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Historia de la Quimica y sus Etapas Cientificos Precursores

Historia de la Química
Las Etapas Evolutiva y Científicos Precursores

Aunque podemos situar el nacimiento de la química, como un área del conocimiento de intenciones y resultados nítidamente científicos, en los albores de la época decimonónica, la historia de los esfuerzos humanos por la comprensión de los secretos de las transformaciones de las sustancias naturales se remonta a lejanos períodos de la antigüedad.

Las técnicas de la cerámica y el vidrio de las sociedades prehistóricas se sitúan entre los primeros precedentes conocidos de la aplicación de conocimientos químicos.

Procesos de superior sofisticación tecnológica, como el tratamiento metalúrgico del oro, el hierro y otros metales, las técnicas de embalsamamiento practicadas por los egipcios, o la invención de la pólvora y el empleo de la tinta en la antigua civilización china constituyen una muestra de los avances de la química en las sociedades del pasado.

La química moderna, cuyo nacimiento se sitúa tradicionalmente hacia los inicios del siglo XIX, consiguió desembarasarse del lastre seudocientífico que la había acompañado durante milenios e integrarse en el ámbito de la racionalidad sistemática característica de las ciencias contemporánea.

Entendida como la disciplina encargada del estudio de las tansformaciones ocurridas entre los cuerpos, debidas a cambios en su naturaleza o su estructura interna, la química comprende un conjunto de especialidades de las ciencias naturales que tienden un puente entre las cualidades de la materia inanimada y las propiedades más esenciales de los organismos vivos.

Etapa 1-El Fuego y sus aplicaciones:

Prehisstoria: Se presenta a partir del manejo y dominio del fuego por las diferentes tribus, lo cual utilizaban no solo para obtener el calor en las noches de frio, sinotambién para protegerse de los animales salvajes del momento, para laelaboración de los alimentos, lo cual sucedió en la época del Homo Erectus, hacemás de 500.000 años. Nacen las técnicas de la cerámica , el vidrio y metales de las sociedades prehistóricas se sitúan entre los primeros precedentes conocidos de la aplicación de conocimientos químicos.

Procesos de superior sofisticación tecnológica, como el tratamiento metalúrgico del oro, el hierro y otros metales, las técnicas de embalsamamiento practicadas por los egipcios, o la invención de la pólvora y el empleo de la tinta en la antigua civilización china constituyen una muestra de los avances de la química en las sociedades del pasado.

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Etapa 2-Grecia el Estudio de la Materia:

Los griegos: con el desarrollo del ser humano en forma integral fueron surgiendo pensamientos acerca de la materia y su  conformación,concretamente en Grecia surgió en el siglo IV a.c. con Empédocles de Agripentoquien esbozo la tesis de que los elementos fundamentales eran la tierra, el aire, el agua y el fuego, considerando que los objetos son precisamente el producto de la combinación de las diferentes proporciones de ellos.

Las hipótesis sobre la constitución de la materia y la causa de sus modificaciones químicas se basaban en normas de inspiración cosmológica sobre la existencia de estos cuatro elementos básicos citados por la mayoría de las escuelas filosóficas helénicas.

De esta forma, acertadas exposiciones sobre la estructura de la materia como las defendidas por la escuela ato-mista de Leucipo y Demócrito no pasaban de ser reflexiones abstractas sin ninguna constatación experimental.

Profundizar en el conocimiento de cómo está constituida la materia ha sido siempre uno de los grandes objetivos del pensamiento humano. La idea de que toda la materia que forma el mundo físico está formada por partículas muy pequeñas, separadas por espacios vacíos data ya de los filósofos griegos, especialmente de Demócrito, que vivieron en el siglo V a. C. Los pensadores helenos se plantearon la siguiente pregunta: si tomamos un trozo de hierro, por ejemplo, y lo cortamos en partes más pequeñas, ¿se podrá seguir cortando indefinidamente o bien llegará un momento en que encontremos una partícula de hierro que sea indivisible y no pueda cortarse más? El filósofo Demócrito opinó que debía existir una última partícula que ya no podía ser dividida en otras más pequeñas y la denominó átomo (en griego átomo quiere decir indivisible).Desgraciadamente, las ideas de Demócrito fueron combatidas por Aristóteles y por este motivo fueron rechazadas durante largo tiempo a causa del prestigio universal del gran filósofo griego.

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Etapa 3-La Química Moderna:

Surge en el siglo XIII, cuando surge lanecesidad de explicar los cambios de cualidad y de sustancia, en las sustancias inanimadas. La tradición alquimista árabe y oriental se perpetuó en el continente europeo con renovada fuerza.

Pese a su notable carga de esoterismo y sus connotaciones místicas, que ligaban las reacciones químicas con las fuerzas ocultas del cosmos, la alquimia medieval fue responsable de un importante empuje en el conocimiento de los compuestos químicos y los mecanismos de su transformación en otros de diferente naturaleza. A través de la alquimia buscaban la piedra filosofal, método hipotético capaz de transformar todos los metales en oro, poniendo en practica su objetivo es que desarrollan nuevos productos y técnicas químicas, lo que a la postre es labase de la química experimental.

Comienza  a desarrollarse la química como ciencia en los siglos XVI y XVII, cuandose empieza analizar el comportamiento y propiedades de los gases, se instaura latécnica de medición, se desarrolla el concepto de elemento, considerando queeste es una sustancia que tiende a descomponerse en otro, se desarrollo la teoría del flogisto.

Podemos asegurar que los primeros síntomas de evolución hacia actitudes más consonantes con las pujantes doctrinas científicas del momento se apreciaron durante la época renacentista.

Los químicos de los siglos XVI y XVII se imbuyeron del espíritu de las nuevas concepciones de las matemáticas, la física y la astronomía y se decantaron gradualmente hacia la adopción de criterios de análisis eminentemente experimentales. Fruto de esta postura, se produjo una ingente sucesión de descubrimientos de sustancias y elementos desconocidos utilizando técnicas de investigación cada vez más perfeccionadas.

El siglo XVIII recogió el espíritu sembrado por sus inmediatos predecesores y emprendió la tarea de enunciar teorías universales sobre la metamorfosis de la naturaleza. Así, al nacimiento de la química de los gases que había permitido el estudio científico del aire, el aislamiento del hidrógeno y la determinación de la importancia de la combustión en las reacciones metálicas, sucedió la hipótesis del flogisto.

Este supuesto ente, inmanente de toda sustancia natural, se transmitiría de unos cuerpos a otros en el curso de las combinaciones químicas y forzaría los fenómenos de la combustión.

El descubrimiento del oxígeno en los óxidos y sales, unido a la exposición de leyes sobre el comportamiento de los gases, fue recogido en las postrimerías del siglo por Antoine-Laurent de Lavoisier para elaborar su hipótesis sobre la composición del aire y el agua.

El empleo de un instrumental químico perfeccionado le permitió establecer un compendio de las leyes fundamentales de la química. A ellas se unió un estudio pormenorizado de los sistemas de nomenclatura y la adopción de la metodología general de las ciencias naturales, de forma que esta disciplina del saber se alejó de las posturas históricas del pasado y proyectó su actividad hacia el esfuerzo común de la ciencia moderna.

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Etapa 4:-La Química Atómica:

Se inicia con la organización del sistema de clasificaciónde los elementos, agrupándolos Johann Dobereiner en grupos de 3 elementos conocidos como triadas, teniendo en cuenta las propiedades físicas que modificaban de manera ordenada, con su masa atómica. Durante el siglo XIX el número de elementos químicos conocidos fue haciéndose cada vez mayor, y simultáneamente fueron estudiándose sus propiedades tanto físicas como químicas.

Por este motivo se apreció la conveniencia de clasificar los elementos de modo sistemático, atendiendo a las propiedades que tuvieran en común. Ahora bien, la clasificación no resultaba sencilla ya que cada elemento poseía propiedades características que lo diferenciaban de los demás elementos.

Atendiendo a las propiedades de los elementos, el primer intento de clasificación de los elementos se basó en separarlos en dos grupos: los elementos que tenían características metálicas y los que no las tenían, es decir, se separaron los metales de los no metales.

Sin embargo, este primer intento de clasificación no resultó satisfactorio ya que quedaban agrupados elementos muy diferentes y además no podía establecerse una separación clara entre ambos grupos ya que algunos elementos presentaban a la vez características metálicas y no metálicas.

En 1869, trabajando independientemente. Dimitri Mendeleiev y Lothar Meyer clasificaron los elementos atendiendo a sus propiedades químicas y físicas, respectivamente, llegando a una ordenación similar, al clasificar los elementos por masas atómicas crecientes atendiendo a los criterios anteriores.(Ver: Tabla de Mendeleiev)

ESTRUCTURA ATÓMICA DE LA MATERIA: A partir del siglo XIX empezaron a aparecer las primeras teorías científicas sobre la constitución de la materia, que retomaron el concepto de átomo y que posteriormente han ido imponiéndose hasta la actualidad. Así, en 1805, John Dalton expuso sus ideas sobre la constitución atómica de la materia, que pueden resumirse del modo siguiente:

a) La materia está constituida por partículas muy pequeñas e indivisibles, denominadas átomos.

b) Los átomos de un mismo elemento son iguales entre sí.

c) Los compuestos están formados por átomos distintos.

d) Los átomos de distintos elementos tienen distinta masa y distintas propiedades.

e) La masa total de las sustancias que intervienen en las reacciones químicas no varía, ya que los átomos son invariables.

Así pues, de las ideas de Dalton se deduce que un átomo es la parte más pequeña de un elemento que puede intervenir en una reacción química mientras que una molécula es la parte más pequeña de un compuesto que conserva todas las propeidades del mismo. (Ver: La Materia)

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¿QUE ES LA QUÍMICA?: El nombre de la química moderna viene de la alquimia, que probablemente nació en la región de Khimi, “el país de la tierra negra”, en el delta del Nilo. Aquí se descubrió por primera vez, hace más de 4000 años, que la acción del calor sobre los minerales puede aislar metales y cristales con propiedades útiles, que por lo tanto se podían vender con un beneficio.

La práctica de la alquimia se extendió por todo el mundo árabe, hasta Asia, donde se enriqueció con el secreto de la producción de la pólvora, guardado por los chinos.

Uno de los objetivos de la alquimia era la transmutación del metal: los alquimistas buscaban una “piedra filosofal” que pudiera convertir metales como el hierro, el cobre y el plomo en el metal “noble” oro, que ni perdía su brillo ni su valor comercial. También pensaban que la piedra filosofal era el “elixir de la inmortalidad” y que los que lo poseían gozarían de salud eterna.

A continuación se hicieron muchos experimentos que, aunque no dieron los resultados deseados, sí que llevaron al desarrollo de las técnicas que forman la base de la química moderna.

La alquimia llegó a asociarse con ideas y prácticas místicas, pero, con el acceso a los escritos árabes sobre alquimia, a partir del s. XII se introducían poco a poco técnicas e ideas más racionales en el estudio de los procesos químicos, aunque se mantenían muchos de los objetivos originales.

De hecho, incluso sir Isaac Newton experimentó con la transmutación del oro; una actividad muy oportuna, pues era jefe de la Ceca Real.

Los objetivos de la química moderna: En la química moderna, la piedra filosofal ha sido sustituida por una fe fundamental en la importancia del entendimiento de las leyes físicas que gobiernan el movimiento de los átomos y las moléculas.

Esta creencia ha fomentado el desarrollo de métodos para convertir minerales, gases y aceites naturales de bajo coste en sustancias de gran valor comercial o social.

Durante los últimos 150 años este enfoque ha transformado nuestro mundo por completo. El descubrimiento de procedimientos químicos para convertir hierro en acero , ha desempeñado un papel importante en la revolución Industrial.

En el s. XX se ha logrado un aumento espectacular en el rendimiento de cereales por hectárea de tierra de cultivo, gracias al descubrimiento hecho en Alemania en 1908, de que se puede convertir nitrógeno del aire en abono nitrogenado.

De la misma manera la profundización del conocimiento de las estructuras y de las reacciones de los compuestos (orgánicos) del carbono ha hecho posible la producción de medicamentos y fibras sintéticas que afectan la vida de todos.

La evolución de la química, desde la producción de sustancias nuevas en cantidades muy pequeñas en laboratorios también pequeños, a los procesos industriales modernos, que producen millones de toneladas de productos químicos, es problemática.

En un laboratorio de química escolar, el olor a huevo podrido del ácido sulfhídrico puede ser bastante inofensivo, pero el escape de un gas nocivo, a una escala proporcional, en una planta química grande, puede perjudicar seriamente la salud.

Por lo tanto, la industria química moderna tiene una doble responsabilidad: no sólo la de producir los productos químicos que la sociedad del bienestar consume en cantidades cada vez mayores, sino además la de hacerlo sin que esto repercuta demasiado en el entorno local o global.

Todo lo investigado y descubierto hasta nuestro último dias en las distintas área cientficas, como por ejemplo el Teorema de Thales, de Pitágoras, las ecuaciones de Einstein o el modelo atómico de Borh ha sido logrado con el esfuerzo de grandes cientificos que han dedicado miles de horas a la observación, la experimentación y el estudio de los fenómenos naturales que ellos consideraban analizar.

Probablemente nunca se hayan detenido a pensar es que, para llegar a una conclusión, estos hombres y mujeres de ciencia han dedicado muchas horas de trabajo. Y más aún: la gran mayoría permanece en el anonimato. Hipótesis y experimentos, aciertos y errores, observación y estudio son matices de la vida del científico.

La Química es una disciplina que no escapa a estas reglas. A lo largo de la historia, numerosas cuestiones que parecían mágicas se fueron vislumbrando gracias al trabajo de los científicos.

A pesar de realizar notables e inspirados descubrimientos en diversas técnicas de transformación, las nociones químicas de las culturas precristianas de la cuenca mediterránea y las desarrolladas en el medio y extremo oriente eran escasas, y los trabajos desarrollados en este campo tenían un fundamento teórico muy endeble.

Las hipótesis sobre la constitución de la materia y la causa de sus modificaciones químicas se basaban en normas de inspiración cosmológica sobre la existencia de elementos básicos, como el fuego, agua, tierra y aire citados por la mayoría de las escuelas filosóficas helénicas.

De esta forma, acertadas exposiciones sobre la estructura de la materia como las defendidas por la escuela atomista de Leucipo y Demócrito no pasaban de ser reflexiones abstractas sin ninguna constatación experimental.

Los precursores de los modernos químicos aparecieron en el curso de la edad media en la figura de los alquimistas, seguidores de las doctrinas filosóficas del período helenístico griego y del pensamiento órfico y pitagórico del próximo oriente.

Este término, de etimología árabe, designa en la historia de la química a los estudiosos islámicos y cristianos que desde aproximadamente el siglo IX se dedicaron a la obtención de sustancias por procedimientos de transformación química, en busca de los cuerpos nobles cuyo tratamiento les revelara el secreto de los cambios y fluctuaciones del Universo.

A través de procesos como la amalgamación de metales, la sublimación, la destilación y la disolución, aprendieron las técnicas de alteración de los compuestos e idearon métodos para la obtención de numerosas sustancias conocidas y nuevas.

La tradición alquimista árabe y oriental se perpetuó en el continente europeo con renovada fuerza. Pese a su notable carga de esoterismo y sus connotaciones místicas, que ligaban las reacciones químicas con las fuerzas ocultas del cosmos, la alquimia medieval fue responsable de un importante empuje en el conocimiento de los compuestos químicos y los mecanismos de su transformación en otros de diferente naturaleza.

Los primeros síntomas de evolución hacia actitudes más consonantes con las pujantes doctrinas científicas del momento se apreciaron durante la época renacentista. Los químicos de los siglos XVI y XVII se imbuyeron del espíritu de las nuevas concepciones de las matemáticas, la física y la astronomía y se decantaron gradualmente hacia la adopción de criterios de análisis eminentemente experimentales.

Fruto de esta postura, se produjo una ingente sucesión de descubrimientos de sustancias y elementos desconocidos utilizando técnicas de investigación cada vez más perfeccionadas.

El siglo XVIII recogió el espíritu sembrado por sus inmediatos predecesores y emprendió la tarea de enunciar teorías universales sobre la metamorfosis de la naturaleza. Así, al nacimiento de la química de los gases que había permitido el estudio científico del aire, el aislamiento del hidrógeno y la determinación de la importancia de la combustión en las reacciones metálicas, sucedió la hipótesis del flogisto.

Este supuesto ente, inmanente de toda sustancia natural, se transmitiría de unos cuerpos a otros en el curso de las combinaciones químicas y forzaría los fenómenos de la combustión.

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CIENTIFICOS PRECURSORES DE LA CIENCIA QUIMICA:

En el siguiente recorrido, mecionaremos  una sintesis de los los principales acontecimientos o etapas que marcaron este camino.

Las primeras actividades relacionadas con la Química tienen que ver con la forja de metales, con la preparación de barnices y la fabricación de vidrio.

Hacia los años 600 a 400 a. C, Demócrito (460-370 a. C.) postula, por primera vez, la existencia de átomos (con una estructura muy distinta de la conocida actualmente).

En el año 323 a. C. Aristóteles (384-322 a. C.) anuncia la existencia de cuatro elementos: aire, fuego, tierra y agua, cada uno con características particulares. Ya en la era cristiana, en el año 100 d. C, se registran los comienzos de la alquimia, práctica que persigue como objetivo transmutar (convertir) los metales en oro y encontrar el elixir de la larga vida.

Las prácticas alquimistas etan una extraña mezcla de magia y realidad, pero de ellas pueden extraerse muchos procedimientos aún vigentes. Por ejemplo, en el siglo XI aparecen manuscritos de alquimistas que describen técnicas utilizadas en la actualidad como la destilación. Entre los productos obtenidos se mencionan el alcohol y los ácidos minerales.

Un siglo después, en Oriente, los chinos sorprenden con un descubrimiento asombroso: la pólvora.

En el siglo XVI se desarrollan los métodos cuantitativos y surge, de la mano del médico suizo Theophrastus von Hohenheim (1493- 1541), conocido como Paracelso, la iatroquímica (ciencia que utiliza los compuestos químicos en medicina) y, hacia fines del siglo XVI, aparece Alchemia, considerado el primer libro de Química, escrito por Andreas Livabius.

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Paracelso

A medida que transcurre el tiempo, la magia deja su lugar a la ciencia, y los “nuevos científicos” intentan explicar la naturaleza de la materia y de las transformaciones.

En el siglo XVII, George Ernst Stahl (1659-1734) postula su teoría del flogisto, Jan Baptista van Helmont (1577-1644) establece las bases de la ley de conservación de la masa y revela la existencia de los gases; finalmente, Robert Boyle (1627-1691) comienza a desarrollar la teoría cinético-molecular de los gases: encuentra cómo se relacionan el volumen y la presión.

En el siglo XVIII se revelan más secretos: Henry Cavendish (1731-1810) aisla el “aire inflamable”, hoy conocido como hidrógeno, y realiza varias experiencias con este gas; Joseph Priestley (1733-1804) estudia una docena de nuevos gases, entre ellos el oxígeno, y comprueba que este gas es necesario para la respiración animal y para la combustión.

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Joseph Priestley

Con los descubrimientos de Priestley y varios experimentos brillantes. Antoine Lavoisier  (1743-1794) descarta la teoría del flogisto y explica el lavoisier quimica proceso de combustión.

Además, perfecciona los métodos cuantitativos, y es considerado por algunos el padre de la Química moderna.

Hacia fines del siglo comienza a manejarse la nomenclatura química que conocemos hoy: Jons Jakob (1779-1848), barón de 3erzelius, representa los elementos químicos con sus símbolos.

Durante el siglo XIX, la mirada se centra en dilucidar la naturaleza de la materia: Joseph Gay-Lussac (1778-1850) enuncia la ley de proporciones múltiples para los gases, lo que implica la interacción de partículas discontinuas o átomos, hecho que es explicado cor un químico brillante: John Dalton (1766-1844) postula su teoría atómica.

Sin embargo su genialidad no termina allí: Dalton asigna a los distintos átomos un valor de masa atómica relativo.

 John Dalton

John Dalton

Las leyes de la Química Moderna se suceden y Amedeo Avogadro (1776-1856) introduce la distinción entre átomos y moléculas. También establece que a presión y temperatura determinadas, dos volúmenes iguales de gases diferentes tienen el mismo número de partículas.

Por otra parte, se avanza en el área de la Química del carbono y se originan las primeras industrias químicas: en la química inorgánica. Svante Arrhenius (1859-1927) estudia la disociación de sales por métodos electroquímicos.

La necesidad de ordenar los elementos químicos conocidos culmina con una obra genial: Dmitri Mendeleiev (1834-1907) y Lothar Meyer (1830-1895) elaboran en forma independiente la tabla periódica de clasificación.

 Dmitri Mendeleiev

Dmitri Mendeleiev

Restan muchos interrogantes en el camino, pero existe uno que inquieta más que otros, ¿cómo están formados los átomos?.

Varios acontecimientos se suceden en torno de esta pregunta.

Por un lado, Antoine-Henri Becquerel (1852-1908) descubrió que algunos compuestos de uranio emitían una radiación más potente que los rayos X.

 Antoine-Henri Becquerel

Antoine H. Becquerel

Marie Curie (1867-1934) y su esposo Pierre (1859-1906) determinaron que el átomo de uranio era el que producía radiactividad. Por otro lado, mediante el empleo de rayos catódicos, Joseph John Thomson (1856-1940) descubre el electrón.

 Marie Curie

Marie Curie

 Niels BohrYa en el siglo XX. numerosos físico-químicos, entre ellos. Ernest Rutherford (1871-1937). Niels Bohr (1885-1962), James Chadwick (1891-1974) y Linus Pauling (1901-1994)consiguen dilucidar la estructura real del átomo, que permite explicar la afinidad y las uniones de los distintos elementos químicos.

En la Química aplicada surge la bioquímica.

Primero persigue el estudio de los fluidos corporales, pero pronto se desarrollan métodos para determinar la naturaleza y función de los componentes celulares.

Además, se desarrolla de manera sorprendente la industria química, que permite la síntesis artificial de numerosos compuestos.

La disciplina se interrelaciona con otras áreas, como la biotecnología, la ingeniería, el estudio de materiales, etc.

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ETAPAS DE LA EVOLUCIÓN DE LA QUÍMICA

Milenio cuarto a.C. a siglo V a.C.

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Relieve egipcio que muestra herreros usando sopletes para avivar el fuego y así fundir el metal.

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Aristóteles postula su teoría de los cuatro elementos.

SIGLOS XVI y XVII

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Grabado que aparece en el libro Alchemia.

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George Ernst Stahl enuncia su teoría del flogisto.

SIGLO XVIII

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Joseph Priestley experimenta con gases, entre ellos oxígeno.

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Antoine Lavoisier enuncia ley de conservación de la teoria.

SIGLO XIX

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Joseph Gay-Lussac enuncia dos importantes leyes sobre los gases.
 John Dalton

John Dalton se destaca por enunciar su célebre teoría atómica.

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Svante Arrhemius obtiene el premio Nobel por sus trabajos sonre ionización

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Justus von Liebig (1803-1873) aplicó sus conocimientos de Química inorgánica a la agricultura.

SIGLO XX

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Neil Borh presente un modelo atómico donde los electrones giran alrededor de un nucleo, que contiene protones y neutrones

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James Watson (1928-), junto con Francis Crick, descubre la estructura del ADN.

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APLICACIONES DE LA QUIMICA

En la industria alimentaria, los químicos supervisan los procesos de producción y la calidad de las materias primas y de los productos obtenidos. Los especialistas en alimentos se llaman bromatólogos. Los resultados de su trabajo pueden comprobarse, por ejemplo, leyendo las etiquetas de los alimentos, que incluyen un detalle porcentual de los compuestos químicos.

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La petroquímica, o química del petróleo y sus derivados, cuenta con químicos dedicados a investigar, desarrollar y aplicar nuevos productos. Se desarrollan aquí combustibles, plásticos y otros materiales novedosos capaces de reemplazar a los tradicionales, mejorando sus propiedades y ampliando el campo de aplicación.

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El control de calidad se realiza, de manera exhaustiva, en la industria farmacéutica, donde muchos químicos trabajan, también, para desarrollar nuevos medicamentos. Día a día se sintetizan analgésicos, antibióticos y otras drogas.

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La tarea del químico forense resulta importante para aclarar situaciones legales frente a un hecho concreto. Por ejemplo, la presencia de una droga en un tejido cadavérico, o de alguna sustancia tóxica en aguas o alimentos. Los toxicólogos analizan estos aspectos.

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-Os agroquímicos trabajan asesorando a agricultores y ganaderos en el mejoramiento de tierras de cultivo y pastoreo; en el uso de fertilizantes, de pestici-:as, de suplementos alimentarios para el ganado, etc.

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El estudio de las propiedades fisicoquímicas de los materiales usados en la construcción, así como el diseño de plantas industriales, es tarea de los ingenieros químicos.

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Los químicos industriales se dedican al análisis e investigación de las propiedades de numerosas sustancias, que se utilizan en la fabricación de diversos productos, y al desarrollo de nuevos compuestos.

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Fuente Consultada:
Enciclopedia Tematica Ilustrada CONSULTORA Tomo IV  – La Química –
QUIMICA I Sistemas Materiales, Estructura de la Materia, Transformaciones Químicas de Alegria, Bosack, Del Fávaero y Otros – Santillana
Enciclopedia Hispanica – Temapedia – Historia de la Quimica

Juego Para Conocer a los Grandes Cientificos de la Historia

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Desde aqui puede acceder a varios juegos simples didácticos que te ayudarán a practicar con los nombres de los mas destacados cientificos de nuestra historia universal y que muchas veces ignoramos o poco nos interesa sobre ellos. El juego es  muy fácil, solo debes hacer “clic” sobre cada boton de la izquierda del juego y elegir un nombre del cientifico, y arrastralo hasta adentro del rectángulo gris ubicado debajo de cada imagen. Al soltar el botón podrás escuchar un sonido indicado que se ha posicionado correctamente. Debes colocar los 20 nombres y luego con el botón de corrección podrás verificar tus errores. Otra forma de jugar consiste en hacer “clic” en el botón de Nombres Correctos, estudiarlos o memorizarlos y luego empezar a jugar desde cero. Es sumamente simple, para todas las edades e ideal para los mas jóvenes o principiantes…¡A probarlo!…. También puedes jugar a PANTALLA COMPLETA

¿QUIENES FUERON ESTOS CIENTIFICOS DE LA HISTORIA?

Einstein, Albert (1879-1955). Nació en Alemania, físico matemático. Escribió la Teoría general de la relatividad para rectificar ideas fundamentales sobre la gravitación, relacionando masa con energía; demostró que el espacio y el tiempo eran conceptos inseparables. Ha realizado trabajos apreciables en la teoría  cuántica.

Planck Max Carlos Ernesto Luis (1858-1947). Alemán, físico. Desarrolló la teoría de los cuantos y también trabajó en termodinámica y óptica.

Newton, Isaac (1642-1727). Inglés, matemático. Notorio por su trabajo sobre la gravedad. Descubrió las tres leyes básicas del movimiento y la relación entre los colores y la luz. Sus trabajos sobre óptica, problemas matemáticos y astronomía han sido de inmensa importancia.

Pasteur, Luis (1822-1895). Francés, bacteriólogo.  Sus experimentos sobre fermentación destruyeron el mito de la generación espontánea.  Fundó la ciencia de la bacteriología y descubrió la inmunidad artificial.

Fermi, Enrique    (1901-1954).   Italiano,   físico.   Hizo notables contribuciones a la física nuclear por su investigación sobre substancias radiactivas artificiales y energía  atómica.

Torricelli, Evangelista (1608-1647). Italiano, físico. Inventó el barómetro de mercurio y construyó un microscopio simple.

Faraday,  Miguel   (1791-1867).  Inglés,  físico  y  químico. Descubrió el principio de la inducción electromagnética usado en la dínamo.  También licuó cloro y formuló las leyes de la electrólisis.

Harvey, Guillermo (1578-1657). inglés, médico. Llegó  a  la  fama   por   su   descubrimiento   de  la   circulación de la sangre.

Bohr Níels (1885- ). Dinamarqués, físico. Extendió grandemente la teoría de la estructura atómica al inventar un método explicativo del espectro de los elementos y su posición en la tabla periódica. Ayudó al desarrollo de la teoría cuántica.

Maxwell, Jaime Clerk (1831-1879). Inglés, físico. Famoso por sus investigaciones matemáticas que condujeron al descubrimiento de las trasmisiones radiales.

Darwin, Carlos Roberto (1809-1882). Inglés, naturalista. Como resultado de sus observaciones, mientras viajaba alrededor del mundo, propuso la teoría de la evolución. Ésta fue publicada en su libro El origen de las especies.

Mendeleiev, Demetrio Ivanovich  (1834-1907). Ruso, químico.  Es   famoso   por   su  formulación   de   la  ley periódica basada en los pesos atómicos.

Galilei, Galileo (1564-1642). Italiano, matemático y astrónomo. Construyó el primer telescopio astronómico práctico, con el cual estudió la superficie de la Luna, la Vía Láctea, el Sol, y muchos de los planetas.

Juego Para Aprender a Conocer a Personajes Históricos Aplicación

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Cómo comprender los grandes acontecimientos de la historia sin preguntarse por los hombres y mujeres que estuvieron detrás. Cómo comprender los grandes cambios de la humanidad sin conocer a quienes los originaron.Cada época tiene sus grandes personajes, cada gran personaje tiene su época, tanto los acontecimientos históricos como los grandes cambios están estrechamente ligados a quienes los originaron.

Los hombres hacen su historia y construyen civilizaciones. Desde hace millares de años, y a partir del momento en que los primates comenzaron a utilizar las manos, los ojos y el cerebro racionalmente, diferenciándose de los otros animales, millones de hombres pasaron por la superficie de la Tierra. La mayoría de ellos, limitada por sus condiciones personales y sociales, no dejó rastros en la Historia. Otros, en cambio, políticos, científicos, filósofos, religiosos y artistas lucharon, innovaron y modificaron el mundo y la realidad que los rodeaba y, al proceder así, hicieron Historia.

Desde la Antigüedad hasta nuestros días, la historia de la política, las ciencias, la filosofía, las artes y las religiones puede estudiarse a través de las biografías de sus grandes personajes, entregándonos una completa visión de cada uno de ellos y de cómo, ya sea por su voluntad, sus acciones, coraje o genio, han influido en e desarrollo de la historia de la humanidad, generando un antes y un después.

Esos personajes se proyectaron más allá de su mera condición de individuos, para conquistar un puesto destacado en la transformación del destino colectivo de la humanidad. Algunos de ellos desempeñaron un papel más trascendente que otros. Pero todos, indistintamente, con el aporte que brindaron de acuerdo con sus posibilidades, forjaron las bases del gran edificio de la civilización contemporánea.

Esta es la idea de esta entrada, es el intento para trate de reconocer y generar tu curiosidad por estos grandes hombres de la historia que han dado su vida en defensa de sus ideales y en post de una sociedad mas justa , mas libre y mas culta.

En este juego se presentan seres que de un modo o de otro, pero indiscutiblemente, han regido los destinos de la Humanidad, su vida, su pensamiento, su ruta, con influjo inevitable. Negar la trascendencia histórica de cualquiera de los seres agrupados en estas páginas sería tan torpe como no admitir que faltan en ellas otros de su temple y de su personalidad, indiferentes, en lo permanente, a toda, selección humana, que podrían constituir un tomo o más, tan interesantes como el presente, que se ha logrado en absoluto, con sus biografías densas, pero claras, exactas, para cualquier lector ansioso de contemplar bien estos personajes cuya popularidad conocen mejor que aquello a que se debe.

LISTA DE BIOGRAFIAS EN ESTE SITIO:

Alejandro Magno

Leonardo Da Vinci

Cristobal Colón

Simón Bolivar

Aristóteles

CArlos I de España

Julio César

Isaac Newton

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Martín Lutero

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Karl Marx

Vladimir Lenin

Tomas Edison

Galileo Galilei

Napoleón Bonaparte

José de San Martín

Johannes Gutenberg

Luwing Beethoven

Herná Cortés

 

Historia de la Máquina de Coser Inventores y Evolución Tecnológica

Historia de la Máquina de Coser

Nombre del Inventor y Evolución Tecnológica

Podemos decir que la historia de la máquina de coser no existiría sin el antiguo arte de coser a mano. La gente comenzó a coser a mano hace unos 20.000 años, cuando las primeras agujas se hicieron con huesos o cuernos de animales y el hilo hecho de tendones de animales. Nuestro instinto inventivo explica la progresión natural para querer mejorar las técnicas de costura y hacerlo menos laborioso. Fue durante  la Revolución Industrial en el siglo XVIII, cuando el aumento de la demanda de prendas creció fabulosamente y la necesidad de disminuir la costura manual en las fábricas se convirtió en primordial, para abastecer las exigencias comerciales de esa ápoca.

