pero ese decreto municipal no llegó a ejecutarse, y seguía rigiendo la ordenanza de 1919, hasta que en el año 1934. la ordenanza 5412 dispuso el cierre de esos establecimientos a partir del 31 de diciembre, dos años antes de que el Congreso Nacional sancionara la ley 12.331, de profilaxis antivenérea.

El peligro del contagio venéreo que pudiera propagar la prostituta a pesar de los controles médicos a que debía someterse regularmente y que era el principal fundamento de la reglamentación se reemplazó con la obligación municipal de proporcionar asistencia gratuita a toda persona afectada por enfermedades venéreas. Esta había sido la permanente posición del Partido Socialista, liderado en este asunto  por el doctor Ángel Giménez.

Conforme a esta ordenanza y a la resolución del Concejo (B. M. 3869). el intendente Vedia y Mitre ordenó destruirse de inmediato todos los antecedentes y datos personales sobre mujeres que ejercían esa actividad, para evitar que fueran objeto de extorsiones cuando se dedicaran a ejercer alguna actividad lícita. Sólo serían infractoras a la ordenanza aquellas personas que en sitios públicos incitaran al libertinaje, cuyo concepto precisó por decreto del 27 de diciembre de ese año de 1934/20

HISTORIA:  La compra y venta de mujeres europeas para su explotación en los prostíbulos de Buenos Aires, el tráfico clandestino y la llegada de estas jóvenes que, conscientes o no de su futuro, eran seducidas con la promesa cierta de vivir en una de las ciudades más prosperas de aquellos días, fue para muchos una inagotable fuente de ingresos económicos.

En 1878 hace su aparición El Puente de los Suspiros, un periódico que decía combatir la trata de de blancas. En pocos meses fue prohibido por la Municipalidad, siendo toda su campaña desbaratada. Pasarán más de 50 años y miles de crímenes antes que las autoridades investiguen y castiguen esta nueva forma de esclavitud….

Para mediados de la década de 1870, Buenos Aires era tina bulliciosa ciudad con unos 200.000 habitantes hasta ese entonces, la prostitución había sido considerada como un problema menor. La autoridad ejercía su poder en forma discrecional, y cualquier mujer sospechada de vida licenciosa podía ser encarcelada o enviada a la frontera para servir a las necesidades de la tropa.

La cada vez mayor inmigración, y la gran cantidad de extranjeros solteros que llegaban a la ciudad, hizo imprescindible la búsqueda de un medio de control social que a la vez contuviera el desarrollo de las enfermedades venéreas. Por tal razón, el 5 de enero de 1875 se dictó la ordenanza reglamentaría sobre la prostitución.

Los casinos y confiterías donde se ejercía la prostitución, que hasta ese momento habían funcionado por la autorización del presidente municipal, debían registrarse o serían clausurados. El registro incluía una patente anual de 10.000 pesos m/c por establecimiento y 100 pesos m/c por cada prostituta. Muchos optaron por la clandestinidad.

Las nuevas casas de tolerancia debían esta menos de dos cuadras de templos, teatros o escuelas (art. 5). Ser regenteadas exclusivamente por mujeres (art. 3). Estas regentas debían llevar un libro en el cual se anotaban los datos personales de las mujeres que trabajaban en la casa (artículo 13). Los miércoles y los sábados, un médico inspeccionaría a todas las prostitutas, anotando los resultados en el libro y elevando un parte de éstos a la Municipalidad. Si la prostituta enfermaba de sífilis, debía ser atendida en la casa por cuenta de la regenta, y sólo en casos avanzados eran derivadas al hospital (artículos 15, 17 y 18). Esta diferenciación  entre los estados de desarrollo de la enfermedad y el ámbito de tratamiento, provocó que muchas mujeres siguieran trabajando aun estando enfermas.

Con temeraria rapidez eran dadas de alta como curadas mujeres a las que el mes anterior se les había diagnosticado ulceraciones venéreas. Otras, como Juana Harr o Ida Bartac, estaban imposibilitadas, de ofrecer sus servicios dado que figuraban como enfermas venéreas tanto en los libros como en los partes médicos. Esto no impidió que  primera siguiera prostituyéndose hasta quedar embarazada cinco meses después de haber sido diagnosticada su enfermedad, y la segunda hiciera lo mismo pero luego de figurar dieciocho meses consecutivos como enferma de carácter sifilítico.

La reglamentación, que adolecía de mucho defectos y en la mayor parte de los casos no en espetada, seguía ordenando que las prostitutas debían ser mayores de 18 años, a no ser que probaran que antes de esa edad se habían entregado a prostitución (art. 9). Este artículo se contraponía con el Código Civil, el cual daba la mayoría de edad a los 22 años.

La incongruencia llegaba al grado de permitirles el comercio sexual, pero les negaba la posibilidad de casarse sin el consentimiento de los padres.

Los tratantes de blancas y las casas autorizadas fueron los mayores beneficiados, ya que casi la totalidad de las pupilas que ingresaban eran menores de edad. Las mismas no podían mostrarse en la puerta de calle, ni en ventanas, ni en balcones. Debían encontrarse en la casa dos horas después de la puesta del sol, y llevar una fotografía con sus datos y los de la casa de tolerancia donde trabajaban (art. 10).Estas mujeres fueron las que debieron cargar el mayor peso represivo sobre sus libertades.

El reglamento, que facilitaba y proponía su inscripción en los registros de la prostitución, les impedía abandonar el prostíbulo y el oficio con la misma facilidad. Según el artículo 12: “Las prostitutas que dejen de pertenecer a una casa de prostitución quedarán bajo la vigilancia de la policía mientras no cambien de género de vida…”.

De haber huido de su encierro, les hubiera sido muy difícil dedicarse a otro oficio ya que a la persecución de la policía había que agregar que “todos los que a sabiendas admitieren en su casa particular ó de negocio en calidad de inquilina, huésped, sirvienta ú obrera cualquier mujer que ejerciere la prostitución, pagarán una multa de 1.000 $ m/o (…). Se considerarán sabedores los que permitan que una prostituta continúe en su casa tres días después de ser prevenidos por la autoridad (art. 24).

Este hecho, sumado a las altas patentes y a los controles médicos, originó que las mujeres argentinas, españolas e italianas, que hasta ese entonces habían trabajado en los lupanares de la ciudad, prefirieran seguir su labor clandestinamente en bares, cigarrerías y fondas. Y que las extranjeras de países no latinos, prostitutas o no en su tierra natal, pero más ingenuas, desconocedoras de las leyes y el idioma, fueran conducidas a las casas de tolerancia.

Para 1876 había 35 prostíbulos autorizados, en los que trabajaban 200 mujeres.  La mayor parte de éstos se ubicaba en el barrio de San Nicolás, y algunos fueron montados con gran lujo, teniendo bar, salones de reunión y músicos para animar los bailes. Por la misma época comenzó una campaña de denuncias que criticaba a la Municipalidad por permitir la apertura de estas casas en las calles céntricas, y de igual manera señalaba a los tratantes y la forma en que éstos operaban en Europa.

El año anterior (1875) había sido publicada otra solicitada, de redacción muy similar, firmada por el propietario de la casa de la calle Corrientes 509. En ella hacía saber de su mala suerte “Por ser el vecino de una casa de prostitución que alteraba la vida del barrio, y comunicaba que, por los continuos escándalos que allí ocurrían, se veía obligado a abandonar su propiedad para salvar a su familia de tan funesta influencia.”

Es precisamente en esta casa de Corrientes 506 (actual 1283) donde meses más tarde se instalaría uno de los prostíbulos más famosos, ya sea por e lujo y la calidad de sus mujeres o  por el trato bruta

Otras solicitadas que se publicaron con términos más duros y de tono antisemita, buscaron y vamente despertar el reproche de la sociedad. Asimismo se pedía la intervención del arzobispo de Buenos Aires, del pastor de la Iglesia Reformada Alemana , de las autoridades consulares para poner fin a ese comercio inmoral.

Conjuntamente, comenzaron aparecer solicitadas pidiendo el cierre de cafés, casinos y demás lugares donde se practicaba la prostitución clandestina. En poco tiempo se generó una guerra de denuncias que dejaba en claro que se trataba de un duelo de intereses entre grupos encontrados al que se sumaban, tal vez engañados en su buena fe, algunos ciudadanos honestos.

En una extensa solicitada, cargada de información, se documentaba el modo en que un tratante (Jacobo Hónig) invirtió 600.000 pesos m/c para montar dos nuevos prostíbulos, uno en Corrientes 506 y otro en Temple 356 altos. También se denunciaban otras instalaciones en Libertad 309, Corrientes 509 y Temple 368, propiedades de Ana Goldemberg, Carlos Rock y Herman Gerber, respectivamente.

Por otra solicitada sabemos que “en junio de 875 Adolph Honing (sic,) domiciliado en Corrientes 506, trajo de Europa a 18 jóvenes engañadas a quienes explotó a su labor, que luego de seis meses vendió a tina de éstas, llamada J. B., a un tal Isidoro Wolf, residente en Montevideo, en la. suma de 17.000 $. En diciembre del mismo año, Adolph Weismann engañó a siete mujeres, cuatro húngaras y tres alemanas, diciéndoles que iban a Milán y las dirigió a Marsella, de donde las embarcó a Montevideo. Allí eran esperadas por Adolph Honing, quien compró a las cuatro más bellas. Las restantes fueron compradas en Buenos Aires por Herman Gerber. Se calcula que la venta de las mujeres le valió al corredor 150.000$ m/c.

El mismo Gerher, domiciliado en la calle Temple 368, había traído 12 mujeres en junio de 1875. Dos habían sido vendidas a otro negociante de Rosario. Otra, llamada N.W., después de cinco meses y medio de permanecer en la casa de Gerber, fue vendida a Isidoro Wolf en la suma de 14.000 pesos, y luego de dos meses éste la revendió en 18.000 a Carlos Rock, domiciliado en Corrientes 509. Fruto del trato que recibía, N.W. huyó de la casa, acompañada por otra mujer, saltando por la azotea. Luego de esto, el techo fue rodeado por una reja de hierro.

Algunas de estas mujeres escapadas de su encierro acudieron al consulado austro-húngaro a formular sus denuncias, pero éste expresó su incapacidad para intervenir. En la mayoría de los casos eran jóvenes judías de Europa central y Rusia que debido a la pobreza en que se encontraban y la persecución religiosa que sufrían sus familias, era; literalmente vendidas a los rufianes a cambio de la dote que éstas recibían.

Dado que el matrimonio civil aún no existía, en muchos casos se fraguaba un matrimonio religioso entre la explotada y su explotador, quien la ponía a trabajar para sí ola vendía otro rufián. De esta forma se impedía que la mujer pudiera reclamar a las autoridades consulares de su país, dado que al casarse con un extranjero perdía sus derechos de nacionalidad.

Los diarios contemporáneos tomaban con tibieza las denuncias. En algún caso aislado levantaban parte de las solicitadas y en otros se escandalizaban por los hechos narrados’4. Lo cierto es que la campaña no daba el resultado deseado, y las casas de tolerancia seguían funcionando bajo la ordenanza reglamentaria.

Las condiciones en que vivían estas mujeres eran ciertamente inhumanas. Eran compradas y vendidas al antojo de sus explotadores. Al llegar se les hacia firmar un contrato por el que se comprometían a pagar el viaje, la ropa, la comida, la pieza y todo aquello que recibían.

Los precios que debían pagar eran cinco o diez veces superiores al valor real, y las deudas que siempre mantenían con la casa se utilizaban como otro instrumento de retención. Permanecían encerradas todo el día, y si salían de paseo una tarde al mes, era bajo vigilancia de la regenta o un supervisor. Si alguna se negaba a aceptar estas condiciones, era castigada o vendida a otro prostíbulo de menor calidad en el interior del país. Provenientes de familias campesinas,-sometidas al vasallaje y a costumbres sexuales que en algunos casos incluían las relaciones premaritales y los embarazos como signo de fertilidad, es posible que hayan aceptado el comercio sexual como una etapa más de suya desdichada experiencia anterior.

Las prostitutas clandestinas, que trabajaban para un rufián, sufrían una explotación similar, con el agravante de que las condiciones sanitarias eran más deplorables y la clientela, menos selecta, mucho mayor. Sin embargo, ni estas solicitadas, ni las publicaciones hacían hincapié en este punto.

Fuente: Revista Todo Es Historia  Nro. 342 Año 1996 – Parte de una nota de: José Luis Scarsi

Historia de las Prisiones Bentham Carcel Panoptico Origen de la Prision

Historia de las Prisiones Bentham
Cárcel Panóptico

LA PRISIÓN MODERNA: La prisión surgió en un orden social nuevo en el que, a partir de las normas, se pretendía modelar los gestos, las conductas y las actitudes de los hombres.

Los países anglosajones encaraban una reforma carcelaria que, a poco, conmovería los sistemas carcelarios de todo el mundo. En materia arquitectónica, el inglés Jeremías Bentham ideaba el panóptico, un presidio que observado a vuelo de pájaro aparecía como la rueda de un carro: los rayos eran los pabellones carcelarios, y el centro de esa rueda el sitial que ocupaban las autoridades de la cárcel. Como es fácil imaginarse, de un vistazo abarcaban todo lo que pudiera ocurrir allí.

El la de la Durante el siglo XIX las sociedades europeas se replantearon uso del poder de castigar en la fábrica, en el taller, en la escuelas,  en el ejército o en los hospitales.

Entre 1830 y 1848, ciertas formas tradicionales de castigo fueron reemplazadas por otras.

• El cuerpo dejó de ser el blanco de la represión penal. El descuartizamiento, la amputación y las marcas en los cuerpos dejaron de practicarse.

• Se abandonó la exposición pública de los castigados. Hasta entonces era una práctica común exponer a los castigados vive o muertos en las plazas, a modo de espectáculo ejemplar.

• La privación del bien máximo de la sociedad burguesa libertad pasó a ser el principal castigo.

La sociedad burguesa creó un lugar cerrado para ejecutar la pena de los condenados -la prisión- en donde los condenados serían corregidos para reingresar dóciles y capacitados al seno de una sociedad productivista.

Entre 1830 y 1840, se elaboró un programa arquitectónico para la mayoría de los proyectos de prisiones europeas, siguiendo el modelo de Jeremy Bentham. Estas prisiones-máquinas imaginadas por Bentham constaban de un punto central -una torre de vigilancia- desde donde partían pabellones de celdas, como si fueran los rayos de un rueda que convergen sobre el eje central.

Con este diseño, un mirada permanente instalada en la torre de vigilancia a la que Bentham bautizó “panóptico“- podía controlar todo el funcionamiento del interior del edificio, tanto el movimiento de lo presos como el del personal.

La prisión generó un vínculo estrecho entre la policía y le presos liberados que no lograban insertarse en el mercado liberal. Una vez excarcelados, los antiguos presidiarios fueron utilizados para espiar y delatar a otros ex-condenados ligados al delito común o a actividades políticas (anarquistas, socialistas, liberales radicales), o para infiltrar grupos sindicales obreros. De ese modo se amplió un sistema de vigilancia social de los sectores populares y de los marginados del orden económico burgués.

Jeremy Bentham

Jeremy Bentham fue un pensador y publicista inglés de orientación liberal. Adhirió al utilitarismo, una corriente filosófica que sostenía que los individuos actúan movidos por la búsqueda de la felicidad. El mandato de una sociedad debía ser la búsqueda de la mayor felicidad para el mayor número de individuos. De este modo, Bentham y sus seguidores -que fueron muchos, tanto en Europa como en América- justificaban una mayor intervención del estado para garantizar “la mayor felicidad para el mayor número”.

Paralelamente en Filadelfia, la secta de los cuáqueros, allá por 1786, fundaba la Asociación para el alivio de las miserias en las cárceles públicas. El tono religioso de la reforma propiciada por los cuáqueros —el líder fue Guillermo Penn—, arrojó un saldo positivo: comenzó tímidamente a nacer la idea de privación de la libertad como pena en sí misma.

Por otra parte, la cárcel dejaba de entenderse como un depósito superseguro del que los delincuentes no pudieran huir. Se ampliaban sus funciones al adoptarse una nueva noción: la de convertirla en un instituto —casi terapéutico— que readaptara al preso para reintegrarlo a la sociedad.

Conceptualizado el delito como “pecado” en la Filadelfia de ese entonces, no extrañó que a los presos se aplicara la misma “terapia” a la que se sometían los monjes cuáqueros después de pecar: la celda, lugar donde se mantenía silencio absoluto para expiar la culpa y quedar en paz con la conciencia. A este sistema aplicado a los penados se lo denominó celular o filadélfico.

Pero como los presos no eran monjes y sometidos al rigor de la soledad y el silencio —lejos de “expiar” la falta— muchos enloquecieron, en 1779 en la ciudad de Nueva York y en 1818 en la de Auburn, en los Esta-dos Unidos, se intentó un nuevo régimen cuyo nombre devenía de esta última ciudad: el auburniano.

Elam Lynds, su inventor, redujo el sistema celular para el descanso nocturno y, durante el día —como cura complementaria readaptativa—, aplicó a todos los presos el trabajo en común. Esa reforma no lo movió a modificar la regla de silencio absoluto que siguió manteniéndose día y noche. Poco después en Inglaterra Alexander Maconochie y en Irlanda Walter Crofton, perfeccionaban el primitivo intento introduciéndole importantes modificaciones.

Maconochie en 1845 sostenía que la readaptación del preso requería tres etapas: una de reclusión celular, otra de reclusión celular nocturna y trabajo en silencio diurno (como vemos combinaba los sistemas anteriores) y una tercera etapa para él, consistía en la libertad condicional. Crofton a su vez, a los pasos recomendados por Maconochie, añadía un cuarto, que era intermedio: entre la reclusión celular nocturna combinada con el trabajo diurno en silencio y la libertad condicional, él recomendaba que el preso viviera una etapa en cárceles sin muros ni cerrojos. Todos, estos ensayos variaron fundamentalmente la idea, de cárcel.

Del trabajo emprendido por el preso con fines terapéuticos (muy diferente al que se programaba en las Provincias Unidas del Río de la Plata donde, como en el resto del mundo hasta ese entonces, al Estado no le interesaba (a salud del preso sino los beneficios que aportaba su mano de obra), devino el peculio, una retribución que el encarcelado recibía para atender sus necesidades.

Por otra parte, se hizo obligatoria la enseñanza de manualidades, oficios y actividades varias en las prisiones. Además, se entendió como saludable la enseñanza de tipo religioso para el penado y comenzó a favorecerse el ingreso de sacerdotes a las cárceles. Básicamente, la mayor parte de estos conceptos readaptativos —apuntalados por las ciencias modernas como psicología, sociología, biología, etcétera, y desprendidos de las connotaciones religiosas de “expiación de la falta”—, predominan en los establecimientos actuales.

Ver: Métodos de Tortura en la Antiguedad

Ver: Derecho Penal – Agravantes y Atenuantes

Fuente Consultada:
Cáceles  Historia Popular  Tomo 19  Vidas y Milagros de Nuestro Pueblo
Historia 3 – El Mundo Contemporáneo –

Robo por internet de datos personales claves contraseñas Tarjetas

El “phishing” es una modalidad de estafa diseñada con la finalidad de robarle la identidad. El delito consiste en obtener información tal como números de tarjetas de crédito, contraseñas, información de cuentas u otros datos personales por medio de engaños. Este tipo de fraude se recibe habitualmente a través de mensajes de correo electrónico o de ventanas emergentes.

En esta modalidad de fraude, el usuario malintencionado envía millones de mensajes falsos que parecen provenir de sitios Web reconocidos o de su confianza, como su banco o la empresa de su tarjeta de crédito.

Dado que los mensajes y los sitios Web que envían estos usuarios parecen oficiales, logran engañar a muchas personas haciéndoles creer que son legítimos.

