Caracteristicas de la Delincuencia Juvenil Causas Drogas Ley Calle



Características de la Delincuencia Juvenil
Causas y Drogas

CONCEPTO DE DELINCUENCIA: Conjunto de delitos entendido en términos generales y en relación directa con la sociedad en la que se manifiestan. En las últimas décadas, se ha registrado a nivel mundial un alarmante incremento de las actividades delictivas en los grandes núcleos urbanos, con proliferación de grupos organizados que, mediante la violencia y la agresión  física, han creado un clima de inestabilidad ciudadana: la actuación de estas bandas marginales se ha centrado en los asaltos domiciliarios, atracos a entidades bancarias y ataques con violencia sexual.

En este sentido, las cotas más altas de participación delictiva las ostenta la población juvenil; este tipo de delincuencia en el que participan jóvenes de 16 a 21 años constituye uno de los principales problemas con los que se enfrentan las naciones industrializadas y es consecuencia, entre otras cosas, de la superpoblación, el desempleo, la desvinculación de los valores tradicionales, y la carencia de espectativas, y se presenta como una respuesta a problemas de adaptación social.

El consumismo crea necesidades artificiales que la juventud no puede satisfacer y, como consecuencia, surgen desviaciones de la conducta social homogénea que inciden negativamente en la cohesión del sistema. Uno de los aspectos en los que se particulariza dicha situación es en la drogadicción, que en la actualidad está configurada como uno de los delitos más alarmantes dentro de la delincuencia juvenil. El índice de drogadictos, cada vez más jóvenes, y de politoxicómanos ha aumentado considerablemente en las últimas décadas.

La drogadicción constituye a su vez fuente generadora de otros delitos comunes, la mayoría de las veces robos y homicidios encaminados a obtener las grandes sumas de dinero que cuestan ciertos estupefacientes. El panorama de la delincuencia juvenil es objeto, hoy en día, de la atención de los medios de comunicación social y de la cultura. (Fuente Consultada: Actualizador Basico de Conocimientos Universales Tomo 1 – Editorial Océano)

Radiografía de una patota:

Los amantes de las estadísticas han descubierto también una tendencia sostenida hacia el crecimiento concreto de la delincuencia juvenil grupal, en detrimento de la individual.

Características de la delincuencia juvenil:

A—Predominaría, en efecto, la delincuencia en banda frente a la delincuencia ejercitada individualmente.
B—Las bandas están integradas por un número de personas que van de tres a ocho miembros.
C—Las bandas integradas por mayores y menores conjuntamente excedencias integradas exclusivamente por menores.
D—Son predominantemente constituidas por varones y en un número mínimo de casos por mujeres, conjuntamente.
E—Predominan los hechos de delincuencia violenta, especialmente robo, y con armas de fuego.
F—La Capital Federal y luego la provincia de Buenos Aires constituyen las áreas de más alto índice.
G—Los menores que integran las bandas vienen de sectores socioeconómicos desfavorecidos y con hogares desquiciados.
H—Comienzan a advertirse los primeros indicios de una creciente delincuencia de las clases media y alta.

patotas delictivas

Para Teodoro Newcomb, “una gran proporción de los robos los llevan a cabo muchachos que son miembros de pandillas de algún tipo. Está bien establecido ahora que tales muchachos, en general, no son más anormales, sociológicamente, que otros muchachos. En ciertos grupos las normas indican robar, tal como en otros grupos llevan a tomar té, o a rezar, o a jugar a los dados. No son los muchachos sino las normas las que son anormales desde el punto de vista de la sociedad. No es accidental —escribe Newcomb—, que tales pandillas sean características de las zonas pobres de la ciudad.



Los muchachos que viven en esas zonas se hallan sujetos a privaciones, y la pertenencia a las pandillas les proporciona ciertas compensaciones, ciertos sustitutos que la sociedad falla en dar. Las pandillas representan el esfuerzo de los muchachos por crear una sociedad para ellos mismoSj donde no existe nada adecuado para sus necesidades. En tales condiciones, el pertenecer a una pandilla de delincuentes se torna deseable para el muchacho medio de los barrios pobres. Los roles establecidos para tal pertenencia traen muchas satisfacciones.