Se dice que este invento fue el primer producto de la Revolución industrial específicamente concebido para aligerar las tareas del ama de casa. La máquinas de coser sencillas se emplean para confeccionar o arreglar la ropa en casa. Los modelos más avanzados se utilizan para la confección industrial.

En cuanto a su funcionamiento, para coser dos piezas de tela, lo primero que hay que hacer es enhebrar el hilo. Desde el carrete situado arriba a la derecha, el hilo se pasa por varias guías que controlan su recorrido y tensión, antes de introducirse por un pequeño orificio situado en la parte inferior de la aguja.

Otro hilo que procede de un carrete (canilla) situado por debajo de la superficie de costura, y se entrelaza con el hilo superior para formar las puntadas.  Las piezas de tela previamente hilvanadas se colocan junto a la aguja, y se baja el prensatelas para mantener la tela contra dos hileras de dientes metálicos que hacen avanzar la tela a velocidad uniforme cuando se acciona el pedal de costura.

La historia del invento es muy poco conocida y mucho menos quién fue el inventor.La máquina de coser tardó en aparecer, y éste es uno de los misterios de la historia de los inventos. No lo hizo hasta el primer tercio del siglo XIX en Francia, y se cree que la idea surgió del sastre llamado Bartolomé Thimonnier, que en 1830 construyó la primera máquinas de coser.

La idea de una máquina para coser telas era bastante natural, pues ya existían desde hacía tiempo ingenios que trazaban dibujos en el tejido sirviéndose de patrones. De lo que se trataba era de fabricar una máquina lo bastante pequeña y cómoda para uso doméstico.

Para el divulgador científico Isaac Asimov, el invento nació a partir de una serie de prototipos malogrados, el primero que realmente prendió y que no tardó en ser usado fue el inventado por el norteamericano Elias Howe (1819-1867). En 1846 obtuvo una patente de su invento, en el cual el ojo de la aguja estaba situado cerca de la punta. Empleaba dos hilos, y las puntadas se efectuaban mediante una lanzadera. Howe demostró la utilidad de su máquina compitiendo con cinco mujeres cosiendo a mano, a las que venció con facilidad.

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Inventor de la Máquina de Coser Elias Howe (1819-1867)

Aunque la invención de la máquina de coser se atribuye a Elias Howe, cuyo aparato, patentado en 1846, contenía la mayor parte de los dispositivos de la máquina actual, no fue sino el resultado de numerosos ensayos realizados un siglo o más tiempo antes de dicha fecha. La idea original fue de un inglés, Carlos F. Weisenthal, que obtuvo una patente en 1755 para un aparato que facilitaba el procedimiento de bordar, y para perfeccionarlo se hicieron muchas pruebas en Inglaterra, antes que los inventores americanos dirigiesen su atención a este objeto, ocurriendo en este caso lo mismo que en el de otras invenciones mecánicas, que son el resultado de los esfuerzos de muchos inventores, alcanzando el éxito los que se aprovechan de él, mientras que permanecen generalmente ignorados los que más eficazmente cooperaron al triunfo.

La invención de Weisenthal nunca llegó a aplicarse mucho, porque consistía en el empleo de una aguja de dos puntas con el ojo en el centro, moviéndose de atrás a delante, por medio de dientes colocados a los lados.

Es noble reconocer que un par de añoa antes en 1844, el inventor inglés John Fisher diseñó una máquina de coser que funcionaba de una manera muy semejante a las actuales, es decir, todas sus piezas trabajaban coordinadamente como un conjunto único de piezas móviles y fue un gran avance para las próximas creaciones. Un verdadero ejemplo del ingenio humano. Sin embargo, un trabajo de archivo fallido en la Oficina de Patentes resultó en la pérdida de su patente, por lo que nunca recibió ningún reconocimiento.

Para otros autores la máquina de coser fue inventada por el francés Barthólemy Thimonnier en 1830. Daba unas doscientas puntadas por minuto, bastantes más de las que podía dar un sastre a mano, por muy hábil que fuese. Thimonnier empezó fabricando uniformes para el gobierno. Pero su máquina era muy simple y la verdadera máquina de coser como la conocemos actualmente la inventa el bostoniano Isaac Singer en 1851, de quien hablaremos al final deeste post. Singer era mecánico, tenía dos mujeres y ocho hijos y perseguía el dinero. Un juez decidió que había copiado el invento del también bostoniano Elias Howe y le obligó a pagarle royalties. Mientras se celebraba el juicio, fundó la Singer Company en 1853.

La máquina de Thimmonnier es notable por llevar sólo una aguja con punta para atravesar la tela, estando provista de una entalladura en la que se aloja el hilo. Ea presilla o puntada se formaba por el hilo envuelto alrededor de la aguja, que le llevaba a través del material. Este se movía hacia adelante una cierta distancia, para permitir a la aguja descender nuevamente. En esta disposición, las presillas formando la cadeneta de puntadas se hacían en la parte superior del material.

Tambien impresionados quedaron los amigos del inventor con esta máquina, que adelantaron el dinero preciso para establecer una fábrica, y la empresa tuvo tanto éxito que algunos años más tarde trabajaban ochenta máquinas. Pero las costureras y los sastres no vieron el asunto con tanto entusiasmo. Como ocurrió cuando Hargreave construyó sus telares, creyeron que las máquinas perjudicaban a sus medios de vivir y procuraron destruir al enemigo común; y fue en aquella ocasión, en Francia, donde una multitud descontenta de obreros manuales destruyó las máquinas de la fábrica de Thimmonnier.

Sin desmayar ante esta manifestación de antagonismo violento de la multitud, el inventor continuó sus esfuerzos y construyó máquinas perfeccionadas, pero no encontró apoyo financiero entre sus amigos, que, evidentemente, temían otro motín entre los obreros, si se trataba de restablecer los mecanismos para coser. El inventor desalentado, abandonó sus trabajos.

 

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La máquina de coser fue inventada por el francés Barthólemy Thimonnier en 1830

Y aún quedan dudas, debemos remontarnos al siglo anterior, pues la enciclopedia ENCARTA nos informa que la primera máquina de coser fue patentada en 1790 por el inventor británico Thomas Saint y hoy es la mas aceptada en cuanto al origen del invento doméstico. La máquina de Saint, que estaba diseñada para coser piel y tela, usaba un único hilo y formaba una puntada en cadena. No se usaba aguja sino una lezna para perforar el material que se estaba cosiendo. Otro mecanismo colocaba el hilo a través del agujero, tras lo cual una vara parecida a una aguja con un punto hendido llevaba el hilo a través de la parte inferior, donde un gancho recogía el hilo y lo llevaba a la parte delantera para la siguiente puntada. Cuando el ciclo se repetía se formaba un segundo bucle con el primero en la parte inferior de la prenda, creando así una cadena y el cierre de la puntada. Sin embargo, la máquina de Saint nunca pasó del prototipo.”

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Asi que podemos asegurar que la verdadera historia de la máquina de coser esencialmente comienza aquí. El inglés Thomas Saint diseñó la primera máquina de coser de este tipo. La patente describe una máquina accionada con una manivela para ser usada en cuero y lona. Nadie sabe si Saint construyó un prototipo, pero en 1874, William Newton Wilson encontró los dibujos de la patente. Fueron tan detallados que construyó una réplica, lo que demuestra que funcionó.

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Este prototipo era de madera en su mayor parte, con un brazo saliente, en el cual se colocaba una aguja vertical y una lezna, que hacía los agujeros antes. En la parte superior del brazo tenía una canilla o carrete que suministraba el hilo continuamente. La puntada era igual a la del aparato de Weisenthal, llamándosela de «tambor» o de «cadeneta». Se formaba una presilla, empujando la aguja a través de la tela o cuero; un segundo empuje pasaba los hilos por esta presilla, formando otra segunda, a través de la cual se empujaba nuevamente la aguja para formar una tercera, apretando la primera en el tercer impulso.

Esta clase de puntada se empleó durante muchos años para facilitar el trabajo de costuras fuertes. Parece ser que Saint no consideró práctico su sistema para sustituir en general la costura a mano. A ésta siguieron, en este sentido, otras invenciones de menor importancia, pero ninguna máquina llamó la atención.

A pesar de la importancia de este invento, este no fue muy bien recibido por las mujeres.Por aquella todo se hacía a manos y miles de mujeres cuidaban con esmero la precisión y calidad de su trabajo. Ellas aducían que la máquina no pudiera ejecutar el trabajo con la limpieza, seguridad y perfección con que lo realizaban los dedos femeninos. Tantos años de práctica con el uso de la aguja, no podía ser reemplazado por una máquina rara , que muchas veces se rompía por el exceso de trabajo.

Con el paso del tiempo el uso industrial, en la fabricación  de adornos, tejidos y demás artículo demostró que la producción manual ya no podía competir con el desarrollo de estas máquinas de coser, que hay aumentar considerablemente la producción bajaban consecuentemente los costos de elaboración.

Utilizando así esta nueva invención, se extendieron los innumerables grandes almacenes especializados en la fabricación de ropas hechas para ambos sexos, que hoy permiten a todos vestir mejor y a un coste mucho menor del que pagaban nuestros menos afortunados antecesores.

LAS CONSECUENCIAS EN LA COSTURA A PARTIR DE LA MÁQUINA DE COSER

La introducción de la máquina de coser necesitó una modificación radical en el arte de la costura. Muchas de las primeras tentativas hechas para coser a máquina siguieron la idea de imitar la costura a mano, valiéndose de una aguja que hacía entrar y salir en la tela por “dedos mecánicos o dientes”, pero todas estas invenciones fracasaron. Se consideró preciso abandonar por completo el método convencional de asegurar las telas, ideando otros medios de unirlas más adecuados al empleo de máquinas.

En los primeros aparatos construidos se empleaban hilos sueltos, no pudiéndose conseguir una longitud uniforme en la puntada. Pero pronto se idearon mecanismos donde el hilo podía utilizarse continuamente, devanándole en un carrete o bobina. Se idearon dispositivos para que a cada puntada se presentase una nueva e idéntica cantidad de hilo, y así se consiguió una costura del todo uniforme. En la máquina de costura, la marcha del hilo es continua del carrete a la tela, pasando por el ojo de la aguja, mientras que en la costura a mano el hilo va fijo a la aguja.

Es evidente, por consecuencia, que el hilo sólo puede pasarse a través de la tela, en forma de presilla u hojal, siendo el medio más conveniente para realizarlo emplear una aguja con el ojo cerca de su punta. La aguja es empujada justamente lo preciso para atravesar la tela y arrastrar al propio tiempo una longitud de hilo que forme al otro lado una presilla, levantándose la aguja inmediatamente. Pero, en lugar de llevar consigo el trozo de hilo que introdujo, éste se retiene por el revés de la tela, asegurándole con el mismo o con un segundo hilo, que se va desarrollando de una bobina y que se llama «hilo de relleno». Otra disposición que distingue la costura a máquina es la manera de regular la longitud de la puntada.

En la costura a mano, naturalmente, la obra no se mueve, determinándose a ojo la longitud de la puntada, cuyo tamaño es más o menos variable; en tanto que, en la máquina, la tela es la que se mueve debajo de la aguja, avanzando a impulsos absolutamente regulares, de tal manera que, tanto la longitud de la puntada como la tensión del hilo, son uniformes.

aguja de coser de maquinaPor la misma época muchos otros grandes inventores americanos habían comenzado por aquella época a tratar de resolver los problemas de la máquina de coser.

Las ideas de la aguja con el agujero en la punta y el empleo del doble hilo son completamente americanas de origen, y esta combinación fue concebida primeramente por Gualterio Hunt, de Nueva-York, hacia el año 1835. Los defectos de la puntada de cadeneta y ésta constituyó la característica más saliente de las máquinas anteriores, fueron reconocidos bien pronto.

La rotura de las presillas, en uno y otro punto, hacía que el hilo se soltase, deshaciéndose la costura con gran facilidad, buscándose la forma de combinar otra puntada libre de este defecto. Esto sólo podía conseguirse haciendo que cada puntada quedase firme por un nudo. En otras palabras, era necesario cerrar la puntada, y la mejora a que se debió esta solución creó la costura «a pespunte».

En la máquina de Hunt una aguja curva, con ojo en la punta, colocada en un brazo movible, se enhebraba en hilo de un carrete, y penetrando en la tela, formaba una presilla por el revés de ésta. Entonces, una lanzadera, llevando un pequeño carrete de hilo, pasaba por en medio de la presilla, dejando cogido el hilo, que se atirantaba cuando la aguja subía.

De esta manera se aseguraba la puntada. No obstante, debido al prejuicio que aún existía contra la máquina de coser, esta invención no se perfeccionó ni se estudió debidamente. Hunt renunció a patentar sus ideas, y más tarde perdió la oportunidad de hacer una fortuna.

Entonces comenzó la época en que más dispositivos y mejoras se introdujeron en la máquina de coser. Independientemente de Hunt y sus predecesores, Elias Howe, nacido en Massachusetts, dedicó su atención a las máquinas de coser en el año 1843.

En 1844 terminó un modelo hecho de madera y alambres, y, aunque primitivo en extremo, contenía la mayor parte de los dispositivos esenciales de la máquina moderna, patentándola en 1846. Howe fue el primero en patentar una máquina de pespuntear, pero su invención tenía dos detalles esenciales, la aguja curva, con el ojo cerca de la punta, y la lanzadera, que había sido ideada por Gualterio Hunt doce años antes.

Aunque tenía muchas de las invenciones de Hunt y de otros que estudiaron el asunto antes que él, la máquina de Howe era tan nueva en sus combinaciones y forma en que había sido dispuesta, que se consideró como una nueva invención. Además de otros detalles, tenía una placa para comprimir la tela y un dispositivo para dar la tensión al hilo superior.

Comprendía los detalles de nuestra máquina moderna, pero no tuvo éxito. Howe construyó algunos modelos, pero no los vendió al principio, y cuando lo consiguió los compradores no podían hacerla trabajar. Ea tensión no era uniforme, y esto era causa de que el hilo formase presillas muy flojas en ciertas partes de la costura, mientras que otras quedaban muy tirantes. El movimiento del hilo era defectuoso por la falta de continuidad; la pieza que apretaba la tela tenía que llevarse hacia atrás cuando llegaba a su límite de avance, apretaba de nuevo la tela y volvía a avanzar.

Howe era un mecánico que tenía poco dinero, y por sí mismo no disponía de capital suficiente para la fabricación. Sin poder conseguir interesar a los capitalistas de los Estados Unidos, vendió los derechos de su patente a una casa inglesa, pero su invención era tan poco apreciada que durante algún tiempo fue ofrecida, sin éxito, a muchos fabricantes e ingenieros importantes.

Pero Howe era un hombre de una perseverancia notable y no abandonó su querida idea de suministrar a los Estados Unidos máquinas de coser. Ea teoría de su máquina era buena, pero fracasó al aplicarla, por no encontrar la solución mecánica propia para asegurar el éxito comercial.

El, sin embargo, debía a muchos otros inventores la iniciativa de determinados mecanismos que completaron esta máquina bienhechora de la Humanidad. Debe recordarse que, no obstante, los inconvenientes que entonces se señalaban, la máquina de Howe cose actualmente.

Expuso su primer modelo en una fábrica de Boston durante algún tiempo, y los ensayos demostraron que podía hacer 300 puntadas por minuto, y se ofreció a hacer cualquier clase de costura que se le exigiese, realizándolo así en una séptima parte del tiempo empleado para hacerla a mano, por la mejor y más rápida costurera, resultando el trabajo perfecto y sumamente fuerte.

Pero la oposición de los obreros y otras consideraciones impidieron que las comprasen los sastres. Pronto se hicieron imitaciones de esta máquina de coser, que se vendieron con buenos beneficios, apreciándose las posibilidades de introducir innovaciones. Se discutieron los derechos de Howe, pero los pleitos que se siguieron no dejaron respecto a aquéllos ninguna duda.

Por eso comenzó a cobrarlos, incluso durante el pleito seguido contra Singer, cuya sentencia se dio en 1854; pero el valor en dinero de esta invención fue completamente aparente. En 1863 sus derechos llegaban a 4.000 dólares por día, y se calcula que alcanzaron en total la cifra de 2.000.000 de dólares. En la serie de la enorme cantidad de pleitos a que dio lugar el negocio comercial de máquinas de coser, las sentencias afirmaban, una y otra vez, que no se había construido máquina.de esta clase que no tuviera alguno de los dispositivos esenciales de la patentada por Howe.

maquina de coser de Howe

Había quedado demostrada la utilidad práctica de la máquina de coser, y a la primitiva se le fueron introduciendo mejoras, algunas muy originales y de éxito. Uno de los más ingeniosos inventores, y el segundo únicamente después de Howe en esta especialidad, fue Alien B. Wilson. En 1849 ideó el sistema de enganche rotativo, combinado con la bobina (sistema de bobina central), que constituyó la especial característica de la máquina Wheeler y Wilson Su patente de 1850 incluía la invención de una barra movible, provista de unos dientes que, saliendo por una ranura de la placa sobre que se coloca la tela, combinaba con otra barra de presión situada encima, marchando la tela interpuesta entre las dos, merced a los movimientos sucesivos de avance que imprimía la primera.

En 1851 y 1852 solicitó patentes para una mejora en este dispositivo, conocido por «avance en cuatro tiempos» para mover la tela, así como para el enganchador rotativo, ha ciendo pasar el hilo superior alrededor de una bobina que contiene el inferior. Con ello señaló el mayor progreso en la costura a máquina, que desde entonces puede hacerse en líneas curvas, siendo también notable por su maravillosa sen cillez y perfección mecánica, su sistema de bobina central. Los principios esendales de sus invenciones se emplean en todas las máquinas actuales de enganche rotatorio.

El avance a cuatro tiempos constituye una de las principales mejoras introducidas en las máquinas de coser, desde que Saint demostró que la costura a máquina era posible, siendo un dispositivo que figura hoy en toda máquina de coser. Bajo la placa de presión o prensa telas y a los lados del orificio por donde la aguja atraviesa la placa, encima de la que corre la tela, hay una o dos pequeñas superficies con dientes inclinados oblicuamente.

Cuando se ha formado la puntada, esos dientes se levantan uno o dos milímetros y, enganchando la tela, avanzan apoyando ésta sobre la superficie inferior y lisa del prensatelas, haciendo avanzar también a ésta en una longitud conveniente. Esto constituye el segundo tiempo, dando lugar al tercero el movimiento de descenso de los dientes, que sueltan la tela y retroceden en un cuarto tiempo para volver a su posición primitiva, repitiéndose el mismo ciclo a cada puntada. Introduciendo Wilson este dispositivo, hizo que el movimiento del material no sólo fuese automático, sino también que la longitud de la puntada fuese rigurosamente exacta.

antiguas maquinas de coser

El trabajo necesario para coser se facilitó muchísimo, no precisando otro cuidado que el de guiar la labor. De aquí, el que ganase pronto popularidad la máquina en que Wilson introdujo esta mejora.

En 1851, Guillermo O. Grover, sastre en Boston, patentó una disposición para coser con doble cadeneta, que sirvió de base para la construcción de máquinas conocidas con el nombre de Grover y Baker. También en 1865, Jaime A. E. Gibbs, labrador en Virginia, ideó un mecanismo para coser en cadeneta con un solo hilo, lo que caracteriza a las máquinas Gibbs y Baker, mejoradas después por Willcox y conocidas por Willcox y Gibbs.

Todavía, y, apesar de la actividad de todos estos inventores, entre los años 1830 y 1851, la máquina de coser no había alcanzado el favor completo del público. Siendo esto debido a la cantidad de invenciones imperfectas que aparecieron en el mercado, y que dieron tan mal resultado que levantaron una arraigada sospecha contra los aparatos mecánicos de coser. Este prej uicio, tan largo tiempo extendido, no podía desaparecer fácilmente, necesitándose muchos años de esfuerzos constantes de los fabricantes para convencer al público escéptico, cada vez que pretendían demostrar que cada modelo perfeccionado, no era otra nueva máquina lanzada al fracaso, y que no existía ninguna intención de engañar.

Pero la máquina de coser llega a un estado en que, inventados sus mecanismos esenciales y perfeccionados, demuestran su utilidad práctica. Sólo queda por poner en juego, por los hombres de energía y de negocios, la habilidad necesaria para conti.iuar la fabricación, buscando después los medios de introducir el producto en el mercado. Aquellos que, en un principio, apreciaron la importancia de la máquina de coser, como un factor en el avance comercial del mundo, se aplicaron con ardor a promover la industria. Se establecieron factorías en Bridgeport, Cambridge, Boston y Nueva York, así como en otras ciudades, pa ra la exclusiva fabricación de estas máquinas.

Ea importancia de Nueva York como centro comercial, fue pronto reconocida por los fabricantes, y allí se establecieron los principales depósitos y centros de distribución para toda New England.

HISTORIA DE LAS MAQUINAS SINGER

El más importante, no ya de los inventores, sino de los fabricantes, aparece en Isaac M. Singer, cuyo nombre comienza a conocerse en 1850. Su primera máquina, patentada en 1857, tenía una aguja vertical, movida por un eje suspendido, movido por una rueda colocada en una entalladura de la mesa. Un compresor elástico situado a un lado de la aguja, sujetaba la tela, dándose movimiento al brazo que llevaba la aguja, y a la lanzadera, mediante una transmisión. Se empleaban en ella dos hilos, y hacía el pespunte cerrado; la presilla del hilo de la aguja se aseguraba en cada movimiento de avance por el de la lanzadera.

Singer también introdujo el movimiento a pedal, para sustituir el trabajo a mano; pero, aunque parezca es-traño, siendo hoy el movimiento a pedal una característica umversalmente adoptada, él despreció al principio este invento y renunció a patentarlo. Se ve que los dispositivos patentados en su máquina no presentaban grandes diferencias con respecto a las de otros inventores. Era muy parecida a la de Howe, pero muy superior bajo el punto de vista de la fabricación.

Eas máquinas Singer son notables poi el hecho de que, desde que aparecieron, siempre dieron buen resultado, cosiendo perfectamente. Como hemos visto, las bases fundamentales mecánicas de la máquina de coser eran ya conocidas antes de que Singer se ocupase del problema a resolver.

Entonces era ya demasiado tarde para conseguir patentes originales; pero su clara percepción del trabajo realizado por sus antecesores, y su capacidad para adaptar a la práctica y utilizar, no sólo sus propias iniciativas, sino las de los demás, le colocó a la cabeza de los fabricantes en esta rama de la industria.

Tan pronto como se vio que la máquina Singer tenía éxito, los propietarios tuvieron que defenderse contií las reclamaciones de Elias Howe. Sin ger figuró como el defensor más obstinado, apoyándose en las invenciones primitivas de Hunt; pero últimamente Singer, y con él todos los demás fabricantes, tuvieron que ser tributarios de Elias Howe, solicitando, en 1855, una autorización de éste para utilizar sus patentes.

Singer sufrió un rudo golpe cuando el tribunal sentenció contra él. Su ideal hubiera sido construir una máquina a precio económico, accesible para las pobres costureras, pero el coste de las patentes de Howe hicieron esto imposible. No obstante, el auxilio que necesitaba Singer, llegó de una manera inesperada. Su principal consejero, mister Clark, le propuso ayudarle financieramente y convertir el negocio en empresa beneficiosa, si le cedía la mitad de los beneficios posibles.

Clark era un hombre de energía, imaginación y entusiasmo sin límites. Aprobó la gran idea de Singer de introducir la máquina de coser en todos los hogares, y fue tan sólo cuestión de organización y recursos financieros el realizarlo. Formada la sociedad I. M. Singer y Co, el futuro de la máquina de su nombre quedó asegurado.

Las primeras máquinas Singer, se construyeron, principalmente, para emplearlas en los trabajos de las fábricas; pero cuando se vio, claramente, que podía ser también uno de tantos accesorios domésticos, se hicieron modificaciones para que, conservando sus cualidades características, tuvieran la ligereza y elegancia propias para adaptarse a los usos domésticos.

partes de una maquina de coser moderna

La llegada de Singer al campo de la fabricación marcó una nueva era para los aparatos de coser. Con una maravillosa organización y la aplicación de principios científicos, la Compañía Singer ha tomado siempre la iniciativa en los perfeccionamientos, introduciendo constantemente nuevos modelos para toda clase de trabajo, aunque en la forma y estructura general son semejantes a los tipos originales.

La fabricación y venta de estas máquinas, no se ha interrumpido desde que se presentaron en el mercado, y aunque en él hay muchos competidores, pues los derechos de patente expiraron hacia el año 1877, la Singer es aún la más extendida. Tanto ésta, como las demás máquinas de coser modernas, llevan tres combinaciones de mecanismos; uno, para formar la puntada, combinado con aplicaciones para regular y mantener el grado de tensión de los hilos; dispositivos dispuestos para sujetar el material a la entrada y salida de la aguja, en la parte en que se forma la puntada, y un mecanismo regulable y automático para hacer avanzar longitudinalmente la tela, a impulsos iguales, una vez formadas las puntadas. Se hacen tres clases de costuras; de simple cadeneta o de tambor, de doble cadeneta y de pespunte cerrado.

En la primera de estas tres formas de coser se emplea un solo hilo; las otras necesitan dos, uno en la aguja y otro debajo de ésta. Cada clase tiene sus partidarias entre las costureras. El pespunte cerrado se asemeja, en su formación, al tejido, mientras que la cadeneta, que se deshace fácilmente, se parece más al punto de media. Se calcula que el 90%  de las máquinas domésticas hacen el pespunte cerrado.

Se ha visto que, para hacer el pespunte, el hilo inferior tiene que pasar por la presilla formada por el superior. Esto se consigue de dos maneras: la primera consiste en hacer pasar una lanzadera que contiene en su interior una bobina con hilo, a través de la lazada o presilla formada por el hilo superior, combinando los movimientos alternativos de la lanzadera con los de subida y bajada de la aguja.

El segundo medio de hacer el pespunte se funda en enganchar la presilla formada por el hilo de la aguja, por medio de un gancho rotativo, que, ensanchando dicha presilla, la hace pasar por una bobina central, que lleva devanado el hilo y que está alojada en el centro del sistema de enganche. Este método fue inventado por A. B. Wilson, y es conocido por principio de Wheeler y Wilson o de bobina central.

Una combinación intermedia entre la lanzadera alternativa y el enganche rotativo es la de las máquinas de bobina oscilante, introducidas por la Compañía Singer. La lanzadera tiene forma de gancho, no muy diferente al del sistema Wilson, llevando en el interior una bobina con gran capacidad de hilo. Las máquinas, tanto de enganche oscilante como rotativo trabajan con gran delicadeza y rapidez. En todos los casos, para hacer el pespunte cerrado, uno de los mecanismos esenciales está constituido por una barra, en la que se fija una aguja con el ojo cerca de la punta, por donde pasa el hilo superior, lo mismo cuando se trata de lanzadera alternativa que cuando se emplea el enganche oscilante o rotativo con la bobina para el hilo inferior.

Este conjunto de invenciones americanas, forma los tipos de las máquinas hoy en uso. Millares de patentes han sido concedidos en los Estados Unidos y en Europa por mejoras en las máquinas de coser; y aunque su eficacia y utilidad han sido notablemente aumentadas, por numerosos accesorios y detalles, el principio fundamental no ha sido variado todavía.

Aun en su presente estado de alta perfección, las invenciones son, sin embargo, numerosas, y continuamente se conceden patentes. Lo mismo puede decirse de la maquinaria para producir las distintas piezas intercambiables de las máquinas de coser; el principio americano de facilitar el recambio de piezas excesivamente usadas o rotas se realiza con toda extensión en esta industria.

Las máquinas especiales para producir las partes más complicadas de las máquinas de coser, son tan perfectas, que ejecutan el trabajo con la más notable exactitud y velocidad, y, a menudo, necesitan más talento inventivo en su construcción que la misma máquina de coser a cuyo trabajo se destinan. En las fábricas importantes, el departamento de ensayos es el más interesante Allí el inventor tiene toda clase de facilidades para desarrollar sus ideas y estudiar los resultados de sus ensayos preliminares.

Con frecuencia, se emplea mucho tiempo y mano de obra en la invención y estudio de una nueva pieza o accesorio, que, después, se ensaya cuidadosamente en el departamento de fabricación, correspondiente a la clase de trabajo para la que se ha ideado, y, si da resultados satisfactorios, se instala la maquinaria especial para su construcción que, a veces, tiene que abandonarse, seguidamente, por haberse descubierto algo nuevo que lo mejora. Aunque el inventor desplegue gran originalidad e ingenio para mejorar un dispositivo, la invención puede no tener valor, si no se encuentra otro cerebro de talento que encuentre la manera de que sea comercialmente práctico.

La fabricación de máquinas especiales, construidas para producir, repetidas, cada una de las diferentes partes componentes de un determinado organismo, de suerte que, reunidas, forman el producto terminado, fue primeramente llevado a efecto en gran escala en los Estados Unidos; por eso se conoce generalmente en el mundo por sistema americano.

Con los progresos realizados en el arte de la mecánica y el empleo general de aparatos y máquinas herramientas, se hizo posible llegar a una, casi, absoluta precisión. Pero el sistema que permitiese poder construir las distintas piezas de manera que, en el conjunto de un mecanismo, pudiera remplazarse una de ellas por otra, casi absolutamente idéntica, exigía una perfecta y uniforme exactitud. Para alcanzarla, en la forma y dimensiones de cada pieza, es necesario emplear normas con qué poder comprobar la medida, dentro de tolerancias reducidísimas, con un modelo que sirva como tipo de comparación. A ninguna máquina se aplica, tan rígidamente como a la máquina de coser, este sistema. Y tan perfecto es, que las diversas piezas pueden adquirirse del comercio en cualquier ciudad del mundo.

Se han hecho muchas aplicaciones de la máquina de coser para diversas clases de trabajo, y se suministran numerosos accesorios con este fin, extendiéndose el uso de aquélla de un modo extraordinario, siendo ahora posible bordar, coser botones, hacer festón, ribetear, preparar y hacer dobladillos zurcir, fruncir y hacer otros diversos trabajos con gran facilidad en una misma máquina, mientras en las fábricas y almacenes de confección se emplean máquinas especiales para cada operación. Su esfera de aplicación ha aumentado persistentemente, extendiéndose, puede decirse, a todos los oficios en que se precise unir un trozo de material con otro.

Las máquinas son capaces de coser dos trozos de cuero con 50 milímetros de grueso tan rápidamente como si fuere muselina. No se limitan a lo que pudiera llamarse, exclusivamente, coser. Aseguran los botones a razón de 10 a 15 por minuto, cosiendo siempre, aunque, naturalmente, el dibujo y detalles de la máquina varía de acuerdo con el carácter de la obra que ha de ejecutar. Es posible equipar las máquinas con más de una aguja, siendo el máximo número de ellas el de doce, colocadas unas al lado de otras para hacer una serie de costuras paralelas, tomando cada una el hilo de su correspondiente carrete, pudiéndose emplear así, al mismo tiempo, hilosde diferentes colores. La capacidad total de estas máquinas es de 1.ooo puntadas por minuto, o sean, 150 pespuntes dobles por segundo.

Con las máquinas especiales, cualquier operador inexperto puede aprender, en uno o dos días, a coser una determinada clase de obra, y, en pocos meses, estará más práctico que cualquier obrero manual con años de experiencia. Este avance y desarrollo en costuras especiales, aplicado a la industria, ha producido un enorme beneficio, reduciendo el coste para el comprador y facilitando el éxito comercial al fabricante, que no hubiera podido alcanzar los resultados actuales sin la máqmna de coser. Los industriales solicitan constantemente máquinas especiales para determinados trabajosy esto ha dado lugar a la creación de cientos de distintos tipos y clases de aparatos y millares de variedades o modificaciones de éstos para adaptarse a las demandas.

Algunas son capaces, por ejemplo, para ajecutar las más complicadas labores de costura de adorno; otras se construyen para utilizarlas en las grandes fábricas de guantes, zapatos, guarnicionería, sombrillas y numerosas variedades de trabajo semejantes. Una mejora reciente consiste en un dispositivo automático para unir alfombras con la máquina de coser; diminuto y compacto mecanismo que cose a lo largo las alfombras, a razón de cuatro metros por minuto, suprimiendo, por completo, este pesado y fatigoso trabajo manual, con material tan grueso y duro.

