Historia: El Absolutismo

Biografía de Durero Artista Renacentista Aleman Vida y Obra Artística

Biografía de Durero Artista Renacentista
Vida y Obra Artística

DURERO ALBERTO (1471-1528) Maestro de la forma tridimencional, pintor, grabador y teórico alemán.

En Italia (1494) estudió el arte renacentista, que definiría su obra: la búsqueda de las proporciones clásicas, el predominio de la línea en el modelado y el colorido suave y frío.

Entre 1488 y 1493, el taller de Wolgemut se dedicó a la considerable tarea de realizar numerosas xilografías para ilustrar la Crónica de Nuremberg (1493), de Hartmann Schedel, y es probable que recibiera una instrucción exhaustiva sobre cómo hacer los dibujos para las planchas de madera.

Escribió sobre las proporciones del cuerpo humano (1528).

Fue el mas famoso pintor de su tiempo en Alemania. Falleció en 1528 a la edad de 57 años.

Biografia de Durero Artista aleman

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BREVE CRONOLOGIA DE SU VIDA

• Nació el 21 de mayo de 1471 en Nuremberg (Alemania).

• A los doce años entró al taller de orfebrería de su padre, Alberto Durero el Viejo, y aprendió la técnica para grabar metales.

• Al año siguiente realizó su primer autorretrato.

• Entre 1486 y 1490 trabajó en el taller de uno de los pintores más importantes de su ciudad natal, donde aprendió la técnica de la xilografía (grabado en madera).

• En los cuatro años siguientes se dedicó a viajar por Alemania y Venecia y a conocer la obra de otros pintores.

• A los veinti tres años se casó con Agnes Frey.

• En 1495 abrió un taller en Nuremberg y conoció a su primer mecenas o protector.

• Tres años más tarde realizó una serie de xilografías sobre el Apocalipsis y grabados sobre la Pasión que lo hicieron famoso. Desde 1507 hasta su muerte tomó notas y realizó dibujos para su libro «Tratado de las proporciones del cuerpo humano» (publicado post mortem).

• A partir de 1512 fue nombrado pintor de la corte del emperador Maximiliano I y comenzó a recibir una pensión anual.

• Después de la muerte del soberano se trasladó a los Países Bajos para que gI nuevo smpcrsdor, Csrios V, lo confirmara en su cargo. En este viaje, que realizó en compañía de si mujer, fue reconocido y recibido como un gran artista en todas las ciudades que visitó.

• Murió el 6 de abril de 1528 en Nuremberg.

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BIOGRAFÍA: Nuremberg es la ciudad de los juguetes, de los relojes de cu-cú tallados primorosamente en madera, de los libros maravillosamente encuadernados que hacen las delicias de los coleccionistas.

Desde hace siglos, sus fabricantes de juguetes, que son muchísimos, han provisto y sigen proveyendo a los bazares de todo el mundo. La misma ciudad, limpia, con casas apiñadas de techo de pizarra y multitud de iglesias cuyas torres forman un enorme haz de agujas, parece cosa de juguetería.

En esta ciudad maravillosa, ciudad de cuento fantástico, nació el 21 de mayo de 1471 Alberto Durero, que llegaría a ser el más famoso pintor de Alemania en su época, y quizá en todos los tiempos, pues fue grande por sí mismo y maestro de maestros.

Alberto Durero fue el último de los 18 hijos de un matrimonio formado por un orfebre húngaro y la hija de su patrón y maestro, establecido en Nuremberg con un taller de platería. Era su padre un hombre sumamente honrado y religioso, de quien tenemos noticias, por su propio hijo, también hábil escritor.

«Mi padre —ha dicho Durero— mostraba hacia mí cierta predilección viendo que vo era aplicado para el trabajo, y que revelaba deseos de instruirme.
«Llevóme a la escuela, y cuando supe leer y escribir me sacó de ella para enseñarme el oficio de artífice; pero una vez que me hube ejercitado en él, mis aficiones me impulsaron preferentemente hacia la pintura y así lo hice saber a mi padre. quien quedó satisfecho a medias de mi resolución, porque se dolía del tiempo que vo había perdido en el aprendizaje.

Sin embargo, accedió a mis deseos, y el año 1486 después de Jesucristo me hizo entrar en el estudio de Miguel Wolgemut, para servirle de ayudante por espacio de tres años. Dios me concedió la aplicación necesaria, por lo que aprendí bastante, pero sufrí mucho con mis condiscípulos».

No ha dicho Durero cuáles fueron esos sufrimientos, pero es fácil deducir que eran producidos por los celos que en sus compañeros desperta-_ba la justa preferencia del maestro hacia el pequeño alumno, serio y piadoso, que a los doce años había dibujado magníficamente varias vírgenes y su autorretrato con lápiz de mina de plata, que se conserva en la Galería Albertina de Viena.

LA LUCHA POR LA VIDA

En noviembre de 1486 ingresó Durero en el taller del famoso pintor Miguel «Wolgemut, en el que, a más de la pintura de retablos, se hacían tallas en madera, muebles lujosos y grabados para ilustración de libros.

Poco se sabe acerca de los estudios hechos por el joven pintor durante los tres años de su permanencia en este taller. Ya veremos que los trabajos más bien de artesano que de artista que él debió realizar le sirvieron más tarde, como ocurre en todas las cosas de la vida, pues los destinos más incompatibles con la vocación se traducen en experiencia que luego reporta utilidad.

Es de presumirse, sin embargo, que Durero no renunció un ápice a sus ambiciones artísticas, y que prosiguió con ardor sus estudios, pues de esa época es su dibujo «Tres lasquenetes y seis caballeros atravesando un desfiladero«, en el que ya se destaca el gran paisajista que sería más tarde.

Y también es de notar que, cuatro años después de su ingreso en el estudio de «Wolgemut. pintó el retrato de su padre, existente en Florencia, en el que aparece ya el gran pintor en plena posesión de su técnica. En este retrato, en el que el autor puso todo el amor que sentía hacia su padre, aparece la imagen de éste llena de vida, de expresión-No están en esa cara solamente los rasgos fisonó-micos. sino también los sentimientos del modelo.

HACIA ITALIA

En Italia había un nuevo mundo por descubrir: la luz cálida y dorada de los cuadros de los maestros venecianos, las armoniosas proporciones que los florentinos sabían dar a las figuras, la intensidad de los colores, capaz de «deshelar» el temperamento nórdico más retraído. . . Y Durero no podía permanecer indiferente a estos hallazgos. Sin embargo, los pintores italianos no le brindaron, por lo menos al principio, una acogida amistosa.

A excepción de Giovanni Bellini, que le dispensó, con generosidad, alabanzas y consejos, los otros lo trataron con cierto desdén, criticando los colores «fríos» de sus cuadros y los contornos demasiado secos y nerviosos de sus figuras. Pero diez años después, cuando Durero volvió a Italia, en 1505, las cosas habían cambiado

En el año 1490, Durero, como todos los pintores de aquel tiempo, siente grandes deseos de conocer Italia para estudiar las obras de los grandes maestros. Y emprende el viaje. No es muy conocido el itinerario que siguió. Se sabe sin embargo que estuvo en Alsacia, donde fue con el propósito de conocer al pintor Martín Schongauer.

Pero a su llegada supo que el admirado artista acababa de morir. Uno de los hermanos de éste, Luis, pintor también, trabó una estrecha amistad con Durero y le enseñó a grabar en cobre. De allí pasó a Basilea, donde conoció a otro hermano de Schongauer, Torge, editor, para quien grabó en madera una magnífica escena de la vida de San Jerónimo.

Existen también noticias de su paso por Venecia, así como de dos cuadros, pintados por él en esa época: «El Niño Jesús de la Bola de Oro» y un «Autorretrato», en el que aparece de medio cuerpo, con larga cabellera rubia y lujosamente vestido.

A su regreso de Italia, en 1494, Durero contrajo matrimonio en Nuremberg con Inés Frev, hija de un acreditado industrial.

Se ha dicho que el pintor sufrió mucho a causa del pésimo carácter de su esposa, que era irritable, y avara hasta el punto de obligarle a realizar trabajos de grabado en cantidad considerable para satisfacer su insaciable amor al dinero, retrasando con ello el florecimiento del genio artístico de su marido. A más de esto, según ha afirmado uno de los biógrafos del artista, Pirkeimer, era sumamente celosa.

Es posible que Pirkeimer, que fue amigo de Durero, haya sido un tanto injusto hacia la compañera de su amigo, y esto vendría a ser corroborado por muchos indicios. Durero pintó varios retratos de la esposa, en uno de los cuales se advierte esta dedicatoria: «A mi Inés«. Por otra parte, manteniendo vivo el afecto que hacia sus padres sentía, vivió luego de casado en compañía de éstos, y al morir su padre se hizo cargo de la educación artística de su hermano Juan.

El dux de Venecia lo visitó personalmente, los pintores ya no se atrevieron a ignorarlo, y hasta la Señoría de la Serenísima cursó una invitación al artista, rogándole que fijara su residencia en Venecia a cambio de una retribución anual nada despreciable. Era una hermosa tentación: rodeado de aquella atmósfera cordial, la perspectiva de regresar a su patria no debió parecerle muy atractiva.

«Cuánto frío tendré, después de este sol —escribió en su diario, antes de partir—. Aquí soy un señor; en mi patria, un vulgar sablista…»

Pero no era verdad. Su patria le debía ya mucho: espléndidos grabados sacros, de intenso dramatismo, soberbios retratos, solemnes retablos. . . Sobre todo, era merecedor del reconocimiento por haber puesto de manifiesto las cualidades más nobles del alma nórdica: estricta seriedad en el trabajo, firmeza de carácter y capacidad para meditar profundamente, hasta atormentarse, sobre los grandes problemas, como el de la fe.

EL MAESTRO

En 1495, de regreso de su viaje, se instala con un estudio de pintor. Su fama es ya muy grande, y de allí que acudan a su estudio numerosos discípulos. Durero debe compartir su tiempo entre éstos y los trabajos que le son encargados. El gran Elector Federico de Sajorna le encomienda la pintura de un tríptico para el altar de la iglesia de Todos los Santos.

Al año siguiente pinta el «Descendimiento de la Cruz» y «Cristo llorado por los suyos«. En los motivos religiosos tal vez falten a los cuadros de Durero esos recursos de que han echado mano muchos artistas, para hacerlos fácilmente conmovedores ; pero sus imágenes tienen, a pesar de la sencillez y realidad con que han sido hechas —o quizá por eso mismo—, una gran emoción comunicativa.

Para sus discípulos fue un verdadero maestro: afable, cariñoso, paciente. Corregía sin irritarse, y con frecuencia aconsejaba, dándoles normas para el estudio. Una de ellas, que ha dejado escrita, transcribiremos aquí por considerarla útilísima para los jóvenes estudiantes de pintura.

«No sé lo que es la belleza. El arte reside en la naturaleza, y quien pueda sacarlo de ella, lo posee. Cuanto más se parezca tu obra a la realidad, tanto mejor será. No creas, pues, que puede hacerse algo que supere a lo que Dios ha creado. El hombre, por sí mismo, no puede ejecutar ningún cuadro hermoso, sino habiendo estudiado mucho y saturándose bien de todo; el arte, así sembrado en él, germinará y producirá sus frutos, v todo el secreto tesoro del corazón se manifestará en una obra y una nueva creación».

Durero es ya célebre en Nuremberg. No hay familia acomodada que no le encomiende un cuadro.

La más famosa de estas obras de encargo fue un altar para la iglesia de Santa Catalina, que pintó a pedido de la familia de Paumgartner. Aparecen en ella la Virgen, el Niño y San José, rodeados —según costumbre de la época— por varios miembros de la familia que donaba la obra. En ambos costados, vestidos con uniforme militar, San Eustaquio y San Jorge con sendos estandartes.

Este cuadro fue adquirido en 1613 por el nuevo Elector de Sajonia, cuyo pintor, para dar mayor ancho al altar, añadió en las hojas laterales algunos caballos y un trozo de paisaje tomados de apuntes del propio Durero.

En 1903, los admiradores del maestro resolvieron volver la tela a su primitivo estado, para corregir la irreverencia de que había sido víctima, con lo que sólo se consiguió inferirle un nuevo ultraje.

Durante esa misma época, el Príncipe Elector de Sajonia le encargó la decoración al fresco de su capilla de Wittemberg. Pero años más tarde los sucesores del Elector, con una torpeza inconcebible, hicieron cubrir con yeso los admirables frescos de Durero. Casi al finalizar el año 1505, nuestro artista emprendió viaje a Venecia, llamado por sus compatriotas residentes en la ciudad de los Dux. Iba contratado para pintar un retablo destinado a la iglesia de San Bartolomé.

No faltó por cierto oposición al pintor alemán por parte de sus colegas italianos. Se afirmaba que Durero fracasaría, pues si bien era un grabador excelente —decían—, carecía del dominio del color.

El motivo del retablo es el siguiente: la Virgen, sentada en un trono, procede a la coronación del emperador Maximiliano y el Papa Julio II. La Madre de Jesús es, a su vez, coronada por los ángeles.

Terminado el retablo, acudió a verlo el Dux de Venecia, quien abundó en elogios para el pintor y su obra. Durero escribió entonces: «He, reducido a silencio a los pintores que afirmaban que yo no servía más que para grabar, y que en pintura no conocía nada de colores. Todo el mundo dice que no ha visto nunca un colorido más hermoso».

Este retablo, ultrajado también por manos extrañas, se encuentra en la ciudad de Praga, adonde lo hizo transportar el emperador Rodolfo II.

Durante su estada en Venecia, Durero pintó, entre otros, tres cuadros famosos: «Jesús discutiendo con los doctores de la ley«, «Jesucristo en la Cruz» y, el más célebre de todos, «La Virgen del Canario«.

biografia de durero

1498: Autorretrato de Durero

NOBLEZA DE SANGRE Y NOBLEZA DE GENIO

Hemos visto ya que en el retablo de la iglesia de San Bartolomé, Durero retrató al emperador Maximiliano. Este monarca llegó a sentir un gran afecto hacia el pintor alemán, a quien ayudó con una pensión anual de 100 florines para aliviar su difícil situación.

Durero, en efecto, debido a su natural generoso, pues regalaba la mayoría de sus obras, llegó a encontrarse en Venecia en serios aprietos, como se desprende de una carta suya dirigida a un amigo, en la que dice: «Aunque he trabajado rudamente no he tenido la suerte de ganar mucho. Todo mi haber se reduce a un mobiliario pasable, un taller bien montado, una cama y más de 100 florines en buenos colores».

El afecto que el emperador dispensaba al gran pintor alemán queda demostrado en la siguiente anécdota:

Cierto día estaba Durero dibujando una gran figura mural subido en una escalera, cuando acertó a llegar el emperador Maximiliano con varios personajes de su corte. Pareció al monarca que la escalera usada por el maestro no era suficientemente firme, y pidió a uno de los caballeros de su escolta que la sostuviera.

—Señor —dijo el gentilhombre—, paréceme que es esa una tarea indigna de mi rango.

—¿Indigna de vuestro rango porque sois noble de nacimiento? —gritó encolerizado el emperador—. Pues sabed que mi pintor tiene la nobleza del genio, que no se recipe por legado. Y bien, ahora os demostraré yo la facilidad con que se adquiere la nobleza de título.

Y dio efectivamente a Durero título de nobleza, cuyo blasón eran tres escudos en campo de azur.

La permanencia en Venecia, donde a pesar de los celos de los pintores vivía como un príncipe, estimado v considerado, no pudo prolongarse mucho. Alemania reclamaba a su pintor.

En 1507 emprendió, aunque no sin desconsuelo, el regreso a la patria. En ese mismo año pintó, su cuadro «Adán y Eva» y «El martirio de diez mil Cristianos en Persia«, el primero de los cuales se encuentra en el Museo del Prado, de Madrid.

Obras posteriores son: «La Lucrecia», «La Adoración de la Trinidad», «La Virgen y el Niño», «Los Apóstoles San Felipe v Santiago», los retratos de. «Cario Magno» y del emperador «Segismundo», «La Piedad». «El carro de triunfo del emperador Maximiliano I», «Los cuatros apóstoles» y otros retratos, obras todas que están en iglesias, museos y pinacotecas de diversos países»

A pesar de que lo dominaba, y conocía todos sus secretos, no tuvo Durero una gran peocupación por el color. De allí la opinión de los pintores venecianos a que hemos aludido, y la forma cómo respondió al desafío demostrando su dominio del colorido. Era, en cambio, amante apasionado del dibujo, y no había movimiento, detalle ni perspectiva que escapara a su ojo experimentado.

Este dominio, puesto de relieve en los numerosos croquis de sus obras, que se conservan, le permitió ser—como lo fue— uno de los más grandes grabadores de todos los tiempos. Sus trabajos de grabado calcúlanse en 275 entre cobre y madera. Pero bueno es tener presente que muchos de ellos estaban formados por gran cantidad de planchas, como «El triunfo de Maximiliano«, que consta de 92. La más famosa de estas colecciones es la titulada «Apocalipsis»: quince planchas grabadas por Durero cuando tenía veintisiete años de edad.

Otros de sus grabados famosos son: «La Melancolía», «La Pasión», «San Terónimo en su celda», «El caballo de la muerte». «La Trinidad». «El señor y la dama» y «El labrador y su mujer».

RETRATO DE DURERO

Al llegar a la madurez, era Durero un hombre de aventajada estatura, ancho de hombros y de talle fino  y flexible. Los rasgos de su fisonomía eran delicados y expresivos; claros y brillantes sus ojos; la nariz fina, recta y bien dibujada, lo mismo que su boca, sombreada por un bien cuidado bigote rubio. Usaba también barba corta partida al medio y larga melena ensortijada. Tenía manos afinadas y elegantes.

Era gracioso y naturalmente inclinado a la chanza; inteligente, franco, modesto y generoso. A estas cualidades debió la amistad de muchos personajes de las ciudades que recorrió y la ayuda que le prestaron en los momentos de apuro.

EN LOS PAÍSES BAJOS

Son varios los biógrafos de Durero que han atribuido a su esposa el defecto de la avaricia — como ya hemos dicho— pasión que contrastaba con la generosidad a veces excesiva del pintor. Varios de ellos han coincidido en afirmar que a esa tacañería se debió el viaje que Durero hizo a los Paises Bajos con el objeto de negociar sus grabados en cobre y madera.

En todas partes halló el artista que la fama le había precedido, y lo mismo en Amberes, que en Bruselas, Brujas y Gante, fue objeto de múltiples agasajos, tanto por parte de los artistas como de las autoridades la princesa Margarita de Austria manifestó deseos de conocerlo. Presentado a ella, le agasajó también y le encargó varios trabajos. Pero como más tarde el pintor incurriera en su desagrado, sin que se conozca la causa, ni siquiera le pagó el importe de su labor.

Desmoralizado, empobrecido v convaleciente de un ataque de apenaicitis —que entonces no se conocía por tal nombre—. pensó regresar a su patria, pero carecía de dinero para el pasaje. Un comerciante de Amberes le facilitó en préstamo cien florines para el regreso. Afortunadamente, el rey Cristian II de Dinamarca, que regresaba de un viaje, le hizo llamar para que pintara su retrato, y satisfecho con él le retribuyó su trabajo con la mayor generosidad.

Con estos recursos, y una nueva técnica adquirida mediante el estudio» de los grandes pintores flamencos, regresó Durero a Alemania. Las incidencias de este viaje han sido narradas por él en su «Diario de viaje a los Países Bajos».

EN ALEMANIA

De regreso en su patria, reanudó el pintor sus trabajos con febril actividad. Contaba va 54 años y estaba en la madurez de su talento. La influencia de los maestros flamencos había simplificado su estilo y lamentó, según lo ha dicho, no haber buscado siempre la sencillez y la armonía para pintar. Púsose, sin embargo, a la obra modificando siá estilo. Las figuras de los Apóstoles existentes en Munich pertenecen a la última época y están pintados con la nueva técnica.

El trabajo en Alemania fue intenso y abrumador, pues la esposa —estando siempre a lo que afirman los biógrafos del maestro— le acosaba incitándole a la labor para que ganara dinerqv y echaba de la casa a los amigos que iban a visitarle. Tal vez a esta última circunstancia se debe la fama de la señora de Durero, pues el esposo se ha referido con indulgencia a sus excesivas economías, llamándola mi «maestra de aritmética». Lo cierto es que, a pesar de su pobreza de Amberes, Durero dejó a su esposa, al morir, una herencia de seis mil florines.

EL FIN DE DURERO

En 1528, a los 57 años, se sintió de nuevo enfermo del mismo mal que le había aquejado en Amberes. Esta vez la enfermedad hizo crisis, v el gran maestro de la pintura alemana —maestro de los maestros de su patria—falleció el 6 de abril, sumiendo en el dolor al pueblo de Nuremberg, que le quería y consideraba una de sus glorias auténticas. En toda Alemania, lo mismo que en los países visitados por él, tuvo la noticia de la muerte de Durero una honda repercusión.

EL ÚLTIMO VIAJE

Aún existe en Nuremberg, milagrosamente salvada de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, la casa que Durero adquirió en 1509, cuando a la fama había añadido el bienestar económico, Se trata de un palacete de seis pisos, con, techo de doble vertiente y fachada rosa, y cuyas silenciosas habitaciones contienen mil recuerdos. Allí se desarrolló, durante casi veinte años, la laboriosa e incansable actividad del artista; por allí desfilaron la mayor parte de los notables de Nuremberg, deseosos de ser retratados por el maestro.

El emperador Maximiliano de Habsburgo quiso consagrar definitivamente la gloria del artista, asignándole una renta fija de 100 florines. Al morir Maximiliano, en 1519, correspondía a su sucesor, Carlos V, dar el visto bueno para que la renta del caso se continuara pagando. Durero partió en busca del nuevo soberano, para solicitar de él la confirmación de su beneficio.

Tardó casi un año en dar con él, viéndose obligado a seguirlo por los Países Bajos, cuyas ciudades recorría, a la sazón, el monarca. Pero fue un viaje triunfal: Durero no sólo encontró una favorable acogida en la corte del emperador, sino que en todas partes recibió las más cálidas muestras de simpatía. El clima holandés, sin embargo, perjudicaba su salud. Al volver a Nuremberg, Durero llevaba en la sangre el germen de la malaria, enfermedad que puso fin a sus días el 6 de abril de 1528. Tenía sólo cincuenta y siete años.

obra de arte de durero artista

«Adoración de los Magos o de los Reyes» es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Es un óleo sobre tabla, pintado en 1504. Mide 100 cm de alto y 114 cm de ancho. Está firmado y fechado

martirio de los cristianos durero

El martirio de los diez mil cristianos, conocido en alemán como Marter der zehntausend Christen, es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Fue realizado en 1508

La Fiesta del Rosario es un cuadro del pintor alemán Alberto Durero. Fue realizado en 1506. Es una pintura al óleo sobre madera de álamo, que mide 162 cm de alto y 194,5 cm de ancho

Alberto Durero: Adoración de la Santa Trinidad
Alberto Durero: Adoración de la Santa Trinidad (1511) -Viena, Kunsthistorisches Museum – Esta pobladísima escena sagrada es un ejemplo magistral de composición. La cruz constituye el verdadero centro de gravedad del cuadro, hacia el que convergen todas las figuras. Éstas se hallan dispuestas según un orden perfectamente calculado, el tamaño de los mismos disminuyen a medida que se aproximan a la parte superior. La nítida y delicada poesía de los colores y el vigoroso e incisivo dibujo de los personajes confieren a la escena un notable atractivo

Los cuatro Apóstoles: Marcos y Pablo, Juan y  Pedro (1526) Estas figuras de apóstoles fueron la última gran obro pintado por Durero. La perspectiva elegida por el artista, que obliga a los espectadores a mirar de abajo arriba, subraya sus dimensiones, superiores a las humanas, y su aspecto grave y ciclópeo. A través de este «hallazgo», resultado del estudio de las proporciones y perspectivas utilizadas por algunos pintores italianos, comer Andrés Mantegna, Durero pone de manifiesto la «estatura» moral de sus personajes, subrayada por la impresionante fe que los anima; una fe que, realmente, da la impresión de ser capaz de «mover montañas», como dice la frase del Evangelio. Con este mensaje de profunda religiosidad se despidió Durero del mundo.

Ver: El Cuadrado Mágico de Durero

Cardenal Mazarino Ministro y Tutor de Luis XIV Obra Politica

RESUMEN DE LA VIDA Y OBRA DEL CARDENAL MAZARINO, MINISTRO DE LUIS XIV

Mazarino era un italiano del reino de Nápoles, de familia modesta. Había ido a buscar fortuna a la Corte del Papa. Tomó entonces el hábito eclesiástico, sin llegar a ser sacerdote. El Papa le envió a Francia para un asunto diplomático.

A Richelieu le pareció hábil, le tomó a su servicio, le hizo nombrar cardenal y le dio entrada en el Consejo.

Mazarino era todo lo contrario de Richelieu, tenía aspecto humilde y no trataba de hacer ostentación de su poder.

Hablaba con suavidad, sin encolerizarse. No intentaba vengarse de sus enemigos y no fue causa de la muerte de nadie. Trabajaba mucho y siguió abnegadamente la obra de Richelieu.

Pero no tenía condición alguna para imponer respeto. Hablaba el francés muy mal, con pronunciado acento italiano que le hacía ridículo.

