Historia Catedral de Buenos Aires

Historia de Puerto Deseado:Origen de la Ciudad – Fuerte Español

Historia Fundación de Puerto Deseado
Lugar Histórico Nacional

SANTA CRUZ: Fueron  sus costas la región señalada por el destino para que el hombre blanco tomara contacto con nuestra tierra y sus habitantes.

En marzo de 1520 Hernando de Magallanes descubrió la bahía del río Deseado, el 31 sus cinco naves recalaron en San Julián y al día siguiente sus tripulantes bajaron a la playa para asistir a la primera misa. El almirante y su gente, hincada la rodilla en tierra, elevaron una oración de gracias al Creador.

Desde entonces la ruta de la Patagonia quedó fijada en las cartas marinas.

Sin embargo, por más de doscientos cincuenta años permaneció desconocida tan inmensa región y sólo en 1778, ante el temor de su pérdida, los soberanos españoles ordenaron fundar colonias que aseguraran su posesión.

El 23 de marzo de 1780 llegó a San Julián una escuadrilla colonizadora bajo la dirección de Antonio de Viedma, y como no le agradó la tierra intentó seguir a Santa Cruz, pero los vientos le llevaron a Deseado, donde debió pasar el invierno.

Allí fueron entonces levantadas las primeras casas, formadas las primeras huertas y se sembró el primer trigo en la Patagonia.

Allí también murieron una treintena de castellanos, las primeras víctimas del escorbuto.

Al año siguiente, trasladados los hombres, animales y elementos necesarios, se fundó la colonia de Florida Blanca a corta distancia de San Julián, que perduró tres años con toda felicidad.

Un segundo intento de posesión se efectuó entre 1790 y 1807 en Puerto Deseado con el establecimiento de una compañía pesquera y un fuerte, última avanzada cercana al estrecho donde ondeó el pabellón de España pregonando la conquista.

La Patagonia permaneció ignorada, hasta que en 1834 Carlos Darwin y Roberto Fitz Roy recorrieron las costas y se internaron por el río Santa Cruz.

Veinticinco años transcurrieron todavía antes de que un argentino pisara el territorio con el intento de poblarlo.

Tal mérito le correspondió al incansable Luis Piedrabuena, quien en 1859 se instaló en la isla Pavón y enarboló por primera vez la enseña argentina. Tiempo después, el 19 de diciembre de 1878, el gobierno, por intermedio de una fuerza naval militar, tomó posesión del territorio en el sitio conocido por el Cañadón de los Misioneros.

El 16 de octubre de 1884 se dictó la Ley 1.532 que creó la gobernación de Santa Cruz y se nombró gobernador al capitán Carlos M. Moyana, explorador de su territorio.

Por Decreto Ley N° 21.178 del 22 de noviembre de 1956 se organizó la provincia del mismo nombre. En el lapso comprendido entre junio de 1955 y diciembre de 1956 Santa Cruz integró, con Tierra del Fuego y la Antártida, la llamada provincia de Patagonia.

La primera capital fue Santa Cruz, pero el 19 de mayo de 1904 por decreto se designó capital a Río Gallegos.

LA HISTORIA:

Se   halla   ubicado   sobre   la   margen   izquierda   del   río   Deseado,   en   su   desembocadura en el Atlántico,  en  la  bahía que  lleva su  nombre,  descubierta  en  1520  por Hernando de  Magallanes,  quien  dio a  sus aguas  el  nombre de  Río  de  los Trabajos.

Años más tarde, el 21 de julio de 1586, salió del puerto de Plymouth la expedición corsaria del general Tomás Cavendish, con rumbo al estrecho de Magallanes.

Esta flota estaba formada por los buques «Hugh Gallant», «Content» y «Desire», que era la nave capitana. Con este nombre, incorrectamente traducido, ya que quiere decir Deseo y no Deseado, llamó Cavendish a aquel lugar al arribar el 17 de diciembre  de  1586.

Durante casi dos siglos fueron varios los navegantes que después de Cavendish hicieron escala en este paraje, hasta que en 1780 el rey de España decidió afirmar sus derechos sobre él, ya que marinos ingleses, en anteriores oportunidades, habían tomado   posesión   en   nombre   de   su   rey.

Fue así como cumpliendo órdenes del virrey Juan José de Vértiz, el 13 de enero de 1780, partió del puerto de Montevideo una expedición a cargo del superintendente interino don Antonio de Viedma.

Estaba formada por el paquebot «San Sebastián» y  los  bergantines  «San   Francisco  de  Paula»  y  «Nuestra  Señora   del   Carmen».

Tenía la misión de reconocer la costa patagónica desde el cabo San Jorge hasta el   estrecho   de   Magallanes,   para   formar   un  establecimiento   en   el   mejor   puerto.

Primer Puerto Deseado, Lugar Histórico

Viedma tocó primero la bahía de San Gregorio, después la de San Julián, y desde ahí intentaba alcanzar la de Santa Cruz, cuando vientos contrarios lo llevaron a Puerto Deseado, donde ancló ej 19 de abril del mismo año; desde ahí despachó la «San   Sebastián»   a   pedir   nuevas   instrucciones   al  virrey.

Obligado a pasar el invierno, desembarcó y con la mayor rapidez posible mandó se levantara una capilla, algunos ranchos para albergue y almacenes, al mismo tiempo  que  hacía  sembrar las  primeras semillas  del  trigo  que  germinó  en   esa  región.

La carencia de víveres frescos provocó entre los hombres de la expedición una epidemia de escorbuto; sumado esto al descontento general, pidieron abandonar esa tierra tan inhospitalaria.

El 28 de agosto, a bordo del bergantín «Nuestra Señora del Carmen», el gobernador envió hacia Montevideo a los enfermos y amotinados, quedando   sólo   con   veintiún   hombres.

El 12 de diciembre volvió el bergantín con la orden de abandonar Puerto Deseado y trasladar la gente a San Julián para establecer una colonia.

El 21, después de ocho meses   de  sufrimientos,   dejaban   para   siempre   el   desolado   paraje.

Diez años más tarde se fundó una colonia de la Real Compañía Marítima de Pesca,   institución   creada   por   orden   de   Carlos   III.

En mayo de 1790 se inició la construcción de un fortín de piedra y yeso, a una legua de distancia de la entrada del canal, en una amplia explanada de la costa norte, en tierras elevadas alrededor de catorce metros sobre el nivel medio de las mareas, y al pie de una cuchilla de rocas de porfirio, que lo amparaban de los vientos  huracanados  del  oeste.

Era un reducto cuadrado del cual tan sólo quedaban en 1900 tres torreones, y gran   parte  de   la   muralla   que   lo   rodeaba.

En 1792 se estableció en aquel lugar un presidio a pedido de la Compañía Marítima de Pesca, pero diez años más tarde ésta dio término a sus actividades, ya que   nunca   logró   producir   ninguna   utilidad.

En la época de las invasiones inglesas, los pocos pobladores del fuerte se retiraron a Carmen de Patagones; tiempo después, los indios tehuelches incendiaron las últimas   construcciones   del   fuerte   de   Puerto   Deseado.

El 23 de diciembre de  1834 el  almirante  inglés  Roberto  Fitz  Roy   —que   realizaba el levantamiento de cartas marinas en la costa patagónica— ancló con su buque «Beagle» frente a las ruinas de dicho fuerte.

El célebre naturalista Charles Darwin, compañero de expedición, hizo reconocimientos durarite tres días por agua y tierra, recopilando importantes datos para sus obras.

En 1880, el gobierno creó una colonia pastoril que más tarde fue disuelta por originar gastos muy grandes al erario, y cuatro años después, dieciocho personas llegadas en el vapor «Loire» constituyeron la nueva y definitiva colonia de Puerto Deseado.

Por decreto del 19 de diciembre de 1889 se creó el pueblo Puerto Deseado, y más  tarde  fue  aprobada   su   mensura.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 12.466 del 5 de noviembre de 1943.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de la Argentina Edit. ATLANTIDA Carlos Vigil

HISTORIAS EN PUERTO DESEADO:

Para proteger los  asentamientos españoles en América de los ataques piratas, como el famoso Francis Drake, se decide en 1584 enviar una expedición dirigida por Sarmiento de Gamboa a la patagonia.

Gamboa arriba con cinco barcos y quinietos trinta y ocho tripulantes, funda la «Ciudad de Nombre de Jesús», próximo a Cabo Vírgenes en medio de un tiempo borrascoso.

La gente debe soportar el frío extremo de esa zona y además el suelo no es muy apto para cosechas productivas, obligando a pasar tristes situaciones de hambre y frío extremo.

Gamboa decide fundar otra población en una zona menos hóstil, y zarpra con cincuenta tripulantes, mientras un centenar de colonizadores marchan a pie durante quince peligrosos días, donde eran atacador pos los indios de la zona.

Finalmente Gamboa  funda una nueva ciudad, llamada Ciudad Rey Felipe (futuro Puerto deseado) , pero al poco tiempo surge un nuevo malestar general por la falta de alimentos, que termina en un motín.

Cuando Gamboa quiere regresar a Cabo Vírgenes, la nave es arrastrada por un temporal que lo deja muy lejos, cerca de Río de Janeiro, desde ahi, solicita ayud a la corona pero el auxilio nunca llegó.

Ya sin esperanzas, decide volver a España, pero 1556 cae prisionero del corsario inglés  Walter Raleigh que lo entrega a Isabel II, reina que lo recibe con respecto y lo regresa a su hogar en España, pero con tanta mala suerte que durante el viaje es apresado en suelo francés y recién despúes de cuatro penosos años puede acudir a la ayuda de España, sobre suplicando por aquellos pocos pobladores del estrecho, a los cuales suponía vivos, pero que en realidad ya no quedaba nadie con vida.

Cuenta Roberto Hosne, autor de «Patagonia, El Territorio de la Aventura«: Un día de enero de 1587 tres mujeres y quince hombres, últimos sobrevivientes de la expedición de Sarmiento de Gamboa, aguardaban en la boca del estrecho por alguna nave salvadora hasta que, alborozados, estallando en llantos y gritos, agitando los brazos, divisan velas en la lejanía.

Era la flota del pirata inglés Tomás Cavendish, que había zarpado de Ply-mouth en julio de 1586 y luego de navegar frente a la costa patagónica fondea en el mismo sitio donde desembarcó Drake, quien había llamado al paraje Bahía de las Focas y que Cavendish rebautizaría «Desire», el nombre de su nave, que se perpetuó como Deseado.

Cuando se acercaba al estrecho avista al grupo de mujeres y hombres, cuyo aspecto era lastimoso; tres españoles subieron al Desire clamando auxilio y mientras uno quedó a bordo, dos fueron en busca de los que ansiosamente esperaban en tierra, pero cuando estos se aprestaban a embarcar, la nave de Cavendish empezó a alejarse. Estupefactos, veían como se apagaba su única esperanza de salvación.

¿Qué pudo haber motivado esa desconsiderada actitud de Cavendish?

La repentina aparición de vientos favorables, lo cual no era muy frecuente dado que generalmente soplaban en dirección contraria obstaculizando el ingreso al estrecho —se dijo— decidieron a Cavendish a aprovecharlos para continuar navegando, dejando de lado el sal-vataje de las diecisiete personas que esperaban por su rescate.

Tomé Hernández, el único español que subió a bordo del Desire fue el que relató más tarde este trágico episodio.
Cavendish remontó el estrecho y fondeó en Rey Felipe sin hallar a nadie, salvo a unos ejecutados pendiendo de la horca.

Francis Pretty, maestre del Desire, refiriéndose al resto de la gente, abatida por el hambre y las enfermedades, apuntó: murieron como perros en sus casas, y vestidos, y así los encontramos… mientras el villorrio estaba terriblemente inficionado por el hedor de la gente muerta.

Cavendish ordenó a sus hombres aprovisionarse de agua y leña, incautarse de las armas y cañones y destruir e incendiar el poblado, que rabautizó Port Famine (Puerto Hambre).

El último sobreviviente de la expedición de Sarmiento de Gamboa es rescatado por la Delight of Bristol, capitaneada oor el pirata Andrés Merrick, en enero de 1590.

La nave había recalado en Deseado para reparar averías y cuando se dirigía al estrecho, avistan y rescatan al español. Las tormentas huracanadas castigan al barco y quince tripulantes desaparecen.

Cuando anclan para efectuar refacciones son atacados por los indios y mueren otros siete marinos.  

Se  desencadena  una violenta tempestad y se traga a treinta tripulantes; estalla un motín y Merrick se ve obligado a regresar a Europa.

En el trayecto mueren él y el español y cuando la nave arriba al puerto de Cherburgo, del centenar de tripulantes con los que la Delight of Bristol había zarpado en 1589 de Plymouth, solamente seis quedaban con vida.

Puerto Deseado en 1600

Curiosa visión de Merian, en un grabado de 1655. En La desembocadura del río Deseado pueden versenaves ancladas, choiques (ñandúes) y guanacos moviéndose sin sobresaltos, mientras unos tripulantescazan pingüinos y, aparentemente, lobos marinos. Algunos hombres se aprovisionan de agua dulce y otros,observan el esqueleto de un patagón «gigante «.

