Enrique VII de Inglaterra Gobierno y Economia del Reinado



RESUMEN DE LA BIOGRAFÍA DE ENRIQUE VII DE INGLATERRA – SU GOBIERNO Y LA ECONOMÍA

Enrique Tudor, fue rey de Inglaterra desde 1485 hasta 1509 (fecha de su muerte), conocido en la historia como Enrique VII. Fue el primer monarca de la Casa Tudor, cuyo reinado dio paso a un periodo de unidad nacional después de los conflictos del siglo XV.

Enrique VII de Inglaterra

Era hijo de Edmundo Tudor, conde de Richmond (c. 1430-1456), y Margarita Beaufort, condesa de Richmond y Derby (descendiente directa de Juan de Gante, duque d

Después de que el rey Eduardo IV (de la Casa de York) arrebatara el trono a Enrique VI (de la Casa de Lancaster) en 1471, Enrique Tudor, que pertenecía a la Casa de Lancaster, tuvo que refugiarse en Bretaña.

ENRIQUE LLEGA AL PODER: Enrique Tudor, duque de Richmond, era el último representante de los Lancaster, puesto que descendía, por parte de su madre.

Adolescente enfermizo, pero reflexivo y tenaz, vivía en Bretaña desde la derrota del partido de la Rosa Roja. Cuando en 1484 murió el hijo único de Ricardo III, los numerosos adversarios de este último pusieron todas sus esperanzas en el joven Tudor; alimentaban el gran proyecto de casarlo con la hija de Eduardo IV, Isabel de York, uniendo, así, las dos casas de York y de Lancaster para poner fin a una guerra de la que todos estaban cansados.

Ricardo III, viudo de Ana Neville, pensó casarse con su joven sobrina para cortar de raíz estos proyectos; pero tropezó con tal resistencia por parte de la nobleza y de la burguesía que tuvo que abandonar este propósito.

El 10 de agosto de 1485, Enrique Tudor, sostenido por Francia, partió de Honfleur con 2.000 soldados, refugiados ingleses y aventureros bretones, y desembarcó en Milford Haven.

El encuentro con el ejército real ocurrió el 20 de agosto en Bosworth. La batalla fue sangrienta, llegándose al cuerpo a cuerpo.

Pero Ricardo, a pesar de la ventaja del número, fue traicionado por algunos grandes señores y se encontró  cercado;   se  negó  a  huir,  declarando «que moriría como Rey de Inglaterra», y después de haber combatido valientemente, fue muerto de un hachazo.

Enrique Tudor fue coronado y se casa con Isabel de York, de esta forma fueron unidas la Rosa Blanca y la Rosa Roja. Desde entonces, comenzó para Inglaterra un largo período de paz y de prosperidad.



ENRIQUE VII TUDOR E IRLANDA
El nuevo soberano no poseía ninguna de las virtudes caballerescas de sus predecesores, pero se reveló como un gran hombre político. Avaro, supo amasar una inmensa fortuna que le permitió no tener que recurrir al Parlamento en solicitud de subsidios.

Aprovechando la extrema debilidad de la nobleza después de esta larga crisis y del deseo de paz de la burguesía, supo, hábilmente, reducir los antiguos privilegios de la primera, favorecer los negocios de la segunda, y aliarse a la Iglesia para combatir la herejía, asentando el poder monárquico sobre bases sólidas.

De su reinado data la instauración en Inglaterra de una monarquía absoluta. Todo esto no se llevó a cabo sin oposición; dos nuevos pretendientes al trono trataron de imponerse durante los primeros años de su reinado.

Inglaterra, desde la Guerra de los Cien Años, se había desinteresado de Irlanda, que había adquirido una cierta autonomía de hecho y cuyo Parlamento decidía sus asuntos.

El duque de Clarence, segundo hermano de Eduardo IV, gobernador de la isla, nunca había estado en ella, dejando el poder al conde Tomás de Kildare, perteneciente a la poderosa familia irlandesa de los Geraldine. Por otra parte, Irlanda era favorable a los York y se mostró hostil a Enrique VII.

Así, cuando en el año 1485, un apuesto joven de Oxford, Lamber Symmel, pretendió ser Warwick, hijo del duque de Clarence, los irlandeses se apresuraron a reconocerlo y a ceñirle la corona real. Y aunque Enrique VII, para denunciar la impostura, paseó al verdadero Warwick, que se encontraba encerrado en la Torre de Londres, por las calles de la capital, Margarita de York, viuda de Carlos el Temerario, sostuvo a este pretendido sobrino y le envió 2.000 soldados.

A la cabeza de 8.000 hombres, el 4 de junio de 1487, Lambert Symmel, que había tomado el nombre de Eduardo VI, desembarcó en las costas del Lancashire, fue derrotado en Stoke por el ejército real y hecho prisionero.