Los muchachos más jóvenes se hallan motivados para entrar a tales pandillas porque observan las satisfacciones que los muchachos más grandes hallan al adoptar tales roles. La conducta delictiva es así parte de un rol que es atractivo bajo ciertas condiciones sociales”.

Las leyes de la calle
Finalmente, para la doctora Pascual, “el fenómeno de la patota es un fenómeno natural que se dio en todas las épocas. Lo que hay ahora es una gran agresividad en toda la sociedad y el chico se ve impulsado a integrar un equipo que lo proteja precisamente de esa agresividad. Antes, por ejemplo, los “patoteros” iban juntos a bailar, rompían un foquito y tocaban los timbres. Hoy, la incidencia de la droga y la degradación social los empuja a cometer hechos vandálicos”.

Un largo aunque muy rápido camino han transitado estos menores antes de ingresar de lleno en la ilegalidad. Las llamadas “instituciones básicas” le han vuelto la espalda y los irá empujando al precipicio del delito y a la sordidez de los reformatorios. La familia ya los ha expulsado con su indiferencia y sus degradaciones cotidianas. La escuela se ha desecho de ellos, incomprendiendo su realidad y marginándolos del resto. La sociedad, finalmente, les ha negado toda posibilidad de trabajo digno y los ha obligado “a dar el mal paso”.

Esos menores desamparados se ven entonces impulsados casi naturalmente a refugiarse en el interior de un grupo, donde compartir los sinsabores de la vida con marginales de la misma estatura y donde sustituir los roles familiares perdidos por un nuevo orden que les garantice cierta estabilidad afectiva. En el seno de estas patotas, el líder asume una paternidad que muchos de esos menores no han tenido y ofrece, por lo tanto, un referente para esa personalidad que aún no se ha desarrollado.

Los nuevos “patoteros” aprenden allí las nuevas reglas, consistentes en ser valientes y solidarios con el grupo, rechazando de plano las normas que rigen el mundo adulto. Aprende un nuevo sistema de comunicación, una nueva organización y un nuevo escalonamiento de jerarquías. Aceptan un apodo, por más despectivo que sea, y buscan en la “pandilla” todas las respuestas de la vida. Nacen, en suma, a una subcultura de rígidos códigos, donde cunden el machismo, la violencia gratuita y la ética de la calle. Las propias normas del grupo determinaran el tipo de modalidad delictiva que cada menor adopte para su subistencia.

El “iniciado” se convertirá así en un punguista, en un arrebatador, en un escruchante, en un asaltante a mano armada, en un alcohólico o en un drogadicto, según las pautas elaboradas por cada grupo y no de acuerdo, como piensan ciertos sectores, a condicionamientos psicofísicos ni apetencias personales. Si cada niño es el fiel reflejo de su familia, cada menor infractor es la viva imagen del grupo callejero que ha integrado.

Cuando, por diferentes circunstancias, la patota se deshace, sus miembros se ven obligados a integrar inmediatamente otra. Esa necesidad de agruparse los perseguirá a través de toda su historia y mientras no se aparte de la delincuencia, lo que denota una falta de madurez primaria y el padecimiento continuo de lo que se ha dado en llamar “la soledad del marginado”.

El delincuente juvenil será confinado a un reformatorio, donde se adaptará a un nuevo grupo. Se juntará luego en la calle con otros menores y dará un “golpe”. Integrará una “ranchada” en su paso por la cárcel de mayores. Formará una
asociación ilícita al salir de la “sombra” y volverá, si sigue aún con vida, a refugiarse bajo las alas de un “cacique” de pabellón, quien nuevamente tratará de ordenarle la vida en cautiverio.

Sobrevivirá oscuramente en aguantaderos, codo a codo con “buenos muchachos que se ganan el puchero chorreando”. Y, ya convertido en un “delincuente de frondoso prontuario”, encontrará paradójicamente la muerte en la peor y más temida de las soledades.



Desmembración de una pandilla
Estas “asociaciones de la intemperie”, como alguien las denominó, viven su apogeo y entran inevitablemente en crisis. La dispersión se puede dar a raíz de que algunos de sus miembros sean recluidos durante mucho tiempo en algún instituto correccional para menores, o que diferentes situaciones lleven a la mayoría de sus integrantes a ingresar en el mundo del trabajo y a la formación de una familia.