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Historia de la Casa Natal de Sarmiento-Monumento Histórico

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ DOMINGO SARMIENTO

Esta casa, hoy histórica, fue levantada por el esfuerzo de la madre de Domingo F. Sarmiento, la que a principios del siglo XIX, dados los pocos recursos con que contaba, decidió subvenir con el producto de su trabajo a sus necesidades y a las del hogar que pensaba formar.

En aquella época había suma escasez de cierto genere para la confección de los hábitos de las órdenes religiosas, y doña Paula Albarracín procedió a su tejido para reunir algo de dinero.

En un terreno heredado de sus padres se alzaba una higuera grande, bajo la cual instaló su telar, en el que trabajaba incansablemente mientras vigilaba a los peones y albañiles que construían su casa, a quienes   pagaba  cada   sábado  con   el  dinero  obtenido   por  sus   hilados.

Poco tiempo después de terminada la modesta vivienda, doña Paula Albarracín casó con don José Clemente Sarmiento, y años más tarde, el 15 de febrero de 1811, nacía allí su hijo Domingo Faustino.

El terreno donde levantó su casa tenía treinta varas de frente por cuarenta de fondo, y hacia su lado sur se alzaba la única habitación de que constaba.

Era muy grande y estaba dividida en dos departamentos, destinado uno a dormitorio y el otro a sala de recibo.

Al paso de los años, y debido al influjo de las modas y la modificación de las costumbres, este último salón fue transformado.

El alto estrado, de origen y usanza árabes, y los cojines, tuvieron que ceder el paso a las modernas sillas.

Del mismo modo el tiempo hizo sentir la necesidad de blanquear las paredes.

Entre otras modifica ciones notables que sufrió el hogar de los Sarmiento, debe citarse la desaparición de la famosa higuera.

Además de las reformas anotadas anteriormente, la casa se fue ampliando poco a poco, agregándosele algunas habitaciones.

También el terreno fue aumentado con otro pequeño que el jefe de la familia compró en un momento de holgura.

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Cuando Domingo F. Sarmiento pudo reunir un poco de dinero con las economías de su sueldo de dependiente de una casa de comercio, lo hizo rodear con  un muro.

Sarmiento se refiere con palabras emocionadas al hogar paterno en sus «Recuerdos de Provincia», y dice así:

«La casa de mi madre, la obra de su industria, cuyos adobes y tapias pudieran computarse en varas de lienzo tejidas por sus manos para pagar su construcción, ha recibido en el transcurso de estos últimos años (escribía en 1850) algunas adiciones que la confunden hoy con las demás casas de cierta medianía.

Su forma original, empero, es aquella a que se apega la poesía del corazón, la imagen indeleble que se presenta porfiadamente a mi espíritu, cuando recuerdo los placeres y pasatiempos infantiles, las horas de recreo después de vuelto de la escuela, los lugares apartados donde he pasado horas enteras y semanas sucesivas en inefable beatitud, haciendo santos de barro para rendirles culto en seguida, o ejércitos de soldados de la misma pasta para engreírme de ejercer tanto poder.

. . .Rodeado de cerco, para ponerlo a cubierto de la voracidad de los pollos, había un jardín de hortalizas, del tamaño de un escapulario, y que producía cuantas legumbres entran en la cocina americana, el todo abrillantado e iluminado con grupos de flores   comunes,   un   rosal   morado   y   varios   otros   arbustillos   florecientes».

Sarmiento estuvo por última vez en su casa natal en 1884, con motivo de la inauguración de una nueva Casa de Gobierno en la ciudad de San Juan, circunstancia en que se le hizo objeto de un magnífico recibimiento.

La antigua casa se halla hoy convertida en Museo Sarmiento, y en 1942 la Comisión Nacional de Museos y Monumentos Históricos solicitó del director del Museo de Buenos Aires algunas reliquias y objetos que encuadraran en el ambiente de aquel lugar.

De este modo fueron enviados dos retratos, dos colecciones de «El Zonda», cinco antiquísimas sillas de algarrobo esculpido, seis sillones, una mesa, una chapa de ónix de San Rafael, una escultura de la Venus de Milo, de yeso imitando bronce, pintada por el mismo Sarmiento, y varios impresos históricos.

Cuando el terrible terremoto de 1944 la casa sufrió gravísimos deterioros, que fueron restaurados por el arquitecto Mario J. Buschiazzo, de la Dirección Nacional de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas.

Para ello hubo que desarmar los techos, reconstruyéndolos de barro, sobre cañizo y vigas de álamo, utilizando el mismo mate rial que había sido empleado en su fabricación, y reforzar interiormente los muros de adobe con un esqueleto de hormigón.

En la parte más antigua, aquella que había hecho levantar la madre del procer, fue colocado piso de ladrillos coloniales sacados de otras casas destruidas por el terremoto, ya que hace unos años se había alterado su fisonomía primitiva colocándole uno de pinotea.

Esta venerable vivienda, que posee tantos recuerdos del ilustre sanjuanino, situada en la calle Sarmiento 223, entre las de Laprida y Entre Ríos, es Monumento Nacional por Ley N° 7.062 del 7 de septiembre de 1910, siendo por lo tanto el primero declarado Monumento Nacional en nuestro país.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Enlace Externo: Casa Natal de Sarmiento

Casa Natal de Narciso Laprida en San Juan, Monumento Histórico

Casa Natal de Narciso Laprida en San Juan, Monumento Histórico

La casa donde nació don Francisco Narciso de Laprida estaba situada en la calle Ruperto Godoy, ex General Acha, número 238 al 40, de la capital sanjuanina.

Narciso Laprida

Edificada sobre un solar de unos treinta metros de frente y más de sesenta de fondo, se hallaba a una cuadra y media de la plaza 25 de Mayo, el centro más importante de la ciudad.

Si bien no se tienen noticias de la fecha en que fue construida, se sabe que sus primeros propietarios fueron miembros de la familia del procer, pasando, por sucesivas herencias, a poder de su hermana doña Trinidad Laprida, y de su esposo, don José Sánchez.

Años, más tarde, a la muerte de éstos, la finca pasó a poder de la hija del matrimo nio, doña Carlota Sánchez Laprida, quien la legó luego a su sobrina, doña Francisca Sánchez.

Esta, cuando recibió la casa, estaba casada con don Juan de Dios Jofré, profesor de enseñanza secundaria,, director general de escuelas y amigo dilecto de don Domingo Faustino Sarmiento.

casa de laprida

Muerto el señor Jofré, sus hijos, María Delia y Francisco Jofré Sánchez, quedaron como dueños de la casa hasta el año 1910, la cual la vendieron a don Héctor Conté Grand, distinguido hombre público y periodista, casado con doña Delia Jofré.

Entre los años 1922 y 1930 el señor Conté Grand realizó numerosas refacciones, no sólo en muchas de las veinte habitaciones de que se componía en aquel entonces la vieja casa, sino que le reconstruyó íntegramente el frente.

Muchas fueron las modificaciones que en el correr de los años se le hicieron a la amplia casa, destacándose entre ellas el agregado de un alero de tejas interrumpido en el centro por un arco y de uno más pequeño colocado encima de la puerta principal.

Además, se añadieron en la parte superior de las ventanas del frente molduras en forma de arco y otras semejantes a columnas.

En el año 1888 las autoridades provinciales colocaron en la fachada del edificio una placa de bronce en la que se leía la siguiente inscripción:

«Casa donde nació el Dr. Dn. Narciso Laprida, el 28 de octubre de 1786. Presidente del Congreso de Tucumán que declaró en 1816 la Independencia Nacional».

Si bien esta placa establecía de manera clara el 28 de octubre como fecha de nacimiento del procer, el día se ha prestado a diversas interpretaciones, pues en la partida de bautismo, ceremonia que se cumplió en la iglesia Matriz de San Juan el 30 de octubre de 1786, dice que:

«el R.P.Pr. de Santo Domingo, Fray Jacinto Irrásabal con licencia del Dr. Dn. Juan Alvarez, cura interino, Baptesó, puso óleo y crisma a Francisco Narciso, de tres días, hijo legítimo de Don Jose Laprida y Doña Isnacia Sánchez. . .»

Por sus antecedentes, la vieja casona fue declarada por Decreto N° 6.706 del 11 de marzo de 1948 Monumento Histórico, pero había quedado en tan malas condiciones luego del terremoto que azotó a la provincia en el año 1944, que fue necesario demolerla íntegramente.

Entonces el Poder Ejecutivo dio el 29 de julio de 1949 un nuevo Decreto N° 17.964, modificando el anterior y por el cual se declaró Solar Histórico el lugar donde se levantaba la casa, y en cuyos considerandos dice:

«Que con el precitado decreto se procuró rendir un justiciero homenaje a la memoria de quien actuó patrióticamente en la campaña de la Independencia y contribuyó a la organización civil de la Nación; y mantener vivo, consecuentemente, en el espíritu de las nuevas generaciones el culto de nuestras más honrosas tradiciones.

«Que se tuvo en cuenta, asimismo, el proyecto del consejo de Reconstrucción de San Juan, de formar en dicha ciudad un barrio histórico dentro del cual quedaría la rasa que fue del Doctor Laprida.

«Que dicho proyecto ha quedado sin efecto, agregándose a esta circunstancia el estado ruinoso en que se encuentra el edificio, cuya fachada habría que correr unos metros con motivo del nuevo planeamiento de reconstrucción de la ciudad andina.

«Que para justificar la declaración de Monumento Histórico, de acuerdo con la Ley 12.665, se impondría una restauración completa del referido edificio y la expropiación del terreno, la cual originaría un gasto que no es aconsejable efectuar en los actuales momentos por las disposiciones que exigen introducir economías en la Administración Pública».

En la actualidad en el terreno que ocupara se ha construido el moderno edificio de una galería, en cuyo frente fue colocada la placa mencionada anteriormente.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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La Posta de Yatasto,Lugar Histórico Nacional en Salta

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Junto al viejo camino del Alto Perú, entre  Metan y Rosario de  la  Frontera,  a treinta y siete  kilómetros de  esta  última  localidad  y  próxima  al   río Yatasto,  se  conserva esta casa en la que, según la tradición, los generales San Martín y Belgrano tuvieron  una  histórica entrevista.

A fines del siglo XVII don Francisco de Toledo Pimentel fundó la hacienda de Yatasto en tierras cedidas a su bisabuelo sobre el camino real que unía las ciudades de Salta y de San Miguel del Tucumán.

Allí hizo levantar la «sala» o casa habitación principal, de líneas bellas y simples con galería cubierta de tejas rojas; ambas  puertas de  madera tallada y alto  balcón  de  aspecto señorial.

En un informe que el obispo monseñor José de Cevallos envió al rey de España en 1734, señalaba la necesidad de establecer una ciudad en Yatasto, con residencia de las autoridades, pues desde ella podrían organizar con mayor rapidez la defensa de Tucumán y Jujuy en  caso  de  ataque  de  los  indios.

la posta de yatasto

En 1773 don Alonso Carrio de la Bandera, visitador general de correos, se detuvo en Yatasto cuando inspeccionaba las postas desde Buenos Aires al Perú, y en su informe a la corte expresaba:

«En la hacienda de Ayatasto, abundante de pastos y bosques, su propietario don Francisco Toledo, poseía 40 mil cabezas de ganado vacuno, cinco  mil yeguas,   mil  caballos,  aparte  de   las  crías  del  ganado   menor».

En la época de la Independencia, esta Posta «obró valor estratégico; el 26 de marzo de 1812 descansó bajo su alero el general Juan Martín de Pueyrredón, que venía en retirada desde Potosí al frente de una columna patriota, y ahí entregó el mando del  ejército al  general  Manuel  Belgrano.

A fines de 1813 este último se encontraba en Jujuy con los restos de su ejército salvados de los desastres de Vilcapugio y Ayohuma; y enfermo y deprimido, pidió al gobierno lo relevara del alto puesto.

Mientras tanto, para proteger la frontera contra los realistas, fue enviada de Buenos Aires una expedición al mando del entonces coronel de granaderos José de San Martín, que iba en carácter de segundo jefe del ejército Auxiliar del Perú a ponerse a las órdenes de Belgrano.

Cuando Belgrano tuvo conocimiento de esto le escribió manifestando su alegría:

«Vuele si es posible —decía—, la patria necesita que se hagan esfuerzos singulares. . . No tendré satisfacción mayor que el día en que logre estrecharlo entre mis brazos y hacerle ver lo que aprecio el mérito y la honradez de los buenos patriotas como usted. . .»

Durante su permanencia en Jujuy le envió varias cartas más, y en todas ellas insistía para que apresurase la marcha:

«porque —expresaba— estoy firmemente persuadido  de  que  con  usted  se  salvará   la   patria. . .»

San Martín llegó a Tucumán el 11 de enero de 1814, y cumpliendo una orden de Belgrano   partió en su busca.

En esa fecha ya el general —evacuado Jujuy, con sus reducidos batallones— caminaba hacia el sur.

En la Ciénaga, el día 16, se dirigía a San Martín, y le informaba que en Cobos tuvo la suerte de conocer a sus granaderos, agregando:

«. . .y V. S. si puede venir a encontrarme, en el caso de que su enfermedad se lo permita, lo agradeceré, pero de no, regrese sólo a curarse. . .»

Al día siguiente, cambiaba de parecer y le escribía: «Voy a pasar el río Juramento, a hallarse V. S. con la tropa tan  inmediata sírvase esperarme con ellas. . .»