Para la mayoría de las personas que en el transcurso de su trabajo hacen unos pocos ojales, no parecerá de importancia esta operación, pero si se tiene en cuenta los que son preciso abrir y terminar en un gran taller de confecciones, en las ropas, en millones de cuellos, puños, camisas y zapatos, se comprenderá la enorme reducción de tiempo, y economía de mano de obra que representa una máquina especial para hacer este trabajo. Hay muchos tipos en uso de máquinas de hacer ojales; la primera de éstas, un aparato primitivo, la patentó Humphrey en 1862; pero la de Reece, patentada en 1881, llevó el arte de hacer ojales a su presente estado de perfección.

Una de las aplicaciones de la máquina de coser que ha hecho verdadera revolución, ha sido la relacionada con la industria de la zapatería, ha máquina McKay se inventó en 1858 por Lyman R. Blake, y sus numerosos perfeccionamientos han sido notables, según reconoce su propio inventor. Fue construida por McKay después de varios años de paciente labor y de gastar más de dólares 130.000, hasta alcanzar resultados prácticos. Esta máquina se empleó extensamente en los Estados Unidos y en Europa, pero tenía el inconveniente de que a los zapatos cosidos con ella no podían coserles nuevas suelas, teniendo que ser éstas clavadas o pegadas, lo que les hacía perder flexibilidad.

En la máquina ribeteadora Goodyear, que fue patentada por primera vez en 1871, se hacía un ribete en el material, que luego se sujetaba a la suela por una costura exterior. Los zapatos hechos de esta manera eran mucho más flexibles y podían ser reformados por el zapatero, poniéndoles suelas nuevas por el procedimiento manual ordinario.

Esta notable máquina, fué, desde un principio, aplicada a la fabricación de botas y zapatos, y, al presente, se aplica a la confección de las clases más finas. En 1842, J. J. Greenough, patentó una máquina para coser cueros y otros materiales daros, pero no se generalizó. Al siguiente año, Jorge H. Corliss, el inventor de la máquina de vapor Corliss, patentó una máquina semejante, que tenía dos agujas con el ojo cerca de la punta, y trabajaba horizontalmente, aunque los agujeros se hacían previamente con leznas.

Los movimientos se producían por una excéntrica y el avance era automático. Las máquinas para coser pieles y cueros se emplean ahora en todas las ramas de esta industria, en la confección de ia parte superior de los zapatos, y las diferentes costuras que se precisan en la confección de guantes, en guarnicionería y en talabartería.

Las máquinas de coser, anteriores a la Singer, no disponían de otro medio de ponerlas en movimiento que la ordinaria manivela. Esto obligaba a ocupar la mano derecha, no dejando libre más que la izquierda para arreglar y guiar el material que se cosía. Singer introdujo el mecanismo para moverlas con los pies, y esta fue una gran mejora para utilizar la máquina; pero como algunos predecesores en esta industria, no creyó haber hecho un gran descubrimiento, y no pidió por él patente especial.

Aunque Singer adoptó ya el pedal en su primera máquina, y, consecuentemente, quedaban libres las manos para atender a la labor, se han hecho esfuerzos ingeniosos para evitar también el trabajo de los pies. Naturalmente, en las grandes fábricas, las máquinas se mueven por fuerza motriz, pero se ha desplegado mucho ingenio para adoptar un motor a las necesidades domésticas.

Durante los primeros veinte años de la máquina de coser, después de su introducción en el comercio, se concedieron numerosas patentes para conseguirlo, ha mayoría de ellas se basaba en la acción de un resorte de acero arrollado, que necesitaba envolverse de la misma manera que en un reloj. Sin embargo, estas fantásticas ideas, no dieron el menor resultado práctico a sus ingeniosos inventores. Pero al llegar a ser la electricidad de aplicación universal, se produjo un cambio completo. Hoy puede funcionar la máquina de coser, independientemente de los pies y de las manos, si hay corriente eléctrica en la casa.

Un pequeño motor, con la fuerza aproximada de un octavo de caballo, se coloca en la parte superior o debajo de la mesilla, y alimentado por un enchufe instalado en el muro o en cualquier portalámpara con su interruptor correspondiente, siendo el gasto del trabajo casi el mismo que el del alumbrado de una lámpara de mediana intensidad. Con esto se consigue una mayor velocidad media, que llega a 800 puntadas por minuto, en lugar de las 200 a 400 que se alcanzan con el uso del pedal. L,& velocidad de la costura se regula de una manera muy ingeniosa, actuando, sencillamente, por presión sobre el mismo pedal.

No hay mejor demostración de la superioridad de la máquina de coser americana que su enorme venta en el extranjero. Los Estados Unidos son los que exportan en mayor cantidad en el mundo; siendo el mayor país importador Gran Bretaña, al que sigue Alemania. Todas las grandes fábricas norteamericanas tienen sucursales en el extranjero, donde la mano de obra puede conseguirse más económicamente que en aquel país, estando dichas sucursales equipadas con maquinaría america-na y con todos los útiles necesarios para producir máquinas iguales, acornódándolas a las necesidades de los mercados extranjeros.

Algunas de estas sucursales tienen inmensas proporciones, y su producción es superior a la de las tábricas norteamericanas. Se ha calculado que el número de máquinas americanas vendidas al extranjero, más el de las producidas en éste, es igual al número de las que se fabrican en los Estados Unidos para el consumo nacional. Las ventas exceden hoy de 2.000.000 de máquinas al año, y se calcula que el valor de la exportación tota) de los Estados Unidos, desde que se concedió la patente de Howe, suma cerca de cien millones de dólares.

El número mayor de máquinas vendidas corresponde a las fabricadas para uso doméstico, y la mayoría de ellas las adquieren gentes sin capital, que no pueden pagar al contado; pero con objeto de facilitar la colocación de estas máquinas, la Compañía Singer ideó, en 1856, el sistema de venderlas a plazos, y esta forma se extendió por el mundo con gran éxito. Por este medio, el comprador paga su máquina por pequeñas cantidades semanales o mensuales y, con frecuencia, gana con ellas lo suficiente para costear el importe de la compra eventual.

Desde el principio fue muy bien acogida la idea por el público. Se establecieron oficinas y depósitos en todas las ciudades importantes de los Estados Unidos, y las poblaciones de su proximidad, de tal suerte, que hasta las aldeas entraron en la organización.

Fue un nuevo método de hacer los negocios, encontrando en él los consumidores las ventajas de la compra directa, además de poder hacerla a plazos, y la comodidad de poder surtirse fácilmente de accesorios y piezas de recambio, y cuando cualquier mejora importante se introducía en el sistema de las máquinas, se establecían condiciones ventajosas para adquirir los nuevos modelos, cambiándolos por los antiguos.

primera maquina de coser singer

El sistema dio resultados tan satisfactorios, que hacia el año 1863, siete años después de establecerse, las ventas habían subido, de 21.000 máquinas al año, a 42.000 en 1867, mientras que en los siguientes cuatro años la producción aumentó tan rápidamente que en 1871 alcanzó la cifra de 181.600 máquinas. Después de retirarse con grandes fortunas, los dos principales socios de la primitiva compañía, se constituyó otra nueva, que extendió sus operaciones a todos los países del mundo.

Lo mismo los chinos que residen en los límites del Tibet, que los labradores del Cáusaso, como los solitarios pastores que viven en el círculo polar ártico, pueden adquirir la máquina de coser a plazos, con la misma facilidad que las mujeres que residen en Nueva York, Londres o París.

La factoría primitiva está en ELizabeth, Nueva Jersey, pero ha sido superada en importancia por otra de la misma compañía en Clydebank, Escocia, que es la mayor del mundo dedicada a máquinas de coser. En tiempos normales da empleo a más de 14.000 personas. La compañía es, también, propietaria de grandes bosques en América, donde corta la madera necesaria para las cajas y ebanistería de las máquinas Singer, siendo enorme su consumo anual de hierro, acero y otros metales.

Pero esta explotación persistente no ha sido sola la causa de que se haya extendido tanto la máquina de coser. Esto ha obedecido a la perfecta, rápida y fácil manera de ejecutar el trabajo. Ha sido simplificada y pefeccionada en grado extraordinario, y sus varias aplicaciones se van ampliando constantemente, gracias a los distintos accesorios y dispositivos que se idean con éxito. Como medio productor industrial casero, no se ha inventado jamás mecanismo tan útil y práctico como esta máquina.

Con el objeto de realzar el valor comercial y estético del buen gusto en el diseño industrial, en lo referente a los artefactos para el hogar, se van mejorando los productos, dotándoles de buenas líneas y decorándoles sin demasiada exageración. Con respecto a ello, las máquinas de coser eléctricas que se han desarrollado dejan de tener la apariencia de su función, y aparecen como bellísimos gabinetes de sala, dignos de incorporarse entre los demás muebles, sin que se sospeche su verdadera función.

La máquina de coser moderna es también más fácil de manejar, y mas versátil en sus funciones, pues forman parte de la máquina varias piezas que anteriormente debían de ser adquiridas. Incluidos en la máquina eléctrica está el motor, y además dos medios para poner la máquina en marcha, uno que funciona con el muslo y otro con el pie, también una lamparilla eléctrica enfocada hacia el trabajo que se hace.

Finalmente, para que una ciega pueda usar la máquina sin el peligro de que la aguja le lastime la mano, hay un método especial que emplea las células fotoeléctricas para detener el motor en seguida que la mano interrumpa el circuito al acercarse demasiado a la aguja.

Ver Las Primeras Máquina de Coser “SINGER”

Fuente Consultada:
Colección Moderna de Conocimientos Universales Tomo IV – La Industria – Editores W.M. Jackson, Inc. – La Maquina de Coser

 

Manifestaciones Culturales de Argentina Arte,Musica y Literatura

Manifestaciones Culturales de Argentina (Siglo XX)
Personalidades de la Ciencia, Arte,Música y Literatura

1-El Patrimonio Cultural Argentino

a) Qué es la cultura: Entendemos por cultura de un país a las diversas expresiones de su espíritu a través del desarrollo de las ciencias y de las artes, sin olvidar la forma de ser y comportarse de sus habitantes, sus hábitos morales y el modo de tratar a los demás seres humanos en lo referente a los derechos fundamentales. Hay “algo espiritual” que trasmite una generación a otra; esos resultados que han obtenido nuestros predecesores y que de alguna forma nos benefician o “enriquecen”, son el objeto de la cultura.

Uno de los mejores elogios de un pueblo es calificarlo de “culto”, lo que significa afirmar que lucha por conseguir la perfección individual y social. Pueden existir, frente a un país muy civilizado, enriquecido materialmente como consecuencia de los progresos técnicos y científicos, naciones todavía en estado de organización tribal, pero que tienen más desarrollado el sentido de la perfección humana, de ía convivencia y de la solidaridad social.

No necesariamente ligada al desarrollo industrial y técnico, la cultura despierta la admiración y el respeto hacia una nación y además, es su definición y esencia.

La cultura es una especie de “marca” que tienen en común los diversos integrantes de una sociedad.

Claro que dentro de un determinado pueblo no todas las personas participan igualmente del sistema cultural que lo caracteriza.

Esa cultura se transmite de una generación a otra; las personas pasan, pero la cultura, los valores que la constituyen, se mantienen gracias al aprendizaje, a la comunicación.

Sobre la acción de la cultura en el individuo ha escrito Ruth Benedict:

“…la sociedad y el individuo no son antagónicos. La cultura de la sociedad proporciona la materia prima con la que el individuo hace su vida. Si ella es magra, el individuo sufre; si es rica, el individuo tiene la posibilidad de disfrutar de sus oportunidades. Todo interés privado de todo hombre y mujer es servido por el enriquecimiento de las acumulaciones tradicionales de su civilización (En “El hombre y la cultura“).

b) Manifestaciones de la cultura
— Culturas primarias y civilizadas:

Las manifestaciones de la cultura son diferentes, según los pueblos y épocas que se examinen.

Por ejemplo; las culturas primarias se caracterizan por ser sencillas y poco desarrolladas. En la antigüedad, las vemos en los pueblos y tribus nómadas.

Las culturas civilizadas suponen elaboración y desarrollo superiores.

Por oposición a las anteriores, en las culturas civilizadas, los individuos viven en conglomerados permanentes, en lugar de hacerlo en tribus.

Poseen un idioma escrito mediante el cual registran su historia; sus trabajos son más especializados y las funciones políticas y sociales, más diversificadas.

— Civilización y cultura:

Se debe advertir, sin embargo, que civilización y cultura son palabras de significados diferentes. El concepto civilización se limita a los aspectos técnicos y utilitarios de la vida social, por ejemplo, al “desarrollo industrial” como expresamos en a). Por el contrario, la cultura mira más al desarrollo y elaboración de las cosas bellas de la vida, de los sentimientos y conductas del hombre que lo encaminan hacia el bien; la cultura consiste en el refinamiento social y moral.

c) Nuestro patrimonio cultural

A lo largo de este post haremos referencia a los bienes materiales y espirituales que constituyen “la riqueza cultural” del País.

2-MANIFESTACIONES DE NUESTRA CULTURA EN LAS CIENCIAS, EN EL ARTE Y EN LA TÉCNICA

a) Las ciencias
El primer científico argentino fue Buenaventura Suárez (1.679-1 750). Nacido en Santa Fe, ingresó en la Compañía de Jesús. Completada su formación fue enviado a la reducción de San Cosme, en Misiones.

Allí, con la colaboración de algunos guaraníes fabricó telescopios, un reloj de péndulo y un cuadrante dividido en grados, para ajusfar el reloj de acuerdo a la hora solar. Con dicho instrumental pudo instalar en plena selva, el primer observatorio astronómico de la Argentina.

Escribió cartas astronómicas y anuarios; en 1744 publicó “Lunario de un siglo”, obra con la cual se podían calcular los eclipses de sol y luna. A este célebre jesuíta —cuya nombradía despertó elogios de astrónomos europeos— siguieron ilustres nombres: los frailes Manuel Torres y Cayetano Rodríguez, Juan José Paso, Amadeo Bonpland, Alcides D’Orbigny, Javier Muñiz,…

Todos ellos, sus discípulos y continuadores, hicieron valiosos aportes a la ciencia nacional y al acervo cultural de la humanidad.

Hacemos mención de los principales, desde la segunda mitad del siglo pasado, en adelante.

Ignacio Pirovano (1842-1895) : Figura señera de la medicina argentina, fundador del Hospital de Niños (Buenos Aires) y maestro de cirujanos.

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Florentino Ameghino (1854-1911): Paleontólogo, distinguido en  Europa por sus descubrimientos y estudios.

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Juan Vucetich (1858-1925): Funcionario policial, creador de  un revolucionario método de identificación.
Su sistema dactiloscópico fue adoptado en todo el mundo.

Luis María Drago (1859-1921): Jurisconsulto, estadista, periodista y escritor.
Siendo Ministro de Relaciones Exteriores, en 1902, cuando varios países ejercieron una acción militar contra Venezuela, para el cobro de la deuda externa, sentó las bases de la “doctrina Drago”, en el campo del derecho internacional.

Andrés Francisco Llobet (1861-1907)
Creador de nuevas técnicas de neurocirugía. En 1891, realizó la primera operación exitosa de un quiste cerebral.

Juan Bautista Ambrosetti (1865-1917)
Paleontólogo, arqueólogo e historiador. Precursor de los estudios folklóricos.

Ángel Gallardo (1867-1934)
Naturalista y autor de numerosos estudios y trabajos sobre su especialidad.

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Luis Agote (1868-1954)
Médico; descubrió la acción anticoagulante del citrato de sodio; ello, al permitir el acopio de sangre, evita las desventajas de la transfusión personal.

Alejandro Posadas (1870-1902)
Médico; uno de los precursores de la cirugía toráxica, creador de técnicas de cirugía del pulmón.

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Carlos Saavedra Lamas (1878-1959)
Jurisconsulto y estadista, recibió en 1936 el Premio Nobel de la Paz, por sus esfuerzos, como Canciller argentino, para lograr la paz entre Bolivia y Paraguay (Guerra del Chaco). Publicó numerosos trabajos sobre temas de derecho público.

Enrique Finochietto (1880-1948)
Médico; infatigable buscador de nuevas técnicas quirúrgicas.
Creó más de veinte procedimientos operatorios que aún tienen vigencia, así como gran número de instrumentos quirúrgicos.

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Bernardo Houssay (1887-1971)
Galardonado en 1947 con el Premio Nobel de Medicina, por sus investigaciones sobre el metabolismo de los hidratos de carbono.

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Luis Federico Leloir (1937-)
Médico e investigador, merecedor del Premio Nobel de Química (1970)

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César Milstein (1927-2002), inmunólogo, Premio Nobel de Fisiología y Medicina con Niels Kai Jerne y Georges J. F. Köhler, por sus investigaciones sobre el sistema inmunológico y por el desarrollo, en colaboración con éste último, de la tecnología de producción de los anticuerpos monoclonales.

Los doctores Salvador y Domingo Liotta, perfeccionadores de una bomba para sustituir temporariamente el corazón humano y que revolucionó la cirugía cardiovascular; Orlando Villamayor, ingeniero aeronáutico, profesor de varias universidades europeas; etc.

b) El Arte:

Por tradición familiar, por ambiente y educación el argentino común participa de los gustos europeos en lo que a cultura y arte se refiere. Ello es aplicable también, a toda manifestación artística, en general, proveniente de otros continentes y países.

Esa apertura espiritual es por ello notoria en los artistas y creadores nacionales que, muchas veces, con sus personajes y temas, conquistan a públicos heterogéneos.

Una especie de prueba de esta afirmación es la actividad desplegada por el Teatro Colón, envidiado por muchas ciudades del mundo y constituido en magnífico receptáculo de óperas, ballets, conciertos, etc., del arte universal, así como meta consagratorla de sus grandes figuras. Su historia se liga con el hecho de que la vida musical de Buenos Aires fue y es considerada como una de las más importantes del mundo, y punto de reunión de  compositores, musicólogos, cantantes, directores, “regisseurs”, coreógrafos y toda clase de personalidades de primera línea en el campo internacional de la música, sin olvidar las manifestaciones de la música popular y folklórica.

El vigor artístico del arte argentino se refleja, particularmente, en Buenos Aires. Para corroborarlo veamos estos datos: hay en la Capital de la República alrededor de cuarenta museos públicos (no todos de arte); numerosas salas que ofrecen recitales, ciclos de conciertos, exposiciones y conferencias; decenas de galerías de arte; alrededor de doscientos cincuenta salas cinematográficas permanentes, además de las que en forma periódica, ofrecen otras actividades culturales y artísticas; a los varios teatros oficiales, deben sumarse más de treinta salas teatrales permanentes; también, funcionan otras en forma periódica (teatros experimentales, vocacionales o independientes); etc.

— Literatura
Podemos afirmar que el quehacer literario argentino tiene relieve internacional.

Desde comienzos del siglo, numerosos compatriotas destacados en las letras han merecido la atención de la crítica de otras latitudes y figuran hoy entre los valores consagrados mundialmente.

Comencemos por señalar la difusión del “Martín Fierro“. La inmortal obra de Hernández ha sido traducida a más de veinte idiomas, sin olvidar la transcripción en el alfabeto Braille.

Luego de la Primera Guerra Mundial, hubo un movimiento de renovación de las letras nacionales que se evidenció con la publicación de revistas y la formación de grupos literarios. Esa época fue fértil en figuras cuyas obras lograron difusión y fama en el exterior.

“Don Segundo Sombra” se ha traducido a más de quince idiomas; es notable cómo esta novela de Ricardo Güiraldes, de tema y ambiente argentinos, ha llegado a la sensibilidad de públicos tan diferentes.

La obra de Jorge Luis Borges fue traducida al inglés, al italiano, al francés y al alemán. Apegado a personajes y circunstancias de Buenos Aires y sus arrabales, escribió “Historia universal de la infamia”, en 1935; le siguieron “Ficciones”, “El Aleph”, etc.

Sus libros recibieron numerosas distinciones oficiales y privadas: medalla de oro de la Sociedad Dante Alighieri, en el 9o Certamen de Poesía, de Florencia; premio de la Ingram Merrill Foundation, de EE.UU.; etc.

Los ensayos de Victoria Ocampo —”Testimonios”, “De Francés-ca a Beatrice”, etc.— le han merecido, por parte de la reina de Inglaterra, la distinción de comendadora de la Orden del Imperio Británico, amén de una larga lista de reconocimientos por divulgar los valores culturales del País, sobre todo, mediante la revista “Sur”, por ella fundada (premio María Moors Cabot, de EE. UU., en 1965; Isabel D’Este, de la Municipalidad de Roma; etc.).

Es notable la nombradía internacional de Eduardo Mallea. Luego de su primera novela —”La ciudad junto al río inmóvil”— traducida a otros idiomas fueron difundidas en Europa y EE. UU.: “La bahía del Silencio”, “Todo verdor perecerá”, “Nocturno europeo”, etc.

Cuando se desempeñaba como embajador argentino ante la UNESCO, recibió ei título de doctor honoris causa, otorgado por la Universidad de Michigan (1958). Conocido sobre todo en el ámbito de Latinoamérica, Leopoldt Marechal, además de fino poeta, es autor de novelas —”Adán Buenos ayres”, “El banquete de Severo Arcángelo”, etc.— que le valieron e aplauso de ios mejores críticos del Continente.

En 1946, Ernesto Sábato, publicó la novela “El túnel”, que fue traducida a varios idiomas, incluso al japonés. Su obra más importan te y conocida es, sin embargo, “Sobre héroes y tumbas”, de 1 961.

Adolfo Bioy Casares y Silvina Bullrich son muy leídos en Europa, sobre todo en Francia.

Deberíamos agregar los nombres de otros notables novelistas, así como de poetas, cuentistas, autores dramáticos, ensayistas y críticos. Anotemos, finalmente, algunos datos sobre el periodismo argentino. De acuerdo a estadísticas de 1975, hay 180 publicaciones diarias, con algo más de 2 millones de ejemplares por día; ello representa unos 90 ejemplares por cada mil habitantes.

La cantidad de revistas (informativas, del hogar, deportivas, etc.) supera con amplitud a la de diarios. Muchos de estos diarios y revistas se leen fuera del país, sobre todo, en naciones limítrofes.

— Música
Después de 1910 surgió una generación notable de músicos argentinos con prestigio internacional.

Juan José Castro (1895-1968) realizó giras por América y Europa, dirigió orquestas importantes, participó en festivales internacionales y obtuvo premios muy codiciados: Internacional Verdi (1952), del Festival Latinoamericano de Caracas (1954), etc.

Entre sus coetáneos mencionamos a Luis Gianneo (“El tarco en flor”, poema sinfónico; “Concierto Aymará”; etc.), Jacobo Fischer (poemas sinfónicos, ballets y conciertos), Julián Aguirre (“Aires criollos”; “Aires nacionales”, “Gato”, “Huella”, “Las mañanitas”, etc.), Roberto García Morillo (cantatas, sinfonías, conciertos, etc.), Alberto Ginastera (ballet “Panambí”, “Sinfonía Porteña”, piezas para piano, etc.; es quizá el músico argentino que alcanzó mayor celebridad mundial, por su actuación en festivales internacionales y por el éxito de sus óperas “Don Rodrigo” y “Bomarzo”), Roberto Caamaño (eximio pianista aplaudido en EE. UU.; entre sus obras, se señalan “Magnificat” y “Concierto para piano”, compuestas a pedido de entidades musi-cales  de Louisville y New Orléans) y otras figuras notables.

Entre los innovadores se destacan Virtú Maragno, Francisco Krópfl, Antonio Tauriello, etc.; y entre los más jóvenes, Alicia Terzian, Carlos Tuxen-Bang y otros. Además de descollar en el campo de la composición, nuestros músicos han sobresalido en el de la interpretación.

Por ello, la Argentina, además de solistas de reputación mundial, cuenta con varios conjuntos universalmente consagrados; por ejemplo, el Ensamble Musical de Buenos Aires, el coro de Niños Cantores de Murialdo, el Polifónico de la Universidad de Córdoba. Merece una mención especial la Camerata Bariloche, creada en 1 966 por el violinista Alberto Lysy; en sus giras ha llegado incluso a los países de Oriente, conquistando en todos los centros musicales uná-nimos elogios.

Además de excelentes violinistas (Rubén González, ganador en 1934 del Concurso Internacional María Canals, de Barcelona) el país ha formado talentosos pianistas: Antonio de Raco, Marisa Regules, Pía Sebastiani, Marta Argerich (ganadora en 1965, del Concurso Internacional Federico Chopin, en Varsovia), Bruno L. Gelber, Jorge Zulue-ta, Manuel Regó, etc.

María Luisa Anido e Irma Constanzo triunfaron en Oriente, África, América y Europa, como extraordinarias concertistas de guitarra. El Viejo Mundo consagró también a notables cantantes (Víctor de Narké, bajo, y Ángel Matiello, barítono) y a excelentes directores de orquesta (Pedro I. Calderón y Mario Benzecry).

Además de la repercusión internacional del tango, la música folklórica argentina ha logrado éxito en el exterior, sobre todo en Europa, ávida de ritmos exóticos. Recordemos, por ejemplo, la “Misa Criolla”, de Ariel Ramírez; tanto su compositor como el conjunto “Los Fronterizos” —sus primeros intérpretes— fueron felicitados por el Papa Pablo VI y aplaudidos en las salas más importantes de Europa (Liebert Hall, de Stuttgart; Beethoven Halle, de Bonn; etc.).

Podemos afirmar que la Argentina tiene —actualmente— uno de los movimientos musicales más destacados del Continente. El número de conciertos, óperas, recitales, espectáculos creativos, etc., que se anuncian en las carteleras de todas las ciudades del País, son una prueba del interés y el entusiasmo de un público exigente y culto.

— Pintura
Introducido el movimiento impresionista en la Argentina, a fines del siglo pasado, se produjo la adhesión de los pintores de la época. Emilio Pettoruti (1 892-1971), asombró en 1 924, con sus obras de carácter moderno; radicado en París, sus muestras se impusieron al público de esta ciudad, como a los de Berlín, Londres, Nueva York y Río de Janeiro.

Juan del Prete, dedicado al arte abstracto, obtuvo en 1958 el premio Palanza; ese mismo año fue distinguido en la Exposición Internacional de Bruselas.

De gran imaginación son las obras de Xul Solar (1887-1963) y Raquel Forner; esta pintora, ha merecido importantes premios a lo largo de su carrera: medalla de oro en la Exposición Internacional de París, en 1937; premio de la prensa en la Bienal Internacional de México (1958); gran premio por “El astronauta” y “Los que vieron la luna”, en la Primera Bienal Americana de Arte, de Córdoba.

Raúl Soldi, combina lo moderno con una línea más tradicional; son famosos sus murales de la capilla de Glew, Pcia. de Buenos Aires, y los personajes que decoran la cúpula del Teatro Colón.

Antonio Berni, nacido también a comienzos de siglo, es eximio pintor, grabador y dibujante. No sólo ha expuesto en las principales ciudades del mundo —Madrid, París, Moscú, Varsovia, Berlín, Bucarest, Nueva York— sino que mereció diversos galardones internacionales (Primer Premio Internacional de Grabado, 1962, en Venecia, por su serie “Juanito Laguna”; distinción similar, en Cracovia, Polonia).

Otros creadores son Lino E. Spilimbergo (1896-1964) y Juan C. Castagnino (1908-1972) cuyas obras figuran en numerosas colecciones del exterior; en ellas han reflejado especialmente temas argentinos. Carlos Alonso ilustró clásicos de la literatura universal, tales como La Divina Comedia y Don Quijote de la Mancha, esta última, conjuntamente con Salvador Dalí.

Entre los cultores del arte abstracto se cuenta a Luis Barragán, Juan Fuentes y Vicente Forte.

En la década de 1960, el Instituto Torcuato Di Telia patrocinó diversos concursos nacionales e internacionales de artes plásticas que lanzaron a la fama a artistas hasta entonces casi desconocidos. Uno de ellos es el pintor, grabador y muralista Pérez Celis; otros son Ernesto Deira y Jorge de la Vega.

— Escultura
Nuestra plástica no sólo tiene notoriedad por sus pintores. Muchos escultores argentinos gozan de renombre internacional y han sido reiteradamente premiados.

Entre los grandes, el primero fue Rogelio Yrurtia (1879-1950) que se consagró con su grupo “Los pecadores”, en la Exposición de Saint Louis, EE. UU., con el gran premio de honor. Su contemporáneo, Sesostris Vitullo, pasó la mayor parte de su vida en París, donde expuso con enorme éxito sus trabajos con motivos gauchescos. José Fioravanti, desde antes de mediados de siglo, expuso tambien en París, así como en Madrid.

Años más tarde, Pablo Curatella Manes, presentó sus obras en ta galería Bernheim, de París, iniciando un notable arte abstracto. En esta tendencia, también se destacó Lucio Fontana; la logró imponer en Italia, luego de su exposición en la galería II Migliore, de Milán.

La famosa “Ave Fénix”, de Libero Badli, ocupa un lugar destacado en el Kennedy Center, de Washington. Noemí Gerstein fue premiada en Londres, 1954, y en Bruselas, 1968; hay obras suyas en varios museos de arte moderno, de Nueva York.

Hacia mediados de siglo, Gyula Kósice inició el arte cinético en América Latina (escultura articulada y móvil, escultura hidráulica, etc.); expuso en galerías de Europa y América.

c) La técnica

Iniciada la segunda mitad del presente siglo se crearon en el país diversos organismos en los cuales las tareas de los científicos e investigadores se orientaron al adelanto tecnológico. Vamos a detallar la acción de algunos de ellos.

— Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA)
Creado en 1950, este organismo autárquico dependiente de la Presidencia de la Nación, ha promovido y realizado estudios, aplicaciones científicas e industriales de las trasmutaciones y reacciones nucleares. Ya en 1953 se produjeron los primeros radioisótopos y dos años después se obtuvieron los primeros lingotes de uranio metálico, de producción nacional.El primer reactor nuclear argentino —y primero de América Latina— se puso en funciones en 1958.

Uno de los objetivos de la Comisión es contribuir al desarrollo energético nacional. Ya funciona la central atómica de Atucha, Pcia. de Buenos Aires, que puede llegar a una potencia de 319 kw; la segunda está construyéndose en Embalse Río III, Pcia. de Córdoba.

Otros fines de la CNEA: la especialización de técnicos, aplicaciones agropecuarias e industriales de los radioisótopos, procesamiento dt uranio (cuenta con dos plantas químicas), asesoramiento técnico y científico a entidades del extranjero, etc.

Dependen del organismo varios centros atómicos: Constituyentes (investigación metalúrgica), San Carlos de Bariloche (investigación físico-nuclear) y Ezeiza (producción de radiación, seguridad y producción radiológica).

— Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET)
En cierto modo este Consejo dirige la investigación científica y técnica argentina, y tiene una amplia proyección internacional. Para favorecer el intercambio de conocimientos y experiencias ha firmado numerosos convenios de intercambio y cooperación con el Consejo Nacional de Pesquisas (Brasil), la National Academy of Sciences (EE. UU.), el Consejo Superior de Investigación Científica (España), el Centre National de la Recherche Scientifique (Francia), etc.

Entre los varios convenios señalamos los firmados con la FAO (proyecto de desarrollo pesquero), la OEA (programa de desarrollo científico y tecnológico), etc.

— Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA)
Fundado en 1956, tiene por fin experimentar nuevas técnicas agrícolas y ganaderas y difundirlas entre los productores.

Entre las preocupaciones que encauzan sus actividades están la adopción de nuevas maquinarias, la modificación de métodos de trabajo, la fertilización de los suelos, el empleo y desarrollo de nuevas semillas y cultivos, la aclimatación de especies animales, la educación de los jóvenes de familias campesinas, el mejoramiento de las condiciones de vida de los hogares rurales, etc.

Junto con organismos de las Naciones Unidas ha investigado la ecología de regiones desérticas; realizó estudios de suelos, de genética vegetal y animal, del desarrollo ovino de la Patagonia y la explotación de los valles medio e inferior del Río Negro.

Sus especialistas han cumplido misiones de asesoramiento en diversos países del Continente, y sus trabajos gozan de prestigio científico en todos los países del mundo.

— Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI)
Este organismo descentralizado, creado en 1957, tiene por finalidad realizar y promover investigaciones aplicadas para,mejorar el nivel técnico y económico de la industria nacional; experimentar técnicas de elaboración, procesos de materias primas, uso de materiales locales; aprovechar subproductos; etc.

Para alcanzar dichos fines posee centros especializados en biología marina, caucho, celulosa y papel, desalación de aguas, industria láctea, máquinas herramientas, minerales, textiles, carnes, electrónica, diseño industrial, etc.

Algunos de estos centros funcionan en la Capital Federal y otros, en el Interior. El INTI no sólo colabora con la industria privada; ha organizado cursos internacionales con el patrocinio de la UNESCO y seminarios de gran importancia en el campo del diseño industrial y otras disciplinas afinos, a los que concurrieron relevantes figuras mundiales de la especialidad.