La gente confiada normalmente responde a estas solicitudes de correo electrónico con sus números de tarjeta de crédito, contraseñas, información de cuentas u otros datos personales.

Para que estos mensajes parezcan aun más reales, el estafador suele incluir un vínculo falso que parece dirigir al sitio Web legítimo, pero en realidad lleva a un sitio falso o incluso a una ventana emergente que tiene exactamente el mismo aspecto que el sitio Web oficial. Estas copias se denominan “sitios Web piratas”. Una vez que el usuario está en uno de estos sitios Web, introduce información personal sin saber que se transmitirá directamente al delincuente, que la utilizará para realizar compras, solicitar una nueva tarjeta de crédito o robar su identidad. (Fuente Consultada:www.microsof.com.ar)

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● Revise sus resúmenes bancarios y de tarjeta de crédito tan pronto los reciba. Si detecta cargos u operaciones no autorizadas,comuníquese de inmediato con la organización emisora. También contáctese con ella si se produce una demora inusual en la recepción del resumen.

● No descargue ni abra archivos de fuentes no confiables. Estos archivos pueden tener virus o software malicioso que podrían permitir a un atacante acceder a su computadora y por lo tanto, a toda la información que almacene o introduzca en ésta. Recuerde – No conteste ningún mensaje que resulte sospechoso. Si un mensaje en su contestador le avisa sobre un evento adverso vinculado a su cuenta bancaria y le solicita que llame a un teléfono gratuito, no lo haga. Si recibe un correo electrónico que le pide lo mismo, no lo crea. Si del mismo modo le envían un SMS de bienvenida a un servicio que no ha contratado, bórrelo y olvídese. Las mencionadas prácticas no son sino diversas modalidades que persiguen el mismo fin: obtener sus datos personales para defraudarlo.

Finalmente – Permanezca siempre atento para evitar el acceso indebido a su información personal. Observamos que día a día aparecen nuevas estrategias de engaño. Su desconfianza y el cuidado con que analiza los sitios Web en los que ingresa sus datos de identidad, con su mejor protección.

PARA SABER MAS…

Si usted envía e-mails, actualiza su perfil en Facebook, revisa su saldo bancario online o hace otras cosas en Internet, corre riesgo de ser hackeado. Esto le pasó a Mat Honan, redactor de la revista de tecnología Wired, quien supuestamente conocía los peligros del hacking. Perdió los datos que tenía en su iPhone, su iPad y su MacBook, y las fotos de su hija, de un año de edad. “Toda mi vida digital fue destruida”, escribió. Por suerte, hay maneras de protegerse. Estos consejos lo ayudarán a reducir el riesgo de ser hackeado.

1-Sea consciente de los datos que comparte. No tiene que borrar su perfil en Facebook o en Twitter para estar a salvo, pero les facilita la tarea a los hackers si en las redes sociales publica fechas de nacimiento, películas favoritas o el nombre de soltera de su mamá, datos que a menudo utiliza para contestar las preguntas de seguridad que le dan acceso a sus cuentas online o por teléfono.

2- Elija contraseñas complicadas. A un hacker le puede llevar tan solo 10 minutos descifrar una contraseña formada por seis letras minúsculas, pero algunos sitios gratuitos como safepasswd.com lo pueden ayudar a crear una contraseña casi inviolable que combine letras mayúsculas, símbolos y números. Usar frases como contraseñas también suele funcionar (el sitio passphra.se/es lo puede ayudar a crearlas). A un hacker podría
llevarle meses descifrar la frase “diga no a los ciber ladrones”, por ejemplo, al menos hasta este momento.

3-Use la verificación en dos pasos: Facebook y Gmail cuentan con una función de seguridad que, una vez activada, le solicita que introduzca dos contraseñas para entrar a su cuenta: su contraseña normal y un código que esas empresas le envían en un mensaje de texto a su celular. “El paso adicional representa un leve inconveniente, pero vale la pena cuando la alternativa es ser víctima de un hacker”, señala Matt Elliot, escritor de tecnología del sitio cnet.com. Para establecer la verificación en Gmail, haga clic en Cuenta y luego en Seguridad. En Facebook, inicie la sesión, haga clic en el icono inferior junto a Página Inicial, y después en Configuración de la Cuenta, Seguridad y Aprobaciones de Inicio de Sesión.

4- Use con moderación los puntos de acceso Wi-Fi. Los principales proveedores de Internet inalámbrico público gratuito (un servicio disponible en puntos de acceso situados en cafeterías, aeropuertos y hoteles) no requieren un encriptamiento de los datos que circulan entre Internet y las laptops, lo que implica que cualquier información —como su contraseña de correo electrónico o su estado de cuenta bancaria— es vulnerable a los hackers. En una PC, haga clic en el icono de conexión inalámbrica en la barra de tareas para desactivarla. En una Mac, haga clic en el icono de Wi-Fi en la barra del menú para desactivar Wi-Fi.

5- Resguarde su información. En cuestión de minutos, los hackers pueden borrar de su computadora los mensajes electrónicos, las fotografías, los documentos y la música que ha atesorado por muchos años. Proteja sus archivos electrónicos utilizando alguno de los sistemas de resguardo sencillos y gratuitos disponibles en Internet; por ejemplo, crashplan.com y dropbox.com.

CONCEJOS ÚTILES: Para disminuir los problemas derivados del robo de identidad, los especialistas recomiendan:

• No lleve el DNI en la billetera junto con las tarjetas. Se puede portar la cédula de identidad (expedida por la Policía Federal) que es un documento más seguro.

• Revise sus antecedentes crediticios. Por ley, cada seis meses, se los puede solicitar gratuitamente a cualquier empresa de riesgo crediticio.

• Controle quién accede a su informe de crédito. Por ejemplo, la empresa Equifax Veraz tiene el servicio “Stop! Robo de Identidad” que envía al usuario un alerta por mail cuando alguien solicita un informe sobre su situación crediticia o se producen cambios en la misma, lo que permite reducir el daño que podría causar un usurpador. « “No confíe en premios instantáneos u ofertas tentadoras”, aconseja Piazza. No llene cualquier cupón de sorteo y no brinde más información que la necesaria para participar de una promoción o encuesta. Nunca dé a conocer su número de tarjeta, ni clave.

• “Desestime los avisos que en general aparecen en diarios locales en los que ofrecen préstamos sin importar los ingresos que uno posee”.

Si ya fue víctima de un robo de identidad:
Solicite un Hábeas Data. Es un mecanismo judicial para tomar conocimiento de los datos personales almacenados en bases públicas o privadas con el fin de que, en caso de falsedad, se pueda pedir la rectificación o eliminación de sus datos.

Junte la información. Por carta o mediante una demanda, solicite todos los formularios y recibos a quienes le reclaman una deuda (bancos, comercios) con el fin de someterlos a una pericia caligráfica y demostrar que no fue usted quien firmó dichos papeles.

• Realice rápidamente la denuncia de pérdida o robo de documentación en la dependencia policial o en la justicia, y en las empresas de tarjetas de crédito y bancos.

• Avise a las entidades de riesgo crediticio para que incluyan este nuevo dato en sus bases de datos. “Así cuando una empresa pida un informe de riesgo para entregar un crédito, aparecerá la información del documento robado o extraviado y se reducirán las posibilidades de otorgar un préstamo a una persona con una identidad falsa”.

Fuentes: CNET, Lifehacker, NPR,ABC

Caracteristicas de la Delincuencia Juvenil Causas Drogas Ley Calle

CONCEPTO DE DELINCUENCIA:

Conjunto de delitos entendido en términos generales y en relación directa con la sociedad en la que se manifiestan. En las últimas décadas, se ha registrado a nivel mundial un alarmante incremento de las actividades delictivas en los grandes núcleos urbanos, con proliferación de grupos organizados que, mediante la violencia y la agresión’ física, han creado un clima de inestabilidad ciudadana: la actuación de estas bandas marginales se ha centrado en los asaltos domiciliarios, atracos a entidades bancarias y ataques con violencia sexual.

En este sentido, las cotas más altas de participación delictiva las ostenta la población juvenil; este tipo de delincuencia en el que participan jóvenes de 16 a 21 años constituye uno de los principales problemas con los que se enfrentan las naciones industrializadas y es consecuencia, entre otras cosas, de la superpoblación, el desempleo, la desvinculación de los valores tradicionales, y la carencia de espectativas, y se presenta como una respuesta a problemas de adaptación social.

El consumismo crea necesidades artificiales que la juventud no puede satisfacer y, como consecuencia, surgen desviaciones de la conducta social homogénea que inciden negativamente en la cohesión del sistema. Uno de los aspectos en los que se particulariza dicha situación es en la drogadicción, que en la actualidad está configurada como uno de los delitos más alarmantes dentro de la delincuencia juvenil. El índice de drogadictos, cada vez más jóvenes, y de politoxicómanos ha aumentado considerablemente en las últimas décadas.

La drogadicción constituye a su vez fuente generadora de otros delitos comunes, la mayoría de las veces robos y homicidios encaminados a obtener las grandes sumas de dinero que cuestan ciertos estupefacientes. El panorama de la delincuencia juvenil es objeto, hoy en día, de la atención de los medios de comunicación social y de la cultura. (Fuente Consultada: Actualizador Basico de Conocimientos Universales Tomo 1 – Editorial Océano)

Radiografía de una patota:

Los amantes de las estadísticas han descubierto también una tendencia sostenida hacia el crecimiento concreto de la delincuencia juvenil grupal, en detrimento de la individual.

Características de la delincuencia juvenil:
A—Predominaría, en efecto, la delincuencia en banda frente a la delincuencia ejercitada individualmente.
B—Las bandas están integradas por un número de personas que van de tres a ocho miembros.
C—Las bandas integradas por mayores y menores conjuntamente excedencias integradas exclusivamente por menores.
D—Son predominantemente constituidas por varones y en un número mínimo de casos por mujeres, conjuntamente.
E—Predominan los hechos de delincuencia violenta, especialmente robo, y con armas de fuego.
F—La Capital Federal y luego la provincia de Buenos Aires constituyen las áreas de más alto índice.
G—Los menores que integran las bandas vienen de sectores socioeconómicos desfavorecidos y con hogares desquiciados.
H—Comienzan a advertirse los primeros indicios de una creciente delincuencia de las clases media y alta.

patotas delictivas

Para Teodoro Newcomb, “una gran proporción de los robos los llevan a cabo muchachos que son miembros de pandillas de algún tipo. Está bien establecido ahora que tales muchachos, en general, no son más anormales, sociológicamente, que otros muchachos. En ciertos grupos las normas indican robar, tal como en otros grupos llevan a tomar té, o a rezar, o a jugar a los dados. No son los muchachos sino las normas las que son anormales desde el punto de vista de la sociedad. No es accidental —escribe Newcomb—, que tales pandillas sean características de las zonas pobres de la ciudad.

Los muchachos que viven en esas zonas se hallan sujetos a privaciones, y la pertenencia a las pandillas les proporciona ciertas compensaciones, ciertos sustitutos que la sociedad falla en dar. Las pandillas representan el esfuerzo de los muchachos por crear una sociedad para ellos mismoSj donde no existe nada adecuado para sus necesidades. En tales condiciones, el pertenecer a una pandilla de delincuentes se torna deseable para el muchacho medio de los barrios pobres. Los roles establecidos para tal pertenencia traen muchas satisfacciones.

Los muchachos más jóvenes se hallan motivados para entrar a tales pandillas porque observan las satisfacciones que los muchachos más grandes hallan al adoptar tales roles. La conducta delictiva es así parte de un rol que es atractivo bajo ciertas condiciones sociales”.

Las leyes de la calle
Finalmente, para la doctora Pascual, “el fenómeno de la patota es un fenómeno natural que se dio en todas las épocas. Lo que hay ahora es una gran agresividad en toda la sociedad y el chico se ve impulsado a integrar un equipo que lo proteja precisamente de esa agresividad. Antes, por ejemplo, los “patoteros” iban juntos a bailar, rompían un foquito y tocaban los timbres. Hoy, la incidencia de la droga y la degradación social los empuja a cometer hechos vandálicos”.

Un largo aunque muy rápido camino han transitado estos menores antes de ingresar de lleno en la ilegalidad. Las llamadas “instituciones básicas” le han vuelto la espalda y los irá empujando al precipicio del delito y a la sordidez de los reformatorios. La familia ya los ha expulsado con su indiferencia y sus degradaciones cotidianas. La escuela se ha desecho de ellos, incomprendiendo su realidad y marginándolos del resto. La sociedad, finalmente, les ha negado toda posibilidad de trabajo digno y los ha obligado “a dar el mal paso”.

Esos menores desamparados se ven entonces impulsados casi naturalmente a refugiarse en el interior de un grupo, donde compartir los sinsabores de la vida con marginales de la misma estatura y donde sustituir los roles familiares perdidos por un nuevo orden que les garantice cierta estabilidad afectiva. En el seno de estas patotas, el líder asume una paternidad que muchos de esos menores no han tenido y ofrece, por lo tanto, un referente para esa personalidad que aún no se ha desarrollado.

Los nuevos “patoteros” aprenden allí las nuevas reglas, consistentes en ser valientes y solidarios con el grupo, rechazando de plano las normas que rigen el mundo adulto. Aprende un nuevo sistema de comunicación, una nueva organización y un nuevo escalonamiento de jerarquías. Aceptan un apodo, por más despectivo que sea, y buscan en la “pandilla” todas las respuestas de la vida. Nacen, en suma, a una subcultura de rígidos códigos, donde cunden el machismo, la violencia gratuita y la ética de la calle. Las propias normas del grupo determinaran el tipo de modalidad delictiva que cada menor adopte para su subistencia.

El “iniciado” se convertirá así en un punguista, en un arrebatador, en un escruchante, en un asaltante a mano armada, en un alcohólico o en un drogadicto, según las pautas elaboradas por cada grupo y no de acuerdo, como piensan ciertos sectores, a condicionamientos psicofísicos ni apetencias personales. Si cada niño es el fiel reflejo de su familia, cada menor infractor es la viva imagen del grupo callejero que ha integrado.

Cuando, por diferentes circunstancias, la patota se deshace, sus miembros se ven obligados a integrar inmediatamente otra. Esa necesidad de agruparse los perseguirá a través de toda su historia y mientras no se aparte de la delincuencia, lo que denota una falta de madurez primaria y el padecimiento continuo de lo que se ha dado en llamar “la soledad del marginado”.

El delincuente juvenil será confinado a un reformatorio, donde se adaptará a un nuevo grupo. Se juntará luego en la calle con otros menores y dará un “golpe”. Integrará una “ranchada” en su paso por la cárcel de mayores. Formará una
asociación ilícita al salir de la “sombra” y volverá, si sigue aún con vida, a refugiarse bajo las alas de un “cacique” de pabellón, quien nuevamente tratará de ordenarle la vida en cautiverio.

Sobrevivirá oscuramente en aguantaderos, codo a codo con “buenos muchachos que se ganan el puchero chorreando”. Y, ya convertido en un “delincuente de frondoso prontuario”, encontrará paradójicamente la muerte en la peor y más temida de las soledades.

Desmembración de una pandilla
Estas “asociaciones de la intemperie”, como alguien las denominó, viven su apogeo y entran inevitablemente en crisis. La dispersión se puede dar a raíz de que algunos de sus miembros sean recluidos durante mucho tiempo en algún instituto correccional para menores, o que diferentes situaciones lleven a la mayoría de sus integrantes a ingresar en el mundo del trabajo y a la formación de una familia.

Quien continúa fiel de alguna manera al mundo del delito, se integrará a otros grupos por cuestiones “profesionales” y cambiará de entorno según las circunstancias. Suele ocurrir que, cuando va a parar a los pabellones de alguna penitenciaría de mayores, este delincuente ya avezado se reencuentre con algún miembro de aquellos grupos que fue dejando en el camino.

¿Por que aumenta la delincuencia?: Jorge Goldman, secretario de la Asociación Argentina de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y de la Adolescencia opina:  “El agravamiento de la situación adolescente deriva del profundo cambio que tuvo la sociedad argentina. Me refiero a cambios socioculturales. Antes existía el barrio, donde la vida era totalmente distinta. Uno tenía el club, las sociedades de fomento, los amigos, tenía casi sin darse cuenta una infraestructura montada. Luego ocurrió que la mujer tuvo que salir a trabajar y la relación materno-filial cambió entonces rotundamente. Porque cuando ella quedaba al cuidado de sus hijos, creo que se formaba una especie de “pool” de madres que se hacía cargo de los chicos de barrio. Uno salía y veía a doña María, que lo conocía, o siempre en la plaza había una doña Ñata en el costado, o iba a la panadería y lo atendía doña Marta, amiga de toda la vida de toda la familia. Y había como una especie de seguridad, fundamentalmente, porque las madres podían estar con sus hijos, cuidarlos, y tenían la energía suficiente para hacerlo. En este momento, ¿cuánto más se le puede pedir a una madre que trabaja? Además del trabajo, tiene que atender la casa, ayudar a los chicos en la escuela y prepararse para otro día agobiante.

En estas circunstancias, los hijos se van criando con muchos accidentes afectivos. Y esto no es un problema de clases. El cambio en la inserción de la mujer no obedece sólo a cuestiones económicas. Quizás ese cambio fue positivo para la mujer, pero creo que no se contempló el hecho adecuadamente, y entonces las resultantes son todos estos grupos antisociales que empiezan a aparecer ahora, como las patotas. El adolescente se incorpora a un grupo de “pares” donde siente cierto respaldo.

Subcultura del delincuente juvenil
En el seno de esos grupos callejeros, suelen formarse subculturas. Saucedo desglosó las características generales de estas sub-culturas en un extenso trabajo presentado por la Universidad Kennedy:

1. Culto al machismo: Sinónimo de malo; es forma de probarse; reacción por la falta de hombre en el hogar; haber aprendido que en la calle se hace hombre; arrojado fuera de la casa, a una edad temprana, por la falta de control. Desprecio por la mujer, a la que ven como destinada a servirlos; relegada a tareas secundarias.

2. Culto a la violencia gratuita: Identificación con la brutalidad física.

3. Rivalidad con el mundo adulto: La sociedad los rechaza y ellos buscan pertenecer a ella, mienten y se mienten para llegar a ser lo que quieren.

4. Invención de un código de vida: Calma provisionalmente el vacío de la inadaptación social.

5. Los agrupamientos revisten la forma de pandilla o patotas: Lo principal es el vagabundeo por calles, lugares de juego, medios de transporte. Los hay de sectores humildes (arrebatadores, punguistas y descuidistas) y acomodados.