Quien continúa fiel de alguna manera al mundo del delito, se integrará a otros grupos por cuestiones “profesionales” y cambiará de entorno según las circunstancias. Suele ocurrir que, cuando va a parar a los pabellones de alguna penitenciaría de mayores, este delincuente ya avezado se reencuentre con algún miembro de aquellos grupos que fue dejando en el camino.

¿Por que aumenta la delincuencia?: Jorge Goldman, secretario de la Asociación Argentina de Psiquiatría y Psicología de la Infancia y de la Adolescencia opina:  “El agravamiento de la situación adolescente deriva del profundo cambio que tuvo la sociedad argentina. Me refiero a cambios socioculturales. Antes existía el barrio, donde la vida era totalmente distinta. Uno tenía el club, las sociedades de fomento, los amigos, tenía casi sin darse cuenta una infraestructura montada. Luego ocurrió que la mujer tuvo que salir a trabajar y la relación materno-filial cambió entonces rotundamente.

Porque cuando ella quedaba al cuidado de sus hijos, creo que se formaba una especie de “pool” de madres que se hacía cargo de los chicos de barrio. Uno salía y veía a doña María, que lo conocía, o siempre en la plaza había una doña Ñata en el costado, o iba a la panadería y lo atendía doña Marta, amiga de toda la vida de toda la familia. Y había como una especie de seguridad, fundamentalmente, porque las madres podían estar con sus hijos, cuidarlos, y tenían la energía suficiente para hacerlo. En este momento, ¿cuánto más se le puede pedir a una madre que trabaja? Además del trabajo, tiene que atender la casa, ayudar a los chicos en la escuela y prepararse para otro día agobiante.

En estas circunstancias, los hijos se van criando con muchos accidentes afectivos. Y esto no es un problema de clases. El cambio en la inserción de la mujer no obedece sólo a cuestiones económicas. Quizás ese cambio fue positivo para la mujer, pero creo que no se contempló el hecho adecuadamente, y entonces las resultantes son todos estos grupos antisociales que empiezan a aparecer ahora, como las patotas. El adolescente se incorpora a un grupo de “pares” donde siente cierto respaldo.

Subcultura del delincuente juvenil
En el seno de esos grupos callejeros, suelen formarse subculturas. Saucedo desglosó las características generales de estas sub-culturas en un extenso trabajo presentado por la Universidad Kennedy:

1. Culto al machismo: Sinónimo de malo; es forma de probarse; reacción por la falta de hombre en el hogar; haber aprendido que en la calle se hace hombre; arrojado fuera de la casa, a una edad temprana, por la falta de control. Desprecio por la mujer, a la que ven como destinada a servirlos; relegada a tareas secundarias.

2. Culto a la violencia gratuita: Identificación con la brutalidad física.

3. Rivalidad con el mundo adulto: La sociedad los rechaza y ellos buscan pertenecer a ella, mienten y se mienten para llegar a ser lo que quieren.

4. Invención de un código de vida: Calma provisionalmente el vacío de la inadaptación social.

5. Los agrupamientos revisten la forma de pandilla o patotas: Lo principal es el vagabundeo por calles, lugares de juego, medios de transporte. Los hay de sectores humildes (arrebatadores, punguistas y descuidistas) y acomodados.

El grupo ofrece:

1. Una forma de vida.
2. Una definición de la situación, diferente a la de la sociedad.
3. Status: Puede ser alguien.
4. Motivación para sentirse adulto.
5. Estabilidad como respuesta a desajustes familiares (familia y comunidad actúan como centros de expulsión).
6. Modelos de rol, en especial el líder.
7. Recompensas: Las solas relaciones personales son, de por sí, suficiente premio y estímulo.
8. Autonomía para desafiar al mundo.
9. Ligazón afectiva.
10. Posibilidad de aprendizaje, aunque sea en la conducta divergente. Aquí compite con armas propias, que puede manejar y no como en la escuela, donde debe competir en un campo que le es desconocido y con armas que no sabe utilizar.
11. Racionalización grupal: El grupo le ofrece todas las respuestas.
12. Un sistema de comunicación: A través de un lenguaje propio.
13. Una reproducción de la sociedad: Donde rige la competencia, se asciende y desciende rápidamente; puede estar tan organizada o más que la sociedad; cuanto más desorganizada está la sociedad, más organizado está el grupo.
14. Autoridad y jerarquía: Se las respeta; los apodos reproducen el mundo animal; hay liderazgo: el jefe manda e impone su prestigio; hay intentos para parecerse al jefe, sin tener en cuenta la capacidad necesaria; pero la perspectiva de ser jefe es suficiente estímulo. El liderazgo se prueba todos los días; basta una falla, para que el jefe descienda y una hazaña para que el subalterno ascienda.
15. Hay pactos de fidelidad y sangre: El compromiso vale más que en la sociedad. La búsqueda de la admiración y el respeto se convierte en preocupación de vida (…).
16. Importan las actividades del grupo: Se quiere ser uno más y querer ser del grupo se convierte en esfuerzo profesional. Para cultivar el machismo, se debe fingir que se es como los demás; finge que puede fingir.
17. La alienación del grupo importa más que la familia: precisamente porque el grupo es su grupo de referencia y pertenencia y le brinda la posibilidad de ser alguien.
18. En el grupo se carece de vida propia: Se abandona la reflexión. Se acepta todo lo que viene del grupo, inclusive un mote despectivo; identificarse con él, es forma de integrar el grupo; el serle otorgado significa aceptación grupal.
19. Organización: Subcultura no es sinónimo de desorganización; algunas revelan una superorganización, cuya consecuencia es el adiestramiento coactivo en el comportamiento divergente.

Los jóvenes drogadictos
El propio Enrique De Vedia, secretario del Menor y la Familia, ha admitido que el consumo de drogas entre grupos juveniles está alcanzando por primera vez en la historia del país y en determinadas áreas, “índices preocupantes”. Al margen de explicaciones simplistas y frases apocalípticas sobre el “libertinaje democrático” y “las garras del narcotráfico internacional”, la sociedad parece negarse a buscar una respuesta veraz y objetiva sobre el significado y la ascendencia que tiene la droga entre los jóvenes de hoy.

elogios importantes para la mujer

El psicólogo Jorge Goldman, ensaya al respecto una hipótesis inquietante: “La droga es una especie de pecho: un adolescente se puede prender a la droga como un chiquitín se prende al seno materno. La falta de seno materno —en el sentido de la situación de ‘maternaje’ que lo rodea—, puede devenir en esa situación de salida a todo tipo de adicciones, particularmente en la adolescencia, donde los chicos son profundamente actuadores.”

Según Graciela Saucedo, “la droga es vivida por el adolescente como instrumento de liberación; hay drogas para negar la realidad (narcóticos); para distorsionarla (LSD, marihuana); para desafiarla (alcohol, anfetaminas). La drogadicción representa la agresividad contra los jóvenes mismos. El componente suicida de la drogadicción puede simbolizar el suicidio general de la sociedad”.

El consumo de estupefacientes liga, de alguna manera, al adicto con el siniestro mundo del traficante. La propia desesperación y el abandono general, terminan obligando al joven drogadicto a robar para comprar más droga o a agredir para aliviar tensiones.

Actualmente, la población de adictos en nuestro país sobrepasa las 80.000 personas. La edad promedio de mayor consumo se ha fijado en los 17 años, se calcula que el 80 % de los consumidores son menores de edad v que el 20 % de los estudiantes secundarios del país ha probado droga alguna vez. Pero, el problema parece estar, ciertamente, mucho más allá de estos datos oficiales. Un chico drogado es, de algún modo, “un chico abandonado que quiere evadirse de la realidad”.

Un chico pidiendo a gritos sordos que alguien cambie esa cruel, esa desoladora e injusta realidad. “Es por eso que el éxito del control del narcotráfico y de la fármaco-dependencia están condicionados por las posibilidades de dar ocasiones de trabajo a nuestros jóvenes, seguridad a las familias y fortalecimiento a los programas sociales de participación y solidaridad” (Julio Bello, subsecretario de Desarrollo Humano y Familia).

Fuente Consultada: Yo Fui Testigo J.C. Cernadas – Ricardo Halac  – Tomo 14

https://historiaybiografias.com/archivos_varios5/estrella1_bullet.png

ocio total

juegos siete diferencias
imagen truco limonimagen cazar serpienteimagen depositos acertijo


noparece

fotos

creencias

anticonceptivos

mujeres

actitudes

actitudes


puzzles


OTROS TEMAS EN ESTE SITIO

final

------------- 000 -----------

imagen-index

------------- 000 -----------