El 19 había cruzado el río con toda felicidad; y el 21 se hallaba en las Juntas —todavía al norte de Yatasto—, desde donde despachó un comunicado para el coronel de granaderos:

«Visto éste, se pondrá en marcha para la ciudad de Tucumán, donde se dará a conocer como segundo jefe. . .»

En  cumplimiento de esta   orden,    San    Martín    regresó   a   Tucumán,    donde esperó al general Belgrano, que llegó en la noche del 27.

De acuerdo con los documentos existentes,  ésta es la  primera  entrevista que  mantuvieron  ambos jefes.

Muchos son los historiadores que dicen que la histórica entrevista en Yatasto se realizó el 28 ó 30 de enero, pero esto no es posible dado que en esas fechas los dos estaban en Tucumán.

Es significativo destacar que en las historias de San Martín y Belgrano escritas por el general Mitre —el primero que nos habla de esta entrevista— no fija fecha.

Además, en los archivos argentinos no se ha encontrado ningún documento en el cual los generales San Martín o Belgrano hagan referencia al encuentro de Yatasto.

Bajo los soportes del balcón hay una placa conmemorativa que dice:

«San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en esta casa en enero de 1814, concordando el genio militar y la abnegación —el verbo de la emancipación americana. Homenaje de la 6° División de Ejército, en su visita del día 2 de junio de  1921».

Hoy, la Casa de Yatasto, llamada también del Altillo y después del Encuentro, pertenece a la familia de Gómez Rincón.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 95.687 del 14 de julio de 1941.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Casa Natal de San Martin:Historia del Lugar Histórico en Yapeyu

HISTORIA DE LA CASA DONDE NACIÓ EL GENERAL SAN MARTIN

Yapeyú (Corrientes) , el histórico pueblo, se encuentra situado en el departamento de San Martín, y fue fundado sobre la margen izquierda del arroyo Guaviraví, en el rincón que forma su desembocadura con el río  Uruguay.

En el año 1626 era gobernador del Río de la Plata don Francisco de Céspedes, quien deseando poblar la zona del río Uruguay comisionó al padre jesuíta Roque González de Santa Cruz para que fundara la reducción de Nuestra Señora de los Santos Reyes de Yapeyú.

Durante los últimos meses de ese año el padre González inició la formación de un pueblo, al que no dio carácter de misión debido a la falta de pobladores.

En febrero de 1627, acompañado del padre Provincial Nicolás Duran y del padre Pedro Romero, quien fue encargado expresamente de establecer y organizar el pueblo de Yapeyú, dio principio a su obra el día 4 con cíen indios charrúas. A fines de mes ya se había levantado una capilla y una casa para el padre Romero, quien se hizo cargo de la misión.

casa de san martin en yapeyu lugar historico

El pueblo comprendía unas dieciséis hectáreas, con sus construcciones de piedra, adobe y tejas.

Los edificios jesuítas estaban distribuidos en dos patios: en el primero se ubicó la iglesia, el cementerio, las celdas para los padres y los talleres, y en el segundo había dos almacenes, el cabildo y la casa para los gobernadores.

Prontamente se convirtió en una de las reducciones más florecientes y sus fértiles tierras dieron origen a la ganadería y a la agricultura, llegando a tener en 1767 más de cuarenta y ocho mil vacunos de corral.

Yapeyú alcanzó el rango de capital de la provincia misionera, tanto por su magnífica posición estratégica, que cerraba el paso obligado para bajar a Buenos Aires o internarse río Uruguay arriba, como por su población y comercio.

El 14 de febrero de 1768 fue nombrado teniente gobernador el capitán Francisco Bruno Zavala, en la nueva organización administrativa de las misiones resuelta por Bucareili.

El 23 de agosto de 1768 y el 15 de enero de 1770 se acordó un cambio en la administración y Zabala pasó a Candelaria, mientras en Yapeyú quedaba don Francisco Pérez con Igual puesto.

El 6 de abril de 1774 se hizo cargo como teniente gobernador don Juan de San Martín, casado con doña Gregoria Matorras, padres del Libertador.

Se instalaron en la residencia de los gobernadores, que era una pequeña fortaleza, compuesta de una casa de familia con gran patio, una serie de cuartos pequeños para la tropa y un extenso corralón que servía de caballerizas.

El 25 de febrero de 1778 nació, según la tradición, en una de las habitaciones de esta casa José de San Martín, el cual se trasladó a principios de 1783 con sus padres a  Buenos Aires, embarcándose el  23  de  marzo   para  España.

El pueblo, cuna del héroe, fue incendiado el 13 de febrero de 1817 por trescientos soldados al mando del capitán Gamas, por orden del brigadier portugués Chagás.

Debido a este hecho y a la destrucción del tiempo, no quedaron de la antigua  misión  nada  más que  unas taperas  ocultas  por la  maleza.

Iniciada la reconstrucción, el gobernador de Corrientes don Juan Pujol pidió el 20 de agosto de 1859 restablecerlo con el nombre de San Martín, pero sólo un año después, el 13 de febrero de 1860, fue dictada la ley respectiva, acordando además entregar tierras gratis a los pobladores.

Debido a las malas mensuras, la casa donde nació el Libertador pasó a dominio privado.

La última delineación del pueblo, que estuvo a cargo del agrimensor Martín Zapata, se concluyó el 17 de junio de 1887.

En su informe decía que en la manzana N° 45, al costado sur, se hallan las ruinas de la casa de San Martín.

Era la primera de la barranca, tenía palmeras en su patio y estaba situada junto a un ombú; de los muros sólo quedaban restos, ya que los colonos establecidos en 1862 demolieron todo el pueblo, y nadie se preocupó  nunca de  restaurarla.

Como homenaje al Libertador se levantó el 12 de octubre de 1899 una columna conmemorativa en la plaza, y ese día Cecilio Ruidíaz donó al gobierno el terreno de la manzana 45, donde están las ruinas de la casa histórica.

El 17 de agosto de 1922 fue inaugurado el templete dentro del cual se guardan los restos subsistentes de la casa de San Martín, y que se construyó por suscripción popular.

Finalmente la provincia de Corrientes decidió declarar Monumento Provincial, el 3 de abril de 1938, «Las ruinas de la Casa de los Gobernadores de Yapeyú donde nació el general San Martín».

De acuerdo con un proyecto presentado el 13 de julio de 1915 por el diputado Ramón Beltrán y aprobado por ambas cámaras, el gobierno de la Nación promulgó el día  16 la Ley N° 9.655 que dice así:

«Artículo l° — Autorízase al P.E. para adquirir en propiedad la manzana de terreno ocupada por las ruinas de la casa que fuera del general don José de San Martín, en Yapeyú, con el objeto de restaurarla y conservarla como monumento de gratitud nacional».

Este antecedente viene a demostrarnos que, a pesar de lo que se ha dicho, las ruinas de la casa natal del Libertador no han sido declaradas Monumento Histórico.

En cambio el pueblo de Yapeyú, hoy San Martín, fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 24.455 del 6 de octubre de 1945.

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Cerro de la Caballada,Historia del Combate en Defensa de la Soberanía

Cerro de la Caballada, Historia del Combate Defensa de la Soberanía

Se halla ubicado a dos kilómetros de Carmen de Patagones, en una fracción de las actuales quintas municipales, números 51 y 52, sobre la margen izquierda del Río Negro, en la provincia de Buenos Aires.

El cerro, que tiene cuarenta y dos metros con treinta y cinco centímetros sobre el nivel del mar, debe su nombre —según la tradición— a que desde la fundación de Carmen de Patagones sus laderas, cubiertas por espesos chañares, sirvieron para proteger y alimentar a tropillas de caballos.

Fue escenario de una de las acciones más brillantes ocurridas durante la guerra con el Imperio del Brasil.

Cerro de la Caballada Lugar Historico

En conocimiento de que una escuadra del Imperio formada por las naves de guerra Duquesa de Goyaz, Itaparica, Escudería y Constanza, al mando del capitán de fragata inglés James Shepherd.

Había zarpado de Maldonado, República Oriental del Uruguay, y se dirigía hacia la Patagonia, el jefe político y militar de Carmen de Patagones, coronel don Martín Lacarra, ordenó, de acuerdo con los modestos recursos de que disponía, medidas de defensa para tratar de que los invasores no cumplieran sus propósitos de ocupación.

Fue escenario de una de las acciones más brillantes ocurridas durante la guerra con el Imperio del Brasil.

Mandó construir una batería sobre la margen norte del río cerca de la desembocadura, y cuatro cañones que no pudo trasladar a ella los hizo emplazar en los cerros la Caballada y Rial.

Mientras tanto frente al pueblo de Carmen de Patagones estaban anclados los buques corsarios y la fragata Chacabuco, comandada por el capitán don Santiago Jorge Bynnon, que se destacaría luego como uno de los más arrojados defensores.

El 25 de febrero de 1827 la expedición se encontraba próxima a la desembocadura del río Negro.

El 3 de marzo, forzada la entrada del río, efectuaron el primer desembarco, y el 6 lo hace el capitán Shepherd al mando de unos trescientos hombres, y luego de haberse extraviado debido al desconocimiento del terreno y a la oscuridad de la noche, en la madrugada del día 7 alcanza la cumbre del Cerro de la Caballada.

Desde el cerro contemplaron asombrados la distribución de las fuerzas patriotas dispuestas al ataque y que, a manera de advertencia, desde las naves corsarias disparaban sus cañones sobre la columna imperialista, que se vio obligada a dispersarse y ganar posiciones en los flancos del cerro.

Al mismo tiempo el subteniente Sebastián Olivera distribuye sus ochenta hombres en guerrilla y se aproxima al Cerro tiroteando a los invasores, que se guarecían entre los arbustos y matorrales.

En esta primera represión de los invasores, y a poco de iniciado el combate, cae muerto el capitán Shepherd.

La pérdida de su jefe desmoraliza a las fuerzas del Imperio y el capitán Guillermo Eyre, que había tomado el mando, ordenó retroceder sin dejar de disparar sus armas, tratando de mantener a distancia a la patrulla patriota.

El subteniente Olivera, previendo que las fuerzas enemigas de dirigían hacia la costa del río, adelantó su escuadrón y los obligó a caminar tierra adentro, haciéndoles sufrir las duras consecuencias no sólo del fuerte sol reinante sino también sed, hambre y fatiga, en grado tal que, entregando sus armas, se rindieron a discreción.

La victoria fue completa; se tomaron gran cantidad de prisioneros, armas gallardetes y banderas, desbaratando así el propósito imperial de apropiarse de la Patagonia.

Este hecho de armas, que constituye una de las páginas más gloriosas de nuestra historia, permitió afirmar en forma definitiva nuestra soberanía sobre tan vasto territorio.

En recuerdo de esta memorable acción en la cima del cerro se levantó una pirámide de mármol rosado de veintiún metros de altura, que fue inaugurada el 7 de marzo de 1927.

Ceremonia a la que asistió el entonces ministro de guerra, general don Agustín P. Justo en representación del Poder Ejecutivo Nacional, altas autorides nacionales y provinciales.

Al Cerro de la Caballada, con una extensión de tierra de ochenta metros de frente por cien de fondo, se le declaró de valor histórico por iniciativa de la Dirección de Museos, Reservas e Investigaciones de la Provincia de Buenos Aires.

Declarado Lugar Histórico por Decreto N9 12.641 del 17 de octubre de 1960.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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La Capilla de los Negros en Chascomús, Historia

La Capilla de los Negros en Chascomús Historia

Se encuentra ubicada en la ciudad de Chascomús, sobre la llamada antiguamente calle Ancha, hoy Boulevard Lamadrid esquina Venezuela, a una cuadra de la laguna.

Chascomús, situado a 120 kilómetros de la Capital Federal, tuvo su origen en el fuerte levantado por el comandante don Pedro Nicolás Escribano, el 27 de mayo de 1779, para contener las invasiones indígenas y al que denominó San Juan Bautista de  Chascomús.

En el correr de los años, alrededor del fuerte fueron levantando sus viviendas los estancieros y pobladores de la zona.

Utilizando para estos trabajos a los negros y mulatos esclavos que, aunque liberados, los mantenían a su servicio.

Entre ellos había carpinteros, albañiles, cocheros, jardineros, peones, etc., que, fieles a sus tradiciones africanas, aunque muchos eran nacidos en el país y vivían agrupados en el Barrio del Tambor, decidieron formar una cofradía o hermandad.

Capilla de los negros

Profundamente religiosos, la primera iniciativa fue levantar un capilla.

En un terreno que Juan Manuel de Rosas había donado a la «Hermandad de los Morenos del Sur Boyimbe de Ivenza», encabezados por el moreno Luciano Alsina se dieron a la tarea de su construcción.

Según algunos historiadores, pues no hay documento oficial que lo certifique, fue inaugurada en el año 1826, y para otros en 1832.

La capilla tiene 16 metros de altura.

Sus paredes primitivamente fueron en su totalidad de adobe, revocadas con barro, y en su interior pintadas de blanco; el techo era de paja, sostenido por gruesas cañas tacuara.

La puerta de entrada, hecha de madera dura y que aún se conserva, tiene 2,80 metros de altura por 1,20 de ancho con una artística aldaba o llamador.