Mentía sin escrípulo y se le juzgaba trapacero. Trataba de amontonar dinero por todos los medios y no lo daba a nadie. Lo gastaba en el juego, porque era muy jugador, o en la compra de cuadros, objetos de arte y libros, porque era coleccionista.

Los cortesanos que Richelieu había perseguido en calidad de amigos de la reina salieron de la prisión o volvieron del destierro.

Contaban con ser dueños del gobierno. Se les apellidó los importantes, a causa del orgullo de que hacían gala. Lograron que la reina les diera pensiones por varios millones de cuantía.

Luego intentara desembarazarse de Mazarino haciéndole matar. Pero Mazarino decidió a la reina a que prendiera a su jefe y expulsara a los demás.

La reina le dejó desde entonces la dirección de todos los asuntos, y fue llamado primer ministro. Fue a alojarse cerca del palacio real, y luego la reina le dio habitaciones dentro del Palacio.

VEAMOS LA HISTORIA….

ANTECEDENTES: La segunda parte del siglo XVII francés, período que sería llamado el «Gran Siglo» por los historiadores, se caracteriza durante sus diez primeros años por una crisis que conmovió a la monarquía como raramente lo había sido antes ni lo volvería a ser después, hasta la Revolución de 1789.

Es una de las pocas veces, durante toda la historia de Francia, en que la monarquía encuentra levantados frente a ella, tanto al Parlamento burgués como a los Príncipes, sostenidos por el pueblo.

Todos se sentían cansados de la mano de hierro que Luis XIII había mantenido sobre ellos por medio de su ministro Richelieu.

Para defender la corona real se encontró un prelado extranjero, el italiano Mazarino, cuya inteligencia y energía redujeron las intrigas y violencias.

Cuando el pequeño Luis XIV llegó a la edad de ocupar el poder, conservaba de su infancia el horror al desorden y a toda veleidad de independencia.

Con una voluntad sistemática establecerá los fundamentos de un absolutismo como Francia no le había sufrido jamás.

cardenal frances mazarino

Mazarin (1602-1661), político y cardenal francés que controló el gobierno francés durante la minoría de edad deLuis XIV y ayudó a transformar a Francia en la potencia predominante de Europa. El poderoso cardenal francés de origen italiano Giulio Mazarino gobernó el reino
durante la minoría de edad de Luis XIV.

DOS ESPECIALISTAS  PARA UNIFICAR   UN   REINO: Mientras en Alemania los señores feudales aún tenían fuerza suficiente para impedir la unificación del Imperio, en Francia las cosas marchaban en sentido inverso: la nobleza se debilitaba gradualmente, consolidándose el poder de la monarquía sobre todo el reino.

Desde tiempos de Felipe IV el Hermoso, quien afianzó la obra de Felipe II Augusto, la idea de país iba cobrando cuerpo. Hasta entonces en la Edad Media, cada señor o noble tenía control absoluto sobre sus dominios —los feudos—.

Pero, durante los tres últimos siglos, el poder de la nobleza iba siendo limitado. Aunque conservaban todavía algunos privilegios, barones y condes eran obligados a respetar una única autoridad «nacional», el rey.

Aun así, periódicamente la nobleza se rebelaba, reclamando o restableciendo sus antiguos privilegios y creando dificultades a las iniciativas del monarca.

Richelieu procuró subordinar enteramente la nobleza al poder central. Pero el tiempo era corto.

El rey envejecía y el propio Richelieu sentía disminuir sus fuerzas, sin que la monarquía francesa hubiese alcanzado el poder absoluto que consideraba indispensable para el fortalecimiento del Estado.

Se hacía imprescindible crear condiciones para que el futuro monarca pudiese continuar la obra.

Uno de los obstáculos ya habla sido sorteado: la falta de un heredero directo del trono. Si Luis XIII hubiera muerto sin dejar hijos, la situación se habría complicado, pues la corona habría pasado al hermano del rey, en quien Richelieu no confiaba.

Había ahora una criatura de algunos días de vida. Pero eso solo no bastaba para asegurar la continuidad de la política incitada por el cardenal.

Richelieu pensaba que sin un buen consejero ningún soberano se podría conducir con eficacia.

Por eso necesitaba preparar con urgencia un sucesor para su propio cargo.

Había un solo hombre que estaba en condiciones de sucederlo: Giulio Mazarino, experto diplomático italiano que había sido soldado en los ejércitos del papa y que por entonces representaba al pontífice en París.

En la larga convivencia con el italiano, Richelieu comprobó la perfecta identificación que Mazarino iba adquiriendo con él. La probada habilidad de Mazarino haría de él un continuador ideal de sus proyectos.

Era necesario «afrancesarlo» y aumentar su prestigio, para tornarlo en un consejero viable para el futuro rey de Francia.

En 1640, Richelieu manda cambiar su nombre por el de Jules Mazarin y consigue su elevación al rango de cardenal. Esto se produce en el momento preciso: Richelieu fallece dos años más tarde y, al año siguiente, deja de existir también Luis XIII.

Ana de Austria

EL ULTIMO DESAFIO DE LA NOBLEZA

«¡Luis XIII ha muerto, viva Luis XIV!». Resuenan nuevamente los tambores en las plazas públicas, mientras los heraldos proclaman el nombre del nuevo rey.

El monarca tiene sólo cinco años. Corresponde a su madre gobernar provisionalmente, hasta que el rey alcance la mayoría de edad. No muy interesada en los asuntos políticos, la Reina Ana entrega el poder efectivo a ese personaje todavía relativamente oscuro, el cardenal Mazarino.

Consta que las relaciones de la reina con su primer ministro eran más que amistosas. El hecho es que Mazarino no pierde tiempo y aplica paso a paso la política de Richelieu.

Luis XIII de Francia

Crea nuevos impuestos y tasas para los nobles, a fin de obtener fondos y reducir  aún   más  sus   privilegios.   Y concentra en sus manos una gran cantidad de poderes que, según explica, serán transferidos a Luis XIV en cuanto éste suba al trono. Mazarino se destaca pronto.

Concluye con Alemania los tratados de Westfalia, poniendo fin a la llamada Guerra de los Treinta Años, que a partir de un conflicto entre los príncipes alemanes y los Habsburgo se había transformado en un conflicto continental, pues comprometía prácticamente a todos  los  países  europeos.

Los obispados de Metz, Toul y Ver. dún eran reconocidos como parte del reino de Francia y lo mismo ocurría con Alsacia, que se convertía en un enclave francés en medio de territorios germánicos.

El poderío español también se reducía, ya que perdía gran parte de su influencia en los Países Bajos.

La guerra fue financiada por medio de pesados tributos, que afectaban tanto a los varios sectores de la nobleza como a los comerciantes, campesinos y artesanos.

A partir de 1646, por ejemplo, todas las mercaderías que entraron en París fueron tasadas. Apoyándose en la burguesía, con la cual entablaron un pacto momentáneo (ambas clases tenían intereses opuestos), los nobles se rebelaban contra Mazarino con el concurso de la población de París.

Sintiéndose poco segura en palacio, la regente manda aprontar un carruaje y, llevando consigo a su hijo, logra atravesar la ciudad y refugiarse en la pequeña villa natal de Luis XIV, Saint-Germain-en-Laye (el pequeño rey no olvidará jamás el miedo que le produjo el levantamiento de París y de la nobleza: toda la vida tratará de domesticar a esta última y nunca se encontrará a gusto en la capital).

Se trataba de la llamada Fronda, rebelión capitaneada por la nobleza contra el poder creciente de la monarquía.

Expulsado de París por los nobles, el joven rey Luis XIV fue, no obstante, traído de regreso por un príncipe, Conde. En desacuerdo con la revuelta, Conde afirmaba no tener nada contra el futuro soberano, y sí contra Mazarino. Exigió que fuese echado de Francia.

En condiciones de inferioridad, Mazarino se exilió voluntariamente y comenzó a preparar  cuidadosamente   su  retorno.

Mantenía intensa correspondencia con la reina y su hijo, y daba instrucciones precisas en cuanto a la manera de enfrentar a la Fronda.

En setiembre de 1651, probablemente debido a su consejo, Luis XIV declara oficialmente terminado el período de la regencia materna y asume todos los poderes de monarca.

Tiene apenas trece años.

No tardará en llamar a París al fiel consejero de la corona (fiel, aunque se enriquezca a su nombre).

Desde entonces, Mazarino se convierte en la «eminencia gris» del reino, el verdadero gobernante y preceptor del rey. Sólo otra personalidad se hace tan conocida —y odiada— como la suya en los años siguientes: la de Nicolás Fouquet, superintendente de

Finanzas, a quien Mazarino encarga la importante tarea de recaudar los impuestos.

Mazarino enseña a Luis XIV a mantener siempre equilibrado el tesoro real, a rodearse de hombres competentes, interesados en desarrollar el comercio y las manufacturas, y a escoger a sus asesores sobre todo entre los burgueses, que, según él. merecen más confianza que la gente de  la   nobleza.

Luis XIV de Francia

No podía haber mejor alumno que Luis XIV. El monarca participaba de las reuniones del consejo a título de «enseñanza práctica» y daba su parecer sobre los asuntos en discusión.

A partir de cierto punto, su opinión divergía frecuentemente de la de los consejeros, lo que provocaba algún malestar en la sala del conseje en definitiva, Luis no era más que un muchachito.

Empero, se hacía difícil distinguir dónde terminaba el entrenamiento y dónde comenzaba a expresarse   la   soberana   voluntad   real.

CUANDO  EL  DISCÍPULO APLICA LAS DOCTRINAS DEL MAESTRO
Antes de «diplomarlo», Mazarino juzgó necesario escoger para él una esposa. Luis ya tenía su elección hecha: María Mancini, joven y bella sobrina del cardenal.

Pero éste era contrario a las complicaciones que estos amores podían aportar. «¡Señor, os he recomendado apoyaros sobre los burgueses —dice— pero no sobre las burguesas! …» Mazarino insiste en que el monarca encuentre esposa en las familias reales de Europa.

El casamiento es un asunto de Estado, un asunto por demás complicado para confiarlo exclusivamente a los sentimientos.

Mazarino ha iniciado gestiones ante Felipe IV de España: Luis XIV se casará con la princesa María Teresa, recibiendo a cambio territorios españoles de los Países Bajos, además de una pequeña dote de… ¡medio millón de escudos de oro! Al menos teóricamente, la transacción deberá asegurar la paz entre los dos reinos. La ceremonia se realiza en 1660.

Boda de Luix XIV y María Teresa

Boda de Luix XIV y María Teresa

Luis, que había jurado a María una fidelidad eterna, la dejó marchar, entre lágrimas. El corrió a ocultar sus lágrimas a Chantilly, enviando a su bienamada patéticas cartas de amor. Hizo falta, durante meses, toda la ternura de Ana de Austria, toda la sutileza, todas las reprensiones del Cardenal para que el rey consintiese, por fin, en renunciar a María, aceptando ofrecer su mano a la insípida María Teresa. El 9 de junio de 1660, unos esponsales dignos de un cuento de hadas unían a la Infanta de España y al Rey de Francia. María Teresa, desde el día siguiente de su boda, manifestó por su esposo una adoración ingenua y enojosa, que se prolongaría hasta sus últimos días.

EL FIN DE MAZARINO
El rey fue siempre un dócil alumno de Mazarino. Este se comportaba como verdadero monarca. Nadie tenía acceso libre a él, quien solicitaba una gracia debía dirigirse al Cardenal y no a Luis; su salud declinaba de día en día, pero su fasto jamás había aparecido tan esplendoroso.

Victorioso frente a Austria y España, todavía encontró tiempo para pacificar el norte de Europa, restableciendo el equilibrio entre Suecía, Polonia y Dinamarca.

Sintiendo entonces próximo su fin, contempló la muerte con grandeza, suspirando solamente a la vista de las maravillas de su colección de cuadros: «Es necesario, pues, dejar todo esto». «Nunca, dijo más tarde Voltaire, hubo en una corte más intrigas y esperanzas que durante la agonía del cardenal Mazarino».

El superintendente Fouquet, protegido por la reina madre, creyó que sucedería al italiano, pero Colbert estaba firmemente resuelto a obstaculizarle el camino y a aprovechar la oportunidad. El día 7 de marzo, Mazarino se despidió noblemente del rey y de la reina madre.

Luis XIV lloró mucho, pero cada uno de sus ministros, acechando en su rostro una señal sobre la que fundar sus esperanzas, quedó decepcionado. El Cardenal se extinguió el 9 de marzo, habiendo llevado a fin la obra de Luis XIII y de Richelieu. Entre las manos del rey de Francia ponía la corona más poderosa de Europa.

PARA SABER MAS…
LAS DIFICULTADES FINANCIERAS EN LA ÉPOCA DE MAZARINO
Mazarino se encontraba frente al enojo de la nobleza y, además, frente a las dificultades económicas que había heredado de su predecesor. Este había concedido a estas cuestiones un mediano interés.

El «estado de previsión» establecido cada año no comprendía todos los gastos ni todos los ingresos. Había cajas distintas, cuentas especiales a las cuales estaba afectado un ingreso determinado.

El paso de gente de guerra o una mala cosecha comprometían su percepción, por lo que se imponía encontrar nuevos recursos. Los gastos impagados, los ingresos no cobrados eran diferidos de año en año. Hubieron de aumentarse los impuestos de 17 a 69 millones, acrecentar el número de gravámenes. Pero todo fue insuficiente.

La productividad del país era mediocre: el reino estaba siempre en el límite de la subsistencia y al borde del hambre endémica; la población permanecía subalimentada.

Para mantener sus ejércitos, Mazarino hubo de recurrir a métodos detestables, pidiendo prestado dinero a los banqueros, autorizando a éstos a percibir determinados impuestos.

El rey ponía entonces a su disposición agentes del fisco y, a veces, hombres armados oprimían con impuestos a los campesinos hambrientos.

En 1643 y 1644 hubo revueltas y motines en Rouer-gue, Poitou, Saintonge y el Angoumois. Pero la crisis financiera, lejos de disminuir, se agravaba. Particelli d’Emery, financiero de origen italiano, nombrado superintendente, se las ingenió para encontrar recursos nuevos mediante la venta de oficios inútiles y reducciones de emolumentos.

Exhumó una vieja ordenanza de Enrique II prohibiendo la construcción de casas junto a las murallas de París por razones militares; los propietarios de los suburbios hubieron de pagar una multa en virtud de este Edicto (Edit du Toisé), lo que provocó motines (1644).

Una nueva tasa, la de los «Acomodados», afectó a los financieros, pero fue necesario renunciar a ella rápidamente ante las protestas generales.

El Parlamento de París se puso a la cabeza de los descontentos. En 1647, cuando habían comenzado las negociaciones de Westfalia, se promulgó otro Edicto que gravaba los derechos de consumo sobre todas las mercancías que entraran en París.

En fin, en 1648, con ocasión de la renovación de la Paulette (tasa anual pagada por los magistrados, que garantizaba la herencia de sus cargos), se decidió que, en lugar de pagar este derecho anual, los oficiales de los Tribunales (Tribunal de Cuentas, Tribunal de Impuestos Indirectos, Gran Consejo) abonarían cuatro años de sueldo. Aunque el Parlamento de París había sido exceptuado de esta medida, un poco excesiva, no impidió que se solidarizara con sus colegas.

El Tratado de Pintura de Leonardo .PDF Resumen Contenido

El Tratado de Pintura de Leonardo .pdf

Leonardo nació en Vinci, en Toscana, en 1452. Era hijo natural de un notario y de una aldeana. Su padre llegó a ser notario de Florencia.

A la edad de 15 años entró en el taller de Andrés Verrochio, donde aprendió el cálculo, la perspectiva, el arte de tallar la piedra, fundir el bronce, levantar planos, fortificar ciudades y construir carreteras y canales. Pintó algunas obras y comenzó la «Virgen de las Rocas» (Museo del Louvre).

Leonardo Da Vinci

En 1483, a los treinta años de edad, llega a Milán. Contrariamente a la leyenda, vive allí largo tiempo en la pobreza y la oscuridad, obligado a asociarse con otros artistas, como era costumbre.

Los artistas estaban, en efecto, considerados como obreros y sometidos a contratos rigurosos que regulaban sus encargos hasta en los menores detalles: tema, composición, vestido, color, etc..

Pero el saldo de sus créditos llega siempre muy lentamente. Así, para sobrevivir, les era necesario agruparse.

En 1483 entrega a la Escuela de la Concepción la «Virgen de las Rocas», actualmente en el Louvre. A pesar de este primer encargo, la situación de Vinci es muy penosa; carece hasta de calzado y lentes.

En 1489, Ludovico el Moro le encarga un trabajo que nadie quería: el modelo para la estatua ecuestre de su padre, Francisco Sforza. Vinci presenta en 1493 un modelo colosal, en yeso o en barro, que provoca el entusiasmo.

Pero no se arte vio jamás a fundirlo en bronce. Después de la caída de Ludovico, el modelo se deterioró, y, finalmente, terminó sirviendo de blanco a los ballesteros de Luis XII durante la ocupación francesa. Sin embargo, Vinci comienza a ser conocido.

En 1490, monta el escenario y los decorados para la «Fiesta del Paraíso», ofrecida en ocasión de la boda del hijo de Ludovico.

Da consejos y hace dibujos para la catedral de Pavía y el palacio de Vígevano, situado cerca de Milán, e influye, profundamente, en Bramante, que trabaja en el mismo proyecto.

A finales de 1496, Ludovico el Moro le encarga «La Cena» para el Convento de Santa María de las Gracias, de Milán. En 1498, trabaja en la decoración del Castillo de Milán.

Realiza también los planos para la transformación de los barrios pobres de la ciudad, conservados en el «Codex atlanticus,».

Tuvo una concepción profética del urbanismo, imaginando un sistema triple de calles superpuestas: las calles altas, provistas de pórticos y reservadas al paso de las gentes de calidad; las intermedias, reservadas al pueblo y a la circulación de carruajes, y las bajas, destinadas a caballerizas y alcantarillas, que desaguaban su carga en un sistema de canales unidos a los ríos de la llanura lombarda.

En este período, Vinci vive agradablemente con una pensión de 2.000 ducados anuales; pero pronto el duque de Milán fue obligado a huir ante el avance de las tropas francesas.

Leonardo de Vinci parte para Florencia, donde pinta, en 1501, «Santa Ana y la Virgen» (Museo del Louvre). En 1502 pasa al servicio de César Borgia y pinta la «Mona Lisa», mujer de Gherardini del Giocondo.

En 1506 vuelve a Milán, al servicio de Luis XII, y se convierte en uno de sus pintores favoritos, realizando el «Juan Bautista» y el «Baco». De 1513 a 1516 reside en Roma; después, acepta la invitación y la hospitalidad de Francisco I, que lo aloja en la mansión de Cloux, en Turena, donde muere en 1519.

EL TRATADO DE LA PINTURA
Leonardo de Vinci expone su concepción del arte en el «Tratado de la pintura» —compilación de sus escritos dispersos—; concepción muy influida por sus orígenes florentinos.

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Platónico auténtico, quiere encontrar «el alma de las cosas y el alma del Universo», es decir, la idea divina, la forma perfecta que  está  en la intención de la naturaleza. Pero par; encontrar el arquetipo, el modelo divino, se necesita un trabajo científico, pues el arte es una ciencia: así, crea una ciencia anatómica cuando quiere construir un cuerpo; una teoría de la sombra, cuando quiere colorear; una botánica, cuando necesita representar una planta, porque es preciso concebir el modelo divino a través de la diversidad de ejemplares.

Su arte, eminentemente espiritual, es, a sus ojos, la proyección del espíritu humano que toma contacto con el espíritu de Dios. Es el promotor de una nueva estética, la del arte considerado como un «algo mental». Leonardo de Vinci abandona la línea neta y precisa de los florentinos, demasiado abstracta y demasiado alejada de la vida para penetrar en las superficies coloreadas, que, en realidad, determinan la separación de los objetos, por un juego de claridades y de sombras: el difuminado.

De este modo, da la impresión de movimiento, que es alteración y cambio; el mismo cambio de la vida. «La pintura es sombra», dice. Gracias a ello, el objeto se espiritualiza y vuelve a encontrar la vida. Más adelante veremos su papel como sabio.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Vida y Pensamiento de Marsilio Ficino Filósofo Italiano

MARSILIO FICINO Y LA ACADEMIA DE FLORENCIA

En la historia de la elaboración del pensamiento renacentista ocupa un lugar preeminente Marsilio Ficino. Hasta mediados del siglo XV había dominado en la doctrina y los comentarios de las escuelas la filosofía del Doctor Angélico, afortunada combinación de la fe con la tradición y la ciencia aristotélica.

Pero la concepción escolástica del mundo no venía a colmar por completo las inquietudes espirituales del hombre del Renacimiento. Por otra parte, la aprehensión más viva y adecuada de la Naturaleza hacía en algunos casos comprometedora la solidez de los principios peripatéticos.

La inclinación humanista hacia lo sentimental y subjetivo, de un lado, y, de otro, hacia la observación experimental, se plasman en la obra de Marsilio Ficino, la cual, desde Florencia, irradió a Italia y a los principales centros universitarios de Occidente.

En  Florencia  se  despliega  el  genio  de uno de los grandes talentos del Quattrocento, Marsilio Ficino (1433-1499).

Natural de Figline (19 de octubre de 1433), en el Valdarno (Toscana), Ficino era descendiente» de una familia bastante acomodada. Sus padres fueron el médico Diosdado de Agnolo y Alejandra de Nannoccio.

Parece ser que Ficino se formó literariamente en la universidad de Florencia, centro, en aquella época, de la más pura corriente humanista, donde profesaban tan egregios varones como Argirópulos, Calcóndilas y Lascaris.

Entre 1449 y 1451 prosiguió sus estudios en Pisa y en 1458 fue a licenciarse de medicina en Bolonia.

Ya no se trata solamente del culto a la antigüedad y a las buenas letras, sino de una profunda filosofía de la vida, que acaba por legitimar esta exaltación del hombre a la que tendían todo el pensamiento y la sensibilidad italianos.

«No es sólo la antigüedad, sino su alianza íntima con el carácter italiano, lo que ha regenerado al mundo de Occidente», ha dicho Burckhardt.

Marsilio Ficino:Nacido cerca de Florencia en 1433, se formó en Medicina y Filosofía y  fue ordenado sacerdote en 1473, llegando a ser canónigo de la catedral de Florencia.

Bajo la influencia del Humanismo, el platonismo y el aristotelismo, conocidos y estudiados durante la Edad Media, fueron sensiblemente modificados.

Desde 1463 a 1468, Ficino tradujo al latín la obra de Platón, por consejo de Cosme de Médicis, poco satisfecho con la enseñanza aristotélica que predominaba entonces en Florencia.

Sus tratados de teología y sus comentarios sobre Platón hacen de él el hombre de más influencia del siglo XVI sobre las cortes, los poetas y los artistas.

A la traducción de Platón añade, en 1492, la del neo-platónico alejandrino Plotino. Da varios cursos públicos en Florencia.

Sin llegar a ser profesor de la Universidad, su influencia es tal que, desde 1471, la mayor parte de los puestos docentes son ocupados por sus amigos

. Su correspondencia universal con los humanistas de Roma, Venecia, Alemania, Francia, Bélgica, Polonia y Hungría —reunida e impresa en 1495— es un formidable medio de acción sobre el pensamiento internacional; la Academia de Florencia, su reino, no tiene, absolutamente, nada de oficial; no celebra sesiones regulares, esencialmente, es un grupo de amigos personales de Ficino que se reúnen en su villa de Careggio, cerca de Florencia, ofrecida en 1462 por Cosme de Médicis.

Hacia 1490, el jardín, adornado con inscripciones y estatuas antiguas, donde se celebran la mayor parte de estas reuniones, se convierte en lugar de peregrinación para los humanistas de toda Europa.

La doctrina de Ficino busca una síntesis entre el cristianismo y la sabiduría griega.

Inspirándose en Platón, hace del amor una búsqueda de la belleza, que no es más que un reflejo del esplendor de Dios. La búsqueda de la belleza es, por consiguiente, un camino hacia el conocimiento de Dios.

Su catolicismo se aproxima a una religión natural, en la que el sentimiento del pecado tiene escaso papel.

Ficino ejerció una considerable influencia en Europa, y todos los grandes artistas del Renacimiento, Botticelli, Vinci, Miguel Ángel, Rafael fueron influidos por su neoplatonismo: como el filósofo, el artista inspirado por Dios, ayuda a los hombres a acercarse a lo divino a través de la visión de la belleza.

Pico della Mirándola (1463-1494), otro florón de la Academia, célebre por la universalidad de sus conocimientos, completó a Ficino, realizando la síntesis de Platón, Aristóteles, la escolástica, la mística cristiana y las doctrinas judías. Llega tan lejos que Inocencio VIII declara: «este mozo desea terminar mal, quiere que, un día, se le queme».

En Leonardo de Vinci y Miguel Ángel encontramos dos ejemplos de artistas de una nueva especie, formados por el Humanismo, de una cultura prodigiosa. Pintores, escultores, poetas, arquitectos, ingenieros, teóricos, sabios y genios universales son los más brillantes testimonios del Renacimiento.

Economía en el Reinado de los Reyes Catolicos

La Economía en el Reinado de los Reyes Católicos

EL ORDEN Y LA CENTRALIZACIÓN
En vísperas de las grandes conquistas coloniales, España tiende a empobrecerse, cada vez más. Sin duda alguna, las luchas políticas y las guerras civiles aceleraron esta tendencia.