Se vio obligado a confesar que no era más que el hijo de un panadero de la ciudad de York, y, Enrique VII, para humillarlo, le concedió un empleo de pinche en las cocinas reales; este desgraciado pretendiente terminó como halconero del rey.

Enrique VII se apoyo, para gobernar, en tres grupos sociales: el primero de ellos era la gentry o aristocracia rural, compuesta por nobles propietarios de tierras feudales y burgueses enriquecidos con la compra de inmensos dominios; era necesario entregar al tesoro real un censo mínimo de veinte libras para formar parte de esta gentry, la cual obtenía, entre otros privilegios, el de desempeñar las funciones de juez de paz.

Los yeomen constituían el segundo grupo sobre el que se apoyaba la monarquía; pequeños terratenientes que entregaban, por lo menos, cuarenta chelines al rey, lo que les permitía intervenir en las elecciones del condado y formar parte del jurado.



Estos yeomen, caballeros o plebeyos, se aprovechaban del progreso de las técnicas agrícolas y se enriquecían rápidamente.

Finalmente, con su política de paz y de apoyo activo al comercio y a la industria, el rey agrupó tras de sí a los comerciantes y banqueros, cuyo poder aumentaba sin cesar. Gracias a estos sólidos apoyos, Enrique VII pudo prescindir del Parlamento, que no fue convpcado más que siete veces en 24 años, y de la nobleza; gobernó asistido por su consejo privado, cuyos miembros eran reclutados entre los hijos de burgueses procedentes de las grandes universidades.

LANA Y MAR EN LA ECONOMÍA: Inglaterra se dedicaba, desde hacía largo tiempo, a la cría de ganado lanar; esta actividad alimentaba la industria más importante del país: la textil. A fines del siglo xv, la reglamentación del trabajo fue severamente sometida al Parlamento y no a las corporaciones: no obstante, las corporaciones de tejedores seguían siendo muy potentes, sobre todo, en las grandes ciudades textiles, como Norwich.

Enrique VII favoreció también el desarrollo de la pesca: puertos como Berwick, Grimsby y Yarmouth fueron ampliados o acondicionados para la pesca del salmón, 3d oacalao y del arenque.

La extracción del hierro aumentaba en Sussex y Kent, y la industria metalúrgica de Sheffield era una de las primeras de Europa. Pero el progreso más notable se produjo en el comercio. Enrique VII, queriendo hacer de su país una gran potencia comercial, impulsó, ante todo, el desarrollo de la marina mercante; creó un arsenal en Portsmouth, hizo construir barcos que fletaba arrendándolos a los comerciantes, y financió expediciones, como la de Juan Cabot a Terranova.

Bajo su reinado, el Parlamento tomó dos acuerdos sobre navegación, concernientes al comercio de la lana y del vino, que fueron la base de la legislación marítima inglesa: en adelante, el comercio de estos productos con el extranjero debía hacerse, exclusivamente, sobre navios ingleses con tripulación inglesa. Para reducir el poder de la Liga Hanseática, Enrique VII la despojó de los monopolios de que gozaba en Inglaterra, y firmó tratados de comercio con los Países Bajos, Dinamarca y Riga.

Inglaterra importaba todos su objetos de lujo: la seda, los vinos y el azúcar de Italia; las especias y los tejidos finos de Gascuña y de Flandes. Para favorecer el comercio, el rey concedió privilegios a los venecianos y a la corporación de los comerciantes ingleses; la lonja, que estaba administrada por alcaldes elegidos, fijaba los precios máximos, fiscalizaba el pago regular de las aduanas reales y juzgaba los procesos.

Los puertos conocieron una actividad febril. Los del norte, Newscastle, Boston y Mull exportaban carbón y comerciaban con Noruega; los del sur, Plymouth, Southampron y Dover, se orientaban hacia el continente y el Mediterráneo; Bristol, gran importador de vinos, mantenía estrechas relaciones con Irlanda.

Si Inglaterra se convirtió en el curso de algunos años en una potencia marítima, se lo debió a su rey, que prefirió siempre la paz a una política de guerras y de conquistas. A finales del siglo, Enrique VII desempeñaba el papel de arbitro en Europa; se abstuvo de intervenir en las guerras continentales y dejó a Carlos VIII anexionarse la Bretaña.

Cuando este último partió a guerrear en Italia, firmó, como precio de su neutralidad, el tratado de Etaples, que reportó a Inglaterra 745.000 escudos. Finalmente, buscó la alianza de España y casó a su hijo mayor, Arturo, con Catalina de Aragón, hija de Isabel y de Fernando. Estos le hicieron unirse a la Liga Santa contra Francia.



A su muerte en 1509 dejaba a su hijo Enrique VIII, un reino poderoso y próspero, en que no quedaba un rastro de la larga guerra civil que lo había desgarrado.

Fuente Consultada:
Enciclopedia de Historia Universal HISTORAMA Tomo V La Gran Aventura del Hombre

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