Fuente Consultada:
Formación Moral y Cívica 8 Ciclo Básico y Técnicas de Roberto N. Kechichián – Editorial Stella –

 

Apodos de Politicos Argentinos y Expresiones del Idioma Callejero

Apodos y Sobrenombres de Políticos Argentinos
Expresiones del Idioma Callejero

Los más importantes personajes de la vida política argentina, desde los orígenes mismos de la nacionalidad, recibieron todo tipo de apodos y sobrenombres. No se trataba de vulgarizar las denominaciones familiares. No. Era el gracejo y la inventiva populares que, sobre la base de alguna seña particular, cuando no de la ridiculización de determinados caracteres fisonómicos o personales, hacían befa de cuanto personaje quedaba bajo su crítica mordaz.

Sobre presidentes, ministros, funcionarios, políticos en general, caía junto con la caricatura el apodo, que se extendió a la representación teatral revisteril dando muestra con sus presencias de la mayor o menor censura existente en la vida política del país.

Muy pocos se salvaron de caer bajo el apodo burlón que corría de boca en boca, nacido de la propia lucha política, o amasado en las redacciones de los periódicos político-satíricos o político-burlescos.

Algunos importantes personajes de nuestra vida política llegaron a recoger varios apodos, como Carlos Pellegrini y otros uno solo, aunque siempre contundentes.

Así, se llamaba a:

Miguel Juárez Celman: el Burro o Celemín
Julio Argentino Roca: el Zorro
Bartolomé Mitre: el Pavo
Manuel Pizarro: Pizarrón
Carlos Pellegrini: Pelelegrini, Pelelclargirucho, o Pelelegringo
Vicente Fidel López: Fideo
Julio A. Costa: Costra
Estanislao S. Zeballos: Cebollas

Ya más hacia nuestro tiempo, otros personajes recibieron también sus correspondientes apodos:

Hipólito Yrigoyen: el peludo
Marcelo T. de Alvear: el pelado
Lisandro de la Torre: el gato amarillo
Alfredo L. Palacios: bigote
Arturo Frondizi: El flaco
Arturo Illia: La tortuga
Ricardo Balbín: El chino
Roberto M. Ortiz:  El gordo
Héctor Cámpora: El tío
Raúl Lastiri: El yerno
María Estela Martínez de Perón: Isabelita
Juan D. Perón: Pocho
Oscar Alende: El bisonte
José López Rega: El brujo
Carlos Ruckauf: Rucucu
Raúl Alfonsín: El gallego
Carlos Menem: El turco
Fernando de la Rúa: Chupete
Eduardo Duhalde: El cabezón
Néstor Kirchner:  El pingüino
Cristina Fernandez de Kichnner: La Reina , La Doctora,
Mauricio Macri: Grinch, PROcesado, Tijerín, El Pastor, Censurín

caricatura de illia la tortuga

Vieja caricatura del Arturo Illia, de apodo “La Tortuga”

En general durante los regímenes de facto no se permitió el humor político y la censura cayó sobre múltiples publicaciones.

Pero ello no impidió que el pueblo asignara sus correspondientes motes a los gobernantes de facto.

Asi a: Pedro Pablo Ramírez: “Palito”
Edelmiro J. Farrel: “el Mono“,
Roberto Marcelo Levingston: “el Soldado desconocido
Juan Carlos Onganía: “La morsa”
Alejandro Lanusse: “El cano”
Jorge Rafael Videla: “Pantera rosa” o “Miseria espantosa“.

EL IDIOMA DE LA CALLE Y LA POLÍTICA:

Cuando  Benigno Lugones, Luis María Drago, Antonio Dellepiane y José S. Alvarez “Fray Mocho” dieron a luz sus libros y trabajos sobre el lunfardo: Los beduinos urbanos (1879), Los hombres de prensa (1882), El idioma del delito (1894) y Memorias de un vigilante (1897), no pudieron imaginar que la jerga de los delincuentes iba a tener en los siguientes casi cien años tan importante desarrollo intensivo y extensivo.

De idioma del delito (Dellepiane), pasando por lenguaje del bajo fondo (Contreras Villamayor), idioma de Buenos Aires (Clemente), vocabulario familiar (Cammarota), voces vulgares (Casullo), argentinismos (Santillán) hasta convertirse en el idioma de la calle (Tino Rodríguez), golpeó con sus voces en la puerta de la propia Real Academia de la Lengua, sin perjuicio de crear la suya propia: Academia Porteña del Lunfardo.

Así, el idioma de la calle llegó a la política al crear voces propias con las que el pueblo identificó grupos, personas y actitudes.

Acomodo: situación beneficiosa lograda con influencias
Amansadora: espera prolongada antes de ser recibidas.
Barbeta: trostkysta.
Bolche: comunista.
Conserva: conservador.
Contrera: opositor.
Corcho: el que está de acuerdo con el gobierno de turno.
Cuartelazo: golpe militar.
Chaquetero: el que cambia constantemente de ideas políticas.
Chirinada: alzamiento descabellado.
Dedocracia: designación antidemocrática para ocupar un cargo.
Descamisado: peronista.
Facho: fascista.
Galerita: partidario de Marcelo T. de Alvear.
Ganso: conservador (en Cuyo).
Gorila: partidario del golpe militar de 1955.
Grasa: obrero.
Máquina: picana eléctrica.
Muñeca: habilidad.
Oligarca: potentado.
Orejudo: conservador.
Peludista: partidario de Hipólito Yrigoyen.
Piantavotos: candidato que hace perder votos.
Puntero: caudillo seccional que moviliza votantes.
Radicha: radical.
Radicheta: radical.
Regadera: parlamentario que habla extensamente.
Valerio: vale.
Untar: coimear.
Zurdo: izquierdista.

Fuente Consultada:
Formación Política Para La Democracia Tomo II – Apodos de Políticos Argentinos –  Editorial Redacción

Biografía de Muñiz Francisco Médico y Cientifico Argentino

Biografía de Muñiz Francisco Javier
Médico y Científico Argentino

Francisco Javier Muñiz, nació en Monte Grande, provincia de Buenos Aires (21-12-1795-8-4-1871), sus padres llamados Alberto Muñiz y Berbardina Frutos, eran propietarios de tierras, gozando una desahogada posición económica. Francisco Muñiz fue un científico argentino que destacó por sus estudios y descubrimientos en el campo de la paleontología. Se considera el descubridor de los primeros restos fósiles del hombre y de los restos más antiguos del caballo.  Inició sus estudios en el Colegio de San Carlos, donde se especializó en ciencias naturales y continuó más tarde con los de medicina.

Muñiz Francisco Javier

De muy jovencito de apenas doce años toma parte en la defensa y reconquista de la ciudad, como cadete del Cuerpo de Andaluces. en los sucesos de Mayo de 1810 demuestra su pasión cívica. En Mayo de 1810 precozmente alistado en el grupo criollo, participa en los sucesos políticos que se desencadenan a partir de la creación del primer gobierno patrio. Bajo la inspiración de Bernardo de Monteagudo se instala el 13 de enero de 1812 la segunda Sociedad Patriótica Literaria, cuya acción es sobre todo política.

Siendo un poco mas adulto, su consejero y mentor, el canónigo Benegas, lo alienta a anotarse en el flamante Instituto Médico Militar, fundado por el director interino Alvarez Thomas. Así lo hace, llevado, en verdad, por su verdadera vocación: la ciencia. Francisco cursó Anatomía y Fisiología con el maestro Cristóbal Martín de Montúfar, quien lo consideró “uno de los discípulos más aprovechados que estuvieron a su cargo”.

Aun era estudiante cuando —septiembre de 1821— lo designan segundo del cirujano Celedonio Fuentes, con destino a Carmen de Patagones. Pero a Francisco no le conviene hacer ese viaje, pues significaría un atraso en la etapa final de sus estudios. Afortunadamente, logra que Rivadavia lo releve de la comisión; así, rinde las pruebas finales en el recién creado Departamento de Medicina de la Universidad y se gradúa al comenzar el año escolar de 1822.

En 1825, ya como médico y bajo la tutela militar deja la ciudad rumbo a Chascomús. Allí está acampado el regimiento de Coraceros de Buenos Aires bajo el mando del coronel Lavalle, quien tiene a su cargo la defensa de los campos poblados en las márgenes del río Salado contra los malones indios. Muñiz ha sido designado cirujano en el Cantón de la Guardia de Chascomús y como tal toma parte en las acciones de Sauce Grande y Toldos Viejos.

Todo lugar es bueno para el investigador que es Muñiz y así, mientras cumple con las funciones de médico militar, realiza, a la vez, observaciones sobre las costumbres indígenas y sobre los restos fósiles que hay en las inmediaciones de la laguna de Chascomús. Es justamente en estos años de residencia aquí, que Muñiz inicia sus estudios paleontológicos; son también los primeros que se hacen en forma sistemática en nuestro país.

Su curiosidad científica lo lleva a recoger y armar restos de un gliptodonte y a descubrir el Dasypus giganteus, un tatú fósil. Pero el aislamiento en que vive le impide comunicar este importante hallazgo; recién años más tarde lo hará en la Banda Oriental el francés D’Orbigny, quien lo da a conocer con su nombre actual.

Este episodio no es un hecho aislado en las investigaciones emprendidas por Muñiz. Por el contrario, ocurre con buena parte de sus hallazgos y de sus trabajos. Durante muchos años tuvo que luchar con las enormes distancias, con la falta de contacto con los centros científicos de la época y con la carencia de materiales y libros adecuados, que le permitieran profundizar y sistematizar sus descubrimientos. Sin embargo, no se desanimó y se aplicó a la lectura de los escasos trabajos de Cuvier, Linneo y Lamarck que tenía a su alcance para completar su formación científica.

En Chascomús abundan los restos fósiles y Muñiz planea quedarse allí para seguir con sus exploraciones. Se ofrece entonces como médico de policía y para difundir la vacuna antivariólica, tan necesaria para, evitar el número de víctimas que anualmente produce la viruela. Lamentablemente, el gobernador Las Heras no acepta esas propuestas y Muñiz regresa a Buenos Aires en 1826.

En 1827, durante el gobierno de Rivadavia, lo nombran profesr de las cátedras de partos, niños y medicina legal aunque solc se hará cargo de las mismas en 1850.

En la Villa de Lujan: Al año siguiente se casa con Ramona Bastarte, excelente mujer que lo acompañará siempre y le dará ocho hijos. Poco después en noviembre, se traslada a la Villa de Lujan como médico encargado de la administración de vacunas. Ya instalado er su nueva casa, renueva su interés por las investigaciones paleontológicas. Precisamente, el padre M. Torres había descubierto (1787) en Lujan el primer esqueleto completo de megaterio: un hallazgo que causó verdadera conmoción en los medios científicos europeos y cuyo estudio ocupó a los más eminentes naturalistas de la época.

Se preocupa, también, por todo lo relacionado con la vacunación contra la viruela. Con frecuencia pide al gobierno de Buenos Aires que apoye su labor, pero —aunque cuenta con el estímulo del Administrador General de Vacuna— no obtiene que le nombren personal auxiliar. Gracias a sus esfuerzos, consigue vacunar unos 800 niños por año.

Veinte años vive el doctor Muñiz en Luján (1828-1848). Este es el período más fructífero de su vida en cuanto a investigaciones científicas. En 1833, el naturalista es nada menos que Charles Darwin: un sabio que revolucionará la ciencia con sus teorías sobre la evolución de las especies.

A lo largo de una década, Muñiz consigue reunir un conjunto de restos fósiles; los estudia y clasifica con suma pericia. En 1841 remite al gobernador Rosas nada menos que once cajones con restos fósiles y acompaña el envío con una lista des criptiva, llena de referencias ilustrativas. Al abrir los cajones y encontrarse con esas restos, todos ellos representantes la fauna prehistórica de la provincia de Buenos Aires, grande debió ser el asombro de Rosas. Allí estaban, ordenados y clasi ficados por Muñiz —con el auxilio de las Investigador sobre osamentas fósiles de Cuvier—, los extraños esqueletos de animales que alguna vez vivieron en nuestra llanura: mas todontes, toxodontes, gliptodontes, smilodontes, etc.

Tiempo después, ei sabio argentino logra reconstruir sus colecciones enriqueciéndolas, además, con ejemplares hasta entonces desconocidos. Continuó explorando y así fue el primer investigador que encontró los restos del oso fósil, un animal de gran talla conocido con el nombre científico de Arctotherium —estudiado posteriormente por Gervais y rebautizado con el nombre de Ursus bonaerensis.

Pero su descubrimiento favorito tuvo lugar en 1844, al desenterrar los restos del tigre fósil de dientes de sable. Convencido de la importancia de su hallazgo, Muñiz se lo comunicó a Darwin y a las academias científicas europeas; en efecto, su aporte arrojó nueva luz sobre la paleontología americana. Auxiliado por la Anatomía comparada de Cuvier, lo describe con gran acierto señalándolo como un de los más feroces y desvastadores animales de la Creación.

En 1845, en plena pampa, encuentra Muñiz algo sorprendente los restos de un tronco petrificado. Consulta entonces con investigadores y naturalistas europeos. También descubre un esqueleto completo de caballo, perteneciente a la especie hippidium —de talla más pequeña que el actual y muy parecido al burro. Muñiz arma cuidadosamente el esqueleto y lo considera ce temporáneo del megaterio, coincidiendo en esto con Darwin. Muy útiles habían resultado a Charles Darwin sus observaciones en la región cordillerana y en la Patagonia.

caballo fosil de Muñiz

En sus escritos sobre Paleontología argentina, Sarmiento incluye este comentario de Burmeister sobre el caballo fósil: “Entrando en la administración del Museo Público de Buenos Aires, al principio del año 1862, encontré en este establecimiento restos de un caballo fósil, recogidos por el doctor D. Francisco Javier Muñiz, 20 años antes cerca de la villa de Lujan, en sociedad con el esqueleto del Megathefium. . . Desgraciadamente por la obra inmensa de sacar estos dos esqueletos enteros de la tierra, con prontitud, sin asistencia de ayudantes útiles, el hábil descubridor se vio obligado a trabajar sin la precaución necesaria, rompiéndose por esto dos cráneos y conservando completos solamente los fuertes huesos de los miembros. . . Del cráneo del caballo el doctor Muñiz me mostró un hueso delgado de 23 centímetros de largo, por solo 2 centímetros de ancho al extremo superior y con un centímetro al extremo inferior, que él me señaló como una porción del hueso de la nariz. Comparando este hueso con los huesos nasales del caballo actual, encontré una diferencia tan grande, que me he visto obligado a dudar de la exactitud de la observación. .. Hoy se que la determinación del doctor Muñiz ha sido exacta; el caballo fósil de la Pampa Argentina ha tenido un hueso nasal con punta libre sobresaliente. . . Esta configuración particular del hueso de la nariz distingue claramente el caballo fósil de la pampa del caballo doméstico, como un género aparte a primera vista.”

Darwin muchas veces consultó a Muñiz sobre sus observaciones y apreció su labor investigativa: “No puedo adecuadamente expresar cuánto admiro el continuado celo de usted, colocado como está, sin los medios de proseguir sus estudios científicos y sin que nadie simpatice con usted en los progresos de la historia natural”.

Muñiz envió a Darwin varios trabajos científicos suyos. Entre ellos, sus observaciones sobre la escarlatina, que fueron presentadas al Real Cuerpo Médico de Cirujanos de Londres.

En verdad, la labor de Muñiz en el campo de las ciencias es múltiple. Se destacan entre sus trabajos más importantes los apuntes topográficos sobre el territorio central de la provincia de Buenos Aires (1847), en el que hace anotaciones de real interés sobre aguas, composición del suelo, atmósfera, terrenos fosilíferos, enfermedades, etcétera; sus investigaciones sobre la vacuna indígena, comunicada a la Real Sociedad Jenneriana de Londres; su descripción del ñandú (1848), en la cual apunta también las costumbres de los gauchos; o sus observaciones sobre la lengua y el léxico del Río de la Plata.

A pesar de esta actividad, Muñiz no desatiende su tarea de médico. Buenas horas del día dedica a investigar sobre la vacuna. En 1832 es nombrado miembro correspondiente de la Sociedad Jenneriana de Londres por sus trabajos sobre la vacunación. En 1841 encuentra muestras de cow-pox (viruela de las vacas) en una estancia de la provincia de Buenos Aires y extrae costra de ías vacas enfermas para vacunar a seres humanos, tal como se hacía en esta época.

Nuestro sabio sostiene, a diferencia de Jenner, que el cow-pox no es transmitido a las vacas por quienes están en contacto con caballos, pues en la pampa son las mujeres las encargadas de ordeñar y ellas no cuidan a los caballos; esa enfermedad, por lo tanto, se originaría directamente en los bovinos, independientemente del contagio que pueden sufrir de los caballos.

Las comprobaciones de Muñiz y su aplicación práctica tienen gran importancia. La viruela constituía un verdadero peligro por entonces y llegaba a diezmar poblaciones enteras en pocos días. Durante una de las epidemias, Muñiz provee costras para vacunar e, inclusive, lleva a su propia hijita —recién inoculada—, pues sostiene que la vacunación brazo a brazo es más eficaz que los restantes medios conocidos. Esta generosa intervención permite salvar centenares de vidas humanas. Pero poco después, Muñiz pierde a su hijita, la que muere a raíz de una infección.

Muñiz vivió en Lujan desde 1828 hasta 1848. ¿Por qué se instaló en un pueblo pequeño y ubicado en la temible frontera con los indios? Sabemos que el campo bonaerense le interesa pues le permite continuar con sus exploraciones paleontológicas y es posible, además, que deseara alejarse del intranquilo clima político de Buenos Aires. Sin embargo, otra causa lo lleva a la Villa de Luján: su salud no es buena y necesita un lugar como el elegido para reponerse. Por diez años —entre 1830 y 1840—, vive en una de las casas más cómodas y confortables de la Villa, al lado del Cabildo. En éste, justamente, permanece prisionero el general José María Paz, a quien Muñiz visita con alguna frecuencia. También pasa largas temporadas en el Departamento de Lujan, en su estancia “Los Talas”, el poeta Esteban Echeverría; y es posible que el joven poeta y Muñiz se hayan conocido. Más o menos a una legua de Lujan (en la actual estación Jáuregui) estaba la estancia de Muñiz. Allí pasaba buena parte de su tiempo cuando vivía en Lujan y, ya instalado en Buenos Aires nuevamente, volverá con su familia todos los veranos.

En 1848 se traslada a Buenos Aires e instala su consultorio, que en breve crece y le asegura un buen pasar. Al año siguiente el gobernador Rosas lo nombra conjuez del Tribunal de Medicina y, en 1850, se concreta por fin su actuación en la cátedra de partos de la Facultad —cargo que ya le había confiado Rivadavia—.

Muñiz, entretanto, no deja de tomar parte en la vida política del país, alistado en el campo federal. Cuando Urquiza lanza su famoso pronunciamiento de 1851, Muñiz ataca “ la locura, traición y perfidia del salvaje unitario Urquiza” y le reprocha su alianza con el Brasil, en un artículo que aparece en “La Gaceta Mercantil“. Tras la caída de Rosas, es elegido diputado de la provincia en las elecciones de setiembre de1853.

Aunque no interviene en los debates, su firma aparece en la Constitución del Estado de Buenos Aires (dictada en 1854). Este mismo año es senador y se desempeña en la Comisión de Asuntos Constitucionales.

En 1855 es elegido presidente de la Facultad de Medicina y conserva el cargo hasta 1862. Una de sus primeras iniciativas es la inauguración de la escuela de parteras; también pone en vigencia un plan de estudios de seis años, hecho de acuerdo con criterios modernos y científicos, y logra que se construya un edificio para albergar las distintas dependencias de la Facultad.

Durante su actuación no le faltan problemas serios, sobre todo con la rivalidad que hay entre sus colegas. Pero su preocupación mayor es contribuir a asegurar, desde su cargo, la salud de la población. Su actitud es inflexible en lo que se refiere a la reválida de títulos y al ejercicio de la profesión de médico. El mismo se destaca como excelente especialista en enfermedades de mujeres y niños, y sus trabajos en este campo pueden considerarse como precursores.

En las elecciones de setiembre de 1861 lo eligen Senador por la Capital; un año después interviene en el rechazo de la ley que federalizaba por tres años el territorio de la provincia de Buenos Aires. En 1863 el Club alsinista “Buenos Aires” —opositor a la política mitrista— lo sostiene para senador.

Son los años combativos de “tacheros” y “pelucones” —alsinistas y mitristas—, cargados de disputas y conflictos que enfrentan apasionadamente a las distintas fracciones. 1865: Muñiz tiene sesenta años y aun está dispuesto a servir a su patria.

megaterio

Esqueleto de un Megaterio

En efecto, al estallar la Guerra contra el Paraguay se ofrece para acompañar al ejército expedicionario en calidad de médico. Propone concurrir sin retribución alguna, en traje de paisano y llevando su propio botiquín e instrumental de cirugía o, si fuese necesario, como simple soldado raso. Pero el gobierno argentino no acepta su ofrecimiento. “Demasiado es que un hombre de avanzada edad y salud delicada vaya a cuidar de nuestros heridos y enfermos, para que pueda el Gobierno consentir que ese hombre viva a sus expensas”, le escribe el vicepresidente Marcos Paz.

Muñiz se traslada a Paso de los Libres y emprende una activa campaña sanitaria con su habitual competencia y energía. En 1886 se le reconoce como director de los hospitales instalados en Corrientes para atender a los heridos de guerra y a los afectados por la epidemia de cólera, que se ha declarado en la zona. Su acción en Corrientes es importante y lo muestra en la plenitud de sus facultades —a pesar de los ataques enconados de sus colegas—. En esa larga y dolorosa guerra Muñiz pierde a uno de sus hijos en un dramático episodio.

Ultimos Días: Por fin, en 1869, agotadas sus fuerzas por la prolongada contienda, solicita el retiro. Vuelve a Buenos Aires y se instala en una casona de ia calle San Martín. El anciano doctor ha perdido a su fiel compañera, pero no está solo: le queda el afecto de su hija Carmen —casada con un nieto de su vieja amiga Mariquita Sánchez— y el de sus nietos. Cuarenta y cuatro años al servicio de la medicina del país son casi una vida… En agosto de 1869 la Legislatura le concede por aclamación el retiro como catedrático y médico del hospital.

Sus días comienzan a sosegarse y se repiten, ahora, entre su estancia en Lujan y su quinta en las afueras de Buenos Aires.

En 1871, durante la epidemia de fiebre amarilla en Buenos Aires, fue uno de los médicos voluntarios para ayudar a las víctimas, pero terminó por ser él mismo una de ellas, falleciendo el 8 de abril.

Fuente Consultada:
Cuadernillo de Historia Enciclopedia “Mi País, tu país” – Nº78 Francisco Muñiz-

 

 

La Carne en la Edad Media Consumo, Conservación y Preparación

La Carne en la Edad Media
Consumo, Conservación y Preparación

El interesantísimo y sugestivo libro de cocina que lleva el título casi prohibido de “Ars Magírica”, escrito por Jodocus Wilichius de Rossel, en la Prusia Oriental, y publicado en Zurich en 1563, dice que en la despensa de la dueña de casa la carne reclama el segundo lugar en orden de importancia, después del pan.

De las diferentes clases de carnes, Willichius pasa rápidamente sobre la ternera y la oveja por creer que son poco sanas y productoras de “bilis negra”.

El obispo Isidoro de Sevilla, que vivió en el siglo VII, no incluía los bueyes entre los animales que nos proporcionan carne. Hablando estrictamente, dice él, el término animal doméstico, se aplica a dos clases de seres: primeramente aquellos que son aptos como alimento humano, como la oveja y el cerdo, y segundo, los que son adecuados para el trabajo, como el buey y los caballos. El trabajo de los animales era tan valioso y necesario que los hombres de aquellos tiempos no se podían permitir el lujo de emplear sus mejores animales de tiro como comida.

Se hablaba  del buey como de “un buen arador y un fiel sirviente“, tan esencial para el bienestar humano que Hesíodo, el autor más sereno de nuestra profesión, afirma que “la familia consiste realmente del Marido, la Mujer y el Buey”. Otros autores hablan del buey como del “compañero del hombre en el trabajo del campo, y sirviente de Ceres”.

Los antiguos estimaban que a este animal debía protegérsele a todo trance de la violencia, y decretaron la pena capital “para cualquier persona que matara voluntariamente un buey”. En otras palabras, el buey como los caballos de las granjas en la época anterior a los tractores, era necesario para cultivar la tierra y era en tal grado el compañero del hombre, que en determinado tiempo fué castigado con la pena capital el matar voluntariamente a un buey.

Vegecio, nos cuenta los antecedentes de este asunto, diciéndonos que sin el buey no se podría haber cultivado el suelo, ni alimentado la raza humana. Las cosechas que mantenían vivo el mundo romano, eran producidas gracias al esfuerzo del buey y al arado. Todos los demás animales, incluso las gallinas, debían su comida al trabajo del ganado. Dice Vegecio, “¿de dónde podría haber sacado el genio del dueño y maestro de la Creación la cebada para los caballos, la comida para los perros o el alimento para los cerdos, si no hubiesen sido obtenidos gracias a la labor del buey?… En algunos pueblos se han usado en cierto grado las muías, los camellos y algunos pocos elefantes, pero no podría subsistir ninguna nación, si no tuviese ganado”.

En última instancia, el ganado se usaba para alimento, pero cuando ya habían pasado sus días de trabajo; las vacas, daban también un pequeño exceso de leche además de la que necesitaban los terneros, pero tanto la carne como la leche eran sustancias completamente secundarias. La cría y engorde del ganado con el objeto primario de obtener carne o leche, son adelantos muy modernos del mundo occidental. En la edad media, y no hay que decir, en la antigüedad, el ganado era únicamente bestia de tiro o bestia de carga.

la carne en la edad media

Preparación de la Carne en la Edad Media

La carne de cabra, dice Willichius, no es buena ni agradable. Mulas jóvenes, venado, gallinas, pájaros y pescados están entre los alimentos citados, pero el mejor de todos es el cerdo. Por supuesto cualquier clase de carne era muy difícil de conseguir y muy cara, pero podemos comprobar fácilmente que los cerdos de primavera no podían engordar mucho por sí mismos durante el verano, y en otoño ya se mataban para salarlos y tener la provisión anual de carne. Criados de esta forma, aquellos cerdos se parecían probablemente a los que se conocen en los estados del sur de Norteamérica con el nombre de lomo de jabalí, de ágil pie y suficientemente hambrientos.

Los galos eran grandes comedores de carne y que les gustaba extraordinariamente el cerdo. Los cerdos se dejan noche y día en los campos y son de un tamaño, fuerza y velocidad extraordinarios. Es tan peligroso encontrarse con uno de ellos, como con un lobo.

De acuerdo a Varrón el principal comercio que sostenían los Galos con Roma eran los jamones y la carne de cerdo salada. En efecto, los bosques inmensos que cubrían su país les permitía criar fácilmente y sin gasto gran número de estos animales, y probablemente este hecho tenía algo que ver con el respeto religioso que tenían por el roble, cuyo fruto es la bellota, buen alimento de estos animales.

Todas las consideraciones que llevaron a los atenienses a honrar el olivo que enriquecía con aceite y fruta su estéril territorio, son válidas para los antiguos Galos, que rinden los mismos honores a un árbol tan útil y que, después de haberlos alimentado directamente a ellos, servía para alimentar al animal que constituía su principal fuente de carne y su mayor riqueza.

Es probable que todas las tribus del norte criaran cerdos en los bosques, pues las selvas proporcionaban abundante comida y los cerdos requieren muy poco cuidado, dado que son muy fuertes y prolíficos. La gente común y los soldados comían cerdo, mientras que la gente rica —los obispos, los nobles y el mismo rey — criaban cerdos no sólo para aprovisionar su propia mesa, sino como fuente de ingresos.

En el día de San Martín, o por Navidad, era costumbre que las personas acomodadas mataran y salaran un cerdo para tener carne para todo el año siguiente; la gente que no podía hacer el gasto que demandaba matar un cerdo se asociaba con otros para repartirse un cerdo entre varios y salarlo para el invierno. En el siglo XIII el cerdo de Inglaterra tenía fama en todo el continente, y podemos estar seguros de que en todas las regiones donde existía el haya, se criaban cerdos.

Por supuesto, en las épocas en que la gente pasaba hambre, los animales domésticos iban también muy cortos de comida, y en no raras ocasiones morían de hambre. “Alimentarlos en invierno es lo que más tememos“, como decía el historiador Noel Chomell.

No se conseguía grano para los animales ni para las aves de corral y como el heno cultivado no había sido aún separado de la semilla, sólo se podía utilizar el pasto natural; por lo tanto la alimentación invernal del ganado, era completamente inadecuada. El olmo ático, dice Columella, da una hoja que es más dulce que la hoja del olmo de Italia y mucho más agradable para el ganado. Por esta razón recomienda que se planten tantos olmos áticos como sea posible.

Las hojas secas son evidentemente un mal sustituto del heno o incluso de la paja, pero cuando los animales casi mueren de hambre, ello es mejor que nada. El exceso de producción de comida por sobre de lo que se requería para proveer las necesidades mínimas de la vida de las personas, era muy pequeño, y los sufrimientos empezaban en cuanto este exceso era nulo.

Era desconocido el método de conservar los alimentos por la refrigeración y la carne que no podía comerse inmediatamente debía salarse. Por lo tanto el primer deber del campesino, cuando en otoño debía suspenderse el pastoreo, era matar y salar los animales que no podía alimentar durante el invierno; era indispensable, sin embargo, conservar algún ganado para cría y también el ganado para arar el año siguiente; para éstos, aparte de la pequeña cantidad de heno que se había podido ensilar, era preciso disponer de algo de paja, y además de la paja, Catón decía: “Dad al ganado hojas de olmo, álamo, roble e higuera mientras se conserven esas hojas … y recordad cuan largo es el invierno.”

Los animales no podían seguirse alimentando durante todo el invierno e irlos matando de tiempo en tiempo. En las condiciones reinantes, como dice Mr. Hallam, “cuando no había otra alternativa que la carne salada, era devorado con delicia incluso el más flaco venado”

La caza tenía el atractivo de un deporte, pero era principalmente el medio de obtener carne fresca: alimento que de otro modo no era fácil conseguir. Estos hechos explican, pues, el gran interés que se tomó la gente en las cacerías y en el arte de enseñar a cazar a los halcones, y sirven también de excusa de la severidad de las leyes relativas a la conservación de la caza.

alcones en la edad media

La cantidad de carne que se conseguía por estos métodos era muy pequeña, y la caza no era meramente un placer o una diversión, como es hoy en día: era también el medio de obtener alimentos, de tal manera que se comían todos los animales muertos, incluso hiles pájaros como garzas, alcaravanes, corvejones y otros varios que describe como de mala calidad y de difícil digestión.

Los alcaravanes, las garzas, las grullas, los chorlitos, las gaviotas, etc., se citan en el libro de Robert May, “The Accomplish’t Cook”, publicado en Londres en 1600 con recetas para sazonarlos y cocerlos adecuadamente. Las grullas eran consideradas como muy delicadas por los romanos , y la cigüeña era también aceptada en aquel tiempo, aun cuando el conde Grégoire dice que es detestable; Simeón Sethus, dice que comer grullas, produce melancolía, pero, añade que algunos creen que el meollo de sus huesos, mezclado con aceite de oliva ayuda a la memoria, lo cual puede creerse fácilmente, pues en una mesa actual este plato se consideraría inolvidable! Estos pájaros, dice él, deben tenerse un par de días colgados antes de comerlos.

El autor de “Le Ménagier de Paris”, escribe como si los mercados de París de su tiempo, estuviesen siempre aprovisionados de los mejores manjares; sin embargo, es notable que entre las aves de mesa incluya las grullas, las avutardas, los alcaravanes, los corvejones y las cigüeñas, de las cuales, como de cualquier otra clase de animal de agua, Bruyerinus dice que tienen una carne correosa, aunque puede hacerse más tierna teniéndola colgada algunos días, no obstante; algunas de estas aves no sólo son repulsivas al gusto sino que pueden, producir enfermedades, si se comen en abundancia.

En aquellos tiempos, sin embargo, cuando el sabor de la carne corrompida, o desagradable por cualquier otro motivo, se disfrazaba mediante el uso abundante de especias, las objeciones respecto del sabor de esas aves acuáticas, no eran tan fuertes como lo serían hoy día en una mesa moderna.

Se obtenía también, no obstante, algunas veces carne fresca. Aparentemente los hombres de los tiempos primitivos empleaban todas las carnes, verduras y pescados que usamos hoy en día, y además echaban mano de muchos artículos que ahora miramos con aversión. El autor Sala dice que cuando la comida era cara, los hombres comían lo que encontraban y, aparentemente, se ponía en el estofado cualquier cosa que creciera, incluso cosas que nadie hubiera probado antes.