A finales del siglo XV, la agricultura se encuentra en franca decadencia. En lo sucesivo, la ganadería se impone en las campiñas españolas y la trashumancia del carnero se convierte en la principal actividad.

El Tesoro Real se encuentra también en gran penuria. Las recaudaciones son escasas; el rey no percibe más dinero que el procedente de las rentas de sus dominios, del monopolio establecido sobre la sal, y del comercio, en la medida en que el Estado descontaba, previamente, un impuesto del 10 por 100, «la alcabala», sobre todas las transacciones comerciales.

De una manera general, los nobles no son contribuyentes, aparte del «servicio de lanzas», que permite equipar al ejército. El clero, en esta época, todavía no está exento.

La necesidad de encontrar dinero se convertirá en una verdadera obsesión de la monarquía española, que no vacilará en utilizar todos los recursos posibles y, en particular, los de las grandes Ordenes Militares y religiosas.

Reyes Católicos de España

En 1476, muere el Gran Maestre de la Orden de Santiago. Isabel consigue arrancar al Papa una bula por la que obtiene la administración del Maestrazgo.

En 1523, la mayor parte de las grandes Ordenes han sido vinculadas a la corona, con sus rentas. Este es el caso de las Ordenes de Calatrava, de Alcántara y de Santiago.

No obstante, para afianzar su poder, los Reyes Católicos no podían contentarse con medidas financieras limitadas. Toda la experiencia de los decenios pasados exigía poner fin a la anarquía y a la disgregación del poder.

El desarrollo económico y la estabilidad estaban ligados a una reorganización centralizada del país y, en consecuencia, a un reforzamiento de la autoridad real frente a las veleidades de poderío de los nobles.

Los Reyes Católicos emprendieron esta lucha, reduciendo, además, el poder de las instituciones municipales y de las Cortes.

En cada ciudad, fue establecido, al lado de los regidores, un «corregidor», nombrado por el rey, que tenía como misión controlar la administración y que, poco a poco, gracias a los plenos poderes de que estaba investido, llega a ser el verdadero gobernador de la ciudad.

Siguen existiendo las asambleas municipales, elegidas o sacadas a suerte, pero, las listas de elección se hacen bajo la intervención del gobierno.

Las Cortes entran también en esta época en una fase de decadencia, pero el rey no tiene interés en enterrarlas totalmente, ya que su voto era necesario para la recaudación de nuevos impuestos.

De hecho, las Cortes no se reunirían más que episódicamente, a veces con interrupciones muy largas, como la de 1482 a 1497.

En Castilla, los diputados de la nobleza no son ya invitados, bajo pretexto de que, al no pagar impuestos, se desinteresan de la cuestión financiera. Quedaban los procuradores de las ciudades, pero éstos habían sufrido un cambio análogo al de las municipalidades y, de este modo, las Cortes se transforman en asambleas bastante sumisas.

La autoridad real se refuerza, las Cortes se debilitan y las leyes locales, los «fueros», son limitadas.

En las ciudades se crean las «hermandades», tribunales que sirven de infraestructura al poder real. De estos contingentes es de donde los reyes sacaban milicias fieles, como hicieron para la expedición contra el reino de Granada.

El ejército también fue reorganizado, empleándose un nuevo armamento compuesto de piezas de artillería. Un hombre desempeñará un gran papel en esta modernización: Gonzalo de Córdoba.

Se crearon nuevas unidades, la «coronelía», formada por doce «capitanías», armadas de picas, espadas y arcabuces, que constituían un conjunto temible. La flota, a pesar de algunos progresos, sigue siendo insuficiente.

El rey distribuye numerosas primas para la construcción, pero la penuria de las recaudaciones es demasiado grande.

El conjunto del ejército, compuesto de soldados llamados a filas (un hombre por cada doce), de mercenarios y de voluntarios, sigue estando mal pagado.

Al alborear el siglo XVI, los grandes descubrimientos de Cristóbal Colón serán el fruto de todo este esfuerzo de reorganización y de centralización emprendido por los Reyes Católicos.

Poco a poco, el centro del gran comercio mundial pasará del Mediterráneo al Atlántico.

En el plano continental, Fernando sigue estando muy preocupado por la extensión de la fe y no vacilará en entrar en 1511-12, con el emperador Maximiliano, en la «Santa Liga», presidida por el Papa Julio II.

Se trataba de la defensa de Italia y de la Iglesia, amenazadas por Luis XII.

España tiene la convicción de volver a empezar la lucha contra los infieles, y sus soberanos esperan lograr, una vez más, por este medio, la consolidación de lo que es esencial para ellos: la unidad española.

Fernando estaba dispuesto a confiar a un príncipe español la sucesión del reino.

Pero, en el año 1504, muere Isabel, dejando como heredera a su hija, Juana, llamada la Loca, que estaba casada con Felipe el Hermoso, hijo del emperador Maximiliano y de María de Borgoña.

La posibilidad de que el trono fuese ocupado por una desequilibrada había inquietado a las Cortes de Castilla, las cuales habían decidido, desde el año 1502, reconocer a Felipe como príncipe heredero, en el caso en que Juana se viera incapacitada para reinar.

A partir de esta época, una sorda hostilidad se esta entreblece entre el rey y el príncipe heredero. Se había entablado una verdadera lucha política que amenazaba, una vez más, la paz reino.

Fernando se apoyaba, fundamentalmente, en el sentimiento nacional, en las tradiciones, en la paz lograda en su lucha contra el príncipe extranjero, el cual por su parte, trataba de ganarse la simpatía de todos los nobles ofendidos por las medidas de Fernando.

El conflicto podrá ser evitado. El 25 de septiembre de 1506, Fernando muere….y comienza otra historia. (Ver: Carlos I de España)

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Historia de la Toma de Granada y La Expulsion de Judíos

Historia de la Toma de Granada y La Expulsión de Judíos

La elevación de Isabel al trono de Castilla se llevó a cabo, pero con  dificultades. Los partidarios de la Beltraneja, consiguieron desencadenar una guerra civil.

A comienzos del año 1477, Fernando e Isabel logran reconquistar su país.

En cuanto a la Beltraneja, abandonada por todos aquéllos de los que había sido juguete, desapareció completamente de la vida política, retirándose a un convento.

Reyes Católicos de España: Fernando de Aragón e Isabel de Castilla

Isabel y Fernando toman ambos el título de «Reyes». Sin embargo, la fusión de los dos reinos está lejos de haberse logrado.

Isabel es «legítima propietaria» de Castilla, cuya administración comparte con su esposo, solamente, en aquello que le parece oportuno. Cada reino conserva su personalidad, su sello y sus armas.

En las monedas se graban las efigies de los dos soberanos. En realidad, Castilla es la que va a beneficiarse de esta unión.

Estado más rico y poblado, se aprovechará de la toma de Granada, así como de los descubrimientos. La muerte de Isabel, en 1504, originará una temporal separación a la que pondrá fin el fallecimiento de Fernando en  1516.

Los Reyes Católicos se dedicaron a fortalecer el poder real, incautándose de las Maestranzas de las Ordenes Militares y de las plazas marítimas, y creando la Santa Hermandad para la policía de caminos. Dictaron las leyes que se conocen con el nombre de Ordenamiento de Montalvo.
Establecieron el Tribunal de la Fe, llamado asimismo Inquisición o Santo Oficio, para lograr en España la unidad religiosa. Fue el primer Inquisidor general fray Tomás de Torquemada, de proverbial severidad.

LA INQUISICIÓN: TORQUEMADA

A pesar de las peculiaridades de cada reino, existía una institución común: la Inquisición.

Al comienzo, hubo, por parte de Isabel, una real preocupación de unificación religiosa, pero, muy rápidamente, esta institución tomará un cariz tanto político como religioso.

Torquemada

En el plano político, la Inquisición llegará a ser exponente del poder absoluto. Ante una demanda no pública de Isabel y Fernando, el papa Sixto IV firmó la bula estableciendo la Inquisición en Castilla, el 1º de noviembre .de 1478.

A partir de este momento, el rey nombraría a tres obispos, asistidos por sacerdotes, con plena jurisdicción sobre varios delitos, muy especialmente el de herejía.

El primer tribunal se establece en Sevilla, el 17 de septiembre de 1480. El primer auto de fe se celebró en 1486.

Para el cargo de Inquisidor General, es elegido el confesor de los soberanos, Tomás de Torquemada, hombre celoso, con fama de despiadado, que dará a la Inquisición su carácter atroz y sombrío.

Desde entonces, todos los recursos del Estado estarán a disposición de los inquisidores. Las penas varían, pasando de la simple reprimenda a la condena a galeras a perpetuidad.

Si el acusado es irrecuperable, es decir, si, por ejemplo, se niega a confesar, la Inquisición lo considera como excluido de la comunidad cristiana y lo entrega al brazo secular.

La sentencia de muerte es pronunciada por la justicia real. La hoguera se levantaba, generalmente, fuera de las poblaciones. Si el condenado se retractaba o se confesaba, era estrangulado antes de ser quemado; si no, era quemado vivo, con sus libros, si se trataba de un escritor.

DESARROLLO DE LA TOMA DE GRANADA

Decididos a comenzar su reinado con una acción brillante, los Reyes Católicos quieren aumentar su prestigio acabando la Reconquista, paralizada desde hacía algunos decenios. A mediados del siglo XV, los moros conservaban todavía una franja de territorio alrededor de Granada.

Iniciaron la guerra al rey de Granada, Müley-Hacen, exigiéndole el pago del tributo que a Castilla debían los granadinos desde los tiempos de San Fernando.

Comenzó la campaña en 1482, a pesar de las amenazas del sultán de Turquía, a las que contestó el rey  Fernando ordenando a su almirante l la toma de los Dardanelos, y que el almirante realizó.

El marqués de Cádiz se apoderó de Alhama, y luego fue acometida Loja.

El trono de Granada fue a parar en 1484, por una sublevación, a mano de Boabdil, hijo de Muley-Hacen. Boabdil cayó prisionero de los cristianos, pero el rey Fernando le dio libertad para fomentar discordias entre ellos mismo…así ocurrió.

Los zegríes, defensores del padre, y los abencerrajes, partidarios del hijo, pelearon.

Cuando murió Muley-Hacen, Boabdil tuvo otro contrincante en su tío El Zagal.

En 1486 era único rey Boabdil, de cuyas ciudades iban apoderándose los Reyes Católicos.

En 1487 se rindió Málaga, y en 1491 se puso el campamento a dos leguas de Granada, y fue al campamento para dar ánimos a sus soldados, la reina Isabel.

Gonzalo de Córdoba, Hernán Pérez del Pulgar, el de las hazañas, y otros muchos se distinguieron en el asedio de Granada.

Pérez del Pulgar, que ya se había hecho famoso por sus arriesgadas empresas en los cercos de Loja y de Málaga, realizó la más famosa de todas en el sitio de Granada. Es la que lleva el nombre del Ave María.

Arrodillándose a la puerta de la iglesia de Alhama, ciudad en que se encontraba, hizo voto de entrar en Granada, poner fuego a la Alcaicería y tomar posesión de la Mezquita Mayor de la capital mora, para Iglesia Mayor.

Este voto corrió de lengua en lengua por Alhama, y, por lo arriesgado de la empresa, se empezó a decir lo que luego quedó como refrán: «Con Pulgar is, la cabeza lleváis pegada con alfileres».

Pérez del Pulgar hizo que en un pergamino se escribiera en latín el Ave María, el Padre Nuestro, el Credo y la Salve, y debajo, en castellano, el auto con la toma de posesión de la Mezquita.

La noche del 17 de diciembre de 1490, con sus quince escuderos, se encaminó a Granada. Llegó a las puertas de la ciudad al oscurecer del día siguiente; previno a su gente de todas las contingencias que podían ocurrir, y a la media noche, burlando las escuelas y guardias, logró penetrar en Granada, vadeando el Darro.

Con seis de los suyos se encaminó por las tortuosas calles de la ciudad, con todo sigilo. Entre una y dos de la madrugadaa llegaron a la puerta de la Mezquita, en la que Pérez del Pulgar clavó con su puñal el pergamino que llevaba dispuesto.

Encendieron un hacha de cera que también llevaban preparada, rezaron las oraciones y leyeron el auto de toma de posesión.

Fueron después a la Alcaicería, pero no pudieron prenderle fuego de momento porque el escudero Tristán de Montemayor había apagado la cuerda que traían encendida.

Entonces otro escudero, Diego de Baena, se ofreció a ir a encender un puñado de esparto en el hacha que había quedado encendida a la puerta de la Mezquita, y así lo hizo, pero al regreso tropezó con el guarda del Zacatín, y la lucga que emprendieron alborotó a los moros.

Los expedicionarios hubieron de salir precipitadamente de Granada por el lecho del río.

La fundación de Santa Fe, cuando se quemó el campamento cristiano, fue prueba de la firme decisión de los Reyes Católicos.

Granada capituló, y el 2 de enero de 1492 penetraron en ella los Reyes Católicos.

Con la expulsión de los judíos, que se decretó el mismo año, quedó hecha la unidad religiosa de España.

LAS PERSECUCIONES  A JUDÍOS Y MOROS:

En 1492, el terror se abate sobre los judíos. El 30 de marzo, se firmó un edicto conminando a la población judía a convertirse antes del mes de julio o a abandonar el reino.

Los que desobedecieran esta orden, debían ser condenados a muerte. Se convirtieron 50.000 judíos, pasando a la categoría de marranos.

Emigraron 175.000, y unos 20.000 perecieron. La mayor parte de los refugiados se dirigió a Italia, donde fueron, más o menos, bien acogidos.

Otros huyeron a Marruecos, al reino de Fez, pero allí fueron degollados por los musulmanes o vendidos como esclavos.

Su refugio más seguro fue, sin duda alguna, Turquía, gracias a su sultán, que veía con satisfacción la llegada de mano de obra. En cuanto a los 80.000 judíos refugiados en Portugal, su vida se convirtió muy pronto en un calvario.

Una represión idéntica se abatió contra otros «herejes»: los musulmanes.

La población mora podía dividirse en dos categorías, los que se habían convertido desde hacía largo tiempo y que se encontraban diseminados por todo el país, y los que conservaban su religión, que se encontraban localizados, sobre todo, en Aragón, Valencia y Cataluña.

Población esencialmente campesina, los musulmanes, de inmediato, no sufrieron la misma represión que los judíos.

Tras la capitulación a que hemos hecho referencia, la conquista de Granada y de sus 400.000 habitantes, el 2 de enero de 1492, complicó la situación. Los moros se convirtieron en un peligro político y religioso.

Sin embargo, Fernando e Isabel habían aceptado en su Convención de 1491 reconocerles, e incluso garantizarles, sus derechos.

El arzobispo Hernando de Talavera, nombrado para la sede de Granada, obraba con mucha prudencia y tolerancia. En 1499 esta Convención será violada.

Las pocas conversiones obtenidas llegan a hacer sospechoso a Fray Hernando. La Inquisición va a ser, entonces, introducida en el reino de Granada.

El 18 de diciembre de 1499, son bautizados 3.000 musulmanes. El 26 de febrero de 1500, se decretó una amnistía para los «delitos cometidos antes del bautismo» y 60.000 personas se convirtieron.

Pero la violación progresiva de la Convención de 1491 provocó numerosas rebeliones, entre ellas la de Ronda, en enero de 1501. Finalmente, Fernando dominó estas sublevaciones utilizando tanto la persuasión como la represión.

En septiembre de 1501, casi todos los moros de Granada se convirtieron, más o menos espontáneamente, y pasaron a ser moriscos (moros convertidos).

En Castilla y en León, algunos grupos refractarios se negaron a seguir este camino. El 12 de febrero de 1502, un edicto ordenó a los moros de Castilla abandonar el país antes de terminar el mes de abril, o aceptar el bautismo.

No teniendo otra salida más que huir a Portugal o a Aragón, sin poder llevar consigo a sus hijos, la mayor parte de ellos acabaron por ceder.

Nos encontramos, pues, en esta época ante dos reinos distintos, unidos por sus soberanos y por una lucha común contra los infieles.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Enrique VII de Inglaterra Gobierno y Economia del Reinado

RESUMEN DE LA BIOGRAFÍA DE ENRIQUE VII DE INGLATERRA – SU GOBIERNO Y LA ECONOMÍA

Enrique Tudor, fue rey de Inglaterra desde 1485 hasta 1509 (fecha de su muerte), conocido en la historia como Enrique VII. Fue el primer monarca de la Casa Tudor, cuyo reinado dio paso a un periodo de unidad nacional después de los conflictos del siglo XV.

Enrique VII de Inglaterra

Era hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond (c. 1430-1456), y Margarita Beaufort, condesa de Richmond y Derby (descendiente directa de Juan de Gante, duque d

Después de que el rey Eduardo IV (de la Casa de York) arrebatara el trono a Enrique VI (de la Casa de Lancaster) en 1471, Enrique Tudor, que pertenecía a la Casa de Lancaster, tuvo que refugiarse en Bretaña.

ENRIQUE LLEGA AL PODER: Enrique Tudor, duque de Richmond, era el último representante de los Lancaster, puesto que descendía, por parte de su madre.

Adolescente enfermizo, pero reflexivo y tenaz, vivía en Bretaña desde la derrota del partido de la Rosa Roja. Cuando en 1484 murió el hijo único de Ricardo III, los numerosos adversarios de este último pusieron todas sus esperanzas en el joven Tudor; alimentaban el gran proyecto de casarlo con la hija de Eduardo IV, Isabel de York, uniendo, así, las dos casas de York y de Lancaster para poner fin a una guerra de la que todos estaban cansados.

Ricardo III, viudo de Ana Neville, pensó casarse con su joven sobrina para cortar de raíz estos proyectos; pero tropezó con tal resistencia por parte de la nobleza y de la burguesía que tuvo que abandonar este propósito.

El 10 de agosto de 1485, Enrique Tudor, sostenido por Francia, partió de Honfleur con 2.000 soldados, refugiados ingleses y aventureros bretones, y desembarcó en Milford Haven.

El encuentro con el ejército real ocurrió el 20 de agosto en Bosworth. La batalla fue sangrienta, llegándose al cuerpo a cuerpo.

Pero Ricardo, a pesar de la ventaja del número, fue traicionado por algunos grandes señores y se encontró  cercado;   se  negó  a  huir,  declarando «que moriría como Rey de Inglaterra», y después de haber combatido valientemente, fue muerto de un hachazo.

Enrique Tudor fue coronado y se casa con Isabel de York, de esta forma fueron unidas la Rosa Blanca y la Rosa Roja. Desde entonces, comenzó para Inglaterra un largo período de paz y de prosperidad.

ENRIQUE VII TUDOR E IRLANDA
El nuevo soberano no poseía ninguna de las virtudes caballerescas de sus predecesores, pero se reveló como un gran hombre político. Avaro, supo amasar una inmensa fortuna que le permitió no tener que recurrir al Parlamento en solicitud de subsidios.

Aprovechando la extrema debilidad de la nobleza después de esta larga crisis y del deseo de paz de la burguesía, supo, hábilmente, reducir los antiguos privilegios de la primera, favorecer los negocios de la segunda, y aliarse a la Iglesia para combatir la herejía, asentando el poder monárquico sobre bases sólidas.

De su reinado data la instauración en Inglaterra de una monarquía absoluta. Todo esto no se llevó a cabo sin oposición; dos nuevos pretendientes al trono trataron de imponerse durante los primeros años de su reinado.

Inglaterra, desde la Guerra de los Cien Años, se había desinteresado de Irlanda, que había adquirido una cierta autonomía de hecho y cuyo Parlamento decidía sus asuntos.

El duque de Clarence, segundo hermano de Eduardo IV, gobernador de la isla, nunca había estado en ella, dejando el poder al conde Tomás de Kildare, perteneciente a la poderosa familia irlandesa de los Geraldine. Por otra parte, Irlanda era favorable a los York y se mostró hostil a Enrique VII.

Así, cuando en el año 1485, un apuesto joven de Oxford, Lamber Symmel, pretendió ser Warwick, hijo del duque de Clarence, los irlandeses se apresuraron a reconocerlo y a ceñirle la corona real. Y aunque Enrique VII, para denunciar la impostura, paseó al verdadero Warwick, que se encontraba encerrado en la Torre de Londres, por las calles de la capital, Margarita de York, viuda de Carlos el Temerario, sostuvo a este pretendido sobrino y le envió 2.000 soldados.

A la cabeza de 8.000 hombres, el 4 de junio de 1487, Lambert Symmel, que había tomado el nombre de Eduardo VI, desembarcó en las costas del Lancashire, fue derrotado en Stoke por el ejército real y hecho prisionero.

Se vio obligado a confesar que no era más que el hijo de un panadero de la ciudad de York, y, Enrique VII, para humillarlo, le concedió un empleo de pinche en las cocinas reales; este desgraciado pretendiente terminó como halconero del rey.

Enrique VII se apoyo, para gobernar, en tres grupos sociales: el primero de ellos era la gentry o aristocracia rural, compuesta por nobles propietarios de tierras feudales y burgueses enriquecidos con la compra de inmensos dominios; era necesario entregar al tesoro real un censo mínimo de veinte libras para formar parte de esta gentry, la cual obtenía, entre otros privilegios, el de desempeñar las funciones de juez de paz.

Los yeomen constituían el segundo grupo sobre el que se apoyaba la monarquía; pequeños terratenientes que entregaban, por lo menos, cuarenta chelines al rey, lo que les permitía intervenir en las elecciones del condado y formar parte del jurado.

Estos yeomen, caballeros o plebeyos, se aprovechaban del progreso de las técnicas agrícolas y se enriquecían rápidamente.

Finalmente, con su política de paz y de apoyo activo al comercio y a la industria, el rey agrupó tras de sí a los comerciantes y banqueros, cuyo poder aumentaba sin cesar. Gracias a estos sólidos apoyos, Enrique VII pudo prescindir del Parlamento, que no fue convpcado más que siete veces en 24 años, y de la nobleza; gobernó asistido por su consejo privado, cuyos miembros eran reclutados entre los hijos de burgueses procedentes de las grandes universidades.

LANA Y MAR EN LA ECONOMÍA: Inglaterra se dedicaba, desde hacía largo tiempo, a la cría de ganado lanar; esta actividad alimentaba la industria más importante del país: la textil. A fines del siglo xv, la reglamentación del trabajo fue severamente sometida al Parlamento y no a las corporaciones: no obstante, las corporaciones de tejedores seguían siendo muy potentes, sobre todo, en las grandes ciudades textiles, como Norwich.

Enrique VII favoreció también el desarrollo de la pesca: puertos como Berwick, Grimsby y Yarmouth fueron ampliados o acondicionados para la pesca del salmón, 3d oacalao y del arenque.

La extracción del hierro aumentaba en Sussex y Kent, y la industria metalúrgica de Sheffield era una de las primeras de Europa. Pero el progreso más notable se produjo en el comercio. Enrique VII, queriendo hacer de su país una gran potencia comercial, impulsó, ante todo, el desarrollo de la marina mercante; creó un arsenal en Portsmouth, hizo construir barcos que fletaba arrendándolos a los comerciantes, y financió expediciones, como la de Juan Cabot a Terranova.

Bajo su reinado, el Parlamento tomó dos acuerdos sobre navegación, concernientes al comercio de la lana y del vino, que fueron la base de la legislación marítima inglesa: en adelante, el comercio de estos productos con el extranjero debía hacerse, exclusivamente, sobre navios ingleses con tripulación inglesa. Para reducir el poder de la Liga Hanseática, Enrique VII la despojó de los monopolios de que gozaba en Inglaterra, y firmó tratados de comercio con los Países Bajos, Dinamarca y Riga.

Inglaterra importaba todos su objetos de lujo: la seda, los vinos y el azúcar de Italia; las especias y los tejidos finos de Gascuña y de Flandes. Para favorecer el comercio, el rey concedió privilegios a los venecianos y a la corporación de los comerciantes ingleses; la lonja, que estaba administrada por alcaldes elegidos, fijaba los precios máximos, fiscalizaba el pago regular de las aduanas reales y juzgaba los procesos.

Los puertos conocieron una actividad febril. Los del norte, Newscastle, Boston y Mull exportaban carbón y comerciaban con Noruega; los del sur, Plymouth, Southampron y Dover, se orientaban hacia el continente y el Mediterráneo; Bristol, gran importador de vinos, mantenía estrechas relaciones con Irlanda.

Si Inglaterra se convirtió en el curso de algunos años en una potencia marítima, se lo debió a su rey, que prefirió siempre la paz a una política de guerras y de conquistas. A finales del siglo, Enrique VII desempeñaba el papel de arbitro en Europa; se abstuvo de intervenir en las guerras continentales y dejó a Carlos VIII anexionarse la Bretaña.

Cuando este último partió a guerrear en Italia, firmó, como precio de su neutralidad, el tratado de Etaples, que reportó a Inglaterra 745.000 escudos. Finalmente, buscó la alianza de España y casó a su hijo mayor, Arturo, con Catalina de Aragón, hija de Isabel y de Fernando. Estos le hicieron unirse a la Liga Santa contra Francia.

A su muerte en 1509 dejaba a su hijo Enrique VIII, un reino poderoso y próspero, en que no quedaba un rastro de la larga guerra civil que lo había desgarrado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

Biografia de Murat Joaquín Rey de Nápoles Vida Política

BIOGRAFÍA JOAQUÍN MURAT

Los primeros años del siglo XIX vieron comprometerse en los viejos tronos europeos a audaces intrusos impulsados por su valor, y sostenidos por el magnífico jefe Napoleón, que saltó de revolucionario y republicano entusiasta a emperador de los franceses, y ante quien todos los poderosos del continente se inclinaban.