Posee tres ventanas, dos sobre el lado izquierdo y una a la derecha, colocadas a no más de cuarenta centímetros del piso, que es de tierra.

Tanto el altar principal como los reclinatorios y bancos son de madera sin cepillar, toscamente trabajada y labrada.

El sitio de honor lo ocupan una imagen de la Virgen del Rosario y otra de la Virgen Morena.

En otro altar se halla la imagen de San Martín de Porres: el Santo Moreno con su escobita y el que, según la tradición, pasó toda su vida barriendo.

Además, adornan la capillita la Virgen Gaucha de Lujan, la de San Benito de Paiermo y un retrato de Ceferino Namuncurá.

La capilla, si bien bastante deteriorada por la acción del tiempo y falta de cuidado, se conservaba tal como era, hasta que en 1950 un violento temporal casi acabó con ella, pues destrozó el techo, las ventanas, la puerta lateral que da sobre la calle Venezuela y gran parte de las paredes.

Su precario estado movió al vecindario a encarar su reparación, pero el vecino don Ángel Canatelli, en unión de sus compañeros del Reino de la Amistad y ayudados por la Municipalidad, resolvieron reconstruirla en su totalidad, aunque conservando su primitiva forma, su piso de tierra y sus antiguas imágenes.

En ella ofició misa todos los domingos hasta su muerte, ocurrida en 1922, el cura párroco Don Julián Quintana, quedando desde esa fecha la capilla sólo como lugar de oraciones.

Encargada de su cuidado es la morena Guillermina Eloísa González de Luis, descendiente por rama materna de Luciano Alsina, su fundador.

Ella ocupa el lote lindero donde tiene su vivienda, heredado de su madre y la que, refiriéndose a la capilla, dice:

«La conservaremos mientras conservemos la fe».

En los considerandos del decreto que declara histórico el solar dice: que habiendo sido fundada aproximadamente en el año 1826 con la ayuda de la «Hermandad de los Negros», servía al culto de los núcleos de población que la circundaban.

Que durante la epidemia de cólera en  1858 y la de fiebre amarilla de  1871 fue utilizada  para  la  atención   generosa   de   los  enfermos  y  que   allí   se   refugiaron   los   muchos   patriotas heridos que combatieron contra Manuel de  Rosas en la batalla de Chascomús.

El solar donde  se alza  la  capilla fue  declarado  Lugar  Histórico el  22 de  junio  de 1962 por Decreto N° 5674.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de la Catedral de San Isidro: Caracteristicas y Construcción

MONUMENTO HISTÓRICO: LA CATEDRAL DE SAN ISIDRO

En los altos de las barrancas de San Isidro, sobre la avenida del Libertador General San Martín y circundado por las calles Ituzaingó y Belgrano, se encuentra el solar donde se levanta la Catedral y los paseos denominados Plaza Mitre y Tres Ombúes.

San Isidro es la más antigua de las poblaciones levantadas a orillas del río de la Plata, y sus tierras, lo mismo que las de Tigre hasta Vicente López, integraban lo que originariamente se llamaba el pago de Montes Grandes, y fueron repartidas por el fundador de Buenos Aires, don Juan de Garay, entre sus hombres en octubre de 1580 como suerte de chacras.

Según la leyenda, en las postrimerías del siglo XVII el entonces gobernador da Buenos Aires, don José de Herrera y Sotomayor, envió en comisión a la Guardia del Río de las Conchas al capitán Domingo de Acassuso.

Cuando llevaba recorrido gran parte del camino, ya fuera por el cansancio o el calor, se detuvo, y al pie de un espinilio resolvió descansar; a poco se quedó dormido y soñó que se le aparecía el santo San Isidro Labrador y le decía de la necesidad de levantar en el lugar una capilla destinada a su culto.

Catedral San Isidro

Catedral San Isidro

Preocupado por aquel sueño, antes de finalizar el año 1694 el capitán Acassuso había hecho construir en el lugar una precaria capillita, que según el presbítero doctor Francisco Actis estaba «hecha con tapia de adobes y techada de paja brava y juncos, a dos aguas, sostenida por tijeras de sauce: con su interior y exterior blanqueado y un esquilón suspendido a un lado de la puerta, sobre un alto horcón, que servía para llamar a los labradores a la oración.

El piso era de tierra endurecida; las paredes, lisas y cortadas por dos pequeñas ventanas, una a cada lado, y en el medio una imagen de San Isidro Labrador».

Pasaron los años y aquel capitán madrileño se había convertido en uno de los más ricos comerciantes y además propietario de una gran extensión de tierra que había comprado el 28 de agosto de 1706 a don Gonzalo de Zarate y que comprendía su  humilde capilla.

En ese mismo año, el 14 de octubre, decidido a honrar mejor al Santo: instituyó una capellanía con el título «advocación de San Isidro Labrador», y donó por escritura su chacra, que hoy constituye lo que es la ciudad de San Isidro, con el fin de levantar en ella un nuevo templo, y el resto de la tierra arrendarlo para sufragar los gastos del  culto.

En el mes de diciembre se inició la construcción en el mismo lugar donde estaba el espinilio, y el domingo de Pentecostés del año 1708 se inauguró.

Tenía un frente sencillo con una sola torre sobre el lado derecho, con una sola ventana por la cual se veía su única campana y una nave con bóveda corrida.

En la campana el capitán Acassuso hizo grabar:

«Esta iglesia, dedicada a San Isidro, se cimentó el año 1706, gobernando  la Silla Apostólica  Clemente XI  y  el   Imperio  Felipe  V».

En el año 1875 fue refaccionada, contribuyendo el vecindario con ladrillos, cal, tierra, etc., y su trabajo personal, todo con la dirección del maestro mayor de obras don  Fernando  Indart.

Poco duró esta iglesia, pues en 1895, debido a la inseguridad que ofrecía, se inició su demolición, pese a las protestas del vecindario, y en el mismo lugar se colocó el 6 de octubre de ese año la piedra fundamental de la actual Catedral, que fue bendecida el 14 de junio de 1898.

Junto a la iglesia se encuentra la plaza Bartolomé Mitre y el paseo Los Tres Ombúes, nombre que se le dio en su época por los tres ejemplares de esta planta que había en el lugar.

En los considerandos del decreto que los declara históricos se dice:

«Que en este sitio, ocupado hace tiempo por la actual Catedral, frente a la histórica  Plaza  y  próxima  al  Paseo  conocido  por Tres  Ombúes,  se  ha  formado  el  ambiente espiritual de San Isidro, del que emanan sugerencias de profunda significación histórica que concretan más de tres siglos de historia y sintetiza memorables acontecimiento de fuerte orientación cristiana inherente a la Nación y a la provincia de Buenos Aires».

Fueron declarados lugares históricos por Decreto N° 9.226 del 10 de octubre ds 1963.

Historia de Cura Malal Primera Conscripción Argentina

LUGAR HISTÓRICO DEL EJÉRCITO ARGENTINO:MONUMENTO DE CURAMALAL

El lugar donde estableció su campamento la primera conscripción argentina se encuentra ubicado en las sierras de Cura Malal, próximo a la localidad de Pigüé.

El 23 de noviembre de 1895 el Congreso Nacional sancionó la ley número 3.318, que establecía la formación del Ejército de la República.

Promulgada esta ley, se llamó bajo las armas a los ciudadanos nacidos en el año 1875 y con ellos se formaron las primeras legiones disciplinadas de soldados, con lo que se abolló para siempre el antiguo sistema de enganches.

En el cuartel del Regimiento 11 de Infantería que estaba situado en Pichincha y Garay se realizó la concentración de los ciudadanos llamados al servicio de la Patria.

El 15 de abril de 1896 los entusiastas jóvenes, llevando cada uno sus respectivos equipos, marcharon hasta la estación Sola, de Barracas, desde donde se embarcaron en trenes especialmente preparados.

Monumento Curamalal

Después de un viaje que duró casi veinte horas los conscriptos llegaron a Pigüé y desde allí continuaron a pie hasta el campamento.

Las carpas blancas que sirvieron de refugio a la tropa se habían instalado en las faldas de las sierras y en esas soledades ofrecían un aspecto tan original que se las conocía con el nombre de «ciudad blanca».

La primera conscripción argentina estaba formada por 7.648 hombres, al mando del general de división Luis María Campos.

Los conscriptos, que permanecieron en el campamento hasta el mes de julio, recibieron una intensa preparación militar y merced al tesón que pusieron lograron convertirse rápidamente de reclutas en aguerridos soldados.

Algunos, de los jóvenes enrolados dejaron interesantes crónicas de la vida en el campamento.

Uno de ellos, el doctor Horacio Beccar Várela, en los artículos que publicaba en «El Diario», expresaba:

«Las carpas son para cuatro personas y nos han destinado una para cada tres personas.

En los momentos de descanso, que son los menos, nos pasamos el tiempo acostados en las colchonetas, no tan mullidas como el colchón que mamá quería que trajese. Esto es una Slberia: sopla todo el día un viento que nos hiela los huesos».

«Por la noche el campamento ofrecía, dice el mismo cronista, un curioso aspecto. Cada carpa puede contarse porque en ella brilla una luz desde que entra la noche hasta la retreta, y si de día el campamento es; la ciudad blanca, de noche es la ciudad roja, pero no con luces radiantes e insolentes que hacen huir a las tinieblas, sino con las luces tenues que son la característica de los hogares modestos y tranquilos,  porque  el  campamento  es  el  gran  hogar de  la  familia   militar».

Para celebrar dignamente el día de la Patria —25 de Mayo de 1896— el general Luis María Campos preparó una gran revista militar, para que el jefe del Estado Mayor del Ejército, general Alberto Capdevila, y su comitiva tuviesen la oportunidad de apreciar el grado de Instrucción de los soldados.

«Ese 25 de Mayo, narra otro cronista conscripto, hubo dianas saludando a un sol que debió haber salido. Pero con sol o sin él, la alegría de todos fue extraordinaria. A pesar del intenso frío que reinaba y del pésimo tiempo, el general pasó revista, quedando admirado por el adelanto de la preparación militar obtenida en tan corto tiempo», y agrega el cronista: «almorzamos a las tres de la tarde, pues a causa del mal tiempo, y los malos caminos, los carros portadores de la leña con que se debían asar las vaquillonas y ovejas llegaron con varias horas de retraso. . .»

Una vez finalizado el período de adiestramiento, la división regresó a Buenos Aires y el 14 de julio de 1896 desfiló en medio de los vítores de la población, ante el doctor José Evaristo Uriburu, entonces presidente de la República, cruzando bajo un arco de triunfo levantado en la Avenida de Mayo frente a donde hoy día se encuentra el edificio  del  diario  «La Prensa».

Con el propósito de conmemorar la primera conscripción el vecindario de Pigué levantó en el sitio donde  había estado emplazada  la carpa  del  comando de  la  división Buenos Aires un obelisco macizo, construido con piedras procedentes del mismo lugar.

Este monumento fue obra del arquitecto Luis María Campos, descendiente del general que comandó aquella etapa inicial del nuevo ejército de ciudadanos soldados.

El 15 de abril de 1937, al pie del monumento, se realizó una emotiva ceremonia recordando aquel hecho histórico, en la que estuvieron presentes muchos de los antiguos conscriptos.

En el acto usaron la palabra el doctor Luis María Campos Urquiza, hijo del general Luis María Campos; la señora Sara Pueyrredón de López, presidenta de la Comisión de Homenaje, y el general Nicolás C. Accame, en representación del ministro de Guerra.

También ofició una misa de campaña el vicario general del ejército, monseñor Andrés Calcagno, y se colocó en la base del monumento una urna con los restos del Soldado Desconocido.

El sitio de Curumalal, que en araucano significa corral de piedra, fue declarado Lugar Histórico el 1° de marzo de 1951 por Decreto N9 4.314.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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MONUMENTO HISTÓRICO: CORBETA URUGUAY

Ante la necesidad de dotar a la Armada de nuevas universidades, el presidente de la República don Domingo Faustino Sarmiento dio en el año 1872 un decreto por el cual se disponía la construcción de varios buques destinados a la defensa naval.

Entre estas unidades, que formaron la que se llamó Escuadra Sarmiento, figuraban las corbetas mixtas Paraná y Uruguay, que se construyeron en los astilleros Laird Brothers,  de  Birkenhead,  Liverpool,   Inglaterra.

Fueron destinados para que se encargaran de su construcción don Manuel R. García, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario, que contrató la construcción, y don Tomás Jefferson Page, marino norteamericano radicado en nuestro país, que tuvo a su cargo la supervisión de las naves.

corbeta uruguay

La corbeta Uruguay fue botada en el mes de febrero de 1874 y llegó al puerto de Buenos Aires al mando del capitán de la Marina Mercante Británica don James A. Paulet y 27 hombres de tripulación el 5 de julio de dicho año en compañía de su gemela, la Paraná. Mide 43,28 metros de eslora, 7,50 de manga, cala 3,60, desplaza 550 toneladas y desarrolla una velocidad de 10 millas por hora. Es un velero mixto de tres palos, armado de 2 cañones Armstrong, dos ametralladoras y una máquina vertical de un poder de 450 HP.

Es la más antigua de las unidades de guerra que aún se mantiene a flote y ostenta con orgullo un largo y glorioso historial.

