Biografia de Ambrosetti Juan B. Naturalista Argentino



Resumen de la Obra Científica y Literaria de Ambrosetti Juan Bautista

Juan B. Ambrosetti. Fue un paleontólogo, arqueólogo e historiador. Nació en Gualeguay, provincia de Entre Ríos, el 22 de agosto de 1865. Fue el iniciador en el país de la exploración arqueológica con criterio estrictamente científico y el primero en realizar estudios sistemáticos del folklore nacional por lo que fue llamado el «Padre de la Ciencia Folklórica».

Los estudios etnográficos y arqueológicos efectuados por Juan B. Ambrosetti (1866-1917) le llevaron a realizar exploraciones que abarcaron las dos terceras partes del territorio argentino y a realizar pacientes trabajos de gabinete, a fin de analizar las reliquias encontradas para descifrar el pasado remoto de estas tierras.

Los estudios etnográficos y arqueológicos efectuados por Juan B. Ambrosetti (1866-1917) le llevaron a realizar exploraciones que abarcaron las dos terceras partes del territorio argentino y a realizar pacientes trabajos de gabinete, a fin de analizar las reliquias encontradas para descifrar el pasado remoto de estas tierras.

ambrosetti juan bautista

En 1866, concluidos sus estudios secundarios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, participó, como simple cronista, en una expedición científica que partió hacia el Chaco.

A su regreso se detuvo en Paraná, donde visitó el Museo que Pedro Scalabrini había fundado dos años antes con el propósito de reunir y conservar los recuerdos de las tribus indígenas, ejemplares de la flora, la fauna y los minerales argentinos y, sobre todo, los fósiles que constituyen la prueba de las épocas que ha pasado nuestro suelo.

Contagiado por el entusiasmo del famoso naturalista italiano, Ambrosetti se incorporó al Museo de Paraná, realizando sus primeros estudios de botánica, zoología y geografía y orientándose, luego, hacia la arqueología, la etnografía y el folklore, dominios en los que realizó una extraordinaria labor.

Las numerosas expediciones que realizó le permitieron reunir una cantidad de piezas, que pasaron al Museo Etnográfico de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, que fundó en 1906, sobre la base de trescientas, sesenta piezas que habían donado varios particulares, las cuales aumentaron durante los diez años que dirigió la institución a la cifra de veinticuatro mil. Ambrosetti descubrió, y luego describió, en Quilmes y La Paya dos importantes «ciudades indígenas».

En 1908 efectuó el descubrimiento del Pucará de Tilcara, magnífica revelación científica del pasado que encontró luego de efectuar sistemáticas exploraciones en la quebrada de Humahuaca en busca de un viejo pueblo indígena, del cual había hallado noticias en antiguos cronistas. Nuevas expediciones, organizadas en los años siguientes, le condujeron al descubrimiento de toda una cultura.

vista pucara de tilcara

La bibliografía de Ambrosetti abarca más de sesenta títulos, de los que se destacan los que se refieren a cuestiones arqueológicas: Las grutas pintadas, contiene descripciones de grutas y petroglifos de la provincia de Salta; El símbolo de la serpiente, es un estudio de la evolución de la iconografía de este animal en la alfarería funeraria de los valles calchaquíes; Los monumentos megalíticos del valle de Tafí describe su descubrimiento, en la provincia de Tucumán, de una civilización autóctona, independiente de la de los incas; El sepulcro de La Paya es un estudio de las ruinas de la ciudad indígena por él descubierta; El bronce en la región calchaquí contiene un análisis del problema de la metalurgia indígena. Sus viajes por el interior del país dieron origen a sus trabajos: Viaje a la Pampa Central; Paseo a los Andes y Por los valles calchaquíes.

Sus estudios folklóricos los inició en 1893 estudiando el folklore misionero y el gaucho, y en 1917 publicó Leyendas y supersticiones, obra en que analizó las del noroeste, el litoral y la pampa.



«Cuando la arqueología era sinónimo de entusiasmo —ha dicho Fernando Márquez Miranda— apareció Ambrosetti. Antes de él sólo había ensayos apurados. Después suyo, una generación de estudiosos dotados de un método científico que él contribuyó en gran parte a crear».

La obra de Ambrosetti se prolongó en la labor de su discípulo Salvador Debenedetti (1884-930), que fué su sucesor en la dirección del Museo Etnográfico.

OTROS DESTACADOS NATURALISTA ARGENTINOS:

En el terreno de las ciencias naturales, que es el dominio científico que ha adquirido mayor desarrollo en nuestro país, se han destacado varios hombres de ciencia.

Carlos Ameghino (1865-1936), eficaz colaborador de su hermano Florentino, pasó años enteros en la Patagonia, explorando esa amplia zona. «El descubrimiento de las antiguas {aunas mamalógicas de la Patagonia —escribió Florentino Ameghino—, debido a las exploraciones que desde hace quince años prosigue con incesante perseverancia el naturalista Carlos Ameghino, ha dado un vuelco a las ideas concernientes al origen, desarrollo, evolución y dispersión de los mamíferos».

Como reconocimiento a esa eficaz ayuda que le prestara en sus investigaciones, nuestro sabio designó con el nombre de Caro-loameghinidae uno de los troncos de la filogenia mamalógica.

Eduardo L. Holmberg (1852-1937), fundador y primer
director del Jardín Zoológico de Buenos Aires, durante cuarenta años se dedicó a la enseñanza y constantemente impulsó el estudio de las ciencias naturales. Se destacó por su trabajos sobre los arácnidos e insectos.

promovió la difusión de las distintas ramas de las ciencias naturales con la fundación de las revistas El naturalista argentino (1878) y Revista argentina de historia natural (1891), que tuvieron breve vida. En 1901 colaboró en la constitución de una asociación destinada a reunir a los naturalistas de nuestro país, con el objeto de facilitar la producción científica en el terreno de las ciencias naturales. Tal asociación aún existente —Sociedad Argentina de Ciencias Naturales— empezó a publicar en 1912 la revista Physis, en cuyas páginas Holmberg publicó varios trabajos científicos.

Ángel Gallardo (1867-1934), sucesor de Ameghino en la dirección del Museo de Buenos Aires —que desde 1923 empezó a denominarse «Museo Nacional de Historia Natural Bernar-dino Rivadavia»—, se especializó en el estudio de la herencia biológica, llegando a sostener que la división celular es un fenómeno de carácter coloidal, y en el estudio de los insectos, en particular de las hormigas.

Cristóbal M. Hicken (1876-1933) se particularizó en el estudio de la flora sudamericana. Fruto de sus viajes por nuestro continente fueron los ciento cincuenta mil ejemplares de plantas y los diez mil libros sobre la especialidad que constituyeron el Darwinion, nombre con que designó su Museo y Biblioteca, que donó al Estado.

Miguel Lillo (1862-931) fué otra figura sobresaliente en el campo de los estudios botánicos, en especial en el estudio de los árboles. Las colecciones botánicas que reunió durante sus cuarenta años de actuación en Tucumán las donó a la Universidad de su provincia natal, que sobre esa base creó el Instituto de Investigaciones Botánicas «Miguel Lillo».



Fuente Consultada:Historia de la Cultura Argentina Artes-Letras-Ciencias de Manuel Horacio Solari Editorial «El Ateneo»

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