Así llegó Joaquín Murat a ocupar el trono del reino de Nápoles, arrebatado a los Borbones por el ejército francés.

Joaquin Murat

Joaquín Napoleón Murat fue un noble y militar francés al servicio de su cuñado Napoleón, gran duque de Berg, mariscal de Francia y rey de Nápoles entre 1808 y 1815 Joaquín Napoleón Murat fue un noble y militar francés al servicio de su cuñado Napoleón, gran duque de Berg, mariscal de Francia y rey de Nápoles entre 1808 y 1815

Este extraordinario personaje constituye un exponente de los tipos humanos llevados a la notoriedad por la Revolución Francesa.

Valiente hasta la temeridad, impetuoso, lleno de ambiciones, surgió a la historia universal en su condición de camarada de armas del poderoso Napoleón.

Destinado a una vida oscura, tanto por sus orígenes humildes como por su espíritu refractario a toda adaptación a las normas e instituciones establecidas, Murat alcanzó fama e influencia continentales por la tremenda explosión social que destruyó la tradicional monarquía francesa.

En su calidad de integrante del sistema napoleónico, logró una posición de primer plano en Europa, acompañando a su jefe y cuñado en su prodigiosa ascensión.

Durante algún tiempo, la política española llegó a ser determinada por este militar. Su acción, puede afirmarse, influyó indirectamente hasta en el proceso de la independencia de Hispanoamérica.

SU VIDA: Nació en La Bastide-Fortuniére (Francia) el 25 de marzo de 1767. Su padre, un posadero, lo destinó a la carrera eclesiástica, pero ello no conformaba al natural impulsivo, valiente y aventurero del joven Joaquín, que abandonó los estudios y volvió a su mesón. Pero le atraía la carrera de las armas, y sentó plaza en el regimiento de los cazadores de Ardennes, del cual fue expulsado poco después por indisciplina.

En 1791, a dos años de la iniciación de la Revolución, fue a París, ingresó en la guardia constitucional de Luis XVI, y logró luego el grado de teniente en el regimiento de cazadores a caballo. Se mostró revolucionario entusiasta, y su arrojo, nunca desmentido en el campo de batalla, le hizo lograr rápidos ascensos.

En el golpe del 13 de Vendimiario (5 de octubre de 1795), preparado por los realistas contra la Convención, actuó junto a Napoleón, encargado de reprimirlo. Cuando el joven general de la Revolución inició su famosa campaña de Italia (1796-1797), Joaquín Murat era brigadier y fue uno de los edecanes del jefe del ejército. Los destellos de la gloria de Napoleón alcanzaron a iluminar el nombre de Murat, considerado no tan sólo valeroso, sino también magníficamente dotado para las lides guerreras.

Cuando Napoleón realizó la campaña de Egipto lo acompañó, destacándose en múltiples hazañas. El 18 de Brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799) intervino en favor de Napoleón con sus granaderos, en el golpe de Estado de Saint

Cloud que dio por fruto el ascenso de Bonaparte al cargo de primer cónsul. El Consejo de los Quinientos (una de las cámaras del poder legislativo francés durante el Directorio) nunca habría de olvidar la irrupción de los granaderos de Murat en el amplio recinto, ni la huida de los parlamentarios a través de puertas y ventanas. Tampoco lo olvidó Napoleón, que recompensó a Murat con el mando de la guardia consular y el matrimonio con una de sus hermanas: Carolina.

SU RÁPIDO ASCENSO

Napoleón, emperador, lo hizo mariscal del Imperio, príncipe en 1805, gran almirante y Gran Águila de la Legión de Honor, y gran duque de Cleves y de Berg. Intervino en muchas de las campañas napoleónicas y, después de la paz de Tilsit, recibió el mando de las tropas que harían la conquista de España.

Mucho tuvo que ver en la preparación del famoso «escándalo de Bayona», que dejó el trono de España en manos del amo de Europa. Murat sofocó, en una terrible represión, el movimiento madrileño del 2 de mayo de 1808. Cuando creía tener en sus manos el cetro español, vio cómo llegaba a las de José Bonaparte, pero recibió en cambio, como una compensación, el de Nápoles.

MURAT, REY DE NÁPOLES

Encontró un país dirigido por leyes casi medievales,, de gentes incultas, y amenazado en extensas regiones por el bandolerismo. Dispuesto a hacer del reino un Estado próspero, reformó las leyes, introdujo el código de Napoleón, desarrolló la instrucción, dictó medidas para proteger la agricultura y fundó el banco de Nápoles.

La administración fue confiada a hombres capaces, y el bandolerismo, perseguido. Se castigaba inmediatamente a los bandidos capturados, y es fama que a los más feroces los hacía exhibir por las calles de las poblaciones llevando sobre el pecho, suspendidas de una cuerda, las manos que les habían sido cortadas, como castigo ejemplar por los delitos cometidos.

Llegó a ser amado realmente por su pueblo, que le perdonaba muchas actitudes que deben atribuirse a su afán por la ostentación. Nápoles comenzó a pensar en sU independencia, y Murat alentó estas ideas, tratando de separarse del Imperio; llegó a ordenar la evacuación de los franceses, lo que motivó un decreto de Napoleón declarándolos «ciudadanos de derecho» del Reino de las Dos Sicilias (Nápoles) .

Disgustado con esa y otras actitudes de su cuñado, Murat inició conversaciones con las cortes de Austria y de Inglaterra, deseoso de ser reconocido por ambos países como soberano de Nápoles. Sin embargo, en 1813 volvió a combatir al mando de las tropas napoleónicas, hasta que la derrota de Leipzig, principio del fin del poderío del Gran Corso, lo hizo volverse a su reino, y, alentado- por el maquiavélico Fouché, firmó tratados con Austria e Inglaterra.

Napoleón escribía a su hermana Carolina: «Tu marido es de lo más valiente en- el campo de batalla, pero más débil que una mujer o que un fraile cuando no ve enemigos por delante. Carece totalmente de valor moral».

Sin embargo, cuando Napoleón, que había sido desterrado a la isla de Elba, inició su retorno en busca del trono de Francia (1° de marzo de 1815), Joaquín Murat se puso a su lado y, desafiando a los aliados, llegó hasta Parma.

Al principio, los pueblos lo siguieron con entusiasmo, pues lo consideraban su libertador, pero, luego. una sucesión de derrotas en el norte hizo que el fervor se disipara. Los ingleses amenazaban a Nápoles, por lo que debieron volver al reino, y la intervención de los austríacos transformó la retirada en un desastre.

LA ABDICACIÓN

En Nápoles, su muy querida Nápoles, abandonado por todos, Murat abdicó y partió para el exilio. El reino de Nápoles volvió a ser gobernado por Fernando de Borbón.

LA ULTIMA AVENTURA DE MURAT

Joaquín Murat siguió su lucha, decidido a recuperar el trono. Se hablaba de una verdadera intriga preparada para impulsarlo a la reconquista de su reino y llevarlo a la muerte. Partió de Ajaccio el 28 de setiembre de 1815, con doscientos cincuenta hombres, y desembarco en las costas de Calabria, el 8 de octubre con sólo 30 de ellos. contra lo que esperaba el pueblo no acudió en su apoyo, y capturado por la gendarmería borbónica, un tribunal militar lo condenó a muerte.

El día 13 de octubre fue fusilado. No desmintió ante la muerte el valor que lo animó toda su vida. Ante el pelotón de fusilamiento, dijo a los soldados: «Mirad al pecho y no al rostro». Así, a los 48 años, terminó la vida de Joaquín Murat, rey de Nápoles.

Caracteríticasde la Edad Moderna Etapas y Sucesos

Características de la Edad Moderna
Inventos, Renovacion Científica, Grandes Exploraciones Marítimas

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CARACTERÍSTICAS Y PRINCIPALES HECHOS DE LA EDAD MODERNA

La crisis política.— El paso de la Edad Media a la Moderna no tiene demarcación neta. Los acontecimientos que se citan como línea divisoria (la caída de Constantinopla en 1453, la invención de la imprenta o el descubrimiento de América) son puramente convencionales.

La Edad Media se prolonga después de tales hechos, y los tiempos modernos ya se presentan antes.

Los nuevos tiempos se anuncian por una serie de acontecimientos políticos, filosóficos y religiosos.

En primer lugar, en 1309 el pontificado se encuentra obligado a abandonar Roma y a permanecer durante setenta y ocho años en Aviñón, en Francia.

A esto sucede el gran cisma o sea una división de la cristiandad que no termina hasta 1417.

En 1349 la «peste negra» que asoló a Europa produce la desarticulación de los gremios y de las universidades por la muerte de sus mejores maestros. Resultado de todas estas situaciones fue la pérdida del sentido de la unidad europea.

Al ideal de una cristiandad unida, de una sociedad bastante homogénea dirigida por la Iglesia, con instituciones universalmente uniformes y con aspiraciones comunes, se le enfrentan los Estados nacionales centralizados.

En una época en que se creía que todo procedía de Dios, comenzó a afirmarse que el gobierno civil había sido instituido por una disposición divina y que por lo tanto el rey o el emperador habían recibido el poder de Dios.

Maquiavelo en Italia, Hobbes en Inglaterra desarrollaron sus concepciones en apoyo de la monarquía absoluta, estableciendo firmemente la soberanía del Estado nacional.

Lo que importa en los pueblos es la gloria del príncipe.

Por otra parte, en el orden económico surge el capitalismo con el renacimiento del comercio y en la sociedad empieza a definirse una nueva clase social poseedora de la riqueza: la burguesía.

Alrededor de 1500 se unifican tres naciones: Francia, Inglaterra y España, y surgen las nacionalidades encarnadas en sus monarquías, que empiezan a adquirir conciencia propia.

El humanismo y el Renacimiento. — A fines del siglo XIII apareció en Italia una reacción contra la mentalidad medieval. Se observa primero en la pintura y en la arquitectura (Giotto, Simone Martini), pero donde el movimiento cobró vuelo fue en la literatura, que engendró el llamado humanismo.

Los humanistas profesaron gran devoción por la antigüedad.

Procuraban descubrir los modelosdel arte entre las abandonadas ruinas romanas y buscaban los escritos clásicos en las bibliotecas monásticas.

Alrededor de 1414 se encontró en el monasterio de San Gall, en Suiza, un ejemplar casi completo de las obras de Quintiliano.

Este descubrimiento influyó poderosamente en el pensamiento pedagógico de los humanistas.

Este interés aumento aún más cuando se conocieron a los pensadores griegos en su lengua original, en particular a Platón. Muchos italianos se trasladaron a Bizancio para aprender la lengua griega y cuando los griegos fueron perseguidos por los turcos, emigraron a Italia llevándose consigo importantes obras de la antigüedad.

Muchos se entregaron a la enseñanza del idioma y otros se dedicaron a copiar manuscritos, multiplicando de esa forma el número de ejemplares de los textos.

La invención de la imprenta favoreció la difusión de las obras clásicas, disminuyendo el precio de los libros y poniéndolos al alcance de muchos.

La prosperidad económica de numerosos príncipes y Papas transformados en fervientes protectores de los hombres de letras aseguró el triunfo del humanismo.

El renacer de la cultura clásica. — El Renacimiento descubrió de nuevo a los autores paganos y con ellos a las humanidades. Dante Alighieri (1265-1331) es el precursor de los humanistas y señala el pasaje de la Edad Media a los tiempos modernos.

Su inmortal obra La divina comedia condensa los ideales del momento, pero el primero de los humanistas cristianos fue el célebre poeta florentino Francisco Petrarca (1304-1374).

Ferviente admirador de los clásicos, quiso resucitar la pasada grandeza de Roma y producir con ello la unión de la cristiandad bajo el Papa o bajo un emperador.

Petrarca miraba con desdén los siglos inmediatamente anteriores y no estaba contento con el siglo en que vivía, pero cantaba los tiempos futuros, donde todo volvería a ser áureo y lleno de la grandeza antigua. Junto con Petrarca podemos citar a Boccaccio y a Pico de la Mirándola.

Nueva concepción del mundo. — Con la lectura de los autores paganos, el hombre del Renacimiento adquirió una nueva concepción del mundo y de la vida, se sintió constructor de un mundo, consciente de su fuerza creadora. Ya no aspira a los goces de la vida futura sino a los de la vida terrena: el honor, la gloria, la fama, las riquezas, el poder.

Se halla más inclinado a la vida civil, donde obra y colabora con sus semejantes para la edificación de la ciudad terrena, que a la vida del claustro.

Asimismo descubre los atractivos del paisaje, ya que en el siglo XIII y en el siguiente construye jardines, villas campestres y realiza ascensiones a puntos pintorescos. Los viajes, la sed de aventuras y los relatos geográficos amplían este sentimiento de la naturaleza.

Entre los elegantes, el Renacimiento tuvo un carácter francamente pagano e influyó en las diversiones. Cada uno estaba decidido a exceder a los demás en cortesía, verbosidad y resistencia.

La competencia fue frenética y tan intensa como jamás lo ha sido en ninguna sociedad humana.

El Renacimiento fue la época del héroe como artista, como soldado de la fortuna, como explorador, como erudito; se era un héroe o se era un fracasado.

Mas esta alegría de vivir del Renacimiento degeneró fácilmente en frivolidad y en anarquía moral.

Como todos los fanáticos de una cultura racional, los espíritus superiores crearon un mundo claro, pero sin corazón.

Fueron asocíales, despreciaron al pueblo. Los sentimientos cristianos quedaron durante el 1500 casi totalmente ocultos. La visión del humanista es primordialmente estética, ya que el culto de lo bello informa toda la vida de ese momento.

El humanista es un hombre que tiene el gusto de la vida y aún hoy, que lo hemos perdido en parte, quedamos admirados frente a las construcciones arquitectónicas o a los libros del Renacimiento.

Invenciones y descubrimientos geográficos. — En los últimos -éiglos del medievo aparecen o se propagan algunos inventos trascendentales : la pólvora, que restó importancia a los castillos y mató la vida caballeresca; la brújula, que permitió levantar mapas y navegar lejos de las costas.

Así fue cómo los portugueses en 1488 pudieron doblar el cabo de Buena Esperanza, y llegar a la India. Cristóbal Colón descubrió América y El Cano dio la vuelta al mundo (1520).

Los grandes descubrimientos geográficos hicieron afluir inmensas riquezas, revolucionaron las relaciones entre los Estados y transformaron la concepción del mundo.

Pero de todos los descubrimientos, el más importante desde e! punto de vista intelectual fue la aparición de la imprenta en las postrimerías de la Edad Media.

En 1455, Gutemberg decidió imprimir la Biblia con tipos móviles fundidos en plomo, cuyas letras copió de un manuscrito.

Años después la imprenta se extendía por toda Europa, no para difundir la cultura popular, sino los textos clásicos griegos y latinos destinados a los eruditos.

Las consecuencias de la imprenta para la vida intelectual fueron enormes. Aumentó el número de personas que podían obtener sólida preparación y se difundió la lectura.

nuevos inventos en la edad moderna

La investigación del mundo físico. — Los humanistas no fueron hombres de ciencia, pero aunque no tienen una visión científica muy clara del universo físico, son grandes rebeldes contra la cosmología medieval.

Si el siglo XV estuvo empeñado en restablecer los valores humanos, el siglo XVI se preocupó en fundar una visión del mundo realista y racional, prescindiendo de los límites impuestos polla autoridad de Aristóteles y sin que la autoridad religiosa invadiera el campo reservado a la razón y a la experiencia.

En este sentido puede decirse muy bien que con el Renacimiento se constituye autónomo el conocimiento de la naturaleza.

La astrología, la magia, la alquimia, la medicina, etc. concurren todas a tener un conocimiento completo y dominador de la naturaleza. No hay todavía ciencia; en la naturaleza se busca la revelación divina, como lo hace Galileo, y se cae en el panteísmo.

Por otra parte, se afina el sentido de la experiencia y de la observación, y se prepara el terreno de la ciencia moderna. Si el hombre es un microcosmos, una síntesis de la naturaleza, él puede penetrarla y obrar sobre ella.

La naturaleza «está llena de infinitas razones que gobiernan y regulan su vida, que la obligan a desarrollarse según la ley que vive en ella», así escribe Leonardo de Vinci, gran pensador e inventor, además de genial artista, que antes que Galileo reconoció la importancia de las matemáticas para leer el libro del universo.

La teoría científica que tuvo más eficacia sobre el espíritu del siglo fue la heliocéntrica, propuesta por Nicolás Copérnico y precisada científicamente por Kepler (1571-1630) y por Galileo Galilei (1564-1642).

La tierra cesa de ser el centro del universo y el hombre aparece como una pequeña criatura perdida en la inmensidad.

El nuevo interés por el hombre y la naturaleza condujo a nuevos progresos y a minuciosos estudios de la anatomía humana; triunfa el arte del desnudo.

Al buscarse el conocimiento del cuerpo humano se impulsa el conocimiento de la anatomía, destacándose Andrés Vesalio, médico de Carlos V (1514-64), que escribió un famoso libro sobre la estructura del cuerpo humano, dado a luz el mismo año que la gran obra de Copérnico (1543).

Esta labor fue continuada por Bartolomé Eustaquio, por Falopio de Módena, por el español Miguel Servet, quien descubrió la circulación sanguínea pulmonar, y fue completada por el. inglés Guillermo Harvey.

Los resultados de la investigación permitirán formular claramente en el siglo siguiente los rumbos de la llamada ciencia nueva, haciendo triunfar al espíritu crítico y al racionalismo.

Fuente Consultada:
Historia de la Educación – Juan Carlos Zuretti – Editorial Itinerarium – Colección Escuela –
Enciclopedia Electrónica ENCARTA – Microsoft
Enciclopedia del Estudiante Tomo 19-Historia de la Filosofía – Editorial Santillana
Wikipedia –

EL PALACIO DE VERSALLES La Vida Corte Francesa

Historia de la Construcción del Palacio de Versalles
Vida De La Corte Francesa de Luis XIV

La grandiosidad y el esplendor caracterizaron todas las artes en el siglo de Luis XIV El Estado utilizaba el arte como un medio para realzar la gloria de Francia a través de la figura de su monarca, el Rey Sol, y de la decoración de sus edificios privados y públicos.

Aunque cualquier tipo de control de las ideas artísticas suele ahogar la creatividad, el arte oficial francés de la segunda mitad del siglo XVII se caracteriza por una suprema magnificencia y autoafirmación de su realidad.

Desde la invasión de Italia por Carlos VIII en 1494, Francia deseaba imitar las grandes obras del Renacimiento italiano, por lo que la influencia de los artistas de este país fue notabilísima durante todo el siglo XVI.

Italianos fueron los decoradores del palacio de Fontainebleau (a partir de 1530), y los proyectos de los arquitectos peninsulares ejercieron un decisivo influjo en los franceses.

Aunque desde 1560 puede hablarse de una escuela de arquitectos francesa, siguió recurriéndose a pintores y escultores extranjeros hasta muy avanzado el siglo XVII. Los artistas solían formarse en Italia, donde algunos se asentaron para siempre, como Claude Lorrain (1600-82) y Nicolás Poussin (1594-1665), considerados hoy como los más grandes artistas franceses de su época.

En 1627, el pintor Simon Vouet regresó de Italia a Francia, llevando consigo una versión simplificada y menos aparatosa del estilo barroco italiano. Se convirtió en el modelo de los artistas de la siguiente generación, entre ellos Eustache Le Sueur (1616-55) y Charles Le Brun (1619-90). Este último se convirtió virtualmente en dictador del arte oficial durante el reinado de Luis XIV, y su obra refleja toda la pompa y el formalismo de la vida cortesana.

palacio de versalles

Poussin tuvo menos éxito: su visita a París en 1640-42 fue poco afortunada, ya que sus cuadros austeros, ponderados y de pequeño tamaño no podían rivalizar con la moda impuesta por el Barroco. La atención de Poussin se había desplazado hacia los temas religiosos y clásicos, explorando la naturaleza de las emociones humanas en composiciones claras y sencillas.

A su juicio, la finalidad de la pintura debía ser la revelación de las verdades universales relativas a la vida y la humanidad. Desde el punto de vista tanto de su estilo como de su postura filosófica, este artista es comparable a los dos grandes dramaturgos de la época: Pierre Corneille (1606-84) y Jean Racine (1639-99).

palacio de versalles interiorLa tragedia y la comedia En obras como El Cid (1636) y Polyeucte (1643), Corneile analiza la relación entre el deber y el deseo con un lenguaje deliberadamente preciso y analítico cuyo efecto es el de reprimir la pasión.

Racine, cuya educación estrictamente jansenista le había inculcado la idea de la depravación de la humanidad y de la omnipotencia del pecado, presenta en sus obras a personajes mucho menos seguros de lo verdadero y lo falso que los de Corneille: presa de sus pasiones (que en Racine son, casi siempre, destructivas), resultan, sin embargo, capaces de analizar sus luchas internas en un lenguaje de claridad meridiana.

Tal es el caso de la representación de los celos y del amor que se hace en Fedra (1677), o del amor y el deber en Berenice (1670). La principal característica de ambos autores es la calidad formal, retórica, de sus obras. Tanto ellos como Poussin se salieron del ámbito de su propia época para aludir al hombre en general: la vigencia actual de sus obras radica precisamente en la universalidad de sus análisis de los mecanismos de la naturaleza humana.

Lo mismo cabe decir de la obra de Moliére (1622-73) (imagen) un actor-empresario cuyas comedias (entre ellas El misántropo, de 1666, o El avaro, de 1668) hacen, en realidad, un profundo análisis del ser humano. Pero ni la sociedad ni la corte parisienses podían mantenerse con una dieta de seriedad total. Las representaciones de las obras de Moliére se alargaban con ballets y mascaradas (en las que el rey solía participar). Los fuegos artificiales gozaban asimismo de gran popularidad.

Las artes en tiempos del Rey Sol Luis XIV subió al trono en 1643, cuando contaba cuatro años de edad. Al principio, su principal ministro fue Mazarino, pero, al morir éste en 1661, Luis asumió virtualmente el gobierno del país. Constituye el exponente supremo del monarca absoluto: su emblema solar, repetido hasta la saciedad en la decoración del palacio de Versalles, simboliza el convencimiento de estar dotado de autoridad divina. Durante su reinado, Francia ocupó un lugar preeminente en Europa; su poderío político y su refinamiento artístico se reflejaban en la corte que el rey dirigía con rígido formalismo y ceremonial.

Luis XIV contó con algunos ministros muy poderosos e influyentes, entre ellos Colbert (imagen), quien se encargó de organizar las artes. En este período, Francia gozó de la existencia de academias de arquitectura, música, inscripciones y danza.

La Academia de Pintura y Escultura, fundada en 1648, quedó bajo la dirección de Colbert en 1661; éste la potenció y la hizo más selecta. La concepción de las academias era italiana y contenía elementos del sistema gremial de la Edad Media. Comprendían un periodo de aprendizaje hasta la producción de una “obra maestra”, tras la cual el aprendiz se convertía en miembro de pleno derecho. Colbert estableció un sistema similar.

Se enseñaba a los artistas el estilo “oficial”. Si se ceñían a él, se les seleccionaba como funcionarios del Estado, ya fuera en calidad de pintores, escultores, joyeros o ebanistas. El estilo pictórico “aprobado” durante el reinado de Luis XIV era una versión modificada del barroco italiano. La arquitectura manifestaba las mismas influencias, muy evidentes en el esquema de reconstrucción del Louvre, sede parisiense de los reyes franceses.

La transformación del castillo medieval en un moderno palacio se realizó con gran lentitud. Las obras se extendieron desde 1546 hasta su terminación en 1674 por un equipo de arquitectos compuesto por Le Brun, Le Vau y Perrault.

Colbert, en su calidad de Director de Edificios, invitó a los principales arquitectos franceses a presentar proyectos para la fachada oriental. No obstante, todos los presentados fueron rechazados por diversas razones y, finalmente, se recurrió a la colaboración del italiano Bernini. Bernini remitió tres proyectos, que fueron descartados, uno tras otro, por considerarse que no estaban en armonía con el resto del edificio.

La visita del artista a Paris, donde su displicencia ante las realizaciones de los artistas y arquitectos franceses provocó la ira de éstos, provocó el rechazo de su tercero y último diseño y, con éste, de toda la aparatosidad del barroco italiano. La fachada este, que, por fin, se erigió, acusa el influjo del proyecto de Bernini su carácter sobrio y, al mismo tiempo, festivo, pero complementa también las demás partes del edificio, en tanto que los proyectos del arquitecto italiano tendían a restarles parte de su importancia.

Versalles, símbolo de esplendor: Miembros del mismo equipo realizaron el proyecto arquitectónico más ambicioso de la época: la transformación de los palacios de Vasalles. En esta localidad existía en un principio un pequeño pabellón de caza, que el rey utilizaba como refugio privado.

En 1661 se vestía convenientemente para alojar a toda la corte francesa. Su primer arquitecto fue Louis Le Vau (1612-70), quien, aparte de colaborar ox d Louvre, habla proyectado el gran castillo de Vaux-le-Vicomte para Fouquet, ministro de Hacienda de Luis XIV. En el castillo habían trabajado asimismo Le Brun, como decorador, y Le Nótre, como proyectista de los jardines.