El grupo ofrece:
1. Una forma de vida.
2. Una definición de la situación, diferente a la de la sociedad.
3. Status: Puede ser alguien.
4. Motivación para sentirse adulto.
5. Estabilidad como respuesta a desajustes familiares (familia y comunidad actúan como centros de expulsión).
6. Modelos de rol, en especial el líder.
7. Recompensas: Las solas relaciones personales son, de por sí, suficiente premio y estímulo.
8. Autonomía para desafiar al mundo.
9. Ligazón afectiva.
10. Posibilidad de aprendizaje, aunque sea en la conducta divergente. Aquí compite con armas propias, que puede manejar y no como en la escuela, donde debe competir en un campo que le es desconocido y con armas que no sabe utilizar.
11. Racionalización grupal: El grupo le ofrece todas las respuestas.
12. Un sistema de comunicación: A través de un lenguaje propio.
13. Una reproducción de la sociedad: Donde rige la competencia, se asciende y desciende rápidamente; puede estar tan organizada o más que la sociedad; cuanto más desorganizada está la sociedad, más organizado está el grupo.
14. Autoridad y jerarquía: Se las respeta; los apodos reproducen el mundo animal; hay liderazgo: el jefe manda e impone su prestigio; hay intentos para parecerse al jefe, sin tener en cuenta la capacidad necesaria; pero la perspectiva de ser jefe es suficiente estímulo. El liderazgo se prueba todos los días; basta una falla, para que el jefe descienda y una hazaña para que el subalterno ascienda.
15. Hay pactos de fidelidad y sangre: El compromiso vale más que en la sociedad. La búsqueda de la admiración y el respeto se convierte en preocupación de vida (…).
16. Importan las actividades del grupo: Se quiere ser uno más y querer ser del grupo se convierte en esfuerzo profesional. Para cultivar el machismo, se debe fingir que se es como los demás; finge que puede fingir.
17. La alienación del grupo importa más que la familia: precisamente porque el grupo es su grupo de referencia y pertenencia y le brinda la posibilidad de ser alguien.
18. En el grupo se carece de vida propia: Se abandona la reflexión. Se acepta todo lo que viene del grupo, inclusive un mote despectivo; identificarse con él, es forma de integrar el grupo; el serle otorgado significa aceptación grupal.
19. Organización: Subcultura no es sinónimo de desorganización; algunas revelan una superorganización, cuya consecuencia es el adiestramiento coactivo en el comportamiento divergente.

Los jóvenes drogadictos
El propio Enrique De Vedia, secretario del Menor y la Familia, ha admitido que el consumo de drogas entre grupos juveniles está alcanzando por primera vez en la historia del país y en determinadas áreas, “índices preocupantes”. Al margen de explicaciones simplistas y frases apocalípticas sobre el “libertinaje democrático” y “las garras del narcotráfico internacional”, la sociedad parece negarse a buscar una respuesta veraz y objetiva sobre el significado y la ascendencia que tiene la droga entre los jóvenes de hoy.

El psicólogo Jorge Goldman, ensaya al respecto una hipótesis inquietante: “La droga es una especie de pecho: un adolescente se puede prender a la droga como un chiquitín se prende al seno materno. La falta de seno materno —en el sentido de la situación de ‘maternaje’ que lo rodea—, puede devenir en esa situación de salida a todo tipo de adicciones, particularmente en la adolescencia, donde los chicos son profundamente actuadores.”

Según Graciela Saucedo, “la droga es vivida por el adolescente como instrumento de liberación; hay drogas para negar la realidad (narcóticos); para distorsionarla (LSD, marihuana); para desafiarla (alcohol, anfetaminas). La drogadicción representa la agresividad contra los jóvenes mismos. El componente suicida de la drogadicción puede simbolizar el suicidio general de la sociedad”.

El consumo de estupefacientes liga, de alguna manera, al adicto con el siniestro mundo del traficante. La propia desesperación y el abandono general, terminan obligando al joven drogadicto a robar para comprar más droga o a agredir para aliviar tensiones.

Actualmente, la población de adictos en nuestro país sobrepasa las 80.000 personas. La edad promedio de mayor consumo se ha fijado en los 17 años, se calcula que el 80 % de los consumidores son menores de edad v que el 20 % de los estudiantes secundarios del país ha probado droga alguna vez. Pero, el problema parece estar, ciertamente, mucho más allá de estos datos oficiales. Un chico drogado es, de algún modo, “un chico abandonado que quiere evadirse de la realidad”.

Un chico pidiendo a gritos sordos que alguien cambie esa cruel, esa desoladora e injusta realidad. “Es por eso que el éxito del control del narcotráfico y de la fármaco-dependencia están condicionados por las posibilidades de dar ocasiones de trabajo a nuestros jóvenes, seguridad a las familias y fortalecimiento a los programas sociales de participación y solidaridad” (Julio Bello, subsecretario de Desarrollo Humano y Familia).

Fuente Consultada: Yo Fui Testigo J.C. Cernadas – Ricardo Halac  – Tomo 14

Primer Envenenador Asesino Argentino Curiosiades Historia Argentina

Primer Envenenador – Asesino Argentino

Luis Castruccio decidió poner un aviso en los diarios buscando un criado (a quien matar). Habían pasado 10 años  desde que llegara desde Italia y se había cansando de los corretajes comerciales. La vida no le había dado grandes cosas, apenas un cerebro embotado.

Era de baja estatura, de cabellos rubios y lacios, ojos azules, cabeza grande y redonda y brazos largos. Corría 1888 y tenía 25 años.En el aviso pedía un chico de 7 o 9 años para “servir a su señor”, con educación garantizada. Su plan se derrumbó y no por falta de oferentes.

primer envenenador argentino

Consistía en hacerse beneficiario de un seguro de vida y cometer el crimen perfecto. Pero no encontró ninguna compañía que aceptase el convenio pues les parecía inmoral que un adulto sin parentezco sea beneficiario del seguro de un nene.

Puso otro tipo de aviso, pidiendo mucamo, y tomó al primero que se presentó, Alberto Bouchot Constantin, un francés sin parientes en la Argentina.

A este sí lo aseguró, haciéndose pasar por el cuñado. Compró, con receta falsa, 20 gramos de arsénico y se lo fue dando en las comidas. En la agonía del pobre Constantín, le tapó la nariz y la boca. Nunca se sabrá si fue piedad o apuro.Llamó a la compañía de seguros, pero sospecharon de inmediato porque había pasado poco tiempo desde el contrato.

Las autoridades judiciales ordenaron la autopsia y agregaron que Castruccio debía estar presente. Los médicos descubrieron el arsénico y la asfixia. Tomándole la mano al muerto, Castruccio confesó su dolor por el fracaso comercial.

Fue condenado a muerte.

Mientras iba hacia el pelotón de fusilamiento en la Penitenciaría Nacional, de la mano de un cura, llegó el indulto. Castruccio no advirtió que ese día no iba a morir.

Pasó 20 años preso y su cerebro daba cada vez menos señales de cordura. Hasta que lo mandaron al Hospicio de las Mercedes. Allí murió el primer envenenador argentino, balbuceando cosas sobre arsénico y dinero

 

Vida del Gaucho Argentino Costumbres Caracteristicas del Gaucho

Vida del Gaucho Argentino
Costumbres y Características

EL GAUCHO , UN PERSONAJE CONTRADICTORIO: Muchos viajeros del viejo mundo y de EE.UU. han pasado por nuestras tierras, cuando el país recién comenzaba a dar sus primeros pasos de independencia y organización nacional y bien de acuerdo a los viajeros, ¿cuál es el carácter del gaucho?. Es difícil contestar esta pregunta porque, precisamente, los viajeros atribuyeron a éste un carácter ambivalente con virtudes y defectos, una especie de noble salvaje, capaz a la vez de bajezas y sentimientos elevados.

Vida del Gaucho Argentino Costumbres Caracteristicas del GauchoVeamos si no lo que escribía Armaignac en 1871: “Son chicaneros, borrachos, orgullosos, presuntuosos, derrochadores y perezosos: pero redimen la mayoría de sus defectos por su generosidad, desinterés, resistencia a la fatiga o la intemperie en cualquier clima, paciencia a toda prueba y sobriedad en su vida ( … ). El gaucho es generalmente tranquilo, frío y ágil jinete. Muy cortés. humilde, dócil, hospitalario, compasivo, servicial, buen padre y esposo. Es gran amante de la poesía, admira la naturaleza y contempla todo aquello que es bello. Espíritu melancólico, enemigo de las ideas abstractas y sutiles, expresa en un lenguaje simple y armonioso los pensamientos y sentimientos más elevados (. .. )”

De la misma forma, otros autores representan al gaucho como un ser al mismo tiempo sanguinario y sensible, malicioso y hospitalario, ignorante y amante de la música y la poesía. Estas contradicciones no deben preocupamos.

Ellas reflejan una posición ambivalente de los autores frente a un personaje que evoca lo noble, tradicional y pastoral de la sociedad europea, ahora bajo el ataque del industrialismo.

Un personaje que a la vez, no puede ser considerado europeo, alguien que debe permanecer extraño, por sus diferencias con la ética, las costumbres y los gustos de un europeo.

Como la abundancia los transforma en holgazanes: indolencia y abundancia son motivos comunes en las narrativas de viaje: ambos son presentados como «naturales». Una colección de las narrativas de viaje más populares, publicada en Londres en 1835, contenía la siguiente descripción acerca de las necesidades del gaucho: “El principal rasgo del carácter del gaucho es que él es una persona sin necesidades”.

Acostumbrado a vivir constantemente en la intemperie, y a dormir en el suelo, él no considera que el tener unos pocos agujeros en su rancho sean de alguna consecuencia. No le desagrada la leche, pero prefiere no tener la que tomarse el trabajo de buscarla» [A., G., The Young Travellers in South America (London, J. Macrone, 1835), p. 258 y 259].

Habiendo crecido en libertad y acostumbrado a lacaza para subsistir, el gaucho se habitúa a no tener nada y no desear nada. Su indolencia natural le impide ampliar la gama de sus satisfacciones. Escribe MacCann: «El paisano rehúye todo trabajo cuyo éxito dependa del transcurso del tiempo; no sabe valorar éste, y no lo cuenta en horas ni por minutos sino por días; es hombre moroso y su vida transcurre en un eterno mañana; tiene hábitos migratorios y  por donde quiera que se encamine, sabe que encontrará de qué alimentarse, debido a la hospitalidad de las gentes» [W. MACCANN, Viaje a caballo por las provincias argentinas (Buenos Aires, Solar-Hachette, 1969). p. 116].

Pero es la posibilidad de obtener su sustento libremente lo que lo mantiene en su condición casi salvaje, Una y otra vez, los viajeros contraponen la «pobreza» del rancho del gaucho la falta de muebles, los pisos de tierra, los agujeros en las paredes, la escasa vajilla, la suciedad, el hacinamiento de hombres, mujeres, niños y perros con la «abundancia» de la naturaleza y la facilidad para obtener el sustento.

Son consabidos los relatos de la apropiación de ganado en el campo «esa gran facilidad de subsistir casi sin trabajo: de vestirse con los productos del despojo de un buey», escribe Isabell el pero hay también abundancia en la ciudad.

Campbell Scarlett describe cómo dos gauchos acaballo pescan en el río, tirando cada uno una punta de la red. En la costa, en cada marea baja, quedan pescados en abundancia para quien quiera tomarlos. «Toda la costa, después de un temporal de viento, queda a menudo cubierta con esta tribu armada de aletas: y si los mendigos que piden limosna (siempre a caballo), condescendieran a desmontar para obtener con qué cenar, no solamente encontraríamos trozos de carne todos los días, tirados alrededor de los caminos de los mataderos, que caen de los carros de los carniceros, sino también peces sobre la costa, donde los consiguen por nada, a no ser la molestia de levantarlos» [P. CAMPBELL SCARLETT, Viajes por América a través de las Pampas y los Andes (Buenos Aires, Claridad, 1957), primera edición, Londres 1838, p. 43].

La abundancia favorece la indolencia, y ésta impide la difusión de la «civilización», que es sinónimo de diversidad de deseos y de bienes. Los viajeros. al combinar estos dos mitos (las limitadas necesidades de los paisanos y su «indolencia natural»,) acercan al gaucho ala «vida natural», una de las estrategias narrativas preferidas por los románticos, mientras que deniegan al paisano su carácter de consumidor, uno de los atributos de la modernidad.

Fuente: Todo Es Historia Viajes y Viajeros Nro. 315

La Forestal Maderas y Tanino
La Brutal Explotación del Hombre en el Norte Santafesino

La Ley y la Justicia de La Forestal Santa Fe Coimas a Comisarios

La Ley y la Justicia de La Forestal en Santa Fe

LA FORESTAL
Comprando a la “Ley”

En cualquier pueblo del territorio argentino pudieron existir comisarios rectos, honestos, y también otros venales, abusadores de su autoridad; basta hojear el índice de los archivos de gobierno para hallar constancias de sumarios por motivos diversos, aunque casi siempre las denuncias fueron por abusos en perjuicio de las personas. Los comisarios “coimeros” raras veces dejaron rastros de sus ilegalidades de ese tipo, en lo que se parecerían a los sobornados en el anonimato de los hechos. Todo dinero que ingresa al bolsillo del comisario que no sea por sueldo, pero que se le entrega a raíz de sus servicios por personas favorecidas, es coima -pago por un favor-, soborno -pago por un encubrimiento- anticipo de soborno…

La coima es una exigencia; el soborno, la aceptación de una ilicitud. Esto es fácilmente discernible como la calificación, dentro de las ilicitudes, de la aceptación de un “pago” mensual hecho por persona o empresa independientemente del sueldo recibido por vía legal. En ningún pueblo de Argentina que no sea de La Forestal ha ocurrido que los comisarios recibieran pagos mensuales de una empresa. En el lenguaje común eso es “comprar al comisario”, naturalmente para utilizarlo. La Forestal pagaba esos emolumentos con conocimiento de los superiores jerárquicos.

El comisario, como representante de la autoridad pública, pasaba así a constituirse en una hibridación de autoridad pública dependiente de una “autoridad” privada, con más influencia sobre sus actos que los mandatos de la ley, puesto que su conducta forzosamente estaba condicionada al pago de la subvención privada que ambicionaba y que recibía. Semejante atrocidad ilegal no era sancionada: se hacía la vista gorda… Recibir con conocimiento público una subvención de La Forestal no era considerado soborno, coima, o en lenguaje técnico exacción ilegal, sino simplemente una deshonestidad manifiesta elevada a categoría de norma por la empresa. Indudablemente era una inmoralidad tanto otorgarla como recibirla, y se perdían así todas las garantías de imparcialidad.

Aunque La Forestal no necesitara que se le silenciaran o disimularan hechos policiales de sus agentes, la subvención mensual al comisario creaba una situación de dependencia irritante para la ley y acentuaba el rigor de la autoridad en concordancia con el dinero recibido, cuando la Compañía lo exigía. Y es así como comisarios pagados por el erario público, más que representantes de la autoridad provincial, pasaban a ser subordinados de hecho de La Forestal, con apariencias de comisarios provinciales. Lo privado de La Forestal también en ese aspecto estaba por sobre el orden jurídico. Salvadores decía: “De largo tiempo atrás la empresa ha tenido su policía. Los empleados designados por el superior gobierno estuvieron siempre prácticamente a las órdenes de los gerentes de los disantos pueblos.

El presupuesto en vigencia asigna a un comisario general, tomemos por ejemplo el de Villa Guillermina, $ 150 mensuales. La empresa por regla general es arbitro de los nombramientos y fija para estos funcionarios una partida de $ 450″. “He recibido dos cartas propuestas (decía el jefe de policía señor Carlos Berli, funcionario honesto), una de A y otra de B. El primero me ofrece $ 15.000 en efectivo y el sueldo mensual que según presupuesto le corresponde para que yo lo haga nombrar comisario de Villa Guillermina y lo mantenga durante cuatro años en el cargo. El segundo, B, me hace análogo ofrecimiento, pero en lugar de $ 15.000 ofrece $ 10.000 y el sueldo, para obtener la comisaría de Villa Ana.” Y agregaba: “los dos conocen muy bien esas localidades”. Esto sólo demuestra el estado de corrupción promovido por la Compañía.

Ser comisario de una población de La Forestal era tener carta blanca para explotar los vicios más envilecedores del ser humano, desde el juego hasta la prostitución. Pero sigamos a Salvadores; él fue testigo insobornable y calificado por su condición de legislador: “La Forestal les pasa una subvención mensual de $ 450 y una partida también mensual de $ 70 para forrajes, etc.; total, 520 pesos moneda nacional. Les da casa-habitación, luz, leña, caballos, armas y demás. En sus almacenes pueden adquirir lo que deseen por precios muy ventajosos.

Si se portan bien con la empresa recibirán algún aguinaldo o prima; por otra parte, la Compañía, que es tan exigente con el pequeño comercio, les dará permiso para que hagan jugar y perciban sus coimas, como también para que cobren por permisos de bailes, y puedan de vez en cuando hacer producir algún tumulto o escándalo que epilogará con algunos garrotazos, algunas que otras palizas en el calabozo y unos cuantos cientos de pesos por concepto de multa, sin recibo. Pero ¿en qué consiste portarse bien con la empresa? Más o menos en lo siguiente: acatar sin objeción las órdenes de la gerencia; tener mano dura y olvidarse de sentimentalismos con todo el mundo si todo el mundo ha caído en la horrible desgracia de ser sindicado como réprobo por aquélla.

Caer en desgracia con la gerencia implica el retiro del agua y la luz. El funcionario deberá renunciar al cargo, no dispondrá de caballos ni de armas, ni de los elementos más necesarios. Además, el representante de la Compañía en Santa Fe visitará diariamente al señor gobernador y al señor ministro de gobierno para pedirles la remoción del funcionario, y persistirá hasta obtenerla.

Como el jefe político se encuentra en igualdad de condiciones que el comisario, ya que percibe una subvención que oscila entre $ 800 y 1.200 moneda nacional mensuales, no es difícil que siempre otorgue razón a la empresa y destituya o pida la destitución de aquél, aun cuando no haya cometido otro delito que el de haber saludado al gerente con una inclinación menor de 90 grados”. ¿Cómo llamar a esa partida asignada por La Forestal para paga: la servidumbre de la autoridad policial? No era una subvención, porque estaba encaminada a corromper no sólo al comisario o al jefe de policía o al juez de paz, que también recibía pagos de ese tipo, sino a toda autoridad que conociéndolo consentía esa entrega mensual de dinero a sus subordinados. No era soborno, porque no respondía a acallar un hecho determinado, pero se parecía demasiado a él. Si una persona que no tuviese la enorme capacidad financiera de La Forestal hubiera hecho entregas de dinero en esa forma, sin duda se la tendría bajo sospecha.

Pero resulta que, segur lo denunciado por el legislador Salvadores y que era de público conocimiento, el pago de una llamada subvención tenía carácter de “norma”, sin que exista un solo sumario administrativo o proceso judicial que se iniciara a raíz de esa anormalidad que sanciona el artículo 259 del Código Penal.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

Deforestacion de Quebrachos en Santa Fe La Forestal Abuso Laboral

Deforestación de Quebrachos en Santa Fe

LA FORESTAL
El Monopolio Comercial

El monopolio comercial de La Forestal, hemos dicho ya, fue posible porque era propietaria de los pueblos, de las tierras con obra-;es en las que estaban diseminadas muchas poblaciones menores, de vida más inestable aun que las de Santa Lucía, Cerrito, etc. El mal radicaba en el latifundio que, por su inmensidad, agravó las consecuencias que de él se derivan.

Para formamos una idea de la importancia del movimiento comercial dominado, haremos cifras: poseía sólo en la provincia de Santa Fe seis establecimientos para elaboración de pan para venderlo en los pueblos, y en los obrajes; nueve carnicerías, sin contar lo que se faenaba con destino al personal de estancias; trece casas de campaña con ramos generales y despacho de “licores y cerveza”; para calcular la importancia de estas casas de comercio, basta decir que en 1918 La Forestal pagaba $ 3.000 anuales de impuesto por la fábrica de tanino de Villa Ana, que elaboraba 1,300 bolsas de tanino diarias de 50 kilogramos cada una, y por la casa de ramos generales de la misma localidad pagaba $ 2.100; por la fábrica de tanino de Villa Guillermina, una de las más importantes del mundo, abonaba $ 5.000 anuales, y por su almacén de ramos generales y despacho de licores y cerveza pagaba $ 3.100.

A pesar de que poseía servicio de farmacia en cada uno de los cinco pueblos más importantes, en 1918 sólo pagaba impuesto por la de La Gallareta y tampoco figura pagando impuestos por las carpinterías y herrerías de cada una de las poblaciones; por esas circunstancias no podemos determinar el número de los establecimientos de ese tipo dedicados a esas y otras actividades, por ejemplo la fábrica de vestidos, las de ladrillos, hielo, agua gaseosa.

