Biografia de Murat Joaquín Rey de Nápoles Vida Política



BIOGRAFÍA JOAQUÍN MURAT

Los primeros años del siglo XIX vieron comprometerse en los viejos tronos europeos a audaces intrusos impulsados por su valor, y sostenidos por el magnífico jefe Napoleón, que saltó de revolucionario y republicano entusiasta a emperador de los franceses, y ante quien todos los poderosos del continente se inclinaban.

Así llegó Joaquín Murat a ocupar el trono del reino de Nápoles, arrebatado a los Borbones por el ejército francés.

Joaquin Murat

Joaquín Napoleón Murat fue un noble y militar francés al servicio de su cuñado Napoleón, gran duque de Berg, mariscal de Francia y rey de Nápoles entre 1808 y 1815 Joaquín Napoleón Murat fue un noble y militar francés al servicio de su cuñado Napoleón, gran duque de Berg, mariscal de Francia y rey de Nápoles entre 1808 y 1815

Este extraordinario personaje constituye un exponente de los tipos humanos llevados a la notoriedad por la Revolución Francesa.

Valiente hasta la temeridad, impetuoso, lleno de ambiciones, surgió a la historia universal en su condición de camarada de armas del poderoso Napoleón.

Destinado a una vida oscura, tanto por sus orígenes humildes como por su espíritu refractario a toda adaptación a las normas e instituciones establecidas, Murat alcanzó fama e influencia continentales por la tremenda explosión social que destruyó la tradicional monarquía francesa.

En su calidad de integrante del sistema napoleónico, logró una posición de primer plano en Europa, acompañando a su jefe y cuñado en su prodigiosa ascensión.

Durante algún tiempo, la política española llegó a ser determinada por este militar. Su acción, puede afirmarse, influyó indirectamente hasta en el proceso de la independencia de Hispanoamérica.

SU VIDA: Nació en La Bastide-Fortuniére (Francia) el 25 de marzo de 1767. Su padre, un posadero, lo destinó a la carrera eclesiástica, pero ello no conformaba al natural impulsivo, valiente y aventurero del joven Joaquín, que abandonó los estudios y volvió a su mesón. Pero le atraía la carrera de las armas, y sentó plaza en el regimiento de los cazadores de Ardennes, del cual fue expulsado poco después por indisciplina.



En 1791, a dos años de la iniciación de la Revolución, fue a París, ingresó en la guardia constitucional de Luis XVI, y logró luego el grado de teniente en el regimiento de cazadores a caballo. Se mostró revolucionario entusiasta, y su arrojo, nunca desmentido en el campo de batalla, le hizo lograr rápidos ascensos.

En el golpe del 13 de Vendimiario (5 de octubre de 1795), preparado por los realistas contra la Convención, actuó junto a Napoleón, encargado de reprimirlo. Cuando el joven general de la Revolución inició su famosa campaña de Italia (1796-1797), Joaquín Murat era brigadier y fue uno de los edecanes del jefe del ejército. Los destellos de la gloria de Napoleón alcanzaron a iluminar el nombre de Murat, considerado no tan sólo valeroso, sino también magníficamente dotado para las lides guerreras.

Cuando Napoleón realizó la campaña de Egipto lo acompañó, destacándose en múltiples hazañas. El 18 de Brumario del año VIII (9 de noviembre de 1799) intervino en favor de Napoleón con sus granaderos, en el golpe de Estado de Saint

Cloud que dio por fruto el ascenso de Bonaparte al cargo de primer cónsul. El Consejo de los Quinientos (una de las cámaras del poder legislativo francés durante el Directorio) nunca habría de olvidar la irrupción de los granaderos de Murat en el amplio recinto, ni la huida de los parlamentarios a través de puertas y ventanas. Tampoco lo olvidó Napoleón, que recompensó a Murat con el mando de la guardia consular y el matrimonio con una de sus hermanas: Carolina.

SU RÁPIDO ASCENSO

Napoleón, emperador, lo hizo mariscal del Imperio, príncipe en 1805, gran almirante y Gran Águila de la Legión de Honor, y gran duque de Cleves y de Berg. Intervino en muchas de las campañas napoleónicas y, después de la paz de Tilsit, recibió el mando de las tropas que harían la conquista de España.