Cuando, en 1661, Fouquet fue enviado a prisión por malversación de fondos, todo el equipo pasó a trabajar en Versalles. Hoy día sólo podemos apreciar el proyecto de transformación de Versalles de Le Vau a través de bocetos, ya que su obra fue destruida (a partir de 1678) por Jules-Hardouin Mansart, encargado de ampliar la fachada que da a los jardines hasta una longitud de 402 metros. La principal aportación de Mansart al interior del palacio es, sin duda, la Galería de los Espejos (1678-84). En extravagante profusión, los espejos alternan con pilares de mármol verde.

La ricamente decorada cornisa que recorre la galería sirve de soporte a trofeos dorados, y pinturas de Le Erun decoran el techo abovedado. Las mismas cualidades de inmensidad, colorido y riqueza, así como el empleo de costosos materiales, se manifiestan en el parque, en cuya realización Le Nótre estuvo asistido por todo un ejército de contratistas y obreros.

El agua y las fuentes (para las que fue preciso instalar complicados mecanismos de bombeo), las avenidas radiales y los parterres de flores, constituyen elementos importantes de un conjunto cuyo efecto general es de orden y severo formalismo. En el esquema general, la autoridad del palacio parece proyectarse hacia el exterior para dominar su entorno. En el empleo de los principios de planificación barrocos que tal esquema pone de manifiesto, Francia halló un medio para expresar su supremacía europea.

Para amueblar tantas y tan vastas estancias se requería una estricta organización de las artes decorativas. Una vez más, fue Colbert quien ofreció la solución. En 1667 creó en Gobeinos la Fábrica de Muebles de la Corona, al igual que, tres años antes, impusiera a la fábrica de Beauvais el titulo de Real Fábrica de Tapices. El negocio familiar de los Gobelin, fundado doscientos años antes, pasó a manos de la Corona en 1662 por obra de Colbert.

La fábrica de Gobelinos, cuyo director artístico era Charles Le Brun, había de albergar a pintores, maestros tejedores de tapices de alto lizo, fundidores, grabadores, labradores de piedras preciosas, mueblistas especializados en el roble y otras maderas, tintoreros, y otros obreros hábiles en todo tipo de artesanías…”. Los muebles producidos en este período eran macizos (aunque no tanto como el mobiliario de plata maciza fabricado para el estudio del rey, que pronto hubo de fundirse para hacer frente a los gastos militares).

En ellos destacaba sobre todo la marquetería (trabajo de incrustación de maderas de varios colores) y los ornamentos aplicados de bronce dorado.

Se utilizaban mucho las curvas y las volutas, así como los motivos alegóricos y antiguos. Las paredes solían cubrirse con tapices, cuya fabricación requería mucho más tiempo que una pintura y que a veces se enriquecían con hilos de oro y plata. Los suelos de los palacios se cubrían con alfombras tejidas en las manufacturas de Aubusson o de Savonnene. Semejante magnificencia no podía sobrevivir a la decadencia de la estrella de Francia ni a la muerte del Rey Sol, acaecida en 1715.

A la pompa de esta era le sucedieron la ligereza y el brillo de los colores pastel del siglo XVIII. El nuevo estilo, llamado Rococó, predomino, tanto en la arquitectura y las artes decorativas como en la pintura y la escultura, hasta que fue sustituido por el gusto neoclásico.

ALGO MAS SOBRE EL TEMA…

LA CORTE DE LUIS XIV DE FRANCIA EN VERSALLES

Los nobles franceses estaban en una situación difícil. Vivían tradicionalemente de la explotación de extensas propiedades rurales. Empero, el desarrollo del comercio y del artesanado llevaba a las ciudades a gran parte de los campesinos. Los que quedaban en el campo estaban sometidos al régimen servil, y debían pagar impuestos y tasas al señor. Pero la inflación disminuía el valor real del tributo pagado por los campesinos, que era fijo. Las plantaciones ya no eran lucrativas ni suficientes para todos, dado que se producía casi únicamente trigo y uvas para vino.

Habituados, por otra parte, al lujo, los nobles continuaban viviendo en castillos y manteniendo un elevado número de servidores que mal podían sustentar. Las reservas en oro de las familias se agotaban rápidamente.

Adoptábanse, por lo general, dos soluciones. La primera consistía en orientar a sus hijos hacia la carrera de las armas o hacia el sacerdocio, o, como alternativa, casarlos con hijas de ricos comerciantes. La segunda, más desesperada, era rebelarse contra el poder real, reivindicando el retorno a los antiguos privilegios de la nobleza. Pero, tras la Fronda, ese método ya parecía destinado al fracaso.

UN SOL ILUMINA A TODOS LOS FRANCESES
Luis XIV temía que las revueltas se repitiesen. Trató de transformar a la gran nobleza territorial decadente en nobleza palaciega. Especuló con la posibilidad de mudarlos a París, donde los nobles irían a vivir junto al rey, y recibían pensiones que les garantizarían todos los lujos. Inmediatamente, duques y marqueses dejarían de lado el orgullo y aceptarían de buen grado la idea.

Corte de Luis XIV en Versalles

Corte de Luis XIV en Versalles

Era precisamente lo que pretendía Luis XIV. A cambio de algunos favores tendría cerca de sí, bien controlados, a los principales personajes de la nobleza. Los carruajes comienzan a afluir al Palacio del Louvre con familias enteras de aristócratas y las pocas pertenencias que aún les restan. En poco tiempo, estuvieron allí instaladas 8.000 personas.

No hay aposentos que alcancen ni sillones suficientes para acomodar a las damas en los salones. Los cocineros no dan abasto en sus tareas, ante comensales tan numerosos como exigentes. Se impone una solución urgente: que el rey se mude con toda esa inmensa corte a otro palacio, en el que haya diez veces más habitaciones y salones. Un palacio de esas proporciones no existe. Es necesario construirlo.

—Recordad el majestuoso castillo de Fouquet —dice el ministro Colbert al rey—. Los mismos hombres que lo construyeron podrían satisfacer vuestros deseos edificando un palacio digno de vos y de vuestra corte.

—¿Quiénes son? —pregunta Luis XIV, interesado.

—Le Vau fue el arquitecto, Le Nótre planificó los jardines y Le Brun ejecutó el decorado de los interiores. —¡Que esos hombres me presenten sus proyectos! —ordena el monarca—. Si me satisfacen, podrán comenzar de inmediato las obras del palacio.

Iniciados en 1661, los trabajos no quedarían terminados ni siquiera a la muerte del rey. Unos 36.000 albañi-les y 6.000 caballos se emplearon para la construcción, cuyo precio se calculó en 70 millones de libras de oro. Escogióse para el palacio un lugar apartado de la ciudad donde Luis XIII había poseído un pabellón de caza: Versalles.

Concluida la construcción de las alas principales, el rey y la corte se instalan en el nuevo palacio. Ya resulta posible apreciar la grandiosidad de la obra: decenas de enormes salones, unidos por largos corredores y suntuosas escalinatas. Ventanas y puertas altas que permiten el paso de la luz, y una colosal galería cubierta, tapizada de espejos, para las recepciones. Por todas partes, millares de candelabros, tapices y cuadros de los más famosos artistas. No se economiza mármol, dorados ni piedras semipreciosas en la decoración.

En los jardines, hasta donde se pierde la vista hay lagos, fuentes y laberintos. Con las flores se componen diseños para gloria del soberano.

Todo responde a un mismo estilo, imponente y bien ordenado, símbolo de respeto a la nueva y poderosa autoridad de la monarquía.

La vida en Versalles se organiza en función del soberano, de quien los nobles tienen la honra de considerarse servidores. Los horarios se regulan según los hábitos de Luis XIV.

Un ceremonial estricto rige los menores gestos de Su Majestad: algunos nobles lo ayudan a lavarse y a vestirse, y luego centenares de cortesanos asisten al espectáculo de le grand lever du roi («el gran despertar del rey»). Las reuniones con el consejo, el paseo diario por los jardines, todo es motivo para ceremonias de gran pompa. Luis XIV comienza a sentirse el monarca absoluto, admirado y temido por todos. Su egocentrismo no es sólo una política, sino una nota de su carácter.

Pintores, músicos y poetas de Francia y del exterior son atraídos a Versalles para cantar la gloria de Luis XIV, el Rey Sol. Del Sol depende la vida y todos vuelven la mirada hacia él. El palacio se convierte en el centro de la vida mundana europea, capital de las artes y de los placeres. Para estos últimos, en particular, la corte se presta admirablemente. Jóvenes marquesas y duquesas, cansadas de sus viejos maridos, encuentran con facilidad jóvenes amantes entre los cortesanos del soberano.

Rápidamente las costumbres pierden rigidez. Todos tienen sus asuntos amorosos, comenzando por el rey. Se conocen bien pronto las principales aventuras de Luis XIV: Luisa de La Valliére, joven de diecisiete años, con quien tiene hijos; Francisca de Montespan, esposa de un marqués; Enriqueta de Inglaterra, mujer de su propio hermano Felipe. Son frecuentes los duelos entre amantes y señores engañados. Empero, ante el ejemplo de Su Majestad, el adulterio se convierte en una rutina más o menos común.

Pero no sólo de placeres está hecha la vida de la corte. Como la entrada a palacio no se halla muy controlada, mercaderes ambulantes, mendigos y prostitutas se infiltran en los salones para probar las migajas del lujo de Versalles, y el pueblo puede asistir a la ceremonia en que el rey come solo, siempre que se vista con propiedad (inclusive se alquilan casacas a la entrada del palacio).

Por otra parte, la nobleza recién llegada del campo desconoce las reglas básicas de la higiene. Nadie acostumbra bañarse, y el mismo Luis XIV sólo lo hace muy de vez en cuando. Como no hay retretes en palacio, las necesidades fisiológicas de la real familia son satisfechas en recipientes transportables que se llevan a gabinetes apartados, y casi todos los demás lo hacen tras las puertas o bajo las escaleras. Los insectos proliferan entre los restos de comida y los excrementos abandonados en los rincones.

A causa de la promiscuidad y de la falta de aseo, las epidemias son frecuentes; existía una elevada mortalidad entre los cortesanos de Versalles. Esta es, tal vez, una explicación para la muerte de muchos de los hijos y nietos de Luis XIV.

Fuente Consultada:
Grandes Personajes de la Historia Universal Tomo III Biografía de Luis XIV – Editorial Abril
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo IV La Gran Aventura del Hombre

Biografia de LUIS XV Rey de Francia Antecedentes y Reinado

BIOGAFIA DE LUIS XV
Rey de Francia

La monarquía de los Borbones declina en Francia con ese monarca despreocupado, galante y sensual, que no tuvo en cuenta más que sus caprichos personales.

El sistema del absolutismo del Antiguo Régimen requería en la jefatura del Estado a un hombre que se percatara de las necesidades de la nación y que se entregara con cuerpo y alma a procurar el bien de la monarquía.

Luis XV no fue, desgraciadamente, de estos hombres que son los primeros servidores del Estado. En consecuencia, en él recae en primer lugar la responsabilidad por el desgobierno que hizo inevitable el movimiento revolucionario en Francia.

Durante su reinado hubo ocasiones en que pudo esperanzarse un cambio de rumbo. Pero Luis XV perdió esas oportunidades en el infecundo devaneo con sus favoritas y con los ministros y generales incapaces, elevados a sus dignidades por la influencia femenina.

En realidad, a partir de la muerte del cardenal Fleury en 1743, la historia del reinado de Luis XV, pese a cuanto se diga para rehabilitarlo, es la historia de las intrigas de la duquesa de Chateauroux, de la marquesa de Pompadour y de madame du Barry.

LUIS XV, REY DE FRANCIA
Luis «el Bienamado»

Luis 15 de Francia

A Luis XIV había de suceder su bisnieto. Su largo reinado había consumido las vidas del Gran Delfín y de su hijo primogénito, Luis, duque de Borgoña. Fruto del matrimonio de éste con María Adelaida de Saboya fué Luis XV, quien nació en Versalles el 15 de febrero de 1710.

El 18 de febrero de 1712 fue declarado delfín, y a los cinco años de edad, el 1° de septiembre de 1715, se le proclamó rey de Francia a causa de la muerte de Luis XIV.

La regencia fue desempeñada por el duque de Orleáns. El niño-rey estuvo confiado al obispo Fleury, quien logró educarlo en unos sanos principios morales, aunque luego los echara en descuido.

Creció muy delicado de salud, hasta el punto de que en más de una ocasión su tío Felipe V de España pudo esperar que le sucedería en la corona de Francia. En 1723 fue declarado mayor de edad.

El gobierno del Estado recayó en el duque de Borbón, quien actuó de modo irresponsable.

En 1725 dio al rey en matrimonio a la princesa de Polonia María Leszcynska, hija de Estanislao I, la cual fue víctima, posteriormente, de los caprichos amorosos de su regio consorte, Este período de desgobierno terminó en 1726.

La administración del Estado fue confiada al cardenal Fleury, quien en el transcurso de diez años supo restablecer la prosperidad y el crédito internacional de Francia. Con la colaboración del ministro Orry recuperó el déficit de la hacienda pública. Al mismo tiempo, a pesar de su actitud pacifista, obtuvo en la guerra de Sucesión de Polonia positivas ventajas territoriales para Francia (1733-1738).

Muerto Fleury en la fecha expresada, Francia careció en adelante de cerebro director. Ciertamente, existían notabilidades que habrían podido dar gran rendimiento en el gobierno e incluso a algunos ministros no les faltó capacidad en el ejercicio de sus cargos.

Pero todo había de subordinarse a las injerencias de las favoritas del rey en la política.

Después de una juventud casta, Luis XV se había lanzado a la vida galante en 1737.

En 1745 conoció a Antonieta Poisson d’Etioles, a la que hizo su amante y marquesa de Pom-padour. Durante casi veinte años esta dama fué predominante en las intrigas de la corte y en el desgobierno de la monarquía.

En realidad, parte de las responsabilidades caen en el propio Luis XV, tímido y vacilante en cuantos problemas era preciso abordar.

La guerra de la Sucesión a la corona austríaca (1740-1748), en la que el ejército francés había dado aún pruebas de su capacidad combativa, terminó en la para Francia incomprensible paz de Aquisgrán.

Afortunadamente para Francia, la campaña de 1745 acabó con salvas de victoria. El rey estuvo en persona en el frente de combate, llevando consigo a su hijo mayor, el delfín. Luis XV participó en la batalla de Fontenoy, en las cercanías de Tournay, abordando con el orgullo que es de suponer la brillante victoria que acababan de obtener sus armas frente a un ejército de casi 60.000 ingleses, holandeses y hannoverianos, mandados por el duque de Cumberland.

Cuando cesó el rugido de los cañones, se presentó Luis en medio de sus soldados para felicitarles personalmente, y entonces  desbordó el entusiasmo.

Un testigo ocular refiere que por todas partes se oía gritar: “Viva el rey!». Sin vacilaciones, se llevó  cabo una rápida conquista de los Países Bajos meridionales. Se comentaba que había vuelto la gloriosa época del Rey Sol y que nuevamente Francia se mostraba digna de sus grandes tradiciones.

Si en esta lucha Luis XV recogió sólo laureles, en la guerra de los Siete Años (1757-1763) se puso en evidencia el fracaso del régimen. Ni el ejército, ni la marina, en el gobierno, ni la administración funcionaron adecuadamente.

La materia prima era buena, pero la dirección incapaz y defectuosa. Derrotada por Prusia en Alemania v por Inglaterra en la India, el Canadá y los mares, Francia tuvo que aceptar el humillante tratado de París de 1763. De un solo plumazo perdía su primer imperio colonial.

El reinado de Luis XV parecía ilustrarse con gloriosos hechos armas. En aquella época, el monarca era un verdadero héroe a los ojos de su pueblo, que no cesaba de llamarle Luis «el Bienamado».

Todas las esperanzas puestas en el joven príncipe de ojos oscuros parecía que iban a realizarse. Aquel muchacho se había convertido en un hombre cautivador, que a los treinta y cinco años de edad conservaba un entusiasmo y ardor juveniles.

Las mujeres, en otro tiempo tan conmovidas ante el pobre huérfano, se emocionaban ahora con sentimientos harto distintos, ya que nadie era tan irresistible como el rey Luis al frente dé sus tropas en actitud gallarda.

Pero, en realidad, Luis XV no había nacido para la guerra; aunque no carecía de valor, no era, ni muchísimo menos, el gran capitán que sus súbditos creían ver en él; quienes le rodeaban lo sabían, y Luis tampoco lo ignoraba.

El problema de Polonia

Luis XV dedicó suma importancia a la política exterior. Llegaban de continuo al palacio correos de aspecto misterioso, que eran introducidos en el acto en las dependencias privadas del monarca.

No sabía que uno de los más notables señores del reino, el príncipe de Conti, trabajaba a menudo con el rey durante horas enteras, sin ser miembro del gobierno ni siquiera encargado de ninguna misión especial. Hubo de transcurrir mucho tiempo antes de que corte comprendiera lo que sucedía.

Luis XV había concebido proyectos sobre política exterior que pueden considerarse como una apertura francesa hacia la Europa oriental.

En cierta ocasión, el embajador de Francia en Polonia, duque de Broglie, recibió una nota en que se decía lo siguiente: El duque de Broglie debe dar fe a todo cuanto le sea comunicado por el príncipe de Conti, pero no debe comunicárselo a nadie’. Aquella nota llevaba la firma real.

Acto seguido, Conti entró en contacto con el embajador y comunicó a este diplomático que el monarca quería destinarle a ciertas misiones secretas deque debía dar cuenta al rey, sin pasar por su jefe jerárquico directo, es decir, el ministro de Negocios Extranjeros.

Luis XV se interesaba de modo especial por Polonia, cuya independencia trataba de proteger contra algunos Estados vecinos con evidentes propósitos expansionistas. Luis trataba asimismo de estrechar los lazos entre Francia y Polonia colocando a un francés en el trono de este país, y en un principio creyó haber hallado el candidato ideal en el propio príncipe de Conti.

Su entusiasmo inicial desapareció totalmente cuando las circunstancias fueron adversas; en aquella época todavía la guerra y el rey eran populares en Francia, pero todo ello fue sólo humo de pajas.

Las prolongadas campañas resultaban muy caras y provocaban el alza de los impuestos; por otra parte, el pueblo francés juzgaba descabellada e inútil la empresa y esta impresión se vio aún más agravada ante las consecuencias de la paz de 1748, en la que Francia sólo obtuvo irrisorias ventajas.

En lo sucesivo se dejó sentir el descontento en forma cada vez más evidente, citándose dicha paz de 1748 como ejemplo de insensatez política y el rey, que era todavía llamado «el Bienamado» pocos años antes, fue luego criticado por todo el mundo.

Edad Moderna las nuevas instituciones en los estados modernos

Nuevas Instituciones en los Estados Modernos

EL DERECHO: A partir del siglo XV las monarquías de Europa occidental comenzaron a organizar los sistemas de leyes necesarias para el gobierno de los estados. De este modo los soberanos pusieron en conocimientos de los habitantes que acciones estaban permitidas y cuales estaban prohibidas en el territorio de cada reino.

Además muchos principios del antiguo derecho romano fueron incorporados a esos sistemas de leyes. El Derecho Romano resultó útil  porque contenía dos principios que la sociedad de esa época necesitaba: la propiedad privada y la soberanía absoluta de los príncipes y reyes.

EL EJÉRCITO. Los Estados modernos, sometidos exclusivamente a las Órdenes de la autoridad centralizada del rey o príncipe. Ésta fue la primera forma de ejército profesional, el que estuvo compuesto por extranjeros que cobraban por sus servicios, llamados mercenarios. Los reyes necesitaban contar con ejércitos para llevar adelante la expansión territorial de sus dominios y, al mismo tiempo, defender el’territorio propio de ataques extranjeros.

LA BUROCRACIA ADMINISTRATIVA. La burocracia era e! conjunto de administradores que trabajaban bajo las órdenes del rey y que se fueron especializando en la atención de los problemas del gobierno. El número de los administradores fue ‘creciendo a medida que el poder real centralizaba la resolución de’ todos los asuntos económicos, sociales, judiciales y políticos, con el objetivo de someter al país a una voluntad única.

Los cargos de mayor jerarquía y más cercanos al soberano, generalmente estuvieron ocupados por los miembros más poderosos de la nobleza. Pero el sistema que se generalizó para formar parte de la administración fue la venta de cargos, que benefició sobre todo a los burgueses ricos. Consistía en comprar un cargo en la administración real del Estado y considerar como retribución del trabajo los beneficios que se podían obtener del ejercicio de ese cargo.

EL SISTEMA DE IMPUESTOS. La organización de u&sistema general de impuestos sirvió para integrar la sociedad y el territorio de los nuevos Estados. Se establecieron impuestos regulares y obligatorios. Se generalizó un impuesto que debían pagar todas las personas por ser habitantes del país, y varios impuestos sobre las transacciones comerciales que debían pagar los burgueses y los campesinos. Estos últimos frecuentemente fueron recaudadosa por la fuerza. En cambio los nobles, aunque pertenecían al país, en la práctica no pagaban el impuesto directo.

LA DIPLOMACIA. Como cada Estado moderno  pretendía delimitar su territorio, cada vez fueron mas frecuente los conflictos entre ellos. Por esto y para conseguir ese objetivo, pero evitando las guerras cuando fuera posible, los reyes y príncipes nombraron embajadores encargados de mantener las relaciones diplomáticas. Un objetivo no desdeñable fue así la obtención de territorios por medio de alianzas matrimoniales entre reyes de diferentes países. Las uniones matrimoniales fueron las formas pacíficas de expansión territorial, eran menos costosas que las guerras, pero también más seguras.

La sociedad estamental

En el siglo XVI, los tres órdenes en que se consideraba dividida la sociedad feudal —los que luchan, los que rezan, los que trabajan— no reflejaban los cambios que se estaban produciendo en la economía y en la sociedad. Además de los nobles, del clero y de los campesinos, también los burgueses formaban parte de la nueva sociedad.

En la mayoría de los países de Europa occidental, desde mediados del siglo XVI, la sociedad se dividió en estamentos. En el orden estamental la población se dividía en grupos con diferentes derechos y obligaciones según el origen, el poder y el prestigio, sin tener en cuenta la riqueza o los méritos.

Los burgueses comenzaron a ser aceptados como integrantes del tercer estado. Así comenzó a llamarse al estamento que integraban todos aquellos individuos que no eran ni nobles ni clérigos. Formaban parte de él tanto el vagabundo como el rico comerciante, el campesino y el artesano. Poco a poco, las monarquías y los miembros de la nobleza reconocieron algunos derechos a los burgueses y, sobre todo, establecieron los límites de las acciones que éstos podían desarrollar.

El clero siguió siendo considerado como un estamento privilegiado, que en la jerarquía social se ubicaba por encima de la nobleza.

A cada estamento le correspondían símbolos sociales propios, que mantenían su unidad y los separaban de los demás. Aunque un burgués o un campesino fueran tan ricos como un noble, este último tenía que diferenciarse de aquéllos. Una ordenanza de 1612 establecía: “Cada cual debe seguir, pues, las huellas de sus antepasados, a fin de que entre la nobleza, los burgueses y los campesinos se pueda encontrar una diferencia”

Una sesión de los Estados Generales, en la Haya.

“La soberanía de un monarca no se altera ni disminuye en modo alguno por la existencia de los Estados. Por el con trario, su majestad es más grande e ilustre cuando su pueblo lo reconoce como soberano, incluso si en esas asambleas los príncipes, no deseosos de enemistarse con sus súbditos, conceden y permiten muchas cosas a las que no habrían consentido sin las peticiones, plegarias y justas quejas de su pueblo…”

Jean Bodin, Les six livres de la Republique, París, 1578.

Estamentos privilegiados y poder político

La nobleza, el clero y los burgueses que formaban parte de las comunas de las ciudades, eran estamentos privilegiados porque tenían el derecho de participar en la Asamblea de los Estados. Esta institución estaba obligada a prestar consejo y ayuda al príncipe o al rey, quien podía reclamarla cuando los intereses del país lo hicieran necesario.

Además otros privilegios eran, por ejemplo, que la nobleza y parte del clero no estaban obligados a pagar impuestos; o que los burgueses de alguna región tenían algunas libertades y derechos que los príncipes debían respetar. Por esto, la relación entre la monarquía y los estamentos privilegiados fue diferente en cada Estado: dependió concretamente del grado de poder que tenía cada príncipe, cada nobleza y cada burguesía, y de la situación económica y social del país.

La Asamblea de los Estados no se reunía en forma continua sino cuando los príncipes la convocaban con el fin de tratar ciertos asuntos trascendentales para el país, como ser la creación de impuestos o de leyes. Estas asambleas tuvieron diferentes nombres según las regiones de Europa: Dietas en Alemania, Cortes en España, Parlamentos en Inglaterra, Estados Generales en Francia.

Parlamento Inglés: durante la segunda mitad del siglo XVI Las asambleas de los Estados fueron instituciones que permitieron a la nobleza que tomara algunas decisiones junto al Rey.

La Expansion Maritima Europea y Los Descubrimientos Geograficos

La Expansión Marítima Europea
Descubrimientos Geográficos

LA ERA DE LOS DESCUBRIMIENTOS DE LA EXPANSIÓN EUROPEA: Las hazañas marítimas de los siglos XV y XVI abren un nuevo horizonte a la humanidad: se comprueba la redondez de la Tierra y descubrimiento de nuevos mares que se interconectan. Por ejemplo,  Bartolomé Días emprende un viaje bordeando África hasta llegar a su parte más meridional, en 1487.