En ramos generales se concentraban las mercaderías de toda especie, incluso las que sólo podían adquirir familias de empleados superiores, que por ser de lujo “producían genuinos beneficios”, como dijera un inspector visitador de los almacenes de Villa Guillermina en su parte pasado a La Forestal informando sobre aumentos o disminución de ventas. Los pocos comercios que no pertenecían a La Forestal funcionaban en propiedades que le arrendaban y por lo general se trataba de pequeños almacenes con expendio de bebidas, verdulerías, etc., ramos sobre los que no tenía interés especial la Compañía; por lo menos hasta 1940 aproximadamente, eran, con una que otra carnicería o tienda, los únicos que existían “independientes”.

Sobre esos comercios recaía un “impuesto” creado y cobrado por La Forestal en estas proporciones: por la casa de campaña y carnicería del Ramal San Juan, pagaba a la provincia $ 170 anuales, y en el mismo año ella cobraba a una verdulería y expendio de bebidas instalada en local propio sobre terreno de la Compañía, $ 48 anuales por arrendamiento del lote y $ 240 en concepto de “patente”, recaudada mensualmente a razón de $ 20.

Con este criterio, fácil es comprender que todo comercio que allí se permitiera quedaba subordinado al propietario de la tierra y que ningún verdadero comerciante arriesgaría capital para construir, sobre terreno ajeno, edificio de importancia destinado a comercio.

LA MONEDA DE PAGO: El empleo de moneda propia dio lugar a apasionadas denuncias públicas y a controversias sobre su calificación, independientemente de la circulación de vales y fichas en los obrajes, tan generalizado que se negociaban con descuento sobre su valor para convertirlos e pesos moneda nacional,5 o se utilizaban no sólo en la compra d mercaderías, sino también en las apuestas de juego. En ese sentido tenían el valor de moneda dentro de los dominios de La Forestal.

La fichas para ser canjeadas en las carnicerías llevaban grabado su valor en especie; las más comunes equivalían a 1 kilogramo de carne  tenían acuñada su identificación como pertenecientes a La Forestal Se utilizaron como control en los negocios donde los empleados no recibían dinero, sino esas fichas como una orden de entrega. Los contratistas las recibían de La Forestal para entregarlas formando parte del pago a los obrajeros; de ahí que por su generalización se las considerara como moneda.

En otros aspectos del “sistema fiduciario” cuestionado, el referido no ya a fichas y vales, sino a “moneda”, decía el doctor José Gervasoni, en el informe judicial ya citado: “[…] en cuyos extensos dominios se desconoce por completo la moneda nacional, obstaculizándose en tal forma su empleo, para imponer su propia y característica moneda, representada por billetes como el de fojas 71, que aunque lleva la leyenda de la ‘Argentine Quebracho Company‘ pertenece a la compañía denunciada por ser ésta su sucesora.”

Mencionaba luego las fichas empleadas para la entrega de carne, y decía: “De paso, he de hacer notar a V. E. que esas carnicerías que posee ‘La Forestal Limitada’ son una descarada violación a disposiciones terminantes de nuestro código rural, como la del artículo 370 que exige la matriculación de los abastecedores, bajo la pena de ser consignada en el art. 377 del mismo código, pues esos establecimientos que son de la compañía, empleados que no tienen están a nombre de empleados de la misma, empleados que no tienen personalmente la solvencia que trata de  asegurar la ley”.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori.

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

Pueblos Fundados Por La Forestal Compañia Inglesa de Tanino Maderas

Pueblos Fundados Por La Forestal
Compañia Inglesa

LA FORESTAL
Los Pueblos Fundados

Hemos dicho que los pueblos fundados en tierras de La Forestal, La Gallareta, Villa Ana, Villa Guillermina, Tartagal, Santa Felicia, que son los más importantes en Santa Fe por haberse establecido allí fábricas de tanino, Hausonia, Villa Berther, Laguna Limpia, etc., en el Chaco, constituyen una anormalidad histórica dentro del proceso de la formación de poblaciones en nuestro país.

El origen de esa anormalidad tiene su explicación en el latifundio sometido a la rígida dominación de una empresa que no tuvo interés, ni se la inclinó ello por imperio legislativo, en el futuro de la región donde actuara. El latifundio determinó tanto la escasez de población como el régimen “institucional” que pudo imponer amparada por el derecho de propiedad de enérgica interpretación romanista.

Elegido el sitio para el emplazamiento de un pueblo, como allí no ;e trataba de colonizar ni de subdividir para vender lotes en los alrededores para destinarlos a chacras o a la ganadería una vez puesbls en condiciones por nuevos propietarios, La Forestal, sin intervención estatal, con sus propios ingenieros o técnicos, sin denunciar trazado –la aprobación se gestionó casi veinte años después- hizo relevamientos, trazó planos e inició la tarea de construir edificios, viviendas, fábrica, conservando el dominio sobre toda la tierra.

Cada pueblo comprendía: una fábrica de tanino -en los cinco mencionados de la provincia de Santa Fe-, edificios para la administración, para habitación del gerente y empleados casados, una “soltería” para empleados, otra para obreros, ranchos o viviendas modestas para peones, alejadas del centro urbano donde se levantaban las construcciones principales, la casa de visitas, el gran almacén de ramos generales, panadería, carnicería, etc.

Un pueblo completo construido en poco tiempo, arbolado, con calles rectas bien cuidadas, algunas tapizadas luego con aserrín de quebracho, club deportivo, cancha de golf… Todo lo que necesitara el hombre para vivir confortablemente existía allí: luz eléctrica, agua corriente, fábrica de hielo, sistema cloacal, farmacia, médico y luego, hospital.

Los obreros, naturalmente, tenían viviendas mucho más modestas que el resto de los habitantes: ranchos en las afueras, casitas de madera revocadas, techos de cinc, de paja o de palma acanalada procedente de los palmares de la compañía.

En el pueblo de La Forestal, el empleado de jerarquía, el simple de administración, o cualquier otro que fuera a ocupar una casa, podía desentenderse del moblaje: la compañía lo proveía todo. Sus herreros, sus electricistas, sus carpinteros, solucionaban prestamente los comunes problemas que crea el uso de edificios. No había más que comunicar el desperfecto al jefe de la sección pueblo, y la oficina enviaba el operario especializado. Nadie tenía que protestar por la higiene del pueblo, todo era limpio, ordenado; agradable la plazoleta, los árboles, los jardines.

En medio del territorio que fuera del abipón, del mocobí o del toba, habían nacido esos milagros, esas villas con las que -al decir del panegirista Saccone- no podía compararse ningún pueblo del sur. Aquello era ejemplar: lo hacían los extranjeros con prolijidad europea. En efecto, ninguno de esos pueblos se parecía a otros pueblos argentinos. Setenta años necesitaron muchísimos otros, en las colonias agrícolas, para ser lo que son. Aquéllos, en menos de una década, ya eran todo lo que fueron hasta cincuenta años después, en que decayeron abandonados.

Nacieron adultos dentro del criterio de lo que es un pueblo, una villa. Eran, para los espíritus superficiales, la demostración de lo que puede hacer el capital financiero de naciones civilizadas. Eran de propiedad de La Forestal. Todo, de punta a punta, y también decenas de leguas de tierra de sus contornos eran de su propiedad.

El alodio feudal no alcanzaba extensión tan considerable, ni sus castillos poderosos estaban más protegidos por las armas, ni dominaban un suelo tan inmenso. En él tenía La Forestal emplazados sus pueblos, dueña de todos los bienes, de todas las cosas, desde la vivienda hasta los alimentos para toda la gente -salvo raras excepciones años después-, desde el agua a la luz, desde la medicina a la bebida alcohólica. Quien se moviera dentro y fuera del pueblo, hasta muchas leguas alrededor, se movía dentro de La Forestal, y los que vinieran sin relación de dependencia con ella estaban sujetos a ella indirectamente. El dominio total sobre las propiedades creó un climax social, una especie apartada de ciudadanía argentina en suelo poseído por extranjeros que impusieron una modalidad completamente distinta del modo ¿e ser y de vivir de otros pueblos no dependientes de La Forestal.

En cualquier otro pueblo argentino, para habitar una vivienda era necesario ser inquilino o propietario. En los pueblos de La Forestal eso no ocurría, como regla general: todo empleado, todo obrero ocupaba -ya veremos mediante qué pago- una vivienda asentada en un suelo que no era de él, aunque pagaba la construcción del rancho, y todo era de propiedad de la empresa cuando consistía en un edificio ¿e otro tipo. Ni un empleado llamado allí para trabajar construyó su casa. Estaba hecha; se la daban. No era dueño de nada. No existía co-— o norma el arrendamiento, existía la ocupación precaria en relación al empleo, y con ello una faz del sometimiento; quien dejaba de ser empleado u obrero perdía el derecho a la ocupación.

El despido traía aparejado el desalojo y, si fuera necesario, por la fuerza pública sin más trámite, o por la destrucción de la vivienda, como en 1921. Era el orden del régimen de ocupación que rige entre los terratenientes, pero al revés. El desalojo campesino trae aparejada la pérdida del medio de trabajo: la tierra, se transformaba en un “muerto civil”.

En 1933 Villa Guillermina tenía 700 habitantes. Esa  sola cifra y ese solo pueblo darían la idea de la asombrosa realidad: pueblos tan numerosos que pertenecían a La Forestal. Por su origen , Villa Guillermina era el que tenía mayor numero de personas “independiente”, puesto que fue fundada en 1900 cuan aun la Forestal no existía. Pero, todo lo referente al régimen administrativo, vida comunal y comercial de Villa Guillermina es aplicable a los pueblos de La Forestal, tanto en la provincia de Santa Fe como en la de Chaco.

Villa Ana tenía, en 1947, 5.000 habitantes; Tartagal, 3.000; La Gallareta, 4.000; citando sólo las cuatro poblaciones donde funcionaban fábricas de tanino -excluyendo Santa Felicia, población menor-, totalizaban en cifras redondas aproximadamente 20.000 personas, comprendidas directamente dentro de un régimen implantado por extranjeros en poblaciones argentinas, que distorsionaba nuestras costumbres en cuanto a la manera de vivir de nuestros pueblos. Todos los otros centros de pequeños núcleos urbanos, que oscilaban entre 150 y 1.500 habitantes, y cuyo número hoy es difícil precisar porque muchos desaparecieron con la conclusión de los trabajos de obrajes, estaban sometidos también al monopolio comercial de la Compañía.

Decir qué ramos del comercio explotaba en Villa Ana, Golondrina, Intiyaco, Colmena, La Gallareta, Horquilla, Laguna Limpia, etc., es nombrar los comercios que tenía en todas sus poblaciones más o menos importantes y, con supresión de algunos ramos, en todos sus centros poblados sin excepción, incluyendo las estancias. Comercios establecidos en las poblaciones o ambulantes en los obrajes tenían el mismo fin: monopolizar las transacciones.

En toda la extensión de sus dominios prohibía que otros comerciaran; directa o indirectamente ejercía ese control. Cuando consentía que otros comerciantes se establecieran en terrenos de su propiedad, estaban prácticamente dominados por la Compañía, que en ciertos casos actuaba como mayorista con respecto a ellos. Cuando se trataba de propietarios, como en algún caso de Villa Guillermina o Villa Ana en los últimos veinte años, el poder de la Compañía era tan grande que de una u otra manera su presión se hacía sentir.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori.

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

Explotacion de los Obreros Vida dentro de La Forestal Hacheros

Explotación de los Obreros
Vida Dentro de La Compañia  Forestal

LA FORESTAL
La vida del obrero en el bosque

El bosque de quebrachos tiene todo lo necesario para hacer de su medio un ambiente de rechazo del hombre , y cuando el hombre entra a trabajar en él, sabe que sus ojos, sus oídos, sus instintos, deben estar alerta. El accidente es algo consustancial del trabajo del hachero, y la muerte depende de un descuido.

En Golondrina, en épocas de crecidas de las cañadas, cuando todos los seres vivientes de las abras y bosques inundados buscaban refugio en los altos donde el obrajero estaba instalado trabajando, más del cincuenta por ciento de los accidentes eran picaduras de víboras y los tribunales reconocieron que la muerte por ese motivo, ocurrida durante las labores en los bosques, es accidente de trabajo. “Trabajo asesino” le llamó un periodista, y no exageraba, como tampoco exageraba cuando le llamó brutal.

No siempre el bosque era trabajado en meses de verano, porque el obrajero no resistía las agresiones de insectos voraces multiplicados al amparo del calor y la humedad. Polvorines, piques, tábanos, garrapatas, mosquitos, viuditas, mosca brava y jejenes hostilizaban o le trasmitían enfermedades al hombre, a las mujeres y niños metidos en la maraña donde es señor del bosque el quebracho colorado.

Para estar en él -desnudo el torso del hachero- no era suficiente ni el incentivo del trabajo, ni el imperio de la necesidad de vivir., La resistencia del hombre cedía ante la amenaza, más que de muerte por picadura de varará, de la molestia permanente del escozor agudo, ardiente de los insectos.

Y cuando a pesar de ello permanecía en el obraje, a fuerza de vivir rudamente en la naturaleza, se había convertido en un ser cuya sensibilidad estaba dominada por la voluntad de trabajo. A ese hombre era al que se lo explotaba brutalmente.

La Contratación: Estos son los elementos que constituían sus relaciones de dependencia: 1°) El obrajero se conchababa indirectamente con La Forestal por intermedio del contratista; la empresa respondía por accidentes de trabajo, le imponía cierta forma de seguro, le entregaba materiales para vivienda, etc. 2°) Ingresaba al trabajo del monte, si . era casado, con su mujer y sus hijos. 3°) Por la cantidad de madera puesta en condición de carga, se le fijaba lo ganado. 4°) Estaba obligado a comprar todas las mercaderías necesarias al contratista, que a su vez debía adquirirlas en La Forestal. 5°) Se le pagaba con vales, y los vales, o las fichas en su caso, volvían a manos del contratista casi siempre sin entrega de dinero, porque todo lo insumía la alimentación, el vestido, la bebida y aun las deudas por juego contraídas con el contratista cuando oficiaba de “aviador” en las jugadas, o por préstamos.

Cada semana trabajaba de esta manera y todo el pago volvía a las manos del que lo conchabara. En resumen, cambiaba su fuerza de trabajo por la mantención… Sólo le faltaba el azote y la pérdida total de la libertad para ser un esclavo. ¡Y el diputado Filiberti decía que le faltaba el hábito del ahorro! (ver mas abajo)

En muchos casos se instalaba en el monte con su familia. La mujer y los niños -hasta de diez años- ayudaban al hachero limpiando las marañas en torno al tronco del quebracho que hacharía después el hombre; no percibían salario, porque su labor consistía en una ayuda prestada al marido o concubino -el concubinato suplía casi siempre al matrimonio-, que trabajaba a destajo, como en la actualidad. La labor de la familia estaba comprendida en cuanto al pago, en lo que cobraba el obrajero. Sobre esa población de trabajadores del bosque que sumaba miles de seres humanos, ejercía su explotación en beneficio de La Forestal y en el propio, el contratista.

La comida en los bosques estaba a cargo de las mujeres de los obrajeros o de obrajeros que se reunían con el fin de hacerla y consistía en asados, guisos o locros. En las cuadrillas de la administración de La Forestal, el régimen alimentario era similar. Se desconocían en absoluto las verduras y las frutas, y una proveeduría de contratista se reducía a vender arroz, azúcar, aceite, café, caña, fariña, fideos, galletas, grasa, harina, maíz pisado, sardinas, vino, yerba y, por supuesto, carne. Todo ello provisto por la Compañía y revendido a precios altos a los obrajeros.

Con los contratistas, se dijo con frecuencia, comenzaba la explotación de aquellos miles de hombres sobre los cuales tenía control La Forestal, porque por más que se haya querido disimular las formas de dependencia para evitar que la culpa de la pésima situación social y económica del obrajero recayera sobre ella, por muchos motivos se la considera responsable, entre ellos, su poder suficiente para contener los abusos si eso se hubiera propuesto.

El contratista, a pesar de las condiciones que debía cumplir y de las cargas que pesaban sobre él, fue en ciertos casos un favorecido por la Compañía. Si se quería que sus contratistas aparecieran como independientes de La Forestal, y responsables de lo que ocurría con los obrajeros, era porque las penurias, la miseria, y aun la mala vida que reinaba sobre éstos, bastaba para cubrir de oprobio todo un sistema brutal de explotación del hombre. Ese límite de separación no existía en los libros de contabilidad de la empresa, en los que estaban registrados los nombres de los obrajeros, día de ingreso y egreso y jornales pagados.

Cuando llegaban a un nuevo bosque, vivían en ranchos improvisados con troncos, ramas, cueros, o en “benditos”; las casillas de madera se utilizaron muchos años después. Un testigo de la época nos informa que la mayoría de los obrajeros, incluyendo mujeres y niños, dormían en el suelo, a veces en excavaciones -especie de zanjas- para protegerse mejor del frío. A estos males se los pretendía remediar creando escuelas para educarlos…

La vivienda llamada “bendito” no era más que una enramada similar a la utilizada por los indios. Cuando se inundaban los obrajes, la compañía enviaba vagones donde se guarecían. En los bosques, hasta las exterioridades por las que se manifiesta la presencia del hombre eran un símbolo de la pobreza a que estaban condenados los obrajeros, sometidos a la férula de los contratistas y a la tutoría social de La Forestal.

Se trataba, por lo general, de hombres jóvenes, de 20 a 30 años, que en raros casos soportaban más de diez años la vida del obraje en la misma zona; pero otros, unidos por vínculos matrimoniales o de familia natural, permanecieron al servicio de la compañía hasta que perdieron la fuerza física necesaria para el trabajo, pero La Forestal, que hacía pagos graciables a los obreros o empleados mientras gestionaban su jubilación o que acordara pensiones, se desentendía de los obrajeros fundada en que eran peones de los contratistas.

Sus penurias fueron tan insoportables que muchos abandonaban las labores, y con el desarrollo de los cultivos de algodón y caña de azúcar en zonas próximas, comenzaron a preferir el cambio de actividad. Las quejas sobre el régimen imperante en los obrajes fueron tan numerosas, unidas al éxodo de obrajeros, que la compañía resolvió fijar los precios de venta de mercaderías en los obrajes para contener los abusos, obligando además a los contratistas a facturar las compras. Pero aún así, los abusos continuaron e introdujo una nueva modificación: fueron suprimidas las proveedurías de los contratistas y en cada ramal de vías férreas estableció sus propios almacenes ambulantes en vagones ferroviarios, uno para venta y otro para vivienda del personal.

Los Legisladores: Todas la injusticias perpetuadas dentro del feudo de La Forestal, eran olvidadas por la mirada superficial de legisladores cuyas mejores intenciones perdían toda su energía durante las fastuosas recepciones en las casas de visitas. Allí, en salas ambientadas con muebles importados, de admirable estilo, iluminadas profusamente con lámparas eléctricas ajustadas con tulipas a las paredes sobre planchas de bronce repujado, y artefactos centrales de belleza desconocida en poblaciones del sur, y aun en ciudades, caminando sobre alfombras, sentados en sillones “de museo”, mientras el whisky ascendía de la bodega en bandejas de plata labrada; allí, en Villa Guillermina, en un ambiente de confort moderno, y aun de lujo, donde la cocina no cedía en importancia a la de los más caros restaurantes y donde mirando hacia los patios el adorno de los jardines transportaba el pensamiento hacia un plano de paz, de recogimiento y de belleza construido todo para los directores extranjeros y visitas importantes-, muchos fueron los funcionarios y legisladores que terminaron por olvidar la miseria de los obrajes, las ranchadas de los suburbios obreros y el aniquilamiento de una fabulosa riqueza forestal en provecho de extranjeros. Luego, sentados en sus bancas o en sus despachos, cantaron loas al progreso del norte, o guardaron silencio, mientras el drama del hombre argentino metido en los bosques, el drama del quebracho colorado, se ahondaba en las fábricas, con la disconformidad obrera, y en la tierra dominada por La Forestal.