De lo que encontraban para comer, comían hasta que quedaban satisfechos, con el resultado de que muchas personas sufrían grandes y graves trastornos.

De la carne, dice Sala:

Dada la extrema escasez de los otros alimentos, ahora se usan mucho los carnívoros, y creo que fué también práctica antigua, pues Galeno da a los hombres que han comido carne de león, el nombre de leoninos; otros comen osos, zorros y tejones; unos pocos prefieren los gatos, tanto los domésticos como los monteses, y son aún menos los que comen lobos, perros y ratones; hay también quien prefiere los gatitos recién nacidos a los cangrejos.

Se comen ratas de campo y también ratas de montaña (posiblemente marmotas), pero aquellos que están muy gordos por culpa de un apetito canino deben preferir una alimentación a base de frutas. Se comen también el puerco espín, el erizo y los pequeños cuises, llamados también conejillos de la India (quizá un tipo de rata), y al cual nosotros mismos no hacemos objeción. Los zorros en la época en que se alimentan de uvas se consideran una verdadera delicadeza, y por ello, entre los griegos, dice Galeno, era un manjar muy frecuente.

Esos animales carnívoros designados por Sala como “digitata” porque tienen garras no es comida agradable y raramente tenían un lugar en la mesa, pero hubo ocasiones en que no pudo elegirse cosa mejor para comer. Claro está que en un tiempo donde no existía la refrigeración artificial, ni transportes rápidos, ni se había concebido la necesidad de esterilizar los utensilios, etc., se han debido utilizar alimentos en un estado que hoy día consideraríamos incomible.

Las recetas para mejorar a la carne podrida no son cosa rara. Robert May, por ejemplo, en un libro de cocina muy conocido,30 en el cual se ven fuertes influencias de la tradición medieval, al mismo tiempo que en algunos aspectos abre las puertas a la cocina moderna, nos da un método para conservar el venado podrido.

Entiérreselo en el suelo envuelto en un lienzo limpio durante toda la noche, y así perderá toda la corrupción, el mal sabor y el mal olor.

Como salsa preservado ra para el venado corrompido, indica:

Hiérvase, agua, cerveza y vinagre de vino, a un mismo tiempo, junto con algunas hojas de laurel, tomillo, ajedrea, hinojo y romero, un puñado de cada clase, y cuando hierva métase adentro el venado, déjese hervir bien y sazónese como se dijo antes.

La carne debe guisarse de la siguiente manera:

Deshuésese y úntese la carne con una cantidad de grasa del tamaño del dedo meñique y sazónese con 60 gramos de pimienta, otros 60 de nuez moscada, y 120 gramos de sal; luego hágase un pastel poniendo en el fondo del mismo un poco de manteca, luego la carne, con el lado de adentro hacia abajo, recúbrase con una gruesa capa de condimento y termínese de recubrir con algunos clavos y una buena cantidad de manteca, tápese bien y póngase al horno.

Se recubría todo con masa de harina, para formar una empanada, que debía ser de harina de centeno “tamizada gruesa”; luego, el pastel debía mantenerse en el horno durante “8 ó 9 horas”. Es difícil comprender que pudiese “sobrevivir” a tal tratamiento un sabor cualquiera de la carne, fuese malo o bueno.

Ver: Importancia de la Alimentación en el Progreso Humano

Fuente Consultada.
El Hambre en la Historia E. Parmalee Prentice Editorial Espasa-Calpe

El Pan en la Edad Media Tipos, Elaboración, Receta e Historia

Historia del Pan en la Edad Media

El pan era, en la época antigua, la verdadera fuente de vida. Conserva “su primacía entre todas las cosas que nutren al hombre”. Nos cansamos de todos los demás alimentos, pero el del pan “es el último apetito que se pierde en caso de enfermedad, y el primero que se recupera en la convalecencia”.

Durante la vida del hombre, predomina por sobre todos los otros alimentos el consumo del pan. Era, indudablemente, una forma de vida muy diferente de la de los tiempos modernos, aquella en la cual, y durante largos períodos, el pan seco era el alimento principal; cuando, en realidad, el pan por sí solo constituía una comida suficiente, y todo lo que podía pedirse o esperarse; cuando el pan blanco era considerado, además, un lujo.

“Todos vivimos de pan y agua — decía San Jerónimo —, siendo ésta la práctica común y familiar, y no lo creemos cansador”. Los hombres de nuestra época llamarían a esta dieta, una pena carcelaria, y la considerarían de gran dureza. No obstante no necesitamos remontarnos a los tiempos de San Jerónimo ni a períodos más antiguos de los que la historia considera como muy recientes, para encontrar que la dieta predominante de pan era, además, un privilegio de los más afortunados.

El pan ha sido comido y disfrutado, en esta forma, durante largas épocas de la historia del hombre. ¿Y qué clase de pan era?. El pan mejor se hacía con harina fina de trigo, pero el trigo era a menudo muy caro, y en todo el continente europeo se usaba comúnmente el centeno. Existen dudas sobre si este cereal fué cultivado antiguamente. El historiador Bruyerinus duda de que el centeno fuese conocido por los hombres de la antigüedad, pero mucho antes del siglo XVI el centeno era bien conocido y se empleaba comúnmente.

Más tarde, a medida que aumentó la población y la miseria, el pan se hizo con cebada, mijo, avena, alforfón, arroz, porotos o alubias, guisantes, lupinos, lentejas, la corteza de diversos árboles y, en fin, de todo lo que se conseguía obtener. En las montañas de las Cevennes, el pan fué siempre escaso, de manera que incluso las personas que llevaban una vida confortable vivían en su mayoría de castañas y sólo podían comer pan los días de fiesta, y había indudablemente, muchos otros lugares, además de la región de las montañas Cevennes, en los cuales no se cultivaba fácilmente el cereal y, en consecuencia, sólo raramente se podía conseguir pan. Malthus nos cuenta que en Suecia, durante el verano de 1799, se hizo pan con la parte interior del abeto y acedera seca, sin otra mezcla de harina.

Aparte de los cereales citados, se empleaban otras substancias para hacer el pan o el potaje cuando la necesidad apremiaba. Existen, sin embargo, dos clases de bellotas, la amarga y la dulce. Posiblemente la clase amarga era más conocida en el norte de Italia, mientras que la especie dulce abundaba en Suiza y en otros países situados más al norte de Italia.

El empleo de las bellotas como alimento, se explicaría porque en su tiempo las bellotas se usaban todavía comúnmente en Italia para hacer pan y seguramente la especie humana haya comido más bellotas que trigo, pues el trigo es el alimento de sólo una de las cuatro grandes agrupaciones de seres humanos, o sea del grupo europeo-norteamericano. Los otros tres grupos, el chino-japonés, el indio (asiático) y los pueblos tropicales, no prestan mucha atención al trigo; centenares de millones de esa gente ni siquiera han oído hablar nunca de él.

pan medieval

Elaboracion del Pan en la Edad Media

El roble tiene la desventaja de que sobre él viven mucho mayor número de insectos que sobre cualquier otra especie de árboles cuyos enemigos hayan sido estudiados; pero su fruto, a menos que la cosecha se pierda por las plagas, es de importancia alimenticia para los animales domésticos, y por ello es útil a la humanidad, tanto directa como indirectamente. Además, hay bellotas que constituyen un alimento gelatinoso muy rico, que contiene del 18 al 25 % de aceite con buen valor nutritivo. La harina de bellotas es también muy fácil de trabajar y tiene mucho poder ligante, pues permite amasar conjuntamente un volumen varias veces mayor que el propio, de harina de maíz u otra substancia molida groseramente.

En la edad media no sabía nada sobre las técnicas para mejorar el gusto del pan  y por eso, el método para hacer pan de bellotas y otros substitutos de la harina, en tiempo de miseria, se da en la siguiente forma:

Cómo aumentar la cantidad de pan mediante las bellotas. El roble produce una almendra más dulce que la de cualquier otro árbol; es mayor, más abundante y más fácil de comer. El haya da también una nuez que es muy dulce y muy nutritiva. Para emplearlas en tiempo de necesidad, deben tratarse cuidadosamente de la manera que indicamos aquí, siempre que se desee aumentar el volumen del pan común.

Tómense siete kilos de bellotas y pónganse en una olla sobre el fuego con agua suficiente como para cubrir completamente las bellotas; cuando el agua esté casi hirviendo, empiécese a sacar con un cucharón o una espumadera las bellotas, las cuales se dejarán sobre el suelo y se aplastarán con los pies o de cualquier otra forma, para romperlas y librarlas de la cascara.

El agua de la olla no debe hervir, porque si el agua hierve sobre las bellotas, éstas no se cuecen; pero de cualquier forma, el agua debe estar muy caliente para que las bellotas se puedan pelar, y tan pronto como se les ha sacado la cascara se echan las bellotas en una olla con agua fría y se vuelven a poner al fuego procurando que las bellotas estén cubiertas por más de 10 centímetros de altura de agua; se añade a esa olla un puñado de ceniza del volumen aproximado de un huevo.

Cuando el agua tape apenas las bellotas, saqúese la olla del fuego, tírese el resto del agua, retírese la ceniza y póngase de nuevo la olla al fuego con la misma cantidad de agua que antes, añadiendo una bolsita en la que se han puesto media hogaza de pan, cuatro cabezas de ajo, la parte carnosa de diez o doce nueces, sesenta gramos de levadura y una ramita de salvia o de laurel.

Y cuando el agua se haya evaporado como la primera vez, cambíese el agua y repítase la misma operación, dejando siempre la bolsita adentro, hasta que las bellotas hayan perdido su acidez y su gusto amargo. Al final puede añadirse un poco de sal, alrededor de 30 gramos; no debe ponerse la sal en la bolsita para que las bellotas no se endurezcan demasiado, pues la sal parece dificultar la cocción de las bellotas.

Una vez terminada esta preparación y escurrida el agua, las bellotas se dejan enfriar y se trabajan con las manos hasta convertirla en una masa que se pasa a través de un tamiz con gran facilidad, pues en una hora se puede pasar una cantidad triple, o por lo menos doble, de la que hemos preparado. Una vez que se ha preparado la levadura en la forma usual, se añade ésta a la masa de bellotas que hemos pasado por el tamiz, y se añaden seis kilos de harina (aparte de un cuarto de kilo de harina que ya hemos empleado para preparar la levadura). Y así es como se hace este pan, después de dejarlo levantar de la manera usual.

En esta forma puede aumentarse la cantidad de pan, incluso cuando se hace con prisa. Si alguien pensara que el gasto de hacer este pan es muy grande, a causa del mucho fuego necesario, puede hacerse con menos fuego y con algo más de tiempo; y las bellotas pueden prepararse aun mejor, de la manera siguiente.

Después de haber tratado las bellotas en la forma descripta más arriba, eso es, después de haberlas hervido la primera vez y de haber sacado la ceniza, se las vuelve a poner en la olla con la bolsita llena de las especies antes citadas, y después de haber hervido una media hora y de escurrir el agua, échense las bellotas junto con la bolsita en una tina que tenga un agujero en el fondo, tapado con un corcho: se le pone agua hasta cubrir todas las bellotas; es decir, se sigue el método anterior y se continúa con el procedimiento empleado para sacar el amargor de las aceitunas.

Será suficiente cambiar el agua una vez por día, continuando este proceso hasta que hayan perdido todo el sabor amargo. Ello se consigue en seis u ocho días, más o menos, de acuerdo a la cantidad de bellotas. Por esta razón es conveniente poner gran cantidad de bellotas en estas tinas, porque cuanto más blandas se hacen, tanto más perfectas y puede incluso decirse, entonces, que el pan puede hacerse con mucha menos cantidad de harina. Y si las bellotas pierden muy lentamente el sabor amargo, pueden esparcirse en una tabla y hacerlas secar muy cuidadosamente al horno.

El horno debe estar muy poco más caliente que la temperatura de exposición al sol. De esta forma pueden convertirse en harina empleándolas como se ha descripto más arriba, sin que puedan dejar de ser un éxito.

Otros dos recursos, para el rico y para el pobre. Hay otros dos recursos para los tiempos en que agobia la necesidad; uno sirve para los ciudadanos ricos, y el otro para los pobres y desventurados.

Para los ricos: Cuando nos alcanza una gran escasez de cereales y no podemos continuar obteniendo pan blanco hecho de la mejor harina, para nuestros ciudadanos ricos, sepárese entonces solamente el salvado, y hágase el pan con trigo entero. Cuando incluso el trigo y la harina de grano entero son escasos en extremo, se puede emplear la cebada de cualquier especie, molida entera y haciendo con ella pan en la misma forma que lo hacen los judíos según su costumbre habitual, de acuerdo a la historia; o si no, se puede hacer el pan con mezcla de arroz y trigo, como es costumbre en la mayor parte de Oriente, en toda la India y en las islas del Japón, porque este pan nutre mucho y aumenta mucho de volumen.

Se puede hacer un pan bueno y digestivo del trigo sarraceno; este pan es más antiguo que el pan de trigo. Es por esta razón que los romanos llamaban a la harina “fariña” de “farro” que significa trigo.

El pan se puede hacer también de mijo, o de centeno, o de maíz, como es costumbre en Alemania.

Galeno y Oribasio mencionan el hecho de que en caso de necesidad, el pan puede hacerse con avena y mijo. Se ha hecho pan de cualquier clase de verduras y legumbres: haba panosa, garbanzos, alubias blancas, cerraja, cardo ajonjero, lentejas, guisantes, vezas y guijas, que pueden mezclarse con otras harinas según su abundancia. Dios reveló a Ezequiel estos diferentes panes, diciéndole: Toma trigo, cebada, habas, lentejas, mijo y vezas, junta estas seis cosas y haz pan con ellas, que podrá durar todo el tiempo que duermas.

El pan puede hacerse con mijo, con castañas, secas y pulverizadas, mezclado con cocimientos de zapallos, o calabazas, nabos y manzanas, junto con trigo. La provisión y conservación de estas cosas debe ser suficiente en todo momento, y el hombre prudente tendrá el debido respeto por ellas.

En Plasencia, la gente come “spaghetti” hervidos en agua, luego escurridos y puestos en vino. En la práctica esta gente bebe los “spaghetti” y obtiene de ellos gran vigor y alimento. En tiempo de necesidad se puede comer polenta en lugar de pan, porque satisface casi lo mismo. Esta polenta puede prepararse con leche de cualquier animal, con caldos calientes, y de cualquier clase de harina de las que hemos escrito anteriormente, de verduras, de castañas aromatizadas con manteca fresca, con queso hecho de leche de yegua, leche de vaca, leche de búfalo, leche de cabra o leche de oveja.

La polenta puede hacerse también con carne de vaca, de búfalo o de cualquier otro animal parecido. Puede prepararse en forma de panes que se dejan secar, se salan y pulverizan mezclándole un poco de pimienta o azafrán. Luego se cuece esta carne pulverizada en vino, vinagre, caldo, mosto de uva o agua, con las especies citadas en cantidad de una cucharada por persona, lo cual será suficiente para sustento de una persona durante un día. Esto nutre más que la leche, especialmente si se le ha mezclado harina de legumbres o de castañas.

Cuando hay abundancia de carne puede convertirse en pan después de sacarle los huesos y tendones. Empléese una tercera parte de harina y dos de carne, y hiérvase esto con trigo, sal, comino, etc., según el gusto y cuezase muy bien. También se puede hacer pan de pescado, como se hace en Escocia, y la gente de Sora en la India, cociendo el pescado al sol y luego pulverizándolo en forma de harina.

Finalmente el rico puede multiplicar y aumentar la cantidad de pan por el método citado más arriba, añadiendo tres kilos de arroz a treinta kilos de harina de trigo, pues se consigue un aumento de seis kilos por cada diez kilos de harina mezclada con uno de arroz. El trigo sarraceno produce casi el mismo aumento, si un kilo y medio de arroz es añadido a diez kilos de harina de trigo sarraceno.

Las habas pulverizadas, de la especie adecuada, producen un aumento razonable; igual hacen los garbanzos, las alubias, especialmente los frijoles, los guisantes, etc., todos los cuales aumentan la cantidad de pan y el peso de la harina de trigo. La harina hecha de castañas aumenta mucho el volumen, especialmente si se añaden a estas mezclas manzanas, nabos, peras, calabaza pulverizada, etc., todo lo cual ha sido pasado a través de un tamiz con un poco de sal, comino e hinojo para evitar que se pudra. Estas sugestiones son suficientes para ayuda de los ricos.

Para los pobres: Ahora bien, respecto de la gente pobre y miserable, con el fin de que pueda alimentarse y mantenerse con vida, con poco gasto, debemos asegurarnos de que tengan siempre buena levadura de harina de trigo para que el pan sea sano, ya que de otra manera el pan no levantaría, y el pan sin levadura es muy malo.

Hay qvie darles siempre un poco de queso de leche de cabra y salvado, y este afrecho debe mantenerse en la batidora tanto tiempo como sea posible para que quede muy desmenuzado y pueda ser fácilmente convertido en harina; cuando está mojado, con el salvado se puede hacer fácilmente pan. Los pobres deberán recoger toda la gramilla que puedan y después de lavarla y secarla completamente en el horno, la convertirán en harina, dejando solamente la paja y el heno para los animales.

Deberán mezclarle una cantidad de bellotas secas y harina de mijo y castañas, trigo sarraceno, vezas, lupinos, centeno y guisantes. Deberán conservar para ello las mezclas de granos que se da por lo general a las gallinas, y se mezclará con zapallo, lapas, melones cocidos, puestos en el horno con las semillas, pero con la corteza dividida en cuatro partes, pues todo esto constituye buen alimento y nos ayuda a luchar contra los estragos del hambre.

Se puede hacer, también, pan del aserrín fino de los árboles jóvenes, tales como el peral, el cerezo y sus cortezas, después de haberla secado en el horno y pulverizado. Se toma la misma cantidad de ese polvo que del polvo obtenido del mijo, y la misma cantidad de avena mondada y una olla llena de nabos pulverizados, todo ello pasado por un tamiz junto con hinojo una vez que ha fermentado. Este pan es muy bueno, una vez cocido, para sostenimiento de los pobres.

Puede hacerse otra clase de pan con los brotes de diversos árboles, si se cosechan verdes; se secan y se pulverizan. Estos brotes pueden ser de castaño o de roble. Pueden añadirse a cualquier clase de verdura o de cereal en las mismas cantidades y con una olla llena de harina de calabaza, que ha sido amasada, fermentada y hervida largo tiempo.

Puede hacerse pan de las raíces de diversas hierbas y verduras como son la alcachofa o alcaucil, cardos, ciclamen, gladiolo, las raíces de la col bien lavadas y secadas, con cantidad igual de afrecho o avena pelada o harina hecha de legumbres, o de trigo. Todo esto una vez bien cocido, es muy alimenticio.

También con bellotas, castañas, lupinos y raíces secas y pulverizadas, poniendo una tercera parte de legumbres o de trigo, una tercera parte de frutos o bellotas, la otra tercera parte de mijo, salvado o avena mondada añadiéndole en todos los casos una olla llena de nabos, manzanas, peras, trigo sarraceno, higos secos, raíces de col, pasas de uvas, y sesenta u ochenta gramos de sal, cien gramos de hinojo, o semilla de anís o comino, por cada cuarenta kilos de mezcla, cociendo bien a fondo el pan, pero sin dejarlo endurecer mucho, el hombre está preparado valientemente para luchar contra el hambre y la miseria.

Cómo hacer un excelente pan de las raíces de zumillo, llamado también barba de Aarón y otras raíces que contienen almidón. La preparación de los mismos ha sido indicada por un autor antiguo en la siguiente forma.

Primero: Las raíces que son grandes deben limpiarse de todas las partes sucias y sacarles la piel, y luego se cortan en pequeñas rebanadas delgadas, pues tanto más delgadas tanto más rápidamente podremos prepararlas; se meten después en agua, hirviendo tanto tiempo como sea necesario hasta que las raíces empiecen a ponerse dulces.

Luego se cambia el agua y se pone agua fresca para que continúen hirviendo hasta que el agua se endulce y que las raíces hayan perdido toda su acritud. Se sacan entonces y se extienden esparciéndolas sobre un cañamazo estirado en un marco y, cuando están secas, se muelen en un molino de mano, dándonos así una harina blanca y pura, que ya sea por sí sola o en mezcla con una tercera parte de harina de trigo nos proporcionan un pan hermoso y de rico sabor.

Esto tiene cierto buen sentido y gran probabilidad de que salga bien, porque la experiencia diaria nos enseña que se trata de un almidón tan hermoso, si no más, que el de nuestro trigo. Y por consiguiente sería deseable que se emplease cierto ingenio agrícola para plantar y multiplicar estas raíces, observando la naturaleza del suelo y lugar donde más prosperan. Y aún si falláramos en esta empresa, veríamos que nuestro trabajo nos es pagado ampliamente con sólo lograr convertirlo en almidón.

Pero aquí hay que recordar que la raíz debe recogerse cuando está bien rellena y en sazón, que es a fines de marzo y durante todo abril: porque una vez que ha empezado a germinar, y que la savia ha empezado a subir a las hojas, la raíz queda fruncida y pierde además muchas de sus virtudes. Sería también la ocasión de probar algo parecido con el nabo, del cual existe amplia producción y cuyo precio es igualmente muy razonable.

Pan y otros alimentos hechos de calabazas. Este alimento que es al mismo tiempo agradable y barato, hace también un pan muy sabroso si se le mezcla un poco de harina y sirve de alimento a gran número de personas con poco gasto. Y si se lo adereza con azúcar o alguna salsa puede considerarse como un plato delicado.

La manera de prepararlo es la descripta por Porta: se eligen las calabazas mayores y más duras, se cortan en rebanadas y se les saca la piel costrosa y dura y la parte interna o blanda, se introducen en agua hirviendo y se convierten en una pasta que luego se tamiza añadiéndole una tercera parte de harina para convertirlo en pan; cuanto más fresco se come, más agradable y delicado se encuentra.

Pero con el permiso de este autor: yo creo que lo encontraréis mejor y con mayores aplicaciones en forma pastosa, pues su cuerpo es eminentemente acuoso y se desvanece hasta quedar muy poca substancia si se intenta secarlo; esto lo digo a consecuencia de las pruebas que yo mismo he hecho, aun cuando quizá la planta de Ñapóles, que él llama Cucúrbita, puede ser de naturaleza diferente a nuestras calabazas.

Ver: Importancia de la Alimentación en el Progreso Humano

Fuente Consultada.
El Hambre en la Historia E. Parmalee Prentice Editorial Espasa-Calpe

 

Los Banquetes en la Antigua Roma Descripción y Características

Los Banquetes en la Antigua Roma

En Roma, como también en Grecia, el banquete, que suele comenzar sobre las tres de la tarde, puede durar hasta bien entrada la noche. Esto se explica porque en la Antigüedad reunirse para cenar era una de las formas más agradables de relación social. Era la mejor ocasión para estar con los amigos o para conocer gente nueva. En el banquete, además de comer y beber, hay muchos tipos de entretenimientos. Así suele haber recitaciones poéticas, audiciones musicales a cargo de artistas hábiles en tocar la lira o en cantar, juegos de azar, bufones o cómicos que hacen reír a los comensales, espectáculos de danza a cargo de muchachas o de bailarines afeminados. Incluso en los banquetes más ricos se reparten apophoreta, regalos de valor muy diverso distribuidos por sorteo.

La idea de un mundo hambriento contrasta tanto con la impresión que recibimos al leer los festines de Lúculo, o acerca del banquete de Trimalquión y de las descripciones que da Séneca de la liberalidad romana en los placeres de la mesa, que haremos bien en reflexionar acerca de que la escasez no afecta nunca a todas las personas de una población en el mismo grado. Voltaire da una notable descripción del hambre europea de 1691, cuando el pueblo francés sufría de falta de comida, en tanto que la realeza celebraba con Te Deums y regocijos las victorias militares.

El mundo no conoce la distribución equitativa del placer o del dolor. Aquéllos que están bien, soportan las privaciones más largo tiempo que los que están enfermos; los fuertes, mejor que los débiles; los que tienen recursos mejor que aquellos cuyos bienes son pocos o nulos.

Así fue también en Roma. Había unos que, mientras duraban sus fortunas, disfrutaban de la abundancia y se organizaban fiestas notables por sus excesos; pero la abundancia y los excesos no eran la vida común, pues tan notables como las descripciones del lujo y de la ostentación de tales fiestas son las descripciones de los huéspedes, que parecen haberse comportado como se comportarían, seguramente, hombres o animales que viviesen bajo el peso constante del temor a la miseria y que fuesen colocados ocasionalmente ante una mesa excesivamente abundante.

Las penurias y la excesiva abundancia han estado realmente tan relacionadas en la historia humana, que para comprender el significado del vicio de la gula, es necesario conocer lo que ha significado el hambre.

En el quinto libro del “Anden Régime“, de Taine, se encuentra una famosa y terrible descripción de las miserables condiciones en que se hallaba Francia durante el siglo XVIII; pero el relato de M. Taine es algo más que un capítulo de historia francesa, es la descripción de los sufrimientos de la edad antigua proyectados desde el pasado hasta contemplarlos con el conocimiento de los tiempos modernos.

En la Inglaterra del siglo XVIII, ya había empezado la abolición de los campos comunales, de manera que la cantidad de alimentos, junto con la población de Inglaterra, iban en aumento. En Francia, la agricultura de aquel tiempo era aún la misma agricultura sencilla y primitiva del siglo X, lo cual provocaba una inevitable comparación entre la miseria antigua y los métodos mucho mejores de cultivo que ya entonces empezaban a expandirse por todo el mundo.

Además, en esta época eran muchos los observadores, y se había popularizado la imprenta, de manera que pudieron obtenerse y conservarse informes y constancias que en una época más antigua habrían sido perdidos y olvidados. El libro de M. Taine constituye, por consiguiente, una valiosa introducción a la historia de toda Europa y al estudio de muchas épocas anteriores.

Entre los pueblos hambrientos de Francia, de Roma antigua y de otros países se daban, por cierto, grandes banquetes, al igual que sucedía entre otros pueblos, por ejemplo  los indios americanos; pero la comida parece haber sido el motivo principal, y la compañía era asunto de menor importancia.

comida en roma

Banquete Romano: Para entender mejor esta costumbre romana, debemos retroceder a sus orígenes. La tradición romana no era, inicialmente, la de realizar estos banquetes con el único fin de ostentar. Los hacían originalmente por dos motivos muy distintos: realizaban grandes cenas nocturnas como un momento sagrado para rendirle culto a los dioses y agradecerles los favores y, ocasionalmente, para que el páter familias o Señor de la casa, reafirme su autoridad en el hogar. En las bodas, cumpleaños o nacimientos, sin embargo, el alarde y la elegancia eran mayores en estas cenas. Aunque esta costumbre se realizaba por todos los romanos, sólo los más ricos podían hacer que sus celebraciones sean dignas de mención entre sus invitados.

Come y no lo mires“, dice lady Macbeth, y es así como comían usualmente los antiguos asistentes a un banquete. A esas reuniones venían muchos huéspedes procedentes de aquella situación exterior, oscura y sin esperanzas, que era la de la comunidad en general. ¿Qué podíamos esperar de personas en esas condiciones?.

Marcial satirizó un comensal que se llevó a su casa comida escondida bajos los pliegues de su toga,  pero el llevarse algo de comida a casa era una cosa muy común y bien sabida, de la cual dice Stuckius:

A los huéspedes que partían, se les repartía a menudo la comida sobrante de la fiesta; esa liberalidad por parte del anfitrión es digna de alabanza, especialmente cuando hay entre los invitados personas pobres y necesitadas. Por otro lado, es un acto de grosera ingratitud por parte de los huéspedes, el que, no contentos con el generoso festín de comida y bebida que han disfrutado, se lleven consigo toda la comida que cabe en sus manos, ya sea abierta o secretamente.

Decía un antiguo proverbio que “fuego en la cocina, significa comida“. Por consiguiente cerca de la entrada de una casa en la cual se veía humo o se sentían olores que hablaban de comida, se acostumbraba a juntar la gente esperando que cuando la puerta se abriese para dar paso al invitado saliente, algunos pudiesen escabullirse hacia adentro y llegar a la mesa donde quizá aun quedase comida; y esto, no solo lo hacían los pordioseros, sino los mismos amigos no invitados. El orgullo y el hambre no son buenos compañeros, y más de un hombre que precia en mucho su dignidad, no duda ni un momento en aparecer confundido con los pordioseros que se alimentan de las sobras frías y de los mendrugos de la Corte.

Platón, en su “Symposium”, habla de un proverbio — los hombres buenos, aun cuando no estén invitados, asisten a las fiestas de los hombres buenos . . . pues seguramente no debía ser completamente improbable que lograse entrar, especialmente si la persona era de posición, o un amigo o un pariente.

También los pordioseros que se ven obligados a pedir dinero y vituallas a las casas particulares, pueden venir. . . pues Homero enseñaba que los hombres necesitados que se introducen hasta nuestras mesas no deben ser echados ni tratados sin consideraciones, sino que por el contrario debe dárseles una porción de comida y de bebida.

Es difícil para nosotros comprender todo esto, viéndolo desde la época actual, y casi imposible además darnos cuenta de la situación real de una sociedad en que era tolerada tal conducta.

Quizá lo más difícil de entender es la acción de un hombre que ostenta y despilfarra la comida en un mundo lleno de miseria. Hubo, sin embargo, dos influencias que no han sido mencionadas a menudo y cuya importancia no puede despreciarse totalmente.

En primer lugar, al abolirse la antigua República Romana y establecerse el Imperio, los ciudadanos romanos vieron muy restringida su esfera de actividad independiente. Cuando para progresar en política se necesitó la aquiescencia del emperador, y cuando el éxito comercial o financiero atrajo la atención del gobierno, les pareció mucho mejor a los romanos el evitar cualquier actividad que los destacara y gastaron en placeres aquellas propiedades que disfrutaban sólo bajo una posesión relativamente insegura.

Sin embargo, los placeres en que podían gastar dinero, eran muy pocos. Se cuentan grandes historias acerca de las antiguas carreras de caballos, pero en una época en que la herradura era todavía desconocida, y los caballos de carrera no habían sido aún mejorados, eran imposibles los deportes que conocemos actualmente de cazar, disputar carreras o simplemente cabalgar.

El deporte de barcos de vela no existía, como se comprende, pues incluso el viajar era difícil, expuesto y peligroso. Más aún, como no existían las ciencias ni las matemáticas basadas en la notación por números árabes, ni existía papel, y los libros eran al mismo tiempo escasos y caros, el mundo ofrecía muy pocos recursos para la ocupación intelectual. Por consiguiente, las viviendas lujosas y los alimentos costosos constituían el único interés de aquellos que buscaban llenar su vida con placeres, ya que la holganza era casi obligatoria.

Plinio habla, quizá con un poco de ironía acerca de naciones que habían sido subyugadas, y cuyos ciudadanos tenían por consiguiente la libertad de dedicar sus pensamientos a la cocina, y Stuckius dice que los que mejor cocinaban eran los macedonios, los cuales, “ob infoelicitatum urbium subiugatarum” — a causa de la infelicidad de sus ciudades subyugadas a los romanos — practicaban el arte de preparar “obsonia” para los banquetes.

Los hombres nunca se habían dedicado a estas cosas en las épocas anteriores de libertad.

En segundo lugar, los banquetes del mundo antiguo no fueron en su origen meramente ocasiones para disfrutar en privado, sino reuniones de significado religioso y, hasta cierto punto, de importancia pública. No hay nadie, dice Stuckius, que tenga tan sólo un ligero conocimiento de la literatura antigua que no sepa que los festines y los sacrificios estaban íntimamente relacionados, no sólo entre los judíos sino también en otras naciones, de tal manera que era raro que se ofreciese un sacrificio sin que le siguiese un festín, y por otra parte los banquetes, tanto si eran públicos como privados, y tanto si estaban o no relacionados con los templos, iban siempre acompañados por ritos religiosos y ceremonias.

En los tiempos primitivos, por consiguiente, los cocineros eran sacerdotes y la carne servida en el banquete era la que se había cocinado ante el altar.

Mr. D. J. Medley en su artículo sobre la “Anglo-Norman Social Life“,hablando de las casas más importantes de Inglaterra, dice que, hace 700 años:

En la cocina común, construída de madera, el fuego debía estar colocado necesariamente en medio de la habitación. El asado era un procedimiento laborioso, aún cuando no imposible. Pero, de cualquier forma, la mayor parte de la carne se hervía; la cocina parece hacer servicio también de matadero; la carne se comía en verano, ya sea perfectamente fresca y procedente, diríamos, del cuchillo del matarife, o formaba parte de la conserva que se ponía en salmuera para su empleo durante el invierno.