La salida de Europa provocó un gran impacto en la mentalidad de una población que, durante el extenso período feudal, había vivido relativamente aislada e ignorante de lo que ocurría en otras tierras.

En apenas cincuenta años (muy pocos, comparados con los siglos que abarcó el feudalismo) los europeos tuvieron que asimilar la realidad de un mundo distinto: la antigua sospecha de la redondez de la Tierra, por siglos olvidada, volvía a tener vigencia, y se descubrían nuevos pueblos que no conocían la palabra de Cristo.

Los descubrimientos pusieron a los europeos en contacto con pueblos cuyas creencias eran muy diferentes.

Sorprendidos al ver que la cristiandad quedaba reducida a Europa, algunos se pregun­taron si esos pueblos tenían alguna espiritualidad, si tenían alma, y por lo tanto si también pertenecían al género humano.

La realidad de una Europa rodeada de hombres que vivían alejados del verdadero dios hizo que el rey de Portugal —Enrique el Navegante— y los Reyes Católicos de España, consideraran la expansión territorial como un medio para llevar el mensaje cristiano a todo el mundo. De esta manera, el impulso misionero le dio una justificación ideológica a la conquista de otras tierras y de otros hombres.

reina isabel

EL APOYO DE ISABEL LA CATÓLICA: Luego de sucesivas insistencias, Colón logra en abril de 1492 que los Reyes Católicos, Isabel de Castilla (derecha) y Fernando de Aragón, financien su anhelado sueño. Fue quizás la reina quien más confió en el navegante, ya que tras su muerte, en 1504, fue difícil para Colón obtener la recompensa prometida en su último viaje a América. (Abajo). Mapa del Nuevo Mundo que data de mediados del siglo XVI.

mapa antiguo

Éste es el tipo de mapa con que los europeos representaban el mundo, antes de los grandes descubrimientos de los siglos XV y XVI. Su observación nos permite comprender la noción que los hombres tenían de las distintas regiones del planeta, de acuerdo con el conocimiento de que disponían, proporcionada por los viajes marítimos y terrestres.

Los viajes europeos de exploración comenzaron a principios del siglo XV, cuando los navegantes avanzaron hacia el sur bordeando la costa de África en busca de oro, esclavos y especias, hasta que en 1487 Días y De Covilha llegaron hasta el océano Indico.

De allí en adelante los viajes de exploración se multiplicaron, especialmente después de que las victorias otomanas hicieron peligrosa la antigua ruta hacia el este vía Alejandría y el mar Rojo.

Mientras los portugueses exploraban la ruta oriental a Asia, los españoles zarpaban hacia el oeste. Una vez en el océano índico, los primeros alcanzaron rápidamente su objetivo: Calicut (1498), Malaca (1511) y las Molucas (1512).

mapa ruta portuguesa hacia la india

La búsqueda española de una ruta occidental hacia las Islas de las Especias tuvo menos éxito.

Su involuntario pero trascendental resultado fue el descubrimiento del Nuevo Mundo por Colón en el año 1492, seguido por la conquista española de América.

Empero no fue sino hasta 1524, cuando Verrazano escudriñó la costa de América del Norte hasta Nueva Escocia, que se aceptó en forma general la existencia de un nuevo continente.

Mientras tanto, la búsqueda de una ruta occidental a Asia continuaba conduciendo a la exploración intensiva del Caribe.

Finalmente, en 1521 Magallanes dio la vuelta por América del Sur, ingresó al Pacífico y alcanzó las Filipinas, pero la ruta era demasiado larga y peligrosa para fines comerciales.

En 1557 los portugueses ocuparon Macao y después de 1564 los galeones españoles comerciaron entre Manila y Acapulco en México; aparte de estas rutas, la exploración del Pacífico quedó pospuesta hasta el siglo XVIII.

En el intertanto, Inglaterra y Francia, renuentes a reconocer el monopolio reclamado por España y Portugal en el Tratado de Tordesillas (1494), se habían embarcado en una serie de viajes con el propósito de llegar a Asia por una ruta septentrional.

Todos resultaron infructuosos y fueron abandonados después de 1632, pero dieron lugar a la apertura de Norteamérica a la colonización europea.

Los ingleses, franceses y holandeses se mostraban asimismo reacios a dejar el rentable comercio con Asia meridional y sudoriental en manos de los portugueses y españoles y, en los últimos años del siglo XVI y la primera mitad del XVII, se observó un esfuerzo decidido y finalmente exitoso para minar su posición privilegiada.

Sin embargo, todos estos viajes no se habrían podido realizar sin el perfeccionamiento en la construcción de las embarcaciones, los adelantos en los instrumentos náuticos y el desarrollo de la cartografía.

En los siglos XIV y XV la arquitectura naval experimentó un notable avance al integrarse los conocimientos heredados de los romanos, árabes y vikingos, con lo que se incorporó la vela cuadrada, un tercer mástil y el timón perfeccionado, que mejoraron la maniobrabilidad y dieron mayor velocidad a las embarcaciones.

La carabela y la carraca son típicas embarcaciones en las que se combinaron estos tres elementos y son las naves que hicieron realidad la navegación atlántica.

Los instrumentos náuticos, al igual que la cartografía, se perfeccionaron también en el siglo XV, paralelamente con los viajes de reconocimiento. La brújula y el cuadrante, el astrolabio, las tablas de diferencia, los derroteros y las cartas marinas se convirtieron en un gran apoyo.

Las escuelas de cartografía, ubicadas en Genova, Venecia, Mallorca, Lisboa, Sagres y el noroeste europeo, elaboraron importantes cartas de navegación.

Los conocimientos cartográficos medievales habían quedado compilados en el llamado Compasso da navigare y en el Atlas catalán, obras en las que se hacía referencia al mundo conocido en los siglos XIII y XIV.

Con los nuevos viajes de exploración se hizo necesario actualizar y rehacer las cartas y, así, aparecieron muchas que incorporaban las costas e islas atlánticas.

La primera carta que consigna tierras americanas es la elaborada en 1500 por Juan de la Cosa, cartógrafo que acompañaba a Colón en sus viajes.

La creación del mapa mundial como nosotros lo conocemos fue una de las grandes obras de la ciencia aplicada de la era del Renacimiento.

El descubrimiento de los océanos interconectados y del verdadero tamaño del planeta fue comparable a los manifiestos de Lutero o los descubrimientos de Galileo en cuanto a separar el mundo medieval del moderno y el mapamundi continúa siendo, de muchas formas, una de las imágenes abstractas más importantes que jamás se hayan creado.

Para los europeos tuvo una importancia inapreciable porque fue la herramienta básica que los guió a medida que estampaban su huella en todos los continentes y océanos del mundo.

instrumentos navegacion

INSTRUMENTOS PARA LA NAVEGACIÓN
Con la ayuda de instrumentos astronómicos de gran utilidad, los navegantes pudieron llevar a cabo los viajes de exploración marítima. a) Esfera armillar del siglo XVI. Los anillos representan las proyecciones sobre la bóveda celeste de es círculos de referencia que los cosmógrafos definen en la Tierra. b) Astrolabio, instrumento que determina posiciones y alturas de los cuerpos celestes. c) Brújula, artilugio que indica la orientación de la nave con respecto al norte magnético.

LAS GRANDES EXPLORACIONES DE LA EXPANSIÓN EUROPEA

(puede ampliar)

Viajes emprendidos a Asia Meridional por una ruta sudoriental: (bordeaban África)
1 Días, 1487-1488, a Cape Agulhas (parte más meridional de África)
2 Vasco de Gama, 1497-1499 a la India
3 Cabral en 1500 a la India vía Brasil
4 Primer viaje portugués a Malaca en 1509
5 Abreu, 1512-1513, a las Molucas
6 Primer viaje portugués a China en 1514

Viajes emprendidos hacia China y  Asia Meridional por el oeste o una ruta  sudoccidental:
7 Colón, 1492-1493, a las Bahamas
8 Colón, 1493-1494, a Cuba
9 Colón en 1498 a Venezuela
10 Colón, 1502-1504, a Panamá
11 Ojeda y Vespucra, 1499-1500, al río Amazonas
12 Coelho y Vespucio en 1501 a Uruguay
13 Sois en 1515 al Río de la Plata
14 Magallanes y Elcano, 1519-1522, primera circunnavegación del mundo
15 Saavedra en 1527 desde México a las Molucas
16 Urdaneta en 1565 hacia el este a través del Pacifico
17 Schouten y Le Maire en 1616 alrededor del Cabo de Hornos

Viajes emprendidos a Asia mediante una ruta por el norte:
18 Cabot en 1497 a Terranova
19 Corte real en 1500 a Groenlandia
20 Verrazano en 1524a América de! Norte
21 Cartier en 1534 y 1535 al río San Lorenzo
22 Willoughby y Chancellor en 1553 a Arcángel
23 Frobtsher en 1574 a la Isla de Baffin
24 Davis en 1587 al borde de los hielos
25 Barents, 1596-1597, a Nueva Zembla
26 Hudsonen 1610 a la Bahía de Hudson
27 Button en 1612 a la Bahía de Hudson
28 Baffin y Bylot en 1616 a la Bahía de Baffin

Las décadas y siglos que siguieron a etapa de expansión y de descubrimientos, presenciaron la destrucción de estas culturas tradicionales por las conquistas y colonización europea.

El proceso comenzó en África occidental en 1469 con las exploraciones de Fernáo Gomes; hacia 1488 las naves portuguesas habían llegado al cabo de Buena Esperanza.

Iban principalmente a comerciar, atraídas por el oro de la tierra de Akan. Sin embargo, pronto fue la riqueza humana, más que la mineral, la que se transformó en su principal cargamento.

Este siniestro comercio comenzó en el siglo XV con el transporte de unos cuantos centenares de africanos occidentales a Europa y las islas del Atlántico. Fue la conquista del Nuevo Mundo la que estimuló la espectacular expansión del comercio de esclavos.

La colonización y sobre todo las nuevas enfermedades importadas diezmaron las poblaciones nativas de América: se estima que la población nativa del Perú disminuyó de 9 millones de personas en 1533 a sólo medio millón, dos siglos más tarde.

En Brasil y el Caribe, donde los colonos europeos establecieron plantaciones en la jungla, la disminución de la mano de obra local creó un déficit que fue suplido con la importación de hombres desde África occidental.

Hacinados en condiciones insalubres, los esclavos eran transportados a través del Atlántico en números crecientes, desde principios del siglo XVI hasta que su comercio llegó a su fin en 1870.

Los trastornos causados por la conquista, las enfermedades y la esclavitud abrieron una gran brecha entre el mundo de las civilizaciones antiguas y el de los nativos africanos e indios americanos bajo el dominio europeo.

Algunas délas tradiciones antiguas sobrevivieron, pero la mayoría se perdieron y fue con cierta dificultad que los exploradores y antropólogos europeos del siglo pasado reconocieron en estos empobrecidos pueblos nativos a los descendientes de los grandes constructores de imperios ya fenecidos.

Muchas de las grandes ciudades de América Central y Sudamérica estuvieron perdidas —por lo menos para el conocimiento europeo— en los siglos que siguieron a la conquista española, como las espectaculares ruinas de Machu Picchu, que sólo fueron redescubiertas en 1911.

Se pensaba que otros monumentos como el Gran Zimbabue y las estatuas de Isla de Pascua eran obra de civilizaciones desaparecidas que no tenían relación con los habitantes actuales de esas regiones.

No obstante, se sabe ahora que fueron el producto de civilizaciones aborígenes que desaparecieron o decayeron con posterioridad.

La civilización es a menudo un fenómeno frágil, cuya complejidad la hace vulnerable a los trastornos ocasionados por la agitación social, las crisis económicas o las invasiones extranjeras.

Ello resultó particularmente cierto para las civilizaciones de América o África al sur del Sahara, comparativamente aisladas del contacto con los principales centros de desarrollo concentrados hacia el año 1500 esencialmente en Europa.

Cuando la expansión de Europa puso por primera vez a todos los continentes en contacto directo entre sí, muchas de las civilizaciones no eurasiáticas no pudieron adaptarse con la suficiente rapidez o eficacia.

La triunfadora fue Europa, impulsada en los siglos siguientes hacia la dominación del mundo. El contacto entre concepciones de vida tan distintas dio origen a un difícil, y a veces doloroso, proceso de asimilación cultural.

Las fronteras de lo conocido se ampliaron a niveles insospechados y el hombre moderno debió enfrentar desafíos políticos, económicos y sociales.

Exploradores Antiguos

La Vida Cotidiana en la Edad Moderna Costumbres Sociales

La Vida Cotidiana en la Edad Moderna

La mayoría de las mujeres en el Renacimiento acababan siendo madre, y la maternidad era su profesión y su identidad.

Sus vidas como adultas (desde aproximadamente los veinticinco años en casi todos los grupos sociales y desde la adolescencia entre las familias más ricas) eran un ciclo continuo de embarazo, crianza y embarazo.

Las mujeres pobres daban a luz cada 24 ó 30 meses. Las mujeres ricas tenían más hijos que las pobres.

La necesidad de asegurar la descendencia, para garantizar una transmisión efectiva de la riqueza, las forzaba a ser fértiles.

Tener hijos constituye una carga y un privilegio de las mujeres.

En Italia y en Francia la mujer que paría era festejada y mimada.

La madre, por un momento, ocupaba un puesto estelar inigualable. Era por tanto un auténtico honor estar embarazada.

El parto era un momento temible, fruto del castigo especial de Dios a Eva por su falsedad en el Paraíso. Las madres que sobrevivían se enfrentaban a menudo a la muerte de la criatura que habían traído a este mundo con tanto sufrimiento.

La mortalidad infantil era muy alta. Los recién nacidos tenían unas posibilidades de supervivencia que oscilaban, en Europa occidental, entre el 20 y el 50 por ciento.

Eran presas fáciles de las plagas, la diarrea, la gripe, los catarros, la tuberculosis y el hambre.

Los niños que sobrevivían eran amamantados entre 18 y 22 meses. En los pueblos y ciudades de toda Europa lo mayoría de las mujeres tenían que dar pecho a uno o más lactantes durante casi toda su vida adulta.

Algo más que una simple falta de inclinación se esconde tras la negativa amamantar generalizada entre las mujeres ricas.

A sus maridos frecuentemente no les gustaba la apariencia de una madre dando pecho a su hijo.

Sea cual fuere la razón última, casi todas las mujeres ricas rechazaban amamantar a sus hijos.

Los niños de los ricos mamaban de los pechos de los pobres. Las familias más ricas tenían sus propias amas de cría.

Con más frecuencia, los recién nacidos de las ciudades de Italia, Francia, Alemania e Inglaterra, eran enviados al campo al tiempo del parto para que los amamantaran las mujeres campesinas.

Algunas amas de cría tenían una abundancia de leche tal que podían hacer frente sin problemas a las nuevas bocas. Otras acababan de enterrar a sus propios niños, o los habían destetado ya, o —seducidas por salarios que llegaban a ser dos veces mayores que los del servicio doméstico— se los traspasaban a su vez a otras amas.

Las madres que no podían hacerse cargo de sus hijos, fueran éstos legítimos o ilegítimos, podían abandonarlos, con la esperanza de que el abandono fuera menos grave que el asesinato, y de que algún extraño caritativo haría posible la su pervivencia del niño.

Si las mujeres pobres abandonaban a veces a sus hijos en los hospitales, y las ricas en manos de las amas de cría, ¿dónde quedaba la feliz imagen de la madre y el niño que ofrecían los cuadros renacentistas?.

El dolor del parto, la desesperación por la muerte del niño, la tensión de la pobreza, la inseguridad de la riqueza, y la ferocidad de la ley engullían a ambos, madre y fino.

(Tornado de La mujer en el Renacimiento, de Margaret L.King historiadora norteamericana contemporánea)

El Siglo de Oro Español en Literatura y Arte Caracteristicas

Características del Siglo de Oro Español – El Renacimiento Siglo XVI

La Edad de Oro: Se la suele designar también con el nombre de Siglo de Oro, y comprende la segunda mitad del siglo XVI y todo el siglo XVII. Algunos autores incluyen también al Renacimiento anterior dentro de la Edad de Oro, de modo que esta época abarcaría así dos siglos completos, el xvi y el xvn. Convencionalmente suele tomarse como conclusión de este período la fecha de la muerte del gran dramaturgo Calderón «(1681).

ANTECEDENTES HISTÓRICOS: Los viajes y los descubrimientos de los marinos portugueses y españoles cambiaron de manera radical la relación de Europa con el mundo.

Desde la Antigüedad, cada una de las grandes civilizaciones mantuvo vínculos con una región limitada del globo. Las exploraciones europeas permitieron por primera vez que todos los continentes se relacionaran entre sí. En este sentido, la circunnavegación de la Tierra realizada por Magallanes resulta ejemplarizadora.

La llegada de los portugueses no rompió los equilibrios locales, ya que éstos sólo establecieron factorías en el litoral. Sin embargo, la colonización de América por los españoles representó un viraje decisivo, una redistribución de los recursos humanos y económicos.

A fines de siglo, los planisferios trazados por Mercator consagraron la extensión de los conocimientos y las pretensiones de los europeos de apoderarse del mundo. Entre tanto, los ingleses, holandeses y franceses cuestionaban la hegemonía ibérica.

El predominio español
En 1580, Felipe II de España fue coronado rey de Portugal y reunió bajo su soberanía los dos dominios.

El imperio marítimo lusitano multiplicó sus factorías en las costas de África, India, Malasia e Indonesia, y envió expediciones a China y a Japón. Además, la corona velaba celosamente por su monopolio del comercio con las Indias (pimienta, especias, seda, porcelana, perfumes, perlas y piedras preciosas). Las Azores, Madera y Brasil iniciaron su transformación económica con las plantaciones azucareras.

Con excepción de las Filipinas, el imperio español era americano y continental. Después de explorar el mundo caribeño, los conquistadores se apropiaron, entre 1520 y 1533, de México, que estaba en manos de los aztecas, y luego de Perú, gobernado por los incas.

Como los indígenas fueron diezmados por la violencia, los trabajos forzados y las epidemias, se inició la importación de esclavos africanos.

La lucha de los misioneros, como fray Bartolomé de las Casas, que intentaban defender a los indios oprimidos, no encontró mucho apoyo. La trata de negros no escandalizaba a nadie.

En cambio, muchos intelectuales sentían una gran curiosidad por la descripción de los «salvajes», de los cuales se formaron una imagen idealizada que fomentó la creación de utopías.

No hay duda, que los siglos XVI y XVII fueron de una extraordinaria riqueza y creatividad en la producción artística en todos los países europeos.

En España y en los Países Bajos, este período de la historia del arte se denomina el Siglo de Oro.

Los artistas de esta época no se ocuparon ya exclusivamente de temas religiosos y, poco a poco, la literatura y el arte comenzaron a reflejar la sociedad de su tiempo.

EL RENACIMIENTO ESPAÑOL:

El Renacimiento es el retorno al cultivo de las humanidades clásicas y de las formas arquitectónicas y plásticas derivadas de la cultura de Grecia y Roma antiguas. Este movimiento cultural se inició en Italia y de allí se difundió inmediatamente por el continente europeo.

Históricamente, el Renacimiento coincide con la unión de los reinos de Castilla y de Aragón, por el matrimonio de Isabel y Fernando, los Reyes Católicos.

Esta unidad política se complementa con otros acontecimientos que determinan la formación de una verdadera unidad espiritual: el establecimiento de la Inquisición (1478); la conquista del último reducto musulmán, el reino moro de Granada (1492); la expulsión de los judíos del territorio peninsular (1492); la reforma interna de la Iglesia católica; el descubrimiento de América (1492) y el nacimiento del poderío español en el mundo, y la aparición de la idea imperial.

Traducciones de la Eneida y de la Divina Comedia, tratados sobre el arte del «bien rimar», libros de medicina, de magia, de ocultismo, de arte culinaria: éstos y otros temas parecidos cultivó Enrique de Aragón, marqués de Villena, escritor de la primera mitad del siglo XV.

La personalidad de tan extraño individuo, que llegó a ser famosísimo (pero cuya biblioteca, debido a la acusación de herejía que pesaba sobre él, fue quemada después de su muerte), puede darnos una idea del clima literario que se respiraba en la España de aquel tiempo.

Aunque la vida había llegado a ser lujosa, e incluso corrompida, la fuerza militar de los poderosos ejércitos de tierra y de las casi invencibles flotas españolas continuó creciendo, y el papel de España en el cuadro de la política europea, sobre todo tras las conquistas en Italia, se hizo primordial.

Al mismo tiempo, la espléndida atmósfera de riqueza que empezaba a respirarse en los ambientes nobiliarios influyó notablemente sobre la cultura.

El Renacimiento español, como el italiano, consistió, fundamentalmente, en la extensión del campo de acción de la literatura y en el despertar de la curiosidad de los escritores hacia los más dispares temas.

En este sentido, la influencia italiana fue de gran importancia durante este período: los poetas, prosistas y estudiosos del país de Dante fueron traducidos, imitados, seguidos.

Paralelamente, sin embargo, se afirmó una forma literaria típicamente española, en la que debemos ver uno de los frutos más válidos de esta época: el romance.

El romance es una forma de poesía popular, descendiente directa de los «cantares» de otros tiempos a diferencia de éstos, sin embargo, su destino no era el de ser cantada por los juglares en la corte de los nobles, ya que tenía un carácter estrictamente popular.

La forma era fija: versos de ocho sílabas con rima asonante alternativa, según un sistema de versificación muy sencillo y común a otras formas de poesía popular europea.

Hay algo, sin embargo, que hace inconfundible el Romancero (así se llama la recopilación de todos los romances, inicialmente transmitidos de viva voz y luego escritos), y es lo que sigue: aunque la materia tratada procedía, en muchas ocasiones, de relatos y leyendas extranjeros, el «Romancero» se halla típica y profundamente ligado al espíritu del pueblo español.

Víctor Hugo, el gran escritor francés, lo definió «Ilíada de España», exponiendo así la opinión de que los romances significaban para la nación ibérica lo que el poema homérico para la antigua Grecia: una auténtica epopeya de toda la historia nacional.

Muchos autores de los siglos siguientes encontraron ideas para sus novelas, dramas y poemas en este inagotable caudal de mitos, leyendas y hechos heroicos, que durante tanto tiempo supo encender la fantasía del pueblo.

Portada de la edición de La Celestina aparecida en Sevilla en 1523. En esta Tragicomedia de Calisto y Melibea, de autor anónimo, la incitación a concebir la vida como goce está presente en todos los personajes. Celestina exclama: Dios no hizo cosa mala!

La arquitectura de estos años produjo obras de carácter monumental. El monasterio de San Lorenzo de El Escorial es uno de los más reconocidos. Los planos para su construcción fueron realizados por el arquitecto Juan de Herrera y su construcción llevó más de veinte años de trabajo. En ¿1 residió el rey Felipe u con su corte

El período que en la literatura española se conoce con el nombre de Siglo de Oro abarca, en realidad, casi doscientos años. Sin duda, el momento de mayor esplendor correspondió a la época de Carlos I.

El rasgo original que permite diferenciar la producción de los artistas españoles de la de otros europeos, fue el indeleble sabor  cristiano.

Una de las características del Siglo de Oro fue la variedad de géneros literarios que se desarrollaron: la poesía mística y lírica, con San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús; y el teatro con Lope de Vega y Calderón de la Barca. En la narrativa se diferenciaron tres corrientes: la historia de caballería; la anécdota pastoril y la crónica picaresca.

El desarrollo de la novela se inicia con La Celestina y culmina con el Quijote de Cervantes. Otros escritores como Quevedo y Gracián extendieron su labor al ensayo, la teoría política o el tratado moral.

Página inicial de la primera edición de Don Quijote. Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1609) fue el creador del Quijote, una de las novelas muís importantes de la literatura universal. Después de la Biblia, ésta fíe la obra más leída en el mundo y de la que más ediciones se han hecho. Fue traducido a casi todas las lenguas. En la actualidad se calcula que hay unas 1.500 ediciones del Quijote en diversos idiomas. Don Q uijote y su escudero Sancho son los protagonistas principales de la obra

Diego Velázquez (1599-1669) fue una de las figuras más notables de la pintura española del Siglo XVII. Fue pintor de la corte del rey Felipe II y, por ello, una gran cantidad de sus obras tienen como protagonistas a miembros de la familia real. En la imagen podernos apreciar Las Meninas, una de las obras más fumosas de Velázquez.

La Virgen del Rosario y Muchachos comiendo uvas de Bartolomé Esteban Murillo

La Virgen del Rosario y Muchachos comiendo uvas de Bartolomé Esteban Murillo. Murillo (1618-1682) fue otro de los grandes pintores españoles del siglo XVII. Logró dar a sus obras una gran expresividad que se observa, especialmente, en los rostros de sus imágenes religiosas; también el realismo en las composiciones facilité una clara comprensión de ellas. La Virgen del Rosario es uno de los mejores ejemplos de su obra. Muchachos comiendo uvas es una pintura dedicada a tenias de la vida cotidiana a los que consagró la última etapa de su producción

Ver: Siglo de Oro Italiano

EL SIGLO DE ORO  ESPAÑOL      
Toda la potencia, la grandeza y el brillo de la nación española «explotaron» en el siglo XVI.

La gloria del imperio español, desde la primera mitad del siglo XVI hasta la segunda del XVII, es sólo comparable al esplendor del Imperio Romano.