El diputado provincial Luis E. Filiberti, coinformante con Saccone, decía: “Los peones de los obrajes son, en su gran mayoría, correntines y paraguayos. Debido a leyes atávicas, costumbres y medio ambiente, habituados desde la infancia a la ruda labor y a privaciones, son hombres hijos del rigor, de modo que sobrellevan sus pesadas tareas como si hubieran ^nacido para ese sistema de vida. Generalmente no tienen noción de economía y, así, derrochan todo cuanto ganan y se arruinan materialmente”.

Con ese criterio pasaba por alto hasta sus mismas aseveraciones en cuanto a la explotación que se ejercía por intermedio de los contratistas. No sabemos a qué parte del jornal se refería para destinarlo al ahorro, puesto que todo iba a parar otra vez a la misma mano que lo pagaba, también lo invertido en diversiones fomentadas con ese fin. En algunos obrajes, entre 1920 y 1922, el contratista instituía premios -cojinillo, poncho, caña, etc.- y repartía fichas como adelanto de pago de jornales para estimular el juego.

El que quedaba con el mayor número de ellas ganaba el premio, con lo que quedaba caldeado el ambiente para proseguir las jugadas de taba en las que el mismo contratista oficiaba de “aviador” -cobrador de coima-, y al final del día, el dinero, las fichas o los vales volvían a su poder conjuntamente con lo que se había gastado en libaciones de bebidas que él mismo vendía, a veces por intermedio de “bolicheras” que eran mujeres traídas de exprofeso. Y se quería, desde la banca legislativa, que esos hombres hiciesen economía, que organizasen sus familias y adquirieran hábitos ordenados, allí mismo donde toda la acción del capitalismo conducía a exprimir al máximo y por cualquier medio a esos “hijos del rigor”.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado –

Gastón Gori.Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

 

 

PARA SABER MAS…
CRÓNICA DE LA ÉPOCA:

POR EDUARDO SARTELLI Historiador
Periódico El Bicentenario Fasc. N°6 Período 1910-1929
50 Muertos en la Forestal

La Gran Guerra trajo malas noticias para los trabajadores argentinos, pero la posguerra es peor, ya que originó el proceso de lucha de clases más agudo visto hasta el momento. Comenzó con las huelgas de la Federación Obrera Marítima, en 1916 y 1917, y culminó con la huelga general de junio de 1921. El movimiento de ascenso relativamente pacífico llegó hasta la Semana Trágica. De allí en más, la represión estatal, a cargo del gobierno yrigoyenista, y privada, bajo responsabilidad de la Liga Patriótica, dieron lugar a la secuela de masacres más impresionante que vivió la Argentina hasta el momento.

Los episodios de La Forestal rivalizan con los de la Patagonia a la hora de las cuentas. El árbol, el quebracho. La excusa, la extracción de una sustancia curtiembre. La empresa, La Forestal, fundada a comienzos de siglo como la fusión de varios capitales bajo dominio inglés, que ocupa un extenso latifundio que incluye pueblos enteros con miles de habitantes.

El salario se gana allí y se gasta allí: “vale” y “ficha”. Los precios internos, un 50 por ciento más caros que los externos; la carne, toro viejo; la jornada, eterna; la vivienda, una “enramada”. Hacheros, obreros de obrajes y fábricas se rebelaron contra estas condiciones en las primeras huelgas del norte santafesino. La organización llegó de la mano de la Fora sindicalista, la “IX”.

La primera huelga estalló en julio de 1919; la segunda, en diciembre. Un centro obrero reconocido de hecho por la empresa y promesas de aumento de sueldo coexistieron con la presencia de “gendarmería volante” y escuadras de policías privadas. La respuesta patronal más importante fue otra: un gigantesco lock-out que dejó cesantes a cerca de 12 mil obreros a comienzos del año pasado. La huelga, que tuvo su cronista de lujo en Gastón Gori, se hizo general a fines de enero último, con enfrentamientos entre huelguistas y la policía privada de la empresa.

Se inició la caza del hombre, se destruyó el local sindical, las cifras de muertos se sucedieron apresuradamente. Luego vinieron las “deportaciones” de familias enteras, el incendio de ranchos y las cesantías masivas. Un protagonista, el anarquista Ángel Borda, calcula en cincuenta los muertos. Aunque parezca mentira, estamos a fines del primer gobierno elegido por el sufragio popular.

Historia de La Forestal Explotacion Laboral en el Norte Santafesino

Historia de La Forestal Explotación Laboral

LA FORESTAL Empresa de Tanino, Maderas y Ferrocarriles:

Introducción: Esta es la historia de una compañía extranjera que, con la aquiescencia y complicidad de numerosos funcionarios argentinos, compró a ínfimo valor territorios que afectaban principalmente a las provincias de Santa Fe, Chaco y Santiago del Esmero, creó en una superficie de más de 2.000.000 de hectáreas casi un “estado” dentro del Estado Nacional, con sus ferrocarriles, puertos, ganadería, industria, pueblos que levantaba o arrasaba a su antojo, normas policiales y comerciales, y hasta ejército y moneda propios…

La Forestal es el ejemplo mas fidedigno del  latifundismo, la depredación de la naturaleza, del egoísmo del que tiene el dinero, y con él, el poder, y además el poder de ablandar al poder, la explotación más deshumanizada del hombre de la tierra. Gastón Gori , autor del libro “La Forestal” describe con todos los detalles una de las empresas extranjeras que conquistó lo que quería de acuerdo a la fórmula: Veni, vedi, vid. Y tras de sí dejó el tendal, el campo de los derrotados, después de llevarse todo.

Historia de La Forestal Explotacion LaboralEsta es la historia de un avasallamiento de la dignidad humana, cuyos resultados pueden medirse en que, en algunas de sus poblaciones, el 80% de los fallecidos no llegaba a la edad de treinta y cinco años, carecía de real atención médica, entregaba su vida a la Compañía, a la cual le debía comprar los alimentos, vestimenta y el alcohol que les permitía subsistir…

Esta es la historia de un imperdonable crimen ecológico, el casi exterminio del quebracho colorado sin beneficio para el país y sin el pleno aprovechamiento de una materia prima que, en gran parte, se dejó como pasto de los incendios…

Pero ésta es también la historia de una épica rebelión ante la injusticia, de una matanza injustificable, de una epopeya que aún tiene visos de leyenda en el noreste argentino, pero que Gori retrata aquí con la pavorosa precisión de las cifras.

Imagen Arriba: Moneda de Pago a los Obreros, Sólo Válida En Los Negocios Dentro Del Feudo de “La Forestal”, en este caso para canjearla por 1Kg. de carne, en Villa Guillermina.

PORQUE LA FORESTAL FUE PROPIETARIA DE ESAS TIERRAS

En virtud de ley del 22 de junio de 1872, el gobierno provincial contrató un empréstito con la firma Murrieta y Cía. de Londres. El apoderado de esa empresa en nuestro país era el doctor Lucas González. El pago del empréstito tuvo dificultades y los servicios no pudieron ser cubiertos como estaba previsto. En setiembre de 1880 el P. E., ante gestiones realizadas por el apoderado del acreedor, envió a las cámaras legislativas un proyecto de ley sobre autorización para contratar con Murrieta y Cía. el pago de lo que se le adeudaba del empréstito.

Por el artículo 1°, la tercera parte de esa deuda sería satisfecha con bonos del Tesoro, que devengarían intereses, y dichos bonos serían entregados a Murrieta y Cía. Con el objeto de acelerar la amortización, serían recibidos por el Estado provincial en pago de tierras públicas.

El inciso 5° establecía que se deslindarían tierras suficientes como para pagar las otras dos terceras partes de la deuda, y aclara el artículo 2° que las tierras deslindadas se “venderán en Inglaterra u otras partes de Europa para destinar el producido al pago del empréstito”, con lo que daba a entender que los posibles compradores serían buscados fuera de la órbita de intereses de Murrieta y Cía. aunque no la excluía, ni estaba en el pensamiento del P. E. excluirla, por el contrario sabía que esa empresa estaba -de antemano- interesada en las tierras como una solución de pago.

El artículo 4° coartaba toda otra posibilidad del P. E. para disponer más ventajosamente de las tierras, si se presentara el caso, porque no podía “darles ningún otro destino hasta que estuviera satisfecha la deuda”. Era una especie de hipoteca por vía legislativa, que el gestor de Murrieta y Cía. lograba a favor de sus mandantes.

El autor del proyecto no era un ministro del P. E., como podría suponerse, ni tampoco el gobernador, sino el propio apoderado de la casa de Londres, doctor Lucas González, tal como surge explícitamente del mensaje enviando el proyecto y de la discusión -sumamente breve- que tuvo en las cámaras. Al tratarse el artículo 4°, el senador Torrent dijo que votaría a favor de su aprobación “pues el apoderado de la casa Murrieta y Cía. está satisfecho, siendo el autor del proyecto”.

Sancionada la ley -5 de octubre de 1880- de importancia fundamental para las negociaciones subsiguientes, establecía también que se encargaría de su ejecución a una “persona idónea” y el 5 de mayo de 1881 el gobierno, habiéndose deslindado las tierras el 10 de abril del mismo año, otorga poder para venderlas, no a un negociador perteneciente al gobierno, por formar parte de él, o a un experto en asuntos de colonización e inmigración que tuviera fundamentalmente en cuenta estos aspectos, sino que consideró que la persona idónea de que hablaba la ley era el apoderado de Murrieta y Cía. e hizo recaer el nombramiento en Lucas González.

De modo que el gestor de los intereses de la casa prestataria de Londres representaba a la provincia en la venta de 668 leguas cuadradas de tierra, autorizada por ley del 5 de octubre de 1880, cuyo proyecto era autor en nombre de Murrieta y Cía.

La venta realizada a Murrieta y Cía. constituyó la salida más formidable de tierras del patrimonio público hasta 1881 y la entrega más grandiosa de quebrachales colorados que se realizara en e. mundo. Santa Fe incorporó a sus límites parte de tierra nacional. Al trazarse definitivamente sus fronteras cuando aún no tenía su extensión actual, se realizó la trasferencia de una fracción de su territorio a la firma inglesa. Santa Fe tiene hoy una superficie de 5.397 leguas cuadradas -acrecentadas con respecto a 1881-, pero si tomáramos esa cifra actual como referencia, resulta que se enajenó a Murrieta y Cía. más del 12% de toda la superficie con que contaba la provincia y era la única que tenía ingente riqueza de quebracho colorado.

El norte quedó bajo el dominio directo del capital extranjero, dominio que ampliaría después con otras ramificaciones de sus tentáculo; hasta llegar a tener los caracteres de un “estado” propio, con su puertos, ferrocarriles, ganadería, industria, poblaciones, sus normas policiales, comerciales, etc., etc. ¿Se consideraron estos resultados inmediatos y posteriores al realizarse una transacción de tal magnitud? Los legisladores que aprobaron la ley del 5 de octubre de 1880 que establecía la venta de tierra y pago del empréstito, no debatieron el asunto.

Una breve sesión sirvió para sancionarla. Nadie levantó una potente voz de alarma, ni aportó razones prudentes, ni hizo notar la enormidad de la venta, quizá porque estaban en la creencia de que todas esas tierras se subdividirían en colonias. Nadie ofreció una solución distinta al pago de la deuda del empréstito.

Fuente Consultada: La Forestal, La Tragedia del Quebracho Colorado – Gastón Gori

Gastón Gori (Esperanza, 17 de noviembre de 1915 – Santa Fe, 17 de noviembre de 2004) fue un escritor argentino. Nació bajo el nombre de Pedro Marangoni en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe. Estudió derecho y comenzó a ejercer como abogado, pero luego se dedicó activamente a la literatura. En sus ensayos estudió en detalle la problemática de la inmigración, y especialmente en La Forestal sobre la explotación maderera en los obrajes.

La Vida Dentro de un Reformatorio Para Menores

La Vida Dentro de un Reformatorio Para Menores

En el país hay más de 20 mil niños, niñas y jóvenes privados de libertad. El 87 por ciento está bajo un régimen de encierro no por la comisión de un hecho delictivo sino como consecuencia de situaciones de carencias socio-económicas. La “institucionalización” ha sido la respuesta generalizada que ha dado el Estado desde las políticas públicas a los chicos abandonados, abusados o víctimas de otros delitos, según surge del primer relevamiento nacional sobre niños y jóvenes privados de libertad, presentado ayer por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y Unicef.

El estudio encontró que, en algunos casos, chicos con “causas asistenciales” comparten el mismo establecimiento con menores con “causas penales”. “La separación de los niños y niñas de sus familias y su consecuente institucionalización, lejos de evitar problemas, constituyeron el camino hacia la carrera delictiva. Los institutos y ‘reformatorios’, además de violar los derechos de los niños y niñas internos, han sido verdaderas escuelas del delito”, señala el informe oficial. (Fuente: www.pagina12.com.ar)

Superpoblación y hacinamiento

Son importantes también el Instituto de Menores Garrigos, que alberga actualmente a 150 chicas de edades comprendidas entre los 6 y 14 años con problemas de familia; el Instituto Emilia y Manuel Patino, enclavado en Lomas de Zamora y que aloja a 55 adolescentes mujeres; el Hogar Número 11 Nuestra Señora del Valle, para madres solteras menores de 16 a 21 años; el Instituto Doctor José Sánchez Picado para deficientes mentales de entre 6 y 12 años; la Colonia Ortiz Basualdo (Las Armas) para menores de 12 a 18 años, entre otros. La población actual de los llamados institutos “monstruos” fluctúa actualmente entre los cincuenta y sesenta internos. Durante el Proceso, y para la misma capacidad edilicia, llegaron a convivir 150 y hasta 170 menores por instituto, con su consecuente secuela de hacinamiento, masificación y promiscuidad.

Por los oscuros pasillos del infierno

Una comisión de diputados, acompañada por el periodista Miguel Núñez del diario “La Razón”, visitó en 1985 el instituto Agote. “El propósito es verificar las condiciones en que se desenvuelven estos centros y el modo en que son tratados los internados para luego introducir las mejoras que sean necesarias —escribía Núñez—. El guía ordenó al guardia abrir un portón de barrotes en el que remataba el pasillo de entrada.

En el salón contiguo, una larga mesa con bancos de material era todo el mobiliario del comedor. Apenas enfrente, a dos pasos, las pequeñas celdas permanecían vacías. El diputado justicialista Domingo Purita preguntó para qué eran los calabozos, y otro vigilante que acompañaba al grupo le contestó; “Estos no son calabozos, señor diputado, son las celdas donde duermen los chicos”. Pero Punta no aceptó la explicación. Esto es una cárcel, exclamó contrariado. Las celdas en cuestión tienen dos metros y medio de largo por dos de ancho, cerradas por puertas de hierro con barrotes y ajustadas por gruesos candados. Todas tienen dos camas; una de ellas era simplemente un colchón tirado en el suelo. En las paredes, la pintura era suplantada por leyendas y escrituras y fotos pegadas por sus habitantes. Algunos guardaban bolsas de comida o cajas con muy pocas ropas”.

Quienes vivieron en los reformatorios y quienes “ascendieron” luego a los infiernos de los penales, coinciden en remarcar que en uno y otro sitio se da la misma organización interna, con sus mitos, prejuicios y supersticiones. No obstante, en los institutos para menores no llega a tener tanto peso la “ética carcelaria”, las relaciones personales son más fugaces e irregulares que en las penitenciarías de adultos y la inestabilidad general, tan propia de la adolescencia, suele ser el signo preponderante.

Aunque en ciertos reformatorios los menores son alojados en pequeñas celdas, lo cierto es que en la mayoría de estos institutos prevalecen los dormitorios o pabellones, que los internos llaman “cuadros”. Allí es donde se forman las tradicionales “ranchadas”, alrededor de las cuales se nuclean para compartir la comida, los juegos y las interminables charlas del hastío, seis o siete  adolescentes bajo la mirada “protectora” de un líder.

Este personaje es por lo general quien posee más fuerza física, mayor cantidad de años y, por lo tanto, más experiencia. Impone al principio sus criterios y se convierte luego en esclavo de ellos. “El líder no crea las necesidades del grupo, las encuentra dadas y su función se limita a canalizarlas”, aclara Víctor Irurzún. En los reformatorios suele tener su propio “carima” (homosexual pasivo), algún que otro “valerio” (sirviente) que lava la ropa y cocina para todos.

Junto a otros patrones de “ranchadas” vecinas, se las arreglará para “apretar” al médico del instituto o a algún celador que se ablande bajo las amenazas y ceda sin chistar las llaves del consultorio, y vaciarán las vitrinas en busca de “falopa” que más tarde redistribuirán, canjearán o venderán en los dormitorios. “Como en los primeros días uno no conoce a nadie y no se ha ganado todavía los favores de los líderes, depende únicamente de lo que puedan contrabandearle los amigos desde afuera —relata Guido R.—.

Ese contrabando puede venir en el interior de los paquetes de cigarrillos o de los chicles. En el primer caso, el procedimiento es bastante complicado porque hay que despegar con vapor el celofán, desarmar el atado, cortarle a los cigarrillos unos tres centímetros de punta y colocar en el fondo las pastillas; procurar que queden todos los puchos a la misma altura y cerrar milimétricamente para que parezca virgen”

Sexualidad y humillaciones

Todo se vende, se compra o se arrebata en los reformatorios, especialmente el sexo. El drama suele comenzar con una alucinante “ceremonia de iniciación” durante la cual se viola para humillar. Más tarde se permuta el sexo por la protección, que invariablemente ofrece un “padrino”, o muchacho mayor. No se trata ya de humillación,-sino de goce sexual. Algunos niños se definen allí adentro como homosexuales; otros salen, olvidan y reafirman su propio sexo en la libertad, aunque con las secuelas evidentes. La abstinencia, el onanismo y la pérdida de identidad sexual, dan una idea cabal del grado de represión y perversidad que cunde en el interior de estos institutos.

Elias Neuman opina que “la situación sexual que se vive en el encierro crea agudos problemas. La contención y la abstinencia forzosa de la libido y la presencia de homosexuales con esa tendencia, crea una atmósfera cargada de sensualismo que suele derivar en actos de perversión y violencia inimaginables. (…) El onanismo se debe por sobre todo a la abstinencia sexual, según la mayoría, y su práctica se establece y multiplica y, en algunas oportunidades, de vicio solitario, se vuelve común o, lo que es peor, asociado. De ahí a la homosexualidad hay un solo paso”.

El despertar sexual del menor se ve así sacudido por experiencias sórdidas que determinan, a corto o largo plazo, modificaciones negativas en la estructuración de su personalidad. Esta clase de padecimientos con que la sociedad condena a estos niños y adolescentes, es devuelto tarde o temprano a la comunidad bajo la forma de sátiros abominables, psicópatas y violadores que merodean las calles de las ciudades sembrando el mismo pánico que alguna vez ellos sintieron.

Según los propios habitantes de estos institutos correccionales, el único requisito que se exige para cubrir un puesto de celador es saber respirar. “No puedo evitar un estremecimiento al recordar la crueldad y el sadismo de que eran capaces esos ‘maestros’ que de maestros no tenían nada —confiesa Enrique Medina—. También recuerdo que las celadoras eran peores que los celadores y que nos aplicaban torturas sin hacer discriminaciones y sin demostrar piedad alguna”.