El 24 de septiembre de 1874 al mando de su primer comandante, teniente coronel de Marina don Erasmo Obligado, toma parte en la revolución encabezada por el general don Bartolomé Mitre contra el gobierno, pero es abandonada al varar en el lugar denominado Placer de las Palmas. De nuevo en poder de las fuerzas del gobierno el 25 de septiembre de dicho año, es incorporada a las órdenes del comandante Bartolomé Cordero a una escuadrilla que al mando de don Luis Py persigue a los revolucionarios. El 4 de octubre de 1874 en un recodo entre el Placer de las Palmas y Playa Honda choca de frente con el transporte Pavón sufriendo  muy serias averías.

El 21 de junio de 1877 el presidente de la República don Nicolás Avellaneda firma un decreto por el cual la corbeta Uruguay es destinada para asiento de la Escuela Naval Teórico Práctico, siendo nombrado director y comandante de la nave el teniente coronel de marina don Martín Guerrico.

Su primer viaje de instrucción práctica con los alumnos a su bordo lo inició desde el puerto de Buenos Aires el 11 de noviembre de 1877, navegando por el río de la Plata y haciendo escalas en la Ensenada de Barragán, Magdalena, Colonia del Sacramento,  Punta del  Indio e isla Martín García,  para  regresar al  punto de  partida  el 26.

El 22 de diciembre de ese mismo año partió hacia la Patagonia con el fin de vigilar las costas y defender las poblaciones e intereses nacionales ante una invasión del territorio por presidiarios chilenos sublevados.

El 18 de enero de 1878 llegó a Carmen de Patagones, permaneciendo en su misión setenta y ocho días, al cabo de los cuales regresó al puerto de Buenos Aires.

En octubre de 1878 participó en los trabajos de sondajes y situaciones en la Bahía de Samborombón, y el 14 de noviembre de ese año, como buque escuela a las órdenes del comandante don Martín Guerrico, forma parte de la expedición del comodoro don Luis Py  a Santa Cruz en misión de establecer la soberanía en esa zona.

Siempre como buque escuela zarpa en 1879 con destino a Patagones para colaborar con el general don Julio A. Roca en la Expedición al Desierto. En ella se había recibido estando en Santa Cruz, en 1878, la primera promoción de cadetes; la segunda, en Patagones, en julio de 1879, y la tercera, en diciembre, en San Fernando.

Luego de haber cumplido destacadas misiones y de formar parte en 1902 de la Primera División de la Defensa del Río de la Plata, el 8 de octubre de 1903 por la tarde zarpa  del  puerto  de  Buenos Aires  al   mando  del  teniente  de   navio  don  Julián   Irizar hacia las regiones polares enviada por el gobierno en auxilio de la expedición científica encabezada por el doctor Otto Nordenskjóld, de la cual formó parte el alférez de nuestra marina, don José María Sobral.

La nave arribó el día 16 a la isla Observatorio; el 20 recaló en Ushuaia, de donde partió el l9 de noviembre proa a la Antártida; el 6 recala en Cabo Seymour, y el 13 el oficial de derrota, alférez de navio Jorge Yalour, luego de avistar una carpa, desciende en compañía del comandante Irizar, en Snow Hill, y hallan a los integrantes de la expedición, los que una vez reunidos se embarcan en la Uruguay y llegan el 22 a Santa Cruz, comunicando a Buenos Aires el feliz rescate de todos sus miembros. El 2 de diciembre de 1903 a las 17 hace su entrada en el puerto de  la Capital.

Un año más tarde, el 11 de diciembre de 1904, la histórica corbeta parte nuevamente en misión a la Antártida en busca de la expedición del doctor Charcot, y al mando del capitán de fragata don Ismael F. Galíndez recorre las regiones heladas, pero al no encontrar rastros de los expedicionarios inicia el 10 de enero de 1905 el regreso al puerto de Buenos Aires.

Destinada a partir de 1906 a trabajos hidrográficos, es radiada del servicio el 16 de noviembre de 1926 y convertida en polvorín flotante. Con anterioridad a este destino realizó en 1924 su último viaje de instrucción a las órdenes del teniente de navio don Pedro Quihillat, quien fue su último comandante.

En el año 1954 se resolvió su reconstrucción y en 1956, a pedido de las autoridades de la Escuela Naval Militar, fue anclada en el muelle del Instituto en Río Santiago, como reliquia y ejemplo, custodiada permanentemente por una dotación de honor de cadetes navales.

Fue declarada Monumento  Histórico por Decreto N° 3.968 del 6 de junio de  1967.

Ver:Historia del Rescate de Nordenskjold en la Antartida

Isla Martín García-Historia y Características del Lugar Histórico

LUGAR HISTÓRICO ARGENTINO: LA ISLA MARTÍN GARCÍA

Está situada a cuatro kilómetros de la costa uruguaya, a cincuenta de Buenos Aires y a la entrada de los canales que dan acceso a los ríos Paraná y Uruguay, en  el  nacimiento  del   Río  de   la   Plata.

Su constitución geológica es de formación arcaica y representa el complejo más antiguo del continente americano.

Tiene tres kilómetros setecientos metros cuadrados de superficie y cuatro kilómetros de contorno; de largo mide dos mil metros, mil ochocientos  de ancho  y está  a  veintisiete   metros  sobre  el   nivel   de   las  aguas.

La isla tiene una flora y fauna muy variada, donde abundan las gramíneas, azucenas, tréboles, clavel del aire, grandes eucaliptos, cardenales, zorzales, calandrias y hasta el majestuoso ciervo colorado.

Su conocimiento se remonta a la época del descubrimiento del río de la Plata, siendo por lo tanto el  más antiguo de  los lugares  históricos  del  país.

Juan Díaz de Solís, que había partido del puerto de San Lucas de Barrameda en octubre de 1515 llegó al mando de sus naves, llamó Mar Dulce al rio de la Plata.

En 1516, descubrió una isla a la que dió luego el nombre de Martín García, en homenaje —según la tradición— a su despensero que fue sepultado en ella.

Isla Martin Garcia Monumento Historico

Muchos son los acontecimientos, desde su descubrimiento hasta nuestros días, que acrecientan su valor histórico

En 1536 estuvo de visita el fundador de Buenos Aires, don Pedro de Mendoza; en 1573 en ella se refugió el adelantado del Río de la Plata don Juan Ortiz de Zarate, huyendo de los indios charrúas.

En ella se reúnen en 1574 las comisiones de límites de la América Meridional de España y Portugal.

En 1763 la isla pasa a poder de Portugal de acuerdo con el Tratado de París, pero la posesión no llega a hacerse efectiva.

En 1777 el Tratado de San Ildefonso confirma la soberanía española.

Después de la Revolución de Mayo, en 1811 la Junta Grande dispone que la isla sirva para el cumplimiento de penas multares; en 1814, las fuerzas del  almirante Guillermo  Brown  atacan y toman  posesión  de  la  isla.

En 1825 y 1826 es capturada y luego abandonada por la escuadra del Imperio del Brasil.

En 1827 el almirante Brown la fortifica y establece en ella su base de operaciones durante la guerra contra el Brasil.

El 11 de octubre de 1838 fuerzas navales francesas y orientales del general Fructuoso Rivera toman por asalto la isla.

En 1839, el l9 de julio, el general Juan G. Lavalle la toma y establece su cuartel general.

Y el 2 de septiembre de ese mismo año en varios transportes embarca su ejército para iniciar la campaña contra Rosas.

El 29 de octubre de 1840 se devuelve la Isla al gobierno de Buenos Aires, de acuerdo con la convención firmada entre los representantes de la Confederación Argentina y Francia.

Pero el 5 de septiembre de 1845 una pequeña expedición naval anglo-francesa,  al mando del general José Garibaldi, ocupa nuevamente la isla.

El 24 de noviembre de 1849 se firma una nueva convención entre los representantes de Gran Bretaña y la Confederación, en la que se establece la devolución de la isla y poner fin al bloqueo inglés.

El 31 de agosto de 1850 se firma un nuevo tratado entre Francia y la Confederación Argentina, que no se llevó a la práctica.

La isla queda ocupada ahora por argentinos y uruguayos del ejército que sitió a Montevideo.

En 1851 don Domingo F. Sarmiento desembarca en la isla y en una roca escribe la palabra Argirópolis (Ciudad del Plata).

Su idea es intentar dejar sentado así que ella, de acuerdo con su idea, podía ser la capital de los Estados Unidos de la América del Sur.

En 1852 el nuevo gobierno surgido después de Caseros toma posesión de la isla con fuerzas al mando del coronel de marina don Francisco Seguí.

Así llegamos a 1856, en que se firma un tratado argentino-brasileño que, confirmando otros anteriores, ratifica la soberanía argentina sobre la isla.

En el año 1874, siendo presidente Sarmiento, se dispuso la fortificación de la isla.

Utilizada   en   varias   oportunidades   para   alojamiento   de   detenidos   militares   y   civiles por causas políticas, en ella estuvieron, entre otros, los presidentes Hipólito Yrigoyen y Arturo Frondizi.

En el transcurso de la primera y segunda guerra mundial, constituida en base naval, sirvió de campo de Internación de marinos alemanes del Cap. Trafalgar y del Graff Spee.

También en ella pasaron temporadas hombres de letras, como el arcediano Martín del Barco Centenera.

Rubén Darío, que allí escribió su conocida  poesía  la  Marcha  Triunfal,  y  los  sabios  Amado   Bonpland  y  Félix  de  Azara.

La histórica isla presenta el aspecto de una pequeña ciudad, pues cuenta:

Con dos escuelas: primaria y de adultos;

Una Oficina de Correo, meteorológica;

Un Casino de Oficiales,

cinematógrafo,

Sociedad de Fomento,

calles empedradas y un millar de personas que ocupan muy lindas casas, con atrayentes jardines.

En la plaza se alza el monumento al almirante Brown, inaugurado en 1945.

También a un lado de la misma, una cruz sobre una base de cemento, monumento en homenaje al sargento mayor Juan B. Thorne, inaugurado   en   1938.

Al declararla lugar histórico, entre los considerandos del decreto, dice:

«que fue la primera tierra rioplatense en  la que desembarcaron  marinos europeos».

La isla, que de acuerdo con la Ley Nacional N° 14.411 del 28 de junio de 1955 es parte integrante de la juridlción de la provincia de Buenos Aires, se encuentra bajo, la  administración  de  la  armada  nacional.

Fue declarada  Lugar  Histórico  por decreto  N? 4718  del   15  de  abril  de  1953.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-

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Congreso Nacional en Belgrano Historia Museo Histórico Argentino

HISTORIA DEL CONGRESO NACIONAL EN BELGRANO

Este edificio, que se encuentra ubicado en la calle Cuba 2079, esquina Juramento, fue construido para asiento de la Municipalidad de Belgrano en los años 1870 a  1880, de acuerdo con  los planos del  arquitecto Juan A.  Buschiazzo.

Ocupa el centro del solar dejando un espacio libre de once metros sobre la calle Cuba y otro de trece metros sobre el lado este, contiguo al cual hay una construcción suplementaria.

Fue allí donde por decreto del entonces presidente Dr. Nicolás Avellaneda funcionaron la Cámara de Senadores, desde el 4 de junio al 27 de julio de 1880, y la de Diputados, desde el 28 de julio al 20 de septiembre del mismo año.

Entre otras leyes se sancionó una de tan vastas proporciones como fue la que declaró a Buenos Aires Capital de la República de acuerdo con un proyecto presentado el 6 de junio por el senador Pizarro, y uno de cuyos considerandos dice así:

«Preciso es no engañarnos: Buenos Aires es la Capital de hecho y de derecho de la República, porque ella encarna todas nuestras tradiciones gloriosas —y aun nefandas—, toda la vida de la República, todo el sentimiento y el pensamiento argentino que se condensa en esta gran ciudad; es su cerebro y su corazón y allí debe estar el gobierno de la   República   donde   palpita   y   late  el   pensamiento   y   el   sentimiento   nacional».

Congreso Nacional en Belgrano

En el artículo primero del proyecto se proponía:

«El Poder Ejecutivo gestionará inmediatamente cerca de los Poderes Públicos de la Provincia de Buenos Aires, y con arreglo a lo dispuesto en el Art. 39 de la Constitución Nacional, la previa cesión de la ciudad del mismo nombre y su municipio para el establecimiento en ella de la Capital definitiva de la  Nación».

El 24 de junio el Congreso reunido en Belgrano destituyó a cuarenta y un diputados que habían permanecido en la ciudad, y el general José María Bustillo fue designado interventor en la provincia.

La Legislatura de Buenos Aire protestó contra esta medida que también provocó la renuncia del presidente Avellaneda.

Entonces el Congreso suspendió la designación del interventor y rechazó la renuncia del presidente.

El senador Pizarro volvió a insistir el 24 de agosto en su propósito y al mismo tiempo el Poder Ejecutivo hacía llegar un proyecto ley que decía así: Artículo 19:

«Declárase capital de la República al Municipio de la Ciudad de Buenos Aires bajo sus límites actuales y después que se haya cumplido el requisito constitucional de que habla el último artículo de esta ley…»

Artículo 79: «Esta ley sólo regirá una vez que la Legislatura de Buenos Aires haya hecho la cesión competente prestando conformidad a sus cláusulas, con arreglo a lo dispuesto en el artículo 39 de la Constitución Nacional».