Y mientras se estabilizaba la preponderancia política de España en Europa y sus naves surcaban los océanos a la conquista de nuevos continentes, también la vida espiritual y cultural de la nación florecía.

Estamos en el período «clásico» de la literatura y el arte español: un período en el que la fe religiosa y la conciencia de la propia grandeza produjeron grandes obras maestras.

En este breve retrato de una época, nos limitaremos a dar los nombres de los artistas más famosos, resumiendo así los diversos «filones» existentes en la producción literaria de este «siglo de oro».

La poesía – Bajo el influjo de la escuela italiana, y también como reacción ante ella, la lírica alcanzó una riqueza expresiva y una fuerza estilística fuera de lo común.

El camino fue señalado, a principios del siglo, por Garcilaso de la Vega, (imagen abajo) poeta de azarosa existencia que ejerció una enorme influencia en la evolución del estilo. Pero el mayor lírico de este período fue Luis de Góngora, «genio máximo», «Homero español», «príncipe de la poesía».

garcilaso de la vega siglo oro español

La mística – En el candente clima religioso de la época, los espíritus más fervientes se entregaron a la fe con un impulso casi sobrehumano.

Entre los místicos españoles, el nombre más importante fue una mujer, santa por añadidura: Teresa, de Cepeda y Ahumada, que ha pasado a la posteridad con el nombre de Teresa de Jesús.

Sus obras, dejando aparte el contenido espiritual, ocupan un lugar preferente en el campo literario, por la fuerza, el calor y la riquísima espontaneidad con que expresan su fe.

El Teatro: A finales del siglo XV, el pueblo español, despertando a la conciencia de su genio nacional, permitirá al teatro un desarrollo igualmente decisivo.

El Imperio español está en pleno auge. Tras la influencia italiana, la originalidad profunda y radiante del teatro español florece en obras gracias a las cuales el mundo entero llamará a esta centuria el Siglo de Oro, uno de los más gloriosos de la historia universal del teatro.

Es un teatro obsesionado, como lo era el hombre de su época, por la idea del honor. La Iglesia se halla, por su parte, en plena lucha contra la herejía. La todopoderosa Inquisición conseguirá suprimir toda libertad religiosa o política. Sin embargo, renuncia a luchar contra el teatro, prefiriendo servirse de él en la medida de lo posible.

Y lo hará, esencialmente, sugiriendo temas a los autores dramáticos, y censurándolos después.

El período heroico del teatro empieza realmente con el remado de Felipe II, que verá el florecimiento de la poesía lírica y de la épica, y el esplendor de los grandes místicos, como Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.

Los grandes nombres del teatro son: Miguel de Cervantes –genial novelista, y no tan grande como dramaturgo-, Tirso de Molina, Pedro Calderón de la Barca, Juan Ruiz de Alarcón y, por supuesto, Lope de Vega.

De todas las artes, el teatro fue el que manifiestamente sirvió mejor a los fines de la política interior de Felipe IV.

La reputación del fasto y el esplendor de una corte que todavía pretendía asombrar al mundo, y en la que se representaban tantas obras y comedias palaciegas, servía para enmascarar ante el pueblo la decadencia política y social de la monarquía de los Austrias, comenzada con guerras desgraciadas y tratados desastrosos que culminaron en el agotamiento de las arcas reales.

El teatro de toda esta época, amado por los reyes, por la aristocracia y por el pueblo, quiere ser, y lo consigue, eminentemente popular. Los dramaturgos viven profundamente su época, y la reflejan.

Todos los historiadores están de acuerdo en que la aristocracia ocupa los altos cargos pero tiene poca influencia. El rey, seguido por su pueblo, tiene toda la autoridad material, mientras que la Iglesia, que ha mantenido durante ocho siglos una encarnizada pugna contra el Islam, lucha ahora contra el protestantismo y posee toda la autoridad espiritual y moral, que impone por medio de la Inquisición.

Se puede situar en el reinado de Carlos II, es decir, en los últimos años del Siglo de Oro, el fin, al menos en bloque, del gran genio dramático español, uno de los más grandes que hayan existido.

El fin del Siglo de Oro Español
La decadencia política y económica de la España de los sucesores de Felipe II estaba disimulada por los fastos de la corte y por una producción artística brillante, tanto en el ámbito literario como en el pictórico.

Pero el país se debilitaba: el enrarecimiento de los metales preciosos de América agravó el déficit de las finanzas reales, mientras que el dominio de territorios dispersos, la conservación de su hegemonía y la defensa del catolicismo exigían fuertes gastos militares.

El ejército sufrió reveses en la guerra contra Francia; estallaron revueltas en Cataluña, Nápoles y Sicilia; Portugal recuperó su independencia. La sucesión de Carlos II desencadenó luchas encarnizadas entre las familias principescas, que, temiendo la hegemonía francesa, rehusaron reconocer a Felipe V, nieto de Luis XIV.

Si el príncipe Borbón pudo finalmente, después de un conflicto ruinoso, instalarse en Madrid, ello fue a costa del desmembramiento de las posesiones españolas de Italia y de Flandes.

También: Grandes Escritores del Siglo XVII

Inglaterra Dinastia Tudor Su Origen Enrique VIII e Isabel I

Origen en Inglaterra de la Dinastía Tudor -Enrique VIII e Isabel I – El Anglicanismo

En el siglo XV, la nobleza inglesa era menos numerosa que en otros países del continente y estaba unificada; no existían señores con dominios territoriales independientes.

Las ciudades, desde su origen, dependieron del rey, y por esto tuvieron libertades económicas y comerciales. Como en el resto de las sociedades europeas occidentales, durante el siglo XIV la nobleza inglesa —reunida en el Parlamento— enfrentó a la monarquía.

Sin embargo, la administración y la autoridad real en Inglaterra fueron mucho más fuertes y estuvieron centralizadas mucho antes que en el resto del continente.

Además, la lealtad de la nobleza a la monarquía estuvo asegurada durante más de cien años (entre 1339 y 1453 se desarrolló la Guerra de los Cien Años) por las victorias inglesas en los campos de batalla, en territorio francés.

Pero cuando los ingleses fueron expulsados de Francia, los nobles más poderosos comenzaron a luchar entre sí por la sucesión al trono.

Entre 1455 y 1485 se desarrollé la Guerra de las Dos Rosas entre la Casa de Lancaster (rosa roja) y la Casa de York (rosa blanca), las dos más grandes familias de terratenientes del reino.

Los Tudor y la nueva monarquía absoluta

En 1485, Enrique VII, heredero de la Casa de Lancaster y de la Casa de York, resultó vencedor en la Guerra de las Dos Rosas y fundó la dinastía Tudor.

Su objetivo más importante fue concentrar y reforzar, nuevamente, el poder de las instituciones centrales de la monarquía, debilitadas por los enfrentamientos entre los nobles.

Bajo su administración, los dominios reales se ampliaron y los ingresos de la corona se triplicaron.

El Parlamento, que se reunía todos los años, dejó de ser convocado.

Finalmente, el poder absoluto del rey se consolidó cuando Inglaterra se enfrenté con la Iglesia Católica de Roma, y Enrique VIII se convirtió en el jefe de la Iglesia inglesa reformada, que se llamó anglicana.

William Shakespeare

William Shakespeare (1564-1616) fue un escritor inglés. y uno de los más grandes dramaturgos de todos los tiempos. Escribió dramas históricos inspirados en la tradición inglesa y en la antigüedad, como Ricardo III, Enrique V, Julio César, Antonio y Cleopatra, y también comedias de intriga y tragedias como Romeo y Julieta, Hamlety Rey Lear, entre otras.

“La monarquía se había convertido bajo los Tudor en un poder absoluto. La alta nobleza, al fin de la Guerra de las Dos Rosas, estaba aniquilada casi por completo; la nobleza interior, los campesinos propietarios de tierras y los burgueses ciudadanos querían ante todo paz y orden. Shakespeare, en sus obras, ve el mundo con los ojos de un burgués. Su defensa de la monarquía, lo mismo que la de sus contemporáneos, se explica por su miedo al caos.” Arnold Hauser, historiador húngaro-inglés contemporáneo, especialista en historia del arte.

Los Tudor y la nueva monarquía absoluta    (ampliar:  Enrique VIII       Isabel I: La Reina Virgen)

En 1485, Enrique VII, heredero de la Casa de Lancaster y de la Casa de York, resultó vencedor en la Guerra de las Dos Rosas y fundó la dinastía Tudor.

Su objetivo más importante fue concentrar y reforzar, nuevamente, el poder de las instituciones centrales de la monarquía, debilitadas por los enfrentamientos entre los nobles. Bajo su administración, los dominios reales se ampliaron y los ingresos de la corona se triplicaron.

El Parlamento, que se reunía todos los años, dejó de ser convocado. Finalmente, el poder absoluto del rey se consolidó cuando Inglaterra se enfrenté con la Iglesia Católica de Roma, y Enrique VIII se convirtió en el jefe de la Iglesia inglesa reformada, que se llamó anglicana.

  rey Enrique VIII

En 1527, sin heredero varón de ni esposa española Catalina de Aragón, el rey Enrique VIII hizo pública su decisión de divorciarse, pero el papa Clemente VII rechazó su pedido. En 1531 el Parlamento reconoció al rey como cabeza suprema de la Iglesia de Inglaterra. Cuando se casó con Ana Bolena, Enrique VIII fue excomulgado por el papa. El rey contrajo matrimonio, sucesivamente, cuatro veces mas.

 Isabel I y el origen del poder naval inglés

 Isabel I y el origen del poder naval inglés

Otra diferencia entre Inglaterra, España y Francia durante el siglo XVI, fue que el Estado inglés bajo los Tudor no organizó un ejército regular.

En la primera mitad del siglo, mientras Carlos V y Francisco I luchaban por Italia, los ingleses, protegidos por su situación insular, se mantuvieron a la defensiva.

Esta política tuvo una consecuencia muy importante en la sociedad inglesa: una parte de los nobles ingleses abandonaron la actividad guerrera y se dedicaron a actividades comerciales mucho antes que en cualquier otra región del continente.

Cuando en la segunda mitad del siglo XVI, Inglaterra participó de las guerras de religión que originaron nuevos conflictos entre los países europeos.

La monarquía inglesa impulsó la modernización de la flota real equipándola con barcos de guerra muy superiores a los españoles y portugueses.

Después de la destrucción de la Armada Invencible española en 1588, quedaron establecidas las condiciones para el dominio inglés de Los mares.

Este dominio marítimo tuvo una consecuencia muy importante: la flota se podía usar para la guerra pero también para el comercio.

Desde entonces la mayor parte de la flota inglesa estuvo compuesta por barcos mercantes adaptados temporalmente para la batalla mediante cañones y que podían volver al comercio una vez terminada la guerra.

En su reinado, Isabel promovió el desarrollo naval y “llegó a ser la dueña de la flota más poderosa que Europa haya visto nunca”. Además, el costo total de la armada y su mantenimiento era mucho más bajo que el de un ejército permanente.

En 1603 Isabel murió sin descendencia y la dinastía Tudor fue reemplazada por la dinastía Estuardo.

Dos siglos de guerras:

Europa se convirtió en un gran campo de batalla durante los siglos XVI y XVII. A comienzos del siglo XVI, el motivo más frecuente de las guerras era el conflicto entre dinastías que luchaban por el dominio de un mismo territorio.

Entre 1550 y 1650, el conflicto religioso entre los Estados que apoyaban la reforma protestante y los que luchaban contra ella, se superpuso a las luchas por la ampliación de los territorios.

Este conflicto frecuentemente intensificó las rivalidades originadas por otros motivos (La Guerra de los Treinta Años —entre 1618 y 1648— en la práctica enfrentó a la totalidad de los Estados europeos.

Comenzó como un conflicto religioso pero se convirtió en una lucha por el poder en Europa entre los Estados territoriales, el imperio, las ciudades y los príncipes).

Se provocaron enfrentamientos marítimos durante la segunda mitad del siglo XVII por los conflictos originados debido al dominio de mercados y rutas comerciales.

Estas disputas se produjeron entre los Estados en los que los grupos burgueses eran más poderosos (como por ejemplo, la guerra entre Inglaterra y Holanda que, con intervalos, se desarrolló entre 1652 y 1674).

Francia Origen del Estado Moderno-Enrique IV Borbón Fin absolutismo

Francia:Origen del Estado Moderno
Enrique IV Borbón

Después de las sangrientas guerras de religión qué se sostuvieron durante el reinado de los Valois, Enrique IV aportó a Francia una era de prosperidad. En colaboración con Sully, se dedicó a sanear la hacienda pública. También concedió mucha importancia a la agricultura y la industria. Al mismo tiempo, Francia estableció las bases de su imperio de ultramar. Enrique IV fue asesinado en 1610

La formación del Estado moderno en Francia fue un proceso muy diferente del que se dio en España. La monarquía no tuvo el problema de tener que unir reinos diferentes con tradiciones políticas y culturales opuestas. Además, como no tuvo la ventaja de ingresos provenientes de un imperio colonial, se vio obligada a llevar adelante la centralización fiscal y administrativa del reino, lo que reforzó la centralización de su poder.

La monarquía de los Capetos extendió lentamente su soberanía, durante los siglos XIII y XIV, desde el centro de Francia hasta Flandes y el Mediterráneo.

Los Valois y la Consolidación del Estado Moderno Francés

A mediados del siglo XIV, la dinastía de los Capeto se extinguió e Inglaterra pretendió el trono de Francia. Pero la mayoría de la nobleza francesa se opuso a tener un rey inglés y apoyó a Felipe de Valois.

La lucha por imponer a la dinastía Valois, de origen francés, y expulsar a los ejércitos ingleses, facilitó el proceso de formación de un Estado moderno. Hacia finales del siglo XV, el poder real estaba fortalecido por un ejército regular y un impuesto directo que no podía ser discutido, pero todavía no se había logrado organizar una administración unificada.

 Carlos V

El prestigio de la dinastía de los Valois creció cuando Francisco I decidió enfrentar a Carlos V y dirigió a la nobleza bacía guerras exteriores, para conquistar Italia. Pero después de la decisiva victoria española de San Quintín (1557), en 1559 se firmó la Paz de Cateau-Cambrésis. Francia debió renunciar a sus pretensiones sobre Italia y desde entonces Felipe II de Epaña intenvino en la política francesa.

Enrique IV de Borbón

Enrique IV de Borbón

Enrique IV de Borbón declaró «París bien vale una misa” cuando en 1593 se convirtió al catolicismo, con lo que se puso fin a la guerra entre católicos y protestantes. La política se separó de la religión y la nueva monarquía francesa se afianzó por encima de todas las facciones. (VER MAS ABAJO SU GOBIERNO)

Las guerras de religión y el origen del absolutismo

Luego de la muerte de Enrique II de Valois, comenzó un largo conflicto religioso entre los hugonotes (protestantes franceses) y los católicos, dando origen a una guerra civil con la monarquía vacante. Esta lucha desencadenó conflictos sociales más profundos; y pronto se enfrentaron por el poder las familias más importantes de la nobleza francesa.

Para sobrevivir los pequeños propietarios rurales sin recursos se unían a los ejércitos católicos o protestantes. Los impuestos reales que había que pagar para la guerra, llevaron a las ciudades a la miseria. Se originó levantamientos entre los campesinos hambrientos por la devastación del campo de las constantes campañas militares.

Hacia 1590, la nobleza se reunificó por el descontento rural y urbano. El hugonote Enrique de Borbón, en 1593, aceptó convertirse al catolicismo y desde entonces fue reconocido por los nobles católicos y protestantes como Enrique IV de Francia, fundador de la dinastía de los Borbones. Enrique IV reconstruyó la ciudad de París y la convirtió en capital permanente del reino y sede de la monarquía.

 Se tomaron medidas para lograr la recuperación de la agricultura y el comercio de exportación y la monarquía recuperó su prestigio entre la sociedad medio siglo después. En 1598 cuando el Edicto de Nantes garantizó a los hugonotes libertad de conciencia, una limitada libertad de culto, y derechos políticos y militares, se consolidó la paz. Sobre estas bases, y a lo largo de todo el siglo XVII, se consolidó el poder absoluto de la monarquía francesa.

El absolutismo es una forma de gobierno en la cual el poder del dirigente no está sujeto a ninguna limitación institucional que no sea la ley divina. Es un poder único desde el punto de vista formal, indivisible, inalienable y libre.

EL GOBIERNO DE ENRIQUE IV

Enrique IV ganaba reputación de rey fuerte, implacable con los podemos, generoso con los pobres y desamparados. Aunque su «generosidad» mayor se manifestase hacia los burgueses, también el pueblo lo tenía por buen monarca.
«Si conquistara el corazón de mi pueblo —dice el rey— tendría lo que anhelo. Y, si Dios me concede bastante tiempo, trataré de que no haya campesino en mi reino que no tenga una gallina en su olla». Para los campesinos, mayoría de la población, Enrique es el soberano que trajo paz a los campos, el gobernante que alivió los impuestos.

El rey toma otras medidas favorables al desarrollo de la agricultura: prohíbe a los nobles cazar en las viñas y campos de trigo durante la primavera, impidiendo que se destruya el trabajo de meses de los agricultores: prohíbe a los recaudadores de impuestos la confiscación de animales o instrumentos de trabajo, en caso de deudas o impuestos atrasados; facilita a los campesinos en mejor situación financiera y la adquisición de tierras. Tras esas disposiciones está la figura de Sully.  El superintendente de las finanzas considera la riqueza agrícola como la salvación de Francia.

Esta no es la opinión de Laffemas, también consejero del rey. Francia pierde millones en oro y plata al importar de Italia artículos de lujo, tales como sedas, tapices y objetos de adorno, dice. Aboga por la instalación inmediata en Francia de manufacturas, no sólo para consumo interno, sino también para producir cupos exportables. Mediante este sistema —conocido como mercantilismo— el dinero entrará a Francia en lugar de abandonarla, explica Laffemas.

En un punto, al menos, se llega a una forma de acuerdo que satisface a los dos consejeros: se desarrolla el cultivo de la morera, cuyos hojas sirven de alimento al gusano de seda. En consecuencia, se instalan grandes manufacturas textiles en París, Lyon y otras ciudades. «Cubriremos la Europa del Norte de hilos de seda francesa», afirma Enrique IV. No se llega a la realización de un objetivo tan ambicioso, pero ,el hecho es que los tejidos franceses rivalizan muy pronto con los italianos y flamencos.

Las diferentes manufacturas se benefician con el monopolio de fabricación y venta, y gozan de créditos y privilegios fiscales. Así, nacen fábricas de vidrio en París, de tejidos finos en Rúan, y las célebres manufacturas de tapices y alfombras de los Gobelinos. Son las primeras industrias, bastante primitivas y no siempre económicamente rentables. Pero representan un comienzo, una tentativa de reducir el atraso francés, en una época en que otros países europeos ya tienen industrias bien organizadas, lanzándose por el camino más rápido de desarrollo de la economía nacional.

UN RICO OBJETIVO: LOS PAÍSES BAJOS
A pesar de no haber guerra declarada, continúa la rivalidad entre Francia y España. Los franceses venden en España los productos que importan de los Países Bajos: en su calidad de intermediarios, logran grandes lucros sin mayor esfuerzo. Para impedir este comercio, los españoles imponen una tasa complementaria’ del 30 % sobre las mercaderías de origen flamenco procedentes de Francia.

A veces, el conflicto parece estallar. El peligro es evitado merced a la mediación ejercida por Inglaterra.

Enrique IV planea la expansión territorial de Francia y su transformación en una potencia a la altura de España o Inglaterra. Empero, carece de los medios financieros para una empresa de tal envergadura. En el ambito de la .política colonial, se confirma con conceder su autorización a navegantes independientes, ya que no hay modo de financiar la colonización de nuevas tierras.

Por iniciativa particular, Champlain explora el Nuevo Mundo, en la región del río San Lorenzo, donde funda dos colonias, bases del futuro Canadá francés. Al no poder ejercer el dominio efectivo sobre tierras tan extensas, Enrique IV se ve forzado a circunscribir las pretensiones a Europa. Procura entonces apoderarse de una parte de los Países Bajos, región rica y de floreciente comercio.

Una óptima oportunidad se presenta en 1609, a la muerte de Juan Guillermo, señor de un conjunto de ducados y condados situados en el límite entre los Países Bajos españoles y católicos y las Provincias Unidas protestantes e independientes. Hay muchos candidatos a la sucesión de Juan Guillermo: dos príncipes alemanes protestantes, de las proximidades; el emperador Rodolfo de Austria; la monarquía española, que planeaba extender sus dominios de los Países Bajos.

La empresa es arriesgada, y se corre el albur de que degenere en una guerra conjunta contra varios enemigos. Enrique IV vacila, y la situación de tensión persiste hasta el momento en que un asunto sentimental precipita los acontecimientos.

EN EL CARRUAJE HAY SOLO UN CADÁVER
En ese mismo año de 1609, él se apasiona por una joven, Carlota de Montmorency, pero ella está a punto de casarse con el apuesto caballero Bassompierre. Enrique no tiene intención de desposarla. Prefiere verla casada con otro y mantener con ella relaciones clandestinas. Pero el marido no debe ser muy bello ni joven, pues de ese modo la competencia podría resultar difícil.

La obliga entonces a casarse con el Príncipe de Conde, quien es joven pero está lejos de ser guapo. Una vez casados, Conde desconfía de la asiduidad del rey junto a su esposa… Decide por ello esconderla en los Países Bajos, donde cuenta con amigos influyentes. Enrique tratará de raptarla de Bruselas repetidas veces, pero sin éxito.

La guerra se le presenta de pronto como una solución viable para dos problemas: conquistar la herencia de Juan Guillermo y, de paso, recuperar a su elegida. Propone alianza a la Unión Evangélica, coalición de príncipes protestantes alemanes. Se inician, así, los preparativos para un conflicto armado contra España y el emperador de la Casa de Austria.

El 14 de mayo de 1610 Enrique sale de palacio y se dirige al arsenal para inspeccionar los armamentos. Su carruaje debe atravesar una callejuela atestada de gente. Una persona se destaca de entre la multitud y, sin dificultad, se aproxima al soberano. En pocos segundos todo está consumado: Enrique es apuñalado por dos veces en el corazón. «No es nada», murmura el monarca. El carruaje continúa su camino; pero sólo transporta el cadáver del rey. El criminal, Francisco Ravaillac, fue condenado y ajusticiado por regicidio.

La muerte de Enrique IV deja un gran vacío. Súbitamente, aquellos que lo combatían descubren en él un gran monarca, el «más querido» de los reyes franceses.

Como el futuro rey Luis XIII, su heredero, tiene nueve años, se da la regencia a María de Médicis. A su sombra varios clanes políticos esperan tomar las riendas del poder.

Seguirá a partir de entonces un largo período de anarquía hasta que llega a imponerse una personalidad fuerte, a la altura del monarca muerto: la del cardenal Richelieu.

RESUMEN FINAL: A pesar de la represión religiosa ordenada por Enrique II, en la época de su muerte, en 1559, había más de 2.000 iglesias protestantes en Francia. La expansión del calvinismo conduce a las llamadas guerras de religión, que resultan de diferencias políticas y sociales. Los litigios comienzan en 1562, tras la masacre de Vassy; los Guisa, católicos, dirigen su ataque contra los protestantes. En 1570, éstos obtienen del rey (Tratado de St. Germain) las plazas fuertes de La Rochela, Cognac, Montauban y La Charité.

La Noche de San Bartolomé (24 de agosto de 1572), cuando son asesinados millares de protestantes, hace recrudecer la lucha. Aunque derrotados, los hugonotes reciben algunas concesiones de Enrique III que, por eso, se torna sospechoso a los ojos de los católicos. Y como Enrique de Navarra, hugonote, es el legítimo heredero del trono, aquéllos organizan la Santa Liga, comandada por Enrique de Guisa, que se alía a Felipe II en 1584.

Se inicia así la Guerra de los Tres Enriques. Enrique III manda matar a Enrique de Guisa, y él mismo es asesinado por un fanático. Enrique de Navarra sube al trono con el nombre de Enrique IV. Combate a la Liga y al ejército de ocupación, pero en 1593, se convierte al catolicismo y, a través del Edicto de Nantes (1598), pone fin a las guerras religiosas: concede a los hugonotes relativa libertad de culto e igualdad de derechos políticos. Empero, Francia permanece mayoritariamente católica.

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El imperio Español Carlos V Felipe II Habsburgo Los Comuneros

El imperio Español Carlos V –  Felipe II Habsburgo

ESPAÑA EN EL SIGLO XVI : España, la primera gran potencia de la Europa moderna: La importancia que España logró en Europa en el siglo XVI estuvo basada en el poder y la inmensa riqueza  que tenía a su disposición a través de los dominios descubiertos y conquistados en América. Y ese poder y riqueza afectaron la forma y la dirección en que se desarrollaron los otros Estados europeos que se estaban consolidando.

La monarquía española combinó dos conjuntos de recursos. Por una parte, se benefició más que ninguna otra de la política matrimonial dinástica. Y por otra, la conquista de América le proporcionó una superabundancia de metales preciosos.

En el siglo XVI, el Estado español contó con un volumen de territorio, influencia y tesoros, que ninguna monarquía rival podía igualar.

Los Reyes Católicos y la unidad política de España

A fines del siglo XV (1469) , el matrimonio de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón —los dos reinos más importantes— sentó las bases de la unidad política de España. Sin embargo, el poder de la monarquía no fue reconocido del mismo modo en todas las regiones del reino. Isabel y Fernando pusieron en práctica un programa de reorganización económica y política para fortalecer su autoridad, pero no lograron la fusión administrativa entre Aragón y Castilla.