La doctora Pascual admite, por su parte, que los castigos físicos continuaban propinándose hasta hace muy poco tiempo, pero que hoy “la denuncia de un solo chico efectivizada en el despacho dé un juez con sentido humanitario y decencia, pone las cosas inmediatamente en manos de la Justicia, que hace sentir, a su vez, todo el peso de la ley sobre ese celador de mano larga”.

La licenciada Malena Di Paola ensaya una suerte de disculpa para con estos personajes, al decir que “algunos de ellos cumplen jornadas completas y trabajan hasta los fines de semana; cargan con las tareas más pesadas, están mal remunerados y encima se les exige que cumplan con una tarea asistencial para la cual no se encuentran preparados”.

Los estudiosos de la minoridad no dejan de señalar, sin embargo, que muchos de los amotinamientos producidos en determinados reformatorios se deben exclusivamente a los malos tratos recibidos. Se ha insinuado también que los famosos “rechifles” o fugas masivas se concretan con la complicidad de ciertos “maestros”, muy propensos ellos a aceptar sobornos.

En ese mundo oscuro y hostil, en ese “aguantadero” institucionalizado, pasa sus días este adolescente casi niño pero casi hombre. Allí se entrega con fastidio a rutinarias y compulsivas actividades que apenas sirven para combatir el tedio. Aprende silenciosamente las técnicas del delito, explicadas con grandilocuentes gestos por precoces asaltantes y punguistas que comparten su “rancho” y que quizás hasta alguna vez se transformen en sus cómplices. Se vuelve desconfiado, egocéntrico hasta la exasperación y frustrado para siempre. Se trata ya de un perdedor.

RECUERDOS DEL PRIMER DÍA EN UN REFORMATORIO CUALQUIERA:

El testigo rememora: “Pálido y asustado como nunca, el primerizo se alinea en el patio del instituto, junto a otros compañeros en desgracia y grita fuerte ‘presente’, cuando su nombre aparece en la lista.

Luego es obligado a desvestirse y a soportar la primera requisa. Mientras dura esta operación, uno siente que todo es una pesadilla y que aquello no puede estar ocurriendo en la realidad. Mientras te cachean y te hacen los tactos rectales en busca de pastillas o algún “corte” (arma blanca), salen de algún lado los internos viejos y empiezan a “chetearte” (robar) la ropa y los zapatos que traes de afuera.

Más tarde te dan; a cargo, el overol azul, el buzo, y las zapatillas de lona, y te cortan el pelo. Ahí casi todos aflojan y largan el llanto, y los “maestros” (celadores) se te cagan dé risa en la cara. Uno de los ‘maestros’ me dijo ‘Ya vas a ver esta noche como te rompen la colita, maricón”. Me metieron luego abajo de las duchas durante media hora.

El agua salía hirviendo y el vapor hacía imposible la visión adentro de esos baños enormes. Fue entonces cuando por poco me caigo en un pozo ciego. Lo que pasaba era que los internos les destapaban a los nuevecitos el pozo para que se resbalaran y se enterraban hasta el pescuezo en esa montaña de excremento que siempre había en el fondo. Al final fuimos a parar a un dormitorio con seis camas. Allí nos presentamos entre nosotros y nos damos cuenta de que todos é-ramos debutantes. Me encargué de recordarles las amenazas que me había hecho el ‘maestro’. Descubrimos ahí nomás, que convenía estar preparado por las dudas.

Desarmamos las camas, hicimos ‘espadas’ con los elásticos de hierro y esperamos a que cayera la noche. Cuando ya estaba bien oscuro, escuchamos claramente cómo uno de los ‘maestros’ abría la puerta y dejaba pasar a diez pendejos grandes con caras de venir a darse un festín. Nosotros adivinamos al instante que si no reaccionábamos, íbamos a perder hasta el invicto. Sacamos entonces a relucir las ‘espadas’ y les hicimos frente. Los tipos estaban calibrándonos, a ver si éramos ‘logis‘ o ‘pesados‘. Cuando vieron que pensábamos presentar batalla, se replegaron.”

La menor tampoco es un problema menor:

Las estadísticas policiales revelaron que durante los últimos cinco años han desaparecido en la Capital Federal 1.313 chicas de entre 14 y 17 años y que existe al respecto una tendencia creciente. “Se denota preocupación desde distintos sectores por la reiterada frecuencia con que se están produciendo estas desapariciones —advierte Graciela Nora Manonellas—. Algunas de estas jovencitas retornan con el tiempo, otras no vuelven jamás. Se ha negado categóricamente la existencia de organizaciones siniestras dedicadas al secuestro de adolescentes. Se afirmó que sólo en muy pocos casos no se vuelve a tener noticias, otros testimonios indican lo contrario. Todo esto debe llevarnos a reflexionar sobre el tema a fin de establecer sus causas y tomar los recaudos.

En nuestro país se da un fenómeno común a aquellos países que pasaron por trances similares, para luego llegar felizmente a la democracia. En nosotros se ve agravado por la profundidad de la crisis socioeconómica que padecemos.

“Muchas menores, criadas en situación de abandono, se nuclean en grupos cuyos integrantes tienen problemas afines y toman contacto con los medios de comunicación, que les transmiten la imagen de bienes sunturarios de lujos y riquezas a los que jamás podrían acceder. Por eso muchas jovencitas se prostituyen y, en ese submundo entablan relación con los que lucran con ese ‘trabajo’ y las invitan a ingresar en el ambiente que antes veían sólo en imágenes. Lo trascendente es crear las condiciones de hecho que no posibiliten la actuación de esos personajes. Las jovencitas deben tomar conciencia que para ingresar a ese mundo de fantasía que les ofrecen, deben pagar un alto precio: su libertad. Se debe combatir la explotación y trata de mujeres con el mayor énfasis, pero, al mismo tiempo, se debe ayudar a sus víctimas a poder emerger de la trampa tendida y vivir dignamente en sociedad”.

El ochenta por ciento de las menores que son internadas en los reformatorios provienen efectivamente del mundo de la prostitución. La doctora Marta Pascual explica cuáles son las características de las menores infractoras: “El varón llega a nosotros después de haber cometido algún hecho violento. La mujer, en cambio, es más pacífica. La proporción de entradas en institutos es de 1 a 10; por cada chica, diez varones. Curiosamente, esas chicas repiten los destinos de sus madres y abuelas, quienes también han sido golpeadas y golpearon, quienes han sido prematuramente rameras y madres. Repiten las conductas a través de las generaciones”.

Historia de los Reformatorios en Argentina Los Institutos de Menores

Historia de los Reformatorios en Argentina

La falta de cifras oficiales sobre “los chicos de la calle” y los jóvenes que padecen conductas antisociales, mantiene el problema global de la delincuencia juvenil y la niñez abandonada en una peligrosa abstracción, donde funcionarios, jueces, policías y políticos polemizan acerca de su verdadera magnitud. Se sabe, no obstante, que sobreviven en la Argentina contemporánea aproximadamente 3.500.000 niños menores de 13 años con graves carencias y que por lo menos la mitad de ellos no ha cumplido aún los cinco años. A su vez, se ha podido establecer la existencia de unos 800.000 chicos “en situación de alto riesgo”.

Los senderos que conducen al encierro

Variados son los caminos por los que puede arribar un menor a un instituto correccional. Un cuerpo de prevención juvenil, dependiente de la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia, puede “levantarlo” de las estaciones ferroviarias y de las calles, donde estos chicos hacen de vendedores ambulantes o abre-puertas de taxis.

Puede ocurrir que, ante un determinado delito, un juzgado decida su internación. Pero puede suceder también que la misma policía invente una causa e introduzca a uno de estos niños en el asfixiante circuito de los reformatorios.

“Al referirme a la invención de la conducta desviada y criminal, pretendo reflejar el proceso que me han narrado policías, al ser entrevistados, y que puede resumirse así: Observo determinados menores por algún tiempo, cuando voy patrullando la ciudad. Cuando tengo la impresión de que algún muchacho está creando problemas, tomo la decisión de detenerlo. Al tomar la decisión de detenerlo ya lo inventó como presunto cliente de la policía; y por primera vez, si no tiene el niño un padre que interceda ante los organismos preventores, comienza a ser inventado en las estadísticas policiales” (P.D., “Criminología y Sociedad”).

Por uno u otro motivo, lo cierto es que el menor ingresa por primera vez a ese “infierno tan temido”. Generalmente, hace su “entrada triunfal” a bordo de un camión celular, en el interior de una de esas celdillas que todos llaman “ataúdes” y cuya capacidad máxima no tolera más de un cuerpo humano, pero que por obra y gracia de la “magia carcelaria” recibirá dos, tres y hasta cuatro, si es que el encargado de transportarlos quiere evitar un viaje para irse temprano de franco. “Son camiones idénticos a los que se utilizan en las penitenciarías de mayores —describe Matías Ripoll, especialista en minoridad—.

Los diferencia solamente el tamaño. Son toda una metáfora de los reformatorios, que vienen a ser cárceles pequeñas habitadas por  pequeños en donde se reproduce la vida de los presos mayores, con apenas algunos matices propios de la edad”.

El vía crucis del cautiverio

Esos matices conspiran también contra el menor que le ha tocado vivir el “vía crucis” de su propio cautiverio. Los especialistas no se cansan de señalar que la poco desarrollada personalidad de estos niños y adolescentes los hace sumamente vulnerables a todo tipo de sometimiento. El delincuente adulto, en cambio, posee mayores reservas morales como para soportar esa especie de ley de la selva que impera en los institutos correccionales y en las penitenciarías. Allí los más débiles y los más pequeños sufren el abuso y las denigraciones, se convierten en “mujeres” o esclavos de los más grandes, aprenden rápidamente sus vicios y tienden a imitarlos.

La falta de un criterio seleccionador, que permita discriminar a los menores por edades y características, ayuda en buena medida a que esto ocurra. En el interior de esas “tumbas” es muy común encontrar en el mismo pabellón a niños detenidos en la vía pública por vagabundear, con ladrones consumados o con parricidas, pasando por patoteros, drogadictos o simples desertores de la escuela. Cualquier tarea de resocialización, tropieza entonces con este obstáculo insalvable y ya tradicional en los reformatorios argentinos.

Como si no fuera suficiente castigo tener que soportar las penurias de una vida desdichada, el menor es forzado a descender a ese laberinto de crueldades, donde debe purgar religiosamente el pecado de ser un desplazado social, un niño abandonado a su suerte, una pobre víctima de su circunstancia.

La historia de los reformatorios comienza a principios de siglo. Por aquel entonces se ponía el acento en un supuesto espíritu de grandeza, que luego se tradujo en la construcción de enormes edificios, algunos de los cuales subsisten aún hoy en día, invariablemente encuadrados en el art decó y con inmensas galerías y enormes pabellones, pero donde los chicos perdían de vista su identidad y en donde se pretendía hacer vivir a los adolescentes marginados, quienes debían crecer en el respeto a los adultos. Adultos que, por supuesto, detentaban el poder y el saber.

Ese sistema tuvo algunos aciertos, pero contribuyó también de manera notable a crear una mentalidad dependiente y sumisa. Estos chicos no podían desarrollar una visión de futuro y de libertad, no podían pensar en un futuro mejor, como una ambición colectiva.

Las cosas comenzaron a cambiar lentamente durante el gobierno de Yrigoyen. Hubo una generación de juristas y científicos que comenzaron a preocuparse por tecnificar y humanizar el tratamiento de menores. Surgió entonces la ley Agote que establecía el Patronato Nacional de Menores y comienza así a hablarse de tratamiento terapéutico.

El Estado, recogiendo experiencias europeas y norteamericanas, estableció las colonias-hogares, con grupos de adolescentes y con tratamiento familiar en casas de matrimonios. Se puso en práctica así toda una nueva modalidad, que ha permanecido invariable en el sistema y que consiste en la coexistencia de lo antiguo con lo moderno, porque pese a implantarse esas colonias-hogares subsistían establecimientos a cargo de la Sociedad de Beneficencia.

En la década del treinta, bajo la influencia de personalidades como Jorge Cobi y Carlos Arenaza, en lo jurídico; la doctora Carolina Tobar García, en psiquiatría; o Thelma Reca desde el enfoque psicoanalítico, modelan un nuevo sistema que fue, en su momento, orgullo para el país. Hay muchas de sus propuestas que continúan teniendo vigencia en la actualidad y que, sin embargo, aún no han sido totalmente efectivizadas.

La era del peronismo

El peronismo puso luego el acento en la atención de las necesidades básicas y en la ruptura de la marginación de los trabajadores, promoviendo a gran escala la justicia social.

En lo que se refiere específicamente al área de menores, el peronismo puso énfasis en la educación, canalizada durante aquella época por medio de la construcción de escuelas y la apertura de centros, para dar cabida a más chicos de los que eran atendidos por el sistema hasta ese entonces. Otra ayuda fundamental provino de la Fundación Eva Perón.

Se podría recordar también esos edificios grandes de paredes blancas y techos de teja, las es-cuelas-hogares que han quedado en casi todas las ciudades importantes de nuestras provincias. Pero es preciso anotar que durante esa década comenzó a darse importancia a los tratamientos preventivos y ambulatorios, y en forma institucionalizada. También se puso énfasis en los problemas de salud, en el deporte, en las colonias de vacaciones.

El tratamiento de menores con problemas de conducta, sin embargo, no cambió de posición y continuó con las líneas implementada; en la década del treinta, con todos sus aspectos positivos pero también con los negativos.

Política de menores, según Illia y Frondizi

A fines de la década del cincuenta, se crea el Consejo Nacional c¿ Menor. Se trata de una institución que intenta hacer una especie de coordinación entre las áreas que ocupan de los problemas del abandono y de conducta.

Este es   un momento particularmente significativo, inclusive para toda la sociedad argentina, dado que, por ejemplo, el Gran Buenos Aires crece de una manera formidable y también se modifica la forma y la psicología del adolescente con respecto al sistema. Hay una importante cooperación de los equipos terapéuticos. Estos se nutren en forma creciente de psicólogos y de asistentes sociales, quienes junto con los equipos docentes y jurídicos, son los que van a determinar el curso de los tratamientos. Ya no se piensa en aislar al menor de la sociedad, sino que empiezan a buscar integrarlo socialmente.

Para finalmente definir éste sistema, que se va a extender durante todo el gobierno del doctor Arturo Illia, habría que explicar que la búsqueda de lanzar cambios positivos en el tratamiento de menores se dio principalmente a través de los siguientes rasgos: apertura, investigación, capacitación y planificación de políticas. Esto fue lo que intentó hacer, aunque no lo ha logrado plenamente.

El signo distintivo y fatal de la última dictadura

Durante la época del Proceso, estos reformatorios conocieron la superpoblación y una rigidez casi inédita en cuanto a los sistemas disciplinarios internos. Los menores con serios trastornos de conducta eran recluidos en pabellones especiales, dentro mismo de las cárceles de mayores dependientes del Servicio Penitenciario Federal.

Como el instituto para enfermos mentales Tobar García no aceptaba adolescentes con problemas psíquicos, éstos debían resignarse a vivir en hospicios para adultos o hacerse “forzosamente imputables” para ser remitidos a los correccionales. A juicio del subsecretario de Desarrollo Humano y Familia, Julio Bello, “estamos observando hoy la consecuencia de muchos años de desmantela-miento que el aparato represivo militar ejerció sobre el trabajo que realizaban nuestras asistentes sociales. Los chicos abandonados y la falta de referencia de los mismos, son la mejor prueba de esta lamentable verdad histórica”.

Eroles sostiene además que “durante el Proceso, los psicólogos tenían prohibido construir comunidades terapéuticas dentro de los institutos, cuando ése es el instrumento más eficaz en la estrategia de salud comunitaria”. Esto resintió obviamente el trabajo de asistencia y resocialización que, en la teoría, debía llevarse a cabo en los ámbitos de la minoridad, donde terminó aplicándose lo que la doctora Pascual denomina “trompada pedagógica“. “Se trata de un método muy común en el mundo de los menores infractores —especifica—.

El chico que no se adaptaba a una institución había que sacudirle un golpe pedagógico para meterlo en caja”. Esta “ideología del castigo” sería reconocida públicamente por la señora Ruth Fernández de Monjardín, funcionaria durante la última etapa del régimen militar: “Hay que ponerse también en el lugar de un director de un instituto que trata con hasta 100 menores con problemas graves de conducta, que discuten y se agreden entre sí o le pegan a un celador, y que provocan disturbios. No es fácil para nadie aplicar un castigo sin que provoque una dolorosa reacción de injusticia en la gente que ve el problema desde afuera. Los niños del Agote, por ejemplo, reciben certificados de estudios y van a trabajar en talleres. Todo eso necesita un orden y una armonía, y a veces hay menores que no se adaptan y perturban al resto. Por eso es lógico que el menor reciba una sanción. Creo que hay gente que hace terrorismo personal formulando declaraciones donde se quiere mostrar a un instituto siempre como algo negativo” (Tiempo Argentino, 24 de noviembre de 1982).

Los Primeros Idolos Argentinos:Gardel, Legizamo, Distefano y Fangio

LOS MAS DESTACADOS E IMPORTANTES IDOLOS DEL DEPORTE ARGENTINO

Carlos Gardel

Irineo Gegizamón

Alfredo Distefano

Juan M. Fangio

Carlos Monzón

Diego Maradona

LOS PRIMEROS PASOS DEL DEPORTE ARGENTINO:
El tiempo libre: fútbol, teatro y milonga

Los ingleses, además de ferrocarriles, empresas y negocios, trajeron u: deporte que apasionaría a los argentinos: el fútbol.

Aproximadamente en 1900, el club más importante era el Alumni. En le barrios obreros de la ciudad de Buenos Aires y en las orillas del Riachuelo organizaron River Píate, Racing, Boca Juniors, Independiente, San Lorenzo; Huracán. Por esa misma época se fundó Newel’s Oíd Boys de Rosario.

El futbol ponía una pausa a las duras semanas de trabajo. Los hombres empezaron a practicarlo en terrenos baldíos, los “potreros”. Muchos se convirtieron en “hinchas” y alentaron a los clubes que defendían los colores de su barrio. Hacia. 1907 había 300 equipos de fútbol, formados por jóvenes de la ciudad y sus al rededores.

En 1917, un año después de la llegada de Yrigoyen al gobierno, la Argentina participó por primera vez en el Campeonato Sudamericano de Fútbol. Por entonces, el deporte argentino comenzó a aparecer en los campeo natos internacionales.

El tiempo libre no se destinó sólo a los deportes. Antes de comenzar este siglo, existían cerca de veinte teatros en Buenos Aires. Entre 1910 y 1920 se inauguraron treinta más. Algunos más lujosos estaban en el centro, como el nuevo Teatro Colón, inaugurado en 1908.
Cada barrio porteño, aun el más apartado o humilde, tenía su teatro vecinal. También las compañías más importantes solían pasar por los barrios. A su vez, los circos atrajeron mucha concurrencia. Algunos iban con sus carpas de aquí para allá y las instalaban en cualquier terreno baldío. Otros, tuvieron instalaciones fijas construidas con madera.

En los primeros años del siglo XX la milonga y el tango se convirtieron en la música preferida de los sectores populares urbanos, y los lugares donde se bailaban alcanzaron gran difusión.

En el libro “100 Ídolos Porteños“, los autores explican:

Tras su rápida difusión [libro sobre origen del deporte inglés en el Río de la Plata], esta escuela inglesa de los deportes se fue acriollando, especialmente el fútbol, cuando ganó terreno en los hábitos de la cultura obrera argentina y, ya sobre los inicios del siglo XX, fue abandonando su condición de actividad exclusiva de los colegios de señoritos, para empezar a conformarse la incipiente Comunidad Deportiva Nacional: instituciones deportivas estudiantiles, clubes, sindicatos y circuitos de competición de distintas disciplinas organizadas por dirigentes locales que comienzan a tener protagonismo, algunos de los cuales figuran como ídolos en este libro.