En las viviendas más antiguas, el único hogar de la casa se hallaba en la cocina y en medio de la habitación, con una abertura o chimenea en la parte superior para que saliera el humo; este tipo de cocinas se siguió usando largo tiempo, incluso después de haberse suplementado con otros fogones con chimeneas a los costados de la habitación. En la habitación central de Penshurst Place, en Kent, se ha conservado un ejemplo perfecto de uno de estos fogones centrales”.

En las casas rurales de la antigüedad, la cocina era muy semejante a la cocina inglesa antigua, descripta por Mr. Medley. Era una gran habitación, dice Stuckius, con un cielo raso muy alto, para que el piso de encima no tuviese peligro de incendio y donde la familia podía reunirse convenientemente en cualquier estación del año; un lugar que era al mismo tiempo cocina y lugar de reunión de la familia y de los invitados, alrededor del fogón y del fuego dedicado a los dioses familiares, los lares.

Los hierros que soportaban los tizones podían considerarse en realidad como un altar sobre el que presidía el cocinero como un sacerdote.Los cocineros que conocían los ritos para los sacrificios, tanto para las festividades nupciales como para otras ocasiones, tenían gran autoridad y se los consideraba valiosísimos entre los griegos. Entre los romanos, los censores, cuya posición era de la mayor importancia, vestían de púrpura y usaban coronas ceremoniales, teniendo por obligación sacrificar la víctima con el hacha del sacrificio.

Mucho se ha escrito del honor y la dignidad del antiguo sacerdote cocinero, y muy pocos de los antiguos poetas, con la única excepción de Posidippus, se atrevieron nunca a presentar en escena a un cocinero que fuera esclavo.

El inmolar la víctima, observando los ritos sagrados, y el cocinar la carne, eran sólo una pequeña parte de los deberes de los cocineros, y se esperaba que apareciese también en la mesa del banquete para trinchar la carne y repartir su porción a cada invitado, observando siempre el rango y honor del huésped que servía.

Este deber, ejecutado al principio por el cocinero, podía ser también realizado por el huésped o por algún invitado eminente, “nam Lysandrum, eo quandoque perfunctum muñere, historia tradit“, pues la historia nos cuenta, dice Coelius Rhodiginus, que el mismo Lisandro realizó esta tarea de trinchar y distribuir la correspondiente porción a cada invitado; se ha dicho que en esta práctica debe encontrarse el origen de la frase “el Señor es mi porción y mi copa” que en variadas formas aparece a menudo en la Biblia, como también la referencia al reparto de pan a los hambrientos.

Cuando el alimento había sido ya distribuido y empezaba a levantarse el espíritu de camaradería, el nuevo aspecto importante del banquete lo adquiría la conversación general entre los presentes.

De la conversación durante las comidas, dice Stuckius que puede versar sobre cualquier cosa existente en la naturaleza e incluso de cosas sobre las cuales no sabe nada la naturaleza, pues, “quales sunt convivae tales plerunque etiam illorum solent esse sermones convivíales” — tal cual son los invitados, así son la mayor parte de sus charlas—, pero, añade él, la conversación debería estar siempre sujeta a la regla de que los tópicos desagradables deben ser proscriptos y buscados en cambio los temas agradables.

En la época en que Roma llevaba todavía una vida sencilla, cuando la reunión estaba a punto de disolverse se tiraba al fuego la lengua del animal sacrificado y se servía bebida como acto de reverencia a los dioses; otras veces como promesa de que nada de lo hecho o hablado en el banquete sería referido más tarde, y en otras ocasiones, en fin, como acto de gracias ofrecido a Mercurio, por el libre intercambio de la conversación.

El banquete tenía lugar en el triclinium (salón donde comían), iluminado con velas, y comenzaba luego de invocar a Júpiter y a los dioses domésticos. La cena consistía en aperitivos, platillos principales y postres.

Los antiguos festines eran muy frugales; consistían, probablemente, sólo de potaje y frutas, pero eran tanto más aceptables a los dioses a causa de su sencillez.

Cuando el imperio de Roma, empezó a aumentar el rico bienestar de la ciudad, el lujo fué en aumento y los banquetes perdieron sus características sencillas y algunos libros hablan sobre un banquete del emperador Heliogábalo:

Seiscientos cerebros de avestruz, con chícharos y granos de oro: éste fue uno de los platillos servidos en un banquete del emperador Heliogábalo. Se cuenta que en otra de sus fiestas cayeron tantos pétalos de rosa por las aberturas de los techos que varios comensales se asfixiaron. La  extravagancia de los banquetes romanos es legendaria, y aunque no todos los anfitriones eran tan licenciosos como Heliogábalo, las grandes cenas eran uno de los placeres en la vida de los hogares adinerados.

Mientras que los pobres se alimentaban con una dieta de pan y un polaje de trigo llamado puls, los ricos convirtieron los festines en un arte. Sus banquetes se prolongaban durante horas, desde las tres o cuatro de la tarde hasta la madrugada. Entre platillos, la fiesta era animada por acróbatas, bailarines, enanos, músicos y payasos.

Batallones de esclavos atendían a los comensales: les quitaban los zapatos al entrar y les calzaban sandalias; los ventilaban con abanicos de plumas de pavorreal para ahuyentar a las moscas; les lavaban las manos con agua perfumada, y servían deslumbrantes y aromáticos platillos en la mesa central. Se acostumbraba que los esclavos más bellos vertieran el vino y cortaran la comida, mientras que los huéspedes se reclinaban, a veces tres en un diván, posando el brazo izquierdo sobre una almohada.

Con tales comodidades, es sorprendente que los comensales debieran llevar sus propias servilletas. Un agraviado anfitrión dijo de un invitado: “Hermógenes nunca trae su propia servilleta a las cenas, pero siempre se las ingenia para llevárselas a casa.”

Fué recién después de la conquista de Asia y debido a la influencia de los pueblos orientales y de la vida muelle, que los romanos empezaron a adoptar la práctica de reclinarse durante sus comidas, una moda de la cual, dice Aldo Manutius, que indica la disolución de las costumbres de la sociedad en que prevalece y que en los individuos demuestra un grado de absorción por el placer que dificultosamente le permite convertirse en un hombre serio.

A los romanos les gustaba comer lirones. Se construían jaulas especiales donde estos roedores eran criados con pasteles, antes de ser engordados con nueces, bellotas y castañas, y servidos en vasijas de barro especialmente construidas. Los asistentes al festín se deleitan con variedades y entretenimientos de toda índole mientras beben y charlan en un ambiente distendido. Estos espectáculos varían según el poder adquisitivo de cada casa y los intereses de los patrocinadores por lo que no es posible hablar de un tipo de actuación estandarizada.

Es cierto que los hombres serios también se reclinaban, pero por lo menos hubo un hombre, Catón Uticensis, que rehusaba hacerlo. Cuando hubieron pasado de moda los antiguos y graves modales y el lujo tomó su lugar, el banquete perdió su significado y el empleo de cocinero perdió su dignidad, de manera que aquellas tareas ejecutadas en un tiempo por los hombres de mayor rango, fueron abandonadas, como dice Livio, a los esclavos más insignificantes.

Plauto en la “Aulularia”, nos cuenta cómo los cocineros esperaban en el mercado, para que los emplease aquel que tuviera que dar un banquete.

Después que el huésped ha comprado golosinas y empleado cocineros Busca también en el mercado los músicos que van a divertirlo.

A lo cual añade Balión, uno de los personajes de la obra de Plauto, “Pseudolus”:

Los que llaman a esto un mercado de cocineros, le dan un nombre estúpido Pues éste es un sitio para conseguir ladrones, que no cocineros.

Aparte de los cocineros que esperaban conseguir un empleo mientras aguardaban en las tabernas o en distracciones particulares, existían también traficantes de pescado, salchicheros, pescadores, vendedores de ungüento, molineros, instructores para el arte de trinchar, y muchos otros.

Todos los lujos, o lo que se creía que eran lujos estaban ahí en venta, hasta que Roma dejó de ser el lugar más rico del mundo, y el Imperio declinó a través de la tiranía, hasta un estado no muy lejano a la barbarie.

Ver: Importancia de la Alimentación en el Progreso Humano

Fuente Consultada.
El Hambre en la Historia E. Parmalee Prentice Editorial Espasa-Calpe

Historia del Animal de Tiro Uso de la Fuerza Animal y su Evolución

Historia del Animal de Tiro
Uso de la Fuerza Animal y su Evolución

La fuerza animal en la época clásica. Por supuesto, el caballo, el buey y otros animales han sido empleados para el tiro así como para carga o para cabalgar, desde las épocas más primitivas; pero, como dice el historiador Noéttes, los métodos empleados para enjaezar los animales de tiro impedían que los animales desarrollasen toda la fuerza que poseen.

Hace más de un siglo  ya se hablaba de que los romanos poseían un sistema muy malo para enjaezar sus caballos, aunque no describió los arneses romanos, ni apreció, quizá, cómo actuó este fracaso en el empleo de la fuerza animal sobre la civilización romana. Este es el tema que ha sido estudiado ahora por  Noéttes. Para atar los caballos, dice él, se desconocía el empleo de la pechera y de los tiros, y en lugar de esto, los caballos en parejas, llevaban un yugo de madera sobre la cruz, que cada caballo mantenía en su lugar por un cinto o cincha.

A este yugo se ataba la lanza del carro o carreta; el yugo y la cincha no resbalaban para atrás porque estaban asegurados por una correa, que M. des Noéttes llama apropiadamente una “correa – garrote”, que iba horizontalmente desde el yugo colocado sobre la cruz del caballo hacia adelante alrededor del cuello del animal. Acerca de este dispositivo dice el doctor Savoy:

La correa estaba formada por una cinta ancha de cuero sobado que formaba una “corbata” alrededor del cuello del animal, en el sitio donde la tráquea está casi junto a la piel, sin tener el menor contacto con la estructura ósea de la paleta y contituia un factor pernicioso que reducía la capacidad de tiro.

Tan pronto como el caballo empezaba a tirar de su carga, la correa que abrazaba el cuello empezaba a tironear e interfería tanto la circulación como la respiración. Esta correa en forma de garrote habría podido mantenerse separada de la tráquea del animal, mediante una tira que corriese hacia abajo entre las patas delanteras del caballo y se enganchase en la parte inferior de la cincha.

traccion a sangre antiguo carro

Parece que este dispositivo fue ensayado, pero con él sólo se logró descubrir que cualquier correa que mantuviese hacia abajo ese collar, disminuía necesariamente parte de la fuerza del tiro, y que además se ponía tan tensa cuando los caballos arrastraban una carga pesada que la fricción sobre la suave piel situada entre las patas, lastimaba a los animales y los inutilizaba en poco tiempo.

Por consiguiente, como esta correa en forma de garrote no era sostenida hacia abajo, el peso de la carga la mantenía siempre hacia arriba, obligando a los caballos a levantar sus cabezas en la posición característica de los dibujos antiguos. Con ello se echaba hacia atrás el centro de gravedad y hacía imposible que los caballos utilizasen todo su peso con el objeto de tirar de la carga.

Se podría haber aliviado ese trabajo si hubiese sido posible aumentar el número de animales de tiro enganchados a una carga, pero nunca se consiguió satisfactoriamente atar varios animales de costado y no se conocía método alguno por el cual un par de animales pudiese trabajar delante de otro par. La fuerza máxima de tiro estaba limitada, por consiguiente, al esfuerzo de un solo par de animales de tiro.

Para empeorar aun más las cosas, era desconocido el método de conducir dos caballos con un solo par de riendas. Había por lo tanto dos riendas para cada caballo y como ya eso era más de lo que puede manejar con facilidad un hombre solo, éste se arrollaba los extremos de las riendas alrededor del pecho, debajo de un cuchillo, con el cual, en un momento de necesidad, podían cortarse.

Arado tirado por bueyes

Arado tirado por bueyes

Este método de atar los caballos se ve bien en las ilustraciones que reproducimos aquí obtenidas del libro “Ancient Agyptian Paintings” publicado en 1937 por la Universidad de Chicago, que contiene copias de las pinturas de las tumbas egipcias. Las pinturas originales, copiadas en estas ilustraciones, fueron hechas alrededor de 1400 años antes de Jesucristo y según opinión de Noéttes el método de uncir los caballos, descripto en su libro, continuó hasta el siglo X de nuestra era, época en que la pechera rígida moderna fue inventada, probablemente, por un francés.

Estas pecheras, en su forma actual, están diseñadas frecuentemente en forma de dejar un espacio del ancho de tres dedos entre la tráquea del caballo y la almohadilla del collar. La pechera ancha que parece la solución más sencilla del problema, fue probablemente de origen inglés y creada en el siglo XII.

Las dificultades de los antiguos no estaban limitadas, sin embargo, a las guarniciones solas, porque tampoco no se había inventado todavía ningún sistema para proteger con herraduras los cascos o las pezuñas de los animales. Tanto los griegos como los romanos ensayaron unas botas “de fibra para cubrir las pezuñas o los cascos del caballo, las cuales eran atadas a las patas mediante correas; también se probó la llamada “hiposandalia” o “solea” constituidas por chapas de metal adheridas a una bota de cuero.

Estas innovaciones no tuvieron éxito y no quedó otra elección que emplear caballos que tuviesen cascos duros, si es que existía tal clase de caballos, o encontrar algún método para endurecer los cascos blandos, si es que era posible encontrar tal método. Se intentó dejar los caballos, fuera de las horas de trabajo, sobre pisos de piedra y también se intentó emplear la pez. San Isidoro de Sevilla, dice que el permanecer en los pantanos tiene un efecto endurecedor e indudablemente si los caballos se dejan en un terreno blando un tiempo suficiente, los cascos pueden curar.

El único método posible de proteger las patas de los caballos consiste en emplear herraduras clavadas al casco, y esto fue inventado aparentemente alrededor del siglo IX de esta era, apareciendo esta innovación al mismo tiempo en Bizancio y en la parte occidental de Europa.

Para los bueyes se usaban yugos de madera, no muy diferentes de los que se usan aun hoy día, pero como las pezuñas de los vacunos se lastiman más fácilmente en los caminos duros que no los sólidos cascos de los caballos, todas las ventajas que sacaban los bueyes de la colocación racional del yugo se perdía por las lesiones de las patas y, en conjunto, caballos y bueyes estaban reducidos al mismo nivel de ineficacia como animales de tiro.

Cuál era este nivel, se ve en la disposición “De Publico Cursu“, en el Código de Teodosio, que es la compilación de leyes anteriores publicado en los siglos V y VI.

Según este Código las cargas máximas que podían ser arrastradas tanto por caballos, muías o bueyes estaban limitadas a las siguientes:

Para una birola, vehículo ligero……………………………………………….. 70 kilos
Para una vereda, que llevaba viajeros o mercancías livianas … 108   “
Para un carro más pesado, el currus………………………………………… 215  
Para la rheda, pesado y lento ………………………………………………….  365   “
Para un transporte más pesado y aún más lento………………….  540   “

Es posible traducir el texto del Código de tal manera que estas cifras modernas sean algo mayores, pero de todas maneras M. Alfred Leger llama la atención hacia el hecho de que cuando no se consideraba la velocidad del animal éstos podían arrastrar pesos mayores aunque, añade, en el mejor de los casos las cargas eran tan insignificantes que una acémila daba casi el mismo rendimiento que cualquier vehículo. No obstante, toda la culpa de esta tracción ineficaz no se le puede dar al método deficiente de enganchar los caballos y las muías: los caminos eran también muy malos, las pendientes eran a veces muy empinadas, las alcantarillas eran débiles y los vehículos incómodos y bastos.

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La construcción de la rueda, del cubo de la misma y de su eje eran muy deficientes, pues su perfección estaba más allá de la habilidad mecánica de aquellos días. Por otro lado los caballos y el ganado antiguos eran indudablemente muy pequeños y raquíticos, como lo siguieron siendo en la edad media, a juzgar por las herraduras medioevales que se han encontrado en gran número a lo largo de las carreteras de aquellos tiempos, y como lo son todavía actualmente en Grecia y Siria, a menos de que hayan sido cruzados con ganado extranjero y cuidados por un ganadero que conozca por lo menos algo de nuestro sistema actual de alimentación y cuidados.

Por consiguiente, son muchas las consideraciones que confirman la afirmación de Noéttes respecto de que era desconocida en los tiempos antiguos una fuerza animal eficiente.

La fuerza motora animal, apenas existía en la antigüedad; las guarniciones antiguas eran infantiles y diferían de los métodos modernos no sólo en su aspecto, sino en los principios en que se fundaban, en cada una , de sus partes y en sus resultados positivos. En realidad, no se desarrollaron todas las posibilidades de la utilización de la fuerza animal hasta el siglo X después de Jesucristo. El paso desde el sistema antiguo al nuevo fue por consiguiente no sólo un gran beneficio para la humanidad, sino más aún, constituyó ni más ni menos que el amanecer de los tiempos modernos.

Parece, por lo tanto, que los hombres de la antigüedad y de las llamadas “edades oscuras” fueron incapaces, efectivamente, de usar la fuerza animal existente. Esto era algo muy serio, por que la cantidad de alimento que podía ser producida por el trabajo manual directo y la pequeña ayuda de esa fuerza animal que se podía conseguir, era insuficiente para llenar las necesidades de la población, y era necesario por lo tanto emplear esclavos para el trabajo que podría haber sido ejecutado por los animales.

La rueda hidráulica, por ejemplo, ha sido conocida de antiguo y fue usada para hacer girar las muelas de los molinos harineros; pero como el transporte a lomo de animal era insuficiente y no había otro tipo de transporte capaz de llevar a esos molinos el grano ni de distribuir a los consumidores la harina producida en dicho molino, la fuerza del agua sólo podía emplearse con ventaja para moler los cereales en aquellos pocos lugares donde la entrega al molino o la distribución de la harina podían hacerse por agua.

Por la misma razón la fuerza del agua no podía emplearse en los talleres o en las forjas, y la industria debía desarrollarse en lugares muy distantes uno del otro con gran pérdida de esfuerzos. En todos los distritos rurales, al asno, como animal que mejor prospera a pesar del mucho trabajo y del poco alimento y que afortunadamente está conformado con un cuello largo y altas espaldas, puede hacérsele tirar contra el yugo como un buey, y se utilizaba mucho para moler el grano, aunque la mayor parte del trabajo de moler el trigo debían hacerlo los hombres y era una de las tareas más duras que se conocía en el mundo antiguo.

En estas condiciones el esfuerzo humano se tuvo que enfrentar con tareas tan extraordinariamente pesadas, que su ejecución sólo podía realizarse en base al trabajo forzado. Sin la esclavitud, el desarrollo material de las civilizaciones que emergieron sucesivamente alrededor de la cuenca mediterránea no habría sido posible. Más aún, cuanto más elevada la civilización, tanto mayor fue el número de esclavos y tanto más severa su disciplina.

Las consideraciones morales no pesan contra la necesidad imperiosa. Era posible en aquel mundo antiguo abogar por el mejoramiento de las condiciones en que vivían los esclavos; pero no era posible suprimirlos porque eran la única fuerza motriz efectiva con que contaba la civilización antigua. Nadie sospechaba en ese tiempo que la cruel institución de la esclavitud humana pudiese llegar a ser abolida.

Si las lanzaderas trabajasen solas, decía Aristóteles, no necesitaríamos más los esclavos. Pero las lanzaderas no trabajan solas, y por lo tanto como la humanidad debe vestirse y alimentarse, los esclavos son necesarios.

La fuerza animal en la edad media. Si Noéttes está en lo cierto, el método moderno para utilizar la fuerza animal, apareció 800 años después de Jesucristo, con el uso de las herraduras clavadas al casco del animal de tiro y con la pechera rígida apoyada contra el pecho del animal — o, más tarde aún, con la pechera ancha que apoya sobre el pecho sin hacer presión sobre la tráquea—, y además con el empleo de los tiros, que constituyen la parte más importante de la guarnición, y con el conocimiento del método mediante el cual los animales de tiro pueden engancharse en fila, uno delante de otro, de tal forma que puedan utilizarse simultáneamente varios animales y poner todo su esfuerzo para arrastrar la carga a la cual han sido uncidos.

Por lo tanto estos acontecimientos de los siglos IX y X, o sea el descubrimiento de los medios por los cuales podía emplearse en toda su extensión la fuerza animal, divide la historia del mundo occidental en dos períodos distintos: el período de la labor manual y de la esclavitud, antes del siglo X y el período posterior al siglo X cuando mejores animales, con mejores guarniciones y vehículos, aliviaron a los hombres de los trabajos más pesados e iniciaron el movimiento que sustituyó a la esclavitud por la servitud, movimiento que después, con el empleo de las modernas herramientas, terminó por abolir la servitud.

Por esta vía el notable invento de la guarnición moderna hecho por un hombre o diversos hombres desconocidos, durante las tinieblas de las edades oscuras, cambió la faz del mundo; el cambiar los medios de producción tuvo por efecto un profundo cambio en nuestra organización social.

Uno de los mayores descubrimientos hechos por el hombre durante el curso de la larga historia de la humanidad, fue por lo tanto, según Noéttes, nada menos que atar esas correas, llamadas tiros, a un caballo y ponerle una pechera, cosas que permiten arrastrar fácilmente una carga. ¿Cómo pudo ser que un invento tan sencillo tardase tanto en llegar?.

Una de las cosas más extraordinarias, es que el hombre aprendiese primero a predecir los eclipses, que a enjaezar un caballo. Respecto del uso del agua y del viento para hacer girar las muelas de un molino, un historiador hacía notar:

Probablemente no tuvo que tomar mucho tiempo ni hubo necesidad de ningún gran genio para descubrir cosa tan útil y sencilla, aunque un molino de agua o un molino de viento es una maquinaria realmente complicada si la comparamos a los tiros y a la pechera de una guarnición, y, no obstante, por falta de estas correas, la humanidad vivió durante siglos bajo el azote de la esclavitud y en el temor de morir de hambre.

Es evidente que la mente del hombre fue muy lerda en comprender los aparatos mecánicos. Se cuentan cosas muy interesantes acerca de la ingeniosidad de Arquímedes durante la defensa de Siracusa, y César se mostró muy orgulloso por haber construido un puente sobre el Rin, pero pasaron siglos y siglos antes de que el mundo comprendiese la naturaleza y el valor de la ciencia física.

En 1750, el doctor Samuel Johnson decía:

La mayor gloría de Sócrates consiste en que con su enseñanza y ejemplo dirigió la inteligencia griega desde la vana persecución de la filosofía natural a la investigación de la moral; e hizo cambiar su preocupación por las estrellas y las mareas, las sustancias y el movimiento, por los problemas acerca de las diversas clases de virtud y de relaciones sociales.

Más de un siglo después, en 1860, le pareció a un observador bien capacitado para juzgar, que existiría un gran cambio en las maneras aceptadas de pensar si “la ciencia se coloca más a la par de la poesía y de la filosofía”, pero la ciencia es un recién llegado en el mundo intelectual. Los años recientes han visto una sorprendente modificación del punto de vista de los hombres, pero, con todo, el doctor Johnson no estaba totalmente equivocado, pues la primera condición para el adelanto intelectual consiste en poseer una fuerte fibra moral.

Si hubieran habido buenos medios de comunicación — muchos caballos buenos, herrados y enjaezados de tal manera que hubiesen podido arrastrar carros bien construidos y con gran carga — y hubiesen existido buenos caminos para viajar, habría sido posible llevar alimentos desde cualquier ciudad que tuviese más de los necesarios, si es que existió alguna vez ciudad tal, hasta otra que los necesitase; pero mientras todos los productos agrícolas tuvieron que ser obtenidos mediante la labor personal, sin abonos químicos, cuando la siega debía hacerse con hoz y la trilla con los métodos antiguos, mediante rodillos o pisando el grano con animales, y más tarde con el mayal, nunca pudo existir un margen satisfactorio de seguridad y fue muy poco común que existiese un exceso de cereales pàra vender.

 

Ver: Importancia de la Alimentación en el Progreso Humano

Fuente Consultada.
El Hambre en la Historia E. Parmalee Prentice Editorial Espasa-Calpe

Importancia del Arado en la Evolución de las Civilizaciones Agrícolas

Importancia del Arado en la Evolución de las Civilizaciones Agrícolas

La civilización agrícola. El desarrollo de los diferentes oficios recién empezó a aparecer claramente cuando el hombre se dio cuenta de que podía obtener más alimentos y artículos indispensables mediante la agricultura, que lo que sacaba de la vida de cazador, o de las ovejas o vacas con una vida nómada; probablemente ambos pasos, primero de la vida de cazador a la vida pastoral, y luego a la vida agrícola, fueron ocasionados en parte, como piensa Mr. Ross, por el hambre de una población creciente que acuciaba el problema de aquella humanidad indolente.

El aumento de alimentos mediante el cultivo significó viviendas firmemente asentadas para cuya construcción tuvieron que surgir carpinteros y albañiles. Pronto aparecieron los mecánicos para hacer los carros, los arados y los arneses. El hilado y el tejido asumieron nueva importancia, puesto que los mecánicos y los albañiles, deben ser vestidos y alimentados con los productos de las granjas. Monstequieu dice que la agricultura existe allí solamente donde hay “muchos inventos y mucha diversidad de conocimientos y siempre comprobamos que la ingeniosidad, las artes y un cierto sentido de la necesidad han progresado en forma armónica”.

Debe observarse, pues, no sólo que la diversidad de labores empezó conjuntamente con el aumento de la existencia de alimentos y otros artículos necesarios que la agricultura hizo posible, sino que el grado de diversificación estuvo limitado por el grado de eficiencia que alcanzaron los métodos agrícolas e industriales.

A medida que la agricultura fué teniendo más éxito los suministros aumentaron y se hizo posible, a medida que pasó el tiempo y los métodos mejoraron, que pudiesen ser alimentados, vestidos y aposentados gran número de artesanos. Por consiguiente empezaron a existir nuevas artes y la civilización se fué complicando cada vez más al recibir el campesino nuevas comodidades en compensación de sus productos, de los cuales vivía la comunidad.

Se ha dicho algunas veces que la civilización se debe a la búsqueda de alimentos realizada por el hombre hambriento, pero ello sólo es cierto del comienzo de la civilización. Un hombre medio muerto de hambre, no es productivo ni medita acerca de las artes, ni puede crear nada más complejo que los métodos elementales del hombre de los primeros tiempos.

A partir de estos métodos, sin embargo y bajo condiciones favorables, surgió la agricultura, que proporcionó mayor cantidad de alimentos y un grado suficiente de holganza que permitió al hombre ocupar su mente en el estudio de las posibilidades que tenía ante sí.

La sociedad agrícola, pues, según la frase de Malthus, es exactamente proporcional a la oportunidad de estudio que dan los productos sobrantes de la producción agrícola y si pudo existir una civilización sencilla que no se elevó de nivel durante los largos años transcurridos entre el siglo V antes de Jesucristo y el siglo XIX después de Jesucristo, la explicación reside en esa afirmación de Malthus, pues siendo exactamente proporcional está, asimismo, limitada exactamente.

Nuevos progresos son pues posibles obteniendo más tiempo libre, bajo condiciones favorables para el estudio, y en tal ambiente que se origine la ambición individual y aumenten los recursos individuales.

La historia del hombre,  empieza con la provisión de alimentos que es su necesidad primera y más apremiante. El alojamiento y los vestidos no se necesitan en todos los países y climas, pero el alimento es indispensable diariamente y en todo lugar.

Desde el primer día en que el hombre abrió sus ojos al mundo, supo del hambre y de la utilidad del alimento.

Cabría esperar, por lo tanto, que la agricultura fuese el tema, al cual el hombre hubiese dedicado sus mayores esfuerzos, y debiéramos encontrar en este terreno los primeros triunfos de su inteligencia. Desgraciadamente, el progreso de la agricultura ha sido tan lento durante la historia humana que ha sido llamada con razón el arte de la época progresiva del mundo. Además es muy difícil investigar los hechos concretos de su desarrollo. No existe una narración directa y continuada.

En la Europa moderna el primer progreso agrícola lo hicieron los árabes en el sur de España, cuyas conquistas, desde los siglos V a XI constituyen probablemente “el episodio más brillante de toda la historia de la agricultura”. Desde el siglo X al XV la mejor agricultura estuvo en el norte de Italia y después, hasta llegar a Inglaterra, pasó por Holanda; pero ni España, ni Italia, ni Holanda, nos han dejado relato alguno de las operaciones y métodos empleados.

El historiador Lord Macaulay hace notar que Venecia prosperó durante siglos sin que consten la memoria de un solo nombre célebre ni un solo acto generoso. No obstante, el valle del Po, del cual Venecia era el puerto, mantuvo encendida la lámpara de la civilización durante el período más sombrío de las épocas medioevales. Las humildes contribuciones de los hombres que mantenían vivas las artes de la agricultura y de la industria no proporcionaban material suficientemente brillante para las crónicas reales, y se ha perdido el recuerdo de muchos de sus progresos.

No sabemos los nombres de aquellos que hicieron tanto para la felicidad humana, ni las condiciones en que vivieron, pero sí podemos, con lo que sabemos de esos países, de sus habitantes y de los acontecimientos históricos que ahí se desarrollaron, ensamblar los fragmentos de una historia de interés apasionante.

Los países occidentales de Europa, están comparativamente muy desprovistos de productos naturales adecuados para la exportación, y el éxito que han conseguido estos países en el comercio proviene de la inteligencia y laboriosidad de sus habitantes. Las ventajas naturales derivadas de su situación geográfica habrían sido de mucho menos valor si la población no hubiese tenido tales cualidades en las que se destacan los venecianos, gcnoveses, marselleses y catalanes.

La Italia del Norte es un país bien irrigado, con ricos pastos, en que el ganado puede pacer todo el invierno; Holanda disfruta de una ventaja semejante por tener una estación forrajera tan larga y tan abundante en pasto que puede almacenarse una cantidad suficiente de heno para subvenir a las necesidades invernales, en ambos países, por consiguiente, es posible tener ganado en número adecuado para obtener energía suficiente para el cultivo de la tierra y para que contribuya además a la alimentación con leche, queso, manteca y carne.

Sin embargo, el trabajo del campo no rinde fáciles ganancias. En los suelos livianos el primer arado debe haber sido una rama angulosa,  y en otros lugares ha sido una azada adaptada, pero se deben a estas modestas herramientas los brillantes progresos que hicieron Las grandes civilizaciones agrícolas de Babilonia y Egipto.

el arado

Sobre los Arados: Son instrumentos de uso agrícola que se utiliza para abrir surcos y remover la tierra. Es una importante herramienta agrícola utilizada desde los tiempos prehistóricos. En los comienzos de la agricultura, las semillas solían arrojarse al suelo, donde crecían de manera anárquica. Con el tiempo, se descubrió que si la simiente se plantaba en hileras separadas, resultaba más fácil regar, escardar y cosechar.

En su forma más simple, el arado era un palo ahorquillado que se arrastraba por el suelo, abriendo un surco en el que se plantaban las semillas. Esta técnica aceleraba en gran medida la faena de la siembra. El arado se empleó por vez primera en Sumer hacia 3500 a. J.C. El instrumento podía empujarse o ser arrastrado por cuerdas que se ataban a una persona o a un animal. Algunos arados simples se usan todavía en suelos ligeros de algunas zonas en vías de desarrollo.

Por supuesto, estos arados livianos de las primeras épocas hubieran sido inútiles en tierras duras, dado que ya no eran muy eficaces ni aún en los suelos blandos. De ahí que los arados, hasta entonces hechos de madera, fuesen recubiertos en su punta con una pieza de hierro; como los esfuerzos eran grandes fué necesario emplear la madera más dura que existía y reforzarla todavía con abrazaderas allí donde era posible.

Los primeros arados de hierro aparecieron en el siglo III antes de Jesucristo, pero sólo con lentitud entraron en uso y en realidad nunca llegaron a desplazar completamente los arados de madera que todavía se emplean en los países atrasados.

Plinio dice que en Italia eran necesarias dos o tres parejas de bueyes para cada arado, aunque probablemente estas yuntas eran empleadas una tras otra, reemplazando con animales descansados la pareja exhausta por el trabajo precedente. Mr. Henry Row dice que en Inglaterra la “dotación” usual para un arado era de ocho bueyes y como para este tiempo ya el hombre había aprendido a usar mejor la energía animal, estos ocho bueyes eran uncidos unos tras de otros.

Se debió requerir un gran esfuerzo para guiar tal arado y ello nos explica que a menudo hayan sido necesarios los servicios de dos o tres hombres. En Escocia, hace sólo un par de siglos, se araba con seis a doce bueyes uncidos mediante cuerdas de paja, necesitándose cuatro hombres para llevar a cabo esa tarea.