Los Reyes Católicos no pudieron establecer una moneda única ni un sistema fiscal y legal común dentro de sus reinos.

Los reyes católicos.

Los reyes católicos.

 Los reyes católicos. En Castilla se concentraba la mayor parte de la población de España. Era tierra de una aristocracia con enormes posesiones, en las que el cultivo de cereales había sido abandonado progresivamente para dar lugar a la cría de ovejas.

Esta producción conectó a las ciudades castellanas con la industria textil de Flandes. En el reino de Aragón, a diferencia de castilla, la aristocracia local todavía ejercía sus poderes feudales sobre un campo estéril y en el que sobrevivía la servidumbre.  La actividad económica de la región era el comercio en el Mediterráneo y la ciudad de Barcelona era el centro de un imperio mercantil donde residían los grupos comerciales más ricos de la región.

 

El imperio de Carlos V Habsburgo. Dinastías y política matrimonial. Desde 1438, miembros de la casa de Austria y de la familia de los Habsburgo, ocuparon el trono del Imperio Germano.

Ellos siguieron una hábil y afortunada política matrimonial. Maximiliano I se casó con Maria de Borgoña. Esto significó que a los Estados patrimoniales de Maximiliano —Austria, Estiria, Carintia, Canijola Tirol y Alsacia meridional— se añadieron Flandes, Países Bajos, Brabante, Luxemburgo, Artois y el Franco Condado. Pero el matrimonio decisivo fue el de Felipe el Hermoso —hijo de Maximiliano— con Juana la Loca —hija y heredera de Fernando e Isabel- los Reyes Católicos—. Por parte de Aragón, eran Estados patrimoniales de Juana: Sicilia, Cerdeña, Nápoles y Navarra; y por parte de Castilla, las colonias de América. De este matrimonio nació el que después será Carlos V de Alemania y I de España.

Carlos V Habsburgo

Carlos V Habsburgo fue el creador del primer imperio colonial moderno.
Sobre su imperio nunca se ponía el sol: era un Imperio sin crepúsculo.

Durante la primera mitad del siglo XVI, Carlos de Habsburgo, el nieto de los Reyes Católicos, fue elegido emperador del Imperio Germánico.

Sobre la base de los territorios de la Casa de Austria (a la que pertenecía su padre, Felipe de Habsburgo)  y los territorios de Castilla y Aragón (que había heredado su madre Juana), Carlos V se propuso reconstruir un imperio universal  cristiano. Amplió su base territorial en Europa y justificó la extensión de su dominio en la defensa de la religión católica.

Sin embargo, la tentativa de Carlos V de unificar política y culturalmente los Estados que formaban el Imperio Germánico, se enfrentó con una pluralidad de lenguas, tradiciones y costumbres. También contribuyeron al fracaso del imperio europeo los enfrentamientos que originó la Reforma protestante. Este fue un movimiento que se originó en Alemania en 1517 y dividió a los miembros de la Iglesia cristiana en católicos y protestantes.

El emperador no logró establecer la monarquía hereditaria ni una administración centralizada. Pero el intento de Carlos V de organizar un imperio provocó la reacción de los otros Estados. Muchos reyes y príncipes lucharon contra él para asegurarse el dominio en su territorio. Desde esta época se fueron estableciendo las fronteras que separaban los territorios de cada Estado.

División religiosa de Europa a fines del siglo XVI

El emperador Carlos V intentó contener la reforma religiosa por medio de la negociación, pero finalmente estalló la guerra entre católicos y protestantes. En 1555, por la Paz de Augsburgo, Carlos V reconoció a los Estados del Imperio Germánico el derecho a elegir su religión y a que los súbditos profesaran la misma fe que su príncipe. De este movimiento surgieron diversas iglesias: la luterana en Alemania, la calvinista en Francia y la anglicana en Inglaterra. Poco a poco los europeos fueron abandonando la idea de la unidad del cristianismo..

 La rebelión de los Comuneros

En 1520 y 1521, Segovia, Toledo, Guadalajara, Madrid, Ávila, Burgos, Valladolid y otras ciudades, se sublevan. ¿Qué piden aquellos rebeldes que, además, son burgueses? En primer lugar, que el rey viva en España. que se case pronto y con una princesa portuguesa, a fin de realizar la unidad ibérica. Además, reducción de impuestos, derecho a llevar armas… Pero la revuelta no es contra el rey ni contra el Estado; es una revuelta nacional, de la nación española, contra los grandes —extranjeros en su mayoría— de la corte de Carlos V El jefe de los comuneros, Juan Padilla, consiguió una serie de éxitos militares. Después fue ejecutado. La sublevación de los comuneros, sublevación de una conciencia española, quedó así rápidamente truncada.” Los fundamentos del mundo moderno, de R.Romano y E. Tenenti, historiadores italianos contemporáneos.

Los Habsburgo en España:

La división administrativa del Estado español se acentuó con la llegada de Carlos I de Habsburgo al trono.  Al morir su abuelo materno, Fernando, en 1516, Carlos de Habsburgo se hizo coronar rey de Castilla y Aragón e inició el viaje a la península.

El nuevo rey no conocía el castellano y vino acompañado de consejeros flamencos que ocuparon los más importantes puestos en la Corte y en la Iglesia. Esto originó un violento rechazo por parte de la población de Castilla, la cual no apoyó las continuas campañas militares del monarca para extender y asegurar los dominios de su imperio, que eran costeadas con crecientes impuestos a las producciones del país.

Se produjo entonces una rebelión de los burgueses de las ciudades de Castilla contra el rey, entre 1520 y 1521. La rebelión de los comuneros fue sofocada por el ejército real al que se había unido la mayor parte de la aristocracia. La victoria sobre los comuneros fue fundamental para la monarquía española que intentaba fortalecer su poder, pero la derrota militar de los burgueses alejó la posibilidad de una alianza entre la monarquía y ese grupo social que impulsaba los cambios hacia el mundo moderno.

Carlos V: expansión territorial y debilitamiento del Estado español

Uno de los mayores logros de Carlos V fue la ampliación de los dominios de los Habsburgo. Pero fue inevitable la delegación de poderes en consejos y virreyes a cargo de la administración de las diferentes posesiones debido a la expansión territorial. La gran extensión del imperio de los Habsburgo hizo imposible su integración y obstaculizó el proceso de centralización administrativa.

Además, el Estado español se endeudó con préstamos para costear las guerras europeas. En 1556, cuando dejó el trono a su hijo, los ingresos de Carlos V se habían triplicado, pero como las deudas reales eran tan grandes, su heredero, Felipe II, tuvo que declarar la bancarrota del Estado un año después. Su gobierno es ejemplo de centralización y absolutismo. Establece definitivamente la capital del estado en Madrid. Símbolo de su poder es el Escorial, mausoleo, monasterio y residencia real.

Felipe II: ventajas y desventajas del tesoro americano

A partir de 1560, se descubrió en América del Sur las minas del Potosí:

VENTAJAS: aumentó fabulosamente la cantidad de metales preciosos recibidos en el puerto de Sevilla. La gran cantidad de plata que llegaba desde América fue una ayuda decisiva para el Estado español, porque le proporcionó ingresos extraordinarios.

El aumento de los ingresos reales gracias a los metales americanos influyó decisivamente en la política exterior española. El oro y la plata se podían utilizar para financiar los movimientos de tropas o las maniobras diplomáticas en toda Europa. Además, proporcionaba a los monarcas Habsburgo posibilidades de obtener préstamos y créditos por unas sumas que ningún otro príncipe obtenía.

DESVENTAJAS: el tesoro debilitó todavía más las bases de su poder porque la monarquía pudo sostenerse económicamente sin verse obligada a realizar la unificación fiscal y administrativa del reino.

Las campañas militares de Felipe II, Rey Prudente, continuaron a las de Carlos V Tuvo que enfrentar la rebelión de Holanda que estalló cuando Felipe II intentó restringir su autonomía política. La pérdida de los Países Bajos significaba una amenaza directa para los intereses económicos españoles, porque ambas economías eran complementarias: España exportaba lana y metales preciosos a los Países Bajos, y de ellos importaba productos textiles, material de guerra, cereales y pertrechos navales.

Además, su dominio aseguraba el cerco español sobre Francia. La guerra con los Países Bajos se extendió entre 1566 y 1598; España pudo reconquistar una parte de ellos pero las llamadas Provincias Unidas —Holanda— se independizaron. Además se empeñó en luchar contra la monarquía protestante de Inglaterra, e intervino en las guerras de religión de Francia para asegurar el catolicismo. La Armada Invencible fue derrotada por la flota de Isabel I de Inglaterra, pero Felipe II logró su objetivo con Francia.

El impacto de los metales americanos sobre la economía española. Los metales americanos llegaban a España por dos vías. Una eran los ingresos reales directos: entre el 30% y 40% de la producción que los productores americanos tenían que entregar en concepto de impuestos y cargas reales.

La otra era el uso de los metales preciosos como moneda para pagar las mercaderías indispensables —como aceite, vino y textiles— que no se producían en América. La llegada de los metales preciosos americanos influyó negativamente sobre las manufacturas de Castilla. Los textiles castellanos no pudieron competir ni en el mercado colonial ni en el interior de España. Los paños holandeses e ingleses eran más baratos. Los comerciantes de Holanda e Inglaterra comenzaron a satisfacer la demanda americana y de la misma España.

Por esto, los metales preciosos que llegaban a Castilla terminaron en manos de los extranjeros productores de bienes manufacturados y de alimentos. La economía española, agriada y urbana, quedó herida por las ventajas del tesoro americano

 

El fin del poder español en Europa

A finales del siglo XVI los envíos de plata desde América habían llegado a sus niveles más altos entre 1590 y 1600, pero los costos de las guerras habían crecido todavía más por lo que las finanzas del reino y la economía del país se encontraban en crisis. En 1596, Felipe II tuvo que decretar una nueva quiebra oficial.

Durante el siglo XVII, España fue perdiendo la mayor parte de sus dominios europeos a pesar de nuevas guerras para impedirlo, y se agravaron los problemas internos económicos y sociales.

Los tres reyes Habsburgos sucesores de Felipe II que ocuparon el trono de España durante el siglo XVII, fueron: Felipe III, Felipe IV y Carlos II. Recibieron el nombre de Austrias menores en oposición a sus antecesores, ya que fueron los peores monarcas de su tiempo, débiles y holgazanes; entregaron el poder a sus favoritos, quienes, gobernando en provecho propio, hundieron a España.

LOS REYES DE LA DINASTÍA DE LOS HABSBURGO

Austrias mayores

1516-1556: Carlos

1556-1598: Felipe II

Austrias menores

1598-1621: Felipe III

1621-1665: Felipe IV

1665-1700: Carlos II

Durante los reinados de los Austrias menores, el gobierno del reino quedó en manos de algunos nobles muy poderosos: el duque de Lerma primero, y el conde-duque de Olivares más tarde.

Estados Modernos: Fortalecimiento del poder real en la edad moderna

Estados Modernos: Fortalecimiento del poder real

HACIA UNA NUEVA FORMA DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA: EL ESTADO MODERNO

En Europa a mediados del siglo XV, ocurrieron transformaciones en la economía y en la sociedad, tales como la reconstitución de la agricultura, cambios en la organización del trabajo artesanal, un gran desarrollo del comercio y descubrimientos de nuevas tierras y por otro lado se produjeron cambios en la forma de organización política. Las monarquías de España, Inglaterra y Francia, por medio de diferentes caminos, lograron centralizar progresivamente el poder político.

Se descubrieron nuevas fuentes de riqueza, las rutas comerciales de la Europa medieval eran limitadas y hacia el final del siglo XIV e inicios del siglo XV, se descubrieron nueva zonas (India, África y América) y rutas comerciales, lo que trajo aparejado el ingreso de metales preciosos como la plata, oro y especias; también a la vez se desarrollaron las finanzas internacionales debido al nuevo comercio y nació una nueva clase social: la burguesía, una nueva clase adinerada, que tenía como profesión la acumulación de la riqueza.

Hubo una revolución en los métodos de cultivo de la tierra, gracias al progreso de la ciencia y de la tecnología, y, en consecuencia, en la distribución de la propiedad territorial. Por último se llevó a cabo un movimiento en contra de la corrupción de la iglesia.

En esta ilustración un duque adopta la postura de «los justos deberes» y reconoce como legitimo a un nuevo rey de Francia. Sin embargo era frecuente que los señores encuentres excusas y no realizaran estas ceremonias

 De la fragmentación a la centralización de la autoridad

La fragmentación de la autoridad se produjo en el plano político, y fue una de las características más importante del feudalismo. En cada señorío, los señores dictaban y aplicaban la justicia, imponían y cobraban los tributos a los campesinos, imponían las obligaciones a los siervos y formaban ejércitos. Pero la desaparición gradual de la servidumbre, a partir de la crisis del siglo XIV, amenazó directamente la autoridad de los señores feudales.

La producción agrícola comenzaba a destinarse al mercado, y el trabajo, en algunas regiones rurales, ya no estaba asegurado por obligaciones personales. Los ejércitos privados de los señoríos (a veces, sólo bandas armadas) resultaron cada vez más insuficientes para asegurar el trabajo y el orden en las tierras de los señores, ya que los campesinos se trasladaban en diferentes direcciones a escala regional.

Una autoridad centralizada, en cambio, podía organizar un ejército también centralizado. Por esto, la centralización de la autoridad política fue un instrumento eficaz para mantener al campesinado bajo la dependencia y explotación de la aristocracia feudal. De esta manera el poder del rey se fue fortaleciendo.

El fortalecimiento del poder real

El poder político de los reyes se fortalece y se sustenta gracias a la idea del origen divino del poder del rey, contribuyendo de esta manera, al régimen de monarquía absoluta. La Monarquía constituyó un Estado moderno basado en una fuerte dirección de gobierno, con un territorio definido y con una comunidad de individuos obedientes y sometidos al poder real.

Las monarquías tuvieron que enfrentarse con la nobleza feudal para consolidar la autoridad real. Los señores no estuvieron fácilmente dispuestos a ceder al rey su autoridad. Pero el mantenimiento del dominio de la nobleza como grupo sobre los campesinos, hizo necesaria la destrucción de aquellos señores que se opusieron a los avances de la monarquía. Al mismo tiempo la tierra pasó a ser propiedad privada de los señores para compensar la pérdida de autoridad política de la nobleza feudal.

A partir del siglo XV, las características de los Estados modernos fueron las siguientes:

la centralización del poder político y su concentración en un soberano —el rey o príncipe—, que era el único que tomaba las decisiones;

la obligación de obediencia al rey por parte de todos los habitantes de los territorios del reino (incluidos los que vivían en los territorios de los señoríos);

la creación y utilización de instrumentos nuevos para asegurar la obediencia al poder centralizado: las nuevas instituciones políticas como el derecho, la burocracia administrativa, el ejército, y la diplomacia, entre otras.

Un Estado territorial y soberano:

En los inicios de esta transición (sistema feudal – monarquía) la soberanía del rey dependía de obtener la obediencia de un número cada vez mayor de habitantes del reino y para consolidar su poder, las monarquías tuvieron que luchar contra los señores feudales, en sus señoríos, y las comunas de algunas ciudades que en otras épocas habían obtenido esa libertad.

Cada Estado tuvo que establecer su independencia y autonomía frente a los demás Estados para definir el territorio que le pertenecía.

Según el jurista francés Jean Bodin en su obra “Los Seis Libros de la República” (1576) la soberanía significaba:

• El control absoluto del poder por parte del soberano;

• El ejercicio vitalicio del reinado;

• El rey podía dictar leyes y derogarlas, según su voluntad.

Pero, según Bodin, el rey debía respetar las llamadas normas inquebrantables del derecho natural (la familia, la propiedad privada), y las leyes fundamentales del país.

El jurista francés Jean Bodin contribuyó con su obra a la fundamentación del nuevo Estado de los inicios de la Edad Moderna. Su obra Los seis libros de la República se publicó en 1576, en una época en que peligraba la unidad del país y del reino de Francia. Por esto, sus lecciones de soberanía tuvieron como primer objetivo el mantenimiento de Francia y de la monarquía francesa.

Las nuevas instituciones: Desde el siglo XVI, se fueron consolidando nuevas instituciones políticas en los nuevos Estados, que fueron (y son) los instrumentos a través de los cuales los gobernantes ejercen su autoridad sobre los gobernados y que, además, les permiten obtener la efectiva obediencia de éstos.

Las instituciones son, por ejemplo, las normas y las leyes; y también forman instituciones las personas empleadas por los gobernantes para cumplir funciones de gobierno, un ejército permanente, una burocracia administrativa, un sistema de impuestos, y la diplomacia internacional.

Los Estados sirvieron para proteger la propiedad privada y los privilegios de la nobleza feudal, y para mantener a los campesinos bajo su dominio. Pero las nuevas instituciones políticas también beneficiaron a los grupos burgueses dedicados al comercio y a las manufacturas. La centralización económica, la expansión ultramarina y la unificación de un sistema legal, contribuyeron al proceso de transición del feudalismo al capitalismo.

El escritor florentino Nicolás Maquiavelo (1469-1527) en su obra El Príncipe, sostuvo que en la política los principios deben someter-se a las exigencias fortuitas del momento y a una táctica oportunista.

Su ideal ya no era el soberano moderado, justo y generoso de los teóricos medievales, sino el príncipe que sólo tiene en cuenta el interés del Estado, que es el suyo propio. En la dedicatoria que Maquiavelo escribió en El Príncipe, afirmó: “No puede un señor prudente, ni debe, observar la fe cuando tal observancia se le vuelve en contra.”

 (ver su biografía y pensamiento)

Formacion de los Estados Modernos:Alemania,Inglaterra,España

Los Estados Modernos en Europa Occidental

Los campesinos agobiados de cargas, cansados de una vida miserable, no soportan más las exigencias siempre en aumento del señor feudal. Las ciudades, ya muy prósperas con el desarrollo del artesanado, peligran por la codicia del señor. ¿Cómo librarse de él? Piensan entonces en fortificar la monarquía. El feudalismo va llegando a su fin. En la Baja Edad Media, la autoridad del rey aumenta lentamente. Los señores feudales, muchos de ellos más poderosos que el mismo soberano, se debilitan con sus luchas e intrigas.

Los grandes feudos desaparecen, se borran. Comienzan a dibujarse las naciones que serán gobernadas por el rey con poder absoluto. Estas naciones se llamarán España, Francia o Inglaterra. Habrá un rey de España, de Inglaterra, de Francia. El imperio alemán no cuenta en esta transformación; continúa dividido, disgregado por celosos e inquietos señores y pierde importancia.

Italia es un mosaico de ricas y turbulentas repúblicas burguesas. Sin unidad, no podrá competir con los nuevos reinos más fuertes y más ricos, con reyes todopoderosos. Rusia apenas se insinúa .. . ¿Cómo nacen estas naciones, es decir los futuros estados modernos?

Formación de los primeros estados

Durante los siglos XV y XVI, el mapa de Europa occidental comenzó a mostrar estados con territorios
cada vez más amplios unificados en torno de un poder central.

NUEVOS MEDIOS PARA CENTRALIZAR EL PODER:
El fin de la Edad Media fue un período de profundos cambios para la historia europea. Hasta ese momento, los fuertes localismos impedían la consolidación de los estados en la mayor parte del continente.

A mediados del siglo XV, comenzaron a desarrollarse monarquías centralizadas en algunos países europeos; es decir, estados que alcanzaron su unidad política en torno de la figura de un rey. Estas monarquías protegieron los intereses de los nobles urbanos y de los burgueses acomodados, pero no beneficiaron a las clases más pobres.

En ciertos casos, a estos reyes se les opusieron algunos sectores de la nobleza feudal, que no querían perder sus privilegios. Sin embargo, los monarcas lograron afirmar su autoridad frente a los localismos y consolidar lo que llamamos estado moderno, es decir un territorio delimitado y unificado, un poder centrado en el rey y una autoridad basada en la obediencia de todos los grupos sociales al monarca.

Para lograr esta centralización del poder, los reyes se valieron de cuatro elementos fundamentales:

• el derecho romano, que les brindó las normas jurídicas para una nueva organización del estado;
• una
burocracia al servicio del monarca, formada por un conjunto de funcionarios (secretarios, embajadores), de origen noble o burgués;
• un ejército permanente, compuesto por soldados a los que se pagaba por su tarea, llamados mercenarios;
impuestos obligatorios, pagados, sobre todo, por los campesinos y los habitantes de las ciudades, que permitieron solventar la burocracia y las guerras.

Si bien este estado moderno se consolidó en algunos países de Europa occidental (la Francia de Luis XI, la Inglaterra de Enrique VIII), otras regiones, como las actuales Alemania e Italia, no lograron esta unidad nacional. En España se produjo la unidad política del reino con el matrimonio de la reina Isabel de Castilla y el rey Fernando de Aragón -los Reyes Católicos-.

En 1492, los Reyes Católicos expulsaron a los moros de su último reducto en Granada y en 1512, con la anexión de Navarra, completaron la unificación. En 1492, la acción de los reyes posibilitó también el descubrimiento de América. España ingresó al siglo XVI con un reino unido y expandiéndose en el océano Atlántico. Fue el siglo de su mayor esplendor y de su predominio en Europa.

PARA SABER MAS…
LA EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO DE ESTADO

La idea del Estado que tenemos hoy es fruto de una evolución lentísima y secular. Sin remontarnos demasiado en el tiempo, podemos distinguir tres tipos diferentes de Estado que, en el curso de la historia, se han sucedido uno a otro: el Estado »patrimonial», el Estado «de policía» y el Estado «de derecho».

EL ESTADO «PATRIMONIAL»
Después de la caída del Imperio Romano y cuando, con la monarquía carolingia, se afirmó el sistema feudal, el soberano era dueño absoluto del Estado. Su voluntad era ley; era suyo el territorio nacional con todos los bienes que en él se encontraban; en cuanto a los habitantes —que no eran «ciudadanos», es decir, titulares de derechos, sino simples «súbditos»—, tenía sobre ellos poder de vida y muerte; con mucha frecuencia, el que deseaba concertar un contrato o tomar esposa debía pedir permiso al rey, y éste podía negárselo. Así, pues, no se reconocía a los súbditos ningún derecho, ni civil ni político. En otras palabras: territorio, bienes y súbditos constituían el patrimonio personal de un monarca, del mismo modo que, actualmente, uno de nosotros posee una casa o un automóvil. Debido a ello, a ese tipo de Estado se lo llamó «patrimonial». Por lo demás, la historia nos demuestra que en aquella época el soberano disponía del Estado como de una propiedad privada cualquiera: lo dejaba por testamento a un solo heredero o lo dividía entre sus hijos; confiscaba los bienes de un vasallo considerado infiel; asignaba tierras, casas y campesinos a quienes quería premiar, etcétera.

EL ESTADO «DE POLICÍA»
Con el ocaso del feudalismo terminó también el  Estado patrimonial, y se dio un paso adelante por el camino del progreso civil. En el siglo XVIII se afirmó como sistema de gobierno el «despotismo ilustrado» de María Teresa de Austria y de Federico II de Prusia.

En ese nuevo tipo de Estado, el soberano era siempre un monarca absoluto: no obstante, proclamaba solemnemente gobernar no por interés propio, sino por el bien del pueblo. Así, a Federico II de Prusia le gustaba autodefinirse como «primer servidor del Estado». Mas el pueblo no podía participar en el gobierno. No se celebraban elecciones y el poder permanecía en manos del soberano, quien nombraba y destituía, a su antojo, a los ministros y a otros funcionarios del Estado, sin tener que dar cuenta a nadie.

Por tanto, los habitantes seguían siendo considerados como «súbditos» y no como «ciudadanos». Pero, a diferencia de lo que sucedía en el Estado patrimonial, se les reconocían derechos civiles y podían disponer de lo suyo, etc., sin tener que pedir permiso al soberano. A este tipo de Estado se le llamó «de policía» porque, según los estudiosos de la época, policía correspondía a administración interior.

EL ESTADO «DE DERECHO»
Después de la Revolución Francesa y de los movimientos liberales del siglo XIX, la idea del listado sufrió una nueva trasformación y, en el siglo actual, se ha llegado, por fin, a la concepción moderna y justa del Estado de derecho.

¿Por qué «de derecho»? Porque todas las relaciones entre las personas y el Estado se regulan por el derecho y no por el arbitrio de un monarca absoluto, y porque la ley obliga también al Estado, que es el primero que debe respetarla.

En el Estado «de derecho» las personas ya no pertenecen al patrimonio personal de un emperador; ya no se las considera como subordinadas que no tienen derechos, pero sí el deber de obedecer las órdenes del soberano iluminado. Ya no hay súbditos, sino ciudadanos. Y decir «ciudadanos» quiere significar personas que tienen derechos civiles y políticos que el Estado no puede violar, sino que debe reconocerlos y tutelarlos.

Por lo tanto, los ciudadanos pueden participar activamente en la administración del Estado, eligiendo sus representantes para ocupar los cargos más importantes del mismo. Y no sólo eso: los ciudadanos representan, sin duda alguna, un: de los elementos que constituyen el Estado, desde el momento que el Estado, como ya dijimos, está formado, ante todo, por un «pueblo».

Fuente Consultada: Historia de Europa Moderna y América Colonial
Alonso/Elisalde/Vázquez