Mucho tuvo que ver en la preparación del famoso «escándalo de Bayona», que dejó el trono de España en manos del amo de Europa. Murat sofocó, en una terrible represión, el movimiento madrileño del 2 de mayo de 1808. Cuando creía tener en sus manos el cetro español, vio cómo llegaba a las de José Bonaparte, pero recibió en cambio, como una compensación, el de Nápoles.

MURAT, REY DE NÁPOLES

Encontró un país dirigido por leyes casi medievales,, de gentes incultas, y amenazado en extensas regiones por el bandolerismo. Dispuesto a hacer del reino un Estado próspero, reformó las leyes, introdujo el código de Napoleón, desarrolló la instrucción, dictó medidas para proteger la agricultura y fundó el banco de Nápoles.

La administración fue confiada a hombres capaces, y el bandolerismo, perseguido. Se castigaba inmediatamente a los bandidos capturados, y es fama que a los más feroces los hacía exhibir por las calles de las poblaciones llevando sobre el pecho, suspendidas de una cuerda, las manos que les habían sido cortadas, como castigo ejemplar por los delitos cometidos.



Llegó a ser amado realmente por su pueblo, que le perdonaba muchas actitudes que deben atribuirse a su afán por la ostentación. Nápoles comenzó a pensar en sU independencia, y Murat alentó estas ideas, tratando de separarse del Imperio; llegó a ordenar la evacuación de los franceses, lo que motivó un decreto de Napoleón declarándolos «ciudadanos de derecho» del Reino de las Dos Sicilias (Nápoles) .

Disgustado con esa y otras actitudes de su cuñado, Murat inició conversaciones con las cortes de Austria y de Inglaterra, deseoso de ser reconocido por ambos países como soberano de Nápoles. Sin embargo, en 1813 volvió a combatir al mando de las tropas napoleónicas, hasta que la derrota de Leipzig, principio del fin del poderío del Gran Corso, lo hizo volverse a su reino, y, alentado- por el maquiavélico Fouché, firmó tratados con Austria e Inglaterra.

Napoleón escribía a su hermana Carolina: «Tu marido es de lo más valiente en- el campo de batalla, pero más débil que una mujer o que un fraile cuando no ve enemigos por delante. Carece totalmente de valor moral».

Sin embargo, cuando Napoleón, que había sido desterrado a la isla de Elba, inició su retorno en busca del trono de Francia (1° de marzo de 1815), Joaquín Murat se puso a su lado y, desafiando a los aliados, llegó hasta Parma.

Al principio, los pueblos lo siguieron con entusiasmo, pues lo consideraban su libertador, pero, luego. una sucesión de derrotas en el norte hizo que el fervor se disipara. Los ingleses amenazaban a Nápoles, por lo que debieron volver al reino, y la intervención de los austríacos transformó la retirada en un desastre.

LA ABDICACIÓN

En Nápoles, su muy querida Nápoles, abandonado por todos, Murat abdicó y partió para el exilio. El reino de Nápoles volvió a ser gobernado por Fernando de Borbón.

LA ULTIMA AVENTURA DE MURAT

Joaquín Murat siguió su lucha, decidido a recuperar el trono. Se hablaba de una verdadera intriga preparada para impulsarlo a la reconquista de su reino y llevarlo a la muerte. Partió de Ajaccio el 28 de setiembre de 1815, con doscientos cincuenta hombres, y desembarco en las costas de Calabria, el 8 de octubre con sólo 30 de ellos. contra lo que esperaba el pueblo no acudió en su apoyo, y capturado por la gendarmería borbónica, un tribunal militar lo condenó a muerte.

El día 13 de octubre fue fusilado. No desmintió ante la muerte el valor que lo animó toda su vida. Ante el pelotón de fusilamiento, dijo a los soldados: «Mirad al pecho y no al rostro». Así, a los 48 años, terminó la vida de Joaquín Murat, rey de Nápoles.



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