Los bueyes tanto en la Inglaterra como en la Escocia medioevales eran débiles y raquíticos por falta de comida, pero también lo eran los hombres que los gobernaban y los que manejaban el arado. Por otra parte el buen trabajo es imposible si no colaboran el esfuerzo, la energía y la esperanza, y, por consiguiente, el trabajo rendía poco, como lo hace siempre el trabajo hecho de mala gana.

La situación de Escocia a principios del siglo XIX fué descripta perfectamente bien por el profesor David Low:

Está todavía en la memoria de los antiguos habitantes de Ayrshire el estado de primitiva rudeza en que se desenvolvía la agricultura de esta región. Las granjas eran apenas cabanas construidas con barro . .. No habia tierras aradas en descanso, ni cosecha de verduras, ni pastos segados, ni carros, ni carretas, ni silos.

Se cultivaban escasas y escuálidas raíces, apenas algunas hortalizas escocesas, con las cuales, junto con leche y avena, quedaba constituida la dieta popular … La tierra estaba exhausta debido a las cosechas continuas de avena tras avena, conformándose con tal de que se pudiera pagar la semilla y el trabajo y rindiese un pequeño sobrante de harina de avena para la subsistencia de la familia. Después llegaba a quedar en un estado de absoluta es • rilidad, cubierta de cardos, hasta que el reposo le permitía producir luego una escasa cosecha de maíz . . . Apenas había terrenos cercados, los caballos y el ganado eran atados con una cuerda durante los meses de verano o confiados a los cuidados de un pastor y su perro ovejero, el cual los mantenía en continuo movimiento ya que el hambre los impulsaba a salir de una región donde ya no quedaba pasto para continuar la depredación en los campos adyacentes.

El ganado casi se moría de hambre durante el invierno y en la primavera no era capaz de levantarse por sí solo; desde luego nunca alcanzaban un estado satisfactorio para llevarlos al mercado . . . Éste era el estado y las condiciones que reinaban no sólo en Ayrshire sino en gran parte de Escocia durante la primera mitad del reinado de Jorge III y más antiguamente en todos los tiempos que recuerda la gente más vieja de la región. Ayrshire, al mejorar las condiciones no sobrepasó los distritos semejantes, sino más bien quedó siempre algo atrás. Nada que merezca el nombre de mejora agrícola pudo realizarse hasta después del desastroso fin de la guerra norteamericana; la mayor parte del progreso ha tenido lugar desde el comienzo de este siglo, y aún casi todo en los últimos años.

Es una historia sorprendente. Para aquellos que conocen la Escocia de nuestros días, parece imposible; y no obstante las condiciones que describe el profesor Low no eran muy diferentes de las que prevalecían generalmente en Europa poco tiempo antes. Escocia resurgió lentamente después de los desastres de las Guerras Napoleónicas, pero sin duda alguna las otras partes de Europa también salieron con lentitud de esos desastres.

La siega, antes de los días de la maquinaria, se llevaba a cabo con una hoz, y antes de emplearse las trilladoras, el grano se separaba de la paja, ya sea mediante pesados cilindros o por acción del paso repetido de caballos o bueyes. Con una trilladora un hombre podía producir alrededor de cien kilos de trigo por día, y Loudon explica así este trabajo:

El esfuerzo era muy considerable y la severidad del trabajo casi excedía las fuerzas del hombre más fuerte, especialmente en las épocas desfavorables, cuando el grano se adhería pertinazmente a la espiga y sólo podía ser separado con gran dificultad. En estas épocas no se tenía en cuenta la gran energía necesaria sino más bien … lo que ocupaba su atención era la gran cantidad de granos inevitablemente perdidos.

Si a un granjero de hoy día se le entregase un palo curvado para arar o un arado pesado del tipo antiguo, un pico y una azada antiguos, una pala y un rastrillo, y se le dijese al mismo tiempo que no le será posible comprar cereales o algodón procedentes de los grandes campos cultivados con máquinas, ni carne, huevos o lana de los animales criados con los productos de tales campos, ni géneros hechos con los materiales tejidos en los telares mecánicos, miraría indudablemente su porvenir y el de su familia con una razonable preocupación.

Sin embargo, el mundo ha vivido en estas condiciones y medio muerto de hambre, hasta hace muy poco. Otro historiador John Arbuthnot, en sus tablas de medidas griegas y romanas, hace notar que el emperador Augusto no tenía vidrios en las ventanas de su palacio ni llevaba camisa, y aunque esta afirmación parece exagerar la rareza del cristal y de la tela en esa época, constituye esencialmente un retrato fiel de lo que sucedía, ateniéndonos a los hechos, en las condiciones usuales de vida de la antigüedad.

Lo que sucedía respecto de los alimentos en la Grecia y la Roma del período clásico, era también verdad, en diversos grados, al principio de la era cristiana y aun más adelante, durante toda la época medioeval y hasta fechas posteriores, incluso, a la Revolución Norteamericana.

Ver: Importancia de la Alimentación en el Progreso Humano

Fuente Consultada.
El Hambre en la Historia E. Parmalee Prentice Editorial Espasa-Calpe

Importancia de la Alimentación en el Progreso Tecnologico y Científico

Relación entre  Alimentación y el Progreso Tecnológico

Desde cierto punto de vista el hecho más importante de toda la historia humana fué el descubrimiento del Nuevo Mundo en 1492. El viaje de Colón descubrió nuevas tierras para colonizar y nuevos campos de ideas para cultivar; pero desde otro punto de vista fué descubierto trescientos años más tarde un mundo aún más vasto. Nuestros antepasados del tiempo de la Revolución Americana — e incluso hombres de la generación pasada, abuelos de los hombres actualmente en actividad — vivían en forma muy parecida a los hombres que vivieron en tiempo de César.

El transporte por tierra durante los primeros años del siglo XIX, se hacía a caballo o en vehículos tirados por caballos, e incluso se usaban los bueyes, en muchos sitios, para las cargas pesadas. El transporte por mar se hacía en barcos de vela, más grandes y más ágiles que los barcos de César, evidentemente, pero sin emplear ningún principio diferente.

La ciencia de la medicina  — o mejor dicho lo que hoy día llamamos ciencia de la medicina— no existía en el año 1800. Priestley había descubierto el oxígeno y Lavoisier había echado los cimientos de la química, pero nuestra ciencia química moderna no existía. Benjamín Franklin había remontado un cometa hacia una nube tempestuosa y había tenido la suerte de captar una chispita, en lugar de un rayo, con la llave que había unido al cordel del cometa, pero con todo, la ciencia física no había adelantado mucho desde el tiempo de Arquímedes.

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Primeros Ferrocarriles

El mundo, sin embargo, se preparaba para adelantar. Aproximadamente a mediados del siglo XVIII, algo cambió en los asuntos humanos, exteriorizándose en la libertad de pensamiento y de crítica que se convirtió en el siglo XIX en ferrocarriles, buques de vapor, numerosas máquinas, etc. y todo este inmenso adelanto de la ciencia física que aun ahora — con todo y formar parte de la vida diaria— nos obliga a maravillarnos a diario.

¿Qué fué lo que sucedió hace sólo doscientos años y que nos abrió el cofre de los tesoros del conocimiento?.

Durante miles de años el hombre vivió sobre la tierra aproximadamente en la misma forma que sus antepasados y luego empezó a adelantar en todas direcciones. Lo que había sido imposible antes, se hizo posible para los hombres de la última parte del siglo XVIII y del XIX. ¿Cuál fué este cambio?.

La pregunta tiene sólo una respuesta. Fué un aumento de las obras creadas por el trabajo del hombre, una vez provistos los elementos necesarios para la vida. Por consiguiente en algún momento, alrededor del año 1750, el trabajo del hombre empezó a ser más productivo.

La necesidad diaria más apremiante de todo ser vivo es el alimento y antes del siglo XVIII había existido, con diversos grados de intensidad, una constante falta de alimentos. Por consiguiente, si en ese momento el hombre empezó a tener tiempo sobrante para estudiar, que es lo que se requiere para avanzar en el terreno de los conocimientos, o sea, si el hombre empezó en ese momento a meditar y a aplicar a las artes el fruto de su estudio, como dice Sismondi, ha debido ser porque durante el siglo XVIII el alimento se fué haciendo más barato y más abundante.

El hombre hambriento no medita sobre arte; tal como dice el doctor Samuel Johnson: “El que desfallece de hambre se preocupa bien poco de cómo se alimentarán los otros”.

La abundancia de alimentos a precios que estén al alcance de todos es de primera necesidad para el bienestar humano. El mayor éxito de los siglos XVIII y XIX consiste en haber obtenido suficiente comida para aliviar esta necesidad y la Victoria sobre el Hambre, debida a la gran producción que la maquinaria consiguió proporcionar a una población relativamente reducida, es la conquista que ha producido todas las comodidades de hoy en día.

LOS ALIMENTOS Y LA HISTORIA

Es difícil que las personas que viven en condiciones modernas se den perfecta cuenta de que estamos disfrutando un lujo y una abundancia tan general como nunca pudo imaginarse antiguamente que pudiera ser posible. “Quisiera atreverme a desear, ya que no a esperar, que los labradores pudieran tener vidrios en sus ventanas y comieran carne una vez por semana”, decía sir Tomás Moro.

No obstante se ha alcanzado mucho más de lo poco que osaba desear sir Tomás Moro, aunque no lo esperaba; ahora tenemos cristales en todas las ventanas y la carne forma parte de la dieta ordinaria de la gente junto con leche y manteca y aun otros alimentos que en tiempos de Moro eran lujos apenas conocidos por los príncipes.

Hay todavía sufrimientos en el mundo, y estamos realmente muy preocupados para aliviarlos como corresponde, pero la existencia de estos sufrimientos no constituye una base suficiente para destruir la sociedad actual y tales consejos radicales provienen tan sólo de aquellos que no se han dado cuenta de los grandes adelantos que se han hecho y se están haciendo.

La esperanza de la humanidad reside en las promesas que se están realizando debido al progreso de los últimos ciento cincuenta años, y el programa más perfecto que podemos proponernos para el futuro consiste en perseverar en los métodos que tanto han conseguido ya para aliviar la miseria humana.

El primero y más importante de los éxitos recientes es el que ha sido llamado la derrota del Hambre. Desde luego, es imposible una victoria absoluta, pues siempre habrá tormentas, grandes sequías, heladas y enfermedades de las plantas o animales que escaparán al dominio del hombre, y que ocasionarán cosechas escasas. De todos modos gran parte de los sufrimientos han sido consecuencia de la ignorancia y de la estupidez humana. Entre las causas del hambre que enumera Mr. Cornelius Walford, algunas tienen todavía importancia actualmente:

1. Prohibiciones de cultivo o destrucción voluntaria de las cosechas.
2. Agricultura de técnica defectuosa por el régimen comunal de la tierra.
3. Acción gubernamental mediante reglamentaciones o impuestos.
4. Restricciones monetarias, incluso desvalorización de la moneda.

Los errores y estupideces de los hombres perdurarán indudablemente mientras el hombre exista sobre la tierra, pero pueden incuestionablemente disminuir y aminorar sus efectos cuando la humanidad aprenda a reconocerlos y.comprenda los trastornos que ocasionan. La historia del mundo ha sido la historia de la lucha por el pan de cada día. Las artes primitivas provienen de la búsqueda de alimentos por el hombre primitivo — terrible búsqueda, de la cual dice el conde Grégoire en 1804, pensando especialmente en Francia:

“Los tiempos de hambre eran antiguamente más calamitosos que en nuestros días y su azote era mucho más frecuente. Maret, el Viejo, contó diez hambres en el siglo X y veintiséis en el siglo XI.”

Las batallas, los torneos y las coronaciones en Reims o en Aquisgrán, así como los esplendores semejantes al del Campo de la Tela de Oro, no han sido más que distracciones momentáneas. El interés continuo y permanente de la humanidad lo ha polarizado el alimento y en numerosos libros se habla de los inútiles esfuerzos de todo género que se han efectuado para conseguir alimentos.

Mr. Farr decía de Inglaterra “en los siglos XI y XII se registra un hambre cada catorce años por término medio, y el pueblo sufrió veinte años de hambre en el término de doscientos años. En el siglo XIII la lista muestra la misma proporción de hambres; añadiendo cinco años de precios elevados, la proporción es aun mayor. En conjunto, las épocas de escasez disminuyeron durante los tres siglos siguientes; pero el término medio desde 1201 hasta 1600 es el mismo, o sea, siete hambres y diez años de hambre por siglo. Esta es la ley que regula las carestías en Inglaterra”.

Se puede obtener una idea del significado de estas breves afirmaciones examinando el siguiente resumen que da Mr. Warlford respecto de las hambres de Europa durante el siglo XIII:

1200 Irlanda:Un año frío, sin alimentos.

1203 Inglaterra: Una gran mortalidad y hambre por las largas lluvias

1203 Irlanda: Una gran hambre tanto que los curas comieron carne en Cuaresma

1209 Inglaterra: Hambre por culpa de un verano lluvioso y un duro invierno.

1224 Inglaterra Un invierno muy seco y mal tiempo para la siembra, de lo cual provino una gran hambre.

1227 Irlanda: Gran hambre en todo el país.

1230 Roma: Hambre después de haberse desbordado el Tíber.

1235 Inglaterra: Hambre y peste; mueren en Londres 20.000 personas; la población come carne de caballo, corteza de árboles, pasto, etc.

1239 Inglaterra: Gran hambre, la gente se come a sus niños.

1243 Alemania: Hambre

1243 Inglaterra: “Por culpa de haber bajado el valor de la moneda acaeció una gran penuria”.

1252 Inglaterra: No llovió desde “Pascua Granada” (alrededor del 15 de mayo) hasta el otoño; no creció el pasto, por lo cual hubo una gran hambre; gran mortandad de hombres y ganado; carestía de los cereales y escasez de frutos.

1257 Inglaterra: Las inundaciones de otoño destruyeron los granos y la fruta; siguió una gran epidemia.

1258 Inglaterra: Los vientos del norte que reinaron durante la primavera destruyeron la vegetación; faltó comida, porque la cosecha anterior había sido pequeña, e innumerable cantidad de gente pobre murió. Se trajeron de Alemania cincuenta cargamentos de trigo, y centeno y aun el mismo pan se trajo de Alemania; pero a los ciudadanos de Londres se les prohibió mediante una proclama que comerciasen con estas mercaderías. “Una gran carestía siguió ” a la peste de este año húmedo, pues un quintal ” de trigo se vendía a 15 o a 20 shillings, pero lo peor fué al final, pues ya no se encontraba nada “por dinero y mucha gente pobre se vio obligada  a comer la corteza de los árboles y carne de caballo; pero muchos murieron de hambre, dicen que “en Londres más de 20.000”. — Penkethman.

1262 Irlanda: Gran destrucción de personas por la peste y el hambre.

1268 Sicilia: Terrible hambre. Lo mismo en Viena.

1271 Inglaterra: Una violenta tempestad e inundación, seguida de unagran hambre en todo el distrito de Canterbury.

1271 Irlanda: Epidemias y hambre en toda Irlanda.

1281 Polonia: Hambre

1286 Inglaterra: Veintitrés años consecutivos de hambre comenzando en este año.

1289 Inglaterra: Una tormenta destruye la semilla, y el trigo sube a un alto precio.

1294 Inglaterra: Gran hambre; muchos miles de pobres mueren.

1295 Inglaterra: No hubo cereales ni frutos, “de manera que los pobres morían de hambre”. Camden.  — Granizo, gran destrozo de alimentos.

1295 Irlanda:  Gran carestía durante este año, y los años anteriores y siguientes

1297 Escocia: Hambre calamitosa y epidemias.

1298 Inglaterra: Eduardo I cumple veintiséis años. Un año particularmente calamitoso de los veintitrés años de carestía mencionados por Short, que en esta época tan religiosa pareció alcanzar su forma más terrible cuando no se pudo conseguir vino para administrar la comunión en las iglesias.

Pasando por alto muchos años de hambre que se describen brevemente, es digno de notarse que en muchos casos la intensidad de la carestía se aclara haciendo constar los altos precios pagado por los alimentos. Así:

1437-38 Inglaterra:  El trigo se elevó desde su precio ordinario de 4 chelines o 4 chelines y 6 peniques por quintal (aprox. 10 kgs.) a 26 chelines y 8 peniques. Se hizo pan de raíces de helechos. — Stow. Lluvias y tormentas. — Short. “En el 17º año de Enrique VI, debido a grandes tempestades y vientos y lluvias tremendas, hubo tal escasez que el trigo se vendía en algunos lugares a 2 chelines y 6 peniques el bushel (1,5 litros aprox.)”.

1439 Inglaterra:  Enrique VI cumple dieciocho años. “El trigo se vendía en Londres a 3 chelines el bushell; majado, a 13 chelines el quintal; la avena a 8 peniques el bushell (1.5 kgs. aprox.) por lo cual los hombres debieron comer más alubias, guisantes y cebada  que en los cien años anteriores; por lo cual Stephen Browne, entonces alcalde, mandó buscar a Prusia e hizo venir a Londres muchos barcos cargados con centeno, que hizo mucho bien; pues ” el cereal para hacer pan era tan escaso en Inglaterra que la gente pobre hacía su pan con raíces ” de heléchos”.

1521 Inglaterra:  Hambre y mortalidad. “El trigo se vendía en Londres “a 20 shillings el quintal”.

Cuan grandes han sido las penurias y sufrimientos humanos en tiempos antiguos se deduce de la observación de Bruyerinus Campegius 5 de que las aves conocidas en latín por corvi — cuervos — no son buenos para comer porque viven en gran parte de cadáveres humanos, indicando con esto que los cadáveres insepultos no eran nada fuera de lo común.

La falta de suficiente cantidad de comida no terminó sin embargo en el año 1600, último año de los incluidos en el resumen de Mr. Farr, sino que continuó (aunque disminuyendo su frecuencia en Inglaterra), pero siempre con muchos sufrimientos, hasta entrado el siglo XVIII, y en Francia la falta de comida a consecuencia de la pobre cosecha de 1788 fué uno de los motivos desencadenantes de la gran revolución de 1879.

El libro de M. Parmentier sobre “Nutritive Vegetales which May Be – Substituted for Ordinary Food in Times of Scarcity”, premiado por la Academia de Besancon en 1772 fué traducido al inglés y publicado en 1783 en Inglaterra con un prólogo del traductor en el cual, al describir las condiciones de Inglaterra en aquella época decía:

En el período actual de escasez y carestía de provisiones, cuando la gente del pueblo ha sido incitada al descontento y al tumulto por las desgracias que han empezado a pesar sobre ellos y por la perspectiva de las desgracias y miserias aún más acentuadas en que se verán envueltos antes de la próxima cosecha, . .. incumbe a todo hombre el proponer públicamente todo lo que crea indicado para evitar o aliviar estas inminentes calamidades . ..

Las frecuentes y graves crisis de escasez e incluso de hambre que se han sentido en Francia, convierten a las investigaciones semejantes a las de M. Parmentier en objeto de la más grande importancia nacional; y, desgraciadamente, el año actual ha comprobado hasta la saciedad que no hay fertilidad del suelo ni pericia ganadera que pueda asegurar absolutamente ninguna nación contra tales desastres.

Veinte años antes de las guerras de Napoleón, y por consiguiente sólo hace algo más de 150 años, Inglaterra, al igual que las naciones del continente de Europa pasaba penurias por falta de alimentos que no podían proveer “ni la fertilidad del suelo ni la pericia de los ganaderos”. La humanidad ha avanzado evidentemente en medio del Hambre y de la Miseria. Esos han sido sus compañeros diarios a través de toda la historia europea y si pudiéramos saber todos los hechos sabríamos que han sido sus eternos compañeros desde las profundidades de la Historia.

No obstante, los hechos no están siempre completamente ocultos, pues pueden encontrarse ocasionales referencias a las condiciones que existían.

Ningún hombre puede ser tan perverso e inhumano que cuando vea languidecer a otros hombres en las calles, cayéndose de hambre, no sienta dolor en su corazón, aunque no sea más que al pensar cuan cerca está él de este mismo sufrimiento. Puede ser que estas necesidades nos hayan sido enviadas por Dios, nuestrp padre, para castigarnos y corregirnos, y debe ser sufrido pacientemente , pues aunque muramos no hacemos mas que salir de nuestra pobreza, miseria  y dolor.

Expresiones como la que acabamos de citar, son relativamente raras; uno podría creer que la miseria que el hombre ha debido sufrir debiera estar reflejada en cada página escrita, pero no es así. El hombre ha sufrido hambre de la misma, manera que ha sufrido las tormentas y terremotos, los fríos invernales o los calurosos veranos. Las condiciones que todos han conocido y compartido no necesitan comentarios de nadie. Cuando llegaba la abundancia, entonces sí que merecía ser descripta. Las fiestas sí eran ocasiones para rememorar felizmente pero de la penosa necesidad diaria poco se decía.

El mundo actual que considera al hambre como un mal del cual ninguna persona de los países civilizados debiera sufrir, encuentra algo difícil de comprender cómo la miseria y el hambre eran condiciones perennes en las cuales vivieron las generaciones anteriores. Mr. Walter H. Mallory dice que la mortalidad normal entre los chinos contiene siempre un factor constante que es el hambre, y lo mismo podría decirse de Europa durante el período anterior al siglo XIX.

¿Qué es lo que causaba esta constante escasez de comida, que, tan a menudo, aumentaba de intensidad y extensión hasta abarcar un gran territorio que se describía como Hambre, y que estaba señalado por los precios de hambre de los alimentos más simples y necesarios?.

La cuestión concierne íntimamente a la vida diaria del hombre y al bienestar de todas las épocas pretéritas, pues la primera necesidad del hombre es la comida; el saber en qué grado le ha sido posible a la raza humana dar cumplimiento a esa necesidad, y en qué extensión estaba afectada la población por esta escasez de comida hasta el extremo de pasar hambre, son datos esenciales si queremos comprender la historia humana y las condiciones existentes.

En el mundo antiguo, así como durante muchos siglos de la era cristiana, la gran incertidumbre que presidía el curso de la vida humana hizo imposible que los hombres dirigieran sus pensamientos hacia el desarrollo de empresas que, por su naturaleza corresponden a condiciones estables. Tanto en el mundo antiguo como durante la edad media hubo siempre gran miseria; esta miseria trajo la guerra, y la guerra significó siempre pillaje.

Las máquinas, las minas, los molinos y los mejores medios de transporte surgieron solamente cuando hubo suficiente protección para los derechos de las personas y de la propiedad para que pudiese triunfar la ambición.

Los hombres del mundo antiguo sufrían siempre bajo la doble carga del hambre y de la constante inseguridad. Se dice que en una primera época, Triptolemus inventó el arado y Myles el arte de moler el grano. El pasado ha visto muchos progresos y es muy probable que el futuro los vea en mayor número; pero si las condiciones de vida de los hombres fuesen tales que pudiesen temer una falta de seguridad para sí mismos, sus hijos o sus pueblos, la idea del progreso, tal como dice el profesor Bury no tendría valor para ellos.

Más aún, Mr. Hallam hace notar que cuando en los primeros siglos de la era cristiana los pueblos europeos empezaron a abandonar en el habla popular, el uso del latín, perdieron el acceso a lo que había sido la literatura del mundo civilizado, y con la pérdida de los libros antiguos, perdieron simultáneamente la constancia escrita de los progresos que el mundo había realizado hasta aquella fecha.

No obstante, después de la edad media, cuando aquellas influencias de las cuales hablan el profesor Bury y Mr. Hallam ya no pesaban sobre la mente humana, hubo todavía una larga pausa antes de que el mundo viera la gran eclosión de éxitos que se iniciaron a principios del siglo XIX.

Aparentemente, aparte de las causas mencionadas, había alguna otra que operaba todavía posponiendo el progreso humano. Intelectualmente, como demostró lo ocurrido, la humanidad estaba lista y preparada para avanzar; pero con todo, el movimiento hacia adelante no se producía. ¿Cuál era en este período, la causa retardante?

Cualquiera que fuese, dejó de actuar hace alrededor de dos siglos. Aparte de Rusia, el hambre no volvió a visitar el mundo occidental. En realidad, aparte de lo que nos reserve el futuro, durante el último siglo se ha obtenido tan fácilmente la comida necesaria que, excepto si acaece una interferencia gubernamental (como la que ha ocasionado los trastornos rusos), las hambres parecen cosa remota e imposible, algo así como los dragones de los libros de hadas que leíamos de niños —con esta diferencia, empero, que los dragones nunca existieron y las hambres eran cosa muy real en tiempos relativamente cercanos del pasado. ¿Qué ha sucedido para que tengamos en esta época la abundancia que el mundo nunca conoció antes?.

La contestación es sencilla —hemos tenido libertad—. En tiempos de Luis XIV, Voltaire dijo, hablando no sólo de Francia sino del mundo europeo, que las artes no habían pasado del punto alcanzado bajo los Medici de Florencia, bajo César Augusto en Roma durante el primer siglo de la era cristiana y bajo Alejandro Magno durante el siglo IV antes de Jesucristo; pero por lento que pueda ser el progreso en las artes, la razón humana en tiempos de Luis XIV, había mejorado mucho,10 y además se había hecho más despierta al compás del lento desarrollo del sentimiento de libertad y había aumentado así la oportunidad ofrecida a los hombres para usar su liberado poder intelectual.

Se juntaron sin duda alguna muchas causas para producir los grandes resultados que vemos, pero la libertad creciente (libertad de pensamiento y libertad del cuerpo), la libertad frente a las restricciones físicas, frente a las reglamentaciones autoritarias y a los tributos agobiantes, fué la mayor de las influencias en juego.

Luis XIV, murió en 1715 y en aquel momento existía muy poca libertad en Francia; pero el cambio ya había empezado en Ingla térra con el cercado de un pequeño número de campos comunale; y con la introducción de la agricultura holandesa y de la horticultura flamenca. La transformación vista en esta forma, no pareció muy clara a muchos observadores, pero a medida que el tiempo fué pasando su importancia fué aumentando.

Tampoco lo era para Samuel Johnson en 1750, pero mirando hacia atrás desde nuestros días la historia nos muestra lo que Johnson no supo ver.

Reconocemos, vistos desde hoy, que los hombres del tiempo de Johnson estaban empezando a cambiar la faz del mundo y vemos que en esos hombres habían anidado la ambición y la esperanza — el mayor y más inspirador de todos los cambios que pudo sucederle a la humanidad. Se permitió a los hombres poseer sus propios campos, resolver sus problemas lo mejor que supieran disfrutar el producto de su trabajo sin regulación de la autoridad y sin impuestos opresores.

La libertad fué la primera de las realizaciones de los tiempos modernos y junto con ella arribaron la maquinaria agrícola, los alimentos en cantidades crecidas, adelantos intelectuales, el fracaso y la liberación de las antiguas supersticiones, mejoras en los medios de comunicación y finalmente el vapor, la electricidad y todas las maravillas del mundo actual.

En la edad media, reinaba en lugar de la libertad y la abundancia, la administración comunal de la tierra, las reglamentaciones autoritarias y la miseria.

Fuente Consultada.
El Hambre en la Historia E. Parmalee Prentice Editorial Espasa-Calpe

Historia del Calzado y Su Evolución Tipos y Partes del Zapato

Historia del Calzado y Su Evolución

Resguardarnos los pies del rigor del clima y del suelo constituye una necesidad menos apremiante que la del vestido. Los pueblos primitivos iban descalzos. Y en los lugares donde les era penoso andar así idearon el modo de proteger la planta del pie, mediante un pedazo de cuero convenientemente atado. Así se inventó el calzado en las primeras edades humanas.

En su forma más rústica el calzado se reduce a abarcas de cuero crudo sujetas a la planta del pie mediante correas. De aquí se derivaron las sandalias (del latín “sandálium”), que a nuestro parecer es el tipo de calzado más generalizado en la historia de la humanidad. Lo usaron egipcios, sumerios, hebreos, asirios, griegos y romanos. . . y todavía se sigue usando.

Otro tipo bastante simple de calzado es el zueco o almadreña (del latín “soccus”), Que consiste en un zapato de madera de una sola pieza, como los que usan los campesinos holandeses. En la ex Indochina las mujeres los llevan con las puntas bien levantadas. En Japón los fabrican con madera de cerezo y los llaman “guetas”.

Ya se comprende que la enorme variedad de calzados creados por los pueblos responde no sólo a su adelanto técnico, sino también a la materia prima disponible y a las características que quiera conferírseles como signo representativo de importancia, poder, riqueza y buen gusto. Es común encontrar, en una misma civilización, gente descalza, con sandalias y con zapatos más o menos suntuosos.

El zapato, que sólo llega hasta el tobillo, es el modelo más acabado del calzado de todas las épocas. Puede tener tacón, para andar con el talón más levantado. La zapatilla es un tipo ligero de zapato, con suela liviana. Para andar dentro de casa suele usarse un tipo de zapatillas sin talón, llamado chinela. El pantuflo (del francés “pantoufle”) es un modelo de chinelas sin orejas ni talón. Para preservar de la lluvia los zapatos, usamos chanclos, que antes eran de madera o corcho, y en la actualidad, de goma.

La bota es un calzado que además del pie cubre parte de la pierna, y comúnmente es de cuero. Si no pasa de media pantorrilla se le dice botín, o zapata. El borceguí (del flamenco “brosekin”) es abierto por delante, se ajusta con cordones y llega más arriba del tobillo. En distintos pueblos, con los zapatos se usan polainas (de “poulanne”, piel de Polonia), especie de media calza de cuero o paño que protege desde el empeine hasta la rodilla.

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EL CALZADO EN LA ANTIGÜEDAD
Por aquello de que la moda tiene sus inexcrutables reversiones, pudiera ser de interés conocer algunos modelos de sandalias y zapatos de los tantos que usaban nuestros antecesores egipcios, sumerios, hebreos, cretenses y demás civilizaciones antiguas. Así por ejemplo, los asirios usaban sandalias con talón y una anilla de cuero por la que pasaban el dedo gordo del pie.

En Atenas los hombres solían usar sandalias, botas y zapatos negros de tacón alto; y las mujeres preferían, en su calzado, los colores vivos como la púrpura. También inventaron los griegos los coturnos (del latín “cothurnus”), especie de altos borceguíes que ajustaban por delante con un cordón. Los romanos tenían una especie de botines altos que ajustaban con correas dejando al aire los dedos de los pies.

Se llamaban cálceos (del latín “calceus”), nombre del cual deriva la palabra “calzado”. Dentro de casa usaban sandalias y los soldados, una especie de borceguíes guarnecidos con clavos, llamados coligas.

Los persas también usaban botas (“yizmé”), chinelas de piel (“kechs”) y botines de paño encarnado (“chorab”).

EN EL MEDIOEVO EUROPEO
Para lucimiento de la nobleza se crearon hacia el siglo XII botas altas que cubrían toda la pierna y otras con el borde ancho y vuelto hacia abajo. También se usaron zapatos con punta muy larga, hebillas y altísimos tacones. En 1365 el rey de Francia prohibió la confección de zapatos con punta aguda y retorcida.

El escarpe es la pieza de las armaduras con que cubrían el pie: especie de zapato blindado que prolongaba la espinillera, protectora de la pierna. La plebe seguía usando, mientras tanto, zuecos, sandalias y alpargatas (del morisco “albargat”, derivado de “abarca”), confeccionadas con cáñamo.

EN AMÉRICA PRECOLOMBINA
Dos tipos.principales de calzado encontramos en los indios americanos: la sandalia y el mocasín. Las sandalias son propias de las culturas superiores occidentales. Los toltecas las confeccionaban con fibra de henequén (variedad de maguey), y los reyes las usaban con calcetines.

Los aztecas las llamaron “cactli”. Las confeccionaban con fibras vegetales y con piel. Algunas tenían taloneras y se ataban con correas entrelazadas que en otros casos llegaban hasta la rodilla (“cozehuatl”). Los indios mexicanos usan todavía una sandalia típica: el “huarache”.

En el imperio incaico la sandalia se llamó “usuta”, de donde derivó el nombre más generalizado de “ojota” con que se la conoce en la región andina. Se confeccionaba con una doble plantilla de piel de llama y cordones de vivos colores. El inca usaba usutas de lana blanca.

Algunos pueblos de llanura de América del Norte fabricaban abarcas, polainas y mocasines de pieles, lo mismo que los onas y yamanas de Tierra del Fuego. Estos últimos hacían sus mocasines con piel de foca, recogiendo los bordes y atándolos encima del empeine.

Los patagones los confeccionaban con piel de guanaco y hacían mullido su interior poniéndole paja; lo que les daba enorme tamaño. Por eso se supone que su impresión plantar en la arena pudo contribuir a hacer creer a los primeros españoles que eran gigantes, y a bautizarlos “patagones”.