El general Bustillo, poco antes de abandonar sus funciones, llamó a elecciones, y el proyecto de Avellaneda fue aprobado por el Congreso y convertido en  ley el 20 de septiembre de  1880.

El 26 de noviembre de ese año la Legislatura de la provincia promulgó la ley que cedía la ciudad de Buenos Aires para ser convertida en Capital Federal y el 6 de diciembre, durante la presidencia del general Julio A. Roca, se promulgó la ley que creó  la  capital  definitiva.

El edificio, después de ocuparlo el Congreso, volvió a ser asiento de la Municipalidad, y cuando el partido de Belgrano, por ley de 1887, quedó incluido dentro del perímetro de la Capital Federal, la Municipalidad metropolitana instaló sus oficinas seccionales, que funcionaron allí hasta agosto de 1938, año en que fueron desalojadas.

De acuerdo con la Ley N° 12.569, promulgada el 7 de octubre de 1938, el edificio situado en las calles Juramento y Cuba fue declarado Casa Histórica y no Monumento Nacional como se ha dicho.

El Poder Ejecutivo de la Nación solicitó la cesión del edificio a la Municipalidad, la cual le dio posesión por ordenanza N9 9.816 del 9 de diciembre de 1938.

En el artículo l9 de esta ordenanza dice: Apruébase el temperamento   adoptado   por   el   Departamento   Ejecutivo   de   dar   posesión   al   Poder  Ejecutivo de la Nación del edificio histórico sito en las calles Juramento y Cuba con destino a la instalación del Museo Histórico Sarmiento, creado por ley 8109 de que informa el decreto dictado con fecha 10 de septiembre 1938 y en el artículo Nº 3 se establece categóricamente:

«El solar histórico que se cede y su construcción suplementaria no podrá ser demolino ni fraccionado y sólo estará sujeto al futuro ensanche de la  calle Juramento».

Posteriormente el gobierno, de acuerdo con el convenio celebrado con la Municipalidad de Buenos Aires, destinó la propiedad para sede del Museo Histórico Sarmiento, el que fue inaugurado el 11 de septiembre de 1938.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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HISTORIA DEL CONGRESO NACIONAL ARGENTINO: UBICACIÓN DEL MUSEO HISTÓRICO

Este histórico recinto integraba el edificio demolido en gran parte y destinado hasta el año 1945 para Archivo General de la Nación en la calle Hipólito Yrigoyen 328 (ex Victoria).

A un costado de la Plaza de Mayo, sobre la calle Victoria, en diagonal hacia Balcarce, existió primitivamente y durante muchos años un mercado de carnes, que se echó abajo en 1822.

Luego, en el mismo lugar, se levantó el cuartel del glorioso regimiento de Patricios, al que tan destacada actuación le cupo durante las invasiones inglesas.

Estos cuarteles tuvieron que desaparecer para dar lugar a la construcción de la casa destinada a Congreso Nacional.

Las obras se iniciaron en 1862 bajo la dirección del arquitecto Jonás Larguía, ex prosecretario del Congreso Nacional de Paraná, dándoseles fin en 1866.

Primer Congreso Nacional Argentino

En mayo de 1864, antes de terminado el edificio, se realizaron las primeras sesiones preparatorias de ambas cámaras.

Desde sus bancas hicieron oír su palabra, en el transcurso de varias décadas, los más ilustres tribunos de la patria: Mitre, SarmientoVélez  Sarsfield,   Quintana,   Pellegrini,   Roca,  Avellaneda.

La última sesión legislativa realizada en este recinto fue la del 15 de diciembre de 1905.

De esta fecha en adelante las reuniones de ambas cámaras se celebraron en   el   nuevo   edificio   de   la   calle   Entre   Ríos.

El frente del antiguo Congreso se conserva tal cual era en su época, y estuve pintado al aceite, de color verde, hasta el año 1938, en que se lo revocó de nuevo.

En  cambio,  el  interior sufrió  diversas  modificaciones a  través  de  los  años.

Cuando las cámaras dejaron de reunirse en este edificio, el hemiciclo destinado a Senado, ubicado sobre la calle Balcarce, fue arrendado para una imprenta par ticular.

Es interesante la circunstancia de que esta misma imprenta funcionó en otro lugar histórico, pues venía de ocupar la casa donde nació y murió el general Belgrano, en  la calle que  lleva su  nombre,  número 430.

El Archivo General de la Nación se instaló allí en el año 1906, fecha de su tras lado del  antiguo  local  de la calle Lavalle 868,  llamado Coliseum.

En ese entonces se llevó allí toda la documentación existente desde la creación del Archivo durante el gobierno de Martín Rodríguez, del cual era ministro Bernardino Rivadavia.

Este último dio un decreto el 6 de octubre de 1821 creando el Archivo General de la Provincia, dado que los documentos públicos se encontraban sin orden  ni clasificación en  las distintas oficinas administrativas.

En el decreto referido se dice que: «La conservación de los archivos de un país asegura sin duda a su historia la materia y los documentos más exactos de ella».

La comisión que tuvo a su cargo la formación del Archivo General estaba integrada por Francisco de Paula Saubidet, Jerónimo Lasala y Mariano Vega, quienes reunieron el material existente en los archivos del Cabildo, Cámara de Apelaciones, Tribunal del Consulado, Administración de la Caja Nacional de Fondos de Sud América, Administración  de Correos,  Contaduría  de  la   Provincia  e  Intendencia  del   Ejército y  la   Policía.

El hemiciclo del antiguo Congreso, la parte del edificio declarada histórica, estuv: destinado hasta 1945 a guardar documentación de Contaduría y Hacienda de las dos grandes divisiones del Archivo, colonial y nacional.

En el año 1948 se dispuso la restauración del edificio, trabajos éstos que estuvieron a cargo del arquitecto Estanislao Pirovano, quien le dio su aspecto original.

También se resolvió que volviera a sus antiguos lugares el retrato de don Valentín Alsina, que fuera dos veces gobernador de la provincia de Buenos Aires, obra del pintor J. Manzoni y que fue cedido por el Senado de la Nación.

Además se colocaron nuevamente las mesas del presidente, las de los dos secretarios y las de los taquígrafos.

Fueron colocadas también las bancas que en su época, al igual que las anteriormente citadas mesas, son, según la tradición las auténticas que ocuparon los diputados.

Como en la manzana donde se encontraba ubicado se construyó el edificio del Banco Hipotecario Nacional, el 30 de septiembre de 1942 el Congreso sancionó una ley declarando de utilidad pública los inmuebles situados entre las calles Hipólito Yrigoyen, Defensa, Alsina y Balcarce, estableciendo que «de los declarados monumentos históricos que se encontraban en dicha manzana serán conservados: la sala de sesiones del antiguo Congreso Nacional, el frente y el vestíbulo de entrada sobre la calle Victoria N° 328…»

Fue declarado Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

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PUERTO DE BUENOS AIRES: HISTORIA DE LA DARSENA NORTE

A cinco kilómetros de la costa, se encuentra el lugar que se llamaba Los Pozos.

Fue allí donde en la mañana del 11 de junio de 1826 el almirante Guillermo Brown al mando de una flotilla compuesta por once barcos, enfrentó a  la poderosa escuadra del Imperio del Brasil.

Primera Escuadra Naval Creada por Guillermo Brown -Sitio ...

La acción se libró a la vista de la población de la capital, que desde temprano había ganado lugares en las barrancas del río y azoteas próximas para presenciar el combate.

Fácil era advertir desde la orilla los buques enemigos que en amenazante actitud y en evidente superioridad numérica aguardaban a las naves de Brown.

Se sabía que nuestro almirante había elegido un lugar muy estratégico para la ubicación de sus naves y estaba decidido a embicar o volar su escuadra antes de rendirla.

Puerto de Buenos Aires Darsena Norte

Al sitio donde se desarrolló el combate se entraba en aquel entonces por un canal de unos cinco kilómetros de ancho que corría entre los bancos del Camarón y de la Ciudad.

Los Pozos debe su nombre a las depresiones que existían en el fondo del río y que en algunos sitios tenían hasta tres metros de profundidad, lo que creaba serias dificultades para la normal navegación de buques de calado, especialmente a las corbetas y fragatas.

El día amaneció muy despejado y la corriente del río favorecía a las fuerzas brasileñas.

El avance fue despacioso; las corbetas tuvieron que dar remolque a los barcos mayores.

Brown aguardó sereno el ataque y momentos antes de comenzar la lucha dio esta proclama: «Marinos y soldados de la República: ¿Veis esa enorme montaña flotante?.

Son 31 buques enemigos.

Mas no creáis que vuestro general abriga el menor recelo, pues no duda de vuestro valor y espera que imitaréis a la «25 de Mayo», que será echada a pique antes de rendirla.

Camaradas: ¡Confianza en la victoria, disciplina y tres Viva  la  Patria!»

A mediodía la armada brasileña llegó a la rada y prosiguió su avance hacia Los Pozos.

Pero una hora más tarde dos de sus barcos, el «Nictheroy» y el «María da Gloria», se vieron obligados a anclar por falta de agua. Fue entonces cuando Norton, jefe  de  la  escuadra  brasileña,   se trasladó  a   la   «Itaparica».

A las 13.45 subió al palo mayor de la nave capitana argentina una última orden: «Fuego rasante, que el pueblo nos contempla», y se empeñó la acción en toda la línea.

Los tiros atronaban el espacio, pero no daban en el blanco debido a la distancia que guardaba una escuadra de otra.

Como las aguas continuaron bajando, cinco barcos enemigos se vieron obligados a anclar, y sólo quedaron en línea de combate las embarcaciones de menor calado.

Este nuevo contratiempo irritó aún más al jefe de la escuadra brasileña, que se trasladó durante el cañoneo al «Caboclo» y más tarde a la goleta «Paula», para coordinar con sus jefes un nuevo ataque empleando los barcos menores, pero desistió de su propósito en vista de que éstos se encontraban muy dispersos.

A esta altura de la lucha se vio avanzar del lado de Colonia a la división Rosales, que por encima del banco de las Palmas acudía en auxilio de sus compatriotas.

El almirante Brown, ante la superioridad del enemigo, le había enviado orden de incorporársele a toda costa. Norton, al divisarla, destacó en seguida al «Caboclo» y varios buques menores, pero no llegaron a interceptarle el paso y sólo cambiaron algunos cañonazos con la «Río» y el «Balcarce».

Brown, por su parte, había dado orden de suspender el fuego, y recién en esos momentos, al disiparse el humo, advirtió el peligro que corrían las fuerzas al mando de Rosales.

Sin demora se embarcó en una cañonera y seguido de seis barcos se lanzó tras los brasileños.

La «Nictheroy» parecía haber varado y la flotilla se acercó a ella cuanto  pudo para  hostigarla con sus tiros,  hasta que  Rosales consiguió arribar.

Norton a su vez, pasadas las cuatro de la tarde, acentuó aún más su retirada y fondeó ya de noche a varias millas de distancia.

Horas después Brown y sus valientes marinos desembarcaron, provocando su llegada las más entusiastas manifestaciones, tanto de las autoridades como del pueblo, tributándoseles toda clase de homenajes.

Las damas porteñas, para testimoniar la admiración que tan grande hazaña había despertado, obsequiaron al almirante con una randera de seda que en letras bordadas en oro decía: «Once de Junio».

El sitio de la Dársena Norte frente al cual se libró el Combate de Los Pozos fue declarado Lugar Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Historia de la Casa de Liniers:Ubicación del Monumento Histórico

MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL: CASA DEL VIRREY LINIERS

Esta casa, que fue residencia del héroe de la Reconquista de Buenos Aires don Santiago Liniers y Bremond, penúltimo virrey del Río de la Plata, desde 1805 hasta fines de agosto de 1809, se encuentra en la calle Venezuela 469, entre las de Defensa y Bolívar, en el barrio que antiguamente se conocía por Bajada de los Dominicos, por hallarse en sus proximidades el convento de Santo Domingo.

La construcción de este típico caserón del Buenos Aires colonial data de 1788 y era uno de los inmuebles pertenecientes a los suegros de Liniers, don Martín Simón de Sarratea y doña Tomasa de Altolaguirre.

Está levantada sobre un terreno de forma irregular que tiene veinte metros treinta y nueve centímetros de frente, por unos cuarenta y cuatro de fondo, en la parte más larga y angosta.

casa de Liniers

En esta casa vivió con sus hijos el ilustre y pundonoroso marino, ya viudo de doña Martina de Sarratea.

Su arquitectura típicamente colonial, con anchas paredes, techos de tejas, la pesada y maciza puerta de entrada, sus clásicas ventanas enrejadas, las amplias habitaciones y sus espaciosos patios guardan el estilo de la época. Tras la entrada se encuentra un amplio zaguán de piedras desiguales y pulidas por el uso de los años, a cuya derecha se abre la puerta que da acceso a la habitación utilizada para dar albergue a un cuerpo de guardia durante el virreinato de Liniers.