El desarrollo del deporte, estuvo ligado indisolublemente al tendido de nuestra red ferroviaria que, a partir del primer ferrocarril (entre Plaza Lavalle y Floresta) en 1857 llegó en 1915 a tener 33.710 kilómetros de vías.

En todos esos ramales, cada quince kilómetros promedio se erigió una estación. “Y con cada estación se insinuó un pueblo, con un almacén de ramos generales que seguro tenía cancha de bochas y en una de esas también una cancha de pelota”, como lo expresa el licenciado Alfredo Armando Aguirre, uno de nuestros grandes y contemporáneos historiadores, en Cavilación en clave de trocha angosta bonaerense. Mientras más se extendían las líneas ferroviarias, más práctica deportiva se realizaba en nuestro país.

Cuando en Buenos Aires la población ya superaba los 800.000 habitantes se presentó en 1904, en la Cámara de Diputados, el proyecto que contemplaba un día de descanso obligatorio en la semana para los trabajadores, conquista que ya tenían algunos gremios y que se convirtió en Ley N° 9104 el 31 agosto de 1905 (autoría de Joaquín V. González y presentado por el diputado socialista Alfredo Palacios).
Durante el gobierno popular de Don Hipólito Yrigoyen, en 1929, por la Ley N° 11.544, se impone la jornada laboral de ocho horas de trabajo por día.

Estas horas y días de descanso permitieron a los trabajadores empezar a construir instituciones para disfrutar en sociedad de su tiempo libre. Comenzaron así a formarse infinidad de nuevos clubes y a popularizarse la práctica de los deportes.

Entre la década del ’40 y de los ’60 Buenos Aires se fue constituyendo como gran urbe generadora de cultura. Con sus nombres rutilantes, numerosos escritores como Manzi, Borges, Marechal, los dos Discépolo, las dos Ocampo, Cortázar… Con su música original, el tango, y sus infinitos intérpretes, Gardel, Tita Merello, los dos ángeles D’Agostino y Vargas, D’Arienzo, Nelly Ornar, Pugliese, Troilo, Hugo Del Carril, Julio Sosa, Mariano Mores, Astor Piazzolla, el Polaco Goyeneche, Edmundo Rivero… Con sus actores, artistas plásticos, compositores del género clásico, periodistas, científicos, investigadores… Y también con una gran cultura deportiva, expandida en el mismo nivel que los otros campos de actividad.

En el caso del fútbol, ese crecimiento obligó a la construcción de los estadios más grandes conocidos hasta entonces: el Monumental de River, la Bombonera de Boca, el Cilindro de Racing en Avellaneda, el de Huracán junto a la quema. Seguía don Pepe Amalfitani sumando ladrillos al de Vélez Sarsfield y mantenía Independiente el orgullo de haber construido el primer estadio de cemento que tuvo América Latina.

SOBRE LOS ÍDOLOS: Los ídolos se presentan como espejos donde se ve Lo que se quiere ver. Deslumbran y fascinan porque se necesita creer que son tan incondicionales hacia las personas como las personas hacia ellos, como si no tuvieran dificultades personales que resolver, su propia mochila…

Comprender que sí los tienen, como cualquier persona, puede resultar una buena advertencia contra el riesgo de la idolatría, que es una especie de adicción centrada en alguien. El peligro de La idolatría es que puede hacer perder la libertad y la autonomía.
El modelo, en cambio, despierta admiración, no es un personaje sino una persona con sus debilidades e imperfecciones —que no tiene por qué ocultar— y no pide imitación, sino que genera inspiración.

Lo que Onetto describe como modelos se asemeja mucho a lo que Cyrulnik llama tutores de resiliencia. Se trata de personas reales, luchadoras, que no temen mostrar sus imperfecciones, pero tampoco su empeño por superarlas. Que no se proponen “dejarnos con la boca abierta”, ni “dar ejemplo” las veinticuatro horas del día, ni emitir sermones a diestra y siniestra acerca de cómo es la vida y cómo se la debe vivir, pero demuestran vivir intensamente y pensar sobre lo que viven. Disfrutan transmitiendo a quienes los siguen, el fruto de esas reflexiones y vivencias.

Fuente Consultada:
Sociedad, Espacio y Cultura 3° Curso EGB Prislei-Tobío-Geli
100 Ídolos Porteños  1910-2010
AS Adolescencia y Salud Polimodal – Gagliardi-Martiná-Míguez

IDENTIDAD NACIONAL ARGENTINA

identidad nacional argentina

Huelga de los Inquilinos Historia de los Conventillos Buenos Aires

Huelga de los Inquilinos-Historia de los Conventillos Buenos Aires

Las malas condiciones de vida en los conventillos, los aumentos en el monto de los alquileres, la arbitrariedad con que eran tratados los inmigrantes por parte de los encargados —los caseros— y el desamparo judicial, fueron algunos de los factores que provocaron una inédita huelga de inquilinos en 1907. El conflicto —organizado por una Liga de lucha contra los altos alquileres e impuestos y apoyado por las organizaciones obreras de tendencia anarquista y socialista—, se inició en los barrios porteños del sur y se extendió a Avellaneda, Lomas de Zamora y a ciudades en rápido crecimiento como Rosario y Bahía Blanca.

HUELGA DE LOS INQUILINOS: En 1907 se produjo un hecho inédito en la historia de las luchas populares argentinas: la huelga de inquilinos. Los habitantes de los conventillos de Buenos Aires, Rosario, La Plata y Bahía Blanca decidieron no pagar sus alquileres frente al aumento desmedido aplicado por Los propietarios. La protesta expresó además, el descontento por las pésimas condiciones de vida en los inquilinatos.

conventillos , huelga de inquilinosLos protagonistas de estas jornadas fueron las mujeres y los niños, que organizaron multitudinarias marchas portando escobas con las que se proponían “barrer la injusticia”.

La represión policial no se hizo esperar y comenzaron los desalojos. En la Capital estuvieron a cargo del jefe de Policía, coronel Ramón Lorenzo Falcón, quien desalojó a las familias obreras en las madrugadas del crudo invierno de 1907 con la ayuda del cuerpo de bomberos. El gremio de los carreros se puso a disposición de los desalojados para trasladar a las familias a los campamentos organizados por los sindicatos anarquistas.

Las demandas de los huelguistas eran una rebaja del 30% de los alquileres, la eliminación de los tres meses de depósito que exigían los propietarios, el mejoramiento de las condiciones sanitarias y la flexibilidad en los vencimientos y desalojos. Se calcula que unas 100.000 personas participaron del movimiento, cuya principal medida fue no pagar el alquiler.

Luego de algunos meses de conflicto, en el que se produjeron desalojos con apoyo judicial y policial, situaciones violentas y, en ocasiones, rebajas en el precio de los alquileres, el movimiento se fue diluyendo. A los dirigentes más combativos, algunos de ideas anarquistas, les fue aplicada la ley de Residencia —fueron encarcelados o deportados— y muchos huelguistas abandonaron la lucha.

La presión de los propietarios, que contó con el apoyo del Estado, rindió sus frutos, y las mejoras otorgadas en los meses de auge de la huelga fueron luego descartadas, por lo que las condiciones de vida de los habitantes de los conventillos no variaron sustancialmente, pero este movimiento representó un llamado de atención sobre las dramáticas condiciones de vida de la mayoría de la población.

LOS CONVENTILLOS: Los conventillos y las casas de inquilinato eran las viviendas populares predominantes en Buenos Aires, Rosario y Córdoba, y estaban localizadas en su mayor parte en las zonas céntricas y próximas al puerto. En estas viviendas llegaron a habitar cerca de 150.000 personas, en forma precaria y en graves condiciones de hacinamiento, a tal punto que podían convertirse en focos de difusión de enfermedades infectocontagiosas.

Se trataba de grandes casas de varias habitaciones y un patio central, construidas en su momento por familias pudientes, y luego adaptadas, aunque otras fueron construidas especialmente para dar albergue a varias familias. Los propietarios de los conventillos alquilaban las habitaciones a familias enteras o a grupos de individuos. Algunos conventillos llegaron a albergar a trescientas personas.

En general, carecían de ventilación, los escasos cuartos de baño eran compartidos y también se compartían los picos de agua. Los altos alquileres que se pagaban subieron durante los primeros años del siglo XX, situación que dio lugar, en 1907, a una protesta conocida como “la huelga de inquilinos”, en la que intervinieron unas 100.000 personas. Se inició en La Boca, San Telmo y el Centro, y se extendió a otros barrios.

La vivienda familiar y, en lo posible, propia, era el sueño y la aspiración de la mayoría de los trabajadores, frente a la miserable vida cotidiana del conventillo. El crecimiento del municipio y la extensión del tranvía eléctrico posibilitaron que algunos obreros comenzaran a trasladarse lejos del centro. Muchos de ellos pudieron, incluso, acceder a la compra de un lote y construir su vivienda.

EL PROBLEMA DE LOS ALQUILERES
En 1883 el alquiler promedio de una pieza de conventillo ascendía a $ 5,80, cifra que siete años después, a favor de la voracidad especuladora que caracteriza a la vida económica del 80, se duplicaba con creces. Para evaluar la incidencia de los alquileres en e! presupuesto obrero debemos tener en cuenta que hacia 1886, sobre la base de datos confiables, el salario promedio de un obrero calificado era de $ 2,50, en tanto que la mano de obra no especializada —que constituía un porcentaje importante de la población activa— llegaba excepcionalmente a salarios de $ 2.

En 1895 el primer sector alcanzaba los $ 3,50 y el segundo había crecido apenas proporcionalmente, mientras que los alquileres, en contraste con este parsimonioso incremento salarial, habían sobrepasado con generosidad la barrera del 100 %. Para una visión más ajustada de las fluctuaciones del salario hay que tener en cuenta, como lo señalaba Adrián Patroni al referirse a la situación de la clase obrera en 1897, que el total real de días de labor era de 257 días, con lo cual el salario real descendía en aproximadamente un 10%.

Teniendo en cuenta la desvalorización de la moneda entre 1880 y 1891 (332 %) José Pa-nettieri ha calculado, en su libro Los Trabajadores, un deterioro en pesos oro de orden de los 0,69 centavos y, entre 1885 y 1891, un deterioro de $ 1,14.

Tabla con  las fluctuaciones de los alquileres en el lapso 1904-12 en cuatro parroquias representativas:

Parroquias 1904 1912
San Cristóbal 13 26 a 30
San Telmo 15 28 a 32
Catedral Sur 18 40
Socorro 16 30 a 35

Hacia 1912, como podemos observar, la especulación había llevado los precios de locación a las nubes, y aunque se insistía en explicar este fenómeno a través de factores como el aumento de los materiales, e! precio de la tierra y los intermediarios parasitarios, los inquilinos de conventillos verificaban, cada mes, que la Argentina era uno de los países con alquileres más caros.


En 1907 se produjo un hecho insólito: la “huelga de inquilinos”, que rápidamente ganó las barriadas populares con tres consignas básicas: reducción de alquileres en un 30 %, mejoras en las casas, garantía contra el desalojo.

El inusual movimiento de resistencia se inició a comienzos de setiembre en los conventillos de la calle Ituzaingó 279-325, en los que residían aproximadamente 130 familias, y se fue extendiendo velozmente por la ciudad. Algunos propietarios transaron.

pero otros trataron de recurrir al desalojo compulsivo. En el inquilinato de San Juan 677 la intervención de la policía de Ramón Falcón dejó un muerto y varios heridos. El 28 de octubre los inquilinos realizaron un mitin en plaza San Martín, y a su término marcharon en manifestación hacia la avenida de Mayo. El escuadrón de seguridad intervino y se produjo un tiroteo con saldo favorable para los huelguistas: cuatro vigilantes heridos.

En Hechos y comentarios (1911) E. G. Gilimón describió así la famosa huelga:
“Buenos Aires es una ciudad que crece desmesuradamente. El aumento de la población es extraordinario por preferir la mayor parte de los inmigrantes quedarse en ella a ir a vivir al interior del país, cuya fama es desastrosa.

“Las pésimas policías de campaña; la verdadera inseguridad que existe en el campo argentino, del que so señores absolutos los caciques electorales, influyen en el ánimo de los europeos, aun sabiendo que hay posibilidades de alcanzar una posición económica desahogada con mucha mayor facilidad que en la capital, a quedarse en ésta, en la que de todas maneras hay más seguridad, mayor tranquilidad para el espíritu.

“La edificación no progresa lo suficiente para cubrir las necesidades de la avalancha inmigratoria, y esto hace que los alquileres sean cada día más elevados, y que para alquilar la más mísera vivienda sean necesarios una infinidad de requisitos. “Si a un matrimonio solo le es difícil hallar habitación, al que tiene hijos le es poco menos que imposible, y más imposible cuantos mas hijos tiene.

“De ahí que las más inmundas covachas encuentren con facilidad inquilinos, ya que Buenos Aires no es una población en la que sea dado andar eligiendo…

“Desde muchos años atrás, esta formidable y casi insolucionable cuestión de las viviendas, había sido tema de batalla para los oradores de mitin.

“Socialistas, anarquistas y hasta algunos políticos sin contingente electoral, habían en todo tiempo clamado
contra la suba constante de los alquileres, excitando al pueblo, ora a la acción directa, ora a la electoral, según que el orador era un anarquista o tenía tendencias políticas.

“Un buen día se supo que los vecinos de un conventillo habían resuelto no pagar el alquiler de sus viviendas en tanto que el propietario no les hiciese una rebaja. La resolución de esos inquilinos fue tomada a risa y a chacota por media población. “Pronto cesaron las bromas. De conventillo a conventillo se extendió rápidamente la idea de no pagar, y en pocos días la población proletaria en masa se adhirió a la huelga.

“Las grandes casas de inquilinato se convirtieron en clubes. Los oradores populares surgían por todas partes arengando a los inquilinos y excitándolos a no pagar los alquileres y resistirse a los desalojos tenazmente. “Se verificaban manifestaciones callejeras en todos los barrios sin que la policía pudiese impedirlas, y de pronto, con un espíritu de organización admirable, se constituyeron comités y subcomités en todas !as secciones de la capital.”

Los Conventillos de Buenos Aires Origen de Conventillos en Argentina

Los Conventillos de Buenos Aires – Conventillos en Argentina

Buenos Aires, debió duplicar o triplicar en pocos años su capacidad habitacional para dar cabida a los nuevos contingentes inmigratorios. La mudanza de los grupos tradicionales al Barrio Norte (alrededores del 80) permitió alojar a numerosas familias, que se hacinaron en los ya obsoletos caserones del Sur. Los especuladores, a su turno, no tardaron en acondicionar vetustos edificios de la época colonial  en hacer construir precarios alojamientos para esta demanda poco exigente y ansiosa por obtener, mal o bien, su techo.

La improvisación, el hacinamiento, la falta de servicios sanitarios y la pobreza sin demasiadas esperanzas hicieron el resto. Había nacido el conventillo, y Silverio Domínguez (“Ceferino de la Calle“) lo describía tiempo después en Palomas y gavilanes (1886), un novelón de costumbres bonaerenses:

“La casa de inquilinato presentaba un cuadro animado, lo mismo en los patios que en los corredores. Confundidas las edades, las nacionalidades, los sexos, constituía una especie de gusanera, donde todos se revolvían saliendo unos, entrando otros, cruzando los más, con esa actividad diversa del conventillo. Húmedos los patios, por allí se desparramaba el sedimento de la población; estrechas las celdas, por sus puertas abiertas se ve el mugriento cuarto, lleno de catres y baúles, sillas desvencijadas, mesas perniquebradas, con espejos enmohecidos, con cuadros almazarronados, con los periódicos de caricaturas pegados a la pared y ese peculiar desorden de la habitación donde duermen seis y es preciso dar buena o mala colocación a todo lo que se tiene.”

LA “ÉPOCA DE ORO” DEL CONVENTILLO
Conventillos en Buenos AiresLa “época de oro” del conventillo porteño se localiza hacia la década del 80, aunque la casa de inquilinato, como institución, desborda ese marco y se proyecta con ligeras variantes hasta hoy. Al comenzar los años 1880 Buenos Aires cuenta con 1.770 conventillos, en los que pernoctan 51.915 personas repartidas en 24.023 habitaciones de materia!, madera y chapas. Tres años después las casas de inquilinato son 1.868, pero apenas se han agregado 1.622 cuartos para alojar a 12.241 nuevos parroquianos.

En 1887, pico de la década, los conventillos son 2.835. A mediados de 1890 el número de éstos decrece a 2.249, pero la relación habitaciones habitantes continúa siendo alarmante: 37.603 habitantes para 94.743 inquilinos. Los barrios o parroquias más populosas son Concepción (Caseros, Solís, México y Chacabuco), Piedad (Alsina, Sarandí, Ayacucho, Paraguay, Uruguay y San José), Socorro (Paraguay, Uruguay, Callao y Río de la Plata), San Nicolás (Uruguay, Cuyo, Esmeralda y , Paraguay), Balvanera (México, Boedo, Victoria, Medrarte, Córdoba, Paraguay, Ayacucho y Sarandí) y San Telmo (Chacabuco, México, Paseo Colón y Caseros).

Parroquia 1880 1898 1912
Concepción 220 221 356
Piedad 204 134
Socorro 192 131 225
San Nicolás 182 0 324
Balvanera 181 145 100
San Telmo 152

Desde sus comienzos el conventillo fue fuente de reflexión y escándalo para los hombres del 80, que habían sido, en cierta medida, sus artífices. Complicada con ingredientes de xenofobia, esteticismo, positivismo a! uso y fobia clasista, es fácil adivinar el efecto que habrá causado en estos hombres la imagen del paupérrimo (pobreza) y de la mugre vocinglera, entrevista fugazmente al cruzar ante u portal de la calle Bolívar o Alsina.

Para algunos, lectores apresurado de la novedosa escuela de Medán ; de los textos sociológicos de Ramos Mejía, este caso de anfiteatro en un claro testimonio de las taras hereditarias y de la inferioridad socia y biológica de la inmigración meridional; para otros, apenas un fantasma que se conjuraba con la causerie en el Círculo de Armas O con el viaje a Europa, donde se reencontraba, por cierto, a los mismos fantasmas, pero esta vez (lo que resultaba tranquilizador) en su propia casa. Allí, desvalorizada en él fondo del conventillo cosmopolita estaba la “resaca humana”, el “áspero tropel de extrañas gentes” de Rafael Obligado, la “ola roja” de Cañé, los “judíos invasores” de Marte!, los italianos con “rapacidad de buitre” de Cambaceres.

Aparte, y a bastante distancia, la gente “decente”, los criollos rancios que reconocen las claves de las causeries de Mansilla, que saben de qué habla Lucio V. López en ¿as griegas de terracota (o lo fingen), que se vinculan “entre nos” por un código y unos recuerdos comunes.


Guillermo Rawson, conventillosRAWSON SE OCUPA DE LOS CONVENTILLOS
No faltan, sin embargo, quienes tratan de acercarse al fenómeno con cierto rigor científico, como Eduardo Wilde en su Curso de Higiene Pública (1883), y como Guillermo Rawson, que publica en 1885 un revelador Estudio sobre las casas de inquilinato de Buenos Aires cuyo texto vale la pena recorrer.

Conmovido por la degradación ambiental del conventillo, Rawson comienza su trabajo con una astuta apelación al instinto de supervivencia de las clases pudientes, todavía impresionadas por la epidemia de fiebre amarilla de 1871:

“Acomodados holgadamente en nuestros domicilios, cuando vemos desfilar ante nosotros a los representantes de la escasez y de la miseria, nos parece que cumplimos un deber moral y religioso ayudando a esos infelices con una limosna; y nuestra conciencia queda tranquila después de haber puesto el óbolo de la caridad en la mano temblorosa del anciano, de la madre desvalida o del niño pálido, débil y enfermizo que se nos acercan.