Después de la conquista, los araucanos y los mestizos empezaron a confeccionar sus famosas botas de potro con el cuero, crudo y bien sobado, del corvejón de los caballares cimarrones que poblaban la pampa argentina.

COMO SE PREPARA EL CUERO DEL CALZADO
Elijamos antes que nada el material adecuado al calzado que nos proponemos construir. Un chapín para baile conviene que sea de suela muy suave y forrado de tafilete (derivado del berberisco “tafilelt”), es decir, de piel muy delgada.

Algo más grueso es el cordobán —nombre derivado de Córdoba (España)—, donde se curtía esta piel de cabra. Para la suela buscaremos cuero fuerte y bien adobado; en cambio el empeine requiere una cabritilla blanda (piel adobada de animal pequeño: cabrito o cordero).

Para que el cuero esté en condiciones de ser utilizado, previamente ha debido ser curtido. ¿En qué consiste el curtimiento?.

Es una industria antiquísima que adereza las pieles volviéndolas elásticas y durables, con un tratamiento en base a ciertas sustancias llamadas “curtientes” que, en contacto con los albuminoides de la piel, la vuelven inalterable. El cuero bien curtido, no sólo no se descompone, sino que, en condiciones normales, conserva toda su flexibilidad.

La piel se sala apenas es extraída del animal. Una vez en la curtiduría se procede a reblandecerla y a eliminar de ella el pelo, la sal y los residuos de grasa.

Después sigue el curtimiento propiamente dicho que puede ser vegetal (cueros para suela), mineral (para empeine) o graso, con aceite de pescado  (pieles gamuzadas).

En el primer caso las pieles se hacen pasar durante doce días, por otros tantos recipientes que contienen distintos líquidos curtientes preparados con tanino: sustancia astringente extraída de ciertos árboles como el quebracho colorado. Luego las pieles, siempre sumergidas en el líquido, son agitadas durante unas veinte horas en cubas giratorias. El tratamiento con curtientes minerales no difiere sino en la composición del líquido, que en este caso contiene sales de alumbre y de cinc.

Después la piel es estirada mediante rodillos mecánicos, se la aceita ligeramente y se pone a secar. Posteriormente es prensada bajo fuerte presión o martillada mecánicamente, cepillada y remitida a los almacenes.

La piel-que se destina al empeine de los zapatos, en cambio, después de la curtiembre es desacidificada y raspada para que alcance el espesor deseado. Luego se la tiñe por inmersión en tinturas especiales y se la engrasa.

LAS ZAPATERIA
Las pieles delgadas que se destinan al empeine y las gruesas para las suelas son cortadas en moldes especiales, cosidas y encoladas. Hay máquinas adecuadas para coser los forros, las distintas partes del empeine y éste con la suela (vira).

Finalmente el zapato es martillado sobre la horma, estirado y lustrado. Y ya queda listo para la venta. ¿ Sobre qué base se determinan las “medidas” 34, 35. „., 39, 40…, 41, etc., con que se marcan los zapatos? Son puntos franceses que equivalen a 2/3 de cm. Así, por ejemplo, la medida 30 de calzado equivale a 20 centímetros.

IMAGENES DE LOS CALZADOS A TRAVÉS DEL TIEMPO

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calzados en la historia

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Historia y Origen del Perro San Bernardo Leyenda del Barril

Origen e Historia del Perro San Bernardo

En el siglo XI san Bernardo fundó un refugio para viajeros en el puerto del Gran San Bernardo. Todavía hoy los monjes prestan auxilio a los viajeros extraviados. En esta tarea les ayudan sus famosos perros (algunos de los cuales llegaron a adquirir verdadera fama), que también acompañan a grupos de turistas en excursiones a lugares peligrosos.

El puerto del Gran San Bernardo, que une Suiza meridional con Italia, es uno de los puertos alpinos mejor conocidos. Debe su nombre a san Bernardo de Menthon, nacido en Saboya en el siglo X. Este santo tuvo la iniciativa de construir un refugio para viajeros en lo alto del puerto. A pesar de haber sufrido incendios y otras catástrofes, los edificios se mantuvieron en pie a través de los siglos. Napoleón se albergó en ellos.

perro san bernardo

Juego Para Aprender Las Razas de Perros

Ya en aquella época, algunos perros ayudaban a los monjes a encontrar a los viajeros extraviados; pero estos perros no eran todavía los san Bernardo que nosotros conocemos. Estos son el resultado de cruces, entre otros, con los famosos perros de Terranova. No sólo son muy hermosos, sino también notablemente inteligentes y de una resistencia extraordinaria. Esta última cualidad resulta indispensable en el medio en el que han de desenvolverse.

El tiempo, en la montaña, puede cambiar con mucha rapidez y las tempestades de nieve impedir la visibilidad. Por otra parte, no es raro que la temperatura descienda por debajo de los —35° C. Todo esto no impide a los viajeros aventurarse en la región, pues el puerto del Gran San Bernardo (existe también el del Pequeño San Bernardo) forma el punto de unión entre los Alpes del cantón de Valais, al este, y el macizo del Mont-Blanc, al oeste. Desde hace siglos, pues, es un lugar muy frecuentado.

Los viajeros no corren únicamente los riesgos inherentes a la alta montaña, sino también los que trae consigo el foehn, este viento cálido que hace fundir prematuramente la nieve y el hielo provocando, de este modo, avalanchas. Y hay que contar también con la niebla.

A despecho de todos estos peligros, el puerto era conocido ya en la época romana. No lejos del hospicio de los monjes los romanos habían edificado un templo a Júpiter. Más tarde, los hunos utilizaron el mismo camino. En la Edad Media, el paso del Gran San Bernardo era frecuentado por los salteadores de caminos.

Los monjes del hospicio del Gran San Bernardo no fueron los únicos en gozar de fama mundial por los auxilios prestados a los viajeros extraviados; también sus perros eran conocidos.

Algunos de ellos llegaron incluso a ser célebres; entre ellos Barry, que recibió, hace unos ciento sesenta años, el apodo de «El Salvador», pues él solo salvó 41 vidas humanas. Entregado sin descanso durante doce años a esa difícil tarea, cuando fue demasiado viejo vivió a expensas de la ciudad de Berna. Después de su muerte fue disecado y expuesto en un museo de la ciudad.

Sus descendientes hicieron honor al renombre de su antepasado. Son todos magníficos animales con el pelaje de un blanco pardusco y cuyo peso oscila entre los 70 y los 80 kg. Tienen el sentido del olfato enormemente desarrollado, y su colaboración, a la hora de buscar a viajeros extraviados, es de gran utilidad incluso en el caso de que hayan sido sorprendidos por una avalancha.

Cuando encuentra a uno de estos desgraciados viajeros, el perro atrae a sus amos con sus ladridos. Hay quien cuenta que los perros llevan consigo provisiones y un barrilito con una bebida alcohólica para que los accidentados puedan recobrar fuerzas.

Esto es únicamente una leyenda y no tiene nada que ver con la realidad. Lo cierto es que un artista representó un día a Barry de esta manera y esta representación se hizo tan popular que es imposible imaginarse a un perro san Bernardo sin su barrilito de coñac. Los monjes, sin duda, permiten que se represente a sus perros con el barrilito; pero es con demanda expresa de los viajeros.

En recuerdo de Barry, los monjes siguen dando ese nombre al macho más hermoso de la perrera. En nuestros días son cada vez más raros los viajeros que se arriesguen a recorrer a pie el puerto del Gran San Bernardo; pero la tradición del perro salvador de viajeros extraviados subsiste incluso después de la segunda guerra mundial.

Los perros siguen siendo entrenados como lo fueron en lo pasado. En lo que respecta a los ejercicios prácticos, se ha llegado al extremo de enterrar a un hombre bajo la nieve y a los perros corresponde encontrarle. Los animales trabajan por equipos y cuando uno de ellos ha encontrado a la «víctima» voluntaria, los perros se ponen entonces a desenterrarla.

El perro se echa entonces sobre la víctima, le calienta la cara y empieza a ladrar. Los otros perros se le unen y los monjes pueden dirigirse así fácilmente al lugar del «siniestro». Los monjes llevan consigo siempre bebidas calientes (té o vino, por ejemplo) y se apresuran a llevar a la víctima al hospicio.

Además de sus misiones de salvamento, los perros son útiles como guías de viajeros que tienen que visitar lugares considerados peligrosos. Su instinto les previene del peligro de las avalanchas antes de que las personas se den cuenta de que van a producirse. Y por si esto fuera poco, también van a buscar provisiones y el correo a la localidad de Bourg-St.-Pierre, situada más abajo.

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Elefante Blanco: Origen y Significado de la Expresión

ORIGEN Y SIGNIFICADO DE LA EXPRESIÓN “ELEFANTE BLANCO”

Los elefantes albinos o blancos, como también se los conoce, se caracterizan por presentar piel y ojos de color gris claro, a diferencia de los elefantes normales, de pigmentación gris oscura, y en algunos casos un ligero tinte marrón.
Su presencia se halla circunscripta casi con exclusividad al área geográfica correspondiente a los territorios de Burma y Tailandia, en Asia Meridional.

elefante blanco

La extrañaa pariencia y escaso número de estos mamíferos vegetarianos dieron origen, hace ya varios siglos, y en el Reino de Siam (hoy Tailandia, con capital Banckok) a una antigua tradición que consideraba a los elefantes albinos propiedad del emperador, quien aún hoy ostenta el título de “Señor de los Elefantes blancos”. Sólo él podía montarlos y hacerlos trabajar y, debido a esta prerrogativa, solía regalarlos como castigo a cortesanos que habían perdido su favor.

El extremo cuidado y el costoso mantenimiento de estas bestias, consideradas sagradas y de las que, en consecuencia, no se podía extraer ningún provecho, terminaban por arruinar a quien las había recibido.

Este es el origen de la expresión inglesa “White Elephant”, en castellano “elefante blanco”, utilizada para identificar posesiones inútiles, caras y de las cuales nos es difícil desprendernos.

Fuente Consultada: Magazine Enciclopedia Popular Año 3 N°30

La Educación Pública en Buenos Aires Colonial

Primeras Escuelas en Buenos Aires Colonial Educación Pública

Saber leer y escribir era en la época colonial un privilegio del que gozaba una pequeña minoría de la población, ya que había muy pocos colegios, la enseñanza se pagaba y las familias de recursos suficientes como para contratar un maestro particular tampoco abundaban.

Francisco de VitoriaLa primera escuela que conoció Buenos Aires fue fundada en 1605 por Francisco de Vitoria, que recibió el apoyo de Hernandarias de Saavedra y la anuencia de las autoridades, Don Francisco cobraba dos pesos mensuales por enseñar a escribir y un peso por iniciar a sus alumnos en los senderos de la lectura.

A pesar de que con posterioridad el Cabildo autorizó a varias personas a impartir enseñanza fijándoles la suma que debían cobrar por sus servicios, el primer colegio estable que tuvo la ciudad fue el que fundó en 1622 la Compañía de Jesús en el convento de San Ignacio.

En realidad, casi todas las escuelas importantes de esa época fueron obra de los jesuítas, y a ello se debió que la enseñanza se perjudicara cuando la Corona expulsó de España y sus colonias a la Compañía en 1767. Cuatro   años  y  algunos   meses después de la expulsión, el entonces gobernador Vértiz consultó a los cabildos eclesiástico y seculai sobre el  destino que se daría al dinero y a los edificios confiscados, a la orden jesuítica.

Asimismo, inquiría acerca de “los  medios do establecer escuelas y estudio, generales para la enseñanza y educación de la juventud”. Se le respondió que debían crearse un internado y una universidad, proyecto que desde entonces ocupó a don Manuel de Basavilbaso, procuradoi general de la ciudad, quien debía formular el plan de estudios, estimar el costo anual  de las tan educativas y otros pormenores relacionados con la proyectada universidad.

Según   su   parecer,   era necesario nombrar un preceptor de gramática,   otro  de   “mínimos” (alumnos principiantes de gramática) y dos maestros de filosofía, y establecer cátedras de teología escolástica, teología dogmática, teologia moral, derecho canónico, de recho civil y derecho de Castilla, entre otras.

En la nómina brillaban por su ausencia las ciencias exactas, pero es bastante comprensible; ya que programas, materias y presupuestos debían ser aprobados por la Corona española, y si algo caracterizaba la educación en la península ibérica era el énfasis dado a las disciplinas teologales y la escasa atención dispensada a las tiendas naturales.

De todos modos, había clara conciencia de la necesidad de difundir los conocimientos científicos, y esto se trasluce en el informe elevado al gobernador: se recalcaba en él la Conveniencia de que los hijos de Buenos Aires y otras comarcas del futuro virreinato tuvieran oportunidad de aprender al menos rudimentos de matemática, geometría « náutica, “ciencias que prescriben al hombre reglas para arribar al grado de ser útil en los combates y para vencer con el arte las resistencias de la naturaleza”.

Pero la aspiración porteña de temer una universidad quedó trunca; a pesar de que en 1778 se dictó una  real   orden  que   disponía su creación,  el   marqués   de   Loreto, tucesor de Vértiz, no la cumplió y el   proyecto quedó paralizado.

El principal  establecimiento  educativo de la ciudad siguió siendo por argos años el Real Colegio de San Carlos, fundado el 3 de noviembre de 1783 merced al apoyo entusiasta del virrey Vértiz.  Contaba con cátedras   de   latinidad,   filosofía  y eología, y aunque el  nivel  de  la enseñanza era excelente, para obtener un doctorado en derecho o para ordenarse sacerdote era preciso viajar a Santiago de Chile, charcas —en lo que es hoy Bolina— o Córdoba, en cuya universidad se autorizó la enseñanza de! Berecho sólo en 1796.

La de Buenos Aires, por su parte, durmió en-fcarpetada en los despachos del gobierno hasta mayo de 1819, cuando Juan Martín de Pueyrredón envió al Congreso Constituyente un proyecto de creación de la universidad, que fue aprobado de inmediato.

Como por esos días las tempestades políticas barrían el país de un extremo al otro, y la inestabilidad de las autoridades dificultaba todas las tareas, el nacimiento de la institución demoró casi dos años más. Se concretó recién el 14 de febrero de 1821, cuando el presbítero Antonio Sáenz comunicó a las autoridades que, en virtud de los poderes conferidos a su persona en 1816, había negociado un concordato con el obispado para la creación de esa casa de altos estudios.

Sáenz —cuya gestión fructificó muy pronto— acompañaba su notificación con un reglamento universitario provisional. El gobierno lo autorizó a formar la “corporar ción” de acuerdo con esas reglas y a encarar la creación de los distintos departamentos universitarios.

En el plan de Sáenz se proyectaban los departamentos (luego llamados facultades) de ciencias sagradas, jurisprudencia, medicina, matemáticas y estudios preparatorios. Su capacidad y el esfuerzo que desplegó en todo momento le valieron ser nombrado rector del flamante establecimiento, inaugurado el 12 de agosto de 1821 con un acto celebrado en el templo de San Ignacio.

La crónica de la ceremonia fue relatada prolijamente por el periódico Argos, que en su edición del 18 de agosto dijo: “El pueblo se hallaba verdaderamente exaltado de alegría, y ha dado a conocer hasta qué grado es entusiasta por las letras”. Se concretaron así una aspiración en la que el sacerdote había estado, curiosamente, acompañado por un político liberal: Bernardino Rivadavia.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos de la República Argentina Editorial Abril

El Mecanismo de Anticitera Función del Reloj Astronómico Historia

Objetivos del Mecanismo de Anticitera
Historia de su Descubrimiento

Por el año 1900, un grupo de exloradores marinos en busca de esponjas e  intentando buscar suerte en el fondo del mar, cerca de una isla griega llamada Anticitera,  se toparon por casualiadad con una rara pieza metálica que luego de un meticulo estudio resultó ser un mecanismo misterioso, que para algunos resultó ser la máquina del futuro. El físico inglés Derek J. de Solla Price empezó en los años 50 y luego de dos décadas junto a otro destacado físico  nuclear Charalampos Karakalos Descubrieron que había 27 ruedas de engranaje adentro, y que era tremendamente complejo. Era obvio que un mecanismo mecánico, formado por piezas de semejante precisión haya sido de aquella remota época, datado en unos 100 a.C.

SU HISTORIA: El Mecanismo de Anticitera es un artefacto antiguo creado para ser una máquina de medición de tiempo. Fue descubierto en un barco hundido en las inmediaciones de la isla griega de Antikythera, entre las islas de Kythera y Creta, y fue datado sobre el año 87 a.C.

mecanismo anticitera

El mecanismo de Anticitera (que data del año 87 a.C.) es una computadora analógica construida por científicos griegos diseñada para predecir posiciones astronómicas y eclipses con propósitos astrológicos y calendáricos así como las olimpiadas, tales como los ciclos de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. Se trataba de un mecanismo de cálculos (el primer mecanismo de engranajes conocido) que en un principio se creía              
que era capaz de calcular con precisión la posición del Sol y de la Luna, pero que
luego se demostró que también podía hacerlo con las posiciones de Venus y Mercurio

Como decíamos antes, este  artefacto fue descubierto por unos buceadores, recolectores de esponjas marinas, en el año 1900 a una profundidad de unos 40 metros, así mismo también obtuvieron en dicho hallazgo varias estatuas, ánforas y otros objetos arqueológicos. El 17 de Mayo de 1902, el arqueólogo Spyridon Stais notificó a la comunidad internacional que una de las piezas poseía una rueda dentada incrustada en roca.

Este mecanismo es el artilugio mecánico más antiguo que ha sobrevivido hasta nuestros días, hecho de bronce en un recipiente de madera, y que ha intrigado y desconcertado a los historiadores de ciencia y tecnología desde su descubrimiento. La teoría más comúnmente aceptada es su función como una máquina u ordenador analógico diseñado para seguir el movimiento de los cuerpos  celestes.

Recientes reconstrucciones fiables del  objeto amparan  este análisis. Lo que vuelve  al mecanismo,  si cabe, más impresionante por el  empleo de un engranaje    diferencial, lo cual  se creía desde siempre que había sido inventado en el siglo XIII d.C.

Varios años después de su hallazgo, el  profesor  Derek  De  Solla Price, un historiador científico de  la  Universidad  de Yale (EE.UU.), publicó un artículo sobre  el  mecanismo  en  la revista  “Scientific American” en  Junio  de   1959,   cuando todavía    el    Artefactc Antikythera solamente había sido  inspeccionado  parcialmente.  Entre  1973 y  1974, dicho   profesor,   publicó   un análisis basado en imágenes de rayos gamma hechas por arqueólogos   griegos.   En este  análisis,   el   profesor Price, declaraba que dicho artefacto había sido construido por un astrónomo griego antiguo, Geminus de Rodas. Su conclusión no fue aceptada por los expertos de la época, ya que estos creían que los griegos antiguos poseían el conocimiento teórico pero no las habilidades prácticas necesarias para su creación.

En 1993, una reconstrucción parcial fue realizada por los australianos Frank Percival (relojero) y Alian George Bromley (Ingeniero informático). Este proyecto condujo a Bromley a revisar los análisis del profesor Price y a realizar unos nuevos, con unas imágenes de rayos X más perfeccionadas.

Años después John Gleave, un británico constructor de planetarios, construyó una funcional réplica del Mecanismo de Anticitera. De acuerdo con esta reconstrucción, el disco delantero muestra el progreso anual del sol y la luna a través del zodiaco en un calendario egipcio. El disco superior trasero muestra un período de cuatro años y tiene asociados discos que muestran el ciclo metónico de 235 meses sinódicos, lo que equivale a 19 años solares. El disco trasero inferior muestra el ciclo de un mes sinódico, con un ¡disco secundario mostrando el año lunar de meses sinódicos.

El mecanismo original de Anticitera permanece en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas (Grecia). Siendo interpretado ocasionalmente como un anacronismo y “piedra angular” por aquellos que pretenden probar la posibilidad del viaje en el tiempo.

Este artefacto es una muestra clara del gran avance tecnológico que se poseía, antes de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría y todos los conocimientos que en ella se albergaban, y que, como otros muchos, han tenido y tendrán que ser redescubiertos. Arquímedes (287-212 a.C.) fue el mayor inventor de la humanidad, seguido de lejos por Leonardo Da Vinci el cual fracasó en reinventar muchos descubrimientos del griego (como en el caso de odómetro -cuentakilómetros-). Es pues a Arquímedes a quien se le atribuye la invención del original (tal como narra el cronista romano Cicero en el año 212 a.C.) del que el Mecanismo de Anticitera posiblemente fuese réplica.

Así pues, la hipótesis de que este artefacto sea algún objeto perdido por algún viajero en el tiempo, se desvanece como el humo, ante la cada vez más fuerte evidencia de que la humanidad, de la Edad Clásica, estaba mucho más desarrollada a nivel tecnológico de lo que luego estuvo hasta el siglo XIX.

El ciclo metónico, en estudios de la astronomía y del calendario, es un múltiplo común aproximado de los periodos orbitales de la tierra y de la luna. Se compone de 19 vueltas orbitales de la tierra que equivale a 235 meses sinódicos (lunares). Esta medición es empleada en el calendario judío, y era conocido por el astrónomo griego Metón, quién lo divulgó en el año 432 a. C. Un mes sinódico es el periodo que transcurre entibados “lunas nuevas”, es pues una medición de calendario lunar.

El constructor y el propietario del mecanismo no han sido identificados. “Para fabricarlo era necesario un muy buen conocimiento de ingeniería y de astronomía, inimaginable tratándose de un periodo situado 1.700 años antes de la revolución científica de los siglos XVI y XVII ”. En el frente  los meses están escritos en el dialecto de la ciudad de Corinto, lo que hace suponer que el constructor  era originario de esta ciudad o de alguna de sus colonias situadas en las costas de Epiro, en el mar Jónico.

 

Fuente Consultada: Revista Código X Año 1/1

Historia de los Caciques Tehuelches Casimiro Biguá

Casimiro Biguá:
Historia de Caciques Tehuelches

A mediados del siglo pasado la desolada Patagonia austral era un vasto páramo que sólo el tehuelche conocía a la perfección. Sin embargo, los escasos poblados blancos, encaramados a duras penas sobre la costa, no vivían pendientes de los ataques indígenas, como en otros puntos del país.

Por el contrario, las relaciones con los aborígenes solían ser extremadamente cordiales, a tal punto que algunos de sus jefes se convirtieron en verdaderos aliados de los cristianos. Es el caso de Casimiro Biguá, descripto con prolijidad por el viajero y explorador británico George Musters en su conocida obra Vida con los Patagones, publicada en Londres en 1871 y escrita luego de haber recorrido durante un año el país tehuelche.

casimiro bigua

Musters anotó que el cacique medía más de un metro ochenta de estatura y poseía la agilidad propia de un jovencito, aunque ya frisaba por entonces los sesenta años. Aún no había canas en su abundante melena, y en sus ojos brillaba la luz de una inteligencia inquieta que se manifestaba, por ejemplo, en su hablar colorido y pintoresco.

Era un hombre aseado que vestía a la usanza gaucha y lucía a veces chaqueta militar, quizá para destacar su condición de jefe. A pesar de que el gusto desmedido por la bebida ya era común entre sus hombres, Biguá no lo compartía; por lo contrario, durante las celebraciones procura ba mantenerse sobrio.

Hay, desde luego, muchas lagunas que impiden conocer los pormenores de su vida y las circunstancias que lo llevaron a con vertirse en jefe. Se sabe que cuando Casimiro era apenas un niño su padre pereció en el valle del río Senguerr, en el transcurso do una batalla muy cruenta contra los indios araucanos.

Su madre huyó luego hacia Carmen de Patagones, donde por ese tiempo residía, coa vertido en estanciero, el marino francés Francisco Fourmatin, que durante la guerra contra el Brasil había obtenido patente de corso otorgada por el gobierno argentino.

Refiere la tradición —más que la historia— que Casimiro pasó a ser propiedad de Fourmatin a cambio de un barril de ron; el ex corsario, cuyo segundo apellido era Bigois (Biguá, según la pronunciación francesa), bautizó al indiecito llamándolo Casimiro Biguá.

La esclavitud, sin embargo, no era el destino inevitable del joven tehuelche, que al cabo de algún tiempo huyó al desierto iniciando una trayectoria que lo convirtió en líder de una numerosa tribu. En la ciudad chilena de Punta Arenas obtuvo grado, sueldo y raciones de capitán, pero pronto abandonó el territorio transandino para no verse comprometido en un motín de presidiarios.

Tiempo después el comandante Luis Piedrabuena —que hacía viajes entre Punta Arenas y las islas Malvinas— proveyó a la tribu de Casimiro de víveres y otros elementos, lo que impulsó al cacique a levantar sus toldos cerca del actual puerto de Santa Cruz. La actitud de Piedrabuena no era antojadiza: en momentos en que la soberanía nacional en la Patagonia era seriamente cuestionada por Chile, el valiente marino consideró necesario ganar a Biguá para la causa argentina.

Por eso lo condujo en su nave hasta Buenos Aires, donde el jefe aborigen fue recibido por el presidente Mitre, que le extendió el despacho de teniente coronel con asiento en la bahía Gregorio. Desde entonces la bandera nacional flameó sobre los toldos de Casimiro, y la tribu comenzó a vigilar la frontera.

Uno de los caciques que respondía a la autoridad de Biguá era el célebre Orkeke, que también se singularizó por su lealtad al gobierno de Buenos Aires. Piedrabuena, Francisco Moreno, Carlos María Moyano, Ramón Lista y otros exploradores de la región dejaron abundantes testimonios de la solidaridad del jefe indígena, que los ayudó en varias  oportunidades.

Juan Andrés Cuello Freyre anota que Orkeke acaudillaba una tribu cuya área de dispersión se extendía desde el estrecho de Magallanes hasta el río Deseado, la que cambiaba periódicamente de residencia siguiendo a los animales que cazaban. Además, el cacique viajaba con frecuencia a Punta Arenas para vender pieles de guanaco, plumas de ñandú, mantas y btros productos; allá rechazó repetidamente las ofertas de los gobernadores de la provincia chilena de Magallanes, que intentaron ganarlo como aliado.

Su posición en ese sentido era tan firme que cuando Papón —sucesor de Casimiro Biguá— aceptó recibir raciones del gobierno chileno, se negó a reconocer su autoridad y continuó enar-bolando el pabellón argentino sobre sus toldos. A pesar de esas y otras actitudes, al promediar el año 1883 Orkeke fue hecho prisionero junto con su tribu, ya menguada, por orden del coronel Lorenzo Vintter, encargado de dirigir las últimas operaciones contra las tribus que aún vagaban libremente por el desierto.

Era una afrenta que Orkeke no merecía y que no tardó en ser reparada por orden del presidente Roca: cuando el cacique llegó a Buenos Aires fue puesto inmediatamente en libertad y homenajeado con banquetes, funciones de teatro y otros agasajos.

Por desgracia, no faltaba mucho para que lo sorprendiera el final: una terrible pulmonía lo atacó durante su estadía en la capital y ocasionó su muerte el 13 de septiembre de 1883 en una sala del Hospital Militar. Según relata La Nación del 14 de septiembre de 1883, el cacique, abatido, se preguntaba: “Si me muero, ¿qué dirá el gobierno?”. Las autoridades, en realidad, lamentaron su deceso. Orkeke era un buen argentino.

Fuente Consultada:
Hombres y Hechos en la Historia Argentina Editorial Abril

John P. Robertson en la Batalla de San Lorenzo con San Martín

Mister Robertson en Argentina
Su Experiencia Junto a San Martín

Como muchos subditos ingleses arribados después de la Revolución de Mayo, el joven John Parish Robertson recorría el país estableciendo vínculos comerciales, vendiendo mercaderías y satisfaciendo pedidos de su clientela dispersa por el país. Entonces—enero de 1813— viajaba con destino al Paraguay con varios encargos para las autoridades.

Al quiínto día de su partida de Buenos Aires, el inglés llegó a la posta de San Lorenzo, donde se enteró de que no podía proseguir viaje porque todos los caballos habían sido requisados y el enemigo español merodeaba por el río.

“Todo lo que pude convenir con el maestro de postas —anotó en su libro Letters on Paraguay— fue que si los marinos desembarcaban en la costa, yo tendría caballos para mí y mi sirviente estaría en libertad de emigrar al interior con su familia.”

combate de san lorenzo

Este convenio dio cierta tranquilidad al joven comerciante, que decidió dormir un poco procurando despreocuparse de los temores que lo embargaban.

Es que Robertson era uno de los ingleses que habían burlado el bloqueo decretado por la corona es pañola contra sus dominios insur gentes y sabía que si los español les le echaban mano no las pasa ría muy bien. Por eso dio un respingo cuando fue despertado por un  “tropel   de caballos,  ruido de sables y rudas voces de mando a inmediaciones de la posta”.

Su ca rruaje fue flanqueado por un par de soldados y uno de ellos desce rrajó  un  imperativo  “¿Quién está ahí?”, a lo que el inglés, dándose por  prisionero  de   los  españoles respondió:  “Un viajero”,  tratando de   disimular   su   acento   inglés “Apúrese y salga”, lo conminaron En eso estaba cuando se acercó una persona que dijo a los soldados:   “No   sean   groseros;   no   es enemigo”. Robertson sintió entonces que la tranquilidad le volvía al cuerpo.

Era   la  voz   del   teniente coronel José de San Martín.

Una vez presentados, Robertson supo por boca del jefe militar que “el Gobierno tenía noticias soguras de que los marinos españoles intentarían desembarcar esa mis ma mañana, para saquear el país circunvecino”. Por eso estaba San Martín allí, al frente de 150 granaderos a caballo que había traído desde  Buenos  Aires en  marchas nocturnas para no ser observado desde el río.

Después de las primeras palabras el inglés metió manos en los baúles y convidó a los presentes  con   un  vaso  de  vino; luego  solicitó   a  San  Martín   que le permitiera acompañarlo hasta el convento  cercano.  El jefe de Hos granaderos accedió, no sin antes darle varios  consejos:  “‘Recuerde solamente que no es su deber ni oficio pelear. Le daré un buen caballo y si ve que el día se pronuncia contra nosotros, aléjese lo más ligero posible. Usted sabe que los marineros no son de a caballo”.

Cuando llegaron, el 3 de febrero comenzaba a amanecer, y las brumas del Paraná se iban disipando lentamente. La calma que reinaba en los tres lados del convento visibles desde el río indicaba a los infantes de la marina española que el edificio había sido abandonado, pero en la parte posterior Has cosas eran muy distintas.

Por el portón que daba entrada, al amplio patio trasero   desfilaron   con   sigilo   los granaderos, divididos en dos escuadrones. Su  comandante subió luego a la torre del convento acompañado de dos o tres oficiales y del inglés y “con ayuda de un anteojo de noche y a través de una ventana   trasera  trató   de   darse cuenta de la fuerza y movimientos del   enemigo”.    Los   siete   barcos españoles estaban a la vista.

Al pie de  la barranca, aprestándose a subir, pudieron contarse unos trescientos veinte infantes que debían escalar un angosto sendero. Era evidente que no tenían la menor idea de que los acechaban, y se movían con la mayor despreocupación.  En las filas patriotas la tensión crecía con cada minuto que pasaba. Mientras los españoles trepaban la barranca, San Martín  y  sus  oficiales bajaron  a ponerse al frente de los escuadrones, ocultos tras las aüas del edificio.

Cuando todo estuvo listo, San Martín subió una vez más a la torre, regresó corriendo y alcanzó a decir: “Ahora, en dos minutos más estaremos   sobre   ellos,   sable   en mano”.   Sobrevino   entonces   una espera  impaciente,  pues  la tropa tenía orden de no disparar un solo tiro y el  enemigo se aproximaba con  banderas  desplegadas  mientras “sus tambores y pitos tocaban marcha    redoblada”.

Cuando    la tensión amenazaba hacer estallar el  pecho   de   los  granaderos,   se oyó bien clara !la orden esperada: “¡A  la  carga!”. Los escuadrones salieron como rayos de su escondite, flanquearon  al  enemigo  por ambas alas y comenzaron a aniquilarlo, en medio de un remolino de sables.

Completamente sorprendidos, los españoles atinaron a hacer una descarga de fusilería que Robertson   calificó  de   “desatinada” por lo poco exitosa. Todo lo demás fue derrota, estrago y espanto   entre   aquel   desdichado cuerpo”, escribió el inglés, y agregaba que “en un cuarto de hora el terreno estaba cubierto de muertos y heridos; según su testimonio de todos los que desembarcaron volvieron a sus barcos apenas cincuenta”.

Las bajas de los patriotas fueron  ocho,  y   míster   Robertson suplicó al vencedor que en obsequio de los heridos aceptara “mi vino y mis provisiones”.

Se dieron luego   un   abrazo  y  el   inglés   se alejó, impresionado aún por la excitante experiencia.