A su izquierda se conserva, tal como era, la sala principal, donde, según la tradición familiar, al día siguiente de cumplida la Reconquista tuvo lugar la entrevista privada que Liniers le concedió al general Guillermo Carr Beresford, solicitada por éste por intermedio del ministro Casamayor, en cuya casa se alojó el general inglés. En presencia de aquél y del teniente Bernardo Artayeta, ayudante y amigo personal del dueño de casa, se trataron los términos de la tan discutida capitulación concedida por Liniers caballeresca y generosamente al general vencido.

Según antecedentes facilitados muy gentilmente por sus actuales propietarios, el primer dueño de esta casa fue don Martín Simón de Sarratea, suegro de Liniers, por haberse casado éste en segundas nupcias con doña Martina, hija de aquél.

Años más tarde, al ocurrir la muerte de Sarratea, en su testamentaría le fue adjudicada la propiedad a otra hija suya, doña Juana, casada con el coronel ingeniero Ángel Monasterio, padres de Martina Monasterio y Sarratea, casada con el coronel Nicasio de Biedma, heredera a su vez de la propiedad.

A la muerte de ésta pasó a su hija doña Tomasa Biedma y Monasterio, que se casó con don Ángel de Estrada (hermano mayor de José Manuel y Santiago de Estrada), bisnietos del virrey Liniers. Ángel de Estrada y su esposa doña Tomasa Biedma eran descendientes en línea directa de los Sarratea.

Ocurrido el fallecimiento de doña Tomasa Biedma y Monasterio y de su marido, heredan la casa sus hijos Ángel y Tomás Eduardo, pero como Ángel murió soltero en 1924 quedó como único propietario de la misma don Tomás E. de Estrada.

A su fallecimiento pasó en condominio indiviso entre su viuda doña Silvina Lynch de Estrada y su hijos Tomás, Silvina, Cantina y Marcos.

En el año 1939, al transformar la empresa editorial fundada por sus mayores en Sociedad Anónima, integraron entre los bienes de capital esta propiedad.

Es interesante hacer resaltar que la casa es de la familia de Estrada no como descendientes de don Santiago Liniers y también de los Sarratea por doña Martina, sino por la rama de los descendientes de don Ángel de Estrada, al casarse éste con doña Tomasa Biedma y Monasterio, que también desciende en línea directa de Martín Simón de Sarratea.

Al crear don Ángel de Estrada en 1869 la «Fundación Nacional de Tipos», primer establecimiento en su género en la Argentina, origen de la casi secular empresa editorial que lleva su nombre, destinó en 1874 los fondos de la histórica casa a dependencias de  la  Empresa,  demoliendo  los  interiores que estaban  semiderruidos y  haciendo las refacciones necesarias para poder instalar oficinas, depósitos y en parte talleres gráficos, pero respetando el frente del edificio en todos sus detalles, siendo desde aquel entonces la Editorial Estrada la conservadora del edificio.

También estuvo instalada allí por algún tiempo la oficina de la fábrica de papel fundada por don Ángel de Estrada en 1884, en el partido de Zarate, en compañía de Ernesto Maupas y Mariano Escala, y que fue, puede decirse, la primera establecida en la Argentina, pues la pequeña planta instalada por Juan Alcántara en 1877 en la calle México Nº 9 tuvo una vida efímera.

La Comisión Nacional de Homenaje el 12 de agosto de 1935 hizo colocar en el frente de la casa una placa que dice así: «A Don Santiago de Liniers. Jefe de la Gloriosa Reconquista y Heroica Defensa de Buenos Aires. 12 de Agosto de 1806 – 5 de Julio de 1807».

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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HISTORIA  DE LA PIRÁMIDE DE MAYO

CONSTRUCCIÓN DEL MONUMENTO HISTÓRICO ARGENTINO

Debe su origen a que en la reunión del 5 de abril de 1811, al aprobar el Cabildo de Buenos Aires el programa de festejos para conmemorar el primer aniversario de la Revolución, se resolvió erigir una pirámide de madera como homenaje a los hombres de Mayo de 1810.

La Plaza de Mayo estaba entonces dividida por la Recova, formando dos plazas: la que estaba frente a la actual Casa de Gobierno se llamaba Plazoleta del Fuerte y la que daba frente al Cabildo, Plaza de la Victoria, cuyo centro fue elegido para levantar la pirámide.

De su construcción se encargó el alarife Pedro Vicente Cañete, por indicación del cual y de don Juan Gaspar Hernández, el monumento se hizo con materiales más sólidos.

El 6 de abril de ese año se colocaron los cimientos y el día 25 de mayo se dio término  a  la  obra,   inaugurándose  solemnemente.

piramide de mayo

Era un obelisco fabricado de adobe cocido, de unos trece metros de altura en total; tenía un zócalo sobre dos gradas, un pedestal sencillo de cuatro ángulos entrantes y cornisa volada alrededor.

Un vaso decorativo remataba el conjunto. Lo rodeaba una verja sustentada por doce pilares de material terminados cada uno en una perilla redonda.

En las cuatro esquinas de la verja se colocaron en 1812 otros tantos postes, de los que colgaban farolitos alimentados con grasa de  potro.

En los días de fiestas patrias la Pirámide se adornaba profusamente con cintas,, gallardetes, faroles de  papel y leyendas alusivas.

En el año 1826 el presidente Rivadavia proyectó erigir un monumento a los hombres de la Revolución de Mayo, que consistía en una magnífica fuente de bronce dentro de la cual quedaría la Pirámide.

Pero esto no se llevó a cabo.

En 1856 el pintor y arquitecto don Prilidiano Pueyrredón proyectó transformar la Pirámide.

Esta ¡dea fue aceptada y se construyó la actual, dejando la primitiva en su interior, dotándola en su parte superior de la estatua de la Libertad, que antes estaba en el antiguo Teatro Colón.

Luego se le colocaron simbólicas figuras de mármol en los cuatro ángulos del pedestal, que fueron más tarde retiradas. En las caras del obelisco también se añadieron  unos soles  nacientes,  en  dorado,  y a  sus  lados  coronas  de   laurel.

En 1883, bajo la intendencia de don Torcuato de Alvear, se demolió la Recova y desde entonces  las dos  plazas quedaron  formando  la  actual   Plaza  de  Mayo.

En esta época se pensó también en levantar otro monumento conmemorativo que cubriría a la Pirámide.

El general Mitre opinó que debía demolerse la estatua de la Libertad y aun la Pirámide entera, pues por las modificaciones y los agregados sufridos no representaba ya el monumento que originariamente se había levantado al año siguiente de la Revolución.

Sólo consideraba digno de respetarse y conservarse el basamento.

El Dr. Nicolás Avellaneda y algunos otros opinaron que debía restablecerse en su forma  primitiva, despojándola de los adornos añadidos más tarde.

También se proyectó para el Centenario de 1910 un Monumento a la Revolución, que debía encerrar en su interior a la Pirámide. Pero nada de todo esto llegó a realizarse.

En noviembre de 1912 fue removida de su primer emplazamiento y trasladada al lugar que hoy ocupa.

Tiempo después se tuvo la ¡dea de restituir la Pirámide de Mayo a su origen histórico, ajusfándola en lo posible a sus antiguas líneas.

Se la trasladaría al lugar que ocupaba antes, y se le colocarían los peldaños y la reja que la rodeaba, quitándole la «armazón de estuco y figuras inoportunas».

Pero resoluciones posteriores limitarían las reformas a colocarla al nivel del suelo, renovarle la pintura y reemplazarle los escudos  por el de  1813, además  de  devolverle  la  reja  primitiva.

Esta simbólica Pirámide ha presenciado grandes acontecimientos de la historia patria.

A su pie se juraron en 1811 el Estatuto Provisional dictado por Rivadavia; la independencia de las Provincias Unidas el 13 de septiembre de 1816; la Constitución re la Provincia de Buenos Aires en  1854, y en el año  1860,  la Constitución Nacional.

En esas fechas y a través de todas las épocas, la Pirámide de Mayo congregó al oueblo en   homenaje  a   las  glorias y a   los  héroes  de   nuestro   pasado.

Declarada  Monumento  Histórico  por Decreto  N°  120.412 del  21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
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LUGAR HISTÓRICO NACIONAL: JABONERÍA DE VIEYTES

Los orígenes del solar que ocupó la jabonería de Vieytes se remontan a los días en que don Juan de Garay, al hacer el reparto de tierras entre los hombres de su expedición, dio a Andrés de Pallejo la manzana hoy comprendida por las calles Bernardo de Irigoyen, México, Lima y Chile.

Difícil sin duda alguna sería establecer quiénes fueron sus sucesivos propietarios y los fraccionamientos sufridos por dicha manzana, pero a ciencia cierta se sabe que al morir don Domingo Briñole Pelliza dejó a sus herederos, entre sus bienes: «dos cuartos de tierra en el barrio de Monserrat, linderos con el que vendí a don Marcos Belén y en ellos edificada una casa con asiento de Ataonas de Muías y demás oficinas como para Panadería».

jaboneria vieytes

En el reparto de sus bienes estos dos cuartos de tierra, con su casa-panadería, pasaron a poder de sus hijos Juan José Reymundo y María Ignacia Pelliza y Morales, y a sus nietos Videla y Pelliza.

El inmueble permaneció en poder de sus herederos hasta el 16 de octubre de de 1807, en que ante el escribano don Inocencio Antonio Agrelo se presentan don Agustín Videla y Aguiar y don José Pereira de Lucena, en representación de los herederos de don Domingo Briñole Pelliza, y acuerdan vender a don Nicolás Rodríguez  Peña    la  mencionada   propiedad  en  la  suma  de  2.387  pesos  con  3  reales.

La casa vendida está edificada en terreno de 34 varas y media de frente al Norte y 70 varas de fondo, «con un martillo a la parte del Leste con dos tercias (de vara) de ancho», lindando por su frente calle en medio con la casa de Da. Petrona González, por el Este con don José Lazcano (José Francisco Lazcano), por el Oeste con la casa de los herederos de don Marcos Belén y por el Sur con el terreno del  negro Juan.

A poco de adquirido, constituye Rodríguez Peña una sociedad industrial con don Hipólito  Vieytes   para   la   instalación  y  explotación   de   una  fábrica   de  jabón   y  sebo.

De la administración se encargó Vieytes, y en seguida se dio a la tarea de construir las dependencias para la fábrica y la casa-habitación para él y su familia, la que ocuparon en el mes de diciembre de 1808.

Esta es, en consecuencia, la finca que cobrara con el tiempo valor histórico por haberse realizado en ella las reuniones previas a la memorable jornada del 25 de Mayo de 1810.

La consagración de Vieytes a la causa revolucionaria restó su atención y el floreciente   negocio  de   la  jabonería  entró  a  fines  de   1810   en   franca   decadencia.

A la muerte de Rodríguez Peña la finca pasó a poder de su hija Catalina, casada con Joaquín Cazón. Años después la casa fue sacada a remate judicial, y la adquirió en la suma de $ 500.000 la firma José Hueyo y Hermano, el 28 de enero de 1869.

Nuevas transferencias de dominio se realizaron a partir de ese año, hasta que en 1932 la adquiere don Alberto Duhau, y ese mismo año resuelve su demolición y la construcción del moderno edificio que hoy ocupa su lugar, bajo la dirección del arquitecto francés don León Dourge, autor a la vez del proyecto.

Largos años demandó a los estudiosos y desató muchas polémicas la ubicación del solar que ocupo la Jabonería de Vieytes, hasta que en 1964, y gracias a la pacienta y documentada labor del historiador don Manuel Carlos Meló, se puede decir con certeza que estaba situada  en  la actual calle  México  número  1050/55/62 y  68.

La Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos, confirmando los estudios del señor Meló, al solicitar la declaración de lugar histórico, dice:

«que se declare lugar histórico el solar de la calle México, donde funcionó la jabonería de Vieytes, ya que de la documentación estudiada por la Comisión Nacional surge, sin duda alguna, que en la finca a la sazón allí ubicada, y que fue propiedad del procer Nicolás Rodríguez Peña, estuvo situado ese establecimiento, despejando las dudas que sobre este particular se suscitaron con motivo de divergencias de opinión entre estudiosos de la historia».

«Que el dictamen de la Subcomisión Interna de Monumentos y Lugares Históricos, aprobado por la Comisión Nacional, es terminante en cuanto a la verdadera ubicación de la antigua jabonería.»

Si bien tanto la propiedad como la fábrica pertenecían al Dr. Nicolás Rodríguez Peña, tradicionalmente se la conoce como Jabonería de Vieytes.

Fue declarado Lugar Histórico por Decreto  N°  1919 del  17 de  marzo de   1966.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

Historia de la Capilla de San Roque Patrono de las Enfermedades

HISTORIA DE LA CAPILLA DE SAN ROQUE EN BUENOS AIRES

La capilla de San Roque lleva este nombre por el santo bajo cuya advocación fue construida, patrono de las enfermedades y pestes.

Perteneció a la Orden Tercera Franciscana, y está situada en el mismo sitio que ocupó en 1602 la segunda construcción del convento de iglesia de San Francisco, en la calle Alsina mirando a Defensa.

Este terreno fue vendido en 1727 a los Terceros por los padres franciscanos, y su extensión era de «cuarenta baras de sitio de largo este a oeste, y de norte a sur onze y   media. ..»

Las dimensiones que tenía el terreno y el nombre del arquitecto que construyó la capilla figuran en una escritura extendida por el escribano público y de gobernación, don Francisco de Merlo, fechada en esta ciudad el 13 de agosto de 1750.