“Pero sigámolos, aunque sea con el pensamiento, hasta la desolada mansión que los alberga; entremos con ellos a ese recinto oscuro, estrecho, húmedo e infecto donde pasan sus horas, donde viven, donde duermen, donde sufren los dolores de la enfermedad y donde los alcanza la muerte prematura; y entonces nos sentiremos conmovidos hasta lo más profundo del alma, no solo por la compasión intensísima que ese espectáculo despierta, sino por el horror de semejante condición. “

De aquellas fétidas pocilgas, cuyo aire jamás se renueva y en cuyo ambiente se cultivan los gérmenes de las más terribles enfermedades, salen esas emanaciones, se incorporan a la atmósfera circunvecina y son conducidas por ella tal vez hasta los lujosos palacios de los ricos. “Un día, uno de los seres queridos del hogar, un hijo, que es un ángel a quien rodeamos de cuidados y de caricias, se despierta ardiendo con la fiebre y con el sufrimiento de una grave dolencia.

El corazón de la madre se llena de ansiedad y de amargura; búscase sin demora al médico experimentado que acude presuroso al lado del enfermo; y aquél declara que se trata de una fiebre eruptiva, de un tifus, de una difteria o de alguna otra de esas enfermedades zimóticas que son el terror de cuantos las conocen.

El tratamiento científico se inicia; el tierno enfermo sigue luchando con la muerte en aquella mansión antes dichosa, y convertida ahora en un centro de aflicción; el niño salva, en fin, o sucumbe bajo el peso del mal que lo aqueja. “¿De dónde ha venido esa cruel enfermedad?

La casa es limpia, espaciosa, bien ventilada y con luz suficiente según las prescripciones dela higiene. El alimento es escogido y su uso ha sido cuidadosamente dirigido. Nada se descubre para explicar cómo ese organismo, sano y vigoroso hasta la víspera, sufriera de improviso una transformación de esta naturaleza. El enfermo ha sanado quizá, y damos gracias al cielo y al médico por esta feliz terminación; o ha muerto dejando para siempre en el alma de la familia el duelo y el vacío; pero no investigamos el origen del mal; las cosas quedan en las mismas condiciones anteriores y los peligros persisten para los demás.

“Acordémonos entonces de aquel a cuadro de horror que hemos contemplado un momento en la casa del pobre. Pensemos en aquella acumulación de centenares de personas, de todas las edades y condiciones, amontonadas en el recinto malsano de sus habitaciones; recordemos que allí se desenvuelven y se reproducen por millares, bajo aquellas mortíferas influencias, los gérmenes eficaces para producir las infecciones, y que ese aire envenenado se escapa lentamente con su carga de muerte, se difunde en las calles, penetra sin ser visto en las casas, aun en las mejor dispuestas; y que aquel niño querido, en medio de su infantil alegría y aun bajo las caricias de sus padres, ha respirado acaso una porción pequeña de aquel aire viajero que va llevando a todas partes el germen de la muerte.”

Sui Generis Grandes Bandas de Rock de Argentina Nito Mestre Charly Garcia

Sui Generis Grandes Bandas de Rock de Argentina

Muchas cosas pasaron a lo largo de la vida de dos de los más importantes referentes del rock nacional. Estamos hablando de Charly García y Nito Mestre, quienes a pesar de los vaivenes de su existencia y de las realidades que ambos debieron enfrentar en conjunto y separados, lograron mantener una amistad que trascendió la música.

SUI GENERIS BANDA DE ROCK ARGENTINA

Basta como ejemplo de lo dicho recordar aquella reunión del grupo Sui Generis que se produjo en el año 2000, propiciada por García después de que Mestre sufriera las terribles consecuencias físicas y psicológicas de un accidente automovilístico que lo tuvo por protagonista.

Los años habían pasado, pero la amistad que los unía y el talento que siempre los caracterizó continuaban vivos.

Hoy, tanto García como Mestre son leyendas vivientes del rock argentino, y gracias a todo lo que han hecho juntos durante el período de la banda Sui Generis quedarán para siempre en los anales de la historia del rock, no sólo nacional, sino en representación de este género en habla hispana.

La historia de este emblemática duo comienza en 1969 cuando en los pasillos del Instituto Social Militar “Dr. Dámaso Centeno” se cruzaron dos jóvenes a los que no les gustaba el estudio y preferían pasar el tiempo abocados a la música, tanto a escucharla, como a interpretarla y componerla.

Ambos, Charly y Nito habían comenzado a explorar el maravilloso mundo de la música desde muy pequeños, y ya a sus 20 años eran expertos intérpretes, García en Piano y Nito en canto, guitarra y flauta. Por supuesto que ambos eran miembros de agrupaciones musicales, que asiduamente se reunían a ensayar en alguna casa del barrio porteño de Caballito. En aquella época, Charly pertenecía a la banda juvenil To Walk Spanish, mientras que Nito tocaba con la The Century Indignation.

Inmediatamente después de conocerse decidieron que debían hacer algo juntos, por lo que abandonaron sus respectivas agrupaciones y dieron lugar al nacimiento de Sui Generis, concepto expresado en latín, que traducido al castellano significa “único en su especie”.

Completaron el grupo algunos amigos más, y se sumaron Alberto Rodríguez en la batería, Alejandro Correa en el bajo, que posteriormente sería reemplazado por Rolando Fortich, Juan Bellia en guitarra y Carlos Piegari en guitarra y voz. Mientras tanto, Charly se encargaba del piano y ponía voces que se escuchaban a dúo con la de Nito Mestre, quien además interpretaba la flauta.

Eso fue en un principio, cuando se trató de agrupación, pero con el paso del tiempo Sui Generis que había nacido como banda pasó a constituirse en un dúo, después de que sólo quedarán García y Mestre luego de la deserción del resto de los músicos.

En el circuito musical no tardaron en convertirse en una de las bandas más aplaudidas por el público del ambiente underground. Sin embargo, García y Mestre tenían una meta definida: grabar un disco. Pero aunque parezca mentira, en aquel momento no hubo ninguna compañía discográfica que se interesara en ellos.

Sin embargo, el momento de alcanzar su sueño llegó en 1972, cuando después de hacer una audición para el productor Jorge Álvarez, conocido por ser el fundador del sello independiente Mandioca como así también por tener un excelente olfato para descubrir talentos, Charly y Nito firmaron el contrato que les permitiría llevar sus composiciones al disco.

De allí en más el éxito no se detuvo, y los álbumes editados superaban éxito las expectativas de todos. Así fueron llegando primero “Vida” en 1972, al que le siguió “Confesiones de invierno “, “Pequeñas anécdotas sobre las instituciones”, y el final y disolución de la banda en 1975 con el disco doble en vivo titulado “Adiós Sui Géneris”.

Los años pasaron y existieron distintas reuniones entre los músicos para intentar reflotar aquella legendaria banda. De aquellos intentos surgieron dos trabajos discográficos titulados “Sinfonías para adolescentes”, publicado en el 2000 y el disco en vivo “Si – Detrás de las paredes”, que sólo sirvieron para demostrar cómo el tiempo y la distancia diluyen lo que alguna vez fue hermoso.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

AMPLIACIÓN DEL TEMA: Era el año 1954. Aunque Charly García sólo tenía 3 años, a los padres les quedaba claro que le encantaba la música. Fue natural que le regalaran un pianito de juguete. Muchos nenes y nenas reciben ese regalo, pero son pocos los que en corto tiempo lo usan para tocar melodías reconocibles. De muy chiquito, Charly empezó a estudiar seriamente el piano.

A los 12 se había recibido de profesor del instrumento. Su habilidad sorprendía incluso a músicos experimentados, como la folklorista Mercedes Sosa, amiga de la familia. Una noche, cenando en casa de los García, Sosa lo escuchó tocar y opinó: “¡Este chico es como Chopin!” (famoso pianista y compositor de música clásica).

Charly García Nito Mestre

En la secundaria (en el barrio porteño de Caballito), Charly García armó sus primeras bandas de rock, que tocaban covers de las estrellas de la época. A los 17, junto con Nito Mestre, un compañero de la escuela, formaron Sui Generis.

Como si fuera el guión de una película, la mayoría de las compañías grabadoras rechazó al dúo de pibes desconocidos que decían tener una banda, hasta que una aceptó grabarles un disco. El disco fue un éxito.

Sui Generis fue el grupo que hizo conocido a Charly, pero la historia apenas empezaba. Después de tres discos, Sui Generis se despidió del público en 1975 con dos presentaciones en el Luna Park que juntaron más de 25.000 personas, el mayor recital de rock que el país había conocido. Muchas de sus canciones, como Rasguña las piedras o Bienvenidos al tren, se hicieron clásicos.

Charly no se quedó quieto. En 1976, tocaba teclados, cantaba y era compositor principal de La máquina de hacer pájaros. Lo acompañaba un grupo de músicos que venía de algunas de las bandas pioneras del rock argentino: el baterista Osear Moro, Carlos Cutaia en teclados, Gustavo Bazterrica en guitarra y el bajista José Luis Fernández.
Las nuevas canciones de Charly ya eran más largas y complejas. La música era distinta y La máquina no repitió el gran éxito de Sui Generis, aunque hicieron recitales de buena convocatoria. El grupo sacó su segundo disco en 1977 y enseguida se disolvió. Con el tiempo, se convertiría en una banda de culto. Algunos de sus temas más característicos son Bubulina, Rock and Roll e Hipercandombe.

La última banda de Charly significó su consagración como músico e ídolo popular. Será Giran se formó en Brasil. Junto a Charly estaban el guitarrista David Lebón, Pedro Aznar en bajo y, nuevamente, Osear Moro en batería.

El primer disco apareció en 1978. La consagración no llegó sola y sin esfuerzo. Al principio, el público les dio la espalda, a veces literalmente. Pero la banda, como corresponde, siguió tocando. Aparecieron dos nuevos discos en 1979 y 1980 y, de repente, Será se había transformado en la banda más grande del rock nacional.

Será Giran se separó en 1982. Antes, dio recitales en el estadio Obras donde se grabó No llores por mí, Argentina, un disco en vivo que demuestra la precisión de los músicos en el escenario. El mismo año salió el primer disco de García como solista, Pubis angelical/ Yendo de la cama al living. Desde entonces, su carrera crece en solitario. (Fuente: El Diario de National Geograrphic N°31 – Música Nacional)

SODA STEREO Grupo de Rock Argentino Gustavo Cerati Musica Nacional

SODA STEREO Grupo de Rock Argentino

“El metrónomo de Dios puso el tiempo en suspensión” es la frase que aparece en una de las tantas webs dedicadas a la legendaria banda de rock argentino, y en ese sitio el amor incondicional de los fans que los mantiene a la espera del milagro nos golpea directamente frente a los ojos a través de un gran titular que reza: “¡Despierta Gustavo!”.

SODA STEREO Grupo de Rock Argentino Gustavo Cerati Musica Nacional

Ha pasado más de un año del accidente cerebro-vascular que sufrió Gustavo Cerati, líder indiscutido de Soda Stereo, y a pesar de que aquel milagro esperado por sus seguidores continúa sin llegar, las esperanzas se mantienen intactas. Mientras tanto, Gustavo espera en su profundo sueño.

El grupo de fans que visita asiduamente las puertas de la clínica en la que el cantante se encuentra internado es realmente heterogéneo, lo que sobre todo se percibe en las edades de los seguidores, que demuestra claramente que Soda Stereo fue una de las grandes bandas del rock nacional que supieron trascender en el tiempo.

En 1982 tres músicos, Gustavo Cerati, Zeta Bosio y Charly Alberti, lograron concretar un sueño común con el nacimiento de la banda que decidieron bautizar como Soda Stereo. Claro que al principio las cosas no fueron fáciles, y debieron recorrer el arduo camino del underground antes de convertirse en una de las agrupaciones líderes de la Argentina.

Debieron pasar dos años desde la conformación del grupo para que Soda Stereo lograra grabar su primer trabajo discográfico, que llevó por título el mismo nombre de la banda. La presentación de este disco debut, llevada a cabo mediante un concierto realizado en el teatro Astros de Buenos Aires, les abrió las puertas al Festival Chateau Rock, uno de los más importantes en aquel momento en nuestro país.

Gracias a este show pudieron compartir su música con un público que excedía las 15 mil personas, el cual los convirtió rápidamente en la revelación del famoso espectáculo, que reunía a las más importantes bandas de la Argentina.

Aquello fue un hecho significativo en la historia del grupo, y les permitió ser uno de las agrupaciones más destacadas del Festival Rock & Pop de 1985, donde Soda Stereo compartió el escenario con INXS, Nina Hagen y John Mayall.

Las apariciones en grandes conciertos hicieron posible que el grupo comenzara a ganar cada vez mayor popularidad y trascendencia, lo que provocó que en 1985 en el recital realizado para la presentación del segundo disco, titulado “Nada Personal”, más de 20 mil espectadores se hayan dado cita para ovacionar al trío.

El segundo álbum de la agrupación batió inmediatamente récords de ventas, y canciones como “Cuando pase el temblor” y “Nada Personal” comenzaron a escucharse en todas las emisoras de frecuencia modulada del país, contribuyendo a que aquellas melodías se transformaran en clásicos del rock nacional. Pero además, aquello le permitió al grupo traspasar las fronteras de Argentina, y comenzar a perfilarse como una de las agrupaciones más escuchadas en toda Latinoamérica.

En pleno éxito, y luego de publicar “Signos” en 1986, la banda lanza en 1988 su álbum “Doble Vida”, el cual fue registrado en estudios de la ciudad de Nueva York y contó con la producción artística del prestigioso Carlos Alomar. Algunos pocos meses después, el quinto disco de Soda Stereo superó el primer millón de placas vendidas, consagrando a la agrupación para siempre. Esto les permitió además acceder al mercado norteamericano, realizando conciertos multitudinarios en The Palace de Los Angeles.

Luego de un pequeño receso, la banda regresa en 1990 con un nuevo álbum titulado “Canción animal”, que poco después de ser lanzado se convertiría en uno de los trabajos discográficos más emblemáticos de la época, y que finalmente inscribiría a Soda Stereo en los anales de la historia del rock nacional.

Algunas de la canciones contenidas en el álbum pasaría a ser un icono para los millones de seguidores que Soda Stereo había logrado cosechar, y el tema “De música ligera” se convertiría en un verdadero himno que trascendió más allá del mundo de los fanáticos del grupo, volviéndose masiva y totalmente popular.

En los siguientes años, fueron lanzados los discos “Dynamo”, “Sueño Stereo”, “Comfort y Música Para Volar”, entre otros, pero en realidad fue “Canción Animal” el último gran álbum de la banda, y el que convirtió a Soda Stereo en un verdadero mito.

Finalmente, el 1 de mayo de 1997 los miembros de Soda Stereo anunciaron oficialmente su separación, y aunque se produjeron algunas reuniones posteriores ya nada fue igual.

No obstante, a pesar del paso del tiempo, Soda Stereo ha logrado mantenerse viva su llama, y continua cautivando a través del legado discográfico que nos han dejado. Y sin dudas han sido el grupo que logró terminar con la disyuntiva siempre existente del rock versus el pop, generando una exquisita amalgama entre ambos géneros. “Somos un grupo pop con una fuerte y absorbida cultura rock”, diría en la década de los noventa Gustavo Cerati, concretando una definición casi exacta del estilo único de Soda.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna

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Quiero contarles una buena historia, la de una banda que vivió la euforia de ser parte del rock. Su fundador ya sabía lo ello representaba, porque en realidad Charly García, el padre de Serú Girán, había podido experimentar esa euforia que viven los grandes talentos musicales en cada una de las misiones que emprenden. Ya lo había vivido con Sui Generis y luego con La Máquina de Hacer Pájaros.

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No obstante, Serú Girán trascendió más allá de aquella fronteras, ya que en realidad ha quedado para siempre en la historia del rock nacional como el grupo que fue el impulsor de uno de los momentos claves en esta historia que estamos contando, porque en definitiva fue Serú Girán quien logró que el rock se convirtiera en un estilo musical masivo.

Quizás en ello resida el apodo que recibió el grupo, cuyos integrantes eran frecuentemente denominados los Beatles argentinos.

Todo comenzó en el año 1978, cuando Charly García, luego de disolver su banda La Máquina de Hacer Pájaros, comenzó a trabajar en un nuevo proyecto, en esta oportunidad junto a David Lebón. Ambos se encontraban en la ciudad de Buzios, Brasil, y fue allí que comenzaron a perfilar el camino de este nuevo grupo, que en un primer momento iba a ser bautizado con el nombre de Bicicleta.

Con una formación única y definitiva, que fue la que mantuvo siempre la banda, surgió Serú Girán, con Charly García en el teclado y la voz, David Lebón en la guitarra y en la voz, Oscar Moro en la batería, y Pedro Aznar en el bajo, teclado y voz. Así fue que comenzaron a realizar sus primeros ensayos, los cuales solían llevar a cabo en una sala ubicada en la ciudad de San Pablo.

Durante el mismo año de formación, precisamente 1978, la banda lanzó su primer trabajo discográfico que llevó por título el nombre del grupo, y a través del cual se estableció un determinado estilo musical, desde las melodías y las letras, que conformaron el perfil definido de un sonido actual ideado para las masas más jóvenes.

Lo cierto es que mientras la flamante banda de García grababa su álbum debut en estudios brasileños, y culminaba con las grabaciones en Los Angeles, en la Argentina ya habían comenzado a circular las noticias de la vuelta de Charly con una nueva agrupación.

Finalmente, Serú Girán fue presentado en sociedad en el país durante un legendario concierto realizado el 3 de noviembre de 1978, en Obras. El público los amó inmediatamente, pero no todo fueron rosas, ya que la crítica se volcó contra ellos quizás por ignorar la profundidad del mensaje que trascendía las fronteras del rock.

Poco tiempo después, precisamente en 1979 y luchando contra las más duras opiniones de los “especialistas” del mundo del rock, la agrupación lanzó su segundo álbum titulado “La Grasa de las Capitales”, el cual fue presentado en un recital que tuvo lugar en el Auditorio Buenos Aires.

No obstante, el éxito total de la banda llegaría con el inicio de la década de los ochenta, y la publicación del álbum “Bicicleta”, que les permitió una verdadera escalada a la fama. Es precisamente en “Bicicleta” donde se encuentran contenidos los éxitos más destacados de la agrupación, con canciones que relatan de manera cruda y a la vez delicada la realidad que se vivía en la Argentina durante la época del Proceso.

Hoy, muchos estudiosos de la historia del rock nacional aseguran que fue “Bicicleta” el inicio de uno de los períodos más brillantes de Serú Girán, y al mismo tiempo que se trata del disco que lograría una verdadera masificación del rock en el país.

A aquel hito en la historia de Serú Girán y del rock nacional en general, le siguieron los álbumes “Peperina” en 1981 y al año siguiente “No llores por mí, Argentina”, un disco grabado en vivo de un concierto que la banda ofreció en el Estadio Obras, y que posteriormente fue retocado en estudio.

El final de Serú Girán comenzó casi a la par del inicio de la Guerra de Malvinas, luego de que Pedro Aznar decidiera alejarse de la agrupación para viajar a Estados Unidos. Poco después llegarían los desencuentros y desavenencias constantes entre García y Lebón que llevaría a la disolución irremediable de la banda.

Luego de aquello, ya nada sería igual, a pesar de que en 1992 García, Moro, Aznar y Lebón volvieron a reencontrarse para recuperar el tiempo perdido, y editaron el álbum “Serú ’92” que en realidad nada tenía que ver con el espíritu original del grupo.

Fuente: Graciela Marker Para Planeta Sedna