Se estipuló en el contrato que los religiosos de la Orden Tercera debían dar a los franciscanos, en compensación, la suma de cinco mil pesos moneda corriente, que serían empleados para edificar la iglesia de San Francisco.

Por una cláusula del convenio de donación, en el año 1785 los padres franciscanos tuvieron que ceder todavía un pedazo de terreno de una vara y media de ancho por tres ás largo para que se pudiese edificar una dependencia de la capilla al lado de la sacristía, lugar que hoy está ocupado por el zaguán y la escalera que conduce a las habitaciones del  piso alto.

capilla de san roque

Una suposición bastante difundida remonta la creación de la capilla de San Roque a época muy lejana, admitiendo que había existido primitivamente cierta ermita de este santo, dato que figura en varias actas del Cabildo.

Se ha podido comprobar que esta ermita no pasó de ser un deseo —no cumplido— de los devotos del Santo.

Parece que en 1621 los hermanos de la Orden Tercera habían pedido autorización para levantarle una capilla a San Roque, patrono de las pestes, con motivo de la que asolaba nuestra ciudad.

Pero se sabe positivamente que esta construcción no se llevó a cabo, entre otras cosas por un acuerdo que dice que las misas y procesiones se celebraban entonces en  la iglesia de San  Francisco.

En 1726 aproximadamente los hermanos Terceros de San Francisco tenían guardado, de las limosnas recibidas y del ahorro de los gastos anuales, el dinero que emplearían en la construcción de su capilla.

Adquirido el terreno en 1750, procedieron a la erección de la misma, cuyos planos y los del panteón fueron realizados por el hermano Andrés Blanqui.

Como la obra tardó varios años en llevarse a cabo, en sus distintas épocas estuvo bajo la dirección de Antonio Masella y de fray Vicente Muñoz, lego franciscano muy entendido en arquitectura.

Este último encargóse de la dirección de los trabajos durante un año por haber asegurado que la capilla podría proseguirse sin peligro de ruina, refutando así a quienes decían que los muros y pilares no tenían el espesor suficiente para sustentar la bóveda.

En 1756 no estaba concluida, y como los fondos destinados se habían agotado, se resolvió pedir dinero de caridad.

Se sabe que en 1758 los maestros alarifes Manuel Alvarez de Rocha y Francisco Alvarez hicieron un contrato con la Orden Tercera, proyectando construir el techo, la media naranja y el frontispicio.

Finalmente, fue terminada  más o menos en  1762.

En 1792, según lo propuesto por el ministro Martínez de Hoz, se cambió el techado de teja española por uno de ladrillos asentados con argamasa para evitar que pasara el agua.

En 1880 y en 1901 se hicieron algunas mejoras.

La capilla, que tiene con panteón y sacristía treinta metros de largo por ocho de ancho y nueve de alto, fue decorada en barroco alemán por el arquitecto Sackman.

En la espadaña hay una campana de bronce fundida en Sevilla por Zacarías Ditrich, en 1759, que tiene grabadas las imágenes de San Roque y San Francisco.

El panteón es el enterratorio subterráneo más grande de Buenos Aires; tiene dos escaleras de acceso y tres ventanas.

Después, en 1882, se prohibió sepultar en este sitio.

Históricamente, la capilla de San Roque tiene valor por haberse congregado allí el 19 de diciembre de 1828 los unitarios que declararon derrocado de su gobierno a Dorrego y aclamaron en su  lugar al  general  Lavalle.

Quemada y destruida, sólo sus muros quedaron en pie después de los vandálicos acontecimientos ocurridos en la noche del 16 de junio de 1955.

Fue declarada Monumento Histórico por Decreto N° 120.412 del 21 de mayo de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia de la Iglesia de San Telmo:Ubicacion y Caracteristicas

HISTORIA DE LA IGLESIA DE SAN TELMO EN BUENOS AIRES

La iglesia de Nuestra Señora de Belén, más conocida por San Pedro González Telmo, está en la calle Humberto 1340, entre las de Balcarce y Defensa.

En el primer tercio del siglo XVIII en el barrio llamado del Alto de San Pedro —hoy conocido por San Telmo— toda la asistencia espiritual de los vecinos estaba atendida desde la iglesia de la Concepción, por pertenecer dicho barrio a la jurisdicción de esa parroquia.

Dado que el paraje quedaba muy retirado del centro de la ciudad y que esta primera fundación no llenaba las necesidades del culto, los jesuítas decidieron  levantar un templo formal.

Según referencias del canónigo Manuel J. Sanguinetti, el 25 de octubre de 1734 se presentó al Cabildo de Buenos Aires el padre Francisco Collado, procurador de la Compañía de Jesús, pidiendo merced de dos cuadras de tierra para edificar en ellas una iglesia.

Iglesia de San Telmo

Ese mismo año llegó de España don Ignacio Bustillo Zevallos, trayendo una copia de la milagrosa imagen de Nuestra Señora de Belén, venerada en el Hospital de Antón Martín, de Madrid.

Era propósito de él, si Dios se servía darle un feliz viaje a nuestro puerto, levantar de su propio caudal una iglesia…

Para lo cual se presentó al Cabildo solicitando favor de tres cuadras de tierra «…a donde se a de fundar una. Iglesia e Casas para los padres relixiosos de la Compañía de Jesús. . .»

En conocimiento de su deseo los jesuítas le sugirieron se asociara a ellos en el templo que tenían proyectado erigir en el barrio alto, y no fundar uno nuevo.

De acuerdo con esto el piadoso caballero y su esposa hicieron donación de alhajas y plata sellada por valor de 17.834 pesos.

Que sumnado otras donaciones y obtenidas las licencias del obispo permitieron comenzar las obras.

La construcción del templo, como la residencia levantada al costado, estuvo a cargo del arquitecto hermano Blanqui.

Según planos que él mismo había compuesto, debiéndose los adornos y trabajos de carpintería y ebanistería al hermano José Schmidt.

También  participó el  maestro Antonio  Masella.

En 1736 se interrumpieron las obras del templo y se iniciaron las de la Residencia, cuyos cimientos fueron  levantados sobre el  lado de  la calle  Defensa.

Años más tarde don Melchor García Tagle dispuso en su testamento donar gran parte de sus bienes para la fundación de una casa destinada a ejercicios espirituales de los hombres, la que fue hecha junto a San Telmo.

En la actualidad este edificio forma parte de la Cárcel Correccional de Mujeres, cuya Capilla sirvió de oratorio privado a los jesuitas de la Residencia.

Los padres, debido a su tesón y a las donaciones recibidas, lograron durante treinta y dos años edificar casi toda la manzana y enriquecer el templo.

En su interior conservaban notables obras de arte, joyas, altares, etc., que cuando el rey los expulsó, en 1767, fueron llevados a otros templos y lugares.

Poco después la Junta de Temporalidades tuvo a su cargo la conservación de la Residencia, cuya iglesia estaba aún por concluirse, faltándole cerrar la media naranja, causa por la cual sólo estaba librada al público la nave del Evangelio, más conocida por  San  José.

Desde 1770 las naves que no estaban terminadas, el refectorio y aposentos del Colegio sirvieron para guardar pertrechos de guerra y como cuartel del cuerpo de Dragones.

En 1795 los padres betlemitas se hicieron cargo del templo de Nuestra Señora de Belén, trasladando allí el antiguo Hospital de San Martín, que estaba en México y Defensa.

En la actual sacristía se conservan la mesa de mármol utilizada para las operaciones quirúrgicas y un hermoso reloj de pie donado por el coronel Denis Pack en agradecimiento a la solicitud de los religiosos betlemitas con los heridos ingleses.

Entre las muchas tradiciones de San Telmo está la de que al costado de la actual sacristía,  en  los  terrenos  sobre  las  calles  Balcarce  y  San  Juan,    el    ingeniero Ángel Monasterio tenía instalada la fundición donde hizo el primer obús que defendió la ciudad cuando las invasiones inglesas,  utilizando   para ello una de las campanas de la Iglesia.

Nuestra Señora de Belén, también como Iglesia de la Residencia, fue erigida el 31 de mayo de 1806 en parroquia y se le dio por titular a San Pedro González Telmo, santo dominico y patrono de los navegantes.

A través de los años la iglesia ha sufrido varias reformas; la última consistió e la modificación de su frente, dándosele el aspecto cargadamente barroco que hoy pr senta, obra del arquitecto Pelayo Sainz.

Fue  declarada   Monumento   Histórico   por  Decreto   N9   120.412  del  21   de   mayo   de 1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-
(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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Historia Iglesia de las Catalinas, Convento Monjas Catalinas

HISTORIA IGLESIA Y CONVENTO DE LAS CATALINAS EN BUENOS AIRES

La creación de la iglesia y convento de las monjas catalinas en Buenos Aires se debe a gestiones hechas por el doctor Dionisio de Torres Brizeño ante el rey de España.

Resultado de ellas fue que por Real Cédula del 27 de octubre de 1717 se aceptó la donación de cuarenta  mil  pesos hecha por el  mencionado  Brizeño.

Las monjas no tenían en aquella época otra residencia en todo el país que la ciudad  de  Córdoba  del  Tucumán  y  de  allí  vinieron   cuatro   para   habitar  el   monasterio.

Adquiridos los solares en la esquina de las calles México y Defensa, frente a la vieja Casa de Moneda, se procedió a la construcción del primitivo convento en 1727, de acuerdo con planos del hermano jesuíta Andrés Blanqui.

Estando los muros del monasterio a una altura de cuatro varas aproximadamente, hubo de paralizarse la obra  por fallecimiento de Torres  Brizeño.

Como el gobernador de Buenos Aires, don Bruno Mauricio de Zabaia, tenía gran empeño en terminar el convento, ordenó como medida primordial una tasación del mismo.

Pero a pesar de que los encargados de la obra, el padre Prímoli y el ingeniero Domingo Petrarca, afirmaron que lo ya construido estaba en buenas condiciones y en terreno lo suficientemente amplio, se sacó a remate, y le fue adjudicada a Juan de Narbona, famoso contrabandista de la época, en la suma de cincuenta y tres mil pesos.

Iglesia de las Catalinas

Iglesia de las Catalinas

Este personaje, quién sabe por qué ocultos intereses, propuso trasladar el convento al barrio del Retiro, y al mismo tiempo presentó un nuevo trazado.

Además del precio estipulado, Narbona solicitó nueve negros para emplearlos en los trabajos, así como 1.300 fanegas de cal, y todas las maderas, clavos y herrajes de la obra, que iba a quedar abandonada.

En 1752 el rey ordenó una investigación por habérsele denunciado que Narbona había cobrado lo convenido sin estar terminado el  nuevo convento.

Con anterioridad el padre Prímoli había estudiado un plano que venía a completar y continuar el  trazado   por   Blanqui   para   el   primitivo  terreno  de   Defensa   y   México.

Narbona destruyó, pues, este segundo plano, y en diciembre de 1737 consiguió del gobernador Salcedo la compra de un terreno.

El mismo ubicado en la esquina donde hoy está, Viamonte y San  Martín,  propiedad  de  don  José  Muñoz y  de  doña Victoria  Cueli.

Aunque los cabildantes, por una orden expresa del rey, y el vecindario se opusieron al traslado del convento, aduciendo que quedaría muy alejado, y que tanto los confesores de las monjas como las personas compradoras de dulces y labores se verían en dificultades para llegar hasta allí, debido a las zanjas y baches del camino, se procedió a su edificación en el nuevo solar.

El gobernador aceptó la variante, pero debió,  por su desobediencia,  pagar una  multa  de seis  mil  pesos que  le  impuso el  rey.

El convento e iglesia de las Catalinas, cuya construcción se había iniciado en 1738, fue inaugurado el 21 de diciembre de 1745, sin estar todavía totalmente concluido.

El campanario, hecho ese mismo año, es famoso aún por el armonioso sonido de sus campanas.

La iglesia posee en sus altares imágenes de gran valor artístico, logradas en su mayoría por el empeño de las monjas.

En un principio la fachada del histórico templo presentaba todas las características de la línea arquitectónica seguida en sus muchas construcciones por los padres Blanqui y Prímoli.

Pero a partir de las primeras décadas del siglo actual las continuas modificaciones introducidas en su frente hicieron que fuera desapareciendo por completo aquella característica tan propia de los mencionados arquitectos.

Este convento, al igual que otros de Buenos Aires, fue ocupado durante la segunda invasión inglesa.

El 5 de julio de 1807 las tropas británicas se introdujeron con violencia en el interior del monasterio, y sólo por la presencia de ánimo de las valientes mujeres y la protección de un oficial católico no llevaron más adelante su sacrilegio.

Abandonándolo el día 7, pero no sin antes haberlo saqueado, «dejando en muy grande pobreza a las cincuenta y ocho religiosas y doce sirvientas que lo habitaban», según reza un informe de la época.

La   iglesia  y convento  de   Santa  Catalina   de   Sena   fueron   declarados   Monumentos Históricos por Decreto N° 120.412 del 21  de  mayo de  1942.

Fuente Consultada:
Los Monumentos y Lugares Históricos de Argentina Carlos Vigil -Edit. Atlántida-(Atención: Puede que el nombre de algunas calles de la Capital Federal hayan sido modificados)

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